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  • De casualidad

    De casualidad

    Llegado el fin de semana, decidimos salir de casa para cambiar de ambiente. No teníamos nada programado, así que salimos a darnos una vuelta por ahí y relajarnos de la rutina diaria. Sin algo especial en mente, la verdad es que estuvimos abiertos a pasar el tiempo entretenidos en lo que la vida nocturna nos ofreciera.

    Fuimos a visitar una zona muy frecuentada de la ciudad. Caminando por el lugar, nos llamó la atención entrar a un bar, tomarnos unos tragos y escuchar música. La iluminación era muy tenue adentro y el ambiente muy cálido, de manera que nos agradó a la primera impresión.

    Para nuestra sorpresa, muy al fondo del lugar, además de música, los televisores proyectaban cine rojo y había muchas parejitas conversando, muy juntitas y al parecer muy enamoradas. En principio nos pareció el lugar equivocado, pero decidimos quedarnos y pasar un buen rato. Además, las películas eróticas que se proyectaban le daban cierto encanto al hecho de estar allí y ciertamente resultaban excitantes.

    Sin embargo, más tarde, simplemente nos pareció monótono el ambiente y decidimos darnos una vuelta por otro lugar. Abandonamos el sitio un tanto excitados por la impresión que las películas habían causado en nosotros, pero, sin nada especial para hacer, empezamos a deambular por las calles sin rumbo fijo. Veíamos gente por doquier y disfrutábamos de la vista.

    Nos llamó la atención otro bar, muy bien decorado e iluminado, así que decidimos entrar. Al igual que el anterior, el lugar tenía luces muy tenues, y, como entretención para adultos, se presentaban shows de striptease. Nos gustó la presentación que allí se estaba dando, así que nos acomodamos para pasar el rato. Pedimos bebidas y snacks y nos dispusimos a terminar de para la noche.

    Habrían pasado tres shows cuando, en medio de la penumbra, nos pareció identificar una figura conocida en medio de las personas que ingresaban al lugar. Se trataba de un hombre negro, que, con tan poca luz, todavía más oscuro se veía. El tipo recorría el sitio, mirando con detalle, de mesa en mesa, a todas las personas que estábamos ahí. Y no tardó en llegar hasta nosotros. Al vernos puso cara de sorpresa y atinó a decir, admirado, ¡mire donde los vine a encontrar!

    ¡Hola! Dijimos mi esposa y yo al unísono. ¡Qué casualidad! ¿Qué haces por aquí? Hace días estaba con la intención de visitar uno de estos sitios y vine a darme una vuelta por estos lados y ver si ligaba algún programa. Y parece que estoy de buenas porque me los encontré a ustedes, comentó. ¿Los puedo acompañar? Sí, claro, respondí, mirando a mi esposa, quien no puso ninguna objeción. Wilson, su corneador habitual, y que casualmente llegó a ese lugar, rápidamente se ubicó al lado de ella y, hablándole al oído, le empezó a conversar.

    Supuestamente estábamos entretenidos observando a las muchachas en los shows, pero aquellos, mi esposa y Wilson, bien pronto decidieron buscar su propia entretención. Cuando medí cuenta, ya mi esposa estaba inclinada mamándole la verga a su macho, totalmente indiferente de lo que allí pasaba y Wilson, claro, había encontrado su entretención en la noche. El estaba feliz, disfrutando el trabajo que hacía la boca de mi mujer con su pene.

    ¡Patrón! Me dijo, parece, que la patrona tiene ganas. ¿Hace cuánto que no le hace mantenimiento? La verdad, no mucho, le contesté, pero usted sabe que ella se prende de inmediato cuando usted aparece en escena. Sí, me estoy dando cuenta, comentó. Ustedes dirán. Yo no tengo nada que hacer esta noche. Espérese a qué termine lo que está haciendo y le preguntamos qué quiere hacer.

    Un rato después, haciéndose la desentendida de todo, ella se incorporó para seguir viendo los shows y pareció dar a entender que nada había pasado. Y era evidente que la calentura ya se estaba manifestando, porque al minuto ya se estaba besando con Wilson de manera descarada, en frente mío, como si yo no existiera. Seguir como si nada hubiera pasado. Y nuestro amigo, seguro que su conducta era tolerada, se aprovechaba para estimular su clítoris sin resistencia alguna en medio de aquella oscuridad.

    Creo que ya está bueno, dijo ella en algún momento, tratando de mostrarse cuerda y sensata ante la calentura a la que la tenía sometida su corneador. ¿Está bueno, de qué? Pregunté. Pues que ya están repitiendo los mismos shows y ya llevamos un buen rato aquí. Podríamos irnos a otro lado. Perfecto, respondí. ¡Vamos pues! ¿Y a dónde quieres ir? No sé, respondió. Vamos a otro lugar, dijo, pero no concretó a qué lugar exactamente. Suele mostrarse indiferente en estas situaciones y no dar indicios de lo que realmente quiere.

    Wilson, cómplice en estas situaciones, comentó: No le gustaría ir a bailar un rato y así nos calentamos un poquito, porque está haciendo frío. Me parece buena idea. ¿Dónde? Pues, vamos y busquemos, por acá debe haber varios sitios. Y, dado que estuvieron de acuerdo en ese plan, salimos del lugar y emprendimos la búsqueda, que no fue difícil, porque, casi que al frente de donde estábamos había una discoteca. Así que prácticamente salimos de un sitio e ingresamos a otro, sin mucha demora.

    El corneador tenía sus ideas claras con respecto a lo que se venía, por supuesto, y ella, por lo que vería a continuación, parecía que también. Entramos al lugar, nos acomodamos en una mesa y dado que había buena música, la invité a bailar. Así que salimos los dos a probar la pista de baile y calentar el ambiente. El lugar estaba animado y estuvimos danzando, tal vez, unas tres o cuatro piezas, mientras Wilson, en la mesa, bebía algunos tragos de licor y esperaba su turno con paciencia.

    Al llegar a la mesa, yo venía con la intención de darme una pausa. Ella, por el contrario, ya insinuaba que quería algo más de acción y le hizo señas a Wilson para que la acompañara a la pista de baile nuevamente. Y él, sin duda alguna, de inmediato respondió a la invitación levantándose de la mesa como un resorte, siguiéndola sin reparo alguno. Al pasar a mi lado, comentó, como que tiene mucha energía la patrona esta noche.

    Me quedé mirándolos y, como era de esperarse, muy pronto se les vio muy compenetrados, bailando con sus cuerpos muy juntos. Se diría que ya, desde ese mismo instante, copulaban, aunque con la ropa puesta. Era evidente que nuestro amigo hacía todo lo posible para estimular al máximo a su hembra, procurando que ella, por supuesto, estuviese motivada y lista para entregársele cuando llegare el momento. Y con ese propósito forzaba el contacto de su cadera con la de ella, de modo que tuviera presente la dureza de su virilidad en todo momento.

    Observé cómo él le hablaba al oído mientras bailaban y recordé cómo, aquella primera vez, el contacto estrecho de sus cuerpos fue lo que desencadenó que ella tomará la decisión de tener sexo con él, apenas habiéndose conocido. Wilson me confesaría después que, mostrándose ella muy dubitativa y desconfiada, él le había puesto una de sus manos sobre su pene erecto y le había dicho: “Mamita, mira cómo me tienes. Ya nos conocimos, así que conozcámonos bien y no perdamos la oportunidad”. Y, más que las palabras, fue la textura y dureza del miembro varonil lo que desató en ella toda su lujuria.

    Al cabo de un rato volvieron a la mesa. Ella, sin embargo, siguió de largo hacia el baño. El, por el contrario, se quedó conmigo en la mesa y me acompañó bebiendo un trago del vodka que había ordenado para pasar el rato. Patrón, me dijo, la patrona está muy activa y creo que está reclamando mantenimiento. ¿De verdad? Cuestioné. Sí, respondió él, usted y yo ya la conocemos y sabemos cómo se comporta. ¿Y es que ya concretaron algo? Pregunté. No, pero está claro lo que ella quiere, dijo. Y lo que ella quiere es que usted le dé su revolcada, comenté. Ciertamente, así es, respondió.

    Pero, seguí, ¿le ha manifestado algo? No, pero yo sé que va a ser así. Uno lo intuye. Y, tratándose de ella, no es difícil percibirlo. Bueno, contesté, esperemos a que vuelva y definimos qué vamos a hacer.

    Ella, de hecho, al poco rato apareció, maquillada y compuesta nuevamente, porque después del encontrón bailable con el macho de su predilección había quedado bastante desarreglada. Y ya, en sus cabales, se sentó a hacernos compañía y, mostrándose muy relajada y desinhibida, le dijo a Wilson que le sirviera un trago. Así que bebimos los tres. Y después de aquello, nuestro macho, experimentado en las lides de la seducción y muy embaucador, comentó: Les agradezco mucho el ratico, mañana tengo compromisos, así que los tengo que dejar.

    Ella, de inmediato reaccionó. ¿Cómo así? Indagó. ¿No te puedes quedar otro ratico? Bueno, dijo, pero no mucho. Peguémonos la última bailadita, entonces. De modo que mi mujer se levantó, lo cogió de la mano y casi que lo arrastró camino a la pista de baile. Los vi entrelazarse y empezar a dar los primeros pasos de baile, pero casi que, al instante, regresaron a la mesa. ¿Qué pasó? Pregunté. Ella, sin más vueltas, se apuró a decir, ¿podemos irnos a otro lugar? Quiero estar con él antes de que se vaya.

    Bueno, respondí, si quieres, ¿por qué no? Sí, respondió ella. La verdad, si quiero. Pero no le hemos preguntado a Wilson. ¿Será que si tiene tiempo? Pregunté mirándole a él pícaramente. Usted sabe, patrón, que por ustedes hago el sacrificio, contestó. Entonces, ¡vamos! Me apuré a decir. Váyanse adelantando a buscar el carro, que yo ya les alcanzo. Y procedí a acercarme a la barra para cancelar nuestro consumo.

    Cuando llegué al parqueadero, ellos estaban abrazados, besándose apasionadamente, ajenos a lo que pasara a su alrededor. Así que yo, activando el dispositivo para abrir las puertas del vehículo, les dije, ¡menos espectáculo y arriba, pues! Adentro del carro hacen lo que quieran. Y, aunque lo dije a modo de broma, prácticamente así fue, porque ellos optaron por subirse en la silla trasera. Y ella, mi caliente y excitada esposa, no más estar adentro, optó por bajarle el pantalón a nuestro amigo y montársele en su dura y palpitante verga.

    No había nadie más que nosotros en el parqueadero, así que aquellos empezaron su faena sin escrúpulo alguno. Yo me quedé contemplando por el espejo retrovisor cómo ella movía su cuerpo, estando sentada encima de Wilson, quien, entregado al momento, acariciaba su cuerpo llevando las manos por debajo de su blusa. ¿Van a hacerlo aquí o vamos para otro lado? Vamos para otro lado, respondió ella, que no quede muy lejos. Okey, respondí. Pero mientras maniobraba para salir conduciendo del lugar, ambos estaban entregados uno al otro, aprovechando el tiempo.

    Conduje el vehículo fuera del parqueadero y me dirigí a uno de los tantos lugares que frecuentábamos, esperando no tener dificultad para el ingreso, que, a veces, por el día y hora, resultan un tanto congestionados. El trayecto no fue muy largo, tal vez unos diez minutos, porque, en el recorrido pude identificar un sitio que no nos era familiar, pero se le veía disponible. Así que ingresé sin dudar un segundo. Ya llegamos, dije. Así que ellos detuvieron sus escarceos y se comportaron un tanto mientras nos acomodábamos en una habitación.

    No fue problemático, porque el vehículo entra en un garaje que conecta con la habitación, encerrados, lejos de la vista de cualquiera. Así que ellos sin darle importancia a las formas, bajaron un tanto semidesnudos. Mi mujer se había despojado de la falda y sus pantis, de modo que bajó vestida únicamente con su blusa roja, sus medias negras y calzada con sus zapatos de tacón. Y Wilson, más conservador, subiéndose el pantalón y ajustándose el cinturón. El encuentro ya había avanzado, de modo que no había mucho espacio para los preliminares.

    A entrar al cuarto, ella no esperó un instante y terminó de quitarse las pocas prendas que aun la vestían, dejándose puesto, como siempre, sus medias y sus zapatos. El, en respuesta, se apuró a desvestirse, muy rápidamente, para no desentonar con la premura que ambos parecían tener por terminar lo empezado.

    Ella, de inmediato, se acostó sobre la cama y abrió sus piernas coquetamente para recibir a su macho. Estaba realmente excitada y totalmente dispuesta a disfrutar de su hombre sin perder la ocasión. Me excitó sobre manera la forma como Wilson abordó a mi esposa. ¿Empezamos así? o ¿lo quieres hacer de otra manera? le preguntó. Así está bien, respondió ella, pero ¡ya!, pronunció casi que, en tono de súplica, De modo que, con su consentimiento, él la penetró con mucho vigor y a mi gusto un tanto brusco. Sin embargo, ella pareció esperarlo con mucha ansiedad y realmente disfrutarlo, porque, no más sentirse penetrada, empezó a contorsionarse y gemir de manera un tanto descontrolada.

    Él ya sabe lo que le gusta a mi esposa y cómo le gusta, de modo que empezó a desarrollar su rutina y hacerla gemir como sólo él sabe hacerlo. Su verga, tiesa y erecta, entraba y salía del cuerpo de mi esposa a voluntad, mientras, para generar más morbo, metía y sacaba su lengua en la boca de mi mujer, haciéndola coincidir con sus embestidas. Y ella, encantada, respondía al gesto, saboreando la lengua del macho y gimiendo al ritmo de sus embestidas. Daba gusto ver como ella empujaba sus caderas en respuesta a las aproximaciones del macho, haciendo ver que disfrutaba de la aventura a plenitud.

    Wilson es un mulato aguantador, de modo que dura imperturbable meneando su pene encima de la hembra por mucho tiempo, aumentando la excitación y placer de sus conquistas. Mi esposa, en este caso, disfruta que los momentos de placer se prolonguen y es ella, quien, casi siempre alcanza sus orgasmos y termina antes que su macho siquiera muestre signos de agotamiento. Eso es lo que más valora ella de sus encuentros sexuales con él. Y esta vez no era la excepción.

    Ponte de perrito, que te quiero dar por detrás, le sugirió él. Y ella, más que obediente, de inmediato se dispuso en la posición que él quería y expuso su cola, meneándola y empujándola hacia él, que más temprano que tarde la volvió a penetrar. Esta vez, moviendo su cuerpo a placer para encontrar en ella la respuesta adecuada. No sé por qué, pero ella encuentra muy excitante que, recostada de lado sobre la cama, él la siga penetrando desde atrás. Cuando lo hace, él toma las piernas de mi mujer y las levanta a voluntad, tal vez buscando generar mayor contacto o presión sobre su pene. Lo cierto es que ella disfruta de lo lindo en esa posición.

    Ayyy, ayyy, ayyy, te siento rico, ¡dale! ¡dale! ¡dale!… es la fórmula lingüística que utiliza mi esposa para darle a entender a su macho que la tiene al borde del clímax y que la está follando como ella quiere. Y Wilson, que ya sabe cómo es la vuelta, procura hacer que su rutina siempre funcione. Ella, entonces, empieza a gemir más fuerte, a mover su cadera descontroladamente, a llevar sus brazos por detrás de su cabeza y, finalmente, a denunciar su extremo placer con un sonoro Uuuyyy… Ahí sabe uno que la cosa alcanzó el grado máximo de excitación y disfrute.

    Después de aquello, ella se relaja al punto de dormirse un rato, pero en esta ocasión, tal vez con la idea de que Wilson nos dejara, no quiso desaprovechar la ocasión. Se excusó un momento con el pretexto de ir al baño y, al volver y encontrar otra vez a su macho con su miembro enarbolado, no perdió tiempo y lo cabalgó para empezar nuevamente. Esta vez, ella tomó el control y empezó a mover su cuerpo acorde a la intensidad de las sensaciones que aquel contacto le producía.

    Estás muy activa y motivada hoy, le decía Wilson. ¿A qué se debe? Preguntó. Hace rato que no nos encontrábamos y hay que aprovechar esta casualidad. No es de todos los días, le decía ella mientras seguía moviendo su cuerpo. Adelante y atrás, encima de él. ¿Y te ha gustado lo que hemos hecho? Insistía él. Mucho, contestaba ella. Ya sabes que me derrite hacer el amor contigo, así que no puedo desaprovechar la oportunidad. Y esa conversación, mientras ella lo cabalgaba, ayudaba a estimular mucho más su encuentro. Pues, mira no más, cómo me la tienes con solo verte… Y así como te mueves, todavía más dura se pone.

    Ella, oyendo esas palabras, empezó a mover su cadera, todavía más, haciendo movimientos circulares. ¿Te gusta? Preguntaba. Sí, respondía él, lo haces muy rico. Me siento muy hombre ante toda una hembra. Me estás exprimiendo. Entonces, ella, enfocada en que su macho quedara satisfecho, le acariciaba la cara, los hombros, el pecho y seguía sacudiendo sus caderas, ahora ya muy vigorosamente hasta que él, la tomó por su torso y la tumbó a un costado de él, sobre la cama, se incorporó y apunto la expulsión de su semen en la cara de mi esposa.

    Dame el gusto de ver cómo me llevas dentro de ti, le dijo Wilson mientras el chorro de su semen se esparcía por la cara de mi mujer. Ella, dándole gusto, saboreó los restos que goteaban en el glande y chupo su pene con vigor, terminando de complacerlo. Oye, le dijo, me has excitado como nunca. No me había visto así en mucho tiempo y verte comiendo mi leche me ha calentado mucho más. Tengo que compensarte. Y, dicho esto, se escurrió hacia abajo, sobre su cuerpo, hasta colocar su rostro a la altura de su vagina, para empezar a chuparla con gran dedicación. Ayyy… exclamó ella tan pronto él empezó su trabajo.

    Wilson se dedicó a chupar y chupar el sexo de Laura, que, se sorprendía de ver cómo aquel hombre la seguía estimulando y calentando sobre manera. Ella apretaba sus piernas contra el rostro de su macho, que, insistente, seguía jugando con el clítoris de la hembra y estimulando el interior de su vagina con sus dedos. Ella, nuevamente estaba empezando a sentir cosas en su interior y así se lo hacía saber a él. Oye, no sé qué haces, pero se siente rico, decía. Hasta que ella, entregada a sus sensaciones, pareció alcanzar de nuevo su orgasmo, porque su rostro enrojeció y su cuerpo se contorsionaba.

    Después de la tempestad llegó la calma. Wilson se corrió lentamente hacia arriba para besar a mi mujer. Quiero que sepas a qué sabe tu sexo, le decía mientras la besaba y la acariciaba por todas partes de su cuerpo. Ella, aun congestionada por la profunda emoción que había experimentado, solo atinaba a responder a los besos del macho con la misma intensidad con la que él lo proponía. El momento fue la culminación de aquel placentero y excitante encuentro. Ya, ambos, más calmados, y pasada la calentura, se dieron una pausa y quedaron allí, tumbados en la cama, charlando un rato.

    Ufff, dijo ella, está vez nos pasamos de la raya. ¿Por qué? Preguntó él. No sé cuántas veces habré llegado, pero, de verdad, fueron muchas. Mirá cómo humedecí la cama. Me sentí chorreando líquido todo el tiempo y muy excitada. Algo sucedió esta noche, que todos mis sentidos explotaron de emoción. TE sentí muy rico, más que las otras veces. Estuvo super, de verdad. La pasé muy pero muy rico.

    Laura, yo también la pasé bien, dijo él. Dicen que las causalidades no existen, así que hoy nos teníamos que ver. Era hoy o nunca. Y creo que valió la pena. Usted ¿qué dice, patrón? Pues yo estaba que me hacía pajas de la emoción de verlos a ustedes tan excitados disfrutándose el uno al otro. Vi a la dama muy emocionada con cada una de sus maniobras, así que valió la pena encontrarnos y pasar esta velada. Casualidad o no, pienso que todos quedamos satisfechos. ¿O, no? Y no sé si ella todavía tenga energía para darse un sexual adiós.

    No fue más sino decir eso y ella, entusiasmada como estaba con su semental, se agachó para meterse aquel pene una vez más en su boca y, de a poco, sentirlo crecer y ponerlo a punto de nuevo. Le lamía el glande y masajeaba el tronco de arriba abajo. La verga de nuestro amigo se puso erecta otra vez, y otra vez surgió en ellos el deseo de compartirse. Wilson se montó sobre mi esposa, en la posición del misionero, ¿Me puedo venir dentro de ti?, le preguntó. Sí, respondió ella, no hay problema.

