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  • La esposa de mí amigo (4.5) Spinoff

    La esposa de mí amigo (4.5) Spinoff

    La primera noche después de ese gran encuentro con Susana, no podía dejar de pensar en lo sumisa que era ella y lo violento que me puse. Ya había llegado a Ciudad y estaba recostado con mí pareja, ella no entendió porque solo llegar tuvimos sexo desenfrenado y ahora cansados simplemente existimos ahí. Mi mujer es algo menor que yo, es una enfermera de 27 años, que come saludable y cuida su cuerpo, es de cabello oscuro con pelo lacio, de tez blanca y cachetes rosados, no tiene mucho busto pero su cola parada y dura me vuelve loco.

    En la cama siempre dominaba la situación ella, si me quería abajo ahí estaba yo, si me quería arriba ahí estaba yo. Creo que por eso la sorpresa cuando llegué, la tomé de la muñeca la arroje a la cama y la hice mía sin dudas, sin preguntar ni darle espacio a opinión. Debo reconocer que un poco estaba pensando en Susana, pero los gemidos de mí pareja son bajos y casi tímidos, nunca acaba sin taparse la boca o poniendo su cara en la almohada, muy diferente a mí amante que pide más a los gritos. Cuando volví del baño Verónica estaba sentada fumando un cigarrillo, me miró con curiosidad «Estás distinto» «Eso es malo» respondí quitándole el cigarrillo y poniendo mí miembro a la altura de la cara «No sé, creo que me gusta» termino de decir eso y empuje suavemente mí pija dentro de su boca, debo decir que fue más que bienvenido por su lengua, una mano me acariciaba las bolas y otra me tomaba del trasero para llevar el ritmo, lo usual, pero hoy no quería lo usual.

    La tomé de los hombros y la arrojé contra la cama, puse dos almohadas bajo su cabeza y me puse sobre ella a la altura de la boca del estómago aprisionando sus brazos y volví a empujar mí pija dentro de su boca, ella no tenía mucho control, yo empujaba media pija y la sacaba lentamente, ella jugaba con la lengua hasta que estaba afuera. «Te gusta estar así?» Le dije mientras metía más y más mí pija dentro de su boca, empezó a retorcerse, pero mí peso no la dejaba moverse, metí casi toda mí pija asfixiándola con ella, cuando empezó a las arcadas, la saque de golpe «Salí bruto, casi me ahogo» la mire con pasión, le acaricie el rostro volviendo a empujar mi miembro dentro de su boca ella media enojada igualmente lo recibió, continúe llevando mi ritmo, cada tanto la metía hasta el fondo tratando de no provocarle arcadas pero sí dejándola sin respiración un segundo o dos, tardo un poco pero entendió el juego, cuando la dejaba sin aire me miraba fijo a los ojos abriéndolos grandes.

    Después de un rato jugando me estiré y empecé a masturbarla desde esa pose, sus manos imposibilitadas de hacer algo más me acariciaban la espalda, mis dedos entraron fácil en su mojada vagina, gemía con la boca llena de pija.

    Estaba tan excitado de verla así por primera vez, totalmente a mi merced, tan vulnerable y excitada, mi pija quiso explotar pero no la deje, la saque de golpe de su boca “Te quiero escuchar gritar” ella jadeaba, daba pequeños gemidos y trataba de ocultarlos apoyando su boca en su hombro, mientras mis dedos jugueteaban con su sexo. Ella no gritaba, al menos como yo quería, tomé la funda de una almohada, la voltee y até sus manos a la espalda, su rostro pegado al colchón y sus rodillas flexionadas me dieron acceso a una penetración profunda, me pare junto a la cama y empecé una serie de embestidas cortas pero fuerte haciendo sonar mi ingle, ella entre susurros gemía contra el colchón ocultando su cara, le di una nalgada no muy fuerte “Te dije que te quiero escuchar gritar” y empecé a embestir más fuerte, sentí como su respiración era más rápida, preludio a un orgasmo, espere hasta que hundió su cara con fuerza contra el colchón y metí mi pulgar en su virgen culito sin parar de embestir. Vaya que sí gritó, se retorció, acabando como una campeona, me gritó que era un animal, salió al baño corriendo y estuvo enfadada casi toda la semana. Algo de razón tenía, no hubo juego previo para que su ano se dilatara de a poco, así que no me hablo en varios días. Eso sumado a los dobles turnos impidió que nos viéramos hasta el fin de semana.

  • Perdí el amor de mi vida

    Perdí el amor de mi vida

    La chica se sentó en la barra del bar, era bellísima, ojos verdes gatunos, rubia de escultural figura una verdadera muñeca, de la raza de esas mujeres que con solo bajar la mirada o chasquear los dedos cualquier hombre caería rendido a sus pies pidiendo complacer sus deseos, esas mujeres que parecen que nada las afectaría, que pisaría los cadáveres de los hombres y buscaría otros brazos sin más resentimiento de haber perdido el tiempo, se le notaba a la distancia que había llorado y que el maquillaje no podía tapar sus lágrimas además el lápiz labial no puede tapar la tristeza, esa no se borra, esos ojos estaban sin brillo, lejanos, distantes, ella estaba en ese bar de mala muerte, pero su espíritu volaba, se sentó en la barra e inmediato su figura no paso desapercibida, dos o tres hombres se le acercaron y ella solo los miro y fue suficiente para alejarse, me miro y me dijo dame lo más fuerte que tengas, y doble, le serví Tequila y se lo bebió casi de un trago, pidió otro, u luego otro, sus ojos se aguaron de pronto y las lágrimas brotaron de repente, cayendo por esas mejillas pálidas, en silencio, con una enorme tristeza, arrastrando ese maquillaje, era una figura que despertaba ternura o lastima, me acerque y le dije, los camareros además de servir, también sabemos escuchar, la noche es larga y la tristeza es enorme, aquí solo hay borrachines y tú no cuadras en este lugar.

    Ella me miro incrédula y después de observarme me dijo, solo si tú te tomas algunas copas, como quieras le dije, y me serví de la botella de té que tengo, esas que todos los camareros tenemos, ya que el dinero que nos pagan por esos tragos van a parar en nuestros bolsillos, y además seguimos sanos sin embriagarnos, si bebiéramos todas las copas que nos invitan casi siempre terminaríamos totalmente borrachos, ella se tomó su quinta copa doble y yo escuche esta triste historia.

    A enrique lo conocí en la playa, él se acercó y me dijo descaradamente, si no eres un ángel eres una alucinación por el calor, pero no creo que seas real. Me pareció un fresco y caradura simpático, pero algo me atrajo, ¿tal vez su sonrisa, o sus ojos increíblemente celestes, o esa figura atlética? Qué se yo, pero le sonrió y él se sentó, cuando nos dimos cuenta ya el sol se había metido y casi nadie quedaba en la playa, nos intercambiamos números de teléfonos y esa noche nos encontramos de nuevo, cenamos y luego fuimos a una discoteca, el hecho que esa noche terminamos en su departamento, besándonos como locos, el me toco la concha y me hizo gemir, mis juguitos bajaban como un rio, mojaba mi tanguita, mis pezones se pusieron erectas y tan parados que me dolían, cuando le toque la pija me quede asombrada, tenía un troco grueso y parecía un garrote, le fui sacando la ropa lentamente, él ya me había desnudado y mis tetas estaba divinas, los pezones gritaban ser chupados mi conchita estrecha, chiquita delicada sueva, la sentía como palpitaba, mi vulva se había hinchado y la sentía entre las piernas como si tuviera una pelota de tenis, cada roce de sus manos saltaba, me producía una electricidad única, su legua se entrelazaba con la mía y yo no podía dejar de tocar su chota por sobre su calzoncillo, apenas si podía rodearla, con mi mano que si bien cierto es pequeña, mis dedos son largos y a pesar de ello no podía rodearla toda, además no paraba de crecer, era inmensa larga, pensaba que si ese mostró como le llame desde ese día me penetraba, tendría mi segunda desvirgacion, aunque yo era una veterana de mil batallas, jamás había tenido ese monstruo en mis manos, me senté en la gran cama de colchón de gua y a la altura de mis ojos le baje los bóxer, y la pija salto liberada, era un espectáculo lindo de ver, y lo tenía a apenas 20 centímetros de mis ojos, gruesa, nervuda, se le notaba sus venas azules gruesas, además larga, con sus 20 centímetros, y su cabeza más grande que su cuerpo, bien sobredimensionada de casi 8 centímetros con un glande que se asemejaba a un arpón, de solo imaginarla adentro mío rozándome como si fuera un anillo de carne, mi concha gritaba de alegría, los labios mayores querían aplaudir de solo verla, su cabezota partida al medio con su uretra por donde saldría ese semen que mi concha bebería de un solo trago como este tequila, sin decir nada intente chupársela pero no me cabía en mi boca, el solo se rio y dijo siempre me pasa, no te preocupes, pásale la lengua y así lo hice, el respondió como un toro bravo, allí descubrí sus huevos grandes palpitantes, me baje y se los chupe, seguí comiéndome esa chota, y en un momento me lo pude meter en mi boca, la sentí palpitar y él me dijo no quiero acabarte ahora, así que yo lo mire y pensé la quero adentro, de mi boca y apure mis chupadas, y sin darme cuenta su pija cobro vida acabando largamente una lechada salada rica que se parecían a aquellos salamines que me gustan tanto, pero liquida, me lo trague toda sin dejar caer un sola gota en mis tetas, el saco su monstruo y dijo ahora me toca a mí, y en ese momento sus labios tocaron los míos, pero los de mi concha, su lengua los acaricio de abajo hacia arriba y de nuevo de arriba hacia abajo, llegando a mi culito, luego le abrí la chucha con mis manos y él se dedicó a mis labios interiores, de arriba y abajo, cuando mi clítoris salió despedido de su capucha le dio pequeños toquecitos con su lengua, haciéndome vibrar de placer, giro su lengua en el orificio de mi vagina y en ese instante un profundo orgasmo que nació en mis tetas recorrió mi vientre y acabo en sus labios, un rio como si estuviera meando, se escuchaba el shss de mi concha y el líquido saliendo, mojando toda su cara, en ese instante en plena acabada se paró agarro su pija con sus manos y apunto mi agujerito que no paraba de palpitar, yo pensé ahora me parte en dos, y puso su cabezota en la entrada, ay allí sentí mi segundo orgasmo, me hizo acabar con solo pensar que esa cosa entraría adentro mío, y empujo, te lo juro sentí un placer tan grande, me sentí llena, y a medida que entraba podía sentir su glande hinchado, cada venita de su pija, cada nervio, lo rugosa que era, entraba, y entraba y yo no paraba de sentirla, hasta que de pronto llego a tocarme la matriz, mi cérvix beso su cabecita, como dándole la bienvenida, luego empezó a bombearme, en un momento la pija se salió de mi concha y sentí un espacio inmenso, sentí el aire entrando en ese espacio abierto, pero la volvió a meter y allí sentí un placer único, la sentía que llegaba a mi estómago, era tremenda, en un momento le pedí cabalgarlo, y así comencé a sentarme en su pija, bajaba lentamente y no llegaba ni siquiera a la mitad y ya me sentía llena, de pronto su cabeza llego a tocar el cuello de mi útero, y solo tenía la mitad, tome aire y me senté de un golpe, sentí como la pija de ese hombre habría el útero y se metía toda, llena de pija y placer, acabe a los gritos, y él me lleno de leche, directamente en mi útero, deposito su leche bien adentro, en ese instante le dije te amo y él me dijo recién me doy cuenta que el amor a primera vista si existe.

    Interrumpió su relato, se bebió de un trago la trasparente bebida y con sus manos seco sus lágrimas y los mocos de la nariz, pido otra y siguió con su relato, desde ese día no quería estar con nadie más que con él, había encontrado el amor de mi vida, además era atento, un verdadero caballero, siempre amable cariñoso. Me daba placer en pija y chota pero también en detalles, cenas sorpresas, cumplía mis caprichos sentía que lo tenía en mis manos que podía hacer lo que yo quisiera, una palabra mía era una orden, y me sentía amada, acompañada, era la envidia de todas mis amigas, todas querían tener un novio como el mío, y yo me sentía afortunada, pero un día el diablo metió la cola, por mi estupidez y seguir los concejos de mis amigas, salimos a divertirnos, es allí donde conocí a aquel chico, me pareció apuesto y esa noche terminamos cogiendo como conejos, ebria y drogada, me deje llevar por la deshibicion de esa maldita noche, al despertarme estaba sola, me di cuenta que me encontraba en un hotel alojamiento, mi ocasional acompañante se había fugado, me sentí sucia, traidora, me bañe intentando sacar el olor de esa noche, pero no podía, llore en la ducha, me maldije y maldije a mis amigas, la culpa me comía desde adentro me preguntaba ¿Cómo podría mirarlo? ¿Qué le respondería cuando él me dijera te amo? Llevaba su anillo de compromiso en mis dedos y sentía que el mismo me quemaba, como si la joya me acusara.

    En ese momento sonó el teléfono y vi que era María mi mejor amiga que preocupada me decía que habían subido a mis redes las fotos con los chicos de la noche anterior y nos habían traicionado, su ex se vengaba de ella de esta forma, se burlaban de ellas y de todas nosotras, yo era una víctima de una venganza pero también de mi propia traición, aterrada fui a buscarlas en mi redes tratándolas de borraras con la esperanza que mi amor no las haya visto, pero lamentablemente era tarde, hacia 2 minutos que mi novio, dejo un mensaje que decía ¿Por qué? ¿Tan malo fui? ¿Tan mal te trate? ¿Merecía esto? ¿Te había puesto en mi vida y había planificado mi vida a tu lado? ¿Porque de pronto este dolor? Esas preguntas eran puñaladas, certeras, al corazón, al alma si el alma siente dolor me dolía, caí de rodillas, sin saber qué hacer, quería salir corriendo de ese lugar maldito, estaba todavía en el hotel de mi pecado, cuando llego a mi teléfono las fotos, esas preguntas y la ubicación donde me encontraba, la foto decía hotel el Edén, actual ubicación de aquella que dijo amarme y a quien di mi corazón, y luego de ello el silencio, marque su número, pero me mando al buzón, al escuchar su voz me dolió todavía más, le mande mil mensajes con las idioteces que siempre decimos los infieles, te lo puedo explicar ¿Cómo explicar una traición? No es lo que parece y piensas, me tenían ensartada en todas las posiciones, quiero hablar contigo, por favor llámame, y luego llego la súplica, perdóname estaba ebria y drogada, justificándome inútilmente.

    Salí corriendo me subí al primer taxi olvidándome de mi auto y le pedí que llegara lo más rápido a nuestro departamento, trepé corriendo las escaleras no espere el ascensor, llegue con las llaves temblando rogando que el amor de mi vida estuviera en casa, pensaba como explicar mi ausencia de esa noche, el sol de la mañana era fuerte, pensaba que decirle, y no podía meter la maldita llave en la cerradura, el temblor de mis manos y las lágrimas hacían imposible la tarea, cuando logre entrar, me recibió el silencio, un silencia acusador, sentí un vacío aterrador un rio helado corrió por mi espalda, la habitación estaba oscura, corrí a nuestra habitación y en la cama prolijamente tendida estaban las copias de las fotos de esa noche y el anillo de compromiso que nos habíamos puesto dos meses atrás, revise su armario y no estaba su ropa, de pronto caí de rodillas, y comencé a llorar sin consuelo, había perdido al amor de mi vida, necesitaba hablarle y comencé a llamarle, en algún momento me atendería, me senté en la computadora y le inunde sus redes de mensajes, y seguí llamándole, ya nada podía hacer, así estuve todo el día, no me importaba nada, llame a sus amigos, amigas, me declare culpable, hice lo mismo con su padres, y les pedí perdón, me desnude entera, quería saber dónde estaba el, no me importaba los insultos, no me importaba que me traten de puta, ramera, prostituta como lo dijo su madre, si al final tenía toda la razón, en ese momento quería saber si él estaba bien, nadie me lo supo decir, y creo que me dormí arrodillada pidiendo ayuda divina, rezando por un milagro, los tres días que le siguieron fueron igual, un amigo en común me dijo, el está bien, dolido, y triste, pero está bien, esa noticia me alegro un poco, hasta que llego el portero del edificio, dejándome un sobre, era de una clínica muy prestigiosa, venia al nombre de mi novio, la abrí y cuando leí el informe mi mundo se derrumbó, el laboratorio le informaba que tenía cáncer en su páncreas de avanzada y debía ser tratado urgente con un oncólogo especializado, todo se me aclaro, sus vómitos, su dieta, las salidas misteriosas, ese número misterioso de whatsapp cuyos mensajes siempre estaban borrados, su mirada perdida, el amor de mi vida estaba muy enfermo y yo en lugar de apoyarle le acababa de meter la más ingrata puñalada.

    Salí corriendo busque mi auto que no estaba y me acorde donde lo había dejado, en esa calle cerca del hotel de mi traición, debía encontrarlo urgente, llame a todos, le llame a el que me había bloqueado en todas las redes, le llame a sus padres y llorando les dije lo que pasaba, ellos se sorprendieron y me recibieron con odio, su padre que era medico al ver comenzó a llorar como un niño, luego me saco de un brazo de su casa, yo quedé mirando esa puerta, y allí me volví loca comencé a golpear y patear la puerta hasta que me la abrieron, su padre furioso, me miro y me dijo, ¿Qué quieres? Saber que está pasando, me miro y me dijo no entendéis que mi hijo se está muriéndose, que le quedan pocos días de vida, que tiene cáncer en su páncreas y ya no hay remedio, eso es lo que tenes que saber, vi las fotos y no tenes perdón de nadie, vete ya sabes la verdad, vete y deja de buscar a mi hijo porque si regresas aquí yo te mato de un tiro. Y me empujó hacia la calle.

    Se tomó el trago que tenía y pido otro, sus lágrimas ya había arrastrado su maquillaje y era una figura triste, casi payasesco, el rímel de sus ojos estaban en sus mejillas y mostraban el paso de las lágrimas, lo busque, no sabes cómo lo busque, golpee puertas, me quede haciendo guardia a la casa de sus padres, de la clínica, de su médica, pero no pude verlo, esta mañana llego esa noticia maldita, el amor de mi vida se marchó, voló su alma, murió, y yo no sé qué hacer, no pude pedirle perdón, no pude explicarle que fui una idiota, que él era quien me hacía volar, me sentía única en sus brazos, que a su lado conocí el verdadero amor, el sabor que tiene el cariño el color que tiene la felicidad, el debió marcharse en mis brazos, yo debí despedirlo darle su último adiós, sentir su último aliento, no dejarlo marchar tan solo, sé que se fue triste, rodeado de amigos y parientes, pero se fue solo, yo debí estar ahí a su lado sosteniendo su cabeza, agarrando su mano, yo debí despedirlo, este anillo hoy me quema el alma, camine todo el día hasta legar aquí, mira tengo un fajo de billetes de 100 dólares de que sirven si no tengo a mi hombre a mi lado, contéstame, ¿ tú me quieres coger esta noche? Te pagare si es necesario, pero esta noche necesito que alguien me abrace y proteja, ¿lo quieres hacer? Si dije cuando entraste te quería coger, pero ahora solo voy a abrazarte, se bebió la botella hasta que termino mi turno, y me la lleve a mi casa que estaba pocas cuadras de allí, le abrace hasta que se durmió murmurando un nombre, cuando me desperté ya no estaba, en mi mesa de luz había un fajo con billetes de cien dólares, la busque por más de tres semanas hasta que una tarde vi en el diario la muerte de una joven mujer al ver la foto pude reconocerla, era ella, sus ojos seguían tristes, y el titulo decía, que había muerto por un exceso de alcohol y drogas, yo sé que murió de pena y dolor.

