Blog

  • Tu madre, nuestra puta (2)

    Tu madre, nuestra puta (2)

    Capitulo III. El descubrimiento. 

    Jugando me vino a la mente Marisa. Su culo, sus tetas, su coño. Coño sus pendrives. Los saqué del pantalón, menos mal que no los había echado a lavar. Los dejé en la mesa del ordenador. No tenía ganas de encenderlo ahora.

    Jugué un par de partidas, y encendí el ordenador. Me metería un rato a chatear con estos, mientras seguí jugando a la consola. Hacíamos un grupo en el Skype, y allí hablábamos los cinco. Como no, cuando entré el tema de conversación era… Marisa

    Oscar me recordó,

    “Javier, cuidadito con los pinchos de mi madre, que te corta las pelotillas como se los pierdas”

    “Tranquilo hombre, yo le doy las pelotillas y que haga con ellas lo que quiera”

    Jaja rieron todos, pero a mí me recordó los pinchos. Iba a echarlos in vistazo, aunque fuera por morbo.

    Como había dicho Marisa, tenían toda la saga de Harry Potter, aunque me llamó la atención que las tuviera en dos pinchos ya que en uno le cabían todas, a no ser que los pinchos antes contuvieran otras cosas, pero evidentemente estaban borradas.

    Hacía un par de meses, tuve problemas con un disco duro. Perdí parte de la información, y leí en un foro de un programa que recuperaba archivos de discos duros incluso formateados. Lo usé y me recuperó parte de los archivos perdidos. No perdía nada por probarlo con los pinchos. Es un programa que da tres pasadas al disco o en este caso al pincho, para recuperar a baja densidad. En un pincho de 32 Gb, se iba a llevar un buen tiempo, así es que abrí dos programas, y puse a buscar cada uno en un pincho.

    Yo mientras me dediqué a seguir jugando y chalando con los colegas, que no les dije nada de mis pesquisas, ya que me iban a tomar por tarado.

    A las doce, ya era hora de irse a la cama, miré como iban los programas, uno llevaba el 56 % y el otro el 32 % así es que aún les quedaba un buen rato. Dejé el ordenador encendido, y me metí en la cama.

    El programa se crea un directorio nuevo en Documentos, donde mete todo lo que encuentre, ya sean archivos de imagen, de video, de texto, lo que sea. Tenía una opción de apagar el ordenador al terminar, y la active en el programa que le quedaba más tiempo.

    A la mañana siguiente me levanté con el tiempo justo de ducharme desayunar y salir corriendo para la facultad. No me acordé para nada del ordenador y de los famosos pinchos. Estando en la faculta, me acordé. Ya miraría el resultado cuando llegara a casa.

    No volví a pensar en los pinchos, hasta después de comer. Y eso porque tenía en la cabeza, que tenía algo pendiente

    Me tumbé un rato para hacer la siesta. Cuando me desperté, encendí el ordenador, retiré los dos pinchos de sus ranuras, y los metí en el bolsillo para dárselos a Oscar cuando le viera ahora. Y ya por inercia, miré el resultado de la recuperación de ficheros.

    Antes de nada, miré las propiedades de cada carpeta, para ver el número de ficheros, y los megas que ocupaban dentro de la carpeta.

    Abrí una de las carpetas. Los clasifica por tipo, crea una carpeta con los jpg, otras con los videos, otra con otros documentos…

    Abrí la carpeta de las fotos, los jpg.

    Ostias, dije para mí. Tuve que agarrarme a la silla. La carpeta estaba llenad de fotos de Marisa, en lencería, desnuda, mamando, follando… en todas las poses y formas posible, pero lo más curioso es que había muchas con varios tíos que se la metían por todos los agujeros. No logré reconocer en los tíos al marido, al padre de Oscar. Puff, aquello estaba empezando a tomar una dimensión inesperada.

    Abrí la carpeta de los videos. Algunos ella masturbándose otros mamando y follando. Y ahí sí que se veía bien a los tíos, y no, no era ninguno el padre de Oscar.

    Volví a las fotos, en ellas se podía apreciar mejor a Marisa. La verdad es que la muy puta pese a los 50 tacos que tenía que tener, estaba cañón. Tetas considerables y firmes, casi sin barriguita, muslos y cintura muy proporcionados, coño totalmente depilado, y lo que más me admiraba es como tragaba polla por los tres agujeros. En la boca la entraban las pollas enteras, y en el coño y culo no te cuento.

    Yo tenía la polla a reventar, en mi vida había tenido una erección así. Ahora venía la cuestión, ¿qué debía hacer?

    ¿Ir a casa de Oscar y hablar con ella decirla que he visto los videos y las fotos y que yo también quiero follarla? Quedaría ridículo, al margen de que si me mandaba a la mierda me lo tendría merecido.

    ¿Hablar con Oscar y decírselo? ¿Y qué iba a ganar con esto? Que se muriera de vergüenza, que odiara a su madre y poco más.

    Tenía que hablar con Pablo, él era el más creativo en temas sexuales, entre los dos buscaríamos el que hacer. Le mande un whatsapp,

    “Tío, tienes que venir a mi casa ya. Tienes que ver esto.”

    “El que?”, me contestó

    “Ven, ostias, y no preguntes, es demasiado fuerte para contarlo por aquí”, le contesté.

    “Vale, vale, ahora subo”, me dijo

    Busque una foto de Marisa, que salía totalmente en cueros y abierta de piernas. Maximicé la foto, y apagué la pantalla.

    Al momento sonó el telefonillo,

    “Yo abro, es pablo”, grité yendo hacia la puerta. Abrí y esperé a que subiera

    “Hola tío, vamos a mi cuarto”, le dije abriéndole la puerta y casi empujándole hacia mi cuarto.

    Entramos.

    “Cierra la puerta”, le dije

    “A ver, no pensaras violarme, a mí no me gustan los tíos” me dijo en plan cómico.

    “Déjate de ostias y siéntate en esa silla”, le dije ofreciéndole la silla del ordenador.

    “Ja, ja, vale, vale, ¿a qué viene tanto misterio y secretismo?”, me preguntó.

    “Bien tío, recuerdas que ayer, en casa de Oscar, Marisa me dio dos pendrives, con la saga de Harry Potter”

    “Si, claro, pero no me gusta esas pelis, a no ser que fueran Harry Potter porno, jajaja”

    “No, tío, mucho mejor. Me dio por meter los pinchos para verlos y ver lo que tenían. No me encajaba que las ocho películas necesitaran dos pinchos de 32 Gb, así es que debía de tener algo más.”

    “Si, tienes razón, ¿y que tenía?”, me pregunto interesado Pablo.

    “Nada, solo estaban las películas siete en uno y una en el otro, pero me confirmó que efectivamente el pincho tenía capacidad de sobra para tener toda la saga en él. Eso quería decir que el pincho antes había tenido otra información, y además un gran volumen de información”

    “Muy bien, Sherlock, ¿y ahora que has descubierto que el pincho tenía información que se ha borrado, podemos bajar que hemos quedado con los otros?

    “Como no me cuadraba eso, le pasé un programita para recuperar ficheros borrados. ¿Quieres ver el resultado?”, le dije

    “Ardo en deseos”, dijo el en tono incrédulo.

    “Enciende la pantalla”, le dije.

    Tardó un par de segundo en encender y en mostrar la foto de Marisa.

    “¡Ostia puta!!!”, exclamo Pablo.” ¿Esta es Marisa?

    “Hombre mi prima no es”, le contesté

    “No me jodas, esto es un fotomontaje, no puede ser ella”, insistió el.

    “Dale a avanzar página”, le dije

    Lo hizo. Cada foto nueva que le aparecía en la pantalla su cara de gilipollas iba en aumento, igual que yo cuando lo había visto.

    “¡Me cago en la madre que pario a perete!, aquí hay material para alimentar una web porno durante años”, dijo Pablo.

    “Pues aún no has visto los vídeos”, le dije

    “¿También hay videos?”, dijo abriendo los ojos como platos

    “Toda una colección”, le conteste.

    Estuvimos más de 2 horas repasando todo el material que había en las fotos y los videos. No pudimos evitar cascárnoslas con un video en que salía Marisa corriéndose como una cerda.

    Capitulo IV. Investigando.

    Llegamos a la conclusión de que las fotos eran de diferentes ocasiones. Tampoco había que ser muy listo, eran diferentes tíos, diferentes habitaciones, algunas con aspecto de hoteles y otras de casas normales.

    En ninguna de las fotos ni videos, aparecía el padre de Oscar, lo cual descartaba algún tipo de juego de intercambios o de club swinger o rollos así.

    En alguna foto aparecía atada y con los ojos vendados y unos cuantos tíos dándole polla. En otra incluso, ella está tirada en la cama, como desvanecida, con varios condones usados encima de su cuerpo lefada en cara, tetas y coño y algo que nos llamó poderosamente la atención sobre la cama a su lado había dinero, billetes de diferentes cantidades de euros, llegamos a contar 300 euros. Y la más fuerte, una en que estaba metida en el baño y varios tíos meándola en la cara, y ella con la boca llena de meado de los tíos.

    ¿Se estaría prostituyendo?, ni idea.

    “Tío esto nos va a llevar tiempo, pero quiero ver si en alguna se ve algún detalle que nos dé una idea de donde está”, dijo Pablo.

    “Lo primero vamos a separar las fotos por días, Así quizás podamos ver cuantas sesiones son, y si se ven la cara a los tíos, ver cuantos hay en cada una. Tememos que buscar en las sabanas, mesillas, baños, ampliar la foto e intentar buscar alguna pista”, siguió “Cuando tengamos bien clara la cara de un tío, la copiamos, la ampliamos y la ponemos en una carpeta aparte. No tengo ni idea de para qué, pero quizás nos sea útil”

    “Vale, espera”, le dije. “Vamos a enganchar el otro monitor, así uno puede buscar y el otro ir haciendo las separaciones o las copias de los tíos, lo que sea ir adelantando”

    Yo tenía un pequeño monstruo como ordenador. Y con un programita el Betwin, me permitía trabajar en dos sesiones diferentes con el mismo equipo.

    Y eso hicimos. Había más de 1000 fotos. Sin duda sería un arduo trabajo. Y si no nos deshidratábamos antes de hacernos pajas viendo a la guarra de la Marisa, follando como loca, nos llevaría horas, revisar todo aquel material. Pero sabíamos que algo, entre tantas fotos y videos tenía que haber.

    Algunas fotos eran primeros planos de ella y no había mucho que buscar. Otras fotos estaban desenfocadas.

    Después de la primera criba, y dedicarle hora y media, habíamos montado 25 carpetas, en principio numeradas del 1 al 25 a la espera que, en las próximas revisiones, encontráramos datos para poder ubicarlas. Los primeros planos los habíamos puesto con las fotos anteriores, por la cronología de las fotos.

    “Ahora, Javier, vamos a escudriñar las fotos, vamos a sacar a los tíos, y a buscar detalles que nos iluminen. Cógete tú la carpeta 1 y yo cojo la dos.”

    Había más de 40 fotos en cada carpeta y había que buscar detalles, aunque así entre nosotros, cuando ampliabas la imagen era difícil desviar la mirada de las tetas, el coño o el culo de Marisa. Sus pezones me encantaban, no eran excesivamente voluminosos, ni la areola tampoco, lo justo. Los típicos pezones agradecidos que en cuanto se les excita, se erectan como escarpias.

    Pero bueno, vamos a lo que vamos, mirábamos el entorno, e intentábamos identificar si era Hotel, apartamento o casa particular, aunque también había tres o cuatro carpetas, en que estaban al aire libre.

    A los tíos era muy fácil identificarlos, había fotos incluso de todos juntos al lado de Marisa, por lo general exhausta en la cama. Parecían los cazadores con su presa, pero bueno nos facilitaban el trabajo. Los etiquetábamos por el número o nombre de la carpeta

    Resultó más fácil de lo esperado. La mayoría eran de hoteles. Y siempre había una toalla tirada por algún sitio con el logo del hotel, o incluso puesta en alguno de los participantes. Otras veces era la llave en la mesilla, o la cama, algún folleto del hotel, etc.

    Así, identificamos el hotel Loob, el Zouk, Los Peñascales, Venus, estos eran todos hoteles de parejas, esos en los que se puede entrar con el coche hasta la habitación y que te alquilan una habitación por cuatro horas a un precio muy módico, y si no eres muy rata puedes coger una con piscina o con Jacuzzi. Vimos incuso una Suite Grey, con una serie de aparatejos, como cruz de San Andrés, potro, bueno una serie de mobiliario BDSM, en los que no vimos en ninguna a Marisa. (Esto hubiera sido lo que nos hubiera matado, jaja)

    El reloj, corría a una velocidad de vértigo, pero nosotros estábamos inmersos en nuestra investigación y nos daba igual la hora que fuera.

    “Javier, deja de tocarte la polla y mira la carpeta 22 la foto 830”, me dijo Pablo.

    “Jaja, que cabrón, voy”, dije

    Abrí la carpeta y la foto que me había dicho.

    “Vale, la tengo, ¿que?

    “Amplía todo lo que puedas la mesilla, delante de la lámpara”, me dijo

    “Ya, veo un billete de cinco euros enrollado, y restos de polvo blanco en la mesilla. ¿Coca?, le dije

    “Sí, sin duda. A estos angelitos no les falta de nada. Etiquétala”, me dijo Pablo.

    “A sus órdenes, le contesté.

    Y la etiquete.

    Terminamos de revisar las 25 carpetas.

    Sacamos conclusiones.

    Había carpetas, en que se le veía a Marisa, al menos con cinco hombres. Eso pasaba en al menos 8 carpetas. Otras con cuatro, y lo mínimo eran tres. Aunque también es posibles que en alguna hubiera más y no los diferenciáramos.

    Varios hoteles, al menos tres habitaciones de casas particulares, ninguna parecía de casa de Marisa, aunque no sabía cómo, pero tendríamos que comprobarlo.

    La foto del dinero en la cama y la de la coca en la mesilla, la del meado, al margen de los hombres, que alguno se repetía en varias escenas, y que como ya me había dado cuenta yo, ninguno era el marido.

    Miramos también los vídeos por si alguno aportaba algo nuevo. Folladas, folladas y folladas, uno en que acaban de sacársela del culo con ella a cuatro patas, y se ve todo su ano abierto y lleno de semen por dentro. Y joder, estaba también la de la meada. La metían en el baño entre cuatro tíos la decían que se arrodillara y abriera la boca, ella lo hacía y empezaban a mearla en la boca, y diciéndola que lo tragara, y ¡¡ella lo hacía!!

    “Joder, que guarrada tío. ¿Porque hace todo esto esta mujer?, me preguntó Pablo.

    “Ni puta idea colega, pero yo cada vez tengo más ganas de metérsela”, le dije todo convencido.

    “Sí, claro, yo también, aunque eso tiene que parecer un bebedero de patos, pero realmente lo que me preocupa es por qué. ¿Se prostituye?, ¿está chantajeada o coaccionada por alguien?, ¿lo hace solo por vicio?, dijo Pablo.

    “No sé tío, pero yo creo que cuando una casada quiere algo o se echa un amante, o va de uno en uno, no como esta de cinco en cinco. Desde luego algo raro hay”, le contesté.

    “Pues yo no me voy a quedar con las ganas de averiguarlo”, dijo Pablo.

    “Ya, ¿y qué hacemos la llamamos o la vamos a ver y se lo preguntamos?”, le pregunté.

    “Si, y a ser posible sin ir ya con la polla fuera, que te conozco”, me contestó.

    “Jaja, vale la llevaré preparada, pero sin sacarla”, contesté.

    “No sé yo, pero lo que sí sé es que con este mogollón mañana nos dedicamos a averiguar más cosas”, me dijo.

    “Tío y para fallárnosla, ¿tenemos que hacerle un currículo?”, le dije.

    “Joder, Javier, sea una viciosa o una prostituta, es la madre de un colega, y creo que debemos intentar saber si pasa por algún problema”, me contestó.

    “Ya, pero y si nos metemos donde nadie nos llama, lo mismo no podemos ni fallárnosla”, le dije.

    “Pues mala suerte. Mira vamos a dejarlo por hoy, es muy tarde, cerca de la una. Mañana ella trabaja o por lo menos eso dice en casa. Aunque lo mismo realmente trabaja, pero no donde piensan todos. Eso ahora da igual. Tenemos que colarnos en su casa, primero comprobar que el baño no es el suyo, que el dormitorio tampoco, y luego husmear por todos lados, a ver si encontramos algo”, este Pablo había visto muchas películas, pensé.

    “Sí y como lo hacemos, ¿forzamos la cerradura? O vamos prontito y le pedimos gentilmente a Oscar que nos deje poner la casa patas arriba”, le dije con guasa.

    “Me inclino por lo último. Pero sin poner la casa patas arriba o al menos que no se note. Sabes que no es muy avispado Oscar. Le diremos que hemos iniciado otro juego de Rol, que consiste precisamente en eso, en dejar que algún colega, husmee por las cosas de las hembras de su casa. Luego, para que no se mosquee, le dejamos que venga a mi casa y aquí, para que husmee el también”, me dijo.

    “Vale, puede funcionar”, le contesté.

    “Bien, metete las fotos en la Tablet, al margen de tener una copia de seguridad, nos ayudara a comprobar los escenarios”, dijo Pablo. Y ahora me piro tío tengo que dormir. Mañana a las 9 en el portal de Oscar, y se puntual.

    “Vale tío”, le dije acompañándole hasta la puerta.

    Yo ya sabía la profesión de Pablo, criminalística. Lo vivía el tío. Jajaja

    Comí algo de prisa, y me puse a pasar las fotos del ordenador a la Tablet. Aproveché también para ventilar un poco la habitación. Habían sido muchas horas de tensión, sudores, y erecciones al menos por mi parte, jaja. Joder que buena estaba la tía, y que guarra era. Cuando terminó de pasar las fotos apagué todo. Bueno la Tablet no, me la metí en la cama, y le dediqué a la Marisa la última paja del día. Bueno realmente era la primera paja del día siguiente, bueno de ese día. Mejor me duermo.

    Me levanté a las ocho, como todos los días me duché, me tomé un colacao con dos magdalenas, me vestí, cogí mi Tablet y me dispuse a plantarme delante del portal de Oscar hasta que llegara Pablo.

    Pero había bajado demasiado pronto. Aun eran menos cuarto. Como no podía ser de otra forma, mientras esperaba encendí la Tablet, y seguí viendo las fotos de Marisa.

    ¿Marisa? ¿Había dicho Marisa?, salía por el portal en ese instante.

    Se me congeló la sangre en ese instante. El corazón se me puso a mil.

    “Hola Javier, ¿esperando a Oscar?, me preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

    “Ehhh, no, bueno… si, pero él no lo sabe “, el dije medio balbuceando. Esta tía va a pensar que soy gilipollas, y seguramente lleva razón. Estaba imponente con unos pantalones vaqueros azul cielo y una camiseta de tiras a juego, marcaba tetazas, culazo…. uf.

    “Que sí pero que no lo sabe?, jajaja, bueno no me meto en vuestros temas. Me voy que llego tarde al trabajo”, me dijo riéndose y marchándose.

    A que trabajo iras, pedazo zorra, pensé para mis adentros. La vi alejarse meneando el culazo hasta que llegó al coche. En ese momento giraba la esquina Pablo, que también la miró insistentemente el culo haciendo un gesto con la cara como de “Madre Mía”.

    “Hola, buenos días. ¿Qué te decía la Marisita?”, me preguntó.

    “Que llegaba tarde al trabajo, pero vamos que me he quedado en blanco, no sabía si preguntarla si estudiaba o trabajaba o follaba, joder tío que puntazo me ha dado”, le contesté.

    “Jajaja, venga vamos a subir cuanto antes empecemos mejor”, dijo llamando al telefonillo.

