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  • Un rapidín en el baño

    Un rapidín en el baño

    Hola soy yo de nuevo Alessandra, en esta ocasión les traigo algo corto pero satisfactorio en mi opinión. Ya saben cómo soy, piel blanca, cabello negro y de cuerpo promedio como todas las mujeres en la treintena.

    Después de que mi marido regresara de ese viaje de negocios, la rutina entre mi hijo y yo se volvió un poco más normal a la que estábamos acostumbrados, no podíamos demostrar nuestro amor en la casa con él presente, pasaban los minutos, horas, días y mi marido no nos proporcionaba una oportunidad para tener nuestro momento, al principio podíamos lidiar con la idea de no coger pero realmente quien se rendiría de esos deseos morbosos de ser penetrada por tu propio hijo o en otro caso, de aguantar las ganas de follarte a tu propia madre que luce muy joven para sus 34 años.

    Una noche como cualquier otra despierto a las 3 am para ir al baño y pude ver desde el pequeño pasillo cómo mi marido sigue trabajando a esas largas horas de la noche en su estudio, ya que tenía su luz encendida y sin más entro en el baño a realizar mis necesidades pero en eso pienso un poco en esos momentos mágicos dónde estaba siendo penetrada por mi propio hijo, de tan solo pensarlo hice que me mojará un poco pero para mí buena suerte, cuando salía del baño pude encontrarme con mi hijo y es como si nuestras miradas nos delataran, ambos sabíamos muy bien lo que pasaría y más si mi marido se encontraba en su estudio encerrado, no le dirigí la palabra y solo entre de nuevo al baño, dejando la puerta abierta, esperando lo que sea que pueda suceder, él también sabía lo que quería de su madre, entro al baño y comenzó lo que ambos sabíamos que algún día iba a suceder en esta casa, este o no mi marido.

    Una vez que entra mi hijo, cierra con cuidado la puerta y le pone seguro, nos abrazamos al principio y con algo de dudas sobre hacerlo o no pero me quito las mismas cuando nos empezamos a besar apasionadamente, unos besos que extrañamos por días, besos en las que nuestras lenguas juegan una con la otra, nuestra oportunidad estaba lista y no había que desperdiciarla, mi hijo lo entendió y me volteo a modo qué yo estuviera de espaldas y empezó a masajear mis tetas, esas tetas un poco pequeñas pero con las cuales su madre lo amamantaba, pero yo también empiezo a darle señales de lo que deseo y empiezo a tocarle la pierna, en eso el me desabrocha mi pijama y revela mis tetas con mi sujetador, me lo quita y me las empieza a morder, chupar, besar y masajear, con eso solo podía gemir, no aguantaba mucho esa sensación extraña de que tú propio hijo te esté haciendo eso con tu cuerpo, aun así también no me deje llevar y empecé a buscar ese bulto que se le resaltaba en su short, él no tenía camisa así que también yo aprovechaba y masajeaba su pene y al mismo tiempo si cuerpo, ambos estábamos excitados con esas caricias y besos, me hacía gemir mucho por lo que hacía con mis tetas, no podía gemir tan alto porque se encontraba abajo mi marido y podría venir a revisar que estaba sucediendo pero el solo pensar eso hacía que me calentará aún más.

    Sin pensarlo 2 veces y con dudas me arrodillé para poder darle una buena mamada a mi hijo, como solo tenía un short, solo fue un moviendo rápido y pude ver esos 17 cm que me vuelven loca, se lo agarré con mi mano derecha, inmediatamente sentí sus pulsaciones en su miembro, comenzaba a ponerse firme, rígido y listo para la acción, mi mano izquierda se fue hacia sus testículos, una se la jalaba y sobaba mientras que con la otra apretaba su bulto, no tardó en ponerse en total erección, un descomunal miembro, grueso, largo, cabezón. No aguantaba más las ganas y comencé a metérmelo en mi boca, sentía que me atragantaba, empecé chupándosela lento, realmente me encantaba su sabor, muchos dicen que no lo tienen pero para mí tenía un sabor exquisito, mi hijo solo podía gemir por tal mamada que le estaba dando, también vi como quería más cuando empujó mi cara más al fondo, quería que se la mamará lo más profundo y rápido, así que le metí empeño, se lo hacía más rápido y hasta al fondo mientras él me tocaba y pellizcaba mis tetas, al final se vino en mi cara y me levanté, me apoye en el lavabo, entreabrió mis piernas, paso sus manos por debajo de ellas y se apropió de mis nalgas, me bajo el pantalón de mi pijama, bajo mis pantys, me miró con una cara que me demostraba el intenso deseo que quería calmar en mí por todo el tiempo que tuvimos que esperar para este momento.

    Sentí una presión fuerte en mi sexo, era su pene apuntando directamente en mis labios vaginales, empezó a penetrarme detrás mío, mí respiración me delataba, mis ojos se perdieron cuando sentí a hijo dentro de mi, mi voz estaba entrecortada y sólo se me salían pequeños gemidos que al mismo tiempo tapaba con mi mano para no hacer mucho ruido. Sentí su pene más grueso que de costumbre o solo era yo quien exageraba después de tantos días sin tener intimidad, pero lo que si sabía es que era mejor que la de mi marido, mi hijo continuaba penetrándome de una forma muy desesperada y salvaje, no tuve tiempo de decir nada porque sus manos subieron a mis tetas de nuevo, me las acariciaba, me las apretaba, me las lambía, me manoseaba toda, sin mi permiso, aunque realmente ya no lo necesitaba, pero lo hacía de una forma tan decidida, que yo solo atinaba a dejarme hacer, me tenía sumisa a sus deseos; es mas, estaba sintiendo, suplicando y rogando que me hiciera suya todas las noches de nuevo como esos días en que no estaba mi marido.

    Sus besos, sus abrazos, sus caricias me tenían encendida y mi excitación igualaba a la suya, su pene erecto, duro, lo sentía adentro mío, mientras el ritmo de sus embestidas aumentaba, también lo hacían nuestras caricias, nuestros jadeos, quería tenerlo más adentro, sentir como si me rompiera por dentro, cuando me venían los primeros espasmos del orgasmo, él acelero el ritmo, quería que nos corriéramos a la vez y así fue, nos corrimos al mismo tiempo, notaba su leche caliente dentro de mí, eso era lo que él quería y yo le deje.

    Estábamos cansados y un poco incómodos por el lugar, queríamos volver a hacerlo pero en eso se escuchamos que alguien venía, en efecto era mi marido, él tocó la puerta y me dijo que si tardaría, mi hijo solo podía callarse lo más que podía y yo trataba de hablar sin que se notará mi voz cansada y fatigada, le respondí que si un poco y se marchó para nuestra suerte, mi hijo se vistió lo más rápido que pudo y salió, mientras yo me tomaba mi tiempo para dirigirme a ver a mi marido.

    Espero les haya gustado este corto relato pero como acaba de suceder me pareció muy excitante escribirlo y compartirlo con los que gozamos de las relaciones incestuosas y más si podemos ser atrapados. Cualquier comentario o si quieren tener una plática conmigo les dejo mi correo: [email protected].

  • Desvirgada frustrada

    Desvirgada frustrada

    Avenida Santa Fe y Callao es un barrio de putos. 

    A dos cuadras de allí sobre mano derecha se anunciaba un departamento que atendía hombres, en el rubro 59 hace varios años, luego se eliminó esa publicación que pasó a internet.

    Llamó por teléfono y concertó ir en media hora, tocó timbre en el portero eléctrico y bajo a atenderla una persona joven flaca con barba mediana altura pelo negro. Subieron a un departamento mínimo que a la entrada tenía una cama, pero se veía otro ambiente o la cocina donde había alguien más. «Quien está acá?» Pregunto y le dijeron solo yo.

    Se sentó en la cama, el flaco se acercó parado y abrió su pantalón sacando una pija aún dormida de buen tamaño «querés chupar» le dijo, y contesto «nunca lo hice y no me entusiasma, vamos a hacerlo sin eso».

    «Bueno sácate la ropa y arrodíllate sobre la cama con el culo para afuera», y así lo hizo.

    El flaco dejo caer su pantalón y quedó con pija y huevos grandes al aire, que es lo que veía de refilón porque estaba mirando para el otro lado.

    Sintió un contacto humano, carne contra su carne, suave, y que de golpe esa carne quedó más dura y empezó a pasear entre sus nalgas. «Te gusta así» pregunto y le dijo «si me erotiza mucho».

    «Nunca te cogieron». «No nunca».

    Durante varios minutos fue ese paseo piel con piel.

    Hasta que el flaco posicionó la pija en su agujero y ejerció presión, y él dijo «que lindo, despacio».

    Se alejó y puso un lubricante en sus dedos y los deslizo adentro causando dolor porque estaba tenso.

    Y volvió a apoyar su pedazo que estaba duro como un garrote, hacia pequeños movimientos picando el orto que resistía.

    Y seguía preguntando «te gusta», y la respuesta fue «mucho».

    «Te sentís una mujer o mi puto» y contesto «soy tu puto y tu yegua y quiero esa pija».

    Lo agarro de ambas caderas abajo de la cintura una llave de yudo lo inmovilizo y embistió apretó y produjo un vencimiento leve de la defensa.

    «No no déjame me duele mucho que hiciste saca salí me voy esto terminó».

    El flaco retrocedió un poco, algo, pero siguió en contacto tal vez con la punta adentro antes del esfínter que era el muro.

    «Salí salí no quiero más» le repitió.

    «Ahora ya es tarde, ya sos un puto, ya probaste mi pija, no seas maricón de no soportar un dolor, no te vas a ir sin que te clave».

    Quiso corcovear pero era casi imposible por lo agarrado que estaba y los movimientos bruscos le causaban más penetración y dolor.

    «Aguanta te hago despacio solo apretó hasta que me dejes pasar naturalmente va a ocurrir».

    «Te dije que no»

    «Y también dijiste que si que te gustaba y que eras mi yegua te tengo grabado y filmado», y agrego «Sarita pone el audio para que escuche este puto rebelde».

    Apareció Sarita un trans con unas tetas y pija descomunales, con un celular en la mano que accionó y se oyó: «Te sentís una mujer o mi puto» y contesto «soy tu puto y tú yegua y quiero esa pija».

    «Así que no hay violación aunque te la meta toda ahora y te desgarre. Si te portas bien al terminar borramos todo y si te vas verás esta noche en las redes tu actuación».

    Sarita se puso sobre la cama delante de su cabeza con la pija tocándole los labios.

    «Chupa así lo haces por primera vez y te envícias».

    Miro esa enorme pija delante suyo con el agujerito fluyendo líquido y con un olor particular.

    Ese era su segundo problema el asco adelante y el primero el dolor atrás.

    Instintivamente abrió la boca y dejo que se la arrimen.

    El flaco dijo «nada en silencio, decí dame esa pija que te chupo» y a la vez hizo un movimiento de cadera apretando su pija contra el ano y esfínter lo que provocó un quejido «decí porque será peor sino».

    Y dijo «dame esa pija rica que te la chupo». Así fue, la pija del trans entro en su boca, profunda, salada, caliente, llena de historia de los culos qué habrá visitado.

    En el inicio de la chupada el flaco apretó más aún y la cabeza paso el esfínter provocando un alarido y un movimiento brusco impulsado por el dolor que le hizo salir de la posición y pararse.

    El flaco le dijo «te equivocas, ya sos un bruto puto y desprecias una buena pija que luego vas a buscar y no encontrar, irte medio desvirgado no te rinde». «Si querés terminamos ahora y venís mañana tráeme cien dólares te termino de coger y te hago acabar junto conmigo. Si no venis mira y escuchaste por internet».

    El ya no escuchaba nada se vistió de golpe y fue hasta la puerta, donde Sarita lo agarro de atrás y le apoyo su bulto y puso la punta, que sintió como un bálsamo. Le dijo te espero mañana putito rico.

    Salió del edificio y creía que todos a su paso sabían de dónde venía y que había hecho.