    No hay problema es la aprobación absoluta para que el amante haga con ella lo que quiera y, en este momento, Wilson solo se limitó a penetrarla, y meter y sacar su pene de la vagina de mi esposa, que, encantada, rodeaba el torso de él con sus piernas, aferrándose con las manos a sus nalgas, sugiriendo que fuera más profundo dentro de ella y siguiera haciendo lo que estaba haciendo, al parecer más que bien.

    Esta vez, el intercambio sexual tuvo un matiz más romántico y amoroso. Más que sexo desenfrenado, realmente se estaban agradeciendo por lo vivido y cada movimiento era sutil y delicado. Ya no había brusquedad en los embates del macho sino delicadeza en las atenciones con su hembra, que, agradecida, respondía con cálidos y amorosos besos las atenciones de su macho. Más pronto que tarde Wilson aligeró un poco sus embestidas y, en un momento dado, apretó su cuerpo contra el de ella, señal inequívoca que su trabajo había llegado a su fin.

    Ella lo supo, porque, según ha dicho siempre, la textura de la piel en la parte baja de la espalda se altera, como piel de gallina. Y de esa manera ella identifica que el hombre ya eyaculó. Y ella, entendiendo la situación, agradeció a Wilson una vez más por sus atenciones y se prodigó en alabanzas por lo bien que la había hecho sentir. El, por su parte, le dijo que difícilmente podía olvidar todas las experiencias que han compartido porque, cada vez que se encuentran, él la encuentra más atractiva y excitante. Y él, siempre estará dispuesto a complacerla, así sea como hoy, que nos encontramos de causalidad.

    Y así, después de caricias, besos y muchos abrazos, la velada finalmente terminó y todos para su casa. Fue una buena causalidad que desbordó en una excitante aventura. Y mi mujer, muy feliz.

  • Mi esposa era mi profesora de la facultad

    Mi esposa era mi profesora de la facultad

    Mi historia comienza un día de septiembre de 1990 yo tenía 22 años era bombero y rescatista profesional y estaba cursando la carrera de docente cuando llego a la escuela una profesora, bajita, algo rellenita, muy bonita y de una dulzura única, la vi caminar y sentí que ella no caminaba, sino que flotaba, yo jamás me había enamorado, pero sentí que algo había pasado en mi vida, ella era 9 años mayor, hice todo lo posible para estar a su lado, me convertí en el mono y el payaso del aula, siempre tuve muy buen humor y mis salidas son muy graciosas, trataba todo el día de hacerla reír, ella se reía mucho, note que había mucha química y que cuando estábamos juntos había electricidad en el aire y la atmosfera se ponía especial, una tarde cuando ella llegaba a la clase cargada de libros y apuntes le ayude a llevarlos ella agradeció, como siempre dije una broma a la que ella rio, le dije así, a boca jarro, oye como quisiera que seas mi novia y hacerte reír todo el tiempo, se detuvo, se acomodó los lentes y muy seria me dijo, mira yo nunca salgo con mis alumnos, además soy mayor que tú, no arruines algo que es muy hermoso, hare como si esto es una broma tuya, no, le conteste, no es una broma es la verdad, estoy muy enamorado de ti y quiero ser tu novio dame una oportunidad.

    No puede ser, me dijo muy sería y note que sus ojos se llenaron de lágrimas, no puede ser, se dio media vuelta y salió corriendo hacia el baños de damas, al salir estaba muy seria, esa clase fue terrible, y fue peor de mal la salida y las palabras que me dijo, ya que me llamo por mi apellido y me mirándome a los ojo dijo, mire señor, usted es solo mi alumno, no se confunda, respéteme, soy su profesora, jamás salgo ni saldría con alumnos, si confundió mi amabilidad o cariño lo siento, además, dijo atenuando la voz y poniéndose un poco maternalista y regresando a esa dulzura única que tenía, soy 9 años mayor que tú, jamás tendríamos futuro, te cansarías pronto de una veterana y nos lastimaríamos, mira este es un colegio católico, ¿acaso crees tú que nos perdonarían semejante sacrilegio? ¿Que una profesora este de novia con un alumno? Te agradezco esta muestra de cariño, pero debo rechazarla de plano.

    Sé que estas confundido, pero yo no soy tu futuro, ahora a quien se le llenaron los ojos de lágrimas fueron a mí, y, no sé cómo le pedí perdón y disculpas, le prometí que ya no me vería por la escuela, y me di la vuelta y comencé a caminar hacia la salida, no veía nada, mis ojos solo lloraban y no sé porque me di vuelta y regrese, la mire a los ojos y le dije, con mucha bronca masticando las palabras y con mis lágrimas cayendo en mis mejillas, estas equivocada, desde el momento que te vi mi corazón dio un salto, me dijo no busques mas ya la encontraste, jamás podría cansarme de tu dulzura, nunca abandonaría tus brazos, y sería un necio si algún día te dejara, porque ya no soy un niño, que cuando se cansa de sus juguetes los tira o los rompe me juego la vida en cada rescate y cada salida, y eso hizo que viera a la vida de otra forma, por algo me inscribí para ser maestro, porque me siento solo, jamás, me enamore y nunca vi a nadie mas hermoso y dulce que tu, pero quiero que sepas que respeto tu decisión, respeto tu miedo y cobardía de lanzarte al vacío sin red y con solo una cuerda, respeto tus palabras, yo me arrojo todos los días al vacío sin red confiando en una sola cuerda, por eso te dije que te amo, y que quiero pasarme el resto de mi vida a tu lado, pero te amo tanto que te respeto estas palabras, aunque tus lagrimas digan todo lo contrario, ya no me veras nunca mas por aquí, descuida, no habrá problemas, pero te recuerdo, eres la soga en mi vida que podría salvarme de morir estrellado, y ahora que salte estoy en el aire solo tu puedes ayudarme, recuerda, que te amo, me di vuelta y la deje paradita en medio de la vereda llorando en silencio y me aleje también llorando, abandone la carrera cuando me faltaban pocas semanas para recibirme.

    Unos días después, un hombre se intentaba suicidar tratándose de arrojar del edificio más alto de la ciudad, justamente en ese lugar donde vivía mi amada profesora, yo estaba de guardia y nos asignaron el rescate que era muy, muy difícil ya que no teníamos un lugar para anclar nuestras cuerdas y tampoco el tiempo, así que decidimos arrojarnos en una técnica de llegar por sorpresa y atraparlo entre varios, se llama péndulo, yo sería el primero, en llegar, y así lo hice, lo atrape con mis brazos y mis piernas, estaba en una altura muy grande y el colchón de aire se veía muy pequeñito, además si nos caíamos de ese lugar por más que le acertáramos al colchón nuestras chances de salir vivos eran escasas, pero este hombre era inmenso y tenía una fuerza increíble, y se arrojó al vacío arrastrándome a mí y mi compañero, estábamos en un sexto piso, y quedamos colgados los tres y balanceándonos durante unos minutos, yo sin soltarlo y este tipo mordiéndome, moviéndose y arrojando golpes y petadas, yo abrazado a el de pies y manos nada podía hacer, así que le metí un cabezazo en la cara que lo aturdió un poco y pudimos ser rescatado por nuestros compañeros, yo estaba lleno de mordiscones y arañazos, temblaba como una hoja porque vi a la parka muy cerca y sangraba de mi nariz y de los brazos por las mordida del tipo, pero estábamos sanos y salvos.

    Un tiempo después ,cuando salía del edificio cargando mis cosas, veo a una persona que rompe la valla de seguridad y viene corriendo a mi lado, era mi amada profesora, que me abrazo y llorando me revisaba y me dijo ¿estás bien MI AMOR estas Bien Mi VIDA, no te paso nada MI CIELO? oye si estoy bien le dije, y me contesto, llorando, pensé que te perdía, al verte allí colgado pensé que te perdía, pensé se me va el amor de mi vida, justo en ese momento llegaron mi madre y hermanas que también dijeron lo mismo, y luego de calmar a todas ellas tome la mano de mi amada profesora y les dije a mi madre y mis hermana, les presento a mi futura esposa, y la mire a los ojos y le pregunte ¿ porque serás mi esposa verdad? ella dijo que si…

    Esa noche mi madre la invito a cenar y ella lucio y brillo como una reina, me ofrecí llevarla a su casa y cuando subimos a mi auto ella se prendo a mi boca de una forma torpe, casi infantil, note que no sabía besar, que pegaba su boca y no habría sus labios, la mire con increíble ternura y le dije ¿oye acaso son tus primeros besos?

    Ella se sonrojo y me dijo, si, tú eres el primer hombre al que beso, yo iba a ser monja y JAMÁS TUVE NOVIO, ni me enamore, pero tu mi amor con tus payasadas y tus cosas me robaste el corazón, reflexione mucho lo que dijiste esa noche y mira me estoy arrojando al vacío, espero que la cuerda sea resistente, pues te enseñare a besar, mira abre tus labios y déjame que te enseñe, y así nos dimos un beso de lengua único, y luego vino otro y otro, mírale dije será mejor que nos vamos mi mama todavía nos espía desde la ventana, cuando llegamos a su departamento, la calentura que teníamos era infernal, abrió la puerta y nos trenzamos en una lucha cuerpo a cuerpo, le toque su culito redondo hermoso, me atreví a meterle los dedos en sus tetas y descubrí que eran perfectas, con pezones grandes y erectos, no sé cómo nos desvestimos, ella me dijo soy virgen, me reservaba para el matrimonio pero esta noche será mi boda, quiero que me hagas tuya, pero que sea con amor, sus tetas eran increíbles rosadas y su piel blanca, unas caderas anchas que me decían fecúndame, y una conchita lampiña sin un rastro de pelo, parecía una niña, me arrodille y comencé a besarla desde la nuca, pasando por su delicado cuello, luego me detuve en su boca y sus pechos fueron una dulzura, emanaban miel de caña de azúcar, cuando me metí su pezón en mi boca ella dio un largo suspiro, fue en ese momento que mis dedos exploraron su vulva, le abrí sus labios mayores y note lo lubricada que estaba, cuando mis dedos tocaron su clítoris dio un pequeño saltito como si le hubiera dado un golpe de electricidad, me miro a los ojos y se cara se sonrojo como toda una colegiala, se la notaba muy nerviosa, pero caliente emanaba un olor a hembra increíble, dulzón parecido a los jazmines en flor, le seguí tocando su clítoris y ella se comenzó a quejar, sus gemidos inundaron la pequeña habitación, yo quería penetrar esa vagina y recordé que debía ser cauto, que tenía toda la noche, le dije hace calor, ven vamos a bañarnos, me saque los pantalones que los tenía en los tobillos y nos fuimos abrazados al baño, pequeño pero con una gran tina, perfecto dije, ella trato de esconder unas bombachas que estaban colgadas en la grifería, lo que mostraba ese lado de mujer, me reí un poco y la bese, ella contesto mis caricias, mientras el baño la tina se llenaba ella me besaba cada vez mejor, allí fue cuando vio las mordeduras y lastimaduras del rescate de esa mañana, y su cara se trasformó en preocupación, yo le conteste con un beso y ella se prendió a mi cuello, frotando sus grandes tetas en mi pecho, mi pija estaba tan dura que había alcanzado su máxima esplendor, mide 18 centímetros y casi 5 de gruesa, pero esa noche se llevaría una virguito, rompería un himen y abriría camino en una concha que más podía perder, esa noche para ella debería ser única especial, nos metimos en la ducha y abrimos el grifo, mientras se seguía llenado la tina, comencé a enjabonarles las tetas, seguí con su vagina, y luego seguí con su culito, su agujerito era chiquito redondo, cerradito, pensé, tengo tiempo para abrir este culito, enseñarle a chuparla, y romper esa conchita, ella se puso de espaldas y no sé porque de pronto me vinieron ganas de orinar y una idea me ocurrió de pronto, me acerque a sus nalgas y comencé a orinarle ese culito, ¿Qué haces? Dijo muy sorprendida, y no sé porque dije eso, no sé de donde me salió, es que estoy marcando mi territorio, a partir de ahora aquellos machos alfas que se te acerquen sabrán que tienes dueño, solo marco mi territorio, y lo hacía sin dejar de lanzarle una meada única, ella en un principio quiso evitar los chorros y de pronto se tomó la concha y se la abrió diciéndome, aquí, apunta aquí mi amor, yo siempre seré tu perra, cuando termine le dije, ahora te toca a ti, quiero que me marques con tu orina, ella se abrió tomo su vulva y se acarició su clítoris y de pronto lanzo un pequeño chorrito de orina que llego a mis piernas y quise mirar de cerca, quería ver por donde orinaban las mujeres, y en ese momento se escuchó el shhh típico de la orina de las mujeres, me dio de lleno en el pecho, me levante y ella apunto a mi pija, cuando ella me decía, yo también marco mi territorio, ni una sola perra tendrá a este macho, y se rio, luego nos besamos y ella agarro un jabón y procedió a sacarse toda la orina de nuestros cuerpos,, oye quiero ver de cerca tu himen, le dije, bien ven me dijo y se sentó en el bidet, se abrió los labios de su vulva y allí apareció su himen intacto, tenía un pequeño agujero en el centro, le toque delicadamente con mis dedos y ella dio grititos de placer, le comencé a besar y chupar esa concha, cuando le vino el primer orgasmo, me inundo con sus jugos, dulces, una catarata de néctar salió de su concha, y en ese momento me paso por la cabeza una idea, cumplir su promesa de llegar virgen al matrimonio,, me pare y le dije oye, esto te parecerá extraño, pero debes cumplir tu promesa, debes llegar virgen a tu matrimonio, ella se paró y me dio un gran beso, diciéndome, sabía que eras diferente, lo sabía, eres especial, si le dije pero habrá muchas noches como esta, pero tu deberás compensarme de otra manera y hoy aprenderás a hacerme el amor con tus tetas y tu boca, y fue sí que mi amada profesora aprendió a chupar una pija, a poner su lengüita en mis bolas, y a esconder sus dientes, esa noche use sus tetas para terminar tres veces en su cara.

    Cuando llego el amanecer nos encontró en un 69 increíble, ella llegaba solo con tocarle dos o tres veces el clítoris y con la punta de mi lengua ponerla en contacto con su himen, no la penetre, pero le enseñe a montarme y darme un masaje con su concha en todo mi pene, ella aprendió a que su clítoris recorriera toda la chota y me hizo acabar varias veces.

    Han pasado más de 25 años de aquel momento, el loco suicida lo intento tres veces más, y no lo logro, nos reunimos cada 12 de diciembre para festejar el día que casi me mata un loquito y el día que sin haber sido novio de una persona le pedí casamiento y ella dijo que si… ahhh tenemos dos hijos y ella sigue siendo mi mejor rescate de mi vida o ¿tal vez ella me rescato a mí? quien lo sabe, solo sé que en sus brazos soy feliz… ahhh me olvidaba, si me recibe de maestro y el día de nuestro casamiento me quede con su himen y su culito pero eso ya es otra historia.

  • El novio de mi suegra y yo nos quedamos solos

    El novio de mi suegra y yo nos quedamos solos

    Todo esto es real y pasó hace menos de un mes, como no puedo contarle a nadie lo que ocurrió al menos me desahogaré diciéndolo por acá.

    Vale, para empezar con todo esto creo que es importante hablar un poco de mi, antes de ponerlos en el contexto.

    Soy un chico de 22 años, 1.75 y con una complexión promedio que quizás roce lo delgado, no me considero de atributos muy vistosos pero no por ello dejo de ser atractivo, quizás sea un 7/10, un número más para algunos o un número menos para otros, en fin, tengo un gusto general por los hombres, me gusta casi cualquier tipo de hombre pero obviamente hay ciertos rasgos que me generan más atracción, velludos, barba y quizás algo de pancita (pero no demasiada), para mí suerte mi novio posee 2 de estos 3 atributos que me gustan y a pesar de no tener tanto vello como quisiera lo amo tal y como es.

    Tengo una relación de casi 3 años con él y en todo este tiempo me he vuelto cercano a su madre, tanto como para quedarme en su casa cuando no hay absolutamente más nadie, a pesar de que no me gusta mucho la idea de que quedarme en su casa solo por el simple hecho de que no hay mucho que hacer, lo he hecho un par de veces ya. La madre de mi novio tiene 50 años y a pesar de lo que ese número pueda decir se ve realmente joven, podría decir perfectamente que tiene 40, el novio de la mamá por otro lado tiene 35, moreno, de un 1.68 quizás? (Es más bajo que yo) guapo, cuando lo conocí tenía mejor cuerpo y aunque con el pasar del tiempo se ha descuidado un poco y ahora tiene algo de pancita, se deja crecer el vello en pecho (de lo cual no me voy a quejar la verdad…) si tuviera que describir a ese hombre con una palabra sería «Rural» no es homofóbico ni machista, pero si tiene algunas costumbres hetero patriarcales aunque son tolerables, mi relación con él es buena, no somos mejores amigos ni mucho menos, pero podemos entablar una conversación, me gusta que a pesar de su orientación sexual las pocas veces que han habido discusiones con la mamá de mi novio por ser gays él ha servido de mediador y le ha hecho entender que los tiempos cambian y hay que aprender a aceptarlo.

    Dicho todo lo anterior creo que ya es más que suficiente para comenzar con este relato.

    Todo esto ocurrió un lunes, mi novio se estaba yendo a trabajar y me vino a traer el desayuno a la cama, su mamá quien también estaba de salida aprovechó a darle un aventón y de esa forma ambos se fueron y yo me quedé solo en la casa (o eso creí) cuando termine de desayunar sentí una increíble sed, cabe aclarar que no soy de salir del cuarto de mi novio por ansiedad y esas cosas, miedo a encontrarme con su mamá, etc. etc., ya sé que dije que me llevo bien con ella, pero aun así me da un poco de vergüenza y nervios estar solos ella y yo, en fin, salir del cuarto, fui a la cocina y como no había nadie aproveche de tomar agua y lavar también el plato en el que había comido, justo en el momento en el que gire la llave del agua se abrió la puerta de la mamá de mi novio, el primer pensamiento que se me vino a la mente fue que me había confundido y que no se había ido con mi novio, pero justo cuando voltee me di cuenta de que era el novio de ella, le llamaremos «marco» y a mi «Andy».

    Marco: Hola príncipe (él siempre se acostumbró a llamarse así, imagino que por aprecio)

    Andy: Aaaa hola, Marco, no sabía que estabas aquí, pensé que estaba solo…

    Seguí lavando los platos tratando de ignorar el contacto visual, no lo dije antes, pero él estaba completamente en boxers, supongo que porque también pensó que estaba solo.

    Marco: Yo también *risas* pero hoy tuvieron que hacer una cuestión administrativa en la empresa y por eso no fui.

    Andy: A vale, entiendo

    En ese momento él se acercó a la estantería para agarrar un vaso de agua (la estantería está justo a un lado del lavaplatos así que para que el pudiese agarrar el vaso habían dos opciones, se lo daba yo, o que él se me acercaba mucho y lo agarraba el) como me vio lavando los platos imagino que no me pidió el favor a mi de pasárselo así que cuando se acercó a agarrar el vaso, su pene me rozo ligeramente el muslo, no fue demasiado, ni siquiera creo que él lo haya hecho con intención, yo trate de fingir como si no había pasado nada para evitar hacer la situación incómoda aunque realmente por dentro estuviese a punto de gritar.

    Cuando se volteo a tomar agua me dio la espalda y aproveché para mirar rápidamente (jamás lo había visto en boxers antes) tenía un lindo trasero, redondo, ni grande ni pequeño, para no ser tan obvio no me le quede viendo por mas de 3 segundos así que rápidamente tras terminar de guardar los platos fui directo al cuarto pero justo antes de que atravesará la puerta me llamo.

    Marco: Oye Andy aprovechando que estás aquí, me puedes ayudar en un rato con algo?

    Andy: A vale, me avisas

    Marco: Si, yo te aviso rey, no te vayas a quedar dormido

    Obviamente no me iba a negar por mas flojera que me diese, pero también mentiría si no me dijera que me gustaba la idea de seguir viéndolo así, en todo este tiempo una erección creció en mis pantalones y como no sería la primera vez que me masturbaba pensando en él, cerré la puerta del cuarto y me quite los pantalones para hacerlo. (No me mal entiendan, amo a mi novio con locura y lo escogería a él por sobre cualquiera, pero tampoco es como que no fantasee con otros hombres, en especial con Marco quien tiene una corpulencia muy similar a la de mi novio).

