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  • Mi esposo toma leche

    Mi esposo toma leche

    Hace unos meses mi esposo me comentó que se reencontraría con amigos de su colegio. Luego de la Pandemia habían organizado una parrillada en casa de uno de ellos y, conociéndolos, se iban a emborrachar. Le dije que vaya y que se cuide. Que vaya en taxi y regrese en taxi. Con esas condiciones mínimas se fue a su reunión.

    Mientras el coordinaba con sus amigos, yo coordiné con mi primo. Aprovecharía la salida de mi esposo para vernos. Estaba segura que mi esposo llegaría muy ebrio y tenía una fantasía que cumplir. Era el momento perfecto.

    Ese viernes, mi esposo salió a las 7 pm a la parrillada con sus amigos. A las 8 pm yo salí a encontrarme con mi primo. Fuimos a cenar a un sitio lindo y discreto y a las 10 pm me llevó a un hotel muy elegante. Tuvimos dos horas de puro placer. Llegó tres veces, en mi boca, en mi coñito y en mi culito. Yo llegué algunas veces más, pues cuando estoy muy excitada suelo ser multiorgásmica. No lo esperaba así pero así se dio, tenía leche en todos los sitios necesarios. Hacia las 12 pm decidí volver a casa. De mi esposo no sabía nada desde que salió, pero sospechaba se acercaba la hora de su llegada.

    Mi primo se lavó del cuello hacia abajo y se sorprendió que yo no lo hiciera. Le dije que no se preocupara, que mi esposo llegaría ebrio y que no importaba. No preguntó más, supongo que no le dio importancia ni imaginó lo que pasaba por mi mente. Salimos del hotel, me embarcó en un taxi y volví a casa.

    No me lavé los dientes y seguro tenía el sabor de semen en los labios. Menos me limpié abajo, pero me di cuenta que algo había chorreado en la tanga. Fui prudente y me puse una tanga nueva que tenía, justo mi esposo me había regalado un juego unas semanas atrás. Me puse el pijama y me acosté. Debajo del mismo, sólo la tanga nueva. Oliendo a mi primo sin dudarlo, pero segura que estando borracho, mi esposo no se daría cuenta. Estaba excitada, emociona y nerviosa a la vez durante la espera.

    Poco antes de la 1 am sentí que abren la puerta y sentí los pasos tambaleantes de mi esposo entrando a la habitación. Estaba evidentemente muy borracho.

    Me levanté y lo abracé, lo besé apasionadamente. El sabor y olor de parrilla y cerveza superaba el olor a semen que seguro tenía en los labios. Como había previsto, no se dio cuenta. Ebrio como estaba, que lo recibiera así, como mujer sumisa esperando ser cogida, le dio mucha satisfacción.

    Estaba muy excitada y se lo hice saber. Se desnudó y me desnude. Su pene no se erectaba, supongo por el exceso de alcohol. Le pedí que me lamiera abajo. Eso le encanta y de hecho, a mí también.

    Pero esa noche era especial, mi vagina tenía semen de mi primo y sabía yo que mi esposo no se daría cuenta. Y no se dio. Sentí su lengua recorrer mis labios, sus labios en mi clítoris y sentí poco a poco como su lengua se introducía en mí. El momento y el morbo me hicieron volar. Llegué gimiendo y diciendo que era su puta, su perra y que lo amaba. Se puso muy feliz en su borrachera.

    Mi venida seguro llegó con algo de semen y se tomó todo. Se sentía muy macho y yo muy puta. Fue una llegada genial, quizás por el morbo de tenerlo así sumiso a mí y también por lo que hizo con su lengua, pues debo reconocerlo, en el oral mi esposo es un genio.

    Seguía muy caliente y me di vuelta y le pedí “que me bese la espalda”. Eso hizo y pronto estuvo besando mis nalgas y en un instante más ya tenía su lengua rozando los pliegues de mi culito. Mi culito había sido penetrado quizás un par de horas antes y sentir su lengua allí me volvió a poner en modo perra total. Gemí y grité. Dije todas las groserías que pude. Volví a llegar. Mi excitación lo terminó de excitar y sentí como se subió sobre mí y sentí su pene pequeñito entrar en mi cola.

    En ese momento estaba tan excitada que su pene insuficiente era suficiente. Mientras me culeaba le decía que lo amaba, que era su perra, que era su puta y él me decía que sí, que era su puta y su perra. Cuando volví a llegar él llego también.

    Se tiró al lado mío y se quedó dormido. Lo abracé y me dormí a su lado. Tuve una noche perfecta y una fantasía cumplida.

  • De cómo me acosté con la jefa de mi mujer

    De cómo me acosté con la jefa de mi mujer

    Antes de las fiestas navideñas suele ser habitual en España celebrar comidas de compañeros, comidas de empresa, comidas de gimnasios, etc.  Debido a la pandemia por Covid, en el año 2020 no se celebró ninguna de mi entorno más cercano, pero en el 2021 con el avance en la vacunación y otras medidas, la empresa donde trabaja mi mujer decidió celebrar una comida a principios de diciembre.

    Asistió casi toda la plantilla, muchos con pareja y otros y otras sin compañía, como la jefa de mi mujer.

    Es Eva una mujer bastante atractiva, ojos azules, rubia natural, 160 de altura y delgada, con buen tipo a pesar de haber sido madre en dos ocasiones y de entrar en una edad cercana a la madurez, 39 años en concreto.

    Durante la comida en mesa alargada Eva se sentó justo enfrente de nosotros, y aunque mi mujer se lleva bastante bien con ella, su relación no deja de ser una relación laboral respetuosa y cordial.

    Transcurrió toda la comida como suele ser habitual en estos casos. Mi mujer se sentó junto a una compañera con la que se lleva de maravilla y a mi lado coincidió uno de sus compañeros más petardos, vamos un aburrimiento por mi parte.

    Para más inri yo no podía beber alcohol ya que estaba tomando antibióticos por una leve infección, así que mi mujer sabiendo que era yo quien conduciría de regreso tomaba vino durante la comida.

    En una de estas, estaba mirando (y deseando) a la jefa de mi mujer cuando alzó de imprevisto la mirada y me pilló mirándola, sin embargo sonrió y continuó a lo suyo.

    He de decir que yo soy un hombre ya maduro, 52 años y de pelo cano. Pero el hecho de haber practicado mucho deporte y haberme cuidado sin excesos ha resultado crucial para mantener un físico bastante atractivo.

    Después de la comida vinieron las copas en barra libre y ahí estaba yo tomando refrescos y los demás incluida mi mujer bien alegres y bailando bajo los efluvios del alcohol.

    A las 8 de la tarde la jefa de mi mujer que había continuado bebiendo comunicó que se tenía que marchar ya que su marido y los niños la esperaban.

    Comenzaron todos a decirle que en ese estado no podía conducir y menos a donde debía ir, una urbanización de chalés alejada 7 u 8 kilómetros de la población con varias rotondas donde solían hacer controles. Y en esto se le ocurre a mi mujer decir que como yo no he bebido nada de alcohol, sea yo quien la lleve.

    Accedí y Eva aunque no iba excesivamente bebida se agarró de mi brazo por si tropezaba y caía por los tacones que llevaba.

    Nada más montarnos Eva no acertaba a ponerse el cinturón de seguridad, así que me incliné para ponérselo y con mi cara rocé sus pechos. Tiene unas tetas ni grandes ni pequeñas, ligeramente inclinadas hacia arriba y el roce y el olor que desprendía su cuerpo me puso a mil.

    Iba en silencio conduciendo cuando me preguntó: ¿qué me mirabas antes en la comida?

    Y me salió sin pensarlo: Lo guapa que eres.

    Se rio y me dijo: a unos 100 metros a la derecha sale un camino, entra en él y cuando puedas paras que tengo que hacer pipí.

    Así lo hice y tuve que recorrer 200 o 300 metros hasta que vi un lugar apropiado bien arropado de árboles a ambos lados. Se bajó dejó la puerta abierta y ahí junto al coche hizo sus necesidades.

    Se montó de nuevo y me dijo: tu también estas muy bien, te sientan bien esos pantalones apretados. Y me pasó la mano por el pelo.

    Acerqué mi boca a su boca y nos fundimos en un beso casi interminable, comenzamos a comernos como si no hubiera mañana y susurrándome al oído me dijo: vamos a la parte de atrás.

    Comencé a besarla con más fuerza, chocando a veces nuestros dientes y mientras tanto iba acariciando el interior de sus muslos por debajo del vestido negro que llevaba puesto. De los muslos subí más arriba y con cuidado metí mi mano debajo de sus pantys negros y el tanga también negro de encajes.

    Me sorprendió lo mojada que estaba como si se hubiera corrido y no era más que la intensa lubricación con la que ya estaba. Como dos locos nos desnudamos y a pesar del frio de diciembre estábamos ardiendo en nuestras propias brasas.

    Comencé a comerle y succionarle esos pechos que me tenían loco y con mi mano derecha jugaba con su clítoris. Eva gemía y me mordía el cuello suavemente bajé hasta su ombligo y de ahí a su coño. Tenía un sabor algo salado pero riquísimo. Estuve comiéndole el coño un buen rato mientras que con mis dedos introducidos en su interior comencé a jugar con la parte anterior rugosa de su vagina. Aquello terminó de encenderla aún más, comenzó a gemir mucho más fuerte y a mover sus caderas hasta que se corrió en mi boca. Me abrazó y me dijo: ¿tienes condones? No, respondí.

