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  • Sueño y realidad

    Sueño y realidad

    Monse abre los ojos con la respiración entrecortada, el sonido de su celular la ha extraído del sueño excitante en que se hallaba inmersa. Tenues rayos de la luna se filtran a través de la persiana, bañando de claroscuros su moreno cuerpo apenas cubierto por su ropa interior negra de satén. Con lentitud, extiende la mano, palpando el lado derecho de la cama para tomar su teléfono, la pantalla se iluminó con el roce de sus dedos, miró la hora y se dio cuenta que eran las doce y treinta de la madrugada. Entró a la aplicación del Whatsapp y, de pronto, una notificación llegó haciendo resonar su móvil:

    Tomás:

    —¿Despierta?

    ¡Despierta y muy muy caliente por ti!, pensó, pero, aunque quería, sabía que no podía poner eso como respuesta. Las cosas entre ellos no iban muy bien, sin embargo, ambos se morían el uno por el otro.

    Monse:

    —Sí, pero ya me iba a dormir, y tú… ¿Qué haces despierto a esta hora?

    Tomás sentía que lo estaba pensando tanto como él lo hacía con ella.

    Tomás:

    —No puedo dormir, te extraño a rabiar, princesa.

    Eso bastó para Monse que, se mordió el labio inferior mirando la pantalla; ella sabía lo que él intentaba con su mensaje y su piel ardía de deseos por tenerlo entre su ser, anhelaba continuar con él lo que en su sueño acababa de suceder provocándole un resquicio de humedad entre sus piernas.

    Monse:

    —También te extraño a rabiar, mi niño.

    A ambos, se les dibujó una sonrisa. Tomás suspiró y un nuevo mensaje le llegó:

    Monse:

    —Hace un instante soñaba contigo y, justo ahora estoy… como solo tú lo sabes.

    El pecho de Tomás se agitó, mientras se levantaba apresurado de su cama y se ponía sus shorts de salir a correr sin dejar de teclear en su pantalla.

    Tomás:

    —¡Wow! Me gustaría poder estar ahí para apagar tu fuego, no sabes cómo me has puesto, princesa…

    Continuó colocándose sus tenis y su franela, sin dejar de ver el móvil.

    Monse:

    —Pero no estás aquí, mi niño. Es una lástima, tendré que terminar sola lo que tú comenzaste en mis sueños.

    Tomás:

    —Podría hacerte compañía por aquí, dime, ¿Qué traes puesto, prince?

    Tomás agarró las llaves de su auto y salió de la casa…

    Ella, estaba en su cama, empapada y deseosa por tenerlo.

    Monse:

    —El conjunto que tanto te gusta.

    Monse acarició su vientre con sensualidad y metió su mano debajo de la diminuta tela húmeda y le envío un corto vídeo.

    Tomás, al ver el vídeo, sintió que su entrepierna se le asfixiaba.

    Tomás:

    —Esa no debería ser tu mano, sino la mía, prince.

    Hundió el pie en el acelerador.

    Aparcó frente a la casa de Monse y miró la pantalla.

    Monse:

    —¿Dónde estás? ¿Qué te hiciste?

    Tomás:

    —Aquí estoy, me tienes muy mal princesa, muy mal.

    Puso su móvil en silencio y trepó sigiloso como un ladrón por la enredadera que conducía al balcón de la habitación de Monse. Ella, llena de deseos vibrantes que carcomían su interior, con una mano frotó con suavidad su clítoris degustando el placer que su imaginación la atropellaba; con la otra, le escribía a Tomás. Él, ansioso y erecto la miraba por el resquicio de la persiana. Ella, inocente de su presencia continuó deleitando su entrepierna. Un nuevo mensaje la desbordó de pasión.

    Tomás:

    —Tócate para mí, prince.

    Una Monse excitada y, obediente a los deseos de Tomás, hundió muy despacio y con lentitud dos dedos en su humedad y, con movimientos rítmicos, entraba y salía de sí dándose placer, se arqueó de hombros y soltó el móvil para poder acariciar sus senos; una avalancha de sensaciones le hicieron soltar un gemido que hizo estremecer a un Tomás excitado por el panorama que su chica le proporcionaba sin ella saberlo. Ella, excitada y desesperada tomó el celular y tecleó:

    Monse:

    —Te deseo aquí, ahora, conmigo, para que me devores por completa.

    Tomás ya no aguantaba un segundo más mirándola, su entrepierna iba a reventar; tocó el cristal de la ventana y Monse pegó un saltó del susto, pero, al mirar a Tomás, su cuerpo se encendió en llamas como el ave fénix, se llenó de lascivia, se levantó y quitó el seguro. Un Tomás extasiado la tomó por la cintura y la trajo hacia sí; besos desesperados sellaron sus bocas, caricias ardientes quemaban las pieles. Con premura, ella le quitó la franela y acarició su tronco desnudo descendiendo hasta su masculinidad y apretó con demasía… Tomás soltó un ronco gemido; la tomó por las nalgas y la subió a su cintura, la condujo a la cama y la dejó caer despacio quedando encima de ella, besó su cuello, sus senos, mordió sus pezones erectos; con una mano le agarró las muñecas y las sostuvo por encima de la cabeza; con la otra, se adentró en su vagina haciéndola temblar, su lengua lamió su lóbulo y le susurró al oído.

    —Te deseo con locura, prince.

    Su mano siguió moviéndose en el lago de lujuria de Monse, ella, perdida en la excitación, se zafó de su agarre y bordeó su torso clavando sus uñas en la espalda de Tomás.

    —Quiero más —balbuceó entrecortada.

    Tomás descendió besando su abdomen, mientras se quitaba el shorts y el bóxer; ella se aferró a su cabello y lo condujo con prisa hasta su vagina; él apartó la diminuta tela húmeda con sus dientes y besó sus labios empapados de fluidos, un néctar delicioso del que Tomás no quería salir. Su lengua entró vacilante causando espasmos en sus caderas, movimientos circulares la hicieron aferrarse a las sabanas; ella, al borde de la desesperación, lo detuvo. Se levantó y acostó a Tomás sobre la alfombra, se sentó a horcajadas encima de él moviendo las caderas muy despacio para sentir el roce de la erección de Tomás que la hizo estremecer de nuevo. Las manos varoniles de Tomás se adueñaron con autoridad de los glúteos de Monse, la inclinó hacia arriba para entrar en ella haciéndola soltar gemidos, susurros y quejidos que, para él, eran los acordes perfectos de aquella total entrega.

    ArgioB

  • Vergüenza en la oficina

    Vergüenza en la oficina

    La situación era delicada para los siete empleados, incluyendo a la jefa, que tenía la sucursal de la empresa en Valencia. Se intuía que habría despidos en las próximas semanas y la situación del mercado laboral no invitaba al optimismo para aquellos que perdieran su empleo.

    Eva, la directora de aquella oficina, abrió el portátil y ojeó los asuntos de los correos que se acumulaban en la bandeja de entrada. Uno de ellos llamó su atención, era del jefe de la oficina central, el holandés Marcus. Rezaba así: «Estimada Eva, el miércoles acudiré a su oficina para revisar las cuentas y tomar decisiones. Atentamente, Marcus”.

    La mujer tragó saliva. Estaba preocupada por el futuro de aquel proyecto en el que seis meses antes se había embarcado con toda la ilusión del mundo. El camino para llegar ahí no había sido fácil y la idea de que todo se fuese al garete la llenaba de ansiedad. ¿Qué ocurriría con la gente que trabajaba allí?, ¿qué futuro la esperaría a ella?

    Miró de nuevo el correo y se dio cuenta de repente que la fecha era ese día, tenía unas horas solamente. En su agenda tenía marcada una cita con el doctor. La salud era lo primero, pero no tenía tiempo de ir a la clínica.

    Decidió llamar.

    Al colgar su rostro reflejó frustración. La mala suerte se estaba cebando con ella y de nuevo la obligaban a decidir, a menos que…

    Allí estaba, en el cajón, el curriculum de Juan, su esperanza.

    La idea hizo que se ruborizara, pero no era momento de dejar que la timidez o la vergüenza la detuvieran. Era la jefa, la responsable de todos, y no se detendría ante tan poca cosa.

    ********************

    – Cierra la puerta. – dijo cuando entró el joven empleado.

    Le observó durante unos segundos, mirándole fijamente.

    – Tengo un favor que pedirte.

    – Lo que quieras. – respondió Juan intentando agradar.

    Eva forzó una sonrisa. La respuesta de aquel chico, con un matiz de ansiedad incluido, era reflejo de la situación de incertidumbre de la compañía. Por lo menos, sus empleados, a su manera, lo estaban dando todo… no podía defraudarles.

    – Esta tarde tenía que ir al doctor a… a ponerme una inyección. Pero no puedo porque viene nuestro jefe y bueno, ya sabes como está el patio.

    – ¿Una inyección?

    – Sí, una inyección intramuscular. Creo que tú tienes experiencia en enfermería.

    – Sí, fue hace tiempo pero sí, ayudé a mi tío un verano.

    – Entonces puedes.

    – Sí, ¿cuándo sería?

    – Ahora. Tengo todo lo necesario en el cajón. – dijo la aludida sacando la caja con los viales, una aguja envuelta en plástico y una jeringuilla desechable.

    – También tengo algodón y alcohol.

    Juan recorrió con la vista la habitación como si buscase algo.

    Eva le interrogó con la mirada.

    – Nada, es que en la clínica de mi tío teníamos una camilla donde se tumbaba el paciente… es más estable creo.

    La jefa pensó durante unos instantes y tomó la palabra.

    – ¿Te sirve el escritorio? Es bastante amplio.

    Juan asintió y sin más demora comenzó a preparar la medicina.

    – Bájate los pantalones y túmbate boca abajo sobre la mesa.

    Eva, con valentía, se desabrochó el cinturón y tirando de la tela desnudó medio culete.

    Luego se encaramó a la mesa tumbándose sobre el estómago, su cabeza descansaba sobre los brazos cruzados, la vista fija en la imponente aguja que coronaba la inyección.

    – Preparada.

    – Sí. – dijo la paciente disfrazando su nerviosismo al tiempo que, de manera involuntaria, contraía los glúteos.

    El empleado observó durante un segundo el trasero de su jefa. Eso tenía que ser un sueño, pero por si acaso no lo era intentaría no pifiarla.

    – Relaja la nalga. – dijo mientras frotaba la piel con el algodón empapado en alcohol.

    Eva percibió el olor y notó, casi al mismo tiempo, el picotazo. Luego, mordiéndose el labio y tratando de relajar el culo, aguantó la sorda presión del líquido entrando en su cuerpo.

    – Ya está. – dijo el chico extrayendo la aguja y frotando con suavidad el lugar de la perforación.

    – ¡Ya!, ha sido rápido. Se te da bien pinchar.

    – Es también mérito de la paciente.

    – Muchas gracias, me has salvado la vida. – añadió Eva mientras, ya de pie, terminaba de abrocharse el cinturón.

    Juan se quedó pensativo. Ayudar a su jefa le daba puntos, pero ella todavía no sabía nada. Pensó que le había llamado para eso. Con un poco de suerte quizás…

    ************

    La reunión con Marcus fue mejor de lo esperado. Solo peligraba un puesto de trabajo.

    Luego llegó el email, buenas noticias, un nuevo cliente.

    Eva sonrió, estaba contenta.

    Pero la alegría es efímera.

    El teléfono sonó, la conversación fue de todo menos cordial. Al menos había conseguido una reunión.

    De repente se sentía cansada, hasta le molestaba la nalga del pinchazo.

    Salió de la oficina y llamó a Vicky, una chica de tez pálida y cabello rubio que llevaba falda. También llamó, otra vez, a Juan.

    ********************

    – Me ha llamado Cristina, quiere cancelar el contrato. – comenzó yendo directa al grano.

    Luego, mirando por turnos a Vicky y a Juan lanzó la pregunta sin disimular un tono de irritación en la voz.

    – ¿Por qué no me habéis dicho nada?

    Vicky contestó.

    – No queríamos preocuparte, no pensamos que fuese importante.

    – Es un capricho de Cristina, una excusa para… – añadió Juan.

    Eva le cortó.

    – Es la cliente y nos toca tragar. Viene esta tarde.

    – ¿Qué vas a hacer?

    – Todo lo posible.

    ********

    Cristina se reunió con Eva en privado.

    Luego, a petición de la primera, entraron los empleados.

    Eva tomó la palabra.

