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  • Omar, el osito mas lindo y sexy del mundo

    Omar, el osito mas lindo y sexy del mundo

    ¡Hola! Mi nombre es Alejandra, Alexa de cariño, soy mexicana de 26 añitos y actualmente ya soy Maestra en Contabilidad en Playa del Carmen, Quintana Roo. Soy morenita clara, cabello largo negro, tengo unos senos medianos, duritos en su lugar, aun acinturada jaja y lo que más me gusta y me chulean son las nalgas y las piernas; modestia aparte, si tengo unas nalgas muy lindas y con estos kilitos de mas me veo woow. No me siento bonita, pero sí muy atractiva, ya que mi 1.75 de altura más unos lindos tacones pues de verdad sobresalgo a donde me paro, además de que hago ejercicio nuevamente (Voleibol) y si ejercitada, y me encanta coquetear. ¡Por cierto, ya es mi relato 35!

    Esto que les voy a contar paso con mi amiguito hermoso que parece Oso y es de Ecuador, se llama Omar, y no lo había visto desde antes de la pandemia, llegamos a escribirnos a hacernos llamadas de vez en cuando una foto saludandonos y las video llamadas con unas botellitas de vino o yo de plano muy bebida lo despertaba por las noches a platicar y de vez en cuando un flashazo de lo que yo traía debajo de mis ropas ya saben mira mis calzones y ¡hay no traigo! o sábanas para jugar con la luz y transparencias y nos hacía desearnos porque ademas de ser guapo me hace desear recostarme en su pecho velludito rico y esa barba entrecortada y rasposa me hace babear por él aunque me irrita toda la cara y la entrepierna.

    Entre plática y llamadas y calentones me dice ok ya hay vuelos de México a Ecuador y te toca visitarme, vente un par de días, dejemos de jugar a la distancia y juguemos al papá y la amante en mi departamento, dame tu nombre y foto de tu pasaporte y te parece ¿la siguiente semana? Eso me calentó al mil, no lo que hariamos porque ya sabia que me haria todo los dias todo el tiempo mientras estuviera con él, sino que me trataría como su amante os ea por lo que entendi me trataría super especial, super chachondo, super rico.

    Llegó el día de volar, era un vuelo nocturno, aquí en Playa hacía calor y sabía que allá hacía más calor todavía así que tuve todo el día para ponerme linda, volar por la noche y que recibiera fresquita por la mañana. Iniciamos ya tarde como a las 5 pm después de empujarme media pizza jaja me di un bañito y me depile todita como me gusta, solo me quito el exceso de agua y pongo crema humectante en todo mi cuerpo. Aunque viajaría toda la noche sabía que no me daría tiempo de ponerme cómoda y cambiarme para ponerme algo lindo para él. Así que solo escogi la tanga más pequeña que tenía de encaje rosa donde las 2 tiras de atrás se unían muy por debajo de la unión de mis nalgas, me puse un top nada mas apretadito para irme cómoda, alcance una falda de mezclilla de esas que si te agachas se te ve división de la pierna con mis nalgas y una blusita cortita para irme cómoda, me puse mis tenis, me hice una cola en el pelo, rimel, labial, cubrebocas y ya eran las 10 pm, hora de salir al aeropuerto.

    Para ese entonces ya nos habíamos llamado para confirmar que ninguno de los 2 se había echado para atrás, yo iba temerosa ya que nunca había viajado al extranjero casi casi a escondidas, nadie de mi casa sabía, ni mis amigas ni en mi trabajo o sea que pena que supieran que me iba a Ecuador solo a zumbarme a mi osito.

    Por fin llegó a Ecuador y salgo de aduanas, me dirijo hacia afuera esperando verlo pronto porque no tenía señal de celular, caminó un par de metros cuando escuchó “Osita linda”. Ahí estaba Omar, en unos jeans azules del tono de mi falda y una polo azul, lentes negros y la barba, la barba entre cortada tupida asi rica deliciosa como me encanta. “Osito guapo llegaste a tiempo” bajamos cubrebocas y nos fundimos en un beso tan rico así cachondo y largo de esos que si tú los ves se te antoja que te los estuvieran dando.

    Después de ese rico recibimiento y sonreir como verdaderos tontos, sube mi maleta al coche y me abre la puerta solo para ver mi andar (verme el culo), esa faldita se había subido un poco y se veían mis piernas lindas. Tu mano siempre estuvo sobre mis piernas todo el camino mientras manejaba para ir a desayunar, normalmente cuando alguien me atrae yo soy la que habla y acapara todo pero esta vez solo reía estúpidamente mientras lo miraba y veía lo que me enseñabas camino al restaurante.

    Era un lugar tranquilo y la comida super deliciosa, nos sentamos juntitos en la mesa y su mano estuvo en mi pierna, me mirabas lindo y yo le daba piquitos en esa boquita tan deliciosa que tiene. Era momento de irnos, así que nos levantamos, Omar siempre todo un caballero me tomo ligeramente de la cintura donde se veían los hilos de mi tanga rosa asomarse por mi cintura cuando dijo, ok es momento de ver que traes de bajo y ambos nos miramos picaramente y sabíamos a donde teníamos que ir.

    Llegó el coche me apretó una nalga con lujuria mientras me subía, se subió a manejar y nuevamente su mano en mis piernas y ahora yo le permití tenerla entre mis piernas mientras manejaba, lo miraba estúpidamente como si fuera lo único sexy y caliente en mi vida, mi cosita empezaba a traicionarme y me mojaba pensando en todo lo que haríamos en su departamento.

    Por fin llegamos, nos bajamos del coche y nos vimos de frente en la cajuela mientras bajaba mi maleta, ambos medimos casi igual aunque yo me veía ligeramente más alta que él, le di un beso de piquito, ambos nos reíamos llenos de complicidad, sabíamos claramente a qué íbamos pero no sabíamos cómo empezar. Así que era momento de dar el primer paso, entramos al elevador presionando el numero 5, me gire quedando de frente a el, fundiendonos en ese beso rico largo grande, su mano se situó en mi cadera bajando a agarrarme con toda libertad mi culo, yo lo abrace repegandome a el y hacerme sentir, se abrió la puerta y nos encontramos a una de sus vecinas, no me importó ya que le estaba mordiendo el labio, salí antes que el jalandolo de la mano para ir directo a su depto. Ya hacía calor así que entrando prendió el aire, me ofreció una bebida mientras yo investigaba su departamento, que lejos de ser de soltero se veía bastante habitable y la vista linda, ademas podrias abrir todas las cortinas, andar desnudos y saber que nadie a menos que tengan binoculares podrían verte andar.

    Así que mientras yo salía de su recamara el vas entrando, nos topamos de frente, me da besitos de piquito a convertirse a uno más largo, toma mi blusita y me la saca por arriba, yo desabrocho su camisa sin quitarte la mirada a sus ojos, nos seguimos besando, aprietas y estruja mis nalgas con sus manos, me quito el top dejando mis tetas frente a él, mientras sus manos se dirigen a ellas yo tomo su pantalón desabrochado y dejándolo caer, su animal se asoma por el boxer ya con esas gotitas en la punta diciendome que ya está listo para la acción, me abraza y sus besos se empiezan a mover a mi cuello mientras me toma por las nalgas con sus mano, mi falda ya es un cinturón, sus manos en una nalga y en una teta sigues bajando a mi otra teta para morderla ligeramente, mis pezones estaban durísimos esperandote para que les diera más atención. Yo tomo su cabeza con mis manos para volverte a besar mientras dejo por fin dejar caer mi falda, me cargas y ahora sí por fin te sientas en la esquina de su cama, yo estoy abierta de piernas rodeando su cintura, mis tetas a la altura de su cara las aprietas, las muerdes, las besas como si nunca las hubieras visto, yo te beso pasó las manos por su cabello, esa barba rasposa me encanta, sigues liado en mis tetas, su animal ya se había hecho camino fuera de tu boxer, con mis deditos alcanzó a mover mi tanguita de lado y dejando a mi panochita completamente mojada, empapada y deseosa de ti, en un movimiento de cadera meti la puntita y los 2 nos quedamos congelados, ahg qué gran placer de tenerte ya dentro de mi. Empecé a moverme mientras te miraba a los ojos, estaba tan mojada que a la tercer embestida ya estabas hasta dentro de mí, con una mano apretaba mi culo y con la otra me agarraba las tetas mientras también las besaba, yo sentada sobre él y me entregaba a ese placer, doblaba hacia atrás dejándolo disfrutar mis tetas bamboleantes mientras solo me movía hacia adelante y hacia atrás, lo sentía hasta el fondo, está totalmente dentro de mi lo podía sentir como ese animalote se movía y vibraba dentro de mi.

    Omarsito, mi osito hermoso me estaba volviendo loca de placer y apenas iba llegando a Ecuador, me recoste ya boca arriba, coloque una almohada debajo de mi cadera y con mi dedito lo llame para que se pusiera sobre de mi, rapidamente se quito el boxer mas no hizo lo mismo con mi tanga que solo acomodo de ladito ese hilo que de por sí era muy delgado, riéndonos puso su animal sobre mi vientre, sus huevos estaban a la altura de mi panocha ya hinchada de placer y caray su verga casi me llegaba hasta el ombligo. Así que se acomodo y me la metio toda en un jalón, gemimos de placer los 2, y empezo ese rico va y viene, con una pierna lo abrace a mi para sentirlo más profundo, mis tetas rebotaban al ritmo de las embestidas mientras yo hacía un esfuerzo para besarlo mientras me la metia, era delicioso, excitante y lo deseábamos tanto que lo estábamos disfrutando que ni me acordé de los condones.

    Sus embestidas eran completas, sacaba casi todo tu animal y cuando saldria la cabecita me la volvia a meter entera, sentía cada centímetro de su verga venuda intentando partirme en 2, yo estaba completamente empapada, se escuchaba como sus bolas rebotaban en mi y hacían ruido con mis jugos. Veía su carita disfrutarme en cada embestida, esa mirada de lujuria de estarse cogiendo a una chavita sexy y caliente dispuesta a todo para satisfacer a su macho.

    Estaba lista para hacerlo venir como más le gusta, lo quite de mí y me gire colocando todas las almohadas debajo de mi cadera, ahí estaba mi culito paradito dispuesta a recibirte al ritmo que quisiera, mi cola estaba empapada, sentí como coloco su verga ya durísima en la entrada de mi vagina empapada, la deslizó de arriba a abajo dejándome sentir la punta de ese animal pasar por mi colita por mi ano, esta yo empapada y sabia que podria pasar al fin te había dicho que esa visita sería sin tabúes sin restricciones.

    Afortunadamente decidió seguir metiéndome su verga erecta por mi panocha que ya le pedía para que me llenará de placer. Me la mete de un jalón y siento la primer nalgada, doble placer para mí, suelto un primer grito de placer, empieza a bombearme con más fuerza y velocidad y siento un par de nalgadas, mi placer empieza a hacerse notar, me sonrojo, mi cuerpo se estremece, me revuelco de placer, mi piel se pone chinita y empiezo a sentir ese shock eléctrico acumularse dentro de mi vagina. Siento sus manos tomándome de la cadera para darme con más fuerza, veo del lado derecho y hay un espejo done la imagen que veo es Omar cogiendose de a perra por el culo a Alexita, me excita más todavía y a esa imagen se le suma que me tomó de la cola del cabello, mis tetas se siguen bamboleándose al ritmo de sus embestidas y los gemidos de ambos hacen un momento único, hacemos contacto visual a través del espejo y nos excita más todavía.

    Me dice lo mucho que me desea y lo mucho que disfrutas, muevo mi cadera en círculos y con la velocidad de sus embestidas empiezas a enloquecer, yo estoy a un tris ya de venirme, le digo que por favor no se salga, en ese momento todo mi interior se empieza a convulsionar de placer, se aprieta mi vagina, mi piel chinita y gritó riquísimo de placer, siento como su verga dura dentro de mí empieza a palpitar mientras me las embestidas son más lentas pero más profundas, siento una mano con fuerza en mi cadera y un jalón fuerte de mi cabello.

    Ahg que rico empiezo a sentir los primero chorros de su leche dentro de mi, el sigue bombeando pausadamente mientras sigo sintiendo cada chorro alojarse en mi vagina llena de mis jugos, la respiracion de los 2 es rápida y ambos nos quedamos ahí, yo sobre las almohadas y el detrás de mi aferrado a mis caderas, le dije que por favor no se saliera hasta perder su erección. Después de un rato se salió por fin de mi y se recostó a un lado, mi cuerpo no reaccionaba y solo gire mi cabeza a donde mi Omar estaba, me dio un besito y nos reimos porque yo seguía con el culo al aire y su leche aun no me salía, me dijo “papel o toalla” y solo le dije “esperate a que me vaya para que cambies todas tus sabanas jaja” ambos reimos mas, me acerque a su animal flácido y a lengüetazos se lo limpie y sus bolas también, fue rápido no quería pararsela otra vez yo necesitaba un descanso, me dio un beso y minutos después como pude quite las almohadas, sentí como poco a poco salía toda su leche que me había dejado adentro, me estaba excitando un poco la verdad, estábamos recostados en su cama, yo jugaba con sus vellitos de su pecho le daba besitos en su barba como si fuera una vil niña enamorada de su primer novio mayor y que había conseguido tirarselo por primera vez.

