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  • Con mi primo, mi tía, mi prima y sus amigas

    Con mi primo, mi tía, mi prima y sus amigas

    Juanjo se paró, y con su pija casi erecta, se empezó a masturbar junto a la cara de la madre. Me calenté nuevamente y sin moverme, me empecé a masturbar. Cuando estuve listo, me pare del otro lado de Juanjo y ahora los dos nos masturbábamos frente a su cara. Llegamos casi juntos, los dos bañando a Teresa con nuestra leche. En ese momento tuvo un orgasmo bestial, y cayó sobre el pecho de Sole.

    Sole tomo la cara de la madre y pasándole la lengua, la limpio de todo nuestro semen. Como pudimos nos acomodamos y nos dormimos.

    Así termino nuestro encuentro aquella vez. Por supuesto que con mi primo nos seguimos viendo, pero evitamos comentar sobre eso. Un viernes a la noche, cuando lo pase a buscar por su casa, fue Sole la que abrió la puerta. Juanjo se estaba cambiando, por lo que pasé a esperarlo. Apareció mi tía, y nos saludamos con un beso en la mejilla. Charlamos de temas varios hasta que apareció Juanjo.

    —Chicos, mañana nos reunimos con Marita, Jose y nuestros novios a pasar la tarde en la pile y comer unas hamburguesas a la parrilla, si quieren, están invitados.

    —Bueno, vemos. Dijo Juanjo sin muchas ganas.

    Nos fuimos y muy a nuestro pesar, la noche no estuvo buena, no pudimos “robar” un par de chicas de ninguno de los dos bares que fuimos.

    —¿Vas a venir a la pileta mañana? Me preguntó Juanjo.

    —Si, antes de quedarme solo en el departamento…

    —Si, te espero. Vení a almorzar.

    Al día siguiente, fui a almorzar y Sole andaba en una tremenda bikini por toda la casa, estaba acelerada, excitada por la visita de las amigas y los novios. Teresa, la madre tomaba sol en el parque, con una bikini pero no tan exhibicionista como la de Sole.

    Al rato llegaron las chicas y se metieron a la pileta. Nosotros tomábamos sol y las mirábamos como jugaban entre ellas, y nos miraban. Teresa estaba a mi lado, mirando y sonreía.

    —¿Tía, no iban a venir los novios?

    Se encogió de hombros y sonrió.

    Cuando salieron de la pileta, casi que desfilaron delante nuestro las tres mostrándonos sus cuerpos.

    —Sole, ¿Y Eduardo y los chicos?

    —Ay, que cabeza la mía, me olvide de avisarle a Eduardo. Dijo sonriendo y guiñándole un ojo a las amigas.

    —Pero Sole, como te vas a olvidar. Quedamos que tu novio les avisaba a los nuestros. Dijo Jose casi en tono de burla.

    —Pobre Tonio, se debe estar muriendo de calor en el departamento… Lástima que es tarde para avisarle. Dijo Marita. Recién eran las dos de la tarde.

    Se tiraron a tomar sol, y Marita se puso a ponerle crema a Sole en la espalda y Jose a Teresa. Las franeleaban de lo lindo y nos miraban. Cuando se terminaron se recostaron boca arriba y Jose le pidió a Juanjo que le ponga crema.

    —Bueno, ponete boca abajo. Dijo Juanjo.

    —No… Quiero tomar sol de frente. Dijo Jose.

    Juanjo tomo el pote de crema, puso un poco en la mano y luego de olerla la probó con la boca. Me guiño un ojo y se puso de rodillas junto a Jose. Empezó por los hombros, despacio, fue bajando apenas rozo los redondos pechos y directamente metió la mano por debajo de la tanga de Jose, y le empezó a acariciar la concha con la mano en cremada.

    —Ay Juanjo, ahí me cubre la malla. Dijo sonriendo Jose, que incorporándose un poco, le empezó a acariciar la pija por sobre su malla.

    —Ni diez minutos pudiste aguantar Jose, ¿No te coge tu novio? Preguntó Sole.

    —Sí, pero no con una pija como esta.

    —Nacho, ¿me pones crema? Dijo Marita.

    —Perdoname pero estoy tomando sol. Dije guiñándole un ojo a mi tía.

    —¿Te puedo poner yo? Dijo entonces Marita.

    —Dale.

    Se puso al lado mío y cuando iba a empezar a ponerme en el pecho, me baje la malla, dejando al aire mi pija que ya estaba parada.

    —Ponele crema. Le dije.

    Marita se puso de rodillas junto a mí y empezó a ponerme crema en la pija, suspiraba y gemía mientras lo hacía. Le quite la malla y disfrutaba la vista de su culo y su concha.

    —Ya está Nacho… sigo… Dijo Marita.

    —Ahora chupala bien suave, despacio.

    —No sé si me va a entrar en la boca. Dijo y primero fue pasando la lengua desde las bolas a la cabeza.

    Miré a Teresa y tenía una mano bajo su bikini, tocándose la concha. Noto que la miraba y se puso a mi lado, del otro lado que Marita. Se sacó la malla y volvió a tocarse mientras me comenzaba a besar el pecho. Mientras tanto, Jose le chupaba la pija a Juanjo mientras Sole le comía la concha.

    Marita de a poco se fue metiendo mi pija en la boca. Como podía chupaba y gemía.

    Juanjo la empezó a coger a Jose que gemía como loca. Sole se sentó en la cara de ella para que le chupe la concha.

    —Que putitas que les entregue muchachos, ah primo, esa sueña con que un macho le rompa el culo. Así que… todo tuyo.

    —No hija de puta, esto es muy grande…

    —Dejame a mí. Dijo Teresa.

    Se puso detrás de Marita y separando los cachetes le metía lengua en el culo con todo. Estuvo un rato y los gemidos de placer de Marita eran brutales. Teresa tomo la crema y embadurno los dedos de una mano. Primero fue uno, que por efecto de la lengua, y la crema, entraba sin problemas. Cuando metió el segundo, Marita dio un gemido de placer y siguió chupando.

    —Pendeja, te voy a dejar tan caliente y lista, que vas a pedir por favor que te rompa el culo este animal. Dijo Teresa.

    El tercer dedo entro con facilidad. Tome el pote de crema y se lo di a Marita. Puso un poco en su mano y la pasó por mi pija. Le caía baba por la comisura de sus labios mientras lo hacía.

    —Por favor Nacho, Tere me tiene loca con los dedos, méteme tu pija por favor.

    Las hice hacer un 69 y Marita no le chupaba la concha a Tere, no me importó. Tere le daba con todo con la lengua en la concha de la pendeja. Apoye mi pija en su culo y empuje. Entro hasta el fondo. Ella dio un grito y su cuerpo tembló.

    Fui bombeando de a poco. Tere se salió de debajo de Marita y se puso en mi espalda. Marita quedó en cuatro patas. En la misma posición Juanjo tenía a Jose, pero dándole por la concha. Sole, sentada delante de Jose, haciéndose chupar la concha.

    —Nacho, hacela mierda a la pendeja, pero quiero que acabes en mi culo. Y después quiero que me hagan mierda. Dijo susurrando en mi oído. Teresa.

    Marita y Jose no paraban de gemir, una por la concha otra por el culo. Marita tenía orgasmos y me los contaba orgullosa.

    —Partime el culo Nacho, dame como ningún hombre me dio. Decía Marita.

    Aumente la velocidad y ella gritaba como loca. Tuvo un tremendo orgasmo y se dejó caer en el césped.

    —Ahora me toca a mí disfrutar esa pija. Acostate Nacho.

    Me acosté y ella me montó dándome la espalda. Tomo mi pija con su mano y la guio a su orto. Marita se recuperó y se sentó frente a Teresa tocándose la concha.

    —Mira pendeja, mira como esta puta se mete la pija en el culo, nada de crema, nada de dedos. Dijo y empezó a bajar.

    Su culo se abría despacio, apretando mi verga. La metió un poco y se empezó a mover de a poco. Así se la metió totalmente.

    —Acércate y chupame las tetas. Le dijo a Marita.

    Juanjo tenía loca a Jose, le sacaba orgasmo tras orgasmo. Sole había ido a buscar sus juguetes y se daba con un consolador en el culo. “Rompeme el culo hermanito.” Le dijo Sole y se puso en cuatro patas.

    Teresa la escucho y le dijo a Juanjo: “tráeme esa pendeja”.

    Juanjo la ayudo a Jose, y Teresa las puso a las dos a chuparle las tetas, mientras subía y bajaba con mi pija en su culo.

    —Marita méteme dos dedos en la concha pendeja puta. Dijo Teresa ya loca de placer.

    —Yo… Dijo Marita y tímidamente metió sus dedos.

    —Así, estoy muy loca gozando esta pija en mi culo. Sigan…

    Me empecé a mover, Teresa se dio cuenta que iba a acabarle adentro y tomo la cabeza por los pelos a Marita y la hizo chupar su concha.

    —No, Teresa yo nunca…

    —Pues empeza pendeja, chupame bien la concha. Dijo Teresa.

    Se quedó quieta y así soportaba mis embates en su culo, acabe bien adentro y la llené de leche. Se paró, se puso en cuatro y le dijo a Jose que le chupe el culo que chorreaba mi leche, mientras ella limpiaba mi pija con su boca. La desgraciada no tragaba. Tomo a Marita y le dio un tremendo beso, compartiendo lo que había limpiado.

    Juanjo, que había visto todo, estallo en el culo de Sole con un grito de placer. Nos recuperamos y nos metimos a la pileta.

    —¿Qué les parecen estas putitas? Dijo Sole.

    —Jose muy rica, me falta probar a Marita.

    —Hermoso culo el de Marita, quiero probar el de Jose.

    —Yo no… por favor Nacho. La tenes demasiado grande. Dijo Jose.

    —Veremos. Dije.

    Un rato después, volvíamos a la acción. Juanjo con Marita y Teresa, yo con Sole y Jose. Sole se había puesto el arnés con un consolador de buen tamaño. Se acostó a mi lado y le dijo a Jose:

    —Chupa, date el gusto putita.

    Es muy putita, no hay semana que no me la coja, es muy cerda. Dijo Sole.

    Jose chupaba realmente muy bien, tenía un buen cuerpo, aunque de cara no era muy bonita. Estuvo un largo rato chupando mi pija y el consolador. Sole tomo el pote de crema y puso crema en el consolador y Jose la miraba mientras lo hacía.

    Sole se levantó, se puso detrás y me hizo seña que se lo metía en el culo.

    —Enterrátelo putita, todo en tu culo tiene que entrar.

    Con movimientos lentos, fue enterrando el consolador cada vez más. Me miraba y en su miraba podía ver el placer que sentía.

    —Así putita, enterralo todo y disfruta a Nacho en tu boca. Le dijo Sole.

    Jose gemía de placer, realmente gozaba coger ese consolador y chupar mi pija. Estuvimos unos quince minutos así. Al lado nuestro Juanjo cogía a Marita, que ahora sin pudor, chupaba la concha de Teresa.

    Sole se acostó boca arriba, y le dijo a Jose que la monte. Le metió el consolador en la concha y la hizo acostar sobre su pecho.

    —Ahora te va a partir el culo putita. Te vas a volver loca mi amor. Dijo Sole.

    Puse crema en mi pija, la acerque al orto de Jose y la empecé a meter de a poco.

    —Me duele Nacho…

    Sole le tomo la cara y se dieron un beso tremendo. Yo aproveche y la metí hasta el fondo. El beso ahogo el grito de Jose.

    —Ya paso lo peor, ahora goza a este macho animal. Dijo Sole y la volvió a besar.

    El beso encendió a Jose. Se empezó a mover sobre Sole cogiéndonos a los dos. Más lo hacía más loca se volvía.

    —Esto es una locura, me vuelvo loca, los estoy cogiendo con ganas, muchas ganas.

    Estuvimos un rato, y les dije que quería acabar en sus caras.

    Me pare, las dos se pusieron de rodillas con las bocas abiertas y acabe en sus rostros. Vi que Juanjo cogía la boca de Marita y la enterraba hasta la garganta, acabando ahí.

    Sole y Jose se besaban con todo y limpiaban sus rostros con sus lenguas.

    —Te amo Sole.

    —Y yo a vos boludita. Vas a tener que tomar una decisión. No me banco ser la segunda de ese pelotudo. Y yo lo que hicimos recién, ni loca con él. Solo te comparto con Nacho si quiere cogernos.

    —Lo sé. Ahora no tengo dudas… quiero ser tu novia.

    —¿Te va una triada Nacho?

  • El vaivén del tren

    El vaivén del tren

    En mi país hace de eso ya unos años nos dirigíamos mi compañero y yo al destacamento cercano a nuestra localidad de residencia, con la mente implorando nos librásemos de la tediosa mili, para los más jóvenes decirles que se efectuaba un sorteo de destino y alguno se libraba por exceso de cupo o algún defecto físico, mi compañero lo tenía claro pues no veía un pimiento, caminando por el andén me di cuenta pues se introdujo convencido en la cabeza del tren nada menos que en el habitáculo del maquinista, yo si conduce este tío no me subo pensé, entré, le cogí de la mochila y le saqué al instante “anda vente conmigo chaval, que no tienes ni el carnet de moto…”.