    – Cristina está dispuesta a reconsiderar su posición. Entiende que un fallo lo puede tener cualquiera. Sin embargo… exige un castigo ejemplar.

    Vicky puso cara de alarma y su compañero pensó en el despido.

    – ¿Nos vas a despedir?

    La clienta tomó la palabra.

    – No, he pensado en un castigo físico. Vuestra jefa se ha ofrecido a recibir el castigo como máxima responsable. Pero no lo veo justo… todo depende de vosotros.

    – ¿Qué clase de castigo? – preguntó Juan con perplejidad.

    – Unos azotes en el culo. – respondió Cristina.

    La incredulidad se reflejó en el rostro de Vicky y Juan notó como el calor subía por sus mejillas.

    – No estáis obligados a hacer esto. – dijo Eva.

    – ¿Y… y si no lo hacemos?

    – Tal y como comenta vuestra jefa, esto es voluntario. Una alternativa que ofrezco. Si no queréis pues nada, cancelo el contrato tal y como tenía pensado y busco otra empresa. – respondió con tranquilidad Cristina.

    Vicky y Juan se miraron.

    – Está bien, acepto. – dijo Vicky.

    Juan notó la presión del momento. Todo dependía de él. Sentía mucha vergüenza, la idea de que esa mujer le calentase el trasero delante de su compañera y su jefa… pero no había otro remedio, no solo por él, sino por ella, por Eva y por todos.

    – Está bien.

    El resto sucedió muy rápido, sin tiempo para pensar.

    Cristina se hizo con una regla de madera y se sentó en una silla.

    Siguiendo órdenes, Juan se bajó los pantalones y los calzoncillos hasta la altura de los tobillos cubriendo, instintivamente, su pene con las manos.

    Las tres mujeres echaron un vistazo al culo del varón, dos nalgas firmes, una raja larga y glotona y bastante vello.

    – Bonito culete. – comentó Cristina para mortificarlo.

    – No seas tímido, las manos a los lados, eso es, enséñanos lo que cuelga entre las piernas.

    Juan obedeció.

    A continuación, siguiendo instrucciones, se tumbó sobre el regazo de la clienta.

    Un par de caricias y enseguida las nalgadas. Primero con la mano, para calentar la zona, luego con la regla.

    El correctivo se prolongó por espacio de unos diez minutos entre tandas de azotes y humillantes comentarios.

    Terminado el castigo, Juan se incorporó. Para su vergüenza el miembro había crecido fruto del calor.

    – Ciertamente el pompis es una zona erógena. – comentó Cristina.

    Luego, se volvió hacia Vicky.

    – Tu turno princesa.

    La chica, mecánicamente, se quitó la falda y se bajó las bragas de un tirón dejando a la vista un culito pálido realmente hermoso.

    – Ven aquí y túmbate sobre mis piernas, eso es. Empezamos vale…

    Sin esperar respuesta golpeó con fuerza con la mano abierta el trasero, dejando marcada la silueta de los cinco dedos. Luego, para vergüenza de la azotada, introdujo un dedo en la vagina que, a pesar de la tensión, estaba húmeda.

    – Ya estas mojadita… ¿te gusta esto de los azotes eh, pillina?

    – Yo… – balbuceó la aludida.

    Cristina lanzó una carcajada y se centró en la tarea entre manos.

    A base de reglazos los glúteos iban cogiendo color.

    – Bien, esto ha sido todo. Lo prometido es deuda y seguiremos colaborando, pero sin errores ¿vale?

    Los tres trabajadores asintieron, prometieron y dieron las gracias a su cliente.

    Cuando Cristina se fue. Eva agradeció a los empleados el compromiso.

    – Gracias a ti. – dijo Juan.

    – Gracias Eva. – dijo Vicky frotándose las nalgas.

    Eva, al borde de las lágrimas, asintió.

    Cuando todos se fueron, sola en su despacho, repasó los acontecimientos de aquel día. La inyección, la conversación con Marcus, la propuesta y los azotes. Podía haber sido ella la que hubiese estado allí, con el culo al aire, en privado, con Cristina. El pensamiento tornó en algo más, de alguna manera aquello la excitaba. Se desabrochó el pantalón y metió la mano bajo las bragas. Sus dedos comenzaron a jugar con los pelos del coño. Pronto sintió placer, mucho placer.

    El orgasmo no tardó mucho en llegar.

  • En la zona de confort

    En la zona de confort

    Domingo.

    Teresa miró por la ventana sumida en sus reflexiones, mientras se colocaba el bikini, eso, sin dejar de reparar en el entusiasmo que reinaba en la piscina. Su marido lanzaba a sus dos hijos al agua como si de pelotas se tratase entre risas, alborozos y chapoteos. También lo hacía con los de su amiga Natalia, mientras ésta contemplaba dichosa, e incluso se unía a la infantilidad del juego.

    No le apetecía bañarse, ni tampoco participar del júbilo de la pueril diversión que estaba teniendo lugar en la piscina, en cualquier caso, tampoco deseaba ser una mala anfitriona. Le extrañó que Oscar no estuviese con ellos y se preguntó dónde andaría. No tuvo que preguntárselo dos veces. Inmediatamente notó su respiración en la oreja declarándole que la deseaba. Teresa dio un respingo e intentó darse la vuelta, pero Oscar no la dejó, apoyó sus manos en la pared impidiéndole zafarse. Notó su erección a través de la tela del bikini presionando en el canal de sus nalgas.

    —Estás loco. Tu mujer está ahí abajo y mi marido también.

    —Me pones muy cabrón Teresa. Quiero follarte. Hace días que no lo hacemos.

    —Ahora no podemos. ¡Déjame! —protestó. Aun así, sus quejas cayeron en saco roto.

    Oscar deslizó la braguita, posicionó el glande a la entrada de su coño y la penetró por completo en una acometida que le hizo abrir la boca y exhalar un gemido de placer. Con ello, su vista desenfocó por un momento a sus seres queridos, sumiéndola en una neblina que se adueñó de su ser.

    —¡Para! ¡No sigas! —le pidió intentando recobrar la cordura, o al menos, pretendiendo administrar un poco de sensatez a la carencia de ella que su amante demostraba. Por su parte, no pareció entender bien el mensaje y sus movimientos se aceleraron, por lo que la contundencia de los embates la obligaron a apoyar las manos contra la pared, a fin de apalancarse.

    —¡Detente! Nos van a pillar, —le suplicó de nuevo.

    —¿Y por qué mueves el culo si quieres que pare? —dijo él con socarronería y con el deseo a flor de piel. —Te deseo Teresa. Con ese bikini ¿cómo no voy a querer follarte delante de tu marido? Estás buenísima —le expresaba una y otra vez sin dejar de percutir en sus adentros, en tanto que el placer se adueñó de su sexo y se dejó llevar por él, tanteando un orgasmo que sabía que llegaría en breve si continuaba embistiendo de aquel modo. Tampoco había que esperar mucho una vez que se dejara llevar y diera rienda suelta a las sensaciones.

    Un dedo incursionó dentro de la braguita y liberó el pequeño botón de su capucha presionándolo mientras dibujaba movimientos en espiral, de tal modo que una corriente eléctrica en forma de ráfaga creció desde su columna para trasladarse después a su sexo y materializándose en forma de clímax. El cristal de la ventana se llenó de vaho con su cercana respiración. Teresa contuvo sus gemidos y reprimió sus ganas de gritar de gusto. Las piernas espasmódicas se le aflojaron e inmediatamente notó un potente chorro de esperma caliente golpeando en las paredes de su útero. Oscar siguió arremetiendo hasta vaciar por completo la recámara, después sacó el miembro y se recolocó los shorts. Teresa lo miró circunspecta. No tenía muy claro si aprobar o reprocharle su actitud por ser tan osado. De un modo u otro podría haberse negado y no lo hizo porque estaba claro que el deseo y la pasión eran compartidos, no obstante, el morbo de las situaciones límite que a él le gustaban entraban en conflicto con lo metódica y cuidadosa que era ella, y por tanto, era incapaz de mantener el aplomo y la impasibilidad de la que él hacía gala, máxime, después de haberse follado al mejor amigo de su marido y esposo de su mejor amiga.

    Se dirigió al baño para limpiarse sus genitales. A continuación se colocó el bikini de nuevo y bajó unos minutos después que Oscar, quien ya se había incorporado a los juegos como si no hubiese pasado nada, mudándose sin más a un escenario completamente antagónico. Su marido la animó a meterse en el agua y accedió de mala gana. La mirada apocada de ella se cruzó con la mirada impúdica de Oscar, después éste le dio un beso a Natalia como buen esposo. Teresa no pudo hacerlo.

    Martes.

    Los martes Teresa libraba en la peluquería y aprovechaban esa tarde para alquilar una habitación en un motel de carretera a 40 kilómetros de su ciudad. Oscar condujo varios kilómetros y esperó a incorporarse a la autovía para sacarse un miembro que ya le estaba plantando cara y ofrecérselo de aperitivo.

    —¿Te apetece ir haciendo boca? —le dijo mostrándoselo con total impudicia.

    Teresa lo miró con complicidad, sonrió, se relamió, se acercó, aferró la polla de la base y la apretó con fuerza, después deslizó la mano lentamente por el garrote iniciando una masturbación lenta.

    —¡Mira la carretera! —le exhortó sin dejar de masturbarle.

    Las pulsaciones de Oscar se aceleraron y tuvo que aplicar, sino los cinco sentidos, al menos tres de ellos a la conducción. Sus miradas de connivencia se cruzaron reiteradas veces. Teresa se desabrochó el cinturón de seguridad para tener movilidad, bajó la cabeza y sus fosas nasales se embriagaron del aroma. Aspiró profundamente y se emborrachó de sus feromonas. La raja se le abrió como los pétalos de una flor al recibir los primeros rayos de luz de la mañana. Su lengua acarició la cabeza morada y golpeó con ella la superficie del glande, alternando el golpeteo con cariñosos besos, después abrió la boca, sus labios abrazaron el tronco y lo engulló hasta que la punta saludó a la campanilla provocándole una arcada. Con ello, su cabeza empezó a bascular iniciando una sonora felación en la que su maestría y el morbo implícito llevaron a Oscar a eyacular en su boca. Teresa aguantó estoicamente las descargas, con lo que, primero saboreó la sustancia para luego tragarse el espeso líquido, y finalmente se relamió los labios mostrándoselo a él con lascivia.

    —¡Joder Teresa! ¡Qué gustazo! —exclamó.

    —¿Te ha gustado?

    —Eres única.

    —Me debes una.

    —Voy a follarte como te mereces.

    —Te tomo la palabra.

    —Voy a hacer más que eso.

    —¿Ah sí? ¿Qué vas a hacer? —preguntó un tanto traviesa.

    —Voy a pedir el divorcio.

    —Estás como una puta cabra, —rio.

    —Hablo en serio. He estado pensándolo mucho, —le dijo mirándola a los ojos y sin soltar el volante.

    —No digas gilipolleces, —articuló en un cambio de su semblante.

    —Estoy hablando en serio.

    —No me jodas Oscar.

    —No nos van bien las cosas a Natalia y a mí.

    —¿Cómo que no os van bien? Hace dos días, en el chalet todo os iba viento en popa. No vi que os fuese mal.

    —No es oro todo lo que reluce.

    —A mí no me metas en vuestra vida.

    —¿Ah no? ¿A ti te parece que no estás lo suficientemente metida?

    —¡Espera, espera! ¡Para el coche! —le ordenó. —¿De qué coño estás hablando?

    —Llevo días pensándolo. Ya lo he decidido.

    —Yo no quiero tener nada que ver con esto. Natalia es mi amiga.

    —¿Ahora es tu amiga? ¿Y cuándo me la estás mamando qué es?

    —Pero, serás cabrón.

    —Voy a separarme, contigo a mi lado, o sin ti. Yo prefiero que estés a mi lado.

    —No era esto lo que tenía que pasar, —dijo enfurecida.

    —¿Y qué esperabas que pasara? Estas cosas suceden, y yo lo acepto. Quizás deberías empezar a planteártelo tú.

    —¿Yo? Yo estoy bien con mi marido. No tengo por qué separarme, ni quiero tampoco.

    —¿Y qué es lo que quieres, que sigamos follando en un motelucho de mierda?

    —Desde luego que dejes a Natalia no es lo que quiero.

    —Lo tengo decidido.

    —Llévame a casa, —le exigió en un arrebato.

