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  • De cómo comprobé como mi mujer era infiel

    De cómo comprobé como mi mujer era infiel

    Pasé varios días dándole vueltas en mi cabeza a la confesión que me hizo Eva sobre la relación de su marido y mi mujer. En esos días no tuve oportunidad de hablar con Eva más profundamente sobre el tema, así que me estaba volviendo loco imaginándome escenas de sexo entre los dos.

    Una noche, recién acostado y sin poder dormir, me quedé mirando al techo y se me ocurrió algo inverosímil.

    Al día siguiente entré en una conocida página de venta online y adquirí una mini cámara espía, que grababa en color y además con sonido. Era realmente pequeña, fácil de camuflar y muy difícil de localizar. Así que en cuanto me llegó la desembalé, leí las instrucciones y aprovechando que mi esposa trabajaba y yo tenía un día libre en el trabajo, me dispuse a instalarla. Sopesé cual sería el lugar idóneo en nuestro dormitorio desde el que mejores tomas se realizarían y decidí que sería en una parte en forma de vaso ancho en el medio de la lámpara la cual era de cinco brazos con sus correspondientes tulipas. Era el lugar apropiado ya que el dispositivo debía estar las veinticuatro horas conectado a la red eléctrica mediante un cargador como el de los teléfonos móviles o en su defecto cargar la batería, instalarlo y volver a cargar cuando se descargara. Realicé una conexión al cable de la lámpara, conecté y ya tenía suministro indefinido de corriente, realicé un pequeño taladro de unos 5 milímetros en la base del cubículo y coloqué la mini cámara con la lente centrada en el orificio, fijándola con un trocito de cinta adhesiva de doble cara para evitar que se moviera. Le introduje así mismo una mini tarjeta sd para que grabara e instalé la aplicación en mi teléfono.

    Hice las comprobaciones pertinentes y activé el modo de grabación cuando detectara movimiento.

    Me pasé los siguientes días nervioso, comprobando continuamente mi teléfono cada vez que me saltaba una alerta cuando la cámara detectaba que mi mujer entraba al dormitorio.

    Después de ocho días me estaba replanteando si había sido buena idea instalar la cámara y la inversión que por ser un modelo de calidad era bastante caro. Aparte que pensé que podría ser que sus encuentros fueran en otro lugar. Al noveno día de tenerla instalada me saltó una alarma por detección de movimiento; como estaba en mi trabajo no podía comprobar, así que hasta que fui a los lavabos no pude mirar.

    Ese día le habían dado el día libre a mi mujer y no me había dicho nada. Así que ese día fue el primero de varios que comprobé por mis propios ojos qué ocurría.

    En el teléfono sólo podía ver las imágenes en vivo y en el trabajo no podía mirar. Así que me consumía la impaciencia por extraer la tarjeta sd del dispositivo y visualizar lo grabado.

    A la tarde, cuando regresé a casa, mi mujer me dijo que iba a casa de sus padres, personas mayores a estar con ellos, ver si necesitaban algo y salir a hacerles compra.

    Aproveché estar sólo, extraje la tarjeta y la inserté en el lector de tarjetas conectado a mi portátil.

    Entraron el marido de Eva y mi mujer fuertemente agarrados, besándose sin parar y acariciándose todo el cuerpo como dos posesos. Se quitaron la ropa rápidamente y se quedaron completamente desnudos en cuestión de segundos. He de decir que mi pene es normalito, uno 13 o 14 cm y el de Pepe superaba esa medida, tendría unos 18 cm y bastante gordo.

    Se tumbó mi mujer en la cama y Pepe comenzó a comerse a Inma entera, besaba y succionaba sus pezones, bajaba por el vientre, volvía a subir y de nuevo bajaba. Después bajó a su chochito y le comenzó a hacer una comida de clítoris que no tenía fin. Inma se retorcía y agarraba con sus manos en cruz las sábanas se retorcía con más fuerzas y movía sus caderas como que iba a correrse. Efectivamente Inma comenzó a jadear con fuerza y a gemir cada vez más hasta que se vino.

    Pepe la abrazó, comenzó a besarla y ella le dio un empujoncito y lo tumbó en la cama, ahora fue ella la que comenzó a darle mordisquitos en los pezones, después bajó y comenzó a lamer esa enorme verga como si de un helado se tratara, pasó de lamer a meterse ese voluminoso glande en la boca mientras con la mano lo masturbaba.

    Después de un rato así, Inma sacó un preservativo de un cajón de la mesilla, se lo puso a Pepe y se subió encima, entrando esa verga entera y hasta el fondo sin oposición. Comenzó a cabalgarlo muy lentamente mientras él le agarraba las tetas. La cabalgada duró tres o cuatro minutos, los primeros despacio, como saboreando con su coño aquella verga. El último minuto Inma aumentó el ritmo, Pepe la sujetaba por las caderas y la acompañaba en sus acometidas. Inma gemía como una loca, gritaba intentando ahogar la voz, tensó todo su cuerpo, dio varios empujones hasta el fondo y se corrió otra vez.

    Conmigo lo máximo se había corrido una vez, después yo y se acababa la función.

    Después del impresionante orgasmo de mi mujer, Pepe todavía no se había corrido, no sé cómo aguantaba tanto, así que puso a mi mujer a cuatro y agarrando su miembro lo acercó a la entrada de la vagina y con un movimiento lento y cadencioso se la metió hasta el fondo.

    =Ahora me toca a mí, dijo y comenzó a bombear con acometidas cada vez más salvajes. La sujetó por las caderas entraba hasta el fondo y casi la sacaba para volver a meterla con un ímpetu de verdadero semental. Inma tenía la cara enterrada en la almohada, gemía y gritaba ya sin rubor, tanto era el placer que sentía.

    Pepe aumentó el ritmo, la sujetó por los hombros y con la verga ya metida hasta el fondo comenzó a realizar movimientos circulares y estocada, así durante varias veces hasta que Inma comenzó a gemir más fuerte, le dijo que fuera más rápido, los dos tensaron sus músculos, las piernas de Inma comenzaron a temblar y de un último empujón se corrieron los dos al mismo tiempo.

    Me quedé mudo, ellos se abrazaron, se besaron, se limpiaron y se vistieron.

    Lo peor de todo fue que disfruté viendo a mi mujer siendo follada salvajemente y comprobar que gozó como nunca lo había hecho conmigo.

  • Tuve que decir adiós, con la braga todavía empapada por ti

    Tuve que decir adiós, con la braga todavía empapada por ti

    Un sueño, una realidad, un amor imposible. 

    La lluvia caía con fuerza esa tarde, acurrucada en el sillón del salón con mis piernas ocultando mis pechos y una taza té caliente entre mis manos, la mirada perdida, viendo como las palmeras del jardín eran azotadas por el viento y en una parte de mi cabeza estabas tú, estaba el recuerdo del día anterior cuando me fuiste a recoger al trabajo.

    —Perdona Lara, hay un señor que pregunta por ti. –El teléfono de mi despacho había sonado y la dulce voz de Sonia, la recepcionista de mi empresa, me anunciaba tu visita.

    —¿Perdona?, ¿quién es?

    —Me dice que es un amigo, Jose dice que se llama y te trae un ramo de flores.

    —¿Jose? – Al oír tu nombre me empezó a temblar todo el cuerpo, un escalofrío me atravesó de alegría, pero también… de miedo.

    Nunca nos habíamos visto, le conocí hace ya tiempo por casualidad por medio de un correo que me envió por error y al cabo de pocos días los dos nos sentíamos muy cómodos, había nacido una relación, un amigo al principio y al cabo del tiempo algo más que un amigo. Siempre decíamos de quedar y conocernos y siempre había una oportunidad frustrada una vez más por una cosa u otra y siempre la lucha interna en mi interior, quería si, pero y mi novio, me convencía a mi misma que solo sería una comida, una cena, pero sabía que terminaría acostándome con él, sabía que me deseaba y yo… yo a él también.

    Nada más salir del ascensor, justo enfrente mirando con atención unos cuadros estaba él, alto, delgado, con un ramo de rosas rojas en sus manos y… guapo, muy guapo, todas las chicas que estaban allí parecía que lo estuvieran devorando con la mirada, todas me miraban con envidia una vez que me acerque a él y nos besamos al saludarnos, sentí una especie de escalofrío cuando sus labios rozaron mi mejilla, notaba no solamente como nos miraban sino también sus comentarios silenciosos me atravesaban, así que subí nuevamente a la oficina, cogí mi chaqueta, el bolso y me fui con él fuera de aquel edificio para que pudieran hablar de nosotros, sabía que al día siguiente sería la comidilla de toda la oficina y las preguntas como estas ¿quién era ese hombre?, ¿no es su novio, verdad?, ¿pero, no se va a casar?, qué suerte, un hombre así que le traiga rosas, pero ¿quién es?, no tardarían en aparecer.

    Llovía muchísimo y enseguida nos resguardamos en una cafetería cercana, estaba feliz de conocerlo al final, estaba radiante cuando por fin me dio las rosas y las olí mirándole fijamente a los ojos, no podía parar de mirarle, me parecía increíble tan increíble que me olvide de donde estaba, de que era digámoslo de esta manera territorio peligroso donde mucha gente me conocía como para que dejara que nuestras manos se juntaran y me dejara acariciar con su dedo pulgar suavemente, hablábamos de todo un poco, saltábamos de un lado a otro, los dos estábamos nerviosos y deseosos de besarnos, pero no lo hicimos, en más de una hora hablando solo sentí sus caricias en mi mano y como me hacía el amor con sus ojos, no solo era un hombre atractivo, guapo, inteligente, con buena conversación, era un caballero.

    Con la excusa de ir al baño, me miraba al espejo, me peinaba y me retocaba un poco el maquillaje, pintándome los labios, estaba realmente nerviosa, sabía que tarde o temprano tendríamos que salir de allí y luego… luego que. Una parte de mi cabeza únicamente me indicaba un camino y la otra apoyada por el estado de excitación de mi cuerpo, otra bien diferente. Me miré por última vez en el espejo, el semblante triste de mi rostro lo decía todo, había tomado la decisión correcta aunque fuera en contra de los sentimientos que en esos momentos sentía y salí del baño, nada más salir, en la misma puerta Jose me cogió por la cintura atrayéndola hacía él y me beso en los labios, tuve que apartarme, tuve que decirle que no, pero no solamente le deje que me besara, sino que mis labios se enganchaban a los suyos y nuestras lenguas bailaban como dos bailarines en un escenario donde nada más hay un foco iluminando.

    Jose había hecho lo que tanto deseaba, lo que tanto deseaba yo, pero que no me atrevía hacer y había vencido a los miedos que tenía, me había cambiado la cara y dejaba que en aquel pasillo oscuro sin miradas incómodas me besara y acariciara mis pechos por encima de mi blusa, mi espalda apoyada en la pared mientras que su cuerpo se pegaba al mío y sentía como su mano derecha bajaba por mi costado hasta llegar a mi falda, notaba la excitación en mí, como mis labios vaginales se rozaban con mi tanga, como empezaba a humedecerlo y como mi respiración aumentaba con el corazón latiendo fuertemente. Me había levantado mi falda y con la palma de su mano apretaba mi coño, buscando la manera de bajar un poco mis medias y meterse por debajo de mi tanga, Jose me besaba en el cuello y mi excitación iba en aumento, los jadeos y primeros gemidos aparecieron sin que nadie pudiera notar nada hasta que observe una sombra que se acercaba al fondo del pasillo, instintivamente con las manos le aparte, nos miramos en segundo y empecé a bajarme la falda justo cuando nos cruzábamos con dos señoras que iban al baño y que nos miraban y cuchicheaban. No sabía lo que habían visto u oído, pero pagamos y nos fuimos de allí, él con más ganas de poseerme que antes y yo con el tanga realmente humedecido y pensando en las consecuencias de todo aquello.

    Miraba por el espejo retrovisor y veía que me seguía en coche, no sé ni yo como le dije adiós, quizás no me hizo caso o quizás todo lo contrario y lo que hacía no era más que seguir las instrucciones veladas, quizás el deseo que tenía cuando le dije adiós en el parking.

    —Adiós Jose, me ha encantado conocerte, pero tengo que irme a casa ya, son las cinco de la tarde y tardo unos 45 minutos en llegar y más como está el tráfico, mi novio hoy no llegará hasta las doce de la noche, así que… bueno venga ya nos vemos entonces… si tú quieres…

    Aparco justo detrás de mi coche, la lluvia nos había dado una tregua y salimos del coche sin decirnos nada, solo nos mirábamos, siempre a unos metros de mi Jose vio como metía las llaves en la puerta del jardín de casa, como mirándole desaparecía en el interior del jardín dejando la puerta abierta, luego la del interior de mi casa, dejé el bolso y el abrigo en la entrada, las llaves encima de la mesa sin cerrar tampoco la puerta, oí como la puerta del jardín se cerraba, cuando mis pies sentían el suelo de parquet cuando me quitaba los zapatos de tacón en el pasillo, un poco más adelante oí como la puerta de casa también se cerraba cuando mi chaqueta caía también al suelo, más tarde mi blusa, luego mi falda, iba dejando un rastro de ropa para que Jose me seguirá, para que al final me encontrara encima de la cama con las medias negras y quitándome el sujetador según entraba en mi habitación.