    Tenía gusto a pija en la boca.

    Fue a un bar pidió un whisky y varios tipos lo miraron insinuantes.

    Pero ya era mucho por un día.

    Fin.

  • ¿Esposa infiel?

    ¿Esposa infiel?

    Mi esposa es una mujer muy ardiente y creo que poco a poco ella está descubriendo nuevas sensaciones.

    Todo comienza en una fiesta a la que acudimos mi esposa y yo, transcurría el tiempo y convivimos con amigo y conocidos, pero hubo un invitado en particular que yo note que le prestaba mucha atención a mi esposa, él un hombre más oven que yo, carismático, se hacía notar con sus ocurrencias pero que era del agrado de todos, había música para bailar, solo que él no llevaba compañía, en un momento me pidió permiso para bailar con mu esposa, yo volteé a mirarla a ella para ver su reacción, a mí me sorprendió que aceptara, eso me hizo no perder detalles de sus comportamientos.

    Al son de la música podía ver como el aprovechaba ciertos momentos para acercarse demasiado a mi esposa, podía notarse que le acercaba su verga a mi esposa y ella no se le notaba disgusto alguno, termino el baile y algo le susurró al oído, solo note una pequeña sonrisa nerviosa pues en seguida con su mirada me busco esposa yo me hice el disimulado, yo mismo estaba colaborando de alguna manera con esa situación.

    Seguimos platicando por un rato más y el aprovechaba que mientras yo placaba con algún amigo, él sacaba a bailar a mi esposa veía que el juego de los arrimones prosperaba pues notaba a mi esposa un poco más suelta con él, llego el fin de la melodía y se dirigieron a la mesa donde estábamos situados, seguimos bebiendo pero esta vez note que él ya estaba demasiado ebrio, llego un momento en que empezaba a quedarse dormido, mi esposa estaba sentada a un lado de él y trataba de reanimarlo y pude ver que llego un breve momento en donde ella colocó disimuladamente su mano en la verga del joven pero esta acción no tuvo buenos resultados pues él se quedó dormido, termino la fiesta y nos despedimos de todos.

    Y bueno todo lo ocurrido con el joven quedo en un breve momento intenso, pienso que mi esposa quedó con cierta insatisfacción o desilusión por el joven pues creo que estaba por llegar a segunda base y no pasó de la primera.

  • Me come un maduro, yo solo gocé

    Me come un maduro, yo solo gocé

    Conocer a Fredy fue mi perdición. Fue en una reunión de la empresa de mi novio, Carlos. Yo estaba junto a él charlando con otros compañeros cuando sentí su mirada que recorría mi cuerpo. Gire la cabeza y él sonrió, dijo “hola” bien claro para que lea sus labios y se me acercó.

    —Sos hermosa. Me dijo.

    —Gracias.

    —No entiendo como podes estas aburriéndote con este grupo de bebes. Sos mujer para hombres, no para bebes.

    —Y supongo que vos te consideras un hombre para esta mujer.

    —Por supuesto. ¿Vamos a cenar?

    —Estamos por cenar. Te recuerdo que esto es una cena.

    —¿Vamos a cenar? Me dijo mirándome a los ojos.

    Tengo 26 años y por decirlo suavemente, una prolífica vida sexual, siempre, por elección con sub 30. Este hombre aparentaba tener 50 años. Alto, muy, muy elegante, con un perfume que embriagaba, totalmente seguro de sí mismo, y tremendamente seductor, no era mi tipo. Definitivamente. Creo que acepté su invitación para demostrarle que no todas caíamos rendidas.

    —Le voy a avisar a mi novio que me retiro. Dije mordiéndome el labio.

    —De acuerdo. Nos vemos afuera.

    —Carlos, no me siento bien. Ya pedí un auto así vos podes quedarte. Voy a casa, hablamos mañana.

    —Escuchame, te llevo.

    —No amor, no hay problema. Portate bien, ojo con las chicas.

    —No me jodas. Llamame si me necesitas.

    —Dale, y perdoname.

    Cuando iba para la salida, vi que el hombre con quien iba a irme hablaba con una mujer tremendamente hermosa, de unos 35 años. No me detuve y fui a la puerta. Segundos después apareció él, nos miramos sonriendo, y lo seguí a su auto.

    Accionó el llavero del auto y las luces de un tremendo Mercedes Benz se prendieron. Me acompaño hasta mi puerta y antes de abrirla tomo mi cara y me dio un beso que me dejó temblando.

    —Soy Fredy.

    —Tatiana.

    Subimos y puso música muy suave. Era música soul.

    —Estás particularmente hermosa con ese vestido.

    —Gracias. Vos muy elegante por cierto. Aunque un poco mayor para mi gusto.

    —Dicen que los mejores vinos son los añejos. Se disfrutan más. Su sabor perdura en el paladar.

    —Habrá que probar para comprobar.

    El me miró y sonrió.

    Llegamos a un restaurant donde solo se puede ir con reservación y de un par de semanas por lo menos. Entrego las llaves del auto a un valet parking.

    Me ofreció su brazo, lo tome y entramos.

    —Fredy, buenas noche.

    —Charly, buenas. ¿Todo bien?

    —Ahora que viniste, perfecto. ¿Un champagne?

    —Por favor.

    Nos corrimos un poco a una barra, y nos sirvieron dos copas de champagne.

    —Por una mujer hermosa.

    —Por un hombre encantador.

    Brindamos y me dijo:

    —Espero que no tengas que volver a un horario determinado.

    —Vivo sola. ¿Vos?

    —No. Con mi esposa. La viste.

    —Si, la vi. Una mujer hermosa por cierto.

    —Si. Y muy sensual.

    —Pero…

    —Nada, solo que cuando veo una mujer como vos… no puedo resistirme.

    En ese momento nos indicaron que nuestra mesa estaba disponible.

    —¿Y que tengo yo que hacer que no puedas resistirte? No soy tan linda como tu mujer.

    —No, pero tenés algo… especial. Sensual o mejor dicho, sexual. Segura de sí misma, cómoda entre bebes con los que juega a voluntad.

    —Y vos sos un hombre.

    —Exacto, que cree que puede hacer pasar un buena noche a una mujer como vos. Humildemente lo digo.

    —No noto mucha humildad en vos.

    Nos sirvieron el primer plato y el me miraba, no hablábamos casi.

    —Tengo ganas de sentarte en la mesa, separarte las piernas y chuparte toda. Me dijo provocando que me ahogue con lo que estaba tragando. Y acto seguido, que mi concha se humedezca de inmediato.

    —No creo que a la gente que nos rodea le moleste si lo haces. Dije desafiante.

    —No tengo problemas entonces y se fue a poner de pie cuando lo detuve.

    —No, para. Estás loco.

    No dijo nada y seguimos comiendo. No volvimos a hablar. Entro un muchacho vendiendo flores y le hizo una seña. Le compró un ramo de violetas.

    —Me encantan las violetas, sos especiales, su color, su aroma. Son como una mujer ante su hombre, bien abierta. Me dijo y me las dio.

    —Sos tremendo.

    Luego del postre hizo una llamada que no llegue a escuchar, trajeron dos copas de champagne para que brindemos y nos dispusimos a irnos.

    —Ya le traigo el auto Sr. Fredy.

    —No te preocupes, lo buscamos.

    —Como guste. Aquí tiene las llaves.

    Fuimos al estacionamiento y su auto estaba al fondo. Cuando estábamos junto al auto, me tomo en sus brazos y me dio un tremendo beso, que respondí con todo. Me tomo de la mano, fuimos a la trompa del auto, me levanto el vestido mini que tenía, me saco la tanga y me acostó en la trompa. Todo en segundos. Cuando reaccione estaba chupándome la concha como un hijo de puta. Me volvió loca al instante. Su lengua me recorría del orto al clítoris, entraba en mi concha y me daba un placer tremendo. Yo empecé a gemir con todo. Apretaba su cabeza y lo insultaba. Fueron no más de cinco minutos de locura total hasta que me hizo tener un orgasmo que me dejo temblando.

    —Hijo de puta. Le dije.

    —No terminé. Dijo y me puso boca abajo, con las piernas colgando en el capot.

    Sentí que su pija me penetraba hasta el fondo, se sentía de muy buen tamaño y por como yo estaba mojada, entro fácil. Todavía el capot estaba tibio por el motor, mi cara apoyada en él y mis brazos extendidos. Fredy me bombeaba como animal. Yo había vuelto a excitarme con todo, nunca me habían cogido en un estacionamiento, a la vista de todo el mundo, sobre el capot de un auto. Lo quería matar, pero al mismo tiempo que no deje de cogerme.

    Estallo dentro de mi concha, su semen me quemaba y me provocaba otro orgasmo. Se salió, me ayudo a pararme, y me dio otro tremendo beso.

    —Hijo de puta. Me cogiste bien cogida.

    —Es solo el principio.

    Levante mi tanga que había quedado en el suelo y la guarde en mi cartera. Con pañuelitos de papel me limpie el semen que caía por mis piernas.

    Me abrió la puerta del auto y partimos.

    —¿Volvemos a la cena? Puede que lleguemos para el postre.

    —Ni se te ocurra.

    Siguió manejando y llegamos al mejor hotel de la ciudad. Una torre de 50 pisos. Estacionó en la puerta, entrego las llaves y entramos.

    —Sr. Fredy, buenas noches. La suite esta lista tal como pidió. Dijo un hombre apenas entramos y le entrego la tarjeta de una habitación.

    El ascensor iba directo al último piso. Bajamos y entramos a una Suite impresionante. El cerro lo puerta y haciendo que apoye mi espalda en ella me partió la boca de un beso. Me abrazo, y juntos fuimos a un equipo de audio, puso un pendrive y otra vez música soul muy tranquila empezó a sonar.

    En una mesa había un balde con champagne, una caja de bombones y un plato con cerezas al marraschino.

    Lo siguiente fue estar desnudos en la cama besándonos como locos. Me acariciaba los pechos, apretándolos mientras me besaba, sus dedos jugaban con mi clítoris sin parar, su boca, en mi boca, mi cuello, mis orejas. No paraba un segundo.

    Me puso boca abajo como si yo fuera una muñeca de trapo. Sentí que un líquido caía en mi espalda y luego su lengua que siguiendo el camino del líquido me limpiaba por completo. Era todo lujuria, desenfreno. Separo mis piernas y más liquido cayo en la raya de mi culo.

    Su lengua, caliente, dañina, comenzó a jugar con mi orto, que aunque ya usado, no me gustaba entregar. Pero esa lengua hacía estragos en mi cerebro. Empecé a desear que me penetrara por completo, que me sodomice pero en cambio me hizo poner de rodillas, y tomando la botella de champagne, me ofreció a tomar del pico. Acepte y parte del champagne caía en mi cuerpo.

    Se puso detrás de mí y me penetro la concha, mientras sus manos me mantenían contra su pecho y acariciaban mis tetas y mi clítoris. Yo a esta altura gritaba de placer como una marrana. Los orgasmos no paraban al contrario, cada vez eran más cercanos. Yo extendía mis brazos agarrando su cabeza mientras me besaba el cuello y orejas sin parar.

    Así, de rodillas, penetrada por detrás, siendo franeleada y besada fue que acabó dentro de mí. Bajó de la cama y tomándome en sus brazos me llevo a baño, abrió la ducha y los dos nos bañamos mientras nos besábamos. Estuvimos un rato bajo el agua. Nos pusimos las batas de toalla y chorreando salimos del baño.

    Sirvió dos copas de champagne, tomo la caja de chocolates y tomados de la mano fuimos al balcón de la suite. La temperatura era espectacular. Dos sillones y una mesa sirvieron para que nos recostemos y dejemos las cosas.

    —Como me gusta como gozas, sos espectacular. Me dijo.

    —¿Yo gozo? Vos me haces gozar como loca, sos un hijo de puta.

    —Pero vos te dejas dar placer, es todo más fácil así.