    —¿No vamos a follar?

    —Si quieres follar, hazte una paja. ¡Da la vuelta!—le ordenó sin darle opción a réplica.

    Viernes.

    Durante dos días su cabeza fue un hervidero de pensamientos y dudas para terminar en un vertedero de desechos. No deseaba que Oscar cortara con Natalia, pero mucho menos, que se descubriera el pastel. Su planteamiento no le había gustado en absoluto, y evidentemente, no estaba por la labor de dejar a su esposo. Lo suyo con Oscar eran calentones y morbo. Disfrutar de ello sabiendo que más pronto que tarde se terminaría, en cambio, las reflexiones de él avanzaban por otros derroteros, algo que la pilló totalmente fuera de juego.

    Eran las tres de la tarde, se estaba preparando la comida cuando la llamó. Estaba sola en casa. Los niños comían en el colegio y su marido estaba en el trabajo. Se debatió entre cogerlo o no, pero, ante la insistencia optó por lo primero.

    —Dime, —contestó en tono adusto.

    —Ya está hecho.

    —¿Qué?—preguntó indignada.

    —Hemos roto, —sentenció.

    —No me jodas Oscar. Pensaba que recapacitarías. ¿Qué coño has hecho?

    —Lo que tendrías que hacer tú también.

    —Yo no voy a hacer tal cosa. Yo estoy bien.

    —Tú lo que no quieres es desanudar tu zona de confort. La he dejado por ti. Ahora es tu turno. Cuando estés preparada espero que des el paso. Yo te estaré esperando.

    —Yo no quería esto, —gritó. —Yo no te pedí que lo hicieras, —volvió a gritar encolerizada, aun cuando él ya había colgado.

    A las pocas horas llamaron desde abajo. Teresa vio por el video portero que era Natalia y le dio un vuelco el corazón. Volvió a dudar. No le apetecía hablar con ella, o quizás lo que no quería era dar la cara. Pensó por un momento hacer como que no estaba en casa y escurrir el bulto, pero no lo hizo sabiendo que tarde o temprano tendría que hablar con ella del asunto, en cualquier caso, confió en que él no la hubiese mencionado.

    Cuando Natalia subió, Teresa la esperaba en la puerta con la incertidumbre de no saber qué esperar de ella. Sólo confiaba en que no supiera nada de su canallesco proceder. Su amiga salió del ascensor compungida y se le acercó para darle un abrazo y saludarla entre sollozos. Tras esa primera reacción cordial, supuso que no sabía nada, de lo contrario no habría sido tan afable, por lo que la hizo pasar al salón.

    —¿Qué ocurre Natalia? —preguntó. —¡Espera! Voy a preparar un café y me lo cuentas, —dijo con un cinismo impropio de ella.

    —Gracias, —asintió Natalia.

    Teresa preparó dos cafés en la Dolce Gusto y le ofreció el suyo a su afligida amiga. Se sentó junto a ella en el sofá a la espera de que soltara prenda.

    —Oscar se ha largado.

    —¿Cómo que se ha largado? —se interesó interpretando su escena teatral en la que se abstuvo de hacer comentarios que pudiesen inculparla.

    —Sí, se ha ido, no sé si tiene otra o qué. No me ha dicho que sí, pero tampoco me ha dicho que no, y eso me hace pensar que algo hay.

    —¿Pero qué ha pasado? —preguntó.

    —No lo sé. Todo iba bien. Hemos tenido nuestras diferencias últimamente, como todo el mundo. Ahora dice que necesita un tiempo para pensar, pero ¿pensar en qué? ¿Crees que esto es normal?

    —No lo sé, Natalia. No puedo opinar. Si es lo que quiere, déjalo un tiempo. Seguro que se le pasará. Vive tu vida mientras tanto.

    —¿Mi vida? —preguntó sin saber como enfocar esa nueva vida.

    —¿Qué pasa con los niños?

    —Dice que vendrá los fines de semana a verlos, pero le importa todo una mierda, —dijo gimoteando.

    —Lo siento, —se disculpó casi con total sinceridad, pues en esos momentos sólo sentía lástima por ella, dado que, al ver el estado decadente de su amiga se compadeció de ella, aunque también sintió el peso de la culpa. Sin pretenderlo había sido la artífice de su lamentable situación, pensando que aquel juego de placer iba a salirle gratis hasta que ella decidiera ponerle fin y seguir con su metódica vida. Ahora era consciente de que le había arruinado la vida a su amiga, quizás también a Oscar, y no quiso pensar que posiblemente también a su esposo y a sus hijos, y eso constituía una gran vileza por su parte, y por tanto, empezaba a reconcomerle.

    —Todo parecía ir bien y de repente, esto. No puedo entenderlo, —continuó entre sollozos.

    —¿Entonces no sabes si hay otra mujer? —preguntó haciéndose la ignorante, pues esa era la pregunta del millón.

    —No lo sé. Debe haberla, de lo contrario, no entiendo su conducta.

    Teresa hubiese querido ayudar de algún modo a su amiga, pero no quería delatarse.

    —¿Qué puedo hacer, Natalia?

    —Nada, —dijo abatida. —Sólo te agradezco que estés aquí. No sabes lo humillante que es para mí todo esto.

    —Para algo están las amigas, —respondió con una desfachatez que no tenía parangón.

    —Menos mal que te tengo. Eres una buena amiga. Tengo que irme, —dijo por último. Le dio un beso y abandonó su casa agradeciendo tenerla como amiga, si bien, Teresa pensó que, teniendo amigas como ella, ¿quién necesitaba enemigos?

    —He hablado con Oscar, —dijo Santi cuando entró en casa y a Teresa le dio un vuelco el corazón. Sus ojos se abrieron como platos sin poder articular palabra. —Se han separado, —dijo tras hacer una pausa.

    Teresa enmudeció. No sabía qué decir, ni cómo gestionar la situación. Se le habían abierto muchos flancos a la vez en muy poco tiempo. Desconocía también lo que le había contado Oscar ni cuáles eran las líneas rojas que no debía franquear.

    —¿No has hablado con Natalia? —preguntó Santi.

    —Sí, —respondió tomando conciencia de que la situación la estaba desbordando. Dijera lo que dijera estaba en una encrucijada, la de seguir interpretando su papel de actriz o tener la gallardía de decir la verdad, algo que no le apetecía en absoluto después de haberse aferrado a su zona de confort durante tanto tiempo.

    —¿Qué te ha dicho Oscar? —quiso saber.

    —Hemos hablado por teléfono. No me ha dicho gran cosa. Sólo que se han separado. Ha dicho que ya me lo explicará con más detalle en persona, —comentó, mientras el corazón de Teresa pretendía salírsele del pecho. —¿Qué te ha dicho Natalia? —le preguntó Santi.

    —Tampoco sabe gran cosa. Sólo que necesita tiempo.

    —El otro día todo parecía normal. ¿Notaste tú algo fuera de lo normal?

    Teresa sí que sabía lo que notó y cómo lo notó, pero su cabeza deambulaba por otros derroteros. Ella tampoco era sabedora de que los planes que deambulaban por la cabeza de Oscar en esos momentos iban más allá.

    Sábado.

    El sábado por la tarde Oscar visitó a sus hijos como había prometido y después de jugar con ellos, Natalia los mandó a la habitación.

    —Quiero que hablemos, —le pidió en modo imperativo.

    —Ya está todo hablado Natalia. He tomado una decisión.

    —Me parece bien que la tomes, y si es lo que quieres no puedo hacer nada para impedírtelo, pero merezco una explicación, ¿no crees?

    —¿No puedes entender que ya no sienta nada?

    —No, —dijo con rotundidad y levantando un poco el tono de la voz. —Eso no ocurre de la noche a la mañana. Eso se va viendo venir poco a poco, y dos discusiones sin importancia que hemos tenido en los últimos días no son un motivo para este dictamen.

    —¿Prefieres que te diga que ya no te quiero?

    —Supongo que tengo que hacerme a la idea de que es así, lo cual me demuestra que eres un cínico hijo de puta. Delante de nuestros amigos les haces ver que me quieres con tus muestras de afecto. ¿Qué pretendes demostrar pues? Últimamente no me has buscado mucho, y eso me da que pensar. Tú no eres así, o mucho has cambiado. Puedo aceptarlo todo, lo que no acepto es que me vengas con embustes.

    —Eres muy perspicaz Natalia. Siempre lo has sido. Tienes razón, hay otra mujer.

    —Es lo que imaginaba.

    —He intentado hacerte el menor daño posible y pensaba que era el modo apropiado.

    —¿La conozco?

    —No hace falta saber tanto.

    —¿Y no crees que lo sabré tarde o temprano?

    —Supongo que sí.

    —Pues dime quién es.

    Domingo.

    Santi se había llevado a los niños a ver el partido de fútbol. Teresa se vistió con su chándal nuevo, se calzó sus Nike, se miró al espejo y se gustó pensando que todo estaba en su sitio y en su justa medida. Se disponía a correr sus cinco kilómetros de todos los domingos cuando llamaron desde abajo. Pensó que algo se les habría olvidado y habrían vuelto a recogerlo.

    Al descolgar el telefonillo vio en el video portero que era Natalia y se le hizo un nudo en el estómago. No le apetecía interpretar de nuevo el papel de amiga leal y sincera. Su idea era mantenerse al margen de su separación mientras durara el temporal para que no le salpicara también a ella.

    Nada más abrió la puerta supo que ya estaba al corriente de todo, en vista de que la cara mostraba el reflejo del alma. Teresa no dijo nada. Ambas mujeres se miraron, se saludaron de manera fría y distante, y Teresa la invitó a pasar ofreciéndole un café que Natalia rechazó.

    La situación era violenta y la tensión se cortaba en el aire. Ninguna de las dos parecía querer hablar hasta que Natalia rompió el hielo.

    —No he venido a juzgarte, ni a reprocharte nada, aunque supongo que será inevitable que lo haga. Al final será el karma quien se encargue de todo eso, es la ley del toma y daca. El que seas una zorra roba maridos ya es grave de por sí, pero el hecho de que actúes con ese cinismo ya clama al cielo, y es lo que más me ha dolido. ¿Cómo tienes la desfachatez de ofrecerme tu caridad después de todo? Eso sólo puede hacerlo alguien tan despreciable que para purgar su comportamiento canallesco ofrece su compasión después de haber arruinado la vida de su amiga, en vez de dar la cara y asumir que lo que hiciste es lo más rastrero que pueda alguien imaginar, máxime, cuando se suponía que éramos amigas. Sólo dime una cosa, ¿por qué lo hiciste? —dijo haciendo una breve pausa. — Bueno, no importa. Como he dicho, al final es el karma el que se encarga de poner las cosas en su lugar. El que a hierro mata, a hierro muere.

    —Lo siento Natalia. Tienes toda la razón del mundo. No puedo justificarme y no lo voy a hacer. No puedo volver atrás, tampoco enmendar el daño que te he causado. Sé que eso no es un consuelo para ti. Sólo puedo pedirte perdón.

    —No quiero tus disculpas Teresa. Aún me queda algo de dignidad. Podría perdonarte si os hubierais enamorado el uno del otro y me lo hubieras dicho, pero no es así. Oscar te quiere, ¿pero tú le quieres o sólo quieres follártelo? Él es muy buen amante, eso ya lo sabes. Me decanto por lo segundo.

    —Sé que no merezco tu indulgencia. No puedo decirte más.

    —No tienes que decir nada. Sólo disfruta de la vida que tú te has buscado. Adiós Teresa.

    Teresa se sentó abatida en el sofá sabiendo que Natalia tenía razón y motivos más que suficientes para sentirse así, y como dijo, nada de lo que dijera podía justificar sus actos.

    Miró su chándal nuevo, se incorporó en el sofá, apoyó los codos en las rodillas, agachó la cabeza, posó las manos en la cabeza, fijó la vista en sus Nike y supo que ese día no iba a correr, sino a saldar su iniquidad.

  • Historia de una sumisa (5)

    Historia de una sumisa (5)

    Semen, lefa, corrida, leche de hombre… Como sumisa de Esmeralda tenía que ir haciéndome a la idea de que no solo me lo iba a tragar como si de agua se tratara, también de que lo harían mucho encima de mí y donde ellos quisieran.

    Mi ama me dio un vídeo para que lo viera por la noche. En él aparecía una joven hermosa sentada totalmente desnuda en lo que a todas luces parecía un servicio de caballeros.