    Ninguno de los dos dijo nada, ninguno de los dos nos atrevimos a romper aquel silencio, aquella magia que nos envolvía, al igual que yo Jose se había ido quitando la ropa y dejándola caer en los mismos sitios donde yo me había desprendido de la mía, yo le miraba fijamente recostada en la cama con mi melena tapando uno de mis pechos, debajo de su bóxer su pene había aumentado de tamaño considerablemente, mi tanga se metía entre mis labios mojándose de los fluidos que empapaban mi vagina, solté un suspiro, un jadeo cuando note como su rodilla tocaba mi cama hundiendo el colchón, tan siquiera me había tocado, tan siquiera nos habíamos rozado y en ese momento cuando le venía gateando hacia mí, me tumbe en la cama, apoyando mi cabeza en la almohada y abriendo mis piernas para que se metiera entre ellas.

    Su piel ya cubría la mía, mis pechos aplastados por el peso de su cuerpo, mis pezones habían aumentado de tamaño y se clavaban en su piel, sus labios besando los míos, nuestras manos entrelazadas subían y bajaban y entre mis muslos podía sentir cómo su cuerpo se apretaba contra el mío sintiendo su pene cada vez más duro, deseando salir de la tela que lo presionaba, notaba como mi coño recibía pequeños empujones. Notaba como mi cuerpo liviano se elevaba y volaba, sentía unas sensaciones que hacía tiempo tenía olvidadas, nos besábamos sin parar, sin separar nuestros labios, sin dejar de morderos suavemente, nos mirábamos y continuábamos acariciándonos, tus manos en mis pechos recorriéndolos y apretándolos, las mías en tu espalda subiendo y bajando por ella casi sin tocarte, había elevado mis piernas y te rodeaban por la cintura sin dejarte casi mover, solamente tu pelvis que apretaba mi sexo, sintiendo la dureza de tu pene en mi coño, los jadeos, nuestra respiración fundiéndose en nuestra boca, todas aquellas dudas se habían disipado hacía ya rato, era libre… libre para quererte, para besarte, para entregarme a ti.

    Separando las piernas, con un giro de mi cuerpo te puse boca abajo, sentándome encima de ti con las medias y mi tanga a medio quitar, mi coño seguía cubierto por mi ropa interior, pero mis glúteos estaba liberados y desnudos, habías intentado quitármelas sin éxito al tener las piernas abiertas, me tumbé sobre ti y mis labios empezaron a recorrer tu cuerpo pintándote del poco carmín que tenía en ellos, con mis manos recorría tus músculos que luego besaba, tu vientre duro y plano sentía escalofríos cuando llegue hasta él y con mis manos empecé a quitarte el bóxer no sin antes dejar mis labios pintados en el cuándo te mordí con suavidad el tronco duro de tu pene.

    Te acababa de desnudar por completo y tu pene se alzaba majestuoso ante mis ojos, mi mano lo recorrían de arriba abajo, te miraba y veía como tus ojos estaban clavados en mí, como deseabas que mis labios besaran tu pene y no quise hacerte esperar, primero un beso corto en tu glande, luego uno más intenso, metiendo medio glande entre mis labios cuando te besaba, tu cara reflejaba todo lo que yo iba buscando en ti en esos momentos, que disfrutaras de mí, de mis caricias y de mis besos.

    Había subido mis manos hasta tu cintura, acariciando tu vientre, mirándote a los ojos, sabiendo que me veías con tu pene en mi boca, ya no solo tu glande en mis labios, sino que mi boca subía y bajaba por tu pene envolviéndolo con mi saliva, podía sentir como te palpitaba, como tus venas se llenaban hinchando tanto tu pene que ya estaba en su máximo esplendor, sabía que te gustaba que mis pechos desnudos rozaran tus muslos, te sentía jadear, te oía gemir viendo como desaparecía dentro de mi boca, con movimientos lentos subiendo y bajando por ella, mordiendo con mis labios tu glande, cogiéndola con mis manos y haciéndola bombear dentro de mí, sabía que te gustaba y era algo con lo que yo había soñado ya desde hacía tiempo, verte así, ver cómo disfrutabas de mí, me había imaginado como serian tus gemidos, como tus besos y caricias.

    Una vez más subí por tu cuerpo lamiendo cada rincón, notando ya que mi vagina estaba tan mojada que al subir mis medias y mi tanga se bajaban hasta dejar mis labios rozar tu piel, dejando un rastro de mis fluidos sobre ella, sentí su pene meterse entre mis muslos y tus manos en mis glúteos cogiéndome las medias y el tanga y bajándome todo lo que pudiste, mis labios se habían acercado a los tuyos y nos empezamos a besar, no podía sentarme sobre ti, mi ropa no me lo permitía y me diste la vuelta, te pusiste encima de mí y empezaste a recorrer con tu lengua mi cuerpo, mis pechos y mi vientre fueron secuestrados por la dulzura de tus besos, me bajaste y quitaste por completo mi ropa interior dejándola a los pies de la cama humedecida a la vez que sentía como tu lengua rodeaba mi clítoris y me hiciste gemir, tragaba saliva, gemía y daba las gracias porque me hubieras ido a buscar.

    Fueron unos minutos increíbles en los que me hiciste sentir tanto placer que casi llego allí mismo a un orgasmo con tu boca succionando mis labios, mi clítoris, con tus dedos dentro de mí metiéndome los muy dentro y luego flexionándolos, rozando todas mis paredes vaginales, mi espalda se arqueaba y mis manos acariciaban tu pelo apretándote contra mí, sintiendo tu nariz respirar en mi vagina, temblaba de placer y te eche de menos cuando empezaste a gatear sobre mi cuerpo hasta darme a probar mis fluidos con un beso profundo, un beso que me hizo olvidarlo todo hasta que me hiciste gritar, hasta que mi cuerpo se arqueó tanto que mi espalda se separó de la cama, tu pene había encontrado con facilidad la raja húmeda y caliente entrada de mi vagina y sin que lo pretenderlo se había metido tanto dentro de mí que me estabas llenando entera con tu polla.

    Quieto, sin apenas moverte estabas haciendo que me deshiciera, sentía tu polla dentro de mí sin moverse, pero tan dentro que no podía ni pensar, solo gemía, solo te abrazaba y rodeaba con mis manos y con mis pies, arañando tu espalda con mis uñas cuando la sentía moverse, cuando la empecé a sentir como se deslizaba fuera de mí y volvía a entrar, como empezabas a penetrarme con suavidad, pero cuando la tenías muy dentro de mí empujas con fuerza y me haces gritar, el bombeo ya no paro, me estabas follando tan al fondo que mis gemidos y gritos envolvieron todo mi cuarto cuando empezaba a ver como el sol se empezaba a ocultar… lo había absorbido todo, toda su luz estaba en mi cara que irradiaba felicidad.

    No podía más, sentía como un orgasmo me iba a hacer explotar y te apartaste, sacaste la polla de mi coño, te pusiste de rodillas abriéndome las piernas poniéndolas en tus hombros, cogiste uno de los cojines de mi cama, me levantaste la pelvis con tus manos y me pusiste el cojín debajo de mis riñones, me mirabas y jugabas con tu polla en mi coño, sacándola y metiéndola solo un poco, metiéndola entre mis labios que se abren y golpeas mi clítoris, yo te miraba, cerraba los ojos y te volvía a mirar, mi boca ya no se cerraba y mis gemidos iban en aumento y una vez más, un grito de placer atravesó puertas y ventanas, mis ojos se abrieron a la vez que mi grito despertaba mis más bajos instintos, con un empujón tu polla me penetraba hasta el fondo, rozando mis paredes vaginales y sacando de mis gritos de placer, un… fóllame, un no pares, un te quiero.

    Tus manos acompañaban a mi cuerpo al encuentro con tu polla que me atravesaba entera, tus caderas se movían hacia delante metiéndome tan fuerte y tan profunda que no era capaz ya ni de gritar, sentía como las fuerzas me abandonan, como mis piernas empezaban a temblar, como mi vientre era atacado continuamente por espasmos incontrolados, mi vagina se contrae así como mis manos contra las sábanas que arrancaba de la cama con mis dedos, mi vagina chorreaba de flujo envolviendo tu polla, en cada penetración la cabecera de la cama golpeaba contra la pared, el sonido acuoso de tu polla al follarme acompañaba a nuestros gemidos, los tuyos como gruñidos con cada empujón, los míos cada penetración. Mi cuerpo empezaba a regalarme uno de los orgasmos más increíbles que jamás había sentido, gemía gritándote que no pararas y no paraste, seguiste bombeando tu polla dentro de mí hasta que con varios gruñidos seguidos de un grito masculino te corriste, sintiendo como me llenabas la vagina con cinco chorros de tu semen, que se unieron al mar de flujo que habías provocado.

    Mis piernas resbalaron de tus hombros, tu cuerpo se fundió con el mío, mis pechos sudados se juntaron con tu piel, tu polla resbalando fuera de mi coño y nuestros fluidos saliendo de mí mojándome los muslos y empapando el cojín. Te besé, te dije con tus labios en los míos, un te quiero, con ganas de repetir lo que acabamos de hacer, con las ganas de que me volvieses a follar y entonces un ruido, como un golpe lejano, cada vez lo oía con más nitidez…

    -¡Joder!

    El ruido de unas ramas golpeaban con fuerza mi ventana, llovía y hacía un viento infernal, eran las cinco de la mañana y me había despertado sobresaltada exclamando aquel exabrupto y como un resorte me levanté con el corazón latiendo sin parar, estaba nerviosa, confundida, tremendamente… excitada.

    Mis ojos empezaban habituarse a la oscuridad de mi habitación, miraba con nerviosismo a mi derecha donde yacía desnudo… mi novio, había sido todo un sueño… solo un sueño, mi novio dormía plácidamente sin inmutarse de lo que me acababa de ocurrir, yo misma no daba crédito, pero lo que sí es cierto que acababa de tener un orgasmo en toda regla, mis bragas, incluso las sábanas de mi cama estaban mojadas, nunca me había pasado algo parecido, nunca un sueño había sido tan real, nunca una vez despierta lo recordaba como si lo hubiera vivido, recordando olores, sensaciones… caricias y besos.

    Me tapaba la cara con las manos resoplando, sonreía nerviosa todavía con las piernas temblando y mi vagina llena de fluidos, me sentía tan feliz a pesar de estar a escasos centímetros de mi novio, me tumbé nuevamente en la cama con las piernas abiertas, las cerraba con fuerza y abría nuevamente, te soñaba encima de mí, sentía lo que acabas de hacer en mis sueños y volvía a sonreír y volvía a llevarme las manos a la cabeza, pero poco a poco la culpa empezaba a ensombrecer aquel momento, tanto que deje de sonreír… tanto… que miraba a mi novio con la culpa de haberle traicionado… tanto que me sentía profundamente avergonzada y a pesar de todo… te seguía queriendo.

    Me levanté para prepararme una taza de té, miraba como llovía detrás del ventanal del salón, en una mano la taza de té y en la otra el móvil con tu imagen, aquella que me enviaste, aquella que te dije que había borrado. No paraba de pensar, de darle vueltas a la cabeza, estaba entre dos hombres sin saber qué hacer, buscando un motivo para dejar a mi novio… buscando un motivo para decirte adiós.

    El teléfono sonó a las seis de la mañana a 360 kilómetros.

    —Hola mi amor… gracias por hacerme el amor esta noche…

    —Gracias por haberme hecho tan feliz…

    —Gracias por ser como eres…

    —Adiós…

    Colgué el teléfono, borré la fotografía y seguí mirando como llovía.

  • ¿Te quieres culear a mi prima?

    ¿Te quieres culear a mi prima?

    Este relato lo intenté hacer breve, pues al igual que la primera experiencia con Sherri, me pareció una relación sexual mecánicamente breve en esa primera vez que ella decidió experimentar hacer su primer oral y anal. Primeramente déjenme presentarles a Lorena, quien es una chica mexicoamericana que conocí cuando me moví a este lado del país. Ella es la esposa de mi jardinero y quien le lleva los libros de la contabilidad y en una de esas interacciones supimos que teníamos química y terminamos follando un día en su casa. Esta es quizá la relación más larga con una chica, pues llevamos más de una década follando y todavía de vez en cuando se da una escapada y nos hundimos en las mieles de tal caliente aventura.

    Y es como por esos días también conozco a la prima de Lorena, la espigada y esbelta Sherri. Ambas están casadas al igual con dos primos que son los que manejan la logística de su compañía de jardinería. Después de un par de años de follar con Lorena y de llevar esta relación clandestina nunca imaginé que Lorena se arriesgara de contarle de nuestra relación a su prima Sherri. Esta chica al igual que lo era Lorena, eran esas chicas típicamente tradicionales en lo que es ese deporte de la cama. Conmigo Lorena se abrió más al sexo oral y anal, prácticas que siempre habían sido un tabú en su relación. De hecho un día Lorena me decía cuando me la culeaba que para mi era su boquita y su culito, y que su coñito era para su maridito. Regularmente era lo que más hacíamos, pues desde que descubrió su primer orgasmo anal, Lorena se volvió adicta a tal práctica.