    Se inclinó, cogió su bolso y sacó un pequeño frasco. Lo abrió, se untó los dedos y se aplicó una buena cantidad en la enteada de su ano, incluso se untó algo más en dos de sus dedos y los introdujo en el culo. Cogió un poco más y me lo puso en la verga. Se subió encima mía a horcajadas, frente a mi, se colocó la punta de mi verga en la entrada de su culo y con un suave movimiento comenzó a introducírsela poco a poco mientras me decía: no podemos arriesgarnos a quedarme embarazada, estoy en los días mas fértiles.

    Casi sin resistencia mi verga entró entera en su culo, comenzó suavemente a subir y bajar nuevamente, al principio muy despacio, después incrementando el ritmo y a medida que lo hacía se comenzó a acariciar el clítoris. Yo ya estaba a punto de estallar y ella comenzó una cabalgada impresionante, echó su cabeza hacia atrás, apretó el esfínter de su culo y soltó un grito impresionante cuando sintió mi leche caliente invadir todo su interior.

    Nos abrazamos empapados en sudor, nos dimos un beso sin fin y comenzamos a limpiarnos.

    Al dejarla en la puerta de su chalé me dijo: nos hemos vengado de la mejor manera. ¿Como? Dije yo.

    Y Eva me dijo, «mi marido se está follando a tu mujer».

  • Rendida ante mi suegro

    Rendida ante mi suegro

    Con Carlos, mi novio hace dos meses que salimos. Tiene 30 años, hijo de un empresario poderoso, es Ingeniero y trabaja con el padre. Es hermoso, 1.80 m de altura, físico trabajado ya que fue nadador y todavía sigue entrenando, súper elegante. Y muy bien dotado por cierto.

    Esa tarde nos encontramos en un bar. Yo venía de la facultad, el de su trabajo. Venía sonriendo y haciendo que no con la cabeza.

    -Hola flaca. Que linda que estás. Me dijo y se sentó en mi mesa.

    -Hola Carlos. Vos estas muy fuerte, como siempre. Dije mordiéndome el labio inferior.

    -Recién me llamo mi viejo. Nos invita a pasar el fin de semana en su quinta. Quiere presentarme a su nueva novia, y conocerte. Es un hijo de puta.

    -¿Cuál es el problema?

    -Mis viejos se separaron hace cinco años. La cosa no daba para más hace 10 años por lo menos. A pesar de tener la misma edad mi vieja es veinte años más vieja que mi viejo. No lo acompañaba en nada. A mi viejo le gustan los viajes, salir a cenar, y sobre todo, el sexo. Primero tuvo amantes, y mi vieja no decía nada con tal que no la joda a ella para tener sexo.

    Pero mi viejo se cansó de andar a escondidas. Y hace cinco años, se separaron. Y salta de mujer en mujer, es tremendo.

    -¿Cuántos años tiene?

    -55 años recién cumplidos.

    -Es un tipo joven, dijo no es un viejo.

    -No, ni ahí. Tiene tanta vitalidad como yo, un espíritu increíble, y encima tiene facha y plata. Combo completo.

    -¿Vos querés ir?

    -Si no te jode, vamos. Hace rato que no charlamos comiendo algo.

    Cuando llegamos a la quinta, la música estaba a todo volumen. Entramos a la casa y parecía no haber nadie. Carlos me guio para ir a la pileta, y ahí estaba el padre, en la pileta con una chica de no más de 25 años. Estaban jugando en el agua como dos chicos. Ella, una morocha impresionante, flaca, buenas tetas y muy buen culo. Como apreciaría después, unos ojos verdes tremendos. Tenía puesta solo la parte de abajo de la bikini, el corpiño descansaba en el borde de la pileta.

    Mi suegro, de la misma altura que Carlos y casi el mismo físico. Los diferenciaban las canas. Cuando salió de la pileta vi que tenía puesta una sunga brasilera. El bulto que se le marcaba era tremendo, más que el de Carlos. Me quedé mirando con la respiración cortada. Su grito saludando hizo que se cayera el hechizo que me fijaba la vista en su bulto. La chica sin ningún problema salió de la pileta y se puso el corpiño de la malla sin apuro.

    -Hola, soy Fernando, padre de Carlos. Supongo que sos Helena, su novia.

    -Hola, sí. Un gusto conocerlo. Dije embobada por tremendo tipo.

    Yo mido 1.60 apenas le llegaba al pecho. Tremendo pecho por cierto.

    -Que bueno que aceptaran venir. Les presento a Sandra. Dijo

    -Hola, como estas. Saludé

    -Hola Sandra. Un placer. Dijo Carlos dándole un beso en la mejilla.

    -Vayan a cambiarse y les preparo un trago.

    Cuando volvimos en la mesa del quincho había tres copas y Sandra no estaba.

    -Tu novia… Dijo Carlos.

    -No, Sandra no es mi novia, es una amiga. Patricia llega en unos minutos, por eso se fue Sandra…

    -Ah… Viejo, no cambias más. ¿Cuántos años tiene tu novia? Es otra criatura como Sandra supongo.

    -No… es mayor… 25 años.

    25 años, entonces cuantos tendía Sandra. Pensé

    -Contame Helena, ¿se porta bien Carlos?

    -Si, nos llevamos muy bien, es muy atento, cariñoso, tierno.

    -Ah, aburrido como la madre.

    -No empieces viejo. No todos somos como vos.

    -No digo que seas como yo, pero que vivas hijo. Más teniendo a una hermosa mujer a tu lado.

    Cuando llegó la novia en un taxi, Patricia, era una terrible mina. Proporcionada al milímetro, hermosa de cara y cuerpo. También morocha, pero de ojos grises. Se puso una bikini, y se nos unió en el quincho.

    -Fer, no me dijiste que Carlos era tan lindo, te soy sincera, si no estuviera con Helena, creo que me tiro en sus brazos.

    -No hay problema si Helena se tira a los míos. Creo que salgo ganando. Dijo mirándome a los ojos.

    Me reí. Fue un reflejo de supervivencia. Sentí que me mojaba la entrepierna al instante. Fuimos con Carlos a la pileta y ellos se unieron unos minutos después.

    -Dios, me olvide el protector solar. Dijo Patricia.

    ¿Vos trajiste Helena?

    -No, también me olvidé.

    -Fer, ¿me llevas hasta el shopping que hay una farmacia a comprar?

    -No, ya empecé con el fuego. Carlos, llevala y tráeme una bolsa de carbón porfa.

    -Bueno.

    Se cambiaron y se fueron. Yo me quedé con mi suegro en el quincho.

    -No entiendo como una mujer caliente como vos puede estar al lado de Carlos. Me dijo mirándome a los ojos.

    -Perdón, no sé de dónde saca que soy caliente y que me aburro con su hijo. Dije tratándolo de Ud. para poner distancia. En realidad, muy lejos no estaba. Carlos no era muy amante de los juegos en el sexo.

    -Helena, con solo mirarte a los ojos sé que soy muy caliente. Sos escorpiana seguro.

    -Sí, pero eso…

    No termine lo que iba a decir que se acercó, y agachándose me dio un beso que me hizo ver las estrellas.

    -¿Qué…

    Me levanto de mi silla y me puso sobre la mesa, bien en el borde. Me beso de nuevo y su mano busco mi concha. Estaba totalmente húmeda, sus dedos entraban con facilidad. Su boca me mordía mis pequeños pechos sobre la bikini, hasta que la corrió y los chupaba con todo mientras me masturbaba.

    Tomo mi mano y la llevo a su pija. Cuando la sentí en mi mano otra vez me quedé sin aliento. La libere como pude de la sunga y apenas la podía cubrir con mi mano. Él se separó un poco de mí y la pude ver.

    -Dios mío. Dije

    De un salto me puse de rodillas y comencé a lamerla, chuparla, acariciar sus pelotas. Apenas entraba en mi boca cuando la quería chupar. Fueron varios minutos que la estuve chupando.

    -¿La queres? Me dijo.

    -La adoro. Dije.

    Él se largó a reír.

    -¿Si la queres adentro? Me dijo.

    -Por supuesto.

    Me hizo dar vuelta y me la fue metiendo despacio desde atrás. Mi pobre concha se abría a su paso, el dolor era soportable y el morbo de tener esa cosa dentro mío, tremendo. Me puse a tocarme el clítoris, el a bombearme cada vez más fuerte. Sentía como si mis caderas se separaran para poder albergarla.

    Fernando bufaba como toro, tomándome por la cintura. Yo era una muñeca en sus brazos. Me acabó sobre mi culo y apoyo su pija en mi orto.

    -Ni se te ocurra. Me destrozas con eso. Dije.

    Se la chupe una vez más, trague toda la leche que quedaba en ella y me senté de nuevo en la mesa. Desnuda y con mi bikini en la mano.

    -Sos un hijo de puta. Soy la novia de tu hijo.

    -Si, tenes razón, pero esto fue de a dos… no vi resistencia de tu parte…

    -Guacho. Me pusiste loca desde que vi ese bulto saliendo de la pileta.

