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  • La cuenta pendiente del almacenero (2 y final)

    La cuenta pendiente del almacenero (2 y final)

    Ese día me vestí más sexy de lo normal. Saqué del fondo del placard un short jean apretadísimo que no me ponía hace años —de esos que se me clava entre las nalgas y marca todo el culo redondo— y un top negro escotado que dejaba ver el borde del corpiño de encaje y el canalcito rico entre las tetas. Me miré al espejo antes de salir: el pelo suelto, labios rojos, bronceado del gym… sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

    Llegué al almacén a media tarde, como siempre en horario de siesta, cuando el country parece muerto. José estaba atendiendo a una vecina mayor, pero en cuanto me vio entrar sus ojos se clavaron en mí. Terminó rápido con ella, casi empujándola para afuera con una sonrisa, y bajó la persiana a medias.

    —Pienso en vos todo el tiempo —soltó directo, sin vueltas, acercándose al mostrador.

    —Ayyy, qué exagerado sos —me reí nerviosa, pero ya sentía el cosquilleo entre las piernas.

    —Te lo juro, la verdad me volvés loca —insistió, la voz más grave que de costumbre.

    —Sabés que estoy casada… —dije, aunque sonó más débil de lo que quería.

    —Pero si no le decís, no tiene por qué saber que quiero todo con vos —respondió él, sin pestañear.

    —Mejor ya me voy… porque sino… —dejé la frase colgando, y los dos sabíamos lo que significaba.

    —¿Porque sino qué? —preguntó, rodeando el mostrador y acercándose despacito.

    —No sé, jajaja… capaz me arriesgo, pero imposible.

    —Nada es imposible, preciosa —dijo, y de pronto ya lo tenía pegado a mí. Me agarró por las caderas con las manos grandes, con un poco de temor todavía, pero firme—. Yo sé que tu marido no te toca como quisieras… ¿o me equivoco?

    —No sé… puede ser —murmuré, apartándome un paso, el corazón latiéndome como loco.

    —Estoy seguro que no. Sino no estarías acá, así de linda, así de sexy… Vamos, animate —susurró, y su mano bajó despacio hasta rozarme el culo por encima del short, apretando apenas una nalga.

    —No, no… me tengo que ir —dije, pero la voz me temblaba. Me alejé rápido, tomé la bolsa que ni recuerdo qué había comprado y salí casi corriendo.

    —Al menos pensalo, ¿eh? —gritó desde la puerta, apoyado en el marco con esa sonrisa de ganador.

    —Ya no estés molestando, jajaja… adióoos —le contesté, y me fui caminando despacio, contoneando el culo de lado a lado más de lo necesario, sabiendo que él me estaba mirando fijo.

    Al llegar a casa, la indiferencia de siempre: mi marido en el living con el celular, ni levantó la vista cuando entré. “Hola”, murmuró sin mirarme, y siguió scrolleando. Ni un comentario sobre cómo venía vestida, ni una mirada de deseo. Nada.

    Me fui directo al baño, cerré con llave y abrí la ducha. El agua caliente cayó sobre mí mientras me sacaba el short y el top. Al bajarme la tanguita vi lo obvio: estaba mojada, empapada, el hilo de excitación pegado a la tela. No entendía… o sí entendía perfectamente. Cada charla con José me dejaba así, bien cachonda, con la concha hinchada y palpitando.

    Me apoyé contra la pared, dejé que el agua corriera por las tetas y la panza, y bajé la mano. Empecé a acariciarme el clítoris despacio, en círculos, imaginando al principio los viejos buenos momentos con mi marido: esas cogidas salvajes de antes, cuando me agarraba del pelo y me daba hasta que no podía más.

    —Aaah… —gemí bajito, mordiéndome el labio para que nadie oyera.

    Últimamente me masturbaba mucho, casi todos los días. Pero esta vez, inevitablemente, la cara que apareció fue la de José. Imaginé sus manos grandes en mis caderas, su barba blanca rozándome el cuello, esa pija gruesa que se le marcaba en el pantalón cada vez que me miraba.

    —¿Y si lo hago… por última vez? —me susurró esa voz maligna en la cabeza.

    Apreté más fuerte el clítoris, metí dos dedos adentro, bombeando rápido mientras el agua caía. Me vine en una explosión rica, las piernas temblando, un gemido ahogado saliéndome de la garganta. Pero no fue suficiente. Mis dedos no alcanzaban. Necesitaba más. Necesitaba un pedazo de carne dura entre las piernas, alguien que me cogiera como mujer, no como un mueble.

    Me quedé bajo el agua un rato largo, respirando agitada.

    Al final terminé cediendo. Mi cuerpo pedía a gritos ese placer que llevaba meses negándome, y ya no podía más con la calentura que José me provocaba cada vez que lo veía. Esa noche, después de otra cena fría con mi marido pegado al celular, tomé el teléfono con las manos temblando y le mandé el mensaje sin pensarlo dos veces:

    —A las 3 de la tarde te espero en el hotel de la viña, piso 3, habitación 13.

    Ni hola, ni explicación, nada. Directo al grano.

    La respuesta llegó en segundos:

    —Entendido, reina.

    Me quedé mirando la pantalla, el corazón latiéndome fuerte, una mezcla de culpa y excitación que me mojaba sola. Sabía que no había vuelta atrás.

    Al otro día me preparé como si fuera a una cita prohibida de película. Me puse mi vestido halter rojo, ese que marca la cintura y deja la espalda casi entera al aire, con el escote profundo que resalta las tetas. Debajo, lencería negra de encaje nueva: corpiño que las empujaba bien arriba, tanguita brasileña que apenas cubría la concha depiladita y se hundía entre las nalgas. Arriba de todo, un saco largo para disimular y no levantar sospechas en el country. Me miré al espejo: labios rojos, pelo suelto en ondas, perfume fuerte en el cuello y entre las piernas. Estaba para comerme.

    Salí en sigilo, diciendo en casa que iba al gym y después a tomar un café con las chicas. Conduje hasta el hotel de la viña —ese que está a unos kilómetros, discreto, con entrada por el estacionamiento trasero— con las manos sudadas en el volante y la concha ya palpitando de anticipación.

    Al llegar, José ya estaba en la puerta de la habitación 13, apoyado contra la pared con una camisa blanca arremangada, jeans oscuros y esa sonrisa lobuna que me volvía loca. Me miró de arriba abajo cuando me acerqué, quitándome el saco en el pasillo desierto.

    —Por favor, no das más de linda… —murmuró José con la voz ronca, y sin darme tiempo a réplica me agarró fuerte de las caderas y me estampó un beso que me dejó sin aire.

    Abrimos la puerta de la habitación como pudimos, tropezando, él metiéndome mano por todos lados, amasándome el culo por debajo del vestido, yo tironeándole la camisa hasta sacársela de un tirón. Los botones saltaron, pero a ninguno le importó.

    —Lamentablemente tenemos poco tiempo —jadeé entre besos, mientras le arañaba el pecho velludo.

    —Lástima… a mí me gustaría estar con vos el día entero —gruñó él, bajándome el vestido halter de un solo movimiento, los tirantes cayendo y dejando mis tetas al aire, envueltas solo en el encaje negro del corpiño.

    —Sí, pero no se puede… ¡Aaah… aaah!

    Estaba demasiado caliente, cachonda como nunca. Nunca había estado con un hombre tan maduro, y sus caricias lo delataban: sabía exactamente dónde tocar, cuánto apretar, cómo volverme loca. Sus manos grandes y callosas me recorrieron la espalda desnuda, bajaron hasta el culo y me alzaron contra él. Sentí su pija dura, gruesa, presionando contra mi panza a través del pantalón.

    Empezó a besarme el cuello, bajando despacio, mordisqueando la piel sensible hasta llegar a las tetas. Me bajó el corpiño de un tirón y las sacó: pezones duros, hinchados de deseo. Su boca caliente se cerró sobre uno, chupando fuerte, la lengua girando en círculos perfectos mientras con la otra mano apretaba la otra teta, pellizcando el pezón justo en el punto que me hacía arquear la espalda.

    —Aaah… ¡SÍ! ¡Besame así, sí! —gemí eróticamente, la voz temblando, la piel quemándome de excitación.

    Bajó la cabeza más y se dedicó a devorarlas: chupaba una, la lamía entera, pasaba la lengua por el canalito entre las dos, después atacaba la otra con la misma hambre. Sus apretones eran firmes, posesivos, como si las tetas fueran suyas desde siempre. Hasta ahora, solo de recordarlo, se me eriza la piel y se me moja la concha.

    —Qué pedazo de tetas tenés, reina… —susurró contra mi piel, la barba blanca raspándome deliciosamente los pezones—. Tan firmes, tan ricas… me las como todas.

    Yo ya no podía más: le desabroché el cinturón con manos temblorosas, bajé el cierre y metí la mano adentro. Su pija saltó caliente, gruesa, venosa, la cabeza ya brillando de precúmulo. La agarré fuerte, la apreté, la saqué entera y empecé a pajearla despacio mientras él seguía chupándome las tetas como un poseído.

    —José… no aguanto más… cógeme ya —supliqué, la voz rota de deseo.

    Él levantó la cabeza, los ojos oscuros de lujuria, y me empujó hacia la cama con una sonrisa de hombre que sabe que ganó la partida. Me tiró boca arriba, me abrió las piernas de un tirón y se arrodilló entre ellas, subiéndome el vestido hasta la cintura.

    Me abrió las piernas de par en par, me miró la concha depiladita, hinchada y brillando de lo mojada que estaba. Gruñó algo inentendible y hundió la cara entre mis muslos sin más preámbulos.

    Su lengua era experta: primero lamió despacio de abajo arriba, abriéndome los labios con los dedos gruesos, saboreando cada gota que chorreaba. Después se concentró en el clítoris, chupándolo fuerte, girando la lengua en círculos rápidos mientras metía dos dedos adentro y los curvaba justo contra ese punto que me hace explotar. Me retorcí en la cama, agarrándole la cabeza con las dos manos, empujándolo más contra mí.

    —José… ¡la puta madre, sí! ¡No pares, no pares! —gemí sin control, la voz ronca, las caderas moviéndose solas contra su boca.

    Me corrí en menos de dos minutos, fuerte, temblando entera, chorros calientes saliendo mientras él seguía chupando y tragando todo sin desperdiciar una gota. Cuando aflojó, levantó la cabeza con la barba blanca empapada y me sonrió como un ganador.

    —Reina, qué rica sos… ahora te voy a dar lo que viniste a buscar.

    Se paró al pie de la cama, se sacó los jeans y los boxers de un tirón. La pija saltó libre: gruesa, venosa, más grande de lo que imaginaba, la cabeza roja y brillante de precúmulo. Me incorporé rápido, me arrodillé en la cama y se la agarré con las dos manos. Estaba caliente, dura como hierro. La lamí de abajo arriba, saboreando la sal, después me la metí entera en la boca, tragando hasta la garganta mientras él me agarraba el pelo y gruñía.

    —Así, preciosa… chupala toda… mirá qué bien la tragás.

    Le hice una mamada profunda, rápida, saliva chorreando por la barbilla, masajeándole las bolas con una mano mientras con la otra lo pajeaba en la base. Él empujaba suave la cadera, cogiéndome la boca, pero sin llegar al fondo para no ahogarme. Después de unos minutos me levantó, me tiró boca arriba otra vez y se subió encima.

    Me abrió las piernas hasta casi partirme, apoyó la cabeza de la pija en la entrada y me la metió de una sola embestida lenta pero profunda. Sentí cómo me abría, cómo me llenaba hasta el fondo, rozando lugares que mi marido hacía meses no tocaba.

    —Aaah… ¡José, qué gruesa la tenés! —gemí, clavándole las uñas en la espalda.

    Empezó a bombear fuerte, profundo, el ruido de los cuerpos chocando llenando la habitación. Cada embestida llegaba hasta el útero, sus huevos golpeando contra mi culo. Me agarraba las tetas, las apretaba, pellizcaba los pezones mientras me cogía sin piedad. Cambiamos de posición: me puso en cuatro, me agarró de las caderas y me dio desde atrás, mirando cómo el culo rebotaba contra él.

    —Mirá este culo… qué rico se mueve —gruñó, dándome una nalgada que me dejó la piel roja.

    Me corrí otra vez así, apretándolo todo adentro, gimiendo contra la almohada para no gritar demasiado fuerte. Él siguió unos segundos más, cada vez más rápido, el sudor cayéndole por el pecho velludo sobre mi espalda.

    —Reina… me vengo… ¿dónde querés? —jadeó, ya al límite.

    —En las tetas… ¡acabame en las tetas! —supliqué, girándome rápido y poniéndome de rodillas frente a él.

    Me pajeó la pija él mismo, apuntando directo al pecho. Gruñó fuerte y empezó a correrse: chorros gruesos, calientes, blancos que me salpicaron las tetas, el cuello, hasta alguna gota en la cara. Eran muchos, potentes, cubriéndome entera mientras yo me tocaba el clítoris otra vez y me venía por tercera vez solo de verlo.

    Cuando terminó, los dos agitados, me miró con los ojos brillantes y me limpió un poco con la sábana, riéndose bajito.

