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  • Una fantasía hecha realidad (Parte 2)

    Una fantasía hecha realidad (Parte 2)

    Paula volvió de la Universidad a su casa por la tarde. Comió cualquier cosa y apenas cruzó unas pocas palabras con su madre: “Me voy a mi cuarto, tengo que estudiar”. La verdad es que llevaba todo el día rememorando el alucinante fin de semana que había pasado en Mallorca con Félix, hacía 15 días ya, y notaba un agradable cosquilleo en el vientre que reclamaba su atención. Se encerró en su dormitorio, se quitó los vaqueros y se tumbó sobre la cama. Cerró los ojos y mientras se imaginaba estirada en la cama del hotel junto a su maduro amante, empezó a acariciar sus inflamados labios vaginales por encima de las braguitas. Deslizando su dedo medio por debajo de la fina tela, comprobó que su coñito estaba húmedo. De hecho, llevaba así varias horas, desde que en medio de la clase de estadística le vino a la mente un flash de Félix acariciándole las tetas. Como hacía a menudo, se llevó el dedo pringado hasta la boca y tras husmearlo lo chupó para comprobar el sabor salado de sus flujos. Eso la excitó aún más y volvió a deslizar su mano hasta la entrepierna para acariciar su clit que pronto empezó a abultarse. Mientras con la otra mano se acariciaba las tetas por encima de la camiseta, su dedo estimulaba su cada vez más sensible clítoris. Ya cachonda perdida, detuvo sus caricias para desnudarse del todo. Separó sus piernas y hundió dos dedos en su coñito empapado, mientras se amasaba las tetas y pellizcaba los pezones tiesos. Sus dedos entraban y salían frotando el clítoris y la pared superior de su vagina, buscando presionar sobre la zona que más placer le producía. Sacó los dos dedos totalmente empapados de flujos para embadurnar sus pezones con ellos. Sonrojada por la excitación, se mordió el labio inferior para ahogar un gemido de placer cuando volvió a hundir sus dedos dentro de su coñito y empezó a follarse con ellos a ritmo creciente. Se concentró en la imagen de Félix follándola en la playa, ella con las manos apoyadas en una roca, su culito alzado y las piernas separadas. Los dedos empezaron a chapotear dentro del coñito ya totalmente encharcado hasta que ya no pudo contenerse y se corrió dejando un lamparón de flujo sobre la sábana bajera.

    Aún se estaba recuperando del delicioso orgasmo, acariciándose con suavidad las tetas, cuando sonó su móvil. Su corazón se aceleró cuando vio que era Félix quien llamaba:

    – Hola Félix, ¡qué sorpresa que me llames!

    – Hola Paula, encanto. ¿Qué tal todo? No he sabido nada de ti desde el finde en Mallorca.

    – Bueno, todo bien, sin novedades. De vuelta a la rutina, ir a las clases de la Uni, estudiar en casa…

    – La verdad es que me lo pasé muy bien contigo ese fin de semana y no me lo puedo quitar de la cabeza.

    – Yo también me lo pasé muy bien, la verdad y continuamente lo recuerdo. Hace un momento lo hacía, sin ir más lejos…

    – Ah sí? ¿Y qué haces cuando lo recuerdas?, jeje.

    – Pues, ufff, me da vergüenza decirlo… me hago una pajita, jijiji – respondió Paula de nuevo sonrojada.

    – Mmmm, como me gusta saber que te masturbas pensando en nosotros.

    – Jeje, la verdad es que me acabo de correr muy rico hace un momento pensando en como me follabas en la playa.

    – Paula… sé que aquello fue una locura y que dijimos que no se repetiría, pero yo deseo volver a verte, más después de lo que me acabas de contar.

    – Ufff, no quiero ni pensar en la que se armaría si mis padres se enteraran de lo nuestro… pero, la verdad, a mi también me encantaría volver a estar contigo.

    – Pues…este fin de semana estoy sólo en casa. Mi mujer y la niña estarán fuera. Pensaba que podríamos pasarlo juntos, si puedes arreglarlo, claro.

    – Jijiji, este finde? Ufff – respondió Paula con voz temblorosa, en parte por lo sorpresivo de la propuesta y en parte por la excitación que le producía – suuu… pongo que puedo arreglarlo…, puedo decir que pasaré el finde con mi amiga Anna.

    – Entonces? quedamos el sábado por la mañana? Tú llámame cuando llegues a la estación del tren y paso a buscarte.

    – Bueno… pues sí, vale, jijiji – respondió Paula con la voz aún trémula por la emoción.

    El resto de la semana Paula se lo pasó sin poder concentrarse en otra cosa que no fueran los preparatorios del finde, distraída en las clases e incapaz de estudiar. La logística de la escapada se resolvió con una llamada a Anna. Anna era la mejor amiga de Paula y entre ellas no había secretos. Y por tanto ya conocía con detalle lo ocurrido aquel inesperado fin de semana en Mallorca con Félix. De hecho Anna sentía una insana envidia hacia su amiga puesto que compartía con ella la atracción hacia los hombres maduros. En todo caso, no dudó en ser cómplice en el engaño y cubrirla en caso de que los padres de Paula la llamaran. La única condición fue que pasado el finde quería que Paula le contara con todos los detalles, especialmente los más morbosos, todo lo ocurrido.

    Félix vivía en un lujoso chalet en una urbanización a las afueras de la ciudad. El sábado por la mañana pasó a recoger a Paula en la estación del tren de cercanías. Se besaron castamente las mejillas al encontrarse, no fuera que alguien conocido los viera saludarse de forma demasiado afectuosa. Pero cuando llegaron al chalet y lejos de posibles miradas indiscretas, se besaron apasionadamente, fundiendo sus bocas con un morreo jugoso. Paula se hubiera dejado follar ahí mismo, en el recibidor de la casa, pero Félix prefirió tomarse las cosas con calma. Tenían todo el fin de semana por delante y deseaba disfrutar de su joven diosa sin precipitación.

    – ¿Salimos a la terraza? Hace un día espléndido aunque sea marzo. Incluso podemos nadar si te apetece. El agua de la piscina está climatizada – propuso Félix observando a la hermosa criatura que tanto había deseado en las últimas semanas – ve saliendo, yo traeré algo para brindar.

    Paula salió a la terraza y efectivamente brillaba un sol extrañamente intenso para comienzos de marzo. Se quitó la chaqueta y se estiró sobre una tumbona a disfrutar del agradable calor. Al rato salió Félix con dos copas y una botella de cava.

    – Uhhh!, cava a estas horas, ¿me quieres emborrachar? jajaja!

    – Que menos que brindar con cava nuestro reencuentro. ¿No te parece?

    – Jajaja, eso sí, me recuerda a cómo nos recibieron en el hotel de Mallorca.

    Paula cogió la copa que le ofreció Félix y brindaron por el fin de semana. Él se sentó en una silla a observar a la chica que estirada en la tumbona tomaba leves sorbos de su copa. Estaba preciosa. Llevaba puesto un vestido verde con tirantes que le llegaba a medio muslo, con botones en el escote. Había desabrochado un par de ellos dejando a la vista el canalillo de sus preciosos y firmes pechos apenas cubiertos por un sujetador de encaje negro. Ella era consciente de la intensa mirada del hombre y le encantaba sentirse observada, de hecho la excitaba y de repente se sintió sofocada.

    – Ufff, ¡qué calor hace! Si hubiera traído el bikini me tiraría a la piscina.

    – ¿Para qué quieres bañador? Nadie puede verte excepto yo…y estaré encantado de verte desnuda, la verdad – le respondió Félix con sonrisa pícara

    – Bueno, nado si tu también te tiras – le desafió Paula

    – Acepto el reto – dijo Félix incorporándose y empezando a desabrocharse la camisa.

    Paula hizo lo mismo, desnudándose provocativa ante la mirada del hombre. Sus mejillas estaban totalmente sonrojadas por una mezcla de vergüenza y excitación que la hacían aún más deseable para Félix. Se quitó el vestido, desabrochó el sujetador y se quitó las braguitas, de encaje negro como el suje. Sin esperar a que Félix acabara de desnudarse, se lanzó de cabeza a la piscina, comprobando que efectivamente el agua estaba a una agradable temperatura. Tras ella se tiró Félix, que tras dar un par de brazadas, se apoyó de espaldas al borde de la piscina sentado sobre un escalón sumergido para contemplar de nuevo a Paula que chapoteaba divertida. Al cabo de un rato se acercó a él con una sonrisa pícara. Aquella situación, que le recordaba el polvo salvaje en la playa que habían disfrutado los dos hacía unas semanas, la había puesto a cien. Pegándose a él, juntó su boca a la del hombre. Se besaron con parsimonia, deleitándose en el intercambio de salivas perfumadas de cava, entrelazando sus lenguas juguetonas. Paula rozaba sus pezones erectos contra el pecho velludo de Félix. Él estiró las manos para agarrar el culito respingón de la chica y la atrajo hacia él. Al pegar su vientre contra el de él, Paula comprobó que entre ambos se interponía una verga totalmente erecta. Meneando sus caderas, frotó el falo primero con el vientre y luego, deslizándose hacia arriba, con la entrepierna. Félix pasó a acariciar los firmes pechos que desafiaban la ley de la gravedad frente a sus ojos y a chupar los pezones deliciosamente erectos. Eso acabó de excitar del todo a Paula, que sujetando la polla con una mano la guió hacia su entrepierna, sujetándose del borde de la piscina, movió las caderas hacia abajo para penetrarse con la verga endurecida. Ambos jadearon de placer al acoplarse. Paula empezó a menearse sobre él para follarse con aquel falo que tan placenteramente entraba y salía de su ardiente coñito. Estiró la espalda hacia atrás, mientras Félix le amasaba las tetas. El polvo acuático era divertido, pero un poco incómodo, por lo que al cabo de un rato él detuvo las contorsiones de Paula agarrándola entre sus brazos y sin dejar de penetrarla, la alzó para salir de la piscina y tumbarse sobre el césped, ella boca arriba, él entre sus piernas, empezó a follarla con ritmo creciente. Paula arqueaba la espalda y gemía de placer cada vez que sentía la polla penetrándola hasta lo más hondo de su vagina. Había perdido la cuenta de las veces que se había masturbado las últimas semanas deseando aquello que ahora disfrutaba de nuevo. No pudo contenerse más y se corrió mientras Félix no paraba de entrar y salir de ella prolongando el delicioso orgasmo. Cuando Félix notó que los espasmos de la vagina se detenían, dejó de follarla pero manteniendo su polla aun erecta dentro de ella, acariciando el joven cuerpo aún mojado, besando y chupando sus turgentes pechos. Paula estaba totalmente relajada después de su intenso orgasmo, pero le encantaba notarse aun penetrada. Se besaron dulcemente, mientras Félix volvía a deslizar con suavidad su verga dentro de la vagina inundada de flujos. Aquello volvió a excitar a Paula, que tomó la iniciativa para cambiar de postura. Se giró para colocarse a 4 patas y alzar el culo ofreciendo su sexo abierto y brillante de humedad. Félix se arrodilló y agarrándola de las caderas la penetró desde atrás. Ni que decir tiene que en aquel momento su erección era brutal. La forma en que aquella chica se ofrecía después de correrse le excitaron aún más de lo que estaba y empezó a follarla con contundentes golpes de cadera que arrancaban aullidos de placer de Paula. Contemplar el estrecho agujerito del culo de la chica también excitaba sobremanera a Félix, que hubiera deseado penetrarlo pero imaginando que aún era virgen por esa vía, se conformó con acariciarlo con el dedo gordo mientras intensificaba aún más sus embestidas. Al cabo de un par de minutos los dos se corrieron al unísono.

    Se quedaron un buen rato abrazados, tendidos sobre el césped. Paula notaba con perverso placer como la mezcla de semen y de sus propios flujos brotaba de entre sus labios vaginales y resbalaba por sus muslos. Félix se incorporó para servir sendas copas de cava y brindar de nuevo por ellos. Se pasaron la mañana junto a la piscina, disfrutando del espléndido día. Paula estuvo encantada por las atenciones de su maduro amante que resultó ser un avezado cocinitas que le preparó todo tipo de suculentos manjares. Por la tarde, después de la exquisita comida regada con más cava y vino, se echaron a tomar la siesta en el dormitorio de matrimonio de Félix. Como era de esperar, acabaron follando de nuevo, otra vez ella a 4 patas, postura que complacía enormemente a los dos. Paula se corrió primero cuando Félix acarició con su dedo gordo el esfínter virgen de la chica. Aquella era una sensación nueva tremendamente placentera combinada con la sensación del falo erecto deslizándose dentro de su lubricada vagina. Félix sacó su verga totalmente empapada por los flujos del orgasmo de ella y le susurró al oído que deseaba follarle el culo. Ella respondió que nunca lo había hecho por ahí y que tenía miedo de que le doliera. Él la tranquilizó y le dijo que si no podía soportar el dolor lo dijera y él pararía. Acto seguido, frotó su empapada polla sobre el ojete que Paula mantenía alzado, para embadurnarlo. También echó mano de un tubo de lubricante que aplicó en la entrada del ano, primero con un dedo y después con dos, acariciando suavemente el esfínter hasta que se relajó y los dedos pudieron entrar con facilidad. Paula se mantenía expectante, algo asustada por el dolor que pudiera provocarle aquella penetración, aunque hasta el momento los prolegómenos resultaban de lo más placenteros. Notó que Félix colocaba el glande sobre su agujerito trasero y que empujaba lentamente. A medida que el glande avanzaba empezó a notar un dolor intenso que le hizo aullar. Él detuvo el avance aunque no retrocedió, esperando a que el esfínter se acostumbrara a la dilatación forzada. Al cabo de un rato empujó de nuevo provocando en la chica nuevos gemidos de dolor, aunque ella quiso seguir. Un nuevo empujón permitió que la verga se abriera paso del todo en el estrecho agujero trasero por primera vez profanado. Félix combinó el lento vaivén de su polla dentro del ano con la estimulación del botón del clítoris de Paula que volvió a abultarse. Aquello hizo que descubriera la estimulante combinación de dolor y placer, de forma que sus quejidos fueron mutando a lúbricos gemidos pidiendo que siguiera. Con delicadeza Félix fue incrementando la intensidad de sus embestidas. Su polla totalmente lubricada entraba y salía con cierta facilidad del estrecho agujerito. Paula se retorcía bajo él con aquella combinación de dolor y placer. Cuando notó los chorros calientes de semen dentro de su ano, también se corrió. Después de aquel polvo salvaje si que tomaron una larga siesta, los dos desnudos y abrazados sobre la cama. Paula notaba que su culito dilatado le escocía, pero el intenso orgasmo que había experimentado compensaba las molestias.

    La despertó el sonido de su móvil anunciando un nuevo whatsapp. Su amiga Anna, cómplice del furtivo encuentro, le preguntaba cómo iba todo.

    – Quién es? Algún problema? – le preguntó Félix

    – No, que va. Sólo es Anna que me pregunta si todo va bien. En teoría estoy con ella de acampada el finde, jeje.

    – Pues dile que todo perfectamente por mi parte.

    – Jajaja, ok…Ahora me dice que le encantaría conocerte…

    – Pues que se venga a cenar si quiere…

    – Dice que sí, que encantada.

    Anna acudió a la hora de cenar vestida con un atrevido y ajustado vestido que remarcaba sus espectaculares curvas. Era morena, algo más baja que Paula, pero sus generosos pechos y su agraciado pandero compensaban la poca estatura. Paula fue a abrirle la puerta y la acompañó a la cocina donde Félix preparaba la cena. Las dos estaban emocionadas por el inesperado encuentro. Anna era la única persona que conocía su relación con Félix y el hecho de presentarlos sellaba la complicidad. Durante la cena hablaron básicamente Anna y Paula, animadas por el abundante y excelente vino que Félix les servía. Hablaban de sus estudios, de sus aficiones y sus amistades, de sus novios y cuando el alcohol ya había desatado de todo sus lenguas, de sus experiencias sexuales. Félix las escuchaba atento y encantado de estar acompañado por aquellas dos preciosas jovencitas. Acabada la cena, las dos chicas se sentaron juntas en el sofá del salón, junto a la chimenea encendida (aunque de día la temperatura era más que agradable, de noche refrescaba mucho). Mientras Félix iba a por otra botella de cava para acabar de brindar, las dos chicas se miraron:

    – La verdad Paula, te tengo una envidia malsana por tu rollo con Félix. Si podía te lo robaba, jeje.- le dijo por lo bajinis Anna a su amiga.

    – Ni se te ocurra, zorrita, Félix es mío y solo mío. Jajaja.

    – Y no lo compartirías, aunque sólo sea un poquito.

    – ¿Qué dices tía? ¿Estás proponiendo un trío? jijiji – dijo Paula aun riendo pero con la voz algo temblorosa pues la propuesta le hacía sentir un agradable cosquilleo en el vientre.

    – ¿Qué tal si lo provocamos un poco a ver qué ocurre?