    -A mí me gustaron tus tetitas. Podría pasar la noche chupándolas mientras vos te dedicas a mi pija y Pato te come la concha.

    -Ni se te ocurra que va a pasar. No me gustan las mujeres en mi cama. Menos entre mis piernas.

    -Por estar conmigo lo vas a hacer.

    Escuche que entraba el auto a la quinta y fui corriendo a la pileta, me lave y me puse la malla antes de que me vieran.

    Carlos vino corriendo a hablar con Fernando. Salí del agua y fui con ellos.

    -Andá tranquilo, despacio. Si necesitas que vaya y me haga cargo, sabes que estoy. No me importa que estemos separados. Dijo Fernando

    -Lo sé viejo. Helena, mi vieja se descompensó, parece que un infarto. La están llevando al Sanatorio.

    -Bueno, me cambio y voy con vos.

    -No, deja. No vas a poder pasar y es al pedo. Yo voy a ver qué pasa. Cualquier cosa te lleva el viejo.

    Se fue a cambiar y salió a todo lo que daba el auto.

    Estábamos almorzando cuando llamó.

    -Carlos, estas en altavoz. Contanos.

    -Bueno, fue un infarto nomas. Ya está estabilizada. Quedó en Terapia. El Jefe de Terapia es Horacio, un amigo del club. Está acá. Me dice que por suerte está fuera de riesgo, pero la quiere controlar 48 horas en terapia. Me deja quedarme, incluso me dio su lugar para dormir.

    -¿Necesitas algo? ¿Necesitas que vaya? Dijo Fernando.

    -No viejo. Quizás cuando salga de Terapia, si tenes ganas…

    -Dale.

    -Carlos, soy Helena, ¿queres que vaya yo que soy mujer?

    -No flaca, no es necesario. Voy a estar bien. Quedate con el viejo, prefiero.

    -Ok.

    Cuando corto, nos miramos y seguimos almorzando. Fernando de inmediato se puso a hacer bromas, trataba de mostrarse entero. Tanto lo hizo que un rato después todos estábamos riendo.

    Cuando terminamos de almorzar, nos tiramos en las reposeras a la sombra un rato. Luego las corrimos al sol.

    -Helena, ¿queres que te ponga protector en la espalda? Me pregunto Patricia.

    -Si por favor. Dije.

    Ella puso un poco en sus manos y empezó a pasarlas por mi espalda, casi que eran caricias, yo las sentía caricias.

    -Te pongo en las piernas. Dijo

    Y comenzó a recorrerme la pierna izquierda desde la pantorrilla hacia arriba. Aprovechando que la parte inferior de mi bikini era pequeña se tomó un buen rato en mi culo. Ya definitivamente eran caricias. Cuando llego a mi entre pierna varias veces rozo mi concha.

    No dije nada, solo mordí mis labios. Me estaba excitando. Gire la cabeza y Fernando nos miraba y sonreía. Un rato después él fue al agua, nado un rato y se quedó apoyado en el borde mirándonos.

    -Vamos. Me dijo Patricia en un tono casi imperativo.

    La seguí y las dos nos metimos al agua. Ella fue a parte intermedia, donde estaba Fernando y se abrazó y besó con todo. Me miro por sobre encima del hombro y movió los labios diciéndome “Veni”. Fui y Fernando nos abrazó a las dos. Nos comenzó a besar alternadamente. Yo no podía, no quería alejarme. Nos llevó hasta el borde y nos puso mirando para afuera.

    Se puso detrás de Patricia y por la cara, supe que la había penetrado. Ella empezó a gemir sin parar. Su cara era de placer total, me miró fijo y tomándome de los cabellos hizo que la bese. No la rechace, al contrario, la bese con todo.

    -Sentate en el borde. ME dijo y lo hice.

    Me saco la bikini y me puso bien al borde de la pileta, separo las piernas y comenzó a chuparme la concha. Yo la miraba y no podía creer que me dejara hacer de esa forma. Me pasaba la lengua y chupaba que era una locura. Me metió dos dedos y luego de chuparme el clítoris y moverlos, me saco un orgasmo tremendo.

    -Cambien. Dijo Fernando.

    Sin dudarlo, me tiré a la pileta, y fue Patricia la que se sentó en el borde, con las piernas abiertas. Fernando me tomo de la cintura y me penetro hasta el fondo. Di un quejido y me puse a gemir. Mire la concha de Patricia que se metía dedos, y sin que me lo diga, empecé a chuparla.

    -Se nota que no tenés experiencia, pero no lo haces nada mal preciosa. Me dijo, encendiéndome más todavía. Me anime y le metí dos dedos y los movía rápido, tratando de sacarle un orgasmo. Cuando lo tuvo, se acostó boca abajo, con las piernas colgando de la pileta. Las separó, separo sus cachetes y yo, empecé a jugar con su orto y mi lengua.

    -Así Helena, seguí preciosa, dale.

    Yo seguía, y Fernando no paraba de bombearme, pero yo estaba tan extasiada con lo que hacía en el culo de Patricia que apenas le prestaba atención.

    -Empeza a meterme dedos mi amor. Dijo Patricia.

    Primero fue uno, luego dos y tres. Ella movía su cadera haciendo que entren por completo cada vez que yo los enterraba.

    -Vamos afuera. Dijo Fernando.

    Patricia se quedó acostada boca abajo, ahora ya con las piernas fuera de la pileta. Fernando se puso sobre su culo y apunto su pija a ese orto.

    -Mira como te lo preparó Helenita hijo de puta. Dijo Patricia. Y siguió.

    -Helena ponete en cuatro delante mío mi amor. Totalmente loca por lo que veía, yo me estaba metiendo dedos cuando la escuche.

    ME puse en cuatro delante de Patricia y comenzó a chuparme el orto. Yo, totalmente emputecida, empujaba para que su lengua me penetre.

    -Metete un dedo. Me dijo en tono imperativo.

    Lo hice, metiéndolo hasta el fondo. Primera vez en mi vida que un dedo entraba en mi culo. Yo gemía y bufaba. Patricia escupió mi orto y mi dedo, y entraba más fácil. Luego metió uno suyo. Dios, eso tenía que doler y era totalmente placentero.

    -Otro. Me dijo y puse un segundo dedo mío en mi orto.

    No pasaron diez segundos que escupió de nuevo y me metió su segundo dedo. Cuando reaccione que tenía cuatro dedos en mi culo, casi me reí.

    -Fer, todo tuyo. Dijo Patricia corriéndose pero sin sacar los dedos de mi culo.

    -Helena, tranquila. Dijo Fernando cuando empezó a meter su monstruosa pija en mi culo.

    Recién allí sentí algo de dolor, pero totalmente soportable. Se empezó a mover dentro mío entrando y saliendo hasta que sentí como su pelvis golpeaba con mi culo. Su ritmo fue subiendo, y su fuerza igual. Patricia se sentó frente a mí, con las piernas abiertas invitándome a chupar su concha. Lo hice sin dudarlo.

    -Menudas putas tenés para gozar Fernando.

    -Si, una más puta que la otra. Me encantan las mujeres putas y calientes como Uds.

    Cuando acabó, lo hizo bien adentro de mi intestino. Patricia se acercó a mi culo y le chupo bien la pija cuando la saco. Después limpio mi culo con su lengua. Yo recién me recuperaba de un tremendo orgasmo.

    Me acosté sobre la reposera desnuda. Patricia a mi lado, abrazándome.

    -Sos un hijo de puta Fernando.

    Nos quedamos tomando sol, y al caer la tarde, las dos le empezamos a chupar la pija. Enseguida estuvo bien parada. Fue Patricia la que lo monto. Saltaba como loca. Fernando se dejó llevar y en un rato acabo en su concha. Yo limpie su pija y más tarde nos fuimos a bañar y cambiar para la cena.

    -¿Tu primera vez con una mujer? Me pregunto Patricia. Mientras nos cambiábamos en un cuarto

    -Mi primera vez con una mujer, en un trio y mi primer anal. Todo junto.

    -Sí que sos caliente nena. Dijo y se me acercó poniéndose frente a frente, con una diferencia de altura a favor de ella apreciable.

    Me tomo de la boca y me la partió de un beso. De un bolso saco dos consoladores y uno doble.

    -Vení me dijo. Y subimos a la cama.

    Me dio un consolador y las dos nos lo metimos en la concha para darnos mientras nos besábamos con todo. Yo estaba a mil, nunca lo había hecho así, besándome con otra mujer. Las dos juntas llegamos a un orgasmo, tomo el consolador doble y se lo metió en la concha, hizo que me ponga haciendo una X con nuestras piernas y me metió la otra punta en mi concha.

    Nos pegamos totalmente con los consoladores enterrados y no besábamos y apretábamos las tetas sin parar, no duró mucho, y llegamos a un segundo orgasmo.

    Lo sacamos, nos besamos y los dejamos sobre la cama. Nos terminamos de cambiar y bajamos a cenar.

    Antes de cenar, llamó Carlos para contar que la madre estaba estable, que se iba a quedar a la noche y hasta al mediodía del domingo, que iba una de sus tías. Yo no hable, no podía, no sabía que decirle.

    No pude quedarme, le pedí a Fernando que me lleve a casa. Me acosté llorando. No solo le había metido los cuernos, lo había hecho con su propio padre.