    —Juli… sos una diosa. Esto no va a ser la única vez, ¿eh? —dijo José, todavía agitado, pasándome el dedo por el pecho para juntar un poco de su propia corrida y llevárselo a la boca, saboreándola mientras me miraba fijo.

    Yo solo sonreí al principio, todavía temblando, el semen caliente resbalando despacio entre mis tetas, goteando por la curva hasta el ombligo. Me sentía satisfecha como nunca, el cuerpo flojo, la concha todavía palpitando de los orgasmos que me había dado. Pero en cuanto el calor empezó a bajar, la realidad me pegó como un balde de agua fría.

    —Imposible… me encantó… pero es imposible seguir así —murmuré, incorporándome un poco en la cama, cubriéndome las tetas con el brazo por instinto—. Espero que lo entiendas, José. No quiero perder a mi familia…

    Él se quedó callado un segundo, apoyado en un codo, mirándome con esos ojos claros que ahora parecían más serios. Me acarició la mejilla con el dorso de la mano, suave, sin apuro.

    —Reina, yo entiendo… sé que tenés tu vida, tu marido, tu hijo, el que viene en camino. No te estoy pidiendo que lo dejes todo —dijo bajito, la voz ronca pero cálida—. Solo te pido que no te prives de sentirte así de viva. Porque lo que pasó acá… vos lo necesitabas tanto como yo.

    Tragué saliva, porque sabía que tenía razón. Me incorporé del todo, busqué la tanguita en el piso y empecé a vestirme despacio, con las piernas todavía flojas. Él me miró mientras me ponía el corpiño, el vestido halter rojo subiéndolo por las caderas, ajustándolo al cuello.

    —José… fue increíble, de verdad. Nunca me habían cogido así, nunca me habían hecho sentir tan deseada. Pero esto fue… una locura de una vez. Para sacarme las ganas, nada más —mentí un poco, porque en el fondo sabía que mi cuerpo ya estaba pidiendo más.

    Él se levantó, se puso los jeans sin boxers, la camisa abierta mostrando el pecho velludo. Se acercó, me tomó de la cintura y me dio un beso suave en los labios, sin lengua, pero cargado.

    —Decís eso ahora, Juli… pero cuando estés en tu casa, sola otra noche, con él ignorándote, vas a recordar cómo te acabo de dejar las tetas pintadas y la concha temblando. Y vas a querer más.

    Me aparté despacio, tomé el saco y el bolso.

    —No sé… tengo que pensar. Chau, José.

    Salí de la habitación con el corazón latiendo fuerte, el olor a sexo todavía pegado en la piel, el semen seco entre las tetas rozándome con cada paso. Conduje de vuelta al country en silencio, mirando el reloj: todavía tenía tiempo antes de que mi marido llegara.

    Me duché rápido en casa, frotándome fuerte para borrar cualquier rastro, pero por dentro no podía borrar nada. Esa tarde, cuando mi marido llegó y me dio el beso distraído en la mejilla, yo sonreí como siempre… pero ya no era la misma.

    Los días pasaron y nos convertimos en presos de las miradas. Cada vez que iba al almacén —porque sí, volví a ir, aunque me jurara que no—, José me devoraba con los ojos desde atrás del mostrador: un repaso lento por las piernas, la cintura, las tetas, hasta volver a mis ojos con esa sonrisa que prometía todo lo que ya habíamos hecho en esa habitación 13. Yo le sostenía la mirada un segundo de más, sentía el cosquilleo bajar hasta la concha, y después bajaba la vista fingiendo buscar algo en las góndolas. Un roce “accidental” al darme el vuelto, un “¿todo bien, reina?” dicho bajito… pero nada más. No pasaba de eso.

    Esa experiencia en el hotel había sido rara, intensa, adictiva. Mi cuerpo pedía más —mucho más—, recordaba cada embestida, cada chupada, el calor de su corrida en mis tetas. Pero decidí apartarme, hacer lo correcto. Volver a la rutina: gym, casa, hijo, marido distraído, noches en las que me tocaba sola pensando en él, pero sin cruzar la línea otra vez. O eso me repetía.

    Creo que, en el fondo, sabía que no iba a durar mucho. Como me dijo una vez una amiga autora: “La leona cazó a su presa… y después siguió su vida normal”. O al menos lo intentó.

    En fin, mis queridos y morbosos seguidores, espero que hayan disfrutado este relato tanto como yo al recordarlo (y al escribirlo con las manos temblando en algunos momentos, jajaja). Intenté hacer la parte del sexo más explícita, como me pidieron varios de ustedes en los mensajes —esos que me llegan al alma y me hacen sonrojar—. Sé que me alejé un tiempo de los relatos, pero fue porque me copiaban entero y los subían en otros perfiles (especialmente esa Agatha, que ya todos sabemos). Al final, sus mensajes lindos, los “no pares, Juli”, los “contanos más”… me hicieron pensar y animarme de nuevo.

    Esto es parte de mi vida real, no intento justificarme ni pedir perdón. Solo comparto estas vivencias prohibidas porque sé que a ustedes les calienta tanto como a mí recordarlas.

    Un saludo enorme, un beso morboso donde más les guste… y nos vemos en la próxima aventura. Prometo que no tardará tanto.

    Julieta.

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  • Las amigas de mis hijas

    Las amigas de mis hijas

    Una tarde recibí una llamada de la madre de Roxana, la chica que me había iniciado en el sexo con mujeres me preguntaba si le importaba que su hija se quedará a dormir en mi casa y preferían que no se quedara sola en casa, por supuesto, tras consultar a mi hija Elena, le dije que no había ningún problema.

    Cuando Roxana llegó, me dio un beso normal, como si la anterior vez no hubiera pasado nada entre nosotras, le indiqué que podía cambiarse en la habitación de Elena, debo de reconocer que me molestó que no me hubiera dado un beso caliente, y programé para que viéramos las dos una película, al poco llegó ella se había puesto un pijama normalito, le propuse lo de ver la película sentadas en el sofá y aceptó, al poco de empezar la película, ella se echó sobre mi y pegó su cara a mi vientre pero poco después ella llevó una de sus manos hasta mis tetas y se puso a acariciármelas, en ese momento yo reaccioné y la aparte diciéndola:

    -¿No crees jovencita que tenemos que hablar?

    Ella se apartó, creyendo que yo estaba ofendida, se apartó y me preguntó:

    -¿Estas ofendida, por lo que pasó entre nosotras la otra vez?

    -Claro que no mi amor, le respondí, lo que pasa es que tengo ganas de que lo repitamos ahora.

    Llevé una de mis manos hasta su pierna y me puse a acariciársela. Ella al ver mi actitud se acercó a mí y juntando sus labios con los míos nos dimos un beso muy intenso, otra vez volvía a sentirme como la primera vez, una vez que terminamos nuestro beso ella me pidió:

    -Mami quítate el vestido, tengo muchas ganas de ver esas tetas tan lindas que tienes.

    Nuevamente yo me sentí seducida, así que me quité el vestido, ese día no me había puesto sujetador y mis tetas se quedaron al aire, ella al verlas llevó su boca hacia una de ellas y se puso a chupármela, lo hacía divinamente, me recordaba tanto a nuestra primera vez. Sus lamidas eran fantásticas, y creo que me hubiera estado sintiendo como me la chupaba mucho tiempo, pero sabía que debía de hacer algo.

    La hice levantarse del sofá y la quité la parte de arriba de su pijama, ahora sus tetas quedaban libres para mí, y eran preciosas, se las estuve chupando un rato y me encantaba su sabor, pero sentí la necesidad de besarla nuevamente, así que arriando mis labios a los suyos nos fundimos en un beso muy apasionado, mientras yo acariciaba sys muslos y ella hacia lo mismo con mis tetas, tras el beso ella dijo:

    -Mami tengo ganas de volverme a comer ese coño tan delicioso.

    Me hizo tumbarme en el sofá, que nuevamente estaba siendo testigo de nuestros encuentros, me abrí buen de piernas y nuevamente volví a sentir el placer de sentir la lengua que me había iniciado en el sexo con mujeres, ella me comia el coño mientras me decía:

    -Mama que chocho tan rico que tienes y me lo estuvo comiendo hasta que logró que me corriera.

    -¿Lo estas pasando bien mi amor?, me preguntó.

    La respuesta era un claro sí, se lo hice saber por gestos, entonces ella dejo de comerme el coño se levantó y acercando su sexo a mi boca me dijo:

    -Mi amor quiero sentir tu lengua sobre mi coño.

    Yo abrí mi boca y sacando mi boca me puse a lamer ese coño tan delicioso, mientras ella llevaba una de sus manos a mi coño y se puso a acariciarlo. Después se tumbó encima de mí, en posición invertida, yo seguí comiéndola el coño, dándome cuenta en ese momento de que ella, como mi iniciadora, por muchos coños que comiera siempre sería para mi muy especial. De repente ella dejando de comerme el coño me dijo:

    -Mami, has hecho que me corra, te adoro.

    Se quitó de encima de mí, y me pidió que se sentara sobre el sofá con las piernas bien abiertas, ella se puso en el suelo a cuatro patas y comenzó a lamerme el coño de nuevo, no tardó en lograr que yo me corriera nuevamente, pero yo quería más la pedí que siguiera a cuatro patas y me puse detrás de ella, y con mi lengua lamí la superficie de su culo. Esto hizo que se calentara nuevamente y me pidió:

    -Mami vuélveme a comer el coño.

    Me puse tumbada encima del sofá, ella se puso de rodillas encima de mi boca y yo sacando mi boca me puse a comerme ese delicioso coño, sus gemidos se hicieron muy intensos, ella me decía:

    -Se nota que has aprendido mucho, lo hace mejor que ninguna de las otras chicas con las que he estado.

    Seguí comiéndoselo hasta que sentí como se corría, y sus líquidos llenaron mi boca, ella tras descansar un momento me dijo:

    -Mami quiero ser yo quien te coma el coño ahora

    Ella se tumbó sobre el sofá y en se momento fui yo quien puso el coño encima de su boca, ella sacando esa lengua tan deliciosa se puso a comerme el coño, nuevamente de una manera tan magistral que hizo que tuviera miedo de volverme loca, hasta que logró que tuviera un orgasmo increíble, descansamos un momento, tenía ganas de seguir, no podía evitarlo, pero me daba miedo de que mis hijas o mi marido llegaran y nos encontraran en el sofá, así que la propuse:

    -¿Qué te parece si nos vamos a mi habitación?

    Donde tu digas, mami, me respondió, yo lo que quiero es seguir disfrutando contigo.

    Me pareció un buen plan, si alguien llegaba tendríamos más tiempo para reaccionar. Recogimos nuestras ropas y con ellas en la mano subimos hasta mi habitación, una vez allí ella me dijo, que deseaba volver a comerme el coño, es más añadió:

    -Creo que nunca me cansaría de hacerlo.

    Así que me tumbé sobre la cama con las piernas bien abiertas, y ella a los pies de la cama, llevó su boca hasta mi coño y volvió a comérmele y nuevamente no tardo en volver a hacer que me corriera, después hizo que nuestras piernas se cruzaran y nuestros coños entraran en contacto.

    La sensación era extremadamente agradable, y no tardamos en volver a tener un nuevo orgasmo, las dos a la vez. Cuando nos estábamos recuperando oímos la voz de mi hija Selena que decía:

    -¿Mami, donde estáis?

    Las dos procedimos a vestirnos rápidamente, para que cuando mi hija subiera nos encontrara como a una madre y una amiga conversando, mientras lo hacíamos en voz muy baja Roxana me dijo:

    -Si te gusta alguna amiga de tus hijas no te quedes con las ganas.

    Pocos días después una amiga de mi hija Adela se quedó en mi casa, tendría más o menos su edad, veintipocos años, yo sentí que me echaba algunas miradas interesantes, así que decidí seguir el consejo de mi maestra e ir a por ella, Adela tuvo que salir de casa y nos quedamos las dos solas, le propuse a ella ver una peli en la habitación de Adela, y le dije que iba a ir a mi habitación a ponerme algo más cómodo. Me decidí por ponerme una taya, sin nada debajo y la dejé bien abierta, total que no iba a ser un secreto para ella, que debajo de la bata estaba completamente desnuda.

    Y me encaminé a la habitación de mi hija, donde Rebeca, que así se llamaba la amiga me esperaba, noté como me miraba con una mezcla de vergüenza y deseo, y le dije:

    -Cariño, las dos somos dos mujeres adultas, estando solas en hay nada malo en que estemos con poca ropa, es más vamos a enseñarnos las tetas.

    Abrí mi bata lo suficiente como para que mis dos tetas quedaran al aire, ella me miró impresionada, yo en ese momento le dije:

    -Cariño, ¿No te parece que tu deberías enseñarme las tuyas?

    Ella dudo un momento, pero yo le bajé las hombreras de su vestido y pude comprobar como esa deliciosa criatura no llevaba sujetador sus pechos quedaron al aire eran pequeñitos pero preciosos, yo llevé una de mis manos hasta su culo y se lo acaricié, mientras le decía:

    -Eres una jovencita preciosa, seguro que muchos chicos sentirán envidia de poder hacer lo que estoy haciendo yo.

