Blog

  • Mi esposo descubre que le soy infiel (1)

    Mi esposo descubre que le soy infiel (1)

    Hola nuevamente estimados lectores, espero que les hayan gustado mis relatos. 

    Como recordarán, en mis primeros relatos, les comenté, que me casé enamorada de mi marido, pero, aunque el sexo estaba bien a secas, siempre me faltaba ese algo que solo una buena verga puede dar. Cuando éramos novios, cogíamos casi diario, pero nunca le di importancia al tamaño, será porque también, en la oficina seguía cogiendo con varios hombres, me había vuelto un plato muy apetecible, puta y aparte poder ponerle el cuerno a mi novio, los traía locos, más cuando les informe que, la relación con mi novio iba muy en serio, ya me había presentado a su familia, él conocía a mi familia, ya había planes de boda, etc.

    Mi «novio» en la oficina, en cuanto se enteró de la situación, tuvimos una gran discusión, él era casado y no me dejaba que yo tuviera planes de boda, nos mandamos a «volar», al principio sí me dolió, no se los puedo negar, lo conocí a los 13 años, desde ese momento me «enamoré» de él, años después me empezó a coger; fueron 4 años de «noviazgo», yo siempre tuve la esperanza de que dejara a su esposa, pero el tiempo, me dio la respuesta más triste de mi vida, nunca la dejaría, pero en fin.

    La ruptura con mi «novio» de la oficina, me trajo muchas más oportunidades de coger, ya que, no tendría que esperar a que él se fuera o no acudiera a trabajar, fueron días de algunas peleas, ya que él me celaba, como cuando éramos novios, hasta que comprendió, que me había perdido.

    Con el transcurso de los días de recién casada, el amor me hacía aguantar, esa sensación de vacío que no llenaba mi esposo, hasta que 15 días después mi matrimonio, mi calentura acumulada, pudo más que mi amor y caí en la tentación de ser infiel.

    Con el paso del tiempo, mi esposo se dio cuenta, de que no podía llenarme, ni saciar, las ganas crecientes que tenía de una gran verga, que llegará hasta el fondo de mi caliente panocha.

    Empezó a ver algunos detalles que yo, muchas veces por descuido y otras por la calentura, dejaba a mi paso; cuando trabajaba, no había día, que no cogiera con alguien, casi siempre quedaban mis bikinis, manchados de mocos, ya sea de atrás o de adelante; llegaba a la casa, he inmediatamente, entraba a la recamara y buscaba un bikini limpio para cambiármelo, al principio, en cuanto me quitaba el sucio, lo lavaba, pero después, ya los echaba en una pequeña tina con suavizante para que se remojaran y así lavarlos todos juntos el fin de semana.

    Algún día, me quite el bikini y como no había preparado la tina con suavizante, lo puse en una pequeña bandeja, pero no le eche ni agua, ni nada, tarde me di cuenta de mi error; ese día mi esposo llegó temprano del trabajo y lo que le servía de comer, fue al baño a asearse, cuando salió traía mi bikini en las manos, me enseñó una gran mancha en la parte trasera, obviamente eran mocos, ese día me habían cogido 3 diferentes personas y los 3 me los echaron en el culo; me preguntó qué era esa mancha, yo trate de mantener la calma y le dije que en camión un viejo «cochino» al parecer se iba masturbando y se vino en mis nalgas, no muy convencido con la explicación que le di, me pidió tener más cuidado y alejarme en cuanto viera alguna acción de esas. 

    Así fueron varias las veces en que por descuido casi me cacha. Él aunque lo sospechaba, nunca me dijo nada.

    Así pasaron varios años, yo ya no trabajaba, me había embarazado y tenido a mi primer hijo, yo seguía igual de puta, después del embarazo, había subido de peso, las tetas me habían crecido bastante de tamaño, de ser una talla 32 b, pase a ser 36 c, mis nalgas ya de por sí grandes, se hicieron todavía más grandes, estaba más caderona que antes, mi cintura creció también, nunca la pude bajar, pero conserve más o menos el cuerpo de guitarra que en aquel entonces, llamaba mucho la atención de los hombres; ya se imaginarán como era perseguida por los hombres, no había alguno que en su momento no me pidiera las nalgas, pero, como en la colonia en la que vivimos, era nuestro entorno desde pequeños, la familia de mi esposo y la mía propia estaba demasiado cerca y como ya era una señora casada, debía guardar las distancias; mi forma de vestir no cambio, al contrario, me ponía minifaldas más cortas y blusas con escotes más provocativos, para lucir más apetecible a los hombres, pensaran que lo hacía mientras mi esposo no estaba en casa, pero no, de hecho el me acompañaba en ocasiones a comprarme la ropa que me ponía, siento que a él le excitaba, ver cómo me comían con la mirada los hombres que nos encontrábamos a nuestro paso; él fue quien me sugirió, en lugar de comprarme bikinis, comprará tangas de hilo dental, para lucir mis nalgas, brasieres con varillas para hacer ver todavía más grandes mis tetas, fue él quien me sugirió que me depilara la panocha, para lucir más sexi y rica, me decía. Lo que él no sabía, es que, aparte de él que gozaba de mí, había varios que gozaban de mí y obvio yo gozaba de sus vergotas; porque aunque yo siempre escogía con quién cogía, ahora más, ahora tenía todo un gran buffet para mí sola: solteros, casados, viudos; mayores eso sí, porque nunca me gustó coger con más jóvenes que yo, ni me gustarán, no podía negar que a varios, les veía la verga, a veces con recato y otras como descaro y mucho morbo.

    Fue por aquellos tiempos que mi esposo descubrió, que yo le era infiel, contrario a los escenarios que siempre me imaginé, si es que algún día, me llevaba a descubrir; no sucedió nada de lo que pensé. (Una disculpa por la introducción tan larga).

    A continuación les relato como fue esa ocasión.

    Todo ocurrió en una fiesta de mi familia, era día de los muertos, pero se mezclaba mucho con la festividad americana: el Halloween, así que era de disfraces. Me enteré que a tal fiesta, iba a ir un antiguo pretendiente; yo me enamoré de él cuando era una adolescente, él era unos años mayor que yo, por lo mismo, el no me veía con los mismos ojos, a pesar de lo que todo el mundo sabía de mi, nunca logré que el me viera con esos ojos de deseo y ganas de cogerme como lo hacían todos los demás, no entendía el porque, si hasta hombres casados y mayores, querían meterme su verga, pero para mí desgracia el no.

    Por lo mismo, iría dispuesta a qué pasará algo en la fiesta. A mi esposo nunca le gusto acompañarnos a las fiestas, como no sabe bailar, él me decía, que para que me iba a aburrir con él en la fiesta, por eso me dejaba ir sola y con mi pequeño hijo. Supe que ese sería el día ideal, para poder seducir a aquel que no me hizo caso.

    Para disfrazarme, se me ocurrió ir de enfermera, tenía un vestido de licra blanco, que me llegaba a media pierna y unas zapatillas de tacón alto, sabía que con el tacón alto, las nalgas se me verían más antojables de lo que ya eran, le pedí a una de mis vecinas su cofia, ella era enfermera de verdad y no dudó en prestarme una de las que ya no ocupaba. Me puse una tanga de hilo dental (que mi marido me había comprado) muy pequeña, apenas me tapaba el área de la panocha, un día antes me había rasurado totalmente el vello púbico, el hilo se perdía totalmente entre mis nalgas; en la parte superior, escogí un brasier con varilla, que hacía que mis tetas se mirarán muy grandes y antojables, con encaje en la zona del pezón, el cual se transparentaba de manera sexi e invitadora. Me maquillé de manera que todos se dieran cuenta de que iba en busca de verga.

    Llegué a la casa de mi familia junto con mi hijo, al verme, todos mis primos y mis hermanos, corrieron a abrazarme y a darme la bienvenida, pensé que si no hubiera venido vestida así, no hubieran hecho tanto alboroto; algunos con los que había tenido algo que ver, cuando me abrazaban, me decían cosas cachondas al oído y trataban de que sintiera su verga, algunas ya paradas y otras no tanto, hasta mis hermanos que ya tenía muchos años que ni me «pelaban», ese día hicieron lo mismo que los demás.

    Mientras todo eso pasaba, yo me sentía toda una puta, allí, en ese instante tenía ante mí 7 u 8 hombres dispuestos a cogerme al precio que fuera, pero a mí me interesaba solamente uno y no lo veía por ningún lado. Pregunté por él pero, aún no había llegado. Pase y saludé a las demás familia, algunas primas, tías y amigas, no les gustó nada verme vestida así, sabían de mi fama y debían cuidar a sus hombres, porque si no yo se los iba a quitar.

    Empezó el baile, mis primos habían adornado la zona del garaje de la casa, de manera que pareciera una cueva, estaba oscura, solo unas pequeñas luces azules muy tenues, alumbraban el lugar, perfecto para bailar muy pegados y hacer algunas cositas ricas; pero no todo era perfecto, habían invitado a una amiga de mis hermanos, ella era mi rival, era tan puta o más que yo, era un par de años más joven que yo (yo tendría por aquellos días 25 años), alta, soltera, güera, pelo a media espalda, con unas nalgas grandes y antojables, cintura media, pero que hacía que sus nalgas resaltarán más todavía, sus tetas eran grandes, pero a diferencia de las mías, no estaban tan caídas, por haber amamantado a un bebé, solo a los hombres, como se imaginarán le decían: la güera; siempre vestía muy provocativa, faldas o vestidos muy cortos, que casi dejaban ver sus nalgas y unos escotes que no dejaban nada a la imaginación, ese día iba disfrazada de diabla: llevaba una pequeña falda roja con algo de vuelo, una blusa del mismo color, con un gran escote en las tetas y abertura en la parte de la espalda que llegaba justo arriba de sus nalgas, una cola de terciopelo complementaba su disfraz. Siempre que estábamos juntas en alguna fiesta, se sentía el ambiente tenso, pero de una manera sexual, los hombres que acudían a esa fiesta, sabían que cogerían con cualquiera de las 2 por cómo éramos; de hecho en alguna fiesta a la que fuimos a casa de ella, se hizo una competencia haber quien aguantaba más cogidas, pero eso se los contaré en otro relato.

    Yo estaba muy molesta, ya que no me habían avisado que ella iría, molesta porque ella cogía regularmente con mi pretendiente y seguramente ella querría hacerlo en esa fiesta. En fin, no me quedaba otra que tratar de disfrutar lo que se diera ese día.

    El tiempo transcurrió, ya era de noche, por lo mismo, la decoración que habían puesto mis primos se hizo todavía más oscura; la güera, una amiga (también que le gustaba la verga) y yo, éramos las más solicitadas para bailar, como les he comentado, me encanta bailar salsa, ya que te permite que se den movimientos muy sexuales, roces que me calentaban mucho. Cada baile era un cachondeo muy erótico, no había pieza en que no nos agarran las nalgas o las tetas, en algunos momentos nos repegaban la verga en las nalgas, a mí me encanta, sentir la dureza y tamaño que les provocaban mis nalgas, me decían al oído, lo rica que me veía y las ganas de cogerme que tenían, como lo harían y en posición me pondrían, me tenían muy caliente, aunque yo sabía que a la güera y a la otra chica, seguramente les decían lo mismo, no me importaba, yo iba por lo mío y nada me iba a importar, más que gozar como la puta que era.

    Serían las 10 pm más o menos, los más adultos y los niños que algunas llevábamos, ya se habían ido a dormir, eso me iba permitir ser más puta todavía y ver qué podía conseguir, la bebida empezaba a hacer sus efectos, el baile de plano ya era un descarado cachondeo; habíamos formado un grupito de 10 gentes, nosotras 3 y los demás hombres, no me importó que en ese grupo estuvieran mis hermanos y mis primos.

    Ellos tenían a reventar sus vergas, nos lo hacían notar cada que nos la repegaban, en especial, mi hermano mayor, iba disfrazado de indito, con pantalón de manta y todos sus complementos, por lo mismo, su verga se veía riquísima, un amigo iba disfrazado de robot, como su atuendo se pegaba a su cuerpo, su verga se veía también muy rica, por lo menos tendría 2 ricas vergas para gozar. Fue cuando llegó el, mi pretendiente, iba disfrazado de vampiro, realmente se veía muy guapo, con su capa negra, una camisa blanca y una corbata negra también, el maquillaje le quedaba espectacular, mi corazón y mi panocha palpitaron con más fuerza todavía; saludo a todos los que estaban en la fiesta y se dirigió a dónde estábamos nosotros, de inmediato la güera se fue encima de él. Aunque bailo con las demás, ella prácticamente se le pegó como sanguijuela; las pocas piezas que baile con él, lo hacía de manera muy cachonda, le repegaba mis nalgas, le agarraba la verga con mucho deseo, dándole a demostrar que quería que me cogiera, ese día, como todo buen hombre iba dispuesto a cogerse a cuánta mujer se le atravesará, pero la güera al parecer no lo iba a soltar. 

    Un poco desilusionada, vi como la güera se llevó a mi pretendiente hacia afuera de la casa. Al lado de la casa de mis primos había un terreno baldío, se prestaba perfectamente para coger, ya que tenía unos arbustos tupidos con hojas grandes y un pequeño espacio, que ellos habían acondicionado, cuidando el pasto a manera de cama, desde la calle no se veía nada para adentro, todo eso lo hicieron para que fuera más cómodo poder coger, sentí que ese día había perdido mi oportunidad. La otra chica, tenía rato que mi otro hermano y un primo se la habían llevado al terreno baldío.

    Seguí bailando un tanto frustrada por la situación, ya nada más quedaban mi hermano mayor y un primo, habían cambiado la música, ahora era suave, calmada, relajante, pero al mismo tiempo cachonda. Los 2 bailaban al mismo tiempo conmigo, al ritmo de la música, mi hermano atrás y mi primo adelante, los 2 haciéndome sentir lo dura y grande que tenían sus vergas, mi hermano había subido un poco mi vestido, metía su mano en mi panocha, haciendo de lado mi tanga, mientras mi primo ya acariciaba mis tetas por debajo del brasier, me estaban calentando muy rico, de momento mi hermano dijo que si me animaría coger con los 2 al mismo tiempo, les dije que si, ya sabíamos cuando había fiestas de ese tipo a dónde podemos ir para coger a gusto, era una pequeña habitación dentro de la casa, que había quedado algo oculta por las constantes remodelaciones que hacía la loca mamá de mi primo, era como un cuarto para ver la televisión, tenía un sofá viejo que habían cambiado de su sala anterior, un librero también viejo con varios libros que alguna vez se ocuparon cuando éramos estudiantes, trofeos deportivos, algunas cosas que cuando te estorban, las vas a dejar a algún lado, 3 sillas de plástico duro, un pequeño mueble con una televisión encima la cual no servía, media aproximadamente 2 m de ancho por 5 m de largo, tenía una puerta metálica con cuadros de vidrio opaco, pero si te acercabas, podías ver lo que pasaba adentro, si ese sofá pudiera hablar, las cosas que contaría.

    Había decidido coger con los 2, cuando de repente, entran mi pretendiente y la güera, visiblemente enojados; la güera se fue a sentar a un lugar apartado de nosotros, mi pretendiente se aproximó a nosotros, nos contó rápidamente lo que había pasado, ella quería coger a fuerza con él, contrariamente a lo que todos pensarían a él no le gustaba eso, quería que las cosas se dieran naturalmente, que fluyeran hasta llegar al momento de coger.

    Vi la oportunidad de poder hacer algo con él, le dije a mi hermano y a mi primo que fueran a consolar a la güera, que para esos momentos era un mar de lágrimas, yo me quedaría con él, así lo hicieron. Le pedí que se tranquilizara, le ofrecí un tequila para que se relajara, como la música seguía sonando, aproveché para decirle que bailáramos un poco, para que se tranquilizara; el me tomo de la cintura, yo lo abrace del cuello, comenzamos a movernos al compás de la música, él me empezó a platicar algo que no recuerdo, pero la música, el tequila, el despecho, que se yo que pasó, me dijo que me veía muy rica, que nunca me había visto así, le contesté que sí le gustaba, me dijo que me veía muy cachonda; bajo sus manos a mis nalgas, al ver que no le decía nada, las acarició de manera sutil al principio, ya después con fuerza, aprovechando que nadie nos veía por lo oscuro del decorado, nos empezamos a besar, un beso tierno al principio, como de novios, me sentía en la luna, después fue pasando a ser más cachondo, erótico, nuestras lenguas libraban una batalla en nuestras bocas, él me había subido mi vestido, masajeaba mis nalgas bruscamente, yo le agarraba la verga, ya estaba muy parada, debo confesarles, que me lleve una desilusión, ya que su verga, no era como yo me la había imaginado, siempre me imaginé que tendría una vergota por como se le veía marcada el pantalón y en los shorts deportivos que utilizaba cuando jugaba fútbol junto con mi esposo y demás familiares, pero si la tenía más grande que los 10 cm que tenía mi marido, no me importo. 