    Cuando salió de estar con su madre, Carlos me llamo. Le dije que me perdone, que no quería verlo. Una semana después, pude verlo a la cara y contarle que había estado con su padre… No dijo nada. Me quedé sola en el bar. No volví a ver ninguno de los dos. Me costó meses de terapia recuperar mi autoestima…

  • Mi novia me engaña y me excita saber eso

    Mi novia me engaña y me excita saber eso

    Mi novia es una chava de 24 años bastante caliente y súper acuerpada tiene unas nalgas súper deliciosa unas piernas qué se le ven súper bien cuando tiene vestido… se le notan más, sin duda atrae las miradas de todos cuando salimos.

    En una noche de antro salimos y ella me confiesa qué conoce a un chico que está tocando en el antro, no le tome importancia… con el paso de las cervezas notaba qué ella bailaba cada vez más sensual, todos las veían y yo me sentía bien porque era mía, sin saber que esa noche nos fuimos a una casa a seguirle y fue ahí cuando se dio todo, ella me pidió que si podía invitar a su amigo, yo le dije que si y fue ahí cuando todo comenzó.

    Ella seguía bailando en la casa qué teníamos ambiente y pues estábamos ya algo tomados, para eso ella empezaba más a moverme hacia el yo no tome Importancia u al poco tiempo veía como él le tomaba las nalgas a mi mujer y ella lo disfrutaba, ver esa escena me éxito bastante así que no dije nada ella siguió bailando y al poco tiempo se acercó hacia a mi y me dijo que si podía hacer algo más, para eso me saco mucho de onda y le dije finalmente qué si, ella se quitó su falda y wow nos quedamos pasmados todos viéndole sus ricas nalgas, un cachetero bastante rico lo llenaba súper bien, y ella disfrutaba que la viéramos, para eso se acercó al otro chico se sentó arriba de él y se comenzó a mover, vio que lo disfrutaba bastante qué la muy zorrita me llamo diciendo que me acercara, yo lo hice y me empezó a besar, mientras él le tocaba sus pechos, estaba tan excitada y tan borracha qué me dijo que la penetráramos los 2, yo lo mire y me dijo que si accedía el nis daba dinero, mire a mi chica y dijo va, cuanto nos vas a dar, él dijo que 2000 pero si solo él se la cogía y la mire y me dijo me dejas papi, yo reí y le dije va, si me dejas ver como te cogen a lo que ella dijo uff qué puto rico si papi, va…

    Nos fuimos al cuarto empezaron a besarse a lo que él me dijo, como te voy a pagar voy hacerle lo que yo quiera yo solo me reí y le dije claro, pagaste bien hazla tu puta!

    Se la cogió tan duro esa noche bastante yo veía como se la metía y como mi novia es chiquita está muy comodita, yo lo disfrutaba ver como se la metían ella vio que yo estaba excitado… y me dijo papi, me los puede echar en mi boca y le dije claro que si, ella se puso de rodilla, lo masturbo tanto que le hecho mucho líquido fue algo tan tan rico ver eso. Mi verga se me puso dura, y ella me dijo te gusto ver eso, le dije que si, y me dijo jajaja a ver bésame y le dije yo que no, y me dijo anda papi dame un beso, yo tenía la verga tan caliente qué me acerque y la bese como loco, sentía su semen en mi boca, que los disfrutaba tanto ver como aun la tenía montada y ella besándome con el semen dentro…

    Ella sigue viéndolo y yo sigo disfrutando de como se la cogen!

  • La cuñada de mi mujer, mi amante (Primera parte)

    La cuñada de mi mujer, mi amante (Primera parte)

    Hola. Le voy a contar cómo me pude coger a la cuñada de mi mujer. Verónica una mujer hermosa de piel blanca de cabello rubio y ojos castaños y con unas nalgas ricotas.

    Bueno un día el mes de junio del 2018 mi compadre nos invitó a mi y a mi esposa y a los hermanos de mi esposa y por supuesto a las cuñadas de mi esposa a una fiesta ya que iba a festejar su cumpleaños en su casa.

    Ya en la noche a la hora de irnos a la casa de mi compadre la cuñada de mi esposa salió con un vestido muy ajustado y muy corto que hacían notar sus piernotas y su grandes nalgas.

    Ya en la noche en la fiesta de mi compadre bailando bebiendo unas cervezas festejando al cumpleañero ya casi las dos de la mañana regresamos a la casa, pero cuando llegamos nos dieron ganas de seguir bebiendo con verónica la cuñada de mi esposa y su hermano ya que nos habíamos quedado un poco picados y queríamos seguir bebiendo pero mi esposa no quiso quedarse afuera estaba muy cansada por lo que ella entro a la casa a dormir, fueron pasando una hora y mi cuñado ya cansado optó por irse a descansar quedándome yo solo con Verónica la cuñada de mi esposa solo los dos bebiendo, en una de esas me le acerco a Verónica porque el alcohol me estaba poniendo caliente y al ver a mi cuñada tome el valor de acercármele y decirle al oído estás muy guapa me gustas.

    Respondiendo ella con una sonrisa bien pícara y diciéndome de verdad no te creo.

    Y yo ya al ver la reacción de ella pensé que no fue de desagrado o miedo que después le diga a mi esposa, volví a susurrarle al oído.

    Si me encantas mucho desde hace tiempo no me atrevía a decírtelo por miedo que se lo digas mi esposa, entonces ella respondiendo lo que le dije me dice.

    Tú también me gustas mucho desde que llegaste no pude quitarte los ojos de encima.

    Yo al escuchar eso de ella opte por seguir insinuándome y hablarle cosas bonitas al oído, y diciéndole que me tenía la verga levantada y ella me miraba con deseo de querer comérsela y me decía quiero metérmela a la boca se ve que está rica esa verga, lástima que estamos afuera no puedo tocarla por qué nos van a ver, como estábamos en la parte de afuera de la casa no podía hacer nada por qué los vecinos nos podían ver, yo no quería que eso quedará hay así que le dije a ella voy al baño si quieres cogerla sígueme.

    Yo en el baño esperando que entre y demoraba me imaginé que no iba a venir, a lo que abría la puerta del baño ella estaba afuera entonces sin perder tiempo la cogí de la mano y la metí al baño, la comencé a besar a tocarle cada parte de su cuerpo a subirle el vestido a rosarle mi verga con su cuerpo ya excitados ella no aguanto más y saco mi pene de mi pantalón se arrodilló y de inmediato sin pensarlo se lo metió todo a la boca, yo no podía creerlo mi cuñada mamándome la verga parecía una diosa mamando mi verga yo la copia del pelo la hacía que se la trague todita me hablaba me decía papi te gusta como te la chupo.

    Si mami dale chúpala que rico, ya con ganas de seguir la levanté la puse contra el sanitario le levanté el vestido y la tanga roja que cargaba se la puse a un lado de las nalgas y tocó mi turno de meterle mi lengua en su majestuosa vagina, escuchaba como gemía la muy puta.

    Me decía ya papi métemela ya por favor ya la quiero que me la claves.

    Me levanté y comencé a frotarle mi verga en su vagina hasta que se lo metí ella comenzó a dar gemidos.

    Si si si si papi métemela toda dame tu leche la quiero toda dentro de mi.

    Yo no me la creía la tenía a la cuñada de mi mujer en cuatro clavándole la verga.

    Se movía muy rico le metía la verga por su vagina y a la vez se la chupaba y le volvía a meter.

    Le golpeaba las nalgotas dándole cachetadas muy fuerte eso le excitaba más cuando de pronto escucho que compensa a quejarse más duro y siento unos chorrotes que bajaban de mis ente piernas la muy puta había tenido un orgasmo.

    Seguíamos cogiendo cuando me vine dentro de ella me encantó cuando descargue todo me mami la verga para limpiarla con su boca.

    Que rica que estaba mi cuñada esa noche, ese día fue uno de tantas cogidas que tuvimos les contaré más relatos que tengo con ella.

    Hasta la próxima.

  • La esposa, amante y madre de mi hijo

    La esposa, amante y madre de mi hijo

    Intentare ser breve, pero contando todo lo relevante de esta confesión que no le he dicho a nadie solo a ustedes de manera anónima.

    Yo un chico de 32, estatura normal 1.85, bien parecido, blanco no fornido, pero practico deportes, con novia de hace unos años y con una buena relación.

    Ella una chica pequeña de 1.60, cabello rubio, blanca, tiene buen trasero firme y senos lindos pequeños pero lindos, delgada, casada hace varios años.

    Nos conocimos en el trabajo, yo le coqueteaba y ella respondía a veces, es casada y mantenía la compostura, pero no paso a mayores en ese tiempo, paso el tiempo seguimos conversando y coqueteos de cuando en cuando, un día entre coqueteos de mensajes de whatsapp, estaba estresada por trabajo, le digo que si quiere un masaje para relajarse… ella se ríe y me ignora, otro día insisto y ella accede con «pena» y demás quedamos de vernos en un lugar privado, le dije que solo sería masaje que yo era su amigo y que tranquila ella accede y nos vimos.