    Los chicos empezaron a pasar uno detrás de otro con la única intención de correrse encima de ella.

    No hacían nada más, solo pajearse hasta que se corrían salpicando el cuerpo de la joven.

    A mí me resultó perturbador, durísimo y bastante denigrante ver como su hermoso cabello largo y negro poco a poco, corrida a corrida, se iba tornando blanco, o como los pegotes de semen se iban acumulando en su cuerpo. Para finalizar vi como la chica lamía todos los restos de semen del suelo a petición de su amo.

    -¿Y bien, te gustó? – me preguntó al día siguiente.

    -¿Cómo puede una mujer entregarse hasta ese punto? ¿Cómo puede denigrarse tanto?

    -Laura es una esclava bastante especial. Está entregada completamente a los deseos y perversiones de su querido hermano. Este vídeo que viste fue su primera experiencia. Y así, tal cual estaba, la sacaron a pasear.

    -¿No pensarás en hacer eso conmigo?

    -No estás ni remotamente lista por ahora, solo recuerda como te has puesto por un par de corridas en el pelo. Debemos ir poco a poco y lo primero…

    -¿Pero tienes pensado llevarme hasta ese punto? – pregunté escandalizada

    -Te gustará, ya lo verás, solo confía en mí.

    -Ferrocarril, ferrocarril, ferrocarrillll

    Mi ama me pidió que me presentara al acabar el instituto en la terraza de un bar en plena plaza y para que voy a engañar al lector, había ido a regañadientes y renegando, pero había terminado cediendo como de costumbre.

    -Pero mírate, si has venido. Un helado de vainilla, por favor. Y un tazón grande, con una cuchara. Muy bien, ¿Por dónde íbamos?

    -Por ninguna parte.

    Esmeralda abrió su bolso y me mostró un termo.

    -¿Está lleno con lo que creo que está lleno?

    -Puro zumo de hombre recién extraído de mis compañeros. Oh, gracias por el helado y el tazón.

    -Señorita.

    Como si fuera lo más natural del mundo, Esmeralda volcó el contenido del termo en el tazón y me lo ofreció.

    Apestaba.

    No podía ni imaginarme cuantas pajas se habían necesitado para llenar algo tan grande.

    -¿De verdad me tengo que beber todo esto delante de todo el mundo? – pregunté en un susurro.

    -Si quieres seguir conmigo, sí.

    -¿Usando la cuchara?

    -Sí, debes hacerlo de poco en poco. De un trago sería demasiado fácil.

    ¿Demasiado fácil? ¿En qué sentido sería demasiado fácil?

    Cogí la cuchara, la metí dentro… y joder, que puto asco. Era tranquilamente lo más asqueroso que había visto en mi vida.

    -Vamos, que no pasa nada, si está muy bueno.

    -Esmeralda…

    -Quizá unas galletas te ayuden. Unas galletas, por favor.

    -Esmeralda… – repetí.

    El camarero vino con unas cuantas galletas Fontaneda. Mi ama las hizo trozos y los echo en mi cuenco.

    Mi estómago se revolvió al ver como los trozos se mezclaban con el semen hasta quedar completamente cubiertos.

    -Come.

    -¿Ferrocarril?

    -Que comas.

    -No sé para qué tengo palabra de seguridad si nunca me haces caso.

    Me centré en el problema que tenía delante: Un tazón lleno de semen con trozos de galleta que debía comer en un espacio público.

    Volví a meter la cuchara, la saqué llena, cerré los ojos…

    -No cierres los ojos.

    -Pero no puedo tragarme esto si lo estoy viendo.

    -Sí que puedes, ya lo has hecho.

    -Solo una vez, solo de un hombre y en privado, nada ni parecido a esto.

    -Nadie sabe lo que está pasando aquí. Solo tú y yo.

    -Y el camarero.

    -Ese no cuenta. Y hazme caso, contra más dudes, peor va a estar.

    -Sí ama.

    Ella sonrió. Era la primera vez que la llamaba así, y aunque lo hice con la intención de molestarla, la verdad es que fue bastante reconfortante.

    -Y recuerda, con los ojos abiertos.

    Sí, con los ojos abiertos, para poder ver bien la asquerosidad que tenía delante.

    Lefa con galletas.

    Metí la cuchara, la saqué llena, abrí la boca… Y justo cuando me la iba a meter oí algo que me desconcertó.

    -Esmeralda.

    -¿Si?

    -¿Esos que chillan por ahí son los chicos que han contribuido a esto?

    -Sí.

    -Eso pensaba. ¿Y qué hacen aquí?

    -Quieren verlo. Les advertí que no hicieran ruido, pero ya conoces a los chicos.

    -Esto ya es difícil de por sí. Elevar el nivel de dificultad no es lo más recomendable.

    -Solo lo estoy haciendo más excitante.

    No podía con ella. Es que no podía con ella.

    La situación era realmente desesperante. Chicos vitoreando, gente cuchicheando y yo sin saber que hacer.

    Volví a concentrarme en el problema que tenía delante, el tazón lleno de semen con galletas.

    Volví a meter la cuchara dentro, a llenarla y acerqué mi boca al cubierto.

    Me la metí dentro al fin mientras los chicos aplaudían.

    Hijos de puta.

    -Bien hecho. ¿A qué no ha sido tan difícil?

    -Vete a la mierda.

    Volví a meter la cuchara y sacarla llena y di otro bocado.

    -¿A qué te gusta?

    -Esmeralda, por favor, cállate.

    Volví a meter la cuchara, la saqué llena de semen y algún trozo de galleta. Y me la metí en la boca.

    Los chicos volvieron a aplaudir.

    -¿No puedes pedirles que se callen?

    -No. Eso es lo divertido.

    -Pero estamos dando mucho el cante.

    -No temas, nadie se está enterando de nada.

    Ya, claro, lo que ella dijera.

    Volví a meter la cuchara y sacarla llena. A la boca otra vez mientras los chicos vitoreaban y pedían otra.

    -Esto es demasiado.

    -No te quejes tanto y termina, que solo te quedan unas pocas cucharadas más.

    -¿Puedo bebérmelo? De un trago y acabó con esto.

    -No.

    -Esmeralda…

    -No. A cucharadas.

    Puse mi mejor cara de cabreo mientras volvía a meter la cuchara, la llene, la lleve a la boca y los chicos aplaudieron… Y qué demonios, me coloqué en dirección a donde estaban los chicos y relamí la cuchara.

    -No me seas cría.

    Volví a meter la cuchara, la llené y me la metí en la boca. Pero esta vez no tragué y abrí la boca para que mi ama pudiera ver su interior lleno de semen.

    -No se hacen guarradas mientras se come.

    -Ta ta ta – mencioné mientras me metía otra cuchara llena en la boca.

    Y de esta forma, cucharada a cucharada y entre los vítores de los chicos adolescentes que habían contribuido a llenarlo, me terminé mi primer tazón de semen. Incluso relamí el fondo al terminar.

    -Bien hecho. Estoy muy orgullosa de ti.

    -Gracias ama.

    Y fue así como me salió, sin dobles intenciones por mi parte. A pesar de que Esmeralda era un ama cruel, severa, muy dura… y bueno, una auténtica hija de puta para la que yo era simplemente un juguete en sus manos, la verdad es que en el fondo, muy muy en el fondo, la apreciaba.

    -Puedes tomarte la tarde libre. Sobre las nueve pásate por mi habitación para que pueda tratarte como te mereces.

    -No sé si puedo seguir con esto.

    -Claro que puedes.

    Me besó.

    De nuevo.

    Ella sabía a vainilla y yo, bueno, no sé.

    Pero me besó para jolgorio de los chicos que miraban.

    -A las nueve te espero. Y vosotros chicos, os he dicho que miraseis en silencio.

    -Venga ya, ha sido muy divertido.

    Me quedé embobada viendo como el grupo se alejaba hasta perderlos de vista.

    -¿Un día duro? – Preguntó el camarero.

    -No – respondí. – A decir verdad no tanto como yo creía.

  • Elisa fue la culpable (II)

    Elisa fue la culpable (II)

    Elisa se giró bajo el dintel, sonriente, y sin decir nada volvió a entrar en el baño. Leo y yo nos miramos y, seguidamente, me levanté y caminé hacia el baño.

    ¿Pero yo puedo ir? – Preguntó Leo.

    Volví a la cama y me senté junto a Leo.

    Ya sabes como es, lo mejor será que aparezcas en unos minutos, pocos. Ella se deja hacer, ya lo sabes, pero no te hará nada, eso debes respetarlo o se acabará la fiesta.

    Lo entiendo.

    Me pasó la mano por la polla.

    ¿Quieres que te la ponga a tono para entrar?

    Me coloqué en buena posición y se la metió en la boca. Mi mente ya estaba excitada, así que no tardó mucho en reflejarlo en forma de erección. Leo se la sacó de la boca y la acarició con la mano, mirándome.

    A punto, ve – me dijo.

    Entré en el baño y Elisa estaba en el jacuzzi, hundida hasta el cuello con los ojos cerrados. Me senté frente a ella, en el borde, antes de meterme en el agua. Abrió los ojos y me miró, sonriéndome. Después bajó la mirada y vio mi erección.

    Qué lindo – exclamó -. Entra, el agua está deliciosa.

    Obedecí y me deslicé dentro, quedando frente a ella, con los brazos abiertos apoyados a lo largo del borde. Sentí sus pies buscando mi entrepierna, subiendo por mis muslos hasta encontrar lo que andaban buscando y comenzar a frotar.

    Es agradable estar aquí, ¿verdad?

    Lo es – asentí.

    Acércate.

    Me desplacé hasta ponerme a su lado y nos besamos suavemente en un beso entregado y largo. Tan así fue que cuando abrimos los ojos vimos a Leo mirándonos, sentada en el borde.

    ¿Interrumpo algo? – Preguntó irónica.

    No – respondió Elisa -, me gusta que seas testigo ocular.

    Leo entró al jacuzzi y Elisa y yo continuamos con el beso. Sentía su mano en mi polla, masajeándola despacio, mientras yo le rodeaba el cuello con mi brazo friccionándola contra mí. Vi a Leo meter las manos bajo el agua y supe que iba subiendo por los muslos de Elisa. Pronto la oí gemir, adivinando lo que las manos de Leo estaban haciendo. La boca de Elisa se abrió más, perdiendo un poco el hilo del beso, así que bajé a su cuello deslizando mi boca por su mejilla. Sus manos habían intensificado el ritmo de la paja como respuesta al placer que estaba recibiendo.

    Métemela – me susurró al oído.

    Me puse frente a ella y la penetré, bombeándola con rítmicas embestidas. ¡Qué dulce era su coño! Seguí besándola cuando las manos de Leo bajaron por mi espalda hasta mis nalgas y las apretó con fuerza. Pasó una mano entre ellas bajando hasta agarrar mis testículos, masajeando mi perineo. Me gustaba esa sensación, y ella sabía hacerlo. Después pasó sus tetas por mi espalda hacia arriba, para colocar sus manos sobre mi pecho y pellizcarme los pezones. Sus caricias me estaban encantando y Elisa lo notó.

    Es buena, ¿verdad, amor? – me preguntó entre gemidos y una sonrisa pícara, mirándome como solo ella sabía hacerlo, con esa profundidad propia de quien se sabe cómplice de verdad.

    Me encanta – le dije para volver a besarla son absoluta entrega, demostrándole todo el ardor que recorría mi cuerpo.

