Blog

  • Mi mujer y el técnico de la lavadora

    Mi mujer y el técnico de la lavadora

    Mi mujer se llama Ana, es una mujer de 41 años, morena, de pelo negro, pero sobre todo un cuerpazo bien cuidado a base de gym, es muy presumida y se cuida mucho, le gusta vestir bien a la vez que provocativa.

    Llevamos 12 años de casados, pero desde hace 3 años me diagnosticaron un problema del corazón que me impide hacer apenas cualquier esfuerzo, con lo cual nuestra vida sexual se ha visto muy afectada. Como conozco a mi mujer y sé que le encanta el sexo en varias ocasiones le he dicho que si necesita buscar fuera de casa lo que yo no puedo darle lo entendería. Ella casi se ofende cuando le digo esto, aunque lo comprende. Después de mucha insistencia de mi parte quedamos en que si algún día aparecía alguien que le llamara la atención se lo plantearía.

    Hace unos meses la lavadora dejó de funcionar, así que mi mujer llamó al servicio técnico, un técnico la contactó por teléfono y dijo que al otro día se pasaría, así al día siguiente llamaron al timbre y era el técnico. Era un hombre alto, más alto que yo, y fuerte, con una voz grave y sobre todo muy amable. Desde que vi la cara de mi mujer supe que le gustaba, notaba como le miraba y su forma de comportarse, era toda dulzura con aquel hombre. El técnico terminó de arreglar la lavadora pero dijo que lo mejor sería volver otro día a actualizar el software de fábrica.

    Cuando se fue le dije a mi mujer: te ha gustado, verdad? he visto como le mirabas, ella intentaba convencerme de que no era así pero la conozco demasiado, al final terminó confesándome de que sí, de que le había llamado mucho la atención el técnico, que le gustaba como hombre. Le dije, tienes su número de teléfono, llámale para que vuelva a actualizar la lavadora cuando quieras.

    Me dijo que se lo pensaría pero al poco tiempo le escribió por Whatsapp, así que quedaron en que el técnico volvería al otro día en la mañana. Ese día se levantó temprano se aseó y se quedó con la bata de dormir, una bata rosa semitransparente que dejaba ver el tanga que llevaba debajo y sus pechos totalmente libres. Estaba terminando de peinarse cuando sonó el timbre, era el técnico, puntual.

    -Buenos días señora

    -Hola, no te esperaba tan temprano, perdona las pintas, apenas me ha dado tiempo a arreglarme

    -No se preocupe, está usted en su casa. Le dijo sin dejar de mirarle los pechos por encima de la bata

    Cuando mi mujer, algo nerviosa, se giró para dirigirse a la cocina el técnico clavó sus ojos en el culo casi perfecto que tiene ella. Llegaron a la cocina y comenzaron a charlar de forma animada, mi mujer en plan seducción le daba miradas y la conversación fluía entre risas. El técnico le dijo que era necesario actualizar el software de la lavadora, a lo que mi mujer respondí que quizás ella también necesitaría alguna actualización, el hombre se quedó de momento un poco sin saber qué decir, pero enseguida reaccionó diciendo: encantado le actualizo lo que usted quiera! y se fue acercando donde estaba ella, como buscando su aceptación, ella no dejaba de mirarlo hasta que él la agarró de la cintura y comenzaron a besarse, se besaban con deseo mientras él le quitaba la bata con sus manos grandes. Ella mientras tanto hacía lo mismo y le quitaba la camisa.

    El la levantó y la sentó de golpe en la encimera de la cocina, pero ella decidida le dijo: vamos a la habitación.

    En tanga ella y él solamente con el pantalón a medio quitar llegaron a la habitación, ella se tumbó en la cama mientras él se desnudaba de prisa y se tumbaba encima de ella para seguir besándose, mientras se desnudaba ella no pudo dejar de mirarle su polla, al igual que aquel hombre era más alto que yo, tenía una polla realmente grande y gruesa, bastante más que la mía.

    Él la besaba a la vez que alternaba chupándole las tetas y el cuello, en esa posición colocó su polla en la entrada del coñito de mi mujer y empujó, a lo que ella dio un respingo hacia atrás.

    -Qué pasa? Te ha dolido?

    -Un poco, es que la tienes muy grande y gruesa.

    -Pues habrá que hacer algo

    Diciendo esto comenzó a bajar pasando la lengua por el cuello, orejas, los pechos de mi mujer, su vientre, hasta llegar a su coño, hasta la lengua de este tío era grande, comenzó a pasarle la lengua por todo el coño, por el clítoris, en una vez que metió la lengua en el coño mi mujer tuvo un orgasmo brutal, en medio del orgasmo alcanzó a decirle: ven!, estaba deseando ser penetrada. El hombre subió rápidamente y comenzó a meterle aquel pollón poco a poco mientras mi mujer apretaba los ojos y gemía recibiendo aquella cosa tan gruesa como nunca había sentido.

    El hombre comenzó a moverse primero con suavidad hasta que fue aumentando sus movimientos, ella no paraba de gemir cada vez más fuerte, estaba gozando como nunca, sus manos se aferraban a la espalda ancha del técnico, como deseando que aquello no terminara nunca.

    El hombre comenzó a bombear con fuerzas, su polla cada vez más dura, así que le dijo: ¿dónde la quieres?, a lo que ella respondió, puedes correrte dentro si quieres, así que en algunos movimientos más la respiración del técnico comenzó a acelerarse, hasta tener un orgasmo dentro de ella, que al sentirlo volvió a correrse estruendosamente, esta vez sus gemidos eran gritos de placer.

    Aún después de correrse el tío seguía excitado, dándole polla, que la llevó a tener un tercer orgasmo igual de intenso, hasta quedar tendido encima de ella, ambos exhaustos de aquel tremendo polvo.

    Pasados unos minutos se separaron, quedando en la cama.

    -Necesito ir a lavarme al baño, ¿vienes?

    -No tengo algo de prisa y como entre a ese baño contigo no me iré en todo el día, si tú quieres claro.

    -Sonriendo se levantó desnuda, fue al baño y trajo un poco de papel higiénico y comenzó a limpiarle la polla con dedicación… humm es inmensa!

    -Debo irme cariño, ya llego tarde a otro cliente, ¿nos volveremos a ver?

    -Por supuesto!, dijo ella

    Continuará…

  • Doctora tetona

    Doctora tetona

    En este verano pedí turno en un hospital de la zona oeste de Buenos Aires. Hacía calor y cómo tenía cita con una médica mujer y yo andaba caliente fui solo con un short liviano y sin calzoncillos para que se me pudiera apreciar el bulto (soy muy dotado, sobre todo grueso).

    Al llegar mi turno me atiende la doctora. Altura de aproximadamente 1,70, pelo castaño claro y de más de 50 años. Perfil muy de señora. Onda nada que ver y con anillo de casada. Debajo del ambo se notaban unas tetas espectaculares. Era delgada.

    Me hace acostar para revisarme el oído afectado con un aparato y me empecé a excitar, mi erección era evidente. Ella parecía un poco turbada dado que se había dado cuenta de mi bulto hinchado.

    Cuando me levanto me diagnostica una otitis leve. Yo me quedé parado con la pija que reventaba. Ella me explicaba mirándome a los ojos y desviando la mirada rápidamente a mi bulto. Me la jugué. Me acerqué a su cara y me bajé el short.

    «Que haces!» Me grito, no dije nada y se la froté en la cara. Ella abrió la boca y la empezó a chupar. Se la pasaba por la cara y me besaba las bolas. La levante de la silla y empecé a tocarle las tetas. Ella me decía «no… no, va a venir alguien», no me importo. No decía nada yo, la di vuelta y le baje el pantalón del ambo, me arrodille y le chupe el culo maduro, tenía un agujero hermoso, me levante y se la apoye en la entrada.

    «Te pido que te vayas o grito» dijo ella. No me importo. Se la empecé a meter en el culo a pelo. Obviamente lo tenía muy hecho porque a los 30 segundos se la metí toda (19 cm). Ahora me decís «seguí… seguí» Daba grititos de placer hasta que casi al acabar la saque y la hice arrodillar y le eyacule en la boca. Trago casi todo. Se quedó media temblando.

    Le di un beso y le dije que la quería volver a ver. Salí del consultorio y me fui, ahora un poco asustado. Pero la cuestión fue que en ningún momento grito ni nada. Voy a seguir esta historia de mi doctora tetona.

  • Confesiones: Alicia (Parte V)

    Confesiones: Alicia (Parte V)

    Después de follar, trabajar y vivir en Arévalo unas 3 semanas aproximadamente, (por cierto, de las mejores que viví), lo normal entre campaña y campaña era descansar una semana, mientras nos llamaban para la próxima, en otoño nos tocaba Madrid ciudad y algunos de sus pueblos.

    En la semana de descanso acompañe a mi amigo O… donde su novia, vivía en Leganés un municipio de Madrid que está al sur de la ciudad, gracias a sus trenes de cercanías, se llega rápido y fácil, O… le había hablado de mí persona a su novia, ella quería que conociera a una de sus amigas, que por cierto era hermosa, muy parecida a la de la oreja de van Gogh, se llamaba Alicia, era una rubia preciosa, de tez blanca perlada, tenía muy buen cuerpo, era más bien bajita, parecía de 15 años con cuerpo bien desarrollado; justo ese día íbamos para su cumpleaños número 18, la novia de mi amigo le había organizado una especie de fiesta de cumpleaños en su casa, fueron unos 10 amigos y amigas que tenían en común, la verdad yo no tenía ganas de ir, pues a mis 20 años y con mis ganas de tener una novia metalera o Heavy, como le dicen en España, me daba pereza ese tipo de reuniones, pues la novia de O… y sus amigos eran más bien de escuchar música electrónica y/o variada.

    Por suerte mi amigo prácticamente me obligó a ir, pues a él también le daba pereza los amigos de su novia, en cuanto me presentaron a Alicia, fue como amor a primera vista, mi amigo tenía razón en cuanto al físico de Alicia, era la versión adolescente de la chica de la oreja de van Gogh, por suerte yo también le guste, pues la novia de O… me lo hizo saber minutos después, así que como un lince me dispuse a la caza, O… y yo habíamos llevado un buen Tequila, hicimos unas deliciosas margaritas, y minutos después estaba charlando con Alicia, con el pasar de las horas y los tragos, recuerdo que estábamos muy animados conversando, hasta que tire del anzuelo:

    -Alicia la verdad es que sos muy hermosa y sé que sos vos la que recibe los regalos, pero vos tenés algo que me gustaría llevar de recuerdo!

    -ay Javi gracias, que lindo eres, pero que quieres que te de recuerdo?

    La cogí del mentón y le plante un beso que no rechazó, nos estábamos besando deliciosamente, hasta que en coro nos interrumpieron con un «uyyy», nos sonreímos, Alicia se puso roja, pero estaba contenta, minutos después T… la novia de O…, nos decía:

    -venga chicos, nos vamos para la discoteca, que por fin Alicia puede ir!

    Todos se entusiasmaron, a mí no me hacía mucha gracia, pero por Alicia estaba dispuesto a lo que sea, por cierto ella estaba deliciosa, tenía puesto un pantalón blanco de esos que quedan bien apretados y marcan todo, una blusa roja y una chaqueta también blanca, yo estaba todo de negro.

    Minutos después estábamos en la disco, era un sitio grande, ponían música variada, después de varios brindis con cubatas, Alicia y yo nos retiramos a una esquina a darnos besos como adolescentes, yo estaba bien empalmado, recuerdo que esa noche le manoseaba mucho el culo a Alicia, ella se dejaba, pero no recibía respuesta por parte de ella (no me agarraba el paquete), luego me di cuenta el porqué, yo estaba más que excitado, ella daba gemidos suaves cuando le besaba el cuello y las orejas, hasta que ella me dijo:

    -ay Javi no sigas por favor, me pones mucho, pero aún no estoy preparada!