    Llegamos a destino medio mareados por el vaivén del llamémoslo tren, que más bien parecía una locomotora del oeste transportando troncos y troncas.

    Nos pasaron revisión, había que quedarse en gayumbos, los míos blancos de Calvin Klein, mi madre parecía profeta pues ya empezaba a perder algo de pelo, ya en la báscula delante de una sargento buenorra junto a un cabo lelo que la reía todas las gracias, pasó al pesaje y toma de medidas, mirando mi paquete la muy zorra comentó sarcásticamente “mira Mauricio algunos se traen el bocadillo”, el cabo lelo se partía de risa, me callé no vaya a ser que pasase la noche en el calabozo y yo lo que quería era volver a casa, lo que ella no sabía era que lo que ella vislumbraba no era un bocadillo sino media salchicha que ni se imaginaba como sería cuando estaba entera, bueno me metí mi orgullo entre las piernas y pasé olímpicamente.

    Al final de la revisión salimos mi amigo y yo muy contentos, yo pensé librarme por exceso de polla, pero no menos glamuroso y fue por pies planos, ahora entiendo que en ocasiones me quedaba dormido de pie, él tardó en salir, a punto estuvimos de perder el tren de vuelta, pues se metió sin darse cuenta en la cocina y ahí le tuvieron fregando platos un rato, hasta que se dieron cuenta que estaba de paso y rompió un par de ellos.

    Bueno ya en el tren salimos por fin, yo con hambre pensando en la hamburguesa de mi sargenta, que se la había comido allí mismo delante del cabo que se habría quedado alelado del todo.

    Yo sentado frente a mi compañero y en frente al otro lado del pasillo una chica que no estaba nada mal, flaquita con un vestido ligero por las rodillas, que las tenía juntas, digo pegadas, aparentemente impenetrables, me puse caliente vaya, el movimiento ruidoso del tren me relajaba y excitaba, empecé a comerme la boca mientras la miraba, era mi técnica preferida e infalible de incitación al sexo, la chica comenzó a hacer lo mismo, nos mirábamos y nos besábamos en la distancia, nos relamíamos, mi compañero no daba crédito al momento que estaba viviendo, de hecho creo estaba recuperando la visión, todo él eran ojos.

    La chica se fue animando y me sorprendí cuando a ratos se levantaba la faldita, viendo sus piernas blancas, que no habían visto el sol en su vida y una braguita de muchos colores para compensar supongo, mi compañero alucinaba también en colores y ya se había echado mano a su paquete.

    La chica seguía levantando y bajando su falda insistentemente, cual si quisiese evacuar sus calores o volar de placer, ante lo cual pensé la novicia requiere auxilio, no vaya a ser que se me fugue por la ventana que estaba entreabierta como sus piernas por fin, uffff.

    La hice una señal que al final comprendió, pues igual era un poco tontita, lo cual me ponía un poco más, me siguió hacia el servicio que por suerte estaba libre, nos adentramos en él, imposible perderse, a duras penas entrábamos los dos, nos quitamos pantalón y falda primero y mientras nos besábamos yo la bajé sus bragas y ella a mí mi slip blanco, ya los dos más calientes que una locomotora, nos pusimos al lio, me senté en la minúscula letrina y la subí a horcajadas sobre mí, polvo más fácil difícil, solo tuve que agarrarla por la cintura y sentarla encima de mi salchicha que entró tan suave que parecía que la pusieron mostaza, o era lo que segregaba mi partenaire quizás.

    Solo tuve que aprovechar el vaivén del tren para que mi polla entrase y saliese sin apenas esfuerzo, la chica no hacía más que decir por dios, por dios, por los demonios que me corro en un tris, no vaya a ser que llamen a la puerta y nos corten el rollo.

    Ahora si me empleé a fondo y la cogí con fuerza con embestidas repetidas, hasta que ella ya susurraba muy bajito diosss, acabé corriéndome también y nos quedamos abrazados cual espíritu santo.

    Salimos y nos sentamos en nuestros respectivos asientos, sin hablarnos, sin mirarnos, ella se apretaba la falda sobre sus rodillas y miraba hacia arriba, como pidiendo perdón, yo estaba feliz, solo pedía perdón a mi madre pues iba a tener que lavarme los gayumbos de Calvin ya solo casi blancos.

    Mi compañero estaba mareado yo creo que se había masturbado en mi ausencia, había roto sus gafas y las dejó tiradas en el cenicero del tren, sin duda en mi presencia y la de la novicia se había obrado un milagro y mi compañero podía ver.

    La chica se bajó unas estaciones antes de la nuestra, veloz, sin mirar salió del vagón aún acalorada.

    Me puedo imaginar la noche en el convento quizás más de una compañera utilizase sus manos al oír el relato de su compañera, y no para elaborar buñuelos como era lo habitual.

  • Por desear ser cornudo

    Por desear ser cornudo

    Mi esposa, Laia, y yo, Alex, en nuestras sesiones de sexo domésticas, acostumbramos a ponernos alguna peli guarra, preferiblemente de negros con pollas enormes follando esposas… Mientras nos tomamos nuestro gin-tonic, y ella se pone caliente viendo como varios negros follan al mismo tiempo alguna zorrita, y entonces, ya bastante calientes nos vamos al dormitorio…

    En el dormitorio, damos rienda suelta a nuestras fantasías, con ella vestida con alguna prenda sexy y botas o sandalias altas y convirtiéndose en una putilla… una de las fantasías que mas nos enciende a ambos es cuando le pregunto si esta muy guarra y con su afirmación le continuo preguntando si quiere ser mas guarra, y ante su respuesta le comento que quiero verla con otra verga, momento en que ella se levanta y abriendo una caja (que contiene los «juguetes» sexuales) escoge una de las pollas realísticas, normalmente una negra, y chupándola cual mamada vuelve a la cama donde la espero desnudo estirado.

    Entonces, Laia, se estira a mi lado de costado, con su cabeza en mis partes mientras chupa con fruición su polla negra de 18 cm y abriendo sus piernas puedo observar a un escaso palmo de mi cara su chocho depilado que empiezo a acariciar notándolo muy mojado… Entonces, Laia acostumbra a centrar su boca en ese momento en mi polla, mientras que con la mano dirige el pollon realístico a su chocho empezando a follarse y viendo su estado de excitación le acabo por robar la polla para follarla yo mientras ella me hace una mamada… En esos momentos es cuando le pregunto si esta caliente… si le gusta follarse dos pollas… si está muy guarra… y entre chupada y chupada va diciendo: si… si… si…

    En ese momento de máxima calentura cojo a Laia y me la pongo encima, de forma que quedamos en un «69» con ella a cuatro patas mamando mi cipote y yo haciéndole un cunnilingus al tiempo que la follo y oigo sus gemidos… hasta que ya solo follandola con el cipoton negro le voy diciendo: que guarrilla, te gusta? Te gusta que te folle esta polla negra? Te gusta follarte 2 pollas? y siempre responde: si… si… siiii mientras se corría en medio de una corrida que me mojaba toda la cara y caía entre espasmos a mi lado…

    Después, siempre se cortaba y no quería hablar del tema, diciéndome algunas veces que soy un guarro que solo quiero follarla con una polla de plástico o que me gustaría verla follando con otro, y que no entendía como podía ponerme que me excitara verla follar con otro… cosa que es verdad y me ponía secretamente, pero curiosamente, ella nunca quería reconocer que en esos momentos de máxima excitación, se lo pasaba bomba con unas corridas también espectaculares suyas dejando a veces la colcha empapada…

    Fueron pasando muchos meses y muchas sesiones de Cornudo virtual, o cornudo contra una polla negra realística, haciendo esos pseudo-trios, cuando en una de esas veces al preguntarle si le gustaba estar follando dos pollas, de repente, se levantó, y evidentemente enfadada me dijo: Asi que quieres verme follar con otro? No? Te gustaria ver a tu mujer con otro? Y yo un poco descolocado en ese momento no acerte a decir nada, y ella continuando dijo: pues vale, ya decidire yo con quien… y cambiando de postura (dejando el «69») dandose la vuelta, se metio mi polla en su conejo y me lo follo hasta arrancarme mi leche mientras ella tambien se corria, pero sin mojarme, no como cuando la follaba con la polla negra…

    Aproximadamente unas 2 semanas despues, un jueves, de repente, me comenta que ese viernes saldremos de «Fiesta»… comentario de Laia en que se referia a ser una «Fiesta» diferente, refiriendose no a salir a alguna discoteca, sino a salir a un local de intercambio que de vez en cuando vamos en Barcelona… Aunque siempre que vamos es para follar entre nosotros, sin incorporar a otras parejas o terceras personas… Asi que le dije que: Ok!!! Y me empece a poner caliente pensando en que al dia siguiente podria intentar alguna cosa cuando estuviesemos en el local.

    El viernes, despues de cenar, yo me vesti con zapatos, pantalones de pinzas y una camisa blanca de Zara, y Laia… uff… Laia… ella se puso un vestido negro que le regale en Cap d’Agde que es de escote hasta el ombligo, sin espalda y supercorto (apenas llega a tapar el culo) de forma que cuando se agacha un poco, por detras se le ve el coño y el culo, y por delante, como se le suba un poco al caminar le ves el coñito depilado… ni tan siquiera se puso tanga, y con unas medias negras y unas sandalias tambien negras de plataforma de 4 cm y talon de 12 cm estaba radiante… al moverse para verse reflejada en el espejo del pasillo, sus grandes melones (son de una talla 110/115) sin sujetador, se bamboleaban asomandose por el canalillo del escote o saliendose por los laterales… yo ya me estaba poniendo cardiaco… Eran las 23 h y mientras Laia cogia un abrigo 3/4, de repente suena su movil y al mirarlo, se rie maliciosamente y mirandome me comenta: Cariño, hoy iras tu solo al local… yo he quedado con Alberto…

    Con la boca todavia abierta, veo como se despide de mi dandome un beso en ella, y saliendo cierra la puerta… Salgo detras de ella y veo como se aleja y sube a un BMW negro donde intuyo la figura de Alberto…

    Alberto… quien es Alberto? Bien, alguna vez me ha hablado de el… fue un follamigo pijo de mucha pasta, con el que estuvo follando durante un año antes de empezar a salir conmigo. Por lo visto estuvo muy enganchada a su pollon… segun me conto, el Alberto ese tiene una tranca de 22 cm que la taladraba hasta correrse de placer… y claro, mis 15 cm estan bien, pero no son su taladro… Bueno, parece ser que Laia ira al local de intercambio con Alberto como pareja, y claro, yo si voy, sere un chico solo que quiere buscar un trio con una pareja en el dia de los trios… Entro en casa, cojo las llaves de mi coche y salgo para Barcelona. Vivimos a una hora de la ciudad, y la idea era llegar sobre las 12 de la noche, que es cuando se empieza a llenar…

    Asi que llego a la zona alta de Barcelona, aparco, y me dirijo al chalet esperando encontrarmelos dentro. Tengo algunos problemas, ya que controlan la cantidad y el tipo de hombres solos que acceden, pero al enseñar el carnet de socio (de pareja socia del Local…) acceden y puedo entrar. Empiezo a recorrer las salas del Chalet y no los veo… Bajo a la mazmorra y tampoco. Arriba en los pisos superiores (con las salas de camas) no dejan acceder si no es con alguna pareja, asi que me dirijo al jardin y tampoco los veo… o estan arriba ya follando, o estan en la discoteca (al final del jardin), asi que me dirijo a ella… hay parejas bailando y algunos hombres en la barra, asi que me aposento en ella mientras pido un gintonic y acabo descubriendo a mi mujer y Alberto bailando juntos…

    Alberto esta bailando con Laia abrazandola por detras y escurriendo sus manos por el lateral del vestido cogiendole los pechos, mientras ella se contornea refregando su culo sobre el bulto de su pollon… cuando se acerca un chico joven, de unos 35 años y empieza a bailar enfrente de ella…

    Laia continuaba bailando y acariciando con su culo el cipotón de Alberto mientras este le aguantaba, por detrás, sus melones para que no se saliesen de detrás de las tiras estrechas de tela que pasando por detrás de su cuello bajaban hacia su ombligo haciendo un escotazo impresionante… El chico se acercó por delante de Laia y empezando a bailar enfrente de ella observo como le come con la mirada sus pechos…. Como Laia esta de espaldas a la Barra, donde estoy yo, no creo ni que me haya visto ni sepa que estoy viendo todo perfectamente…

    El chico pone sus manos en las caderas de Laia y veo como tanto ella, como Alberto, dejan que este progrese agarrándose bien a ellas. Inclina su cabeza, el chico, debe de medir 1,90 m y empieza a morrear a Laia que se deja hacer… la muy zorra ya no me queda claro si pretendía hacer un trio conmigo o con Alberto y otro hombre… El chico mueve sus manos y mientras una la introduce por el canalillo acariciando indiscriminadamente sus pechos, la mano derecha la baja y apenas levantando un poco el vestido intuyo que le está tocando el coño… Continúan un rato así los tres y veo como Laia se acaba recostando sobre Alberto y de repente un latigazo recorre su cuerpo y los dos hombres se ríen… entiendo que se ha corrido. Ya veo que Laia va muy en serio con su apuesta de hoy…

    Veo que hablan los tres y de repente al girarse hacia mi posición, Laia me ve, y cuchichea algo con Alberto…. y atisbo una media sonrisa en su cara. Cambian la decisión (parecía que se dirigían hacia la Barra) y saliendo de la zona de Discoteca se dirigen al jardín sentándose en uno de los sillones circulares con una especie de dosel de medialuna que da intimidad. Salgo detrás de ellos y me sitúo cerca, a escasos 4-5 m… Laia se ha sentado con Alberto y fuman un cigarro mientras hablan…. Al cabo de unos pocos minutos, detrás mío aparece el otro chico con bebidas para los tres (parecen 3 gin-tonics) y se sienta al otro lado de Laia, quedando ella entre los dos. Charlan muy animados y Laia se ríe mucho. Como hablan alto voy entendiendo parte de la conversación y parece que el chico joven se llama Carlos. Laia le cuenta a Carlos que está muy caliente y con ganas de probar otra polla que la de su marido “Alberto” y que por esos habían venido… Carlos se emociona, pero Laia le para los pies rápidamente preguntándole cuales eran sus atributos, a lo que este responde que toque, cosa que hace poniendo su mano derecha encima de su paquete y observo una cara de satisfacción…

    Laia abre sus piernas y desde mi posición puedo verle el chocho, mientras ambos empiezan a acariciarle las piernas subiendo hacia su potorro, al mismo tiempo que van alternando besuqueos entre el cuello y su boca… Las otras manos se lanzan sobre las aberturas del vestido para magrearle los pechos y su cara de placer y suspiros son evidentes… abre más las piernas y las manos de los dos se turnan para meterle dedos dentro de su coño y acariciarle el clítoris… Laia empieza a retorcerse de gusto, y dejándose caer sobre el sillón puedo ver como le salen dos chorritos de su coño, que representan su nueva corrida… yo he sido observador privilegiado de las acciones de mi mujer y ella ha sido más que consciente.