    “Quien?”, pregunto Oscar.

    “Pablo y Javier, Oscar, abre que tenemos que hablar contigo”, le dijo Pablo.

    “Vale, subir”, dijo Oscar abriendo.

    “Pero que le vas a decir?, le pregunte a Pablo subiendo en el ascensor.

    “Joder, pues lo que hablamos ayer, lo del juego de Rol”, me contestó.

    “Ah, vale, vale.”

    En el descansillo nos esperaba Oscar.

    “Hola chicos, me pilláis por los pelos, acaba de irse mi madre y yo me voy también en nada, tengo que hacerle unos recados a mi padre”, nos dijo

    Vaya parece que se nos chafaba el plan.

    Pero Pablo, saco la varita mágica…

    Capítulo V. En casa de Marisa.

    “Bueno Oscar, te contamos rápido. Ayer Javier y yo no salimos por la tarde porque estuvimos pensando en un nuevo juego de Rol. Lo hemos llamado el Husmeo, le dijo Pablo.

    «Y eso que es?, preguntó Óscar.

    «Pues, tío su propio nombre lo indica. Cotillear, mirar en tu caso entre las cosas de tu madre, y si encontramos algo interesante, fotografiarlo», dijo Pablo.

    «Me parece una chorrada, pero si no revolvéis que mi madre se pueda dar cuenta, no hay problema. Yo me voy, tardaré como 45 minutos ¿tendréis suficiente tiempo?», contestó Óscar.

    «Eh, si claro. De sobra», le dije yo. Pero encendemos la play, así si viniera alguien parecería que estábamos jugando».

    » Sí, pero tenemos que cerrar la puerta, si viniera alguien no nos daría tiempo a disimular», añadió Pablo.

    «Vale, sin problemas os dejo las llaves y cerráis por dentro. Si dejáis la llave metida, no podrían abrir, pero no os vayáis antes de que vuelva yo que no llevo llaves», dijo Óscar.

    «Claro tío, no te preocupes», le dijo.

    Nos encendió la play, y nos dio las llaves,

    «Venga tíos, en un rato vuelvo. No desordenéis nada que mi madre me la corta».

    «Tranquilo tío, confía en nosotros», le dije.

    Según salió por la puerta cerramos con llave y empezamos nuestro registro.

    «Vamos al baño», dijo Pablo.

    «Este no es el del pincho», le dije.

    «No, pero hazle una foto de todas formas», dijo Pablo, “a ver en el cesto de la ropa sucia»

    «Que vamos a encontrar ahí?», le pregunté.

    «Esto», me contestó sacando un tanga usado.

    «Y que hacemos con el tanga», le pregunté.

    «Hazle una foto, estamos husmeando y se supone que estas cosas son las que buscamos», me contestó.

    Este Pablo estaba en todo. Coloque el tanga sobre la tapa de inodoro y lo fotografié asegurándome que saliera las manchas blanquecinas en la parte de su coño. Era un tanga de diario, sin grandes alardes.

    «Vamos al dormitorio», dijo Pablo.

    Tampoco era el de las fotos.

    «Bueno, a ver dónde duerme la Marisita», dijo Pablo abriendo una de las mesillas.

    Yo mientras miré en el armario. Qué raro, todo tipo de ropa, vestidos, faldas, pantalones de ella en un lado y del marido en otro. Y luego eso sí, mil cajas de zapatos. Como en el armario de todas las tías.

    «Tío, aquí no hay nada», le dije a Pablo.

    «Y si lo hay no va a estar a la vista. Mira debajo de las cosas, en las baldas de arriba, en las cajas de zapatos. Mira lo que he encontrado yo», me dijo enseñándome dos vibradores.

    «Hazles la foto de rigor»

    Se la hice y me fui a mirar a la cómoda, tenía ganas de ver su ropa interior. En el segundo cajón estaba. Bragas, tangas, sujetadores, de todos los colores, formas y tamaños. Algún tanga incluso, lo identifiqué con alguna de las fotos. También les hice fotos.

    «Mira por debajo de las bragas. Pero mete la mano solo, no las saques, se daría cuenta. Yo mientras sigo con el armario», me dijo Pablo.

    Así lo hice. Empecé en un extremo del cajón, levantando las prendas con una mano y pasando la otra por el fondo del cajón.

    «Nada tío, no hay nada», le dije.

    «Aquí tampoco», me contestó, «y casi me he mirado todas las putas cajas de zapatos.»

    Recoloqué lo mejor que pude la ropa, y cerré el cajón. En los otros, ropa interior del marido en uno, y jerséis en el otro. Nada allí no encontraríamos nada.

    «Ehy, ehy, ehy, aquí hay algo», gritó Pablo.

    «Es una tarjeta micro SD. Estaba en metida en un zapato en la última caja al fondo. Algo tiene que tener, sino nadie guardaría una tarjeta en un zapato. ¿Tiene la Tablet lector de micros?»

    «Claro tío tiene dos por falta de una», le contesté mientras la metía en una de las ranuras.

    Afortunadamente, tenía su ganchito que facilitó las cosas. Eran 64 GB. La cargó y comprobé que tenía 48 GB usados. La abrí. Había varias carpetas identificadas por fechas.

    «Abre una», me dijo Pablo.

    Abrí, la primera, era de hacía un par de años. Allí estaba nuestra Marisa totalmente en cueros como posando.

    «Bingo», le dije «tenemos más fotitos de la putita»

    «Sí, pero ahora no tenemos tiempo de verlas. Copia la tarjeta en la Tablet», dijo Pablo.

    «Vale, pero se va a llevar un rato», le dije.

    «Ya tío, pero es lo que hay», contestó.» Sólo esperemos que no venga Óscar antes de que termine.»

    Empecé a copiar. Me dijo la Tablet que tiempo estimado de copia una hora treinta minutos.

    «Nosotros mientras vamos a mirar papeles», dijo Pablo.

    «Qué esperas, ¿encontrar fotos impresas?», le dije.

    «No, datos suyos. Nombre completo, edad, donde trabaja, a ver qué sacamos»

    Fuimos al cuarto que Óscar llamaba el despacho. Había un ordenador y estantes con carpetas al margen de un armario empotrado con más trastos.

    No teníamos tiempo para mirar todo, así es que nos centramos en las carpetas.

    No era previsible que el ordenador contuviera algo que estuviera al alcance de todos los que lo usaban.

    Empezamos a mirar carpetas, facturas, manuales de electrodomésticos, declaraciones de Hacienda.

    De ellas obtuve parte de los datos de Marisa, nombre completo, DNI, nombre de la empresa para la que trabajaba. Al final de la declaración había una copia de los DNI de los dos.

    Foto a todo y a seguir buscando.

    Recibí un whatsapp de Oscar.

    “Mira Oscar dice que en 10 minutos está aquí. Voy a ver lo que le queda a la Tablet”, le dije a Pablo.

    La miré aun le quedaban 50 minutos.

    “Ven”, me dijo Pablo.

    Fuimos al dormitorio.

    “Haz u na foto para que nos acordemos en que zapato estaba”

    “Pero que piensas que nos la llevemos?, le pregunté

    “No, cuando venga Oscar, haremos que seguimos husmeando. Tu estate al loro de la Tablet, y en cuanto termine de copiar sacas la tarjeta, la metes en su cajita, me la das, y digo que se me ha olvidado algo aquí; me traigo la Tablet para ver justo el zapato en el que era, la vuelvo a poner en su sitio, e intento dejarlo todo como estaba para que Marisa no pueda sospechar nada. No podemos hablarle a Oscar de la tarjeta, primero porque no sabemos todo lo que contiene, y segundo porque antes de que se entere de todo esto, yo al menos, quiero respuestas”

    Hay veces que odiaba a Pablo. Sus razonamientos eran aplastantes y los decía con una seguridad que parecía decirte, ¿es que no te has dado cuenta idiota?

    Seguimos buscando entre los papeles. No teníamos ni idea de que buscábamos, pero estábamos seguros de que, si había algo que nos interesara, lo encontraríamos.

    Al fin entendí a Pablo, se afanaba en mirar la carpeta de los documentos, a ver si había algo, alguna hipoteca, algún préstamo, algo que hubiera llevado a Marisa a prostituirse. Pero nada, no había nada, y Oscar llamó al telefonillo. Fui a abrir, mientras que pablo recogía las carpetas.

    Subió, aún le quedaban 35 minutos a la Tablet.

    “Hola, tíos, ¿habéis husmeado mucho?, nos dijo. “¿No falta ningún tanga ni braga ni sujetador?”

    “Nada hombre”, le contesté. Solo hemos hecho unas fotos de unos consoladores, los tangas, y poco más.”

    En ese momento salió Pablo que venía del despacho.

    “Oye, Oscar, en esa habitación hay un ordenador. ¿Lo usa tu madre?, le preguntó.

    “Si, a veces por las noches. Dice que va a ver cosas de moda, o de los bancos o cosas así, pero un día la pille con el abierto, que se había ido al baño, y estaba chateando con un tío.”, dijo Oscar.

    “No jodas, ¿y lo leíste?”, le pregunté

    “Apenas me dio tiempo, la oí salir del baño y salí por pies”, me contesto.

    “¿Te importa que echemos un vistazo?”, le preguntó Pablo.

    “Se trata de husmear, ¿no?, pues husmear. Cada uno tenemos un usuario, pero están sin contraseña. Eso sí no tengo ni idea de sus contraseñas en el Skype, ni nada, ósea que si no sale puesta no tengo ni idea”, dijo Oscar.

    “Gracias, tío, vamos a echar un vistazo”, le dijo Pablo.

    “Vale, yo me voy a duchar que vengo sudando como un pollo. Si encontráis algo me lo decís”, nos dijo yéndose hacia el baño.

    “La verdad es que nos está dando facilidades Oscar, parece que él también está interesado en que encontremos algo”, dijo Pablo encendiendo el ordenador.

    Era un W10. Accedimos al usuario Mama

    El escritorio estaba limpio, los iconos habituales, poco más.

    Intentamos abrir el Skype, pero pedía contraseña. Al menos ponía su usuario Marisa45es. Se ve que se lo abrió hace ya unos años. Echamos un rápido vistazo a la carpeta documentos, solo una tabla Excel, con importes, sin conceptos. La verdad es que los importes eran altos, bastante altos. La hice una foto.

    Miramos la carpeta de las imágenes. Obvio que no iba a haber nada. Miramos en descargas; al final ya, buscamos por .jpg. Ningún éxito.

    “Lo único que se me ocurre, es intentar sacar el log donde guarda las conversaciones del Skype, si hay algo puede estar ahí”, le dije a Pablo.

    “Sabes hacerlo?”, me preguntó.

    “Más o menos. El de mi hermana ya se lo abrí una vez, quizás este también pueda, pero tengo que llevarme el fichero y hacerlo con calma en casa”, le contesté.

    “Me haría falta un pincho, coño tengo los dos de Marisa en el bolsillo. Problema resuelto.”

    La localización estaba dentro del usuario mama en la carpeta Appdata, allí en roaming, Skype y luego su usuario.

    Allí estaba el archivo Main.db. ES una base de datos, que guarda varias tablas, pero eso ya tendría que verlo en casa. Metí el pincho, y copié el archivo.

    Bueno, Pablo a esto le quedan 5 minutos. Creo que aquí poco podemos ya mirar más. Ahora nos toca mirar lo que estamos copiando e intentar acceder a sus conversaciones de Skype.

    “Espera, espera, ahora que caigo. Tanto las fotos como los videos, tiene que hacerlos alguien. Alguien que o no participa, o no tiene interés en salir en las fotos, ¿y si fuera el marido?”, dijo Pablo.

    “¿Tú crees?, le pregunté.

    “Yo ya no creo nada, pero ya que tenemos el ordenador abierto vamos a mirar sus carpetas”, dijo.

    “Hemos buscado los Jpg, y no ha salido nada interesante, pero bueno, miremos”, le contesté.

    Desde allí mismo accedí al usuario papa, revisamos escritorio, documentos, imágenes, videos… Nada.

    Esto ya está listo, le dije sacando la micro de la Tablet. La metí en su cajita de plástico, y se la di a Pablo.

    Fuimos al dormitorio, y siguiendo la foto que habíamos hecho, volvió a introducir la micro dentro del zapato, y volver a meterlo en su caja, cerrándola y colocándola donde estaba antes.

    Puso también las cajas de delante, y cerró la puerta del armario.

    “Listo, no notara que hemos sacado la caja, demás no creo que la mire todos los días”, dijo Pablo.

    “Ya”, le dije, “tienes razón. La tiene ahí porque no pensará que nadie vaya a buscar dentro de sus zapatos. No contaba con Sherlock y el Doctor Watson.

    Cuando volvíamos del dormitorio, salía Oscar de la ducha.

    “¿Ya chicos?”, nos dijo

    “Si, bueno no hay nada que merezca la pena, pero bueno ahora toca otra casa”, le dijo Pablo.

    “Por cierto, a nivel estadístico ¿a qué hora suele irse tu madre por las tardes? Te lo digo por si tenemos que repetir el husmeo”

    “Sobre las cinco, más o menos y no vuelve hasta las nueve o a veces las diez”, contestó Oscar.

    “Venga pues luego nos vemos, adiós tío”

    “Adiós Oscar”

    Salimos a la calle.

    “Que quieres volver cuando se vaya Marisa?”, le pregunté.

    “Para nada. Quería saber la hora porque vamos a seguirla”, me contestó.

    “Ah claro, y si se va a uno de los hoteles de Torrejón o de Alcalá, ¿también la seguimos?”, le pregunte un poco ya cansado. No entendía porque no nos valíamos de lo que teníamos, la fallábamos, y listo.

    “¿Tú quieres saber qué pasa?, pues yo sí. Si no quieres venir, iré yo solo”, me dijo tajante.

    “Vale, vale, tío no te me cabrees. Yo pensaba dedicar la tarde a verlas fotos de la otra tarjeta”, Le contesté.

    “Eso podemos hacerlo mañana por la mañana, que ella está trabajando. Esta tarde, tenemos que saber dónde va, que no me trago lo de la piscina y las amigas. En tu coche o en el mío”, me dijo Pablo.

    “Yo conduzco y tú la sigues y me vas indicando”, le contesté.

    “Vale, pues si suele irse a las cinco, quedemos a menos cuarto, ya en el coche listo para salir en cuanto salga ella”, me contestó.

    “Perfecto. ¿Vamos disfrazados?, le pregunté.

    “Sí, no te jodes, tú de la pantera rosa, y yo de espinete, para no llamar la atención”, me dijo riéndose.

    “Venga tío luego nos vemos

    “Hasta luego”

    Pues yo había dicho en serio lo de disfrazarnos, no sé, unas gafas de sol y unas barbas nos habrían cambiado el aspecto por completo.

    Capítulo VI. Siguiendo a Marisa.

    A las cinco menos cuarto estaba como un clavo, metido en el coche a unos metros del portal de Marisa. No había visto las nuevas fotos, aunque las llevaba en la Tablet. Cuando subí a casa, me duché, comí, me tumbé un rato, y menos mal que puse el despertador, que si no aún sigo durmiendo. Había dormido poco la noche pasada y encima muy excitado psicológicamente por todo lo que habíamos visto. Ahora me encontraba bastante más despejado.

    Al momento, llegó Pablo. Yo había tenido controlado el coche de Marisa. Me había quedado con él por la mañana. No solo la había mirado el culo.

    “Hola, tío, no ha salido”, me preguntó.

    “De momento, no, y el coche está ahí”, contesté.

    “Bueno esperemos hasta las cinco si no aparece le mandaremos un wasap a Oscar a ver si está o no. Tenemos la disculpa”, dijo Pablo. “Oye, ¿tu como andas de pasta?”

    “Yo, bien”, le contesté, “debo de llevar 5 euros en monedas en el bolsillo. ¿Por?”, respondí.

    “He visto en Amazon unos localizadores por GPS por cincuenta pavos que no tiene mala pinta”, me contestó.

    “Pabló, ¿no crees que nos estamos pasando?, de todas formas, no tengo los 50 pavos”.

    “Atento, ahí sale. No arranques hasta que no se meta en el coche, que no oiga el ruido del arranque”, me dijo Pablo.

    Yo flipaba, este chico estaba enfermo. Y enfermo me estaba poniendo yo de ver a la Marisita. Llevaba un chándal estilo leggins azul oscuro y arriba una camiseta de tiras color beige, que le remarcaban aún más su silueta. Deportivas. Una bolsa de deportes colgando de un hombro y estaba para empotrarla allí mismo. Su peinado. Me llamó la atención. O lo traía de peluquería, o se lo había ella arreglado a conciencia. Desde luego no parecía el peinado de alguien que va a la piscina, ni la ropa de alguien que va con las amigas de compras.

    Ya me estaba yo volviendo paranoico como Pablo. Esperé a que se metiera en el coche, y siguiendo las instrucciones del agente especial Pablo, arranque coincidió con el suyo.

    No te pegues a ella, mantén siempre esta distancia, que se meta algún coche entre medias. Circulamos dos kilómetros, hasta el centro comercial más cercano. Aparcó el coche. Yo aparque dos filas detrás de ella. Salió disparada. Nosotros detrás.

    Coño esta tía llevaba prisa. Subió las escaleras metálicas. Subiendo a la derecha estaban los lavabos. Entro como una flecha.

    “La habrá dado un apretón”, me comentó Pablo.

    “Tú crees que ese culito también cagara?, le pregunté riéndome.

    “Y unos chorizos que lo flipas, seguro, pero no me cuadra que una tía salga de su casa, y tenga que parar corriendo en un centro comercial a mear o lo que sea. Espero que no tengo esto salida trasera” dijo Pablo asomándose a ver si veía otra salida por el otro lado del pasillo que llevaban a los servicios.

    “Tú has visto muchas pelis de espías, tío”, le dije riéndome.

    No perdíamos de vista la salida de los servicios.

    Salió una tía despampanante. Un vestido amarillo chillón por medio muslo, con botones en el centro y escote en V. Zapatos de tacón amarillos a juego. Unas gafas de sol si no me fallaba la vista Ray-Ban Erika, de patilla gris. 100 pavos. Lo sé porque mi hermanita había estado dando la matraca a mis padres, hasta que la compraron unas, y eran como esas. Un puto pivonazo.

    “Mira que pivón Pablo”, le dije.

    “Te gusta, ¿no?, pues arrea que es ella”, contestó Pablo echando a andar detrás de Marisa.

    Ahora me fijé y si, llevaba la misma bolsa de deportes, pero el resto al menos de lo visible, se había cambiado todo. Y encima las gafas de sol, la hacían aún más sexy.

    Otra vez corriendo detrás de ella. Y Pablo comiéndome la oreja,

    “Hay que estar más despierto, colega, que casi se nos escapa el objetivo”.

    “Me tienes acojonao, Pablo. Estoy esperando que en cualquier momento saques una sirena, me la pongas en el techo del coche, y una pistola, y te líes a pegar tiros”, le dije riéndome.

    “Tiempo al tiempo. Vigila los semáforos, si ves que ella se va a pasar uno en ámbar, acelera y pasa detrás. No podemos perderla ahora”, me dijo.

    Aquello estaba empezando hasta a estresarme.

    Salimos en dirección A-2. Conduje durante 20 kilómetros, hasta llegar al hotel Loob, en torrejón. Bajamos una cuesta que llevaba a la recepción automática. Ella abrió la barrera pulsando unos números en el teclado que tenía la máquina. Evidentemente, nosotros no teníamos ni idea de esos números. Alcanzamos a ver que se metía en el parking 5.

    Vimos que había un parking para visitantes, que supusimos que estaba destinado a casos como este que no vinieran todos en el mismo coche. Aparcamos allí.

    “Y ahora que, ¿tío?, le pregunté.