    —Me cogiste en un estacionamiento, sobre el auto. Ahora, aquí, como animal, de rodillas. Falta que me ates.

    —¿Querés?

    —Hijo de puta. Ni se te ocurra.

    Fue decirle eso y que tome el cinto de su bata, me ponga de espaldas y ate mis muñecas en mi espalda.

    Otra vez, era una muñeca de trapo. Se recostó en el sillón y me hizo parar sobre su boca. Me empezó a chupar nuevamente como loco. Yo gritaba de placer mirando como la ciudad dormía desde ese piso 50. Todo era fuente de excitación, el lugar, su boca, estar casi sentada en ella, las manos atadas y sin poder tocarlo. Estaba loca de vuelta. Los orgasmos otra vez hacían temblar casi sin parar mi cuerpo.

    —Fredy, por favor, no doy más. Le dije.

    Creí que era todo, pero sin embargo me hizo sentar sobre su pija. Cuando sentí que me entraba, grite de placer. Me empecé a mover con todo mientras él me chupaba y mordía mis tetas sin parar.

    —Soltame. Le dije.

    —Ni loco.

    No puedo saber cuánto tiempo estuve cabalgándolo. Solo que no fue poco. Nunca en mi vida había cabalgado a un hombre así, con tanta desesperación, tanta excitación, era demencial.

    Finalmente me tomó de la cintura, me mantuvo quieta y el me bombeaba. Así acabo llenándome nuevamente la concha con su semen. Caí sobre su pecho y el me soltó las manos. Tome su cara y le di un beso tremendo. Me abrace a él y me quede dormida en su hombro.

    Desperté por el sol que salía sobre el horizonte. Fredy estaba despierto. Me quede apoyada en su hombro, desnuda, viendo desde el piso 50 como los rayos de sol bañaban la ciudad.

    —Buen día. Le dije un rato después.

    —Buen día preciosa.

    —Sos un hijo de puta. Ningún hombre me hizo el amor tres veces la misma noche, y me hizo gozar tanto.

    —Viste, sos mujer para un hombre, no para un bebe.

    —Desgraciado. Ahora tengo que seguir tirándome a mi novio, ¿Cómo hago para volver a la polenta luego de haber probado el caviar?

    Nos dimos una ducha, nos vestimos y salimos del hotel. En la puerta estaba su Mercedes Benz. Subimos y me deje abrazar por el asiento. Le di mi dirección y me llevo a casa.

    —¿Te voy a volver a ver? Pregunté.

    —Puede ser. Ya sé dónde vivís. Me dijo.

    Bajó del auto, abrió mi puerta y me despidió con uno de sus besos tremendos. Espero que entre a mi edificio apoyado en el auto y luego se fue.

    Me acosté y no podía dejar de pensar en ese “viejito” que tanto placer me había dado.

  • Segundo paso: Preguntas incómodas

    Segundo paso: Preguntas incómodas

    Si gustan leer mi primer relato titulado “¿Qué se necesita para dar el primer paso?” y así poder entender un poco mejor este siguiente relato.

    Bueno, daré un poco más de detalle sobre mi esposa y sobre mí. Si, sé que antes dije que no quiero correr riesgo, pero es parte del morbo y excitación.

    Ella se llama Karla, de 44 años. Es una mujer hermosa, cabello largo (a mitad de la espalda) color negro, ojos negros, boquita hermosa, labios igual de hermosos, pechos agradables (que, a pesar del paso de los años, los mantiene firmes) con una talla de 34 d, poquito llenita (como 72 kilos) mide 1.66 cm de altura, educada a la antigua y muy devota en lo que concierne a la religión. Me llamo Daniel, de 41 años. Ambos profesores de primaria (no diré nuestra ocupación real) pero lo que si diré es que somos del estado de Chiapas (México).

    Como se habrán enterado, estoy pensando entrar en este maravilloso mundo de ser un cornudo. Ella no tiene idea de lo que quiero hacer y menos por su mente pasa que cada que tenemos sexo, me la imagino con otro hombre y gozando de lo lindo. Tampoco sabe que cada que salimos a una plaza, me quedo atrás de ella disimuladamente para confrontar el panorama y ver si algún hombre siente deseo o excitación por verla caminar o en su caso (siendo muy positivo) que alguno se atreva a pasar cerca de ella o verla fijamente o saludarla (deseos, deseos míos).

    Ha pasado casi un año, hemos tenido algunos problemas familiares a causa de la pandemia y eso me ha mantenido alejado de esto, pero mi objetivo sigue siendo el mismo. Las insinuaciones mías han estado presentes muchas veces en estos meses, tanto que apenas hoy (03 de abril del 2022) en esta calurosa mañana tuvimos relaciones y al no tocarla más de lo normal me vuelve a decir que porque no lo hago y me cuestiona que si acaso otro debe hacerlo (risas dentro de mí y una mirada de “la verdad si quiero” y ella se da vuelta y toma su móvil a lo que le comento que lo deje, que le diga a su querido (amante) que ahorita está con su esposo, que más tarde te llame. Solo alcanza a pegarme con la mano en la cabeza y se va de la cama. Yo sonrió y termino de pajearme por lo que ha sucedido.

    Se lo que piensan, no he tenido avances, pero para mí. Seguir diciendo de vez en cuando lo mismo de antes, es sinónimo de que eso ya una frase común para mi devota esposa. Haciendo un recuento de estos meses, he frecuento salas de chat de cornudos y en más de una ocasión me han contactado para llevar a cabo mi deseo, pero al hacerles el comentario de que mi esposa no sabe nada del caso, muchos desisten. Otros son más humanos y me piden mi Skype para ayudarme, pero siempre sin resultado.

    Detalles, detalles. Ella se merece todo lo mejor, lo sé. Y por lo anterior, lo mejor es que un buen corneador debe hacerla gozar como nunca. Sacar esa mujer interior que tiene guardada. Ya me han dicho muchos corneadores, que las más devotas son las más deseosas de sexo (por no decir la palabra con P).

    Ya hemos regresado de comer, ella uso un pantalón de mezclilla y una blusa manga corta color amarillo y unas sandalias cafés. Fuimos a comer un restaurant no lejos de casa, Por unos minutos volví a ser el esposo sin deseos de tener cuernos. Pero fui imposible al tener a mi esposa caminando rumbo al baño y cerrar mis ojos por dos segundos y recordar que en ese lapso que ella va al baño, puede un macho ir tras ella y sin pedirle permiso hacerla gozar, ella regresar a mi mesa y no saber nada de lo que ha pasado. Dios, que excitación, que deseos.

    Ella regresa, y sin pensarlo le doy un beso delicioso. Si, tal vez por la gran excitación que me provoco ese sueño o tal vez para que alguien más la vea y sienta que esa mujer me está besando y provocar en otros hombres las ganas de tenerla. Salimos y sin antes darle una pequeña nalgada, ella sonríe y caminamos. Pero se me ha olvidado dejar la propina, así que regreso. Y veo a un grupo de hombres parado en el mostrador del establecimiento y sin querer me comentan “vaya forma de darle una nalgada” y sonrió y comento “no pasa nada a ella le gusta”.

    Parece tan poco, pero jamás había tenido un contexto sobre mi mujer con otros hombres. Vaya, me sentí aliviado, me sentí dentro de este mundo por unos segundos. Deje la propina y me fui, y solo escuche risas de los hombres, mientras yo regresaba con mi mujercita. En el trayecto a la casa, le dije que la siguiente semana regresaremos a este mismo lugar a comer y ella comenta que si ¿pero por qué? Y solo digo, tiene buen ambiente y creo que nos gustará la siguiente vez.

    Pretendo llevarla la siguiente semana (si todo está bien) y ver si alguien más me hace una charla como la anterior. Quiero modelar a mi esposa delante de todos, como cuando se subasta algo. Y ver si provoco reacciones al sacar la mercancía de su caja. La verdad espero tener muchas respuestas la siguiente vez. Dentro de eso que estoy pensando, me han comentado que puedo usar algo para tratar de calentar a mi mujer ciertas gotas que ustedes ya deben conocer. Esas gotas que suben el calor, la libido, el deseo de una mujer. Y si le doy una dosis pequeña, mientras va al baño de nuevo o antes de que vaya, en su bebida y espero haber que sucede. ¿Eso será de ayuda?

    Espero sus comentarios, gracias por llegar hasta estas líneas finales. Si desean contactarme, pueden hacerlo. Déjenme su mail y con gusto hablamos por Skype para despejar dudas o si gustan más detalles íntimos. Tal vez algunos de ustedes me pueden ayudar o quien sabe, puede ser que alguno de ustedes estrene a mi esposa y me ayude a que mi deseo de ser cornudo llegue pronto. Saludos.

  • Prostituida por mi jefe

    Prostituida por mi jefe

    Lo que me aconteció aquella noche me hizo comprender que había nacido para ser sumisa, ya antes de esta historia les contare que mi jefe me daba ricas cogidas y a cambio me daba excelentes bonificaciones, era tanto así, que en apenas 2 años siendo su asistente logre comprarme un departamento en un área céntrica de la ciudad. Cabe destacar que mi jefe tiene mucho dinero pues su familia es dueña de varias empresas entre ellas dos laboratorios farmacéuticos y varias clínicas privadas en mi país y al morir su padre este heredo todo su imperio económico.

    Frecuentemente tenia sexo con él en la oficina, fanático como ninguno de disfrutar mi culo, le encanta darme mucho sexo anal, supongo que muchas de sus fantasías las desahogaba conmigo ya que su esposa quien también es de una clase social muy adinerada quizás era fría en la cama por lo cual mi jefe disfrutaba tenerme a mí como su puta personal.

    En una oportunidad se acordó que se realizaría una junta importante donde vendrían miembros de una reconocida farmacéutica de los estados unidos.

    El día finalmente llego y allí estaba yo presente detrás de mi jefe como toda una gran asistente; ese día llevaba un vestido ajustado al cuerpo de color vinotinto y aterciopelado, aquel vestido lograba definir mis curvas muy bien, reconozco que tengo una hermosa cola a mis 34 años de edad luzco mejor que muchas jóvenes de hoy día. Aquel día llevaba una micro tanga de color rojo y un brasier del mismo color. Mi jefe me había pedido de antemano que ese día me fuera sexy y elegante y pues creo haber cumplido con los parámetros que me exigió ya que, al llegar a la oficina, me llamo por el intercomunicador y cuando entre a buscar unos documentos a su escritorio me acerque a él y me dio una palmada por mi nalga derecha diciéndome:

    – Que rica estas mi putita, me encanta como se moldea tu enorme y delicioso culo en ese vestido…

    Yo solté una ligera risa y le dije que yo sabía que a él le encanta ver mi culo en vestidos.

    Entramos a la reunión y transcurridas unas 4 horas de conversaciones de negocios y lograr varios acuerdos todos se despidieron y fueron saliendo del salón de juntas. Note desde lejos que mi jefe se acercó a dos de los hombres que venían desde los estados unidos y les comento algo, a lo que ellos acertaron con sus cabezas y sonrieron, posteriormente mi jefe me señaló desde lejos, los hombres me miraron, sonrieron, estrecharon la mano de mi jefe y se despidieron.

    Al volver al piso donde queda ubicada la oficina de mi jefe y mi escritorio, el me llama y me pide que entre a su oficina. Estando allí me comenta:

    – Viste a esos dos hombres con los que estaba hablando luego de terminar la reunión, pues esta noche tendremos una cena con ellos en la suite de su hotel y tú vas acompañarme para amenizar el ambiente.

    Yo de inmediato le conteste que no había problema, no puedo negar que al comentarme eso y llegar a mi mente la cara sonriente de aquellos hombres al verme me dio mucho morbo.

    Mi jefe paso por mi a eso de las 7:30 de la noche y a las 8 ya estábamos abordando el ascensor para subir a la suite. Llegamos y uno de ellos abrió la puerta, el mas musculoso, de inmediato mi jefe le estrecho la mano y él se acercó a mi para darme un beso en la mejilla. Pasamos, nos pusimos cómodos, de lo que pude observar me pareció algo raro un maletín de cuero negro colocado sobre la cama mientras pasábamos al balcón donde sería la cena.