    Las manos de Leo se desplazaron de mi pecho al de Elisa, masajeando sus tetas con el mismo buen hacer que había demostrado en mí. Pasó sus dedos suave por sus areolas, rodeando sus pezones erectos para después atraparlos con sus dedos y jugar con ellos. Noté la excitación de Elisa que levantó sus caderas en respuesta, permitiéndome entrar más a fondo en ella. Entonces Leo se desplazó a un lado y yo separé mi cuerpo del de Elisa para facilitarle el acceso y la vista. Ella se empezó a recrear, acariciando su vientre, besándolo, también sus tetas, lamiendo y mordisqueando sus pezones. El nivel de excitación que había generado Leo era descomunal, ambos lo sentíamos entregados. Después hizo lo mismo en mi pecho, subiendo a mi boca para entregarme su lengua con devoción. Cuando se separó salí de Elisa y le pedí que se pusiera de espaldas, sacando el culo del agua, ese hermoso y apetecible culo que podría definirse como la gran obra maestra del todopoderoso. Lo acaricié, me perdía esa descomunal forma caprichosa del deseo. Separé sus nalgas y metí la boca, lamiéndoselo con fervor. Después me erguí para volver a metérsela, pero Leo me detuvo y se metió mi polla en la boca mientras colaba sus dedos en el coño de Elisa. Después volví a metérsela, y me recibió con la mejor acogida, caliente, sabrosa y jugosa, expectante. Leo jugaba con sus dedos en el culo de Elisa, me indicó que me elevará y así lo hicimos, poniéndonos de pie sin perder la postura. Entonces ella se coló debajo y empezó a lamer el clítoris de Elisa. Su lengua llegaba en ocasiones al tronco de mi polla. Yo estaba muy excitado ya, sentía que iba a estallar, aunque intentaba evitarlo para darle un orgasmo a Elisa, pero a veces las circunstancias traicionan y mi cuerpo no atendía a lógica alguna, salvo a la naturaleza más salvaje y desmesurada. Se me escapó un gemido a modo de señal. Leo debió notarlo porque salió de abajo y se colocó a mi lado, besándome el cuello como una ninfa prodigiosa. Bajó su mano por mi espalda hasta colocarla entre mis nalgas otra vez.

    Disfrútalo, guapo, no te prives – me susurró a la vez que introducía un par de falanges de su dedo medio en mi culo -, dáselo.

    En ese momento enloquecí, mi cuerpo agudizó las embestidas con rapidez, empujando dentro de Elisa y recibiendo el dedo de Leo. Mi mente se nubló, sentí mi polla más dura que nunca, como un metal rígido. Empecé a correrme llenado a Elisa que, a esta altura, estaba tanto o más entregada que yo. Tuve convulsiones imparables durante varios segundos en los que descargaba gran cantidad de semen en su interior.

    Pasados unos segundos me detuve, aún dentro de Elisa, dejé caer mi cuerpo sobre su espalda y mi cabeza junto a la suya, con mi boca a la altura de su oreja.

    Eres la mejor – la besé -, tengo que quererte, ¡uf!

    Ella giró la cabeza para mirarme y vi su satisfacción sonriente. Después juntó los labios en señal para que la besara. Lo hice. Salí al fin de ella y me senté a su lado, ambos reposando. Ella volvió a mí y me besó de nuevo. Muy dulce. Con nuestras cabezas separadas escasos milímetros, nuestros ojos se centraban fijamente el uno en el otro. Estaba todo en esa mirada.

    Tú me haces ser mejor – me dijo.

    Nos abrazamos y quedamos así un rato. Ahora todo era silencio. Entonces sentimos las manos de Leo repasar suavemente nuestros cuerpos.

    Buenos días – dijo bromeando -, creo que alguien lo ha pasado muy bien.

    Ambos sonreímos.

    Brutal – alcancé a decir.

    Ahora hay una dama que debe correrse – añadió.

    Al decir esto empezó a acariciar el cuerpo de Elisa. Yo me hice a un lado para dejarla hacer, en ese momento estaba fuera de juego, era un mero espectador. Me senté en el borde del jacuzzi y las observé. Sin duda Leo era toda una artista de las caricias, así lo reflejaba la cara de Elisa que, había cerrado los ojos intensificando las sensaciones. Elisa era una máquina sexual, con una sensibilidad extraordinaria, su cuerpo se abría con facilidad cuando se entregaba, y no tardó nada en estar de nuevo a punto, ansiosa, sintiendo aquellas manos sobre ella. Leo empezó a masturbarla con su buen hacer y ella volvió a gemir. Estuvo así un buen rato, dejando que Elisa disfrutara con lentitud la sensación. Después la puso de espaldas y jugó con su coño desde atrás, mordiendo su envidiable culo, pasando la mano por su espalda, por sus tetas, recorriéndola entera. Le dio unos azotes que marcaron sus manos en las nalgas. Yo observaba el espectáculo con admiración propia de un voyeur, sintiendo que no tardaría nada en estar otra vez erecto. Leo giró a Elisa y, abriendo sus piernas, se coló entre ellas, atrapándola en una tijera y frotándose. La sorpresa de Elisa fue visible en su rostro y su mirada se clavó en mí. Le cogí la cara y la besé.

    Dame tu polla, por favor – me suplicó.

    Me acerqué y se la metió en la boca. Aún no estaba erecto, pero pronto lo estaría. La visión de ellas frotándose me encendía el deseo a una velocidad atroz, y la mamada de Elisa ya me estaba endureciendo. Leo era multiorgásmica y ya se había corrido una vez, aunque seguía frotándose con esmero. Estuvieron un rato más así, hasta que Leo, con la cara completamente encendida por el deseo, se separó y le pidió a Elisa que se sentara en el borde del jacuzzi. Ella obedeció y abrió sus piernas dejando el acceso libre, era maravilloso verla así, entregada, dispuesta, ardiente y hermosa como una diosa griega. Leo se inclinó sobre su coño y empezó a comérselo con auténtica devoción. Vi como disfrutaba en esa labor, le gustaba tanto como a mí. Elisa me agarró la cara y me empujó hacia ella para besarme. Cuando nos separamos volvimos a mirarnos con esa intensidad única.

    Me separé y me puse detrás de Leo, que tenía el culo erguido. Lo azoté, recreándome, con ganas, hasta verlo rojo, sintiendo que le gustaba. Después lo masajeé, lo mordí y lo lamí. Introduje un dedo despacio, dilatándola. Después otro. Entonces lo hice. Me puse tras ella y, empujando despacio, con tacto, se la metí por detrás. Al mirar a Elisa me encontré con la mejor de las sonrisas, entre gemidos y expresiones de placer, afirmaba con la cabeza.

    Fóllale bien el culo, amor – inquirió.

    Un gemido vino de entre las piernas de Elisa, Leo estaba gozando por partida doble. Me esmeré en aquel culo con entusiasmo, entrando y saliendo con buena cadencia. La fricción era precisa, tremenda. Elisa y yo intercambiábamos miradas cómplices constantemente, lo que además de gustarme y confirmarme la complicidad que existía entre nosotros, me excitaba a nivel máximo.

    No pasó mucho tiempo más cuando Elisa empezó a correrse, era una gozada verla así, soltando todo el placer y llenando toda la estancia con sus gemidos y algunos gritos. Leo bajó el ritmo de sus lamidas pero quedó entre sus piernas. Yo seguía follándome a Leo con absoluto gozo. Entonces Elisa se levantó y Leo tuvo que apoyarse en el jacuzzi para no caerse. Para mi sorpresa Elisa se acercó a mí, abriendo sus piernas se sentó sobre la espalda de Leo, de frente a mí, dejando su coño justo donde acababa el culo de Leo. Acariciaba mi pecho, mi cuello.

    Me gusta verte así, me gusta mucho – me decía.

    Yo sentía una punzada de placer intenso cada vez que me decía cosas así. A veces me besaba, me sonreía, bajaba su mano por mi espalda, incluso algún azote me dio. Debió ver los gestos de mi cara contraerse de placer.

    ¿Te vas a correr, amor?

    Asentí.

    Pronto, sí – le dije.

    Quiero verlo salir, ahí, entre sus nalgas, que explote y me salpique – me dijo mirándome fijamente -. ¿Ves lo cerca que está mi coñito? Échalo todo ahí, lo deseo.

    Diciéndome esto no dejaba de acariciarme, sus manos en mi cuello, por mi cara, en actitud absolutamente seductora, como solo ella sabía hacerlo. Mi cabeza rebosaba de lujuria y no pude más. La saqué y la coloqué entre las nalgas de Leo, pajeándome con ellas.

    Así, eso es – confirmó -, córrete.

    Estallé en escasos segundos, disparando todo sobre el culo de Leo y alguna salpicadura sobre el vientre de Elisa, escurriéndose hacia abajo. Entonces seguí frotándome suave sobre su culo, para elevarme un poco más y dejar mi polla sobre el comienzo de la espalda. Elisa se acercó un poco más y me atrapó la polla entre sus labios vaginales, sentándose sobre ella y pegando su cuerpo a mí, acariciándome y besándome. Leo había quedado atrapada debajo, apoyada con sus brazos en el borde del jacuzzi, no decía nada.

    Nos separamos y nos sentamos los tres, exhaustos.

    ¿Has disfrutado? – Preguntó Leo a Elisa.

    Mucho, ha sido genial – me miró -, ¿verdad?

    Sin duda, un espectáculo.

    Leo pasó una de sus manos por los pechos de Elisa.

    Él ya sé que ha disfrutado – le dijo -, me interesa especialmente tu opinión sincera.

    Lo he disfrutado – le hizo saber Elisa -, mucho, ha sido genial y ultracaliente.

    Leo sonrió satisfecha.

    ¿Quién sabe? – Preguntó retórica -. Propongo repetirlo las veces necesarias hasta que…

    ¿Hasta que…? – Inquirió Elisa curiosa.

    Hasta que me pidas ser mi novia – concluyó.

  • Diario de una zorra (Parte 1)

    Diario de una zorra (Parte 1)

    Hoy, mientras le comentaba a una amiga cómo había pasado mi tarde dándole una buena propina al servicio técnico de internet, se me cruzó la idea de escribir mis experiencias y compartirlas para el disfrute de quien la lea.

    Cabe aclarar que nunca fui de escribir mucho así que me disculpo si no está muy bien redactado.

    Primero paso a presentarme. Digamos que mi nombre es Julián, soy de Argentina y. al momento que escribo esto, tengo 27 años. Siempre fui bastante flaco aunque herede una cola bastante voluptuosa por parte de mi madre, lo cual ahora agradezco pero durante mi adolescencia odie, tez bien pálida, pelo negro, pecas y rasgos mas bien femeninos además de ser completamente lampiño.

    Como dije, mi cola siempre fue algo que me cohibía bastante en la secundaria pero no era lo único. Mi pene es bastante chico y rara vez se erecta. Así que por esas dos cosas nunca fui de prestarle atención a las chicas del colegio y no solía tener un deseo sexual muy fuerte.

    Pero ahora vayamos a lo que realmente importa y para lo que están acá.

    Tenía 18 años. Estudiando para el traductorado de inglés me hice bastante amigo de Sebastián. Como vivíamos cerca coincidimos en el viaje de vuelta así que un día me empezó a hablar y se hizo algo cotidiano.

    Sebastián era un chico muy distinto a mi. Alto, asumo que estaría por encima del metro ochenta, con los músculos marcados, pelo corto y una barba bien mantenida. Yo por el contrario había empezado a dejarme el pelo largo, por lo cual parecía todavía más femenino.

    Con ese cambio me solían decir cosas en la calle y más de una vez me tocaron o apoyaron en los transportes públicos, al principio me molestaba pero de a poco me empezaron a gustar. Pero sobre todo me gustaba cuando lo hacía Sebas. Incluso yo era el que buscaba el contacto, “accidentalmente” me tiraba para atrás cuando él pasaba solo para estar aunque sea un momento pegado a él.

    Ese ida y vuelta duró unos meses, pero siempre hablábamos de las cosas que nos gustaban y teníamos en común, no era solo un impulso sexual el que teníamos pero se notaba una tensión en el aire. Tensión que nunca había sentido con nadie hasta entonces.

    Tenía fantasías con él, miraba pornografía y envidiaba la forma en que los actores movían de un lado para otro a las actrices, amaba ver el momento en que sacaban sus penes de los pantalones y me imaginaba cómo sería esa situación conmigo arrodillado frente a Sebastián. No podía más.

    Ya había ido unas cuantas veces a su casa, para hacer algún trabajo de la facultad, estudiar o simplemente tomar algo y jugar videojuegos. Pero la próxima vez que me invitara iba a ser distinto. Le pedí consejos a una amiga, Vanina, sobre cómo encarar la situación sin ser yo quien tome la iniciativa, quería que salga de él, quería ser su muñeca y que juegue conmigo como él guste.

    Me acompañó a comprar ropa interior femenina, me prestó un short de jean muy cortito, que dejaba poco a la imaginación por lo mucho que mostraban y un top. Además de eso me maquillo un poco y le dio algo más de forma a mi pelo ya que no sabía cómo peinarme bien. Cuando me vi así no lo podía creer, estaba hermosa, me sentía genial y sabía que iba a lograr lo que me proponía.

