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  • Noche de fiebre con mamá

    Noche de fiebre con mamá

    Fiebre de sábado por la noche no solo hace referencia a aquella mítica época de música dance, pues, tomada de forma literal, como me ha sucedido hace ya muchos años, representaría una época más bien de sexo y erotismo naciente en el descubrimiento de mi sexualidad.

    Aquel jueves regresaba de la escuela más temprano de lo que estipulaba mi horario de clases. Los maestros tendrían junta de consejo y yo, como era habitual, lo había olvidado por completo.

    Justamente a las diez en punto, me encontraba vagando a las afueras de mi escuela, esperando que de alguna manera mis padres se hubiesen enterado del cambio en mi salida, algo que no era poco probable, pues mi mamá se mantenía en contacto con los padres de mis amigos a través de un grupo de chat, quienes le podrían haber informado de aquella situación. Sin embargo, a medida que mis compañeros se despedían de mí, aferrados firmemente de la mano de sus respectivos padres y madres, me fui resignando a que en esa ocasión regresaría solo a casa.

    A la tierna edad de 18 años, esa sería la primera vez en mi vida que me tendría que regresar solo a casa. Nunca olvidaré aquel sentimiento de temor y aventura mezclados como batido de frutas dentro de mí. Por una parte, sentía miedo por lo que me pudiese suceder, recordando esos peligros que todo buen padre insemina en la mente de su único hijo para acrecentar los riesgos de la vida en la calle, algunas veces de manera muy exagerada. Pero, por otra parte, me sentía con esa recién descubierta libertad que me otorgaba el tener el mundo entero para mí solo, sin un adulto responsable que me estuviese negando todo.

    Aún así mi lado bueno salió triunfante de aquella disputa, no lo sé, quizá después de todo, mis padres me habían educado mejor de lo que pensaba. Sabía que, si les traicionaba su confianza ahora, jamás me dejarían andar solo hasta que terminase la universidad. Por ello, me encaminé a la parada del bus, y tomé el trasporte de regreso a casa.

    Cuando mi vida sexual cambio para siempre

    De cualquier forma, realmente no había mucho que pudiese hacer yo solo, y que no pudiese hacer en otra ocasión. Se trataba de una ciudad pequeña y ciertamente modesta en cuanto a atracciones se refería, más aún a esa hora del día.

    Resignado a ser niño bueno, finalmente entré a casa, y enseguida me encontré con la morada desierta; mis tíos se habrían ido a trabajar, y mis primos a estudiar, nada malo ahí, pero el auto de papá aún estaba aparcado en la entrada y sabía que mi mamá no trabajaba por esos tiempos.

    Me pareció muy diferente la casa al deambular por ella en completo silencio, vacía, como si estuviese en una película postapocalíptica, sin todo el barullo ensordecedor de la familia por todos lados.

    Supuse que mamá habría salido de compras y papá se estaría arreglando para salir a trabajar, así que me dispuse a asomarme por la habitación de mis padres para despedirme de él. Pero al subir por las escaleras al segundo piso, donde se encuentran los dormitorios, comencé a escuchar sonidos extraños. En un principio no pude imaginarme lo que era, tan solo se escuchaban ruidos sin sentido. Luego, se escuchaba como si golpearan los muebles, de inmediato supuse que mi mamá estaría barriendo el piso y por ello se escuchaba así, pero enseguida se escuchó un pequeño quejido de mi mamá y ya no supe que pensar.

    Era inconfundible, aquella vocalización había sido un genuino gemido erótico. Al menos así me lo parecía. Hay que ser sinceros, a esa edad todo suena a sexo, cuando uno recién descubre su sexualidad, pocas cosas te pueden ocupar la mente y que no esté relacionado con el placer íntimo y las fantasías.

    Sin embargo, después de cuatro o cinco gemidos más, a medida que me acercaba lentamente a la habitación de mis padres, me era muy complicado poderme imaginar otra situación que no fuese la obvia.

    En ese momento debería de haberme alejado, pero no pude, simplemente era irresistible. Aunque se trataba de mis padres, aquel morbo sexual despertaba en mí, y me conducía sin remedio a la puerta de su alcoba, donde descubría, para bien o para mal, que su puerta estaba abierta casi por la mitad.

    Ahora podía escuchar claramente aquellos sensuales sonidos de placer que expresaba mi madre, y en mi mente se dibujaban un millón de imágenes sexualmente explicitas que recordaba de los videos pornográficos del internet. Pero ninguna experiencia visual se compararía con lo que me esperaba detrás de aquella puerta.

    Me asomé lentamente, tenía mucho miedo de ser sorprendido en caso de que alguno de los dos, o ambos estuviesen mirando a la puerta, por lo que fui recorriendo la vista poco a poco, escuchando los gemidos de mi madre aumentando más de intensidad.

    Jamás lo olvidaré; primero miré el tocador a un lado de su cama, seguí hasta visualizar la cama, donde me encontré con el brazo de mi papá, tan solo un poco más a la izquierda y aparecía mi madre montada sobre él, meneando las caderas para darse placer con su pito de mi padre dentro de ella.

    Había visto muchas escenas así, pero nunca se comparará con mirarlo en vivo y real a pocos metros de distancia, aún más a los 18 años edad. No importaba que fuese mi propia madre, se veía increíble; con su espalda blanca detrás de su cabello largo, rubio y lacio, rebotando al ritmo de su cabalgata sexual. Miraba las manos de mi papá rodeándole la cintura mientras la meneaba muy rico y placentero. Estirando un poco más el cuello, podía ver la linda rayita que dibujaba el inicio de sus suaves nalgas siendo empalmadas con las piernas de su esposo.

    No podía ver mucho, pero aquella experiencia era suficiente para que mi corazón me estallase en el pecho. Me sentía muy ansioso, temblaba y sudaba. Podría parecer poco, pero siendo tan joven y sin ningún otro contacto con el sexo real, aquel momento era verdaderamente muy intenso para mí, y no podía apartar la mirada.

    Entonces mi madre se desmontó de mi papá, y enseguida me oculté detrás de la puerta para no ser descubierto, escuchando los clásicos chirridos de la cama, que delatarían los movimientos de mis padres acomodándose para continuar con lo suyo. Ese, ese era el momento para dar media vuelta y largarme a mi habitación, pero no pude evitar echar un vistazo más antes de irme.

    Lentamente recorrí el dormitorio de mis padres con la mirada, y los músculos completamente tensados para salir huyendo de ser enserio. Pronto, la nueva escena se dibujaba ante mí, ahora la espalda de mi madre era reemplazada por mi padre, un tanto más girado hacia la puerta, y ella estaba sumisa abierta de piernas ante él, esperando que continuara dándole placer. Podía ver las largas piernas blancas de mi madre rodeando a mi padre, y mis ojos se clavaron por un instante en sus pequeños pies rosados con las uñas pintadas de naranja.

    Para ese momento, me sentía más seguro de mi inadvertencia, mis padres estaban realmente concentrados en el rico sexo que estaban viviendo, lo que me dio la confianza de agarrarme fuertemente el pito que ya tenía hinchado al cien bajo mi uniforme escolar, y comenzar a tocarme lentamente para no hacerme venir en segundos, mientras espiaba a mi padre penetrando a mi madre una vez más.

    De inmediato mi madre comenzó a gemir complacida, al tiempo que mi padre le estampaba su pito al moverse de atrás adelante. Aunque no podía verla con claridad, los sonidos que expresaba eran tan excitantes que me bastaba con escucharla para hacerme la mejor de las pajas que jamás me hubiese hecho en toda mi corta vida.

    En ese momento, mi madre se giró para ponerse en cuatro frente a él, esperando ansiosa ser penetrada de nuevo. Fue un veloz movimiento, pero suficiente para poder apreciar su cuerpo desnudo acoplándose de espaldas a mi padre. Ahora, en esa posición podía verle claramente sus senos balanceándose al ritmo del vaivén del pene de mi padre arremetiendo con fuerza al estamparse en sus nalgas. Y no pude más.

    Estaba muy excitado, jamás lo había estado tanto en mi vida. Me desabroché mi pantalón y al bajar un poco mis calzoncillos, saqué mi pito para podérmelo jalar a gusto, mirando a mis padres follando frente a mí, escuchando a mi madre a punto de tener un orgasmo, acrecentando sus eróticos lamentos. -¡Sí, sí. Mmm! -Se le escuchaba decir entre gemidos de completo éxtasis. Y ahí estallé. Me dejé venir en las manos, eyaculando tan fuerte que mi semen salía disparado como pistola de agua, obligándome a contenerlo cubriendo mi glande con la palma de mi mano.

    Una desgracia y una húmeda oportunidad

    Desde ese día todo cambió en mí. Jamás pude volver a ver a mi madre de la misma manera. Sabía que era familia, y al recordar todos esos bellos momentos que habíamos pasado, me hacía sentir terrible por tener fantasías sexuales con ella. Pero simplemente había días en que la calentura me sobrepasaba, aquellos días en mi habitación viendo videos para adulto me hacían recordarla follando.

    Y es que ella es tan hermosa. Por ese tiempo ella aún tenía un cuerpo envidiable, una perfecta cintura, sus nalgas redonditas, piernas largas y unas tetas bien puestas y de tamaño considerable, un rostro hermoso y cabello sedoso, en fin, era toda una MILF, como la de esos videos que miraba. Ahora era mi categoría porno favorita, no miraba videos de otro tipo. Y el tener una real chica así, y en mi casa, me estaba volviendo loco, aunque fuese mi propia madre.

    Habría pasado un año desde aquel día de voyerismo, por su puesto, mis padres nunca se habrían enterado de ello, sin embargo los problemas maritales comenzaron a surgir. Nunca me metí en ello, pero, por lo que lograba escuchar, aparentemente mi padre tenía una aventura.

    Sinceramente no había tenido una buena relación con ninguno de los dos. Desde que tengo memoria siempre han existido esos conflictos. Mi padre ya había abandonado a mi madre cuando yo apenas había nacido, solo para regresar a los dos o tres años.

    Aunque mis mejores recuerdos son con ellos, siendo una feliz familia perfecta, la verdad es que la mayoría de mi vida la he pasado con mis tíos y primos. Mi mamá casi todo el tiempo estaba trabajando, o durmiendo de cansancio. Mi padre brillaba por su ausencia, supuestamente buscando trabajo, o en su defecto, en uno ocasional.

    Es por eso que no me sorprendía en lo más mínimo los problemas que ya comenzaban a ser evidentes, ahora que, aparentemente él había conseguido un trabajo estable y lo suficientemente remunerado como para sacar a mi mamá del suyo. Pero yo sabía que lo había hecho con la única intención de hacer más dependiente a mi mamá, pues, sin trabajo, ella no tendría más oportunidad que soportar sus infidelidades.

    Con todo, finalmente no le resultó el chistecito y en cuanto mi madre se enteró que la engañaba una vez más, no dudo en dejarlo, o casi, porque la casa no era de nadie en particular, y aunque la familia apoyaba por completo a mi madre, tampoco se podía hacer mucho de manera legal.

    Aun así, mi padre se fue por un tiempo, sí, seguramente con su amante. Simplemente se marchó y no se apareció por un largo tiempo. Ni siquiera se despidió. En la casa había cierta tensión muy difícil de mitigar, todos se miraban extraño y se reían con nostalgia. Mi madre lloraba y se le veía muy triste, pero nunca hemos tenido la suficiente conexión como para hablar de esos temas personales. Yo casi nunca estaba con ella, me sentía más hijo de mis tíos que de ella. A veces me parecía que le importaba más la ausencia de mi padre, que la existencia de su hijo.

    Es triste el confesarlo, pero por esos tiempos sentía más atracción sexual por mi madre, que cualquier otro sentimiento hacia ella. Y es que eso te consume, a los 18 las hormonas simplemente se desbordan y uno no puede pensar con claridad. Uno trata de concentrarse, pero hay días en que el cuerpo solo pide una sola cosa y no te deja pensar en más, hasta que logras satisfacer los íntimos placeres.

    Más de una vez me la jalé pensando en ella, de hecho, era una fantasía recurrente en mis noches de manualidades. Había veces que estaba tan excitado que me tentaba a intentar algo con ella, aunque fuese verla desnuda una vez más. Nunca lo hice, y no era porque me faltasen ganas, sino porque no se prestaba la oportunidad, hasta que llegó aquel día.

    Noche húmeda

    Ese día llovía a cantaros, había comenzado desde las tres de la tarde y desde entonces solo parecía hacerse más intensa. Para las nueve de la noche la cosa ya era una terrible tormenta, de esas que los truenos hacen cimbrar toda la casa. Entonces hubo un corto eléctrico y todo el vecindario cayo en una perturbadora penumbra amenizada con los relámpagos furiosos en el cielo.

    Desde los ocho años de edad me habían dejado de dar miedo la oscuridad, pero aquella noche encontré, precisamente en la penumbra, la oportunidad perfecta para acercarme a mi mamá, pues sabía que ella si le temía un poco.

    Finalmente me armé de valor y me acerqué a su puerta. -¿Puedo pasar? -Le pregunté en la frontera de su habitación. -Pasa hijo. ¿Qué sucede? Ven, acércate. -Me respondía con cariño. -¿Puedo dormir contigo esta noche? Le pregunté mientras me acostaba a un lado de su cama, justo donde debería estar mi papá. -Claro que sí, ¿le tienes miedo a la tormenta? -Me cuestionaba. -Sí, un poco. -Le respondí, haciéndome el tonto.

    A esas horas de la noche, ambos vestíamos ya nuestra ropa para dormir. Yo tenía el clásico conjunto de pijama de pantalón y camisa, y mi mamá una blusa ligera y un pequeño short de suave tala en la parte de abajo. Podía ver sin duda que no vestía nada debajo de la blusa rosada, la cual marcaba sus pezones con toda claridad, y casi que podía asegurar que tampoco tenía nada debajo de aquel short que le hacía conjunto.

    Por supuesto que esa idea me tenía muy caliente, todo de ella me tenía así, aunque no era lo más sexy que le había visto vestir, era la primera vez que le veía así desde tan corta distancia, dibujando la redondez de sus hermosos senos delineados con toda claridad aún bajo la delgada tela de su pijama, y no podía creer que estuviese a punto de dormir con ella.

    No había nada de malo, éramos madre e hijo, todo normal, pero así podría tener la oportunidad perfecta para abrazarla, olerla y quizá con algo de suerte acariciarle un poco las tetas mientras dormía. Eso era justamente lo que tenía en mente, mientras nos metíamos bajo las cobijas, acomodándonos para dormir.

    -Que descanses. -Me decía mi madre. -Hasta mañana. -Respondí con los pulmones vacíos de la anidad que me provocaba mi perverso plan.

    El silencio era abrumador, solo se podía escuchar la intensa lluvia golpeando la casa como si el cielo la quieres derribar, y los cristales de las ventanas parecían a punto de reventar. Con las cortinas cerradas, la habitación de mis padres estaba en completa oscuridad, iluminada apenas por los relámpagos que retumbaban intensamente, cada pocos minutos.

    Habrían pasado unas dos horas, que me parecieron una eternidad. La lluvia no cesaba ni un poco, pero mi madre finalmente había caído dormida. No tenía la más pequeña duda pues ella roncaba con gran fuerza, aunque no tanto como la de aquellos rayos desgarrando el cielo.

    Entonces me giré hacia ella y la miré con lo poco que mi vista me permitía, ahora aclimatada a la profunda oscuridad. Mi mano temblaba a medida que la acercaba poco a poco a ella, mi corazón palpitaba como nunca, haciendo mecer la cama. No podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero no había cosa en el mundo qué más deseara.

    Lentamente posé mi palma sobre uno de los senos de mi madre, y por primera vez en mi vida de sentir aquel suave y cálida sensación de una teta bajo mi mano. Esa primera vez, jamás la olvidaré, fue increíble; sentir su redondez y su suavidad, aunque fuese por encima de su pijama. Me encantó, y de inmediato el pene se me levantó como mástil en un segundo.

    Continuaba acariciando su seno, con temor de que mi madre despertara en cualquier momento, recorriendo las yemas de mis dedos delicadamente, apenas rosando lo suficiente para sentir esa tierna textura, asegurándome cada segundo que se siguieran escuchando sus ronquidos, mientras mis dedos llegaban a su pezón.

    Ya estaba satisfecho, pero sentir su agudo pezón erecto, simplemente me llevó al cielo, arrancándome un profundo escalofrío al recorrer mi dedo índice y medio sobre él, una y otra vez. Al ver que mamá no despertaba me animé a posar mi palma completa en su suave seno, incluso lo estrujé levemente, deleitándome con aquella sensación encantadora.

    Creí que sería todo, es decir, ya estaba más que servido, pero en ese momento me di cuenta que nada había cambiado. La noche aún no acababa, la lluvia aún no se calmaba, y mi madre aún dormía profundamente. Entonces me acerqué un poco más a ella, y lentamente comencé a acariciarla desde sus pechos hasta su abdomen, pasando por su vientre, hasta llegar a su entrepierna. Ahí, suspiré profundamente para intentar calmar mi mano que no dejaba de temblar, a medida que se deslizaba sobre su pequeño short delgado, sintiendo poco a poco aquel intenso calor emanaba de su intimidad.

    Podía sentir los bellos debajo de su ropa, corroborando que debajo de ésta, no tenía nada más. Finalmente, mis dedos llegaban hasta lo más profundo, entremetiéndose por sus muslos para tocar, aunque fuse sutilmente su vagina, por encima de su pijama.

    Aquella nueva sensación fue mucho mejor, era muy cálida, casi como la que se siente al sujetar una taza de té caliente. Y la textura era simplemente encantadora y muy excitante; sentir sus labios vaginales cubiertos por la suave tela me hacían sentir cosquillas en las yemas de mis dedos, a medida que los acariciaba con toda la delicadeza que podía, intentando no despertarla, pero también disfrutando de cada centímetro de su intimidad.

    La noche abrazaba el silencioso vecindario, el cual, sin energía eléctrica, ahora dormía sin un solo susurro, y dentro de aquella habitación el sonoro paliar de mi corazón tan solo era silenciado por los truenos rugiendo por los cielos, y los ronquidos de mi mamá, a su vez, dándome la certeza y tranquilidad de que aún dormía, mientas mi mano ahora se escabullía por debajo de su short, para poder sentir la piel íntima de mi madre de primera mano.

    Primero me encontré con su vello púbico, el cual, aunque no estaba depilado, si lo tenía recortado muy corto, pero, a medida que me acercaba más a sus labios, podía sentir la suave y sensible piel de su vagina irradiando un fuerte calor. Enseguida comencé a tocarla con suavidad, esperando que no fuese a despertar, mientras mis dedos descubrían la nueva textura de sus labios mayores, haciéndose paso para poder sentir sus húmedos y calientes labios menores.

    Estaba extasiado, nunca me habría imaginado algo así, pero me gustaba, y lo disfrutaba mientras mi dedo índice se entremetían más y más en su vagina, buscando la entrada a ella. Fue difícil, pero finalmente tras recorres de arriba abajo varias veces, finalmente pude meter mi dedo, aunque fuese un poco, para sentir aquella cálida humedad. En ese momento no lo sabía, pero estaba masturbando a mi mamá mientras descubría la anatomía femenina por primera vez.

    Ya nada podía salir mal, aunque mi mamá me descubriera, no me importaría. Realmente estaba tan excitado con lo que estaba experimentando que no podía preocuparme por las consecuencias. Maravillado con la sensación de su lubricación íntima recubriendo mis dedos a medida que tentaban dentro de su vagina, al mismo tiempo estimulándola más y más, provocando que se humedeciera cada vez más.

    Fue entonces cuando me di cuenta que ya tenía mis dedos completamente mojados. Sinceramente, en ese momento no sabía muy bien lo que estaba pasando con mi madre. No tenía muy claro porque estaba así de mojada, por esos días pensaba que solo los hombres eyaculábamos y no sabía nada de los tipos de lubricación de una mujer.

    Finalmente le saqué mi mano de su short y me la llevé a la cara, la olí y casi por instinto la lamí un poco. Y fue increíble, era un olor muy intenso, mucho más fuerte que el semen, pero su sabor era muy dulce. Ese día descubrí porque las mujeres siempre se chupan los dedos después de correrse, quizá era por lo extasiado que estaba, pero realmente me gustó mucho aquel sabor.

    Me había gustado tanto, que no podía esperar a repetirlo, pero en ese momento mi mamá se daba media vuelta, dándome la espalda. Maldecí por dentro, pero también lo vi como una nueva oportunidad, pues tenía el pito parado al cien desde hace mucho tiempo, de esas erecciones que hasta duelen, y así podía aprovechar para hacerme venir ayudándome un poco con las nalgas de mi madre.

    Entonces, me acerqué, y con extrema pericia me estreché por detrás de ella y comencé a acariciarle sus suaves nalgas con la parte posterior de mi mano derecha, mientras me jalaba la pija con la izquierda. De inmediato sentí que me venía, no era para menos, estaba tan caliente que casi podría eyacular sin siquiera tocarme. Mi mano estaba completamente lubricada, tanto con mi lubricación como con la de mi mamá, estaba por experimentar el mejor orgasmo de mi vida, cando en un arrebato de locura me arrimé por detrás de mi ella hasta acoplar con extremo cuidado mi pene entre sus redondas nalguitas para masturbarme con su suavidad y calidez en la punta de mi glande, empujando mi pito justo en la entrada de su vagina, una sensación que me provocaba eyacular enseguida, mojando la tela de la pijama de mi mamá con mi semen, a su vez, mojada previamente con el suyo, fundiendo las eyaculaciones en una sola.

    Fiebre de sábado por la noche

    Desde aquella noche no había otra cosa que me ocupara mi mente más que ese momento tan excitante en mi vida. Aún ahora, no he tenido una experiencia más excitante que aquella primera vez con mamá.

    Lo único que deseaba era repetir ese increíble momento, pero mi mamá se había puesto un más remisa con respecto a su privacidad. Yo no sabía porque se portaba así conmigo, pero analizando en retrospectiva, estoy seguro que al despertar ese día con su entrepierna totalmente manchada de nuestras eyaculaciones, habría sospechado. Aunque quizá podría haber pensado que todo ese semen era únicamente de ella, igualmente era suficiente para no querer pasar otro momento así, en la misma cama que compartía con su propio hijo.

    Por ello fue, que por casi año y medio no pasó nada mas de relevancia, pese a que lo ansiaba con todas mis fuerzas. Hasta aquella noche de mucha, mucha suerte.

    Parece broma, pero en verdad era sábado y yo estaba tan enfermo de gripe que me cargaba una fiebre de locos, aunque por fortuna nada grave. Lo suficiente como para mantenerme en cama todo el día.

    Ya por la noche, con los medicamentos y eso, ya me sentía mucho mejor, aunque el cuerpo cortado y la fatiga aún me hacían parecer como un borracho impertinente. Quizá los medicamentos también hacían su parte. No lo sé.

    Pasaban de las once de la noche y no podía dormir, pues ya había descansado prácticamente veinticuatro horas seguidas, por lo que me levanté a la sala para mirar la TV en lo que me vencía el sueño, o bien, amanecía. Sin embargo, al pasar por el dormitorio de mi mamá, me cortó las intenciones de tajo, regañándome para que regresara a la cama. Y entonces mi mente malévola se puso a trabajar.

    Enseguida le respondí que no podía dormir, a lo que me contesto que lo intentara, pauta que aproveché para preguntarle si podía acostarme con ella. Primero lo dudo, y se negó, pero no tardo mucho en cambiar de opinión y aceptar.

    Y yo estaba encantado, por fin la oportunidad que había estado esperando se me presentaba en bandeja de plata. Todos esos años, rogando por repetir el momento, se me aparecía en el momento que menos lo imaginaba.

    Muy entusiasmado me acerqué a la cama de mi mamá, y antes de que cambiara de opinión me metí con ella bajo las cobijas, aprovechando para acomodarme cerca de ella, y con toda naturalidad, abrasarla por la cintura. Ella, quien estaba recostada mirado al techo, permaneció en silencio, aceptando mi muestra de cariño inocente.

    Seguramente era por la fiebre, pero enseguida la cosa se puso realmente caliente, ambos estábamos sudando, pero, como el aire del ambiente estaba helado aquella noche, ninguno de los dos se atrevía a destaparse el edredón que nos cubría, pese a que ambos vestíamos también nuestros pijamas más ligeros; yo mi conjunto de camisa con pantalón, y ella tan solo un blusón, presumiblemente desnuda bajo de éste.

    La noche avanzaba y yo no tenía ni un poco de sueño, tan solo estaba cansado, pero también muy excitado. Esa mezcla de fiebre junto con los analgésicos, estaban relajando tanto mi cuerpo que ya me habían inflamado la polla como tronco, la cual se restregaba en la pierna derecha de mi madre, inevitablemente. Era imposible que no lo sintiera en esa posición, pero aun así no dijo nada.

    Envalentonado, me atrevía a acariciarle un poco su brazo izquierdo, pues era lo que tenía a la mano, sin embargo, en ese momento sentí como ella salía de la cama. Entristecí y maldije a mis adentros, pensaba que todo había acabado, mientras miraba a mi madre salir de mi habitación sin decir palabra y seguramente se habría ido a dormir a la sala, o quizá a mi recamara.

    Ya resignado, me levanté de la cama para desnudarme por completo, pues no soportaba la fiebre que me cargaba y que me tenía sudando la gota gorda. Mis planes ahora eran masturbarme hasta hacerme venir fantaseado con mi madre, e intentar dormirme. Pero en ese momento mi madre entraba de regreso a mi recamara, tan solo había ido al baño y yo ya me había desilusionado. De inmediato mi corazón retomaba ritmo, como esa inconfundible sensación excitante de cuando estas a punto de satisfacerte sexualmente.

    Esta vez no tomaría ningún riesgo, esperaría a que mi madre se durmiera antes de intentar algo, y aunque tardó casi una hora completa, la cual me pareció una eternidad, lo soporté, pues sabía que la paciencia me apremiaría.

    Mi mamá comenzaba a roncar cual oso hibernando, señal inequívoca de que tenía camino libre para zacear mis más bajos sentidos. Entonces me arrimé a ella lentamente, y de nuevo comencé a tocarla con toda cautela. Le acaricié sensualmente sus senos, deleitándome con su suave redondez y ese calor que emanaba por todas partes. Con extrema lentitud recorrí mi palma por su abdomen y su vientre hasta posarla en las fronteras de su monte de venus. Ahí, desaceleré todavía más mi camino para disfrutar la bella sensación naciente de su vello púbico recortado bajo su ropa de dormir, solo para comprobar que debajo de éste, no vestía nada más.

    Así, continuaba acariciándole sensualmente su entre pierna hasta llegar a sus labios vaginales, tocándolos con las yemas de mis dedos sobre la delgada tela de su blusón, el cual comenzaba a subirle con extremo cuidado para poder tocarla por debajo de éste.

    No tardé mucho antes de poder subírselo lo suficiente para deslizar mi mano y tocarle su muy caliente vagina piel a piel. Enseguida comencé a acariciarle sus labios con mucha delicadeza, casi sin tocarla, deslizando mis dedos sin la mas mínima presión. De inmediato pude sentir como toda su vulva se inflamaba, endureciéndose un poco, mientras mis dedos encontraban camino hacía el interior de su vagina que se dilataba más y más con mis sutiles carisias.

    Apenas conseguía meter la punta de mi dedo índice en las fronteras de su íntima cavidad, y pude sentir todo su líquido femenino recubriendo mi dedo casi como si lo estuviese metiendo en una boca húmeda y llena de saliva.

    Su vagina estaba tan dilatada que decidí introducirle mi dedo medio junto a mi dedo índice, deslizándolos sin problema hasta lo más profundo que su extensión me lo permitía. A continuación, doblé mis dedos haciendo una cuneta con ellos, al tiempo que los meneaba lentamente en el interior de mi madre, estimulando sus estrechas paredes vaginales para llenarlos de su erótico líquido femenino, pues lo único que deseaba era saborear una vez más aquella dulce lubricación natural de mi madre.

