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  • Cojo en casa a la sobrina de mi esposa

    Cojo en casa a la sobrina de mi esposa

    Cuando mi esposa me dijo que su sobrina Laura se quedaría una semana en el departamento, acepté inmediatamente. La había visto he interactuado con ella en nuestras visitas a Cuzco y me parecía una joven muy sensual. De nalgas generosas y sonrisa coqueta, siempre me había atraído. Siempre hubo una relación cordial entre nosotros, pero nada que pudiera decirse de connotación sexual. Incluso habíamos ido alguna vez por unas cervezas ambos solos, pero como tío joven y sobrina joven. No me hice ninguna ilusión de que llegará a pasar algo durante su visita, pero sí que la vería ligera de ropas en casa.

    Llegó un viernes por la tarde. Cuando volví de la oficina ya estaba en casa. Cenamos los cuatro, ella, mi esposa e hija y yo. Fue una conversación tranquila y luego a descansar.

    Sábado y domingo, casi todo el tiempo en casa con mi familia. Con mi esposa e hija fuimos al supermercado el sábado y al cine el domingo. Mi sobrina salía temprano y volvía a la noche. La vi poco, sólo en los desayunos, donde se presentaba con una formal pero bonita bata de dormir.

    El lunes, mi esposa salió temprano, llevando a mi hija al colegio, para luego hacer algunas compras. Siempre salía unos 40 minutos antes que yo saliera a la oficina y usualmente volvía luego que yo había partido.

    Ese lunes ni bien mi esposa se fue con mi hija, salió mi sobrina de su habitación. En una muy coqueta pijama de short y blusa. Claramente sin nada debajo. Yo desayunaba en la cocina. Se me acercó, me dio un beso en la mejilla y me dijo “buenos días tío”. Tomo algo de la refrigeradora, que estaba frente a mí. Se agachó un poco, lo que me permitió confirmar que no llevaba tanga puesta. Se sentó al frente mío, charlamos un poco y yo tenía la verga tiesa.

    Terminé de desayunar. Me dispuse a lavar los servicios. Ella me dijo “deja tío, yo lo hago”. Le agradecí y fui al baño a cepillarme los dientes. Estando allí ella apareció y me preguntó ¿tío, no tendrás un jabón que me prestes? Saque uno nuevo del armario y se lo entregue. Apretados ambos en el baño, que no es muy grande, roce sus nalgas casualmente. Me hice el desentendido, ella también.

    Al día siguiente, la misma rutina. Ni bien salió mi esposa con mi hija, ella se apareció en la cocina. Al igual que el día anterior, se inclinó para sacar unos embutidos del refrigerador, pero más que el día anterior, lo que ya la ponía en posición claramente sexual. Con una voz que me resultó muy provocadora me dijo “tío no encuentro el jamón”. Me levante, me acomode detrás de ella para buscar y sentí como ella se me tiró para atrás.

    Por casualidad o porque ella lo calculó, mi verga ya tiesa se colocó entre sus nalgas. Ella, sin voltear ni mirarme me dijo “tío que dura la tienes”.

    Detrás de ella, perdí la compostura. Le cogí ambos senos, le dije “que tetas duras tienes tu”.

    Volteó y nos besamos. Sin recato y con la frescura de su juventud me dijo “quiero usar lo que usa mi tía”. Sin más se arrodilló, desabrochó mi pantalón y sacó la verga. La mamó con destreza, pero sólo unos instantes y me dijo “llévame a la cama de mi tía”. La cargué y la llevé a nuestra habitación. Se puso en 4 patas al borde de la cama y ella misma se bajó el short.

    Puse saliva en mis dedos y le unté el coño. Innecesario, estaba muy húmeda. La penetré y sentí como su coño de poco más de 20 años ajustaba deliciosamente. Comenzó a gemir y decir “tío dame más, hazme gemir como a mi tía anoche”.

    Le dije que era muy puta, demasiado puta y ella me dijo que si, que lo era. Su ritmo era salvaje, la excitaba cogerse a su tío en la cama que compartía con su tía. A mi cogerme esa hembra joven, en mi cama nupcial era un sueño.

    Le unte saliva en el culo con mis dedos. La acomodé. Flexione sus rodillas y quedo con el torso echado sobre sus muslos. Su culo muy tirado hacia atrás, al borde de la cama. Le dije “te voy a culear perrita”. No respondió nada. Puse mi verga en su ano y empecé a empujar. Ajustaba y mucho, pero ella se dejaba hacer, sin decir ni una palabra, solo con gemidos ligeros.

    Cuando pude tener toda mi verga dentro, sentí como se le aceleraba la respiración y empecé a moverme con violencia. Ella solo quieta, sin moverse, comenzó a decir “por el culo tío, que rico por mi culo tío, lléname el culo tío”.

    La sacaba casi toda y la volvía a meter. Algunas veces la saque completamente y la volvía a meter. Tuvimos un orgasmo juntos, le llené el culo de leche y (felizmente) me di cuenta que su vagina se había humedecido tanto a punto de chorrear. Saque mi verga y con su short limpie sus jugos vaginales que empezaban a chorrear, me salve casi milagrosamente una inexplicable mancha en la cama que compartía con mi esposa.

    Me di cuenta que estaba con la hora. Le dije que debía irme. En el baño, con unos paños húmedos limpié mi verga y me dispuse a salir. Antes de salir de casa mi sobrina se me acercó y me dijo “que te vaya bien mi amor”. Me dio un ligero beso en los labios y corrió a su habitación.

  • Con las botas puestas

    Con las botas puestas

    El contenido del relato es muy sencillo. Me gusta tomar fotos de mi mujer mientras tiene sexo con sus conquistas, porque encuentro estéticas, atractivas y muy excitantes las imágenes que se capturan, las composiciones, el ambiente, el decorado, el color de las sábanas y el contraste del color de su piel con la de su amante. Tal vez lo único que interesaría en estos casos es el tema netamente sexual, pero hay algo de cautivador en las fotografías cuando tu mujer se ve a medio vestir, gesticula durante el acto y se perciben texturas y colores que generan interés y excitación cuando estas fotografías se ven una y otra vez.

    Ella generalmente no se desnuda del todo a la hora de fornicar con sus corneadores, sino que se deja puestas las pantimedias y sus zapatos de tacón. Digamos que es una marca registrada. Ella también ha disfrutado viendo las fotografías que he tomado en sus encuentros y sabe que hay diferencia entre aquellas donde está totalmente desnuda y las que la muestran a medio vestir. Tal vez por eso, y sabiendo que los estoy fotografiando, ella nunca se desnuda completamente.

    Algún día, sin embargo, caminando por un centro comercial, nos detuvimos frente a la vitrina de un almacén de calzado que exhibía maniquís de mujeres luciendo diferentes tipos de botas. ¿Te llaman la atención? Le pregunté. Sí. Están bonitas, respondió. Bueno, comenté sin titubear, te voy a regalar unas. Y, sin decir palabra, entramos al lugar para ver qué se nos antojaba.

    Poco tiempo después se estaba probando diferentes modelos de botas, mirándose en el espejo para ver con cual de ellas se sentía más cómoda. La selección no fue fácil, porque ella estaba pensando en cómo combinarlas con la ropa que tenía mientras que yo estaba pensando en cómo quedarían las fotografías y cómo se vería ella retozando con sus amantes.

    Finalmente estuvimos de acuerdo en adquirir unas botas negras, de tacón alto, bastante ajustadas a sus piernas y que llegaban un poco más arriba de sus rodillas. Pero, claro, había un pero. Con las mujeres, en temas de vestimenta, siempre hay un pero. Esas botas, según su opinión, no lucirían bien con la ropa que tenía. En fin. El regalo, entonces, tendría que ser algo más que las simples botas, así que nos fuimos a buscar un vestido que hiciera juego. Y, la verdad, los almacenes que visitamos tenían solo ropa convencional, de manera que nada parecía satisfacer sus gustos.

    Habiendo visitado varios lugares, al parecer sin resultado, seguimos vitrineando hasta que, quizá por casualidad, cruzamos por enfrente de un almacén de lencería erótica. Y ella, sin yo sugerir nada, comentó que allí pudiera haber ropa que hiciera juego con sus botas. He llegado a pensar que, para ese momento, por su cabeza ya pasaban imágenes excitantes exhibiéndose para otros. Lo cierto es que, una vez entramos al lugar, la selección resultó aún más complicada, no porque los vestidos no combinaran sino porque ella, al fin y al cabo, no sabía por cual decidirse.

    Finalmente escogió un conjunto en látex, de color negro mate, compuesto por un corpiño escotado y una falda bastante corta, que ciertamente permitía resaltar sus piernas, haciéndolas ver incluso más largas de lo que eran. Ella se veía bastante sexy y atractiva con ese atavío. Y, con gusto evidente, hicimos la compra.

    Bueno, pregunté, pero ¿dónde y cuándo vas a tener la oportunidad de exhibir esa vestimenta? No es un atuendo común y serían muy pocos los espacios y momentos para usar ese vestido. Ya habrá oportunidad, dijo. Y si no, pues se usa en ocasiones especiales. ¿Cómo cuáles? Pregunté curioso. Pues lo luciría para ti. ¿Te parece poco? No, para nada contesté. De verdad te ves muy bien.

    Pasaron los días y, de verdad, no hubo oportunidad para justificar el uso de aquel atuendo. Las anheladas botas y el conjunto de cuero permanecían guardados en el closet, sin estrenar. Tuvimos encuentros casuales con “singles” y nunca se dio el momento para lucir aquellas prendas. Y así fue pasando el tiempo hasta que llegó el mes de octubre y, con ocasión del día de brujas, por fin se encontró justificación para lucir las prendas.

    Fuimos invitados a una fiesta aquel día, en un hotel exclusivo, motivo por el cual no podíamos aparecernos con cualquier atavío. Ella, sin dudarlo, recurrió a las prendas guardadas en su guarda ropas y yo, un tanto indeciso, decidí caracterizarme como el Conde Drácula, también de negro y con capa.

    La fiesta estuvo bastante concurrida y, como era de esperarse la dama de botas altas, con hombros descubiertos y corpiño escotado, causó sensación. Fuimos presentados con varias personas, conocidas de nuestros anfitriones y, en medio de la algarabía, también aparecieron otros muchos que simplemente querían acercarse para detallar muy de cerca a mi mujer. El ambiente era alegre y agradable, por lo cual ambos estábamos a gusto, sin prever nada diferente a divertirnos un rato aquella noche.

    Pero era obvio que muchos hombres estaban cautivados con el “look” de mi mujer y se acercaban a ella en plan de galanteo y conquista, impulso que se veía un tanto frenado cuando identificaban que quien estaba a su lado era yo, su esposo. Así que todo muy distante, muy educado y muy respetuoso. Sin embargo, ella no rechazaba, para nada, las invitaciones a bailar, que fueron recurrentes y muy seguidas. Y, como ella lo disfruta, pues nada raro había en que lo hiciera.

    Avanzada la noche y habiendo departido con varias parejas, ciertamente surgió el interés y preferencia por alguien. Ya sabía yo que, si ella mostraba interés en alguien, era porque en sus acercamientos ya había podido evaluar su virilidad, imaginado en su cabeza cómo pudiera ir un encuentro más allá del simple baile. El hombre seleccionado, un muchacho un tanto más alto que ella, de piel morena y contextura normal, parecía divertirla con su conversación, buenos modales y habilidades para el baile.

    Avanzada la noche y dado que bailaban repetidamente, una y otra vez, era evidente que aquello pintaba para algo más que divertirse bailando. Al percibir aquello, en mi cabeza ya aparecían imágenes de ellos dos retozando desnudos en la cama, pero ella, claro está, con las botas puestas. Se la veía muy contenta y acaramelada con su parejo de baile, así que me fui anticipando por lo que pudiera suceder y fui a la recepción para rentar una habitación.

    Había posibilidades de seleccionar la habitación que más me gustase, así que el botones me acompañó para mirar varias opciones, decidiéndome por un cuarto grande, en el séptimo piso, con una vista magnífica de la ciudad, dotado con una elegante y acogedora cama. A su lado, en la pared, había un espejo que le permitía a uno verse de cuerpo entero. Me pareció ideal para lo que imaginaba iba a pasar. Y si no fuese así, no importaba. Estaba decidido a pasar allí lo que quedaba de la noche.

    Cuando volví de nuevo a la reunión, parecía que nada había cambiado. Se la veía a ella bastante relajada y desenvuelta, bailando con el muchacho que había cautivado su atención. Sin embargo, cuando volvían a la mesa, pude observar la delicadeza con la que él la tomaba a ella por la cintura, dirigiéndola entre la multitud de regreso a nuestra mesa. La escena se veía un tanto cómica, porque Luis Andrés, que así se llamaba el muchacho, iba disfrazado de payaso. Un payaso caminando detrás de una “esposa caliente”.

    Tan solo con ver la mirada de mi esposa supe que la aventura ya estaba en marcha. Había algo de picardía reflejada en su mirada y morbosidad en sus gestos cuando se dirigía a él. Se sentaron en la mesa y conversaron por un rato, al cabo del cual mi mujer, sin recato alguno, dijo: me gustaría que nos hicieras unas fotografías. ¿Trajiste la cámara? No entiendo, dije yo haciéndome el desentendido. Ya tu sabes, bobo, quisiera estar un rato con Luis Andrés y me gustaría que me tomarás unas fotos luciendo esta indumentaria.

    Okey, dije. Supongo que él ya está enterado cómo funciona la cosa. Pues no le he dicho nada, comentó, pero no creo que eso sea problema. El parece estar muy a gusto conmigo, se ha mostrado muy dedicado y bastante insinuante, por lo que pienso que no va a haber inconveniente. Se la ha pasado coqueteando todo el rato y pienso que, de proponérselo, no rechazaría la oportunidad. Está encantado. Pero, pregunté, estás hablando en serio o es solo una idea. Es en serio, respondió, a menos que no estés de acuerdo. No es que no esté de acuerdo, respondí, solo que no lo esperaba.