    Dormimos la siesta desnuditos como me gusta y entre sueños solo escuche “Osita, bienvenida a Ecuador”.

    Oigan, dejenme sus comentarios para yo asi poder mejorar mis vivencias y compartirselas a ustedes.

  • Mi tío Julio

    Mi tío Julio

    La década de los 80 en España supuso el despertar de un larguísimo letargo. Como siempre se dice, pasamos del blanco&negro al color. La juventud rompió con todos los cánones establecidos hasta ese momento y una explosión socio-cultural lo inundó todo. Los que vivimos aquellos años, aún hoy sentimos nostalgia de aquellos tiempos y podemos asegurar que la mentalidad era mucha más abierta que la actual. Pero bueno, eso sería abrir un debate que no nos ocupa en esta historia.

    Pertenezco a la generación del «baby-boom» surgido en los años 70. Lo que hoy ha dado en llamarse «boomer» en ese afán por americanizarlo todo. Soy el hijo mayor de mi madre. El único hombre, quizá por eso puedo considerarme su ojito derecho. Ella fue una mujer de su época una abnegada madre de familia numerosa que desde su maternidad a los 22 años no ha hecho otra cosa que vivir por y para sus descendientes. En el otro lado estaba su hermano, mi tío Julio (todo un personaje).

    Diez años menor que mi madre, Julio siempre vivió la vida a tope. Juerguista, popular y mujeriego, tenía un carisma especial. Era capaz de sacar una sonrisa de su hermana en medio de una de sus incontables riñas. Ella siempre dijo que era madre de 5 hijos y un hermano. Y no le faltaba razón. La diferencia de edad unida al carácter protector de mi madre hacía que asumiera más responsabilidades como educadora que las propias de una hermana.

    Julio vivió la noche muy intensamente desde que en el año 78 cumpliese la mayoría de edad. En una ciudad costera y en pleno auge turístico como era Málaga en ese momento era casi inevitable. Mi tío consumió todo tipo de sustancias, bebió todo el alcohol que había en los bares y se folló a cuántas mujeres se le pusieron a tiro. Hay que tener muy claro el contexto, España primeros años de democracia y la jet set aterrizando en la Costa del Sol.

    Todo esto hizo que yo idolatrase al hermano de mi madre. Era una especie de ídolo para un niño como yo. Un tipo un tirón popular innegable que muchas veces me adoptaba como su «mascota». En más de una ocasión le serví como imán para alguna chica que se acercaba a él con la excusa de hacerme algunas carantoñas. A medida que fui creciendo fui tomando conciencia del carácter mujeriego de mi tío Julio. En plena adolescencia le conocí una relación con una casada mayor que él que desembocó en una gran bronca con mi madre.

    La mujer estaba dispuesta a dejar a su familia (marido e hijos) por irse con mi tío. Mi madre tuvo que intervenir para evitar que la mujer cometiera semejante locura. Incluso convenció a su hermano Julio para que metiera tierra de por medio y durante un año se largó a vivir a Asturias. A su vuelta, la historia con la casada se había difuminado en el tiempo y las aguas volvían a su cauce.

    Julio abrió un bar de copas en el año 86. Junto a un amigo pusieron a rodar un negocio de ocio nocturno que, como todo lo que tocaba mi tío, se convirtió en referente. Un garito con buena música en directo y una clientela con sed suficiente como para llenar los bolsillos de los dueños. Yo seguía adentrándome en la adolescencia con mi tío Julio cómo espejo donde mirarme.

    Así llegamos al año 89, el momento clave de esta historia. A mis 18 años hacia pocos meses que había perdido la virginidad pero poco más. Alguna mamada esporádica, un polvo furtivo pero lejos de los registros de mi ídolo. Él, mi tío Julio, el hermano de mi madre, a sus 29 años seguía con su exitoso bar de copas. En aquellos tiempos llevaba medio año saliendo con una chica cinco años menor. Una madrileña, estudiante de arquitectura, que se había quedado enganchada del ambiente de la ciudad y de Julio.

    Astrid era una morenaza de 24 años que formaba con mi tío una pareja de anuncio. Con sus ojazos negros, labios carnosos, pómulos prominentes, unas tetas de escándalo y su pensado a lo Cleopatra, era el morbo personificado. Yo, como todos, estábamos «enamorados» de aquel bellezón de mujer. A todo eso se le unía una leyenda que decía que Astrid era una fiera sexual. Julio ni confirmaba ni desmentía. Se limitaba a sonreír cuando me armaba de valor y le preguntaba por aquellos comentarios. Lo que provocaba que mi libido se disparase y me matará a pajas pensando en la novia de mi tío. Para colmo, ella se mostraba extremadamente cariñosa conmigo. Yo suponía que mi tío le hablaba de mis dudas sobre ella y Astrid se reía de mi actuando como una calienta pollas.

    Durante el mes de agosto de ese año 89 actuó Radio Futura en el campo de fútbol de Torremolinos, a media hora de la capital de la Costa del Sol. Astrid había comprado entradas para ver al grupo de Santiago Auseron para ir con Julio y su socio en el bar con su pareja. Pero todo se torció para los hombres cuando el exceso de trabajo en el garito les obligó a quedarse en Málaga. Sus parejas no está aún dispuestas a perderse el convierto, así que no se les ocurrió mejor idea que invitarnos a mi amigo Carlos y a mi. No nos lo podíamos creer, dos adolescentes de 18 años acompañados a dos pibones de 24 a un concierto de Radio Futura.

    Natalia, la amiga de Astrid, condujo el VW Golf GTi de su novio y en 30 minutos llegamos al campo de fútbol. La verdad es que mi amigo y yo estábamos un poco descolocados. Fueron las chicas las que nos marcaron el ritmo. Nos acercamos a una de las improvisadas barras a pedir unas «macetas» de cerveza con las que combatir el calor. Ellas se liaron un porro que nos fuimos pasando. En medio de aquel ambiente de libertad adulta fuimos entrando en ambiente.

    Después de unos teloneros locales aparecieron en el escenario Radio Futura en medio de una ovación. Para entonces nosotros estábamos totalmente animados. El alcohol y el hachís había diluido cualquier atisbo de pudor y los roces entre los cuatros eran menos inocentes de lo que debieran ser. Durante la segunda parte del concierto Astrid, totalmente desinhibida, me pidió que la acompañara a mear (los servicios estaban desbordados). Me llevó de la mano hasta un lugar oculto a la vista del resto y ante mis atónitos ojos, se levantó la minifalda vaquera y se bajó las bragas, dejándome ver un precioso coño con una franja de pelo negro (según la moda de esos años).

    Mientras vacía a su vejiga, la novia de mi tío emitía un sonido gutural a medio camino entre la satisfacción y el placer muy parecido a un gemido. Lo hacía mirándome a los ojos con una media sonrisa pícara que hizo que me empalmar de inmediato:

    -¿Te gusta mi coño? -dijo Astrid con la cadencia propia de la mezcla de sustancia que llevaba en sangre.

    -…Si… -Dije titubeando.

    -Tu tío dice que has oído leyendas sobre mí.

    Me ruboricé mientras mi polla seguía creciendo dentro de mi pantalón vaquero. En ese momento, Astrid se levantó, se subió las bragas y se recompuso la mini falda. Sin darme tiempo a reaccionar se lanzó contra mi boca y me metió la lengua.

    -Pues ahora lo vas a comprobar.

    Sin ser consciente de lo que se me venía encima, me agarro de la mano y me llevo donde estaban nuestros amigos. Le pidió las llaves del coche a Natalia y me dirigió al aparcamiento. Recorrimos la distancia deprisa y en silencio. Cuando me quise dar cuenta estaba en el asiento trasero del Golf GTi del socio de mi tío, con su novia a horcajadas comiéndome la boca. Las manos de Astrid me agarraban por la nuca al tiempo que las mías iban desde sus tetas hasta sus piernas.

    En un momento dado, la mujer se separó de mi y se desabrochó la camisa de gasa negra semitransparente dejando a la vista un sujetador de encajes que difícilmente contenían sus impresionantes tetas. Torpemente lleve mis dedos a su espalda para desabrochar la prenda. Desafiando la gravedad, ante mi aparecieron dos extraordinarias tetas de piel más clara que el resto del cuerpo propia del efecto del bikini en la playa, con una aureola de color marrón oscuro y un pezón gordo y erecto que apuntaba hacia arriba.

    Me quedé sin reacción. A pesar de no ser virgen mi inexperiencia era evidente. Fue ella quién agarró mi mano y la posó sobre su teta. Poco a poco me fui soltando cuando ella me volvió a comer la boca. Comencé a acariciar las tetas y pellizcar los pezones, sorprendido por la dureza. Ella se movía sobre mi paquete. Restregando sus bragas, a estas alturas empapadas de flujo, contra mi pantalón:

    -¿A ver qué tenemos aquí? -Dijo la novia de mi tío haciendo hueco entre nuestros cuerpos.

    Con asombrosa habilidad, Astrid, abrió mi pantalón y libero mi polla totalmente erecta. Comenzó a masturbarme lentamente al tiempo que acercaba sus tetas a mi boca. Temí por un momento correrme demasiado pronto. De repente la novia de mi primo se detuvo. Se acomodó, se levantó la falda vaquera y se retiró las bragas a un lado. Poco a poco comenzó a descender sobre mi polla.

    Pude sentir como sus labios vaginales se iban abriendo a medida que el capullo se introducía. Ella acompañaba la penetración con un sonoro suspiro de satisfacción que se transformó en un gemido de placer al sentirse empalada por mi polla. Yo sentía que me derretía con la polla dentro de la ardiente raja de Astrid. Más aún cuando la novia de mi tío Julio comenzó una cabalgada, lenta al principio para ir acelerando hasta convertirse en frenética. Su culo topaba contra mis muslos produciendo un sensual sonido. Agarrada a mis hombros, la mujer gemía, gritaba y suspiraba a medida que sus terribles sentadas llevaban mi polla muy dentro de su vagina. Sentado en el asiento trasero del VW Golf GTi del socio de mi tío, su novia me cabalgaba como una auténtica fiera sexual. Sus tetas botaban de manera morbosa justo delante de mí cara. Mi polla se clavaba en lo más profundo de su coño con cada sentada de ella. De repente comenzó a masajear su clítoris con los dedos sin dejar de cabalgarme. Yo la agarraba por las nalgas:

    -Sí, joder, si… -Ella gritaba en estado éxtasis.

    -Me voy a correr…

    -Hazlo dentro que tomo la píldora… No me la saques ahora joder…

    No pude aguantar más y con un grito alcancé un maravilloso orgasmo eyaculando dentro del coño de Astrid. Ella no tardó en llegar con otro desgarrador grito, después de morder mi hombro, y echando la cabeza hacia atrás. Durante unos segundos quedamos rendidos. Ella sobre mí hasta que logramos reponernos. Yo no me podía creer lo que acababa de vivir en ese coche. Con cara de bobo observaba como Astrid se recomponía y encendía un porro que tenía preparado en su bolso. Después de una larga calada me lo pasó antes de salir del coche y dirigirnos de nuevo al concierto con nuestros amigos.

    Cuando llegamos Carlos y Natalia estaban cogidos por la cintura. Nos sonrieron y la chica le pidió las llaves del coche a su amiga. Era el turno de ellos. Mi amigo y yo nunca podíamos imaginar que aquella noche pudiera cambiar de esa manera. Éramos dos adolescentes acompañando a dos tías mayores que nosotros y con novios. En mi caso, podía llegar a convertirse en tía política, como finalmente sucedió.

    A día de hoy, Astrid tiene 57 años y sigue casada con mi tío Julio de 62, además de ser la madre de mis dos primos menores. Yo, a mis 50 estoy casado y tengo tres hijas. Nunca hemos vuelto a hablar de lo que ocurrió aquella noche en el asiento trasero de un coche durante un concierto de Radio Futura.

  • El placer del pecado

    El placer del pecado

    Por fin sola, los niños tras una larga disputa habían quedado rendidos en la cama. 

    Era viernes y tras 8 insufribles horas aguantando la estupidez humana, que cada día le cansaba más y sin pasar a comer por casa Lucía fue directa al colegio a por Marcos y Patricia, de ahí a fútbol y pintura.

    Un par de cervezas con las madres del cole le habían servido de puntilla y el cansancio se instaló en su cuerpo.

    Así que ahora con el silencio como banda sonora de su casa, por fin consigue sentarse en el sofá con una copa de vino.

    Iker trabaja hoy de noche así que tiene diseñada las siguientes horas antes de acostarse. El vino sobre la mesa y el libro que en su día compro sobre la pintura prerrafaelita son su pareja de baile.

    Son los doce de la noche, tres copas de vino hacen que las pinturas de John William Waterhouse adquieran un oscuro y sedoso romanticismo, se deja llevar por la dulce cadencia del río que empuja a Elaine de Astolat y al igual que la vida abandona los sueños de la Dama, la luz de los ojos de Lucía se apagan durmiéndose relajadamente sobre el sofá.

    Una repentina vibración del móvil le sobresalta de su apacible sueño, el móvil vibra repetidamente, son las tres de la mañana ¿quién estará a estas horas escribiendo? Lentamente se levanta del sofá estirando la mano hasta alcanzar el móvil ,sin lograr enfocar bien, enciende el móvil y ve como los mensajes eran de José, su cuñado, extrañada comienza a leerlos.