    Enseguida, le saqué mis dedos con todo el cuidado de no derramar su contenido para lamérmelos con extrema delicia. Acto que repetí al menos unas tres o cuatro veces, pues cada que regresaba mis dedos humedecidos con mi propia saliva, me encontraba la vagina de mi mamá más y más mojada, hasta que, en una de esas, al introducir mis dedos en ella y moverlos lentamente para recubrirlos de su dulce néctar, su sentí sutiles espasmos que contarían sus paredes estrechando mis dedos, lo que me hizo menearlos de una forma peculiar, estimulando la parte superior de su interior, casi sin pensarlo, haciendo pequeños círculos y presionando con un poco más de firmeza. Momento en el que sentí una humedad sobreabundante que me llegaba a mojar los dedos y la mano por completo, derramándose por todos lados, acompañado de más espasmos que se prolongaron por algunos segundos.

    En ese momento no lo supe, pero acababa de masturbar a mi propia madre hasta hacerla venir a chorros, casi sin querer. Debí suponerlo, porque mis dedos habían quedado completamente mojados, al igual que su camisón, sus muslos y hasta un poco el colchón. Me limité a saborear todos esos jugos que impregnaban mi mano, pero en ese momento, ella despertaba.

    Enseguida me hice el dormido, sintiendo los movimientos de mi madre indicándome que estaría abandonando la cama una vez más. Sin embargo, tras pocos segundos, regresaba bajo las cobijas a acompañarme en mi caliente noche.

    En un principio creí que se había arrepentido de irse, pero en cuanto se acomodó de nuevo junto a mí, pude sentir su desnudo cuerpo frotándose contra el mío, piel contra piel. En ese momento supe que mi madre tenía tanto calor, que habría salido de la cama tan solo para quitarse su camisón.

    Apenas lo podía creer, pero aquel día las cosas se habían dado de tal manera que, para ese momento, me encontraba con mi madre en la misma cama, estando ambos completamente desnudos. Podía sentir su piel tersa y suave a pocos centímetros de mí, me tentaba a tocarla, pero sabía que ahora estaría despierta, por lo que mantuve distancia por el momento, pretendiendo que dormía.

    Esperé, con el alma apretándome la garganta. Jamás en mi vida había estado tan excitado como en aquella ocasión. Temblaba y sudaba, sentía a mi polla tan llena de sangre que llegué a creer que si no eyaculaba esa noche, seguramente me estallaría en las manos.

    Pero mi mamá no se dormía. La lluvia en el exterior de la casa, arremetía nuevamente con mucha más intensidad, y dentro de la habitación, hacía tanto calor, que las cobijas se habían humedecido con nuestros fluidos corporales, especialmente los de mi mamá, que habían quedado impregnados con su olor a mujer.

    Cada segundo parecía durar una hora, y yo, para ese punto, ya lo único que quería era desahogarme para poder dormir en paz, de esas veces que la excitación se apodera por completo y no puedes pensar en nada más, casi me sentía como si no fuese yo mismo, y necesitaba aliviar esas malditas ganas como fuese necesario.

    Estaba atrapado, no podía hacer nada, pero lo que yo no sabía, era que, para ese momento de la madrugada, mi mamá no solo estaba tan caliente como yo, sino que también estaba igualmente excitada.

    Ingenuamente esperaba a que se durmiera, pero ella se seguía moviendo, aunque esta vez, de una forma un tanto peculiar. Lo que percibía era como si se estuviese masajeando o acariciando, como cuando se intenta reconfortar una torcedura.

    No quería pensar mucho, pero aquello parecía demasiado obvio, y mi corazón parecía como si estuviese en medio triatlón. Entonces no lo resistí más y me giré lentamente en torno a mi madre, quien al sentir mis movimientos de inmediato se congeló como estatua.

    -¿No puedes dormir? -Me pregunto susurrando. Pero yo no le contesté. -Hijo. ¿Estás despierto? -Me insistió acercándose un poco más, y subiendo el tono sutilmente. -Pero yo sabía que debía permanecer en silencio, pues, si iniciaba una conversación todo se iría a la coladera.

    Por ello seguía fingiendo que dormía, intentando controlar mi respiración y mis poderosos escalofríos, mientras percibía con todos mis sentidos, a mi madre regresando sus manos a su cuerpo para continuar masajeándolo sensualmente.

    No podía creer lo que estaba pasando, pero no había duda, mi madre estaba tan excitada que se estaba masturbando en mi propia cama, conmigo a escasos centímetros de ella. Podía sentir perfectamente sus sensuales movimientos de su mano sobando su entrepierna, seguramente tan mojada de lo que la había dejado.

    Ella estaba totalmente abierta de piernas, ligeramente dobladas y con los tobillos unidos, haciendo una silueta de mariposa. Era casi como si pudiese verla pese a la total oscuridad. Entonces, comencé a escuchar sonidos acuosos, muy diferentes a los que producía la torrencial lluvia en el vecindario. No, estos eran los sonidos que producían dedos empapados de mi madre moviéndose dentro de su jugosa vagina.

    Y yo sentía que explotaba, ya no podía soportarlo un segundo más, escuchando tortuosamente el placer desenfrenado que mi madre se estaba dando, justo a un lado de mí, soltando incontenibles gemidos de placer que se acrecentaban cada vez más.

    Entonces no lo soporte más y me acerque un poco a ella, apenas lo suficiente para que mi estirado pene le rosara sutilmente su pierna doblada. La idea era restregar mi pito en ella hasta hacerme venir, escuchando a su vez, como ella se masturbaba hasta el orgasmo. Pero todo fue muy diferente, pues justo en ese instante, ella se dio media vuelta hacía mí.

    En un principio no sabía lo que pasaba, creía que ahora si lo había echado a perder, pero ya para ese punto, nada me importaba. Entonces mi madre preguntaba de nuevo. -¿Sigues dormido? -Casi rogándome que no le contestara, y por supuesto que no lo hice.

    -¿Hijo? ¿Te estoy hablando? -Me replicaba la cuestión, como intentando asegurarse de que no fuese a despertar, al mismo tiempo que sentía su cuerpo arrimándose a mí, provocando que la punta de mi pene se acurrucará en su vientre, manchándola con las eyaculaciones que me habían mojado el glande.

    Al sentirlo, mi madre de inmediato intentó apartarlo con su mano, o más bien acomodarlo para que le permitiera acercarse más. En tanto, yo podía sentir todo su calor irradiando frente a mi cuerpo, incluso podía sentir sus suaves tetas desnudas restregándose en mi pecho, y por supuesto su mano sobre mi hinchada polla que aún mantenía rodeándola.

    -¿Estas bien? -Me preguntaba mi madre, una vez más, mientras comenzaba un sutil masaje en mi pito de arriba hacía abajo, haciendo que mi glande se lubricará aún más, hasta embarrar toda la palma de su mano sin haber eyaculado todavía. Sentía que me venía, pero aguanté. Sabía que se pondría mejor.

    Y efectivamente, no tardé mucho en sentir su cálida mano dirigiendo mi duro palo hasta su entrepierna, bajándolo como una palanca hasta introducirla entre sus mulsos cerrados, justo a las entradas de su ardiente coño.

    Enseguida, mi madre abrió un poco sus piernas doblando un poco la cintura hacia enfrente para hacer que la punta de mi pene se acomodara en la apertura de su vagina, siendo abrazado por sus labios íntimos completamente lubricados con sus fluidos.

    Estaba tan excitado, que me tentaba a empujarle el pito de una sola vez, pero en cambio me mantuve en completa quietud, sintiendo como ella hacía todo el trabajo, haciendo deslizar mi polla dentro de su caliente cuerpo, al bajar las caderas para empotrarse con mi pene endurecido como nunca antes.

    Ahí, por primera vez en mi vida pude sentir lo que era tener el pito dentro de una mujer, sin importarme nada que aquella mujer fuese mi propia madre. La sensación fue indescriptible, toda esa lubricación, ese calor y esas suaves carnosidades rodeando mi duro pene, fue lo mejor que me ha pasado. Más aún cuando mi madre comenzaba a menear las caderas con extremada sensualidad de delate hacia atrás.

    Aquello fue tan insoportablemente excitante que me hacía eyacular casi al instante, llenándole toda la concha de mi fuerte y poderosa eyaculación. Sin embargo, ella estaba tan excitada, y seguramente tan mojada, que no se habría dado cuenta, pues siguió meneándose.

    Ahí, creí que me dolería mucho por la prolongada agonía, pero extrañamente no fue así. Mi cuerpo estaba como desconectado de la realidad, me sentía tan estimulado que casi sentía como si todavía no hubiese terminado. La sensibilidad disminuyó un poco, lo normal, pero mi pito seguía igual de firme y completamente lleno de sangre.

    Entonces, poco a poco sentía cómo los suaves movimientos de mi madre se aceleraban cada vez más, metiendo mi pene más y más adentro de su ser, empujando y apretando mi falo desde el escroto con los músculos internos de su pelvis, como si me estuviese ordeñando la polla con su vagina.

    No puedo negarlo, mi madre folla como ninguna. Increíblemente estaba a punto de sacarme otra eyaculación y eso que acababa de terminar. Escuchaba como me gemía sensualmente en la cara, respirando agitada mientras se complacía con mi pene dentro de ella. Ahí supe que ella tampoco duraría mucho antes de hacerse venir. Entonces, por fin me decidí a entrar en acción, y comencé a acompañar los movimientos de mi madre con unas sutiles embestidas para que mi pene entrase todavía más adentro de ella, estimulándola de paso en los puntos en los que había aprendido que seguro le gustaba.

    Así, pude descubrir cómo mi madre gozaba con un buen pito clavado en ella, haciendo su trabajo en las zonas más íntimas y erógenas de su cuerpo, haciéndola estremecer de placer en cada embestida. -Aah, aah. -Se quejaba sensualmente temblando en un torrencial de placer que le recorría todo su cuerpo, más y más, hasta que finalmente se venía con mi pene dentro, exhalando un profundo gemido incontenible en mi cara, acompañado de un desgarrador lamento que, a su vez, se encadenaba con un largo suspiro mientras su cuerpo se estremecía convulsionando las caderas al contraerse los músculos de sus piernas en un increíble orgasmo que terminaba de mojar todas las sabanas. Obligándonos a dormir en aquella cama mojada con nuestros fluidos corporales, pero con los cuerpos completamente desahogados.

    Desde aquella noche, jamás se repitió algo así, y aunque nunca se ha hablado nada al respecto, ambos sabemos exactamente lo que sucedió aquel sábado de tormenta y fiebre.

    Si te ha gustado el relato, te invito a leer más historias así, visitando mi perfil Erothic

    Te agradezco por haber llegado hasta aquí

    Te invito a expresar tus sensaciones en los comentarios. Estaré muy complacida de leerte.

    Te deseo que tengas Felices Fantasías.

  • Una compañera infiel

    Una compañera infiel

    Ella era novio o cónyuge del jefe de ventas, una mujer de 1.58 cm, piel blanca, ojos café claro, delgada, pies hermosos y tetas medianas, aunque muy poca nalga, Joyce era una mujer deseada en la empresa.

    En la empresa donde estaba como auxiliar contable decidieron cambiar de giro y dedicarse a la publicidad, así que contrataron a gente de marketing e impresión y una de esas tantas gentes fue Joyce y su novio Abel.

    Él era celoso, mal encarado y ella todo amor aunque con un carácter de la fregada que caía mal, por eso las mujeres de la empresa no la querían y ella lo sabía perfectamente.

    Comencé a tener una buena amistad con ella, la verdad nos llevábamos súper bien, comíamos juntos, le ayudaba y ella a mi, en ese momento yo trabajaba en logística y programación y ella era encargada de diseño.

    Una ocasión mi amigo y yo la invitamos a ella y su amiga a un bar, pensé que diría que no ya que Abel estaba ahí, pero aceptó diciendo que estaba libre.

    Así que nos subimos al carro de mi amigo y fuimos a la “chilanguita” un buen lugar para pasar el rato, beber y bailar y sobre todo conocernos aún más.

    Nos sentamos en el rincón y pedimos un cartón de cerveza, brindamos, reíamos y cantábamos, yo me senté a lado de ella y estaba de cariñoso, la abrazaba, le besaba la mejilla y bajita la mano le acariciaba su pierna.

    En aquel entonces yo tenía 20 años, ya había estado con algunas más y tenía mi táctica estudiada.

    J: Oiga, usted se está propasando eh!

    O: ¡Señorita! No me digas eso, pero si quieres me voy a otra mesa.

    J: Que sensible, jaja

    O: Lo siento, pero me gustas mucho.

    Nos hablábamos de usted, yo creo que por payasos, pero yo jamás le había ocultado las ganas que le tenía, ya era totalmente un descarado.

    Un Viernes nos juntamos con otros dos compañeros para ir a tomar una cerveza, fuimos a una cantina con música en vivo, ella estaba vestida casual, nada fuera de lo normal, pero el deseo que le tenía era más grande.

    Pedimos una cubeta de cervezas y comenzamos a convivir, cantábamos y bailábamos, ella no era muy buena para eso, pero de igual forma no me despegaba de su lado.

    J: No sé bailar como tú.

    O: No te preocupes, mientras sepas otra cosa, ¡jaja!

    J: Como eres, ¡jaja!

    La noche se hizo presente y la verdad yo ya andaba muy cariñoso con Joyce, ella estaba alegre y me daba entrada, la abrazaba, le besaba la mejilla, mi mano acariciaba su pierna, obviamente los dos compañeros se dieron cuenta de mi intención y decidieron dejarnos solos, pagamos la cuenta y ellos se fueron por su lado y Joyce y yo nos quedamos a media calle.

    Ella me miró coqueta y sin dudarlo me lancé a besarla, le di un beso de lengua que hasta la ahogaba, ella me correspondió, su lengua se sentía muy rica, entonces le confesé mi intención.

    O: ¡Te lo quiero hacer! ¿Hay oportunidad?

    J: Eres tremendo, bueno, está bien, pero solo un rato, recuerda que me esperan en casa.

    Nos fuimos caminando al hotel que estaba en frente de la cantina, pedí la habitación y en todo el camino no dejamos de besarnos.

    Apenas entramos la arrojé a la cama, besaba su cuello y su escote, Joyce estaba toda roja y con ojos perdidos, estaba excitada, así que lentamente le quite su blusa y su pantalón hasta dejarla solo en su trusa y brasear.

    Me quite el pantalón y la playera, ahora nuestras pieles rozaban y eso me ponía duro, le saque las tetas de su brasear y sin dudar probé sus pechos medianos con pezón color rosita.

    O: ¡Están hermosas tus tetas!

    Continué chupando y saboreando sus pezones, ella solita se quitó su trusa y dejó su peludo tesoro a mi placer, mientras mi lengua jugaba sus pezones, mis dedos acariciaban sus cerrados labios vaginales que gracias. A su humedad les permitían el paso hasta su jugoso clítoris.

    J: ¡¡Ah!! ¿Me la vas a chupar?

    O: Solo si tu me la chupas también.

    La subí encima de mi y comenzamos un fantástico 69, Joyce no era tan buena mamando pero sus chupadas me gustaban y me la ponían super dura.

    O: ¡¡Oh!! Que rico chupas, ¡¡uhm!!

    J: ¡¡Uhm!! ¡Qué dura!

    Le lamia su coñito con delicadeza, con las yemas de mis dedos acariciaba y besaba su clítoris, abrió suavemente sus labios vaginales e introducía mi lengua una y otra vez, al mismo tiempo ella devoraba mi verga, paso de novata a maestra y me la chupaba riquisimo.

    Sus jugos me llenaban toda la cara, yo no podía dejar de saborearlos, ella ya había tenido un orgasmo y con mi miembro en su boca sus ricos gemidos me anunciaron que era hora de penetrarla.

    La acosté y levante sus piernas y mientras besaba los dedos de sus pies se la meti despacio, sin condon, asi arriesgándome a todo, ella cerraba sus ojos y respiraba agitadamente mientras cada cm de mi entraba en su apretadísimo coño.

    J: ¡¡Oswaldo!! ¡Qué rico!

    O: No mames ¡aprietas super!

    Comencé a moverme suave, besandole las tetas, saboreando sus ricos pezones mientras mi verga entraba y salía de su apretado coño.

    Esa pose del misionero me gustaba Joyce apretaba riquismo y se movia a lo tonto pero dandome placer, yo me seguia deleitando con sus tetas que era lo mejor que tenia esa mujer, ella gemia y me arañaba la espalda, yo le levantaba las piernas y de “patitas al hombro” se la dejaba ir enterita.

    O: Corazón, que rico, uhm!!

    J: Ah!! Mas, dame mas, asi me gusta, uhm, agh!!

    O: Toma, toma mi verga, sabia que eras una tragona, uhm!!

    J: Así cariño, cogeme, ¡¡cogeme!!

    La puse en cuatro patas y lentamente se la meti, ella gemía muy rico y eso me ponía más duro, la tome de la cadera y empecé con el mete y saca, Joyce movía su cadera para adelante y atrás dándome una tremenda satisfacción.

    O: Así nena, muévete, que rico, que rico te mueves, uhm, agh!!

    J: ¿Te gusta? ¿Te gusta como me muevo?

    O: Me encanta nena!!

    Me senté en la orilla de la cama y la puse a dar sus sentones, ella se dejaba caer bien rico, a veces me dolía por lo tosca que era, pero eso no le quitaba lo fantástico.

    J: Qué duro, con el otro ya hubiera terminado!

    O: Eres fuego amor, por eso estoy aquí, para darte lo que te haga falta.

    Me acosté en la cama y ella me cabalgaba dándome la espalda, yo se la raspaba y le jalaba el cabello, ella se movía riquísimo, la verdad estaba super entrada.

    J: Que rico, agh, ah, ah, hace tiempo no llegaba tan lejos, ¡¡¡ah!!!

    O: ¡Me voy a venir, me vas a sacar la leche!

    J: !!No me la eches dentro!!

    La acosté boca abajo, le abrí sus nalgas y comencé a metérsela duro, ella gritaba y babeaba a cada embestida, le jalaba su cabello, le mordía la espalda y le arañaba las nalgas, yo estaba por llegar a mi extasis y sentí su corrida, mojo todas las saban, parecia que se habia orinado.

    O: Me vengo nena, ¡¡agh!!

    J: ¡¡Sacala!! ¡¡Me vas a embarazar!!

    Le hice caso y justo cuando mi semen salía la saque para llenarle las espalda y sus nalgas de mi blanca leche, caliente y espesa.

    Me acosté a su lado después de vaciar mi tanque, ella se reía y me dio un pequeño golpe, después nuevamente se bajó a chuparmela, me limpio cada gota de semen.

    Esa fue la única vez que me la comí, su pareja la sacó de trabajar, pero jamas podra controlar a la putita de su mujer.

  • Verano del 84 (Capítulo 1)

    Verano del 84 (Capítulo 1)

    Los veranos en el campo eran la meta ansiada del año durante mi niñez. Se terminaba el colegio. Aire, sol, verde, pileta, nada de obligaciones ni tareas, ni levantarse temprano. Ni nada. Pero con la adolescencia y las hormonas, las aspiraciones cambian. Y ese año además terminaba para mí el colegio secundario. En marzo comenzaría la nueva aventura de la universidad, y digo aventura porque traería las nuevas libertades que ya podía reclamar con mi recientemente cumplida mayoría de edad. Pero el esquema familiar mandaba y obligaba, y el verano en el campo era la regla. Y en los 80, sin celulares ni internet (y es más, casi sin teléfonos) ninguna alternativa existía para socializar. Con lo cual nos instalábamos allá, los mayores iban todos los días a trabajar hasta la fábrica de la familia, dejándonos a nosotros solos al cuidado de los caseros.

    De cualquier manera bastante privilegiados éramos de tener el campo. Aunque no era muy grande, estaba solamente a 80 kilómetros de mi ciudad de Buenos Aires, y tenía un casco muy lindo. Era el sueño realizado de mi abuelo inmigrante, y teníamos con separadas, una para mis abuelos, y dos más pequeñas para mis tíos y nosotros. Aunque siendo yo el varón mayor había reclamado con éxito la exclusividad de una de las habitaciones de huéspedes de la casa de mis abuelos, que contaba además con un baño. Genial para mejor privacidad en la (como mínimo) paja diaria que exigían mis urgencias hormonales.

    Susana era dos meses menor que yo, y nuestra relación de primos era estrecha, gestada en tantos veranos compartidos de esta manera. Comenzó a usar bikinis en la pileta ese año, mostrando un poco más su cuerpo en el cual también las hormonas ya habían completado su trabajo. Morocha de pelo largo y ojos negros, tez blanca, flaca, un culo que ya se adivinaba divino, aunque unas tetas más bien pequeñas.

    De cualquier manera, el formato de la educación religiosa preponderante en aquellos tiempos en familias como la nuestra reprimía el sexo en forma brutal. Todos habíamos pasado por una clase de “educación sexual” en el colegio, en la cual se hablaba más de Dios que de la anatomía, al punto que ni siquiera teníamos una idea acabada de cómo eran los genitales del sexo opuesto salvo por un mínimamente ilustrativo gráfico. El sexo era para el matrimonio, y riesgoso en extremo antes. No se podía hablar de anticonceptivos para las chicas, conseguir preservativos para un chico era una tarea casi imposible, las enfermedades venéreas eran el castigo divino para los pecadores (y eso que el HIV apenas aparecía en un horizonte lejano). Si bien es posible que hubiera otros entornos más liberales, nuestra familia era conservadora en extremo. Italianos, de misa dominical, todos (padre, madre, hijos, nuera y yerno) trabajan en la empresa del “Nonno”. Y eso se esperaba de nosotros cuando completáramos la universidad.

    La pornografía… bueno, justamente por esos años, cambios políticos copernicanos en mi país derivaron en otros cambios, de índole social, y una tímida revolución sexual comenzó a aflorar. Primero por ese lado, ya que hasta meses antes de este relato, cualquier imagen catalogada de impúdica por las autoridades era censurada tanto en medios gráficos como en tv y en el cine. Esto comenzó a cambiar y hasta se le puso un nombre: “El Destape”. Aparecieron entonces las primeras revistas “porno”, pero al principio su circulación era cerrada, pudorosa, y los comerciantes ni si quiera las exhibían en los puestos de venta.

    Digamos “Porno”. Las comillas son intencionales. Eventualmente una cola algo de costado. Los senos siempre con los pezones cubiertos… Apenas erótico lo llamaríamos hoy. Todavía lo recuerdo con claridad. “Status” se llamaba una de las publicaciones. La edición en particular tenía una chica rubia de ojos marrones en la portada, con curvas pronunciadas, y la foto estaba tomada de frente en un campo de maíz, detrás de una planta. Dos hojas altas cubrían estratégicamente ambos pezones, y una más corta la entrepierna. No importaba. Era atómico entonces. No me interesaba elucubrar que había llevado a mi abuelo a comprarla. Pero la había descubierto en un cajón de su habitación, bajo unas prendas (Si, tenía la costumbre de revisar a hurtadillas). El terror me impedía sacarla de ahí y llevármela a mi habitación o baño para lo que correspondía, no fuera a ser que me bloquearan el retorno y válgame, Dios. Pero en las tardes bucólicas y estáticas, más bien a la hora de la siesta, iba sigiloso a ojearla. Al principio volvía corriendo a mi baño a pajearme con las imágenes grabadas en mi retina. Pero más tarde comencé a tocarme por sobre el short de baño, para luego terminar en mis dominios, y un día me venció la tentación de sentir mi mano en mi verga como corresponde, deje caer mi traje de baño y comencé a frotarme, mi izquierda pasando las páginas de la rubia de la revista apoyada en el mueble vestidor y mis oídos atentos a cualquier sonido que quebrara el silencio de la siesta. Mis ojos clavados en las fotos y sin perder la visión periférica…

    – ¡Ayyy! – Susi me miraba fija, como hipnotizada desde la puerta entornada. Doblé mi pija para abajo escondiéndola precariamente entre mi mano y el mueble.

    – ¿Qué haces?

    – M-me… me hago l-l-la paja Susi. Mira es que es n-n-normal los pibes…

    – ¿Me mostrás?

    Le extiendo la “Status”.

    – No boludo, esas revistas tienen solo fotos de chicas. A mí no me interesan las chicas. ¿Me mostrás?… – y señalo tímidamente a mi erección semi oculta. O semi erección a esta altura, producto del pánico. Me descubrí y me paré frente a ella, miró mi verga con sumo interés, y el súbito cambio de clima hizo que volviera a levantarse un poco.

    – Uh. Solo había visto unos gráficos malísimos en “educación sexual”. ¿Así esta erecta?

    – En parte. Se pone más dura y rígida.

    – Uh… Eh, yo te venía a buscar para que me acompañaras en bici al pueblo. Mamá me dejó unos encargos. – Dijo, mas no sacaba la vista de mi pene.

    – Ahh OK…P-Pero… mira, no me dejás un rato…es por… bueno, me va a molestar en la bici… y no se baja hasta que termino…

    – Si… dale. Te… te espero. – Seguía sin correr la mirada.

    – ¿Querés mirar? – No sé cómo me atrevía a decir eso.

    – Bueno… – dijo con cierto titubeo, luego de un segundo de silencio.

    Devolví la revista a su escondite, me subí a medias el short y caminamos hasta mi habitación. Tenía dos camas de una plaza. Me senté a los pies de la mía cruzado de piernas, y ella hizo lo mismo en el otro extremo. Tenía un remerón largo, con su bikini verde y negra debajo. La posición me regaló una vista de su entrepierna cubierta por la tanga del bikini. Vista a cuyo recuerdo ya le había dedicado alguna paja, pero ahora en vivo y en directo, lo que me la puso dura como nunca. Comencé a frotarme, regulándome, porque hubiera acabado al toque pero quería prolongarlo lo que pudiera. Susi tenía sus ojos clavados en mi masturbación. Seguramente percibió el aumento de mi ritmo de respiración y la proximidad de lo inevitable, y eso debió aumentar su oculta excitación también. Por lo que en determinado momento la veo que, casi como por instinto, coloca su mano en su concha, por sobre el bikini. Eso fue detonante, y eyaculé como nunca. Tan fuerte que el primer chorro llego hasta mi propio pecho.

    – ¿Eso es semen? – dijo luego de unos segundos de silencio.

    – Si.

    – ¿Y podés seguir sacando?

    – No, luego de un rato. Después de que me sale me queda algo sensible, y tengo que esperar un rato…

    – Si, leí en algún lado que se llama orgasmo.

    Me vestí, limpié un poco el enchastre, agarramos las bicis y salimos al pueblo. Pedaleamos un rato en silencio.

    – Y vos, ¿te pajeas?

    – Un poco…

    – ¿Un poco? ¿Como? ¿Te metes el dedo adentro?

    – ¡No, No! Duele, y eso me rompería el himen… Te enseñaron lo que es el himen, ¿no?

    – Si, si… ¿y entonces como hacés?

    – Me toco el clítoris. También te enseñaron que es, ¿no?

    – “Es el punto donde se unen los labios menores al frente de la vulva” recité como alumno aplicado. No sabía que producía placer.

    – Es más que una “unión” es como un botón, que se pone más grande cuando me excito. Y luego la concha se me entra a humedecer, y es muy lindo.

    – ¿Y las mujeres tienen orgasmos?

    – Eso aseguran algunas chicas, pero nunca me pasó.

    – Y se te mojó cuando me viste pajearme.

    – Si… mucho. Mucho más que de costumbre.

    – ¿y ahora seguís mojada?

    – Si… y la bici… – se sonrojó bastante.

    – Que te parece… si… bueno, nos hacemos la paja juntos. También… también me gustaría ver, yo ya te mostré.

    – Y… suena que nos vamos al infierno… pero sin tocarnos, no sería imperdonable…

    Pactamos a las dos del día siguiente. Resultaba el horario ideal, después del almuerzo. Los caseros tenían su turno de descanso, la pileta la teníamos prohibida hasta las cuatro, y los hermanos/primos más pequeños miraban la tele o dormían la siesta. En mi habitación solitaria, los nervios me carcomían y mi corazón latía con fuerza. A la hora señalada, abre sigilosamente la puerta…

    – ¿Jojo? – Dijo nerviosa.