    Bueno, dije, déjame pagar la cuenta y vamos a la habitación. ¿Cómo así? preguntó. ¿Ya reservaste? Sí, contesté. No sé por qué, pero imaginé que esto iba a pasar. Está en el séptimo piso, la número 703. ¿Nos vamos adelantando? Sugirió. ¡Si quieres! respondí, entregándole una llave. Yo tengo otra. Allá les llego, entonces. Y procedí a cancelar el consumo. Por otra parte, habiendo sido mi esposa el centro de atracción, debió verse curioso que el Conde Drácula, el payaso y la “hotwife” abandonaran la fiesta y se dirigieran a las habitaciones…

    No me demoré mucho y, al llegar a los ascensores, ellos estaban esperando. Pensé que ya estaban arriba, comenté. No, dijo ella, preferimos esperar y subir todos juntos. ¡Perfecto! En el ascensor íbamos solo los tres. Luis Andrés, lanzado a la aventura, besó a mi mujer en frente mío y ella no lo rechazó. Es más, diría que lo disfrutó, porque él empezó a utilizar sus manos para estimular su sexo. Así que me limité a observar cómo se acariciaban y besaban mutuamente hasta que nos detuvimos en el séptimo piso.

    Me dio un tanto de risa porque, caracterizados como estaban con la indumentaria, se veía un tanto cómico cómo el payaso besaba a mi esposa, vestida muy insinuante, tal vez luciendo como una prostituta. Pero aparte de ese detalle, ambos, hembra y macho, ya estaban enfrascados en su sexual aventura.

    Al detenerse el ascensor y abrirse la puerta, les hice la seña para que se adelantaran, mostrándoles el camino. Habitación 703, dije. El recorrido hasta allí sería como de unos veinte metros. Mi mujer encabezaba la fila, yendo Luis Andrés y yo detrás de ella. El golpeteo de sus tacones al caminar y las imágenes que ya corrían por mi cabeza me excitaron sobre manera. El muchacho, caminando muy cerca de ella y atrevido en exceso para mi gusto, le acariciaba con delicadeza sus nalgas mientras hacíamos el recorrido. El ya estaba en lo suyo.

    Ella usó la llave para abrir la puerta e ingresó a la habitación. Luis Andrés, no más entrar, la abrazó, besándola nuevamente. El encuentro sexual ya había empezado en ese punto. Y fui yo quien, cerrando el grupo, cerré la puerta. Para ellos, en ese instante, concentrados el uno en el otro, yo ya había dejado de existir, ignorando totalmente mi presencia, así que me relajé y me limité a observar la escena y tomar fotografías del evento.

    Mi esposa tomó el control de la situación y empezó a desvestir a Luis Andrés, que, muy excitado, estaba dedicado a masajear sus senos y llevar sus manos por debajo de su falda hasta las nalgas, sin dejar de besarla por un instante. Sus bocas abiertas dejaban ver cómo sus lenguas se entrelazaban y, al ritmo de sus respectivas caricias, sus manos inquietas exploraban sus cuerpos en toda su extensión.

    Mi mujer nunca se ha equivocado en estos casos, pues al desvestir al bajar sus pantalones puso al descubierto el enorme miembro que tenía. Y ella, encantada con tal vista, de inmediato procedió a empujarlo hacia atrás, hacia la cama, llevándolo a que se acostase de espaladas mientras ella se deleitaba contemplando y masajeando tan provocativo pene, que, poco tiempo estuvo a mi vista, porque rápidamente lo llevó a su boca para chuparlo como quien degusta una colombina.

    Definitivamente la dureza y textura de aquel miembro deslumbró a mi esposa, que no dejaba de masajear y chupar ese miembro para deleite del muchacho, quien no dejaba de gesticular y emitir tímidos gemidos mientras ella hacía su trabajo. El le pidió que se volteara y ella así lo hizo, ubicando su cuerpo a un costado de él. Al principio, en esa posición, él se dedicó a acariciar sus piernas y sus nalgas mientras ella seguía concentrada en chupar y chupar con deleite aquel pene.

    Ahora déjame hacerlo a mí, suplicó el muchacho. ¿No te gusta? Replicó ella. Sí, me encanta, pero ya hiciste tu parte. Déjame hacer la mía. Bueno, dijo ella, sentándose en la cama, a su lado, en posición invertida, como estaban. El se levantó de la cama y se puso de pie. ¡Ven! Le dijo, invitándole a que le acompañara y ella así lo hizo.

    Estando así, entonces, Luis empezó a desvestirla mientras se besaban y acariciaban, y también a despojarse él de las prendas que aún vestía, quedando los dos desnudos, frente a frente, excepto por las botas que mi esposa tenía puestas. Fue él quien ahora empujó a mi esposa hacia la cama para que se acostara de espaldas. Ella, quizá pensando que había llegado el momento de la penetración, se dispuso cómodamente y abrió sus piernas para facilitar las cosas, pero Luis tenía otra cosa en mente. Se fue acercado a ella, poco a poco, pero se inclinó sobre sus caderas para saborear su sexo.

    Estuvo en esa posición, chupando la vagina de mi esposa, lamiendo su clítoris con la lengua e insertando los dedos dentro de ella para estimularla todavía más. Y ella, por supuesto, encantada. Jugó y jugo con ella, por un largo rato, entretenido con los gemidos de mi esposa hasta que, al parecer, sin más recursos, anunció: “Ya no aguanto más”. ¿Por qué lo dices”, preguntó ella? Porque te quiero penetrar ya, respondió él. ¿Y qué te detiene? Gracias, se limitó a decir él y se incorporó para penetrar a mi esposa, que ansiosa ya lo estaba deseando.

    A mí esa imagen siempre me va resultar excitante. El momento en que su miembro erecto entra en su vagina genera muchas sensaciones. El que ella abra sus piernas para recibirlo y que, una vez esté entrando ese pene dentro de su cuerpo, ella empiece a gesticular, a atraer con sus manos el cuerpo del muchacho para que vaya más profundo, ciertamente excita, calienta, emociona. Y ese pene, erecto y curvado hacia arriba, pronto generó en ella reacciones placenteras. Fue evidente. Su cuerpo empezó a contorsionarse debajo de aquel macho que metía y sacaba su miembro compasadamente.

    Ella, entregada al momento, y muy excitada con el accionar de su amante, lo estimulaba a actuar diciéndole repetidamente, ¡dale! no te detengas, te siento rico. Y el muchacho, envalentonado con aquellas palabras, taladraba sin cesar a mí esposa, que gesticulaba, se contorsionaba y gemía a placer, haciendo aquella escena todavía más atractiva. Y más excitante aún porque, con sus botas puestas, la imagen era muy erótica y caliente. No lo puedo describir. Mi miembro estaba que estallaba con sólo ver cómo ella movía sus piernas debajo de aquel macho que la penetraba, proporcionándole mucho placer.

    Luis, de cuando en cuando, interrumpía sus embestidas, sin dejar de sacar su miembro, para volver a atacar, primero lentamente y luego con mayor velocidad, a mi excitada esposa. No pares, le decía, ¿por qué te detienes? Era solo para preguntarte si estás bien, decía él. ¿Lo estás? Sí, respondía ella con una vocecita, estoy super. Te siento rico. ¡dale!

    Y darle es lo que hacía ese muchacho. Embestir y embestir el sexo de mi esposa, dándose sus mañas para besarla, para tocarla, para apretar sus nalgas y para disfrutar de ella a sus anchas, así como ella disfrutaba de las caricias sexuales de su macho. El tiempo transcurría y aquel, con su táctica de embestir y detenerse periódicamente, había extendido el tiempo y ella pareció demandar una mayor sensación, así que él aceleró y aceleró sus embestidas hasta que ella, gimiendo desesperadamente, pareció alcanzar el clímax de placer.

    Con un sonoro uuuyyy… ella echó sus brazos hacia atrás y disfrutó en silencio las sensaciones que le produjo aquel instante, relajándose a voluntad para descansar de la faena. El muchacho se quedó un rato sobre ella, besando y masajeando su cuerpo a placer hasta que ya, también relajado, se incorporó mostrando un miembro flácido, que aún goteaba algo de semen por la punta. Y, al parecer satisfecho, se recostó al lado de mi esposa, sin dejar de masajear sus senos. ¿Te gusto? Le preguntó. Sí, mucho, respondió ella.

    Después de aquello, con sus cuerpos muy juntos y entrelazadas sus piernas, se quedaron dormidos. Pensé que aquello había terminado así y no supe si despertar al muchacho para insinuarle que, finalizada la sesión, ya era tiempo de dejarnos solos, pero preferí esperar. No quise importunar a mi mujer que dormía plácidamente. Sin embargo, transcurrido el tiempo, ella, palpando el cuerpo que reposaba a su lado, instintivamente buscó con su mano el miembro de Luis, que, al contacto con esa caricia, despertó de nuevo.

    Parecían estar dormidos, pero mi mujer, masajeaba decididamente el miembro de Luis, estimulándole nuevamente para entrar en acción. Y él, seguramente, así lo entendió, porque también empezó a estimular con sus dedos su sexo. Poco a poco parecieron despertar totalmente. El miembro empezó a crecer y endurecerse en las manos de mi mujer, quien, tal vez sintiéndolo totalmente dispuesto, tomó la iniciativa para incorporase y acomodarse sobre el cuerpo de su amante, insertando aquel pene dentro de su vagina.

    Montada como estaba sobre él, empezó a mover sus caderas adelante y atrás, a un lado y a otro, y en círculos, buscando encontrar el estímulo que le procurase alcanzar el mismo o mayor placer que había experimentado minutos atrás. Y seguramente lo logró muy pronto, porque la velocidad de sus movimientos aumentaba, estimulada con las caricias de aquel hombre que, inmóvil bajo la hembra en movimiento, acariciaba su cuerpo, especialmente las piernas y sus senos. Y eso parecía incrementar en ella su excitación y ponerla a mil revoluciones. Gemía y gemía, pero era ella quien controlaba el nivel de placer que experimentaba.

    Se movió y se movió sobre aquel hombre por un buen rato, gesticulando y gimiendo sin ton ni son, hasta que, de un momento a otro, se retiró para cambiar de ubicación, colocándose de perrito al lado del cuerpo de su amante. Ya me cansé, le dijo a Luis mientras lo hacía. Ahora te toca a ti de nuevo. Y siendo evidente lo que ella quería, aquel hombre se incorporó para penetrarla desde atrás.

    Y así lo hizo. Nuevamente fue excitante ver cómo el miembro de aquel hombre se insertaba lentamente dentro del cuerpo de mi esposa. Y ver como entraba y salía rítmicamente al compás de sus embestidas. Ella encontró mucho placer al ser penetrada en esa posición y también movía su cuerpo, adelante y atrás, en respuesta a los movimientos del macho. Y ella, con sus botas puestas, se veía como toda una amazona. Una imagen inolvidable.

    La escena se prolongó por varios instantes. El embestía decidido a alcanzar su máximo placer mientras ella, receptora de sus maniobras, estaba esperando lo mismo. Y, después de minutos de un tira y afloje mutuo, ambos parecieron llegar a la cúspide al mismo tiempo. Generaba mucho morbo verlos a los dos tan excitados en el momento, moviendo sus cuerpos para lograr las máximas sensaciones.

    Luis, después de acelerar sus embestidas impetuosa y vigorosamente, sacó su miembro para expulsar todo su semen en la espalda de ella, quien, también agitada y congestionada con la sensación que experimentaba, terminó de acostarse boca abajo sobre la cama y dejar pasar el ímpetu del momento. El, por el contrario, descargado su contenido, se incorporó y se dirigió al baño, dejándola a ella tendida, disfrutando la intensidad de su aventura. No hubo más gemidos, más palabras, más expresión de sensaciones y todo quedó en silencio.

    Ella, sin embargo, teniendo aquel macho a su disposición, todavía parecía querer más. Luis, asomándose a la puerta del baño, dijo, ya es tarde, ¿verdad? ¿Ya te quieres ir? Replicó mi esposa. De pronto ustedes están cansados y ya quieren estar solos. ¿Te parece? Preguntó mi esposa. Supongo, respondió él. Y si te dijera que quisiera estar otra vez contigo, ¿Qué me dirías? Pues, que encantado. Y me quedaría un rato más. Entonces, dijo ella, no pierdas el tiempo y ven acá. Aquello fue un afrodisiaco para ese muchacho, porque su miembro se endureció de nuevo.

    Y así, enarbolando su pene erecto, volvió a acercarse a ella, quien, levantándose de la cama, se colocó de pie, de espaldas a él, apoyada en el espaldar de una silla, exponiendo sus nalgas. Luis entendió de una vez lo que ella quería y, sin pensarlo dos veces, se acercó para penetrarla sin titubeo. La maniobra fue fácil porque ella ya estaba dispuesta y su vagina lubricada, de tal manera que penetrarla de nuevo no tuvo ninguna dificultad.

    Y, entonces, con su permiso, el muchacho empezó a taladrarla de nuevo mientras ella, apoyada con sus brazos, controlaba su cuerpo para buscar la mejor posición, aquella que le permitiera disfrutar de los embates de su macho y obtener las mejores sensaciones. El, por su parte, apretaba su cuerpo al de mi mujer, buscando que su miembro alcanzara las mayores profundidades de su cuerpo. Y también su propio placer. Siendo esta la tercera faena en la noche, quizá costara un poco más de trabajo lograr eyacular.

    Por lo tanto, para disfrute de mi mujer, su intercambio se demoró, tal vez, algo más de lo esperado. Ella, dichosa, retozaba y movía el cuerpo a su antojo mientras Luis se dedicaba a empujar y empujar para lograr el efecto deseado. Ella lo estaba logrando y, en medio de la excitación, los gemidos y demás, el hombre se estaba viendo retrasado en el propósito. Al poco tiempo ella estaba contorsionándose y gimiendo de lo lindo, al parecer porque una vez más había alcanzado la cima de sus orgasmos. Y eso la llevó a que, de un momento a otro, compulsivamente, se retirara quedándose inmóvil, dejando al macho con su miembro enarbolado y expectante.

    Pasados unos instantes, y respuesta del disfrute de sus sensaciones, ella, mirándolo, aún él con su miembro erecto y ella sintiéndose en deuda, le preguntó, Tú no llegaste, ¿verdad? El no respondió, pero su expresión lo decía todo. Perdona, dijo ella. Y, dirigiéndose de nuevo a la cama, le dijo… ¡Ven! Y acostándose de espaldas, abrió sus piernas. No te puedes ir sin acabar. Termina lo que empezaste.

