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  • Verano del 84 (Capítulo 3)

    Verano del 84 (Capítulo 3)

    La rutina cambió entonces a masturbación mutua. Nos acomodábamos lado a lado en la angosta cama, y había cierta cuestión de quien iba de qué lado, ya que ambos somos diestros. A veces también uno solo pajeaba a ambos, e inclusive mientras otro leía en voz alta (o baja mejor dicho) los tramos calientes de La Segunda Dama. Pero siempre en simultáneo, ya que seguíamos con la pulsión de compartir el placer, y tratar de llegar al orgasmo juntos.

    – Viene Cami el finde – suelta un día.

    – ¡Que bien! Si hay pileta y bikini, voy a llegar al lunes cargado.

    – Y nos vas a tener cerca. Nos vamos a dormir a la habitación huéspedes de abajo de la casa de la abuela. Mas cómodo para todos. – Su casa era chica, y eran tres hermanos.

    – ¿Y no da para un encuentro nocturno? Los abuelos duermen profundo y a puertas cerradas.

    – Si, ¿y Cami?!

    – Ahh claro…. Que boludo.

    Cami era alta como yo (un poco más que Susi), algo robusta, de caderas amplias, mas no era gorda, de hecho era bastante delgada para su contextura. Siempre con la excepción de sus lolas, grandes, firmes y abundantes. Su pelo era castaño largo ondulado y ojos color miel. Su rostro era muy atractivo y portaba tenues pecas en las mejillas. Verla en bikini resultó mejor de lo anticipado. Nos divertimos mucho los tres, aunque en la pileta generalmente tenía que maniobrar con inteligencia para ocultar mis evidentes erecciones. Jugamos ajedrez en serio, en el tablero de “cubierta” de mi cuarto. Cami era una excelente jugadora. Después de un par de noches, en un momento que por aparente casualidad nos quedamos a solas con Susi, me dice:

    – Hoy quédate despierto hasta tarde. Tipo las 2. – Me latió con fuerza el corazón.

    – ¿En serio venís? Qué bueno, esto ya me estaba matando.

    – Yo no. Cami. – Me quedé helado. – Hablamos la otra noche de sexo, y le confesé algunas cosas. – agregó luego de un silencio.

    – ¿Qué cosas? O sea, hasta donde le contaste.

    – Sin la parte del ehh… contacto físico. ¿no querés? no te quise joder, si no está todo bien, ella va a guardar el secreto.

    – No, digo si, si, está todo bien. Es re linda y me gusta. Solo es la sorpresa.

    – Si, y me queda claro que ella gusta de vos también.

    Fue extraño el resto de la tarde. Por un lado pretender indiferencia frente a la familia, por otro las miradas cómplices con Cami. Ambos nos sonrojamos más de una vez, nos sentamos al lado en la cena, y en la sobremesa de la cena, en determinado momento se respalda en la silla con sus manos en sus muslos, y oculto por la mesa coloqué mi mano sobre la suya. Se sobresaltó al principio, pero luego entrelazamos nuestros dedos, sin mirarnos.

    ¿Quedarme despierto hasta las 2? ¡Qué problema! Ni con un sedante de elefante me dormía. Me quedé recostado en la cama con mi velador encendido, pretendiendo leer mas no avanzaba ni una página. Llegó la hora convenida, pasó la hora convenida, y mi ansiedad me carcomía. ¿y si bajo? ¿se habrán quedado dormidas? Veo moverse el picaporte de la puerta, se abre con un click apagado, y entra Cami en camisón y cierra tras de sí la puerta.

    – Hola.

    – Hola.

    – ¿C-como hacemos? – dice de pie en el medio del cuarto.

    – Tranqui – Sonrío. Me levanto hacía ella y caigo en cuenta que bien pudo haber intimidante y brusco, ya que estaba con mi pijama corto, sin calzoncillos, y mi bulto ya sería bien perceptible. – Primero esto – agrego pasando a su lado y cerrando con llave. Ser encontrado con la puerta cerrada con llaves ya hubiera resultado sospechoso, pero al menos daría tiempo a apagar la luz y que Cami se esconda en el baño. Luego me vuelvo y me paro frente a ella.

    – Nos desnudamos, vos te sentás en la cama contra el respaldo, yo en frente y nos hacemos la paja.

    – D-dale… e-empezás?

    Me saco la remera y luego el pantalón de mi pijama, quedando desnudo frente a ella, mi verga levantándose rápidamente. Ella hace una pausa, y se saca el camisón por sobre la cabeza. No llevaba corpiño, y hoy todavía tengo grabada en mi retina la belleza de esa imagen. Esos senos perfectos, subiendo ligeramente con sus brazos y acomodándose de nuevo frente a mí. Mi expresión debe haber le dicho todo (y mi verga rígida también seguramente). Tenía una bombacha blanca, que bajo a continuación de un movimiento, para dejarme a la vista su pubis cubierto de vello a tono con su pelo. Nos miramos en silencio un momento, y luego sin mediar palabra, nos acercamos el uno al otro, nos abrazamos y nos fundimos en un beso. Ni ella ni yo habíamos besado antes, y nuestras lenguas se enredaron primero torpes, pero luego nos entendimos y disfrutamos largo rato comiéndonos con pasión, hasta casi ahogarnos. Mi verga se sentía como un hierro, aplastado contra su vientre tibio entre nuestro abrazo. Mis manos pronto bajaron a su culo, estrujando sus nalgas y presionando su pelvis contra la mía. Rompí el beso, la incliné hacia atrás, y sin dudar me prendí a uno de sus pezones con mi boca. Cami comenzó a gemir. Nos acostamos en la cama y quedamos de lado, frente a frente, alternando entre nuestros besos en la boca y los míos en sus tetas. Sentía mi glande tocando su ombligo, su vientre y su vello, y en un momento lo tomé y lo acomodé en su entrepierna, sin penetrarla. Juntamos nuestras pelvis y comenzamos a bombear despacio, mi verga resbalando en esa humedad suave, tibia y celestial. Seguimos así un rato, abrazándonos y besándonos o simplemente mirándonos a los ojos, ambos jadeando y transpirando. Pero sentía mi clímax avanzar de forma potente e indetenible. Traté de contenerme, y de encontrar los resortes adecuados para llevar a Cami al orgasmo, pero fue en vano.

    – ¡Ahhh! -Grite con un grito sordo. Empujé mi pelvis contra la suya, y de atrás hacia mí con la mano en su culo, hasta que sentí el glande descansar en la unión de sus nalgas. Me tensé y temblé largos segundos, derramando vaya a saber cuánto semen entre sus piernas. Cuando el orgasmo cedió y me relajé un poco, suspiré y la miré a los ojos.

    – Fue lindo – me dice.

    – ¿Fue? Todavía faltos vos Cami. Perdón, fui muy apasionado, pero poco caballero. ¿Tuviste un orgasmo alguna vez?

    – Si, cuando me pajeo.

    – Quiero que tengas uno conmigo.

    La giré más de espaldas, comencé a sobarle una teta, y a alternar con su concha, mientras mi boca pasaba de la suya a su otra lola.

    – Te falta una mano – Ríe.

    Claro, mi brazo izquierdo continuaba rodeándola por debajo. Mi imaginación compensó mi experiencia. Me moví hacia el centro de la cama, la ayudé a colocarse arriba mío y se sentara a horcajadas sobre mi verga. Está apoyada contra mi vientre, y bien dura por cierto. Pero su clítoris podía frotarse contra mí de esa manera y comenzó a mover la pelvis suavemente hacia adelante y atrás. La gloria de sus lolas quedó a mi vista y al alcance de mis manos. Me deleité sobándolas y acariciando sus pezones, evidentemente sensibles porque gemía suavemente en respuesta y aumentaba el ritmo de su pelvis. También me salió acariciarle muy tenuemente con mis uñas el contorno de sus pezones bamboleantes, siguiendo la caricia por sus costados, sus muslos y su culo hasta donde llegaban mis brazos. La hizo estremecerse suavemente, entrecerró los ojos, y comenzó a jadear un poco. Ahora si la estaba descifrando, y aceleraba en el camino a su orgasmo. Repetí caricia con las uñas en la cara interna se sus muslos, su bajo vientre y su pubis, bajo el cual mi glande aparecía y desaparecía con sus movimientos rítmicos. Con mi pulgar masajeé sobre la unión de sus labios mayores, para estimular más su clítoris. Humedecí mis dedos con algo de tanto jugo que había sobre mi vientre, y tomé con delicadeza sus duros pezones entre mi índice y pulgar, y eso la llevó sobre el borde. La sentí venir. Profunda. Intensa. Abrí mi mano y apreté con fuerza sus tetas. Cerró sus ojos, tembló todo su cuerpo y sus jugos empaparon mi verga y mis huevos. Se aflojó y bajó sobre mi pecho. Nos besamos mientras le acariciaba la espalda (con las uñas, como le gustaba eso) y se estremeció un par de veces más.

    – Ahora, ¡eso sí fue lindo! – dije, y simplemente me miró con su hermosa sonrisa.

    Se incorporó de nuevo y miró mi pene duro aún bajo ella.

    – Supongo que eso no puede quedar así, ¿no?

    – Por favor no.

    – ¿Cómo hago?

    – Lo que te salga seguro funciona.

    Levantó su pierna derecha, descansando sobre su rodilla izquierda para hacer algo de espacio, tomó mi verga y comenzó a pajearme con alguna torpeza.

    – Así, ¿no?

    – Así.

    Tomé su mano, la ayudé a cerrarla sobre mi verga, y a acompañar algunos movimientos. Comenzó a masturbarme con más destreza, pero luego comenzó a jugar con fuego. Levantó un poco más su pelvis y comenzó a frotar mi glande por su ranura. La sensación era sublime. Sentía la protuberancia de su clítoris sensible adelante, y luego como se hacía más suave hacia atrás, llegando a la humedad invitante de su entrada. Reemplacé su mano para maniobrar yo mismo mi verga, el ángulo me lo hacía más fácil. Frotando suavemente mi glande, deteniéndome más en su entrada, y pronto me quede allí con mínimos movimientos circulares, hasta que mi cabeza fue avanzando un par de centímetros en la entrada. En parte porque yo inconscientemente levantaba mi pelvis, pero también en parte porque Cami no apartaba la suya. Pero lo cierto es que en el umbral de la virginidad las hazañas viriles son para los cuentos y, la verdad sea dicha, mi orgasmo que ya veía reteniendo desde hacía rato me ganaba por goleada. Me pajee más fuerte con mi glande todavía apoyado en su himen, luego lo traje hacia mí, y me deje ir, descargando sobre mi vientre.

    – Que enchastre hicimos. Venís, vamos a limpiarnos un poquito.

    Fuimos al baño, hicimos pis, se sentó en el bidet, hice correr agua, y con jabón y ternura le lavé su entrepierna. Hizo lo mismo conmigo, nos secamos y nos tiramos lado a lado en la cama. Charlamos largo rato, de esto y de aquello. A todo esto es importante agregar que mis conversaciones con Cami no eran huecas, nos gustaban más o menos las mismas cosas, nos contábamos nuestros sueños, descubrí por ejemplo esa noche que le gustaba esquiar (mi deporte favorito) y hablamos largo rato sobre montañas, la Patagonia y demás. Alternado con alguna risa, algún beso y constantes caricias. En un punto coloca su mano en mi pene, ya erecto de nuevo, y me pajea suavemente. Listos para otra vuelta, nos dijimos con una mirada. La besé, bajé a su cuello, me detuve un buen tiempo en sus lolas, y seguí bajando para ensayar en la práctica lo que había leído en La Segunda Dama. Me dejo entre sus piernas flexionadas, que mis brazos rodearon, mientras alcanzaba su clítoris. Ensayé varias cosas, mi lengua más ancha, paleteando como un helado, o bien explorando con la punta más rígida los varios sectores. Esto último, en especial jugando así con su punto sensible, casi como si fuera un dedo, produjo la mayor excitación en Cami. Me lo delataban sus gemidos y contorsiones, y los pequeños temblores y la tensión de sus músculos que podían sentir en la palma de mi mano presionada en su pelvis.

    El trámite pronto se volvió algo incómodo para mí. Sus piernas se cerraron cada vez más fuerte sobre mi cabeza, la cual también me sujetaba con ambas manos, y apenas conseguía respirar por mi nariz que por momentos también se apretaba contra su concha. ‘Que valga la pena’ pensé mientras continuaba con ahínco. Sin duda que así fue. Se tensó con vigor hasta levantar la cola de la cama, sus flujos inundaron mi boca y tembló violentamente. Los temblores se volvieron espasmos, apartó mi cabeza y se cubrió con las manos para que no la siguiera estimulando. Gradualmente fue relajándose. Sus piernas dobladas cayeron fláccidas a los costados, abriéndose ante mi entregadas. Aparto sus manos, y tuve la idea picara de un último beso en su punto mágico.

    – ¡No!, ¡Jajaja! – dijo dando un respingo.

    Me trepé sobre ella y la besé.

    – Ahora supongo que debo devolver la atención… – su mirada entre lujuriosa y temerosa.

    – Nada, pero nada me gustaría más.

    – Recostate – Ordenó corriéndose de abajo mío.

    Cambiamos posiciones, ella arrodillada entre mis piernas se recostó sobre mí y comenzó a imitar mi recorrido lingual. Me estremecí cuando me besó los pezones, desconocía que eran sensibles, y también cuando siguió en mi abdomen, pero también porque sus generosas ubres frotaban mi miembro rígido como un mástil. Finalmente dio un beso suave sobre la base de mi glande, y no me fui allí mismo porque era el tercero. Mirándome a los ojos me tomo con su mano e introdujo la cabeza en su boca. No estaba segura bien de qué hacer, ni yo. Pero pronto me di cuenta de lo que me generaba más placer, y Cami prestaba mucha atención a mis indicaciones bastante incoherentes balbuceadas entre suspiros, y me llevo pronto al cielo. Mi verga entraba y salía de esa cavidad cálida y resbalosa, y… y…

    – ¡Cami! ¡Cami! ¡Me salta!

    Lejos de sacarla de su boca, la sujetó adentro mientras acababa. No habría eyaculado mucho a esta altura, pero algo saboreó y tragó sin mucho disgusto. Se recostó al lado mío mientras me recuperaba, mirándome con una sonrisa, que súbitamente cambió.

    – ¡Jojo, son las cinco! – el tiempo había volado. Cami se tenía que levantar a las siete, ya que a las ocho los padres de Susi la llevaban a su casa de camino al trabajo.