    La aproximé a mí y nuestras tetas se rozaron, y yo le dije:

    -Mi amor acariciar los pechos de otra mujer es de lo más delicioso que puede a ver una mujer, tócamelos, sin miedo.

    Ella parecía indecisa y yo llevé sus manos hasta mis pezones y la insistí_

    -Acaríciamelos, sin miedo, veras como te gusta.

    Finalmente ella accedió y se puso a acariciármelos de una manera cada vez, más segura, hasta que yo le dije:

    -Muy bien mi amor, pero ahora tengo ganas de que me los chupes.

    De nuevo tuve que ser yo quien apretará su cabeza contra mis tetas, pero al hacerlo ella abrió su boca y con su lengua comenzó a lamer mis tetas, y lo hacía con una mezcla de vergüenza y ganas, la dejé estar un rato haciendo esto, pero luego me decidí a cambiar de actividad, la solté de mis brazos y ella dejó de chupar mis pezones, pero en ese momento fui yo quien arrodillándose ante ella puse mi boca a la altura de sus pezones y comencé a chupárselos, era delicioso lamer esos pechitos tan tiernos, ella se relajó y comenzó a gemir, estuve un rato, pero me di cuenta de que ella debía de desinhibirse del todo así que me senté sobre la cama y la senté a ella sobre mí.

    Con una de mis manos tapé su boca y la otra la llevé hasta su coño u me puse a acariciárselo, ella, tras un primer momento de tensión comenzó a relajarse y cuando la quité la mano de la boca se puso a emitir gemidos de placer, seguí masturbándola, hasta que consideré que debía de dejar de hacerlo, en ese momento ella me hizo inclinarme más de lo que estaba sobre la cama, arrimó sus labios a los míos y nos fundimos en un beso intenso, parecía que ese jovencita estaba ya en mis manos, cuando terminamos de besarnos me dijo:

    -Muchas gracias, Mila, no pensaba que hacer cosas con una mujer fuera tan placentero, enséñame

    Yo la traje hacia mí y acaricié su bellísimo culo, mientras ella me abrazaba y se echaba de una manera muy relajada sobre mi cuerpo, le pregunté:

    -Cariño ¿Nunca lo has hecho con una mujer?

    Ella negó con su cabeza, entonces yo le dije:

    -Relájate y disfruta mu amor.

    Rebeca se tumbó sobre la cama con sus piernas bien abiertas y se puso a acariciarse sus tetas, mientras me decía:

    -Tengo muchas ganas de hacerlo.

    Ver su coñíto tierno me encantó, asó que me dispuse a meter mi lengua en su interior, ella al sentirlo comenzó a gemir de una manera impresionante, se ve que estaba muy caliente, cuando me pareció que estaba a punto le pedí, después de apartarme de su coño, que se pusiera boca abajo y que doblará sus piernas ella lo hizo y yo en ese momento introduje mis dedos dentro de su coño. Nuevamente ella se puso a gemir, acerqué mi boca a su culito y sacando mi lengua me puse a lamerle la zona de su trasero, ella nuevamente se puso a gemir, mientras me decía:

    -Mami, esto es delicioso, mucho mejor de lo que me ha hecho nunca ningún chico.

    Sus palabras me encantaron, seguí jugando con ese coño tan delicioso, me encantaba oírla gemir, su coño estaba mojadisimo y jugar con él utilizando mis dedos me provocaba un gran placer.

    Finalmente, ella se corrió y sus líquidos llenaron mis dedos, ella me dijo:

    -Mami, esto es increíble, nunca en mi vida había disfrutado tanto, y añadió, pero ahora quiero ser yo quien te haga cosas a ti.

    De acuerdo mi amor, le dije.

    Le pedí que continuara tumbada y yo me puse de rodillas, y avancé hasta colocarme encima de su coño, ella abrió su boca y sacando su lengua la introdujo dentro de mi coño, y comenzó a lamérmelo, sus lamidas eran un poco torpes, comparadas con las certeras de Roxana, pero sentirlas sobre mi coño me resultaba muy agradable, además con sus dedos hurgaba mi coño, y me tuvo así un rato, pero cuando se dio cuenta de que me iba a correr, me pidió que me pusiera boca abajo, como había estado antes ella, por supuesto la complací, parecía que había aprendido rápido mientras sus dedos se movían dentro de mi coño y lengua me lamia el culo, no le fue difícil provocarme un orgasmo increíble, después las dos nos vestimos.

    Pocos días después estaba en casa sola cuando llamaron a la puerta, al abrir me encontré con otra de las amigas de mis hijas, se llama Gina, bestia una falda roja, larga, pero muy ajustada, que remarcaba su culo, y una blusa palabra de honor, ccuando paso y cerré la puerta ella me preguntó:

    -¿Mila, estas sola?

    Cuando le dije que sí añadió:

    -Me ha dicho Roxana, que las dos tenéis una relación especial.

    Que Roxana se hubiera ido de la boca no me hacia ninguna gracia, y me preocupó, pero ella me tranquilizó diciéndome:

    -Tranquila mami, vuestro secreto está a salvo conmigo, además ella y yo compartimos otro similar.

    Y diciendo esto llevó una de sus manos hacia mis tetas, mientras decía:

    -Ella sabe que siempre he deseado estas tetas.

    Esta conversación me estaba poniendo muy caliente, así que tomé la iniciativa, la rodeé con mis brazos, me puse detrás de ella y pise mis manos sobre sus tetas, ella se puso a gemir, mi calentura iba en aumento, ella con voz melosa me sugirió:

    -Mamita, ¿Nos vamos a la cama?

    La idea me pareció genial, así que fuimos hasta mi habitación, y una vez en ella, Gina me tiro sobre la cama y nos besamos de nuevo, antes de que yo me diera cuenta ella me quitó la blusa, yo no llevaba sujetador, y mis tetas quedaron al aire, ella al verlas dijo:

    -Son deliciosas, incluso más de lo que hubiera pensado.

    Y llevando su boca ante ellas sacó su lengua y comenzó a lamerlas, desde luego no era la primera vez que lo hacía, la muy putita sabia donde lamer para darme un gran placer, la dejé hacer un rato y luego fui yo quien le ataqué, antes de que ella se quisiera dar cuanta, lo la había quitado la blusa, tampoco llevaba sujetador, y la falda dejándola solamente con un pequeño tanga de color blanco, y me puse a lamerle los cachetes de su culo, pero ella no renunció a tomar la iniciativa, cuando me quise dar cuenta me encontré sobre la cama, tumbada boca arriba, completamente desnuda y con las piernas abiertas, ella estaba boca abajo con sus piernas dobladas y su boca al lado de mi coño, y dijo:

    -Qué coño tan delicioso tienes mami, nunca lo hubiera pensado.

    Y tras decir esto llevó su lengua hasta mi coño y se puso a lamérmelo, se la notaba otra vez que tenía una gran experiencia, su lengua hacia verdaderas diabluras dentro de mi coño volviéndome loca de placer, y no le costó llevarme hasta un increíble orgasmo, trs recuperarme la pedí que continuara en esa postura, yo me puse de rodillas, llevé mis dedos hasta su coño y me puse a acariciárselo, ella comenzó a gemir, me propuse lubricarle el coño, así que solté saliva de mi boca que fue a parar a su delicioso sexo dejándoselo bien húmedo y con mi lengua comencé a lamerle su coño y la raja de su culo, ella gemía de una manera muy intensa, mientras decía:

    -Mami, esto es increíble.

    Y sentí como se corría, pero después ella me pidió:

    -Mami, tengo ganas de hacerte yo a ti lo mismo.

    La idea me encantó y me puse boca abajo ella acercó sus dedos a mi coño y empezó a hurgarme en mi interior, después, llevó su boca hasta la zona de mi culo y comenzó a lamerme, ella era inexperta, pero la verdad eso no evitaba que yo me sintiera muy caliente y me encantara follar con ella, de esta manera no tardo en lograr que nuevamente me corriera.

    Descansamos un momento, pero ella no tardó de volver a sentirse animada, me empujó sobre la cama y me tumbó en esta, me hizo abrir las piernas y me dijo:

    -Mami, porfa, déjame hacer a mí.

    Ella se puso boca abajo entre mis piernas, y llevando su boca hasta mis tetas comenzó a chupármelas, debía de reconocer que mi alumna estaba aprendiendo muy rápidamente sus lamidas en mis tetas eran deliciosas, pero no se conformó con ello, sino que, dejando de chuparme las tetas, bajo su cuerpo hasta dejar su cabeza sobre mi coño, y sacando su lengua comienzo, nuevamente a comerme el coño.

    Sus lamidas puede que técnicamente tuvieran mucho que mejorar, pero me proporcionaban un gran placer, definitivamente me alegraba de haber seducido a esta jovencita y estar llevándola a vivir nuevas situaciones, su lengua me hacía diabluras, y aunque intenté contenerme me volví a correr.

    Después de recuperarme mi puse de rodillas sobre la cama y ella hizo lo mismo, nos volvimos a besar apasionadamente, llevé mi boca hasta sus tetas y se las volví a chupar, después deje de hacerlo, uní mi boca con la suya en otro beso muy intenso, mientras con mis manos volvía a acariciar sus tetas, después la volvía pedir que se pusiera a cuatro patas, quería volver a jugar con su coño y con su culo así que introduje mis dedos dentro de su coño, ella al sentirlos se puso a gemir, me encantaba oír sus gemidos sentía que no solo estaba disfrutando con ella, sino que la estaba enseñando a disfrutar, y eso me encantaba.

    Meter mi boca en ese coño tan tierno era delicioso, decididamente debía de seguir el consejo de Roxana y disfrutar de las jovencitas todo lo que pudiera, ella no aguantó las lamidas de mis labios y se corrió dejando que sus fluidos llegaran a mi boca, cunado se recuperó un poco me dijo:

    -Mamita, quiero volver a comerte el coño, le tienes tan delicioso.

    Ella estaba tumbada, yo me apresuré a ponerme de rodillas y colocar mi coño encima de su boca, ella sacó su lengua y se puso a chuparme nuevamente el coño y una vez más tuve que reconocer que lo estaba haciendo mejor que la vez anterior, su lengua parecía haber aprendido que lugares de mi coño lamer, me iba a volver loca de gusto, veía que no iba a poder aguantar mucho antes de correrme y efectivamente lo hice, ella lo notó y lamio mi coño recién regado, en ese momento yo me quité de encima de ella, cuando lo hice las dos nos pusimos de rodillas y nos volvimos a besar, después de este beso ella me dijo:

    -Mami, muchas gracias por este rato.

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  • El sobrino de mi mujer (1)

    El sobrino de mi mujer (1)

    Diana, la hermana de mi mujer, 28 años, muy atractiva, con las medidas ideales y un plus de sensualidad, pelo castaño en melena hasta los hombros, ojos marrones de mirada intensa, pestañas de naturales de vértigo, boca dibujada, labios carnosos, hoyuelos en las mejillas, altura media, bastante parecida a mi mujer, en fin.

    Manda un mensaje avisando que su hijo (el hijo de su marido, cincuentón casado con ella en segundas nupcias, buen mozo, de físico bien plantado, empresario del petróleo) vendrá a Buenos Aires para instalarse en un departamento céntrico que compraron para estudiar en la universidad. Debo cumplir con mis deberes familiares e ir a buscarlo al aeropuerto. Se llama Eric, tiene algo más de 18 años, no lo conozco y me enviarán su foto al celular.

    Llego con el tiempo justo al aeropuerto, estaciono mi auto donde no debo y me apresuro al área de llegadas. Veo la foto, parece un chico guapo, con la mirada pícara de ojos claros, rubio de pelo corto con un mechón rebelde sobre la frente, cuello limpio y con el ancho justo, orejas pequeñas, mirada vivaz. Boca bien dibujada, labios apenas carnosos, lo justo, deseables, un arco de Cupido destacado, un verdadero bombón.

    Lo veo a unos diez metros, enfundado en una remera blanca ajustada al torso bien modelado, hombros anchos, cintura estrecha, pantalones celestes deportivos, chupines, ceñidos, que destacan su paquete y al volverse también denotan un trasero firme, delicado, redondo, respingón. Parece perdido en la terminal viendo la pantalla de su celular y mirando hacia todos lados. No me ve, no sé si me conoce. Me acerco y le pregunto:

    -¿Eric?

    Gira hacia mí y se sorprende:

    -¿Tío? ¡Qué joven!

    -Tampoco tanto. Dame un abrazo.

    Tenemos la misma altura, 1,75, por ahí. Siento su calidez y huelo un rico perfume a madera y esencias.

    -¡Qué rico olés! Se sonroja.

    -Me lo regaló mamita, perdón, mi mamá.

    -No pasa nada, Diana es una verdadera mamita.

    Nos reímos. Tiene una sonrisa que derrite las piedras. Tomándolo de la cintura y acariciando descaradamente su espalda (no se molesta, toma confianza, también él me toma de la cintura y me da la leve impresión de que me ha rozado las nalgas, apetecibles y siempre ávidas de recibir mimos y caricias), nos hacemos unas selfies para mandarle a la madre y a la tía, mi mujer.

    -Ya estamos juntos, pongo en el mensaje, redundante. Lo llevo al departamento.