    Y para qué dijo ella eso. El hombre se abalanzó sobre ella para penetrarla y ahora, tal vez algo frustrado, la embistió con mucho más vigor y fuerza, moviendo su cuerpo para todos lados y, luego de un rato, colocándose al lado de ella, la penetro de nuevo, ahora desde atrás, levantando una de sus piernas con su mano. Y así, después de darle y darle sin cesar, finalmente alcanzó su orgasmo y se pudo ver cómo, mientras se agitaba congestionado, retiraba su miembro del cuerpo de mi mujer. El chorro cayó sobre las sábanas.

    Ahora sí, de verdad, la faena había terminado. Mi esposa ya había quedado satisfecha y él, su amante de turno, también había logrado dar fin a su aventura y no haber dejado nada a medias. Ya estamos a mano, le dijo mi mujer. La pasé muy rico. Espero que tú también. Sí, dijo él, yo también. Pasé una noche increíble. Se los agradezco. Y vistiéndose nuevamente, con su disfraz de payaso, se despidió de nosotros y se fue.

    Las fotografías quedaron increíbles, le dije a mi esposa. El encuentro estuvo súper excitante y déjame decirte que te ves muy atractiva haciendo el amor con las botas puestas.

  • La extraña pareja

    La extraña pareja

    -¿He estado bien?

    -Has estado perfecto y encantador, como siempre.

    -Si te soy sincero casi me lo hago encima. No había estado tan nervioso en toda mi vida.

    -Calma, seguro que ni se han dado cuenta.

    -La única manera de que no lo hayan hecho es que tus padres sean idiotas.

    -Deja de preocuparte de ello. Tú solo… Espera, ¿Por qué paras?

    -Hay un coche en la cuneta. Voy a ver que pasa.

    -No, no salgas, llama simplemente a la policía.

    -Vamos, no puede ser esto peor que enfrentarme a tus padres.

    No le daban buenas sensaciones nada de esto, pero conocía a su novio y sabía que no le iba a convencer de nada. Vio como su novio se acercaba al otro coche para hablar con el conductor, como hablaban un poco, como se agachaba para ver el problema y como le golpeaban fuertemente en la nuca.

    Abrió su bolso y se puso a buscar el móvil a toda prisa. No sabía donde lo había dejado, no estaba donde se suponía que debía estar, no estaba por ninguna parte, ¿Dónde demonios estaba el puto móvil cuando más lo necesitaba?

    -Buenas. ¿Puedes abrir la puerta, por favor?

    Obedeció y abrió la puerta. El desconocido agarró el bolso, buscó un momento y sacó de él el móvil y la cartera.

    -Estos malditos trastos nunca los encuentras cuando de verdad los necesitas. No estás de acuerdo.

    Ella no habló.

    -De las calladas. Me gusta eso en una chica. Por tu ropa, tu bolso y tus complementos, sé que por ti me darán un buen dinero. ¿Pero y él?

    -No. Por él no.

    -¿No? ¿Me estás diciendo que la señorita Cristina del Valle está saliendo con un don nadie? ¿Es eso? ¿Y le parece bien a tus padres?

    -Ya me tiene a mí. Mis padres te darán todo lo que les pida. A él déjalo en paz.

    -Oh, que bonito es el amor. Ahora se una buena chica y baja del coche.

    Obedeció y el hombre pudo verla en todo su esplendor. Era una chica alta, morena, con curvas donde debía tenerlas y con unos ojos azules preciosos. Además, su vestido, sencillo pero elegante, sus complementos como el pequeño crucifijo que llevaba puesto, los pendientes, los zapatos, así como su peinado sólo realzaban más su belleza natural.

    -Vaya, menudo bombón. Sí que tiene suerte el desgraciado ese.

    Este comentario la molesto. Se sabía guapa, pero no solo era un trozo de carne. Era inteligente, divertida, educada…

    -¿Cuántos polvos echáis al día el desgraciado ese y tú?

    -Eso no te importa.

    -¿Uno, dos, tres, cuatro? Porque si fuera yo te echaba uno de 24 horas todos los días del año.

    -Serás…

    -¿O es qué no lo habéis hecho aún? Dime, cuánto tiempo lleváis juntos tú y el desgraciado.

    -No es ningún desgraciado. Es un novio estupendo. Y llevamos todo un año juntos.

    -¿Y cuántos polvos?

    -Eso no te importa. Hay cosas mucho más importantes que… el sexo en una relación.

    -¿Ninguno? ¿Estás de coña? Le tienes un año a pan y agua y dices que no es un desgraciado. ¿Qué eres? ¿De las que esperan hasta el matrimonio para consumar? Así que no llevas el crucifijo por nada.

    -Sí, vale. ¿Qué tiene de malo eso? ¿Qué tiene de malo enamorarse, dar el sí quiero y entregarte al hombre con el que has decidido compartir toda tu vida?

    -La vida es demasiado puta para ser tan gilipollas, aunque supongo que una pija como tú de eso no sabrá nada. Y ahora andando.

    Cristina no pensó en correr. Hay una escena en una película muy famosa donde una mujer corre con tacones escapando de un dinosaurio, pero esto no es una peli, es la vida real, y sabía de sobra que correr con esas cosas en los pies no la iba a llevar a nada bueno.

    Así que le siguió sin resistirse.

    Cuando llegó a la altura de su novio se sobresaltó. La herida en su cabeza tenía muy mala pinta.

    -No te pares y sigue.

    -Pero hay que ayudarle. Se puede morir si no le ayudamos.

    -Él no me importa, no vale nada. Ya le ayudará el siguiente que pasé por aquí.

    -Estás hablando de dejar morir a una persona.

    -¿De quién fue la idea de parar? ¿Tuya o suya?

    -No sé qué tiene que ver eso con nada.

    -Fue suya, ¿Verdad? Tú no querías pero él no te hizo ni puto caso.

    -Esa no es la cuestión.

    -Claro que lo es. Si vive o muere ya no depende de nosotros, siempre ha sido su elección. Y ahora sube al coche.

    Se sentó en el asiento del copiloto mientras la culpa la comía por dentro.

    -Podemos llamar a una ambulancia. No digo ahora, me refiero a un poco más adelante.

    -¿Hablar con el móvil en pleno secuestro? Va a ser que no.

    -Pero…

    -Me gustabas más cuando estabas callada.

    -¿Y abierta de piernas? – preguntó al cabo de un rato.

    -¿De qué demonios me hablas Cristina del Valle?

    -Que si te gusto más abierta de piernas.

    -Ja, estoy seguro que esto que acabas de decir es lo más fuerte que jamás ha salido de tu preciosa boca ¿Estás dispuesta a darme tu primera vez para salvar la vida de ese desgraciado?

    Ella no respondió esta vez

    -¿De qué vas, de mártir? Ese papel no te va.

    -¿Me vas a rechazar?

    -No, no… Solo estoy pensando en hacer esto bien. Yo quiero el dinero de tus padres y tú salvar al desgraciado. Bien, hagamos esto. Casémonos.

    -¿Qué?

    -Conozco una iglesia aquí cerca donde nos casarían sin hacer preguntas. Luego para divorciarnos que tus padres me den la pasta que necesito. Y asunto solucionado.

    -¿Me has secuestrado y ahora hablas de casarnos? Aún no tengo síndrome de Estocolmo.

    -Eras tú la que hablaba de follar hace un momento. ¿Es qué ya no estás dispuesta?

    -A cambio de la vida de mi novio, pero no he dicho nada sobre casarnos.

    -Pues piénsalo porque desde mi punto de vista, es la mejor solución para todos.

    Cristina miró por la ventana. La imagen de su novio tirado en el suelo con la cabeza partida se hizo presente de nuevo.

    -De acuerdo.

    -¿Qué has dicho?

    -Que de acuerdo, me casaré contigo.

    -Muy razonable. Pero una condición más, Cristina del Valle. Si nos casamos, hay que consumar. Tienes que llegar hasta el final.

    -Este trato cada vez da más asco.

    -Así de puta es la vida.

    Efectivamente, la iglesia no estaba nada lejos de donde ellos dos se encontraban. Llamaron al timbre que había al lado de la parroquia y un cura mayor no tardó mucho en salir.

    Este miró a la chica, luego miró al novio y dijo:

    -Serán 200.

    -¿Puedes pagar tú, cariño? Es que yo no tengo tanto conmigo ahora mismo.

    -Será hijo de…

    -¿Me dices algo?

    -Que aquí está la pasta.

    El cura cogió los cuatro billetes de cincuenta que la chica sacó de su cartera y pidió que le siguieran dentro de la parroquia. No tardó mucho en salir acompañado de dos mujeres más.

    -Bien, nos hemos reunido aquí para unir en sagrado matrimonio a…

    -Tomás García Bosques.

    -Y a…

    -Cristina del Valle García.

    -Que vienen libres y por su propia voluntad.

    -Sí – dijo él

    -Sí – dijo ella.

    -Testigos por favor, firmen.

    Las dos mujeres firmaron y recogieron un billete de 50 cada una.

    -Ahora vosotros.

    Primero él y…

    -Por favor, señorita, firme.

    -Cristina.

    Luego ella.

    -Perfecto, ya puede besar a su esposa.

    Cristina para ese momento estaba roja. Toda situación era tan absurda que no sabía bien que estaba haciendo. Sintió el brazo fuerte y seguro de su… marido agarrando su espalda y como este le pegaba contra su cuerpo.

    Y la besó con lengua.

    Para una chiquilla que apenas se había dado unos cuantos picos perdidos por aquí y por allá, era demasiado.

    El tío básicamente le había metido la lengua hasta la garganta y la estaba haciendo jugar con…

    -Ejem…

    -Perdone, padre, es que me he emocionado.

    -Se entiende, hijo, se entiende. Bien, ya son marido y mujer y aquí tienen su certificado de matrimonio. Les recuerdo que hay un motel aquí al lado por si quieren pasar la noche de bodas.

    -A ese vamos.

    Salieron cogidos de la mano.

    -No hacía falta que me hicieras eso.

    -¿El qué?

    -El beso, ya sabes.

    -Pero si te ha encantado. Vamos, llama a esa ambulancia tuya y nos vamos de aquí.

    Joder, la ambulancia, ya ni se acordaba de ella.

    -Si, ¿Emergencias? Ha habido un accidente en la carretera cerca del kilómetro 10. Vengan rápido, por favor.

    Tomás arrancó el coche y se dirigió sin perder ni un minuto al motel.

    -¿No sería mejor ir a otro sitio, como a tu casa?

    -No, tienen que vernos juntos en un sitio público y no hay ninguno mejor que este. Tranquila, solo será una noche.

    -Sí, solo nuestra noche de bodas.

    Se dirigieron juntos a la recepción donde se encontraron a una mujer obesa.

    -Buenas Mary, mi mujercita y yo necesitamos una habitación.

    -¿Tu mujer? ¿De qué coño me estás hablando, Tomás?

    -Mi mujer – aseguró mostrando el certificado de bodas.

    -La hostia. La suite nupcial, supongo.

    -Sí.

    La suite nupcial consistía en una habitación cochambrosa con cama de matrimonio y un baño. Ah, y un espejo gigante en el techo del cual Cristina no pudo evitar fijarse.

    -Oh, sí, eso. Verás que divertido es cuando te acostumbres a ello. En fin, ¿Cómo quieres hacerlo?

    -¿De verdad hay que consumar esto?

    -Sí.

    Tomás comenzó a quitarse la ropa hasta quedarse en calzoncillos y sentó en la cama a esperar.

    Era mayor, de unos 60. Llevaba melena, barba, tenía pelos por todas partes y estaba algo fondón.

    Pero en cierta forma resultaba atractivo. Era imposible negar que tenía carisma.

    -Debo estar loca. – Mencionó Cristina.

    En lugar de salir corriendo por la puerta y no mirar atrás, dirigió sus manos al vestido negro que la cubría y bajó la cremallera dejándolo caer.

    En un momento se encontró en ropa interior, tacones y medias delante de un hombre que la devoraba con la mirada y…

    -Toc, toc.

    -¿Quién es?

    -¿Quién va a ser? Yo. Abrid la puerta.

    Cristina se tapó como buenamente pudo con el vestido del suelo mientras Tomás abría la puerta.

    -¿Qué tal va todo por aquí?

    Mary echó un vistazo a la habitación para comprobar que la chica estaba bien.

    -¿Nos has interrumpido para decirnos eso?

    -¿Quieres que llame a la policía, preciosa?

    -No, no hace falta – respondió ella.

    -Y no vuelvas a interrumpir hasta mañana por la mañana, mi esposa y yo vamos a estar ocupados toda la noche, seguro que me entiendes. Bien, por dónde íbamos.

    Aun sintiendo como la vergüenza la consumía arrojó el vestido a un lado de la habitación.

    -Eres lo más bonito que han visto mis ojos en mucho tiempo.

    -Gracias.

    El hombre pasó de nuevo su brazo por su cintura para atraerla y besarla de nuevo. Empezó con un pico y luego fue subiendo en intensidad.

    No hace falta decir que ya sabía que la chica era como un terrón de azúcar en agua. Decidió subir un poquito la intensidad y la arrojó contra la cama.

    Ella dio un gritito pero no protestó.

    Él se lanzó encima de ella y siguió besándola. Le comenzó a masajear la oreja para comérsela a besos después. Desde el cuello hasta la oreja, dando pequeños mordisquitos aquí y allá.

    -Te gusta, ¿Verdad? Pero que pedazo de guarra estás hecha.

    Curiosamente, no le molestó para nada que la tratara de esa forma tan vulgar. De hecho, la excitaba.

    -Quítate el sujetador.

    Cristina se llevó las manos detrás de su espalda sin la menor duda o vacilación y se desabrochó la prenda dejando sus hermosas tetas al aire.

    Si había habido algún momento en que ella parecía obligada a hacer algo, hace mucho que lo había dejado atrás.

    -Dime, ¿Quién eres?

    -Tu esposa

    -¿Y qué más?

    -Tu guarra.

    Tomás comenzó a golpear los pezones ya duros de su esposa con los dedos, a chuparlos, a darle suaves mordiscos mientras retorcía el otro con la mano.

    Pasó al cuello para dejarle un fuerte chupetón. No sólo quería follarla, deseaba marcarla ahora que podía notar el poder que tenía sobre ella.

    Bajó de nuevo al pecho derecho para dejarle otra marca de chupetón y propició un fuerte mordisco en su otro pecho.

    Cristina se tragó el dolor. Sabía que no estaba bien dejar a un hombre que le mordieran en el pecho, pero tampoco tenía mucha opción.