    Cenamos y empezamos a tomar champagne, mi jefe empezó a contar historias sexuales de sus viajes a las Bahamas y cuando estuvo en curazao, los dos hombres norteamericanos que hablamos un español bien fluido también comenzaron a contar sus historias y el ambiente se fue poniendo algo caliente, ya me pasaba por la mente aquella verga dura de esos dos hombres frente a mí, sentados en aquella mesa. Mi jefe comenzó a contar su experiencia conmigo, uno de los dos hombres de nombre Michael, se levantó y fue hasta la habitación de la suite y regreso con 2 fajos de dólares y los tiro sobre la mesa y le comento a mi jefe que si el me daba permiso para que yo tuviera sexo con ellos mientras el miraba. Mi jefe comento.

    – No hay problema Michael, es toda suya, creo que sabrá ella como complacerlos.

    Para nadie es un secreto que los gringos tienen fantasías con los grandes, firmes y duros culos de las chicas latinas. Me levante y mi jefe igual, Michael se acercó a mí y empezó a tocarme el culo por encima de mi vestido, el otro gringo de nombre Robert, se acercó también a mí, dando vuelta y tomándome por la espalda mientras tocaba una de mis tetas. Fue allí cuando Robert me pregunto.

    R: ¿Tienes algún limite perra?

    A lo que yo le respondí, que no tengo problemas en coger con ellos. Michael sonrió y me dijo vamos a la habitación putita.

    Nos fuimos a la habitación y Michael siendo el mas fuerte me tomo y me tiro sobre la cama, ellos comenzaron a quitarse la ropa mientras mi jefe se sentó, en un sillón diagonal a la cama para observar cómo se comían a su secretaria. Robert fue el primero en desnudarse y dejar su pene grande grueso y muy blanco a disposición de mi boca, el tener a esos dos machos calientes frente a mi con miradas de follarme duramente me tenía súper excitada, la micro tanguita que llevaba la tenía súper mojada.

    Empecé a chupar esa enorme verga de Robert mientras Michael se terminaba de quitar la ropa y quedar completamente desnudos, ya teniendo la verga de Robert en mi boca se acercó Michael y empecé a hacerle una paja con mi mano derecha, en ese momento cambie de verga y ufff que deliciosa estaba la verga de Michael un poco mas pequeña de la de Robert pero mas gruesa apenas cabía en mi boca un poco mas de la cabeza de aquella enorme polla.

    Arrancaron mi vestido con mucha violencia dejando mis nalgas al descubierto sobre la cama mientras yo estaba apostada en el borde de aquella cama chupando esas vergas, empezaron a darme palmadas por mis nalgas mientras escupían mi boca para que luego chupara sus vergas.

    R: mmmm que deliciosa esa puta, me encanta su culo, que bien se ve, que opinas de este regalito Michael.

    M: toda una delicia mira su boca como se come nuestras vergas, eres una maldita puta.

    Michael me tomo por el cuello y me levanto de la cama me dio vuelta y quede a 4 patas para ellos, allí estaba mi culito con aquella mini tanguita negra a su disposición, Robert se puse de frente a mi en la cama y lleve su verga a la boca mientras Michael movió la tanguita a un lado y empezó a comerme el culo, mi vagina estaba súper húmeda y al tener aquella lengua viajando entre mi clítoris y mi culo eso me puso mas caliente, soltando ricos gemidos.

    Michael se puso un condón y aplico aceite sobre mi culo diciendo, uff que rico este culo, yes que delicia de culo tienes bitch, y de repente sentí como su gruesa verga iba perforando mi hoyito y luego empezó a embestirme poco a poco aumentando cada vez más su velocidad empecé a gemir mucho sintiendo como esa gruesa verga penetraba profundamente mi culo. Mientras que por mi boca Robert metía su verga hasta mi garganta e intentaba ahogarme apretando mi nariz, casi me venía en vomito haciendo arcadas con mucha saliva, de repente saco su verga de mi boca y me dio una cachetada diciéndome:

    R: Ufff que ricas chupadas de verga da esta putita, voy a follar duramente your face.

    Robert escupió en mi boca y se puso de rodillas en la cama para llegar a mi boca metiendo su verga con brutalidad y follándome duramente hasta conseguir que de mi boca saliera mucha saliva. Mientras atrás Michael embestía con mucha fuerza su verga en mi culo, de repente la saco y me decía:

    M: Open your ass bitch.

    Entendí e hice lo que él me dijo, y sentí como un chorro de aceite caía en mi culo que ya estaba bien abierto por la dura penetración que me estaban dando. Cambiaron de lugar Michael y Robert y ahora Robert iría por mi culo a darme su rica verga, yo en los momentos en que tenía libre mis manos me frotaba el clítoris logrando así acabar un par de veces, Robert empezó a darme nalgadas mientras metía su verga gruesa en mi culo duramente. En mi boca se desahogaba Michael, aumentando las embestidas de su verga hasta casi hacerme vomitar, de repente siento como Robert arranca mi tanguita con mucha violencia y la coloca en mi cuello como si fuera una cadena y empieza a jalarme por el cuello como un caballo mientras Michael me folla la boca sin piedad. Mi jefe mirando en la esquina de la cama se estaba sobando su verga sobre el pantalón.

    M: Ohhh myy God que rica boca tienes maldita perra, chúpame my balls.

    Empecé a chupar sus bolas y a escupir toda su verga mientras él me veía y disfrutaba mucho ese momento, yo no paraba de gemir mientras Robert destrozaba mi culo con un anal muy violento. Cambiamos de posición y Michael se acostó para yo montarme encima de él y empezarlo a cabalgar, Robert se quedó arrodillado en la cama. Michael metió su verga llena de mi saliva en mi vagina la cual estaba súper húmeda, no puedo dejar de recordar aquel momento cuando solo al sentir esa verga entrando a mi vagina y la de Robert entrando a mi culo tuve un gran y delicioso orgasmo.

    Empezaron a darme duro en aquella doble penetración que no puedo negar que me encantaba y que tenía mucho tiempo que no recibía doble polla en mis hoyitos. Robert me daba palmadas en mis nalgas las cuales ya estaban enrojecidas por tanto ajetreo mientras Michael me daba bofetadas en mis tetas, yo suspiraba duro y gritaba pues estaba en aquel trance entre placer y dolor.

    M: Robert creo que ya es hora de que pasemos al plan b.

    Robert saco su polla de mi culo se bajó de la cama y fue a buscar algo, cuando regreso me empezó a poner una mordaza en mi boca junto con una máscara con la cual no veía nada, todo eso lo hacía mientras yo tenía la verga de Michael dentro de mi vagina, luego de eso pusieron una pinza en mi pezón izquierdo a lo que grite duro aunque aquel grito que era casi imperceptible debido a la mordaza en mi boca porque no me esperaba aquello mientras en el fondo escuchaba sus risas a carcajadas colocaron otra pinza en mi pezón derecho colocaron mis manos a mis espaldas y me ataron con cuerdas. Michael siguió follándome duro junto con Robert quien volvió a meter su verga en mi culo bien abierto.

    Luego de estar así por unos 12 minutos calculo yo, me voltearon dejándome montada encima ahora de Robert quien lo escuchaba decir.

    R: My friend (refiriéndose a mi jefe) que rica putita que nos has traído.

    M: Sii mira cómo se come nuestras vergas

    Estando encima de Robert siguieron follándome cuando de repente siento una descarga eléctrica en mis tetas, y es que Michael estaba torturándome con electricidad mientras se reía y me seguía follando así al rato me dio otra descarga en mi abdomen a lo que se me salieron las lágrimas y gritaba fuerte pero no se entendía nada por la mordaza. Robert al estar yo despaldas a él, subida sobre su verga tiraba de las pinzas un poco y me dolía, pero también se sentía excitante, mi cuerpo estaba en otro nivel de placer, sentirme usada por dos gringos me daba mucha excitación.

    Michael me bajo de la verga de Robert me tiro en la cama y me metió toda su verga en mi culo sentándose en mis nalgas, sentía como su polla llegaba hasta mi ombligo y mi vagina estaba a chorros, Robert jugaba con mis tetas y yo no podía ver nada, en aquel momento escuché el sonido del obturador de una cámara y me di cuenta que me estaban tomando fotografías, quise protestar, pero con aquella mordaza mis palabras no se entendían.

    R: Nos llevamos fotos tuyas de recuerdo putita, eyy my friend esta bitch está muy buena.

    M: yes yes yes Robert que Buena que está, mira nada mas

    Me levantaron y me llevaron hasta un sofá donde me volvieron a colocar a cuatro patas, Robert quitó la mordaza de mi boca, dejándola para que fuera el refugio de su verga llena del sabor de mi culo, así estuvimos unos 5 minutos hasta que Robert cambio de posición con Michael y me dijo ya pronto vamos a terminar putita, Michael tomo la garrocha eléctrica y me dio una descarga en mi pezón izquierdo, pegando un grito yo a lo cual él respondió con una bofetada en mi boca diciendo:

    M: cállate perra toma mi verga en tu boca para que dejes de hablar.

    Robert me envestía con mucha fuerza hasta que dijo yeahhh que rico culo que tiene esta perra, se había corrido en el condón y saco su verga y me decía ohhh siii que culo más delicioso tiene esta puta.

    Michael se puso detrás de mí y metió su verga en mi culo enorme ya todo dilatado y empezó a envestirme mientras pisaba mi cabeza contra el sofá, al cabo de unos 2 minutos de una dura y brutal cogida se corrió también…

    M: ohh yesss yesss fuck joder que rica esta bitch. Me encanta tu culo, perra.

    Se quito de encima de mí y me dio dos palmadas en mis nalgas a lo que solté un duro gemido de dolor y placer pues ya estaban enrojecidas, Robert quito de mi cara aquella mascara de cuero que tapaba mis ojos y me dice.

    R: Hello bitch queremos que saques la leche de cada condón y te la tomes todas.

    No me negué a aquel acontecimiento pues era adicta de tomar leche y me daba placer y curiosidad probarle la leche aquellos dos gringos que habían partido mi culo, me tomé lentamente la leche de Robert y luego la de su amigo. Michael me tomo por el cuello y me llevo hacia la cama donde me tiro y me dijo échate perra. Ambos se vistieron mientras yo seguía allí desnuda en aquella cama con la cara llena de leche y mi jefe observando. Antes de irse tomaron 4 fajos de billetes y me los tiraron encima, y sonriendo Michael y Robert se despidieron diciéndome:

    R: Bye bitch nos volveremos a ver pronto, aquí tienes un bono por tus servicios, lo has hecho muy bien.

    M: Nos ha encantado tu culo, te veremos pronto bitch.

    Se retiraron de la habitación y luego empecé a vestirme, mi jefe me dijo lo has hecho bien, te has ganado un buen bono y me has permitido cerrar un buen trato millonario. Me indico mi jefe: en el closet hay otro vestido puedes cambiarte y nos vamos. Ya luego en su vehículo al bajarme frente al edificio donde vivo me dio un sobre que tenía un regalo, como él lo llamó.

    Así fue como aquella noche me follaron el culo dos gringos siendo prostituida por mi jefe.

    Si te gusto este relato, comenta y valóralo para seguir escribiendo.

  • La sumisa definitiva

    La sumisa definitiva

    Todos pasamos por épocas más oscuras. Momentos en los que perdemos tanto el sentido de lo que hacemos, que nos olvidamos de reparar en alguno de los aspectos más básicos de la vida.

    Aquí hemos venido a jugar, a ser felices; y sin embargo, siempre hay momentos de oscuridad, donde nos olvidamos de buscar el verdadero objetivo para vivir con el piloto automático puesto.