    “Ni puta idea”, me contestó Pablo sin pestañear. “de todas formas déjame que haga una llamada, tengo un colega, que estuvo trabajando en un antro de estos una temporada. No sé si en este o en cual, pero quizás sepa si hay forma de entrar sin ser vistos”.

    Yo flipaba. Si no acabábamos en el trullo poco le iba a faltar. Mientras, Pablo hablaba con el colega. Por las exclamaciones y las caras, me temía que le estuviera diciendo la forma de entrar. Y así era. Cuando al final colgó me dijo,

    “Solucionado tío. Me ha dicho que él no trabajó aquí, pero todos tienen la misma construcción, que de hecho los construye la misma empresa. Que todas tienen un servicio de Pasa platos, que es una apertura en la pared cerrada con una puerta donde se sirven las bebidas o comidas que puedan pedir de las habitaciones. Dice que la puerta se abre desde dentro y desde fuera para poder dejar las bebidas. Que no son herméticas y que por lo tanto se oye lo que pasa dentro y que, si nos va el riesgo, también podemos abrirla una rendija para ver lo que está pasando en la habitación. Dice que, de hecho, así es como muchos paparazzis se enteran de las exclusivas. Dice que a estas horas es dificilísimo que alguien pida algo y que solo habrá un servicio de habitaciones, y que solo hay que andar pendiente de que ese no nos vea.”

    “Genial”, le dije yo, ¿“y como entramos? ¿Llamamos al timbre?

    “No, me ha dicho que hay unas trampillas por dónde sacan la basura que conducen a la cocina. Que entremos por ahí busquemos la escalera para subir, y miremos el número de habitación. Están puestos en el pasillo. Fácil.”

    «Mira, Pablo, yo no voy a entrar ahí ni por todo el oro del mundo. Ni tú tampoco», dije.

    «Qué no?, Ahora mismo entró», me contestó.

    «Pues prepárate para volver a pata porque yo me voy de aquí”, le dije ya bastante cabreado.

    «Haz lo que quieras», me dijo abriendo la puerta del coche con la intención de salir.

    «A ver Pablo», le dije cogiéndole del brazo y reteniéndole en el coche. «Nosotros no sabemos hacer esto. Como nos pille acabamos en la cárcel acusados de allanamiento de morada, de atentar contra la intimidad, y no sé cuántas cosas más. ¿Y todo para qué?, Ya sabemos que se prostituye, vamos a “pillar cacho” y listo»

    “Tío, yo no me voy de aquí, sin saber con cuantos tíos esta, y si alguno es el marido”, dijo Pablo.

    “Joder te ha dado a ti fuerte con el marido. Pues ya te he dicho, yo me piro. Apáñatelas tu solo”, le contesté arrancando el coche.

    “Haz lo que te salga de los huevos. Ya me buscaré la vida”, dijo abriendo la puerta y saliendo del coche.

    Sin duda aquello era el final de una bonita amistad, pero yo no estaba por la labor de jugármela por nada. Aunque…..

    “Espera Pablo, acabo de tener una idea”, le dije cuando ya estaba fuera.

    “Tú te conformas con saber la gente que hay dentro y si está el marido, ¿no?

    “Sí, eso es lo que te he dicho”, me contesto de muy mala gana.

    “Pues creo que tengo la forma de sacarlos de la habitación sin ponernos en demasiado peligro”, le dije, adornando la idea de un misterio que le desesperaba.

    “A ver, venga sorpréndeme”, me dijo por no decirme, vete a tomar por culo.

    “Ves el pulsador de alarma de incendios que hay junto a la recepción?, le dije

    “Sigue, me empieza a interesar”, dijo metiéndose en el coche.

    “Yo, o tú, da igual, podemos ponernos en la recepción y grabar con la Tablet o con el móvil, que cantará menos. Accionamos la alarma. Sí o sí, saldrán despavoridos. Primero porque no saben lo que pasa, y segundo porque saben que la alarma acarreara la presencia en poco tiempo de bomberos y policía, y eso puede resultar muy incómodo para más de uno de los que esté ahí dentro”, le explique.

    “Oye, no es mala idea. Está bien pensado. ¿Tu grabas y yo acciono la alarma?, me dijo ahora mucho más entusiasmado.

    Parece que la amistad estaba nuevamente a salvo.

    “Vale, pero cúbrete la cara con algo. Por allí seguramente habrá cámaras de seguridad, y nos tendrían igualmente identificados”, le dije

    “¿Tienes en el maletero las toallas de la pisci?”, me preguntó.

    “Si claro desde la última vez, olerán un poco a humedad, pero bueno es un momento. Te lo abro”, le dije.

    “Vale, salgo, cojo la toalla, me cubro con ella, voy al pulsador de alarma. Rompo el cristal y aprieto el botón, y vuelvo corriendo al coche, aunque mejor, no. Aparca el coche fuera. Cúbrete la cara con las gafas de sol, y el móvil, según grabas. Yo me reuniré contigo y en cuanto veamos que salen de la habitación 5 y los tengamos grabados, nos vamos al coche. Así no habrá posibilidades de que graben la matricula, si hay cámaras de seguridad”, me dijo ya emocionado con el proyecto.

    “Vale salgo y aparco. Cuando veas que estoy ya grabando, accionas la alarma”, le dije.

    “Ok”, contestó.

    Cogió del maletero la toalla. Yo arranqué y salí del recinto. Aparqué unos metros más adelante, y volví a la entrada para empezar a grabar.

    Aunque la salida estaba en sentido inverso a la recepción, para llegar a ella había que pasar necesariamente por la recepción, con lo que grabaría a todo el que saliera del hotel, sin que ellos me vieran a mí, o al menos con muy pocas posibilidades de que lo hicieran.

    En cuanto Pablo me vio preparado, se dirigió al pulsador, cogió con la toalla una piedra del jardín, y golpeó el cristal. Y se montó el cacao. La alarma se acción automáticamente seguramente porque está diseñada así, para que cuando se rompa el cristal, automáticamente salte. Durante unos segundos pareció que nadie oía el estruendo que ocasionaba la sirena, Pablo, que ya se había unido a mí, esperaba tan ansioso como yo que se abriera la puerta del garaje número 5.

    De pronto como si todos se hubieran puesto de acuerdo, empezaron a levantarse las puertas de los garajes de las habitaciones. Incluido el del número 5. Por regla general eran parejas de las otras habitaciones, que salían aun vistiéndose en el coche, y se perdían rápido por las calles aledañas.

    El número 5, parecía el camarote de los hermanos Marx. No paraba de salir gente. Como Marisa había metido el coche dentro, los demás habían aparcado fuera. El que más y el que menos, salía en gayumbos, con la ropa en la mano corriendo al coche para salir de allí. El coche de Marisa, salió también, la acompañaba alguien, aunque en un principio no pudimos identificarle.

    Llegamos a contar, hasta cinco tíos saliendo del 5, más el que iba con Marisa en el coche. Como ya estaba todo allí hecho, corrimos a coger el coche a ver si aún podíamos seguir a Marisa.

    Supusimos que haría el camino inverso, en dirección a Madrid. Saliendo a la A-2, oímos llegar a los bomberos y la municipal. Habíamos montado un buen sarao.

    Esperaba que la grabación aportara algo de luz a la situación. Sobre todo, de quien la acompañaba en el coche.

    Al final dimos con el coche. Casi la adelanto sin darme cuenta.

    “Intenta ponerte a su derecha, despacio, y llegar a la altura de la ventanilla del tío para poder grabarlo bien”, me dijo Pablo.

    “Tendré que esperar a que se salga al carril central”, le dije ya que ella circulaba por la derecha.

    “No tardará hay camiones delante”, me contestó.

    Efectivamente, al rato se salió al carril central para adelantar a un camión, lo hizo con la suficiente antelación para permitirme ponerme casi a su altura, y que Pablo pudiera grabar al pollo.

    Se desvió por la M-50, entrando en Madrid, por el Paseo de la Castellana. Aquel no era el camino de casa.

    Se detuvo en las inmediaciones de Las Cuatro Torres, y el tipo se bajó del coche. Hubiera sido oportuno que uno de los dos hubiera seguido al hombre a ver si nos enterábamos quien era, pero en el momento no se nos ocurrió.

    Seguimos a Marisa, hasta el mismo Centro Comercial que a la ida. Esta vez ni entramos, supusimos que el proceso sería el inverso, y que volvería a recobrar el aspecto de cuando salió de casa.

    Efectivamente al cabo de 15 minutos, volvió a salir con su chándal, sus deportivas, su bolsa de deportes, y para rematar la faena se había mojado el pelo, como que pareciera, que efectivamente venía de la piscina.

    Luego ya, regresó a su casa.

    Realmente, nosotros no sabíamos si habíamos avanzado algo o retrocedido. Lo único claro es que le habíamos jodido la tarde de folleteo a Marisa.

  • La misma dulzura con matices diferenciales (II)

    La misma dulzura con matices diferenciales (II)

    Dos meses pasaron desde que iniciamos esa relación, tan poco común como placentera para ambos, cuando una tarde, al atender el llamado a la puerta, me encuentro a Beatriz con cara de pocos amigos que se niega a pasar.

    – “Estás teniendo alguna relación íntima con mi hija?

    – “Sí”.

    – “Sos una porquería. Me has engañado y te prohíbo que la sigas viendo”.

    – “Beatriz, estoy convencido que sos una buena mujer y que esto lo hacés creyendo protegerla. Me parece que hay algunos datos que no has tenido en cuenta. En primer lugar ella es mayor de edad. En segundo lugar te puedo asegurar que no la engañé, no la seduje, no le hice promesas y menos aún la violenté. La prueba palpable es que conserva su himen intacto. Mis palabras las podés confirmar hablando con Julia. Por último te recuerdo que sólo tenés autoridad sobre tu hija, y a tu hija podés prohibirle todo lo que quieras, a mí no. De todos modos te doy mi palabra que no voy a iniciar ningún acercamiento, pero si ella viene a mí no rechazaré a una dulce mujercita. Por último es patente que no te mentí. A tu pregunta la respondí sin vacilaciones. Lo único que hice fue aceptar la voluntad de Julia de mantener la relación en reserva”.

    Unos días después de aquella conversación con Beatriz la tuve nuevamente ante la entrada de mi departamento. Su cara era otra. Aceptó pasar y el café que le ofrecí.

    – “Espero que no vengas enojada, pues cumplí mi palabra.”

    – “No, vengo a pedirte disculpas por haber sido grosera. Esa tarde venía además con el pesar de haber sido dejada por mi novio. Necesito de tu ayuda.”

    – “Encantado en lo que esté a mi alcance.”

    – “Después de hablar con vos el otro día, le pregunté a Julia, y me confirmó lo que me habías dicho. Entonces, enojada, le prohibí que te viera. Me contestó que iba a obedecerme y, para no encontrarse con vos, ni siquiera saldría de casa. Ni va a trabajar. Hoy, cuando le pedí que hiciera vida normal, me contestó que cerca de ti no puede hacer la vida normal que yo pretendo. Al preguntarle si estaba enamorada me dijo que no, que simplemente ejercés una atracción enorme y que va a volver al régimen de antes cuando no sienta la tentación del placer que le das. Más aún, dijo que como no está contribuyendo al sostenimiento del hogar va a comer una sola vez al día, y que disponga de sus ahorros hasta que vuelva a trabajar. Estoy segura que exagera para hacerme sentir mal y lamentablemente lo consiguió. No puedo verla hecha un despojo, sin lavarse, todo el día en su pieza con el camisón como única vestimenta”.

    – “Y qué deseás que haga”.

    – “Por favor, hablá con ella”.

    Y fui. Que no me esperaba resultó evidente cuando toqué la puerta de su dormitorio.

    – “Mamá, por favor déjame sola, quiero dormir”.

    Entré silenciosamente. En la pieza a oscuras, se hallaba de costado con la cara casi hundida en la almohada.

    Me senté sobre la cama del lado de su espalda, cuidando de no tocarla.

    – “Soy yo preciosa, tu madre me pidió que hablara con vos”.

    – “No prendas la luz, estoy fea y sucia”.

    – “Nada que un baño y luego café cargado no puedan componer”.

    – “Y qué te pidió”.

    – “Que te diga lo que ella no sabe cómo decirte. De algo debés estar segura, y es que tu madre te quiere y todo lo que hace respecto de vos nace de ese amor. A veces sucede que una decisión no es la mejor, pero resulta producto de una mala apreciación y no de falta de cariño. En estos momentos no sabe cómo hacer para volver atrás, no encuentra la forma de pedirte que la perdones. Ve que día a día, sin protestar, sin rebelarte, te estás deteriorando y que es su culpa”.

    – “Y qué pretende”.

    – “Que olvides sus prohibiciones y vuelvas a ser la de antes”.

    – “Lo intentaré porque te creo. Siempre me trataste con la verdad”.

    Como es natural, el regreso a la situación anterior demandó tiempo, esfuerzo y paciencia. En ese lapso mi relación con ella no cambió en cuanto a cercanía y afecto, pero sin relaciones íntimas. Ella no me dio pie y yo respeté su posición.

    Dos o tres semanas después, mientras almorzábamos juntos, nos dio una noticia sorpresa. Se había enamorado y el destinatario era un joven cuatro años mayor que había conocido en el trabajo. Por supuesto que su madre y yo nos alegramos, y más aún cuando contó que el amor era mutuo.

    Uno de los días de viaje en tren se nos alteró la rutina. La formación del horario anterior tuvo un desperfecto y no pudo salir, por lo que esos pasajeros se sumaron al nuestro. Estando todos los asientos ocupados nos ubicamos en un rincón de manera que la previsible aglomeración fuera más llevadera. En dos estaciones más ya no entraba ni un piojo. Julia contra un tabique, Beatriz frente a ella y yo a espaldas de la madre. El contacto corporal, por cierto inevitable, hizo que mi miembro pegado a las nalgas de mi vecina fuera aumentando de tamaño, algo que a ella no le pasó desapercibido y que motivó mi pedido de disculpas.

    – “Lo que me está pasando, te juro que no es intencional”.

    – “Te creo, no te sientas mal, aunque tu cara no denota incomodidad. Me parece que estás aprovechando la ocasión”.

    – “Si dijera que no me gusta mentiría, pero es verdad que no lo hago a propósito”.

    – “Qué se están secreteando ustedes dos”.

    -“Estoy tratando de seducir a tu madre. Ambos fuimos abandonados y estamos sin compromiso”

    – “Hijo de puta, me estás creando un cargo de conciencia”.

    Aprovechando un pequeño claro en el amontonamiento me arrimé a Julia y la abracé.

    – “Es una broma, sabés que no mentí cuando te dije que me alegraba de saberte enamorada y te expresé mi deseo de una feliz y larga relación”.

    En eso llegamos a la estación siguiente que tenía bastante gente esperando en el andén.

    – “Parece que nos apretaremos más. Martín, por favor, ubícate de nuevo detrás de mí antes que otro lo haga. Prefiero malo conocido a bueno por conocer”.

    – “Yo encantado de ayudarte, espero no ceder a la tentación si se presenta”.

    – “¡Por favor, si estás deseando ser tentado y loco de ganas por someterte a ella!”.

    – “Reconozco que me gusta, pero los culpables son el movimiento del tren y la gente que empuja”.

    – “Claro, y ellos son los que guían tu miembro endurecido para apoyarse justo en mi ano”.

    – “Es que la suave depresión entre las nalgas lo hace ubicarse ahí”.

    – “Seguro, y esos dos movimientos impulsan tus manos, que tomándome de la cintura, oprimen mi cola contra tu hombría. Menos mal que estamos vestidos, de lo contrario te tendría dentro”.

    – “Te tomo así para que no pierdas el equilibrio”.

    – “Por supuesto, por eso ahora un dedo de tu mano izquierda está sobre mi sexo, oprimiendo rítmicamente mi clítoris”.

    – “Es que sigue el compás de las ruedas sobre los rieles”.

    – “Ahora tengo que creer que el dedo tiene oído musical”.

    – “Desde luego, ahora, que está disminuyendo la velocidad, también mengua su ritmo”.

    – “¡No, por favor, que estoy acabando, más rápido, más, más, me corrooo!”

    Ahí se cortó el diálogo sostenido en voz baja y al oído. Después de tamaño orgasmo quedó laxa, por lo que la di vuelta, sosteniéndola abrazada, con su mejilla descansando en mi hombro. Julia me miraba como quien no cree lo que acababa de ver. Cuando llegamos al edificio fui al departamento de ellas pues me habían invitado a comer. Ya adentro, Julia nos increpó.

    – “Ustedes son francamente insoportables. Ninguno quiere aceptar que arde de calentura y disimulan con esas charlas evasivas. Seguro que ambos están con su ropa íntima empapada y no por transpiración. Por favor sáquense las ganas de una vez. Me voy a mi pieza. Mamá avísame cuando esté la comida. Espero que la excitación no te impida cocinar bien”.

    Mientras la hija iba hacia su pieza la madre enfiló para la cocina y yo la seguí. En tanto ella lavaba unas verduras me senté en un banquito y empecé a sacarme el calzado.

    – “Qué hacés?”

    -“Me estoy desnudando de la cintura para abajo”.

    – “Estás loco?”

    – “No, me preparo para cumplir las disposiciones de Julia”.

    – “Claro, ella manda y vos totalmente obediente te sometés a sus órdenes. Si te acercás así te la corto”.

    Cuando terminó de hablar ya me tenía detrás tomándola de la cintura y levantando desde atrás la pollera.

    – “Soltame degenerado”.

    Al ver que el único rechazo provenía de sus palabras, pues había apoyado el pecho sobre la mesada parando las nalgas, le bajé la bombacha haciéndola caer al piso. Era tal mi calentura que del ojo del glande pedía un hilito de líquido seminal sosteniendo la gota que lentamente bajaba. Con una mano separé los cachetes y con la otra moví el miembro separando los labios de la vulva.

    – “No preciosa, no te voy a soltar, sería un crimen dejar pasar esta maravillosa oportunidad”.

    – “Perverso, te estás aprovechando de mi indefensión; abusás de mi debilidad; seguro que te estás felicitando interiormente por tenerme en esta postura vergonzosa ¡Madre santa, metémela de una vez!”

    – “Qué orden maravillosa, ahí va de un golpe”.

    – “Así, así, bien fuerte, me encanta el sonido de tu pelvis contra mis nalgas, bien adentro, lléname de leche que mañana tendría que menstruar”.

    – “No voy a durar mucho querida, desde el tren que vengo juntando ganas”.

    -“No importa mi amor, yo también estoy al borde. Qué delicia, estoy sintiendo los latidos de cada escupida, me corro, me corrooo!”

    Con toda suerte la interrupción se produjo luego de la culminación del placer.

    – “¡Mamá, Martín, tengo hambre, hoy no se acaba el mundo, más tarde o mañana pueden seguir!”

    – “Estamos cumpliendo tu orden”.

    – “Por supuesto, yo soy la culpable de que ustedes, dos inocentes, sean presa fácil de la lujuria. Basta mamá, quiero comer”.

    Días después, una tarde estábamos tomando un café con Beatriz cuando llegó Julia.

    – “Hola mamá, hola Martín”.

    – “Hola preciosa”.

    – “Hija, algo te tiene inquieta, no tengo idea que puede ser, pero tu cara lo dice”.

    – “Es verdad, y el asunto me está desequilibrado. Claudio está sufriendo una patología que le dificulta la erección, y cuando la logra eyacula precozmente; a veces ni llega a penetrarme. Trata de darme placer mediante caricias, pero se siente tan mal anímicamente que no logra el efecto deseado; y esto viene de antes de conocerme”.

    – “Está en tratamiento?”

    – “Sí, pero corporalmente no le encuentran nada. Parece que es psicológico. Mientras tanto vivo sexualmente insatisfecha, quiero pija, necesito verga, deseo que el sueño me agarre teniendo un miembro adentro y despertarme con una carne dura llenándome. Pero al lado de esta ansiedad se encuentra Claudio, a quien amo sinceramente y no quisiera que sea la mofa de alguien; que sin culpa sufra burla o desprestigio por no lograr satisfacerme y lo peor sería que por sacarme estas ganas cayera en manos de un desaprensivo que me chantajee”.