    Descendió hasta las caderas y las bragas comenzaron a deslizarse hacia abajo hasta caer al suelo.

    -Tienes un coño precioso.

    -Es tuyo. Haz con él lo que quieras.

    Tomás se lo tomó con calma. Comenzó con nuevo chupetón en la cara interna de su muslo, con pequeños roces aquí y allá, lo abrió con los dedos e incluso introdujo dos dedos dentro de ella al tiempo que su esposa soltaba un pequeño gemido de placer.

    Y mientras pasaba todo esto Cristina no podía parar de verse reflejada en el gran espejo que había en la habitación.

    La imagen que este reflejaba era de una auténtica guarra.

    Le colocaron los dos dedos pringosos en los labios. Sin que nadie la indicará nada, abrió la boca y comenzó a chuparlos por su cuenta.

    Nunca había hecho algo parecido. Cuando empezó a masturbarse lo hacía en el baño o se limpiaba con un papel. El sabor le resultó raro, pero no era desagradable.

    Tomás volvió de nuevo a su coño, le abrió sus piernas y se dispuso a lamerlo.

    Cristina se corrió al primer lengüetazo poniendo a su esposo perdido de flujos vaginales.

    -Lo siento mucho – dijo esta entre divertida y avergonzada.

    Su marido se levantó y le propinó un fuerte azote en el coño con la mano.

    -Ah

    Y otro.

    -Ah.

    Y otro

    -Ah

    Cristina contuvo como pudo el instinto de cerrar las piernas plantando fuertemente los pies en el suelo. No sabía lo que le podían hacer si las cerraba.

    -Has dicho que era mío, ¿No? ¿O es qué te vas a echar atrás ahora?

    Volvió a golpearla con más fuerza que antes.

    Era la primera vez desde que estaba con él que estaba asustada de verdad.

    -Bien, es hora de terminar con esto.

    Tomás se quitó los calzoncillos y los arrojó encima del cuerpo de la chica. No de su cara, porque quería que viera todo lo que le iba a pasar.

    Colocó su polla en su coño y comenzó a penetrarla con dureza, como un animal. Cristina estaba físicamente preparada pero no mentalmente lista para semejante trato.

    Y además estaba el espejo donde podía ver con detalle lo que estaban haciendo con ella.

    -No, no cierres los ojos. En el fondo esto te gusta.

    Tomás, todo un veterano, decidió que era una gran idea correrse encima de su cara para terminar el primer polvo con su esposa.

    Así que ni corto ni perezoso, cuando notó que se acercaba al orgasmo, se acercó hasta poner su polla a la altura de la cara de Cristina, y se la metió en la boca hasta el fondo de la boca.

    Y ella chupó. Chupó hasta que se la sacaron solo para derramar sobre su cara una gran corrida.

    -Voy a ducharme

    Ya a solas, la chica estaba asqueada de su debilidad y de la imagen que reflejaba el espejo de ella misma.

    Eso no podía ser ella.

    Simplemente no podía ser ella.

    Sí, le apetecía ducharse, limpiarse, quitarse al menos la corrida de la cara. Pero algo le decía que no debía hacerlo.

    Su marido no tardó mucho en volver de nuevo solo para sentarse a su lado.

    Le cogió de la barbilla de tal forma que le obligó a que le mirase.

    -Sabía que no te lo ibas a quitar. Ven aquí, anda.

    Se sentó entre las piernas de su marido solo para que este comenzará a sobarle los pechos, el vientre, los muslos.

    Ella se agarró fuertemente a las sábanas de la cama.

    Se sentía impotente y asqueada, pero no podía negar que se estaba derritiendo de placer.

    Notó de nuevo como la besaban el cuello para provocar en ella un nuevo moratón.

    Soltó un nuevo gemido cuando le estrujaron ambos pechos con fuerza y así estuvo un ratito.

    Bajó una de sus manos al coño, lo rozó con uno de los dedos y volvió a subirlo hasta su boca.

    Y ella lo chupó.

    -Que guarra eres.

    -Es como te gusta.

    Pasó su dedo por su rostro y recogió alguno de los pegotes de semen que aún quedaban por ahí y se los llevó a la boca.

    -Que guarra eres.

    Le abrió los cachetes del culo y se la metió.

    Como niña bien que era, Cristina no pensaba practicar el sexo anal en su vida. Le daba verdadero pánico hacerlo.

    Pero no estaba en posición de discutirle nada a su marido.

    Este se la metió a palo seco, a pura fuerza, y luego comenzó a moverse.

    -¿Te duele?

    Como el puto infierno, pero se lo guardo para ella.

    -Mira hacia arriba, mira como te la meto.

    Fue un anal salvaje, tan intenso como la follada anterior que no terminó hasta que su marido se corrió de nuevo en su culo llenándolo de leche.

    Luego llegó la limpia, claro.

    Arrodillada ante una polla recién salida de su culo, tuvo que hacer de tripas corazón para metérsela en la boca y limpiar la sangre y los pegotes de mierda que se habían pegado a ella.

    El resto de la noche de bodas lo pasaron durmiendo. O por lo menos, él la pasó durmiendo porque ella no pudo pegar ojo.

    Le dolía el cuerpo y había hecho cosas asquerosísimas. Y por no poder, no le había dejado ni limpiarse los dientes.

    Solo esperaba que amaneciera para que su marido cumpliese su promesa de devolverla a casa.

    -Ves a comprar algo para desayunar y nos vamos.

    Cristina salió en dirección a la cafetería. Allí había un coche de la poli. Por un momento pensó en denunciarle, pero no lo hizo. No sabía el porqué, no le debía nada a su marido, pero no lo hizo.

    Volvió con unos cuantos donuts y un par de cafés.

    Por supuesto, una chica como ella y vestida como iba vestida, llamó la atención de estos que la siguieron discretamente hasta la habitación.

    -Hola, agentes.

    -Tomás, menuda sorpresa. ¿Puedes decirme qué haces con esa chica?

    -Es mi mujer.

    Este se sentó junto a ella en la cama. Él iba en calzoncillos y ella primorosamente vestida.

    La besó solo para confirmar que no era ninguna puta.

    -Ya, tenemos a un padre que ha llamado dando una descripción muy detallada que coincide con esta chica.

    -Ya, es que el padre no nos dejaba estar juntos a pesar de que es mayor de edad. Por eso se ha escapado de casa.

    Por supuesto, no se tragaron la mentira, pero no podían hacer nada.

    -Su novio está bien. Y no va a presentar denuncia si la chica vuelve a casa

    -Sí, se resistió un poco y tuve que darle. ¿Verdad cariño?

    -Cierto.

    -Y no se preocupe, hoy volvemos a su casa para hablar con sus padres de ciertos asuntos.

    No tardaron mucho en subir al coche y enfilar el camino a casa. La extraña pareja no intercambió ni una palabra en todo el trayecto hasta el final.

    -Te voy a echar mucho de menos.

    -En tres palabras, Jo-de-te

    Sus padres notaron algo raro en ella. Para empezar se sentó al lado del hombre que supuestamente la había secuestrado, solo para que este explicará la situación.

    La cara de incredulidad de estos fue en constante aumento durante la narración de una parte de los hechos.

    -Resumiendo, que con 500 mil me divorcio de su hija y no me volvéis a ver el pelo por aquí.

    -¿Cómo demonios se ha atrevido a casarse con mi hija? – soltó la madre.

    -Fue un acuerdo entre los dos.

    -¿Y habéis consumido?

    -Pues claro. Si no se podría anular el matrimonio. De hecho me he asegurado de follarla por todos los agujeros de su cuerpo.

    No hacía preguntar a Cristina si era cierto o no porque su cara lo decía todo.

    -Es mejor así. Ella está libre y vuelve con ustedes y su novio y yo me llevo mi dinero. Todos ganamos.

    -Ha profanado a mi hija

    -Es mi marido, mamá. Casada por la iglesia.

    -¿Y tú cómo te atreves a prostituirte de esa manera?

    -¿No lo has escuchado? Para salvarle la vida.

    -¿Y chupársela y que te diera por culo era parte del trato? – Preguntó el novio.

    -No, eso salió así – respondió Tomás. – Ya sabes, cuando una pareja tiene sexo, pues se hacen cosas.

    -Un puto año entero y no me ha dejado ni tocarle una teta y vas tú y la das por culo.

    -Cariño, en eso tiene razón.

    -Era mi novio, no mi marido.

    -Ya, pero ni una teta, con lo que te gusta que te soben. En fin, que 500 mil y os dejo a la guarra esta aquí.

    -Y encima deja que la llamen guarra.

    -Yo llamó a mi mujer como me da la gana. Y lo es hasta que no firmemos los papeles del divorcio.

    -Llamaré a mi abogado – dijo el padre que no había abierto la boca en todo el rato – y solucionaremos esto lo antes posible.

    -Muy razonable.

    Y ocurrió algo alucinante para todos. Tomás se levantó del sofá y besó a Cristina delante de sus padres y de su novio antes de marcharse.

    -Hija, ¿Cómo has podido dejarte?

    -Es mi marido – dijo esta hecha un lío.

    Pidió que la dejaran sola el resto de la mañana y los miembros de la casa lo cumplieron hasta la llegada de la ginecóloga.

    Esta debía examinar sus heridas de guerra, por así decirlo.

    -Chupetones en ambos lados del cuello, en ambos pechos y ambos muslos, una señal de mordisco en su pecho izquierdo, señales de dedos en ambos pechos, pequeños desgarros anales y vaginales debido a la dureza del sexo pero nada indica que fuera violación, cierta irritación de los labios de la vagina debido a los azotes recibidos y confirmación de limpieza de polla tras un sexo anal sin limpiar contada por ella misma.

    Porque sí, ya que la estaba examinando su madre y la ginecóloga, Cristina se dio el gustazo de relatar ella misma como le había chupado una polla llena de mierda y sangre después de que su marido le reventará el culo con ella.

    Para que se jodieran las dos.

    -¿Algo más que desee añadir?

    -No, eso es todo.

    -Hija, ¿Cómo has podido hacer todo esto?

    -Porque es mi marido. Y porque soy muy guarra, mama.

    -Tienes suerte de que Alberto aún te quiera como novia.

    Su novio, ese era otro problema y no pequeño. Aún no sabía cómo enfrentarse a él.

    Tras ponerse uno de sus vestidos favoritos le indicaron que le esperaba en la sala privada.

    -Me alegra un montón saber que estás vivo.

    -Tenemos que hablar – dijo este.

    Ella se sentó cerca de él.

    -Nuestra relación no funciona.

    -Estábamos perfectamente hasta ayer.

    -No mientas, te he visto con él. Estás orgullosa de él porque es todo lo que yo no soy. Te has convertido en su esposa, en su puta y te encanta. Te mueres de placer cada vez que te mira.

    Cristina no lo negó.

    -Puedes engañarte diciendo que fue por mi, pero en el fondo tú querías que todo eso pasase.

    -No, no digas eso, yo no quería que todo llegara tan lejos.

    -Pero tampoco lo detuviste.

    -Cumplió su parte del trato y yo cumplí la mía. No tengo nada más que decir.

    -Un puto año entero sin poder tocarte – dijo él mientras ella salía de la habitación.

    El abogado llegó a la mañana siguiente con todos los papeles preparados y con el dinero.

    Solo se necesitaba la firma de ambos y asunto concluido.

    -Hola, cariño.

    -No me llames así.

    -Hasta que no firme, serás mi cariño. Sabes, me he divorciado ya dos veces antes, y esta es la primera vez que voy feliz a ver al abogado. Por cierto, ¿Por qué has salido a recibirme tú misma?

    -Es mi deber como esposa.

    -Interpretando tu papel hasta el final. Está bien.

    -¿Para qué necesitas el dinero? – preguntó mientras caminaban.

    -Eso no te importa, pero, ya qué quieres saberlo, le debo dinero a gente muy chunga.

    -¿Asuntos de drogas?

    -Juego – respondió este.

    Pasaron por fin a un despacho donde se encontraba el padre y el abogado. Cristina era la única mujer de la sala.

    -¿Y bien? ¿Dónde están los papeles?

    -No hay papeles – respondió el padre.

    -¿Disculpe? Creo que habíamos llegado a un acuerdo.

    -Y lo habíamos hecho, pero tu mujer ha cambiado de opinión.

    -¿Qué?

    -No quiero divorciarme – aseguró esta – Estoy enamorada de ti.

    -¿Esto es síndrome de Estocolmo? Usted es su padre, dígale algo.

    -Ya lo he hecho. Pero mi hija es como yo, muy terca. Pagaré sus deudas esta vez, pero ni una vez más.

    -Bueno, pues si me da la pasta por mi está bien. En fin, vámonos.

    Tomás cogió el maletín con el dinero con una mano y a Cristina con la otra.

    -Eres idiota – le dijo cuando estuvieron solos montados en el coche. – Soy mujeriego, putero, alcohólico, drogadicto, ludópata, un tanto sádico, tengo hijas y hasta nietas mayores que tú.

    -Y yo soy una guarra a la que le gusta que abusen de ella.

    -Genial, menuda pareja hacemos.

    Cristina no sintió nada especial mientras abandonaba el hogar de sus padres, mientras abandonaba su elegante vida para adentrarse en lo desconocido.

    Sabía en lo más íntimo que había conocido a Tomás por una razón.

    Estaba dispuesta a darlo todo para cambiar al hombre que Dios le había puesto en su camino.

    Y además pensaba disfrutar de ese camino como la guarra que era.

    Era el peor barrio de la ciudad. Durante el trayecto Cristina pudo ver putas, a sus clientes y a sus chulos. También drogadictos y camellos.

    Y suciedad, mucha suciedad.

    -¿Tú primera vez en este barrio?

    -Sí.

    -No creo que dures ni dos días aquí. Fijo que no tardas más de dos días en volver con tu papi y tu mami.

    -Eso no puede decirlo el hombre que me rompió el culo. No, aguantaré, solo… no me maltrates, por favor.

    -¿A qué te refieres?

    -No me pegues ni me insultes… Bueno, durante el sexo, sí, pero…

    -Eres la cosa más adorable que he conocido nunca. Bien, mi piso está por aquí.

    Entraron en un garaje mugriento. Tomás miró a la chica que tenía al lado como si fuera la primera vez que la veía.

    Aunque parecía muy frágil, sabía de sobra que era tremendamente dura.

