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  • Fantasía en la biblioteca

    Fantasía en la biblioteca

    Faltaban veinte minutos para que la biblioteca cerrara y yo seguía leyendo mi libro favorito, sexo en la librería.

    De pronto, Shara se levantó de su mesa y se dirigió hacia los libreros, llevaba puesto un pequeño vestido azul, que le hacían resaltar su corto cabello rojizo y sus labios carmesí; el halo de luz del ocaso que se filtraba a través del ventanal, bañaba de claroscuro sus blancos y sensuales hombros, pasó muy cerca de mí aromatizado el lugar con su dulce aroma a durazno y me miró de reojo como diciéndome «ven conmigo Ethan, que tengo algo que darte».

    En ese instante comprendí que debía ir tras ella, y como ladrón sigiloso, seguí sus pasos, ella continuaba contoneando sus caderas, y de vez en cuando, volteaba sutilmente la cabeza para confirmar que yo estaba muy cerca, cerquita a sus deseos.

    Al llegar al fondo, con una mano la tomé por la cintura, la otra la metí en su escote y comencé a manosear con delicadeza sus senos.

    Ella no podía articular palabra, ni tampoco apartar mi mano, eso nos estaba excitando y gustando, nos dejamos llevar por la situación. Su pecho se aceleraba y mi garganta se secaba, mi piel se erizaba y su sexo se humedecía al escuchar mis susurros en su oído.

    La alcé hacia mí, ella rodeó mi cintura con sus piernas y comenzó a besarme, pude saborear su respiración mientras le subía su corto vestido, la senté en la mesita y bajé sus pantys, ella comenzó a frotar con sus dedos su entrepierna y la melodía de sus susurros atravesaban mis sentidos, luego con una sonrisa pícara los puso en mi boca y pude degustar los más profundos sabores cálidos de sus deseos.

    Ya no podíamos más, la desnudé por completo y ella abrió sus hermosas piernas, entregándose a mis ojos, entregándose a mi lengua, entregándose a la disposición de hacerlo todo, todo lo que ella quiso que le hiciera, le hice, y todo lo que ella quiso que le diera, le di.

  • Cumpliendo una fantasía de mi chica

    Cumpliendo una fantasía de mi chica

    Hola, primero presentarnos, somos una pareja bisexual swinger juntos por 12 años, yo soy cubano de 50 años, negro dotado, ella una belleza mestiza boliviana de 30 años que sin tener un cuerpo exuberante logra llamar la atención de todos los que pasan a su lado tanto hombres como mujeres.

    En 12 años de relaciones tenemos muchas historias pero lo dejamos para otro momento hoy quiero contar una experiencia que tuvimos hace unos 6 años todo empezó en un fin de semana con varias parejas bisexuales como nosotros con las que tenemos encuentros sexuales regularmente en algún momento del fin de semana estando todos bebiendo y hablando surgió el tema de las fantasías sexuales por cumplir y entre todas la que más resaltó fue la de mi chica que contó que a ella le gustaría estar en algún sitio discreto dónde quedar desnuda de la cintura hacia abajo de forma que todos los que estén allí y lo quieran la puedan penetrar por ambos lados durante el tiempo que ella pueda resistir pero siempre con la condición que ni ellos pueden ver su cara ni ella verlos a ellos.

    Mientras ella iba describiendo su fantasía solo de la forma que lo iba describiendo provocó una reacción de calentura y sexo en todos que todavía no había terminado y ya casi todos estábamos desnudos y tocándonos.

    Aunque ese día no se habló del tema más a mi no me salía de la cabeza como lograr aquello con la dificulta que en Cuba no había ni hay nada que se parezca a eso además que el mundo swinger es muy pequeño y el bisex más aún.

    Pero igual seguí dando vueltas hasta que al cabo de unos meses encontré la oportunidad perfecta pues unos amigos nos invitaron a una fiesta de matrimonio nada que ver con swinger ni bi así que termine aburrido en la barra del bar y terminé hablando con el barman que resultó ser también el dueño y tal vez por el alcohol además que tuvimos química casi al final de la noche se le sale un comentario como que me dijo perdón si te ofendo pero no entiendo tu tranquilidad de dejar un mujerón así sola toda la fiesta con todos los hombres babeando por ella JJ lo dijo casi rojo de vergüenza porque además cada vez que mi chica venía por un trago él no podía mirar a otro lado.

    Entonces yo como ya también estaba con mucho alcohol le dije que mi tranquilidad era porque sabía que si ella quiere de verdad hacer algo me lo decía y me invitaba le dije riendo para ver cómo reacciona.

    Para ir llegando al final pues me he extendido mucho cuando ya solo quedaron dos o tres invitados muy borrachos mi chica se sienta ya conmigo en la barra y en un momento que el dueño se volteo le digo que le dije ella lo midió y me dijo que si quieres le damos pero hoy solo si me buscan dos chicas para empezar.

    Cuando el regresa le digo para que veas la tranquilidad a ver amor dile lo que hablamos y ella relajadamente le dice esa noche termino al día siguiente.

    Pero empezó en el mismo bar cerrado y la imagen que más me gustó fue pensar en mi chica cumplir su fantasía.

    Por lo que la semana siguiente voy al bar y le digo a nuestro nuevo amigo la fantasía de mi chica y que yo pensaba que su bar estaba ideal para hacerlo.

    Al final una noche sin decir nada a mi chica le dije que no se pusiera ropa interior y al llegar al bar habíamos preparado una banqueta para ella frente a la barra pero de forma que cuando el bar estaba muy lleno poder subir el vestido hasta la cadera y esperar a que los chicos al ir a buscar tragos se den cuenta de que está lista para ser penetrados los dos lados y lo hicieran solo les puedo decir que ella pidió que lleváramos la cuenta de los hombres que le darían pero eso no pudimos cumplir porque entre el morbazo de ver cómo se fue haciendo el centro de la noche y verle la cara y oír sus gemidos dejamos de contar cómo en el número 12 lo que si medimos fue el tiempo y durante 3 horas seguidas sin parar ella no dijo nada más que más más y más espero que les haya gustado.

  • El sabor de mamá

    El sabor de mamá

    Un viernes por la tarde, llegué a casa de sorpresa, desde la universidad. Dos semanas después que mi mamá me había visitado y se había convertido en mi amante. Al entrar a su dormitorio, donde ella reposaba, me dijo “amor, estoy sola en casa”. Mi papá aun en el trabajo. Mis dos hermanos habían salido con amigos.

    Reposaba con un short corto, que me dejaba apreciar sus muy fuertes y contorneadas piernas y un polo sin nada debajo. Me senté a su lado y la besé. Le dije lo mucho que la había extrañado y ella me respondió “y yo a ti mi amor”. Nos besamos ansiosamente, como no queriendo perder tiempo. Ella me cogió la cabeza y sentí que la empujaba hacia abajo. Empezábamos a tener sincronía en nuestros movimientos en la cama. Supe que quería ella.