    – “Y cómo puedo ayudarte”.

    – “La solución está en tus manos y te tiene abrazada. Dejá que Martín me calme, obligalo a darme el placer que necesito, amenazalo con dos meses de abstinencia si no me hace gozar. Seguramente pensarás que exagero, pero no, míralo, te es más fiel que si estuvieran casados por el civil y por la iglesia, no va a mover un dedo salvo que lo impulsés. Él es incapaz de dañar a cualquiera de nuestra pareja, más aun, ni se le ocurriría pensar mal de alguno de los dos. Ayudame mamá”.

    Estaba procesando lo escuchado cuando de pronto me encontré de pie, con Beatriz abrazándome y su boca cubriendo la mía. El beso delicioso, en que el movimiento de labios y lengua transmitía profunda ternura, concluyó cuando me dijo:

    – “Por favor, hacé lo que pide. Llenala de carne por todos lados, hacela llorar de placer, no te detengas hasta que ruegue que pares, que tu leche le rebalse de los tres orificios. Por supuesto no los quiero escuchar, así que fuera de aquí”.

    Apenas cruzamos la puerta de mi departamento ella se puso apoyada en rodillas y codos habiéndose desembarazado de la bombacha y recogido el vestido en la cintura.

    – “Primero mi colita, que te extraña horrores, en la cartera tengo lubricante”.

    – “Este reencuentro merece tratamiento especial. Primero un besito para que se sienta querido, luego caricias y líquido para que se sienta cuidado y, por último, rellenado lento por si perdió la costumbre”.

    En el ingreso, sin prisa pero sin pausa, cada uno expresaba audiblemente sus sensaciones.

    – “¡Ay querido, cuanto te necesitaba, haceme como a mamá, golpe y chasquido, ruido y empuje, ahora íntegra adentro y dejame rotar. Mi vida, no puede ser que me guste tanto, más, más, bien al fondoooo”.

    El vaivén, saliendo despacio para luego entrar de golpe, no duró mucho. Evidentemente venía acumulando excitación, pues su estruendoso orgasmo se presentó en seguida quedando estirada y laxa sobre la alfombra. Suerte tuve de llevar pocas horas de abstinencia, pues la noche anterior habíamos tenido con la madre una intensa sesión. Ello me permitió aguantar bien el tramo anal con Julia, reservándome para el esperado ingreso en la vagina. Ahí sí pensaba dejar secos testículos y vesícula seminal.

    La recuperación de ella fue con su cabeza en el hueco de mi hombro, ambos abrazados. Cuando movió la pierna para cruzarla por encima de mí se dio con mi miembro duro.

    – “No gozaste?”

    – “Sí, pero no me corrí. Todo lo acumulado dentro está destinado a tu conchita, de ser posible”.

    – “Es mi deseo, sin condón, íntegramente al fondo. No hay peligro, ayer se me fue la regla”.

    El beso, los dos saboreando, sorbiendo, chupando, explorando, fue el largo anuncio de que estaba lista para la próxima etapa. La ayudé a levantarse para sentarla sobre la mesa, y luego ponerla de espaldas con la cabeza sobre un almohadón. Yo sentado en una silla frente a los muslos separados, llevé la planta de sus pies a mis hombros produciendo una leve separación de los labios vaginales donde apoyé mi boca.

    – “Dejá que calme mi sed de tus jugos”.

    El trabajo bucal lo comencé desde bien abajo, en un recorrido pausado. Mi lengua, intentando saborear cada pliegue, me dio la sensación táctil de que el ingreso era estrecho. La subida por el canal, lamiendo y degustando, fue acompañada por la presión de ambas manos tomando mi cabeza, presión de intensidad creciente a medida que me acercaba al botoncito encapuchado. Cuando lo tomé entre los labios como si fuera un pezón, succionándolo con fuerza, la secreción de flujo llegó a catarata, y ahí sacié mi sed tragando todo.

    Mientras bebía golosamente levanté la vista para encontrar una imagen nueva. Julia con las facciones desencajadas, encorvada hacia arriba, sostenida por sus manos entrelazadas detrás de mi cuello y profiriendo un sí larguísimo y ronco. Finalizado el orgasmo se dejó caer hacia atrás y yo me levanté para disfrutar viendo una preciosa mujercita desfallecida luego del placer bien culminado. Quieto permanecí, respetando su necesidad de relajamiento, hasta que abrió los ojos esbozado una pequeña sonrisa.

    – “Lista?”

    Su contestación fue afirmar con la cabeza. Nuevamente sus pies fueron a mis hombros mientras las nalgas quedaban al borde de la mesa.

    – “Besame, quiero chupar tu lengua mientras vas entrando y llenándome”.

    – “Primero quiero ver el ingreso de cada milímetro de pija, deseo grabar en mi cabeza la presión de tu conchita ante cada fragmento que aloja. Es probable que me corra antes que vos. Después te compensaré”.

    – “No importa mi amor. No sé si aguantaría otra acabada en tan poco tiempo”.

    El conducto era estrecho. A la sensación en el glande se unió un gesto de incomodidad en la cara, que desapareció cuando las pelvis chocaron y la sentí gritar:

    – “¡Por fin estoy llena!”

    Mi eyaculación fue tal que me sentí como un próximo paciente de terapia intensiva.

    Tres meses pasaron desde esa memorable tarde en que me corrí como un animal dentro de la conchita apenas inaugurada de Julia. Mi relación de pareja con Beatriz seguía muy bien, sin convivir aún, lo cual no era obstáculo para dormir juntos en cualquiera de las casas.

    Una noche las invité a cenar en un restaurant. Buena comida, mejor bebida y grata compañía dieron por resultado una reunión agradable, aunque la joven se mostraba un tanto apagada. Al término de la comida me invitaron a tomar el café en el departamento de ellas, después del cual mi deliciosa pareja dijo tener mucho sueño por haber bebido de más y se fue a dormir. Careciendo de información actual sobre el tema me atreví a preguntar:

    – “Cómo va el tratamiento de Claudio”.

    – “Bien, terminó hace dos semanas”.

    – “Y dio el resultado esperado?”

    – “Desde que te conocí has sido bueno conmigo y por eso me animo a pedirte esto. Mi respuesta es larga. Me dejás contestar según mi gusto?”

    – “Con total libertad”.

    Sin vacilaciones me desnudó íntegro, haciéndolo también ella. Con cada prenda que se quitaba mi miembro progresaba en erección y rigidez. Luego, mirándome fijamente, se sentó a caballo de mis piernas, tomó el tronco ubicándolo en el lugar preciso para después bajar los párpados, tirar la cabeza hacia atrás y, mientras pronunciaba un gemido de creciente intensidad y duración, se dejó caer hasta que ambas pelvis hicieron contacto. Vuelta a la normalidad y con la vagina totalmente ocupada de nuevo me miró.

    – “Querido, con Claudio sigo sin gozar. No sé si será tamaño, aguante, destreza u otra cosa. Tampoco sé si será mala costumbre mía. Dos cosas son seguras, lo amo y no me satisface. Con vos es distinto, te aprecio mucho sin estar enamorada. El sólo pensar que me vas a tener entre tus brazos me lleva a un nivel de excitación tal que soy capaz de correrme apenas tus labios me aprieten un pezón. Voy a hablar con mamá porque no puedo estar muchos días sin tu tierno placer. Ahora dejame gozarte”.

    Si alguien me pidiera detallar la semejanza entre ambas mujeres debiera decir que son dos damas. Femeninas mas no sumisas, delicadas mas no débiles, apasionadas mas no libertinas, suaves mas no pusilánimes. Las diferencias corporales y madurativas propias de cada edad son los matices que particularizan la base común.

    Hoy puedo decir que soy un privilegiado del destino, mi ordenada vida tiene su sabrosa alternancia y, en esos momentos, me abandono a la voluptuosidad con aquella que se muestra receptiva, con la dulzura en ebullición y transformada en ávida hembra.

  • Con mi amante profesor

    Con mi amante profesor

    Era una noche que fuimos a cenar con unos amigos del trabajo, debo decir que estoy casada desde hace 10 años y tengo 2 pequeños, soy bajita tengo unas buenas tetas y una cola que muchas regresan a verla cuando paso cerca. Me gusta cuidar mi cuerpo y me gusta vestirme sexy.

    Cenamos y de paso bailamos y tomamos, todos regresaban a verme. Estábamos todos muy alegres y uno de mis amigos quería que vayamos a seguir la fiesta obvio tenía otras intenciones, porque desde hace meses quiere conmigo, pero yo decidí ir con mi amante, él era mi profesor a quien siempre admiré mucho.

    Ya íbamos algún tiempo saliendo así que moría por estar en sus brazos así que nos encontramos y fuimos a un motel, mientras íbamos en el auto jugábamos a tocarnos y besos excitantes, abrí el cierre de su pantalón y saque su verga mojada y dura me la lleve a la boca y me la comía con tantas ganas, el me enseñó cómo se debe comer una verga, hasta que llegamos al motel.

    Ya ahí el ambiente era otro pues las ganas de ambos eran tan fuertes que nos comimos a besos, él se quitó la ropa y yo mi vestido apretado que volvió locos a todos en la cena, me quito el brasier y se comió mis senos con muchas ganas mientras me tocaba mi conchita mojada y ganosa por él, yo ya muy mojada me subí arriba de él y empecé a moverme como le gusta no sin antes darle una chupadita a su verga.

    Luego cambiamos de posición, me puso piernas al hombro y me daba verga tan rico y profundo, luego fuimos al sillón donde yo me puse otra vez arriba de él moviéndome tanto y a su ritmo llegue a un orgasmo delicioso, ahí me puso en 4 y me dio verga tan fuerte y seguido que se vino enseguida.

  • Mi sobrina culona

    Mi sobrina culona

    Buen día, mi nombre es José Antonio, tengo 52 años de edad, soy divorciado desde hace unos 5 años, mido 1.90, soy moreno y de complexión robusta, aunque hago ejercicio diariamente así que tengo brazos fuertes, y buena condición física, desde que me divorcie no me han faltado mujeres para liberar tensión de vez en cuando, ya que; modestia aparte tengo un buen aparato, 23 cm para ser exactos.

    Está historia comienza cuando mi sobrina se mudó conmigo hace un año, ella quería estudiar enfermería y la universidad en la que quería hacerlo estaba cerca de mi hogar, así que mi hermano (su padre) me pidió personalmente que la dejara quedarse conmigo; yo no tuve ningún problema mi casa es muy grande y solamente vivo con mis dos hijos, uno de 13 y otro de 15.

    En realidad me alegraba mucho la noticia, ya que además de ser la única sobrina de la familia, se trataba de mi ahijada, y desde niña siempre la considere como otra de mis hijas, mi princesa.

    Ella era una chica bastante hermosa, su nombre era Sarahí de 19 años cuando se mudó hace un año, tenía un pelo castaño precioso, era chaparrita aproximadamente de 1.56, era de tez blanca lo que hacía que pareciera una muñequita preciosa,t enía unas tetas increíbles firmes y redondas, una cinturita pequeña y bien definida, unas piernas bien ejercitadas con unos muslos bien formados, pues practicaba voleibol en sus ratos libres, y por último, un culo delicioso, no exagero cuando digo que es el mejor culo que eh visto en mi vida, caderas grandes y dos nalgas redondas y grandes que lucían increíbles con cualquier cosa que se pusiera, herencia de su madre claramente, muchas veces había fantaseado en cogerme a mi cuñada, pero carajo su hija estaba mucho más buena.

    Sarahí era una chica amable, inocente y hasta algo tímida, nunca había tenido un novio, pues mi hermano era bastante celoso, y en las fiestas familiares simplemente hablaba con cualquiera, pues como dije antes era la única sobrina y no tenía con quién hablar, eso dio pie a que muchos de sus tíos y primos tuvieran la oportunidad en más de una ocasión de ver más de cerca el cuerpo de infarto que Sarahí tenía, en más de una ocasión pude ver cómo sus primos aprovechaban que ella volteaba para mirarle el culote, o cuando uno de sus tíos se quedó mirando cuando ella estaba agachada para recoger unas bolsas del suelo, incluso su abuelo a quien Sarahí le tenía mucha confianza pues en algún punto de su niñez vivió con él y con su abuela, su abuelo le tocaba las piernas disimuladamente cuando ella se sentaba junto a él, incluso pude ver una vez que cuando ella se levantó para traerle agua al viejo este le dio una nalgada obviamente Sarahí lo tomaba con alegría pues pensaba que eran mimos de parte de su abuelo, pero estoy seguro que el viejo y todos los hombres de la familia soñaban con ese culote.

    El caso es que cuando Sarahí se mudó conmigo empecé a sentirme muy atraído hacia ella, siempre supe que estaba buena, y aprovechaba un descuido para mirarle el culo o las tetas, pero siempre supe que solo quedaría ahí, en fantasías, pero verla todos los días hacia que me empezará a sentir con ánimos de un día simplemente lanzarme sobre ella, creo que todo esos pensamientos empezaron a surgir después de una ocasión.

    Sarahí había tenía un par de semanas viviendo con nosotros, y se adaptó fácilmente a nuestra casa, ella solía cocinar para todos, y lavar toda nuestra ropa, nunca se lo pedimos pero era muy hogareña, en una ocasión que estaba cortando tiempo por cosas de la universidad y no lavo la ropa, yo me puse a hacerlo, así que entre a su habitación para llevarme su ropa sucia, cuando la saqué del sesto, note que su ropa interior no encajaba con su personalidad, ya saben cuando vez a una joven tímida te imaginas que llevará algo discreto o así, pero este no era el caso, la mayoría eran cacheteros y tangas de encaje, lo cual me sorprendió bastante, pero me dio curiosidad así que decidí revisar sus cajones, para ver si toda su ropa era así, y lo que vi solo lo confirmo, lencería de encaje y sexy fue lo que encontré, obviamente que esto se debía a su madre, quien siempre fue muy provocativa en cuanto a su ropa se refería, Sarahí debió seguir el tiempo ejemplo de su madre al ser la única figura femenina que tenía cerca para seguir, imaginarme a mi propia sobrina, una joven tímida, con un cuerpo de diosa con esa lencería me encendió por completo, después de lavar la ropa conserve un cachetero aún usado y pensando en eso, me hice la paja de mi vida, me considero un experto en el tema sexual señores, pero esa paja se sintió mucho mejor que cualquier posición con otra tipa cualquiera.

    Tiempo después, aproximadamente unos 2 meses me invitaron a una cena en mi trabajo, soy jefe de uno de los departamentos más importantes así que es normal que me inviten a este tipo de eventos, mis compañeros llevarían a sus familias. Normalmente cuando voy a este tipo de reuniones asisto solo, ya saben es un buen momento para beber gratis y probablemente cogerme a una compañera, pero en esta ocasión decidí llevar a mis hijos y sobrina, el día del evento ya estábamos todos listos, solo faltaba Sarahí de terminar de arreglarse, así que simplemente salí al porche a fumarme uno o dos cigarros, pensando tonterías y cosas del trabajo, cuando percibí el olor de un perfume delicioso, sonara extraño pero me recordó a mi ex esposa, hacía tiempo nos separamos y fue una mujer a la que yo amé mucho. Cuando salí de mis pensamientos la vi, era mi sobrina, Sarahí, lucía increíblemente hermosa, llevaba una blusa formal color verde ajustada con manga ancha.

    Resaltaba sus enormes tetas y su cintura bien formada, nada de escote, lo que me gustaba particularmente, pues lucía sus pechos sin mostrar nada, también llevaba una falda holgada negra larga, ya saben; esas faldas que usan las señoras religiosas, aunque era una falda holgada, el impresionante culote de mi sobrina se marcaba al igual que sus caderas, tenía el cabello recogido, por lo que su cuello quedaba descubierto, lo que le daba un aire sexy sin intentar serlo.

    Cuando mi sorpresa paso nos subimos a la camioneta, atrás mis hijos y de copiloto mi sobrina, charlamos todo el camino, por alguna razón no podía dejar de mirar sus labios, tan carnosos, y lucían particularmente cuando ella sonreía por alguna tontería que decía.

    Cuando estábamos entrando a la cena nos recibió mi jefe, quien me saludo a mi y a mis hijos y cuando vio a mi sobrina dijo «Aaaah quien hubiera dicho que tendrías una mujer tan hermosa como esposa, José»

    Intenté disimular mi sorpresa, mi jefe siguió felicitándome, pues el en serio creía que Sarahí era mi esposa, mi sorpresa aumento cuando ella siguió el juego abrazándome del brazo, luego de eso, nos fuimos a nuestra mesa.

    Yo empecé a beber para calmar mi nerviosismo por el malentendido, hasta que en cierto punto muchas parejas salieron a bailar, pocos minutos después mi jefe me insistió para que sacara a bailar a mi «esposa» por lo que tuve que aceptar, así que tuve que sacar a bailar a mi sobrina como si fuera mi esposa, ni en mis más profundas fantasías habría soñado algo así, al llegar a la pisto empezamos a bailar y le solo le dije:

    -«Perdóname por todo esto hijita, es un malentendido»

    Y ella me respondió

    -«Está bien tío, no pasa nada solo seguí la corriente para no hacer el momento más incómoda de lo que ya era»

    Después de esto río, carajo que sonrisa tan más hermosa, me sentí aliviado de no haberla cagado con mi sobrina, por lo que empecé a disfrutar el baile, dos o tres canciones más tarde, solo disfrutábamos el baile como si nada, para no tener mucha experiencia en fiestas mi sobrina salió buena bailadora, en algún punto sus piernas empezaron a frotar mi verga, intentaba evitar calentarme, pero era imposible con esas piernas tan deliciosas que se podían sentí incluso a través de la falda. Lo inevitable pasó y tuve una erección, algo de lo que ella pareció no darse cuenta, así que decidí aventurarme hacia el peligro y empezó a bajar mi mano de su cintura, hasta su cadera, y más abajo, ella parecía aún no darse cuenta, parecía feliz disfrutando el baile, así que intente un poco más, y puse mi mano en su espalda baja, casi tocando su culo, mi corazón estaba al límite y mi verga estaba por explotar, y ella siguió sin darse cuenta, cuando estaba por decidirme a bajar más, mi hijo me habló, al parecer un chico lo había hecho llorar y perdí mi oportunidad…

    Cuando la fiesta termino mis hijos estaban dormidos en los asientos de atrás de la camioneta, y mi sobrina les estaba acomodando el cinturón desde el asiento de adelante, era como tenerla en 4 frente a mi, sin duda un espectáculo para cualquier hombre, en esa posición se podía ver la perfecta forma de corazón en su culo, incluso podía ver algunas marcas de encaje de algún cachetero que se habrá puesto, eso me provocó otra erección justo cuando ella iba bajando de la camioneta, ya que yo estaba justo en la puerta paso su culo por mi panza y después por mi verga, es la sensación más placentera que había tenido en mucho tiempo, debido a esto su falda se levantó un poco hasta sus muslos, ella solo dijo «Ay, tío perdón, no te había visto» mientras se acomodaba la falda, todo el recorrido a casa no pude dejar de pensar todo lo que había pasado esa noche, y no sería más que el inicio de todo.

  • La vecina Pilar

    La vecina Pilar

    Celebrando mi treinta cumpleaños y conversando con mi mujer me dijo que su amiga Carmen dueña de la vivienda que esta frente a la nuestra, alquilo la vivienda a una mujer viuda y seguramente esta semana vendrían a vivir al piso.

    Pasados unos días y de regreso a casa la encontré limpiando el descansillo entre las dos viviendas, nos saludamos y viceversa, ella amablemente me pidió si podía esperar hasta que el suelo se secara, amablemente accedí a su petición.