    Un buen día mientras compartíamos la cama con Lorena sorprendentemente me hace la pregunta y concluye con una propuesta:

    -¿Te gustaría follarte a mi prima Sherri?

    -La verdad que no lo había pensado, pero siéndote honesto contigo, si se me presentara la oportunidad no lo dudaría. Sherri es una chica bonita.

    -Te puedo proponer algo y solo espero que solo quede entre nosotros.

    -Tú sabes que cuentas con toda mi confianza y por tanto con todo mi absoluto silencio.

    -¡Lo sé! Es por eso de que me atrevo a proponerte esto. Mi prima quiere follar contigo, pero más que todo quiere probar el sexo oral y quiere que le den por detrás.

    -¿Tú estás bien con eso?

    -Por mi no hay problema. Tony, tengo la certeza que no soy una chica exclusiva para ti.

    Fue esa mañana que descubría que Lorena compartía ese secreto con su prima Sherri y también me daba cuenta la falta de atención sexual que muchas mujeres conllevan por los tabús que tradicionalmente estamos sometidos. Ya el hecho de follar en otro lugar que no sea la misma cama cambia ese sentido de relación y es lo que muchos hombres descuidamos y nos olvidamos de que también las mujeres tienen fantasías y que la mayoría busca que sus maridos les den placer. Cuando lo hablábamos con Lorena, ella me especificaba que Sherri principalmente buscaba descubrir y vivir lo que imaginaba era un placer oral y anal, que no buscaba una relación extramatrimonial continua. No habría besos o caricias extensas y más bien eran en concentrarse a vivir específicamente eso: sexo oral y anal. Le pregunté a Lorena:

    -¿Quiere dar o solo recibir sexo oral?

    -Creo que ambos… No creo que Sherri haya tenido un pene en su boca o su marido le haya besado esa parte de su cuerpo.

    Hasta este punto no sabría decir que lo que me decía Lorena era una verdad, pero hasta el momento ella y Sherri se han mantenido con la misma historia, pero en el momento pensé era solo una excusa para follar con alguien diferente. Quedamos que Sherri llegaría a mi casa un día entre semana, pues en ese tiempo ella tenía un hijo de solo cinco años y a quien debería llevar al kínder y luego ir por él, lo que nos daba una ventana de tres horas.

    Yo conocía a Sherri, de vez en cuando intercambiábamos palabras y me parecía una chica simpática y un tanto tímida. En lo personal creo que tiene una carita más bonita que Lorena, pero Lorena tiene un cuerpo más curvilíneo, pechos y nalgas más pronunciadas que las de Sherri, quien es más alta. En ese tiempo ella todavía tenía el cabello largo, el cual se teñía de rubio y solo me sorprendía los secretos que conllevaba con su prima, algo que quizá nunca creería si es que no lo hubiese vivido.

    Ese día el guardia de seguridad me la anuncia y minutos después escucho el timbre sonar. Vestía una falda beige que le llegaba a las rodillas, una blusa con tonalidad amarillenta, sus zapatos altos de tacón, una cadena y aretes de oro y un perfume dulce que comenzó a calentar las hormonas. Sabía que estaba nerviosa, se lo podía notar en su mirada y es por eso por lo que fui directo y de una manera mecánica le dije:

    -Bueno Sherri, tú dime si estás dispuesta o lo dejamos hasta aquí. Lo único que te podría decir es que se lo que tú buscas, Lorena me dio los detalles y te puedo prometer que lo que pase entre tú y yo, nadie más lo sabrá. ¿Quieres subir a mi habitación?

    -Está bien… vamos. -me dio por respuesta.

    Ahora que me viene esto a la memoria, lo recuerdo como si se tratara de una clase de sexo. Preguntando y dirigiendo cada paso a dar. Quizá la única libertad que sentía en Sherri era esa confianza en desnudarse ante un hombre y ver a un hombre desnudo. Lo hacía de una manera pausada y dándome la espalda mientras acomodaba su ropa en el armario para que no se le ajara. Llevaba un sostén y un bikini diminuto también de color beige y se sentó a la orilla de mi cama viendo hacia el espejo de mi tocador. Mientras yo me desvestía frente a ella le pregunté:

    -Entiendo que quieres probar el sexo oral, pero ¿quieres probar dar o solo recibir?

    -Los dos. – me dijo.

    Le dejé que me quitara mi calzoncillo, el cual era de esos estilo bikini que me comprimen bien el falo cuando intenta ponerse erecto. Ella se me quedaba viendo aun sentada en la cama y lo descubre. Instintivamente me mira a los ojos y le digo que es suyo, que lo puede besar o chupar como ella quiera. Se lo lleva a la boca, lo atrapa con sus labios mientras con sus manos se apoya tomando mis piernas. Lo besa y lo chupa llevándose lo que más puede a su boca y con los minutos le digo que haga una pausa y que me chupe los huevos, y es lo que ella hace pausadamente. Se pone de rodillas para chupar mis huevos y le debo decir que lo debe de hacer con cuidado. Se quita las secreciones de mi verga que le caen en el rostro y le pregunto:

    -¿Nunca habías mamado una verga y chupado unos huevos?

    -Nunca. -me dijo.

    -¿Qué te parece?

    -¡Me excita! Siempre imagine hacerlo.

    Se volvió a incorporar sentada en la cama y volvía a meterse mi verga en su boca y ahora con mucha más naturalidad. Comencé a hacerle un vaivén leve en su boca y le pedí que parara cualquier cosa que le incomodara. Aceleré ese vaivén y cuando le preguntaba si todo estaba bien, haciendo una pausa me decía que prosiguiera, que todo aquello le estaba gustando y me pidió que quitara su sostén, pues no quería que se salpicara con su saliva o mis secreciones. Ella me tomaba de las nalgas y asimilando todo aquello su mamada era más constante y deliciosa después que le di la advertencia que apretara con sus labios y no con sus dientes. Alrededor de unos 12 minutos más tarde le dije que era hora para mi de probar su conchita.

    Sherri se mantenía con su diminuto bikini de color beige y cuando se acostó en la cama y curveó su espalda para poderle despojar de lo único que vestía, podía ver que estaba empapado de sus jugos vaginales, lo que me indicaba que la mamada que me había dado la tenía excitada. Sherri me abrió las piernas como esperando mi invasión, pero me entretuve mirando su conchita la cual es de labios delgados, y apenas se le sale el clítoris inflamado por la excitación. Tiene un abdomen plano y ningún vello en sus partes íntimas y le toco el clítoris con mi dedo y se lo sobo mientras ella me queda mirando fijamente y le pregunto.

    -¿Te puedo tocar los senos y acariciar los pezones?

    -¡Si usted quiere! – me contestó.

    Comencé en besarle su abdomen y su ombligo. Delicadamente y solo rozando los vellos de su piel, le paseaba la punta de la lengua de lado a lado y de arriba abajo. Dio un pequeño gemido y luego en ese proceso miraba plenamente como su piel se erizaba. Era un día soleado y las cortinas de mi habitación estaban todas recogidas y nos podíamos ver plenamente. Bajé a su entrepierna y amenazaba con llegar a su conchita y es cuando Sherri elevó su primera expresión: ¡Por Dios! Usted si lo vuelve loca a uno. – Y Sherri fruncía los labios.

    Me apoderé de esa conchita y paseaba con delicadeza esa rajadura y haciendo presión de vez en cuando en su clítoris. Fue cuando le tomé los pechos con mi mano y le apreté sus pezones mientras le hundía la lengua en su rajadura que exclamó con una excitación que parecía estaba a punto de correrse: ¡Dios mío! Que rico, que delicioso… usted me va hacer correr. – Sherri encorvaba su espalda y movía su pelvis recibiendo como en un choque mi lengua mientras yo seguía apretándole los pezones. En segundos sentí un vaivén no tan controlado como lo había estado haciendo, pues este solo pareció que movía su panochita sin mover sus caderas y luego encorvó su espalda, sacudió su pelvis sin control o ritmo alguno y se echó a gemir y a vivir su primer orgasmo oral. Con los minutos me pidió que parara, pues aquel contacto oral se le volvía cosquillas difícil de contener.

    Mi rostro estaba empapado de sus jugos vaginales y solo me los limpie con mi propia camisa que estaba a un lado. Le pregunté si quería probar como sabía una corrida o si prefería que me corriera fuera de su boca. Ella me dijo que yo lo decidiera, estaba dispuesta a lo que fuera. Obviamente después de escuchar como Sherri se había corrido, eso eleva mi excitación y solo estaba a minutos de correrme. Sherri por la confianza de los minutos establecida y porque ya había probado tener mi verga en su boca, me dio la segunda fase de la mamada con mucha más confianza y más abierta. Mi verga entraba y salía de esa preciosa boca y Sherri siempre con sus manos pegadas en mis nalgas y con los minutos se lo anuncié y se la sacudí hasta explotar con unos jadeos fuertes y sentir que mis piernas se debilitaban. Fue una eyaculación muy fuerte, pues me duró varios segundos y no dejaba de sentir esa electricidad en mis hombros. La boca de Sherri rebalsó de mi corrida y aquel liquido blanco se deslizaba en su mentón cayendo a sus pechos. Le pregunté si le gustaba a cómo una corrida sabía y ella me contestó: -Un sabor algo raro… algo dulzón.

    Se fue a limpiar y yo me quedé con la verga mojada de su saliva y corrida y esta seguía erecta. Medio me limpié con la misma camisa y cuando llegó Sherri de nuevo a la cama, no dejaba de verme la verga. Para ver si entraba en confianza le hacía la siguiente plática:

    -¿Te gusto el sabor de una verga?

    -Si… usted la tiene muy grande.

    -¿Te parece muy grande?

    -Si… Ya Lorena me había hablado de su tamaño. La verdad que la tiene grande.

    -Ah… Ya te lo había dicho Lorena. ¿Y que más te ha dicho Lorena?

    -Usted no sabe lo que hablamos las mujeres, pero Lorena solo me ha hablado buenas cosas de usted.

    -¿Te gustó el primer oral?

    -¡Me encantó! Me corrí dos veces en términos de segundos. Algunas veces me sucede.

    Pensé que era cuestión de genética, pues lo mismo le ocurre a Lorena, pues ella puede conllevar varios orgasmos en minutos. Solo pensé si Sherri era de igual de orgásmica analmente como su prima. Ambos desnudos y después de descubrir cómo huele y sabe el uno al otro me atreví a preguntarle.

    -¿Dispuesta a vivir tu primer anal?

    -La verdad que sí, pero me siento algo nerviosa.

    -¿Nervios? ¿Por qué nervios?

    -Es que usted tiene tremenda cosota que de solo pensarlo se me enchina la piel.

    -Relájate y verás que puede a llegar a ser tan rico como la corrida que acabas de vivir.

    -Eso me cuenta Lorena. Que sus orgasmos por ahí son mucho más fuertes.

    -¿De veras nunca te lo han hecho? Tu marido nunca te lo ha pedido?

    -No… nunca. Mi marido es de esos a la antigüita. Eso es inimaginable para él.

    -En cambio tú lo quieres experimentar.

    -Si… siempre he tenido curiosidad y especialmente de lo que me ha contado Lorena con usted.

    -Entonces… ¿quieres que te folle por el culo?

    -Si.

    -Dímelo… Dime: -Tony, quiero que me folle el culo. -ella se sonríe como con pena.

    -Tony, quiero que me folle por el culo.

    -¿De veras lo quieres? Entonces dime ¿dónde quieres sentir mi verga?

    -Quiero sentir su verga en mi culo. – me repetía.

    Creo que aquello le llenó de confianza, tener esa libertad de decir esas palabras y a la vez sabía que esas mismas palabras le encendían el morbo. Le fui dando detalles de cómo lo haríamos, que en cualquier cosa que no se sintiera cómoda que me lo hiciera saber. En ese tiempo Sherri tenía 24 años y yo rondaba mis 36. Estaba en la cúspide de mi sexualidad y en esta ocasión adiestrando a una chica de cómo disfrutar del sexo oral y anal y aunque excitante siempre me llega como una lección mecánica.

    Puse a Sherri en cuatro a la orilla de mi cama y comencé a chuparles las nalgas hasta encontrar ese ojete. Intentaba en hundirle mi lengua lo más que podía y por unos veinte minutos me concentré en darle placer con mi lengua en su ano. Incorporé mis dedos donde en un principio le comencé a sobar el ojete con mi pulgar haciendo presión hasta hundirlo y luego se lo chupaba. Al principio no decía mucho y solo miraba como su piel se erizaba, pero con los minutos me decía:

    -Con esto vuelves loca a cualquier mujer.

    -¿Te gusta?

    -Me encanta, me fascina… con razón Lorena esta enculada contigo.