    En el lugar le digo que se quite la ropa que le iba a colocar unas lociones de masaje, que solo se quedara en ropa interior, algo apenada me pide que me voltee y que se va a quitar la ropa y recostar sobre la cama, lo hace y me acerco a ella, le pongo un antifaz y le doy su masaje ella se relajó y poco a poco fui bajando el masaje a las nalgas y luego su entrepierna… solo se escuchaba la respiración fuerte y poco a poco iba abriéndose y calentándose, de pronto ya le tenía dos dedos adentro de su vagina y poco a poco le empujaba el dedo gordo en su ano, ella muy excitada no decía nada solo disfrutaba, yo me quite la ropa mientras la masturbaba y la penetre suave y hasta el fondo, empezamos a coger, de todas las maneras posibles, hasta que nos vinimos muy rico.

    Esa fue la primera de muchas veces que cogimos después, ella me llamaba o yo le escribía, en almuerzos o después del trabajo cogíamos, su esposo es un arquitecto, pero no tienen buena relación, ella es bastante controladora y se casó por los lujos que le da, lo conozco y es buena persona, sin embargo su esposa está muy rica y lo hace delicioso, no pude evitar seguir cogiéndomela.

    Durante las muchas veces que cogimos, hicimos su primer anal, se tragaba mi leche, hasta la llamaban del trabajo mientras la tenía penetrada y contestaba y fingía estar bien mientras yo la tenía bien trabada, hasta un día la llamo el esposo para preguntarle donde estaba y claramente ella mintiendo mientras estaba de perrito con todo mi miembro adentro de ella, esto lo mantuvimos casi por 3 años así sin mayores inconvenientes, su esposo es feliz, yo feliz, ella feliz, mi novia feliz.

    Siempre nos cuidamos confiando en ella me decía que no había problema de hacerlo sin preservativo, yo siempre me venía en su boca, su cara, su ano o otros lugares para no hachársela adentro.

    Un día me dice que quiere que se la eche adentro que ella le gustaría sentir mucho «mi leche» no le seguí la corriente, pero al tiempo insistía y caí, empecé a llenarla con mi leche ella se veía muy complacida, me decía que se estaba cuidando y que todo estaba bien, hasta un día que todo cambio.

    Ese día de costumbre estábamos cogiendo y me pide muy fervientemente, que por favor la llenara de leche su coño, ella estaba de espalda sobre la cama y me la empecé a coger muy fuerte, agarrándola por el pelo se lo deje todo adentro y ella tuvo su orgasmo conmigo, ese día me dice que tenía algún tiempo de haberse dejado de cuidar, me moleste por eso, me dijo «no sé porque te molestas, si al final las mujeres somos las que lidiamos con eso, los hombres se van y nosotras vemos que hacemos», deje esa conversa allí y nos fuimos.

    Paso casi un mes y medio y me escribe que andaba por el médico que se sentía mal, que pensaba que era covid, pero no al final se hizo una prueba y que íbamos a ser papas! me quede en shock, le pregunte que como sabía que era mío y no del esposo, me dijo que el esposo casi no la tocaba y que tenía mucho tiempo de que no tenían relaciones y que aproximadamente tenía el tiempo que fue la última vez que nos vimos, bueno teníamos que hablar en persona pero ella iba hablar con su esposo primero, me dijo que no me preocupara que ella iba a resolver y que yo no me tenía que hacer cargo de nada y que tampoco quería eso, hablo con su esposo, le dijo que era de él y él estaba escéptico un poco, sin embargo lo convenció diciéndole que ellos habían tenido relaciones en ese tiempo y que él no se acordaba y el acepto feliz que era suyo.

    Yo estaba claramente molesto porque esto no era lo que estaba buscando, nos vimos en persona un par de semanas después ya tenía alrededor de 2 meses, ella muy apenada se disculpó porque fue irresponsable y me mintió, ese día terminamos cogiendo nuevamente y durante todo el embarazo cogimos, fue mi primera vez con una embarazada, es muy excitante y más esta situación, de mi primer hijo que quiero sin embargo no puedo mantener, ella se puso más hermosa con el embarazo, me daban muchas más ganas de hacerla mía y lo hice muchas veces, él bebe ya nació, tiene un parecido a mí, pero para el esposo yo perdí contacto hace tiempo con ella, por ahora él lo está criando, lleva pocos meses de nacido no he podido verla, pero si conversamos y queremos vernos cuando se pueda, ella es la mama de mi hijo y yo el padre de su primer hijo también, amantes en situaciones diferentes pero ambos queremos a nuestro bebe.

    Les contare luego que me vuelva a encontrar con ella nuevamente y ustedes que hubieran hecho en esta situación?

  • Anhel gusta del oral, le fascina el anal, le encanta follar

    Anhel gusta del oral, le fascina el anal, le encanta follar

    Cuando conocí a Anhel, ella era una adolescente de 17 años. Resulta que su familia había comprado la casa de enfrente y yo como un detalle en darles la bienvenida a la colonia, les había enviado una cesta decorativa con frutas. Ese día Anhel me traía un pastel de manzanas que su madre había preparado con las frutas que le había enviado.

    Aquí en esta colonia es raro que suene el timbre no sin antes el guardia de seguridad a la entrada de la colonia no lo haya anunciado. Cuando Anhel llegó tocando el timbre, intuí que era algún vecino y viendo la cámara de seguridad, miré a una linda chica que vestía de una manera ligera y un tanto provocativa. Ese día ella llevaba una blusa blanca con un brasier que le comprimía sus ya bien desarrollados senos. Tenía un buen escote que me permitía ver una buena porción de esos dos preciosos melones y esta blusa era a la vez corta, pues también me permitía ver su ombligo adornado de algunas piedras brillantes y un piercing. En conjunto con su blusa, llevaba una minifalda blanca de una tela transluciente que, si no se le veía claramente la tanga que vestía y que también era de color blanco, era porque esta minifalda tenía como una especie de campanas que una caía sobre la otra haciendo difícil ver con claridad, pero te dejaba ese ensueño de la imaginación.

    Anhel es una chica de descendencia afroamericana y a esa edad tenía una altura promedio de quizá 1:65, de cuerpo atlético, bonitas facciones, unas piernas alargadas con unos muslos muy bien definidos, una cintura también definida pues su trasero era una obra escultural que definitivamente llamaba la atención. Aquel día que me llevaba el pastel de manzana, su rostro juvenil le puso una barrera a mi morbo, pero debo decir que Anhel a esa edad era bastante abierta y muy coqueta. Ya conocía el armamento que manejaba y sabía muy bien que atraía las miradas. Ese día me sorprendió con su plática y una de sus preguntas, pues el pastel lo traía en un contenedor que debía que lavar para que se lo llevara de nuevo:

    -Señor Zena, ¿qué edad tiene?

    -38. -le he contestado.

    -Ah… ¡está muy joven!

    -¿Joven… joven para quién?

    -Para mi amiga. Mi amiga va a cumplir 52 años.

    -¿Tienes una amiga de 52 años?

    -Si… mi madre. – me dijo.

    Posteriormente supe que la madre de Anhel era una productora ejecutiva de una televisora de renombre en la zona y que por esas fechas se había divorciado. Además de Anhel quien era la menor, de vez en cuando miraba a otra chica igualmente de bella, pero ella estudiaba en la universidad y vivía en un apartamento cerca del lugar y el hermano mayor quien vivía en el extranjero pues era militar de rango. Con los meses supe que Anhel se graduaba de la preparatoria, pues por aquí es tradición en poner rótulos alusivos a todos los graduados en la colonia y la casa de Anhel la decoraron para la ocasión y un mes después estaba celebrando sus 18 años y la noticia que también se iba para la universidad.

    Como he dicho en algunos de mis relatos, por este lado del mundo es raro tener comunicación con los vecinos y quizá yo sea el de la buena suerte, pues he tenido la fortuna de conocer más que todo a algunas vecinas. Raras veces saludé en la distancia a la madre de Anhel y ni esta ni su hermana aparecían por aquella casa. Un buen día menos esperado volvió a sonar el timbre y veo que es Anhel. Tiene problemas en sacar las llaves de su coche y se le hace imposible en sacar la llave de la casa del llavero. Me pide ayuda y salgo con ella hacia el guardacoches de su casa. Ese día no dejó de provocarme una erección que intenté disimular, pues ese día me tomé el tiempo de dirigir algunas miradas al escultural cuerpo de esta linda mujer. Llevaba un pantalón blanco de licra bien ceñido a su sensual cuerpo… ¡qué culo se le miraba! Y esa tela le hacía un hueco en la panochita que no creo llevaba tanga alguna. Ese pantalón tenía de adorno una tela como malla en los laterales, que dejaba ver la piel de esta mujer del tobillo a la cintura. Su camiseta también era ceñida a su cuerpo y esos melones se miraban deliciosos. Ese día aprecié mejor su belleza y tenía unos bonitos ojos verdes, siempre usando delineador, cejas depiladas, nariz diminuta y unos labios rojos gruesos y carnudos. Su piel a pesar de que su madre era de piel oscura, Anhel era en sí mucho más clara, algo así como una piel latina oscura. Ella se subió al lado del pasajero de su Land Rover y me llenó con su perfume dulce mientras intentaba remover las llaves de su coche. Anhel no sé sí lo hizo a propósito o no había puesto atención, pues su coche siendo de transmisión automática debía estar en posición de estacionado y ella lo había dejado en reversa y era por eso por lo que no soltaba las llaves.

