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  • No se lo esperaba

    No se lo esperaba

    Hace tiempo tuve una amiga con la que me veía de vez en cuando para platicar. Yo le decía que me la quería coger, ella no quería, decía que no buscaba eso.

    Era simpática, morenita, cabello negro, risueña, aún que algo gordita. De todas maneras se la quería meter.

    Una vez nos vimos cerca de una estación del metro, ya noche. Nos sentamos en una jardinera, estaba obscuro. Me desabroché el pantalón y le dije: mira, lo que no quieres! La agarro con una mano y solo se le quedaba viendo sin decir nada. Yo le decía: es para ti Pero no pasaba de eso, hasta que una vez ella sola me pidió que la llevara a algún lado, solo para fajar, pero que llevará condones por si se animaba a coger

    Le dije que un amigo tenía una casa sola, que la podría llevar ahí Me dijo que si, la esperé en el centro muy temprano, pasé por ella y nos fuimos a la casa que estaba sola.

    Al entrar a la casa la bese, levanté su blusa, se la quité junto con el brasier, me desabroché el pantalón y me saque la verga. Se agachó a chuparla y yo le decía: los huevos mami, chúpalos!

    Lamió mis huevos, mi verga, lo hacía rico… La tire al piso y quite su pantalón de vestir, quite su calzón. Su vagina totalmente depilada le di unas lamidas y luego se la metí, así sin condón. Gemía fuerte, yo encima de ella metiéndosela bien rico. Después se montó en mí y se movía rico, así estuvimos un rato. Se levantó y se recargo en la escalera, me puse detrás de ella y se la metí así, mi verga estaba bien dura, le daba fuerte y de repente se la saqué de la panocha y sin pensarlo se la metí de un golpe en el ano. Dio un gemido fuerte y se dejó caer en los escalones, le abrí el culo con mi verga y le empecé a dar fuerte por un rato hasta que me vine dentro de su ano. Se levantó temblando y se sentó en el sillón, sonreía y me decía: siempre había querido que alguien me la metiera por atrás La fui a dejar cerca de su casa y antes de bajarse le pregunté: te gusto por atrás? Sí, mucho. Contestó.

  • Adrián, familia y placer (Parte I)

    Adrián, familia y placer (Parte I)

    Adrián vivía con su familia en la ciudad de Cali Colombia, tenía 20 años, cabello negro y ojos marrones,  era un chaval muy guapo, iba 5 días por semana al gym y tenía muy buen cuerpo, le gustaba mucho jugar al fútbol y estaba en la Universidad estudiando biología marina, tenía pocos amigos y una novia que era preciosa pero no quería mucho, follaban en casa de ella casi todos los fines de semana.

    Raúl el padre de Adrián, era español, tenía 54 años, era casi idéntico a su hijo, pero ya tenía barriguita, Sandra su madre, tenía 43 años, caleña, era una rubia tremenda, de ojos verdes esmeralda, cara hermosa y un cuerpazo, 94-62-98, Catalina la hermana mayor, también estaba de infarto era igual a su madre, también rubia, tenía 22 años, era hermosa y destilaba sexo por los poros, tenía a más de uno loco por ella, Adriana la hermana gemela, era preciosa, tenía lógicamente 20 años igual que su hermano, también cabello negro, era la versión femenina de Adrián, siempre fueron muy unidos hasta cierto día, que más adelante comentaremos, por último estaba Alejandra, la menor, tenía 18 años, cabello castaño y ojos azules zafiro, era la consentida de casa.

    Lorena la novia de Adrián, estaba embobada de su novio, tenía un gran motivo para estarlo, un motivo de 23 cm!

    Aunque Lorena era preciosa, Adrián no entendía porque sentía poco amor por ella, ya que Lore lo mimaba, estaba siempre pendiente de él, tal vez la razón de Adrián, fuese que desde el día que la presento en casa como su novia, la relación que él tenía con Adriana, empezó a fisurarse, al principio Adrián no le dio mucha importancia, ya que no comprendía el porqué, hasta que cierto día Adriana llevo a casa su primer novio, esto no le gustó para nada a Adrián, pero después de esto razonó y se dio cuenta para su sorpresa, que sentía celos, por primera vez, ni su novia que estaba tan buena y que tenía varios buitres detrás de ella, le despertaron celos antes.

    Los gemelos que dormían en la misma habitación, en camas separadas, habían llegado al punto de no hablarse para nada, pero todo cambió un día. Era un sábado en la tarde, solo estaba en casa Adrián que justo ese fin de semana no fue para donde su novia, ya que la chica estaba en sus días, aunque ella quería estar con él, al chico le dio pereza y prefiero quedarse en casa viendo fútbol en la tele de su habitación, cuando llegó su hermana que se suponía no volvería hasta tarde en la noche, Adrián se sorprendió, ya que la chica llegaba en un mar de lágrimas y sin dirigirle la palabra se tiró en su cama boca abajo y se puso a llorar a cántaros, el chico intento no prestarle atención, pero ver a su querida hermana en ese estado lo conmovió mucho, no aguanto más y se fue a consolarla.

    Adrián se sentó en la cama de su hermana, y empezó a acariciar su cabello.

    – Qué te pasa Adri? Contame por favor!

    – Nada Adrián, déjame sola porfa!

    – como se te ocurre, me duele mucho verte así, además no aguanto más que ya no nos hablemos, decime que te paso?

    Adriana giro su cabeza, y lo miro directamente a los ojos, se veía tan hermosa y tierna, y empezó a contarle su hermano el porqué de su congoja.

    – Es que termine con Carlos!

    – eh y por eso estás así? Si solo llevan 3 meses de novios, no es para tanto!

    – calla bobo, que no es que me duela no estar con él!

    – y entonces que pasó?

    – prométeme que no le vas a decir nada, ni le vas a pegar!

    Adrián se puso como un energúmeno y se levantó de la cama, pero su hermana lo agarro fuerte del brazo y le gritó!

    -espera hombre, déjame hablar!

    E hizo que su iracundo hermano se sentase otra vez, ella sabía muy bien de que era capaz su hermano, pues muchas veces antes le había propinado varias golpizas a los tontos que se sobrepasaban con su hermana.

    -bueno, contame qué pasó!

    -que ahora en la tarde que estaba con el imbécil ese, no me lo aguanté más y pues le dije que no quería seguir viéndolo!

    -y que pasó entonces para que estés así?

    -pues el subnormal ese no lo tomo a bien y me dijo que era una gran perra frígida, y que porque le había hecho perder su tiempo!

    Adrián estaba que estallaba, pues amaba a su hermana y si algo le pasaba a ella, era como si lo hicieran a él, ya que normalmente los gemelos son muy unidos!

    -pero no creas que lloro por lo que me dijo el imbécil ese, mis lágrimas son por otra razón!

    -y porque entonces?

    -es que me di cuenta que amo a otra persona!

    -y quién es el afortunado? – le dijo irónicamente su hermano

    -es que no te lo imaginas tontito?

    Adrián se quedó mirándola, ignorante de sus palabras.

    -de vos Adrián, de vos, no quería aceptarlo, pero así es, solo vos me gustas, y lloro porque sé que está mal, lloro porque sé que vos no pensas igual!

    Su hermana volvió a darle la espalda y se puso a llorar nuevamente.

    Adrián paso de tener una rabia enorme, a quedar totalmente perplejo, ya que él también sentía lo mismo por ella, pero no había sido capaz de reconocer semejante sentimiento, igual que su hermana, sabía que estaba mal y que era imposible pensar en ella de esa forma, pero ahora que Adriana había sido mucho más valiente que él, el chico se acostó en la cama y empezó a abrazarla!

    -yo también te amo Adri!- le susurró al oído!

    Adriana se volteó lentamente y sus rostros quedaron frente a frente, se quedaron mirándose unos minutos y Adrián que tenía a su preciosa hermana ante si, tan cerca, sin darse empezaron a besarse intensamente, ambos sabían que no debían hacerlo, pero el deseo fue más grande que las barreras de lo prohibido, y así se estaban perdiendo en una lujuria total!

    Adrián le manoseaba el par de perfectas nalgas que tenía su hermana en su ajustado jean, mientras ella le ponía su mano izquierda sobre el pecho a su hermano, el morbo iba en aumento, luego Adrián se puso encima de su hermana sin dejar de besarla en los labios, fue bajando por su cuello, le quitó la blusa blanca que tenía y el top del mismo color, y ante sus ojos estaban el par de melones más perfectos que hubiese visto jamás y sin demora los empezó a lamer y devorar mientras los estrujaba con pasión, su hermana no cabía de la emoción, le gustaba mucho lo que su hermano hacía, después continuó bajando por su abdomen con su lengua, después se irguió para desabrochar el jean, Adrián estaba en bermudas y su enorme paquete estaba por reventar, Adriana que abrió los ojos se asustó un poco, porque le pareció que el mercado de su hermano era un poco grande!

    Después de quitarle el jean y la tanga negra, Adrián estaba más cachondo que nunca, estaba viendo por primera vez el coñito afeitado de su hermana, era hermoso, unos labios rosados medio gordetes, estaba muy mojadita la cachonda de su hermana, inmediatamente empezó a comerle el coño que le sabía a gloria, su lengua realizó movimientos giratorios en el clítoris de su hermana, que estaba loca de placer, después metió la lengua en esa rica caverna, mientras sus dedos jugaban habilidosamente en su clítoris, recorría todo el espacio del coño como si hubiese un mañana, Adriana estaba teniendo su primer orgasmo, no podía creer el enorme placer que su hermano le estaba dando, le siguió un temblor de piernas y agarro la cabeza de su hermano con fuerza!

    -ay hermanito, me estás volviendo loca, que gusto!

    Adrián sentía como los jugos de su hermana le llenaban la boca con ese dulce néctar, era mucho más rico que el de su novia, además el morbo de saborear lo prohibido lo tenía a mil!

    Adriana se irguió besando a su hermano en los labios y probando sus propios jugos del amor, también estaba muy cachonda, y empujando a su hermano, hizo que este su recostase boca arriba, le quitó la camiseta, las bermudas y salió a la luz una polla descomunal, de unos 23 cm, bien gorda y venosa, su hermana casi se desmaya!

    -ay hermano, que pedazo de carne te gastas, por dios!

    Era mucho más grande que el de su exnovio, que media unos 15 cm, Adriana le agarro el chorizo y empezó a besarlo y pasarle la lengua por todo el capullo, Adrián estaba en éxtasis total, ver a su preciosa hermana con su polla en la boca, era lo máximo, su hermana lamía todo el tronco y hasta los huevos, después intento meterse toda esa tranca en su boquita, pero aunque hizo su mejor esfuerzo, no le cabía toda, se estaba tragando la mitad del enorme mástil de su hermano y lo disfrutaba demasiado, subía y bajaba su cabeza por la polla de su hermano, mientras con una mano le masajeaba la polla, sus dedos no se alcanzaban a cerrar en torno a ella, Adriana no podía creer el tamaño que tenía el falo de su hermano, devoraba con gran placer hasta que Adrián no aguanto más!

    -me vengo hermanita, que me corro!

    Y así sin sacarla de su boca, su hermana estaba tragando toda la leche de su hermano, se le resbalaba la semilla prohibida por la comisura de los labios, pero ella muy golosa se tragó la mayor parte, que por cierto era bastante, y la verdad que no se esperaba que le gustará tanto, ya que la única vez que probó la de su exnovio, no le gustó para nada!

    -ay hermanita, que rico lo hacés, mm!

    Después cogió a su hermana y se volvieron a besar, Adriana encima de su hermano, se devoraban, en un beso con lengua, que los tenía a mil, al par de jóvenes, 5 minutos después de manosear se mutuamente y besarse como locos, Adrián volvía a estar como una piedra, cosa que su hermana notó y le dijo:

    -metemela por favor, pero con cuidado, que la tenés como un burro!

    Y Adriana se sentó en el pollón de su hermano, con un poco de dolor, pero mucho placer, empezó a cabalgar como nunca lo había hecho, le daba unas embestidas tremendas, a medida que su coñito se iba ajustando a ese enorme pedazo de carne, que placer sentían los gemelos, ella sentada en el tronco de su hermano, este agarrando las tetas de está, polla va y polla viene, después de unos 10 minutos de sentones de sentones, cambiaron de posición, su hermana se puso en 4 levantando y ofreciéndole tremendo culo a su hermano, Adrián agarro su tronco y poco a poco lo deslizaba por el coñito húmedo de su hermana, empezaron las embestidas suavemente, Adrián cogía con sus manos el par de cachetes de su hermana y le hundía a profundidad su enorme polla, su hermana que estaba como perra en celo, tuvo que morder la almohada para no gritar como una posesa, después de otros 10 minutos de mete y saca, los hermanos se corrían al mismo tiempo!

    -ay me vengo hermanito, cógeme toda, lléname de tu deliciosa leche!

    -mm si, hermanita, tómala toda, que ricoo!

    Y así le dejo el chochito lleno de su caliente semilla!

    Se quedaron un rato abrazados, sudorosos y dándose algunos besos, en la cama de Adriana, la habitación olía a sexo salvaje!

    Después se dijeron lo mucho que se amaban y que tenían que seguir haciéndolo, pero en el mayor de los secretos, se juraron amor eterno y al poco tiempo Adrián terminó con su novia y tuvo más días para estar junto a su hermana, hasta un día fatídico.

    Continuará…

  • La confesión de Juan

    La confesión de Juan

    Después de esa noche en que mi esposa y Juan disfrutaron de sus cuerpos.  Por la noche regresamos de nuevo a la ciudad.

    Juan se despidió de nosotros, en especial de Carmen. Obvio sabían que yo estaba enterado que habían pasado la noche juntos, pero no se habló de tema. 

    A la siguiente semana recibí un mensaje de Juan para hacerme una invitación a un bar de la zona, acepte ya que la semana laboral estuvo algo estresante.

    Ya después de instalados y algunos tragos, le pregunte a Juan por esa noche en la casa de campo, a lo que me respondió que sabría que preguntaría sobre ese día. A lo que le conté que ese día había visto todo, por la venta y que también había visto como en la piscina se estaban tocando. 

    Juan contestó: si me di cuenta que nos veías por la ventana de echo carme, también te vio pero decidimos seguir con lo nuestro, te soy sincero me gusta mucho tu mujer y fue una fantasía echa realidad estar con ella, en verdad que es muy puta en la intimidad y eso me gusta, no pensé que fuera tan buena chupando verga, y menos pensé que me entregaría su culito. En ese momento era mi mujer y la disfruté como no tienes idea. Me gusto ver como gemía a cada que se la metía y ella pedía más de mí, sentía como se mojaba y como tenía contracciones su vagina, cada que tenía un orgasmo se aferraba a mi cuerpo con fuerza y solo sentía como temblaba.