    Le desabroché el short. Se lo bajé. Quedó en una linda tanga roja. Le besé el coño por encima y sentí algo de humedad. Se la bajé sin perder tiempo. Ella terminó de sacársela con sus pies. Separó sus piernas y me dejó su coño abierto y disponible. Comencé a lamérselo. Para mayor comodidad me acomodé y puse sus piernas sobre mis hombros y así la tenía muy abierta para mí.

    Al lamerla descubrí semen dentro de ella, un poco empezó a salir, al excitarse con mi mamada de coño. Le pregunté ¿mamá quién te ha cogido? Me respondió “mi amor, tu papá me ha cogido luego del almuerzo”.

    Eso me excitó mucho más, la lamí con todas mis fuerzas y cuando sentí que se venía, le metí dos dedos en el culo. Ella, con mi lengua en el coño y mis dedos en su culo, tuvo un orgasmo intenso y jugoso mientras me decía “mi amor, mi nene, mi hijo”.

    Luego que llegó, le di vuelta. Me desabroché el pantalón, tenía la verga muy dura. Separé sus nalgas con mis manos. Metí mi lengua entre ellas, saboreé el sabor de su culo, sucio también, cogido unas horas antes por mi padre. Sentí como se volvía a calentar. Me subí sobre ella y la penetré analmente.

    Estaba tan caliente que llegó en menos de 2 minutos, yo seguía a mil y dándole cuando sentimos que alguien entró a la casa. Mi padre había vuelto. Dijo “mi amor ya llegué”. Me levanté. Fui a mi cuarto y luego que mi padre entró a su recamara volví a entrar a saludarlo. Mi mamá ganó esa tarde 2 -0.

  • Fantaseo con mi hermana Cristina

    Fantaseo con mi hermana Cristina

    Siempre he estado enamorado de mi hermana Cristina. Ella ha sido como una segunda madre para mí, ya que al ser mayor y al estar mis padres trabajando se ha encargado de cuidarme desde temprana edad. No obstante, aquella tarde de otoño del 2007 despertó mi deseo sexual hacia Cristina. Yo entonces era un jovencillo de 18 años y ella, aunque sólo me sacaba cinco años, era una hermosa mujercita de 23.

    Aquel otoño hacía sus estragos en el clima, por lo que un viernes decidí no salir a la calle, sino quedar con mis dos mejores amigos en casa. Les iba a poner una película de terror en mi cuarto mientras echábamos unas risas. Mi madre trabajaba aquel día hasta la noche, mientras que mi padre se quedaría en casa. Por su parte, mi hermana Cristina prefería salir de fiesta, no sin antes mostrar su hermoso cuerpo a mis amigos.

    Llegó el momento en que mis amigos llegaron a casa. Bajé a la planta de abajo para abrirles la puerta: «¿No decías que hoy saldríamos?», me comentó Ricardo, el más pícaro de los dos. «Este es un cobarde», dijo en broma Eduardo, «caen cuatro gotas y ya no se atreve a salir». Les invité a pasar al recibidor, y antes de subir, se quedaron mirando a mi hermana Cristina, que estaba hablando por teléfono. Noté que Ricardo se estaba recreando la vista, ya que lo había visto en otras ocasiones así con otras chicas, mientras que Eduardo hacía lo mismo con mayor discreción.

    Y no era para menos, ya que Cristina estaba realmente sexy para salir. Ella es más alta que nosotros, delgada, tiene cara bonita, con delicados rasgos, piel blanca, ojos marrones, melena larga, lisa y morena… Pero la ropa que llevaba resaltaba su exuberante cuerpo. Una blusa negra resaltaba sus grandes pechos, los cuales a veces había mirado mientras se bañaba en nuestra piscina casi de manera inconsciente, unos shorts del mismo color y unas botas altas de cuero por debajo de las rodillas nos mostraban unas largas y hermosas piernas. Que mi hermana mayor vistiera así de hot y mis mejores amigos se la estuvieran comiendo con los ojos me creó una sensación confusa: por un lado, me incomodaba que miraran así a mi hermana, pero por otro, aquella situación me excitaba. Conviene aclarar que por entonces, tanto mis amigos como yo éramos vírgenes, y nuestra máxima experiencia sexual era con videos eróticos o fantaseando con alguna profesora. Lo de excitarme viendo cómo otros miraban a mi hermana era algo nuevo para mí, de ahí que estuviera algo confundido.

    Sin más preámbulos, subimos a nuestra habitación, allí nos sentamos y Ricardo, resoplando por lo excitado que estaba comenzó a decir «pufff, cómo está tu hermana». Sabiendo que ella y mi padre estaban por casa, le hice un gesto para que bajara la voz. «Córtate un poco, que es mi hermana». «Sí, pero está buenísima». Eduardo, más relajado, se reía de aquella situación y por lo descarado que era Ricardo. Luego este intentó suavizar los comentarios: «A ver, que si la muchacha es guapa habrá que decirlo». No quise darle más importancia, y continuamos hablando de otros temas, pero Ricardo insistía: «¿Y tu hermana tiene novio?»

    Claro que mi hermana tenía novio, llevaba un par de años saliendo con él. «Pues qué suerte tiene, ya quisiera yo tener a alguien así a quien…», «Cállate», le espeté. De nuevo las risas entre nosotros y continuamos con otras cosas. Como diez o quince minutos después, mi hermana golpeó la puerta de mi habitación y me pidió que quería que le pasara algo que estaba allí. Ricardo se puso tenso y dijo «por favor, déjame que se lo dé yo». No queriendo que este hiciera nada obsceno o quizás por algo de celos, me levanté a dárselo yo. Abrí la puerta, allí la volví a ver tan terriblemente sexy y le di lo que me pidió, dándome las gracias. Al darse la vuelta pude ver lo bien que rellenaba aquellos shorts negros con su culo. «Joder, si es que es normal que Ricardo esté así, posiblemente yo también estaría igual si no fuera mi hermana». Finalmente mi hermana Cristina se fue, mis amigos y yo nos pusimos a ver la película sin más dilación y no se volvió a hablar de ella, pero en mi mente todo aquello seguía presente. No podía quitarme aquella imagen del cuerpo de mi hermana mayor. También me venían imágenes de mis amigos intentando tener sexo con ella, que era lo más extraño.

    Cuando mis amigos se fueron de casa, sentía que tenía mucho calor en el cuerpo, como si fuera fiebre. Pero aquello no dejaba de ser deseo por mi hermana. Si le añadimos que nuestros padres nos han educado en la fe cristiana, aquello me generaba sensación de culpa. Era el morbo por algo prohibido, hacia una persona de mi familia, hacia aquella segunda madre a la que amaba. Nunca antes me había fijado en ella, al menos no conscientemente. Mientras más pensaba en esto, más me calentaba. Le dije a mi padre que me iría a duchar, pensando que así me calmaría un poco.