    -¿Te pasará lo mismo a ti?

    -Lo más probable… oh, Dios… tú me vas a volver loca.

    Los dedos se fueron hundiendo en el culo de Sherri. De uno pasó a dos, y luego llegaron a ser tres. Ella mostró algo de molestia pero había asimilado la penetración y le dije que llegaba el momento que ella estaba deseando y solo le pedí que se relajara. Su concha se derretía y mi verga producía liquido preseminal abundante. Intenté en lubricar mi verga con sus jugos vaginales, pero Sherri me detuvo diciendo:

    -No Tony, por ahí no… no quiero salir embarazada.

    -Solo quería embarrar mi verga con tus jugos.

    -No… no me cuido, mi marido quiere que de nuevo salga embarazada y no quiero tomar ese riesgo.

    -No te preocupes… no tomaremos ese riesgo.

    Así de perrito le asomé mi glande y se lo paseaba para lubricar todavía más ese ojete. Le introduje mi pulgar para dilatarlo un poco más y Sherri lo asimilaba más que bien y llegó el momento de empujarle el glande en su apretado ano. Sentí cuando pasó por ese anillo y creo que Sherri se puso tensa que casi lo expulsaba. Se contuvo y solo gimió y me pidió que fuera lento. Creo que me tomó un par de minutos chocar mi pelvis con sus nalgas y toda mi verga estaba adentro. No había mucho movimiento y le dije a Sherri.

    -La tienes toda adentro.

    -Lo sé… siento tus bolas pegando en mi conchita.

    -¿Te gusta?

    -Me fascina… duele, pero que rico siento tu verga en mi culo.

    -¿Así te lo esperabas?

    -No sabía que esperar, pero dejaría que me lo hicieras otra vez.

    Inmóviles y con mi verga ensartada en el culo de Sherri le comprimía la verga en su interior. Ella hacía lo mismo apretando mi falo con su culo. Creo que es algo instintivo en estas condiciones. Con mi mano le toqué la panocha a Sherri y esta goteaba, estaba excitada y con eso confirmaba que sentir mi verga en su culo le producía una sobreexcitación. La tomé de los pechos mientras su culo se acostumbraba a la invasión de mi verga y luego la tomé de sus hombros y comencé a hacerle un empuje vibrante con mi verga como si pudiese hundírsela más. No era un mete y saca, más bien era solo de empujarle más el falo y eso le abría a la vez las nalgas. Ella me lo aprobó diciendo: ¡Carajo… que rico la mueves!

    Con los minutos se la saqué totalmente y le volví a comer ese ojete que le quedaba bien abierto y podía sentir mi lengua en su interior. Sherri solo gemía y sentía como sus piernas y pelvis vibraban sin que pareciese que controlaba tales movimientos. Se la volví a meter y esta vez no fue lento, fue una invasión más directa que se escuchó cuando mi pelvis pegó en sus nalgas. Nuevamente hice el mismo empuje vibratorio y eso parecía encantarle a Sherri. La sabana de mi cama estaba saturada de los jugos de esta mujer. Volví a sacársela y volví a meterle la lengua en ese culo que le quedaba abierto. Me volvía a decir:

    -¡Por Dios… esto es una tortura! De hoy en adelante tú eres dueño de este culo.

    -¿Quieres que te folle por siempre este culo?

    -Cuando tú lo desees… este culo siempre será tuyo.

    Volví a sacarle la verga y nuevamente le hundía mi lengua en su agujero. Cómo contraía ese ojete, se le miraba que le temblaba, sus piernas temblaban e intuí que estaba al borde de correrse. Todo era placer anal, no había manos en su clítoris ni tan siquiera la tomaba de sus tetas. Este proceso de meterle mi verga y chuparle luego su ojete quizá me tomó unos quince minutos más y cuando miraba como sus muslos temblaban, comencé con un vaivén, un mete y saca de mi verga y los embates subieron de nivel. Sherri solo gemía, no decía palabra alguna hasta que sintió su primer orgasmo anal y se fue de bruces contra la cama y yo me fui detrás de ella taladrando ese culo hasta morir y al minuto o dos, le dejé ir una corrida que me duró esa rica sensación más que la primera y caí exhausto sobre la espalda de Sherri, en la cual sentía lo húmedo de su sudor y sus pulmones extendiéndose y comprimiéndose profusamente que nos tomó unos minutos en retomar la compostura.

    No bañamos juntos y pensé que me la culearia de nuevo en el baño, pero ya dos hora y media habían pasado y como toda mujer debe salir a la calle como si no hubiese pasado nada, y el resto del tiempo Sherri lo había contemplado para hacerse de nuevo del maquillaje. Llevaba otro bikini en su cartera y aquel empapado de sus jugos vaginales me lo dejó de recuerdo sobre el buró de mi cama.

    Nos despedimos con un beso y nos pusimos de acuerdo que lo volveríamos hacer el mismo día de la semana próxima. Esto lo hacíamos seguido, al menos dos veces al mes, hasta que Sherri quedó encinta de su segundo hijo un año después. No tuvimos otro encuentro hasta pasados dos años del nacimiento de su crio y cuando volvíamos a coger ya la encontré más llenita, pues aunque sigue siendo esbelta, uno puede ver esa diferencia pues no era de verla todos los días.

    Aquella relación que en esa ocasión parecía algo así como robótica, terminó siendo una placentera y de mucha confianza en momentos posteriores. Pensé que Sherri no buscaba una relación continua, pero creo que yo era su única salida a ese deseo de mamar un pene y que le chuparan su concha y de sentir una verga adentro de su culo. Ella no quería parecer una puta ante su marido y prefería sentirse una puta ante mí. Siempre pensé que algún día haríamos un trio con las primas, pero eso es algo que ellas no se atreven y hasta el día de hoy seguimos teniendo contacto, pues sus marido son los que cuidan de mi jardín y yo de vez en cuando le doy mantenimiento a sus mujeres, que al igual que a cualquier flor, hay que dedicarle tiempo y regarlas para que estén satisfechas.

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  • Mi hermana Hirai

    Mi hermana Hirai

    Soy un chico de 18, mi historia comienza en un fin de semana, estaba en la habitación de mi hermana Hirai quien tiene 25 años, le había pedido que me prestara su computadora para revisar unas cosas. Eran casi las 7 de la noche y mientras hacía mis cosas ella estaba colocándose labial para salir, la verdad esa noche se veía preciosa, llevaba un pantalón ajustado color rojo, tacones y un top negro dejando ver su espalda y su suave piel. Siempre admiré a mi hermana mayor, me consentía en todo y yo era su adoración decía.

    Por unos instantes deje de hacer mis cosas y comencé a observarla, la verdad es que me comenzaba a gustar, no podía negarlo, verla así de bella me provocaba abrazarla, no resistí y mientras ella estaba en el espejo me acerqué a ella y la abracé desde atrás, pasé mis manos por su cintura y le susurré -No salgas esta noche.

    Ella se sobresaltó a mi contacto pero luego siguió aplicándose labial y sonriendo me respondió

    -No me asustes de esa manera pequeño.

    Comencé a tocar sus caderas y a oler su cabello, lo mas lógico es que ella me alejara y me diera una cachetada, me estaba arriesgando pero al contrario de la reacción que pensaba que tendría, ella comenzó a reír.

    -Que haces pequeño.

    -Eres muy bella.

    Acerqué mas mi rostro e hice a un lado su cabello y comencé a darle pequeños besos en el cuello, mientras mi mano bajaba y acarició su vientre y poco a poco metí mi mano dentro de su pantalón acariciando su ropa interior

    -Jack, para.

    -Por favor no salgas esta noche Hirai.

    Mi mano dejó de tocar su ropa interior así que decidí arriesgarme y en un ágil movimiento metí mi mano debajo de su ropa intima

    -Por favor Jack, basta.

    Mi mano comenzaba a acariciar su intimidad, sentí su vello púbico y luego con mis dedos toqué aquel preciado tesoro. Mis dedos acariciaban delicadamente la vagina de Hirai, comencé a notar como ella se agitaba un poco.

    -Pequeño, no hagas eso.

    Mis dedos acariciaban con mas suavidad su vagina, sentía ese exquisito calor y sentí como comenzaba a humedecerse.

    Un gemido por parte de ella intensificó nuestro momento mientras besaba su cuello.

    -Sigue así Jack.

    Ella estaba excitada y comenzaba a disfrutar mientras la acariciaba íntimamente.

    Ella arqueaba su espalda y mis dedos comenzaron a entrar en ella, estaba masturbándola y ella apretaba las piernas mientras comenzaba a gemir más, luego de esos intensos momentos sentí como su vagina comenzaba a estrechar mis dedos. Seguí intensificando un poco más mis movimientos y comencé a hacer círculos en su vagina hasta que de repente ella gimió fuertemente sintiendo su vagina contraerse y en seguida sentí un líquido caliente, mi hermana mayor Hirai estaba teniendo un delicioso orgasmo.

    Instantes después retire mi mano de su intimidad y observando mis dedos los saboree, me encantaba el sabor de Hirai, mientras ella se reponía de tal momento y al verme sonrió un poco diciéndome

    -Esta me las pagas Jack.

    Luego se acercó y me empujó a su cama para luego abrazarme y llenarme de besos las mejillas.

    -Te quiero Jack.

    Me dijo ella y luego de todo mi hermana Hirai no salió y se quedó conmigo. Vimos películas y estábamos abrazados disfrutando de la compañía del otro.

    Nuestra relación de hermanos no cambio desde lo que ocurrió, pero nos unió mas e incluso ella era mas cariñosa conmigo, e incluso teníamos momentos nuestros donde nos la pasábamos besándonos. No sé si en un futuro pase algo mas pero de momento disfruto la compañía de ella lo mas intensamente posible.

  • Amante de mujeres mayores

    Amante de mujeres mayores

    Soy un hombre joven de 27 años y soy de Quito, Ecuador, este es mi primer relato.

    Bueno más que un relato hablaré sobre mis gustos y mis fantasías por llamarlo de alguna forma, desde que era muy joven siempre me sentí atraído por mujeres que sean mayores, nunca he tenido suerte para las cosas del amor, pero con tantas decepciones uno aprende a como comportarse para futuras ocasiones.

    Entonces con el pasar de los años aprendí a tener un poco más de tacto con las mujeres hasta que tuve la oportunidad de conocer a varias mujeres mayores, conocí a mujeres casadas, madres solteras y mujeres divorciadas obviamente yo las convertí en unas putas infieles ya que ellas decían sentirse bien y complacidas al momento de tener sexo con un hombre joven y menor que ellas.

    Pero lo que más me excita es cuando me las estoy cogiendo en alguna habitación de sus casas y hay alguien que nos pueda escuchar, me encanta que escuchen como me cojo a la putita y que escuchen por boca de ellas mismas cuanto les encanta la verga hasta el punto que dicen que quieren mi verga por su culo.

  • Infidelidad, daños colaterales

    Infidelidad, daños colaterales

    El tipo vestido con traje de negocios se decidió por una de las dos rutas para llegar al aeropuerto y el destino hizo el resto. Un atasco y la pérdida del vuelo. Reservó para el siguiente que salía en cuatro horas y veinte minutos. La carta del restaurante llamó su atención, tenían su plato favorito y tenía tiempo.

    Sacó el móvil, busco el número y… finalmente decidió no llamar.

    La chica de sus sueños, con la que llevaba casado un año, le esperaba en casa y no iba a cambiar eso por nada en el mundo.

    Sonrió, ajeno al futuro que acababa de elegir.

    **************

    Una semana después una policía levantó la cabeza del informe que estaba rellenando y se encontró cara a cara con una mujer de mediana edad.

    – ¿En qué puedo ayudarla?

    – Bueno yo… a lo mejor vuelvo otro día. – dijo con visibles muestras de nerviosismo.

    – No se preocupe, lo que tenga que contar quedará entre nosotras. – respondió la agente tratando de tranquilizarla.

    Unos minutos más tarde ambas mujeres estaban sentadas en una pequeña oficina.

    – Aquí nadie nos molestará, dígame.

    La recién llegada se tomó su tiempo. Miró a su alrededor y contempló a la mujer policía durante un rato. Esta última esperó sin dar signos de impaciencia.

    Finalmente la que iba a denunciar habló.

    – Prefiero no decir mi nombre… quiero decir. No quiero que esto se haga público.

    – Está bien.

    – Verá, ayer un varón entró en mi casa y…

    La agente escuchó con atención todo el relato.

    – ¿Tiene alguna prueba?

    La mujer se levantó de la silla, dio la espalda a su interlocutora y se bajó los pantalones.

    **************

    Mientras tanto en la habitación de un piso, el tipo del aeropuerto miraba las fotos de un par de mujeres. Fotos que había tomado la última semana. En algunas instantáneas se las veía reír mientras se hacían acompañar por hombres. ¿Por qué ellas sí y el no? No, ellas también tenían derecho como todo el mundo a estar con alguien, solo que ese alguien, ese marido abnegado que a lo mejor solo vivía para ellas no salía en la foto. Estaban besando a otros, acariciando a otros, tocando el culo de otros hombres a espaldas de sus parejas. Estaban mintiendo. Eso a él hace una semana no le hubiera importado, pero ahora todo era diferente, puesto que esas maestras del engaño eran con las que todo había empezado.