    Y guarra.

    Muy guarra.

    -Quiero que quede claro una cosa. No te voy a maltratar, pero sí que pienso tratarte como la guarra que eres.

    Ella no dijo nada.

    -Baja del coche y arrodíllate – ordenó.

    -¿Qué? ¿Aquí?

    -Sí, aquí.

    Cristina obedeció a su marido sin presentar más resistencia. Este se sacó la polla en mitad del aparcamiento, se la metió en la boca y comenzó a follarsela.

    Tener esa boquita a su disposición y poder marcar el ritmo era un auténtico lujazo.

    Cristina pudo escuchar como un par de coches más se movían por el parking.

    -Tranquila, eso no es asunto tuyo.

    Cuando notó que se iba a venir, la sacó para llenar toda su cara con su corrida.

    Cristina llevó sus manos a su bolso y sacó un pañuelo.

    -No, no te limpies. Estás muy guapa, es muy favorecedor.

    -Pero cualquiera puede verme.

    -Sí, esa es la idea.

    Se sentía tremendamente humillada. Y excitada, para que negarlo.

    -Vamos.

    Sí, se levantó y comenzó a caminar al lado de su marido. Este se dirigió a las escaleras y subió hasta el hall del edificio, donde se encontraba un conserje.

    Cristina se paró en seco.

    -Vamos, quiero presentarte como corresponde.

    -¿Es esto lo que quieres que sea?

    -Creo que es más bien es lo que tú quieres ser. Y ahora andando.

    Y anduvo.

    Paso a paso se iba acercando a la mesa donde el conserje leía tranquilamente el Marca.

    -Hola, Manuel, ¿Qué tal? Me gustaría presentarte a mi esposa.

    Cuando este quitó la vista del periódico, no pudo creerse lo que veía.

    Cristina era preciosa, el vestido que llevaba la sentaba de lujo, pero no pudo evitar fijarse en sus rodillas llenas de polvo y su carita llena de semen.

    -¿De dónde has sacado a esta guarra?

    -De casa de sus padres. Por cierto, ¿Cuánto te debo? ¿300, no?

    -Sí.

    -¿Qué te parece a 10 euros la mamada?

    -Tomás…

    -Necesitas aprender a chupar pollas y la mejor manera de aprender es chupando pollas.

    -Genial, ahora resulta que mi marido me prostituye por mi bien.

    -¿Entonces lo hará?

    -Lo hará.

    -Quiero escucharlo de ella, Tomás. No te ofendas, pero no quiero malos entendidos.

    -Lo haré – aseguró Cristina

    -¿Y cuándo dices que puede empezar?

    -Pues ahora mismo. Vamos, cariño, haz tu trabajo.

    Se arrodilló delante del hombre, bajó su cremallera y le sacó la polla con sus manitas.

    No tenía mal tamaño, pero sí que estaba bastante sudada.

    En fin, se la metió en la boca y comenzó a chuparla y lamerla y…

    El hombre se corrió llenando toda su boca de leche. Y pudo notar como ella se lo tragaba.

    -¿Ya? Cristina, sigue anda. A esta primera invita la casa.

    -Pero si ya se ha corrido un montón.

    -Sí, pero no sirve para tu aprendizaje. Así que sigue.

    -Hay que joderse.

    Desde luego el hombre estaba deseando seguir.

    En fin, volvió a meterse en la boca la polla flácida que tenía delante y comenzó a lamerla y a chuparla. Notar como crecía y se hacía más grande y más gorda la excitó muchísimo.

    El hombre volvió a correrse de gusto y ella se lo volvió a tragar.

    -Otra.

    -Pero Tomás, no creo que él pueda más. Además, nos van a pillar si seguimos aquí.

    -¿Qué tal Manuel? ¿Otra ronda?

    Este asintió con la cabeza.

    -Salvo que está vez será por toda la deuda.

    -Eran 10 pavos la mamada

    -Una, pero tres seguidas vale toda la deuda.

    Manuel se lo pensó un momento. Aún sentía las manos de la chica en su polla, y joder, era un gustazo.

    Asintió con la cabeza. ¿Y por qué no? Total, ese idiota no tardaría en pedirle dinero de nuevo y pensaba aprovechar mucho mejor a su mujercita.

    Así que por tercera vez, Cristina se metió de nuevo su polla en la boca y comenzó a chupar y lamer. Está vez Manuel tardó mucho más en volver a correrse, pero finalmente lo hizo.

    -Bien, podemos irnos.

    Se dirigieron al ascensor.

    -¿Y bien? ¿Te ha gustado?

    -Claro que no. Me has prostituido. Y tenía un sabor asqueroso

    -Mentirosa. Quítate las bragas.

    -No están húmedas por si te interesa. No… espera… estate quieto…

    Se había agachado para meter su cabeza debajo de su falda y le quitó las bragas sin que esta opusiera mucha resistencia.

    Y comenzó a lamer.

    -Aquí no…

    La puerta del ascensor se abrió una vecina los pilló.

    -Emilia, le presento a nueva esposa.

    -Hola.

    -Vamos.

    -Sí.

    Salieron juntos del ascensor.

    -¿Eso que lleva en la cara es semen?

    -Sí

    -¿Pero qué clase de guarra te has buscado?

    -Una de las grandes

    Llegaron al piso, abrió la puerta y Tomás levantó en brazos a su esposa para pasar la puerta. La llevó directamente hasta la cama, la tiró en el colchón y se montó encima de ella.

    -¿Y aquí?

    -Aquí sí.

    La levantó la falda por encima de la cabeza y comenzó a lamer ese coñito tan apetecible que tenía delante de él.

    Ella se corrió en seguida, pero Tomás no se detuvo esta vez, dando varios orgasmos a su mujer.

    -Debo ir a entregar la pasta. Esa gente la espera.

    -Quiero ir contigo.

    -Ah no, a esto no.

    -¿Por qué no?

    -Porque son peligrosos.

    -¿De verdad quieres que me quede aquí? Ni hablar.

    -Sí, quiero que te quedes aquí. Y hazme caso en esto.

    -No, tengo una idea. Cara voy, cruz te la chupo para volver a jugar.

    -¿No piensas ceder en esto, verdad?

    -No.

    Tiró la moneda y besó a su esposo sin esperar a ver qué salía.

    Era un tugurio, un establecimiento que daba pésimas sensaciones con solo mirarlo.

    -Pero que ven mis ojos, es Tomás. Con mi dinero, supongo.

    -Sí, integro.

    -Bien, espero que no te moleste que lo cuente. ¿Y ella quién es?

    -Ella es una larga historia.

    -Soy su esposa.

    -¿En serio?

    -Sí – respondió Tomás.

    -¿Y dónde la has sacado?

    -De casa de sus padres. ¿Estamos en paz?

    -Pues… estamos en paz.

    -¿Puedo hacer una propuesta?

    -Cariño, ¿Pero qué haces?

    -No, no déjala hablar. ¿Qué propuesta?

    -Una partida al póker. Esto vale 500K.

    Cristina puso encima de la mesa un pedrusco con pinta de ser muy caro.

    -Cariño…

    -No les voy a entregar a estos tíos 500K así como así. Quiero jugar al póker con vosotros.

    -Así que es ella la que lleva los pantalones en la relación. Muy bien, dame media hora para organizar la partida.

    Les invitó a entrar en la sala de más arriba.

    -¿Pero tú sabes jugar?

    -Jugaba con las chicas en el internado.

    -Dios mío…

    En la mesa estaban 8 jugadores, Cristina y siete tíos más. Todos con pasta y todos con pinta peligrosa.

    Tomás vio como en la primera mano su mujer empezaba fuerte, con 10K, y como subía a 100K. Los demás jugadores, sorprendidos, simplemente pasaron.

    -Iba de farol.

    -¿Te has tirado un farol de 100K? Eso no tiene sentido.

    -Pero he ganado, ¿No?

    En la segunda mano repitió jugada, salvo que esta vez estaba muy lejos de ir de farol.

    -Nos ha sacado 500K en dos manos.

    -Sí, y con esto me retiro, caballeros.

    -Nadie se va de la mesa hasta que yo lo diga.

    Y Cristina se puso seria. Sí, no había mentido cuando le contó a su marido que jugaba al póker con sus amigas. Lo que no contó es que en comparación con sus amigas, estos tíos parecían aficionados. Para ella las apuestas de 100K eran calderilla mientras que para los jugadores que tenía enfrente era pasta de verdad.

    Sencillamente, no tenían ni una oportunidad de derrotarla porque les resultaba imposible de leer.

    -Has estado genial.

    -Gracias.

    -Menuda cara han puesto cuando les has desplumado. Nunca había visto algo como eso.

    -Y nunca más lo verás. No quiero que vuelvas a jugar nunca más.

    -Genial, ya me estás cambiando.

    -Para eso servimos las mujeres, para cambiar a los hombres. Y ahora vamos a comprar una buena casa. Yo a ese cuchitril no vuelvo.

    -Lo que tú digas, cariño.

    Nueve meses después la familia de Cristina fue informada de que su hija había dado a luz. Se presentó en la casa como el único representante de la familia.

    -Me alegro ver que mi hija tiene una buena vida.

    -Es una mujer extraordinaria. Me ha quitado de todos mis vicios. Bueno, de todos salvo de uno.

    -No necesito saber detalles, solo ver a mi nieta.

    -Por supuesto, pase por aquí por favor. Se alegrará mucho de verlo.

  • Paco el herrero

    Paco el herrero

    Entre la venta de mi antigua vivienda, la compra de mi nueva casa y los arreglos que le hice se me fue el verano y nos metimos casi a finales de octubre, la sentencia de divorció era ya firme y yo andaba caliente como una perra porque desde el estreno del chalet con el camionero portugués no me había comido una rosca.

    Ramón y Jorge habían emprendido una nueva aventura, sus dos cervecerías estaban consolidadas, eran un éxito de ventas y ahora iban a abrir un restaurante especializado en productos del mar, necesitaba hablar con ellos y fui al nuevo local.

    – Hombre Einar, tiempo sin verte.

    – Hola Ramón, venía a verte – Jorge, su marido, andaba trajinando entre los trabajadores que hacían la reforma.

    – ¿Qué te pasa guapo?

    – Necesito contratar a una asistenta y como tú conoces a mucha gente pensé que podrías ayudarme.

    – ¿Tiene que ser una asistenta?

    – ¿Qué quieres decir? – mi mirada se posó en un obrero, un maduro con mono azul, un verdadero macho, grande, con una mata de pelo negro, bigote y barba de varios días.

    – Que conozco a alguien… ¿Se puede saber que coño miras? – su mirada siguió la mía – ¡Vaya! te gusta Paco.

    – Está buenísimo, ¿quién es?

    – El herrero, ha traído unos apliques de forja, luego te paso su tarjeta.

    – ¿Crees que tengo posibilidades?

    – Claro, yo me lo pasé muy bien con él.

    – ¿En serio? ¿estuviste con él?

    – Sí coño, pero a lo que íbamos, te decía que conozco a alguien pero es un hombre, ha estado los últimos veinte años en una relación con un viejo amigo mío, le tenía dado de alta como asistente, ahora mi amigo ha fallecido y sus hijos, que no han querido saber nada de su padre en muchos años le echan de casa, necesita un trabajo y un sitio para vivir o tendrá que dormir en el coche.

    – ¿Quieres decir de interno?

    – Te lo puedes permitir.

    – No es eso, sabes que me gusta ir por casa con el kimono o tomar el sol desnudo.

    – Salvador es un tío muy discreto, además es un magnífico cocinero, le llamo y te lo mando.

    Al día siguiente entrevisté al hombre que me recomendó Ramón, quedé prendado con él, una persona encantadora y muy atractivo, cuarenta y dos años, sobre uno setenta de estatura, algo entradito en carnes, barba recortada y bien cuidada, cabeza rapada, me gustaba, llegamos a un acuerdo rápidamente.

    – Pues creo que está todo hablado Salvador, solo una cosa, suelo andar por casa con un kimono por toda indumentaria y muchas veces lo llevo abierto, además me gusta tomar el sol o bañarme en la piscina desnudo, ¿eso te supone algún problema?

    – Ningún problema señor.

    – No me llames señor, Einar y tutéame.

    – Sí Einar.

    – Ahora me voy, vete instalando y mañana empiezas.

    Quedó encantado con sus habitaciones, un dormitorio en el que cabía una cama de matrimonio, no los cuchitriles que se ven por ahí, un cuarto de baño completo y una sala de estar con un sofá, dos sillones, una mesa y un televisor. Le dejé solo, Ramón me lo había recomendado y me fiaba completamente de él.

    Había quedado con Paco, el herrero que había visto la víspera en el nuevo restaurante de mis amigos, me dejó impactado, le llamé con la excusa de poner unos faroles de forja en la galería bajo la terraza.

    – Buenas tardes – estaba solo en el taller, trabajando una pieza sobre el yunque.

    – Buenas, llega tarde.

    – Sí, lo siento, me ha surgido un imprevisto.

    Remató la pieza y se quitó el mandil de cuero, era un hombre imponente, tenía la cremallera del mono subida a medias y se veía una mata de vello negro en su pecho, las mangas arremangadas dejaban ver unos antebrazos fuertes y sus manos eran enormes y poderosas, me llevó a una pequeña exposición donde tenía su trabajo para que eligiera, me enseñó diferentes modelos hasta que elegí varios que me gustaron, incluso encargué una mesa y cuatro sillas.

    – Vamos a mi despacho.

    Era un cuarto pequeño en el que cabían los muebles justos, estuvimos hablando del precio y de los plazos de entrega y no se como ocurrió o en qué momento la conversación derivó tanto pero cuando quise darme cuenta estaba chupándole la polla a aquel tío, tenía su culo apoyado en la mesa, la cremallera del mono bajada, desde el cuello hasta los huevos era todo vello negro como la noche, yo mamaba de aquella polla como si me fuera la vida en ello, agarraba sus testículos gordos como bolas de billar y me tragaba aquel pene no muy largo pero grueso y cabezón que amenazaba desencajarme la mandíbula mientras el herrero ponía sus manos en mi cabeza como si fuera a darme su bendición.

    – Ohhh dios.

    – Slurp slurp slurp. – chupaba y me ayudaba con la mano, me la metía hasta la garganta y se me saltaban las lágrimas.