    Anna no le dio tiempo a responder a Paula pues se pegó a ella y empezó a besarla y a acariciarle las tetas justo cuando Félix entraba en el salón. Paula vio de reojo cómo él las contemplaba sonriente y como no le pareció que le disgustara, continuó con la escenita. Anna era la que llevaba la iniciativa, así que empujó a su amiga para que se recostara sobre el sofá y sin dejar de besarla, deslizó su mano para explorar su entrepierna. No era la primera vez que se besaban. Las dos estaban abiertas a nuevas experiencias y ya habían comprobado más de una vez que se podían dar placer mutuo de forma muy satisfactoria. Si además eso suponía provocar a un atractivo maduro, mejor aún. Anna le subió el vestido a Paula hasta las caderas y coló la mano bajo las braguitas para acariciar su clítoris sin dejar de morrearla. Paula separó sus piernas para dar acceso a su sexo que empezaba a inundarse, y también para resultar más provocativa ante su espectador. Después de desprenderse ambas de sus vestidos y quedar en ropa interior, invitaron a Félix a unirse al juego. Él se sentó en el sofá entre las dos chicas, mientras Paula lo besaba Anna le desabrochó el pantalón y saco la verga ya morcillona. Las dos se agacharon para lamerla hasta que tomó consistencia. Entonces se turnaron para mamarla. Para gran satisfacción del hombre, las chicas parecían competir en cuál de las dos la chupaba con más eficacia y arrancaba los gemidos más placenteros del afortunado maduro.

    – ¿A cuál de las dos quieres follar? – le preguntó al cabo de un rato Anna a Félix mientras era Paula la que mamaba.

    – Mmmm, os quiero follar a las dos – gruñó Félix entre gemidos de placer.

    Atentas a los deseos del hombre, las dos amigas se arrodillaron a 4 patas sobre el sofá una al lado del otro ofreciendo sus lozanos culos alzados y las piernas separadas. Félix se incorporó y empezó follando el chochito de Anna, un precioso coñito de labios oscuros perfectamente depilado que brillaba de humedad, al tiempo que con la mano comprobaba que la vulva de Paula estaba igualmente empapada, más aún después de que sus dedos expertos estimularan su clítoris. Haciendo gala de su resistencia, Felix pudo cambiar de posición varias veces follando alternativamente a Anna y a Paula. Al cabo de un rato, Anna tomó de nuevo la iniciativa e hizo que Félix se tumbara sobre el sofá para cabalgar su polla mientras Paula, también arrodillada de horcajadas colocaba su chorreante chochito sobre la boca del hombre. El mágico triángulo se completó con la unión de las bocas de ambas chicas con un suave y húmedo morreo al tiempo que se magreaban mutuamente las tetas. Casi al unísono los tres vértices del triángulo estallaron de placer. Primero fue Paula quien se corrió en la boca de su amado, a continuación la vagina de Anna empezó a contraerse espasmódicamente prodigando la eyaculación de Félix. Los gemidos de ambas chicas dieron fe del intenso orgasmo que ambas estaban disfrutando.

    Al día siguiente, los tres se despertaron desnudos tendidos sobre la amplia cama matrimonial de Félix. Las chicas, poco acostumbradas al abuso del alcohol, resacosas, agradecieron las atenciones de Félix que les preparó un reconstituyente desayuno. Un chapuzón en la piscina acabó de despejar las nubladas mentes de las chicas, y propició un nuevo encuentro entre los tres, que sirvió como colofón al provechoso fin de semana.

    Hasta aquí la segunda entrega del relato. Agradeceré comentarios o sugerencias de cómo podría seguir. Podéis comentar aquí mismo o escribir a mi correo [email protected].

  • El culo de Cintia. Relato de una obsesión

    El culo de Cintia. Relato de una obsesión

    Me llamo Cintia. Tengo cerca de treinta años, complexión atlética y delgada, mediana estatura cabello liso y negro como el carbón. Para los que se fijan en esos detalles, añadir que poseo unos pechos firmes de buen tamaño y un trasero femenino respingón, con forma, de esos que acumulan carne en la zona donde empiezan los muslos. La rajita que separa las nalgas es de perfil cerrado y fina, de tal manera que, para acceder a mi sexo o inspeccionar mi ano hace falta separar las nalgas.

    El último chico con el que salí, de 45 años, atractivo, con barba y espalda ancha, estaba enamorado de mi trasero. Le gustaba tocarlo y sobarlo constantemente. También le gustaba mucho meter su pene en mi vagina por atrás y darme azotes mientras me penetraba. Aquello me volvía loca y a él también. El único problema es que estaba obsesionado con el tema. No es que no prestase atención a mis pechos, con los que, muy de vez en cuando, jugaba. También me daba besos, pero menos de los que me hubiese gustado. No, el problema era su culo-dependencia. Si alguna vez me tocaba preparar la comida, me invitaba a hacerlo con el culo al aire. Por las mañanas, mientras me lavaba los dientes, él se acercaba, me bajaba las bragas y plantaba un beso en mi trasero. Incluso, en varias ocasiones, cuando me despertaba, notaba como su mano estaba acariciándome el pompis.

    Aquello me molestaba un poco, pero bueno, era en casa, en privado. El problema de verdad se inició cuando la obsesión cruzó las paredes del hogar. Un comentario sobre mi retaguardia, mientras cenábamos con una pareja de amigos no me gustó mucho. Pero ese solo fue el principio. Luego vino lo de tocarme el trasero en público y lo de los chistes verdes, vulgares después de tomar unas copas de más. Se lo dije esa noche, y pidió disculpas y me besó y jugó con mis pezones olvidando, por un día, mi culo. Pero al día siguiente volvió a las andadas y entonces no pude contenerme.

    El día después de las disculpas vacías, me levanté pronto de la cama y caminé en ropa interior, con cierta urgencia, hacia el cuarto de baño. Una vez dentro me giré para cerrar y le vi allí, sonriendo de forma estúpida.

    – Me dejas que te salude. – dijo.

    Yo le di la espalda enojada por dentro y él, como tantas otras veces, me bajó las bragas y se puso de cuclillas para besarme las nalgas.

    Entonces sucedió, en lugar de apretar el esfínter y evitarlo, como había hecho tantas veces, decidí vengarme y poner realismo a la situación. Venciendo mi vergüenza, deje escapar un largo, sonoro y «perfumado» pedo en sus mismas narices. Con mi cara encendida, me volví para ver su reacción. Por un momento pensé que quizás fuese uno de esos tíos a los que les gusta oler ventosidades, pero no. Mi chico se quedó parado, arrugó la nariz y dibujó una mueca de desagrado. Yo traté de tomarme el tema a broma y luego, viendo que le había ofendido, intenté disculparme por el «accidente», pero el volvió a la cama, se sentó y permaneció en silencio un par de minutos. Luego, mirándome, ante mi incredulidad, dijo:

    – Creo que lo nuestro no funciona. No puedo estar con una mujer tan guarra.

    Y ese fue el fin de la historia. Confieso que pase algunos días pensando en ello, culpándome de no sé muy bien el qué. Pero enseguida comprendí que aquel tipo no estaba muy bien, que su trastorno era demasiado egoísta. Nunca lo compartió conmigo, si lo hubiese hecho, a lo mejor hubiéramos podido llegar a algún punto intermedio de entendimiento.

    Ahora hay un chico de cuarenta por el que me siento atraída. Parece algo callado y puede que tenga manías, igual que las tengo yo, pero solo hay una forma de saberlo. Después de todo, respetando todas las opiniones, esto de la masturbación, aunque tiene su punto, es, a veces, un poco aburrido.

  • Selu

    Selu

    Durante una temporada después de lo que me ocurrió en el Charco de la Pava no quise ver a nadie,  por un lado me reprochaba lo estúpido que había sido poniéndome así en una situación de riesgo, aquel sitio tenía mala fama pero no hice caso de las advertencias, de hecho, la gente dejó de ir por que los robos o las violaciones se hicieron frecuentes, incluso detuvieron a dos individuos, por otro lado, estaba avergonzado, había sido humillado y forzado, me habían reventado el culo, tuve muchos días el esfínter dolorido, y yo… lo había gozado, a pesar de la violencia, la humillación, la degradación a la que me habían sometido había tenido tres orgasmos brutales, aunque, ¿a quien quiero engañar? no fue a pesar de eso, fue precisamente por eso por lo que me había corrido, yo había buscado esa situación y era eso lo que me avergonzaba.

    Pero como siempre digo, “al tiempo tiempo le pido y el tiempo tiempo me da”, a mediados de mayo mi hijo mayor se casaba en Valencia, es inspector de policía, había conocido a una valenciana encantadora, diplomada en psicología que trabaja en el departamento de recursos humanos de unos grandes almacenes, habían comprado un piso en el barrio de Patraix y contraían matrimonio en la parroquia de Santa Teresa de Jesús, pasamos una semana muy buena, nos alojamos en el hotel SH Inglés, junto al ayuntamiento y visitamos la ciudad que nos encantó, hacía mucho tiempo que no nos reuníamos los cinco, mi hijo pequeño también es inspector de policía y está destinado en las Palmas de Gran Canaria.

    A la vuelta a casa, sin darnos tiempo a deshacer las maletas mi mujer me pidió que me sentara, necesitaba hablar conmigo.

    – Einar, tú sabes que esto no va bien.

    – Lo sé.

    – He sido muy feliz contigo y sé que tú también conmigo pero esto no va más allá.

    – Esperaba esta conversación, no te voy a engañar.

    – Necesito empezar de nuevo Einar, y creo… no, no creo, sé que tú también.

    – ¿Se acabó?

    – Lo mejor es el divorcio Einar.

    – Tienes razón, como siempre tú eres la valiente.

    Nos casamos muy jóvenes, con veinte años, yo había dejado a medias empresariales y trabajaba en la fábrica, ella continuó con sus estudios de enfermería y cuando obtuvo en propiedad la plaza en el SAS yo acabé los míos, tuvimos a nuestro primer hijo con veintidós años y al segundo con veinticuatro, ahora con casi cuarenta y ocho años, ella los cumplía en junio y yo en agosto, nuestras carreras profesionales estaban encauzadas, nuestros hijos tenían su propia vida, ambos comprendíamos que era el momento, fuimos muy felices juntos pero era hora de separarnos antes de que nos hiciéramos daño.

    El acuerdo de divorcio fue rápido, éramos independientes económicamente, no teníamos hijos a cargo, tampoco teníamos deudas, mi ya exmujer se quedó con el piso que teníamos en la costa gaditana y yo con la que había sido nuestra vivienda habitual, ambos estaban pagados, ella tenía un piso cerca del parque de María Luisa y del hospital donde trabajaba, sus padres se habían ido a vivir a una casa que tenían en un pueblo de la sierra Norte y habían puesto a su nombre la que había sido su vivienda en Sevilla.

    Era finales de junio cuando ratificamos la demanda de divorcio en el juzgado, optamos por el divorcio exprés, era de mutuo acuerdo, nos representaba el mismo abogado, no teníamos hijos menores y habíamos presentado el convenio regulador redactado por ambos, nos dijeron que como mucho, en septiembre tendríamos la sentencia.

    En cuanto salí del juzgado me fui al piso de la playa, le había pedido a mi exmujer que me lo dejara ese fin de semana para recoger lo que tenía allí, tardé poco, cené en un chiringuito que solíamos frecuentar, después fui al bar de José Luis, Selu para los amigos, mi ex y yo teníamos mucha amistad con él, conocía mi secreto.

    – Ya me lo ha contado tu mujer. – estábamos sentados en la terraza.

    – Sí, ya te dije este verano que la cosa no iba a durar mucho.

    – No le has contado nada, has dejado que sea ella la que de el paso.

    – ¿Para qué Selu? la quiero mucho, ¿qué necesidad hay de hacerle daño?

    – Tienes razón, bueno, voy a hacer caja y me subo a casa – Selu vivía en un loft encima del bar – ya cerrará el personal – tenía tres empleados en temporada alta – mañana quiero salir de pesca, ¿por qué no te vienes?

    Al día siguiente, muy temprano, salíamos del puerto deportivo, Selu es un gran aficionado a la pesca, tiene el título de patrón de yate y un barco de once metros de eslora, un Starfisher 34 cruiser, es un apasionado de la pesca, su título y la categoría de diseño de la nave le permiten alejarse hasta sesenta millas de la costa pero el suele fondear sobre las veinte, yo a menudo voy con él cuando veraneo y mientras patronea desde el flybridge o pesca yo me desnudo y tomo el sol en el solárium de proa.

    A media mañana llevábamos un par de horas fondeados, me puse un pareo y accedí al salón que está en la superestructura, Selu se encontraba en la bañera sentado en el sillón de combate, también completamente desnudo, no tenía suerte, no picaban, preparé un par de bocadillos de jamón y tomé unas cervezas frías, me senté en la banca de estribor y le pasé uno de cada a mi amigo.

    – ¿Sabes Einar? – había recogido el sedal – también conocía los secretos de tu mujer.

    – ¿Sí?

    – Sufría mucho porque pensaba que tenías una amante.

    – Nunca me dijo nada.

    – Claro que no… me dijiste que sospechabas que tenía una aventura.

    – Sí, y también te dije que me lo tenía merecido si era así.

    – No la tuvo, hay un médico que le tira los tejos y ella se deja querer pero no ha pasado de ahí.

    – Espero que sea feliz.

    El pareo se me había abierto y Selu miraba mi polla, es homosexual aunque muy pocos lo sabemos, muy guapo, alto aunque no tanto como yo, moreno de ojos verdes, tiene un cuerpo bonito bien definido, practica kick boxing y todos los días nada en el mar haga la temperatura que haga, mantiene una relación con un militar de la base de Rota.

    No sé que le impulsó a hacerlo, se levantó y se acercó, me agarró con sus manos la cara y me besó en la boca, me mordió los labios y metió su lengua, al principio me sorprendió pero enseguida respondí al beso, se irguió y su polla quedó ante mí, la agarré y dejé el glande al descubierto, deposite en él un beso suave, con la lengua lamí el frenillo y los bordes de aquel capullo rosado con forma de seta, agarré sus huevos, los acaricié los besé y los olí, me encanta ese olor, subí lamiendo el tronco venoso de aquel pene que estaba ya duro como una piedra, metí la punta de la lengua en la raja abriéndola.

    – Oooh si Einar, siii.

    Me lo metí en la boca y comencé a mamar como si fuera un pezón, Selu entrelazó los dedos de sus manos en mi pelo y moviendo sus caderas comenzó a follarme la boca.

    – ¡Argg!

    Tiene una polla preciosa, ni demasiado larga ni demasiado gruesa, con un cabezón prominente en forma de seta, en una de las embestidas que dio entró demasiado y tuve una arcada, se me saltaron las lágrimas y me salió una baba espesa que llegó hasta sus cojones.

    – Lo… siento amoorr.

    Saqué su miembro de mi boca, lo agarré con la mano y extendí mi saliva por él, me ayudó a ponerme de pie, nuevamente nuestras bocas se encontraron, nuestras lenguas jugaron, me besó el cuello, lo recorrió con su lengua, bajó con ella hasta mis pezones, los mordió, olió y besó mis axilas, poco a poco me fue dando la vuelta, sabía lo que quería, le di la espalda, abrí las piernas y le ofrecí mi culo.

    – Llevo mucho esperado esto Einar

    Me abrazó por detrás, me besó en la nuca y el cuello, mordió mi hombro, con su lengua recorrió mi espalda mientras me acariciaba con sus manos, mordió mis nalgas, las abrió dejando a la vista mi esfínter, lamió alrededor, lo succionó y chupó y comenzó a follármelo con la lengua llenándolo de saliva mientras con una de sus manos me acariciaba la polla.

    – Dios Selu, que rico.

    Es un maestro con la lengua, me tenía caliente como una perra, deseaba que me follara, que me metiera su polla pero no quería que dejara de comerme el culo como lo estaba haciendo, me estremecía, mis piernas flojeaban, escalofríos de placer recorrían mi espalda. Se incorporó, su polla en la raja de mis nalgas, sentí su respiración en mi cuello y mi oreja, eché la cabeza hacia atrás, volví la cara y nuevamente nuestras bocas se encontraron en un húmedo beso mientras sus manos recorrían mi cuerpo.

    – Oh Selu, ¿qué estamos haciendo? – me besaba el cuello y la cara haciendo que se me erizara la piel.

    – Shhh, calla.

    Coloqué mis manos sobre la borda, el sol calentaba nuestros cuerpos, Selu colocó la punta de su polla en mi ano, tomándome de las caderas me atrajo hacia él mientras empujaba, su glande venció la resistencia de mi esfínter.

    – Ay – se detuvo

    – ¿Te duele?

    – No, está bien.

    Continuo metiéndome su pene, muy despacio, muy poco a poco, sentía como se abría paso, mi culo se adaptaba a su tamaño.

    – Oohh Selu.

    – Einar, cuanto he deseado esto.

    La sacó muy despacio, recreándose, hasta que casi salió entera, volvió a meterla suavemente, casi con miedo.

    – Siii, que gusto Selu.

    – Einar… dios mío.

    Poco a poco fue incrementando el ritmo, su pubis golpeaba mis nalgas cada vez mas rápido, el placer me iba inundando, mis piernas temblaban, mi polla empezaba a expulsar líquido preseminal.

    – Oh Selu, mi culo, mi culo.

    – Es mío Einar, mío, mío.

    – Siii dios, siiii.

    Continuada aferrado a mis caderas, su polla entraba y salía incansable, la mía y mis huevos se balanceaban al ritmo que marcaban las enculadas que me daba.

    – Mis piernas, no me aguantan Selu, no me aguantan.

    – Ah, ah, ah – lanzaba un jadeo cada vez que me embestía.

    – Como me tienes, ay como me tienes Selu, ay mi culo.

    Noté cuando le venía, aumentó el ritmo de las nalgadas, me clavó la polla y se puso rígido.

    – Me corro Einar, me corro, me corro ooohhh.

    Apreté el esfínter, noté las contracciones de su pene cada vez que lanzaba un trallazo de leche, me enderecé con su polla metida en mi culo, nuestros cuerpos sudorosos, calientes por el sol y la lujuria, se unieron y mientras su mano izquierda acariciaba mi torso la derecha agarraba mi miembro y me masturbaba.