    Cerré los ojos y comencé a imaginarme a Marco y a mi haciendo cosas, en todo momento trate de ser silencioso porque que incómodo si me llegaba a escuchar, después de unos 10 minutos tocándome no pude evitar correrme en todo mi abdomen, me quede así durante un rato y luego fui al baño a limpiarme (gracias a dios el cuarto de mi novio tiene baño propio), luego de eso me quedé haciendo cosas en el teléfono esperando que en cualquier momento Marco me llamara, el tiempo paso, primero paso una hora, luego dos horas, y ya casi era medio día, me pareció extraño que no me hubiese llamado en todo este tiempo así que solo por mera curiosidad salí de la habitación, cuando llegue hasta la sala, lo encontré arreglando el aire acondicionado, le estaba haciendo mantenimiento nolose, me acerque un poco a él y luego me agache hasta la altura de él. (Para mí desgracia se había puesto una franela y un par de shorts así que ya no había mucho que mirar).

    Andy: Nunca me llamaste…

    Marco: Tranquilo, al final podía yo solo

    Andy: En serio?

    Marco: Si tranquilo, además parecía que estabas ocupado y no te quise molestar?

    Andy: Ocupado? Solo estaba en la cama no estaba haciendo nada.

    Marco: Seguro?

    En ese momento el hizo una cara pícara de «sé lo que estabas haciendo» y yo de inmediato no pude evitar abrir los ojos completamente avergonzado, el ante mi reacción se echó a reír.

    Marco: Jajaja no pasa nada, me pareció extraño que teniendo un novio hicieras eso, acaso David (le diremos así mi novio) no te satisface? Jajaja

    Yo estaba demasiado avergonzado, pero muy muy avergonzado, el corazón me iba a mil así que para hacer la situación menos incómoda trate de calmarme y aparentar normalidad.

    Andy: No es eso, jaja… es que bueno, hay veces en las que solo quieres hacer eso y ya.

    Marco: Te entiendo, hay veces en las que no tienes ganas de coger, solo quieres hacerte una paja y ya.

    Andy: Si exacto…

    Yo no encontraba la forma de irme de ahí sin ser tan cortante pero en el momento justo en el que me iba a levantar del suelo e irme, el hablo.

    Marco: Andy, sabes que siempre hemos tenido la curiosidad Elena (le diremos así a la mamá de mi novio) y yo, sobre quien de ustedes dos es el que bueno, ya sabes jajaja

    Andy: aaaa ya jaja, bueno yo soy el pasivo y David es el activó, creo que a partir de ahí ya más o menos se puede entender

    Marco: Ya… y no te duele?

    Me parecía un poco raro que me estuviese preguntando esto, pero como realmente parecía más curiosidad de su parte que cualquier otra cosa trate de responder con la mayor normalidad posible.

    Andy: A veces si y a veces no, siempre duele un poquito pero no sé… tienes que tratar de encontrar el punto exacto en el que no te duela tanto y te guste, porque si solamente duele no es como que muy cool que digamos

    Marco: Debe ser difícil, si a mí me duele cuando voy al baño jajaja

    No pude evitar reírme con su comentario porque fue demasiado inesperado.

    Andy: Jajaja si, pero bueno, también depende de otros factores, obviamente no va a doler lo mismo uno chiquito que uno grande, también el grosor y esas cosas.

    Mientras estaba diciendo esto, no pude evitar notar que Marco se acomodaba el bulto en sus shorts varias veces ¿se estaba excitando? Y el problema no era solo ese, era que yo también me estaba comenzando a excitar al ver que él se estaba excitando, trate de mirar a otro lado para no ser tan obvio.

    Marco: Andy, si te digo algo te lo quedas para ti solo?

    Andy: Claro

    Estaba un poco nervioso de lo que estaba por decirme.

    Marco: Te quiero coger, o sea de verdad te quiero coger, desde que te conozco siempre te he dicho príncipe porque eres como un principito, delicado y lindo, pero si, básicamente es eso, te quiero coger y creo que tú te diste cuenta de eso.

    En ese momento Marco se levantó y la erección en sus pantalones era muy muy notoria, yo por mi lado estaba casi en un estado de shock, no solo era lo que me había dicho, si no que verle la erección y tenerlo a menos de un metro era demasiado para mí, mi corazón latía a millón, y los brazos me temblaban un poco, mi vista no se le despegaba ni un segundo de la erección atrapada en sus pantalones y la que yo tenía en los míos no dejaba de crecer.

    Marco: Sé que tienes novio y que yo tengo novia, pero bueno, es eso, te tengo muchas ganas y quiero cogerte y si tú me das bandera verde para hacerlo créeme que no voy a perder la oportunidad, porque cargo unas ganas que me tienen loco.

    En ese momento yo no supe que hacer, demasiadas cosas se me pasaron por la cabeza, que pasaba si alguien se enteraba? Si alguien lo descubría? No sé iba a destruir una relación, se iban a destruir dos, valla la pena? Yo también quería, pero también estaba muy asustado, pensé mil veces todos los posibles escenarios y todos los posibles eventos y tras quedarme viéndolo como por casi un minuto en silencio finalmente le hable.

    Andy: Si

    Fue lo único que dije mientras lo miraba a los ojos.

    Espero que les haya gustado esta primera parte, si tiene buena aceptación subiré la segunda, espero sus comentarios.

  • Rosa la madura deseada

    Rosa la madura deseada

    Mientras limpiaba mi verga y me alistaba para salir del hotel, recordaba aquella primera vez que cogí a Rosa Maria, una antigua compañera y amante con quien la pase super rico.

    Yo tenía 21 años y ya un camino recorrido en lo sexual, ella tenía 33 años, morena, 1.57, tetas medianas, nalgas paradas, piernas morenas pero con un poco de estrías, pero aun asi bien antojables.

    Ella era diseñadora y yo en aquel entonces era responsable de logística, apenas a mis 21 años ya tenía una jefatura y hacía bien mi trabajo por lo que no me costaba trabajo socializar con las chicas de la empresa.

    Rosita como yo le decía, era un amor, muy amable y amigable, todas las mañanas llegaba apresurada para poder platicar unos 20 minutos conmigo, la verdad me encantaba demasiado.

    Ella me hacía olvidar que yo ya tenía novia, una hermosa mujer de 24 años nalgona y piernuda, pero como todo hombre no me era suficiente.

    Así anduve detrás de ella, logré que me diera entrada y me permitió abrazarla de más y tocarle las piernas, la verdad ya no aguantaba las ganas por ella.

    El 2010 llegaba a su fin y la fiesta de fin de año se venía venir, como siempre me aliste para el festejo, ese dia le dije a mi novia que no me esperara ya que no llegaría, ella no se molesto así que ya todo en orden fui al “Desvan”.

    El ambiente era bueno, me senté con algunos compañeros de mantenimiento pero estaba atento para ver si Rosa llegaba.

    Tomaba una cerveza cuando la vi llegar, un minivestido negro, unas medias negras y unos tacones no tan altos acompañaban a Rosa, cuando la vi me quede estupefacto, ella me miro sonrio y sin dudar se dirigio a donde estaba yo.

    R: Hola ¿me apartaste mi lugar?

    O: Claro, ven, ¡siéntate!

    La mirada de los compañeros fue de envidia, aunque había mujeres mas “buenas” Rosa Maria se ganaba la atención de todos.

    O: ¡Te ves increíble!

    R: ¡¡Gracias!! ¡Tu siempre tan lindo!

    O: En serio, Rosita, me dejaste con la boca abierta, ¡ojalá así te vistieras a diario!

    R: Jaja, que bromista eres.

    El ambiente estaba muy bueno, cantantes en vivo, baile, desde el minuto uno del baile ella fue mi pareja y me encargue de que nadie más se le acercara.

    Rosita bailaba espectacular, tenía un rico tumbao y lo demostró ganando un concurso de chicas bailando, todos se volvieron locos por ella y yo más.

    R: ¡Me gane una botella!

    O: Te luciste, ¡qué movimientos!

    R: ¡Vamos por ella!

    Ambos fuimos a recoger su premio, le dieron un whisky, ella me miró y me dijo…

    R: ¿Qué te parece si nos lo tomamos solo tú y yo?

    O: Claro ¿ Adónde vamos?

    R: Pues, ¿tú dime?

    O: ¡Corazón, yo solo pienso en llevarte a un solo lugar!

    Ella me sonrió y fue por su abrigo y yo por mi chamarra, algunos se percataron de nuestra huida y me dieron miradas de aceptación, sabía que esta era mi noche.

    Salimos y le dije que fuéramos a mi casa, pero ella tuvo una mejor idea, me pidió que fuéramos !al hotel!

    Caminamos hasta eje 6 y tomamos un taxi, nos bajamos en el hotel más cercano, pedí la habitación, la verdad el silencio se apoderó de nosotros, así sin más ya estábamos en el hotel y no sabía qué decirle, cuando estaba por hablar, ella 13 años mayor que yo, rompio el frío dándome un tremendo beso.

    Su lengua y la mía se combinaban perfecto, era un beso tan rico, ya había besado a muchas y este beso me puso duro todo.

    Entramos a la habitación y ella se sentó en la cama, se quitó su abrigo y sus tacones, yo me quite los zapatos y me senté a su lado, sacamos la botella y comenzamos a beber directo de ella.

    Ella subió sus piernas en la cama y yo le sobaba sus pies, me encantaba sentirlos con la seda de sus medias negras, ella sonreía y me hablaba de que tenía una relación de altibajos y que ese día quería olvidarse de él.

    La comencé a besar mientras mis manos seguían acariciando sus pies, ella me quito la camisa y la camiseta y comenzó a besarme el cuello y luego fue a mis pezones los cuales mordía rico y lamía haciendo que se pusiera mas dura.

    Se quitó su vestido y se acostó boca abajo, yo fui de su cuello bajando mi lengua por su hermosa espalda hasta llegar al inicio de sus pantimedias, las tome con mis manos y se las baje delicadamente dejándola en su sensual trusa de encaje blanco.

    O: ¡Estás muy rica nena!

    R: ¿Te guste?

    O: ¡Desde que te vi cariño!

    Besaba sus pies y sus piernas, ella lanzaba pequeños gemidos que me pusieron loco, le quite su trusa y su brasear, acaricie sus pechos y su rica concha con poco bello, comencé a tomar el control del momento.

    Sin dudarlo un segundo me dirigí a su coño el cual probé sin contratiempo, ella gemía y se retorcía cada que mi lengua entraba en su húmeda cavidad, mis dedos jugaban con sus duros pezones sintiendo lo excitada que estaba.

    R: Que rico ¡¡uhm!!

    O: ¡¡Me pones a mil!!

    Le hice sexo oral hasta que se mojo enterita, consegui que tuviera un orgasmo y me bebi el nectar obtenido de mi degustacion, su vagia no era tan salda, me encantaba su sabor.

    Me desnude por completo, mi verga estaba a tope, ella saco un preservativo y antes de colocarlo me premio dándome un rico oral.

    Ella era muy buen chupando, su lengua recorría de mis bolas a mi glande y luego jugaba con mi escroto, saboreaba cada gota de líquido pre seminal que emanaba de mi verga, yo estaba fascinado con su trabajo, la tomaba de la cabeza y dirigía la velocidad de sus chupadas, ella se dejaba como marioneta y aceptaba ser ahogada por mi aceleración.

    O: ¡¡Que rico me la chupas, uhm, ah!!

    Me coloco el condón con la boca, se acostó en la cama y sonriendo me invitó a metersela, le abrí las piernas y se la deje ir lento, cm a cm y saboreando sus ricos pezones.

    R: Ah, que rico, ¡¡ah!!

    Yo la tenia durísima, me movía despacio, sabía que si me aceleraba de más me podía venir y aun no quería, quería disfrutar a esa mujer 13 años mayor que yo.

    Levante sus piernas colocando sus rodillas casi en su cara y yo se la metía enterita, parecía que hacía sentadillas, solo que el esfuerzo era recompensado con una rica concha apretando mi verga.

    R: ¡Ah!, Oswaldo, que rico, ah, ¡¡mmm!!

    O: Rosita, uhm, ¡¡estas sabrosa!!

    La acosté de lado y le levanté una pierna, comencé a metersela mientras nos besabamos, admito que hacía ejercicios de respiración para evitar venirme a cualquier costo.

    Me empujaba despacio acariciando sus ricas piernas, abdomen y tetas, su piel suave y morena me alentaba a continuar dandole mi verga.

    O: ¡Ponte a cuatro patas!

    R: ¡Si! Me gusta esa pose!

    Rosita se puso de perrito, se veia riquisima escurriendo de su coño y moviendo su cadera pidiendo mi verga, yo como buen macho la tome de su cintura y se la deje ir con fuerza, ella lanzó un quejido de placer y me insito a darle con todo.

    La cama rechinaba con fuerza, la embestía como toro salvaje, ella se movía también haciendo más placentero el momento, yo acariciaba su pechos, le daba de nalgadas, le jalaba sus chinos, ¡qué rico placer!

    R: ¡¡Ah!! Mas, dame mas, que rico, uhm, ah, Oswaldo, metemela, ¡¡no pares!!

    O: Toma, que rico, me encantas, coges riquísimo, toma mi verga ¡¡toma mi verga!!

    R: Así, mmm, ah, dios, que dura, uhm, ¡¡agh!!

    La fuerza con la que la embestía era tanta que la termine tirando boca abajo, eso no me detuvo, me acomode de tal forma que mi verga le entraba enterita y Rosita lo disfrutaba al máximo.

    R: Me vengo, Oswaldo ¡¡me vengo!!

    O: ¡¡Correte cariño!! ¡¡Sacalo ya!!

    Le meti mi resto a mis embestidas, ella lanzó un rico quejido y sentí como su concha palpitaba, mojo todas las sabanas y yo al ver eso tambien me vine y aunque traia el condon ella sentia como salia cada ¡gota de mi verga!

    R:¡¡Ah!! Oswaldo ¡¡que rico!!

    O: Rosy, eres muy buena, ¡¡uhm!!

    Nos acostamos y nos abrazamos, ella me quitó el condón y acaricio mi verga que aún palpitaba por la acción, el poco semen que quedó embarrado ella lo tomó con sus dedos y lo llevó a su boca.

    Una vez recuperado volvimos a coger, yo quería sin condon pero ella estaba fértil así que tuve que esperarme para la siguiente ocasión.

  • Tu madre, nuestra puta (4)

    Tu madre, nuestra puta (4)

    Capitulo VIII. Conversación con Marisa.

    Tardó bastante rato Oscar en contestar.

    “Hola tío, que pasa no sabemos nada de ti ni de Pablo. ¿Estáis husmeando hasta debajo de las piedras?, fue su contestación.

    “Pablo, yo creo que deberíamos decirle a Oscar lo que hay. Primero porque es su hijo. Segundo porque es nuestro amigo de toda la vida y tercero porque quizás necesitemos su ayuda en algún momento, y si no se la quiere follar, que no se la folle, jajaja”

    “Por una vez, estoy de acuerdo contigo, jajaja. La única duda que tengo es si decírselo a él antes, decírselo a la vez que, a Marisa, o preguntarle antes a Marisa si se lo decimos o no”, me contestó.

    “Yo creo que a la vez que Marisa no, no sabemos cómo reaccionará, y si se pone en plan dramático será peor para Marisa. Preguntarle a Marisa, diría que no y el resultado sería el mismo. Yo optaría por decirle a grandes rasgos lo que pasa, que vamos a hablar con su madre y que, si quiere o no estar presente”, le argumenté.

    “Sí, tienes razón hay que hablar con él. Pregúntale donde está”, me dijo Pablo.

    Le mandé un whatsapp y se lo pregunté. Esta vez me respondió de inmediato.

    “Estoy jugando a la consola, ¿subís y echamos unos vicios?”, me respondió.

    “No, baja tú. Tenemos que hablarte de un tema delicado y no queremos que haya por ahí orejas”, le dije.

    “Vale tío, ahora bajo”, me dijo

    “Bueno, pues baja, así es que a ver como se lo decimos sin que se nos derrumbe”

    Al momento estaba abajo. Los saludos de rigor, manos, puños y cualquier día un choque también de pollas.

    “Hola, tíos, ¿qué pasa?, preguntó.

    “Oscar”, comenzó Pablo, “tenemos que contarte algo que no solo no es fácil para nosotros contártelo, sino que tampoco va a resultar para ti agradable oírlo. Por eso nos gustaría que nos escuches todo lo que tenemos que decirte, sin interrumpirnos, y luego ya sacamos conclusiones”.

    “Vale tíos, me tenéis en ascuas”, dijo con cara de preocupación.

    Caminamos hasta lo que llamamos el “muro de nuestras lamentaciones”. Un rincón entre bloques, donde podíamos estar tranquilos lejos de oídos inoportunos. Nos sentamos en el suelo, como siempre. Oscar se puso enfrente de nosotros.

    Hubo unos segundos, que parecieron horas, de absoluto silencio. Pablo me dio un codazo, era evidente que quería que empezara yo.

    Pensé que empezaría y acabaría casi a la vez.

    «Óscar, creemos que tu madre se prostituye», le dije.

    «Joder, Javier, eres único diciendo las cosas con tacto. Verás Óscar», trato de decir Pablo, pero le cortó Óscar.

    «No, no. Yo lo sabía, bueno, mejor lo intuía», dijo.

    «Y eso?», Preguntamos Pablo y yo casi al unísono.

    «Hará poco menos de dos años, una noche que ella estaba en el ordenador, entré a preguntarla sobre la ropa para el día siguiente, y aunque cerró la ventana del ordenador, me dio tiempo a leer Pasión, ya sabéis, la web esa de putas.

    Me pregunté que buscaba mi madre en aquella web. Es que se había vuelto bollera o es que buscaba a alguien.

    Me picó la curiosidad y entre. Nada tías impresionantes que las estarías follando todo el día, pero nada que me llamara especialmente la atención. Quizás, había sido mera curiosidad de ella, o había ido a esa página desde cualquier otra que te redirigen, sin preguntar.

    Pase varias páginas hasta que la vi. La verdad es que en principio no la reconocí. Pasé la página sin fijarme en ella, pero algo me hizo volver hacia atrás. A ella no se la reconocía tenía la cara difuminada y un cuerpo con unas bragas y un sujetador no es muy fácil de identificar sobre todo si no estás acostumbrado a verlo así todo el día. Pero el pasillo dónde estaba, ese sí que no se difumino.

    Ponía 3 fotos más. Pinche en ellas y si efectivamente, había tres fotos más en distintos sitios de la casa incluso en una no había difuminado bien la cara y si la conoces, la conoces.

    Como supondréis me quedé a cuadros no sabía qué hacer pensé en contárselo a mi padre, en contároslo a vosotros, en llamarla a ver qué decía pero me dio muchísima vergüenza, así es que lo dejé pasar, por eso, como comprenderéis no me ha sorprendido lo que me habéis dicho», nos dijo cabizbajo esquivando la mirada.

    Oscar es el más grandote de los cinco, casi, 1,90 de altura y no sé lo que pesaría, pero se había cultivado durante varios años en el gym, y está literalmente cuadrado. De los que es mejor tenerlo como amigo que como enemigo.

    Ver a un tiarrón así hundido psicológicamente, no era un plato fácil de digerir.

    «Sí Óscar» dijo Pablo» pero creemos que el tema va más allá. Creemos que tu madre está siendo extorsionada»

    «Extorsionada, cómo, por quién» dijo Óscar muy sorprendido.

    «Eso es algo, Óscar, que solo nos puede contar ella y estamos dispuestos a hablar con ella. Por eso hemos querido antes contártelo a ti por si tú también quieres estar presente», le dije.

    “Joder tíos yo creo que me moriré de vergüenza y ella también, pero sí claro, quiero estar presente, quiero saber qué es lo que realmente está pasando», contestó Óscar.

    «Vale pues solo falta que una de las tardes que no vaya,… bueno, que no vaya a follar, porque ni piscina ni sale con las amigas. Queda por ahí con tíos, nos avises y subimos los dos y hablamos con ella los tres*, le dijo Pablo.

    «Pues eso lo vamos a saber ahora mismo la llamo y solucionado», dijo Oscar.

    Y eso hizo la llamó y le pregunto si iba a estar por la tarde en casa porque quería subir con los colegas a jugar a la play y la madre le dijo que sí que se iba a estar pero que no le importaba que subiremos.

    Así es que como dijo aquel esta tarde se montaba el lío.

    Quedamos a las cinco. Suponíamos que la conversación con Marisa, nos iba a llevar unas cuantas horas, y tampoco teníamos todo el tiempo del mundo. Había que acabar antes de que llegará el marido.

    La verdad es que yo apenas pude comer visualizando a cada instante la conversación con Marisa. Supongo que a los demás les pasaría lo mismo.

    A las cinco en punto, hora torera, estaba como un clavo en el portal de Óscar, con mi Tablet bajo el brazo, esperando a Pablo.

    No tardó nada en llegar.

    «Hola, ¿preparado?», me dijo.