  • Me cogí a la novia de mi mejor amigo

    Me cogí a la novia de mi mejor amigo

    Este es mi primer relato, así que perdonen la dicción. 

    Confieso que todo lo que pasó es 100% real y fue cuando ellos se habían tomado un break en su relación, confieso que lo que hice no fue lo correcto pero en ningún momento me arrepiento de cómo me folle a la novia de mi amigo y de cómo disfruté sus gemidos…

    Con la novia de mi amigo siempre se me ha hecho bonita, pero nunca la había visto de manera sexual y eso que ya tenía años de conocerla, entablamos una bonita amistad incluso cuando ellos se dieron un break nunca dejamos de textear pero no pasaba de una simple amistad sin conversación a qué diera algo para más.

    Todo comenzó cuando por motivos de trabajo yo me mude a Canadá, me sentía tan solo que cuando veía los estados de esta chica me empezó a llamar la atención su piel blanca y su delgada figura de 25 años, buenas nalgas respingadas y unas tetas medianas pero firmes que siempre han llamado la atención de los hombres, lo sé porque cada que salimos en grupo ella siempre llama la atención por su cara y cuerpo, de un tiempo para acá empezaba a subir estados al whatsapp y a su Instagram de fotos suyas mostrando el cuerpo y otras tantas tocando temas sexuales, los cuales no deje pasar por alto y poco a poco le respondía estos en tono de broma y con doble sentido, a los que ella siempre me respondía de manera positiva y terminaba con un «ntc Jaja»… desde ahí tomamos confianza y ella poco a poco se abría y me confesaba sus fantasías, lo que había hecho, con cuántos lo había hecho y que tan puta era en la cama, me decía que me tenía confianza, que era la única persona que no la juzgaba cuando platicaba de temas sexuales, ella también escuchaba atenta a lo que yo le contaba y cada que terminábamos la conversación decía que me iba a masturbar ya que acá en Canadá no había con quien hasta recuerdo un poco lo que fue esa conversación en el chat:

    Yo: Es que eres de las pocas mujeres con las que comparto esa perversidad jajaja

    Sofía: Es que ahorita en estos tiempos hay gente muy cerrada de mente según

    Yo prefiero ser como soy, me encanta coger, dar placer y que me lo den, solo estamos de paso así que me vale lo que diga la gente, me gusta que me digan que la chupo rico, me gusta dejar buena impresión y que vuelvan, para mi eso es muy gratificante lástima que ahorita no hay con quien

    Yo: Ni acá tampoco y ya mejor le paramos porque con lo que me has contado me voy a masturbar pensando en ti jajaja ntc

    Sofía: mejor cuando vengas me coges jaja

    Desde ese día empezamos cada cierto tiempo a mandarnos mensajes subidos de tono hasta fotos y videos deseando que ese día por fin llegase, se llegaron la fiestas decembrinas y fuimos todos los amigos a tomar cervezas para festejar mi regreso, yo no sabía que ella estaría ahí, pero oh sorpresa cuando la veo llegar con mi amigo, según me cuenta ella solo había salido con el Plan de amistad, transcurría la noche y nos mirábamos en complicidad y perversión, pero yo me hacia la idea de que no pasaría de ahí ya que ella tenía acompañante, la noche acabo y cuando estaba en casa me llega un mensaje de whatsapp era ella, con lencería roja que yo le había regalado me dijo que me esperaba en 4, que estaría sola toda la noche, sin dudarlo agarre mi coche y me fui para su casa, en cuanto llegue abrí la puerta de su cuarto y la encontré en tacones y con la lencería puesta, sin pensarlo me abalancé y tomé el control desde el primer momento, la agarre de las manos y de la cabeza le empecé a besar los labios con pasión mordiendo sus labios y pasando mis manos sobre sus tetas y culo desbordando toda la pasión acumulada, rápido me desvistió mientras besaba mi cuerpo, yo le quité el brassiere y salieron dos lindas tetas con pezón parado de coló rosa que empecé a jugar con ellos con mi lengua mientras mis manos recorrían su entrepierna y nalgas, empecé a besar todo su cuerpo y justo cuando llegaba a su vagina le hice la tanga a un lado y empecé a morder sus muslos mientras masturbaba su clítoris, eran sus gemidos música para mi ver esa vagina rosadita pidiendo a gritos mi verga que la tenía muy erecta pero en vez de eso la hice sacar un orgasmo con mi lengua la agarre del cabello y la puse a mamar de mi verga, primero lento y después hacía como si me follara su boca ella entre arcadas y gemidos me daba una de las mejores mamadas de mi vida hasta que me vine e hice que se tragara cada gota de semen derramada.

    En el segundo round la puse en varias posiciones, pero la que más le gustó fue la de perrito mientras mies huevos chocaban con sus nalgas le daba de azotes en el culo ella gemía mientras lo le preguntaba que si era mi puta, a lo que ella me contestaba que era su perra, que hiciera de ella lo que quisiera, le pregunté que si quería un trío dos hombres y ella, a lo que ella me confesaba que si, que desde ahora quería completar todas sus fantasías conmigo, ya que en los mensajes las mencionábamos, ella están como loca cuando le daba nalgadas que duramos como 2 horas de sexo ínstenos sin parar…

    Desde esa noche me imagino teniéndola otra vez, pero se me hace casi imposible ya que regreso oficialmente con mi amigo, aunque en esta vida todo puede pasar, ojalá y la vuelva a ver en las vacaciones, tal vez le cumpla la fantasía de coger con un negro y yo estar viendo, tal vez quiera fugarse conmigo a una playa nudista y ser las personas que en realidad somos.

    Si eso sucede les estaré contando…

  • Entre cuatro, conversación con mi esposa

    Entre cuatro, conversación con mi esposa

    Capítulo 5. En este capítulo no hay gran culeadera, más bien una conversación con mi esposa y planes a futuro. Así es que si alguien busca morbo extremo, culos, tetas, coños siendo cogidos, no lo encontrará aquí. Recuerden que estoy recordando lo que viví y lo cuento como realmente sucedió.

    Siempre he dicho que esto de intercambio de parejas puede terminar mal o puede empujar a quienes lo hacen a la total degeneración y desvergüenza como la de algunos grupos, quienes se meten con cualquiera, donde quiera con tal de darle rienda suelta a los bajos instintos. Luego al día siguiente siguen vacíos y sin amor por la otra persona, pero mucho amor por el sexo. Pero he descubierto que hay una alternativa intermedia donde si se hace en un círculo reducido, como de dos parejas, por ejemplo, la cosa se puede convertir en un escenario de amor y respeto sin dejar de disfrutar al máximo, sanamente, sin riesgos de enfermedades y por largo tiempo.

    Hacía más de un mes que Gladys y yo habíamos compartido con Mario y Betty y con Micah y Eli (mi hermana). Se acercaban las fiestas de fin de año.

    Camino a casa ese domingo de Septiembre, después de llegar a casa con mi esposa reflexionamos respecto a la intensidad de lo vivido la noche anterior. Todavía teníamos restos de coca que habíamos consumido en la noche, eso nos hacia hablar cándidamente y sin ocultar pensamientos secretos. Habíamos llegado a casa antes del mediodía, le pregunté: tienes hambre? Me dijo que no, que le gustaría comer algo liviano mas tarde. Estuve de acuerdo. La miré inquisitivamente y le solté la pregunta: se que esto es muy reciente y tal vez sea mejor hablarlo ahora, que opinas de lo que vivimos con ellos anoche? Me dijo, te contesto, pero si prometes que no te molestarás. De ninguna manera me voy a molestar amor!

    Bebiendo un Sprite con hielo, me miró fijamente y me dijo; me gustó!

    Y rápidamente me devolvió la pregunta: y tu que piensas? Rápidamente le dije, para mí fue cumplida una fantasía de toda la vida.

    Ah si?? Explícame eso. Le conté el episodio de acercamiento que habíamos tenido mi hermana y yo cuando éramos muy jóvenes, le conté al grosso modo que le había mamado el coño hasta hacerle acabar, pero muy sutilmente y que después de eso nunca habíamos hablado del tema. Es decir, estaba pendiente una buena cogida con ella. Entiendo, dijo ella sin mostrar molestia. Luego me dijo: yo estaba enfrascada en lo mío, pero no creas que no me fijé en lo que ustedes estaban, me parecía que lo hacían con mucho amor y suavidad, la vi que te besó varias veces. Gladys era una mujer inteligente, físicamente bien hecha y muy segura de si misma. Me dijo: sabes, cuando una está en ese nivel de calentura, y con personas en las que puedes confiar y te sientes bien, una llega al punto de que mientras haya una pija entre nuestras piernas, la cosa es disfrutar y dar rienda suelta a la lujuria, sin embargo, siempre he pensado que los besos son la puerta para la comunicación y entrega de tu alma a la otra persona, y eso es lo que siento cuando yo te beso.

    Que responder a esta revelación, me preguntaba dentro de mí.

    Contesté: tienes toda la razón, En estas pocas nuevas experiencias que hemos tenido con otras parejas, estando con otra persona no creo haber visto besos sino más bien mamadas, gritos, coños, culos, más lujuria y desenfreno. Creo que cuando la gente está en eso, solo prima el instinto animal del placer y nada más importa.

    Se acercó a mi y me dijo, bésame. La tomé en mis brazos y la besé tiernamente y ella respondió de la misma manera, sentíamos nuestras almas comunicando amor. Ya! Me dijo, estoy tranquila, se que me amas y que todavía eres mío. Lo soy! Pase lo que pase nunca dudes de eso.

    Bueno, me dijo: cuando tu hermana te besaba, sentiste lo mismo que sentiste ahorita conmigo? Le dije: cierra los ojos y piensa en tu hermano favorito… visualiza que el te besa tiernamente, que sientes? Amor, me dijo, siento amor pero de hermano a hermana y es lindo. Dije: ahí tienes tu respuesta.

    Estábamos cómodos, y abiertos, le dije te gustaría una aspirada para seguir conversando? Me dijo si tu quieres, claro que si. Nos dimos los dos una aspirada de coca y seguimos conversando.

    Al ratito Gladys me dice: sentiste algo cuando me viste mamándole la pija a Mario, o cuando este me culeaba con intensidad? Respondí: me calentó mucho verte así, y vi en una que te tenía en cuatro, te cogió el culo? No, dijo ella. Parece que le gustó mucho como se sentía dentro de mi vagina. Le pregunté: lo dejaste que acabara dentro de ti? Si me dijo, se sintió bien eso. Te repito que mi problema de hacer estas cosas era con Alan, pero Mario es todo un caballero y me trató con mucha suavidad y respeto.

    Ya la aspirada estaba haciendo su efecto, le dije: tuviste la oportunidad de cambiar de pareja, por que no lo hiciste? Me dijo: sinceramente vi a Betty gozando tanto a Micah y encima de eso no quería interrumpir tu aventura con tu hermana, mi morbo se encendía cada vez que te miraba disfrutando con ella. Así es que me quedé con Mario que estaba muy bien.

    Ella mirándome a los ojos me dijo: te gustaría a ti que nos juntáramos con Micah y Eli en estas fiestas de fin de año? Siguió diciendo: Micah estaba volviendo loquita a Betty y me gustaría probar eso y por otra parte estoy segura que te gustaría cogerte a tu hermanita de nuevo!. Bum! Me disparó el morbo y le dije que si! Me tomó de la mano y me llevó al cuarto y me dijo: cógeme el culo, es todo tuyo. Yo una, ella acabó un par de veces y nos dormimos.

    Segunda semana de Octubre, me llama Eli y me dice, Micah estará dos días fuera de la cuidad, quieres pasar un día conmigo? Los dos solitos? Tenemos mucho que hacer y de qué hablar…

    Esto de los intercambios pueden llevar a la infidelidad, no es lo mismo intercambiar parejas que hacerlo solos. Pero no me importó…

    Lo que pasó, es digno de escribir otra historia. Por ahora Micah y yo teníamos que planear lo que haríamos para el fin de año. Gracias!

  • Sexo con mi suegra tetona

    Sexo con mi suegra tetona

    Tengo 30 años y todo esto empezó cuando tenía 22 o 23,  al inicio de esta historia no había nada extraordinario conocí a mi a suegra cuando yo inicie una relación de noviazgo con la que ahora es mi esposa yo tenía 19 años y todo era normal era el típico hombre que iba y venía dónde mis suegros sin ningún problema al año o un poco más del año mi novia resulta embarazada tenemos una nena y nada se salía de la normalidad a los meses de nacida mi nena nos vamos a vivir juntos y todo iba normal hasta un evento que cambio nuestras vidas para siempre.

    Mi mujer me indica que hay una actividad a la que estamos invitados y es un evento de gala y es por la noche lo cual aceptamos la invitación sin ningún problema la cual también estaban invitados mis suegros.

    Llegó el día de asistir al evento y a mi parecer todo normal, yo recuerdo escuchar a mi mujer contarme que si mamá había ido de comprar por un vestido pero que no estaba convencida del que había comprado por qué era escotado mi mujer en ese lapso tuvo otras actividades y no la vio solo recuerdo esos comentarios. Llegamos a la actividad un poco tarde y no nos sentamos con mis suegros llegó el momento de la cena y nos acercamos a mis suegros y veo a mi suegra con un vestido que literal tenía cubierto del pezón para abajo y me doy cuenta de algo que en estos años jamás había notado mi suegra tenía unas enormes y deliciosas tetas a partir de ahí literal pase viéndole las tetas a mi suegra toda la noche literal babeaba, en un momento nos levantamos a recoger nuestra cena íbamos platicando y de repente en la fila quedamos frente a frente con mis suegros y era imposible hablar con ella y no verla a las tetas cuando reaccione mi suegro me estaba viendo algo apenado lo mire por qué se dio cuenta de mi mirada y solo me levanto las cejas cómo diciendo todo eso me cómo. Paso la noche termino la actividad y todos nos fuimos.

    De camino a casa le digo a mi mujer tu mami que coqueta pero se veía bien lo cual al día siguiente ella se lo dijo su reacción fue una sonrisa medio picarona y cada vez que había otro evento tal vez no de gala y mi mujer hablaba con mi suegra la molestaba y le decía que le dijera que decía yo que se llevará el vestido de aquella noche mi mujer se reía y se lo tomaba a broma por qué y se lo decía creo que ella pensó que por ser mi suegra ya una persona muy mayor para mí por qué me lleva entre 20 y 30 años yo no lo veía con otros ojos pero la verdad es que hasta la fecha tiene unas tetas de una veinteañera son hermosas nada maltratadas y para nada caídas, y la verdad es que a partir de ese día yo empecé a ver a mi suegra como mujer y a partir de ahí todo lo que hacía lo hacía para seducirla o par que se fijara en mi como hombre.

    Nada cambio entre nosotros todo era normal pero yo cada vez que tenía la oportunidad le veía las tetas a mi suegra, mi suegra vivía con mi cuñada su hijo y su esposo y mi suegro pero mi suegro por trabajo viaja mucho incluso se iba por meses un día mi cuñada decide rentar una casa muy cerca de la casa de mis suegros por temas de espacio mi suegra literal vivía sola , una noche mi mujer me pide que pase recogiendo algo a casa de su mamá pero más era para que viera como estaba por qué era la primera o segunda noche que estaba sola ya era algo tarde como 10 de la noche entre y nos saludamos normal abrazo y beso pero me di cuenta de 2 cosas literal era la primera vez que estaba a solas con mi suegra y que ese saludo había tenido algo diferente ella cuando me abrazaba sobaba mi espalda con su mano pero esta vez había llegado hasta mi trasero lo cual en cabeza pasaron mil cosas pero dije fue un accidente a veces pasa, ella me invita un café y me da de cenar y me atiende súper bien y platicamos mientras comía, termine de cenar le levanté por qué ya era algo tarde y al despedirme los mismo solo que este abrazo fue un poco largo cómo diciendo no te vayas y de nuevo llevaba su mano a mi trasero y yo pensando es por qué quiere sexo conmigo y haciendo toda una película porno en mi cabeza. Pasaron los días y yo con eso en mi cabeza luego fui a su casa nuevamente pero esta vez iba con mi mujer pero yo iba con eso de ver cómo me saludaba si era yo el de la idea llegamos a su casa y me saluda normal sin tocar mi trasero lo cual pensé fue un accidente o error de cálculo pero yo quería pensar que ella me quería tocar el trasero.

    Pasaron los días y Vi más veces a mi suegra y todo normal nada de tocar mi trasero yo algo decepcionado por qué quería comérmela, en una ocasión pase por la tarde a recoger algo que habíamos olvidado y me di cuenta que era la segunda vez que estábamos completamente solos y para mí sorpresa cuando la saludo me vuelve a tocar el trasero cuando me saluda y lo mismo para despedirse y yo ahí pensé o está no es una casualidad y empecé llegar a verla otros días que sabía que estaba solo y cada una de las veces que estábamos solos me tocaba el trasero y cuando estábamos con alguien no lo hacía y pues tenía sentido no me iba a tocarle el trasero enfrente de su hija.

    A partir de que entendí eso llegaba siempre que podía a verla con una solo intención comerme esas enormes y deliciosas tetas cada vez había como que una tensión sexual entre los 2 hasta que un día yo iba muy caliente había peleado con mi mujer y teníamos casi 3 semanas de no tener sexo y en mi calentura fui a ver a mi suegra esta vez la abrase de la cintura y algo fuerte para sentir sus tetas en mi pecho y platicábamos en el sillón y yo solo pensaba en desnudarla mientras pensaba eso tenía el pene súper erecto y se veía mucho ya que cargaba shorts( algo que olvide mencionar es que le gustaba verme las piernas por eso llegaba en shorts) ella me ve las piernas mientras hablamos y se da cuenta que mi pene está súper duro se veía me mira a los ojos y se chupa los labia algo nerviosa, ya no pude aguantar más y me acerque a ella y le digo usted siempre es super atenta conmigo y super linda me disculpa y ella por qué te voy a disculpar y le digo por esto y la empiezo a besar la jalo del brazo y la siento en mis piernas para que sus tetas quedarán en mi cara mientras nos besábamos literal rompí la blusa que llevaba puesta le quitó el brassier y me empiezo a disfrutar de sus enormes y deliciosas tetas y sinceramente no quería dejar de comerme esas tetas solo de recordar sus gemidos cuando acariciaba sus pezones con mi lengua me pongo duro y con ganas en esa ocasión lo hicimos en la sala terminamos desnudos en el sillón cuando ella se vine me pidió entre sus gemidos que no me viniera cuando terminó se pone de rodillas me empieza a hacer sexo oral y me pide que me venga en sus enormes tetas. Cuando terminamos no dijimos ni una sola palabra acerca de eso.

    Yo iba a la universidad en las noche que era cuando aprovechaba a ir a verla y literal pase meses diciéndole a mi mujer que iba a la universidad y en realidad me iba a casa de sus mamá y literal teníamos sexo a diario parecíamos unos veinteañeros recién casados.

    Si llegaste hasta aquí no te pierdas la mis siguientes confesiones por qué esta tiene continuación e incluye a mi cuñada.

  • Boleto extra (Primera parte)

    Boleto extra (Primera parte)

    Para fines prácticos dividí esta publicación en dos partes.

    Esta historia se desarrolla en mis años más mozos, universitarios, espero que disfruten de la narrativa como siempre son bienvenidos sus comentarios, aunque en esta publicación para fines narrativos no hay sexo seguro, los invito a ser responsables y usar condón, recuerden sin globos no hay fiesta.