    – Calma, estas a tiempo. Nada vas a dormir, pero decime que valió la pena.

    – Si que valió la pena – dijo sonriente mientras se ponía su bombacha y su camisón.

    – ¿Cuándo nos volvemos a ver? – dispare sin pensarlo.

    – Tengo que volver antes que termine el verano. – respondió.

    Me miro fijo, nos besamos, y se fue sigilosa en la noche.

  • La esposa de mi amigo (1): Inicio

    La esposa de mi amigo (1): Inicio

    Esta historia comenzó hace varios años, por motivos de trabajo tenía que viajar un fin de semana al mes al sur de la provincia. Para no tener que pagar estadía allá mi amigo David me ofreció quedarme esas noches en su casa. Uno de sus hijos cuando tenía que venir a ciudad se solía quedar en nuestro departamento así que no me pareció algo descabellado. En la casa vivían mi amigo David de unos 45 años, mecánico de profesión, Susana una mujer de unos 42 años que era secretaria para unos arquitectos, su hija Mariana de 16 años y su hijo Martín de 20 años que ingresó a la facultad ese año. Como Martín en ese momento se estaba mudando a Ciudad, yo pasaría a ocupar su cuarto al final del pasillo, en frente tenía el baño que compartía con Mariana, al lado del comedor estaba el cuarto de mi amigo y en el medio de ambos el cuarto de Mariana.

    Con David me conozco desde que éramos adolescentes y durante ese tiempo fuimos compañeros de aventuras, aunque me lleva unos 6 años de diferencia yo parezco mucho más joven, el ritmo de vida que llevo me mantiene en forma y si bien no soy muy bien dotado, lo normal, tengo una buena experiencia y una facilidad para el morbo.

    Durante medio año iba a la casa de mi amigo a pasar un fin de semana al mes, todo ese tiempo transcurrió como si nada, yo llegaba tipo 22 h cenaba solo con ellos la mayoría de las veces, ya que la hija tendía a pasar las noches que yo estaba allá en la casa de alguna amiga. Una noche bebimos una botella de vino mientras charlábamos y nos reíamos, yo aprovechaba esos momentos para mirar de reojo las piernas de Susana, unas piernas morenas anchas pero bien trabajadas que cuando ella se reía a carcajadas su falda se subía casi al límite de dejarme ver su ropa interior. David me pescó un par de veces haciendo esto, pero no decía nada, contaba chistes y hacía monadas para que ella se riera cada vez más fuerte. Cuando David fue por una segunda botella de vino me envió un mensaje desde la cocina, “No tomes más, yo sé lo que te digo”, no le di importancia hasta que volvió y me guiño un ojo.

    David y yo no probamos de esa segunda botella, ni de la tercera, entre risas y risas, Susana ya estaba medio ebria, yo ya sin ningún pudor miraba a gusto sus piernas y algo de su escote que se abría cuando ella gesticulaba, mi miembro ya estaba a medio despertar dentro de mis pantalones cuando David me mira y me vuelve a guiñar un ojo, me posiciono expectante para ver que hace.

    En ese momento abofetea a su esposa, no muy fuerte pero lo suficiente para que ella quede quieta como confundida, no sabía que hacer estaba petrificado, la vuelve a abofetear dejándole el pómulo colorado y puedo ver como la respiración de Susana se acelera y claramente puedo ver como sus pezones se endurecen de la excitación, David comienza a comerle la boca con pasión mientras ella lo toma con ambas manos de la cabeza, parecen haberse olvidado de mí. Comienzan a tocarse a manosearse, puedo ver la tanga negra que tiene puesta Susana y lo mojada que está, David baja y comienza a chuparle y apretarle las tetas, con unos pezones medianos y oscuros que hacen que mi pija de un respingo en mis pantalones, se arrodilla ante ella le quita la tanga haciéndole un oral furioso, Susana gime y se amasa las tetas, excitada, perdida, yo me acomodo y disfruto del espectáculo.

    Sin sacar la cabeza de la entrepierna de su esposa me hace señas de que me acerque, sin dudarlo me levanto, ahora sé que le gusta rudo así que la tomó de los pelos de la nuca y la beso con algo violencia, gime y se deja hacer. Estamos un rato así cuando David se incorpora metiéndole dos dedos en la concha mientras me dice “Llenale la boca con algo esta hija de puta así se calla”, no termino de decir eso que me baje el cierre y le llene la boca con mi pija. Que sensación espectacular que una mujer gima mientras tiene tu pija en la boca. Estuvimos un rato así hasta que los 3 nos vamos a su cuarto, David se la empieza a coger en cuatro, yo me pongo para que siga chupando cuando me mira a los ojos, puedo escuchar el golpe de las embestidas de mi amigo, me dice clarito “Hace rato que tenía ganas de chuparte la pija”.

    Eso me puso como loco, le metía la pija hasta que le daban arcadas una y otra vez, David acabo y me dijo, “Te toca, dale que hace rato que me pide que se la coja otro macho”, ella me mira con los ojos llorosos y una sonrisa morbosa. Solo les puedo decir que lo entregue todo, le di con toda mi furia, la nalgueaba, la insultaba, le apretaba las tetas hasta que acabo 3 veces me resistí a acabar hasta que en un momento dijo “Dale, seguí así acabame adentro, dale, la tenés más grande que mi marido” y ahí acabé y acabé, casi me desmayo pero acabé hasta la última gota de leche que tenía. Mi amigo me tomó de los hombros, me guío a la puerta y me deseó las buenas noches, dejándome en bolas y exhausto en el comedor.

    A la mañana siguiente y el resto de los fines de semana que pasamos los 3 juntos ninguno volvió a tocar el tema, no hubo más tríos ni insinuaciones.

    Pero nadie me decía nada cuando me encontraban mirando descaradamente el cuerpo de Susana.

    Al menos durante todo el siguiente año.

  • Mira bulto en el metro

    Mira bulto en el metro

    Desde hace unos años he notado, desde que están de moda los pitillos, que las mujeres miran mucho mi bulto al subir al metro.  Tengo 26 años, mido 1.75 y tengo una buena condición física. Ah! Y creo que es importante mencionar que Dios me dotó de un calibre que suele ser apetecido por las féminas.

    Desde ese descubrimiento que, reconozco, suelo acomodarlo hacia un lado (izquierdo) para que se realce y tenga espacio para crecer mientras es observado.

    Es que es un círculo vicioso. Lo notan, las veo, me excito y más lo miran. Y la verdad es que las reacciones de las mujeres al ver mi erección, que suelen estar sentadas al frente, llegan incluso a ser de desesperación. Estoy casi seguro que más de alguna ha llegado incluso al orgasmo solo observándome.

    Este verano 2022 durante la quincena de enero subí en la estación plaza de armas del metro de Santiago me acomodé algo a mi amigo y nos subimos. El calor y el ejercicio me tenían bien activado al amiguito con ganas de captar la atención de alguna fogatita.

    Al subir noté que en los asientos que quedan de frente venían dos mujeres. Una mayor durmiendo y una joven con unas tetas grandotas que me robaban la atención.

    Me hacía el desinteresado hasta que la joven soltó su teléfono y clavaba su mirada en mi amigo que ya estaba palpitante. Sin mirarla directamente notaba su nerviosismo. Guardaba y sacaba el teléfono. Se tocaba el pelo. Cruzaba las piernas. Agachaba la cabeza para asegurarse de que no la viera mirándome.

    Todo esto me tenía muy erecto y cada vez que notaba que se disponía a mirar hacia palpitar intensamente mi pene. Esto la volvía loca y miraba hacia todos lados y me miraba a la cara. Llevábamos unas diez estaciones en este juego caliente ya llegando a Vicente Valdés, la última estación. (Yo me bajaba tres estaciones antes). Me puse pegado a la puerta para bajar y ella se posó tras de mí absurdamente pegada considerando que no venía tanta gente. Al bajar le pedí su Instagram. Me lo dio. Resultó que tenía 18 años. Por chat conversamos un poco y le reconocí mi «accidente». Ella me dijo que lo había notado y que por eso no se había bajado en la estación que le correspondía.

    Igual que yo, sé había quedado hasta la última estación de puro caliente. Le dije que nos juntáramos. No quiero ser demasiado explícito porque sigue siendo mi amiga, pero ha sido la única mirona de mi bulto en el metro que he podido culear. La única admiradora de mi pene que ha podido disfrutarlo. Después me reconocía que iba muy mojada y que no podía mirar cuando me palpitaba porque se mojaría demasiado.

    Aún a pesar de esta grandiosa experiencia no me he atrevido a pedir el contacto de aquellas mironas que babean al mirarme el bulto. Supongo y espero por sus expresiones, los movimientos de sus lenguas o sus miradas hipnotizadas que llegan a sus casas a lo mismo que yo. A masturbarse.

  • Por fin lo hicimos

    Por fin lo hicimos

    En el tema sexual debemos ser honestos y la verdad a nosotros como hombre nos excita llevar a nuestras parejas a situaciones sexuales que pueden ser calificados como tabú o como algo fuera de lo normal y si bien el sexo tiene tantas vertientes como variantes cada quien las vive como les apetece, eso sí, siempre teniendo el consentimiento y complicidad de la pareja puesto que eso es el disfrute y goce en común.

    La fantasía en común que la gran mayoría de nosotros los hombres es compartir de una u otra forma a la pareja algunos preferirán el contacto físico, algunos otros quizá por medios digitales o APP, en mi caso según sea el momento ya que en la intimidad hemos fantaseado tanto que en cada uno de esos momentos la fantasía cambia.

    Hoy quiero comentar como fue que mi esposa se decidió a dar ese primer paso, el cual sea dicho me excito de tal manera que aun el día de hoy al estarlo redactando el hecho de recordar lo acontecido hace que me moje y desee repetirlo en algún momento.

    Esa noche en particular no tenía nada de aroma sexual en el ambiente, era como cualquier otra, revisando los móviles sin luces de por medio, y estaba como todas esas noches tocando, masajeando y deleitándome con el hermoso y grande par de nalgas de mi esposa las cuales son dignas de admirar y de dedicarles un piropo subido de tono. Pero como saben siempre una voz interna te invita a hacer travesuras y una vez que empieza no se detiene, así que como si estuviéramos alejados a gran distancia le empecé a escribir por WhatsApp.

    Yo: Oye, Tú, Hermosa

    Ella: Hello Baby

    Yo: Quiero proponerte algo, hagamos algo diferente sexualmente hablando – mientras le estrujaba una vez más una nalga–

    Ella: ¿Está fuerte no? ¿Cómo qué? ¿Dime qué?

    Yo: ¿Recuerdas que apenas hace unos días me dijiste que se te antojaba un trio? La verdad eso me tiene muy caliente y con algunas ideas en la cabeza — y aunque no se lo comente, en este momento comencé a ponerme firme de solo recordarlo y comentarlo–

    Ella: si lo hacemos, luego ya no vamos a tener sexo normal — en ese preciso momento la temperatura se incrementó por arte de magia ya que generalmente no contesta de esta forma– Pero igual podemos intentar otras cosas que sean también muy calientes

    Yo: He descubierto que me atrae el voyerismo, aunque nunca lo he practicado

    Ella: a mí, me daría mucha pena que me espiaran o me vieran ¿a quién has espiado??

    Yo: Pues hasta el momento a nadie, pero me excita la idea, ya que lo he leído y me lo he imaginado supongo que ha de ser rico jajaja

    Ella: ¿Cómo que más has pensado aparte de eso? ¿Qué más?

    Yo: Me gustaría conocer una mujer nalgona como tú – debo confesar que en este punto terminaría la conversación y la inercia de los textos ya que generalmente al involucrar a alguna otra mujer a veces se rompe el encanto–

    Ella: ¿De verdad?

    Yo: A veces me gustaría saber lo que algún otro hombre opina de tus nalgas — esta pregunta detonó aún más mi calentura ya que siempre había tenido la idea de que alguien más pudiera admirar su cuerpo sin ropa ya que en muchas ocasiones he visto como le admiran cuando vamos en la calle o algún lugar concurrido—

    Ella: y si te dijera que sí, ¿a quién le dirías?

    Yo: No lo sé, creo que no hay nadie con la suficiente confianza y el suficiente respeto…

    Ella: preguntamos y sabrás – en este punto ya todo era calentura y morbosidad, sentía como estaba lubricándome de más, todo esto mientras bajaba su ropa interior dejándola casi desnuda debajo del edredón de la cama y empezando a tocar el vello púbico de su monte de venus—

    Yo: A quien tengas en mente seguramente se va a masturbar con la imagen de esas nalgas ricas.

    En este punto haré un paréntesis para comentar que mi esposa tiene un amigo allá en su lugar de origen que siempre se quedó con las ganas de tocar y probar ese lindo cuerpecito, y seguramente no solo esto sino darle rienda suelta a los deseos de la carne, sabemos que él también ha guardado imágenes de ella de su perfil de WhatsApp y Facebook.

    Ella: A mi amigo… es el único, si me ve se va a morir… solo que tú no te enojes.

    ¿Enojarme? Si es lo que pido a gritos en mi fantasía saber que alguien más la admira, que disfruten de ese cuerpo de esas nalgotas tan ricas. Y sobre todo porque la imagen que escogimos era una donde ella se muestra con una linda tanga color negro de hilo la cual adorna perfectamente ese trasero delicioso.

    Yo: seguramente con esa imagen si la ve no va a dormir…

    Ella: ¿la mando? Contéstame

    Yo: te da miedo… eres miedosa, no lo vas a hacer…

    Ella: lo que me haces hacer –me decía con risa nerviosa, pero mientras esto pasaba yo tocaba su vagina y sentí como estaba hirviendo y muy mojada–

    Yo: Alguien más va a conocer esas nalguitas.

    Ella menso…

    Yo: seguramente hoy no duerme, se va a masturbar toda la noche –Como siempre es nuestra forma de calentarnos supuse que no la había enviado—

    Ella: por fin me anime

    Cuando leí eso en la pantalla de mi celular mi corazón empezó a tocar una rumba en mi pecho, por fin habíamos cruzado esa puerta que habíamos tocado y no podíamos abrir, en ese momento mi pene creció un tanto más por la excitación y por fin saber que alguien más disfrutaría aunque sea virtualmente de ella, al tocarla nuevamente sentí aún más caliente su vagina así que le introduje dos dedos mismos que resbalaron fácilmente por la humedad, y se empezó a mover de una forma tan sexy y tan sugestiva que al mismo tiempo empecé a juguetera con su clítoris.