    «No, pero creo que ya no hay marcha atrás», le dije llamando al telefonillo.

    «Sí», contestó Óscar.

    «Nosotros», le dije.

    «Subir», dijo él.

    La tarde prometía, aunque esperaba que obtuviéramos algo más que monosílabos.

    Subimos. Nos esperaba en la puerta. Saludos de rigor. Pasamos los tres y nos sentamos en el comedor.

    Bueno pues allí estábamos los tres como tres pasmarotes.

    «La llamamos?», Preguntó Pablo.

    No hizo falta, apareció Marisa a saludarnos cortésmente como siempre.

    «Hola chicos, ¿no ibais a jugar a la play?», nos preguntó.

    «Ya, sí, pero hemos preferido hablar», le contesté.

    «Ah, vale entonces no os molesto, os dejo charlar», dijo Marisa haciendo ademán de irse.

    «No, espera Marisa, realmente queremos hablar contigo», le dijo Pablo.

    «Uhy», dijo Marisa, aparentemente divertida,» me preparo un café y estoy con vosotros. Si queréis algo decirlo», dijo yéndose a la cocina.

    Nos quedamos los tres esperando que volviera, callados. La tensión se cortaba con cuchillo. Por cierto, Marisa estaba tremenda, con una camiseta a medio muslo, y unas sisas importantes, como para arrancársela, y follarla contra la mesa sin parar, en vez de hablar con ella.

    Pero no tocaba eso.

    Vino con su café, y se sentó con nosotros.

    «Bien chicos, vosotros diréis, de qué queréis hablar?», nos preguntó sin imaginar la que se le venía encima.

    «Pues Marisa, la verdad, el tema no es sencillo», la dije.

    «No me digáis que Oscar ha hecho alguna trastada con alguna chica», nos dijo ella expectante.

    «No, Marisa, queremos hablar contigo de… de…»

    «Venga arranca Pablo», dijo ella.

    «De… DOMPIMPON»

    Si a alguien le gusta el tema paranormal, al mirar a Marisa, estábamos ante un espectro. Se había quedado pálida, blanca, empezó a hiperventilar. Por un momento pensamos que la iba a dar un ataque de ansiedad.

    “Respira hondo, mama, estamos aquí para ayudarte, relájate, y respira hondo”, le dijo Oscar.

    Ella lo hizo y poco a poco fue recobrando el color, la respiración normal.

    “¿Dónde habéis oído ese nombre?, dijo con una voz de ultratumba.

    “Realmente, no lo hemos oído, lo hemos leído en tus conversaciones de Skype”, la dijo Pablo.

    “Habéis entrado en mi Skype”, preguntó ella alterada.

    “No, no, ya te contaremos, pero empecemos por el principio. Javier, cuenta”, dijo Pablo.

    Ya me había pasado el muerto. La mirada de Marisa, se fijó en mi cara. Estaba convencido de que si tenía alguna oportunidad de follarla en cuanto le contara como lo descubrí se habían esfumado.

    “Bueno todo empezó cuando me diste la otra tarde, estos dos pinchos con las películas de Harry Potter. Si los ves ahora en el ordenador, veras que hay eso, precisamente eso, las películas de Harry Potter. Pero me extraño que las tuvieras en dos pinchos, cabían perfectamente en uno, y el que no las hubiera metido en uno, era señal inequívoca de que antes había habido algo más en el pincho. Así es que, te ruego me perdones, pero mi curiosidad pudo más que mi educación y decidí ver que es lo que habías borrado del pincho donde estaban las primeras 6 películas.”

    Marisa con los ojos como platos, me preguntó,

    “¿Eso se puede hacer? ¿Se pueden recuperar datos borrados?

    “Bueno al menos se puede intentar, y eso hice yo. Tardó un mundo, bueno mejor una noche, ¿pero quieres ver el resultado?”, la pregunté encendiendo la Tablet.

    “Por favor”, dijo ella.

    “Por favor, ¿sí? O por favor no”, la pregunté

    “Sí”, contestó ella.

    Abrí la carpeta, maximicé la primera foto, y lo puse en modo presentación.

    Las fotos iban pasando. Marisa con las manos en los ojos, si querer verlo, pero sin perder detalle.

    “Qué vergüenza, chicos, que vergüenza”, decía

    Oscar, con los ojos como platos, no perdía detalle de las fotos.

    “Vale, vale chicos, ya he visto bastante”, nos dijo ella.

    “También hay videos, por si quieres verlos…”, la dije

    “No, no gracias. Los tengo en la mente”, dijo Marisa.

    “¿No los vemos?” dijo Oscar. “Perdón, perdón no se en que pensaba”, dijo mirando a su madre.

    “Tu estarás cansado de verlos, so guarro”, le contestó ella.

    “En serio que no. Lo estoy viendo a la vez que tu”, dijo Oscar.

    “Oscar se ha enterado de todo esto, hoy. No hemos querido meterle en el tema, hasta que no hablásemos contigo, y no, no le hemos enseñado nada”, dijo Pablo.

    “Gracias chicos, un detalle por vuestra parte. Ahora querréis que me espatarre y follarme todos, ¿no?

    “Hombre, no estaría mal”, dijo Pablo, “pero como te ha dicho antes Oscar, estamos aquí para ayudarte, no para follarte. Aunque bueno ..”

    “Calla Pablo, que te pierdes”, le dije.

    “Bueno realmente al ver las fotos, pensamos que te estabas prostituyendo. En el fondo teníamos la esperanza de que, entre los folladores, estuviera tu marido, y fuera algún tipo de juego que os montabais, pero no lo vimos”, la dije.

    “No, él no sabe nada”, contesto Marisa.

    ¿Te acuerdas que al día siguiente te vi en el portal cuando te ibas a trabajar?, la seguí diciendo.

    “Claro, fue ayer”, dijo ella

    “Bueno pues eso, realmente, veníamos a tu casa a ver si encontrábamos algo más, que nos dijera realmente a que te dedicabas. Engañamos a Oscar con una mentira piadosa, el Juego del Husmeo”, dije mirándole, “y nos dedicamos un buen rato a husmear, a fisgar entre tus cosas. Nuevamente te pedimos perdón.”

    “¿Y encontrasteis algo?”, preguntó inquieta.

    “Supongo que sabes que sí. Sino no estaríamos aquí. Miramos en tu ropa interior, por cierto, unas tanguitas y bragas que bueno, impresionantes. En tu mesilla, vimos los consoladores, pero lógicamente aquello no era determinante de nada. Nos costó, pero al final lo encontramos. En el armario, abajo, al final en una caja de zapatos, dentro de un zapato. Supongo que no hace falta que te diga lo que había”, la dije.

    “No, no, lo sé muy bien”, dijo ella.

    “Coño, yo no me entero de nada”, dijo Oscar.

    “Perdona, Oscar, déjame seguir, le dije. “En tu ordenador, vimos un fichero donde se guardan las conversaciones del Skype. Pudimos descifrarlo, y así llegamos al bueno de Dompimpon. También encontramos una hoja de Excel, con una serie de cifras sin conceptos. Creo que lo mejor es que veas esta pizarra, la dije abriendo la pizarra policial que habíamos creado. La foto es un poco explicita, pero nos motivaba según íbamos creando la pizarra.”

    A Marisa se le salían los ojos de las orbitas.

    “Estoy flipando”, dijo.

    “Pues anda que yo…”, dijo Oscar.

    “Bueno vamos a hacer un breve resumen”, dijo Pablo. “Los hombres que aparecen en la pizarra, son los folladores de tu madre, en las fotos. Alguno se repite en varias de las sesiones, aunque hay uno que predomina, que creemos que es Dompimpon. Las cifras que figuran ahí creemos que corresponden a un crédito que le dieron a tu madre, ella fue a pedirlo a un banco, se lo denegaron, el bueno de Dompimpon, se ofreció a dárselo. Marisa, por favor, corrígeme si no estoy en lo cierto”

    “Vais bien”, contestó ella.

    “Tu madre, realizaba pagos mensuales de 1.500 euros para saldar la deuda con Dompimpon. Por lo que vimos en el video que encontramos en el zapato, y la hoja de Excel ha realizado 18 pagos de 1.500 euros, supongo que ahora será alguno más. Que suponen 27.000 euros pagados. La deuda ascendía a 135.000 euros. Suponemos que, según nos dijiste esta mañana, por eso se anunciaba en Pasion.com, para poder ir pagando las mensualidades sin desestabilizar la economía de casa, ni que se enterara tu padre. Con 30 servicios al mes a 50 euros tendría cubierto el pago. ¿Sigo bien?”, preguntó Pablo a Marisa.

    “Clavado, estoy atónita de como habéis reconstruido todo”, dijo ella con cara de pasmá.

    Cuanto más se relajaba, más se apoyaba en la mesa, y más dejaba ver sus tetas por la sisa de la camiseta. Pero Pablo, la iba a tensar otra vez.

    “Ahora para dar cuerpo a todo esto hace falta que nos cuentes para que querías los 135.000 euros”

    “Puff, ¿en serio queréis que os lo cuente?, dijo Marisa, poniéndose a la defensiva.

    “Bueno, si no quieres contarlo, lo entenderemos, estás en tu derecho, pero entonces terminaremos aquí nuestra ayuda. Para tratar de ayudarte, necesitamos saber cómo se originó todo esto y a que nos enfrentamos”, la dijo Pablo.

    “No, no, os lo cuento, realmente es la primera vez que se lo voy a contar a alguien, y necesitaba hacerlo, además, creo que os lo habéis ganado, y muchas gracias chicos por vuestra discreción.”

    Estaba hasta los eggs, de que se refiera a nosotros como chicos. ¿Es que no se daba cuenta que nos tenía ya tres días en una erección continua?

    Capitulo IX. Conversación con Marisa (continuación)

    “Bueno, veréis, la historia es larga”, comenzó Marisa.

    “Oscar, tráete unas palomitas”, le dije.

    “¿Tienes para hacer, mama?”, la preguntó inocentón.

    “Que es broma hombre”, le dije. “Sigue Marisa.”

    “Pues eso, se remonta a mis años de juventud, yo tenía una pandilla como puede ser la vuestra, en la que había chicos y chicas. Aquella pandilla con el paso de los años, se fue separando, pero yo seguí en contacto con uno de los chicos, Manuel, con el que me unía y me unió durante años una gran amistad. Desde ahora os digo, que solo fue eso, amistad. Jamás hubo sexo ni nada parecido entre nosotros. Era una amistad pura, aunque pueda parecer mentira.

    Yo me eché novio, me casé, pero nunca perdí el contacto con él. Quedábamos una o dos veces al año, aunque nos contábamos las penas por whatsapp o teléfono. No tengo que deciros que Manuel, no le caía nada bien a mi marido, a tu padre”, dijo mirando a Oscar,” Se pensó que en él tenía un rival, yo creo que nunca ha creído que no hubiera ni hubiera habido nada con él.

    Cada vez que le decía que quedaba con él, porque excepto hasta el tema que nos incumbe, siempre se lo dije, estaba luego unos días sin hablarme o haciéndolo de mala gana. Hace cinco años, hablando por teléfono, me dijo que se estaba pensando embarcar en un proyecto, pero que le hacían falta 250.000 euros para ponerlo en marcha y que claro que estaba teniendo problemas con los bancos, porque no se lo daban o al menos no en su totalidad, porque le hacían falta avalistas. Y como una idiota, caí.

    No quiero decir que me engañara o me estafara o nada similar, pero nunca debí hacerlo. Quedamos un día en el banco, y yo me presenté como avalista con mi nómina, y las escrituras del piso. También le habían avalado previamente los padres. Le dieron el crédito. Al principio él fue atendiendo sus pagos. A los tres años, yo vivía sin acordarme apenas de aquel aval. La verdad es que ya hacía unos meses que no hablaba con Manuel, pero un día recibí en casa una carta certificada con acuse de recibo, de la entidad bancaria. Cuando la abrí, me quedé de piedra. Me comunicaban que el titular del crédito estaba en paradero desconocido, y que había una deuda pendiente de 135.000 euros, a la que, como avalista, tenía que hacer frente.

    Aparentemente los padres de Manuel, habían desaparecido con él, así es que me encontraba sola con un marrón del que no iba a poder salir.

    Hablando con la entidad, me dijeron que tenía que pagar 2.500 euros mensuales, cantidad que ni de lejos podía pagar. Me amenazaron como siempre con quitarme el piso, etc., etc.

    No podía decírselo a mi marido, me hubiera matado, y decidí resolverlo por mi cuenta, pidiendo un crédito personal e irlo pagando a plazos. Me lo negaron por falta de avales, y ahí fue donde apareció Dompimpon, como decís vosotros. Y esa es la historia de cómo me metí en este fregado.”

    Pablo no paraba de tomar notas de las cosas relevantes que contaba Marisa.

    Oscar cogía del hombro a su madre, intentado consolarla. A mí me hubiera gustado más cogerla de las tetas, pero bueno, cada uno es como es.

    “¿Y no te extraño, que un tío altruistamente te ofreciera darte el dinero, y encima con mejores condiciones que el banco, sin conocerte de nada?”, la preguntó Pablo.

    “Claro que me extraño, pero yo estaba totalmente angustiada. Con ese dinero podía liquidar la deuda de esa entidad, como en realidad hice, y quedarme solo con lo del hombre aquél”, respondió Marisa.

    “Y como empezaste en la prostitución, directamente anunciándote en Pasión”, la pregunté.

    “No, no que va. Intenté buscar un trabajo por la tarde, de administrativa, es lo que entonces sabía hacer. Pero estábamos en la falsa salida de la crisis. Pagaban una mierda. No tenía para cubrir ni la mitad de la mensualidad. Así es que recordé el oficio más viejo del mundo, me armé de valor, y me metí en internet, buscando sitios de prostitución en Madrid. Todos me llevaban al polígono Marconi en Villaverde. Vi fotos de como vestían las chicas allí, y para allí que me fui. Me coloque en una esquina del polígono que no había nadie. Y a esperar.”

    “Y cómo vestías?”, la pregunté.

    “Bueno, por las fotos y por la lógica, supuse que sería de las más mayores que habría allí, así es que tuve que arriesgar con la ropa. Ese día paré en un chino, y compre la ropa más pequeña que encontré, faldas que malamente me tapaban el culo, tangas de las más baratas que encontré, tops, súper ajustados y cortos, medias de rejilla a medio muslo, zapatos de tacón muy maluchos, pero bueno se trataba de ligar, también un bolsito con clínex, condones, y una botella de agua.

    Me cambie allí, en el propio polígono. Deje mi ropa en el coche, y todo lo que llevaba de valor, incluida la alianza. Y puse las llaves del coche sobre una de las ruedas. No sé en qué película lo había visto, pero funcionaba. No tardó ni cinco minutos en parar un coche. Me dijo algo así, como Hola guapa, no te había visto por aquí, antes, ¿Eres nueva?, le dije que sí, y me dijo genial me gustan las novedades. ¿Cuánto por un completo? No tenía ni idea, así es que le dije, si quieres me pruebas, y luego me pagas según te haya gustado. Le encantó la idea.

    Sube me dijo. Subí y se alejó hasta un descampado que había fuera del polígono. Lo primero que hizo fue ponerme a mamar, y luego me la metió por todos los agujeros. Yo con el culo flipe, nunca me la habían metido por ahí, pero aguanté bien. El tío se corrió dentro de él. Y me llevó otra vez donde me había cogido. Me dio 30 euros. Me sentí genial. Aquel día volví a casa con 150 euros, después de cinco servicios, no se me había dado tan mal y pensé que, con 10 días de trabajo, cubriría lo que tenía que pagar al hombre.

    Pero no todo podía ser tan bonito. Al día siguiente apareció un chulo, y me dijo que estaba en su territorio y que tenía que darme una paliza para que aprendiera, conseguí convencerle de que me follara, y que le daría todo el dinero de la recaudación de ese día. Acepto. La verdad es que me enseñó algunos trucos. Otro día me robaron, otro día me dieron de verdad una paliza, ¿te acuerdas Oscar aquel día que vine como un cristo y que dije que me había caído por las escaleras del metro?”

    Oscar asintió con la cabeza.

    “Pues realmente, me habían dado una paliza dos tíos. Pero no para robarme. Me dieron la paliza y me follaron, y me pagaron 75 euros cada uno. Pegaban por el placer de pegar, y doy fe que se empalmaban al hacerlo. Otra vez me dejaron totalmente desnuda, sin zapatos ni nada, a bastante distancia de donde tenía el coche. Tuve que ir allí tapándome literalmente con cartones. Otras veces tuvimos que salir corriendo porque venían los municipales, y encima el chulo se llevaba un 45 % de lo que hacía.

    Aun así, sacaba bastante más que trabajando de administrativa por la tarde, podía pagar la mensualidad, y aún me sobraba algo de dinero. Pero no podía seguir así. Aquello no terminaría bien. Así es que hable con una chica con la que a veces compartía sitio, y me contó que estaba deseando poder independizarse, no pertenecer a ningún chulo que se llevara su dinero, y estar más segura. La propuse alquilar un piso a medias, y ejercer allí las dos. La sonó a música celestial.

    A la semana siguiente ya teníamos el piso, y aunque nos llevamos clientes del polígono, teníamos que buscar más, y por eso nos anunciamos en Pasión. Y desde entonces trabajamos allí. Sacamos para pagar el alquiler, para comprar bebidas, condones, ir a la pelu, comprar los test de ETS, lencería… Y pagar la mensualidad, y tener algún capricho. Así es que bien.”

    “Bien, la dije, ¿ósea que te gusta lo que haces? Por cierto, ¿qué es el test de ETS?, la pregunté.

    “El test de Enfermedades de Transmisión Sexual, son unos kits para test rápidos de 20 minutos de hepatitis B, hepatitis C, gonorrea, sífilis, clamidia, Trichomonas, Candida albicans y VIH1/2 (anticuerpos y antígeno p24 Me lo sé de carrerilla. Pero este es caro nos salen por 250 euros, aunque compramos cada 3 meses. Es lo que nos duran haciéndonoslo una vez a la semana. En cuanto a si me gusta o no, ¿qué otra opción tengo?”, me contestó Marisa.

    “Pero imagínate que la tengas, la opción me refiero, ¿Seguirías ejerciendo?”, la pregunté

    “Evidentemente no, eso no le gusta a nadie, pero en serio que no tengo otra opción, queda aún mucho por pagar.”

    “Bueno te tenemos que reconocer, que los del Loob de ayer lo provocamos nosotros, hicimos saltar la alarma de incendios para que salieran todos y ver quien estaba contigo”, le dijo Pablo.

    “No me jodáis que me seguisteis e hicisteis saltar la alarma vosotros”, pregunto ella sorprendida.

    “Si”, la dije, “te seguimos al centro comercial. Yo no te conocía cuando te cambiaste de ropa, y luego al Loob. Pablo quería entrar en el hotel para haber podido grabar quien estaba contigo, pero era jugarse la cabeza, así es que se nos ocurrió haceros salir a todos. Así, conseguimos ubicar a Dompimpon, ver que le dejabas junto a las cuatro torres, y luego en el video, comprendimos que era él, quien estaba detrás de todo. Bueno realmente después de revisar el contenido de la tarjeta del zapato, que fue donde el tipo realmente se le identifica. También vimos las lindezas que te hizo cunado no pudiste pagarle.”

    Oscar estaba como en un partido de tenis, mirando a su madre y a nosotros, sin entender casi nada de lo que decíamos.

    “Bien, creo que la mayoría de las preguntas y dudas están resueltas. Ahora Marisa, necesitamos información. Que nos puedes contar del tal Manuel, tendrá apellidos, donde tenía la empresa, familia, a que se dedicaba la empresa, lo que sepas”. Dijo Pablo.

    Marisa nos facilitó la información que tenía, que no era mucha

    Nombre y apellidos, edad, teléfono móvil, la dirección de donde tenía la empresa, se dedicaban a la creación de moldes en acero, lo que conllevaba mucha mecanización y justificaría el importe de la inversión…

    Lo fuimos apuntando todo.

    “Ahora de Dompimpon. Todo lo que sepas,”, le dijo Pablo.

    «Se llama Jorge… …, es el presidente de,…, una empresa de nuevas tecnologías, con implantación mundial, según leí en internet. Tiene 53 años, no se me ocurre nada más», contestó Marisa.

    «Y un buen rabo», apuntille yo.

    «Sí, eso también», dijo ella.

    «Sabes si está casado?», preguntó Pablo.

    «Debe de estarlo. Lleva alianza», contestó,» al igual que la mayoría, por no decir todos, de los que me trae para follarme».

    «Por cierto, ¿esas folladas son ‘de gratis’? o de alguna manera descuentan tu deuda?, siguió Pablo.

    «No me ha dicho nada sobre eso. No sé, pero no creo.»