    Carlos y Alberto la besuquean en los labios, mientras le acarician tiernamente los pechos, y ella relajándose un poco, les comenta que quiere algo más, que quiere cumplir la fantasía de estar con su marido (Alberto) y alguien más. Así que cogen los tres y suben para arriba, y en las escaleras el portero de la zona alta deja que pase Carlos con ellos dos al ir en grupo… Yo lo intento y el mismo portero me comenta que no, que solo pueden subir parejas o tríos… Laia me mira de reojo mientras sube y me esboza una perversa sonrisa maliciosa al ver que no puedo pasar…

    Me quedo un poco descolocado, y en eso que se acerca una pareja (seguro que se han pensado que soy chico en busca de pareja), bien parecidos ambos, Joan bastante parecido a mi, pero con el pelo mas blanco, de unos 50 años, y Sonia, una morena alta de 1,70 m y pelo largo rizado, de unos 45 años muy bien llevados vistiendo unas botas negras mosqueteras, unos shorts muy cortos, y una camiseta ajustada de rejilla que le llega hasta debajo de sus pequeños pechos, que transparentan entre la rejilla. Me tocan en el hombro y después de presentarse me comentan que me han visto quedarme sin poder subir con aquel trio, pero que ellos también están buscando un chico para Sonia, y que parezco “majo”, que si me interesaría conocernos todos mejor arriba… Me sorprende la propuesta, no la esperaba para nada, ni tampoco era un tipo de situación que me hubiese planteado, pero accedo como paso imprescindible a poder subir… A Sonia se le ilumina la cara y me da un morreo mas que apasionado, mientras oigo a Joan reírse… Y ahora si que me dejan pasar por las escaleras.

    Subimos mientras Sonia no paraba de sobarme el culo… Nos vamos asomando en las diferentes habitaciones, pero no parecen convencerles, y yo tampoco veo a Laia, y deciden subir la siguiente planta, de la torre. Pasamos por la barra y veo que Joan se queda pidiendo unos cubatas para ellos y Sonia me lleva al final de la Sala, delante de la terraza-mirador y nos sentamos en una especie de butacones. Sonia me roba un poco de gin-tonic y en eso llega Joan que se pone al otro lado de su mujer. Empezamos a hablar de tonterías mientras Sonia desliza su mano a mi pierna y empieza a subir hasta llegar a mi paquete, el cual empieza a acariciar, mientras este va creciendo… Me pregunta si no me gusta ella, ya que estoy muy “pasivo” y reacciono concentrándome en ella y acariciando sus pechitos mientras la beso. Joan veo que empieza a hacerle una paja a su mujer y esta a gemir…

    Ya nos vamos calentando los tres, cuando Joan se levanta y cogiendo de la mano a su zorrita, se la lleva hacia una especie de sala de camas lateral en la torre… Ella rápidamente también me coge de la mano y estirándome me levanta para que los siga… Entramos en la zona de camas que es una estancia alargada, y oigo grandes gemidos hacia el final de esta (zona que está muy obscura) con fuerte sonido de repicar de huevos contra algún chochito muy húmedo, mas bien chorreando, aderezado con el sonido de los borbotones de una mamada muy salivada…

    Joan se quita los zapatos y la ropa dejándolos fuera de la zona de colchones y Sonia se amorra a la pollita de apenas 8-10 cm de su marido, de cuatro patas… Veo el culo en pompa y me fijo en que los shorts de vinilo de Sonia disponen de una cremallera doble de las que se abren en ambos sentidos (espalda hacia el chocho y viceversa) y que permite partir los mismos en 2 piezas o abrir cada una de las cremalleras hacia los extremos, permitiendo tener acceso a su conejito y el agujero de su culo sin piedad… Al hacerlo, me sitúo debajo de ella para para lamérselo y veo como la muy guarrilla lleva puesto un plug con una especie de diamante de cristal de un color azul claro…

    Joan se mueve de debajo de su mujer, saliendo, y ella se recoloca en la postura del “69” conmigo agarrándose a mi polla y noto como me la empieza a devorar con fruición a grandes lametones muy babosos… Empiezo a ver las estrellas y tengo que concentrarme en chuparles ese conejo de grandes labios depilados que me caen encima de la cara, y noto como me está empapando la cara…

    Por el fondo de la Sala, tienen una fiesta grande, vaya polvo que le están pegando a alguna, ya que, con el sonido de repicar escandaloso de polla y huevos con alaridos acompasados, alguna putilla se lo está pasando bomba… De vez en cuando entiendo alguna frase suelta: -Venga cabrón, fóllame como un hombre ¡!!!- , – Guarro, mira como se folla un hombre a tu mujer…- , -Dame polla!!- , -Te gusta ver a tu zorra como la follan?- , -Mira cabrón, la puta que tienes de esposa… – y lindezas del estilo…

    Entre la fiesta del fondo y la mamada de Sonia, cuesta concentrarse en el cunnilingus que le estoy haciendo… cuando aparece Joan empalando con su pichita a su zorra y esta empieza a jadear entre la follada de su macho (que con el plug debe de notarla más) y mis lametones a su clítoris al cabo de pocos minutos empieza a gritar de placer, disparando su conejo chorros de corrida y entre convulsiones cae redonda en el colchón… yo he estado a punto de correrme, pero no, y al limpiarme la cara (de la corrida de Sonia) veo como ella estirada con la piernas abiertas, le empieza a escurrir el semen de su marido de su vagina… Vaya… buena suerte los dos… ellos se han corrido… Sonia balbucea un: gracias, muchas gracias chaval, y se abrazan los dos.

    Miro hacia el fondo e intuyo en la obscuridad una escena verdaderamente salvaje… Una chica esta a cuatro patas, insertada por un hombre que por el ruido de las embestidas debe ir bien servido de pollón, mientras ella pajea a dos hombres mas con sus manos y los alterna con un tercero a mamadas… Uff vaya imagen entre sombras… la moza es un pedazo de putón y me calienta solo de ver la escena entre sombras… veo que se acerca alguien desde el fondo y es un chico de poco mas de 30 años que viene todo sudado y cara desencajada… Se para delante mío y me comenta: Vaya pedazo de guarra la puta esa… Su marido tiene un pollón que acojona y la muy guarra lleva un buen rato follándoselo sin parar con mas de media docena de corridas… Y de mientras va liquidando a los Singles que estamos aquí para follar con las parejas a mamadas… La guarrilla me ha dejado seco… Me la ha comido dos veces y me ha dejado sin leche… Oye, si quieres que la puta te la mame, ves, porque seguro que a esos tres los deja “secos” en nada…

    Así que un poco a tientas voy hacia el final de la Sala, me acerco con precaución, solo veo sombras de cuerpos, y el marido que está empalando a su mujer se da cuenta que estoy apareciendo por el lado derecho y oigo como dirigiéndose a mí me dice:

    -Cariño, te traigo otro cabrón… A ver si este te lo follas y le demuestras lo puta y guarra que eres…

    Empiezo a acariciarla, el culo, le toco los pechos, y: madre mía¡! Que pedazo de melones¡! Y le estiro de los pezones y oigo sus gemidos entre las lamidas de polla, cuando empieza a gritar: aggh, agh, agh… y golpeando repetidamente con una mano el colchón, intuyo que se ha corrido… Se cae de lado, y mientras jadea, su marido también cae a su lado… ambos se han corrido. Los tres chicos también dan grititos de placer, y parece ser que se la han acabado de “cascar” la polla con la mano, lanzando su semen sobre la mujer… Parece ser que también he llegado tarde… vaya día que llevo¡!! La mujer va teniendo convulsiones todavía de su corrida y se abraza a su marido.

    Los tres chicos se retiran y cuando yo voy a realizar lo mismo a ver si encuentro a mi mujer, que debe de estar follando en algún lugar con Alberto y quizás el Carlos, veo que la mujer que solo lleva unas medias y sandalias incorpora su cuerpo poniéndose a cuatro patas y empezando a lamer la polla de su marido… Vaya marcha que llevan estos dos… Veo (más o menos entre la obscuridad…) que el marido va servido de polla… bien, más bien pollón, porque a oscuras va creciendo por momentos y se intuye enorme… y su mujer empieza a mover sus caderas hacia mi (creo que quiere que le haga un trabajito), así que me deslizo entre sus piernas y empiezo a hacerle un trabajo de “bajos”, ¡pero madre mía que pedazo de coño que tiene la putilla! Tiene el agujero de su vagina tan dilatado que podría entrar un puño sin problemas… ¡No me extraña! Con la tranca que calza su marido y follando un buen rato, se lo ha dilatado un montón… y la muy zorra lo tiene chorreando!!! Le estoy lamiendo el clítoris y le va cayendo fluidos de lo caliente que esta la muy guarra… Bufff, me está poniendo horrores esta zorrita… ya me gustaría tener una así en casa¡! Si Laia se dejase hacer o se desmelenase un poco… Ufff

    Tengo la cara encharcada de sus fluidos y me cuesta un poco respirar mientras le hago el cunnilingus, cuando de repente me golpea con la mano la cabeza echándome fuera de entre sus piernas y abriéndose el culo con ambas manos me da a entender que quiere polla… Mis 15 cm de polla no son el pollón de su marido, pero no discutiré con una mujer que quiere follar… Así que me pongo detrás de ella y la inserto… ¡¡Que frustración!! Mi polla entra en su inmenso agujero casi sin tocar coño, entre lo dilatada y lo chorreando que lo tiene… empiezo a bombear, ¡pero noto que poco le voy a hacer… joder con el putón! Para un día que me follo uno y no voy a poderlo saborear… De repente se me enciende la luz, y pienso, con Laia solo alguna vez me ha dejado zumbármela por su culo, pero esta guarra parece tragárselo todo, y su marido no dice nada en contra… así que, vamos a probar a ver si también le gusta y me doy una alegría…

    Así que saco mi cipote de su conejito y con parte de sus fluidos empiezo a untarle su culito (esperando que adivine mi siguiente paso y me de vía libre) y noto como lo mueve de gusto y me dice: si, si, si… Ufff que pedazo de guarra! Después, a ver si puedo conocerlos un poco tomando una copa, y un día quedamos con ellos y Laia aprende de esta mujer…

    Empiezo a insertarle mi polla y esta se desliza con una facilidad pasmosa dentro de su culo…madre mía lo caliente que va la tía… que no para de hacerle una mamada al cipotón de su marido con un deleite que ni una peli porno. Agarro los melones de la mujer con mis manos para atraerla hacia mi e insertarle hasta el fondo mi verga, y empiezo a bombearla, entre grititos de placer de ella, argg, ahhh, no paro de oírla exclamar.

