Blog

  • Segunda oportunidad para aprobar el examen

    Segunda oportunidad para aprobar el examen

    Un joven de diecinueve años con barba y constitución atlética, entró en el despacho de Silvia, su profesora de Física. Llevaba puestos pantalones vaqueros de color negro, camisa a cuadros y zapatillas de correr blancas.

    – Buenas tardes Juan. – saludó la mujer con voz autoritaria tras abrir la puerta para que su alumno entrase a la revisión.

    Silvia llevaba gafas. Aquella tarde vestía pantalones vaqueros y camiseta negra, ambas prendas ajustadas marcando su figura. El cabello castaño y largo recogido en una coleta, frente amplia que transmitía inteligencia y rasgos que cualquier hombre o mujer, sin llegar a definirlos como bellos, si que los encontraría interesantes.

    – Gracias. – contestó el estudiante.

    La profesora tomo asiento tras una amplia mesa de escritorio, buscó el examen de Juan y tras ojearlo, suspiró, y tomo la palabra de nuevo.

    – Estás suspenso – dijo con un tono neutro que sonaba a sentencia.

    Juan la miró a los ojos y soltó el pequeño discurso que había preparado de antemano. Elogió a su profesora, destacando lo mucho que había aprendido en sus clases, reconoció que no había hecho su mejor examen y solicitó una nueva oportunidad.

    – Estás suspenso – repitió Silvia sin ceder un milímetro.

    Aquel chico le gustaba, sus palabras, sus halagos y el análisis que había hecho, sin faltar a la verdad eran dignos de elogio pero… la justicia, el derecho del resto de alumnos, el principio de igualdad de oportunidades tenían que imponerse.

    – Por favor, necesito aprobar. La beca y mi futuro dependen de esto.

    La profesora echó un vistazo al listado de alumnos, había otros tres que como Juan, se habían quedado a las puertas de pasar. Todos merecían las mismas oportunidades pensó con una sonrisa enigmática en sus labios mientras pensaba en algo inconfesable. Luego, esos pensamientos atrevidos se convertieron en voz.

    – Hay una opción que pasa por hacer un nuevo examen… pero esa posibilidad tiene un precio.

    Juan se mostró sorprendido y esperanzado a un tiempo.

    – Lo que sea. – dijo con el ansia de un desesperado agarrándose a un trozo de tabla que, flotando, aparece de la nada en medio del abismo.

    Silvia soltó la propuesta ocultando la excitación que sentía en ese momento.

    – La opción es recibir unos azotes con un paddle en el culo.

    Juan recibió la noticia como quién no está seguro de estar despierto o soñando.

    La profesora se levantó y se acercó al muchacho. Juan podía oler el perfume de aquella mujer y durante un instante sus ojos se posaron en los senos.

    El alumno tragó saliva.

    – ¿Qué me dices? azotamos ese culete de chico irresponsable.

    Juan, que se había quedado sin muchas opciones, asintió con un movimiento de cabeza.

    – Bien, pues vamos a ello. Inclínate sobre el escritorio. – ordenó la mujer mientras sacaba el paddle de un cajón.

    – A ver, serán seis con ropa y otros seis en el trasero desnudo. No pongas esa cara, a los chicos traviesos se les corrige en cueros.

    El alumno obedeció recostándose sobre el escritorio y ofreciendo su trasero en pompa, listo para recibir los golpes de madera.

    Esperaba dolor y el primer azote cumplió crecidamente con sus expectativas. Silvia pegaba con contundencia, dejándose llevar por la pasión del momento. Aquel joven tenía un culo atractivo, redondito, un culo que no dejaba indiferente.

    Nada más recibir el sexto, Juan tuvo que bajarse los pantalones y los calzoncillos. Tenía las nalgas rojas y la cara roja por la vergüenza y el calor que recorría su cuerpo. Su pene, por si la humillación no fuese suficiente, se había puesto duro, hecho que notó Silvia.

    – No me digas que esto te gusta. Voy a tener que pegarte más fuerte o esto en lugar de un castigo va a parecer una sesión erótica.

    – Lo si… yo no puedo controlarlo. Le aseguro que los azotes duelen.

    – Y más que van a escocer cuando se encuentren la piel sin protección.- añadió la profesora propinando un golpe de paddle en medio del culo de Juan.

    Luego aterrizaron cinco más. El chico estuvo a punto de llorar pero aguantó.

    Terminado el correctivo se subió los pantalones y dio las gracias a su profesora.

    – Te avisaré en cuanto tenga listo el nuevo examen.

    La puerta se abrió y Juan dejó el despacho.

    En la salida un chico le preguntó que tal le había ido pero él no respondió.

    Mientras tanto Silvia volvió a su sitio. Tenía las bragas mojadas y decidió meter papel. En aquel momento lo que más le apetecía era masturbarse pero todavía tenía que atender al resto de alumnos. Cuando Juan salió había visto a dos esperando, un chico y una mujer madura a la que recordaba yendo a su clase.

    Tendría que darles una oportunidad.

    En aquel momento pensó en los pechos de la alumna madura. Si accedía al castigo la pegaría en el culo pero antes, antes le ordenaría que se desnudase de cintura para arriba.

    La idea de las tetas colgando le provocó un amago de placer.

    Tomó aire y trató de relajarse, ya habría tiempo de correrse cuando todo esto acabase.

  • Mi primera vez con otro, después de mi pareja

    Mi primera vez con otro, después de mi pareja

    Entrando en contexto.

    Antes de entrar en tema, quiero poner en contexto que, los años que duré viviendo con mi pareja, siempre fui una mujer fiel, pura y solamente tuve ojos para mi pareja, pues, él era perfecto, todo lo que hacíamos en la intimidad me volvía loca y él fue mi todo durante muchos años. Simplemente lo veía perfecto.

    En verdad, es una lástima que todo tenga siempre algo de malo, pues, en toda relación destinada a tener problemas, y, en cada hombre, no cabe duda que siempre existe la tentación de tener siempre más de una mujer; pues bien, eso fue lo que exactamente ocurrió en mi relación. Pero quizá, eso sea tema de otra historia.

    Con la venida de los años y de que todo era realmente igual y que todo e vuelve predecible la relación se volvió monótona, para esto mi pareja e le ocurrió la idea de fantasear conmigo, pues, siempre me decía que yo tengo un cuerpo diferente, que, le encanta pensar en la posibilidad de yo estar con alguien más, a consecuencia de eso, cada que lo hacíamos el me pedía que yo pensara en alguien mas y pretendiera que esa persona me hacia el amor, para ser sincera al principio se me hacía algo muy tonto, pero al cabo de varias ocasiones, quizá, esa idea se fue sembrando en mí, pues después si me gustaba esa idea. Recuerdo muy bien que una vez haciendo el amor con él, me dijo que le gustaría ver cómo me lo hacía alguien más, obviamente me prendió la idea, pero no lo demostré, pues, eso era muy mío y de nadie más.

    Como llegue estar con alguien más.

    A decir verdad, nada de esto hubiera ocurrido, de no haber sido por la infidelidad de mi pareja, el hecho de estar con tantas mujeres y de descubrirlo filmándose con ellas, me hizo sentir tanto coraje, literalmente para mí ya estaba todo terminado, lo mande al carajo y dure dolida y decepcionado un par de semanas, el trataba de minimizar las coas para que yo pensara que no había sido tan malo, en esas semanas llegamos a tener sexo varias ocasiones y, mientras lo hacíamos me dijo que, «lo engañara, que él se lo merecía, que si yo me metía con alguien más él no tendría cara ni de reclamarme pues el en menos de 3 meses, había estado como con 5 o 6 mujeres diferentes» Esa vez me dijo, si lo haces con quien decidas, disfrútalo, nomás no me digas, porque prefiero darte permiso a saber que estas de cabrona a escondidas y ser un pendejo, por supuesto que en ese momento yo le dije que no, que no haría nada de eso.

    Pasaron los días y yo estaba muy distante, aún estaba muy enojada con él, al punto de querer vengarme haciendo básicamente lo mismo y me acorde de lo que me dijo el que me si me metía con alguien, lo hiciera en secreto y fue ahí que me decidí… quería sentir lo mismo que él, porque yo jamás había esta con otro más que con él y tenía cierta inquietud y curiosidad.

    Esa semana estuve en la universidad y un compañero tenía cierta atracción hacia mí, yo sabía que le gustaba y, a decir verdad, él no me era indiferente entonces una idea se me vino a la mente, si el sería el indicado para tener sexo conmigo

    Una cosa que quiero puntualizar es que, en mi universidad yo era una de las pocas extranjeras conocidas, y eso hacía que para muchos fuera algo exótico, pues muchos querían saber de mí, pero al mismo tiempo no se atrevían a hablarme por ser extranjera.

    Entonces, en esa semana empezó el coqueteo, empezamos a platicar, a salir con mis amigas, a comer juntos, etcétera, por supuesto no faltaban las miradas, los acercamientos «Imprudentes» y los roces que hacía que todo aquello fuera un poco más placentero, ciertamente, todos esos actos hacían que pensara fuertemente en él por las noches y, en cierta forma me hicieron decidirme a ceder a sus encantos, total, estaba viviendo sola en mi departamento, mi pareja se estaba en otra ciudad «donde vivimos» y pues, lo que pasara en mi departamento, se quedaba en mi departamento.

    A la mañana siguiente muy temprano me desperté y «ya mentalizada y decidida» me bañé y me depilé toda mi vagina, «pues quería que él tuviera una excelente impresión de mi» me prepare un vestido sexy que tenía y quería que él me viera usándolo.

    Una vez más en la universidad empezaron nuevamente los coqueteos, las pláticas, etc. Hasta que le dije que tenía muchas ganas de tomar y me propuso que fuéramos a mi departamento a tomar y, con una mirada coqueta pero evasiva, le dije que sí, no tienen idea como latía fuertemente mi corazón, de saber que algo prohibido estaba sucediendo, de saber cómo esto, a pesar de que estaba mal, me volvía loca por dentro.

    Ese día, salimos temprano de la universidad, nos fuimos al estacionamiento por el carro, y nos fuimos a un Oxxo a comprar cerveza, realmente no necesitamos tanta, con un 6 de cerveza fue suficiente, pues yo no tomo mucho, ya en mi departamento, comenzamos a platicar (por unos 40 minutos aproximadamente) sobre mi vida, mi relación con mi pareja, los problemas que tenía, y como era de esperarse, empezaron las preguntas privadas, preguntas que jamás un hombre me había hecho, entre las cuales me pregunto que con cuantos había tenido sexo, a lo que le contesté “Solo con mi pareja” estoy segura que eso realmente le excitó, pues, finalmente la fantasía de él se estaba haciendo realidad; estar solo en mi departamento, con una extranjera, tomada y haciendo preguntas de sexo, pude ver como se prendía mientras hablábamos, por el tono de su voz y por el tipo de preguntas que me hacía, al punto de él hacerme preguntas y yo hacerle preguntas similares.

    Finalmente, ya oscureciendo y con la luz apagada, llegó el momento en el que me confesó que estaba loco por mí, que le excitaba demasiado verme y que le fascinaba verme el trasero, que no se resistía, al punto de yo estar tomada, eso me empezó a excitar y por supuesto el coqueteo empezó a ser más intenso, hasta que me pidió que si podía verme parada y lo hice, me pidió, que me diera una vuelta para verme bien y lo hice, en ese momento, me abrazo por la espalda «confieso que eso me prendió en seguida, y no puse ninguna resistencia» me empezó a besar el cuello, mientras me acariciaba suavemente, mi estómago y apenas rozaba mis caderas, pero poco tiempo pasó, para que las caricias se hicieron más intensas, y empezó a subir su mano a mis senos, al mismo tiempo la otra entraba debajo de mi pantalón tocando mi intimidad por encima de mi ropa interior «yo sabía que todo eso era muy malo, tenía una especie de sentimiento entre parar lo que estábamos haciendo o dejar que siguiera sin parar… «eso solo incrementaba el deseo y la excitación» mi respiración se incrementó drásticamente, hasta que al fin, puso su mano debajo de mi tanga y empezó a acariciarme lentamente en círculos, yo estaba tan excitada, que fue evidente que estaba súper mojada que comenzó a quitarse la camisa y a bajar su pantalón; acto seguido me bajo mi pantalón con todo y tanga hasta las rodillas, sacó su pene y lo deslizo entre mis nalgas, rosando mi vagina, eso simplemente hacía que lo deseara más y que quisiera que me penetrara ene se momento, hasta que comenzó a penetrarme lentamente.