    Poco a poco el cachondeo se hizo más intenso, le dije que porque no íbamos al estudio (como todos conocíamos el cuartito que les describí en párrafos anteriores), no me contestó, me tomo de la mano, nos dirigimos al estudio, cerramos la puerta con un pasador que tenía, me recostó sobre el sofá, él encima de mi, nuestros besos eran desesperados, como pudo metió una de sus manos a mis tetas, me causo algo de molestia por lo apretado del vestido y las varillas del brasier, pero yo estaba a mil que no me importo, sacó una de mis tetas, me la chupo de una manera fuerte, la lambia y la succionaba, me subió el vestido a la cintura, ya sentía lo dura que tenía la verga; así estuvimos por varios minutos, ya no aguantaba más, le pedí que ya me metiera su verga, su capa nos tapaba completamente, se desabrochó el pantalón, se lo bajó un poco junto con su trusa, trato de hacer a un lado mi tanga con su verga pero no podía, la intento bajar con una mano pero tampoco se pudo, le dije que esperara un poco, levanté mi cadera y me la quité, él me ayudó a sacarla totalmente, estaba muy mojada, en ese momento no tome en cuenta que la guardó en la bolsa de su pantalón, se acomodó en medio de mis piernas, nos besamos otra vez, cuando sentí que me dejaba ir toda su verga, de un solo movimiento entro toda, di un pequeño grito de placer, estuvo un rato así, dentro de mí, veía en sus ojos la excitación que le causaba, empezó con su movimiento de mete y saca, primero lento, después con rápido y con mucha fuerza, no sé si fue el momento, la persona o que fue que me saco los mocos muy rico; después de un rato de estar así, tomo mis piernas, las puso en sus hombros, me la dejo ir nuevamente, los gritos que trataba de ocultar ya no los pude reprimir, nunca pensé que una verga de ese tamaño me hiciera gozar tanto, no era a las que estaba acostumbrada, pero era más grande que la de mi marido, igual que antes, empezó lento, poco después aumentó el ritmo, hasta hacerlo muy rápido como lo hacen los perritos, me encanta el sonido que hacen las caderas al chocar una con otra, sentía como sus huevos se estrellaban con mi culo, me decía cuánto le gustaba estar adentro de mi, que lo hacía muy rico; en un momento me dijo que se iba a venir dentro de mí, le dije que si, no me importo la posibilidad de quedar embarazada, solo quería sentir sus mocos dentro de mí, esto lo puso como loco, su movimiento se volvió más fuerte, rudo y rápido, en esos momentos, me saco varias veces los mocos, fue cuando sentí, como su verga se ponía más dura y gruesa, sentí claramente como sus mocos empezaban a salir con muchas fuerza, fueron 3 o 4 disparos que hizo, en el último, prácticamente puso mis piernas a la altura de mis tetas, para que sus mocos entrarán hasta lo más profundo de mi matriz, me sentía muy llena de la panocha; me saco la verga, que todavía seguía parada, me pidió que me volteara, como pude lo hice, me acarició las nalgas, le dió besos y las mordió fuertemente, como para dejar su marca, como todavía estaba muy excitada me causo un gran placer, me abrió un poco las piernas, con su verga, unto un poco de los jugos sexuales, que momentos antes habían salido de nuestros cuerpos, en mi culo, sabiendo lo que venía, pare las nalgas para facilitarle la penetración, acomodo la punta de su verga en la entrada de mi culo, se dejó caer sobre mí, enterrando su verga, hasta que sentí sus vellos púbicos pegados a mis nalgas, mis gritos salían sin ninguna restricción, me dolió si, pero fue un dolor muy rico; en cuanto mi culo se acostumbró a su verga, se comenzó a mover rápido igual que antes, así estuvo por muchos minutos, hasta que sentí nuevamente como su verga se hinchaba para expulsar sus mocos, sentí varios disparos, con cada disparó el trataba de entrar más y más en mi.

    Estábamos sudando un poco, el frío que ya se sentía a esa hora, contribuyó a qué no termináramos empapados, él seguía encima de mi, me decía lo mucho que le había gustado, que de haber sabido que yo cogía tan rico desde hace mucho tiempo me habría pedido las nalgas, yo me sentía las nubes, después de tanto tiempo de fantasear coger con él, por fin se había dado, fue muy rico, más la posibilidad de quedar embarazada de él, estaba en mis días fértiles, no me importaba nada, más que el rato tan rico que había pasado, lo mucho que había gozado estando con él, su verga fue perdiendo fuerza, salió de mi culo por sí sola, minutos después, sentía como escurrían sus mocos de mi culo hasta mi panocha, él se quitó de mi, nos empezamos a acomodar la ropa.

    En esas estábamos, él me decía que cuando lo volveríamos a repetir, estaba a punto de contestarle, claro que quería repetir, no una, si no las veces que se pudieran, estaba buscando mi tanga, cuando escuchamos que alguien discutía en las afueras del estudio; olvide que estaba buscando mi tanga, mientras terminaba de acomodar mi vestido, alcance a escuchar que quienes discutían eran un hombre y una mujer, la mujer era la güera, todo me imaginé menos que lo que me diría momentos después. 

    Salimos del estudio, ahí estaba la güera, llorando como Magdalena, me reclamo el porque había cogido con su novio, a lo que él salió a decir que no eran novios, ella le dijo si tantas veces que habían cogido no significaba nada para él, le contestó, que solo la veía para coger y nada más, diciendo esto, ella me miró con un odio, me dijo que esperaba que hubiera gozado, porque era la primera y la última vez que me iba a coger con su novio, después empezamos a discutir, casi llegamos a los golpes, si no es porque él se metió entre nosotras, cuando logró separarnos, ella con todo el veneno del mundo, me soltó algo que me dejó helada: pues a ver que te dice tu marido cuando llegues a tu casa, me dijo, le pregunté que porqué decía eso, me contestó que él había estado ahí y que cuando ella subió, él estaba mirando por la puerta, le dijo que porque no me reclamaba y me sacaba de los cabellos de ese lugar, que si era hombre y todas esas cosas, mi esposo por respuesta nada más se salió de la casa y se fue; llegaron mis hermanos y mi primo, me preguntaron qué había pasado, que porque mi esposo se salió muy molesto y no le dijo nada a nadie, no supe qué decir, pero la güera los puso al tanto de lo que pasó.

    No podía salir en busca de mi marido, ya que mi hijo estaba ahí dormido, aparte no sabía si había ido a la casa o a otra parte, estaba muy confundida, no sabía qué hacer ni que iba a pasar.

    Hasta aquí les dejo mi relato, creo que lo extendí demasiado, no pensé hacerlo, pero cuando estoy frente al celular, me vienen a la mente tantos recuerdos, que quiero plasmarlos en el relato, les ofrezco una disculpa, pero también espero que les guste y los disfruten, deseo comenzar a escribir la segunda parte lo más pronto posible, pero el trabajo nos ha absorbido más de lo que quisiéramos.

    Les mando un beso.

  • Descubriendo mi lado homosexual

    Descubriendo mi lado homosexual

    Los que siguen mis relatos sabrán que hasta ahora, todas mis fantasías y experiencias sexuales han sido con mujeres. Nunca había sentido atracción hacia alguien de mi mismo sexo hasta el pasado año 2020, precisamente coincidiendo con el estado de alarma a causa de la pandemia por el coronavirus. Entre el teletrabajo y la escasa vida social que llevaba en aquel momento, necesitaba aliviar un poco las tensiones en la que todos nos veíamos envueltos, por lo que era frecuente que me masturbara un par de veces al día como mínimo.

    Por aquel entonces compartía piso con un estudiante de audiovisuales más joven, llamado Daniel. Mientras que yo era alto (1,82 m), delgado (quizás algún kilo de más), ojos marrones, moreno, velludo y con barba, él era más bajito (1,65 m), también delgado, ojos azules, rubio y sin apenas vello en el cuerpo. Se podría decir, además, que parecía físicamente una chica por sus labios carnosos, su culo respingón y su media melena rubia que le llegaba un poco por encima de los hombros. Yo tenía 31 años, mientras que él tenía 26.

    Pienso que debió saber de mi afición por las pajas, ya que en cierta ocasión por la tarde me invitó a ver con él una película protagonizada por Christina Ricci, una de mis actrices favoritas y con la que más fantaseaba. No le di mucha importancia al hecho de ver una película juntos en el mismo sofá, pero en una escena donde mi musa salía desnuda él, ni corto ni perezoso, se sacó el pene y comenzó a agitárselo. Allí estaba yo, un católico devoto del sur andaluz viendo cómo mi joven compañero de piso se la meneaba justo a mi derecha. Aquella situación me creó cierta confusión, como en un estado de shock. Por un lado, pensaba que aquello estaba mal, pero por otro lado, esto me excitaba. Ya estaba excitado de ver a esa hermosa actriz desnuda en pantalla, pero ver a mi compañero erecto por ella elevó la potencia de mi erección.

    Me miró y me dijo “No te molesta que haga esto, ¿verdad? Los de Letras sois muy liberales”. No supe que responder y acto seguido me dijo: “¿Por qué no haces tú lo mismo?” No supe que responder, pero por dentro me dije “¿Y por qué no?” Me abrí la cremallera de aquel vaquero y saqué mi miembro viril. Daniel pareció muy excitado de verlo. “Oh, sí, veo que ella te gusta”, y no sé si ahora estaba excitado por Christina Ricci o de la situación en general, pero empecé a respirar de manera muy rápida. Daniel detuvo la película en un determinado fotograma y me dijo: “Corrámonos juntos por ella”. Y empezábamos a agitárnosla mientras que cada X segundos gemíamos de placer. Oír gemir a Daniel y que él me oyera gemir a la vez sobrealimentaba mi excitación, hasta que al fin llegamos a eyacular. Pero no una eyaculación cualquiera, sino una de estas corridas que saltan en el aire. Él se corrió antes y yo segundos después. “¿Te ha gustado?”, me preguntó. “Sí, ha sido muy excitante”, le respondí al tratar de recuperar el aliento.

    Aquello había sido una de mis mejores pajas, pero la culpabilidad de mi fe cristiana me hacía cuestionarme si la masturbación acompañado de un chico era algo pecaminoso o no. Pero como ocurrió en otros casos, me adentré en el abismo para comprobarlo por mi propia experiencia. Lo cierto es que ahora veía a Daniel con otros ojos: él alimentaba mis caprichos lujuriosos y bien mirado, su aspecto femenino no era muy diferente al de algunas chicas con las que había estado (salvo por el tamaño de los senos y el miembro viril). ¿Por qué no volver a experimentar algo como lo ya vivido?

    Al día siguiente, me dijo de ver una película con Scarlett Johansson. En ella, daba vida a una “choni” que se liaba con un adicto al porno. En determinada escena, Scarlett y el chico practicaban “petting” o magreo y esa escena me encendió. Esta vez, fui yo quien se la sacó primero para meneármela. “Menudo toro estás hecho”, me dijo Daniel mientras me miraba y sacaba también su pene, “¿quieres disfrutar más aún?” Y, sin preguntar, me cogió la mano derecha y la puso sobre su polla mientras la sustituía por su mano izquierda. Noté cómo el pene de Daniel se endurecía con el contacto de mi mano, mientras que él sonreía al ver mi polla en su mano. Ya ni siquiera prestaba atención a la escena de la película, sino que quien me excitaba realmente era Daniel al 100%. Sin más, le agarré por la nuca y acerqué su cara hacia la mía para besar aquellos labios carnosos. Al hacerlo, mordí su labio inferior y fue cuando me corrí sobre su mano, haciendo él lo mismo segundos después en la mía. Daniel se puso encima de mí y siguió besándome, intentando estimularme sexualmente de nuevo. Pero seguía confuso respecto a todos esos nuevos sentimientos que se despertaban ante mí, por lo que le dije que no era el momento para dar ese paso en mi sexualidad.

    Pasé el resto de la tarde solo en mi habitación, pensando en las repercusiones de mis nuevos deseos sexuales. Por una parte, siempre me habían gustado las mujeres y nunca, hasta ese momento, me había sentido atraído por un varón. Por otro, mi fe católica me había enseñado que los actos sexuales homosexuales estaban mal, teniendo como sostén de ello el Antiguo Testamento, San Pablo y la tradición de la Iglesia (bulas papales, etc.). Sin embargo, comprendí que aquellos sentimientos no dejaban de ser naturales, al igual que mi atracción hacia las mujeres. ¿Por qué aceptar que aspectos de la Iglesia Católica resultaban, desde mi punto de vista como creyente, pero a su vez persona racional, como arcaicos respecto al sexo prematrimonial a día de hoy en el caso de las relaciones heterosexuales y no aceptar lo mismo con las homosexuales? La Ciencia, a través de la OMS, sacó a la homosexualidad fuera de la lista de enfermedades mentales en 1990, luego si no es una enfermedad, debe ser una tendencia natural.

    Así mismo, dentro de la Iglesia Católica y de las diferentes religiones (el Premio Nobel Desmond Tutu dentro de la Iglesia Anglicana, por ejemplo) había sectores que deseaban venerar a Dios y vivir acordes a su condición sexual como homosexuales, igual que los heterosexuales. Justo un año después de descubrir mi lado gay, centenares de sacerdotes católicos, desafiando la postura oficial del Vaticano, bendijeron de manera pública relaciones de parejas homosexuales. Algunos sectores más conservadores empezaron a hablar de un hipotético cisma dentro de la Iglesia. Pensé también en diferentes homosexuales ilustres que manifestaron su devoción por la Iglesia, como el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, el artista Andy Warhol o Pasolini, que siendo ateo le dedicó su película “El evangelio según San Mateo” a Su Santidad Juan XXIII.

    Aquel conflicto interior tuve durante aquella tarde y parte de la noche, de manera que ni cené. Pero una vez que lo hube resuelto, fui a la cocina, tomé una botella de agua, algo de fruta (una especie de macedonia con trozos de fresas y plátanos) y me dirigí con todo ello a la habitación de Daniel. Encendió la lamparilla de la mesilla de noche y me vio cómo depositaba aquello allí. “¿Qué estás haciendo?”, me preguntó sorprendido. “Calla, y hazme sitio en la cama”. Me metí entre aquellas sábanas y mantas y me bajé el pantalón del pijama y el calzoncillo, colocándome un preservativo. Daniel estaba de lado, inclinando su cabeza hacia atrás para ver qué hacía.

    Él dormía simplemente con un calzoncillo, por lo que, para calentarme, empecé a acariciarle la piel de la espalda, de su torso, de su cuello, de sus muslos… Al mismo tiempo que me frotaba contra aquellas nalgas, de las que sólo me separaba su calzón blanco. “Cómo me pones, perra”, le dije. No pude resistirme más y le arranqué el calzón y coloqué mi pene contra su ano. “Espera, que con eso me vas a destrozar”, me dijo Daniel, “toma lubricante y úntalo hasta que pueda entrar”. No sabía mucho de lubricante para las relaciones anales, porque nunca lo había practicado, ni siquiera con mis amantes mujeres, ya que nunca me había llamado la atención y no había pasado más allá de frotarme contra sus culos. Cuando Daniel me indicó que ya estaba listo, comencé a metérsela mientras él seguía de lado, gimiendo de placer. “Dame más, dame más”, me pedía. Le agarré de aquella media melena que tenía mientras seguía penetrándole analmente.

    Así estuve hasta que finalmente me corrí dentro de él. Me coloqué a su lado mientras él se abrazaba a mi torso desnudo, me quité el condón, bebí agua y tomamos algo de fruta de aquella macedonia para reponer fuerzas para el acto siguiente. Y ya que Daniel me había dado el regalo de abrirme a nuevas posibilidades sexuales, le quise agradecer aquello con una felación, igual que les practicaba sexo oral a mis amantes mujeres.

    Al no ser su pene demasiado grande, pude cogerlo y metérmelo entero en la boca sin problemas, pero decidí sostenerlo a modo de micrófono y darle pequeños besos en el glande para posteriormente introducírmelo en la boca y pegarle pequeños lametones. Daniel sostuvo mi cabeza mientras me empujaba para que me lo metiera más y más en la boca. Cuando noté que este se iba a venir por sus gemidos y la rigidez de sus piernas, le solté la mano de mi cabeza y me lo intenté sacar rápido de la boca, pero acabó corriéndose dentro, escupiendo su espeso semen a un lado. Me tumbé de nuevo a su lado, me besó, y le dije “ahora quiero que esos labios carnosos, tanto como los de Scarlett, hagan su trabajo ahí abajo”.

    Se metió entre las sábanas y así lo hizo. No sabría explicar la gran excitación que sentí. Si bien yo era primerizo con las felaciones, al punto de que sólo imitaba lo que algunas mujeres me hicieron en el pasado, Daniel actuaba al mamarla como un profesional, se notaba que no era la primera que hacía por el manejo de sus labios y su lengua. Pero lo que más me excitaba de todo aquello era cómo me miraba mientras lo hacía con aquellos ojos azules. Aquella mirada tan excitante y que consiguió hacerme eyacular sobre su boca. Daniel se puso a mi lado y posó sobre mi torso su cabeza, usándolo a manera de almohada. Apagué las luces y nos dormimos.

    Esta fue mi primera experiencia homosexual, que sirvió para definirme como bisexual.