    – Sí zorra siii, Ramón tenía razón puta, eres buena con la boca.

    Ramón facilitándome el trabajo, el herrero olía a grasa y a sudor, a metal, me ponía muy cachondo aquel olor, comenzó a mover las caderas follándome la boca, la sacaba y yo lamía el frenillo con mi lengua, recorría con ella el tronco venoso hasta llegar a los huevos, volvía a subir y nuevamente me la metía en la boca para que continuará follandomela.

    – Oh siii puta, siiiiii.

    – Arghhh – su polla me llegaba a la garganta.

    – Siii guarra, vas a probar mi queso zorra.

    – Arghhh.

    – Te dan arcadas zorra, me gusta, chupa puta.

    Su miembro entraba y salía de mi boca, me daban arcadas y se me saltaban las lágrimas, sus hermosos huevos chocaban con mi barbilla, me agarraba del pelo sujetándome.

    – Ohhh si, me corro puto maricón, me corrrooo.

    Apretó y metió su polla hasta mi garganta, mis labios tocaban los vellos de su pubis, comenzó a descargar su semen espeso, salado, abundante en mi boca, tenía razón, me iba a dar su “queso”, nunca me había tragado una lefa tan espesa, la saboree y me la tragué sin desperdiciar una gota.

    – Ven aquí maricón.

    Me ayudó a levantarme del sillón, le eché los brazos al cuello, el me abrazaba y llevaba sus enormes manos a mis nalgas y las agarraba y apretaba mientras nuestras bocas se encontraban, mordía mis labios y metía su lengua, que yo chupaba con fruición.

    – Te voy a partir el culo zorra.

    Me empujó con violencia, mi pecho quedó sobre la mesa, mi culo en pompa.

    – Tranquilo Paco.

    – Cállate zorra.

    Intenté levantarme pero puso una de sus manos en mi nuca impidiéndomelo, desabrochó mi cinturón y el botón del pantalón y me lo quitó tirándolo a un lado, quedé desnudo de cintura para abajo.

    – Abre las piernas puta.

    Abrió mi culo con sus manazas dejando al aire mi esfínter, lamió haciendo círculos, se metió mi ojete en la boca chupándolo y follándomelo con su lengua, se separó y escupió, volvió a meter su cara entre mis nalgas, sabía lo que hacía, me tenía entregado, estaba deseando que me follara, que me partiera el culo como había dicho pero continuaba chupando y lamiendo, alternaba metiendo uno de sus dedos con la lengua, me iba dilatando provocándome un placer intenso.

    – Dios que gusto.

    – Prepárate puta.

    Se puso de pie, colocó su polla contra mí ano que ya estaba dilatado por sus dedos y lubricado por su saliva, dio un golpe de cadera y el cabezón de su polla venció la resistencia de mi esfínter.

    – Ayyy.

    – Calla maricón.

    – Mi culo, mi culooo.

    – Shhh.

    El dolor hizo flaquear mis piernas, aquella polla gruesa y cabezona me abrió en canal, de otro golpe de cadera la metió hasta los huevos.

    – Diosss.

    – Te dije que te iba a partir el culo puta.

    Sus manos me agarraban la cintura, comenzó a moverse, sacaba su miembro y lo volvía a meter de un golpe.

    – Aahh

    – Zorra.

    – Ay si, aahh.

    – Te gusta puta.

    – Dame fuerte cabrón.

    Comenzó a moverse más rápido y con fuerza, cada vez que metía su polla sus huevos golpeaban mi perineo, mis piernas temblaban.

    – Siii cabrón, follame.

    – Plaf plaf plaf plaf.

    – Si si si siiiiii.

    – Puta puta puta.

    Sacó su polla, me hizo levantarme, me quitó la cazadora y la camiseta dejándome desnudo por completo y me hizo tenerme sobre la mesa, de espaldas, se quitó el mono.

    – Dios que hermoso eres.

    Aquel hombre era un portento físico, fuerte pero no como un culturista de gimnasio, fuerte por el trabajo continuo, con unos brazos imponentes, unos hombros anchos, un pecho de toro, un vientre plano, con una espesa mata de vello negro cubriéndole, tomó mis piernas por las corvas de las rodillas y las llevó a mi pecho dejando al descubierto mi ano dilatado.

    – Follame cabrón, párteme el culo.

    Me penetró despacio, haciéndome sentir cada centímetro de su gruesa polla mientras iba entrando en mi culo llenándolo por completo.

    – Siiii.

    Comenzó a moverse, metía y sacaba su miembro de mi culo, su cuerpo brillaba de sudor, olía a macho y a sexo, me follaba con pasión, con fuerza, haciéndome gozar y sacándome gemidos de placer.

    – Ay Paco, ay.

    – Eres una maricona tragapollas.

    – Follame como un tío, maricón.

    Aquello lo espoleó, la fuerza dio paso a la violencia, cada vez que me embestía mis entrañas vibraban, el placer me inundaba, la cabeza me daba vueltas, agarró mi polla con esas manos enormes y comenzó a pajearme.

    – Ay, ayyy que me corro.

    No podía aguantar mucho, me corrí, mi lefa salpicó su vientre, mi pecho, manchó su mano…

    – Cabrón, cabron.

    Continuaba enculándome, me follaba como trabajaba la fragua, golpeando incansable, bufaba y resoplaba, metía y sacaba su polla con fuerza.

    – Me corro maricón.

    – Sí cabrón, préñame, lléname de leche.

    Dio una última embestida, clavó su miembro en lo más hondo de mi culo, se puso rígido, soltó un rugido y vació sus huevos en mi interior.

    – Me has matado cabrón.

    Sacó su polla y se sentó en el sillón, estaba hermoso, respiraba exhausto, brillaba por el sudor, mi lefa blanca contrastaba con el vello negro que cubría su vientre, me vestí y salí de allí, iba como flotando, mis piernas flojeaban y el esfínter me escocia, su leche manchaba mi slip.

  • A una verga perfecta

    A una verga perfecta

    Hace unos días fue mi cumple y una de mis mejores amigas me regaló un libro de Haruki Murakami, Quería emprender mi lectura cuanto antes y al mirar la dedicatoria encontré un poema a la verga. No podía creerlo y sin embargo, me resultó muy divertido. Entre otras decía:

    “Es un ser especial, venerado y adorado, inmortal e inmortalizable, da vida y recibe amor. Es la única que penetra seres humanos, sin dañarlos, es noble por ello.”

    Y concluía con una antesala -amiga necesitamos una verga, pero sin peros, que tenga un propietario digno de nosotras. Alza tu copa y declaremos-

    “afortunadas todas, quienes nos sentamos en una; en una verga, pues nos levantamos exhaustas pero felices, engolosinadas pero saciadas, simplemente para querer a los cinco minutos, más verga.”

    No dejé de sonreír mientras lo leía y, pensé que de continuar extrañando esa verga perfecta, no haría parte del grupo de aquellas exhaustas pero felices. Así que me resolví a hacer mi duelo.

    A una verga perfecta

    Alzo mi copa

    A ti, hermosa verga de infinita blancura y venas escondidas,

    que se alza inhiesta de caballerosidad

    para conceder el goce de sentarme.

    A ti que te perfumas de sutileza al atender mis besos

    y te revistes de firmeza con infinita suavidad.

    A ti, querida verga

    te regalo un te extraño.

    Te extraño en mi lugar más oscuro, en mis pliegues y en mis labios.

    Te extraño en las zonas que nunca te tuve pese a anhelarlo.

    ¡Te extraño!, pero tú, espíritu libre,

    que emanas amor dulce, caliente y espeso

    como gentil caballero, ansías el fervor de la batalla.

    ¿Cómo podría yo juzgarte, cuando en realidad te amo?

    ¿Cómo podría atarte, cuando tu sueño es libertad?

    A ti, mi querida verga:

    alegría intensa que colme cada célula de ese falo

    mil y un encuentros a tu placer,

    un corazón sereno que bombee tu dureza,

    un palpitar potente que te haga vibrar,

    un anhelo vehemente por sentir,

    un deseo incontrolable de

    estallar y, quizás un refugio dulce

    donde al fin no te canses de batallar.

    A ti, mi querida verga

    ¡larga vida!

  • Con mi novia y mi novio por primera vez

    Con mi novia y mi novio por primera vez

    Hola, soy Nina. Estoy en pareja con Fer, desde hace 10 años.  Yo tenía 20 años y el 35 cuando vos fuimos a vivir juntos. En todos estos años siempre fuimos muy libres.

    Él sabía que yo tenía una amante, una chica de 25 años. Nunca me dijo nada. Fer, alguna vez me contó que había estado con otra chica.

    Un sábado fuimos a un bar los dos solos. Por casualidad coincidimos con mi amante. Sandra. Era la primera vez que se veían.

    -Chicos, no necesito grandes explicaciones, Fer, ella es Sandra.

    Estuvimos charlando tranquilos, tomando whisky, y riéndonos de tonterías.

    -¿Queres estar con las dos? Le pregunté a Fer cuando Sandra fue al baño.

    -No tengo problema, solo que voy a elegir con quien estar si ella está de acuerdo.

    -Ok.

    Sandra estuvo de acuerdo, y un rato después, fuimos a nuestra casa.

    -Suban y empiecen sin quieren, yo me voy a servir un whisky. Dijo.

    Subimos, nos quitamos la ropa y comenzamos a besarnos y acariciarnos en la cama. Momentos después llego Fer, y se sentó en la cama. Cuando quise ir hacia él me detuvo.

    -Nina, tranquila, no te preocupes.

    Seguimos con Sandra, ella me chupó la concha, sacándome varios orgasmos, yo hice lo mismo, con el mismo resultado. Me senté en la cama.

    -Fer, ¿Qué pasa amor? ¿Te molesta que esté Sandra?

    -No, ya te dije. Al contrario, me encanta que esté.

    -Pero no participaste, ni siquiera tuviste una erección. No te excitaste.

    -Excitado, estoy. Suponía que este día iba a llegar. ¿Puedo darte un regalo?

    -¿Un regalo? Si claro.

    Fer fue al placard, y saco una bolsa. Y de ella una cajita.

    -Chicas, esto es un aceite especialmente formulado para mujeres. Se enchufa, y cuando se prende esa luz está listo para usarse. Es para acariciarse, y lo importante es que se puede usar en todo el cuerpo, incluso no hay problemas en que se besen la piel con esto en ella.

    -Wow, nunca pensé que podías a hacer esto, regalarme algo para gozar con otra mujer. Dije y le di un tremendo beso.

    ¿Puedo probarlo?

    -Por supuesto.

    Lo enchufe y nuevamente nos besamos con Sandra por un tiempo, hasta que se prendió la luz. Puse un poco del aceite en mis manos y comencé a acariciarla. La temperatura del aceite, la forma que permitía que se deslicen mis manos y el aroma que emanaba era impresionante, solamente el aroma ya me excitaba.

    Cuando mis dedos entraron en la concha de Sandra instantáneamente le dieron un orgasmo. Me acosté a su lado, y mientras la masturbaba le chupaba los pechos, cubiertos de aceite. Nuestra excitación fue subiendo a niveles que no conocía.

    Ella con una mano sostenía mi mano en su concha, mientras que con la otra apretaba mi cabeza contra sus pechos.

    -Nina, esto es tremendo, nunca tanto placer y orgasmos. Dijo Sandra.

    Baje con mi boca a su sexo, y el aroma que emanaba, mezcla de sus jugos y el aceite era único. Juegue con mi lengua en su clítoris mientras mis dedos entraban y salían de su concha suave pero enérgicamente, todo muy loco. Ella no paraba de gozar sus orgasmos.

    Lleve mi lengua a su concha, y fui metiéndola y chupando alternativamente. Mi mano, aún con aceite, busco mi concha, y me fue masturbando mientras mi boca se ocupaba de Sandra.

    Unos momentos después, las dos estábamos como locas. Orgasmo tras orgasmo.

    Fer se acercó a mí, y me mostro un arnés con un consolador de buen tamaño, casi como el de su pija en plena erección. Sonreí. Me levanté y me ayudó a ponérmelo. Puse un poco de aceite en el consolador y en el pecho y concha de Sandra. Lentamente la penetré y Sandra tuvo un tremendo orgasmo. Me acosté sobre ella y bombeaba mientras nos besábamos sin parar.

    Me di cuenta que Fer no participaba para nada, lo miré y estaba sentado en la cama, acariciando su pija parada. Nuevamente traté de tocarlo, pero no me dejó.

    Luego de una tremenda acabada, Sandra me pidió que la deje a ella darme placer.

    Me saque el arnés y me acosté. Ella puso aceite en mi cuerpo y me acarició por completo. Increíblemente, empezaron mis orgasmos, suaves y prolongados sin siquiera me toque el clítoris o la vagina.

    -Fer, sos un divino, esto es maravilloso. Dije totalmente extasiada por el placer.

    -Me alegro amor. Dijo él.

    Sandra con su lengua hacía maravillas en mi concha. Sus manos jugaban con mis pechos mientras me chupaba y me volvía más loca si eso es posible.

    -¿Me ayudas? Le dijo Sandra a Fer. Era para ponerse el arnés.

    Pero contra lo que esperaba, me hizo poner boca abajo. Se sentó sobre mis piernas y sentí como el consolador se apoyaba entre mis cachetes. Puso aceite en mi espalda y sus manos lo esparcieron completamente. Apoyo sus pechos en mi espalda y me besaba el cuello.

    Se levantó e hizo que separara mis piernas. Yo estaba perdida en el placer que me daba y lo hice. Su lengua comenzó a jugar con mi ano. Puso aceite en sus manos y me acariciaba el culo muy lentamente. Parte del aceite fue a mi ano, y su lengua se ocupó de esparcirlo bien, y lentamente comenzó a penetrármelo.

    Nunca ella lo había hecho, ni yo había aceptado que juegue con sus dedos en mi culo, tampoco le permitía a Fer. Pero ahora todo era distinto.

    Nuevamente se acostó sobre mi pecho y sentí como el consolador se apoyaba en mi orto, pero solo eso. Sandra se frotaba con sus tetas en mi espalda, me besaba el cuello y el consolador no me penetraba. Yo estaba loca de excitación y quería que me penetre el ano sin más.

    -Sandra, por favor, metelo. Le dije.

    -No soy yo quien te tiene que sacar la virginidad del orto. Dijo y cuando la escuche, estalle en un orgasmo tremendo.