    Así que ahí me encontraba yo, en ese punto, con más sombras que luces. Viviendo sin mucho sentido, intentando que los días pasaran rápidos, sin mucho tiempo para pensar. Evitando pensar en el trabajo, el cual ya no me hacía sentir lleno. Aplicando parches día tras día, para evitar encontrar las carencias que me rodeaban.

    Un trabajo que en ese momento no me hacía feliz, una relación rota y un estado anímico bajo derivado del desorden diario que practicaba desde la pandemia, fueron hecho más que suficientes como para replantearme todo.

    Primero fue el cambio en el trabajo, estaba decidido. El dinero no siempre va por delante, y este era uno de esos momentos. Ese cambio provocó un efecto dominó, un cambio en la rutina que llevo a un camino más recto, riguroso, y enfocado a la salud, física y mental. Cambiar hábitos para cambiar tu vida, volver a lo que te hacia ser feliz. 2 de 3 completados, pero entonces llegaron los pensamientos que faltaban.

    En que momento había decidido renunciar a mis gustos? No entendía como había dejado de buscar alguien afín, que me comprendiese. Tras años de relaciones esporádicas, de batacazos sentimentales, de ocultar mis gustos y camuflarlos, llego el momento de replantearse todo… Llevaba mucho tiempo sin practicar bdsm, había cejado en cualquier empeño por encontrar alguien afín, con quien poder ser yo, con quien poder vivir el bdsm. Me había centrado en satisfacer al resto, en ser uno más, que liga de noche, que se va con la primera que pasa. En tener sexo normativo con alguien cuyo nombre desconozco. Pero mi yo interior sabía que eso no funcionaria, que lo que nos llenaba era el conocer, confiar, y pecar. Así que decidí que ahí se terminaría, que esperaría a que ese perfil que necesitaba, se presentase en forma de oportunidad, eso sí con grandes dosis de fantasía y siendo sabedor de la dificultad que entrañaba.

    Y sin embargo, cuando menos buscaba, y cuando fui capaz de renunciar a cualquier encuentro que no aportase lo que yo necesitaba, apareció ella. Casualidades del destino, como si un ente, se encargase de tomar decisiones, fue necesario esperar hasta el momento de abrir los ojos, llegar al límite, para que esa oportunidad que uno solo fantasea apareciese.

    Todo surgió en una conocida red social bdsm, ahí estaba su mensaje. 1 foto, poca descripción, menos información… no era el tipo de perfil en el que uno se fija de primeras.

    – Hola, me llamo Sara. Estoy iniciándome, vi tu perfil y me ha llamado mucho la atención. Te apetece charlar un poco?

    A priori, todo caminaba hacia un perfil falso. Nada más lejos de la realidad, en cuanto comenzó la conversación nunca más pudo terminar. Una sola tarde fue suficiente para mudar la charla a una conocida App. Primeras fotos, primeros audios, primeras sensaciones… Como puede aparecer algo así? Como puedes encontrar, sin querer, una mujer que se adecua a ti de una forma tan grande. Tantas cosas en común… que llegas a no creerlo.

    – Que te llamó tanto la atención de mi perfil?

    – Bueno, un poco todo. Me gustaste tú. Tu descripción me transmitió confianza. Tus fetiches y gustos casan con los míos. Y tu estilo de vida también, eres como yo, no paras, viajas seguido, siempre descubriendo. Eso es lo que más me llamo la atención. Es tan difícil encontrar a alguien que entienda este modo de vida…

    Y no le faltaba razón. Llevaba casi 10 años viajando continuamente. Por trabajo, por ocio, por mil motivos, pero siempre en movimiento. Quizás fue uno de los motivos que me llevó a continuos batacazos, a conflictos emocionales, a sentirme condenado a estar solo… pero también a sentirme vivo. Y entonces apareció ella, con una atracción inevitable. Pequeñita, delgada, morena. Amante de los tacones. Sumisa, de las que aman estar sometidas, pero no entregarse, de las que les gusta sentirse forzadas. Una mujer de carácter, que por dentro nada más que deseaba ser sometida a la fuerza.

    No se cuanta información nos intercambiamos en los siguientes días, pero en breve tiempo nos habíamos conocido, y convertido en inseparables. Hablando cada día, en diferentes momentos. Sobre la vida, sobre el trabajo, escuchándonos, dando consejos… y también con sus momentos subidos, fantasiosos y eróticos. Todo subió de tono y temperatura durante la madrugada de un lunes. Una llamada, y dos horas de continua fantasía. Su yo más privado aflorando, diciendo cosas que solo había llegado a pensar, abriéndose ante un »desconocido», reconociendo aquello de lo que había huido. Ella, mujer fuerte e independiente, deseando ser atada y follada, a la fuerza, sin poder negarse. Ese día la noche acabo con una de las mejores relaciones a distancia nunca realizadas. Y fue ahí donde decidí que tocaba dar el siguiente paso.

    – Hola, como estas? Escucha, me gustaría verte, voy a ir a casa mañana así que no se si te parece bien, pero había pensado en hacer noche ahí y nos podemos tomar un vino…?

    -La verdad me encantaría

    Así que comencé a preparar el equipaje. Será capaz de que pase algo en la primera cita? La verdad que desde el primer momento estaba convencido de llevar juguetes. Ella era novata en el mundillo, y estaba deseando probar, más allá de la fachada dura que trataba de mantener. Nunca había sentido tal confianza con alguien y no lo iba a dejar pasar.

    Así que llegó el día y allí me plante. Check in en el hotel, ducha, y material preparado. Me bajé al bar y allí estaba ella. Vestido azul, escotado. Cuñas azules altas. Y esos ojos de infarto que ya había visto en fotos.

    El click fue instantáneo, pedimos dos vinos y comenzamos a charlar de todo. Fluía esa química que consigue nublarte el imaginario, que te pone en modo avión mientras te imaginas con esa persona. Miradas directas a los ojos que duraban una eternidad, que hablaban por si solas. Hasta que llegó el momento:

    – Te apetece subir? Te puedo enseñar algún juguete?

    – No sé si confió tanto en ti jiji

    – Sino no estarías aquí

    – Me puede más el morbo

    – Pues no se a que esperamos

    Montamos en el ascensor, donde ya no fuimos capaces de reprimir más el morbo. Comenzamos a besarnos como dos adolescentes, mientras palpaba cada rincón de su anatomía. Ella me intento agarrar la cara, pero siendo yo más veloz, agarré sus muñecas fuerte y las lleve a su espalda. La gire bruscamente y la apoye contra el espejo:

    – Mírate! Te ves? Que ves? Ves esa cara que tienes? Te tengo como quiero, y no puedes más que chorrear. Ahora vamos a la habitación y vas a obedecer como la perra que eres. Si?

    – Si, mi señor…

    Llegamos al cuarto y la senté al borde de la cama:

    – Si tienes algún límite es momento de que lo digas…

    – No tengo señor. Como sabe me estoy inici (la interrumpo)

    – Háblame de tu!

    – Como sabes, me estoy iniciando. Desconozco muchas prácticas. No me gusta el dolor extremo ni la sangre. Me gusta dar guerra, y la voy a dar. Asumo el castigo que eso conlleve.

    – Escoge la palabra de seguridad. La que quieras. Si estas amordazada, sacaras aire por la nariz 3 veces muy rápido

    – Mmm rojo, esa será la palabra

    – Muy bien. Desnúdate!

    – No pienso hacerlo. Hazlo tú si quieres…

    – Le tienes cariño a esa ropa? Yo te voy a atar desnuda, de ti depende si lo hacemos fácil, o tengo que arrancártela a tiras…

    – Prométeme una cosa. Prométeme que vas a hacer lo que te plazca, sin juzgar si es correcto o no. Que me vas a forzar sin piedad, y que vas a hacer lo que te apetezca y te haga gozar, y no vas a parar salvo que escuches la palabra.

    – Prometido!

    Ella se desnudó de cintura para arriba, a sabiendas de que el resultado final sería el mismo. Pero yo había ganado la primera batalla. Me acerque lentamente, preparando las esposas en mi mano. Se fue moviendo por arriba de la cama, como un felino que se prepara para luchar, aunque sabía que no podía hacer nada por evitar su destino. Fue un pequeño forcejeo el necesario para tenerla tumbada boca abajo, con las manos en la espalda. Se movió y protestaba, intentando zafarse, pero en cuanto escucho el cierre metálico, fue consciente de su destino. Todavía asimilaba la situación, cuando un aro hueco se alojaba entre sus mandíbulas impidiendo articular palabra ni cerrar la boca. Era un cumulo de sensaciones el que se apoderaba de ella, sintiendo el frio del metal, la presión de las esposas, la mandíbula durmiéndose y la baba comenzando a recorrer su cara.

    Tanto fue así que ni consciente fue de que, en cuestión de segundos, ya estaba desnuda de cintura para abajo. Cuando se quiso dar cuenta, eran las cuñas la única prenda que adornaba su cuerpo. Se movía, miraba en todas direcciones, con esa respiración agotada característica de aquel que está experimentando ese cúmulo de sensaciones. Excitación total, a la par que miedo a lo desconocido. Una situación realmente incomoda que la tenía loca.

    Procedí a inspeccionarla, comprobando con mi mano derecha que la humedad de su vagina era ya más que palpable. Saqué una capucha negra, que impedía cualquier paso de luz, y se la puse. Protestó por la situación, sin obtener nada a cambio, más que otras esposas en los tobillos

    – Me voy a duchar, no te vayas lejos…

    De fondo, se escuchaban murmullos insonorizados. Me duche con calma mientras preparaba su primera prueba. Para ella iba a ser una noche larga, así que la quería bien limpia y preparada. Termine la ducha, y procedí con su parte. Llene una pera lavativa de agua templada, y fui a buscarla a ella. Capucha quitada, pies liberados de calzado y esposas, y procedí a llevarla hacia la ducha. Su cara se estremeció cuando vio ese aparato en mi mano. Sin darle ni una explicación, la puse de rodillas, con su cabeza apoyada sobre la bañera, e introduje el principio del conducto. Su cara cambió, aunque tras mi explicación, cuya única función era evitar que sufriese daño, se mantuvo en posición. Comenzó a notar el agua caliente fluyendo intestino arriba. Calambres recorrían su estómago, pero tenía que aguantarla en su interior. La vergüenza hacia que la aguantase el mayor tiempo posible, lo cual era bueno para mi intención de dejarla bien limpia, aunque llegado un punto, su capacidad se desvanecía y tenía que soltarlo todo. Yo aprovechaba ese tiempo entre evacuaciones para forzar su boca y obligarla a realizarme una mamada. Su cuerpo se debatía entre atender a mi pene rozándole la campanilla, y apretar el esfínter. Hasta en 4 ocasiones repetimos maniobra, momento en el cual comprobé que, tras casi una hora, su intestino estaba más que limpio. Así que solo quedaba un pequeño baño de agua fría y secarla.

    La lleve hasta la cama, y decidí que por ser su primera vez, iba a ser un buen chico. Necesitaba engancharla, que nunca olvidase esa noche, que después de esas sensaciones, no quisiera nunca más volver al sexo vainilla. Así que ese día iba a ver la cara afable del bdsm. Tumbada boca abajo, comencé a jugar con su culo. El lubricante corría perineo abajo hacia su vagina, mientras estimulaba su ano, sintiendo como cada segundo que pasaba, se iba preparando. Entró un dedo, luego dos, luego tres. Sus ojos se cerraban, mezclando gusto, morbo y una pizca de incomodidad, pero empujando sus nalgas hacía mi, pidiendo que eso no cesase. Así que prepare un plug vibrador, lo introduje y lo active. Un calambre recorrió su cuerpo, bailando al ritmo del vibrador, que no paraba de moverse en secuencias que se repetían, y que tenía pila para horas.