    – Hola. – Se produjo un silencio incómodo.

    Mas que hablar, me bajé los shorts, y me quedé expuesto frente a ella. Mi verga floja, pero ya queriendo despertar. Ella hizo lo mismo con la parte de abajo de su bikini, aunque como llevaba el mismo el mismo remerón del día anterior, solo tuve un breve vistazo de su concha y su vello púbico. Luego me senté como antes, cruzado de piernas en un extremo de la cama. Ella eligió sentarse recostándose en el respaldo de la cabecera de la cama, enfrentándome, con sus rodillas dobladas, y sus piernas juntas primero, pero luego abriéndolas para brindarme la vista esperada y ansiada. Sus caderas ya traían buenas curvas, y desplegadas así sus piernas largas y torneadas eran un espectáculo alucinante. Su vello púbico incipiente, sus labios mayores carnosos y perfectamente moldeados, apenas separados mostrando tímidamente el interior deseado. El silencio era ahora cómplice. Mi verga se paró hasta doler en pocos segundos, y frente a mis ojos pude ver cómo, aún sin tocarse, los labios menores se abrían como una flor, mostrando su clítoris engordado, y lo que adivinaba debía ser la entrada más deseada, todo brillante de humedad.

    Comenzó a tocarse, y yo también. Fuimos despacio, prolongando el placer, mirándonos alternativamente a los ojos y a nuestros sexos. La respiración de Susi se aceleraba a la par de la mía. Traté de llegar lo más lejos posible, pero en un punto fue demasiado y me estremecí en un orgasmo. Susi continuó con más fuerza, entrecerrando un poco los ojos, hasta que en un punto contuvo la respiración, y luego exhaló con fuerza. No puedo asegurar que su bajo vientre haya temblado un poco, pero me pareció. Si fue claro que atinó a cerrar un poco las piernas, como involuntariamente. Abrió de nuevo los ojos con una sonrisa de oreja a oreja, su respiración más pausada y relajada.

    – ¿Tuviste un orgasmo?

    – No se… Creo que sí. Fue diferente, tuve como un pico de placer y sentí que me estremecía y ahora el clítoris esta como sensible y me hace cosquillas.

    – ¡Seguro que si entonces! ¡Qué bien!

    – Y vos… ¡no te salió casi nada! ¿no te gustó?

    – ¡Me re gusto! es que… bueno… este plan me re calentó… y me hice dos pajas seguidas anoche, y tres en lo que va del día antes de ahora.

    – ¡Ah, Jojo! ¡No así no! Mañana lo hacemos de vuelta, pero la quiero toda para mí. Si no…

    – No, no, ¡te prometo!

    – ¡Palabra! – dijo señalándome con el dedo y mirándome con una sonrisa pícara.

  • Los secretos de la vieja computadora (Parte 2)

    Los secretos de la vieja computadora (Parte 2)

    Luego de haber visto esas fotos mi cabeza daba vueltas, no podía dejar de pensar en lo que me esperaba para ver en las siguientes carpetas.

    Para tratar de despejar mis pensamientos por un momento, me levanté y me dirigí hacia la cocina por unas latas de coca cola.

    Cuando tome las latas de gaseosa y me prepare unos sándwiches para poder acompañar, terminado me dirigí nuevamente a la habitación donde estaba la computadora.

    Acomodé todo para que nada pudiera molestar, y que tampoco se me pudiera caer el refresco sobre la computadora.

    Me tomé mi tiempo y comí algo, cuando me sentí satisfecho me puse en marcha para abrir las siguientes carpetas.

    Opte por abrir la carpeta que tenía por nombre «Escapada de Verano».

    Ingrese la contraseña que utilice en la carpeta anterior y por suerte me acepto, cuando ingrese sucedió lo mismo que en la carpeta anterior un montón de imágenes sueltas y en miniatura.

    Cuando di doble clic sobre la primera para poder verla, se podía ver la vista de una playa hermosa, y las siguientes eran más de la misma índole. Cuando después de pasar varias fotos, por fin aparecieron las fotos de las chicas que estaban en la playa, en algunas se podía ver a algunas chicas en bikini, todas las chicas eran las mismas de la carpeta anterior.

    Por lo cual pude deducir que habían salido todas a la playa el mismo día.

    Todas las chicas se habían sacado fotos en ese día, la mayoría de esas imágenes eran de todas en bikini, hasta que empezaron a aparecer las que sospechaba.

    Empezaron a aparecer las chicas practicando toples, todas parecían muy contentas mientras se tomaban las fotos, en una de esas fotos, se podía ver que todas aparecían en dicha foto, y por lo tanto alguien debió tomar dicha fotografía, me quede pensando,

    “¿Quién habrá él sido el privilegiado de sacar dicha foto?, pero sobre todo teniendo a todas esas hermosas mujeres mostrando las tetas.”

    Hasta que luego pude ver con quien se habían sacado dicha foto, aparecía en la imagen un hombre bastante marcado en lo que tiene que ver físicamente, y sobre todo, se lo veía con la remera que decía «SALVAVIDAS», todas se veían muy contentas con el sujeto, luego de esa sucesión de fotos, se podía ver como si charlaran con el sujeto.

    Pase unas última fotos más y terminaron, pero pude constatar que seguían dos videos, me pareció extraño, ya que en la carpeta anterior no había ningún video.

    Doy doble click sobre el primer video, y empezó a reproducirse:

    “Hay chicas ojalá podamos encontrar alguna buena fiesta para pasarla bien”. –dijo una señora que no conozco

    “El tema es que no conocemos a nadie acá, y no sabemos dónde rayos podemos llegar a parar después, ya que a ustedes les gusta el agua sucia, jaja.” –dijo otra señora y todas a su vez se rieron a carcajadas

    Luego de decir esa frase se escucha decir a la persona que grababa:

    “¡Amigo, amigo, ¿nos sacas unas foto a todas juntas?”. Al perecer este señor se asombró, y quien no lo haría, y accedió. En ese momento termina el primer video.

    En cuanto puse a reproducir el siguiente video, pude constatar que era el mismo hombre que había visto en las imágenes anteriores, y se las escuchaba reír muy a gusto con él, hasta que de fondo se escucha que alguien le pregunta:

    “Amigo, ¿tienes alguna idea de alguna buena fiesta que hagan por aquí cerca?, ya que no somos ninguna de esta ciudad, y no queremos salir muy lejos ya que no conocemos nada de nada.”

    “Pues ya que lo preguntan, pues si y están de suerte, mañana exactamente hay como tres fiestas importantes en esta ciudad, pero lamentablemente solo una de ella está por aquí en los alrededores, ya que las otras dos están en las afueras ya casi.”

    “Uy que cagada che, y ¿esta buena la fiesta que esta por aquí cerca?” pregunto esta vez mi madre que justo la enfocaron en el video

    “Pues bastante buena, y es mas no tiene ni que pedir transporte ya que se celebra en esta playa, pero lo que si deben tener entradas porque es privada. Pero tranquilas que las conseguiré en este momento para todas y nos veremos aquí mañana en la fiesta, va a haber gente de todo tipo, y compañeros míos guardavidas también.” Dijo sonriendo el flaco

    “mmm bueno mejor entonces no nos vamos muy lejos, entonces ¿cómo logramos quedar con vos por el tema de las entradas?” hablando mi madre nuevamente.

    “Por eso no se preocupen, yo las consigo con mi amigo que es el organizador del evento, pero todavía estoy trabajando, si siguen en la playa hasta dentro de dos horas más en este preciso lugar las traeré personalmente, y de paso vendré con mi amigo a presentarles.”

    “Sueno genial, bueno quedamos así entonces, ¿disculpa como es tu nombre?” dijo mamá

    “Me llamo Julián, y soy su salvavidas y estoy a sus órdenes.” Dijo soltando una sonrisa que puso a todas como locas

    “Bueno, Julián nos vemos entonces dentro de un rato, te esperaremos aquí nomas.”

    “Dale chicas las dejo, y ahora me voy a seguir con mi trabajo sino me corren jaja”

    Y se dio media vuelta y se fue casi trotando, el video siguió unos segundos más, para escuchar a las chicas hablar

    “Bueno chicas, hay que prepararnos para lo que sea, y ya saben a qué me refiero, así que vamos a ir organizándonos para ir bien vestidas pero tampoco tanto lujo, porque como escuchamos todas se hace en la playa. Pero desde ya les digo que forro compramos si o si jaja.” –las demás también se largaron a reír

    Y en ese momento terminó el segundo video, y no solo me impacto y me quedé atónito nuevamente, sino que me llamaba la atención el grado de confianza que se tenían entre unas todas para hablar de esa manera y sobre todo para callar ese gran secreto.

    Yo la verdad después de ver las imágenes de esa carpeta no me había causado ningún tipo de impresión, pero después de ver esos videos no sabía cómo reaccionar.

    “No puedo creerlo, ¿Qué tan puta es o fue mamá?”. Dije pensando en voz alta y tomando lo que quedaba de coca cola en mi vaso

    En ningún momento de mi vida, se me hubiera ocurrido antes de que mama tuviera estas fotos y sobre todo videos, pero se ve que todavía no había visto nada de lo que había comentado mi madre ese día a su amiga Patricia.

    Llenando nuevamente, mi vaso y dando unos mordiscos a mi sándwich, procedí a abrir la última carpeta que quedaba por descubrir en esa serie de tres.

    En esta carpeta si ya tuve que buscar la siguiente contraseña en la lista, ya que no me dejo con la anterior. Luego de teclear la otra escrita en el diario, por fin pude ingresar.

    Dentro de dicha carpeta también se podía divisar que había muchas imágenes, pero no solo eso sino que también había videos, pero en esta ocasión pude constatar que había mucho más videos que los que los dos de la carpeta anterior. En este momento empezó a latir más rápido mi corazón, así que termine mi sándwich y le di un buen sorbo al refresco y me acomodé en la silla, sin dudas algunas esta iba a ser una carpeta bastante interesante y no quería que nada me molestara, y como último recurso puse mi teléfono en modo silencio para que nada interrumpiera.

    Una vez hecho todo esto, empecé a visualizar todas las fotos una por una desde el principio. En cuanto abrí la primer foto, pude ver a todas la chicas con los vestidos y atuendos de la primera carpeta, por lo cual se me prendió el foco, y pude constatar que estaban guardadas cronológicamente todas esas imágenes, por lo cual las sucesiones de fotos eran primero la carpeta, «Escapada de Verano», segundo «Noche de chicas» y por último seria la que acaba de abrir «Fiesta privada».

    Ahora todo tenía sentido, pero no le di mucha importancia que digamos, y volví a lo que estaba.

    Cuando por fin deje de dar tanta vuelta al asunto, empecé a husmear, al principio todo parecía normal, y que a medida que pasaban las fotos se podían ver a las chicas reunidas tomando cerveza.

    Cuanto más iba avanzando en las fotos se podía ver en algunas fotos ya a algunos chicos charlando muy animadamente, hasta que una de ellas pude divisar al salvavidas con el cual hablaron en la playa, luego de una sucesión de fotos con todas la chicas, pude constatar que en una de ellas se veía como empezaban a aparecer más chicos que pensé que seguramente serian algunos compañeros salvavidas y algunos fuera.

    Se podía ver que los tipos eran igual de marcados que Julián e incluso otros eran más grandes todavía en estatura y musculatura.

    Al parecer la presencia de estos chicos desconocidos puso como loco a las chicas que empezaron a acercarse a saludar y de paso a sacarse algunas fotos como para tener de recuerdo.

    Luego de varias fotos individuales y también grupales, todo parecía que en esa carpeta no iba a pasar nada interesante.

    Hasta que por fin empezó a salir las primera imágenes de la chicas bailando con los desconocidos. La verdad es que se las veía muy animadas ya que la mayoría de las fotos todas salían sonriendo como si hubieran sacado la lotería.

    Pero nuevamente empezaron a aparecer fotos con estos desconocidos bastante pegados a ellas mientras bailaban, y por sobre todo, puse un poco más de atención y se podía ver que las manos de ellos ya empezaban a aparecer en lugares en los cuales no deberían aparecer y menos durante un baile, bueno al menos eso pensaba yo.

    Cuando ya por las fotos se acabaron empezaron los tan esperados videos, que como dije eran mucho más que en la carpeta anterior, pero lo más llamativo era que no solo eran videos cortos, sino que también que había videos que en su descripción se podía ver que duraban algunos más de diez, quince y media hora de reproducción.

    Al mirar estos detalles antes de abrir dichos videos otra vez el corazón se me acelero por un momento, en lo cual tuve que hacer una pausa y tomar un vaso de refresco nuevamente. Quizás lo hice para prepararme psicológicamente sobre lo que estaba a punto de ver en dichos archivos multimedia.

    Cuando termine mi vaso de coca cola, hice unos movimientos de elongación ya que había estado bastante tiempo sentado y me estaba empezando a doler la espalda por una mala postura que había tomado mientras miraba la computadora.

    Terminado dichos movimientos me sentí un poco mejor, pero antes de abrir los archivos de videos, lo que hice primero fue acomodar dichos videos desde el que menos minutos tenía hasta el de mayor duración.

    Una vez terminado dichos movimientos que hice para ir escalando en intensidad por fin me dispuse a abrir el primer video.

    Luego de dar doble clic en el primer video, se podía ver a las chicas bailando muy divertidas y alegres con los chicos, y por lo que se podía apreciar en el video todas se habían conseguido un compañero de baile por lo cual a ninguna se le escapaba nadie, por lo tanto todas estaban disfrutando, pero eso también me dio a entender que era otra persona la que grababa dicho video.

    La verdad que su grado de confianza con gente que no conocían me llamaba mucho la atención, pero mucho más porque por lo general a los turistas algunas personas suelen tomarlos de tontos y si pueden estafarlos o meterlos en líos a veces para sacarles dinero.

    Terminado el primer video, empecé de inmediato con el segundo, en el cual se empezaba a divisar como las chicas seguían divirtiéndose bailando muy pegadas con los chicos, por lo que pude escuchar en la música del video se podía oír que bailaban bachata.

    En un momento del segundo video, pude alcanzar a divisar que ya varios de estos tipos desconocidos empezaban a poner sus manos zonas muchas más descaradas y las chicas no decían nada solo se las veían sonriendo como niñas quinceañeras.

    Luego de unos tres videos más en lo que se podía ver más de lo mismo, abrí uno en particular en el cual no solo ya el ambiente había cambiado sino que se los podía ver a todos sentados alrededor de una mesa bastante amplia, pero por lo que se podía ver ya no era en la playa ni tampoco en un bar, por lo cual lo único que se me ocurrió es que decidieron llevárselos al hotel donde se hospedaban o fueron con los chicos a algún departamento de ellos.

    Se los podía ya ver mucho más íntimamente a las chicas, ya aparecían besándose con los chicos como si no les importara nada, y algunas ya eran manoseadas por todos lados.

    La verdad que esta escena me dejo prácticamente con la boca abierta, me asombraba más que nada el grado de complicidad pero sobre todo como se tenían tanta confianza que se franeleaban con cualquiera y frente de las narices de las demás chicas sin temor al que diría la otra.

    Todo iba avanzando cada vez más rápido, cuando termino ese video, con el corazón acelerado y con ya una erección evidente debajo de mis pantalones me dispuse a abrir los últimos tres videos que quedaban de dicha carpeta.

    Con la particularidad que esos últimos videos tenían una duración en conjunto de una hora, aunque ya veía venir de que podría tratarse los videos que quedaban y mucho más si utilizaba como referencia el que había visto anteriormente.

    Tomando aire accedí a uno de los últimos tres videos, y mis sospechas se hicieron verdaderas.

    En el video apenas abrirlo se podía ver a varias chicas practicando sexo oral a varios de los chicos, a todas se las veía muy entretenidas, como quien tratando de demostrar quién era la mejor petera de todas ellas. Todas estaban muy entretenidas con las pijas de cada uno, en un momento de ese video se ve como que habían parado de grabar, y cuando reanudo el video ya se podía escuchar a varias de las chicas gemir como unas putas cualquiera.

    El camarógrafo empezó a dar vueltas por la habitación que era bastante espaciosa pudo constatar de dónde venían dichos gemidos. A una de las chicas la tenían en cuatro patas encima de un sofá bastante amplio y su compañera en el mismo lugar pero cabalgando a dicho sujeto. La verdad que el morbo y la excitación de ver dicha escena generó que tuviera que sacar mi pene del pantalón y comenzar a masturbarme, ya que lo que acababan de ver mis ojos era mucho más de lo que estaba pensando.

    Justamente a la chica que tenían a cuatro patas era la amiga de mamá Patricia, y su compañera de banco era nada más y nada menos que mi propia madre. A las dos le estaban dando de manera brutal que solo se las oía gemir a cada una de ellas:

    “hay así”, “dame más fuerte hijo de puta”, “uy como me partís al medio”, “cojéeme dale haceme mierda”

    La forma de hablar de ellas me daba a entender que se encontraban en un grado de excitación demasiado grande, tanto que no les importaba ni un poquito lo que pudieran hacer o decir las demás chicas.

    Cuando termino el primer video de una duración bastante considerable, abrí el segundo, en este video ya se veía que todos ya se habían ido a la mierda hablando en pocas palabras ya que todos los que aparecían en dicho video ya estaban completamente desnudos y cogían entre ellos como si de comer se tratara.

    Literalmente estos tipos estaban cogiéndose con tanta euforia y ganas que se les notaba en la cara, y más cuando ellas le decían más guarradas lo único que hacían era que los tipos se enciendan mucho más:

    “dale putita”, “que hermosa trola que sós”, “como te gusta ponerle los cuernos a tu marido eh”, eran algunas de las palabras que más se escuchaba salir de la boca de estos tipos.

    “dame más fuerte”, “si mi marido es bien cornudo”, “eso le pasa por no cogerme bien”, “me encanta”, “me encanta la pija”, “dame toda la leche”.

    La verdad que este tipo de comentarios lo único que hacia enardecer más a los hombres y también les subió el ego mucho más de lo que ya lo tenían seguramente, no todos los días te coges a una puta de esas clases y sobre todo que esté casada.

    El video se iba haciendo cada vez más porno, todas las chicas estaban en esa habitación cogiendo con alguien, ninguna estaba sin comer pija, la verdad que el solo hecho de verlo grabado me causaba una excitación en gran escala. Todas las chicas estaban en bolas desparramadas en la habitación, algunas ya el maquillaje y el arreglo que se habían hecho ya ni se les notaba, sus caras parecían las de unas auténticas putas, en un momento de video el camarógrafo vuelve a enfocar donde estaban cogiendo mi madre y su amiga Pato, pude alcanzar escuchar algo que le decía a quien se la estaba cogiendo:

    “decilo más fuerte pedazo de puta”. –le dijo el tipo que se la cogía, que después me percate que era Julián

    “rómpeme el orto, quiero que me lo metas por el culo”. –dijo mi madre de manera que todas quedaron muy sorprendidas

    Pero como si de un acto de celebración se tratara todas se pusieron alegres y le animaban a Julián para que pudiera cumplir con el deseo de mamá.

    “dale juli, no la hagas esperar y rómpele el orto a esa puta”. –le dijo su amiga pato que a su lado le estaba cabalgando a su chico.

    “rómpele el orto a esa zorra”, “dale que la cola no le da a cualquiera ella”, “aprovecha que está caliente”. –eran los comentarios que se escuchaban de las chicas que estaban repartidas por la habitación

    “Bueno vos te la buscaste putita, prepara nomas ese orto que va a terminar destruido. –le dijo Julián a mi madre

    ¿Y que estas esperando? –le respondió mi madre rápidamente mientras se colocaba en cuatro encima del sofá

    Rápidamente Julián se colocó detrás de mi madre y primero le dio una buena repasada con su lengua a su concha y a su culo, cuando termino escupió un poco sobre la entrada del culo y asomo la cabeza de la pija sobre este.

    En un principio no me había dado cuenta, ni puse atención tampoco de que si las pijas de estos tipos eran grandes o chicas, pero cuando la cámara enfoco justo en ese preciso momento sobre el culo de mi madre ahí pude constatar de que la verga que cargaba Julián era considerablemente grande y su cabeza era proporcional a dicho miembro.

    Empezó a presionar la cabeza y se veía que costaba para ingresar, pero mi madre hizo un movimiento medio raro, se inclinó un poco más y creo que empezó a masturbarse para poder estar más caliente y que pueda ceder su agujero negro. Este tipo de acción luego de unos escasos segundos funciono ya que el culo de mi madre se tragó por completo la cabeza de la pija de Julián.

    Al ver este tipo de acción el chabón empezó a presionar más y más y su pija se iba abriendo paso dentro del agujero de mi madre.

    “Hay así que rico, dale no pares”. –se escuchó gemir a mi madre

    “¿Estás bien putita o paro?” –le contesto su macho mientras le daba una nalgada suave

    “Si sí campeón, rómpeme el orto como te pedí”. –respondió mi madre

    Entonces empezó a presionar más hasta que su cadera choco con el culo de mi madre y sus huevos también completando una completa penetración, cuando termino aguardo unos segundos para el culo de mi madre se acostumbrara a su verga, y luego de unos segundos más, empezó el vaivén por su culo. Se veía claramente como el culo de mi madre se tragaba esa pija hasta los mismos huevos, entonces acelero la penetración, literalmente empezó a bombear su culo de una manera bestial, tal así, que mi madre empezó a gemir de manera alocada.

    “ay si, dale así hijo de puta, cógeme fuerte, rómpeme bien el orto”. –se escuchaba gemir a mi madre

    “uff como se come mi pija tu culo, que putita que sos por favor”. —jadeo Julián

    El tipo siguió con sus bombeos fuertes y profundos de manera que mi madre se recostó bien sobre el sofá apoyando su cara sobre el asiento, y jadeaba como ninguna otra chica en el salón.

    Ya luego de estos momentos de este video todos se los notaba cansados en la cara, y quien mas no lo estaría con todas esas mujeres sedientas de pijas.

    “ah ya me estoy por venir putita”. –paf soltó una buena y fuerte nalgada sobre el culo de mi madre

    “dale, acaba y dame la lechita, dame mi premio”. –gimió mamá

    “como toda buena putita que sos te vas a tomar le lechita”. –paff otra nalgada.

    “¿escuchaste bien putita?”. –pregunto Julián a mamá tomándola del pelo de manera brusca.

    “ahh si, sii me la tomo toda, apúrate y dame la lechita”. –jadeaba temblando mamá que en ese momento le invadía un orgasmo

    En este momento Julián aceleró los movimientos pélvicos de su cadera, y empezó a azotar con embestidas mucho más fuertes y profundas al culo de mi querida madre. De repente el empezó a jadear y resoplar como quien dando señas que ya estaba a punto de acabar, y por fin el momento esperado por mi madre llego.

    En un movimiento rápido se salió de ella y le pidió que se arrodille frente de él, mi madre desde luego obedeció rápidamente, y una vez arrodillada abrió la boca y saco la lengua como si de un a consulta médica se tratara, entonces el hombre hizo una serie de movimientos más sobre su pene, y por fin salió lo que mi madre tanto había pedido.

    “ahhh, toma la lechita putita, tomala toda”. –jadeo Julián lanzando una buena cantidad de esperma sobre la boca de mi madre que ella recibió orgulloso y lanzando una sonrisa.

    Cuando termino de acabar hablo Julián rápidamente,

    “no te la tomes todavía, mostrale a la cámara como tragas la leche”. –le ordeno

    Mi madre sin esperar más, se puso en dirección de la cámara, y mirando hacia la cámara, que capto este momento como si de una película porno se tratase.

    Y luego de unos segundos de jugar con el semen de este tipo en su boca, se la trago por fin.

    Cuando termino abrió la boca y la mostro a la cámara como prueba, y poniéndose de pie, le agradeció a Julián por la garchada que le había pegado esa noche, pero luego hizo algo que la verdad que me deje mucho más loco de lo que había visto.

    Con voz de mando se paró en el medio de todas las chicas que también estaban garchando y ya se la veían cansadas también de tanta acción.

    “bueno chicas, hay que tomar la leche, como toda niña buena antes de dormir”. –con voz de mando pero con una sonrisa pícara en sus labios

    Lo extraño de todo esto es que las chicas como si hubieran escuchado a su reina o su jefa, se levantaron todas al unísono.

    Una vez que todas se levantaron, se arrodillaron todas delante de su respectivo hombre y empezaron su mamada final, con todas las ganas del mundo se pusieron a chupar pijas como si su vida dependiera de ello.

    Parece que todas se conocían tan bien, que el jadeo de todos los tipos se escucharon casi todos al mismo, y luego se repitió la misma acción que había hecho mi madre, todas esperando con la boca abierta y sacando la lengua, el camarógrafo empezó a grabar una por una como cada una de las chicas recibían su respectiva lechita en la boca para posteriormente tragarlo como toda niña buena.

    “esas son mis niñas”, “veo que las enseñe mejor de lo que pensaba”. –dijo mi madre lanzando una carcajada que posteriormente todas las chicas también se unieron.

    Cuando terminaron de darle la leche a cada una de las chicas, cada uno de los chicos se sentaron nuevamente a descansar, por lo que se veía se notaba que las chicas a la hora coger daban pelea como si fueran unas auténticas actrices porno.

    Lo que me llamo la atención es que este último video duraba mucho más que los anteriores pero parecía que todo iba a terminar ahí, ya que todavía iba la mitad de dicho video.

    Todo parecía que el video iba terminar de esa manera hasta que del fondo sale una de las amigas de mamá cantando:

    “que los cumplas feliz, que lo cumplas feliz,”. –en ese momento también se unieron las demás chicas como acordándose en ese momento de quien era el cumpleaños.

    “que los cumplas, Mariela, que los cumplas feliz”. –terminaron de cantar y terminaron abrazando a mamá todas la chicas.

    No me lo podía creer, no solo se habían ido de vacaciones todas juntas, sino que también era para festejar el cumpleaños de mi querida madre, ahora si mi cabeza daba vueltas, ya que no podía creer lo que mis ojos veían y mis oídos escuchaban.

    Luego de terminar de abrazarse, y de recibir el saludo de las chicas también los chicos sacaron su lado caballeroso y saludaron a mamá.

    Pero como era de esperarse que algo más iba a pasar en ese video, y también por la duración que tenía dicho filme.

    Se levanta Pato, y como quien tomando voz de mando en ese momento dijo:

    “buenas chicas, ¿creo que una buena cumpleañera tendría que soplar la vela para que sea un buen cumpleaños no?”. –dijo con una cara sonriente mientras le preguntaba a las demás chicas y miraba a mamá también

    “si tenes razón”, “hay que hacerla soplar la vela”, “traigan las velas acá chicos”. –eran los comentarios que salían de las demás chicas

    “y vaya que tiene varias velas para soplar”. –dijo pato soltando una risa que acompañaron las demás

    Mamá solo miraba sentada en un sofá, con la cara toda colorada como se fuera muy vergonzoso lo que decían las chicas.

    Cuando se acercaron los chicos con las pijas medio flácidas luego de haber regalado su semen a su respectiva chica, se pusieron alrededor de mi madre como quien invitándola a que empiece.

    Mi madre creo que sabía que si no lo hacía por las buenas por las malas iba a ser peor, pero creo que en el fondo ella tenía ganas de hacerlo y sin rechistar se arrodillo en frente de todos los chicos que empezaron a acercar sus pijas a la boca de mi madre.

    Se la podía ver que empezó a hacer petes a cualquier pija que le aparecía cerca de la boca, algunos mientras esperaban su turno se pajeaban viéndola. La verdad que la situación se estaba poniendo por demás erótica y pornográfica.

    Mama arrodillada en una habitación en algún lugar que no conocía y menos que menos mi padre, pero sobre todo rodeada de sus amigas que la veían y alentaban a chupar pijas como si su vida dependiera de ello.