    El piso, se trata de un penthouse (cómo se las gasta el petrolero, pienso, y tiene con qué) cuenta con cochera privada, donde puedo aparcar mi auto. Subimos un par de tramos de escalera interna hasta la planta baja, él por delante, cuando puedo apreciar y deleitarme con su traste perfecto, bamboleante al subir lentamente los escalones para no estropear el carry on.

    Mientras esperamos el ascensor mensaje de mi mujer:

    -¡Qué fuerte que está!

    Le muestro el mensaje de mi mujer a Eric. Sonríe. Al oído le susurro (y de paso, me deleito con su perfume):

    -Tu tía está muy caliente con vos.

    Se relame, muerde su labio inferior, creo que se le paró, porque lo miré sin disimulo y asentí, como para hacerle notar mi satisfacción por lo que veía.

    El pent house ocupa todo el piso 15 del edificio, amplio balcón terraza con vista directa al Río de la Plata, tres dormitorios y un living comedor de unos diez metros de largo por seis de ancho, un verdadero palacete, más que un piso.

    -¡Qué lujo! Te lo merecés, supe que tuviste muy buenas calificaciones en la escuela secundaria y aprobaste el ingreso universitario con holgura.

    -Hice lo que pude, no tuve que esforzarme tanto.

    -Modestia aparte, le dije en son de broma.

    Toma unas fotos, varias selfies, incluso juntos los dos, muy cariñosos ambos, haciendo muecas, trompitas, lengua y esas boludeces.

    -Para mis redes, tranqui, me dice. Las tengo limitadas, aclara.

    -Hay sánguches de miga y unas cervezas en la heladera. Los dejó la señora que se ocupa de la limpieza y las compras. ¿Almorzamos?

    Acepté el convite para quedarme más tiempo con Eric y seguir deleitándome con su presencia y su cercanía. Lo ayudo a desempacar, siguiendo sus indicaciones para ubicar su ropa en estantes, cajones y perchas. Sin disimulo aprecio sus slips y bóxers que palpo para notar la suavidad de las telas.

    -Parecen todos nuevos, le digo, refiriéndome a su ropa interior.

    -Sí, casi todos. Me los provee el fabricante. Le sirvo de modelo.

    -¿De verdad que modelás slips?

    -Sí, bóxers, sungas, hasta vedetinas… Y me pagan.

    -¡Mirá vos! ¿Y tenés fotos? (me debo estar babeando y al palo).

    -Claro. Las puedo pasar a la tele mientras comemos algo.

    Pongo un plato sobre mis piernas para tratar de tapar mi ya indisimulable erección cuando empieza a pasar sus fotos en ropa interior en la tele, de frente, de perfil de espaldas, haciendo mohínes, guiñando un ojo. Muestra sus increíbles abdominales y pectorales, su ombligo ovalado, la cintura estrecha, los glúteos redondos, firmes, perfectos, las piernas como columnas, su paquete destacado, cargado hacia la derecha, apenas contenido. Miro las imágenes, arrobado.

    -¡Qué fotogénico!, le digo jadeando casi (en mi pensamiento se traduce a ¡qué fuerte que estás! pero lo disimulo al hablar).

    -Algunas no las publican, como en las que me estoy acariciando.

    -¿Tenés fotos en las que te estás acariciando? (casi me atraganto). Dejámelas ver (me falta decirle por favor).

    -Tiene que ser entre nosotros.

    -De acá no sale (miento sin descaro, pienso que serían para deleite de Luli, mi mujer, su tía).

    Continuará…

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  • Mi vecino

    Mi vecino

    Esto ocurrió hace mucho tiempo. En otro relato conté que de muy joven me gustaba usar los tacos altos de mi madre, como así algunas prendas femeninas. Mi primer par lo compré a los 18 años y el segundo un año después. Este último era un par de zapatos clásicos de taco muy alto y fino, color rojo brilloso. En esa época pasabamos varias semanas al año en la casa quinta de las afueras. En el lugar yo tenía un escondite donde guardaba algunas de mis cosas de mujer. Y se me dio lo que tanto esperaba.

    Mi padre se ausentaba por varios días por razones de trabajo en su inmobiliaria, y mi madre lo acompañaba. Ya comenzaba a sentirme en la gloria. Partieron un viernes y el sabado era el día “D”. Los peones no trabajaban y Don Mario, el casero tenía su franco semanal. Me desperté cerca del mediodía, maldiciendo por haberme perdido la mañana, y traté de remediarlo rápidamente. Decidí dar un paseo por la tarde como a mi tanto me gustaba.

    Me duché y comencé a vestirme. Me coloqué una tanguita y un corpiño de color rojo, (medio al pedo porque no tenía tetas), medias finas negras bien transparentes, un sueter de hilo blanco con escote en V y una minifalda color rojo pálido. Me calcé los tacos altos rojo y me sentía en las nubes. Era la primera vez que los iba a usar fuera de mi cuarto. Completé mi atavío con una campera de jean y me pinté los labios de rosa palido. Mi pelo tenía el largo suficiente para parecer femenino, con la ayuda de un vincha. Sali y me dirigí a la cochera a buscar el coche de mi madre.

    La suave brisa en las piernas y el repiqueteo de mis tacos en la veredita me ponían a volar. El auto era un Peugeot 404 blanco con palanca al volante. Temblando como una hoja, lo puse en marcha y partí. Anduve largo rato por caminos forestales recorriendo plantaciones y otras quintas. Aparqué en un lugar solitario, descendí del vehículo y anduve por entre los árboles un tiempo prudente. No me animaba a ser visto por alguien. A las tres horas de mi partida. decidí regresar, y cuando estaba llegando a la quinta donde, supuestamente estaba mi seguridad, las cosas comenzaron a complicarse.

    Por la excitación que traía, me descuidé y cuando estaba llegando a la cochera, se metió la rueda trasera en la zanjita de riego y me encajé. Comencé a acelerar desesperado, se deslizó de costado y la rueda izquierda también terminó en la zanja. ¡Me quise morir!. Intenté varias veces dando marcha atrás y hacia adelante, pero resultó inútil. Cada vez me encajaba más. Aunque estaba en un lugar seguro, me atormentaba por ser el auto de mi madre. Bajé y cuando vi las ruedas traseras, casi me pongo a llorar. Estaban hundidas casi hasta la mitad.

    Mientras observaba, notaba como mis tacos altos y finos se enterraban en el cesped. ¡Y faltaba lo peor! Seguía mirando el coche como si fuera a salir por arte de magia, cuando de pronto escucho una voz a mis espaldas que pregunta: -¿Que te pasó, muchacho? ¡Sí que estás encajado!-.

    Y como todo puede empeorar, al girar para ver quién era, se me salió un zapato y caí al suelo de costado. Y la voz se hizo presente de nuevo: -Los tacos altos no son para el campo, nene-. Era Martín, el señor de la quinta vecina. El susto, la vergüenza y la desesperación, corrían una carrera en mi mente. Pero ganaron mis palabras balbuceantes: -Si… no… sí… me quede encajado, Martín, y no puedo salir… Yo… -. Él respondió: -No sientas miedo. Ahora voy con la chata y te saco. Y por lo demás… no discrimino y soy muy reservado-.

    Fui perdiendo el miedo pero lo suplantó la incertidumbre. Estaba decidiendo que hacer, pero al toque Martín llegó con la camioneta. En unos pocos minutos el auto estuvo fuera de la zanja. Le agradecí enormemente y sin haberlo pensado lo invité a cenar a la casa. Me dijo que si yo iba a estar vestido así, seria un placer acompañarme a cenar. Porque a él le parecia que esa ropita me quedaba muy bien. Sin evaluar nada le respondí que sí y quedamos a las nueve.

    Mi cabeza estaba a mil. Buscaba motivos por los que me ma había puesto esa condición, pero siempre llegaba a la misma conclusión. ¡Martín me quería coger!. O quizás pensaba eso porque era un deseo mío. Y bueno, lo iba a averiguar unas horas después. Yo habá tenido un par de experiencias con muchachos de mi edad, pero esto me parecía distinto. Con el transcurrir del tiempo, me iba calentando y decidí esperarlo bien “puta”. Me puse lencería de encaje negra, medias de red, un vestidito mini color celeste que se ajustaba como una segunda piel y los tacos altos negros, igual a los rojos, pero dos centímetro mas altos todavía.

    No se donde fue a parar mi corazón, cuando Martín se apareció en la puerta. Vestía una remera de cuello redondo, unos jeans color arena y mocasines impecables. Y por lo que pude notar, mi atuendo lo impactó. Le ofrecí un trago y me dirigí al barcito del living contoneandome sobre los vertiginosos tacos. Serví dos copas y nos sentamos en el sofá, uno al lado del otro. Premeditadamente crucé las piernas y dejé a la vista una buena porción de muslo. Dejó el vaso a un lado y me dijo:

    -¡Que lindas piernas tenés, querido! ¿Puedo tocarlas? Digo… si no te incomoda.

    -En realidad me siento bien con vos, Martín. Podés hacerlo.

    -Y con esas medias y los tacos pareces una diosa. Estás re bueno… Bah re buena.

    -Gracias, y tenés razón. Para vos puedo ser “ella”.

    Y ya no pude decir más. Resulta difícil gesticular palabra con una lengua ajena casi metida hasta la garganta, ja. Casi me asfixia con ese beso. Comenzamos a recorrer cada centímetro de nuestros cuerpos. él no paraba de besarme y tratarme como mujer. Yo notaba como su verga se iba poniendo tiesa y no aguanté más. En tiempo record lo desnudé de la cintura hacia abajo y, arrodillandome, llevé su pija a mis labios. Quería ir jugando con mi lengua, como había visto en alguna película pero mi calentura pudo más. Me la metí de una en la boca y comencé a chupar casi con desesperación. Al cabo de unos minutos, me dijo:

    -Pará. Pará hermosa. No quiero acabar todavía. Si no te oponés me gustaría cogerte.

    -Para eso la estoy calentando. ¡Dale, cogeme, papi!. Damela toda… mi culito espera.

    Su verga era más bien chica, pero erecta no era nada para despreciar. Y el tipo sabía lo que hacía. Me fue dilatando el agujerito lentamente con los dedos y luego comenzó a penetrarme. Yo lancé un gritito, que fue más por sentirme “minita”, que por dolor. El guacho sabía lo que hacía. Me cogió en varias posiciones y siempre a fondo. Nos decíamos de todo, pero mentiría si digo que recuerdo esas palabras. De pronto me puso de espaldas en el sofá, levantó mis piernas y me la metió hasta el fondo. Y comenzó a bombear con un frenesí que me sacudía hasta la cabeza. Era divino sentir esa pija en mi culo. Y mirarlo a él a la cara y ver tambien mis adorados tacos altos bamboleandose a cada sacudida, me transportó al cielo. Al cielo de las putas, jaja.

    De golpe me la sacó y acabó sobre mis nalguitas. ¡Ahh, qué placer! Ni fui al baño. Me limpié con papal higiénico, me subí la tanguita y, sin ponerme el vestido fui a la cocina a preparar café. Obviamente haciendo sonar mis tacos altos en el piso. Bebimos una taza de café abrazados como si fueramos novios (novios calentones, jaja) y antes de marcharse me dijo que cuando volvieran mis padres, si yo quería, podía visitarlo en su casa, ya que vivía solo. Le dije que era lo que yo más deseaba y nos despedimos con un beso apasionado al mango.

    Ese día me sentí bien mujer y sobre todo bien puta. En proximas entregas les iré contando más de esa época y de más adelante. Espero les guste y gracias por leerme. Besitos.

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  • Escribir mi convierte en confidente

    Escribir mi convierte en confidente

    Cuando la vida te quita lo que más amas, debes empezar de cero y es exactamente lo que hice, deshacerme de todo y empezar de nuevo en otro lugar.

    Eso fue un acto seguramente de cobardía, pero debía llorar silenciosamente apartado de los seres queridos, quería recuperar mi autoestima y olvidar mi vida anterior.

    Me llamo Luis tengo 55 años, Silvia me dio dos hijas maravillosas que con 31 y 29 años están felizmente casadas y viviendo en otra país.

    Seguramente fue uno de los motivos por los que me fui y me separe de mi entorno.

    Me gano bien la vida escribiendo, me gusta encerrarme en mi mundo y cuando tengo una inspiración me olvido hasta de comer, pasándome a veces tres días enteros inmersos en mi mundo.

    Deje la capital y me refugié en un bloque de apartamentos de un pueblo turístico, cercano al mar.

    Mi terraza, en las que pasaba mil horas, se oían romper las olas, era lo único que escuchaba durante todo el día.

    En los seis meses que transcurrieron desde mi llegada, logré terminar mi última obra.

    Me sentía orgulloso, sabía que sería un éxito lo presentía y así fue.

    En la presentación del libro, descubrí la excitación de la gente y como deseaban explicarme sus más íntimos deseos.

    El libro era exótico, los personajes libertinos y cargados de sensualidad, hacían volar la imaginación a los lectores, llevándolos al placer máximo y eso fue el detonante que me llevo a cambiar mi vida.

    Los apartamentos eran segunda residencia de muchas familias y al llegar el verano me encontré rodeado de ellas.

    No me lo esperaba, peque de iluso, mi fotografía en el libro me delató.