    «Tienes idea de cuántas veces te han follado? Nosotros llegamos a contar 25 sesiones, pero en algunas había 6 tíos, en otras 5,…»

    «Han sido muchas más. Sobre todo, el año pasado era prácticamente una cada semana, y como mínimo 3, de ahí para arriba».

    «Pongamos cuarenta por año a una media de cuatro, que es lo que más vimos en fotos y videos, estaríamos hablando de 160 servicios. Seguramente sea gente de pasta, y pueda pagar 100 euros por servicio. Estaríamos hablando de 16.000 euros por año. Llevas así año y medio, algo más, podríamos decir que te deben 30000 euros si esos euros los deducimos de la deuda estaríamos hablando 80000 euros, que pese a ser un pastón, sin duda es una cantidad más negociable.»

    «En que estáis pensando», preguntó Marisa.

    Yo, particularmente, no estaba pensando más que en ser el servicio 161, y a ser posible, gratis, la materia gris la ponía Pablo.

    «Si de algo nos dimos cuenta en el Loob, es que esa gente no quiere para nada publicidad, cuando vieron que sonaba la alarma y que eso traería a bomberos y policía municipal, salieron por pies. No querían que les pillaran con una puta, con perdón»

    «No te disculpes, lo soy», dijo Marisa con naturalidad.

    «Mamá», dijo Óscar.

    «Es así, hijo, a la fuerza, pero lo soy»

    «Supongamos», continuó Pablo, «que hablamos con Dompimpon, y le decimos que hemos depositado la información gráfica en una caja de seguridad en una notaría, con órdenes precisas de que si alguno de nosotros, en especial tu Marisa, sufre cualquier tipo de percance, aunque sea pegarse con una farola en la calle, manden esa documentación a los medios y a la policía. Ahí ya no estaría en juego solo la reputación de Dompimpon, sino también del resto de los folladores. Y que sólo permaneceremos quietos, si se olvida para siempre de Marisa y de su deuda»

    «Guau», dijo Marisa, «creéis que funcionaría?»

    Pablo se encogió de hombros.

    «Le falta consistencia», dije yo.

    «A que te refieres?», me preguntó Pablo.

    «Creo que debemos tener más datos personales de Dompimpon, datos como donde vive, datos de la mujer, de los hijos si tiene…, lo ideal sería tener también datos de los otros, pero eso solo con la cara, se me antoja más complicado»

    «Son muy cuidadosos cuando se desnudan, no dejan nada a mi alcance», dijo Marisa.

    «Lo ideal, sería pillarles por los huevos a todos o al menos a unos cuantos», continúe, «supongamos, Marisa que en la próxima quedada, que sea en un hotel accesible, tipo NH, cuando estén en plena follada, reciben una visita.

    Unos encapuchados, que a punta de pistola, les obligan incluso a follarse entre ellos, y todo bien grabado. Al margen, se podría fotografiar sus DNI para tener sus datos»

    «Estás loco», dijo Marisa.

    «No tanto, Marisa, la idea de la alarma del Loob fue suya, y resultó limpia y efectiva. La que expone ahora, habría que trabajarla, pero podría funcionar. Nos es nada complicado colarse en ese tipo de hoteles, y tú Marisa, sabes con antelación, el día la hora, el sitio, la habitación, y hasta el número de comensales, ¿no es así?», dijo Pablo.

    «Joder, estáis puestísimos, es tal y como has dicho», dijo Marisa.

    «De comensales?, preguntó Óscar.

    «Realmente, Dompimpon, cuando cita a tu madre, le indica el número de folladores, que llama comensales», le dije.

    «Que hijo de puta», dijo Óscar.

    Todos le miramos cómo diciéndole. Quien fue a hablar…

    Se había hecho muy tarde, el marido no tardaría en llegar.

    Decidimos continuar mañana.

    Marisa, se levantó, estaba emocionada, tenía hasta los ojos llorosos. Se abrazó a Pablo y a mí, y nos dio dos besos a cada uno. Pero no fueron dos besos de saludo, de cumplido, fueron dos besos de corazón. Y de corazón, fue también el contacto con sus tetas en mi pecho. Nunca me había abrazado, claro, y ahora había notado perfectamente sus dos tetazas presionándome.

    Oscar, protestó,

    «Para mí no hay besos y abrazos?

    «Claro, tonto”, le dijo Marisa cogiéndole del hombro y uniéndole al trío. «No sé cómo podré agradeceros vuestra ayuda»

    Yo creo que sí, que Marisa tenía muy claro como agradecérnoslo, y que sabía que antes o después nos fallaría a los tres, o por lo menos a Pablo y a mí.

    “Pues siento chulearte, Marisa, pero vamos a tener que movernos con el coche, y estamos tiesos, para gasolina y esas cosas”, le dijo Pablo.

    “Entiendo”, dijo Marisa. Cogió el bolso sacó dos billetes de 50 euros y se nos los dio. “Pero, sobre todo chicos, no hagáis nada que os ponga en peligro, y si os hace falta más dinero me lo decís.”

    El pisito con la otra puta, debía de funcionar bien. Se la vio en el bolso un buen puñado de billetes, y seguro que solo tendría ahí lo último ganado.

    “Ya pueden empezar a temblar esos pollas flojas”, dije yo viniéndome arriba.

    Nos bajamos los tres a nuestro rincón favorito. Tuvimos que contestar a un sinfín de preguntas que nos lanzó Oscar, aunque se negó a ver las fotos y los videos de la madre.

    “Bueno, tíos tenemos que organizarnos, porque espero, Oscar, que estés con nosotros”, dijo Pablo.

    “A muerte, tíos, aunque no sé por qué no contasteis conmigo desde el principio”, dijo Oscar.

    “Oscar, era un tema muy delicado, y corríamos el riesgo de columpiarnos, pero en cuanto tuvimos la certeza de nuestras sospechas, te lo dijimos”, dijo Pablo.

    “Ya, ya”, dijo Oscar.

    “Bueno a ver, ¿qué hacemos?, le pregunté a Pablo.

    “Si, os parece, mañana por la mañana iremos donde tenía la empresa el tal Manuel. Quizás algún vecino pueda darnos noticias de él. La gente no desaparece, así como así”, dijo Pablo.

    “Hombre, ya estarían en su momento, investigando los del banco. Si ellos que tienen todos los medios del mundo no sacaron nada, no lo vamos a conseguir nosotros”, dije yo.

    “Correcto, Javier, pero durante este tiempo, ha podido dar señales de vida, y a los del banco que ya tienen su crédito saldado, les importa una mierda”, me contestó.

    “Vale pues a las nueve, mañana, nos vamos para allí”, Les dije.

    Nos subimos cada uno a nuestra casa. La verdad es que, si lo pensabas fríamente, la historia de Marisa, era para coger al tal Manuel de los huevos, y arrancárselos a tirones. En que fregado la había metido a la pobre mujer.

    Me duché, cené algo y me metí en la cama, pensando que el día siguiente nos depararía, sin duda, novedades en el tema.

  • Noches de póker (Parte 3)

    Noches de póker (Parte 3)

    Mi matrimonio estaba bien, luego de muchos años de casados, la llama todavía estaba viva. Mi esposa todavía tenía algunas reglas, por ejemplo sexo anal solo para los cumpleaños, oral una vez al mes, con suerte. Pero de todas formas, mi vida sexual estaba bien. Nos queríamos mucho y juntos habíamos logrado surgir y formar una familia.

    Por otro lado, Marcelo estaba en problemas. Antes de empezar a jugar póker ya tenían problemas. Él intuía que ella le era infiel, pero no estaba seguro. No fue sorprendente cuando un día martes me llamó para juntarnos a almorzar. Marcelo ya estaba sentado cuando llegué. Había ordenado el plato del día para ambos y una cerveza. Lo veía complicado, así que le dije sin preámbulos: Cuéntame, cómo estás?

    No estoy bien, Ricardo. No me siento tan bien. Estoy confundido. Por un lado está mi esposa que no para de reclamarme por todo, nada la satisface y desde hace meses que no tenemos relaciones. Mi trabajo se está resintiendo y juntarnos a jugar póker es lo único bueno en mi semana. Quizás debimos tener hijos, pero queríamos esperar. Yo creo que ya no los vamos a tener y también creo que nos vamos a separar.

    ¿Qué te detiene de separarte? Se nota que no eres feliz.

    Pues, por un lado no tengo donde quedarme y por otro no quiero tener un matrimonio fracasado, no sé qué dirán nuestras familias, además hay otra cosa

    Pero Marcelo, las familias, tu familia te va a querer feliz y ahora no lo estás, quizás en un primer momento te traten de convencer, pero cuando vean que estás mejor te van a apoyar. Por donde quedarte, que tal en el departamento de Marco por ahora? Estoy seguro de que no se va a molestar, yo le pregunto. ¿Qué otra cosa hay?

    Bueno, nosotros. Quiero que entiendas que yo no soy gay. Pero cuando estamos juntos es como si no fuera yo. Pero que sepas que no tengo sentimientos románticos, solo es sexo y fantasías.

    Pero hombre, eso está súper claro. Mira, tú eres mi amigo, llevamos cuántos años de amigos, 20? Aquí, quiero decirte que si tú quieres ser gay o no, es tu tema, yo te apoyo. Pero yo tengo mi esposa, mi familia y no he pensado en dejarlos por lo que tenemos los jueves jugando póker. Conocerás a una pareja que te trate mejor que lo que hace tu esposa y serás feliz, no pierdas las esperanzas.

    Entonces, ¿estás bien?

    ¿Yo? Voy a estar preocupado por ti y tu separación o lo que decidas hacer, pero si, estaré bien, por mi no te preocupes.

    ¿Y los jueves?

    Se hará lo que quieras, si solo jugar cartas, hacemos eso, si quieres otra cosa, pues me dices y ya.

    El resto del almuerzo fue más tranquilo, comimos y volvimos a nuestros trabajos.

    El jueves de póker fue divertido, nos reímos mucho, como siempre. Yo fui en Uber, así que pude tomar un poco más de lo normal. Marcelo se veía bien, aunque yo sabía que había un dolor debajo de sus risas.

    Yo perdí. Pensé que iba a tener que tomar otro trabajo o algo de freelance si seguía perdiendo así, aunque nunca apostábamos mucho. Nos quedamos con Marcelo a limpiar y recibí un mensaje de Ana.

    Ana es la ex esposa de Marco, el dueño del departamento. Se divorciaron en buenos términos, sin las inútiles peleas interminables. Ana ya había estado con nosotros, cuando nos sorprendió teniendo sexo a Marcelo y a mi, pero en vez de hacer un escándalo, se unió a nosotros. Nos había dicho que volvería, que podía acompañarnos una vez al mes, pero la esperábamos la semana siguiente. En el mensaje preguntaba que si estábamos en el departamento y que si podía ir a tomar algo con una amiga. Le pregunté a Marcelo y me dijo que sí. Media hora después llegaron Ana y su amiga Paula.

    Ana estaba vestida con unos jeans apretados y una blusa escotada que dejaba ver un sostén de encajes rosados. A sus 35 años, estaba un poquito pasada de peso, pero su personalidad alegre hacía subir su atractivo en varios niveles. Su pelo castaño, ondulado, le llegaba a los hombros y sus pechos grandes luchaban por salir de su prisión.

    Paula tenía ascendencia asiática. No quise preguntarle si china o japonesa, pero sus ojos rasgados la delataban. Vestía un pantalón de lycra muy apretado, con un trasero muy bien formado. De alrededor de 33 años, parecía de 25. Llevaba puesto una polera morada, de espalda abierta cruzada por hilos. Su pelo negro, liso y largo, le llegaba por lo menos a la cintura.

    Nos sentamos y serví unos tragos. Comenzamos a hacernos preguntas para irnos conociendo cuando Paula preguntó por la mesa de póker. Le contamos que nos juntamos a jugar los jueves y ella nos contó que le encantaba jugar.

    Ana también jugaba con Marco, así que nos sentamos los cuatro y comencé a revolver las cartas. Jugaríamos Texas Holdem.

    ¿Cuánto apostamos? Preguntó Marcelo.

    Unas 10 lucas? (10 mil pesos chilenos que son como 12 dólares), dijo Ana

    ¿Qué tal si jugamos strip póker? Les dije yo.

    Casi al unísono todos se rieron pero luego, dijeron que sí.

    Ok, estás son las reglas. Cada uno parte con 6 prendas. Los hombres 2 zapatos, calcetines cuentan como una sola prenda, pantalones, polera y ropa interior. Las mujeres con 2 zapatos, pantalones, polera y ropa interior que en su caso son 2 prendas.

    En cada ronda, todos deben apostar una prenda, propia o ganada. Apostar la prenda deben dejarla en la mesa y si se sacan una prenda no se la pueden volver a poner. Pierde el que no pueda poner una prenda en la siguiente ronda.

    Y así empezamos a jugar. Todos pusimos un zapato en la mesa, y esa ronda la ganó Paula. Por lo que en la siguiente ronda, todos pusimos el otro zapato, excepto ella, que puso uno de los zapatos que había ganado. La siguiente ronda la gané yo. Para jugar, Marcelo se tuvo que sacar los calcetines y Ana nos miró con enojo, pero se sacó su blusa escotada, dejando a la vista su hermoso sostén rosado. Marcelo Subió la apuesta sacándose su polera y todos pagamos, excepto Ana, que se retiró. Yo gané el juego. Todos debían apostar nuevamente. Paula siguió apostando de lo que había ganado, Ana tuvo que pararse y con un poco de esfuerzo, se sacó los jeans. Marcelo nos miró pero nos dijo: “no, yo me retiro”. Nos reímos un rato, pero lo convencimos. Se paró para sacarse los pantalones y al bajarlos, dejó a la vista una hermosa tanga negra, que en su trasero solo tenía un hilo. Nos quedamos un poco sorprendidos, pero Ana le dio un palmazo en una nalga y le dijo que se le veía bien. Con esos nos reímos y seguimos jugando.

    Paula se retiró, Marcelo se retiró y Ana tuvo que doblar su apuesta, por lo que se sacó el sostén y cubriéndose con un brazo, lo dejó en la mesa. En la mesa había un par de 2 y un rey. Yo pagué y volví a subir la apuesta en una prenda más y ella tuvo que sacarse su calzón de encajes rosados. Al mostrar sus cartas, ella tenía un 2, haciendo un trío de 2. Pero yo le mostré mi par de reyes que tenía en la mano y con eso se convirtió en la primera perdedora.

    Marcelo se quedó solamente con su tanga, pero Paula y yo estábamos completamente vestidos, excepto por los zapatos.

    Nos quedamos en la mesa de póker, Marcelo dijo que no jugaba más, así que Paula y yo jugamos solo a carta mayor para ver quien era el ganador. Ella sacó un 5 y yo un 9. Nos reímos y brindamos por la salud del ganador. Le dije a Paula que como yo era el ganador, ella al menos se tenía que sacar la polera y un poco ebria de tantos tragos, lo hizo de un solo tirón.

    Nos reímos un poco más y luego a Paula se le ocurrió que la perdedora debía pagar alguna penitencia y como yo era el ganador, la penitencia la debía dar yo.

    Pasamos al living y nos sentamos Marcelo, Paula en el centro y yo al otro lado y en un sofá personal, Ana.

    Ana, como eres la perdedora esta noche serás nuestra esclava y partirás lamiendo nuestros pies.

    Ana se bajó del sillón y se acercó a nosotros gateando. Nosotros juntamos nuestros pies y ella los empezó a lamer, repartiendo su tiempo entre nuestros pies. Yo me saqué el cinturón e hice un lazo con un extremo. Se lo pasé a través de la cabeza y dejé ese lazo en el cuello, como una correa para pasear animales.

    Desde este momento no te puedes volver a poner de pie, eres nuestra perra y nos trataras de amos.

    La tomé del pelo para que me mirara y le pregunté: ¿Entendiste? Si, me respondió. ¿Si qué? Si amo. Con eso, le di una buena nalgada, sonora: Que no se te olvide que eres nuestra perra.

    Tomé la correa y comencé a pasearla por el living, ella gateaba a mi lado.

    Paula miraba con ojos abiertos sin quitarle la mirada a Ana. Marcelo, inconscientemente, tenía su mano sobre su paquete y se tocaba el pene erecto que se escondía bajo su tanga. De pronto, se paró y fue por su propio pantalón y le sacó su cinturón. Hizo el mismo lazo y se lo puso en su cuello, luego se agachó y gateó donde estaba yo, levantó el lazo y me dijo:

    Amo, yo también perdí en el póker, creo que también merezco su penitencia.

    Yo le di una cachetada y le tomé de la barbilla.

    ¿Quién te dijo que me podías hablar? No serás mi esclavo. Serás el esclavo de Paula.

    Paula se paró y tomó el cinturón. Les hicimos dar un par de vueltas más gateando y me acerqué a Paula con Ana pegada a mis pies. Miré a Paula y la besé. Sin aviso ni palabras. Solo la besé y ella cruzó uno de sus brazos sobre mi cuello y se dejó besar, nuestras lenguas buscando la boca del otro.

    ¿Qué quieres hacer con tu esclavo? Le susurré a un oído. Ella me respondió también en susurros

    Nunca he estado con una mujer

    Eso lo solucionamos hoy.

    Con eso la llevé al sillón grande y la dejé sentada en el medio, su esclavo, gateando a su lado.

    Puse a Ana, todavía gateando frente a ella.

    Perra, ayúdale a Paula a quitarse los pantalones.

    Ana se acercó a las piernas de Paula y sus manos a su cintura. Comenzó a bajar los pantalones de lycra pero también fueron bajando la tanga que ella llevaba puesta. Yo le di una nalgada a Ana: ¡Te dije que los pantalones, no estás obedeciendo! Y con eso le di otra nalgada. Ahora solo lo vas a hacer usando tu boca. Y con ello, Ana comenzó a morder los bordes del pantalón y a darle tirones. Demoró bastante pero lo logró, mientras lo hacía su cara se iba deslizando por la cintura, los muslos y piernas de Paula. Paula se sacó su sostén, se sentía prisionera y quería empezar a tocarse sus propios pechos.

    Yo comencé a acariciar el trasero de Ana, aprovechándome de darle buenas caricias a su vagina que ya estaba mojada y a su ano, que me recibió dando un pequeño sobresalto.

    Muy bien mi pequeña esclava, te has ganado un premio, con eso, moví a Marcelo hasta poner su cara en el culo de Ana y le pedí que lo comenzara a lamer.

    Yo mismo me acerqué a Paula y le bajé su tanga. Ella estaba completamente depilada y con una mano le toqué la piel alrededor de su vulva. Usando ambas manos, le separé sus labios y le susurré: Pídele que te lama. Paula con los ojos semicerrados, le dijo: Ana, acércate, pásame tu lengua por mi sexo.

    Ana solo se movió unos centímetros y comenzó a meter su lengua. Pronto quedó toda su cara mojada con los jugos de Paula y yo tuve asiento de primera fila mientras veía como Ana le daba sexo oral.

    ¿Ana, es tu primera vez comiéndote a una mujer? Si amo, me respondió. Pués hazle todo lo que te gustaría que te hicieran a ti.

    La escena era maravillosa, Paula gemía de placer, mientras con una de sus manos se pellizcaba sus pezones y con la otra dirigía a Ana en lo que deseaba. Ana dedicada, usaba dos dedos para meterlos en la vagina de Paula y mientras chupaba, mordía, lamía y gemía porque Marcelo seguía chupándole el culo a Ana. Tomé la correa de Marcelo y lo dirigí al sillón, le di un par de nalgadas y le dije que se preocupara de su ama. Lo tomé del pelo y lo moví hasta los pezones de Paula, ahí comenzó a lamer, chupar y morder esos pezones, primero uno y luego el otro.

    Paula no pudo más y soltó el primer orgasmo de la noche. Ana se retiró un poco, pero su cara quedó llena de los jugos de Paula y Marcelo recibió un empujón cuando Paula ya no pudo más.

    Mi propia erección ya requería atención, así que puse a Ana en posición, con sus codos en el suelo y su colita parada.

    ¿Paula, quieres comer tu primera mujer?

    Sí, me gustaría

    Ven, ponte debajo de ella.

    Paula se deslizó por el suelo, poniendo su boca en el sexo de Ana y abrazándola, atrayéndola. Ana comenzó a gemir.

    Perro, cállale la boca a esta perra.