    – Selu, oh Selu, ¿qué hacemos?

    No aguanté mucho, me corrí mientras me susurraba al oído palabras de amor.

    Volvíamos a puerto, él pilotaba el barco desde el flybridge y yo estaba sentado a su lado, después del sexo nos habíamos dado un chapuzón en el mar, desnudos.

    – ¿Qué hemos hecho Selu?

    – ¿Has visto la película Asignatura Pendiente?, pues algo parecido.

    – ¿Y Ronald? – era su pareja – ¿y mi ex?

    – Yo no se lo voy a decir.

    – Claro que no.

  • Confesando una fantasía

    Confesando una fantasía

    La historia que voy a redactar sucedió hace unos cuatro de meses, sin embargo, las emociones de esta siguen a flor de piel que parece hubiesen sucedido ayer, sobre todo porque sería el inicio de todo.

    Mi nombre es Sebastián. Mi esposa Karla tiene 24 años, es una mujer de contextura normal, cabello negro con rizos que llegan hasta un poco antes donde la espalda pierde su nombre, tiene unos buenos senos que como siempre le digo están hechos para la medida de mis manos, destacan sus piernas y su buen culo.

    Hace unos años me empezó a gustar esto de las historias swinger y todo lo que en ella involucra, empecé a leer un poco más sobre el tema y quizás de una u otra manera a obsesionarme con lo mismo. Vi algunos videos reales de intercambio de pareja y me agradó mucho y por primera vez me imaginé y quise ver a mi mujer ser tomada por otro hombre, era una mezcla entre lo raro y excitante.

    Continué por un buen tiempo leyendo relatos y viendo muchos videos de este tipo, cada vez me excitaba más la idea de ver a mi mujer disfrutando de un pene que no sea el mío, pero ¿cómo se lo diría a ella? De seguro lo tomaría a mal.

    Una noche decidimos salir al cine, ella se había puesto una falda pequeña que resaltaba sus muslos y culo, una blusa de botones y un abrigo por encima, debo decir que en realidad me apetecía más quedarme en casa que salir esa noche, sobre todo porque teníamos que pedir un taxi ya que el carro estaba en el taller, pero ya me había comprometido con ella y unos amigos con quienes quedamos de encontrarnos antes para comer.

    Ya de regreso en un taxi sólo los dos, ambos en la parte posterior, empecé a besarla, y tocarla, el trayecto se puede decir era algo extenso, entre 30 a 40 minutos, estaba realmente excitado, así que aprovechando su falda empecé por tocar sus piernas y separarlas, ella me detenía, alcé mucho más su falda a tal punto que se podía ver su interior color amarillo que llevaba esa noche, me excitaba la idea que el taxista pudiera verla, quería que hiciera algún comentario, agarre sus senos por encima de su blusa y quise desabrochar la misma, pero ella me detuvo, dijo que le daba pena, a mí la verdad me emocionaba mucho, estaba muy excitado pero ella dijo no.

    Al llegar a la casa hicimos el amor como locos con beso negro incluido que tanto le gusta, aún recuerdo la primera vez que se lo hice, una cara de sorpresa y excitación, a ella jamás le habían hecho algo así, de hecho, ella antes de mí sólo había tenido una experiencia sexual, la cogí semi desvirgada, tanto así que las primeras veces que estuvimos juntos sangró.

    Aquella noche en el taxi aumento aún más mis deseos de ver a mi mujer follada por otro, pasaron algunos días y me decidí por intentarlo, o por lo menos que ella supiera esta fantasía que me tenía pensando día y noche.

    Esa noche quería hacerla disfrutar. Ella llegó del trabajo, se bañó y vino a comer, había preparado algo suave para esa noche.

    Yo: ¿Amor como estuvo el trabajo?

    Karla: Cansado, sabes que para estas fechas se intensifican los pedidos y hay que estar llamando a todo el mundo para verificar su entrega, yendo de un lado a otro, en fin, todo pesado. Y a vos como te fue?

    Yo: bueno parece que menos pesado que a ti. Venga y le hago un masaje.

    Karla: ¿en serio? ¿En las piernas? Te lo agradecería mucho

    Yo: en todo el cuerpo amor, vaya al cuarto quítese la ropa y espéreme mientras yo lavo estos platos.

    – Cuando regresé estaba sólo la lámpara encendida, ella desnuda tumbada sobre la cama a espera que mis manos empiecen a tocar su piel, su culo prominente me encendió de manera inmediata.

    Me quité la ropa y sólo me quedé en bóxer, me coloqué encima de sus nalgas y puse crema en mis manos y sobre su espalda, seguí con delicados masajes desde el cuello hasta la parte final de su espalda.

    S: Estas muy tensa

    K: Si, mucho dijese yo

    S: No te preocupes que ya me encargo yo de dejarte como nueva

    – Presionando mis manos sobre su espalda, me acerqué un poco y empecé por lamer su oreja y besar su cuello, su piel sensible reaccionó enseguida y se puso de “gallina”.

    S: Relájate, esta noche es para disfrutar y abrirnos a cosas nuevas.

    K: ¿Sí?

    S: ¿Lo dudas?

    K: No, ay que rico masaje, pero esto no es justo

    S. Justo? No entiendo

    K: Claro, yo estoy desnuda y tú aún estás con bóxer.

    – Me lo quité casi de inmediato, coloqué mi verga sobre su nalga e hice el ademán de meterlo entre ellas, me hice un poco más atrás y coloqué crema sobre su culo y piernas, empecé a regar toda la crema sobre sus muslos, a veces de manera delicada y otras un poco más fuerte, separé algo sus piernas y empecé por masajear esa zona, su cuerpo estremeció pues es muy proclive a las cosquillas, terminé con las piernas.

    Ahora tomé sus dos nalgas entre mis manos y las envolví en totalidad con el aceite, las besé y di pequeños mordiscos. Con el dedo medio desde el cuello recorrí toda su espalda por la mitad y lo pasé entre sus nalgas, haciendo un pequeño énfasis cuando llegaba a su culito, repetí unas 3 veces más aquello y llegó allí el primer gemido.

    K: uhmm que rico.

    S: Tienes un buen culo amor, y esta noche me lo quiero comer de nuevo.

    K: Haga lo que usted quiera

    – Separé sus nalgas y pasé mi lengua por medio de ellas.

    S: Date la vuelta

    K: Como Ud. diga

    – Y allí la tenía, desnuda, con sus pezones hinchados y abriéndome sus piernas para que meta mi verga.

    K: Ven, bésame y hazme tuya.

    – Sin embargo, cuando sabía que la follaría esa noche, aún faltaba mucho para aquello, me acerqué, la besé, puse mi verga sobre su vagina sin penetrarla, besé su cuello, agarré, apreté y succioné sus tetas, en un momento se dio la forma para tomar mi verga e intentar metérsela…

    S: Espera amor

    K: ¿por qué? Quiero que me hagas tuya

    S: Te voy a hacer mía otra vez, pero primero quiero besarte toda, toda, que no quede nada de tu piel sin que esta noche haya tenido mis labios encima

    K: ¿Toda?

    S: Si toda.

    K: ahh pues empieza ya

    – Beso nuevamente su cuello, y susurrando a su oído le dige “te voy a chupar la vagina como nadie antes te la ha chupado”

    K: Ohh amor, sabes que sólo tú me la has chupado

    S: No te creo, de seguro muchos te la han chupado ya, mírate nomas la cara de putita que tienes

    K: Tonto, mm sabes que solo tú me la haz chupado

    – Si bien es cierto le sorprendió lo que le dije, le gustó y se notaba en su voz, fui bajando los besos por sus pechos, llegué a su abdomen y con mis manos presionaba sus piernas, llegué hasta su vulva y empecé a besarla, estaba perfectamente depilada pues lo había hecho el día anterior. Besé su ingle y me dirigí a su vagina, estaba totalmente mojada, pasé mi lengua y empecé a darle pequeños besos, en un momento sus labios vaginales se tornaron su boca, pues empecé a besarlos como si de ella se tratara, llegué después a su clítoris e hice gemir a mi mujer cual perra en celo. Estuve allí algo más de 10 minutos, estaba a punto caramelo y yo con mi verga que reventaba y con ganas de penetrarla

    – Me puse sobre ella y nos dimos de esos besos apasionados con lengua que tanto me gustan.

    S: ¿Te gustó?

    K: Me encantó, papi

    S: ¿Soy el que mejor te la ha chupado??

    – Ella siguiendo mi juego respondió “Si papi, nadie me la había chupado como tú, has sido el mejor de todos los que me la habían chupado”. Esa respuesta me volvió loco, bajé de nuevo y le di otro beso completo a su vagina

    K: ohhh amor me encanta como chupas y besas mi vagina… ohh es toda tuya amor, mi vagina, mi culo, todo es tuyo papi.

    – Subí suavemente de nuevo hasta su boca y nos fundimos en un nuevo beso, tomé su pierna y alcé para por fin penetrarla, suavemente introduje mi verga, para que ella sintiera como mi pene iba entrando en su cuerpo

    K: Me encanta, follame así papi… de a poquito, no la metas de una

    S: ¿Te duele? Ja

    K: Si amor, me dueleee… soy virgen

    S: ¿Virgen usted? Jaja

    K: Si ahh virgen

    – Metía y sacaba mi verga despacio como si de una primera vez se tratara y ella estaba encantada, sintiendo como una y otra vez mi pene salía de su vagina… después de varias veces me acerqué hasta su oído y le dije:

    S: Eres una puta mentirosa

    K: ¿Por qué?

    S: Porque Ud. de virgen no tiene nada, la verga te entra suave… ni tú mismo has de saber con cuantos estuviste antes de mí, ¿tu boca? Pff ya me la haz chupado montón de veces y tu culito ya te lo he partido en varias ocasiones… de virgen no tienes nada

    K: ahh es verdad… no soy virgen, soy una puta… pero tu puta

    S: Lo sé, eres mi puta… así que no me importa

    K: ¿Qué no te importa??

    S: No me importa cuántos te hayan tenido así, no me importa a cuantos se la chupaste, ni cuantos te llenaron de leche la vagina, la verdad no me importa cuántos te cogieron en 4 mientras nalgueaban ese culazoo…

    K: Oh amooor

    S: Y no me importa cuántos te llevaron a moteles baratos para que te conviertas en su perra, no me importa a cuantos le pediste verga porque estabas arrecha, tampoco me interesa si se las chupaste o terminaron en tu cara, ni me importa que hayas sido la puta y perra de muchos antes que de mí..

    K: Ay amor estas locoo, me tratas como a una puta

    S: Sólo te trato como lo que eres

    – La escena era fantástica, aun cuando sabía que nada de eso había pasado, me excitaba imaginarme que mi mujer había sido poseída por otros.

    – Empecé a darle mucho más fuerte.

    S: Toma puta, toma toda mi verga

    K: Si amooor soy tu puta, tu perra… pero solo tuya, te pertenezco

    S: Y como me perteneces puedo hacer lo que yo quiera contigo, ¿verdad?

    – Mi mujer pensó que quería darle por el culo nuevamente.

    K: Si amor, lo que tu quieras… métemela por donde quieras, por donde tú quieras, por el culo, por la boca… ohh soy tu puta

    S: Te voy a follar por todos lados puta, pero como me perteneces voy a hacer algo más que solo follarte

    K: Lo que quieras papi… dime que me quieres hacer… que quiere hacer conmigo?

    S: Quiero prestar a mi puta para que otro u otros se la follen

    K: ¿Que¨? Estás loco amor… solo soy tu puta

    – Aun cuando lo que le había dicho le sorprendió su cara de excitación aumentó.

    S: Eres mi puta y por eso te puedo prestar… ya lo decidí

    K: Yo solo te amo a amm ay amor que rico, me vuelve loca tu verga… yo solo te amo a ti. –Mientras yo bombea su vagina y estrujaba sus tetas-

    S: Lo sé, no te pido que ames a nadie… te digo que haré que otro te folle, que te comas una verga nueva.

    K: ¿Es en serio? ¿Por qué quieres hacer eso?

    – Le tomé del brazo y levanté, la coloqué en 4, chupe su culo e hice que se estremezca toda y metí de nuevo mi verga, dándole duro, tomé su cabello y acerqué su cabeza hacia mí y le dije “porque me perteneces y quiero que te folle otro para que vea a la puta que tengo de mujer”. Ella estaba loca, fuera de sí y sus gemidos estaban a la orden del día.

    K: Pero amor… ¿Por qué? Me daría vergüenza.

    S: ¿Vergüenza? ¿Vergüenza de qué? Si las putas no tienen vergüenza, si ya te has comido varias vergas, otra mas no importa, además yo te doy el permiso… recuerda que eres mi puta

    K: Si amor, tu puta no de los demás

    S: Bueno mi puta folla conmigo y con quien yo elija…

    K. Ahh bueno amor… como tú quieras, tu mandas… ojala tengan la verga tan rica como la tuya pero lo dudo… ahhh ahh no pares amor, no pares, sigue metiéndomela… uhmm y ¿ por qué quieres que otro me folle?

    S: Porque quiero ver su reacción cuando te vea tumbada en la cama desnuda, quiero ver su mirada deseándote y sus manos locas por tocarte toda, quiero ver sus ganas de follarte.

    K: Ay que rico… sigue

    S: Quiero ver cuando se acerque y empiece a besarte las tetas y el cuello, cuando agarre por vez primera tu culo, y quiero ver cuando te vaya a follar y decirle “espera… si quieres follarte a mi mujer tienes primero que chupársela”

    K: Ahhh ¿quieres que otros me la chupen?

    S: ¿Tu no?

    K: Si, que me la chupe si no pues no me dejo follar, sólo tú puedes follarme sin chupármela antes.

    S: Claro, que te abra las piernas y te dé una buena chupada, luego de eso si tú quieres se la chupas.

    K: ¿Te gustaría eso? Ver mi boquita atragantándose con una verga que no es la tuya, ¿Así me quieres ver?

    S: Si, que se ponga frente a ti y dirija su verga dura sobre tu vagina y te la meta de una, mientras te chupa las tetas, que te bombee la vagina mientras hace que se muevan tus senos, que luego se siente y tú te coloques sobre su verga y cabalgues en ella como cabalgas en la mía, que tus tetas se muevan y el las agarre.

    K: Que rico y ¿con condón?

    S: Noo… nada de condón, porque quiero te folle a pura piel, que pueda sentir la textura de tu vagina recibiendo su pene, luego que te ponga en 4 así justo como te tengo ahora, mostrándome ese culo que tanto me encanta y así sin condón te llene la vagina de su leche, que te de unas nalgadas en el culo, que termine cansado sobre ti, tome tu cabeza y te dé un beso mientras continuas con su verga aun dura en tu vagina… luego se levante, se vista y se vaya… y tu quedes tirada en la cama como la puta que eres, que veas como el dueño de la nueva verga que te comiste se va… y estarás allí tirada, sudada, recién follada por otro, con su leche que aun tienes adentro… y sabes que haré?

    K: ¿Que harás amor ¿? Dímelo oohh

    S: Te tumbare, abriré tus piernas y te follaré ahora yo… te hare mi puta

    K: Así de una. ¿aun con su leche en mi vagina?

    S: Si, así de una… sin que te vayas a bañar y te llenaré también de mi leche… y así habrás tenido dos vergas distintas en un mismo día. Dos hombres te habrán hecho su puta y tendrás tu vagina llena de leche de diferentes machos… y ese día, ese bendito día… terminaras graduándote de puta.

    – Era tal la excitación que terminé por correrme como nunca antes y ella alcanzando un orgasmo único y maravilloso.

    Ambos quedamos rendidos en la cama, y así empezó nuestra gran historia. Nuestra historia swinger.

    Senegal21

  • La depravada misión de nuestra familia

    La depravada misión de nuestra familia

    Mi novia de 23 años y yo cogemos como animales salvajes en celo. Cuando ella no está en casa, la traviesa de mi cuñada, de 21 años, se presenta completamente desnuda frente a mí y yo no puedo negarme a chupar su hermosa y deliciosa vagina regalándole un cúmulo de orgasmos que la hacen correrse a chorros en mi boca. Cuando perdió la virginidad conmigo, quedó embarazada al instante.

    Enseguida de mi cuñada, mi novia también quedó embarazada, me fascinaba ver crecer sus vientres. Nueve meses después y con diferencia de solo unos días, nacieron mis dos hermosas hijas y para celebrarlo, mi novia, mi cuñada, mi suegra y yo nos fundimos en una ardiente orgía; tenía culos, tetas y vaginas a mi total disposición.

    Cuando mis hijas cumplieron sus 18 años, sus respectivas madres les dijeron la verdad sobre su origen. Creíamos que nos odiarían, pero fue todo lo contrario, las chicas, muy emocionadas, querían conocer a su padre, querían conocerme.

    Llegó el anhelado momento y por fin pudimos abrazarnos. Ellas estaban completamente sorprendidas porque su padre era un hombre muy alto, guapo y enigmático. Muy pocos años después de conocernos, no pudimos resistir más la enorme atracción que había entre los tres y un momento de juegos y cosquillas, se convirtió en una vida entera llena de secretos encuentros incestuosos.

    Dos años después de nuestros encuentros, las chicas les comunicaron a sus madres que ambas tenían 4 meses de embarazo. Mi esposa y mi cuñada les preguntaron quiénes eran los padres y las chicas les revelaron la verdad.

    –nuestro propia padre!!! Él es el verdadero padre de nuestros hijos–, ambas dijeron casi al mismo tiempo.

    Mi esposa y mi cuñada, quedaron en shock, no podían creer lo que escuchan.