    Era evidente que el tamaño de su pene era más grande que el de mi pareja «aún puedo recordar la excitación que me provocó» y así empezó a hacerlo, yo parada frente a la mesa y él detrás de mi haciéndomelo, los pensamientos volaban dentro de mi cabeza, pues, finalmente estaba teniendo sexo con otro hombre que era realmente grande y me lo hacía con un gran deseo, después, me tomó del cabello y me agachó a la mesa, después me tomo de mis caderas y comenzó a hacerlo más y más profundo, pero a un ritmo calmado, pero firme, lo que me causaba una gran excitación «quiero puntualizar que, había hecho el amor muchas veces con mi pareja, pero, jamás me habían cogido» lo digo con esas palabras porque fue entonces cuando el empezó a decirme palabras fuertes, palabras realmente fuertes que, normalmente me ofenderían, pero que en ese momento me llegaron a gustar.

    ——————–

    “¿Te gusta puta? ¿Te gusta la verga? ¿Te gusta que te trate como una puta? ¡Tienes un culote! ¡Quiero que gimas puta!”

    ——————-

    Todos estos comentarios solo hicieron más que prenderme como loca, pues, jamás me los habían dicho y el hecho de que estaba haciendo algo realmente prohibido, el tamaño de su pene y, las palabrotas que estaba usando, no hizo más nada que excitarme como nunca. Después, me volteó, me quitó totalmente mi pantalón, y me subió a la mesa, me abrió las piernas y comenzó a hacerlo realmente despacio, podía sentir cada centímetro de su pene entrando en mí, hasta que comenzó a subir la intensidad de lo que hacía al hecho de hacerlo fuertemente, mientras me besaba y me acariciaba mis senos; después, me acostó sobre la mesa y puso mis piernas en sus hombros y comenzó a hacer lo mismo, no voy a negar que yo no podía mantenerme en silencio, pues tanto era lo que sentía, tan excitada estaba, que no gemir era realmente imposible, comencé a gemir un poco fuerte, pero pausadamente, total, nadie nos escuchaba en mi departamento.

    Llegó el momento en que yo deseaba sentirlo y abrazarlo, por lo que nos fuimos al cuarto, y le dije que tenía una sorpresa para él, nos fuimos al cuarto, me metí al baño y me puse el vestido sexy que quería mostrarle, cuando me vio supe bien que moría de deseo por mi pues me cargó y me recargó sobre la pared y empezó hacerlo de esa forma, posteriormente, me llevó a la cama y empezó a hacérmelo en misionero mientras me abrazaba y yo lo besaba apasionadamente, realmente me entregué a él, también me puso de perrito, comenzando lentamente y después más fuerte, tomándome de mis caderas y después me acariciaba mis pechos y después me acariciaba atrás mientras me penetraba, después de lado, de cucharita, de cucharita con una pierna levantada, en fin muchas posiciones, en las que básicamente me faltaba el respeto pero, que yo no ponía ninguna resistencia; sin exagerar, fue una de las mejores «cogidas» que me han dado, pues, duramos alrededor de 2 horas y media haciéndolo.

    Después, él se sentó en la cama, de forma que quedo recostado y me pidió que lo montara, a lo que accedí sin pensarlo, mientras lo hacía yo me movía atrás y adelante mientras el con su mano me acariciaba mi ano, mientras que con su boca me besaba mis senos; todo esto al mismo tiempo. Me sentía realmente complacida, ya que, también se me venía a la mente que, hacia una semana simplemente era un compañero de universidad al que le gustaba y, en ese momento estaba siendo tocada y besada en toda mi intimidad, y lo que lo hacía más placentero, era que, nadie más sabia más que nosotros solamente. Así duramos como 10 o 15 minutos aproximadamente, al cabo de ese momento, nunca dejó de dedearme atrás mientras me lo estuvo haciendo, y me preguntó que, si quería sentirlo por atrás, a lo que acepte. Me dijo «Ponte de perrito Putita» y sin pensarlo lo hice, me dijo «ábrete las nalgas» y lo hice, acto seguido, comenzó muy lentamente a intentar penetrarme con su pene tan grande que tiene, al principio me dolió un poco, era solo cuestión de tiempo para que ese dolor se convirtiera en placer, placer que lentamente me empezó a dar. Así empezó por un rato, pero después empezó a acelerar el ritmo, y empezó una combinación de querer que parara y el de querer que me diera más duro, en ese momento, empecé a gemir más fuerte de lo que normalmente lo hice en todo ese tiempo, él se excito realmente por la forma en que lo hacía, «quiero hacer mención que en este momento que acabo de escribir esto, me excita un poco el recordar, el cómo me tenía, el imaginar desde otra perspectiva, como me tenía de perrito, bien abierta, y el montándome por detrás, sin duda, algo realmente excitante» de un momento a otro, comenzó a gemir, diciéndome que se estaba viniendo dentro de mí y así fue, se vino dentro de mí, pero por atrás

    Finalmente, cuando volvimos a la realidad asimilé con más claridad lo que acababa de ocurrir, y comencé a vestirme rápidamente, él hizo lo mismo, pero de forma más rápida porque ya era algo tarde y él tenía que irse, y se vistió y se fue muy rápido.

    Y así fue mi primera experiencia, algo que jamás imagine que llegaría a hacer, que lo hice y que me llego tanto, que llegue a repetirlo varias veces más. Pero aquello es otra historia que se puede plasmar en otro artículo como este.

    Si llegaste hasta este punto, te lo agradezco, y espero tus comentarios no morbosos al respecto, si quieres que continúe escribiendo mis experiencias en artículos como este estaré contenta de plasmarlo mientras lo recuerdo.

    Allie Nowak

    Mi telegram: t.me/allienowak.

  • Por supuesto no soy solo su amigo

    Por supuesto no soy solo su amigo

    Incluso cuando mi mente negaba la verdad, la memoria de mis manos lo confirmaba. Era como si dibujara en el aire las constelaciones de nuestros encuentros.

    —Te deseo tanto —me dijo. Se levantó de la silla, dio un vistazo a su bisabuela que estaba colocada como un vegetal en la sala de estar frente al televisor. Y antes de que yo pudiera abrir la boca para suspirar, sus manos buscaban insistentemente bajar mi pantalón. Se oyó el sonido de un cierre abriéndose, luego el ruido húmedo y suave de su lengua acariciándome, probando aquella parte caliente y erecta de mi anatomía.

    —Te deseo —le respondí después de un rato. Miré hacia abajo, hacia la chica de diecinueve años que succionaba mi pene con tanta inspiración, con la tremenda serenidad de su cuerpo, sus manos alcanzando mis glúteos para impulsarse, mi abdomen bajo golpeado por su cabeza en cada embestida. La sensación penetró en mis huesos, mi sistema nervioso fue impulsado hacia los circuitos más lejanos y placenteros del universo sensorial. Esa sensación me superaba, como si de golpe todo mi cuerpo hubiera sensibilizado su resonancia.

    Antes de que la luz azulada y blanca comenzara a parpadear en el exterior, sus dedos estaban ahora sobre mi rostro, los puso en mi boca. La miré, no como una presa; más bien como un cazador que está a punto de disparar. La llevé hacia la pared, entre besos lentos y húmedos, tomándola entre mis brazos. Luego, con una mano larga y antebrazos venosos rodeé su nuca, de espaldas a ella le dije—. La anciana te oirá.

    —No me importa —respondió con la voz más suave y descarada del mundo.

    Ahora, con una mano busqué su trasero por debajo de su pantalón, con la otra apretaba su cuello. De esta manera, cuando uno de mis largos dedos entró en su culo, la presión en su garganta le impedía gritar. La sentí estremecerse, jadear, pero mis dedos estaban poseídos, ya no podía parar. Eso estaba pasando, no había manera de borrar el momento presente, no había forma de volver atrás. Que pena por su novio, que vergüenza por sus seres queridos que pensaban que teníamos una amistad sana, que lástima por todo aquel que me creía un santo.

    —Duele —alcanzó a decir—, pero al mismo tiempo se siente rico.

    Quizá fue lo que dijo lo que me hizo perder la cabeza, lo que instó a mis músculos a forzarla, a tomarla y quitarle todo rastro de ropa. Me instalé entre sus nalgas, pequeñas, y apreté con ambas manos su cintura, delgada, y vi sus brazos —flacos—, aferrándose a mi cabeza. Mordí, chupé y penetré su único lugar virgen, prohibido y apretado.

    —Mi culo —susurró cuando estando detrás entré en ella—, despacio.

    Aunque toda mi red de ideas me empujaba a cogerla violentamente por detrás, la empatía acudió al rescate. Empecé suave, lento, sin embargo, mis manos volvieron a su cuello, a su boca.

    —No sabía que te gusta esto —suspiró. Ahora, mientras notaba que ella sola guiaba el movimiento, el ritmo de la penetración, deslicé mis dedos hasta su vagina para proporcionarle una doble penetración. Seguimos así cuidando de hacer el menor ruido posible, por suerte ambos éramos silenciosos.

    Pero comencé a perder nuevamente el control, su agujero se estaba acostumbrado ya al tamaño y el grosor, sentía sus cálidas dilataciones, cómo se expandía con cada movimiento violento de cadera. Oía sus suspiros escapar de sus labios sellados, y el sonido plausible de la carne contra la carne. Los minutos escalaban sobre el reloj mientras la electricidad comenzaba a llenar mi sistema nervioso. Esa sensación, el cosquilleo, la maravilla de mi pene dentro de ella, del ominoso placer de entrar por detrás, como hacen los ladrones, como nunca había hecho su novio.

    —Te siento en todas partes —articuló—, Manuuu. Manuuu.

    Por algún motivo, el hecho de que ella fuese pequeña, delgada, muy blanca elevaba mis impulsos hacia el sadismo, quería cogerla más fuerte y lo hice. Deseaba romperla, quebrarla —en un sentido erótico—, no podía sentir ya piedad, ni considerar las diferencias entre nosotros. Yo era alto, delgado, pero fuerte. Mi piel era de un tono moreno. Sin embargo ella, delgada, muy blanca, parecía una frágil silueta ante esta sombra imponente.

    Pero, un ruido. No, exactamente se oía el sonido de la puerta abriéndose. Debíamos terminar ya. ¿Quién era? ¿Su madre? ¿Llegó tan temprano?

  • Me cogí a Yalibert

    Me cogí a Yalibert

    Soy de Venezuela, quiero contarles cogí a la amiga de mi hermana mayor… En aquel momento estaba empezando mis 20, todo sucedió cuando ella estudiaba en una región distinta a la que vivimos.

    Ella mayor que yo por pocos años, digamos que ella tenía 27 pero muy vividos y de manera muy perra. A Yalibert, que es su nombre, le han y le han gustado siempre los hombres menores. Yalibert me pidió que fuera a la región donde estudia, yo sabía su intención y me decidí a viajar. Llegue a la residencia de estudiantes donde ella vivía (la cual era una feria de sexo) y allí me quede con ella.

    Fue maravilloso aprender de manos de una experta. Al llegar me pide que me bañe y así estar cómodo, lo hice, comí algo y me bañé. Al salir del baño la encuentro desnuda completamente y me pide que le haga sexo oral ya que no aguanta la calentura, yo sumiso le hice caso y le empiezo a comer el clítoris, ella se revolcaba de placer, le hundí mi lengua en su cuca luego en el ano hasta que empecé a sentir que estaba teniendo su primer orgasmo de ese fin de semana.

    Luego de sentir su néctar en mi boca me recosté para pedirle una mamada en mi pene, el cual estaba muy erecto, Yalibert como toda una experta me da una mamada espectacular, al punto de pasar su lengua en mis bolas y meterlas en su boca. Yo apenas logro pellizcar sus pezones, lo que hace que ella se encienda nuevamente y noto que de su cuca nuevamente salen jugos; debo reconocer que tanto su concha como su culo eran hermosos y es fin de semana ambos fueron para mí.

    Al pasar los minutos ella aun haciéndome un oral, ya no aguanté y terminé llenando toda su boca de mi leche, ella solo la trago y me dijo lo que caliente y rica de mi leche y que era el mejor sabor que había probado. Esas palabras me encendieron y al cabo de unos segundos se me volvió a poner duro mi trozo de carne y decidí embestirla que fue la razón de mi visita, es cuando le digo que se ponga en cuatro y la penetro por en su concha pero dándole con todo la fuerza que con 20 años podía (se imaginaran el vigor que se tiene a esa edad).

