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  • El verano de 1986

    El verano de 1986

    El año escolar 1985 finalizaba. Había decidido ir a mochilear para el sur por lo que trabajaría todo diciembre y enero para en febrero irme. Desde pequeño tuve el bichito de los viajes. Esto gracias a que mi padre siempre fue aficionado a viajar y por ello me instó a ello. Ya tenía 18 años y a pesar de mi corta edad había acumulado muchas experiencias, aunque aún no había tenido sexo conocía ya gran parte del continente, pero me faltaba la zona sur de mi país.

    Quería algo nuevo por lo que no tomé el trabajo en la fábrica de mi papá y me ubiqué de lavaplatos en un billar fuente de soda en el principal puerto de Chile. No pasaron dos días completos y el dueño, al enterarse que dormía en la playa, me ofreció, por un módico precio descontado de mi paga, una habitación… La última del tercer piso.

    Consistía en un cuarto de 4×4 con un ventanal corredizo que abarcaba toda la pared que daba al frontis del local. Por mobiliario contaba con una cama de dos plazas, un velador, una cajonera y una televisión pequeñas. En otras palabras, era perfecto, porque además de todo, no se sentía bulla, por lo que podía dormir tranquilamente a pesar del bullicio nocturno del billar.

    Por mi edad y carácter pronto a todos les caí en gracia. Bromeaba y reía todo el día. La verdad me agradaba el trabajo. En especial, la esposa del dueño, Susana… Asumo que rondaba los 40 años, morena, delgada, de 1.65 m, el pelo ondulado, abundante y largo. Tenía unas tetas prodigiosas y un culo pequeño, pero respingón y aún firme. Si bien no era bonita, fea tampoco. Su más bello rasgo era su boca… Carnosa y sensual.

    Llevaba siempre vestidos cortos y apretados, calzando siempre zapatos elegantes con un taco muy delgado y largo. Rara vez salía de la oficina. Su esposo, llamado Roberto, era un viejo choro de puerto, apenas más alto que ella, pelado, panzón y fornido. Reía todo el día y nos garabateaba constantemente. Era un patrón simpático y justo.

    A la semana, ya conocía todo el lugar o eso creía, yo. Descubrí, por ejemplo, que los dueños vivían también en el edificio. Todo el segundo piso era su hogar. En mi piso había otras dos piezas. Una desocupada. En la otra vivía el guardia, de nombre, Germán. Un tipo lleno de tatuajes y con aspecto de pocos amigos, que resultó ser muy sociable y hablador, don Robert le decía Franki, por Frankeinstein… Contaba chistes con doble sentido todo el día y siempre llevaba consigo una revista con mujeres desnudas doblada y metida en el bolsillo trasero del pantalón.

    También trabajaban en el lugar Calixto (cali le decían) un tipo cuarentón, delgado y alto. Tenía cara de ratón. Era el garzón. Juana, la cocinera. Señora de unos 60 años, baja y regordeta. Gritaba todo el día, pero era buena gente y perlita, la cajera. Rubia desaliñada de unos 40 años, sin tetas, pero con un culo gigante. Se pintaba las uñas todo el santo día… Aunque era genial cuando lo hacía con los pies, pues a pesar de usar faldas cortas, levantaba las piernas para alcanzar sus dedos con facilidad, o eso ella afirmaba de modo que mostraba sus calzones, dejándome a mil. Cada vez que lo hacía, yo terminaba masturbándome en el baño o en mi pieza como un loco.

    El local era atendido por su dueño tras una larga barra, detrás de la cual en aparadores de vidrio a diferentes alturas se exhibían distintas botellas de alcohol de todos lados del mundo y en medio de ellos, a través de una amplia ventana, podía verse una espaciosa y pulcra cocina. El sector central estaba dividido en dos hileras de mesas de pool con 5 en cada una, separadas entre sí por más de dos metros. Frente al bar, alineados ordenadamente en la pared, se encontraban los tacos.

    En las paredes colgaban cuadros con gordas mujeres desnudas y ruborizadas mejillas. Fotos y pinturas de veleros y barcos de vela enmarcaban un traje de buzo de esos muy antiguos con su escafandra, cable y el compresor a su lado.

    Al final de la barra, por su lado y en el rincón más alejado de la entrada; a unos 4 metros de la última mesa de pool, podía verse, sobre una plataforma de madera sujeta por dos gruesas escuadras metálicas toscamente atornilladas en la pared, una televisión conectada a un VHS y 5 mesas redondas de 1.20 m de diámetro, con 4 sillas cada una.

    En la pared del fondo, ubicada en la esquina opuesta a la barra, había un umbral sin puerta que daba a un pasillo de un metro de ancho, apenas más alto que yo, con dos puertas a la derecha que eran los baños y una al fondo, dos metros, al menos, alejada del baño de hombres. Era distinta a las otras, pues parecía más la entrada principal de una casa que el ingreso a una habitación más dentro de la casa.

    Al traspasarla pude ver que conducía a un cuarto que le decían el privado y donde había una mesa de pool, un gigante sofá cuero envuelto con una cubierta de tela, de 4 cuerpos color negro, una televisión más grande que la del salón principal, también con VHS y una mesa igual a las de la fuente de soda y 4 sillas. Todo era fino y elegante, incluso los tacos en la pared… Por lo que encontré extraño que la mesa que arrendaba a su clientela vip, tuviera el paño muy manchado y las barandas casi todas despegadas.

    Había sido contratado como ayudante de cocina, pero poco a poco, terminé colaborando donde era necesario. Así, garzoneaba, lavaba los platos, cobraba, preparaba algunos tragos, limpiaba la cocina y salía a los mandados.

    Dos días antes de Noche buena, el viejo me llamó a su oficina. Al acercarme escuché que le gritaba a alguien. Por vergüenza me detuve, presto para devolverme hasta que escuché la voz de Susana, llorando y reprochándole a su esposo que por su culpa, ella era así ahora.

    Roberto: te estás quejando???

    Susana: si… Si… Porque te das el gusto solo tú y a mi nunca me escuchas, solo ordenas y eso me tiene cansada.

    Roberto: mmmmm… Ya veo… Sabes querida, te encuentro la razón… Dime… Habla con toda confianza.

    Susana: no quiero ver más a los desgraciados de boris, patricio y ese engreído de césar… Si los despachas para siempre, yo sigo sin dramas…

    Roberto: Hecho!!! Ahora… Dónde diantres está ese cabro chico. Su… Vé por él, por favor… Pero arréglate antes de salir.

    Al escuchar que su señora vendría por mi, no me hice esperar y haciendo ruido entré de golpe a la oficina, encontrando a la señora Susana con las tetas al aire.

    Yo: perdón -dije dándome vuelta de inmediato

    Roberto: jajaja. Tranquilo cabro, ven. Date vuelta te digo. Eso. Mira con calma. Habías visto unas tetas como estas??

    Yo: nunca, don Robert. Son. Impresionantes.

    Roberto: si, verdad.

    Yo: -sin sacarle los ojos de encima a las tremendas tetas que tenía a menos de dos metros- para qué me llamó, don Robert.

    Roberto: ah. Si. Mira. Te necesito para navidad… La hermana del cali está enferma y viajará. Te pago el doble todos esos días. Qué te parece?

    Yo: pucha don Robert. Ya tengo los pasajes y me esperan en casa. Que lata no poder ayudarlo.

    Roberto: pucha cabro. Que eres difícil. Mucha más plata no te puedo ofrecer, tal vez un bono. Pero de verdad te lo agradecería.

    Susana: -aún de la cintura para arriba desnuda, durante la conversación fue moviéndose hasta ubicarse a unos centímetros a mi derecha, entonces, inclinándose sobre mi oído y con eso rozándome el brazo con su pezón, susurró- acepta. Te prometo que no te arrepentirás.

    Su aliento caliente en mi cuello me erizó todos los pelos de la nuca… Y mi verga ya media viva, reaccionó de inmediato, produciéndome una erección que no pude ocultar. Llevé, inconscientemente mis manos al bulto para taparlo, evidenciando aún más mi condición.

    Roberto: jajaja jajaja. El chico tiene lo suyo, Su. No lo crees.

    Su: -apenas rozándome con sus dedos de la mano izquierda- no cabe duda, mi amor.

    Roberto: ya po chico. Espero una respuesta. Definitiva.

    Yo: está bien don Robert, acepto su última oferta para quedarme.

    Roberto: genial. Habla con Germán por tus obligaciones. El 24 en la noche trabajamos de corrido, pero a puerta cerrada con un selecto grupo de clientes. Oye mono me estás escuchando?

    Yo: -con la boca media abierta, pegado mirando cómo se vestía la sra Su- si, jefe. Perdón. Me voy. Hasta luego don Robert, adiós sra Susana.

    El resto de la tarde, la sra Susana se mostró distante e indiferente. Dos veces entré en su oficina a dejarle algo y ni levantó la vista al darme las gracias. Al siguiente día las cosas se dieron igual. Como una tradición, don Roberto cerraba el local el 23 a las 11 de la noche hasta las 8 de la noche del día 26. Era, junto al cumpleaños de su esposa y el de él, las únicas noches que cerraba hasta pasadas las 8 de la tarde del otro día.

    La celebración interna consistió en unos tragos y buena conversa por un par de horas. Cuando don Roberto se despidió, yo también me apresté para marchar, ya que la siguiente noche prometía ser larga y agotadora… En cuanto el viejo con su despampanante mujer dejaron el local, me puse de pie. En eso, Germán me habla.

    Germán: ya te vas, mono?

    Yo: si. Estoy cansado.

    Germán: -cacareando como una gallina- oh, vamos, mono. Juega con este viejo unas mesas antes de irte.

    Yo: chuta franki. Está bien. Pero solo una partida de 3. Vale?

    Germán: excelente. Espera, voy por unas cervezas.

    Yo: ordeno la mesa mientras. Y yo no quiero cerveza. Me da sueño. Prefiero un whisky, si se puede, claro.

    Germán: jajajaja. Veré qué puedo hacer.

    La tercera mesa estaba en disputa. Germán abría la segunda botella de borbón. Las únicas luces encendidas eran la de nuestra mesa y la de la última mesa que siempre estaba así.

    Germán: necesito ir al baño.

    Yo: -dejando el taco sobre la mesa- ya anda, pero no te demores. Al menos, no tanto, po…

    Germán: jaja. Dame 10 minutos. Ni uno más.

    Yo: ya anda, gusano asqueroso. Apura. Jejeje

    Acababa de acomodar dos bolas en la mesa de al lado cuando escuché un ruido. Estaba seguro había sido cerca de las puertas de los baños para público. Germán había ido a su baño por la falta de papel higiénico en los de abajo, por lo que con el taco en la mano a modo de bate, caminé con lentitud hacia el origen del sonido.

    Una vez en el umbral, noté que la puerta del privado estaba junta. Desde el interior no emanaba luz, pero sí un leve sonido. Tras empujarla con suavidad, lentamente la puerta se abrió no sin hacer más de un ruido. Me detuve en la entrada para acostumbrar la vista a la repentina falta de luz.

    Su: entra y cierra, por favor. -De inmediato reconocí la voz de la sra. Su… Avancé un paso y delicadamente cerré la puerta. La oscuridad era total.

    Su: necesito me ayudes. Puedes???

    Yo: por supuesto sra Su. Usted mande.

    Su: son tres cosas. La primera. Cuando estemos solos dime Su o Susana.

    Yo: entendido. Su.

    Su: la segunda. Quiero que des 5 pasos hacia adelante. Ya po… Eso. Ahora quiero que con tus manos busques el interruptor de la luz que está colgando justo frente a ti y cuando lo tengas en tu mano me avises antes de presionarlo.

    Yo: ya.

    Su: y tercero. Escucha todo antes, ok.

    Yo: si, Su.

    Su: dime la verdad. Con cuántas mujeres has estado?

    Yo: con ninguna, Su.

    Su: Entonces, quiero que enciendas la luz y hagas lo que te venga en gana. Enciéndela.

    Ahí estaba esa mujer, que pensaba era una señora cuando en realidad su esposo la había convertido en una puta ninfómana, tal como llegó al mundo, ofreciéndome su coño con las piernas abiertas de par en par. Apoyada en sus codos, levantaba las caderas mostrando una hermosa y depilada vagina exudando líquidos generosamente.

    Quedé petrificado. Estaba excitado, pero también muy avergonzado y con algo de temor que el viejo nos descubriera y me echara. Le tenía cariño al dueño, pues siempre había sido generoso conmigo. Pero no creía que llegara a tanto.

    Su: qué esperas, chico?

    Yo: es que. Y. Don Robert?

    Su: -sonriendo- ya veo. Por Roberto no te preocupes. Sabe que estoy aquí.

    Tomó mi mano, llevándola a su húmedo coño. Comenzó a moverla en círculos alrededor de una especie de protuberancia rosada, primero con lentitud, para luego ir aumentando el ritmo. Movía sus caderas espasmódicamente mientras la frotaba. De pronto, entre jadeos, me pidió que le metiera dos dedos en su concha y los metiera y sacara rápido. Lo hice. Su comenzó a gritar y pedirme que no parara, que siguiera más fuerte. Hasta que de pronto tuvo su orgasmo.

    Con una cara que no le conocía, Susana me miró fijamente y me pidió que le chupara su coño. Ella iba dirigiéndome qué le gustaba. Entonces, de pronto sujetó mi cabeza tomándome el pelo y comenzó ella a mover sus caderas contra mi boca cada vez más rápido hasta un nuevo orgasmo. Su sabor era exquisito. La miraba desde esa posición y podía notar sus hermosas y aún perfectas tetas y su cara desencajada por el placer. Así se veía verdaderamente mucho más bella y entendí al viejo. Nunca antes había estado así con una mujer y daba las gracias al universo por estar allí con esa tremenda mujer que además de todo quería que le hiciera de todo.

    Su: desnúdate. Ahora ven que te la voy a chupar. Eso.

    Yo: ahhh… Uuuu… Espera… Ahhh… Ahh… Para… Para porfa… Ohhh… Que rico… Sigue… Ohh…

    Tomó mi verga y se la introdujo en la boca todo lo que pudo. La sensación fue exquisita, pero cuando comenzó a succionar metiéndola y sacándola rápidamente, me hizo acabar antes de los tres minutos. Con el chorro de semen se atragantó, pero no se sacó la verga de la boca. Por la comisura de sus labios se escapan más que hilos de esperma que bajaban por su cuello hasta sus tetas. Nunca masturbándome había eyaculado tanto semen.

    Comenzaba a sentir incomodidad, pues Su seguía chupándola como a un loly, empero el malestar no fue más duradero que 20 segundos. Al cabo el placer volvió y mi polla empezó a revivir. Cuando la verga la tuve a punto se la sacó de la boca y acomodándose de manera de quedar acostada de boca apoyada en la mesa hasta la cadera, apoyando los pies en el suelo de modo de dejar su culo a mi entera disposición. Le acerqué mi polla y tomándola comenzó a jugar con ella en su vagina. Así estuvo medio minuto hasta que dejándola en la entrada de su coño me pidió que se la metiera lentamente. Entonces comencé un cansino mete y saca, pero solo del glande. Así estuve por casi un minuto hasta.

    Su: ahh… Ahh… Ya po’ mono, métela hasta el fondo de una vez… Me tienes enferma… Ahhh… No… Sigue… Me voy de nuevo… Ahhh… Que ricooo… Me voy… Ahhh… Ay!!! Para, para… Ayyy… Ahhh… Sigue… Ahhh…

    Disfrutaba de un nuevo orgasmo con la cabeza de la polla dentro de su coño cuando se la enterré de una sola estocada hasta el fondo, dejándola ahí unos segundos, solo para comenzar a follármela como si quisiera reventarle su coño. Eso, me había contado mi compañero de curso, Iván Donowsky, las dejaba locas y parece que funcionaba.

    Al cabo de unos minutos así, le besé la espalda y luego de sacarle la polla, le di la vuelta y, apoyándole apenas los cachetes del culo en la mesa, le abrí sus piernas y seguí follándomela como un salvaje mirándola a los ojos. Nunca antes había visto el rostro de la lujuria. Al mismo tiempo me turbó, pero también me excitó. Seguí follándomela como si quisiera llegar con mi polla hasta su estómago.

    Estábamos sobre la mesa. Ella gritaba que le diera más duro mientras me la follaba apoyando sus piernas en mis hombros, de modo que sentía sus carnes en mis bolas en cada estocada. Al acabar dentro de ella quedamos los dos abrazados sobre el paño. Ahora entendía el por qué la mesa de pool estaba en esas condiciones. Pensaba en ello cuando la voz del negro me trajo a la realidad.

    Germán: -aplaudiendo lentamente- jajaja jajaja. Manerita de perder la virginidad. Jajaja. Excelente espectáculo, chico… Jajaja

    Yo: qué diablos haces ahí, franki. Mira nada más que lo que estamos haciendo es privado…

    Germán: debiste cerrar la puerta entonces.

    Yo: eh… Ok. Ahora que viste todo. Puedes dejarnos solos, por favor… -Su, mientras hablaban, se levantó y salió del cuarto por la puerta de la izquierda…- viste, desgraciado. Me cagaste la noche.

    Germán: jajaja. Eres un novato. Te fijaste acaso por cual de las puertas se fue la sra Su?

    Yo: y eso importa acaso. Igual se fue.

    Germán: novato. La puerta de la izquierda va una pieza con una cama de tres plazas. Creo, te está esperando.

    Yo: me estás tomando el pelo como siempre, cierto?

    Germán: ven, vamos. Yo también quiero follar. Además ya estabas listo en el pool.

    Hasta esa noche nunca había estado con una mujer y ahora me había follado a la esposa del jefe y luego le dimos con el franki hasta que las gaviotas recibieron al sol, hambrientas. Jamás había penetrado a una mujer y ahora a la sra Su le metí la polla por todos sus agujeros, acabando en cada uno de ellos más de una vez Esa mujer nos dejó secos. Era realmente brava.

    El 24 me desperté después de las 4 de la tarde. Recordando la noche anterior mi verga comenzó a reaccionar nuevamente. En eso estaba cuando entra la sra Su.

    Su: ah Menos mal que ya despertaste. Anda. Ven a ayudar. Hoy no abrimos, pero en la noche damos una cena privada y hay mucho todavía por hacer. Ya, pues.

    Yo: ok. Voy. Me deja para vestirme, por favor.

    Su: jajaja. Te levantaste tímido hoy? Anda, hombre. Wow. Ya veo. Eso lo podemos arreglar.