    –La historia se repita–, decía entre suspiros mi suegra ya en la tercera edad.

    –su padre y yo nos amábamos verdadera e intensamente y de ese amor nacieron ustedes, mis hermosas hijas, mis queridos hermanas!!!–, decía mi suegra entre lágrimas.

    –su verdadero padre es mi propio padre, su abuelo. Sólo quiero que me perdonen por ocultarles la verdad–.

    –lo sabemos todo, madre. Siempre lo hemos sabido. La abuela nos lo reveló cuando cumplimos 18 años. Y descuida, te perdonamos desde hace mucho tiempo atrás. La abuela era una persona amargada y venenosa. Siempre te odió y te envidió porque tú le diste a su hombre lo que ella le negó desde siempre, unas hijas maravillosas. Murió como vivió–.

    Esa fue la respuesta de mis mujeres. Mujeres que a partir de ese día, admiro y respeto mucho más.

    Fue entonces que ambas mujeres decidieron aceptar y apoyar incondicionalmente a nuestra princesa.

    Mi suegra enfermo, pero antes de morir, dejo a sus hijas en muy buenas condiciones económicas.

    Mi esposa, mi cuñada y yo nos mudamos a otra ciudad, donde nuestra forma de vivir no es señalada ni juzgada.

    Mis hijas son mis nuevas esposas y están orgullosas de serlo. También embaracé a mis hijas-nietas, ahora esperan con mucho amor y alegría a nuestros bebés.

    Mis hijas-nietas ya dieron a luz, ambas tuvieron gemelitos y son varones. Cuando crezcan, les diremos toda la verdad, sin quitar ni poner nada más.

    Ya les tocará a ellos formar su propia familia y continuar con la misión de purificar, renovar o incluso evolucionar la especie humana.

  • Empotrada y feliz

    Empotrada y feliz

    Mi señor

    Elegí con cuidado la lencería, no, él la eligió para mí, llegó el día de ayer a mi oficina venía en una caja blanca con enormes letras doradas que decía: VALENTINO’S

    Sentí tal alegría que la sonrisa debió llegarme hasta los ojos, quisiera que me hubiera visto, pero en cambio sólo el repartidor pudo notarla.

    Me encantan sus detalles, no por el costo que puedan tener, bien puede ser una flor arrancada de un jardín cuando vamos caminando tomados de la mano o fina joyería, lo que me gusta es el detalle, el saber que piensa en mí.

    La caja venía envuelta con un elegante listón de satín, me sentí como niña en navidad y tuve que usar todas las fuerzas de contención para no romper la caja en ese momento, disfruto del proceso así que seguí mi ritual: use mi tacto, pase la palma de mi mano por la suavidad del listón luego la dureza del cartón, los bordes, las esquinas di vuelta a la caja con sumo cuidado y por fin comencé a desbaratar con cuidado el moño rosa palo, abrí con un poco de impaciencia la caja y descubrí mi regalo; una fina lencería de encaje, mi mano tocó la tela instantáneamente casi como si fuera una caricia de él recorriendo mi cuello, era suave al tacto como el pétalo de una rosa, como una pluma por la espalda, como la piel interna de mis muslos, tersa como la curvatura de mis nalgas, sublime como su yema acariciando mi piel, como la yema de sus dedos cuando me recorren de desnuda.

    Había dos conjuntos, uno en negro clásico fino encaje de una sencillez hermosa, simple nada de un bordado intricado, dejaba al descubierto ciertas zonas y tapaba lo más secreto de una mujer, sin duda se vería hermoso en mi cuerpo, las pantimedias altas más arriba de medio muslo sin duda los ojos le brillarían de lujuria al verme con ellas, unos ligueros y corsé que ceñiría mi cintura y por último un sujetador a juego, sexi, seductor.

    El segundo era un color más atrevido era el mismo color de uno de mis labiales llamado pasión, no sé si en la tela sea el mismo nombre que recibe ese color, pero así lo bauticé begonia pasión. Incluía lo mismo que el negro: medias altas, ligas, corsé bragas y brasier, pero era de seda brillante me imagine en ambos, imagine en cual deseaba verme llegue a la conclusión que en ambos por eso los había enviado, pero para mañana solo uno era posible así que el otro será en otra ocasión.

    El color begonia me encantó porque iba realzar el color blanco de mi cuerpo.

    Como siempre vengo en metro en lugar de venir en mi coche, no es que no tenga lugar reservado para estacionar dentro del edificio sino que le gusta verme caminar las dos cuadras que me separan de nuestro nido de amor, se deleita con mis caderas moverse por la calle mientras algunas miradas se desvían al verme pasar.

    Hoy, no llevo una ropa muy atrevida, me dio permiso de elegir mi atuendo así que llevo mi pelo suelto solo un listón blanco anudado por la nuca, un vestido verde lima-limón con vuelo y hasta la rodilla, unos tenis blancos, nada de maquillaje solo un poco de brillo en mis labios, a él el gusto al natural siempre me dice: Ángeles no necesitas nada de eso para verte hermosa, simplemente lo eres.

    Y parece que las miradas de deseo que me dirigen algunos hombres mientras camino lo confirman.

    Camino rápido, evitando en su mayoría las miradas de las personas que encuentro en mi camino, sé que Gregorio me observa sentado en una mesa del café al otro lado de la acera llegará al departamento tan sólo cinco minutos después de que yo entre.

    Siento el calor acumulado en el pecho, pero no es por el sol que cae a plomo, es por saber a donde voy y con quién me encontraré, eso es lo que en realidad hace que mi cuerpo vibre y la sensación del estómago no desaparezca.

    Si alguien pudiera ver el interior de mi bolsa, si por casualidad en el metro o para entrar en algún lugar revisaran mi bolso encontrarían, la lencería que elegí, también mi tesoro, ese pedazo de cuero negro que para la mayoría no representa nada, pero que para nosotros significa todo; el collar que mi señor me dio como símbolo de pertenencia esa prueba física y palpable de que soy suya esa que aprieta en mi cuello y me hace feliz.

    Hoy, él lo ceñirá sobre mi cuello, hoy la sensación será mayor porque será su mano quien lo cierre, la que lo guíe y yo, yo, solo lo disfrutaré.

    Como cada cuarto lunes de cada mes no me presente en la oficina Annie mi eficiente asistente reagendaba mis citas entre los demás días de la semana.

    Esos lunes son míos, míos y de mi señor una vez cada mes nos vemos en el mismo lugar para dar rienda suelta a las bajas pasiones.

    Claro que no es la única vez que nos vemos, casi a diario nos encontramos en la oficina, salimos a comer y cenar, follamos, reímos y lloramos juntos, es un cliente de la empresa y se podría considerar un compañero de vida por cosas de la vida no vivimos juntos, él aunque vive solo tiene hijos y una esposa a la que no ve desde hace mucho tiempo se fue al extranjero.

    Yo… Bueno solo diré que me encanta pasar el tiempo a su lado, me cuida y protege, es la fantasía que no encontré en otro lugar, nos comprendemos y desata mi lado salvaje. ¿Te ha pasado que encuentras a alguien y de repente nada te importa? Esa persona que rompe el molde, tus límites. Esa que te hace desear más. Esa con la cual no hay imposibles ni barreras. Esa con la que quieres hacer de todo.

    Tantas veces que otras parejas te piden casi te súplica hacer o probar algo y nunca aceptas y de repente conoces a alguien y casi eres tú la que súplicas por aquello que nunca pensaste hacer…

    Bueno con Gregorio me paso eso, es mi amigo, confidente, asesor, pero también es mi señor y ese día yo soy suya totalmente.

    Los días que él o yo estamos fuera de la ciudad nos vemos por videollamada y jugamos a la dominación desde la distancia.

    Me encontré en el mundo de la sumisión sin quererlo y sin buscarlo por una casualidad me topé con la mente y la persona correcta y despertó en mí un instinto que no conocía, poco a poco descubrí un mundo lleno de sensaciones donde un ligero roce es todo lo que él necesita para encender mi cuerpo, una sola mirada basta para hacerme hervir la sangre, una sola palabra para tenerme a sus pies… Un mundo donde no hay límites, un mundo consensuado y una persona que me impulsa a romper barreras y aprender a disfrutar de mí y de mi cuerpo sin censura aprendí a disfrutar de él y sus perversiones que ahora son mías o tal vez siempre lo fueron pero no lo sabía.

    Me entregó completa y cedo el control no porque no me ame, al contrario para poder llegar a este punto primero debí estar muy segura de mí, de quién soy y dónde me encuentro, primero me tuve que entregar a mí misma y aceptarme tal como soy, con las partes de mi cuerpo y personalidad que no me gustan. Solo así puede funcionar cualquier relación, porque si él hubiese llegado a mí antes de que yo descubriera esto simplemente las cosas no se hubieran dado como lo son.

    Llegué al departamento, Marco me sonrió y con un: «buenos días señorita» me dejó pasar, me dedicó una pícara mirada que me dio a entender que le gustó mi atuendo (ese joven es guapo y atento, bien que podría ser un novio de ocasión), sentí que mis pensamientos me sonrojaron al pasar junto a él seguí caminando hasta alcanzar el elevador entre y subí, oprimí el número 15 y espere paciente que la caja de metal llegará al departamento.

    Nunca me ha gustado sentirme encerrada ahí siento que me asfixio, pero tiene su recompensa porque al llegar al departamento la vista desde ahí es fenomenal, abajo está la plaza de San Pablo, su fuente y los cafés donde más de una vez nos hemos tomado de la mano mientras observamos las palomas o el atardecer.

    Café…

    Lo primero que noté al entrar en la estancia fue la ausencia total de su aroma, siempre me recibe el delicioso olor a café en esa habitación, se supone que es mi deber y obligación prepararlo y servirlo para él, pero por lo regular él ya ha tomado una taza antes de que yo me presente.

    Algo no iba bien, la última y única vez que lo había visto beber fue hace más de dos años, ese día la sesión no fue divertida y tuve que usar la palabra de seguridad, esa tarde casi termino nuestra relación.

    Como de costumbre él no estaba ahí, salía antes de que yo llegara para que me preparará para recibirlo como se merece, esta vez no me desnudé completamente, quedé en lencería, me di un último vistazo en el espejo antes de doblar mi ropa e ir a dejarla en su lugar junto a la puerta, saque el collar de la bolsa y lo deje en la mesa junto a la entrada ahí donde guarda las llaves de todo. Enseguida fui hasta donde debería estar la cafetera para poner agua y preparar el elixir de su preferencia, pero no había nada en su lugar estaba una botella de whisky y un par de vasos anchos junto a hielo en una hilera de metal. Dude si servir una copa o no, no sabía si era un tipo de prueba y decidí no servir nada en el vaso.

    Luego algo llamó mi atención junto a la enorme ventana.

    Vi el potro y no pude disimular mi entusiasmo, siempre he querido ser sometida, amarrada, follada y usada en una de esas máquinas de placer.

    Ansiosa, nerviosa, excitada esperando el momento de sentir el contacto de mi piel contra él.

    No me pude resistir como un niño no puede resistirse a un chocolate, sé que no tengo permiso de tocar o jugar con sus juguetes hasta que él lo diga, sé que lo dejo ahí para excitarme y probarme y este era un juego que tal vez yo perdería.

    Mi mano se estiró de forma automática así como mis pies me llevaron ante él, toqué el suave cuero teñido de púrpura claro, olía nuevo al aroma inconfundible del cuero, era muy suave a pesar de tener varias costuras cruzadas en forma de diamante con un hilo oscuro que contrastaba inmediatamente a simple vista, casi puedo asegurar que le dijo al artesano donde ubicarlas para que dejara marcas sobre mi piel, se van a ver hermosas en mis piernas, nalgas o tetas.

    Los remaches negros estaban fríos al tacto, las patas de madera eran simples y limpias un color ocre las hacía ver como si fueran de oro antiguo, gire mi cabeza en dirección a la puerta como para comprobar que mi señor a un no estaba ahí.

    Me subí en él, y me acomode en la pose que supuse más tarde Gregorio me tendría mis manos tocaron los grilletes y dejé mis tobillos lo más cerca que pude de las tobilleras me imaginé que mi señor ya estaba ahí y humedecí solo de sentirme expuesta, vulnerable, suya…

    —Eres hermosa! Me gustan tus lindas piernas, poner mis manos en ellas y sentir la gloria de acariciarla, y ese culo vaya que es para morir en el, me encanta el contraste que tu pelo negro como el ébano le da a tu blanca piel. Pero más que nada en este momento me gusta la vista y saber que te gustó tu nuevo juguete.

    Su voz me tomó por sorpresa, no me di cuenta de a qué hora había entrado, como una niña sorprendida al hacer una travesura baje la mirada, sentí mis mejillas encenderse como un tomate, él ya estaba en la habitación y yo no lo recibí como se merece. Inmediatamente me tiré al suelo y esperé con la cabeza gacha que se acercara a mí.

    Aún sin poder verlo sentí su mirada sobre mi cuerpo, la yema de su dedo sobre mi espalda fue como un fuego ardiendo en mi interior, hervía mi sangre con ese sencillo gesto.

    Recorrió mi espina dorsal hasta el inicio de mis nalgas y luego se detuvo. Su mano se posó en mi barbilla y delicadamente levantó mi cara, pude verlo por fin sus jeans de mezclilla una playera blanca y su chamarra de aviador color tabaco a juego con sus botas lo hacían ver más joven de lo que es a sus 45 años parece un hombre de unos treinta, nos miramos directamente, sus ojos reflejaban lujuria, deseo, fuego y lo más seguro es que él noto lo mismo en los míos…

    Yo esperaba su orden.

    —¡sírveme!

    Levantó su pie izquierdo y le quite su bota que tanto odio no porque se vea mal al contrario se ve muy bien con ellas pero son una tortura para sacarlas de sus pies cuando por fin lo conseguí saque su calcetín, luego lo bese, repetí lo mismo con el otro pie. Siempre comenzamos nuestra sesión de la misma manera, luego él se agacha y besa mis labios.

    Moví mis caderas como una cachorra contenta con la llegada de su dueño y feliz por las caricias y atenciones que me da.

    Luego se inclinó a mi altura y mirando mis ojos cerró el collar sobre mi cuello con lo que mis movimientos de cadera se intensificaron. Me acarició suaves palmadas en mi cabeza mientras repetía su mantra de cada sesión.

    —Mi tierna, sexi, obediente, intrépida e insaciable niña.

    Escucharlo decirme su niña me gusta.

    Luego aun a mi altura comenzó a separar mi cabello la mitad en la derecha y la otra en la izquierda, cuando lo tenía justo cómo él quería empezó trenzar mi cabello es hábil con sus manos me encanta este momento un poco de intimidad y cariño antes de comenzar a servirlo.

    Me quedé en el suelo esperando sus movimientos, ya no usa la cadena para guiarme como lo hacía al principio, ahora su perra fiel lo conoce y va junto a él sin necesidad de que me lleve de la mano, cuando él giro y se dirijo hasta la mesa del café lo seguí, trague saliva al recordar que no serví su vaso.

    Se detuvo y yo con él, escuché los hielos chocar contra el vidrio y luego el líquido fluyendo de la botella al vaso, mi mirada está en sus pies no puedo verlo sin su permiso y no quiero tentar mi suerte luego de no dejar listo su whisky.

    Luego se sentó en su sillón favorito y fui tras él, acomode mi cabeza en su regazo y comenzó a acariciar mi cabello como si de una perra se tratara, sí, me siento su perra en esos momentos, sí, me encanta esa sensación, me gusta sentir sus manos haciendo piojito mientras se toma su bebida.

    —Hoy voy a ser un sádico hijo de puta, así que si sientes la necesidad de parar hazlo, ¿cuál es tu palabra de seguridad?

    —Tacos

    Suavemente acarició mi cuello que yo misma le expuse, su mano recorrió quemando mi piel desde ahí hasta el nacimiento de mis senos, movió la tela que cubría mis tetas, su mano las acuno una a una, fue lento apenas tocando, como si fuera la primera vez que lo hacía, luego más intensamente, su dedo recorrió el contorno de mis pezones provocando sensaciones placenteras en mi sexo que ya palpitaba de ganas.

    Enseguida sin decir nada más, aprisionó mi pezón izquierdo con una pinza sin misericordia, reprimí la queja que estuvo a punto de escapar de mi boca, luego fue el turno de mi otro pecho, el frío del metal dio paso al calor del apretón de la pequeña tortura que pronto se tornaría placer y me dejaría hipersensible, después bajó hasta mi delicada flor, sonrió cuando noto la humedad acumulada en la seda de mis bragas que hizo a un lado, cuando esperaba que sus dedos fueran delicados y comenzarán a masturbarme puso otro par de pinzas sobre mis labios que resbalaron entre la miel que ya comenzaba a brotar.

    —Ahora, jovencita, usted va a comer!!!

    Su mano acarició mi cabeza borrando cualquier pensamiento que no sea su placer, con una mano recogió las trenzas de mi cabello, sentí su respiración tranquila y su aroma de hombre penetró mi nariz, me acarició cuidadosamente lo hace lento incluso de una forma delicada, eso me mata, no sé en qué momento vendrá el tirón y eso me deja expuesta y vulnerable, totalmente en sus manos.

    De pronto lo que estoy esperando sucede, da ese jalón que me obliga a mirarlo directo a los ojos… noto su lujuria en esos ojos tan míos

    —Abre la boca

    Sin demora lo obedecí ansiosa por lo que seguía, el sabor a whisky estaba aún en su saliva que cayó en mi lengua y la saboreé y sonreí.

    —Eres hermosa!

    Sin perder más tiempo se bajó el cierre del pantalón tan cerca de mi cara que huelo su miembro antes de verlo aún flácido.