    Así vestida como estaba fui hacia el departamento de Seba. Llame por el portero eléctrico y en vez de decirle que era Julián le dije que era Juli, lo tomó medio de sorpresa pero no le dio mucha importancia. El verdadero shock fue cuando me abrió la puerta, sus ojos estaban enormes, se notaba que le gustaba. Lo salude con un beso cerca de la boca y entre.

    Nos pusimos a charlar y a tomar algo. Cuando estaba sentada se me bajaba un poco el short y se notaba que tenía una tanguita puesta. Podía sentir como me comía con la vista cada vez que pasaba por atrás mío.

    En un momento me levanto como para ir al baño y de pasada le acarició uno de sus fuertes hombros. Acto seguido me tomó del brazo, me dio vuelta y me dio mi primer beso, el beso que estaba esperando hace meses. Siento su lengua forzando su entrada en mi boca. Como me toma de la cintura y me lleva hacia él. Incluso a través del jean su pene se sentía enorme y estaba así por mi.

    Me levanto y me sento en la mesa, lo que le permita apoyarme mejor. Besaba mi cuello y entre besos me decía que quería hacer esto hace bastante pero no se animaba por miedo a que lo rechace. Lo abracé y comencé a gemir, estaba muy excitada como para responderle.

    Cuando pude calmarme un poco, baje de la mesa y me arrodille frente a él. Quería ver esa verga que tantas veces había sentido apoyándome. Le abrí el pantalón y ya a través del boxer se notaba que era hermosa. Le di unos besos por encima del boxer y se lo bajé. Lo que vi no me defraudo para nada, serían unos 18 o 19 centímetros, más tirando a fina y con las venas bien marcadas.

    Por fin podía ver, oler y tocar. Empecé a recorrerla con mi lengua, desde la cabeza hasta los huevos. Después con mis labios y por último comencé a metérmela en la boca. Tenía algo de miedo, no quería hacerle mal con los dientes o ahogarme. Pero algo debía estar haciendo bien porque se notaba que le gustaba. Me tomó por detrás de la cabeza y empezó a meterla cada vez más al fondo.

    Tenía un olor algo fuerte y el líquido preseminal la hacía salada pero me encantaba, nunca había estado tan excitada en mi vida. Lo seguí gateando hasta el sillón, donde me puse a chuparle los huevos mientras lo masturbaba. Estuve un buen rato peteandolo, intentando cada vez meterlo más profundo en mi garganta.

    Cuando estaba por acabar se paró, me levanto de los pelos y me pidió que abra bien la boquita, lo cual hice sin dudar. Su explosión de leche me tomó por sorpresa y no pude aguantar todo en la boca. Trague lo que tenía y limpie lo que cayó al suelo para no desperdiciar nada.

    Esa noche no me sentía preparada para hacer algo más. Cuando nos acostamos y me saque el short quedando solo con mi tanguita, que estaba empapada, jugó un poco con sus dedos pero lo dejamos ahí. La próxima les cuento como fue la primera vez que me penetro.

    Espero que les haya gustado. De nuevo perdón si no está bien redactado. Que sigan bien. Besos.

  • El cuidador de la cabaña (II)

    El cuidador de la cabaña (II)

    Después de haberme exhibido delante de Don Mario, le conté a mi novio lo que había hecho y no me creyó, así que saqué mi celular y le mostré el video que había grabado, donde se veía a don Mario asomarse a la ventana espiándome toda desnuda y su cara de asombro cuando me agaché a limpiar la crema del piso, cómo abría los ojos al verme mi culito abierto apuntando directamente a su cara —Guauuu— dijo mi novio —Cómo lo gozó el viejito ¿eh?

    Se nota que tú también lo estás gozando —le dije, mientras le bajaba el short y tenía el pico bien duro, así que sin más, me lo metí a la boca y comencé a chupárselo mientras él seguía viendo el video. De repente me agarró del pelo tirándome hacia su pico y me llenó la boquita de su leche caliente, que tuve que tragarme porque tenía el pico hasta la garganta.

    -Uhm amor, me parece que te gustó mucho que me empelotara delante de don Mario

    -Sí, me encanta cuando te haces la putita inocente

    -A mi también me está gustando esto de exhibirme

    -¿Y si hacemos algo más con don Mario?

    -¿Algo más? ¿Quieres que me culee don Mario?

    -No sé si eso directamente, pero podrías exhibirte más con él

    -Pero si ya me vio todo, ¿qué más podría mostrarle?

    -No me refiero a eso, digo que podrías buscar más ocasiones para exhibirte delante de él

    -Mmm, me calienta la idea, ¿Se te ocurre algo?

    -Sí, mañana le diré que tengo que volver urgente a la ciudad y volveré al día siguiente, que tú te quedarás en la cabaña para que te ayude en caso de que lo necesites, pero en realidad me iré solo al pueblo que está cerca (unos 30 minutos) y me hospedaré ahí para que puedas ser libre en tus exhibiciones ¿te parece?

    -Uy, me encanta ¿y volverías en la noche?

    -No, al día siguiente, así que aprovecha bien el tiempo y graba cada vez que puedas.

    Una cantidad de ideas locas llegaban a mi cabeza, ansiosa porque llegara el momento de quedarme sola para dar rienda suelta a mi imaginación y volver realidad fantasías que ni sabía que tenía tiempo atrás. Y llegó el día, mi novio se despierta, tomamos desayuno, se despide de mí y se va a avisarle a don Mario, al rato me envía un WhatsApp.

    «Ya mi amor, voy camino a Pica, ya le avisé a don Mario que estarás sola, no te molestaré con mensajes para que estés tranquila y relajada hasta mañana, cuando vuelva, quiero que me cuentes todo. Te amo.»

    Un escalofrío recorrió mi cuerpo, hoy sería un día muy excitante para mí y quería disfrutarlo a concho, así que me duché cuidadosamente, me puse la parte superior del bikini, una faldita corta y sin nada debajo salí de la cabaña. Camino a la piscina me encontré a don Mario alimentando a unos pollos.

    -Ay qué lindos son —le dije desde lejos mientras él se daba vuelta fijando sus ojos en mis tetas.

    -Buenos días señora Ale

    -Buenos días don Mario ¿Cómo amaneció?

    -Aquí como siempre, haciendo las labores matutinas pué

    -Así lo veo, que lindos pollitos

    -Sí, a estos hay que sacarlos temprano a comer, mire hágale cariño, son suavecitos

    Me agaché e instantáneamente noté el movimiento del viejo, me había pedido que los acariciara, porque así tendría que agacharme y con lo corta de mi falda, probablemente podría verme algo más —Viejo pillo- pensé, pero igual me calentó el hecho de que él también estuviera caliente conmigo y con ver mis partes íntimas. Mientras acariciaba a los pollitos, sentía la mirada de don Mario en mis piernas y un poco más, él se agachó también con la excusa de acariciar a otro pollito, quizás para ver mejor, así que yo, descuidada, de vez en cuando movía mis piernas, pero sin dejar que se viera mucho. Después de un rato le dije que iría a tomar sol a la piscina, así que me iría a poner mi bikini. Cuando llegué, la piscina estaba sola, tendí mi toalla en el pasto y me puse a tomar sol en bikini, después de un rato apareció don Mario a limpiar la piscina, conversamos alegremente y me contó algunas cosas de su vida, se me hizo muy simpático el caballero, empecé a mirarlo bien, no era feo, tampoco era un adonis, tenía un cuerpo normal para alguien de su edad, con algo de guatita, cabello canoso, un prominente bigote y manos grandes. Conversamos animadamente y de repente me dijo —Su marido no va a volver hoy y yo estoy solo como siempre ¿Le molestaría almorzar conmigo para poder seguir conversando?

    —¿Almorzar? —pregunté

    —Sí, algo no muy goumet eso sí, algo sencillo, una carnecita con arrocito

    —Mmm ya, pero sólo si me hace un favor

    —Lo que usted diga señora, si yo puedo, lo hago

    —Écheme bronceador en la espalda ¿le parece?

    —Ah, pero no hay ningún problema, yo pensé que sería algo más difícil, jaja.

    —No don Mario, ve que así me quemo más parejita

    —Ah, sí poh

    Ahí me di vuelta, con ese hilo dental metido en la raja de mi culo, imaginándome la cara de don Mario como en el video, mirando mi culo casi desnudo. Dejó a un lado sus herramientas para limpiar la piscina y se enjuagó las manos con el agua de la piscina, le pasé la botella con bronceador, se echó en las manos y comenzó a esparcirlo por mi espalda. Mientras seguíamos hablando de tonteras, cosas que pasaban en ese pueblo y cosas que me hacían reír, hasta que se le acabó la espalda para seguir con el bronceador, entonces le dije —En las piernas también, por favor.

    Comenzó desde abajo y poco a poco fue subieron, pero se detenía cerca de mis nalgas y volvía a bajar, en una de esas veces, le digo —Aquí también, no ve que si no me queda el poto blanco —Apuntándole mi culo con mi mano derecha.

    —Ah, si claro, perdone señora —respondió nerviosamente y acto seguido volvió a echarse bronceador en las manos y comenzó tímidamente a tocarme el culo. Sus manos eran ásperas, pero me estaba calentando el saber que un hombre mayor, hasta hace poco desconocido, tenía sus manos tocándome el culo casi desnudo a su antojo, dejó de hablar por los nervios y solo se concentraba en acariciar mis nalgas suavemente, hasta que inconscientemente se me escapó un «mmm, qué rico»

    —¿Qué? —Me preguntó

    —Qué rico su masaje don Mario, ¿No pensó nunca en dedicarse a los masajes? —Respondí rápidamente tratando de fingir tranquilidad

    —Jaja, masajes, no nunca, en mi época ni existían esas cosas

    —Le digo que se habría vuelto millonario don Mario jaja —Que ya masajeaba y abría sin pudor mis nalgas.

    De pronto decidí darme vuelta rápidamente y observé que tenía el pico parado, se le notaba en su short, trató de taparse y le dije —Don Mario, écheme cremita en la guatita también porfa.

    Seguimos con el masaje pero no se atrevió nunca a tocar mis tetitas y yo tampoco quise pedírselo en ese momento, después de un rato, le di las gracias y me metí a la piscina, el siguió en sus labores y me dijo —Yo le aviso cuando el almuerzo esté listo. —Ya Don Mario, voy a estar en la cabaña.

    Después de la piscina, fui a ducharme a la cabaña y me vestí para ir a almorzar con él, me puse la faldita corta y sin calzón ni nada debajo, un top bien veraniego y espere mientras leía un libro, de repente escuché a los perros a lo lejos y supuse que sería don Mario, en un momento sentí que golpeó la puerta, fui a abrir y lo vi con unas ollas y una bandeja.

    —Decidí traer las cosas para almorzar acá mejor, mi casita es más calurosa y acá en la cabaña hay de todo o si quiere usamos una de las cabañas que están desocupadas.

    —Ah, no se preocupe don Mario, aquí está bien.

    —Solo hay que calentar un poquito la carne en el horno y estamos

    Dejamos las cosas sobre la mesa, don Mario intentó encender el horno, agachado con un fósforo y no prendía, dije «esta es mi oportunidad», le dije «a ver» y me puse un poco delante de él, me incliné sin doblar las rodillas dejando mi culo a centímetros de su cara, con lo corta que era mi falda, me vio todo el culo desnudo, pero ahora de cerca, me quedé un rato así, fingiendo que intentaba encender el horno, de pronto miré hacia la parte posterior de la cocina y veo una llave de paso del gas y le digo «¿No será que está cerrada la llave?» y me estiro aún inclinada con lo que mi falda se subió más quedando mi zorrita expuesta a los ojos del viejo, fingí que estaba muy apretada y que no podía abrirla.

    —Ay don Mario, está muy dura— mientras él estaba agachado detrás mío con su cara casi pegada a mi culito desnudo cuando de repente siento que me mete la lengua en mi conchita abierta.

    —Ay don Mario qué rico—dije y el siguió chupando mi zorrita depiladita, con sus manos me abría los cachetes del culo y sentía su nariz en mi hoyito trasero.

    —Aaah, aaah, aaaah, sí, siga así, que rico, aaah, aah

    —Qué rico culo tiene señora

    —¿No le gustaría chupármelo también?

    —Claro que si señora lo que usted me pida —y me metió la lengua en el culo

    Yo ya estaba fuera de mí, toda caliente con un viejo chupándome el culo, en la cocina de una cabaña, sin nadie que nos fuera a interrumpir

    De pronto, don Mario se para y me dice «Hace rato que no hago esto así que estoy con muchas ganas señora»

    Y se saca el pico del pantalón y me lo pone en la entrada de mi zorrita, se sentía muy duro y caliente, juega un rato en la entrada y de repente me mete todo el pico fuerte y hasta el fondo, ni les cuento cómo gritaba de placer.