    Yo: de verdad me pusiste caliente

    Ella: Me vas a hacer una desvergonzada, pero no quiero reclamos ni peleas por esto — me decía mientras se mordía los labios y se movía para sentir mis dedos dentro de ella. –

    Ella: ¿Qué piensas? – que pensaba estaba extasiado, estaba incrédulo de lo que estaba pasando—

    Yo: que pienso, que ya tengo quien me ayude a cogerte…

    Ella: pero él está muy lejos, no lo puedo creer le mande una foto de mis nalgas

    Ella: no inventes ya la vio, aaay que pena, que oso, ya me contestó me quiere enviar algo, ¿cómo le digo que no?

    Yo: ¿Quieres conocerlo? ¿La verdad?

    Ella: pues debe estar igual a ti, Pero estaría bien conocerlo.

    Estas palabras me pusieron aún más duro y más húmedo, con la boca seca y el corazón palpitando a lo máximo

    Ella: Ya la mandooo, ya la mandooo, no la voy a descargar, soy inocente, la mandó encuerado…

    Yo: era obvio –y aunque quizá no se percató esto hizo que se humedeciera una más, mis dedos entraban y salían más rápido y más fuerte—

    Ella: te lo juro, pensé que era en bóxer, me da pena, mucha, estas caliente, méteme tres dedos por favor dale duro.

    Yo: si mucho muy caliente, tanto que aún lo recuerdo y estoy mojado de nuevo.

    Ella: ¿por qué?

    Yo: porque alguien más ya conoce tu colita y se excitó y está pensando cogerte y porque es algo prohibido. – ahora no solo tocaba su vagina, sus jugos habían mojado de un amanera muy rica su ano, el cual empecé a tocar por encima con el objetivo de meter mis dedos también, los cuales después del primer intento resbalaron sin problema alguno, sentí como se abrían paso y su esfínter palpitando y dando pequeñas mordidas.

    Ella: si él estuviera aquí que te gustaría más hacer un trio o que me vaya con él y te cuente

    Realmente esa imagen pasó de manera instantánea por mi cabeza y la imagine de ambas formas, desnuda disfrutando del placer del sexo anal y vaginal

    Yo: las dos, el trio

    Ella: lo imaginé, tengo pena, mucha pena…

    Yo: te gustaría cogértelo ¿hacerle un oral?

    Ella: mmm probablemente, y ya caliente si se la chupo

    Yo: algún día te va a pedir imagen de tus senos o tu vagina

    Ella: no eso no me da pena…

    Apagamos los celulares, y como me estaba dando la espalda acomodé mi pene entre sus nalgas, ella al sentirme abrió sus nalgas invitándome a penetrarla por el ano, el cual no opuso resistencia a la invitación, entre de una forma tan fácil y tan profunda que me empecé a mover dentro y fuera de ella.

    Se la saque la acomodé boca arriba y le levante ambas piernas mientras nos acomodábamos y apunte de nuevo a su rico culito, al estar dentro empecé a moverme con mas ritmo y más fuerza, mientras ella con la respiración agitada me pedía mas, y duro

    En mi mente la idea de que ella estuviera a solas con su amigo no se esfumaba, por el contrario cobraba más fuerza,

    Ella: así, así dame duro dame duro

    Estando en esa posición me recosté sobre su pecho y busque uno de sus pezones, el cual mordí y chupe, mientras ella me tomaba de la cabeza y me apretaba contra ella, cambie de seno para aprovechar la posición, hasta poder hacer lo mismo con el pezón en mi boca.

    No podía falta voltearla y empinarla, así la puse y nuevamente contra su ano dilatado y hambriento de pene, esa posición me encanta ya que puedo sentirme el hombre más afortunado viendo tremendo par de nalgas para mi solito, y de nuevo imaginando que algún día el amigo de mi esposa la puada tener de esa forma.

    No pasó mucho tiempo para sentir como estaba a punto de llegar al orgasmo, ella empezó a contraer muy rápido el ano y yo me deje ir dentro de ella.

    Terminamos ambos al mismo tiempo, sudados satisfechos y muy calientes.

    No sé si ella lo sabe pero realmente ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, espero algún día poder repetir la experiencia uy enviarle otra imagen a su amigo de sus ricas nalgas en otra posición incluso empuñada para que vea lo que algún día si se presenta la oportunidad pueda comerse…

  • Mi esposa y su otra faceta (Historia 2)

    Mi esposa y su otra faceta (Historia 2)

    Después de haber leído y observado las fotos del primer correo con el tal Julio, seguí buscando más correos, seguro de encontrar otra prueba de la nueva faceta de mi esposa que estoy descubriendo y me llamó la atención un correo con el asunto: Amiga, si se pudo con el cubano.

    Abro el correo y descubro que esté correo se lo envía mi esposa a su mejor amiga: Sandra, donde le cuenta todo lo sucedido con un tal cubano de nombre: Jorge, a continuación la segunda evidencia de esta transformación que estoy descubriendo de mi esposa:

    Sandra: T, que pasó amiga con el cubano, vi que te dio su número, le hablaste?, Lo viste, está buenísimo amiga, deberías de echártelo.

    T: Amiga pues te cuento la maravillosa mañana que pasé ayer con Jorge, el cubano, resulta que le hablé el lunes y le dije que si se acordaba de mí, después de platicar un buen rato me invitó a salir el fin de semana, obvio le dije que no podía en fin de semana por mi marido así que le dije que podía inventar a mi marido que voy a tener una presentación de productos y así justificaría mi atuendo.

    Continúa T: Pues me vestí con la minifalda gris que llevé a la fiesta de tu cumpleaños, la que me llega arriba de las rodillas, las medias negras con puntitos que me regalaste junto con las zapatillas de tirantes que te compré, arriba mi blusa rosa tejida que te encanta, de mi casa salí con sostén, en el Uber me lo quité discretamente, jejeje.

    Sigue T: Pues nos quedamos de ver en Revolución, en el metro Mixcoac, yo estaba nerviosísima y cuando llegué ya estaba ahí, parado con una playera tipo Polo que mostraba sus brazotes, unos jeans súper apretados que dejaban ver su rico trasero y obvio amiga su rica sorpresa que descubriría minutos después. Me acerqué y sin preguntarme me besó en la boca, yo la verdad reaccioné inmediatamente mientras pensaba: Estoy a punto de acostarme con la fantasía de toda mujer, un negrote cubano. Acto seguido me tomo del brazo y me llevó al Hotel Pasadena que está pasando el metro, lo ubicas?

    T: Entramos a la habitación, me dejó entrar primero, escuché que cerró la puerta y de pronto lo tenía atrás de mi, me tomó con su mano derecha por el cuello y con la izquierda me tocó mi seno izquierdo y me dice: Te voy a dar la cogida más rica de tu vida chaparrita, amiga, te juro que ya sentía su vergota por encima de su pantalón, estando atrás de mí, tomó mi blusa de abajo y me la quita dejándome al desnudo mis senos, yo ya estaba súper caliente amiga, me volteó bruscamente, se agachó y empezó a chuparme y morderme mis pezones, acto seguido me subió la falda, me rompió las medias del culo y me volteó nuevamente y me empezó a nalguear, me tenía ya semidesnuda porque solo traía las medias abajo, no me puse tanga amiga, para que fuera más rápido, jajaja.

    Después de como 10 nalgadas me tiro en la cama y me dijo: ahora sí, vas a tener la mejor cogida mamita, se quitó el pantalón y vaya sorpresa amiga, no lo medí pero estaba enorme, súper parado y grueso amiga, yo ya lo quería sentir, me jaló de los tobillos, empezó a chuparme abajo amiga, hizo que me viniera por primera vez, ya estaba súper mojada y sin avisar paró, se puso mis piernas al hombro y me la metió de un solo movimiento sin decirme nada, te juro que me volví a venir y pegué un grito como nunca, me empezó a bombear súper duro, yo gritaba como nunca amiga, no sé cuánto duró pero creía que me iba a romper en dos, se vino adentro de mi y provocó el tercer orgasmo y cuando pensaba que ya habíamos acabado, me puso en 4 y me volvió a coger, me la metía y me la sacaba tan duro mientras me nalgueaba durísimo.

    Amiga te juro que es la mejor cogida de mi vida, quedamos en vernos dentro de un mes, yo regresé a la casa y me vio mi marido que cojeaba un poco y me preguntó que si estaba bien, obvio le inventé que me había torcido un pie, no podía gritarle aunque quería: Wey no te das cuenta que le acaban de dar la mejor cogida de su vida a tu esposa, jajaja.

    Así termina este correo y después de quedar nuevamente con los ojos cuadrados, este correo me confirmó en lo que se había convertido mi esposa, la seria y decente, ahora sabía que mi esposa T, es en verdad una verdadera puta insaciable. Ya te contaré en la siguiente historia lo que decidí hacer con ella.

    Hasta la próxima historia de mi esposa T, la nueva puta de la CDMX.

  • Mi primer trabajo con la amiga de mamá

    Mi primer trabajo con la amiga de mamá

    Antes de comenzar con esta rara pero excitante historia voy a presentarme: mi nombre es Lucas, tengo 20 años y vivo en Buenos Aires con Alicia, mi madre. Desde que cumplí la mayoría de edad y desde la partida de papá después de su divorcio, mamá siempre había insistido con la idea de que yo debía aportar a la economía de la casa. Más allá de que no nos faltaba nada y que mamá ganaba muy bien en su trabajo como cosmetóloga, no le gustaba para nada la idea de que no tuviera ninguna actividad productiva. Apenas terminé la secundaria, comencé una carrera universitaria que abandoné a los pocos meses porque decidí que los libros no eran lo mío. Desde entonces, mamá me recordaba periódicamente que debía buscarme un trabajo porque ella no me iba a mantener toda la vida. En principio me parecieron simples amenazas que nunca se iban a concretar, pero un cálido lunes de enero las amenazas se hicieron realidad. A las 8 de la mañana mamá entró a mi cuarto de golpe, abrió la ventana para que entre la luz del sol y comenzó a destaparme mientras gritaba.

    ¡Lucas! Levantate. Dale. Arriba vago que ya te conseguí trabajo y empezas hoy mismo – dijo mamá mientras sacaba ropa de mi armario para que me vista. Sus palabras hicieron que me despierte de golpe.

    ¿Qué? ¿Como que me conseguiste trabajo sin avisarme mamá? – pregunté confundido.

    Ya te lo avisé varias veces que tenías que empezar a trabajar para aportar algo y no me hiciste caso. Así que te ahorré el esfuerzo de buscar trabajo y te lo conseguí yo – dijo ella mientras yo me ponía la ropa que me iba dando.

    ¿Y en donde voy a trabajar?

    Con Susana en la repostería. Ella es una de mis mejores amigas y me comentó que está buscando empleado y, a partir de hoy, vas a ser vos.

    No podía creer lo que mamá había hecho. Esta vez se veía muy firme en su decisión de que yo debía trabajar y finalmente tomó cartas en el asunto.

    Pero mamá, no tengo ni idea de repostería. Voy a hacer un desastre – le dije intentando en vano que cediera ante su decisión.

    Ya le dije a Su y me dijo que te va a enseñar todo lo que necesites saber. ¡Basta de excusas Lucas! Cámbiate que a las 9 te espera en el local – gritó mientras me tiraba la última prenda de ropa y cerraba fuertemente la puerta.

    Me terminé de cambiar mientras aceptaba que el ultimátum de mamá era definitivo. En mi intento de encontrarle el lado positivo a la situación, recordé que Susana era la mejor amiga de mamá y siempre había sido realmente amable y cariñosa conmigo. Eso significaba que no iba a tener un jefe altanero y autoritario como los tiene la mayoría de la gente que trabaja en relación de dependencia. Otro aspecto positivo era que la repostería de Susana quedaba sólo a una cuadra de mi casa y no debía levantarme muy temprano ni hacer largas distancias para llegar al trabajo. Además, iba a comenzar a tener mis propios ingresos, por lo que no debería depender del buen humor de mamá para salir con mis amigos o comprarme lo que yo quisiera.

    Salí de mi habitación, desayuné con mamá mientras me daba los últimos consejos para comenzar mi primer día en el mundo del trabajo. Luego de un desayuno de café y tostadas, emprendí el camino hacía el local de Susana. Al entrar al limpio y hermoso lugar lleno de exquisitos postres y tortas delicadamente decorados, vi a la amiga de mamá del otro lado del mostrador.

    Susana tenía 50 años, tenía una estatura un poco menor a la mía, aproximadamente de 1.65 y tenía el típico cuerpo de una mujer cincuentona que había dedicado su vida al trabajo. De caderas anchas y regordeta, Susana vestía una calza color blanca que marcaba todas las imperfecciones en sus piernas y su torso estaba cubierto por un impecable delantal blanco recién lavado. Ella estaba perfectamente maquillada y lo que más resaltaba de su rostro era el labial rojo carmesí que cubría sus carnosos labios. Su cabellera larga y enrulada color rojiza también estaba perfectamente peinada sin un pelo fuera de su lugar. Pero lo que más me llamó la atención al ver a Susana, fue el volumen de sus pechos. Su complexión regordeta le daba dos enormes ubres cubiertas de decorativas pecas color café con leche. Ella sabía que su delantera era su mejor atributo, por lo que su delantal dejaba ver una remera verde manzana con un amplio escote que mostraba un hermoso lunar en su pecho izquierdo, justo al lado del profundo surco que empezaba bajo su cuello.

    Cuando la amiga de mamá me vio entrar se le dibujó una sonrisa en la cara y giró alrededor del mostrador para venir a saludarme. Mientras caminaba hacia mí, no pude sacar la vista de esos enormes globos de carne que saltaban al ritmo de sus pasos.

    Al fin llegó mi nuevo empleado. Que alegría que empieces a trabajar conmigo Luquitas – dijo ella, mientras me daba un fuerte abrazo y apoyaba sus carnosas tetas por debajo de mi pecho. El contacto fue tan fuerte que pude sentir la dureza de sus tetas y hasta sus pezones rozando en mi torso.

    Gracias Su – contesté algo nervioso tratando de disimular mi excitación – Mamá me dio la sorpresa hoy mismo.

    ¡Ay si! Me dijo que no te iba a decir nada y yo estaba preocupada porque no sabía si te iba a gustar el trabajo. Pero quédate tranquilo que no es nada difícil, tenes una jefa que nunca te va a tratar mal y vas a ganar muy bien – dijo ella tratando de convencerme. Y lo consiguió.

    No sé si mamá te dijo, pero no tengo ni idea de repostería Su – le comenté.