    Yo quedé perplejo, pero enseguida lo comprendí.

    -uf nena hermosa, es que me tienes loco, pero tranquila que solo quiero pasarla bien con vos, no te preocupes que no va a pasar nada que vos no queras!

    Ella sonrió, nos seguimos besando pero bajamos mucho el nivel de calentura, luego nos despedimos, yo quedé «iniciado» como le decimos en Colombia, ósea que me quedé con las ganas de follarme ese culito y la verdad después le dije a O… que yo no volvía por allá, que me hubiera dicho antes que esa nena era virgen, O… se reía y me dijo que no me enojara, que igual yo la había pasado rico, que todos se dieron cuenta que casi me la como con las manos.

    Pasaron los días y para mí sorpresa, me llamo T… la novia de mi amigo!

    -hola Javi, cómo estás?

    -hola T… bien gracias y vos?

    -bien, oye es que Alicia me pregunta por ti, que pasó, es que ya no te gusta mi amiga o tienes novia?

    No sabía qué decir, era una llamada muy incómoda, pues aunque Alicia me gustaba mucho, me daba pereza tener que ir hasta Leganés, además el fin de semana antes de empezar la campaña me visitó Irina, que aunque ella me dejó en claro que no éramos novios, lo podíamos pasar muy bien cuando los dos así lo quisiéramos, en resumidas cuentas lo que me frenaba con Alicia, era su virginidad.

    -eh no jeje, no tengo novia, eh… Alicia, claro que me gusta!

    -ah bueno Javi, y porque no la has llamado? Ella me dijo que te dio su número y tú nada!

    Yo me quedé en silencio, no sabía que decir, solo pensaba «pero que malparido O… como se le ocurre darle mi número a su puta novia», hasta que T… me suelta:

    -¿es porque es virgen, verdad?

    Anda hombre no te preocupes por eso, la verdad es que ella está flipando por ti, solo me habla de ti, venga dale la oportunidad, que yo ya le he quitado el miedo, vamos que voy a ser mala amiga, que me ha dicho que le gustaría que tú fueras el primero!

    -jeje uf T… que yo no quiero solo eso de ella, lo que pasa es que la sentí extraña al final de la noche en la disco!

    -hombre, deja de hacer el tonto y llámala, pero no le digas que has hablado conmigo vale?

    -dale T… no te preocupes, gracias por tu llamada!

    La verdad es que obviamente lo que yo quería era follar, aunque Alicia realmente me gustaba, pensé que me había pasado de bestia con ella y que seguramente me tenía miedo, luego me di cuenta que no era así, gracias a la llamada de T… y lo que hablé luego con Alicia por teléfono.

    La visite todos los fines de semana, mientras trabajaba en la campaña de Madrid, las cosas iban muy bien, ya me estaba gustando de verdad, la pasábamos bien, y para mí sorpresa cuando le dije que estaba por terminar la campaña de Madrid y le conté que la próxima era en Toledo, me dijo que cuando nos volveríamos a ver?, le dije que lo normal de las campañas era que durarán un mes o tres semanas.

    -Mor que vas a hacer este finde?

    -pues pensaba estar contigo nena hermosa, por?

    -es que me gustaría estar contigo, los dos solitos, antes de que te marches para Toledo.

    -en serio preciosa? Dale de una, y hasta qué hora tienes permiso?

    -me puedo quedar el viernes y el sábado contigo mor, mis padres piensan que me voy a quedar donde T… jeje.

    Ya le quería hacer un monumento a T… gracias a ella, ese fin de semana iba a estar a solas con mi primera española virgo!

    Inmediatamente reserve una habitación en unos de los mejores hoteles de Madrid, era 5 estrellas, pues gracias a mi trabajo y que yo ahorraba bastante, me decidí, pues quería que fuera una ocasión muy especial para Alicia, la llamé de vuelta y le dije que ya tenía todo listo, que la esperaba en la boca del metro Ventura Rodríguez.

    Cuando llegó, estaba más hermosa que nunca, tenía una falda oscura que le llegaba por encima de las rodillas, una blusa azul y una chaqueta oscura, se veía espectacular, nos besamos intensamente antes de entrar en el hotel, nos pidieron los documentos, Alicia pasó su DNI y yo mi pasaporte, llevábamos cada uno una mochila, el botones nos condujo hasta nuestra habitación, los dos alucinamos, estábamos en el 10° piso, tenía unas vistas espectaculares, se veía el palacio real, la iglesia de la Almudena, etc.., tenía una cama enorme, un jacuzzi también con una vista increíble, enseguida nos subieron una cava como en las películas, con el bol lleno de hielos!

    -ay mor, pero que lujo todo esto, no lo puedo creer, hiciste todo esto por mí?

    -es lo menos que podía ser para mí princesa!

    Nos dimos otro beso, abrí la cava, brindamos y nos bebimos dos copas en un santiamén, la volví a besar, le metí las manos por debajo de la falda, que rico que se sentían esos cachetes, le manosee sus tetas, eran de tamaño mediano y firmes, le besé el cuello y baje con mi lengua por su escote, enseguida le quite la blusa, no tenía sostén, me saludaron un par de melones con aureolas grandes, pezones rosados y paraditos, los cuales empecé a degustar, se los lamía y mordía suavemente, me di cuenta que le gustaba, daba gemidos suaves y me agarraba de la melena con pasión, después de unos minutos la tumbe boca arriba sobre la gigantesca cama, le quite la falda y unas botas negras, tenía una micro tanga negra de encaje, perfecta para la ocasión, le recorrí sus piernas a punto de besos hasta llegar a su entrepierna, la lamí por encima de su tanga en todo el triángulo, estaba totalmente mojadita, recuerdo que olía como a rosas con duraznos mezclado con ese delicioso olor suave a marisco, luego le fui quitando poco a poco la tanga con mis dientes, para volver a subir por sus piernas, y esta vez le metí mi lengua en toda la panocha, le daba círculos sobre el clítoris, ella gemía delicioso, hasta que le provoque un orgasmo con la lengua, Alicia abrió bastante los ojos y prácticamente me quitó de su coñito!

    -ay mor, pero que rico lo que me has hecho, sentí como corrientazos!

    Sonreí pues ya estaba más que lista para la penetración, me quite toda la ropa, volví a subir por su pierna, coñito, abdomen, teticas, cuello y labios, Alicia tenía bien abiertas las piernas y la empecé a penetrar suavemente, le metía la cabeza, la dejé un rato con movimientos suaves, hasta que se la metí de a poco para culminar en el fondo de ese caliente recipiente, que bien se sentía, Alicia tenía sus uñas clavadas en mi espalda, le susurré que sí había dolor, me dijo que no, que solo sentía placer, así que seguí con el mete y saca de forma suave, me fascinaba verle ese rostro hermoso, como gemía y suspiraba!

    Minutos después cambiamos de posición, ella me cabalgaba ahora que tenía la conchita más dilatada, empezó a moverse más rápido, hasta que me di cuenta que se volvía a correr, ahí me soltó el primer «te amo», yo le correspondí con la misma frase, estaba tan mojadita, y me pedía que también me viniera, la puse en posición de cucharita, así le podía acariciar sus sedosas piernas, tetas y clítoris, con mi mano en su timbre mientras le bombeaba mi polla, nos corrimos casi al mismo tiempo, Alicia se dio la vuelta y nos volvimos a besar, fue un polvo exquisito, por suerte no usamos preservativos, pues habíamos acordado que ella planificaría.

    Por suerte Alicia no sangró, no todas las virgo lo hacen, después de desflorarla nos abrazamos, nos dijimos cosas lindas.

    Cómo estábamos en la flor de la juventud Alicia me empezó a besar por todo el cuerpo, cuello, pectorales, abdomen y luego mi polla que estaba flácida, pero segundos después se irguió como carpa de circo, su boquita caliente e inexperta me puso a mil, tuve que decirle que tuviera cuidado con los dientes, por suerte aprendió rápido, me la chupaba exquisito, unos 15 minutos después estaba por correrme!

    -uf nena, para que me vengo!

    Me daba vergüenza correrme en su boquita, creí que sería muy pronto, por suerte ella pensaba diferente!

    -mm no importa, quiero probar tu lechita mi amor!

    Con esas palabras, mi polla engullida por su boca, su rostro de adolescente, sentí que me vine por litros, tanto así que no se la pudo tragar toda, mi esperma resbalaba por la comisura de sus labios, daba unos gemidos de nenita, que corrida inolvidable, a pesar que minutos antes me había venido como caballo; Alicia se iba a levantar para limpiarse, pero yo la cogí y le di un beso apasionado como agradecimiento, eso le fascinó.

    Minutos después nos fuimos a cenar, por cierto el restaurante del hotel tenía un menú increíble, y el sitio no podía ser más romántico, bebimos un buen riojano, luego salimos un rato a caminar por la Gran Vía para bajar la comida, una hora más tarde aproximadamente, volvimos al hotel, ya era de noche, nos desvestimos y tuvimos sexo en el jacuzzi con vista panorámica de la ciudad, lo hicimos casi toda la noche, en variadas posiciones, lo mismo al día siguiente, Alicia era oficialmente mi primer novia en España.

    El lunes por la mañana la jefe nos recogió, para ir en dirección de Talavera de la Reina.

    Continuará…

  • Con una de las nuevas de la escuela

    Con una de las nuevas de la escuela

    Hola nuevamente, anteriormente subí un relato totalmente intenso llamado “Con mi nueva compañera de trabajo”, la cual estuvo súper candente y totalmente real, espero puedas leerla, en esta ocasión, les contaré otra gran anécdota que me sucedió a los 19 años, quédate para leerla completa, sé que te va a hacer sudar…

    Esto sucedió cuando aún estaba en la licenciatura, para lo cual, se presenta lo que es el cambio de semestre, nuevos estudiantes ingresan a la escuela y, sobre todo, nuevas chicas a las cuales conocer… uy, quien ha pasado por estas etapas, sabemos lo tan impaciente que nos ponemos tanto chicos como chicas al conocer quizá un ligue nuevo.

    Para entrar en contexto, pues no es por darme mis aires, pero pues tenía mi pegue con las mujeres, les comento, yo mido 1.78 m, pesaba 80 kg, de cuerpo fuerte, pues me gustaba ir al gimnasio y jugar deportes, tez moreno claro, frente amplia, cabello casquete corto, y bueno, a veces sin esperarlo, podía notar cómo las mujeres me observaban, en especial porque en la escuela eran mayoría.

    Uno de esos primeros días estaba en clase, me gustaba sentarme cerca de la ventana que daba hacia el patio de la escuela, pronto pude percibir una mirada fija de una chica que estaba sentada en una de las jardineras de la escuela, quien me veía sin miedo a que yo me percatara, fue entonces que la vi, una mirada con unos lindos ojos grandes y color café oscuro, cabello negro largo pero recogido a manera de cola, piel clara, labios ligeramente carnosos, vestía el uniforme de la escuela, falda, saco, medias y zapatillas, ufff, se veía muy hermosa, entonces decidí mirarla también fijamente ella se sonrojaba, agachaba la mirada y hacía una sonrisita de pena, y volvía a mirarme, puede notar que sin querer también le estaba correspondiendo el jugueteo de las miradas, no podía concentrarme en la clase hasta que por fin ella entró a su aula. Pronto pasaron los minutos y sabía que debía hablar con ella y conocerla, coincidimos en un receso, ella pasaba en grupo con tres amigas, me miraba a lo lejos y volvía sonreír y agachar la mirada sonrojada, sabía que yo le causaba algo y, a su vez, ella también había logrado captar mi atención.