    En la ducha pude ver mi erección, que llegaba a dolerme de recordar el cuerpo de mi hermana. El agua caía y caía, pero no se me bajaba la excitación. De pronto me la imaginé entrando en el cuarto de baño tal y como iba vestida. Se me quedó mirando y dijo: «¿Así estás por tu hermanita?» Y mientras me lanzaba una mirada sugerente se quitó lentamente la blusa, las botas, los shorts y su braguita color carne y me hizo un gesto para que me acercara a ella. Me pasó los brazos por detrás mientras acercaba mi cabeza contra sus pechos y yo con mis manos rodeaba su cintura y empezaba a sobar su cuerpo. «Quiero que me folles», me decía. Y sentándola en el lavabo, con sus preciosas y suaves piernas rodeándome y con sus pezones en mi boca comencé a penetrarla, imaginando su coñito caliente. «Oh, Dios», pensé mientras fantaseaba, «¿estaría tan caliente como un perro de no ser porque es mi hermana mayor? Nunca había estado así antes por nadie». En la misma fantasía, poco después, apareció mi amigo Ricardo, que comenzó acariciando los pechos de mi hermana por detrás.

    «Cómo me pone esta zorra», dijo aquel Ricardo jadeando. No sé por qué vino esa palabra, pero me excité que llamara así a mi hermana. «¿Te excita tu hermana, verdad, cabrón?», me decía para acto seguido besarla, «pero esto no es suficiente», añadió, «prueba a follarte su boca». Acto seguido, me encontraba sentado en el váter y ella entre mis piernas de rodillas. Me agarró el pene y se lo llevó a su boca. Si bien recordaba haberle mirado las tetas en el pasado, nunca imaginé algo de ese tipo. Fantasear con tenerlo en su boca, pensando cómo movería su lengua y tratar de imaginar su carita mirándome mientras me lo chupaba acabó por hacerme eyacular, saltando el semen contra la pared de la ducha mientras gritaba «¡Cristina!»

    Terminé de ducharme y me noté más relajado, con la temperatura más baja. Aquella primera fantasía con mi hermana había sido increíble. Pensé erróneamente (llevado por la culpabilidad cristiana), que ya no lo volvería a hacer más, que había sido un simple calentón. Pero aquella noche, cuando regresó de la fiesta, la espié para volver a contemplar su cuerpo mientras se cambiaba de ropa a la luz de la lamparita de su mesita de noche. Definitivamente, me había colado por mi hermana mayor y esto no había más que empezar. Quizás algún día hable de cómo avanzó esta historia con ella.

  • Era de esperarse

    Era de esperarse

    Escondido en el armario podía observar como a mi novia de la preparatoria, a sus 19 años, le daban una tremenda y deliciosa cogida.

    El hombre que pistoneaba fuertemente el precioso culo de mi novia era mi tío de 50 años. Aun con su vieja edad y su cuerpo gordo, estaba partiendo a mi hermosa novia en dos.

    Últimamente se han comportado bastante amigables entre sí, hasta se podría decir que llegaban a coquetear discretamente enfrente de mí. Pero nunca pensé que mi novia a la que tanto amo me iba a poner el cuerno con el gordo de mi tío.

    Hubo días en los que mi novia paseaba por la casa en shorts cortos, en ese entonces pensaba que simplemente ella se sentía en confianza y quería estar más cómoda. Pero ahora me doy cuenta que lo hacía con la intención de seducir a mi tío y yo nunca me di cuenta.

    Mientras me seguía lamentando, los hermosos gemidos de mi angelical novia se hacían más dulces cada segundo que pasaba. Las fuertes embestidas de mi tío provocaban unos aplausos exquisitos cada vez que su pelvis chocaba con las suaves nalgas de mi querida niña.

    La diferencia de tamaño y técnica era demasiada evidente, ya que conmigo nunca había gemido de esa manera. Pareciera que mi novia quisiera llorar de tan rica cogida que le estaban pegando. Se podía apreciar en su rostro una expresión de puro placer.

    Es gracioso pensar que durante 2 años estuve rogándole a ella para que fuera mi novia. Y tuve que esperar otro año para tener sexo con ella por primera vez. Sin embargo a mi tío solo le bastó dos semanas para hacerla suya.

    Una mujer tan perfecta como ella necesita a un hombre de verdad y evidentemente no soy yo, sino el hombre que está tratando de preñarla ahora mismo.

    Mi tío volteó a mi novia y empezó a penetrarla en posición de misionero. Los brazos de ella rodeaban el cuello de mi tío y sus piernas abrazaban su cuerpo. La verga larga, gorda y morena de mi tío llegaba a lugares a los que yo nunca podría alcanzar, sin importar lo mucho que me esforzara o lo mucho que la amaba.

    A veces el solo hecho de amar a tu pareja no es suficiente para mantener una relación y la prueba viviente de eso estaba pasando justo enfrente de mí.

    Unos momentos después, los enormes huevos de mi tío se contraen mientras él deja escapar un enorme gemido. Esto me da a entender que está depositando grandes cantidades de espesa corrida en el útero de mi bellísima y joven novia. Sin oposición alguna ella se deja fertilizar por el obeso pero vigoroso hombre al que tiene entrelazado entre sus piernas.

    Se mantuvieron en esa posición durante media hora, mi tío nunca salió de ella y durante todo ese tiempo observe como compartían apasionados besos. Se podía sentir la atracción y el amor que sentían el uno al otro mediante sus tiernos pero a la vez obscenos besos. Ella se veía muy feliz.

    En ese momento comprendí que ya había perdido por completo al amor de mi vida. Para ser más precisos, estoy seguro que la perdí desde el día que le presenté a mi tío.

  • Memorias de una zorra

    Memorias de una zorra

    Antes que nada quiero aclarar que no soy una belleza, aunque tengo lo mío. Tengo 30 recién cumplidos, estoy gordita, pero aun así se nota la forma de botella de mi cuerpo, tengo piel muy blanca, con pecas. Unos pechos de los cuales me siento muy orgullosa, grandes, redondos, con los pezones rosas y pequeños, y casi todo el tiempo están parados. También me han dicho que tengo un culazo, grande, bien formado. Hace unos años descubrí que, aunque físicamente no suelo atraer miradas, siempre me he comido lo que he querido. Y me he dado cuenta que amo sentirme como una puta, que los hombres y las mujeres me usen para cumplir sus deseos y yo los míos. Este es mi primer relato.