    Le comenta que está de cena, por la torpeza de los mensajes se nota que su cuñado ya va bastante borracho, ante su incredulidad los mensajes sin mucho sentido, comienzan a coger un matiz que a Lucía le abruman. José le está comentando que la anterior noche tuvo un sueño con ella y como en ese sueño se acostaban, Lucía se siente incómoda ante las palabras del hermano de su marido, antes de que vaya a más, le manda un escueto mensaje para que pare, que va borracho y que mañana se arrepentirá de lo que está diciendo.

    Los mensajes cesan pero las palabras ya se han quedado grabadas en su retina.

    Ya en la cama repasa los mensajes, súbitamente nota como se va excitando ante la visión de su cuñado sobre ella. José es dos años mayor que Iker, es bombero y aunque nunca se ha fijado en él de esta manera, es alto, tiene el cuerpo fino pero musculado, siempre que puede se escapa para practicar escalada, la montaña más su trabajo hace que tenga un cuerpo esbelto que junto con varios tatuajes y una cara de chico malo hace que resulte un hombre atractivo.

    Está casado con Patricia, siempre ha sabido que él tenía sus aventuras pero jamás pensó que cruzaría la frontera de entrarla a ella.

    Intenta borrar todo, pero nota como debajo de su ropa interior la humedad ha comenzado a surgir, sin saber muy bien el motivo baja sus manos, su dedos se deslizan con facilidad, abre su piernas facilitando que sus caricias vayan subiendo de intensidad, su respiración se va agitando y sin darse cuenta leves gemidos se escapan de su boca. Sus ojos se cierran y deja que su cuerpo se vaya entregando al placer, sus dedos acarician su clítoris, un constante movimiento sobre el hace que si cintura se vaya elevando, muerde sus labios y antes de que se cuenta se deja arrastrar por la brusquedad de un final que la desvanece contra la almohada y la sumerge en un placentero sueño.

    La luz del día comienza a colarse por las rendijas de las persianas, Lucía se despierta con Iker a su lado, se quedó tan profundamente dormida que notó cuando llegó.

    El día pasa tranquilo, cuando despierta Iker, le comenta que mañana domingo ha quedado con José y Patricia para ir a comer, según lo escucha las piernas le tiemblan, pensaba que pasaría más tiempo para encontrarse con él, no le gusta la idea de verle, pero no puede decir que no.

    Paso el sábado entre partidos de fútbol y visita de los abuelos. Lucía tampoco tuvo mucho tiempo en pensar en cómo se comportaría el día siguiente.

    Al final llega el domingo, por una extraña razón Lucía se viste más atractiva de lo normal, falda negra por encima de la rodilla, unas medias claritas y una botas, en la parte superior una ajustada blusa con zonas con trasparencias y un suficiente escote que hace que a la menor que se incline levemente su lencería negra se vea.

    Se maquilla destacando sus expresivos ojos y un carmín rojo que hace que destaque su blanca piel.

    Llegan a casa de sus cuñados, Iker lleva una botella de Ribera de Duero que le entrega a Patricia y por fin sale su hermano, se saludan efusivamente y cuando termina le mira con cierta picardía a Lucía invitándola a pasar.

    La comida discurre con normalidad, José bromea y cuenta anécdotas de la cena del viernes, a mitad de comida el vino se acaba y Lucía va a la cocina a coger otra botella, cuando va de camino escucha a José decir que le acompaña y le ayuda a abrirla. Lucía inevitablemente se pone nerviosa. En la cocina no abre la boca se siente incómoda e intenta mantener una distancia prudencial con su cuñado, al final es José quién rompe el hielo y mientras se acerca a coger la botella de vino para abrirla, roza sutilmente su mano y se acerca a ella lo suficiente para que sus perfumes se mezclen y le dice en voz baja, hoy vas espectacular, seguidamente sus dedos vuelva a acariciar su mano, se da la vuelta y se dirige de nuevo al salón. Ella se queda en la cocina, el corazón le va a salir por la boca, su pecho agitado respira con fuerza y de nuevo siente, como sin poder evitarlo se humedece.

    Vuelva a la mesa, aunque ya más tranquila la excitación permanece en ella, con la comida terminaba Patricia prepara café y José aprovecha para ponerse entre su hermano y Lucía para enseñarle a Iker la casa que está pensando comprarse en el pirineo. Se sienta sumamente cerca de Lucía, tanto que sus piernas se rozan por debajo de la mesa. Mientras Iker mira las fotos llega la sorpresa, José sitúa su mano sobre su pierna, ella se sobresalta pero no se mueve, sus dedos acarician la parte alta de su pierna, adentrándose por debajo de su falda, ella permanece inmóvil sintiendo como la mano de su cuñado se pasea por debajo de su falda, una mezcla de miedo y excitación le inunda su cuerpo, al final al llegar Patricia con el café José vuelve a su sitio.

    La sobremesa de fue alargando y después de los cafés vinieron varias copas que hizo que las conversaciones entre las parejas fluyeran alegremente.

    Lucía aún tenía esa sensación en el cuerpo extraña, entre lo que su cabeza decía y la manera en la que su cuerpo reaccionaba.

    No le gustaba la sensación de excitación que le había creado la mano de su cuñado debajo de la mesa, pero no podía evitar alterarse solo con volver a pensarlo.

    La tarde seguía pasando de manera distendida, en el salón los dos hermanos discutían sobre si Nadal era o no el mejor tenista de la historia y ella estaba viendo unas fotos que le estaba mostrando Patricia.

    Lucia se disculpó y fue un momento al baño, Patricia le dijo que subiese al de arriba ya que estaban de obras en el aseo de la planta baja. Una vez en el baño se dio cuenta de que iba un poco mareada tras las últimas copas de licor de café, se mojó la cara para despejarse y salió del baño. Cual fue su sorpresa que según salió se encontró de golpe con José, su corazón se agitó de golpe y antes de que pudiese decir nada se abalanzó sobre ella y le comenzó a besarla, ella no pudo o no quiso parar ese beso y antes de que se diese cuenta su lenguas se juntaban apasionadamente, él pasaba sus manos por su pecho y rápidamente con sus dos manos agarró el culo de Lucía y de un golpe la subió golpeándola contra la puerta, ella se sujetó con su piernas rodeando su cintura, en ese momento noto la firmeza y excitación de su cuñado sobre su falda, el movía su cintura de tal manera que rozaba su pene contra su ropa interior, ella se separó un poco y le dijo que parase que estaban abajo y que esto no podía ser, pero ella sabía que su cuerpo necesitaba que siguiese, él la miro y sonrió de manera lasciva, la bajo de su cintura y la dio la vuelta. Comenzó a besarla el cuello y una de sus manos de manera ágil se coló por debajo de sus bragas, ella estaba sumamente excitada y él le susurró al oído: tus palabras dicen una cosa, pero tu cuerpo me está gritando otra.

    Comenzó de una manera brusca a tocarla pero era tal la excitación de Lucía que eso le ponía más, sus dedos la acariciaban entrando en ella sin miramientos, era tal la fuerza que hacía cada vez que entraba en ella con su mano la hacía levantarse y ponerse de puntillas, sus dedos dejaron de entrar en ella y fueron directamente a estimular su clítoris, ella llegado ese punto cedió todas las fronteras que tenía y se dejó llevar por las manos de su cuñado, su mano fue para atrás y comenzó a soltar el pantalón y le agarro y comenzó a acariciarle, él estaba también muy mojado. Pasaba su mano por su húmedo glande acariciando y presionándolo con sus dedos, el comenzó a mover su cadera, haciendo que su pene entrará y saliera de su mano, mientras comenzó a besarle las orejas mordiendo su lóbulos y presionado más su cuerpo contra la pared, sus dedos acariciaban con maestría su clítoris, ella sin darse cuenta empezó a lanzar pequeños suspiros y él al darse cuenta le tapó la boca, aprovecho a decirle al odio que quería que se corriese y que si tenía que gemir le mordiese la mano, ella se fue desvaneciendo en sus caricias él empezó a moverse cada vez más rápido. Las embestidas contra sus manos cada vez eran más fuertes, ella comenzó a notar como su pene se iba poniendo más y más duro, noto como crecía más aún en sus manos y como José comenzaba a jadearle en el odios y mientras ella se acercaba a su final él empezó a expulsar semen caliente que se colaba entre los dedos de Lucía, al notarlo ella no puedo aguantar más y acabo también sucumbiendo a las caricias de su cuñado, levemente y más despacio continuaba moviéndose contra su mano, ella aún respiraba agitada .

    Se separaron y ella entró de nuevo al baño a limpiarse la mano y lavarse la cara para calmar un poco su excitación.

    Paso una semana y ella era incapaz de olvidar lo sucedido, solo con pensarlo se excitaba como una adolescente y numerosas veces a lo largo de la semana se tuvo que masturbar recordando el encuentro en la puerta del baño.

    Los días pasaban y sin darse cuenta se fue olvidando del tema, Iker estaba bastante liado con en el trabajo y llegaba bastante cansado cuando llegaba a casa.

    Un día le pidió si por favor podía ir a casa de su hermano a recoger un paquete que Amazon había dejado allí, le comento que ya había avisado a Patricia y que le esperaba en casa.

    Ella cogió el coche y se dirigió a la casa de sus cuñados, la idea era decirle a Patricia para ir a tomar algo y así charlar un rato antes de volver a casa. Aparco el coche enfrente y se dirigió a la puerta y pulso el timbre, unos paso se escucharon en la distancia y en unos segundos se abrió la puerta, ella se llevó un susto al ver que era José quien le abría la puerta. Pasa pasa que Patricia ha tenido que ir a la oficina que le llamo su jefe de urgencia.

    Ella pasó, habían pasado ya varias semanas desde el encuentro pero ahora estaba sumamente nerviosa ante la situación de estar a solas con él.

    Él iba con unos vaqueros claros y ajustados que marcaban de una manera muy sensual su cuerpo, una camiseta de algodón blanca hacia resaltar y marcar sus brazos, ella no podía evitar mirarlo y ruborizarse.

    Paso y le espero en el salón, el trajo de la cocina la caja y se acomodó en el sofá, ella permanecía de pie callada.

    Él dijo le comento que no había podido dejar de pensar en ella, que sabía que estaba mal pero que era superior a sus fuerzas, que era inevitable, ella permanecía como un bloque de mármol, fría e impasible por fuera, temblando por dentro .

    Él puso su mano en su pierna, le acariciaba la parte inferior justo por debajo de la rodilla, le coló sus manos por las botas negras que llevaba y comenzó a acariciar su pantorrilla, ella no hacía nada pero tampoco le paraba, él la fue acercando y la puso en frente, el sentado y ella de pie.

    Las manos de José comenzaron a subir, despacio, sin prisas, la puntas de sus dedos recorrían cada centímetro de sus piernas como si fuera una carretera de montaña, con curvas sinuosas, subiendo, recreándose en cada curva pero subiendo. Sus manos llegaron a la costura de la ropa interior de Lucía, y comenzó a acariciar sus nalgas con cariño, apretando y sintiendo su piel, sus dedos jugaban entrando un poco por debajo de sus braguitas, poco a poco comenzó a bajarlas, las dejo por sus rodillas y sus manos volvieron a subir, ella seguía siendo ese bloque de mármol sin forma definida y las manos de José iban esculpiendo la fría roca dándole formas, regalando una vida al mármol que ya empezaba a despertarse, ella le comenzó a acariciar su cabeza, él fue deslizando su manos por la parte interior de sus piernas, sin llegar tocarla, cerca pero sin tocarla. Poco a poco comenzó a subirle la falda y su rostro fue acercándose a sus piernas y su lengua y labios fueron acompañando a sus manos en el desfile de caricias y besos que recorrían el cuerpo de Lucía. Ella comenzó a notar su respiración cerca de su sexo, deseaba sentir su lengua, como sus humedades se combinaban en una, pero él seguía sin llegar a tocarle, siempre cerca, siempre alerta pero si besarla aún. Ella se iba excitando se movía sobre su rostro buscando que por fin su lengua la recorriera pero cada vez que pensaba que lo iba hacer el magistralmente se alejaba, le estaba haciendo sufrir y lo único que conseguía era que su excitación se fuera desatando. Los labios de su sexo temblaban, notaba que si seguía mucho más tiempo así acabaría corriéndose sin que una sola caricia o un simple beso le llegará a tocar.

    No podía más, él se resistía a besarla y ella notaba como se iba agitando. El cabrón de su cuñado iba a darle un orgasmo sin llegar a tocarla, como si él fuese capaz de leer su cuerpo justo antes de que ella terminase, le comenzó a besarla apasionadamente, su lengua devoraba su sexo, haciéndola estremecerse, sus dedos jugaban con sus labios mientras su húmeda lengua daba los últimos y pasionales besos mientras ella agarrando su pelo terminaba salvajemente en su boca, la intensidad fue tan duradera que le dio tiempo a presionar su entrepierna contra su cara mientras todo su cuerpo temblaba entregado un profundo placer.