    Pato: «¡No entiendo por qué te enfadas tanto por esto!» protestó con arrogancia cuando me levanté de mi silla enojada y tiré mi servilleta sobre la mesa.

    Yo: «¿Por qué es tan importante si terminamos la cena para poder ir al juego con los muchachos? Quiero decir, vamos, ¡es la mitad de la serie!»

    Mis ojos miraron desde nuestros platos principales, recién llegados a la mesa, hasta el bar del restaurante donde tres de los amigos de Pato le hicieron señas para que se uniera a ellos, golpeando sus relojes con impaciencia.

    La temperatura de nuestra discusión había subido rápidamente cuando Pato afirmó que no había hecho nada malo al abandonar abruptamente nuestra cita para ir a un juego de béisbol.

    El hecho de que saliéramos a cenar para celebrar mi aceptación al Instituto Superior Metropolitano, parecía irrelevante para él. Me había visto obligada a esperar y reprogramar la cita de esta noche tres veces debido a los compromisos laborales impredecibles de Pato tampoco se registró como un factor en mi frustración por permitir que sus amigos se entrometieran en nuestro tiempo juntos.

    Sin dejar su asiento, Pato se inclinó sobre la mesa y agarró mi muñeca.

    Pato: «Como te dije, les pregunte si podías venir, pero lo siento, no tienen un boleto extra. Cálmate…»

    Seguramente, en algún nivel, Pato debe haberse dado cuenta de su error. Antes de que esas letales palabras pasaran por sus labios, pero para cuando sus ojos parpadearon lentamente en agonizante reconocimiento, había torcido mi mano liberándome de su agarre y arrebatando mi bolso de la silla.

    Inclinándome sobre la mesa hacia Pato, dejando que el escote de mi vestido se abriera hacia abajo para hacer alarde de mis tetas sin sostén, un fascinante recordatorio de lo que él no tendría esta noche debido a sus elecciones.

    Yo: «Voy a ir a ‘calmarme’ a otro lado. Disfruta tu noche con tus pinches amigos». Mirándolo por encima del hombro, luego salí enfurecida a la calle.

    Afuera, respiré profundamente, dejando que el aire de la noche de otoño refrescara mis mejillas y mis pechos sonrojados. Caminé resueltamente por la acera, sin saber a dónde me dirigía, pero sin querer parecerlo en caso de que Pato estuviera mirando a través de las puertas de vidrio del frente del restaurante.

    Yo: «¡Dios! ¡eres un pendejooo!» Siseé en voz alta para sorpresa y diversión de otros peatones.

    Mis zapatos resonaron con fuerza en la acera, mientras me apresuraba hacia la intersección. Me detuve en el cruce, leí los letreros de las calles y reflexioné sobre mi próximo movimiento. Fuera de la cobertura de los edificios, el viento soplaba por la calle abierta. Encorvé los hombros y me froté mis brazos desnudos contra el frío otoñal; mi vestido sin mangas ceñido al cuerpo no hizo nada para bloquear el frío, en mi enfado, olvidé mi chaqueta en el restaurante. Luchando por detener el castañeteo de mis dientes, maldije a Pato por causar mi propio lapsus mental.

    Intenté sin éxito llamar a cinco taxis seguidos. «¿De qué sirve renunciar a un sostén si ni siquiera puedo hacer que un taxista se detenga?» Me pregunté, desconcertada por el fracaso del dobladillo corto y el escote de mi vestido para atraer la atención del conductor cuando lo necesitaba. Me devané el cerebro buscando opciones. Desde luego, no podría caminar toda la ciudad hasta mi casa con estos tacones. Después de otra mirada a las calles transversales, una idea se encendió en mi cerebro frío y mis dedos rígidos escribieron un texto. Mi amiga Lucy trabajaba un par de noches a la semana como cantinera en un hotel elegante a unas cuadras de distancia; con suerte ella estaba trabajando esta noche.

    Yo: «¡Dime que trabajas esta noche! ¿Puedo pasar el rato?»

    Recé para que hubiera elegido un turno de viernes y que no estuviera demasiada ocupada para revisar su teléfono. Me sentí aliviada al ver que la burbuja de «responder» apareció de inmediato.

    Lucy: «¡Hola, bombón! Siempre eres bienvenida, y esta noche está muerta, ¡así que por favor ven a entretenerme!»

    Miré al cielo en señal de agradecimiento y me aparté el cabello de la cara detrás de la oreja. Confirmando que la vería en unos minutos, silencié mi teléfono y lo guardé en mi bolso, luego corrí por la intersección y bajé las seis cuadras hasta el hotel.

    Diez minutos después, el sonriente caballero que venía de salida y sostuvo la puerta principal, para que ingresara

    Caballero: «Que hermosa y deliciosa noche” sus ojos siguieron la marcha zigzagueante de mis caderas debajo de mi vestido.

    Cortésmente le devolví la sonrisa, ironizando en mi cabeza «¡Claro, ‘ahora’ si estoy llamando la atención!», luego crucé el gran vestíbulo hacia el bar. Cerca del banco de ascensores, gente estaba acomodando mesas plegables en forma de ‘U’ frente a una pila de cajas. Pasé corriendo; Tenía que desahogarme con Lucy.

    Mientras me acercaba a las puertas del bar, la confusión se apoderó de mi mente. Lucy había dicho claramente que era una noche tranquila; de hecho, ella básicamente me rogó que viniera porque era ‘una noche muerta’. Pero desde fuera de la puerta, el bar repleto retumbó con voces ruidosas. Entré y vi las mesas del bar llenas. Cada grupo de clientes parecía interactuar simultáneamente con cada uno de los grupos circundantes, hasta que el ruido de la habitación flotaba en el aire como el smog. Me di cuenta de que todos en la multitud bulliciosa estaban vestidos de pies a cabeza en azul y oro, lo que podría explicar la amistad entre las partes.

    Abriéndome paso entre la multitud hasta la barra, me acomodé en un taburete vacío entre la gente. Detrás de la barra, Lucy corría entre los clientes. El muro de brazos ondeaba sobre la barandilla como un bosque de anémonas de mar, cada persona frenéticamente tratando de llamar la atención de Lucy, blandiendo una tarjeta o un puñado de dinero en efectivo. De alguna manera me vio entre la multitud.

    Lucy: «Estoy contigo en un minuto» con sus ojos frenéticos.

    Con los brazos cruzados sobre el mostrador para defender mi posición, asentí en respuesta, con una expresión de asombro por la condición llena de gente en el bar.

    Lucy se acercó a mi lugar, repartiendo botellas de cerveza a medida que avanzaba. Sonriendo con picardía mientras sostenía su contacto visual, con mis copas apoyadas tentadoramente sobre mis antebrazos cruzados. Mis globos regordetes se hincharon fuera del escote de mi vestido, mi carne expuesta gritaba por atención.

    Yo: «¡¿A quién me tengo que coger para conseguir un trago?!» exigí en broma, gritando para hacer oír mi voz.

    Lucy: «¡No mames!» se rió mientras levantaba un dedo de ‘solo un segundo’ a veinte clientes a la vez. Comenzó a preparar un vodka-uva sin que yo se lo pidiera, «¡Esta noche se puso bien pinche loca!»

    Yo: «Sí, ¿Qué paso? ¡Hace quince minutos, dijiste que estaba muerto!» Tomé mi bebida y bebí a través de la pajita de cóctel doble mientras ella respondía.

    Lucy: «¡Lo era! Entonces…» Lucy estiró los brazos desconcertada. «Todos son fanáticos de “Dorados”, que mañana hay un juego. Tengo que volver al trabajo… ¡Pero oye! Al menos encajas bien, con tu atuendo…» Puso una bebida de respaldo en mi mano, luego besó sus dedos y los tocó en mi mejilla antes de volver corriendo al grupo de clientes.

    Tomé un sorbo de mi bebida, un poco desanimada porque mi amiga estaba demasiado ocupada para escucharme quejarme del pendejo de mi novio. Al menos Lucy se llevaría a casa muchas propinas esta noche. Observé cómo se movía su esbelta figura mientras giraba con gracia detrás del mostrador, sirviendo a cada cliente por turno. Ahí me quede yo, sola en un bar lleno de fanáticos del fútbol sedientos. «Pero, ¿a qué se refería con ‘mi atuendo’ encaja?» reflexioné.

    Una mujer golpeó mi cadera mientras luchaba por un espacio en el bar, interrumpiendo mi línea de pensamiento. Miré por encima y vi sus pantalones dorados brillantes combinados con un jersey azul atado por encima de su cintura; mis tacones y mi vestido definitivamente hacían juego con la ropa de la multitud partidista. La mujer abrazó con entusiasmo a alguien a su otro lado, su trasero sacudía mi pierna cada vez que se movía. Para cuando terminé mi primer cóctel, me había convencido a mí misma de culpar a Pato por mi entorno asfixiante en este bar ruidoso, en lugar del tranquilo bistró donde mi canard a l’orange se había quedado enfriándose. El único pequeño consuelo era que tendría que pagar por la cena no consumida. «Pendejo…» Murmuré, sin darme cuenta de cuánto sonaba mi voz a pesar del ruido.

    Hombre: «¡En la madre, lo siento! ¿Te golpeé?» El hombre a mi lado se disculpó en voz alta.

    Aunque estaba segura de que su brazo apenas había rozado el mío mientras competía por la atención de Lucy. Me volví hacia él, mis ojos escanearon hacia arriba más de lo previsto mientras él se alzaba sobre mi figura sentada. El atractivo moreno me sonrió y extendió una mano mientras señalaba su pecho con la otra.

    Gera: «¡Gera!» con su rostro junto al mío.

    Yo: «¡Elena!» grité de vuelta.

    Su mano envolvió la mía mientras nos estrechábamos. Señalando detrás de la barra.

    Yo: «¡La conozco!». Agitando mi mano hacia Lucy, enganché mi pulgar hacia Gera.

    Lucy: «Buena selección, ¡él es el siguiente!» Sonrojándome y poniendo los ojos en blanco, extendí mi mano para presentar a Gera mientras Lucy se acercaba.

    Pidió cuatro cervezas y cuatro tragos, cuyo nombre no entendí, luego Lucy se alejó. Gera se volvió hacia mí mientras esperaba.

    Gera: «¡Eres mi salvavidas, Elena! ¡Y me gusta tu vestido!»

    Señaló su polo dorado con la mascota en el lado izquierdo del pecho. Asentí y luego señalé los zapatos de mis pies. Los ojos de Gera se abrieron con entusiasmo.

    Gera: «¡Vamos Dorados!» Agitó el puño para acentuar su alegría. Le devolví la sonrisa a mi apuesto nuevo amigo como si mi atuendo fuera intencional.

    Lucy regresó con una bandeja llena de vasos y luego colocó un quinteto de botellas de cerveza en el mostrador al lado. Un conteo rápido reveló que había traído el pedido. Desechó el dinero de Gera e inclinó la cabeza hacia mí.

    Lucy: «Ella bebe gratis», luego desapareció hacia otros clientes apasionadamente sedientos.

    Gera colocó mi vodka-uva en su bandeja al centro.

    Gera: «Parece que te unirás a nosotros; no te preocupes, todos los demás son casi tan geniales como yo. -vanidosamente- ¿Puedes llevar la bandeja a nuestra mesa mientras tomo las cervezas y despejo el camino?»

    Lancé una última mirada detrás de la barra inundada, después a la espalda de Lucy, luego asentí mientras dejaba mi billetera en la bandeja junto a las bebidas y entregué mi taburete a otro fan impaciente.

    La multitud se separó para permitir que pasara la imponente figura de Gera, y yo me deslicé junto a él hasta la parte trasera del bar. Nos esperaba una mesa en forma de herradura con otros tres hombres, cada uno vestido de azul brillante y/o dorado. Sonrieron con anticipación cuando su amigo regresó, luego sus ojos se abrieron cuando salí de la multitud. El hombre de un extremo se levantó y extendió un brazo invitador. Dejé la bandeja sobre la mesa, saqué mi billetera de la bandeja y me deslicé sobre el cojín de vinilo rojo hasta que llegué al centro. Gera me siguió hasta el asiento y el hombre volvió a su lugar al final.

    Mientras tres nuevos pares de ojos evaluaban con curiosidad mi llegada y mi vestido, Gera me entregó mi vaso y luego dispersó los tragos y las cervezas entre el grupo. Los tres hombres y sus seis ojos saltones miraban a su amigo a mí y viceversa, exigiendo con insistencia la explicación que Gera parecía burlonamente vacilante en dar. Finalmente, rompió su actitud distante y me presentó.

    Gera: «Compadritos, conozcan a Elena. Además de deslumbrar con su atuendo de la marca Dorados, ¡Elena nos consiguió tragos gratis en la barra!»

    Estaba más tranquilo en la parte de atrás de la sala, y podía escuchar claramente su voz profunda a pesar de que había adoptado un volumen más conversacional. Ante la noticia de la bebida gratis, los demás se volvieron aún más agradables. Rápidamente me presentaron a Lionel, Daniel y Ulises. Cada amigo tenía un físico similarmente al de Gera y a pesar de mi pequeño tamaño, era muy apretado meternos a los cinco en la mesa.

    Lionel, sentado contra mi lado izquierdo, se asomó debajo de la mesa para reevaluar mis zapatos.

    Lionel: «Entonces, tu atuendo… ¿eres “sin igual”?»

    No estaba segura de lo que quería decir

    Ulises: «Quiere decir que estás usando eso porque eres fanática del equipo». Aclaro

    Yo: «¡Ha! A riesgo de decepcionarlos, no sabía que “Dorados” jugaría esta noche, quiero decir, mañana. No he estado siguiendo la temporada muy de cerca…»

    Lionel: «Entonces, ¿estás aquí, vestido así en azul y dorado, totalmente por accidente?» repitió, incrédulo.

    Me encogí de hombros.

    Yo: «Sí…» Tomé un sorbo de mi bebida.

    Daniel, el hombre al final que se había puesto de pie para dejarnos entrar en la cabina, encontró la coincidencia desenfrenadamente entretenida.

    Daniel: «Al menos ahora encajas…» Logró decir entre ataques de risa.

    Yo: «Está bien, ¿por qué la gente sigue diciendo eso?» exigí. «¡¿Que solo puedo encajar debido a mi atuendo?!» Los cuatro hombres se mordieron los labios, conteniendo más la risa mientras intercambiaban una mirada burlona entre el grupo.

    Gera: «Elena», hizo una pausa, tratando de asignar un tono apropiado de paciencia a sus palabras. «“Dorados” es un equipo históricamente “del pueblo”. El Clásico, el partido de mañana contra los Naranjas de los grupos empresariales, es un evento a benéfico para los programas de becas, Entonces, cuando niña de tu tipo, bueno… es poco común»

    A instancias suyas, escaneé la habitación llena de gente. Me di cuenta de que todos los rostros en la habitación…

    Yo: «Quieres decir que soy demasiada fresa”… Murmuré.

    Ulises: «¡No es eso, pero pues… quizás! Pero Está bien no estas obligada a saber todo sobre deportes». Insistió. «Además, como exjugadores del programa Universitario, tenemos la autoridad para bautizarte e ingresarte al fandom, ya sabes, en circunstancias extraordinarias».

    Mientras reevaluaba los cuerpos que me rodeaban, su estatus como exjugadores tenía mucho sentido.

    Daniel: «¡Sí, no tienes que ser “del barrio” cuando estás vestida así!» brindó por mí con su cerveza, posando sus ojos en el escote de mi vestido mientras bebía.

    Gera: «Lo importante es que estás aquí con nosotros y, ya sea a propósito o por la divina providencia, ¡usando los colores correctos!»

    Mientras se apretaba contra mi cadera en la mesa mientras nuestro grupo luchaba por no desbordar el banco semicircular. El dobladillo de mi falda subió por mi muslo con la fricción de su pierna y el asiento de vinilo.

    Gera: «¡Y además, nos conseguiste tragos gratis! ¡Nadie va a discutir eso!» Levantó su vaso con una mano mientras colocaba la otra en mi espalda, donde mi vestido terminaba en mi espalda desnuda.

    Los cuatro levantaron sus bebidas a modo de saludo. Mi respiración se cortó y mi corazón se aceleró ante el toque aterciopelado de los dedos de Gera en mi espalda. Tragando un gemido, forcé una sonrisa animada y agarré uno de los vasos.

    Yo: “¡Dorados!» Sugerí.

    Todos: «¡Dorados!» Los cinco de nosotros gritamos al unísono.

    Cada hombre se esforzó en chocar su copa con la mía. Eché la cabeza hacia atrás y descargué el licor en el fondo de mi garganta. La dulzura, luego el ardor sutil, luego un ardor raspante más pronunciado llenó mi boca. Mis ojos se cerraron ante el intenso efecto, y alcancé ciegamente una botella de cerveza, que alguien amablemente empujó hacia mí. Persiguiendo con un trago de cerveza, abrí los ojos.

    Yo: «¡Guau! ¡¿Qué acabo de poner en mi boca?!» exclamé.

    Lionel: «Se me hace que no es la primera vez que preguntas eso…» se rio, su broma casi perdida en el ruido del bar.

    Yo: «¡Eso es asqueroso!»-Protesté entre risas, dándole a su muñeca una palmada juguetona.

    Daniel: «Ese fue nuestro éxtasis especial!’, que, casualmente, fue nuestra reacción cuando conocimos a la nueva y más linda fanática de los “Dorados”». Coqueteó.

    Me sonrojé por la adulación, pero hice un gesto con la mano insistiendo en una lista de ingredientes.

    Lionel: «Vodka, ron, whisky… Ah, y jugo de naranja. Para la vitamina C»

    Yo: «Cielos…» Parpadeé dos veces y bebí lo último de mi cerveza para aclarar mi boca y estabilizar mi cabeza. «Si bebo más de esos y alguien tendrá que llevarme a casa en calidad de bulto».

    Ulises «¡Bueno, en ese caso iré a buscar la siguiente ronda!» se ofreció como voluntario con urgencia, saltando de la mesa y abriéndose paso entre la multitud hacia la barra con una gracia asombrosa para un hombre corpulento en un espacio congestionado.

    Lionel: «Ha pasado un tiempo desde nuestros días de juego, pero creo que cualquiera de nosotros cargaría “ese bulto” con gusto”, tomando un trago para cubrir su sonrisa ante la torpe insinuación.

    Con nuestro grupo momentáneamente reducido por uno, Lionel y yo nos dispersamos en el lugar vacío de Ulises. Gera también se movió, dejando espacio a Daniel en el otro extremo, pero su cadera y costillas permanecieron apretadas contra mi costado derecho. Su mano volvió a la piel expuesta entre mis hombros, las yemas de sus dedos enviaron escalofríos por mi columna mientras chocaban suavemente sobre mis vértebras. Volví a mi vodka-uva y me llevé la copa a la boca para darle algo que hacer a mis manos nerviosas.

    Lionel: «Si no viniste aquí como fanática de la Estatal, ¿por qué estás tan vestida así?»

    Yo: «Salí a cenar… Eh, con mi novio». Me detuve para tomar un sorbo de vodka fortalecedor antes de retomar la historia.

    Sentí los dedos de Gera pausar su caricia ante mi mención de un novio, pero volví a sus suaves ochos cuando continué hablando.

    Yo: «Estábamos en este lugar a un par de cuadras de distancia, se suponía que íbamos a celebrar mi aceptación al Instituto Superior Metropolitano, pero él estaba acortando la cena para ir al juego de béisbol con sus amigos».

    Los tres escucharon atentamente mientras les contaba sobre la pelea.