    -Tomó mi verga y sacudiéndola rápidamente dentro de su boca y a la vez succionándola para sacarle lo que ya no tenía, me masturbó hasta acabar en su garganta.

    Su: ya. Anda a bañarte y come algo antes de ir con Germán.

    Yo: si, Su. Gracias.

    Esa tarde estuve ayudando al franki corriendo mesas y sillas, poniendo manteles finos y cubiertos que hasta ese momento no conocía. Eran relucientes y muy elegantes. A la hora indicada comenzaron a llegar los invitados. 60 en total distribuidos en 10 mesas con tres parejas en cada una. Una hora antes había visto a la Sra Su conversar con una mujer más joven, de unos 25 años. Germán al verla se acercó dándole un apretado abrazo y tres besos. Uno en cada mejilla y el último en la boca.

    En eso me llamó a gritos. Era un par de centímetros más baja que yo, trigueña, de pelo castaño claro con vetas color miel, largo y semi ondulado, atlética, de medidas 70-55-85. Sus piernas eran largas y bien delineadas y su culo era perfectamente redondo. Por detrás era ver una guitarra. Sus ojos de un color esmeralda, me mataron.

    Germán: oye monín, te presento a Claudia. Girasol, este chiquillo se llama Javier. Viene de la capital y trabaja con nosotros desde principios de mes. Despierta hombre y ven a saludar.

    Yo: -acercándome hasta estrechar su mano estirada y besarle la mejilla- mucho gusto señorita Claudia.

    Claudia: jajja. Solo Claudia. Igualmente Javier.

    Su: ya, ya, ya. A cambiarse. Luego tendrán tiempo para conocerse.

    Sobre mi cama estaba estirado un traje de gabardina negro compuesto por pantalón, chaleco y chaqueta, una camisa de impecable blanco, un par de zapatos negros también muy elegantes y una humita y pañuelo, ambos color rojo italiano. Nunca había estado tan elegante, ni siquiera para el matrimonio de mi tía Carolina.

    Germán estaba ataviado como yo. Claudia, en tanto, llevaba puesto un disfraz de sirvienta sexy. Debajo de él tenía unas pantaletas negras y un peto del mismo color. Calzaba sandalias con plataforma con los dedos expuestos. Las uñas de sus dedos eran iguales a las de la sra Su. Era la fotocopia de su madre, pero mejorada, pues definitivamente, si bien no era una barbie, era mucho más bella que ella, principalmente gracias a esos notables ojos.

    La sra Su estaba despampanante. Vestía un ajustado vestido de lycra y lentejuelas color negro el cual apenas llegaba 10 cm por debajo de donde su culo empezaba. Sus zapatos eran de taco alto aguja de elegante charol negro.

    Ya eran las 4 am. Los invitados habían, cenado, bebido, recibido regalos y bailado durante toda la jornada. Quedaban 4 pajeras dispersas en el salón y dos señoritas amigas de Claudia. En la mesa 1, la mujer dormía, totalmente borracha, mientras su acompañante miraba hacia las dos chicas como un perro a una carnicería. Las dos amigas, lo habían notado y cuchicheaban y reían por lo bajo. Ambas bastante tocadas por el alcohol también.

    En la mesa 2 la pareja discutía acaloradamente, en cambio, en la última mesa, la pareja se besaba con pasión contenida. La mujer que discutía de pronto se paró de la mesa y se dirigió hacia el baño. Noté que Germán la siguió. Me olvidé de todo cuando vi que también entraba al baño la sra Su. Iba a ver qué pasaba cuando me detuvo Claudia.

    Claudia: déjala. Quiere divertirse.

    Yo: eso creo yo también. -ambos nos reímos

    Claudia: ya no nos necesitan acá. Vamos a jugar unas mesas?

    Yo: vamos.

    Quedaban sobre el paño cinco bolas.

    Yo: y tus amigas?

    Claudia: se fueron a dormir. Mañana será un día largo. Jaja. Tranquilo. No para nosotros. A quién le toca. A ver. Córrete de ahí para ver… Mmmm. Ok. La 13 al fondo a la izquierda.

    Yo: sé que mañana don Robert le dará un almuerzo a sus más íntimos amigos. Hay una mesa de pool en esa pieza preparada para cenar sobre ella con 5 sillas a su alrededor. Oye Claudia. Y si no seremos nosotros quienes sirvan. Quién lo hará?

    Claudia: mi mamá y mis dos amigas. -tiraba distraídamente metiendo dos bolas en carambola como si nada-. Quieres ver los trajes que usarán? -miré el tablero. No tenía por dónde siquiera empatarle y para evitar la humillación total, aunque de verdad no me importaba el vestido famoso, accedí de inmediato…- espera aquí. Voy a buscarlo.

    Yo: ok. Pero no te demores o me dormiré.

    Su: -ni 2 minutos habían pasado- ya. Cierra los ojos.

    Yo: pero para qué.

    Su: ya po o no te muestro el vestido.

    Yo: ok. -cerré los ojos y me di vuelta.

    Su: -se escuchó una exhalación y luego…- ya. Mira.

    El “vestido” consistía en una humita igual a la mía, un par de medias hasta medio muslo y unos finos zapatos de charol taco alto tipo aguja. La sonrisa de Claudia solo pudo ser motivada por la cara de imbécil que debía haber tenido en ese momento. Pero es que si la mamá era rica. La hija era una diosa. Sus hermosas tetas estaban coronadas por dos rosados y bien formados pezones, los que en ese momento me gritaban, cómeme.

    Claudia: te gusta el vestido que usarán?

    Yo: mucho y de verdad no creo que a ellas se le vea mejor que a ti

    Claudia: jajaja. Eso crees? -afirmé con la cabeza sin sacarle los ojos de encima- mi mamá me dijo que sabes usar lo que tienes. Y si ella lo dice, bueno. Digamos que es certera y por ello confío plenamente en sus palabras, al menos en lo relacionado a esto. Javi. Me gusta cómo me estás mirando. Quiero que me toques, beses, lamas y manosees entera.

    No fueron necesarias más palabras. En el camino hacia ella me saqué la ropa y tomándola de la mano la llevé hasta una mesa de pool. Ella, redirigiendo la marcha, se encaminó hacia la mesa con la luz encendida.

    Claudia: te contaron como le dicen a esta mesa?

    Yo: no sabía que tenía nombre.

    Claudia: jejeje. Se llama el estadio.

    Estirada sobre el paño mirando el cielo le acaricié, besé y lamí todo el cuerpo, solo para terminar en sus tetas y finalmente en su clítoris. Cuando llegué a él, su vagina estaba totalmente mojada y de ella salían sus fluidos abundantemente. No aguanté más y comencé a comerle el coño ávidamente. Noté que llegaba a su primer orgasmo, pues el flujo que salía de su concha aumentó de pronto al tiempo que espasmos reflejos la obligaban a arquear la espalda levantando sus caderas para exponer, aún más, su excitado coño.

    Al cabo de un minuto refregando mi cara en su entrepierna, me tomó del pelo, jalándome hacia arriba. Cuando estuve frente a su rostro, me pidió que se la metiera y eso hice. Las primeras arremetidas fueron lentas y tiernas. Acompañadas de besos y caricias en su cara. Luego, aumenté el ritmo, pues sentía que ya no podía aguantar más.

    Estaba tan caliente que duré menos de tres minutos. Justo antes de acabar, Clau, me susurra que quiere que le acabe en la boca por lo que saqué mi verga de golpe solo para seguir follándomela duro, pero ahora por su boca. Estaba a punto por lo que hice el amago de sacársela, empero ella, tomándome por las caderas, mantuvo el ritmo, tratando de tragársela toda, hasta atragantarse con todo el semen que me salió. No me la soltó hasta dejarla completamente limpia, sin embargo, aún media erecta.

    Clau: quieres más?

    Yo: -dándola vuelta con gentileza hasta dejarla en cuatro patas…- si, Claudita, mijita rica. Quiero más de ti. En realidad, lo quiero todo. -ubicando y ejerciendo una pequeña presión con la punta de la verga en la entrada de su culo- puedo?

    Clau: Despacito hasta tenerla toda dentro. Después hazlo como quieras. Hoy me quiero sentir como una puta. Te gusta eso??? Quieres tratarme como a una puta, mocoso agrandado.

    Yo: -mirándola con lujuria y pensando en qué bueno había hecho para merecer lo que me estaba pasando- Clau. Eres maravillosa. Y me encanta eso de puta. -mientras hablaba, iba poco a poco introduciéndole la verga por el culo.

    Clau: -contoneándose. Ya se la tenía hasta la mitad…- ay que rico, cabro chico. Eso. Ay. Despacio te dije, bruto!!!

    Yo: cállate, puta barata y cómetelo todo.

    Y le metí el resto de la verga de una sola estocada, dejándosela ahí unos segundos para luego sacársela de golpe y de nuevo. Unas 6 o 7 veces repetí la dosis. Verga hasta el fondo de su culo de una y sin verga de una, también. Las tres primeras se quejó de dolor, pero luego se escucharon gemidos y quejidos de placer. Cuando ya solo gozaba comencé un mete y saca tupido y parejo.

    Al poco su cuerpo se sacudía, ofreciéndome aún más su culo para que llegara, si se podía, aún más adentro. Eso fue demasiado para mi y me corrí segundos después de ella. Ahí nos quedamos varios minutos. Entonces, tomándome de la mano fuimos a su pieza. Ahí vimos el amanecer juntos. Dormimos hasta casi la 1 de la tarde. El almuerzo de don Robert estaba por comenzar.

    Clau: quieres ver lo que pasa en vivo en el almuerzo y no ser visto?

    Yo: en serio se puede?

    Clau: ven. Así no más.

    Salimos desnudos de su pieza al pasillo. Llegamos hasta el final de unas escaleras. A la derecha estaba una puerta que me parecía, no haber abierto aún. Entramos a una habitación oscura. En el medio una cama de 2 plazas mirando de frente hacia una pared que era desde el suelo hasta el techo y de lado a lado un ventanal ligeramente ahumado. A su través era posible ver todo lo que pasaba en la sala donde se llevaría a cabo el almuerzo.

    En efecto, ahí estaban las amigas “vestidas” ya para la ocasión, ajustando los últimos detalles de la gran mesa. Se veían las tres espectaculares. Tanto así que mi verga no tardó en tratar de despertar.

    Claudia rio por lo bajo y tomándola la llevó a su boca. Chupaba con ganas mientras yo hipnotizado no podía dejar de ver lo que pasaba en la “televisión”.

    Hasta aquí llega la primera parte. Si me piden seguir, en el siguiente podría narrar lo que pasó en aquél almuerzo y el resto de ese inolvidable verano de 1986. Espero sus comentarios.

  • Incesto a la japonesa

    Incesto a la japonesa

    ¡Usted si que sabe! 

    Aiko (hijo del amor) era un empresario japonés, cincuentón y de estatura mediana al que se le había muerto la mujer años atrás. Tuvo que criar solo a su hija Ame (lluvia), una joven delgada, bastante más alta que él, muy bonita, con buenas tetas y culo redondo, que por consentida le había salido libertina. Una noche Ame llegó a casa a las dos de la madrugada. Esa fue la gota que colmó el vaso. Aiko, sentado en un sillón de cuatro plazas y con esa voz que tienen los japoneses que parece que están amenazando a sus interlocutores, le preguntó;

    -¡¿De dónde vienes, Ame?!

    Ame, que vestía una blusa blanca, una minifalda negra y que calzaba unas zapatillas de deportes blancas, le respondió:

    -De estar con mi novio.

    -Tenías que haber estado en casa a las diez.

    Ame se sentó a su lado, lo besó en la mejilla y le dijo:

    -¿Le va a reñir a su hijita buena?

    Aiko no estaba para bromas, la cogió por la cintura, la puso sobre sus rodillas, y con una mano pequeña, pero pesada, le dio en sus redondas nalgas. Le dio tres veces en cada una.

    Ame no se quejó ni soltó una lágrima. Aiko le preguntó:

    -¿Qué has estado haciendo?

    Ame, que no esperaba la reacción de su padre, contraatacó con sus mejores armas.

    -¿Está celoso, padre?

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    -¡¿Qué habéis estado haciendo?!

    Ame le respondió:

    -Lo que lleva tiempo deseando hacer usted.

    Le había dado en su punto débil.

    -¡¿Quieres que te de con más fuerza?!

    Ame siguió contraatacando.

    -¿Me desea por qué me parezco a mi madre?

    Le dio con más fuerza.

    Ame era rebelde y dura cómo ella sola.

    -¿Lo excita pegarme, padre?

    Lo excitaba, por eso le sentó mal que se lo hubiera dicho.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -Se ve que lo excita.

    Para no darle a razón dejo de azotarla, la puso en pie y le dijo:

    -¡Vete para cama!

    -No tengo sueño.

    -¡Pues lo haces!

    Con los azotes, Ame, se había puesto cachonda y más que se puso al ver el bulto que tenía su padre en la entrepierna del pantalón. Mirando para él, le dijo

    -Lo excitó azotarme. Se le puso dura.

    Cómo no podía negar lo evidente, tuvo que decir:

    -No sé que voy a hacer contigo.

    Le echó la mano a la polla.

    -Si que sabe.

    Aiko le quitó la mano de la polla.

    -¡Desvergonzada!

    Ame se puso en pie, sacó sus bragas blancas, mojadas, las tiró a piso y se volvió a sentar, subió la minifalda y se abrió de piernas. Aiko le dijo:

    -Eres una…

    -Puta. ¿Va a disfrutar de la puta o se va a hacer una paja?

    Aiko casi no se podía creer lo que le acababa de decir su hija.

    -¡¿Eres consciente de lo que acabas de decir?!

    -Parece que necesita un empujoncito.

    Ame le echó la mano a la nuca, hizo que se arrodillara y le puso la cara frente al coño peludo.

    -¿Le gusta?

    Aiko dejó de hacerse el digno.

    -Es precioso.

    -Disfrútelo.

    Le lamió el coño de abajó a arriba. Ame le dijo:

    -Usted sí que sabes.

    -¿Es que tu novio no sabe?

    -Mateo ni lo intenta.

    Aiko siguió lamiendo. Al rato se puso en pie y le desabotonó la blusa, luego hizo que se levantara, le dio la vuelta, le quitó el sujetador y le magreó las tetas. Ame se apoyó con las dos manos en el respaldo del sillón. Aiko lamió su espalda, las nalgas y el ojete. Sacó la polla y se la clavó en el coño, un coño estrechito. Le dio caña y poco después Ame se corrió cómo una perra, diciendo:

    ¡Usted sí que sabes!

    Al acabar de correrse le dio la vuelta y le comió las grandes tetas, unas tetas con gordos pezones y oscuras y picudas areolas, después hizo que se sentara de nuevo y le volvió a comer el coño. Esta vez se lo lamió sin parar de abajo arriba hasta que se volvió a correr.

    Ame, después de correrse, le dijo:

    -¡Usted sí que sabe!

    -A ver que sabes hacer tú.

    -Acomódese.

    Aiko se sentó en el sillón con su polla tiesa, Ame se la cogió, se abrió de piernas, puso el glande en la entrada del coño, bajó el culo y la metió hasta el fondo, luego le echó los brazos alrededor del cuello y lo folló al tiempo que le comía la boca. Aiko, con una mano le apretaba una nalga y con la yema del dedo medio de la otra le acariciaba el ojete. Tiempo después, Aiko se corría dentro del coño de su hija. Sabía que podía hacerlo porque era él quien le compraba las pastillas anticonceptivas.

    Sentía Ame los últimos latidos de la polla de su padre dentro del coño cuando se corrió ella, y por no variar, dijo:

    -¡¡Usted sí que sabe!!

    Dos años más tarde.

    Ame se había casado con el novio que tenía, y que era un abogado español que estaba trabajando en Tokio. Ahora vivía en una ciudad gallega. Llegó de hacer sus compras y al entrar en la sala de estar se encontró con su marido y con su padre. Mateo, el marido de Ame, le dijo:

    -¡Sorpresa!

    Ame, sonriendo, se inclinó y saludó a su padre. Charlaron y comieron. Mateó, que era un treintañero, moreno y de estatura mediana, después de comer se fue a trabajar y dejó a solas al padre y a la hija. Estaban sentados en un tresillo de cuero de color negro hablando del trabajo de Mateo. Aiko cogió a su hija por un brazo y tiró de ella, la sentó a su lado y le dijo:

    -He venido para recordar viejos tiempos.

    Ame, que vestía una chaqueta negra de lana, una blusa blanca y una falda negra que le daba por encima de las rodillas y que calzaba unos zapatos negros con muy poco tacón, le puso una mano en el pecho y le dijo:

    -Por favor no diga eso, ahora soy una mujer casada.

    Aiko siguió al ataque.

    -Sabes que eres mi tesoro.

    -Ahora soy el tesoro de otro.

    La empujó hacia el brazo del tresillo y buscó su boca, Ame le hizo la cobra y puso cara de grima. Aiko se separó de ella, le cogió las manos y se las beso. Ame le dijo:

    -No, padre, por favor, no.

    -Sí, Ame sí, te necesito.

    La abrazó y le besó el cuello, Ame se revolvía, pero de aquella manera, o sea, que no se revolvía cómo una gata panza arriba. Le echó las manos a sus grandes tetas y se las amasó. Ame quiso levantarse y su padre aprovechó para quitarle la chaqueta y quitar la suya. le dijo:

    -Me muero por tenerte

    -Pare, por favor.

    Aiko estaba demasiado excitado como para parar. Fue de nuevo a por su boca y de nuevo le hizo la cobra. Besó su cuello por todos los lados y luego mordió sus tetas por encima de la blusa y del sujetador.

    -Déjeme, por favor.

    -Te quiero.

    La echó hacia atrás y le abrió el botón de arriba de la blusa. Ame giro la cabeza y empujó la cara de su padre con la palma de su mano.

    -Pare, pare.

    A Ame se la había subido la falda y enseñaba las bragas, Aiko mirándole para ellas, le dijo:

    -No puedo, necesito tenerte.

    Le desabotonó todos los botones de la blusa y después le lamió y chupó las partes de las tetas que dejaban sin tapar el sujetador blanco. Luego le cogió la cara con una mano y la besó en los labios. La lengua de Aiko se encontró con los dientes de su hija… Volvió a lamer y a chupar sus tetas mientras ella intentaba alejarlo con las dos manos.

    -Quite, quite.

    Viendo que no vencía su resistencia, se separó de ella, la cogió por los pies, tiró y la puso a lo largo del tresillo.

    -Déjeme ir.