  • Un sencillo emprendimiento de negocios (II)

    Un sencillo emprendimiento de negocios (II)

    Me desperté como a las 8 de la mañana, estaba desnudo apenas con una sábana encima, la luz entraba por la ventana y podía ver mi ropa tirada en el suelo, escuche ruidos y miré en dirección al baño, la puerta estaba abierta y ahí estaba Gilda, salía de la ducha, tenía el cabello mojado, me sonrió, y se irguió mostrándome sus tetas grandiosas, antes de envolverse en una toalla; salió del baño y vino hacia mí, se sentó a mi lado, apoyando su mano en mi pierna.

    -Hola hermoso, dormiste rico?

    La mire desconcertado y claro, la noche vino a mi memoria

    -no me esperaba lo de anoche.

    -hay, mira… yo sé que por el tiempo de amistad que llevamos no me ibas a proponer nada, aunque los dos estemos con unas ganas de sexo, así que pues, me salió bien que estuvieras tan interesado en Rebeca para que estuvieras bien excitado.

    -que maquiavélica resultaste.

    -bueno, vi la oportunidad… pero acaso no te gustó?

    Me quede callado viéndola y dirigiendo la mirada hacia sus pechos que seguían resaltando, entonces ella casi leyéndome el pensamiento, aflojo la toalla dejando que sus pechos por la simple presión que hacían envueltos en la toalla, se liberaran.

    -te gustan?- me pregunto y apretando su mano casi sobre mi entrepierna.

    -Son preciosos… y sabrosos- dije, sopesando uno, tanteándolo en mi mano, sintiendo como se calentaba al contacto y que los pezones se volvían a poner duros, con el roce.

    Acerque mi cara nuevamente a sus pechos, pero esta vez admirándolos más a la luz de la mañana, eran muy redondos y tenían un ligero tono más claro que el resto de su piel, era obvio que no pasaban mucho tiempo a la luz natural, acomode mi cara entre los dos pechos y comencé a besarle la piel recién humectada, tenía un ligero deje a perfume del baño, pero rápidamente el sabor fue a piel de mujer, lo mismo con los pechos, me fui a por el derecho con mi boca, presione mi rostro contra él, rozando mis labios hasta sentir la rugosidad de su pezón, ahí mi lengua empezó a hacer círculos en su alrededor, soltó un bufido cuando comencé a morder y chupar.

    La acomode más en la cama, de modo que se recostó sobre la toalla que ahora se abría totalmente mostrándome su pubis húmedo, comencé a frotarle dos dedos entre las piernas, ella las apretó haciendo que presionara más para meterlos en su parte intima, yo tenía alcance a sus partes, pero ella luchaba con su mano para encontrar una buena posición para agarrarme de la entrepierna.

    Ella me tenía con la verga dura nuevamente, sus manos empapadas de saliva, sudor deslizaban salvajemente apretándomela y haciendo que recuperara la forma, estaba por correrme.

    Estaba por estallar, cuando un ruido me hizo voltear a ver hacia un lado. Al lado de la puerta abierta estaba una mujer con cara de asombro, usaba unos lentes redondos que ocultaban un poco sus ojos abiertos en gran expresión de sorpresa, se había llevado las manos a la boca al dejar caer unas bolsas que traía y que seguro soltó apenas ver la escena.

    -Rebecca! Te había olvidado! Espérame afuera un momento por favor!- dijo Gilda aun apretándome la verga y haciendo que me corriera sin poder contenerme, solté un chorro que dio un salto sobre la mano y el pecho de Gilda, con lo que al ver eso la chica no dijo nada y solo salió dejando las bolsas en el suelo y cerrando apresuradamente la puerta.

    -pucha, en que buen momento llegó! Le diste un gran show con esa corrida tan explosiva!- me dijo antes de inclinarse sobre mi verga y chuparme todo lo de la corrida, aguante un rato más hasta que ya quede flácido y ella había chupado y limpiado su cara de semen y sudor.

    -sabias que ella venia!

    -yo te dije que ella venia, solo que no pensé que nos viera en tan sabroso momento.

    -no pudiste decirle que te esperara?!

    -bueno, pensé que yo solo tendría chance de algo anoche, no que hoy también me tendrías ganas.

    -salió asustada, seguro ya se fue!

    -mmm… no, tal vez este desconcertada, pero de que te preocupas, pudo ver que buena la tienes y que dispara bien!

    -eres una descarada!

    -bueno, deja de injuriarme, yo sé lo que te digo, te va a ir bien… me iré a duchar nuevamente y bajo, tu espera un rato antes de bajar, para que la muchacha se calme y no se arroje encima de vos.

    Soltó una risa antes de levantarse y volver a entrar al baño, yo trate de calmarme y busque mi ropa alrededor pero no la veía.

    -Mi ropa?

    -ahh la lleve abajo a lavar, no te preocupes, aquí te tengo algo para que te pongas.

    Me extendió una camiseta y un overol para ponerme, la quede viendo extraño y ella solo sonreía, mientras me dio a ver sus curvas antes de ponerse un viejo jean y una camisa manga larga que le quedaba grande.

    Rebecca era más menuda y pequeña, media 1.60, ojos verdes cara de facciones finas y boca de labios delgados, cabello castaño claro, tenía aires de bailarina de ballet, pero con más curvas. Al verme otra vez, aunque ya vestido, fue inevitable que se sonrojara y desviara la mirada, mi querida amiga se rio del momento.

    -mira, es que anoche bebimos mucho, nos pusimos demasiado amistosos!- le dijo al vernos.

    -yo no vi nada!- dijo apenas con algo de balbuceo y muy sonrojada.

    Gilda le fue restando peso al asunto a su modo, dijo que nada más nos alocamos, pero como amigos no pasa nada, y pues algo se fue relajando. La mañana terminó y a la hora del almuerzo Gilda tenía preparado algo y dijo que sería parte del menú, así que era casi una degustación, ella seguía enganchándome diciendo lo mucho que le había aportado y dándome mil gracias por estar ahí ayudando, definitivamente era una maestra de la manipulación, quería irme pero, miraba a Rebecca y su cara de turbación, así que pensé que si tenía chance de algo.

    -olvide unas cosas, saldré un rato, no hay problema?- dijo ella ya arreglándose para salir.

    -¿no te da pena Rebe? Este muchacho es fogoso, pero caballero!

    Se rio y Rebecca se sonrojo más, yo mire a Gilda con mirada penetrante, pero a ella, no le importo; simplemente seguía con su plan. Así que nos quedamos con Rebecca pintando, imaginaba que por la mente de ella yo era propiedad de Gilda; no encontraba un tema que compartir, pero poco a poco hablando del local y del trabajo se iba abriendo más. Comencé con pequeños consejos para pintar para aproximarme más a ella, con lo cual dejamos atrás la incomodidad.

    -así que… son muy íntimos con Gilda.

    Me sorprendió que me lo preguntara tan así de pronto.

    -bueno, somos buenos amigos, de hace mucho, pero ayer nos pasamos de copas.

    -entonces… van a hacer como la canción? Dijo riéndose y yo la mire desconcertado.

    -“y si no me acuerdo no pasó…” jijiji!- Se sonrojo pero no me apartó la mirada, algo había que me revolvió en el cuerpo.

    -Es que con todo lo que le estas ayudando, y eso que yo soy la socia en este negocio… me dijo que prácticamente no le has cobrado más que para algunos gastos!

    Entonces ya no estaba tan distante, comenzaba a estar más cerca de mí, con lo que podía ser una oportunidad.

    -Sabes… me gustaría que…- Mientras lo decía, continuamente su mano pasaba de la cintura a su espalda, arqueando los hombros hacia atrás, proyectando aun por el overol, su femenina forma.

    -dime- le dije para animar que me contara.

    -me gustaría que… me dieran una demostración- dijo, acercándose y poniéndome la mano en el pecho, momento en que se la bese y fui tomando posesión de su brazo y la atraje hacia mi, comenzando por recorrer su cuello besándola.

    Subimos al cuarto, al entrar la tome por la cintura, se le erizó la piel, pero aun así puso su mano sobre la mía, se sentía cálida, volví con mi boca por su cuello, ella ladeo la cabeza, para darme más espacio, al tiempo que sus manos se deslizaban por mi espalda y luego volvían por mi pecho, metió sus manos bajo mi camisa, así que sentí un cálido recorre de sus manos por mi pecho.

    Le fui deslizando el overol por los hombros, hasta que se deslizaba por la cintura, luego la camiseta, pase mis manos por la cadera, volvió a estremecerse cuando empecé a subir las manos por debajo de la prenda, su cara torno roja al cruzar miradas, pero también se sonrió de manera muy coqueta, eso me calentó más la sangre.

    Puso sus manos sobre mi cuello, así que fue más fácil levantarla para deslizar el traje por sus caderas, me beso fuerte y me mordió el labio cuando explore entre sus nalgas, pase mis manos agarrando cuanto pude, separándolas y juntándolas, logrando que soltara un largo pujido de placer y que arqueara la espalda al hacerlo.

    Jale del overol hacia abajo para sacarlo por sus piernas, mientras seguíamos besándonos, cuando se lo quite, quedo en sus pantaloncillos cortitos, sus bonitas y delicadas piernas me cautivaron, ella me agarro de la mano y la seguí por las escaleras, miraba sus nalgas pequeñas pero bien formadas, la prenda que usaba no era la más sensual, pero se ajustaba bien a sus formas.

    Empujo la puerta del dormitorio y entramos, por un momento me asuste al pensar que vería la ropa que me quité la noche anterior, pero: ¡qué diablos, ella ya me había visto con Gilda y además, lanzándole un chorro de leche en el pecho! ella no se inmutó, no había más señas de la noche anterior que eso. Al pasar la puerta ella se puso frente a mí, con la cama detrás, seguía sonriente, y su pecho se agitaba, me acerque a ella nuevamente y nos besamos, la tome de las caderas y la recosté en la cama y ella acomodó sus piernas cuando me puse encima, seguimos besándonos mientras yo pasaba mis manos por su cuerpo, bordeando sus nalgas, acariciando las torneadas piernas y luego subiendo hasta sentir las formas de sus pechos, los apreté escondidos como estaban en sus sostén, ella me pasaba las manos por la espalda, jalo de mi camisa hasta quitármela, yo fui besando su vientre y bajando entre sus piernas, comencé a meter las manos bajo los bordes de la prenda, ella cerro las piernas como reflejo pero ya no era posible, me sonreí y la vi a la cara con expresión de miedo y deseo combinadas, no deje de mirarla, mientras comencé a jalar hacia abajo, levante sus nalgas al tiempo de deslizar la prenda, respiraba agitada esperando lo que seguía, así que metí mi cara entre sus piernas, le fui mordiendo los muslos y ella respiraba con exhalaciones cada vez más largas, fui pasando mi mano sobre su pubis y bajando hasta su sexo, estaba caliente y ya húmedo, lo frote y soltó un bufido, jale para abajo la prenda y esta vez no se opuso con la misma fuerza, levante sus piernas para apreciar sus nalgas y hacerle un ligero roce entre sus dos agujeros, sus piernas sobre mis hombros, abierta ante mí, sus labios, preciosos, parecían casi inmaculados, pero tenían un rosa intenso, fui acercando mi lengua y ella apretaba las piernas de forma temblorosa, cuando le di una leve mordida que la hizo gritar, pero luego comencé a lamerle suavemente, eso la electrizo, comenzó a lanzar largos suspiros, cuando metí dos dedos entre sus pliegues ya estaba bien húmeda, fui bordeando sus labios para ir preparando camino, me baje el bóxer y me puse sobre ella, se asustó al verme desnudo y ya con la verga apuntándole, comencé a pasársela entre los pliegues y ella lanzo un pequeño gemido, fui presionando pero ella aún estaba tensa, entonces volví a besar su cuello, ella me arañaba la espalda, lo hizo con más fuerza cuando baje hacia sus pechos y le quite de un tirón la prenda, me lance a sus pezones que estaban duros y firmes, eran de un rosado intenso, se los chupe y se estremeció, mi mano entre sus piernas seguía frotando entre sus partes húmedas y calientes. Volví a ponerme entre sus piernas, a presionar, para que se acomodara, pensé que costaría más el acomodarme, pero se puso tan húmeda que en la primera embestida entro, ella dio un largo bufido y yo la metía un poco más, era estrecha y el calor de su sexo apretándome la verga me subía por el cuerpo, puse una almohada bajo sus nalgas y le agarraba los muslos para mantenerla abierta, comenzamos a movernos a ritmo, cuando ya deslizaba con más lubricación porque se había mojado mucho, nos fuimos sincronizando, los movimientos se fueron haciendo más rápidos, sus jadeos me incitaban levanto una pierna y la puse sobre mi pecho, la bombeaba y su cuerpo se deslizaba en la cama, sus pezones hermosos se mantenían duros y no se bamboleaban tanto como los de Gilda, esos eran hermosos y grandes, pero los pequeños y bien parados de Rebecca también eras preciosos.

    Ella era más estrecha, me apretaba más la verga en su sexo, pero había disfrutado lo exuberante del cuerpo de Gilda también, tan diferentes y tan placentero… en la última embestida la saque del todo, para darle vuelta, ella se dejó poner en cuatro, exponiendo sus nalgas, dejando que le humedeciera con saliva y el roce de mi verga empapada en sus jugos, le frote contra su ano y ella soltó un bufido, le dolió, así que volví a enfocarme en su más acondicionado y placentero agujero, ella arqueo la espalda y se la metí, la posición la hizo soltar un grito, pero poco a poco se acostumbró, le gusto bastante como la tenía, ella jadeaba aumente el ritmo la acomode sobre mi espalda.

    Gilda estaba al lado de la puerta viéndonos, se había quitado todo debajo de la cintura, solo quedaba con la blusa abierta y el sostén, sus manos estaba entretenidas entre sus piernas, al fijarme mejor, entre sus manos, saliendo y entrando en su coño casi sincronizado con mis movimientos, un dildo; sincronizaba con el ritmo que teníamos para su placer. Eso me prendió más y comencé a moverme de manera más intensa, cosa que Rebecca sintió y lanzo un pujido más fuerte que los anteriores, estaba sin aliento, su cuerpo temblaba, apenas se sostenía en cada embestida que le daba. Gilda se vino a un lado de la cama, con el juguete aun entre las piernas, me apretó y mordió en la nalga y luego acaricio las caderas y la espalda de Rebecca, tras lo cual se acostó a un lado, se miraban entre ellas, jadeando una por mis embestidas, la otra por el juguete entre sus piernas. Rebecca se giró para quedar recostada sobre la cama y otra vez, así que levante sus piernas abriéndolas lo más posible y la seguí bombeando, cuando llegó al orgasmo y yo estaba por correrme, por lo que se la saque entonces Gilda comenzó a besarle los pechos, cuando me corrí y el chorro fue a parar al cuerpo de Rebecca y parte a la cara de Gilda, quien comenzó a chuparle el cuerpo y se fundieron en besos, esta vez Gilda sobre Rebecca; se movió hasta quedar encima de ella, casi con sus pechos ahogándola pero no dejaba de verse el movimiento de manos y el roce de bocas , me masturbe hasta ponerme duro nuevamente viendo el culo de Gilda y sin perder tiempo empecé a frotarlo a lamerle las nalgas, ella se puso en posición, aunque tuve que hacer presión varias veces, se la metí, ella gimió y arqueo la espalda, apreté sus nalgas grandes y redondas. Seguí bombeando y ella gemía, Rebecca la rodeaba con sus piernas dándole apoyo, mientras le chupaba los pechos. No tarde en estar listo para correrme nuevamente, pero esta vez Gilda me detuvo, quería que me corriera en su culo, así que me deje ir, un chorro la lleno y luego se desparramo en sus nalgas, al tiempo que ella se desplomaba a un lado, momento en que Rebecca le empezó a besar las nalgas y lleno sus manos del semen que resbalaba por sus nalgas, así recostadas una a la par de la otra siguieron besándose, yo me puse detrás de Rebecca, quedando ella entre Gilda y yo… ellas besándose, yo manoseando a ambas y apretando mi verga contra las nalgas de Rebecca.

    Eran ya las 8 pm, cuando Rebecca se quedó profundamente dormida, me separé de ella para apreciar su bonito cuerpo, ahora relajado y en posición más vulnerable, su cara de rasgos finos, su piel de porcelana aun con brillos de sudor, sus pechos generosos para una figura tan delicada, ahora descansaban por la gravedad inclinados sobre su cuerpo… me levante desnudo y caminé hacia el baño sin ponerme nada, encontré a Gilda usando una bata y una camisa que apenas llegaba a cubrirle el pubis, dijo que bajaría a preparar café, que me aseara un poco y bajara a acompañarla.

    -dejemos a Rebe descansar- dijo.

    Me guiño el ojo y sonriendo me agarro el miembro y dio un suave apretón.

    -tal vez después sigamos jugando, la noche es joven.

  • La zorra de Viviana: El fin

    La zorra de Viviana: El fin

    Salimos un sábado en la noche con mi novia Viviana, fuimos a una pequeña discoteca que estaba a unos 5 minutos de nuestra casa en auto.

    Cabe mencionar que Viviana de 27 años es de textura blanca, pelo suelto de color castaño y nariz respingada, con unos labios sensuales y ojos de color verde, contextura delgada que provocaba su hermosura, mide aproximadamente 1,63 metros y 62 kilos. Tenía medidas cercanas de 109-64-116 con tetas operadas ya dos veces. Viviana vestía unos pantalones claros pero muy ajustados y usaba un peto que sobresaltaban sus pechos, cualquiera añoraba en testear ese par de melones. Vestía unos tacos bien altos, sobrepasando el 1,75 metros, realzaba su figura y su poto maravilloso digno de culto, que con sólo mirarlo provocaba excitación en todos los hombres.