    Ese mismo día saliendo de clases decidí seguirla sin que ella se diera cuenta, pronto abordó el transporte sola, ahí noté que era muy bella, delgada, de estatura media, cuerpo bien proporcionado, pronto subí con el pretexto de que también iba por el mismo rumbo, ella se puso muy nerviosa y tenía una cara muy apenada, su carita inocente mostraba que en realidad yo le gustaba y eso me dio mucha confianza para poder iniciarle una plática, le pregunté su nombre, para lo cual ella me responde que Jazmín, muy pronto nos agarramos confianza, y la acompañaba muy seguido hasta el poblado en donde vivía, sin embargo, pronto se mudó cerca de la escuela, lo cual me dio gusto, ya que pues ella rentaba con otras dos amigas y yo, pues entre semana vivía absolutamente solo en una casa de un tío, comenzamos a salir en las tardes, puesto que teníamos todo el tiempo para poder salir sin que nadie nos dijera algo, pero en la escuela tratamos de pasar desapercibido lo nuestro.

    Una semana después la invité a casa con el pretexto que veríamos una película y pues para que conociera en dónde estaba viviendo, mi intensión desde el principio no fue llegar más allá, sé que todo llegará a su tiempo, primera quería probar esos bellos labios. Ella fue vestida con jeans, tenis negros, una blusa rosa sin mangas y el cabello recogido, ella estaba muy nerviosa, comenzamos a ver la película en la sala, le tocaba sus suaves manos, delicadas, su piel de sus brazos igual, olía muy rico, pronto me acerqué hacia ella, olí su cuello que desprendía un rico aroma a fragancia, la vi fijamente a los ojos, ella agachó la mirada, tomé sus manos y ella abrió ligeramente sus ricos labios y no pude resistirme a besarla, así que mojé mis labios y lentamente la besé y estaba disfrutando mucho de esos ricos besos, pronto la comencé a acariciar, la noche pronto se comenzaba a notar, mientras nosotros nos la pasábamos bien, besándonos, charlando y confesándonos que nos gustamos desde el primer día en que nos vimos, ella me decía que le encantaba sentir mis brazos, así que decidimos seguir saliendo en anonimato.

    En ese entonces yo manejaba un Chevy negro, así que en él comenzamos a salir, ya sea en la tarde o en la noche, después de hacer nuestros deberes claro, un día salimos a comer a un poblado a un poblado a 15 minutos, después de cenar buscamos un lugar un poco más privado, así que recordé que en una orilla de aquel lugar había un lugar cerca de unos campos de maíz y con pocas casas, esa noche llevé pans, tenis y una playera, ella a su vez, una licra negra, una blusa delgada y tenis, íbamos cómodos, pues cada vez más la confianza crecía entre nosotros, una vez llegando a aquel lugar, precisamente estaba sólido, una lámpara pública a unos cuantos metros, nos comenzamos a besar ansiosamente, ella ya no parecía la chica tan penosa, estaba totalmente dispuesta a mi, al besarla, le acariciaba todo por encima de su ropa, por fin sentí sus nalgas, sus pechos, sabía que estábamos a punto de dar ese paso, yo estaba nervioso puesto que ya tenía mucho tiempo que no lo hacía, pronto nos pasamos a los asientos de atrás, ahí ella se me subió en mis piernas, veía como su lindo rostro se mostraba muy excitado, le dije que si ya estaba lista, ella solamente me vio a los ojos, me besa y mueve la cabeza en señal de que no era el momento indicado, puesto que me dijo que ya habían pasado dos personas viendo hacia el carro y si, ya todo estaba empañado, así que solamente nos reincorporamos y nos fuimos, la dejé en la casa en donde se quedaba, ella mostraba un rostro de que no podía creer lo que había pasado, yo estaba muy entrado también en que pronto podríamos estar juntos.

    Al día siguiente, como eso de las 5 de la tarde, yo me disponía a ir a jugar fútbol, ya tenía la ropa puesta, el short, la playera, los botines, sin embargo, recibí un mensaje de ella que me decía que venía en camino a la casa, porque quería que le ayudara a hacer una tarea, para ello, me quedé algo sorprendido, pues regularmente yo era el de la iniciativa de salir, ya que ella era muy reservada para ello.

    Pasaron 10 minutos, yo estaba sentado en el sillón de la sala, viendo la TV, pronto ella bajó de un taxi, acudí a la puerta para abrirle, al verla, lo primero que noté es que ella estaba muy sonriente, las chapas de sus mejillas se veían más rojitas, a la vez nerviosa, luego, vi que venía vestida con un short muy corto de una mano arriba de la rodilla, que dejaba verle sus lindas piernas blancas, brillosas y suaves, unas sandalias cafés que dejaban ver sus lindos pies, una blusa blanca un poco pegada que dejaba ver el verdadero tamaño de sus senos que los noté más grandes de lo que yo recordaba, hacía calor, puesto que este lugar siempre se encuentra arriba de 28 a 36 C°, su cuerpo resaltaba esos atributos que tenía ocultos, mi corazón palpitaba muy rápido, verla, percibir su aroma, pronto ella sacó su computadora, me quité los zapatos de fútbol poniéndome cómodo me puse también unas sandalias, comencé a ayudarle, mientras trabajábamos ella pasaba su pie sobre el mío, luego sentía como sus dedos rozaban los vellos de mis grandes piernas marcadas y brillosas por el calor que estaba sintiendo, se sentía súper sexy, por ratos le tocaba sus piernas mientras le daba besos, hasta que por fin, al cabo de 40 minutos acabamos la tarea con todo y el jugueteo de por medio, pronto la tomé de la mano y la lleva arriba en la habitación, ella sonrió y mostró mucho nerviosismo, ya estando allá, me recuesto en la cama, la subo encima de mí, mientras la sigo besando, me quito la playera, me besa el pecho, yo tocando sus piernas y la puesta de sol se ponía poco a poco, siento como mi pene se lubrica poco a poco con cada roce, pasaba mi mano encima de su short y siento como ella se está también humedeciendo, estamos poniéndonos muy calientes, le quiero alzar la blusa, pero ella me detiene, noto su inseguridad y nerviosismo, sin embargo, seguimos con el cachondeo por más minutos, pronto noto cómo su respiración se acelera, sus ojos los cerraba cuando siente mayor placer en cada caricia, meto mi mano por debajo de su sostén, sus senos están calientitos y suaves, apenas cabe mi mano a cubrirlos (y eso que tengo manos grandes) de pronto ella se mueve más y más encima de mí como si ya la estuviese penetrando, se nota visiblemente que ya estaba muy húmeda, de pronto la cargué de las piernas dándole la vuelta quedando encima de ella, le beso el cuello, aprovecho para quitarle la blusa que, la sigo besando pasando mi lengua cerca de sus senos, por su abdomen, le beso las piernas poco a poco de manera alternada hasta los pies, ella está super excitada, bajo sus piernas quedando en medio de ellas, me bajo a besarle el cuello y siento su rica piel sobre la mía, aprovecho para desabrocharle el short, se lo quito de manera rápida que se sorprendió cerrando las piernas de manera inmediata, su pecho está rojo de tan caliente que está, me bajo el short y quedo en puro boxer, me vuelvo a meter entre sus piernas y noto que su calzoncito, blanco y con encajes está muy mojado, vuelvo a besarle los labios, ella me responde con besos muy mojados, dirijo mis manos a su espalda y ante su débil resistencia logro desabrocharle el sostén, se los tapa con las manos pero está tan perdida y excitada que logro quitárselas y veo los grandes que son sus senos y sobre todo sus pezones con aureola grande, son cafecitos color canela, no dudo en probarlos y pasar mi lengua en repetidas ocasiones, esto le prende aún más, se los sigo mamando y dando pequeñas mordidas, ella le encanta, me incorporo, me quito en boxer que ya tan empapado está de lo lubricado que me puse, me quedo totalmente desnudo frente a ella, tomo una de sus manos y la dirijo a mi pene muy erecto, ella lo acaricia lento mientras mis manos recorren sus senos, ella comienza a masturbarme y comienza a sonar muy mojado cada que lo hace de manera acelerada, admira mi pene, pronto le quito su calzón, quiere poner resistencia, pero cede ante el momento y la excitación que la han dominado, veo su vagina tan linda, sin rasurar pero dejando ver lo jugosa y rosadita que estaba, tomo mi pene con mis dedos descubriendo más el glande, se pone más rígido y grueso, me siento tan nervioso que tiemblo un poco, mi respiración se acelera, mi corazón palpita cada vez más rápido, tengo cierto temor de terminar pronto antes de disfrutar este momento tan esperado, la veo a ella y noto que lo mismo le ha de suceder, mantiene cerrando sus ojos esperando a ser penetrada, lentamente se lo acerco, siento cómo sus vellos rosan mi glande, luego siento sus suaves labios viscosos, ella se aferra a las sábanas, al fin, está totalmente entregada a mí, se muerde los labios, continúa cerrando los ojos, siento cómo mi pene va ingresando, se siente muy bien, está muy estrecho y húmedo su interior, ella al sentirlo totalmente dentro, abre los ojos de dolor y placer, y da gemidos, diciendo –¡Ah!, ¡ah!, ¡ah!, ¡qué rico se siente!, ¿qué grande!, ¡¿no te pusiste preservativo?!, yo solo me agache hacia ella, dándole un largo beso, mi pene seguía dentro, ella me susurra que solamente no me venga adentro, pronto volví a la posición dominándola, tomándola de ambas piernas, mientas poco a poco la iba penetrando, veía cómo mi pene salía cada vez más empapado por sus fluidos, y ese rico sonido jugoso al sacárselo y volverlo a meter así sin meter las manos, solo aprovechando lo bien erecto que estoy para poder ingresarla.

    Pongo sus suaves pies en mi pecho y sigo penetrando, ella me dice -¡Ay, que rico, está grande!, ¡Despacio, que está muy duro!, (sus pupilas se voltean de tanto placer), me detengo un poco y veo sus vagina muy hinchadita, sus piernas siguen arriba, las hago hacia el mismo lado, aprieto mis nalgas y acelero el ritmo, estoy tan concentrado y disfrutando, luego cambiamos de posición, me acuesto en la cama y ella sin pensarlo mucho se sube en mí, colocando mi pene en su vagina y se va dejando caer sobre él poco a poco, una vez todo dentro, ella pone sus manos en mi pecho, sé que en esa posición me está sintiendo muy dentro en su interior, le duele, pero le excita y le encanta, aprieta mi pecho muy fuerte y ella comienza a cabalgarme muy rápido, no tarda mucho y ella mira hacia el techo gritando y gimiendo, su cuerpo temblando, yo me sorprendo pues ella está teniendo un rico orgasmo diciendo ¡Ahhh, ahhh, uuuyy, que rico!, de manera inmediata, la abrazo de la espalda trayéndola hacia mí, y la comienzo a penetrar muy duro, ella sigue perdida gritando, siento como sus fluidos se derraman sobre mis testículos y piernas, el sonido mojado de cada penetración es muy fuerte, con mis dos manos aprieto sus nalgas controlando el ritmo acelerado, le doy una nalgada y veo cómo ella grita de excitación, sé que le gustó, así que le doy más y más, se las dejo rojas, seguimos así por cinco minutos más, nuestros cuerpos están sudando, yo estoy que me reviento, no puedo más con tanto placer, detenemos el ritmo y ella poniendo sus manos en mi abdomen da brincos en mí, ella grita cada vez que baja al sentirme muy dentro, ella nota mis ganas de que estoy a punto de eyacular, ella se sorprende se me quita de encima, ella no sabía que hacer, solo se me ocurrió ponerla hincada, agito mi pene apuntando a su cara, ella demuestra también inexperiencia y está nerviosa pero excitada, solo intenta abrir la boca, sonríe, su carita de cansancio me excita, sus orejas rojitas, pronto le eyaculo toda su cara, fueron muchos, tanto que invadí, sus ojos, nariz, orejas y bueno, su lengua, me desahogo, pronto corremos al baño a enjuagarnos, estando ahí desnudos por primera vez, nos reímos, a pesar de lo que habíamos hecho, nos sentíamos nerviosos pues la calentura se nos había pasado y no parábamos de reír.