    Tenía 20 años y estaba explorando mi recién descubierta sexualidad. Solo había tenido sexo con un par de personas, nada del otro mundo. Pero yo quería más, veía porno y me masturbaba todos los días. No importaba donde estaba, como en esta ocasión. Iba en un camión, acababa de visitar a mi mamá e iba de regreso a dónde vivía. En el pueblo de mi mamá conocí a un chico con el que, enseguida, comencé a tener conversaciones cachondas e intercambiamos fotos. Ese día no está diferente, aunque le había dicho que estaba viajando, no le importó. Siguió escribiendo y me decía que me iba a poner en cuatro, que me quería reventar el culo y venirse en mi boca. Me decía como me mamaria la panocha hasta que me viniera en su boca, etc. y mientras me decía esas cosas me mandaba fotos: tocándose el pene sobre el pantalón, un vídeo de cómo lo sacaba, completamente erecto. Al ver esas fotos no me pude contener y mi mano resbaló a mi entrepierna. Llevaba unos leggings muy delgados y, por la prisa, no llevaba ropa interior. Era de noche y el señor que iba sentado junto a mi iba dormido, no creí que le importara si me tocaba un poco, no es como que se fuera a dar cuenta, o eso creí.

    Mientras el chico me seguía mandando fotos masturbándose, me mostraba como su pene erecto y duro palpitaba y me decía que quería metérmelo muy duro, quería que le mamara hasta los huevos y que me tragara toda su leche. Este tipo de conversaciones siempre me ponen muy cachonda y no lo pude evitar, metí mi mano en mi pantalón y comencé a frotarme el clítoris, después, gracias a que ya estaba muy mojada, pude ir metiendo dedo tras otro, hasta que entraron los cuatro. Me armé de valor y me tomé una foto. A mi chico por encantó y me pidió más. Y siempre he dicho que al cliente lo que pida, así que, despacio me quite el sostén y me levanté la blusa, tomando un vídeo apretándome y pellizcándome los pezones. Mí chico me pidió que le mandara un audio gimiendo mientras me dedeaba y yo estaba tan caliente que ya no podía pensar, mis dedos adquirían velocidad, mi panocha cada vez estaba más mojada y yo cada vez más cerca del éxtasis, me acerque el micrófono a la boca y gemí, dije su nombre, lo caliente que me ponía y lo rico que se sentían mis dedos, que imaginaba que era su lengua la que entraba y salía, que me quería comer su verga y que me iba a venir pensando en él.

    Era tanta mi excitación que no me di cuenta de que el señor junto a mi había despertado y que, discretamente me estaba viendo. Mí chico me mandó un último video, donde se corría espectacularmente y me decía «trágatelos putita». Eso me terminó de excitar, con la misma mano metí dos dedos en mi vagina mientras que con el otro me acariciaba el clítoris, sentía como el orgasmo se acercaba y decidí grabarlo para mi chico. El problema fue que, en mi excitación cerré los ojos y no vi cuando el pasajero junto a mi acercaba su mano a mis pechos expuestos y, muy delicadamente me rozaba un pezón. La sensación de dedos ajenos me despertó de mi fantasía, y la calentura me hizo tener un orgasmo en ese momento, con las manos de un extraño en mis pechos y mi celular abandonado entre mis piernas, grabando todo.

    La historia con el pasajero también está muy interesante, pero esa la contaré en otra ocasión. Gracias por leerme.

  • Iniciando los tríos

    Iniciando los tríos

    Hola, la historia que les voy contar en 100% real, nos sucedió hace un par de años. Somos matrimonio de 50 y 53 chilenos, ella muy linda, tetas bien grandes y alta, se mantiene bien. Yo normal alto, ningún Brad Pitt pero me defiendo.

    No tengo experiencia en escribir nuestras historias, haré lo posible por detallar al máximo.

    Bueno, hace tiempo que estábamos con la fantasía de alguien más, hombre o mujer que pudiese participar con nosotros en algo un poco hot, todo esto con mucho desconocimiento. Por chat conocimos a un hombre más joven que nosotros de unos 35 años, hablamos bastante por chat para luego pasar a las video llamadas donde comenzaron los juegos. Mi esposa le mostró sus grandes tetas y el rápidamente comenzó a masturbarse sacando una muy grande herramienta. Por nuestro lado, tuvimos sexo por Cam, algo que fue totalmente nuevo para nosotros, el amigo se corrió varias veces, era impresionante.

    Con el pasar del tiempo, mi esposa se conectaba hablaban y se masturbaban en línea, yo la dejaba porque me excitaba mucho ver esa escena, terminaba participando con las mejores sesiones de sexo de muchos años y nuestro amigo mirando y masturbándose.

    Hablando con ella, decidimos hacer realidad la junta y le propusimos reunirnos en algún restaurante en Santiago (Chile). Él estaba muy entusiasmado y con ganas, nosotros mas. Al momento de llegar al restaurante estaba sentado esperando, nos saludamos y mi esposa le dio un suave beso en la boca, el quedó muy sorprendido y nervioso.

    Hablamos de varios temas, el aperitivo, comenzamos la cena, el vinito, luego un traguito dulce y continuamos la charla pero un poco más en confianza hablando de nuestras fantasías, él nos contó las que él tenía, sus experiencias con otras mujeres y comenzamos nosotros, parece que fuimos muy al detalle, él estaba muy caliente, era tanto que a cada rato se tocaba el paquete…

    Al rato mi esposa va al baño y nos quedamos solos los dos y me comentaba lo rica que se veía mi esposa a lo cual yo aprobaba sus comentarios, muy fijado en las tetas de ella y en su boca que es muy linda. Al volver ella del baño, le pasa en su mano su ropa interior (bragas) y él rápidamente se las llevó a la cara con mucho disimulo, luego comenzaron las risas, todo bien y decidimos irnos, al llegar a nuestro automóvil el estaba estacionado igual cerca, todos muy nerviosos.

    Nadie quería dar el primer paso, hasta que mi esposa quiebra el hielo y le da un gran beso y le dice “donde nos vamos los tres”, a él casi no le salía el habla y nos da la dirección de su departamento para que lo sigamos. En eso mi esposa le dice yo me iré contigo. Eso activo un alto nivel de calentura en mi. Cuando llegamos al departamento que quedaba más o menos cerca, mientras él preparaba unos tragos, mi esposa me comentó que se la chupó casi todo el camino y que realmente su pene era gigante (el mío es de 19 cm) Y que no se alcanzó a correr.

    Ya con tragos en la mano, comenzamos a tratar temas muy hot, poses, tamaños, fantasías, experiencias anteriores entre otros temas. Llegó un momento en que mi esposa le pide el baño, nuevamente nos quedamos solos y me decía que ella estaba muy buena y que quería hacerle mucho sexo oral, como para devolverle la mano del camino y comerle las tetas que eran grandes y muy ricas, estábamos muy calientes.