    Después de preguntarle por su nombre y darle la bienvenida en la conversación que mantuvimos le dije que si necesitara alguna cosa no dudara en pedírmelo, se despidió agradeciéndome el ofrecimiento y entro en su casa.

    Pilar la nueva vecina me pareció sexi, alrededor de los cincuenta años, un poco más alta que yo, con el cuerpo ancho y robusto, las curvas bien marcadas, me sorprende su larga melena recogida en una coleta entrelazada. Pasaron barias semanas y una noche de madrugada sobre las doce, oigo tocar en la puerta al abril Pilar mi vecina, muy asustada me dice que su casa se ha quedado a oscura.

    Me pregunta si tengo una linterna, voy en busca de la linterna y me ofrezco acompañarla, entramos en su casa y compruebo que las palancas están bajas y al subirlas se hace la luz.

    Ella está situada detrás de mí y al girarme veo que a través del camisón de dormir que lleva puesta se trasparenta sus pezones, ella no se esfuerza en disimularlos. Inmediatamente mi polla responde y mi pantalón corto de pijama apenas puede disimular el abultamiento.

    Ella fija la mirada lasciva en mi bulto y se pone colorada, no puedo contener las ganas de acercarme y besarla muy excitado, ella me aparta y me dice que no le parecía apropiado siendo yo más joven. Yo continúo besándola y ella me corresponde metiendo su lengua en mi boca muy excitada sin oponer demasiada resistencia

    Le quito el camisón y la dejo media desnuda, mostrándome sus grandes tetas, redondas y blancas, sus pezones marrones con una gran aureola, me parecen irresistible. Le acaricio las tetas y le chupo los pezones, ella se estremece y deja escapar unos gemidos lascivos de pacer, bajo mi boca hasta su ombligo y recorro con mi lengua todo su contorno mientras deslizo la mano hasta su vagina y comienzo acariciar por encima de la braga.

    Mientras le sigo chupando las tetas, meto la mano por debajo de su braga y puedo sentir su coño, está muy caliente y mojado, le bajo la braga y la dejo desnuda. Ella se apoya en la mesa y abre las piernas y puedo ver su húmedo coño peludo, no puedo aguantar las ganas y me lanzo a lamer frenéticamente el coño, ella se agarra a mi cabeza sujetándola con ambas manos y comienza a gemir.

    Con una corrida que hizo que le temblaran las piernas explota, y aun así sin dejar de frotar su coño en mi boca, me pide muy excitada que continúe lamiendo su clítoris con la punta de mi lengua. Mientras sigo lamiendo su clítoris meto un dedo en su vagina, ella aferrándose a mi cabeza curva el cuerpo hacia delante sobreviniéndole otra gran corrida gimiendo muy fuerte.

    Me desnudo y dejo ver mi verga, la cara se le trasforma con una expresión lujuriosa, agarrado con ambas manos mi verga mide su longitud, se arrodilla y se la lleva a la boca, con sus labios y lengua se entretiene en el glande la excitación extrema hace que me corra. Ella apelando a mi juventud sigue mamando mi verga hasta que vuelve a ponerse dura.

    Me empuja hasta una silla y se sube encima de mí, coloca mi verga en su húmeda vagina y se la introduce suavemente, comienza a moverse de adelante hacia atrás, después de unos minutos sus movimientos son más intensos y rápidos, le doy una nalgada a lo que ella responde gimiendo más fuerte, lo repito un par de veces más parece que le gusta.

    Mientras la sujeto por la cintura acompañándola en sus movimientos, sus tetas rebotan sin parar delante de mí, verlas así me a excitado aún más. Ella termina teniendo un intenso orgasmo, exclamando unos gemidos muy placenteros.

    Le digo que ya no aguanto las ganas de acabar, ella se pone de rodillas enfrente de mí. Mientras yo sigo pajeándome, ella toquetea mis testículos con sus dedos, abriendo la boca y sacando la lengua esperando que la riegue. Exploto con un orgasmo intenso y maravilloso, nunca imaginé que alguien me haría acabar de esa manera, me quedo sin fuerzas de lo intenso que fue.

    Ya es hora de irme nos vestimos y me acompaña hasta la puerta, nos despedimos con un beso. Mi mujer media adormilada me pregunta porque me he levantado de la cama, como no se ha enterado de nada le digo que me he desvelado y para no molestarla me levante. Entro en la cama pensando en mi vecina Pilar, esperando el día de volver a verla y repetir lo que había sucedido o eso imagino yo.

  • Secretos de la familia Fenton

    Secretos de la familia Fenton

    Aclaración: todos los personajes que eran menores de edad en la serie original ya son mayores de 18 años.

    Tarde por la noche, en el laboratorio de la Familia Fenton, Maddie y Jack se encontraban haciendo experimentos relacionados con fantasmas.

    “¡hemos avanzado mucho en la investigación, cariño!” exclamo Jack, contento “con estos nuevos descubrimientos, seré la envidia de todos los científicos paranormales”

    “si, yo también me alegro que nuestro trabajo esté dando frutos, querido” dice Maddie, con alegría, mientras se acerca de forma sensual y provocativa a su marido, y luego le da un beso en la mejilla “ya es muy tarde ¿Por qué no nos vamos a la cama?”

    “¿Cómo? ¿Dormir cuando me encuentro en un punto tan crucial de la investigación? ¡Claro que no!”

    “yo no me refería a dormir, lo que quise decir es que celebráramos nuestro descubrimiento de otra forma” dice la milf, mientras golpea la entrepierna de Jack con su gigantesco culo

    “lo lamento, querida, pero esta noche no podrá ser, porque debo seguir con mi trabajo”

    “¡siempre dices lo mismo!” exclamo ella, molesta “¿hace cuánto que no cogemos? ¡Yo también tengo mis necesidades como mujer!”

    “pues la ciencia y el avance en los estudios fantasmagóricos está por encima de tus mundanas necesidades biológicas, así que, por favor, comprende”

    “¡pues entonces tendrás que trabajar toda la noche tu solo, porque yo ya me quiero ir a dormir!” exclamo Maddie, furiosa, mientras salía del laboratorio “¡buenas noches, y espero que disfrutes trabajando en tu amada investigación, la cual es muchísimo más importante que las necesidades de tu esposa!”

    “¡que escandalosa!” pensó Jack, mientras seguía con su trabajo “pero no importa, ya se le pasara”

    Al entrar a su habitación, Maddie se acostó en su cama matrimonial, pero no fue capaz de quedarse dormida. Para intentar conciliar el sueño, la señora Fenton comenzó a masturbarse con fuerza pero, por más dedos que se metiera en su maduro pero apretado coño, no era capaz de saciar su lujuria. Al darse cuenta de que no era capaz de conciliar el sueño, Maddie subió al tejado de su pasa para respirar aire fresco y, repentinamente, vio un destello luminoso aterrizando detrás de ella. Rápidamente, la caza fantasmas se escondió, y se sorprendió mucho al ver que quien había aterrizado en su casa era el Chico Fantasma.

    “¡no puedo creerlo, es él!” pensó Maddie, mientras sacaba su arma laser “¿pero qué está haciendo el Chico Fantasma en mi casa? ¿Acaso quiere atacarnos por sorpresa?”

    “¡estoy muerto!” pensó Danny, quien estaba tan cansado que no vio que su madre estaba escondida justo detrás de él, mientras se transformaba en su forma humana “hacía tiempo que no tenía una noche tan pesada como esta ¿Por qué siempre los fantasmas deben causar tantos problemas durante la noche? Pero bueno, mañana es sábado, asi que poder dormir hasta tarde”

    “¡no puedo creerlo!” pensó Maddie, muy sorprendida “¡mi hijo es el chico fantasma!”

    Mientras Danny iba hasta su habitación, Maddie se había quedado en Shock a causa de la revelación que había presenciado pero, una vez que la sorpresa se le paso, analizo la situación y comenzó a formular un gran plan.

    Al día siguiente, durante la noche, Maddie, Danny, y Jazz se sentaron en la cocina para cenar.

    “¡que linda que te ves, Jazz!” exclamo Danny “¿A dónde vas esta noche?”

    “un amigo de la universidad me invito a una fiesta en su casa esta noche, por eso ya me arregle e iré en cuanto termine de cenar” dice Jazz “por cierto ¿en dónde está papa?”

    “trabajando en el laboratorio, esta tan desesperado por seguir con su investigación que me pidió que le llevara la cena a su mesa de trabajo” dice Maddie

    Al terminar la cena, Jazz se va de la casa, y Maddi decide poner en marcha su plan.

    “Danny, hijo mío ¿puedo hablar en privado contigo?” pregunto Maddie

    “¡Por supuesto, mama!” exclamo Danny, y su madre lo guía hasta su cuarto

    Una vez en la habitación, Maddie se sienta al lado de su hijo.

    “¿de que querías hablar, mama?” pregunto Danny, con curiosidad

    “mira, hijo, voy a ser directa contigo” dice Maddie, con cierta malicia “yo sé que eres el chico Fantasma, porque vi cómo te transformabas anoche”

    “¿Cómo?” pregunto sorprendido y preocupado el adolecente “¿papa ya lo sabe?”

    “no, él no sabe nada pero, si quieres que no diga nada, me deberás complacer sexualmente” dice Maddie, y se saca su apretado traje azul “gracias a mis investigaciones, descubrí que los fantasmas jóvenes son mejores amantes que cualquier hombre humano, y yo estoy tan necesitada de verga que me da igual acostarme con mi propio hijo con tal de conseguir placer ¡Así que no quiero escuchar quejas y quiero que obedezcas todos mis caprichos sexuales, jovencito!”

    De repente, Danny se abalanza sobre su madre y la besa apasionadamente, cosa que sorprendió mucho a Maddie.

    “¡este es un sueño hecho realidad!” exclamo Danny, y luego le dio una nalgada a Maddie “no tienes que extorsionarme para que tenga sexo contigo, mama, porque yo te complaceré con todo gusto”

    “¿lo dices en serio?” pregunto Maddie, con una sonrisa picara

    “si, te lo juro, hasta he usado mis habilidades de fantasma para espiarte mientras te duchabas, pero nunca imagine que tu serias la que daría el primer paso”

    “¡ya basta de tanto hablar, porque toda esta situación ya me ha puesto cachonda!” exclamo Maddie, mientras le sacaba la remera a su hijo “¡DESVÍSTETE DE UNA VEZ!”

    “¡no grites, papa nos podría escuchar!” exclamo Danny, mientras su propia madre lo desnudaba

    “no te preocupes por nada, porque yo conozco a tu padre y, aunque cojamos como salvajes, él nunca se daría cuenta, porque tiene toda su atención puesta en su investigación”

    Una vez que los dos se quedaron completamente desnudos, madre e hijo se acostaron sobre la cama matrimonial y comenzaron a besarse lujuriosa y apasionadamente. Luego, Maddi agarro la cabeza de Danny, y se la coloca entre sus piernas.

    “¡este será tu castigo por ser un fantasma pervertido que le gusta ver a su propia madre bañarse!” exclamo ella, mientras jugaba con sus colosales tetas “¡vamos, date un banquete con mi coño maduro y perfectamente depilado!”

    “¡es el mejor castigo que me has dado!” exclamo el hijo, y comenzó a lamer tan fuerte como pudo el coño de Maddie

    Al sentir la lengua de Danny entrando, saliendo, y recorriendo todo su coño y su clítoris, Maddie no pudo evitar soltar un gemido apasionado, al tiempo que se retorcía de placer.

    “¡toma tu premio por hacer sentir bien a mama!” exclamo la madre y, con un gemido, tuvo un orgasmo en la boca de su propio hijo

    “tu coño es como las pasas: mientras más maduras están, más dulces son” exclamo Danny, mientras le acercaba su verga a la cara a Maddie “¡yo cumplí mi parte, ahora es tu turno!”

    “¡Por supuesto!” exclamo Maddi, y le hizo una mamada bien profunda a su hijo, al tiempo que usaba sus tetas para hacerle una paja rusa

    “¡que placer!” exclamo él, entre gemidos y suspiros de placer “¡chúpamela todita, mama!”

    “¡hacía rato que no disfrutaba de una verga tan grande como esta!” exclamo Maddie, mientras frotaba sus pechos contra el miembro viril de su hijo “¡lo mucho que me hacía falta esto!”

    “es una pena que no hayamos podido hablar de esto antes porque, de haber sabido que papa te tenía tan mal cuidada, te hubiera hecho esto todas las noches” dice Danny, y vuelve a besar a Maddie

    Luego, Maddie se acuesta boca arriba, Danny se coloca sobre ella para penetrar su coño húmedo y lujurioso con su gigantesca verga, y los dos empiezan a tener sexo de forma apasionada.

    “¡Mas, dame mas!” grito Maddie, mientras abrazaba a su hijo con todas sus fuerzas “¡Hazme tuya, Danny!”

    “¡no puedo tener suficiente de esto!” pensó Danny enterraba su cara entre las grandes tetas de su madre mientras la penetraba violentamente

    Finalmente, después de una intensa sección de sexo, Maddie volvió a tener un orgasmo entre chillidos y gemidos, y Danny también estaba a punto de acabar.

    “¡hazlo en mi boca!” exclamo la madre

    “¿estas segura?” pregunto Danny

    “¡solo hazlo, quiero sentirme como una verdadera putita!” exclamo Maddie mientras se arrodillaba frente a su hijo con la boca abierta y la lengua para afuera

    Acatando la orden de su madre, Danny le metió la verga en la boca y se corrió dentro de esta. La cantidad de semen que Danny libero fue tan grande que, por un momento, Maddie pensó que no lo iba a poder manejar pero, al final, se lo termino tragando todo.

    “¡que delicioso estuvo tu “electoplasma”, Danny!” exclamo Maddie, y luego abrazo a su hijo “¿listo para la siguiente ronda?”

    “¡cuando quieras, milf culona!” exclamo Danny, mientras su verga volvía a estar erecta

    “¡cariño! ¿Estas despierta?” pregunto Jack, mientras se acercaba al cuarto

    “¡rápido, sal de aquí!” exclamo Maddie, mientras Danny utilizaba sus poderes de fantasma para salir de la habitación sin ser visto

    “cariño… ¿estás bien? Me pareció escucharte gritar” dice Jack, quien tenía unas ojeras muy marcadas, y luego se percató de algo “¿y tú porque estas desnuda?”

    “bueno… yo…” dice ella, nerviosa, mientras pensaba en una excusa

    “¿acaso te estabas masturbando?”

    “¡si, exacto, me estaba masturbando!” exclamo ella, con cierto alivio

    “escucha, cielo, lamento haberte descuidado durante estos últimos días, pero te prometo que ahora te lo voy a compensar” dice el marido, mientras se desvestía “¡te voy a hacer el amor aquí mismo!”

    “¡pues ven si quieres!” exclamo Maddie, sin mucha emoción

    Rápidamente, Jack se puso encima de su esposa y, tras 45 segundos de sexo, él tuvo un orgasmo y quedo exhausto.

    “¡qué bueno que estuvo!” exclamo Jack, y luego se quedó profundamente dormido

    “bueno, no estuvo tan mal” pensó Maddie, mientras se levantaba “al menos ya no me molestara”

    Maddie sale de su habitación y va hasta la de Danny, quien ya se estaba preparando para dormir.

    “¿realmente pensaste que nuestra noche ya había acabado?” pregunto Maddie, en tono firme “pues no, porque aún estoy caliente, y no te iras a dormir hasta que este satisfecha, jovencito”

    “¡pues ven si quieres!” exclamo Danny, mientras abrazaba a Maddie “¿Qué tienes pensado para ahora?”

    “quiero llevar las cosas más lejos todavía” dijo ella, y le mostro a su hijo una taza de café “¡apoya las dos manos contra la pared y saca la cola para afuera!”

    Sin pensarlo ni por un instante, Danny obedeció a su madre, y Maddi se arrodillo detrás de su hijo y le comenzó a meter su lengua dentro del ano al tiempo que le había una paja con sus dos manos.

    “¡esto es lo más genial que me ha pasado en la vida!” exclamo Danny, mientras gemía y disfrutaba el intenso beso negro que le daba su madre

    Cuando llego el momento en que Danny no pudo aguantar más y tuvo que descargar su carga de semen, Maddie hizo que su hijo se corriera dentro de su tasa de café, y luego se lo bebió todo como si fuese una mateada.

    “¡bien espeso, justo como me gusta!” exclamo ella, mientras se limpiaba la boca con la lengua “bien, yo ya te di placer, ahora es u turno”

    Maddie apoyo sus manos contra la pared, y Danny se arrodillo frente a las enormes nalgas de su madre y le dio un profundo beso negro.

    “¡eso es, quiero esa lengua bien profunda en mi culo!” exclamo Maddie, mientras apretaba la cabeza de su hijo con sus nalgas titánicas “dime, Danny ¿soy una buena madre?”

    “¡eres la mejor de todas, mama!” exclamo el hijo, mientras se deleitaba chupando las nalgas y el ano de Maddie “¡no sabes lo feliz que me haces!”

    “¡qué alegría! Porque tenía miedo que no me respetaras como tu madre después de esto, pero bueno, menos charla y más besos negros porque, si no me chupas es culo de la misma forma en la que me chupaste el coño, te juro que te castigare”

    Una vez que Maddie tuviera un orgasmo a causa del beso negro de Danny, el hijo le metió la verga dentro del culo, y los dos comenzaron a tener sexo anal apasionado. Ambos gimieron, chillaron, se retorcieron de placer y, cuando llego el momento del orgasmo, los dos acabaron al unísono.

    “¡esta ha sido la mejor noche de mi vida, Danny!” exclamo Maddie, mientras le daba un beso en la mejilla a Danny

    “la mía también ¡deberíamos repetirlo!” exclamo él, algo agitado

    “pues entonces duerme bien, porque mañana te despertare con un mañanero” dijo la madre, y luego se fue de la habitación “¡nos vemos, amante fantasmagórico!”

    “parece que he despertado a un monstruo insaciable” pensó el chico fantasma, mientras se acostaba en su cama “¡estoy ansioso por ver que tan lejos podemos llegar!”

    Tras unos minutos, Danny se quedó profundamente dormido, soñando con todas las cosas que podría hacer con su madre.

  • Zumbándome a la abuela Clotilde

    Zumbándome a la abuela Clotilde

    La abuela Clotilde no es mi abuela, pero es como si lo fuera. De hecho ha sido como la abuela de muchos chicos de mi barrio. Cuando hace años no se llevaba que los abuelos cuidaran a sus nietos, ella siempre estuvo ahí, con nosotros. Yo perdí a mis abuelas casi recién nacido y por eso tuve una unión especial con ella.

    Recuerdo las tardes en que íbamos a su casa y nos tomábamos la merienda allí.

    Luego con los años entendí que muchas veces era que porque nuestros padres querían quedarse solos en casa haciendo el amor y nos mandaban a jugar con nuestros amigos y acabábamos en casa de Clotilde.

    Nos lo pasábamos muy bien charlando de cosas del colegio, de las chicas o chicos que nos gustaban y como hicimos piña entre nosotros y nos unimos aún más de lo que ya lo estábamos.

    El tiempo pasó y algunos compañeros dejaron al barrio y se mudaron a otras partes de la ciudad. Yo todavía sigo aquí.

    Ahora Clotilde ya es abuela. Tiene por lo menos 75 años aunque le gusta arreglarse como si tuviera 20 años menos.

    Una vez a la semana le llevo la compra a casa. Desde que murió su marido hace 5 años he tomado la costumbre de hacerlo, porque aunque se encuentra bien de salud y es activa, me gusta recordar los buenos momentos que pasé en su casa cuando era pequeño.

    Me prepara siempre un vaso con cacao y galletas como hacia entonces.

    -Como echo de menos a los chicos, me dice ese día en que le he llevado la compra.