    Lo más rico fue al día siguiente cuando saliste con los niños, escuchamos cuando cerraste la puerta y fue allí donde nos besamos y pegamos nuestros cuerpos desnudos, ella no dudo en pegarme un sexo oral mientras yo le acariciaba su vagina que ya estaba húmeda, ella sola me recostó y se montó sobre mí, se dio de sentones hasta que sentí como de su vagina escurrían sus fluidos, no paraba de gemir y decir que le encantó. Mientras se recostó se coloca boca abajo y le pegue una chupada de cola y vagina al mismo tiempo , al poco tiempo me dijo que quería sentirme de nuevo, salió de cuarto y regreso con un bote de lubricante, me unto un poco sobre la verga y luego ella se unto sobre su culo, se puso en cuatro y me pidió que se la metiera, al principio se quejó pero después ella sola se pegaba a mi cuerpo diciendo «hazme tuya y vente en mí, quiero que te vengas dentro mi amor» sus palabras me pusieron a mil y acelere las embestidas hasta pegarme a ella con fuerza y vaciarme por completo gruñí como animal al momento llenar sus intestinos con mis chorros de seme, me despegue de ella y vi como escurría de su interior mis espermas. Note como tenía su culo rojo y lleno de semen. Era una auténtica putita a mi merced.

    Después de terminar quedamos rendidos en la cama, ella se paró y se salió del cuarto desnuda, y dice me voy a bañar, pasaron unos minutos y la alcance en la regadera, debo confesar que sentía temor de que llegaras con tus hijos pero me gano más el querer estar de nuevo con tu esposa, ya en la regadera nos besamos como si fuéramos marido y mujer. En la regadera solo nos echamos otro rapidez antes de que llegaras, pero esta vez me vine en su vagina.

     Solo puedo decir que disfrute mucho de Carmen y que espero que nada cambie entre ustedes.

    Lo que me había contado Juan me había puesto mi caliente, por lo que cuando llegue a casa me pegue un señora jalada de Verga…

  • No quiero enamorarme

    No quiero enamorarme

    Febrero del dos mil trece fue muy estresante, el jefe de logística de la fábrica falleció de repente y tras el consabido periodo de luto, la empresa publicó las especificaciones para ocupar la plaza y a pesar de que llevaba poco más de un mes como encargado me presenté, el puesto me elevaba al nivel de mi jefe en expedición, eso suponía un salario muy elevado aparte de un plan de pensiones muy completo y un seguro médico que prácticamente lo cubría todo, incluso seguro dental. Soy diplomado en empresariales, había hecho un máster en logística y gestión de la cadena de suministros en la universidad y había obtenido el título de Técnico Superior en Transporte y Logística de la Junta de Andalucía, además tengo el B2 en inglés, estaba de sobra capacitado. Tuve que realizar varios viajes a Madrid a la sede central de la compañía donde me hicieron varias entrevistas, pase un mes muy duro pero al final, cuando me comunicaron que el puesto era mío todo mereció la pena, pasaba a la “planta noble” de la fábrica, aunque lo de noble es un decir nunca he visto tantas puñaladas traseras, un edificio de oficinas rodeado de jardines donde ocupé un enorme despacho, pasaba a depender directamente del director comercial y tenía a mis órdenes al jefe de tráfico.

    Santiago me invitó a acompañarle a un duatlón ese fin de semana y como mi mujer tenía guardia acepté, así me despejaría un poco antes de hacerme cargo de mi nuevo puesto, me esperaba una tarea complicada hasta que me pusiera al día.

    Quedamos en su casa muy temprano, como era en un pueblo cercano de la provincia de Huelva iba el mismo día, en la puerta había aparcada una Mercedes sprinter negra de cuatro puertas, era una preciosidad con los cristales oscurecidos y las llantas de aleación.

    – Holaaa – Santiago estaba dentro de la furgoneta.

    – Hola.

    – Te lo montas bien ¿es tuya?

    – Sí, era una ambulancia, la compré en una subasta de una empresa que dio en quiebra.

    Estaba muy bien acondicionada, era de techo alto así que cabíamos de pie, tenía un soporte para llevar hasta tres bicicletas, en ese momento estaba sujetando la de montaña ya que el duatlón era de cros, tiene otras dos, una de ruta con adaptaciones al triatlón y otra específica para triatlón, las tres son Orbea, por lo visto un dineral en bicicletas. En la furgoneta llevaba repuestos y herramientas para solucionar cualquier imprevisto que le surgiera aparte del equipo personal, incluso me comentó que algunas veces había dormido en ella poniendo un colchón hinchable.

    La competición fue bien, Santiago estaba contento, había quedado cuarto en su categoría pero el nivel según me contó era muy alto, almorzamos en el pueblo y volvimos para casa.

    La furgoneta tiene tres asientos delante, a la ida yo me había sentado en el mas próximo a la puerta pero a la vuelta me senté junto a Santiago, se había cambiado para almorzar pero no se había duchado, se había secado con toallas y se había colocado un chándal, yo lo había presenciado, su piel negra brillando húmeda me había excitado mucho y ahora iba sentado a mi lado oliendo a sudor y eso me ponía muy cachondo, además, no cataba una polla desde enero, cuando estuve con Juana y Chema.

    Me incliné hacia él y metí mi mano por el chándal, agarré su polla y la saqué.

    – ¿Qué haces?

    – Shhh, calla y conduce.

    – ¿Cómo voy a conducir…?

    Aquello comenzó a responder a mis caricias, empezó a crecer y a adquirir dureza.

    – Joder, ¿no puedes esperar?

    – No, estoy caliente como una perra.

    – Nos vamos a matar.

    – Pues para

    – ¿Y dónde paro? Vamos por la autovía.

    – Ahí delante hay un área de servicio.

    Yo seguía manoseado aquella polla que estaba ya en todo su esplendor, notaba la excitación de Santiago y los esfuerzos que hacía por concentrarse.

    – ¡Joder!

    Entró en el área de servicio, rebasó la gasolinera y estacionó cerca de la salida, nos bajamos y entramos en la caja de la furgoneta, en cuanto cerró la puerta me quité las zapatillas, el pantalón y el slip quedando desnudo de cintura para abajo, el se despojó también de la parte inferior del chándal, su polla saltó hacia adelante.

    – Vamos, fóllame.

    Le di la espalda, apoyé las manos en la pared de la furgoneta y me incliné ofreciéndole mi culo, él se escupió en la mano y aplicó la saliva al ojete, lo acarició con un dedo y lo introdujo con facilidad.

    – Déjate de dedos, quiero tu polla.

    Volvió a aplicarme saliva, me agarró por las caderas, colocó el glande en mi esfínter y tiró de mía la vez que apretaba, mi culo se fue abriendo para dar paso a su pene, las piernas me temblaron al superar la resistencia de mi agujero.

    – Ooohhh, diosss.

    – Siii, métela toda, toda a aahh.

    – Uffff, que culo.

    – Dame, dámela.

    Muy despacio, como siempre hacía Santiago las cosas, fue metiéndome la polla hasta que noté su pubis pegado a mi culo.

    – Siii, así ooohhh, siii.

    – Ay amor, que culo tienes.

    Me levantó el jersey y la camiseta que tenía puestas hasta pasármelos por encima de la cabeza dejando mi espalda al descubierto, se pegó a mi y comenzó a besármela, me daba bocados y me la recorría con su lengua.

    – Muévete, dame fuerte, rómpeme el culo.

    Comenzó a meter y sacar su polla, lentamente al principio para ir incrementando el ritmo, sus manos se aferraban a mis caderas, resoplaba y gruñía mientras mi esfínter se abría y oleadas de placer recorrían mi cuerpo haciendo que mis piernas temblasen.

    – Plaf plaf plaf.

    – Ay, ay amor, ay que polla.

    – Plafplafplaf.

    – Ay, ay que rico ay mi culo ay

    – Shhh, que nos van a oír.

    – Me importa una puta mierda a aahh, que me oigan, ay mi culo, ayyy

    – Plafplafplaf.

    – Ay que rico, ayyy.

    – Me corro Einar, me corro, ooohhh.

    Metió su polla hasta los huevos, cuando noté su rigidez apreté el esfínter para notar las contracciones al correrse, comenzó a besar mi nuca y mi espalda, pasó su mano adelante agarró mi pene y comenzó a pajearme.

    – Ay amor, ay sí, si.

    No tardé mucho, mis piernas temblaron cuando comencé a soltar mi leche cayendo sobre el suelo de la furgoneta.

    – Ooohhh.

    Quedamos así, unidos, hasta que su polla comenzó a menguar y se salió de mi culo, un chorro de semen cayó por mis muslos.

    – Vamos a tu casa, no creas que has terminado, esto sólo me ha puesto más cachondo.

    Cuando salimos de la furgoneta había varios coches estacionados cerca, la gente nos miraba, el jaleo y el vaivén debían de haber llamado su atención, nos montamos y nos fuimos de allí rápidamente.

    Camino a su casa sentía como mi pantalón se iba mojando con la lefa que salía de mi culo, también notaba ese escozor que te queda en el esfínter cuando te lo abren y te sientas, me encanta esa sensación, apenas hablamos, ambos queríamos llegar lo antes posible.

    Estacionó la furgoneta y ni siquiera la descargamos, Malabo, su Golden Retriever nos recibió en el jardín, nos detuvimos el tiempo justo y entramos en casa, en cuanto la puerta se cerró, nos besamos con pasión, nuestras lenguas se encontraron.

    – Ven – Santiago me agarró de la mano y me hizo seguirle.

    – ¿Dónde vamos?

    – Calla.

    Subimos y entramos a su dormitorio, llegamos hasta el baño, tenía una cabina de ducha enorme, abrió el agua, la reguló, se desnudó y entró, me indicó que le siguiera, el agua caía desde arriba como la lluvia, me empujó contra la pared haciendo que apoyará mi espalda, me besó, mordió mis labios y yo hice lo mismo con los suyos, bajó por mi cuello con su lengua hasta llegar a mis pezones, los lamió mordió y chupó, continuó bajando, jugueteó en mi ombligo con su lengua y llegó a mi polla.

    – Ooohhh Santiago.

    La cogió y deslizó la piel hasta dejar al descubierto el glande, lo lamió y se lo metió a la boca, agarró mis huevos y comenzó a hacerme una felación, empecé a mover las caderas follándome su boca.

    – Sí, siiii.

    Chupaba mi polla con ganas, se la tragaba entera hasta que sus labios tocaban mi pubis.

    – Ven

    Le tomé por los brazos y le hice alzarse, volvimos a besarnos, poco a poco le fui girando hasta que me dio la espalda, tomé la esponja y el gel de baño y comencé a enjabonarlo, el contraste de la espuma blanca con su piel negra me excitaba mucho, le di entre sus piernas hasta llegar al año, solté la esponja y continué con la mano, ayudado por la espuma le introduje un dedo dilatando su esfínter.

    – Oh dios mío.

    – Sí, corazón. – soy muy vulgar cuando follo peo con Santiago no me sale.

    – Quiero que me folles ya.

    Continué dilatándolo, volvió la cara y nuestras bocas se volvieron a encontrar, nuestras lenguas jugaron, colocó las manos en la pared de azulejos, inclinó la espalda y me ofreció el culo, le tomé por las caderas, mi polla apuntaba a su esfínter, muy despacio apreté hasta que supere la resistencia y mi glande entró.

    – Oohh Einar…

    – ¿Te duele? – besé su espalda.

    – Sigue, por favor.

    Continué metiendo mi pene en su culo muy despacio hasta que mi pubis tocó sus nalgas, esperé a que se adaptará al tamaño de mi miembro.

    – Oohh amor.

    – Santiago…

    – Fóllame, hazme tuyo.

    Comencé a moverme lentamente al principio metiendo y sacando mi polla para ir aumentando el ritmo.

    – Sí, oh sí mi amor sí.

    – Ah, ah, ah. – a cada embestida mía se me escapaba un suspiro.

    – Sí, siiii.

    – Plaf plaf plaf.

    – Ay que rico, ay, ayyy.

    Continué enchulándolo, el agua nos caía por encima, Santiago suspiraba, incrementé la velocidad.

    – Sí, si siii.

    – Plafplafplaf.

    – Ay que me corro, me corro Einar, me corrooo.

    Noté las contracciones de su esfínter cuando se corría.

    – Plafplafplaf – continuaba moviéndome.

    – Ay mis piernas, ay Einar, mis piernas, no me sostienen, ay como me tienes.

    – Uffff, me corro Santiago, me corro.

    – Sí, lléname de leche, si, siii.

    Agarraba sus caderas con fuerza, clavé mi polla hasta lo más hondo y vacié mis huevos en sus entrañas, largué tres o cuatro trallazos de leche en su culo,

    – Oh dios Einar…

    Mi polla salió, se dio la vuelta y nos abrazamos besándonos con pasión.

    – ¿Santiago, entiendes que estoy casado y que lo último que quiero es una relación?

    – Sí Einar, lo sé…

    Volvimos a besarnos, nuestras lenguas volvieron a encontrarse mientras el agua nos caía por encima.

  • Rico viaje a la playa

    Rico viaje a la playa

    Mariana y yo seguíamos con una calentura sin límites, a pesar de ser tan estrecha, buscábamos la manera de pasarla bien y cada momento a solas era para aprovecharnos de besarnos y tocarnos como locos, no había mañana para nosotros. Se acercaba Semana Santa y me dijo para que fuese con su familia a la playa, ya conocía a la mayoría y les caía muy bien, ellos a mí también, así que era un gran plan.

    Llegó el día de la salida y nos fuimos, íbamos su mamá, el hermano menor de Mariana, mi amada y yo, en Río Chico nos esperaría su hermana mayor y el novio, que no había aún conocido, posiblemente iría la pareja de mi suegra, luego me indicó Mariana que el tipo era casado y la cosa no era tan color de rosa como lo pintaba, aunque el tipo era un sujeto muy conversador y buena onda.

    Bueno, llegamos al destino, allí estaba mi cuñada una mujer de unos 30 años, voluptuosa, senos y nalgas grandes, caderona, de piel blanca y una sonrisa encantadora, súper amigable, su novio todo lo contrario, amargado, todo le ladillaba, la verdad los polos opuestos se atraen, pero bueno si ella era feliz, quién es uno para criticar, eso fui percibiendo de su novio, que no era fácil de pasar. Nos acomodamos, el hermano menor, de una se quería ir a la piscina, así lo hizo, entonces mi suegra dijo que iría con su hija mayor a comprar comida, entre otras cosas, me ofrecí a acompañarlos, pero dijo no era necesario, que fuésemos a la piscina también, por lo que salieron quedando por primera vez solos mi amada y yo.