    Sin perder más tiempo, le di la vuelta. Me miraba a los ojos pidiendo que eso no terminase nunca, pero no le iba a dar el placer de controlarme con la mirada. Le quite el aro de la boca, que le dejo un rastro de saliva por toda la cara. Aproveche esa lubricación natural para follarle la boca durante un par de minutos. Estaba tan cachondo que la primera corrida se alojó por su boca, provocándole casi un atragantamiento. Ella esperaba paciente a que retirase mi miembro de su boca, y poder esparcir mi semen a lo largo de su cuello y cara, pero no sabía que mis planes eran otros. Así que en un movimiento rápido, le tape la boca haciéndole tragar todo. Antes de poder escuchar su voz, le puse otra mordaza, una de bola esta vez, que consiguió que solo pudiese emitir algún gruñido. A esto le siguió un pasamontañas, con el hueco de los ojos cosidos. Dos agujeros en la nariz y el hueco a través del cual se veía la bola roja que cerraba su boca, eran los únicos orificios de la prenda que adornaba su cara. Lo ajuste bien abajo al cuello, y por encima le puse un collar, el primero que recibía con esa connotación, y que a día de hoy conserva. Cerrado con un candado el broche, sus sentidos se veían limitados a escuchar a duras penas, y sentir, sobre todo sentir…

    Me baje hacia sus piernas, no sin antes dejar dos pinzas en los pezones. El dolor que causaban se fusionaba con el estremecer que el plug en su ano causaba. No paraba de bailar al son del automatismo, sintiendo que un calambre recorría su interior cada segundo, causándole placer como nunca antes. Mientras, mi lengua se enredaba entre los dedos de sus pies, disfrutando de una pedicura de 10, y gozando de un fetiche que me acompañaba desde que tengo uso de razón. Pasaron minutos lamiendo piernas, muslos, plantas de los pies, viendo cómo se retorcía de placer. Cogí un rollo de cinta y ate sus tobillos a sus muslos, de forma que sus piernas ya no podían ser cerradas.

    Ella, que ya estaba al límite, comenzó a gemir como nunca antes cuando mi lengua comenzó a recorrer cada esquina de su vagina. Cuando mi respiración caía directamente sobre su clítoris, al que mi lengua acompañaba. Atada, sin que nadie le hubiese preguntado, por la fuerza, y comida de arriba abajo. Una sensación que no aguanto más cuando un vibrador acompaño a mi boca en las obras que se estaban llevando a cabo sobre su sexo. Fue así que en cuestión de unos segundos, y tras varios espasmos, emitió una corrida, la cual confeso a posteriori que había sido la primera de su vida así, que inundo mi cara y pecho en sus fluidos.

    Sin tiempo siquiera de recuperar la respiración, boca y vibrador seguían trabajando sin descanso. Detrás de la mordaza, gritos que por momentos parecían más de dolor, pero que venían de un placer inigualable nunca antes recibido. Minutos y minutos de un vibrador en el culo, uno en el coño, y una lengua haciendo estragos. Por momentos, los dedos se unían a esta fiesta provocando más y más fluidos a presión, y una mujer retorciéndose de lado a lado, cada vez que, en medio del placer, todos los miembros implicados cesaban actividad, dejándola a medio sentir, para volver a comenzar después. Paradas que suponían un infierno momentáneo, pero que implicaban un clímax digno de otra galaxia.

    No sé cuántas veces llego a eyacular, pero ver a alguien de esa manera, retorcida de placer, entregada por completo… no hay mayor placer. Así que una vez que se atisbaba el final, que la excitación mía era también máxima, procedí a culminar con un encuentro frente a frente que dibujase la esencia de la noche. Pasamontañas fuera, mordaza fuera. El glande a punto de estallar, rozando la entrada de su lugar secreto. Sus caderas empujando con la intención de sentir dentro a la persona que más placer ha logrado en ti nunca. Empecé a entrar, lentamente, sintiendo el calor de sus paredes invadiéndome, y una vez dentro me recosté sobre ella. Comenzó un bombeo agresivo, acompañado de mis ojos mirándola de forma fija como hacíamos horas antes con una copa de vino en la mano. Mi mano derecha sobre su garganta y la izquierda agarrándole el pelo, mientras nos fundíamos en besos interminables, que solo se interrumpían por mi lengua lamiendo toda su cara, mordiendo cada rincón de su cuello. Una corrida con un final exhausto, tumbados uno al lado de otro. Ella, inamovible, todavía atada, luchando por recuperar las fuerzas.

    Ya desatada, y totalmente sometida, me pidió permiso para abrazarme. Fue un rato grande de cuidarse, de mimarse, de mirar por el bienestar de la persona que se había entregado a ti por completo, entregando incluso su seguridad e integridad. A veces, solo unas caricias hacen más que mil palabras. Fue vivir todo aquello que nunca antes había hecho, renunciar al sexo rápido, vacío, sin sentimiento… no se trata de buscar una relación, lo nuestro no lo era. Se trata de que te entregas por completo a alguien y ese alguien a ti, y esa confianza se ve reflejada. Se trata de la complicidad, de la química, no se reduce al amor. Esa persona, que antes dejaba que le follases la boca, ahora es tu mejor amiga, y eso has de cuidarlo. Una ducha juntos culmino esa complicidad. Ella, sumisa como nunca antes, decidió arrodillarse para darme una última mamada, exprimiendo las últimas gotas de mi ser. La noche terminó, los dos nos acostamos, abrazados, como dos amigos que se habían entregado al otro, que habían puesto de su parte para que la otra persona pudiese experimentar sus placeres, con la gran suerte de que ambos se complementaban.

    No sé como terminará esto, qué nos deparará el futuro, pero lo que si supe desde el primer momento, es que era ella lo que faltaba, y que quizás me enseño ella más a mí, de lo que yo nunca le voy a enseñar a ella.

  • El semen del primo de mi esposo

    El semen del primo de mi esposo

    Ni bien terminó el confinamiento por la Pandemia, mi esposo empezó a trabajar mucho. Pude reconectarme con mis dos amigos, a los que podía ver eventualmente. Fueron meses duros, pero ya empezaba a tener una vida sexual agradable. Los meses de enclaustramiento, sólo con el penecito de mi esposo, fueron difíciles, pero pude sobrevivir.

    Ni bien se pudo empezar a viajar, mi esposo me preguntó a donde quería ir. Le dije que donde fuera posible estaría bien. Me hubiese gustado ir a las playas del norte, pero era donde peor estaba la Pandemia. Finalmente, en agosto 2020 conseguimos pasajes para ir cinco días a Arequipa.

    Me pareció súper, había ido algunas veces y siempre me encantó como ciudad. Así que estaba muy contenta. En Arequipa nos hospedamos en un hotel a una cuadra de la Plaza de Armas. Aunque no era temporada de verano, un primo de mi esposo nos dijo para ir a pasar un día a Mollendo, donde él trabajaba y vivía. Mi esposo aceptó y fuimos, con la intención de ir y retornar el mismo día.

    Despertamos, desayunamos, fuimos al terminal de buses y partimos a Mollendo. Como era un día soleado y cálido (a pesar de ser invierno), me puse un vestido corto, un bikini muy conservador y una chompa ligera encima. Llegamos a medio día. El primo de mi esposo nos esperaba en el terminal. Fuimos a su departamento, donde vivía solo, dejamos las pocas cosas que habíamos llevado y nos llevó a Mejía y a un lugar de campiña, donde almorzamos en un restaurante campestre. Regresamos hacia las 3 pm a Mollendo, paseamos por el Malecón y como a las 5 pm, cuando debíamos retornar a Arequipa, le dijo a mi esposo que tenía un pisco en su departamento. Mi esposo, a pesar de no tomar mucho, por cortesía, aceptó.

    Fuimos al departamento y tras unas pocas copas, antes de las 7 pm, mi esposo estaba absolutamente ebrio. Yo tomé quizás la mitad que él y estaba algo mareada. El primo también estaba mareado, pero no como mi esposo. Finalmente, mi esposo se quedó dormido en el sillón. Su primo me dijo para llevarlo a la cama entre los dos. Casi arrastrándolo lo llevamos a su cama. Le saqué los zapatos y le desabroché el pantalón para que este más cómodo.

    En esos trances sentí más de una vez la mano del primo de mi esposo en las nalgas. Como de casualidad. La primera vez que la sentí eso pensé. Pero la segunda y tercera ya fueron claramente intencionales. No protesté pues estaba mareada y para que mentir, caliente.

    Regresamos a la sala y nos sentamos juntos en el sofá. Casi sin decir palabras. Me preguntó si quería tomar otra copa, le dije que no, que estaba mareada. Me ofreció una cerveza “para bajarla”. Acepté.

    Fue a su kitchenette, abrió la refrigeradora y sacó dos latas de cerveza. Volvió y se sentó a mi lado. Está vez más pegado, casi rozando mis piernas. Abrió mi cerveza y me la dio. Abrió la suya y propuso un brindis. Empezamos a conversar. De pronto, sentí su mano sobre mi pierna. No dije nada pues estaba caliente y quería sentir un pene más grande que el de mi esposo.

    Como no dije nada, subió sus manos por mis muslos. Muy rápido sentí sus dedos sobre mi bikini. Me dijo “prima, está húmeda” y buscó mis labios, le respondí. Mi esposo roncaba borracho y eso me daba tranquilidad.

    Mientras nos besábamos, sentí como sus dedos ponían de lado mi bikini. Sentí como separaban mis labios y entraban en mi coño muy húmedo. Sin dejar de besarlo, desabroché su correa, su pantalón, le bajé el cierre y con ayuda de su mano libre pude sacar su pene. Ya lo tenía duro y comencé a masturbarlo mientras él me masturbaba y ambos nos besábamos.

    Sentirlo así grande y duro en mi mano me excitó mucho. Dejé de besarlo y me incliné sobre él y comencé a mamárselo. Me encantaba su grosor y su tamaño. No era inmenso, pero era grande y un tronco perfecto, completamente recto y armonioso. Tras unos minutos de mamársela mientras el gemía y sólo repetía “primita que rico mamas”, decidí ya entregarme a él.

    Me levanté y sin sacarme ni el vestido ni el bikini, que seguía de costado, me senté sobre él. Sentí su pene grueso entrar en mí y comencé a disfrutar como loca. El morbo de sentir los ronquidos de mi esposo borracho me hacía disfrutar más. Sentada sobre él, yo tenía todo el control. Él no se movía, era yo la que me movía y vaya si me gustaba esa situación de ser yo quien tenga el control.

    Comencé a moverme con rapidez de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, sentí venir el orgasmo y aceleré y me vine con salvajismo. Sentí como como chorreaba más sobre él.

    Me dieron ganas de entregarle mi cola también. Pero estaba demasiado cómoda y disfrutando en esa posición. Tuve un segundo orgasmo y tras el mismo me levanté y me senté de espaldas a él. Pensé que el mismo la empujaría por mi cola, pero no, la metió en mi coño nuevamente. Me volví a levantar y con mi mano, sin decirle nada, la acomodé en la entrada de mi cola. Entró muy fácil. Yo tenía el control absoluto. Me levantaba y me dejaba caer sobre su pene. Me sentía muy sucia sobre ese sillón y oyendo los ronquidos de mi esposo.

    Sentí que me llegaba un tercer orgasmo y esta vez por mi cola. Comencé a dilatar y contraer con rapidez y llegamos juntos pues mi excitación lo puso a mil también.

    Sentí su leche caliente llenándome la cola. Ni bien terminamos, ambos nos sentimos como culpables. Me trajo papel higiénico del baño, me limpié un poco, me acomodé el bikini y el vestido. Él se metió al baño, supongo a limpiarse.

    Salió y terminamos las cervezas hablando de la familia. Abrimos dos más, pero manteníamos una distancia amplia en el sofá. Terminando la segunda ronda mi esposo apareció en la sala. No nos habíamos dado cuenta que había dejado de roncar. Seguía mareado, pero ya con posibilidad de partir. Nos despedimos y volvimos a Arequipa, directo a dormir al hotel.