    Que polvazo le estoy dando, cuando después de 10 o 15 minutos de petarle su culito, y conmigo ya muy caliente y a punto de correrme, la muy cerda empieza a decirme: Venga cabrón, guarro, fóllame¡! Folla a esta puta¡! Hazme sentir guarra¡! ¡¡Enséñale a mi marido la zorra que tiene!! ¡¡No puede ser!! ¡¡¡Es la voz de mi Laia!!! No jodas¡! La muy zorra es ella¡! Quedo un poco en shock e inconscientemente paro de follarle su culito y ella toda calentura se rebela empezando a mover su culo adelante y atrás para follarme, para que mi polla continue entrando y saliendo mientras gritando me dice: ¿Qué haces cabrón? ¿Ya no te gusta tu zorra? ¿No te gusta como folla tu puta? Fóllame cabrón y dame tu lechita, fóllame, ¡¡fóllame!! Creo que ella no me ha reconocido, y empiezo otra vez a darle caña a su culo y entre gritos suyos nos corremos los tres… Ella entre espasmos y con un chorro de corrida que deja el colchón encharcado, yo descargando mi leche en su culo, y su “marido” dentro de su boca y la muy zorra se bebe todo su semen…

    Quedamos recostados en el colchón unos minutos abrazados los tres, con ella en medio, estando yo a su espalda, y después oigo como me dice: muy bien chaval, me has dado un buen polvo y esto se merece una copa, ¿te vienes fuera y mi marido te invita a una? Y sin tiempo para responder, nos coge a cada uno con una mano y nos arrastra fuera a la zona donde esta la barra… Alberto a la luz me reconoce y le comenta a Laia: mira, es el maromo que antes no nos quitaba ojo en la discoteca… Alberto no me conoce y no me ha visto nunca, pero Laia si me había enseñado fotos de él… Con los ojos como platos, se gira mi esposa y me mira al tiempo que, poniéndose su cara como un tomate, abre la boca sin que salga ninguna palabra, y yo me adelanto y le digo: -Buenas noches, soy Toni (el primer nombre que me vino a la cabeza) ¿y vosotros? Mientras recogemos la ropa y nos vestimos, Alberto se presenta a si mismo y luego señalando a ella, comenta: La zorrita que te has tirado, es Laia, mi mujer… ¿Te ha gustado como folla? Y con un contundente monosílabo respondo: -Si!!

    Alberto se va a la barra a por unos cubatas y Laia girándose hacia mi me comenta: Eras tu¡! Que cabrón… ¿Y te has dado cuenta cuando estábamos dentro? Le respondo que solo al final, cuando ha empezado a gritarme cosas y me he parado… Ahora ella ata cabos y entiende esa breve parada en mi follada… -Bien, continua ella, ¿y que te ha parecido la “mujer” de Alberto? Me rio: jajaja ufff muy bien… una buena zorra, le respondo. En eso que llega Alberto con las bebidas y dándome la mía me dice: ¡toma campeón, te la has ganado! A lo que le respondo que: -no, que tu si que te lo has ganado teniendo que satisfacer a una hembra como la que tienes… Se ríe y dice: Y bien buena también que esta… -¡También! Le respondo yo.

    Después de una conversación animada en que me preguntan si vengo a menudo, si me gusta hacer tríos y follarme a casadas, si tengo pareja, etc. y que voy inventando sobre la marcha, también yo les pregunto a ellos (muy cogidos de la mano, mientras no para Alberto de sobarle el culo y algún pecho a Laia) si también vienen a menudo, si tienen algún amante fijo o van variando, si no tiene ella bastante con el pollón de Alberto y necesita más… Y antes de que Alberto se vea comprometido por las respuestas, Laia empieza a dar las explicaciones… – Bien, pues Toni, venimos mas o menos una vez al mes (a Alberto se le iluminan los ojos imaginando repetir una vez al mes esta fiesta…) y es que a mi marido le gustaba la idea de hacer un trio y que yo tuviese varias pollas para mí, aunque cualquiera con un pollón como ese en casa ya estaría satisfecha, el insistió y decidimos empezar a venir a este local de intercambios buscando algún o algunos chicos, y la verdad es que nos gustó mucho y repetimos… He descubierto lo guarra que me gusta ser y que me encanta correrme con corridas… con mi marido ya sabía que era multiorgásmica y podía correrme 3-4 veces y alguna vez mojar con alguna corrida mía, pero no sé si la situación de follar con varias pichas al mismo tiempo, de tener varias pollas a mi disposición, el caso es que aquí me corro 8-10 veces en una noche y no paro de tener corridas de squirting, cosa que me encanta…

    Por cierto, continua Laia, no tenemos ningún chico u hombre estable con el que quedar, y tu Toni, eres majo… Hum… ¿qué te parece Alberto? ¿Lo hacemos nuestra pareja para tríos? Alberto se lo piensa, e intuyo que el querría quedar solo con Laia y follársela solo el, pero también le debe de poner cachondo la situación de montar orgias con ella y si es solo con esa posibilidad para tirársela, pues por que no… y responde con un: -Claro cariño, lo que tu digas. Y Laia, sonriendo con mirada picara, me mira y pregunta: -Y bien, ¿tú que dices Toni? Ufff, respondo, mientras analizo toda la situación… Bueno, empiezo diciendo, no estaría nada mal, me gusta tu mujer Alberto, para que te voy a engañar, es muy fogosa y esta buenísima, y me gustaría repetir… Venga, si¡!!

    Y brindando con los cubatas certificamos la nueva unión en formato de trio. Al marchar y subir en los coches, yo di una vuelta por Barcelona para hacer tiempo y no encontrarnos en la autopista haciendo el mismo camino…

  • Sexo con mi madre: El sueño familiar

    Sexo con mi madre: El sueño familiar

    Siempre he deseado a mi mamá, siempre, toda la vida. Todo comenzó hace 5 años, cuando comencé a crecer: veía ya más seguido el gusto por las chicas, por las mujeres, empecé a comprar revistas porno y a ver películas. Mi vida siempre fue muy precaria en cuestión de diversión. Mis papás fueron conmigo muy sobreprotectores y de verdad, no me dejaban salir ni a la tiendita de la esquina.

    En algún momento, sin darme cuenta, llegué a tocarle los senos a mi mamá, y se los juro, no fue de manera intencional, supongo fue mi juventud y las ganas de experimentar. Mi mamá habló conmigo de esa situación, me regañó por habérselos tocado, y que jamás lo volviera hacer (si claro, jamás se imaginó lo que más adelante pasaría). Mis papás estaban pasando por una situación muy difícil, verán, mi papá se drogaba, se metía algún tipo de droga que lo dejaba mal y nunca le importó mi mamá, de hecho, varias veces la golpeó y de paso, a mí también. Fue dura esa situación.

    Hace tres años, en el 2019, la situación como pareja, como esposos, de mi mamá y mi papá, llegó al límite. Llegó una noche muy drogado, ni siquiera nos habló, sólo tomó su ropa, le pegó a mi mamá sin motivo, y se fue de la casa. Esa noche lloró tanto mi mamá, que pensé se iba poner enferma (afortunadamente, no pasó nada grave). Al día siguiente no se levantó de la cama, y yo estaba muy preocupado por ella. Pero claro, era mi madre y le tenía que darle fuerzas de vida, le dije:

    -Mamá, por favor, no puede estar aquí, solamente acostada. Debe seguir luchando por la vida, por mí.

    Después de un rato, la convencí, se levantó de la cama, se dio un baño, y estaba como nueva. En la noche yo hice de cenar, me fui a mi cuarto a dormir y ella a su habitación, y todo normal. Pensé que iba a perder a mi madre, pero como siempre, ella toda una guerrera.

    En la mañana siguiente, observé que estaba lavando su ropa, y pensé, ¿por qué no darle los buenos días? Me acerqué con ella, le di un beso en su cachete, me sonrío y me contestó:

    -Buenos días, hijo, ¿te hago de desayunar?

    -Sí, por favor, mamá.

    Desayunamos, estuvimos platicando, y me fui a la Universidad. Cuando regresé, ella se estaba dando un baño, y bueno, me fui a mi habitación a realizar una tarea que me dejaron realizar. A los 15 minutos de haber llegado a mi habitación, mi madre fue y me dijo que si tenía apetito, a lo que le respondí que no. El problema comienza aquí: noté que solamente traía una bata, no tenía sostén y podía observar sus pezones, sus ricos pezones. Esa noche no pude dormir.

    El siguiente día me levanté más temprano de lo usual, y escuché que mi mamá estaba llorando. Fui a su alcoba y le dije:

    -Mamá, ¿por qué llora?

    – Ay Hijo! Me siento tan sola y vacía desde que se fue tu papá.

    -Por favor, mamá, él ya no nos quería. Me lastimaba cada vez que te golpeaba y que te dijera tantas cosas. Creo que fue lo mejor que pudo haber hecho.

    Le di un abrazo, pero ¡Dios! Sentí sus pechos, esos pechos que casi veo descubiertos la noche anterior. La abracé muy fuerte para sentirlos cada vez más cerca, no podía controlarme. Y por desgracia pasó lo que a todo hombre en veces le falla, tuve una erección, y pensé «¿una erección por mi madre? ¿qué te pasa? Eso no puede suceder, es tu mamá». Mi mamá notó eso, lo sé. Sólo me dio un beso en la mejilla y se fue a realizar el desayuno.

    Cuando la vi en la cocina con los jeans que se pasó para andar en la casa, no pude aguantarme y le di un abrazo por la espalda y le dije al oído: «sabes mamá, me encanta que seas tan fuerte, por eso te amo, por ser tan buen ejemplo para mí», ella se volteó conmigo y me dijo «gracias, hijo, yo también te amo», no soporté la situación y le dije «porqué no olvidas a mi papá, déjalo ir de una vez por todas. Hazlo por ti, por mí, que me duele verte sufrir» le di un beso en la mejilla pero de nuevo sentí sus pechos y ahora si, la besé en la boca, fue un beso largo, se me hizo muy raro que ella no me haya quitado. Me arrimé a su oído y sin pensar le susurré «olvídalo conmigo», me volteó la cara y me besó, me besó tan fuerte que no aguanté la erección que tenía ya para ese entonces.

    Nos subimos a la habitación, nos besamos, nos sentimos, y sí, fue la primera vez que hicimos el amor, mi mamá y yo. Esa noche rodamos por la cama, ¡vaya que mi mamá era una experta cabalgando! Nos desvestimos, me hizo sexo oral, le lamí su rica y depilada vagina, toqué su clitorís ¡wow! Palpitaba de la excitación. Al día siguiente noté que mi mamá no sentía remordimiento, al contrario, me habló como «mi amor» «mi cielo». Aquello era un sueño.

    Un sábado en la noche, nosotros estábamos viendo la televisión, cuando llegó mi papá. Llegó cambiado, llegó arrepentido. Mi mamá lo aceptó, claro. Lo aceptó pero para reírse de él, de que su hijo fue más hombre, hombre en la cama y hombre para la vida.

    Cada noche, mi mamá dormía con mi papá, pero cuando ella veía que mi papá ya estaba dormido, se iba a mi habitación a follar a su hijo, a venirse a chorros, a sentirse mujer. La situación siguió así durante más de un año, y bueno, la verdad, ya me sentía algo incómodo que mi papá estuviera en la misma casa donde vivía su esposa (que ya era más bien, la mía) y su hijo, ese hijo que lo traicionó el deseo y el amor, la lujuria y lo prohibido. Fue entonces que le dije a mi mamá que era necesario hablar con él, para que se fuera acostumbrando a nosotros, mi mamá y yo nos amábamos y no podíamos seguir ocultando nuestro amor, por el estúpido tabú del incesto (sí, sabíamos lo que estábamos haciendo, pero no nos importaba nada, mientras que nos amaramos). Fue entonces que hablamos con mi papá, nos sentamos, él en un sillón, yo y mi mamá en otro. Le dijimos tomados de las manos. No se inmutó por la situación de traición.

    -Sí, lo sé. Me enteré hace una semana, cuando llegué del trabajo. Como tratamos de hablarnos lo menos posible, sólo abrí la puerta y me fui a mi cuarto. Pero escuché que había ruido, y pensé eras tú (o sea, yo), y no le tomé importancia. Pero los ruidos eran extraños, muy extraños. Decidí ir al segundo piso a saber qué eran esos ruidos, y pude verte a ti (señalando a mi mamá) encima de él (de nuevo, yo). Me quedé un rato pequeño observando qué estaba sucediendo, y sí, estaban haciendo el amor, es típico de ti cómo gimes cuando te lo hacen (señalando una vez más a mi mamá).

    -Si, mira papá: tú nos trataste mal toda la vida, no podíamos estar así toda la vida. No me importa que me golpearas a mí y que me trataras mal, pero a mi mamá, no, no era justo. Semanas después de irte, tuvimos nuestra primera relación, y desde entonces, no hemos parado, contigo o sin ti, lo haremos. Y también me gustaría que sepas, que la amo, amo a mi madre como nunca he amado. La he hecho sentir mujer, soy el hombre que debería estar con ella.

    -Sé que les fallé, y no soy nadie para reclamarles si están haciendo bien o no. Es más, no me importa, lo nuestro ya fue y nunca más volveremos a ser familia.

    Después de hablar, mi papá se fue a su cuarto, y mi mamá y yo nos quedamos toda la noche en los sillones, para que supiera que estando él en casa o no, a partir de ese momento íbamos a poder amarnos para toda la vida ¡Mi mamá estaba vaya que gritó esa noche! Terminamos muy mojados, y bueno, por primera vez le hice sexo anal!

    Hoy, en 2022, mi papá ya no se encuentra con nosotros. Definitivamente se fue de la casa para dejarnos vivir y respirar sin su violencia, y sin su ira. Amo más que nunca a mi mamá. Nuestra relación es hermosa, bella.