    Nuestras miradas sabían lo que pasaría, nos empezamos a besar con lujuria, ella llevaba unas bermudas, que le quité mientras ella ya había sacado su traje de baño para colocárselo, la dejé en ropa interior, usaba un hilo, que se notaba empapado de nuestros besos, chupé sus senos enormes, siempre suaves, con un olor exquisito, sus pezones creciendo divinamente en mi boca, aprovechaba disfrutarlos, retiré el hilo y vi su cuquita afeitada, ella solía tener algo de vello, pero por ir a la piscina, estaba sin nada de vellitos y me dio mucho morbo, empecé a mamar rico, se contorneaba, me pegaba la cara a su cuerpo, y su flujo delicioso, dulce, me cautivaba; bajé a su culito, lo olí y empecé a chuparlo, ella no quería dármelo, pero una buena mamada siempre hay que darla, además que es algo que me encanta, seguí mamando un rato hasta que empezó a gritar en medio de un rico orgasmo, dándome ese manjar en mi boca. A los minutos de recuperarse, me dijo que el hermanito podía subir en cualquier momento, tirar no era una posibilidad, pero le dije que estaba muy duro, así no me podía dejar y ya tenía un bulto enorme, me quité el short, con el que había viajado y estaba mi guevo duro, lubricado de la emoción y el morbo que ella me producía, además de que podían llegar en cualquier momento sus familiares.

    Empezó a chuparlo un poco, lo hacía rico, claro no se metía tanto en su boca, yo le jalaba la cabeza para que entrara más, me gustaba dominarla, esa carita angelical disfrutando mi pene al máximo, me encantaba, ella arrodillada, chupaba mis bolas, esa sensación de placer es indescriptible, me empezó a pajear un poco, sus manos pequeñas trataban de abarcar lo más que podían, me concentré lo más que pude, viendo el contoneo de sus tetas, le dije que hiciéramos una rusa, lo metí en sus enormes senos, le dije le echara saliva y empecé un ritmo brutal hasta que las llené de leche, salpicones de semen, del morbo y de lo mucho que ella me provocaba, le dije lo probara, lo hizo, pero no era de tomar leche, a veces era muy inocente o empezaba a pensar de más. Se fue a poner el traje de baño y bajamos a disfrutar el día.

    Luego llegaron sus familiares, su hermana tenía un traje de baño negro, que le lucía divino, de verdad era una mujer muy sensual, pero su mamá de verdad que opacaba a sus dos hijas, una mujer de más de 50 años, pero con todo en su lugar, una sonrisa encantadora, pecas en sus senos, unas buenas piernas y una energía contagiosa, siempre alegre, de verdad era imposible no verla o disfrutar su buena actitud. Jodimos a más no poder, luego subimos a comer y todo transcurrió con normalidad, Mariana y yo siempre con ese morbo latente, pero debía controlarme porque no quería pensaran era un irrespetuoso o algo.

    Luego de la cena, empezaron a bañarse las mujeres, me puse a ver algo en la tele, no recuerdo exactamente, tocó el momento de ducharme, cuando entro para mi sorpresa, estaban los trajes de baño de las tres damas, pensar que minutos antes estaban en sus culos y cuquitas, me hizo ponerme durísimo, empecé a olerlas, tenían un olor maravilloso, a pesar del cloro y el agua que cayó en ellas, las tres con manchas de flujo, mi pene estaba enorme, con las venas marcadas a más no poder, debía elegir cuál sería la prenda que disfrutaría para hacerlo y ganó la de mi cuñada… Me pajeé divino con esa prenda hasta que mi leche salió volando y el agua caliente caía en mi espalda, limpié todo, coloqué la prenda en su lugar y salí como si nada.

    Me acosté a dormir, al otro día de nuevo a la piscina, nuevos trajes de baño lucían las tres, Mariana ahora llevaba uno de dos prendas rojo, que le lucían exquisito en esa piel blanca, su hermana uno verde, que al meterse al agua, se traslucían sus pezones duros y mi suegra un hilo, bromeaba con nosotros, decía ustedes son más jóvenes y son más recatadas, hay que aprovechar, además me bronceo mejor, ella le encantaba ponerse en el sol por horas. Tomamos unas cervezas, mi suegra era de tomar whisky, todo iba chévere, ella esperaba a su pareja, pero con el pasar de las horas, se veía como angustiada, luego se paró y se marchó. Todos nos percatamos de la situación, subió Esperanza (cuñada mayor), al rato volvió y explicó que efectivamente peleó con su novio y que no la pudo convencer de regresar.

    Mariana empezó a decirme que subiera, que si yo se lo pedía volvería a bajar, así no se preocuparían el resto, pero me daba pena, ella me dijo que si subía ella pasaría lo mismo que con Esperanza, su hermana también le pareció buena idea, al fin y al cabo ya tenía tiempo en la familia y realmente nos la llevábamos muy bien, me convencieron y dije, bueno lo intentaré.

    Subí al apartamento, ella estaba acostada en el sofá, se escuchaba su llanto, pero ni modo había subido y debía hablar con ella o al menos hacer el intento. Le dije Sra. Viviana, disculpe la interrumpe, pero estamos preocupados por usted, me dijo que le apenaba la viese llorar, pero que era difícil a veces la relación que mantenía, él un hombre casado, buena vaina, pero sumamente celoso y posesivo, ella era mucha mujer para él, pero ni modo, el corazón es caprichoso. Le dije que si quería hablar, pues era todo oído, que quizás con las hijas no podía ser tan sincera, pero con uno sí, que sería una tumba. Ella me sonrío, me dijo que era un chico muy educado, que le gustaba Mariana estuviese junto a mi, que sabía su hija tenía un carácter difícil y que ojalá ella supiera valorar lo que le brindaba, le dije que gracias por tener esa impresión, que la admiraba también y que me dijera que había pasado. Me dijo, que ya Roberto no iría, que no podía cumplir lo prometido y que estaba cansada de estar ella incondicional y no siempre recibir lo mismo, además… Se quedó muda, pensativa, pero soltó al final el comentario, no me llena como mujer y eso cansa, mi mente se quedó en shock, no pensé me fuesen a decir algo así, pero tocaba reaccionar y le dije que tratara de estar tranquila, que habíamos ido a la playa a pasarla bien, además él estaba a kilómetros de distancia y no se merecía esas lágrimas, que era una mujer muy bella, que podía encontrar alguien mejor, si eso deseaba.

    – Me dijo que era un yerno genial, pero que lo hacía por hacerla sentir bien, que igual lo agradecía.

    – Sra. Viviana (Ella me dijo que le dejara de decir señora, que la tuteara), le dije suegra, ella me dijo mucho mejor, menos formal, insistió. No lo digo por decirlo, realmente es una mujer muy bella, elogié su forma de ser, que de verdad era sensacional, le dije que yo era un chico más joven y la vida no la veía tan sencilla o con esa alegría que transmitía y cerré con que podía tener al hombre que quisiera, eres bella, cara preciosa y un cuerpazo, cerré.

    – Eres un amor, pero me dijo, ya tengo más de 50 años, no es fácil…

    – Seguía un poco baja de humor, pero insistí, (estaba pisando un terreno peligroso, podría sentir que la quería conquistar, pero de verdad solo daba mi punto de vista) suegra eres una mujer joven, ese número no es nada, luces mucho menor de lo que tienes y si no me crees mira como luces en hilo, es sensacional. Ella me abrazó y me dijo que gracias por mis palabras, que tenía razón, que bajaría con nosotros.

    – Yerno, de verdad, me veo bien, ella se puso al frente… Le respondí que sí, se dio la vuelta, no sabía si tocarla, o quedarme tranquilo, opté por lo segundo, aunque mi pene reaccionó… Vamos a bajar, dijo ella.

    – Le dije suegra, no se ofenda, pero debo esperar, ella al principio no se percató, pero luego su mirada pilló lo que había pasado y empezó a reír.

    – ¿Eso lo causé yo?

    – Le dije que me disculpara, pero que cuando se dio la vuelta, para confirmar mi opinión, no pude controlarlo.

    – No te disculpes, es un halago, que reacciones así, se acercó a mi, me hizo levantarme y me abrazó, mi pene quedó junto a su cuerpo, mientras me dijo al oído, quedará entre nosotros, me dio un beso en la boca, corto, y me dijo, ven bajemos…

    Bajamos, su familia estaba contenta, Mariana me dijo, ves sabía que contigo bajaría, mientras besó mi boca, mi pene estaba semiduro y me dijo estás contento de verme, sonreí y le dije siempre; pasamos el resto del día, luego la jornada de la ducha, cuando entro y veo el hilo de mi suegra, manchado, más que el día anterior, oloroso, de verdad mi mente voló, habría sido el causante, en mi imaginación lo fui y me hice una paja de campeonato, hasta ese momento diría unas de las veces que más leche saqué… Habría posibilidad de ir más allá con ella, ya mi suegra, la empezaba a ver diferente.

  • Verano del 84 (Capítulo 2)

    Verano del 84 (Capítulo 2)

    Lo prohibido se volvió rutina. A la siesta, a veces antes del almuerzo, un orgasmo o dos. Hasta desarrollamos un “plan de contingencias” por las dudas. En la cama que no se usaba, pusimos un tablero de ajedrez con una partida por la mitad. Susi siempre debía traer sus remeras largas que la cubrirían rápidamente si se acomodaba de determinada manera, yo debía correr al baño conectado a mi habitación donde una remera y un short esperaban convenientemente, vestirme y tirar la cadena. Todo si escuchábamos pasos subiendo la escalera.

    Susi fue ganando confianza con su cuerpo. Sus orgasmos aumentaban en intensidad, al punto que sus espasmos ya eran visibles. A veces juntaba con firmeza sus piernas (hasta el día de hoy todavía me excita a sobremanera cuando una mujer cierra sus piernas en el clímax). También le pedí y accedió a mostrarme sus pechos, levantando su remera, y pronto se le hizo natural sobárselos con su mano libre mientras se tocaba. Lo más increíble, sin embargo, es que aprendimos a entendernos aún sin haber tenido siquiera el más mínimo contacto físico. Acabar juntos era lo deseado, y pronto comenzamos a interpretar con certeza en el otro los signos que indicaban en que etapa de excitación estábamos.

    El “plan de contingencia” rindió sus frutos. Un viernes antes del almuerzo, cuando estábamos ya próximos al primer clímax, escuchamos pasos en la escalera y lo pusimos en práctica.

    – ¡Jojo, Jojo! – llamaba de mi hermana al subir las escaleras.

    No hizo falta mi huida al baño. Dio tiempo a ponerme el short y la remera. Resulta que Maxi se había escapado a la calle, y no obedecía para volver a entrar al casco. Maxi era mi perro. O el perro del campo, pero yo le prestaba especial atención, y había desarrollado lealtad hacia mí. Fuimos hasta la tranquera, donde la casera lo intentaba atrapar infructuosamente para entrarlo. Me vio, y sobre todo escuchó el tono furioso de mi voz de mando, producto del primer coitus interruptus de mi vida (o algo parecido), con lo cual se dio cuenta que el clima no estaba para bromas y entró rápidamente. Acabado el incidente (Susi y yo no).

    – ¿Por qué no aprovechan un remojón en la pileta? ya casi está la comida. – Dijo la casera.

    No daba para retomar, con lo cual optamos por el agua fresca con nuestros hermanos/primos. Los más pequeños rápidamente salieron y se fueron a jugar a otra cosa. Susi se tendió al sol sobre su toalla, boca abajo. Yo sentado en una playera, coloqué mi toalla sobre mi traje de baño, disimulando mi erección.

    – No podés más, ¿no?

    – No Susi. La tengo de piedra. Me bajó un poco con el sobresalto. Pero después ni el agua fría. Menos viéndote en tanga. – Mi mirada se fijó brevemente en sus tetas que colgaban flojas dentro del corpiño (se había apoyado sobre sus codos para hablarme). Ella se dio cuenta y dijo:

    – Que suertuda es Cami con eso. – Camila era su mejor amiga. De contextura más bien robusta, sin ser gorda y sus lolas estaban tremendas.

    – ¿Si Susi? Nunca la vi en traje de baño. No me había parecido tanto – Mentí.

    – Quizás la ves pronto. Seguro viene a pasar unos días.

    – Igual Susi, aprecia lo que tenés. Tu cola es para el campeonato. Perfecta. Es más, no sé cómo no me mostraste ese ángulo antes en nuestros encuentros. A la siesta de quiero tirada así, pero sin la tanga mientras nos pajeamos.

    – Jaja. ¡Dale!

    El almuerzo se hizo interminable, como las “maniobras elusivas” hasta las dos de la tarde, la hora de continuar. Empezamos como siempre, pero claro, y casi no me tocaba porque explotaba.

    – Dale, quiero ver tu cola y tu espalda – Me puse de pie y me paré al lado de la cama – Vos acostate boca abajo y yo sigo parado.

    Se sacó la remera, y se tendió, levemente girada de espaldas a mí, para poder acceder a su concha con su diestra. Comenzó a pajearse, entre sus piernas levemente separadas veía sus dedos frotando el clítoris, y gemía suavemente, moviendo rítmicamente su pelvis hacia adelante y atrás, y podía apreciar sus glúteos tensarse y aflojarse sincrónicamente. Una imagen divina. Apenas me podía tocar. Cualquier mínimo roce me llevaba al borde. Esperé así unos minutos, hipnotizado, con la verga rígida como un acero al rojo vivo. Y en un momento me sentí acabar. Mi mente trataba de controlarme, ya ni siquiera me estaba tocando. Me concentré, respire hondo, pero pequeño pero contundente chorro de semen me salto incontenible. Y la catástrofe: las gotas aterrizaron en la parte baja de su espalda y alguna más al inicio de su raya del culo. ¡La cagué!, pensé. El acuerdo era cero contacto físico y la acabo de cagar… Pero lo que siguió no tuvo nada de eso. Lejos de enojarse, dejó de respirar, su cuerpo se tensó, dio un largo y contenido gemido, y tembló con el orgasmo más fuerte y prolongado hasta el momento. Tan largo que yo alcancé a tomar mi verga, y pajearme hasta dos fuertes eyaculaciones más, que fueron a dar en el mismo sitio. Hasta hoy en día no sé si el mío fue un orgasmo, o dos, o uno largo. Rara vez volví a sentir lo mismo, aunque más tarde leí que a veces los hombres podemos tener una eyaculación parcial sin acabar. No sé.

    – No fue a propósito. Estaba tan caliente que me saltó sola. ¿Estás enojada? – ya era evidente que no.

    – No, no…

    – ¿Acabaste así al sentir mi leche? – Asintió con la cabeza. – Esperá que busco una toalla y te limpio.