    Luego de varias posiciones, ella me dice que quiere cabalgarme porque así va a conseguir un doble orgasmo, yo decido hacerle caso y la dejo cabalgarme, me dio unas tremendas sacudidas hasta que observe su cara como sus ojos quedaban en blanco y sus gemidos retumbaban en la habitación, había tenido un orgasmo que le lubricó toda su concha, no sabía cómo secar todo ese jugo y tuve que voltearla para hacerle un oral y así chupar aún más sus fluidos restantes.

    Luego, me ha dicho lo logre porque tenía algunos días sin conseguir un buen orgasmo.

    Acto seguido la volví a colocar de perrito y le hundí mis 19 cm hasta que volvió a gemir y es cuando se acerca a la puerta de la habitación una amiga de ella que compartía residencia y le pregunta si está todo bien, es entonces cuando ella responde que Sí que esta perfecta mejor que nunca y que luego sale y le cuenta.

    Al poco instante de seguir bombeándola yo estaba a punto de explotar y le dije que se prepare que le voy a llenar la concha de leche y ella solo asiente con la cabeza en señal de aprobación y me viene el orgasmo al punto de escurrirle mi leche desde lo profundo de su concha hasta caer sobre las sabanas. Le dije has dejado exhausto, a lo que ella me responde que apenas es el primer día.

    Descansamos y al llegar la noche, le pido que me permita tomar su culo, esa ano que me traía loco y que nunca lo había penetrado, es entonces cuando me dice que eso lo haría siempre que primero le haga un oral como el que le hice más temprano, obviamente le volví a comer el clítoris y una vez le pasaba la lengua y abría su culo con mis dedos lograba notar que ya por su excitación me diría que si a lo que pidiese.

    Así logro aprovechar su dilatado ano y su orgasmo para introducir mis 19 cm en ese culo, a pesar de su dolor inicial no podía dejar de volverme loco sus gemidos de placer y lo apretado que estaba ese ano que hacía que mis pene quisiera explotar, pero logre mantenerme si acabar y seguí estimulando su concha, hasta que sentí que nuevamente se venía pero esta vez lo hicimos al mismo tiempo, de su raja salían sus jugos producto de su excitación y orgasmo y de su culo salía mi leche, ya que yo también había llegado dentro del fondo de su cuerpo. Así pasamos un fin de semana divino que aún recuerdo como algo especial.

    Espero les haya gustado esta confesión y luego contaré como me fue con el resto de compañeras de su residencia.

  • Manoseando a mi jefa

    Manoseando a mi jefa

    Hola, voy a utilizar esta cuenta para narrarles algunas de mis experiencias eróticas y poder liberar mi lujuria y morbo a través de las palabras. No he tenido muchas chicas, pero si he disfrutado buenos momentos que quiero recordar con ustedes. Podría definirme como un hombre voyerista, me gusta mucho mirar, admirar a la mujer, cada parte de su cuerpo, todas son bellas, sin importar sus medidas o contextura, cada mujer y su desnudez las hace llamativamente atractivas, y entre mis deseos más lujuriosos, siempre han estado el de enviarnos fotos eróticas con mis amigas, lo he hecho con dos amigas, las he podido ver desnudas y ha sido supremamente excitante. Por descubrir su intimidad y admirar sus partes, sus formas, me excita muchísimo.

    Les paso a contar una de mis experiencias que la llamaré, “Manoseo a mi jefa”.

    Soy Licenciado en informática, y en uno de mis trabajos en una oficina cuando tenía unos 25 años, hubo cambio de jefe, llegó una mujer a asumir el cargo, era nueva en la materia, por lo que requirió mucho de mi ayuda para desarrollar sus funciones. Era una mujer muy linda, a través de su ropa se le podía notar unos grandes senos que lucía con orgullo y se ponía unos escotes muy pronunciados, por lo que era imposible no fijarse en sus tetas. Era de tez muy blanca, tenía un buen trasero y unas buenas piernas. Me llamo mucho la atención, pero como era mi jefa, siempre me mantuve respetuoso. Un día hubo una fiesta de integración con los empleados y nos quedamos tomando hasta altas horas de la noche. No nos emborrachamos, pero si estábamos prendidos. Al terminar con los otros compañeros de trabajo decidimos ir a dejar a la casa a uno de ellos, nos subimos en un carro 3 adelante y 4 atrás, entre ellas mi jefa, que le toco justo a mi lado, estábamos muy cerca, que podía sentir sobre mi brazo una de sus enormes tetas, se sentía muy suave, y empecé a imaginar cómo serían, como serían sus pezones, lo rico que sería apretarlas y besarlas.

    Pero era mi jefa, tenía que controlarme. Después, decidimos ir a dejar a cada uno a su casa, seguía mi jefa, así que continuamos hacia allá. Durante el camino pasamos por una calle destapada, así que el carro salto mucho y como estábamos tan cerca, sin querer nos dimos un beso. Pensé que se iba a enojar, pero se sonrió, desde ese momento pensé que podría pasar algo con ella. Ninguno de los compañeros se dio cuenta. Al llegar a la casa de ella, como era en un segundo piso y estaba un poco borracha, me pidió que la acompañara hasta arriba porque le daba miedo tropezar, así que lo hice con mucho gusto. Mis compañeros me dijeron que me esperaban, que no me demore. Así que la agarre de la cintura y ella me abrazo para subir las escaleras. Abrió la puerta y me dijo que la dejara recostando, mi corazón ya empezó a palpitar a mil. Cuando llegamos a la cama, ella se sentó, le dije que sería bueno que se acueste para que descanse, entonces ella me dijo que sí, pero que debía ponerse la pijama, que se la ayude a buscar, quite la almohada y le pase la pijama, y de repente ella se quitó la blusa y quedo en brasier. Yo no lo podía creer, se le podía ver esas tetas muy blancas que se le querían salir del sujetador. Luego sin decir nada se quitó el pantalón y quedo en una tanguita blanca, se le podían ver muy bien sus largas y torneadas piernas, sin más se quitó el sujetador y pude admirar sus hermosas tetas, tal como me las había imaginado. Eran grandes, redondas, muy blancas. Sus pezones eran rosaditos y estaban muy paraditos. Tenía una gran aureola, se veían deliciosas. Yo ya tenía una gran erección, de pronto ella alzo las cobijas y se tiró en la cama y me dijo ayúdame a ponerme la pijama.

    Yo ya no aguanté más y me fui encima de ella y la empecé a besarla apasionadamente. Le acaricie esas ricas tetas, podía sentir lo grandes que eran, su suavidad, toque sus pezones, estaban muy duros, así que la deje de besar y pase a disfrutar de sus ricas tetas. Le chupe esos pezones deliciosos, los lamia, los besaba, los mordía, ella gemía de placer. Mi pene estaba a punto de explotar. Luego bajé mi mano hasta su tanguita y empecé a acariciarla por encima de la tanga que ya estaba muy mojada, pude sentir su rica vagina. Mientras le seguía chupando las tetas, metí mi mano por debajo de su tanga y pude sentir su rico chochito, estaba muy caliente y mojada, estaba depilada, y empecé a meter unos de mis dedos dentro de ella, le empezaron a salir sus jugos, estaba muy caliente y no paraba de gemir, le metí otro dedo y empecé a sacar y meter los dedos, sus jugos no dejaban de salir y ella no dejaba de gemir, era delicioso. De repente, empezaron a pitar como locos mis compañeros, ya me había demorado demasiado, pero estaba tan excitado y me pene estaba tan duro, que lo único que quería era sacarlo y metérselo por su cosita, justo cuando me estaba desabrochando el pantalón, sentimos que abrieron la puerta y me llamaron, uno de mis compañeros había subido para ver qué pasaba. Seguíamos siendo jefa y empleado, así que no estaba bien una relación en la oficina. Tuve que aguantarme las ganas y salir de su cuarto a encontrarme con mi compañero, le dije que ella estaba muy mareada, que fue al baño y la dejé en el cuarto, que por eso me había demorado, así que salimos de su casa y yo tratando de ocultar la gran erección que tenía. No pudimos terminar ese rico encuentro ese día. Pero la historia no termina ahí. Después les contaré otro encuentro con mi jefa.

  • Lo que comenzó con un vibrador terminó con el jardinero

    Lo que comenzó con un vibrador terminó con el jardinero

    Era un día de mucho calor y Juana acababa de llegar con la compra de la semana. Sentía cómo la espalda de su vestido estaba húmeda, y las gotas de sudor caían por su frente. Entró a la casa y prendió el aire acondicionado, mientras comenzaba a ordenar los productos que acababa de comprar. Mientras acomodaba prolijamente las cosas, pensaba en todo lo que debía hacer aquella mañana. Tenía que cocinar para cuando llegaran sus hijos del colegio, planchar el traje que su marido le había encargado para una cena laboral muy importante de esa noche, arreglar la cortina del living que se había roto, ir a comprar comida para el perro que ya se estaba terminando…

    Su vida era rutinaria y aburrida hacía ya muchos años. Era ama de casa y vivía para su familia, y a pesar de que los amaba, a veces fantaseaba con otra realidad alejada a la suya.

    Mientras en su cabeza llovían los ítems de esta lista de deberes, sonó el timbre. Se acercó a abrir la puerta y era Jorge, el jardinero. Se había olvidado completamente de que tenía que venir como cada jueves.

    – Jorge, cómo estás? – dijo Juana al abrir la puerta

    – Buenos días, Juana. Muy bien por suerte. Qué calor está haciendo.

    – Sí, impresionante. Pasá, pasá. Ya me había olvidado de que venías. Querés algo fresco para tomar?

    – Sí, por favor.

    Juana le sirvió un vaso bien frío de limonada con bastante hielo y Jorge se lo bebió todo inmediatamente.

    – Muchas gracias, voy yendo para el jardín si le parece bien.

    – Sí, por supuesto. Cualquier cosa que necesites me avisás.

    Mientras el jardinero hacía su trabajo en el inmenso parque, Juana se puso a cocinar. Preparó un pastel de papa, y lo metió al horno para que estuviera hecho cuando sus hijos llegaran.

    Tenía un rato hasta que la comida estuviera lista, así que se fue a la habitación a recostarse un rato, ya que se encontraba muy cansada por las corridas de aquella mañana y las altas temperaturas.

    Se acostó en la cama vestida, por encima del cubrecama, y cerró sus ojos. No quería dormirse ya que tenía la comida en el horno, y además Jorge podía necesitar algo. Estaba tan cómoda. Se sentía tan bien descansar un poco el cuerpo y la mente. De repente, ya relajada y disfrutando de ese rato de soledad y tranquilidad, sintió un impulso y llevó su mano derecha a su entrepierna. Comenzó a acariciarse por encima del vestido, suavemente, frotando su sexo. Se sentía tan bien. Respiraba profundamente, y comenzó a percibir la humedad entre sus piernas.

    Abrió el cajón de su mesa de luz y sacó su vibrador violeta. Ese aparatito era su fiel servidor. Lo encendió y comenzó a frotarlo en su entrepierna, por arriba de la ropa, lentamente, gozando ese momento exclusivamente suyo. Bajó su ropa interior sin quitarse el vestido, y abrió más sus piernas. Siguió estimulando su clítoris, sus labios, la entrada de su vagina. Cada vez se agitaba más y más, al mismo tiempo que sus fluidos aumentaban.

    Estaba tan sumida en su momento, que no escuchó que Jorge la buscaba.

    Jorge había sentido olor a quemado y había entrado a la cocina, pero no había encontrado a dueña de casa. Se tomó el atrevimiento de apagar el horno, y comenzó a buscarla. Al pasar por la habitación vio que la puerta estaba entreabierta, por lo que supuso que la mujer estaba allí.

    – Juana? – dijo elevando un poco la voz, pero nadie respondió.

    Se acercó cuidadosamente a la puerta, y escuchó los gemidos. Abrió muy lentamente la puerta, como para darle a Juana la posibilidad de evitar su entrada. Pero ella no lo hizo. Al abrir la vio allí, recostada, transpirando agitada, masturbándose con su vibrador. De repente sintió cómo su verga palpitaba, y cómo sus latidos se aceleraban por la tensión de encontrarla en esa situación.

    Pensó que al notar su presencia iba a intimidarse y taparse, pero sin embargo ella lo miró fijamente y continuó estimulándose. Sus gemidos se intensificaron, un poco porque la calentaba la presencia del jardinero, y otro poco porque le encantaba el morbo de saber que él se excitaría con esa vista. Juana se levantó aún más el vestido, para que el hombre viera bien cómo entraba y salía el vibrador de su cuerpo, y cómo los fluidos empapaban el enorme juguete.

    Jorge era un hombre de unos 42 años, de piel oscura, curtida por trabajar bajo el sol. Se veía fornido, tenía unos brazos grandes y musculosos de tanto hacer fuerza. Juana tenía 50 años, era de baja estatura y complexión robusta. Sin embargo, a pesar de no poseer una juventud y una belleza culturalmente admirables, era muy atractiva, tenía unas tetas grandes y unas caderas exuberantes.