    Al llegar mi esposa a la sala se paró frente a nosotros y llamó al joven, lo comenzó a acariciar y lo comenzó a desnudar, primero la parte de arriba y luego el pantalón, luego fue mi turno, hizo lo mismo, se acercó a nosotros y sacó nuestros penes, el del amigo era muy grande y comenzó a chuparlo a los dos sentados en un sillón, yo no daba crédito a lo que estaba pasando, luego el amigo le dice que le devolverá el favor, yo asentí de forma positiva y comenzamos a sacarle la ropa, yo no daba más de calentura, un rose y me corría ahí mismo.

    El amigo, al ver a mi esposa muy depilada y con sus tetas al aire no dio más y se abalanzó a su vaginita que se veía muy rica, comenzó a lamer chupar, de todo, mi esposa se debe haber corrido un par de veces, eso le gusta mucho. Me uní al juego y la comencé a besar y a chuparle las tetas, luego hicimos cambio, él la besaba en la boca, las tetas mientras yo continuaba la faena en su rica vaginita.

    Finalmente mi esposa nos pidió que se lo metiéramos pero quería comenzar por el amigo, sacamos unos preservativos, ella se lo puso luego de chuparlo hasta mas no poder, se puso en 4 y el amigo se lo comenzó a hundir en su cosita rica. Fue tanto el descontrol, la calentura que lo ayudé abriendo las nalgas de ella dejando a la vista un culito muy rico y comenzó muy lento, era un pene muy grande y grueso, por lo que ella le dijo que fuera despacito. Cuando ya estaba dentro comenzó a bombear. La escena fue fatal, no aguanté y le pedí a mi esposa que me lo chupara hasta acabar…

    Así lo hizo, le llené la boca de leche, era mucha. Fue espectacular, sin moverme, ella me siguió chupando sin parar y comenzó el show de orgasmos, era impresionante, no se si el momento la situación, pero a mi rápidamente se me volvió a parar, en eso, el amigo nos dice que se va a correr, mi esposa lo saca de la posición y se pone boca arriba dejando ese monstruo sobre su cara y lo comienza a masturbar, se comenzó a correr a chorros mi esposa se debe haber tomado la mitad y sobre la misma yo, los dos tirando chorros de semen en su cara, boca, tetas.

    Fue algo muy fuerte, la sensación de placer impresionante, ella agotada, se para, se ducha y nosotros seguimos bebiendo tragos fuertes. Al rato llega mi esposa se sienta en el sillón en medio de los dos con su trago en la mano y brindamos por la amistad. A esa altura estábamos bien puestos con los tragos.

    No pasó ni un minuto y el amigo ya estaba como tronco, yo igual, le pedí a mi esposa que se sentara en él, esto para realizar una doble penetración. Sin dudarlo se besaron, ella se montó encima de él en el sillón y comenzaron los saltos y las quejas… fue brutalmente placentero… mojé un poco su culito, nuestro amigo le abrió las nalguitas y comencé muy despacio, la puntita, entraba y salía, luego más adentro y ella comenzó el show de los orgasmos. Yo conté 2 en ese lapso, hasta que se lo hundí en el culito y realmente es espectacular, ella estaba extasiada, se movía, gozaba, se corría a chorros, el amigo estaba impregnado con los jugos de ella…

    Así estuvimos un buen rato, bajábamos la intensidad cuando ella se corría, no pasaba el minuto y comenzaba a moverse otra vez, hasta que en un momento nos corrimos los tres juntos, fue muy loco sentir a través de la piel otro pene que también se está corriendo, llegue a sentir sus contracciones y los de mi esposa. Nos quedamos en esa posición un buen rato, salimos, ella se fue a dar una ducha y al cuarto del amigo a estirarse en su cama, él se fue a dar una ducha, yo fui a ver a mi esposa que estaba muy cansada pero despierta.

    Luego me fui a dar una ducha yo. Al volver, el amigo seguía lamiendo su vaginita y su culito, yo me quedé un rato, fui a hacerme un trago, volví como a los 10 minutos y él la tenía en 4 y se lo estaba metiendo por el cultito, ella estaba muy caliente, hasta que se corrieron juntos sin antes el sacarse el condón para terminar en la boca de ella quien muy gustosa se la dejó muy limpia.

    Ya a esa altura estaba amaneciendo, ella cansada y yo nuevamente caliente, la acosté, me monté sobre ella e hicimos el amor como nunca, realmente hicimos el amor. El amigo nos miraba y se masturbaba, al momento comencé a correrme levantándome un poco para dejar caer lo poco que me quedaba sobre su abdomen, mientras el amigo se correría en sus tetas…

    Finalmente nos duchamos los dos con mi esposa (ni creerlo, yo aún caliente) nos vestimos, nos despedimos y nos fuimos a casa cerca de las 6 am.

    Ha sido la mejor experiencia que hemos tenido, cada vez que nos acordamos hacemos correr nuestra imaginación.

    Con el amigo, hemos hecho una buena amistad y hemos repetido todo pero no tan glorioso como esa vez…

    Luego les contaré otras aventuras calientes de mi esposa y mías por su puesto.

  • Un trabajito a mi cuñada Tere

    Un trabajito a mi cuñada Tere

    Mi cuñada siempre me ha parecido muy atractiva con un cuerpo muy sensual, a pesar de estar un poco sobrada en kilos, es de baja estatura, sus pechos de talla 110 y un culo impresionante a sus cuarenta y cinco está muy bien.

    Lleva separada dos años y está pasando serios problemas económicos, la familia la ayuda en todo lo que se puede, yo mismo cuando hay alguna chapuza que reparar lo hago con todo el gusto.

    Mi mujer me dice que en el baño de su hermana hay una pérdida de agua que, si yo puedo echar un vistazo, de inmediato parto a casa de mi cuñada mi mujer no puede acompañarme como otras veces.

    Cuando llego a casa de mi cuñada ella me recibe y nos saludamos como siempre, viste una blusa larga de andar por casa que tapa hasta medio muslo. Me dirijo al baño a comprobar la avería que está bajo el lava manos y en poco tiempo soluciono el problema.

    Mi cuñada entra al baño y se inclina a mi lado y me pregunta si necesito ayuda. La blusa se le recoge y me deja ver el interior de sus muslos blancos y gruesos hasta la altura de su braga.

    No puedo apartar la vista de sus muslos el acaloramiento y la excitación se apodera de mi de una forma incontrolable me abalanzo a sus muslos y comienzo a besarlos mientras ella se levanta y me dice – ¿Qué haces?

    Yo continúo subiendo dirección a su entrepierna, ella sujeta mi cabeza mientras me dice – ¡no, no, por favor, no podemos…! El olor de su sexo me embriaga y comienzo a lamer como un poseso apartando la braga a un lado.

    No opone demasiada resistencia y apoya la espalda en la pared y echa la pelvis hacia delante y me permite lamer con más comodidad. Su respiración se agita esta excitadísima y aprovecho para bajarle las bragas.