    – No… esparcímela como si fuera una crema…. – mientras se ponía un dedo en la espalda y levantaba un poco se semen, palpándolo con curiosidad.

    Mas que esparcirlo, la comencé a masajear con el como si fuera una loción, con ambas manos. Ella volvió a pajearse, y a moverse rítmicamente contra el colchón, y mi pija volvió a su máxima dureza, si es que la había perdido.

    – Otro Susi, ¿no?

    – ¡Si claro, otro! – entre suspiros.

    Tomamos ritmo en la misma posición, con el habitual in crescendo de suspiros y jadeos.

    – No te veo Jojo. ¿estas cerca? porque yo sí.

    – Tranqui Susi, yo te veo y te sigo. Cuando quieras, te estoy esperando.

    Aumento su ritmo hasta que su cuerpo nuevamente se envolvió en los estertores del clímax, y yo acompañe derramando nuevamente, aunque menos, pero esta vez bien sobre sus glúteos.

    Comenzaba el fin de semana, con lo cual venían los dos días de abstención, ya que el ritmo de funcionamiento de la familia no nos permitía esas aventuras de sábado y domingo. Para peor, sobre la noche me susurra:

    – Me vino. Abstinencia hasta el martes.

    – Uyy no… que tortura.

    – Junta mucho, hay algo que quiero hacer y te necesito bien cargado.

    La abstinencia fue terrible. Bien la podría haber vulnerado, pero por alguna razón me sentía comprometido en esa lógica de hacerlo solo con ella. O más bien sería frente a ella. Por suerte al estar en su período no se metió en la pileta. Solo tomó sol con unos pantaloncitos. Verla en tanga hubiera sido algo muy duro para esa suerte de fidelidad intima prometida.

    Tampoco me ayudó la lectura. Me gustaba mucho leer, aunque más vale que me gustara. Para las nuevas generaciones: no existía internet, solamente había 5 canales de TV y pocos aparatos (uno por casa era la norma). La biblioteca de mi padre era abundante, y devoraba todo tipo de novelas, aunque estaban muy de moda las relacionadas con la guerra fría, de espionaje generalmente. Al azar me puse a leer una titulada “La Segunda Dama”. En La Segunda Dama, la KGB se había propuesto reemplazar a la esposa del presidente de los Estados Unidos por una doble. Para que el engaño fuera viable, se necesitaba por fuerza averiguar las costumbres íntimas de la pareja presidencial, y naturalmente luego entrenar a la espía rusa, con lo cual el texto abundaba en tramos explícitos.

    Llegó el esperado martes, y convenida la hora habitual después del almuerzo, esperé a Susi en mi habitación de la casa de mis abuelos, recostado en la cama, desnudo y rígido, leyendo La Segunda Dama.

    – ¡No me esperaste Jojo!

    – Si Susi. Solo que ya me molestaba mucho el short. Estoy así desde la mañana, y además estoy leyendo una novela con tramos calientes. Pero te juro que no me la toqué.

    Sonrió pícara, y parada frente a mí se sacó su remera, luego el corpiño y finalmente la tanga de su bikini, quedando completamente desnuda. Algo me llamó la atención en la bombacha que había apoyado en la cama, la tomé y estaba húmeda.

    – Parece que no soy el único sufriendo la abstinencia.

    – Para nada.

    – ¿Que tenés en mente Susi? Que venís anticipando con tanta calentura.

    – Vení, parate. – Se recuesta ella en mi lugar, boca arriba, y separando algo las piernas, y más hacia el costado de la cama que estaba contra la pared – Vos poné una rodilla acá entre mis piernas.

    Lo que llevó a arrodillarme como a horcajadas sobre su pierna derecha, en el limitado ancho de la cama de una plaza. Pero por mínimo que fuera, había contacto piel a piel, y es más si me sentaba ligeramente hacia atrás mis huevos acariciaban su muslo.

    – Quiero que me tires la leche en el pubis. – dijo mientras empezaba a pajearse.

    – Uy que lindo… pero me vas a tener que correr la mano.

    – Si, avisame y la saco.

    Comenzamos el ritual creciendo el ritmo, aunque estaba claro que no iba a ser largo para ambos. Los roces tímidos entre nuestras piernas y las caricias suaves de mis bolas nos electrizaban-

    – ¡Ahí va Susi! – dije entre jadeos y Susi corrió su mano.

    Pero el primer chorro se fue largo, sobre su vientre y tan fuerte que alcanzó su pezón izquierdo. Corregí mi puntería doblando mi pene hace abajo, pero eso llevó a apoyar mi glande en su ingle. Mas contacto de piel y furiosos tres chorros adicionales que fueron donde debían, empapando su vello y chorreando hacia su ranura. Eso detonó su orgasmo, aún sin tocarse. Sus piernas se cerraron violentamente sobre la mía, dobló sus rodillas y levantó su torso. La tensión y los espasmos en su bajo vientre eran visibles, y podía sentirlas en mi pierna atrapada entre las suyas. Yo también tuve mi cuota de espasmos, mi clímax fue igual de espectacular. Tanto que mi pierna izquierda se resbalo de la cama y me apoyé en el piso. Ambos emitimos largos pero contenidos gemidos, ya estábamos en un punto donde prestábamos mucha atención a no ser oídos. Susi movió su mano, probablemente buscara su entrepierna en forma refleja, pero se encontró con mi verga en el camino. La volvió atrás en un instante de duda, pero luego me agarró.

    – Pajeame por favor, no pares.

    Dije entre jadeos, ya parado al costado de la cama, con mi rodilla derecha sostenida en el borde. Obedeció y comenzó a frotarme como había visto que yo lo hacía. Llevó su mano a su concha, y yo coloqué la mía encima, como preguntando. Retiró la suya y comencé a dedearle el clítoris con mi índice. Nos miramos. Esta vez Susi explotó primero. Mi dedo continuó, hasta el punto en que entre temblores me sacó gentilmente. Se concentró luego de nuevo en mí, y aceleró el ritmo hasta que derramé dos nuevos e intensos chorros que cayeron en sus tetas. Luego sin soltarme frotó con su pulgar mi frenillo y mi glande y retrocedí de un respingo.

    – ¡No!… me hace cosquillas, jaja.

    – Debe ser como me pasó a mí.

    Le masajee sus tetas, su vientre, su pubis, su entrepierna con todo el semen que le había derramado, mientras nos mirábamos con sendas sonrisas cómplices. Otra barrera se había vencido, y sin decirnos nada, sabíamos que ambos estábamos bien con eso.

  • En la firma de autógrafos

    En la firma de autógrafos

    Gracias a quienes, por sus comentarios y sus valoraciones me incentivan a seguir colaborando con esta página con mis publicaciones, Un “Gracias Especial” a JORGEFAG por sus sugerencias y a “Osiel” por sus observaciones, espero sea de su gusto.

    Llevé a la bendición a conocer a jugadores profesionales de fútbol, y yo conocí a uno (en el sentido bíblico de la palabra).

    Esa mañana comenzó como la mayoría de los otros días en aquel tiempo. Me desperté, preparé el desayuno para mi familia y le di a Mi Mor el beso de rutina cuando se iba al trabajo. En esa época era prácticamente mi vida. No era una mala vida; de hecho, sobre el papel, era una muy buena vida. Pero a veces sentía que me estaba perdiendo algo, pero no tenía planes ni deseos de cambiar drásticamente la situación.

    Contenta, tal vez esa es una mejor palabra para describir cómo me sentía. Satisfecha parece demasiado fuerte, y cualquier otra palabra lo haría sonar peor de lo que era. Yo estaba contenta Tenía a Mi Mor y mis bendiciones que sé que me amaban y muchos amigos. El único problema real era que estaba insatisfecha, y estoy segura de que cada treinta y tantas mamás se siente así, al menos de vez en cuando. La vida era rutina, básicamente era un servicio de taxi y cocinero para las bendiciones. Me robaría tiempo todos los días para correr o tal vez una clase de aeróbicos o hacer ejercicio en el gimnasio si tuviera mucha suerte, pero eso era todo.

    Mis amigas estaban ocupadas con sus vidas; las que tenían hijos tenían los mismos problemas que yo, y las que no estaban enfocadas en carreras o sitios de citas tratando de encontrar marido. Mi Mor trabajaba la mayoría de los días y estaba con sus amigos cuando no estaba en la oficina. No me molestó esto; era solo la rutina en la que habíamos caído.

    Entonces, después del desayuno, estaba limpiando la cocina cuando la bendición, gritó desde la su habitación:

    B: «¡Mamá, es hora de ir a conocer a los Naranjas!»

    Y: «¿Qué?»

    En ese momento, la puerta de la cocina se abrió de golpe e irrumpiendo

    B: «Papá, que dijo que podíamos ir a conocer a los Naranjas y obtener autógrafos hoy».

    No tenía ningún vago recuerdo de eso, al ver la expresión de perplejidad en mi rostro.

    B: «Cuando tuvimos el último partido de fútbol, anunciaron que hoy podíamos ir a su práctica, y papá dijo que tú me llevarías».

    Y: «Oh, Dios», – pensé para mis adentros, Como siempre Mi Mor y sus ocurrencia – “¿Es eso hoy?” – en mis pensamientos solo acertaba a preguntar ¿Cómo chingados no me dijo con tiempo Mi Mor?

    Como saben, en la ciudad donde vivo el futbol es religión, y Mi Mor le había transmitido el gusto por los Naranjas a la bendición, en lugar de mis amados Dorados, pero una buena madre tiene que hacer lo que tiene que hacer y aunque no me entusiasmaba mucho la idea de ir al roñoso Estadio de los Naranjas, a mi bendición sí.

    Y: «Por supuesto, déjame hablar con papá y obtener los detalles»,

    Una rápida serie de mensajes con MI Mor me confirmó los detalles; podíamos llegar al mediodía, los niños podían conocer a los jugadores, obtener autógrafos y jugar. Tenía muchas ganas de ponerme al día con las cosas de la casa, y no me alegraba para nada ir a la práctica del equipo rival, lo cual, se lo hice saber a Mi Mor, pero la salud emocional de mi bendición era más importante.

    Le conté a la bendición el plan y fui a prepararme. Al menos tenía un par de horas para poder tomar un baño bastante largo y relajante. De hecho, tuve tiempo suficiente para prepararme por completo para un cambio. Podría peinarme adecuadamente y elegir un atuendo. Estaba pensando que desearía no tener nada que hacer hasta el mediodía todos los días.

    Esto fue agradable. Busque en mi cómoda mi tanga con los colores de mis Dorador, era mi forma de ir bajo protesta, podría ir a su convivencia, pero siempre dentro de mí sería una Dorada de corazón, era un día de soleado hermoso, así que decidí prescindir del sostén y seleccione un vestido de mezclilla, deslice mis pies en mis sandalias casuales.

    Luego subí a la bendición al coche, y me dirigí al Estadio, sede de los Naranjas. Llegamos a al evento bastante concurrido justo después del mediodía.

    Me quedé con las otras mamás y conversamos mientras los niños saltaban en las casas inflables y esperaban a que los jugadores terminaran su práctica. Poco tiempo después se anunció que podíamos entrar a las instalaciones.

    Había unas veinte mesas preparadas, cada una con un jugador, así que teníamos que ir de mesa en mesa, haciendo cola en cada una, para conseguir autógrafos. Esto transcurrió sin problemas hasta aproximadamente la cuarta mesa.

    Cuando nos acercamos a la mesa, el jugador miró a mi bendición y le preguntó su nombre mientras le firmaba un cartel, luego me miró

    J: «¿Y tú cómo te llamas?»

    Y: «No te preocupes por mí, soy solo una mamá más». Me reí de mi humor autocrítico.

    J: “No lo creo”, su voz un poco más suave que antes, «Algo me dice que no eres ‘solo una mamá más’».

    Por primera vez, lo noté bien. Normalmente prestaba atención durante los juegos, sobre todo si era contra mis queridos Dorados, así que tenía idea de quién era, “el número 23”.

    Y: «Bueno, gracias».

    ¿Por qué dije eso? ¿Fue lo que dijo siquiera como un cumplido?

    J: «Por nada, Tu visita ha hecho que este día sea mucho más brillante».

    Sentí que mi rostro se sonrojaba, así que solo sonreí y me giré para seguir a los niños a la mesa de al lado. Me demoré un poco para escucharlo hablarle a uno o dos fans más, y por alguna razón me complació que no les hablara de esa manera.

    ¿Por qué me sentía de esta manera? Si es solo un jugador más del acérrimo rival. Esto es estúpido. Estos fueron todos los pensamientos que pasaron por mi mente.

    Terminamos la línea de autógrafos y terminamos en una sala grande donde estaban sorteando varios premios. Llamaron varios nombres, y luego, allí estaba, el jugador de la mesa cuatro, el número 23. Estaba en el escenario, estirando la mano para sacar un nombre. Gritó dos nombres. Un nombre me era desconocido, pero el segundo era de mi bendición, así que nos dirigimos hacia el escenario, con el ansioso entusiasmo de mi bendición.

    Al llegar al escenario, una joven que trabajaba para el equipo explicó que se suponía que el jugador solo debía decir un nombre, pero que las dos entradas se habían pegado.

    Mi bendición cambio su cara de frenesí por una de decepción, pero, antes de que pudiera hacer algún reclamo, el jugador número 23 saltó del escenario junto a nosotros.

    J: «Me siento terrible, les diré una cosa», se volvió hacia mi bendición, «Mira campeón, sal al campo con nuestra anfitriona aquí; puedes tirar goles en la cancha, y llevaré a tu mami a las oficinas del equipo y te buscaré algo especial».

    Mi Bendición estaba saltando; estaba tan emocionado, y la anfitriona comenzó a llevarlo al campo, aunque no parecía estar emocionada con este desarrollo.

    El jugador tomó mi mano y me condujo por un pasillo.

    Mirando hacia atrás, creo que sabía que algo estaba pasando en este punto, pero no me importaba. Mi mano se sentía cómoda en la suya. No fue enérgico ni nada; simplemente se sintió, no sé la palabra exacta que estoy buscando, ¿seguro, tal vez? Sí, seguro.

    Ingresó un código en una puerta cerrada con llave, la abrió y me condujo, aparentemente, al vestuario de los jugadores, actualmente vacío.

    Cuando la puerta se cerró detrás, se volvió hacia mí.

    J: «Quería hablar contigo a solas, Me gustas».

    Estaba sin palabras. No sé qué esperaba, pero no era esto. Estaba inundada de pensamientos. ¿Por qué yo? ¿Qué quieres decir? Me halaga. Dios mío, estoy excitada.

    Y: «¿Qué? ¿Cómo? No puedo”. – En lugar de vocalizar algo coherente.

