Blog

  • Mi primer trío MHM siendo hotwife

    Mi primer trío MHM siendo hotwife

    Conocí a J. en Instagram, en verano de 2021 desde el primer momento me causo muy buena impresión, se le veía muy educado y caballeroso.

    Me comento que ya había tenido experiencia en el mundo liberal con otras parejas y que el rollito cuckold que teníamos mi marido y yo le ponía mucho. Hablamos acerca de gustos y preferencias y la verdad para los nervios de la primera vez me transmitió bastante tranquilidad.

    Acordamos los roles, sumisión por mi parte y dominante por la suya e intercambiamos algunas fotos hot para conocernos mejor. J. tenía unos 33 años, era muy atractivo y físicamente estaba muy bien cuidado, cuerpo muy atlético y aparte estaba muy bien dotado, todo un partidazo.

    Acordamos quedar un sábado por la tarde ya que al ser padres teníamos que aprovechar la ocasión ya que nos cuidaban a nuestra peque y podíamos darnos este homenaje.

    Nervios antes de dar el paso

    Ya lo teníamos todo apalabrado y decidimos poner fecha y hora a nuestro encuentro, acordamos primero quedar a tomar algo para romper el hielo y ver que tal iba la cosa.

    Tanto a mi marido como a mi nos pareció buena idea que para ser la primera vez, nos sentiríamos mas cómodos si el encuentro se hacía en nuestra casa.

    Estuvimos morboseando con ese momento en varias ocasiones antes de dar el paso y cuando por fin se iba a hacer realidad, estuvimos teniendo sexo salvaje los días antes fantaseando con la idea del trio. Ese día nos reservamos para darnos nuestro gran esperado homenaje.

    Día X.

    Llego el gran día, era un sábado por la tarde y nos citamos en un bar para tomar algo primero y romper un poco el hielo.

    Me vestí con un mono blanco ibicenco de pantalón corto y espalda descubierta, iba sin sujetador y llevaba debajo un tanguita blanco de hilo, me puse unas cuñas con tacón de color negro e iba con un maquillaje muy natural y el pelo suelto.

    Mi marido y yo llegamos antes, nos sentamos en una terraza de un bar y nos pedimos un par de copas mientras esperábamos que llegase J.

    Yo me sentía súper nerviosa, mi corazón iba a mil, sentía el estómago en un puño, no me acaba de creer que fuéramos a dar este paso en nuestra relación, a mi marido también lo note nervioso, aunque él lo disimulaba mejor.

    Por fin llegó J. como decía anteriormente, vestía muy elegante y fue muy respetuoso en todo momento, aunque también lo note un poco nervioso al principio, supuse que era algo muy normal, cuando conoces a alguien en persona, nos saludó, se sentó con nosotros y empezamos a charlar, nos transmitió mas tranquilidad conforme íbamos pasando el rato, charlamos un poco acerca de sus experiencias con otras parejas, nos advirtió sobre utilizar protección cuando se dan estos encuentros, hablamos de lo que teníamos pensado hacer, nuestros límites, y ante todo recalcar que esto se trataba de disfrutar y si en algún momento alguno se sentía incómodo se paraba sin problema… etc.

    Cuando nos empezamos a sentir más tranquilos y nos acabamos la copa nos marchamos a casa.

    Fuimos a por los coches y le dijimos que nos siguiera.

    Ya estamos en casa, ¿ahora qué?

    Llegamos a casa y bajamos al sótano, que es donde teníamos habilitado para pasar nuestros ratitos de placer mi marido y yo.

    Nos sentamos en el sofá J. y yo, mientras mi marido iba a por unas cervezas, estuvimos charlando los tres juntos sentados en el sofá.

    Cuando me quise dar cuenta, J. empezó a acercarse más a mi y a poner su mano en mi muslo y a acariciarlo suavemente.

    Sentí un cosquilleo muy excitante dentro de mi, mi marido estaba visualizando la escena desde cerca, sentado al lado de J. y yo le miraba con una sonrisa nerviosa y picara a la vez.

    J. me indicó que me sentará en medio de ambos, para estar más tranquila y no dejar a mi marido al margen, cerré los ojos, respire y empecé a sentir 4 manos acariciando mi cuerpo por encima de la ropa y que poco a poco fueron profundizando por debajo de ella. Sentía las manos de ambos acariciando todo mi cuerpo y empecé a soltar suspiros de placer, mi marido me empezó a besar, mientras yo tocaba a J. que seguía subiendo de tono acariciando mis partes por debajo de la ropa.

    Nos empezamos a poner burrisimos los tres y de repente noté que mi marido se levantaba excusándose para ir a buscar preservativos al piso de arriba.

    Aquí hay tema… pero vamos!

    Nos quedamos a solas J. y yo, la verdad que dudaba entre seguir o esperar a mi marido, pero J. tomó iniciativa y empezó a besarme y a manosearme.

    Mi marido apenas tardó un par de minutos en bajar con los preservativos sin saber que se iba a encontrar con esa escena, su esposa morreándose con otro hombre, mientras la manoseaban descaradamente. Recuerdo que hizo un comentario en plan: ¡anda que esperáis! buf! con un sutil gemido y a continuación dijo, seguid seguid, mientras se sentaba en una silla a disfrutar del espectáculo.

    J. se quitó la ropa quedándose solo con un bóxer y me ayudo a quitarme el mono blanco que llevaba, me quede solo con el tanguita blanco y las cuñas, me senté encima de él y empecé a frotarme contra su miembro, que a esas alturas ya estaba súper erecto después de haberme estado tocándome y besándome.

    Le seguí besando y cabalgándole primero suave y luego fui subiendo la intensidad en mis frotamientos mientras él me agarraba fuertemente del culo y de vez en cuando me daba algún azote. Mi marido seguía visualizando la escena y de vez en cuando, yo le miraba por el rabillo del ojo para ver su reacción. En su cara pude notar la excitación y le invite a unirse, me levante de encima de J. e hice lo mismo con mi marido, me puse encima de él y me seguí frotando contra él, J. me tocaba e introducía sus dedos en mi vagina que ya estaba empezando a estar súper húmeda.

    Me retiré el tanga y me introduje el miembro de mi marido y le empecé a cabalgar salvajemente mientras besaba a J. y pajeaba su pedazo de miembro.

    Me levante y me puse de cuclillas en el suelo y me dispuse a chuparle la polla a J. empecé con lametones suaves y poco a poco fui introduciéndome toda en la boca, ¡dios mío! era tan grande que apenas me cabía entera.

    Mi marido me acerco uno de mis juguetes preferidos, un vibrador masajeador, al que yo le llamo amorosamente “el micrófono” por su forma tan parecida. Ya me lo dio encendido y todo, así que lo único que tenía que hacer era seguir comiéndome esa polla que me estaba apuntando, bien jugosa, mientras me ayudaba con la otra mano que tenía libre a darme placer en el clítoris con el vibrador.

    Mi marido me acariciaba los pechos desde atrás y me introducía primero sus dedos en mi vagina y luego un consolador.

    Con tal escena yo ya estaba bien caliente después de haberme comido la jugosa polla de J. y estaba deseando probarla dentro de mi, me puse a cuatro patas en el sofá y deje que J. me follará bien duro con sus envestidas mientras me cogía del pelo y me azotaba.

    Mi marido estaba al otro lado mirando, flipando y le dije que se uniera, así, mientras J. me follaba yo le comía la polla a mi marido. Mi marido ya estaba a punto de explotar, y J. se apartó para que mi marido se corriera dentro de mi. Me senté en el sofá completamente abierta de piernas y mi marido se dispuso a metérmela, me dio unas embestidas bien profundas, mientras me susurraba que esto era para castigarme por lo que había estado haciendo con J. hasta que se corrió dentro de mi coño.

    Cuando terminó me limpie la lechita de mi marido e hicimos un mini parón, cuando retomamos fuerzas J. y yo nos empezamos a tocar mutuamente, el me besaba y me ayudaba con el vibrador para volverme a poner a tono, me senté encima suya y empecé a cabalgarle otra vez, estuvimos así unos minutos, hasta que estaba ya exhausta, decidí volver a comerme su polla. Yo terminé corriéndome con su polla en mi boca y con la ayuda de un vibrador. J. no se corrió hasta que tuve mi clímax, le ayudé a correrse mientras él se pajeaba yo le lamia los cojones y le daba lametones en el glande.

    El adiós.

    Exhaustos, por el encuentro y el a ver probado tantas poses, nos dimos cuenta que nada había salido como lo planeado, simplemente fue surgiendo, conforme uno u otro iba tomando la iniciativa.

    Nos tomamos la última copa y nos despedimos.

    Espero que os haya gustado esta experiencia, solo de recordarla y redactarla me he puesto bien caliente jeje.

  • La esposa de mi amigo (5): Furtivo

    La esposa de mi amigo (5): Furtivo

    Fui a revisar mis negocios al sur sabiendo que un tipo se estaba cogiendo a mi señora, seguramente en mi cama. Había espiado los mensajes de mi pareja y su mejor amiga, dejándome muy mal parado. Antes de irme, mi amigo Eduardo me dio una cámara espía que coloque en mi habitación para saber qué es lo que pasaba cuando yo no estaba, no por celos, sino que me calentaba ver a mi mujer ser cogida por otro.

    Una vez al mes pasó dos noches en el sur de la provincia, para no pagar hotel me quedo en la casa de una amiga. La última vez que estuve aquí tuve sexo salvaje con mi anfitriona, Susana una morena de unos 47 años muy bien llevados, con unas piernas que me vuelven loco. Si su hija Mariana se iba de joda por ahí, nos esperaba una noche frenética que me hiciera olvidar el mal trago que estaba pasando en casa.

    Llegué el viernes a las 22 h como de costumbre, Susana y Mariana me esperaban para comer, Susana se fue a acostar primero por un dolor de cabeza que no la dejaba estar, con Mariana nos quedamos charlando hasta las 24 h, la verdad hasta ese momento nunca repare en la chica, 18 años recién cumplidos, pelirroja de ojos verdes, de 1.55 m, muy delgada con un piercing en la nariz, pocas tetas, poco culo pero firme como una roca, con una carita de inocente y tierna que al estar llena de pecas la hacen parecer una nena.

    Cuando estaba empezando a verla con otros ojos, me beso en la mejilla como de costumbre y se fue a dormir. Con Mariana en la casa no podía dar rienda suelta a mi calentura, así que sin más que hacer fui a mi habitación a masturbarme. Para llegar a mi habitación debía pasar por las puertas de la madre y la hija donde al final del pasillo se encontraban dos puertas, el baño y donde yo debía dormir.

    A las 2 de la mañana desperté sobresaltado, seguramente una pesadilla con Roberto y Verónica en mi cama. Me levante medio dormido y me encamine hacia la cocina para beber un vaso de agua, al pasar por la puerta de Mariana, esta estaba un poco abierta, estaba bastante oscuro dentro, encendí la cámara de mi celular tapándola con la mano para que una suave luz entre en la habitación. Pude ver que estaba boca abajo, sus cabellos de un rojo intenso estaban desordenados en la cama, tenía una remera mangas cortas a rayas rosas y blancas de esas que dejan el vientre descubierto, su espalda estaba casi totalmente descubierta, su piel tersa, pálida ante la luz, las sábanas le tapaban las piernas hasta medio muslo, por lo que pude ver un culotte blanco perdiéndose entre los cachetes de ese hermoso culito trabajado. Mi excitación al verla así fue tremenda, toque levemente la puerta para poder ver mejor pero la traicionera hizo un chirrido que me hizo abandonar toda intención, le di un último vistazo, apague mi celular y fui hasta la cocina.

    Que sorpresa encontrarme a Susana tomándose un té a esta hora, entré con una poderosa erección visible a través de mi pantalón me acerque y puse mi bulto frente a su cara, miro mi bulto, me miro a los ojos, dijo que no con los labios sin emitir sonido, yo le sonreí metiendo mi mano dentro del pantalón frotando mi verga a centímetros de su cara, ella seguía con los ojos el movimiento, finalmente la saque y ella desesperada se lo metió en la boca, chupándola mientras trataba de no hacer ruido, pero succionando con fuerza, moviendo la lengua alrededor. Estaba alucinado, no voy a mentir, mientras ella me chupaba la pija como una poseída yo no podía dejar de pensar en la hija. La levanté apoyándola contra la mesa, ella de puntas de pie, con los codos en la mesa, desaté uno de los almohadones de la silla y lo puse entre sus manos. Ella me miro confundida, pero cuando me la empecé a coger con una furia contenida para no mover la mesa ella hundió su cara en ese almohadón para que no se escucharan sus gemidos, debo decir que tuve un gran autocontrol para no nalguear ese culo moreno allí mismo, me mordía los labios para no gritarle guarrerias y definitivamente no podía golpear mi ingle contra sus nalgas para no hacer ruido y despertar a su hija. En ese momento me pareció ver movimiento en la puerta, pero es muy probable que haya sido mi imaginación o un juego de luces o yo que estaba haciendo un gran esfuerzo de autocontrol. Mi dedo pulgar jugaba con su ano mientras mis embestidas a medio entrar la habían llevado a la locura, en un momento pude notar como su cuerpo se tensaba, ambas manos apretaban en almohadón contra su cara y un líquido recorría sus piernas y las mías, se la saque después de que su cuerpo se relajara, ella tirada sobre la mesa tratando de recuperar el aliento me miraba con los ojos que por momentos se ponían en blanco. Cuando se hubo recuperado a medias se sentó y me chupo la pija hasta que le acabé todo en la boca, mirándome con cara de satisfacción se tragó todo y me dijo en un susurro que me fuera que ella iba a descansar un rato. Volví a mi habitación muy relajado con la corta sesión de sexo, todas las puertas de las habitaciones estaban cerradas por lo que mi puerta hizo un leve chirrido que se escuchó en toda la casa.