    Hace una semana por ejemplo, mi mamá compró unos detalles, me dijo que me fuera a nuestra habitación. Después de 15 minutos, llegó al cuarto vestida de un liguero, una tanga riquísima, sin brasier y tan hermosa como siempre. Ese día fue hermoso, maravilloso. Le quité la tanga con los dientes, le lamí la vagina, donde estaba metiendo mis dedos, ¡estaba masturbando a mi madre! Me hizo la más rica mamada que jamás me haya hecho. La empecé a penetrar por su rica y mojada vagina y obvio, las ganas que tenía de comerme sus fluidos. Terminamos sudados, mojados, con las piernas temblando… Hace dos días se fue a hacer una prueba de embarazo y pues, seremos papás. Ahora que será madre de un hijo de mí, ¡vaya que se ha vuelto más caliente! Me encanta penetrarla por el ano y también lamerlo. Comerme su clítoris, hacerla venir, pero lo que me mata, es que se trague mi leche, esa leche que le encanta! La vagina de mi mamá es un templo verdadero.

  • Encuentro esporádico con una persona especial

    Encuentro esporádico con una persona especial

    Pablo era un hombre de piel morena, cejas normales, ojos cafés, orejas diminutas, cabello rizado de color castaño que le tapaba la nuca y los laterales del rostro, cachetes un poco hundidos, labios gruesos y oscuros, marcado arco de Cupido, mentón lampiño y triangular con un hueco apenas visible, protuberante nuez de Adán, cuello angosto, hombros altos, pectorales desarrollados, abdomen marcado, cadera delgada, extremidades extensas y fuertes. Tenía muy poco vello corporal. Tenía veintiocho años de edad y medía un metro ochenta y dos. Tenía una voz gruesa, tirando a aguardentosa.

    Desde el primer año de la escuela primaria, Pablo se había limitado a socializar con pocos niños de su edad. Era un chiquillo retraído, introvertido y miedoso. Los maestros creían que tenía un trastorno de aprendizaje porque le costaba mucho aprender contenidos básicos, que a los otros niños no les costaba tanto. Lo consideraban un alumno incompetente y de baja autoestima. Una de las razones por las que nunca quiso darse a conocer fue por temor a que descubrieran que le gustaba jugar con las muñecas de su hermana.

    En aquellos tiempos, a los niños se los criaba con la costumbre de usar ropa azul, afición por los deportes violentos, interés por los autos y rechazo por el comportamiento mujeril. Estaba terminantemente prohibido que un niño vistiera ropa de niña, o que llevara mudas de color rosa; la cultura sexista acarreaba ideologías segregacionistas que de nada servían más que para separar los gustos de los sexos.

    Pablo (apodado “el miedica” por sus compañeros de curso) pasó su infancia relegado, distanciado de los demás niños, en especial de los repipis. Mientras los demás se divertían practicando deportes como el fútbol o el baloncesto, él se divertía peinando muñecas y dibujando ponis. Los demás niños aspiraban a convertirse en verdaderos machos (nótese la ironía implícita); él soñaba con participar en concursos de belleza como lo hacían las mujeres. No tenía ningún problema con su sexo, lo que le molestaba era el rechazo por no ser como los niños normales.

    Los padres de Pablo, el señor Octavio y la señora Marta, poca atención (si es que algo) les daban a los dos hijos que tenían. Malena no tenía ningún problema siendo niña, era ampliamente aceptada por las demás niñas de su edad al ser una más del grupo. Pablo la envidiaba porque ella podía vestirse como quería y él no. Usaba pantalones sólo porque sus padres le obligaban, no porque quería.

    La presión social y el contexto sexista, hicieron que Pablo se autoconvenciera de que era un inadaptado social, un enfermo mental, un maldito desviado, por el simple hecho de querer parecerse más a una mujer que a un hombre. Se vio obligado a convertirse en alguien que nunca había querido ser, un jovencito con una marcada crisis existencial. Rechazarse a sí mismo sólo hacía que se sintiera peor. A nadie le importaba lo que pasaba por su mente.

    Fue en la escuela secundaria, una institución muy distinta de la olla de grillos en la que había estado nueve años (contando los dos años del nivel inicial), donde conoció a alguien que sentía lo mismo que él. Por casualidad, se sentó junto a la persona que más adelante le cambiaría la vida para siempre, la persona que pasaría a ser su mejor amigo de toda la vida. Se trataba de un tal Andrés Sánchez, un jovencito insociable y con pocas ganas de vivir.

    Andrés era albino, de ojos celestes, orejas pequeñas, cabello lacio de color amarillo pálido que le llegaba hasta la nuca, cachetes rechonchos y rosados, nariz achatada, labios blancuzcos, mentón redondeado, cuello grueso, hombros anchos, abdomen grasiento, extremidades fofas, manos con uñas invisibles y pies hinchados. Sufría de miopía y obesidad. Era lampiño y tenía la piel elástica como un chicle. Le habían puesto “bola de nieve” como sobrenombre, algo ofensivo y descortés.

    Pablo descubrió que Andrés, además de sufrir acoso escolar y maltrato psicológico de parte de los docentes, también sentía que estaba en el cuerpo equivocado. Odiaba ser el gordinflón de la clase, el mantecoso, el cegato, el lechoso, el andrógino. Casi nadie lo llamaba por su nombre, se dirigían a él con adjetivos calificativos de muy mal gusto. Lo que más le molestaba, aparte de ser el hazmerreír del grupo, era no poder amistarse con ninguna de las chicas. Ellas lo veían como una persona desagradable y apática.

    Pablo fue el único que nunca lo menospreció por su condición física ni por su problema ocular, el único que nunca le puso apodos, ni buscó ofenderlo, ni quiso pegarle, ni lo trató como lelo. Fue la única persona que le dio una mano y le ayudó a levantarse y luchar por lo que quería lograr. Gracias a ese comportamiento, forjó los lazos de amistad que luego los mantendría unidos en el futuro.

    Durante la adolescencia, esa complicada etapa de cambios hormonales y hábitos nocturnos, Andrés se puso como meta bajar de peso, quería ser delgado y apuesto como su mejor amigo. Tuvo que pasar mucho tiempo haciendo ejercicio, comiendo sano y bebiendo agua para poder eliminar toda esa molestosa grasa que tenía de sobra. En tres años, pasó de tener cien kilos a tener setenta. Obtuvo un cambio notable, se sintió muy satisfecho con el mismo.

    Como Pablo era el único amigo de confianza que tenía Andrés, lo empezó a ver como algo más que una amistad cercana. Le pareció extraño admitirlo al principio, pero luego se dio cuenta de que la atracción que había no era algo insustancial. Aquel jovenzuelo maravilloso le había cambiado la vida para siempre al aceptarlo como compañero de juego. Las experiencias cercanas durante la preadolescencia fueron forjando un deseo irreprimible por ganárselo y llevarlo a la cama.

    No fue sino hasta el día de graduación que Andrés se le insinuó en el baño de la escuela, diciéndole que quería experimentar con él los placeres que todo púber anhelaba probar. Le contó que sentía por él algo más que aprecio, algo más que admiración; lo que sentía era amor en estado puro. Se le declaró en el peor momento ya que Pablo había conocido una chica recientemente y quería iniciar un noviazgo con ella. Sin deseos de hacer que se sintiera mal, rechazó la petición y le pidió que nunca más volviera a pedirle eso.

    Pablo ya había tenido suficiente con que lo llamaran marica dentro y fuera de la escuela, día y noche. Quería demostrarles a los demás que era heterosexual y que de marica no tenía nada. Después de la pubertad, adoptó un comportamiento agresivo típico del adolescente posmoderno. Decir groserías y amenazar a otros era la regla a cumplir a rajatabla a fin de envalentonarse, y así ser socialmente aceptado.

    Para Andrés, aquel rechazo de fin de año había sido una de las peores experiencias de su vida, una de las más dolorosas y también una de las más negativas. Aun después de haber bajado de peso y ponerse en forma, no logró ganarse el cariño de Pablo. Supuso que no le quedaba otra alternativa más que darse por vencido. El problema era que el amor que sentía por él no desistía en ningún momento. Incluso con el correr de los meses venideros, la sensación se mantenía firme. Había que intentar otra cosa.

    Pablo siguió adelante con su vida como cualquier estudiante universitario, pasó por la facultad de ciencias sociales, se licenció en lengua y literatura, y al poco tiempo, se doctoró en literatura. Con sólo veintiocho años, tenía dos títulos de grado que le servían para conseguir un buen trabajo, ya fuera como docente universitario, corrector literario o investigador independiente. Sin embargo, su vida amorosa se había visto opacada y se quedó sin el pan y sin la torta. La soledad se aferró a él como un parásito que no podía eliminar por más que quisiera.

    Durante un simposio en el aula magna de una prestigiosa universidad, Pablo se cruzó con profesionales y expertos que admiraba. Quería ser reconocido como ellos, mas no tenía el nivel suficiente para eso. Pese a tener un doctorado, los ensayos académicos que escribía no destacaban en el contexto editorial. Sentía que a nadie le importaba lo que escribía y lo que investigaba, como si todo el mundo fuese ajeno a él. Invertía un montón de tiempo escribiendo para que luego nadie leyera sus libros.

    Al salir de la universidad y cruzar la calle, se dirigió a uno de los bancos metálicos ubicado en la plaza de enfrente. Bajo una noche de luna llena, se preguntó a sí mismo cómo haría para triunfar como académico, o si es que aún podía intentarlo. Los árboles y arbustos que adornaban los laterales del sendero iluminado, se movían con el suave viento otoñal. Él llevaba ropa formal y un saco gris por las dudas. La temperatura solía descender mucho por las noches. Faltaban muy pocos días para el inicio del invierno.

    Antes de que se fuera, una figura de un metro setenta y ocho se aproximó desde el costado y se sentó a pocos centímetros de él. Era una mujer muy guapa, con cabello extenso, rostro pálido, labios pintados, pestañas postizas, pómulos maquillados, pechos grandes, glúteos firmes y piernas esbeltas. Llevaba una pollera corta de color rojo, un par de tacones negros, una camisa a cuadros y aretes dorados en las orejas. Por la forma en la que estaba maquillada, parecía una furcia de la zona. No pudo evitar mirarla con atención. Ella se dio cuenta.

    —¿Te pasa algo? —le preguntó y lo miró a los ojos como si buscara algo en ellos.

    —Eh, no, perdón —respondió avergonzado—. Sólo estaba distraído.

    —¿Te conozco de alguna parte?

    —No lo creo.

    —Tu cara me resulta familiar.

    —¿No me estarás confundiendo con alguien más?

    —Soy muy buena reconociendo rostros —le dijo y chequeó el celular para ver la hora—. Estoy segura de que te vi en alguna parte.

    —Es probable.

    —¿Eres abogado?

    —No. Yo soy una persona honesta.

    —Quizás era otro sujeto el que me encontré en el bar —murmuró con la vista en el suelo—. Como sea, me resultas muy familiar. Creo que deberíamos vernos en algún momento. A lo mejor descubro algo interesante —dijo y le entregó una tarjetita blanca con un seudónimo y un número de teléfono. Él la tomó y se la quedó mirando como si no supiese qué decir.

    —Agradezco tu amabilidad, pero… yo no le entro a eso.

    —¿A qué cosa no le entras?

    —Me gustan las mujeres serias, con un objetivo por delante. Las mujeres como tú no tienen futuro.

    —¿De qué estás hablando? No entiendo a qué te refieres con eso de que no tenemos futuro.

    —Mira, no quiero ofenderte —intentó sonar lo más cortés que podía—. Es que no me caen bien las mujerzuelas que venden su cuerpo por dinero. Admiro el esfuerzo que haces por verte bonita y coquetear con desconocidos, pero yo no soy el más indicado para esto. La prostitución me parece un trabajo mediocre.

    —¿Prostitución? —Se lo quedó mirando boquiabierta, incapaz de reaccionar—. ¿Te parezco una prostituta?

    —¿No lo eres?

    —Claro que no, galán. Soy mucama y bailarina nocturna —le contó y se lo tomó con humor—. Trabajo en el hotel Cambodia, actúo en el bar los fines de semana. Me pagan por limpiar las habitaciones y bailar frente a los clientes.

    —¡Ay, Dios! Qué tonto fui al pensar eso —se tapó la boca por lo que había dicho antes. Se le caía la cara de vergüenza—. Te ruego que me disculpes. No era mi intención hacerte sentir mal.

    —No me molesta. A cualquiera le puede pasar.

    —Merezco que me des una bofetada por lo que te dije.

    —Si quieres quedar bien conmigo, ven a visitarme el próximo sábado por la noche. No es necesario que te hospedes en el hotel para ingresar al bar. Diles a los empleados que vas de mi parte. No te fastidiarán.

    —¿Por qué quieres que vaya a verte? A mí no me agrada mucho esa clase de espectáculos.

    —Necesito hablar con alguien. A nadie le interesa escucharme. He estado tan aislada que apenas me siento humana.

    Al pensarlo, Pablo notó que la franqueza con la que hablaba la mujer era legítima. Ella no parecía estar satisfecha con la vida que llevaba y quería que alguien le prestara atención. No era su culpa que los demás no mostraran interés por sus sentimientos. Él sabía muy bien cómo se sentía ser ignorado por el resto.

    —Está bien. Iré.