    Le quitó los zapatos, le levantó la pierna derecha, le chupó los dedos y le lamió la plante del pie. Ame, con una mano en sus bragas, justo encima del coño, le dijo:

    -Me hace cosquillas.

    Dejó de jugar con su pie, le abrió las piernas, le quitó la mano y vio que lo que tapaba con ellas era la humedad que había aparecido en sus bragas.

    -Estás muy mojada.

    Metió la cabeza entre sus piernas y lamió la humedad. Ame seguía inaccesible. Empujando los hombros de su padre con las manos, le dijo:

    -Déjeme.

    Aiko siguió lamiendo un poquito más, luego mirando a los ojos a su hija le dijo:

    -Eres muy hermosa.

    Buscó su boca otra vez y otra vez Ame puso cara de grima y le hizo la cobra.

    -No quiero.

    Aiko le bajó las copas del sujetador y vio las tetas que tanto deseaba. Al lamerle los pezones y las areolas picudas, Ame se quedó quieta un momento, aunque su linda cara se reflejaba la «grima» que le daba su padre.

    -Por favor, pare, pare.

    Aiko siguió magreando y comiendo aquellas deliciosas tetas. Ame seguía mandándole parar.

    -Pare, pare.

    Paró luego de hartarse de tetas, y fue para decirle:

    -Quiero comerte el coño.

    -No.

    -Solo un poco.

    Le volvió a coger las piernas, tiró de ellas y le cogió las bragas por los lados. Ame las agarró por la goma con las dos manos, pero se las quitó, con dificultad, pero se las quitó. Ame puso una mano en el coño para que no se lo viera y le dijo a su padre:

    -Esto es inmoral.

    Aiko olió las bragas, lamió su humedad, después las tiró al piso y lamió la mano que tapaba el coño. La lengua se coló entre dos dedos. Ame sacó la mano para empujar la cabeza de su padre con ella y -¿aposta?-, le puso el coño a tiro de su lengua. Aiko lo lamió con lujuria y siempre de abajo a arriba. Ame dejó de empujarlo, le puso las manos en los hombros y le dijo:

    -Pare, por favor, pare.

    Aiko solo paró para decirle:

    -Quiero sentir como te corres en mi boca.

    -No le puedo hacer esto a mi marido, no…

    Aiko la sacó del tresillo, la puso a cuatro patas, se arrodilló detrás de ella y le lamió el coño y el culo. Ame gozaba cómo una perra, pero no entregaba la cuchara.

    -Déjeme ir, por favor.

    No la iba a dejar ir. Le quitó el sujetador, y magreándole las tetas, le siguió comiendo el coño y el culo. Luego se levantó, se quitó el pantalón y los calzoncillos. Ame vio la polla empalmada, se arrodilló y le dijo:

    -¡Garde eso!

    Cogiéndola por el cabello le llevó la polla a los labios y le dijo:

    -Chúpamela.

    -No.

    Ame no se la mamó por más que le tiró del cabello para que abriera la boca. Lo único que consiguió fue frotársela en los labios. Cuando vio que era misión imposible, la sentó en el tresillo, la cogió por debajo de las rodillas, la atrajo hacia él y puso la polla en la entrada del coño. Ame no quería ser penetrada por su padre, por eso le dijo:

    -Siga comiendo mi coño, si sigue me corro para usted.

    Ya era tarde, Aiko le metió la cabeza de la polla en el coño.

    -¡No!

    Aiko no tuvo compasión. Su polla entró de una estocada hasta el fondo del coño de su hija y le dio a mazo para que Ame se corriera, pero infravaloró a su hija y el que se corrió fue él. A comenzar a correrse la sacó del coño y derramó en sus labios.

    Al acabar de embadurnarla se limpió con la mano la leche de los labios. Aiko cogió los zapatos y el pantalón y yéndose, le dijo:

    -Volveré…

    El idiota

    Esa noche Ame estaba con su largo cabello suelto sentada en la cama apoyada con la espalda en la cabecera de la cama y vistiendo solo con una enagua negra de asas. Esperaba por su marido, que andaba en el aseo lavando los dientes. Cuando se metió en cama, le dijo:

    -Esta noche tengo ganas de ti, Mateo.

    El idiota, el subnormal, o lo que fuera, le dio la espalda y le respondió.

    -Esta noche estoy demasiado cansado.

    La repuesta la dejó cortada.

    -Bueno, otro día será.

    Pasara una media hora. Mateo roncaba y no dejaba dormir a Ame. La muchacha cogió el teléfono móvil que tenía encima de la mesilla de noche y tecleó: Videos lésbicos. Puso uno de dos universitarias, se colocó los auriculares y le dio voz… Al rato chupó el dedo medio de la mano izquierda, metió la mano derecha dentro de las bragas y comenzó a darse dedo. Luego bajó una asa de la enagua, quitó la mano del coño, chupó los dos dedos que había metido dentro de la vagina y acto seguido acarició el pezón y la areola, para luego magrear la teta. Bajó la otra asa y se quitó las bragas. Volvió a meter los dedos dentro del coño y se masturbó metiéndolos y sacándolos al tiempo que se frotaba el clítoris… Pasado un tiempo, una de las chicas, a la que la otra le estaba comiendo el coño, dijo: «¡I´m coming!» Ame viendo la cara de gozo de la muchacha, frotó la pantalla del teléfono móvil en el coño y se corrió cómo una perra.

    Al acabar de correrse, limpió la pantalla con una sábana, pantalla, que había dejado perdida con sus jugos. Se quitó la enagua, se puso las bragas, cogió un pijama de seda, azul, compuesto por una chaqueta y un pantalón, se lo puso, volvió a la cama y durmió a pierna suelta.

    Deja que te haga correr

    A la mañana siguiente, Ame estaba en pijama haciendo la cama cuando oyó una voz a sus espadas.

    -¿Has dormido bien?

    Le mintió.

    -No, pensando en lo que me hizo, casi no dormí.

    Se acercó a ella, le echó las manos a la cintura, la arrimó a él y le dijo:

    -Dame un beso.

    -No.

    Aiko, cómo estaba acostumbrado a hacer lo que le salía de las pelotas, le echó las manos a las tetas y magreándoselas le besó el cuello.

    -Deja que te haga correr.

    -Suélteme.

    Ame quiso librarse de él, pero no pudo. Aiko le bajó el pantalón del pijama y su mano derecha se metió dentro de las bragas. Con un dedo dentro de su coño le dijo:

    -Quiero volver a follarte.

    -No.

    Le bajó las bragas, sacó la polla empalmada y se la frotó en el culo.

    -¿Me vas a dar tu corrida?

    -No.

    Le subió la chaqueta del pijama y se la quitó por la cabeza.

    -¡No siga!

    La echó boca abajo sobre la cama.

    -¡Pare, pare!

    Aiko le puso una mano en la espada para inmovilizarla, lamió sus nalgas y luego subió lamiendo su espina dorsal. Besó su cuello por ambos lados y volvió a bajar lamiendo. Al llegar al culo le quitó la mano de la espada, le separó las nalgas con las dos manos y le lamió el ojete. Ame sin moverse, le dijo:

    -No, no siga, no siga.

    Le clavó la punta de la lengua en el ojete, la sacó y al volver a meterla el ojete ya ya estaba pulsando.

    -Por favor, déjeme.

    Cuando se hartó de comerle el culo, le dijo:

    -Date la vuelta.

    Ame se puso a lo largo de la cama, se dio la vuelta. Con un brazo tapó las tetas y con la mano del otro tapó el coño, y le dijo:

    -No quiero que siga.

    Aiko subió a la cama, le puso las manos sobre las rodillas e hizo fuerza hasta que Ame se abrió de piernas. Le quitó la mano del coño y frotó su cara con el vello de su pelvis, lo olió y después comenzó a lamer de abajo a arriba.

    -No, no, no, no.

    Esta vez le lamió el coño del mismo modo que lamen el agua los perros al beber. Ame dejó que se lo comiera. Al rato Aiko le preguntó:

    -¿Te vas a correr?

    -No.

    Siguió lamiendo de abajo a arriba…

    -Córrete para mí, Ame.

    -No.

    Lamió de abajo a arriba más aprisa…

    -Córrete.

    -No.

    Lamió de abajo a arriba a toda pastilla…

    Ame tapó la boca con las dos manos y silenció sus gemidos, pero no pudo evitar correrse. Aiko sintió los jugos calentitos en su lengua, se la metió dentro de la vagina y no la quitó hasta que no acabó de correrse

    Al acabar, mirando para sus tetas y para su coño, le dijo:

    -Eres una maravilla de mujer.

    Ame bajó la cabeza.

    -Estoy avergonzada de lo que ha ocurrido.

    Aiko se desnudó y le puso la polla en los labios. Ame puso cara de grima y le hizo la cobra un par de veces. Viendo que no se la mamaba, Aiko buscó la boca de su hija con la suya. No había manera

    -Mámamela.

    -No.

    Quiso frotársela en los labios, pero Ame retiraba la cara y se la frotaba en las mejillas.

    -Pare ya.

    Se la frotó en los pezones y las areolas.

    -¡Qué vergüenza!

    -¿Te avergüenzas de que te guste?

    -Déjeme ir.

    -Antes mámamela.

    Aiko le cogió la nuca para que no girara la cabeza y se la frotó en los labios. Le abrió la boca apretándole los mofletes y ni así consiguió pasar la barrera que hacían los dientes. Aiko le dijo:

    -Déjate un poco, cariño.

    Ame ya estaba más que caliente, así que pensó que si iba a ser follada, por lo menos pasarlo bien, pero para no quedar cómo una puta, le preguntó:

    -¿Cuándo vuelve a Tokio?

    -Mañana.

    -Se la mamo y me dejo follar si me promete que no volverá a molestarme.

    Aiko quiso sacar tajada.

    -Te lo prometo, pero tienes que fingir que te gusta hacerlo conmigo.

    -Fingiré.

    -A ver si finges bien.

    Ame le echó la mano a la polla, la puso hacia arriba, le lamió y chupó los huevos, luego lamió desde la base al glande y después se la mamó con ganas. Al rato le dijo Aiko:

    -Échate y ábrete de piernas.

    Se echó y se abrió de piernas. Aiko le metió dos dedos dentro de la vagina, le hizo el «ven aquí» con los dedos y le magreó las tetas con la otra mano. Al rato, Ame abrió las piernas, las volvió a cerrar y se corrió en los dedos de su padre. Aiko viendo cómo su hija tapaba la boca con las dos manos le dijo:

    -Así, así, disfruta, cielo, disfruta.

    Ame, después de correrse, había puesto los brazos al más puro estilo de la «maja desnuda» de Goya. Aiko le lamió la peluda axila izquierda. La muchacha, riendo, le dijo:

    -Me haces cosquillas.

    Le lamió la derecha -ya solo rio-, luego le lamió y le chupó las tetas, el cuello, le besó los ojos y acto seguido la besó en la boca. Ame le devolvió el beso… Llevaron un para de minutos jugando con sus lenguas, después volvió a lamer y a chupar su cuello, sus axilas -ya no rio-, a lamer y chupar sus tetas. Acabó lamiendo su coño, no lo hizo como antes, esta vez lo hizo despacito, muy despacito. A Ame le encantaba, ya que no paraba de gemir. A punto de correrse, le dijo:

    -Apure un poquito, apure un poquito.

    Apuró y ya explotó.

    -¡¡Me corro!!

    Aiko al acabar de correrse su hija siguió lamiendo cómo antes, despacito, muy despacito, lamió hasta que le dijo:

    -Métamela.

    Se la metió al mismo ritmo que había estado lamiendo. Al tenerla toda dentro del coño, le dijo Amé a su padre:

    -¡Qué bien se siente! ¡Deme duro!

    Le dio caña de la buena.

    Al ratito le decía:

    -¡Me está volviendo loca!

    Aiko le dio a romper y Ame exclamó:

    -¡Me corro, me corro, me corro, me corro!

    Se estaba corriendo Ame cuando Aiko sacó la polla del coño, la puso en la boca de su hija, la meneó y se le corrió dentro de la boca.

    Al acabar de correrse, le preguntó Aiko a su hija:

    -¿Me dejas que te la vuelva a comer?

    -Vicioso.

    -¿Me dejas?

    A Ame le encantaba que se la comiera.

    -Sí me hace acabar rápido…

    Aiko metió su cabeza entre sus piernas. Vio el coño corrido y le dijo:

    -¡Qué cosita más hermosa!

    Ame puso los brazos en cruz y le dijo:

    -Es un coño, un coño, cómo cualquier otro.

    Le pasó la lengua de abajo a arriba, luego saboreó los jugos.

    -¡Qué delicia!

    Le echó las manos a las tetas y magreándoselas, comenzó lamiendo de abajo a arriba, lentamente, luego, lentamente, le metió y sacó la lengua de la vagina… Pasó a lamer y a chupar su clítoris y después, cuando ya Ame se deshacía en gemidos, se lo hizo todo de un tirón, lamer, meter, sacar, lamer y chupar… Ni veinte segundos tardó en decir:

    -¡¡¡Me corro!!!

    ¡Quítamelo, quítamelo, quítamelo!

    Esa noche Ame se duchó, se secó y después se puso un picardías de seda de color negro y trasparente. Quería sorprender a su marido. Le sonó el teléfono móvil sobre la mesilla de noche, fue y lo cogió. Era Mateo.

    -Dime, cariño.

    -Voy a tardar un par de horas en llegar. Me surgió un contratiempo. No me esperes despierta.

    Decepcionada, le dijo:

    -Gracias por avisar.

    Nada más colgar y poner el teléfono móvil en la mesilla, sintió un bicho debajo del picardía caminando por su espalda. Salió corriendo de su habitación y se metió en la de su padre, que en ese momento estaba en cama leyendo un libro. Al lado de la cama, dándole la espalda y sofocada, le dijo:

    -¡Quítemelo, quítemelo, quítemelo!

    -¿Qué quieres que te quite?

    -¡El bicho que tengo en la espalda!

    Aiko se incorporó, le quitó el picardías y una pequeña mariposa nocturna que tenía en la espalda echó a volar.

    -Era una polilla.

    Ame se dio la vuelta. Aiko vio a su hija con el cabello suelto y totalmente desnuda. Vio sus tetas con areolas picudas, con sus bellos pezones y vio su coño rodeado de una pequeña mata de vello negro. Se empalmó y le dijo:

    -Eres la mujer más sexy y más bella sobre la faz de la tierra.

    No se molestó en taparse con las manos

    -No le voy a dejar meter por más que me halague.

    Ame, se giró, se agachó, y enseñándole el corte del coño, cogió el picardías y se lo puso. Aiko salió de la cama, se arrodilló delante de su hija, olió su coño profundamente, le echó las manos a la cintura y mirando para arriba le dijo:

    -Deja que te coma el coño por última vez.

    Ame le puso una mano sobre la cabeza.

    -Me prometió que no me molestaría más.

    -Por eso te pido permiso.

    -No se lo voy a dar.

    -Solo un poquito.

    -¡Tan listo para unas cosas y tan tonto para otras!

    -No te entiendo.

    -A ver, padre, tiene mi coño delante de la boca, si no me he movido…

    Ahora si la entendió. Aiko lamió el coño, luego le metió y le sacó la lengua en la vagina cómo si no hubiera un mañana. Después se levantó, le cogió las tetas y magreándolas le lamió y le chupó los pezones y las areolas. Luego le dio la vuelta, le lamió el ojete y metió y sacó la lengua de él. Ya Ame tenía el coño goteando, cuando le volvió a dar la vuelta. Aiko aplastó la lengua contra el coño de su hija. Ame le echó las manos a la cabeza y movió su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, cada vez más aprisa, hasta que paró de moverse. Entre gemidos dijo en bajito:

    -¡Me corro en su boca, padre!

    Al acabar de correrse Aiko se incorporó, la besó con lengua y después le dijo:

    -Eres un encanto de mujer. ¿Seguimos en la cama?

    Ame tenía más ganas que antes de correrse, pero debía disimularlo, así que le dijo:

    -¿Seguro que se va mañana?

    -Seguro.

    -Si me jura que no va a regresar a España volveré a ser la de Tokio

    -Te lo juro.

    Se metieron en cama. Ame se puso entre las piernas de su padre, le cogió la polla, le lamió el glande y después se lo chupó mientras su mano bajaba y subía por el tronco.

    -¿Esta polla gordita me va a volver a dar su leche en la boca?

    -Sí, ¿Y tú coño me va a dar a mí una corrida en la mía?

    -Sí.

    Ame se giró, apoyó las manos en la cama, le puso el coño en la boca y siguió mamando la polla erecta.

    -Tu coño sí que está rico.

    Ame, de cuando en vez, dejaba de mamar, se incorporaba y le ponía el culo en la boca. Aiko le lamía y le follaba el ojete con la lengua… Luego le volvía a darle el coño y a mamarle la polla. Tanto fue el cántaro a la fuente que Ame, con la lengua dentro de su ojete, sintió que se iba a correr y se lo dijo.

    -¡Me voy a correr!

    -¡Córrete!

    Aiko le lamió el coño, ella, antes de volver a chupar la polla, le dijo;.

    -¡Me corro!

    En la boca de Aiko comenzó a caer un torrente de jugos. Segundos después la boca de Ame se fue llenando de leche.

    Ame al acabar se dio la vuelta, le dio un pico a su padre y le dijo:

    -Somos dos pervertidos.

    -Ser pervertidos es mejor que ser tontos, Ame.

    Ame vio que su padre tenía la polla flácida. Debía darle tiempo. Sobre la mesilla de noche vio una cajetilla de Benson & Hedges, un mechero y un cenicero, cogió un cigarrillo y el cenicero, encendió el pito y se puso a fumarlo. Aiko le preguntó:

    -¿Cómo es tu marido en la cama?

    -Soso. No chupa ni deja chupar.

    -¿¡No se la chupas a tu marido?!

    -No.

    Aiko se sentó, encendió otro cigarrillo y le dijo:

    -¿Aún no te come el coño?

    -No.

    -¿Entonces qué te hace?

    -Sube, me la mete en el coño o en el culo, acaba y se echa a dormir.

    Lo del culo lo sorprendió.

    -¡¿Te la mete en el culo?!

    -Mete.

    -¿Y te corres?

    Ame apagó el cigarrillo en el cenicero, le cogió el de su padre, lo apagó también y después le respondió:

    -Dándome por el culo, no. Follándome el coño, a veces, y yo sola, siempre. Me corro frotándola, cómo la voy a frotar ahora.