    En el video se podía ver que mi madre era enfocada como desde arriba, y se la veía tan entretenida que un momento del video unos de los chicos empezó a acercar más su pija a la boca de mi mamá, y de tal manera que en un momento y tras dar aviso empezó a descargar su leche en la boca de mi querida madre, esto parece que despertó y aceleró también a los demás chicos que luego de unos segundos empezaron a correrse uno tras otro en la boca de ella mientras alrededor se escuchaba el constante aliento de las chicas para mi madre.

    “dale mari”, “hasta la última gota”, “nada de tirar nada eh”. –eran los comentarios de las chicas

    De esta manera y luego de que todos los chicos descargaron toda su lechita en la boca de mi madre, se hicieron a un lado para que las amigas pudieran verla con la boca llena de leche y sobre todo la cámara también grababa todo lo que había sucedido.

    “que la trague”, “que la trague”, “que la trague”. –los comentarios de las amigas para definitivamente poder tragar su merecido premio

    Y luego de jugar un poco con el semen dentro de su boca y hacer pequeñas gárgaras pero sin que se escape nada de su boca, por fin se tragó todo el semen que tenía en su boca.

    La habitación se llenó de aplausos y risas tanto de las chicas como de los chicos en felicitación unánime, y luego terminaron cantando el feliz cumpleaños nuevamente todos incluidos los chicos que acababan de conocer esa noche.

    Luego de terminado el feliz cumpleaños todas se abrazaron con mi madre y de esta manera termino este video más largo.

    Como no había más nada que ver en dicha carpeta ni tampoco en las carpetas subsiguientes, ya que me tomé el atrevimiento de seguir husmeando en medio de esos archivos supuestamente bien guardados no encontré nada más de la misma índole que habían visto mis ojos.

    Pero algo todavía me seguía retumbando en la cabeza y era sobre el comentario que había hecho su amiga pato sobre “yo al menos no me comí más de cinco de pijas a la vez”. Por lo cual lo único que tenía que hacer para poder saber si era cierto era revisar su nueva laptop personal o por consiguiente su teléfono celular ya que casi nunca me dejaba tomarlo ni para realizar una llamada, ya que siempre estaba pendiente que termine la llamada y le devuelva el celular.

    Solo había una manera de averiguarlo y seria el buscar toda la información posible dentro de la computadora personal de mamá, que para mi suerte estaba en su oficina en casa.

    Continuará…

  • David, el futbolista

    David, el futbolista

    David tiene ojos café claros, piel casi blanca, barba espesa aunque su cuerpo es lampiño, pelo castaño. Ciertamente es guapo, de cuerpo muy proporcionado y cierto carisma que le da cierto atractivo poco usual entre los hombres de la colonia donde vivo. Tenemos casi la misma edad, siendo yo mayor que él por casi 1 año. Durante mi adolescencia me masturbé muchas veces pensando en David y sus piernas musculosas mientras él jugaba al fútbol en la canchita del sector donde vivo. Nunca le hablé durante esos años, no hasta que yo tenía unos 26 y él cayó en las drogas.

    Cierta tarde de verano yo venía de comprar algo y decidí acortar camino a casa pasando por un sector algo solitario que solía tener grama muy crecida en ciertas partes y en otras restos de desperdicios que el viento arrastraba hacia ahí. Al dar la vuelta por una esquina vi a David sentado en un bordo no muy alto. Andaba una gorra azul, camiseta blanca y un pantalón corto (short decimos acá) color rojo. Al estar él sentado en ese bordo bajo, tenía sus piernas abiertas y sus rodillas separadas lo que hacía que su short se recogiera dejando expuestos esos muslos grandes y fuertes típico de los futbolistas, además que el short marcaba su pequeño bulto.

    “Hola brother” me dijo con su voz clara aunque trataba de ser forzadamente amigable. Nunca nos habíamos dirigido la palabra.

    “Hola” le dije entre asombrado y con algo de miedo.

    Lo vi a la cara y tenía el rostro algo descompuesto, parecía estar muy ansioso y sus ojos no podían quedarse quietos, sus pupilas dilatadas decían que pasaba por un momento difícil.

    “¿Tenés USD$5 que me prestés?”

    “No, no ando, estoy en las lonas” dije, deteniéndome y viéndole sus piernas abiertas

    “No seás así… porfa, prestámelos… no he comido…”

    “Ando una galletas…”

    “No, viejo… no te hagás… necesito algo de feria… porfa, ayúdame”

    Entonces entendí que quería decirme, que necesitaba ese dinero para drogas. Lo vi de pies a cabeza y vi lo hermoso que era y sentí una honda pena por él.

    “Lo siento, no tengo” y me retiré.

    Esa noche no dejé de pensar en David y lo que estaba pasando pero a la vez me excitaba haberlo visto tan cerca en un páramo solo y mi mente comenzó a volar pensando en las cosas que podía haber hecho con él ahí. Tanta fue la impresión que al día siguiente casi a la misma hora pasé por ese lugar esperando encontrarlo ahí, pero no estaba, lo que había eran unas colillas de cigarro y un condón usado tirado por ahí. De regreso a casa me prometí andar dinero siempre en la cartera por “cualquier contingencia” que podía ocurrir y que ocurrió.

    Una semana después venía de visitar un amigo y decidí pasar por el dichoso páramo y ahí estaba David, esta vez con un short azul aún más corto.

    “Hola viejito” me dijo con tono tranquilo

    “Hola”

    “¿Tenés $5 que me prestés?”

    “Puede ser pero me los vas a devolver?” dije y él guardó silencio

    “¿Verdad que no los va a devolver?” continué

    David seguía callado. Lo vi de pies a cabeza, esta vez él estaba parado apoyado contra un árbol. Me vio con una mirada un tanto altiva y me dijo

    “Te la presto” me dijo tocándose la entrepierna.

    Esta vez yo guardé silencio.

    Se bajó un poco su short azul y me mostró su brief color blanco. Luego con su mano se apretó el bulto cual “chacal”

    “Dame $5 y te dejo me la chupés” dijo con cierto tono de orgullo que me molestó un poco.

    “Enseñá tu culo” dije secamente.

    Acá dudó y me dijo

    “No hago eso”

    “¿El qué?”

    “Enseñar mi… trasero”

    “Pero sucede que yo quiero eso y no quiero sólo verlo… vamos, se que te han cogido acá, no te hagás el mojigato”

    Él guardó silencio, comenzó a ver a uno y a otro lado como dudando.

    “No me han cogido…”

    “Te doy $10 y te disfruto por unos 15 minutos… en 15 minutos podrás ir a comprar más” dije más bien interrumpiéndole.

    “Vaya está bien” accedió.

    Me le acerqué a él. David bajó la vista avergonzado.

    “Tranquilo” le dije con un susurro.

    Caía la tarde y comenzaba a estar un poco oscuro.

    Lo acerqué con mis brazos y percibí su olor corporal. Su olor a hombre joven. Yo pensaba que él era más alto y corpulento que yo, pero yo era ligeramente más alto y más ancho de hombros. Le toqué sus glúteos y eran más pequeños que los míos. Con una mano en un glúteo puse la otra en un pectoral de él y ví que por sobre la camisa se le miraban más grandes de lo que en realidad eran. Los apreté y eran más suaves que los míos. Le di la vuelta y lo puse de cara frente al árbol. Le comencé a besar el cuello, notaba que a cada beso se le ponía la piel de gallina aunque él sólo cerraba los ojos y aparentaba no disfrutar del momento. En eso le toqué el bulto por encima de la ropa, no tenía erección, pero sentir su pene aguado y sus pequeños huevos me excitó muchísimo. Como decimos acá, le “arrimé” el pene sobre su trasero e hice como si lo estuviera penetrando, al tiempo que le metía las manos por debajo de la camisa mientras le apretaba los pectorales y le besaba el cuello. Él apenas jadeaba pero se dejaba hacer lo que yo quisiera.

    No aguanté más y le bajé un poco el short y quedó en calzoncillo. Sus glúteos se marcaban lujuriosamente. Quería jugar con ellos por encima de la ropa pero no pude más y le bajé un poco el calzoncillo. Dos glúteos blancos, redondos y duros aparecieron. Me ensalivé un dedo y se lo metí en el ano. Él resistió pero yo insistí. Finalmente el dedo entró en ese ano estrecho. Se lo metía y sacaba, se lo metía y lo sacaba. David apenas hacía un rictus de incomodidad.

    Me apiadé de él y le saqué el dedo, le di vuelta, me agaché y le empecé a mamar el pene, que era de un tono un poco más oscuro que el color de su piel, su pubis apenas tenía rastros de vello color castaño. Ya dentro de mi boca su pene adquirió cierta firmeza y vi que no era muy largo pero tenía un grosor notable. Mientras lo mamaba le tocaba los muslos que eran todo un portento, duros al igual que sus glúteos. Me excitaba el hecho que no tenía nada de vello ni en sus huevos, ni su perineo, ni en los muslos y gemelos.

    Le di vuelta y agachado le abrí las nalgas y en la semi oscuridad le pasaba la lengua en el culo hasta que el ano se le dilataba. No esperé más, me ensalivé mi pene moreno y cabezón, me incorporé y sin darle tiempo de reaccionar lo penetré. Él se asustó e inconscientemente contrajo el esfínter, pero la cabeza ya había entrado, por lo que le levanté la pierna derecha con una mano y la puse sobre una piedra cerca del árbol por lo que su ano se dilató un poco pero lo suficiente para que entrara el resto del pene, que empujé con fuerza. Cuando ya había entrado empujé un par de veces más.

    Lo empecé a bombear fuerte y sin piedad, lo besaba en la boca y él resistía, le tocaba los pectorales y su pene flácido se movía colgante pero él sólo alcanzaba a decir:

    “ya por favor, ya déjame”

    Ya en silencio hacía caso omiso y saboreaba esa sensación de dominar a un macho futbolista, dominándolo justo en donde más se cuidaban.

    “ya, por favor!”

    “callate, que te gusta te rompan el culo”

    “no así… me duele… no te la aguanto” dijo entre casi sollozos.

    Le di más rápido hasta que terminé dentro de él, casi nunca he eyaculado como lo hice esa vez, sentí que le dejé toda mi leche de mis huevos en su recto.

    La saqué rápido. Me subí mi ropa interior y mis jeans. Él quedó inmóvil, agarrado al árbol, se aferraba como si se aferraba a su masculinidad desafiada.

    “Acá están $20, por la preñada que te di”

    Me vio con cierto rencor y tomó el dinero en silencio.

    Me fui a casa, sudado y con su olor rondándome. Él quedó ahí con su hombría entre las piernas.

    Al día siguiente pasé por ahí y ya no estaba, luego lo dejé de ver como por un par de meses.

    Cierta tarde lo encontré en un pasaje cerca de su casa, se me acercó y me dijo

    “Esperá un momento»

    Entró a su casa y me entregó un billete de $10.

    “El resto te lo doy después” añadió.

    “No hace falta, así que quede” le dije “te gustó verdad?”

    “Un poco…” dicho esto, se alejó

    A partir de ese día pareció haber dejado las drogas, pues las veces que lo vi, lo vi jugando al fútbol como si nada y si nos encontrábamos en la calle, apenas me saludaba.

  • Negocios y placer

    Negocios y placer

    Hola a todos, en mi primer relato les conté lo que paso aquella Navidad con Eli y los 2 chicos, bueno esa fue la primera de muchas otras experiencias que iré contando, así que aquí va la segunda.

    Antes de continuar les aclaro que con mi marido hacía bastante tiempo que veníamos hablando de nuestras fantasías sexuales, ambos nos contábamos el uno al otro e imaginábamos a terceros, y a otras parejas compartiendo con nosotros, lo que no había pasado aún era hacer realidad esas fantasías, pero lo estábamos planeando.

    Dicha esta aclaración, sigo contando lo que pasó luego de aquella Navidad, el 25 nos levantamos con Eli ya muy tarde así que lo más rápido que pudimos nos subimos al auto y nos fuimos en busca de mi esposo y su familia, en el viaje fuimos comentando lo ocurrido, a decir verdad yo había quedado muy pero muy excitada con ella y estaba ansiosa por saber que le había pasado a ella, si estaba dispuesta a repetirlo, en realidad yo quería pasar una noche entera a solas para hacer realidad mi fantasía de tener sexo con una chica así que quedamos de vernos mas adelante, yo viajaría a Buenos Aires y me quedaría en su casa todo un fin de semana, pero eso va a quedar para otro relato.

    El 25 llegamos con Eli y pasamos todo el día en familia, ese y un par de días hasta que ella volvió a Buenos Aires pero mi esposo y yo nos quedamos, pasamos el 31, muchos familiares iban y venían hasta que por fin el 3 de enero quedamos solos mi marido y yo, hacia días que venía pensando en que quería contarle lo que había pasado pero no me animaba y no sabía cómo lo iba a tomar, una noche comencé a hablar de las fantasías como solíamos hacerlo, charla va charla viene beso va beso viene le conté lo sucedido, se puso furioso, peleamos y por los siguientes 2 días no me habló pero de a poco le fui hablando y diciendo que era lo que ambos queríamos y que se dio muy casualmente etc. etc. etc. y comenzó a calmarse y pedirme detalles, cada vez que contaba algún detalle parecía excitarse y preguntaba más y más el morbo era enorme, de lo que sucedió con Eli no mencione nada, ósea le conté pero no todo.

    La semana siguiente volvimos, se terminaron las vacaciones, entre un negocio importante que tenía que cerrar y relación medio tirante lo mejor fue volver.

    El comenzó a trabajar y yo también comencé con lo mío que lo hago desde mi casa, dos semanas más tarde un martes me dice que mañana debe viajar a Montevideo para reunirse con un inversor muy importante que venían hablando hace tiempo y estaba la posibilidad de cerrar un negocio muy grande, le dije que me gustaría acompañarlo a ver si podía recomponer la relación, estaríamos en un lindo hotel el trabajaría durante el día y luego yo intentaría complacerlo en todo para que las cosas vuelvan a hacer como antes.

    El miércoles tempranito salimos en su auto, llegamos al hotel, nos instalamos y en seguida él fue a reunirse con este inversor, a la tardecita vuelve y me dice que va a cenar con él y que quería que lo acompañe así que nos aprontamos y fuimos a un restaurante muy lujoso y famoso a encontrarnos con Ernesto, pasamos un buena noche hablamos de todo un poco, la verdad muy agradable, él era un hombre muy educado y se notaba la clase que tenía, era muy elegante seductor y note un par de veces que me miraba algo de más, terminamos y nos fuimos al hotel.

    Al día siguiente pedimos el desayuno en la habitación, desayunamos y mi marido se fue, yo aproveche para ir al spa, luego almorcé, hice cosas relacionadas con mi trabajo, termine unos diseños que debía enviar a Miami y me fui al shopping de compras o más bien a mirar lo que había, a la tardecita vuelvo al hotel y enseguida llega mi marido y me dice que el negocio está a punto de firmarse que solo faltan unos detalles y que íbamos a cenar nuevamente con Ernesto, me cuenta que quedó fascinado conmigo que no paraba de decirle lo hermosa que era y de hablar muy bien de mi y me pidió que me pusiera algo sexy para la noche lo que me dio algo de intriga por saber si me quería usarme a mi para cerrar su negocio así que le pregunte directamente si eso era así y hasta donde estaba dispuesto a llegar a lo que me responde que si era así y que íbamos por todo pues este negocio era el más grande de toda su carrera.

    Nos aprontamos para la cena, yo me puse un vestido de Dior ajustado al cuerpo y sin espalda, medias 7/8 bien sexis con la terminación en encaje y unas sandalias Prune muy finas.

    Ernesto nos pasa a buscar, llega en una limusina espectacular, enseguida entramos con mi marido y fuimos al restaurante, en el camino abre una botella de champagne que a mi realmente me pone muy cachonda, así que brindamos los 3 y como lo tenía sentado en frente a mi cruzo las piernas intentando que se vea la terminación de encaje de la media, él hablaba con mi marido y conmigo pero por momentos su mirada estaba precisamente allí en mis piernas.

    Llegamos al restaurante y antes de pasar a la mesa nos sentamos como en un especie de living a tomar otra copa de champagne que nos dieron de bienvenida, y allí si no me saco la mirada de encima así que entre el champagne y lo que había hablado con mi marido yo ya estaba comenzando a imaginarme como terminaríamos los 3, así que comienzo a provocarlo con la mirada con la copa apoyada en mis labios, y aprovecho cuando sé que me mira para cambiar el cruce de mis piernas dejando ver entre el vestido mi entrepierna ya que no llevaba ropa interior puesta, era solo mi vagina con poco vello púbico cortado a la perfección, la verdad es que no sé si se vio algo o no pero a mi eso me comenzó a excitar y mi marido se dio cuenta, así que puso su mano en mi pierna y me acaricio un par de veces, me abrazó y hasta me besó.

    Pasamos a la mesa y la noche estuvo como la anterior, muy agradable, charlamos nos contamos anécdotas, reímos, cenamos y nos quedamos de sobremesa, la verdad la pasamos muy bien, tanto que el tiempo voló así que regresamos al hotel y cuando llegamos mi marido propone un brindis en el bar del hotel para celebrar el acuerdo comercial, así que bajamos los 3 pero el bar ya estaba cerrado a lo que mi marido habla con el recepcionista y arregla que le suban 2 botellas de champagne a la habitación.

    Subimos los 3, entramos en la habitación que era como un mini apartamento con un living con 2 sillones, una mesa ratona y un amplio balcón con una vista muy linda a la ciudad, una pequeña cocina con un desayunador y la habitación con el baño en suite.

    Nos sentamos en el living y al ratito llega el champagne, más burbujas, más excitada me ponía, y allí si simplemente me abrí las piernas para que el pudiera mirar mi vagina que ya comenzaba a mojarse, seguimos de charla y en un momento salimos los 3 al balcón, nos sentamos y bebimos, en un momento mi marido se va al baño y yo justo me había parado y estaba mirando la ciudad apoyada en la baranda del balcón, ni bien mi marido entra Ernesto se para y va por detrás y me dice al oído que hermosa que estaba, no recuerdo exactamente las palabras pero fue algo así:

    Ernesto-“si no estuviese tu esposo las cosas que podríamos hacer…”

    Yo-“¿No se?! ¿Que podríamos hacer? ¡¡Además yo no veo a mi marido!!”

    Ernesto-“te haría de todo, me calientan las mujeres como tú, tan provocativas que hasta creo que no llevas ropa interior

    Todo esto susurrándome al oído, cosa que me excitó muchísimo, tanto que mientras me susurraba yo comencé a menearme y apretar mi cola contra su paquete que noté que estaba durísimo

    Yo-“mmm no recuerdo si hoy llevo o no, habría que comprobarlo”

    Me toma de la cintura y apoya su paquete más fuerte aun en mis nalgas y me besa en el cuello, luego pasa una de sus manos por mi pecho lo que deja mi pezón durísimo, a esa altura estaba muy excitada, podía sentir la humedad de mi vagina, con la otra mano comienza a recorrer mi pierna subiendo y metiéndola adentro del vestido y me dice “pues entonces comprobemos”, le pongo mi mano encima a la suya acompañando el recorrido y tiro la cabeza para atrás buscando besarlo pero no llego y me doy cuenta que mi marido ya había vuelto y estaba observando, cuando él se da cuenta también se aparta un poco pero mi marido le dice que siga así que aprovecho me dio vuelta y lo beso, vamos que fue un súper beso, y mientras nos besamos estiro mi brazo para que mi marido venga más cerca, terminamos de besarnos y ahora le toca el turno a mi amado así que lo beso y le pregunto al oído si seguimos, el asienta con la cabeza entonces los tomo de la mano a ambos y los dirijo hacia el dormitorio.

    Una vez allí los 3 parados al borde de la cama comenzamos a besarnos, primero uno luego otro, sus manos me recorren todo mi cuerpo, siento que en lugar de 4 manos son muchas más, me manosean toda, mis pechos quedan durísimos, y mi vagina empapada, ya estaba al borde del orgasmo pero era demasiado pronto así que me agacho y me siento en el borde de la cama y desabrocho el pantalón de mi marido, le saco su hermoso pene que estaba durísimo y comienzo a jugar con la cabeza en mis labios, lo beso, le paso la lengua y mientras con la otra mano le toco por encima del pantalón la verga a Ernesto que aún no se había desabrochado, en ese momento si se desbrocha y se baja el pantalón, entonces mientras jugaba con la verga de mi marido con la otra mano agarro la de Ernesto, era la primera vez en mi vida que tenía 2 hermosos penes para mi sola, entonces comienzo a jugar con ambos, con uno y con otro, me meto uno en la boca y luego el turno del otro y vuelvo a cambiar y así sucesivamente hasta que mi marido se sienta a mi lado y comienza a besarme apasionadísimamente, y nos tiramos los 2 para atrás recostándonos en la cama, en ese mismo momento Ernesto me abre las piernas, me sube un poco el vestido y comienza a besar mi vagina, mi marido me saca las mangas del vestido dejando mis pechos descubiertos y los comienza a besar y manosear, luego mi marido se detiene un momento para terminar de sacarse toda la ropa y acto seguido se coloca mas arriba dejando su pene a la altura de mi cara, mientras Ernesto me sigue comiendo la vagina, pasa su lengua por mis labios, por el clítoris, baja y mete la puntita, yo agarro la verga de mi marido y me la meto en la boca, ya estaba a punto de llegar al primer orgasmo, mis gemidos eran muy fuertes pero quedaban en la verga de mi marido hasta que llega el orgasmo, wow que placer, que orgasmo más largo, acabé en la boca de Ernesto y ambos se dieron cuenta así que aproveche la pequeña interrupción para terminar de sacar mi vestido y Ernesto también terminó de sacarse la ropa, me doy vuelta y me coloco en 4 al borde de la cama, le agarro la verga a mi marido con la boca y comienzo a chupársela metiéndola lo más adentro posible, sin tocarla con la mano, le dejo toda mi cola a Ernesto a ver que iba a hacer y parado detrás mío comienza a pasar su verga contra mi vagina, va y viene, entre mis labios, llega a tocar el clítoris una y otra vez, hasta que la mete toda y hasta el fondo, uff, que placer, me sentí llena, comienza a cogerme con movimientos suaves pero sacando y metiendo toda su verga, yo lo disfruto muchísimo mientras sigo chupando la verga de mi marido, Ernesto comienza a moverse más y más rápido y yo comienzo a gemir más y más fuerte, mi marido se retira lo que desconcierta a Ernesto que para pero yo ya estaba en medio de un orgasmo y lo termino frotándome el clítoris con mis dedos y moviéndome yo dentro de la verga de Ernesto.

    Pregunto a mi esposo “¿que pasa cariño?” Ernesto, se da cuenta que quizás mi marido esté incomodo y para del todo, pero aún tiene su verga dentro mío y dice “¿Qué pasa socio, todo bien? Entonces yo me muevo hacia adelante sacando la verga y abrazo a mi marido, allí recién contesta “todo bien todo bien, solo que estaba a punto de acabar y no quise hacerlo tan pronto”, entonces lo abrazo y beso con mucha ternura y también aprovecho para descansar un poco, ya había tenido 2 orgasmos muy intensos aunque mis 2 hombres aun tenían sus penes durísimos, voy al living así como estaba totalmente desnuda, solo me quedaban puesta las medias y sirvo el champagne que quedaba en la botella, total había otra sin abrir en la hielera, la cuestión es que vuelvo con las 3 copas, brindamos tomamos un poco más así desnudos como estábamos, y digo, bueno chicos a ponerse las pilas, 2 a 0 eh y recordé que en la maleta tenia mi vibrador que siempre lo llevo conmigo y un lubricante, así que la abro y agarro el lubricante, Ernesto aun tomaba champagne sentado en un sillón de la habitación y mi marido estaba arrodillado en la cama, me dirijo hacia a el y lo comienzo a besar, veo que Ernesto no tiene apuro y sigue sentado mirando, tumbo a mi marido en la cama y me pongo encima de él, besándolo mientras agarro su verga y lo masturbo un poco luego comienzo a rozarla contra mi vagina, y termino metiéndola suavemente, comenzamos a movernos suave, sin apuro miro al costado y le hago seña a Ernesto con el dedo de que viniera y le extiendo la mano con el frasco de lubricante, mientras fui a buscar el champagne lo había planeado y era el momento de cumplir con la fantasía de la doble penetración.

    Ernesto se da cuenta enseguida, se acerca y toma el lubricante, se coloca detrás nuestro, mi marido tuvo que abrir un poco sus piernas para que el pudiera arrodillarse detrás nuestro y comenzar a colocar lubricante en su dedo que metía en mi culo, entraba y salía, colocaba mas lubricante y repetía el proceso hasta que entró todo el dedo y luego metió 2 dedos a la vez, mientras mi marido me penetraba la vagina suavemente, Ernesto por fin se coloca lubricante en su verga y deja caer un poco en mi agujero trasero e intenta meterla, “despacito” le digo, “poco a poco” pues al principio duele además como tenia la verga de mi marido adentro de mi vagina quedaba todo más apretado pero por fin entra, al fin tenia dos vergas dentro mío, una en cada agujero, me levanto un poco, le pongo los pechos a mi marido en su boca, sigo hacia atrás y rodeo con el brazo a Ernesto, le doy un beso en la boca que queda algo incomodo pero era la manera de ir de a poco pues me seguía doliendo algo aunque cada vez menos, Ernesto comienza a empujar y yo lo detengo con mi mano en su cadera y le comienzo a marcar el ritmo, vamos aumentando la velocidad, ambos la aumentan, me vuelvo a tirar hacia adelante y beso a mi marido, seguimos aumentando el ritmo, ahora si me siento plena, ahora si siento todo el placer de tener dos vergas penetrándome, comienzo a gemir mas y más, nunca había sentido tanto placer, los 3 gemíamos, nuestros cuerpos eran uno solo moviéndose al ritmo de la pasión, se viene otro orgasmo, siento la leche calentita de Ernesto dentro de mi culo y eso termina de hacerme acabar como nunca lo había hecho en mi vida, fue el orgasmo mas intenso y largo que jamás había experimentado, tan largo que hasta mi marido que seguía empujando frenéticamente también acabó y yo seguía y seguía, al final no se si fue uno solo o varios seguidos pero el placer fue enorme!

    Terminamos los 3 en bata en el living tomando la otra botella de champagne y brindando por los negocios, el placer y el amor!!

    Espero les haya gustado, por favor comenten si es muy largo si prefieren menos detalles etc. etc. así para el próximo que voy a seguir en orden cronológico puedo corregir y adaptar mi manera de escribir.

  • Mi sueño hecho realidad

    Mi sueño hecho realidad

    La historia comienza cuando Gloria y yo teníamos apenas 18 años, y desde hace varios años nos conocíamos, vivíamos relativamente cerca y teníamos un grupo de amigos en común al que frecuentábamos. Gloria tenía su novio, que aunque lo conocíamos, no era nuestro amigo, nos reuníamos especialmente mi amigo Pedro y me mejor amiga Patricia, y Pedro se había hecho «amante» de una amiga de Gloria; nos reuníamos para beber cocuy, ron o cualquier otra cosa, también para jugar cosas de Chamos en la calle o futbolito, o simplemente para hablar.

    De pronto me vi yendo a casa de Gloria todos los días, al principio era para esperar a los demás, reunirnos allí y de ahí salir, o simplemente nos quedábamos afuera de su casa.

    Yo además tuve un empleo cerca, en un pequeño restaurante dónde yo lo hacía todo.

    Gloria en ese entonces era muy atractiva, tanto, que hasta las mujeres la veían pues su sensualidad no era normal, llamaba mucho la atención, morena, delgada, estilizada, con todo de muy buen tamaño sin ser voluptuosa, y solía llevar siempre vestidos muy cortos y ceñidos a su hermoso cuerpo, y usaba el cabello suelto ensortijado y oscuro que la hacía ver fresca, libre, salvaje y bella.

    Comencé pues a visitarla ya sin ninguna excusa, ella vivía con su abuela, su temible padre, su hermano menor que ni olía ni hedía y su mamá regañona; se me hizo, sin yo proponérmelo, una costumbre obligada ir a verla a diario, se me hizo una necesidad, me dí cuenta porque en varias oportunidades salí de la ciudad varios días y al volver, lo primero en que pensaba era en ir a verla.