    Seguimos charlando, pasándola bien, nos seguimos divirtiendo sobre lo que hicimos, y hasta salió la plática sobre nuestra poca experiencia, ella menciona que jamás había recibido sexo oral y si, yo tampoco lo había recibido, entonces, no dudé en decirle que lo intentáramos, ella se sonríe y me pregunta cuando, yo la veo fijamente y le digo, pues ahora, ya estamos aquí, desnudos que más da, pronto hago que se hinque, pronto me puse erecto, puesto que eso me daba mucha excitación, ella lo comienza a lamer, me mira, se lo comienza a meter lentamente, su boca es estrecha que siento sus dientes y me causa algo de dolor, pero me sigue gustando, ella lo sigue haciendo cada vez mejor, lo toma con una mano y me sigue chupando y lamiendo, me pongo de pie, la recuesto en la cama, abro sus piernas y noto como ella está muy nerviosa, paso mi lengua lentamente, saboreo sus labios, meto cada vez más mi lengua, wow, me encanta, que placer tan rico me he estado perdiendo, ella está muy excitada, me subo a la cama y nos ponemos en 69, ambos nos estamos comiendo, al paso de unos minutos estamos muy calientes, la oigo cómo gime y gime, yo no aguanto más, así como está de espaldas la recorro hasta mi pene, se lo meto y veo cómo la estoy penetrando en POV, ella reclinándose hacia mis piernas y veo cómo sus nalgas ricamente chocan en mí, los labios de su vagina abrazando mi pene, pronto siento como nos volvemos a humedecer, así tardamos por vario minutos más, solo la luz de la lámpara de afuera nos ilumina, las ventanas abiertas, el calor sigue, la luna a lo lejos brindando un ambiente pasional, yo la acaricio, me reincorporo y la pongo en 4, veo, su vagina ya muy estimulada e hinchadita, tomo mi pene y se lo introduzco rápidamente, la comienzo a penetrar primero lentamente, agarrando su cabello, se lo suelto, la tomo con una mano de los cabellos y acelero el ritmo, yo también ya estoy gimiendo, la sensibilidad en mi pene es cada vez más notorio, pronto ella grita, ¡Ahhh, si, si, si, dame así…! ¡¡¡más duro, más duro, no pares!!! Noto cómo ella se humedece demasiado, en estos momentos cada penetración suena demasiado rápido y duro, mis testículos chocan contra sus nalgas, después de varios minutos estamos cansados, pero saciando nuestras ganas, la acuesto en la cama, pongo una pierna en mi hombro de misionero y la penetro muy duro, ella gime y gime, no puedo más y le digo ¡Ay que rico, me vengo, me vengo, ella diciendo ¿¡¡Si, sí, sí así, los quiero en mis pechos!!, entonces paro, la orillo a la cama y se los dejo caer en sus pechos, mientras le doy golpecitos en sus ricos pezones que tanto me encantan, ahora están embarrado de mi semen, nos paramos, y nos seguimos besando, le agarro las nalgas mientras nos decimos que hoy fue gran día lleno se mucho sexo inesperado, y que pronto lo volveríamos a repetir. Y así pasaron los días y seguíamos viéndonos cada semana con nuevas locuras, aunque, nunca hubiera esperado que tan pronto, otra compañera suya andaba tras de mí, pero bueno, jejeje, esa ya es otra anécdota que contaré pronto.

  • El rey y la joven Claudia

    El rey y la joven Claudia

    Ricardo contaba con 20 años de edad y desde hace un mes, tras la muerte de su padre el rey, contaba con poder absoluto.

    Ni se había casado, ni de momento, había encontrado mujer de la que enamorarse. Había yacido con varias desde hace años. Todas hermosas, sumisas, dispuestas a obedecer. Al principio, aquello había sido excitante, como toda primera vez. Pero pronto tanta facilidad comenzó a cansarle. Las muchachas venían a su encuentro, le buscaban haciéndose las encontradizas. Después de todo él tenía dinero y poder y esas mujerzuelas estaban usándolo.

    La admiración se transformó en recelo.

    «Soy el rey» se dijo, «mi palabra es ley y no tengo a nadie en este mundo a quién rendir cuentas».

    Sonrió con autosatisfacción y escribió un edicto.

    «Yo Ricardo, vuestro rey, anuncio que a partir de ahora toda mujer que se acerque a mi llevada por un interés diferente al amor, será castigada. Ningún hombre o mujer osarán atraer mi atención con ánimo de engañarme o aprovecharse de la situación.»

    Los consejeros y su madre le hablaron, con el debido respeto, del desatino de semejante escrito. Necesitaba una esposa que le diera herederos. Pero él les ignoró con amenazas.

    A pesar del temor de las doncellas, algunos nobles no dudaron en seguir ofreciendo a sus hijas.

    – ¿Me habéis mirado? – dijo el rey dirigiéndose a una chica de cabello largo de su misma edad.

    – Señor, yo… – musitó con nerviosismo la joven

    – ¿Cómo os llamáis?

    – Claudia majestad.

    – ¿Me queréis?

    – Yo, mi señor, no era mi intención…

    – Y además sois una cobarde… ¡Guardias prendedla y darle doce azotes!

    – Majestad, ¿la llevamos a las mazmorras?

    – No, atadla a la viga del techo y castigadla aquí mismo en mi presencia.

    Uno de los guardias fue en busca de una cuerda y un látigo.

    – Señor, por favor, perdonadme si os he ofendido.

    El rey se acercó y la abofeteó.

    El guardia que se había ido regresó y con ayuda de su compañero ató las muñecas de la mujer y pasando la cuerda por la viga, levantó los brazos de la víctima hasta que su cuerpo quedo casi suspendido. Luego, tirando del vestido, lo rasgó desnudando a la muchacha de cintura para arriba. Las tetas colgaban de manera sensual.

    El rey se acercó y mientras le miraba a los ojos cogió un pezón y apretó.

    – Majestad… – dijo la chica con lágrimas en los ojos por la súbita agresión.

    – Empezad. – ordenó el monarca.

    Uno de los guardias colocó el cabello de la joven sobre su hombro dejando el camino libre.

    El guardia que sostenía el látigo se tomó unos segundos para calibrar la distancia y descargó el primer azote en la espalda de la mujer.

    – Uno.

    – Ayyy

    – Dos – dijo golpeando de nuevo.

    – Tres

    Cada diez segundos el cuero mordía la espalda de la víctima indefensa haciéndola retorcerse de dolor.

    – Nueve

    – Por favor… parad. – rogó la chica sollozando.

    El rey levantó la mano y el guardia se detuvo.

    – ¿Crees que voy a parar? Soy el que manda y mi palabra es ley.

    La muchacha, con la cara llena de lágrimas, absorbió los mocos y se disculpó.

    – Desnudadla.

    El guardia obedeció a su rey y le quitó el vestido dejándola en cueros.

    Ricardo contempló el trasero de la joven. Aquello le estaba excitando.

    – Claudia, tenéis un culo demasiado bonito. Seguro que habéis atraído a más de un indefenso varón con él.

    – Señor… – gimoteo la joven humillada.

    – Seguid, golpeadla en las nalgas.

    La mujer intentó contraer su retaguardia para mitigar el escozor mientras recibía el impacto del látigo.

    – Diez

    Y sin tiempo a recuperarse un nuevo azote.

    – Once

    Claudia tembló y perdió el control del esfínter meándose encima.

    – Sois guarra además de cobarde.

    A las lágrimas por el dolor se unió la vergüenza.

    – Doce

    El látigo dejó una última marca roja en los glúteos.

    El rey se acercó a la mujer.

    – Miradme.

    La muchacha le miró.

    – Siento haberos ofendido Señor, no era mi intención.

    Ricardo, por un momento, sintió algo. Quizás se había equivocado, pero era el rey y bajo ningún concepto lo iba a reconocer.

    – Desatadla.

    Los guardias obedecieron.

    – Claudia, ¿verdad?… venid conmigo.

    La mujer le observó con algo de temor, pero no tenía más remedio que obedecer.

    La puerta de la alcoba, vigilada por dos soldados, se cerró tras ellos. Doncella y monarca, a solas, guardaron silencio.

    Ricardo señaló la cama.

    – Acostaos boca abajo.

    La recién azotada obedeció y su cuerpo desnudo y con marcas quedó expuesto sobre la cama real.

    El hombre fue en busca de un ungüento y con delicadeza lo aplicó sobre la espalda y las nalgas de la mujer.

    – Sois valiente y educada. A pesar del castigo no habéis perdido vuestras formas, creo que he cometido un error juzgando vuestro…

    – Majestad, vos no os equivoca…

    – Dejadme acabar… soy el rey, es cierto, pero los reyes a veces no miden bien sus acciones… sin embargo no me arrepiento de haberos azotado… y quizás, en el futuro, no descarto que tengáis que recibir nalgadas si no os comportáis… sin embargo…

    – Sí majestad… – intervino la joven tras unos segundos de silencio.

    – Me gustáis… ¿os gusto?

    La chica se sintió halagada por las palabras.

    – por favor, responded con sinceridad… no temáis, no os voy a castigar digáis lo que digáis, solo quiero saber…

    – Sois atractivo y dulce… a vuestra manera. Si me permitís la osadía, bueno, evidentemente no me ha gustado que mandarais castigarme pero… me alegro de estar con vos aquí y ahora… y si para eso tenéis que castigarme… hacedlo… yo

    Ricardo besó a Claudia en los labios.

    Aquella fue la primera de muchas veces que sus bocas se encontraron.

    Claudia llegó a ser reina.

  • Mi putita se merece un premio

    Mi putita se merece un premio

    ¡Hola a todos! Soy Alberto Galarza.  Los relatos que voy a contar son verdaderos sin embargo en ninguno usaré los nombres reales de las personas involucradas.

    Soy un hombre de 29 años de la ciudad de Monterrey. Mi estatura es por arriba del promedio del país, sin llegar a ser muy alto con 1.80 m. Voy al gimnasio, esto hace que este fornido sin ser tener un cuerpo escultural. Soy de piel morena, ojos cafés y cabello negro algo común en México; sin embargo, desde la adolescencia me ha tocado estar en los vestidores deportivos dónde he tenido un miembro de los más grandes entre mis compañeros (21 cm). Esto ha hecho que me apoden «el negro» desde los 16 años.

    En los últimos meses desde que escribí mi primer relato, recibí algunas valoraciones y correos de parte de lectores. Principalmente fueron comentarios positivos y algunos solicitando historias nuevas. No había podido escribir nada ya que conocí a una persona gracias al primer relato que escribí en línea y básicamente estuve ocupado.

    La persona que conocí es una chica que llamaremos Sol, tiene 19 años y es estudiante de universidad. La conversación inició de una manera casual, sin embargo, muy rápido descubrimos que tenemos muchos gustos sexuales en común. Esto empezó a generar conversaciones calientes desde el inicio, generando un deseo sexual entre los dos que básicamente no podíamos contener. Cómo saben soy una persona muy dominante en el sexo, y a ella le gusta que le digan que hacer. Rápidamente se convirtió en mi putita y yo en su papi.