    Mi boca ya lo esperaba ansiosa, así que sin preámbulo lo llevé directo a ella y comencé a acariciarlo con mis labios y lengua.

    Me he convertido en una experta en la felación en acariciar su verga con mi boca y darle y darme placer con esos movimientos, en no desperdiciar nada de lo que de ahí brota, gotea, o sale a chorros: su placer… En ponerlo duro y proporcionar una mamada que le dobla las piernas y lo obliga gruñir, sus manos se posaron en mi nuca, con una de ellas empuja hasta el fondo casi lo que me dificulta respirar empuja y sostiene mi cabeza ahí toma el control de mis actos y movimientos empujó aún más lo metió lo más profundo que pudo y me dejó ahí asfixiándome con su falo, hoy lo dejo más de lo normal casi lo iba a empujar cuando por fin me dejó tomar aire.

    Soltó una risa cuando me vio jalar aire desesperadamente.

    —Bien mi niña has roto tu marca. Te mereces un premio.

    Estaba de pie junto a mí, me miraba de arriba a abajo, miraba a su presa, su trofeo, su mujer. Me levanto con sus brazos, su mirada era como una caricia a mi cuerpo podía ver en sus ojos su deseo de poseerme.

    Tiro de mi collar antes de sacar la pinzas de golpe provocando un dolor placentero, dejando mis pezones sensibles al tacto, suavemente me cubrió de besos, fue dejando un húmedo camino de besos sobre mi rostro, beso mis ojos, mejillas, la comisura de la boca, bajó de nuevo por mí cuello hasta mi clavícula reprimí un gemidos de placer cuando aprisiono uno de mis senos con su boca, lo acuno entre su lengua, casi grite de placer cuando la comenzó a mover rítmicamente jugando con mi pezón aún sensible, lamió y tiró de él provocando mi humedad, provocando que mis piernas se comenzarán a mover, con una voz ronca casi gutural habló aún con mi pecho en su boca.

    —Lo sientes mi niña?

    Ya viene?

    Sus palabras haciendo cosquillas en mi pezón fueron como gasolina sobre el fuego, apreté las piernas fuerte tratando de aplazar lo inevitable, el orgasmo se acercaba y Gregorio lo sabía, ese hombre provoca lo que ningún otro; su voz, su presencia, sus caricias me convierten en una gata en celo capaz de correrse con tan solo su boca sobre mis tetas y una palabra.

    —Córrete…

    Mis piernas se doblaron ante su orden que al mismo tiempo era el permiso para mi placer… dejé fluir mi orgasmo y grité su nombre mientras mis entrañas se humedecieron y me exigían más, ahora lo quería a él dentro de mí.

    Estaba en posición de descanso luego de ese primer orgasmo.

    No sé cuánto tiempo llevaba en esa posición, pero cuando su dedo rozó mi piel me perdí por completo, dejé de respirar por un momento deseando y fantaseando con que ese dedo diestro recorriera las partes más privadas de mi cuerpo hasta hacerme gritar su nombre una y otra vez hasta que esos gritos se conviertan en el agua del deseo brotando de mis piernas.

    Su piel contra la mía es tan atrayente, tan necesaria, como las olas del mar acariciando la arena haciendo el amor una y otra vez.

    —Cada parte de tu cuerpo tiene una anécdota y me encanta, como un libro que nos cuenta una historia diferente cada vez que lo leemos.

    Su caricia me hizo estremecer como si un choque eléctrico recorriera mi cuerpo en su interior.

    Camino hasta el potro y lo seguí.

    —De pie.

    ¿Estás ansiosa por usarlo verdad?

    —Sí, desde que lo vi.

    —Es tu regalo y mi placer.

    Súbete!

    Me tendió la mano para ayudar a subirme yo estaba, caliente, ebria de placer anticipado, su mano fue firme y rápida, una a una cada una de mis extremidades quedaron sujetas a ese aparato con forma de tortura.

    Me amarró fuerte a él para impedir al máximo mis movimientos.

    Un golpe sobre mis nalgas, alternaba cada golpe en ellas golpes fuertes, suaves, rítmicos algunos eran como una caricia y otros simplemente dolían sin duda mañana dolerá al sentarme y sin duda alguna una sonrisa se dibujara en mi rostro.

    Usaba el flog fuerte y preciso, sutil y conciso como un artesano trabajando en una obra de arte, cada nueva caricia de ese suave cuero sobre mi piel era una ola de sensaciones que poco a poco iban dejando mi humedad sobre el suave cuero bajo mi sexo.

    No vi el par de velas que colgaban de unas cuerdas, me di cuenta hasta que la cera comenzó a caer sobre mi espalda.

    Gota a gota fueron creando arte sobre mi piel, gota a gota mi humedad era mayor un gran chorro cayó sobre mis nalgas y luego nada, sólo silencio…

    —Eres hermosa

    Retiro con cuidado la cera que le estorbaba de entre mis nalgas, lleno de besos cada parte de mi culo, beso con cuidado cada marca que el flog había dejado, al final llego al orificio que es solo suyo el que ningún otro ha disfrutado, lo besó y lamió a su antojo, su lengua empujaba por entrar, provocando contracciones involuntarias en mi vagina. Luego fue su dedo el que entraba y salía cada vez más fácil, cuando puso la punta de su dureza tome aire, sentí como iba entrando, mis dedos se cerraron contra mi palma, cuando entro por completo se detuvo dejó que me acostumbrara a su grosor el ardor fue pasando y una sensación de estar llena me invadió sus movimientos eran lentos hasta que sintió que se podía mover más fácilmente el placer comenzó a llegar.

    Me penetró con furia, no fue difícil llegar de nuevo al clímax yo lo deseaba estaba lista, estaba a flor de piel incluso mis pezones rozando con el cuero incrementaban el placer luego de unos minutos sentí sus chorros descargar dentro de mí

    Me encantan nuestras sesiones, las disfruto, me excito, gozo, la intensidad de un azote o la fuerza de una caricia, la agonía de la dulce espera o el dolor de una bofetada, esperar por una orden o ver el orgullo reflejado en sus ojos. Pero lo que más me gusta es el final, cuando todo eso pasa y me deja cansada, sudada, dolorida y queriendo más de él, más de esto.

    Cuando por fin sus brazos son solo caricias y su boca deja de lado las palabras vulgares que me prenden y dice las tiernas que me reconfortan, cuando lame mi cuerpo y me abraza sin importar nada más.

  • Me masturbé oliendo las braguitas de la hermana de mi novia

    Me masturbé oliendo las braguitas de la hermana de mi novia

    Mi exnovia tiene una hermana un poco menor que ella, sin embargo, es como cuando uno nace muy temprano, la hermana está la verdad muy bonita. De caderas redondas. De las que ves y dan ganas de querer agarrarlas y chuparlas.

    Pero es fruto prohibido, en fin, un día después de hacerlo con mi novia en la noche, fui al baño y de pronto veo que en el cesto está el pantalón que uso su hermana ese día, me asome y ahí estaban unas lindas bragas rosas, con marcas de líquido vaginal en la zona.

    Me recorrió un escalofrío por el morbo y la excitación, con cuidado separé la braguita del pantalón y la lleve a mi nariz. No sé cómo explicarlo pero un olor a mujer tan rico tenía impregnada que de inmediato se me paro el pene, no pude evitar hacerme una paja oliendo, de pronto chupando esas marcas en la braguita. Imaginando su vagina y ese culo de la hermana.

    Al terminar tuve uno de los orgasmos más ricos que recuerdo.

    Por suerte pude repetir esa experiencia varias veces más.

    Me quedé con las ganas, por ser fruto prohibido y por tímido. Pero aún recuerdo sus bragas y ese olor tan rico.

    Cómo dato extra, creo que ella nos espiaba cuando se lo hacía a mi novia. Pero eso lo contaré después.

  • Honestidad vs. codicia

    Honestidad vs. codicia

    —¿Cree que todo en la vida puede comprarse con dinero? —le preguntó el alcalde. 

    —¿Usted no lo cree?

    —Me temo que no, —le rebatió.

    —Lo afirma con mucha rotundidad.

    —Yo me debo a mi mandato y a nuestros electores. Les prometimos que esos terrenos nunca iban a urbanizarse y no vamos a quebrantar esa promesa. Eso sería prostituir estas tierras, sin mencionar el hecho de menoscabar la confianza que nuestros votantes depositaron en nosotros.

    —Usted será un hombre rico después de esta operación. Le hablo de una mordida nada despreciable, —le hizo ver el potentado empresario.

    —¿De qué me serviría tanta riqueza si luego no pudiese dormir por la noche?

    —Siempre puede tomarse una pastilla para conciliar el sueño si es ese el problema. Además, quien duerme no vive, —aseveró con socarronería. —¿Por qué no deja sus complejos éticos a un lado e intenta ser más pragmático?

    —Prefiero una pérdida a una ganancia deshonesta. Lo primero trae dolor en el momento, lo segundo, para siempre.

    —No intente filosofar conmigo.

    —No lo hago. Sólo le digo que la honestidad es la mejor política que se puede ofrecer a los ciudadanos.

    —Eso ya no se lleva. Con ese talante no llegará usted muy lejos en política, se lo aseguro.

    —No pretendo llegar más allá de las lindes del pueblo.

    —No es un hombre de grandes aspiraciones y por eso no hará fortuna.

    —Eso demuestra una vez más que detrás de cada fortuna hay un delito.

    —Voy a hacer como que no he oído sus palabras.

    —Haga lo que quiera. Esos terrenos son de una riqueza medioambiental sin precedentes y no va a ser este gobierno quien la destruya justificándose con mentiras como las de que una urbanización en plena naturaleza es la panacea para los pueblos vaciados. Nuestro turismo es rural. La gente que viene aquí lo hace por nuestro paisaje, por su biodiversidad y por la paz que aquí se respira, pero todo eso se acabaría si aceptara su perversa propuesta, aunque a usted le importa poco, ya que todo se reduce al número de ceros de su cuenta bancaria. ¿Qué es esto? —preguntó cogiendo el papel que le entregaba el empresario.

    —Es un cheque en blanco. Dejémonos de charlas. Rellénelo usted mismo, —añadió el magnate intentando decantar el capital sobre la ética en la balanza.

    —Lo siento señor Nogueras. Su oferta es tentadora, pero le repito que éste gobierno no está en venta, —respondió devolviéndole el cheque.

    —Todos tenemos un precio, o una debilidad, —añadió.

    —Puede que sí, pero a mí me educaron para que no renunciara a mis valores por necesidades temporales. Me metí en política para intentar mejorar las necesidades reales de este pueblo con mi cargo, no para enriquecerme a expensas de él.

    —¿Está usted casado?

    —No lo estoy. ¿Eso importa?

    —Bueno. Podría asegurarles el futuro a su familia.

    —No creo que eso cambiase mi postura al respecto.

    —¿Por qué no se ha casado? Es usted un hombre joven, apuesto, con estudios y con un cargo relevante.

    —Eso no es de su incumbencia, —replicó.

    —Me importa, se lo aseguro. Su honradez parece inquebrantable, tengo que admitirlo, pero repito, todos tenemos una debilidad. —¿Cuál es la suya?

    —¿Cree que se lo diría si la tuviera?

    —En fin, queda patente que carece de visión de futuro. Si no lo hacemos con usted, será con otros en un futuro, pero la zona se urbanizará con usted de alcalde o sin usted, valga la redundancia.

    —Creo que ya hemos expuesto ambos nuestro punto de vista señor Nogueras. Mi secretaria le acompañará a la salida, —concluyó dándole un apretón de manos que el potentado le devolvió acompañado de una forzada y decepcionante sonrisa.

    —¡Recuerde! Todos tenemos un punto débil, —sentenció.

    —Que tenga un buen día, —concluyó el alcalde.

    —Parece que no acepta un no por respuesta, —le dijo su secretaria una vez acompañó al magnate a la salida.

    —Tendrá que hacerlo.

    —La reunión en la sede es pasado mañana a las diez. Es mejor que salga mañana por la tarde y haga noche en la capital. Ya le he reservado el hotel. A las cinco de la tarde pasará el taxi a recogerle.

    —Gracias Sandra.

    Lo que más odiaba Gerardo eran esos interminables congresos en donde nadie se ponía de acuerdo ni en el color de la mierda, ni siquiera tratándose de intereses comunes. Al margen de eso, todos contaban con su presencia, pues la dirección ya había hecho sus cábalas con objeto de incorporarlo a puestos de más liderazgo dentro del partido, considerando su talento y su gran carisma.

    Gerardo Mata estudió Derecho en la Complutense de Madrid, pero nunca llegó a ejercer. Cuando tuvo claro hacia donde se decantaban sus inquietudes se afilió al partido y en pocos años su carisma fue trazando la senda de una progresión ascendente. Ahora bien, llegó un momento en el que tenía que tomar la trascendente decisión de quedarse en la capital desempeñando un cargo destacado o presentarse como cabeza de lista a la alcaldía de su pueblo, en cualquier caso, si quería trazar la línea roja para impedir la especulación de terrenos en su pueblo, tendría que ser él quien se atrincherara a primera línea en la batalla, y esa no era otra que la alcaldía.

    A las nueve de la noche llegó a Madrid. El taxista lo llevó al hotel, se dio una ducha y bajó a cenar al restaurante.

    A las once se dio una vuelta por el barrio Chamartín con la intención de tomar una copa. Optó por un auténtico pub de estilo inglés. Se sentó en la barra y se decantó por una cerveza negra.

    Aún no se había llenado el local y el entorno estaba tranquilo. Una pausada música de jazz envolvía el lugar creando una atmósfera apacible. Sorbió un pequeño trago de su Imperial Stout y decidió jugar al billar americano rememorando su época estudiantil en la que los viernes se hacía su partida con sus compañeros después de una intensa semana intelectual. Colocó las bolas en el triángulo, aplicó un poco de tiza en el extremo del taco, apuntó con él a la bola blanca y se escuchó el sonoro golpe del impacto de las bolas y el posterior sonido de las que se metieron en las troneras.

    Una mujer de unos treinta y cinco años entró en el local y se hizo notar entre las demás. Lucía una minifalda negra con una blusa de satén de manga larga en tonos beige y cuello con cordón, y por encima, un elegante abrigo negro abierto completaba su atuendo, aunque realmente lo remataban unos zapatos negros de tacón de aguja que estilizaban su figura. Su cabello liso de un tono castaño con mechas más claras descendía por su espalda como una cascada, cubriéndola con su brillo almendrado. Era difícil no fijarse en ella, dueña de unos ojos de un azul que parecía querer competir con el cielo de medio día y Gerardo no fue menos. Por un momento apoyó el taco en el suelo contemplándola y se extasió admirando como la mujer se sentaba en la barra y pedía un “Manhattan”, como si aquella femme fatale hubiese sido rescatada de una novela negra de Dashiell Hammett. Gerardo reconoció la prestancia de la mujer y su refinado gusto.

    Ya con su cóctel en la mano, la fémina se dio la vuelta y contempló el ambiente sosegado del local, detuvo la mirada en Gerardo y éste bajó la suya con cierta introversión para seguir con su juego, sin embargo, se le hacía inevitable dejar de lanzarle furtivas miradas en las que ella siempre parecía estar observándole hasta hacerle sentir cierta incomodidad por el insistente acoso visual.

    En uno de esos cruces, la mujer le sonrió y Gerardo le devolvió el gesto, por lo que la dama se levantó del taburete y avanzó hasta él con paso firme y seductor. Gerardo intentó analizarla, aunque pretender hacerlo era como pretender adentrarse en las fauces de una bestia. Era bella como el infierno, seductora como una viuda negra, e incluso podría asegurar que calculadora y cruel como una mantis, hasta el extremo que era imposible evitar una visceral atracción hacia ella. Cuando estuvo a un paso de Gerardo, lo miró desafiante manteniendo un incómodo mutismo hasta que fue él quien tuvo que romper el silencio.

    —Me llamo Gerardo, —se presentó tendiéndole la mano.

    —Raquel, —dijo ella con una seductora sonrisa que permitió que asomase el blanco cegador de su dentadura. En realidad no sabía si era sincera o fingida, lo que sí que era cierto es que era hipnotizante.

    —¿Te gusta el billar? —preguntó Gerardo por romper el hielo.

    —No mucho, —respondió con sequedad.

    —Me he dado cuenta de que estabas mirando como jugaba y pensé que sí, —añadió con cierta timidez.

    —Te miraba a ti, —dijo sin pretender disimularlo.

    —Sí, también me he dado cuenta de eso. ¿Y puedo saber por qué?

    —¿Te molesta que te miren? —preguntó desafiante.

    —No, si es alguien como tú, —respondió intentando estar a la altura de su impasibilidad.

    —Entonces no hay problema.

    —No lo hay.

    —¿Eres de aquí? —preguntó la mujer.

    —No, soy de un pueblo a dos horas de viaje. Estoy aquí por negocios.

    —¿Qué clase de negocios?

    —¿Importa eso?

    —¿Y por qué no? —Insistió.

    —Políticos.

    —Odio la política.

    —Sí, la política es aburrida, pero necesaria. ¿Y tú eres de aquí?

    —Sí, vivo a tres manzanas. Suelo venir por aquí cuando me siento sola.

    —Interesante, —admitió él. ¿A qué te dedicas Raquel?

    —Soy fotógrafa. Te habrá parecido que soy un poco indiscreta al mirarte de ese modo. No es la primera vez que me dicen que mi indiscreción roza la impertinencia, pero es que cuando imagino el encuadre que necesito y lo tengo a mi alcance puedo ser muy descarada.