    Ame subió encima de su padre, le echo la flácida polla hacia arriba, le puso el coño encima, y comenzó a masturbarse con ella. Aiko le dijo:

    -Bésame.

    Al inclinarse para besarlo y mover el culo hacia atrás, la polla rozó su clítoris. Ya no paró de comerle la boca y de frotarlo contra la polla hasta que le dijo:

    -¡Me corro!

    Aiko sintió cómo el coño de su hija apretaba su polla, luego cómo le empapaba la polla y los huevos y le dijo:

    -Goza, cielo, goza.

    Al acabar de correrse se enderezó. La polla salió de su encierro y miró hacia el techo. Ame colocó sus manos sobre el vientre de su padre, elevó el culo, puso el glande en la entrada de la vagina, dejó caer el culo lentamente y la polla llegó al fondo de su coño. Un gemido de placer salió de su garganta y su cabeza se echó hacia atrás. Luego comenzó a mover el culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante, muy, muy lentamente. Aiko le cogió los pezones con dos dedos de cada mano y jugó con ellos sin llegar a apretarlos. Poco a poco el culo fue cogiendo velocidad hasta que se quedó quieto. Meando por ella y casi susurrando, dijo:

    -Me corro.

    Al acabar de correrse le dijo su padre:

    -Métela en el culo.

    -La tiene muy gorda para el culo.

    -Métela poquito a poco.

    Ame cogió la polla, la frotó en el ojete, metió la puntita, se echó sobre su padre, lo besó y le dijo:

    -Métala.

    Aiko empujó, metió el glande y ya se corrió dentro del culo de su hija. Ame, sintiendo la leche calentita dentro de su culo, miró para su padre y le dijo:

    -Algún día me correré dándome por el culo.

    -¿Y por que no te vas a correr esta noche?

    Se la clavó hasta el fondo. Al estar tan apretada, la polla no se bajó. Ame se enderezó, le puso las manos en el pecho y lo folló subiendo y bajando su culo. Aiko metió el dedo pulgar en la boca, le puso la yema del dedo sobre el clítoris y dijo:

    -Puedes follarme todo el tiempo que quieras.

    Amé, cada vez que subía y bajaba el culo frotaba el clítoris con la yema del dedo. Al rato el culo bajaba y subía a toda mecha. Sintió que se iba a correr y se lo dijo.

    -¡Me viene, me viene!

    Aiko se volvió a correr dentro de su coño y Ame explotó.

    -¡¡Me corro!!

    A los pocos segundo de correrse, la fiesta se les acabó, ya que sintieron entrar el coche de Mateo en el garaje

    Aiko cumplió su palabra, volvió a su casa. A la semana siguiente fue Ame la que regresó a Tokio. Necesitaba algo de su padre. ¿Qué crees que sería?

    Quique.

  • Estrené a una Testigo de Jehová (I)

    Estrené a una Testigo de Jehová (I)

    Siempre he tenido una fuerte fe religiosa en la doctrina predicada por la Iglesia Católica,  e incluso me llegué a replantear en formarme como teólogo, aunque finalmente me decanté por ser profesor de Humanidades. Sacerdote estaba totalmente descartado, ya que era muy lujurioso (mi pecado capital) y me gustaban mucho las mujeres, por lo que, siguiendo con las enseñanzas del apóstol San Pablo en 1º de Corintios 7:9: “Pero si carecen de dominio propio, cásense; que mejor es casarse que quemarse”. Al llegar a la mayoría de edad mi prioridad fue buscar esposa, pero casi siempre la chica con la que estaba me acababa decepcionando, por lo que iba de flor en flor como abejorro, al igual que San Agustín de Hipona antes de convertirse al cristianismo, lo que en cierta forma me atormentaba en la conciencia.

    Si bien mi vida era pecaminosa en ese sentido, todos me tomaban como un buen católico practicante, ya que siempre encontraba tiempo para ir a misa prácticamente a diario, trataba de seguir los ritos del catolicismo, leía la Biblia y a los santos de la Iglesia y me confesaba antes de comulgar, lo cual traía loco al sacerdote de mi parroquia, pues mis pecados eran siempre relacionados con lujuria: fornicación, masturbación, etc.

    Puse a prueba mi fe cuando me crucé con Alicia, una chica con la que había ido al colegio y que nunca iba a clase de religión porque era testigo de Jehová. Yo por entonces carecía de conocimiento acerca de este grupo religioso, y pensaba que Alicia era un bicho raro por seguir una doctrina contraria a la de la Iglesia. Tras dejar el colegio perdí todo contacto con Alicia, pero años más tarde me la encontré en la calle junto a un señor mayor con bigote y sombrero que luego identifiqué como su padre. Alicia y su padre repartían propaganda sobre su fe para tratar de captar adeptos: ejemplares de “¡Despertad!”, un librito amarillo titulado “¿Qué enseña realmente la Biblia?” y otros panfletos religiosos del estilo. Aunque no suelo acercarme a este tipo de gente, esta vez lo hice porque reconocí a Alicia y porque estaba realmente sexy.

    Alicia por entonces tenía 22 años, era de estatura media, delgada, tenía una larga y lisa melena rubia, ojos azules… No podía adivinar sus formas corporales por la vestimenta que llevaba: una camisa blanca cuyas mangas le llegaban hasta los codos, y una larga falsa negra que le llegaba casi al suelo. Pero aquella forma tan recatada de vestir me excitaba, al igual que me ocurría cuando veía a alguna monja joven visitar mi parroquia. Aquella castidad, aquel recato y aquella posible virginidad me excitaban en una joven preciosa como ella. Me acerqué, y con una sonrisa me saludó, dándome dos besos. Recordé cómo se reían de ella en la escuela por tener unas creencias diferentes a nosotros, pese a que muchos de ellos no practicaban como Dios manda el catolicismo. Sólo yo la respetaba, aunque por dentro lamentaba que siguiera creencias que, desde mi perspectiva, eran erróneas.

    “Alicia, ¿qué tal te va?”, le dije, “Bien, estoy trabajando en la tienda de mis padres”, me contestó, “a ratos estudio magisterio y también doy clases de La Palabra”. “¿La Palabra?”, pregunté, “¿te refieres a la Biblia?” “Sí”, me dijo, “¿te interesa? Es un curso totalmente gratuito y no te compromete a nada”. Sinceramente, yo ya conocía bastante de la Biblia y sabía que las traducciones de los Testigos de Jehová eran malas, pero por algún motivo sentí el deseo de decirle que sí, aunque en realidad, en lo más profundo de mi alma, sólo quería meter mi cabeza en aquella falda para ver cómo tenía las piernas y bajarle las braguitas para hacerle un cunnilingus que hiciera derretir de placer a esa princesita de la Watchtower. O arrancarle esa camisa para ver qué tipo de ropa interior usaba y ver cómo eran sus pechos, acariciárselos para hacerla gozar físicamente (y quizás, espiritualmente). “Bueno, si te interesa, puedes venir un día al Salón del Reino, allí tenemos nuestras reuniones, cantamos a Dios y comentamos La Atalaya”. Le di mi móvil, y más tarde, aquel mismo día, me pasó la dirección del lugar donde se localizaba el Salón del Reino al que iba ella, que es como la parroquia de los Testigos.

    Debía acudir a aquel Salón del Reino el sábado a las 7 de la tarde. Para ello, tendría que faltar a la misa de mi parroquia, algo que seguramente el padre Antonio no vería con buenos ojos. Pero por otro lado, ¿acaso el Papa Juan Pablo II no visitó una sinagoga en Roma, una mezquita en Damasco, así como una iglesia luterana y un templo budista? ¿No debía seguir su ejemplo como ecumenista? Pero seamos sinceros, el ecumenismo es lo que menos me interesaba en ese momento, sólo quería ir para ver a Alicia. ¿Pero qué si lo único que me motivaba a ir a ese lugar era Alicia? Ella tenía todo lo que esperaba en mi futura esposa, belleza física y fidelidad a Dios (aunque fuera una visión corrompida del Dios al que yo adoraba), algo que entre las católicas, salvo algunas monjas que mencioné anteriormente, escaseaba. La Iglesia Católica debía afrontar que algunos de sus preceptos habían quedado antiguos (como otros en el pasado habían quedado obsoletos) y la corrupción que había en cierta parte de la jerarquía habían alejado a los jóvenes de la Iglesia, de manera que cuando iba sólo había algunas ancianas y sólo en ocasiones especiales, como bodas, bautizos o comuniones iban chicas jóvenes, aunque tan solo fuera por compromiso familiar. Estaba claro que dentro de la Iglesia Católica estaba difícil encontrar a la princesa de mis sueños, por lo que debía probar en otros sitios. ¿Y quién sabe si lograría salvar su alma de la herejía?

    Llegó el sábado y a las 7 de la tarde me personé en aquel Salón del Reino. Supongo que llamaría un poco la atención, ya que aparte de ser alto y con barba (normalmente los hombres que son Testigos van afeitados) iba vestido de manera informal. A raíz de ello, se me acercaron algunos a darme la bienvenida, hasta que Alicia apareció por fin para saludarme. Si en la calle estaba preciosa aquí estaba espectacular, con una blusa con botones y una falda algo más fina, además de tener el pelo recogido sobre una felpa de tela. “¡Qué contenta estoy de que hayas venido!”, me dijo, “yo también estoy feliz de verte”, dije con una sonrisa, “y esta experiencia es nueva para mí, podré ver de primera mano cómo son las reuniones de los Testigos”. Por dentro deseaba agarrarla y estamparla contra la pared de aquel lugar mientras desabrochaba su blusa y le bajaba la cremallera de la falda para hacerle el amor una vez tras otra. Pero debía calmarme, pues no era el momento ni el lugar. Todo llegaría.

    La reunión la verdad es que estuvo algo aburrida. Un par de canciones, una exposición acerca de la Creación de Dios (negando completamente la teoría de la evolución que ya la Iglesia Católica había aceptado en 1996-algo tarde, lo sé-) y finalmente, el comentario de “La Atalaya” sobre el Año del Jubileo. Básicamente se ponían a repetir o directamente leer lo que aquella revista decía. Cierto es que en las misas nos dedicamos a repetir otras fórmulas, pero había cierta espiritualidad en las mismas que no encontraba en estas reuniones. Sólo pensaba en meter la mano por debajo de la falda de Alicia, la cual estaba sentada a mi lado y podía oler su perfume, lo que me excitaba. Al acabar, le dije a Alicia, “¿me enseñarás la Biblia? Seguro que son interesantes tus explicaciones”. “Sí, si quieres podemos quedar un día en el sitio que digas”. “¿Qué tal mi casa?”, ofrecí. Mi casa por entonces estaba vacía, pues mi hermana mayor se había casado con su pareja y ya no vivía allí, y mis padres en determinados días trabajaban fuera, por lo que era fácil convertir mi casa en un picadero, como había hecho ya con otras. Pero esta era diferente, había que ir con delicadeza.

    Llegó aquel día acordado con Alicia. Vino sola, acompañada de su Biblia y algunos panfletos que pensaba que eran de mi interés. Estuvimos conversando sobre la Biblia. Alicia me contó que podía contrastar lo que me decía con mi edición católica. No me perdía una palabra de lo que decía, aunque a veces era complicado porque me perdía nadando en el azul de sus ojos. Cuando acabó la clase, me dijo que siempre había tenido un buen recuerdo de mí, porque al contrario de los demás, no me burlaba de ella por sus creencias. Yo dije que me alegraba de que Dios la hubiera puesto en mi camino. Y lo decía en serio, pues en aquel momento pensaba que Alicia se convertiría en mi esposa y en la madre de mis hijos, aunque ella no lo supiera.

    No se me ocurría qué decir para seducir a una chica de este tipo, así que le ofrecí un baño en mi piscina. Ella dijo que no había traído bañador, así que le dije que podía entrar en el cuarto de mi hermana y usar algo que le estuviera bien. Contra todo pronóstico, ella aceptó y yo sin creérmelo: “Eres un católico escuálido”, me dije, “si al menos fueras uno de esos católicos fuertes que llevan pasos en Semana Santa… pero no sirves ni para monaguillo”. Pensamientos de este tipo tenía mientras me cambiaba y me metía en la piscina, cuando Alicia apareció por la puerta con un bikini azul, como sus ojos. “Sólo por esta imagen ha merecido la pena haber traicionado parcialmente mis convicciones”, pensé.

    Alicia tenía unos pechos medianos, pero se veían hermosos ante la blancura de su piel. Las piernas eran largas y bonitas, y su culo rellenaba aquella braguita que se metía entre descuidos entre sus nalgas. Si ya me excitaba verla vestida tan recatada, verla medio desnuda podría provocarme una corrida. Pero quería aprovecharla. “Eres preciosa, Alicia”, le dije mientras bajaba por la escalerilla hacia el agua. “Gracias”, dijo algo tímida, “tú también eres muy guapo”. Seguíamos hablando mientras observaba cómo su larga melena rubia se extendía por la superficie del agua. Debía rematar aquello: “Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!”, le dije, recitándole tal pasaje de El Cantar de los Cantares.

    Viendo que sonreía mientras se ruborizaba, me lancé hacia ella besándola y apreté su cuerpo contra una de las paredes de la piscina. Ella se encontraba muy excitada, quizás nadie le haya recitado la Biblia para seducirla, y me correspondía en aquellos besos. “Ahora soy tu novio”, le dije, “repítelo”. “Eres mi novio”, dijo mientras continuaba con los besos. Empecé a acariciarle los pechos, hasta que le arranqué la parte superior del bikini. “Oye”, me dijo mientras jadeaba, “soy virgen”. “Y a mí me gusta que así sea, que te hayas reservado para este día”, le contesté, cada vez más excitado. Con fuerza, le arranqué la braguita y le enseñé mi miembro viril. “Espera, espera, esto está yendo muy deprisa”, me dijo Alicia mientras se apartaba. “¿No te apetece hacerlo?”, le dije. “Sí, me apetece, pero creo que antes de rebelarme contra mi fe y mi comunidad, deberíamos esperar a que la ocasión fuera más bonita, no en tu piscina. Una ocasión más íntima”, me respondió.

    “Demasiado bueno para ser verdad”, pensé. “Bueno, Alicia, si es lo que quieres te respetaré. Sé también que el sexo prematrimonial es pecado, pero creo que Dios nos perdonará si esto no es fruto de una mera lujuria, sino del amor”, le dije. Ella pareció contentarse con esa respuesta y se abrazó a mí. Tener a aquella hermosa chica virgen pegada a mi cuerpo aumentaba mi excitación. Debía hacer algo con aquello. “Déjame tu mano”, le dije mientras me sentaba en las escalerillas de la piscina y se la agarraba y la colocaba sobre mi pene. “Esto es como tener sexo, pero sin perder la virginidad”, le dije, “nadie, salvo tú y yo sabrá lo que ha pasado aquí”. La mano de Alicia era inexperta, pero esa inocencia me parecía excitante. Así mismo, la suavidad de aquellas manos lograba endurecerme la polla más y más. “¿Cómo puede tener ese cuerpazo y ser virgen?”, me preguntaba, “seguro que si hubiese sido católica ya se la habrían follado más de una vez”. Finalmente logré correrme, saltando aquel semen sobre el agua. Alicia se colocó el bikini y se abrazó a mí.

    “Me encanta que seas tan cariñosa”, le dije, “y esto que hemos hecho nos ha unido más que nunca”. “¿Nos veremos la semana que viene?”, me preguntó. Ya lo creo que nos volveríamos a ver.

    Continuará…

  • Segunda vez infiel en casa

    Segunda vez infiel en casa

    Como comenté en una historia anterior, soy Marta. Fui infiel por primera vez hace 4 años. Mi primera infidelidad fue con Alfredo, acá en casa, donde lo hice entrar aprovechando que es técnico de la empresa de cable e internet que nos provee. Estuvimos juntos como 8 meses. Pero no volví a arriesgarme en traerlo a casa. Íbamos a un hostal discreto a unos 15 minutos de acá, casi siempre pagaba yo pues él decía que “el dinero no le alcanzaba”.

    Me aburrió un poco la situación pues no trabajo y ya era como vergonzoso pedirle más dinero que el usual a mi esposo. El hotel era barato, pero igual un gasto adicional. Cambié de Nick en el chat y comencé a buscar otras opciones. El mismo Alfredo (que seguía con su Nick) me contactó. Pero no le hice caso. Aun estando con Alfredo, estuve con otros dos chicos que si hacían las cosas como tiene que ser, pagaban siempre el hostal y lo que hacíamos.

    Finalmente dejé a Alfredo, llegó la Pandemia y el confinamiento. Volví a ser mujer de un solo pene. El pequeñito de mi esposo. Me sentía muy insatisfecha. Ni bien se levantaron las restricciones empecé a escaparme con discreción a ver a alguno de mis dos amigos. Nunca más a Alfredo, que, por cierto, tampoco me buscó.

    Mi esposo, a diferencia de la mayoría de sus colegas y amigos, tuvo muchísimo trabajo luego de la Pandemia. Andaba siempre en su estudio en casa o saliendo a supervisiones y reuniones. Un sábado salió antes de las 7 am de la casa hacia una reunión y me dijo que volvería a las 10.00 para reunirse con otro colega acá mismo. Lo hacía siempre, así que ni le presté atención.

    Como a las 8 am ingresé al chat. Tras un poco de coquetería comencé a charlar con dos amigos. Conversaciones hot con ambos y finalmente quedamos en hacer video llamada con uno de ellos. Nos fuimos al Skype y comenzamos un cibersexo que estuvo delicioso. Nos desnudamos ambos y viéndolo cogerse el pene yo me masturbaba. En eso, cuando estaba ya cerca de llegar, suena el intercomunicador. El conserje del edificio. Así desnuda fui a contestar muy molesta. Me dijo “Señora Marta está acá el señor Elías, busca al ingeniero”. Molesta le contesté que no estaba.

    Intercambió palabras con la visita e insistió en que el visitante tenía reunión prevista. Le dije que llamaría a mi marido. Lo hice. Me respondió “amor, mil disculpas, estoy retrasado unos 40 minutos, puedes hacerlo entrar y distraerlo”. Molesta por tener que cortar mi sexo virtual acepté. Me puse el short de pijama sin ponerme la tanga y el polo del pijama sin el brasiere. Le dije al conserje que suba el visitante de mi esposo. Lo esperé. Cuando tocó la puerta, abrí y lo hice pasar.