    Se inclinó y sus labios tocaron los míos; no fue un beso completo, sin embargo, sus labios tocaron suavemente los míos, y comencé a sentir sus brazos envolviéndome.

    No estaba pensando racionalmente; No estoy seguro de si estaba pensando en absoluto, pero mi boca se abrió un poco, cuando nuestro beso se convirtió oficialmente en un beso. No fue contundente, pero sí decidido, y cuando sentí sus manos en mi espalda me sentí deseada y, sí, estaba pensando tanto que estaba mal como que no quería que se detuviera.

    Levanté las manos, planeando alejarlo suavemente, pero cuando hicieron contacto con esos abdominales, creo, cualquier apariencia de resistencia desapareció. Mis manos exploraron esos abdominales con el mayor cuidado posible antes de comenzar a sacarle la camiseta por la cabeza.

    Sin la camiseta, dejé que mis manos recorrieran lentamente su piel y sus músculos, concentrándome en saborear esta sensación.

    Mientras tanto él había movido su atención a mi cuello y sus suaves besos estaban causando una sensación de escalofríos.

    Me habían deseado antes, por supuesto, pero no así. Había una gran diferencia entre ser manoseado y tocado por alguien que ni siquiera sabe lo que estaban tratando de hacer, y esto, que era un hombre real que deseaba una mujer y saber exactamente qué hacer.

    Sin dejar de excitarme besando mi cuello, y luego me di cuenta él tenía su mano presionando mi entrepierna, probablemente pronto sus dedos estarían penetrándome y ni siquiera estaba tratando de detenerlo, metiendo mi tanga dentro de mi hinchada vagina, acariciando rítmicamente y provocando una gran cantidad de humedad.

    Su mano libre deslizo el zíper de mi vestido dejando al descubierto mis pechos desnudos y con mis pezones erguidos y desafiantes, buscando atención de un hombre, la cual obtuvieron rápidamente su mano acaricio mis senos, mientras su boca chupaba mis tetas, sus dientes mordían mi pezón izquierdo, gemí cuando sus los dedos manipularon mi clítoris.

    Tome su nuca arqueando su mi espalda para darle más acceso a mi cuerpo, deslizo los tirantes del vestido por mis hombros y brazos, ahora mi vestido estaba en el suelo del vestidor de Los Naranjas y yo estaba prácticamente desnuda a excepción de mis sandalias y mi tanga con los orgullosos colores de los “Dorados”.

    Mientras seguía besándome el cuello deslizo sus manos a mis nalgas levantándome sobre su cabeza, me sostuve con mis brazos lo más fuerte posible alrededor de él, cuidadosamente me coloco en una mesa y me recostó sobre mi espalda.

    Y: «¿Qué estás haciendo?»- retorciéndome de placer

    J: “Shhh, disfruta”

    Me sorprendí a mí misma gimiendo un poco cuando sus manos me levantaron una pulgada más o menos de la mesa y luego me bajaron la tanga.

    J: “Sabia que eras “Doradita”, siempre son tan cachondas y fáciles de coger”- mientras aspiraba mi tanga y se la ponía en la cabeza como un gorro.

    Tome mis tobillos y los coloco sobre su pecho, subí los brazos sobre mi cabeza buscando el borde de la mesa para sostenerme.

    Él estaba encima de mí, besándome de nuevo mientras lo sentía entrar en mí. Me quede sin aliento cuando su verga deslizó dentro.

    Estaba tan perdida en la pasión, probablemente lujuria es una mejor palabra, que no recuerdo que cuando se quitó los pantalones, pero obviamente lo hicieron en algún momento, ya que ahora entraba y salía de mí a un ritmo lento y constante.

    Debería haberme resistido a ser tomada, y por un Naranja, pero me quede allí tumbada con una mirada de satisfacción en mi rostro mientras él me usurpaba como su premio. Atraje mis rodillas hacia mi pecho para sentirlo dentro de mi vagina. Hasta que su cara estuvo cerca de mi rostro y nos besamos.

    Y: «¡Ayyy si, siiii, cógeme, cojéeme, así!» gemía mientras mis caderas buscaban su verga.

    Me penetro como un martillo neumático tocando los límites de mis entrañas, se podía escuchar el choque carnal de nuestros cuerpos.

    Y; «Ya casi, no te detengas, sí, sí, sigue, sigue». Suplique.

    Me estaba penetrando con fuerza, su fierro de carne llegaba hasta el fondo, mis caderas se agitaron como las de un gato salvaje y supe que estaba acumulando un mega orgasmo en mi chochito.

    Baje mi mirada hasta donde podía ver su verga cubierta por mis jugos, deslizándose dentro y fuera de mis estirados labios vaginales. Esa imagen me enloqueció, mi concha se humedeció más, podía escuchar los suaves ruidos de aplastamiento que hacía cuando su verga se deslizaba dentro y fuera de él.

    Fue una reacción en cadena, grité cuando mi orgasmo me sacudió, Mi cuerpo temblaba con las réplicas de mi orgasmo

    Estábamos sudorosos y jadeantes, su rostro sonría satisfecho, mientras mi tanga adornaba su frente como una corona de olivo resaltando su color dorado sobre su crespo cabello negro azabache, acariciaba suavemente sus tonificados y musculosos brazos mientras disfrutaba de las ultimas manifestaciones de mi orgasmo, cuando salió de suavemente de mí, mis piernas cayeron sin fuerza hacia el suelo, apenas mis sandalias tocaron las losas, él me levanto tomándome por la cadera y me giro, empujando mi vientre contra una de las esquinas al borde de la mesa, para no perder el equilibrio apoye mis manos sobre la mesa.

    Deslizó sus manos debajo de mis brazos y suavemente agarró mis pechos, este hombre no tenía llenadera, yo tenía que regresar con mi bendición.

    Y: «Hmmm… Espera, ¡DÉTENTE!» Grité y traté de alejarme. Pero sus musculosos brazos me mantuvieron en mi lugar, su pequeño conejillo de indias.

    J: «Sabes que lo quieres»-susurró en mi oído, enviando una descarga a través de mi cuerpo.

    Él tiene razón. Su empuje hacia que la mesa presionara mi entrepierna con fuerza y sentí que el fuego brotaba de mi interior. Ajusté y giré mi clítoris contra la esquina de la mesa mientras él apretaba y amasaba bruscamente mis tetas.

    Y: «Oh, Dios mío, esto es… Wow. Hmmmuuh», gemí ininteligiblemente.

    Movió sus dedos a mis pezones y les dio un pequeño apretón y luego un fuerte tirón que me provocó un grito. Reboté un poco y cuando aterricé de nuevo en la mesa, un fuerte pulso de placer hizo que mis piernas se volvieran gelatinosas.

    Traté desesperadamente de aumentar mis giros, pero mis piernas temblaban. Sentí que una de sus manos dejaba mi seno izquierdo y bajaba por mi estómago. Me jalo contra su cuerpo y sentí su hombría empujar contra mis nalgas. Empecé arquear mi espalda, cuando deslizo la mano sobre mi estómago hacia mi teta derecha y la otra mano hacia el clítoris. Gemí en voz alta cuando comenzó a rodear mi clítoris con sus dedos y continuó maltratando bruscamente mi pecho. Sentí que mis ojos comenzaban a rodar y levanté la cabeza para mirarlo a los ojos. Sus ojos oscuros me devolvieron la mirada y sentí su duro y musculoso torso contra mi espalda.

    Y: «Uh. Uh. Siiii. !» Gemí cuando arqué mi cuerpo para alcanzar mi cara hacia sus labios.

    Sentí su lengua entrelazarse con la mía y las sensaciones combinadas fueron demasiadas. Sentí que mi cuerpo temblaba incontrolablemente mientras el placer me recorría el cuerpo. Cada vez que arrastraba mi raja por la mesa y más placer corría a través de mí.

    Y: «¡Hmmm, SÍ! OH DIOS», grité. «Hmmm, por favor, por favor, no te detengas»- Sentí que el líquido se escapaba y mojaba la mesa debajo de mi me corría a chorros

    Me sentí débil y me habría caído si él no me hubiera estado abrazando con tanta fuerza. Suavemente aflojo su abrazo, permitiéndome descansar sobre mis rodillas en el piso del vestidor.

    Mientras salía de la niebla derivada del placer. Algo largo y duro golpeó mi cara, Jadeé, sorprendida, mi cabeza estaba contra sus testículos y su pene se posaba sobre mi cara. El olor del sudor masculino y nuestros jugos sexuales llenó mi nariz. Enviando sangre a borbotones a mi cuquita hinchada.

    Trate de desviar la mi mirada hacia abajo podía ver mi cuerpo mis tetas eran un desastre, rojas y sudorosas, mi entrepierna lucia brillosa y pegajosa.

    J: «¡Chúpame las bolas, Doradita!» ordenó mientras apretaba mis senos

    Sus bolas se balancearon a frente a mi cara como dos ciruelas hinchadas. Abrí la boca y chupé obedientemente. Continué lamiendo y chupando sus bolas mientras me auto estimulaba manoseando mis lastimadas tetas. Sentí el fuego creciendo en mi entrepierna de nuevo. Comencé a agacharme para tocar mi clítoris palpitante.

    Sentí literalmente un vergazo, su trozo de carne golpeaba mi cara, mi frente y mis ojos.

    J: «Perra, no puedes tocarte hasta que te lo diga. ¿Entendido?»

    Y: «¡S-sí! » tartamudeé

    J: «¡Si señor!» gritó mirándome a los ojos.

    Y: «¡Si señor!»

    Respondí obedientemente mientras el deslizaba su verga y bolas por mi rostro. Su esperma y mi saliva comenzaron a cubrir mi cara mientras su escroto se arrastraba por mi cara. Mi maquillaje comenzó a correrse y estaba empezando a perder el aliento cuando dio un paso atrás y coloco la cabeza de su verga justo en mis labios.

    J: «¡Abre la boca!»

    Abrí la boca sin pensar y sentí la cabeza de su polla entrar en mi boca. Su pene salado me hacía salivar, me atragantó mientras él entraba y salía.

    J: «Sí, Doradita. Tómalo. Tu boca está hecha para mamar verga» murmuró

    Abrí mis ojos. Para buscar su mirada de aprobación por mis servicios. Sacó su pito de mi boca y se sentó en el taburete. Su palo apuntando hacia arriba como un monumento a su destreza sexual.

    J: «Ven y atiéndeme zorra» ordenó.

    Aturdida, gatee hacia él, mis tetas se balanceaba colgadas de mi cuerpo, mis pezones estaban al rojo vivo y dilatados por su manipulación brusca, mi anda felino se detuvo frente, quedándome hincada frente a su varonil presencia.

    J: «Hmm, esas son unas bonitas tetas, tu marido es un tipo con suerte».

    El hecho de que mencionara a Mi Mor, me dio un choque con la realidad.

    Y: «Espera, no puedo, no debo…» supliqué.

    J: «A ver Doradita, aquí nadie está obligando a nadie. Mira, si lo quieres. Móntalo y gózalo. Si no, nos iremos olvidando que esto sucedió”. – acariciando su dura verga

    Su respuesta me dejó sin palabras. Miré su polla frente a mí. Dura, gruesa, y morena, La punta aún brillaba por la invasión a mi vulva y boca. Mi vagina latía. Sentí que se mojaba en preparación. Tragué saliva. Ya no había vuelta atrás.

    Lentamente me levanté sobre mis piernas para descender de la misma manera y sentarme a horcajadas sobre él, Miré hacia abajo y sentí vacilación. Agarró su pene, empujándome un poco hacia atrás, y lo inclinó hacia adelante. Colocó la gruesa cabeza contra los labios de mi vagina y la soltó. La presión de querer volver a su posición vertical resbalar su cabeza hasta la mitad de mi coño.

    Y: «Hmmm,» gemí.

    Bajé mis caderas. Mi chochito ya se sentía estirado y rápidamente descargó más lubricante para manejar a esta bestia. La sensación ya tenía mis piernas temblando. Extendí la mano y agarré sus hombros para evitar desplomarme. Se movió un poco y el movimiento trajo nuevas sacudidas a mi cuerpo. Empezó a mover las caderas hacia arriba y hacia abajo en pequeños movimientos.

    J: «Uh… Ah… Ay…»en voz baja.

    La sensación de estar completamente llena hizo que mi boca emitiera fuertes gemidos. Lentamente, más y más de su pene se deslizó dentro de mí. Sentí el placer recorrer todo mi cuerpo. Pronto estaba el total de su verga dentro de mis profundidades. La sensación combinada de estar lleno hasta el borde y mi clítoris ahora rozando su áspero vello púbico estaba trayendo de vuelta los fuegos artificiales. Empezó a azotarme el culo. Gemidos comenzaron a escapar de mis labios.

    Y: «Estoy cerca, no te detengas», grité.

    De repente se detuvo.

    Y: «No, ¿por qué, te detienes?» confundida, retorciéndome contra su regazo.

    J: «¿Qué quieres?».

    Y: «Que No… no te detengas?»

    J: «No, ¿Qué. Quieres?»

    Y: «¿Yo… Quiero que me folles?» insegura de lo que quería.

    Sonreí y me incliné hacia adelante. Mis tetas colgaban, balanceándose de un lado a otro. Le susurré al oído.

    J: «Esta Dorada es tuya», seductoramente. «Cógeme con tu deliciosa verga Naranja».

    De repente me agarró por el culo y se puso de pie. Colgué de su cuerpo, mis brazos envueltos alrededor de sus hombros duros, y nuestras caderas se unieron. Empezó a empujar, cada embestida me envió cuatro, seis pulgadas arriba de su polla antes de dejarme caer de nuevo. Me cargó sin esfuerzo, usando sus manos en mis nalgas para subir y bajar por su vergota más y más rápido. Todo mi cuerpo se sentía casi entumecido por el placer, mis tetas saltaban arriba y abajo con sus golpes implacables. Sentí una oleada en mi cuerpo cada vez que mi clítoris golpeaba su torso mientras bajaba. Los intensos golpes me acercaron más y más a mi límite cuando sentí que me levantaba, todo el camino hacia arriba, hasta que solo quedó la cabeza de su polla. Atrapada en mi coño.

    Me sostuvo allí por lo que pareció una eternidad. La tensión de la gruesa cabeza alojada entre los labios de mi vulva envió pequeñas descargas de placer por mi cuerpo. Inmediatamente, el espacio recientemente desocupado se sintió como si quisiera llenarlo. Necesitaba ser llenado. Lo necesitaba. Me desesperé por eso.

    Y: «Tómame, papi. ¡Cógeme, soy tuya, soy tu puta Dorada!» rogué.

    Me dejó caer.