    Miró por la ventana dónde una pareja, en un banco, se estaba besuqueando y tocando lascivamente. Bueno, al menos la primera de esas arpías había pagado. La muy cobarde no quería enfrentarse con la realidad y confesar.

    Su miembro engordó bajo los pantalones al recordar.

    La conocía de vista, después de todo, era probablemente una de las que estuvo con ella, lavándola el cerebro con esa basura que arruinaba vidas. Había estado en su casa con una excusa pueril. Al principio pensó en hacerse con un calmante y como en las pelis de espías clavarle una aguja en la nalga para inmovilizarla. Pero eso, aparte de una maniobra torpe de dudoso éxito, era un delito y él no era un tipo de esos, o al menos no lo había sido nunca. Además, con la velada amenaza valdría, después de todo la muy guarra lo haría con cualquiera, solo que él no le iba a dar placer, no, él quería venganza.

    – Sé que estás engañando a tu marido. – soltó sin más.

    Ella lo miró y su expresión dijo más que un centenar de palabras.

    – ¿Y eso que te importa?

    – Nada, si no fuese por lo que hicistéis.

    La historia, contada con resentimiento y dolor puso en guardia a la mujer. Ese tipo estaba loco y era capaz de cualquier cosa… solo que lo que decía de ella era verdad y ella no estaba preparada para confesar.

    – ¿Qué quieres de mí? – dijo la mujer sin poder esconder el temor.

    El tipo se rio y la miró de arriba a abajo desnudándola.

    – Quiero que te quites la ropa.

    – Me vas… me vas a follar. – respondió la aludida considerando por un momento si la idea de hacerlo con ese pervertido sería una salida aceptable.

    El volvió a reír como un loco.

    – Eres una guarra y no te voy a hacer el favor.

    – ¿Entonces, qué quieres?

    – Castigarte.

    Unos minutos después aquella mujer gritó y pidió que parase, pero él no se detuvo.

    Después silencio, lágrimas.

    – ¿Puedes desatarme?

    – Sí.

    Ella se incorporó con dificultad, estaba más tranquila, su secreto a salvo a menos qué… sí, pensó en las otras.

    **************

    – No puedo hacer mucho. – respondió la agente contemplando el culo marcado de la mujer.

    – Lo sé, esos papeles…

    – Exacto. Firmaste el consentimiento, te dejaste atar, luego los azotes…

    – Ya, práctica sadomasoquista consensuada. – respondió la víctima resignada.

    – Pero vamos, también puedes denunciar, si cuentas toda la historia a lo mejor…

    – Mi marido se enterará.

    – Ya.

    – No quiero renunciar a mi marido. El me da sexo y mucho más. – acabó diciendo resignada.

    «Y además los azotes no te han disgustado. » pensó la agente aunque al rato borró ese pensamiento. Ella no era nadie para juzgar y menos para saber lo que le ponía o no a otra mujer.

    – Quizás se lo cuento a una periodista. – musitó la mujer levantándose.

    La agente la vio alejarse y pensó en la periodista. Menuda historia, si salía a la luz tendría atemorizadas a las infieles del país… o quién sabe, quizás no dormirían resolviendo el dilema de convertir en realidad sus oscuras fantasías.

    **************

    El tipo vestido con traje de negocios regresó a casa con una sonrisa, dibujando en su mente una sesión de besos tiernos y caricias mientras ella cabalgaba con la cara encendida.

    No llamó y entró sin hacer ruido.

    Se oía el agua de la ducha.

    Se quitó los zapatos y la chaqueta y de puntillas, en calcetines, se dirigió al baño.

    La puerta estaba entreabierta y dentro había una mujer en cueros con los ojos semicerrados mordiéndose, sensualmente, el labio superior.

    Luego vio el culo musculoso, peludo y prieto de un varón que tapaba en parte el cuerpo de su esposa.

    En ese momento su mujer gimió al notar como el miembro viril la penetraba por detrás.

  • Le fui infiel a mi amante

    Le fui infiel a mi amante

    Hacía un par de minutos que los dos habíamos acabado en forma genial, yo en su concha caliente, y Analía se sentó en la cama con cara de estar realmente enojada.

    -Desgraciado, vi que los viernes a la noche viene esa mina, y se va el domingo a la mañana, ¿tanto te gustamos las minas jóvenes?

    -Esa en Zoe, tranquila, con ella no pasa nada.

    -No te creo Julián. Me vas a decir que a tremenda mina, con unas minis que son para el infarto, unos top tremendos, que llega y se te cuelga del cuello y te da un pico delante de todo el mundo, ¿no te la volteas? No me tomes de boluda. No tengo derecho a celos, sos mi amante, pero tampoco me tomes de boluda.

    -Analía, Zoe es mi hija. Tiene 22 años. Y viene a pasar el finde conmigo cuando no sale con las amigas.

    -¿Tu hija? Tiene 3 años menos que yo!!!

    -Si, está bien desarrollada la nena.

    Como dijo ella, yo era su amante. Ella estaba casada y vivía con Facundo, de 29 años, ingeniero civil tratando de abrirse camino, y que por las obras, muchas veces tenía que viajar por semanas al interior. Analía, 25 años, “ama de casa”, de un metro setenta de estatura, cabello castaño claro. Muy lindo cuerpo, una mujer muy caliente, y desinhibida. Ellos vivían en la casa de al lado a la mía en el Barrio Cerrado. Con Analía habíamos “arreglado” la parte final del alambrado que dividía las casas para que pudiéramos pasar sin necesidad de salir a la calle.

    Normalmente, cuando su marido no estaba en la ciudad, teníamos sexo todos los días, excepto los sábados que iba a lo de los padres. Cuando estaba en la ciudad, un par de veces por la tarde.

    Yo tengo 40 años, casado de apuro a los 18, padre a los 18, divorciado a los 23. Desde ese momento, parejas cama afuera. Con ninguna convivimos. Mido 1.80 m., tengo buen físico, por culpa del gimnasio y del tenis de los martes y domingos, muy buen pasar económico (soy un importante cardiólogo), y bajo ningún concepto busco relaciones “serias».

    El sexo entre nosotros siempre fue espectacular, ya que como dije, es muy desinhibida y caliente. Vaginal, anal, chupadas, consoladores, estimuladores clirtorianos, eran normales. Y si bien nunca supe si eran reales o no, me contó de varios encuentros con chicas. Ella se consideraba bisexual.

    La charla que les cuento arriba, fue un jueves, y siguió.

    -Julián mañana viene una amiga a cenar a casa, si no viene tu hija, ¿queres venir a cenar con nosotras?

    -No Ana, tranquila, cenen tranquilas.

    -Dale amargo. Es muy amiga, sabe que nos encontramos. Obvio que nunca dije nombres…

    -Bueno. Veo si viene la flaca y te aviso.

    Al día siguiente, al mediodía, le avise que iba a ir a cenar. Y que yo llevaba el postre y vino. Cuando termine de atender, pase por un supermercado y una heladería para comprar las cosas. Fui a casa, me di una ducha y me puse ropa sport cómoda, un ambo con una buena camisa sin corbata. Estaba por ir a lo de Analía, ya entrada la noche, y escuche la puerta de casa que se habría.

    -Papito, echa a todas las trolas que llegó tu nenita de viernes y sábados. Dijo Zoe.

    -Mentira que te dejaron plantada. Dije sonriendo.

    -No me hables, estoy recaliente. Nos teníamos que encontrar a las 20, y menos cuarto me llama que no iba a poder ir. Y yo así vestida. Decí que siempre tengo el bolso listo para venir. Lo agarre, y me vine. Che, decime si te corte algo, porque vos vestido de entre casa no estás. ¿Queres que me vaya?

    Zoe estaba con una micro mini, un top blanco muy escotado, sin corpiño, ultra ajustado que marcaba totalmente los poros de sus pechos, y un saco que tapaba la mini.

    -No, de ninguna manera. Me habían invitado a cenar al lado, ahora aviso que no voy y listo.

    -Juli, andá bolas…

    -Hola Analía, acaba de llegar Zoe, no voy a poder ir a cenar. Le dije cuando atendió.

    -Noooo, Julián tráela a cenar, hice comida para 6 por lo menos. Y yo estoy con mi amiga…

    -Espera que le pregunto, no estaba de buen humor.

    -Zoe, Analía, la vecina te invita a cenar, ella esta con una amiga.

    -¿Es una vieja? Me pregunto al oído.

    -No, para nada.

    -Vamos. Dale.

    -Ahora vamos Analía.

    En vez de pasar por el pasadizo, como íbamos juntos, fuimos por el frente. Zoe, como siempre lo hace cuando caminamos fuera de casa, tomada de mi brazo. Cuando tocamos el timbre abrió Analía.

    -Hola. Dijo Analía sin quitarle los ojos de encima a Zoe. La miraba de arriba abajo, con la boca abierta.

    -Hola Analía, hey, ¿estás? Dije.

    -Perdón, me quede atónita mirando a esta tremenda mujer. Soy Analía, amiga de tu padre.

    -¿Amiga? Soy Zoe, su nenita.

    -Nenita… No me jodas. Dijo Analía sonriendo y le dio un beso en la mejilla.

    -Pasen. Julián, Zoe, les presento una amiga. La Dra….

    -La Dra. Florencia Apesteguía. Médica Clínica del Sanatorio Tres Cruces y del Hospital Sur. Y dicen las malas lenguas, que de las buenas.

    Tanto Analía como Florencia estaban con vestidos muy casuales, pero muy elegantes. Florencia, destacaba por tener mejor físico que Analía, una cara hermosa y estar muy bien maquillada.

    -Perdón, me sorprende tanto el saludo, como el comentario de las malas lenguas. No lo conozco a Ud. Dijo Florencia.

    -No, no hemos sido presentados. Soy el Dr. Julián Romero Paz, Cardiólogo, y Jefe de Cardiología del Hospital Sur.

    -Ud….

    -Yo…

    -¿Entonces, se conocen o no? Preguntó Zoe.

    -Yo estaba haciendo la residencia en el Hospital y hubo un problema con un paciente del Dr., un sábado, yo estaba a cargo de los residentes de clínica. Lo llame al Dr. y discutimos muy fuerte por teléfono. Me volvió loca con preguntas y cuestionamientos a lo que yo quería administrarle a su paciente. Finalmente, lo autorizo. Un mes después, termine la residencia, y me avisaron que por el aval de él, me incorporaban al plantel médico del Hospital. Nunca pude agradecerle Dr., estamos a contra turnos, y por teléfono, no me da. Gracias.

    -Por favor, un gusto. Me divertí mucho volviéndote loca. Dije riendo.

    -Me di cuenta que me estaba probando o haciéndome la vida imposible. Fue muy duro conmigo ese día.

    -Analía, como la llaman, ¿Flor, Florencia?

    -Flor. Dijo Analía.

    -Hola Flor. Soy Julián.

    -Hola Julián.

    -Papito, ya se nota que te están creciendo los colmillos. Ojo. Dijo Zoe.

    Hola Flor, soy la nena de Julián.

    -No me jodas, ¿en serio sos la hija?

    -Si. No digas nada, ya sé que anda con minas de mi edad, o apenas mayores. ¿Vos tenes?

    -28 años.

    -Ups, estas en el límite superior de su target.

    -Zoe, no me bardees, por favor.

    Ana…lia acá esta una torta helada y dos vinos. Con la charla… Dije.

    -Ana…lia… claro. Dijo Zoe y se sonrió picara. Analía se puso colorada.

    Analía sirvió un Martini a todos, y nos sentamos a charlar en los sillones del living. Zoe junto a mí a mí izquierda, Analía enfrente y Flor en un sillón a 90° mío, a mi derecha. Zoe no le sacaba los ojos a Analía y vi que dos veces, separó sus rodillas, permitiendo que Analía pueda ver su ropa interior. Estaba seduciéndola.

    -Zoe, ¿vos estudias? Preguntó Florencia.

    -Sí, Medicina, termino este año. Y si Dios y mi viejo quieren hago la residencia en el Hospital.

    -Increíble que con 22 años estés terminando la carrera. Dijo Analía.

    -Viste como es, no todo es como parece ser.

    La charla siguió y con Florencia empezamos a cruzar miradas intensas.

    -Vayan yendo a la mesa, que sirvo la cena. Dijo Analía.

    Fui el primero en sentarse. Florencia, en un movimiento rápido e inesperado se sentó junto a mí. Zoe la miró y me guiño un ojo. Ella y Analía se sentaron frente a nosotros.

    Analía, nos miraba y sonreía. En un momento, vi que Zoe llevaba su mano debajo de la mesa, y Analía abría los ojos bien grandes. Zoe subió la mano y Analía exhaló bastante aire y siguió comiendo. Yo rozaba mi pierna con la de Florencia que sonreía y no la quitaba.