    Sandra se levantó y vi que le daba un besito a Fer en los labios, se quitaba el arnés y se sentaba a su lado.

    Me quedé quieta un momento deseando que Fer me poseyera. Pero no lo hizo.

    Me puse a su lado, lo besé y me abrace a él.

  • Vuelvo a fantasear con mi hermana Cristina

    Vuelvo a fantasear con mi hermana Cristina

    Pasaron los meses, y llegué a pensar que lo que ocurrió en mi anterior relato había sido algo puntual, sin apenas relevancia, y que no volvería a ocurrir. Craso error. Si bien los meses de otoño y de invierno calmaron a esa bestia que llevo dentro, ese deseo sexual hacia mi hermana Cristina, esa culpabilidad por algo deliciosamente prohibido, ese tabú que deseaba quebrantar, no tardó en regresar.

    En el mes de enero del 2008, mis padres tenían turno de noche, mientras que mi hermana decidió ir a pasar unos días con su novio a una casa en la montaña. Aunque tenía buena relación con mi cuñado y pensaba que mi hermana había tenido suerte de estar con él, no podía evitar desde aquel día sentir celos de que él pudiera gozar del cuerpo de Cristina y yo no. Aquella noche que pasaría solo en casa empecé a tener imágenes mentales de cómo ellos dos tendrían sexo: la lencería que Cristina usaría para calentarlo, los juegos preliminares, las posturas en que mi cuñado la penetraría, cómo sobaría sus pechos con las manos y los labios, cómo olería su coñito…

    Me convencí que tenía que hacer algo para desahogarme. Así que decidí buscar fotos de ella en bikini o poca ropa y así poder disfrutar observándola. Revisando las fotos encontré algunas donde salía con bikinis de color rojo, negro, rosa… Le hacían unos pechos increíbles y podía contemplar esas estupendas piernas en todo su esplendor, mientras gotas de agua resbalaban por su piel bronceada. Otras fotografías eran de ella en shorts, y sólo viendo sus piernas me excitaba. La verdad es que las tenía muy bonitas, y eso que no hacía deporte ni ningún tipo de mantenimiento para que se vieran así. Al verlas, deseaba ser como uno de esos perrillos que se frotan con las piernas cuando están excitados. También había fotos de alguna boda donde se podía apreciar su escote o cómo el vestido se ceñía a su cuerpo, pudiendo apreciar la figura de su cuerpo, sus caderas, sus pechos…

    Llevaba un rato meneándomela con todo ese repertorio, pero lo que más me excitó fue verla de todas esas formas junto a su amiga Rebeca, con la cual solía fantasear más a menudo. Rebeca tenía 27 años, es decir, cuatro años más que mi hermana Cristina, y siempre me ha parecido muy atractiva. Era alta, tenía ojos azules, su melena era más corta que la de Cristina (por encima del cuello) y estaba teñida de rubio. Estaba casada y había tenido a un par de niños al mundo, por lo que le sobraba algún kilo de más, pero había logrado mantener bien su figura. Solía vestir con ropa de marca, con blusa, faldas, botas y una felpa de tela en el pelo, cuyo color combinaba según el de la ropa que llevase. Pese a que no teníamos muchas cosas en común, siempre me pareció una mujer muy dulce, lo cual acrecentaba su atractivo. Las primeras veces que me masturbé pensando en ella también sentí cierta culpabilidad por el hecho de que estuviera casada, pero poco a poco me iba saltando esos prejuicios para alimentar mi lujuria.

    Ver a Cristina con poca ropa junto a Rebeca me excitaba el doble. Las imaginaba en mi cama, dispuestas a complacer todas mis perversiones mientras se acariciaban y besaban en la boca. Ya había decidido con qué quería correrme, pero de repente, se me ocurrió cómo darle un toque aún más morboso a aquello. Y fue cuando me dirigí al cuarto de mi hermana y registré en sus cajones de la ropa interior. Allí había bragas de todo tipo, casi todas negras o de color carne: braguitas normales, braguitas culottes, tangas… Luego estaban los sujetadores, talla 95 C. Decidí meterme en su cama totalmente desnudo, llevando en mis manos un tanga muy fino de color carne, una braguita negra con encajes rosas y un sujetador negro. Reanudé mis fantasías con Cristina y Rebeca. Aquellas prendas y, además, el olor a hembra que desprendían las sábanas de mi hermana, lograban potenciar aún más mi excitación.

    Imaginaba cómo Cristina y Rebeca, desnudas, acariciaban mi torso al mismo tiempo que ellas se besaban entre ellas y luego se turnaban para hacer lo propio conmigo. Yo por mi parte, rodeaba con un brazo a cada una mientras sobaba sus traseros y sus pechos. Pero entre ambas hembras, prefería a mi hermana frente a Rebeca. Por lo que le dije que se colocara encima y me cabalgara. Se introdujo mi miembro y empezó a galopar, excitándome cómo rebotaban sus enormes tetas con el compás del movimiento mientras alzaba mis manos para agarrarlas y jugar con sus pezones marroncitos.

    Rebeca, mientras tanto, me besaba mientras me miraba con sus hermosos ojos azules entornados, aceptando, sumisa y complaciente, su rol secundario frente a mi hermana. Toqué el sujetador que había cogido e imaginaba cómo debía ser cuando mi cuñado (o algo de sus antiguos novios) tocaron sus pechos por primera vez. Cómo sería tener esos pezones, que alguna vez había logrado ver, en la boca. De pronto, la fantasía volvió hacia Rebeca, a la que en un par de ocasiones vi los pechos mientras daba de mamar a sus hijos. “Déjame mamarte los pechos”, le dije a Rebeca. Mi hermana dejó de cabalgarme y volvió a tenderse a mi lado. Mientras Rebeca me ofrecía sus pechos, mi hermana comenzó a besarla. “Qué buenas amigas sois la una de la otra”, y cómo me excitaba aquello. Entonces, imaginé que mi hermana me decía “¿Y yo qué?”, cogí una de las braguitas que le había cogido del cajón, me la puse en la cara e imaginaba cómo sería tenerla sentada encima y eso fue lo que finalmente me hizo correr.

    Me quedé dormido del gusto en aquella cama. Me desperté al día siguiente, cuando llegaron mis padres del trabajo y me dijeron “¿pero qué haces en la cama de tu hermana?” Afortunadamente no se percataron de las prendas íntimas que había cogido (y si lo hicieron, nunca me comentaron nada al respecto). Aunque no manché demasiado las sábanas, algunas gotas de mi semilla cayeron en ellas. Hice la cama, pero no llegué a cambiarlas, por lo que mi hermana tuvo que dormir después en ellas. Me quedé con la braguita negra de encajes rosa como recuerdo, de hecho la tengo al lado mientras escribo este relato.

    Pero no sería la fantasía más dura (y desde luego, no fue la más arriesgada) con mi hermana. De ello hablaré otro día.

  • La ex novia de mi novio

    La ex novia de mi novio

    Siempre me ha gustado el tema del voyerismo, pero nunca me atreví a expresarlo abiertamente a las parejas que he tenido, hasta que conocí a mi actual pareja.

    La verdad me llevo muy bien con él en todos los aspectos y en la cama había sido muy bueno hasta aquella tarde en la que tuve una fantasía con su ex novia. Él sabe que también me gustan las mujeres, y nunca lo ha visto mal. Es lo que más me gusta de él, que puedo ser yo sin ser juzgada.

    Soy una chica muy cachonda, y me encanta masturbarme en cada oportunidad que tengo, así que una tarde tenía muchas ganas de hacerlo y me puse a buscar videos porno; normalmente me gusta ver chicas con senos grandes pero naturales, así que eso buscaba, y lo que encontré me dejó con una curiosidad muy grande.

    Todo empezó normal; vi los senos de la actriz, me gustaron, abrí el video y a los pocos minutos me percaté que la chica tenía cierto parecido con la ex novia de mi pareja. Al principio fue muy extraño, pero mientras más veía el video más morbo sentía. Llegó una escena donde el chico le tocaba los senos muy rico, ella gemía delicioso y sus expresiones de placer me hicieron cerrar los ojos e imaginar a mi novio cogiéndose a su ex así de rico, mientras escuchaba los gemidos de la actriz de fondo me excitaba cada vez más… me empecé a quitar la ropa poco a poco hasta quedar desnuda en la cama, empecé a acariciar mis grandes senos hasta sentirme cada vez más mojada, así que empecé a masturbarme con la imagen de mi novio y su ex en mi cabeza… tan sólo de acordarme, me vuelvo a sentir húmeda…

    Tuve un orgasmo delicioso, pero no voy a negar que me sentía culpable por tener aquellos pensamientos.

    Me quedé pensando un largo rato cómo sería ella en el sexo, ¿buena, mala? ¿Sería acaso más cachonda que yo? Tenía mil preguntas dándome vueltas por la mente, y lo más extraño es que lo que sentía era morbo y no celos. Y mientras más pensaba, más quería seguir imaginando, así que de nuevo me masturbé pensando en ellos, no quería venirme rápido porque de verdad lo estaba disfrutando, incluso dejé la sábana mojada de lo empapada que ya estaba, gimiendo tan fuerte de lo rico que mi mente voló, hasta que conseguí otro orgasmo aún más rico que el primero. Fue una experiencia deliciosa, aunque muy extraña.

    No sabía cómo decirle a mi novio sobre aquella fantasía, puesto que me sentía mal, y por un momento creí que a él no le iba a gustar. Pero, al paso de los días, platicando con él pude confesarle que había tenido una fantasía con su ex, aunque sin dar detalles, sólo un comentario que pensé había pasado desapercibido. Pero noches más tarde, volvió a salir el tema por un chat de whatsapp, y ahí si le dije que la verdad haber imaginado eso había sido muy rico y él me preguntó que si quería saber cómo era ella, porque yo no tenía idea cómo lucía desnuda, había visto muy pocas fotos de su cara. Así que no tardé en decirle que sí.

    Él se adelantó en comentar que sus senos eran pequeños, no como a mí me gustaban, y mandó una foto. La verdad es que aunque sus senos no eran grandes, tenía unos pezones que me encantaron, se veían duros y ricos. Pues eso alimentó más mi morbo, le pedí más fotos y recuerdo que envió una donde ella estaba en 4 con un liguero y tanga blanca, no dejaba nada a la imaginación. Lo único que quería en ese momento era lamer sus nalgas, su vagina. Quería que fuera mía. En ese punto ya estaba masturbándome de nuevo, sabía que se volvería mi nueva obsesión. Y más cuando mi novio me enseñó videos donde se la cogía, tenía unas nalgas grandes y ricas, gemía con una voz dulce, le mamaba el pene a mi novio muy rico, y él también se la comía delicioso. Yo quería que me comiera la vagina así.

    Después de ver esos videos, el sexo con él fue aún más placentero, yo tenía más ganas de lo normal, quería que me cogiera todo el tiempo y cuando no estábamos juntos, me masturbaba viendo sus videos.

    Pensamos que todo quedaría en una fantasía, pues él no quería volver a estar con nadie más. Pasaron meses sin volver a tocar el tema, yo dejé de lado la situación y el sexo entre nosotros era increíble. Sin embargo una madrugada, me mandó un video masturbándose, me dijo que estaba muy caliente y quería que también me grabara para él. Yo no tenía muchos ánimos, y él me dijo que estaba pensando en ella y en mí juntas, obviamente me excité mucho y también le mande videos cachondos. Esa noche fue muy rica, pues me narró cómo sería si estuviera yo con ella mientras él nos observaba.

    Que fantasía la mía de estar con una mujer madura, más experimentada que yo. Esto tenía que ser real, ya no quería sólo imaginarlo.

    Le pedí a mi novio verlo al siguiente día; estábamos en su habitación a oscuras besándonos, lo empecé a masturbar muy lento y suave, y cuando sentí que ya tenía el pene muy erecto no aguanté para decirle que quería hacer realidad aquella traviesa fantasía. Al principio él se molestó, pero yo no dejaba de masturbarlo, y cada vez lo hacía más rápido. Yo llevaba un vestido, así que me hice de lado la tanga y no dude en montarlo. Él empezó a tocar mis senos sobre mi vestido tan rico como lo hace siempre, de verdad ya estábamos muy calientes. A gemidos suaves mientras él veía como brincaban mis senos le pedía una y otra vez hacer todo real. Me volteó bruscamente, y me puso en 4, me penetró tan rico. Lo metía y lo sacaba fuertemente, su verga se sentía demasiado dura y yo chorreaba. De repente escuché un «Sii, hagámoslo.» En ese momento tuve un orgasmo tan largo y rico mientras él se corría sobre mis nalgas.

    Él hizo su trabajo; la llamó, le pidió verla y ella sin pensarlo accedió. La citó en nuestro hotel favorito. Todo estaba pasando tan rápido que yo no podía creerlo. ¿Y si ella se negaba a toda esta locura?

    Cuando el día al fin llegó, yo me puse un baby doll rosa semi transparente, con una tanga muy simple pero bonita. Mis senos lucían hermosos. Me arreglé de una manera en la que nadie pudiera decirme que no. Y ahí estaba yo, esperando que ellos llegaran, con nervios y a la vez muchísimo morbo.

    Al llegar, la cara de ella fue de ligera sorpresa, pero no le molestó en lo absoluto. Preguntó si todo aquello sería un trío, a lo que ambos respondimos que no. Ella empezó a reír de forma coqueta.

    Recuerdo que llevaba un vestido negro muy corto, que entre dejaba ver unas piernas lindas y morenas. Le dije que se lo quitara, que esa tarde mandaba yo. Después la vi tal y como me lo imaginaba todas esas noches. Llevaba lencería negra de encaje, un liguero muy sexy y esa tanga tan chiquita que hacía que sus nalgas lucieran espectaculares.

    Le pedí a mi novio que se sentara frente a la cama. A ella comencé a quitarle lo poco que llevaba, no dude en ponerla en 4 justo como me la había imaginado. Le pregunté si estaba segura y con un suave gemido me respondió «Si, mami» Aproveché tanto ese momento, me comí su vagina tan rico, lamí cada rincón y ella gemía delicioso. La penetré con mis dedos una y otra vez, estaba tan mojada que no quería separarme de su rica vagina, quería que me chorreara la boca así como se la chorreaba a mi novio. Se notaba que ella gozaba mi lengua de verdad. Claro que también me comí su culito mientras yo me masturbaba con una mano. Aquel beso negro me hizo mojarme riquísimo, pero lo que me hizo venirme fue haber volteado a ver a mi novio, se masturbaba como nunca antes mientras nos veía con mucha lujuria, esa mirada con la que siempre desee que me observaran. Cuando ella llegó al orgasmo en mi boca, lo único que yo quería era verla cogiéndose a mi novio, sabía que él no quería, pero en ese momento ya nada importó.