    -Sr. Luis Acantos, es usted no puede ser, ¡hágame el favor de dedicarme unas líneas en su libro!

    La señora lo llevaba en la mano dirigiéndose a la piscina al cruzarse conmigo volviendo de la compra.

    -Encantado señora, será un placer le dije.

    A la encantadora y preciosa mujer que tiene a bien leer este libro y espero consiga ver la vida de otra manera.

    La verdad es que al verla me excito, durante 6 meses me olvide de interconectar con la gente, solo me masturbaba pensando en Silvia y en mis hijas.

    Si habéis oído bien en mis hijas, fue un tormento durante muchos años verlas revolotear por casa en lencería, en braguitas, mis pensamientos impuros me atormentaban y ver unas hembras, ya mujeres enfundadas en sus biquinis, despertó mi libido.

    Tendría unos cuarenta, pechos medianos un cuerpo esbelto y una cara preciosa que resaltaban sus ojos azules y su media melena rubia.

    Me recordó a mi mujer y me ruborice al encontrar como sus ojos se clavaban en mi.

    Nos despedimos y al irle a dar la mano acercó su cara dándome un beso en la mejilla.

    Por primera vez en 6 meses tuve una ereccion al sentir su contacto.

    -Me llamo Isabel espero verte por la piscina y me gustaría que charláramos de tu última novela. Tengo ganas de contarte cosas que seguro te servirán para inspirarte en tu próxima obra.

    -Encantado Isabel, luego nos vemos.

    Subí raudo a mi apartamento, me duche, asee, me puse mi mejor bañador y antes de bajar, me fije que estaba con una chica joven que supuse era su hija.

    Empezaba a hacer verdadero calor y eso que aún no era verano pero en España a primeros de junio si hace sol, es cuando te quemas.

    Al llegar las salude, me presentó a su hija, era una auténtica preciosidad, rondaría la mayoría de edad, su biquini apenas cubría las partes intimas, un hilo dental intentaba tapar su culo, sus cachetes perfectos, bien trabajados en el gym, resaltaban casi tanto como el pequeño triángulo mojado que tapaba su sexo, que marcaban sus labios de una manera terriblemente sexi.

    Los pechos eran pequeños, los lucia tapados también mínimamente.

    Su beso de presentación fue en la comisura de mis labios, eso estaba cargado de intenciones lo cual me volví a ruborizar.

    -Estamos mi hija y yo solas toda la semana. Mi marido viene los viernes a la tarde, hasta que llegue el mes de agosto, que para el empiezan sus vacaciones.

    Las dos iban bien untadas de aceite, y al ver que yo no llevaba me prestaron su bote.

    -Deberías protegerte Luis, los primeros rayos de sol te podrían quemar la piel.

    Me unté torpemente y al acabar se lo devolví.

    -Déjame si no te importa ponerte en la espalda.

    Se levanto sentándose a la orilla de mi hamaca.

    Sentir sus manos como pasaban por toda mi espalda me dio como electricidad, despertando otra vez mi pene que al estar semi sentado disimule o eso creía.

    Las dos estaban realmente interesadas en mi libro, haciéndome preguntas que con gusto contestaba.

    Pasaban las horas y me sentía a gusto, hasta el punto que les explique el motivo de mi encierro y lo bien que me inspiró el lugar para escribir el libro.

    -Venga Luis, sé que ni comida tendrás preparada, déjame invitarte a mi apartamento que hoy comerás un guisado que te chuparas los dedos, me comenta Isabel.

    Había poca gente por ser un martes, no me hice mucho de rogar y acepte gustoso.

    -Antes me doy un chapuzón, subo a mi apartamento y me cambio.

    -No hace falta, hace buen día y comeremos en la terraza, pero como gustes.

    Estaba por primera vez en años muy contento, la soledad no es buena, mi mirada tapada por las gafas de sol, se perdían en el cuerpo de Olga su hija, y de vez en cuando disimulaba mirando a Isabel.

    Olga me recordaba a mis hijas, su juventud me cautivaba, su sonrisa y su dulzura me llevaban a diez o quince años atrás, cuando estás se divertían en la piscina de casa en sus diminutos tangas y con los pechos al aire.

    El chapuzón me fue de perlas para bajar mi libido, aproveche para nadar un poco y quedarme observándolas un rato.

    Eran toda una invitación, sus piernas algo abiertas, las movían como para que prestara atención.

    Mientras seguía en el agua, las dos se levantaron y acercándose donde estaba Olga me dijo el número de apartamento.

    -¡Te esperamos en 15 minutos ok!

    Asentí con la cabeza saliendo del agua y esperando secarme.

    No les hice caso y fui a cambiarme.

    Me puse un pantalón corto y mi mejor jersey que resaltaba mi torso.

    A pesar de mis años conservo un buen tipo, quería darles una buena impresión.

    Llame al timbre y me abrió Olga, iba recién duchada, con una camisa holgada que dejaba a la imaginación, que solo llevaba esa prenda.

    -Mama se está acabando de duchar, quieres una cerveza

    -Si preciosa conteste.

    Abrió la nevera y al encontrarse abajo, se agachó dejándome perplejo.

    Descaradamente me enseñó el perfecto culo, manteniéndose un buen rato para que lo contemplará.

    -¡Te gusto lo que viste Luis!

    -Ohhh yo perdóname no quería…

    -Jajaja lo deseas tanto como yo tu preciosa polla. ¡Te crees que no te vi el bulto cuando me mirabas!

    Fuimos los dos andando a la terraza, se contorneaba levantándose la camisa, enseñando también su coño totalmente depilado.

    Sentados agache la mirada, contemplaba sus desnudos pies, cautivado por su belleza.

    Entro la madre, y pasando por la cocina, trajo el puchero vestida como la hija.

    Me sirvió rozando su cuerpo al mío, mientras yo abría la botella de vino que traje.

    -¡No sabía que preferíais y traje vino blanco, es de vuestro gusto!

    Las dos se reían, adivinaste nuestro gusto me dijo Isabel, pero lo que realmente queremos saber es con cuál de las dos querrás follar después de la comida jeje.

    -Bueno yo no sé que deciros medio tartamudeando, las dos sois unas bellezas para este maduro entrado en años, creo que me tenéis demasiado sobrevalorado.

    La comida fue lo de menos, en esa mesa ya solo se hablaba de sexo y la verdad es que les seguí el juego.

    Eran descaradas, jugaban con sus pies rozándome constantemente mis piernas.

    -Es lo que quiera contarte Luis, somos una familia muy liberal, practicamos el incesto, la desnudez es nuestro hábitat. Juan mi esposo folla con la niña, estamos en un círculo que te podría sorprender pero seguro te gustara escuchar nuestras historias.

    -Me encantaría oírlas, pero no me hagáis decidir, os lo suplico, no puedo escoger.

    -Bien pues estarás con las dos a la vez, siéntate en el sofá y primero observa.

    El juego de la mama y la hija empezó, las dos delante mío se desnudaron una a la otra mientras se besaban.

    Era un espectáculo lesbico de lo más sensual, sus besos primero piquitos que iban in crescendo mientras tocaban sus cuerpos.

    Tiradas en la alfombra junto a mis pies, lamían sus cuerpos con lujuria, mordían sus pezones arqueando sus cuerpos al unísono.

    No pude resistir y me baje el pantalón mientras me pajeaba lentamente, viendo el espectáculo.

    Las dos ladeadas lamían sus pies, subiendo lentamente hasta alcanzar sus sexos que en un perfecto sesenta y nueve los devoraban a escasos centímetros de mi.

    La primera que me ofreció su culo fue Olga, lo balanceaba invitando a que lo lamiera.

    Cuando empezaron a gemir más fuertemente, mis manos abrieron bien el ojete de La Niña, me concentré el chupar su ano mientras encontraba la boca de su madre chupando y estirando con sus dientes su clitoris.

    -Si si si me gusta ahhhh sigue sigue, ensalivarlo bien, dame por el culo Luis.

    Tenía la polla que hasta me dolía de la ereccion que tenía y antes de metersela, la acerque a la boca de Isabel un momento.

    La chupo y ensalivo al máximo, mientras tenía mi dedo gordo metido entero en el ano de olga.

    Esta seguía gimiendo enloquecida, eso me ayudaba ni os imagináis cómo, perdí el miedo a no cumplir y agarrando su trasero, entre la punta, empujando hasta que se perdió en su interior.

    Estaba a punto de eyacular pero debía aguantar como sea, cerré los ojos y embestí con todas mis fuerzas mientras Olga mordía de gusto el coño de su madre.

    No podía verlo, debía resistir pero ya no pude más y avisándoles imprime más fuerza si cabe, hasta eyacular salvajemente en el culo de Olga.

    Fue copiosa la descarga, los tres nos besamos efusivamente, Olga bajo su cara y lamió mi polla dejándola reluciente.

    Estaba exhausto, eran muchas las emociones que me hicieron sentir y así se lo hice saber.

    -No te preocupes Luis, es normal, lo hemos pasado en grande los tres, me comentaba Isabel mientras Olga me tenía abrazado como recuperándose de su orgasmo.

    -¡Quieres que suba esta noche a tu casa y dormimos juntos!

    -Nada me gustaría más, así me das tiempo a recuperarme.

    -Yo preparo la cena, pero subiros las dos, y luego nos quedamos tú y yo si te parece.

    Era un libro abierto, Olga me cautivó, en realidad deseaba follar con Isabel pero Olga me tenía prendido y no pude disimularlo.

    Isabel se reía dándome besitos.

    -¡A que te llevarías a mi hija a una isla desierta ehhhh cabron!

    -No te equivoques preciosa, me llevaría a las dos hasta que se muriera mi polla de agotamiento le dije también riendo. Se me antoja tu culo tanto como el de tu hija, (era una mentira piadosa) le gusto mi comentario y lo acercó a mi cara.

    -Por aquí no creas que ha entrado mucha gente, solo lo doy a los hombres que me gustan.

    Lo lami con suma dulzura mientras les hablaba del regalo que me habían hecho.

    Mientras seguía chupando el ano de Isabel, Olga hizo crecer con su maestría mi polla, dándole una mamada antológica.

    -Yo creo que lo que deseáis es que me coja un patatús zorras malvadas.

    Cuando lo que deseaba era irme a casa a recuperarme, sin ninguna consideración Isabel se sienta encima mío.

    Busco mi polla y la acercó a su encharcado coño ayudado de su hija que la tocaba y besaba calentándola aún más.

    Entro fácilmente, pero mi instinto me decía que de un momento a otro perdería la ereccion.

    Sus sentones eran de profesional, se movía lo justo para que aguantara mi polla erecta, mientras Olga acercó poniéndose de pie en el sofá su sexo a mi cara.

    Esta era definitivamente lo que me hacía falta para motivarme, note que resurgía mi libido y los sentones ahora siendo enérgicos ayudaron a mi polla a mantenerse como un hierro.

    Isabel gemía locamente y chupaba por atrás el culo de su hija.

    Yo lamia ese coñito increíble, mientras mis manos pellizcaban sus pezones.

    -Si si si cabron eso es ahora ahora ya me viene ahhh no pares que siguen viniéndome más ahhhh.

    De pronto miles de líquidos inundaban mi cara, los tragaba como podía mientras Olga restregaba su sexo fuertemente sobre mi.

    -Me matas de gusto Luis ahhh que pasa mama, esto no me había sucedido nunca ahhhh.

    Las dos tuvieron orgasmos múltiples y sin avisar descargue en el coño de la madre mientras seguía botando como loca.

    No me podía ni mantener en pie, las deje a las dos lamiéndose sus coños enloquecidas.

    -Os espero a las 21 h besándolas en la frente.

    Me vestí y salí de allí enorgullecido, me habían subido mi autoestima, quería procesar no solo lo sucedido, si no también lo que me contaron.

    Mientras subía en el ascensor, suena el teléfono.

    -¡Papa papi como estas!

    -¡Ostras hija que sorpresa, desde donde me llamas!

    -Papi estoy de camino al aeropuerto con Natalia (mi nieta de 10 añitos que es un primor), vamos de camino a casa pero si te parece bien podríamos pasar a verte y quedarnos un par de días, ¡como lo ves!

    -Yo encantado hija, ¡cuando llegáis!

    -Mañana por la tarde y estaremos hasta el viernes, que Andrés ya nos recogerá en el aeropuerto.

    -Pues hecho hija, aqui os espero.

    -Por cierto papi, no veas el éxito que ha tenido tu libro en Londres, creo que me he hecho famosa por tu culpa jejeje. Ya te explicaré, pero deberías venir a vernos, la editorial estaría encantada.

    Mi hija ha heredado mis dotes de escritor y no escribe bien, escribe mucho mejor que yo y a poco tendrá más éxito del que ella se pueda imaginar, solo debe dar con la tecla correcta para explotar sus dotes.

    Quizá le irán bien mis consejos, no hay nada más importante para un padre que desear lo máximo para su hija.

    Mi vida estaba reconduciéndose, me faltaba la traca final o más bien la traca de un principio del cambio que necesitaba mi vida.

    He llorado en la intimidad la pérdida de mi mujer y deseo contaros en mi próximo capítulo no solo las confidencias de mis vecinos, sino también las de mi familia.