    Marcelo se acercó y sacó su verga por el lado de la tanga y se la introdujo en la boca a Ana. Yo mismo me puse en posición, sabiendo que los ojos de Paula estarían viendo el espectáculo. Escupí y mojé el Ano de Ana, introduje uno, dos dedos y luego se lo metí, fue delicioso. Entré lento, pero firme, sentí el gemido de dolor y de placer de Ana mientras le comía el sexo a Marcelo. Escuchaba los lengüetazos de Paula comiendo su primera mujer, iba cambiando entre mordidas y chupadas y mis testículos chocaban con su frente. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero Ana tuvo un orgasmo salvaje, soltando mucho más que jugos. Paula recibió todo en su boca y su cara y cuando yo sentí que iba a terminar se lo saqué provocando otro orgasmo más a Ana que recibía en ese momento una tremenda descarga de Marcelo en su boca. Lo volví a meter y sacar hasta que con un gritito terminé dentro de ella provocando más gemidos de placer y con sorpresa, cuando comencé a sacarlo, sentí la lengua de Paula, a medida que iba saliendo. Luego dejó que mi semen que salía del gran orificio de Ana, cayera en su cara mientras seguía pegada al sexo metió en su boca.

    Estuvimos descansando unos minutos, yo sentado en un sillón, ellos tres en el suelo.

    Luego de respirar un poco, le dije a Ana y Paula que deberían ir a lavarse un poco. Ana comenzó a gatear, pero le dije que ya podía caminar. A Marcelo le dije que fuera al dormitorio, sacara el cobertor y dejara solo la sábana de abajo y que luego dejara a Marcelo allá y trajera a María. Me levanté y fui a la cocina, busqué algunas cosas y encontré un matamoscas que al parecer estaba nuevo, de todas formas lo lavé y lo corté un poco, para que quedara como una fusta y no un matamoscas.

    Lo siguiente que ocurrió se los contaré en la cuarta parte y final.

    Queridos lectores, no olviden valorar y comentar si les gustó este relato.

  • Mi primera vez como esposa infiel

    Mi primera vez como esposa infiel

    Hola. Soy Marta, tengo 39 años. Ya 15 años de casada. Creo que calzo en lo que ustedes denominan una milf, aunque no tengo hijos.

    Estoy algo caliente ahora y me animé a contar mi primera vez como esposa infiel. Sucedió hace ya casi 4 años. Me casé a los 24 años y por más de 10 años nunca se me ocurrió ser infiel, aunque mi esposo tiene un pene pequeñísimo, casi un micro pene, pero nunca se lo he medido ni le he pedido que me diga cuánto le mide. Quizás menos de 10 cm.

    Una de mis mejores amigas siempre fue muy inquieta, ella me contaba sobre sus aventuras y entre tantas cosas, me comentó sobre un chat dónde había hecho algunos ligues.

    En un momento de aburrimiento en casa, decidí ingresar al chat. Desde que entré, aparecieron los lobos. Uno y otro, algunos muy groseros, otros más cautos, pero todos buscando sexo. Me enganché con algunas conversaciones y no pasó a más ese día.

    Desde ese día comencé a entrar con una cierta frecuencia, 2 a 3 veces por semana al inicio, para ya luego estar casi todos los días chateando. Empecé a tener amigos ya estables y con todos ellos tenía conversas calientes.

    Con quién más confianza tenía era Alfredo. Un técnico de una empresa de cable e internet. Era muy mañoso y dominante y me excitaba como me trataba. Finalmente decidí darle mi número de teléfono y escalamos a conversar por whatsapp.

    Siempre presumía del tamaño de su verga y finalmente comenzó a enviarme fotos de ella. Era enorme y me excitaba mucho. Comencé a masturbarme pensando en su verga y luego a tener cibersexo con él. Me trataba de puta y me insultaba, eso me excitaba, algo muy distinto al sexo tiernito con mi esposo.

    Él me hablaba de las casadas que de cogía y empecé a desear ser otra más. Un día me envió un vídeo de él cogiendo con una señora que tenía 52 años. Verla como gemía y gozaba fue el detonante. Decidí ser suya.

    Aprovechando un viaje de trabajo de mi esposo, le pedí que venga al departamento, con su traje de la empresa de cable, que es justo la que tenemos en casa.

    Ese día me pidió que lo espere en pijama ligera y así lo esperé.

    Llegó al edificio, se presentó en recepción como técnico. El conserje llamo a mi departamento, me dijo «señora Marta, hay un técnico acá». Que suba por favor le respondí.

    Tocó la puerta. Abrí. Verlo con su overol de trabajo fue demasiado para mí. Entro al departamento, me cogió por la cintura y me besó lascivamente. Me cogió el culo sobre la pijama y me dijo «estás culoncita mi puta, hoy será mío».

    Yo chorreaba ya. Se dio cuenta y me ordenó «arrodíllate». Obedecí.

    Me arrodillé. Se soltó el overol y sacó su verga ya dura. Realmente era muy grande. La más grande que había visto en mi vida. Infinitamente más grande que la cosita de mi esposo.

    Mámala me ordenó. Obedecí. Sentir esa verga en mi boca me excitaba demasiado, intente hacerle sentir que era una puta. Y él me decía así «puta que rico la mamas. Eres una mamona, etc., etc.».

    Cuando se calentó completamente cogió mi cabeza e introdujo una buena parte de su verga en mi boca. Casi vómito. Pero aguante y bajó su empuje. Tenía algo así como medio pene dentro de mi boca. Sentí como se aceleraba, quería que me penetre ya, pero estaba sumisa a lo que él quería y no dije nada.

    Finalmente se vino en mi boca. Antes que pueda reaccionar me ordenó tomarla.

    Estaba muy excitada y bebí semen por primera vez en mi vida. Pero también me sentía frustrada pues quería que me cogiera. Igual me esmeré en lamerle la verga y dejarla limpia de semen. Pero se fue poniendo flácida hasta que la solté.

    Me levanté y él me dijo «puta llévame a tu cama, ahora te toca gozar». Lo obedecí pues eso quería. Lo cogí de la mano y lo lleve a mi habitación. Me ordenó «ponte en 4 patas al borde». Lo obedecí. Seguía con mi pijama puesta.

    Se arrodilló detrás de mí. Me bajó el short. Me dejó en tanga. Me dijo que rica putita en tanga fina. La puso de lado y puso su lengua en mi coño.

    Me sentí morir con su lengua recorriéndome. Separó mis nalgas con sus manos y puso su lengua en mi anito. Llegué con su lengua. El siguió y se concentró en mi culito.

    Luego se paró y sin verlo sentí.

    Como su verga enorme y nuevamente dura entraba en mi coño ansioso.

    No tenía ni 2 minutos siendo su perra cuando sonó su teléfono. Su jefe lo llamaba.

    Mientras me cogía en 4 patas él hablaba y coordinaba una visita técnica. Cuando le dijo «estoy terminando un servicio ahora» me sentí tan puta que me volví a venir.

    Eso lo puso a mil e instantes luego de cortar llegó también.

    Me ordenó «límpiala». Me levanté como yendo al baño a traer paños húmedos.

    Me dijo «no perra, con tu lengua». Eso hice. Con mis labios y lengua le limpie la verga. Con su semen y mis jugos. Me sentía muy puta

    Al terminar, se alistó para salir y al despedirme me dijo «la próxima por tu culito perra».

    Cuando cerré la puerta sentí que aunque amaba a mi esposo, nunca más podría ser solo suya y de su penecito.

  • Una fantasía hecha realidad (Tercera parte)

    Una fantasía hecha realidad (Tercera parte)

    Aunque los dos fines de semana que había pasado Paula con Félix,  el maduro socio de su padre, habían sido de lo más placenteros, ambos sabían que aquella relación era de alto riesgo.  Si se llegaba a saber, las consecuencias podían ser devastadoras, especialmente para Félix. Esa es la razón por la cual acordaron terminar con sus apasionados encuentros. Paula era consciente de lo peligroso de aquella relación, pero echaba mucho de menos el sexo que había disfrutado con el experimentado maduro. Su amiga Anna era la única que estaba al tanto de la relación y posterior ruptura. Fue ella la que le propuso a Paula salir de marcha para olvidar a su añorado maduro.

    Ya llevaban unos cuantos mojitos tomados y estaban las dos bailando en la pista de la disco, cuando Paula vio a Carlos, su profesor de historia del arte en la universidad, junto a otro hombre, sentados en la barra.

    -¿Ves a aquellos dos en la barra? -le dijo al oído a Anna y señalando el sitio donde estaban -pues el más alto es Carlos, el profe del que te he hablado alguna vez. Ah que está bueno!!

    -Pues no está nada mal, la verdad, un madurito interesante. Y su amigo tampoco está mal. Vamos a abordarlos!! -le respondió Anna que era la más atrevida de las dos.

    -¿Qué dices tía? Que es mi profe. ¿Cómo vamos a ligar con ellos?

    -¿Cuántas veces me has dicho que te lo tirarías? ¡Aprovecha la oportunidad! Y así te olvidas de tu amado Félix, jajaja.

    -Ufff, no sé tía, me da corte -titubeó Paula, aunque la verdad es que había empezado a notar ese característico cosquilleo en el vientre que sentía cuando se excitaba, señal que su cuerpo le pedía hacer caso a su amiga.

    Anna la agarró de la mano y la arrastró hacia la barra hasta que se plantaron delante de los dos hombres.

    -Hola! ¿Tú eres Carlos verdad? Yo soy Anna, amiga de Paula. A Paula ya la conoces, ¿no? -les soltó Anna con la más provocativa de sus sonrisas

    Los dos hombres las miraron sorprendidos de que aquellas dos bellas jovencitas se les acercaran. No era frecuente que dos chicas de 19 años buscaran rollo con dos cuarentones.

    -¡Vaya Carlos! qué escondido te lo tenías. ¡Vaya amigas más guapas que tienes! Yo soy Luis, por cierto, amigo de Carlos -respondió el acompañante del profesor, levantándose para besar en las mejillas a ambas chicas -¡Encantado de conoceros!

    -Pa… Paula, claro, de la universidad… ahora caigo -balbuceó Carlos que al principio no acababa de reconocer a su alumna.

    La situación de los dos hombres era parecida a la de las amigas. Carlos hacía unos meses que se había separado de su mujer y Luis, el más extrovertido y echado palante de los dos, le había obligado a salir de marcha para olvidar sus penas y a ser posible, ligar. A Paula le dio gracia ver tan indeciso y tímido a su profesor que parecía tan seguro de sí mismo cuando daba clases y eso es lo que la decidió a provocarlo.

    -Vamos a bailar, ¿no? -se sorprendió a sí misma con la propuesta

    -Si claro, vamos a bailar! -respondieron Luis y Anna casi a la vez

    Carlos no tuvo más remedio que seguirlos, aunque no se sentía nada cómodo haciendo el ridículo en la pista. Trataba de seguir los movimientos de Paula, que se contorsionaba provocativa delante de él. A ella le encantaba bailar y aunque al principio se sintió cohibida, cada vez le gustaba más la situación. A menudo había fantaseado ir al despacho de Carlos y provocarlo hasta acabar follando con él sobre su escritorio. Y ahora lo tenía allí delante, tímido e inseguro, aunque por la forma en que la miraba estaba claro que sus provocaciones estaban causando efecto en él. Hacía semana que Félix y Paula habían decidido no seguir con sus encuentros y ella también había dejado a su novio, por lo que andaba sedienta de sexo. Las pajas mirando porno o leyendo relatos eróticos le sabían a poco, y su cuerpo, alentado por el efecto de los mojitos, clamaba por un buen polvo. Así que cuando empezó a sonar un reggaetón, elevó el nivel de provocación pegando su precioso culo al paquete de Carlos y frotándolo al ritmo desenfrenado de la música. Para su satisfacción, pronto notó el bulto endurecido bajo los pantalones del sorprendido profesor, lo cual aumentó aún más la excitación de la chica. Cuando acabó la canción, tomó de la mano a Carlos y lo arrastró hacia los baños. No era la primera vez que iba a follar en ellos, ahí es donde lo hizo por primera vez con su antiguo novio. Anna adivinó las intenciones de su amiga y decidió seguir a la pareja con Luis.

    Las dos parejas entraron en el lavabo de mujeres y echaron el pestillo. Carlos la seguía alucinado. Era Paula la que llevaba toda la iniciativa, aunque él no hacía nada para evitar lo que tenía pinta de acabar en una relación nada adecuada entre un profesor y su alumna. Paula se pegó a Carlos, que tras titubear unos segundos, correspondió apasionado al jugoso beso de Paula, mientras colocaba sus manos sobre las respingonas nalgas de la chica y la atraía contra él. Tras el húmedo morreo, Paula volvió a tomar la iniciativa y se arrodilló para desabrochar el pantalón de Carlos y liberar la polla endurecida aprisionada por la ropa. Ella sonrió al ver lo avanzado de la erección y mirándolo a los ojos, la empezó a mamar. Él cerró los suyos para concentrarse en la maravillosa sensación de los labios y la lengua de la chica deslizándose sobre su verga y empapándola con su saliva. Carlos no había tenido suerte en sus relaciones anteriores en lo que respecta al sexo oral, sus primeras novias resultaron torpes en ese aspecto y su exmujer directamente se negaba a ese tipo de práctica. La mamada que le estaba dando Paula era sin duda la más deliciosa hasta la fecha.

    Mientras tanto, junto a ellos, Anna le aplicaba el mismo tratamiento a Luis, que aunque acababa de conocer a la chica, estaba encantado con la deliciosa mamada. De hecho, al cabo de un rato de dejarse hacer, agarró entre sus manos la cabeza de Anna y empezó a marcar el ritmo y la profundidad de las chupadas.

    Carlos, por su parte, apartó suavemente a Paula cuando sintió que estaba a punto de correrse. Ella se incorporó y volvieron a besarse.

    -¡Follamé! -le susurró ella cuando separaron sus bocas.

    Apoyando las manos sobre el lavabo, recogió su minifalda hasta la cintura y apartó la tira de su tanga para mostrar su encantador culo alzado y su sexo abierto y brillante de humedad. Carlos comprobó con sus dedos que los labios vaginales de Paula estaban empapados y tras hundirlos dentro y arrancarle gemidos de placer, los sacó para clavarle su verga, durísima y cubierta de saliva. La polla se deslizó suavemente dentro del coño profusamente lubricado. Olvidadas ya todas sus reticencias éticas y morales sobre la conveniencia de relacionarse con una de sus alumnas, Carlos se entregó a la lujuria del momento y empezó a follarla con intensidad creciente, a lo cual Paula respondió con gemidos de placer cada vez más escandalosos. Apenas tardaron un par de minutos en correrse los dos. Paula se limpió con papel higiénico los muslos pringados de flujos y el chochito empapado, se recolocó el tanga y la minifalda. Mientras tanto, Luis seguía follando la boca de Anna y acabó corriéndose en ella. Salieron los 4 del baño sonrientes, observados por las chicas que habían formado cola esperando a poder acceder al servicio, Carlos un poco avergonzado, Anna algo frustrada pues echaba en falta un orgasmo, Paula y Luis los más satisfechos. Tras tomarse una par de copas más y bailar de nuevo, especialmente las dos chicas, acordaron acompañar a los dos hombres al piso de Luis. Ahí siguió la juerga. Volvieron a follar, las dos parejas una junto a la otra, esta vez más cómodos, sentados en el amplio sofá de la sala. Anna cabalgando a Luis, quiso controlar el polvo y consiguió correrse un par de veces antes de que él lo hiciera. Paula y Carlos se lo tomaron con más calma, prodigando los besos y las caricias antes de follar en diferentes posturas sin apremios. Ya estaba amaneciendo cuando las dos amigas abandonaron el piso de Luis para volverse cada una a sus casas paternas.

    Ya pasado el fin de semana y de vuelta a las clases en la Universidad, Paula no dejaba de pensar en Carlos. El sexo con él había resultado tan placentero como se lo había imaginado en sus fantasías, pero faltaba un detalle. Siempre había fantaseado que follaría con él en su despacho de la Universidad. Se le antojaba de lo más morboso. Eso es lo que le hizo decidirse a presentarse en el despacho del profesor el miércoles por la mañana, cuando él tenía hora de consulta con los alumnos.

    Carlos tampoco podía quitarse de la cabeza la experiencia del fin de semana. Nunca hubiera imaginado que aquella preciosa joven que tenía como alumna pudiera estar interesada en él y menos aún que pudieran acabar follando. Los remordimientos le amargaban, nunca había tenido una relación con una alumna (aunque debía confesar que más de una vez lo había fantaseado) y sabía que si se llegara a saber sería el fin de su carrera docente. Y sin embargo, cada vez que pensaba en el fin de semana, no podía evitar una furiosa erección. En eso estaba cuando vio aparecer a Paula en su despacho.

    -Pa… Paula. Tú por aquí, qué sorpresa -es lo único que atinó a balbucear, sonrojándose hasta las orejas. Aquello a Paula le pareció encantador. Le encantaba provocar a su profesor y ver sus reacciones. Sonriendo pícara, cerró la puerta tras entrar en el despacho y echó el pestillo. Luego se acercó al sorprendido profesor que no sabía a qué había venido la chica pero se lo empezaba a imaginar por los movimientos felinos con los que se dirigía hacia él y la sonrisa lujuriosa.

    -¿Sabes? No he podido dejar de pensar en nosotros dos el sábado… el polvo salvaje en el lavabo y luego en el piso de Luis. Ufff, me pongo cachonda sólo de pensarlo. ¿Tú no? -le dijo mientras se sentaba frente a él sobre su escritorio y le acercaba los labios entreabiertos, ofrecidos, vulnerables.

    -Paula… aquí no, no podemos… -volvió a tartamudear Carlos, sin poder apartar la mirada de los deseables labios que se le acercaban y que le hicieron callar cuando se juntaron con los suyos.

    No pudo resistirse a besar aquellos suaves y delicados labios, corresponder a la dulce lengua que se colaba en su boca. Paula interrumpió el beso separándose de Carlos y apoyando las manos sobre el escritorio se inclinó hacia atrás para alzar sus pequeños pero turgentes pechos que se marcaban bajo la ajustada camiseta, mientras separaba sus piernas. La minifalda recogida hacia sus caderas dejó a la vista su entrepierna. La sutil tira del tanga negro que llevaba puesto apenas ocultaba su rajita y dejaba a la vista los oscuros labios vaginales. Cuando separó aún más las piernas y apartó la tira del tanga, la visión que ofreció Paula a Carlos de su chochito hizo que él se estremeciera de deseo. Sin poder resistirse, se inclinó para besar y lamer los ofrecidos labios verticales. Su lengua buscó ansiosa el botón del clítoris que empezaba a abultarse. Pronto el coñito se inundó de flujos que Carlos lamió goloso. Paula sujetó entre sus manos la cabeza del profesor para presionarla contra su ardiente coñito. Él redobló el entusiasmo de sus labios y su lengua hurgando la lubricada cueva de placer, hasta que le provocó el primer orgasmo. Carlos sorbió goloso los abundantes flujos que acompañaron a la corrida.

    Lejos de darse por satisfecha tras aquel orgasmo, Paula suplicó con voz lujuriosa al hombre que la follara como a una perrita. Se bajó de la mesa, le dio la espalda y tras quitarse el tanga, se inclinó sobre el escritorio para alzar su culo en pompa y separar las piernas. Carlos también se incorporó, liberó su polla de la opresión de los pantalones y la frotó sobre los labios vaginales empapados para acto seguido penetrar de una estocada el jugoso coñito. La folló con una energía poco habitual en él, casi con brutalidad, que se fue incrementando a medida que los gemidos de placer de la chica subían de tono. Ella se corrió otras dos veces antes de que Carlos descargara dentro de su vagina un portentoso flujo de semen…

    Cuando Paula salió del despacho del profesor, se sentía sucia, notaba como el semen se le escurría del coñito y resbalaba por sus muslos. Y sin embargo, le encantaba esa sensación, notarse sucia, como una perrita en celo y sobre todo le encantaba como todo su cuerpo vibraba tras disfrutar de tres orgasmos.

    Otra de sus fantasías, follar con su atractivo profesor en su despacho, se había cumplido. Se preguntó qué otras fantasías tenía pendientes y podría cumplir.

    Como siempre, agradeceré vuestros comentarios y propuestas para seguir el relato, que podéis dejar aquí o enviar a mi correo, [email protected]

  • Cógetela bien…

    Cógetela bien…

    Mi esposa trabajaba como directora de una entidad sin ánimo de lucro, dedicada a la atención de niños con problemas de aprendizaje. En su rol, ella tenía contacto con prestigiosos médicos, proveedores de equipo y material médico y personas relacionadas con la atención en salud. Y con el estatus de directora, con poder decisión y ejecución en muchas áreas, era constantemente asediada por los hombres involucrados en su actividad.

    El cargo le exigía andar siempre bien arreglada y entrar en contacto permanente con hombres y mujeres relacionados con su trabajo, pero ciertamente era el centro de atención de muchos hombres, que se interesaban en ella no solo por su puesto como directora de una prestigiosa institución sino también por su condición de mujer.