    La noche del sábado no pudimos hacer mucho tampoco, Mariana se quedó en la casa y estuvo hasta altas horas de la noche mirando películas y chateando con sus amigas, el amparo de su sueño no nos acompañó a Susana y a mi para poder descargar nuevamente nuestra tensión sexual. El domingo volví a ciudad a enfrentar mis problemas con mi pareja y su amante, pero eso ya es otra historia.

  • Carlitos recibe su esperado premio

    Carlitos recibe su esperado premio

    En un principio seríamos 7 los amigos de campamento pero debido a conflictos internos uno no obtuvo todos los votos de la «gobernación» para viajar. 

    En fin, 3 carpas, cañas de pescar, muchas latas de birras, papas fritas, maníes y todas esas cosas «sanas» para acompañar asados y choricitos que compraremos en su momento durante los 10 días de turismo (semana santa).

    Repartimos las carpas en lugares cercanos a los baños y duchas por alguna emergencia. No eran los mejores pero había poca gente alrededor, tenía un parrillero muy cómodo con mesa incluida.

    Esta vez fuimos más precavidos y todos habíamos comprado un colchón inflable que era más chico que cama de una plaza pero estaríamos alejados de piso frio y húmedo que ya habíamos sufrido antes otros años.

    Carlitos era el dueño de la carpa y como no podía ser de otra manera me tocó con él por 2 razones: Éramos compañeros/socios en el trabajo (al menos el actual) y además éramos amigos desde la primaria.

    Llegó la noche, cenamos unos choricitos a las brasas y unas cuantas birras. Cercano a la 23,30 h, Carlitos dice que está cansado y marcha al baño a asearse. Nos quedamos haciendo chistes hasta las 00,55 h.

    Fui a los baños, a asearme y lavar los dientes y marché a la carpa. Dentro habíamos llevado un balde con agua para no salir al exterior por si se nos ocurría alguno hacer pis. Era mediados de otoño y el frío seco con viento del sur era respetable.

    Me desnudo (como siempre donde sea) y en lugar de irme a mi colchón levanto la manta y me acomodo detrás de Carlitos que parecía dormir profundamente.

    ¡Ufff! estaba calentito con olor a jabón, pienso se habría duchado antes de acostarse. Le calzo la verga entre las nalgas y quedo pegado con mi mano derecha acariciando su cadera y parte de su colita. Estoy seguro que se ha despertado (si es que dormía) y le hablo en un susurro porque como todo el mundo sabe, las carpas tienen oído:

    – Hola, ya debes estar despierto y debes estar preguntándote que hago acá.

    – Silencio

    – Bueno, no te enojes, pero te cuento que te vi con el flaco en una de las oficinas vacías del tercer piso del edificio XXXX y el flaco que te tenía ensartado en su pija y vos gozabas como loco.

    – Silencio

    – Espero no te moleste que me coloque aquí, además hace frío y es más fácil calentarse entre dos.

    – Silencio

    Habrían pasado 5 minutos y mi verga estaba al palo pegada a mi abdomen y entre las nalgas de Carlitos que ahora la abrazaba en todo el largo debido a «suaves e insignificantes movimientos».

    Comencé a besarle el cuello al tiempo que mi mano sobre su cadera se deslizó hasta su verga que para mi sorpresa la tenía al palo y goteanado.

    – Ohh! mira como estás viejo, ¡debes tener hambre atrasada!

    Comienzo hacerle una paja «paraguita»** y noto un muy leve movimiento de caderas acompañando.

    – ¿Te gusta? -interrogo sabiendo la respuesta

    – Silencio

    – Si no te gusta dejo acá y sigues durmiendo que debes estar cansadísimo. Repito la pregunta ya amenazando que terminaré el «masaje» de no recibir una respuesta positiva.

    – Si no me sueltas te llenaré la mano de leche en 2 minutos -me dice en un susurro-

    – Andáaa -le digo- que vas a terminar nada y menos me vas mojar con leche.

    No terminé de decir cuando mueve las caderas ya sin disimulo siento que la palma de mi mano recibe un potente lechazo. Dos segundos después otro y así no sé cuantos más porque mi mano llena de leche calentita y espesa corrió el forro al mango para abajo pajeándole todo el tronco llegando hasta los huevos con leche en toda la mano. La mano toda enlechada se desliza gratamente por todas partes produciéndole un goce tremendo. Termina agitado, intentando no hablar y menos gemir lo que goza, pues nuestros amigos pueden escuchar de seguro.

    Yo de pija dura pajeándome entre sus nalgas y mi mano agarrando todo el paquete de Carlitos que trata de respirar más tranquilo mientras continúo con el sube y baja más lento.

    – Estás al palo -me dice-

    – Si, tu colita me la ha dejado dura.

    – ¿Me la querés poner en la puertita y echarme una leche?

    – Si quiero pero mejor esperamos que te recuperes. Chúpamela un ratito.

    – Dale

    – Ojo, no te levantes porque se ve desde afuera, esta carpa no es muy transparente pero la luz que tenemos atrás harán sombras que nos delatará.

    Se gira despacio y se corre debajo de las mantas. Comienza una mamada increíble, le aviso 2 veces que afloje porque me acabo. Me ignora y sigue mamando. Le doy una leche que solo le falta el café para desayuno y el colacao para merienda. Se la toma toda y siento su lengua limpiando mi la cabeza de mi verga mientras su mano me exprime hasta la última gota.

    Termina y se coloca paralelo a mi cuerpo. Nuestras manos juegan con la verga del otro como quien no quiere.

    – ¿Cuántos tíos te están cogiendo? -pregunto-

    – Solo el flaco y nos cogemos mutuamente, porque al flaco también le gusta que lo ensarten en una buena verga. Cuando hacemos un 69 se traga toda la lechita y goza como loco. Fue de casualidad que empezamos -antes que me preguntes- Fue un día que su mujer le cortó los víveres como un mes no recuerdo porque y conversando lo convencí que solo se la chuparía sin pedirle reciprocidad pero ya ves, creo que le gusta más que a mi. Juramos no decirlo a nadie ni salir con otra gente ni mujeres ni hombres, por las pestes ¿viste?

    Seguimos de charla en susurros durante un ratito hasta que el masaje del tronco y los huevos y me la pone dura. Él no se queda atrás, momentos antes ya la tenía al palo de nuevo.

    – Qué linda tenés la pija -me dice mientras me la soba potentemente-

    – La tuya no está mal -respondo-

    – ¿Me vas a llenar la cola de lechita?

    – ¿Querés? ¿Estás seguro?

    – Siii -me dice en un siseo casi- Quiero que la entierres hasta los huevos y dejes la lechita bien adentro, al fondo.

    Acto seguido me da la espalda y como antes le calzo la verga entre sus nalgas para jugar un ratito.

    Mi mano izquierda pasa por debajo de su cabeza llegando a su pecho y mi mano derecha vuelve a su verga. Esta vez estamos súper pegados. Me pajeo entre sus nalgas y siento el agujero de su culo palpitar en mi tronco.

    Como es de menos complexión que yo siento que lo tengo prisionero entre mis brazos y manos y lo presiono contra mi cuerpo amasándole las tetas y sobándole la verga. Está totalmente entregado y veo que desea sentir el trozo de carne en su agujero.

    – No sigas que me acabo -me dice suspirando-

    Muevo mi mano hacia mi verga para mandársela a guardar cuando recuerdo que debo que cerrar la puerta de la carpa por dentro porque corremos el riesgo que en la mañana alguno de nuestros amigos haga acto de presencia para despertarnos y es muy posible nos encuentre en pleno sueño o en pleno 69 o andá saber.

    Me levanto rápidamente y pongo el seguro de la puerta que queda trabada con el piso.

    Regreso y me coloco detrás para retomar el trabajo.

    Me pega 3 chupadas en la cabeza de la verga, nos cubrimos con la manta, me da la espalda y listo para recibirme. Veo, noto que su verga sigue al palo.

    Pongo saliva en mi verga, otro poco en su agujero que sobo y le acerco la pija al agujero ansioso.

    Empujo, empuja. Insistimos pero está difícil.

    La carpa es del tipo «iglu» para 2 personas muy pequeñita así que mi bolsa de viaje está al alcance de la mano y en los bolsillos de afuera tengo las cosas de afeitar incluyendo una crema para piel seca (la mía) que uso en los brazos. Estiro la mano y consigo sacar el pomo de crema que abro presuroso, me pongo en la verga y otro poco en el ano de Carlitos junto un par de dedos que entran fácilmente.

    Vuelvo a la posición, Carlitos agarra mi verga y se la coloca en posición. Empuja, empujo y siento que la cabeza de pija entra suavemente al tiempo que escucho un suspiro y un largo siseo.

    Nos quedamos quietos unos segundos para acostumbrar las partes, le tomo de las caderas y empujo. Media pija queda alojada dentro de un saque.

    Un par de mete y saca despacio y corto y ya la tiene toda adentro.

    El placer es casi infinito.

    – ¡¡Qué rica pija que tienes!!! -me dice mientras su culo va y viene solito sin que yo me mueva-

    – y tú un culito para cogerlo toda la noche -le digo mientras mis manos lo toman de sus caderas ya en un mete y saca. Lento de pero sin pausa-

    Bueno, pausa tuve que hacer porque estaba a punto de acabarme.

    Carlitos ignora mi pausa y sigue diciéndome en un agitado susurro:

    – Desde el primer día que te la chupé quería que me me desvirgaras pero no me animaba por temor a que te enojaras a pesar que transábamos con el 69.

    – Si -le digo entre mete y saca- un 69 es una cosa pero garchar es otra mas seria. Además no conozco a nadie que una vez que haya probado deje de hacerlo. Y si no te hubiera visto ensartado y como gozabas esto no estaría sucediendo ahora.

    – Lo que tu quieras, igual yo noté que vos me la chupas para complacerme, no porque te guste como a mi. A mi me gusta sentirla palpitar, la suavidad de la cabecita, las venas que se hinchan, masajearte los huevos que te ponen duros y se te pegan al tronco, sentir y ver como brota la leche de la punta de la pija, lechita que sale recién hecha.

    Tantas palabras calientes y tanta descripción me recalentó y le digo:

    – Quédate quietito unos minutos porque me acabo todo.

    Intento distraer mi atención esperando que pase el placer y vuelvo al mete y saca.

    – Móntame! montame -me pide desesperado entre susurros y gemidos-

    – Nooo, no podemos porque nos verán de afuera con cualquier luz. El sobre techo de la carpa nos cubre pero no da para tapar las sombras.

    Seguimos de costado. Se dobla para que su culo quede más expuesto y se pajea como loco mientras los apretones que me da su culo me ponen loco otra vez.

    Le tomo la verga y lo pajeo unos momentos pero me resulta incómodo. El toma la posta y vuelve a su paja en minutos me dice:

    – No aguanto más, me tienes loco con esa pija, voy acabar otra vez, dame tu leche, dame tu leche!!!

    – Siii ahí la tenés -le digo en el oído ya imposibilitado de aguantar la leche que está en el caño-

    Empujé hasta sentir que mis huevos chocaron en la entrada de su ano y le largué toda la leche. Se acabó como un caballo y yo igual, los apretones que me daba su culo eran mortales. Estoy seguro me secó al menos un huevo… o los dos.

    Mi se verga se fue achicando muy lentamente para terminar saliendo de la cueva que chorreaba lechita. Nos dormimos casi enseguida sin decir palabra y sin lavarnos (menos mal que se había hecho una lavativa antes de ir a dormir, me enteré después)

    No me cambié a mi cama y el amanecer nos sorprendió como habíamos quedado en la noche anterior.

    Eran las 6.25 más o menos cuando siento que me maman la pija y me soban los huevos justo como me gusta.

    Abro los ojos y ahí estaba él, y también estaba al palo, al alcance de mis labios la pija de Carlitos esperando una boca solidaria.

    Pensé en hacerme el dormido y alargar el juego pero era muy posible alguno de los muchachos viniera a despertarnos para tomar un café, encender el fuego o algo así que como en los viejos tiempos me le prendí a mamar con fuerza para terminar rápido, poder ir bañarnos sin tránsito o con la menor cantidad de gente posible, que por suerte y generalmente en los camping se levantan tarde.

    Basta decir que fue un tremendo 69 con una lechada de novela. Carlitos bien vicioso se tragó toda la lechita y si lo dejo seguir jugando todavía estaríamos en el camping.

    No esperamos casi nada, nos lavamos un poco en el balde con agua y marchamos rápido a las duchas. Por cierto, tuvimos que vencer la tentación de otro polvo en las duchas, ese día, porque después agarramos la onda de los horarios y si que nos echamos terribles polvazos que no sé cómo no quedamos infartados ahí dentro.

    Las ojeras nos llegaban a las rodillas… anoche no dormimos bien les dijimos a los que preguntaron, y era cierto.

    —————————————

    ** Masturbación/Paja estilo «paraguas / paragüita»: Se toma el pene con los 5 dedos sobre el glande que debe estar cubierto por el forro.