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  • Consulta médica

    Consulta médica

    Soy una mujer casada ya hace 10 años y siempre he sido muy sumisa con mi esposo.

    Tengo 34 años, mido 1.62, Soy morena clara, labios carnosos de esos que se antoja mucho besar y morder, color negro, cabello a media espalda y en este momento lo tengo en negro y pasando a lo que a todos les interesa soy piernona con buenos muslos, soy caderona, muy nalgona, muy chichona (38C), me depilo mi panocha y la dejó de distintas maneras para darle variedad.

    En mi forma de ser soy muy caliente, cachonda, ardiente, me encanta el sexo, pienso en sexo todo el día, tengo muchas fantasías, veo porno prácticamente todos los días y obviamente me masturbo cuando lo veo.

    Mi esposo es 22 años mayor que yo, es un hombre muy inseguro, súper celoso, ya no es nada cachondo y sí me coge, pero solamente fines de semana, si bien me va, pero básicamente lo que hace es meterme la verga y desecharse y por eso yo me estoy abriendo en buscar opciones para calmar mis calenturas y buscar situaciones bien cachondas.

    Lo primero que se me ocurrió hacer inspirada por el porno fue acudir a consulta con un médico general y al azar yo no conocía al médico.

    Me fui vestida muy normal con blusa y falda de esas largas. Llegué y era un tipo entre los 55 y 60 años. Le dije que sentía principios de gripe, me revisó y me recetó antigripales y cosas de esas y sentía principios de gripe, me revisó y me dijo que me veía bien pero me recetó antigripales y cosas de esas y ahí actúe por qué le dije:

    —doctor no tiene nada que ver con su especialidad pero le quiero preguntar algo respecto a mi busto, es que quiero saber si puedo hacerme reducción.

    Me dijo que dependía de varias cosas bla bla bla y me preguntó que talla quería.

    —¿le puedo mostrar? Y me subí la blusa. Es que como soy muy chichona a veces me incomoda y quisiera una talla menos, pero tampoco quiero que se me vean las tetas feas.

    El doctor se sorprendió un chingo por la forma en que hablaba y cuando me levanté la blusa y luego pues ya me explico el dichoso procedimiento.

    Pero no veía una reacción más fuerte así que se me ocurrió decirle.

    —aprovechando, hace 3 días sentí una bolita y un dolor en la ingle. ¿Me podría revisar? Le dije que era en la ingle hasta al lado de mi vagina, así le dije.

    Pues me dijo que tendría que checar y pensé ya cayó, ya se prendió el tipo

    Me puse a un lado de la camilla y me levanté la falda poco a poco y el doctor no perdía detalle de lo que estaba haciendo. La levanté toda y no despegaba la mirada de mi tanga de hilo naranja, transparente del frente. Ya estaba bien mojada, me senté y me empezó a tocar la ingle y me decía «es aquí» y le contestaba sí y más abajo, más abajo, más abajo hasta que llegó al lado de mi panocha y me tocaba lento el cabrón y le vi los dedos y los tenía mojados y ahí vi que se lo notaba bien parada la verga.

    El cabrón seguía tocándome ahí y tuve que ser bien directa, me hice a un ladito la tanga me recargue y le dije:

    —si quieres puedes tocar mi pucha porque yo ya quiero sentir tus dedos.

    Pues lo empezó hacer, después de un rato se inclinó y me empezó a mamar y yo ya gemía.

    —siéntate aquí, —le abrí el pantalón.—¿Puedo mamarte el pito? Tengo muchas ganas.

    Empecé a mandárselo todo, a lamer todo el tronco de su palo jugando con su cabeza y el ojito, luego bajaba y lamía sus huevos. Me subí a la camilla quedando empinada y me hice a un lado el hilo dental para que siguiera acariciando mi panocha y sus dedos también pasaban por mi culo. Me decía:

    —Que culo tienes, que rica estás, te gusta chupar mi pene (jajaja lenguaje de doctor)

    —sii no sabes cómo me gusta mamar verga. Me encanta la verga. Le quiero sacar toda la leche a tu reata.

    Pues creo que eso le excitó mucho porque sentí los chorros en mi lengua y sentía como los mecos salían de mi boca. Yo me vine dos veces.

    Se acomodó el pantalón y yo la ropa, me despedí y me fui. Estaba tan perdido que se le olvidó cobrarme la consulta jajaja.

    Esa fue mi primera experiencia.

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  • Carlos, mi señora y yo

    Carlos, mi señora y yo

    Estrenamos con mi mujer la casa nueva en la playa, fue un finde largo, hicimos aseo, cocinamos junto a una pareja de vecinos nuevos y ya llegando la noche hicimos un coctel romántico. Nuestros vecinos ya se habían retirado cuando decidimos irnos a dormir, la casa aún no tiene cortinas, y nos pareció simpático tener sexo a la luz de la luna. Nos besamos y comenzamos a chuparnos todo en la mas absoluta indiscreción, total no había nadie.

    Sin embargo, Melisa mi esposa, me advirtió que los vecinos estaban aun despiertos y paseándose por el condominio. Imposible ocultarse así que decidimos mostrarnos. Nos gusta que nos vean, somos exhibicionistas, es una de nuestras depravadas opciones, confieso que soy bastante cornudo y ya hemos tenido experiencias sexuales en trios. Ya estábamos desnudos besándonos y tocándonos cuando vimos un bulto en la sombra, escondido entre las matas de lirios. Mi mujer me dijo “si quieren ver algo caliente tendrán algo caliente, se arrodilla, me baja el pantalón y comienza a mamar. Pero no eran los vecinos, era el administrador Carlos, un campesino y jardinero, de excelente físico, muy macho y de buena pinta.

    Carlos llegaba todos los días a saludarnos, como administrador del condominio, revisa que todo ande en orden de paso se devora a mi esposa con su mirada impertinente, mi mujer Melisa, sabiendo que eso me provoca lo recibe con pantaloncitos o minifaldas que no tapan nada. Carlitos turnio mira y se relame. Una noche comenzamos una sesión de sexo y note que Carlos rondaba por nuestro jardín en absoluto silencio.

    Me excite de manera impresionante. No le dije nada a mi mujer y comenzamos a culear, ella sobre mi, cabalgándome mientras gozaba una buena penetración vaginal, que enseguida cambió a anal. Melisa gritaba de placer y yo estaba a punto de eyacular, cuando veo nítidamente a Carlos masturbándose en el antejardín de nuestra casa, lejos de asustarme, acosté a mi mujer, le abrí las piernas y mostrándole al fisgón la vagina, comencé a lamer la concha peluda y mojada de mi esposa. Luego la puse en 4, y le di por atrás.

    Estaba yo tan caliente que en esas situaciones reafirmo que soy cornudo. Eyacule después de 30 minutos bombeándole el trasero. Dos noches después invite a Carlos a almorzar, quien llego puntualmente. Mi esposa lo recibió con un traje de baño minúsculo y Carlitos disfrutó la velada; apenas disimulaba su erección. Se hizo de noche y repeti la operación, esta vez mi mujer se dio un festín de pene, ya que durante 20 minutos me la mamo como putita caliente. Nuevamente divise a Carlos, pero esta vez se lo dije a Melissa, quien al contrario de lo que imagine, me dijo, “me excita que me miren y se calienten con mi cuerpo”.

    Culeamos hasta acabar frente a la ventana, a la vista de Carlos. Dos días después tuve que venirme a la ciudad pues mi hermano enfermó gravemente y no tiene quien lo atienda. Tuvo que operarse y yo lo acompañé los 4 dias. La segunda noche, mi mujer me dice que invitará a Carlitos a cenar pues se siente sola y le da susto la noche. Le pregunte si estaba segura, y ella me respondió que si yo le daba permiso ella estaba segura de querer estar con Carlos. La conversación fue ambigua, pero me quedo claro que si podía entregarse a Carlos, lo haría. Melisa es suficientemente puta y nos tenemos absoluta confianza, nos contamos todo. Serian las 10 de la noche y me llama mi mujer.

    Su tono fue raro pero creo que me llamaba para asegurarse que ella y yo hablábamos de lo mismo: se entregaría a la pasión de Carlos. Un hombre formido, campesino, nada de mal, y muy caliente. Descuida mi amor le dije, confio en ti y se que me contarás todo. No supe mas de mi esposa por esa noche. Obviamente me masturbe pensando en Carlos se culeaba a mi mujer. La llamé por la mañana y me dijo que me lo contaría todo en persona.

    Asi fue, dos días después llegué a casa y obtuve un relato detalle por detalle, como Carlos la desnudó, le besó las tetas, le metió mano, la masturbó frotándole el clítoris y le chupo la concha.

    La acaricio entera, el tipo era una maquina de follar y hacia mucho tempo que no estaba con una mujer. Eyaculó 3 veces esa noche y cuando mi mujer lo masturbaba con la boca, mi mujer tragaba todo sin asco.

    Esa noche comprendí que tenía pasta de cornudo. Me excitaba el solo pensar que otro se podía culiar a mi señora. Mi mujer me confesó que Carlos es dueño de un precioso pene largo y curvo de unos 25 centimetros, asunto que le dio mucho placer, sobre todo cuando la penetración era anal.

    Carlos apareció el fin de semana siguiente. Hizo como si nada hubiera ocurrido. Lo invite a cenar y me invadieron las ganas de compartir a mi esposa. Asi fue, bailamos, bebimos y comenzó el sexo. Bese a mi mujer y luego fue el turno de Carlos, le meti mano en las tetas, el culo y las piernas y mientras la desnudaba ella se agacho para mamar la tranca de Carlos. Yo quería ver a mi esposa con otro y esta situación depravada era ideal para mi.

    Carlos se desnudó y la puso en cuatro, mi mujer me miraba y me pidió que le diera la mano, con una lagrima en los ojos me decía lo rico que era sentir esa verga en la concha, me incline lo más que pude y nos besamos eróticamente mientras seguía disfrutando la penetración. Enseguida la acomodó acostada de espalda piernas alzadas y abiertas le flecto las piernas y le dio por el ano. Ver como se dilataba el agujero anal fue precioso, bese a mi mujer con un beso apasionado y oi claramente que me dijo “te amo”.

    Enseguida grito como animal. Carlos eyaculó en ese momento, 8 o nueve estertores de placer le llenaron de semen la vaginita de Melisa. Hasta el día de hoy sigo compartiendo a mi mujer con el administrador. Quien además de culear es muy buen jardinero.

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  • Universitarias a la cama: Fernanda

    Universitarias a la cama: Fernanda

    En mi vida universitaria fue de las épocas que más sexo casual he tenido hoy quiero relatarles unas de esas historias. Me encontraba en 7 ciclo a solo 2 años de terminar la carrera, pertenecía a la selección de karate de la universidad y nos preparábamos para el campeonato universitario nacional. Un día en los entrenamientos apareció como nueva estudiante Fernanda venia de la carrera de Administración de empresas 18 años recién comenzaba su carrera universitaria, de piel mestiza clara, ojos y cabello negro con rostro de niña.

    La recuerdo el primer día que llego tenía un mechón de pelo pintado de verde, llego con un polo deportivo rosado y un pequeño short que realzaban sus hermosas piernas con un trasero alto y firme. Tenía un cuerpo Fitness se notaba que hacia ejercicios, desde el primer día mostro cualidades para el Karate, podía estirarse sin problemas y sabia como cuadrarse dentro del tatami.

    El Sensei converso con ella, había representado a su colegio en karate a nivel nacional y entrenaba en los talleres deportivos que brindaba su municipio, no era principiante ya que tenía experiencia el sensei vio un gran potencial en ella, faltaba pulir algunas cosas pero si daba los resultados que esperaba la podría incluir en la selección que representaría a la universidad en el Campeonato Universitario.

    Así que la invito a que entrenara con nosotros los de nivel Avanzado, la primera vez que me encontré con ella me saludo con una sonrisa en el rostro y unos ojos brillosos, diciéndome mi nombre y el de mi compañero para luego retirarse de forma campante lo cual me sorprendió ¿De dónde nos conocía? –dije Mi compañero Erick que estaba a mí costado me respondió:

    -Debe ser una acosadora

    El Sensei me ordeno a que le enseñara unas Katas así fue como logre entablar una amistad con Fernanda y conocerla más, conversando con ella después de los entrenamientos me conto que me conocía porque había salido en la sección de deportistas destacados el año pasado, la universidad termino en primer lugar a nivel nacional y este año nos preparamos para lograr el bicampeonato, también de una nota que tuve en la Revista Universitaria. Por eso que me conocía yo ni me acordaba de esa nota. Ver la infraestructura y el apoyo que les brinda la universidad a los deportistas fueron los motivos que la llevaron a matricularse en esta institución.

    Las siguientes semanas fue de duro entrenamiento, una noche saliendo de clases me la encuentro en el paradero esperando el bus, yo iba con mi moto una hero ignitor 125 cc le pregunte por donde vivía y casualidad vivía en un distrito aledaño al mío así que le dije que la podía llevar le alcance un casco ella me lo recibió con miedo.