    Vos quédate tranquilo que yo te voy a enseñar todo a su tiempo. Por ahora empezá barriendo un poco el local y si llega a venir un cliente me avisas para que yo lo atienda. Yo voy a estar en mi oficina haciendo algunos números – contestó ella de manera muy amable y con una enorme sonrisa.

    Seguí las instrucciones de mi nueva jefa y comencé con la tarea que me había encomendado. Barrer no era ninguna ciencia y era muy fácil teniendo en cuenta que el local estaba realmente limpio, por lo que mientras pasaba la escoba sobre el suelo inmaculado, mi cabeza seguía en las enormes tetas de la amiga de mamá. Jamás me habían llamado la atención las mujeres mayores, ni había tenido una experiencia con una, pero el hecho de que Susana sea mi nueva jefa y que se vista tan provocadora me generaba un morbo que hasta el momento no había experimentado. El abrazo que me había dado sin ningún tipo de pudor por poner en contacto sus tetas conmigo me hacía pensar que ella también disfrutaba del contacto físico con un joven y la idea de que yo fuera carne fresca para ella me excitaba aún más. Quizá sólo eran las hormonas haciéndome imaginar cosas que no eran, pero era algo que sólo el tiempo me iba a confirmar.

    Mientras seguía barriendo cada rincón del local, noté que sobre mí había una cámara de seguridad. Al verla, mi cabeza empezó a volar y me imaginé a Susana en el escritorio de su oficina mirándome detenidamente mientras hacía mis tareas, quizá con el mismo morbo que tenía yo. Como si realmente estuviera solo y sabiendo que ella podía estar observándome, llevé mi mano a mi entrepierna e hice el gesto como si me acomodará el bulto. Lo relacioné a un gesto que suelen hacer los hombres bien dotados y si Susana lo veía podía llegar a la misma conclusión.

    El resto del día transcurrió normal. Luego de barrer, Susana me encomendó más tareas de limpieza, aunque todo estaba realmente limpio. Entraron varios clientes a lo largo de la jornada que Susana atendió con su característica amabilidad y gentileza. Realmente era un negocio muy rentable debido a los famosos y exquisitos postres que Susana hacía con sus propias manos.

    La primera semana de trabajo pasó realmente rápido. Todos los días a las 9 de la mañana llegaba al trabajo y Susana me seguía encomendando tareas de limpieza. Cuando ella salía de su oficina y no había clientes que atender, charlábamos un rato y nos contábamos detalles de nuestra vida entre risas, café y algunos muffins que ella misma vendía en su local. Susana me había contado que, al igual que mamá, era divorciada. Se había separado de su marido hacía poco más de tres años y, desde entonces, no había tenido otra pareja. Yo le conté de mi breve paso por la universidad, de mi vínculo con mamá y de las pocas relaciones amorosas que había tenido. Sobre este último tema ella se mostró muy interesada haciéndome varias preguntas al respecto, pero ninguna que incluyera la cuestión sexual de manera explícita. Cada uno de los días ella cambiaba su vestuario, pero con el mismo estilo provocador del primer día. Sus grandes y profundos escotes siempre dejaban ver la mitad de sus enormes ubres; incluso uno de los días pude ver el borde amarronado de uno de sus pezones antes de que ella subiera su remera para evitar que una de sus tetas salga disparada. No sé si ella habrá notado mi mirada en su pecho, pero a medida que pasó la semana me di cuenta que cada vez la miraba más y con menos disimulo.

    Finalmente llego el viernes y faltaban pocos minutos para que llegue mi horario de salida y poder comenzar con mi fin de semana. Diez minutos antes de las 5 de la tarde la aguda voz de Susana me llamó desde su oficina. Dejé el trapo con el que estaba repasando el mostrador y golpeé la puerta. Desde adentro se escuchó nuevamente su voz autorizándome la entrada. Entré, cerré la puerta y vi una oficina realmente lujosa y limpia. En la pared colgaban varios cuadros con diplomas y premios culinarios con el nombre de mi jefa estampados en ellos. Susana me esperaba sentada tras su escritorio perfectamente ordenado con una computadora en la que se veía la imagen de la cámara del local. En ese momento pensé si me habría estado viendo mientras su cabeza fantaseaba por algún lugar prohibido. Estar en su lugar privado me excitaba y me ponía nervioso al mismo tiempo.

    Excelente trabajo Lucas. Tuviste una primera semana muy buena. No fue un error contratarte – dijo ella a modo de felicitación.

    Gracias Su. La verdad que me encanta el trabajo, pero me gustaría aprender más así puedo ayudarte en otras cosas – le dije demostrando mi interés en su oficio.

    Justamente de eso te quería hablar. Para la semana que viene tengo muchos encargues y voy a necesitar de tu ayuda para prepararlos. ¿Podrás venir el domingo a la tarde así tenemos todo listo el lunes? – preguntó ella mientras abría uno de los cajones de su escritorio y sacaba algo de dinero.

    Si, obvio, el domingo a la tarde vengo – le dije casi sin pensar. No me gustaba la idea de trabajar un domingo, pero compartir el espacio con mi jefa con el local cerrado me tentaba muchísimo y, además, algo de dinero extra no venía nada mal.

    Perfecto, te espero el domingo a las 3 entonces Luqui. Vas a aprender muchísimo y a ensuciarte un poco las manos – dijo ella mientras me sonreía de manera picarona y me extendía el dinero.

    Llegué a casa después de terminada mi primera semana como empleado y mamá notaba que estaba cómodo y contento con mi nuevo empleo. Lo que no se imaginaba es que esa felicidad no tenía nada que ver con el trabajo. Pasé todo el fin de semana esperando ansioso el domingo. Me masturbé varias veces pensando en las hermosas tetas de mi jefa y cada vez se acrecentaba más el morbo de aprender el oficio de la repostería con esas ubres tan cerca.

    Finalmente llegó el domingo tras un fin de semana que se hizo realmente eterno. Transcurría enero, por lo que el clima estaba realmente pesado y caluroso. Me vestí con unas bermudas de jean y mi camisa preferida, la cual marcaba sutilmente los atributos de mi torso y el ancho de mis brazos. Recorrí la cuadra que me separaba del local con una mezcla de nervios y excitación que nunca había sentido. Al llegar, el local estaba cerrado y toqué el timbre de la puerta de servicio y unos segundos después una chicharra anunció que Susana me estaba abriendo la puerta desde adentro.

    Al entrar, escuche la voz chillona de mi jefa avisándome que estaba en la cocina. Ya en su espacio de trabajo, Susana me saludó con uno de sus cálidos y excitantes abrazos. Por suerte, mi bermuda disimuló muy bien la erección que no se hizo esperar. Susana tenía puesto una calza negra ajustada que llegaba hasta sus muslos y una blusa blanca más escotada de lo normal que hacía notar la ausencia de corpiño. La claridad de la tela dejaba ver la grande y oscura aureola que rodeaba sus pezones. La cocina estaba realmente limpia; las mesadas estaban llenas de numerosos tazones con batimentos de diferentes colores y texturas. A pesar de que un ventilador nos tiraba aire desde un rincón, el calor se hacía sentir y se notaba en las gotitas de transpiración que caían por mi frente.

    Bueno Luquitas. Acá es donde sucede la magia y hoy vas a ser mi mago asistente – bromeó ella con una amplia sonrisa – vamos a empezar con algo simple. Ahí está el horno, hay una torta adentro que ya está lista. Sácala con cuidado para no quemarte y tráela así la decoramos juntos.

    Después de asentir con la cabeza, seguí las instrucciones de mi jefa y dejé la torta caliente sobre la mesada mientras ella revolvía una pasta de chocolate en uno de los tazones. Buscó en uno de sus cajones y sacó una manga de repostería que llenó de manera muy hábil con la mezcla.

    Antes de empezar, ponete esto así no te ensucias – me dijo mientras sacaba de un armario un delantal negro con textura encuerada. Mientras yo me ponía la calurosa prenda ella hacía lo mismo con uno idéntico. No podía dejar de mirar lo hermosa que se veían esas tetas tras el brilloso cuero del delantal.

    Me queda ridículo Su – le dije mientras me miraba el cuerpo y abría los brazos.

    Te queda divino Lucas. Pareces un repostero profesional – dijo ella mientras me acomodaba la prenda para quede derecha. Pude sentir la punta de sus dedos rozándome la cintura, lo que hizo que mi temperatura corporal suba de golpe.

    Una vez que tuvimos puesta la ropa adecuada, ella puso manos a la obra y me pidió que preste atención. Tomó delicadamente la manga y mientras apretaba la punta, iba moviendo sus manos para hacer una decoración perfecta con forma redondeada en la torta con la espesa mezcla que salía de la manga. Era increíble ver semejante habilidad y destreza para que la decoración quede realmente perfecta. Al llegar a la mitad de la torta, ella se detuvo, apretó la manga y puso un poco de la mezcla en su dedo y me hizo el gesto para que lo coma de su mano. No sabía cómo tomar esa invitación; podía ser una simple degustación del chocolate o una incitación sexual invitándome a que mi boca tenga contacto con su cuerpo. Sin pensarlo demasiado, abrí la boca mientras ella metía su dedo. Pasé mi lengua lo más fuerte posible y tratando de recorrer cada milímetro mientras el exquisito sabor del chocolate me inundaba la boca. Ella se quedó mirando mientras esperaba mi reacción. No sé si fue por la excitación o por la calidad de la pasta, pero fue el chocolate más rico que había probado en mi vida y mi cara lo demostraba.

    Nunca había probado un chocolate tan rico – le dije mientras seguía saboreándome.

    Me alegro que te haya gustado Luqui. Ahora te toca a vos – dijo ella mientras me daba la manga. -Agárrala así y yo te voy a ir guiando para darle forma – dijo mientras me agarraba las manos y las ubicaba de la misma forma que lo había hecho ella.

    Susana se ubicó detrás de mí y rodeó mis temblorosas y sudadas manos con las suyas. Podía sentir sus voluminosos senos rozándome la espalda e, inevitablemente, sentía como mi verga iba ganando tamaño y dureza.

    Apretá suave para que vaya saliendo la mezcla y yo te ayudo a mover las manos. Sin miedo y sin temblar mi vida – dijo casi susurrándome al oído mientras me guiaba las manos tratando de superar el temblor de mis dedos.

    Decorar la otra mitad de la torta duró una eternidad y se podía ver claramente la diferencia entre la mitad que había decorado ella y la que había hecho yo; su mitad estaba perfecta mientras que en la mía se podía notar la falta de práctica en la materia. Al terminar, ella soltó mis manos y miró el resultado final. Yo sonreía por los nervios y la vergüenza por mi imperfecto trabajo.

    Bien, pero podría estar mejor – dijo ella mientras observaba la torta – es solamente cuestión de práctica Luqui – dijo ella tratando de hacerme sentir bien.

    Voy a tener que practicar toda la vida para que me salga bien – le dije mostrando mi disconformidad con lo que había hecho.

    Tranquilo Lucas. Ahora traigo otra de las tortas y seguimos practicando.

    Susana fue al horno y unos segundos después puso otra torta idéntica a la anterior sobre la mesada. Ella tomó la manga con sus hábiles manos y repitió el proceso mientras yo la miraba detenidamente. Al terminar la mitad se detuvo y antes de cederme la manga, quitó el excedente de la punta con su dedo y se lo metió en la boca de una manera muy provocativa. Sin que ella se diera cuenta, una pizca de la mezcla había quedado en su mentón. Le señalé su rostro mientras me reía de forma picarona.

    ¿El chocolate va en la torta o en tu cara Su? Jaja – le dije bromeando mientras seguía riendo.

    Ella se tocó el mentón y notó el motivo de mis risas.

    ¡Ay! Pero que gracioso que es mi empleado jaja – dijo ella mientras se reía conmigo y tomaba la manga en busca de venganza.

    Apuntó hacía mí y apretó con todas sus fuerzas. El chocolate despedido me ensució desde el cuello hasta el ombligo mientras ella soltaba sus estrepitosas carcajadas. Instintivamente decidí seguir con el juego; le quité la manga antes de que pudiera darse cuenta y le devolví el abundante chorro de chocolate que, para mi suerte, fue a dar directamente a su cuello terminando en el surco entre sus tetas. Me quedó mirando boquiabierta y con una sonrisa malévola. Se quitó el delantal encuerado y el chocolate le había manchado toda su remera blanca. Yo me seguía riendo mientras se me hacía agua la boca con ese exquisito chocolate bañando esos enormes senos.

    Ahora sí te pasaste. Vas a tener que limpiar todo esto Lucas – Dijo ella queriéndose mostrar enojada pero mientras se le escapaba una sonrisa.

    Vos empezaste la guerra de chocolate Su. Hubieses pensado las consecuencias jaja – contesté siguiendo con el clima de broma.

    Bueno, se acabó la broma. Empezá a limpiar – dijo ella con un tono más autoritario.

    No sabía si se había enojado de verdad o seguía bromeando, pero decidí hacerle caso. Agarré un trapo y me arrodillé en el piso para limpiar el chocolate que se había volcado. Con la vista puesta en las manchas del suelo, noté como Susana se me acercaba. Cuando la tuve parada delante de mí levanté la vista y me estaba mirando con una sonrisa casi malévola. Sin decir nada, se quitó la remera. Sus dos enormes bolas de carne quedaron colgando frente a mí, embadurnadas en chocolate dejando ver sus amplios y oscuras aureolas con una dura punta que sobresalía en el medio.

    Me di cuenta como me estuviste mirando las tetas toda la semana Luquitas. Ahora vas a tener el placer de limpiármelas – dijo mientras me tomaba de la nuca y jalaba con fuerza para meter mi cabeza entre sus tetas – Comé el chocolate que tanto te gustó empleadito – susurró mientras gemía cada vez más fuerte.

    Mi verga se había endurecido al máximo mientras podía sentir el dulce sabor del chocolate invadiendo mi lengua y enchastrando toda mi cara. Comencé a utilizar las manos para amasar sus hermosas ubres mientras, de vez en cuando, succionaba fuertemente sus pezones mientras seguía degustando la exquisita pasta. Tras unos minutos de placer en sus pechos, noté como Susana comenzaba a quitarse su calza y su fina tanga color roja.