    Al final separo su cabeza y lo que se encontró fue la mirada sucia y lasciva de José, que sin darla tiempo a recomponerse la cogió y la tiro al suelo sujetándola contra el sofá, puso sus manos sobre los cojines y levantó su cadera poniendo su espalda recta de una manera rápida se situó detrás de ella y eficazmente la penetró, tras el fuerte orgasmo esto la sobresalto y soltó un fuerte gemido mientras el la agarraba de la cintura y comenzaba a follarla de una manera salvaje. Su vientre golpeaba contra las nalgas de Lucía en cada embestida, ella aún con la falda puesta y el agarrándola con fuerza, clavando sus uñas en su carne, mientras entraba y salía con contundencia, le agarro del cuello levantándola hacia atrás y metió sus dedos en su boca, ella aprovecho que ya no estaba contra el sofá y se levantó, dándose la vuelta aprovecho para poder besarle y morder su boca.

    Tras una leve pausa le tumbo en el suelo, aprovecho la situación de calma que él le brindaba para acariciar su pecho mientras descendía y comenzó a deslizar su lengua por su húmedo sexo, lo comenzó besando desde abajo subiendo la lengua hasta su palpitante e hinchado glande y en ese momento lo introducía en su boca, sus manos jugaban con sus testículos apretando y presionado al vez que su boca subía y bajaba por su pene. El torció la cabeza y se dejó llevar por la maestría con la que Lucia le estaba haciendo disfrutar, el ritmo iba subiendo y la cadencia y compenetración de su boca y sus manos hacía presagiar el final de José, pero ya cuando todo parecía discurrir a una explosión de placer, Lucía paro de golpe le miró y le dijo, no aún no.

    Sin dejarlo levantarse, se puso sobre él y agarrando su pene comenzó a jugar con el borde de su entrepierna sin llegar a introducirla se rozaba con ella, siempre cerca de entrar pero siempre por fuera, se rozaba sobre su clítoris la bajaba presionando sus labios e incluso llegando a la zona de ano, para volver a subir, ella veía como él se estaba desesperando como la impaciencia le inundaba la mirada, como el deseo le latía por las venas y eso la excitaba más aún, hasta que ella tampoco aguanto más y se la introdujo de golpe, el suspiro pero ante su incrédula mirada ella la saco de golpe y le miró demostrando en sus ojos que era ella la dueña del tiempo, ella marcaba cuando y donde y como y él sólo era la parte pasiva. El intentaba volver a entrar pero ella se divertía jugando sobre él y jugando con él. Se levantó y se dirigió de nuevo su vagina a su boca, sentándose sobre su rostro, obligándole de nuevo a que su lengua y sus besos la devorasen, está vez no iba hacer falta mucho para que ella volviese a terminar sobre su boca, se inclinó un poco para atrás para poder masturbarle mientras él seguía besando con lujuria cada parte de entrepierna, ella le ayudaba con movimientos de cintura, acercando y alejándose de su boca, hasta que al final no puedo aguantar más y volvió a desfallecer sobre él.

    Se levantó y se sentó un rato a su lado, estaba agitada, su rostro enrojecido por la excitación, su pecho se hinchaba intentando retener todo el aire que podía, él seguía tumbado, observándola, dejando que se relajase, tras unos minutos ella se recostó a su lado, tumbados, la espalda de ella sobre el pecho de él, deteniendo el tiempo, convirtiendo pecados en placeres.

    El, que se había relajado, al notar su piel desnuda volvió a excitarse. Ella notaba su firmeza por la zona de sus nalgas, sonrió y comenzó a moverse rozándose contra su cuerpo, el rápidamente volvió a estar totalmente húmedo, tanto tiempo jugando hacia que se sintiese muy sensible, cualquier contacto contra el culo de Lucía le hacía estremecerse, abundante líquido pre seminal hacia que su glande estuviese constantemente lubricado al final ella subió un poco y ayudándose de su mano lo situó sobre los labios de su vagina y empujando levemente contra él fue introduciéndolo en ella, movía las cadera dibujando círculos, él se dejaba llevar, permanecía prácticamente quieto sintiendo los movimientos y la cadencia con los que Lucia se movía, sentía que ya no tenía el control que ante cualquier movimiento le inundaba un torbellino de sensaciones que le llevaba a morirse de placer.

    Ella no dejaba de moverse, le miraba clavando sus profundos ojos pidiéndole a gritos pero sin abrir la boca que se dejará llevar, que pusiese la guinda a este salvaje encuentro.

    José se acercó a ella y agarro sus pechos, mordiendo sus hombros comenzó a moverse con más rapidez, con cada movimiento la arena del reloj de su aguante iba disminuyendo, sus manos la apretaban con fuerza, sus respiración y jadeos retumbaban en la habitación, hasta que al final la chispa termino de encender la higuera y tras fuertes convulsiones, un fuerte suspiro y un abundante y caliente final pusieron el broche final a esta tarde de fantasía.

  • Me excita ver el semen salir

    Me excita ver el semen salir

    Quizá es algo que no le ocurre a todas las mujeres; quizá es una parafilia, no lo sé; pero, me excita ver el semen salir del falo; el chorro, el goteo, el líquido blanco, el líquido preseminal, me pone caliente…

    Cuando inicie mi vida sexual a los 18 años; yo tenía muchas dudas respecto a ello; viniendo de una familia ultra conservadora y colegios para niñas, no tenía ni siquiera una idea de lo que era el sexo.

    Mi primer novio fue quien me inició. En una cita que tuvimos y que mis padres me dejaron ir sola, fuimos a una reunión de amigos. Me convenció de tomar un trago y me relaje; bailamos conversamos y me llevo a un lugar apartado de todos.

    Comenzamos a besarnos y me acariciaba por encima de mi ropa; sus manos empezaron por mis piernas y siguió hacia mi cintura y mis caderas. El pantalón y la blusa que yo traía le dificultaba el trabajo; un cosquilleo delicioso se sentía en mi entrepierna, quería ser acariciada, mis pezones los sentía que querían reventar mi brasserie y mi blusa. Percibí que su falo se endurecía dentro de su pantalón. Con miedo, me atreví a tocarlo por encima, un suspiro de placer salió de su boca.

    – Así… acarícialo… – él me susurraba al oído mientras acariciaba mis nalgas y mis pechos.

    Me sentía muy empapada, como si me estuviera orinado; pero, ese líquido me provocaba mucho placer; sin tocarme, sin acariciarme, tan solo con su respiración agitada en mi oído.

    Con desesperación, se bajó el cierre y sacó esa masa de carne caliente, palpitante; empezaba a gotear un líquido transparente.

    – Tócame… acaríciame… hazme terminar…- murmuraba en mi oído, mientras me besaba el cuello.

    Yo me sentía muy excitada, sentía cómo si la humedad de mi vagina hubiera ya traspasado mi panty y mi pantalón.

    Con ese mismo líquido, cubrí la cabeza de su falo y la acariciaba con cuidado; lo sentía temblar, lo oía gemir, percibía su placer.

    No sabía cómo debía hacerlo, me dediqué a esparcir ese líquido por toda la cabeza. El tacto de ese líquido me excitaba, nunca había sentido nada igual.

    – Estoy a punto de venirme… sigue… sigue…- jadeaba en mi oído.

    Ese tronco caliente se puso más duro, comenzó a palpitar; volteé a verlo; en ese momento, él resopló y un chorro de líquido blanco y caliente salió del falo; después salió otro y otro; su cuerpo temblaba y gemía; sintiendo ese temblor de placer, mi vagina empezó a palpitar, abriendo y cerrando; buscando algo que entrara, buscando algo que la llenara; en ese momento, yo empecé a temblar; cerré los ojos y me deje ir.

    Un calor intenso podía yo sentir en mi vagina; un torrente de líquido saliendo, como si orinara; mis rodillas no me sostenían; mi cabeza se nubló y creo que tuve un orgasmo; algo que no había sentido y me gustó.

    Nos besamos un poco más durante ese breve momento de relajación y fue delicioso; me dejó una sensación de querer más.

    Al llegar a mi casa, revise mi ropa y un olor lleno mi nariz; ese olor me excitaba. Lleve mis dedos a mi vagina, aún llena de ese líquido; tomé un poco y lo llevé a mi boca…

    Pero, esa es otra historia…

  • Un sueño prohibido hecho realidad (Parte 1)

    Un sueño prohibido hecho realidad (Parte 1)

    Es la primera parte de un relato largo y detallado así que si tienes tiempo y paciencia esto es para ti. Los nombres son ficticios para proteger la identidad de los protagonistas.

    Mi nombre es Humberto vivo actualmente en la Ciudad de México pero tengo una pequeña propiedad en Querétaro donde usualmente paso mis vacaciones y cuando atiendo mis negocios. Soy productor musical y compositor así que me va bien, no me quejo, estoy a cargo de varios grupos importantes en la escena del rock, ska y música tropical, y suelo escribir para varios de ellos así que las regalías no me faltan, soy soltero y vivo solo. La siguiente historia es algo que en realidad no pensé que llegaría a pasar, como todo hombre siempre he tenido mis «fantasías prohibidas» pero como debía ser se quedaban solo en eso. Sobre todo porque entre familia siempre debe haber límites, pero como dicen por ahí algunas cosas son inevitables y cuando el deseo es mutuo pues…

    Comienzo por describirme, tengo 25 años, soy alto, moreno claro, cabello oscuro y ojos cafés, mido 1.80 y tengo buen físico por las horas en el gym, mi herramienta es tamaño promedio unos 17 cm pero la se usar bastante bien.

    Las cosas empiezan en julio del año pasado, me encontraba en Querétaro haciendo algunos arreglos finales para un álbum que tendría bastante éxito en la escena tropical, toda una semana llena de bastante trabajo, teníamos el 90% hecho pero a mí me toca ese último 10% que es crucial al momento de definir un trabajo de calidad. Era viernes por la noche y había terminado la mayor parte del trabajo de ese día, así que apague todo en el estudio y me fui a un bar a tomar un trago y relajarme.

    Recibí un mensaje de texto de una de mis tías, hermana de mi padre de nombre Paula, quién es la otra protagonista, preguntándome como estaba y demás. Siempre me lleve muy bien con ella y sus hijos, hace un rato que no nos vemos por cuestiones de mi trabajo, pero trato de no perder contacto porque cuando niños convivimos bastante y son muy buenas personas.

    Quiero aclarar que siempre la vi normal, como un miembro más de la familia le tengo mucho cariño y respeto, y ella también mostraba lo mismo por mi. Es una mujer muy atractiva cerca de los 40 años, piel blanca, pelo lacio y castaño, ojos cafés claros, trasero amplio y senos medianos, y una personalidad de lo más agradable, inteligente y muy simpática, a mi siempre me trató muy bien y repito antes de esto jamás hubo algo más allá de una relación tía sobrino de lo más normal. Yo alguna vez llegue a fantasear ligeramente con ella pero jamás creí que pudiera pasar algo realmente.

    Me dice que cuando nos vemos, pues hacia bastante tiempo que solo hablamos por mensaje o llamada y no podíamos vernos en persona, le digo que estoy fuera de la ciudad y que regreso hasta dentro de unas dos semanas cuando acabe de producir mi siguiente trabajo. Ella está separada ya hace algunos años, su marido la engaño y a la fecha nunca le conocí ninguna pareja, se dedicó de lleno a mis primos. En un tiempo se las vio difícil por el tema de la pensión y me llegó a pedir prestado, yo me negué a hacerlo y en su lugar le di el dinero sin esperar nada a cambio más que una buena relación de familia, prestar dinero siempre crea conflictos y como me va bien no tengo reparo en ayudar a quien me lo pida. Supongo que está bastante agradecida conmigo porque seguido me habla y me manda mensaje.

    En fin, me dice que ella tendrá una semana libre por sus vacaciones y pensaba ir a verme a mi casa en CDMX, ya que no tenía otros planes, entonces yo la invitó a venir hasta Qro., sé que no conoce por acá así que use eso como pretexto también para que se animara. Le dije que podía posponer mi trabajo esa semana y pasar un tiempo con ella, no lo pensó dos veces y acepto.

    A la semana siguiente la recibo en mi casa, es una pequeña propiedad en un lote residencial, tengo unas habitaciones extra para invitados, una terraza y una piscina. Lo normal para alguien que trabaja duro. Nos saludamos efusivamente, con un beso en la mejilla y un abrazo largo como cuando hace tiempo no ves a alguien. La invito a pasar y nos sentamos en la sala, nos ponemos a platicar y nos ponemos al día, lo normal, después de eso la invite a comer, soy buen cocinero así que prepare algo especial para la ocasión, tomamos un poco de vino seguimos platicando. En la noche le muestro su habitación, para que se ponga cómoda y le digo que si necesita cualquier cosa está en su casa. Nos damos las buenas noches y cada quien a dormir. Al día siguiente es más o menos lo mismo.

    Dos días después salimos a dar un vuelta, la lleve a desayunar fuera, fuimos a un museo y después a un bar donde ay música en vivo, dónde soy parte dueño. Todo bien hasta ahí, teníamos unas copas encima y le pregunto si quiere ir a bailar, ella es maestra de baile así que ni lo piensa. Salimos del lugar y la lleve a un salón de música tropical, ni bien llegamos y nos pusimos a darle, ya entrados en calor la cumbia fue bastante fácil, la verdad los dos sabemos bailar muy bien. Llegó la hora de un descanso, seguimos platicando y noto que ella me ve un tanto diferente, la última vez que nos vimos yo aún estaba en proceso de ser exitoso y mantenía un perfil bajo, así que no había conocido mi faceta más extrovertida, supuse que era eso.