    Llegamos al lugar, nos encontramos con dos amigos míos: Sebastián y Diego. Sebastián era de baja estatura de 1,60 metros y un poco macizo de cuerpo, con una guata que sobresalía, trabajaba en la empresa del papá que eran talleres para vehículos. Diego, el mejor amigo de todos, era más alto y muy buena onda con todos los amigos. Les presento a Viviana que no la conocían, quedan con boca abierta por lo pomposa y lo atractiva que era ella, me felicitan por mi relación. Viviana los saluda muy cálidamente con besos casi en la boca y les da un abrazo a cada uno, Sebastián con lo barsa que es, le da un abrazo y con sus manos le toca el culo mientras que sus ojos se clavan en las tetas de ella. Yo no digo nada y me hago el tonto.

    Después de una conversación entre todos de muy buena onda, nos empezamos a embriagar cada vez más a medida que pasa el tiempo y las copas iban y venían. En un momento, Viviana me dice que bailemos, le digo que estoy cansado y que prefiero conversar con mis amigos de toda la vida. Ella, enojada con mi respuesta, se acerca a Diego y Seba, con un cambio de luces le mueve su cola sensualmente a ellos, le habla a Diego en el oído pero él como que la rechaza y se va donde Seba, le pregunta si quiere bailar con ella en la pista, él encantado accede y se van tomaditos de la mano, ella no me dirige ninguna palabra, me quedo conversando con Diego. Diego me comenta, con tono a broma, que vas a perder tu novia con el ladrón de Sebastián, a él le encanta lo ajeno, empieza a reírse y yo también jajaja.

    Pasó como 30 minutos y me empecé a desesperar porque no volvían, Diego me exclama que vaya a buscar a mi pareja, mientras que él se quedaba a buscar a otros amigos. Voy y me encuentro que Viviana ya había empezado hacer de las suyas, meneaba su cuerpo voluptuoso en las caderas de Seba, mientras bailaban se daban besos y abrazos calurosos, con toqueteos de cada uno. Lo cómico, que Seba le llegaba a las tetas de Viviana por su baja estatura y aún más si ella andaba con tacos, él aprovechaba de picotear sus tetas, morderlas y babearlas apasionadamente.

    Viviana se da cuenta que estoy yo, le dice algo al oído a Seba y se me acerca. Me da un beso jugoso con lengua que me prende y me habla, me dice que me vaya ahora y que la espere en la cama de nuestro hogar, que ella me alcanzaba en un radio taxi en unos minutos más. Yo le hago caso, obedeciendo sus órdenes y me voy del lugar. La espero en la casa, pasaba el tiempo y ella no llegaba, pasaron varias horas y yo me quedé dormido de tanto esperar. Habré dormido como 6 horas, ya eran como las 11 de la mañana del día siguiente, me despierta un sonido constante, un martilleo que venía de al lado, pensaba y maldecía a mi vecino por despertarme un domingo, a quién se le ocurre martillar a esa hora. Me levanto de la cama, ya cada vez más despierto, escucho unos gemidos de una mujer, los sonidos venían desde mi propio living, abro la puerta de la pieza suavemente, me acerco al pasillo y observo una escena desastrosa, veo a Viviana desnuda arriba de la verga de un afroamericano, saltaba y saltaba arriba de la polla del hombre, ese era el ruido que me despertó, el chico de color le daba duro a mi novia mientras que le lamía sus pezones. Viviana gritaba que le dieran más fuerte, que era la verga más grande que había visto, que quería probar toda esa leche, el negro le dice así es maraca te tiraré toda esta leche en tu cara, al terminar la frase el tío se va cortado y le tira la leche en la cara tal como lo había predicho. Viviana, se la succiona para que no quede nada con su lengua, abre la boca y le muestra que ya no quedaba nada en ella, como una buena chica obediente que era. El tío se viste y para mi sorpresa le dice a otro hombre que era su turno, yo no me había percatado de su presencia puesto que estaba sentado en el sofá del frente, lo veo un poco más y era otro hombre de color grandote con cuerpo de jugador de baloncesto al igual que su otro compañero de la escena, estaba desnudo con la verga dura y parada lista para follar. Viviana sin decir nada se pone en cuatro en el sillón grande y el tío le mete su vergota en la vagina de mi novia, la empieza a cabalgar muy duro mientras que el otro chico se despide y se va cerrando la puerta principal, el hombre que continúa follando como si fuese un taladro le dice a Viviana que era una maraca y zorra, que ya se ha comido muchas vergas en toda la noche, que ahora era su turno y que le tiraría la leche en sus melones, al cabo de un rato llega al clímax, le tira todo el semen en las tetas de mi novia, la veo que está sonriendo y muy gozosa. Este hombre de color también se va de la casa y deja a mi novia probando su semen con su lengua. Se levanta Viviana, pasa al lado mío y no me dice nada, sólo exclama que necesita dormir, se acuesta sobre el colchón y se duerme.

    ———————-

    Pasaron semanas sin que habláramos con Viviana de lo ocurrido aquél día, nunca lo conversamos. Ella comenzó su búsqueda de práctica profesional, ya que sólo le quedaba eso para egresar de la universidad. No encontraba ninguna oferta, pasaron meses y no había ido ni siquiera a una entrevista laboral. Hasta que se pone en contacto por teléfono con Sebastián y le ofrece hacer la práctica en la empresa de su papá (Don Luis) ella feliz acepta. Por mi lado, también sentí felicidad y emoción por lo complicado que estaba conseguir trabajo y más aún si era una práctica por 6 meses.

    En esos seis meses se pasaron muy lento, Viviana siempre iba a trabajar con su ropa más cómoda, a la vez ligera y ancha, por lo que nunca y nadie pudo apreciar esa silueta pomposa y candente de mi novia.

    Era el último día de práctica en las oficinas de Don Luis, papá de Sebastián, ese día pasaría a buscar a Viviana para celebrar mi cumpleaños y nuestros seis años de relación, más aún le pediría matrimonio y así solidificar nuestra relación, quería exclusividad con ella para el resto de la vida; además sería un tonto dejar pasar a una chica que culeaba como una diosa con esas nalgas exquisitas y tetas deslumbrantes. Es por ello que Viviana, llevaría su ropa especial al trabajo y se cambiaría allí. Cuando llego al lugar, la espero en demasía para que saliera. Le escribo por mensajería de texto y la llamo, cuando me contesta la encuentro con voz apurada y cortante, se escuchaba un ruido muy raro como de un martilleo, como que estuviese en una reparación, me dice que ya viene saliendo y que la espere en el auto. Al cabo de un rato, aparece, la noto agitada con un olor muy extraño, se sube al auto y me da un beso muy rico pero la encuentro con un gusto maloliente, no le digo nada para no causar peleas y así disfrutar de nuestra cita. La noto que se mueve mucho en el asiento mientras conducía a nuestro destino, le pregunto qué le pasa y me responde que le dolía el trasero de tanto trabajar, que había estado sentada todo el día en unos sillones muy desgastados, viejos y horripilantes. Yo me río al escuchar eso, llegamos al destino, cuando descendemos del auto me acerco le doy otro beso largo con lengua y la manoseo un poco de lo caliente que estaba, no habíamos tenido sexo desde que comenzó la práctica. Le agarro el poto a mi polola culona, eso a ella le encanta, mientras que con mi mano le agarro el pezón de unas de sus grandiosas tetas, luego la giro para contemplar la obra de arte de esas nalgas y con lo regia y putita que se veían ajustadas a su falda, se la levanto y me percato que está roja como tomate, se notaban las palmas marcadas de unas manos. Le pregunto a Viviana que pasó y que me diga la verdad. Entonces ella un poco arrepentida y dándose a entender me empieza a explicar lo acontecido. A continuación su relato.

    —-‐‐-‐———-

    Me había ya cambiado de ropa de trabajo con la ropa que iba a salir contigo, unas mini faldas cortas y apretadas, además de un escote que se me veían mis tetas grandes, además me había puesto unos tacos agujas, muy altos. Me había maquillado, muy sensualmente y provocativamente. Dejé la ropa de trabajo en mi bolso, salí del baño. Caminaba en el pasillo cuando me encuentro con Don Luis, me dice mirándome de arriba a abajo, venga para mi oficina señorita Viviana. Ingreso a su oficina, y me acordé que tenía que firmar mi informe de práctica, lo saco de mi cartera y se lo paso, él me dice además le tengo que pagar su práctica. Es allí donde cambia de comportamiento y me dice: ¿Te gustaría continuar en la compañía? ¿Quiere que te contratemos? Yo respondo si me encantaría, puesto que en mi mente pensaba lo difícil que fue conseguir la práctica profesional y más será un laburo en el futuro. Entonces, se me acerca Luis y se queda observando mis tetas que sobresalían del escote y sostén. Se acerca a mi oído y me dice, llamaremos al jefe de administración que ve los contratos y te traerá el dinero que ganaste por estos 6 meses de práctica. Lo llama por teléfono fijo y le dice que tiene un asunto «sensible» con la señorita Viviana, que traiga en seguida el pago en efectivo y el contrato de trabajo por favor. No pasaron ni un par de minutos y entra a la oficina el hombre que se llama José, era gordo, chico y un poco moreno, era de como 50 años, levemente más joven que Don Luis, vestía unos pantalones y camisas que se veían muy arrugadas y sucias con manchas de comida.

    Luis le hace tomar asiento en la silla frente de él, que también se acomoda en su escritorio. Me pide si puedo ir a servirles unos cafés, yo digo que si pero en verdad no quería puesto que no era su secretaria, cuando camino a la cafetera que está detrás del escritorio de Luis, me percato que ambos me miran el trasero y escucho murmullos, me doy levemente vuelta sin que se den cuenta y veo al viejo de Luis que está a centímetros de mi poto mirándolo y apuntándolo a José, mientras que el otro viejo se reía con picardía. Me empiezo a poner nerviosa, sirvo los cafés y mientras que le sirvo el café a Luis, me pone la mano en la cintura y me dice que era un muy buena profesional, que por eso te vamos a contratar y me dice eso si con un par de condiciones. Le pregunto cuáles, él me responde un par de «cositas» que tu boca puede hacer. Al escuchar eso, me pongo más nerviosa aún, se me cae el café caliente encima de los pantalones de José y él exclama: «Estúpida perra me tendrás que limpiar». Tomo unos papeles higiénicos que estaban en el escritorio y le empiezo a frotar entre sus piernas para que salga esa mancha del pantalón, cuando me inclino me pone una mano en mi poto, por encima de la falda, y dice que así es mejor. Siento que su verga se pone dura, mientras que Luis se levanta del asiento, dice estas son las cosas que necesito que hagas ahora para que quedes trabajando, me sube la falda y me baja el colaless, siento como su verga me lo mete en el culo, me da un dolor y grito, pero él más se excitaba, mientras que José se baja los pantalones y el calzoncillo, y me hace meter mi boca en su pene arrugado y maloliente. Empieza a darme muy fuerte Luis, sonaba su miembro cuando entraba y salía de mi ano, era el ruido de mis nalgas que sonaba con su verga. Luego siento que Luis lo saca y me lo mete sin condón en mi vagina, mientras que el viejo de José exclamaba: «Zorra sigue chupándomela, quiero dejar mi leche por toda esa boquita y tetas». Me caían lágrimas de dolor cuando su mano fuerte y gruesa me hacía tragar esa verga, no podía respirar, después de muchos gritos de lo duro que me estaban dando, me saco la verga de José y suplico por favor que paren, que me están reventando el orto, hasta que siento que un líquido tibio entra en mi vagina, era la leche de Luis que se acaba de ir en mi. Al cabo de unos segundos siento también que José se va en mi boca, y me tira el resto de su leche en mis tetas que estaban paraditas y esperándola. Siento que tocan la puerta de la oficina, ellos me hacen esconder, Luis me dice escondete abajo del escritorio mientras que me lo chupas, yo le hago caso por temor a qué no me contrataran.

    Abren la puerta y para mi sorpresa era Sebastián, hijo de Luis, estaba trabajando en los autos y estaba cubierto de aceite de motor y con mucha suciedad en todo su cuerpo. Él ingresa a la oficina, José se retira de la oficina con mucha satisfacción, dejando el contrato sobre la mesa junto al dinero en efectivo de mi práctica. Seba le pide las llaves del auto a Luis, cuando justo suena mi celular, eras tu que ya me estabas llamando, corto el celular y te envío un mensaje avisándote que ya salía y que me esperaras unos minutos. Cuando sonó el teléfono, Seba se agacha para ver por abajo del escritorio y ver de dónde venía ese ruido, para su sorpresa me ve chupándole la verga a su papá, me hace salir de allí y le pregunta a Luis: «¿Qué haces con Viviana?», él le responde: «se está ganando su contrato de trabajo indefinido hijo». Seba responde: «Papá, Viviana es mi ex novia». Luis queda atónito y le dice: «entonces es tu ex novia, hijo». Yo les grito que no, qué es una mentira de Seba. Ambos se enojan y quedan en qué tienen que castigarme y darme una buena lección, como puta y zorra que soy. Yo les imploro que no, pero Luis me toma del pelo, me levanta y me pone en su regazo, me deja mirando hacia Seba y mi culo hacia él, me levanta la falda y me baja nuevamente mi ropa interior, me empieza dar nalgadas que hacían retumbar mi potito, que para ellos era puro placer tenerme así nalgueándome, después de mucho rato azotándome con sus manos gruesas y viejas, le dice a Seba que era su turno, yo le digo Sebita por favor no me pegues, me trato de cubrir con mis manos para que no me azote con sus mano derecha, pero ya era muy tarde, me da unas nalgadas muy fuertes, yo pataleaba, lloraba y gritaba, él me decía por zorra te lo mereces, por eso ya no era su novia. Yo le decía, que estaba equivocado, que no mintiera más, nunca tuvimos una relación, él se esmeraba mucho más y más fuerte era la golpiza en mis pobres nalgas, me ardían, ya no podía más. Seba y Luis se percatan que me empiezo a humedecer en mis intimidades, Luis le dice a Seba es hora de que te la culees bien culeada a esta puta de tetas grandotas, con ello me muerde en mi pezón y Seba se pone atrás y me empieza a cabalgar como una yegua, yo nunca había tenido relaciones con Seba, en ese instante ya estaba toda manchada de su aceite de motor, me dio muy firme hasta sentía placer por lo rico que se sentía, a pesar de que se puso protección no así su papá hace un rato, yo le gritaba que me diera más fuerte que mi puto novio lo hace. En ese instante me llamas por celular, suena el teléfono, Luis me lo alcanza y me grita que conteste el maldito celular perra de mierda. Allí te contesto y para disimular trato de decirte que estoy agitada para salir y que el ruido son mis tacos que golpean el piso al correr por los pasillos, para llegar a tu auto. Seba termina adentro, saca su verga y se saca el condón, me hace arrodillar y me expulsa el resto de su leche en mi cara, y me dice bien zorrita ojalá que te comas esta lechecita. Luis me dice cómetela y quedas contratada, yo sin pensar lo hago con mi lengua y me la trago, se lo muestro a Don Luis. Él mientras que se estuvo masturbando todo el rato mientras veía a su hijo empotrándome en cuatro, me hace ir hacia donde él arrodillada y me dice comete este resto, también lo hago y lo dejo seco, y le muestro lo fiel que soy con sus órdenes. Seba me agarra las tetas, y me dice al oído que rico son tus tetas de puta, te quedaron muy bien las cirugías, para la próxima le daré a esas tetas. Yo le respondo esas tetas son de mi novio que lo amo con toda mi vida. Luis escucha eso, toma el contrato y lo rompe en mil pedazos, me dice ándate perra y zorra de mierda, saca ese culo de acá. Yo agarro mis cosas, la plata no la veo arriba de la mesa, Seba me dice que después me la depositará y que me vaya antes que su papá me de otra lección. Cuando voy saliendo de la oficina, Luis me da una nalgada fuerte en mi cachete derecho y le escucho decir: «Mira a esa tetona como mueve esas nalgas hijo, la dejamos roja como un tomate y llena de manchas de aceite de motor… y claro también de semen por todos lados jajaja. Esa zorra nunca más la veremos.»

    Paso al baño, me lavo, me limpio, lavo mis prendas manchas, las estrujo, las seco con el calefactor de aire para las manos, me las vuelvo a poner. Me maquillo, me arreglo y me apuro para llegar a tu auto que me esperas amor, y así vayamos a nuestra cita.

    ———————-

    Cuando terminé de escuchar la historia quedé mudo, puesto que quedé preocupado porque Viviana andaba en sus días de fecundidad. Le digo a Viviana que hay que hacer un test de embarazo, lo hace al día siguiente y sale positivo. Queda claro que el futuro bebé era de Don Luis, ella lo sabe y queda consternada. Puesto que Luis era un hombre con un físico deprimente y no muy agraciado.