    Una tarde llegué a su casa y me dijo -pasa, pero espérame porque estoy lavando-, «ok» le dije yo, pero enseguida me hizo pasar con ella hasta el patio, y nos pusimos como siempre a hablar de todo.

    Su papá estaba trabajando, su mamá y su abuela me vieron, me saludaron y volvieron a sus cuartos a seguir viendo tele, y su hermano nunca salió; yo caminando alrededor de ella, pateando ramas en el suelo, de pronto la vi de espaldas, y noté a tras luz de su vestido, la parte alta de sus piernas, el comienzo de sus nalgas y la pequeña separación entre ellas antes de unirse, el diminuto hilo que llevaba puesto, su piel hermosa bajo la luz de la tarde, protegida por la sombra de un árbol de aguacate, su teta por debajo del brazo derecho, que se tongoneaba al ritmo de las cepilladas que le daba a la ropa, y sin realmente meditarlo, impulsivamente miré a la casa y noté que nadie nos estaba viendo, y me le acerqué por detrás y con mi mano derecha que metí debajo de su vestido, le agarré la nalga izquierda y sin haber medido eso, la punta de mi dedo medio se introdujo un poco en su ano, al tiempo que le dije «estás hermosa», tenía las nalgas muy duras, el primer impulso de ella fue quitarme con su mano izquierda enjabonada mi mano, se movió hacia su derecha a la vez que se volteó a mirarme y con cara de sorpresa me dijo: -¡Ja! Chico, tu si eres abusador- las dos primeras palabras fueron un gritico, y las últimas cuatro mermaron casi al punto de un susurro, acompañadas con una hermosa sonrisa, que despejaron cualquier temor que yo hubiera podido tener, y la agarré por las caderas, la acorralé contra la batea y la besé, ella me correspondió un poco y luego me dijo -no, chico, estás loco, pueden vernos- y miro hacia la casa, yo también miré a la casa y volví a mirarla, y repetí el beso, ella me correspondió sin dejar de mirar a la casa hasta que me empujó, ésta vez con más fuerza, diciéndome -no chico, aquí no, horita no- y así, nos besábamos cada vez que podíamos, mientras nadie nos viera.

    Nos besábamos en la cocina, en la sala, en el jardín, en casa de los panas, donde yo trabajaba, en donde estuviéramos, pero sin que nadie nunca nos viera.

    Muchas cosas pasaron, estuvimos así mucho tiempo, pero contaré en especial tres episodios, uno, en el que fui a visitarla y estaba con su novio, no me importó, igual me quedé, luego de saludarlos, le pedí agua y me llevó a la cocina, y estando ella sirviéndome, la abracé y la besé, ella me correspondió y luego me empujó y riéndose sin hacer bulla, me pego y me dijo -quédate quiero chico- en voz muy baja, y luego ya los tres en la sala, echando cuento y viendo televisión, el tonto del novio se durmió, y en su cara estando ella al lado derecho de él, y yo sentado en el mueble al lado izquierdo de él, nos besamos sin respeto a nada ni a nadie.

    En otra ocasión, ella llegó al restaurante dónde yo trabajaba, muy tarde en la noche, yo ya estaba cerrando y tenía el portón santamaría a medía baja, sólo me faltaba meter un aviso y apagar las luces, y ella entró, efectivamente apagué las luces y la pasé al otro lado de la barra, allí nos besamos con furia, ella tiene los labios carnosos y suaves, y la lengua muy potente, yo solía meter mis manos bajo su vestido y agarrar cada nalga y apretarlas contra mí, besé sus mejillas, sos orejas y su cuello, de su boca salía un murmullo muy leve, subí una mano y desnudé su pecho e introduje sus tetas en mi boca con vorazmente, y con mientras le chupaba las tetas subí su vestido, le bajé el hilo y me arrodille al frente entre sus piernas:

    -Chico, ¿Que vas a hacer?

    -quiero chuparte la cuca- le dije.

    -no vale, no quiero, nosotros somos amigos.

    -bueno, igual soy un amigo que quiere chuparte la vulva.

    -No, ¿Imagínate que yo deje que todos mis amigos me chupen la cuca?

    -déjame ser el único amigo que te la chupe, es más, déjame ser el único hombre que te la chupe.

    Pero en ese momento sonó el portón con tres golpes que le dieron.

    -Iván ¿Estás ahí?

    -Sí, aquí está, está en el baño, ya sale- dijo Gloria, acomodándose la ropa y saliendo a recibir y Martha, otra amiga del grupo. Yo salí, y echamos cuento unos minutos los tres, cerré y Martha y yo acompañamos a Gloria hasta su casa y nos fuimos porque Martha vivía cerca de donde mí.

    El tercer episodio que quería contar, entre muchas cosas más que pasaron, fue que un día Gloria fue hasta mi casa repleta de gente, y salimos a la calle con rumbo a su casa, así se dio este diálogo:

    -Iván chico, me voy a casar.

    -¿Qué?

    -Sí, me casaré con Julio.

    -estás loca, si te casas me olvido de ti.

    -y ¿Por qué?

    -porque yo no quiero tener nada que ver con una mujer casada.

    -pero eso no tiene nada que ver.

    -claro que sí, además yo te quiero sólo para mí.

    Sentí como si algo se hubiera salido de mi cuerpo, dejamos de vernos ese día y pasaron muchos años.

    Tomamos rumbos muy separados, tanto ella como yo frecuentamos a otras personas y cada uno hizo su vida por su lado; yo estuve un tiempo en el ejército y luego me hice policía, me casé y tuve una hija; ella no se casó con el imbécil que tenía y luego por ella misma me enteré que él le pegaba y la tenía amenazada, luego ella conoció y se casó con un «buen» hombre y hasta tienen cuatro hijos.

    Pasaron 23 años y volvimos a vernos, ella iba con unas amigas de vuelta de su trabajo porque es docente, yo estaba a discreción en la calle escoltando a unos extranjeros, pero tuvimos tiempo de hablar un poco a solas e intercambiamos números para reanudar el contacto.

    No le escribí, sino meses después en que volvimos a coincidir en la calle, y siendo un 21 de diciembre, yo acababa de salir de un acto y revisando el teléfono miré su contacto y comencé a escribirle, me dijo que estaba quedándose en casa de su mamá con sus hijos, porque se le hacía más fácil así ir al trabajo, y que sólo iba para su casa cuando su esposo viene porque él trabaja en un puerto en otra ciudad; le pregunté si podía ir a verla un rato, dijo que sí, y al yo llegar iba saliendo de casa de una vecina, le pregunté si tenía a alguien de confianza que vendiera harina de trigo al mayor para hacer panes de jamón, me dio una dirección y le dije que por favor me acompañara rápido, ella le avisó a su mamá para que estuviera pendiente de sus hijos más chicos y nos fuimos.

    La llevé a una casa donde yo estaba viviendo sólo, al llegar allí me dijo -me engañaste- y yo le dije que quería estar un rato a solas con ella; al pasar ella no paraba de hablar, le serví agua, me serví un poco a mi, y luego de tomármela, le cerré la boca con un beso, tan intenso y profundo como los que nos dábamos siendo chamos, ahora vestía leggings pero igualmente le agarré cada nalga que aún las tiene muy duras y la apreté contra mí:

    -no, ¿qué hacemos vale?

    -recordar viejos tiempos, ¿No te gusta?

    -sí chico, pero ahora yo estoy casada, y los muchachos me están esperando para almorzar.

    -tienes razón, pero dedicarme cinco minutos, cinco nada más ¿Es mucho pedir?

    Y nos besamos apasionadamente cinco minutos que parecieron eternos.

    Desde mi entonces volví a visitarla con mucha frecuencia, su mamá se mostró muy me amable conmigo siempre, jugaba con sus hijos, y cuando ya era bien tarde, nos quedábamos un rato solos en el jardín y por supuesto que nos besábamos.

    Un sábado ya de marzo, me llamó desde un mercado donde hizo unas compras, pero el coche que cargaba se le dañaron las ruedas, y fui a buscarla para hacerle el favor de llevarla a casa de su mamá; en vez de eso, me la llevé al a mi residencia y le dije:

    -tenemos más de 26 años de conocernos, teníamos más de 23 años sin vernos, desde que nos reencontramos la hemos pasado muy bien besándonos; no sabes, la cantidad de veces que he soñado estar contigo y hacerte el amor, no te imaginas la cantidad de veces en mi vida que me hecho la paja por ti, eres la mujer que más he deseado y hoy no saldrás de ésta casa, sin que te haya hecho el amor.

    -pero no, hoy no me siento preparada, hagámoslo, pero otro día, hoy no.

    -hoy de aquí no sales hasta que hagamos el amor.

    -eso que están esperándome en casa y seguro mi marido llega hoy en la tarde.

    -bueno, tú decides a qué hora te llevo, pero no te abriré la puerta, ¿Hasta cuándo chica? O es hoy nuestra primera vez, o no es nunca, yo sé porque lo digo.

    Y por fin la convencí, pero fue muy apurado, ella se quitó las leggins, y yo me desnudé por completo, ella dijo -no hace falta que te quites todo- y nos echamos en la cama.

    Ya no es el mismo cuerpo de adolescente que tenía, cuatro muchachos ha tenido que traer al mundo, las tetas si son bastante grandes ahora, pero la gravedad y los años han hecho su trabajo cruel, nos besamos, yo sobre ella, no me permitió ver su vulva, la penetré, y aunque fue sabroso, pues para haber tenido cuatro hijos, aún se siente su estrechez, no duré más de 8 minutos, me dio una pena tremenda, y ella me dijo -amor, no te preocupes, a mí me gustó, si supieras, mi esposo no dura ni tres minutos, y aunque lo tiene muy grueso, tu la tienes bien largo mi amor, me voy, hagamos una cosa, veámonos el martes- y yo asentí, la llevé y no volví en esos dos días a verla, porque su esposo efectivamente vino ese sábado en la tarde.

    Nos escribimos el lunes en la noche, ella me dijo que le diría a su mamá que se quedaría más tiempo en el liceo, y que en el liceo pediría permiso para salir más temprano, en fin que no importaba mucho, porque en pandemia los primeros meses, no había actividades, más bien se reunían los docentes a cumplir horario y a planificar; por mi parte, en el comando trabajo en una unidad donde visto de civil, tengo mis investigaciones al día y mis expedientes, y le pedí permiso al jefe para irme también, y pasé a recogerla al liceo.

    Llegamos a casa, la disposición y el tiempo era lo que nos sobraba, llegando nos besamos como los chamos que fuimos, sin ruegos, sin planteamientos, sin imposiciones, sin tormento alguno, sus labios ricos y carnosos, su lengua potente luchando con la mía, a juro me quité las botas con los pies, ella más fácilmente se despojó de sus zapatillas, le quité la blusa de abajo a arriba, ella me quitó la chaqueta y la camisa, besándonos y abrazados me saqué la pistola y la tiré en uno de los muebles individuales, me abrí el cierre y me quité el pantalón sin dejar de besarla, y al sacarlo aproveché la posición y le bajé la leggins y el hilo de una sola vez, -¿Dónde?- dijo ella -¿Aquí?- con la voz más dulce, y la respiración acelerada, -sí, aquí mismo- le dije, mostrándole el mueble de tres puestos, quería quitarle el sostén y me dijo -no, déjame esto- al estar de frente mi pene ya estaba bien tieso, bien firme y solo se metió entre sus piernas, le agarré cada nalga y las apreté con malicia, ella acariciaba mi espalda y agarraba mi cabeza y metía sus manos entre mi pelo, yo la besaba toda, segregaba saliva cómo si me estuviera comiendo un plato muy suculento luego de haber sufrido de hambre en el desierto, metí mi lengua en su oreja, y le chupé hasta el lóbulo, besé y lamí su cuello con olor a Victoria Secrets, y así juntos ella de espalda al mueble, caímos, ella quedó con su cabeza junto al respaldo derecho del mueble, y abrió bien sus piernas y subió la pelvis, yo quedé con las manos bajo sus brazos y metido entre sus piernas, volví a buscar su boca y me recibió igualmente deseosa, pegué mi rodilla derecha al espalpar del mueble y subí mi pelvis para envestirla, sentí su vulva muy caliente y húmeda, y frote mi pene sobre ella talvez unas tres o cuatro veces, hasta que sentí como se introdujo mi pene, a medias en una vulva tán divina como la gloria misma -¡Ajs!- gimió ella al sentir la penetración, volví mi pelvis y embestí de nuevo -¡Ajs! Que rico- dijo ella, puse mi boca en equis con la de ella y empecé a frotar cada vez más mi pene dentro de ella, sentía todo dentro de esa rica vagina, que aun estando húmeda me abrazaba y me abrasaba con su calor, -¡Ajs que riiiico- decía ella, -¡Ajs que rico- decía también yo, se lo hundía profundamente y golpeaba mi pelvis contra la suya, ella estiró la pierna derecha y noté que los dedos de ese pie estaban enrrolladitos, con la pierna izquierda la cruzó como abrazándome con ella, -¡Ay que riiiico- decía, y yo empecé a sacudirme con mayor rapidez, metí mis mano derecha por debajo de ella, por su espalda, y con la mano izquierda la saqué y la pasé entre ella y yo para luego agarrarle la pierna izquierda que tenía estirada, llegué con esa hasta su inmensa nalga y así me apoye para darle más duro en mis embestidas, besé el lado derecho de su cuello y por ahí doblándome llegué hasta sus pechos, y le pedí -sácatelas- y con su mano derecha se jaló el sostén y brotaron sus tetas tambaleantes, chupe y mordí sus pezones, me metí sus tetas en mi boca como si de verdad quisiera tragármelas, -¡Ajs, ay, ajs, que rico, que rico, ajs, ay- gritaba ya ella, sus gemidos me daban la fuerza de una bestia, me nutrían sobre manera, escucharla gemir era un plus que yo no me esperaba ni que nunca había imaginado en todas las pajas que me hice por ella.

    Me incorporé en mi torso, y flexioné levemente las rodillas, se lo saqué un momento, puse mis pies en el respaldo izquierdo del mueble, y agarrándola por las caderas la arrimé hacia mí, me abracé a su pierna izquierda extendida hacia arriba, ella dobló la pierna derecha y apoyó el pie en el mueble, agarré mi pene y se lo froté varias veces en el clítoris, ella movía su rostro a los lados murmurando -que rico, que rico, que rico, que rico- y me dejé caer dentro de ella y grito -¡Paaapi! Que rico, que rico, ajs!- y comencé a darle bien duro con mis pie derecho apoyado en el respaldo del mueble, le agarré también la pierna derecha y la subí un poco, de manera que yo pudiera bajar mi pie izquierdo al piso, y así le di un buen rato, y ambos empapados de sudor apenas siendo las 11 de la mañana, luego ella se puso sobre su lado derecho y como tijeras me metí entre sus piernas, su pierna derecha pasaba por debajo de mi, y su pierna izquierda la tenía yo abrazada a mi pecho, la penetración fue total, sentí dentro de su vagina formas exquisitas que no había sentido jamás, su vagina estrujaba mi pene y se lo chupaba todo, no había necesidad de sacarle ni un centímetro, en esa posición sentí que vibramos, ella se agarraba del mueble y con una voz más grave y baja decía -ajs que rico, que rico- y a mí se me ocurrió para descansar un poco la espalda, doblarme hacía atrás sin sacarle nada, más bien empujándola más y de pronto gritó -¡Ay! Que ricooo papi por Dios-, me daba más fuerza eso de sus gritos, su voz llegaba hasta mi estómago y me hacía algo extraño e inexplicable, como si tuviera no sé, algo dentro de mí que quería explotar por mi pene, así hasta que de pronto ella dobló las dos piernas y se puso en posición cúbito dorsal, y se salió mi pene. Rápidamente ella me dijo -ven, párate- y se arrodilló frente a mi pene, que si bien estaba parado, no estaba bien prensado, ella puso su mano izquierda a un lado de él, y con la otra me lo agarró y comenzó a masturbarme suavecito, y me preguntó -¿Te gusta que te lo mamen?- y por supuesto que le dije que sí, y mirándome se sonrió y dijo -¿A qué hombre no le gusta? Tonta pregunta- Y lo sostuvo por arriba y pasó la lengua firmemente desde abajo hasta el glande, y le dio un chupón fuerte solo al glande, volvió a lamerlo por ese lado y se lo metió en equis como una mazorca y negaba con la cabeza de manera que lo frotaba, luego sin sacárselo subió a se lo introdujo hasta la mitad y me lo succionó con fuerza, le pasó la lengua muy hábilmente por el glande, y me lo chupo, luego se lo introdujo hasta la mitad de lo chupó frotándolo con su cabeza varias veces hasta que se lo metió todo, abriendo más los labios como queriendo comérselo, y una vez que lo tenía todo dentro de su boca, me lo zarandeó a los lados y sin abrir la boca, se lo saco lentamente chupándolo todo, me masturbo y me lo siguió chupando divinamente, mirándome mientras lo hacía, con una cara de placer que la hacía ver extremadamente sensual, la tomé con una mano por detrás de su cabeza, y le froté mi pene dentro de su boca, que sentí súper ajustada a mí, y la levanté y le dije -arrodíllate ahí- mostrándole el mueble, ella, puso sus manos sobre el espaldar de mueble, se arrodilló subiendo la pelvis, mostrándome su cuca, bajó el abdomen y arqueo la espalda, mi pene estaba bien duro otra vez, le pasé la lengua desde el clítoris hacía arriba, quince chuparle la cuca pero ella me dijo -no, métemelo de una vez- y le froté el pene un poco al rededor, y se lo metí lentamente, pero todo de una vez, se sintió muy rico, una vez todo adentro comencé a embestirla suavemente, aumentando poco paulatinamente la velocidad y hasta que sonaba fuerte mi cuerpo y el de ella cuando chocaban -¡ajs que rico, sí papi, dame así, así, así, ajs, así mi amor, que rico- me decía, como ya he dicho anteriormente, eso me hacía sentir más fuerte y le daba más duro, agarrándola por las caderas, apretándole las nalgas, yo quería, no sé, romperle las nalgas a agarrones, subí la pierna izquierda al mueble y tuve más potencia para darle más duro, en dos oportunidades accidentalmente pego la cabeza en la pared, así que bajó todo el tronco y su deliciosa cuca quedó más expuesta y yo logré sentir más sus formas internas, confieso que hubo un momento que me quedé sin aliento, sentía que el corazón me rompería el pecho y ella se quitó, me senté y me dio un beso con tanta saliva que me revitalizó un poco, ahí me di cuenta que yo estaba sediento.

    -Espérame un momento mi amor- Le dije, y fui hasta la nevera, que estaba cerca y traje una garrafa de agua, ambos tomamos, yo más que ella, si las erecciones tienen porcentaje, mi pene estaba cómo a 60%, ella me dijo -recuéstate tú- y comenzó de nuevo a chupármelo, lo hacía de mil maneras exquisitas, una vez bien parado, continuó, de vez en cuando lo mascaba sin hacerme daño alguno, más bien el dolor que me causaba era placentero, se lo metió entre las tetas y aun así frotándolo me lo chupaba, hasta que ella se incorporó, puso a cada lado de mis muslos sus pies, y se introdujo con la mano izquierda mi pene en su rica vagina sosteniéndose con la otra mano en mi pecho, y comenzó un va y ven frenético mientras con los ojos cerrados y la cara hacia arriba se balanceaba sobre mí, sentí todo el peso de su cuerpo, sentí como si mi pene hubiera crecido más, -¡Ajs, que rico papi, que bien mi amor- se estiró hacía atrás, tembló largo rato y luego se tiró sobre mí a besarme, ella introducía profundamente su lengua en mi boca, y al haber quedado en esa posición, separó un poco su pelvis de mí, me enloqueció lo que hizo con mi lengua, yo doble las piernas y puse la planta de mis pies en el mueble, con la mano izquierda le apreté la nalga derecha, le metí la punta de dedo medio en el ano y así quedé bien aferrado y con la otra mano le agarraba la teta izquierda y chupándole la boca, comencé a darle bien duro, bien rápido envestidas profundas y cortas en su divinidad de cuca, y escuchando sus gritos ahogados en mi boca, solté un lechero como creo que nunca había soltado tanto, que mi cuerpo seguía moviéndose solo involuntariamente, y reposó ella largo rato sobre mí, jadeante, recuperamos el aliento al mucho rato.

    Fueron unos exquisitos 80 minutos de amor y sexo, a los que ni en mis más atrevidas fantasías pensé llegar, y así fueron la mayoría de nuestros actos, unos iguales y otros menos maratónicos, pero muy, pero muy buenos todos; comenzamos a hacerlo con mucha frecuencia, ya la gente sospechaba, incluso su hija, me di cuenta que le decía indirectas, pero en el fondo sé, que todo aquel que sentía aprecio por ella, se alegraban hasta de la sospecha; Gloria me confesó que siempre había tenido sexo, pero que nunca antes había hecho el amor, así como lo hacía conmigo, yo le confesé lo mismo, por ser cierto, también le dije que ella era mi sueño hecho realidad.

    Un día no disponíamos de tanto tiempo, e hicimos el amor largo rato, pero yo no eyacule, ella se sintió extrañada y hasta me manifestó sentirse culpable, yo trate de convencerla de que yo había disfrutado mucho y de que no se preocupara por eso, y me dijo -no chico, yo tuve varios orgasmos, es injusto que tú no hayas acabado- y yo le dije -en serio mi amor, lo pasé divino, no te preocupes- pero Gloria, no se conformó con eso; en la noche, llegué a su casa, y como usualmente ya había hablado con su mamá, ayudé a su hija con una tarea del liceo, jugué, pinté y dibuje con los dos más pequeños, y pasadas las 10:30 pm, ya los había acostado a todos y su mamá se despidió de mí y se metió en su cuarto a ver tele, esa noche yo vestía un mono deportivo y franelilla, andaba bien relajado, y ella sacó dos sillas al jardín y las coloco en un lugar estratégico, donde las plantas nos tapaban la luz, yo no sabía nada, estábamos fumando, yo pensé que eran dos cigarros cada uno, cuento y a dormir, pero luego del primer par de cigarros, ella me dijo, algo que venía diciéndome toda la noche a baja voz -me tienes loca, loca, de verdad loca, y nada me importa, voy a hacer ésta locura-, y yo pues, intrigado, el jardín da hacía la calle, pero a esas horas por ahí ya no hay nadie, ella metió su mano en mi mono, lo desamarró, y comenzó a masturbarme, miramos bien al rededor, y bajó la cabeza y comenzó a chupármelo, yo estaré el tronco hacía atrás ofreciéndoselo más, al tiempo que estiré las piernas hacia el adelante, reduje también así mi silueta, por si acaso, ella se destacó subiendo y bajando la cabeza casi que mecánicamente, para mí fue inevitable frotárselo dentro de su rica boca, literalmente la agarré por los cabellos y le cogí la boca, sentí mi glande en su garganta, se lo metió todo y no se lo sacó para lamerlo ni para masturbarme más, yo temblé de lo rico que sentí, y solté ocho chorros de leche y noté que a ella le sorprendió la cantidad que acabé, creo que debió haber tragado mucho, y al sacárselo me dijo -el lechazo que me debías mi amor- si yo estaba enamorado, ese detallazo me enamoró aún más, me lo chupó tanto que me lo dejó limpio, no hubo necesidad ni de secarme para guardarlo, al rato, luego de habernos besado mucho y habernos fumado el otro par de cigarros, en la casa del frente, un septuagenario se bajó de un chinchorro que tenía guindado en la oscuridad de su porche y se metió para su casa, quedamos con la vaina de que si el viejo nos vio o no, el tipo era amigo del marido de Gloria.

  • Quien mete paz, le meten más

    Quien mete paz, le meten más

    Espero sea de su agrado, en espera de sus comentarios y valoraciones.

    Diana era una jovencita cuando la conocí, realizando su pasantía en la compañía donde yo laboraba, con la cual, surgió una amistad que a la fecha nos mantiene unidas en la laso de hermandad, ella siempre tuvo una relación muy complicada, con su entonces novio, el cual palabras de ella era “tóxicamente enviciante”.

    Un buen día llego muy deprimida, comentándome lo difícil que era seguir viviendo con Valerio, su novio, y al fin había decidido dejarlo, después de hablar con mi protegida, compañera y amiga, Diana en el trabajo, supe que tenía que ayudarla a recuperar algunas de sus pertenencias de la casa. Estaba demasiado molesta y enojada con él. Normalmente trato de no interferir, pero ella necesitaba que le devolvieran sus cosas, así que me ofrecí a pasar por su casa y ahorrarle el problema. No estaba segura de que Valerio estuviera en casa cuando le ofrecí a Diana pasar por sus pertenencias a su casa.

    Valerio siempre pareció encajar perfectamente con ella. Era muy cariñoso y un caballero con ella, al menos frente a los demás. Aunque no era muy agraciado era alto y robusto. Por supuesto, Valerio superaba mi altura por mucho. Siempre fue amable conmigo, sino un poco coqueto a veces. No leí nada en eso ya que era solo su personalidad. Mirando hacia atrás, debería haber visto las señales.

    Llegué para encontrar su camioneta estacionada frente la casa y las luces encendidas. Estaba a la vez aliviado y nervioso. No estaba seguro de cómo me respondería ni podía asegurar que no explotaría en contra mía por apoyar a Diana. Sintiendo un poco de temor, casi me di la vuelta para irme y pedirle a Mi Mor se encargará de esto. Sin embargo, estaba tan llena de adrenalina y pensé que tal vez él se abriría a mí y me explicaría.

    Abrí la puerta de mi auto, balanceándome sobre mis tacones y caminé por la acera hasta la puerta principal con el fuerte clic de mi calzado delatando mi presencia. La puerta se abrió en cuando llegue a ella.

    Valerio: «¡Elena! ¡No esperaba verla aquí!» -de pie en la puerta sin nada más que unos jeans que le quedaban bien. Mostrando su abultado vientre mientras miraba mi pecho disimuladamente-.

    Yo: «Hola Valerio. Siento no haber llamado antes, pero estaba de camino a casa desde el trabajo y pensé en recoger algunas de las cosas de Diana. Espero que no te importe».

    Valerio: «No, por favor entra». Entré en el vestíbulo. «¿Puedo ofrecerle algo de beber? ¿Agua, una copa de vino? Estoy seguro de que ha tenido un largo día».

    Hice una pausa por un segundo, de una manera extraña, atraído por la calidez acogedora de su personalidad y la oferta de vino.

    Y: «¿Sabes qué? ¡Tomaré una copa de vino, por favor! Sí, ha sido un día largo».

    Valerio: «Claro, Elena. Solo déjame ponerme una camisa primero».

    Lo vi entrar a otra habitación no pude evitar ver si ancha espalda. ‘Para’ me dije a mí mismo, ¿qué diablos me pasaba? ¡Concéntrate Eleny! ¿Y me acaba de llamar por mi nombre de pila?

    Regresó sosteniendo mi copa de Merlot y con una para él.

    Valerio: «Por favor, tome asiento», hizo un gesto hacia el sofá. El perfecto caballero.

    Me senté y tomé un sorbo de vino. Se sentó a mi lado a una distancia respetable. Siguió una pequeña charla y luego soltó una disculpa.

    Valerio: «Lamento cómo resultaron las cosas con Diana. Nunca quise lastimarla». La ira que sentía en solidaridad con mi compañera y amiga se estaba desvaneciendo.

    Yo: «Valerio, lo entiendo. Las relaciones son complicadas. No hay necesidad de disculparse, y menos, no conmigo. Sin embargo, creo que ella apreciaría una». Busqué en sus ojos una señal. Otro sorbo de mi vino.

    Valerio: «Le he pedido disculpas, pero no acepta. No la culpo por estar enojada conmigo. Yo tengo la culpa. Soy yo quien tuvo una aventura. Ella era completamente inocente en todo esto». Sonando arrepentido. «Pero tengo una confesión que hacer». Me senté allí cautivado.