    Al día siguiente me desperté antes que mi esposo. Entré al baño y me di cuenta que había semen sobre mi bikini. Me lo cambié y lo puse en lo más profundo de mi ropa sucia.

  • Sexo con una embarazada

    Sexo con una embarazada

    Tras dejar los estudios universitarios y para compatibilizarlo con las oposiciones para profesor, decidí apuntarme a alguno de los trabajos benéficos que ofrece mi parroquia. Así, al estar casi todos los trabajos de comedor ocupados, acabé en la ayuda a madres solteras. El padre Antonio daba mucha importancia a esta labor, ya que se trataban de mujeres que, pese a las adversidades que tiene hoy en día criar a un hijo sola, decidían ser valientes y traerlos a un mundo cada vez más deshumanizado.

    Mi tarea consistía en ayudar en lo posible a estas mujeres, normalmente entre 7 y 8 meses de embarazo: hacerles recados, ayudarles en casa, llevarles alimentos a las que no pudieran permitírselos comprar, etc. Y sin pretenderlo, viví una de mis mejores experiencias sexuales. En una de las primeras casas en las que estuve, había una chica inmigrante, de piel negra, ojos de color avellana, una larga y rizada melena negra, amplias caderas, una hermosa sonrisa… Poco tiempo después dejé de verla, pues dio a luz y tras nacer el bebé, otra persona de la asociación (una mujer mayor) se encargaba de cuidar a la madre y a su retoño. Me encantaba mirarla, pero nunca llegué a nada con ella.

    La segunda persona a la que atendí sería mi nueva aventura sexual: se llamaba Sandra, y era una antigua compañera de clase de mi hermana mayor. A sus 27 años aún conservaba la belleza que me atraía de adolescente: alta, con unos kilos bien repartidos, tetas grandes, buen trasero, piernas bonitas, ojos azules, una larga y lisa melena rubia… Su embarazo, de 8 meses, le daba un atractivo aún mayor, con su barriga como si estuviera a punto de explotar y sus grandes tetas habían aumentado de tamaño, lo que me hacía fantasear en aquellas primeras semanas en lo duras que estarían y cómo me gustaría mamarlas. Me invitó a pasar a su casa, mientras me decía “Tú eres el hermano de Cristina, ¿verdad?” “Sí, ¿qué tal estás, Sandra?”, le respondí. Le agradó que me acordara de su nombre y posteriormente se puso a preguntarme por mi hermana y cosas así. “¡Cómo has crecido! Recuerdo cuando eras un niño que jugaba en la piscina con su hermana”, me dijo. Ella, en cambio, estaba genial, siempre me han gustado las de su clase, las rubias un poco entradas en carnes de las cuales poder agarrarme.

    Las primeras semanas estuve limpiando su casa, haciéndole la compra y otros menesteres mientras ella se quedaba descansando en casa. Aquella experiencia como voluntario me servía para aprender a apreciar aún más la belleza de las mujeres embarazadas, y comprender el porqué de que el hombre primitivo las venerara como diosas de la fecundidad. Y en el caso de Sandra, que siempre había sido una bella chica, su atractivo se multiplicaba por mil. Me costaba no tener una erección al verla caminar por la casa con tan sólo un camisón blanco, pudiéndose adivinar el color de su ropa interior.

    Siempre había usado catálogos de ropa premamá para inspirar mis fantasías sexuales, o aquellas fotos que determinadas mujeres famosas se hacían desnudas para mostrar su embarazo. Pero no es lo mismo ver a tales mujeres en revistas o en páginas de internet que tenerlas al lado, ya que puedes percibir ese olor a hembra que desprenden, mezclado con sudor. Era, simplemente, una de las experiencias más excitantes que podrías tener en tu vida. Cuando acababa mi tarea, era habitual que fuera con mi coche a un lugar apartado, aparcara y me masturbara pensando en tener a Sandra desnuda y mi lengua lamiendo sus pechos.

    Poco a poco, Sandra y yo comenzamos a tener más complicidad. Me enteré que su pareja le había abandonado tras quedarse embarazada, lo que le había causado un gran dolor, teniendo que enfrentarse, además, a su familia (que veía mal el hecho de haber decidido tener al bebé sin estar casada) y tener que trabajar horas extra para poder ganar más dinero que el que ganaba en su trabajo habitualmente. Consideraba admirable su fortaleza para seguir adelante, y me quedaba embobado escuchando salir aquellas palabras de su boca mientras estaba sentado a su lado tomando algo que me hubiera ofrecido.

    Hubo un momento en que manifestó malestar, “me ha pegado una patada”, me dijo. “¿Sabes ya el sexo del bebé?”, le pregunté. “No, prefiero no saberlo, ¿te gustaría saludarlo?”, y acto seguido, me puso las manos sobre su barriga para que lo sintiera. En aquel momento, sintiendo el tacto de aquella barriga tan dura, se me endureció, y fue todo tan rápido que no pude evitar que me brillaran los ojos con ese contacto, algo que Sandra notó. “¿Te gustaría hacer el amor?”, me preguntó.

    No supe cómo responder, pero ella insistió: “Ya eres un hombre, y la verdad, me pareces muy guapo y me gusta que seas tan solidario con las personas como yo”, comentó, “no pienses que aunque sea madre soltera lo hago con cualquiera, sólo ha habido un hombre en mi vida y era mi expareja. Pero necesito follar, mis hormonas andan revueltas y he leído sobre los beneficios del sexo durante el embarazo. ¿Qué dices?”

    Sandra me habló de cómo el sexo liberaba estrés a las embarazadas, ya que el orgasmo liberaba oxitocina, lo que mejoraba el estado tanto de la madre y del bebé. Así mismo, me habló de cómo ayudaba a la conciliación del sueño, a disminuir los dolores de las contracciones durante el parto, etc. Yo ardía en deseos de follarla, y el hecho de que el sexo tuviera esos beneficios para Sandra y su bebé me motivaban. Por otro lado, no sabía qué pensarían en la parroquia si supiesen que estaba teniendo sexo. ¿Pero acaso la caridad no era una muestra de amor del cristiano hacia el prójimo? Si un abrazo a alguien que lo pasa mal se puede considerar como caridad, ¿por qué no podría ser lo mismo darle sexo a quien te lo pide y más si puedes aportarle un beneficio? Estaba decidido.

    “Sandra, me gustas desde hace años, cuando quedabas con mi hermana para estudiar en casa. Y al verte embarazada mi deseo se ha encendido a la máxima potencia. Estoy dispuesto a hacerte el amor”, le dije. “Dame un momento”, me contestó. Fui a la cocina a llevar una jarra de agua fresca para el dormitorio. Y de repente salió Sandra con su mejor lencería. Una minúscula braguita blanca, que apenas se veía por su enorme barriga y un sujetador con rayas amarillas que resaltaban sus enormes pechos. Nos empezamos a besar y yo notaba lo caliente que estaba Sandra. Pero antes de penetrarla, quise masajear su barrigón. Cogí un bote con aceite de coco y comencé a untárselo en la barriga, masajeándosela lentamente formando círculos con mis manos. Al acabar, volvimos a besarnos mientras le tocaba aquellos pechos. Le quité el sujetador y pude finalmente meterme aquellos pechos en la boca, con sus pezones marroncitos.

    Acto seguido, me quité la camiseta mientras ella me acariciaba el torso y me lamía el cuello. Con una mano tenía uno de sus pechos y con otro le tocaba la barriga. Me bajé los pantalones y mostré aquella erección que apenas se podía contener en aquel slip de color negro. Por un momento solté mi mano sobre una de sus tetas para acariciar sus muslos, para luego volver a acariciar sus cabellos rubios.

    Ese peculiar olor a hembra de las mujeres embarazadas mezclado con el del aceite de coco y el sudor me indicaban que ya estaba todo dispuesto para la penetración. Así que me quité el slip y ella se quitó su braguita y, esta vez sin condón (obviamente, no iba a dejarla embarazada y ambos estábamos libres de enfermedades venéreas), comencé a penetrarla y créeme si te digo que fue una de las experiencias más estimulantes que tuve en la vida y que no tardaría en volver a tener. Sandra se agitaba de placer en cada embestida, mientras le preguntaba si aquello le estaba gustando, pues no quería hacerle daño en su estado. Ella me pedía más y más, y no podía resistir las ganas de correrme, por lo que en un par de minutos me corrí dentro de ella.

    Pero Sandra merecía mucho más, por lo que me serví un vaso de agua, le di a ella otro y decidimos volver al sexo. Antes de ello, me preguntó: “¿Qué fantaseabas con hacerme en aquellos días cuando todavía no estaba embarazada?” “Pues me encantaba tu cuerpo, en especial tu culo, me hubiera gustado tenerlo encima”. Y Sandra se enderezó, se puso de espaldas a mí y se sentó encima mientras se colocaba el pene sobre su vagina y empezó a cabalgarme. “Disfrútame, hazme tuya”, me decía. Con mis manos le agarré los glúteos mientras Sandra me cabalgaba y no tardó en renacer el ardor lujurioso que sentía hacia ella. Aquella penetración mientras veía y sentía su enorme trasero sobre mí me la endureció, pero tardaría más en correrme que la primera vez, dando su merecido orgasmo a Sandra. Tras esto, se tendió junto a mí en la cama y yo le pegué un lametón a su cuello. Nos dormimos abrazados, con mis manos en su barriga.

    No fue la única vez que Sandra y yo teníamos sexo, ya que repetimos en varias ocasiones, lo que aceleró el momento del parto. Aunque yo no era la pareja de Sandra, esta le puso mi nombre a su bebé, que resultó ser un varón, en lugar del que tenía su padre biológico, como tenía pensado, pues yo la ayudé y le di amor mientras el otro la despreció. Nuestros caminos como amantes se separaron, pero no olvidaré que ella sería mi primera amante embarazada, mi diosa Venus de la fertilidad a la que no dudé en honrar con mi amor y mi simiente.

  • Una charla a tiempo salva nuestra pareja

    Una charla a tiempo salva nuestra pareja

    – Te aseguro que fue increíble, una noche para recordar. Mi primer trio con dos hombres, y goce con todo. Hasta intente la doble penetración pero no lo soporte. Pero el resto, guau, me voló la cabeza. Dijo Josefina, Jose.

    – ¿No te estás pasando con lo de la relación abierta? ¿Tu marido sabe lo de anoche? Pregunté.

    – No, lo de anoche no lo sabe. No le pienso decir.

    Como te había dicho, estoy explorando mi sexualidad, tengo 45 años y 20 de casada. Tenía tres caminos: esto, una relación abierta, y disfrutar mi sexualidad al máximo, pero manteniendo mi matrimonio; separarme y disfrutar; la tercera, seguir como estaba, no era opción para mí.

    Jose es mi amiga desde la secundaria, treinta años. Como ella, tengo cuarenta y cinco años. En mi caso, 23 de casada. No me avergüenza decir que Nino es el único hombre en mi vida. Con él perdí la virginidad, y es con el único con el que estuve en una cama.

    – Vos todo bien, ¿y Fino?

    Fino es el marido de Jose, un profesional exitoso, muy lindo tipo, elegante, educado.

    – No sé, no habla de sus cosas.

    ¿Vos no tenes ganas de probar otras cosas, experimentar?

    – No, la verdad es que nunca pensé hacerlo.

    – Nino, ¿traes un par de whisky`s al parque mientras termino de lavar los platos? Le dije a mi marido.

    – Dale, la noche invita.

    – Toma amor. Disfrutalo. Me dijo cuándo me senté en uno de los sillones del parque de nuestra casa.

    – Gracias. Nino, ¿Hablaste con Fino últimamente?

    – Tana, estuvimos juntos los cuatro el domingo pasado.

    – Si, lo sé. Me refiero a hablar, Uds. son amigos, como yo de Jose.

    – Si, hace una semana vino a la oficina y tomamos un café. Me imagino el porqué de tu pregunta. Lo que te puedo decir es que no está muy convencido, aceptó por Jose. Y sí, salió con un par de mujeres, pero te repito, no está muy convencido.