    —Ay don Mario, ahhh, aaah, qué rica pichula que tiene, aaah, ahhh, ensárteme toda, toda toda, ay, que rico, aaah, aaah, tremendo pico aaaah durito, así me gusta aaaaha, ahhh

    En esa posición, el viejo me agarraba las tetas, mientras me mandaba a guardar toda su pichula, fuerte y dura, yo estaba en éxtasis cuando siento que se hincha y se manda soberana eyaculación en mi chorito, parecía que no se le acababa nunca la leche, mientras me decía «Tome señora, tome, tome, toda esta leche la tenía guardada para usted». En ese mismo momento, sentí que mis piernas flaqueaban y llegaba feliz a mi primer orgasmo con este viejito, oh, que pedazo de pichula se gastaba, empezó a caminar hacia atrás sin sacarme el pico del choro y me llevó hasta el sillón, el cayó de espaldas y yo encima de él, yo estaba esperando que me soltara para ir a lavarme al baño cuando siento que se vuelve a poner dura dentro de mí y le pregunto

    —¿Don Mario? ¿Se está calentando de nuevo?

    —Sí señora, es que usted está muy rica

    —¿Pero no va a descansar?

    —No hace falta mijita, me tomé una pastillita antes de venir, así que quiero aprovecharla

    —Viejo pillo —Pensé… (Continuará)

    Gracias por leer mis relatos, que son historias reales a las que sólo les cambio algunos nombres, pero reales al fin y al cabo, comenten para saber si les gustó y si les gustaría seguir leyendo lo que pasó después. Perdonen si hay partes que no se entienden, pero no soy escritora, besos.

  • Perla, la dueña de la tienda

    Perla, la dueña de la tienda

    Tenía rato sin escribir y hoy vengo a contarles un nuevo relato. Todo empezó hace unos meses, en el fraccionamiento donde vivo hay una tienda cerca, casi siempre voy a comprar cosas cuando ocupo cocinar algo y ya no tengo en la alacena. La tienda la atiende una señora llamada Perla, tiene 52 años que no aparenta esa edad, es bajita de estatura, piel blanca, pelo rubio, tetas no muy grandes pero atractivas, un culo redondo y unas piernas marcadas. Lo que tiene esta señora es que siempre viste sensual, pantalones muy pegados, blusas escotadas, shorts muy cortos, vestidos cortos y provocativos. Siempre se ha dado a respetar pese a su manera de vestir, la verdad que ya tenía rato dedicándole algunas pajas pensando en ella.

    Lo que hice fue buscarla en Facebook, lo cual la agregué y me aceptó. Empecé a platicar con ella, temas normales, después las pláticas fueron subiendo de tono, pero siempre con respeto.

    Ya pasando los días fui a la tienda y la saludaba de beso en el cachete y le daba pequeñas caricias en la mano cuando le pagaba lo que consumía.

    Volvimos hablar por Facebook y ya comenzamos hacernos preguntas sobre sexo. Como que posición te gusta? Te gusta el sexo oral? Arriba o abajo? Y cosas así subidas de todo eso me prendía y tenía que ir hacerme una paja, después seguimos con las fotografías calientes, la verdad tenía muy buena concha se le veía de color rosada y un buen clítoris, en sus tetas se marcaban las venas color verde.

    La invité a salir a dar la vuelta, ella accedió pero solo quedo en dar la vuelta y tomar unas cervezas, pasamos muy bien la noche. Después yo iba a la tienda y ya me quedaba más tiempo con ella platicando, pero no accedía a tener relaciones. Llegó un día que ella llevaba un vestido muy corto, yo llegue la saludé y le di un beso en la boca, ella me correspondió, pero luego se separó y me dijo que podrían vernos los clientes por lo que la moví atrás del mostrador, le agarre la cintura y le empecé a besar el cuello hasta bajar a sus piernas, me metí debajo del vestido, y comencé a bajar un calzón amarillo de encaje pude ver su gran concha e iba devorármela, comencé a pasarle mi lengua por sus labios vaginales después de un rato le daba lamidas a su clítoris, comenzaba a mojarse su concha y ella comenzaba a disfrutar del sexo oral, abría más sus piernas, con una mano agarraba mi cabeza y la sostenía en su vagina, yo seguía lamiendo y metiendo mi lengua en su vagina, ella se recata gana en el mostrador disfrutando.

    Llegó una persona a comprar yo solo me acomodé para que no me fuera a ver pero seguía mamando su vagina, ella disimulaba los gemidos que salían de su boca, trataba de contenerse, pero no podía por rato soltaba tremendos suspiros, se acercó el cliente a pagar y ella estaba retorciéndose estaba teniendo un orgasmo, yo disfrutaba del líquido que salía por su vagina, el cliente le preguntó:

    Se siente bien.

    Perla: me me siento ahhh, de ma maravilla

    Cliente: la noto un poco agitada y sus ojos se mueven de un lado al otro

    Perla: no no pasa nadaaahh.

    El cliente se fue con cara de preocupación pero ella seguía disfrutando del sexo oral. Comencé a masturbarla con dos dedos, estaba toda mojada, escurría líquido vaginal por sus piernas, después de un rato masturbándola volvió a correrse, me levante del mostrador y le dije que estaba caliente que quería culearla.

    Perla: ven vamos atrás donde no vea nadie

    Yo: no vas a cerrar la tienda

    Perla: no así vamos

    Levante su calzón y nos fuimos atrás y en una mesa la puse boca abajo agarre sus manos y las puse sobre su espalda, tome un mecate que estaba cerca y le amarré las manos, le abrí un poco las piernas y le fui introduciendo mi pene poco a poco hasta llegar al fondo, comencé a darle a un ritmo lento y poco a poco fui subiendo el ritmo, ella gemía, y cuando salían gemidos de su boca le pegaba unas nalgadas, después de un rato en esa posición la desamarré y la puse boca arriba de la mesa, coloqué sus piernas en mis hombros y comencé a darle, era mucho líquido lo que estaba saliendo de su vagina, ella me dijo que estaba excitada que si la podía ahorcar, pero no tan fuerte, accedí hacerle caso, ella gemía y sus ojos se ponían blancos de placer, le hice saber que me iba a terminar.

    Perla: vente dentro de mi quiero sentir esa leche caliente dentro.

    Y sin más por hacer descargue toda mi leche dentro de ella, estaba satisfecha y yo también. Le dije que le quería dar por el culo, un culito con un agujero rosadito.

    Perla: quieres el trofeo ese pero en la primera cita no lo obtendrás, tienes que trabajar por ese trofeo.

    Me dio un beso y me dijo vístete luego te veo.

    Así empezó una aventura con mi vecina Perla y seguimos teniendo reacciones apasionadas y un poco eróticas porque le gusta que la sometan, luego les contaré sobre lo demás.

    Espero les haya gustado y comenten que les pareció, se despide su gran amigo golozo69.

  • Cogiendo a la prima de mi esposa

    Cogiendo a la prima de mi esposa

    Bueno esto ocurrió hace un par de años, soy nuevo en esto, pero espero que les guste.

    Era un día muy frío y yo estaba aburrido en casa, mi esposa en ese entonces era mi novia y se encontraba en su casa supuestamente, cuando me mando mensajes y me preguntó que hacía, le dije que estaba por salir al centro a cenar y si ella quería acompañarme a lo que me dijo que no, que estaba cansada. Bueno me bañé me cambié y antes de salir recibo un mensaje de su prima, que me decía que no tenía clases y que quería ir a casa a hablar conmigo, no lo mal interpreté así que acepté.

    Al cabo de una media hora llegó y nos pusimos a charlar y escuchar música, y me contaba de su pelea con su novio y demás y que su prima me amaba y demás, hasta que me dice tomemos un vino, y sacó de su mochila un Benjamin lacrado. Allí estábamos los dos tomando ese vino en copa y riéndonos y una vez que se terminó la botella fuimos y compramos 4 más en una tienda cerca de casa, no recuerdo qué hora era, pero recuerdo que estábamos muy borrachos y me dice me puedo acostar en tu cama y nos acostamos y empezamos a besarnos y tocarnos.

    Nos sacamos toda la ropa, y nos besábamos, le agarre la cabeza y la agache a chuparme la pija, ella se la tragaba toda como una diosa se atragantaba y me decía no le digas a mi prima, que rica pija primo. Yo gemía y me dijo no me acabes en la boca no me gusta y le dije te voy a coger toda, la di vuelta y boca abajo la empecé a coger y gemía riquísimo, bien estrecha y peludita tenía la concha hasta que en un momento se da cuenta que no tenía preservativo colocado y me dice no me estás cogiendo sin forro primo y me decía pero igual, seguí está muy rico y me gusta. Y así la tuve un buen rato con un lindo mete y saca en varias poses la cogí hasta que sinceramente estaba re excitado empecé a tomarle fotos sin que se diera cuenta y cuando estaba por acabar le dije me estoy por venir y me dijo no me acabes adentro y se dio vuelta y le llene la cara de leche y le sacaba fotos.

    Nos acostamos y dormimos en bolas, se durmió con mi leche en su cara, a eso de las 5 de la mañana se despierta se cambia y se va teníamos el mismo teléfono, y sin querer se llevó el mío y vio todas las fotos y me las borro.

    Después me sentía culpable por haber engañado a mi novia, hasta que un día le agarre el teléfono y vi que ella se había ido a cenar con otro y claro la mando a ella para que yo le quede en casa que hdp.

    Pero lo que ella no sabe es que me cogí a su prima, dos años después me case con mi señora y mi prima cada vez que me ve me saluda por respeto no mas, pero sé que se acuerda de todo.

  • Confesiones: Tania (Parte I)

    Confesiones: Tania (Parte I)

    Las confesiones que voy a plasmar, son verídicas, gracias a esta gran página de relatos, me he inspirado para contar fantasías producto de mi imaginación, como las escritas anteriormente, pero lo que voy a contar en una serie de varios capítulos titulados «Confesiones», son algunas de mis experiencias sexuales más particulares a partir de mis 18 años, aclaro que no voy a utilizar mi nombre, ni el de las mujeres con las que estuve, por respeto hacia ellas y a sus posibles parejas, quien crea que es inventado, igual espero que lo pase bien, ojalá alguna conchita se moje o a algún cachondo se le ponga tiesa, el caso es que se entretengan, sin más preámbulos, les voy a hablar sobre mi aventura con Tania, pero antes una breve descripción de mi persona:

    Mi nombre ficticio será Javier, soy de la ciudad colombiana de Cali, de 176 cm de altura, piel blanca, ojos marrón oscuro, cabello marrón corto casi negro, de complexión atlética, pues iba al gym, de cara soy pinta o guapo, pero no el chico por el que todas enloquecen, con una herramienta de 16 cm de la que no me puedo quejar, buen grosor, y afortunadamente muy aguantador para follar y nada precoz, soy muy psicológico respecto al sexo, pues lo que más me excita antes que eyacular, es satisfacer en la medida de lo posible a la fémina con la que estuve o estoy.

    Era el año 2.000, y llevaba pocos días de haber cumplido los 18 años, estaba enamorado de mi primer novia de verdad, aunque mi desvirgue no fue con ella, la quería mucho, llevábamos unos 4 meses de novios y casualmente su mejor amiga Tania, se había ennoviado con uno de mis amigos, el caso es que mi novia se fue de vacaciones para Santa Marta, Colombia, y un día que estaba en mi casa, Tania me llamó al teléfono fijo, en esa época recién estaban en apogeo los teléfonos móviles o celulares, y muy pocos los tenían, volviendo a la llamada, Tania empieza a hablarme sobre cosa triviales, que como estaba yo, que sí mi amigo la quería, el caso es que sin darnos cuenta la conversación se desvió por otro lado, más o menos así, según recuerdo:

    -Javi extrañas mucho a L…?

    -si claro, me hace mucha falta, pero bueno ya llegará en unos días!

    -que suerte tiene L… de haberte conocido antes que yo!

    -ah si? y eso por qué?

    -pues porque eres muy lindo, ay pero no le vayas a decir nada a ella ni a D…!

    (D… era mi amigo)

    -no, tranquila lo que hablemos, aquí se queda, pero la verdad vos también me pareces hermosa!