    Yo: «Sí, Valerio, ¿qué es?»

    Valerio: «Siempre me he sentido atraído por ti, Eleny. De hecho, últimamente, no puedo sacarte de mi mente». Sus ojos ahora miraban profundamente a los míos. ¿Acaba de decir lo que creo que dijo? Silencio. Me senté aturdido por lo que pareció una hora, pero solo por unos segundos.

    Yo: «Espera, ¿qué dijiste?» con completa incredulidad.

    Valerio: «Eleny, eres tú a quien quiero. Necesito tenerte. No puedo negar esto por más tiempo. Y sé que tú también. Puedo sentirlo». Con expresión de asombro en mi rostro. Tartamudeando por una respuesta que no puedo poner en palabras.

    Yo: «Como… ¿a qué te refieres? ¡Soy una mujer casada, Valerio! ¡Yo-soy amiga de Diana! ¡Soy mayor que tú! «Mis defensas subieron. Sentí que en realidad estaba diciendo estas cosas para ocultar cuán atraída físicamente me sentía por él en lugar de tratar de convencerlo de que solo estaba en una fase pasajera.

    Valerio se deslizó más cerca de mí en el sofá. Tomó la copa de vino casi terminada de mi mano. Colocando el vaso en la mesa de café, su mirada volvió a la mía.

    Valerio: «Eleny, Deja de negar el hecho de que tú también me deseas. El coqueteo a lo largo de los meses, sorprendiéndote mirándome. Justo como lo hiciste cuando abrí la puerta hace veinte minutos». Ahora me llama por mi apodo, algo que nunca ha hecho.

    Y: «Valerio, te equivocas. Fue un coqueteo inocente. No quise decir nada con eso. Coqueteo por naturaleza. Eres joven y… ¡y estoy casado!» Buscando a tientas excusas, negando obstinadamente lo que ya sabe. «¡Por el amor de Dios, eres el ex de Diana!»

    Valerio, ahora sentado justo a mi lado, levantó su mano izquierda y apartó el cabello de mi cara. Se inclinó y se acercó para besarme. Su mano derecha descansaba sobre mi rodilla, lo que envió una descarga eléctrica a través de mi cuerpo. Su beso fue suave y profundo. Estaba sin aliento. Conmocionada. Me sentí débil e indefensa. Él me despojó tan perfectamente de todas mis defensas que solo dejé que trasgrediera mis labios. Sentí este despertar dentro de mí. Abundan las mariposas. Su mano izquierda ahora se deslizó hacia abajo desde mi cabello hasta mi espalda mientras parecía trazar el contorno de mi sostén a través de mi blusa. Dejó escapar un breve gemido dentro de mi boca. Mi cuerpo se sentía como si estuviera en llamas.

    Y: «¡Espera! ¡Valerio! ¡Detente!» Mis manos apartaron suavemente su pecho. «¡No puedo hacer esto!»

    Valerio: «Te va a encantar». Lo empujo brevemente antes de inclinarse hacia mí. «No tienes idea de cuántas veces desee tenerte. Observándote durante los últimos años con tu linda ropa escondiendo tu hermoso y pequeño cuerpo. Sí. ¡Hoy es ese día!»

    Sus labios estaban sobre los míos otra vez. Esta vez, su mano derecha bajó lentamente desde mi rodilla hasta el dobladillo de mi falda y debajo de ella, llevándola lentamente hasta mi rodilla. Instintivamente, mi mano fue para evitar que siguiera adelante.

    Y: «¡Valerio! ¡Contrólate!» –callándome con su boca en la mía.

    No, esto no puede estar pasando. Mi cuerpo estaba respondiendo a su asalto. Tiene que parar. No tengo la fuerza física para resistirlo. Además del hecho de que es el doble de mi tamaño, simplemente tenía mi cuerpo en una posición vulnerable.

    De repente, como si hubiera escuchado mis pensamientos, se detuvo y se alejó un poco. Empujé el dobladillo de mi falda hacia abajo y sostuve mi bolso frente a mi pecho. Extendió la mano para agarrar mi brazo.

    Valerio: «Vamos, hermosa. ¡Eres toda mía!»

    Suavemente me tomo de la cintura y me llevó directamente la habitación. Todavía me resistía cuando me empujó boca abajo sobre la cama. Me quitó el bolso y lo tiró al suelo. Su peso me tenía inmovilizado y sentí como si alcanzara algo. Lo siguiente que supe fue que mis muñecas estaban atadas detrás de mí.

    Y: «¡Ay Dios mío, Valerio! ¡Detente! ¡No hagas esto!» Mi súplica no ayudó a la causa. Mi cuerpo estaba tan encendido en este punto.

    Se inclinó y me susurró al oído:

    Valerio: «Te llevaré a la gloria. Y no me digas que no quieres esto porque lo deseas».

    Me dio la vuelta sobre mi espalda. Observé mientras se quitaba la camiseta y los vaqueros. Se quedó allí, desnudo, mientras lo miraba con una mezcla de miedo, deseo y añoranza. Esta fue la primera vez que lo vi desnudo y estaba increíble. Erguido orgulloso y majestuosamente ante mis ojos. Mi miedo también se hizo realidad todo era proporcionar a su tamaño.

    Cuando se arrodilló sobre mí, deslizó su virilidad en mi boca con suavidad, pero con firmeza. Guio su cabeza a través de mi boca de un lado a otro a su voluntad.

    Valerio: «Solo quiero que disfrutes Eleny. Tanto como yo».

    Su arrogancia de alguna manera aumentó mi sensación de emoción y vulnerabilidad. El ritmo aumentó hasta el punto de que pensé que se vendría. En ese momento, se retiró. Se deslizo hacia abajo y el frente de mi de mi vestido y lo abrió. ¡Grité en estado de shock total!

    Mirando hacia abajo, vi que la delicada tela de mi blusa abierta dejaba al descubierto mi sostén. Rompió sin esfuerzo tomo las correas de mi bra y las desgarró. Fácilmente se rompió en dos pedazos por sus enormes manos develando ahora mis redondos pechos.

    Valerio: «Chingado, Eleny, son hermosos».

    Empezó a presionarlos y frotarlos. Mis pezones estaban tan erectos que me dolían. Puso su boca en cada uno y yo estaba mareada de deseo. La habitación comenzó a dar vueltas. Grité, me retorcí y gemí ante sus movimientos.

    Y: «¡Valerio! NO. ¡Valerio!»

    Suplicándole mientras estaba bajo su completo dominio. Pensé que iba a escuchar mis súplicas cuando se levantó solo para verlo reposicionarse. Tomo mi falta y lo jalo lejos de mi cuerpo.

    Valerio: «¡Eres la mujer más sexy que conozco, Eleny!»

    Ahora era su mujer. Tenía un control total sobre mí. Ni siquiera pude corresponder ya que mis manos permanecieron atadas detrás de mí. Quería complacerlo ahora. Quería cumplir sus deseos. Se me ocurrió que tal vez ya estaba haciendo precisamente eso.

    En un frenesí, me arrancó mis lindas bragas dejándome completamente expuesta. Mis tacones se unieron a mi bolso en el suelo. Mientras se subía encima de mí, esperé a que me penetrara con dolor con su enorme tronco. Abrí mis piernas para que pudieran entrar en mi húmedo túnel de amor. Estaba tan mojada que, cuando entró en mí, no hubo dolor. Solo una presión intensa que me hizo gritar. Pulgada tras pulgada de su gruesa polla se deslizó dentro de mí hasta que sus bolas peludas besaron los labios de mi coño, Tomé toda su longitud en una sola zambullida. Una de sus manos comenzó a masajear mi clítoris hinchado, Mi coño se estremeció cuando apretó el gatillo. Empezó a bombearme, lentamente al principio, con un ritmo cada vez mayor.

    A medida que continuaba penetrándome, lo sentí crecer aún más, dentro de mi vulva. El ritmo se volvió frenético y apresurado cuando, esa sensación familiar comenzó, mis jugos comenzaron a fluir. ¡Este cabrón me iba a hacer correrme!, comencé a tener un orgasmo. Al tener mis manos atadas solo pude envolver con mis muslos su cadera.

    Gemí cuando mis caderas se movieron para encontrarse con sus zambullidas, nuestros cuerpos emitían un fuerte sonido de «bofetadas», Estábamos afanados en encontrar nuestros respectivos orgasmos y ambos lo sabíamos.

    Y: «¡Si si siii! ¡Dámela todaaa!» rogué.

    Gemí cuando el éxtasis de mi clímax sacudió mi coño, ¡me chorreé! Un flujo constante de mis jugos brotó de entre mis labios vaginales, Una hermosa ola de orgasmos intensos inundó mi alma cuando él se corrió dentro de mí, Mi clímax fue intenso, causando que todo mi cuerpo temblara y temblara involuntariamente bajo el de mi amante en turno.

    Y: «¡Fóllame, cógeme, tómeme, soy tuya!» Supliqué.

    Él bombeó todo lo que tenía dentro de mí, mientras dejaba escapar un profundo gemido. Sentí la oleada de calor cuando la polla estalló profundamente dentro de mi vientre inundando mi útero con masa para bebés. Por lo que pareció una eternidad, aunque solo fueron unos momentos. Pronto estaba en un torrente de semen, la pegajosa sustancia blanca que fluía como agua de mar. Mis pechos rebotan violentamente con cada embestida que no se detenía a pesar de su desahogo. Fue en este punto que perdí el control de mi cuerpo convirtiéndome en una hoja en un torbellino,

    Y: «¡Siii!» se me llenaron los ojos de lágrimas cuando el gigante de un solo ojo llevó mi abierto agujero a un nuevo límite.

    Valerio: «¿Te gusto, ¿verdad?» gruñó.

    Asentí sin poder hablar del placer que sentía, un semental salvaje me habría follado con más delicadeza que este macho. Mi boca instintivamente busco la suya, lo besé mientras su polla se empapaba del cóctel de amor que habíamos creado dentro de mi útero. Ambos retozamos desnudos sudorosos y extasiados compartiendo un vínculo carnal de placer.

    Aun no lo sentía duro e intenso dentro de mí, su semen y mis jugos internos lubrificaban su polla mientras entraba y salía de mí nuevamente, con mis labios vaginales estirados alrededor de él. Un suave ruido de chapoteo escapó de mi agujero por los fluidos que bañaban su verga en constante movimiento. Mi trasero giraba en pequeños círculos tratando de sentir su dentro de mí, estábamos en frenesí de sexo mientras mis tetas se balanceaban en un abandono salvaje. Su pelvis se estrellaba contra la mía una y otra vez conduciendo su martillo de carne profundamente dentro.

    Y: «¡Me voy a correr!» gemí.

    Se hundió duro y profundo en mí provocando mi orgasmo, La habitación desapareció, mi mundo se hizo añicos cuando un millón de voltios de electricidad se dispararon a través de mi cuerpo atormentado por el placer.

    Y: «¡Si siii!» Gemí mientras Valerio controlaba mi cuerpo.

    El ritmo era demasiado brutal, Justo cuando me desvanecí, sentí la cálida oleada de su semilla fluyendo hacia mi charco de semen, su polla explotó como un cartucho de dinamita lanzando otra carga de su semen, Se derrumbó sobre mí mientras mis orgasmos continuaban. Desvaneciendo lentamente. Nuestros gemidos de satisfacción resonaron por toda la casa. ¿Qué acababa de hacerme este hombre? Sentí como mi coño se cerraba lentamente cuando salió de mí.

    Cuando me recuperé de mi aturdimiento, me di cuenta de que un trozo de carne escupía su carga frente y encima mi rostro, semen caliente y pegajoso comenzó a salpicar mi cara. Semen volaba por el aire hacia mi cara y aterrizaba en mi cabello, en mi frente y en mi ojo. Abrí la boca para atrapar un poco de la hermosa crema.

    Yo era una becerra hambrienta de leche, que tomaba con avidez cada gota de su esperma que podía extraer de sus bolas sobrecargadas.

    Tomó lo que pareció una eternidad de orgasmos antes de que hubiera drenado hasta el último pedacito de su semilla en mí. Mi cuerpo estaba resbaladizo y reluciente con incontables cargas de semen. Por fin quedé satisfecho.

    Suavemente me hizo rodar sobre mi costado y me desató las muñecas, la sangre volvió a mis manos, causándome un estremecimiento. Con mis brazos libres, pensé en arañarlo, golpearlo o huir, pero, al ver su cuerpo sudoroso y agitado, sentir su aroma de macho en celo, arrojé sobre su cabeza los restos de mi ropa que colgaba de mis hombros. Nos besamos tan apasionadamente que casi tuve otro orgasmo.

    Valerio: «Límpialo» -ordeno.

    Sabía que tenía que chupar su polla y chuparla mejor de lo que nunca nadie se la ha chupado antes. Extendí la mano y tomé su carne en mis manos.

    Podía sentirlo latiendo entre mis dedos mientras la sangre subía a la sensible cabeza. Abrí mi boca de par en par y guie el asqueroso pene entre mis labios.

    Cerrando mis ojos cerré mi boca sellando mis labios alrededor de su polla capturando cerca de la mitad de su longitud dentro de mi cálida y húmeda boca. Su polla yacía pesadamente sobre mi lengua mientras comenzaba a acariciar el eje palpitante, tenía un sabor amargo por el semen residual y la secreción de cuerpo.

    Mi mano derecha aún rodeaba la base de su polla por encima de sus testículos y podía sentir su vello púbico rozando el dorso de mi mano cuando comencé a limpiarla con avidez.

    Mientras sus caderas empujaron hacia adelante, empujando su cabeza más adentro de mi boca.

    Tuve arcadas momentáneas hasta que ajusté el ángulo de mi cabeza para permitir que su polla entrara en mi garganta sin interferir con mi respiración. Ahora estaba «haciendo garganta profunda» en la polla del ex de mi compañera y amiga, chupé su cosa sucia hasta dejarla limpia.

    Valerio: “Buena niña”-

    Mientras me separaba de su deliciosa tranca, se recostó en sobre su espalda, yacía boca arriba con su polla apuntando al techo. Con cuidado, me senté a horcajadas sobre sus caderas y me bajé sobre su erección, se deslizó dentro de mí fácil y rápidamente. Tuve toda su polla en mi agujero hambriento.

    Yo era como una gata montesa saltando arriba y abajo en su polla. Mis tetas rebotaron locamente mientras su polla entraba más profundamente en mi coño desaliñado.

    Era un estado de sueño total que sabía que no duraría, miro su reloj y me tomo como una muñeca por las axilas, desmontándome de él, mi capullo realizo un sonido de succión al separarse de su polla.

    Me entregó una toalla para limpiarme su semen. Salió de la habitación llevándose mi ropa. Dejándome desconcertada y cachonda, Cuando volvió, me tiró un vestido con una risa. El vestido era familiar.

    Valerio: «Es ropa de Diana vístete, Diana no tarda en llegar, antes de que llegaras hable con ella quedamos” viendo su reloj “debe de llegar en 10 minutos para arreglar nuestros problemas, así que debes irte, ya”. – sínicamente.

    ¡Dios mío, Diana! ¿Cómo olvidé por qué estaba aquí?, ¿Cómo que venía aquí?, ¿Cómo arreglar sus problemas?, tanto que procesar, pero algo definitivamente cierto tenía que llegar a casa y no tenía más remedio que llevar su vestido. Rápidamente me vestí.

    Valerio: “la próxima vez que me visites, trae un recambio”.

    Y: «¡¿Qué?! ¡¿La próxima vez?!» ¡Estás loco!» Estaba sorprendida E intrigada.

    Valerio: «Volverás. ¡Y yo te estaré esperando!»

    Tenía que llegar a casa. Valerio me acompaño hasta la puerta y me dio otro gran beso.

    Valerio: «¡Hasta pronto, Eleny!»

    Me costó mucho caminar de regreso a mi auto y no se debió a mis tacones. Pensé para mis adentros ‘¿la próxima vez?’ No puedo dejar que eso suceda nunca más. ¿O lo haría?, Mi Mor, nunca que me tocaba como lo acaba de hacer Valerio.

  • Historia de una sumisa (4)

    Historia de una sumisa (4)

    Me encontraba en la cocina, desayunando. Había llegado a una decisión durante la noche y aunque sabía que no le debía explicaciones a nadie, dentro de mí había algo que me advertía que si no las daba me arrepentiría en el futuro.

    -Buenos días, Esmeralda.

    Se me hizo raro llamarla por su nombre. Nunca le había llamado por su nombre ni tampoco le había llamado ama nunca, y sin embargo usar su nombre se me hizo rarísimo.

    Ella sacó de la nevera unos cereales, echó leche y se sentó enfrente de mí.

    Yo iba vestida como si fuera a la oficina. Una camisa, una falda hasta la rodilla, estaba tomando un café.

    Ella iba vestida con una camiseta y un vaquero.

    Estas formas tan dispares de vestirnos y comportarnos solo acentuaban mucho más la diferencia de edad que había entre nosotras y la diferente etapa en la que estábamos.

    -Tengo que hablar contigo.

    -Pues hablemos.

    -No me gustó lo de anoche. No me gustó lo que me hicieron, no me gustaron sus risas mientras lo hacían y no me gustó que no me pudiera lavar al terminar.

    -Podías haberlo parado en cualquier momento.

    -Ya grité ferrocarril cuando me diste de comer y nada, seguí haciéndolo.

    -Sí, porque en el fondo querías hacerlo. Mala ama sería si no fuera capaz de darme cuenta de ello.

    -Pues anoche no quería. No me he sentido tan humillada ni tan usada en toda mi vida.

    Esmeralda tomó una cucharada de sus cereales, como si eso no tuviera importancia.

    -Sabes de sobra que lo hice por ti, por las posibles consecuencias si no lo hacía.

    -Miguel y Pedro se dedican a rodar vídeos para adultos y saben de qué va esto. ¿De verdad pensabas que iba a traer a un par de niñatos ante una sumisa nueva como tú?

    Pues sí, eso era exactamente lo que había pensado. Ese era el escenario que me habían puesto delante.

    -La sumisión y el sado a tu nivel debe ser consentido, seguro y sano. Luego cada pareja es un mundo y cada relación una historia. Pero desde luego no te iba a meter la segunda noche con dos novatos en una habitación para hacerte eso.

    Me dejó sin palabras.

    -¿Alguna cosa más que quieras comentarme?

    -No sé si tengo fuerzas para seguir adelante.

    -Es lógico y normal que tengas dudas. Como mi sumisa harás cosas que te gusten y cosas que no te gusten, que harás simplemente para complacerme, pero siempre tienes la opción de parar. Como esclava ese derecho no lo tendrías.

    -No lo pintas bonito.

    -Debo exponerte como es la realidad a la que te enfrentas, ese es mi deber.

    Ella siguió comiendo tranquilamente mientras yo me hundía en un mar de dudas.

    -Además… Me gustan los hombres, me gustan mucho las pollas. Si tuviera que ser la esclava de alguien, algo de lo que no estoy segura aún, tendría que ser la esclava de un hombre, no de una chica.

    -Te gané jugando al póker a mi padre y a mi abuelo, por eso eres mía y no de ellos.

    -No soy una cosa que se pueda apostar.

    -Cierto, aún no lo eres, solo eres una sumisa. Por lo tanto si tienes alguna queja de mí, puedes entregarte a alguno de los otros dos.

    Entregarme a alguno de ellos, como si fuera tan sencillo. Cuando entré en esa habitación, estaba convencida de que tras explicarme, me iría. Pero tras hablar con Esmeralda, de lo único que estaba segura es que no la iba a abandonar.

    -Es un asco ser sumisa.

    Esmeralda se partió de risa ante mi comentario.

    -Hoy usaremos pinzas contigo.

    -Eso duele un montón. Ya intenté hacerlo una vez cuando era joven, a mis diecisiete cuando estaba llena de hormonas, y no aguanté ni un minuto con ellas puestas.

    -¿En serio?

    -Sí

    -¿Y quieres repetir?

    -No.

    Sacó de su bolso unas esposas y un par de pinzas de la ropa. Yo me pregunté qué clase de mujer lleva en su bolso esposas y pinzas de la ropa.

    -¿Estás segura?

    -Ferrocarril – escupí sabiendo que no iba a servir para nada.

    -No seas mala y déjate hacer.

    Se acercó a mí como un depredador se acerca a su presa. Me agarró de los brazos suavemente y me esposó las manos por detrás de la silla de tal forma que no me podía mover.

    Comenzó quitándome los botones de la camisa, botón a botón, despacio y suavemente, mientras yo miraba de reojo a la puerta.

    -Mira lo dura que estás ya.

    No era mentira, tenías los pezones duros como no recordaba desde hacía mucho tiempo.

    Me quitó el sostén dejando mis hermosos pechos al aire.

    -¿Lista?

    Yo me mordí los labios mientras ella me colocaba la primera pinza.

    A continuación me colocó la segunda.

    Dolía, sí, pero era un dolor soportable y en cierto sentido, agradable.

    -¿A qué no duele tanto?

    -Ferrocarril – dije yo.

    -Chist, calla.

    Me besó.

    Voy a repetirlo otra vez porque no me lo creía ni yo…

    Me besó.

    Y no un simple beso, no.

    Un beso con lengua, demostrando una técnica qué a saber dónde había aprendido. Un beso capaz de lograr que me muriera del gusto.

    La verdad es que en temas de sexo mi ama me dejaba muy atrás.

    Sacó del bolso una mordaza de bola y un pequeño vibrador mientras yo me preguntaba que mierda más llevaba ahí dentro.

    Me colocó la mordaza primero para introducir a continuación el vibrador en mi húmedo coño y lo encendió.

    -Me voy a la uni. Vuelvo a las tres, perrita. Así que espera hasta entonces.

    Me cague en su puta madre, no me quedó otra. Me esperaban horas por delante estando en una de las situaciones más incómodas de mi vida.

    El maldito bicharraco que tenía entre las piernas no tardó mucho en arrancar de mi cuerpo el primer orgasmo.

    En la cocina entró el abuelo acompañado de la criada que me había llevado hasta mi habitación.

    -Hola, muy buenas.

    -Humm.

    El tío se puso a desayunar tranquilamente mientras a mí me estaban dando ganas de volver a correrme otra vez.

    Intenté controlarme con todas mis fuerzas, claro, pues me daba una vergüenza tremenda correrme delante de él.

    Pero fue imposible, un nuevo orgasmo no tardó mucho en inundar mi cuerpo sin tener en cuenta mis sentimientos. Pero lo peor no era eso, lo peor es que el maldito bicho seguía vibrando, sin parar, entre mis piernas.

    -Tenías que haber gritado tu palabra de seguridad si no querías esto.

    -Hummm, hummmm, humm – protesté yo.

    -Bueno, voy a hacer lo que me ha pedido mi nieta.

    Ni corto ni perezoso el viejo se sacó la polla, solo para pajearse y correrse encima de mí.

    Mis pechos y mi cara quedaron pringados de semen y yo sin poder limpiarme.

    -Hummm – protesté de nuevo.

    Noté como otro maldito orgasmo comenzaba a subir de nuevo.

    Yo nunca había olido mal en el sexo, pero después de unos cuantos orgasmos, apestaba.

    Unas pocas horas más tarde yo ya no podía más. No podía más.

    Mis pezones me dolían como nunca mientras que mi coño se corría sin control ninguno. Olía tanto que me habían sacado con la silla y todo de la cocina para meterme en la perrera y solo rezaba para que llegaran las tres de una puta vez.

    Pero si creéis que mi tortura terminó cuando dieron las tres, es que no conocéis a mi ama.

    Cuando llegó de la uni, aparte de hacerse notar, lo primero que hizo fue ir a comer, y luego hacer los deberes como la estudiante modelo que era.

    Y me dieron las tres, las cuatro y las cinco y las seis… y me había meado encima porque ya no aguantaba ni un minuto más.

    Pero cuando ella apareció yo me sentí el ser más feliz de la tierra al verla.

    -Bueno, perrita, ¿Qué tal estás?

    -Humm – dije yo.

    -Sí, lo sé, lo sé, ha sido un día duro.

    -Hummm.

    -En fin, veamos qué tal estás.

    Me quitó una de las pinzas de mis pezones y fue muy liberador, pero mi ama tenía otros planes para él.

    Me dio un golpecito, y otro, y otro… mientras yo me cagaba en su puta madre porque me estaba doliendo un montón.

    -¿Te duele?

    -Hummm

    -¿Y esto?

    Me clavo las putas uñas.

    Tenía el pezón hinchado y enrojecido y la muy hija de su madre me clavó las putas uñas del índice y del pulgar.

    -Hummm

    -Bien, vayamos con el otro.

    Joder, joder, joder…

    -¿O quieres abandonar ya? – preguntó quitándome la mordaza.

    -Ferrocarril – grité yo cuando me vi libre para poder hablar

    -Calla perrita tonta.

    Y me besó con uno de los besos más increíbles que he tenido en mi toda mi vida.

  • No hay como tener dinero

    No hay como tener dinero

    Hace unos días vi una escena de una serie que ridículamente se parecía a una situación que me sucedió pocos años atrás. Nunca se me ocurrió contarlo antes, no solo por las consecuencias negativas que podría haber tenido en mi vida decirlo, sino también por la confidencialidad de los participantes de dicho suceso. Es por ello que a lo largo de este relato cambiaré los nombres para mantener el anonimato de todos los implicados.

    Antes de entrar en detalle me gustaría hablaros de mí. Desde muy pequeño he estado yendo y viniendo en el mundo del modelaje. No es que sea un bellezón, de hecho, nunca me ha gustado presumir de mi aspecto; pero mi cara juvenil, el tono de piel clara, cabellos rubios y ojos azules con tonos amarillentos al parecer llamaban la atención de bastantes rastreadores de modelos.

    Aunque fueron mis padres los que me introdujeron en este mundillo cuando apenas tenía los 12 años, conocedores de primera mano del sector y mis “manager” en ese momento, eran reacios a dejarme participar en todas las proposiciones de trabajos que me llegaban. Realmente no fue hasta cumplir los 18 que tuve el poder de decisión y en parte porque decidí independizarme.

    Desde los 16 años, cuando la cosa ya se consolidó como algo profesional, me vi obligado a trabajar mi cuerpo. Sesiones de gym casi diarias, salir a correr por las mañanas, beber batidos con mil mierdas (verduras y huevos casi todo), etc. Al final se agradece tener el cuerpo tonificado, pero cuando se empieza… durísimo.

    En ese primer año de “independencia” me salieron trabajos de todo tipo. Sesiones de fotos en bañador, en ropa interior, desfiles de moda y muchos más. Pero por desgracia, uno se da cuenta de lo que cuesta la independencia una vez contrastas lo que te pagan con lo que te cuesta el alquiler. Menos mal que compartía piso con otros chicos (también modelos y españoles) porque… dudo que entonces hubiese podido pagar yo sólo el alquiler de una casa entera. Además, el vivir en Paris resultaba de todo menos barato.

    La historia que os contaba antes empieza aquí, en mi pisito compartido, con mis 3 compañeros de piso y amigos de profesión (JJ, Max y Arnau), desayunando en la mesa del salón y yo con mi cara de sueño recién levantado.

    -Chicos, me ha llegado una oferta de una empresa de eventos. Buscan 6 modelos con buena percha, atractivos, que sepan entender bien inglés y que sepan servir mesa y cóctel para un evento de alto standing privado.- Dijo Arnau

    -Tiene pinta de que buscan antes camareros que modelos- contesté pensando en la oferta

    -Pues me han dicho que pagan 800€ la noche por 6 horas de trabajo. Cuando acabe de desayunar me inscribo de cabeza.- Contestó de nuevo

    A todos se nos abrieron los ojos como platos. ¿800€ por 6 horas de trabajo? Era algo difícil de creer pero a la vez muy atractivo para nuestros bolsillos.

    -Lo único es que te hacen hacer entrevista previa a pesar de ver tu photobook antes, es decir, deduzco que a lo mejor nos hacen hacer equilibrios con copas y platos. Pero… por probar… – Siguió Arnau.