    Era la primera vez que se subía a una moto y tenía un poco de miedo, enrollo sus brazos fuertemente sobre mi pecho sentí cómo su cuerpo se pegaba al mío mientras la moto arrancaba con suavidad. Le dije que se sujetara bien, que no había problema, y ella asintió sin soltarme en ningún momento. Durante el trayecto apenas habló, pero podía sentir su respiración acelerada y cómo, poco a poco, sus brazos dejaban de estar tensos y se acomodaban con más confianza alrededor de mí.

    Al llegar a su distrito reduje la velocidad y le pregunté dónde podía dejarla. Me indicó una calle tranquila, con casas bajas y poca iluminación. Cuando me detuve frente a su casa, se bajó despacio, se quitó el casco y me devolvió una sonrisa tímida.

    —Gracias —me dijo—. Pensé que me iba a caer todo el camino.

    —Lo hiciste bien para ser tu primera vez en moto —le respondí bromeando.

    Se rio y por un momento se quedó ahí, de pie, sin despedirse de inmediato. Me contó que le había gustado el entrenamiento, que el ritmo era más duro de lo que estaba acostumbrada, pero que eso la motivaba aún más. Yo le dije que tenía talento, que si seguía así el sensei no dudaría en llevarla al campeonato.

    Antes de irme, me pidió mi número “por si algún día necesitaba ayuda con las katas”. Intercambiamos teléfonos y me despedí. Mientras me alejaba, no pude evitar pensar en lo rápido que se había integrado al grupo y en esa mezcla de inocencia y determinación que la rodeaba.

    Desde esa noche empezamos a escribirnos con más frecuencia. Al principio eran solo mensajes sobre entrenamientos, horarios y técnicas, pero poco a poco las conversaciones se fueron alargando, volviéndose más personales. En el dojo, la complicidad también empezó a notarse: miradas que duraban un segundo de más, sonrisas después de cada corrección, roces inevitables al practicar.

    Yo sabía que algo se estaba gestando, una tensión silenciosa crecía con cada día de entrenamiento. Y aunque en ese momento ninguno de los dos lo decía en voz alta, ambos éramos conscientes de que esa historia apenas estaba comenzando.

    Un día después de los entrenamientos me quede en el gimnasio haciendo brazo, los demás compañeros fueron a los baños a cambiarse después de un rato ya cansado procedo a dirigirme a los baños a cambiarme ya no quedaba nadie el sitio estaba vacío así que decido tomar una ducha.

    Mientras me estoy duchando escucho mi nombre, agarro mi toalla y me la coloco en la cintura era Fernanda que me buscaba, la muy atrevida se mete al baño de los hombres aprovechando que estaba vacío, para que se den una idea los baños están construidos en forma de L dividido en 3 secciones, primero están los lavaderos, segunda sección los urinarios y cabinas de inodoro y en la tercera parte que se divide con una puerta están las duchas, salgo de la cabina de la ducha y la veo abriendo la puerta de esa sección nos quedamos viendo frente a frente.

    Fernanda llevaba puesto unos short Deportivo y una camiseta deportiva sin mangas que realzaban sus pechos, que rica se veía que hizo despertar a mi miembro.

    -¿Qué pasa, Fernanda? – le dijo

    -Te buscaba porque ya es muy noche y no creo que mi bus pase, crees que me puedas llevar

    -Claro, espérame que me termino de bañar y nos vamos.

    En eso sin querer la toalla se cayó al suelo y quede con el miembro empinado al aire, Fernanda se quedó paralizada sin saber qué hacer, miraba mi miembro detenidamente estaba desnudo frente a ella.

    Comienza a morderse el labio lo que me da la señal y me lanzo encima de ella la agarró del brazo y la jalo hacia adentro, cierro la puerta de las duchas colocándole seguro por dentro.

    Fernanda abre los ojos sorprendida sabiendo lo que está a punto de pasar, la empotro contra una pared, le alzo su camiseta y sostén comenzando a mamarle las tetas que pezones más sabrosos tiene luego poco a poco voy bajando hasta su ombligo, Fernanda empieza a gemir.

    Le quito su camiseta y sostén dejándola semidesnuda, de ahí le bajo su short deportivo junto con sus bragas y observo un maravilloso coño, perfectamente recortado y comencé a chupárselo, Fernanda estaba como loca.

    Fernanda se quita las zapatillas arrojando sus medias, short y bragas. Ahora si la tenía completamente desnuda para mí comenzamos a disfrutar de nuestros cuerpos.

    -Que rica verga veo que tienes – me dice

    -¿Quieres chuparla? – le digo

    Fernanda se baja colocándose de rodillas y se mete mi miembro completo en la boca, que delicia, comienza a chupármela con su lengua comienza a dibujar círculos en la punta de mi glande, lo que me hizo excitarme demasiado poniendo a mi miembro como una vara de acero.

    Ya no aguantaba más así que la levante y la cargue hasta la cabina donde me duchaba la llevo adentro y cierro con seguro la puerta de la cabina de la ducha. Le ordeno que se coloque en 4 patas sobre el piso de la ducha, Fernanda duda por unos segundos pero finalmente me obedece.

    Bajo a lamerle la vagina estaba mojadisima por lo que sabía que estaba lista, sin pensarlo dos veces me coloco detrás de ella la agarro de la cintura y comienzo a penetrarla poco a poco, siento que algo se rompe pero no hago caso. Una vez que siento que la penetre hasta el fondo comencé a embestirla ferozmente.

    Sentía como mis huevos chocaban contra su periné, Fernanda gemía muy fuerte, y yo aumentaba la velocidad, estábamos teniendo sexo duro en las duchas de la universidad.

    Finalmente Fernanda comienza a desvanecerse perdiendo la conciencia por un momento estaba teniendo un orgasmo. Comienza a venirse embarrándome de semen y sangre, yo la sigo bombeando hasta que logro a eyacular en su interior con un fuerte chorro.

    Caímos rendidos sobre el piso de la ducha yo encima de ella, me acerco a su oído

    -¿Por qué no me dijiste que eras virgen?

    -No quería quedar como una quedada, estuvo rico, el sexo es maravilloso.

    -Tú también estas rica, sabes tienes un bonito cuerpo.

    Mi miembro se retira de su vagina luego de terminar de eyacular completamente lleno de sangre, nos acomodamos en posición de cucharita sobre el suelo unos minutos. Luego nos reincorporamos y nos bañamos juntos, donde tenemos sexo una vez más.

    Nos retiramos de la universidad casi a las 0 am el de seguridad se sorprende al vernos ya que creía que ya no quedaban alumnos dentro, no nos dice nada y nos abre la puerta y nos retiramos.

    Desde ese día Fernanda se convirtió en mi follamiga, las primeras semanas luego de esa primera vez nos íbamos a los hoteles a hacerlo. Recuerdo una vez haber tenido el delicioso unas 7 veces en un día con ella, sin duda la había convertido en una adicta al sexo.

    Cuando me gradué y comencé a realizar mis prácticas profesionales ya no disponía de mucho tiempo por lo que nuestros encuentros sexuales fueron disminuyendo, hasta que ella consiguió un enamorado.

    Hay hubo un parón de casi 2 años sin comunicación, hasta que ella me contacto para contarme que se había graduado y ahora trabajaba para una empresa de Importaciones en el área de logística y que había terminado con su enamorado, desde esa fecha hasta el día de hoy que escribo este relato Fernanda sigue siendo mi follamiga.

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  • Avería, calor, y…

    Avería, calor, y…

    Volvía de la playa. Sola, en pleno verano.

    El coche empezó a calentarse. Y la aguja no paraba de subir. Empecé a ver un poco de humo que salía del capó.

    Sin parar el motor salí del coche y levanté la tapa. Avería segura.

    Y yo allí, en un lateral de la carretera, a pleno sol, con una camiseta de tirantes y un pantalón corto. Tan corto que afloraban por la parte inferior los bordes de ambas nalgas.

    Me había sacado el bikini mojado detrás de unas rocas, poniéndome algo justito para no ir conduciendo desnuda, con la idea de llegar al garaje y subir directa al piso, para una buena ducha.

    Cogí el móvil para llamar a una grúa. Sin cobertura. ¡Jooo!

    Me apoyé en el lateral del coche, junto al motor, y me crucé de brazos.

    Fue entonces cuando vi a lo lejos acercarse un enorme camión. Agité una mano cuando lo tuve más a la vista.

    Se detuvo detrás de mi coche.

    Lo vi bajar de aquella altura de la cabina. Era alto, cuadrado, enfundado en un mono ajustado y reflectante. Andaba ligero hacia mí. Antes de que llegase a mi altura empecé a hablarle:

    -Menudo problemón, el coche se ha calentado y no hay cobertura -le dije con voz quejosa, con la esperanza de que me pudiese ayudar.

    -Veamos qué puedo hacer. Si no, pediré ayuda o una grúa desde la emisora- me respondió con una voz que destilaba seguridad. O, al menos, a mí me la dio.

    Se apoyó en el lateral del motor abierto, frente a mí, y empezó a indagar. La curiosidad me pudo y yo también me incliné sobre el lado contrario, para observarle.

    -Con el sol que pega, y el calentón del motor, hasta la chapa del coche quema -dije al notar la temperatura en mis muslos desnudos.

    -Aquí y así… todo está caliente -me respondió alzando los ojos del motor para mirarme a la cara.

    A la cara… y a las tetas. Diosss, estaba inclinada sobre el motor, con la camiseta de tirantes y sin sujetador. No tengo unos pechos muy abundantes, pero era evidente que se estaba recreando con el espectáculo que le ofrecía sin tan siquiera haberme dado cuenta. Sentí una mezcla de rubor y halago y decidí no moverme.

    -Voy a buscar un medidor de temperatura al camión, a ver si podemos hacer “algo”, con tu trasto de coche.

    -Siempre le digo a mi pareja que tenemos que cambiarlo. Tiene ya muchos años…

    -¿Tu marido o el coche?- me preguntó sonriendo.

    -Ambos -respondí, seguido de una risa seductora.

    Cuando volvió, se acercó a mi lado y mientras me mostraba el medidor me dio unas indicaciones:

    -Tendrás que aguantar tú desde este lado los cables donde yo te indique, y yo desde el otro lado y mirando la pantalla, probaré de darle gas a ver si sube más la temperatura-

    Me sonó todo a chino, así que me giré de nuevo sobre el motor y agarré los cables que me ofrecía. Fue entonces cuando se colocó a mis espaldas y extendió ambos brazos alrededor mío, sin soltar mis manos, dirigiéndolas hacia dos puntos del motor. Su cuerpo se pegó al mío. Su voz sonó muy cerca de mi oreja. Y una fuerte presión de su apretado “bulto” se clavó en mis nalgas.

    -Aguanta fuerte en ambos lados, y procura no moverte. ¿Puedes? ¿Molesta?

    Un movimiento de vaivén lateral acompañaba a sus preguntas sobre mis nalgas, haciendo más evidente el frote sobre ellas de su miembro erecto.

    -Molestar no molesta, pero…

    -Pero ¿qué?

    Se me soltó un cable de una mano.

    -Pues que con los nervios ¿no ves? Ya se me ha soltado un cable.

    Sentí como se separaba de mí y volvió al otro lado del coche, frente a mí.

    -Puedes hacerlo, coloca de nuevo el cable donde te he indicado.

    Me abalancé algo más sobre el motor y atendí su petición, aún a expensas de que sabía que su perspectiva sobre mis tetas resultaría más “específica y generosa”. Seguro que mis pezones se presentaban bien visibles a sus ojos.

    Después de hurgar con sus manos por el interior del motor, se dirigió de nuevo hacia mi costado, y colocándose de nuevo tras de mí me dijo:

    -Un último intento…¿te llamas?

    -Cleo -le respondí, sintiendo de nuevo su paquete presionando mis nalgas. No voy a negar que me estaba excitando. Y al parecer, por el mayor tamaño de su bulto, creo que él también.

    Sus manos se colocaron sobre las mías y las avanzó hacia un lugar más distante del motor, lo que me hizo ponerme de puntillas y sentir todavía más el calor de la chapa en todos los muslos y las ingles.

    -Yo me llamo Jesús. No, no, estira más los brazos. Así, ahora. Aguanta que le daré al acelerador.

    Otra vez liberó mis nalgas y se dirigió al interior del coche. Miré mis manos, las había manchado con las suyas al acompañarlas a su nuevo destino.

    Los acelerones del motor hicieron brotar de nuevo humo del radiador. Giré el rostro hacia Jesús y lo vi salir rápido del coche mientras me jalaba:

    -No, no sueltes ahora, que quiero ver hasta dónde sube la temperatura.

    Hice un esfuerzo para no soltar los cables, y en menos de un segundo noté como sus manos ladeaban mi pantalón se clavaban en ambas caderas, al tiempo que una polla húmeda se abría paso entre mis nalgas, para invadir mi coño que también se encontraba ligeramente lubricado.

    Solté los cables y lancé un suspiro profundo como respuesta a esa entrada en mi intimidad. Sus manos manoseaban mis caderas, masajeaban mi vientre, mientras que sus embestidas se hacían cada vez más profundas e intensas. Apenas pude articular una palabra entre los continuos gemidos que brotaban de mis labios:

    -Cabrón

    -Puta. Que buena estás. Y que calor hace aquí, dios.