    Y era verdad Tania era muy linda, tenía el cabello negro liso, le llegaba apenas a los hombros, tenía un poquito de cachetes, unas tetas enormes, mucho más grandes que las de mi novia, también portaba un buen culo y piernas, abdomen plano, media unos 170 cm, y pues la verdad cuando iba con mi amigo a visitar a nuestras respectivas novias, pues vivían en el mismo conjunto residencial, a veces si notaba su particular mirada, continuó con la plática.

    -¿De verdad Javi? o lo dices para hacerme sentir bien?

    -te lo juro Tania, me pareces hermosa, lástima que tengamos pareja!

    -y es que si estuviésemos solteros, te gustaría estar conmigo?

    -uf claro Tania, vos estás muy buena, sino fueras novia de D… y yo no quisiera a L…, tené la seguridad que te como a besos!

    -ay Javi en serio? a mi también me gustaría estar contigo!

    En este momento de la conversación, se iba a la mierda la fidelidad y la amistad, ya me estaba tocando el paquete, imaginando esa belleza entre mis brazos, así que como muchas veces pasa, el deseo le gana a la prudencia!

    -Tania si vos me hablas en serio, ¡yo voy para tu apartamento ya!

    -en serio Javi? dale vení que mi mamá no está!

    -listo, me voy a duchar y llegó en una media hora!

    -dale, yo también me voy a duchar y te espero, chao!

    -chao!

    Colgué el teléfono y no podía creer lo que acabamos de hablar, pero no quería perder la oportunidad, la verdad no me había dado cuenta de las ganas que le tenía a Tania, y pues con esa conversación no quise perder un instante, me fui a la ducha y afortunadamente yo me rasuraba la verga semanalmente, pues casi todos los fines de semana hacía el amor con mi novia L…, así que me vestí, loción y listo, me fui caminando hacia donde Tania, que vivía muy cerca de mi casa; llegue en unos 10 minutos, recuerdo que ella me había dicho que su mamá le tenía prohibida la entrada de cualquier amigo a su apto, pero afortunadamente su unidad residencial tenía dos porterías y ella ya había hablado con el portero del cual estaba más lejos el apto, o sea por donde normalmente no se llama para la torre donde vivía Tania, avise en la portería del conjunto residencial, el portero me hizo pasar y el corazón me latía a mil, subí las escaleras, llegue al tercer piso, Tania me abrió la puerta, estaba hermosa, tenía unos cacheteros fucsia y una blusa blanca sin brasier, pues se notaban bien los pezones, me sonrió y su rostro dejaba ver un notorio nerviosismo, igual que el mío, me dejó pasar a su casa, nos dimos un beso en la mejilla, nos quedamos mirando un rato como tontos que no saben qué hacer, hasta que tome el impulso, la abrace y nos comenzamos a besar, mis brazos alrededor de su cinturita y los de ella sobre mis hombros, tardamos varios minutos, olía delicioso, su perfume y su aroma natural de mujer, ya estaba erecto y creo que ella lo sintió, nos separamos un momento y lo primero que se me ocurrió preguntar:

    -¿A qué hora llega tu mamá?

    Eran alrededor de las 5:30 pm.

    -no te preocupes, está en el trabajo y luego me dijo que se iba para la iglesia, yo creo que llega por temprano a las 9 pm, más o menos.

    Eso me tranquilizó, pues su mamá se notaba que era brava y muy celosa con su hija, pero cosas de la vida, esa señora era una fanática de la iglesia cristiana evangélica y seguro que no se imaginaba que su hija estaría conmigo, ni con nadie más!

    Nos volvimos a besar con mucha pasión, le tocaba las nalgas y esas tetotas que me tenían bien erecto, luego ella me dijo que nos fuéramos a su habitación, ya allí, me desvestí quedando en bóxer, ella estaba más nerviosa de lo normal, pero yo estaba como una moto, le quite la blusa, nunca voy a olvidar ese par de melones grandes naturales y bien firmes, nos subimos a su cama, ella recostada boca arriba y yo devorando el par de tetas, estaban deliciosas, le fui bajando por el abdomen plano hasta su ombligo y cuando quería bajarle el cachetero, me detuvo!

    -Que pasa preciosa?

    -ay que vergüenza contigo, no te lo había dicho, es que soy virgen!

    No lo podía creer, esa mujersota que estaba por comerme era virgo!!

    Por suerte no era la primera que se me presentaba, era la segunda virgencita que iba a pasar por mis manos, gracias a la primera virgo que usurpe, tenía un poco más de experiencia y esta vez quería que su inicio en las artes del sexo fuese ideal, ya que la primer chica que desvirgue, fue un poco traumático, aunque luego lo resolví bien, pero volviendo a Tania.

    Volví a subir hasta sus labios, le di un beso cariñoso sin dejar de amasar esas gemelas, y le hable suave al oído:

    -hermosa, no voy a hacer nada que tú no quieras, ten la seguridad que te voy a tratar como a una diosa, y vamos a llegar hasta donde tú lo permitas, está bien?

    Le dije esto último mirándola a los ojos, y vi que se tranquilizaba un poco más.

    -Javi tú ya lo has hecho?

    Me pregunto esto, o haciéndose la boba o confirmando lo que seguramente L… ya le había comentado, pues eran las mejores amigas.

    -si hermosa y por eso te voy a tratar de la mejor manera, quieres que sigamos?

    Solo asintió, se notaba lo nerviosa que estaba, pero también lo decidida, volví a bajar poco a poco, mientras mi mano derecha tocaba esa parte caliente y mojada, lo podía sentir a través del cachetero, se lo quité, debajo tenía una tanga blanca de encaje, la recuerdo muy bien, tenía ese círculo que evidenciaba lo excitada que estaba, después de quitarle el cachetero, le besé los pies, subí por su pierna besándola y lamiéndola suavemente, escuchaba gemidos leves que se iban acrecentando a medida que me acercaba a la zona más hermosa del cuerpo femenino, le pasaba mi lengua alrededor de la tanga, cuando le di un beso con lengua en la rajita por encima de la tanga el sabor y olor que emanaba era exquisito, le quite la tanga y al ver esa conchita depilada, me confirmaba que quería ser desflorada, que delicia para la vista, una vulva hermosa, con labios gruesos y toda cerradita, la chupe por todas partes con mucha delicadeza, sin perforar con mis dedos o lengua aquel orificio que esperaba impaciente por mí polla, que estaba rompiéndome el bóxer, a continuación me lo quité ya dispuesto a desvirgar a Tania, pero para mí sorpresa ella me detuvo, me agarró la polla y me dijo:

    -espera Javi, déjame chupártela, que eso sí lo he hecho!

    Me dijo sonriente y un poco más tranquila, pensé «ah bueno, no es tan inocente la come pollas ésta, pero bueno voy a ser yo quien reclamé el máximo trofeo», me acosté boca arriba, me cogió la polla con su mano derecha y empezó a mamar, me la chupaba delicioso, se la metía hasta la mitad, aunque me lastimó un poco con los dientes, (eso me hizo pensar que tal vez no tuviera mucha experiencia), por suerte me pregunto que si me gustaba, a lo que le respondí, que sí, pero que le pusiera más saliva, así lo hizo y mejoró bastante, me lamía todo el tronco y se la comía con dulzura, después de unos minutos, me miró a los ojos y me preguntó:

    -me va a doler mucho?

    La acerque hacia mí, se juntaron nuestros cuerpos calientes, sentía esas enormes tetas sobre mí, le cogí el rostro y le di un beso delicioso mientras le agarraba esas ricas nalgas!

    -preciosa, sí, te va a doler al principio, pero luego te va a gustar mucho, y lo vamos a hacer suavecito, está bien?

    -listo, pero trajiste condón verdad?

    -si pero, ya que es tu primera vez, lo mejor es que no lo usemos, yo me vengo afuera, y no te preocupes por ninguna enfermedad, sólo he estado con L…

    Mentí, en lo de haber estado solo con L…, pero si creía que era mejor hacerlo sin forro, para no lastimarla mucho, aunque en esa época yo no lo sabía, si había riesgo de que ella quedará en embarazo, por suerte no fue así.

    -mm bueno, está bien y como empezamos?

    Otro beso.

    -Lo mejor linda, es que te subas encima y te la vayas metiendo poco a poco, para que vos tengas el control.

    Me dio otro beso y una sonrisa, se enderezó vertical, me cogió la polla y empezó a intentar metérsela en su conchita mojada, que facilitó un poco la tarea, y ahí se rompió la «tela», yo la ayudaba sujetándola por las caderas, nunca voy a olvidar su cara y cómo subió su mentón hacia arriba y él gritó que escuché!

    -aah, mmm!

    Me volvió a mirar, estaba sonrosada y se notaba su dolor, pero yo empujaba suavemente, y sentía como la penetraba de a poco, llegó la humedad de la sangre por la ruptura del himen, afortunadamente no era mucho el líquido rojo, se notaba que le dolía, pero luego vi su cara de placer y pude bombear más a gusto, gemía delicioso, cerraba los ojos mientras yo le masajeaba los melones y a veces le apretaba los pezones, me incliné hacia ella, nos abrazamos y besábamos, sin dejar el mete y saca, después de unos minutos, nos dimos vuelta para quedar en misionero, sin dejar de besarnos, ella a veces repetía:

    -si Javi, que rico esto, que rico me estás pichando, no pares!

    Y eso intentaba, ya que estaba que me venía, se la metía dando círculos, le lamía el cuello, los pezones, las orejas, hasta que no podía creerlo, Tania empezó a temblar con su primer orgasmo!

    -ay qué es esto tan rico?, mm Javi sos lo mejor, te amo!

    No aguante más, se la saqué y me vine en todo su vientre, le salpiqué hasta la cara, pues yo hasta los 30 años aproximadamente me venía a chorros y tenía bastante alcance!

    Menos mal a ella le dio risa mi reguero de leche por todo su cuerpo y su hermosa carita, que para no hacerla sentir mal, me incline y la besé en los labios y en donde había caído mi leche, estábamos bañados en sudor sexual, pero felices; le ayude a recoger las sábanas y se asustó un poco cuando vio la sangre, yo le dije que era normal y que las pusiera en la lavadora de una vez y si su madre le preguntaba, que le dijese que era la menstruación, eso hizo, nos despedimos con un gran beso, me fui de su apto, y luego me llegó la pensadera, pues quería mucho a mi novia y a mi amigo, pero cuando la de abajo piensa, muchas cosas se van al traste!

    Seguimos así unas semanas, pero cada vez se hacía más difícil, pues mi novia vivía casi en el edificio de enfrente de Tania, muchas veces que mi amigo y yo hacíamos visita, pues varias veces coincidimos los 4, cuando nos íbamos, me despedía de mi amigo, me hacía el que iba para mi casa y luego me devolvía para verme a escondidas con Tania, teniendo mucha precaución de mi novia L…, como era una unidad residencial, y a veces la mamá de Tania estaba en el apto, nos íbamos a la zona verde del conjunto, y ahí nos juntamos para seguir con nuestra aventura, casi siempre que nos veíamos por ahí, era alrededor de las 11 pm o media noche, nos besábamos y manoseamos, pero una vez lo hicimos cerca de unos arbustos, teniendo mucho cuidado del vigilante de la unidad residencial, fue un polvo tremendo, eso sí, ya con condón.

    Hasta que un día que note que L… estaba sospechando, se lo confesé a ella y a mi amigo, fue muy duro, pero en esos momentos creí que era lo correcto, mi novia no me perdonó cosa que me dolió mucho, Tania menos, pues le pareció que la traicionaba, además me dijo que me amaba, pero al menos mi amigo y parcero si lo hizo, pensé que me iba a golpear pues estaba dispuesto a que lo hiciera, a día de hoy es uno de mis pocos y verdadero amigo.

    El siguiente año me iba para Madrid – España, allá me iba a vivir con mi hermano mayor, pero antes de irme, me pasó algo curioso, pues una querida amiga, que me gustaba mucho, pero no me atrevía a decirle, se me declaró dos días antes de irme, vaya estúpido que fui, porque esa chica era una rubia hermosa, colombo alemana, aunque en esa época estaba un poquito trozudita, era muy linda, pero bueno a veces la vida te da revancha, y años más tarde, 12 para ser exactos, nos pudimos desquitar, pero esa es otra historia, que sí puedo luego la relato por acá.

    Mi próxima aventura fue en Madrid, espero poder compartirla con ustedes.

    Continuará…