    Ella nunca había pensado en él como alguien especialmente deseable, pero en ese momento sintió un magnetismo. Lo vio por primera vez con otros ojos. Unos ojos de fuego.

    Jorge, parado inmóvil en la puerta, sin saber si irse o quedarse, la contempló unos segundos mientras ella gozaba. Le encantaba ver a una mujer haciéndose cargo de su propio placer, sin tabúes de usar un juguete o de que un hombre que no fuera su marido la mirara. Luego de unos momentos, viendo que Juana no dejaba de masturbarse, se acercó a ella, sin parar de contemplarla, y sintió su miembro bien duro.

    – Te gusta lo que ves? – preguntó Juana

    Jorge no respondió, se acercó más a ella y comenzó a tocarla mientras ella continuaba pasándose el vibrador. Sus dedos se empapaban, y él recorría todo su sexo, mientras ella disfrutaba. Esa doble estimulación la volvía loca. Él se acomodó y se agachó a sus pies, le quitó completamente la ropa interior, y comenzó a pasar su lengua por toda la zona. Juana comenzó a gemir más fuerte. Él chupaba con dedicación, acariciando su clítoris, pasando la lengua por sus labios, por su entrada vaginal. Ella soltó el vibrador y lo dejó apoyado en la cama, y con sus manos tomó la cabeza de Jorge, extasiada. Él comenzó a penetrarla con su lengua, cada vez con mayor velocidad, y ella empezó a gritar, sintiendo que estaba por venirse. Él continuó metiendo y sacando su lengua empapada de sus líquidos, mientras con su mano no dejaba de frotar con intensidad su clítoris. De repente escuchó un grito ahogado de Juana y sintió los espasmos del orgasmo en su boca. Él se tomó sus jugos.

    Ella lo arrastró hacia la cama y lo recostó boca arriba sin mediar palabra. No hacía falta, sus cuerpos se entendían a la perfección, y los dos disfrutaban de ese pecado compartido.

    Juana desabrochó el pantalón de Jorge, bajó un poco sus prendas, y tomó con su mano la verga gorda y venosa del jardinero. Jamás se había imaginado su miembro, pero le encantaba lo que veía. Le gustaba habérsela puesto así de dura sin siquiera tocarlo antes. Comenzó a masturbarlo, y él entrecerró los ojos, agitado de placer. Ella comenzó a pasar su lengua por sus testículos y luego a subir hasta el glande, mirándolo a la cara, disfrutando de verlo así. Dejó caer su saliva humedeciendo toda la verga de Jorge, y se la metió en la boca. Escuchó un gemido en el momento en que la ingresó hasta el fondo en la húmeda cavidad.

    Juana la chupó con excelencia, subiendo y bajando sobre ella, ingresándola hasta la garganta mientras con su mano lo masturbaba por momentos. Oír a Jorge gozar la ponía al 100. Sacaba la pija llena de líquido preseminal y baba, y se sentía como en una película pornográfica en la que una caliente ama de casa terminaba en la cama con el jardinero.

    – Quiero esta verga venosa dentro de mí -le dijo mientras se incorporaba y se acomodaba encima de Jorge para montarlo

    – Nada que objetar – respondió él con cierta picardía

    Ella se sentó sobre el jardinero y metió lentamente su miembro dentro de ella. Emitió un gemido al sentir su gran verga dentro. Juana comenzó a cabalgarlo lentamente al principio, y luego aumento el ritmo. Los dos gemían y transpiraban.

    Ella todavía llevaba el vestido puesto y Jorge bajó sus breteles liberando los enormes pechos de Juana. Comenzó a apretarlos desquiciadamente, a chuparlos, succionarlos. Eran tan grandes que podía enterrar su cara en ellos y eso lo calentaba terriblemente.

    – Apretalos – dijo ella.

    El obedeció. Comenzó a apretar sus pezones y notó lo mucho que ella disfrutaba. En un impulso, con su mano abierta golpeó su enorme teta y vio que ella gemía mientras seguía disfrutando de la verga de Jorge dentro de ella. Él llevó las manos al culo de Juana y lo amasó, apretó, rasguñó. Comenzó a estimular su ano y vio que ella gozaba y aprobaba ese acercamiento.

    La tomó de la cintura y la dio vuelta, dejándola a ella sobre la cama de espaldas. Contempló su culo y comenzó a chuparlo.

    – Uffff Jorge, cómo me gusta que me comas el culo.

    Jorge chupaba con devoción, estimulando con su dedo también. A Juana la tenía loca. Él se masturbaba por momentos con su mano libre, tenía la verga a punto de explotar.

    Tomó el vibrador que estaba sobre la cama y comenzó a estimular el ano de Juana con él. Ella gemía, y casi como un ruego le dijo:

    – Quiero que metas ese vibrador en mi culo mientras me cogés.

    Tenía sentido su pedido, ya que el vibrador (aunque bastante grande) era de mucho menor tamaño que el pene de su amante. Jorge, obediente, acomodó la punta del aparato y suavemente lo metió en el ano de Juana. Lo hizo lentamente, dándole tiempo a que su esfínter se fuera dilatando. Lo lubricaba con los propios fluidos de la mujer, y sin demasiada dificultad el vibrador se hacía lugar en su culo. Se notaba que era una mujer acostumbrada a la penetración anal.

    Ella gritaba de placer, y comenzó a gritar aún más cuando Jorge lo encendió. El jardinero empezó a moverlo dentro de ella, y vio como de su vagina caía cada vez más líquido. Mientras jugaba en su culo con el juguete, comenzó a embestirla por la vagina con su verga de piedra. Le dio con fuerza y velocidad, tomándola fuerte del cabello con la mano libre.

    – Decime cuánto te gusta – dijo agitado

    – Me volvés loca, me voy a venir otra vez.

    Al oír esto Jorge la embistió con más violencia, metiendo y sacando el juguete vibrando de su culo. Y ella alcanzó el orgasmo más fuerte de los últimos años. Emitió un grito fuerte, ahogado, desesperado. La cama estaba empapada. Jorge quitó el vibrador del culo de Juana y en su culo todavía abierto y bien lubricado, metió su pene ancho y duro de un solo movimiento. Juana gritó, y él comenzó a embestirla con furia mientras tomaba con toda la palma de su mano la garganta de la mujer. A ella le encantaba escuchar los gemidos extasiados del jardinero y sus movimientos bruscos.

    – Llename el culo – dijo.

    Luego de unas cuantas embestidas acompañadas de rugidos a su espalda, Juana oyó un grito ahogado y sintió los espasmos del orgasmo dentro su culo.

    El semen rebalsaba por su ano. Jorge quitó su miembro de su interior y se quedó contemplando cómo caía la leche caliente desde su interior. Le dio una cachetada amistosa en la nalga y se recostó a su lado, extenuado. Se quedaron en silencio unos segundos mientras recobraban el aliento. Luego él le dijo:

    – Vine a avisarte que tu almuerzo se estaba quemando y que me tomé el atrevimiento de apagar tu horno.

    Ella lo miró y rio, ante lo absurdo de la situación.

    – Te agradezco el atrevimiento de apagar el horno. – respondió y comenzaron a vestirse antes de que alguien llegara.

    [email protected] // instagram: damecandelarelatos.

  • La novia del hermano de mi esposa (Parte 3): Final

    La novia del hermano de mi esposa (Parte 3): Final

    Hola amigos, con esta tercera entrega se termina esta historia que me ocurrió hace algunos años con mi concuña, continuaré narrando mis experiencias en siguientes aportes, he estado viviendo nuevos sucesos que les relataré en su momento, pero por ahora continuaré con el final de este relato.

    El primer intento de vernos a solas no se había concretado. Ese día mi cuñado tal vez sospechó un poco pero no dijo nada y nosotros decidimos esperar unos días, no muchos, tal vez una semana.

    Sé que ambos nos sentíamos igual, con el deseo al límite, así que decidimos poner una nueva fecha. Hicimos lo posible por pensar con claridad, por ver las cosas sin esa calentura de por medio que nos nublaba la mente, algo que me preocupaba seriamente ya que sentía que podía cometer algún error sin darme cuenta.

    Pero por fin, teníamos programado un día, ya teníamos el plan elaborado, mi cuñado no estaría ni siquiera cerca de la casa, mi excusa eran largas horas de trabajo en una planta, así que me dispuse a preparar todo, no necesitaba condones, ya lo habíamos pactado, ella me quería dentro y sentir mis jugos, quería mi líquido dentro de ella, me lo suplicaba, me decía que por favor le dejara todas las gotas dentro porque quería tener mi semen mientras trabajaba por la tarde y sentir que le resbalara por la pierna y le mojara su tanga. Cuando me decía esas cosas no soportaba el dolor que ya me producía mi verga dura y roja.

    Y al fin llegó el día, mi corazón estaba como loco. Yo pensaba cosas como

    Aun puedo detenerme, pero no quiero, esto debe ser solo el comienzo-

    Ese día salí de casa, me subí a mi carro, arranqué y me detuve unas calles adelante, casi afuera de la casa de ella. Le escribí y le pregunté si estaba sola y ella me respondió que acababa de hablar con mi cuñado y él regresaría muy tarde ese día. Estacioné el vehículo, llegué a la puerta y abrí…

    Ella me vio entrar y mientras yo cerraba la puerta detrás de mí y ponía el seguro a la puerta, ella con una voz que jamás olvidaré, llena de calentura y nervios, a tal punto que se entrecortaba me dijo.

    -Que bueno que pudiste venir.

    Inmediatamente después, me abalancé sobre ella. Mi mente se desconectó, y es que momentos antes de entrar venía preguntándome qué debía hacer, qué debía decir. Pero una vez dentro de la casa y con el corazón palpitando me dejé llevar.

    Ella llevaba su pijama de color claro, me parece que era gris. Lo único que atiné a decir fue.

    -Si verdad.

    Y me acerqué con brusquedad, la tomé de la cintura y le di un beso que ella correspondió sin reclamo alguno, sus manos y mis manos comenzaron a explorar nuestros cuerpos con desesperación, la tomaba de las nalgas carnosas y frotaba sus senos. Ella por su cuenta se desnudó muy rápido, más de lo que yo quería, aunque no me molestó en lo absoluto, paso siguiente ella se puso en cuclillas, recargada contra la pared, bajó mi pantalón desesperadamente, sacó mi verga dura y roja y por fin, después de semanas, mi verga estaba dentro de su boca, acariciando la garganta. Ella me chupaba como si la hubiera esperado una vida entera, como si fuera el regalo que por fin aparecía y la saciaba, debo admitir que me subía el ego, su mamada no guardaba ningún recato, creo que pocas veces me han dado una mamada así, sentía que le daba un regalo, que mi verga era ese regalo tan deseado y ella era feliz. Por fin sucedió, ella quería ser mi putita y lo estaba siendo en ese momento. Los dos lo sabíamos, yo estaba ahí para satisfacer mis fantasías, para usar su cuerpo a mi disposición, y ella estaba dando su mejor esfuerzo para satisfacerme. La levanté y ella con la tanga debajo de las rodillas caminó a su recamara, se desnudó por completo y me preguntó

    -¿Cómo me quieres coger primero?, quiero que me la metas ya, estoy muy caliente.

    Y solo se reía de los nervios. Me acerqué, la recosté y le empecé a dar unas chupadas en su vagina, le metí los dedos, estaba empapada y no pude más, aunque en realidad no era necesario un preámbulo, ese ya llevaba semanas fabricándose, ahora era el momento de entrar en ella y explotar, abrí sus piernas lo más que pude y se la enterré de un movimiento. Ella estaba tan lubricada que se metió como cuchillo al rojo vivo en mantequilla, cuando sentí el calor en mi verga, miré su vagina y veía como mi cuerpo ya estaba dentro de ella, le di las embestidas fuertes y duras y ella solo gemía. No exagero pero la lujuria estaba apoderada de nosotros. Desafortunadamente no pasaron ni 5 minutos y terminé derramándome dentro de ella, recuerdo que sentí que salió el líquido de un año entero, por lo menos así se sentía, yo me sentía muy apenado porque la sesión prometida duraba apenas un suspiro, pero para mi fortuna para ella era igual. La miré y le dije, me acabo de descargar dentro de ti y ella reía y lloraba al mismo tiempo y me dijo:

    -No inventes, vete de aquí ahora.

    Me levanté, la vi y ella desnuda con las piernas abiertas, con los ojos cerrados y una enorme sonrisa en el rostro, se tapó la cara y me volvió a decir “¡ya vete!”