    —No, tranquila. ¿Y cuál es ese encuadre?

    —¿Has visto alguna vez en una portada a una chica desnuda, sugiriendo, pero no enseñando, con el taco en las manos dándole a la bola en la mesa de billar?

    —Sí, es un clásico, pero te has equivocado de modelo.

    —En absoluto. Al verte jugar ha habido un momento en el que tenía el encuadre que deseaba.

    —Se agradece el cumplido, pero no me veo yo saliendo en portadas, ni enseñando, ni siquiera sugiriendo.

    —No estés tan seguro, —le dijo con su seductora mirada—yo no miro el cuerpo, indago y me adentro más allá de la psique. Observo, examino y estudio el encuadre y lo que éste expresa. No busco la perfección. Podría decirse que todo lo contrario.

    —¡Vaya! Ahora sí que estoy decepcionado.

    —No hay por qué. Tienes aptitudes.

    —¿Ah sí? ¿Qué clase de aptitudes? —preguntó intrigado.

    —Le das bien al taco.

    —Preferiría verte yo a ti cogiéndolo.

    —¿Cuál de los dos? —preguntó traviesa.

    —¿Por qué no lo hablamos de camino a tu casa?

    Raquel articuló una pérfida sonrisa aceptando su propuesta. Gerardo pagó las dos consumiciones, le ayudó a ponerse el abrigo y salieron del pub en dirección a su casa.

    Era un coqueto apartamento. Las paredes estaban repletas de fotografías artísticas enmarcadas, supuestamente hechas por Raquel. También había varias cámaras de fotos, una encima de una mesa auxiliar y otra en un sofá, evidenciando que, efectivamente, aquella mujer era quien decía ser. Gerardo se asomó a la cristalera del salón y contempló los últimos coletazos de la urbe antes de que la inmensa mayoría de la gente detuviese su actividad diaria y se dedicara a su merecido descanso, aunque ese horario no regía del mismo modo para todos.

    —Tienes un apartamento muy bonito, —le dijo por romper el hielo.

    —Gracias. ¡Ven!, —le ordenó cogiéndole de la mano y llevándole al estudio donde trabajaba. Había tres trípodes con sus respectivas cámaras y diversos focos y paraguas sobre un plató de fondo neutro y varios portátiles encendidos.

    —¿En qué estás trabajando?

    —En un monográfico sobre un personaje singular.

    —¿Qué personaje? —quiso saber.

    —Eso no lo puedo decir. De momento es reservado. Cuando la productora decida hacerlo público ya lo dirá. Entre las cláusulas de mi contrato figura la confidencialidad. Pero dejemos de hablar de trabajo.

    Raquel acompañó a Gerardo a la habitación de la mano. Encendió cinco velas generando una sutil iluminación y un ambiente vaporoso agradable. A continuación encendió una varita de incienso aromático. En la habitación había incrustados cuatro espejos de considerable tamaño, uno en cada pared. Gerardo pensó que a aquella mujer le gustaba contemplarse en ellos mientras hacía el amor con sus amantes, por el contrario, su única finalidad era captar cada detalle de lo que ocurría en esa cama sin que el que estaba retozando en los brazos de la mujer sospechara nada. En el reverso, los espejos eran completamente traslúcidos, de tal manera que había dispuesta una cámara detrás de cada uno para captar las escenas desde todos los ángulos.

    Gerardo contempló a Raquel desnudándose, mientras desplegaba un erotismo en su forma de moverse que no había visto ni siquiera en el cine. Se llenó la vista de su seductora silueta y tuvo una dolorosa erección que le obligó a abalanzarse sobre ella con impaciencia, besándola y acariciando frenéticamente cada rincón de la anatomía de aquella beldad, no obstante, Raquel intentó frenar su ímpetu y le dio la vuelta quedándose desnuda encima de él. Tan sólo se había dejado las medias, el liguero y sus tacones de aguja. Su sexo depilado, adornado únicamente con una fina tirilla de pelillos recortados se frotaba sobre el sexo de él.

    Gerardo intentó articular palabra pero ella le colocó el dedo índice en la boca con suavidad sin necesidad de obligarle a guardar silencio. Empezó a desabotonarle la camisa, siguió con el cinturón, a continuación desabrochó el zip del pantalón y palpó su erección a través del bóxer, al mismo tiempo que él observaba con detalle cada gesto y cada movimiento impregnado en un erotismo propio de una fantasía inalcanzable y de la sensualidad inherente de una geisha.

    Raquel se inclinó y puso sus pechos al alcance de su boca. Él asió ambos con las manos y su lengua se deleitó con los pequeños pezones de aureolas rosadas. Admiró su forma perfecta, como si alguien le hubiese encomendado a un escultor la tarea de modelar el cuerpo de la diosa Afrodita. Con una forma redondeada e inmunes a la fuerza de gravedad, y con unos erectos pezones que apuntaban ligeramente hacia arriba de forma amenazante, los contorneó sobre su cara, después le quitó el caramelo de la boca y le besó hasta que su boca fue bajando por la barbilla y descendiendo por el cuello en dirección al pecho con sensuales y sonoros besos que se aproximaron a la zona del ombligo, en donde se recreó un instante dibujando una espiral con la lengua. A continuación bajó con delicadeza su bóxer y una palpitante erección irrumpió en su rostro. Raquel acarició el tronco con la yema del dedo índice recorriendo su longitud por cada vena hasta llegar a la cabeza sonrosada. Seguidamente sustituyó el dedo por la lengua y ésta volvió a recorrer el camino andado anteriormente por la extremidad. Gerardo notó como la lengua golpeteaba la hinchada cabeza y tuvo ganas de cogerla por la nuca y hundirle la polla en el gaznate, pero intentó ser paciente y se dejó hacer por la experimentada mujer, quien, con sus labios de un rojo bermellón atrapó el glande y se recreó en él durante un prolongado minuto. Después cogió el miembro de la base y lo engulló basculando la cabeza y procurándole una mamada como nunca nadie le había hecho, y a punto de reventar, como si ella lo supiera, se incorporó, cogió un preservativo de su bolso y se lo colocó, después se reposicionó y se dejó caer lentamente penetrándose e iniciando un movimiento de vaivén, al mismo tiempo que ascendía y descendía sus caderas sin ninguna prisa, sintiendo cada centímetro de polla.

    Del mismo modo, Gerardo gozaba de la calculada cabalgada, notando el calor y la humedad de aquel coño abrasador. Las manos de él iban y venían por cada curva sin un rumbo fijo. De sus pechos se desplazaban a su espalda y de allí bajaban a unas nalgas tersas que apretaba con fruición. Entretanto, la mujer incrementó el ritmo de la cópula meciendo sus caderas en un balanceo constante, a la vez que contemplaba la cara del amante desfigurada por el placer.

    Pronto el erotismo cedió el paso a la lujuria y las cámaras, dispuestas estratégicamente detrás de los espejos grababan las pornográficas escenas con todo lujo de detalles. Gerardo intentó zafarse de la posición para evitar correrse de inmediato, en cambio ella no le dejó.

    —¡Déjate hacer! —le susurró al oído, y él no opuso resistencia.

    Raquel descabalgó de su montura con parsimonia y contempló con cara lujuriosa el enhiesto falo. A continuación se sentó a su lado, quitó el condón e inició una lenta masturbación, como si pretendiera prolongar el clímax.

    —¿Te gusta? —le preguntó en un gesto lascivo deslizando la punta de la lengua por su labio superior.

    —Eres una diosa, —dijo balbuceando.

    —Me gusta más este taco, —dijo ella acelerando el ritmo de la mano. Seguidamente bajó la cabeza y alojó por completo el miembro en su garganta, por lo que Gerardo exhaló varios gemidos, mientras la mujer se afanaba en la felación. Su mano acompañó la cabeza, al tiempo que Raquel basculaba mamando y babeando entre sonoros chasquidos.

    Gerardo notó la mano de la mujer avanzando por la cara interna del muslo sin detenerse hasta que un dedo ensalivado rozó el orificio de su ano y se paseó por él. Ella le abrió ligeramente las piernas para un mejor acceso y él, un poco intimidado se dejó llevar por la determinación de su amante. Mientras disfrutaba de la mamada sintió la presión del dedo incursionando en su esfínter y disfrutó del placer añadido. Mientras tanto, el dedo iba ensanchando el canal y el placer se intensificaba de forma gradual.

    Raquel abandonó la felación con la boca babeante.

    —¿Te gusta lo que te hago? —le preguntó.

    —Me vas a matar de gusto, —le declaró con la polla a punto de explotarle.

    —No, todavía no, —le exhortó ella. Inmediatamente se incorporó, abrió el cajón de la mesita, extrajo un arnés y se lo colocó, a continuación embadurnó con gel lubricante el desmesurado miembro de látex, mientras Gerardo contemplaba atónito la escena.

    —¿Vas a meterme eso? —preguntó temeroso.

    —Sólo si tú quieres.

    No era la primera vez que su ano recibía la visita de un invitado, dado que, en su época estudiantil había descubierto su bisexualidad y había disfrutado de ella sin tabúes, lejos del pueblo y sin tener que dar innecesarias explicaciones, ahora bien, aquel amenazador falo le generaba muchas dudas.

    Raquel se acercó, polla en ristre, y se sentó encima de su cara y por tanto, Gerardo se deleitó con los caldos que caían directamente a su boca, obteniendo un primer plano del miembro de látex cruzándole la cara, con un morbo añadido que le empujó a cogerlo con la mano, sin dejar por ello de esmerarse en el cunnilingus que le aplicaba a su amante, quien, al mismo tiempo que gozaba de la lengua, se echaba hacia atrás para alcanzar su verga y continuar masturbándole en una correlación de ambas acciones con las que el placer de ambos iba in crescendo.

    Raquel cogió la polla de plástico y le dio reiterados golpecitos en la cara y Gerardo abrió la boca anhelante introduciéndoselo como si de una polla real se tratara. Lamió, chupó y lengüeteó, mientras contemplaba desde un contrapicado a aquella diosa en todo su esplendor.

    La mujer se echó hacia atrás, añadió más gel al juguete y lo frotó como si fuese su propia polla, después le abrió las piernas, posicionó la cabeza en la entrada del pequeño orificio y aplicó una ligera presión. Gerardo abrió la boca como si se quedara sin aire y pretendiera tomarlo todo de una vez. Miró a la mujer en un gesto de total sumisión y se dejó follar por ella. Centímetro a centímetro la polla fue adentrándose en su esfínter a la vez que el placer se intensificaba, y paralelamente, el alcalde recibía la follada de su vida por parte de aquella desconocida, en tanto que ésta le masturbaba en aras de multiplicar su placer. La polla entraba y salía cada vez con más brío y los embates se hacían más contundentes por parte de la fémina.

    —¿Te gusta que te folle? —le preguntó sin dejar de menearle la polla, y un eufórico, elocuente e interminable “sí”, acompañado de un “fóllame”, llevaron a Gerardo al mejor orgasmo de su vida. El semen botó de su polla cual lengua de camaleón que atrapa a su presa, impactando una y otra vez en su cuello, e incluso perdiéndose en la penumbra. Su pecho se inundó de la pegajosa sustancia sin que la polla de látex dejara de embestir en su ano. Cuando el clímax remitió, Raquel extrajo el falo de su interior, se quitó el arnés y se sentó sobre su cara para masturbarse, ahora sí, con tremenda exaltación. Se introdujo la nariz de él en su coño y se folló con ella, al tiempo que con su dedo maltrataba su clítoris en busca de un orgasmo que acudió a ella en ráfagas de placer y convulsiones, acompañadas de una potente explosión de pis sobre la cara del joven alcalde.

    Un rayo de sol penetró por la ventana arrebatándole la placidez del sueño y advirtiéndole de la hora. Por un momento pensó que todo había sido un placentero sueño, ni siquiera sabía donde estaba hasta que su cabeza reseteó y recapituló. Miró la hora y se levantó de un brinco, se vistió, buscó a la enigmática mujer por todos lados, pero no la encontró, a continuación cogió su chaqueta y salió escopetado hacia su hotel, se dio una ducha, se vistió, cogió el taxi y enfiló hacia la sede del partido a la que llegó con el tiempo justo. Todo había salido a pedir de boca.

    EPÍLOGO

    —El señor Nogueras espera afuera, —le remarcó su secretaria.

    —Ese hombre no se da por vencido. ¡Hazle pasar!

    —Buenos días de nuevo, señor Mata, —saludó en tono afable mientras le tendía la mano.

    —Buenos días señor Nogueras, —respondió con el apretón de manos. —¡Siéntese!

    —Gracias.

    —Su insistencia me abruma.

    —Ya sabe que soy un hombre de negocios.

    —También sabrá que mi parecer no ha cambiado ni un ápice desde la última vez que hablamos.

    —Cambiará, ya lo verá.

    —¿Usted cree?

    —Estoy seguro de ello.

    —¿Qué le hace pensar eso?

    —Le dije que todos tenemos una debilidad.

    El alcalde miró al empresario expectante sin saber a qué se refería, pero estaba claro que aquel tiburón financiero no daba puntada sin hilo, de modo que esperó inquieto su nueva argumentación.

    —¿De qué demonios está hablando?

    —¡Recuerda que le dije que podría ser un hombre irreverentemente rico?

    —Sí, por supuesto que lo recuerdo.

    —¿Y recuerda también que me dijo que con usted no íbamos a urbanizar la zona?

    —Y lo mantengo.

    —Pues no va a ser rico, se lo aseguro, lo que sí que vamos a hacer es urbanizar, —avaló echándole un sobre delante.

    El alcalde observó confuso y abrió el sobre para ver su contenido. Fue pasando cada una de las fotografías con gran resolución en las que se veía gozando de las más depravadas prácticas sexuales con una exótica y excéntrica mujer.

    —¡Ah! Por si necesita verse mejor o no son de su agrado, aquí están los videos, donde también se le puede escuchar solicitando… ciertas… demandas, —le informó aproximándole un pendrive.

  • Adrián, familia y placer (Parte IV)

    Adrián, familia y placer (Parte IV)

    Lunes, después del lujurioso e incestuoso fin de semana, Catalina llegaba a casa, procedente de la U, en sus planes estaba terminar un trabajo que le había dejado su profesor, y luego antes de que llegaran sus padres de trabajar, follarse la vergota de su hermano menor, en la sala estaban sus tres hermanos Adrián, Adriana y Alejandra, viendo TV, los saludo, con ganas de montarse allí mismo en el mástil de su hermano, pero por obvias razones no lo hizo; subió las escaleras, se dio un duchazo, estando en su habitación, se disponía a realizar su trabajo lo más pronto posible para «hablar» con sus hermanos, pero llamaron a su puerta, toc, toc.

    -Sí, quién?

    -yo Cata!

    Era Alejandra, la hermana menor, era muy tímida, tenía el cabello castaño, ojos azules como zafiros, piel muy blanca, un rostro precioso angelical, era muy bajita, sus tetas eran pequeñas en comparación con los de Adriana y más aún con las de su hermana mayor Catalina, pero lo compensaba con culo grande, firme y redondo, y unas piernas muy definidas, gracias a su amor por el patinaje que practicaba desde los 6 años, era la consentida de casa y hasta ahora no le conocían novio.

    -Dale Alejita, sigue bebé!

    -hola Cata, estás muy ocupada?

    -pues iba a hacer una tarea de la U, pero contame nena!

    -no tranquila Cata, en otro momento conversamos, chao!

    -Aleja, vení no te hagas de rogar, vos sos más importante que una tarea, además solo iba a adelantar, me toca entregarla en 15 días, sentate y me decís!

    Alejandra cerró la puerta tras de sí, y se sentó en la cama con su hermana mayor.

    -Cata, me da vergüenza, pero vos sos mi hermana mayor y se que tenés mucha experiencia o eso creo.

    -y en que tengo experiencia hermanita?

    -en el sexo, vos ya no sos virgen verdad?

    -jaja, pues la verdad hermanita lo único que tengo virgen es el culito bebé!

    -ay Cata que loca que sos jeje!

    -espero que tú también lo seas, no te me puedes adelantar jeje!

    -ay Cata, yo todavía soy virgen de todo!

    -que?? No te lo creo Aleja, yo sé que tenés muchos pretendientes y además sos la nena más linda de la Universidad, no me digas que hasta ahora no has probado verga?

    -No Cata y no te burles porfa, si, tengo pretendientes, pero ninguno me ha gustado lo suficiente para darle mi virginidad, lo máximo que he hecho es frotarme el clítoris!

    Catalina no lo podía creer, realmente su hermanita era hermosa y tenía a más de uno chorreando babas por ella, así que le preguntó a su hermana:

    -esta bien bebé y como te puedo ayudar?

    -Bueno la verdad, es que si hay un chico que me gusta de verdad, pero es muy mayor, y se que ha estado con muchas chicas, él ya sabe que soy virgen y lo ha intentado conmigo, pero yo no me he dejado, porque me da miedo que luego me dejé.

    -y quién es el afortunado que le quiere romper la telita a mi hermanita?

    -ay Cata que grosera que sos, vos lo conoces, se llama Rubén.

    -no me jodas Aleja, el cabrón del Mercedes convertible? ¿El que está por graduarse de finanzas y negocios internacionales?

    -el mismo!

    -pero ese niño de papi y mami, es terrible, se ha acostado con media universidad, y pues no te voy a mentir, hasta conmigo lo ha hecho el muy cretino!

    -en serio, ay no, él me dijo que yo era su tercer novia y su primer amor!