    Nuestros dotes de camarero no es que fuesen muy recatados pero, por otro lado, todos gozábamos de un buen porte y facilidad para conectar con las personas; así que decidimos apuntarnos, tirar solicitud y esperar a la llamada.

    En apenas una hora ya nos habían convocado a los cuatro a una oficina del centro. Nos duchamos uno tras otro, nos vestimos elegantemente y nos dirigimos a la entrevista.

    Al llegar a la entrada del edificio de la agencia nos encontramos con menos gente de la que esperábamos; unos 20 modelos a groso modo. Uno a uno íbamos pasando a una antesala donde se nos hacía firmar el típico consentimiento para gestionar nuestros datos personales y se nos pedía sentar en unas butacas a la espera de ser llamados.

    Mientras esperábamos me fijé en los demás participantes. Había algunos bastante atractivos y, como hoy en día diría, extremadamente follables. No me malinterpretéis. Siempre he sido bisexual, pero por aquel entonces no había salido del armario e incluso seguía dudando de si lo era; mis relaciones sexuales se habían limitado sólo a tías hasta ese momento.

    Finalmente me llamaron a mí, después de ver cómo entraban mis compañeros y esperar un buen rato sentado. Estaba claro que habían llamado por orden alfabético del primer apellido porque, teniendo en cuenta que el mío empieza por “z”… me habían dejado para el final.

    -¿Cómo les debía haber ido a los demás? No habían salido por la misma puerta por donde habían entrado. ¿Cómo iba a ser la entrevista? ¿Estaría nervioso?- pensaba mientras me desplazaba en dirección hacia la puerta.

    Al entrar en la sala, había un pequeño despacho. Un hombre con un claro acento británico me pidió que tomara asiento y, entonces, empezó a preguntarme cosas en inglés. Poco después de empezar la entrevista entró una mujer con una bandeja repleta vasos con hielo y una botella de whisky. Mientras seguían preguntando cosas, me hicieron levantar, coger la bandeja y servirles lo que me fuesen pidiendo entre pregunta y pregunta mientras contestaba.

    Mi nivel de inglés era más que suficiente para tener una conversación adecuada con alguien, pero servir copas… debía gestionar el equilibrio de la bandeja con una mano, la coordinación con la otra mano para servir el whisky sin pasarme ni quedarme corto y a la vez ir conversando con el señor británico. Fue un estrés que casi me desespera, pero milagrosamente todo salió bien.

    Cuando la entrevista parecía haber terminado y ya me disponía a salir por la puerta con el cartel de “exit”, los entrevistadores me indicaron que tomase otra puerta para la siguiente fase.

    En la siguiente habitación había 3 personas sentadas frente a una mesa alargada. El centro estaba presidido por un hombre de pelo canoso, rondando los 60 años, con gafas cuadradas y vistiendo un traje negro con adornos florales rojos en la americana. Por otro lado, en los extremos, estaban dos chicas jóvenes vestidas con el uniforme de la agencia.

    -Buenos días, soy Claude y estas son mis ayudantes Xesca y Mar. Soy el encargado de la selección del personal para el evento privado NEXT GEN; que se pretende realizar el próximo domingo y que supondrá una contratación para 6 horas de trabajo con un salario neto de 800€.- Dijo el hombre leyéndolo directamente de un papel y mirandome intermitentemente por encima de sus gafas – Muy bien. Eres Tobías ¿no?

    -Sí, así es. Mejor Tobi, si puede ser- Contesté

    -De acuerdo, Tobi. Te voy a explicar un poco en que va a consistir el trabajo y las peculiaridades del mismo. Si en algún momento no entiendes algo no dudes en frenarme y volveré a explicártelo. También tienes todo el derecho de parar la entrevista en cualquier momento, si no te sientes cómodo o si hay algo en lo que no estés de acuerdo, y declinar la oferta de empleo. ¿Lo entiendes?

    -Perfectamente

    -Ok. El trabajo. Consiste en servir copas y bandejas con canapés para los invitados de dicho evento. El contratante nos ha especificado que se trata de una fiesta de máscaras y que, por ello, los empleados que sirvan deberán llevar una máscara y un atuendo que os facilitará el mismo anfitrión. Luego te enseñaremos el conjunto, pero ya te adelantamos que es ligeramente atrevido.

    -Por favor, defíname atrevido.- Le pregunté cortando su monólogo

    -Se trata de un atuendo sin pantalones, boxers negros y con una camiseta de malla negra con transparencias. Y por otro lado la máscara que cubre la cara entera dejando ver sólo los ojos y parte de la mandíbula.- Dijo xesca enseñándome una foto del atuendo y poniendo sobre la mesa la máscara.

    -Menos mal que estamos en verano- Contesté sacándole una sonrisa a la misma chica- De acuerdo, mientras no vaya desnudo no supone ningún problema.

    -De acuerdo. Prosigamos.- Dijo Claude- El contratante ha impuesto unas normas directas para la concesión del empleo. Deberán seguirse al pie de la letra y en caso de no llevarlas a cabo o incumplirlas se podría rescindir el contrato sin necesidad de abonar salario alguno. Son 4 normas. 1 El empleado deberá abstenerse de hablar con ningún invitado siempre y cuando no se le invite a hacerlo o se le pida alguna cosa que requiera contestación. Y el idioma de contestación será siempre el inglés. 2 El empleado no podrá retirarse la máscara en público durante el laxo de tiempo que dure el evento. 3 Se seguirán de forma exacta todas las directrices que el gerente de sala marque durante su turno. 4 Para mantener la confidencialidad del evento, en ningún momento se podrá dar detalle de su localización y posteriormente no podrán hacerse declaraciones de lo sucedido en el mismo.

    -No sé si entiendo muy bien lo de las máscaras. ¿Por qué no nos las podemos quitar?

    – El contratante no ha especificado el motivo de ninguna de estas normas. Se puede sobreentender que el anfitrión busca que todos los asistentes puedan mantener el anonimato y así disfrutar de la velada sin prejuicios ni condicionantes. Son invitados con un nivel adquisitivo muy elevado y cada uno tienes sus peculiaridades.

    -Entiendo. Creo que no habría ningún problema para seguir estas normas.- dije

    -Muy bien. Ahora le pediremos que se quite la ropa y se quede en calzoncillos para examinarle, tomar nota de sus características físicas y hacer algunas fotos. Este material solo será usado para este proceso de selección y serán eliminadas adecuadamente una vez finalice.

    Fue todo muy frío. Asentí, me quité los zapatos y los calcetines, me quité la americana y la camiseta y posteriormente me bajé los pantalones largos quedándome en slips frente a los tres. La chica que no había dicho nada hasta el momento, Mar, se levantó y se acercó a mí con una cámara fotográfica.

    -Tiene los ojos muy bonitos. Buena altura. Cuerpo muy bien trabajado. Abdominales… Pectorales… Brazos… Yo lo veo muy bien.- Dijo Xesca mientras Mar sacaba fotos de las partes que iban mencionando los de la mesa.

    -Sí sí. Por delante yo lo veo todo muy bien.- Dijo el hombre mirando por encima de las gafas que reposaban sobre su nariz, señalando al bulto de mi paquete con el manojo de hojas de papel que sujetaba en una de sus manos y haciendo reír a las chicas.

    Su comentario me puso tenso. Me sacó de mi área de confort provocándome una risita nerviosa y haciéndome involuntariamente mover las manos a mi paquete para taparlo en señal de vergüenza.

    Por favor, date media vuelta.- Me dijo el hombre riéndose también por mi reacción.- El trasero… también lo tiene bien marcado.

    -Yo le veo muy buena simetría. Probémosle la máscara.- Dijo Mar siguiendo con la sesión fotográfica.

    Me puse la máscara que aparentemente parecía ser una especie de premaqueta de prueba y que parecía encajar perfectamente con mi rostro.

    -Por mí ya está. ¿Algo que objetar?- Preguntó Claude a sus asistentes. Y sin dar tiempo a contestar finalizó.- Ya puedes vestirte Tobi.

    Me vestí de nuevo mientras los dos de la mesa tomaban notas y Mar volvía a su asiento.

    -Muy bien. Te voy a ser sincero Tobi. Los demás aspirantes también tienen cualidades físicas muy buenas, pero aparentemente parece que te ajustas perfectamente al perfil que el contratante busca. La última decisión la tiene él, pero por nuestra parte vamos a formular un informe bastante positivo de tus características.- Dijo Claude- Ahora toma esa puerta donde encontrarás a los demás aspirante. En unos minutos os daremos los nombres de los seleccionados. Suerte.

    -Muchas gracias- Contesté abrochándome los pantalones y apresurándome a salir por la puerta.

    Ahí estaban Arnau y Max sentados uno frente a otro. Faltaban casi la mitad de los aspirantes.

    -¿Qué ha pasado? ¿Y JJ dónde está?- Pregunté

    -Se ha ido a casa. No ha pasado la primera fase.- Dijo Arnau

    -¿Qué le ha pasado?

    -Se le han caído todas las copas al suelo y ya no le han dejado seguir a la siguiente fase.-Contestó Max- ¿Ves esa puerta? Es la del despacho inicial. Todos los que han salido por ella son los que no han superado esa primera fase.

    Puede parecer de mala gente, pero me alegré que quedara tan poca gente. Las probabilidades de ser uno de los seleccionados se habían ampliado en gran medida.

    -¿Y qué os han dicho los de la segunda fase?

    -Pues a mí me han dicho que tenía muy buen cuerpo, pero que la morfología de mi cara no se adecuaba demasiado bien a la máscara. Me quedaba bastante desproporcionada y se me caía.- Me dijo Arnau.

    -A mí me han dicho que el trasero lo tenía un poco plano y que podía ser un hándicap para que me seleccionasen. Que el contratante buscaba a gente bien trabajada tanto por delante como por detrás. Y mira que me mato a hacer sentadillas… pero bueno. Ya veremos- Dijo Max

    No quise darles detalles de lo bien que me había ido para no caldear el ambiente ni desanimar a ninguno de mis compañeros. Les conté lo incómodo que me había sentido al tener que desnudarme delante de ellos sin aviso previo (cosa en la que parecíamos estar todos de acuerdo), pero que a simple vista les había gustado.

    De un momento a otro salió Claude, el seleccionador, con una carpeta en la mano.

    -Primero de todo, gracias a todos por participar. Ha sido una decisión bastante complicada de tomar pero finalmente, a continuación, iré mencionando los nombres de los 6 seleccionados. Si no sois uno de ellos, agradecería que os marcharais. Gracias.

    Claude empezó a dar los nombres y…, después de dar 3, dijo el mío. Me inundó una felicidad suprema. 800€ por 6 horas de trabajo. Que chollo pensé.

    Desgraciadamente ninguno de mis compañeros fue seleccionado. Se despidieron de mí con un abrazo, me dieron la enhorabuena y me dijeron que me esperaban fuera.

    A partir de ahí. Una vez estábamos solo los seleccionados, se nos hizo pasar por una mesa para firmar el contrato, nos llevaron a unos vestuarios individuales y se nos pidió que nos quedáramos de nuevo en calzoncillos. Una vez me hube quitado la ropa, entró un hombre con un metro y empezó a tomarme las medidas del cuerpo, incluidas las de la cara, las del culo e incluso las del bulto del paquete. Ya después de eso me pude ir a casa.

    A los cuatro días recibí en casa un paquete certificado con el nombre de la agencia. Suscitó mucha curiosidad entre mis compañeros de piso, por lo que tuve que abrirla delante de ellos (en parte también me sentía obligado a compartir ese momento por solidaridad, ya que me daba pena que ninguno de ellos hubiese podido conseguirlo como yo).

    Entregado en una caja de cartón dura, de color negro y letras doradas. Al abrirla lo primero que destacó de entre las demás cosas fue una caja de madera oscura. A su lado estaban las prendas de ropa del atuendo, pero mi atención estaba ya puesta en esa caja. Al abrirla pudimos ver la máscara, igual a la que nos habían enseñado en la entrevista pero con unos acabados claramente diferentes. La mitad de la máscara estaba hecha de una madera negra, de textura seca y con vetas grises y la otra mitad brillaba de un dorado metalizado en el que nos reflejábamos.

    Sorprendido por el espectacular aspecto de la máscara, procedí a levantarla para probármela. Pesaba mucho más de lo que lo hacía la de la entrevista. Mientras, Max cogió una tarjeta que se encontraba en el fondo de la caja de madera y empezó a leer.

    -Máscara Next Gen para empleados. Fabricada y diseñada por joyería bla bla bla bla. Materiales madera de ébano (base) y 50g Oro 24K.

    Me entró un escalofrío que me rizó todos los pelos del brazo.

    ¿queee?- dijimos JJ, Arnau y yo al unísono.

    -¿Que cojones? ¿50 gramos? ¿Oro de 24k? Eso es un pastizal.- Dijo Arnau

    -Unos 2500€ aprox.- Siguió JJ tras buscarlo con el móvil

    Dejé la máscara con cuidado en la caja y me quedé pensativo mirándola. Era una auténtica locura.

    -No sé si me da muy buena espina esto.- Dije pensando en voz alta.

    -¿Leíste bien el contrato antes de firmarlo? Que no sea que hubiese letra pequeña y eso.

    -Sí, lo leí de principio a final y no ponía nada raro. Solo que…

    Fue en ese momento cuando caí en el último de los puntos del contrato.

    -Mierda. Ya sé dónde está el problema. Bueno, no acabo de saber si es un problema, pero ponía que en caso de incumplir alguna de las normas del contratante no se me pagaría el salario y que debería reembolsar el coste de la indumentaria para el evento. Es decir, si la cago… ¿me tocará pagar 2500 pavos?

    -Eso parece, Tobi.- Dijo Arnau poniéndome una mano sobre el hombro.

    -Y eso sin contar los calzoncillos a medida y la camiseta de rejilla, que también tienen pinta de ser caros- Añadió JJ

    -Ok. Don’t Worry. No tiene por qué pasar nada malo. Sólo tengo que seguir las normas al pie de la letra y todo saldrá bien.- Dije convenciéndome a mí mismo, cerrando la caja y guardándola en mi habitación.

    Después de eso, mis compañeros de piso evitaron hablar más del tema para no ponerme aún más nervioso. Pero aun así, esa noche no pude pegar ojo pensando en lo que estaba por venir al día siguiente.

    Ya estaba listo. Tal como ponía la carta que había llegado junto al paquete certificado: A las 16:00, en la puerta de la agencia, maleta en mano con el atuendo y la máscara en su interior, aseado, vestido con ropa de calle y con el pase identificativo colgado del cuello. A partir de ahí la carta ya no daba más indicaciones.

    Como era de esperar, estábamos todos los seleccionados allí esperando a las puertas de la agencia (supuestamente donde se suponía que nos recogería un minibús para llevarnos al lugar donde se celebraba la fiesta).

    Mientras esperábamos el transporte, aprovechamos para conocernos un poco entre nosotros. Aunque parezca el principio de un chiste, casi todos éramos curiosamente de nacionalidades diferentes. Un alemán, un danés, dos franceses, un ucraniano y yo el español.

    Haciendo corrillo hablamos sobre la máscara. Todos coincidíamos en lo absurdo que suponía llevar casi dos sueldos de cualquiera de nosotros colgando de la cara.

    -¿Realmente era necesario?- Nos preguntamos todos.

    Uno de los franceses dedujo que los invitados llevarían máscaras mucho más lujosas y que, para no despuntar, el anfitrión había decidido estirarse y darnos un atuendo un poco más exclusivo.

    Finalmente llegó el autobús. Durante el trayecto, de aproximadamente unas 2 horas, estuve con los auriculares puestos y mirando la carretera. Los demás hablaban con sus compañeros de asiento, pero el mío (el ucraniano) no parecía querer entablar conversación.

    Llegamos a una finca gigantesca escondida entre bosques. En el centro cruzamos un camino ancho con adoquines de piedra y con unos jardines espectacularmente cuidados en ambos lados. Al final del camino, una mansión imponente se levantaba sobre una escalinata de piedra blanca vestida con una alfombra roja carmesí.

    El autobús se paró justo frente a ella invitándonos a bajar, tomar el equipaje y comenzar el ascenso hasta la puerta central, que se encontraba abierta de par en par. Nada más cruzar el umbral de la puerta, al fondo del ancho recibidor, apareció Mar (la chica de la entrevista) con un cuaderno en la mano y haciendo gestos acelerados con las manos para que nos apresuráramos y la siguiéramos.

    No sé cuántas puertas pudimos llegar a cruzar, pero esa casa era un auténtico laberinto. Finalmente accedimos a una estancia que habían habilitado como vestuario, añadiendo en un lado cortinas para cambiarnos y taquillas donde dejar nuestras cosas. En el otro lado esperaban unas estilistas para acabar de peinarnos y darnos algunos retoques de maquillaje.

    Mar parecía nerviosa y preocupada por el tiempo. Fue poner un pie en esa habitación y ella nos empujó a cada uno a un vestidor distinto para que nos apresuráramos a cambiarnos.

    -Tienes 3 minutos- me dijo cerrando la cortina para darme intimidad.

    Me desnudé, me puse la camiseta y cuando ya estaba subiéndome los calzoncillos fue cuando Mar nos llamó para que saliéramos. Nunca unos calzoncillos me habían sentado mejor; se adaptaban perfectamente a mis nalgas y mi pene y escroto quedaban perfectamente sujetos sin ejercer mucha presión pero a la vez perfilando el bulto para que se viera bien relleno.

    -Tobi, tú aquí. Coge también la máscara.- Me dijo Mar señalando una de las sillas nada más abrí la cortina.

    Me senté y dos estilistas se acercaron para empezar su trabajo. Una de ellas empezó por el cabello peinándolo hacia un lado, levantándolo con el secador y dándole laca para generar volumen. Mientras, la otra, empezó a maquillar ligeramente mi cara hasta dejarme tintando alrededor de los ojos con el mismo color negro y dorado de la máscara. Para acabar, yendo con mucho cuidado de no estropear el trabajo que habían hecho anteriormente, las dos me pusieron la máscara ocultando el elástico entre mis cabellos rubios. Hasta en el color del elástico habían pensado para que se camuflase bien.

    -Muy bien chicos. A partir de ahora ya no os podéis quitar las máscaras. Si necesitáis beber en algún momento, tendréis a vuestra disposición unas botellas con unas pajitas en la cocina para que podáis hacerlo sin quitárosla.- Dijo Mar una vez estuvimos preparados todos.- Recordad las normas que os dijimos y todo saldrá bien.

    Entró un hombre trajeado con un smoking blanco y una máscara igual que las nuestras pero completamente dorada. Su llegada enmudeció por segundos a Mar.

    -Señores, este es vuestro gerente de sala. Os dirigiréis a él por “Monsieur le gérant” o “le gérant”. Si tenéis alguna duda lo tendréis a él para resolvérosla y daros las indicaciones oportunas para cada situación.- siguió Mar dándole paso.

    -Mi Jefe, propietario de esta mansión y anfitrión de esta fiesta, me ha hecho llegar la importancia de que todo salga acorde a las expectativas que él ha puesto en este evento. Son 20 los asistentes que van a acudir; 16 invitados y algunos acompañantes de ellos. Todos se alojarán en estancias como estas. “Les serviteurs” serán los encargados de recibirlos, acompañarles a sus habitaciones y llamarlos una vez sea la hora de empezar el evento. Ellos tienen prohibido mantener conversación alguna con los invitados. Ningún empleado, a excepción de ustedes, tendrá la oportunidad hablar directamente con ellos. É ahí la importancia de que ustedes sepan mantener las composturas y atender a las peticiones de los invitados que surjan durante el convite. Yo les iré dando las pautas a seguir y ustedes deberán acatarlas.- Dijo el gerente en inglés.

    Desde ese momento supimos todos que nuestro turno acababa de empezar.

    El gerente nos mandó seguirle hasta el salón principal. Era inmenso. La izquierda estaba llena de mesas altas blancas que contrastaban con las paredes ornamentadas en un color dorado y ocre; pero la derecha destacaba por una gran chimenea decorada con figuras de mármol y envuelta de unos sofás y butacas de piel en los que perfectamente podrían caber todos los asistentes y aun así sobrar sitio.

    “Le gérant” nos indicó cómo nos colocaríamos para la recepción de los invitados al salón y de qué nos encargaríamos cada uno. A mí me tocó servir whisky y otras bebidas alcohólicas junto con uno de los franceses. Dentro de lo que cabe era una las tareas más complicadas, pero me permitiría no tener que estar yendo y viniendo toda la noche de la cocina al salón en busca de cosas.

    En la misma sala, detrás de donde se situaría el gerente, habían colocado una estantería repleta de vinos, champanes, whiskys y licores de primerísima calidad. Sería él quien me daría las botellas en función de lo que me fuesen pidiendo los invitados durante la noche.

    Ya sabíamos qué hacer. Sólo nos quedaba esperar en los vestuarios a que llegasen los invitados y se hiciese la hora marcada. Por una de las ventanas íbamos viendo llegar Lamborghinies, Ferraris, Aston Martins… Cada cual, mejor. Sus propietarios aparcaban uno al lado de otro bajando ya con las máscaras puestas y siendo recibidos a los pies de la escalinata por el encargado de Les serviteurs.

    -¿Creéis que entre ellos se conocerán?- Preguntó uno de los franceses

    -No creo que sea la primera fiesta que celebran ellos. Incluso te diría que a lo mejor ya se reconocen por las máscaras. Mira cómo se saludan entre ellos cuando coinciden varios en la escalera de la entrada. No tiene pinta de que sean desconocidos.- Dijo el otro francés.

    Poco a poco se fue haciendo de noche. Ya estaba dispuesto todo para que saliésemos y nos desplazáramos a la sala de fiestas. Cada uno colocado en su puesto y yo junto a la estantería de licores, permanecíamos a la espera de la entrada de los invitados.

    Un cuarteto de cuerda, dispuesto junto a las mesas, afinaba sus instrumentos y ensayaban canciones para calentar los dedos y recibir así a los invitados con música en vez de en silencio.

    Mientras que a nosotros se nos veía un poco nerviosos, “Le gérant” permanecía frio como una piedra; sin decir ni una palabra y quieto como una de las estatuas del jardín. Pero… fue abrirse las puertas y despertó de su letargo como si le hubieran dado al interruptor, acercándose apresuradamente a la puerta y dando la recibida a los invitados.

    Por la puerta entraron mujeres y hombres vestidos de gala con máscaras exuberantes y llamativas de todo tipo. Ninguna se parecía a otra y todas brillaban de distintos colores, algunas de platino, otras de oro rosa, amarillo, blanco e incluso algunas con joyas incrustadas.

    “Le gérant” hizo señales para que empezáramos a movernos con las bandejas con copas de champagne. Los invitados iban agarrándolas hasta que no quedó ninguna.

    De un momento a otro se abrieron de nuevo las puertas y entró claramente el anfitrión porque todos lo recibieron entre aplausos y vítores mientras él se acercaba a saludar a cada uno de ellos.

    La velada fue evolucionando poco a poco. Se fueron formando corrillos y nos iban llamando para rellenar las copas o para servir licores específicos.

    En una de estas, me llamó el anfitrión, que estaba acompañado de dos personas más: un hombre claramente adulto (por su tono de voz y sus michelines que abultaban bajo el traje) y uno más joven y delgado.

    -Tráenos un Dalmore doble a cada uno y para el chaval un Romanée Conti – Dijo poniéndole una mano en el hombro del joven.

    El gerente me preparó las botellas y las copas para poder servirles delante. Fue entonces, cuando me acerqué, que pude oír el final de la conversación que mantenían los tres.

    -… si, fue bien, gracias tío.- Dijo el chico joven

    – Haz caso a tu padre que él sabe muy bien cómo van esas cosas- Dijo el anfitrión señalando al otro hombre y finalizando esa conversación al percatarse de mi presencia.

    -Algo estaba claro. Los tres eran familia.- pensé

    Le serví primero el vino al chico joven, que me miraba fijamente a los ojos. Tras llenar los vasos de Dalmoure y dárselos a los dos mayores, vi al chico como su mirada se desplazaba de arriba abajo analizando mi cuerpo para acabar finalmente de nuevo en mis ojos.

    Sin realizar ningún movimiento brusco y con el permiso de los tres, me retiré a mi posición de la sala. El chico empezó a hablar de nuevo con su tío pero echando vistazos de vez en cuando hacia mí y haciendo percatarse de ello al anfitrión, que también desplazó su mirada hacia mí, curioso de saber qué llamaba la atención de su sobrino.

    Por un momento pensé que algo iba mal. Miradas demasiado directas y sin motivo alguno…

    -Algo no pinta bien. ¿He hecho algo mal?- pensé

    “Le gérant” miraba hacia el anfitrión a la espera de si era llamado por cualquier cosa y efectivamente, pocos segundos después le llamaron. Se acercó a ellos aproximándose lo máximo posible y susurrando para no llamar la atención entre los demás invitados.

    Entonces el chico susurró una cosa a su tío y se acercó hacia mí.

    Intentaba mirar al resto de la sala para que no se notara mi inseguridad por lo que estaba sucediendo.

    -Me llamo Ethan- Dijo el chico acercándose a mí.

    – No estás nada mal… pero… ¿qué gracia tiene un buen cuerpo sin una cara bonita que lo acompañe?- siguió él– Puedes hablar. No te voy a morder.

    -Perdón. Es que no sé muy bien qué decir.- Dije con la boca seca y temeroso.

    -Pues dime tu nombre.

    -Me llamo Tobi.

    -Encantado Tobi. Y… una cosa, relaja el culo que se te nota más tenso que el cable de tender la ropa.- Dijo riéndose- Quítate la máscara para que vea cómo eres.

    -No puedo. Si me la quito me puedo meter en problemas.

    -Y si no te la quitas puedo ser yo quien te meta en problemas.

    -Por favor. No me pongas en un compromiso. Si me la quito delante de los invitados no me pagarán el sueldo y me harán pagar la indumentaria.- Le supliqué

    -Bueeeno, si es por dinero… no te preocupes. Yo te doy el doble de lo que te iban a pagar por esta fiesta y te pago el atuendo. Si de todos modos iba a pedirte comprártelo.

    Me entró una risa nerviosa.

    -Lo siento. Aquí no puedo. Por favor no me insistas.

    -De acuerdo. No te preocupes. Ahora le digo a tu jefe que no me gusta tu atención.- Dijo amenazándome y girándose para ir de nuevo hacia el anfitrión.

    En ese momento, por instinto, le agarré del brazo impidiendo que diera un paso más.

    -De acuerdo, pero no puedo quitármela aquí. Delante de todos.- Le dije

    -Entonces quítatela en privado y te doy 5.000€.

    Tragué saliva.

    -No puedo dejar la fiesta sin atender.

    -Si es por eso, tampoco te preocupes. Yo me encargo.-Dijo soltándose el brazo, retirándose y hablando de nuevo con el anfitrión.

    De ahí ya no salía vivo, pensé. Estaba claro que 5.000€ era mucha pasta y más por sólo quitarse una máscara, pero… No me daba muy buena espina ese chaval.

    No tardó ni un minuto para volver hacia mi junto con “Le gérant”.

    -Arreglado, vayamos a mi habitación. El gerente te sustituirá para el resto de la fiesta sin ningún problema.- Me dijo haciendo desplazarme con él bajo la atenta mirada del anfitrión y el gerente a ambos flancos.

    Salimos por la puerta principal del salón y nos dirigimos hacia una de las habitaciones contiguas a donde los modelos nos habíamos cambiado. Al entrar, no tardó nada en quitarse la americana y tirarla sobre la cama.

    -Muy bien, Tobi. Aquí tienes.- Dijo sacando un fajo de billetes.- Tus 5.000€. Quítate la máscara.

    Me levanté la máscara poco a poco hasta dejar mi rostro al descubierto.

    -Mírate. Cara de ángel y cuerpazo de tío bueno. Pero si estás buenísimo.- Me dijo

    -Gracias. Yo ya he cumplido. ¿Me puedo ir señor?- le dije convencido de cuáles eran sus intenciones posteriores.