    Pero empezó a preguntar cosas un tanto diferentes, como toda tía siempre pregunta por la novia pero esta vez fue diferente, preguntó hace cuánto tiempo no estaba con una mujer, me sentí un poco sorprendido ya que nunca antes habíamos tocado esos temas pero supuse que el alcohol la estaba desinhibiendo un poco, ella sabía que yo era soltero así que me imagino lo hizo para ver el terreno, yo fui honesto y le dije que hacía ya bastante tiempo pues la verdad estaba enfocado en mi trabajo y no tenía mucho tiempo para relaciones, además que las mujeres modernas de hoy en día son muy narcisistas y solo exigen sin querer dar algo a cambio.

    Me dijo que tenía razón y que le agradaba que siguiera soltero al tiempo que esbozaba una sonrisa, y que ella también, hacía mucho que no estaba con un hombre, desde que se separó no volvió a conocer a nadie más y que había días dónde se sentía muy sola, pues como mujer tiene necesidades que el dinero no alcanzaba a cubrir. Creo que fue una indirecta muy directa.

    Le dije: oiga tía con todo respeto, pero quitando de lado que somos familia, creo que es muy atractiva todavía y puede conocer a alguien si así lo desea.

    Ella dijo: ay hijo gracias, pero seguro lo dices solo por hacerme sentir bien, a mi edad ya los hombres no se fijan en mí, divorciada y con hijos.

    Yo: no diga eso tía, en serio debería intentar salir con otras personas, y conocer más gente, verá que por ahí habrá alguien que quiera conocerla.

    Ella: ay hijo no sé, la verdad después de mi última decepción me quedé sin ganas de intentar algo nuevo. Hasta ahora eres el único hombre en quien confío y el único que me ha hecho sentir bien. Pero eres mi sobrino. No sé qué hubiera hecho sin ti. Pero bueno sigamos bailando.

    Volvimos a la pista pero fue diferente, sentía que había cambiado algo entre nosotros, la forma en que dijo sus palabras, sobre todo cuando dijo «pero eres mi sobrino» como deseando que no lo fuera, noté que había ciertos gestos qué antes no había en ella. Y se notó en el baile también, se movía con más soltura y más pegada a mí, y yo como buen sobrino no podía hacerla sentir mal. Me deje llevar pero siempre manteniendo el respeto.

    Por fin acabó la noche, fuimos a casa y ella ya iba un poco pasada de copas, yo tengo más aguante así que me tocó meterla a la casa. Cuando entramos me dio un fuerte abrazo y me dijo: ay hijo muchas gracias por todo, me la pase muy bien esta noche y perdón por como estoy, seguro es una molestia para ti, pero sabes que te quiero mucho.

    Dije: para nada tía, al contrario es bueno tener compañía, y que mejor que la suya, yo también me la pase muy bien, pero ya es hora de dormir.

    Entonces nos quedamos así abrazados un poco más de lo normal, y presentía que algo más iba a pasar, ya con el calor de las copas encima sentí que el cuerpo nos pedía algo más, e inevitablemente sucedió. Nos separamos un poco, viéndonos cara a cara, sentía un extraño escalofrío recorrer mi cuerpo.

    Entonces me dijo: si no fueras mi sobrino seguro te daría un beso, eres muy guapo. Puse el cabello que quedó en su cara detrás de su oreja y le dije: seguramente yo no pondría resistencia a tan hermosa mujer…

    Eso fue el detonante, sin pensarlo en ese momento nos besamos mutuamente, fue un beso largo y apasionado, sentía el calor recorriendo todo mi ser, la adrenalina de estar haciendo algo prohibido. Pero eso no nos detuvo. Entramos a la sala, nos fuimos al sofá, y seguimos un buen rato con ese beso que fue el primero de muchos, de pronto metí mi lengua en su boca y eso nos prendió aún más. Mientras acariciaba su cuerpo, tocaba sus caderas, sus nalgas bien formadas, sus piernas y sus brazos. No había vuelta atrás. A pesar de su edad sigue estando en muy buena forma debido a su profesión. Me levanté y me quite la camisa y el pantalón, al tiempo que ella se desprendía de su vestido quedando solo en brasier y sus bragas. Seguimos así un buen rato, solo nos separaba la tela de la ropa interior, nos rozábamos muy fuerte por la excitación, ella encima de mi, sentía como su pelvis se movía de adelante hacia atrás pidiendo placer.

    Quería ver aún más así que quite su sujetador y sus dos pechos quedaron al descubierto, bien formados ni muy grandes ni muy pequeños y con buena firmeza. Comencé a besarlos apasionadamente, succionando ese rico pezón rosado, primero uno y después otro mientras con mis mano izquierda tocaba uno de ellos y con la derecha tocaba sus nalgas, ella solo gemía de placer al tiempo que sentía mi bulto rozando su vagina, el cual ya pedía a gritos salir. Definitivamente esto era muy peligroso, era prohibido. Era la gloria disfrazada de infierno, la sensación más ardiente y pasional que había tenido en mi vida… Hasta ese momento…

    Continuará…

  • Fetiche peligroso

    Fetiche peligroso

    Soy una chica curiosa desde mi cuna de nacimiento, que siempre busca experimentar y sentir nuevas sensaciones, por lo cual suelo meterme en «las patas de los caballos» algo así como siempre ando metida en problemas jejeje.

    Me suelen decir que tengo un físico lindo, sobre todo las pompas, mide 1.61 con pechos algo pequeños, pero compenso con un trasero grande y lindo, piernas que sacan aplausos, delgada, parezco muñeca de lo delgada, cosa por la cual me han pasado cosas como las que relatare

    Cuando comencé a asistir a mi práctica profesional en enfermería, solía usar una ropa muy delgada y ajustada, era bastante sexy de color azul oscuro, la tela era tan delgada que se te marcaba el calzón, por lo cual me sentía demasiada incomoda viajar en el metro con un pantalón que casi no notabas que lo tenías puesto, con el calzón marcado en mis nalgadas, solía usar tanga o colales tipo hilo para que no se notará, pero tenía su lado malo, que al ser hilo el pantalón tomaba la forma de mis nalgas pegándose a ellas, dando la sensación que no llevaba ropa interior.

    Un día X me tocó irme en hora punta en un vagón del metro en el cual estaba repleto de solo hombres, increíblemente no había ni una sola mujer, desde el momento que me pare enfrente de las puertas del tren, para abordarlo, ya sentía como me miraban, vestía el pantalón delgadito apretado con colales, que se notaban mis nalgas, una blusa de la misma tela en la parte de arriba con una chaqueta pequeña, se notaba mucho mi figura de nalgona con mi cintura y contorno de mi cuerpo

    Al entrar al tren me preguntaba que se sentiría ser tocada por desconocidos, era muy alta la probabilidad, y tenía esa curiosidad dando vuelta en mi mente. Llegó el momento de entrar me empujaron sin consideración alguna tal animales salvaje corren como un rebaño, me empujaron casi dejando alejada de la puerta de salida en un rincón, donde hay una especie de pasamanos afirmada mirando hacia la ventana, solo en el trayecto, sentí manos acariciar mis nalgas, muslos, «arrimones» se ponían detrás de mí y hacían presión con sus penes en mi espalda, así «pasaban» note a mas de 4 hacer eso solo en el trayecto hacia ese rincón, no puedo negar que no me desagrado, sentir todas las miradas en mi, y esas manos cálidas y grandes rozar mi cuerpo, mi mente volaba imaginándome todo tipo de cosas sexosas, hace mas de 1 año que no tenía pareja, y no tenía sexo, mas que masturbarme de vez en cuando con un juguete vibrado que tenía

    Al quedar en el pasa manos había una baranda que lograba alcanzar, para afirmarme, levante mis brazos para llegar a ella, pero mi chaqueta me molestaba para poder estar con los brazos extendidos, debí abrir mi chaqueta para tener mayor movilidad, fue todo un espectáculo, cuando se sintió como bajaba mi cierre, sentí como todos me miraban a ver que llevaba debajo, por desgracia para ellos que pensaban «seguro tiene tetas grandes» no tengo grandes tetas, pensé que no llamaría tanto la atención o eso creía, lo malo que mi blusa era mangas cortas, al levantar los brazos mi chaqueta dejaba ver parte de mis axilas, y mi vientre porque era demasiada corta la blusa, dejaba ver mi piel tersa, blanquita, y sin 1 pelo obviamente!!!.

    Al partir el tren sin poder moverme, estar apretujada entre hombres muchos más altos, con mochilas, comencé a sentir el roce de una mano tímida entre mi cintura que quedó expuesta en mi espalda, estaba muy helada, al sentirla me moví un poquito por el frío roce de ella, no se ahuyento por mi movimiento por el contrario, comenzó a bajar acariciando mis nalgas súper suavecito, estaba experimentando esta nueva sensación, me entregue totalmente a la experiencia, la mano bajaba lentamente por mis cálidas nalgas, hasta que sentí unos dedos en mi entre piernas intentando acariciar mi vagina, al parecer se dio cuenta que no opuse resistencia, más cuando separe un poquito mis piernas para que tocara a gusto, no logro tocar mi vagina, solo entre mis nalgas pero mi vagina ya estaba húmeda, me estaba excitando de sobre manera, la mano coqueta seguía tocando, miraban alrededor y los hombres se dieron cuenta que me estaban corriendo mano y miraban con deseo de hacerlo, al ver que no oponía resistencia, hasta que un hombre muy alto se puso detrás mío, podía sentir su pene en mi trasero, lo movía y trataba de encontrar la pose perfecta para encajarlo mejor, podía sentir como su miembro rosaba mi delgado pantalón, para mi sorpresa otro chico se puso de lado rozando su pene erecto con mi muslo, era nada más ni menos que 2 hombres intentando refregar el pene en mi, sin darme cuenta de un momento al otro estaba totalmente excitada, la vulva de mi vagina debió estar hinchada de lo excitada que estaba se notaba debido al pantalón delgado, mi «patita de camello» se notaba mucho, más cuando al estirar más mis brazos el colales se me metió dentro de mi vagina dejando mis labios vaginales separados me causó algo de placer, podía ver claramente mis labios separados en mi entre pierna, una imagen muy obscena, y además de tener 2 hombres rozando sus miembros en mi, con las manos arriba rendida a que lo hagan

    El hombre alto detrás de mí, al parecer llevaba un chaleco amarrado en su cintura, y el otro chico ropa deportiva short, con una poleron en su cintura, al no tener pecho grande, no uso sostenes, mis pequeñas tetitas estaban duras como piedra, se lograban notar en algo en mi blusa, me decidí a entregarme al 100%, literalmente le entregue el culo al que estaba detrás de mi, me hice más para atrás levantando la cola, él se dio cuenta y encajo su pene con mi trasero, lo que sentí en ese momento, me excito mucho, más por que varios veían como me tocaban y rozaba y me dejaba, podía ver sus bultos crecer se notaba que estaban disfrutando el espectáculo. El hombre detrás mío tenía su miembro erecto pero usaba jeans, casi no sentía su roce, decidí correrme un poquito y quedar con el chico de short, pensé que sentiría mejor con el !Grave error! El chico en short, usaba short con cierre que se pega, y despega… Podía sentir su pene enorme, se me metía en mi entre piernas, me llegaba hasta el medio de mi patita de camelo, se sería muy rico, el chico sacó su miembro podía ver su grande asomarse y esconderse en big beng entre mi entre piernas, apreté mis piernas y lo tenía cautivo en ellas, enloqueció me tomo de la cintura, estaba tan excitada y caliente, el chico me respiraba en mi oído, podía sentir su respiración acelerada, su boca la veía a un costado de mis ojos, tenía labios carnosos, ya estaba apuntó de llegar a mi destino, se me ocurrió la idea más cachonda que podía tener, comencé a mover mi cintura de forma evidente masturbando su miembro capturado en mis entrepiernas, hasta que vi salir su chorro de semen manchándome en algo mi pantalón, debía darle un premio, tomé su mano que tenía en mi cintura, la metí dentro de mí pantalón, por mi delantera, hasta llegar a mi mojada vagina que metiera sus deditos lo hizo, la saque y puse en su boca esos dedos, para que los lamiera, todos miraron lo que hice, incrédulos y excitados, llegó el momento de bajarme

    Me baje muy rápido, totalmente avergonzada del espectáculo que había dado, me saqué la chaqueta para tapar la mancha de semen del pantalón, y corro al baño a limpiarme, mi excitación de lo que había llegado a vivir era muy grande seguía muy excitada, debí quitarme el colales porque era demasiado obsceno que se marcarán los labios de la vagina, me limpie refresque en la estación salí sin ropa interior, al trabajo, pero aún me faltaba tomar un bus para llegar al trabajo, todos llenos, subí a un bus repleto de gente, donde los roces y topones eran inevitables pero debido a lo excitada que estaba eran como si me apretaran los pezones cada roce, mi cuerpo estaba muy sensible, me acomode parada cerca de una puerta trasera del bus, rápidamente un tipo se me puso detrás, ya sabía que se venía… Y si, comenzó a flotar su pene en mi, no podía creerlo, tenía mucho miedo de manchar el pantalón con mis líquidos, me corrí y senté en un asiento, por fin llegué a mi trabajo, tarde lamentablemente, mi jefa me llamó a su oficina, dándome el reto más humillante y grande de mi vida, de estar excitada pase a estar depresiva y humillada, se percató que no tenía sostén levantando la blusa, y que no tenía calzones, al bajarme los pantalones, que era demasiado vulgar venir a trabajar así, me despidieron ese mismo día. Perdí mi práctica en ese sitio por una calentura.