    Yo: «Entonces, lo mandé a la chingada y salí furiosa. Pero, por supuesto, en mi justa furia olvidé mi chaqueta, luego no pude conseguir un taxi en el frío, así que vine aquí para visitar a Lucy en el trabajo como último recurso». – Completé mi monólogo dramático, miré alrededor del grupo y jugueteé con la pajilla de mi bebida.

    Lionel me dio otra mirada lenta desde mis tacones pasando por las curvas que sobresalían debajo de mi ceñido atuendo, hasta mi cabello que caía suavemente detrás de mis hombros y mi rostro meticulosamente maquillado.

    Lionel «Apareciste en una cita con tu novio, con este aspecto», volvió a levantar la cara exageradamente, como si me escaneara de arriba a abajo, «¿y te abandonó por el béisbol?»

    Yo: ‘sí’. Asentí

    Daniel «¡Puta madre! Preciosa, ¡solo puedo imaginar un escenario contigo en el que estaría tratando desesperadamente de pensar en béisbol!» con una sonrisa maliciosa.

    Miré al vacío por un momento absorta antes de captar la broma lasciva.

    Yo: «¡Grosero!», Riendo, estiré el brazo por encima de Gera y le di un puñetazo en el musculoso brazo a Daniel.

    Daniel: «Pero de todos modos”, mientras frotaba burlonamente el daño dejado por mi pequeño puño, «cuando te enojaste y te fuiste, ¡como deberías haberlo hecho!, ¿él simplemente te dejó ir? ¿Se sentó ahí y te vio salir? ¡¿Puta madre, esta pendejo o qué?!»

    Yo: ‘sí’ Asentí de nuevo, y los dos intercambiaron una larga mirada en silencio mientras sus mejillas se hinchaban con una risa ahogada.

    Daniel y Lionel: «¡Hijo de puta, es un pendejote!» gritaron casi al unísono antes de colapsar sobre la mesa histéricos.

    Mi boca sonrió con una alegría bordeada de veneno mientras me reía con ellos. ‘Me alegro de no ser el única que piensa que Pato la cago.’ Pensé dentro de mí.

    La mano de Gera rasgueó mi espalda con más entusiasmo ante la noticia de que Pato estaba en problemas. «

    Gera: “Entonces, ¡supongo que yo no era el ‘pendejo’ entonces!» se rió entre dientes, recordando nuestra presentación.

    Levanté mi mirada sonriente hacia su rostro y juguetonamente empujé mi hombro contra su pecho. Su mano dejó mi espalda y tomó la suave carne de mi brazo y hombro, apretándome contra él. Burbujas cálidas y vertiginosas borbotearon alegremente en mi vientre con su toque.

    Ulises regresó con una bandeja repleta de botellas de cerveza y más tragos. Dejando la bandeja sobre la mesa, sus ojos escanearon interrogativamente al grupo que se reía por lo bajo.

    Ulises «¿Qué me perdí? ¿De Qué se están riendo?»

    Daniel: «El novio de Elena la hizo enojar, así que se fue de su cita y entró directamente en nuestras vidas». Mientras ayudaba a pasar tragos.

    Después de un estudio pausado de mi vestido y mi cuerpo, resopló

    Ulises: «¡Hijo de puta, ¡qué pendejo!» Su verificación independiente hizo que el grupo se riera a carcajadas una vez más. «Bueno, si eso significa que estás libre mañana, ¿deberíamos de DARLE nuestro boleto extra?»

    Lionel: «¡a webo! Sería una gran mejora con respecto a Gonzalo y su pinche viaje de trabajo de última hora». «¡Además, ella ya tiene los colores para el juego! Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres que te hagamos fanática de los Dorados?»

    Yo: ‘sí’, cuenten conmigo!» Consideré la línea de Lionel sobre mi vestido. «Sin embargo, podría hurgar en mi armario en busca de algo un poco más apropiado para un estadio».

    Gera golpeó el cuello de su botella vacía contra su nueva cerveza para llamar la atención de todos.

    Gera: «Compadritos, esto requiere otro brindis».

    Cada uno de nosotros levantamos nuestras copas.

    Yo: «¿Por qué estamos brindando?» —con su musculoso brazo de Gera todavía envuelto alrededor de mi hombro.

    Se aclaró la garganta mientras levantaba su tiro.

    Gera: «¡Por hacer que Elena sea fanática de los Dorados!»

    Todos: «¡Salud!» aprobaron.

    Asentí y levanté mi copa, notando nuevamente el cuidado con el que cada hombre se aseguró de tocar mi copa con la suya. Volví a inclinar la cabeza y tiré el licor a la parte posterior de mi boca. La dulzura y el ardor de otro éxtasis especial llenó mis mandíbulas, aunque esta vez fue atenuado por mi creciente ardor.

    Golpeé el vaso vacío sobre la mesa.

    Yo: «¡Ahhh!» rugí empujando con júbilo mis brazos por encima de mi cabeza.

    Mis nuevos amigos aplaudieron ruidosamente mi entusiasmo, sus aplausos probablemente también apreciaron el movimiento enérgico de mis tetas sin sostén debajo del vestido ajustado mientras me pavoneaba.

    Lionel: «¡Wey, hasta festeja como una Dorada!» Le guiñé un ojo en respuesta mientras llevé mi botella de cerveza fresca a mis labios, mi cuello se acomodó cómodamente en el hueco entre el brazo y las costillas de Gera.

    Ulises: «Sí, creo que promete mucho ¡Al igual que nuestro equipo los Dorados!»

    Todos chocamos botellas con entusiasmo.

    La conversación se desvió hacia el partido de mañana, los ex seleccionados discutieron sobre los jugadores actuales, los oponentes, los entrenadores y la estrategia, mientras mezclaban mucha historia de ‘antes cuando nosotros’. Mientras escuchaba, comencé a sentir el volumen de mis más de cinco tragos presionando hacia abajo. Examinando el bar, me consternó ver que la fila para el baño de damas se extendía entre la multitud. Me retorcí incómodamente, mis nalgas chirriaron en el vinilo mientras aumentaba la angustia en mi vejiga.

    Gera: «¿Estás bien?» notando mi cuerpo moviéndose contra el suyo.

    Asentí estoicamente, pero él siguió mi mirada hasta la línea y entendió.

    Gera: «Ah, ¿Por qué no usas el de nuestra habitación?», levantó la cadera de mi lado, «toma la llave». Se rio entre dientes cuando vio mi renuencia a poner mi mano en su bolsillo. «Te prometo que no encontrarás nada allí que muerda».

    Asentí y obedecí, metiendo mi mano en su bolsillo. Las yemas de mis dedos palparon la tarjeta de plástico suave y luego, más allá, chocaron contra un tubo ancho y firme en el otro lado del forro. Jadeando por la vergüenza de la sorpresa, me demoré por un segundo intrigado, luego rápidamente retiré mi mano con la llave.

    Al darse cuenta del rubor que se extendía por mis mejillas, Gera me sonrió mientras hablaba

    Gera: «Habitación 516». Luego le hizo un gesto a Daniel para que se levantara del banco y me condujo fuera de la mesa.

    Se inclinó para estabilizarme mientras me ponía de pie, y por un momento tentador sus manos ahuecaron y apretaron mis muslos por detrás. Tomé una bocanada de aire entre mis dientes, y después de estabilizarme en los altos tacones de aguja, temblorosamente le dije al grupo que regresaría enseguida.

    Fuera del bar abarrotado con mi bolso en una mano y la llave en la otra, mis oídos zumbaban en el vestíbulo comparativamente silencioso. Pasé junto a las mesas plegables que había visto al entrar, ahora llenas de suvenir de los Dorados a la venta. Tomando nota mental de que debería comprar una camiseta o algo en mi camino de regreso, ya que me había comprometido a ir al juego, y mi vestido ajustado y mis tacones de aguja no iban a venir conmigo a un estadio de fútbol, sin importar qué tan entusiasmados estaban mis nuevos amigos sobre mi atuendo, presioné el botón ‘ARRIBA’ y luego subí en el ascensor vacío hasta el quinto piso.

    La habitación 516 estaba en un recodo en medio del pasillo. Una punzada en la vejiga me empujó a través de la puerta tan rápido como me lo permitieron mis tacones altos. Una vez dentro, eché un rápido vistazo a la habitación estándar: dos camas tamaño Queen, ventanas en el otro extremo con las cortinas corridas, y al otro lado de las camas, un televisor en la cómoda, una silla y una lámpara de pie al lado. Y entre al baño a descargar mi vejiga.

    Mientras lavaba mis manos en el fregadero de mármol, luego abrí mi bolso para revisar mi teléfono, vi varios mensajes de texto junto con tres llamadas perdidas. Mientras reflexionaba sobre cómo responder, me vi fugazmente en el gran espejo. El escote pronunciado de mi vestido enmarcaba mis cúpulas de carne, la tela brillante parecía enfatizar las curvas en contraste con mi piel. Al norte de la exhibición de escote, la sombra de ojos ahumada enmarcaba seductoramente mis ojos, y mis labios brillaban carnosos y tentadores. Me volví, mis tacones resonaron en el suelo de baldosas mientras veía cómo mis nalgas doblaban deliciosamente la tela del vestido. Alborotándome el cabello juguetonamente mientras coqueteaba con mi sensual reflejo, completé mi rotación de inspección ante el espejo.

    «Bueno, obviamente hice amigos fácilmente, vestida así». Miré boquiabierta al espejo, luego a la pantalla de mi teléfono. Con una sonrisa vengativa, decidí dejar a Pato retorciéndose por una noche. La había jodido, y yo merecía divertirme (sí, divertirme coqueta y amorosamente) con mis nuevos amigos. La perspectiva de mis nuevos planes para la noche, divirtiéndome en el bar rodeado de cuatro chicos calientes, cada uno de los cuales estaba pendiente de cada palabra y movimiento mío, me llenó de un ardor más allá del alcohol. Volví a guardar el teléfono en mi cartera, dejando sus mensajes de texto sin contestar. Recordando el consenso entre el grupo, repetí una última palabra al remitente de esos mensajes ignorados. «Pendejo»

    Abrí la puerta del baño y choqué de cabeza contra el pecho de Gera. Sorprendida, ahogué un grito cubriéndome la boca con mi propia mano.

    Gera: «Te asusté, ¿eh?» Su boca se dobló en una sonrisa amistosa y hambrienta. «Vine a ver si necesitabas ayuda». Dio un paso hacia mí y yo retrocedí medio paso hasta que mis nalgas toparon contra la pared.

    Yo: «No, todo bien. Gracias». Tragué saliva.

    Mi respiración se elevó, mi boca se secó nerviosamente y mi corazón latía salvajemente detrás de mis costillas. Puse mis manos en su pecho mientras se acercaba, poniendo poca resistencia, pero sin alejarlo.

    Las fuertes manos de Gera estaban ahora en mis caderas, rodeándome la cintura mientras avanzaba otro paso. Se paró contra mí, su pelvis empujando mi espalda y mis nalgas contra la pared. Su rostro, inclinado hacia abajo para encontrarse con mi mirada. No pude tragar un suspiro eufórico cuando sus pulgares mordieron la suave carne de mi vientre. Mi reacción lo animó, las yemas de sus dedos trazaron y hundieron la cintura de mi tanga a través de la brillante tela de mi vestido.

    Yo: «Creo… Eh, tal vez deberíamos volver…» tartamudeé de manera poco convincente.

    La sonrisa de Gera se amplió para probar la futilidad de mi argumento. Empujó hacia adelante, y una vez más sentí el cilindro de su bolsillo, ahora empujando a través de sus pantalones hacia la parte superior de mi muslo. Cuando lo aplastó contra mí, jadeé, sintiéndolo endurecerse y expandirse por su pierna.

    Gera: «Nah», en voz baja, sus manos encajadas entre mis nalgas y la pared, agarrando insistentemente mis posaderas. «Todo lo que necesito está aquí.»

    Bajó su rostro hacia el mío, envolviendo mi boca en un beso agresivo que me dejó sin aliento con su audacia y rapidez. Pero cuando respondí, abriendo mis labios para aceptar el beso de Gera, mi cuerpo no reaccionó con sorpresa. Mis manos se aplanaron y se deslizaron por su pecho, sobre sus hombros, luego se cerraron detrás de su cuello. Con mis brazos tirando de él hacia abajo, se apoyó contra mí, comprimiéndome entre su cuerpo y la pared.

    Sus manos dejaron su agarre en mis nalgas, bordeando mi cintura de regreso a mi vientre, luego deslizándose hacia el norte sobre mis costillas hasta que sus palmas rodearon las laderas de mis senos. Lo sentí sonreír a través de su beso, sus labios se doblaron ante su deleite al finalmente tocar lo que había deseado desde que nos conocimos en el bar. Sonreí en respuesta, sacando mis pechos para llenar sus amplias manos. Nuestros dientes castañetearon con nuestro beso sonriente, nuestro excitado fervor provocó una ruptura momentánea de las acciones coordinadas de nuestras bocas.

    Respiré ansiosamente cuando el pulgar de Gera pasó más allá de la tela de mi vestido y alcanzó el bulto descubierto de mis tetas. Su palma sobre mi carne expuesta se deslizó. Mi pezón se desplegó rígidamente bajo su palma mientras él toqueteaba y jugaba con mi suculento globo.

    Su otro brazo se deslizó alrededor de mis costillas, encontrando la cremallera en la parte de atrás de mi vestido. Agarrando la lengüeta con el pulgar y el índice, Gera separó pacientemente los dientes de metal que unían mi vestido. Se detuvo cuando su mano y el zíper alcanzaron la parte baja de mi espalda, justo antes de la elevación de mis nalgas. El cierre cedió y el vestido cayó de mis hombros y se deslizó hacia adelante. La mano que me había bajado la cremallera ahora subió por mi espalda desnuda emergente y tiró de la correa de mi vestido por mi hombro y por mi brazo. Su otra mano empujó y tiró de la parte delantera de mi vestido desde el interior de su corpiño, forzando a deslizarse floja correa fuera de mi otro hombro. Riendo mientras sacaba mis brazos de las correas, la mitad superior de mi vestido colapsó hacia adelante y colgó de mi cintura.

    Haciendo una pausa para admirar mis pechos desnudos a la luz del pasillo de la habitación del hotel, Gera avanzó apresuradamente. Apretando sus puños sobre mis senos, estrelló su cara contra mi pecho. Su boca y lengua se deslizaron frenéticamente por mis tetas, lamiendo la carne de mis montículos y chupando mis erectos pezones rosados. Apoyé la cabeza contra la pared, sintiendo la textura áspera del papel tapiz engancharse en mi cabello. Gemidos profundos y apasionados se agitaron desde mi vientre hasta mi garganta. Mis uñas arañaron su cuello y la parte posterior de su cabeza tirando de su boca devoradora más fuerte hacia mis tetas.

    Conducida a una furia lujuriosa por la sensación de sus labios y lengua, me apresuré a sacar su polo, encontrando la piel desnuda de su musculosa espalda y arañando mis uñas hasta su cintura. Allí, mis manos viajaron hasta la parte delantera de sus pantalones, acariciando rabiosamente el bulto que bajaba por su pierna mientras tiraba de su cinturón y volaba. Cuando sus pantalones cedieron, metí mi mano a través de la cremallera, recompensando mis dedos con un agarre desbordante de su miembro hinchado. Encantada por la sensación de su circunferencia, mis dedos acariciaron su verga mientras bajaba sus pantalones por sus piernas. Sin apartar la boca de mi busto, Gera se quitó los pantalones y luego se quitó los zapatos de una patada.

    Probando mis pechos por última vez, Gera se enderezó y me permitió sacarle la camisa por la cabeza. El moreno desnudo tomó mi mano y me arrastro más adentro de su habitación de hotel. Rodeó la primera cama y entró en el espacio entre las Queens. Todavía llevándome de nuestras manos entrelazadas, me guio hasta el colchón más cercano. Mis rodillas rozaron el suave edredón azul mientras me arrastraba por la cama. La parte superior desplazada de mi vestido se desparramó sobre la cama debajo de mí, arrastrándose desde mi cintura.

    Cuando mis rodillas llegaron a la mitad del colchón, me detuvo. Me soltó la mano, me tomó de los hombros y empujó la mitad superior de mi cuerpo hacia adelante hasta que me puse como una mesa sobre mis manos y rodillas a los pies de la cama. Mis senos colgaban debajo de mí, pesados pero firmes. Sus dedos levantaron mi barbilla hasta que mis ojos miraron hacia los suyos. Su pulgar rozó mi boca regordeta, luego tiró de mi labio inferior y abrió mis mandíbulas.

    Gera: «Mamacita. Muéstrame lo gran fan que eres». Instruyó, manteniendo su mano debajo de mi barbilla.

    Dio un paso adelante; su virilidad rígida se balanceaba orgullosamente entre sus piernas. Agarrando el palo con su mano libre, dirigió la punta hacia mi boca abierta y expectante. La gruesa polla pesaba sobre mi lengua, llenando mi boca mientras se abría paso. Mientras mis mandíbulas se llenaban de carne dura, saliva viscosa inundó mi boca, cubriendo al intruso abultado y lubricando su longitud. Gera continuó su avance hasta que su cabeza golpeó mi paladar, asfixiándome y aumentando la capa de baba de su verga. Empujándome ligeramente, se retiró hasta que el glande se liberó de mis labios, brillante y espumoso con mi baba.

    Tragué profundamente hasta que sus caderas giraron hacia mí de nuevo. Abriendo la boca, relajé la mandíbula y la garganta, dejando que la enorme polla pasara por el fondo de mi garganta. Gera se quedó allí, empapando su verga en mi boca inundada hasta que me atraganté y jadeé por aire. Él cedió de nuevo, su punta arrastró chorros de baba aperlada de mis mandíbulas que se rompieron y salpicaron en puntos mis labios.

    Un mechón de mi cabello cayó sobre mi rostro mientras jadeaba por respirar sin obstrucciones. Los dedos de Gera metieron con delicadeza el rebelde cabello detrás de mi oreja y luego me agarró las sienes con las palmas de las manos. Su verga saltó hacia adelante sin la guía de su mano, y mis labios abiertos persiguieron su glande antes de meterlo en mi boca. Con su verga incrustada en mi boca, movió sus caderas hacia mí mientras su agarre en mi cabeza mantenía mi rostro en su lugar para recibirlo.

    Sus brazos se flexionaron, tirando de mi cabeza hacia adelante y arrastrando el resto de mi cuerpo con ella. Me mecí hacia adelante sobre mis manos y rodillas, sintiendo su polla penetrando en mi boca y luego deslizándose en una retirada parcial hasta que solo la punta permaneció oculta dentro de mis labios. Repitió el movimiento de empujar y tirar, entrenándome para lanzarme a cuatro patas al servicio de su polla. Aprendí rápido, tambaleándome enérgicamente en la cama del hotel, gimiendo alegremente alrededor de la polla que llenaba mi boca y mi garganta. Las manos de Gera descansaban a los lados de mi cabeza, sosteniendo mi rostro hacia adelante mi visión solo cubría su abdomen y cualquier parte de su verga que no estuviera en mi boca. Pero se apoderó de todo el movimiento a mi cuerpo.

    Mis rodillas se doblaron, rodando mi cuerpo hacia adelante y hacia atrás. Arrastrados por el movimiento de mis ancas, mis labios abrazaron la longitud de su verga. Viajando desde la base hasta la punta, mis labios regordetes se estiraron alrededor de su eje, mi boca se envolvió con tanta fuerza que solo mis gemidos satisfechos pudieron escapar. Mis pesadas tetas siguieron el impulso de mi cuerpo y se balancearon en dirección opuesta a mi espalda, balanceándose debajo de mí. Dentro de mi boca, mi lengua se deslizó y se retorció alrededor de su longitud, enroscándose alrededor de su vara y girando alrededor de la base de su cabeza.