    Ella misma se las saca con ayuda de sus pies sujeta mi cabeza por los cabellos con las dos manos y tira hacia ella hundió mi cara en su coño húmedo, con mis manos aferradas a sus muslos comienzo a pasar toda mi lengua de abajo hacia arriba pasando por el centro de su vagina absorbiendo sus jugos.

    Con la lengua localizo el clítoris y se lo chupo a la vez que ella comienza hacer movimientos circulares con las caderas mientras me dice – ¡Chupa, Chupa! con fuertes movimientos pélvicos comienza a correrse ¡aaah, aaah! que por un momento la deja exhausta, su fluido entra en mi boca calientes y viscosos.

    Sin darle tiempo a que se reponga pretendo terminar la faena penetrándola, estoy tan excitado que me corro a la entrada de su coño, ella ríe mientras vuelve a meter mi cara entre sus muslos y me dice – ¡límpialo todo con la lengua!

    Comienzo a lamer mi propia corrida de su carnoso coño recorro con mi lengua toda la superficie exploro todos sus rincones, sus dedos se aferra a mis cabellos y comienza a gemir – ¡oh, oh, oh ¡sin soltarme del cabello presiona a un más el coño contra mí boca.

    Los gemidos cada vez suenan más altos y largos ¡oooh! ¡oooh! perdí la cuenta de cuánto tiempo llevo lamiendo cuando un brutal orgasmo aparece – ¡me corro, me corro! ¡yaaa, yaaa, cabrón…! ¡me corro! me dice -acompañado de movimientos compulsivos y frenéticos.

    Cuando estoy a punto de comenzar un segundo asalto con mi polla tiesa, suena el teléfono es mi mujer que me espera en el coche. Sin más me dispongo a irme cuando mi cuñada se despide de mi con una sonrisa y diciéndome – ¡muchas gracias cuñado por el trabajito!

  • Verano del 84 (Capítulo 4)

    Verano del 84 (Capítulo 4)

    Dormí profundo al principio, pero entre sueños escuché los ruidos de mis abuelos saliendo, mi tío llamándola a Cami, los autos partiendo.  Luego el silencio. Mi sueño se convirtió en duerme vela, y mi erección matinal no faltó justamente esa mañana. Y a pocas horas de tres polvos. ¡Ah, la juventud!

    Cerca de las nueve me levanté y me metí en la ducha. Mi baño era pequeño, y tenía un duchador apenas encerrado por una cortina plástica para no mojar tanto.

    ¿Jojo? – la voz de Susi. Corro un poco la cortina y me la encuentro en la puerta del baño, vestida con su pijama. ¡Claro! Ella había se quedado durmiendo abajo luego de que Cami se fue.

    – Te vas a mojar toda, boluda. – Se va un segundo al cuarto y aparece nuevamente, desnuda.

    – ¿Parece que te quedaste con ganas anoche? – pregunto mirando mi verga semidura mientras se sentaba a mear en el inodoro.

    – Para nada Susi. Quedé así por lo intenso.

    – Algo me llego a comentar Cami. ¿Cuantos?

    – Tres.

    – ¡Ahh, bueno! ¿Cómo es lo de frotar la concha con el pito?

    – ¿Te contó?

    – Si – respondió, aunque más bien parecía que la confidencia había sido parcial.

    – Vení. ¿Aprovechas a bañarte?

    – Seguro, dejé la ducha abierta abajo como cubierta. Nadie va a entrar.

    Nos enjabonamos el uno al otro, y luego le hice juntar bien sus piernas, inserté mi verga entre ellas. Si bien tenía casi mi altura, la pequeña diferencia hacía que mi pene quedara algo doblado hacia abajo, friccionado bien sobre su clítoris. Nos abrazamos y comenzamos a bombear, mi derecha explorando su culo. Aumentamos el ritmo a medida que Susi subía escalones hacia su orgasmo.

    – ¿Ahh pero venís lento hoy? Te dejaron seco.

    – Dale esperame un poquito. – dije sin aflojar el ritmo.

    – Un poquito, no mucho. – contestó entre jadeos. Me esperó, me apuré, y conseguimos acabar juntos.

    – Me gustó esto. – me dice.

    – Hay otras variantes que tenemos que probar. – Apagamos la ducha y nos comenzamos a secar compartiendo la única toalla.

    – ¿Te gusta Cami?

    – Si claro.

    – “Si claro” no. Te pregunto si sentiste algo más con ella. Si te gustaría que fuera tu novia.

    – Si, la verdad que sí.

    – A mí me gustaría que se metieran de novios. Esto nuestro es un juego Jojo. Se va a terminar con el verano. Lo de ella con vos puede ser serio. Y a mí me gustaría, porque los quiero a los dos.

    – ¿Y vos crees que me acepte sabiendo de esto?

    – No sé. Tampoco le conté tanto. Le miento y le digo que fue un par de veces nomás.

    – Es buena. Y ya que estamos de confidentes sobre ella, hicimos más que esto. Se la chupé y me la chupó. Es más, casi se la meto.

    – ¿Vistes? A ella también le pasa algo.

    – Pará, falta lo más importante: nos besamos.

    – Intentá llamarla hoy sin falta. Igual mañana a la siesta nos vemos – se fue con una sonrisa y un guiño.

    La llamé esa tarde. Media hora y conseguí la maldita comunicación. Hablamos lo que pudimos como pendejos acaramelados que éramos. Al otro día me esperaba un encuentro con Susi, y una grata sorpresa. Me confirmaron un turno en el médico a primera hora de la mañana, por lo cual iba a estar básicamente suelto todo el resto del día en la ciudad. Susi llegó puntual con un frasco en la mano.

    – ¿Qué es eso Susi?

    – Aceite para bebés. Lo usan para Facu – Facundo era el hermanito bebé de Susana.

    – Ah, ya te agarré la idea.

    Nos desvestimos y empezamos a tocarnos el uno al otro. Ya recuperado, mi amigo reaccionó con presteza. Decidimos probar la segunda variante que había intentado con Cami, pero puse una toalla bajo mi cola para contener al aceite, que Susi vertió abundante sobre mi verga. Se montó arriba mío y comenzó a mover su pelvis hacia adelante y atrás. La sensación que agregaba el aceite era genial.

    – Muy bueno lo del aceite Susi. No sabés que lindo se siente, y siento el calor de tu concha que me quema. – le dije al tiempo que jugaba con sus pezones.

    – Ahh, si esta buenísimo. Mirá, ahí cuando me empuja el clítoris de atrás me mata. – decía al tiempo de lo frotaba específicamente sobre mi glande, lo que me provocó un espasmo. – Pará, todavía no.

    – ¿Te falta?