    No era alguien que haya venido antes a casa. Mentiría si digo que era un hombre apuesto e irresistible. O un joven galante y viril. Era un hombre de unos 35 años. Contextura media, no gordo, pero tampoco delgado, menos con cuerpo marcado por el ejercicio. Sólo me llamó la atención el color de su piel, moreno sin llegar a negro, por alguna razón su color me resultó muy sexy.

    Pasé de la molestia a la coquetería sólo por su piel. Nos sentamos en la sala. Conversamos un par de cosas, creo que me contó que trabajaba con mi esposo en no recuerdo que proyecto y que estaban cerrando no sé qué cosa que debían presentar el lunes. Me di cuenta que me miraba los senos y me di cuenta también que mis pezones estaban duritos, que la excitación había vuelto a subir. Sin buscarlo ni premeditarlo, mi mente estaba ya en modo sexo otra vez. Disfruté el momento y al hablar empecé a mover los hombros, lo que hacía que mis pezones se resalten más tras el polo del pijama. Sentí fluir la excitación en ambos. Decidí ofrecerle un café o un agua. Escogió agua.

    Me levanté y fui hacia la cocina, sabía que me miraría las nalgas sin que yo lo viera. Supe que se daría cuenta que no llevaba nada debajo del short. Fui por el agua y volví. Al darle el vaso le vi la entrepierna. Con descaro. En ese momento, él me pidió si podía usar el baño. Sé que esa fue su jugada para no arriesgarse a un ofrecimiento verbal que pudiera ofenderme.

    Le mostré el baño de visita, a unos pasos de la sala donde estábamos. Cerró parcialmente la puerta. Fue tan hábil que desde mi posición podía ver su verga al orinar. Debo reconocer que un genio el tipo. Vi cómo se bajó el cierre del pantalón, como la sacó y como orinaba. El ruido de su orín dentro de la taza terminó de excitarme. La meneo y miró hacia afuera del baño, me encontró hipnotizada.

    En ese momento él supo, yo supe, que no había más, que era suya. Me dijo “vienes” y fui.

    Entre al baño, por alguna razón, quizás instintiva, cerré la puerta y puse llave. Me dijo “chupala”. Al igual que con Alfredo, me arrodillé aprovechando el tapete del baño y comencé a chuparle la verga. Tenía sabor a orines y eso me alocó. Se puso dura muy rápidamente, no era una verga enorme, pero era (como siempre) mucho más grande que la de mi esposo.

    Sabía que no tenía mucho tiempo y cuando la sentí por explotar le dije “cógeme” y me levanté. Me agarró por la cintura, cerró la tapa del inodoro y me acomodó sobre el mismo. De pie, con las piernas separadas y apoyada en la parte posterior, inclinada hacia adelante. Se puso detrás de mí y sentí como untaba mi coño con saliva. Con sus manos separó mis muslos y me penetró. Uff. Lo recuerdo y es como volver a vivirlo.

    Estuvo así unos minutos y tuve un orgasmo rapidísimo. Tanto que se sorprendió y me dijo “que puta caliente eres”. No sabía que tenía más de una hora de cibersexo que él había cortado. No se lo dije. Me ordenó que suba a la taza del inodoro. Eso hice. Nunca había hecho algo así, pero una creo que lo tiene pregrabado. Me subí y me puse de rodillas, con el culo bien salido.

    Volví a sentir su saliva untada con sus dedos, pero ya no en mi vagina, sino en mi culo. Me incliné más hacia adelante y tiré más el culo hacia atrás. Me la metió en una y en ese momento él se puso perro. Comenzó a decirme que era una puta, una zorra, una infiel, una perra y me daba con todas sus fuerzas. Por momentos la sacaba toda, sentía que me miraba, decía “que culo tan abierto y usado” y la volvía a meter. Tuve un segundo orgasmo tan intenso que mis contracciones lo hicieron venirse.

    A ambos nos entró la cordura. Mi esposo estaba al llegar. Me subí el short de pijama y fui a mi cuarto. Entre al baño de la habitación, me limpié con papel, lo boté por el inodoro. Me puse una ropa de casa discreta y salí a la sala. Allí estaba el ya vestido. Antes que podamos hablar, mi esposo abrió la puerta y entró.

    Nunca lo volví a ver.

  • Trío con mi suegra y mi cuñada

    Trío con mi suegra y mi cuñada

    Si leíste mis dos confesiones anteriores entenderás cómo llegaste hasta aquí y si no te invito a que lo hagas así le encontrarás más sabor a esta confesión.

    Con la continuación de sexo con mi suegra tetona, cuando mi cuñada decide ir a otra ciudad a vivir y tiene a mi hijo cuando nace mi suegra se iba casi toda la semana a cuidar a mi cuñada y solo la veía algunos fines de semana cuando mi suegro estaba fuera de la ciudad hasta que mi cuñada decidió que mi suegra fuera a vivir con ella ya que ella vivía literal sola y se dificultaba estar moviendo entre ciudades mi y suegro se jubila o retira todo regreso a como era antes los 3 como que si nada había pasado. Y por temas de trabajo y estudios no los visítanos muy seguido ya que había que ir a otra ciudad no estaba lejos a una hora pero se dificultaba pasaron algunos años.

    Con la llegada de la pandemia nos veíamos aún menos nos limitamos a casi solo hablar por teléfono o al menos mi mujer. Yo me quedo sin trabajo por la pandemia y aunque muchos la pasamos muy mal para mí fue el inicio de mi mejor experiencia sexual y profesional. Mi cuñada tiene una compañía y fue de las poco afortunadas de crecer en tiempos de pandemia mi mujer habla con mi cuñada para trabajar con ella era noviembre de 2020 y por la confianza me convierto literal en su mano derecha todo era normal cabe mencionar que su negocio es en línea y yo llegaba a su casa desde muy temprano a su casa muchas veces la encontraba en pijama yo estaba unas horas en casa luego salía a hacer diligencias de la compañía. Pasaron algunos semanas y no todo iba normal aún que yo veía a mi cuñada recordaba cuando la tenía en 4 y le abría el trasero con mis labios y le chupaba el coño y le metía mi lengua en el coño y a mi suegra como gemía cuando la penetraban y con mi lengua acariciaba sus pezones y solo con verlas el pene se me ponía erecto incluso me excitaba tanto de verlas y recordar que mojaba mis pantalones.

    No sé si con mi experiencia o experiencias lo entendí así pero si algo le gusta a una mujer y le atrae de un hombre es que sea trabajado que luche por conseguir salir adelante y que no le importe trabajar hasta tarde ya entrada la noche para lograr sus metas y pues mi cuñada lo noto por qué todo empezó a cambiar y creo que no fue la única que lo noto y le atrajo también mi suegra por qué llegó la navidad y había mucho trabajo y les gustó ver un hombre que está dispuesto a todo y todo empezó a cambiar, cuando llegaba mi suegra me hacía desayuno y me atendía súper bien incluso cuando salía siempre me envía a lunch y estaba pendiente de si quería llevar agua o algo y le atrevo a decir que me atendía mejor que a su esposo y mi cuñada siempre estaba muy arreglada y los hombres no somos muy brillantes en algunos aspectos pero si notamos cuando una mujer quiere que la veas se arregla para ti y con muchas horas juntos muchas llamadas y horas hablando nos conocimos mejor y tenemos muchas cosas en común no sé si es por qué tenemos la misma edad pero empezamos a tener cierta química y la verdad nunca estábamos solos siempre o estaba su esposo o estaban mis suegros o sus hijos y cada vez estaba más arreglada desde vestidos muy cortos blusas escotadas o pantalones blancos con tangas de colores que se notaban muchas de estas cosas las hacías cuando mis suegros y su esposo estaban fuera estaban sus hijos pero o estaban durmiendo o en clases en línea era como estar solos. Y se sentía alguna química y tensión sexual ya que buscaba la manera o poses para que la observará ya sea piernas trasero o tetas algunas veces dejaba ver su ropa interior. Pero era difícil intentar algo. Por otro lado mi suegra me despedía muy bien le gustaba que nos abrazáramos fuerte para que sus tetas se tocaran con mi pecho y le gustaba ir a despedirme hasta el coche. Y para ser sincero ya no solo sentía ganas de tener sexo no dejaba de pensar en mi cuñada y mi suegra me estaba encariñando y se sentía esas ganas.

    Un día mi cuñada estaba con un mini vestido se veía muy sensual y mi sorpresa no había nadie en casa más que su hijo mayor que estaba en clases en línea estábamos sentados en su sala hablando uno en cada sillón ella con sus piernas cruzadas dejándome aprecias sus hermosas piernas de pronto se pone de pie y se inclina a revisar un producto enfrente de mi literal puso su trasero en mi cara podía ver su tanga su vagina y parte de sus trasero no sabía que hacer pasaron algunos segundos y pensé está no es una casualidad ella quiere así que así inclinada le descubrí el trasero la tome de las caderas y la hale así mi moví su tanga le abrí el trasero con mis manos y le metí mi lengua en el coño solo escuché un gemido pasaron unos segundo y su hijo empieza a bajar las escaleras se dirigía por un vaso con agua cuando nos dimos cuenta ella se levanta y se baja el vestido sin acomodarse la tanga su hijo se dirige a mí para saludarme y se queda hablando conmigo se había perdido la oportunidad y no se dio la oportunidad con mi suegra todo hasta lo mencionado pasaron la fiestas pasan los meses y no se dio ninguna oportunidad con ninguna de las dos, pero llega el verano y todo cambio

    Llega el verano y mi cuñada nos invita a ir a un hotel en la playa yo no dejaba de pensar en que iba a hacer durante 3 días para disimular verlas en traje de baño como iba a esconder mis erecciones en traje de baño.

    Pero se llegó el viaje llegamos al hotel y como no daban las habitaciones hasta las 3 de la tarde fuimos a la piscina y antes de seguir cabe mencionar que no me considero un Adonis pero tampoco feo siento que mi aspecto es muy varonil soy fornido algo alto moreno claro pelo en pecho pero no muy velludo pero lo suficiente para verme muy varonil y no me considero como muy dotado con un pene enorme siento que estoy entre el promedio jamás lo he medido pero considero que está entre 17 o 19 centímetros o tal vez menos pero si es muy muy grueso y cabezón y siempre se me marca muchísimo con pantalonetas pantalones y todo lo que use, tampoco me considero en forma o con cuerpo atlético pero si hago ejercicio con frecuencia.

    Llegamos a la piscina y solo nos metimos los hombres y los niños las mujeres se sentaron a tomar el solo a la orilla de la piscina cuando me quito la playera siento que alguien me ve cuando me doy cuenta mi suegra y mi cuñada estaban sentadas en una misma silla y ambas me observaban mi esposa estaba en el móvil y no lo nota pasamos un par de horas y yo sentía la mirada de ambas hablaban reían bromeaban entre ellas pero siempre me veían llegó la hora de comer y de salir de la piscina mi suegro y el esposo de mi cuñado salen por otro lado ya que era una piscina muy grande y yo salgo por dónde estaban las mujeres mi mujer agarra a las niñas y pone su atención en ellas yo estaba medio erecto me excitaba que me vieran cuando salgo se imaginan siempre se me notaba el pene súmenle ropa mojada y medio erecto se me veía enorme y se notaba muchísimo y literal cuando salgo las dos me ven el pene y me veían de pies a cabeza y note que ambas se excitaron ya que sus pezones se ponen duros ya que se pueden ver se chupa los labios y se ponen nerviosas parecía película porno cuando están las dos mujeres y el hombre de color enfrente de ellas y las dos mujeres están con la boca abierta listas para mamar pene las dos juntas era es escena y esa vino a mi lente se veía que querían que me sacará el pene y se los pusiera para mamar se veía que estaban muy excitadas y a mi se me pone súper duro y se veía en lo tenía duro para que nadie lo notará me tiró a la piscina pasa la comida nos dan las habitaciones 4 para ser exacto una para cada pareja y una para todos los niños todas las habitaciones eran privadas pero se conectaban con puertas laterales que se tenían que abrir de ambos lados mi habitación queda en medio de la de mis suegros y mi cuñada paso el día y ellas no dejaban de verme y a mi pene y eso me tenía súper excitado no bebo pero de vacaciones tome uno o dos tragos y eso me puso muchos más caliente en el hotel habían bebidas ilimitadas y el esposo de mi cuñada y mi suegros si beben mucho y literal estaban inconscientes de tanto alcohol y los niños estaban desmayados de cansancio de nadar y jugar y no sé si soy yo pero o le pasa a alguien más pero cuando estamos de vacaciones mi mujer y yo como que nos calentamos y tenemos sexo más intenso de lo habitual y agréguenle que pase todo el día con la escena de mi cuñada y mi suegra mamándome el pene juntas y pasaron viéndome el pene todo el día , tome un par de tragos y sabía que ellas dos serían las únicas que escucharían y éramos los únicos en ese piso del hotel y yo quería que escucharán tuve sexo súper intenso y salvaje con mi mujer le hice de todo y le daba súper duro para que hiciera el clásico sonido como cuando aplaudimos y literal no gemía gritaba de placer al igual que yo tuvimos ambos orgasmos tan intensos que creo que los escucharon en todo el hotel literal parecía una de las películas porno más sucias intensas y salvajes que existen pasamos así una buena parte de ella noche y madrugada al final nos dormimos al siguiente día nos reunimos para desayunar y mi cuñada y mi suegra no paraba de verme el pene y escucho que empiezan a bromear con mi mujer y entre broma y broma le dijeron que se había escuchado muy rico que era afortunada que a ellas ni las habían tocado por qué a sus hombres les interesaba más beber.

    Paso el día y se sentía una tensión sexual súper intensa y literal pase con el pene erecto todo el día no solo por lo que pensaba si no de ver el trasero de mi cuñada en traje de baño y las tetas de mi suegra pero pensaba con podía tener sexo con ambas pero jamás me pasó al mismo tiempo para un trío les mentiría pero pensé segundo día que los niños juegan y nadan estarán más cansados aún que ayer y pensaba como estar a solas con ellas sin que sus esposos o mi esposa lo notará y pensé tengo que hacer que todos beban muchísimo hasta que estén ahogados en alcohol incluyendo a mi esposa pero ella no bebé ni mi suegra así que sería difícil cenamos los niños estaban literal desmayados de cansancio así que se fueron a dormir insiste que los adultos fuéramos al bar y ordene tragos a todos mi mujer y mi suegra no querían pero mi cuñada entendió lo que quería lograr y ayudo a convencer a mi mujer y suegra al final estábamos de vacaciones hay que hacerlo al final mi suegro el esposo de mi cuñada y mi esposa estaban inconscientes de tanto alcohol después de unos tragos mi suegra también entendió lo que quería lograr ninguna sabía que ya había estado con la otro y creo que jamás imaginaron un trío cada una entendió que lo hacía para estar con ella mi plan era estar con una luego buscar a la otra. Les dije a ambas que me esperarán en el bar que iría a dejar a los que estaban ebrios y lo hice regrese al bar tomamos un par de tragos más bailamos los 3 juntos y me hicieron sándwich era muy erótico no estábamos ebrios pero si estábamos un poco tomados lo suficiente para agarrar valor y hacer locuras y me di cuenta que me sería muy difícil deshacerme de alguna por qué ninguna se quería separar así que le di una buena propina a un mesero para que me diera una botella para llevar a la habitación lo cual estaba prohibido pero accedió y les dije y si seguimos en la habitación las 2 accedieron yo esperaba que alguna se fuera o me quedara a solas con una así que deje vacía mi habitación y a mi mujer la dejé en la habitación con mi suegro y fuimos a mi habitación las dos se sentaron en la cama les serví otro trago y cuando me di cuenta era la misma escena que me había imaginado y me había puesto caliente y me di cuenta que los 3 estábamos muy calientes y pensé voy a intentar un trío si no funciona o alguna se ofende me escudo que estaba muy ebrio así que camino así ella y literal le arrancó la blusa a mi suegra con todo y sostén y le saco sus enormes tetas y se las empiezo a mamar mientras hice eso con una mano acarició las piernas de mi cuñada y empiezo a acariciar la vagina después le quitó el shorts a mi cuñada junto con la tanga y le empiezo a hacer sexo oral mientras hacía eso con una mano masturbaba a mi suegra y le acariciaba las tetas solo de recordar cómo gemían se me vuelve a poner erecta después lo que tanto había imaginado les pongo el pene y empiezan a mamar era algo súper excitante que me costaba trabajo no venirme acuesto a mi suegra y le empiezo a hacer sexo oral y a mamar las tetas cuando siento mi cuñada está atrás de mí me abre las nalgas y me empieza a mamar el coño jamás había hecho algo así no sé si fue el momento pero me encantó al mismo tiempo ella me masturbaba y me mamaba el pene luego las puse a tocarse y era natural solo recuerdo que dije estamos de vacaciones será nuestro secreto y está oportunidad puede que jamás se vuelva a dar en la vida creo que la aprovechamos así que deje a mi suegra acostada puse a mi cuñada a en 4 a mamarle la vagina y las tetas a mi suegra mientras yo le mamaba el coño a mi cuñada y luego le metí el pene en el coño la verdad no sé cómo no escucho alguien y si escucharon como llamaron.

    Para quejarse por qué no eran gemidos eran gritos de los 3 y el clásico sonido como si estuviéramos aplaudiendo si alguien escucho pensaría quien está viendo porno a todo volumen no recuerdo todo lo que hicimos pero llegó el momento que quería explotar así que me acosté en la cama boca arriba coloque a mi suegra en mi pene y a mi cuñada en mi cara mientras penetraban a mi suegra le mamaba la vagina y el coño a mi cuñada mientras ellas se acariciaban y se mamaban las tetas y se besaban todo era tan caliente y los 3 estábamos tan calientes que explotamos al mismo tiempo mi cuñada me acabo en la boca mi suegra en el pene y yo adentro de mi suegra fue una escena súper caliente y con mucho ruido y gritos.

    Estaba tan caliente y con el suficiente alcohol en mi cuerpo que mi pene jamás dejo de estar erecto seguimos bebiendo y teniendo sexo hasta que nadie recuerda como nos dormimos o cuando nos dormidos fue algo increíble sexo anal a las 2 y logré que me hicieran un show lésbico que tuvieran sexo mientras las veía. Despertamos paso el día el viaje termino pero nada es igual desde ese viaje mi cuñada nos invita mucho a su casa a comer o a dormir a la hora de ella comida siempre se sienta o mi cuñada o mi suegra a la par mía y casi siempre me masturba la que este sentada a mi lado algunas veces sobre el pantalón y otras me sacan el pene y no les importa que estén más personas en la mesa. Cuando me dicho siempre llega alguna a ducharse conmigo la casa es grande y nadie lo nota yo suelo dormir en la sala digo que arriba hace mucho calor quedo solo abajo y siempre baja una para tener sexo en las madrugadas en ocasiones bajan ambas pero hacemos un trío o una observa que no venga nadie mientras me follo a una y después cambian y así sigo hasta la fecha espero que jamás nos descubran y si lo hacen créanme que sé que ha valido la pena.