    Parada frente a mi quedó completamente desnuda luciendo su imperfecta figura de mujer madura adornada por la pasta de chocolate mientras me miraba con una sonrisa provocadora. De un salto se sentó sobre la mesada, volvió a tomar la manga llena de chocolate y la apretó mientras la apuntaba hacia ella. El batimento inundó todo su cuerpo llegando hasta su concha. Sus anchos labios vaginales quedaron cubiertos de chocolate. Tomó nuevamente mi cabeza y de una manera muy brusca llevó mi cara a su entrepierna. El sabor del chocolate mezclado con los jugos de su vagina me hizo calentar de una manera increíble. Estuve varios minutos metiendo y sacando la lengua de su vagina deseando que ese momento no termine nunca. El chocolate también se había deslizado a su estrecho ano, por lo que no dudé en visitarlo con mi hábil lengua. Cada vez que la metía en su apretado culo, sus gemidos se intensificaban; eso era indicio de que la entrada trasera también era una de sus zonas erógenas.

    No recuerdo bien la cantidad, pero sé que fueron varios los orgasmos que pude saborear mientras recorría toda la intimidad de mi jefa con mi lengua. Cuando casi ya no quedaba chocolate sobre ella, me hizo señas para que me levante. Me desnudó casi como una bestia salvaje y puso manos a la obra para devolverme el favor. Ya sin la delicadeza de utilizar la manga, tomó con sus manos el chocolate de unas de las tortas que habíamos decorado y comenzó a embarrármelo a lo largo de toda mi endurecida verga. Luego de que mi falo quedara completamente cubierto de chocolate, acercó sus rojos y anchos labios y lo hizo desaparecer dentro de su boca. Comenzó a subir y a bajar su cabeza como toda una profesional de la mamada, mientras la saliva amarronada por el chocolate caía sobre su mentón. Cuando mi barra de carne se metía por completo dentro de su boca, soltaba algunas arcadas de ahogo y esto parecía excitarla aún más.

    Unos segundos antes de que mi verga se convierta en un volcán de leche, ella se detuvo y volvió a subirse sobre la mesada, pero esta vez boca abajo. El volumen y peso de sus tetas cayó sobre unas de las tortas haciéndola pedazos. El nivel de excitación que mostraba Susana cuando su cuerpo entraba en contacto con sus propios manjares daban cuenta de su fetiche y de porque había elegido esta profesión.

    Cógeme empleadito! – dijo ella mientras bajaba su mano hasta su clítoris embarrado en chocolate.

    Apoyé mi glande endurecido en sus labios y la lubricación natural de su concha mezclados con el chocolate derretido por el calor hicieron que mi verga llegue al fondo sin escalas. Estuve bombeando varios minutos mientras ella tenía un orgasmo tras otro.

    Métemela por el culo Lucas! – gimió ella desesperada con un animal en celo.

    Seguí su orden y nuevamente apoyé la dureza de mi pija en la entrada de su ano. Ella comenzó a empujar con fuerza hacia atrás a pesar de la estrechez. Las paredes de su culo comenzaron a devorar poco a poco mi falo mientras ella gemía con una mezcla de dolor y placer. Se podía ver el dolor en su rostro, pero nunca dejó de empujar firmemente hacia atrás. Luego de algunos segundos, mi verga estaba completamente dentro de su culo, por lo que comencé a bombear de manera más intensa. Su culo aprisionaba mi verga mientras yo visitaba lo más profundo de sus entrañas. El dolor fue reemplazado por el puro placer y nuevamente volvió a acabar mientras seguía amasando su clítoris con su hábil mano.

    Luego de unos minutos, ella dejo de moverse y respiró exhausta. Saqué la pija hinchada y enrojecida por la excitación y por la presión que había ejercido su ano. Aún llena de la pasta marrón, se arrodilló delante de mí y comenzó a mamar una vez más. Cuando notó que la leche estaba a punto de salir, rodeó mi glande con sus labios y succionó con fuerza mientras me masturbaba con su mano enérgicamente. Una especie de electricidad recorrió todo mi cuerpo hasta la punta de la pija convirtiéndose en varios chorros abundantes de leche espesa. Susana no dejó caer una gota fuera de su boca y se tragó todo mientras disfrutaba el agrio sabor de mi producción mezclado con el chocolate.

    Ya satisfechos los dos, nos acostamos desnudos sobre la desordenada y sucia mesada y nos quedamos charlando un rato y haciendo el pacto de silencio que corresponde entre dos amantes. Ese día terminamos todos los pedidos de su local y siguió enseñándome el oficio de repostería. Hasta el día de hoy sigo siendo el único empleado en el local de la mejor amiga de mamá. Tenemos el mejor vínculo de jefa – empleado y aprovechamos sus clases de repostería para jugar y ensuciarnos.

  • La confesión es puro jarabe de pico

    La confesión es puro jarabe de pico

    En mi relato “Confesión del día de ayer”  ya les había contado del padre Chema y la diablura que pensaba hacerle a la siguiente semana que me citó a confesión.  Pasaron más de tres meses para que yo volviera con él, y para entonces ya había juntado una buena carga de pecados, así que la broma (decirle que había subido unas fotos a Internet) quedaba pálida, pues lo que le confesé fue más fuerte. Aclaro que el padre tiene varios años en esa iglesia y nos conoce a casi todos los fieles que somos asiduos al templo. Él no pasa de sesenta años de edad y tiene el pelo canoso. Se ve pulcro, es delgado y tiene un gesto adusto.

    –Ave María Purísima –me dijo a través de la rejilla lateral.

    –Sin pecado concebido –contesté y de inmediato continué–. Soy Mar, padre, no me fue posible regresar cuando me lo pidió, por cuestiones de la pandemia, pero ahora, con todas las precauciones y las vacunas, aquí estoy, tratando de volver a la normalidad.

    –Lo bueno es que ya estás aquí y deseo que la pandemia te haya hecho recapacitar y no hayas enviado más fotos o videos al hombre que lleva tu alma hacia el infierno– me advirtió antes de preguntarme por mis pecados.

    –No, pero… –dije y me quedé callada pensando cómo despepitar mis pecados.

    –¿No qué?, ¿Cuál es el “pero”? –preguntó en tono amonestativo, adivinando que continué con mi vida “desordenada”.

    –Es que recibí un video y… –“¡Y qué!”, me espetó–. Que me gusto… –dije.

    –¿Qué tenía el video? –preguntó interesado.

    –Luis se estaba masturbando y volcando el semen sobre una foto mía –dije de corrido

    –Luis… ¿Así se llama tu amante?

    –No, Luis es un sujeto que vive en España, a quien no conozco personalmente –volví a hablar sin pausas.

    –¿Cómo tenía Luis una fotografía tuya? ¿Qué tipo de foto era, cómo las que le mandas a tu amante? ¿Te la pidió y tú se la mandaste? –preguntó, suponiendo que yo se la había dado.

    –No, él la bajó de Internet, donde mi amante y yo habíamos subido unas fotos mías de desnudos que él me tomó.

    –¡Dios me libre! ¡Ya te conocen desnuda en Internet! ¿Qué harás cuando tu marido las vea? –preguntó alarmado.

    –En las fotos no sale mi rostro, padre –contesté con seguridad.

    –Pero lo demás sí, seguramente, y te puede reconocer por lunares, cicatrices, joyas, ¡qué sé yo…! –expresó esto último con pesar–. ¿Qué otros pecados tienes?

    –Ya volví a ver a mi amante… –confesé esperando un severo regaño.

    –¿Volviste a tener sexo con él?

    –Sí, padre, ya no aguantaba más sin sus caricias de su boca en mi… vagina –iba a decir “panocha”, recordando cuando le dije a Bernabé, mi amante, que me mamara la panocha, pero encontré el nombre correcto–, ya era mucho tiempo y como mi marido no quiere…

    –¡Mar, más respeto para tu esposo, a quien sólo debes de amar y obedecer! – ¿Qué otros pecados tienes? –preguntó con tono de desgano.

    –Ninguno, más, padre –dije pensando en que ya me mandaría a cumplir los rezos de la penitencia.

    –Los desnudos de tus fotos, ¿cómo son? –

    –Estoy sin ropa –le contesto con sequedad.

    –Ya lo sé, por eso son desnudos. Me refiero a que muestras los pezones o no –ejemplifica.

    –Sí, se ven cuando estoy de frente, o cuando me agacho a tomar su miembro para… –me detengo buscando una expresión adecuada para “mamarle la verga” y él completa: “para chuparle el miembro” y contesto afirmativamente– Sí, para eso, porque su esposa no quiere hacérselo a él.

    –¿Y a ti sí te gusta hacerlo? ¿Se lo haces a tu marido?

    –Sí, mi marido me enseñó desde que éramos novios y con el tiempo me gustó mucho, hasta sacarle el semen y tomarlo.

    –¿Y a tu amante también le gusta chuparte el sexo? –pregunta con voz temblorosa y comienzo a oír leves chasquidos de su prepucio y el roce de su mano en la ropa.

    –Sí, padre, mucho. Aún más cuando mi marido me ha tomado antes y eyacula abundantemente en mí –escucho sus movimientos más acentuados y le imprimo “más colorido” a mi descripción– Me fascina sentir su lengua recorriendo mi interior y agradeciendo que nos amemos tanto.

    –¡Eso no es amor, es sólo sexo! ¡Sólo debe ser amor cuando lo haces con tu esposo! –dice enérgicamente.

    –A eso me refería, padre, él agradece que mi marido y yo nos amemos tanto porque llego muy mojada para que me chupe como le gusta –le retobo precisando.

    –¿Y qué sientes tú cuando tu amante está chupándote? –pregunta con ansiedad.

    –¡Lindo, padre, sea en el pecho, en la vagina o cuando me lame la entrepierna y todos los sitios donde mi marido me puso su lechita… –Vuelvo a escuchar que se jala rápidamente y me pongo más descriptiva –Mi amante me deja limpia y yo tengo muchos orgasmos con su boca… ¡Ahhh, es delicioso! –digo con tono cachondo porque lo recuerdo, y escucho que los jadeos bajan de tono y el ruido de los chasquidos se detiene para dejar paso a una respiración agitada que se calma pronto en un silencio mutuo que se prolonga por varios segundos.

    –Basta ya, Mar, estoy muy consternado por tu reiterado proceder al buscar a tu amante y no te conformes con lo que te da tu esposo.

    –Es que no puedo, padre, mi necesidad de esas caricias se hizo mayor con el encierro –trato de explicar, pero el padre ya escuchó lo que, por el momento, quería saber.

    –Reza un “Yo pecador” y tres “Ave María”. Además, debes quitar las fotos que pusiste en Internet y dame la dirección de esa página, para verificar que hayas cumplido esta parte de la penitencia.

    –No me la sé de memoria, padre, pero si me manda un correo, le respondo con la dirección –digo con la total verdad.

    –¡Qué te voy a mandar un correo ni qué nada! Al rato me traes la dirección por escrito. Vete y arrepiéntete de tus malas obras.

    –Sí padre, al rato le traigo la dirección de la página y vengo a rezar lo que me mandó.

    Me levanté y fui a besarle la mano. Apenas tuvo tiempo de meterse en la manga el pañuelo con el que se había limpiado y olí el inconfundible tufo a semen, ¡rico!

    Al rato volví con una hoja donde había impreso la dirección la imagen de la página y las instrucciones que les mando a quienes me piden saber dónde están mis fotos. Como él seguía atendiendo las confesiones, me senté en una banca cercana para que me viera rezando. Cuando me hizo la seña que me acercara, le besé la mano y le di la hoja doblada, la extendió y la volvió a doblar. “Sin falta, bórralas mañana”, dijo haciendo un ademán de que me retirara.

    Al mes siguiente fui a confesarme nuevamente y escuché su primer reclamo.

    –¿Por qué no has cumplido con la penitencia de eliminar las fotos que subiste?

    –No pude, padre. Los únicos que pueden borrarlas son los administradores. Me comuniqué por correo y me contestaron que la única forma es que las fotos hayan sido tomadas sin mi consentimiento y que aparezca mi rostro o algún otro rasgo que me identifique. ¿Ya vio que no se ve mi cara? –le pregunté.

    –Mmmh, no me fijé bien, yo sólo quería ver si las habías quitado cuando te lo ordené.

    –Bueno, usted no me reconoció, ¿verdad? –volví a preguntar.

    –Yo no, porque no te conozco desnuda, pero sí tu marido y él puede reconocerte.

    –¿Vio algún lunar o marca? –insistí.

    –Sólo uno, un rectángulo de color más oscuro que el resto, en un glúteo, eso sí lo conoce tu marido.

    –Pero usted no, ni nadie más… Bueno, Bernabé también –precisé–. No voy a insistir, porque sí di mi consentimiento para las fotos y algunas yo las subí. Mejor, cámbieme la penitencia, por favor –le supliqué–, además, le prometo que nunca subiré alguna con mi rostro, ni tampoco donde se vea ese lunar o algún otro, porque Bernabé se los quita retocando la imagen.

    –¡Qué cínica! En primer lugar, no subirás fotos así. Además, ¿qué fotos están retocadas? –preguntó el que dijo que “no se había fijado bien” y decidí refrescarle la memoria para divertirme un rato.

    –¿Recuerda algunas donde hay acercamiento de mi vulva? –pregunté con sorna.

    –Mhh, sí, las hay incluso rasurada –señaló con voz nerviosa.

    –Todas esas, excepto una que se le pasó a Bernabé, están retocadas, principalmente donde estoy rasurada porque tengo un lunar. A qué nos se fijó en ese detalle – lo desafié.

    –¿En qué lugar está el lunar? –preguntó cayendo en la trampa.

    –En el labio exterior derecho. Yo no me había fijado, pero él sí porque me recorre la vagina con la lengua y me mira detenidamente, pero mi esposo no –dije categórica– ¿Por qué no se fijó usted en eso cuando vio mis fotos?

    –Porque yo sólo miré si estaban o no, ya te dije. Aunque sí me pregunté por qué razón te habías rasurado. ¿Te lo pidió tu amante o tu esposo?, y ¿para qué? –preguntó con curiosidad.

    –Ninguno de los dos, lo hice para que no se me vieran los pelos cuando iba a ir al balneario.

    –¿Tu marido no te dijo nada?

    –No, a él le dio lo mismo: me cogía igual –señalé enojada–, pero a Bernabé sí que lo impresioné, incluso temí que se molestara, pero no hubo molestia, al contrario, me dijo “De las dos maneras te ves bonita. A mí me gusta que tengas pelos porque se antojan más para chuparte cuando están pegados por el semen de Ramón, pero te disfrutaré lisita con la crema embarrada” y se puso a chuparme deliciosamente. ¡Claro que yo también sentí diferente su lengua! –le dije en tono cachondo porque me acordé de ese día y porque me llegó el olor a pene con presemen, ¡el padre ya se la estaba jalando!