    —Llámame el viernes para que te reserve un lugar. Te aseguro que la pasarás muy bien —le dijo y se puso de pie.

    —Espera. Antes de que te vayas, ¿me puedes decir tu nombre?

    —Me llamo Andrea, pero todos me conocen como Sanchi —respondió y señaló la tarjetita que le había entregado antes. Sanchi era su nombre artístico, proveniente de su apellido.

    —Bien, Andrea. Gracias por invitarme. Yo me llamo Pablo y soy de Montevideo… por si te interesa saber.

    —Estaré ansiosa por verte el sábado. Cuídate mucho —se despidió de él y se fue caminando.

    Como Pablo no tenía muchos amigos, pensó que ir a ver a esa mujer no era mala idea después de todo. El bello cuerpo que tenía le parecía estupendo, lo hipnotizaba. Andrea era una mujer guapa con la que todos los hombres soñaban acostarse, o al menos los más pajeros. Las bailarinas nocturnas tenían la fama de ser mujeres lascivas, a las que les gustaba mostrarse semidesnudas y llevar a cabo danzas seductoras, con el único objetivo de excitar a los hombres que iban a verlas.

    Aquel encuentro esporádico fue un tanto extraño. Por la manera en la que ella se había puesto a hablar con él, parecía que ya lo conocía. Era sospechoso el hecho de que no le preguntara su nombre en ningún momento. Él se sentía como un tonto por haberla confundido con una prostituta, aunque sospechaba que ella buscaba sexo y no alguien para compartir palabras. Por otra parte, la posibilidad de que una mujer hermosa cayese del cielo para flirtear con él era ínfima. Había gato encerrado y él lo presentía.

    Considerando las paupérrimas relaciones amorosas que Pablo había tenido de joven, cualquier compañía femenina serviría para levantarle el ánimo. Su mayor anhelo era conocer una mujer de la que pudiera enamorarse y tener sexo con mucha frecuencia. Andrea era una buena candidata para eso, a pesar de que no era la mujer ideal para un profesional como él. Según sus colegas, tener una pareja con un buen salario y un título de grado era necesario para generar una mejor impresión.

    La semana pasó volando y llegó el día tan esperado. A causa del frígido clima, Pablo tuvo que ponerse el ropero encima antes de salir. La álgida temperatura no superaba los tres grados centígrados, las corrientes de aire frío eran molestas y la falta de luz era común. Al sol se lo veía unas pocas horas al día y después todo quedaba oscuro. La ciudad se había visto envuelta en un manto blanco que se iba condensando con el correr de los días.

    El pequeño departamento en el que vivía estaba en el tercer piso, tenía siete metros de ancho y seis de largo, paredes húmedas, puertas despintadas, ventanas empañadas, grifería oxidada, muebles carcomidos, bisagras ruidosas, cerámicos blancos y un techo bajo. Estaba acostumbrado a vivir en una covacha con un bañito, una habitación, un cuarto de lavado, una cocina-comedor, una sala de estar y un balconcito donde ponía las macetas. No era un sitio digno para alguien como él, pero era lo más barato que había en la zona céntrica.

    Mientras bajaba las escaleras con la pesada campera de cuero que tenía puesta, se acordó de que se había olvidado de algo y regresó al departamento. Tomó la tarjetita que había usado para llamar a Andrea la noche anterior. Lo malo fue que le respondió otra persona, la supuesta representante que atendía las llamadas cuando ella no se encontraba disponible. Le pidió que le reservara una mesa en el bar y le comentó que Andrea le había invitado.

    Tenía ciertas dudas al respecto. Como no conocía el mundo de las bailarinas nocturnas, no sabía qué esperar de una de ellas. Llegó a pensar que estaría solo durante el show. Quería hacerle unas cuantas preguntas antes de avanzar al siguiente nivel. El miércoles había tenido una fantasía con ella y eso lo convenció de que tenía que aprovechar la oportunidad para hacerle el amor. Como todo solterón, andaba al acecho, en busca de una presa para devorar.

    Viajó en taxi hasta el hotel Cambodia, en donde trabajaba Andrea como mucama y también como bailarina. Ella cobraba una buena suma de dinero al cumplir con dos trabajos, el de limpieza y el de entretenimiento. Debido a las estrictas normas vigentes, no estaba permitido consumir drogas ilegales ni llevar menores de edad al bar. Las funciones nocturnas arrancaban a eso de las nueve y seguían hasta medianoche, en las que varios artistas interpretaban papeles diferentes. Sin duda alguna, lo que más disfrutaba el público era el show de baile con música de fondo.

    Tras bajar del vehículo, Pablo quedó anonadado al ver de cerca el lujoso hotel. Era un edificio gigantesco de diez pisos, ventanas oscuras, puertas relucientes, pisos ásperos de color café, paredes doradas con adornos, candelabros y lámparas de variados colores, muebles recién barnizados, floreros en cada esquina, sillones y cojines, cortinas naranjas y un fuerte aroma a desodorante de ambiente. Poseía cincuenta habitaciones en total, todas del mismo tamaño, y un ascensor, que iba desde el sótano hasta el último piso.

    Los empleados (mozos, conserjes, asistentes, mucamas, maleteros, botones, encargados de limpieza, sonidistas, taberneros, estilistas, recepcionistas, guardias de seguridad y masajistas) llevaban el uniforme correspondiente con una etiqueta que describía el puesto de trabajo en el que estaban. Todos ellos eran personas amables y bien preparadas para ofrecer un servicio excelente en todo momento. Un hotel cinco estrellas era exigente con sus empleados y con los servicios que ofrecía, de modo que no había lugar para inexpertos.

    Pablo había llegado unos minutos antes para conocer el interior del bar y ver qué tan agradable era el ambiente. Les dijo a los recepcionistas que venía como invitado de Andrea, de forma que buscaron su nombre en la agenda. Una vez que lo hallaron, lo pusieron en la lista de invitados VIP. Tenía la oportunidad de pasar la noche en una habitación del hotel sin pagar ni un centavo, todo iría a cuenta de la mujer que lo había invitado.

    A las nueve en punto, se dirigió al bar que estaba en el fondo y se acomodó en la mesa número diecisiete, una que estaba a pocos metros del escenario en el que actuaban los artistas. Todas las demás mesas estaban ocupadas, hombres de mediana edad esperaban con ansias las presentaciones nocturnas. Los mozos aprovechaban la circunstancia para ofrecerles bebidas alcohólicas y platillos ligeros. Parecía más un burdel que un bar por lo oscuro que era.

    Él se limitó a beber tragos ligeros (sin alcohol) y a comer maní salado y sánguches durante las presentaciones artísticas. Las personas que aparecían en el escenario eran muy variadas: mulatas entusiastas, mimos creativos, bailarinas profesionales, talentosos cantantes, destacados músicos, acróbatas orientales, payasos que hacían el ridículo, estrambóticos ventrílocuos, poetas de renombre y comediantes jocosos. Lo que más le agradó fue la función de los saltimbanquis de oriundez china y los recitados de los liróforos extranjeros.

    La última función era la más esperada, en la que aparecía la última tanda de bailarinas con disfraces excéntricos. Realizaban coreografías singulares todas las semanas, desde música clásica hasta canciones de rock. Esa noche, tenían pensado bailar una canción lenta de rock latino de principios del 2000. Aquella canción le gustaba mucho a Pablo, era una de sus favoritas de cuando era adolescente. La letra era pegajosa y el ritmo era agradable.

    Siempre le gustó escuchar temas de Ricardo Arjona, Chayanne, Marco Antonio Solís, Cristian Castro, Alejandro Sanz, Luis Miguel, José Luis Perales, Ricky Martin, Shakira, Maná y Reik. Amaba la música latinoamericana, en especial la de Centroamérica, la que tenía los mejores pasos de baile y las mejores melodías. A su mejor amigo también le gustaba ese género, sólo que nunca se lo dijo. Esa noche, con esa canción de fondo, reviviría momentos del pasado que le habían quedado marcados.

    Ocho bellas mujeres vestidas con plumas blancas y variopintos trajes holgados, formaron un círculo y esperaron el momento preciso para darle la bienvenida a la estrella de la función. Cuando la canción inició, las mujeres se movieron al ritmo de la rumba y Andrea apareció en el centro del escenario. Llevaba un vestido violeta ajustado al cuerpo, y zapatos de baile para mantener el equilibrio. Sus brazos y sus piernas estaban al descubierto, lo demás estaba tapado.

    Bailó la canción de cinco minutos como una verdadera profesional. Siguió prolijamente los pasos de baile junto con las acompañantes, con diligentes movimientos de piernas y provocador meneo de cadera. Al público le fascinaba verla en vivo y en directo, le tomaban fotografías con los teléfonos desde sus asientos. Aplaudían su talento y se dejaban contagiar por el armonioso tono pegadizo de aquella canción cubana.

    Al finalizar el show, el público ovacionaba a los artistas, les lanzaban silbidos y gritaban: ¡Bravo! Disfrutaban las funciones nocturnas como si estuvieran en un concierto. Tras finalizar las presentaciones, arrancaba la segunda parte de la fiesta. Un DJ se presentaba y ponía música electrónica para que todos bailaran. El descontrol y la diversión proseguían hasta la madrugada. Lo mejor era que los demás huéspedes no escuchaban la bataola desde sus habitaciones.

    Pablo salió del bar y se dirigió a la sala principal, se sentó sobre un cómodo sillón verde y estiró las piernas. Estaba contento con lo que había visto esa noche, la había pasado muy bien. El interior del hotel era cálido con todas las estufas que tenía, los huéspedes apenas notaban que estaban en la época más fría del año. Cambodia era, sin lugar a dudas, un paraíso artificial.

    A los pocos minutos, apareció Andrea con ropa de mucama y lo atendió. Se puso muy contenta de verlo de vuelta. Estaba ansiosa por llevarlo a la habitación y decirle lo mucho que lo había extrañado durante los últimos diez años. Sentía que todavía estaba a tiempo para concretar aquel deseo inoportuno que había tenido el día de graduación. Lo mejor de todo era que Pablo ni cuenta se había dado de quién era ella.

    —¿Qué te pareció la función de hoy? —le preguntó y se sentó a su lado.

    —Estuvo entretenida. Te luciste en el escenario.

    —Es que me encanta bailar.

    —Ya me di cuenta.

    —Oye —le tocó el brazo con los dedos, de forma amistosa—, ¿por qué no vienes conmigo así te muestro una de las habitaciones del hotel? Tal vez algún día quieras venir a hospedarte.

    —Este hotel es muy lujoso para mi bolsillo. Tendría que ganar muy bien para venir a hospedarme aquí.

    —¿No ganas bien?

    —Todavía no consigo un trabajo decente. Estuve dando clases particulares en institutos privados. Apenas me alcanza para pagar el alquiler.

    —Estoy segura de que ya encontrarás algo mejor —dijo y se puso de pie—. Vamos, que ya terminé mi turno.

    Pablo la siguió, pensando que se la llevaría a la cama y la haría gozar. Caminó tras ella por la amplia escalera, subieron muchos escalones, atravesaron un pasillo bien iluminado hasta meterse en la habitación correspondiente. Llegaron al octavo piso y se dirigieron a la última puerta del fondo. Allí era donde Andrea había conocido a su actual pareja. Para ella ese era el mejor lugar del mundo y lo tenía reservado para encuentros especiales.

    El interior de la habitación era bastante cómodo. La temperatura era cálida, los muebles estaban intactos, la enorme cama estaba tendida y lucía estupenda. El baño era precioso y tenía una bañera ideal para sumergirse en pareja. Había un hercúleo armario en el que podían poner un montón de maletas y bolsos. Las mesillas de noche tenían veladores y tres cajoncitos para guardar adminículos y pertenencias. Tenían televisión con cable e internet inalámbrico para conectarse desde dispositivos electrónicos.

    Pablo acomodó las posaderas en el borde de la cama, se tumbó a la bartola y movió los brazos y las piernas como si estuviera sobre un cúmulo de nieve. El colchón era increíblemente resistente y olía a nuevo. Tenía unas ganas terribles de quedarse a dormir ahí. Esa habitación era más grande que el departamento en el que vivía. Semejante lujo costaba un ojo de la cara y por eso le era imposible acceder a él.

    Andrea se fue al baño, se lavó las manos, se peinó y se echó un poco de perfume encima. Se quitó el uniforme de mucama y se quedó en ropa interior. Tenía un sostén y bragas de color negro con elásticos ultra resistentes. Le había agarrado calor después de haber subido las escaleras. Se quitó el calzado y los calcetines; le dolían los pies luego del baile. Al mirarse en el espejo, le maravillaba ver el cambio en su cuerpo. Lucía como una vedete.

    Retornó al cuarto y tomó a Pablo por sorpresa. Él se pegó un susto al verla en paños menores, pensó que quería hacerlo ahí mismo. Fue inexcusable sentirse nervioso. Esa era la primera vez que una mujer guapa lo invitaba a un hotel de lujo. Se quedó mirándola con estupefacción.

    —Disculpa mi indecencia. Es que tengo mucho calor —le dijo y se paró frente al modular que tenía un espejo en la parte de arriba, atornillado a la pared.

    —Parece que hubieras estado en la playa. Tu espalda está enrojecida.

    —Es porque soy albina.