    – No, pero está muy bueno, sigamos un rato. ¿A ver esto? – Se recostó hacia atrás, hasta que pudo juntar sus muslos, con mi verga atrapada en su entrepierna, y comenzó a mover las caderas hacia arriba y abajo.

    – Espectacular.

    – Si – dijo entre jadeos y alguna risa – pero es como un ejercicio de gimnasia muy difícil. – Se cansó en breve y se sentó – ¿Cómo es que casi se la metés?

    – Jugamos un poco en la entrada. Pero yo acabé.

    – Confió en vos como nunca, ¿Eh? – me dijo mirando fijo. Asentí, y miré alrededor.

    – Ahí, sentate contra el respaldo de la cama.

    Le puse dos almohadas bajo la cola, para que me quedara más alta. Me arrodillé con las piernas abiertas, y le froté con mi cabeza en su vulva hacia arriba y hacia abajo. Agregué un poco de aceite, más por la adrenalina que por necesidad, y acomodé el glande en su entrada. El calor y la suavidad húmeda que sentía en la punta invitaban con la fuerza del instinto más primario. Entro, probablemente un par de centímetros, hasta que Susi con su mano me indicó “hasta ahí”. Se empezó a frotar el clítoris y yo a pajearme apenas moviéndome. Poco más nos hizo falta a ambos. Susi estalló. Cerró sus piernas y se estremeció con violencia. Yo zafé mi cabeza hacia arriba y disparé sobre su vientre y lolas.

    – Uau Susi – le dije cuando recuperamos el aliento. – Lo que se debe sentir adentro.

    – Ya sabes que no es conmigo, ni yo con vos.

    – Hola linda – dije con voz acaramelada cuando pude conseguir la comunicación y su madre me la pasó.

    – Hola Jojo. ¿Cómo estás?

    – Muy Bien. Antes de que se corte, el jueves tengo que ir a Buenos Aires al médico. Termino a eso de las 11 y tengo que esperar a la tarde hasta que me traigan de vuelta. ¿Te parece que nos veamos?

    – ¡Si, seguro! ¿Dónde nos encontramos?

    – ¿Te parece en Callao y Córdoba a las 11 y media? Te queda la estación de subte, y yo llego sin problemas.

    – ¡Genial!

    El día estaba bastante agradable, con calor pero sin el agobio del verano porteño. Cami vestía una remera floreada sin mangas, en colores amarillo, rojo y blanco, y un pantalón ajustado también blanco. Lo que antes me parecía lindo, ahora me dejaba sin aliento. Sin titubear, nos saludamos con un beso en la boca, y comenzamos a caminar tomados de la mano. Nos sentamos un rato en plaza Rodriguez Peña a charlar y sobre todo a besarnos. Nos entretuvimos largo rato en una disquería, donde nos compramos el LP de Cindy Lauper, que incluía “Girls Just Want to Have Fun” y el muy romántico “Time after time” que sonaban por todos lados en esos días. Nos sentamos a comer en The Embers.

    – Estuvo lindo la otra noche. – es la primera vez que sacaba el tema, ya en la sobremesa.

    – Hermoso. Casi lo hacemos. Digo… del todo. Supongo que ya se repetirá. Pero que lindo verte hoy… Estoy enamorado de vos Cami. – solté mi declaración sin más.

    – Yo también Jojo. – y me tomó la mano.

    – ¿Y no te jode lo que hice con Susi?

    – Quizás un poco. Y yo también entré un poco en ese juego. Pero después, cuando me tomaste la mano bajo la mesa… Y en la habitación… me pasó algo diferente.

    – Que ganas de salir de la se campo de mierda y estar acá el finde para salir con vos.

    – Quedan 15 días.

    – Una eternidad.

    Tomamos el subte hasta Palermo, zona en la que todos vivíamos, paseamos un rato por el jardín zoológico y luego fuimos hasta mi casa, donde tomamos la merienda con mi madre mientras esperábamos a mi viejo que venía de la fábrica con el auto, para salir de nuevo para el campo. Mi vieja nos recibió con mal disimulada felicidad. Si bien no había dicho mucho, estaba claro que yo estaba en edad para algún noviazgo, y Camila era “gente como uno más allá de algún problema familiar” por decirlo de algún modo. Cuando papá llego, bajamos con intención de dejarla de camino en su casa, pero en la vereda nos cruzamos María, la madre de Cami. Nos saludó efusivamente, y se ganó mi amor. “¿Porque no te venís el sábado y se van al cine? Después te quedas a dormir en casa en la habitación de huéspedes. ¡Así aprovechan porque se acaban las vacaciones y después en la universidad se termina la farra!”

  • Estos fríos días de marzo

    Estos fríos días de marzo

    Yolanda me esperaba todos los martes a las diez de la mañana. Yolanda sabía que a esa hora de ese día yo pasaba por su calle, y me esperaba. Me esperaba sentada en una silla de anea; y, en estos fríos días de marzo, lo hacía envuelta en una bata. Ahí la veía. Bajo la bata llevaba un pijama. Sin embargo, a pesar de la baja temperatura, Yolanda calzaba unas chanclas playeras que dejaba entrever sus bronceados pies. Bronceados pies del color de su cara. Bronceada piel que yo ansiaba ver desnuda, por la que yo moría. «Hola», me saludó; «Buenos días, Yolanda», la saludé; «¿Entramos ya o hace un cigarrillo?»; «Entramos». Yolanda empujó la puerta semiabierta del portal y ambos pasamos adelante a través de un pasillo; bajamos cinco escalones y, tras abrir la puerta de su estudio, entramos.

    La cama estaba pulcramente hecha en mitad de la habitación que era a la vez dormitorio y a la vez salita de estar; justo en el centro. Mientras Yolanda se quitaba la ropa, yo saqué un billete de 50 euros de mi cartera y lo dejé en el mueble sobre el que estaba el televisor. Yolanda se tumbó de espaldas en el edredón, después de encender una pequeña estufa eléctrica que tenía cerca de la cama, y me esperó. Esperó a que yo también me desnudase. Una vez lo hice, se abrió de piernas. Yo, frente a ella, admiré su figura. Yolanda era delgada; sus caderas eran anchas y sus tetas eran como pequeños limones: los pezones sobresalían de la carne, oscuros, más oscuros que su piel. Me subí encima de Yolanda después de ponerme el preservativo y mi polla penetró en su coño lubricamente. «Venga, niño, hazme tuya», me susurró Yolanda al oído cuando acerqué mi cabeza a la suya; y comencé a follarla. «Ah, aahh, sí, sí, dame…, más, más», decía Yolanda entre gemido y gemido con la intención de que me corriera a gusto. «Aahh, vaya polla tienes, lo que se pierden algunas», seguía diciendo Yolanda entre jadeos y suspiros. «Uff, oh, oohh, Yo-lan-daaa», grité al correrme. Fue a despedirse de mí a la puerta de su estudio. «¿Mañana vendrás?», me preguntó; «Ya sabes, Yolanda, cada semana», respondí; «Sí, lo olvidé», dijo, y cerró la puerta.