    Ella estaba iniciando su periodo de exámenes en la universidad, por lo que tuvimos que posponer el día en que nos conoceríamos en persona para coger. Decidimos ir un café, aunque a ella no le gusta el café, pero lo descubrí hasta que llegamos al lugar. Fue en un Starbucks cerca de su universidad, yo estaba nervioso de conocerla y llegue 15 minutos antes de la hora acordada. Ya he salido con mujeres de aplicaciones, pero esto era diferente. Sol y yo habíamos hecho clic muy rápido y por alguna razón eso me ponía muy nervioso. Faltando 5 minutos para la hora acordada la vi afuera del Starbucks; no le vi la cara por el uso de cubrebocas, pero por la ropa que me dijo que llevaba la identifiqué. Se despidió de la amiga con la que iba y entró por la puerta de cristal. Estaba más guapa que las fotos que me había enseñado (cuando se quitó el cubrebocas lo pude notar) Mide 1.58 m, tez blanca, cabello castaño con rayos rubios, ojos cafés en los que te puedes perder, labios carnosos con un tono muy claro, cara afilada con las mejillas ligeramente maquilladas con rubor, delgada con unas tetas grandes para el tamaño que tiene (lo cual me tenía babeando desde que la vi), abdomen plano, piernas torneadas y un culo redondo. Me quedé con la boca abierta al verla entrar, empecé a sudar y mi miembro empezó a tener una erección; me tenía así de solo imaginar todo lo que habíamos platicado que haremos.

    Yo ya estaba tomando un café, por lo que no tenía el cubrebocas puesto, ella al verme se acercó tímidamente a la mesa y me pregunto – ¿Adrián? – A lo que yo respondí – Hola Sol. – Y le sonreí. Ella se sentó y le invite algo de tomar, ella me dijo que llevaba agua y no le gustaba el café. Estábamos acostumbrados a bromear cuando hablábamos por el chat, entonces rompí el hielo mientras ella se quitaba el cubrebocas diciendo:

    -Pensé que me dirías que te gustaba el café como un amigo gay que tengo-

    Y ella preguntó –¿Cómo le gusta el café a tu amigo?

    -Cómo sus hombres: Negros, fuertes y bien calientes.

    Ella soltó una carcajada y entramos en confianza para platicar. Desde el inicio sabía que no teníamos tiempo pues ella me dijo que tenía un par de clases y después que estudiar.

    Durante la plática le dije que si le iba bien en sus exámenes le podría dar un premio, que lo pensará bien. Rápidamente respondió

    -Quiero que me des una cogidota, papi

    -Esa la tendrás putita, yo estaba pensando en algo más… divertido…

    – ¿Qué tienes en mente papi?

    Recordé que a ella le llama la atención tener sexo en público por lo que le dije mi idea.

    -Te puedo llevar a cenar a un buen restaurante y podemos meternos a coger al baño.

    A ella se le llenó la cara y los ojos de lujuria y deseo, me dijo – ¡Si quiero papi!

    Estábamos los dos ya caliente, en medio del Starbucks… en ese momento sonó su celular. Tenía que irse a su clase.

    -Dame un beso antes de irte putita.

    -No papi… si te beso no me voy a ir.

    Aun así, no pude contenerme y me acerqué rápido para darle un pequeño beso… lo correspondió por 5 segundos para después irse casi corriendo. Me dejó sentado, con la verga dura y con ganas de más.

    Todos los días platiqué con Sol y al terminar exámenes le fue muy bien, con excelentes calificaciones. Eso significa que tendría que darle su regalo. A Sol le gusta la comida italiana, por lo que reservé en un restaurante italiano por San Pedro. Quedé de pasar por ella a las 6 de la tarde y le pedí que usara vestido, así sería más fácil y coger; sólo tendría que levantar un poco el vestido, hacer a un lado su ropa interior y metérsela.

    Llegué por ella y con solo verla salir de su departamento y abrirle la puerta del coche, ya tenía la verga dura y estaba listo para cogérmela ahí mismo… pero ese no era el plan. Llegamos al restaurante y todo pasó normal, ordenamos comida y algo de tomar y platicamos como siempre. Ordenamos postre y la cuenta, le pedí a ella que fuera al baño y esperará ahí. Pagué la cuenta y le comenté al mesero que ella había ido al tocador, para que dejará el postre en la mesa para llevar en lo que ella volvía.

    En cuanto el mesero se fue de la mesa, me levanté y fui directo al baño de mujeres; otra mujer iba saliendo y al abrirse la puerta vi a Sol en el tocador retocándose el labial. Entre rápidamente, puse seguro en la puerta y me saqué la verga del pantalón.

    -Aquí está tu premio putita, ponte de rodillas para que me llenes de labial la verga.

    -Si papi – Dijo con una voz traviesa y rápidamente se hincó frente a mi para empezar a hacerme uno de los mejores orales de mi vida.

    Mi verga ya estaba a tope y no llevaba ni 2 minutos mamándomela, tome su cabello con mis dos manos y lo junté en su nuca; y dejando ahí mis manos empecé a cogerme su boca empujando mi cintura. Sólo se escuchaba mi respiración agitada en el baño y el sonido de su garganta y su boca atragantada de verga. Le saqué la verga y pedí que me la escupiera con toda la saliva que tenía.

    La vista era hermosa, su cara llena de saliva… su maquillaje alrededor de sus ojos corrido por las lágrimas que salen al atragantarse… y la sonrisa de mi putita para entender que quería más.

    No hacía falta decir nada, todo lo habíamos dicho en las semanas previas. Lo único que quedaba era coger, darle la cogidota que me había pedido. Levante su vestido, hice a un lado su tanga y le metí la verga de golpe hasta el fondo. Ella soltó un gemido que seguramente se escuchó afuera, no me importo y se la dejé asta adentro. Saqué las tetas de su vestido para poder acariciarlas, unas enormes y redondas tetas que llenaban mis manos. Yo tenía el celular en mi mano, se lo di y le ordené que empezará a grabar. Y así, frente al espejo del lavamanos del baño de un restaurante de comida italiana empecé a cogérmela lento pero firme en cada metida, hasta adentro.

    – ¿Así querías que te hiciera mi putita?

    Solo pudo soltar un gemido diciendo “ahaa si”

    -Si, ¿Qué?

    Con dificultad -sí, papi

    -Me encantas putita- Le dije mientras nos veíamos a los ojos a través del espejo y ella grababa.

    Empecé a acelerar el ritmo, no teníamos mucho tiempo. El baño se inundó de nuestros jadeos y gemidos y el sonido de mi pelvis chocando con su culo. Y así seguimos, cuando estuve a punto de venirme, saqué mi verga y le pedí que se hincará. Ella lo hizo, abrió la boca y me vine; casi todo, sólo dejé un chorro de mi leche que venía de su labio a su barbilla.

    -No te lo limpies, así sabrán que eres mi putita.

    -Además me veo más bonita con tu lechita en mi cara papi.

    -Me encantas- le dije con una sonrisa en mi cara.

    Salimos del baño y nos dimos cuenta de que había dos mujeres esperando en la salida, nos vieron con una cara juzgadora. No nos importó, salimos y nos dirigimos a la salida del restaurante… sólo tome el postre que habían dejado en la mesa. Fuimos directos al coche y le abrí la puerta para que subiera. Subí del otro lado, con un dedo tome el semen que aún tenía en la cara y se lo di en la boca para que lo chupara. Así como terminó de chuparlo, la tomé de la cara y le di un beso que duro más de 4 minutos.

    -Me encantas papi…

    -Tú más…

    Muchas gracias por leerme. Si tienen algún comentario pueden escribirme a mi correo [email protected].

  • Estrené a una Testigo de Jehová (II)

    Estrené a una Testigo de Jehová (II)

    Transcurrieron los días, pero ni un solo momento dejé de pensar en Alicia, en cómo su cuerpo desnudo abrazaba el mío, de cómo sabían sus labios y cómo su mano agitaba mi fuente de la vida; con esa inocencia y pureza que no había visto antes en otra persona con la que tuviera relaciones sexuales. Me costaba creer que alguien a sus veintidós años y con ese cuerpazo pudiera ser virgen hoy en día, pero así era.

    Por mi parte, solía mandarle mensajes al Whatsapp a cada momento en que tenía oportunidad de hacerlo, y ella respondía con muchos emojis de corazones. Al menos respondía de forma positiva a mis mensajes, lo que me daba esperanzas para culminar en nuestro próximo encuentro. Soñaba despierto con tenerla de nuevo entre mis brazos mientras le hacía el amor una vez tras otra, hasta acabar sin aliento.

    En mi casa escribía poemas de amor para tratar de expresar lo que sentía por ella, me costaba centrarme en mis estudios, mientras que en la misa de la tarde trataba de buscar el perdón de Dios por lo que hice aquel día y lo que estaba dispuesto a hacer en apenas unos días. En cierta ocasión, mientras paseaba por la calle, me crucé con dos individuos, mayores que yo, que no sé cómo habían oído hablar de nuestro encuentro carnal en mi piscina. Tras preguntarme si era tal, me empujaron mientras me decían: “¿No te da vergüenza lo que has hecho con Alicia? ¿Por qué te aprovechas de la fe de alguien para conseguir sexo?”, dijo uno, “Eres un enfermo, ¿acaso no sabes que eso es una afrenta hacia ti y sobre todo hacia Dios?”, respondió el otro.

    Como pude me solté de las manos de aquellos dos inquisidores, mientras respondía: “Alicia tiene ya una edad para saber lo que quiere y desea hacer, lo que ella y yo hagamos es cosa nuestra y sólo Dios puede juzgarnos, no aquellos que intentan ser sus ventrílocuos”. Llamé a Alicia para explicarle lo que había pasado y quiénes eran aquellos tipos. “Creo que son el padre y tío de mi amiga Miriam, le hablé a ella en secreto de lo que pasó entre nosotros, sólo ella lo sabe aparte de nosotros dos”, me dijo Alicia. “Me temo que esa amiga tuya se ha ido de la lengua”, le dije, “¿Y por qué se han tenido que meter en lo que tú y yo hagamos en un momento íntimo?” “Los padres de Miriam son ancianos de nuestro Salón del Reino”, me respondió. Para quien no lo sepa, los ancianos son como las autoridades espirituales de los Testigos de Jehová. “Ellos han seguido mi preparación para predicar desde la infancia, sabe que conozco y predico bien La Palabra de Dios, pero que me reúna a solas con un hombre, en este caso tú, que además no eres de la congregación, y que además hayan sabido que cometimos actos pecaminosos, no es muy favorable para mi futuro en el Salón del Reino”, me respondió, sollozando, mi querida Alicia.

    La situación me enfadó, porque consideraba que nadie debía meterse en nuestra relación y si algo pecaminoso había en ella, ¿quién, sino Dios, debería juzgarnos? Nosotros no éramos infieles a nadie, al contrario de muchos creyentes que son adúlteros y se dedican a lanzar mensajes moralistas sobre la sexualidad. Tanto la Iglesia Católica como la religión de Alicia predicaban contra el sexo prematrimonial, algo que desde mi perspectiva como creyente, pero que pensaba de manera racional, nunca llegué a compartir. No podía entender que Dios o la Naturaleza nos haya dado unos instintos para luego no utilizarlos con responsabilidad.

    Decidí reunirme con Alicia ese mismo día para hablar de lo nuestro, no podía esperar al sábado para verla. Ella vino llorando por lo sucedido, y temía que los ancianos le expulsaran de la comunidad de los Testigos de Jehová por lo que había hecho, ya que si le preguntaban no podía mentir, y acabaría rompiendo a llorar delante de ellos. Mientras me explicaba todo, yo no paraba de mirar sus ojos, la forma de mover sus labios…

    “Alicia, no sé qué pasará con tu futuro, pero respecto al mío, sólo puedo recitar aquellas palabras de Rut a su suegra Noemí: <<No me ruegues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”, le dije citado Rut, capítulo 1, versículo 16.