    Una vez le explicaba lo que había sucedido, saliendo del guardacoches me ofreció una cerveza. La verdad estaba haciendo mucho calor y después de decirme que nadie se encontraba en casa y era obvio, pues de otra manera no hubiese ido a mi casa en busca de ayuda, la acepté más que todo pues quería seguir gozando de ver a esta linda chica y lo sensual de cómo vestía. Entramos a su casa, la cual ya había visitado antes invitado por el dueño anterior, Anhel me extendió la cerveza y me pidió que la esperara unos segundos mientras ella se cambiaba a algo más cómodo según ella.

    La he visto bajar y no sé cómo mi rostro haya reaccionado, pues Anhel llevaba uno de esos pantalones cortos que me mostraban la mitad de las nalgas y una camiseta suelta desmangada por donde podía ver una buena porción de sus melones, pues no vestía sostén. Intentaba esconder mi erección tomando asiento y Anhel se dirigió de nuevo al refrigerador y tomó también una cerveza he hicimos un ademán de brindis.

    La verdad que aunque gozaba de ver a esta chica, a la vez me incomodaba. A ese punto de mi vida nunca había intentado en ligarme a una chica de esa edad y aunque sí me había llevado a la cama a chicas jóvenes, creo que a la más joven en esa época era una chica de nombre Sherri de 26 años. Anhel con 18 me parecía algo inconcebible y opté por pensar que esta chica era de esa naturaleza, chicas liberales que les encanta mostrarse y nada más. Ese día intercambiamos números de teléfono y me llamó algunas veces con la excusa que necesitaba ayuda en la clase de español, pues este día Anhel parecía incrédula cuando le dije que yo hablaba español. Un día le di mi Shelby prestado y me buscaba para pequeños favores, los cuales siempre intenté a ayudar pues era una delicia ver el rostro y el trasero de esta linda mujer.

    Un día me pidió un favor a través de mensajes de texto y me pareció algo muy juvenil y un tanto ridículo. Me pedía que me hiciese pasar por su novio un día que sus amigos de la universidad llegarían a una fiesta en la piscina. Obviamente su madre y sus hermanos no estaría en tal reunión y acepté por la coquetería de Anhel, pues sugestivamente me decía que sería mi novia por un día. Cuando llegó ese día me recibió con un beso por sobre los labios y miré a otras seis chicas y una docena de muchachos haciendo un asado cerca de la piscina. Me llevó hacia adentro de su casa con la excusa que me iría a cambiar. No era necesario, pues llevaba unos pantalones deportivos y llevaba puesta mi calzoneta de baño. Subimos y Anhel me llevó para su habitación y ella me dijo que nos quedaríamos ahí por unos minutos, pues quería dar la impresión de que algo prohibido estábamos haciendo en su cuarto. En ese momento Anhel solo vestía un brassier de baño y un pequeño bikini que dejaba ver esas tremendas nalgas y realmente me estaba provocando una erección difícil de disimular con mi pantalón deportivo. Me quité el pantalón deportivo y la camiseta y después de unos diez o quince minutos bajamos a la piscina.

    No sé lo que pensarían los demás, pero ya Anhel me había incomodado presentándome como su novio. Me tomaba de la mano y se mostraba muy cariñosa conmigo y en ese momento pensé que se trataba de darle celos o terminar con la esperanza de alguno de sus invitados. La verdad que en el momento la sensación de estar con estos chicos universitarios no me sentaba nada bien, pues yo me acercaba a los 40 y presumiendo estar con una chica de 18. Sentía que la miradas de sus amigas me comían, aunque se mostraban amigables conmigo. En cierto punto después de un par de horas me dio un sueño incomprensible que no tuve más alternativa que despedirme. Todos me preguntaban si me sentía bien o qué es lo que me pasaba, pero luego Anhel me preguntó ya a solas: ¿Comiste de ese postre verdad?

    En ese momento Anhel me aclaraba que aquel postre estaba salpicado de cannabis. Nunca había consumido tal droga en mi vida y era aquello lo que me había provocado el sueño. Anhel me acompañó hasta la habitación de mi casa, me dio un beso en la boca diciendo: ¡Todavía seguimos siendo novios! – he caído rendido al sueño y no sentí cuando pasaron las horas y aunque había soñado cosas incoherentes y repetitivas me despertaba sintiendo las manos de alguien que me masajeaba el falo. Pensé que era parte de un sueño, pero escuché la risa de Anhel diciéndome: ¡Has dormido como un campeón!

    No sabía conciliar si lo que estaba frente a mi era la realidad o una fantasía empujada por la marihuana que había consumido. Me costó reaccionar y solo sentía como Anhel me pajeaba la verga y sentía como sus labios me atrapaban el glande que lo chupaba como si se tratase de un caramelo. Ella me dijo con su sonrisa coqueta: ¡Sigues siendo mi novio… no ha terminado el día!

    Nunca imaginé que a una chica de solo 18 años se sintiera atraída por un hombre de 38. Y aunque no lo concebía, ahí estaba la traviesa de Anhel chupando como un caramelo mi verga. Reaccionando a la realidad le he preguntado y hemos tenido una breve plática que me hace despertar por completo:

    -¿Te puedo dar un beso?

    -¿Solo uno? ¿Por qué no mejor me comes a besos?

    -Eso es lo que quisiera… ¿puedo?

    -Soy tu novia hasta el día de mañana… y te doy permiso. -me dijo frunciendo sus labios.

    Me lancé por sobre ella y solo tenía una camiseta que le quedaba como minifalda. No llevaba sostén y solo vestía una tanga de color azul. He hecho de un lado la camiseta y me apodero de sus suculentos melones y comienzo a besar sus pezones. Cerró los ojos y comenzó a gemir del placer y yo no lo podía creer que estaba a punto de follar con una chica de tan solo 18 años. Le besaba el cuello mientras mis manos masajeaban sus pechos y pezones y miraba su mirada ida en el placer y a pesar de que horas atrás había sido drogado accidentalmente me llegó la advertencia de mi consciente: No continues… puede quedar embarazada. – Aquel pensamiento me hizo que me ardieran los huevos y hice una pausa y le dije: -¡No tengo condones!

    Anhel me sonrió y con mucha confianza me dijo: -Tony, no te preocupes, yo uso la píldora. – La verdad que todo aquello me daba desconfianza, pero ya para ese tiempo las chicas tenían más información y mucha más libertad para conllevar estas aventuras. En la calentura del momento sentí la necesidad de confiar en sus palabras y proseguí chupando sus pezones mientras mis manos manoseaban sus ricos y duros glúteos o se llenaban de la miel que emanaba de su conchita cuando mis manos se hacían camino entre su tanga azul. Chupaba sus pezones y masajeaba con mis manos el clítoris que palpitaba y que según mi tacto era de medio tamaño. Anhel estaba sobreexcitada que en cinco minutos de aquel masaje explotó con un intenso orgasmo. Ella solo me pedía que le introdujera la verga, la clamaba, pero esto tuvo que esperar algunos minutos. Ella me comenzó a decir de una manera repetitiva mientras nos besábamos: -¡Eres malo… eres muy malo; no me diste tu verga!

    Sus senos eran de complexión redondas, con una areola grande y unos pezones cortos y también redondos. Ella me tomaba también del falo mientras nos besábamos y me decía al oído de una manera sugestiva: -Dime que me darás tu verga toda esta noche… dime que me harás pedazos con tu verga… Tony, quiero sentir tu verga en mi conchita. – Anhel era muy expresiva y me daba esa sensación que aquella chica de solo 18 años era una experta a esta edad en estos trotes de la cama, pues por lo menos así me lo mostraba con la libertad que me hacía disfrutar de una rica felación. Sabía manejar todo el arsenal de su cuerpo, pues cuando me mamaba la verga, también me la masajeaba de vez en cuando con sus dos suculentos melones y me gustaba verla haciendo pasar sus dos pezones chocando con mi glande y deslizarlo hasta chocar con mis testículos. Mientras me la seguía mamando ella me seguía adulando ese ego de macho: -¡Que hermosa verga tienes Tony! Quiero sentir esas venas palpitando contra mi conchita… quiero que me folles Tony, me estas matando de las ganas.

    Aunque mi verga estaba erecta y recibiendo placer en la boca de esta chica, no sentía esa sensación de correrme y creo que esto se debía a que todavía seguía bajo el efecto de la marihuana. Estaba despierto, pero parecía que estaba en la piel de alguien más y Anhele seguía de una manera coqueta y sugestiva rogando que quería sentir mi verga en su conchita. Era una panochita de labios gruesos, pues me le he acercado y he besado su hueco. Tenía unos cuantos vellos por las orillas pero se notaba que se la acababa de rasurar. Reaccionó con un gemido cuando le hundí mi lengua y ella me lo volvía a pedir: -Tony, dame tu verga… fóllame.