    Si llegaste hasta aquí gracias por acompañarme en estás confesión y espero que me acompañes en mis siguientes confesiones.

  • Polvazo en la sauna

    Polvazo en la sauna

    Habían pasado tres o cuatro días desde mi noche con María, me encontraba sentado en el jardín delantero de mi casa, bajo un sauce llorón leyendo un libro, si nos ponemos frente a mi chalet, tiene tres entradas, a la izquierda la de vehículos, que da a un cobertizo techado con capacidad para tres vehículos, ahí tengo mi coche y la intruder, la Ducati la vendí, en el centro está la entrada peatonal, que da a un jardín con dos sauces y muchos rosales, la rosa es mi flor favorita, tengo rosas de todos los colores, rojas, amarillas, blancas, incluso tengo un rosal de rosas azules, a la derecha está la entrada que da a las dependencias del servicio, ahí es donde Salvador aparca su coche, una Mercedes citan que fue lo único que sacó de veinte años de dedicación a su pareja, esta área está separada del jardín por una valla metálica de dos metros de altura cubierta completamente por un rosal trepador, una puerta permite el paso entre las dos zonas.

    Como ya he dicho, esa tarde estaba yo sentado bajo uno de los árboles leyendo Sombras cuarteadas de neón, de Alicia García Núñez, estaba ensimismado con la lectura cuando con el rabillo del ojo me pareció ver un movimiento en la puerta que da a la zona de servicio, me levanté y me acerqué con precaución, me asomé y no vi a nadie, la furgoneta de Salvador estaba allí aparcada, miré por todas partes y no vi nada, llamé a la puerta de mi asistente, tardó un par de minutos en abrir.

    – Hola Salvador, estaba sentado en el banco del sauce y me ha parecido ver a alguien aquí.

    – Oh sí, Einar, ven aquí Dami.

    Apareció un jovencito muy guapo, un verdadero caramelito, rubio con los ojos verdes, delgadito, casi más ella que él.

    – Lo siento señor.

    – ¿Eras tú?

    – Es mi amigo Damián Einar, ha venido a verme, le encanta el jardín y ha querido verlo pero cuando le ha visto a usted se ha asustado.

    – Discúlpeme señor.

    – Por favor Damián, no tienes que disculparte pero la próxima vez no hagas eso, me he asustado, pensé que era un ladrón.

    – Lo siento Einar.

    – No pasa nada Salvador.

    Ambos entraron y yo me dirigí a la cocina a prepararme algo para merendar, no sé me iba de la cabeza aquel muchacho tan guapo, no creo que tuviera más de veinte o veintiún años, una verdadera delicia, se me vino a la cabeza la imagen de aquel efebo comiéndose la polla de Salvador, con esa carita de ángel, me empalmé, acabé mi merienda y salí a la entrada de servicio, di la vuelta a la esquina, una celosía de hormigón prefabricado delimitaba lo que antes era la zona de tender, Salvador lo había convertido en un patio cordobés lleno de macetas con geranios, gitanillas, claveles, pilistras, helechos, en el centro una mesa con cuatro sillas, me acerqué a la ventana de su sala de estar que daba a esa zona y me asomé con mucho cuidado, allí estaban los dos, desnudos, el chico estaba de pie, el pecho apoyado en la mesa con la cara hacia mí, mi asistente estaba detrás, se lo estaba follando con fuerza, casi con violencia, desde donde yo estaba podía ver su cara de concentración, el sudor que relucía en su torso velludo, la expresión de placer del chico, saqué mi polla y comencé a masturbarme, la cara de gozo del muchacho me tenía hipnotizado, me imaginé no follandomelo a él sino en su lugar, recibiendo las embestidas de aquel macho, me corrí y solté un gemido, en ese momento fijé la vista en mi asistente, estaba mirando a la ventana donde yo estaba espiándolos, me agaché rápidamente y me fui avergonzado de allí, creo que me vio pero no estoy seguro, nunca me dijo nada.

    La paja me había dejado más caliente todavía, necesitaba un buen polvo, que alguien me diera por el culo, llamé a mi amigo Santiago pero estaba de guardia, María no me cogía el teléfono, llamé a Chema pero estaba reunido, al final se me vino una idea que me rondaba hacía algún tiempo, decidí ir a una sauna y sin pensarlo dos veces fue lo que hice.

    En la puerta de la sauna me detuve un instante pero estaba caliente como una perra salida así que entré, en el recibidor, un chico que había detrás de una mampara de seguridad me cobró, me entregó una llave, dos toallas, una grande y una pequeña, unas chanclas, un condón y un pequeño sobre con lubricante, me detuve delante de la puerta de acceso hasta que el chico activó la cerradura eléctrica y entré, accedí directamente a los vestuarios, un pasillo largo con taquillas a los lados y bancos en el centro, busqué la que marcaba el número de la llave que llevaba, la encontré y la abrí, había perchas para la ropa, extendí la toalla pequeña en el banco y me senté, comencé a desvestirme, estaba a medias cuando desde una puerta a la derecha apareció alguien, oí que se acercaba a mí.

    – Hola.

    Me giré para devolverle el saludo y quedé petrificado, delante de mí, completamente desnudo salvo por la toalla que llevaba a la cintura y las chanclas se encontraba el viejo que me había forzado bajo el puente del Cristo de la Expiación hacía un año.

    – Ho… hola, ya me iba.

    – Pero si acabas de llegar, tranquilo guapetón, oye ¿yo te conozco?

    Se acercó, lo recordaba perfectamente, el pelo gris, la barba de varios días, la cara vulgar, estaba fuerte el hijo de puta, no musculado pero si fuerte, con el pecho y el vientre llenos de vello blanco, brazos fuertes, manos grandes y piernas poderosas, recordaba la facilidad con la que me había dominado aquella noche.

    – No, no creo.

    – Claro que sí, tu eres la putita que se echó a llorar debajo del puente aquella noche.

    – Por favor no busco jaleo.

    – Claro que no, tu buscas una polla y de eso ando yo bien.

    Se quitó la toalla, el cabrón estaba empalmado, allí estaba su polla, larga pero no demasiado gruesa, con los huevos grandes y colgones.

    – Vamos putita, pelillos a la mar, después de todo tu también disfrutaste con aquello.

    Tenía razón, me golpeó me forzó y me meó, pero tuve uno de los orgasmos más intensos que recuerdo.

    – ¿Es tu primera vez aquí? – asentí con la cabeza – ¿Cómo te llamas?

    – Einar.

    – Vamos Einar, déjame que te enseñe esto.

    Acabé de desvestirme, el viejo no dejaba de magrearse la polla, me miraba y se humedecía los labios con la lengua, incluso se mordía el superior, me di la vuelta para cerrar la taquilla y se me acercó por detrás, su mano fue a mis nalgas, las agarró y las pellizcó.

    – Ven putita, vamos primero a las duchas.

    No me dejó ni ponerme la toalla, agarrado como me tenía de la cintura me condujo por la puerta por la que él había venido, llegamos a las duchas y allí había otro tipo duchándose, de la edad de mi acompañante, algo mas alto y más metido en carnes, en ese momento se enjabonaba el pollón que tenía entre las piernas.

    – Vaya Jacinto, ¿de donde has sacado esa preciosidad?

    – ¿Has visto Eduardo? La he encontrado en los vestuarios – después me susurró al oído. – debes de tener cuidado aquí putita o podrías acabar con el culo follado por tres o cuatro tíos locos por follar.

    Aquello me puso cachondo e hizo que mi polla se empalmara, continuaba mareándome las nalgas con su mano izquierda mientras con la derecha acariciaba mi pecho, nos metimos en una de las duchas, nos abrazamos bajo el agua con nuestras pollas restregándose, sus labios recorrieron mi cuello buscando mi boca pero no se la di, sus manos me acariciaban mi cuerpo, mi espalda, mis glúteos, me di la vuelta y le ofrecí mi culo comenzó a presionar su polla dura. .

    – Oohh que culo tienes putita.

    – Mmmm, estoy cachonda cerdo.

    Comencé a masturbarme con la polla de Jacinto entre mis nalgas mientras el otro individuo nos miraba, mi viejo retiró su miembro y me hizo girar, me abrazó y nuevamente buscó mi boca con la suya pero se la volví a negar, besó mi cuello y bajó hasta mi pecho lamiéndolo hasta llegar a mis pezones que chupó y mordió y que yo tenía ya duros.

    – Oohh cabrón, mmm

    Subió de nuevo por mi cuello buscando mi boca, sentí sus labios en los míos y su lengua luchar hasta que cedí y acepté su beso abriendo mis labios y dejando que su lengua jugara con la mía.

    El otro individuo, el tal Eduardo había entrado en la ducha y comenzó a enjabonarme las nalgas, pasó su mano llena de gel entre mis glúteos, insistiendo en mi ojete, no tardó mucho en meter uno de sus dedos en mi culo e inmediatamente después otro, era bueno con ellos, me estaba dilatando y haciendo gemir de placer.

    – Mmmm mm, que rico.

    Estaba tan cachondo que agarré sus pollas, una con cada mano, y comencé a pajearlos suavemente, otros dos individuos nos miraban ahora desde fuera de la ducha.

    – Oohhh siii.

    – Aahh putita.

    – ¿Por qué no nos vamos a un reservado los tres? – Le susurré al oído a Jacinto mientras acariciaba su polla.

    – Me gusta aquí puta, más morbo.

    Aquellos individuos que estaban mirando se masturbaban ahora a costa nuestra, los ignoré.

    – Cómemela golfa, mira como la tienes, quiero que me la comas antes de darte por el culo.

    Me agaché entre ambos hasta colocarme en cuclillas, tomé ambas pollas con la mano, comencé a lamer el capullo de Jacinto y a darle unas chupadas mientras acariciaba la de Eduardo.

    – Mmmm.

    – Ohhh si putita.

    Me tenía agarrado por la nuca, me obligó a tragármela casi entera provocándome arcadas, me saqué su polla de la boca y me metí la de Eduardo, mientras Jacinto me pellizcaba los pezones, la tiene igual de larga pero más gruesa, me costaba tenerla en la boca y cuando sujetándome por la nuca me la dejó un rato mientras movía su pubis tuve nuevamente arcadas.

    Tenía razón el viejo cabrón, era muy morboso comerme esas dos pollas mientras otros dos maduros miraban y se pajeaban, incluso hicieron señas de participar pero mis dos amantes no los dejaron, me querían para ellos.

    Volví nuevamente a tragarme la polla de Jacinto, me sujetaba por la nuca y apretaba las caderas haciendo que aquel monstruo me traspasara la campanilla, si en ese momento se hubiera corrido, la lefa me hubiera ido directamente al estómago, Eduardo mientras tanto, me pellizcaba los pezones con tanta fuerza que gemí de dolor y a punto estuve de soltar dos lágrimas.

    – Mmmm.

    Estaba tan cachondo que agarré las dos pollas y me las llevé juntas a la boca chupando ambos cabezones al mismo tiempo.

    – Coño que buena putita eres.

    – Como la chupa el maricón.

    Fue Jacinto el que se colocó detrás de mi, me hizo levantarme e inclinarme hacía adelante, puso la punta de su polla en mi ojete, me agarró de las caderas y de una sola embestida me la metió hasta los huevos.

    – Aaahh, hijo de puta, mi culo.

    Mi agujero estaba preparado gracias a Eduardo con su gel y sus dedos, mientras era enculado por el pollón de Jacinto continuaba comiéndome el rabo de mi otro amante, en los instantes en que no tenía la polla en la boca no podía evitar chillar como la puta que soy.

    – Aaah, ayy, oh.

    – Sí putita siii.

    Me sacó la polla pero no tuve tiempo de que mi dolorido esfínter descansara pues Eduardo me metió su enorme miembro y el dolor hizo flaquear mis piernas pero no pude ni gritar por que el viejo me metió la polla en la boca y comenzó a follarmela.

    – Mmm.

    – Vámonos a una cabina que estaremos mas cómodos.

    Entramos en la cabina pero no cerraron la puerta, me tumbé en la camilla boca arriba, Eduardo agarró mis piernas y me las levantó llevándolas hacia el pecho dejando mi esfínter al aire, me volvió a meter aquel pollón en mi pobre culo de una vez.

    – Ooohhh dios.

    Comenzó a moverse, su miembro entraba y salía de mi culo, dolor y placer se mezclaban, Jacinto se colocó en cuclillas sobre mi cara, obligándome a que le chupara los huevos y le comiera el culo.

    – Oh si putita, si.

    – Mmmm

    Ya no aguanté mas, el pollón que tenía en el culo me estaba removiendo las entrañas, algo muy intenso comenzó en mi vientre, me fue subiendo por el pecho hasta llegar a mi cabeza y explotó en todo mi cuerpo haciendo que mi polla soltara toda la lefa que tenía en los huevos.

    – La putita se ha corrido.

    Eduardo se salió de mí, Jacinto se bajó de mi cara.

    – Ponte boca abajo putita.

    Hice lo que me pedía se colocó detrás de mí y me la metió con violencia, como la primera vez, a lo bestia.

    – Ay.

    Comenzó a encularme con fuerza, cada embestida suya me hacía estremecer, su pubis golpeaba mis nalgas.

    – Mueve ese coñito puta.

    – Mmmm

    – Que coñito tan rico tienes putita.

    – Mmmm.

    – Te voy a preñar maricona, ¿quieres que te preñeeee?

    No podía contestar, tenía la polla de Eduardo follandome la boca, tampoco tuve tiempo, el puto viejo me metió su miembro hasta los huevos y soltó toda su lefa en mi culo, casi a la vez, mi otro amante comenzó a largarme la leche directamente en la garganta, tuve que tragármela si quería respirar.

    Me acompañaron hasta las taquillas, mis piernas no me aguantaban y mi culo Iba dolorido, apunté el número de teléfono de los dos por si alguna vez necesitaba de una polla amiga que me rebajara la calentura.

  • Entre cuatro, preparándonos para el fin de año

    Entre cuatro, preparándonos para el fin de año

    Capítulo 6. Preparando intercambio con mi cuñado y esposa. Recordemos que son los años 80’s donde toda fiesta en Miami se movía en torno a la epidemia de coca que invadía la cuidad en esos tiempos. Octubre de 1984.

    Mi hermana Eli, casada con Micah por unos cuantos años, es una mujer de 1.65 m, preciosa de 34 años, con una cara angelical, ojos grandes, color miel, piel tersa y suave, nariz respingada y labios sensuales. Su mirada es dulce y su cuerpo muy bonito y bien proporcionado, Piernas deliciosamente bien torneadas, tetas firmes, cintura pequeña, caderas amplias y culo redondito y sabroso. Al mirarla, cualquiera de prende de ella especialmente por su trato, amable y respetuoso. Estos son los atributos de mi hermanita preciosa. Cuando estuvimos en su casa, en un intercambio entre tres parejas, me tocó Eli, mi hermana, a quién yo había deseado toda la vida. Ese domingo de septiembre, fue maravilloso para ambos. Tanto Eli como yo, quedamos prendados el uno del otro. Aquí está el problema ya que cuando juega con otras parejas, con la influencia de drogas y alcohol, se supone que es todo culeadera y rienda suelta a instintos animales. Pero no fue así para nosotros, yo tenia que luchar para que no se me notara lo que estaba sintiendo por mi hermana. El Capítulo 5 (Entre cuatro con mi hermana) describe exactamente lo que sucedió y como sucedió esa noche.

    Una vez que llegamos a casa, sentado conversando con mi esposa Gladys, se tocó el tema del intercambio de ese día de Septiembre. Todo eso está en el Capítulo 5. Al final de la conversación fue Gladys que me dijo: Te gustaría pasar las fiestas de fin de año con Micah y Eli? Y de allí parte esta historia…

    A mediados de octubre Eli me llamo y me dijo: Micah estará un par de días fuera de la cuidad, por negocios. Quieres pasar un día conmigo? Tenemos cosas de que hablar y hacer.

    Gladys me había sugerido “pasar” las fiestas de fin de año con Micah y Eli, eso se traducía en que quería un intercambio.

    Recuerdo que cuando hablamos del tema, ella dijo que era muy dulce lo que había visto como lo hacíamos Eli y yo. También dijo que le gustaría probar a Micah ya que sea noche Betty no dejaba de gritar!

    Miércoles 17 de octubre, llamé a Eli y le dije que iba a estar en su casa a eso de las 11 am. Me dijo, estaciona en el shopping Mall que está cerca y te tomas un taxi hasta acá.

    Me bajé del taxi y toqué a la puerta.

    La muy cabrona, me recibió vistiendo una bata larga, maquillada a la perfección, estaba más preciosa que nunca y ella lo sabía! Me sonrió me dio un tierno beso en la mejilla y me invitó a la sala.

    De reojo, miré el lugar en la alfombra donde ella y yo habíamos culeado casi toda una noche hacia un mes atrás.

    Me dijo: quieres tomar algo? Ya es muy tarde para café le dije, así es que dame un trago. Fue todo lo que dije, ella me trajo mi trago favorito, uno para ella y uno para mí. Le dije: como sabías lo del trago? Contestó: te conozco toda una vida, se lo que te gusta. Siempre pides un 7&7 con poco hielo, y ese se convirtió también en mi trago favorito. Noté que el trago estaba cargadito con poco de 7up y mas de whiskey. Descaradamente de propuso: si vamos a hablar de cosas que están pasando entre nosotros, quieres que nos pongamos en onda? La miré y se tocó la nariz. Upps pensé, esto va a terminar en algo rico!

    Nos dimos una aspirada de coca y ella se sentó en el sofá de la sala mientras yo me senté en una butaca al frente de ella.

    Al sentarse, se entre abrió la bata para mostrar sus lindas piernas. Después de un par de tragos, ya no aguantaba mas y me senté a su lado. Conversamos do todo lo ocurrido un mes atrás y me preguntó: que opinas de todo esto? Le tomé la mano, la miré a los ojos y le dije: esto es maravilloso. Siempre quise poseerte de la manera que te entregaste a mi. Me dijo: leíste la nota que deslicé en tu mano cuando te fuiste? Si, dije. Y ella agregó: Bueno eso te muestra lo que yo pienso. Quiero más.