    Me lleno en un instante y la sensación me rompió, grité cuando comencé a temblar. Estaba atrapado en esta posición. La sensación de mi vagina estirado por su tranca, atrapada dentro de mí trajo un placer que fue demasiado para que mi cerebro lo procesara. Empecé a correrme encima de su verga mientras me corría, y me corría, y me corría de nuevo. Mi cuerpo se sentía etéreo. Cuando los fuegos artificiales en mi cabeza llenaron mi visión, comencé a sentirme mareado.

    Cuando me desperté unos minutos más tarde, me había acostado sobre la mesa de nuevo y estaba acariciando mi cuca. Sus dedos en mi hinchado restirado coño se sentían como el nirvana. Se detuvo cuando vio que estaba despierto y se puso de pie. Su polla aún se mantiene erguida. ¿Cómo diablos? Miré de arriba abajo su cuerpo musculoso y pude ver en su rostro lo que quería.

    Abrí mis piernas y con mis dedos abrí suavemente los labios de mi vagina.

    Y: «¿Es esto lo que quieres? ¿Quieres culear mi pequeña panocha Dorada?» Bromeé con mi linda voz de súplica.

    Dio un gruñido bajo y apuntó la cabeza de su pito entre mis dedos. Empujó la lubricación de nuestra sesión y mi cuca ahora preparada, se apropió fácilmente de su verga. Pronto estuvo completamente adentro y mi cuerpo comenzó a caer bajo su hechizo nuevamente.

    Y: «¡Hmm, sí! Gemí.

    Esta vez fue diferente. Esto era para él. Mis tetas rebotaban arriba y abajo con sus embestidas, captando su atención. Los agarró bruscamente y comenzó a apretarlos mientras golpeaba mi vagina. Llevó sus dedos a mis pezones. Tiró, suavemente al principio, y luego un poco más bruscamente mientras los usaba ligeramente para aprovechar sus embestidas.

    Y: «Oooahh», gemí en voz alta.

    La sensación áspera envió espasmos por mi entrepierna. Esto debe haber desencadenado algo porque bajó sus manos hasta mis caderas, usándolas como palanca para empujar a un ritmo increíble. Inclinó sus embestidas para que me levantaran ligeramente con cada embestida, lo que provocó sensaciones de placer completamente nuevas.

    Mientras sentía que mi cuerpo temblaba, el orgasmo crecía,

    Y: «¡Esta es una buena panochita Dorada! ¿Estás lista?»

    Sentí su verga endurecerse dentro de mí. Lo sentí sacudirse y el chorro de semen cubriendo el interior de mi coño. Mientras empujaba profundamente dentro de mí. Con cada embestida me llenaba más y más de su esperma caliente.

    Grité cuando sentí que mi vagina se llenaba completamente con su semilla. MI vulva Comenzó a escurrir cuando comencé a correrme de nuevo, ¿por cuarta vez hoy?, no se perdí la cuenta.

    Mi mente se quedó en blanco de placer. Sentí que mis jugos salían a chorros alrededor de su grueso pitote y sus espermatozoides se perdían dentro de mí con cada embestida. Apretó bruscamente mis tetas mientras disminuía la velocidad, saliendo de su orgasmo.

    El sonido de un teléfono zumbando. Me trajo de vuelta a la realidad, Era el tono de llamada de Mi Mor. Me levanté rápidamente para recogerlo:

    MM: «¡Bebecita! ¿Cómo están? ¡la bendición se está divirtiendo?

    Y: «Sí, sí, estamos bien. Si, supongo que se está divirtiendo, estoy poniendo todo de mi parte para conseguirle un premio del “Numero 23” «.

    Sentí una gran gota de mecos frío salir de mi raja y caer por mi pierna.

    MM: «¡Que en serio, si quieres voy a buscarte y los alcanzo, ahora mismo!»

    Y: «¡No!» sin pensar. «Yo… Me creo que ya lo convencí».

    MM: «Si le consigues la camiseta ojalá de la autografié.»

    Y: «Veré que puedo hacer, para conseguir algo de tinta de él»

    MM: «Está bien, esfuérzate mi bebecita. Hasta pronto. ¡Te amo!»

    Y: «¡También te amo, Mi Mor!»

    Colgamos.

    Me miré mi cuerpo, Un poco de esperma húmedo goteaba de mi cuquita y mezclaba con el semen seco en el interior de mis piernas. Su pito es como una pinche manguera, pensé. Tenía las marcas de sus manos por todo el cuerpo.

    Esto va a ser difícil de ocultar, pensé, sentí su aliento en mi nuca y giré para encontrarme con deliciosa boca, y aunque lo estaba besando y mis manos estaban sobre su cuerpo desnudo, comencé a sentir algo de culpa.

    Todavía me pregunto cómo ese acto puede crear tanto un subidón físico como un desánimo mental, como era posible que me dejara culear por uno de los jugadores del equipo del rival de mi equipo favorito.

    Nos vestimos y me dio la camiseta que llevaba puesta (obviamente camiseta oficial de juego de los “Naranjas”), como premio.

    J: “Creo que a tu esposo y a tu hijo les gustara” -sínicamente

    Y: “Gracias” –sonreí mientras seguía buscando mi tanga en el suelo del vestidor

    J: “¿Qué pasa?”

    Y: “No encuentro mi tanga” –preocupada

    J: “No esa se queda conmigo, si la quieres recuperar puedes visitarme en el hotel suite, ahí nos concentran durante la temporada”

    Sin saber qué decir, o incluso cuáles eran mis pensamientos, simplemente asentí.

    Caminé por el pasillo, recogí a mi bendición, el cual mostro una alegría explosiva por su premio, luego conduje hasta casa.

    Entonces, esos son mis eventos de la firma de autógrafos, me gustaría decir que fue solo algo único y que no volvió a ocurrir. Pero la realidad fue otra.

    Llegué a casa, me aseé lo mejor que pude y renové mi ropa interior, preparé la cena, no dije mucho, pero nadie pareció darse cuenta.

    Estaba exhausta y quería colapsar en mi cama, cuando llego Mi Mor, enseguida la bendición les mostro su premio, y al igual que él mostro un entusiasmo infantil, que inmediatamente cambio por una cara de desilusión.

    MM: “No te la autografió”

    Y: “Bueno, creo que tendré que ir, a buscar ese dichoso autógrafo, mañana después de dejar a las bendiciones en la escuela, creo que se concentran en el hotel”-son cierto sarcasmo.

    MM y B: “En serio, eres la mejor, te amamos” – mientras ambos me abrazaban.

    No estaba preparada para eso, pero una buena madre y esposa tiene que hacer lo que tiene que hacer por hacer felices a sus hombres.

    Eso fue increíble mientras duró, duro.

  • La primera vez que me compartieron

    La primera vez que me compartieron

    Como he contado en otras historias, mi vida sexual no fue lo que digamos normal. Esos inicios creo que me abrieron a buscar experiencias nuevas a lo largo de mi vida y ser sexualmente muy abierta.

    Cuando esto ocurrió yo ya había ido a club swingers y había tenido sexo con más de un hombre a la vez, pero nunca había estado con alguien conocido al mismo tiempo que con mi pareja. Esta fue mi primera vez y se dio de la siguiente manera.

    Con mi novio solíamos salir con otra pareja amiga de vacaciones o irnos a algún lado de viaje los fines de semana largos. En esta ocasión habíamos acordado irnos a unas cabañas en Córdoba por una semana entera. Alquilamos una con 2 habitaciones, no muy grande, bastante apartada en un lugar llamado Capilla del Monte. La idea era relajarnos y divertirnos los 4 como de costumbre.

    El problema surgió porque 2 días antes de partir, nuestros amigos tuvieron una pelea muy fuerte y rompieron. Ninguno nos dio demasiado detalle pero aparentemente había un tercero en el medio, nosotros éramos amigos de él hacía mucho tiempo y ella lo era por añadidura, por lo que ella decidió mantener silencio y alejarse a pesar de mis llamados para saber su versión de lo que había pasado.

    La cuestión es que con mi novio insistimos para que nuestro amigo viniera igual con nosotros, lo notamos triste y le dijimos que despejarse no le vendría nada mal.

    Luego de varios llamados aceptó, así que nos fuimos los 3 a Capilla del Monte!

    Al llegar nos dimos cuenta que la cabaña era mas chica de lo que suponíamos, si bien tenía 2 camas matrimoniales y 2 habitaciones, éstas estaban pegadas, eran pequeñas y no había mucha privacidad que digamos.

    Afuera tenía una parrilla y un deck con un pequeño jacuzzi con una hermosa vista a las sierras y todo naturaleza.

    El primer día nos acomodamos, salimos a pasear al pueblo que quedaba a unos 10 minutos en auto, tomamos unas cuantas cervezas y nos regresamos. En la cabaña pusimos música, preparamos una buenos tragos con tequila y mas cerveza. Hicimos karaoke (nos habíamos llevado el parlante y el micrófono con esa idea) y nos divertimos como siempre, no quisimos ni tocar el tema de la pelea de nuestro amigo así se distraía y no se ponía mal de nuevo.

    Ya tarde nos fuimos a acostar y con mi novio nos pusimos cachondos. Entre nosotros hablamos muy bajito para que nuestro amigo no escuche del tema de la pelea y mi novio en medio de besos y toqueteos y mientras me chupaba las tetas me dijo que si yo estuviera con otro, él no se enojaría, siempre que se lo contara. A lo que le respondí “y si ahora te contara que ya me garché a otro sin que vos sepas? Que harías?”. Por alguna razón se encendió mas con mis palabras y me dijo, que en ese caso se lo estaría contando ahora, por lo que tampoco se enojaría, pero me pediría que le cuente como fue así me garchaba igual y se imaginaba la situación.

    Escuchar a mi novio así morboso me puso muuuy caliente y pronto nos encontramos teniendo sexo como salvajes y olvidando que nuestro amigo estaba en la habitación contigua.

    Yo le había sido infiel, pero por las dudas no quise probar de decirle en ese momento algo real, solo le dije que había tenido fantasías de que uno de mis compañeros de trabajo, el profesor de educación física, me violara, que sabía que me tenía ganas, lo cual era cierto, me tenía muchas ganas y había intentado varias veces tener algo conmigo, pero nunca había realmente pasado nada con él, si con mi jefe en una situación por demás abusiva, pero esa era otra historia.

    La cuestión es que mi novio me dio tremenda culeada jugando a que me violaba y yo tuve 3 tremendos orgasmos que me hicieron gritar como salvaje.

    Al otro día desayunamos y nuestro amigo nos dijo mientras se reía, que casi entra a rescatarme de la violación!!! Jajaja, claro, lo único que no había escuchado era nuestra conversación susurrando sobre lo que le había pasado a él, pero había escuchado al detalle todo lo que vino después!

    Le pedimos disculpas, pero él nos dijo que tranquilos, nos conocemos hace muchos años, está todo mas que bien. Solo nos lo dijo para que supiéramos que se escucha mucho y nada mas.

    El día continuó normalmente, disfrutamos del jacuzzi, comimos un rico asado, jugamos a las cartas, bebimos y a la noche nos quedamos charlando hasta bien tarde hasta que la conversación toco temas sexuales. Le preguntamos si él no había sido infiel alguna vez, nos preguntamos que eran las cosas mas locas que habíamos hecho cada uno sexualmente hablando. Yo me animé a confesar algunas cosas que mi novio no sabía pero de antes de estar juntos y tampoco conté las cosas realmente mas osadas que había hecho, pero lo que conté alcanzó para hacerle subir la temperatura a ambos! Jajaja, podía ver como los dos indagaban mucho mas cuando yo contaba y sus caras, la de mi novio con esa mirada libidinosa y la de nuestro amigo poniéndose colorado y por momento mirando mis tetas. Yo tenía puesto arriba solo la parte superior de mi bikini, que era muy pequeña y producto de verlos así mi cabeza ya había comenzado a fantasear con un trío y mis pezones se habían parado y se notaba.

    En varios momentos, solo por diversión, me sentaba abriendo las piernas de manera que nuestro amigo podía ver mi tanga debajo de la pollerita que llevaba puesta. Me divertía ver como su mirada pasaba mirándome ahí pero tratando de que nadie lo notara.

    Cuando nos fuimos a costar, nos estábamos besando y tocando con mi novio, lo cual me hacía gemir cuando de pronto él me tapa la boca y al oído me pide hacer silencio un segundo.

    Pudimos escuchar que nuestro amigo se estaba masturbando!, si, le estaba dando duro porque se escuchaba el plap plap plap y su respiración agitada.

    Mi novio me dice al oído, “seguro se está masturbando pensando en vos, no me vas a decir que no te diste cuenta como te miraba”. Por supuesto le dije que no me había dado cuenta y le pedi que me cuente! Jajaja. Me dijo que él se dio cuenta que miraba las tetas y que apostaba que se estaba masturbando ahora imaginando que me las chupaba. Eso me calentó aún mas de lo que estaba. Le chupé la pija desesperada con mi mente en nuestro amigo masturbándose por mi y luego lo cabalgué, me subí sobre él haciendo que su pene me penetrara completamente y gritando como salvaje nuevamente pero esta vez con la intensión clara de regalarle a nuestro amigo un incentivo para su paja hasta que mi novio exploto dentro mío llenándomelo de leche.

    Al otro día, desayunamos y a eso del mediodía nos metimos al jacuzzi los 3. Nuestro amigo estaba algo callado. Le preguntamos que le pasaba y dijo que nada, solo que estábamos súper aislados y como que estaba necesitando una mujer, tras lo cual se rio.

    Yo para distender, le dije, ya lo notamos! Ayer te hiciste flor de paja no? Jajaja.

    Nuestro amigo se puso rojo como tomate, y exclamó “pensé que ustedes estando en lo suyo no iban a escuchar! Que vergüenza!!!”

    Yo lo calmé y le dije que no tenía nada que de avergonzarse, es normal! Y también es normal que me mire y se caliente, que no se sienta mal por eso tampoco. Su cara de asombro y vergüenza fue impagable, mi novio también abrió los ojos porque no se lo esperaba.

    Nuestro amigo rápidamente lo negó, pero le dije que yo lo había visto mirarme y le dije “me vas a negar que te caliento?” Me reí, lo miré a mi novio y constaté que volvía a tener esa cara de libidinoso que pone cuando le da morbo y avancé.

    Aprovechando que en short de baño no se puede disimular una erección, me acerqué a él y le dije, poniendo mi mano en su pierna bien cerca de su bulto, “si necesitas una mano no tengas vergüenza y pedirme, yo te presto la mía la próxima”. Jajaja, su pija daba saltos debajo del short. Mi novio no decía nada, estaba en trance, cuando de pronto reaccionó y dijo, “claro, por supuesto, para que están los amigos si no es para dar una mano”.