    Para ella era claro, que, no podía fijarse en los hombres más allá de la relación de trabajo, debido a que demasiada confianza en las relaciones interpersonales podría obrar en su contra, tanto a nivel personal como profesional, pero ciertamente algunos de aquellos hombres que la asediaban capturaban su atención e interés más allá de lo netamente laboral. Expresado en otras palabras, se diría que le atraían, le gustaban y por su cabeza, algunas veces, se desataban escenas y situaciones que caían tan solo en el ámbito de las fantasías.

    Algunos de sus compañeros de trabajo, por supuesto, se aprovecharon de algunas situaciones para insinuarle algún tipo de relación, más allá de lo profesional y le expresaron su deseo de compartir alguna aventura sexual con ella. Sin embargo, aunque ella hacía oídos sordos a tales insinuaciones, aquel ambiente no dejaba de hacerle ruido en su trabajo y considerar, muchas veces, por qué no, sobre todo cuando era evidente que, por ejemplo, en la celebración del día de las secretarias, o el día de la mujer, o cualquier otra celebración, muchas de sus colegas se permitían ciertas libertades con sus compañeros masculinos. Y ella, involucrada en ese tipo de jolgorios y con relaciones de mucha confianza con sus amigas, llegaba a preguntarse ¿por qué no?

    Yo, cuando iba recogerla, siempre la encontraba rodeada de caballeros. No llegué a pensar que aquellos acercamientos tenían propósitos diferentes a lo estrictamente laboral, pero dado que ella resultaba atractiva para cualquier hombre, consideraba normal que la asediaran en procura de ganarse sus favores en lo relacionado con el trabajo, pero nunca en lo íntimo, en lo muy personal, en lo sexual.

    El ambiente era algo pesado, sin embargo, como ella manifestaba, porque en las conversaciones con sus amigas salían a relucir las virtudes y defectos de las relaciones con estos caballeros. A ella le gustaría no enterarse de esas cosas. Muchas sabían que aquel tipo de relaciones no pasarían de un intercambio netamente físico en lo sexual, pero el vínculo generaba aproximaciones progresivas en las que se establecían lazos de amistad, compañerismo, convivencia y mucha confianza. La amistad muy próxima se percibía como compromisos de otro tipo. Y, de ese modo, muchas relaciones resultaban conflictivas.

    No obstante, en ese ambiente, un hombre de ébano captó su interés. Era un docente universitario, muy educado, que le prestaba ayuda en el diseño, elaboración y ejecución de programas educativos para personas discapacitadas. Con ese pretexto, continuamente se veía con ella, pero sus conversaciones no pasaban de las situaciones relacionadas con su trabajo. En alguna ocasión, sin embargo, se presentó en la ciudad la realización de un evento deportivo, una carrera de maratón, y ella, mi esposa, decidió participar en representación de la institución donde trabajaba.

    Con ese propósito, tanto ella como otros colegas, hombres y mujeres la secundaron en la idea de participar en el evento. Uno de ellos, Carlos, claro está, el docente asesor. Él se ofreció a acondicionar físicamente al grupo y entrenarles para la famosa competencia, de manera que se reunieron todos los fines de semana durante cuatro meses, situación que permitió establecer un vínculo mucho más estrecho entre ella y él. E imagino yo que también sirvió para que este hombre detallara a mí mujer más allá de su vestimenta formal en el trabajo.

    Lo cierto es que una cosa llevó a la otra. La relación profesional se convirtió en un vínculo más cercano en lo personal y, de un momento a otro, aquel hombre resultó recogiendo a mi esposa en la casa antes de acudir al trabajo. Y también, muchas veces, llevarla después de sus actividades. Y, como yo, en razón de mis actividades debía viajar con cierta frecuencia, Carlos se aprovechaba para cortejarla y aproximarse a ella en esos momentos. Sin embargo, al principio, ella pareció no percibir las intenciones de aquel y veía aquello como una dedicación especial y muy considerada de su colega hacia ella.

    El, prácticamente se ganó su confianza, y de nada hubiera servido hacerle ver a mi esposa las intenciones que aquel hombre albergaba, aunque no le puedo juzgar, ya que, a ella, además de serle útil en el desarrollo de sus proyectos, también le gustaba como hombre. Y pienso que más de una vez pensó en permitirse alguna libertad con él, máxime cuando no estaba vigilada de ninguna manera durante mis ausencias. Sin embargo, las cosas sucedieron de otra manera.

    Al vivir en una ciudad pequeña, la relación que estaban manejando podía verse expuesta al escarnio público, motivo por el cual Carlos, de forma inteligente, se propuso llegar a ella en otro lugar, y para ello aprovechó que había actividades importantes, relacionadas con su trabajo, que se llevaban a cabo en otra ciudad cercana, ubicada a hora y media viajando en automóvil. Era el pretexto perfecto para poder forzar el estar a solas con ella y tratar de conseguir algo.

    Los viajes se sucedieron, pero al parecer no se dieron las cosas tal y como él esperaba. Por tal motivo, las justificaciones para ir de visita a la otra ciudad se volvieron más frecuentes, pero, por algún motivo, su estrategia no parecía dar resultado. Mi esposa, inocente o no, simplemente tenía claros sus objetivos laborales y no tenía en mente otro tipo de situación. Y siendo una mujer casada, con hijos pequeños, en su cabeza no cabía que Carlos estuviera interesado en ella como mujer, para tener una aventura sexual y quizá alardear ante sus amigos de haberse follado a la directora del Instituto REI.

    Carlos, finalmente, decidió mostrar sus cartas y, en una de sus visitas fuera de la ciudad, y después de una velada aparentemente íntima, le confesó su sentir y su deseo de estar con ella. Esto confundió a mi esposa, como más tarde me lo confesaría, porque, por una parte, le resultó excitante y atractiva la propuesta, pero, por otro, se sintió defraudada en sus expectativas. Pensó que, si aceptaba lo uno, estar con él, simplemente el vínculo que más le importaba, el laboral, se afectaría y desaparecería, y sintió frustración por haber sido tan inocente.

    Aquella vez no pasó nada, pero esa declaración abierta atormentó a mi esposa hasta el punto de poder sacarse a Carlos de la cabeza y dejar de dormir pensando en ello. A tal punto llegó el asunto que decidió contármelo todo y pedir mi consejo. Al escucharle toda la historia, solo me quedó una pregunta por hacer. ¿Y qué importancia tiene que Carlos desaparezca de tu vida? Pregunté. No sé, no sé, no sé, respondía ella. Trato de encontrar la respuesta sin hallarla, pero no me puedo dejar de pensar en el asunto y no me puedo sacar el temita de la cabeza. Entonces, vino la segunda pregunta. ¿El tipo te gusta? Y, mirándome fijamente, me contestó, me encanta.

    Y vino una tercera pregunta. ¿Y cuál hubiera sido la respuesta a su propuesta si no hubiera existido el pretexto del vínculo laboral? Sí. Que sí. O sea, ¿te atrae tanto que no encuentras reparo en acostarte con él? Pues, sí, contesto. Y vino la cuarta pregunta. ¿Qué te detiene, entonces? Pues que no sé si esté haciendo lo correcto. Además, siento que estuvo jugando un poco conmigo y de alguna manera me embaucó. Bueno, dije, pero quiero entender una cosa, ¿el tipo te gusta? Sí. ¿Quieres tener sexo con él? Sí. ¿Qué te detiene para aceptar la propuesta y hacerlo? Que siento que te fallo a ti y no me perdonaría echar al traste nuestra relación por un capricho.

    ¿Y cambaría algo si yo estuviera de acuerdo con esa aventura? Sí, respondió. Me sentiría libre de culpa y sería mi responsabilidad aceptar o no su propuesta. Bueno, dije, adelante. Haz lo que creas que tienes que hacer, que, sea cual sea tu decisión, vas a contar con mi comprensión. Gracias, dijo aproximándose a mí para abrazarme y besarme por un largo rato. Y después de aquello, tal vez sintiéndose más liberada, sus pensamientos se volcaron a idear en cómo dirigirse nuevamente a Carlos y llevar a cabo su propuesta. Pero, pasaron los días, y nada pasó. Las cosas se enfriaron.

    Un día, sin embargo, ella me comentó que, simplemente, se sentía incapaz de llegar a tanto con él. ¿Le pregunté si acaso en sus salidas a solas no habían existido aproximaciones entre ellos dos? Me confesó que sí, que se habían abrazado, que se habían besado, que incluso ella le había practicado el sexo oral y que se había excitado mucho al hacerlo, pero que, al momento de querer ir más allá, simplemente se bloqueaba. Se le iba la calentura y perdía la excitación. ¿Y, qué hace falta? Pregunté. Me haces falta tú, me dijo. Me sentiría más segura si sé que estás ahí, presente, por lo menos cerca. Y, ¿entonces? ¿Qué propones? No lo sé. Salgamos los tres a ver qué pasa y sírveme de cómplice.

    La idea se cristalizó un tiempo después. Yo nunca supe si él sabía lo que mi esposa pensaba, pero ella seguía sin sacarse a su hombre de la cabeza. Efectivamente, Carlos, con su intención clara en mente, se las arregló para que nos encontráramos en otra ciudad, en un lugar hotel exclusivo, elegante y concurrido, donde nosotros tan solo íbamos a ser uno de tantos asistentes. Sin embargo, cuando salió a nuestro encuentro, el día de nuestra llegada, note que no se le veía muy entusiasmado, y el trato fue algo frío y protocolario, no solo conmigo sino con ella. Me pareció percibirlo. Pero, para mis adentros pensé, es cosa de ellos.

    Aquel viernes en la noche, entonces, poco antes de encontrarnos con él, le propuse a mi esposa que fuera sola a la cita y que hablara francamente con él. Ella tendría que ver hasta dónde podía llegar en esa aventura, pero entendía que para Carlos resultaba difícil conquistar, coquetear y llegar a tener sexo con una mujer casada, en frente de su marido. De ese modo la aventura perdía sentido y creía que no había la confianza suficiente para comportarse como a él le gustaría y, por lo tanto, no parecía agradarle que yo anduviera por ahí, en las cercanías, como vigilándolos. Además, no sabía yo si él conocía lo que ella estaba pensando. Y no me parecía correcto sorprenderlo y de pronto el que se bloqueaba ahora era él. Ella estuvo de acuerdo.

    Carlos la llamó para decirle que la esperaba en el lobby del hotel a eso de las 8 pm. Y ella le confirmó que estaría allí muy puntual. Seguramente él preguntó por mí, porque ella mencionó que yo había aprovechado la visita a la ciudad para atender algunas visitas con amigos y que no tenía certeza sobre mi hora de llegada. Nos vemos en un rato, entonces, dijo y colgó. La idea era que no hubiera rastros de mí en aquel hotel, cuando Carlos llegara, alejando cualquier prevención de su parte. Habíamos acordado que, de darse las cosas, ella tenía toda la libertad de subir a nuestra habitación y disfrutar de su macho.

    Ella se arregló muy coqueta y atractiva, vistiendo lencería y accesorios que la hacían lucir bastante provocativa a los ojos de cualquier hombre, ciertamente. El había sugerido asistir a una actividad que se celebraría en la discoteca del hotel y, pensaba yo, si las cosas fluían, podían ir a cualquiera de las habitaciones para consumar el encuentro, bien fuera en su habitación o en la nuestra, o en algún otro lugar si así lo decidían. Así que, un poco antes de la hora señalada, ella se despidió de mí y salió al encuentro de Carlos. Hasta luego, se despidió. Te voy contando…

    Poco antes de las 12 pm recibí su llamada. Hola, ¿cómo has estado? Bien, contesté. ¿Cómo ha ido la cosa? Bien, dijo. Hemos decidido subir y tener el encuentro en nuestra habitación. Okey, dije. Entonces, ¿me voy? No, él no tiene inconveniente con que tú estés ahí, pero quisiera hablar contigo antes de cualquier cosa para que no haya malos entendidos, me ha dicho. Perfecto, contesté. ¿Cuál es la idea, entonces? Él dice que le gustaría que nos reuniéramos en el lobby antes de subir. Okey, dije, ya bajo.

    Salí del ascensor y caminé hacia el lobby para salir a su encuentro. Estaban sentados en una de las salas dispuestas allí. Hola, Carlos, le saludé. Hola, ¿cómo has estado? Bien, dije, ¿y ustedes? ¿Cómo la están pasando? Perfecto, respondió él, mirando a mi mujer, quien tímidamente sonreía mientras le tenía tomado de la mano y se mantenía muy juntito a él. Yo, la verdad, comenté, ando un poco expectante con esta situación. Finalmente, ¿Qué han pensado?

    Carlos musitó algo al oído de mi mujer, quien, luego de eso, y con el pretexto de ir al baño, nos dejó solos. Ya vuelvo nos dijo y se alejó. Bueno, continuó Carlos, es un poco difícil para mí hablar de esto con usted, pero ya que estamos aquí, viéndonos las caras, me parece que es bueno aclarar las cosas de una vez. Y qué tienes que aclarar, acoso, dije riéndome un poco. Antes que todo, dijo, quiero decirle que no es mi intención interferir para nada en la estabilidad de su matrimonio. ¿Y cuál es tu intención, entonces? Pregunté. Voy a serle franco, contestó. Desde hace mucho estoy encantado con ella y quisiera que me diera la oportunidad de hacerle el amor. Respetuosamente le digo, eso es todo.

    Le agradezco su franqueza, pero, ella ¿qué dice al respecto? Pues ella me dice que quiere hacerlo, pero que no se siente segura si usted no está acompañándola, porque, de no hacerlo, se siente muy indecisa y se bloquea. Y usted ¿qué piensa? Que es bastante honesta y muy leal con usted, así que acepto las reglas o pierdo la oportunidad. ¿Y así de ganas le tiene? Pregunté. Sí, contestó, y creo que ella también, pero no quiere sentirse culpable si lo hace sin su consentimiento. Y eso lo respeto. Entonces así están las cosas.

    ¿Qué sigue, entonces? Pregunté. ¿Qué ha pensado? Yo pensaba ir a algún sitio especial, un motel, quizá, pero también podemos ir a cualquiera de las habitaciones, si ustedes quieren. Tal vez, anoté, tendría que preguntarle a ella primero, a ver qué quiere. ¿No le parece? Usted tendrá que darle a ella su opinión sobre lo que desea y, entre ambos, decidir. Sea como sea, dije, yo estoy abierto a cualquier alternativa. Al fin y al cabo, son ustedes los protagonistas. Yo tan solo seré un invitado invisible. Lo único que le pido, si va a follarse a mi mujer, es que la respetes, la seduzcas, le muestres pasión, aprecies el interés y admiración que tiene por usted, y cógetela lo mejor que puedas.

    Fuimos los dos, entonces, al encuentro de mi esposa, que esperaba sentada en el lobby. Le indiqué a Carlos que se adelantara para hablar con ella, mientras yo les esperaba en la recepción. Ellos se juntaron, hablaron unos instantes y se dirigieron hacia donde yo estaba. Hemos decidido ir a otro lugar, me dijo él cuando me contactaron. Perfecto, comenté. Si les parece, voy por mi vehículo y mientras, averigua para dónde vamos. Correcto, dijo él, ya averiguo. Los recojo en la entrada del hotel en unos minutos. ¡Bien! Dijo mi esposa. Estaremos pendientes.

    Cuando llegué frente a la entrada del hotel, ellos ya estaban esperándome allí. El, muy caballeroso, se apresuró a abrir la puerta delantera del vehículo para que ella lo abordara, como en efecto lo hizo. Y él se acomodó en las sillas traseras. Bueno, ¿para dónde vamos? Pregunté. Me recomendaron ir al Cesar´s Palace. Está en la carrera 38 No 100-102, en la entrada a Juan Mina, anotaron aquí. Okey, dije, voy a ingresarlo en el Waze. Y una vez lo hice, comenté, está realmente cerca, así que no nos vamos a demorar para llegar allá. Así que emprendimos el camino.

    No tardamos mucho en llegar. Ingresamos y nos acomodamos en una elegante habitación, dotada con pole dance, una diminuta pista de baile rodeada de espejos, con juego de luces, una amplia cama, con un gran espejo instalado en el techo sobre ella, televisor, equipo de sonido y una silla erótica. La verdad, un lugar muy adecuado para una aventura de este tipo.

    No más entrar, mientras ellos se familiarizaban con el lugar y parecían conversar, yo me puse a ambientar lo mejor posible la habitación. Bajé la intensidad de las luces, coloqué música suave, puse a funcionar el juego de luces en la pista de baile y busqué en el cable un canal porno, que de inmediato se pudo observar en el televisor. Así que, de manera muy rápida, el escenario estaba listo. Ya era hora de que los protagonistas entraran en acción.

    Carlos invitó a mi mujer a la pista de baile y ahí, con el pretexto de bailar, entrelazaron sus cuerpos y empezaron a dar pasos al ritmo de la música, que, muy suave, les invitaba a estrechar sus cuerpos y fundirse en un abrazo. Y, poco a poco, la situación se fue calentando. Unidos sus cuerpos, muy próximos el uno al otro, pronto terminaron besándose apasionadamente. El, delicadamente, empezó a explorar con sus manos el cuerpo de mi mujer, que para nada se resistía a sus exploraciones. Ella mantenía sus brazos alrededor del cuello de su hombre, de manera que las manos de Carlos tenían plena libertad para manosear a voluntad a mi esposa. Y ella lo permitía.

    En aquel intercambio, Carlos, muy despacito, empezó a acariciar las nalgas de mi mujer, metiendo las manos por debajo de su falda. Mientras ella, excitada, seguía besándolo y se aferraba con fuerza e intensidad a su cuello. De a poco, mientras movían sus cuerpos entrelazados en un remedo de baile, y se acariciaban, él la empezó a desvestir. Primero desabrochó su falda, que de inmediato cayó a sus pies. Luego le quitó la blusa, el sujetador y por último sus pantis, dejándola totalmente desnuda frente a él, que no perdía oportunidad para llegar con sus manos por todo su cuerpo.

    Enseguida, y dado que mi esposa no tomaba iniciativa alguna, él también empezó a despojarse de su ropa, empezando por su camisa, su camiseta, su calzado, sus medias, su pantalón y, por último, sus boxers. Al hacerlo quedó igual de desnudo a mi esposa, que tan solo estaba vestida con su calzado de tacón alto y le permitía estar casi que a la misma altura que su contraparte. El color de sus pieles contrastaba. Ella, de piel blanca, y él, de piel negra, bastante oscura. Su miembro, ya erecto, y curvado hacia arriba, se percibía muy grande en proporción al tamaño del cuerpo de ella, que empezó a masajear el tronco del pene del macho.

    El, entonces, bailando, la fue desplazando, de a poco, hacia la cama. Al llegar allí, ella, detuvo su avance al tropezar con el borde de la cama. Carlos la seguía empujando, de modo que ella se sentó. El, entonces, apoyando las manos en sus hombros, la empujó para que recostara su espalda en la cama y le pidió que abriera sus piernas. Ella, así lo hizo. Y él, a continuación, se inclinó para alcanzar con su boca el sexo de mi mujer. Chupó y chupó el clítoris, e insertó sus dedos en su vagina, procurando estimularla al máximo, mientras ella, pasiva, se limitaba a experimentar las sensaciones que aquellas caricias le producían.

    Carlos, después de atender durante varios minutos el sexo de mi esposa, se incorporó, quedando de pie en frente de mi mujer, todavía recostada sobre la cama. Sin embargo, ella, entendiendo que aquello era un juego de dos, levantó su torso para quedar nuevamente sentada, quedando su rostro enfrentado con la dura y negra verga de su hombre, y, sin dudarlo, procedió a metérselo en la boca, masajeándole continuamente el tronco de su pene con las manos, de manera muy vigorosa. El, siguiendo el juego, puso ambas manos sobre la cabeza de mi mujer, guiándola para que fuera más profundo y veloz en su mamada. Ella parecía disfrutar el degustar ese inmenso pene, absolutamente disponible para ella.

    A continuación, Carlos, aparentemente satisfecho con el trabajo que mi mujer hacía sobre su pene, le propuso que se recostara en la cama, cosa que ella hizo muy obediente. En esa posición, entonces, él no esperó más y, aproximándose, la fue penetrando muy delicadamente. Ella, no más sentir la dureza de aquel gran miembro entrando en su cuerpo, empezó a emitir tímidos gemidos. El tamaño, la textura y la dureza de ese voluminoso pene empezaba a generarle intensas emociones. Casi de inmediato, ella llevó los brazos por encima de su cabeza, entregándose a las sensaciones que experimentaba.