    Fue mi turno de observar, ese pene tan duro solamente quería follar. Ella se sentó arriba de él dándole la espalda, empezó a brincar muy rico y ambos gemían fuerte. Ella le decía «Cógeme, mi amor» Eso era tan excitante. Ver sus pezones súper duritos y bien paraditos me hacían desearla mucho. Pero lo que más deseaba era que él me cogiera así como a ella, nunca desee más su pene como en ese momento. Me la estaba saboreando, quería chupársela después de haberla penetrado a ella.

    Él no se corrió con ella, la dejó de lado cuando ella llegó al orgasmo nuevamente. Por el contrario, me vio a mí con mucha pasión, me puso en 4 así como le encanta, empezó a lamerme completa, me preguntó si todo aquello me había dado satisfacción y mientras mi respuesta era afirmativa, me tomó de la cintura y me empezó a coger durísimo.

    Ya no me importaba si ella nos veía, si se masturbaba o qué pensaba. Yo ya había obtenido lo que quería, ahora sólo quería que él me terminara de coger.

    Me dio tan duro, tan rápido, yo ya estaba muy cachonda. Recuerdo que terminamos al mismo tiempo, él se vino dentro de mí muy rico. Y después de aquello, sólo le pedimos que se retirara. Pues queríamos seguir follando, sin ella.

  • Mi primera vez con mi cuñada

    Mi primera vez con mi cuñada

    Mi hermano Juan y yo en general casi nunca salíamos juntos, pero una noche los dos estábamos sin planes y nos juntamos a tomar una cerveza, de ahí salió la idea de ir a un baile de carnaval que hacían en el barrio. El Ahí sacó a bailar a una chica llamada Ester que desde ese entonces empezó a salir con él. Ester era bastante atrevida según mi parecer, no me generaba confianza y sospechaba que le fuese infiel a mi hermano. Al poco tiempo mi hermano se la trae a vivir a casa. Yo pensé que esto iba a traer algún inconveniente, no me gustaba mucho la idea pero en fin mis padres aprobaron la idea y la trajo nomas.

    Me incomodaba un poco la mirada sugestiva de ella y una leve sonrisa. Siempre que me veía lo hacia, yo no le mostraba gracias porque no me parecía bien que lo que hacía. Trate de hablar con Juan del tema, le dije que se fijara bien, que no se involucra tanto en fin pero el no me daba bola, seguía para adelante. Mi hermano le gustaba mucho tomar alcohol o hacía siempre por lo que suponía que eso jugaba en contra y si bien a Ester también tomaba mucho, ella tenía mucho más aguante que Juan. Ella solía quedarse despierta luego de tomar unos tragos acostarse con mi hermano que en cambio el caía desplomado después de tremenda paliza que se daba con el alcohol seguido de sexo.

    En ese entonces yo vivía en una habitación al fondo por lo cual al llegar pasaba por un pasillo y veía la habitación de ellos. A veces cuando llegaba tarde de alguna salida por ahí que tenía podía ver como ella seguía despierta y el completamente dormido. Sentía como que ella esperaba algo más, no sé porque no se acostaba pensaba, lo cual llamaba mi atención

    Un día mucho calor estaba en mi cuarto sin poder dormir cuando empecé a sentir ruidos en el patio, mire por la ventana y era Ester que estaba dando vueltas iba al baño, volvía salía a patio volvía y eso me puso a pensar, yo venía medio caliente ya con ella porque sentía que me estaba provocando pero no le daba nada de bolilla. Pero esta vez me dije iré a ver que onda, hasta donde es capaz de llegar esta mujer. Fui al patio acercándome, yo estaba en bóxer y ella tenía un camisón muy cortito muy atrevido, se le veían casi todas las tetas y se dejaba ver, lo hacía propósito. En ese entonces es cuando la observé detenidamente me atrajo sexualmente de manera que mi mente se bloqueo. A partir de ahí sólo me quería cogerla. Le dije que no se podía dormir por el calor y ella me contestó

    – si se nota que estas calientito riéndose despacito

    Eso me puso loco y mi bulto empezó a crecer. Inmediatamente le contesté preguntándole si Juan estaba dormido, lo cual me respondió que si. Y entonces le dije que viniera conmigo a mi cuarto y la tomé del brazo suavemente pero ella se soltó y me dijo que ya iría. Seguí entonces sólo supuse que chequearia de ver a juan dormido y tal vez algo íntimo suyo y entonces vendría. Yo así mismo acomode rápidamente todo mientras esperaba ansioso y desesperadamente que pasara rápido de una vez antes de que me arrepintiera. Espere un rato y nada, salí de nuevo mire por el pasillo hacía su dormitorio y nada, me había dejado con la verga parada esperando. Por cual me hice terrible paja y me dormí cagado de bronca. Pensé que todo lo que había pasado era una trampa de ella, se había burlado de mi y yo había caído como un boludo.

    Al día siguiente le pregunté qué había pasado que no vino a mi cuarto y me respondió que se había despertado Juan y te no pudo volver a levantarse, lo cual me dejó con la duda pero en fin nada podía hacer. Así me tuvo por varios noches, que si que no, jugaba con mi deseo. Realmente era una mujer muy atractiva y atrevida cuando quería sabía perfectamente como atraer a un hombre. Hasta que al fin un día recuerdo que era domingo. Ella había ido por la mañana a ver a sus padres y dijo que volvería a la tarde. Juan salía a un asado con unos amigos mis padres también salieron y volverían por la tarde noche. Yo como todos los domingos jugaba al fútbol y llegaba en la tarde me duchaba y esperaba que llegarán todos. La primera en llegar fue Ester. Entró a su cuarto se dio cuenta que no había nadie está vez estábamos solos. Pero en cualquier momento llegarían. Yo enseguida fui a buscarla. La empecé a cortejar, risa, broma sugerente etc.

    Hasta que me atreví a tomarla y empezar a acariciarla, ella hacía como que no pero no oponía nada de resistencia de echo apenas había llegado a casa se había puesto esa camisón tan sexy que le quedaba tan bien que era imposible no pensar en otra cosa que cogerla. La tomé de la cintura con mis manos le acariciaba sus pechos y casi con desesperación le sacaba el camisón lo cual mis manos se fueron hacía su culo tan rico y que tanto había estado deseando, la di vuelta y la penetre desesperadamente, le di le di le di fuerte muy fuerte. Se sentía la pasión, el deseo, la intensidad. Ella sólo decía hay que rica que rica, fue todo tan delicioso prohibido y excitante, la adrenalina a mil. Algo increíble. Duro poco acabe rápido ella pedía más pero yo quise dejarlo ahí porque podía llegar alguien y de hecho que fue así, ni bien salí de su cuarto llegaron mis padres. Luego de esa tarde lo hicimos una cuantas veces más pero nunca fue tan excitante como la primera. Hoy en día no sé nada de esa mujer se separó de mi hermano. Y yo me fui a vivir a otra cuidad.

  • Exhibiendo a mi novia frente a mis amigos

    Exhibiendo a mi novia frente a mis amigos

    Hice una reunión de amigos en casa y alquilamos un pool, arrancamos eso de las 8 de la noche. Compramos una picada y para tomar una botella grande de Fernet con Coca.

    Éramos 4 en total, mis tres amigos y yo, nos organizamos quien jugaba con quién y empezamos a jugar, escuchamos música y a seguir tomando…

    Después de 3 horas (tipo 11 de la noche) el padre de familia del grupo atendió un llamado y se tuvo que ir… Nos burlábamos de el por ser tan «Gobernado».

    Después de eso quedamos tres, en eso que mi amigo se fue me suena el teléfono a mí… jaja ya empezaron a gastarme (otro que lo tienen cagando dijeron por ahí) y en efecto no le erraron, era mi novia…

    Me decía que estaba aburrida que la disculpe pero vino directamente y estaba esperando en la vereda de mi casa, que si podía entrar o se iba para otra parte. Bueno era reunión de amigos, pero no podría dejar que se fuera (aparte la reunión ya estaba terminando).

    La hago pasar y les presento a mis amigos:

    Ella es Lisa mi novia y ellos son Lauty y Santiago…

    Para agregar contenido a la historia les cuento que Lisa es por naturaleza muy relajada, sociable, entra en confianza enseguida, muy natural sin complejos ni preocupaciones, es lo que me encanta de ella.

    Y mis dos amigos que quedaron son tranquilos, es más diría que son muy tímidos, los conozco desde el colegio y nunca tuvieron una novia.

    Cuando Lisa vio la mesa de Pool le brillaron los ojitos… Y me dijo:

    Lis.: Amor me disculpas si me pongo más cómoda?

    Yo: Todo Bien, en el ropero quedó la ropa que dejaste la última vez.

    Lis: Si si ya lo sé x eso te digo.

    Bueno se metió a cambiarse en la pieza mientras preparamos la mesa para una nueva partida, jugaríamos en pareja… Mi novia y yo y mis amigos juntos.

    Cuando sale mi novia de la pieza veo que se puso bastante cómoda, estaba en ojotas, tenía su remera gastada de Maiden y una calza negra…

    El tema es que esa calza tenía ya años de uso y se le transparentaba todo… Al mirarla de frente note la delgada tanga color lila y se le notaba bien el camello en su entrepierna, me dije si se ve así de frente como será de atrás!!!

    Y mi confirmación no tardó en realizarse… cuando se acerca a la mesa a buscar la jarra se le notaba bien su cola redondita, bien paradita y su ropa interior debajo de su calza Bien traslúcida!!!

    Tragué saliva y mire la cara de mis amigos, que cómo a mi, le saltaron los ojos para afuera…

    Yo: Amor, estás cómoda?

    Lisa: Si amor ahora sí no soportaba el jeans y las zapas.

    Bueno, no pude decir nada más… Se me hizo una laguna en la cabeza y colgué un toke.

    Lisa preparó una jarra de Fernet arrancamos a jugar…

    Saque del bolsillo el atado de puchos y encendí un cigarro, lo necesitaba.

    No puedo explicar bien la extraña sensación que me dio al ver que mi novia estaba así frente a mis amigos, es una mina joven de 22 años, tiene una linda cinturita, no mucho de pechos pero si es muy linda, con su pelo largo lleno de rulos un poco más bajita que yo… Medirá 1,65 cm y muy bonita.

    En lugar de estar enojado me sentí excitado teniendo en cuenta que los otros dos no son algo tímidos y ella es tan atrevida (por lo menos conmigo)

    Lauty arranco la partida de pool y de entrada embocó tres bocas seguidas, luego fue nuestro turno… le dije a Lisa que arranque a jugar.

    Cuando se agachó a realizar su primer tiro estaba perfecta para hacer desastre, su cinturita bien marcada, esa tanga que se transparentaba, tenía ganas de arrancarle la calza y cogérmela delante de mis amigos.

    A ellos se los notaba incómodos, trataban de no mirarla, corrían la vista a un lado o trataban de hablarme de cualquier otra cosa, para ellos había mucha tensión en el ambiente.

    A lo que por impulso y sin pensarlo, no podía contenerme de ver esa cola tan linda y le di una nalgada a mi Novia.

    Ella se levanta y sorprendida me dice amooor!!! (Se la oyó con mucha picardía)

    La agarro de la cintura y le cómo la boca a besos, mientras mis amigos me veían… llevando mi mano derecha a su nalga y apretándola fuerte seguido de otra nalgada.

    Apenas llegué a escuchar de Lisa un mmmm… Y ver sos ojitos excitados.

    Le pregunto al oído:

    Te mojaste?

    Mucho, me dijo en vos muy bajita.

    A lo que Santiago dijo en voz alta:

    -Bueeeno es hora de irnos!!!

    Y Lisa lo interrumpió enseguida:

    -No quédense!!! Está todo Bien, disculpa si te pusimos incómodo.

    Santi: No como ustedes quieran, a nosotros no nos molesta ver

    Lauty: Posta si quieren pueden seguir con lo suyo.

    La miro a Lisa y le sonrío, ella me devuelve la sonrisa y se me acerca a mi boca y me da un beso muy dulce, de esos besos que conozco cuando está muy excitada.

    Nos dimos un beso bien apasionado y con ambas manos comencé a acariciar su colita. Sin pensar le bajo la calza dejando al descubierto su piel y su tan linda tanga lila, a lo que me sorprendió su reacción al tirar la colita Bien para atrás, disfrutando lo que estaba haciendo. Enseguida con un tinte de enojo dijo Pará!!! Y se subió su pantalón.

    -No seas desubicado!!!

    Ok! Dije…

    (Tal vez estaba yendo muy lejos)

    Y seguimos con la partida de pool, aunque ya con un tono más encendido que antes…

    En una de esas mi novia se acerca y me dice al oído, amor si me calentó mucho que me vean tus amigos, pero me puse algo nerviosa, no quiero que me enfiesten entre todos.

    Ok te entiendo, pero mañana vamos hablar tranqui del tema.

    Si querés nos sacamos las ganitas en la pieza, me dijo.

    Era mi turno de jugar, mientras estoy tirando veo que ella se va al Baño.

    Tiro y le erro, tomo un trago, prendo un pucho y noto que pasaron 10 minutos. Que entro al baño.

    Voy a verla y en vez de tocar la puerta la abro directamente, a los ella se sorprende y se asusta…

    Lisa: Hay!!! Tarado

    Noté que sentada se estaba masturbando…

    Enseguida no dude en bajarme el cierre del pantalón y poner mi virilidad frente a su cara…

    Mientras se masturbaba se lo llevó a la boca y note su rostro sonrojado, caliente, estaba teniendo espasmos, jadeaba y pude ver cómo terminaba de hacer lo suyo…

    Para complacerme siguió conmigo hasta hacerme terminar en su boca, bebió hasta la última gota de mi…

    Nos lavamos un poco y volvimos a la mesa de Pool, mis amigos estaban entretenidos tomando algo y escuchando música

    Y ya está seguimos la partida o nos vamos? Dijo Santi

    Si si podemos seguir jugando…

    (Continuará)