    Lo miré a los ojos y le dije, de verdad, solo la mano eh! Pero no tengo problemas en prestártela así disfrutas mas la paja y no te sentís tan solo, aparte yo sé que nosotros no ayudamos haciendo tanto ruido.

    Dejamos el tema ahí, disfrutamos el resto del día y a la noche, entre tragos y cervezas nos pusimos otra vez cachondos.

    Yo esta vez, muy adrede me había puesto una remera muy suelta y escotada y sin corpiño y debajo otra vez una pollerita volada de tela muy cortita.

    Yo me agachaba y me movía adrede para que mis tetas, que no son muy grandes pero tienen un buen tamaño y forma, se dejaran ver ante los ojos de nuestro amigo.

    En un momento de la charla, volvimos a tocar el tema de su calentura, él seguía negando, ya sin tanta insistencia, pero él como que nooo, que somos amigos che!, jajaja, fui y me senté arriba de él y claro! Tremenda erección ya tenía. No se imaginan mi calentura cuando al sentarle sentí su pija dura en el cachete de mi culo!

    No lo dejé pasar y le dije “epa! Si eso no es estar caliente tener algo escondido en el pantalón! Jajaja”

    Ya era tarde, nos íbamos a ir a dormir en un rato, así que le dije, mirá, lo que dije hoy lo dije de verdad, con mi novio (dije su nombre pero no quiero ponerlo acá) hoy vamos a coger de nuevo, vos seguro por como estas te vas a volver a masturbar, de verdad si querés te presto mi mano, solo mi mano.

    Mi novio hizo gesto como que todo bien y nuestro amigo no aguantó mas, pero me dijo de ir a la habitación porque no quería delante de su amigo (mi novio).

    Le dije a mi novio que me espere en la habitación que iba en un rato y nos fuimos con mi amigo a la suya.

    Le dije que se acostara y relajara. Bajé su pantalón, y pude ver su enorme y parada pija. Estaba a full! Súper dura y venosa. La verdad me moría de ganas de chuparla, pero le había dicho solo la mano.

    Acerqué mi boca bien cerca de la cabeza de su pene y dejé caer mi baba sobre él. Lamí mi mano y comencé a acariciar su pija muy suavemente.

    Le dije que sabía que me venía mirando las tetas, que si quería se las mostraba ahora, así se estimulaba mejor. El asintió con la cabeza sin decir nada. Me levanté la remera y sentada sobre sus piernas de frente a él, lo masturbé muy suavemente. Subía y bajaba con mi mano recorriendo toda su gigante pija, totalmente lubricada por mi saliva y por su líquido preseminal que ya comenzaba a salir.

    Cada ciertos segundos yo llevaba mi mano a mi cara y la lamía con la excusa de mantener lubricado, la verdad es que me encantaba el olor a su pija.

    Fui acelerando mas y mas, él ya jadeaba sin pudor de ser escuchado por su amigo.

    Yo ya podía sentir en mi mano que estaba a punto de acabar, disminuía el ritmo para hacerlo durar mas, hasta que tomé su mano y la llevé a una de mis tetas. El la recorrió en cada centímetro, se la lamió y con su saliva recorrió mi pezón que estaba totalmente parado. Aceleré nuevamente la paja, plap plap plap, el sonido de su pija lubricada era cada vez mayor, yo moría por tragármela toda. De pronto las contracciones anunciaron los inmediatos chorros de semen que saltaron y cayeron sobre su vientre y en mi mano que quedo totalmente cubierta de espeso semen.

    Le di una rica lamida a mi mano. Le dije que esperaba que lo hubiera disfrutado, que no dude en pedirme de nuevo si otro día quería mas.

    Me fui al baño a lavar mi mano y ahí, sin que nadie me viera, me la lamí toda pasándomela por la cara. Adoro el olor a semen en mi cara.

    Terminé de lavarme y fui a mi habitación, donde mi novio ya me estaba esperando masturbándose. Había escuchado atentamente todo y tuvimos sexo por horas. Yo estaba como una loba y él como un semental. El morbo lo invadió, me preguntaba de todo, quería saber los detalles, si se la había chupado porque tenía olor a semen en mi boca, viendo su calentura le dije lo que había hecho en el baño. Mas fuerte me penetraba con cada detalle. Fue una noche gloriosa, de los mejores garches que tuve con él. Yo no podía dejar de pensar en la pija de nuestro amigo.

    Al otro día todos teníamos una sonrisa de oreja a oreja.

    Por la tarde, en el jacuzzi por supuesto hablamos de lo que había pasado. Sin demasiados detalles, pero todos excitados en el relato.

    Yo como siempre provocativa, con una bikini diminuta que dejaba ver por completo mi culo, solo un triángulo muy pequeño por encima de la raya y todo el hilo metido. Los roces en medio de risas dentro del jacuzzi y el alcohol pronto hicieron que nuestro amigo se soltara y dijera, perdón, me prestarías tu mano de nuevo ahora? A lo cual yo accedí de inmediato. El me tomo de la mano y me llevó casi arrastrándome a su habitación.

    Todo comenzó de la misma forma pero yo me quité de entrada mi corpiño sin preguntar ni nada, por lo que quede solo con esa diminuta tanga y él completamente desnudo.

    Luego de masturbarlo unos minutos, me adelanté y comencé a refregar su pija con mi concha, con la tanga puesta de todos modos.

    Me movía sobre él sintiendo su dura verga encajada y resbalando por mi vagina empapada y mi raja del culo. El sin preguntar tocaba con ambas manos mis tetas de forma deliciosa. Yo estaba que explotaba de calentura.

    Me incliné hacia adelante colocando mis tetas delante de su cara, él me pregunto si podía chuparlas un poco y yo asentí con mi cabeza. Sentir su lengua recorriendo mis pezones y su pija encajada en mi raya del culo (que yo sentía me latía pidiendo ser penetrado) me hizo tener un orgasmo. Él quiso correr mi tanga pero no lo dejé, sabía que si hacia eso no iba a poder evitar que me penetre.

    Me deslicé hacia abajo, dejando que mis tetas rocen su pija y me dispuse a masturbarlo, con mi cara bien cerca de su pija. Me era casi irresistible lamerla. Me contuve, él me pidió si no me la metía en la boca, pero me negué, pero le ofrecí masturbarlo con mi boca abierta a centímetros de su glande que largaba cantidades de líquido preseminal y se hinchaba cada vez mas.

    En mi mano se tensaba cada vez mas hasta que las contracciones comenzaron y dejé que los chorros de leche saltaran a mi boca y nariz.

    Me fui al baño, me limpié pero antes me hice una hermosa paja oliendo y lamiendo mi mano, seguía muy excitada.

    Volvimos y mi novio estaba preparando un asado y con una sonrisa le preguntó a mi amigo si yo le estaba dando una buena mano. Nos reímos, pero ninguno comentó que habíamos ido un poco mas allá.

    Cuando llegó la noche, esta vez no nos quedamos despiertos hasta tan tarde y nos fuimos a la cama.

    Obviamente mi novio comenzó con las preguntas y se empezó a calentar al tiempo que me metía sus dedos y me hacía masturbarlo.

    Yo no podía dejar de pensar en nuestro amigo y entonces se lo dije, que estaba súper excitada, que quería coger con él, pero en este momento solo estaba pensando en la pija de su amigo, que sepa que si garchábamos, iba a estar imaginando que me estaba cogiendo su amigo. Que quería hacer, si seguíamos o iba a cogerme a su amigo y después venía.

    Mi novio eligió lo segundo, me confesó que había espiado a la tarde y que me vió cuando me chupaba las tetas y yo cabalgándolo aún con mi tanga puesta y que se había masturbado viendo.

    Así que me fui a la habitación de nuestro amigo.

    Se sorprendió al verme entrar, lo cual hice sin golpear y lo encontré desnudo y masajeándose la pija!

    Me preguntó si lo ayudaba y le dije, claro, sabía que debías estar así y te vine a sorprender.

    Hice lo mismo que a la tarde, pero esta vez, me quedé desnuda. Cuando me monté sobre él, sentí un placer infinito al sentir su glande resbalar por mi concha totalmente empapada. Lo estaba masturbando así hasta que me levanté apenas y con mi mano lo introduje dentro de mí. Su pija me llenó por completo, entro profundamente y hacía tope cuando en mi movimiento de caderas yo iba hacia adelante.

    Yo había dejado la puerta abierta adrede, quería que mi novio escuchara todo y de pronto, por el rabillo del ojo pude ver que se asomaba apenas por el marco de la puerta, estaba espiando.

    Pronto su amigo se soltó completamente y tomó control. Se levantó, me acostó y se puso a masturbarse y refregarme la pija por mi cara. Mis manos habían quedado debajo de sus piernas por lo cual no podía moverme. Hizo lo que quiso con su pito en mi cara, me daba golpes en mis mejillas y poniendo sus bolas en mi boca pasaba su enorme pija de un lado al otro de mi cara apretándola contra mi nariz, mi frente, mis ojos, mis mejillas. Mi cara se iba pegoteando poco a poco y mientras lamía sus bolas respiraba profundamente y sentía ese exquisito olor a sexo.

    Me pidió que abra la boca y me comenzó a coger por la boca. Era muy grande, su glande empujaba mi lengua hacia abajo y me hacía atorar con mi propia saliva que chorreaba por las comisuras de mis labios. Él no tenía piedad y bombeaba haciendo entrar y salir su pija de mi boca.

    Pensé que iba a acabarme adentro pero se salió justo antes conteniéndose, era muy fuerte y yo soy muy pequeña y delgada.

    Me dio vuelta como una pluma, me puso en 4 y metió su cara en medio de la raya de mi culo mientras con sus manos abría bien mis nalgas, dejándole mi ano completamente expuesto para que él jugara con su lengua y sus dedos.

    Pronto comprobó que yo tenía mi ano dilatado, y con su trabajo lo estaba aún mas. Acercó la cabeza de su pene y poco a poco fue empujando y abriéndoselo pasó en mi culo hasta que toda su cabeza entró. Me encantó que lo hiciera tan lentamente. Mi ano recibió su pija y yo misma empuje hacia atrás para sentir todo ese tronco venoso penetrarme hasta mis entrañas.

    Sentí que mi interior se llenaba de pija.

    Una vez la metió hasta el fondo y su pelvis quedo bien pegada y haciendo presión en mi culo, comenzó con el entra y saca.

    Lo hacía lento y cada vez mas largo, hasta que con mi ano completamente abierto el sacaba la cabeza de su pija y la volvía a insertar hasta el fondo.

    Yo explotaba de placer, me estaba empalando magistralmente y cada vez mas fuerte. Cuando lo llegó a hacer en forma salvaje entrando y saliendo fuerte y rápido agarrándomelos de mis caderas con ambas manos y moviéndome como a una muñeca, explote de placer, mi cuerpo entero temblaba con un tremendo orgasmo y él no aflojó, siguió con la misma intensidad, me estaba destrozando y me encantaba.

    De pronto sus lechazos calientes salieron con potencia dentro de mí y me dieron otro orgasmo.

    Él se desplomó sobre mi al tiempo que yo bajaba mi culo y quedaba tendida y rendida en la cama.

    Miré a ver si mi novio seguía ahí mirando pero ya no estaba.

    Le había prometido ir luego con él, pero estaba exhausta y con el culo ardiendo.

    Finalmente, luego de pasar por el baño fui a nuestra habitación. Mi novio estaba ahí, empalmado esperándome. Me dijo, no hace falta que me cuentas, vi como te dejaste garchar como puta, ahora te toca conmigo. Lo único que le pedí fue que no analmente, lo cual por suerte respetó, así que primero yo me senté sobre su cara y le dije, tomá, chupá la conchita de tu novia que tu amigo se la acaba de coger bien. Lo hice que me la chupara hasta acabar y después lo cabalgué hasta que me llenó de su leche mientras lo besaba y le decía que con esa boca acababa de chuparle la pija a su amigo. Ambos acabamos juntos.

    El resto de las vacaciones tuvimos ese ritual casi todos los días, su amigo me hacía el culo y después yo me garchaba a mi novio.

    Esa fue la primera vez que fui compartida por una pareja con un amigo en común y vaya si lo disfruté.

  • Diana y la tentación

    Diana y la tentación

    21 añitos se repetía Diana para sí misma, auto censurándose, cada vez que se sorprendía pensando en el nuevo vecino que se había instalado en el tercer piso, justo arriba del suyo. Ella tenía 41, dos hijas, un marido y un trabajo a media jornada que le dejaba demasiado tiempo libre para pensar en la pícara sonrisa que le había dedicado el nuevo vecino el mismo día en el que estaba haciendo la mudanza, aun no sabía ni su nombre y ya había follado con él en mil y una situaciones inverosímiles, por supuesto todas ellas en su imaginación. Diana tenía mucha imaginación. Una de ellas había sido en una habitación esférica y blanca en completa ingravidez, otra en la orilla de una playa caribeña bañados por el Sol y por las suaves olas, que en su mente se movían a cámara lenta y su favorita, se lo montaban en su propia cama con su marido mirando, sentado en la silla donde habitualmente deja él la ropa antes de acostarse.

    No se sentía para nada culpable, por qué iba a hacerlo? Ella la única dueña y señora de su imaginación y además no pasaba nada y aunque pasara, acaso no llevaban meses sin hacerlo ella y su marido? Acaso no le advirtió ella a él cuando se conocieron que la fidelidad no era su fuerte? Él sabía eso y más cosas, él sabía de sobra la necesidad de cariño y de sentirse deseada de ella y aun así no hacía nada al respecto. Eso la legitimaba para hacer e imaginar lo que le diera la gana, faltaría más.

    Tal vez debería ser el nuevo vecino quien se sintiera culpable porque parecía haber adivinado a la perfección la situación sentimental de Diana con solo un vistazo a ella y su marido en el ascensor. Él ya estaba dentro cuando entraron en el ascensor y aprovechó para decir que era el nuevo vecino del tercero, pero no dijo su nombre. Toni, su marido, apenas levanto la mirada un segundo de su teléfono para asentir y decir con desgana un escueto “ah, qué bien…”A Diana le avergonzó un poco el descortés desinterés que había mostrado su marido y le dedicó una mirada que él no aprecio, pero su nuevo vecino sí a juzgar por su expresión, parecía hasta divertirse con la indiferencia que le había tratado su vecino y la incomodidad de su vecina. Entonces ella le miró como queriendo disculparse en nombre de su marido, él nuevo inquilino la miró de arriba abajo descaradamente como quien admira a una obra de arte en un museo, con media sonrisa asomando por la comisura de su boca, por cierto qué boca tenía, labios bien formados, enmarcados por una sombra de barba de dos días y dientes blancos y perfectos. La mirada de él la cogió desprevenida, había reconocido el deseo en sus ojos y eso la había trastornado más de lo que le gustaba admitir. Cuando se dio cuenta ella también le estaba mirando fijamente con la boca entreabierta, la cerró de golpe y las puertas del ascensor se abrieron.