    —Pensé que era maquillaje lo que tenías puesto.

    —Ya nací así. Tengo que ir con la dermatóloga a cada rato. En verano con el calor se me quema la piel y quedo roja como un tomate.

    —Ah, no sabía. Igualmente, luces linda así.

    —¿A ti no te quema el sol cuando vas a la playa?

    —Nunca voy a la playa. Detesto tomar sol.

    —El invierno es mi estación favorita. Me gusta sentarme y tomar un sabroso café con leche por las mañanas. El frío me fascina.

    —A mí también.

    Andrea se volteó, se dirigió a la cama y se sentó al lado de él. Sus intenciones eran claras, pero Pablo no quería ser brusco. Lo mejor que podía hacer era seguirle el ritmo e ir despacito hasta conquistarla, como en un baile de salsa. Se quitó la pesada campera de cuero y el oscuro suéter de lana que tenía encima de la camiseta gris. Se desabrochó los cordones y se quitó los zapatos. Estaba entusiasmado por lo que vendría a continuación.

    Andrea lo miraba de una manera provocativa y seductora. Esa mirada sicalíptica poseía una beldad incomprensible, fuera de lo común. Aquellos bellos ojos celestes recorrían el cuerpo de Pablo de una punta a la otra, estudiando cada célula de él. No dejaban de resplandecer con la luz de la lámpara del techo. El silencio que hubo en ese momento fue estrepitoso.

    —Oye, Andrea. Antes de que… tú sabes —le costaba pronunciar las palabras por temor a meter la pata de nuevo—, hagamos eso. Quisiera que me contaras un poco sobre ti.

    —¿Antes de que hagamos qué cosa?

    —Yo sé que me trajiste para tener sexo. Esa mirada tuya la conozco muy bien. Si no recuerdo mal, esa misma mirada la tenía mi novia cuando estaba excitada. Reconozco los deseos de las mujeres por sus miradas.

    —¿Piensas que te traje para tener sexo?

    —¿Por qué otra razón una mujer hermosa como tú me invitaría a este lujoso hotel si no es para pasarla bien un rato?

    —Tienes una imagen distorsionada de las mujeres, Pablo —le dijo y se rio—. Yo no me dedico a eso.

    —Pues aunque ese no sea tu deseo, yo lo quiero experimentar.

    —¿Estás acosándome?

    —No voy a dejar que te escapes. No esta noche. Serás mía sea como sea. Tendrás que luchar si quieres librarte de mí.

    —Pablo, suenas como un abusador. ¿Qué te ha pasado? Antes no eras así.

    —Pero si tú ni siquiera me conoces.

    —En realidad sí te conozco. Te conozco desde hace mucho. Tú eres uno de mis recuerdos más valiosos.

    —No me digas que tú eres la chica con la que me acosté esa noche que me embriagué en el bar de Ricachón.

    —Tú y yo nunca tuvimos sexo —negó con la cabeza.

    —¿Entonces?

    —Te lo puedo contar, pero antes quisiera que me respondas algo.

    —¿Qué quieres que te responda?

    —¿Qué opinas de la gente transexual?

    —No es algo que me concierne. Cada persona es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y con su sexualidad. Mientras no le hagan daño a nadie, qué hagan de su vida lo que se les plazca.

    —¿Entonces no odias a la gente transexual?

    —Para nada. Son personas, y como tales, merecen ser respetadas.

    —Me alegro que pienses eso —le respondió y se mordió los labios.

    —¿Algo más que quieras saber de mí?

    —¿Tienes pareja?

    —Ya no. Tuve tres novias, ninguna me duró más de dos años. Soy un desastre con las relaciones serias. Dicen que soy muy inmaduro.

    —¿Te gustaría tener pareja de por vida?

    —No lo sé. Nunca me puse a pensar en ello.

    —¿Te gustan las aventuras esporádicas?

    —Claro que me gustan. ¿Por qué crees que vine al hotel? Es porque sabía que haría el amor contigo —le contestó y se acercó a ella para olerla—. Por cierto, aún no me has contado nada sobre ti.

    —Si quieres que lo haga, tendrás que esperar.

    —¿Esperar? No me gusta esperar.

    —Haz que me gane tu confianza.

    —Cuando estoy excitado, lo único en lo que pienso es en ponerla en algún lado.

    —Eres un muchacho atrevido —le susurró al oído y le rozó la nariz contra su mejilla.

    —¿Quieres que te muestre lo atrevido que puedo ser?

    —No me parece mala idea. Adelante.

    Pablo se cansó de tanto palabrerío superfluo. La tomó con ambos brazos y la besó como si fuera su novia. Le acarició los hombros, le tocó el cabello y le manoseó la espalda. Descargó toda la lujuria contenida con besos apasionados. El intercambio de sensaciones fue tan intenso que sirvió para empalmarlo. Palpó sus senos y le susurró al oído. Le dijo que estaba demasiado caliente para detenerse, a lo que ella respondió con una risita picarona.

    La acostó en la cama, exploró cada músculo de su cuerpo, la manoseó de adelante hacia atrás, de arriba abajo, de izquierda a derecha, sin deseos de parar. Le dio besitos en el rostro, el cuello, el pecho y el vientre. Le humedecía el cuerpo con cada lamida que le daba. La estaba excitando a propósito para que luego le diera lo que él quería: una buena chupada.

    Con las inquietas manos, exploró el pubis, los muslos, las rodillas y las pantorrillas. Le gustaba lamer piernas de mujeres, en especial la zona baja. Le lamió los pies, chupó cada uno de los dedos, la suela, el empeine, los tobillos y el talón. Mordisqueó y saboreó la piel con ímpetu. Estaba tan ensimismado en el juego exploratorio que había perdido noción del tiempo transcurrido.

    Cuando retornó a la parte de arriba, se encontró con las delicadas manos con uñas largas y sin filo. Las llenó de besos y le pidió que las mantuviera quietas. Ella no se resistió en ningún momento, quería que él siguiera adelante toda la noche. La babosa lengua recorrió los antebrazos, los codos, los bíceps, los tríceps, los deltoides y las axilas. Las manos se concentraron en las abultadas tetas que yacían ocultas detrás del sostén.

    Andrea estaba sobrecogida por lo que estaba sintiendo en ese momento. Sabía que un hombre calentón era el único que podía darle tanto placer con las manos y la boca. La blancura de su piel estaba tomando un color más natural y vibraba con cada caricia que recibía. Al ruborizarse, su rostro tomaba un color fuerte, como si se estuviera quemando. La temperatura corporal había aumentado más de lo esperado.

    Pablo se desvistió, se quitó la camiseta, el pantalón vaquero, los calcetines y la polaina. Lo único que le quedó fue el bóxer blanco que le cubría los genitales. El cuerpo del hombre lucía vigoroso y marcado, como el de un atleta. Andrea se maravilló al ver esos músculos definidos. La superaba por unos pocos kilogramos de diferencia. Le tocó el pecho y los pezones, luego los marcados abdominales y por último la ingle.

    —¿Te gusta lo que ves?

    —Adoro los hombres fibrosos. Me ponen cachondísima.

    Se desabrochó el sostén, le pidió que le devorara los pechos y que palpara su agujero. Pablo se reacomodó encima de ella para darle el gusto que se merecía. Le comió las tetas, besuqueándole las areolas mamarias como una bestia en celo, y le metió los dedos ensalivados en la parte interna de la concha. No sintió nada raro al tocarla, le parecía lo más normal del mundo. Esa bella mujer era una joya hecha carne.

    Pablo era bueno para calentar mujeres, sobre todo durante periodos de calistenia. Sabía cómo tocarlas y cómo hacerlas sentirse bien antes de penetrarlas. A Andrea se la devoró sin piedad, le chupó los pezones y le lamió los puntos más sensibles una y otra vez. La besó en la boca y le pellizcó los cachetes. Notó que su piel era elástica como un chicle. Al verla a los ojos, le trajo recuerdos de alguien que conocía. Supuso que ella guardaba algún parentesco con su mejor amigo del pasado.

    —Me recuerdas a alguien —le dijo y estudió su mirada—. La palidez de tu piel y la brillantez de tus ojos son idénticas a una persona que conozco.

    —¿Una de tus novias anteriores?

    —No. Es un amigo al que extraño mucho. Daría cualquier cosa por volver a verlo.

    —¿Un amigo tuyo?

    —Le debo una disculpa por mi descortesía. Lo mandé a freír espárragos el día que se me declaró. Al pobrecito le debe haber dolido mucho ese rechazo.

    Andrea sintió que el corazón se le aceleraba y la mente se le llenaba de maravillosos recuerdos y reminiscencias del pasado. Casi soltó lágrimas por lo emocionada que estaba. Tomó a Pablo de los labios, lo sostuvo fuerte y lo besó con ganas. Le clavó las uñas en la espalda y lo rasguñó sin llegar a lastimarlo. Lo besó con todo el fervor del mundo y le transmitió todo el cariño que tenía para dar. Para él, esa reacción lo puso aún más caliente de lo que ya estaba.

    El acontecimiento inusitado había despertado en ellos pasiones desconocidas y unos deseos monstruosos por hacer el delicioso. Querían follar a lo bestia hasta desvanecerse y desplomarse por completo. Los cuerpos estaban tibios y temblorosos, listos para iniciar la escena tan esperada.

    Cambiaron de posición, Pablo se acomodó a lo largo y ancho de la cama, Andrea se arrodilló frente a él, le tocó las piernas y le lamió las pies tal y como él había hecho antes. Buscó la mejor forma de enloquecerlo. Acarició los pies tiesos del hombre y hurgó entre los dedos. Olisqueó y besuqueó la suela y los laterales. Humedeció los dedos para luego dirigirlos a la zona más importante de su cuerpo: la entrepierna.

    Manoseó el paquete voluminoso y toqueteó todo lo que tenía a su alcance. Sin inhibición alguna, recorrió la cara interna de los muslos con la lengua, exploró los bordes de las nalgas, el centro del perineo y debajo del ombligo. Desde el interior del bóxer, se erguía un objeto punzante que segregaba un fluido transparente, sin olor y sin sabor. Dirigió la atención a ese objeto rimbombante y lo tocó como si le perteneciera a ella.

    Al bajarle la prenda y quitársela de una vez por todas, presenció la erección más hermosa de todas. Primero, se lanzó de lleno a los escrotos, engulló aquel par de huevos y los colmó de saliva. Después, besuqueó y mordisqueó todo el aparato reproductor, puso especial atención en la cabeza del miembro. El trozo de carne de dieciocho centímetros de largo quedó a merced de su lubricidad y se lo tragó entero. El hacerle garganta profunda era un sueño hecho realidad.

    Pablo se derretía de placer, respiraba agitado, sentía fuertes palpitaciones en el pecho, se le erizaba la piel, le temblaban las piernas, le sudaban las manos y jadeaba sin parar. Andrea estaba dándole la felación más sabrosa del mundo y lo estaba haciendo gratis. Al fin y al cabo, se había cumplido su deseo de ser felado por una hurí.

    El problema se presentó cuando los desgarradores espasmos domeñaron el cuerpo del hombre, sobrecogiéndolo a cascoporro. Sintió que estaba en la parte más frágil de su resistencia carnal, no podía hacer nada para evitar la perentoria eyaculación. Andrea se la chupaba a escape, con premura y sin deseos de detenerse hasta que se viniera. Siguió adelante pese a la resistencia que él ponía. Llegó un momento en el que ya no se pudo hacer nada y el semen fue expulsado del cuerpo.

    Andrea saboreó esa insípida miel blanca proveniente de los testículos, se la tragó sin problema y la degustó como si fuese chocolate. Mantuvo la boca abierta todo el tiempo, sorbió el fluido genital y lamió el frenillo y el meato urinario. Las manos hacían su parte sujetando la base del durísimo miembro viril que había acabado de hacer erupción.

    —No pensé que iba a venirme tan pronto —admitió Pablo, todavía exaltado por la férvida chupada que había recibido—. Eres increíble.

    —Es hora de que me muestres de qué estás hecho, galán —le habló con tono atrayente, suplicándole que la partiera en dos—. Dame una muestra de tu resistencia.

    —¿No te preocupa hacerlo sin protección?

    —No pasará nada.

    Se quitó las bragas, se acomodó encima de él, le colocó las manos sobre los hombros, las rodillas a los costados y la concha encima de la verga. Cuando el orificio vaginal engulló el miembro, Andrea se puso muy tensa y arrugó el macilento rostro. Tremenda tranca le causaba un dolor tremebundo. Para ella, todas las vergas eran palos ricos que debía chupar antes de montar. La lubricación con saliva que les daba servía para facilitar la penetración.

    Se apoderó de él, montándolo a matacaballo, en un intento desesperado por domar a la fiera. Sudaba sangre para que él se viniera de nuevo, con el mismo frenesí que la primera vez. Movía la cadera de arriba abajo con toda la emoción. Quería expresar con tacto lo que sentía por él, aquello que había esperado con ansias durante una década. Perdía el culo para darle la fruición que había estado deseando desde que pisó el hotel.

    La respiración de ambos se vio afectada por la exigencia física, por los veloces movimientos y por los roces de labios. La reciprocidad de besos franceses y los apretones de manos creaban la escena ideal de una noche en pareja. Parecían dos desesperados que habían estado centurias sin verse y que hacer el amor era su última voluntad antes de fenecer. Un singular arrumaco acompañaba la escena.