    Alicia se sentó sobre mis rodillas y me besó. Notaba que cada vez que le citaba pasajes bíblicos se excitaba. Metí mi mano izquierda sobre su falda recorriendo sus piernas mientras con la derecha rodeaba su cintura, atrayéndola hacia mí. El contacto de mis labios con los suyos y el tacto de sus piernas me encendieron, notando ella mi erección por debajo del pantalón vaquero que llevaba. Ella, al sentirlo, se retiró, poniéndose de pie y de espaldas a mí. Que me lo pusiera difícil para yacer con ella me excitaba más. Me puse de pie, me acerqué a ella, y rodeándola con mis brazos, le dije: “Si te van a echar la bronca esos ancianos envidiosos, ¿qué más te da llegar hasta el final?”, acto seguido, comenzaba a besar su hermoso cuello, mientras comenzaba a suspirar, a lo que siguió mi mano sobre su vulva por encima de aquella falda. Alicia, pese a toda la culpa y vergüenza que sentía por haber sido descubierta por dos inquisidores de su comunidad, sentía aún más la excitación por aquellos besos y tocamientos.

    “Para mí eres como Betsabé, aquella mujer que conquistó el corazón del rey David mientras este la contemplaba cuando se bañaba en una piscina. Así me pasó contigo, al verte aquel día repartiendo el mensaje de Dios, o cuando luego te vi desnuda en mi piscina. Si este sentimiento es pecado, necesito pecar ahora mismo”.

    Caímos sobre mi cama mientras nos besábamos. Con sus brazos rodeaba mi cabeza, mientras yo hacía lo mismo con su cintura. Aquella lengua fresca se movía dentro de mi boca buscando la mía, poniéndome la polla como una roca. Empecé a subirle la falda hasta poder acariciar sus piernas por encima de las rodillas. Esas piernas estaban tan bien formadas que necesitaba estar en medio de ellas. Así que tendí boca arriba a Alicia, le subí la falda, le bajé aquellas braguitas blancas, mientras le decía que se dedicara simplemente a disfrutar. Me cubrí con aquella falda mientras le lamía su coñito, pequeño y sin depilar. Aquel olor potente a hembra endurecía más y más mi erección, por lo que agarré con mis manos los glúteos y lamí su clítoris mientras Alicia no paraba de gemir más y más. En otro momento, sin abandonar el cunnilingus, jugaba con su vello púbico con el pulgar, hasta que finalmente se acabó corriendo.

    Me incorporé sobre la cama, tendido junto a ella, que no paraba de respirar a gran velocidad, tratando de recuperar el aliento. Me calentaba verla teniendo su primer orgasmo por sexo oral. Pero ya que habíamos calentado el horno, había que meter la barra de pan en él. Me bajé los pantalones y los calzoncillos, enseñándole mi miembro viril a Alicia, que estaba entre excitada y asombrada. Tras esto, me coloqué encima de ella, le desabroché la camisa blanca que llevaba, le besé los pechos por encima de su sujetador, mientras le pasaba las manos por detrás para desabrochárselo. Le quité, finalmente, aquel sujetador y mi pene estuvo a punto de explotar.

    Traté de calmarme de aquella emoción bebiendo un poco de agua mineral que dejo siempre en la mesilla de noche, le di otro poco a ella. Acto seguido, me coloqué el preservativo. Y después, acabé penetrándola con delicadeza mientras ella pegó un pequeño grito de dolor. Le besé en la mejilla como consolándola, al mismo tiempo que las penetraciones fueron paulatinamente a más velocidad. Sus pechos, con aquellos pezones de color rosa, rebotaban arriba y abajo cuando no los tenía entre mis manos. Pero lo que más lograba excitarme es ver su hermoso rostro con los ojos cerrados o entrecerrados dejándose llevar por el placer como una balsa a la deriva en el mar.

    Aquel movimiento pélvico junto con los gemidos de mi hermosa Betsabé particular, y el sudor mezclándose con el suyo me hizo uno con ella en aquel momento. Finalmente, me corrí mientras caía rendido sobre ella, quedándonos dormidos hasta bien avanzada la noche. Alicia había sido la primera chica virgen con la que había estado, aunque no fue mi primera vez, me sentí como si así lo fuera. Por un momento, le hice olvidar todo lo relativo a “La Atalaya”, “¡Despertad!” y a los Salones del Reino. Pero ni por un momento dejamos de pensar en Dios y en los instintos y dones que nos había dado.

    Alicia no abandonó a los Testigos de Jehová. Cierto es que tuvo que enfrentarse a las acusaciones de los ancianos, pero ella ya no era aquella chica tímida, sino una mujer que no se intimidaba ante miradas acusadoras. Así que, tras mostrarse arrepentida de lo que hizo y pedir perdón por haber mantenido relaciones prematrimoniales, se incorporó de nuevo al Salón del Reino como hasta entonces había hecho. Sobra decir que nos dejamos de ver por decisión suya, la cual respeté.

    Pienso que cada persona tiene derecho a acercarse a Dios de la manera que vea más certera (sea la católica como es mi caso, con los Testigos de Jehová como eligió Alicia, o a través de cualquier otro credo), pero a su vez, los creyentes de las diferentes religiones deberían respetar más el libre albedrío del prójimo, siempre y cuando no se haga daño a nadie. Y creo que el sexo es una herramienta que Dios nos ha dado para acercarnos los unos a los otros, no algo exclusivamente vinculado a la reproducción como los líderes de las diferentes religiones plantean.

    Pese a nuestra ruptura, siempre recordaré aquel día en que Alicia fue “huesos de mis huesos y carne de mi carne”, como dijo Adán al contemplar por primera vez a Eva, según el Génesis. Espero que, si hubo falta en mi comportamiento, Dios me perdone igual que perdonó a aquel rey israelita que se enamoró adúlteramente de Betsabé.

  • En la pieza 14 (Parte III)

    En la pieza 14 (Parte III)

    Te dispusiste a besarme, mientras yo descansaba de los orgasmos que acababas de darme… A besarme tiernamente… A descansar también de la agitada mañana que llevábamos hasta ese momento.

    Después de unos minutos, comienzas a acariciarme, suavemente y diriges tu boca a mi clítoris, pasas tu lengua por el, de manera insegura, algo tímida. Me vuelve loca sentirte ahí, solo me dejo llevar, solo cierro mis ojos concentrándome en sentir lo que tu boca me provoca, tu lengua juega busca el ritmo adecuado para hacerme estremecer.

    No es un práctica habitual en nosotros, que me devores la vulva. No es algo que sepamos como disfrutarlo, pero te aventuraste, y yo lo disfruto. Cada movimiento, cada beso, cada chupada, me hace estremecer… Siento como se contraen los músculos de mis piernas, mientras aumentas tu velocidad y se encorva mi columna, tocas mis tetas de manera torpe pero efectiva, mientras sigues lamiéndome.

    Sigues escuchando y sintiendo mi cuerpo, como te conversa desde el placer, hasta que me haces acabar, otra vez. Quedo caliente, muy caliente. Te pido que me lo metas fuerte. Te subes sobre mí y me penetras profundo, siento como tu pene entra hasta lo más profundo y me embustes con fuerza… Entonces te miro y te pido: quiero sexo anal… Mencionas que no es necesario…

    Sin embargo te explico que lo deseo de verdad… Así mismo en esa posición… Yo de espaldas en la cama… Tú de rodillas frente a mi… Tomas el lubricante y me empapas el ano y tu pene… Me agarras las piernas por detrás de las rodillas y las flectas exponiendo mi entrada… Me lo metes… De a poco… Suave… Entras y sales… Nos miramos con amor… Amor profundo…

    Entonces tus hermosos ojos logran dilatarme y entra tu cabeza… Ahí, con la cabeza ya adentro, me penetras lentamente y más profundo… Te voy indicando la profundidad mientras me voy entregando a tu amor… Tu mirada clavada y perdida en mi rostro logra hacer que mi ano ceda completamente a tu enorme verga dura…

    Me lo metes más y más profundamente… Cada embestida es un centímetro más… Entonces sin darnos cuenta como, ya estas sobre mí moviéndote al mismo ritmo que lo haces cuando me follas por la vagina… Tu pene disfruta en su plenitud mis paredes anales, de mi vagina emanan más fluidos que llegan a mi ano a suavizarlo…

    Como puedes estar tan mojada, me dices sorprendido… Entonces comienzas a moverte cada vez más fuerte y rápido… Buscando tu orgasmo… Continúas así hasta alcanzarlo… Hasta caer rendido otra vez…

    Te vas a limpiar y cuando vuelves, te pido que por favor, por última vez, me masturbes… Me regales el último orgasmo que tendré con tu cuerpo a mi lado. Me miras sorprendido y pones tu mano en mi vagina… Con amor me mas turbas por última vez… Me besas apasionadamente mientras me ayudas a alcanzar el clímax… Lo disfruto y atesoro ese momento…

    Avísame cuando llegues… Recordemos esto así, como fue… Mañana nos vemos…

  • Matrimonio convencional (V)

    Matrimonio convencional (V)

    Abrí los ojos y me coloqué boca arriba, mirando al techo absorto en mis pensamientos, la noche anterior ahora parecía un sueño, recuerdos, flashes se me venían a la cabeza, estaba todo confuso, Bea aparecía con la cara de vicio, de placer y lujuria, de deseo absoluto como nunca antes la vi. El olor inconfundible a sexo y perfume me invadían. Un momento, no eran recuerdos, giré la cabeza y vi a Bea desnuda de espaldas, levanté las sábanas para comprobar… efectivamente, estaba desnuda y aún conservaba esa mezcla de olores almizclados y sensuales. Mi polla se puso dura al instante.

    Las curvas de su cintura y cadera nunca me parecieron tan preciosas como en ese instante, de lado, con las piernas recogidas adoptando una postura fetal resaltaba sus curvas, me recreé en la vista memorizando cada palmo de su piel, los ojos, ya adaptados a la oscuridad, percibían cada detalle.

    Con cuidado de no despertarla me tapé para percibir mejor su olor, deseaba acurrucarme a ella acercándole mi herramienta a su culo, así que muy despacio me fui acercando, pero cuando estaba a punto de roce noté humedad en mi cadera, me resultó muy extraño así que me aparté y metí aún más la cabeza hasta que vi una mancha de humedad detrás de ella, a la altura de su coño. ¡No podía ser! Pero entonces caí en la cuenta que el semen de Don Cosme habría estado rezumando toda la noche de su coño ¡Joder! Era una mancha muy grande.

    -Mmmm ¿Qué haces? Me preguntó desperezándose y girándose hacia mí.

    -Mirándote, admirando tu cuerpo, le contesté cariñoso.

    Al girarse fue ella la que notó la humedad y se apartó de ella palpándola.

    -¡Madre de Dios! Está empapada. Dijo refiriéndose a la sábana. Mira.

    -Me he dado cuenta hace un momento. Respondí sin dejar de mirarla a la cara.

    Me cogió la mano mientras me aguantaba la mirada y la dirigió a la zona húmeda de la sabana.

    -Toca ¿Has visto qué barbaridad?

    -Ufff, está muy mojado, todo es… ¿suyo?

    Asintió con la cabeza con los ojos abiertos de asombro… las mejillas se le sonrosaron.

    -… ¿Estás bien? Continuó más colorada y con cara de preocupación. Por nada del mundo querría hacerte daño, eres la persona que más quiero del mundo, esto ha sido una locura, dijo echándose las manos a la cara sollozando.

    Me contuve para no abrazarla a instante, en el fondo me apetecía notar esa preocupación hacia mí.

    -No llores, sabes que no puedo soportarlo.