    -Si. Ya no queda nadie de nosotros en el barrio. Le contesto.

    -Anda, tomate el cacao y las galletas.

    -Están buenísimas. Le digo mojando una en la leche.

    -Estoy reuniendo recetas antiguas para hacer unas galletas todavía mejores. Me comenta subiéndose las gafas en la nariz y repasando unas hojas viejas. Puede que la semana que viene tenga alguna receta nueva. ¿Vendrás el lunes?

    -Claro, abuela Clotilde. Dime que necesitas y te lo traeré.

    -Ah, pues, se queda pensando un momento. Un poco de canela y más harina. Creo que con eso tengo todos los ingredientes.

    Se giró para apuntar las cosas y en ese momento me fijé en sus caderas que se marcaban con esa falda que llevaba. La verdad es que para su edad estaban bastante bien y también me fijé en su trasero. Era grande y la verdad me sorprendió que me hubiera gustado. Nunca hasta ahora la había visto como mujer, solo como si fuera mi abuela.

    Pero ¿en qué estoy pensando? Clotilde me saca 55 años y ¿cómo me iba a atraer una mujer de su edad?. Deben ser tantos vasos de leche con cacao que me tienen confundido, jajaja.

    Me despido de ella y me voy.

    En casa están mis padres cuando llego. Andan ocupados con sus cosas y desde hace meses no pasamos mucho tiempo juntos por culpa de su trabajo.

    Les saludo y no les cuento que he estado en casa de Clotilde porque tampoco creo que me escucharan. Hablan del trabajo y de cosas por estilo. Me voy directamente a mi habitación.

    Saco un álbum de fotos de cuando era pequeño y las repaso. En la última hoja hay tres fotos que nos hicimos en casa de Clotilde mis amigos y yo. Sonrió y me doy cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo.

    Claudia una compañera de trabajo me llama al móvil. Charlamos un buen rato y después me echo la siesta.

    Me despierto ya tarde. Mañana ya es lunes y he quedado en llevarle las cosas que le faltan para las galletas.

    Es lunes. Subo a su casa con un par de bolsas de la compra, aparte de la canela y la harina, he decidido comprarle algo más de comida.

    Llamo a la puerta, pero no me abre.

    Vuelvo a insistir y veo que la puerta se abre.

    -Clotilde, la llamo. Clotilde, tienes la puerta abierta.

    Miro por el salón y no la veo. Entonces me habla.

    -Pasa, pasa. Perdóname que estaba en la ducha, me dice.

    Dejo las bolsas en la mesa y miro que ha puesto una foto nueva en el salón. Deben ser sus nietos.

    Entonces veo la puerta del baño entreabierta, se ve desde el salón, y me fijo en que está desnuda de espaldas a mí. Puedo ver su culo grande casi apoyado en la puerta.

    Dios, esta tremenda. La veo girarse para ponerse el sujetador y veo su par de pechos caídos, pero con unos pezones enormes, como los botones de una radio antigua.

    Tengo que sentarme en el sofá. ¿Qué me está pasando? Pienso.

    Trato de tranquilizarme por lo que acabo de ver, cuando Clotilde sale del baño, aunque solo con la ropa interior puesta.

    Veo que por sus bragas asoma algo de vello púbico. No se ha debido depilar en mucho tiempo.

    Se acerca hacia mi. Se agacha para darme las gracias con un beso y sus tetas tocan mi cuerpo. Una erección ha surgido de repente en mi pantalón.

    Intento disimularla como puedo. Me acomodo el pantalón cuando ella se pone delante mío a mirar en las bolsas lo que le he comprado.

    Tengo su culo frente a mi y esto no mejora para nada mi erección. Al contrario, crece un poco más y hace daño de tan dura que la tengo.

    Clotilde se lleva las bolsas a la cocina. Vuelve al poco y se sienta a mi lado. Sigue en ropa interior.

    -Perdona que no me ponga el vestido, pero me acabo de duchar y sigo teniendo calor. ¿No te importa verdad?

    -No, para nada. Estás en tu casa. Le respondo sonriendo. Pero si no te importa necesitaría usar el baño. Le comento.

    -Claro cariño, me dice. Ya sabes donde está.

    Cierro la puerta y le echo el pestillo. Me miro en el espejo y me doy cuenta de que estoy muy caliente.

    Mi polla parece que estuviera viva. Me la saco y apunta hacia el lavabo.

    Mojo mi mano con un poco de agua y me hago una buena paja.

    Me corro al poco tiempo. Pongo toda la taza salpicada de semen y la limpio rápidamente. No quiero que Clotilde piense que estoy haciendo lo que realmente acabo de hacer.

    Me lavo las manos después de tirar de la cadena y salgo. Antes me he secado bien el sudor para que no queden pruebas de mi excitación.

    -Bueno, abuela Clotilde le digo. Tengo que irme ya.

    -Está bien cariño. Ven esta tarde y ya tendré las galletas listas. Sigue en ropa interior.

    -De acuerdo. Cierro la puerta y bajo corriendo las escaleras.

    Buf, pienso, no puedo creer lo que me ha pasado. Me he puesto cachondo viendo a la abuela Clotilde y luego en ropa interior y me la he cascado en su baño.

    Si podría ser su nieto. Bueno dejémoslo pasar. Corramos un tupido velo.

    Me olvido de todo. Pero llega la tarde y he quedado en volver a probar sus galletas.

    Subo de nuevo y toco el timbre. Me abre al poco. Lleva puesta una bata de cuadros. Parece que se haya maquillado y pintado los labios.

    -Pasa. Tomaremos la merienda en la cocina.

    -Vale.

    Me siento en la silla y ella se agacha para sacar las galletas del horno. Su culo se pone en pompa porque se ha agachado del todo en vez de flexionar las piernas.

    Cojo una y está buenísima la verdad. Me dice que si apetece tomar un vaso de leche con las galletas y le digo que si.

    Saca el brik de leche de la nevera y nos prepara dos vasos.

    Los calienta en la sartén. Nunca le gustó demasiado calentar la leche en el microondas.

    Me ofrece un poco de cacao y yo lo acepto. Ella se sienta frente a mi y cruza las piernas. Noto como si se hubiera echado crema porque le brillan.

    No hablamos nada en un rato mientras me como otra galleta y otra más.

    -Está haciendo calor estos días ¿verdad? Me pregunta.

    -Pues si. Es cierto.

    -Tanto como para calentar a una anciana como yo.

    -No eres tan anciana Clotilde, le digo.

    -Ya. Y también hace tanto calor como para calentar a mi nieto postizo. Me dice riendo.

    Yo agacho la cabeza cortado.

    -La leche con cacao está increíble. Le digo como respuesta.

    -¿Te gusta la abuela Clotilde?

    -Abuela, por dios.

    -No lo niegues tesoro. Cuando te fuiste, volví al baño a recoger mi ropa sucia y descubrí unos goterones de semen en el suelo del baño.

    ¡Dios! Pensé. Pero si lo había limpiado todo bien.

    -Yo no… Pero no tengo fuerzas de rebatirla.

    -¿Te hiciste una paja a mi salud, verdad?

    -Yo, yo.

    -No lo niegues tesoro. Me debiste ver desnuda desde el salón y te excitaste.

    -Joder abuela… no sabía que decir.

    -No pasa nada. No soy realmente tu abuela, así que no importa. Además, me gustó sentirme deseada de nuevo después de tantos años. Por lo que he contribuido con algo a tu merienda.

    -¿Eh? No sabía dónde meterme.

    -No te preocupes. Solo es una viagra que conservaba de cuando vivía mi marido. La machaqué y la eché en la masa de las galletas. Yo no he probado ninguna.

    Entonces me levanto de golpe. Mi polla está tiesa y siento una tremenda excitación.

    -¿Quieres follarme cariño? No sabes cuánto tiempo llevo sin hacerlo.

    -Abuela por dios, compórtese. Me salió llamarla de usted.

    -Dime que no me deseas. Y se bajó la bata dejándome verla en ropa interior.

    Joder con la abuela. Pese a su edad estaba bastante buena. Una tripa no muy pronunciada. Arrugas en su cuerpo, si, pero y ¿Qué me decís de esas dos tetas enormes que había visto antes? Estaba deseando ver su coño peludo. La viagra me había puesto como un toro.

    -Vamos al sofá tesoro. Siempre me ha apetecido hacerlo contigo allí.

    ¿Siempre le ha apetecido hacerlo conmigo? ¿Y desde cuando? Pensé.

    No puedo hacer nada. Y tampoco pongo resistencia. Ella me lleva de la mano al salón y yo no reacciono.

    Me sienta en el sofá mientras deja caer la bata sobre la mesa del salón.

    Se quita el sujetador y sus dos enormes y caídas tetas se liberan.

    -Anda, chúpamelas bien. Solo así te dejaré probar mi coño.

    Me empeñé en chuparla hasta que se humedeciera bien. Está excitado, como loco y me entregué a la pasión.

    Alterné como me gusta entre un pezón y otro y así estuvimos un buen rato, ella de pie y yo sentado mientras se iba humedeciendo, cosa que aprecié por la mancha que apareció en sus bragas y no porque me hubiera dejado tocárselo.

    Cuando ya no pude más, mi polla ardía, intenté hacerla una cubana, pero ella no me dejó. Insistió en que le siguiera comiendo los pechos y los pezones.

    -Abuela, tengo el rabo a punto de explotar. Le dije. Déjame correrme y después te follo bien.

    -No cariño. Verás lo que voy a hacerte. Querrás correrte dentro.

    Luego se dio la vuelta y se bajó las bragas hasta los tobillos, pero sin dejarme tocarle el coño. Me tuve que conformar con amasar sus nalgas gordas como si amasara la masa de una pizza o de unas empanadillas.

    Cuando terminé estaba a punto de reventar. Mis huevos estaban cargados a tope y a punto de disparar.

    Ya por fin Clotilde se subió sobre mi y fue clavándose la polla muy despacio. Entró como si nada. Su coño peludo me rodeaba. Me extrañó que a su edad lubricara tan bien, pero luego me dijo que se había preparado antes de que yo llegara y se había untado con lubricante por el coño. Además se había vuelto a excitar después de mucho tiempo al descubrir mi corrida en el suelo de su baño.

    Al poco de empezar a subir y bajar yo me corrí. No duré ni cinco minutos. Estaba tan caliente que no puede aguantar demasiado.

    Pero Clotilde siguió cabalgándome. Así con el lubricante y mi corrida la penetración era mucho más fácil y además se deslizaba como pocas veces cuando había follado con chicas de mi edad.

    Solo se oía el pluf, pluf, del roce de mi polla al entrar y salir. Clotilde no gemía, solo respiraba acompasadamente y se apoyaba en mi pecho para darse impulso.

    Yo la miraba como embobado mientras seguía el movimiento de sus tetas subiendo y bajando con cada cabalgada que me daba.

    Intenté cambiar de postura y terminar encima de ella sobre el sofá, pero no me dejó.

    Siguió un rato más hasta que noté como su coño me apretaba aun más fuerte y termino corriéndose elevando algo el tono de voz.

    -Me corro cariño, me corro, me corro, me estoy corriendo, después de tanto tiempo con una polla. Aaaah.

    Entonces explotó su orgasmo y echó la cabeza hacia atrás.

    Mi polla medio flácida por la corrida anterior ya estaba erecta hacía rato de nuevo y entonces fui yo el que empujó hacia arriba con las caderas para follármela y que ella no hiciera más esfuerzo.

    No tuve que seguir mucho rato porque ella estalló en un segundo orgasmo, esta vez bastante escandaloso y yo la acompañé con una nueva corrida en su interior.

    Nos quedamos un rato en el sofá, ella sobre mi y me empezó a besar. Yo la correspondí y nos acariciamos los cuerpos como dos enamorados.

    Después la ayudé a incorporarse. La alfombra se manchó con la mezcla de sus fluidos y mi semen.

    -Vaya cariño. Ha quedado fatal. Tendré que llevarla al tinte, me dijo riendo.

    Quiso que nos ducháramos juntos, pero lo rechacé. Sin duda me la hubiera follado otra vez si hubiera entrado con ella en la ducha.

    Me había quedado satisfecho, pero no sabía si por su edad tantos polvos seguidos podrían hacerle mal, sobre todo para su corazón.

    Después de duchase ella me tocó a mi.

    Me pasó la toalla y me sequé bien. Ella ya se había puesto la bata.

    -Las galletas estaban buenísimas abuela. Deberías probarla con algún amigo. La animé.

    -¿Tú crees? Me respondió picarona.

    -Sin duda tendrían mucho éxito.

    -Tal vez, dijo pensativa. Debería probarla con mi vecino Jacinto. No me quita ojo de encima. Pero sería solo para probar otra polla cariño. La tuya me ha encantado.

    -Entonces nos vemos el lunes que viene y echamos otro polvo si no te importa abuela Clotilde. Le digo mientras me despido dándole un beso en la mejilla.

    -Claro que si picarón, jejeje. Me da un beso en la boca y me toca el culo.

    Joder con la abuela Clotilde.

    Si os ha gustado y queréis comentar, escribidme a:

    [email protected].

  • Embaracé a las amigas de mi madre (Parte 3)

    Embaracé a las amigas de mi madre (Parte 3)

    Me desperté y sentí el culito de mi madre, me había dormido profundamente abrazando sus grandes tetas y apoyándole la pija entre sus nalgas, no podía creer que semejante hembra a que siempre ame estaba desnuda y me la había follado esa noche anterior, mi pija subió desesperadamente buscando la concha de mi madre, me acomode y puse la cabezota de mi chota en la entrada de su cuevita y zas entro sin la más mínima resistencia, todavía estaba mojada por las acabadas de la noche anterior, ella solo saco su colita y yo comencé el mete y saca, mi madre solo gemía y se quejaba, diciéndome métela mas adentro, por favor, métela, y sentí su orgasmo, yo seguí bombeándola así de costado, le masajeaba las tetas mi pija se endureció y de pronto le acabe llenándole de semen su vagina, la punta de la chota me ardía, y dolía, toda la noche estuve cogiéndome a Karen y Marta, y después me cogí a mi madre, pero tenía una fiebre que no podía pararme, mi madre se dio la vuelta y me dijo, buen día mi amor, hace mucho que no me sentía así, me siento tan feliz, por estar a tu lado, yo también, le dije, vamos a bañarnos y veremos qué pasa con Karen y marta, nos metimos en el baño y ella me enjabono la espalda con sus tetotas, luego se agacho y comenzó a chuparme la pija, era increíble a técnica que tenía, chupaba y pasaba la lengua desde la punta hasta mis huevos, y solo quise que mi semen terminara en su boca, ella apuro su mamada y cuando estaba a punto de acabar me dijo, dale termina que te espero, lance un chorro y este término en su boca, lo saboreo y se lo trago,, es mi turno dije, me baje y comencé a chupar su concha, le metí dos dedos y le chupe el clítoris, ella comenzó a gemir y apretó con sus manos mi cabeza, apretándola más, yo chupaba y bebía esos jugos, cuando le metí los dedos en su vagina, mi madre exploto en un gran orgasmo, que disfrute ampliamente, me levante y nos besamos, ella tenía sabor a mi semen y yo a sus juguitos maternales, le enjabone esas enormes tetas, y luego la bese,, en ese momento golpearon la puerta era Karen llamándola a mi madre, ella respondió, estoy bañándome karen ya salgo, ella dijo, puedo pasar tengo que hablarte, me hizo una señal para que hiciera silencio y se envolvió en una toalla, y salió envuelta en ella, Karen dijo, mira amiga quiero contarte una cosa, estoy muy preocupada y sorprendida, yo también tengo síntomas de embarazo, mi flujos son abundantes y mis tetas cambiaron de color y están súper sensibles, me acompañas a comprar esos test y podríamos decirle a tu hijo que lo realice. Amiga, no sé cómo paso, pero creo que algo paso, espérame unos minutos y te acompaño que yo tengo que comprar también un medicamento urgente, espérame ya salgo, Karen salió de la habitación.

    Mi madre se metió en el baño con los ojos lleno de furia, y me dijo, ¿no me digas que este tambien es tuyo? Y… puede ser respondí, no me digas nada, oye dime como se llama la pastilla del día después, le dije el nombre y ella dijo lo escribes y veo como hago para comprarlo, se vistió, me dio un beso en mi boca, me toco la pija y se marchó, una hora después, llegaba con Karen y golpeaban la puerta de mi habitación, les abrí con un libro de farmacología en la mano y mama me dijo, ¿podrías ayudarnos en este dificultad? Si como no le dije amablemente que necesitan, mi madre solo subió su mano con las cajas de test y me dijo Houston tenemos un problema.

    Abrí la puerta y la cara de Karen estaba roja de la vergüenza, le dije mírame, soy casi un médico, no tengas vergüenza, pasa y dime que te ocurre, me dijo que se sentía muy mal, se mareaba seguido, que sus pechos estaban extremadamente sensibles y que se sentía con cambios de humor, bueno veamos que dicen los reactivos, ve al baño orina y trae una muestra en este recipiente que yo preparo todo, Karen se metió al baño y mi madre me mostro la otra cajita con la bendita píldora azul, como se la toma me dijo, pues te la pones en la boca y listo, rápidamente la abrió y se la tomo, era una verdadera emergencia, al rato salió Karen, muy avergonzada traía en su manos la muestra de orina, yo puse los reactivos en el pequeño frasquito y esperamos, tres minutos después, las muestras aparecían las famosas dos tiras positivas, otro heredero más pensé, mi madre me miro y abrazo a Karen quien se puso a llorar y preguntarse cómo podía ser posible eso si ella se cuidaba y hacia 4 meses al menos no tuvo relaciones alguna, valla dije es una pandemia esto, deja que te revise para estar seguro, desnúdate, mi madre me miro con unos celos que se la comían, pero se las aguanto, les revise las tetas, y le vi su concha, estaba mostraba todos los signos de un embarazo, flujo viscoso y abundante y cambio de color de sus labios, además de lo hinchados que están, si Karen dije quitándome los guantes estas embarazada. Felicidades.

    Pero esto es imposible lloraba Karen, no sé cómo pudo pasar, soy bien consiente que no estuve con nadie, ¿Cómo es posible esto? Y me miro buscando alguna repuesta, a la que yo no supe contestar, dime, contéstame una pregunta ¿cómo me puedo embarazar si la última vez que estuve con un hombre fue hace ya más de 4 meses, además me cuide, y la regla me vino puntual? No sé qué paso, pero estoy embarazada ¿Cómo puede ser? Oye te hago una pregunta que tal vez la consideres muy tonta, ¿te puedes embarazar en un baño al sentarte a orinar, si hay resto de semen en el bidet? Imposible, le dije mirándola a los ojos, eso sería un milagro, si es tonta la pregunta pero es que no le encuentro explicación alguna, me sentí mal y al ver a Marta anoche dude y no podía dejar de pensar en esos síntomas, yo cuando me embarace tenía un flujo vaginal espeso y abundante, y los pechos me dolían de lo sensible que estaban y eso me hizo dudar. Ya no sé qué pensar, tú diagnostico me deja helado, ¿no hay posibilidad que los test fallen todos verdad? Y… no pero si quieres hacerte uno que te saques de dudas uno de sangre será el ideal, pero hazte a la idea que saldrá positivo, si hace una semana debía haberme venido mi periodo y no pasó nada y soy muy exacta, pero no sé… Yo mire a mi madre que me comía con los ojos, luego le dije Karen piensa en lo maravillosos de la llegada de un hijo. Se dio media vuelta y salió de la habitación, en eso que caminaba se encuentra con marta que venía a buscar a mi mama, ambas se encontraron en el pasillo y marta pregunto extrañada ¡porque lloras Karen? Y ella se hecho a sus brazos diciendo, es que estoy embarazada… ¡que! dijo Marta tú también, ¿y quién es el padre? Eso es lo más extraño no lo sé. Ahhh bueno entonces hay un duende que anda embarazando mujeres, porque yo tampoco tengo la más mínima idea de quién es el padre de mi hijo.