    –¿Qué sentiste distinto? –pregunto emitiendo tartamudeos que marcaban el ritmo de los tirones que le daba a su pellejo– Dime… –suplicó.

    –Sentía mejor cómo me mojaba su saliva y cómo su lengua se resbalaba en el semen de Ramón que se me había salido cuando había acabado en mí, y ahora Bernabé lamía gustoso.

    –¿Era más rico que con pelo? –preguntó, acelerando su masturbación.

    –¡Sí, padre, me vine muy pronto!, pero le detuve la cabeza para que siguiera extrayendo el abundante flujo que me salía, restregué su cara una y otra vez y no lo solté hasta que quedé exhausta de venirme tanto. Al rato me fijé que Bernabé tenía el rostro lleno de mi flujo… –terminé de hablar cuando el padre se estaba viniendo y vino mi silencio mientras escuchaba cómo jalaba aire al terminar su orgasmo.

    –¡Ay, Mar!, voy a tener que pensar bien en la penitencia que te voy a poner –exclamó en tono de queja–. Mañana hablamos en la mañana, compararé detenidamente tus fotos con tu persona para ver si no hay problema de dejarlas y te diré qué haremos. Por lo pronto retírate – Me dijo y me pasé al frente para besarle la mano al despedirme. ¡Olían a semen! y varias gotas brillaban aún en su manga… Una me humedeció la mejilla y antes de salir del templo probé el sabor débil de su leche.

  • Me cogí a mi suegro, ante de que lo fuera (I)

    Me cogí a mi suegro, ante de que lo fuera (I)

    Necesité colocar unas lámparas en mi dormitorio, de esas que subís y bajas el tono de la luz. Porque si bien para dormir me gusta la oscuridad total, para tener sexo me gusta un poco de luz tenue ya que me fascina ver al que me coge y que vea cómo lo disfrutó.

    La historia es que me cruzó con mi vecina en el hall del edificio y le pregunté si conocía algún electricista. Ella sacó su celular y me pasó dos teléfonos de electricistas, y me dice: «Te recomiendo Lucas, porque hace re-buenos trabajos, es barato y te va colocar esas lámparas re-bien.» Yo le contesto «Ok, entonces lo llamo a el primero, gracias» y continua diciendo «Quizás para vos sea un poco mayor, pero si ves que da para que te coloque otra cosa… » sonrío levemente y la escuchó , «Déjate llevar por tu instinto que segura no te va a defraudar. Eso sí pórtate bien y decile que yo te lo recomendé, por qué quizás la semana que viene lo voy llamar de nuevo para que coloque algo porque mi marido no está sabiendo usar la herramienta como él la usa» En ese momento, no me imaginé por dónde iba su comentario porque si bien tenemos confianza no anticipe por donde iba ella y solo me reí y le agradecí el dato.

    Seguí la recomendación y finalmente llamé a Lucas a la tarde me atendió con voz fuerte y firme y coordinamos para el jueves en la tarde. Llegó el jueves a las 17 h, yo ese día me pedí para salir antes de mi trabajo, y había llegado 5 minutos antes. Primera impresión tendría de 45 años, 1.80 o más, medio panzón, pero se notaba con buena musculatura, la verdad entró y para nada me dieron ganas o me llamó la atención. Yo estaba con el uniforme de oficina con la pollera corta y la camisa de escote, descalza porque recién me había sacado los zapatos de tacos.

    Lo invité a pasar al dormitorio y le indiqué el trabajo para hacer. Las lámparas iban en el techo, me pidió un banco para subirse así él con las lámparas las ubicaba para que yo le indicará dónde colocarlas.

    Cuando él estaba en eso, me sorprendí y para mi dije «puff por dios que eso?» resulta que cuando se sube a ese banco, el bulto en su entrepierna se le marcó todo, en ese tipo en el mameluco que llevaba. Yo quedé tan shockeada literalmente sorprendida que se me notó y me dijo, «hey!! hey! Manuela aquí arriba dime por favor dónde colocar las lámparas, luego vemos si te parece te coloque otra cosa», sentí que me puse colorada y como una tonta contesté «Si si, perdón me re colgué pensando en el trabajo» fue lo primero que me salió, mire dónde las estaba ubicando y terminé de decir: «las lámparas dónde quieras están bien, mejor elije tú el lugar, te dejo trabajar» y me fui de la habitación.

    Yo en la sala, no podía más de la vergüenza, el hombre se re dio cuenta que le estaba mirando el bulto, me entró como un calor, no por que antes no me hubiera visto cosas grandes, sino que no me lo esperaba y me dejó con una curiosidad tremenda, fue ahí que me acordé de las palabra de la vecina «déjate llevar por tu instinto» y mi instinto era que algo bueno debía haber ahí debajo de ese mameluco azul.

    Entonces respiré, me solté un botón de la camisa y entré de nuevo al dormitorio. Él ya estaba colocando las lámparas en el banco y su bulto estaba todo a la altura de mi vista. Con voz de tonta, le digo «Perdón, por lo de recién, no es nada personal solo que justo me quedé pensando en algo y quedé mirándote justo ahí»

    Él se detiene y me mira diciendo: «Tranquila nena, no pasa nada yo también cuando entre a tu casa y tú ibas adelante, me quedé pensando en algo cuando te miraba esa cola paradita que tenés»-

    Me reí, y mi diabla me habló al oído y sentí que me dijo «SI». Entonces le dije «gracias, por lo pronto entonces estamos a mano o no sé a vos qué te parece?»- me acomode el pelo y me quedé mirándole esperando su respuesta.

    El serio y acomodándose su bulto dice «A mí me parece que podemos no quedarnos solo con mirarnos mutuamente, qué te parece si terminó con las lámparas y luego probamos si te cabe este enchufe en dónde quieras»

    En ese instante quise cogerlo, me vino la imagen de mi tío, entonces avance sobre él tome con mis dos manos sus piernas, y acerqué mi cara para que quedara a la altura de su bulto, le mire a los ojos y le dije: «no sé si voy esperar, capaz que tengo ganas ahora».

    El dibujo una sonrisa cómplice y puso su mano en mi cabeza llevándola hacia su entrepierna dijo: -«si tienes hambre ahora?, me encantaría que esa boquita me la coma toda».

    Suavemente y mirándole, fui bajando el cierre de su mameluco, el metió su mano y sacó todo para fuera, y por dios!!! los testículos re grandes y proporcionados a su tronco, sobre todo ancho de su pija, ya a media altura. Obviamente levanté su pija a un costado y le empecé a chupar todo aquellos testículos hermosos, los ponía en mi boca y se los besaba mientras él con su mano mi cabeza me miraba comérselos y me acariciaba. Recuerdo su pene empezó a crecer y crecer, y el me dijo «si querés que te entre en la boca empieza a chuparme la pija ahora, que después a tope te vas atorar»

    Él bajó del banco, mientras me desprendía la camisa y me puse de rodilla en la alfombra que tengo al pie de mi cama, para seguir comiéndoselo, delicioso me lo fui poniendo todo en la boca, al tiempo que me encantaba masajear esos testigos con mis manos, el con sus manos en mi cabeza me pedía que se la siga chupando y hasta el fondo. Él con su pelvis se movía con intención de llevármela bien adentro, fue entonces que le dije. » e gustaría llevármela hasta el fondo, bien profunda?»

    «Me encantaría que te atores toda con mi pija pendeja, porque sé que estás deseando que mis testículos golpeen tu pera»

    La verdad que me encantó la sensación de ahogarme con su buena pija en mi boca y entonces, le agarre sus nalgas con mis manos, y suave me lo fue poniendo todo y empezó a entrar y salir mientras yo como pececita me le disfrutaba de garganta profunda.

    En ese momento especial, el teléfono sonaba y sonaba. Ufa Ufa el teléfono no paraba de sonar, pero yo quería seguir, pero él se detuvo y me dice ‘tengo que atender, bebé». Deje que saque su pija de mi boca, él toma el celular y atiende diciendo: «Hola amor cómo estás, si perdón es que estoy trabajando, dime»

    Escuché eso y lo más puta de mi se prendió, entonces me aproximé de nuevo y tomé su pija fuerte y la puse en mi boca, mientras él habla con su esposa se la chupaba toda.

    En ese momento no entendía muy bien que hablaba, no me importaba jeje, pero estaban organizando la cena porque su hijo (Sebastián) se había recibido de abogado eso escuche, mientras tenía toda su verga en mi boca y se la chupaba con intensidad lo miraba cómplice. Él bajó su mano a mi cabeza disfrutándolo totalmente, y yo más puta y más me le aferraba a su verga, él seguía hablando y lo tumbe en la cama, quedó con su tronco erguido me desprendí la camisa y saque mi tanga por debajo de mi pollera. Abrí mi mesa de luz y busqué un condón para ponerle, el me hacía señal de que estaba loca mientras yo le sonreía y me mordía el labio.

    Encontré un condón y se lo quise poner como no le entraba, y se me rompió, entonces tomé otro y nada, tampoco le entraba de ancho, tenía la pija hermosamente gorda y bastante torcida para un lado, yo estaba muy deseosa como hacía tiempo. El tapo su teléfono y lo apartó un poco y dijo: «esos son chicos, fíjate en mi billetera que tengo uno creo, sos terrible!!». Respondí «Ok me fijo» abrí su billetera e increíblemente en una foto portaba por primera vez vi a Sebastián, su hijo que estaba abrazado de él y de su madre.

    El condón estaba, lo abrí y era ultra mega pero le quedó re bien, se la jale un poquito para recuperar bien la erección, tres segundos y estaba lista. Recuerdo que me senté despacio porque sentí un poquito de miedo por si me iría doler me estaba tan caliente, cómo las veces que lo hacía con mi tío en su propio dormitorio.

    El sonriente con sus labios hacía la mímica y me decía «sentate putita sentate» mientras su esposa le seguía hablando en el celular. Yo ya estaba totalmente llena y me empecé a cabalgar el no puedo más sostener la conversación colgó y en ese instante él se apoderó de mis pechos mientras le cabalgaba nos decíamos de todo yo le decía «papi que hermoso que lo haces no podés tener tan buena pija, me la vas a poner toda y por todos lados así que aguantate papi» mientras yo muy intensa sintiendo todo.

    Le cabalgue toda su verga con intensidad y parecía que no iba a venirse jamás le dejé uno y dos orgasmos no daba más me temblaba todo, hasta que dijo «detente que hora yo quiero ponerte en cuatro y darte todo, pendeja putita».

    Me levanté me sentía empapada, las piernas me tiemblan y me puse como me pidió en cuarto patas con mis rodillas al borde de la cama, y que estirará mis brazos para delante y bajara mis hombros, me tomo de las caderas y puso su pijota en la puerta de mi vagina y de parado me empezó a coger hermosamente con un ritmo profundo y lento dónde sentí todo lo suyo en mi, mientras yo gemía como hacía unos meses no lo hacía, se ve que estaba necesitando que sexo con un veterano así. El no paraba de decirme lo putilla que era entonces siento que el preservativo se le rompe, él se dio cuenta también con su verga de adentro mío.

    «Dale toma otro condón y sigue quiero que saques toda la leche, que tienes» le dije casi despertada buscando uno en su billetera, no encontré nada «No puede ser que no tengas otro! Por dios! Déjame ver en el baño si guardo alguno que sea distinto a estos que rompiste hoy» voy al baño y solo tenía comunes de otra marca con gel lubricante.

    Se los di y dije «Prueba estos, déjame a mi levantarla a tope de nuevo» entonces para recuperar un poco de la su erección perdida como una perra desesperada le empecé a chupar la verga y jalársela con intensidad.

    Me pidió el 69 que quería besarme la concha que tenía de depilada del día anterior, nos volteamos a la cama yo arriba se la pongo en la boca y su lengua mágica se apoderó de mi amiga no paraba de gemir y gemir no podía más intenté poner el forro mientras él seguía chupándola toda, era imposible. De repente humedece mi cola con un beso profundo en mi culo y con uno de sus dedos empezó a jugar con la puerta de mi culo hasta que metió uno e inmediatamente dijo «Este culito como traga, se ve que está bien trabajado putita»

    Excitada completamente respondí «si papi me encanta usar mi culo y que me lo llenen todo, agarra el lubricante y ponlo quiero sentir como lo haces para meterme toda esta vergota deliciosa» mientras me yo me golpea la cara y la lengua con su verga y se la continuaba chupando toda.

    El continuo dilatando mi cola ya con dos dedos dentro sentí y lubricada sentí que estaba pronta y yo quería que hiciera la cola ya, intenté poner el último condón y nada, y entonces le dije «te molesta hacerme la cola a pelo me muero de ganas que me llenes la cola , pero no tienes condones para esta vergota»

    Me dio una gran cachetada en mis nalgas diciendo: «estaba esperando que dijeras eso quiero sentir toda mi verga en tu cola y si me dejas término dónde tú quieras, ponete en cuatro patas putita que ahora sí vas gritar como gata en celo». Le obedecí y en un profundo impulso me hizo sentir todo el dolor del placer entrando en mi cola, me empapé en ese instante y temblando quedé. Él no se detuvo nunca con sus manos en mis caderas me manejaba a su antojo y no paraba de gemir y gritar de placer con cada una de sus embestidas.

    No parecía terminar nunca era increíble, su verga latía en mi cola, y me anunció que estaba listo, fue a sacarla y no lo deje apreté mi cola contra él para que profundamente sentir que estallaba en mi, fue hermoso dulcemente puta me hizo sentír, pufff Quedando los dos agitados tendidos en la cama.

    Me acurruque a su pecho y recuerdo cómo si fuera hoy, le di un besote en la boca y le dije «Me hiciste sentir la nena más feliz hoy, Papi»

    Estuvimos unos min riéndonos de cómo él hablaba con su esposa mientras yo me le prendía, y fue ahí que mencionó que su hijo era quien se recibió ese día de abogado, y yo le ofrecí que me enviara un currículum para presentar en mi trabajo, así empezó todo.

    Terminé duchándome y lo despedí luego sin quedar para vernos nuevamente pero sabiendo que lo íbamos a hacer.

  • Mi vecina famosa

    Mi vecina famosa

    Este verano, luego de casi dos años de encierro por el maldito Covid decidí tomarme vacaciones en la costa de Argentina, cerca de Pinamar, en un barrio privado. Un amigo me había recomendado porque las casas se alquilaban baratas y daban frente al mar algunas. Fui un fin de semana y me gustó. Alquilé por dos semanas.