  • Aprendiendo a conocerme y a aceptar mi cuerpo con los amigos

    Aprendiendo a conocerme y a aceptar mi cuerpo con los amigos

    Poco antes de empezar mi relación con Helena, hice amistad con un vecino de la misma calle donde yo vivía llamado Luis. El vino a Bogotá buscando mejores condiciones de trabajo y trajo a su familia y con el tiempo nos hicimos buenos amigos. Su esposa Damaris inicialmente no quería venir a esta ciudad por distintas razones, sin embargo no tenía opción.

    Como éramos vecinos yo iba seguido a su casa y a veces hacíamos planes con su familia.

    Luis y Damaris son un matrimonio con 3 hijas y son oriundos del Urabá antioqueño, una región en la costa caribe colombiana cerca de la frontera con Panamá.

    Fuimos vecinos por espacio de dos años y medio tras lo cual ellos decidieron regresar a su lugar de origen. Después de ese tiempo nuestra amistad estaba bien afianzada y ya éramos como de una misma familia.

    Damaris es una mujer de piel morena, delgada, 1.60 m de estatura, cabello ondulado estilo afro y unos hermosos y brillantes ojos color miel. Luis es moreno, 1.65 m de estatura y cabello corto.

    Algún tiempo después que ellos partieron de regreso quise ir a visitarlos a su casa y programé un viaje para mitad de año.

    Luis tenía entonces 42 años y Damaris 45, yo tenía 26.

    Su pueblo natal y donde estaban viviendo ahora nuevamente es un lugar pequeño y de clima cálido rondando los 30 – 35 grados de temperatura media todo el año, su economía está basada en la agricultura y no es un lugar turístico, tampoco están acostumbrados a recibir visitas de gente de ciudad por lo que cuando esto sucede es visto casi como un acontecimiento. Por su clima veraniego y su idiosincrasia, la gente suele vestir de manera muy sencilla y descomplicada con atuendos ligeros y poca ropa.

    La casa de Luis y Damaris es pequeña y de una sola planta. En el frente tiene un pequeño porche y dos sillas mecedoras. Nada más entrar a mano izquierda está la sala, enseguida la cocina, luego el baño y al fondo un pequeño patio trasero donde colgaban la ropa lavada para que el viento la secara. A mano derecha están las habitaciones, tres en total. Luis y su esposa duermen en la primera habitación desde la entrada, sus hijas en la habitación del medio y a mí me daban la habitación del fondo, que queda justo enfrente del baño y al lado del patio trasero.

    En esta casa la única puerta es la de la entrada, las habitaciones al igual que el baño solo cuentan con una delgada cortina a manera de puerta y cuando el viento sopla se levantan dejando ver hacia el interior.

    La primera vez que fui a visitarlos me costó trabajo acostumbrarme a la poca privacidad de la casa pero para ellos era algo completamente normal pues como mencioné, por el clima cálido no era buena idea colocar puertas o ventanas interiores para que el aire pudiera circular libremente y refrescar la casa, por lo mismo la gente suele andar con ropas muy ligeras, incluso yo permanecía todo el día en la casa apenas con una pantaloneta.

    La gente tomaba el hecho de andar en ropa ligera con toda naturalidad y en el día a día podía darme cuenta de que en todas partes era más o menos lo mismo. Damaris por ejemplo, acostumbraba a vestir con ropas holgadas como vestidos claros de una sola pieza con escote pronunciado y falda un poco encima de la rodilla y una tanga debajo pero sin usar sostén, y con ciertos movimientos que hacía podía verse perfectamente la redondez y el buen tamaño de sus senos a flor de piel, o también podía usar una camiseta con pantalón corto igualmente sin sostén.

    La rutina diaria de mis amigos era simple: Luis salía a trabajar a las 5 am y volvía alrededor de las 3 pm, la hija mayor estudiaba una carrera técnica en el día y regresaba entre las 4 y 5 pm, la segunda hija estaba terminando la secundaria y regresaba pasado el mediodía y Damaris se quedaba en casa con la niña pequeña, preparando el almuerzo y atendiendo los quehaceres de la casa.

    Yo me levantaba por lo general alrededor de las 8 am, rápidamente me quitaba la pantaloneta y me colocaba la toalla en la cintura y pasaba a darme un duchazo mientras Damaris me servía algo para desayunar, después me iba a dar una vuelta por el pueblo con alguno de sus parientes o me quedaba conversando con ella y de vez en cuando echándole una mano con sus tareas.

    Por el calor y la humedad que hace allí, pues este lugar queda cerca del mar y de la selva del Darién, la gente acostumbra a bañarse dos y tres veces en el día.

    A pesar de la comodidad de estar en su casa y de volver a compartir con mis viejos amigos, para mí fue muy traumático desde el primer día acostumbrarme a utilizar un baño prácticamente abierto donde podía quedar expuesto a la vista de cualquier persona de la casa, y de hecho muchas veces me sucedió que mientras estaba tomando una ducha o haciendo mis necesidades, soplaba el viento y levantaba completamente la delgada cortina plástica que hacía las veces de “puerta” del pequeño baño y si en ese preciso momento Damaris estaba en el patio, o justo iba pasando frente al baño, quedaba yo totalmente expuesto ante sus ojos a cosa de tres metros de distancia o menos.

    La primera vez que ella me vio así me dio mucha vergüenza, se me subieron los colores al rojo e intenté taparme angustiado, me hubiera escondido pero estando en la ducha no había adónde ir y ni que decir al día siguiente cuando por accidente me encontró orinando. Eran como las 7 am y yo me desperté porque tenía muchas ganas de ir al baño. Damaris en ese momento estaba en su habitación así que no nos vimos. Entré al baño que quedaba enfrente de mi habitación y empecé a orinar y de repente se levantó esa cortina y ella ya estaba ahí en el patio de frente a mí a unos tres metros de distancia bajando una ropa, volteé a verla y ella también me miró, me saludó normal como si nada y yo quedé en shock. Corté automáticamente el chorro, no podía orinar si ella me estaba mirando, incluso si solo escuchaba el sonido que se hace al orinar, así que tuve que esperar a que ella se retirara de allí para poder terminar de orinar tranquilo, me sentía verdaderamente avergonzado.

    Damaris, que por naturaleza siempre ha sido una mujer muy relajada y descomplicada, que dice las cosas como son, por supuesto se dio cuenta de mis apuros y entendió mi situación, y tomando las cosas con calma me dijo que me tranquilizara y me olvidara de eso, que no había pasado nada. Me explicó que en esa zona del país las costumbres son diferentes de la ciudad, que un cuerpo desnudo no tenía por qué ser necesariamente sexualizado, me dijo que la desnudez estaba un poco más normalizada desde la casa paterna tanto para hombres como para mujeres y que ella aparte de su marido, sus parejas anteriores, un par de amigos y alguno que otro vecino descuidado, también había visto desnudos a sus hermanos y su papá, entonces que no me asustara porque ella estaba segura que yo entre mis piernas no tenía nada que ya no hubiera visto antes, aunque obviamente todo tenía sus límites, tampoco era cosa de andar desnudo todo el día ni todas las veces por la casa, era algo así como un naturismo pasivo, no activo, aceptado implícitamente aunque no promovido abiertamente. Del mismo modo me dijo que tampoco me avergonzara por el hecho de orinar estando ella cerca porque al fin y al cabo es un proceso completamente natural y que no me dejara afectar por eso.

    Ella que ya venía siendo casi como una segunda madre para mí desde que nos hicimos amigos, me dijo que conocía una terapia sencilla para perder el miedo a orinar en presencia de otras personas, que era un proceso paso a paso, y que según ella ya lo había utilizado pocos años atrás con un amigo suyo al que le pasaba lo mismo que a mí. La idea era primero superar el miedo a que alguien mas me escuchara orinar y después hacer lo mismo si en alguna circunstancia alguien pudiera verme en un momento así.

    Primero, ella se ubicaría en un lugar lejano como la sala mientras yo empezaba a orinar normalmente en el baño y luego, mientras íbamos hablando de cualquier cosa, ella se iría acercando hasta la entrada del baño o lo más cerca posible mientras yo continuaba orinando. La idea era que yo fuera consciente que ella me oía orinar mientras hablábamos y aun así no dejara de hacerlo.

    Segundo, ella estaría ubicada en un lugar más cercano como el patio mientras se repetía la operación anterior.

    Tercero, ella estaría justo detrás de la puerta cortina del baño desde afuera haciéndome alguna conversación mientras yo empezaba a orinar.

    Cuarto, ella estaría conmigo en el baño acompañándome desde el principio. Inicialmente ella estaría de espaldas hacia mí pero una vez yo empezara a orinar ella podría acercarse a un lado del inodoro y observarme mientras yo terminaba. También debíamos hablar cualquier cosa en todo momento.

    Quinto y último y más difícil, nos colocaríamos de pie frente a frente a ambos lados del inodoro y hablando de cualquier cosa para ayudar a mantener un ambiente neutral, yo debía bajar mi pantaloneta hasta las rodillas, retraer el prepucio para descapullar el glande y comenzar a orinar delante de ella. Al terminar debía limpiarme con un pedacito de papel, soltar el agua y volverme a subir la pantaloneta.

    Es claro que pude haberme dedicado a orinar sentado pero la idea era vencer esa fobia y para eso en la terapia debía hacerlo de pie.

    No fue nada fácil en realidad, me tomo todos los 15 malditos días que estuve ahí, y aunque fue un poco humillante, fue por mi bien y me ayudo bastante. Poco a poco íbamos avanzando del primer paso al segundo y así progresivamente, cada paso era repetido varias veces para ir afianzándome y perdiendo el miedo para poder pasar al siguiente nivel. Al final el quinto paso logré hacerlo en los últimos 4 días, una o dos veces al día. Fue el más difícil de todos.

    Acepté su propuesta por varias razones: Ya teníamos una buena amistad de tiempo atrás, además por la diferencia de edades y la confianza que había entre nosotros, ella para mí representaba un papel de una madre sustituta o consejera, aparte de eso si se daba el resultado lograría vencer mis temores internos y me ayudaría a estar un poco más seguro de mí mismo, pero en el fondo también obviamente todo este escenario para mí resultaba un poco excitante a diferencia de ella que lo tomaba con toda naturalidad y por las noches podría masturbarme en mi habitación para liberar la tensión pero durante el día intentaba asimilar sus palabras y normalizar la situación.

    Debo aclarar que a pesar de todo y en contra de lo que se pudiera creer, nunca se presentaron situaciones de carácter sexual con ella, las cosas habían sido y fueron tal como me había dicho en ese momento, además ella era 19 años mayor que yo y nunca la vi como objeto de deseo y yo tampoco quería arriesgarme a dañar la amistad y tener problemas con ellos si de pronto me dejaba llevar por mis hormonas.

    Después de todo no me quedaba de otra que aceptarlo pues la situación que me perturbaba seguiría repitiéndose con toda seguridad durante los días que yo estuviera allí y era enfrentarla o seguir dejando que me afectara.

    Decidí entonces seguir asumiendo a Damaris como si fuera mi mamá, oír su consejo, tranquilizarme y tomar las cosas con toda naturalidad así como era costumbre para ellos y la gente en ese lugar.

    A decir verdad yo también pude verla a ella desnuda ocasionalmente varias veces mientras se duchaba puesto que mi habitación quedaba justo frente al baño y como ya había explicado, esas casas no tienen puertas internas ni cortinas en la ventana, y eso también me ayudó psicológicamente a aceptar esa nueva normalidad. En esos momentos ella me decía: “Ves como no pasa nada? Tú también me ves mientras me baño y yo no me asusto por eso. Debes separar el instinto y el deseo de lo básico y de lo natural…”

    A sus 45 años su cuerpo conservaba una muy buena figura aún después de sus tres embarazos, sus tetas eran grandes casi del tamaño de un melón y de un color más claro que el resto de su cuerpo pero conservaban su redondez y no estaban caídas, los pezones negritos y erectos por el contacto con el agua fría aún apuntaban al frente, su zona púbica se encontraba bastante poblada con un abundante vello negro que sin embargo mantenía recortado dándole la forma ordenada de un triángulo invertido y su culo redondo y nalgas firmes dejaban entrever de vez en cuando si la cortina plástica lo permitía y ella estaba en la posición adecuada, un ano ligeramente mas oscuro que el resto de su piel.

    Todo esto parece una locura pero nada hubiera pasado si ese día no hubiera tenido ese accidente con la cortina del baño dejándome en evidencia ante ella.

    Esto pasó durante mi primer viaje de visita a su casa, pero ya hacia el final de las dos semanas que pasé allí había aprendido a restarle importancia al asunto y normalizar mi cuerpo. Ya me daba igual si ella me encontraba sin ropa en el baño o en mi cuarto. Incluso un par de veces tuvimos alguna breve conversación en el patio o en mi cuarto estando yo así como recién llegado al mundo. A la larga esa aceptación de mi noble humanidad sirvió como referente para poder llevar a cabo el quinto paso de la terapia.