    Mi madre no sabía que decir, ni que hacer ella ya sabía toda la verdad pero las consecuencias podrían ser enormes, ¡marta miro a mi madre y le dijo ¿está despierto tu hijo quiero preguntarle algunas cosas? Si está en su habitación contesto, yo cerré la puerta y espere los golpes de marta, esta entro sin tocar la puerta, se paró con cara de furia y luego cerró la puerta tras de sí y le puso llave, oye me dijo, aclárame algo, y quiero la verdad, son demasiadas las casualidades para que no se encuentren una explicación, y tú me las darás, yo la mire extrañado. ¿Yo no sé de qué hablas Marta dije? Ella se acomodó la bata que tenía puesta, sus pezones estaban parados y sus ojos negros lanzaban llamas, mira no me trates como una idiota dijo alzando el brazo y una teta casi se escapa de su lugar, se sumar, yo estaba en mis días fértiles el día de la mujer y esos días al único hombre que vi fue a ti, yo no recuerdo quien me llevo a mi cama, o porque mi rasero al otro día dolía tanto, las 5 chicas incluida tu madre amanecimos en nuestras habitaciones y según me acuerdo todas no podíamos más de la borrachera que teníamos, y sumando que tú eras el único que estaba es esta casa, solo hay que sacar una conclusión, vos nos violaste a mí y a Karen, ¿dime estoy equivocada? Cuando dijo eso y sus movimientos la bata le jugó una mala pasada y sus tetas quedaron al desnudo, ella se cubrió rápidamente, y me continuo mirando con rabia, yo solo le conteste lo primero que se me vino a la cabeza, mira Martita, si esas tremendas amigas que tienes son de verdad, yo sin ningún problema digo ante quien quiera que tu bebe es mío, no logro entender como semejante mujerona, semejante belleza este divorciada ¿acaso tu ex marido era ciego? Serias la envidia de cualquier hombre, pasear a tu lado llevándote del brazo debe ser un monumento a la envidia masculina, ya quisiera yo haber estado contigo, haber tocado tus senos, o haber estado invitado a tu entrepierna, pero te juro que no pasó nada. De pronto su mirada había cambiado, cada palabra le perforo su mente y me dijo ¿en verdad me llevarías orgulloso del brazo y te deleitarías despertado envidias en los hombres? Si claro dije, sería mi sueño cumplido, ¿Quién no quisiera pasearse con una diosa como tú?, ella bajo los ojos y se acercó lentamente hasta donde yo estaba, y me dijo, mira pendejo, siempre me gustaste mucho, y lo que acabas de decirme es un dulce a mis oídos, desprendiéndose la bata que dejo desnuda frente a mí con sus maravillosas tetas al aire, nos fundimos en un beso apasionado, nuestras lenguas se fundieron en una lucha única, yo solo dirigí mis manos a ese culito agradable y ella pego sus tetas a mi pecho, no sé en qué momento me desvestí, pero cuando me di cuenta Marta estaba ensartada en mi pija, de parada se la puse, ella comenzó a moverse de una forma única, la pija le tocaba su clítoris y cuando me soltó la cabeza de su abrazo, pude tocar esas tetas que eran toda una obra de arte, despacio que estoy muy sensible y me duelen, pero si las acaricias me excitan mucho dijo, así llegamos a la cama yo caía en ella y sin salir de su concha ella se montó y comenzó a cabalgar, era una amazona, se quejaba y veía la pija como entraba en esa vagina hinchada, apretada y bien lubricada, a pesar que ni nos tocamos solo la ensarte de una, a mí me dolía la cabeza de la chota, mama me había dejado seco la noche anterior, y también me había cogido a Karen y Marta, pero esta vez era distinto estaba gozando de una yegua única, una autentica campeona, movía sus caderas de una forma increíble, de pronto se tensó y me acabo sobre la pija, sus espasmos eran violentos, pero acogedores, dignos de una mujer como ella, un grito mudo, y el aprieto de sus manos en mas mías demostró que había acabado, luego cayó sobre mí, pero yo sin dejar de moverme le seguí dándole pijazos a esa concha embarazada, ella se quejaba y me decía al oído, ¿fuiste tú verdad? ¿Fuiste tú la que me preño verdad? ¿Vos me llenaste la barriga de vida verdad? Solo la mire y como única repuesta le di dos pijazos y le acabe regándole esa vagina con mi leche, ella me miro y yo supe que ya sabía la respuesta, no digas nada mi amor, tu pija ya me lo dijo, y me lo dijo a mi concha, sabes tendré este hijo, nuestro hijo, será mi más dulce venganza contra el idiota de Roberto, estar embarazada de un pendejo que me dice esas cosas y que tiene la pija más maravillosa y grande que me he comido, y comenzó a moverse de nuevo, mi chota no se había bajado, que rico me llenas toda papito, que pija hermosas que tenes, como voy a comerte, te voy a comerte hasta que me salga leche por los ojos, dame enterrarme esa pija dorada, dale soy tu perrita,, así la gire y la puse en posición perrito y se la metí hasta el fondo, ella acabo mordiendo la almohada para evitar ser escuchada, yo termine solo con unas gotitas, ella se paró camino hacia mí y me dijo tengo plantada tu semillita en mí y creo que Karen también, pero tranquilo mi amor yo solo reclamare una buena dosis de pija y n me importa si debo compartirte con Karen, se puso la bata y salió rápidamente, momentos después llegaba mi madre y me dijo que quería Marta, pero al verme en el estado que esta amazona me dio, no hizo falta preguntar, me dice ¿te la cogiste? No mama la embarace que es diferente. Mi madre me miro y me dijo, ¿a ella solamente? A Karen, a Laura, Marta y julia, y a ti mama, bueno parece que tendremos un jardín de infantes aquí, lo que siempre soñé, y que harás con Karen, debemos decirle la verdad, si pero a su tiempo madre primero debemos enamorarla y estando embarazada está más vulnerable, es hora de jugar al lobo y caperucita roja, mi madre se acercó me toco la pija y dijo, cuando la conozca no te dejara marchar, nos reímos mientras que yo le tocaba las tetas a mi mama, afuera la mañana estaba hermosa

  • De como entregué mi culo a un hombre por primera vez

    De como entregué mi culo a un hombre por primera vez

    Esta anécdota sucedió ya hace muchos años, y decidido publicarla antes que pase más el tiempo y mi mente lo olvide. La historia es larga, si quieres ir directo al sexo ve al capítulo tres, lo he dividido para que no pierdan tiempo en leer detalles que quizás no sean tan relevantes. Ahora si ya interesa saber todo desde el inicio, empecemos. Para esto voy a trasladarlos a mis veinte y tantos, actualmente han pasado ya diez años.

    Capítulo 1: La Curiosidad

    Me encontraba en todo el apogeo de mi sexualidad, joven, atractivo, y delgado, que más podría pedir? Como hombre no era raro que atraiga alguna mirada femenina, y con el tiempo me fijé que eventualmente también atraía alguna masculina. Para ese entonces por la edad, y mi tez podría dar la impresión de alguien delicado, blanco, de rostro y cuerpo bien cuidado para dar una buena apariencia y bueno, no es que estuviese muy alejado de eso.

    Nunca me había sido difícil llegar a la cama con alguna chica, pero en ese punto de mi vida había algo más que llamaba mi atención: probar una buena verga.

    Quizás fue el ver tantas escenas porno, la idea fantasiosa que te venden de mujeres disfrutando un buen trozo de carne, saborear cual manjar una corrida de semen, o quizás el simple hecho de la curiosidad, pero me había predispuesto a que tenía que probar el sentir una verga, y en lo posible, no solo probarla con los labios.

    Capítulo 2: Empieza la búsqueda

    Ya estaba decidido a que tenía que pasar, ahora tenía que encontrar con quién podría pasar. Luego de meditar un poco a mis amistades y conocidos, y el hecho de que quería que en lo posible todo ésto quedara en secreto ya que socialmente he sido y sigo siendo de aspecto completamente varonil, debía encontrar a este generoso colaborador por otros medios. Fue así que empecé a registrarme en cual más sitio de citas que encontraba, principalmente aquellos de mi país. Si mal no recuerdo, por aquel entonces no existían App para citas, o quizás simplemente prefería realizar una búsqueda de la manera más anónima posible.

    Empecé a contactar gente, platicar con uno y otro. Me resultó curioso como encontrar alguien que me quiera partir el culo resultó ser más difícil de lo que creía, luego aprendí que en este medio más sobran los pasivos que los activos, y estos en verdad son escasos en comparación a los primeros.

    En mi búsqueda me encontré con cual más pendejo que solo buscaba una charla caliente. En ocasiones algunos cortaban la plática cuando ya se estaba por concretar algo, y en cambio otros me hacían proposiciones que por algún motivo no me inspiraban confianza, así que bueno, decidí hacer caso a éste instinto y mejor seguí buscando.

    Ya había pasado más de un mes en esto, ciertamente no estaba para nada desesperado pero el definitiva no había sido tan sencillo como había pensado, o quizás simplemente algo no estaba haciendo bien! Pero entre las pláticas con varios de los que ya tenía como pseudo candidatos, alguien me empezó a inspirar confianza. Conversábamos de lo más normal, y de repente empezábamos con el chat más cachondo. No se mostraba desesperado por querer el sexo pero mostraba el interés suficiente, le conté cual era mi propósito de todo esto y luego de compartir y compartir fotos, decidimos encontrarnos y conocernos. Habremos pasado dos semanas en plática, ya me había pegado varios pajazos con las fotos de su verga y el me mostraba unas buenas pajas con harto semen luego de pasarle las fotos de mi culo, así que después de ponernos de acuerdo, el momento finalmente había llegado.

    Capítulo 3: Llegó el día del encuentro (aquí empieza el relato del sexo)

    Marcos y yo quedamos en encontrarnos. Yo tenía carro, pero no quería hacerlo saber hasta qué sea inevitable, quedamos en vernos y supuestamente luego de encontrarnos cogeríamos un taxi para luego cogernos (jajaja)

    Llegué al punto he inmediatamente lo reconocí por su vestimenta, fue tal cual me había dicho que iría. Para mi desilusión o encanto, su aspecto no era muy varonil, contextura gruesa, un gordito con cara graciosa, usaba lentes, piel canela, sin muestras de que lleve una vida activa y hasta con ciertos rasgos afeminados, como su cabello, que pareciera que se había quedado en la época emo, y principalmente su voz y forma de hablar, saludamos de la mano y le dije que suba, que era yo, y que me había conseguido un carro para este día. Con recelo subió(y bueno quien no lo haría) y ya adentro me dijo que era más guapo de lo que pensaba, me reí genuinamente ya que yo pensaba todo lo contrario, pero solo le respondí un gracias, y le agradecí de paso con un roce a su entrepierna. Con gracia o no, yo estaba en esa situación por solo una cosa: su verga. Así que no me iba a andar con rodeos jajaja.

    Le dije que si no tenía problema iríamos a mi departamento, no tenía yo ningún inconveniente en llevarlo ya que en realidad era un lugar muy discreto y sin tantos vecinos que anden de metidos en la vida ajena. En el camino le seguí tocando la pierna, rozando sus muslos, y de momentos sobando su pene, me gustó lo que sentí, así que por ese lado iba muy bien. La plática fue agradable, eso me hizo entrar mucho en confianza. Hablamos abiertamente de lo que yo quería y le dije pregunté si no le incomodaba que posiblemente todo termine en una mamada (le había prometido que no lo haría ir por gusto pero que no le aseguraba que todo vaya a pasar), me respondió que estaba bien.

    Paramos a comprar unas cervezas, al menos yo, realmente las necesitaba. Llegamos a mi casa y empezamos a tomar. Ni cinco minutos y decidí dar el gran paso, sabía que si no arrancaba rápido quizás yo me podría arrepentir al final.

    Aquí hago una pausa, olvidé decirles que le había dicho a Marcos que no quería nada de besos que lo único que besaría sería su verga jajaja.

    Continuó, luego de sobar y sobar por encima de la ropa, le bajé su cremallera y saqué de una vez por todas aquella paleta que tanto quería saborear, y que ciertamente, me había despertado el interés por lo que iba tocando en el camino, y pues, lo que salió de esa cremallera estuvo más que bien. 17 centímetros aproximadamente calculados al ojo mi pene mide 15 bien erecto, y me era fácil calcular la diferencia, pero su plus y encanto era su grosor, fácilmente 5 centímetros de diámetro, una buena verga gorda, el gordito tenía lo suyo, y mi lengua y boca no podían esperar más.

    Empecé a mamar, apliqué todo los juegos y movimientos que en algún momento yo había sentido, mi lujuria y mi pene estaban al límite, sentía como tenía mi verga tiesa como un fierro, y estaba así por estarle mamando la verga a otro. Jugué con mi lengua de arriba hacia abajo.

    Desde la base hasta la punta del glande, jugué con sus bolas que para complementar su pene, estaban inmensas, y me dijo que llevaba al menos toda la semana sin pegarse una paja (era sábado) indirectamente saber eso me puso más caliente, imaginaba recibiendo una tremenda carga de semen en mi boca. Seguí mamando y seguí poniendo a práctica lo previamente sentido. Me metí toda su verga a mi boca, realmente fue en desafío, y el perverso aprovechó para agarrarme con fuerza y presionarme hacia su pene, haciendo que me atragante un poco en el proceso, más que seguro por la falta de experiencia, pero eso no me iba a detener, seguí aguantando la respiración, dejando que de rienda suelta a su malicia a ver hasta dónde llegaba, y que esta sea saciada. Me soltó, respire, lo miré, y después de reírme se lo seguí mamando, como me encantaba lo que estaba haciendo en verdad lo estaba disfrutando, lo habré hecho sin detenerme por lo menos unos 20 minutos, ya empezaba a dolerme la garganta así que le dije que debía parar, y que estaba listo y decidido, a mi boca no era el único agujero que su gorda verga iba a entrar.

    Le pedí que nos diéramos un baño, ciertamente era un día caluroso, y siempre me he gustado el sexo en la ducha.

    Fuimos a la ducha o regadera, como la conozcan en sus países. Seguí mamando esa buena verga, en verdad me había enganchado, cual dulce que quieres acabar pero a la vez seguir saboreando. Empezó a jugar con mi ano, pasaba sus dedos, y empezó poco a poco a introducir uno. Me preguntó si me gustaba masturbarme metiendo cosas en mi ano y le dije que fuera de mi dedo para estimular mi punto g, nada más había entrado. Me puso contra la pared, me gustaba esa eventual agresividad, por lo general en el sexo siempre he sido más liderante aun cuando me dejo llevar y me pongo presto a lo que la otra persona quiera. Pero esta ocasión era diferente, me sentía como una mansa paloma, dejando que me mueva a su antojo, me arrimó a la pared y bajó hacia mi culo, empezó a besar mis nalgas, a darles pequeños mordiscos, y poco a poco a acercarse con su lengua a mi agujero, ciertamente me tenía con ansias que no vaya directo, el infeliz sabía bien lo que hacía, me tenía psicológicamente deseando su verga solo me faltaba preparar mi cuerpo.

    Luego de finalmente tocar mi ano con su lengua, me hizo estremecer con solo sentir como la colocaba, aún sin siquiera moverla. Empezó a meterse cada vez más adentro, y finalmente me dijo: ya vamos a la cama.

    Yo estaba inquieto, excitado y a la vez ansioso, pero con un poco de recelo, ya que sentía como aún mi ano estaba rígido, no estaba listo para una penetración, pero en mi mente era lo que más deseaba.

    Le dije a Marcos que en realidad iba a ser mi primera vez que me dieran por el culo, y luego de pedir que se lo afirmara, me dijo que tendría cuidado para que no me arrepienta y el lo posible quiera repetirlo en el futuro.

    Me colocó en posición de un 69, empezó a chupar mi ano con mucha más intensidad, sentía como estaba lubricado de su saliva, pero aparte de eso, de momentos cogía mis propios líquidos pre seminales y los suyos, y al parecer con los dedos se iba abriendo más y más camino. Seguimos con esto un poco más, me dijo sorprendido que podía ver cuándo estaba deseando ese momento ya que nunca perdí mi erección, le pregunté si iba a usar condón, y me dijo que él no cargaba, yo si tenía, pero irresponsablemente le dije que no quería usarlo, y que quería que me lo meta lo más fácil posible. Me dejó de mamar el culo, sentía claramente como mi culo se había convertido en un lugar baboso, y me dijo que finalmente ya estaba listo…

    Me colocó de lado, empezó a meterme un dedo, luego forcejeo para meter dos, finalmente terminó introduciendo tres, a modo de tornillo los introducía y sentía como mi ano ya se había dilatado. Esto no duró mucho y finalmente colocó su glande en la entrada de mi culo y poco a poco lo empujaba cada vez más, me había dilatado tanto que realmente no le fue tan difícil meter la cabeza de su verga, y ya con ese trozo de carne adentro solo fue cuestión de un poco de paciencia para terminar clavándomela toda. Sentía como mi cuerpo y mi ano palpitaba, me costaba aguantarlo, un cuerpo ajeno al mío estaba entrando cada vez más, y mi mente disfrutaba, pero mi cuerpo aún no cedía.

    Marcos sabía hacer muy bien lo suyo, beso mi cuello, mi espalda, me seguía excitando más, y finalmente terminó introduciendo su gruesa verga. Empezó a meterla y sacarla, mi ano estaba adaptado a su verga, fue delicioso sentirlo en lo apretado que estaba mi culo, Marcos bombeaba y bombeaba, yo aún en posición fetal, sudando frío, pero disfrutando cada vez más el momento. De repente, se detuvo y me dijo en voz suave: lo siento, tienes un culo tan delicioso y apretado que me has hecho acabar. Yo no lo podía creer, que había sucedido? Porqué tan de repente? Como no pude si quiera tener una sospecha de que lo iba a hacer, o de que lo había hecho? Apenas si terminaba de pensar en eso y Marcos que aún movía poco a poco su verga dentro de mí, empiezo a sentir como empezaba a chorrear su semen de mi culo mientras sacaba su verga. Mi deseo voyerista me hizo pedirle que grabe ese momento con mi teléfono (por cualquier cosa mejor que sea del mío) quería tener el recuerdo no sólo en mi memoria sino también en la de mi teléfono, del primer día en que me llenaron el culito de leche, y ciertamente, me encantaba volver a ver una y otra vez ese vídeo.

    Retomando el momento, aunque lo había disfrutado, no podía creer que haya sido más breve de lo que esperaba. Aquella ocasión sólo nos limpiamos, y le dije a Marcos que era mejor ya irnos ya que tenía planes para esa noche. Marcos asintió con un poco de desaire, pero le dije que no lo tomara a mal, que me había gustado mucho y que tenía ganas de repetirlo una próxima ocasión, y así lo lleve de regreso hasta donde lo recogí, nos despedimos de la mano, y quedamos en volver a vernos.

    Capítulo 4: Mi consagración como putita

    Originalmente pensaba hacer dos relatos con este tema, pero considero que otro relato sería repetir mucho preámbulo, así que mejor me animé a contarlo aquí mismo.

    La semana después de nuestro primer encuentro chateamos bastante, fue de bastante sexting, envío de fotos, y comentarios a cómo había sido la experiencia. No tardamos mucho en poner fecha para un segundo encuentro, y lo siguiente pasó a dos semanas de lo primero que les relaté.

    Me excitaba con la idea de solo recordar lo que había pasado, tal como me sucede en el momento que redacto esta historia, si me preguntara alguien de confianza, le diría que todo hombre debe probar al menos una vez el ser penetrado, realmente la sensación es algo muy distinto, y quizás no debería ser asociado directamente con la homosexualidad, pero bueno, eso es otro tema, volvamos a lo nuestro.