    Termino con Viviana al tiempo después, lo único que supe que a Viviana nunca le pagaron y que su bebé tampoco lo reconoció Luis el papá de Sebastián.

    Actualmente, está casada y tiene tres niños, todos con distintos hombres. Se dedica a las labores de escort para mantenerse, y ha filmado algunas escenas pornográficas con actores de la industria del porno. Lamentablemente nunca pudo encontrar laburo, pese a contar con títulos profesionales y de un postgrado que hizo tiempo después.

    Si quieren conocer sus vídeos de contenido sexual me escriben.

  • Mi cuñada, mujer caliente si las hay

    Mi cuñada, mujer caliente si las hay

    Cuando llegué de vacaciones a la casa de Pablo, mi hermano, ni imaginaba en el caos que se iba a transformar mi vida.  Hacía seis meses que me había separado de mi mujer y estábamos en plena etapa de divorcio. Pedro, al escucharme nervioso, me dijo que aproveche que tenía 15 días para tomarme y fuera.

    -Escuchame Pedro, aprovecha estos días para relajarte. Aquí en las sierras en esta época es tranquilo y nuestra quinta queda lejos del pueblo. Vamos a poder andar en cuatriciclo, caballos, ir a una cascada, a una pequeña laguna. Y si queremos, vamos al pueblo en el auto.

    El plan era perfecto. Pero ya la primera noche… Nos fuimos a acostar, y mi habitación quedaba frente a la de ellos. Al rato de estar acostado, escuche gemidos, quejidos y más gemidos. Llevaba seis meses sin estar con una mujer. Y la excitación empezó a tomar mi cuerpo. No pude contenerme y me hice una terrible paja.

    Cuando deje de escuchar gemidos y quejidos, abrí la puerta de mi dormitorio y baje a la cocina a buscar algo para tomar. Grande fue mi sorpresa cuando encontré a Natalia, mi cuñada, solo con una tanga, que también buscaba agua.

    -Pedro…

    -Perdón, pensé que dormían. Dije y sentí que mi pene se inflamaba por completo.

    Natalia era una mujer hermosa, castaña, ojos marrones y un cuerpo hermoso. Ella se quedó llenando el vaso de agua, que empezó a rebalsar y bajo la vista a al bulto que había en mi bóxer. Miro como se rebalsaba el vaso, cerro la canilla y al pasar al lado mío, hizo que su mano libre rozara mi bulto.

    Le tome la mano y ella respiro profundo.

    -Está despierto… Dijo en voz casi inaudible.

    Solté su mano y volvió a su habitación. De inmediato pensé en el problema que se me venía si le decía a mi hermano. Me serví soda, y salí a la galería abierta de la casa a sentarme en un sillón. Trataba de no pensar. Lo único que me faltaba era pelearme con mi hermano y por mi culpa.

    Deje pasar un rato, y apareció Natalia.

    -Natalia.

    -No digas nada. Dijo y se puso de rodillas frente a mí.

    Bajó mi bóxer y tomando mi pija con una mano, me la empezó a chupar. Segundos pasaron hasta que estuvo bien firme y parada. Natalia la lamía, la chupaba metiéndosela toda en la boca, chupaba mis bolas mientras se tocaba por encima de la tanga. Si bien mi pija no es una monstruosidad, es de muy buen tamaño y bastante gruesa. Le llenaba la boca por completo y una parte quedaba afuera.

    Yo estaba muy caliente por el morbo de coger a la mujer de mi hermano y por cogerme a esa hermosa mujer. La tome de los cabellos e hice que se acercara a mi cara. Le di un tremendo beso, pero ella no quería. Sin soltarle los cabellos, metí mi mano bajo su tanga y le metí dos dedos en la concha, ella comenzó a gemir y nuevamente la besé.

    Ella se volvía a negar.

    -No me beses, por favor… Me dijo al oído.

    Aproveché que su cuello estaba junto a mi boca, y lo comencé a besar. Ella se empezó a mover haciendo que mis dedos entren totalmente en su concha. Yo sin dejar de besarla, deje mi mano quieta y ella se movía con todo masturbándose con mis dedos sin parar. Metí un tercero y ella emitió un suave quejido pero lo paro de moverse.

    Puse su cara frente a la mía y la miraba a los ojos. Eso parecía ponerla más caliente. Cuando sintió que entraba un cuarto dedo se quedó quieta. Cuando los cuatro dedos estaban adentro, la bese con todo en la boca. Esta vez, tomo mi cabeza con una mano y me devolvió un tremendo beso, para moverse como loca sobre mis dedos.

    Con una mano busco mi pija y me masturbaba al ritmo de sus movimientos. Como si fuera una gimnasta, paso una pierna sobre mi brazo, para quedar dándome la espalda sin sacarse los dedos de la concha ni dejar de moverse. Su boca fue a mi pija y chupaba como desesperada mientras se ensartaba casi toda mi mano en la concha. No paraba detener orgasmos.

    Cuando le avise que estaba por acabar, se la metió toda en la boca y trago toda mi leche. Su orgasmo fue tremendo, apenas podía tenerse en pie. Cuando dejo de temblar, me dijo:

    -Perdoname, no daba más de calentura. Por favor, no le digas a tu hermano.

    -Ni loco Natalia. Como voy a hacer eso.

    -Gracias Pedro. Dijo y se fue adentro.

    Yo quedé sorprendido por sus palabras y sin poder creer lo que había pasado. Un rato más tarde me fui a dormir.

    Cuando desperté, me di una ducha y baje a desayunar. Natalia estaba con un short y una remera en la cocina. Se notaba que no llevaba corpiño.

    -Buen día Pedro.

    -Hola Nati, buen día.

    -¿Te sirvo un café?

    -Por favor. Son las 8:30, te levantaste temprano.

    -Si, porque Pablo fue al pueblo a buscar a mi hermana que llega en el colectivo de las 10:30 de la capital de la provincia, se va a quedar un par de días porque quiere que Pablo le explique algo de la facultad. Y aprovecha para hacer unas compras.

    -Entiendo. Natalia lo de anoche…

    -Pedro, por favor, perdoname. No sé si Pablo te contó, pero esta con unos problemas desde hace unos meses, y los médicos no pueden encontrar la solución. Desde hace meses que no me toca, y no doy más.

    -Pero anoche te escuche gemir, quejarte.

    -Si, que vergüenza. Es que tengo un par de juguetes y bueno, Pablo los compro para jugar nosotros y ahora… a veces el me ayuda, anoche no…

    Me paré y me acerque a ella, que estaba parada, apoyada en la mesada. La tome del pelo y la besé. No se resistió y me dejó besarla. Seguí con su cuello y ella empezó a gemir como loca. La tome de la mano y subimos a su cuarto.

    -Busca los juguetes.

    -Pedro, por favor…

    -Búscalos.

    Ella saco dos consoladores de un cajón. Uno era pequeño y el otro, del tamaño de mi pija. La lleve a mi cuarto y le baje los short y la tanga, luego le saque la remera.

    Me tire en la cama con mi pija al aire y ella quedo parada, con los consoladores en las manos.

    -Quiero ver como jugas. Le dije.

    -Pedro por favor…

    No dije nada y ella comenzó a chupar el grande mientras subía a la cama. Lo lamía sin parar. Por momentos se le daban vuelta los ojos. Se metió el pequeño en la concha y gemía sin parar.

    -Chupame la pija.

    -Me tratas como a una puta Pedro…

    -Sos mi puta. Ahora sos mi puta, mi objeto de placer.

    Ella respiro profundo y se puso a chuparme sin parar.

    -Metete el grande.

    Se puso de costado para mostrarme como se lo metía y lo movía. Tuvo un orgasmo y se quedó quieta por un par de segundos.

    -¿Que más haces con tus juguetes?

    -Pedro, no…

    -¿Quién es mi puta?

    -Yo…

    Y sin sacarse el consolador grande del culo, chupo dos veces el chico y se lo metió de una en el culo.

    -No me engañes, anoche los quejidos no eran de ese consolador.

    -No…

    Dijo y se sacó el consolador grande de la concha, se puso de rodillas paralela a mí, con su boca en mi pija y su culo hacia mí y se lo empezó a meter. Lo fue enterrando de a poco. Se quejaba y gemía sin parar. Lo empezó a mover y no paraba de chupar. Como su concha ya estaba abierta y totalmente húmeda, metí los cuatro dedos juntos. Ella se quejó pero no dejo de masturbarse el culo.

    Tirando de los pelos de su cabeza hice que deje de chupar.

    -Quiero ver como acabas por el culo.

    -Si… me gusta sentir algo grande en el culo. Soy muy puta Pedro… tu puta… quiero que me cojas cuando quieras, por donde quieras. Quiero sentir tu calentura, tu fuerza.

    Hablaba y más se excitaba. Tuvo un orgasmo y cayó sobre la cama. La puse boca arriba y me masturbe acabando en toda su cara, boca y pecho. Ella juntaba mi leche con los dedos y la chupaba.

    -Pedro, perdoname, estoy muy caliente. Soy muy caliente.

    -Muy puta Natalia, muy puta. Vos lo dijiste, cuando quiera, donde quiera, por donde quiera.

    -Si Pedro.

    Ella tomo los consoladores, los guardo y se fue a lavar. Bajamos, calentó de nuevo mi café, y se fue a hacer los dormitorios. Cerca de las once llego Pablo con Cande, la hermana de Natalia. Si Natalia era hermosa, la hermana era una diosa total. 19 años, un metro sesenta y cinco aproximadamente, castaña como la hermane pero mucho más linda. Algo que me volvió loco era que miraba a los ojos.

    A la tarde salimos con Pablo a caballo y me conto su problema.

    -No le dije nada a Natalia, pero parece que es irreversible. Una lesión de un nervio. Tras que yo no era para nada dotado… no funciona.

    -Pablo, ¿Por qué no vamos a Buenos Aires?

    -Ya hicieron interconsultas. No hay nada que hacer.

    -Que cagada.

    Seguimos cabalgando un rato y volvimos a la casa. Tuve la sensación que Pablo quería decir algo más.

    -¿A qué te dedicas Pedro? Me pregunto Cande mientras cenábamos.

    -Hago sistemas web, compra-venta, sitios de negocios, etc.

    -Ah, podes trabajar desde cualquier lugar, que copado.

    -Si, mientras tenga un buen acceso a internet, no tengo problema.

    -Yo no entiendo mucho. Recién me contaron en el pueblo que un cable importante pasa por el pueblo y le hicieron una bajada. Y que ahora podemos tener 1000 megas. En casa ¿eso es bueno? Preguntó Pedro.

    -Espectacular, a nivel EEUU. Debe pasar lo que llamamos un caño.

    -Eso, me dijeron un caño.

    Seguimos charlando un rato, y Natalia y Cande lavaron los platos.

    -Pedro, conseguí el whisky que te gusta. Dale tranquilo porque sos el único que toma.

    -Hermanito, genio. Me voy a quedar afuera tomando un par de vasos.

    -Vos un whisky y yo pastillas para dormir. Me las dio hoy el médico. Dijo Pedro.

    Ellos se fueron a dormir y Natalia me miró mientras subían las escaleras. Me serví un vaso de whisky y fui afuera, a uno de los sillones. Al rato apareció Natalia.

    -Vení. Tirate a mi lado. Le dije.

    -Bueno.

    -Hoy jugamos duro.

    -Si.

    -No te negaste a nada.

    -No Pedro.

    -¿Te gusta jugar duro?

    -Me gusta sentirme una puta, que mi hombre me puede hacer lo que quiera y a mí me vuelve loca saber que goza conmigo, que provoco su calentura. Me gusto sentirme tu puta.

    -¿Algún límite?

    -Golpes fuertes, lastimarme con cosas cortantes.

    -¿Otra mujer?

    Ella me miro seria, respiro profundo y no dijo nada.

    -Lo tomo como que no tenés problema.

    Natalia me miro y dijo:

    -Solo está mi hermana…

    -Veremos, quien te dice… Dije más como una expresión de deseo y para mortificarla que otra cosa.

    Trae tus juguetes.

    Natalia subió y bajo de inmediato. Se acostó a mi lado nuevamente.

    -Metete el chico en la concha y chupame la pija.

    Se sacó la tanga, se puso de rodillas y mostrándome como lo movía me empezó a chupar la pija.

    -Despacio, quiero disfrutar el whisky y la chupada.

    Natalia me lamía y chupaba la pija de una forma genial. Se metía y sacaba el consolador al mismo ritmo de la chupada. No tenía ningún a puro en que se apure, yo disfrutaba. Extendí el brazo y tomando la botella me serví nuevamente.

    -Ves, que me tengas así, dándote placer me pone loca. Saber que estas gozando mi chupada, me pone a mil.

    -Dame un beso. Le dije.

    Ella se movió y me dio un tremendo beso. Suspiro con todo y fue bajando, besando mi pecho hasta volver a chupar mi pija.

    -Natalia… Escuchamos de una voz de mujer. Gire la cabeza y era Cande, parada en la puerta, con un shorcito, y una remera casi transparente que como no tenía corpiño, permitía notar bien sus pezones.

    -Cande, no levantes la voz por favor… Dijo Natalia y siguió chupando.

    Cande se quedó parada mirando. Lentamente se empezaron a marcar los pezones que se paraban. Sin quitarla vista de mi pija y de la boca de la hermana, metió dos dedos en su boca y los chupaba. Natalia la miraba de reojo y no paraba.

    -Vení, sentate. Le dije y como si fuera una autómata, se sentó a mi lado dándome la espalda, mirando a la hermana.

    Le levante la remera en la espalda y deslice mi mano hasta tocar sus tetas. Eran bien duras y sus pezones estaban como piedra. Empezó a respirar pesado.

    Natalia tomo su mano y la llevo a mi pija. Me masturbaba lentamente mientras Natalia chupaba.

    -Sacate la ropa Cande.

    Se paró, pero sin soltar mí pija se sacó la ropa y sin que le diga nada se puso de rodillas en el suelo, con su boca cerca de mi pija.

    Natalia la miro, y guio su cabeza para que me chupe. Lo hacía torpemente, no tenía mucha experiencia. Le hice una seña a Natalia y se tiró a mi lado. Nos besábamos y mirábamos como Cande me chupaba.

    -Chupale la concha y el orto desde atrás. Le dije a Natalia que me miro se mordió el labio inferior y fue a ponerse detrás de Cande.

    Cuando la pendeja sintió la lengua de la hermana, dio un brinco y la miro sorprendida.

    -No pares, Cande.

    La pendeja lamía y gemía. Su excitación subía y se agarró de mi abdomen con fuerza. Empezó a chuparme con todo, y mirarme con una calentura tremenda. Apretando los labios hizo un quejido y se metió toda la pija en la boca, no dejo nada afuera. Quedo agitada luego del orgasmo.

    Con una seña, hice que Natalia le arrime el consolador chico al culo. Cande ni se movió cuando lo sintió.

    Natalia lo metía y lo sacaba. La pendeja tomo la mano de Natalia solo para sentir como la sodomizada.

    -Cande, sos grande, juga con el juguete sola como buena putita. Me miró y sonrió.

    -Natalia, subite y cojeme.

    -Sí…

    Natalia se subió y le costó un poco meterse mi pija en la concha, pero lentamente comenzó a cabalgarme. Cande la miraba fascinada mientras se masturbaba el culo. Como la tenía cerca, metí ajustadamente dos dedos en la conchita de Cande, que al sentirlos entrar se dio vuelta sonriendo y mordiéndose el labio.

    -Cabalgalos Cande. Seguí a tu hermana.

    Las dos se movían al mismo tiempo, mirándose. Natalia acelero el ritmo y lo mismo hizo Cande, con mis dedos y con el consolador. Arrime un tercer dedo y ella hizo fuerza para que entrara de una sin perder el ritmo. Le hice seña a Natalia que tenía tres dedos adentro y acelero con todo.

    Las dos gemían sin poder abrir la boca. Acerque el cuarto dedo y la pendeja se tiró con todo para que le entre.

    Natalia cuando vio la cara de placer de Cande, se puso re loca y tuvo un orgasmo tremendo.

    -Subite Cande.

    -No me va a entrar… es…

    -Proba…

    Ella me montó y Natalia le ayudo guiando mi pija. Cuando la sintió Cande abrió los ojos en forma tremenda. Siguió bajando y cuando entro toda la cabeza se quedó quieta. Respiro profundo y siguió bajando un poco más.

    -Natalia, ponela loquita. Chupale las tetas y dale con la mano al clítoris.

    -Si, la voy a poner muy putita.

    -Nati, sos mi hermana. Y Natalia se rio.

    Natalia le empezó a chupar las tetas y acariciar el clítoris y la pendeja se fue acelerando cada vez más, hasta meterse completamente la pija en la concha. En pocos minutos tuvo un tremendo orgasmo y cayo clavándose mi pija hasta el fondo. Los ojos estaban desorbitados.

    La sujeté de la cintura y en luego de varios minutos, me derrame en ella, provocando su orgasmo final. Natalia la ayudo a levantarse y los tres nos fuimos a dormir.

    La mañana siguiente mientras desayunábamos los cuatro, Cande evitaba mirarme.

    -Voy a ir hasta el pueblo a averiguar por eso de internet, me interesa. ¿Si me dan servicio, me ayudas a comprar una computadora Pablo?