    Antes de comer el postre, Analía iba a levantar los platos y Florencia fue a pararse para ayudarla.

    -Tranquila Flor, yo la ayudo. Dijo Zoe.

    Entre las dos levantaron los platos y los llevaron a la cocina. Cuando volvieron un par de minutos después, Zoe me guiño un ojo.

    -Ana…lia, por qué no pones un poco de música, y dejamos pasar un rato antes del postre.

    -Dale. Dijo Analía y puso reguetón a pedido de Zoe, que de inmediato se puso a bailar en el living.

    -Lo voy a matar, hoy estaba con todas la ganas de fiesta. Dijo Zoe bailando super sensual.

    -¿Qué pasó? Me pregunto Flor.

    -La dejaron plantada. Le dije.

    -Papito, veni a bailar con tu bebota. Dijo Zoe.

    Me levante y fui a bailar. La desgraciada era una máquina de calentar por como se movía. Analía y Florencia no tardaron mucho en acompañarnos y corrimos una mesa ratona para hacer lugar. Zoe, desplegaba toda su seducción, no ya conmigo, con Analía y Florencia. Pero sobre todo con Analía.

    Al tercer tema, vino hacia mí, me abrazo por el cuello y apoyando su cara contra la mía me dijo:

    -Guacho, te la comes a Analía, y Florencia te quiere bajar la caña. ¿Me la prestas a Analía?

    -No tengo nada firmado con nadie…

    -Gracias papito…

    Y volvió a bailar sensual, pero comiéndose con la mirada a Analía, que por momentos sonreía nerviosa y en otros, devolvía la seducción.

    Cuando todo estaba por desmadrarse, Zoe dijo oportunamente que comamos el postre. Nuevamente fueron Analía y Zoe a la cocina.

    Yo me senté en un sillón doble, y Florencia a mi lado. Analía salió respirando entrecortado de la cocina, con el postre en una mano, y platitos y cucharas en la otra. Zoe, con una botella de champagne y cuatro copas. Analía y Zoe, también compartían sillón.

    -Que buena noche estamos pasando y vamos a pasar. Dijo Zoe mirando a Analía.

    Brindamos por una buena noche y comimos la torta helada.

    -Ana…lia, creo que tu amiga Flor, te quiere cepillar a mi viejo, aunque sea por una noche.

    -No entiendo que decís, Zoe. Dijo Analía casi tartamudeando.

    -Flaca, ninguna de las tres somos santas. Y él, menos.

    Ninguna dijo nada, y Zoe aprovecho para darle un tremendo beso a Analía, que luego de la sorpresa, se lo devolvió tímidamente. Zoe la abrazo por los hombros a Analía, y miro a Florencia, guiñándole un ojo.

    Charlábamos de cualquier cosa y tomabamos champagne. Yo, descuidadamente, apoyaba una mano en una pierna de Flor, que no la quitaba. Terminamos la botella de Champagne y Zoe dijo:

    -Analía, acompáñame a lo del viejo a buscar otra botella. Y tomándola de la mano la hizo levantar.

    -Si tienen sed, tomen agua, vamos a tardar 45 minutos en volver, por el tránsito. Dijo Zoe riéndose.

    Florencia y yo nos largamos a reír. Y Florencia se subió el vestido, se sentó en mis piernas y comenzó a besarme con todo.

    El vestido tenía un cierre en la espalda y lo baje, dejándola descubierta y desabroche el corpiño. Ella saco los brazos del vestido y me puse a chupar sus tetas. Eran hermosas, firmes y con unos pezones turgentes tremendos. Flor gemía y agarrándolos con las manos me los ofrecía para chupar. Yo estaba encantado de hacerlo. Mi verga fue tomando volumen y trate de liberarla.

    Florencia se puso de pie, se terminó de sacar el vestido y fue ella la que bajándome los pantalones y el bóxer lo libero. Se puso de rodillas y primero lo besaba todo, para luego ir chupando y metiéndosela en la boca totalmente. Por momentos me miraba y dejaba de chupar para morderse el labio inferior.

    Chupaba de una manera genial, disfrutando ella hacerlo y por lo tanto, dándome un placer inigualable. Me miró a los ojos y sin dejar de hacerlo, me montó, corrió su tanga y se la metió. Su vagina estaba empapada y era bastante estrecha. Ella fue moviéndose muy lentamente, gimiendo y con pequeños quejidos. Cuando la metió toda, puso sus manos alrededor de mi cuello y me empezó a besar. Sus movimientos se incrementaron, sus besos fueron a mi cuello, mis orejas, mis mejillas, y mi boca. Más se movía, más gemía y me besaba.

    La tenía tomada del culo, lo apretaba y acariciaba su espalda. Hice que se irguiera un poco y le volví a chupar las tetas. Su excitación aumentaba. La tomé de la cintura y comencé a bombearla con ganas mientras ella se movía en círculos sobre mi pija.

    Apretó mi cabeza para que le chupe una teta y me dijo:

    -No pares, por favor. No te detengas.

    No solo no me detuve, sino que aumente mis movimientos, mi succión a sus tetas y le golpee suavemente el culo, pero fue suficiente para que tenga un tremendo orgasmo, que hizo que se detenga y ella aproveche para besarme con todo.

    La hice poner en cuatro patas en el sillón y la penetre de atrás. Flor gemía como loca, me pedía que la coja con todo:

    -Dame con todo, lléname de tu leche por favor.

    Yo la tenía tomada de la cintura y me movía sin parar entrando y saliendo con fuerza de su concha. Le dije que se tocara y con una mano se estimulaba el clítoris.

    Cuando le avise que iba a acabar, ella apretando una teta, y jugando con su clítoris me dijo:

    -Acabame adentro, bien adentro por favor.

    Lo hice y ella tuvo un muy fuerte orgasmo. Me quede unos instantes en su concha y cuando la saque, me senté a su lado. Ella me monto nuevamente y se metió mi pija en la concha nuevamente, para volver a besarme con todo.

    -Seguime. Le dije.

    Tomamos nuestra ropa, y fuimos a mi casa pasando por el pasadizo del alambre. Entramos y escuchábamos los gemidos y hayes de places que venían del dormitorio de Zoe. Buscamos la botella de Champagne, dos copas y nos fuimos a mi dormitorio, yo sin antes golpear la puerta de Zoe y decirles:

    -La botella de champagne está en mi cuarto. Golpeen antes de entrar.

    -Turro, grito Zoe.

    Entramos a mi cuarto, cerramos la puerta, nos sentamos y serví champagne.

    -Es mentira que no te conocía. Te vi varias veces a lo lejos. Y todas las veces, me excite al verte y recordar nuestra “pelea” telefónica. Me gustabas físicamente y me volvía loca que fueras tan cerdo haciéndome sufrir. Si me acercaba a agradecerte, me hacía pis encima.

    -Ibas a quedar mal. ¿Seguís con el de Radiología?

    -Te pasaron mal del chisme, nunca anduve con él. Fue una bola que hicieron correr. Hace años, desde que estaba en primero de la carrera que no tengo novio, ni amigo, ni… alegría. Aunque reconozco que use técnicas digitales y algunas veces con Analía… nos ayudamos…

    -Tiempo presente…

    -Sí, pero solo sexo.

    Golpearon la puerta y eran Analía y Zoe. Les dije que pasen luego de taparme con las sabanas y entraron. Zoe, solo con la tanga, Analía con un toallón atado en el pecho. Se sirvieron champagne y se fueron.

    -Me sorprende e impresiona la relación que tenes con Zoe. Ni ahí parece tu hija.

    -Sí… lo que pasa es que recién a los 18 se fue de casa. La crie solo. Y siempre fue loca, rebelde. Tenía 15 años cuando fuimos a Brasil, y en la playa vio que otras chicas de su edad hacían toples. No pregunto nada y se sacó el corpiño de la bikini. Era lo más natural. Después fueron las charlas de sexo, de cuidarse, acompañarla a una ginecóloga de adolescentes, y cuando se fue a vivir sola, más compañera se hizo. No es la primera vez que yo estoy con una mujer y ella con alguien en su dormitorio.

    -¿No te dice nada que andas con chicas de casi su edad?

    -No, al contrario, le divierte. Una de sus mejores amigas, la conoció una mañana que fuimos a desayunar. Se hicieron amigas, intimas amigas.

    -¿Analía?

    -Una amiga con la que tengo muy buen sexo, y cerca de casa.

    Tomamos otra copa de champagne y nuevamente nos empezamos a besar. Esta vez fui yo quien tenía la iniciativa. Hice que se acueste, y fui besando lentamente desde su frente hacia abajo, centímetro a centímetro, deteniéndome en sus pechos y pezones, al tiempo que mi mano acariciaba y frotaba su vagina.

    -Eso se siente de maravillas. Dijo entre gemidos Florencia.

    Seguí bajando y llegué a su clítoris, lo besé, succioné logrando sacarle un orgasmo.

    -Ahora, es mi tiempo de placer. Le dije, mientras me acostaba boca arriba en la cama.

    Florencia fue a montarme la pija, pero hice que me monte la boca. Los gemidos de Flor se incrementaron, mi lengua jugaba con su concha, penetrándola y saliendo rítmicamente.

    -Dios, me volves loca con tus tiempos de placer. Seguí todo el tiempo que quieras. Dijo Flor.

    Le fui metiendo un dedo en la concha, mientras chupaba su clítoris, ella gemía y me acariciaba la cabeza con suavidad. Tuvo otro orgasmo e hice que se diera vuelta, como para hacer un 69, pero ella sentada sobre mi cara.

    Ella trato de chuparme la pija, pero la detuve diciéndole:

    -Ahora no. Dejame seguir disfrutándote, no voy a tener que decirte cuando sea momento que me chupes.

    Seguí chupándole la concha, y ahora, facilitado por la posición, le volví a meter un dedo en la concha, para estimular su punto G. Ya a esa altura, Flor gemía con todo y se apretaba los pechos. Metí un segundo dedo y los gemidos pasaron a gritos de placer.

    -Julián, me estas volviendo totalmente loca. Sos increíble. Dijo Flor acariciando mi cabello.

    Tuvo un fuerte orgasmo y moví un poco mi boca para jugar con mi lengua en su orto. Ella trato de separarse pero la tome suavemente de la cintura y volvió a acercarse.

    -Juli, por favor no. Soy virgen por ahí. Me da miedo el dolor.

    -No hay problema. Solo voy a jugar con mi lengua un poco.

    -Ok…

    Yo jugaba con mi lengua y ella gemía, pero era notorio que trataba de que yo no la escuche. Tome sus manos y las llevé a sus nalgas. Ella sola, se las separó, permitiendo que mi lengua tenga más libertad para jugar. Como algo natural, fui metiéndole cada vez más la lengua en el orto. Ella ya gemía sin parar. Bajo una mano y se empezó a tocar el clítoris con todo y se metió dos dedos en la concha.

    -No podes darme tanto placer Julian. Grito cuando llego a otro orgasmo. Pasaron unos segundos y dijo:

    -Ahora es mi tiempo.

    Se inclinó hacia adelante y se metió por completo mi pija en su boca. Chupaba como loca, su mano seguía masturbando su clítoris. Busco una de mis manos y la guio para que le meta dos dedos en la concha, mientras la chupaba, ella se tocaba y chupaba mi pija.

    Yo estaba super caliente y me empecé a mover para penetrarle la boca más a fondo. Ella se dio cuenta mi calentura y dejo la cabeza quieta, dejándose coger la boca. En un momento se corrió un poco y dijo:

    -Julián, por favor se suave.

    Y volvió a chupar. No entendí, hasta que tomo uno de mis dedos que le penetraba la concha y lo guio a su orto. Deje que ella sea la que presione para que entre. Lo hizo con suavidad, entro la primera falange de mi dedo medio y ella no presionó más. Se fue moviendo lentamente sacándoselo y volviéndolo a meter.

    Yo estaba a mil. Le metí toda la lengua en la concha y ella dio un grito tremendo de placar. No dejaba de gritar cuando se puso a moverse para cogerse la concha con mi lengua y el culo con mi dedo.

    -Asesino, me estas matando de placer, estoy para que me hagas lo que quieras donde quieras. Totalmente entregada a vos.

    -Quiero verte gozar. Estallar de placer en mi boca.

    -Desgraciado…

    Se movía con todo, me chupaba y masturbaba al mismo tiempo. Cuando le avise que iba a acabar, se metió toda la pija en la boca, y tomando mi mano, la empujo haciendo que mi dedo entre totalmente en su culo.

    -Solo vos podes volver loca a una mujer así, Julián, estoy gozando como una yegua.

    Cuando acabé, fue en sus labios. Tres chorros de semen bañaron su rostro, su boca y su pecho. Ella se dejó caer sobre mi lengua, y sostuvo mi mano para que no saque mi dedo de su orto.

    Tuvo un orgasmo gigante, gritando e insultando con todo. Junto toda mi leche con sus dedos y girando un poco me mostró como se la tragaba de sus dedos. Luego me chupó la pija dejándola bien limpia.

    -Parece que te sacaste bien las ganas, Flor. Dijo Analía, desnuda y abrazada a Zoe desde la puerta.