    A continuación se sube y baja solo hasta pasada la cabeza (glande).

    El forro permite un masaje sin esfuerzo ni aceites o cremas y es muy gratificante en especial si la mano es de otra persona.

  • Sexo anal con una ex

    Sexo anal con una ex

    Esta historia me ocurrió hace unos 5 años en la ciudad de Medellín con la que era mi pareja en el momento. Apenas llevábamos saliendo un par de semanas.

    Debo de describirla y describirme para que entiendan más la situación, ella es una chica delgada, de color canela, un cuerpo que cualquier man o hasta viejas de la u se lo soñaban, la cara es de lo mejor que había tenido. Por el contrario yo soy un man que mide 1.9 m, para esa época hacía mucho ejercicio y algo bronceado debido a que entrenaba waterpolo, no soy el típico galán pero debo de decir que tengo buen sentido del humor y me imagino que eso llamo la atención de ella.

    La historia de nuestras relaciones anales empezó a los pocos días de tener nuestra primera vez, ya habíamos hablado por chat de que a mí eso me prendía mucho, si bien yo ya había tenido dos novias con las cuales lo había hecho nunca fue del todo placentero ya que les dolía, pero eso me ha servido de experiencia para saber que se debe de hacer, debo aclarar que mi pene mide 19 centímetros para muchos será del promedio pero si es muy gordo por eso no había sido tan fácil hacerlo con anteriores novias.

    La segunda o tercera vez que iba a su casa lo hicimos vaginalmente y nos quedamos acostados por un rato en la cama de su mamá. La química que había entre los dos era muy excitante, ella se prestaba para lo que yo le propusiera así en ese momento no hubiéramos estado juntos sino un par de veces. Cuando ya había pasado un rato ella estaba acostada de lado quedándose dormida después de tener sexo, yo decidí bajar y olerle su culo, era una sensación deliciosa, lamerlo por primera vez, meterle mi lengua, alucinando que tan ligero en la relación ya veía que me podía «comer» ese culito, no tenía ni un solo pelo en su vagina ni en su culito, ese sabor era delicioso, yo ya me había imaginado cientos de veces en esa situación.

    Lo que pasó a continuación es que empecé a meterle un dedo con el culo lubricado y entraba con mucha facilidad, ella se hacía la dormida y no se movía, yo empecé a masturbarme y a meterle un segundo dedo y Vi esa facilidad, ella ya estaba lubricada en su vagina, no quería esperar más y coloque la cabeza de mi pene en la entrada de su culo y lo fui metiendo despacio, lo metía unos 5 centímetros y lo sacaba un poco, todo lo hacía despacio, ella empezó a moverse como queriendo más y más, pero yo tenía otra obsesión que realice varias veces ese día, cuando ya tenía la mitad de mi verga en su culo la sacaba del todo, me paraba de la cama y se lo metía en la boca, el pene salía siempre limpio y luego la besaba. Esto se repitió unas 4 veces antes de meterle toda la verga en su culo, cuando ya entro toda empezamos a darle con más velocidad, debo decir que la posición de «cucharita» es la que más fácil se adapta al principio, la que menos les causa dolor. Para mí era un sueño tenerla así y ver qué le estaba dando como yo quería sin ningún dolor, a lo que lo hicimos en 3 o 4 poses y decidí que quería terminar, la cogí y la puse contra un espejo ella quedando arrodillada de espaldas a mí y se lo metía como si no hubiera un mañana, cuando ya estaba a punto de terminar decidí sacarlo y venirme en su boca. Viendo su cara de alegría la coloque en 4 y le pedía que abriera su culo con ambas manos, que quería verlo bien abierto.

    Esa relación duro unos 3 años y debo decir que teníamos sexo unas 8 veces por semana, de las cuales unas 5 eran por su hermoso culo.

    Más adelante contaré varias experiencias de ese tipo con ella y con otras chicas.

  • Huatulco

    Huatulco

    Esto sucedió apenas a fines del año pasado, con mi novia Alina.  Durante nuestras vacaciones en la costa de Oaxaca, un día lo dedicamos a un paseo en una lancha deportiva que habíamos reservado con varias semanas de anticipación.

    La cita fue a las 10 de la mañana en el muelle turístico de Santa Cruz, que estaba aglomerado, por la temporada alta de diciembre, así que tardamos casi media hora en finalmente poder salir. La lancha no era muy grande, pero para nosotros dos era más que suficiente; el capitán –Roberto- era un tipo serio, de unos cuarenta años y llevaba como auxiliar a un muchacho delgado y joven, de no más de veinte, llamado Sebastián.

    Navegamos primero lentamente entre docenas de embarcaciones. Alina y yo nos fuimos instalando, extendimos dos grandes toallas en la colchoneta del asoleadero de proa y colocamos nuestra mochila y cámara en un lugar seco y a la sombra. El sol estaba intenso, sin una sola nube, pero la brisa conseguía un clima perfecto, una vez que pudimos tomar velocidad. De lo primero que hice fue aplicarle abundante bloqueador a mi novia, quien tiene la piel bastante delicada, aunque en los tres días previos había empezado a tomar un hermoso color. Para esta ocasión, Alina había elegido un traje de baño, digamos, conservador. Un calzón negro de corte brasileño con ataduras en los costados que le sentaba de maravilla y un top blanco muy elegante, que le hormaba perfectamente en sus deliciosas y firmes tetas 34C. Yo llevaba uno de mis “pouch bikinis” de Joe Snyder, breve, delgado y cómodo, también negro.

    El primer tramo del paseo nos lo pasamos sentados en el asoleadero, disfrutando del paisaje, hasta que llegamos frente a un islote donde, nos dijeron era un lugar muy bueno para hacer snorkel. El agua estaba un poco fría, pero el paisaje subacuático valió la pena; al volver a la lancha nos dimos cuenta que abordar desde el agua no era una tarea fácil, ya que no había escalerilla para auxiliarnos, pero con la ayuda del capitán, lo logramos sin mayor problema.

    Alina se tendió boca abajo sobre la colchoneta y yo la sequé para que recuperara el calor; luego le volví a poner bloqueador y le desaté las cintas del top. Anduvimos poco más de una hora navegando, realmente disfrutando de la hermosa costa de ese conjunto de bahías. Al llegar a la playa de San Agustín, nos preguntó el capitán si querríamos bajar allí, pero había demasiada gente y le dijimos que preferíamos un lugar solitario, así que dio media vuelta y tomó rumbo al este. Llegamos frente a la bahía de Cacaluta; a la izquierda había numerosas sombrillas y quizá un centenar de personas, sin embargo el extremo opuesto –a unos 500 metros- se veía completamente solo; le pedí que se acercara a esa orilla. Roberto ancló la lancha con la popa hacia la playa y Alina y yo saltamos al agua, nadando los 20 o 30 metros que nos separaban de la orilla, hasta llegar a la playa de arena dorada en la que el mar estrellaba olas de mediana intensidad. Subimos hacia la duna y vimos que bajo una enramada rústica estaba una pareja; nadie más a la vista.

    Como es costumbre cuando estamos en una playa solitaria, Alina se despojó de su traje de baño; yo la imité en seguida y dejamos las prendas sobre una roca, disfrutando de la placentera sensación del sol y el viento sobre el cien por ciento de nuestras epidermis. Al cabo de un rato nos dimos cuenta de un inconveniente: no había un solo lugar con sombra y, de continuar así, la piel de mi novia pronto se empezaría a irritar. En ese momento, estaba anclando junto a nuestra lancha una embarcación similar, de donde bajaron tres mujeres y un hombre y se colocaron a unos cincuenta metros de nosotros.

    -Tenemos dos posibilidades –le dije a Alina. –O nos regresamos a la lancha ahora mismo o voy a traer bloqueador.

    -Yo quiero estar aquí más tiempo –me respondió. Así que caminé hasta quedar frente a la lancha y nadé hasta ella. Para esto debí pasar muy cerca del pequeño grupo, quienes notaron mi desnudez.

    Ya a bordo busqué un par de bloqueadores y la pequeña toalla de microfibra que llevábamos, y las metí en una bolsa de polietileno que me facilitó el capitán. Regresé junto a Alina, a quien encontré sentada en la arena. Se levantó para secarse y recibir la protección solar tan requerida; luego hice yo lo mismo. Cuando la crema se absorbió, nos metimos a jugar en el agua, saltando entre las olas, como dos chiquillos.

    A la lancha que llegó después de nosotros, se sumó otra, bastante más grande, con un segundo nivel en el que estaban dos hombres. Abajo venía un grupo heterogéneo de adultos y jóvenes, en total una docena de personas. Anclaron pero de momento nadie bajó. Salimos del agua y nos recostamos sobre la arena húmeda. La pareja que estaba bajo la enramada se acercó al mar; eran un hombre de alrededor de cincuenta años, de buen cuerpo, su pareja era una mujer algo más joven, con un cuerpo muy llamativo; mientras él iba desnudo, ella usaba un bikini negro muy pequeño, que la hacía ver sumamente sexy. Entraron al agua y se quedaron allí, flotando y saltando olas. Nos acabábamos de sentar cuando los vimos saliendo del mar, caminaron hacia donde estábamos nosotros y cuando estaban a corta distancia de nosotros, se detuvieron y nos saludaron amablemente; él mostraba una erección completa que le hacía lucir un pene grande y grueso, de medidas similares al mío; el bikini mojado y ajustado de ella, en color naranja, marcaba perfectamente sus labios mayores, en un atractivo “camel toe”; era difícil apartar la vista de ambos, sobre todo que sus genitales quedaban a la altura de nuestros ojos. Tuvimos una charla superficial de menos de un minuto, después de la cual ellos tomaron su camino hacia los riscos del final de la playa, a menos de cincuenta metros de nosotros. Él se recargó en una roca lisa y redonda y atrajo hacia sí a su pareja, besándola y magreándola apasionadamente, al tiempo que le desataba el top del bikini; Alina y yo no los perdíamos de vista, como tampoco lo hacían los dos tipos de la parte alta de la lancha grande, uno de ellos incluso con binoculares. Tanto mi novia como yo estábamos sumamente excitados y a mí se me notaba a ojos vistas, mi pito estaba firme y palpitaba con fuerza.

    Nos pusimos de pie y caminamos en diagonal, de nuevo hacia el mar, pero intentando acercarnos a ellos sin que fuera muy evidente. Realmente queríamos estar cerca de la acción. Con el agua un poco debajo de la cintura, puse a Alina de espaldas a mí, de tal manera que ambos pudiéramos ver bien la escena, mientras mi pene se frotaba contra sus nalgas. Para ese momento, la mujer ya estaba desnuda y, arrodillada, le hacía una felación al marido. Después ella fue quien se recargó en la roca y el marido la penetró levantándole una pierna con su antebrazo, lo que hacía que ambos formaran una especie de escultura erótica en movimiento, un agasajo para la vista. De cuando en cuando ellos nos miraban y nosotros les sosteníamos la mirada; era evidente que disfrutaban al ser vistos.

    Cuando terminaron de coger –¡Cómo lamentamos que el ruido del mar no nos permitiera escucharlos!- pensamos que entrarían al agua para refrescarse, pero para nuestra desilusión caminaron hacia la enramada donde estaban cuando desembarcamos y quedaron fuera de nuestra vista. La siguiente media hora no sucedió nada interesante. El grupo de tres mujeres y un hombre caminaron hacia los riscos del final y volvieron sobre sus pasos, mirándonos disimuladamente, en esa actitud tan poco natural que distingue a un mirón culposo de alguien abiertamente voyeur.

    Consideramos que era momento de volver a la lancha; recogimos nuestras escasas pertenencias y, antes de que Alina pudiera decir una palabra, metí ambos trajes de baño en la bolsa de plástico, junto con la toalla y el bloqueador.

    -¿En serio nos vamos a ir desnudos? –preguntó Alina.

    -Yo lo hice hace rato y no pasó nada –le respondí.

    -¿Y los chavos de la lancha, no dirán nada?

    -¡Huy, seguro se van a incomodar! –le dije con sarcasmo.

    Caminamos hasta situarnos en el punto más cercano a la lancha, que estaba justo frente al lugar donde seguían las tres mujeres y el hombre, quedando además a tiro de piedra de la lancha de dos niveles. Alina entró al mar y comenzó a nadar con ese estilo limpio que tiene para hacerlo. Yo la seguí, con cierta dificultad debido a la bolsa con nuestras cosas, pero pude sostener el ritmo por los cerca de cincuenta metros que nos separaban de nuestra lancha. El capitán ya esperaba en la borda, tendiéndole una mano a mi novia para auxiliarla a subir. Luego, sin tanta gentileza pero con la misma eficiencia, me ayudó a trepar.

    -¿La pasaron bien? –nos preguntó atentamente.

    -¡Excelente! –dijo Alina.

    -¿A dónde quieren ir ahora?

    -A ningún sitio en particular, capi –pedí. –Sigamos navegando despacio.

    De inmediato nos acercó un par de cervezas frías, nos acomodamos en la colchoneta de proa y, luego de que el asistente recogiera el ancla, enfilamos mar adentro. Tomé mi cámara y empecé a disparar una foto tras otra, mientras Alina accedía a modelar para mí. Luego ella tomó el aparato e hizo lo propio, conmigo como modelo. Después nos concretamos a llenarnos de sol y viento.