    Alejandra se puso a llorar, y Catalina la consoló lo mejor que pudo, y por más de que ella misma era bien perra, no quería que su hermanita también lo fuese y menos que perdiera algo tan lindo y preciado con semejante farsante, así que por su sucia mente se cruzó una idea, aunque de difícil ejecución, no era imposible, además Catalina tenía gran poder de convencimiento!

    -bueno hermanita, primero que todo, como ya te dije, ese Rubén es un tonto y lo único que seguramente quiere de vos ya lo sabes, además es muy mal polvo, todas lo sabemos, y lo peor es que su verga es muy pequeña, parece un espagueti, y vos te mereces algo mejor, mira, si querés yo te puedo ayudar a que se lo entregues a alguien que de verdad vale la pena y así vas a coger buena experiencia, que te parece?

    -soy una estúpida por creerme todo lo que me dijo ese asqueroso de Rubén, pero y quién es ese superhombre del que me hablas?

    -vos tranquila, lo que yo te garantizo es que te va a gustar y te va a tratar como una princesa, además tiene una verga que sí vale la pena!

    -ay y si es muy grande, no me hará daño?

    -vos déjalo en mis manos, que lo más seguro es que te enamores de él, pero no creas que es como los demás chicos, si vos confías en mí, te aseguro que vas a tocar las estrellas y luego con mis consejos, vas a dejar a cualquier chico enamorado de vos!

    -claro que confío en vos, pero cuando voy a conocer a ese misterioso chico?

    -esa es la actitud hermanita, pues este fin de semana sería lo ideal, papá y mamá se van para Cartagena y me han dejado al cuidado de ustedes y yo igual ya había planeado que nos fuéramos para la finca, te gusta la idea?

    -pues no se, si que me gustaría que mi primera vez sea en la finca, pero no me sentiría muy cómoda con ustedes 3 y yo gritando por allá!

    -como te dije, vos no te preocupes, que yo me encargo de todo y ya verás que nadie se va a dar cuenta, y va a ser una noche mágica para vos, y bueno también para mí suertudo amigo!

    -listo Cata, está bien, entonces será este fin de semana!

    Alejandra abrazo y beso a su hermana en señal de agradecimiento y se despidió, se fue de la habitación muy contenta y algo nerviosa.

    Catalina se quedó sonriente y pensativa «que mala que soy, de verdad que sí, pero es lo mejor para mí hermanita». De solo pensarlo, su conchita se mojó, así que no aguanto, se cercioro que su hermanita menor estuviese encerrada en su habitación, bajó las escaleras y sin decir palabra, le hizo señas a sus hermanos para que la siguieran, y pues eso hicieron los gemelos, subieron las escaleras y se encerraron en la habitación de Catalina, quien les dio sus respectivas órdenes y en el mayor silencio posible, follaron los tres sucios hermanos.

    Después de la faena, le dijo a su hermano que saliera de su habitación, pero a su hermana Adriana, le dijo que se quedará, los dos sumisos hermanos obedecieron, en cuanto Adrián salió de la habitación, la perversa Catalina le contó todo su plan a su hermana Adriana, que no lo podía creer!

    -pero qué me estás diciendo Catalina, vos estás loca de remate!

    -así es, estoy loca, pero ya sabés que me tienes que hacer caso, de lo contrario…

    -si, ya lo sé, no estoy para nada de acuerdo, pero voy a hacer todo lo que me dijiste, tranquila!

    Pasaron los días, los padres de los chicos se despidieron, cogieron un taxi rumbo al aeropuerto, y ese mismo viernes Catalina cogió las llaves de la camioneta Toyota Fortuner, y los 4 hermanos emprendieron el viaje hacia la finca, que estaba ubicada en el Lago Calima, un sitio hermoso al que muchos caleños van de vacaciones o simplemente a pasar el fin de semana en sus fincas o balnearios que hay en dicho lugar.

    Llegaron a eso de las 6 de la tarde, la señora que cuidaba la finca les hizo de comer y luego dejó a los chicos a solas para irse a su casita, que estaba a unos 200 metros de la casa principal, era una finca muy grande, tenía piscina, jacuzzi, sala de juegos con billar, ping Pong, etc… y un kiosco social; a eso de las 8 de la noche, Catalina y Adriana se reunieron para ultimar los detalles, se pusieron de acuerdo, Catalina se fue a la habitación de Alejandra y Adriana a la de su hermano gemelo Adrián.

    -Cata y a que hora va a venir el misterioso chico, y además como vamos a hacer para que no se enteren Adrián y Adriana?

    -primero que todo ponte este vestido!

    Era un disfraz negro de látex de Gatúbela, tenía una abertura en la entrepierna que dejaba ver toda la rajita y por detrás se veían los cachetes hasta la parte baja de la espalda, le quedaba muy ajustado, lo cual acentuaba más su figura en forma de perfecta guitarra!

    -ay Cata, no sé, este disfraz es demasiado atrevido, y ni siquiera me dejaste poner tanguita!

    -hermanita te ves espectacular, no te preocupes por eso, que igual hoy te van a abrir tu linda flor!

    -pero es que ni siquiera me has presentado al chico misterioso, a que hora llega?

    -por eso no te preocupes, ya sabes lo que tienes que hacer, disfrútalo al máximo, y no lo olvides, nada de hablar con ese sujeto!

    -está bien Cata, que nervios!

    En la otra habitación, estaban los gemelos, ultimando los detalles, Adriana le entregó a su hermano un disfraz de Batman, también en látex, con una cremallera a la altura de la polla, Adrián se lo puso, se vio en el espejo, se notaban sus músculos definidos, pero al igual que el superhéroe, su identidad quedaba oculta.

    -que ideas las de Cata! En serio Adri no me vas a decir a qué chica es que tengo que desflorar?

    -No, ya te lo dije, son órdenes de nuestra «Reina», así que no preguntes más y no lo olvides por nada, así estés muy caliente, trata a esa chica con mucho cuidado y no la vayas a partir en dos con esa tremenda herramienta que te gastas!

    -Alejandra y vos donde van a estar?

    -las dos nos vamos para el pueblo, vos tranquilo, que cuando termines la faena, Catalina nos llama al teléfono móvil.

    -está bien, pero no te enojes, tú sabes que yo solo quisiera estar contigo hermanita hermosa!

    Se dieron un apasionado beso, cuando tocaron a la puerta, era Catalina que en su mano llevaba una cámara de vídeo de alta resolución, detalle que perdió Adrián de vista, pues también estaba un poco nervioso.

    -Hola hermanitos, Adrián, nada de hablar, ya sabes que te voy a estar vigilando y no olvides en 15 minutos exactos baja a la sala y esperas a mi amiga, ¡no olvides el lubricante!

    -dale Cata, estoy listo para tus locuras!

    -jaja así me gusta querido hermanito, mm pero que bien te ves diablos, que suerte tiene mi amiga!

    Las dos hermanas salieron de la habitación, dirigiéndose a la habitación de Alejandra para terminar de gestar el perverso plan!

    -hola hermanita querida, ya sabes en 20 minutos exactos puedes bajar a la sala, ¡no antes!

    -y Adrián dónde está? Por nada del mundo quiero que me vea vestida así!

    -jeje tranquila hermanita, él nos está esperando en la camioneta, no te preocupes por nada, que en cuanto mi amigo misterioso te convierta en mujer, el me llama al teléfono móvil, se marcha y nosotros llegamos como si nada, para ese momento tú deberías estar en tu habitación ya dormidita, lista?

    -bueno Cata, ehm gracias por todo!

    -No me lo agradezcas, que yo hago lo que sea por mi hermanita consentida!

    Se despidieron, salieron de la habitación, Adriana no podía creer lo que estaba a punto de suceder, su hermana mayor era tremenda loca pervertida y nada podía hacer, solo observar como sus dos hermanitos eran engañados por la mente maquiavélica de su hermana mayor; bajaron las escaleras, organizaron todo el ambiente, chimenea, velas aromáticas, una botella de champagne en una cubeta con hielo, dos copas, y música romántica, Catalina ubicó un trípode con la cámara bien oculta, luego las dos hermanas se ocultaron detrás del bar, pusieron unas botellas y unos vasos estratégicamente quedando cómodas y totalmente ocultas para ver todo el espectáculo.

    Después de 15 minutos fue bajando Adrián con su disfraz de Batman, se notaba un poco nervioso, daba vueltas en círculos, justo 5 minutos después llegó Alejandra, con su disfraz de Gatúbela, su panochita y culote al descubierto, Adrián tragó saliva, pues la imagen de esa chica con ese atuendo era para derretir al más frío de los mortales, la reacción de la verga de Adrián no se hizo esperar e inmediatamente su paquete se marcó de forma más que evidente, lo cual noto enseguida la nerviosa Alejandra, sus ojos casi se salen de las órbitas, Adrián se dio cuenta y enseguida recordó el plan de su hermana mayor, acto seguido abrió la botella de champagne, vertió casi a rebosar el delicioso elixir en ambas copas y le ofreció una a la «amiga» de su hermana, la cual aceptó sonriendo nerviosa a su anfitrión, ambos se terminaron la copa en segundos, el ambiente y el licor ayudaron mucho para desinhibir a los dos hermanos, Adrián ya se había olvidado de todo, la mujer que tenía enfrente lo había puesto como un burro, con su coñito expuesto, sus curvas, esas piernas musculosas, le recordaban a las de su hermanita menor, Alejandra algo menos nerviosa, también se estaba excitando, las velas, la chimenea, y el hombre misterioso que estaba frente a ella, parecía ser atractivo, y su cuerpo le gustó mucho, se notaba lo bien que lo trabajaba, en algo le recordó al cuerpo de su hermano mayor, Adrián se le acercó y la empezó a besar, fue un ósculo suave y dulce, que luego se transformó en uno apasionado, había química entre los amantes misteriosos.

    Minutos después, Adrián recostó sobre la alfombra a la chica misteriosa, le abrió las piernas y sin quitarle el disfraz, su lengua recorría la concha de su hermanita por todas partes, estaba empapada de fluidos, suavemente sus labios besaban los de ella, le daba giros con su lengua al diminuto clítoris de su hermanita, que gemía de placer, era la primera vez que una lengua recorría su sensible órgano, tras minutos de intenso placer, profirió un intenso gemido de éxtasis, las piernas y el cuerpo de Alejandra temblaban con su primer orgasmo!

    Tras su escondite, Catalina se estaba calentando con el espectáculo de sus hermanitos, sus dedos empezaron a frotar su clítoris, Adriana la observaba pero no la juzgaba, pues para su sorpresa su coñito también estaba húmedo, ante tal escena ella también se empezó a tocar!

    Adrián se sorprendió un poco con el gemido de la «amiga» de su hermana mayor, se le hizo muy conocido, pero no podía dar crédito a tal voz, pues su hermanita menor «estaba en el pueblo con su hermana gemela», así que se levantó, fue a por el lubricante, se bajó la cremallera y sacó su tranca de 23 cm, Alejandra se tapó la boca del susto con sus manos, ante la visión de semejante monstruo del lago Ness, pero se armó de valor, pues confiaba en su hermana mayor y en el trato que hasta ahora le daba el caballero de la noche, se arrodilló y antes de que esté se pusiera lubricante, le cogió el garrote con ambas manos, lo estaba masturbando, sus dedos no alcanzaban a cerrarse sobre la circunferencia del gordo tronco, su boquita se estaba tragando la cabeza y como había visto en vídeos, intentaba imitar a las actrices xxx, su boca se dilató un poco y se tragó toda la cabeza, sin dejar de menear el tronco, Adrián se sentía en el cielo, Gatúbela le estaba dando una gran mamada, después de dejarla bien babosa, Alejandra se levantó, lo miro a los ojos y por un momento los hermanos se reconocían, pero no podían creerlo, así que no quisieron darle alas a su imaginación y se besaron nuevamente!

    Adrián puso a la desconocida chica en cuatro, aunque al parecer no lo necesitaban, igual utilizo el lubricante, pues era consciente de su tamaño y de que tenía ante sí un chochito virgen, puso su pollón en la entrada vaginal y suavemente empezó a sobar, hasta lograr romper el himen, Alejandra gimió fuerte, pero lo soporto como una valiente, por suerte salió poca sangre, casi nada; el miembro de Adrián la penetraba hasta la mitad, para luego devolverse, así estuvo un rato para que la chica se acostumbrará a su descomunal tamaño, hasta que ella misma empujó sus caderas hacia atrás para ser penetrada hasta el fondo, los dos gimieron, Alejandra pasó rápidamente del dolor al placer e instintivamente empujaba hacia atrás y Adrián hacia adelante en perfecta coordinación, sus grandes nalgas rebotaban sobre la pelvis de Adrián, vaya imágen de fantasía, Batman follandose a Gatúbela!

    Catalina no aguantaba más el calor de su chocho y le susurró a su hermana Adriana:

    -ay hermanita comeme la panocha!

    Adriana se sorprendió mucho, pues hasta ahora lo único que había compartido con su hermana mayor, era a su hermano gemelo, y algún que otro beso cuando le devoraban la poronga a Adrián, pero ella estaba tan excitada, ante el espectáculo y además su hermana mayor era hermosa y su poder de convencimiento la sometió por completo, sin hacer ruido, se bajó de la butaca tipo bar, se arrodilló por detrás de su hermana mayor, que hace rato se había quitado la tanga y como estaba en falda, simplemente se la subió hasta la lumbar, le separó las nalgas y sumergió su lengua en el chochito de su hermana mayor, se lo estaba comiendo a gusto, algunos minutos después, le metió dos dedos en la conchita mientras su lengua le perforaba el ojete, Catalina se sorprendió de lo que su hermana menor le hacía, pero le estaba gustando mucho, tanto así, que estaba por venirse!

    Los chicos misteriosos que follaban ignorando que eran hermanos, cambiaron de posición, Adrián se había tumbado boca arriba y Alejandra lo empezó a montar, los dos se aguantaban las ganas de hablar y gritar, solo gemían acaloradamente, Gatúbela se inclinó hacia Batman para besarlo, le estaba gustando mucho su misterioso amante, igual Adrián estaba disfrutando mucho de esa virgencita cachonda que se había adaptado muy bien a su herramienta, seguía el mete y saca, hasta que llegó el inevitable orgasmo para ambos, Adrián no se aguantó y le derramó toda su leche dentro de su hermanita que le apretaba la polla con las contracciones de su coñito, en ese momento se rompió el silencio!

    -sii! ¡Qué ricoo hijueputa!

    Los ojos de Adrián se abrieron como platos, reconoció inmediatamente esa voz!

    -Alejitaa?

    Alejandra del placer al susto en segundos, todavía con la polla de su hermano dentro de su desflorado coño, también reconoció la voz de su hermano mayor!

    -ay no puede ser! Adrianchis??

    Casi en el mismo instante, Catalina que no perdió detalle de la faena y el descubrimiento de sus hermanitos, más el fantástico anilingus que le daba su hermana menor con los dedos en su conchita, tuvo su primer orgasmo anal, pegó un gritó como de loba en celo y con sus manos hizo a un lado las botellas y vasos que le servían de escondite!

    Alejandra se levantó, se quitó la máscara y por su conchita resbalaba la leche caliente de su hermano, que también se puso en pie, igualmente él se quitó la máscara, ambos se vieron a los ojos un instante, para luego voltear hacia el bar donde vieron a su hermana mayor, con las manos agarrándose de la barandilla del bar, con la boca abierta y los ojos en blanco, Adriana que sorprendida también dejó de comerle el culo a su hermana mayor, para contemplar la escena de su hermano gemelo y su hermanita menor que estaban como en shock, segundos después, el primero en hablar fue Adrián:

    -Catalina de verdad que estás mal de la puta cabeza, ¿cómo nos pudiste hacer esto?

    -ay Cata, de verdad que sí, que perversa que sos, no lo puedo creer!

    Dijo una indignada Alejandra.

    Catalina sin perder la calma y su sonrisa libidinosa, salió de su escondite semidesnuda, se sirvió y bebió un vaso de Ron añejo, camino hasta el sofá que estaba a dos metros de sus engañados hermanos, se sentó con las piernas abiertas, y le respondió a sus hermanitos:

    -a ver hermanito puerquito, vos te atreves a decirme que estoy mal de la cabeza, sabiendo que cada que podes te follas a tu hermana gemela?

    Adrián agachó la cabeza, pues las palabras de su hermana mayor eran tan ciertas, ¡como que el agua moja!

    Alejandra se puso las manos en la boca con una expresión de incredulidad!

    -y vos querida hermanita, no me digas que no lo disfrutaste, porque tus gemidos de perrita en celo te desmienten, además no me vas a negar que siempre le has «echado» el ojo a tú hermano o me equivoco?

    Aleja se ruborizó, pues era cierto que ella siempre se había sentido atraída por su hermano mayor aunque sabía que no podía ser, también se asombró ante la observación de su perspicaz hermana!

    Adriana también salió de su escondite y había escuchado todo, pero en vez de defender a sus hermanos, sus palabras asombraron a todos:

    -bueno hermanos, la verdad es que yo también creía que Cata era una lujuriosa loca, pero todos 4 somos igual de perversos, empezando por vos y yo Adrián, pero vos Alejita no te quedas atrás, pues Cata no es la única que se ha dado cuenta, resulta que yo te vi a vos a escondidas meses atrás, cuando una noche que Adrián estaba en la sala jalándosela, vos estabas detrás de él mientras te tocabas tu sucia panochita, ni siquiera te lo conté a vos Adrián, porque te quería solo para mí, pero con lo que ha pasado todos estos días y por cierto que lo hemos pasado muy bien, no me da celos compartirte con mis adoradas hermanas!