    Salí de su casa con una sonrisa, no lo voy a negar, lo había hecho, se la había metido y me había venido dentro de ella, y de la forma más pornográfica en mi cabeza, la había tenido desnuda, recostada con las piernas abiertas solo para satisfacerme. Durante el transcurso del día recibí varios mensajes que me calentaron la cabeza y la verga y me daba cuenta de que esto apenas comenzaba.

    Ella me dijo que estaba escurriendo y que aunque se había limpiado seguía saliendo semen y ya tenía su uniforme manchado, me pidió que lo repitiéramos, me dijo que le costaba trabajo controlar su calentura y me suplicaba que la hiciera su puta.

    Después de ese día, supe lo que era tener una esclava sexual. Por cuestiones familiares mi esposa se tuvo que ir a otra ciudad unas semanas y mi cuñada me visitaba con falda para que yo me diera mis rapidines, según me decía ella. Lo mejor fue que ahora las sesiones eran largas pero igual de intensas, incluso un par de veces mientras mi cuñado me visitaba para beber llegaba a empinarla y meterle la verga mientras él iba al baño.

    Pero como todo lo bueno, esto llegó a su fin. Tiempo después ella ya no controlaba sus expresiones en público y ya me veía con descaro, me preocupaba mucho y mejor le puse un alto. Al final me decía, “ya no me vas a coger rico?” y con lamento le tuve que decir que no.

    [email protected] espero sus comentarios.

  • Elmer y la consumación de la logia del sur (Parte 1)

    Elmer y la consumación de la logia del sur (Parte 1)

    -Buenas tardes, de recepción disculpen soy la mucama, hay una fuga de agua en el baño me dicen de la habitación contigua que se está mojando toda la alfombra. Podrían cubrirse un minuto para que podamos ver.

    Me extraño que la voz fuera de una mujer, Irina quito mi miembro fastidiada y cubriéndose con una bata de toalla corta me indicó.

    -No oses vestirte, quédate así debajo de la sabana que ya despacho a esta mujer.

    Me tape con una manta, intentando cubrir mi miembro al palo y me quede observando la escena.

    Abrió la puerta y una mujer con un uniforme de portera o algo así le indico si podía pasar un minuto. Ingreso con una caja de herramientas en mano y le pidió a Irina abrirle la puerta. Cuando se adelantó para abrir el picaporte, la mujer del servicio saco un pañuelo de su bolsillo y cubrió su boca, cloroformo o algo así.

    Irina cayó, la mujer del servicio se quitó su gorro y me dijo sonriendo:

    -Hola Elmer, que haces con esta chiruza. Cambiate que nos vamos.

    Enseguida entro una segunda mujer también con uniforme de portería, enterito azul y se quitó la gorra.

    -Amateurs, siempre lo mismo. Ayudame que nos vamos, el de la recepción ya sabe, está todo bien. Nos vamos a otro lado a terminar esto como corresponde. ¿Te gustaría?

    Al tiempo que decía esto quitaba su gorro y bajaba el cierre exhibiendo unas hermosas tetas conocidas

    -Mariana!!

    Se acercó con su clásico andar felino, envuelta en ese perfume penetrante siempre, mientras Irma ataba y amordazaba a Irina y la envolvía en una especie de funda

    -Me extrañaste bebe? – al tiempo que metía su lengua en mi boca, jugosa, inquieta y sexy.

    -Ahora vamos a terminar esto como corresponde.

    Ataron y amordazaron a Irina y la colocaron en una especie de carrito de ropa sucia, le tiraron dos sabanas arriba y salimos.

    Mariana y Rosa de la Municipalidad. Sus formas no podían ocultarse bajo los mamelucos.

    Rosa manejaba y Mariana iba atrás controlando a Irina.

    – Como estas bebe, que rico estas. Que hacías con esta boluda ¿

    – Me cito acá para hablar de ustedes de la secta y bueno no pude resistir me la coji. Esta buena.

    – No como nosotras dos no Elmer. Mira abajo del mameluco solo tengo un hilo dental. Se me pararon los pezones de verte – me decía mientras con una mano jugaba sobre mi paquete ya erecto.

    – La verdad que no pero bueno, que es todo esto

    – Ya te contamos algo de la secta – me dijo Mariana mientras me acariciaba desde atrás y jugaba con su lengua por mi cuello, Rosi, podríamos hacer una pequeña parada con Elmi te parece, te gustaría hacer algo mientras la pollita nos mira. – Decía mientras cacheteaba a Irina quien comenzaba a despertarse. Intentaba desatarse y gemía, pero era imposible soltarse.

    – Querés que estacione adelante, la verdad me quede caliente de ver a este guacho con esta putita. Le vamos a mostrar cómo se coje de verdad.

    Estacionaron y pasaron a la parte de atrás de la combi conmigo. Mientras Mariana jugaba con su lengua en mi boca Rosa desplegaba un colchón enrollado en la parte superior.

    – No hay tiempo así que trae el atomizador para tirarnos nuestro aceite, cubrime bien, vos a mí y bañemos a este macho cabrío. Tirale a la putita para que se quede caliente.

    Mientras decía esto Mariana se había quitado el mameluco quedando con un hilo dental negro que se perdía entre los pliegues de su concha. Rosa le daba fuerte al spray por su cuerpo también a esta altura solo con una tanguita roja.

    – Toma putita sufrí y mira cómo se coje de verdad.

    Mariana ya me había sacado la ropa y empezaba a sentir los efectos del ungüento milenario. Mucha falta no me hacía, pero sentía que mi pija tomaba un tamaño y un grosor inusitado. Mariana se lanzó sobre mi espalda mientras Rosa se abalanzaba sobre mi pecho. Un conjuro de chupadas en mis pezones, las uñas de Mariana jugando sobre mi columna y mi miembro más duro que nunca.

    En cuanto me descuide sentí que Mariana colocaba unas esposas sobre mis muñecas mientras Rosa me empujaba en el colchón.

    – Ahora sos nuestro guacho. – dijo mientras se sentaba sobre mi cara con su concha empapada. Sus labios jugosos y carnosos presionaban mi boca, casi ahogándome. Al mismo tiempo la boca de Mariana ahora devoraba mi pija. Era increíble la capacidad de succión de esa mujer, casi sentía su campanilla rozar mi miembro de tanto que la tragaba.

    Mientras veía a Irina retorcerse de placer, excitadísima, muy caliente, mientras intentaba soltarse. Note, al mismo tiempo, que las sogas de sus muñecas empezaban a aflojarse pero no tenía tiempo de poder hacer nada, las dos yeguas seguían devorándome. El primer orgasmo de Rosa dejo en mi boca un chorro de sus jugos, se levantó y me empezó a besar mientras compartíamos sus efluvios.

    – Te gusta compartir mi polvo Elmer. A que nunca habías probado algo así, con este gusto eh. Ahora chúpame el culo que quiero que me partas con esa vara de carne que tenes. Me hice una enema con un aceite especial para vos temprano. Te va a enloquecer.

    Me hicieron girar y arrodillar , Mariana me tapo la boca con su mano y empezó a morder fuerte mis pezones y subía y bajaba a mi pija. Mientras Rosa se acomodaba levantando sus piernas y exhibiéndome su botoncito rosado. Me arroje sobre el a chupar y lamer, un gusto riquísimo me enloquecía. Ahora me pusieron otra vez boca arriba y mientras Rosa ponía su culo en mi boca Mariana se sentaba sobre mi pija y empezaba a cabalgarme. El frenesí era insuperable, el bombeo de Mariana sobre mi pija era enloquecedor, los labios de su vagina empapados parecían una boca golosa succionando. Con el culo totalmente dilatado por el accionar de mi lengua Rosa se abrió las nalgas y se sentó sobre mi pija desplazando a Mariana. Está a punto de acabar me soltó las manos y empezó a jugar con mis dedos en su vagina. Rosa engullía mi pija con su culo apretado, saltaba, aullaba mientras se apretaba los pezones y se los lamia. Todo el espectáculo era dantesco, lujurioso. Sentía que mi corazón iba a explotar de excitación, de pronto el conocido cosquilleo en mi miembro

    – MmhhRommsaaa , voy a acabarmmm…!!!

    – Reventame de leche el culo guacho todo adentro dale dale.

    – Ahhhmmm vaaahhh¡!!!

    Una explosión de placer detono en el culo de Rosa mientras Mariana acababa sobre mi lengua, sus jugos inundaban mi boca, espesos, ricos mientras. No paraba de retorcerse como una serpiente mientras Rosa daba la vuelta y con restos de mi semen chorreando por sus muslos se acercaba a Mariana para comerle los labios. Mi pija ya nuevamente dura hizo que me levantara y la metiera entre sus lenguas. Ahí comenzó un juego de lenguas mientras con sus manos una tomaba mis huevos y la otra hundía un dedo en mi ano. El masaje prostático más la lengua y los dedos expertos me pusieron nuevamente más al palo que antes. Las tome a las dos de los pelos y haciéndolas gatear en cuatro disfrutes del espectáculo de sus culos palpitantes y exultantes.

    – Ahora van a tener pija de macho putas¡!!

    Así en cuatro las dos comencé a penetrarlas salvajemente. En eso veo a Irina levantarse de golpe decidida a golpear a Rosa, pero Mariana rápida la hizo caer y volvió a tomarla para atarla.

    – Querés pija putita, ahora vas a ver, cogetela Elmer, rómpele el culo – me decía mientras la rociaba con el aceite. Mi pija totalmente dura se incrusto de una en el culo de Irina quien intento gritar, pero ya presta Mariana la envolvía con sus piernas y le incrustaba su concha empapada ahogándola.

    – Bueno chicos – dijo Rosa – ustedes sigan que yo manejo sino no llegamos más.

    Empezó a vestirse mientras los tres seguíamos enredados a pleno. Irina ya no se resistía, gemía entregada con toda mi pija incrustada entrando y saliendo de su culo. Seguramente por el aceite me sentía desaforado, bombeaba y bombeaba sin parar cada vez más caliente. Irina tenía los ojos en blanco de placer mientras Mariana disfrutaba también con los ojos en blanco de la lengua traviesa de Irina que se prendía en el meta y ponga.

    Íbamos camino no sé dónde, por la mirilla veía una especie de castillo a lo lejos mientras sentía que iba a eyacular

    – Ahí… no la leche es para las dos – dijo Mariana mientras sacaba mi pija del culo de Irina y ambas se ponían con sus lenguas afuera esperando mi leche. La abundancia en mi acabada hizo que Mariana tomara un largo trago y tuviera tiempo de sacarla para descargar un segundo lechazo en la boca de Irina.

    – Elmer sos un hijo de puta – dijo Irina pasándose la lengua por los labios blanquecinos.

    Mariana volvió a atarla y se sentó al lado mientras le colocaba la ropa interior.

    Continuará.

  • Entre cuatro, primeros pasos

    Entre cuatro, primeros pasos

    Después de leer un montón de relatos y cuentos por aquí, he llegado a la conclusión de que todo lo que se escribe, o la gran mayoría de historias, son solo el reflejo de fantasías, perversión e íntima representación de lo que a muchos les gustaría hacer, o haber hecho.

    A diferencia de esto, les contare que yo ya soy un hombre mayor, que después de leer tanta historia aquí, me doy cuenta de que yo tengo vivencias muy guardadas dentro de mi cajita de recuerdos de cosas vividas, de cosas que estuvieron a punto de pasar y no pasaron porque la razón y el amor a mi esposa no lo permitieron.

    Un hecho real es que después de muchos años de matrimonio, la cosa se vuelve rutina y pierde el sabor de la pasión, cosa que me paso a mi y que me empujo a ser creativo y a buscar nuevas experiencias.

    Durante la década de los 80’s Miami se había convertido en la capital del tráfico y consumo de cocaína, incluso a niveles familiares de mucha gente ‘normal’ que jamás se imaginaron envolverse en cosas mas allá de las normas morales “normales”. Aquí viene el primer debate, lo que es normal para muchos no lo es para otros de mentes mas abiertas y con poco respeto a lo tradicional. Tal es el caso de Alan, un familiar mío que siempre fue promiscuo y todo sexo.

    Esta es una de las muchas historias que tengo en el tintero y la voy a compartir ahora. Alan llevaba años de casado con Jenny, hasta que se aburrió de la rutina en la cama con su esposa. A el le gustaba la acción, le atraían las cosas, llamémoslas ‘progresivas’. Por ejemplo ya en sus 30’s, tuvo la oportunidad de buscarse una amante que según el, le daba en el gusto en todo. Y todo fue bien hasta que lo pillaron. Ahí fue cuando el se vio en la necesidad de re enfocar su vida y hablar claro con Jenny.