    -No lo dudes. Polvo histórico en mi vida. Dijo Florencia mientras se quitaba de encima mío.

    -Eso es algo muy… apetitoso. Dijo Zoe mirando mi pija.

    -Zoe, no te pases.

    -Tranquilo. Cuando puedas, te traigo un chico así le das unas clases de como hacer gozar a una mujer.

    -Mejor que la mujer aprenda a gozarse ella misma.

    Se fueron de nuestro dormitorio, y nos dormimos abrazados. Yo me levante temprano, fui a preparar café y apareció Flor, vestida.

    -Buen día, me dijo y me dio un beso en la mejilla.

    -Hola. ¿Te estoy preparando café, preferís té?

    -Café está bien. Gracias.

    -Espera que pongo unas galletitas. Dije y de la alacena saque dos paquetes de galletitas, dulces y salada y las puse en un plato.

    -Gracias. Dijo Flor. Sonreía levemente, como una mujer que se levanta luego de una noche de buen sexo.

    -Flor, ¿Te pasa algo? ¿Hubo algo que hice que te molestó?

    -No Julián, para nada, por favor.

    -No entiendo tu seriedad entonces.

    -Julián, no soy una chiquilina, lo de anoche fue genial, estupendo. Pero soy realista. Fue solo una noche.

    La miré y no dije nada. Lo que había dicho lo podía interpretar como que ella no quería que pase de ahí, o que ella pensaba que yo lo tomaba así.

    Tobamos el café, cuando Analía y Zoe entraron a la cocina en ropa interior. Saludaron y se sentaron a tomar café.

    -Papito, tu amiguita es tremenda en la cama. Se deja coger muy lindo.

    -Zoe, callate. Dijo Analía.

  • Dime, con él o con el succionador…

    Dime, con él o con el succionador…

    Os voy a contar una historia, un relato, una experiencia y mi impresión sobre un tema que nos atañe a todas, aunque parezca un relato para chicas, no lo es, pero si creo que más de una se va a sentir reflejada, otras posiblemente no y seguramente estén en desacuerdo, es normal no todas pensamos y sentimos igual. Lo que sí, es un canto a dos posturas de cómo experimentamos nuestra sexualidad, una reivindicando el cuerpo femenino, otra a nuestros compañeros o compañeras de juegos.

    Las mujeres tenemos un cuerpo maravilloso, lleno de zonas erógenas con el que disfrutamos estando a solas o en compañía, pero me quiero centrar ahora en la masturbación, en la que loca de deseo, ya sea una mañana, una tarde o una noche decides jugar y darte placer, sé que siempre hubo muchos tabúes, pero eso ya pasó hace tiempo, ahora ya hemos roto las cadenas, ahora ya somos libres y no tenemos vergüenza ni para hacerlo, ni tan siquiera para contarlo, si amiga, repite conmigo bien alto y que lo oiga todo el mundo.

    -Yo, también me masturbo.

    Hace años que me masturbé por primera vez, no puedo decir hace cuánto, qué más da, fue hace mucho tiempo, fue una noche de verano pensando en mi novio, aquella noche descubrí por fin mi cuerpo, ya lo había hecho antes, ya lo había experimentado, pero nunca con aquella intensidad y nunca había llegado a terminar, cierto es que él durante la tarde ayudó a que me calentara tanto que al final terminara sola por la noche en mi habitación pensando en él, con mis dedos acariciando mi clítoris haciendo círculos sobre él y metiéndolos en mi vagina, realmente fue increíble, inexperta si, pero increíble, fue la primera vez que sentí como las fuerzas se me escapaban y como pequeños espasmos recorrían mi cuerpo paralizándome mientras evitaba gemir alto para no despertar al resto de mi familia que dormía plácidamente.

    El tiempo fue dándome mas experiencia, haciendo que conociera más a fondo mi cuerpo, ahora sé que mi clítoris es una máquina de matar, de matarme a mí misma quiero decir, pero antes no lo sabía, antes, hace mucho tiempo si es cierto que lo acariciaba, lo rodeaba con mis dedos en forma circular, mojándolo bien con mi saliva o metiéndome los dedos en mi vagina, para que resbalaran bien, lo pellizcaba suavemente y terminaba con dos o tres dedos dentro de mi coño, metiéndolos y flexionándolos dentro de mí tocando mis paredes vaginales a la vez que me pellizcaba los pezones de mis tetas.

    Los pezones, jaaaa, eso es un mundo aparte también para mí, pero en este caso en compañía, solo os diré que es acariciarme las tetas, acariciar mis pezones y ya los tengo en punta y muy… pero que muy sensibles, tanto que por sí solos hacen que mis bragas se empapen, pero esto, shhh, es un secreto entre nosotros. Hay otras partes de mi cuerpo y estoy segura del vuestro que hacen que te pongas a cien, como mi cuello o los lóbulos de mis orejas, cierto es que sigo hablando de una compañía masculina, también femenina para muchas y por eso mi conclusión final, pero antes amigas sigamos con nuestro clítoris, esa arma de matar que tenemos todas ahí escondida, sabéis que tiene una función muy importante para cuando hacemos pis de pie y que así no te mojes las piernas… ja, ja, ja bueno eso, eso es otro tema, eso lo hablamos otro día.

    Los años van pasando y tanto sola como acompañada vas descubriéndote cada vez más, los juguetes sexuales caen un día en tus mano, como arte de magia o como en mi caso, casi siempre por regalos de mis queridas amigas… las muy guarras… ellas saben que las quiero con locura y si, con locura he probado aquellos mecanismos tan sofisticados como un simple pene de látex sacando el lado más lujurioso que todas… todas llevamos dentro, recuerdo un día en mi casa de Madrid, cuando estaba todavía en la universidad, una tarde en que todas mis amigas habían salido salvo yo que tenía uno de los exámenes más complicados y quería dejarlo atrás, tras horas de estudio intenso e ininterrumpido me levante para prepararme un té caliente, encender un poco la televisión y no sé cómo terminé tumbada en la alfombra con mi coño mojado y palpitando.

    Recuerdo que aquel día como uno de los más fríos que pase en Madrid, pero en mi casa siempre hacía demasiado calor, la calefacción central siempre a tope, recuerdo que siempre estaba con ropa muy ligera o directamente solo con las bragas y una camiseta y que desde la ventana del salón mientras me tomaba un té caliente podía ver como la gente jugaba en los campos de golf del canal o paseaba por la calle, recuerdo que todo empezó al pasar una de mis manos sobre el pecho mientras miraba por la ventana, tenía una camiseta de tirantes muy fina y estaba sin sujetador, noté como mi pezón se elevaba y un pequeño escalofrío, me acuerdo que pensé, que ponerme a estudiar podría esperar un poco más y sin más empecé acariciar mis tetas por encima de la camiseta, me la subía pellizcando mis pezones y casi sin rozarme mi piel, mis manos bajaban por mi vientre hasta la frontera donde la goma de mis bragas separan y cubren la zona mas delicada de mi cuerpo, el vaho en la ventana cuando mis dedos acariciaban el vello del monte de venus, cuando separando un poco las piernas, de pie frente a la ventana viendo a la gente pasar, jugar, correr, empiezo a acariciar mi clítoris.

    Fue rozarlo y un escalofrío me activo por completo, mi mente paso del modo estudio al modo placer, me dirigí a mi habitación y sin saber todavía que hacer, abrí el cajón de mi ropa interior, del fondo saque un pene de látex enorme que mis amigas me habían regalado estas navidades, estaba todavía en su caja sin abrir y pensé que ya era el momento de probarlo. Nuevamente en el salón me senté en el sofá y separando un poco mi braga hacia un lado, el capullo de aquel pene rozaba y se metía entre mis labios menores, rozando el anillo de la entrada de mi vagina, cerraba los ojos mientras que con mi otra mano me levantaba la camiseta y liberaba mis tetas pasando las yemas de mis dedos mojadas en saliva por mis areolas, pellizcando mis pezones, las piernas bien abiertas en el sofá notando como aquel pene de látex empezaba a penetrar en mi vagina impulsado por mi mano, haciendo que ésta quien os lo cuenta abriera la boca para inhalar una bocanada de aire y soltarla lentamente al sentir como me estaba follado a mi misma, los pelos del coño se empezaban a mojar cada vez más, las bragas se empapaban al contacto del pene que salía y entraba de mi y termine en la alfombra del salón tumbada en el suelo quitándome toda la ropa quedándome desnuda.

    Me acuerdo que una de las primeras imágenes que me vienen a la mente es verme como me masturbaba, como me follaba delante del cristal de la puerta del balcón, la noche había caído y yo disfrutaba metiéndome aquel trozo de látex en mi coño hasta tal punto que termine con un orgasmo realmente delicioso empapando la alfombra de la cantidad de flujo que expulse aquella noche por mi rajita.

    Hablando de juguetes, los consoladores, desde los más simples hasta los más sofisticados, las bolas, los huevos, son increíbles si es cierto, pero mi preferido es sin duda el seccionador de clítoris, todavía no sé cómo he podido vivir tanto tiempo sin el, quiero desde aquí poder dar las gracias aquel o aquella, que con tanta maestría inventara este dispositivo de tortura y de placer, no sé si estaréis conmigo chicas, pero es… lo más, vale si es cierto estoy con vosotras que el ruidito le pone el punto negativo, si vale que las pilas se gastan, pero que quieres cariño… quemarte el clítoris, todo en su justa medida no, yo solo os puedo decir que doy las gracias por tenerlo en el cajón de mis braguitas, que ha sustituido y llevado casi al ostracismo al resto de juguetes y que la primera vez que lo probé fue como tocar el cielo.

    Yo en particular y recomendada por una amiga lo compré hace como unos tres años, una no se conoce a sí misma hasta que no lo prueba. Mi casa sucia, mi perra con hambre, mis amigos ya me echaban de menos, mi novio con celos de un aparatito y yo, siempre con una sonrisa en la boca de oreja a oreja durante aquellos días que no paraba de usarlo y ahora pregunta que porque sé que las baterías se agotan…

    Es un vicio del que me tuve que desenganchar como cualquier yonqui, tuve que ser fuerte y pasar una abstinencia muy dura si quería seguir teniendo mi clítoris, o a mi novio, únicamente diré a la que no lo haya probado, a qué esperas… no seas tonta y date el placer de unos orgasmos durísimos y súper largos, ahora mismo tengo dos, uno con la opción de penetración y vibración, no hace falta chicas, no hace falta la opción de vibrador, ya con el succionador vais listas eso sí no, no seáis impacientes y empieza poco a poco y no lo pongas al nivel alto que te veo las intenciones, no hace falta, no te lo vayas a quemar lo que ya sabemos.

    La primera vez que lo probé fue estando sola en casa, esta vez tenía muy claro lo que quería hacer así que me quite las bragas, me quite la camiseta y empecé a tocarme los pechos encima de la cama, lo puse en funcionamiento y abriendo las piernas lo empecé acercar a mí, a succionar un poco el clítoris, fue como un escalofrío que me atravesó todo el cuerpo, lo sujete con mi mano en el clítoris para que lo succionara del todo, lo movía un poco y lo dejaba quieto, fue tal el placer que me apartaba los pechos con fuerza, nunca había gritado de placer masturbándome y nunca había sentido al masturbarme un orgasmo tan duro que me llegó a expulsar por mi coño una cantidad de flujo tal, que empape las sabanas de la cama como si me hubiera meado y en tiempo récord.

    Como ya os he comentado mi novio durante un tiempo me echo de menos, durante un tiempo se olvidó a qué sabía mi coño y lo caliente y húmedo que lo tenía cuando me penetraba con su polla, durante un tiempo… si porque es cierto que es un aparato que te puede llegar a matar de orgasmos, si es cierto que me encanta jugar con mi cuerpo y darme placer, pero he de reconocer que el mejor juguete para el sexo que tengo, es él, mi novio que con sus besos, sus abrazos, sus caricias hacen que mi cuerpo reaccione de tal manera que consigue en poco tiempo también moje mis bragas, que mi coño se humedezca de tal manera que cuando le siento dentro de mí me hace volar y si… también disfruto con los orgasmos que me provoca cuando me folla y si, con el también tengo que irme a lavar después de que me llene y me ponga perdida.

    Pero sabes, no le tengo que sacar de ningún cajón donde guardo mis bragas y mis tangas, me gusta demasiado como para apartarle de mi vida y disfruto mucho más quitándole la ropa, que sacar fríamente ese aparatito de su caja, me gusta sentir su piel caliente sobre la mía, como se cuela entre mis piernas y como su pene recorre mis labios y golpea mi clítoris a la vez que mis pezones son secuestrados por su lengua, tiene que aprender todavía a como succionar mi clítoris eso si, supongo que todos tenéis mucho que aprender de esta maquinita infernal, pero al fin y al cabo es una máquina y el lo suple con sus dedos en el interior de mi vagina, con su lengua dentro de mi boca besándome, sintiendo como empieza a penetrarme, como la piel de su polla roza con la piel de mis paredes vaginales y como me llega tan al fondo que siento sus testículos chocar con mi culo.