    – Jose esta desatada.

    – Lo sé, él lo sabe y me lo dijo.

    – ¿Qué opinión tenes vos?

    – Sobre ellos y su relación, no opino, no me corresponde opinar.

    – ¿Y sobre ese tipo de relación?

    – Tana, te aseguro que no me atrae para nada. No es algo que necesite en mi vida. Tengo 50 años, y sabes bien que tengo una mentalidad muy abierta, pero considero que no es beneficioso para una pareja.

    – Si yo te lo propusiera no aceptarías entonces.

    – Antes de aceptar o no, te propondría una charla. Una charla muy honesta, muy sincera, usando las palabras que se necesitan, y trataría de entender porque me haces esa propuesta.

    ¿Queres esa charla?

    – No te hice la propuesta, y no pensaba hacerla. ¿Por qué tendríamos la charla?

    – Porque somos una pareja que dialogamos mucho, pero, nunca de nuestro sexo, gustos, fantasías. Y sinceramente, tengo ganas de hablarlo con vos. Te amo, te deseo, y tengo ganas de explorar nuestra sexualidad.

    – ¿No te preocupa llegar a escuchar algunas cosas?

    – No. Prefiero escucharlas en una charla ahora, y no porque nos estamos separando.

    – Me da vergüenza Nino.

    – Dale boluda. Empiezo, me gusta el sexo que tenemos, pero pienso que nos falta ese fuego que teníamos en los primeros años. Y es lógico, pero ahora que estamos charlando veo que podemos cambiar algunas cosas.

    – ¿Qué cambiarías?

    – Nuestra mente. Somos rutinarios. Siempre en casa, siempre en el dormitorio. Nunca ninguno de los dos plantea una escapada de fin de semana para coger como animales en un pueblito. Y no te critico porque también me cabe, vos perdiste la chispa de la ropa interior, ser la gata infernal que eras. Yo, el pícaro que jodía en la cocina, que te regalaba flores sin motivo.

    – Si, nos volvimos rutinarios. Y como decís, dejamos de hace cosas por rutina.

    – Si me preguntas sobre fantasías, fuera de la pareja no tengo. Pero extraño mucho a la gata. Esa mina que era capaz de chuparme la pija y dejarme totalmente hecho mierda. Y así otras cosas.

    – Yo también la extraño, y al bestia que me cogía como loco cuando yo lo volvía loco, o que se metía cuando me duchaba y me chupaba la concha bajo la ducha, haciendo que me tenga que agarrar de las paredes.

    Perdimos las salidas a bailar, a tomar algo y terminar en un hotel aun teniendo nuestra casa.

    Fantasías, si tengo. Me gustaría estar con una mina con vos. Ni sé que haría, pero sos mi hombre, y sé que podes hacernos gozar a las dos fácilmente. Sos un tremendo animal en la cama cuando estas caliente.

    Otra cosa que me ratonea, es comprar algunos juguetes sexuales. Incorporar esas cosas a la pareja. O para mí solita, Jajaja.

    – Yo no tengo problema en eso, incluso ver algunas porno para sacar ideas.

    – Ya lo hice…

    – Bueno, entonces podes enseñarme.

    – No dijiste nada de estar con otra mujer.

    – Tana, dije que no tengo problema. Pero me parece que primero tenemos que recuperar otras cosas para llegar a eso. Con la paja que tenemos los dos ahora, sería un fracaso.

    – ¿No te molesta que juegue con la mujer?

    – No. Y si me estas preguntando si me molestaría que estés sola con otra mujer, no me molestaría. Es una fantasía, y por todos los cambios sociales que tuvimos, la liberación de la mujer, es “normal” la bisexualidad en la mujer.

    – Me cagaste. No me animaba a decirlo.

    – Tana, te conozco bastante.

    – ¿Vos queres estar a solas con otra mujer?

    – Si, con una gata infernal, que sabe perfectamente que cuerdas tocar para hacerme sonar. Una tal Gina.

    – En serio te digo.

    – No Tana. No. Vos sos la única mujer con la que quiero estar.

    – Te amo. Linda charla. Gracias por proponerla, si nos ponemos las pilas, quizás algún día digamos que esta charla salvo nuestro matrimonio.

    – ¿Empezamos? ¿Qué tal si nos cambiamos y salimos a tomar algo?

    – Dale, es una buena idea. No perdamos tiempo ni posterguemos algo que los dos queremos.

    Nos cambiamos y luego de mucho tiempo, me puse una pollera mini y la camisa, la camisa no la abroche donde normalmente lo hago, deje que se entrevean mis pechos. Me maquille, y arregle un poco el pelo.

    – Estas muy linda. Me dijo Nino cuando fui al living.

    – Gracias, vos también estás lindo.

    Entramos a un bar y fuimos a la barra. Siempre la barra fue nuestro lugar preferido.

    – Te lo vuelvo a decir: Estas muy linda.

    – Nino, no te imaginas lo bien que me hace escuchar eso.

    – Nena, veo varios lobos mirándote para atacar.

    – Nena, hace años que no me decís así. Adoro cuando lo haces. Y los lobos, que miren, esta gata tiene dueño.

    Nino me abrazo y me dio un beso hermoso.

    – Perdón, pero este lugar es para mayores, ¿Uds. que edad tienen? Nos dijo un hombre bastante mayor del otro lado de la barra.

    – ¿Pepe? ¿En serio que sos vos?

    – Si, ni el Covid me mató. Cuantos años sin verlos. Y que alegría verlos juntos después de tantos años. Me llena el corazón de felicidad, se los juro.

    – Pepe, vos nos viste nacer como pareja. Dijo Nino.

    – Que lindo verte. En serio. Sos parte de nuestra historia. Dame un beso.

    Pepe dio la vuelta a la barra y vino a saludarnos.

    – No viene más la gente de su generación, y por lo que supe, muchas de esas parejas, ya no existen.

    – Lamentablemente. Y nosotros estamos bien, por suerte. Pero estuvimos charlando y nos dimos cuenta que podíamos estar mejor. Matar a la rutina que mata. Por eso salimos. Hace años que no lo hacíamos. Dije.

    – Bien por Uds. son inteligentes.

    – Ahora que sabemos que estas, nos vas a ver seguido. Promesa.

    – Saben que son bienvenidos.

    Pepe hizo que nos sirvan champagne y brindamos los tres por muchos años de amistad. Cerca de las dos de la mañana nos fuimos y Nino fue derecho a un hotel.

    – Nena, Te deseo. Me dijo ni bien entramos a la habitación.

    – Yo te quiero coger. Pero primero, lo primero. Dije.

    Me puse de rodillas, desprendí su pantalón, lo baje, junto a su boxers. Su pija ya estaba empezando a ponerse dura cuando me la metí en la boca. Me saque la camisa y mi brazier. Sin sacarla de la boca, me saque la mini y la tanga. Volví a sentir ese fuego interior, esa locura que me provocaba esa pija dura por mí. Chupaba desesperada, Nino gemía como loco, me acariciaba la cabeza y hacía que me la meta hasta la garganta.

    Me hizo poner en cuatro patas y me la metió hasta el fondo de mi concha. Me tomaba de la cintura y sus embestidas eran potentes, haciéndome sentir toda su virilidad, su pasión. Paso su mano por debajo de mi cuerpo, y como si hiciera falta, empezó a estimularme el clítoris.

    Ese estimulo hizo que comenzara a mover mi cadera, mi orto se mostraba totalmente libre. Yo llegaba a los orgasmos con facilidad. Después de todo, siempre fui multi orgásmica. Luego de un orgasmo, me hizo acostar de costado, con la pierna que apoyaba en la cama estirada y la otra, flexionada casi sobre mi pecho.

    Es posición no solo le permitía penetrarme totalmente, sino que además sus dedos podían jugar con mi orto, y si lo deseaba, también podía romperme el culo sin esfuerzo, al tiempo que podía apretarme las tetas. Yo estaba loca, volvía a sentir a mi hombre en todo su esplendor.

    – Hijo de puta, como me estás haciendo gozar.

    – Y yo ni te cuento como estoy gozando. Mi gata está de vuelta.

    – Tu gata quiere leche, quiere tomarse toda tu leche.

    – Dale. Tomala.

    Le pedí que se pare, me puse en cuclillas frente a él y puse su pija entre mis tetas y la apretaba, masturbándolo de esa forma. Lo mire a los ojos y mordí mi labio. Se empezó a mover entre mis tetas y me di cuenta que estaba por acabar. Lo empecé a masturbar con la mano y la boca abierta. Fueron tres chorros tremendos, que bañaron mi cara y llenaron mi boca. La chupe con desesperación, hasta dejarla bien limpia. Me tomo de los brazos y me hizo poner de pie.

    – Te amo nena. Sos… la mejor amante que puedo tener. Sos el amor de mi vida.

    – Guacho, tremendo. Como voy a tener ganas de buscar otra cosa, si te tengo a vos. Y de nuevo, gracias por la charla.

    Un rato después, empecé a chuparle la pija nuevamente. Cuando estuvo bien a punto, lo monte, fui subiendo y bajando despacio, sin quitarle la mirada de los ojos, haciéndole saber todo lo que estaba gozando. El acariciaba mis piernas, mis caderas y yo mis pechos. Ahora si me volvía a sentir la gata. Nino se dio cuenta y me lo dijo.

    – Gata, cogeme como te gusta cogerme.

    – Amor…

    Fui aumentando la velocidad, y mi calentura con ella. Dios, otra vez me sentía plena, deseada, vital. Me apoye con las manos en su pecho y le clave las uñas ante un orgasmo tremendo. El me alentaba, apretaba mis pechos y jugaba con mis pezones.

    – Volvió mi gata, que placer.

    – Te amo Nino.

    Dije eso, y me levante para volver a metérmela en la concha, ahora dándole la espalda.

    – Guacho, ese orto es todo tuyo.

    – Tocate.

    Estaba esperando que me lo diga, moría por escuchar esa palabra. Moje un dedo con saliva y fui metiéndomelo lentamente en el orto. Cuando vio que estaba todo adentro, me dio un chirlo en el culo. Si estaba prendida fuego, ese chirlo solo fue más combustible. Me movía como loca.

    No esperaba sentir sus manos tomándome con fuerza haciéndome acostar boca arriba. Ni tiempo de sacar mi dedo del culo tuve que me estaba cogiendo como un animal sobre mí.

    – Nena, te amo

    Pude sacar mi dedo y abrazarlo con todo. Sus estocadas eran tremendas, me tomaba de los hombros para que no me mueva en cada una. Yo le clavaba las uñas sin piedad.

    – Te amo. Te amo.

    Se quedó quieto y se derramo en mí. Su acabada fue bestial, rebalsaba mi concha. Me beso y me hizo ver las estrellas.

    Sin soltarme giró y quede sobre él.

    – Volvimos, mi amor. Dijo Nino.

    – Volvimos.

    La mañana siguiente, mientras Nino trabajaba, salí de compras. Ropa interior nueva, alguna ropa, y pase por un sex shop. Cerca del mediodía fui a su oficina.

    – Hola amor. Vine a almorzar con vos.

    – Tana, buena idea. ¿Esas bolsas?

    Le mostré la bolsa del sex shop.

    – Hoy es viernes… y mi concha lo sabe.

    – Gata, tengo 50 pirulos, me vas a matar.

    – No, te voy a volar la cabeza.

    – ¿Que más compraste?

    – Explosivo. Pero no para esta noche. Esta noche, quiero que me pongas las esposas… y la venda en los ojos…

    – Tengo que seguir trabajando Gina.

    – Yo no te lo impido.

    Me fui de la oficina, después de almorzar directo al gimnasio.

    – Hola Jose.

    – Tana, que carita, parece que te atendieron muy bien. ¿Seguiste mi ejemplo?

    – No, flaca. No lo necesito. Nino…

    – ¿No te aburre siempre el mismo menú?

    Cocinamos los dos, y como cocinamos…