    Gera: «Chingado», el gemido extendido y complacido rompió el silencio de la habitación.

    Mientras sorbía y gemía a lo largo de su verga. Me detuve en mi punto más lejano, manteniendo solo su glande detrás de mis labios mientras mi lengua azotaba y arremolinaba su punta sensible.

    Gera: «¡Puta madre!» sus manos todavía agarrando mis sienes, clavando sus dedos en mi cabello.

    Mirando su expresión jadeante, sostuve su mirada mientras mi boca avanzaba por su longitud. Meciéndome hacia adelante sobre mis rodillas, mis labios trabajaron por su verga hasta que mi nariz le hizo cosquillas en la pelvis. Su cabeza se atascó en la parte posterior de mi garganta. Todavía mirándolo, mis ojos saltaron y se llenaron de lágrimas por la tensión de su magnífica verga en mi boca. Finalmente, no pude soportar más, y cedí, liberando mi boca con un pegajoso ‘pop’ y soplando listones burbujeantes de baba por mi barbilla.

    Gera: «¡Puta madre, que rica mamada!» elogió sin aliento mientras me observaba recuperarme. Apreciando la vista de mi espalda desnuda y mis nalgas enfundadas en la tela pegajosa de mi vestido

    Recuperé el aliento, mis mandíbulas persiguieron intensamente su miembro y lo capturaron una vez más en mis labios. Cerrando los ojos dócilmente mientras apretaba mis labios alrededor de su circunferencia, rápidamente recuperé mi ritmo, balanceándome sobre mis rodillas para casi retirarme, luego me incliné hacia adelante para tomarlo de nuevo. Su polla se sintió increíble cuando llenó mi boca, un placer cálido y húmedo corrió por el interior de mis muslos mientras lo chupaba con devoción. Las manos de Gera aún descansaban autoritariamente sobre mi cabeza, sosteniendo mi rostro hacia adelante, pero ensombreciendo el ritmo marcado por mis rodillas y mi cuello. Mi coro de gemidos gratificados y tragos babosos se reanudó, transmitiendo mi disfrute y entusiasmo por chupar su polla.

    Por encima de los ruidos turbios de mi boca, a poca distancia detrás de mí oí el zumbido de la cerradura de la habitación. Mis ojos se abrieron, quise voltear hacia el umbral, pero Gera mantuvo mi rostro apuntando a su estómago. Unos pasos apagados resonaron, la cercanía del intruso se reveló con el tintineo metálico de la hebilla de un cinturón. Mientras el colchón se hundió detrás de mí, Detuve mis caderas a modo de invitación, moviendo mi cuello para mover mi boca a lo largo de la herramienta de Gera y cerrando los ojos sumisamente.

    La ceñida falda de mi vestido se deslizo por mis muslos y mis nalgas hasta que se encontró con la mitad superior en un rollo de material que rodeaba mi cintura. Además del inútil rollo de tela, solo llevaba puestos mis tacones y una tanga.

    Continúa…

  • Sentimientos encontrados

    Sentimientos encontrados

    Las piernas se le aflojaron tras el contundente crochet de derecha y su cuerpo se desplomó en la lona. Cualquier intento por levantarse resultaba infructuoso, dado que su cuerpo era ahora un peso muerto que se negaba a obedecer órdenes. Estaba groggy y la cabeza le daba vueltas mientras escuchaba la cuenta de diez. Ese breve impasse actuó como mecanismo de defensa, y transcurrido ese lapso sus funciones motrices se reactivaron para poder levantarse.

    El combate tan sólo duró dos asaltos y la única baza con la que podría haber contado era la contundencia de sus puños, sin embargo, no le sirvieron de mucho frente a la velocidad, la condición física y la juventud de su oponente. Los golpes le llovían por doquier desde cualquier ángulo sin que Gloria pudiese hacer nada para esquivarlos. El jab de izquierda encontraba todos los huecos y no le concedía tregua ni un instante. Intentaba cubrirse con sus antebrazos, pero seguían impactando tres golpes de cada cinco. Por su parte, los puños que lanzaba Gloria no hacían más que perderse en el aire sin que ninguno de ellos impactara en el blanco, de ese modo su energía se iba consumiendo en cada intento que malgastaba espantando moscas en el vacío. Tras dos asaltos de tortura del jab de su contrincante, el uppercut le dobló las rodillas y la mandó a besar el suelo.

    La cara le ardía, el ojo se le hinchaba por momentos y en esos segundos que estuvo en la lona no pensó en que una niñata más en forma que ella la había tumbado, sus pensamientos estaban con Miriam y en cómo gestionar una relación que se estaba convirtiendo en tóxica.

    Ya contaba treinta y tres inviernos, y si alguna vez pudo haber tenido una oportunidad de ser algo en el boxeo, no supo aprovecharla, dada su singular forma de entender la vida, sus malos hábitos y su indisciplinada conducta.

    Después de que el árbitro proclamara campeona a su rival, Gloria se encaminó a los vestuarios con la cabeza gacha enfundada en la capucha. Su entrenador la acompañó cogiéndola del hombro, en tanto los abucheos de los asistentes la increpaban mientras desaparecían por el pasillo hacia los vestuarios.

    Tenía el ojo izquierdo hinchado y amoratado y la ducha fría actuó como un bálsamo. Se vistió, encendió un cigarrillo e intentó engañarse a sí misma pensando en un imposible.

    —Si le hubiese cazado con un solo golpe…

    —¡Toma! —le cortó la frase su entrenador haciéndole entrega de un sobre. —¡Coge tu dinero! He estado pensando mucho estos días. Deberías dejarlo. No voy a seguir contigo. Hace tiempo que debí dejarte. Se acabó.

    —¿Pero qué dices?… Somos un equipo.

    Su mánager le arrancó el cigarrillo de la boca y lo echó al suelo cabreado.

    —No somos nada. Quizás pudimos serlo alguna vez, pero, mírate. Estás acabada. No entrenas, bebes mucho, fumas, no te cuidas. ¿Cómo pretendías ganarle a alguien más joven y más rápida que tú? ¡Coge tu dinero y soluciona tus problemas! ¡Busca un trabajo, lárgate o haz lo que te dé la gana! Ya estoy harto de dar la cara por ti. Me largo, —dijo en tono airado, dando un portazo al salir.

    Gloria quedó tocada ante el segundo knockout de la noche. Terminó de vestirse y abandonó el local cabizbaja sabiendo que todo cuanto había dicho su manager no andaba lejos de la verdad. Sus problemas eran muchos y sus ganas de resolverlos pocas.

    La lluvia era intensa. Se enfundó la capucha y se dirigió a casa permitiendo que el chaparrón empapara su ropa, inmersa como estaba en sus cavilaciones, pero antes hizo su parada de rigor en el pub. No le apetecía volver con Miriam y dar de nuevo la imagen de perdedora.

    El barman la saludó y Gloria le devolvió el saludo de forma poco efusiva. A continuación tomó asiento en la barra intentando vislumbrar un horizonte alentador, pero sólo alcanzaba a ver las botellas de licor que tenía enfrente.

    —Parece que no te ha ido muy bien esta noche, —le expresó viendo el aspecto de su rostro.

    —Métete en tus asuntos, imbécil, —le advirtió.

    —¡Joder Gloria! No te pongas así. Sólo digo lo que veo, —le dijo poniéndole la cerveza en la barra.

    —¿Sabes qué?… Me largo, —manifestó en un arrebato, dejando la cerveza intacta.

    —¿No vas a beberte la birra? —le preguntó aun sabiendo la respuesta.

    —Métetela donde te quepa.

    —¿Y quién va a pagarla? —gritó mientras ella se alejaba a la salida.

    —Tu madre, —replicó cerrando de un portazo.

    Al entrar en casa se quitó la cazadora y se descubrió la cabeza. Miriam estaba ya en la cama viendo una serie. Gloria se acercó y le dio un beso.

    —¿Te han vuelto a zurrar? —preguntó al verle el ojo hinchado.

    —Tendrías que haber visto la cara de la otra.

    —Tienes el ojo morado.

    —No es nada, —afirmó con otro beso.

    Llevaban casi dos años juntas y todos los días se hacía las mismas preguntas: ¿por qué Miriam continuaba enamorada si para ella, Gloria era un lastre? Rebuscó en su memoria los días en los que disfrutaba de la relación en su plenitud, si es que esos días habían existido alguna vez. Quizás los primeros e intensos meses en los que la novedad ocultaba cualquier otro defecto, ¿pero, qué le aportaba Gloria ahora? Absolutamente nada, pensó. En cambio, la joven de veintiocho años seguía tan enamorada de ella como en aquel minuto uno cuando la defendió de un sinvergüenza que pretendía aprovecharse de ella. Hubo un tiempo en el que idolatraba su carácter despreocupado e indolente, con ese pasotismo del que hacía gala en ocasiones, y en cierto modo, Gloria utilizó esa personalidad errante en beneficio propio teniendo claro que no era lesbiana. Eso sí, siempre le había gustado picar de aquí y de allá, y por eso nunca contempló la idea de que la relación se prolongase demasiado tiempo, aun así, ya iban a hacer dos años juntas.

    Gloria era consciente de que sin Miriam no tenía donde caerse muerta, dado que era la única que trabajaba y la que aportaba una seguridad y una estabilidad al hogar, tanto afectiva, como financiera, y con todo ello, el conflicto para Gloria era importante, por lo que la respuesta a sus preguntas siempre había sido que la necesitaba para seguir llevando esa vida bohemia de la que no quería desprenderse, sin contemplar el daño que se estaban haciendo mutuamente. ¿Qué debía hacer, seguir chupándole la sangre y vivir en una mentira o aceptar un trabajo de ocho horas diarias, cinco días a la semana? O quizás la quería y no sabía demostrarlo, o lo que era peor, no quería aceptarlo. Tenía muchas decisiones que tomar y ninguna de ellas le gustaba.

    Gloria se quitó la ropa mojada y se desnudó por completo con la intención de meterse en la cama, dormir, no pensar y quizás tomar las decisiones al día siguiente, si es que iba a tomar alguna.

    Miriam la contempló deseosa, extasiándose de su cuerpo fibroso por un instante. Se incorporó en la cama, apagó la tele y dejó que su mano se posara en los pequeños pechos con su dedo acariciando el diminuto pezón, después descendió por su abdomen recorriendo cada corte y cada estría, dibujando con él los nervudos recodos del vientre musculado, mientras Gloria permanecía de pie sintiendo las caricias y dejándose hacer. La mano continuó su descenso por los oblicuos siguiendo el camino marcado por una pronunciada “V” que señalaba la ruta hacia un sexo depilado, exceptuando un triángulo de pelillos que lucía en su vulva.

    El dedo patinó por la babosa raja con lentitud reiteradas veces y Gloria exhaló un leve gemido al sentir la extremidad deambulando por su humedad. Sintió lo que otras muchas veces, la necesidad de ser ensartada por una buena polla, pero simplemente se conformó con los dos dedos que se afanaban follándola cada vez más rápido, y con movimientos pélvicos buscó toda la longitud de las pequeñas extremidades. Gloria levantó la pierna y subió el pie a la cama para facilitarle la penetración. Miriam cogió con una mano sus duras nalgas y con la otra siguió penetrándola con fervor, mientras los flujos empezaban a deslizarse por su mano en un chapoteo constante. La lengua de Miriam buscó el pequeño botón y se unió en el empeño de darle placer a la mujer a la que amaba.

    Los movimientos de cadera de Gloria se acentuaron, los jadeos se intensificaron y el placer la desbordó en sentido literal. Fue entonces cuando se sentó jadeante y Miriam compartió los flujos de su mano con ella. A continuación la besó con pasión buscando ser correspondida, pero el ardor de Gloria se había desvanecido y ahora sólo le apetecía dormir.

    —Lo siento. Estoy hecha polvo.

    Miriam se resignó una vez más sin poner objeciones.

    Eran las cinco de la tarde cuando regresó del trabajo. Gloria continuaba durmiendo. Yacía desnuda en la cama, tal y conforme se había acostado la noche anterior. La contempló un instante y la deseó una vez más, ahora bien, llegó el momento que había evitado a toda costa durante meses. Tenía que tomar la decisión después de haber intentado que la relación funcionase, en cambio, era evidente que sus esfuerzos habían sido en vano y no estaba dispuesta a seguir manteniendo su holgazanería ni a recibir tan poco afecto a cambio de todo el que ella le proporcionaba, sin mencionar todo aquello a lo que había renunciado por ella.

    Gloria abrió un ojo con gran esfuerzo y vio de pie a Miriam observándola.

    —¿Qué hora es? —preguntó.

    —Las cinco de la tarde, —respondió con frustración.

    —¡Joder! Me duele todo el cuerpo, —se quejó mientras se incorporaba en la cama.

    —Has dormido toda la noche y todo el día.

    —Sí, —respondió mientras se encendía un cigarro.

    —No quiero que fumes en casa.

    —No seas tiquismiquis, joder, —le increpó.

    Miriam quiso estallar, decirle lo que pensaba, pero no se atrevió. Quizás no era el momento, pensó. Gloria abrió la nevera y cogió una lata de cerveza.

    —¿Vas a desayunar cerveza? —le preguntó molesta.

    —Pareces mi madre, joder.

    Una vez más se contuvo, dio me día vuelta y se fue al salón con la ira contenida.

    No quedaba mucha gente en el gimnasio a las nueve de la noche, dos mujeres haciendo cardio y Chema dándole al saco.

    —¡Eh, Gloria! ¿Cómo te fue? Me dijeron que te zurraron de lo lindo, —declaró sin dejar de zurrarle al saco.

    —Pues te engañaron.

    —Sí, ya veo, —dijo contemplando su ojo morado. —Cámbiate y echamos unos guantes.

    Gloria asintió, se dirigió al vestuario, se puso unas mallas cortas y arriba un top, después se calzó las zapatillas y salió luciendo su fibroso cuerpo.

    —¡Joder! Cada día estás más buena, Gloria.

    Ella sonrió con desgana y se puso las protecciones.

    —¡Átame los guantes, anda! —le pidió.

    Chema se acercó a ella. Le pasaba una cabeza, se inclinó y la miró desde su posición. Aspiró su aroma y la deseó como otras muchas veces.

    —¿Cuándo vas a variar tu dieta? —le preguntó con segundas.

    —Ya te lo haré saber. Ahora vamos a hostiarnos, —dijo dándole un golpe laxo en el hombro.

    —Sí, partámonos la cara, —respondió sonriendo mientras subía al cuadrilátero. Gloria le siguió, seguidamente golpearon los guantes y empezaron a desplazarse por el ring. Ella lanzó primero el jab y Chema lo esquivó, volvió a lanzar otro que se perdió en el aire, por el contrario, el de él impactó en su frente sin que lo viera venir.

    —La bollera esa tiene que ser la hostia follando para que no quieras una buena barbacoa y dejar un poco de lado el pescado, —le dijo, mientras sonaba con fuerza otro jab que le alcanzaba el mentón.

    Gloria quiso taparle la bocaza y empezó lanzarle golpes en el costado intentando quebrar su línea de flotación y eliminar sus reservas de combustible, pero Chema se protegía con sus brazos en todo momento y los golpes no surtían el efecto deseado, por consiguiente, Gloria perdió los estribos y empezó a golpear una y otra vez con determinación, pero dejando su guardia al descubierto, y con ello un crochet de derecha se estrelló en su rostro, que, pese a las protecciones, lo sintió con contundencia, y sin llegar a caer, se abalanzó sobre él golpeándole reiteradas veces sin darle respiro, pero bajando la guardia, por lo que otro directo de derecha reventó de nuevo en su cara, de tal manera que la cólera se apoderó de ella y arremetió sobre Chema como si estuviese en una pelea callejera. Chema perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, y con ello Gloria siguió encima de él golpeándole y liberando su ira, mas éste se zafó, le dio la vuelta, cogió sus brazos y la inmovilizó en el suelo quedando encima de ella sin que tuviera ninguna posibilidad. Después la miró fijamente.

    —¿Qué coño te pasa? —le gritó.

    Gloria sintió ganas de gritar de rabia, liberar la furia contenida, pero también sintió algo más que el peso de su cuerpo. Notó su entrepierna en su sexo. Una corriente eléctrica transitó por sus terminaciones nerviosas y un movimiento involuntario buscó la presión del bulto que empezaba a endurecerse y a presionar. Ambos se miraron dejando de lado las hostilidades y se lanzaron a la vez a comerse la boca. Se deshicieron de los guantes con dificultad y retozaron sobre la plataforma sin separar, ni sus sexos, ni sus bocas. Chema presionó con rudeza una y otra vez como si quisiera penetrarla a través de las mallas, de tal manera que Gloria podía notar la envergadura de su polla queriendo clavarse en ella. Abrió un poco más las piernas y se dejó hacer.

    —Quiero follarte.

    —Sí, —articuló ella.

    —Debería haberte zurrado antes.

    —¡Cállate y fóllame, cabrón! —le espetó.

    Chema le bajó las mallas, separó sus piernas, se bajó sus shorts junto a los slips y una erecta y apetitosa polla buscó la entrada del coño. Gloria la cogió y la palpó para mostrarle el camino y de un golpe certero de cadera se la hundió hasta los higadillos, haciéndole exhalar un sonoro gemido que recorrió la sala sin que eso le importara demasiado. Se aferró a las nalgas de él y las presionó con fuerza arañándole hasta hacerle sangrar, queriendo sentir toda su hombría. Los embates se aceleraron mientras ambos amantes gozaban el uno del otro.

    —¿No te gusta más la carne que el pescado?

    —No hables y fóllame.

    —Ya veo que sí, —afirmó resoplando.

    Sin desacoplarse se dieron la vuelta quedando Gloria arriba. Le arrancó la camiseta y recorrió con sus manos el relieve de su torso, se apoyó sobre él y movió su pelvis en un vaivén sintiendo cada centímetro en su interior. Chema se deshizo de su top dejando libres sus pequeños pechos. Pasó su mano por ellos y los apretó, aunque no había mucha carne que presionar, retorció los pequeños pezones y Gloria inició una cabalgada como la mejor de las amazonas.

    Desde la zona de cardio, ambas mujeres observaban atónitas la ardiente escena sin que eso fuese un hándicap para los dos amantes.

    Las manos de él descendieron a sus nalgas sin que éstas dejasen ni por un momento de contornearse sobre el cimbrel, y sin abandonar la galopada, un gran placer irrumpió en su sexo para proyectarse rápidamente por las terminaciones nerviosas adyacentes en forma de un orgasmo que la hizo gritar sin contemplaciones durante quince largos segundos, después quedó inerte encima de él, pero Chema le dio la vuelta sin esfuerzo y la colocó boca abajo a fin de penetrarla desde atrás. Le abrió las piernas con las suyas, posicionó el glande en la entrada y se la volvió a ensartar.

    El goce se instaló de nuevo en su sexo e intentó mover sus caderas buscando también el placer de él, sin embargo, sin buscarlo, un nuevo clímax empezó a despuntar para, en pocos segundos volver a correrse entre jadeos, en tanto que las convulsiones de su vagina llevaron a Chema a un orgasmo compartido, y de inmediato extrajo la polla de su coño para eyacularle encima en potentes chorros de esperma que se desparramaron por las nalgas y la espalda.

    A continuación se hizo a un lado y terminó de restregar los restos del miembro en sus nalgas.