    Si amigas, esos artículos de placer están muy bien, que digo… están más que bien, están geniales y no los cambiaría nunca, pero… reconozco que no hay dilema hoy por hoy, para mí, el roce de su piel, el olor de su cuerpo, la sensación de tenerlo dentro de mí, hoy por hoy… no la cambio por nada, prefiero a mi novio, prefiero a un hombre, cuidado eso no quiere decir que abandone mis juguetes… vamos ni loca, además por si no lo sabéis o no lo habéis hecho podemos jugar los dos con ellos.

    Pero además… sabéis lo mejor de todo amigas…

    Que a mi novio… hasta ahora, no se le han agotado las baterías.

  • La fantasía que me llevó a convertirme en una esposa liberal

    La fantasía que me llevó a convertirme en una esposa liberal

    Hola, este es el primer relato que me animo a escribir, ya que cada vez que me acuerdo de cómo empezó todo esto hace que me vuelva a excitar muy fuertemente, no hay nada como la primera vez.

    Tengo 36 años, soy mexicana y estoy casada desde hace 6 años con un hombre al que quiero, amo mucho y se ha convertido en mi cómplice. No tengo un cuerpo perfecto más bien soy llenita, cabello largo negro, mis tetas son normales talla 36 B y lo que si me caracteriza un tremendo trasero que siempre me he fijado que la mayoría de los hombres por más discretos que sean siempre los atrapo mirándomelo, y eso, antes me molestaba, después de lo que contaré, cambió mi forma de pensar y ahora me agrada.

    Todo inició en una noche de esas cuando una termina de tener sexo con su hombre, en esas pláticas donde se puede hablar casi de cualquier tema, mi esposo me preguntó acerca de las fantasías sexuales que teníamos, a lo cual pues para mí era un poco difícil hablar de esos temas ya que fui educada de una forma donde siento la mujer es solo vista como una sirvienta y que se dedica a criar más a los hijos que como una pareja y los temas relacionados al sexo eran prohibidos, pues de niña viví en una comunidad rural, un pueblito como le decimos acá en México, a pesar de que mi esposo es un poco más abierto de mentalidad para hablar de esos temas a mí me costaba un poco expresarme, pero él insistió en que me fuera abriendo de mente y le contara, que no sintiera pena ya que no me juzgaría por lo que le dijera, me convenció diciéndome que de la cama no saldría, y fue como me animé a platicar de temas sexuales con él.

    Le conté que una de mis fantasías es tener sexo con un hombre de color, podría sonar a un cliché, pero es que me llaman mucho la atención los hombres de esta raza por el color de su piel, muy independiente de su musculatura y de las dimensiones de su pene, que dicho sea de paso a veces es bueno darse un gusto culposo, pues disfruto mejor un miembro más grande y grueso que me llene. Mi esposo al oírme hablar de eso, noté que se sorprendió un poco porque creo no esperaba que yo tuviera esa fantasía, creo él pensaba que mi fantasía era algo así como ser cogida en un bosque, alberca, dentro de un auto, etc.

    Él me siguió preguntado sobre esa fantasía, lo noté muy interesado, y me preguntó si en mi cabeza había imaginado como sería esa fantasía si es que se llegaba a dar.

    Y lo que sigue es como le conté que a mí me gustaría que fuera:

    Me imaginaba que conocía a un hombre afroamericano por alguna red social, donde después de una charla larga lográbamos llevarnos muy bien y concretar una cita para conocernos en algún lugar tranquilo (cabe decir que le dije a mi esposo que en esta fantasía yo estaría soltera porque de lo contrario para mí sería una infidelidad).

    Una vez que nos conocíamos pues seguir con la charla y citarnos otro día para ir a bailar ya que eso me encanta y después de estar teniendo contacto físico por el baile nos iríamos a un lugar más “tranquilo”, donde yo estaría dispuesta a concederle todo lo que él me pidiera.

    Mi amante y yo entrábamos una habitación de un motel, me gustan las que tienen garaje aunque no vaya uno en auto, para mí son más cómodas por la privacidad.

    Una vez adentro del garaje, besarnos apasionadamente en las escaleras que conducen a la habitación donde yo me moría de ganas por ser la mujer de mi amante.

    Él me ponía de espaldas y me tomaba por la cintura, así subíamos hacia la habitación sintiendo todo su cuerpo y su miembro que unos momentos más sería todo mío.

    Dejaría que me hiciera lo que quisiera porque con un hombre de color me volvería sumisa totalmente hacia él, le obedecería en todo lo que quisiera y obviamente no dejaría de pasar la oportunidad de tener entre mi boca ese gran trozo de carne que tienen entre las piernas, ese hombre de pie, yo quitando cada botón de su camisa hasta desprenderla totalmente de su torso, olerlo y besar su cuerpo. Una vez que entrábamos a la habitación me giraba frente a mi hombre y al mismo tiempo desciendo lentamente hasta quedar arrodilla y esperar que solo baje el cierre de su pantalón para que yo sola encuentre ese miembro para tratarlo bien, pues más adelante será el que me provoque gran placer, tenerlo en mis manos acariciarlo suavemente y darle pequeños besitos en su glande e introducirlo lentamente en mi boca, chuparlo y tragármelo para que aquel hombre extraño se convierta en mi único macho todo el tiempo que estuviéramos en aquel motel.

    Después de chuparlo por un largo tiempo, aflojar su cinturón para quitarle completamente el pantalón y ahora admirar todo su cuerpo totalmente desnudo ante mí, ponerme de pie y besarnos muy apasionadamente, ponerme delante de él y dándole la espalda porque es turno de que me quite el vestido y que caiga muy suavemente al suelo, quedando puesta solamente una tanga que he elegido especialmente para el encuentro, sentir sus brazos como rodean mi cuerpo al mismo tiempo que me besa el cuello y al oído me susurra que voy a ser solo suya. Estando apretada por los brazos de ese macho, me lleva al borde de la cama tan solo para que él se agache y gentilmente me baje la tanga y se dé cuenta de lo mojada y ansiosa que está mi almejita por recibir placer. Después imaginaba que me acostaría sobre la cama, y poner a su disposición todo mi sexo y que me dé un rico oral que tanto me gusta, que me meta lengüita, mojarme toda, señal inequívoca para recibir su gran trozo de carne entre mis piernas.

    Después tendría que llegar el momento más esperado por ambos, hacerme suya al colocarme boca arriba en posición de misionero y que me introdujera lentamente ese gran pene, sentirme suya y yo soltar un gran gemido, sentir el vaivén rápido y duro como me gusta, apretar su trasero mientras me tiene en esa posición, llenarlo de besos en su rostro y pecho mientras él me reclama como su mujer para finalmente fundirnos en un beso largo y apasionado y seguramente yo ya habría tenido semejantes orgasmos, porque si con mi marido siento orgasmos muy placenteros, con mi moreno de fuego creo que serían viaje a las estrellas. Yo siguiendo totalmente entregada a él sin ningún tipo de culpa, tan solo disfrutar de ese momento, después de esa posición de misionero le pediría me cogiera en mi posición preferida, de perrito, donde pondría a su total disposición todo ese gran culo que me observan todos los hombres y que en esa fantasía solo sería de ese macho, mmm que rico estar conectada a él en esa posición sujetándose de mis caderas y sentir sus bolas chocar con mi trasero, después de estar disfrutando de ese rico vaivén le diría que se subiera en mí o de otra forma explicada, que me montara, en esa posición he sentido que es más profunda la penetración y estoy segura que sentiría un gran orgasmo. Así seguiríamos, provocando que nuestros cuerpos sudaran de tanto placer y provocando que la habitación de ese motel sea más caliente, él continuando encima de mí penetrándome y al mismo tiempo apretando fuerte mis ricos melones y besándonos, me encanta que me tengan así en esa posición porque me gusta sentirme “la mujer de su hombre” no sé si me explique, un poco sumisa mas bien.

    Después cambiamos a otra posición, ahora es mi turno de convertirme en una vaquerita y montar a ese macho, acuesto a mi hombre boca arriba y yo coloco mi almejita en la punta de su miembro y lo introduzco lentamente, hasta ser clavada totalmente y estar así hasta que por último se venga dentro de mí, es muy rico sentir el semen calientito y como me inunda, me gusta que una vez termine no se salga de mí hasta que pierda flacidez su miembro, besarnos y recostarme sobre de él por un largo rato, me gusta la sensación de estar así con un hombre y que al mismo tiempo me abrace, es muy ricooo después del after sex.

    Así es como le dije a mi esposo que esa era mi fantasía, pero pues le comenté que tan solo era eso, fantasías, a lo cual a él lo noté muy atento a todo lo que le conté y estaba muy excitado, me sorprendió y me preguntó:

    Marido: ¿Qué me respondes si te digo que me gustaría llevar a cabo contigo esa fantasía?

    Su pregunta me causó un poco de sorpresa puesto que yo le dije que eran solo fantasías, y de ninguna manera me imaginaba con otro hombre por muy moreno que éste fuera ya que me debía a él como esposa, a lo que él insistió:

    Marido: Bueno, es que yo no lo consideraría infidelidad de tu parte puesto que es un acuerdo, yo te propongo llevar a cabo algo de eso para que explores más tu sexualidad y seas más de mente abierta porque no me gustaría caer en la asesina de los matrimonios que es la rutina.

    Le dije que estaba loco, yo pues negándome a todo eso, era muy difícil para mí porque si para él no era infidelidad para mi si lo era porque estaba casada, entonces me dijo:

    Marido: vamos a ver si eres valiente y estás dispuesta a que demos un paso más en nuestra relación y seas de mente abierta, vamos a jugarlo al azar, yo lanzo una moneda, escúchame bien, si tu ganas te propongo una cena en el restaurante de la ciudad que mejor te guste y te incluye un vestido de regalo, uñas y pestañas y los tacones que mas te gusten (sabe que todo eso es mi debilidad), pero si gano, aceptas ir conmigo a un lugar sin preguntar y a participar en una actividad, no te diré cuál actividad, tan solo quiero que vayas dispuesta con la mejor actitud de pasarla bien.

    Entonces le respondí que de ninguna manera aceptaría tener sexo con alguien más porque no estaba preparada para eso, si eso era su actividad pues desde ahorita quedaba descartada y me dijo que no era nada de sexo que incluso hasta yo perdiendo la apuesta aun así salía ganando.

    Me dejó intrigada y acepté porque me prometió que no era nada de sexo, y sobre todo porque yo salía ganando en ambos casos, pero lo que más quería era mi cena y los regalitos que eso conlleva.

    En otro relato les contaré que pasó en esa actividad que quería mi esposo porque efectivamente… me tocó perder.

    Besos.

  • De regreso a casa, me quedo con mi novio

    De regreso a casa, me quedo con mi novio

    Voy a escribir en forma aleatoria todas mis experiencias que he tenido con cada uno de mis novios.

    Era un fin de semana luego de una larga semana de clases yo regresaba a mi ciudad, mi novio me esperaba en la parada de autobuses, cuando llegue él estaba ahí deseoso de verme. Nos besamos nos abrazamos y fuimos a cenar románticamente, luego salimos y empezamos a pasear en su auto y cuando ya era hora de ir a mi casa, me pidió que no lo hiciera, quería me quedara con él esa noche, una propuesta muy excitante ya habíamos tenido sexo antes así que me gustaba la idea, después de mucho planear y pensarlo me anime a hacerlo.

    Fuimos a su casa, ya eran casi media noche y toda su familia estaba durmiendo, así que entramos despacio tratando de no hacer mucho ruido, rápidamente ingresamos a su habitación, a lado de su cuarto estaban sus papás, ya dentro de su habitación empezó a besarme y acariciarme, a tocarme toda por encima de la ropa, la situación era muy tensa y excitante a la vez, esa sensación de poder ser descubiertos me excitaba más, empezó a besarme y de a poco me quito la ropa, cuando estaba completamente desnuda me acostó en su cama.

    Él se quitó su ropa frente a mi, ver esa verga dura mojada y lista para penetrarme me excito aún más, se puso sobre mi y acaricio con su verga mi clítoris, eso hizo que me moje aún más, abrí mis piernas y procedió a introducirla muy suave y profundo, luego de darme verga por varios minutos en esa posición, de un entra y sale de su verga en mi conchita cada vez estaba más mojada y más excitada, decido cambiarme de pose me puso de lado, con su verga adentro movíame movia más y podía sentir como entraba, me llenaba toda, continuamos por varios minutos más, me la metía con fuerza y yo gemía, no sé si su familia escuchaba pero nadie decía nada, así que seguimos, el dándome verga yo moviéndose y gimiendo pidiendo más, saco su verga y volvió acariciar con ella mi clítoris y así llegue a mi orgasmo, luego me tomo de la cintura y me coloco en 4 él ama esa posición porque le gustaba mucho que ver mi cola mientras me penetra así que verla le excitaba más, me metió la verga en mi conchita y continuo dándome fuerte hasta que se vino dentro de mi llenándome mi conchita con su leche.