    -Por supuesto, ningún problema. ¿Querés que te acompañe?

    -No, tranquilo. Vos a aprovechar para encargar materiales para el quincho, ver al arquitecto y varias cosas más. Natalia, no voy a volver hasta media tarde, no prepares comida para mí.

    -Bueno, como quieras, si no te la caliento cuando volves.

    -No te hagas problema.

    -Yo voy a aprovechar para salir a correr un poco. Quiero ventilarme.

  • Señora recibe lo que su marido no le dio

    Señora recibe lo que su marido no le dio

    Bueno esto sucedió el año pasado 2021,  tengo 29 años, y trabajo como vigilante de banco, desde hace unos años, un día como cualquier otro me crucé con una señora de nacionalidad extranjera, que vendía sándwiches, café, entre otros.

    Pasaba por mi trabajo casi a diario a la misma hora de siempre, hasta que nos hicimos amigos, casi siempre que ella podía se quedaba un rato a conversar conmigo, me contaba acerca de su familia que estaba en su país, así como también me contaba que su esposo trabajaba todos los días, pero que últimamente la estaba pasando un poco mal ya que su esposo estaba fuera de la cuidad muy seguido, incluso algunas veces no venía en 3 días.

    Era una señora de 48 años, 1,67 cm de estatura, tenía ojos claros, labios delgados, su piel era mucho más clara que la mía, tenía senos pequeños pero muy bien formados, tenía cintura pequeña aunque tenía un poquito de pancita (no mucho, claro, solo un poco), tenía caderas anchas, un muy buen trasero y unas piernas muy gruesas, me contaba que aparte de caminar para vender, hacía ejercicios en su casa para mantenerse en forma.

    Su rostro de era pequeño y con un poco de arrugas y líneas de expresión que trataba de disimular con mucho maquillaje.

    Al cabo de unos meses, al salir de mi trabajo, la encontraba a unas pocas cuadras cerca de allí descansando cuando ya había terminado de vender, cada vez que la encontraba caminábamos un poco mientras conversábamos, yo le contaba algunas de mis cosas, cómo que yo ya tenía esposa y una hija, y siempre era honesto con ella ya que en ningún momento se me pasó por la cabeza tener algo con ella, sobre todo porque nunca había estado con una señora mayor que yo, a pesar de ya haberle sido infiel algunas veces a mi esposa, pero jamás con una mujer mayor. Cierto día ya cuando nos teníamos mucha más confianza nos contamos cosas íntimas, le conté que yo había sido infiel a mi esposa en algunas ocasiones pero que nunca había estado con una mujer mayor, como ya antes lo había mencionado, y también le dije las cosas malas que estaban sucediendo en mi relación, ella me contó qué no le había sido infiel a su esposo nunca, la verdad yo no le creí, pero ella aseguraba que no era de esas personas.

    Cierto día la encontré pero a diferencia de los otros días, esta vez estaba muy triste y obviamente había llorado, me contó que su esposo había llegado al extremo de levantarle la mano, todo porque ella descubrió que su esposo tenía otra mujer, e incluso tenía un hijo de recién nacido, cuando ella le reclamó, el tipo se puso furioso y la golpeó, ella puso la denuncia respectiva y que su esposo se había ido de la casa con todas sus cosas, la abracé y sé que sus lágrimas, mientras la abrazaba aproveché para tocar algunas partes de su cuerpo como sus piernas su cintura, e incluso logré tocar un poco su trasero, me miró fijamente a los ojos y me dijo que ya no quería estar en ninguna relación, me dijo que todos los hombres somos iguales, qué cuando apenas vemos a una mujer vamos detrás de ella, la verdad no sabía que decirle ya que al ser hombre sé que eso es verdad, la acompañe unas cuadras pero no a su casa, cuándo nos despedimos me dio un fuerte abrazo me acarició el rostro, y me dio un pico.

    Mi emocioné mucho, y no sabía cómo reaccionar en ese momento solo tomé el bus y regresé a casa pensando… Al día siguiente era sábado, y yo trabajaba solamente hasta la 1 de la tarde, llame a su celular y me contestó me dijo que aún no había almorzado y que no tenía hambre, estaba demasiado triste y sola, me ofrecí a llevarle algo de comer, sorprendentemente me dio la dirección exacta dónde estaba, compré una pizza pequeña, y dos refrescos, cuándo logré llegar ella salió a abrirme la puerta ya que alquilaba un cuarto, es decir no era casa propia obviamente. Estaba con un vestido guinda que le quedaba hasta las rodillas, el cabello suelto, la verdad se le veía muy sexy.

    Entramos a su cuarto, algo pequeño, pero muy ordenado y limpio, tenía una pequeña cocina, un horno microondas, un refrigerador mediano, un ropero, televisor, y su cama de tan solo plaza y media.

    Metí la pizza en el horno mientras me contaba todo lo que le había hecho el idiota de su marido, y le dije que ya no quería hablar de eso porque mientras más me lo mencionaba más molesta se le veía, miramos televisión mientras estábamos comiendo, cuándo se me queda mirando, y le dije que por favor deje de hacerlo ya que me estaba poniendo nervioso, se rió, y con una mirada pícara me preguntó: ¿Te pongo nervioso? Le dije que la verdad sí, quién no estaría nervioso al estar con una mujer tan hermosa, me agradeció el cumplido riéndose, y me dijo que no esperaba el cumplido de un niño, nos quedamos mirando mientras nos miramos a los ojos, se me acerco lentamente y me dijo demuéstrame que no eres un niño, y mi besó, fue el beso más espectacular que nadie me había dado en toda mi vida, sus labios eran tan suaves y húmedos, acariciaba su lengua con la mía, me mordía los labios una y otra vez, se echó en la cama y me jaló de la camisa, yo iba besando sus labios poco a poco bajaba su cuello mientras acariciaba sus piernas, me quitó la camisa y me beso por todo el cuerpo como nadie nunca lo había hecho, ni siquiera mi esposa. Me bajó el pantalón, comenzó a masturbarme, mi pene estaba muy duro y húmedo, luego se lo metió a la boca y comenzó chupármela muy lentamente, pasaba su lengua desde la base hasta la punta, luego me lo chupa va mucho más rápido, se echó en la cama, y se abrió de piernas, tenía la vagina rasurada y muy húmeda, pasé mi lengua por sus labios y le chupé el clítoris, mientras lo hacía gemía sin importarle que nos estuvieran escuchando sus vecinos de los otros cuartos, tenía un sabor muy delicioso, mientras mucho más lo hacía más intensos eran sus gemidos, hasta que me agarra del cabello muy fuerte y me empuja hacia dentro, yo le pasaba mucho más rápido ni lengua por su clítoris, hasta que salió un líquido de su vagina disparando directamente al rostro, mi pene estaba más erecto que nunca, se la metí, estaba muy húmeda y muy caliente, se la metí muy despacio, lentamente mientras le besaba los senos, me di cuenta que lo que más le excitaba era que yo le pase la lengua por el cuello así que lo hacía una y otra vez, me agarró el rostro y me comenzó a besar muy desesperadamente, hasta que se vino por segunda vez, se puso totalmente roja, cerró los ojos, y me arañó la espalda, me dijo que me echara en la cama, «ahora me toca».

    Me eché boca arriba, se puso cómo si fuera a orinar, es decir los pies en la cama, las rodillas arriba, se metió mi pene el su vagina y comenzó a dar sentones una y otra y otra vez, muy fuerte, con cada sentón que se daba me hacía doler los testículos, pero lo soportaba por su rostro, ya que estaba tan excitada, mientras lo hacíamos no paraba de mirarme a los ojos, y acariciarme el rostro y el cabello diciéndome: «Ay dios, que rica verga, que bueno que te conocí mi amor, que rico», la verdad es que nunca nadie me había dicho eso y me sentí más excitado que antes, mientras se estaba dando sentones, le estimulaba muy rápido el clítoris con mis dedos, hasta que se vino por tercera vez.

    Estaba tan cansada qué se acostó encima mío, los dos estamos sudando como nunca, y me dijo ya es hora de que me botes esa leche, se puso en cuatro, que enorme culo! Y esas piernas! Le metí el pene mientras acariciaba con mi dedo pulgar su ano, me repetía y otra vez, “ya vente, mi amor, vente…”.

    Se lo metía casa vez más rápido, acariciaba sus piernas y sus nalgas, de pronto sentí que apretaba mucho mas su vagina, ella gemía mucho más fuerte, ya no nos importaba que nos escuchen, yo le daba nalgadas muy fuertes, y ella daba un gemido entre labios, hasta que sentí que me iba a venir, hasta que sorprendentemente me dijo “ay dios otra vez, que rico, otra vez, otra vez”, se echó en la cama, me jaló fuerte del cuello, le metí más rápido el pene, mucho más y más rápido, hasta que por fin nos venimos juntos, sentí un líquido muy caliente , mientras yo depositaba toda mi leche dentro de su vagina, nos miramos a los ojos y con una sonrisa cómplice nos besamos, estábamos sudando tanto, que parecía que habíamos salido recién de la ducha.

    Mientras yo me volvía a poner mi ropa, y ya me abrazaba y besaba, una y otra vez, le dije que era la primera vez que lo había hecho con una mujer de verdad, cuándo fue la hora de despedirnos ella estaba muy cansada me pidió disculpas por no acompañarme a la puerta de la calle, le dije que no importaba, me despedí con un beso, y me dijo “gracias por aparecer en mi vida es la primera vez que me han hecho sentir esto”.

    Cuando salí de su cuarto las señoras de al costado me miraban de una forma muy extraña y se les veía molestas a la vez, pero no importaba, ya me había sacado la leche de los huevos.

    A partir de ese entonces no puedo dejar de sentir atracción por mujeres mucho mayores, y aunque ella ya perdonó a su marido, nos seguimos viendo de vez en cuando en un hotel muy lejos. Me dice que sospecha estar embarazada, pero que por cualquier cosa yo no me preocupe, su marido se siente tal culpable que se creería que sea de él, con sólo decirle, esa sería su venganza contra él.

  • Mi alumno

    Mi alumno

    Hola, acabo de entrar a este grupo, para contar que me encanta lo erótico. Estoy en una relación con alguien, pero no puedo evitarlo, soy docente y tengo varios alumnos.

    Pero hay uno en especial que me enloquece. Sus ojos café oscuro, su cabello castaño, labios gruesos; me enteré que es peleador de MMA profesional, no famoso pero si muy bueno. Lo he estalqueado en sus redes sociales, he visto sus fotos sin camiseta y las pesaje en donde aparece en boxers.

    No sé qué hacer, me derrito el solo pensarlo dentro de mí, en imaginar que me hace venir una y mil veces. El verlo de lejos y apreciar sus enormes y ricas piernas, y ese gran paquete que resalta entre sus pantalones. Cada vez que tiene duda y me pregunta algo, no puedo evitar y verlo a sus ojos deslumbrantes. Me ha hecho tener las mejores masturbaciones de mi vida. No sé qué hacer, espero con ansias cada jueves para verlo en el salón, con ganas de que me diga que quiere cogerme y que haga una felación de ese gran miembro hasta extraer su última gota.

    ¿Algún consejo?

  • Mi primera vez como pasivo con mi mejor amigo

    Mi primera vez como pasivo con mi mejor amigo

    Todo esto sucedió cuando mi amigo, a quien llamare Carlos, y yo teníamos 18 años. Carlos y yo habíamos sido amigos de casi toda la vida. El vivía en la casa de enfrente a la de mis papás, vivía con sus abuelos, su tío y su mamá, pero todos en esa casa estaban fuera todo el día, ya fuera por trabajo o escuela, con lo cual el pasaba la mayor parte del tiempo libre conmigo en casa o yo en la suya.

    Realmente jamás habíamos hablado de nuestros gustos o afinidades sexuales, ni en serio ni en broma, pues no parecía algo relevante para nuestra amistad, y aunque siempre considere que era un tipo bien parecido (era delgado, no muy alto, de tez clara, cabello café claro y ojos cafés), realmente nunca me resulto atractivo, siempre fue una amistad fraterna.

    El día que todo esto paso era verano, por lo que ninguno tenía escuela ese día, estábamos él y yo en su casa sacando sus viejas consolas para ver cuales aun servían, cuales se podían reparar y cuales había que tirar, estábamos moviendo muchas cajas y cosas. Por el calor del clima y como sabíamos que tendríamos que hacer esfuerzos físicos, ambos íbamos ligeros de ropa, el llevaba un short amarillo muy ligero y una playera azul, y yo un pants negro y una playera gris, ya saben, típica vestimenta de adolecentes para el verano.

    Después de sacar las consolas y todo lo relacionado (controles, cables, cartuchos/discos), nos pusimos a revisar cuales aun servían o al menos encendían. Cuando llego el turno de la Play 2 notamos que había un DVD adentro, pero no tenia marcas, señas o titulo, pensamos que sería un juego que quedo olvidado ahí la última vez que se uso (en ese entonces los juegos piratas se vendían DVD’s). Así que conectamos el Play a la TV y la luz y lo encendimos para ver si podíamos jugar un rato ese viejo juego.

    Cuando todo encendió nos dimos cuenta que no era un juego, sino una película, en la pantalla solo ponía dos opciones “►” y “Sonido”. Mi amigo no tenía idea de que película podría ser, por lo que le dimos al ► para averiguarlo. Resulto que era una película porno gay, y el intro de la misma era una especia de collage de escenas de la película, en cuestión de segundos pasaron varias imágenes de sexo oral, penetración, masturbación, cream pies y esas cosas.

    Carlos se asusto mucho y solo atino a arrancar el enchufe del Play de la luz para apagarla, volteo a verme con la cara súper roja y me dijo “no sé cómo llego ahí, no es mía, yo no la he visto nunca”. En ese momento me di cuenta que mi amigo, del que jamás había pensado siquiera, al parecer tenía intereses similares a los míos (pues si bien en ese entonces no sabía que me era bisexual, si empezaba a tener curiosidad por las experiencias con hombres).

    Un tanto en broma y un tanto en serio le dije “pues para no ser tuya te alegro encontrarla”, pues a pesar del susto y la vergüenza en su cara, una leve erección se dejo ver bajo sus shorts. El solo me miro y me dijo “jodete” o algo parecido, desviando el tema y quitándole importancia. Yo, un tanto para incomodarlo más, un tanto con doble intención, le insistí y le dije “y al menos esta chida la peli?”, y el volvió a balbucear que no sabía, que no la había visto, y yo, apostando el todo por el todo le dije “y por qué no la vemos, a ver si esta buena o no?, para salir de dudas”.

    Carlos solo se me quedo viendo con los ojos como platos y una cara entre sorpresa, emoción y un poco de perversidad, me dijo que dejara de jugar y yo le repetí que no era juego. Entonces con más incredulidad que otra cosa volvió a conectar el Play, lo encendimos y volvimos a poner la película, cada uno sentado en un extremo del sofá.

    Al principio todo era un poco raro e incomodo, pues a pesar de que a lo largo de los años habíamos hecho muchas cosas juntos, jamás ver porno, pero conforme el tiempo y la película avanzaban, la calentura aumentaba y todo se sentía mejor.

    Al cabo de un rato era evidente que ambos estábamos muy excitados por la peli, pues se empezaron a marcar unas contundentes erecciones bajo nuestra ropa, pero mayormente a Carlos, pues su ligero short amarillo no oponía ninguna resistencia a su verga. Yo lo note y le dije “si quieres sácatelo, estás en tu casa”, el sonrió, voltio a verme y me dijo, “pues como es mi casa, deberías sacármelo tu”.

    En ese momento toda la situación cambio, si de por sí ya estaba con el corazón al cien por lo excitante de la situación, en ese momento se puso a mil por hora, empecé a sudar, los oídos me timbraban y las manos me hormigueaban, pero no era miedo, era ansiedad por hacerlo. Así que con la voz entrecortada le pregunte si era en serio y él me respondió un tanto igual que si quería si yo quería estaba bien.

    Entonces me acerque a su lado del sofá, me senté a su lado, puse mi mano en su pene e hice 4-5 movimientos de masturbarlo sobre la ropa mientras le preguntaba si en serio quería que lo hiciera, el dio un pequeño gemido que más bien sonó como un quejido y me dijo que sí. Entonces me puse frente a él pero casi de rodillas, para estar a su altura y le empecé a bajar el short y el bóxer al mismo tiempo, su verga estaba tan dura que se atoro en el elástico y cuando tire de su ropa esta reboto casi frente a mi cara como en una película porno.

    Ese fue un momento muy excitante pero también de mucha adrenalina, sentía que el corazón se me salía del pecho, estaba todo sudoroso, las manos y pies me hormigueaban y tenía la boca y garganta secas, pero no quería huir o terminar, estaba muy a gusto con lo que pasaba ahí, solo era nuevo y excitante y con mi nula experiencia no sabía qué hacer o como seguir.

    Pero a pesar de eso, ahí estaba, al fin frente a mí la verga de Carlos, 17-18 cm con una cabeza particularmente grande, pero no demasiado, estaba un poco sudorosa, pero sobre todo bañada en precum, era gruesa, ligeramente curveada hacia arriba como haciendo una casi imperceptible “u”, y con muchas venas marcadas, sin demasiado vello, pero en cambio tenía unos testículos igual de grandes y varoniles como su verga. Jamás me hubiera imaginado que mi amigo de toda la vida tuviera semejante verga de actor porno.