    —Menudo polvazo, Gloria. ¡Vente esta noche a mi casa!

    Gloria se levantó desnuda, dirigió la mirada impasible hacia la zona de cardio y las dos mujeres apartaron la suya. A continuación se limpió el semen con la ropa deportiva.

    —Quizás otro día, —dijo mientras abandonaba el cuadrilátero para dirigir sus pasos al vestuario. Chema la contempló caminando desnuda sin ningún pudor con la elegancia de una gacela y volvió a tener una erección.

    Gloria abandonó el gimnasio y caminó de nuevo bajo una intensa lluvia que parecía no querer dar ninguna tregua. Había gozado con Chema, de eso no cabía duda, pero, con todo ello no creía haber cambiado nada en su ánimo. Fue bajo la intensa y fría lluvia cuando se dio cuenta de que amaba a Miriam y que no quería perderla; fue el frío de la noche el que la hizo reaccionar y hacer ver que sin ella sería ese mismo frío su sustituto y próximo compañero de viaje; y fue el repiqueteo de la lluvia en sus ojos el que se los abrió queriendo devolverle el juicio. Dos años eludiendo responsabilidades y desperdiciando todo el cariño que Miriam le daba, a cambio de nada. Dos años sin “dar un palo al agua” exprimiendo su generosidad y su paciencia sin ninguna aportación por su parte. Pero no sólo se reprochó su comportamiento, sino también haber desperdiciado todo ese tiempo en busca de una quimera, en vez de aferrarse a lo que siempre había estado delante de sus narices siendo el motor de su existencia, y que sin embargo no supo ver ni valorar por su embriaguez de egoísmo e ingratitud. Dos años lanzando puños al aire buscando un culpable de sus miserias con la pretensión de desfogar su apatía, su desidia, su ira y su frustración.

    Ahora lo veía claro. Siempre había estado huyendo de una realidad que no quería aceptar. No quería enamorarse, y mucho menos de una mujer. No quería ser lesbiana, tan sólo tenía que haber aceptado su bisexualidad y dejarse llevar por los sentimientos.

    Entró en casa empapada y tiritando, pero, al mismo tiempo exultante y jubilosa de saber por fin cual era su camino. Cogió a Miriam de los hombros, la miró a la cara y le dijo:

    —Te quiero.

    —Demasiado tarde, —respondió Miriam.

  • Rosa la madura deseada (2)

    Rosa la madura deseada (2)

    Rosa Maria me fascinaba, dada dia me volvia mas loco por ella y después del rico sexo que tuvimos esperaba con ansias volverlo a repetir.

    Lamentablemente apareció Ángel, un compañero que desde que llegó no hacía más que seguirla y poco a poco consiguió que ella se interesara en él, si algo tengo es que cuando me dicen no o me ponen la barrera me hago a un lado y así lo hice.

    Pero una tarde los dos nos quedamos solos, no se porque ni lo recuerdo, el caso es que quedamos ella y yo, un enorme silencio se apoderaba del lugar y pese a ser dos áreas distintas compartimos el mismo espacio.

    Fue ella quien se acercó a mí para romper el hielo, honestamente yo no lo esperaba, con su pantalón super entallado que se le paraban riquísimo las nalgas, se paró a lado mio y me dijo…

    R: ¿Porque ya no me hablas?

    O: Si te hablo o ¿a qué te refieres?

    R: Desde hace tiempo tu has cambiado conmigo y no se porque ¿te hice algo?

    O: ¡¡No!! tu eres un amor, simplemente que respeto ¡las relaciones!

    R: ¿Relaciones? ¿De qué me hablas?

    O: Pues tu y Angel, están saliendo ¿no?

    Ella se quedó en silencio unos segundos mirando el piso y después me respondió.

    R: Pues salir como tal no, pero ¡si me gusta estar con él!

    O: Lo ves, ¡qué tal si te incomoda mi presencia!

    R: Oswaldo, somos amigos, porque incomodarias?

    Me puse de pie, me acerqué a ella y la tomé de la cintura para poder decirle algunas cosas.

    O: Sabes que te veo más que una amiga, no voy a ocultar mi deseo por ti.

    R: ¡Pero tu tienes novia!

    O: ¿Y eso que? ¿Acaso tu puedes controlar tus instintos?

    Ella se fue a su lugar y yo seguí en lo mio, pense que se había ofendido pero no hice nada por disculparme, creí que no sería necesario. Nuevamente el silencio adorna el lugar hasta la hora de salida en donde apague mis cosas y me dispuse a salir cuando fui abordado nuevamente por ella.

    R: ¡Esperame, vámonos juntos!

    O: Pero yo voy por otro camino, o ¿acaso me conviene acompañarte?

    R: No sé, vamos por un café.

    Acepte ir con ella, entramos a un café y conversamos por un rato, ella seguía negando su relación con Ángel y yo seguía teniendo más y más ganas de cogermela, fue entonces que me hice la victima, me sentí ofendido y le dije que ya me iba que lo mejor era no hablarnos nunca mas, en eso ella me detuvo.

    R: Espera Oswaldo, ¡no te vayas así!

    O: Lo siento, ya no tengo razones para acompañarte, la única que queda es el enorme deseo que te tengo, pero lo puedo superar.

    Salí de la cafetería y ella me siguió y justo cuando me alcanzó la tomó de la cintura y la besó a la fuerza, ella no se negó, mi boca bajó a su cuello y mis manos acariciaron sus ricas nalgas.

    R: ¡Que rico besas!

    O: Déjame mostrarte lo mucho que te deseo.

    Ella me miró coqueta y prácticamente di por hecho que acepto, estábamos cerca de “201” así que caminamos rumbo al hotel, pedí la habitación y en el camino a ella nos besabamos apasionadamente.

    Al entrar al cuarto no espere un segundo mas, comence a desnudarla apresuradamente saboreando su rica piel, Rosa gemía al sentir mi lengua en su espalda y nalgas, pero yo no podia esperar mas.

    La tire en la cama y me desnude, tenía la verga super parada, ella la miró fijamente y se fue a chuparmela, yo estaba de pie y ella acostada chupando mi dura verga.

    R: ¡Qué rica!

    O: ¡¡Uhm!! ¡Que rico lo haces cariño!

    La tomé de la cabeza y prácticamente le folle la boca, ella la tragaba contenta, su saliva ya escurría por mi verga, se detenía a morder la cabeza y apretaba mis bolas de una manera deliciosa.

    R: ¡Me encanta tu verga!

    O: ¡Y tu me vuelves loco corazón!

    Lamentablemente para mi ella me volvió a poner el preservativo, ni modo, pero al menos esta vez era de los más sensibles y eso me tranquilizo un poco.

    La acosté en la cama, baje a su rica concha a chupársela con fuerza, mi lengua entraba y salía de su húmeda concha, sus gemidos me encantaban y me incitaban a mamársela más y más.

    R: Papito ¡¡que rico!!

    O: ¡Me encanta tu coño!

    R: Cogeme ya, ¡¡uhm!!

    Abrió sus piernas y se la metí despacito, ella cerró sus ojos y se retorció fantástico, comencé a lamerle sus pezones mientras se la metía y sacaba lentamente.

    Me encanta cogerlas de patitas al hombro y con ella de verdad que me gustaba metersela en esa pose, como gemía, como se movía, sus pies en mi cara, todo me fascinaba.

    O: Que rico, como me encantas, ¡¡uhm!!

    R: Así, que rico, uhm, ¡¡ah!!

    Me acosté y ella subió a cabalgarme, se movía en círculos y de adelante para atrás, Rosa sabía mover sus caderas y me tenía viendo estrellas.

    O: Que rico te mueves nena, ¡¡uhm!!

    R: ¿Te gusta? ¿Me muevo más?

    O: ¡¡Si!! No te detengas, muévete, así nena, ¡¡uhm!!

    La tomé de sus manos y ella se daba tremendos sentones, también se hacia para adelante y solo mi puntita entraba en su concha, esto nos encantaba a los dos.

    Me puse de pie y ella en cuatro a la orilla de la cama, la tome de la cintura se la deje ir con toda mi fuerza, le daba de nalgadas y me empujaba como si no hubiese un mañana, esto la tenía gimiendo y ¡pidiendo mas!

    R: ¡Así, uhm, ah, que rico, no pares, que duro, cógeme, Oswaldo cogeme!

    O: Que ricas nalgas tienes, uhm, aprietas riquísimo, Rosita, toma, sacame la leche, ¡¡uhm!!

    Se la saque y la pare también, ella se empino apoyándose de la orilla de la cama y yo se la deje ir ¡por su rico culo!

    R: Despacio, uhm, ¡¡agh!!

    O: Lo tienes super apretado, ¡¡uhm!!

    Como quería dársela sin condon, pero aun así se sentía fenomenal metersela en su rico ano.

    R: ¡¡ah!! Que rico, metemela, uhm, duele, ¡¡pero sigue!!

    O: Soñaba con esto, uhm, ah, ¡que rico!

    Aceleré mis embestidas, ella lo disfrutaba y se movía, no se si era virgen de ahí pero apretaba como si fuese su primera vez.

    R: ¡¡Ah!! Que rico, uhm, ah, papi, ¡¡ah!!

    O: Me vas a sacar la leche, uhm, ¡¡ah!!

    La tomé del cabello y se la dejaba ir con toda mi fuerza, ambos jadeabamos y babeabamos por la aceleración, ella recibía contenta mi verga en su culo, no me imaginé que terminaría así con ella.

    Después de unos empujes más y apretando sus ricas tetas y ella moviéndose como loca, ambos nos corrimos juntos, pese a que tenía condón mi orgasmo y el de ella fue fenomenal, la imagen de ella escurriendo y temblando como bambi aún sigue presente en mi.

    Una vez terminada la acción ella revisó su celular y me dijo que ya se tenía que ir, yo desconcertado, no la detuve, de hecho me quedé recostado ya que no tuve intención de irme con ella.

    R: Que rico momento Oswaldito, pero ya me voy, me está esperando Angel.

    O: Está bien, supongo que esto no volverá a pasar ¿verdad?

    R: No lo sé, pero lo mejor es que no lo esperes.

    Salió de la habitación y me dejo ahí, cabe señalar que comenzó una relación con Ángel y aunque ella y yo no lo sabíamos nos volveriamos a encamar mas adelante.

  • Boleto extra (Segunda parte)

    Boleto extra (Segunda parte)

    Si están aquí es porque la primera parte fue de su gusto, espero la segunda parte sea placentera para ustedes, si tienen alguna anécdota, fantasía o relato, que quieran compartir conmigo los espero en mi IG que solo es para usuarios de esta página.

    Continuamos:

    Por encima de los ruidos turbios de mi boca, a poca distancia detrás de mí oí el zumbido de la cerradura de la habitación. Mis ojos se abrieron, quise voltear hacia el umbral, pero Gera mantuvo mi rostro apuntando a su estómago. Unos pasos apagados resonaron, la cercanía del intruso se reveló con el tintineo metálico de la hebilla de un cinturón. Mientras el colchón se hundió detrás de mí, Detuve mis caderas a modo de invitación, moviendo mi cuello para mover mi boca a lo largo de la herramienta de Gera y cerrando los ojos sumisamente.

    La ceñida falda de mi vestido se deslizo por mis muslos y mis nalgas hasta que se encontró con la mitad superior en un rollo de material que rodeaba mi cintura. Además del inútil rollo de tela, solo llevaba puestos mis tacones y una tanga.

    Lionel: «Puta, que ricas nalgas…» mientras sus manos acariciaban y manoseaban mis nalgas. «Muy ricas nalgas, puta».

    Agarrando la cintura de hilo de mi tanga con ambas manos, Lionel deslizo la prenda sobre mis nalgas y hasta las corvas de mis rodillas dobladas. Un escalofrío me recorrió la columna vertebral cuando mi vagina empapada quedó al descubierto, pero mi boca se mantuvo ocupada subiendo y bajando por la verga de Gera. El hombre detrás de mí colocó una mano en la hendidura de mis mejillas, luego con la otra guio su rígido pinchazo en mi preparada y húmeda entrada.

    Chillé alrededor del poste de Gera cuando la verga recién llegada dividió mis pliegues. Mi raja hinchada se aferró desesperadamente a la amplia intrusión, la emoción de la segunda verga penetrándome volcó un calor a través de mi cuerpo. Lionel agarró el lazo en mi cintura que había sido mi vestido, usando como arnés para tirar de mis caderas hacia él mientras avanzaba. Su gruesa herramienta se hundió en mi humedecida grieta. Otro gemido ahogado sonó desde mi boca llena cuando tocó fondo dentro de mí, luego retrocedió pacientemente.

    Gera: «¡Puta madre, si que eres golosa!» celebró mientras el susurro de mis labios deleitaba su vergota.

    Lionel: «Esta reunión pre partido mejora cada momento, wey…» se rió entre dientes en respuesta, luego empujó de nuevo.

    La cabeza redonda de su polla cimbró mi cavidad, abriéndose espacio dentro de mí. Enfrentándose a la competencia por usarme, Gera reafirmó su agarre en mi cabeza, alejándome de su amigo para el beneficio de su propia polla. En respuesta, las manos de Lionel en mis caderas me empujaron hacia atrás para encontrarme con sus impulsos, chocando con el agarre de Gera en mi cabeza. Con mi pequeña figura sujeta entre ellos, los dos hombres lucharon por controlarme.

    Mi boca bombeó con entusiasmo a lo largo de la verga de Gera; la carne se hundía más profundamente en mis mandíbulas cada vez que Lionel se estrellaba contra mis caderas. Aunque ya no controlé el ritmo, el placer en mi cuquita dilatada se tradujo en el movimiento entusiasta de mi cabeza. Con cada impulso de Lionel, gemía amorosamente alrededor de la polla en mi boca. La emoción abrasadora de ser cogida por ambos extremos por los enormes morenos, se desbordó cuando mi orgasmo irrumpió a través de mi diminuta figura.

    Saqué de mi boca la polla de Gera, jadeando desesperadamente mientras mi clímax se extendía eléctricamente a través de mi cuerpo. Grité, un aullido animal sin sílabas, mientras la verga de Lionel martillaba profundamente en mi palpitante hueco. Encontrando suficiente aliento para hablar, lo insté suplicante.

    Yo: «¡Siii, cógemeee! ¡así, así! ¡Lo necesito! ¡Chingada madre, metemelaaa!»

    Mis palabras se desintegraron en rebuznos confusos, y mi rostro cayó lentamente sobre la colcha, oscureciendo mi vista por la maraña sudorosa de mi cabello.

    Con mis respiraciones ahogadas cuando mi éxtasis llegó a su punto máximo, por la culeada recibida se disipó y podría haber sido olvidada en mi exhausta sumisión, pero levante mi cabeza y mis labios buscaron y volvieron a encontrar el glande de Gera, que gimió de alegría cuando lo volví a tomar entre mis mandíbulas. Cerré mis párpados y chupé intensamente mientras sus dedos apartaban el cabello de mi cara. Sus manos se posaron sobre la cúpula de mi cráneo, pero no volvieron a su agarre anterior. Más bien, su palma descansó pacientemente sobre mi cabeza mientras las embestidas de Lionel disminuían, luego se detenían y él se retiraba, luego la mano de Gera empujó firmemente mi boca lejos de su verga.

    Mi cabeza giró hacia el repentino sonido metálico y el murmullo de la ropa detrás de mí. Para mi sorpresa, encontré a Daniel y Ulises al final de la habitación; Ulises estaba sentado en la silla junto a la lámpara. Con los zapatos y los pantalones apilados en el suelo, Daniel se apresuraba a desabotonarse la camisa mientras observaba la escena en la cama. Deliberé si los otros hombres habían entrado con Lionel, y en silencio, observando mi actuación con sus amigos, o si me había perdido el sonido de la puerta en medio de mis propios aparatosos. Chillidos al final, reconocí, mientras Lionel giraba mis caderas y me acostaba de espaldas, no hizo ninguna diferencia.

    Cuando Daniel se desnudó, noté que Ulises también había sacado la verga y estaba acariciando atentamente mientras observaba cada ondulación y rebote de mi cuerpo desnudo. Lionel se puso de pie y se acercó al espacio entre las camas, mientras que Gera se subió al colchón para ocupar el antiguo lugar de su amigo entre mis piernas. Sus manos se agitaron rápidamente y en un parpadeo mi tanga se escurrió por mis piernas hasta mis tobillos; el pequeño pedazo de encaje se deslizó limpiamente de mi pie izquierdo, pero se enredó alrededor de la punta de estilete de mi talón derecho. Mientras sus manos se entrelazaban debajo de mis rodillas y levantaba mis piernas alrededor de su cintura, Gera miró a Ulises por encima del hombro.

    Gera: «¿Estás seguro de que quieres quedarte fuera de esto?» jugando con mi raja recién follada con la punta de su verga, pasando la cabeza entre mis pliegues, pero negándose a entrar todavía.

    El hombre sentado se rio entre dientes, observándome retorcerme impacientemente bajo el tormento de su amigo. Levantando su mano izquierda, Ulises señaló la banda de oro en su dedo anular.

    Ulises «No, no puedo». Sacudió la cabeza con tristeza, aunque su mano derecha no detuvo su caricia sobre su palo.

    Daniel se rio mientras se unía a Lionel entre las camas y se dirigía al hombre cuya polla aún brillaba con mis jugos.

    Daniel: «Tú tampoco deberías compadre ¿Y cuál es tu excusa?»

    Estiré el cuello para encontrar a Lionel que estaba detrás de mí. Mi cabeza colgaba por el borde de la cama cuando Daniel se unió a él y los dos se pararon a cada lado de mí. El anillo en el dedo de Lionel brilló.

    Lionel: «¡Wey, todo el mundo sabe que cogerse a una niña rica, es un acto de justicia de las clases sociales!» mientras dirigía su verga hacia mi boca. «¡Es solo justicia social!»

    Los cuatro rugieron con aprobación dorada la hábil defensa de Lionel. Abrí la boca para reírme con ellos, pero Lionel metió la punta entre mis labios entreabiertos y me silenció. Su polla estaba empapada con el sabor acre de mis jugos. Al mismo tiempo, Gera terminó con sus juegos, empujando hacia adelante y clavando mi goteante coño en su gruesa polla. Gemí alrededor de la verga de Lionel mientras Gera me llenaba. Envolviendo mis piernas alrededor de su cintura, crucé mis talones detrás de él, apretando ansiosamente su cuerpo con más fuerza contra el mío.

    Gera: «Sabía que eras una puta, fresa, pero puta». Gruñó cuando comenzó a empujar.

    Daniel tomó una de mis manos y me indicó que acariciara su verga mientras chupaba al hombre a su lado. Su otra mano alcanzó mi busto, ahuecando mi globo ondulante. Al observar su amplia sonrisa, Lionel imitó a su amigo y agarró mi otra esfera. Las manos que masajeaban mis sensibles tetas proporcionaron una patada placentera, mientras que la polla bombeando en mi coño me hizo gemir ruidosamente mientras cambiaba mi boca por la herramienta de Daniel.

    Gera desenroscó mis piernas de su cintura, enderezó mis rodillas y enganchó mis tobillos sobre sus hombros, sin que su polla me dejara. Vi mi minúscula tanga colgando de mi talón detrás de su cabeza. El trozo de encaje le hizo cosquillas en el cuello a Gera, y él se giró divertido y molesto para quitárselos. Desató la pequeña prenda de mi talón, las arrojó al regazo de Ulises y luego volvió a concentrarse en mi cuerpo.