    Mi hermana ya con una aspirada se había puesto en Buena onda. Me dijo: tu y yo tenemos mucho que hacer para ponernos el día… le dije: y lo haremos y más.

    Me dijo que aunque parezca infidelidad, quiero mamarte la pija.

    Ya se había abierto la bata y dejaba entrever mucho. Sentada abrió sus piernas como ofreciéndome todo. Me acerque y comencé a tocarle los muslos, lo cual la excito todavía mas. Me dijo, si lo vamos s hacer, hagámoslo bien. Se quitó toda la poca ropa que traía, dejando solo el calzón que casi no le tapada nada. Me tomo de la mano y me llevo su habitación. Yo estaba temeroso porque nunca había hecho esto a espaldas de Gladys. Pero bueno, la lujuria y el morbo de “conocer” mejor a mi hermana y de recuperar el tiempo perdido, me impulsaba a seguir adelante.

    Una vez en el cuarto, terminó de quitarse los calzoncitos, y procedió a ayudarme a quitarme mi ropa. Allí estábamos los dos desnudos de buenas a primeras, se puso de rodillas y comenzó a mamarme. Que rico mamaba! Se metió mi pija totalmente en la boca y agarrándome las piernas la empujaba para adentro y afuera, dándome un placer increíble.

    Le dije: para, para que me voy a venir. Descaradamente me dijo acaba en mi boca, dame tu leche que tanto me la debes. Y eso hice!

    Descansamos un rato y me pregunto: te gusto? Claro que si! Dije con una sonrisa de lado a lado. Paso un rato, que ella calculaba yo necesitaba para recargar, mientras se acariciaba su coño, con las piernas abiertas despidiendo feromonas por el aire.

    No aguante mas y comencé a mamarle el coño, lleno de pelitos suaves y deliciosos, me puse a pensar, los pelos de los coños que he tenido en mi boca siempre han sido gruesos y mas bien duros, pero los pelitos de ella eran abundantes pero suavecitos. Iban desde toda su zona púbica pasaban por debajo de sus piernas formando una leve coronita alrededor de su ano.

    Comenzó a levantar sus caderas mientras la mamaba y me dio un jalón hacia arriba para que se lo metiera. Levanto las piernas flexadas por las rodillas ofreciéndome todo ese hueco que no sé por qué razón estaba bien apretadito…

    La penetré hasta el fondo, y comenzamos a movernos, mientras nos besábamos tierna y dulcemente, igual como lo hicimos un mes antes. Después de un rato le dije: ven acá móntame y busca lo tuyo. Se puso arriba de mi, ella misma se metió mi pija en su vagina y comenzó a cabalgar, dando sus preciosos gemidos de placer. No duro mucho, acabo rápido, pero como yo ya sabía que era multiorgásmica, le dije: quédate allí, solo relájate y sin dejar de movernos muy suavemente, de pronto le dije: ahora, muévete!

    Así vino otro orgasmo… y cinco mas. Estaba hecha mierda de cansada y no podía creer lo que yo le había hecho sentir.

    Al cabo de un rato, me dijo: no me has pedido el culo, no te gusta?

    Tu culo es para mi gran final! Me encantó eso el otro día. Como aprendiste a manejar eso tan bien? Se rio y dijo: puro talento me imagino. Y reímos a carcajadas.

    Yo todavía no había acabado en esta segunda ocasión, le dije antes del culo quiero encontrar tu zona G, estas listas? SI! Le dije: recuéstate de espalda, levanta y abre tus piernas, dobla las rodillas para que te sea mas fácil mantenerlas así. Lo hizo, se la metí entera y le dije mueve tus caderas y busca tu placer mientras yo te bombeo. Al cabo de unos minutos comenzó a gemir, y acabó. Le dije: baja las piernas mientras yo me movía suavemente dentro de ella… al sentir las contracciones de su vagina, yo sabía cuando iba a estar lista… le dije: levanta las piernas, despacito y de nuevo acaba… Obedeció y acabo de nuevo y cuatro veces mas. Mirándome con sus ojos grandes llenos de gozo me dijo: Yo no se de que planeta tu eres, como puedes tenerla dura por tanto tiempo y con toda esa acción?!! La miré, cerca de su cara bonita y le dije: puro talento me imagino! Ella rio tan fuerte que hasta se puso a toser. Ahora me toca a mi le dije. Ponte en cuatro y dame tu culo rico. De un salto lo hizo, tenía el culito ligeramente dilatadito y jugoso llegar y penetrar.

    Se lo trago todo, abriendo sus nalgas para que le entrara lo mas posible.

    Me dijo, no bombees, déjame a mi, comenzó a moverse, con mi pija atrapada en su culo, junto con moverse, soltaba para que saliera y apretaba el culo cuando iba de entrada, con eso y mirándole como manejaba el culo acabe dentro de ella en menos de tres minutos.

    AH! Dijo, ya se lo que hay que hacer para bajarte esa pija sabrosa…

    La desmonté, fui al baño, me lavé y volví a la cama.

    Eran las dos de la tarde, dentro de una hora ya debía irme. Así es que ella saciada a no más poder, me dijo: que suerte tiene Gladys. Por que? Pregunte. Porque la debes hacer muy feliz en la cama. Reí y le dije, ella es multiorgásmica una vez, estando mas jóvenes le saque 12 orgasmos y después de eso no podía ni caminar, le dije riendo.

    A mi me sacaste cerca de 10 hoy creo… y eso lo voy a echar de menos.

    No digas eso hermanita rica. Seguiremos haciendo esto por todo el tiempo que podamos. Esto? De hoy? No mi amor, no podemos ser infieles, por lo tanto lo haremos con nuestros esposos y esposas. Y si estamos desesperados también podríamos ser infieles pero no siempre.

    Me encantaría eso, me dijo. Luego pregunto: no entiendo lo que siento por ti, se supone que no debo amarte, sin embargo pienso todo el día en ti y en el tiempo que perdimos. Conteste: la verdad es que no he podido quitarte de mi mente, pero hay que poner las cosas en perspectiva. Socialmente estamos cometiendo incesto, pero privadamente me encanta!! Por lo tanto esto debe ser nuestro secreto por siempre. Bueno solo dime si sientes algo por mi, dijo. No tienes idea cuanto te amo, cuanto te deseo, cuanto quiero estar cerca de ti, por lo tanto sigamos jugando, como hoy dijo? Noo con Gladys y Micah.

    Entonces me pregunta: Antes de irte, me cojes de nuevo? Y me encendió el morbo otra vez, Como sabia usar el culo la condenada. Mientras ella acababa, yo también acabé dentro de ella una vez mas.

    Fui al baño, me lavé y vine a su lado.

    Después de descansar un rato, levanté y me vestí. Le dije, no digas nada de los planes para el fin de año, deja que Micah te lo proponga

    Para que estemos los cuatro. Ella estaba toda desguabinada en la cama, estoy ebria de placer me dijo, descansa le dije y hablamos pronto. Me sonrió y cayó dormida. Llamé un taxi y me fui.

    A mediados de noviembre nos juntamos Micah y yo, en el mismo Bar local, trazamos un plan: iríamos a su casa a pasar Navidad y año nuevo.

    *************

    Para los lujuriosos que quieran ver una foto de mi hermana, la pondré solo por un par de semanas, como foto de mi perfil cuando se publique este escrito.

  • Me cogí a mi tía

    Me cogí a mi tía

    Omito nombres por seguridad y si alguna madura quiere encuentros en Puebla que me escriba.

    Esto pasó cuando yo recién tenía 18 años, ahora tengo 20 y me cogí a la esposa de mi tío, es una mujer muy guapa, güera y con unas tetas grandes, su culito no era el más grande, pero si se antoja.

    Todo comenzó con pequeñas insinuaciones mías haciendo que parecieran accidentes, cuando ella venía a la casa de mi mamá pues yo hacía planes para que cuando ella subiera o pasara por mi habitación sola pues yo me sacaba la verga y me hacía que no la veía subir, y obviamente ella me veía y así varia veces.

    Luego una ocasión se quedaron a dormir y recuerdo que esa noche como a las 12 me la estaba jalando pensando en ella, de la. Ada escucho que bajan al baño y los únicos que podían bajar a ese baño era mi tía o mi tío, en eso yo ya bien caliente tenía la esperanza de que fuera mi tía, y baje según por un vaso de agua, cuando salieron del baño vi que era mi tía y rápidamente me acomodé la verga de tal modo que se viera a simple vista, entonces ella paso y cómo no sabía qué yo había bajado se asustó y en efecto su mirada fue hacía mi verga.

    Ahí supongo que a ella le llame la atención pues soy un joven no muy flaco pero tampoco muy gordo, soy algo guapo y de una verga un poco grande.

    Desde ahí empezamos a hablar por mensaje pero sin iniciar nada aún, poco a poco yo fui acercándome más a ella y recuerdo que semanas después igual se quedaron a dormir, esa tarde estuvimos jugando juegos de mesa y ella se sentó junto a mi, del otro lado de la mesa estaban todos los demás, yo empecé a pegar mi piernas a la suya y creo que ella ya igual había fantaseado conmigo pues empezó a tocarme la pierna con su mano y a veces mi verga por encima del short, recuerdo que esa vez a mi mamá se le cayó una ficha de bajo de la mesa y casi la ve tocándome, entonces rápidamente dejamos de hacerlo y seguimos jugando normal.

    Desde ahí yo le mandaba mensajes calientes cuando sabía que mi tío trabajaba, y ella como que quería y como que no, entonces le propuse que cuando se quedaran a dormir bajara a las 2 la mañana y solo se la arrimaba por encima de su calzaron, y efecto, la próxima vez que se quedaron ella bajo a esa hora y yo sin hacer ruido y sin querer perder tiempo yo la besé y le subí un suéter que tenía puesto y no llevaba brazier, le mame las tetas y le baje el pantalón, yo me saqué la verga bien parada para sólo restregársela por su culo una y otra vez, ella solo suspiraba y hacía pequeños gemidos,

    Esa fue la primera vez que le pude hacer esas cosas, si quieren saber qué pasó más adelante, comenten.

    Esto es 100% real.

  • La despedida de Martha la madura

    La despedida de Martha la madura

    Martha se despedía de nosotros porque cambiaba de trabajo, una mejor empresa y más solvencia económica venían para ella.

    Algunos compañeros de trabajo decidieron ir a despedirla bailando y bebiendo en una cantina que está cerca del trabajo, obviamente yo me apunte, porque a pesar de lo que ya había pasado entre nosotros ella siempre me cayó muy bien y tenemos una amistad hasta el día de hoy.

    Nos organizamos y pedimos varias cubetas y botana, bebíamos, bailábamos y recordábamos anécdotas sucedidas con ella, así hasta llegar a la madrugada.

    O: Bueno, ¡espero que te vaya muy bien!

    M: Gracias, ¡igual espero que crezcas mas como trabajador y persona!

    O: Sabes me hubiese gustado despedirme de ti de otra manera.

    M: ¿Así? ¿Cuál?

    O: tú y yo en una cama, desnudos, gimiendo, jaja, ¿piensalo!

    Ella comenzó a reírse y me dio una palmada en el hombro, honestamente pensé que me había dado el avión y que lo de aquella ocasión no se volvería a repetir.

    Llegó el momento de la despedida, todos la abrazaban y le deseaban lo mejor, pagamos la cuenta y cada quien se iba por su lado, cuando estaba por tomar un taxi ella se acercó a mí y me dijo que me daría un rite.

    M: Vamos cariño, te dejo cerca de tu casa.

    O: Está bien, así no batallo tanto.

    Subí a su carro y ella se arrancó, puso música de Sade y cantaba muy sensualmente.

    O: ¡Vaya! ¡Que erotico suena eso!

    M: ¿Qué te parece? ¿Esto te excita?

    O: Cariño, toda tu, hasta podría desnudarte en este momento.

    Ella detuvo el carro en una calle sola y oscura, me miró muy ardiente y me comenzo a besar, yo no desaproveche la oportunidad de saborear su boca y tocarla, apreté sus piernas y acaricié sus nalgas mientras mi lengua entraba en su hermosa boca.

    M: Me gustó cuando lo hicimos aquella vez y tal vez quiero probarte antes de que envejezca más.

    O: Vamos a un hotel, quiero sentirte sin prisa.

    Ella encendió el auto y nos metimos en un hotel cerca de Ermita, pedimos una habitacion sencilla, con mi celular puse musica y me acosté, Martha se quitaba la ropa al ritmo de música de Jazz, eso me excito demasiado, se acostó y yo comencé a besar su cuerpo, de su piel a su cuello, de sus rodillas a sus tetas y de su boca a su coño.

    Quite su tanga y delicadamente lleve mi lengua a su húmedo orificio, lo bese y lamí con mucho cuidado, abrí sus labios vaginales y acaricie su clítoris que se inflaba y mojaba riquísimo.

    Devore cada espacio de su tesoro, apretaba sus tetas con mis manos pellizcando sus pezones grandes y morenos, esas enormes tetas eran estrujadas y pellizcadas al mismo tiempo que sus ricos fluidos llenaban mi boca de placer.

    M: Oswaldo, uhm, ¡¡agh!!

    O: Que rico, uhm, saca todo baby, sacalo.

    Me quite toda la ropa y nos acomodamos en rico 69, Martha me daba una mamada digna de película mientras mis dedos palpaban dentro de su vagina y mi lengua saboreaba sus nalgas y culito.

    Su lengua saboreaba mi escroto y luego bajaba por todo mi tronco haciéndome sentir un placer único, luego devoraba toda mi verga como si fuese su última comida, saboreaba y tragaba el liquido pre seminal que salía de mi verga la cual palpitaba dentro de su boca.

    M: ¡Dame tu verga amor!

    O: ¡Súbete y cabálgame!

    Martha obedeció mi petición y ella solita se acomodó metiendose mi verga en su húmeda vagina, se movía lentamente, en círculos, saltando de vez en cuando y acercándose para besarme y probar mi cuello, yo me deleitaba comiendo sus pezones y lamiendo sus enormes tetas.

    M: ¿Te gusta cariño?

    O: Me encanta, uhm, ¡eres la mejor!

    Se movia rapido, honestamente yo peleaba por controlarme, sus mamadas y ahora su cabalgata me tenían a punto de estallar, pero aun quería seguir dentro de ella, así que tome el contro, la acoste y le abrí las piernas y casi acostado encima de ella comencé con una penetración suave.

    M: Que duro te sientes ¡¡uhm, ah!!

    O: Así me pusiste ¡¡estás buenísima!!

    Esa pose me ayudó a relajarme un poco, se la metía todita y también la besaba, mordía sus tetas, su cuello y orejas, ella me apretaba las nalgas y también se movía, el momento era fantástico.

    Levante sus piernas y las puse en mis hombros, comencé a embestirla un poco más rápido, disfrutaba ver cómo se movían sus tetas y como se mojaba enterita.

    O: Martha que rico, uhm, ¡¡ah!!

    M: Oswaldo, que dura, me gusta, ¡mas dame mas!

    Me empujaba con fuerza de hecho me ponía casi en cuclillas y se la dejaba ir con fuerza, mis testículos rebotaban fantásticamente en sus hermosas nalgas y sus gemidos y gestos me prendían demasiado.

    Se puso en cuatro y se veia magnifica escurriendo por sus muslos, saboree ese fluido y luego tomándola de la cintura comencé a metersela suave y tiernamente.

    M: Que duró, uhm, que rico, mas, así, no pares, mas, ¡¡agh!!

    O: ¡¡Toma, uhm, ah, mmm, Martha!!

    Acariciaba su espalda, sus tetas, sus ricas nalgas, Martha acompañaba con un sensual movimiento de cadera que me ponía más duro y generaba un enorme y rico placer.

    Subí la intensidad de mis embestidas, ella solo gritaba y me permitía que le diera de nalgadas, yo con apenas 22 años me comía a una mujer de 33 y la tenia gritando de placer.

    O: Muévete, que rico, uhm, ¡¡ah!!

    M: Oswaldo, cariño, que rico, mas, dame más soy tuya, hazme venir, agh, ¡¡ah!!

    La tiré boca debajo de tanta fuerza que usaba en mis embestidas, me empujaba con fuerza apretando sus nalgas y mordiéndole la espalda y el cuello hasta dejarle marcas, quería que me recordara, que jamás olvidará esa noche.

    Martha comenzó a venirse, su concha expulsaba fluidos llenos de placer, sus gritos seguro se escuchaban en todo el hotel, yo estaba con el corazón a mil por hora y con mi verga a punto de llegar al clímax.

    Cambiamos de posición, yo me senté en la cama y ella igual encima mio, nos besabamos y yo le metia mi verga y apretaba su clítoris haciendo más placentero su orgasmo.

    M: ¡¡Ah!! Que rico, uhm, uhm, ¡¡agh!!

    O: Que rico amor, sacame la leche ¡ordeñame todo!

    M: ¡Dame tu leche, lléname de ti, uhm!

    O: Muévete nena, uhm, si, así, uhm, que rico, ¡¡ah!!

    Ella se daba sentones bien ricos mientras me besaba y me daba a comer sus tetas, yo mordía los pezones y acariciaba sus nalgas, me movía a su ritmo haciéndola gemir y preparandola para que recibiera mi leche caliente.

    M: Así cariño, mmm, papito, mas, dámela ya, uhm, ¡¡damela toda!!

    O: Ahí viene amor, ahí viene, uhm, ¡¡agh!!

    Comencé a venirme llenándola enterita de mi semen, ella gritaba y yo también, ambos teníamos un orgasmo, un orgasmo lleno de fluidos.

    Mi verga expulsó semen como si fuese volcán, parecía que la orinaba, Martha no dejaba de moverse y gritar y yo le hacía segundo, que rico orgasmo, el mejor hasta ese momento en mi vida.

    M: Que rico amor, uhm, ¡¡ah!!

    O: Martita, me dejaste vacío, uhm.

    Comenzamos a reír y así nos acostamos y nos abrazamos reposando de la rica escena anterior.

    Lo hicimos un par de veces más en donde la llene de leche para que nunca me olvidará, esa fue la ultima vez que cogi con ella, pero seguimos siendo amigos, de hecho es mi madrina de bodas, imaginense si mi esposa supiera que su madrina, me pedía semen.

  • Disfrutando a mi yerno

    Disfrutando a mi yerno

    Hola, soy Clara, la suegra-amante de Cris. Leer sus relatos, no solo me excitó, sino que me impulsa a relatarles mis sensaciones cuando por fin él me “ató a la cama”.