    Cerca de las cuatro de la tarde, faltando poco más de una hora para terminar el paseo, mi novia se tendió boca abajo y cerró los ojos. Tomé una abundante cantidad de aceite en mi mano y empecé a recorrer el delicioso cuerpo de Alina, en una suerte de masaje / caricias que, a juzgar por el ritmo de su respiración, estaba disfrutando. Me coloqué arrodillado entre sus piernas, recorriendo con mis manos desde la base de sus nalgas hasta su nuca, a veces por el centro de su espalda, a veces por los laterales de ésta, rozando sus tetas. A cada pasada disminuía la velocidad e incrementaba la cercanía, hasta que nuestros cuerpos se frotaban el uno con el otro. No tengo ni que explicar que mi pito estaba a mil y con discreción lo fui acomodando entre sus piernas hasta que la punta rozara su concha húmeda. Como única respuesta, ella levantó la pelvis y llevó su mano hasta alcanzar su clítoris que empezó a frotar rítmicamente. Sus dedos tocaban ocasionalmente mi glande. Me acerqué a su oído y le dije suavemente, en un tono entre afirmación y pregunta:

    -¿Voy?

    -¿A qué esperas? –me susurró ella.

    Y con toda la calma del mundo, con estudiada lentitud, introduje mi tranca en las humedades de su vagina. Uno, dos, tres, cinco centímetros… hasta que desapareció por completo en el interior de su tibio centro, desplegada en sus 19 centímetros de longitud y 52 milímetros de diámetro. Un ahogado gemido marcó el momento en que inicié el recorrido hacia afuera, hasta dejar sólo la punta metida y esperar una casi imperceptible señal para volver hacia dentro. De nuevo, introducción lenta… larga pausa y hacia afuera. Alina colocó sus manos a los lados de su cabeza, crispadas contra la colchoneta; yo las sujeté con las mías y ya unidos fuimos poco a poco incrementando el ritmo de nuestros movimientos.

    Sabíamos que estábamos siendo observados muy de cerca, pero ambos jugábamos un doble juego: por una parte nos movíamos como si estuviéramos en la intimidad; por la otra, el morbo de estar dando un show aceleraba nuestra calentura. Prueba de ello fue que Alina alcanzó el orgasmo en tiempo récord, sin darme oportunidad de alcanzarla; al darme cuenta que yo no llegaría, me esmeré por prolongar el suyo el mayor tiempo posible, lo que finalmente conseguí. Entonces por fin me dijo, con voz ahogada:

    -¡Ya… ya, despacio… detente… no te salgas…!

    Seguí sus instrucciones sin que mi erección cediera un solo centímetro, sintiendo cómo su vagina dejaba de pulsar. Salí con delicadeza de allí y me tendí boca arriba; sentía la urgencia de eyacular, por lo que puse mi mano en la tarea de lograrlo. Pero las dos manos de Alina desplazaron a la mía; con maestría me frotaba la verga y me estimulaba testículos y perineo. Ocasionalmente acercaba su boca, chupaba y lamía con fuerza, para luego seguir con las manos. No tardé en estallar, la eyaculación no fue abundante, pero sí muy potente. Alina se recostó sobre mí, dejando caer todo el peso de su cuerpo y besándome lenta y profundamente en la boca.

    Durante algunos minutos más no fuimos conscientes de que habíamos dado un espectáculo a quienes esa mañana seguramente ni lo sospechaban. No es que fuera nuestra primera vez teniendo sexo en público, pero las anteriores –pocas, por cierto, menos de las que me habría gustado- siempre habían sido en entornos en donde este tipo de actividades se esperaban.

    Nos levantamos y quedamos sentados uno frente a otro sobre la colchoneta, intentando actuar de la manera más natural posible. De la misma forma, como si nada especial hubiese sucedido, el capitán nos preguntó:

    -¿Les gustaría darse un último chapuzón antes de llegar al muelle, para refrescarse?

    -¡Me parece una excelente idea, Roberto! –respondí.

    -Dejen entonces acercarme a la islita donde esnorquelearon esta mañana.

    Alina se tiró un clavado con mucha gracia y yo la seguí de manera algo más torpe. ¡El agua estaba deliciosa! Refrescante, tal como el capitán lo había sugerido. Nadamos por 10 o 15 minutos y volvimos a bordo. Una vez más fuimos auxiliados por Roberto, quien, me dio la impresión, barrió con la mirada a mi novia, como grabando en su retina la imagen de esta mujer sin falsos pudores, de cuerpo exquisito y cuya piel había adquirido un tono espectacular.

    La lancha tomó rumbo al muelle. Al poco, el capitán nos dijo que era el momento de vestirse.

    -Algunas personas se escandalizan si ven gente desnuda cerca –se justificó sin que fuera necesario, lo entendíamos.

    Alina se puso su vestido blanco de algodón, sin nada debajo. A contraluz era evidente que era la única prenda que llevaba. Yo me enfundé en mi aburrida bermuda. Poco antes de las cinco de la tarde estábamos desembarcando; le di una generosa propina al capitán.

    -Espero que hayan disfrutado el paseo –me dijo, guiñándome un ojo. -Aquí los esperamos para cuando quieran volver.

    Esa noche, en nuestro pequeño hotel, después de una rica cena, cogimos de nuevo, con la pasión que sólo puede tener una pareja que, aún después de muchos años, sigue encontrando nuevas chispas para mantener el fuego a todo lo alto.

  • La secretaria (2)

    La secretaria (2)

    Entrada #1 Bitácora de hipnosis.

    Al día siguiente como siempre, mi jefa me recibió con mucho trabajo pero en esa ocasión fue amable, me pidió las cosas diciendo por favor y sin insultos lo cual significa que la reprogramación está comenzando a hacer efecto.

    Es cuestión de tiempo para tenerla en la palma de mi mano

    El día avanzaba con normalidad hasta que fue la hora del café, Valery sonrió mientras preparaba el café y se dirigía a la oficina de su jefa.

    — Su café de la tardé— dijo Valery sonriendo mientras lo dejaba sobre el escritorio y retrocedía un poco.

    — Oh ¿Ya es tan tarde?— dijo la mujer mientras veía su reloj de muñeca.

    La mujer dejó un momento los archivos que analizaba y dio un sorbo al café que su secretaría había traído.

    Valery se aclaró la garganta y se dirigió a su jefa.

    — Dígame jefa, ¿No le gustaría algo para acompañar su café hoy?— dijo Valery mientras se acercaba al escritorio.

    —¿Y qué sugieres Valery?— respondió la mujer mientras bebía de su café.

    — Hay una nueva pastelería, se llama «gatita caprichosa»— respondió la mujer mientras sonreía.

    Cuando dijo eso Miriam quedó estática y mirando hacia la nada con ojos vidriosos, Valery se acercó a ella y retiró la taza de café de sus manos.

    Valery regresó a su oficina y de un cajón sacó una botella de crema pastelera en aerosol y con paso coqueto regresó donde estaba su jefa.

    —¡Su postre estará listo en un momento!— mientras decía eso se retiró sus pantaletas y se subió al escritorio donde cubrió su sexo lampiño con una generosa capa de crema.

    —¡Ahora puede disfrutarlo!— dijo Valery a su jefa.

    La mujer no dudó un momento y hundió su rostro entre las piernas de su secretaría lamiendo profundamente la crema del mismo.

    Valery gimió mientras su jefa limpiaba su sexo de la crema y hundía profundamente su lengua en su vagina.

    —¡Ahhh!, Si sigue así— gemía la mujer cada vez más excitada a punto de un poderoso orgasmo.

    Los jugos íntimos de Valery cubrieron el rostro de su jefa quien engolosinada los bebía con deseo.

    Se quedó mirándola un momento mientras acariciaba suavemente la cabeza relajándose después del orgasmo

    — Sabes gatita, ¡Ahora es mi turno!— dijo ella sonriendo mientras daba un pequeño salto para bajar del escritorio.

    Valery ayudó a su jefa a sentarse sobre su escritorio y desgarró nuevamente las pantimedias y las pantaletas de la mujer.

    Valery suspiro al ver el tupido y rubio vello púbico

    —Sabe que las chicas de la compañía juran que usted no es rubia natural— dijo Valery mientras separaba los finos vellos para dejar descubierto el clítoris y los labios íntimos.

    —¡Rasúrate el coño! Gatita caprichosa— empezó a recitar Valery una y otra vez mientras lamía el sexo de su jefa.

    Unos minutos más tarde…

    —¡Fue el mejor pastel que he probado en años!— decía Miriam alegremente mientras saboreaba restos de crema pastelera de un plato desechable.

    —¡Me alegra que le haya gustado!— respondió Valery

    — Decido, tráeme un poco de ese delicioso pastel para acompañar mi café desde mañana— dijo la mujer mientras terminaba la crema del plato.

    — Será un verdadero placer— respondió ella esbozando una sonrisa maliciosa

    Día #8 Bitácora de hipnosis.

    Ha pasado una semana y los avances que he conseguido con mi jefa han sido significativos, empezando por pequeños detalles, ahora Miriam usa sus uñas pintadas de colores pastel y un maquillaje suave pero coqueto, que antes se hubiera considerado «impropio de un lugar de trabajo serio», además empezó a usar un sexy traje ejecutivo.

    He avanzado mucho en estos días gracias a la hora del pastel tiempo en el cuál llenó de sugestiones la mente de mi jefa pero no lo suficiente porque ella aún sigue usando esa sosa ropa interior y resistiéndose a depilar su coño así que es el momento de ser más agresiva.

    Era una tranquila tarde de viernes la mayoría de los empleados habían terminado su horario y retirado Miriam había terminado sus pendientes del y se preparaba para retirarse a su casa hasta que Valery se acercó a ella, sostiene las hojas reservadas para los proveedores.

    —¿Jefa tendrá un momento?— dijo Valery mientras caminaba al lado de la mujer.

    —¿Qué pasa Valery?,¿Espero que sea algo importante?— dijo la mujer mientras caminaba rumbo al elevador que la llevaría al estacionamiento de la empresa.

    — Llegó un mensaje de uno de nuestros proveedores— dijo Valery mientras sostenía una hoja de papel.

    —¿En serio tan tarde?— dijo la mujer mientras se detenía e intentaba tomar las hojas de la mano de su empleada.

    Valery aprovechó ese momento para recitar la palabra gatillo.

    —¡Gatita caprichosa!— dijo Valery

    En ese instante en medió de aquel pasillo todo quedó en silencio absoluto, Valery estaba sonriendo complacida viendo como su jefa estaba en un trance profundo, sus ojos estaban totalmente blancos sin pupilas, su espalda recta y tenía la boca levemente abierta dándole aspecto de estúpida.

    —¿Qué eres en este momento?— dijo Valery sonriéndole de manera burlona

    —Soy una gatita caprichosa— respondió la mujer en un tono robótico.

    Valery sacó unos lentes de sol que tenía preparados para la ocasión y se los colocó para cubrir los ojos blancos sin vida de su jefa.

    — Vamos a mi casa gatita quiero jugar contigo y cambiar cosas de ti— Valery le susurró suavemente al oído de su jefa

    Juntas caminaron al estacionamiento y se acercaron al auto de su jefa un BMW Serie 8 Coupé.

    Valery silbo mientras acariciaba suavemente el capo de aquel vehículo.

    — Dame las llaves gatita, ¡Yo manejo!— Al instante Miriam le entrega las llaves del vehículo a su secretaría.

    Valery sube al vehículo y le abre la puerta del copiloto a su jefa, ella sube sin mediar palabra con ella y cierra la puerta tras ella.

    — Te encantará donde vivo gatita, muy pronto será nuestro nido de amor— Le dijo Valery mientras enciende el auto

    Todo el camino Valery ve como su jefa está en posición completamente recta mirando al frente casi como una zombie lo cual era bastante aburrido y de repente se le ocurrió algo para entretenerse mientras ella conducía.

    Valery empezó a sincronizar la radio del vehículo con su celular para empezar a reproducir una sensual música de jazz.

    —Gatita estoy un poco aburrida, mastúrbate al ritmo de esta música, ¡Por favor!— dijo Valery con fingida dulzura

    Miriam empezó a jugar con sus grandes tetas por encima de su ropa, sus pezones se marcaron casi al instante que empezó a realizar la acción.

    —¿Que pasa gatita?¿Te excita esto?— dijo Miriam mientras con una mano libre pellizcaba fuerte uno de los pezones por encima de la blusa.

    — Si… mucho ama Valery…aaahhh— respondió la mujer entre jadeos.

    —¿Por qué mi esclava?— dijo Valery mientras apretaba con más fuerza los pezones endurecidos de su jefa.

    — Porque las gatitas, «Ahhh», como yo somos muy sexuales, «Ahhh» Y nos encanta ser manoseadas— respondió ella entre gemidos ahogados, lo que complace a Valery.

    Valery vio complacida como una de las manos de la mujer bajó y desabrochó su falda develando sus pantimedias y sus antiestéticas bragas gracias a la humedad de la excitación podía ver claramente el triángulo invertido de vello púbico.

    Valery había visto en varias ocasiones aquel velludo monte de venus, pero decidió que si quería un cambio profundo eso también tendría que desaparecer.

    — Gatita, ¿hace cuánto no te depilas el coño?— dijo Valery en una luz roja momento que aprovechó para como era su costumbre romperle las pantimedias y la pantaleta.

    — No me depilo nunca jamás — respondió la mujer quien simplemente empezó a masturbarse.

    — ¿Por qué no me sorprende en nada esa respuesta?— dijo Valery mientras volvía a poner en marcha el vehículo.