    Al final regresé a mi casa y me sentía diferente, casi como si fuera otra persona, con mucha mas seguridad de mí mismo. Definitivamente ese viaje me había servido bastante mas de lo que habría podido imaginar.

    Seis meses después fui a visitarlos por segunda ocasión gracias a unos días acumulados de vacaciones que tenía pendientes por tomar. Para ese momento yo ya había logrado superar cualquier trauma por situaciones bochornosas así que pude sentirme mucho mas relajado y tranquilo que la primera vez.

    Sin embargo en esa segunda visita, un día sucedió algo que por poco echa por el suelo todo mi trabajo de fortalecimiento personal.

    Estábamos ya en el tercer día de ese nuevo periodo de vacaciones y recuerdo que era un lunes porque Luis ya se había ido a trabajar, yo me levanté a eso de las 8 am como siempre, me quité la ropa que tenía puesta y me coloqué la toalla en la cintura, al salir del cuarto encontré a Damaris en la cocina y fui directo a refrescarme con un duchazo, Las dos hijas mayores ya estaban en vacaciones de estudio pero se encontraban en casa de una tía a unos 15 minutos de allí. Todo normal hasta ahí.

    Ya cuando me estaba secando y alistándome para salir, sopló una de las acostumbradas brisas y se volvió a abrir el pedazo de cortina plástica que hacía las veces de improvisada puerta y pude ver a Damaris que estaba en el patio agachada a un lado de la lavadora con una canasta de ropa sucia para lavar. La máquina era una de esas de carga frontal. Ella se encontraba de frente hacia mí y me vio también en ese momento y me llamó al patio para que llevara mi toalla para lavarla de una vez. Estaba todavía en pijama, una levantadora rosada de abotonar mal apuntada que se abría dejándole las enormes tetas casi completamente al aire y un diminuto hilo dental blanco de un material transparente que en esa posición como se encontraba, acurrucada de frente, se podía ver perfectamente el vello púbico y hasta la apertura de sus labios vaginales. Enseguida desvié la mirada para no llegar a caer en tentaciones.

    Para entonces yo ya había logrado superar el trauma de la vez anterior y me sentía más natural y sosegado respecto al tema y empecé a caminar lentamente hacia ella pero con tranquilidad y determinación mientras terminaba de secarme el cabello. Y con un toque de alegría mirándome de pies a cabeza y al verme así caminando tan seguro de mí mismo, Damaris no perdió oportunidad para hacer notar mi cambio de actitud pues ahora me veía calmado y sin complejos y yo agradecí su comentario también con una sonrisa.

    En ese momento yo ya estaba de pie a su lado y le había entregado mi toalla para lavarla y ya iba a devolverme a vestirme en mi cuarto pero entonces me di cuenta de que ella se había quedado mirándome directamente y sin disimulo mis genitales, y me dice con una ligera pero sincera curiosidad que me veía un poco diferente respecto de la vez pasada, que algo había cambiado, que qué cosa me había hecho porque definitivamente no andaba igual que hacía seis meses…

    Yo me sentí sorprendido por su pregunta pues me dio a entender que sí se fijaba en detalles, y nunca me imaginé que iba a recordar cómo estaba yo seis meses atrás. Sin embargo todo seguía bajo un contexto normal como en familia. Ella ahora tenía un grado de confianza sobre mí como si realmente de mi mamá o de mi abuela se tratara y mucho más después que habíamos bajado el telón de la vergüenza sabiendo que el rincón del baño no ocultaba nada y ambos conocíamos ya nuestros cuerpos.

    Reconozco que no soy un tipo dotado, más bien estoy en el promedio, mi pene cuando está flácido mide unos 8 o 9 cm hacia abajo y en erección alcanza 16 cm y no está circuncidado, y para esas épocas yo acostumbraba a mantener mi vello púbico muy largo, de hecho habían pasado más de 7 años desde la última vez que lo recorté y ya debería tener unos 5 cm de largo al estirarlo y me gustaba tenerlo así además que era de color negro, grueso y muy abundante y denso especialmente en la zona encima del pene y así me había conocido ella seis meses atrás, pero esa vez para ese segundo viaje decidí rasurarme únicamente los testículos dejando el resto intacto porque en alguna parte vi un hombre así y me encantó como se veía.

    Entonces estando ella ahí agachada en la puerta de la lavadora y yo de pie a su lado, le expliqué mi nueva moda y con una mano me recogí el pene para que pudiera observarlos bien.

    Cayó en cuenta entonces de mi nuevo estilo y sin dejar de mirármelos, y sin ningún problema alzó una mano para tocarlos y mientras los agarraba con delicadeza entre sus dedos me dijo que se me veían muy bonitos así, que se veían más grandes y redondos y se sentían muy suaves al tacto y que le había gustado mucho el cambio porque nunca antes había visto que un hombre se rasurara únicamente los testículos.

    Luego me dijo que quitara la mano con la que me estaba sosteniendo el pene para poder ver bien todo en conjunto y ensortijando suavemente un mechoncito de mis vellos púbicos en su dedo índice me aconsejó que siguiera manteniendo el resto del vello así porque hacía un buen contraste y se veía muy varonil y masculino y que a ella personalmente le gustaba mas así cuando el hombre conservaba el vello púbico porque era visualmente más atractivo… Cuestión de gustos. Enseguida soltó el mechón y sujetando mi pene sutilmente con sus dedos índice y pulgar echó para atrás el prepucio dejando todo el glande expuesto a la vista y con un gesto de satisfacción me aseguró que así se vería mucho mejor…

    En ese momento me dio risa su comentario y la situación en la que estábamos pues me pareció algo cómico, loco y extraño, sin embargo todo pasó en menos de un minuto y dentro de un contexto familiar, sin índole sexual. No iba a excitarme con una mujer que era casi como mi mamá y que me había enseñado a tener seguridad como para lograr orinar delante de ella.

    Finalmente y mientras aún mantenía retraído mi prepucio con sus dedos y observaba el conjunto, me sugirió contemplar la idea de hacerme una circuncisión al menos por estética porque según ella el glande es la parte mas seductora del cuerpo masculino y que cualquier pene indudablemente se veía mucho mejor cuando llevaba el glande a la vista. Y que también le diría a Luis que se rasurara los testículos porque se veían muy bien.

    Ya en ese punto yo en lugar de sentir excitación me encontraba invadido por la risa. Ella me soltó para terminar de cargar la ropa en la lavadora y repetir lo que ya me había dicho. Se puso de pie y caminamos hacia dentro de la casa, ella venía tras de mí. Al llegar a la cocina y antes de entrar yo a la habitación para vestirme volteó rápidamente para echarme un último vistazo y dijo: “Eso si… Mira como se ve de bonito así, ves como yo tengo razón…?”

    Hasta ese momento no me había percatado pero todavía tenía el prepucio retraído y el glande expuesto. Eso sucede porque al retraer la piel, la humedad de la zona se seca y el prepucio no puede regresar automáticamente a su posición original.

    Me dio risa, le dije que no me molestara más y me fui.

    Los siguientes días sucedió algo completamente distinto a todo y que ni por error hubiera imaginado que podría suceder, pero ese asunto lo narraré en otro capítulo aparte.

  • Una follada paranormal

    Una follada paranormal

    El siguiente relato, es un relato compartido pues prácticamente esta experiencia me la narró una amiga que conozco desde esos años de primaria donde compartimos un aula de escuela. Con el tiempo y ya en esos años de juventud cuando se comienza a descubrir el sexo, con Karen también compartimos una cama en varias ocasiones donde no dejamos nada que no quisimos experimentar.

    Por aquel tiempo la recuerdo como una chica flaca, de cabello quebrantado y oscuro que le cubría toda la espalda; de piel morena clara, de alargado y bonito rostro, de un trasero redondito y con tetas pequeñas. Recuerdo vívidamente cómo me gustaba pegar en los huesos de su pelvis y sentir su conchita apretada y es eso lo que me fascina en follar con una chica flaca.

    Ya en los tiempos de universidad le perdí el rastro por un buen tiempo y después de un poco más de una década nos volvimos a encontrar en la sala de un hospital donde ella laboraba como enfermera de emergencias. Había viajado a ver a unos de mis primos quien se recuperaba de un accidente automovilístico cuando me reencontré con Karen. En ese tiempo tenía ya un par de años de estar viudo y Karen por ese tiempo se había divorciado.

    Ella fue la que me reconoció, pues para mi sorpresa ya no era la misma Karen flacucha que un día me follé, esta mujer había llevado una metamorfosis sorprendente pues aunque seguía siendo esbelta, sus pechos tenían un volumen exquisito y su trasero a pesar de su bata de enfermera era notable. Por lo estresado de su trabajo quedamos en vernos por la noche en un restaurante y de esa manera ponernos al día. Tuvimos una interesante plática donde recordamos esos días de la juventud y esa primera vez que follamos apresuradamente y que Karen idealizaba esos primero orgasmos de su vida. Como nuestro tiempo era limitado y dada la confianza que nos daba el haber estado desnudos juntos, no se nos fue difícil en terminar en un hotel local y redescubrir esos pechos que años atrás había mamado y probar de nuevo esa conchita que me había comido y follado y de sentir ese culo que con el tiempo se había convertido en uno de mayores proporciones y el cual volvía abrir dejándole ir un par de corridas como en aquellos idealizados tiempos. Fue una faena rica, deliciosa, para el recuerdo.

    La parte que hace que escriba este relato, es la experiencia que Karen vive en un tiempo y espacio desconocido para ambos y que de alguna manera le deja una marca a Karen y muchas incógnitas en mi mente. Resulta que un par de meses después de aquel reencuentro y aquella deliciosa follada, recibo la llamada de la madre de Karen y me da a conocer que su hija había tenido un accidente y que estaba hospitalizada. Me hablaba de que estaba en estado de coma y que los médicos le habían recomendado que se le hablara y tocara todo el tiempo posible para estimular sus sentidos. No me pidió que fuera, pero casualmente esto sucedió en un fin de semana feriado y tomé vuelo para la ciudad de Los Ángeles California.

    Cuando entré a su habitación donde estaba entubada, verdaderamente no la reconocía, pues tenía hematomas en su rostro y pequeñas laceraciones. De repente entro la enfermera a cargo a inspeccionar todos los parámetros de sus signos vitales y me dijo con toda seguridad: – Sabe que usted está aquí, pues su ritmo cardiaco de repente se elevó. – También esa enfermera me sugirió que le hablara y que le hiciera masajes en sus brazos y piernas. Y de esa manera me le acerqué y le tomé una de las manos a Karen y comencé a hablarle de esos tiempos de la juventud. Finalmente, el siguiente día regresé por la mañana, pues mi vuelo de regreso era por la tarde, al igual le hice masajes a sus pies, a sus manos y ya para despedirme le di un beso en la frente y le dije al oído: – Ya estarás mejor y te prometo que cuando vuelva, nos iremos por ahí a algún hotel y volveré a comerme esa conchita y tu culito… ah, y quiero que me des una mamada y correrme en tu boquita. – Miré en sus ojos cerrados un movimiento como si fuese a despertar, pero luego pensé que solo era los reflejos de sus músculos reaccionando instintivamente. Salí del hospital y emprendí vuelo hacia mi casa.

    No sabría decir cuantos días después tuve un sueño erótico con Karen. La verdad que estaba sorprendido pues desde mis días de mi pubertad no recuerdo haber tenido un sueño húmedo. A mis 34 años desperté por lo mojado de una corrida que se conllevó por la magia de un sueño o quizá fue algo más. La experiencia con Karen fue tan real que precisamente cuando soñaba que me daba una felación he sentido como me he corrido en su boca y he despertado con el calzoncillo mojado, al igual que me pasó en muchos sueños cuando era un chaval. Lo raro de todo esto, no es solo que la madre de Karen me hablaba por teléfono ese día, diciendo que su hija había despertado, pero lo que con los días Karen me contaría. – Lo siguiente es lo que Karen me contó días después que le habían dado de alta.

    – Recuerdo me subieron a la ambulancia, pero no porque estaba consciente de eso sino porque todo lo miraba por sobre todos ellos… incluso me miraba a mí misma. Me dije… estoy muerta. En ese momento me he ido por los aires hasta entrar en una especie de neblina rojiza, a veces amarillenta o anaranjada… no miraba nada y pensaba: ¿Cuándo miraré la luz blanca? No sé cuánto tiempo pasó en eso de flotar por los aires y de repente te veo entrar por la habitación. Me he querido levantar pero no he podido. Siento que me tienen detenida de mis manos y mis pies. De repente siento que me tocas, pero tus manos se sienten muy calientes… demasiado calientes y siento como una especie de vibración eléctrica que pasa por mi cuerpo. Veo que me das un beso y te acercas a mi oído y me dices que me quieres follar. Ahora me veo amarrada en esa cama y me excita la idea que harás conmigo lo que te venga en gana. Te veo desnudo y yo estoy desnuda y te lanzas sobre mi y me comienzas a besar el cuello y luego los pezones. La electricidad por mi cuerpo fluye con intensidad y es una sensación tan relajante que no recuerdo haber vivido algo así. Bajas a mi conchita y me has dado un oral que me ha vuelto loca… ni la realidad fue tan verdadera a como sentía esa sensación en esta experiencia difícil de entender. He llegado a mi orgasmo, pero no siento tu lengua, siento tu pene penetrándome intensamente que puedo sentir espasmos hasta en la uñas de mis pies. No sé… aquel orgasmo cuánto duró, pero a pesar de que podría decir era un sueño, fue más real que la verdad. Me corrí intensamente que solo podría compararlo con la primera vez que me desvirgaste y me hiciste sentir el primer orgasmo de mi vida, el cual me pareció interminable y difícil de describir.