    Apoyando sus manos en la cama a cada lado de mi torso mientras se inclinaba sobre mí, dobló mi cuerpo debajo de él. Mi cuquita se estremeció cuando su polla penetró aún más profundamente en mí en nuestra nueva posición. Sus pesadas bolas golpeaban ruidosamente contra mis labios con cada poderoso empuje. Resoplé frenéticamente, intercambiando mi boca entre las pollas de los otros hombres mientras Gera follaba mi vagina frenéticamente.

    Doblada debajo del gran cuerpo moreno, mi vagina tembló con un placer palpitante. El atronador golpeteo de Gera desde su ángulo hacia abajo rápidamente removía todos mis fluidos desde el fondo mis entrañas, vigorizó el fuego delirante. Daniel se movió directamente sobre mi boca, colocando mi cara al revés con una mano metiéndose debajo de la base de mi cráneo y la otra agarrando mi garganta. Su gruesa verga proyectada a través de mi boca, más allá de mi lengua, hasta mi la garganta. Mientras su amigo martillaba mi coño empapado hasta llegar al clímax, Daniel hizo un uso codicioso de mi boca y garganta, vaciando una lechada de baba viscosa.

    Acaricié temblorosamente el verga de Lionel con mi mano izquierda. El movimiento de flexión de mi codo se sentía separado del resto de mi cuerpo, como los movimientos de un títere en la periferia mientras mi realidad era consumida por las pollas dominantes en mi boca y vagina. Con los ojos abiertos y arañando maniáticamente la sabana con mi mano libre, grité alrededor del poste rígido de Daniel mientras la verga de Gera golpeaba mi coño con espasmos. Gorgoteando para respirar, aullé de nuevo, expulsando burbujas de saliva de mis labios que se deslizaron en riachuelos por mis mejillas enrojecidas.

    Con una rociada sobre mi rostro de fluidos, Daniel libero mi boca y trepó hasta el otro lado de la cama. Después de una respiración áspera, llevé mis labios espumosos a la polla de Lionel. Gimiendo cálidamente con los temblores desvaneciéndose de mi orgasmo, arremoliné mi lengua alrededor de su glande y masajeé el palo en mi puño mientras los empujes de Gera se ralentizaban. Dejando caer mis tobillos de sus hombros, Gera esquivó mis tacones de aguja mientras bajaba mis piernas y sacaba su polla remojada de mi coño. Lionel metió sus manos en mis axilas y me levantó, ayudado por las manos de Gera que rodeaban mi cintura, mientras me enderezaban en la cama. Al ver la cremallera medio cerrada en la parte trasera de mi vestido, Lionel rápidamente pasó la lengüeta por los dientes que se separaban y la prenda cayó sobre la cama convirtiéndose en un bulto de tela

    Daniel yacía de costado sobre la cabecera del colchón, con la pila de almohadas detrás de la espalda. Me hizo señas para que me recostara y me colocó sobre mi cadera y codo derechos de espaldas a él. Observé por encima de mi hombro cómo Daniel deslizaba su mano entre mis muslos, levantando mi pierna izquierda en el aire y fijándola allí con su agarre detrás de mi rodilla. Mis ojos siguieron la línea de mi pierna hacia arriba, observando las luces de la habitación brillar sobre el cuero de mis tacones. La morena verga de Daniel fluía entre mis muslos, erguida y enérgica. Con una flexión de sus caderas, redirigió la cabeza y condujo su polla hasta mi chorreante entrada.

    Lionel apoyó las rodillas contra el costado del colchón junto a mi cabeza, blandiendo su herramienta frente a mi nariz. Gera me siguió sobre la cama y se arrodilló junto a mi cuerpo, apuntando su vara hacia mi barbilla. Tomé a ambos hombres en mis manos, tirando de ellos al unísono y lamiendo cada cabeza mientras Daniel comenzaba a agitar sus caderas detrás de mí. Con movimientos largos y uniformes acostado de lado detrás de mí, culeo sin prisas mi cuquita sobrecargada. Su brazo de apoyo serpenteó debajo de la brecha debajo de mis costillas y se enganchó hacia arriba para atrapar en su mano mi suave teta.

    Miré por encima del hombro para ver a Daniel cogerme, admirando la imagen libertina de mis jugos brillando en su gruesa verga mientras se deslizaba dentro y fuera de mis pliegues empapados. Gimiendo lujuriosamente, volví a las pollas en mis manos. Mis labios se envolvieron alrededor de la punta de Lionel, revoloteando mi lengua alrededor de la cabeza mientras mi puño se agitaba a lo largo de su longitud. Separándome con un jadeo de aliento caliente, cambié mi boca a Gera a mi izquierda. Mi mano acarició su vara, metiendo la verga por mis labios y luego retrocedió para perseguirlos hasta su punta. Gera se estiró más allá de mi cabeza que se balanceaba, apretando mi pecho no requerido.

    Mientras intercambiaba mi boca ansiosa entre las vergas morenas de mis nuevos amigos, Daniel aumentó su ritmo. Empujándose desde atrás, movió sus caderas en un arco más corto, golpeándome más rápido. El fuerte golpe de su pelvis contra mis nalgas se hizo más fuerte a medida que su cadencia se precipitaba hacia una pérdida de control. Gemí alrededor de la verga de Lionel, mis manos girando a lo largo de las otras dos pollas mientras Daniel golpeaba mi coño en un grito de estupor.

    Liberé mi boca, chillé obscenamente animándolo.

    Yo: «¡Puta madre! ¡me están cogiendo bien rico!» Lloré en éxtasis

    Mi libido obligó a mi boca a regresar a la polla de Gera, luego rápidamente a la de Lionel, cambiando rápidamente con un ‘pop’ húmedo cada vez que mis labios se liberaban. Los cálidos tijeretazos de mi orgasmo recurrente parecían alcanzar todos los nervios de mi cuerpo. Mis párpados se cerraron y mis sentidos se ralentizaron, aunque todavía era consciente de los palos rígidos en mis manos y de Daniel penetrándome detrás de mí. Casi me había olvidado de Ulises mirando desde su silla.

    Mi letargo se desvaneció en un instante cuando un látigo de semen gelatinoso salpicó mi nariz, frente hasta un mechón de mi cabello. Mi confusión aumentó cuando una contabilidad rápida confirmó que las tres pollas estaban donde las esperaba. Miré hacia arriba para ver el rostro sonriente de Ulises en la imponente distancia por encima de la polla que vomitaba. Levantó mi tanga hasta su nariz, inhalando profundamente de la entrepierna de encaje húmedo. Otro hilo de semen me golpeó pegajosamente en la mejilla, luego bajó la puntería y manchó mis labios y mi barbilla con dos chorros más.

    Lionel: «wey, no mames» dando la impresión de que habría retrocedido si mi agarre en su vergota no lo hubiera mantenido en su lugar.

    Ulises exprimió una gota que me rozó la barbilla y aterrizó en mi muñeca.

    Yo: «¿Qué? Esto no es hacer trampa…» Me incliné hacia adelante y tomé su punta en mi boca, girando mi lengua y lamiendo las gotas sueltas de su polla.

    Ulises: «Es solo limpieza…» y luego retrocedió hacia su silla.

    Lionel: «Sea lo que sea ‘eso’, ¡casi me chorreas!» señalando puntos de gel blanco en el edredón cerca de su rodilla.

    Mientras visualizaba cómo los tres hombres habían compartido e intercambiado mis agujeros durante la última hora

    Yo: «No me gustaría que las cosas se pusieran raras…»

    Daniel aterrizó una fuerte nalgada en mis posaderas y luego me señaló.

    Daniel: «¡Oye! “No digas mamadas” (Mary Jane, pequeño desahogo cómico continuo con mi relato), mejor hazlas».

    Le guiñé un ojo y moví mi culo en respuesta. Daniel se alejó de mi espalda, su polla se deslizó fuera de mí mientras su cuerpo giraba mientras yo permanecía sobre mi lado derecho. Lionel corrió sobre la cama y alrededor de mi cuerpo, se dejó caer de espaldas a mi lado y luego tiró las almohadas de la cama para despejar el espacio alrededor de su cabeza.

    Agarrando mi brazo, Lionel me giró hacia él. El movimiento repentino perturbó el semen endurecido en mi mejilla y barbilla, goteando más puntos gomosos en la colcha.

    Yo: «¿Puedo traer una toalla?»

    El agarre de Lionel cambió a la parte posterior de mi pierna, tirando de mi tronco encima de él para que yo me sentara a horcajadas sobre su regazo. Descendiendo mis caderas lentamente, sentí su polla deslizarse en mi grieta

    Yo: «Ay wey», ronroneé, contenta de que me llenaran el coño una vez más. Sus manos agarraron con avidez mis tetas mientras me inclinaba sobre él.

    Gera se puso de pie en la cama a mi lado, y tomó su turno para azotar mi trasero.

    Gera: «Puedes limpiar después de que hayamos terminado». Su sonrisa se ensanchó cuando Daniel se levantó a mi otro lado.

    Me enderecé mientras los dos hombres se arrastraban hacia adentro. Estirando mis manos, tomé una polla en cada mano, sincronizando las caricias de mis manos para equilibrarme mientras subía y bajaba en la verga de Lionel. El semen pegajoso en mi cara goteaba y se resbalaba mientras mi cuerpo temblaba. Con mis manos revoloteando a mis costados, salté y giré sobre la polla de Lionel, sirviendo a los tres morenos mientras liaba con mi propio coño jadeante hacia un final depravado.

    Inclinándome a mi izquierda, mi boca se deslizó sobre la cabeza de la polla de Gera. Mi mano izquierda se apoyó en la base de su eje, sosteniendo la verga en mi boca mientras mi cuerpo saltaba. A mi lado derecho, mi brazo aleteaba, mi mano acariciando el poste de Daniel. Disminuyendo la velocidad y sacando mi boca de la punta de Gera, giré y envolví a Daniel en mis labios. Mi mano izquierda acarició la vara resbaladiza por la saliva de Gera mientras mis labios y mi lengua tiraban sobre la polla de Daniel.

    Gera orbitó detrás de mí, deteniendo mis nalgas en el aire mientras montaba a Lionel. Me congelé, mi boca todavía envuelta alrededor de la verga de Daniel mientras mis ojos seguían al hombre detrás de mí. Cuando Gera se colocó de rodillas a mi espalda, liberé mi boca para hablar.

    Yo: «¿Quieres metérmela por el culo?»

    Me sorprendí al preguntarlo en voz alta, como si la pilonga en mi coño me estuviera hechizando para hablar sobre mis gemidos. Gera también pareció sorprendido, pero asintió con confianza.

    Yo: «Mmm, metemelaaa…» Lo vitoreé.

    Luego deslicé tres dedos en mi boca, recogí una bola de baba viscosa y la unté sobre mi anito. Volví mi mano a la vera de Daniel, pero esperé el movimiento del otro hombre antes de volver a conectar mis mandíbulas.

    Gera puso una mano firme en la hendidura de mis nalgas, luego guio su punta hacia el anillo cerrado de mi puerta trasera. Allí, vaciló cortésmente. Tomando una respiración profunda, asentí con la cabeza, apretando a Daniel en mi puño para mostrarles a todos que estaba lista. La gruesa cabeza de Gera se atascó contra el mi cerrado ojete; que se rindió con un dolor placentero al estirarse cuando entró en mí.

    Yo: «¡Síii!» Gemí,

    Con los ojos entrecerrados y aferrándome a la verga de Daniel para mantenerme erguida. Luchando contra el impulso de colapsar, levanté mis caderas y apuntalé mi esfínter con la polla de Gera. Con paciente avance hacia adentro, su verga se hundió en mi culo mientras mi coño bajaba y se llenaba con la verga de Lionel. Tragando saliva por el doble esfuerzo, moví mi boca hacia adelante para tragarme la polla de Daniel una vez más. Dobló las rodillas para hundir la ingle en mi boca. Acariciando su vara en mi mano, mis labios se deslizaron cómodamente por su longitud y luego de regreso a su punta.

    Daniel: «Chigado, no puedo creer que el pendejo de tu novio te haya abandonado por un juego de pelota…», murmuró mientras mi lengua se arremolinaba alrededor de su polla.

    Lionel: «Me pregunto quién está ganando…» se rio entre dientes debajo de mí.

    Liberé a Daniel de mi boca por un instante,

    Yo: «Mmm, Que chingue a su madre, ¡yo estoy ganando!» Gemí,

    Luego regresé mis labios a su estrecho agarre sobre la morena verga. Los cuatro amigos estuvieron de acuerdo con entusiasmo.

    Con mis tres hoyos en uso, comencé a aumentar el ritmo y la profundidad de mis zambullidas. Los morenos tubos de carne ardiente en mi culo y panocha se estiraron y dilataron en mis profundidades, picando cada rincón y estremeciéndome. Gemidos emocionados originados desde mi vientre, vibraban desde mis labios hacia la polla de Daniel en mi boca. Abrí los ojos y vi a Daniel echar la cabeza hacia atrás y gemir de placer.

    Mi excitación aumentó, y reboté sobre mis rodillas, auto culeándome sobre sus rígidas pollas. Los hombres igualaron mi ritmo acelerado, las manos de Lionel apretaron mi culo y me separaron las nalgas mientras su polla se empujaba hacia mi cuca. Gera agarró mi cintura con ambas manos, jalándome hacia atrás para encontrarme con sus embestidas. En la parte posterior de mi cabeza, la mano de Daniel tiró de mi boca húmeda hacia adelante, más profundamente en su polla mientras empujaba hacia adelante con sus caderas.

    El gemido urgente burbujeó de mis labios sitiados, tarareando estridentemente alrededor de la verga que obstaculizaba. Ambas pollas en mis agujeros inferiores golpeaban a intervalos rivales, tirando y partiendo mis entrañas mientras el orgasmo devorador desgarraba mi cuerpo. Las estrellas y las luces destellaron ante mis ojos, mientras aullaba en una felicidad agonizante y hermética. Ninguno de los tres disminuyó la velocidad, obsesionados con perforar mis dispuestos agujeros hasta que mi cuerpo se agotó. Otra ráfaga eléctrica corrió a través de mí, terminando en mis dedos de manos y pies hormigueantes. Mis pies aun en tacones patearon involuntariamente sobre la colcha; mis labios sujetaron la verga de Daniel.

    Flaqueé, me deslicé y casi me caí del regazo de Lionel cuando la fuerza de mis piernas cedió. Mis labios se deslizaron de la vara de Daniel mientras me inclinaba. Lionel atrapó mis caderas y me mantuvo erguida mientras Gera se retiraba de mi ojete ahora abierto. Con sus manos asegurando mi cintura, Lionel detuvo sus embestidas, pero mantuvo su verga empalándome mientras los demás se reubicaban.

    Mirando por encima del hombro, vi a Daniel tomar el lugar de Gera detrás de mí. Enderecé mi espalda, levantando mis nalgas para darle una entrada más fácil. Agarró mis nalgas con ambas manos, acariciando los globos carnosos mientras su glande chocaba contra mi ojete. Guiando la punta por mi grieta, Daniel gruñó cuando su polla se deslizó a través de mí.

    Mis mandíbulas abiertas aletearon con cansancio, y un jadeo seco brotó de mi vientre. Mi nueva doble penetración estiró y martirizó mis tiernos agujeros. Lionel movió sus caderas, reanudando los esfuerzos de su polla en mi coño. Con cada empuje hacia arriba, su punta golpeaba electrizantemente en las esquinas húmedas y doloridas de mi vagina. Después de un comienzo cauteloso, Daniel estaba usando su agarre en mis ancas para arrastrar su polla más rápido dentro de mi culo. Grazné torpemente en cada impulso, estremeciéndome cuando su punzante tubo atravesó mi salida restringida.

    Aprovechando su oportunidad, Gera se acercó y llenó mi boca abierta con su verga. Lo miré mientras sus amigos me invadían simultáneamente, él asintió y sonrió como una orden. Mis labios se apretaron obedientemente alrededor de su carne, y una sensación áspera flotó a través de mi boca. Cerrando los ojos en aceptación degradante, enrosqué mi lengua alrededor de su vara sucia y moví mis labios por su longitud.

    «Pato cree que me fui a casa». Pensé, sonriendo pecaminosamente mientras las morenas vergas de los tres llenaban mis agujeros. «Está sentado en las gradas en el juego con sus amigos, y piensa que estoy de mal humor en mi sofá en pijama».

    Chupando la polla de Gera mientras sus dos amigos me cogían, Agarré la parte posterior de las piernas de Gera, arrastrando mi boca húmeda por su verga y follándome la cara en su herramienta. Me atraganté y tosí, forzando mis mandíbulas a la base de su verga mientras un lío viscoso de baba brotaba de mis labios. Los otros hombres aumentaron su ritmo frenético, sus pollas luchaban ferozmente por territorio dentro de mí. Lionel condujo hacia arriba, sus caderas a toda velocidad metiendo su verga en mi coño tembloroso. Sus manos estaban atrapadas en mis tetas, usándolas como manijas para empujarse hacia mí y yo hacia él. Las manos de Daniel se cerraron en mi cintura, bombeando furiosamente su polla en mi culo, tirando y estirando el borde distendido mientras usaba mi cuerpo sin piedad para su propio placer.

    Mis espasmos se arrojaron contra mí con una rapidez paralizante. Mientras mi columna vertebral se arqueaba y mis dedos de los pies se enroscaban dentro de mis zapatos, solté a Gera de mi boca y solté un ladrido animal de clímax abrasador. Mi cuerpo colapsaba y el agarre de Lionel en mis tetas me impidió caer sobre él. Un mechón de cabello enmarañado de semen cayó sobre mi cara. Las dos pollas se negaron a dejar de follar mi culo y mi coño exhaustos, golpeando mi cuerpo inerte mientras arrastraba los pies débilmente para responder a su impulso.

    Debajo de mí, Lionel se volvió impaciente, inquieto por darme la vuelta en el culo que le correspondía. Daniel obedeció, retirándose de mi puerta trasera y poniéndose de pie. Junto con Gera, los dos hombres levantaron mi cuerpo agotado del regazo de Lionel hasta que me arrodillé a su lado. Gesticulando y empujándome, me ordenaron que balanceara una pierna sobre sus muslos, luego retrocedí poco a poco hasta que las curvas de mis nalgas descansaron sobre sus caderas. Cuando inclinaron mi espalda hacia su pecho, los hombres a mis lados sujetaron mis brazos y hombros. Lionel me separó las mejillas, luego

    Yo: “¡Wow!» su verga se deslizó a través de mi culo.

    Doblé mis brazos detrás de mí, con las palmas fijas en el colchón a cada lado de las costillas de Lionel, luego planté mis talones en la cama fuera de sus rodillas. Levantando mis rodillas y caderas, bajé mi esfínter por su verga. Hice una mueca ante el relleno renovado y antinatural de mi puerta trasera. Pero cuando me hundí, la punzada desgarradora se mezcló con un placer profundo y doloroso. Mis labios se abrieron

    Yo: «Pta, síiii…» con voz áspera: mientras comenzaba a impulsarme arriba y abajo de su verga.

    Daniel y Gera estaban a mi lado, blandiendo sus pollas a la altura de la cara. Mientras saltaba con Lionel encajado en mi orificio, me incliné hacia Daniel, bajé la boca y lo tomé entre mis mandíbulas. Mis labios se cerraron sobre su vara, y nuevamente obtuve el tono mugriento de mi propio ano en mi boca. Con la herramienta de un tercer hombre metida en el culo, gemí diabólicamente ante mi propia depravación obscena. Mi cabeza se balanceaba ansiosamente a lo largo de su verga.