    Luego de un rato ambas mujeres llegaron a una pequeña casa en los suburbios es de color blanco con dos pisos con un pequeño jardín al frente y una cochera a su lado.

    —¿Te gusta gatita?— dijo la mujer mientras sacaba el control remoto de su garaje de su bolso — lo heredé de mis padres—

    Ella se estacionó y cerró la puerta de su cochera justo en el momento en que Miriam llegaba a un poderoso orgasmo llenando su tablero con sus jugos de amor.

    — Bueno, es su auto, ¡Que ella lo arregle después!— dijo Valery con indiferencia mientras sacaba a su jefa de su auto.

    La primera parada que hicieron fue en el cuarto de baño que está en el segundo piso de esa casa donde Valery retira las prendas que aún conserva y las coloca en la cesta de la ropa sucia.

    Valery miró detenidamente a la desnuda mujer frente a ella, mirando fijamente el tupido bello del monte de venus sin pensarlo dos veces sacó un kit de depilación.

    — Ok gatita toma asiento— dijo Valery a Miriam mientras señalaba el inodoro— y abrió esas sexis piernas para mi.

    Miriam simplemente obedeció la orden, abriendo lo mejor que pudo sus piernas frente a su ama

    —¡Muy bien gatita!, ¿Que irá mejor contigo? Una depilación brasileña o tipo Hollywood— dijo mientras sostenía unas pequeñas tijeras

    Durante varios minutos Valery se dedicó con esmero a despojar de todo rastro de bello el sexo de su jefa se había decidido darle una depilación Hoolliwudense que creía que le quedaba mejor a una rubia después de un rato Valery está frente al depilado coño de su jefa, le había tomado más tiempo del que hubiera deseado, pero estaba bastante feliz por los resultados.

    — Bien gatita ahora sígueme, la diversión está a punto de empezar— dijo Valery mientras tomaba la mano de su jefa y la llevaba a la alcoba principal.

    — Sí ama como usted ordene— respondió la mujer mientras la seguía.

    Valery guío a su jefa hasta la alcoba principal donde destaca la enorme cama kingsize y la sorprendente computadora que parecía estar corriendo varios programas.

    —Disculpa el desorden amor, ¡No suelo tener visitas!— dijo Valery de manera casi sarcástica.

    Valery sentó a Miriam al borde de la cama Kingsize y se acercó a su computadora.

    —¡Muy bien preciosa!— dijo Valery mientras tecleaba algunos comandos— aquí no tenemos porqué preocuparnos por ser interrumpidas.

    Valery procede a ponerle unos audífonos inalámbricos sincronizados con su sistema de cómputo, primero procedió a iniciar un conjunto de audios los cuales fueron diseñados para excitarla profundamente.

    En unos minutos Miriam se encuentra gimiendo ruidosamente, Valery disfruto de esa escena para luego tomar un consolador y empezar a jugar con la vagina de Miriam metiendo y sacando el juguete sexual.

    Después de varios minutos de estimulación Valery condujo a Miriam a un orgasmo explosivo que la dejó débil y vulnerable.

    Valery se deleitó con los fluidos que quedaron sobre el consolador una vez que sintió que no había dejado rastro alguno se acercó al escritorio de la computadora y se colocó a sí misma un micrófono inalámbricos tipo gamer que sincronizo con los audífonos para que Miriam pudiera escuchar su voz al mismo tiempo que escuchaba los audios subliminales.

    — Probando… 2… 3, gime si me escuchas amor— recito Valery con calma.

    — Hmmm— fue la única respuesta de Miriam

    — Buena gatita pronto tu mente será mía completamente y no podrás escapar de mi control— dijo Valery directamente a la aturdida menté de su jefa.

    Después de provocarle varios orgasmos consecutivos Valery estaba segura que su jefa sería incapaz de resistirse a la programación profunda que tenía preparada para ella.

    Valery recostó a su jadeante víctima en la amplia cama y la observó con deseo.

    Ella sacó de uno de sus cajones un consolador unido a un arnés y se lo colocó antes de dirigirse con su víctima.

    — Bien gatita veo que ya te corriste varias veces— mientras decía eso se colocó entre sus piernas y apuntó la punta del consolador a la humedad entrada vaginal— así que es hora de programar tu mente a mi antojo.

    Valery comenzó a penetrar su vagina mientras chupaba sus pechos y tomó solo parando por momentos para darle instrucciones.

    —¿Me escuchas gatita?— decía Valery mientras penetraba con ritmo a su víctima

    — Si ama Valery… aaahhh te escucho aaahhh… — respondió la mujer entre jadeos y gemidos.

    —¡Ahora atenta a mis palabras preciosa!, debes aceptarlas todas y obedecerlas sin dudar, creyendo son tus propios deseos— dijo Valery a la aturdida menté de su jefa.

    — Como ordenes… aaah yo debo obedecer todo lo que me digas— respondió la mujer entre gemidos.

    — Desde ahora solo usarás ropa interior provocativa, tangas, micro tangas y sostenes más pequeños que tus pechos y te acostumbraras a depilarte tu zona íntima— decía Valery mientras aumentaba el ritmo de su penetración

    — Aaahhh aaah. Si yo lo haré, debo obedecerte en todo ahhh— respondió ella

    —¡Buena chica!— dijo Valery mientras acariciaba suavemente su rostro—además debes vestir de modo más coqueto y sexy

    — Si ama Valery así lo haré soy tu gatita obediente ah aaahhh— respondió la mujer.

    Valery continuó por varias horas programando la mente de la mujer, hasta que la llevó a su casa casi rayando el amanecer.

    Valery había arreglado a su jefa de tal modo que parecía haber llegado de una salvaje fiesta con su ropa desarreglada sin ropa interior con su pantimedia destrozada y un regusto alcohólico en sus labios.

    Unas calles antes de llegar al vecindario donde vivía su jefa Valery se detuvo y colocó a su jefa en el asiento del conductor.

    —¡Adiós amorcito!— dijo Valery mientras besaba la mejilla de su jefa— Te veré el lunes «gatita caprichosa».

    Valery se alejó del auto sin tener miedo de que ella pudiera reconocerla, deseosa por qué llegará el lunes y pudiera ver los resultados de esa noche.

  • Catarsis un poco de mí

    Catarsis un poco de mí

    Esto lo escribo para mí…

    Por el solo hecho liberar mi cabeza de pensamientos…

    Es un desahogo de lo que llevo dentro.

    Vuelvo a tener pensamientos y deseos pervertidos que me cuestan controlar.

    En la intimidad la paso muy bien con mi mujer, me encanta estar con ella. Me encanta como nos conectamos y como nos garchamos.

    En especial, me gusta verla deseosa como perra en celo.

    Me encanta saber que se moja y que se excita estando conmigo.

    Verla acabar varias veces, me encanta todo lo que hacemos.

    Cómo se monta arriba mío, que me pida que le haga el orto. Cómo le encanta tomarme la leche, se saborea, no desperdicia nada.

    Es la mejor lejos!!!

    Pero mi problema pasa por otro lado.

    Me calienta que alguien más vea lo que yo veo.

    Siento la necesidad de saber si se excitan como yo al verla…

    Me gusta ver los comentarios o la expresión que ponen al mostrarle como es ella en la intimidad.

    Y demás está decir que me calienta mostrar cómo coge.

    Así como también puedo decir que me apena ser así…

    Me pone nervioso, me pone mal, me trastorna…

    Me afecta aceptar que soy así porque no es algo que se considere normal en una pareja.

    Una pareja debe tener intimidad.

    Yo respeto mucho a mi mujer y hacer algo así me afecta sin su consentimiento.

    Pero pero pero, pude expresarme y hablar con ella de lo que me pasa.

    A lo que su respuesta fue favorable, que a ella no le afecta que sea así.

    Que no le molesta que la muestre, o que le haga cosas frente a los demás… (cómo manosearla, besarla o darle un nalgada).

    Es más confesó que le excita, le gusta siempre y cuando no pase a mayores.

    Es decir que nadie intervenga en lo que hacemos.

    Eso es un visto bueno…!!!

    Pero hay cosas que pasan en la intimidad que nos calienta mucho a ambos, lo sé porque lo veo y no considero que solo sean ideas mías.

    Más de una vez converse con ella si las cosas que hicimos la hicieron sentir incómoda y la respuesta fue todo lo contrario, que la excitaron aún más.

    A qué me refiero con esto último?

    A la manera que de vez en cuando utilizamos para calentarnos por imaginar la intervención de alguien más.

    Por decirle que quiero mostrarle su cola frente a mis amigos…

    O por decir que me gustaría que me haga sexo oral frente a mis amigos…

    O aún más lejos…

    Un juego de Rol… Cuando especialmente le planteo que aria si dejara que mi mejor amigo se ponga frente de ella con la pija bien dura… Y ella cerrando los ojos se mete la pija en la boca, la saborea, se ahoga hasta la garganta, me pide que le dé la leche…!!!

    Y todo esto sabiendo que no soy yo el que estaría en ese lugar!!!

    El verla disfrutar me excita mucho y eso lo entiendo porque es parte de un juego…

    (Pero que pasaría si no fuera un juego?)

    Otra anécdota es que mientras se monta arriba mío, me chupa los dedos como simulando comerse una pija al mismo tiempo que tiene mi pene adentro…

    O que le ponga un plug en la colita y me la coja haciendo una doble penetración…

    Perooo que pasaría si no fuera un juego?

    Si alguien en realidad pudiera participar de lo que hacemos.

    De mi parte solo puedo decir, que si… Me gustaría compartir a mi mujer.

    Verla disfrutar que tengamos sexo con alguien más…

    Verla conocer nuevas situaciones, dónde se deje llevar por el momento y dejé que todo fluya…

    Estoy consciente de que le gusta el sexo por atrás, por adelante, chupar pija, le encanta tomar la leche…

    Lo sé estoy consciente de eso, así como también estoy consciente que antes de estar conmigo hubo otros hombres que también la disfrutaron como yo…

    Conmigo no fue su primera vez…

    Solo que no quiero perderla, quiero que siempre fuera mía, que no se enamore de nadie más, que no se fije en nadie más.

    Que el sexo sea sexo y solo cosa del momento…

    Que yo sea su macho Alfa y que no se aleje de mi…

    Que no esté con nadie más mientras yo no esté (que no me sea infiel)

    Que no deje de amarme como me ama…

    Y que sí en algún momento pensará que nuestra relación no da para más, solo plantearlo, decirlo.

    Tal vez pido demasiado, tal vez es todo demasiado confuso…

    Necesito siempre de su deseo, sus ganas…

    El saber que yo siempre soy y voy a ser el primero en su lista…

    Saber que la caliento como el primer día…

    Que el sexo sea sexo y no amor…

    Que el amor sea amor y que solo sea nuestro, solo de nosotros dos…

    Nuestras miradas, los besos, caricias y abrazos… nuestra llama este siempre encendida.

    Después de escribir esto decidí subirlo al relato.

    Me gustaría ver sus comentarios, saber si en algún momento pasaron por algo así.

    Su opinión al respecto…

    Eso sería de gran ayuda para mí.

  • ¿Fue sólo un sueño?

    ¿Fue sólo un sueño?

    Se sentía distinta a las demás chicas de su edad. No le gustaba hablar de los típicos temas de los que hablaban sus compañeras de clase: de moda y modelitos; de la música latina y el reggaetón, que tanto odiaba; no quería saber nada de los cotilleos de los famosos, ni de la vida de los cantantes; huía de los postureos y los selfies; y, por supuesto, no opinaba de chicos ni de las supuestas aventuras sexuales en las que las demás decían que habían participado.

    De esto último no podía opinar ni alardear, más que nada porque nunca había tenido ningún tipo de relación con un chico. Hasta ese momento no había sentido la necesidad de experimentar el sexo con ninguno, ni hacer esas mamadas de las que hablaban las otras, ni dejarse hacer sexo oral ni, mucho menos, llegar a follar. Claro que se masturbaba, aunque no hacía demasiado que había empezado a hacerlo. Pero el hacerse dedos lo utilizaba como un medio para relajarse ante situaciones estresantes, como en la época de exámenes. En esos momentos, cuando sus dedos tocaban su clítoris, notaba principalmente mucha tranquilidad; se quedaba un buen rato acariciándolo al tiempo que sus manos pasaban por sus tetas y se detenían en los pezones. Le gustaba pellizcarlos y notar cómo se endurecían al contacto de las yemas, y eso sí que le proporcionaba un placer que se extendía al interior de su vagina, que reaccionaba humedeciéndose poco a poco.

    A Nerea le gustaba sentir esa sensación de humedad dentro de ella, y aprovechaba el flujo que salía hasta la entrada de su vulva para mojarse los dedos y seguir acariciando y frotando su clítoris. Con una mano en su coño y otra en sus pezones, solía alcanzar un intenso orgasmo, que le hacía temblar su vientre, sus piernas, y que le proporcionaba un tranquilo sueño.

    Le gustaba eso, pero no abusaba de ello. Disfrutaba de esas masturbaciones, pero se conformaba con hacérselas a sí misma. No necesitaba a ningún tío para sentir placer. Además, veía a los chicos de su clase como unos completos inmaduros. Más que terminando la Secundaria, parecían niños en la guardería; siempre gritando, haciendo el tonto en clase, hablando sólo de fútbol, haciendo chistes de no demasiado buen gusto… Pero esas actitudes, que a Nerea le parecían horrorosas, eran las que gustaban al resto de sus compañeras, que reían las supuestas gracias de los tíos como si fueran idiotas.