    Un buen día, dentro de la crisis, y buscando un momento de paz y sensatez, se sentó con su esposa y le dijo, seré tuyo para siempre se estas dispuesta a hacerme feliz y conceder todas mis fantasías.

    Como dije antes, la coca en Miami estaba hasta en los hogares de las personas menos pensadas. Lo primero que el hizo fue convencer a Jenny de que un poco de coca abriría las puertas de miles de cosas, insospechadas para ella. Le aseguro que no creaba habito y que eso garantizaba una comunicación abierta, sin tapujos, con respeto, y eso les garantizaba una vida plena en un ámbito de mucha intimidad compartiendo fantasías locuras que disfrutarían mucho.

    Poco a poco, ella lo perdono por haberle sido infiel porque también ella se daba cuenta que las cosas se habían puesto un poco rutinarias y ya no había esa pasión del principio.

    Ella acepto la propuesta de Alan y allí comenzó una nueva vida para ellos. Al principio, y después de unos tragos los dos participaban en compartir un gramo de coca para tener un buen e inolvidable fin de semana.

    Pero como siempre yo he sabido, cuando uno prueba cosas nuevas y excitantes, después de un tiempo esto ya como que pasa un poco de ser ‘novedad’ y entonces se requiere ‘mas’…

    Pasaron unos meses y gracias a la poderosa fuerza afrodisiaca de la coca y su increíble poder de desinhibición, esos inolvidables fines de semana con tragos, coca y total desenfreno sexual, cosa que Jenny ya había aceptado y añoraba que llegara el próximo fin de semana.

    Para ella todo estaba marchando muy bien, ya que consideraba que estaba haciendo lo convenido en cuanto a dar cumplimiento a los deseos de Alan. Sin dejar de decir que ella había descubierto un mundo nuevo de gozo y disfrute que jamás se había imaginado fuera posible. Ya no era un polvo ‘por delante’ y en cualquier posición, con el coño con pelos o afeitado, Tampoco era el andar por casa en pelotas y culear como animales durante el fin de semana, estando bajo el efecto de tragos y cocaína, ella comenzó a decir que si, a todo lo que el pidiera. Así fue como le soltó el culo una y mil veces y hasta aprendió a gozarlo y alguna vez hasta a pedir que Alan se la cogiera por el culo una y otra vez. La reina ‘coca’ estaba presente en todo momento y ambos lo manejaban muy bien. No se sentian atrapados por el nuevo habito y se aseguraban de que solo era para momentos íntimos y de suma privacidad.

    Con respecto a lo del culo, ella conto una vez que le dolía al principio ya que Alan (según ella que lo había visto y sentido) tenía una pija de 7 pulgadas, unos 17 centímetros. Pero como todo es cuestión de costumbre y mente, poco a poco le fue entrando y ella disfrutando. Lo mejor de ello era que eso implicaba cero riesgo de embarazos, recordemos que ellos estaban en tiempos fértiles y por mas pastillas anticonceptivas, algo podía fallar y acabar con la nueva vida de culeadera por la libre.

    La cuestión se fue expandiendo poco a poco. Estando bajo la influencia de la coca, donde según Alan, nadie puede mentir, una vez la propuso a ella invitar a una pareja (Mario y Betty) a cenar a casa un viernes por la noche.

    Ella acepto y todo fue bien en esa ocasión. Después de la cena vinieron unos tragos, sentados en el living room de la casa, inteligentemente Alan toco el tema de la coca con fines sociales, para y sondear a los visitantes. Para sorpresa de ambos las visitas estaban usando eso de vez en cuando. No se diga mas, Alan saco el gramo que tenia reservado para ese fin de semana y los cuatro compartieron tragos, coca e historias. Esto fue calentando el ambiente.

    Jenny era una mujer menudita, de 1.55 m de estatura, de cuerpo firme, de tetas chiquitas pero muy bonitas, de culo redondo y lindas piernas (un poco flacas pero de pura fibra y bien torneadas).

    Betty, era rubia natural un poco mas llenita que Jenny de 1.60 m, caderona, lindas piernas y buen culo.

    Después de un rato, fue Betty quien estaba mas pasadita de tragos y coca, dijo:

    -Por que no jugamos al juego de la botella?

    Alan y Mario, sabían del juego pero Jenny no, por lo que pregunto:

    -Como se juega eso?

    Ante las miradas inquisitivas de Alan y Mario Betty dijo:

    -Mario me ha dicho que, aunque nunca lo hemos hecho, el juego de la botella ayudaría mucho a romper el hielo en una situación como esta. Y ya que estamos todos medio borrachos y encocainados, yo creo que seria algo divertido para que nos sintamos mas en confianza”.

    Jenny replico:

    -Pero como se juega?

    -Betty dijo, trae una botella vacia, ponla encima de la mesita y te muestro.

    Jenny trajo la botella y Betty la hizo girar y le dijo:

    -Ves como esta apuntando hacia ti? Pues te debes quitar una prenda de vestir después de eso, tu giras la botella hasta que apunto hacia uno de nosotros y esa persona se quitara una prenda…

    Jenny, miro a Alan y el sonrió y aprobó con la mirada.

    -Jenny dijo, si esta bien con ustedes, hagámoslo!

    Betty miro a Mario y este también aprobó con la mirada y una sonrisa de lado a lado.

    La botella giraba y los cuatro, entre mas tragos y mas coca, fueron perdiendo la ropa hasta quedar en paños menores. La primera en tener que quitarse los calzones fue Betty, quien descaradamente se puso de pie, giro, se quito los calzones mostrando el culo a todos.

    Le llego el turno a Mario, quien se quito los calzoncillos mostrando su pija parada que miraba hacia el cielo de la habitación.

    Todos desnudos, reían, tomaban mas wiskey hasta que ya no se pudo mas. Alan dijo, ya no aguanto la calentura así que me voy al cuarto con Jenny, nos disculpan?

    Hey! Dijo Mario y nosotros vamos a tener que culear en el piso?

    Jenny dijo, nuestra cama es King, la mas grande que puedan imaginar, si ustedes quieren pueden estar en un lado y nosotros en el otro.

    Alan asintió con la cabeza y cada oveja con su pareja dieron rienda suelta a la lujuria.

    Después de que todos estuvieron saciados, reian y no podían creer lo que habían hecho.

    Betty dijo:

    -Alan queda un poco mas de coca?

    -Si dijo Alan quien fue por el segundo gramo que tenia reservado para otra ocasión.

    Mario lo acompaño y ya en la cocina le pregunto a Alan, te parece si hacemos otra ronda de tragos y mas coca a ver que pasa?

    Ante el morbo de ver a Jenny culeando con otro delante de el y de culearse a Betty delante de su marido, contesto. Si, hagámoslo.

    Creo que todos estamos dispuestos, aunque hemos hablado con Jenny a nivel de fantasía, creo que pudiéramos hacerlo realidad si tu estas dispuesto a que Betty participe yo no tengo problema en que Jenny lo haga.

    Llegaron de vuelta al cuarto de la cama grande Alan con la coca y Mario con una botella de Bacardy ya que el wiskey se había acabado.

    Había en la habitación, dos mesitas de noche, donde Alan acomodo unas líneas de coca mientras Mario acomodaba unos vasos con Ron y hielo.

    -Damas, dijo Alan, por favor sírvanse…

    Betty se tiro de cabeza a una línea de coca y luego agarro un vasito de Ron. Le siguió Jenny, quien estaba acostumbrada a tener sexo con trago y coca.

    Siguieron riendo y comentando la jornada hasta que ya todos habían recargado energía para otra ronda de culeadera.

    Betty dijo:

    -Mario, te gustaría ver como le mamo el coño a Jenny? SI!! Dijo el.

    Alan, me permites? Alan miro a Jenny con malicia y dijo:

    -Siempre y cuando tu lo desees hazlo amor. Jenny que estaba mas drogada que nunca dijo:

    -eso seria algo nuevo para mi. Mirando a Betty dijo: Por favor hazlo!

    Los dos hombres se limitaron a mirar como Betty, quien nunca la había lamido el coño a nadie, entraba en acción.

    Betty estaba de rodillas mamando a Jenny, quien daba gritos de placer. Al ver ese culo redondito y gordito, Alan le dijo a Mario me das permiso para meterle la pija en el culo a Betty?

    -Siempre y cuando yo le pueda meter la mía en el culito a Jenny…

    -Mario le dijo: a ella le gusta eso y estará encantada.

    Subió Alan a la cama, se puso detrás del culo de Betty puso la cabeza de su pija en el ano de Betty y agarrándola de las caderas lo empujo de a poquito hasta meterlo todo…

    Betty al darse cuenta de lo que estaba pasando, dejo de mamar a Jenny, estando ya con la pija de Alan dentro de ella… momento que aprovecho de mirar a Mario como diciendo: Puedo? Mario le contesto, si! Y yo puedo? Claro que si amor.

    Jenny jadeaba como si nada ni nadie mas estuviera allí. Mario aprovecho el momento para tomarla de las caderas y la puso en cuatro, preguntándole: me prestas el culito? Jenny que ya estaba acostumbrada a eso le dijo: Si! Jenny en cuatro, abrió sus nalgas y vio como ella deseaba que se lo clavaran hasta lo mas hondo.

    Los dos hombres bombeaban suavemente como deseando que ese momento no se acabara nunca…

    Las mujeres que ya tenían la experiencia de coger por el culo, gemían y gozaban de un orgasmo tras otro, deseando también que ese momento durara por todo el resto de la noche.

    Fue Alan quien se vino primero dentro del culo de Betty, unos segundos mas tarde, Mario acabo dentro del culo de Jenny…

    Después de unos segundos, ambos desmontaron las hembras y todo el mundo se echó a dormir, con una gran sonrisa en sus rostros.

    A las 8 de la mañana, se levanto Alan a preparar café. Le siguió Mario, quienes una vez a solas en la cocina, cruzaron miradas se dijeron ‘buenos dias’ e hicieron planes de juntarse en parejas dentro de unas semanas.

    Por otra parte, las dos mujeres se despertaban, cruzaban miradas aun estando en la cama, se dieron los buenos días y como mujeres, tenían que hablar de lo ocurrido.

    Las dos estaban felices de haber incursionado en algo que no conocían y que lo hicieron dando rienda suelta solo a los mas bajos instintos de buscar placer. Las dos estuvieron de acuerdo en que fue maravilloso para Jenny el probar que otra mujer le mamara el coño y que otro hombre le llenara el culo de leche. A lo cual Betty respondió que nunca se había imaginado que otro hombre la hubiese hecho gozar por el culo como lo hizo Alan. Sabes, debo reconocer que Alan tiene la pija un poquito mas grande que Mario, ¡pero no por mucho y eso me hizo sentir el culo lleno!

    No te creas que Mario me lleno el culo de lo mas bien a mi también.

    ¡Las dos estuvieron dispuestas a hacerlo de nuevo y que presionarían a sus maridos a hacerlo pronto, muy pronto y para experimentar mucho mas! Jenny a estas alturas, todavía le quedaba un poco de coca adentro ya que le comento a Betty, me gusto mucho lo de esta noche, solo que la encontré un poco corta. Betty contesto, lo que pasa es que empezamos después de a 1 de la mañana y se nos fue la noche rápido, la verdad es que nosotros no veníamos preparados para una velada así. Yo ni me lo imaginaba dijo Jenny, ojala nos juntemos la próxima semana para seguir la fiesta y sonrió. Betty soltó la pregunta: ¿como fue que ustedes comenzaron a usar tu culo? Jenny dijo, fue de a poco, Alan siempre me lo andaba insinuando, mas bien pidiendo! Pero cuando lo intentábamos, a mi me dolía y hasta allí llegábamos. Eso mismo me paso a mi dijo Betty pero de tanto insistir, fuimos abriendo el culito de a poco hasta que me acostumbre y aprendí a disfrutarlo y mucho. Jenny: Así mismo paso conmigo, lo bueno es que ya estamos entrenadas y a nuestros esposos les encanta tanto y mas que cogernos el coño. Aun cuando en realidad lo mezclamos y todo sale muy bien. Betty, dijo Jenny, no te importo ver como Mario me cogía el culo?

    Betty la miro a los ojos y le dijo, esto es un juego y todos estuvimos de acuerdo, de allí no pasa, la verdad es que me calentó mucho sentir la pija de Alan en mi culo mientras miraba como mi esposo te cogía a ti. Así que no pasa nada, y puedes estar segura de que si a ti no te importa podríamos hacerlo de nuevo.