    Esa fue su primera toma de contacto, pero aun no sabía nada de él, joder era tan joven, que se sentía un poco pedófila. Seguro estaba más cerca de la edad de su hija de 14 que de la de ella misma. La siguiente vez que se encontraron ella bajaba a comprar vestida con un pantalón corto de punto y una camiseta de mercadillo, maldijo haber bajado de esa guisa en cuanto lo vio, pero ya nada se podía hacer. El llevaba una mochila y por un momento le recordó a la imagen de su hija mayor yendo al instituto y tuvo miedo de que ese chaval con el que estaba teniendo fantasías sexuales fuera menor de edad, entonces decidió coger al toro por los cuernos y preguntarle “y tú entonces eres estudiante, no? Él asintió con la cabeza sonriendo y ella preguntó intentando aparentar indiferencia “… y qué curso estudias?” A él le costó reprimir una sonrisa de satisfacción que ella no supo interpretar hasta que él contestó “estudio tercero… de psicología” y entonces ella entendió la sonrisa de él, se acababa de delatar ella solita y él se había dado cuenta antes que ella. Al preguntar por el curso que estaba haciendo, en vez de por la carrera que había elegido, acababa de mostrar sus cartas, le interesaba más la edad que tenía que sus intereses. Encima estudiaba psicología, la había calado pero bien, sintió que sus emociones eran un libro abierto en el que él podía leer perfectamente, Diana sintió que la sangre se agolpaba en sus mejillas de la vergüenza, cuando él le dedicó otra lasciva sonrisa y le dijo “tengo 21, por si te interesa, creo que no nos llevamos tanto…”se giró y se fue.

    “Vale, este chaval o quiere tema conmigo o está jugando porque le gusta sentirse deseado por una cuarentona…”

    “21 añazos pensaba ahora Diana, no es ningún crio, además parece bastante maduro para su edad. Y estudia psicología… y está tan bueno, seguro que va al gimnasio y es tan guapo, joder es guapísimo”

    A la semana descubrió que se llamaba Miguel Pacheco, porque tuvo el detalle de poner su nombre en su buzón.

    Entonces un día estaba tendiendo una lavadora de ropa blanca en la terraza comunal, hacía sol así que se subió en camiseta de tirantes y pantalones cortos otra vez. Ya había tendido las sábanas le quedaban un par de camisetas y la ropa interior cuando oyó la puerta detrás de ella se giró y vio a Miguel en pantalón corto y sin camiseta. Tenía un cuerpazo de quitar el hipo. Ni un gramo de grasa de sobra, definido, pero sin pasarse y todos los músculos en su sitio “seguro que hace natación” estaba pensando cuando advirtió que se habían quedado los dos mirándose como si el mundo se hubiese congelado, miró repentinamente a su cesto de ropa, cogió algo mientras mascullaba un escueto “hola” y siguió tendiendo.

    – Bonitas bragas. – Dijo Miguel. – Diana no lo entendió porque lo que estaba tendiendo era una camiseta blanca no unas bragas, le miro y vio que su mirada no se dirigía a la prenda que tendía si no a su vientre, al levantar los brazos para tender su ombligo había quedado al descubierto y bajo su cadera asomaba un poco del encaje negro de sus bragas. La verdad, es que Diana sabía perfectamente lo sexi que resultaba en ese momento, eso la hizo sentir segura por primera vez frente a su vecino y le dijo medio sonriendo; – ¡serás descarado! Le dio la espalda y siguió tendiendo deseando que su vecino se acercara por detrás y empezaran a follar ahí mismo, pero solo le quedaban bragas y calcetines por tender y su vecino seguía sin empotrarla.

    “tendré que tomar yo la iniciativa, al fin y al cabo soy la mayor, yo también puedo ser muy descarada”

    – Miguel ¿tienes novia?

    – No, la verdad es que no me interesan las chicas de mi edad… Me gusta un poco mayores que yo. Así como tú, maduritas y sexis.

    – ¿En serio? Es un poco raro en chicos de tu edad.

    – Los chicos de mi edad suelen ser imbéciles.

    – Amén hermano, aunque los de mi edad tampoco son para tirar cohetes…

    – Tienes razón, he visto a tu marido, está mas pendiente del móvil que de lo que pasa a su alrededor.

    Y esto último lo dijo acercándose lenta, pero con paso decidido hacia Diana, apartó el cesto de ropa con el pie, situándose frente a ella, le cogió con delicadeza las manos y se las levantó formando un arco alrededor de su cuerpo, sus ojos se deseaban, sus bocas se devoraban mucho antes de tocarse y las manos de él empezaron a descender por los brazos de ella en una caricia lenta y cálida por la piel interna de los brazos, la más sensible. Diana sintió como los pezones se le endurecían y un escalofrío recorrió su cuerpo. Se quitó la camiseta antes de que la desgarraran sus duros pezones y la tiró al suelo, se quedaron desnudos de cintura para arriba y él le miró las tetas con devoción, pero no las tocó, se limitó a morderse el labio inferior como si tuviese prohibido tocar. En cambio le cogió las manos a ella y se acarició los pectorales con ellas, luego los abdominales, las caderas y el culo, ella disfrutó haciendo turismo por su cuerpo, pero no entendía por qué él parecía reprimir sus impulsos de tocarla a ella.

    – ¿quieres venir a mi casa? La terraza está bien pero parece un poco incómoda para todo lo que me gustaría hacerte…

    – Sí, quiero. – dijo ella como si lo que le acabase de pedir fuera matrimonio en vez de echar un polvo.

    Y bajaron hasta el tercero.

    – Antes de empezar me gustaría pedirte una cosa. Por favor, no te esfuerces en darme placer, por ahora solo me interesa tu placer. Es una especie de reto queme auto impuse hace un par de años, hasta que una mujer no tenga por lo menos cinco orgasmos provocados por mí yo no puedo tener ni uno solo. Ya te lo contaré…

    Y se calló porque empezó a ocupar su boca en otros menesteres, como por ejemplo besarle el cuello y mordisquearle los lóbulos de las orejas.

    Era la cosa más rara que le había dicho jamás un hombre, pero no se molestó mucho en averiguar qué le había llevado a imponerse semejante desafío y se limitó a disfrutar de una lengua recorriendo su cuerpo “joder, que suerte tengo”

    Fue la experiencia sexual más satisfactoria de su vida, ella solo tenía que dejarse amar y gozar. El parecía intentar averiguar mediante el método ensayo y error qué cosas la hacían disfrutar más ella, sin límites, ni pudores, si tenía que meterle la lengua por el culo, se la metía, si el sentía que ella se deleitaba con algo en concreto lo repetía más y más, hacía combinaciones con las otras cosas que ya había averiguado que le gustaban. Diana se sintió como si su cuerpo fuera la última pantalla un videojuego muy difícil y Miguel estuviese obsesionado con superarlo, lo raro es que ella había estado a punto de correrse en varias ocasiones, pero justo antes de que no hubiese vuelta atrás el paraba e iba a otra cosa, parecía no tener ninguna prisa en que ella llegara el orgasmo y eso excitaba más aun a Diana. Llevaba ya tres cuartos de hora magreando su cuerpo y Diana empezaba a volverse loca de placer, deseaba que él la penetrara cuanto antes, lo deseaba con todo su ser, pero él no lo hizo ni siquiera llegó a verle la polla, en algún, momento la sintió, su dureza y calor pero él no dejaba siquiera que ella la tocara.

    Entonces le levantó las piernas cogiéndole fuerte los pies, presionando en los puntos que más placer la provocaba, empezó a besarle y mordisquearle las piernas muy suavemente a todo esto no había dejado de presionar en los pies, pero rápidamente sus manos cambiaron a sus pechos, con cuidado retorcía sus pezones entre sus dedos cuando penetró con su lengua el ano, paso de ano a coño y de coño a clítoris y se quedó ahí, en solo 15 segundos mas de clítoris Diana estallo en el orgasmo más intenso y largo de su vida.

    Fin de la primera parte.

  • Me abrió por completo

    Me abrió por completo

    ¿Hasta dónde llegar para complacer a un esposo? 

    ¿Así es en todos los matrimonios?

    Mi esposo y yo tenemos ya algunos años de casados; no todo ha sido color de rosa pero nuestro matrimonio es estable; sin embargo, a últimas fechas, nuestra vida íntima se comenzó a enfriar. Estábamos juntos una vez por semana y yo creía que era suficiente. Nunca he sido muy entusiasta o participativa; con una educación férrea y muchas fantasmas en la cabeza, me he dedicado a complacerlo; he tenido orgasmos, pero, prefiero verlo a él satisfecho.

    Él me ha propuesto algunas cosas, para hacer la relación más excitante.

    Cierta ocasión, fuimos al cine y me pidió no sentáramos el la parte de atrás. En la sala había poca gente; terminaron los avances y la película inició. Apenas unos minutos después de iniciada la cinta, mi marido volteo para todos lados y se dio cuenta que estábamos solos en la fila; se desabrochó el pantalón y sacó su falo erecto.

    – Ven chúpame un poco.- me dijo mientras me tomaba de la cabeza y me empujaba a su miembro.

    – Esto lo podemos hacer en la casa.- le contesté tratando de no hacerlo.

    – Pero quiero que lo hagas aquí.- me dijo mientras me enterraba su verga en la boca.

    No somos las grandes guapuras; estamos a mitad de los treintas; él ya presenta una panza por la falta de ejercicio y mis caderas empiezan a crecer. 

    Ya no veía la película; se concentraba en cogerme la boca; sentía su glande golpear mi garganta, provocándome arcadas; no duró mucho y al eyacular, no me dejó moverme; tenía yo toda la verga clavada en la garganta. Sentía como su líquido caliente me entraba directamente, sin poder escupir. Cuando terminó, me soltó; se relajó. Pasó un rato y me pidió volver a hacerlo. Esta vez fue más tranquilo; tardó más; pero el flujo fue menor. Tomé un pañuelo y me limpié los restos de mi boca.

    Un día, llegó a casa y me comentó que le había visto unos videos en su trabajo; que si yo estaría dispuesta a tener sexo anal. Le contesté que nunca lo había pensado; que yo creía que lo que hacíamos le era satisfactorio. Me dijo que le gustaba estar conmigo; que quería que fuera toda suya.

    Le dije que lo pensaría; que no estaba segura.

    Una noche, él llegó tarde de una cena de negocios. Traía unas copas encima y quería coger; no me gustaba estar con él cuando estaba tomado porque era muy brusco y solo buscaba su placer. Accedí para que se cansara y se durmiera; otras ocasiones, ni siquiera podía penetrarme de lo alcoholizado que estaba.

    Me desnudó por completo y me comenzó a acariciar; caricias toscas que no me estimulaban. Me chupó los senos, mientras me acariciaba los labios vaginales; me humedecí un poco y me chupó la vagina. Me hizo tener un orgasmo; sentí delicioso. Me relajó y me puso en cuatro; se enterró en mi y empezó a bombear. Estiró su mano y tomó un frasco de crema del buró; sentí sus dedos masajeando la entrada de mi culo.

    – Voy a tomar lo que te había pedido. Hoy te quiero estrenar esta entrada.- me dijo mientras me acariciaba.

    Sentí como uno de sus dedos me invadía por detrás; lo metía y lo sacaba; haciendo círculos y tratando de dilatarme; unos minutos después, metió 2 dedos haciendo la misma operación. Al principio, la entrada costaba trabajo, pero lo iba ensanchando. Sacó los 2 dedos y metió sólo uno; ya entró sin dificultad. Ahora metió 3 dedos y continuó ensanchando; después de un rato, los sacó y solo metió 2; entraron sin dificultad. 

    – Ahora, viene lo bueno.- me dijo mientras se salía de mi vagina y puso la cabeza de su verga en mi agujero sin estrenar.

    Mi culo estaba dilatado pero no para aceptar esa masa de carne caliente. Él empezó a empujar su falo que estaba duro como una roca debido a la excitación. Le unto la cabeza con más crema, con sus manos abrió mis nalgas para ayudar a la entrada y volvió a empujar.

    Ya no estaba excitada; tenía miedo. En un momento, mi culo cedió; pude sentir la cabeza invadiéndome; el suspiro extasiado.

    – Te acabo de romper… estas muy apretada… que rico se siente.- me decía mientras seguía empujando.

    No grite porque estaba mordiendo la almohada; pero sentía que me partía en 2. El tronco de la verga se abría paso adentro de mi. Yo respiraba rápidamente y jadeaba para tolerar la intrusión. La base del pene era más ancha y sentía que mi culo no podía abrirse más. Cuando su pubis chocó con mis nalgas, sentí un poco de alivio; él se quedó quieto; podía yo escuchar sus gemidos de placer; disfrutaba estar ahí por primera vez.

    Entonces se empezó a mover en círculos; me estaba haciendo mi culo aún más grande.

    – Por favor, no hagas eso… ya no puede hacerse más grande… me está doliendo.- le decía mientras pujaba para sacarlo.

    – No te preocupes; te estoy preparando… así cuando ponga mi verga en esta entrada, solita se va a abrir al tamaño que quiero.- me contestó sin dejar de moverse.

    Yo seguía pujando para expulsarlo; era un acto reflejo de mi cuerpo, no me podía detener.

    – Sigue pujando… se siente como si me mamaras pero sin los dientes…- gozaba mi marido.

    Cuando sintió que ya estaba yo muy abierta, se salió por completo; vio mi culo totalmente abierto, yo sentía que no podría regresar como antes.

    – Vamos a terminar de inaugurar este agujero que va a ser sólo mío.- me decía mientras se untaba más crema en la verga.

    Se metió en mi de un sólo golpe y me empezó a bombear; aún con la crema yo lo sentía enorme y el no tardó mucho. La verga se hinchó aún más y el bombeaba más rápido. Al eyacular, me enterró su falo todo lo que pudo. Creía yo que podía sentir sus palpitaciones en mi estómago.

    Cuando se salió de mi, su verga aún seguía dura y un poco de semen manaba de la punta. 

    Estaba yo exhausta, adolorida y sentía que mi culo se iba a quedar así, abierto. Al levantarme, semen, sangre y mierda salió de mi.

    Él sólo se levantó y se fue a limpiar al baño.

    Al regresar, seguía con ganas de volver a eyacular.

    Abrió mis piernas y me penetró. Yo esperé hasta que se vino dentro de mi. Se volteó y comenzó a roncar.

    A partir de ahí; me provoca un orgasmo con su boca y después me utiliza a su antojo.