    Por todo ello, Nerea era la rara de la clase, la que no se integraba, la que quedaba al margen de las reuniones de grupo, la que no participaba en las actividades. Era la rara porque no seguía a los demás, porque no se dejaba llevar por modas ni por opiniones. Y, por ser la rara, estaba sola.

    Ella sabía que, incluso, había profesores que la criticaban por eso. Llevaba sólo dos años en ese colegio, pero los tutores de los cursos anteriores ya le habían dicho que tenía que intentar cambiar; que tenía que “socializarse” y colaborar con sus compañeros.

    Aun así, a Nerea todo eso parecía no importarle. Estaba acostumbrada a no tener amigos y a pasar sola en casa los fines de semana, ante la preocupación de su madre, con la que vivía.

    Sabía que su madurez estaba por encima de la de la gente de su edad, pero, pese a todo, había momentos en que necesitaba ser escuchada; necesitaba expresar sus sentimientos y preocupaciones porque, aunque quería hacerse la fuerte, en el fondo, en muchas ocasiones, sufría y lloraba.

    Pero ese curso que empezaba tenía algo bueno. Uno de sus profesores volvía a ser Jaime. Ya el año anterior, Jaime se había mostrado muy amable con ella. En alguna ocasión se había acercado para preguntarle qué tal se encontraba, y Nerea se dio cuenta de que su interés era sincero y que, a diferencia de otros profesores, Jaime parecía entenderla sin juzgarla.

    Él era un hombre maduro, de unos 45 años o más. No era el más popular de entre los profesores, quizá porque era exigente en su asignatura. Tampoco destacaba por su físico; a lo mejor entre mujeres de su edad podría tener cierto éxito, pero sus alumnas lo veían poco atractivo por la pérdida de cabello, su incipiente barriga y por las arrugas que iban surcando su rostro.

    Pero también en esto Nerea era diferente. No es que sintiera una especial atracción física hacia él, pero le encantaban sus ojos verdes, que la miraban siempre con un brillo especial; su boca que, pese a las veces que se enfadaba en clase, solía lucir una sonrisa y, sobre todo, su voz, una voz suave que transmitía mucha tranquilidad. Escuchándole, Nerea se quedaba ensimismada perdiendo, incluso, el relato de lo que Jaime estaba contando.

    Como el año anterior, Jaime le preguntó cómo se encontraba; como el año anterior, Nerea se dirigía a él para preguntarle por dudas de la asignatura. Poco a poco, esos tiempos para las dudas se iban alargando porque, de una manera natural, empezaban a hablar de otras cosas. Así fue cómo Nerea se fue abriendo a contar sentimientos que nadie más conocía. Y Jaime supo de la necesidad que Nerea tenía de ser aceptada como era, y se dio cuenta de que necesitaba sentirse querida. Y, también de una manera bastante natural, Jaime se reconoció que empezaba a sentirse atraído por ella.

    Uno de esos días de conversaciones en el recreo, Nerea estaba especialmente triste. Había tenido un problema con sus compañeros a la hora de hacer un trabajo y, nuevamente, se había sentido rechazada por ellos. Jaime intentó consolarla volviendo a repetirle las cosas que solía decirle sobre su valía y personalidad, pero, esta vez, Nerea parecía estar más ausente. Fue en ese instante cuando Jaime le dijo algo que jamás antes se había atrevido a decirle.

    – Vamos, Nerea. No debes estar así, tan alicaída. Tú vales más que muchos de esos capullos que se meten contigo. No puedes rendirte. Y, además, prefiero verte sonreír porque estás mucho más guapa -. Nerea estaba sentada mirando hacia el suelo. Jaime, suavemente, puso sus dedos debajo de su barbilla y le levantó un poco la cabeza. Se quedaron mirando fijamente -. En realidad, siempre estás guapa.

    – No soy guapa – dijo Nerea en un susurro, sin apartar sus ojos de los de Jaime. – No me gusto, y no creo que guste a nadie.

    – Pues estás equivocada. Créeme, eres una chica con un atractivo especial, y tienes una cara preciosa. Sólo te falta encontrar a quien te sepa apreciar de verdad, y no sólo por tu físico. Y ese día llegará, te lo aseguro, y entonces verás las cosas de otra manera.

    Nerea sonrió casi sin querer y sus labios formaron un “gracias” que Jaime apenas oyó pero que sintió.

    ****

    Estuvo pensando toda la tarde en las palabras que le había dicho Jaime, y se sentía feliz. Quizá sólo lo había hecho para animarla, pero, fuera como fuera, se sentía muy bien.

    Estaba en su habitación a punto de acostarse, delante de un espejo de pie, donde podía verse de cuerpo entero. “Eres guapa y atractiva”, resonaban esas palabras en su cerebro. Se empezó a desnudar, quitándose la camiseta. Contempló sus pechos, recogidos en un sujetador blanco que le quedaba muy ajustado. Con la destreza que le daba la cantidad de veces que lo había hecho en su vida, se lo desabrochó y lo dejó caer al suelo.

    Sí, tenía unas buenas tetas. No eran demasiado grandes, pero estaban duras, muy firmes, como tenía que corresponder a una chica de su edad. Se las tocó y acarició, notando en las palmas de sus manos esa dureza, unida a la suavidad de la piel. Sus pezones, de un color marrón oscuro, no eran muy grandes, y solían estar bastante erectos. Ahora sobresalían de las areolas y Nerea los pellizcó levemente. El contacto de sus dedos con los pezones le proporcionó una sensación que conocía bien.

    Apartó sus manos de las tetas y se quitó el pantalón de chándal que vestía. Al comenzar el curso, Nerea estaba más gordita, tenía más carne, y sus caderas y la cintura estaban más rellenas. Luego decidió comer un poco más sano y hacer algo más de ejercicio. Esos meses produjeron un efecto en su cuerpo. Ahora, en aquel espejo, Nerea veía la imagen de una chica más estilizada, con unas piernas fuertes y un vientre plano, en el que destacaba un ombligo hundido. Sus muslos también se veían duros, y sin apenas celulitis.

    Metió los dedos en la tira de las bragas blancas que llevaba y las dejó caer hasta el suelo. Al colegio solía llevar bragas porque le resultaban más cómodas y porque le gustaba cómo le quedaban. Cuando se cambiaba en los vestuarios para la clase de educación física, observaba cómo la mayoría de sus compañeras usaban tangas, algunos tan diminutos que apenas tapaban el coño. A otras las veía con la tira metiéndose dentro del culo, y se preguntaba si no les resultaba incómodo. Nerea tenía tangas para ponérselos sobre todo con mallas o ropa más ajustada, pero no eran tangas de hilo, con lo cual podía soportarlos mejor.

    Completamente desnuda ya, observó el oscuro triángulo de vello que cubría su pubis. No era un vello muy fuerte, y nunca había tenido demasiado. Le gustaba tocarlo porque era muy suave al tacto. Siempre le había gustado tener pelo ahí, porque le daba un aspecto de mayor. Solía recortárselo ella misma, bien con unas tijeras o bien con una maquinilla, intentando que mantuviera siempre esa forma geométrica. Tampoco entendía muy bien esa moda de afeitárselo del todo, que algunas de sus compañeras llevaban a rajatabla.

    “Eres guapa y atractiva”. Jaime le había dicho eso con esa voz que tanto le gustaba a ella, mientras la miraba directamente a los ojos. A lo mejor sí que soy guapa, y gusto a los chicos, se decía mientras miraba su cuerpo, y se giraba para ver un culo pequeño y redondo, pero que sobresalía muy sensualmente. Se dio unas palmadas en las nalgas y notó que estaban duras, como el resto de ella.

    Empezó a tocarse nuevamente las tetas. Las apretaba y las amasaba, y con la palma de la mano volvió a rozar los pezones. Hizo unos giros suaves y notó cómo reaccionaban a su estímulo. Sabía muy bien lo que tenía que hacer.

    Para comentarios podéis escribirme aquí: [email protected]

  • Deseo cumplido

    Deseo cumplido

    Sucedió durante nuestra tercera noche en Desire RM, aquel noviembre del 2020. Para quienes no sepan qué es este lugar, lo explico brevemente: es un pequeño hotel (114 habitaciones) ubicado en Puerto Morelos, Riviera Maya, exclusivo para parejas liberales. Salvo los restaurantes, el resto del establecimiento es de ropa opcional y es swinger friendly.

    Algo único es que cuenta con dos espacios con el propósito específico de tener sexo en público: uno es la terraza jacuzzi, con una enorme tina para unas 30 personas con wet bar, así como siete u ocho camas con vista al mar o a la laguna; el otro es el playroom, un largo cuarto situado junto a la discoteque, con un gran colchón colectivo de unos 10 o 12 metros de longitud, un muro acolchado con argollas y un par de sillones eróticos, todo ello entre espejos que cubren gran parte de los muros. Mientras que la terraza tiene su horario de mayor actividad entre las 4 y 7 de la tarde, así como después de la una de la madrugada, el playroom funciona a partir de las diez de la noche. Ambos lugares son los paraísos para el voyerismo y el exhibicionismo, aficiones que tenemos tanto Andrea, mi novia de aquel entonces, como yo.

    La primera noche que visitamos el playroom, sólo fuimos a lo nuestro: tener sexo cerca de otras personas, viendo y sabiéndonos vistos. El enorme colchón está dividido en una especie de cubículos, mediante ligerísimas cortinas de tul, que no proporcionan aislamiento visual alguno, sino solamente cierto límite físico para cuestiones de privacidad, si es que en ese entorno puede haber alguna.

    La segunda noche le propuse a Andrea que entraríamos sólo a excitarnos, que no cogeríamos allí, sino que sólo tendríamos intensos fajes, quizá sexo oral y, cuando no pudiéramos más, nos iríamos a nuestra habitación a desfogarnos. Así lo hicimos.

    La mañana del tercer día conocimos en el área de la alberca a una pareja ligeramente más joven que nosotros. Él, el típico gringo blanco con pinta de adinerado; ella, una mujer de rasgos orientales con tetas firmes y pequeñas en un cuerpo muy atractivo y bien conservado a sus cuarenta y tantos. Platicamos de cosas insustanciales, aunque nos cayó en gracia saber que ese día tanto ella –Lisa- como yo, cumplíamos años. Nos despedimos con el clásico “see you later” y no volvimos a pensar en ellos.

    Después de la cena y la pre-copa en el lounge al aire libre, con buena música en vivo, estábamos listos para la disco. Tomamos nuestro lugar en un sofá desde el que teníamos una buena panorámica de la pista de baile, cerca del bar y, en consecuencia, cerca de la entrada al playroom.

    La noche se puso loca desde temprano, gracias a una joven hispana, pareja de un hombre mucho mayor quien, bastante pasada de copas empezó a bailar descalza en la pista, con un ritmo a la vez desmañado y erótico, mientras el viejo la veía desde un banco alto junto a la barra. Poco después, la chica lanzó su breve vestido y quedó completamente desnuda, para mayor placer visual de todos los que allí estábamos. Por si eso no fuera suficiente, durante su frenético baile se frotaba contra quienes bailaban cerca de ella, para después terminar también restregando su firme cuerpo contra prácticamente todos los asistentes, incluyéndonos a Andrea y a mí. Desgraciadamente, el alcohol hizo sus estragos y al cabo de un rato, ya muy trastabillante, salió del local, casi colgada de su viejo acompañante, habiendo calentado el ambiente.

    Después de volver de la barra con una segunda ronda de tragos y antes de sentarme junto a Andrea, le dije que me daría una vuelta por el playroom para “tantear las aguas”; no teníamos plan específico para esa noche, pero no queríamos irnos de Desire sin una tercera jornada en ese excitante salón. Volví un poco desilusionado, puesto que el cuarto estaba completamente vacío, lo que hacía absurdo entrar a él; decidimos esperar mientras bailábamos un rato. Luego de una media hora y a pesar de la penumbra del antro, vimos que algunas parejas desaparecían tras la cortina que separa al playroom de la disco; una mirada nos bastó para decidir que era el momento de una segunda exploración, la que haríamos juntos. Después de beber el resto de nuestros tragos, nos dirigimos hacia allá. Ya desde la entrada, la escena era inmejorable; un tipo –bastante sangrón, por cierto, al que nunca vimos platicar con nadie más- estaba desnudo, atado al muro acolchado, de cara a éste, mientras su rubia y atractiva esposa, con las tetas al aire, lo azotaba levemente con un látigo de múltiples puntas, alternando los golpes con besos y lengüetazos en su espalda, nalgas y piernas. Nos estacionamos un poco viendo el show, mientras nos desvestíamos y colocábamos nuestra escasa ropa en un casillero y tomábamos de allí mismo un par de toallas; la rigidez de mi pene delataba mi excitación, tal como la de mi novia, que pude comprobar al palpar su vulva.

    Avanzamos hacia el fondo, buscando un espacio libre para acostarnos, cuando Andrea señala discretamente y me dice:

    -¿Ya viste quién está allí? Tu colega la china.

    En ese momento, Lisa besaba a un hombre que no era su marido –y a quien no alcanzamos a identificar-, mientras éste le lamía las tetas a quien claramente era la pareja del otro. Andrea y yo nos quedamos de pie, disfrutando de la escena y manoseándonos con lujuria.

    -Ven, vamos a ponernos cerca de ellos –le propuse, y colocamos nuestras toallas al lado de la transparente cortina, recostándonos sin perderlos de vista.