    Su rostro se tornó rojo y sus piernas parecían temblar ante las embestidas de Carlos, que, concentrado en su rutina, metía y sacaba su pene del cuerpo de mi mujer con entera libertad, mientras continuaba acariciándola con sus manos hasta donde la posición que mantenían se lo permitía. Ella resistía con agrado las embestidas del macho y con mucho placer se sometía a lo que él le proponía. Luego, repentinamente, se levantó, pidiéndole a mi mujer que se colocara de espaldas a él, en posición de perrito. Ella acató sus instrucciones y, colocada en esa posición, ella penetró desde atrás.

    Y así la tuvo, viendo como ella contorsionaba su cuerpo y gemía de placer al ritmo de sus embestidas. La hembra, su directora, estaba loca de emoción con las maniobras que estaba poniendo en práctica para, insistentemente, seguir taladrándola sin parar. Ella movía su cuerpo, adelante y atrás, ampliando la intensidad de las emociones que el movimiento del cuerpo de su macho, y ensartada como estaba, le producía.

    De un momento a otro mi esposa no solo gimió, sino que prácticamente gritó de placer. Carlos aceleró sus embestidas y, siguiéndola a ella, de repente sacó su pene para expulsar su semen, esparciéndolo en gran cantidad sobre la espalda de mi congestionada y atribulada esposa, que, aun presa de las sensaciones experimentadas, seguía agitándose de manera incontrolable. La cosa, sin embargo, pronto volvió a la calma. Y ella permaneció tendida, rendida, sobre la cama, recuperándose de la faena.

    Carlos, mirando hacia donde yo estaba, comentó: Fantasía cumplida. Fue mucho mejor de lo que esperaba. Su sexo, mojadito como estaba, me producía una sensación muy agradable y, para colmo, su vagina se contraía y apretaba mi pene con mucha fuerza. Yo sentía cómo ella quería retener mi pene dentro de ella. ¡Qué sensación tan agradable! Ella lo disfruta. Se nota. Y hace el amor con mucha pasión. ¡Muy chévere!

    Y mientras ella aparentemente se recuperaba, Carlos siguió conversando conmigo. Permanecía al lado de mi esposa y, con sus manos, seguía acariciando todo su cuerpo. No sé si nuestra relación siga como antes, continuó diciendo, porque después de esto, me resulta difícil no contemplar la posibilidad de que esto se vuelva a repetir. A mi me gustaría. ¿Qué piensa usted? Preguntó. Realmente no lo sé. La vi a ella tan contenta y satisfecha, que no encontraría razón para negar que esto pudiera volverse a dar. Depende de ustedes. Y si usted la hacer feliz, mientras la coja bien, ¿por qué no?

    Ella, que seguro estaba escuchando nuestra conversación, pareció despertar, y, agradecida, volvió a tomar el pene de Carlos en su boca y empezó a chuparlo con dedicación. Entonces, Carlos, volvió a tomar nuevos bríos y a entusiasmarse. Su pene creció dentro de la boca de mi mujer, que también pareció excitarse y estar dispuesta para volver a entrar en acción su hombre. El así lo entendió y, sin mediar palabra, volvió a montarla para penetrarla nuevamente.

    Le pidió a ella que se colocara de costado y él, desde atrás, la siguió penetrando. En esa posición, ella quedó enfrentada a mí y nuestras miradas se cruzaron. La estaba pasando de lo lindo, disfrutando el pene de Carlos, que ingresaba y salía de su vagina con mucho vigor. El seguía acariciándola y veía yo muy claro como sus manos continuaban masajeando los senos de mi mujer. Ella me miraba encantada. Se notaba la lujuria que aquel contacto varonil le producía. El momento se prolongó y vi como Carlos, al rato, sacó el pene de la vagina de mi esposa para eyacular nuevamente.

    Terminada la faena, tanto ella como él parecieron quedar satisfechos. La aventura había llegado a su final. Tal vez mi esposa volvería a verse con Carlos, no una sino varias veces más. Pero había quedado claro que él la había cogido bien. Y eso era lo importante.

  • Confesiones: Irina (Parte IV)

    Confesiones: Irina (Parte IV)

    Inicio del otoño en el 2.002, (mi cabello ya era más largo, me llegaba casi hasta el pecho), mi próxima campaña fue en Ávila y en algunos de sus pueblos, mi jefa era oriunda de Arévalo, ciudad de la provincia de Ávila, comunidad de Castilla y León; por cierto era en Arévalo donde me iba a hospedar, con un compañero de mi país, de la ciudad de Palmira, mis otros dos compañeros eran españoles, J… un tío muy majete buen compañero del cual guardo buenos recuerdos, y el otro I… un verdadero y gran gilipollas, era el hijo de la jefe, total subnormal.

    Con mi compañero y compatriota O… abordamos un tren desde Madrid a Ávila, lugar donde nos recogió la jefe con los nuevos compañeros, ese mismo día trabajamos en la ciudad hasta las 5 de la tarde aproximadamente, luego nos fuimos hacia Arévalo, una pequeña y hermosa ciudad, recuerdo que después de currar, pasaba gran parte del día en los alrededores del castillo de los Zúñiga, me llevaba mi Discman con CDs de Metal, un botellón de cerveza y a veces un porrito, pero bueno volviendo a el hospedaje, era un apartamento de dos habitaciones, el cual estaba ocupado por la ahijada de la jefe, era una preciosidad franco española, a quien voy a llamar Irina, tenía 27 años, de ojos azules, rostro casi perfecto, nariz respingada, labios carnosos, cabello castaño y corto, le llegaba por encima de los hombros, tetas pequeñas y un culo perfecto, firme redondo y paradito, buenas piernas, de unos 165 cm de estatura, cuerpo atlético.

    La jefe nos dijo que ya que ella era su ahijada, pagaríamos un módico precio por la estadía, por suerte nos salió mucho más económico que un hotel o albergue, en el apto nos quedamos mi compañero O…, ya que J… vivía en Arévalo y el capullo de I… con su madre en la misma ciudad; la jefe nos presentó a nuestra anfitriona, hermosa pero fría como el invierno, nos saludamos, nos enseñó nuestra habitación, me tocaba compartirla con mi compañero, tenía una litera o camarote, el apto era agradable, en un segundo piso.

    Recuerdo que en cuanto nos presentaron quedé extasiado ante tal belleza, pero gracias a su actitud un poco antipática, no me hacía ilusiones, soy de los que no me gusta rogar o conquistar, si una mujer tiene mal carácter o se cree mucho, así sea preciosa, este era el caso, pero a veces la vida te da sorpresas, y ese fue mi caso.

    Algo que recuerdo muy bien, es que cierto día, creo que al segundo día de estar en el apto, Irina no llegaba aún de currar, yo fui a la cocina a prepararme un bocata, desde ahí se veía una pieza donde Irina tenía la ropa recién lavada, vi varias tangas minúsculas y yo como vil guarro vicioso, no me aguante, cogí una por una las tanguitas y las olía con tal placer, imaginando ese culo hermoso con esas microtangas, inmediatamente tuve una erección, tenían un delicioso olor a coño y culo mezclado con detergente, suspiré pensando en que rico sería coronar ese culito, en esas escuché la puerta y los más rápido que pude dejé las tangas en su lugar, Irina casi me sorprende con sus tangas en mi cara, entró en la cocina me saludó parca, le contesté y seguí armando mi bocata, luego me fui para la habitación, le conté a mi amigo O… lo sucedido y me dijo:

    -eh no jodas, vos si sos bien marrano jajaja, esa vieja te pilla y nos echan fijo, contrólate hombre jaja!

    -jeje pues si, la verdad es que si me pilla me echa pero a mí, vos relájate, ah pero qué lástima que sea antipática!

    -bah, suerte con esa hembra, esta hermosa y rebuena, pero seguro le parecemos poca cosa.

    -pues sí, tenés razón, no voy a gastarle corriente a esa hembra.

    Fue así, que el viernes en la noche de la primer semana, estaba encerrado en la habitación con mi amigo, me dio hambre y fui a la cocina a buscar algo de comer, me encontré con la preciosa Irina, la saludé, pille algo para comer y cuando me dirigía a la habitación, ella me hizo una sorprendente invitación!

    -oye, si no vais a hacer algo esta noche y queréis, podemos ver una peli con una amiga que viene más tarde, que te parece?

    -dale, me parece buen plan, ya le digo a mi amigo.

    -ok!

    Me dirigí a la habitación con calma, pues estaba que saltaba de la emoción, yo pensaba «está mamacita y su amiga fijo que quieren polla», pero al contarle al pendejo de mi amigo los planes de Irina, me dice que no, que le da pereza, que está muy cansado!

    -hombre O… no jodas, no ves la indirecta? ¡Seguro que esas hembritas quieren algo!

    -ah yo no creo, además no conocemos a la amiga, que tal y sea bien fea!

    -no seas maricon O… lo más seguro es que esté tan buena como Irina!

    -nah, igual estoy cansado!

    -eh pero ni que fueras un anciano hombre!

    En eso sonó el timbre, minutos después tocaron a la puerta de nuestra habitación, salí y vi a una rubia, no era tan hermosa como Irina, pero estaba buena, me preguntaron que si íbamos a ver la película con ellas, les dije que mi amigo estaba cansado, a lo que ellas hicieron pucheros de desilusión, les hice seña de que me esperaran un momento, volví a la habitación y prácticamente le rogué a mi amigo:

    -dale O… mira que la rubia está bien buena, no sé cuál quiere conmigo y cuál con vos, pero si sé que si vos no salís, no pasa nada!

    -no Javi, a lo bien que me da pereza, además yo tengo mi novia en Madrid!

    -eh pero que marica que sos, acaso le vas a contar o Irina la conoce?

    -no viejo Javi, me voy a dormir, anda a lo mejor te las comes a las dos, chao!

    Que rabia sentí en ese momento, pero bueno le respetaba a mi amigo su decisión, así que salí y le dije a las chicas que mi amigo estaba muy cansado y que se iba a dormir, efectivamente las dos pusieron cara de desilusión, casualmente la amiga de Irina, dijo que mejor se iba, sacó una excusa rebuscada (la cual no recuerdo) y se marchó, volví a la habitación aburrido, pero un minuto después Irina golpeaba nuevamente la puerta, salí y me dijo que si quería igual nos viéramos la película, a lo que obviamente dije que sí.

    -vale, ven en unos 5 minutos y pongo la peli!

    -¡listo!

    Entre en la habitación, pero me puse nervioso, pues me daba más valor ir con mi amigo, además Irina imponía cierto temor, igual me arme de valor, saqué unos condones por las dudas, me senté en el sofá de la sala y segundos después llegaba Irina con su rostro serio, tenía puesto un pantalón tipo lycra deportiva oscuro y una camiseta blanca sin sostén, yo estaba con un chándal o sudadera negra y una camiseta del mismo color, puso la película, la recuerdo muy bien, pues me pareció una señal, era una peli antigua de Robin Hood, Irina se sentó en el extremo del sofá, separándonos un metro de distancia, empezó la película, se sentía un ambiente de tensión, yo pensaba «vamos Javi, mira que puso una película vieja, seguro que algo quiere, si hubiera puesto alguna peli nueva, seguramente no», la miraba de reojo y ella tenía una cara de aburrida, me imagino que estaría pensando «pero que tío más tonto, es que pretende que ponga una porno para entender lo que quiero», los minutos pasaban y yo estaba como un idiota sin saber que hacer, se notaba que ambos estábamos incómodos, hasta que se me ocurrió una idea!

    -ey Irina, yo compré unas cervezas que puse en tu nevera, querés una?

    Ella me miró, medio sonrió, y me dijo secamente:

    -pues vale!

    Fui a la cocina, me cuestione, «vamos Javier, no seas idiota, no te dejes intimidar por esta hermosura, vos podes», saqué dos botellines, suspiré y me arme de valor, volví a la sala y me senté justo a su lado, quería ver su respuesta, por suerte sonrió mucho más y natural, lo cual me dio buena ‘espina’, le ofrecí mi botellín a modo de brindis, ella me imitó, acto seguido me bebí la cerveza en segundos, ella abrió los hermosos ojos y me dijo:

    -joder macho, pero estabas seco!

    Me quedé mirándola fijamente a los ojos, a lo cual ella con extrañeza me dijo:

    -estás bien tío o te pasa algo?

    -si, me pasa algo, es que me volvés loco, sos una hermosura!

    No le di tiempo a réplica alguna, puse mi brazo derecho alrededor de su hombro, le plante un beso, que por suerte fue correspondido, nos besamos intensamente por minutos, Irina me ponía su mano sobre mi pecho, con mi mano derecha le acariciaba el cabello, luego su mano bajó por mi abdomen hasta mi paquete que estaba como carpa de circo, Irina sonrió.

    -mm parece que tienes una piedra bajo tu pantalón!

    Ante esto, recorrí con mi mano izquierda su pierna, hasta subir a su entrepierna, estaba calentita y mojadita, Irina gemía y sin mediar palabra, dejó de besarme, se terminó la cerveza, se levantó y cambió de sitio en el sofá, me miró con picardía, me bajo el chándal, mi polla seguía erecta como mástil, ella la observaba con atención, se recostó boca abajo en el sofá y me empezó a dar una mamada monumental, mientras yo le manoseaba esas ricas nalgas, metí mi mano por debajo de la lycra, tenía una de sus microtangas, lo podía sentir con mis dedos, le hice a un lado el hilo que separaba sus nalgas y hurgue en su culito y coñito, estaba tan mojada, como gemía ante mis caricias y todavía con mi polla en su boca!

    Minutos después, se separó de mi polla por un momento y me dijo:

    -venga Javi, vamos a mi habitación, no sea que tú amigo nos pille!

    -dale preciosa, vamos!

    Dejamos la TV encendida, la seguí hasta su habitación, cerró la puerta, a lo cual la besé como un poseso, (es posiblemente una de las 5 mujeres más hermosas que he probado), le agarre las nalgas, después la levanté sin dejar de besarla, la puse sobre su cama, le quite la lycra, tenía una microtanga rosada con negro, también se la quité, luego la cogí de ambos tobillos, ella me miraba expectante, con mis labios y lengua empecé a bajar desde su tobillo recorriendo toda su pierna, hasta llegar a su coñito, el cual besé y lamí como si no hubiera un mañana, me fascinaba su olor, me animé a comerle el culito también, por suerte esto le gustó, pues gemía y me decía que no me detuviera, que lo hacía muy rico y cosas por el estilo, yo le comía casi al mismo tiempo el coñito y el culito con gran placer, la tenía bien mojada, con las piernas bien abiertas, ella me agarraba la melena y tuvo su primer orgasmo!

    Todo su cuerpo temblaba, por un momento dejé de comerle su sexo y me fijé en su cara, tenía los labios semiabiertos, y la mirada perdida, chupe sus jugos por otro rato, hasta que me pidió que se la metiera, me levanté, me quite el chándal, la camiseta, saqué el condón, me subí a la cama, y nos convertimos en uno sólo, no podía creer que me estaba follando a este ángel, gemía delicioso, sus besos me ponían a mil, le quité la camiseta y le chupaba sus teticas, estaba totalmente erizada, y su rostro se sonrojaba de tal manera, que sabía que ella también estaba a mil, para ser la primera vez que follabamos, nos entendimos muy bien!

    Minutos después de darle al misionero, ella se levantó y yo me puse boca arriba, Irina empezó a cabalgar, parecía que la cama se iba a romper, nos besábamos, se erguía inclinando la cabeza hacia atrás, su cuerpo se erizo y supe que tuvo otro orgasmo, se detuvo un poco, me volvió a besar:

    -joder macho, si que tienes aguante!

    (Esa es una de mis mayores virtudes sexuales, muchas veces las mujeres con las que he follado me lo han dicho, tal vez no tengo la polla enorme, pero lo compenso con mi buen aguante y casi seguro con el buen sexo oral que doy, pues he provocado muchos orgasmos por este medio).

    -es que estás muy rica preciosa, te quiero disfrutar al máximo!

    -me fascina todo lo que me dices y tú acento me pone mucho!

    Dicho ésto, la puse en 4, (posiblemente mi posición favorita), le volví a dar una buena comida de coñito y culito, se la metí hasta el fondo, la agarre de las caderas, le estaba dando delicioso, luego puse mi dedo pulgar en la entrada de su orto, esperando alguna queja, como no la hubo, se lo empecé a meter poco a poco, no me detuvo, por el contrario su culo se abría y se dilataba, tragándose el dedo y su coño me apretaba la polla deliciosamente, después de unos minutos de mete y saca, llegó el tercer orgasmo!

    Mi polla seguía en su interior, se la metía suavemente para que se recuperara del orgasmo, hasta que escuché unas palabras mágicas!

    -mm lindo, me la quieres meter por el culito?

    No respondí, saqué mi dedo y lo revise, por suerte estaba perfecto, sin una mancha, le escupí el ojete y se la metí poco a poco, pero no entraba del todo, lo tenía bien apretado, sólo entraba la cabeza, empezó a gemir de dolor!

    -ay ay, espera busco lubricante, que la tienes gorda!

    -uf dale preciosa, que no te quiero lastimar!

    Saco un tubito de la mesa de noche, se volvió a poner en cuatro, se lo untó bien el ojete y luego me frotó la polla y la condujo a la ansiada entrada, esta vez entro mejor, empecé a bombear e incremente suavemente la penetración!

    -ay que me partes el culo cabroncete, métela suave porfa!

    -mm que rico que tenés el culo mamacita!

    Le dije esto al oído, enseguida se erizo y pude ver que le gustó mucho, yo quería que disfrutara al máximo, así que le empecé a lamer y morder suavemente el lóbulo de la oreja derecha, y con una de mis manos le movía en círculos el clítoris, ante esto ella misma se empezó a meter el dedo o los dedos, (yo no alcanzaba a ver cuántos eran), con mi otra mano le cogía la cabellera, estaba al límite de mis fuerzas, pues eran muchas maromas a la vez sin dejar de penetrarle el culito, hasta que me dijo:

    -joder que macho eres, dame duro, métemela toda, rómpeme el culo, mm así, así, que rico me lo haces Javi!

    Esas palabras, ese culo apretado, y la velocidad con la que perforaba sus entrañas, hizo que en pocos minutos me viniera como un animal, lo mejor fue que ella tuvo su cuarto orgasmo, al tiempo que yo tenía el primero!

    -aaah sii!

    Gritamos al unísono!

    Probablemente uno de mis mejores polvos, nos recostamos un rato, ambos con las piernas temblorosas, sobre todo yo, estaba rendido, los dos estábamos sudando, Irina se volteó, me dio un beso, saco un cigarrillo y se lo fumó, (no me gustan las mujeres que fuman tabaco, sobre todo a la hora de darles un beso en la boca, pero Irina fue una de mis excepciones).

    -jo Javi, todavía no puedo creerlo, pero eres el tío que mejor me ha follado, tú sí que sabes lo que una quiere y desea, pero ahora no vayas a ir por ahí de chulo jeje!

    -y vos sos la nena más hermosa que me he follado y probablemente la que mejor me lo ha hecho!

    -jooder, pero gracias por lo que me toca, casi que estoy a tu nivel ostia!

    -jaja, no me malinterpretes hermosura, es que tampoco quiero que vos te vayas de chula por ahí jeje!

    -mm vale, que tienes una respuesta para todo, que eres un listillo, pero me gustas mucho y me fascinan tus palabras y el modo que lo dices!

    Me despedí con un beso ligero, (creo que ella noto que me da asco el cigarrillo, pues desde ese día en adelante no la volví a ver fumando), me fui a mi habitación sin despertar a mi amigo, al otro día por la mañana, O… se levantó, por suerte ese sábado no teníamos que trabajar y además había lunes feriado.

    -eh maricon casi no me dejan dormir!

    Me dijo enojado O… pero después se echó a reír y me felicitó!

    -jaja a lo bien que le diste duro a esa hembrita, lo veo bien parce, creí que le iba a quedar grande la españolita, mis respetos parcero, coronó ese culito!

    -jaja gracias viejo O…, uf no te imaginas lo rico que fue culearme a esa hembrota, si me vuelve a dar el lado, es mejor que está noche te tomes tus buenos tragos, oís?

    -jaja, no todo bien hombre, me devuelvo para Madrid, me voy a visitar a mi novia y vuelvo el martes por la mañana, así también me ahorro estos días!

    Yo me puse feliz, pues eso me daba más privacidad con Irina, así que le desee suerte a mi amigo; pase un fin de semana inolvidable con Irina, follamos por toda la casa y en todas las posiciones, la puse a tomar de mi leche, en fin, fue de mis mejores amoríos, nos follamos casi todos los días que duró la campaña de Ávila, después de eso, nos llegamos a ver alguna que otra vez.

    Después de Irina, tuve mi primera novia madrileña, lo contaré en mi próxima confesión.

    Continuará…