    Jenny le dijo puedo hacerte otra pregunta? SI! Ustedes habían hablado alguna vez de esto? Quiero decir el de estar con otra pareja y compartir todo eso que paso? Betty le dijo, cada vez que nos poníamos en onda, tu sabes, unos pases y algo de alcohol, Mario tocaba el tema y un día decidimos que si se presentaba una oportunidad, con una pareja de confianza lo haríamos. Esta fue nuestra primera vez, espero que no los hayamos defraudado. Que bah! Dijo Jenny si yo quede con ganas de más.

    Jenny dijo: si, a mi me gusto ver a Alan disfrutándote tanto como yo gozaba con Mario. Entonces, pediremos, las dos, juntarnos la próxima semana y veremos que resulta de eso. Tratare de no estar tan borracha para la próxima y así poder recordar todos los detalles y sonrió.

    Solo se necesitaría un par de gramos de coca, muchos tragos y total desvergüenza.

  • The boobs cruise

    The boobs cruise

    Ese 28 de diciembre del 2020 fue un día memorable, ¡Vaya que lo fue!

    Andrea, entonces mi novia desde hacía 6 meses, me alcanzó en Playa del Carmen justo después de la Navidad, para estar unos días juntos antes de regresar a su tierra, donde recibiríamos el año nuevo con su hija y mis hijos.

    Introduje a Andrea en el nudismo y las actividades recreativas para adultos, a muy pocas semanas de iniciar nuestra relación y ella se integró de maravilla a éstas, superando mis expectativas. En agosto fuimos a un pequeño hotel nudista, relativamente tranquilo; al mes siguiente estuvimos en un club swinger –sólo de mirones, hay que aclarar- y nos divertimos mucho; en noviembre visitamos Desire en Cancún por 4 días, donde mi novia terminó por soltarse el pelo.

    En esta ocasión, nos hospedamos en la pequeña casa/oficina que tengo en Playa, lo que no significaba que fuéramos a aburrirnos. El día de su llegada fuimos directamente del aeropuerto a la playa nudista de Puerto Morelos; el siguiente estuvimos en Xpu-ha, donde ella tomó el sol topless, con una micro tanga que le compré para la ocasión. El plato fuerte lo había preparado para el lunes 28, se trataba del Boobs Cruise, un catamarán para adultos desmadrosos que sale de Cancún los lunes y los viernes de cada semana y en donde –según su publicidad- casi todo se vale, lo que habríamos de comprobar.

    Lo que hace peculiar al Boobs Cruise, como su nombre lo indica es que todas las mujeres –al menos el 95% de ellas- son animadas a llevar las tetas al aire. La desnudez total es opcional, tanto para ellas como para los hombres y, al ser nuestra primera vez, yo iba preparado para encuerarme pero también con un pequeño bikini para el caso de que ningún otro varón se animara a hacer nudismo.

    Llegamos al muelle adyacente al hotel Temptation pasadas las 10 de la mañana y nos resignamos a formarnos en una larga fila para registrarnos y pagar el saldo de nuestros tickets. Pronto estábamos platicando con una pareja de gringos más o menos de nuestra rodada (cincuentones), que parecían muy animados. Estaban hospedados en Temptation y pronto nos preguntaron si éramos swingers. Les respondimos que no, a lo que ellos nos respondieron que, aunque estrictamente no lo eran, les gustaba ser vistos mientras tenían sexo y ocasionalmente introducían a un soltero para que se cogiera a la señora mientras el hombre miraba, sin intervenir.

    A las 11, fuertes pitidos y música estridente anunciaron la llegada del catamarán. Un centenar de pasajeros empezamos a abordarlo; aunque la mayoría éramos parejas, había 3 o 4 hombres solteros y una decena de chicas en la misma situación; pocos latinos, casi puros gringos y canadienses. El servicio de bebidas (cerveza y un punch de ron y frutas) empezó tan prono pusimos un pie en el barco; antes de 10 minutos, todos con vaso en mano, zarpábamos en las plácidas aguas de Cancún. Por los altavoces se escuchó el grito de “boobs out!” y tetas de todos tamaños y colores comenzaron a brotar aquí y allá. Las mujeres que dudaban en quitarse el top eran invitadas por los tripulantes, sobre todo por el único miembro femenino de la tripulación, que desde luego, trabajaba topless. Andrea no dudó un minuto en quitarse su vestido de playa para exhibir sus enormes pechos 36DD, ya que ni siquiera llevaba un top. Frente a nosotros, nuestros recientes conocidos estaban ya completamente desnudos, por lo que los imité quitándome el short y el pequeño bañador que llevaba “por si acaso”. Mi novia permaneció en su g-string negro traslúcido menos de un minuto, mis manos hábiles se lo deslizaron piernas abajo en un santiamén. Pronto, más de una docena de chicas estaban encueradas; los hombres mostraban menor valentía, sólo 5 o 6 nos atrevimos a mostrarnos “au naturel”.

    La música rítmica y los ríos de cerveza y el infame punch levantaron rápidamente los ya de por sí exacerbados ánimos de los pasajeros. Nuestros amigos gringos parecían tener prisa y en la primera oportunidad Jerry ya le hacía sexo oral a Lisa, quien recostada en una banca, parecía disfrutarlo bastante. A través del sonido, el animador llamó al primer juego:

    “Necesitamos seis chicas de tetas grandes” dijo, “¡Realmente grandes!”, mientras la tripulación circulaba entre la multitud invitando a quienes reunían las características. Andrea se resistió bastante hasta que cedió a mis ruegos y pasó a la parte frontal, donde se celebró el concurso, bastante simplón: consistía sólo en contonearse al ritmo de la música para hacer bambolear los pechos; mi novia fue la segunda eliminada, una repentina timidez no le ayudó a desempeñarse bien y regresó junto a mí para ver el resto de la competencia. Ganó una rubia ligeramente pasada de peso que movía sus turgencias con gran maestría. Su “premio” fue hacerle “car wash” (es decir, frotarle la cara con las tetas) a tres jóvenes previamente seleccionados por la tripulación; lo hizo con entusiasmo entre los gritos, silbidos y aplausos de la concurrencia.

    Siguieron la música y las bebidas. Casi todos hacíamos como que bailábamos más que al ritmo de las canciones, al de la oscilación del barco. Entonces, los altavoces emitieron “Conga”, de Gloria Estefan y una línea de mujeres se empezó a formar detrás de la líder, la tripulante femenina que intentaba guiarlas por los estrechos espacios del catamarán. Cuando unas quince estuvieron organizadas, se situaron en la parte más amplia y los hombres fuimos llamados a pasar entre las piernas de las chicas. Las instrucciones eran claras: “se arrastrarán de espaldas, boca arriba, sin tocarlas con sus manos, tampoco pueden detener su avance”. Tomé mi turno y a poco ya estaba circulando bajo ese maravilloso túnel de piernas, bikinis y vaginas (al menos la mitad estaban desnudas). La segunda chica de la fila se masturbaba mostrando sus labios húmedos; la cuarta o quinta se puso en cuclillas cuando yo pasé, de modo que pude lamerle brevemente el coño; otras chicas la imitaron, así que pude degustar un par más de almejas en su jugo. Salí de allí algo adolorido de los hombros, pero con el pito erecto y una sonrisa de niño travieso en mis labios. Andrea se carcajeaba cuando llegué junto a ella.

    “Debiste de haber pasado”, le dije.

    “Así estuvo bien, con verte me divertí bastante”, me respondió.

    Andrea fuma, así que tuvimos que pasar a la popa del barco –como fuimos instruidos- para que pudiera disfrutar de un cigarrillo. Sentados allí, pasó el chico de los “body shots”, que consisten en verter sobre las tetas un fino hilo de alguna bebida, mientras la pareja mama el líquido, algo que ya habíamos practicado en Desire, así que lo disfrutamos bastante, como algunas otras parejas cerca de nosotros. Volvimos a la parte digamos frontal media del barco, y aprovechamos para tomar bloqueador de la mochila y aplicarnos un poco, ya que el sol estaba a tope. Cuando estábamos en esa labor, paso junto a nosotros una pelirroja de treinta y tantos años, de piel muy blanca, que tenía bastante enrojecidos la espalda, los hombros y los pechos. Me dijo en un inglés que apenas entendí y que sospeché británico, que si le podía regalar un poco de bloqueador ya que ella lo había olvidado en el hotel; le respondí que sí, a condición de que me permitiera aplicárselo yo mismo. Para mi sorpresa y fortuna aceptó de buen grado y se giró media vuelta; le puse una generosa porción en su espalda, desde el cuello hasta el nacimiento de las nalgas, que ocultaba bajo un bikini relativamente conservador. Volvió a girar para ponerse de frente y me di el gusto de untarle la crema en el vientre y las tetas, pequeñas y firmes, con pequeñas areolas rosadas y pezoncitos erectos; luego le vertí en la mano un último chorro, indicándole que era para su cara y brazos. Me agradeció y me dio un beso que, aunque fue en la boca, pareció bastante casto; luego se volvió a Andrea, quien nos miraba divertida y le dio también un beso en la boca, éste quizá un poco más picante; luego se perdió en la multitud de la proa izquierda, la más tranquila.

    Y cuando hablo de que la proa izquierda era la más tranquila del barco, no lo digo porque allí hubiera mucha calma, sino porque en la derecha las acciones estaban muy calientes. Lo más destacable en ese momento era una chica que estaba desnuda, tendida en la malla que hace las veces de piso en esa parte del catamarán, mientras que dos jóvenes le mamaban sendas tetas y otra mujer le hacía un intenso sexo oral.

    Sin embargo, ese fue el momento en que el barco se detuvo para que los pasajeros bajáramos a hacer algo de snorkel. Andrea, quien no nada, se quedó a bordo con cerca de la mitad de la gente, mientras que los demás bajábamos al mar, a nadar en un arrecife lleno de vistosos peces.

    Cuando volví del agua me encontré a mi novia recargada en la barandilla; me llamó y me hizo un espacio junto a ella. Desde allí podíamos ver a nuestros amigos Jerry y Lisa trenzados nuevamente, ahora en una profunda felación que me excitó de inmediato. Me recargué bien en el tubo de acero de la baranda y puse frente a mí a Andrea, metiéndole el pito entre las piernas mientras hacíamos como que bailábamos. El roce era muy estimulante para ambos, lo que completé con un magreo a sus grandes pechos al tiempo que la besaba en el cuello. Hubo un momento que pensé que uno de los dos –si no ambos- llegaríamos al orgasmo, pero había muchos distractores.

    Poco más tarde, a través de los altavoces nos anunciaron que estábamos a punto de llegar a Isla Mujeres, donde bajaríamos a almorzar. Tendríamos que hacerlo vestidos, porque estaríamos en un club de playa textil. A regañadientes me puse un short y Andrea su ligero vestido de algodón. Aunque la comida no fue mala, en realidad considero que fue un tiempo desperdiciado, demasiado largo –casi hora y media- antes de volver al ambientazo del catamarán.

    Mis temores respecto a que la dinámica altamente sexual que había en el barco se hubiese roto por la parada tan larga, fueron infundados. Una vez en con el barco en movimiento, todo volvió a la “normalidad”, si así puede llamarse a un centenar de personas semi desnudas o desnudas, bailando, bebiendo y jugando sensualmente.

    Andrea y yo volvimos a encuerarnos y a tomar nuestro lugar en la barandilla de estribor, cerca de donde tenía lugar la acción. Junto a nosotros se acomodaron dos parejas de gringos latinos, con quienes habíamos cruzado algunas palabras mientras estuvimos en tierra. Nosotros volvimos a la posición que teníamos antes, yo recargado en el barandal y mi novia frotándose contra mí.

    “¡Qué bien se la están pasando ustedes!”, nos dice de pronto una de las mujeres.

    “¿Tú crees?”, le respondí.

    “¡Claro, hasta se antoja!” fue su respuesta a botepronto.

    “Pues allí tienes a tu marido, ¿a qué esperas?”, la animé, señalando a su esposo, quien usaba un traje de baño demasiado largo. Ella traía una braga de bikini de cobertura completa, con cintas para atar a los lados, cubriéndole su grande y aún firme trasero.

    “¡Huy, no!, este hombre es muy apático, como ya viste, ni baila ni participa” dijo la mujer.

    “Pero bien que mira”, intervino Andrea, para risa de todos, incluyendo la del apático. Entonces decidí lanzar una jugada arriesgada:

    “Pásate un ratito para acá”, le dije. “Mi novia te va a ceder su lugar temporalmente”. Gloria, que así supimos después se llamaba la mujer, se sonrojó y rio nerviosa, pero en ese momento Andrea ya se había despegado de mí, dejando ver mi erección a tope, un pene grueso y bronceado de poco más de 18 cm de longitud que, afirman algunas chicas, no está nada despreciable.