    La puse de perrito en mi cama sin quitarle su tanga azul y esta mujer es una delicia verla en cuatro con ese hermoso culo que se maneja. He hecho la tanga de un lado y veo ese hermoso ojete que posteriormente intentaré follarme, pero en este momento esa panochita muy bien lubricada me espera en mi primera invasión a su vientre. Tomo mi falo y se lo paseo por la rajadura y Anhel sigue gimiendo y diciendo: -Fóllame… dame esa verga papito… quiero sentir tu verga cariño. – Le apunté mi glande a ese hueco y no sé si era producto de esa sensación de la marihuana, pero lo sentí tan apretada e incluso Anhel dio un grito de dolor y solo me ha dicho: -¡Me has abierto la conchita! – Y esta linda chica se ha ido de bruces contra la cama y parece que le ha dolido la penetración a pesar de que fui lento y solo parte de mi verga había entrado.

    Comencé a hacerle un vaivén lento y en esa posición podía ver como mi verga entraba y salía de la conchita de Anhel y descubría una sangrado que se expandía en mi verga cada vez que esta salía de ese hueco bien apretado de esta chica. Pensé que quizá estaba esperando su menstruación pues se me hacía imposible pensar que Anhel fuese una chica virgen y no se lo quería preguntar. Lo único que le pregunté fue que si quería que hiciera una pausa. Ella me dio la negativa y me pidió que no se la sacara y solo agregó algo un tanto ambiguo pero que no contestaba mi pregunta interna en el momento: -Me lo esperaba… tienes una verga grande y gruesa y es la primera vez que me rompes la conchita. Yo continué con mi verga en su concha y poco a poco le metía un poco más y podía mirar como Anhel contraía su ojete y sentía esa vibración en las paredes de su vagina. Fue ella la que comenzó con un rico movimiento de sus caderas a hacer un vaivén lento pero constante. Además del sangrado, le comenzó a bajar un flujo blancuzco y bastante espeso que comenzó a caer en las sabanas de mi cama. Se había incorporado y la tomé de los brazos pues ella buscaba tomar mis nalgas con una de sus manos y yo le estiré ambos brazos hacia atrás los cuales me brindaban cierto apoyo en el balance de esta posición y comencé con un pompeo mucho más acelerado y con embestidas más fuertes.

    Oía los gemidos de Anhel, el golpeteo de mi pelvis pegando en su ricas nalgas y ese chasquido de la fricción de mi verga entrando y saliendo de esa apretada conchita. El taladreo había subido de nivel y solo se escuchaba una constante de Anhel diciendo “ah… ah… ah, hasta que de repente cambió a decirme: -Así, así… dame así… me vas hacer acabar. – Era verano y aunque estaba el aire acondicionado pude ver las gotas de sudor sobre la espalda de Anhel y vi cómo en mis pectorales se deslizaban las mías. Aquello se volvía una plegaria de “así, así, así… dame, dame, dame y no pares, dame, dame, dame. Mi verga era un fierro duro y erecto y creo que a mis 38 es cuando uno esta en el “Prime” de sus condiciones sexuales. Creo que era cuando más grande y gruesa la tenía, pues con el tiempo uno puede ver y sentir la diferencia, pues el cuerpo pierde volumen. Recuerdo que por esos días mi verga media de 22 a 23 centímetros y ahora creo que apenas llego a los 20 y obviamente también ha perdido grosor.

    Anhel comenzó con los gritos que estaba a punto de correrse y yo no paraba con mi embate frenético mientras seguía sosteniendo los brazos de esta chica. Pude sentir los apretones de su vagina viviendo un orgasmo y aunque Anhel deseaba irse de bruces contra la cama, yo la sostenía con una sensación que luego ella me explicaba como de sometimiento, lo cual aceleró y potencializó su orgasmo. Al igual yo me corrí un par de minutos después de ella y Anhel me contaba posteriormente que sentía los chorros de mí semen y la presión exquisita que sentía en su vientre. Tan pronto le saqué mi verga aun erecta, comenzó a salir todo mi esperma.

    Nos fuimos a bañar y donde Anhel continuaba muy cariñosa conmigo que ya me estaba haciendo la idea de que en verdad éramos novios. La tanga azul yacía colgada en el chorro de abajo de la bañera y se podía ver mi esperma, sus jugos vaginales con una tonalidad rosada de su sangrado. Mientras nos bañábamos mi verga seguía erecta y Anhel comenzó de nuevo a mamarla. En un momento ella se incorporó y se puso de espaldas donde mi verga chocaba con su trasero, hasta eventualmente hundirse en medio de sus ricos glúteos. Le hacía un movimiento de vaivén con mi verga en medio de sus nalgas y esto creo que le gustaba a Anhel. Por un momento pensé que si me había drogado accidentalmente, pensé que a lo mejor Anhel también estaba bajo la influencia del cannabis. Le tomaba de sus pechos, le besaba el cuello mientras mi verga se mantenía en medio de esas ricas nalgas y fue cuando se lo pedí:

    -¿Me puedo coger estas nalgas?

    -¿Quieres follarte mi culo? – me preguntó.

    -Si… ¿Se puede?

    -Me da nervios pensarlo, pero creo que lo podemos intentar.

    En el baño comenzó la invasión a su culo no sin antes darle una buena chupada a ese rico ojete. Me arrodillé a abrirle esas nalgas y comerme el suculento culo de la bella Anhel. Sus piernas temblaban y se le erizaba la piel cuando le besaba y pasaba mi lengua por toda esa rajadura. Su conchita se contraía y comenzó a gotear jugos vaginales de tanta excitación. Creo que pasé comiéndole el culo y jugando con mis dedos por lo menos media hora. Se puso inclinada contra la pared del baño y le puse el glande a la entrada. Literalmente le temblaban las nalgas y le pedí que se relajara para que la penetración fuese posible. Se calmó y solo le pasaba mi glande por toda esa rajadura hasta que identifiqué su ojete y comencé a empujar. No daba gritos despavoridos pero temblaba y cada vez que empujaba el glande y sentía entraba inmediatamente lo expulsaba. Ella me pidió que nos fuéramos a la cama y se me puso en cuatro de nuevo.

    Que rico es ver un culo perfecto y creo que esta posición de perrito es la preferida de Anhele. Todas las chicas son diferentes y al igual los hombres tenemos falos con ángulos diferentes. El mío es recto y un glande que es igual de grueso que el tronco de mi falo, pero pasando el glande se vuelve un poco mas delgado en forma de un hongo o champiñón. Esa noche descubrimos que a Anhel le incomodaba montar a la inversa, el misionero debería ser el básico sin levantarle las piernas o ponerle almohadas en el trasero para levantar la pelvis, también descubríamos que era multiorgasmica y que esa noche descubriría que analmente también era orgásmica.

    De perrito le asomé el glande y en el primer intento me quedó atrapado por su esfínter. Definitivamente era un culo apretado y me tomé el tiempo para que buena parte de mi falo entrara. Sabía mi límite, pues cuando intenté enterrárselo todo, Anhel me suplicaba que se lo sacara, aunque en experiencias posteriores lo llegó a asimilar. Comenzamos un vaivén lento y calculando no pasar de ese límite. Nuevamente un flujo blancuzco caía de la conchita de Anhel. Solo oía sus gemidos que no sabía si eran de dolor o placer y es por eso por lo que se lo pregunté:

    -¿Te gusta?

    -¡Me fascina!

    -¿Pensé que te dolía?

    -Si me duele, pero es un dolor rico y fascinante.

    -¿Quieres que te la saque?

    -No… continua así… me encanta esta sensación, me excita la sola idea que me estas follando el culo.

    -Bueno… si algo te incomoda, dímelo y hacemos una pausa.

    -Tony, por favor cállate y sígueme culeando.

    No era un vaivén frenético y hasta cierto punto lo recuerdo semi lento y pude sentir cómo vibraba su culo y cómo ese ojete me atrapaba más fuerte el falo, vi su espasmo literalmente en sus muslos y solo me dijo: -oh, Dios mío… que rica corrida me estás sacando. – Aceleré un poco el ritmo y Anhel solo gemía y parecía que lloraba y poco a poco aquello se calmó hasta segundos después me pedía que la siguiera culeando que sentía venirse otra vez más. Estuvimos así con un ritmo semi lento y solo subía el ritmo cuando Anhel vivía un nuevo orgasmo. En total le conté cinco en término de unos 10 a 15 minutos y creo que pudo haber obtenido más, pero en ese quinto le dejé ir mi segunda corrida, que al igual que ella, fue tan potente que mis piernas me temblaron.

    Nunca le pregunté sí aquella había sido su primera vez que le rompían su concha y ojete, solo me quedé con la duda de ver ese sangrado en ambos orificios. Por ese tiempo cogíamos a cada semana cuando regresaba a casa de la universidad y eran cogidas que terminábamos sin energía ya para el domingo en la tarde. Esta chica era tan liberal que no se escondía de su madre, bueno, también ya era mayor de edad aunque todavía vivía en el techo provisto por su madre. Quizá pasamos follando de esta manera por unos seis meses y todo comenzó a disminuir porque creo que su madre comenzó a aconsejarla y un día menos pensado de una forma indirecta me confrontó su madre cuando yo salía al jardín frontal de mi casa.

    -Sr. Zena… ¿puedo tener un minuto con usted?

    -Dígame… ¿en algo que le pueda ayudar?

    -Bueno, voy a ser directo con usted, pues usted ya es un hombre mayor y con experiencia. Se trata de Anhel y usted… ¿Cuáles son sus verdaderas intenciones?