    -Seguro que me odias. Las lágrimas brotaban como una fuente, agachó la cabeza y encogió las piernas acercando las rodillas a sus pechos desnudos, sin querer rozo mi polla que se mantenía dura. Poco a poco fueron disminuyendo los sollozos, sus rodillas se mantuvieron rozando mi glande, sin duda debía notarlo. Se destapó la cara, su rostro, húmedo por las lágrimas, y con los ojos enrojecidos me miró con una expresión que no sabía descifrar, pero que me inflamaba, en silencio me escrutó sin parpadear.

    No sabía qué decirle, sentía mil cosas a la vez, sin embargo, por encima de todo, estaba encendido de pasión, mi polla me delataba.

    -Te quiero muchísimo, Bea. Eres la mujer más hermosa del mundo.

    Me cogió la cara con ambas manos y me besó con pasión. Era un beso de amor y deseo, salado y húmedo. Sin decir nada se puso encima de mí a horcajadas, mi polla rozaba se colocó en medio de sus labios mayores, seguía con su beso apasionado, mordiéndome los labios y metiendo su lengua salvajemente en mi boca. Sus caderas se movían a lo largo del tronco de mi polla. Paró de golpe y separó su cara de la mía levantando el tronco, metió su mano derecha entre los dos para agarrándome la polla y poniéndola en la entrada de su coño, cerró los ojos y un pequeño gesto de dolor atravesó su rostro.

    -Tranquila, si estas molesta…

    No me dejó continuar, me puso un dedo en la boca para silenciarme y siguió con los ojos cerrados manteniendo la polla en la posición adecuada mientras iba introduciéndosela lentamente. Cuando la tuvo dentro, se dejó caer encima de mi pelvis hasta que su coño la engulló.

    -No te muevas ahora, espera un poco.

    Con sus manos en mi pecho parecía una orgullosa amazona montando a caballo.

    -Lo tengo un poco irritado.

    -No me extraña. Le dije. Es que, menuda herramienta se gasta. Mi polla palpitó dentro de su coño. Me sonrió confirmándome que lo había notado.

    -Es muy grande, pensé que sería imposible que entrara. -Otra palpitación de polla y otra sonrisa traviesa- no podía creérmelo.

    Mientras hablábamos se mantenía rígida, sin moverse.

    -Si, es algo fuera de lo común, muy bestia.

    -Mmm notaba cómo entraba cada centímetro. Dijo cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior.

    Bea no se movía, pero mi polla no dejaba de dar espasmos dentro de ella a cada palabra que decía, me dolía de lo dura que la tenía.

    -Ufff, Bea, si, lo imagino, eres magnífica. -Quise moverme empujando mis caderas, pero ella me lo impidió de una sentada.

    -No te muevas, amor, te he dicho que estoy molesta, déjala ahí, donde está.

    -Pero, cariño, estoy a punto. Protesté dulcemente.

    Me volvió a poner en la boca el dedo que antes estuvo en su sexo para hacerme callar, su olor a sexo inundó mi pituitaria. Cerré los ojos aspirándolo, ella lo dejó ahí.

    -¿Te gusta este olor? ¿Lo reconoces?, pero qué digo, claro que sí, es la mezcla de mis jugos y su semen jajaja. Sabes, llevo toda la noche expulsando su leche, mmmm noté cómo me llenaba, es un animal. Prueba. Dijo metiéndome el dedo en la boca, obligándome a chupárselo.

    -Mmm, ahhh. No pude aguantar más y me corrí con grandes espasmos de polla empujando mis caderas para dejarle mi semilla lo más adentro posible. Amor mío, te quierooo.

    Cuando dejé de dar convulsiones, mi cuerpo se relajó y la polla se salió sola, Bea se levantó y con cuidado de no dejar caer nada al suelo se fue hablando hacia el cuarto de baño.

    -Madre mía, creo que nunca te habías corrido así. Giré la cabeza hacia ella mientras andaba, incapaz de articular palabra. Estaba muerto.

    Escuché caer el agua de la ducha.

    -Levántate y quita la ropa de la cama, habrá que lavarla, y hazme el desayuno que tengo que reponer fuerzas. Me sorprendió el tono autoritario de su orden.

    El bajón de excitación que le sigue siempre a mis corridas me duró exactamente hasta que Bea salió de la ducha y llegó a desayunar, vestía -por decir algo- un albornoz anudado a la cintura y el pelo húmedo. Se sentó en la mesa, cruzó las piernas, destapando la que se superponía a la otra y dejando a la vista parte de sus nalgas y entrepierna, y esperó a que terminara de servirla.

    -Muy bien, cariñin, está todo justo como a mí me gusta, quizá las tostadas algo quemadas, haz otras, espero que esta vez te salgan mejor.

    Sin decir palabra me puse a ello y me esmeré en que estuvieran en el punto exacto.

    -Mmm, mucho mejor, ves como cuando quieres… -Dejó el resto de la frase en el aire. Siéntate, te lo has ganado jajaja.

    -¿Has hecho lo que te he pedido?

    -Si, he puesto las sábanas a lavar.

    -Estupendo, no pongas unas limpias aún, puede que haya algo de humedad.

    -Las sábanas estaban muy manchadas.

    -Si, quizá debí haberme puesto algo para evitarlo, pero no me imaginaba que quedaría tanto dentro, antes de ir a la cama salió mucho y pensé que… bueno, he estado notando toda la noche cómo me salía, qué manera de soltar… leche jajaja.

    -Si, bueno yo también he cumplido esta mañana, no?

    -Digamos que te he notado muy motivado, mucho más de lo que suele ser habitual, si seguimos al mismo ritmo, con tu predisposición, puede que me quede embarazada.

    -Amor, tenemos que hablar sobre esto, lo de anoche fue… muy fuerte, yo deseo tener un hijo, igual que tú, pero ahora, puedes haber quedado embarazada y no ser yo el padre. Dije haciendo pausas entre palabras buscando las más adecuadas.

    Bea se levantó y acercó hasta mí, situándose de pie frente a mí, me encontraba a la altura de su pelvis, abrió las piernas y me tomó de una mano para llevármela hasta su coño.

    -¿Notas esa humedad? Es semen que va cayendo lentamente, aun guardo más dentro de mí ¿sabrías diferenciar el tuyo?

    Negué con la cabeza.

    -Ese hombre es un semental, su carga es mucho mayor que la tuya, pero tú me tienes todos los días y podrás compensar esa diferencia descargando dentro de mí más veces. Además, tú serás el padre de mi hijo pase lo que pase, te quiero y deseo estar toda la vida contigo, no concibo mi vida sin ti, pero quiero que entiendas que también deseo con toda mi alma tener un hijo y formar una familia contigo.

    -Desde lo de anoche, no sé, te noto diferente, temo que pierdas interés por mí, o peor, me desprecies.

    -Algo ha cambiado en mí, lo noto, siempre he deseado quedarme embarazada, ahora sé cómo. Uno de los dos me va a dejar preñada, cariño vas a competir contra un poderoso adversario, pero tengo clara una cosa, tú serás un padre perfecto y criaremos a nuestro retoño con todo el amor del mundo.

    -Pero, amor mío, no podemos… no debemos, fue una locura que no tiene que volver a pasar ¿Qué pensará? ¿Qué pensarán los vecinos?

    Me acarició el cabello pasando los dedos de delante hacia atrás de mi cabeza.

    -Andrés. -hizo una pausa- anoche pasaron muchas cosas y me enteré de otras que no imaginaba de mi maridito. Descubrí hace poco que te gustaba mirar, pero también que existen machos alfa y machos beta. Anoche Cosme se corrió abundantemente dentro de mí, me tomó hembra de un semental, pero no puedes negarme que antes ya se corrió encima de ti cuando te baño de semen tu pollita y volviste a casa para follarme con sus restos. Yo diría que ha marcado el territorio.

    -Lo dices como si ahora le perteneciéramos. Dije mostrando algo de enfado.

    Bea seguía mesándome los cabellos, hablaba de manera pausada y segura.

    -En cierto modo, así es, lo hará notar cuando estemos juntos, de mí querrá una hembra que sacie su sed de sexo, a ti te pedirá sumisión y colaboración para demostrar quién manda, prepárate cariño, te verás haciendo cosas que jamás imaginaste.

    -Pero. -alcé la vista para mirarla con incredulidad y asombro-¿Cómo sabes tanto de estos temas?, te lo estás inventando.

    -No, que va, he leído mucho sobre esto desde aquel día en el ascensor, cuando él se me acercó rozándome con su polla y tú te quedaste mirando. Al principio no entendía nuestros comportamientos, me parecían degenerados, pero después quise saber más. Tu comportamiento sumiso y mis ganas de quedar preñada me dieron la clave. Lo he aceptado y no juzgo.

    -¡Tú lo que quieres es que te vuelva a follar! Le tiré a la cara enfadado.

    -No puedo asegurarte que me negaré si él lo desea.

    -Joder, no sé qué vamos a hacer, estoy muy confuso, hay mucho de excitación y morbo, no lo puedo negar, pero también humillación. Supongo que a medida que pase el tiempo se pasará, espero no encontrarme a Don Cosme por la escalera.

    Ese día estuvimos muy acaramelados, dedicándonos miradas, caricias y arrumacos. Poco a poco, la situación entre nosotros se fue normalizando, durante la siguiente semana no volvimos a hablar del tema, teníamos sexo a diario, los primeros días muy intensos, a diario follábamos hasta quedar rendidos. En todas las ocasiones terminé corriéndome dentro.

    Mas de tres semanas pasaron hasta que, una tarde, nos encontramos de manera fortuita con Don Cosme en el rellano de la escalera esperando el ascensor para subir.

    -Pero bueno, pero si son mis vecinos favoritos. Dijo en tono afable.

    -Hola Don Cosme. Agaché la cabeza algo avergonzado, mirando de reojo a Bea, que me miró con una expresión neutra.

    -Hola Andrés -saludó cortés pero sin atenderme. Hola Beatriz, estás preciosa, si me permites el halago. Haciendo ademán de acercarse para darle dos besos, uno en cada mejilla, pero muy cerca de sus labios. Bea enrojeció.

    -Hola Cosme, cuánto tiempo. Respondió correcta y comedida.

    Estábamos solos, no había vecinos a la vista, pero nunca me pareció tan reverberante el zaguán de la escalera, parecía un altavoz. Al menos a mí me lo parecía. Don Cosme no elevaba el tono, más bien lo contenía, a pesar de lo cual, su voz grave y profunda llenaba la amplitud de la estancia.

    -Los negocios me han tenido muy ocupado, he tenido que viajar y dedicarle mucho tiempo, os ruego me permitáis invitaros a mi casa a la hora del café de la tarde. El viernes estaría bien. Alternó su mirada entre Bea y yo.

    -Bueno, no sé, ¿tú que dices, Andrés? Me cayó el rebote, ni que fuera Pivot de Baloncesto

    -No estoy seguro. Hice una pausa de varios segundos. Quiero decir que no sé si tengo algo que hacer.

    -Vamos, no podéis rechazarlo, tengo algo reservado especialmente para ti, Bea, estoy seguro que te gustará, lo llevo guardando más de una semana y tiene fecha de caducidad. Por supuesto, para ti también hay, Andrés, he almacenado de sobra.

    La frase cargada de doble sentido no dejaba lugar a dudas, aunque dicha así, en voz alta en una conversación informal pudiera pasar desapercibido para cualquiera que no estuviera al tanto. Un calambre de rabia cruzó de norte a sur todo mi cuerpo, ¡Cómo se atrevía! Estábamos en una zona de paso, cualquiera que pasase en ese momento podría pensar… un escalofrío intenso me dejó helado. Me había llamado Cornudo y maricón delante de mi mujer.

    El silencio se apoderó de la estancia, nunca se me hizo tan larga la espera del maldito ascensor.