    Tomé a Gloria por la cintura y la acomodé frente a mí. Jalándola y retirándola hacía frotar mi pito contra sus nalgas, pero con el traje de baño, el efecto no era el deseado. Mi novia se quedó frente a Gloria, bailando frente a ambos. Yo empecé a pasar mis manos, magreando desde las caderas hasta los pechos de mi nueva compañera de “baile” y Andrea seguía con mejor ritmo nuestras evoluciones. Fue cuando mis manos llegaron abajo, que tomé las cintas que ataban su el bikini y lo solté antes de que Gloria pudiera hacer nada para evitarlo. Tomé la prenda y se la pasé al marido, que no nos perdía de vista. Éste se la metió en una bolsa de su short.

    Atraje a Andrea hacia nosotros, de manera que formamos un sándwich entre los tres, con la chaparrita en medio; mis manos no se daban abasto tocando la húmeda piel de ambas mujeres. Flexioné un poco mis rodillas para bajar la altura de mi pene y, separando las piernas de Gloria, lo metí entre éstas; la postura era muy incómoda para mí, pero aguanté la figura todo lo que pude. La mujer estaba sumamente húmeda; pasé mi mano al frente y comencé a frotar su vulva, que rezumaba abundante flujo; el cuerpo de Andrea se frotaba completamente contra la chaparrita, quien en un minuto estalló en un orgasmo. Mi novia y yo la liberamos de entre nosotros y tomándola por los hombros la conduje frente a su marido; Gloria lo abrazó, lo besó, lo lamió y arrodillándose frente a él le bajó su ridícula bermuda y se lanzó sobre su miembro erecto, mamándolo con fruición. Andrea y yo nos retiramos un paso, contentos de haber conseguido lo que tanto anhelaba la mujer.

    Mi novia me pidió volver a la popa del catamarán, porque tenía ganas de otro cigarrillo. Estaba terminándoselo cuando el barco aminoró la marcha y anunciaron la última parada del día, para el “skinny dip” final. La condición para bajar al mar era estar completamente desnudo y para garantizarlo, dos miembros de la tripulación -la chica y un joven- se pusieron a los lados de la rampa por la que se accede fácilmente al océano, recibiendo y resguardando los trajes de baño de quienes decidían entrar al agua. Andrea y yo nos separamos, yo bajé por la rampa y ella se encaminó hacia la proa para verme desde allí. El agua estaba deliciosamente tibia. Di unas cuantas brazadas, me puse de espaldas y voltee hacia arriba buscando a mi novia; la encontré acodada en la barandilla de proa y, junto a ella, la pelirroja a quien unté el bloqueador. Estaban muy juntas, sonrientes y tomadas por la cintura; les grité y les dije que se lanzaran al mar, a sabiendas de que Andrea no lo haría. Como respuesta, giraron sus cabezas y, para mi asombro, se fundieron en un beso. Mi miembro reaccionó de inmediato y la erección fue visible gracias a mi posición boca arriba, emergiendo como el periscopio de un barco. Mi novia se llevó el pulgar a la boca y simuló una felación; la pelirroja levantó el índice como pidiendo turno y yo reiteré a señas mi invitación a que entrara al mar. La británica se bajó su bikini dejando ver una hermosa franja de vello naranja perfectamente recortado, sobre su piel blanquísima y acto seguido se lanzó de clavado con enorme habilidad, del que emergió prácticamente a mi lado, sujetándose de mi pito turgente mientras ambos mirábamos a Andrea, quien nos gritaba en inglés:

    “Take care of it, don’t rip it off”, y reía con ganas.

    La pelirroja y yo nadamos un poco –ella, a diferencia de mí, lo hacía maravillosamente- y chapaleamos otro tanto. Nos manoseamos y frotamos nuestros cuerpos con esa sensación única que sólo el agua de mar te da, siempre bajo la mirada y aprobación de Andrea. Cuando la sirena del catamarán anunció que había que volver a éste nos dirigimos juntos hacia la rampa, donde ya nos esperaba mi novia, quien se me abalanzó besándome colgada de mi cuello.

    “¿Te quiere secuestrar la súbdita de Chabela, flaquito?”, me dijo Andrea.

    “Es que ya vio y palpó la mercancía; nacional pero pura calidad”, respondí.

    “Don’t you have a kiss for me?”, dijo la británica, dirigiéndose a mi novia, quien juntó sus labios con los de ella, para mi morboso placer visual.

    “See you later, my friends”, se despidió la chica y se alejó hacia la proa del barco. El resto de los pasajeros que habían bajado a nadar volvió a bordo, elevaron la rampa y le embarcación avanzó de nuevo. Al menos la mitad volvieron a ponerse sus trajes de baño, pero el resto optaron por permanecer desnudos cuando la música y el baile se reanudaron. Cuatro o cinco de los tripulantes traían ahora una botella de licor dulce en una mano y una lata de crema Chantilly en la otra, y paseaban entre la multitud, vertiendo la bebida para boob shots o decorando las tetas con la espumosa crema. Andrea recibió su doble dosis de Chantilly en sendas tetas, dos breves puntos en sendos pezones, mientras que a mí me dispararon una generosa porción en mi pene semi erecto. Me di gusto lamiendo y mamando hasta el último vestigio del dulce, lo que terminó por levantar mi miembro; mi novia dudó un poco, pero sin pensarlo demasiado se acuclilló frente a mí y lamió con destreza la crema, que ya se empezaba a derretir. No hubo que hacer mucho para que esas lamidas se convirtieran en una felación en forma, de esas que tanto disfrutamos ambos; sólo la falta de un objeto sólido para apoyarme y el hecho de estar en medio de tanta gente, detuvo las acciones.

    Seguimos circulando por la cubierta hasta alcanzar la proa derecha, donde el desmadre era aún mayor. Tanto la malla como en el pasillo alrededor de ésta estaban repletos; y allí en medio de ese fantástico caos, encontramos nuevamente a la británica pelirroja, quien en ese momento estaba recibiendo Chantilly en sus tetas, las que frotó contra las de Andrea para compartir la crema. Así que súbitamente tengo –pensé para mí- cuatro tetas para chupar; comencé por una de las de la inglesita, luego una de Andrea y así seguí alternando hasta saciarme. Entonces fue cuando mi novia se acercó a mi oído y me dijo:

    “Flaquito, ¿Te acuerdas de la última noche en Desire, el mes pasado?”

    “¡Pero cómo no me voy a acordar!”, respondí.

    “Entonces sabes perfectamente de lo que me quedé con ganas de hacer, ¿No?”, preguntó. Tragué la abundante saliva que súbitamente llegó a mi boca. Tanto Andrea como yo habíamos recreado varias veces en nuestra mente la riquísima escena de la güera y la china mamándosela a un tiempo al marido de esta última, mientras que el esposo de la güera se follaba alternando a una y a otra. ¡Y pensar que la china y su esposo habían estado platicando con nosotros esa mañana sin que pudiéramos adivinar lo que estaban planeando para esa noche!

    “¿Y quieres que lo hagamos aquí?”, le pregunté a mi novia. Por toda respuesta, Andrea levantó las cejas pícaramente. “Pues explícaselo tú, que parece que te entiendes mejor con la pelirroja”, le pedí.

    No podía decirse que en todo el catamarán hubiera un sitio apartado o tranquilo, pero en el área de las bancas longitudinales, bajo una de las cuales habíamos colocado nuestras pertenencias, se podía encontrar un espacio. De hecho, en la banca detrás de la nuestra ya se encontraban en plena acción oral un negro joven que había deambulado todo el día por el barco con una bebida en la mano, brindando y sonriendo a diestra y siniestra, con una mujer algo mayor que él, de cuerpo delgado y perfectamente tonificado que se aplicaba con esmero sobre la respetable tranca del moreno.

    Andrea sacó de la mochila la única toalla que llevábamos, una de microfibra para que no ocupara mucho espacio y la colocó doblada en dos sobre el piso, luego me pidió que me sentara en la banca. Se arrodillaron ambas sobre la toalla; mi novia tomó con una mano mi miembro –que estaba duro como una piedra- y se lo ofreció gentilmente a la pelirroja, quien con delicadeza empezó a aplicar su lengua alrededor del glande: unas vueltas en un sentido, unas en el opuesto. Se retiró y con un leve movimiento de cabeza le cedió el turno a Andrea, quien repitió los movimientos. Volvió la inglesa, que ahora decidió meterse el glande a la boca, succionando y presionando con su lengua para liberar el pene un instante y volver a la carga; repitió el movimiento 10 o 15 veces, seguida por Andrea, quien repitió la operación. Es innecesario decir que yo estaba cerca de perder el control; la mezcla del banquete visual y sensitivo que me estaban dando las chicas era mucho más de lo que había esperado en este tour.

    Cuando esperaba que la pelirroja volviera a la carga, ésta decidió que era el momento de atender también la boca de mi novia y se abalanzó sobre ella en un beso profundo, salvaje, que fue inmediatamente correspondido por Andrea, mientras yo recorría los cuerpos de ambas con mis manos y boca, en un delicioso desorden que me embotaba el cerebro. ¡Pero faltaba más! Faltaba, desde luego, lo que Andrea se había propuesto hacer: una doble felación. Y a mi pito entumecido recibió las que en ese momento me parecieron las mejores bocas del mundo, que lamían, besaban, chupaban y se besaban de nuevo entre ellas y cuando esto ocurría, eran sus manos las que se ocupaban de mi verga enhiesta. Yo sentía que estaba a punto de estallar, pero mi cerebro se negaba a permitir que esta bacanal terminase.

    Lo que siguió no podría haberlo imaginado ni en mis mejores sueños. Tras un acuerdo rápido que consumió unas cuantas palabras, las mujeres se pusieron de acuerdo. Andrea se arrodilló entre mis piernas para mamar con fruición mi miembro, comiéndoselo hasta más de la mitad. Mientras tanto, la pelirroja se paró en la banca, con un pie junto a mi cadera y el otro, pasándolo sobre mi hombro, en el respaldo, sujetándose de la estructura del techo del barco. De esa forma, su coño me quedaba directamente en la boca, bien abierto, para mi completo disfrute. Deseé tener otro par de manos para poder disfrutar a cabalidad de ambas chicas.

    Mi estallido era inminente, pero el estímulo que lo detonó sin vuelta atrás fue el darme cuenta que éramos el centro de atención de unas 6 u 8 personas que nos rodeaban sin perder detalle de las acciones. Había quienes tocaban a la inglesa o a Andrea; los más tímidos se concretaban a mirar y disfrutar del improvisado show. Entonces, eyaculé; lo hice directamente en la boca de mi novia -quien gustaba como ninguna otra de las parejas que he tenido en mi vida- de degustar y tragarse mi semen. Quizá mis vibraciones al eyacular fueron transmitidas a la pelirroja, quien liberó un orgasmo acompañado de un abundante flujo que me empapó la cara.

    Quedé rendido, despatarrado sobre la banca. La inglesa se sentó junto a mí, sin saber que Andrea aún tenía una última sorpresa para ella: se acercó a su boca y compartió el semen que aún mantenía en la suya. ¡Con qué pasión se besaban y se acariciaban! A un tiempo, ambas me declararon inexistente y se dedicaron una a la otra. Andrea recibió un cunnilingus intenso, casi violento, que le provocó al fin el orgasmo tan merecido después de esa larga jornada erótica.

    Poco a poco los ritmos cardíacos fueron recuperando su normalidad, los tres estábamos cubiertos de sudor y otros fluidos corporales, agotados pero increíblemente satisfechos. La sirena del catamarán emitió tres largos pitidos, por los altavoces nos anunciaron la llegada al muelle en cinco minutos, era el momento de empezar a vestirse y terminar estas horas de fiesta desenfrenada.

    La pelirroja nos abrazó y besó con ternura, diciendo:

    “If this was a dream, I hope I don’t forget anything when I wake up”.

    Le pedí su nombre, le pregunté en dónde estaba hospedada y le propuse vernos más tarde o al día siguiente.

    “Why risk ruining something that was perfect? I won’t tell them my name, I don’t want to know yours. Tonight, fuck hard thinking of me. I’ll do the same».

    La inglesita entonces dio media vuelta, caminó hacia la popa del barco donde tomó una bolsa de la que sacó un vestido de playa, se enfundó en él y se formó cerca de la salida para ser una de las primeras en bajar. La perdimos entre la multitud del muelle.