    Aún con la sorpresa de ver por primera vez su verga, note que el también debía estar tan nervioso y al límite como yo, pues se podía notar como su verga palpitaba al mismo ritmo que mi corazón.

    Como ya dije, yo no tenía ninguna experiencia previa, así que después de este momento de emociones y descubrimientos solo atine a decirle “y ahora qué?”, el me miro igual de perdido que yo y me dijo “te toca a ti”, así que me hizo una seña para que me levantara y después el me bajo el pants y el bóxer igual que yo había hecho con él antes, mi verga quedo al descubierto justo frente a su rostro, el tomo un momento para verla como yo había hecho antes con él e incluso lo toco un poco y acaricio mis testículos.

    En ese momento se escucho un gemido en la TV, volteamos y vimos a dos actores sentados uno al lado de otro masturbándose mutuamente, lo vimos un segundo y Carlos me dijo “quieres intentar?”, a lo que yo acepte, nos sentamos uno al lado del otro y comenzamos a masturbarnos mutuamente.

    Era la primera vez que tenía en las manos una verga que no fuera la mía, pero era agradable, era gruesa, cálida, estaba dura como piedra pero su piel era muy suave. Aunque yo lo disfrutaba, no era del todo placentero, pues no sabía con que ritmo o presión hacerlo, supongo que yo también era igual de torpe, pero el morbo de hacerlo sustituía al placer físico.

    En ese momento comencé a sentir una sensación extraña, era una especie de vacío en el interior, sentía como si me hiciera falta una parte, como si necesitara poner algo ahí dentro, tenía esa gran verga en mis manos, pero quería tenerla en el culo, no sé si entiendan a lo que me refiero.

    Entonces le pregunte si alguna vez se la había metido a alguien, el me dijo que no, que eso era lo más lejos que había llegado nunca, entonces tuvimos una pequeña charla: (E soy yo y C es Carlos)

    E: y quieres?

    C: qué?

    E: Metérmela?

    C: Si tu quieres

    E: La verdad si quiero, pero si tu no, está bien

    C: Esta bien, intentamos, pero he visto por ahí que duele

    E: si me duele mucho, te digo y paramos

    C: va

    Entonces yo me levante y me puse de rodillas en el sillón y él se puso detrás de mí.

    Como no habíamos planeado nada de esto, no estábamos preparados, no teníamos condones, lubricante y no estaba dilatado, pero en ese momento no importaba y realmente no parecía necesario, como era la primera vez de ambos, el condón no era del todo necesario, y la verga de Carlos estaba tan chorreante de precum, que no necesitábamos más lubricante, además, casi por instinto yo estaba ya un poco dilatado, listo para recibir esa gran verga en mi.

    Entonces él se acerco a mí, con una mano me abrió levemente las nalgas y con la otra sostenía su verga y la puso en mi entrada, yo por instinto me incline lo más que pude y levante el trasero para que mi entrada estuviera lo más abierta y disponible posible, el se dio cuenta y entonces empezó a empujar poco a como su verga en mi.

    Como dije, su verga era particularmente cabezona, por lo que era doloroso el cómo se iba abriendo paso por mi virgen y estrecho culo, el dolor me hacia querer pedirle que parara, pero algo en mi me decía que no debía parar, sabía que era lo que quería y al fin lo estaba obteniendo, además, la calentura, el morbo y los nervios aminoraban el dolor.

    Yo por instinto, para que pudiera seguir entrando su verga en mi, comencé a abrirme las nalgas de par en par con las manos, para recibirlo, y le gusto tanto que pude sentir claramente como se ponía un poquito más duro aún si cabía la posibilidad. En ese momento yo podía sentir claramente como su verga se iba abriendo paso, como mi interior se dilataba para él y como también todo se ponía más apretado, pues como ya dije, era un gran trozo de carne el que estaba invadiendo mi hasta entonces vacio culo.

    El dolor aun era fuerte, pero en ese momento su verga llego a un punto que yo desconocía en mi interior, su cabeza choco con él y un escalofrió recorrió mi cuerpo, entonces el dolor bajo y comencé a sentir placer real al ser penetrado, conforme me la seguía metiendo, su verga seguía rozando este lugar y yo comenzaba a disfrutarlo más.

    Tenía ya más de la mitad de su verga dentro, cuando de pronto me agarro fuerte de la cadera y me dio una fuerte embestida para terminar de meter en mi esa gran verga, pensé que me dolería, pero no fue así, al contrario, su cabeza choco con mi interior y se sintió genial, además el roce de su verga con mi próstata seguía siendo delicioso.

    Se quedo así un momento, y yo me sentía pleno, al fin sentía que ese vacío en mí estaba lleno, yo sentía claramente como su verga palpitaba en mi culo, sentía sus tibios huevos a milímetros de mi perineo, sus manos calientes sosteniéndome fuerte de la cadera y su sudor y aliento cayendo en mi espalda, mientras yo estaba ahí, a su merced, con el culo abierto, mis manos abriendo mis nalgas para darle mejor acceso y mi cara contra el sillón, sintiéndome el tipo más afortunado del mundo.

    Entonces Carlos empezó a bombear despacio, primero con movimientos cortos y poco a como fueron más largos. Yo sentía como mi interior se contraía y se dilataba al ritmo que su verga iba y venía, era delicioso y angustiante al mismo tiempo, pues la sensación de que me sacara su verga me ponía triste, pero cuando la volvía a empujar, wow, yo me moría del placer de sentirme lleno y de su verga chocando con mi próstata.

    El siguió bombeando con este vaivén al tiempo que aumentaba la velocidad, lo que a mi solo me causaba más y más placer, tanto que por instinto comencé a gemir como nunca pensé que lo haría, esto a Carlos le gusto, porque empezó a embestirme más fuerte y con más ganas, tanto que tuve que sostenerme del sillón para que no saliera volando.

    Yo estaba loco de placer, el cumulo de sensaciones era increíble, el sentirme suyo, estar a su merced, el fallándome duro y profundo, su verga golpeteando todos los puntos de mi interior, sus grandes manos aferradas a mis caderas, sus huevos chocando contra mí, su aliento y su sudor calientes bañando mi espalda y el inconfundible “clap-clap-clap” de nuestros cuerpos chocando en cada embestida hacían que la escena fuera increíble y mi placer fuera infinito.

    No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero podría jurar que fueron días, porque yo estaba tan fuera de mi que ya no tenía noción del tiempo, para este punto ya no solo gemía, estaba tan absorto en el placer que se me salió de manera natural decirle frases como “si, por favor cógeme así de rico siempre”, “gracias por darme verga tan rico”, “por favor no me la saques nunca”.

    Creo que todo esto le encanto, porque al poco rato me dijo casi como un grito ahogado de placer “me voy a venir”, yo estaba tan caliente y tenía tantas ganas de sentirme lleno de su semen que le dije “por favor, termina adentro, lléname el culo de leche, por favor”.

    Entonces el comenzó a embestirme aún más fuerte y rápido y de pronto se detuvo y sentí como su verga se hinchaba aun más en mi interior y comenzó a eyacular, yo sentí cada potente chorro de semen chocando con mi interior, podía sentir como todo adentro se volvía más húmedo, más tibio y más apretado, pues fueron 6 o 7 potentes chorros de semen que junto con su verga dentro de mi hicieron que el espacio comenzara a quedar pequeño.

    Mientras el eyaculaba en mi interior, yo comencé a masturbarme frenéticamente, unos pocos segundos después de que el terminara yo también tuve el orgasmo más explosivo y placentero de mi vida, parecía que convulsionaba del placer y termine por venirme a chorros sobre el sillón.

    Nos quedamos quietos un minuto o dos, el abrazándome por la espalda y yo recargado sobre su pecho, mientras su verga se deshinchaba dentro de mí. Entonces el saco su verga y todos esos fluidos comenzaron a fluir desde mi culo hasta el sillón a través de mis muslos, incluso esa tibia sensación fue muy agradable. El amablemente me limpio el exceso usando su playera ya llena de sudor.

    Luego de eso nos limpiamos, nos volvimos a vestir y empezamos a limpiar, ventilar y ordenar el desastre que habíamos hecho. No hablamos en todo ese tiempo, no porque atuviéramos incómodos o fuera raro, sino porque ya no había nada que decir, había sido increíble para ambos y sabíamos que el otro lo había disfrutad igual, no hacía falta agregar nada más.

    Nos quedamos en el sillón viendo la tele hasta que su abuela llego a casa, entonces me despedí de Carlos, como lo había hecho tantas veces, pero esta vez era especial, porque ahora ambos compartíamos más que solo un secreto. Y sí, claro que tuvimos más experiencias increíbles y placenteras, tuvimos otras primeras veces, pero eso es para otro día.

  • Torton el talador de pinos

    Torton el talador de pinos

    Hola y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo mi nombre: soy Paulina, Tengo 33 años bastante bien vividos y soy una mujer trans a tiempo completo, esto básicamente quiere decir que a la actualidad realizó todas y cada una de mis actividades y me desempeño en cada una de ellas en el rol femenino. En la calle, en mi casa y en la intimidad respondo como dama, como mujer y como puta respectivamente.

    En esta ocasión les voy a contar otra experiencia cuando era más joven, este relato tiene lugar en la CDMX, y nos remonta al año 2007, teniendo yo mis tiernos 20 años y para ese momento ya bastante bien vividos. En ese punto de mi vida, si bien no era ya una mujer hecha y derecha, si ya tenía mis gustos y preferencias sexuales bien definidas, era yo un chavito gay pasivo afeminado con rasgos sumamente andróginos, por lo que siempre llame la atención del sexo masculino y nunca faltó quien me hiciera el favor.

    Se acercaban las Navidades y como todos los años mi familia en afán de cumplir una de las tradiciones decembrinas, se organizaron para adornar la casa de los abuelos, pues como cada año allí sería la reunión familiar, pero ese año algo paso y absolutamente todos tenían algo más que hacer, por lo que fui encomendada a la tarea de acudir al recién instalado bazar navideño tipico de mi colonia, para agarrar al primer camión de descarga y comprar un pino, pues era sabido entre todos los vecinos que esos primeros camiones venían directo de las zonas en dónde se permitía la tala de árboles por temporada, por lo que los más grandes y frondosos eran los primeros en venderse. Así que aquella mañana antes de que todos en casa salieran a sus importantísimas actividades, llegue yo a casa de mis papás a las 7 am para que me dieran dinero, solo tuve oportunidad de tomarme un café con una dona de chocolate, no voy a mentir que acudía vestida con mis mejores ropas, pues en verdad no tenía intenciones de ligue, de hecho en mi mente se repetía una y otra vez el plan de cumplir el encargo familiar y regresarme a dormir un rato mas aprovechando que estaba yo de vacaciones en la universidad. Por tal motivo solo me puse una sudadera algo larga que llegaba por debajo de mis redondas nalgotas, una playerita de tirantes por debajo, un mra deportivo de esos que comúnmente se usan para deporte o para dormir por no traer varilla de soporte y un cachetero de encaje, y el pantalón de mi pijama que era de una tela delgadita y como sedosa, lo malo o bueno de esta tela era que se pegaba mucho mucho a mi piel y dibujaba de una manera escandalosa mis femeninas figuras, ni siquiera me puse tenis, pensé que por querer hacerlo rápido con mis chanclas bastaría, y una mochilita en dónde llevaba apenas lo más básico (celular, dinero y llaves). Aunque en aquellos tiempos aún no vivía el 100% de mi tiempo como niña, mis movimientos y mi actitud si eran ya muy amaneradas, además no escondía para nada mi condición y mis preferencias homosexuales, por lo que no dude ni un momento en darme una pequeña y discreta maquillada, ya saben solo para no espantar a quien pudiera encontrarme por allá…

    A buena hora me salí de casa de mis papás, ese día me prestaron un auto que tuve que estacionar unas calles adelante, por dónde hay un Electra pues la gente se había ya aglomerado en la ubicación esperando la llegada de los primeros camiones buscando al igual que yo los mejores pinos. Apenas algunos minutos después de las 8:30 am llegaron 3 monstruosos camiones y algunas camionetas detrás de ellos de dónde se bajaron varios trabajadores que de inmediato se pusieron a mostrar la mercancía de temporada. Hasta ese momento nunca entendí porque no había acudido nunca a disfrutar de ese espectáculo gratuito, pues allí estaban los hombres sudorosos, muchos se quitaron la playera y exponían sus cuerpos fuertes y corriosos descargando pinos de los camiones. Fue entonces que me percaté de que era observada por uno de los trabajadores de una manera muy insistente, al mirarlo yo también me di cuenta de que era como de mi edad y que en verdad el chavo no me desagradaba para nada, así que ni tarde ni perezosa le devolví una coqueta sonrisa y busque acercarme a el con la esperanza de que el pudiera atenderme de manera personal pues por la multitud que se había juntado nadie me había hecho caso. Afortunadamente había terminado de descargar y en ese momento se encontraba solo, por lo que pude apreciarlo bien, era muy musculoso en verdad, ya no traía su playera puesta por lo que su piel morena muy oscura, sus brazotes y su ancha espaldota en donde fácilmente podrían acostarse 3 Paulinas muy cómodamente, quedaban expuestos a escasos centímetros de mis lujuriosos ojitos, era bastante más alto que yo, pues me sacaba casi cabeza y media, sus rasgos faciales eran toscos y lo que me tenía encantada era su barba pues se veía que llevaba un par de días sin rasurarla, apenas estuve frente a el y me saludo como a cualquier clienta más, me dijo:

    E- Hola clienta, que puedo hacer por Ud.?

    Lo interesante es que se dirigía a mi en femenino, por lo que me percate que no le molestaba mi orientación homosexual ni que fuera yo un chavito afeminado, entonces respondi:

    P- Hola… pues estoy buscando un pino… ovi!!

    E- Si verdad!! Y como te gustan!!

    P- De tronco gordo, fuerte y grandotes!! Por favor búsqueme uno así….

    Esto intente decirlo con tono coqueto, de inmediato Ramon (más tarde supe su nombre, y que también le apodaban el Torton, pues gracias a su físico podia cargar mucho peso y lo comparaban con esos camionsotes de carga) se puso a buscar entre los que había bajado, el me mostraba varios y de verdad que intentaba ponerle atención pero lo que más yo apreciaba eran sus poderosas musculaturas, desarrolladas en esta época del año al cortar pinos en los bosques.

    R- Hemos estado cortando árboles por medio mes… Tengo la piel quemada por tanto sol en la montaña… pero también me pagarán buenas comisiones por vender los más caros…

    De inmediato mi mirada se desvío a su imponente espalda enrojecida por el sol y me dieron unos deseos incontenibles de acariciársela.

    R- Qué te parece este pino?

    P- Magnífico!!!

    Yo respondí, sin mirar siquiera el árbol, pues la verdad es que para ese momento lo miraba embelesada. En un momento determinado, Ramon se dio cuenta y me sonrió pícaramente, ese fue el momento en que sabía que debía aprovechar para hacer mi jugada maestra, entonces aprovechándome de la situación y de mi condición, decidí mentir un poco, y le dije:

    P- Ese es el más caro? Me lo llevo, más un pequeño extra por mostrarmelo primero a mi… Lo malo… es que no sé cómo llevarlo a la casa, está bien grandote y obvio yo no lo aguanto…

    R- Vives por aquí cerca?

    P- Como a 10 cuadras, en la 56A

    R- Si quieres, yo puedo llevártelo… Pero me tendrías que dar una buena propina…

    P- Por la propina no te preocupes!!!

    Respondí yo, buscando un claro tono seductor. Ramon intercambió unas palabras con otro de los hombres, que seguramente era su papá pues guardaban cierto parecido, se puso una camisa sucia a medio desabotonar y cargó sobre sus hombros el pino. Ya regresaría después por el auto de mis padres, por ahora tenía una clara oportunidad de ligue con este delicioso ejemplar joven del sexo masculino. Ramón se acerco a mi y me dijo:

    R- Te sigo bonita?

    Respondí el cumplido con una sonrisa, y nos dirigimos

    Cruzamos la avenida y avanzamos por las calles en dirección a mi casa. De vez en cuando yo me giraba para ver si venía todo bien con este fuertísimo hombre y me recreaba admirando su varonil físico. No parecía en verdad padecer nada en absoluto al cargar el enorme pino sobre su espaldota, de vez en vez lo inclinaba lo suficiente hacia adelante para descansar la postura, también supongo que las ramas se encargaban de molestarlo, pero cuando hacía esto ocultaba al hombre casi por completo, yo me detenía y le preguntaba:

    P- Estás bien? No estás muy cansado?

    R- No tanto, ya estoy acostumbrado al peso… Lo que más me duele es la espalda por el sol.

    P- Lamento lo de tu espalda… Ya falta poco…

    R- No se preocupe, es trabajo…

    P- Que hombresote…

    R- Que dijo perdón?

    P- Ohh que me está siguiendo un Pinotote y que ya vamos a llegar… solo 2 calles más…

    R- …

    En ese momento sentí calor por la caminata, así que me quite la sudadera, pensé por instinto en amarrarla a mi cintura pero también mire la oportunidad de lucir mi cuerpo en esas fachas, el femenino top terminaba por disipar cualquier duda de mis preferencias sexuales, y la delgada tela del pantalón de mi pijama ayudaba a adivinar que yo estaba en verdad muy nalgona.