    En ese mismo sueño Karen tuvo una experiencia que se le hacía difícil de explicarme y cuando me lo contaba parecía que lo volvía a vivir que hasta me dijo que su piel se le erizaba. Pensé que me lo contaba con la absoluta y única razón de provocarme, pero me sorprendió y conmovió el hecho que ella me lo recordara:

    – Sabes… no sé si esto fue un sueño o algo que en otra dimensión haya vivido. Recuerdo que cuando llegaste me hablabas al oído y me recordabas esos días que cuando jóvenes me follabas. Nunca te dije que habías sido tú el que me había desvirgado y cuando me decías que volverías y que nos iríamos a un hotel a follar, me vi a mí misma haciéndote un oral. Recuerdo que estaba amarrada en la cama y tú me asomabas tu pene por arriba de mi cabeza. Podía ver tu tronco con mis ojos, oler tu aroma plenamente y te chupaba el glande mientras tus testículos vibraban en mi frente. Lo raro de todo aquello, que cuando te has venido, yo al igual he sentido un orgasmo y me he preguntado: ¿Cómo ha ocurrido sí no me estoy masturbando? Tenía mis manos atadas con algo en la cama. Te juro que fueron los orgasmos más intensos que he vivido… fueron tan intensos que ellos mismos me despertaron del coma. Luego sentí la ansiedad de respirar pero tenía algo en mi boca que me lo impedía… eran los tubos del respirador artificial. Me han asistido y es cuando me doy cuenta de que estoy en un hospital. Me han removido todo aquello y minutos después he sentido esa humedad entre mis piernas. Por un momento pensé que me había orinado. Como tengo experiencia atendiendo pacientes… he pedido que me lleven toallas húmedas y evitar la pena que otra persona me limpie y, es cuando descubro que aquella humedad no eran orines… era una especie de liquido blancuzco y supe que eran jugos vaginales y es cuando recordé esa intensa follada en otra dimensión.

    Cuando Karen me contaba su experiencia, yo ya me había olvidado de mi sueño húmedo con ella unos días atrás. Luego, con el paso del tiempo de unos meses la fui a visitar. Esta más por decir que terminamos yendo a un hotel. Lo que me llamó mucho la atención de esta nueva experiencia con Karen, es que entrando a la habitación me llegó la sensación de vivir un “deja vu”, al punto que sentí que el tiempo iba mucho más lento. Todo lo de esa habitación me parecía conocido. Recuerdo que al igual al sueño de Karen cuando me hacía un oral en el cual cuando yo me corría ella también se venía sin saber el porqué, hasta en ese momento me impactó lo que días antes me había contado.

    Karen se había acostado en la cama de una manera transversal y yo le llegué a poner mi pene en su boca. Me chupó los huevos he intentó llegar a mi ano, pero luego ella se concentró en mi glande. Recuerdo que todavía tenía su bikini de un color lila, pero lo que me llamó la atención fue una especie de bordado que terminaba en una chonga como cuando uno se amarra un zapato. Era la misma escena que había vivido días atrás cuando desperté por la humedad en mis calzoncillos. Luego supe el por qué Karen había llegado a un orgasmo incomprensible, pues cuando ella chupaba mi glande, yo le tomaba sus bragas en forma de friccionar su conchita. Lo tuve que haber hecho a la perfección para que ella explotara con un orgasmo a la vez que yo me corría. Hasta entonces comprendí que lo paranormal era algo que le debería poner atención, pues todo esto parecía que ya lo habíamos vivido. Desde entonces me decía Karen que se había vuelto multiorgasmica; como sí esta experiencia en su coma hubiese alterado sus sentidos. Me admiré de cómo esta linda chica se corría y desde entonces prometimos que si nosotros siguiésemos solteres o casados, siempre nos buscaríamos para follar a morir en cualquier hotel del mundo.

    De recuerdo me traje ese bikini color lila, pero no lo necesito para recordarme de esta extraña experiencia con esta chica que me la follé en la realidad de las tres dimensiones y quizá con ella y solo con ella hayamos llegado a follar en una cuarta dimensión.

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  • La doctora tetona parte (2)

    La doctora tetona parte (2)

    Estaba nerviosa, yo no decía nada. Ella fue la que hablo «lo que paso el otro día me dejo con mucha culpa, tendría que haber gritado», a lo que yo respondí «me vas a decir que no te gusto?».

    Mi pija se estaba erectando de vuelta y ella se dio cuenta. «No te das cuenta que soy casada, soy una señora mayor y que acá se pueden dar cuenta de lo que hiciste?», «pero no fue así. Y aparte te gusto. Gemías y me pedías más», ella tenía un ambo gris oscuro y encima su guardapolvo blanco.

    Hablábamos sin barbijo. «Veni a mi casa…»le dije. Ella se sentó y estaba muy nerviosa. «Hoy no puedo». Listo, pensé. Quiere más. «Ok, hoy no, pero cuando?». «Mañana, pero solo para conocerte, sin sexo ni nada». Yo me sonreí.

    Ella seguís sentada y yo de pie. Me saque la verga del short. Ella no dijo nada «quiero verte las tetas y que me la chupes» le dije. Se paró y no hico nada. Fue una invitación a que tocara esos pechos, un poco caídos pero enormes y naturales. Le subí el ambo y le baje el corpiño y se las chupe.

    Se dejó hacer. «Sentate, le dije», lo hizo mientras se acomodaba la ropa. Acerque mi pija a su cara «no, no quiero hoy». Empecé a frotarse la en la cara.

    En un momento no aguanto y empezó a chupar. Literalmente le cogí la boca. Cuando estaba por acabar quiso sacársela de la boca pero igual eyacule todo dentro de ella. Después de tragarla me la siguió chapando un poco más. «La tenés re grande… hace mucho que no tengo algo así…». Me limpié con papel que ella me dio y me levante el short. Al otro día volví.

    Continuará…

  • Sexo con una escort

    Sexo con una escort

    Hola con todos, mi nombre es Ricardo actualmente tengo 29 años, por fin tuve la valentía para poder describir mi experiencia sexual con una escort madura siéndole infiel a mi esposa. Espero les guste.

    Esto sucedió hace dos años por agosto del 2020, era un día en el cual me encontraba en casa con mi esposa pero te levantas con muchas ganas de poder acostarte con alguien más, diferente a lo mismo de siempre.

    Antes que nada me describo, mido 1.65 de alto, piel canela, no me considero ni hermoso ni feo sino normal, mi pene mide aproximadamente 17 cm y grueso y soy de contextura un poco gruesa.

    Volviendo al relato, no es que no ame a mi esposa, la adoro y daría lo que fuera por ella adicional que tiene un culo hermoso del cual les comentare en otro relato, volviendo a la historia era un día donde uno se encuentra tan excitado que ni con una buena paja se le quita por lo que comencé a buscar páginas en internet donde habían escorts ofreciendo su servicio, de tanto buscar encontré una chica llamada Anastacia, en la foto no se veía su rostro pero tenía un cuero hermoso, piel morena alta de aproximadamente 1.74 pero lo que me llamaba la atención eran esas tetas enormes y un culo grande y perfecto que solo con verla en fotos se te pone dura.

    La contacté y quedamos en encontrarnos en su departamento, me comentó que su servicio constaba en trato de pareja, sexo oral, vaginal por la hora de servicio lo cual accedí y con una excusa pude salir de casa hacia el departamento.

    Cuando llegue a la dirección indicaba, Anastacia me abrió la puerta, estaba vestida con jean y una camiseta blanca que resaltaban esas tetas grandes y redondas que tiene y el culo se le marcaba perfectamente, entramos y empezamos a subir las escaleras ella delante mío y solo de verle ese culo me moría de ganas de darle una nalgada y comérmelo en ese mismo instante pero me resistí hasta llegar a su habitación, una vez ahí me indicó si tenía algún requerimiento especial de la vestimenta lo cual le indiqué que buscaba algún disfraz si tenía, Anastacia fue hacía el baño y saco uno de marinero que constaba en un gorro marinero, un sostén blanco con azul tipo bikini y una falda del mismo color muy corta que dejaba a simple vista ver su culo y vagina perfectamente depilada.

    Mientras ella se cambiaba, me pidió que tomara un baño lo cual accedí, una vez ahí me desnudé y mi pene ya estaba totalmente parado por lo que comencé a bañarme y vi en la parte de arriba un hilo de Anastacia que ya había usado por lo que me excitó más la ocasión y me empecé a masturbar lentamente oliendo ese rico hilo que tuvo que haberlo usado en otro encuentro la zorra.

    Finalice el baño y cuando salí desnudó Anastacia me esperaba en la cama acostada lista para recibirme pero me sentía un poco nervioso por lo que me dijo tranquilo solo acuéstate y déjame hacer lo mío, vas a disfrutarlo como nunca antes lo has hecho, seguido eso me acosté y empezó a besarme la boca y poco a poco bajo con su lengua todo mi cuerpo hasta llegar a mi pene ya duro como una piedra y comenzó a lamer de a poco, comenzó con el glande pasando su lengua hasta mis bolas chupándolas una por una y dejando sus babas en el camino y con la otra mano empezaba a masturbarme mi pene de arriba a abajo con una delicadeza enorme.

    Se quedó por unos min en mis bolas chupándolas y dejándolas bien ensalivadas por 10 min aproximadamente hasta que Pro y me dijo hoy voy a ser tu perra, seré tu primera escort que te vas a comer y la única zorra que será tuya siempre que quieras por lo que me puso mas excitado y con mi mano cogí la cabeza de la muy puta y la lleve hacia mi pene y le dije cállate maldita perra y habré la boca que hoy vas a comer la mejor verga de tu vida, y se la metí hasta el fondo pro un segundo pensé que iba a vomitar de lo tan fuerte que hice el movimiento pero lo único que hizo fue llenar más de saliva mi verga y empezó con una manada increíble primero comenzó despacio luego fue aumentando el ritmo hasta el punto que estaba por sacar toda mi leche y paro de chupármelo y me dice: todavía no quiero que termines, ahora te toca a ti comerme esta vagina que está esperando que sea complacida. Por lo que se puso en cuatro, abrió un poco las piernas y me dijo: el plato está servido, come a esta perrita. Empecé a lamer esa vagina tan húmeda que se encontraba desde el culo hasta el clítoris, le llenaba de saliva y empecé a meter un dedito en el culo y otro en la vagina pero Anastacia me dijo el culo no lo ofrezco pero no hizo nada para sacar el dedo de ahí por lo que seguí masturbándola hasta sentirla más caliente y lista para mi verga que estaba a punto de estallar.

    Luego de ese sexo oral increíble que nos dimos, me acostó en la cama y me coloco el condón para ella montarse en cima, lo metió de un solo golpe y empezó a moverse fuerte de arriba a abajo mientras me decía cómeme las tetas son todas tuyas chúpamelas sácame todo lo que quieras mientras me la clavas hasta el fondo, eso solo provocaba en mi chupar las tetas como si fuera la primera vez que lo estuviera haciendo hasta que se paró y se metió toda mi ve eh a hasta el fondo y grito ay papi que rica verga tienes me la metiste toda hasta el fondo déjala ahí, la tuvo así por unos min hasta que salió de encima y me pregunto si ya termine, lo cual le indiqué que no aún pero la perra está me saco el condón y lo volvió a chupar para ponerme más caliente lo que me sorprendió fue que luego de eso se volvió a colocar encima y empezó a rozar mi pene con su vagina para que sintiera lo húmeda que estaba, con el roce yo ya no aguantaba más y le empecé a tratar de meter sin condón a mi perrita preciosa mi pene chocaba contra sus labios vaginales y sentía todo lo mojado que estaba hasta que logre meterlo pero lo sacaba ella rápido y me decía no podemos luego me terminas dentro sin embargo tanto fue la excitación de ambos que en otro movimiento le metí de un solo golpe todo mi pene hasta el fondo y empecé a cogérmela como un perra, le decía eres una maldita perra te gusta que te traten así y te den verga a lo cual ella lo único que decía solo métemela y dame leche soy tu puta y para eso pagas, seguimos así por unos 15 min hasta que no aguante más y le llene toda la vagina de semen, Anastacia al sentir eso llego a su orgasmo y grito como una zorra y se acostó en mi pecho.

    Luego saco mi pene de su vagina y encima mío empezó a sacar todo el semen y ponérselo en las tetas para luego darme a mi y probar mi semen con sus fluidos vaginales lo cual estaba delicioso.

    Este fue el primer encuentro de muchos que tuvimos sin que mi esposa se enterara… Espero les haya gustado, me pueden escribir a mi correo alguna chica que desee conversar [email protected].