    Llegó la fecha, y viajé esperando disfrutar la tranquilidad del lugar, sin boliches, sin ruidos. Acomodé mis cosas, y salí a caminar por la playa. Tengo treinta años y salía de un noviazgo toxico. Mido 1,70 m, con un físico normal, uno más del montón.

    Cuando volví de caminar, ya al atardecer, vi que la casa de enfrente estaba una mujer bajando valijas. Como yo empezando las vacaciones.

    Para no salir corriendo el día de la llegada, había traído fiambre para hacer sándwiches y unas latas de cerveza en una congeladora.

    A la mañana siguiente salí a correr, me di una ducha, y en la camioneta fui a un supermercado. Estaba comprando cuando una mujer de unos 50 años me saludó cordialmente. Por supuesto que respondí de la misma forma, pero sorprendido.

    —Soy tu vecina de enfrente, Karina.

    —Un gusto, Germán. Disculpe si no la reconocí.

    —No hay problema. Nos vemos.

    Nos saludamos, terminé de comprar, cargué todo en mi camioneta y volví a la casa.

    A la tarde fui a la playa, tomé sol, me metí al mar y cuando salí vi que la mujer venía desde su casa.

    —Hola Germán, ¿Disfrutando el agua?

    —Si, está muy linda hoy.

    —Gracias, dijo con picardía.

    —Me refería al agua, pero Ud. también está muy linda.

    —Gracias ahora sí, pero por favor, no me trates de Ud. que me acuerdo perfecto mi edad.

    —No, no quise ser grosero. Disculpa.

    —No problem.

    Dejó las cosas cerca de mí, se sacó el pareo y fue caminando al agua. Recién allí pude observarla bien. Era de mi altura, y un físico, impresionante para la edad y tenía puesta una malla enteriza que le marcaba perfectas las formas. Se notaban muchas hora de gimnasio. Estuvo un rato en el agua, y cuando venía recién ahí la reconocí. Era actriz, muy conocida menos para un tipo como yo que ve poca televisión.

    —Germán, si yo estoy tan linda como el agua, como dijiste, estoy para el geriátrico: ESTA HELADA.

    —Ups. Claro, a mí me gusta el agua fresca.

    —Helada, eso es helada.

    —Perdona si no te reconocí antes, pero no miro mucha televisión, recién cuando venías del agua te reconocí, no quise ser descortés.

    —No hay problema. Mejor así. Por eso vine aquí a descansar, a veces es bueno ser una desconocida.

    —Ese no es mi problema, no me conoce nadie. Jajaja.

    —¿Viniste con tu familia?

    —No tengo familia, por suerte salí de un noviazgo toxico, y vine a terminar de “limpiarme”. ¿Vos?

    —Sola, quizás en unos días venga mi hija, está en Punta del Este. Es modelo y se fue con amigas.

    —Cualquier cosa que te pase, o que necesites, avísame.

    —Gracias, sos muy amable.

    Un rato después volvimos cada uno a su casa. Yo había comprado medio pechito de cerdo para hacer a la parrilla, lo saque de la heladera y me metí a ducharme. Me estaba secando cuando Karina golpeo la puerta. Me até la toalla a la cintura y fui a ver que pasaba.

    —Huy, vine en mal momento.

    —Tranquila, ya me estaba secando.

    —Pues la torpe, no puede prender el calefón, y como no me diste tu celular, tuve que venir a golpear la puerta.

    —Dame cinco que voy.

    Me puse un short, unas zapatillas y fui a la casa.

    —Karina, no tenés gas en el tubo, ese es el problema.

    —Hijo de puta al que me alquiló. Y ya es de noche. Lo voy a llamar para putearlo.

    —Ok, si querés veni a casa a ducharte.

    —¿En serio? Gracias.

    A los 10 minutos estaba en casa duchándose. Cuando salió estaba con un vestido mini, de los que se usan entrecasa.

    —Gracias Germán. Sos un ángel. Perdona que te haya jorobado. El tipo me dijo que mañana traen un tubo nuevo.

    —Escuchame, yo estoy haciendo un pechito a la parrilla. Quédate a cenar, no tenés como cocinar.

    —No, es abusar, deja, veo como me rebusco.

    —Te voy a cobrar lo mismo, tranquila. Y de paso preparas la ensalada.

    —Bueno, pero espera que llevo la malla y la toalla. Ahora vengo.

    —Dale, pero no golpees. Entra directo.

    Volvió con dos botellas de vino. Abrimos la primera mientras se hacía la cena.

    Estábamos charlando de pavadas, cuando sin pensarlo le dije:

    —Sos linda en serio. No recordaba que eras tan linda en la tele.

    —Gracias. Me sorprendes con tu comentario.

    —Perdona si te molestó, pero te estaba mirando y como soy medio de decir las cosas sin medir las consecuencias, pues dije lo que pensaba.

    —No, nada que perdonar. Tendríamos que poner una sola brasa para que tenga tiempo de decirte la cantidad de cosas que me dicen para conquistarme antes que se cocine la cena, pero ninguna tan genuina. Me sorprendió gratamente.

    —Ah, soy así. Me imagino que estarás rodeada de lobos. Porque no es que seas linda solamente, sos macanuda, re sociable. Uno las imagina a Uds. de otra forma. Por lo menos es mi prejuicio.

    —No te equivocas. Si fueses uno de los tantos lobos, no estaría así relajada, ni te hubiera pedido ayuda con el gas.

    —Para, tampoco soy una ovejita. Que este fuera de estado no significa que no me gusten las mujeres y mucho más las lindas, con las que puedo charlar y tomar una copa de vino después de hacer el amor.

    —Primero, ¿Por qué me decís “linda”, y no hermosa y bella?

    —Te vas a reír y salir corriendo: me encanta como suena al decirlo, ese acento que uno pone en le “i”, la hace una palabra alegre, hermosa me suena a triste no puedo darle el énfasis que a linda y con bella, parezco una oveja “Beeella”

    —Muy loca tu explicación, pero me gusta, y me gusta la forma que lo decís. ¿Me tengo que sentir aludida en ese grupo de mujeres que decís te gustan con las que podes charlar y tomar vino después de hacer el amor”

    —Porque no estás en pose, en gata come hombres que no sabe quién fue Platón, porque tenés los dos antebrazos apoyados en la mesa y la espalda recta, signo que estas relajada, y último, porque te pico lo que dije, quisiste saber por qué lo decía.

    —¿Cuántos años tenés Germán? ¿A qué te dedicas?

    —30 años. Soy Ingeniero de Sistemas. Me dedico a animación computarizada.

    —Sabes bien que no soy una jovencita, que tenés edad para salir con mi hija más que conmigo.

    —Para Karina. Hasta ahora fue todo un juego de los dos. Estas llevando las cosas a un terreno donde creo que los dos no nos sentiríamos cómodos. Como yo veo esto, tenemos tres caminos: Seguir hablando pesado, al límite, pero sabiendo que no pasará nada; seguir hablando y tirándonos palos sabiendo que vamos a terminar tomando vino y charlando; y llevar esto a un terreno, donde yo desde ya no quiero entrar.

    —Sí que sos claro. Solo una pregunta: ¿En serio irías a la cama conmigo, y por qué?

    —Si, por supuesto que iría, y por qué: no tiene nada que ver con quien sos, si con como te conozco yo, sos picante, divertida, linda, híper sensual, re sexy, y no te ofendas, pero me parece que tenés muchas ganas de tener sexo sin demostrar nada, ni ocultar nada. Ganas de ser Karina.

    —¿Falta mucho para la cena?

    —Lo suficiente.

    Me acerque y se paró frente mío. Ella era apenas más baja que yo. La abrace y la bese. Ella hizo lo mismo. Le comencé a besar al cuello y ella empezó a gemir muy suavemente, mientras clavaba sus uñas en mi espalda. No costó mucho levantar su vestido y quitarle la tanga.

    Lleve mi mano a su sexo, y estaba empapado, con la otra mano me saque el short mientas ellas acariciaba mi pecho. La hice sentar en el borde de la mesa y le penetre lentamente, ella mordía mi hombro y respiraba agitada mientras me abrazaba.

    Estuve entrando y saliendo un rato, mientras besaba su cuello y apretaba un pecho. Que le besara el lóbulo de la oreja la volvía loca. Me vine en su concha, mientras ella ahogaba un grito de placer mordiendo mi brazo.

    Nos quedamos unos segundos y ella fue al baño. Yo me puse el short y serví vino. Cuando volvió levantó su tanga, la guardó en un bolso y me dijo:

    —Platón era un filósofo griego, creador de la Academia de Atenas. Para Platón, la verdadera realidad la constituyen las ideas y no las cosas materiales.

    —Aquí está tu copa de vino.

    —¿Por qué una mujer pierde a un hombre como vos, y no solo hablo de lo sexual?

    —Porque su realidad eran las cosas materiales. Y en cada segundo hay miles de millones de realidades, tantas como personas y computadoras trabajando hay. Voy a un caso específico, recién cuando los dos alcanzamos el clímax, los dos vivíamos dos realidades diferentes.

    —De acuerdo, pero las cosas materiales son reales.

    —Si, pero no constituyen la realidad. La realidad la constituye tu idea de uso de esa cosa material. ¿Cuánto de realidad tiene para vos ese collar de brillantes que te pueden regalar si vos sabes que es solo para llevarte a la cama?

    —Ninguna. Espera un segundo: ¿Para vos existe el amor?

    —Si, por supuesto. ¿Poder tocar al amor? ¿Podes tocar al placer? No, podes tocar a quien amas, a quien te da placer. Las dos cosas, son ideas.

    Seguimos charlando, ella preparó las ensaladas, y cenamos afuera aprovechando que era una noche cálida. Toda la cena charlamos sobre el pensamiento Platónico y la alegoría de la caverna.

    Levantamos los platos y fue ella, la que tomó dos copas, una botella de vino para ir al dormitorio.

    Se sacó el vestido, y el corpiño, sirvió dos copas de vino mientras yo me quitaba el short.

    —Con vos me pasa algo que nunca me pasó y es lo que dijiste hoy, soy Karina.

    —¿Y te molesta?

    —Más que molestarme me da miedo… Siempre, aún casada, me cuidaba de mostrarme…

    Dejó la copa y se puso a besar y chupar mi pija, lentamente, saboreándola, disfrutando como iba ganando en erección. Ella misma se acariciaba su sexo, sus pechos y lentamente fue metiendo un par de dedos en su concha sin parar de chuparme. Así fue que alcanzó el primer orgasmo. Me miró sonriendo y siguió chupando hasta sacarse un segundo.

    —¿Me querés chupar?

    —Por supuesto.

    Y se puso sobre mi boca, bajó un poco y la comencé a chupar, primero el clítoris y luego la propia vagina. Ahora los orgasmos era seguidos, ella apretaba sus pechos y acariciaba mi pija. Yo aproveche y comencé a jugar con mi lengua en su orto, a dilatarlo suavemente.

    Karina se tiró de cabeza a chupar mi pija y me dijo:

    —La lengua en mi concha, y méteme dedos en el culo. Quiero sentir como me lo abrís.

    Cuando le metí el primer dedo, ella se quejó y quise sacarlo.

    —No, no lo saques, metelo hasta el fondo. Eso quiero.

    Se lo metí hasta el fondo y se empezó a mover como loca. Me ordenó que le meta otro, y con esfuerzo entro. Se movió un poco y se levantó. Se sentó sobre mi pija y me comenzó a cabalgar. Ella mojó dos dedos con su boca y los metió en el culo mientras con la otra mano se apretaba los pechos.

    —Así quise gozar siempre, entregarme por completo a un hombre, hacerlo gozar con todo, así Germán, así es Karina.

    —Entonces goza con todo. Dije y le di un chirlo en el culo.

    Ella se puso loca. Subía y al bajar lo hacía con toda la fuerza. No hizo falta que pidiera otro chirlo y eran orgasmos tras orgasmos.

    Cuando sentí que estaba por acabar, la hice acostar, y poniéndome sobre su pecho, acabé en su cara y sus pechos. Ella me pidió chuparla y se la acerque y la limpió por completo.

    Me tiré a su lado, tomamos nuestras copas y brindamos.

    —Desgraciado, quería que me rompas el culo.

    —Vamos a hacer una cosa: vos quédate con las manos en la cabeza, por nada las podes mover. Cuando yo te diga, vos sola te la vas a meter. Pero si moves las manos, todo se termina.

    —Bueno.

    Puso las manos atrás de la cabeza y me dediqué a chuparle los tremendos pechos, mientras jugaba con su clítoris. Ella gemía sin parar.

    Sin dejar sus pechos, metí tres dedos en su concha, los sacaba y los volvía a meter con todo, jugando al pasar con el punto G. Karina gritaba de placer, vi que movía las manos pero era para taparse la boca con la almohada.

    Saque un dedo empapado de su concha, y lo metí en el culo, metiendo un tercero en su concha. Luego fueron dos y dos los que entraba y salían con velocidad y fuerza.

    No necesite decirla nada que levantó sus rodillas para que puede penetrarla hasta el fondo con tres dedos de una mano en el culo y tres de la otra en la concha.

    Me puse sobre su boca sin dejar de taladrarla, y ella comenzó a chupar como loca. Estuvimos un rato así hasta que me acosté boca arriba, y le dije que me cabalgue con la pija en el culo.

    Ella se la fue metiendo, y yo le iba metiendo tres dedos en la concha, para jugar con todo. Cuando la tuvo toda adentro, sus movimientos fueron frenéticos. Su esfínter apretaba y soltaba mi pija sin parar.

    —Soy una puta, siempre soñé ser una puta para “el” hombre. Y hoy soy tu puta.

    —Si, y muy buena puta, ahora, haceme acabar con ese culo que tenés.

    Ella se pegaba así misma sin dejar de moverse, yo saque mis dedos de su cocha y ella metió los de ella.

    Acabe llenando su intestino de mi leche, y ella acabó con un squirt tremendo, que la asombró.

    Se acostó junto a mí y nos dormimos.

  • Versos, gemidos y 21 años entre nosotros

    Versos, gemidos y 21 años entre nosotros

    Que puedo decir, cientos de ideas cada cual más locas pasan por mi cabeza, que puedo decir si me veo frente al espejo mirándome fijamente y pensando que algo me falta, ideas abstractas y no tan abstractas se amontonan en mi cabeza pensando en ti, pensando que no hace ni una semana te despedía en el hall del hotel de Madrid, ahora sé que las lágrimas que rodaron ese día por mis mejillas eran reales, lágrimas que tú ibas besando en un intento vano de animarme, si, ahora sé que lo nuestro no fue un encuentro casual por las redes sociales, no fue una mera aventura, no, lo nuestro fue algo más, algo que me da miedo a reconocer por la diferencia de edad que existe entre los dos, no por mi novio o tu mujer, me dan miedo los 21 años que nos separan.