    Primero déjenme contarles que Cris es un tipo de 1,90 de alto, elegante, siempre bien vestido, perfumado, correcto al extremo que esconde un tremendo amante, alguien que puede pasar de ser un caballero a un terrible hijo de puta en la cama, pero nunca pasa ciertos límites, juega rudo pero nunca es violento, sabe cuándo un no es no, y cuando un no es por favor seguí que me muero si paras. Poseedor de una hermosa pija de casi 20 cm, y un grosor respetable nunca la usa para lastimar, solo para dar placer. Su pija es un ariete que se entierra en una con delicadeza fenomenal, o eligiendo el momento, con la fuerza y la convicción de los guerreros medioevales.

    Dicho esto, le cuento que hace poco, estábamos por cenar con Nacha, cuando sin avisar llegó a casa. Traía una bolsa en la mano a la que no le presté atención. Mi hija le sirvió un whisky y los tres nos sentamos a charlar en el living. Yo sentada frente a ellos, lo más distendida, disfrutando mi whisky. Cris le dijo algo al oído a Nacha, que se sonrió y asintió con la cabeza. La charla siguió hasta que por fin él mirándome a los ojos, me dijo:

    -Clara, te deseo especialmente. ¿Podemos tener un encuentro a solas?

    -Eh, Cris, wow, me sorprendes totalmente. No es lo que habitualmente hacemos, no creo que sea correcto por Nacha.

    -Clara, no seas turra, te morís por decir que sí. Aprendí a leerte el lenguaje no verbal. Y él antes de decirte, me preguntó si tenía algún problema. Y no tengo. Así que espero que disfrutes.

    -¿Qué decís Clara? ¿Vamos?

    -Desgraciada, me estas entregando. Si, vamos.

    Cris tomo su bolsa, la botella de whisky, su vaso y fuimos a mi cuarto. Dejó la botella en el suelo, lo mismo que la bolsa, y el vaso en mi mesa de luz. Me pareció que enchufaba algo pero no presté atención porque me estaba sacando los zapatos.

    -Clara hoy más que nunca necesito que confíes en mí. Te prometo que no va a haber brusquedades, y mucho menos violencia. Mi intención es darte placer solamente.

    -Por supuesto que confío en vos. Dije.

    Estando parados, nos empezamos a besar, a acariciar por sobre la ropa.

    -Tranquila, no te asustes. Me dijo al oído para segundos después ponerme un tapa ojos que impedía que pudiera ver algo siquiera.

    A partir de ese momento, con uno de mis sentidos anulados solo me quedaba esperar. Me fue quitando la ropa con una lentitud exasperante, mientras su boca iba besando cada parte que quedaba al descubierto y sus manos rozaban levemente mi piel. Comencé a excitarme lenta y progresivamente. Cuando estuve totalmente desnuda, por unos segundos no sentí ni escuche nada. De pronto su boca comenzó a besar uno de mis pechos por unos segundos y luego nada. “Apareció” nuevamente en mi espalda, dándome pequeños besos en mis hombros, hasta llegar a mi nuca.

    Después fue el turno de mi pelvis, separé las piernas sin que me lo pida, y sentí su lengua jugar con mi clítoris. Busqué acariciar su cabeza paro se detuvo, y me dijo:

    -No, no quiero que me toques, no quiero que hagas nada a menos que te diga, no hagas que te ate.

    -Ok. trataré.

    Por varios segundos no supe de él, hasta que un líquido tibio empezó a caer sobre mis pechos. Por como corría por mi piel, supe que no era de base acuosa. Las manos de Cris entraron en acción y desparramaban el líquido por todo mi pecho, mis hombros, y mi estómago. El aroma era embriagante, me llevaban a respirar lenta y suavemente.

    Me di cuenta que era un aceite por como sus manos se deslizaban suavemente. Su boca apareció en uno de mis pechos, besándolo muy suavemente y succionando mi pezón con una delicadeza tremenda. No puedo explicar el placer que comencé a sentir. Su boca pasó a mi estómago, besándolo, acariciándolo con sus labios.

    Cuando yo pensaba que sabía dónde se dirigía, me sorprendió cuando comenzó a untar el aceite en mis brazos, besarlos y acariciarlos. Siguieron mis piernas. Sin entender como, estaba al borde de un orgasmo constantemente.

    Empecé a sentir un calor muy especial en toda la piel que estaba cubierta por el aceite. Se separó unos segundos y una de sus manos buscó mi vagina. La frotó suavemente cubriéndola totalmente en aceite. Se tomó el trabajo de separar mis labios mayores para que el aceite llegue a todos lados. Se tomó un par de segundos y dos dedos, completamente bañados en aceite se introdujeron muy lenta y desesperadamente suave para mí, en mi vagina. Los sacó, y los volvió a meter de la misma forma, con más aceite.

    No sé cómo me mantenía parada. El placer de sus caricias, la excitación y la ansiedad por lo que seguiría, era tremendo. Me hico acostar boca arriba, y sentí que se ponía a mi lado. Sus manos me recorrían el cuerpo sin parar, sentía como me ponía más aceite y su boca comenzó a recorrer mi cuerpo. Sus manos tomaron mi rostro y lo acariciaron por completo, lentamente. Cuando lo dejaron de hacer, sentí como su boca se apoyaba en mis labios, los abrí y me besó con una ternura increíble. Sentí que se me escapaba un orgasmo, y como mi vagina parecía que elevaba su temperatura.

    Con delicadeza, me hizo poner boca abajo, con las piernas juntas, se sentó sobre ellas, apoyando su pija en mi culo. Tiro aceite en mi espalda y se tomó varios minutos para acariciarme y desparramar el aceite, para hacerlo nuevamente. Todo era suave, medido, lento.

    Se levantó, me separó las piernas y puso aceita en mis cachetes, pero no en mi ano. Fue su lengua la que lo acariciaba dulcemente, sin intentar penetrarlo. Pero haciendo que se distienda y se dilate sin necesidad de presión alguna.

    Manejando los tiempos como solo él sabe hacerlo, puso aceita en el comienzo de la raya de mi culo, y fue cayendo cubriendo toda hasta mi concha. El no dejó que caiga de mi cuerpo y con sus dedos lo desvió haciendo que entre, aumentando el calor que sentía allí.

    Su lengua volvió a mi ano, ahora aceitado y siguió jugando, volviéndome loca.

    Mis brazos estaban estirados al costado de mi cuerpo. Él los tomó por las muñecas y lentamente fue llevándolos hacia mi cabeza, y para mi sorpresa, su pecho también aceitado se deslizaba lentamente por mi espalda, en un movimiento perfectamente coordinado. Cuando mis brazos estuvieron completamente estirados sobre mi cabeza, su boca estaba besando los lóbulos de mi oreja izquierda.

    Yo increíblemente caliente, pero súper relajada, con una paz total, sintiendo placer en cada milímetro de mi cuerpo. Él sobre mi espalda, besando mi cuello, mordisqueando mi oreja. Juro que la sensación era inigualable. Hizo un movimiento con su cadera y sentí que la cabeza de su pija estaba en la puerta de mi vagina. Quise moverme para meterla y el muy suavemente me dijo que no al oído.

    Era exasperante y al mismo tiempo tremendamente excitante sentir como entraba en mi concha milímetro a milímetro, tomándose todo su tiempo. Cuando la tuve toda adentro, tuve un orgasmo de proporciones. Sentí que mi concha era un caldero hirviente con un hierro al rojo vivo adentro que lo calentaba aún más.

    Cuando la metió totalmente, se empezó a mover como una serpiente en mi espalda, sin dejar de besar mi cuello y mi oreja. Mis orgasmos eran tan suaves y relajados como sus movimientos.

    -Que placer tenerte así, relajada, toda para mí. Dijo y me hizo estremecer.

    Estuvimos un rato así, perdí totalmente la noción del tiempo, cosa que no me importó para nada. Luego de un hermoso orgasmo me saco el tapa ojos, me hizo poner boca arriba, con las piernas separadas a sus costados y el apoyándose en sus manos, se fue acercando su pene a mi entrepierna, yo levanté un poco las piernas, y miraba como su cara sonriente se acercaba a la mía.

    Cuando estuvo sobre mí, levanto y bajo dos veces sus cejas y se sonrió con malicia. Fue en el mismo segundo que su pija se apoyaba en mi ano. Cuando yo respire profundo por la sorpresa, se volvió a sonreír y me comenzó a besar el rostro.

    Su pija fue entrando en mi culo sin ningún problema, ni restricción, ni resistencia. Mi excitación aumentaba exponencialmente al sentir con que facilidad me estaba metiendo toda su pija en mi culo. No lo podía creer. Nada de dolor, y todo placer.

    Cuando la tuvo toda adentro, empezó a entrar y salir con un ritmo increíble, llevándome a un placer increíble. Tuve varios orgasmos deliciosos, que agradecí besando su pecho.

    -¿Estas lista? Me pregunto con una sonrisa.

    -Sí, estoy lista. Dije.

    Él saco su pija de mi culo, se quedó de rodillas entre mis piernas y se comenzó a masturbar duro.

    -Quiero que acabemos juntos. Me dijo mientras se masturbaba.

    -Por favor, sí. Dije.

    -Pero no te toques, ni me toques. Dijo.

    Siguió masturbándose con todo y mi excitación subía sin parar, me costaba respirar, no tocarme ni tocarlo. Mi vagina explotaba esperando recibirlo, lo mismo que mi culo. El me miraba fijo a los ojos, sin cortar nunca el contacto visual.

    Cuando sentí que su semen caía sobre mi pelvis, mi estómago explote en un orgasmo tremendo, inigualable como nunca había tenido. Apreté las sabanas con mis manos y mi cuerpo empezó a temblar como loco, casi al borde de una convulsión. Cris se acercó nuevamente y me beso en medio de mis temblores. El orgasmo no paraba, al contrario, parecía ir in crescendo. Me besó, y nuevamente me penetro la concha. La metió toda y se quedó quieto.

    Como si fuese una señal que mi cuerpo recibió, mis temblores fueron cediendo. Cuando terminaron estaba en un estado de sopor increíble.

    Sentí como corría las sabanas, me acostaba con toda suavidad, me tapaba, me daba un beso y me decía:

    -Descansa hermosa.

    No volví a escuchar ruidos, ni nada más. Me quedé profundamente dormida.

    Cuando sonó el despertador sentía que había dormido dos días seguidos, solo el aceite aún en mi piel me demostraban que no había sido un sueño maravilloso. Me di una ducha, y baje a desayunar. Nacha me había escuchado bajar y me servía una taza de café.

    -Buen día. Me dijo sonriendo.

    -Buen día. Y gracias, gracias por haberme dejado vivir una experiencia increíble e indescriptible. Nunca me contaste de esto.

    -Vos lo dijiste, es indescriptible. Si te la contaba, no ibas a creerme o entenderla.

    -Totalmente de acuerdo. Ni sé cuánto duró, pero sí que fueron los momentos donde más placer sentí en mi vida. ¿Cómo puede ser tan espectacular un hombre? ¿Cómo puede ser que haya acabado masturbándose solo y yo tener el orgasmo más violento y largo de mi vida sí tocarme y sin que él me toque? ¿Cómo puede ser que después me la haya metido y mi cuerpo se calme por completo?

    -El día que encuentres las respuestas, me decís. Me pasó lo mismo, no tengo respuestas todavía.

    Al ir a almorzar en el hospital, estaba sentado con todo el grupo de siempre.

    -Miren a mi suegra. Ni una arruga tiene, ni una ojera, una cara totalmente relajada. Se nota que es una mujer feliz. Dijo el desgraciado.

    -Es que está saliendo con Salvatierra, y viste, mujer enamorada, mujer feliz. Dijo uno.

    -Querido, eso es cara de bien atendida. Dijo una de mis compañeras y todos se rieron. Yo interiormente mucho más por saber la verdad.

    Dos días después, el sábado, Nacha le dijo que venga a almorzar unas hamburguesas y a disfrutar la pileta.

    -Desgraciado, tenes muchas cosas que explicarme. Dije.

    -¿Por tu cara? ya escuchaste a Marisa, efecto Salvatierra. Dijo y con mi hija se largaron a reír a carcajadas.

    -Son dos basuras. Lo peor es que si se entera que dijeron eso, se la va a creer.

    Fuimos tomar sol después de comer y de su bolso sacó un aceite bronceador y protector solar. Las dos nos pusimos, como él. Al rato, Nacha no paraba de moverse en la reposera.

    -Nazarena, ¿Qué te pasa que te moves tanto? Pregunté.

    -Nada, no me pasa nada. ¿Qué me tiene que pasar? Me contesto.

    -Bueno, perdona. Dije.

    Cinco minutos después, sentí que un fuego quemaba mi entre pierna, y una excitación infernal me invadía todo el cuerpo. Estaba por levantarme para ir a masturbarme a mi cuarto cuando escuche que Nacha decía.

    -No doy más, estoy re caliente.

    Y se empezaba a frotar con todo la vagina por encima de la malla. Me vio hacer lo mismo y las dos lo miramos a Cris que muy sonriente nos dijo:

    -¿Vamos adentro?

    Y se levantó y empezó a caminar para entrar a la casa. Las dos lo seguimos mientras nos frotábamos como dos locas. Él entro al cuarto de Nacha y nosotras atrás. Iba a decirle algo cuando tomándonos de la cabeza a las dos nos hizo poner frente a frente, a milímetros una de otra.

    Nunca supe si ella me beso a mí o yo a ella, la cuestión es que caímos abrazadas y besándonos con todo en su cama. Nuestras mallas volaron en un segundo y nuestras manos hacían estragos en la otra, las dos volábamos de calentura, los orgasmos eran permanentes.

    -Permítanme. Nos dijo Cris y nos hizo hacer una X con nuestras vaginas pegadas, como había visto en alguna porno.

    Nos frotábamos como locas, y a pesar de los orgasmos, la excitación no bajaba. Cris separo junto a nosotras y puso su pija en medio. Nos desesperábamos por chuparla, la arrancábamos de la boca de la otra para chuparla. Estuvimos un tiempo haciendo la X y chupando su pija, hasta que nos hizo hacer un 69. Estábamos en un punto que no teníamos voluntad propia, solo seguíamos lo que él nos indicaba.

    Nos chupábamos las conchas con todo, y el primero penetró a Nacha por la concha, estuvo un rato, y me puso la pija en la boca para que la chupe. Estuve un par de minutos, hizo que nos giremos y yo quede arriba. Fue mi turno para ser penetrada, y en forma bestial, mis gritos se ahogaban en la concha de Nacha.

    -Menos mal que traje amigos, Uds. están insaciables. Dijo y nosotras nos quedamos heladas. No podía creer lo que Cris decía.

    Fue entonces que sentí como algo penetraba mi orto, lenta pero sin detenerse, al tiempo que él seguía destrozando mi concha. Gire la cabeza y vi como manejaba un consolador sonriente.

    -Desgraciado mal nacido. Grité.

    -Toma, así no te aburrís, me dijo y me dio un segundo consolador.

    Lo tomé y con furia le penetré la concha a Nacha que aullaba de placer mientras me chupaba.

    El desgraciado se corrió a un costado para mirarnos, y nos dijo “Jueguen un rato, tienen recreo”.

    Me levanté con sosteniendo el consolador en mi culo y Nacha agarró el que tenía en su concha y también lo llevo a su culo. Las dos estábamos masturbándonos el culo con todo, él nos miraba y sonreía. Así estuvimos varios minutos, hasta que tomo de los cabellos a Nacha y le dijo:

    -Putita, quiero tu culo.

    Ella se sacó el consolador del culo, lo metió en su concha y lo monto mirándolo. Guio la pija de Cris a su culo, y se dejó caer enterrándosela toda de un solo y bestial movimiento. Después fue apoteótico, ella subía y bajaba como loca, gritaba de placer, le decía que era su puta, su putita, que solo quería que la coja todos los días, que la haga gozar como solo él sabía hacerlo. Cris le daba palmadas en el culo y ella no paraba, pija y consolador la penetraban con todo. Cuando él la tomó de la cintura, supe que iba a acabar, y lo hizo con un grito tremendo. Nacha lo acompaño con otro y su cuerpo temblaba sin parar.

    La hizo acostar y tomándome de los cabellos para guiarme, me hizo poner de rodillas en el suelo. Se empezó a masturbar delante de mí.

    -Cógeme la boca, hijo de puta. Le grité y me enterró la pija hasta la garganta.

    Tomo mi cabeza con ambas manos y quedándose quieto hacía que mi cabeza fuera la que cogía su pija. Por momentos me ahogaba, generaba toneladas de saliva que caían al piso. Mi mano no soltaba el consolador que tenía en el culo. Mi excitación era monstruosa. De pronto, me hizo acostar, con la cabeza colgando de la cama, se puso como para hacer un 69, pero penetro mi boca, cogiéndola en esa posición. Me penetraba totalmente de esa forma, llegando a meterla toda en mi boca y garganta.

    -Metele dos dedos en la concha. Le dijo a Nacha que miraba absorta.

    Ella lo hizo y yo no daba más, si hubiese podido, hubiera pedido que se detenga, no soportaba tanta calentura. Sus movimientos se aceleraron y por fin iba a acabar. Lo hizo en mi garganta directamente. En ese momento sentí que algo se comprimía dentro de mi concha y que de golpe se liberaba. Fue un orgasmo como nunca había tenido.

    -Wow, que acabada, nunca vi nada así. Escuche que decía Nacha.

    Cris se quitó y me ayudó a acostarme bien en la cama. Cuando lo hacía vi que la mano de Nacha chorreaba, lo mismo que una de mis piernas.

    -Que tremendo squirt tuviste yegua. Dijo Nacha.

    -Nunca tuve uno. Es imposible. Dije.

    -Dicen que el segundo sale más fácil. Dijo Cris.

    -Ni se les ocurra, estoy hecha mierda. Dije levantándome como pude de la cama.

    Fui al baño y cuando volví, Nacha volvía a chupar la pija de Cris, que minuto después estaba nuevamente parada. Ella se la chupo hasta que él se vino en su boca.

    Un rato después, volvimos a tomar sol y nos dijo la verdad, el aceite que no dio era para parejas, para excitarse, no para el sol.

    Pasaron los días, y yo corte con Salvatierra, mi novio. Las dos veces que fuimos a la cama, apenas pudo excitarme un poco y no pude tener un solo orgasmo.

    Les aseguro que es muy difícil conseguir un amante como Cris. Por suerte Nacha, no tiene problemas en compartirlo conmigo. Ellos están pensando en vivir juntos, pero seguir con nuestros encuentros.

    Gracias por leerme. Besitos.