    María, la vecina del tercero, entró de la calle cargada con bolsas de la compra. Era una mujer que rondaría los 45 años, algo entradita en carnes y madre de dos hijos, a los que apodé en su día Zipi y Zape. Unos angelitos. Don Cosme se apresuró a ayudarle en las tareas de carga servicialmente.

    -Por favor, María eres una mujer muy atareada, siempre que me cruzo contigo andas con prisa y cargada, déjame echarte una mano.

    -Gracias, Cosme, tú siempre tan atento. Hace tiempo que no se te ve el pelo, has adelgazado, estar solo te está consumiendo.

    -Ando algo atareado con el trabajo, es cierto que últimamente no como demasiado bien, el viernes, cuando acabe lo que tengo entre manos me pienso pegar un atracón jajaja

    -Miedo me das, Cosme. Jajaja. Perdonadme, dirigiéndose a Bea y a mí, no os he saludado, os veo también muy bien, muy guapos los dos. Dios mío, este edificio está lleno de gente guapa y con buen cuerpo, menos mal que estoy aquí para compensar jajaja

    La verdad es que María era una mujer vital, alegre y de buen trato. Aunque no fue dotada de un físico agraciado su personalidad remediaba con creces las carencias.

    El ascensor por fin llegó a la llamada.

    -Como el ascensor es pequeño para los cuatro, propongo que suban Bea y María, así me quedo con Andrés y nos ponemos al día, que hace tiempo que no nos vemos.

    Aceptadas y agradecidas subieron charlando animadamente. Las voces se volvieron un murmullo cuando cogieron la altura adecuada.

    -El viernes, a las 5 de la tarde, así tenemos más tarde por delante, ¿no crees?

    -Es que, no sé, tampoco quiero que pienses cosas raras

    -Para eso sería un poco tarde, Andrés. Se os ve bien a los dos, muy al contrario de lo que podría creerse, estas cosas fortalecen las parejas. Sopesa las opciones y verás que te ofrezco más de lo que imaginas -se acercó más para hablar casi en un susurro-. Dime que no habéis hablado de mi en la cama y que no te has corrido pensando en aquella noche.

    Ninguna palabra salió de mi boca, lo que, a todos los efectos, era una afirmación.

    -No te apures por eso, hombre, nadie sabrá nunca nada, pero tú y yo sabemos la verdad. Acéptalo, Bea ya lo ha hecho, lo veo en su mirada.

    Una vez dentro del ascensor, Don Cosme hizo algo que me pilló desprevenido, se giró hacia mí, se bajó la cremallera del pantalón y se sacó la polla. No estaba empalmado, pero aun así su tamaño y grosor me pareció fuera de lo común.

    -Venga, te dejo que la cojas, pero no te emociones.

    Me quedé helado, petrificado y, por qué no decirlo, embobado mirando semejante verga.

    -Date prisa, no tenemos todo el día. Dijo poniéndose las manos en las caderas.

    Su manera imperativa de hablar me hizo reaccionar como si de un calambre se tratara, mi mano derecha agarró y sopesó aquella tremenda polla que me hipnotizaba, comencé un lento movimiento de pajeo, su polla crecía en mi mano, su glande aparecía a cada movimiento de mi mano, con rapidez fue creciendo hasta no poder abarcarla completamente con mi mano, caliente, dura, suave al tacto. Terminó poniéndose como un mástil. Don Cosme me miraba con sonrisa socarrona.

    -Mira, parece que te ha reconocido y se alegra de verte, otro día te dejaré que juegues con ella, pero, como sabes, debo reservarme para llenarle el coño a tu mujer.

    Yo seguía sin decir nada, meneándole la polla embobado, con la boca estúpidamente abierta y una sensación de cosquilleo en la entrepierna que hacía crecer mi polla. Aunque no a la velocidad que la de Don Cosme.

    -Estamos llegando, guárdala. Sin mostrar la urgencia que requería la situación.

    Él se mantuvo impasible, pero yo no podía dejar que la puerta se abriera y que cualquiera, o la mismísima Bea me viera con la polla de Don Cosme en la mano, así que me dispuse a guardarla, pero al estar empalmada no entraba por la cremallera, tuve que aflojarle el cinturón y desabotonarle el pantalón para obligarla a alojarse en su bóxer, aún estaba cerrándole la bragueta, el bulto en el pantalón era imposible de disimular. La puerta abrió, la sangre se me bajó a los pies. Por suerte no había nadie esperando, hubiera sido imposible explicar aquello.

    -Andrés, Recuerda, el viernes a la 5, en mi casa.

    Las puertas se cerraron, pero pude ver claramente cómo exhibía el bulto de su pantalón orgulloso y poderoso.

    Cuando entré en casa, Bea me estaba esperando.

    -¿Qué te ha dicho? ¿Vamos a ir el viernes?

    -Nada. Sí.

    -Ni siquiera me preguntas si yo quiero, me dijo cruzándose de brazos en pose de enfado.

    -Si no quieres ir, pues no vamos.

    -Yo no he dicho eso, Andrés, estás muy raro, dime qué habéis hablado, y no te dejes nada.

    -En realidad no hemos hablado mucho, sobre todo yo. Ese hombre me anula, cuando estoy con de él no me salen las palabras, me cuesta pensar, sólo reacciono cuando me pregunta o me dice. La miré pensativo, sopesando contarle lo que había pasado en el ascensor.

    -¿Qué te ha dicho para que estés tan pensativo? Vamos, dime, debemos tener confianza el uno en el otro.

    Me armé de valor y le conté con todo detalle lo que había pasado en el ascensor, cuando le cogí la polla a don Cosme. Bea me escuchaba atenta, sin inmutarse.

    -¿Te obligó a tocársela?

    -No explícitamente.

    -¿Eso qué significa?

    -Verás, exactamente, cómo decirlo…cuando la sacó no me pidió que se la tocara, más bien fue una invitación.

    -Pero bueno, Andrés, en qué pensabas, imagina por un momento que algún vecino te ve -Su tono era de suave regañina- Cómo habrías explicado que le tocabas… has sido imprudente.

    -Lo sé, ahora también me parece una locura impropia de mí, pero en ese momento Don Cosme parecía tenerlo todo controlado, simplemente dejé de pensar y actué sin medir las consecuencias.

    -Vaya, -meditó unos segundos- os he subestimado a los dos ¿Tanto te gusta tocársela que no miras las consecuencias?

    -No puedo negarlo, es imponente. Lo siento, cariño no me gustaría que pensaras lo que no es, nunca he tenido deseos con otros hombres, soy hetero, sin embargo esa…

    -Me estás diciendo que no te gustan los hombres, pero las pollas sí, ¿o es solo esa?. Sentenció. Nunca había usado un lenguaje tan obsceno de una manera tan abierta, parecía algo molesta.

    -No, Cariño, no tengo una explicación clara, pero desde el primer día, cuando subí a su casa -Maldigo aquel día- su forma de dirigirse a mí… esa… polla… me pasma, dije sin pensar.

    -Amor mío, no juzgo, te lo dije y lo mantengo. Se acercó y me dio un beso con lengua, mordió el lóbulo de mi oreja y me susurró. -así que te gusta su polla- jajaja rio socarrona y divertida acrecentando la fuerza del abrazo.

    -Cariño, no seas mala conmigo, todo esto es muy humillante, lo estoy pasando mal. Dije en tono de súplica.

    -Pues tu polla lo tiene claro, la tienes dura -metiendo la mano en mi pantalón continuó-… y mojada. Acéptalo, te pone mucho esta situación y el rol de sumisión, tus actos te delatan.

    Cada día que pasaba se soltaba más en su lenguaje, sólo lo usaba cuando estábamos en la intimidad, pero esa dualidad me tenía loco, me ponía la polla como un palo sólo de escucharla decir esas palabras malsonantes. Ella parecía disfrutar, subía y bajaba la mano por el tronco de mi polla bajando el pellejo hasta hacerme daño cuando lo estiraba hasta la base de la polla. Hice una mueca de dolor, a la que ella respondió con una sonrisa pícara sin detenerse, no iba a poder aguantar mucho tiempo así, el dolor se mezclaba con el placer, no tardaría mucho en correrme.

    La vibración del móvil avisaba de la entrada de una notificación de mensaje de WhatsApp. Bea aún mantenía su mano metida en mis pantalones, jugando con mi polla, la notificación iluminó nuestras caras, era un mensaje de Don Cosme: “Seguro que estas cachondo después de tocarme la polla, te prohíbo que folles con Bea o te masturbes, os quiero a los dos con ganas para el viernes, encárgate de que traiga el coño rasurado”. “Aguanta y tendrás la recompensa que mereces” Bea lo leyó conmigo. Enrojecí de ira, ¿… o quizá de vergüenza por estar ella allí leyéndolo conmigo?

    -¿Qué se habrá creído, piensa que puede hablarme así, sin más, y meterse en nuestra relación? Me hice el indignado.

    -Pues dile que no estás dispuesto a hacerle caso y que no vamos a su casa el viernes. Dijo desafiante.

    Alargué la mano, pero antes de abrir la conversación recordé que aún tenía mensajes anteriores que no quería que Bea descubriera, volví a dejarlo en la mesa. Inmediatamente Bea sacó la mano de mi pantalón, se giró y caminó hacia el interior de la casa, me temí lo peor, haber perdido el poco orgullo que me quedaba y con él el respeto de mi mujer, mantuve la respiración. Cuando estuvo alejada unos metros se dirigió a mí sin volverse.

    -Cariño, Voy a darme una ducha en el baño de nuestro dormitorio, utiliza el otro y si acabas antes, prepara algo de cena.

    Exhalé el aire en un sonoro resoplido. No hubo momento de crisis, pero sabía que las consecuencias tendrían que llegar.

  • Mi vecino me hizo nena

    Mi vecino me hizo nena

    Me llamo Martin tengo 53 años y esto paso en el 2010 soy de Montevideo barrio la teja todo empezó en una reunión de varios vecinos para ver el partido de Uruguay en el mundial de Corea-Japón el partido era contra Corea y solía hacer bromas entre varones con voz de marica de joven Loo hice y eran bien recibidas en esta oportunidad fue demasiado bien recibida por Víctor mi vecino.

    En un momento mentí voy al baño y el sale atrás mío y voy a entrar al baño él también le dije entra vos y me invito a entrar juntos si dale entramos y me dice» te sale bien la voz de marica» yo no sabía que decir y me reí el ya con la pija afuera me dice» no me digas que nunca probaste» y se pajeaba y yo no podia dejar de mirar esa pija y la toque la bese y la chupe toda estuvimos unos minutos y salimos .

    Siguió la jornada y me pidió mi numero mi corazón latía a mil yo sabía que esto era el comienzo y después que nos fuimos llegue a mi casa y me llama al teléfono me dijo que a la noche quería que fuese a la casa.

    Coordinamos a las 12 de la noche y fui no podia dejar de recordar esa pija dura y como me gustaba tenía algo en la panza no podia explicarlo pero deseaba ir querría sentir esa pija esa adrenalina.

    Caí a las 12 y me esperaba cuando abrió la puerta ya tenía la pija parada entró y me dijo «sabia que eras puto» yo le dije que » nunca hice algo asi con un hombre» y me invito a tomar una cerveza estábamos parados los 2 en el pasaplato y no dejaba de tocarse la pija y me dice» toca la es tuya» y mientras chupaba esa hermosa pija sabía que me iba a coger.

    Fuimos a la cama y me chuponeo y me dice» quiero ver tu prto» me saque todo me chupo el orto me metía dedos me puso crema y empezó a intentar meterla me dolía y no lo dejaba probó varias veces y tome valor porque estaba re alzado Y me la puse toda Yo mmmm vi las estrellas pero cuando estuvo adentro fue tocar el cielo.