    -Me has manchado de grasa toda- Pero no pares ahora, sigue, sí, soy tu puta, una puta de carretera que te estás follando. Una mujer inocente que te ha pedido ayuda y de la que estás abusando, cabrón. No paresss

    Sus manos amasaban ahora mis tetas y sus dedos pellizcaban mis pezones. Su miembro me llenaba por completo. Lo sentía entrar hasta el fondo, para volver a salir y volver a entrar, aplastando con su cuerpo al mío contra la ardiente chapa del coche.

    -Vamos al camión. Tengo aire acondicionado y podemos avisar a una grúa. Y te podrás cambiar esa ropa sucia-

    -Quiero tu leche. Dámela toda, cabrón. Quiero correrme. Me has puesto a mil-

    Y fuimos al camión. Y me desnudé entera. Y me clavé su polla sentada en su regazo mientras él hablaba por la radio con la grúa.

    Que, por cierto, tardó más de una hora en llegar. Tiempo que aprovechamos para “distraernos” en la litera de la cabina, donde, semi estirada y con mis pies en sus hombros, pude disfrutar de varios orgasmos seguidos, mientras soportaba con pasión los envites que su polla me proporcionaba antes de invadir todo mi interior con una más que generosa cantidad de semen.

    Lo revivo mientras os lo escribo, y siento de nuevo como se moja mi sexo.

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  • Mi gusto culposo y el más sabroso

    Mi gusto culposo y el más sabroso

    Hace par de meses, por temas de trabajo conocí muchísimas personas, en especial hombres que por mi cargo supongo se les hacía sexy que una mujer como yo de 1.50 m tenga al mando montón de hombres.

    Era habitual que me coquetee y pues, siendo honesta, empecé a sacar ventaja para alivianar un poco mi carga laboral haciendo que me ayuden con varias tareas o me faciliten el gestionar cosas y pues, ellos encantados.

    En un día de mucho ajetreo se presenta un joven pidiendo información a mi asistente (es mi mejor amiga actualmente) sobre datos de nuestra labor y teníamos que cooperar pero no sabíamos ni quién era ni su puesto, así que no podíamos entregar información de ese tipo, ya luego se nos confirmó y le ayudamos con eso, para ese momento ya eran la 1 am y seguíamos trabajando, aquel chico nos vio muy cansada y prometió regresar con nuestro desayuno porque obviamente el trabajo seguía para largo y así culminar con la información que quedaba pendiente para su trabajo.

    Llegó la mañana del lunes y amablemente nos llevó nuestro desayuno, eran unos ceviches que agradecíamos mucho pues, el trabajo era pesado y apenas habíamos dormido 3 horas y de vuelta al ruedo.

    Él rápidamente se hizo amigo de mi asistente, obviamente él me había pedido mi número para constatar información si en caso era errónea o necesitaba aclaración y pues al ser jefa de departamento, podía resolver sus dudas.

    Después de todo ese relajo, él se puso en contacto con mi asistente y amiga, ella me dijo para salir fuera del horario laboral con este chico, acepté para acompañarla sin plan a nada pero él siempre fue muy atento y amigable, su profesión tiene mala fama por ser mujeriegos así que conversamos muchas cosas, fuimos a comer y luego nos llevaron a nuestra casa respectivamente.

    La relación de mi amiga y él se estrechaba, ella me contaba absolutamente todo y cómo se coqueteaban así que me daba igual. Con él y sus amigos salimos 2 veces más donde estuve presente, nada fuera de lo normal.

    Mi amiga me cuenta que en una salida donde no estuve, pasaron cosas entre ellos pero que ella no lo veía para nada serio, solo quitarse las ganas y pues, yo siempre enterada de todo a lujo de detalles de sus encuentros.

    Él muy de vez en cuando me escribía y siempre en un tono amigable, aunque claro, en un momento me percaté que él tuvo un intento de coquetearme pero yo sin querer le frené sus intenciones y creo que lo entendió. Luego hubo unos chats donde lo invitaba a irnos de paseo entre mi amiga, él, yo y su amigo, así que aceptó pero no se dio la salida.

    Terminó mi contrato con la empresa, así que estaba normal en mi casa descansando y mi amiga me propone en ir a las fiestas de mi pueblito con él y así ayudarle a verse con él, yo acepté pero no estaba convencida pero mi amiga en el mero día de la salida me dice que no cree poder ir pero que vaya yo con él, me distraiga y la pasé bien, que iba a intentar escaparse pero no prometía nada.

    Eran las 8 de la noche cuando recibo un mensaje de él y me pedía confirmar si iba a salir, yo poco estaba decidida a ir pero acepté y empecé a arreglarme. Me vestí con un pantalón beige y blusa palo rosa y cuando llega por mí, lo veo vestido exactamente igual a mí y vernos nos hizo morir de risa, yo subí a la camioneta y me presentó a su jefe, hasta ahí el ánimo era de camaradería y llegamos a la fiesta donde había un concierto, yo le había dicho que aceptaba la salida con la condición de no beber y que no me obliguen a hacerlo porque estaba con una medicación muy fuerte y podía causar algún daño al mezclar con trago.

    El concierto no era de mi estilo, contadas las canciones me sabía y él se burlaba un poco de ello pero bueno, jugamos un poco con los amigos de él y otras chicas que estaban ahí y que hice muy buen Match y la pasamos increíble, este chico ya venía algo ebrio pero jugando hizo que el jefe me besara en el concierto todo en modo juego.

    Terminando el concierto, fuimos a una discoteca donde decidí beber cerveza un poco y bailamos mucho esa noche, jugando hicimos beso de 4 con el jefe, una de las chicas, él y yo dónde obviamente morimos de risa, al haber tomado mi medicina hizo que el alcohol me subiera rápido y me sintiera mareada así que pedí un amigo que me recoja y así fue, pero cuando le aviso a Alex (así se llama el chico) me pidió que me quedé y ahí me agarró por primera vez la mano brevemente pero le dije que no y me acompañó hasta la puerta de la discoteca, me despedí con un beso en la mejilla y me fui rápido ya que eran las 3 am.

    El primer concierto fue jueves y el segundo fue viernes, así que él me escribió temprano para saber si quería volver a ir con él al concierto y accedí pero algo había percibido en el ambiente que decidí dejarme llevar por lo que pasará entre nosotros, aunque creí que era imaginación mía.

    Llegó la noche, me arreglé y decidir ir en una minifalda, una blusa de un solo hombro con tennis y mi cabello suelto.

    Desde que llegó a recogerme Alex prestó atención a todo de mí, mucho más atento que el día anterior, fue más cercano al saludarme y decir que mi perfume olía demasiado delicioso. En la camioneta iban las chicas de la noche anterior e íbamos a recoger otras, íbamos muchos así que al llegar la otra, él decide pasarse atrás con nosotras y darle el puesto a la que llegó recién y al no entrar en el asiento trasero, yo le dije que para acomodarnos mejor podía sentarme en una de sus piernas y él accedió, esto sin maldad alguna pero si estábamos mucho más cerca que antes.

    Llegamos al lugar del concierto y su atención fue aún más enfocada a mi, la bajarnos, solo a mi me agarró de la mano y en el camino, con el pretexto de que no nos perdamos, me agarraba de la mano aunque con las otras chicas no hizo eso, llegamos a la salita donde estuvimos en el otro concierto pero a diferencia del anterior, eramos más mujeres que hombres, nos presentó más compañeros de él y uno de ellos nos empezó a incomodar y yo le pedí que por favor no se fuera de mi lado porque no me sentía a gusto con su amigo.

    Él me cuidó, nos compró comida a las otras niñas y a mí, ese concierto si era de mi agrado porque me sabía las canciones y cantamos mucho. Terminó el concierto y salimos todos, pero en ese instante, él y sus intenciones eran un poco más evidente y me agarraba de la mano como si fuéramos novios y todos los creían, decidimos ir a la discoteca y seguir la fiesta pero tuvimos que separarnos en 2 grupos porque ya no íbamos a entrar en la camioneta y llegamos con una pareja más a la discoteca.

    Bailamos mucho, bebimos y yo lo hacía poco, pusieron Reggaetón y yo me moría de ganas de bailar con él y lo hicimos, era más evidente la atracción nuestra, bailamos pegadito y en un momento, me estaba hablando y me tomó de la cara para voltear mi rostro hacia él y me besó, desde ese momento nos besamos y tus labios eran deliciosos, realmente él no era de mi gusto, totalmente distinto a lo que yo he elegido en hombres pero entre el ambiente, el alcohol y esa cercanía, se me hizo irresistible pero todo el tiempo pensaba si a mi amiga le iría a molestar esto pero el juicio se me nubló por cómo estaba con él. Nos botaron de la discoteca porque era horario de cerrar y fuimos a otro sitio, en ese sitio bailamos incluso más, nos besamos mucho más y noté su erección.

    Al sentir su erección, recordé las palabras de mi amiga y su descripción sobre el sexo con el y me excité demasiado, yo quería que me entre a verga ese momento, bailando me besó el cuello y le dije que estaba con mucha ganas, así que me dijo que también me deseaba y para nuestra suerte, nuestros amigos decidieron salir para seguir la rumba a otro lado y aprovechamos, justo la pareja que iba con nosotros dijeron que irían a un motel y les dijimos que nosotros también íbamos, no en la misma habitación sino diferente.

    Fue a sacar plata al cajero y llegamos al lugar, desde que cruzamos la puerta, nos comimos la boca y nos quitamos la ropa, me sacó primero la falda y la blusa para quitarme el brassier y dejar mis tetas al aire y me dijo “no sabes cuántas veces deseé ver tus tetas y saborearlas” eso mientras me las apretaba y lamía.

    Yo estaba prendida, que le agarré la verga, me terminó de quitar el calzón y me tiró a la cama mientras él me besaba el cuerpo, me puso boca abajo y vacío parte de su cerveza en la curvatura de mi columna y bebió su trago desde ahí y qué rico se sintió y así me empezó a desear, yo estaba tan mojada que sus dedos entraban con facilidad… Uno, dos, tres dedos. Luego me volteó y me empezó a mamar la vagina, un exquisito sexo oral y sus labios tan suavecitos que me hacía tocar el cielo y su lengua cómo taladraba mi vagina y jugaba con mi clítoris.

    Subió a besarme mientras nos masturbamos al mismo tiempo y le dije que se recueste, y me acomodé para mamarle la verga porque hasta ese momento no sabía qué tan gruesa era, cuando la vi era sin duda deliciosa. Gruesa, una cabeza deliciosa y rosada y se la veía tiesa y venosa como me encantan a mí. Me la metí a la boca jugando con mi le gua, mi labios, succionándola y lamiendo su tallo rígido, también chupé sus bolas deliciosamente, él encantado y me decía “quién diría que esa carita de chica seria y de niña inocente es más que eso, es una perra total pero una perra bien rica” yo la escuchar sus palabras como música para mis oídos, sonreí maliciosamente y le dije que así era mejor y volví a chuparle la verga y las bolas.

    Ese hombre, estaba fascinado por todo lo que estaba pasando porque solo en sus locas fantasías pasaba lo que ahora era realidad. Me besaba locamente, y le dije que me deje montarlo, quería sentir su verga en mi vagina, y él encantado se acomodó y cuando yo empecé a introducirme lentamente su verga y luego di un sentón que llegué hasta el fondo, Alex me decía cuán delicioso era sentir mi interior tan apretadita que era y comencé a moverme, él tenía y gruñía mientras yo tenía los mejores orgasmos encima de esa verga que mi amiga muchas veces me describió y mientras yo tenía de placer, le decía cosas realmente puercas y él me ahorcaba y me cacheteaba pero porque yo se lo pedía y era tan excitante que mojamos las sábanas de mis jugos.

    Más me prendía y él no terminaba, así que me volteó y comenzó a darme en 4 y metió su cara entre mis nalgas un momento para beber mis jugos y decía que eso era néctar para él, que era juguito de princesa y sabía delicioso, hasta que volvió a darme verguiza en 4 y yo gemía fuerte.

    Mientras me daba en 4, me volteó y me puso el pie en la cabeza y empezó a darme verga deliciosamente y yo chillaba de lo excitada, nunca me habían tratado así pero lo disfrutaba, quitó su pie de mi un momento y me besó pero sin preverlo, escupió en mi boca y sentí que ese era el hombre de mi vida por hacerme sentir bien sucia, excitada y deseada. En ese son, nos llegaron las 8 de la mañana y estaba cansada pues ya tenía 7 orgasmos y mis piernas temblaban pero el seguía sin terminar, le pedí descansar y llegó un momento donde él tampoco pudo más y nos quedamos dormidos.

    Poco después nos despertaron, no volví a casa enseguida porque estaba con él y hasta el final seguía besándome sin miedo a que lo vean, éramos como una pareja en luna de miel, esa misma mañana me pesó la conciencia y le conté a mi amiga y ella, no le importó porque me dijo que así tenía chance de estar con otro amigo de él que le interesaba muchísimo.

    Alex y yo empezamos a salir pero bueno, son historias para otro momento, no duramos mucho, en realidad él está a poco de volver a mi ciudad y yo deseando verlo de nuevo y repetir las cosas que hicimos en par de ocasiones, cumplir las fantasías pendientes y probar de nuevo esa verga que hasta el momento, es la mejor de las que me he comido, nadie lo ha superado.

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