    Pero, cosas que pasan, sí, volví al día siguiente. Yolanda no estaba. Pregunté a otra puta que por la calle paseaba a la espera de clientela. «¿Yolanda?, ella no está aquí siempre, ni siquiera vive aquí»; «¿Ah, no?», pregunté desconcertado; «No», dijo la puta, «pero ¿si te puedo servir en algo?», me guiñó. Cierto es que esta mujer prometía un buen polvo; rubia y con exuberantes formas, parecía nacida para follar, para satisfacer los apetitos sexuales de cualquier macho. Pero no, no quise entrar con ella y me despedí amablemente.

    Yo la imaginaba con otro hombre, quizá su marido. Imaginaba a Yolanda extasiada, ida de amor, suplicando sin fingimientos más brío a su amante: «Más, dame más…», como lo hacía conmigo. O la imaginaba metiéndose en la boca una hinchada polla, quizá la de su marido, que en el momento final lanzaba un chorro de semen sobre sus labios entreabiertos. No podía saberlo con exactitud. Digamos que, si Yolanda tenía una doble vida, ésta estaba prohibida para mí.

    ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando, unos minutos después de despedirme de aquella puta, vi a Yolanda por la misma calle? «Hola», dijo nada más cruzarse conmigo, «me dijiste que hoy no venias»; «A mí me acaban de decir que tú no estabas», dije alzando la mano cerrada y señalando detrás con el pulgar; «¿Esa?, te ha mentido para que te vayas con ella, ya sabes», dijo riendo; «Entonces ¿vives aquí?»; «Pues claro, no voy a vivir en un palacio…», rio; «Claro», asentí.

    Después, follamos.

    Aunque esta vez no quiso cobrarme. Yo noté algo distinto: Yolanda no fingía; de hecho, Yolanda no emitió ningún gemido mientras yo, arqueado mi torso sobre el suyo, le chupaba las tetas a la misma vez que la embestía dando golpes de caderas firmes y acompasados. Fue sólo unos segundos antes de correrme, y durante toda la corrida, que Yolanda dio un gran suspiro y puso los ojos en blanco. Interpreté por estas señales que ella también se había corrido; no obstante, se lo pregunté. «Aahh, sí, me he corrido…, y no sabes cuánto tiempo hace que esto no me sucede», me contestó, habiéndome dado un sonoro beso en los labios antes.

    Por la noche volví a mi casa. Mi mujer, Mariví, en la salita de estar, veía la televisión. «Buenas noches, amorcito», me dijo sin despegar la vista de la pantalla. Entré en la cocina para picar algo de comer pues estaba hambriento. «Te he dejado unas croquetas en el microondas, sólo tienes que calentarlas», oí que decía mi mujer. Programé el microondas y, tras sonar la campanilla, saqué el plato de croquetas y las devoré. Después fui a la salita de estar. Mariví vestía la bata polar de color rojo que le regalé el día de su cumpleaños. El cabello rubio de Mariví, peinado con la raya a un lado, me retrotrajo a otro tiempo. Un tiempo feliz. Un tiempo en el que nos amábamos con pasión. «Mariví», dije, «hoy he vuelto a ver a Yolanda»; «Te la sigues tirando»; «Sí»; «Echaste a su madre de tu empresa, se suicidó por tu culpa, ¿ella no lo sabe?»; «Por supuesto, no sabe quién soy». Esa noche, Mariví y yo follamos, como siempre que sentíamos dolor, dolor por las cosas mal hechas. El vello rubio de Mariví rodeaba mi polla hinchada, que entraba en su coño con fuerza.

    Yo pensaba mucho en Yolanda. Sí, ya sé, me la tiraba, y sólo eso es lo que me importaba; pero pensaba en ella. Mi matrimonio iba bien; quiero decir, Mariví y yo nos entendíamos y aceptábamos nuestras infidelidades con naturalidad. Cierto es que cuando descubrí a Yolanda en la calle, enseguida supe de quién era hija, pues el parecido que tenía con su madre muerta era asombroso, y que fue precisamente Mariví la que me animó a frecuentarla. «Fóllatela y paga, se lo debes», me decía a oscuras en nuestro dormitorio mientras me hacía una felación; «Calla, sigue, sigue Mariví», le decía yo a punto de correrme; «Mmm, mmm, prométemelo», me decía Mariví con mi polla entre sus labios, antes de continuar hasta el final; «Ooh, oohh, sííí, Mariví». Y me sacaba una promesa a la misma vez que el semen.

    «No sé nada de Yolanda», me informó una de las putas que rondaban por la calle estrecha; «Ya no vive aquí», dijo otra; «¿Dónde vive ahora?», pregunté; «No sé»; «No sabemos»; «¿Quieres follar, guapo?», me propuso una tercera que por ahí estaba; «¿Cuánto?», pregunté; «Cuarenta, y te lo hago rico rico». Me fui con ella. Era una morenaza de caderas finas y tetas grandes que se quitó el mono rojo que llevaba en un instante en cuanto entré en su habitación. «¿Cómo quieres?», me preguntó; «Por detrás», le dije. Se colocó a gatas sobre el colchón y yo lo me arrodillé detrás; me saqué la polla del pantalón y, tras ponerme el preservativo, se la metí por su estrecho agujero. «Ay, canalla», exclamó, «vaya pollazo». Me agarré a la cintura de la puta y emprendí mi cubrimiento con vigorosas embestidas, a las que la puta respondía con sonoros gritos de satisfacción: «Aahh, aahh, aahh». A punto de eyacular, solté: «Yolanda», y la puta soltó: «Aahh, la pobre». Paré. «¿Qué has dicho?», pregunté; «Nada, nada, sigue, guapo, córrete». Saqué mi polla del agujero y me tumbé bocarriba pensativo sobre el colchón. La puta se apoyó en uno de sus codos y se arrimó a mí. «Guapo, no he dicho nada, no me hagas caso…, digo cosas mientras me follan, pero no son en serio», se explicaba la puta entretanto me quitaba el preservativo y comenzaba a pajearme, «vamos, vamos, guapo, córrete, córrete». Su mano empuñaba mi polla y la recorría de arriba a abajo. «Uf, sí, vamos, me corro, me corro, oohh». Mi semen salió disparado y cayó esparcido sobre el brazo de ella. Después dijo: «Yolanda está muerta».

    Yolanda murió de pena

    por no tener un amor,

    por follar con este actor

    que le puso una cadena.

    Saberlo fue su condena:

    que su madre muerta está

    por culpa de él. Ay, será

    ahora ella la que se muera.

    Ya el infeliz desespera

    con razón: su hora vendrá.