    Gera tocó con su miembro insistentemente en mi otro hombro y en un lado de mi cuello. Volviéndome para aceptarlo por su turno en mi boca, vi a Ulises en su silla. El observador estaba una vez más (¿todavía?) Tirando de su polla y mirando, su atención enfocada en la gruesa polla estirando mi culo. Le sonreí con picardía al cuarto hombre, recordando la telaraña congelada de su semen que se estaba secando en mi cara mientras miraba a sus tres amigos culearme.

    Mis labios se tragaron la verga de Gera, deslizándose suavemente hasta su base. Mientras mi ojete se deslizaba a lo largo de la longitud de Lionel, mis labios recorrieron de manera similar la verga de Gera. Decidido a participar constantemente, Daniel se agachó y acarició mis tetas mientras se ondulaban con mis movimientos sodomizantes. Mis zapatos brillaban a la luz amarilla de la lámpara, perforando el colchón mientras propulsaban mi paseo anal de vaquera. Mis pantorrillas y muslos se flexionaron rápidamente mientras plegaba y estiraba mis caderas, arrastrando mi ano sobre la morena verga. Sonreí alegremente alrededor de la polla en mi boca.

    El colchón se agitó y me giré para ver a Ulises subiéndose a los pies de la cama. Mientras estaba de pie frente a mí, su polla explotó en su mano por segunda vez.

    Ulises: «¡Oh, sí!!» El voyeur alardeó mientras rociaba cables de esperma sobre mis tetas temblorosas.

    Las líneas entrecruzadas goteaban descuidadamente sobre las cúpulas redondas y temblorosas de mi busto, goteando mientras cabalgaba la polla de Lionel con mi culo. Otro chorro aterrizó más arriba, golpeando mis labios, luego goteando de mi barbilla y rociándome los senos y el estómago.

    Gera: «¡No mames! ¡¿Otra vez eres un pendejo de dos tiempos?!» se rió de la repetida erupción de su amigo.

    Ulises: «Compadrito, ustedes no han estado viendo toda la escena como yo».

    Mientras rociaba otra hilera de gotas sobre mi nariz hasta mi ceja. Un disparo final salpicó mi mejilla y nariz con manchas gomosas. El semen fresco se mezcló con los grumos secos que había dejado en mi cara antes.

    Ulises «¡No mames, esto está muy bueno!» Gimió cuando lo tomé en mi boca, sorbiendo las últimas gotas de su punta.

    Lionel empujó con urgencia mi espalda y mis nalgas, escapando debajo de mí. Riendo tontamente, caí sobre la colcha, luego rodé sobre mi espalda y apoyé mis senos veteados de semen juntos. Lionel se arrodilló contra mis costillas, con las piernas a horcajadas sobre mi brazo extendido, y le dio a su verga unas cuantas vueltas fuertes antes de que estallara. Pesadas rayas de esperma salieron disparadas de su polla, salpicando mis labios sonrientes y trazando manchas cremosas en mis mejillas y frente. Volvió a soltar, un cordón pegajoso que se extendía desde una mejilla a través del puente de mi nariz y luego bajaba por el otro pómulo, acumulándose en mi oído. Un grueso hilo aterrizó en el fondo de mi ojo, sellándolo, luego bajó su objetivo final y salpicaron mis tetas con puntos blancos de sus semillas.

    Arrastrándose sobre sus rodillas, Lionel se alejó mientras Gera estaba listo, arrodillándose a mi otro lado. Con un gemido profundo, envió chorros de semen blanco espeso salpicando mi mejilla y ojo, goteando sobre mi frente y enredándose en mi cabello. Con mis ojos pegados y cerrados, sentí los largos látigos de mecos de Gera azotar desordenadamente mis tetas, superponiéndose y entremezclándose con las redes de semen dejadas por Ulises y Lionel. Se rio y resopló profundamente, recuperándose del esfuerzo y golpeando su glande contra la pendiente de mis labios. Sentí las últimas gotas de esperma caer sobre mi boca y barbilla mientras ordeñaba su polla hasta vaciarla.

    Me quedé quieta, tratando ciegamente de localizar la respiración de Daniel en la habitación. A través de mis párpados entrecerrados, vi una sombra sobre mi cabeza. Sus rodillas abollaron el colchón, flanqueando mi cráneo y vi la luz revoloteando de su mano acariciando su verga sobre mi cara. Jadeó y una lluvia de esperma navegó por encima de mi cara y llovió en desordenadas rayas sobre mis tetas y vientre. Una cuerda pegajosa atravesaba el valle entre mis pechos. Daniel se rio entre dientes mientras pintaba mi frente de semen pegajoso goteaba hacia mis cejas y la línea del cabello. Sus últimos chorros se pegaron a mis labios y sobre la esquina de mi barbilla, corriendo hacia mi cuello.

    Lionel: “¡Puta madre, que puta!»

    Ante mi apariencia, que solo podía imaginar, con los ojos aún pegados por el semen. Cada centímetro de mi cara y mis tetas se sentía como si estuviera escarchado con una capa espesa de esperma coagulado.

    Daniel «¿Estás bien, zorra?» azotando su polla semi flácida contra mi frente, salpicando el esperma mezclado de los cuatro hombres.

    Gera: «¿Puedes respirar? Oye, ¿alguien se ha ahogado alguna vez en semen? ¡Esto podría ser una emergencia!» burlonamente entre las camas.

    Manteniendo mi cara y mi cuerpo quietos, tratando de no perturbar las capas de semen, ciegamente levante mi mano haciendo moviéndola en el lenguaje de señas universal para ‘toalla, por favor’. Escuché que la luz del baño y el ventilador se encendían, y luego me arrojaron una toalla en la mano.

    Gera: «Antes de que te limpies y para que tu bautizo sea oficial» tomó mi muñeca y detuvo mi mano.

    Traté de doblar mi rostro inmóvil en un ‘¿qué chingados?’ expresión.

    Gera: «¡Escuchémoste animar a tu nuevo equipo favorito!»

    Mis labios se abrieron en una amplia sonrisa, arrojando gotas de granizado salado por mi barbilla y mejillas.

    Yo: «Mmm, ¡vamos Doradooos!» vitoreé.

    Burbujas de semen eructaron entre mis delicados labios. El grupo aplaudió a mi entusiasta y finalmente me aclaré las cuencas de los ojos.

    Lo siguiente que recuerdo es despertar súbitamente, mi cabeza saltando de la almohada en el mismo instante en que mis ojos se abrieron. Ya había amanecido, vi la otra cama de hotel vacía, sin hacer, con las ventanas (las cortinas opacas ahora abiertas). Cinco segundos de confusión dieron paso al reconocimiento de mi paradero. Al escuchar la respiración detrás de mí, medio rodé y encontré a Lionel en la cama conmigo, durmiendo boca arriba. Me sonrojé y respiré lenta y nerviosamente, recordando los eventos depravados de la noche anterior.

    Silenciosamente colgando mis piernas sobre el costado del colchón, encontré mis tacones altos apilados al azar en la mesita de noche caminando descalza sobre mis piernas temblorosas, sentí que los residuos de líquido sexual se agrietaban y se descamaban en mi cuello y tetas mientras me movía. Dando un paso tentativo hacia adelante, busqué mi vestido y ropa interior. «Primero, sin embargo», me mordí el labio inferior mientras pensaba, «supongo que veré como le fue a Pato».

    Abrí mi cartera y revisé mi celular y leí la cadena sin respuesta de textos cada vez más nerviosos y de disculpa.

    Yo: «Bien, entró en pánico. Pendejo». Susurré

    Luego escribí un breve «Buenos días». Inmediatamente respondió con una cadena agitada de mensajes que terminó con una solicitud de una cita para tomar un café. Miré el reloj de la mesita de noche y confirmé que lo vería al mediodía, luego guardé mi teléfono.

    Apartando un mechón de cabello de mi ojo, mis uñas se engancharon en nudos de semen seco. Sacudiendo la cabeza y sonriendo levemente, escaneé la habitación en busca de mi ropa. El arrugado vestido brillante yacía cuidadosamente doblado sobre el respaldo de la silla; La silla de Ulises, pensé. Una mirada al lado del asiento reveló mi tanga, que colgaba escandalosamente del pomo de la lámpara. Sofocando la risa por la exhibición indecente, rápidamente me puse la minúscula prenda, luego me sobresalté cuando la puerta de la habitación se abrió repentina y ruidosamente. Mis manos volaron para ocultar mis pechos desnudos, no de los ocupantes que regresaban sino de cualquier transeúnte en el pasillo que aún no me hubiera cogido. Lionel se desperto y se incorporó ante el ruidoso regreso de sus amigos.

    Daniel: «¡Oye! Huyendo de nosotros, ¿eh?» guiñó un ojo con picardía; sus dos amigos lo siguieron de cerca.

    Ulises: «¡No vas a llegar lejos así!».

    Mirando con cariño a mi cuerpo manchado de esperma.

    Avergonzado por mi aparente escape fallido,

    Yo: «Me desperté y ustedes no estaban aquí… Solo me estaba vistiendo…» tartamudeé

    Gera: «Simplemente te están madreando. Bajamos al lobby y, bueno…»

    Los otros le indicaron que continuara.

    Gera: «Te tenemos algo, ya que ahora eres una verdadera fan». Levantó una camiseta de manga larga de Dorados brillante de corte femenino.

    Yo: «¡Aww, ustedes son tan lindos!» Me puse la camisa, decepcionando al grupo ya que escondía mis tetas. «¿Significa esto que todavía estoy invitado al juego?»

    Lionel: «¡No mames! ¡Eres la nueva aficionada número uno de los Dorados! De hecho, ¡creo que acabas de convertirte en nuestro amuleto de la suerte!»

    Yo: ‘ok’. – sonrojada

    Daniel me regaló un par de pantalones cortos de gimnasia, ahorrándome la indignidad de ir a casa en taxi con el atuendo de anoche. Mientras me las ajustaba alrededor de la cintura, Lionel arregló cuidadosamente mi vestido en una percha y luego lo metió en un portatrajes del hotel. Con mi bolso que contenía mi boleto en una mano y mi vestido colgado del brazo, el único detalle obviamente incriminatorio eran mis zapatos de tacón.

    Gera: «¡Nos vemos en la Puerta Este a las 12:30!» me dijo cuándo la puerta del ascensor se cerró.

    Un viaje en taxi, una ducha profunda y noventa minutos más tarde, entré en la cafetería y vi a Pato sentado en una mesa de la esquina. Dos cafés estaban frente a él, y tenía la expresión de un hombre destinado a la horca. Paseé casualmente por el café, mis tacones resonando sobre el piso pulido. Sus ojos se abrieron confundidos cuando me vio acercarme.

    Pato: «¿Y Eso?» desconcertado por mi camisa.

    Seguí su mirada hacia el emblema dorado de la mascota que se abalanzaba, distendido sobre mi busto. Mis jeans ajustados escondían una tanga de encaje “dorado” brillante que hacía juego con mi sostén, la lencería era un espectáculo privado, Después de todo, los amuletos de la suerte tenían que apoyar al equipo, y anticipé que mi nuevo fandom entraría en servicio más tarde, ¡ganaran o perdieran!

    Yo: «¿Esto?» con una risa. «Amo a los Dorados. Y anoche me hice amiga de otros fanáticos de la Estatal; ¡no puedo ir al juego sin lucir los colores del equipo!»

    Pato: «¿No es esa escuela pública? – ¿Espera, vas a ir al juego?…»

    Una confusa avalancha de preguntas se amontonaba sobre la mesa frente a él; ninguno de ellos necesitaba ser respondido.

    Cada vez más impaciente, miré la hora en mi teléfono.

    Yo: «Mira, tengo que irme». Me di la vuelta para irme.

    Pato: «¡Hey, espera!» su voz se quebró. «¿Puedo… Puedo ir?»

    Yo: «Lo siento, no tienen un boleto extra».

    Después de esto en contra los deseos de mis padres y de Pato, decidí estudiar en la Estatal para estar cerca de mis Dorados, donde me gradué.

  • Morbo con calzones I: Federico, yo, intercambio de calzones

    Morbo con calzones I: Federico, yo, intercambio de calzones

    Una tarde mientras estaba jugando con el PlayStation, me hablo una amiga invitándome a su casa para cenar y de paso presentarme a su primo.

    Llegué a su casa en cuestión de una hora, toqué el timbre y me abrió mi amiga, pasé a su casa y me presentó a su primo, en cuanto lo vi me pareció un hombre súper atractivo, delgado, de 1,70, piel blanca, con una barba de tres días, cabello negro largo, amarrado con una cola de caballo. Ese día llevaba un pantalón beige, y una camisa negra de manga larga.

    Nos sentamos en la sala, mi amiga y su primo a quien llamaremos Federico, estaban sentados en el sillón de dos plazas enfrente de mí, yo estaba en el sillón mono plaza. La mesa del centro tenia nuestras bebidas. Estábamos platicando de varios temas.

    En eso sonó el teléfono de mi amiga y se paró a contestar, a los pocos minutos regresó y nos dijo- era mi prima, que acaba de llegar a la estación y que no encuentra taxi que la traiga a la casa, voy a ir por ella. Federico le contestó- Esta bien Claudia, yo me quedo para sacar la cena del horno- mi amiga me preguntó- ¿Te quedas o vas conmigo? -Estaba a punto de decirle te acompaño, pero Federico contestó por mí- ¿Podrías quedarte y ayudarme a poner la mesa y sacar la cena? -si está bien, me quedo a ayudarte- le contesté.

    Mi amiga, tomó su bolsa y salió, Federico y yo nos quedamos sentados y empezamos a hablar un poco de nuestras vidas, descubrimos que a ambos hacíamos teatro y eso generó una amistad rápida y que la conversación fluyera. Sonó la campanilla del horno y fuimos a sacar la pizza, ambos nos levantamos a la cocina y en camino a ella me abrazó y me dijo- eres bien a toda madre wey- fuimos a la cocina; esta era un poco estrecha por lo que cuando estaba sacando los cubiertos del cajón que él me indicó, pasó detrás de mí y agarró un vaso del mueble que estaba sobre mi cabeza, al estirarse pegó su bulto sobre mi trasero y me llamó la atención, porque sentí que se quedó un poco más de lo estrictamente necesario, pero no quise darle importancia- me dijo- perdón wey, pero no alcanzaba el vaso- no te preocupes bro- le dije, pusimos la mesa y regresamos a la sala.

    Seguimos platicando y en algún momento la conversación llevó a temas sexuales, platicamos sobre nuestras primeras veces y sobre lo que nos ponía:

    Yo: me pone muy caliente el oler la ropa interior y los aromas corporales.

    Federico: No manches bro, ¡que chido! a mí también me gusta oler la ropa interior de otros, también disfruto que otros huelan mi ropa interior y que la usen con mi corrida

    Noté que él se empezaba a sobar el bulto, el cual empezaba a crecer lentamente debajo del pantalón, se recostó en el sillón un poco y abrió las piernas, mientras se continuaba masajeando el paquete. Me dirigió una mirada y luego a mi paquete como invitándome sin palabras, a que yo me sobara la verga. Así que, aceptando su invitación, empecé a frotármela sobre el pantalón.

    Imité su posición, recostándome sobre el sillón y abrí mis piernas, la conversación se detuvo y solo estábamos centrados en como el otro se masajeaba el bulto. De pronto él se levantó ligeramente del sillón, se desabrochó el pantalón y lo dejo caer hasta sus pies, quedando solo en una trusa roja, bajo la cual se marcaba un bulto de unos 17 cm y bastante gorda.

    Yo le seguí, me deshice del pantalón que quedó atrapado en mis pies, y empecé a masajearme la verga sobre mis trunks de color rosa, sin quitarme la mirada de encima Federico metió la mano en su trusa y cuando se disponía a sacarse la verga, escuchamos que la camioneta se detenía afuera de la casa, ambos nos subimos el pantalón, el salió disparado hacia el baño de su cuarto y yo entre al de visitas.

    Escuché como se abría la puerta y mi amiga gritaba – ya llegué- salí del baño y me presentó a su amiga. Federico tardó un poco en regresar, cuando llegó, nos dispusimos a cenar, él se sentó a mi derecha y del otro lado estaba su prima.

    Federico se levantó de la mesa, con el pretexto de ir por una salsa a la cocina, antes de levantarse me dio la espalda y tiró “accidentalmente” un tenedor, se inclinó a recogerlo sin levantarse de la silla y pude notar que no traía la trusa roja. Regresó con la salsa y un nuevo tenedor, colocándolo en la mesa dijo –Una disculpa, ahora regreso- y fue al baño de visitas.

    Cuando volvió a tomar asiento, por debajo de la mesa tocó mi pierna y me hizo una señal con la mirada para que viera hacia abajo, vi que me entregaba una servilleta doblada, la tomé y desdoblándola leí “ve al baño de mi cuarto, hay una sorpresa para ti”.

    Yo: Con permiso, ahora regreso

    Federico: he bro, se rompió la cadena, ve al de mi recámara si quieres.

    Entré al baño de su recámara, buscando la sorpresa que me había comentado y ahí, sobre la tina, estaba la trusa roja que llevaba hace un momento, me acerqué a ella y descubrí que estaba llena de mecos, me senté sobre el baño y me llevé los mecos que estaban sobre la trusa a la boca y los saboreé, su sabor era delicioso y ni hablar del aroma que la impregnaba, mientras restregaba los mecos en mi lengua y el aroma de su trusa embriagaba mi nariz, sentí que mi bulto empezaba a crecer.

    Se me ocurrió que era una buena idea devolver el atento regalo que me había hecho mi anfitrión, me deshice de los pantalones, y empecé a jalarme la verga sobre el trunk, después de unos minutos y debido a la calentura de lo ocurrido en la sala, a su embriagante aroma impregnando aquella trusa y al delicioso sabor de su corrida sobre mi lengua, no tarde en terminar sobre mis trunks, los dejé sobre el mismo lugar en el que había encontrado los suyos. Recordando sus palabras de que le ponía que otros usaran su ropa interior me la puse, y vistiéndome, me dispuse a salir.

    Regresé a la mesa y en un momento en que mi amiga y su amiga platicaban, fui con él a la cocina con el pretexto de ayudarlo con los platos del postre:

    Yo: Gracias por el regalo – me bajé un poco el pantalón y le mostré que traía puesta su trusa

    Federico: Eres un cerdo -me dirigió una mirada pícara- pásame tu teléfono bro- y apuntándolo en su celular, regresó al comedor.

    Llevé los platos a la mesa y el llevó el pastel, dejándolo, salió a su cuarto. Me llegó una notificación al celular y era un mensaje de él, me decía te voy a mandar una foto, ten cuidado al abrirla, así que esperé a que llegará la foto y teniendo cuidado de que su prima no viera la foto, la abrí; el traía puesto mis calzones mequeados. Eso me puso al cien nuevamente, luché por que la erección que iniciaba debajo de mis pantalones no fuera evidente.

    Terminó la cena y me fui a mi casa. Más tarde, esa noche recibí un nuevo mensaje.

    Federico: los guardaré para recordar tu aroma y sabor…espero poder probarlo de la fuente próximamente. El texto venía acompañado de una foto de mis calzones ya sin mecos sobre la cama, con su verga parada reposando sobre ellos. Efectivamente, como lo había supuesto por el bulto que se marcó mientras estábamos en la sala, su verga era grande y gorda de color moreno y con un vello bastante abundante

    Yo: Claro que así será, mientras tanto guardaré el regalo que me diste y me la jalaré con ella todos los días.

    Aún no hemos tenido posibilidad de reencontrarnos, espero pronto podamos tener un encuentro lleno de morbo de calzones, aromas y corridas.

    No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas que platiquemos, entonces escríbeme ([email protected]).