    Entonces el marido de la china –le llamaré Lewis, aunque no recuerdo su nombre- se acostó sobre su espalda, mostrando su verga erecta de buen tamaño, similar a la mía aunque de color mucho más claro. Las dos mujeres se arrodillaron y se abocaron a brindarle atención al miembro viril, mientras el otro hombre se mantenía ligeramente al margen, únicamente acariciando las nalgas de ambas. Las dos chicas parecían tener una excelente coordinación, mientras una chupaba el pito, la otra lamía los testículos; luego ambas lamían el tronco desde la base hasta la punta y de cuando en cuando se fundían en un cachondísimo beso, sin dejar de manosear los genitales del afortunado Lewis.

    Andrea y yo no perdíamos detalle, pero no nos quedábamos quietos; estábamos francamente calientes en esta experiencia multisensorial.

    -Flaquito, ¿Te confieso algo? –me dijo agitada mi novia.

    -Lo que quieras, guapa, lo que quieras.

    -Me prende durísimo lo que están haciendo ellas.

    -¿La forma en que chupan el pito? –pregunté.

    -Sí… pero también que se besen una a la otra. –Y luego, con voz muy baja, dijo algo que no alcancé a escuchar.

    -¿Cómo dices?

    Elevando un poco más la voz, pero casi entre gemidos, repitió:

    -¡Que se me antoja mucho!

    ¡Uf, qué descarga de adrenalina! Me estremecí de excitación y con la garganta casi cerrada la animé:

    -¡Anda, ve con ellas!

    -Pero… ¿Cómo? –dudó. -¿Será correcto? ¿Qué hago..? Dime, tú dime.

    -Sencillo –le dije, consciente de que no sería sencillo, pero confiando en el arrojo de Andrea. –Te acercas un poco más y le dices a la china: “¿May I join to you?”

    -¿Así nada más?

    -Sí, así nada más, pero hazlo ahora –insistí. –La oportunidad es en este momento… Y una cosa: mámasela riquísimo, disfruta y hazlo disfrutar al cabrón.

    Emocionado, vi cómo mi novia, gateando lentamente, se acercaba el escaso metro y medio que nos separaba de ellos y, colocando una mano en el hombro de Lisa, algo le dijo al oído. La china sonrió y le hizo una seña que claramente significaba: “adelante”.

    Con esa complicidad asombrosa y natural que sólo las mujeres pueden tener, el dúo erótico ascendió a un trío francamente pornográfico en un caos contenido –valga la expresión- que me tenía en las nubes. Me acerqué por detrás a Andrea, cuyo culo apuntaba hacia arriba; lamí entre sus nalgas mientras introducía dos dedos en su vagina ardiente, chorreante… y no pude esperar más: la penetré con mi pene en un solo movimiento, lento y constante, hasta el fondo y así, lenta y constantemente inicié un bombeo con la intención de no distraerla y de incrementar su estado de excitación.

    El orgasmo de Andrea llegó mientras besaba apasionadamente a Lisa al tiempo que la otra chica mantenía en su boca la verga de Lewis y a su vez era cogida por su marido. Mi novia se estremeció, gritó y los espasmos vaginales casi me hacen eyacular, lo que impedí a toda costa, ya que no quería que esto acabase tan pronto. Con delicadeza salí de Andrea y me senté a esperar que ella terminara su actividad.

    Lo que sucedió a continuación lo narraré muy pronto.

  • Ella infiel, yo infiel

    Ella infiel, yo infiel

    -Gallego, mañana nos juntamos para salir a las 8 h en el barcito de Libertador. ¿Venís con la flaca?

    -Creo que sí. Vamos a ver de que humor se despierta. Dije.

    -Bueno, nos vemos.

    Tono era uno de los muchachos del grupo de motociclistas que una vez por mes nos juntamos para hacer ruta, almorzar en algún lado y retornar. Todos hombres y mujeres entre treinta y cuarenta años.

    -Buenas a todos. Saludé cuando entre al bar.

    -Prepárense para el diluvio: El Gallego llego antes de la hora. Dijo Tono y todos se largaron a reír.

    -Che, que no siempre llego tarde, no jodan.

    -¿La flaca duerme? Me preguntó.

    -Si, y le duele la cabeza, y tiene que ir a lo de la madre, y tiene que ir a la peluquería, y… bla bla bla. Dije.

    -Boluda, ella se la pierde.

    Un rato después subimos a la ruta y partimos. Éramos como veinte motos. Algunos con sus parejas, otros como yo solo, algunas parejas de chicas, y también un par de chicas solas. Hicimos unos doscientos kilómetros y llegamos a un pueblo, muy pintoresco. Paramos en un parque donde había una parrilla que era donde íbamos a almorzar.

    Se formaron distintos grupos, como siempre. Yo iba a uno donde estaban mis amigos cuando una chica me dijo:

    -Gallego, ¿tomas unos mates?

    Era Nadia, una de las que hacía más tiempo estaba en el grupo.

    -Dale, gracias.

    -Por favor amigo. ¿Qué paso que tu mujer no vino? ¿Otra vez tenes problemas?

    -No Nadia, no otra vez. Siguen los mismos puteríos de siempre que se agravan cuando hay salida con las motos.

    -Que mina boluda. Che, te presento dos amigas que se suman al grupo. Ella es Delfina, Delfi, y Paola, Pao. Chicas este es el Gallego. No me pregunten el nombre porque nunca lo supe. Buen tipo, excelente compañero de ruta. Es de los fundadores del grupo.

    -Hola Delfi, Pao, bienvenidas al grupo.

    -Hola un gusto. Dijo Delfi.

    -¿Qué tal? Dijo Pao.

    -¿Vinieron en moto o acompañando?

    -Yo vine en mi moto, es mi primera salida. Dijo Delfi.

    -Yo con Nadia, también es mi primera experiencia en ruta. Y excitante por cierto.

    -Delfi, sabes que lo que necesites, todos estamos para colaborar. Yo y otros chicos tenemos herramientas.

    -Gracias Gallego, es bueno saberlo.

    Seguimos tomando mate por un rato y en un momento dado, Delfi y Pao fueron al baño.

    -Boludo, cuando vas a largar a la flaca. No quise hablar delante de las chicas, pero ya es hora…

    -Lo sé. Pero la verdad es que no tengo ganas de llegar la casa y estar solo. Por lo menos así peleo con alguien.

    -Sos tarado, por Dios. Sabes cuantas minas estarían locas por estar con vos. Alto, lindo, con plata, y según una chismosa, bien dotado.

    -Muy generosa la que te lo dijo. No creas todo.

    -Una muy amiga y totalmente confiable. Te lo digo como amiga de la ruta, dejate de joder y pateala.

    -Si hay que patear a alguien, avisen. Me encanta patear traseros. Dijo Delfi sentándose de nuevo.

    -Cosas de amigos Delfi. Dijo Nadia

    -Nadia me estaba aconsejando como continuar la relación con mi pareja, en términos legales como escuchaste.

    -Entonces avísame sin falta, me gusta patear traseros de mujeres boludas. Dijo mirándome a los ojos.

    -Lo voy a tener en cuenta Delfi.

    Un rato después, estábamos almorzando un tremendo asado. Casualmente Delfi se sentó frente a Nadia, que estaba sentada junto a mí. Varias veces se quedó mirándome, y cuando se daba cuenta que la miraba, sonreía.

    Después de almorzar, dimos unas vueltas por el pueblo en las motos y luego paramos a tomar un café.

    Al lado había un hotel chico, bien de pueblo. Se me ocurrió quedarme a dormir y volver al día siguiente solo. Pregunté si tenían habitación y como había lugar, decidí quedarme.

    Cuando fui a la mesa donde estaba Nadia, la llame a mi pareja.

    -Hola, tengo un problema con la moto. La están arreglando, pero no la terminan hasta mañana.

    Si, no te preocupes, hay un hotel chiquito.

    Dale, nos vemos.

    Corte y Nadia me estaba escuchando.

    -¿Tan mal está la cosa que te quedas?

    -Tengo ganas de pensar un poco.

    -¿Queres que me quede con vos Gallego? Sabes que lo digo de onda.

    -Gracias Nadia. Sos una amiga, pero voy a estar bien.

    -Bueno, si mañana tenes problemas en la ruta, me llamas y con alguno de los chicos te venimos a rescatar.

    -Si, tranquila.

    Lentamente se fueron yendo todos, y fui al hotel a dejar el morral de la moto, donde siempre llevo una muda de ropa de repuesto. Cuando salí, Delfi estaba sentada en su moto en la puerta del hotel.

    -¿Qué pasó? ¿Algún problema Delfi?

    -Vi que no arrancabas y le pregunte a Nadia. En las películas los grupos comando como los Seal, siempre dicen que no se abandona a un compañero.

    -Pero vos no sos un comando y yo no estoy herido.

    -¿Seguro? Te dije que me encanta patear el culo de boludas. Me quiero quedar a hacerlo.

    -Ella no está acá. No vas a poder.

    -Gallego, hay muchas formas. ¿Tenes cama matrimonial en la habitación o dos individuales?

    -Matrimonial.

    -Bien, vamos a estar cómodos. Yo normalmente duermo de la derecha, de costado y me gusta hacer cucharita. Ah, duermo solo con la tanga.

    Me largue a reír con ganas. Ella igual, y me guiño un ojo.

    -Sos tremenda parece. Vas de frente con todo. No conocí a otra mujer así.

    -Sé lo que quiero, y como conseguirlo. Y no tengo vergüenza en decirlo.

    -Veo, ¿Nunca tenes un fiasco?

    -No amor, cuando ataco, sé que llevo las de ganar.

    Nos sentamos de vuelta en el bar y me conto que era Ingeniera civil, que tenía un muy buen trabajo en una empresa constructora, que tenía 40 años, divorciada, con un hijo de 20 que vivía solo, y que siempre le gustaron las motos, y que ahora por fin pudo comprarse una Harley, la moto de sus sueños.

    Obviamente había visto que parecía tener buen cuerpo, pero siempre estaba con la campera bastante cerrada, en un momento dado, se la sacó y tenía realmente un muy buen cuerpo. Sobre todo para la edad.

    -¿Queres hablar Gallego?

    -No hay mucho que contar Delfi. Tres años en pareja, sin hijos por suerte, ella trabaja, un buen trabajo, todo iba bien al principio, pero empezó con los celos, primero con una mina, después con un grupo de amigos que jugamos al futbol, después con el grupo de motos a pesar que me conoció en el grupo, y ahora con mi trabajo. Si fuera por ella viviríamos en una isla desierta creo.

    -¿Le das motivos para que te cele? Digo, ¿te agarro en alguna?

    -Nunca un motivo, hasta hoy…

    -Hoy no lo buscaste vos. Y por lo que vi, no tiraste onda con ninguna de las chicas.

    -Eso es cierto.

    -¿Tienen buen sexo?

    -¿Perdón?

    -No te hagas… sabes bien lo que te pregunté.

    -Normal, standard supongo.

    -Aburrida.

    -Digamos.

    -¿Tenes una foto?

    Busque en el celular y le mostré un par de fotos.

    -Ah, es una boluda importante. Buen lomo tiene. Y no es grande, ¿Cuántos, 30?

    -32 años.

    -Tremenda pelotuda. Una mina después de los treinta tiene que entender que cambiaron las cosas, que lo que antes era una puta, hoy es una mina normal, no va más eso de “hay, como voy a chuparle la pija, no soy una cualquiera”. Hoy viene una pendeja de 20 y no solo te la chupa, sino que después que la cogiste, te la vuelve a chupar y te la deja inmaculada. Y otras cosas que no digo porque son fuertes…

    -Ah, son fuertes, y eso fue liviano.

    -Vos tenes 35, ¿Estuviste con una pendeja de veintipico?

    -No.

    -Se nota amor. Son tremendas. Viven el sexo con una libertad que impresiona. Nos pasan tres veces por arriba a las de más de treinta. Y si no nos avivamos, no nos coge nadie, te lo aseguro.

    -La tenes muy clara. ¿Por qué estás sola?

    -Porque los hombres tampoco evolucionaron, y les asusta una mina como yo. Que les diga lo que pienso y como lo pienso, que use las palabras que van y no eufemismos tontos. Concha es concha, no cuchufleta.

    -Me encanta escucharte. Sos una distinta. Me gusta.

    -Gracias. Y gracias por no echarme de un voleo en el culo.

    -Espera me llama.

    -Pone el altavoz, quiero escucharla. Prometo no decir nada.

    -Ojo.

    -Hola Flaca, ¿Qué pasa?

    -Quería saber cómo estabas, ¿No vas a venir entonces?

    -No, te dije, hasta mañana no terminan la moto.

    -Que macana. Yo voy a ir a cenar a lo de Mariana, con el esposo y los chicos. Me quiere comentar un proyecto que tiene. Te aviso porque normalmente hay poca señal en su casa.

    -Está bien, no te preocupes. Hablamos mañana. Beso.

    -Otro.

    -Esa mina te está cagando Gallego.

    -Delfi, no lo creo. Conozco a Mariana y al esposo, no creo que se presten a cubrirla.

    -Bueno, si vos lo decís…

    Me quedé callado un par de minutos. Y llamé a un amigo, casi un hermano. Puse el altavoz.

    -Peri, el Gallego habla.

    -Galleguito, querido.

    -Necesito una gauchada. ¿Podes hacer un rastreo, desde ahora hasta mañana a las 8?