    -Disculpe Sra. Hill, no entiendo su pregunta. Anhel y yo solo somos unos simples amigos. Ella me pide ayuda en su clase de español y yo estoy dispuesto en ayudarla.

    -Usted ya es un hombre de mucha experiencia y mi hija apenas tiene 18 años. Sé lo que está pasando… no me haga sentir ingenua.

    -Sra. Hill… si usted sabe lo que está pasando, ¿por qué habla conmigo? En todo caso su hija es ya mayor de edad y no soy yo quien invade su casa.

    La plática terminó con un tono agrio y desde entonces los encuentros se fueron disminuyendo. No pensé que se tratara de la influencia de su madre y más bien dada su edad y su ambiente, lo más probable estaba experimentando lo mismo con alguien más y esos gemidos y esas corridas estaban pasando en otro lugar y en otra cama. La verdad que a esta chica le gustaba mamar, le encantaba que le diera por el trasero, le fascinaba en sí follar y no creía que le podría poner pausa a esos impulsos a esta edad de su vida. Su madre sigue viviendo en la misma casa y yo la recuerdo en mi cama cada vez que veo esa tanga azul que me dejó de recuerdo, al igual que otras prendas que nunca se llevó de los buró de mi habitación.

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  • Entre las caricias de mi novio y su hermano (2/2)

    Entre las caricias de mi novio y su hermano (2/2)

    Habían pasado varios días desde que había tenido sexo con Jaime estando mí novio presente, nosotros pasábamos por un situación difícil económicamente, por lo que mi novio le pidió plata a su hermano, mucha plata. Pasaron los meses y a mi novio se le hacía imposible devolverle la plata, así que Jaime le propuso algo: ser suya por un día, a mi novio no le gustó, entonces Jaime dijo que aunque sea llevarla a una fiesta de sus amigos en la playa y que yo fingiera ser su novia, solo con besos y eso, mi novio aceptó porque Jaime le perdonaría la deuda.

    Al otro día fuimos a la noche a la fiesta de la playa con Jaime, estaba en bikini yo, con una tanga que dejaba ver mis nalgotas y un corpiño que apenas cubría mis tetas, todos sorprendidos al ver que yo era la que estaba más buena del lugar, cada tanto Jaime me tocaba la pierna o me agarraba del culo, también me daba besos, lo cual supuse que era parte del trato con mi novio.

    Cuando la fiesta terminó, fuimos caminando a casa, noté que no estaba mi novio, cuando de pronto siento que algo me empuja y era Jaime que me había puesto contra la pared, yo me resistí pero él era muy fuerte, empezó a bajarme la tanga mientras sacaba su pene, yo me puse a llorar, me manoseó el culo un rato y después se empezó a masturbar, siempre que eyaculaba pasaba su semen por mis nalgas y me besaba en la espalda y el cuello, al rato me levantó y me llevó a la cama, me quitó el corpiño y me chupo y mordió las tetas, el abdomen, me chupó la conchita y yo no paraba de gemir, después empezó a besarme por el costado de mi torso y luego las piernas y la pies, se sentía muy rico, no era mejor que mi novio pero era riquísimo, después puso su verga para meterla en mi vagina y yo lo detuve y le dije que hiciera como mi novio, de venirse en mis tetas, él me dio un bofetón y me empezó a besar la boca bien rico y me dijo que ahora yo era su objeto sexual y que los objeto no hablan, me metió y estuvo una hora eyaculando en mí vagina, mientras me besaba todo el cuerpo, después me dio vuelta y me besó el cuello, al costado de las tetas y el torso, la espalda, las nalgas y las piernas, puso su verga gigante y la metió en mí culo, estuvo así por horas.

    Al acabar, el dejó su pene en mí culo toda la noche, en la mañana nos besamos bien rico y le dije que había sido el mejor sexo de mí vida, agarré un test de embarazo y él me había premiado, yo estaba emocionada y preocupada, después llegó mi novio furioso y de enojó con su hermano, el cual me agarraba de la tetas con su pene aún metido en mi culo, lo cual le mostró, además de la prueba de embarazo, mi novio se enojó tanto que le pegó a su hermano, haciendo que su pene se saliera de mí culo, mi novio lo agarró por el culo a su hermano y lo violó, yo me fui corriendo de ahí y no volví más.

    Ahora estoy de novia con una amiga de toda la vida, se llama Mía, está re buena, y prefiero a una mujer antes que un hombre.

  • Exhibición con mi mujer

    Exhibición con mi mujer

    Esta es una historia que no sé si la conté en otro momento. El caso, en unas vacaciones en coche y conduciendo de noche le propuse a mi mujer quitarse la ropa mientras íbamos por una autopista.

    Estábamos muy cachondos y le propuse ponernos a la altura de un camión, encender la luz y al estar a su altura tocar el claxon. Así lo hicimos, nos mantuvimos a su altura unos metros para que el conductor no perdiera detalle. Nos imaginamos que se pondría como una moto, como así fue.

    Unos kilómetros más tarde encontramos un área de descanso. Paramos para acabar follando y cual fue nuestra sorpresa que el conductor también paró.

    Si ya estábamos cachondos eso nos puso como motos. Decidimos salir para follar sobre el coche, y el conductor se bajó, no se acercó pero se quedó mirando hasta que acabamos.

    Y la verdad, estaba deseando que se acercara y participará.

    Si os gusta, opinar y continuaré.

  • Sobre las rodillas

    Sobre las rodillas

    Marta, que acababa de cumplir los cuarenta, miró al becario con semblante serio. Se habían metido en la sala de reuniones y la mujer había cerrado la puerta. No deseaba interrupciones.

    – Juan. Explícamelo, porque sinceramente, no entiendo nada de nada.

    Juan, que el próximo mes tendría 24 añitos tragó saliva. La verdad es que no tenía mucho que decir en su defensa. Desde cualquier punto de vista lo que había hecho era estúpido, irracional y lo peor de todo es que no era cuestión de sincerarse o no, si no que cualquier persona medianamente inteligente llegaría a la misma conclusión, que aquel empleado no era de fiar y la profesionalidad brillaba por su ausencia.

    – No tengo mucho que decir la verdad, la he cagado. – respondió al fin.

    Marta suspiró. Estaba realmente mosqueada con todo ese asunto. Aquel chico parecía listo, sensato, detallista… Y sin embargo los hechos hablaban por si mismos.

    – ¿Qué vamos a hacer contigo? Dime… ¿te echamos?

    Juan levantó la cabeza alarmado.

    Marta suspiró de nuevo, se cruzó de brazos y empezó a caminar de un lado a otro de la sala, pensando.

    A pesar de la situación, el nuevo empleado no pudo evitar fijarse en la mujer. Era atractiva y tenía un buen culo.

    Tragó saliva de nuevo y se ruborizó.

    Paradójicamente, Marta también pensó en su propio culo, pero por razones distintas.

    Sí, parecía haber ocurrido ayer y sin embargo habían transcurrido 18 años desde el incidente. Ella llevaba pocas semanas trabajando, aprendiendo y su jefe, el señor Rodrigo, la llamó a su despacho. Sobre la mesa el informe negativo del cliente y una propuesta de lo más humillante.

    De aquella tarde Marta recordaba las manos de su jefe, grandes y con pelos creciendo en los dedos. También recordaba que hacía calor y que el sudor resbalaba por su frente. Sudor que dibujaba «manchas» en la camisa de aquel hombre y el olor, no a sudor, si no a un perfume fuerte de varón.

    De alguna forma, ella había acabado tumbada sobre las piernas de su superior y con su trasero como diana de las nalgadas. Había recibido una veintena de azotes que la habían hecho sentir de todo. Porque sí, pasado el momento de la vergüenza y el escozor, quedaba una sensación difícil de definir, una sensación que se podía confundir con el placer sexual.

    Marta miró el reloj. Había reservado la sala por media hora y solo llevaban diez minutos. Tiempo más que suficiente para darse cuenta de que aquel chico no iba a aportar nada de provecho… y sin embargo, la idea de dejar las cosas así no parecía apropiada. De nuevo vino a su mente la imagen de su jefe, de aquella tarde. Más allá de la experiencia aquel día había aprendido a, digamos, hacerse mayor y responsable.

    Sí, quizás, después de todo, tenía la obligación moral de que el becario pudiese recibir una valiosa lección.

    – Juan. Esto no puede quedar así. Es hora de madurar y voy a darte una oportunidad más.

    – Gracias.

    – Oportunidad que pasa por darte unos buenos azotes. ¿Qué decides? ¿te caliento el culo durante los próximos diez minutos?

    El becario ni acepto ni rechazó la propuesta.

    Marta tomó la iniciativa.

    – Quien calla otorga. – comentó cogiéndole del brazo.

    – A ver, si vamos a hacer esto bien, necesito que te bajes los pantalones. Una azotaina tiene que llevarse a cabo con el culete al aire si queremos que sea efectiva.

    Un par de minutos después Juan se encontraba tumbado sobre el regazo de Marta con las nalgas al aire, recibiendo los azotes que se merecía por su conducta poco profesional.

    Tenía las mejillas casi tan calientes como el trasero. ¿Qué ocurriría si alguien entraba en la sala? ¿Estaría notando Marta el contacto de su crecido miembro, que, como si se tratase del corazón, había empezado a latir?