    Estaba como loco por volver a sentir esa verga, realmente ahora que lo pienso, me doy cuenta de que en esos tiempos sólo veía a Marcos cómo un consolador de carne y hueso, y quería satisfacerme nuevamente.

    Nos enviábamos fotos y vídeos explícitos, Marcos se masturbaba y me enviaba cuanto semen salía, yo prácticamente me saboreaba de solo ver las fotos, mi libido estaba en las nubes, yo le enviaba videos tocando mi ano, abriéndolo, introduciendo un dedo, meneando mi culo cual perra en celo, ese fin de semana quedamos en volver a vernos, y saciar finalmente todas esas ganas.

    Lo volví a recoger en el mismo sitio, esta vez no solo saludé a Marcos con un apretón de manos, sino también con un apretón a su verga, era más que claro que era lo que más me emocionaba de ver nuevamente. Fuimos a mi casa, en el camino la vergüenza se hizo un poco presente, e íbamos conversando un poco de la vida sexual previa del uno y del otro en vez de hablar directamente de nosotros, de momentos acariciaba su pierna y rozaba su bulto, no quería yo mismo ponerme por algún motivo muy nervioso así que seguía calentando cual deportista antes de un encuentro importante.

    Le pregunté a Marcos si tenía mucha leche para mí, y me dijo que llevaba tres días desde la última paja, así que esperaba satisfacer mis ganas y necesidades de productos lácteos.

    Llegamos a mi departamento en inmediatamente fuimos al sofá, esta vez tenía ganas de jugar un poco más con mi boca así que fui por una cerveza que tenía en la nevera y se la empecé a derramar sobre su verga que ya la había sacado del pantalón desde que cruzamos la puerta. Le di una mamada como jamás me hubiese imaginado darla, si la primera vez había sido un putito goloso, esta vez estaba siendo toda una loca desatada, lamía, succionaba, mordía, hacia una y otra cosa para saborear esa buena verga, y Marcos lo disfrutaba, me apretaba con fuerza hacia su verga, me dio unas buenas cachetadas con su miembro, sabía lo que deseaba, y entonces me dice que era suficiente y que ya me quería clavar, a lo que no me opuse ya que aparte de estar esperando ese momento, ya para esto había mamado su verga por al menos diez minutos y la garganta ya me empezaba a fastidiar.

    Fuimos a la cama y saco un sobre de lubricante, me dijo que esta vez no me esperaría tanto a dilatar ya que mi culito ya estaba preparado, aun así le dije que quería que me hiciera un buen beso negro ya que realmente lo disfrutaba, a lo cual accedió de manera muy complaciente y me hizo nuevamente ver estrellas con esa lengua.

    Ahora si, ya satisfecho con eso, me colocó boca abajo, derramó el lubricante sobre mi culo y su pene, y empezó a rozarlo entre mis nalgas, las que se abrían y aceptaban muy bien ese suculento trozo de carne, cual chorizo entre dos panes.

    De repente coloca su glande en mi ano y empieza a empujarlo, empecé a sudar frío por el dolor, en ese momento realicé que aún mi culo no estaba listo, pero ni modo, ya estaba con la verga adentro, empecé a moverme tratando que su verga se coloque mejor cuando justo me hace levantar el culo colocándome en cuatro, con la colita levantada, empezó a darme más y más duro, sufría y a la vez gozaba, le pedí que grabara mientras me daba en cuatro y gracias a eso tengo un rico vídeo de cómo su verga entre y sale de mi culo que sudaba y no precisamente porque el clima estuviera caluroso.

    No satisfecho con eso, Marcos me da la vuelta y cual misionero me pone piernas al hombro y empieza nuevamente a bombear su verga dentro de mi culo, con mis piernas bien levantadas sentía que su verga entraba aún más al fondo, ver su cara de malicia mientras me lo metía era satisfactorio, el dolor ya había desaparecido casi por completo y me entrega completamente a esa deliciosa estimulación de próstata. A diferencia de nuestro primer encuentro, esta vez yo también quería acabar y estaba dispuesto a masturbarme cuando Marcos me dice que espere un poco más y que lo deje acabar primero, yo ya estaba desesperado porque empezaba poco a poco a comer ansias, me quería masturbar y el lubricante empezaba a perder su efecto así que sus embestidas las sentía cada vez más, realmente ya llevábamos más de hora y media en esto, estaba sorprendido de su aguante en comparación con la primera vez que no me aguanté la curiosidad y le pregunté si por lo general siempre tardaba tanto, a lo que me respondió que sí y que realmente la primera vez fue lo apretado de mi culito lo que lo hizo acabar tan pronto, pero me consoló diciéndome que ya no aguantaba más y que finalmente iba a acabar, inmediatamente antes de que lo haga le dije que quería que me diera toda su leche en la boca, tenía la fantasía de que me llene la boca de leche, a lo que accedió pero lamentablemente no cumplió, apenas si me lo sacó del ano y con una pequeña jalada de su mano me aventó toda su leche en el rostro y mi pecho, no era lo que había pedido pero me sentí satisfecho, me dio un buen baño de semen, realmente muy pocas veces yo había acabado tanto, me enlecho toda la cama, mi rostro, y mi pecho en el proceso, sacó tanta leche que sólo me quedaba cambiar las sábanas luego de eso. Disfruté de su baño de semen y terminé dando una pequeña mamada a su verga, a la que sentí como le saqué una pequeña cantidad de leche adicional.

    En ese momento me detuve porque me puse a pensar que tan limpio había estado mi culo como para meterme su verga a mi boca después de que hubiese estado en mi culo así que deje de mamar por si las moscas, igual ya no aguantaba más y me terminé jalando la verga para finalmente y de una vez por todas cerrar el orgasmo que tanto ansiaba. Marcos se acostó a mi lado mientras rozaba mi pene, lo que yo me dí la vuelta para que mejor sobara mi culo.

    Ciertamente había fantaseado con tener una sesión interminable de sexo, pero el haber yo acabado bajó mi libido abruptamente, Marcos me dijo si teníamos aún tiempo para hacerlo de nuevo, su verga estaba en un punto medio entre flácida y dura, fui honesto y le dije que haber acabado me hizo perder el libido, pero que podía tratar de complacerlo con mi boca si lo deseaba, pero que primero nos diéramos una ducha. Nos fuimos a meter en la ducha, Marcos nuevamente empezó a besar mi culo, y jugar con su lengua, y aunque lo sentía agradable, no me estaba excitando como antes, por lo que decidí no forzar más la situación y le dije que me dejara terminar nuestra sesión de hoy con un beso de despedida a mi delicioso amigo entre sus piernas, realmente baje a darle un beso pero Marcos aprovechó para metérmelo en la boca y ponerme a mamar un poco más. Luego de eso ya finalmente salimos y nos vestimos. Lo llevé de regreso a donde una vez más lo había recogido y en el camino vimos los buenos videos que había grabado. Me preguntó xq no me animaba a besarlo y le respondí que sinceramente lo que me gustaba era la verga, y que besar otro hombre no me era apetecible. Me respondió que quizás sí lo hubiese hecho me hubiese excitado y podríamos haber seguido, pero entendió con la expresión de mi rostro que realmente no estaba interesado en besarlo, por lo que solo sonrió y me dijo: no me besas pero te comes toda mi verga, a lo que me reí y le contesté si tenía un problema con eso, y replicó que por el estaba bien.

    Llegamos a su parada y nos despedimos una vez más como buenos amigos.

    Epílogo:

    Esta ha sido la historia de cómo entregué mi culo por completo a un hombre. Tuvimos unos encuentros más con Marcos pero eso lo dejo quizás para otra ocasión. Gracias por haber leído hasta aquí, espero que hayan disfrutado leerla, yo disfruté escribirla y ya me pegué al menos tres pajas entre el tiempo que me tomó redactar esto.

    Si han leído otros de mis relatos, les comento que últimamente he querido volver a hacer un trío con mi mujer pero esta vez participar más con el hombre, aunque es riesgoso, no sé cómo lo tome mi mujer y si quizás sea muy impactante para ella. Quién sabe si algún día de verdad pase. Hasta la próxima!

  • Noches de póker (Parte 2)

    Noches de póker (Parte 2)

    El siguiente jueves Marcelo se dejó perder y yo me ofrecí a ayudar. Ese día yo iba vestido con jeans y polera negra. Si me viera al espejo, vería a un cuarentón de un metro ochenta, con barba, peludo. Mi contextura no es tan gruesa, pero ya se ve el estrago de la cerveza en mi cintura. Marcelo iba con bermudas y una polera verde, mide un metro setenta y es de contextura delgada. Se cuida mucho ya que va al gimnasio.

    Esperamos a que todos se fueran y comenzamos a ordenar y asear. Estaba terminando de lavar los vasos, cuando siento un abrazo por detrás y una boca que besa mi cuello. Sentí su excitación apretándose contra mi trasero. Me di vuelta, con las manos mojadas y le tomé su cara mientras nos besábamos.

    La última vez fui tu putita, hoy tú serás la mía.

    Me tomó de la mano y me llevó a la habitación. Ya habíamos puesto el pestillo en la puerta del departamento, no queríamos que nos volvieran a sorprender. – Desnúdame, me dijo. Y yo, obediente, lo fui desvistiendo, primero su polera, dejando a la vista su pecho depilado, sus pezones ya estaban duros y los comencé a besar y chupar, mientras mis manos bajaban a su pantalón que fui desabrochando y bajando el cierre y metiendo mi mano para acariciarle sobre el boxer.

    Terminé de bajar su pantalón, para ello tuve que agacharme, hasta quedar de rodillas frente a él. Bajé sus boxer de un tirón y su verga parada quedó frente a mi cara. Él ayudó levantando los pies para que sus pantalones y boxer salieran y yo lo miré, de rodillas. -¿Así que quieres que sea tu putita? ¿Y qué quieres que haga tu putita? – Cómemelo, chúpalo como si tu vida fuera en ello. Yo comencé a lamérselo y meterlo dentro de mi boca, su pene de 20 cm cabía completo y yo lo tragaba, evitando las arcadas, pero sintiendo sus pelos como cosquilleaban en mi nariz y se enredaban con mi barba. Lo saqué de mi boca para lamerlo por el lado hasta llegar a su base y luego bajar a sus testículos, los metí en mi boca y seguí bajando hasta su perineo. Marcelo se dejó caer en la cama y levantó sus piernas poniéndo sus pies en mis hombros. Me acerqué para seguir lamiendo esa zona y finalmente su culo, el que violé con mi lengua y le hice sacar gemidos de placer. Con mi mano lo masturbaba y podía sentir lo duro que lo tenía. – Voy a terminar, dijo en jadeos y yo subí rápido hasta meterlo de nuevo en mi boca y sentí como explotaba, sentí su semen salir y llenar mi boca, fui tragando todo lo que pude pero una gran parte me chorreaba. Yo, todavía vestido, me quedé viendo como su pene se iba poniendo flácido, pero seguí masturbándolo y mirándole su sexo, sus testículos, sus nalgas.

    Estuvo así tirado un rato, hasta que se levantó y me vio, todavía en el suelo. Buscó su pantalón y sacó algo del bolsillo. Me lo mostró y vi una botella de lubricante. – Mi putita, te voy a tratar muy bien, mejor de como me trataste tú a mi. Diciendo eso, ayudó a desnudarme. Gentilmente me llevó a la cama y me puso en 4. Luego, con sus dedos, fue aplicando lubricante en mi ano, empujándolo un poco, metiendo un dedo y luego dos. Se puso un poco más en su falo y lo sentí acomodarse. Me tomó de las caderas y trató de meterlo, pude sentir su miembro tratando de entrar, ayudé abriéndome y le dije: – No lo hagas tan fuerte, es mi primera vez. – La semana pasada también fue mi primera vez, cabrón. Con eso, sentí una fuerte presión en mi culo, pero con el lubricante, no duró mucho. Mi ano se abrió para dejar paso a su verga, lentamente, hasta que sentí como sus caderas se pegaban a mis nalgas y supe que entró completo. Comenzó a meterlo y sacarlo, bombeando y yo a mover mis caderas al ritmo. En un momento, paró, con su miembro completamente dentro de mi. Estiró su mano hasta que me agarró mi miembro y comenzó a masturbarme. – Diablos, no puedo terminar, dame tu a mi. Y con eso, se salió de mi y se puso en 4, justo al lado mío. Sin perder el tiempo, me puse detrás y apliqué lubricante en su culo y mi miembro. Comencé a metérselo, solo la puntita y le di dos palmadas en sus nalgas, fuertes, sonoras. Vi como levantaba la cabeza en sorpresa y placer y aproveché de tomarlo por el pelo y le hundí mis 18 cm completos en su culo. Soltó un gritito de dolor, pero también de placer y comencé a meterlo y sacarlo, mientras seguí tirando su pelo y dándole palmadas. Se giró a la derecha y se puso de espaldas levantando sus piernas, invitándome. Yo me puse en posición y tomé las almohadas de la cama para ponerlas debajo de sus caderas, él ayudó lo más que pudo, acomodándose.

    Lo vi, ahí, caliente, excitado, tomándose las piernas, presentando su culo para mi. Puse sus piernas en mis hombros y esta vez, con gentileza fui entrando en su culo, viendo cómo lo iba disfrutando. Su pene estaba mojado con lubricante, pero también pude ver como le salía líquido. Se lo tomé y comencé a masturbarlo al mismo ritmo que iba yo entrando y saliendo, sus caderas en movimiento, sus manos tomaron sus propios pezones y los pellizcaba. Por instinto subí mi otra mano hasta su garganta y comencé a apretarla, ahogándolo y viendo como perdía el aliento. Lo solté pero me dijo que lo volviera a hacer, que no parara. Así que cumplí y lo asfixié, dándole bocanadas de aire en donde escuchaba sus gemidos de placer. En un momento, sentí su miembro endurecerse al máximo y tuvo un orgasmo largo, mientras yo seguía entrando y saliendo. Su semen brotaba de su miembro, increíble la cantidad considerando que era su segunda terminada de la noche. Me concentré en mi propio placer, olvidándome por completo de él, solo sintiendo el roce de mi pene en ese culo apretado hasta que obtuve mi premio. Mi orgasmo fue como si hubiesen abierto una llave, parecían litros de semen saliendo y llenando sus entrañas. Me salí y rodé en la cama quedando boca arriba, él me siguió hasta que su cabeza quedó apoyada en mi pecho.

    No es justo, me dijo, yo quería que fueras mi puta y volví a ser la tuya.

    Jajaja, quizás es lo quieres. Quizás deba ponerte un nombre de mujer. María o Marcela.

    No, hombre, no juegues con eso. Tú sabes que tengo esposa.

    No te preocupes, yo también tengo esposa

    Nos fuimos a bañar y quedamos de vernos la siguiente semana. Ana solo podría venir una vez al mes, así que teníamos dos semanas más para estar solos. Decidimos suspender el partido de póker de la siguiente semana, para tener más tiempo para nosotros.

    Cuando llegué el siguiente jueves, Marcelo ya estaba en el departamento. Desde el dormitorio me preguntó si era yo y le respondí que sí. – Puedes servir un par de tragos? Te tengo una sorpresa.

    Yo serví dos tragos y me acomodé en el sillón. Estas sesiones con él han sido un quiebre en nuestras rutinas. Mi vida sexual mejoró muchísimo y mi esposa estaba feliz. Nunca pensé en estar con un hombre. Nunca pensé en ser bisexual o nada parecido. Pero aquí estaba, listo para tener una sesión de sexo con mi amigo.

    Marcelo había entrado a la habitación, pero quien salió, no era él.

    Quien entró al living era una mujer rubia, maquillada. Vestida con una blusa blanca con escote que dejaba traslucir un sostén con encajes, una minifalda negra y unas medias con liguero, en sus pies, unos zapatos negros de taco no tan alto, porque se veía que tenía algunos problemas para caminar.

    Guau, dije yo. ¿A quién tenemos aquí?

    Hola, me dijo, tendiendo su manos, en la que lucía unos guantes de seda. Soy María.

    Marcelo se había llevado la idea de nuestra conversación la semana pasada. Y había preparado esta transformación para mi.

    Ese atuendo es muy lindo, ¿qué tal si lo modelas para mi?

    Esta bien.

    Y con eso, comenzó a caminar sensualmente avanzando con un pie delante del otro, moviendo sus caderas grácilmente. Puse música lenta, un jazz suave, y me acerqué a ella. Le tomé las manos y la atraje hacia mí, suavemente, puse sus manos sobre mis hombros y la tomé de las caderas comenzando a bailar. Estuvimos mirándonos mientras nuestros cuerpos se movían al ritmo de la música, mis manos subían y bajaban de sus caderas a sus nalgas y vuelta. Ella se apretó más, nuestros rostros se juntaron, sentí su aliento y nos besamos. Por segundos, minutos, solo podía sentir su lengua junto a la mía. La calentura fue subiendo, mis manos se deslizaron bajo su falda, pero ella se alejó. Me pidió que me sentara en el sillón y luego movió otros muebles para dejar un espacio al frente. Usó su celular para escoger otra canción y comenzó a bailar, sensual, dando la vuelta y agachándose, contoneándose y disfrutando la música. Luego cambió la canción por una más lenta, bajó las luces hasta dejar solo una lámpara. Comenzó a bailar nuevamente, pero esta vez, soltando los botones de su blusa, su baile sexy y acompasado, su sonrisa maliciosa, peluca moviéndose al ritmo. Su blusa cayó a mis pies, cuando la lanzó juguetona. Luego, bajó el cierre de su minifalda y ésta cayó, dejando lucir su tanga, que hacía juego con los encajes de su sostén. Sin dejar de bailar, se fue acercando a mí y como una bailarina de club nocturno, me dio un lap dance perfecto. Sus caderas moviéndose, frotándose contra mis piernas y vientre.

    Yo estaba en la gloria, disfrutando sus caricias y el espectáculo de sus nalgas en ropa interior. Comencé a acariciar sus caderas y trasero, separando sus cachetes para ver el hilo de la tanga que estaba usando. Mojé un dedo y moví el hilo a un lado, luego lo puse en la entrada de su culo, sin meterlo, solo acariciando, pero pude sentir el cambio en sus movimientos, como presionaba su cuerpo contra mi dedo, así que lo introduje. Una falange, otra más, sintiendo como se nos acelera el pulso a los dos. Sus manos buscaron mi pantalón, desabrochado, abriendo el cierre y sacando mi pene duro y mojado. Sin preámbulos, se sentó sobre él directamente, buscando introducirlo en su culo. Apoyó sus manos en mis rodillas hasta que encontró el ángulo perfecto y se sentó. Por un segundo sentí que mi miembro se iba a quebrar o algo así, pero entró completo en ella. Sus caderas empezaron a subir y bajar.

    Dámelo todo papi, hazme tu perra que quiero ser tuya. Hazme mujer, hazme tuya

    Ella empezó a pedir más y más y yo la agarré de las caderas para metérselo con fuerza, luego me paré y sin sacárselo, la apoyé contra la pared, mis pantalones y boxers cayendo hasta mis tobillos. Comencé a embestirla con fuerza, con ganas, dándole palmadas en las nalgas, hablándole al oído diciéndole puta, maraca, perra, eres mi hembra, mi mujer, nunca serás de nadie más. En ese momento sentí su orgasmo y ni un segundo adicional sentí el mío, nuestras piernas se doblaban con cada sacudida, mi semen llenando su culo. María podía sentir el fuego en sus entrañas, como la llenaba y la complacía, su propio semen mojando la pared, ya que su miembro se había salido de la tanga.

    Hicimos el amor varias veces más, aunque con menos energía, ninguno de los dos era tan joven, pero ese día la hice sentir mujer y cada jueves, luego de jugar póker, esperaba a que Marcelo se fuera a preparar y María hiciera su aparición.