    -Sabes que es…

    -Lo sé. Te paso el número. Y le di el número de celular de la flaca, que el tenía como contacto.

    -¿En serio me lo pedís?

    -Si.

    -Ok. te mando un archivo con las direcciones aproximadas. Si te mando las coordenadas te vas a enquilombar. Te vuelvo a preguntar ¿Es en serio?

    -Si Peri, muy en serio.

    -Que cagada amigo. Que cagada. Vos estas en Príngles ahora. No te puedo creer. Que mina pelotuda. Justo a vos te va a cagar.

    -Viste como es. Gracias hermano.

    -Por favor. Voy a inventar una causa, así la puedo registrar por si necesitas pruebas.

    -Ok.

    -Abrazo y llamame si necesitas algo más.

    Corté y me quedé pensativo.

    -Interesante tu amigo. Dijo Delfi.

    -Si.

    -Che, ¿Pizza jamón y morrones, faina y cerveza? Bien fina la mina como veras.

    -Por supuesto.

    Caminamos un par de cuadras hasta una pizzería y nos sentamos. Estábamos cenando y llamó Nadia para ver como estaba. Le dije que todo bien y se rio cuando escucho la voz de Delfi de fondo.

    Cuando salimos de la pizzería, pase el brazo por los hombros de Delfi y ella me abrazo de la cintura.

    -Gallego, escuchame bien. Por más zafada que parezco, no soy boluda. Quiero decir, no hay obligación que pase nada entre nosotros. Sos un buen tipo, y me jode verte así. Si no tenes ganas, es super entendible.

    -Gracias loquita. Eso es ser una buena amiga.

    La habitación del hotel era sencilla, nada de lujos. Pero muy limpia. Y el baño, impecable.

    -Me voy a pegar una ducha. Dije y con una naturalidad que me sorprendió, me quite la ropa y entre al baño solo con el bóxer.

    -Impecable el agua, bien caliente como me gusta. Dije cuando salí con una toalla en la cintura.

    -Me toca.

    Y con la misma naturalidad que yo, se sacó la ropa y entro solo con la tanga al baño. Era una mujer de cuarenta años, pero todas las carnes bien firmes. Se notaba mucho gimnasio en ese cuerpo. Muy buenos pechos, nada o casi nada de abdomen y una cola fenomenal.

    Cuando salió de la ducha, tenía otra tanga puesta, como yo, tenía ropa de recambio. Se acostó y apagamos la luz.

    No me podía dormir, no tanto por la posibilidad de los cuernos que me estaban metiendo, como pensando en que realmente tenía que terminar la relación con mi pareja. Por momentos respiraba profundo y sacaba el aire con todo.

    Creo que paso más de una hora y Delfi dijo:

    -Tengo una petaca de ginebra.

    -Dale.

    Prendió la luz y fue a buscarla a su alforza.

    Nos sentamos en la cama, y compartimos varios tragos. Delfi ni se preocupaba en taparse los pechos. Sin decir nada apagó la luz y se volvió a acostar, de costado, como dijo que le gustaba.

    -Gallego, abrazame.

    Me puse en cucharita con su cuerpo y la abrace. Sin pensar mucho, corrí su melena y le bese el cuello.

    -Si empezas así, vas a conseguir ponerme muy caliente rápido. Dijo y corrió más su pelo para que siga besándola.

    Lo seguí haciendo y me puse a acariciar sus brazos, sus pechos, y baje a su concha. Estaba totalmente húmeda. Mi pija empezaba a tomar volumen y ponerse dura.

    -Desgraciado, me estás haciendo poner muy caliente. Normalmente no me gusta el sexo vainilla, pero esto es genial, sabes cómo hacerlo sentir muy rico.

    Hice que recoja un poco una pierna y comencé a penetrarla desde atrás por su concha.

    -Epa, no esperaba que ataques con cañones de grueso calibre…

    Yo me movía acompasadamente, acariciándola y besando su nuca, su oreja, su hombro. Estuve así por varios minutos, y la sujete fuerte. Me acosté boca arriba y ella dándome la espalda sobre mi pecho. Me movía lentamente, acariciaba sus pechos y una de mis manos bajo a acariciar su clítoris. Ella me ofreció nuevamente su cuello para besar haciendo a un lado su cabeza.

    -Te odio, me vas a hacer amar el sexo vainilla desgraciado. Dijo luego de un orgasmo.

    Incremente mis bombeos y acabe en su concha, ella sintió mi leche llenándola y tuvo un hermoso orgasmo.

    -Que tremendo tipo que sos. Me hiciste gozar muy lindo. Sos de la vieja escuela, que saben cómo tratar a una mujer.

    -Delfi, vos sos una mujer, no una pendeja. Te puede gustar el sexo duro, pero también, que te traten dulcemente.

    -No lo dudes mi amor, no lo dudes.

    Tomamos unos tragos más de ginebra y me dijo:

    -Ahora me toca a mí. Vale todo. Todo.

    Se puso de rodillas junto a mí, dejando su culo al alcance de mi mano, y se puso a chuparme la pija, primero, pasando su lengua desde las pelotas hasta la punta, luego intercalaba eso con profundas chupadas. Yo metí dos dedos en su concha que estaba totalmente mojada. Metía y sacaba los dedos, masturbándola y pasando las yemas por su punto G.

    -Esto es realmente importante, con razón desde atrás entraba bastante guacho, me vas a partir.

    Siguió chupando y metió un par de dedos junto a los míos en su concha. “Si, así” dijo y empezó a chupar como loca. No sé por qué, pero le di un chirlo en el culo con mi mano libre. Me insulto y más loca se puso. Me incorpore un poco y sin sacar los dedos de su concha, con la otra mano fui acariciando y apretando sus tetas alternadamente. Me estaba poniendo loco la forma de chupar.

    La tome de los cabellos y hacía que se la meta por completo en la boca, ella tocía, tenía arcadas pero no intentaba sacarla de la boca. En mis dedos sentí que llegaba a un orgasmo y saque mis dedos de su concha. Le di otro chirlo en el culo e hice que se metiera toda la pija al mismo tiempo.

    -Hijo de puta, me vas a hacer mierda.

    La hice poner en cuatro patas y la penetre completamente, ella dio un grito de dolor y me detuve por unos segundos. Ella se empezó a mover con todo, apoyo la cabeza en la cama y con las dos manos se separaba los cachetes. La tome por la por la cintura y embestía con todo. Ella soltó los cachetes y se daba con todo el en clítoris. Le di un chirlo en el culo y más fuerte se masturbaba el clítoris. Luego de un orgasmo nuevamente se separó los cachetes del culo. Escupí su orto y le metí la primera falange de mi índice. Seguí bombeando con todo sin moverlo, al contrario, tenía que sacarlo porque ella se movía para metérselo.

    -No, ahora no.

    -Guacho, te odio, Rompeme el culo desgraciado.

    -No, no es tiempo. ¿Cómo era lo de las pendejas? Dije y me puse de pie junto a la cama.

    Ella se dio vuelta y me empezó a chupar desesperada, mientras se metía dedos con todo.

    -Te voy a coger esa boca, como nunca cogí otra. Le dije y le tome la cabeza con firmeza.

    La cogía con locura, ella se dejaba hacer, con arcadas, ahogándose en saliva, masturbándose como loca y mostrándome como lo hacía.

    Yo nunca había estado tan caliente. Vi que llevaba la mano a su culo y adivine la intención.

    -Ahora no, cuando te diga. Dije.

    Por toda respuesta me golpeo el pecho con un puñetazo suave.

    Cuando estuve por acabar, saque la pija de su boca y me masturbe. Ella, con los ojos llorosos, baba cayendo de su boca, me miraba caliente. Puse mi pija en sus labios y acabe, llenándole la boca de leche. Delfi trago todo.

    -Ahora sí, date con gusto. Le dije y ella metió dos dedos en su culo.

    Me seguí masturbando y cogiendo la boca de Delfi. Ella me miraba loca de placer.

    -Por vos Delfi, por vos. Dije mirándola a los ojos.

    -Hijo de puta, gracias mi vida, sos un genio. Me tenías re loca, ahora… quiero que te acuestes.

    -Otro día. Ponete en cuatro.

    Delfi se puso en cuatro y apoye la pija contra su orto. Empuje y con esfuerzo entro totalmente. Ella mordía la sabana y gritaba. Separo al máximo sus cachetes y yo me volvía más loco. Sin salirme, la empuje y la puse de costado con una pierna levantada, de esta forma entraba hasta mi pelvis. Metí dos dedos en su concha y la empecé a masturbar, mientras con la mano libre le golpeaba el culo totalmente enajenado por como gozaba esa mujer.

    Le llene el culo de leche, y me quede de rodillas. Ella en medio de temblores, se sacó mi pija del culo y me la chupo hasta dejarla bien limpia. No le importo que hubiera sangre de su culo, mi semen, y seguramente algún rastro más.

    -Sos un genio, te adoro. Tremenda cogida me pegaste. Ves, así también se le patea el trasero a una boluda, cogiendo así con su hombre.

    -Delfi, sos genial cogiendo. Increíble pendeja.

    -Guacho.

    Un rato después nos dormimos. Nos despertó el llamado de Pericles. Puse el altavoz.

    -Hola Peri.

    -Amigo. Lo lamento, tenías razón. Ahí te pase a tu mail todo.

    Casualmente ahí están haciendo una vigilancia y hay cámaras por doquier. Te mande fotos, hasta de adentro de la habitación.

    En serio, lo lamento.

    -Gracias Pericles. Te debo una gigante hermano.

    -Nada de deudas entre hermanos. No hagas cagadas pelotudo. Te cago a trompadas.

    -Olvidate.

    -Ah, Por un problema en su línea, no puede hacer llamados, ni a vos. Y tampoco recibir. Excepto de vos.

    -Entendido.

    Nos duchamos y pague el hotel y fuimos al bar de al lado para ver todo.

    -Que mina pelotuda. Ese es un pendejo. Eso es calentura del momento. Dijo Delfi.

    -Amiga, ¿Queres patearle el trasero en serio?

    -Por supuesto, más ahora. A mi macho no se le hace eso. ¿Qué queres hacer?

    -Hola Peri, yo de nuevo.

    -Decime.

    -Necesito un cerrajero en la casa en dos horas aproximadamente. Para cambiar una cerradura.

    -Dalo por hecho. Yo te monitoreo para que este cuando llegues.

    -Gracias y monitoréala a ella, por las dudas vuelva.

    -Dale.

    -Hola Flaca, por fin me puedo comunicar.

    -Hola amorcito. Si es tremendo, yo quise llamarte y no me puedo comunicar desde aquí.

    -Todavía estás con Mariana entonces.

    -Si querido.

    -Ah, escuchame yo voy a estar llegando de noche. Se complicó.

    -Bueno, que pena. Entonces me quedo acá hasta la tarde.

    -Genial, nos vemos a la noche.

    -Un besito.

    -Listo, tomemos el café y salimos.

    -Dale, ya me estoy imaginando lo que vas a hacer.

    -Yo vivo en Pilar, ¿Vos? Le pregunté

    -Tortuguitas, muy cerca.

    -¿Queres pasar a buscar ropa por tu casa? Le dije mirándola a los ojos.

    -Va a ser un placer.

    -Ni que lo digas

    Subimos a las motos, y partimos a ritmo veloz. Delfi, aunque era novata, manejaba muy bien la moto, íbamos rápido por la ruta. Pasamos por su casa, en un lindo barrio cerrado, armo un bolso y luego llegamos a casa, y el cerrajero nos esperaba.

    -Hola, por favor, necesito cambiar la cerradura de esta puerta y la del garaje.

    -No hay problema. En cinco minutos termino.

    Cuando termino, busque bolsas de basura grandes, tipo consorcio que había comprado para otra cosa, y con la ayuda de Delfi puse todas las cosas de mi pareja, ex pareja ahora, y las llevé al garaje.

    Al atardecer, Peri me mandó un mensaje que ella estaba a 10 cuadras. Saque las bolsas y la puse en la vereda. Cuando intento entrar a la casa, no pudo. Toco timbre y Delfi, en tanga y con brazier, abrió la puerta.

    -Hola, ¿Si?

    -Eh. Yo, yo vivo acá, ¿Qué pasa? ¿Quién sos?

    -Gallego, te busca una mina que dice que vive acá.

    -Hola, esas bolsas tienen tus cosas. Jugaste y perdiste flaca. Te olvidaste que tengo un buen hermano. Toma, saliste bien en las fotos. Espero que hayas gozado bastante. Chau.

    -Jorge, por favor escuchame, hay un error, no soy yo, es una chica parecida, yo estaba…

    -Aquí tenes la localización de tu celular, justo fuiste a ir a un hotel vigilado por narcotráfico. No pegas una.

    -Jorge, dejame que te explique, el flaco me obligó, yo no quería.

    -Sos muy pelotuda flaca. Perderte este tipo por un pendejo. Muy boluda.

    -Chau flaca, suerte. Dije y cerré la puerta.

    Ella se quedó llorando en la vereda de la casa, los vecinos del barrio la miraban pero ninguno se acercaba a ayudarla.

    -Loca, gracias. En serio. Si no te hubieses quedado…

    -Gallego, no jodas con boludeces y ahora vamos a coger como animales.

    Y lo hicimos. Delfi se quedaba a dormir varios días por semana, yo algunos en su casa. Éramos pareja, pero elegimos darnos libertad total. Al pedo como comprobaríamos tiempo después.