    Aleja se sorprendió ante la aparición y las palabras de su hermana Adriana, a la vez que se sentía complacida, pues si, era verdad que suspiraba por su hermano mayor y las palabras de su hermana tenían sentido; Catalina se sintió gratamente sorprendida por lo que dijo su hermanita y estuvo totalmente de acuerdo, y pues Adrián que podía pensar o decir? tenía a su disposición tres ángeles que estaban más buenas que el pan, a partir de ahora viviría en un auténtico paraíso de placer, lujuria y amores prohibidos!

    -muy bien dicho Adri y que buena comida de culo me diste, te gustó mi culito?

    -la verdad es que sí Cata, sabe muy rico!

    Adrián y Aleja se sorprendieron un poco, pues las perversiones iban en aumento, ahora resultaba que también se estaban volviendo bisexuales; Catalina se levantó del sofá, se dirigió a su hermano, le masajeaba la flácida y enorme polla de su hermano, le dio un beso bien mojado, y le dijo:

    -hermanito hoy es tu día de suerte, estás por romper otro virgen agujerito!

    Adrián la miraba contrariado, que el supiera sus tres hermanas ya no eran vírgenes; su polla seguía flácida ante los suaves estímulos de su hermana mayor.

    -jeje en serio no lo captas hermanito? ¡Ahora que tu rica verga se ponga tiesa, me vas a romper el orto!

    Ante esas sucias palabras dichas por su hermosa hermana, en segundos la polla de Adrián se enderezó como vara de retén, Catalina sonrió, se puso en cuclillas y le dio una rápida succión a la polla de su hermano menor, que estaba salpicada de semen y jugos vaginales de la menor de las hermanas, eso la puso más caliente, así que le ordenó a su hermano que se recostara boca arriba, siguió mamando como ternera huérfana, se puso en 4 con la espalda arqueada y el culo bien paradito, sin dejar de chupar verga, le dijo a su hermanita Aleja que ahora le tocaba a ella comerle su grande y jugoso culo, Aleja que ya estaba otra vez caliente, iba a tener su primera experiencia lésbica, muy sumisa y sin objeción alguna, se puso detrás de su hermana mayor, le separó los cachetes y metió su lengua en el ya dilatado ojete de su hermana mayor, su lengua se movía en círculos por todo el asterisco, a veces le abría bien las nalgas y la penetraba con su inexperta pero rica lengua; Adriana que estaba más caliente que tetera inglesa, necesitaba mimos en su panochita mojadita, así que se puso a horcajadas en el rostro de su hermano gemelo, él sin dudarlo se comía su chochito favorito; algunos minutos después, Catalina con el ojete más que preparado para la batalla, se levantó, se sirvió una copa de champagne, se la bebió de un trago, abrió sus piernas, su gran culo quedaba a la vista de su hermano, sus caderas empezaron el descenso hacia el grueso mástil, bajando poco a poco su ojete rozaba la gran cabeza, Catalina se agarró de los tobillos de su hermano y pugnaba por enterrarse ese pedazo de carne que poco a poco iba cediendo, Adrián dejo de comerle el coño a su otra hermana, para ver el espectáculo, lo mismo hicieron Adriana y Alejandra, que veían como poco a poco con gran valor por parte de su hermana mayor, ese hermoso culo se tragaba los 23 cm de su hermano, los dos gemían de placer!

    -ay que dolor y placer que me da tu garrote en mi ojete, ¡por Dios!

    -uff que culo más rico que tenés Cata, está bien apretadito, mm!

    Con su culo ya más dilatado que túnel de tren, Catalina cabalgaba la enorme polla de su hermano haciendo ese particular y excitante sonido de sus cachetes rebotando contra la pelvis de Adrián, loca de placer la mayor de las hermanas le pedía a su hermanita menor Alejandra que se pusiera en 4 sobre el sofá, para ella poder comerle el coñito y el culito, eso hizo la emocionada nena; la lujuriosa hermana mayor le devoraba el coño y orto por igual, Alejandra gemía de placer; Adriana sin perder tiempo, se volvió a sentar sobre la cara de su hermano, que inmediatamente le devoraba la conchita y el culito a su hermana gemela; que orgía salvaje entre los 4 hermanos, el tabú más prohibido llegaba al máximo clímax, Catalina explotaba de placer con su primer orgasmo anal por penetración, al tiempo Alejandra y Adriana se retorcían de placer gracias a sus hermanos que les dieron un delicioso orgasmo con sus habilidosas lenguas, Adrián tampoco aguanto más y derramó su leche en las entrañas de su hermana mayor, que se quedó sentada un minuto más sintiendo con gran placer como la leche caliente de su hermanito la bañaba en su interior, Catalina se irguió, el líquido blanco se escurría por su entrepierna y la polla de su hermano seguía firme y brillante de esperma, Catalina se agachó y le limpiaba la vergota a su hermanito, las otras dos hermanas hicieron lo mismo y lamian la gruesa polla con sabor a culo de su hermana mayor.

    Satisfechos los lujuriosos hermanos, se ducharon juntos en la gran bañera que tenían sus padres, para luego dormir los 4 en la cama King que tenían sus progenitores.

    Continuará…

  • Estrenando casa

    Estrenando casa

    Después del divorcio no pensaba quedarme en la urbanización donde había pasado los últimos veinte años, lo último quería era que mis antiguos vecinos estuvieran al tanto de mis correrías, heredé de mis padres su casa familiar y otra en un pequeño pueblo de la sierra de Aracena, soy hijo único, mi hermana murió siendo yo un niño, vendí el piso y la casa, me quedé con la de la sierra y el piso de soltero, en la urbanización donde viven Ramón y Jorge encontré un chalet, de una planta y semisótano, la fachada principal estaba a nivel de la calle, entrando en la parcela a la izquierda el garaje para tres coches, un precioso jardín lleno de rosas y un par de sauces llorones, a la izquierda unas escaleras y a la derecha una rampa llevaban a la pradera de la piscina que estaba a un nivel más bajo.

    La planta principal tenía cuatro dormitorios, tres con baño propio y el principal, que daba a una terraza que recorría toda la fachada trasera, con vestidor y un cuarto de baño enorme. Salón a dos alturas con chimenea, comedor, despacho, cuarto de baño de invitados, cocina, cuarto de servicio con baño propio, el anterior propietario había convertido el lavadero y el cuarto de plancha en una sala de estar para el servicio. Desde la cocina, unas escaleras llevaban a la parte del semisótano donde estaba ahora el lavadero, desde el salón, otras escaleras bajaban también hasta el semisótano, un bar muy bien montado, con su barra, tirador de cerveza, botellero, estanterías, taburetes, una gramola, mesas con sus sillas y una pantalla enorme, un cuarto de baño separaba el bar del gimnasio, pequeño pero muy bien montado, con sauna incluida, desde allí se salía a un espacio cubierto por la terraza donde había un jacuzzi.

    Desde el bar se salía a la zona de barbacoa la de comedor y la de estar, todas cubiertas por la terraza, y desde allí a la pradera de césped de la piscina, con árboles y un solárium, lo que mas me gustaba es que las propiedades de alrededor eran también de una planta por lo que estaba a cubierto de las miradas de los vecinos, eso me permitía tomar el sol o bañarme desnudo en la piscina.

    Una interiorista amiga de Ramón y de Jorge me ayudó con la decoración, le estaba dando los últimos retoques cuando recibí una llamada.

    – ¡Hola, maricón!

    – Hombre, mi portugués favorito.

    – ¿donde te metes?, desde que te hicieron jefe no hay quien te vea, estoy esperando para cargar, pregunté por ti e me diseron que estabas de vacaciones.

    – Sí, he pedido unos días por mudanza, me he divorciado y he cambiado de domicilio.

    – tu mujer tardó mucho en dejarte, ¿ya se dio cuenta de como eres de puta?

    – Que cabrón eres, si no fuera por el pollón que tienes…

    – tengo que pasar la noche aquí e pensé en vernos, tú sabe…

    – Jajaja, claro que sé, tú lo que quieres es descargar…

    – Siii, además, te advierto que llevo una semana sim joder por que mi mujer se enojó conmigo, tengo os huevos a reventar.

    – Puto cabrón portugués, no me creo que tu estés una semana sin joder.

    – te lo prometo

    – ¿Dónde vas a dormir?

    – en el camión, aquí en la fábrica.

    – ¿Por qué no coges un taxi y te vienes a dormir aquí? Te mando la dirección.

    – No quiero molestar…

    – Tu no molestas, además, pienso cobrármelo.

    – Está bien, así que cargue e estacione voy para allá.

    Me preparé para recibirle, lo primero una buena ducha, limpiar bien la polla, los huevos, el ano, me perfumé y me coloqué las anillas en los pezones, me gusta ir por casa con un kimono por toda indumentaria, tengo varios, me coloqué uno limpio y me senté en el sofá a esperar a José viendo porno en el portátil.

    Cuando sonó el portero automático pegué un respingo, estaba nervioso como una colegiala el día que la van a desvirgar, abrí y esperé detrás de la puerta, ansioso, ni siquiera le dio tiempo a llamar al timbre.

    – Hola puta, vaya como te lo montas.

    Allí estaba, moreno, fuerte, hermoso, con su barba negra, su cabeza rapada, sus labios gruesos y su sonrisa perfecta, cerré la puerta, acerqué mi boca a la suya y le besé, soltó la bolsa que traía y me abrazó, nos unimos en un beso húmedo y nuestras lenguas se cruzaron.

    – ¡Joder maricón! Al menos déjame tomar baño.

    – Vamos cabrón, te enseñaré el cuarto de baño, aunque – olía a sudor y eso todavía me ponía más cachondo – no se si me gusta que te quites ese olor.

    – No entendo como podes llevar tanto tiempo casado con una mujer com lo puta que eres.

    – Yo tampoco.

    Le acompañé al baño y le entregué una toalla, mientras se duchaba me serví un Belvedere, un vodka polaco que siempre tengo en el congelador y me senté a esperarlo, cuando salió me quedé atónito, todavía húmedo, con la toalla a la cintura, el pecho amplio, los brazos, las piernas fuertes, el vientre, todo cubierto de espeso vello negro.

    – ¡Madre de dios!

    Me puse de pie y dejé caer el kimono arrojándolo al suelo, me quedé desnudo con una erección que dolía, me acerqué mirándolo a aquellos ojos oscuros y tiré de la toalla, su enorme polla y sus huevos peludos quedaron a la vista.

    – Joder.

    Le eché mis brazos al cuello y uní mi boca a la suya, metió su lengua y jugó con la mía, mordió mis labios y volvió a introducirme la lengua, sus manos agarraron mi culo y me apretaron contra su cuerpo mientras continuábamos con nuestro largo y húmedo beso, me dio la vuelta y se apretó contra mi espalda, me rodeó con sus brazos y sentí su miembro contra mis nalgas mientras besaba mi nuca, mordía el lóbulo de mi oreja y echaba su aliento cálido en mi cuello, sentí un hormigueo subir por mi estómago.

    – Mmmm

    – Estás caliente como una perra.

    Mi mano derecha subió y agarré su cabeza para apretarle contra mí mientras dejaba que mordiera mi cuello, su mano izquierda recorrió mi vientre hasta agarrar mi polla mientras la derecha agarraba el arete de mi pezón y tiraba.

    – ¡Aaah! ¡Cabrón portugués! ¡Como me tienes!

    – Puta, tu eres mi puta, te voy a matar de gusto.

    – Siii, fóllame – mi mano izquierda se fue hacia atrás, hacia sus nalgas – fóllame, pedazo de cabrón.

    Me solté, le tomé de la mano y lo llevé a uno de los sillones del salón, lo hice sentarse, le besé en la boca, mordí sus labios, bajé a su pecho, con la mano pellizqué uno de sus gordos y oscuros pezones mientras mordía y tiraba con las dientes del otro.

    – ¡Ay! Puta, eso duele.

    Llegué a su polla, la agarré con la mano y apretando hacia abajo dejé al descubierto el glande, con la otra mano agarré sus enormes y peludos huevos, me agaché, los olí y los chupé, me los introduje uno a uno en la boca para juguetear con ellos.

    – Uuuh, eres buena con a boca, maricón.

    Con la punta de la lengua recorrí todo el tronco de su enorme polla hasta el frenillo, jugué con el, lamí los bordes del glande, introduje la punta en el agujero, me metí parte del capullo en la boca y chupé, mientras, mi mano subía y bajaba pajeándolo suavemente aprovechando mi saliva que lo lubricaba.

    – Uuuh, vas hacerme venirme.

    Le miré a la cara y sonreí, con la mano izquierda comencé a masajearle el perineo mientras aumentaba el ritmo de la paja apretando aquel monstruo, chupando la punta del glande, y cada vez más rápido con la mano hasta que noté la rigidez de su cuerpo.

    – joder, joder, voy a correrme, puta, puta.

    Comenzó a eyacular mientras yo continuaba pajeándolo para que le durara más el orgasmo, soltó una cantidad de semen increíble, llegó a mi cara, a su vientre, a su pecho, resbalaba por su polla hasta sus huevos…

    – joder maricón, me matas.

    – Sí te crees que has acabado vas listo.

    – Preciso reposar, puta.

    – ¿Seguro? Ya veremos.

    Lamí sus huevos recogiendo el semen que los manchaba, sabía amargo, limpié su polla, el glande, recogí el de su vientre y el de su pecho, me senté ante el, abrí las piernas, tomé lubricante y me introduje un dedo en el ano.

    – Mmmm, mira, portugués cabrón. – Me estaba dilatando el ojete, metí un segundo dedo – te está buscando.

    – joder, eres una puta viciosa.

    Su polla que empezaba a decaer volvió a adquirir volumen y dureza, le coloqué un preservativo y la embadurné de lubricante, me coloqué sobre el a horcajadas y coloqué la punta de aquel monstruo en el agujero, sabía que iba a doler.

    – Ay, ay, ay, aaayyy.

    Mi esfínter se estaba abriendo para dejar paso a aquella polla, el momento de vencer la resistencia me hizo sentir un ramalazo de dolor.

    – Hijo de puuuta.

    – ya está, mi niña, ya está.

    Aguanté unos momentos esperando a que mi ojete dilatado se adaptara y poco a poco me fui bajando haciendo que mis entrañas se fueran abriendo hasta que me encontré sentado sobre sus huevos, me agarró con sus manos las nalgas y me las abrió mientras comenzaba a dar empujones clavándome aquella verga.

    – Ay, ay cabrón, ay mi culo, mi culo, hijo de puta.

    – Plaf, Plaf, Plaf. – sonaban sus golpes de pelvis.

    Me abracé a él, comencé a mover las caderas adelante y atrás y el placer que sentía me volvía loco, José me besó en la boca, metió su lengua, besó mi cuello, mordió mis pezones mientras con sus manos en mis nalgas acompañaba mis movimientos de caderas.

    – Ay José, ay, ay, me matas cabrón, me matas.

    – Aguanta maricón, aguanta.

    – Ay, ay mi culo, ay, ayyy.

    – Levanta puta.

    Me obligó a levantarme, su polla salió de mi culo con un sonido líquido.

    – Puta, te voy castigar por ser tan puta.

    – Sí, castígame, castígame.

    Me colocó a cuatro patas sobre el asiento del sillón con las manos en el respaldo, se puso detrás de mí con sus manazas en las caderas.

    – Esto es lo que te gusta, puta, que te domine.

    – Siii, follame, rómpeme el culo.

    Poco a poco, aquella verga fue entrando en mi culo dilatado.

    – Uuuf, como entra, puta.

    – Siiiii, dámela entera.

    Pronto sus huevos chocaron con mi perinéo, comenzó a meterla y sacarla primero lentamente para ir moviéndose cada vez mas rápido.

    – Ay, ay, ay mi culo, mi culo, ay, ay que me matas.

    – Plaf Plaf Plaf

    No sé cuánto tiempo estuvimos así, ese portugués es incansable cuando coge el ritmo, su polla entraba y salía de mi culo que ya me ardía, sus dedos se hundían en mis carnes, ambos estábamos cubiertos de sudor, el ambiente olía a hombre, a sexo…

    – Ay, ay mi culo, ay, ay, mis piernas, cabrón.

    – Puta, puta, putaaa.

    Comencé a sentir ese cosquilleo en los pies, mi corazón se aceleraba, notaba la presión en la cara, me sentí como un volcán en erupción, un placer intenso, casi incontrolable, una sensación muy profunda, como si hubieran encendido un fuego que se extendía por todo mi cuerpo, moviéndose lentamente por mi pecho haciéndome temblar, me corrí con esa lentitud que no tiene la descarga rápida de la eyaculación con el pene, una descarga de semen abundante, continúa.

    – Aaahhh.

    Un lamento que me salió de dentro, involuntario, sincero, en ese momento José sacó su polla, se arrancó el preservativo y se corrió sobre mi espalda, caí derrengado sobre el sillón, mi esfínter latía y me escocia, todavía algunos temblores recorrían mi cuerpo, este portugués sabe encontrar mi próstata como nadie.

    Me desperté antes del amanecer, José dormía a mi lado desnudo, tenía una increíble erección.

    – ¡Hijo de puta! ¿Qué coño estará soñando?

    Me levanté, me puse el kimono y salí a la terraza, allí había puesto una zona de estar con unos sillones, la urbanización está sobre la cornisa del Aljarafe y desde la terraza de mi dormitorio hay unas magníficas vistas de Sevilla, me senté en uno de los sillones, continuaba el escozor en el esfínter, me preparé un pitillo de maría y miré el amanecer, sonó el despertador en el cuarto, debían de ser las seis, José apareció desnudo en la puerta.

    – Voy hacer o desayuno, querés?

    – Por supuesto – miraba su polla, hipnotizado.