    Miro el ventilador del techo como va girando una y otra vez sobre mí, sobre mi cuerpo que descansa encima de la mullida cama tan solo con las braguitas y una pequeña camiseta torera muy fina, las mismas que cuando nos conocimos, así empiezo todas las noches desde que te fuiste, sola en mi cama recordando con que ilusión te esperé aquella tarde, casi anocheciendo en la cafetería del hotel, con aquel vestido rojo con el que siempre soñaste verme. Todavía recuerdo lo nerviosa que estaba cuando sostenía la copa de vino rosado en mis manos al verte, nunca nos habíamos visto y aun así supe que eras tú cuando divisé tu rostro entre aquel mar de cabezas, eras el único que sonreía, una sonrisa en tu cara igualmente nerviosa que la mía, llevábamos bastante tiempo planeando este viaje y ya estábamos juntos, estabas frente a mí y ninguno de los dos supo que decir al principio, únicamente nos mirábamos el uno al otro, era la primera vez que nos veíamos la cara y parecía que estuviéramos estudiándola para poderla recordar siempre.

    Un hola, para romper el hielo, dos besos en la mejilla mientras nos cogíamos de las manos nerviosos, terminaron por romper el hielo, la cafetería pareció enmudecer de momento y entonces risas nerviosas, miradas de complicidad, caricias en mis manos temblorosas que al final terminaste con ellos con un beso en mis labios rojos de carmín, un beso que yo te correspondí, un beso que me hizo levantarme del taburete donde estaba sentada, abrazándote con mis manos entrelazando mis dedos por detrás de tu cuello y acercando mi cuerpo al tuyo te lo devolví entrelazando nuestras lenguas sin importarnos quien estuviera allí, sin importarnos lo que pudiera pensar la gente de la clara diferencia de edad entre nosotros.

    Las imágenes de mi cabeza saltaron directamente a la habitación de hotel en el cual nos quedamos aquella noche en el centro de Madrid, es como si el viaje en coche hubiera desaparecido, como si la cena en el restaurante del hotel hubiera sido días atrás, de otros encuentros, de otros recuerdos, porque mi mente estaba contigo en la cama, en una cama enorme en aquella habitación de hotel, las luces apagadas y tan solo los fogonazos de una televisión encendida iluminaban la habitación, iluminando nuestros cuerpos semidesnudos besándose, los dos retozando en la cama de un lado a otro y como una gata en celo sobre ti restriego mis bragas empapadas por tu cuerpo, marcando el territorio que ya me pertenece, dejando el olor de mi flujo de gata sobre ti.

    Como olvidar cuando mi sexo conectó con el tuyo, mis bragas se frotaban una y otra vez con el bulto que tenías debajo del bóxer, sintiendo la dureza de tu miembro sobre mi vagina, haciendo que te deseara más, excitándome cada vez más, tus manos acariciaban mis caderas con suavidad, sujetándomelas y moviéndonos al unísono frotándonos e intentando lo imposible con las bragas puestas, nuestras lenguas bailaban en el juego de la pasión mientras me ibas desabrochando el sujetador haciendo que mis pechos tocasen tu piel por primera vez, que mis pezones se clavaran en ella, quería estar tan cerca de ti que mi cuerpo se unió al tuyo sin dejar ningún resquicio entre ambos, con mis pechos aplastados sobre tu torso y mis caderas que no dejaban de apretarte el pene de arriba abajo. Los gemidos y jadeos ya eran la música que nos acompañaban en aquella noche de pasión tan esperada.

    La primera vez que te oí jadear, la primera vez que oíste mis gemidos en tus oídos pronunciando tu nombre, las caricias de tus manos iban más allá de mis caderas, más allá de mis pechos, mientras que mis manos acariciaban y tiraban de tu pelo, tus manos bajaban una y otra vez por mi cuerpo, las notaba en mis muslos, en mis glúteos, sintiendo como me apartabas la tela que cubría mi vagina para acariciar mis labios húmedos, para acariciar mi clítoris que había aumentado tanto su volumen que un simple roce me hacía estremecer y gemir, tu pene había salido de la cárcel de tela en la que estaba encerrado, estaba tan excitada, tan feliz de que por fin estuviéramos juntos que no podía esperar más, mi cadera se movía hacia delante y hacia atrás con mi braga echada a un lado, la humedad de mis labios hacían que tu pene resbalara entre ellos como si fueran dos raíles por donde discurría tu pene mojándose entero con mi flujo, nuestras miradas fijas el uno en el otro, volviéndome loca cuando miraba hacia abajo y veía tu pene salir y entrar entre mis muslos, resbalando entre mis labios vaginales, el tronco de tu pene duro y cubierto de mi flujo, que tu glande me golpeaba una y otra vez la entrada de mi vagina era el preludio de lo que vino instantes después, penetrar dentro de mí, consiguiéndolo en alguna ocasión, pero tan solo unos centímetros, luego salir para volverlo a intentar.

    -¡Ah!, si, si Miguel, Miguel -Cerraba con fuerza mis ojos, mis pezones acariciaban tu pecho y te besaba los labios, lamía los lóbulos de tus orejas, gimiéndote al oído al sentirla penetrar aunque fuera eso, unos pocos centímetros.

    Fue el principio de mis sueños, de los tuyos, tanto tiempo deseándolo, tantas frustraciones por mi impaciencia, tantas veces que te dije que si y luego fueron que no, pero hoy no, en la puerta de la habitación reza un cartel de molestar, hoy ya te tengo, hoy ya me tienes para ti, hoy aunque fuera brevemente te había sentido dentro de mí, tu excitación hizo que con un giro de tu cuerpo quedara debajo de ti, sintiendo el peso de tu cuerpo sobre el mío, sintiendo como tus besos se apartaban de mis labios y se apoderaban de mi cuello. Desde ese momento fui incapaz de abrir los ojos, fui incapaz de pensar en otra cosa que no fueras tú, tus labios no paraban de besar los míos, tus dedos bajaban suavemente poco a poco por mi cuerpo, mis brazos te abrazaban arañándote la espalda con mis uñas cada vez que me hacías gemir, la humedad de tu boca, de tus labios se habían apoderado de mis pezones, de mi tripa y del monte de Venus por encima de mis bragas, una prenda que ya estaba de más entre nosotros y sentía como con tus dedos me las iban quitando poco a poco, acompañándolas suavemente bajar por mis muslos mientras que tu boca se apoderaba de mi sexo metiendo mi clítoris en tu boca, haciendo de mis gemidos música en aquella habitación de hotel cerca de la estación de Atocha.

    Mis manos apretaban las sabanas con fuerza y mi cabeza con la boca abierta emitía continuamente los gemidos que sé que tanto te gustan, tus dedos acompañan a mis bragas hasta conseguírmelas quitar por completo, sentir casi en el mismo instante como tu boca atrapaba mis labios y como tu lengua atravesara el portal de mi placer uniéndose a la carne rosada humedecida antes de entrar él la oscuridad de mi vagina totalmente mojada para ti, mis manos pasaron de las sabanas a tu cabeza, a tu pelo, hundiéndote en mi sexo notando tu respiración y tu lengua excitar más mi maltrecho cuerpo haciéndome temblar, haciendo estremecer.

    El ventilador de mi habitación seguía girando cuando empiezo a sentir mi cuerpo humedecerse, mis dedos ya traspasan la frontera de mis bragas con dirección a mi vagina y cuando mis dedos se mojaron dentro de mi vagina, mi mente me trasporta nuevamente a aquella habitación de hotel cuando tu cuerpo desnudo empezaba a subir por el mío, una vez más siento tus labios humedecer mis pechos, siento tu pene duro cerca de mi sexo y mis piernas se abren más a ti, rodeando con ellas tu cuerpo, mis dedos acariciando tu espalda y tus manos sobre mi pelo revolviéndomelo continuamente, nuestras caderas sé juntas en un baile cálido, sensual, sintiendo tu pene entre mis labios que poco a poco va buscando la entrada de mi vagina, encontrándola enseguida, despacio, muy despacio tu glande va penetrando en ella, despacio casi sin moverse siento como me vas llenando, deslizándote suavemente dentro de mí, envolviéndote con la humedad del interior de mi cuerpo que me hace gemir y jadeando susurrar tu nombre.

    Siento como mi cuerpo se estremece al notar tu pene penetrar hasta el fondo de mi vagina y como sacas de mí un pequeño grito ahogado con la boca cerrada, segundos más tarde mis gritos ya son solo para ti, siento tu cadera jugar con la mía, como tu pene retrocede y vuelve a meterse dentro de mi vagina. Me siento tan feliz, que inconscientemente rio cuando me entregas todo aquello que hacía tiempo deseaba, mis uñas arañan tu espalda al son de los gemidos que voy depositando en tus oídos, gemidos, gritos que atraviesan las finas paredes para dejar testimonio de que después de todo, después de un tiempo, te puedo decir te quiero, puedo llamarte mi amor y dejo que tu cuerpo me cubra una y otra vez, que tu pene entre y salga de mi interior reconociendo cada centímetro de mi vagina y con cada centímetro hacer que mi voz se entrecorte y que se disfrace de gemidos y gritos de placer.

    El ventilador seguía girando, mis dedos entraban y salían de mi vagina, acariciaban mi clítoris y mi mente se volvía a trasportar a aquella habitación de hotel, donde te sentía dentro de mí, cuando mi vagina se mojaba tanto recordando cuando me diste la vuelta y tus labios empezaron a recorrer mi espalda dibujando una sonrisa en los míos, tenía la vagina realmente mojada y notaba en mis glúteos tu pene humedecido de mí, tu cuerpo cubriendo el mío como una fina sabana, sentía el vello de tu pecho sobre mi espalda, notaba como te metías entre mis piernas que me abrías un poco, pidiéndome la llave una vez más de mi sexo, tus manos acariciaban mis hombros y tu boca besándome mi oído, entonces un pequeño grito de placer me hizo morder las sabanas y que mis puños se aferraran a ellas con fuerza cuando una vez más te siento entrar, una vez más tu pene navega en el interior cálido de mi vagina, centímetro a centímetro rozándose con mis paredes vaginales y llegando a penetrarme tanto que parecía que mi vagina absorbía tu pene hasta las paredes de mi útero.

    Entre gemidos

    como flores eternas

    se abren tus piernas

    Susurraste en mi oído tu primer verso como siempre me dijiste que harías, no fue el último verso, ni los últimos gemidos que sacabas de mí cuando te sentía entrar y salir, notaba como mi flujo mojaba las sabanas de la cama, notaba como tu pene se envolvía en él y como te desplazabas dentro de mí haciéndonos a los dos gemir, versos jadeantes en mis oídos, no solo era él o placer de penetrarme, no solo eran tus besos, tus carias, los susurros con versos en mis oídos, era la felicidad de tenerte en mi cama, de que por fin nuestros sueños fueran reales.

    Notaba que todo me daba vueltas, notaba como en las paredes de la habitación se pegaban y agolpaban mis gemidos y notaba como tus manos se metían debajo de mi vientre y me hacías incorporar con suavidad, sin dejar de bombear tu pene dentro de mí, me ibas levantabas hasta ponerme de rodillas, hasta ponerte de rodillas penetrándome ahora con más vigor, tus manos apretando mis pechos y el silencio solo se rompía con cada empujón, con cada golpe de tu piel contra la mía, del sonido acuoso de tu pene penetrando en mi vagina tan mojada, tus manos acompañaban a mis pechos cuando mi espalda se arqueaba hacia atrás con un grito primero sordo y luego, ya no podía controlar los gritos de placer al sentirte tan dentro de mí, al sentir como el placer me atravesaba el cuerpo incapacitando mis piernas que temblaban, que mi cuerpo se convulsionaba de placer y que los espasmos se apoderaran de mí.

    Mi vagina se había inundado de flujo, tu pene entraba y salía navegando dentro de mí a gran velocidad, haciéndome caer hacia delante con cada penetración, con cada empujón tu pene se hundía más profundamente mi vagina, acariciabas mis pechos apretando mis pezones, dejándolos huérfanos cuando empezaste a retirar tus manos que ahora subían por mis costados hasta quedarse en mis caderas, sujetándomelas con fuerza y apretando con fuerza su pene dentro de mí, mis manos apretaban con fuerza las sabanas a la vez que le gritaba a la cama, un segundo orgasmo me llenaba de placer cuando empezaste a llenar mi vagina con tu semen gritando tu último verso, tu último verso entre jadeos y gemidos gritándote que no pararas, que no te apartaras.

    Regalo mi esencia

    llenándote la copa vacía

    regalas gemidos, una sonrisa

    Estaba encantada de que termináramos juntos, más que deseo era obsesión porque llenaras mi copa con tu semen, expulsado por tus convulsiones a la vez que gritabas mi nombre, que me dedicabas versos, sentir la velocidad de tu semen dentro de mí, golpeándome con fuerza en mi vagina mezclándose con mi flujo, solo quería que me hicieras gemir, gritar, solo quería que me hicieras reír, disfrutar contigo, solo quería que cuando no estuvieras, siguieras dentro de mí, quería absorberlo para tenerte siempre retenido en mi interior, pienso en el esfuerzo infructuoso de tu semen por alcanzar su meta, el miedo que atravesara mi útero hasta mis ovarios, el miedo de fecundar uno de ellos y, sin embargo, quiero más, quería más, me arriesgo a querer más y que durante toda la noche me sigas llenando.

    Fue una noche inolvidable, unas semanas inolvidables donde hicimos el amor de mil formas, donde me follaste de mil maneras haciéndome feliz por haberte tenido entre mis piernas, por haber sentido la fuerza de tu miembro atravesar mi vagina hasta hacerme perder el control y ahora mirando el techo con el ventilador girando sobre mí, mi vida pasa despacio, sé que mis amigas, que mi familia no aprobarían lo que hice, que mi novio no entendería por qué tú, alguien que me dobla en edad, a entender lo que me pasa por dentro cuando te veo, cuando me miras, cuando me hablas, sí, soy una mujer muy pasional lo sé y que quiero más, habrá quien hable mal de mí, pero no me importa, quiero tenerte, quiero que me hagas el amor, quiero follar contigo como si fuera el último día de nuestra vida, quiero abrir mis piernas para ti, para que puedas entrar y cerrarlas tan fuerte que te quedes conmigo para siempre.

    Miro el ventilador girar y te veo a ti, haciéndome el amor.