    -Por favor, llámame Ethan y… ¿No me quieres ver a mí?- Me dijo quitándose la máscara y sin darme tiempo a contestar.

    Sus facciones le aparentaban un chico más joven que yo, pero su forma de tratar conmigo y su forma de hablar me desconcertaban.

    Hay que decirlo. El chaval estaba buenísimo: aparentemente delgado, de ojos verdosos, cabellos rubios, cara juvenil y de tez morena, etc. pero aparentaba ser un adolescente.

    -¿Pero cuántos años tiene este chico?- pensaba desconcertado

    -Sé lo que estás pensando. No, no es lo que parece. Tengo 18 recién cumplidos.- Aclaraba Ethan.- De no ser así, ni mi padre ni mi tío me hubiesen dejado venir a la fiesta.

    -Perdóneme Ethan. Es que por un momento pensaba que tenía unos 16 años.

    -¿No te he dicho que me tutees? Aquí solo estamos los dos.

    -De acuerdo. Perdona Ethan.

    -¿Y qué te parezco Tobi? ¿Te gusto?

    En ese momento no supe qué contestar. Me puse nervioso, avergonzado y rojo. Como antes les contaba, sí, me sentía atraído por algunos chicos (como estaba sucediendo en ese preciso momento), pero nunca se me había presentado una situación como esa en la que tener que confirmar que me gustaba un chico. Así que… me quedé callado pensando y sin saber qué decir.

    El chico empezó a quitarse la camisa dejando ver un torso tonificado y con unos abdominales y pectorales marcados. Prosiguió bajando sus pantalones y quedándose solamente en boxers, donde se escondía su pene claramente grande y erecto. Al ir a dejar la ropa a una de las butacas, pude ver también su culo, bien abultado y redondito.

    Para ese momento yo ya estaba más que excitado y, aunque Ethan seguramente ya se había dado cuenta, no me decía nada al respecto. Se acercó a mi oreja y yo me quedé casi paralizado.

    -Ahora sólo depende de ti. Si te apetece, lo podemos pasar bien. Nadie tiene porqué saberlo. Y… si no quieres, puedes salir por esa puerta y aquí no ha pasado nada.- Me dijo susurrando.- Pero viéndonos… creo que lo podemos pasar muy pero que muy bien.

    Si os soy sincero, no recuerdo muy bien lo que contesté. A lo mejor incluso no llegué a decir nada, pero lo siguiente que hice fue empezar quitándome la camiseta de malla, los zapatos y calcetines; tirándolos al suelo, y me acerqué a él para darle un buen morreo.

    Nuestros labios entraron en contacto tan apasionadamente que nos dejamos caer sobre la cama. Nuestras lenguas se entrecruzaban la una con la otra rozando entre sí.

    Poco después, Ethan se incorporó sobre la cama mientras yo permanecía boca arriba para seguidamente bajarme los calzoncillos y desnudarme así por completo.

    Mi polla estaba tan empinada que permanecía levantada en ángulo sin sujetarse en ningún lado. Ethan se acercó a ella, la agarró y empezó a masturbarme poco a poco.

    Sentí el tacto de su mano rodeándome la base de mi pene y moviéndola arriba y abajo haciendo que la piel de mi prepucio llegara hasta la punta.

    -Dios mío, es muy grande. Voy a intentar metérmela toda, a ver si puedo.- dijo poniendo los labios sobre ella, empezando a chupar la punta e introduciéndola poco a poco en su garganta.

    Sentía un placer inmenso. Notaba como la cabeza de mi polla se abría paso dentro de él entre paredes húmedas y lubricadas de saliva. Mientras yo le acariciaba los cabellos, el poco a poco lo introducía más tomándose pequeños momentos para respirar; hasta que le vi preparado, que fue cuando decidí ayudarlo a acabar su tarea agarrándolo de la cabeza mientras él me acariciaba los abdominales y sumergiéndolo todo hasta que mi pene desapareció en la boca de Ethan y con sus labios acariciando mi pubis.

    Él se la sacaba toda, lamía la punta como si fuese un caramelo y se la volvía a meter entera como si el juego consistiera en alcanzar la máxima profundidad de penetración posible. Por un momento, incluso se le pasó por la cabeza introducir mis huevos a la vez en su boca pero, tras un intento, se dio cuenta que sería tarea imposible. El pobre por poco se asfixia intentándolo.

    Estuvimos varios minutos así. Era un placer indescriptible. Su forma de succionar me hacía enloquecer y gemir de placer. Poco a poco sentía que me iba a venir en nada.

    -No te vayas a correr aun, que sólo acabamos de empezar.-Me dijo respirando con fuerza tras tomarse un descanso mientras proseguía masturbándome.

    -Lo voy a intentar. Pero no te prometo nada. Si seguimos a este ritmo no creo que pueda durar mucho… más…..- Le contesté quitando su mano rápidamente para no correrme.- Buff. Por poco.

    -Muy bien. Tu turno.- Me dijo bajándose sus calzoncillos y sentándose sobre mi pecho con su polla encañonando mi cara.

    Tenía un pene incluso más grande que el mío. Una flecha gruesa y larga, muy erecta y cubierta de venas. El bello, era apenas perceptible en todo su cuerpo (rasurado al 0 y rubio como yo)

    -¿Te puedo ser sincero?- le pregunté- Es mi primera vez con un chico. No sé… cómo…

    -No te preocupes. Déjate llevar.- Me dijo posicionando su pene sobre mis labios…

    En primer lugar le di un lametón para testear el sabor e ir probándome. Seguidamente seguí lamiendo de la base a la punta sin acabar de introducirla en mi boca; pero, apenas 30 segundos después, decidí metérmela. Tenía un sabor extraño, pero me encantaba ver al chaval sobre mí y su vaivén de cadera; así que agarré de su trasero para acompañar su movimiento mientras palpaba sus nalgas.

    Él poco a poco iba introduciendo más y más su polla en mi garganta hasta que sin previo aviso la metió hasta la base provocándome una arcada que me hizo empujarle con las manos hacia atrás.

    -Perdona. Es que casi vomito de la arcada.

    -Perdóname a mí, que te la he metido entera a traición. ¿Quieres intentarlo tú poco a poco hasta donde puedas? Agárrame del culo y estira hacia ti a tu ritmo y hasta donde puedas meterla.- Me dijo dándome un beso en los labios y reposicionándose de nuevo con la polla frente a mi cara.

    Le agarré del culo, tomé aire y fui estirando su culo hacia mí poco a poco mientras su pene iba trazando su camino hacia mi garganta. Sentía como me venían arcadas y espasmos en la barriga, pero cuando pude darme cuenta ya tenía mis labios en el pubis de Ethan. En esa posición, agarré de su cadera y empecé a moverlo unos centímetros atrás y adelante para que gozara como lo había hecho yo antes.

    No os voy a mentir; fueron unos segundos un poco agonizantes. Sin poder respirar, teniendo arcadas, sintiendo como mi garganta hacía ruidos cada vez que la polla de Ethan llegaba a la altura de mi nuez desplazándola hacia fuera, etc. Pero estaba tan excitado que era completamente sumiso.

    -Para ser tu primera mamada, has llegado mucho más lejos de lo que otros han aguantado… -Me dijo sacándola toda untadita de saliva.

    -Gracias.- Dije tomando aire y dejando caer mi cabeza sobre la almohada agotado.

    -Date la vuelta.- Me dijo volteándome y dejándome tumbado boca abajo.

    Ethan salió de la cama, se acercó a unas butacas que estaban en una equina de la habitación y cogió 3 cojines mientras yo le miraba con curiosidad. Se acercó de nuevo a la cama y posicionó los cojines uno sobre otro bajo mi a la altura de la pelvis.

    -Ponte cómodo.- Me dijo abriéndome las piernas y dejando mi culo levantado.

    A continuación, se tumbó él detrás de mí con su cara a la altura de mi culo. Ayudándose de las dos manos, agarró mis nalgas abriéndolas y dejando mi orificio al descubierto y empezó a lamerlo con delicadeza.

    Era una sensación escalofriante que nunca antes había sentido. Su lengua daba vueltas rodeando el perímetro hasta que sentí que intentaba introducirse por el centro. Era raro, pero me gustaba. Sentía humedad y presión.

    Poco después Ethan se incorporó, sacó de su maleta lubricante y me advirtió de que me relajase. Fue entonces cuando, después de tirar un chorretón de lubricante en mi agujero, empezó a introducir lentamente un dedo.

    Mi primera reacción fue cerrarme y apretar el culo inconscientemente a modo reflejo provocándome un poco de dolor y obligando a Ethan a sacarlo.

    -Relájate. Es normal. No te preocupes. La primera vez cuesta mucho y el cuerpo reacciona así. Por eso te he metido un dedo, para que el cuerpo se vaya acostumbrando poco a poco hasta que estés preparado.- Me dijo besando mi espalda.- Colócate boca arriba con las piernas flexionadas.

    Me puse en la posición que dijo dejando mi culo levantado al cielo por los cojines. Ethan de nuevo empezó a introducir un dedo y aunque mi reacción fue la misma, el impulso no fue tan fuerte permitiendo mantener el dedo dentro. Mi culo se abría y cerraba como si fuesen palpitaciones.

    Tras un minuto de permanecer con el dedo dentro y después de que mi ano se relajase un poco, Ethan empezó a meterlo y sacarlo con suavidad.

    -Creo que estás preparado para avanzar un poco más- dijo introduciendo un segundo dedo.

    El segundo no generó apenas complicaciones; pero, cuando intentó un tercero, me vino una punzada de dolor que me hizo soltar un quejido. Ethan rápidamente sacó ese tercer dedo y se mantuvo con los dos restantes dentro bastante más tiempo jugando con la profundidad, el vaivén y su velocidad. Finalmente, sin darme cuenta, Ethan ya había vuelto a introducir ese tercer dedo que se metía con fuerza en mi ano dilatándolo y lubricando bien las paredes del interior.

    -Tendrías que verte el culo. No creo que nunca haya estado así de abierto.- Me dijo

    A esas alturas ya había metido un cuarto dedo y su palma se deslizaba hacia mi interior hasta la parte inferior del dedo pulgar de su mano. Sentía una punzada de dolor cada vez que mi ano dejaba pasar sus nudillos hacia mi interior. Ethan lubricaba y lubricaba como si quisiese acabar la botella.

    -Creo que ya estás más que preparado- Me dijo sacando la palma, abriendo las nalgas y mirando bien el agujero abierto de par en par.- Pon la mano y sentirás lo abierto que está.

    Ethan se acercó a un tocador donde estaba su móvil y, mientras yo palpaba mi orificio, él me hizo una foto y un video de cuerpo entero desde los pies de la cama para enseñármelo.

    -¿Has visto lo hermoso que eres por fuera y por dentro?- Me dijo riéndonos los dos sorprendidos por el diámetro de apertura de mi ano.

    -Bueno. Creo que ya estás preparado. ¿Estás listo para que te folle?- Me dijo manteniendo la sonrisa picarona.

    -Sí, pero hazlo despacio y con cariño eh.- Le dije juguetón pero asustado.

    Ethan no se lo pensó dos veces. Pareció un niño a punto de estrenar su juguete nuevo. Se apresuró a colocarse con su pene frente a mi agujero mientras yo permanecía tumbado boca arriba en la misma posición.

    Empezó por introducir la cabeza de su pene y siguió poco a poco hasta meterla enterita. Sus trabajos de dilatación previos habían hecho muy bien su función porque no sentí ninguna molestia mientras centímetro a centímetro iba penetrándome. Aun así ese momento permanecí mirando a la nada (al techo), temeroso de sentir algún dolor.

    Con toda su carne dentro de mí, se incorporó tumbado sobre mi pecho y morreándome empezó a desplazar la cadera haciendo un vaivén de penetración. Aunque al principio sus movimientos eran lentos y pausados, fue cogiendo velocidad y fuerza. Notaba cómo su pene frotaba en mi interior provocándome tal placer que hasta deseaba que Ethan fuese más rápido y más duro.

    -Más rápido, Ethan. Más adentro.- Le decía gimiendo de placer

    -Como tú mandes mi príncipe.- Dijo aumentando su dureza

    -Sí… Sí… Así.- Le susurraba aireadamente.

    -Ponte a cuatro patas.- Me dijo sacándola.

    Me levanté poniéndome a 4 patas en la esquina de la cama y dejando mi culo a merced de Ethan, que ya se había colocado de pie para volver a meterla de nuevo hasta sus huevos. Sentía y oía su pelvis chocar contra mis nalgas con cada golpe de cadera. Su líquido preseminal goteaba de mi culo cada vez que la sacaba por completo de mi interior.

    Y yo, excitado y caliente como una perra, abría con las dos manos mi culo para que él apurase hasta el último milímetro de pene.

    La intensidad del placer se iba incrementando según iba pasando el tiempo hasta llegar a un punto que era incapaz de controlar mi cuerpo. Gemía, sentía escalofríos, se me tensaban los músculos, mi cadera se movía por si sola.

    -Ethan, más… más…

    Ethan lo entendió sin hacer falta acabar la frase. Empezó a taladrar tan apresuradamente mi culo, que me produjo tal orgasmo que me corrí sobre la cama saliendo una cantidad abismal de semen sin necesidad de tocar mi polla. Una de las mejores corridas de mi vida. Yo seguía gimiendo fuertemente con cada andanada de Ethan.

    -Tobi. Yo también me voy a correr.- Me dijo

    -Hazlo.

    -¿Dentro?

    -Sí. Puedes.- Le dije eufórico y caliente.

    -Mi príncipe. Estoy a tus órdenes.- me contestó.- Voy a rellenarte entero hasta preñarte

    Empezó de nuevo a taladrar con fuerza mi ano hasta que sentí como él gemía acabando dentro de mí. Al sacar su polla, chorreó toda su leche caliente derramándose de mi culo completamente abierto en canal. Su boca se apresuró a recoger todo el semen que iba saliendo de dentro de mi para tragárselo hasta no dejar ni una gota.

    Después de dejar mi culo completamente limpio, Ethan se acercó a mí para besarme, tumbarnos en la cama y achucharnos un buen rato mientras ambos recuperábamos las fuerzas.

    -Has estado espectacular- Me dijo.- No parece que haya sido tu primera vez.

    -Tú también has estado genial. Nunca me había sentido así de bien. El orgasmo me ha durado mucho más que haciéndome una simple paja.- Le contesté acariciándole sus cabellos mientras permanecíamos desnudos.

    Una hora después, cuando todo parecía haber acabado y yo estaba a punto de dormirme, Ethan se volvió a poner juguetón. De nuevo me volvió a dar un morreo, se bajó al pilón para chupar mi pene y, cuando ya estaba erecto, empezó a introducirse algunos dedos en su culo.

    -Te toca a ti ahora. Métemela toda.- Me dijo acercándose a mi pene y sentándose lentamente sobre él. Su culo apretado iba bajando mi pilón hasta que se ocultó en su interior. Movía su cadera dando vueltas y levantándola para aumentar la fricción con mi pene.

    Fue en ese momento cuando desperté y decidí llevar la iniciativa. Lo tumbé boca arriba con sus piernas sobre mis hombros y se la metí de un pollazo provocándole un gemido fuerte. Se la metía con la misma fuerza con la que él me había penetrado antes mientras él me miraba con cara de placer y excitación.

    Veía que desgraciadamente no tendría tanto aguante como él había tenido conmigo, así que decidí agarrar del pene de Ethan y masturbarlo para acabar los dos a la vez. Y así fue. Empecé a sentir como su respiración se aceleraba con la mía, aumenté mi velocidad de penetración, sus músculos se tensaron, su culo se apretó y se corrió sobre su barriga. Yo saqué mi pene de su culo y lo llevé a su boca para correrme dentro de ella mientras él succionaba y tragaba.

    De nuevo nos abrazamos en la cama.

    – Tobi, eres genial. Quédate conmigo esta noche.- Me dijo

    – Es que no sé si puedo. Se supone que estoy trabajando.

    – Mi tío no te pondrá ningún problema por quedarte a dormir conmigo. Además, no quiero que pienses que esto ha sido un simple polvo y ya está.

    – Para mí no ha sido un simple polvo. Si por mi fuera me quedaría aquí contigo toda la semana.

    -Toda la semana no sé, pero 3 días podríamos quedarnos.- Me dijo

    -Bueno. Empecemos por esta noche. Que primero tenemos que conocer un poco más de cada uno.- Le dije llevando los pies al suelo.

    Permanecimos gran parte de la noche hablando de nosotros, de lo que nos gustaba, de nuestras vidas, etc. Hasta que los dos caímos rendidos de sueño.

    A la mañana siguiente nos despertó “Le gérant”, que entró por la puerta sin máscara y sin avisar previamente. Ethan y yo seguíamos desnudos sobre la cama.

    -Señorito Ethan, su tío quiere que desayunen juntos- Dijo el gerente.- Los demás invitados ya se han marchado.

    Mi primera reacción fue coger uno de los cojines para taparme las partes, pero Ethan se levantó a por su ropa sin taparse ni nada, incluso rascándose una nalga descaradamente.

    -Pon un cubierto para Tobi también.

    -No sé si su tío estará de acuerdo…

    -Tobi está conmigo y, aunque sea pronto para definir nada, es mi amigo y mi tío entenderá que esté en nuestra mesa.- Dijo Ethan.-Por cierto, manda cambiar las sábanas y traed las cosas de Tobi aquí.

    -Lo que usted mande.- Contestó “le gérant” saliendo de la habitación.

    No supe qué decir. Todo había sido tan rápido que me parecía demasiado extremo el hecho de presentarme ante la familia de Ethan como alguien importante para él. Pero me hacía sentir querido esa forma de actuar, así que me dejé llevar.

    -Venga, vístete, desayunamos algo y luego nos volvemos aquí a jugar un rato más si te apetece- Me dijo acercándose a mi aún desnudo, quitándome de las manos el cojín que había utilizado para taparme y agachándose a besarme el pene.

    Le cogí la cara para acercarla a la mía y besarlo en la boca.

    -No sigas por ahí, que a este paso no vamos a ir a desayunar.- Le dije sonriendo

    -Ahí, en ese armario tienes varios trajes míos. Pilla el que más te guste y nos vestimos.

    Ethan y yo teníamos medidas similares, por lo que su ropa encajaba perfectamente con mi cuerpo. Elegí un traje Brioni, que me pareció elegante y adecuado para no desentonar frente al tío de Ethan, y nos fuimos al comedor privado.

    A partir de aquí los detalles de lo sucedido durante el desayuno no tienen importancia, solo comentaros que la frialdad con la que se había desarrollado la fiesta desapareció junto con las máscaras. Me trataron como uno más de la familia.

    Ethan y yo permanecimos los 4 días siguientes juntos, follando a todas horas. Su tío nos dejó la mansión para nosotros solos. El servicio también estaba por la casa, pero actuábamos como si no existiesen. Follábamos en la habitación, en el baño, en el bordillo de la piscina privada, en la sauna, en la entrada principal, etc.

    Uno de esos días Ethan ni se molestó en vestirse. Se levantó de la cama, me agarró de la mano y estiró de mí hacia fuera de la habitación sacándome. Ambos estábamos desnudo y, aunque me incomodaba ir así frente a desconocidos, ninguno de los sirvientes pareció impresionarse o avergonzarse. Poco después, tras desayunar, nos levantamos de la mesa y nos fuimos a la escalinata de la entrada a tomar el sol.

    Tumbados en el descansillo, el sol rozaba nuestras pieles desnudas calentándolas y haciendo que el bello de los brazos y las piernas se levantase. Mis dedos de la mano acariciaban el abdomen de Ethan trazando un recorrido ascendente hacia sus pechos. Ethan por momentos se excitó, levantándose su pene lentamente y quedar erguido. Entonces fue cuando me pidió que se la chupara. Bajé 2 escalones, él abrió las piernas y se la empecé a comer. De un momento a otro “le gérant” salió por la puerta pillándonos en plena faena y, aunque mi reacción fue parar avergonzado, Ethan me dijo que siguiese; que no pasaba nada, que no parase.

    -Tráenos lubricante.- Le dijo al gerente, que desapareció por la puerta hasta volver con lo que Ethan le había pedido.

    “Le gérant” permanecía a la espera mientras yo seguía chupándole el pene a Ethan.

    -Tobi, follemos un rato. Levanta.- Me dijo dándome la vuelta, lubricando sus dedos y empezando a meterlos en mi culo.

    Al estar follando cada poco tiempo, mi culo se dilataba mucho más deprisa; por lo que, sin haber metido casi los dos dedos, me hizo sentarme sobre su instrumento mientras él permanecía sentado en el escalón.

    Empecé a cabalgar su polla sintiendo como se metía en mi culo ansiosamente. Sentía un poco de escozor debido a la prolongada “fiesta” de los días anteriores, pero se sentía tan bien… Yo gemía con cada penetración. El sol caía sobre nuestras pieles haciendo mezclar el sudor, el líquido preseminal y el lubricante entre nuestros cuerpos. Ethan se lubricó la mano y devolvió el bote a “le gérant”, que se mantenía mirando la escena sin mediar palabra.

    -Tráenos unas bebidas y luego puedes retirarte.- Le dijo aireadamente, agarrando mi pene con la mano recién lubricada y empezándome a masturbar al ritmo de penetración.

    El gerente nos dejó unas limonadas frescas junto a unas mesitas de terraza con sillas de metal y se marchó adentro.

    Sin sacar el miembro de Ethan de mí, me di la vuelta para darle la cara mientras lo cabalgaba. Los dos respirábamos aceleradamente mientras nos besábamos. Volví a la posición inicial (de espaldas a él, un escalón más abajo y él abierto de piernas), que era la que mayor comodidad presentaba para los dos. Seguimos, seguimos y seguimos hasta que noté que me iba a correr. Sin que Ethan soltara para nada mi pene, siguió masturbándome hasta que se me tensaron los músculos, gemí y salió disparado un chorro de esperma que llegó hasta 5 escalones más abajo de nosotros.

    Unos segundos después, Ethan culminó también dentro de mí, dejando su pene dentro hasta que salió por sí sólo al ponerse flácido. Al principio no salió su semen de mi interior; pero, tras sentarme a su lado en el mismo escalón, tumbarme y tomar aire, poco a poco fue saliendo, derramándose de mi culo al escalón y a su vez goteando en el siguiente escalón. Había sido una corrida bastante abundante y líquida, porque dejamos una buena mancha de semen en la escalinata.

    Nos desplazamos a la mesita donde estaban las limonadas y me senté en una de las sillas de metal. Mi culo seguía goteando semen de la silla al suelo, pero “le gérant” compareció de nuevo para limpiar el estropicio que habíamos hecho en la escalinata y para ofrecerme unas toallitas húmedas de aloe calientes para limpiarme el ano y calmarme así la irritación de la penetración.

    -Puedes ir preparando otras toallitas de estas. Que antes de comer voy a ser yo quien las necesite.- Le dijo al gerente mirándome a mí y riéndose.

    -Déjame que recupere y luego te doy lo tuyo.- Le contesté agarrándome los huevos y guiñándole un ojo.

    La siguiente vez tampoco defraudó. Aunque se podría decir que fue casi una copia calcada del anterior polvo (cambiando los papeles), esta vez lo hicimos sentados en uno de los bancos del jardín para que nuestro semen cayera sobre el césped y no en una superficie que luego se tuviese que limpiar. “Le gérant” también estuvo en esa ocasión para acercarnos lubricante de nuevo e indicarnos que la comida ya estaba preparada, algo un tanto inapropiado cuando te la están comiendo.

    -No te preocupes, de momento yo voy servido.- Le dijo Ethan sacándose mi pene de su boca y sonriendo.- Retírate.

    Ya luego podéis imaginaros cómo evolucionó el polvo… Se la metí sin previo dedeo mientras él estaba a 4 con el pecho reposando sobre el respaldo del banco. Le di tan duro que por un momento me pidió que bajara el ritmo y me parara. Sentía sus espasmos anales presionando el tronco de mi polla. Proseguí con el vaivén de cadera más lentamente hasta alcanzar de nuevo velocidad de crucero. Sacaba de vez en cuando mi pene para observar su ano completamente dilatado y escupir en su interior. A los pocos minutos, sabía que Ethan ya estaba a punto de caramelo por sus gemidos cada vez más agudos y aireados; entonces, decidí darlo todo. Aumenté la velocidad de cadera, la sequedad de los golpes y la profundidad de penetración, hasta que los huevos de Ethan descargaron la poca leche que había dado tiempo a generar seguido de un gemido fuerte y desgarrado mientras yo pellizcaba y frotaba sus pezones con los dedos. Fue tal el orgasmo que sintió, que sus piernas se quedaron temblando y sin fuerzas por segundos. Mientras él se quedaba como un flan, aproveché para meterlo más y más. Apretaba su barriga para sentir cómo mi rabo trazaba su camino por dentro de Ethan mientras él seguía gimiendo. Finalmente no pude contenerme más y rellené su interior de corrida calentita.

    Nos besamos apasionadamente sobre el césped mientras mi leche iba saliendo del culo de Ethan y finalmente, cuando el goteo viscoso hubo terminado, nos levantamos para irnos a dar una ducha e ir a comer. Esa sería el último polvo de esos increíbles 4 días, ya que, poco después de acabar el postre, “Le gérant” nos avisaría de la llegada inminente del tío de Ethan.

    Ya era hora de volver a casa y recuperar la normalidad, pensé. Ethan se propuso llevarme a casa en su coche (un Lamborghini aventator) y durante el trayecto (esta vez mucho más rápido) se me pasó por la cabeza la gran diferencia que había en el viaje de ida y de vuelta. Todo había empezado muy frío, con nervios e inseguridad; y ahora volvía a casa lleno de vida. Mientras hablábamos, cada vez me daba más cuenta de que Ethan me hacía sentir feliz y que lo quería. Nadie me había aportado tanta seguridad en tan poco tiempo; incluso estaría dispuesto a comérsela en ese momento mientras conducía, algo impensable 4 días antes.

    Mis compañeros de piso andaban bastante preocupados. Se suponía que tenía que volver la misma noche que me fui, pero… 4 días después seguía sin aparecer y sin dar señales de vida. Estaban por llamar a la policía. No contestaba a mi móvil ni a los mensajes porque, claramente, estaba ocupado (bueno, ya sabéis porque).

    Cuando llegué, JJ estaba en la terracita mirando en dirección a la calle. Al verme bajar de ese cochazo, llamó a los demás compis que sorprendidos miraban hacia mí sin que yo me hubiese percatado. Ethan bajó del coche, se acercó a mí y me plantó un beso con lengua apasionado y con un breve magreo de manos en mis nalgas.

    -Hablamos por teléfono esta noche. Recupera fuerzas y, si quieres, mañana nos podemos volver a ver.- Me dijo Ethan, mirando arriba hacia mis compañeros de piso y haciéndome mirar riéndose.- Creo que nos vigilan.

    – Te quiero, Tobi. Ya hablamos.- Me dijo despidiéndose con un piquito y marchándose con el coche.

    Los 3 me miraban desde la terraza poniendo caras de incrédulos y de sorpresa; a lo que yo contesté levantando los hombros en señal de “es lo que hay señores”.

    Claramente, al entrar por la puerta de mi piso, tuve que dar muuuchas explicaciones. Primero explicar que me gustaban también los tíos, luego explicar quién era Ethan y por qué había estado tanto tiempo fuera incomunicado. Y, aunque al principio fui reacio a contar la historia, finalmente cedí hablándoles de lo sucedido durante la fiesta y posteriormente. Ninguno me echó en cara mi orientación ni mis acciones, sólo se quejaron de que no hubiese avisado de que no volvería hasta pasados unos días.

    Y bueno. Con Ethan pasaron muchas cosas más, pero creo que contaros los siguientes días y semanas de aventura harían este relato más largo de lo que ya es; por lo que dejaré un punto y seguido para, si eso, más adelante poder acabar mi historia. Sólo decir que esa fiesta fue, en parte, el detonante de lo que soy hoy. Y… que… de ella conservo la excitación y una máscara que me recuerda que todo aquello, aunque lo pareciese, no fue un sueño.