    Llegamos a la casa de mis padres, Ramón se detuvo detrás de mi, yo saqué las llaves de la puerta y me incline a propósito e innecesariamente descarado para darle un pequeño espectaculo gratis de mis femeninas formas que la vida me regaló, tardandome un poco más de lo habitual en abrír la puerta. Lo invite a pasar y de inmediato Ramon cruzo el patio e ingreso a la primera estancia que era la sala, impregnando el área con ese rico y peculiar aroma que un pino natural te proporciona. Ramón descanso el enorme árbol y me preguntó:

    R- En dónde quiere que se lo ponga?

    P- Ohhh… Pónmelo en dónde tuuu quieras…

    Mi respuesta fue en el evidente tono más coqueto que pude, Ramón dejó el pino en un rincón y yo fui a la cocina a traerle algo de tomar.

    P- Toma, bebe un poco, hace mucho calor aún para ser diciembre, no quiero que vayas a insolarte por mi culpa…

    R- Sí… gracias damita… de verdad lo necesitaba…

    P- Ammm… No quieres limpiarte? ducharte? No sé asi te refrescas un poco…

    R- No… gracias… es que tengo que volver a ayudar a mi papá y a mi hermano.

    P- Oye estás bien fuertote!! Yo ni de broma podría quizá ni mover ese pinote…

    R- Jaja… Yo lo hago siempre, de hecho a veces competimos y actualmente soy el que más carga, puedo cargar 3 pinos de buen tamaño sobre mi espalda…

    P- No te creo!! 3 en serio??

    R- De verdad damita, por eso me dicen el Torton…

    P- Ahhh… Woooow!!… Oye tienes bien rojo el cuello…

    R- Sí… fue el sol de ayer. Viera ud. cómo tengo la espalda.

    P- Mmmm… A ver… enseñamela… Tengo una crema especial para las quemaduras, quitate la ropa…

    Ramon se giró y me mostró la parte de atrás del cuello, jalaba cuánto podía su camisa para mostrarme su espalda, yo lo miraba embelesada, dije:

    P- A ver… desabotonate la camisa para verte mejor.

    Ramón se desabotonó la camisa, dejandome a escasos centímetros ahora sí, su físico que me hacia agua la boca… Sin embargo no quería parecer ofrecida por completo así que le dije:

    P- Voy a buscar la crema… dame un momento… no te vayas…

    Cuando volví, Ramón “El Torton” se giró mostrándome su imponente espaldota.

    P- Voy a ponerte un poco de esta crema… te va a aliviar las quemaduras del sol.

    Me unté de crema la mano y empecé a aplicarle crema en la espalda, con movimientos lentos. Ramón replicó:

    R- También me arde en el pecho y un poco las costillas…

    P- Ohhh… descuida ahorita le damos su atención también…

    Yo estaba como poseida esparciéndole la crema por toda la espalda. Y enseguida me unte un poco más para atender las zonas en dónde me indico que también le molestaba, para hacerlo lo común es que me hubiera pasado a su frente o de lado, sin embargo me atrevi a pasar mis manos los sus costados de Ramón, como si estuviera abrazandolo por la espalda y untandole la pomada de esta manera. Ramon echó la cabeza hacia atrás. Nos quedamos callados un instante que pareció una eternidad. Mis manos masajeaban con delicadeza su fuerte torso, entonces pregunte:

    P- Justo allí?

    R- Si allí…

    P- Y aquí?

    Ramón ya no contesto pero ahora yo subía y bajaba mi mano ya casi sin rastro de pomada, su cara estaba pegada a la mía por casi nada, casi podia sentir el picor de su barba en mi mejilla. Baje la llena de mis dedos a su abdomen cubierto en esa zona por un grueso vello.

    P- Aquí duele?

    R- Si un poco…

    Ya para este momento estaba a nada de su paquete, el cual con mis movimientos tuve la oportunidad más de una vez de rozarlo descaradamente, sin embargo, como veía que Ramon no oponia resistencia ni se sobresaltaba a mis caricias, mis dos manos bajaron por completo hacia su bultote que para ese momento se miraba enorme. Y sin embargo aun así pregunte:

    P- Y aquí te duele?

    R- Si mami… pero ese duele porque no le han dado atención… traigo los huevos bien cargados pues la verdad no me gusta darme cariño solo…

    P- Ohhh… pues me lo hubieras dicho antes… a mí me gusta hacer caridad y ayudar a los hombres con ese problema…

    Dicho esto, comencé a desabrocharle el cinturón, Ramón permaneció estático, sin decirme absolutamente nada, cuando el acceso a su ropa interior me lo pemitio meti con seguridad mis suaves manitas tocando su áspera piel y enseguida noté su durísimo miembro. Ramón solo emitía pequeños gruñidos y permanecía aún sentado, y yo debido a que la diferencia de alturas era mucha, quedaba a la altura de su nuca, por lo que comencé a besarle el cuello por detrás y a morderle suavemente el lóbulo de sus orejas, entonces Ramón no se resistió más y fue en ese momento en que el se giró y comenzó a besarme en la boca, lo hacía con frenesí y desesperación al grado de que parecía que no sabía besar, de pronto me bajo mi top y mi bra con cierta violencia, y de inmediato comenzó a lamerme y a besarme los pezones, para esto había cambiado Completamente mi perspectiva, pues sabía hacerlo muuuy bien, poco a poco fue bajando recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi ombligo, mis piernas. Me tenía loca por el placer de que sentía, y entonces se levantó otra vez y volvió a comerme la boca pero ahora con gruesos besos con lengua que me hacían delirar. Ramón y yo nos manoseábamos mutuamente con lujuria y deseo. No sé exactamente en qué momento nuestras ropas terminaron en el suelo, pero al percatarnos fue el pretexto perfecto para recostarnos en el sillón grande de la sala y continuar con el delicioso faje y cachondeo que habíamos empezado. De pronto Ramón retomó a besarme completita, obvio no me opuse pues en verdad me encantaba como lo estaba haciendo, y en un determinado momento en el que llegó a mi zona íntima, la cuál se encontraba ya solo ataviada por mi femenino calzon cachetero, Ramón comenzó a acariciar mi diminuta verguita erecta por encima de mi prenda, eso ya me había dejado sorprendida, pero cuando el mismo bajo mi pequeño cachetero y la beso, preámbulo de lo que a continuación estaba a punto de hacer, yo me quedé estupefacta, Ramón se la metió completa a su boca y succionaba con verdaderas ganas, la sacaba de su boca y lamía mi pequeña cabecita. Ramón “El Torton”, hombresote tan macho y rudo estaba propinándome una deliciosa chupada de pene-clítoris, y en verdad estaba haciéndome disfrutar. Y es claro, no tengo yo un pene enorme, ni siquiera uno de tamaño promedio, la mía es más bien diminuta, pues apenas mide 7- 8 cm en erección, pero no que este macho le hacía a mi pene de niña, era soberbio, por tal motivo no tarde nada en terminar, eyacule sobre mi propio estómago y enseguida me incorpore, tomando a Ramón de la mano y empujándolo al sillón a modo que quedará sentado enseguida yo me hinque entre sus piernas, quería mandarle un mensaje bastante obvio, yo quería regresarle el favor, yo también quería comerle la verga a un verdadero hombre, baje su boxer, la tomé con ambas manos y pude admirarla bien, Ramón tenía una buena verga, gruesa y dura, no era para nada la más grande que me he comido, pero era la verga de un macho y en ese momento me serviría para aplacar mis necesidades femeninas, así que me dispuse a engullirla y darle a este macho una mamada que no olvidaría, lo que él hizo estuvo bastante Woow, pero lo que yo le haría lo dejaría en otro mundo así de simple, siempre he presumido que en el arte de mamar soy una maestra, y para mí siempre que tengo una verga enfrente, es una oportunidad para demostrarlo. Así que comencé plantándole en sonoro besote en la punta de la verga, mientras dirigí mi mano derecha a sus hinchados huevotes para sobarlos y no restarles importancia, con la Izquierda tenía bien sujeta por el tronco la gorda verga de Ramón, y está realizaba una corta carrera de arriba para abajo liberando y escondiendo la gran cabeza de este monstruo con la misma piel de su prepucio. Mis ojos buscaban y miraban putonamente a los ojos de Ramón, tratando de adivinar si era el momento adecuado para devorarla, quería que el me lo ordenará, y esa orden llego, Ramon me dijo:

    R- Mamame la verga bonita, se que quieres hacerlo…

    P- Crees que pueda? La tienes bien gorda!!

    R- Se que si… tienes toda la pinta de estás mariconas putas de ciudad que les encanta la verga de los pueblerinos como yo… Anda, ponte a mamar…

    Ahora era una orden, y en esos casos yo no me hago del rogar, así que acercándome por completo abrí mi boca lo suficiente y la engulli, en un primer intento solo la cabeza, pero a la segunda vez que abrí grande quise mostrarle quien soy y trate de devorarla por completo, desapareciendo al momento poco más de la tercera parte de ese mástil duro y venoso. Seguí con mi tarea oral por poco más de 15 min, cuando de pronto Ramon me dijo:

    R- Es suficiente zorrita, no quiero terminar en tu boca, quiero comerme ese rico hoyito de maricona que tienes…

    P- Pensé que nunca me lo ibas a pedir…

    Ramón se puso de pie y cuando yo iba a hacerlo, de un movimiento brusco me tomo del brazo y me empujó al sillón en dónde hace un rato estábamos en pleno faje, de su cartera que estaba en su pantalón extrajo un preservativo que se colocó en su hinchada vergota, me puso boca abajo y con una de sus fuertes manos me sometió poniéndola en mi cuello para no dejarme mover, me propinó un par de nalgadas para obligarme a levantarlas y sin miramientos comenzó a penetrarme, de una manera lenta pero constante, sin detenerse ni un momento a pesar de mis gemidos que delataban un poco de dolor y de mis súplicas:

    P- Ahhh… Ahyyy despacio papi!! Ahhh la tienes muy gorda… Ahyyy…

    R- Cállate puta… si se notaba cuando veníamos de camino que era lo que pedías a gritos!! Contoneándote y moviendo tus ricas nalgotas frente a mi… acaso me crees de palo!! Toma puta!! Toma puta!!

    P- Ahhh… Ahyyy… Ahhh…

    Quiza es esta posición, pero siempre que me cogen así terminó muy rápido, y esta vez termine sobre la tela del sillón de la sala, más tarde tendría que ocuparme de limpiarlo, ahora solo quería disfrutar como perra en celo. De pronto Ramón se giró para quedar acostado ahora el en el sillón, y me tomo por el brazo para indicarme que está vez quería que lo cabalgara de espaldas a el, así que me subi a el, regalandole una vista preferencial de mis nalgotas rebotando y desapareciendo a cada rebote su gorda verga morena. Ramón me acariciaba por todo el cuerpo y aprovechaba la posición para propinarme nalgadas que me hacian chillar de ardor pero gemir de placer, y entonces Ramón hizo notorio su inminente eyaculación pues comenzó a rugir como León al tiempo que subia la intensidad de las embestidas. Yo logré percibir a través del condón cada uno de sus potentes disparos mientras seguía moviendome sobre el, cuando me di cuenta de que ya estaba tratando de recuperar el aliento, me salí y me giré hacia el para poder mirarlo y estuvimos así, besandonos en la boca un largo rato, entonces le dije:

    P- Besas bien… Pero coges mucho mejor de lo que besas…

    R- Estás nalgotas me estimularon… hahaha…

    P- Enserio, estuvo delicioso…

    R- A mi también me encantó… oye… Ahora sí te acepto esa ducha…

    P- Te bañas conmigo?

    R- Vamos!!

    Lo hice pasar al baño del cuarto de mis padres. Le abrí el agua. Ramón en verdad parecía una especie de camión o máquina por su envidiable físico. El se metió bajo el chorro de agua caliente y enseguida me metí atrás de el, y allí estuvimos un largo rato enjabonándonos y besándonos, al tiempo que indiscretamente aprovechamos para volver a tocarnos mutuamente, y entonces me dijo:

    R- Creo que ya debería irme, mi papá y mi hermano estarán muy molestos conmigo porque ya me tarde…

    P- Ohhh… lo lamento, no quería buscarte problemas… es que parece que el no quiere irse…

    Le dije mientras sostenia con una mano su verga gorda que ya había recuperado tamaño en mis manos.

    P- Parece que el quiere otra tanda de besitos…

    R- Mala… eres una diosa mamando verga, no hay hombre que pueda decirte que no… así que no seré yo el primero.

    Y de nueva cuenta le regale una soberbia mamada de verga allí en la regadera, mientras el descansaba su espaldota bajo en chorro de agua yo atendía su dura erección, pues en definitiva no podía dejarlo ir así, está vez lo logré muy rápido, pero también está vez pude recibir su descarga de semen en mi boca, la cual devore ante su atenta mirada pues a mí me encanta el sabor de los hombres y Ramón que quizá tenía tiempo sin eyacular, me sabía exquisito. Salimos, le preste una de las toallas que mis papás tienen para las visitas, le unte un poco más de pomada y nos vestimos. Entonces ahora si nos despedimos:

    P- Cuánto te debo Ramón?

    R- $2,000 del árbol más propina…

    P- OKI… aquí está… y esto es para ti…

    Le estaba dando una fuerte cantidad de propina y al mismo tiempo en que se lo entregue mi traviesa mano fue a parar a su paquete que ahora descansaba satisfecho, Ramón dijo:

    R- No puedo aceptarlo, es muchísimo…

    P- Tómalo por favor, es por la cargada del árbol y la recargada que me diste…

    R- Vaya… pues debí dártela muy bien para que me des esto…

    P- Hahaha… es solo dinero, y si… si lo quieres saber si fue muy buena… Ammm y dime… Sera hasta el próximo año que pueda volver a verte??

    R- Depende… Si un día andas por la sierra de Álvarez en San Luis Potosí, pregunta por el Torton en el pueblo, ellos te dirán en dónde encontrarme. Será un gusto darte un recorrido por la sierra y mostrarte los paisajes.

    P- Vaya… me lo pensaré… oye y por allá también me recargarias??

    R- Hahaha… en mi casa, en mi taller, en mi camioneta, en el bosque, en el río, y en cualquier lugar… si vas, te regresarás a la ciudad harta de tanta verga que te daré…

    Por si lo quieren saber, si fui a verlo, y si hubo acción, y estuvo igual de riquísimo, pero eso ya será en otro relato en qué podrán saberlo…

    FIN

  • Presentación a la comunidad

    Presentación a la comunidad

    Primero que nada, les agradezco que se tomen el tiempo de leer esto, que más que un relato es una presentación y un pequeño resumen de lo que vendrá en un futuro y espero que de verdad lo disfruten.

    Me presento, mi nombre es Gabriela. Soy de la ciudad de México y me encanta el sexo en todas sus formas.

    Soy bajita (1.49) de piel blanca, cabello negro y ojos entre verde y azul (varios amantes me han dicho que tengo ojos de gata jaja).

    Mi cuerpo no es nada del otro mundo pero tengo lo mío. Mis pechos son pequeños, pero redonditos y firmes con pezones chicos y de un tono claro. Mis nalgas son un poco grandes y mi cadera es algo ancha. Tengo una vagina rosada y muy jugosa aparte de apretada, siempre procuro tener bien depilada esa área.

    Y para los fetichistas entre mis futuros lectores, les informo que calzo del número 2 1/2, tengo el arco bien formado y debido a mi color de piel mis plantas son blancas y cuando me ven de pie ejerciendo fuerza en ellos, toman una tonalidad rojiza, rosada que a muchos les encanta. Además de que procuro mantenerlos muy bien cuidados y cada 15 días recibo masaje, pedicure y me cambio el color de las uñas (casi siempre a pedido de mi novio o del amante en turno que visitaré en esos días).

    Por su parte mi esposo se llama Arturo tiene la misma edad que yo, él es igual de piel blanca y complexión media (ni robusto ni atlético) pero tiene buen rostro, mide 1.77 y tiene una verga digamos promedio (15 cm) pero gruesa y venuda como me encantan…

    En fin, desde que comenzamos a salir a los 18 hasta la fecha hemos dado rienda suelta a nuestra sexualidad y creo que eso es lo que nos ha mantenido unidos todo este tiempo. Desde el sexo anal, fetichismo de pies, dominación, tríos, intercambios, orgias, y demás cosas que me llevaría demasiado explicar.

    En sí no sabría como describirnos, ya que el inicio siendo mi amo y yo una sumisa, después los roles cambiaron, pasamos por el exhibicionismo y por el voyerismo hasta que él se convirtió en un cornudo, pero creo que actualmente entraríamos en la categoría swinger.

    Hemos tenido experiencias con hombres, mujeres de todas las edades y también incluso con algunos familiares de ambos lados.

    En fin, solamente quería presentarnos ante ustedes y saber que les interesaría saber. Quieren que vaya desde el principio o no les interesa realmente el orden de los relatos y quieren que vaya directo al grano con algo en específico.

    Espero sus comentarios y sugerencias.

    Besos