    Pablo tocó fondo al poco tiempo, inundó el orificio apretado de Andrea y se desmoronó de placer sobre la cama. Tuvo un orgasmo de lo más intenso, con fuertes contracciones prostáticas y bruscos espasmos. Entre resuellos y gemidos, caricias y besitos, largó lo que tenía guardado para la segunda ronda. Saboreaba las secuelas de su intemperancia una vez más.

    Andrea no tenía interés en dejarlo en libertad hasta que acabase exhausto. Su mayor deseo era verlo satisfecho. Pero para que Pablo no pudiera con el alma, debía hacérselo salvajemente. Un hombre joven y sano era capaz de soportar hasta el trato más inhumano.

    La montada continuó igual que antes, con el mismo impulso y la misma celeridad. Más arrebatada que nunca, Andrea se había propuesto a darle con todo, sin aprensión ni lástima. Buscaba que esa fuera la cogida de la vida para Pablo, la que quedase en sus recuerdos como la mejor de todas. El haber reprimido ese deseo durante tantos años al fin mostró su poderío.

    El hombre volvió a correrse ante el estímulo que recibía de la mujer. Sintió un volcán haciendo erupción entre sus piernas; los fluidos internos fueron expulsados con éxito. Lo bueno de él era que no sentía agotamiento siendo que no estaba haciendo ningún esfuerzo por venirse, todo lo hacía su pareja de juego.

    La habilidad de la mujer para montar hombres era asombrosa, casi imposible de imitar. Se contoneaba provocativamente. La elasticidad en sus músculos inferiores le permitía moverse con total soltura. Ejercía presión sobre el pecho de él con las manos, aferrándose a su carne con las uñas. Se comportaba como una legítima ninfómana. Lo tenía bajo control.

    Pablo hacía lo imposible para aguantar aunque sea cinco minutos sin eyacular. Cualquier cosa que intentase, rápida o lenta, no le serviría de nada. Ante la estimulación brindada, no podía hacer otra cosa más que dejarse llevar por la delectación. La dadivosidad de ella era el mejor obsequio que alguien le podía otorgar.

    Se vino por cuarta vez, gozó de manera escandalosa y se mantuvo tenso por unos segundos, mientras salían los fluidos de su miembro. A medida que la llama de la concupiscencia se iba apagando, las ganas de comérsela a besos aumentaban a paso agigantado. Una vez finalizada la escena de sexo, tenía planeado darle cariño.

    Andrea le acarició el rostro, le movió los rizados cabellos, lo tomó del mentón y le susurró que lo quería ver correrse otra vez. La respuesta de Pablo no necesitó palabras, con un simple gesto le respondió. La tomó de los labios y le metió la lengua en la boca. Al intercambiar saliva, incrementó el afecto mutuo. Sus cuerpos se laxaban a medida que iban acercándose. La mujer aquilataba mucho el esfuerzo de su mejor amigo por hacerla gozar. Pocos hombres le daban tanta felicidad.

    Al retomar las cadencias rítmicas del baile sensual, Andrea se desplazó nuevamente sobre aquel enderezado miembro que tanta fruición le otorgaba. Tan concentrada estaba en el objetivo que apenas le prestaba atención al entorno. Ignoraba por completo el hecho de que alguien podía entrar de sopetón y sorprenderla. A esa altura del partido, poco le importaba.

    Brincó sobre el palito enjabonado, haciendo que las tetas se le bambolearan hacia arriba y hacia abajo. Pablo se las tomó con ambas manos y las sostuvo para que no salieran volando. Al apretarlas, las sentía blanditas, como dos esferas llenas de gelatina. Se las sujetaba sin necesidad de apretarlas.

    Al traspasar el límite de la resistencia, hubo una quinta corrida de la que Pablo apenas habló. Tenía la verga más lubricada que nunca, el semen que largaba servía como lubricante natural. Andrea estaba al tanto de sus limitaciones como macho fértil, sabía que no le quedaba mucha gasolina en el tanque. Tenía que disfrutar la poca energía que le restaba.

    Los dos sacaban el pie del tiesto, se lanzaban besos y chupones a espuertas, se tocaban y acariciaban con ternura, se daban lamidas al cuello como perros. Experimentaban con emociones gratificantes e irresistibles. Buscaban la mejor manera de amoldarse sobre la cama para estar más cómodos. Los movimientos pélvicos aportaban placer extra durante la escena de manoseo y besuqueo, y viceversa. La penetración no se detenía en ningún momento.

    A lo largo del trecho que recorrían juntos, concomitantes resuellos los tomaban por sorpresa en pleno apogeo. Una vez alcanzado el pico más alto de los placeres carnales, fueron azotados por la delectación más fructífera que podían recibir. Fue entonces que se tomaron un corto descanso antes de seguir besándose con éxtasis. En un arrebato de libídine, los chupones eran esenciales.

    Andrea extendió las piernas hacia adelante, apoyó los talones a la altura de los hombros de Pablo, puso las manos a los costados del colchón, inhaló y exhaló, inclinó la cabeza hacia atrás, mantuvo el cuerpo en quietud por quién sabe cuánto tiempo, movió la cadera hacia atrás; el miembro salió del hoyo que había llenado con ese jugo blanco y pegajosos que a ella tanto le gustaba.

    Al ver que la erección todavía no se había esfumado, decidió tomarla entre sus cálidas manos, limpiarla a lengüetazos y lamidas, luego la jaló para que se pusiera más tiesa y esperó a que largara todo el líquido atrapado en la uretra. Pablo la detuvo para decirle que quería besarla por enésima vez. Ella se acostó a su lado y dejó que la besara mientras le masturbaba.

    —Eso fue intenso —Pablo aseveró, aún jadeante—. No pensé que lo iba a disfrutar tanto.

    —Córrete una vez más —le suplicó con cara de niña inocente.

    —No creo que pueda.

    —Claro que puedes.

    Andrea tuvo que estar un buen rato masturbándole para que acabara. Como era de esperar, la última corrida fue escasa en jugos pero gratificante en placer. Pablo largó lo poco de semen que le quedaba y Andrea se encargó de limpiarlo con la boca. Después de eso, el miembro finalmente quedó devastado y perdió su encanto.

    Pablo la tomó entre sus brazos, la abrazó, la besó, la acarició, y como premio, le metió los dedos en la concha. Al introducirle el dedo índice y el dedo cordial en la parte interna del orificio, tocó el viscoso fluido que había salido de su cuerpo. Ese hoyo era un mar de fluidos corporales. En decúbito lateral, siguió dándole placer con los dedos y los labios.

    Llegó un momento en el que se sintieron satisfechos con el resultado final y dejaron de tocarse. Pablo ya había tenido suficiente diversión por el día y Andrea también. Había llegado el momento de sacar a relucir la verdad que había permanecido oculta por tanto tiempo. Tras recuperar el aliento y la temperatura corporal, la mujer tomó la palabra.

    —¿Recuerdas ese amigo tuyo del que me hablaste?

    —Sí. ¿Qué tiene?

    —Te ha extrañado un montón desde el día de graduación. Ha soñado contigo tantas que veces que es imposible contarlas. Sufrió muchísimo durante tu ausencia.

    —¿Cómo sabes eso? ¿Conoces a Andrés Sánchez?

    —Lo conozco mejor que nadie.

    —¿Sabes dónde se encuentra?

    —Se encuentra en frente de ti.

    Al escucharla decir eso, quedó desconcertado, sin palabras. Le resultaba imposible creer que Andrea y su mejor amigo eran la misma persona. Ella no se parecía a él ni él a ella. Eran dos personas totalmente distintas, con gustos distintos y metas distintas. Andrés había sido un adolescente con problemas de peso y trastornos depresivos, alguien acostumbrado al rechazo y la burla. Andrea era una mujer mentalmente sana y sin ningún tipo de problema para relacionarse con los demás.

    —No hay forma de que tú seas Andrés. Quiero decir… no hay forma de que hayas sido él —le dijo y suspiró—. Tú eres una persona optimista y sociable.

    —Tuve que pasar por un largo tratamiento de hormonas, varias cirugías, cambios de ritmo, ejercicios aeróbicos, dietas saludables, noches de insomnio, trastornos alimenticios —le confesó—. Todo eso lo hice para poder acostarme contigo. ¿O acaso pensaste que una mujer común aparecería de la nada para invitarte a un hotel de lujo a hacer el amor? Me encargué de preparar todo para que esta noche fuera especial. La espera fue larga, pero valió la pena.

    —Al verte a los ojos, sentí que te conocía —afirmó Pablo y le acomodó el flequillo—. Eres albina, de ojos azules y nariz chata. Fui un tonto al no darme cuenta de que eras Andrés.

    —No pasa nada. Poca gente sabe que soy una mujer trans —le dijo—. Mi familia dejó de hablarme el día que les comenté de mi decisión. Creen que estoy mal de la cabeza por haberme operado.

    —Cambiarte de sexo sólo para acostarte conmigo fue una locura. ¿En qué rayos estabas pensando?

    —La culpa fue tuya por haberme dejado con las ganas. Sabía que jamás lo harías con un hombre, así que tomé la decisión de cambiar de sexo —le explicó—. Ahora que soy mujer, me siento mucho más feliz. Ya nadie me fastidia, nadie me pone apodos, nadie me insulta. Soy una persona normal.

    —Quisiera que Andrés estuviera aquí para pedirle disculpas. No fui sincero con él en muchos aspectos. Nunca le dije cuánto lo quería.

    —El pasado quedó atrás, enfócate en el presente ahora —le aconsejó—. Tu amigo Andrés dejó de existir hace mucho, ahora se llama Andrea Sánchez.

    —¿Hiciste esto por calentura nomás?

    —Lo hice para cambiar mi vida. Me cansé de ser un hombre infeliz.

    —Ahora entiendo por qué me preguntaste si odiaba a la gente transexual. Querías cerciorarte de que no era un transfóbico.

    —Tú siempre me aceptaste tal y como fui. Por eso te quiero mucho.

    —Oye, ¿crees que… lo nuestro funcionará?

    —Sólo somos amigos. No quiero que seas mi pareja —le respondió con una sonrisita y le tocó la punta de la nariz con el dedo índice—. Lo único que quiero es darte las gracias por ser la única persona en querer a mi yo del pasado. Si hubiera más gente como tú, el mundo sería un lugar mejor.

    Siguieron hablando de todas las cosas que habían hecho durante los últimos diez años en los que habían estado distanciados. Pasaron la mejor noche de sus vidas. El apego que compartían era lo más bello que existía. Cuando se cansaron de hablar, se acomodaron bajo la gruesa colcha y durmieron juntos. Pablo quería que Andrea fuese su pareja, pero ella quería buscarse otro hombre. No quería echar a perder esa valiosa amistad que los unía.

  • Con los chacalones

    Con los chacalones

    Después de algunos meses ausente por fin decidí volver a escribir y contarles lo que ha pasado en este tiempo. La uni y el trabajo me tienen agotada pero las salidas con mis amigas continúan aunque no como antes. De eso se trata lo qué pasó hace una semana y que ahora les contaré:

    En la uni organizábamos fiestas cada viernes al salir de clases ya sea en casa de nuestros amigos o en algunos restaurantes como mera reunión. Obviamente iba con mis amigas pero esa vez Paulina (como sabrán es la más aventada) nos comentó de una “reunión” que estaba organizando otro salón y nos dijo que al parecer se iba a poner entretenido. Al pasar los días nos dijo que la reunión sería en una casa de un amigo suyo y obviamente tendríamos que asistir. Yo me zafe del trabajo inventándole una excusa creíble un día antes de la cual me libré. El viernes en la uni generalmente no hacíamos casi nada ya que los maestros lo único que quieren es irse así que salimos alrededor de las 11 am que para ese rato ya todos estaban con dirección de ir a la reunión.

    Nos movimos en el coche de mi amiga Paulina para dirigirnos al punto de reunión, una vez ahí nos topamos con algunos conocidos y mientras pasaba el rato iban llegando un poco más de universitarios muy guapos. Por el calor que hacía todas mis amigas incluyéndome íbamos en short con tenis blancos y una blusa súper casual. Comenzamos a abrir la nevera que había en el patio para tomar cervezas después de la larga semana que habíamos tenido y como merecimiento de que todas estábamos ahí. Alrededor de la 1pm la casa estaba un poco llena de gente de todo tipo. En un rato descuidamos a Paulina y al tratar de buscarla vimos que hablaba con un tipo con estilo bien malandro, pantalones medio rotos y una playera súper larga muy equis, la verdad nos sorprendimos de nuestra amiga ya que no encajábamos con ese tipo de personas. Me acerqué a ella y al tipo que al parecer se conocían de algún lado, dijo llamarse Iván pero yo con cara de asquito no le di importancia así que me fui con mis otras amigas. Al pasar el rato hubo un pequeño problema ya que el tal Ivan estaba discutiendo con otro tipo que nosotros conocíamos de vista tanto que Ivan y sus amigos terminaron saliendo de la casa. “daba igual estén ellos o no” pensé, pero mi amiga Paulina me pidió que la acompañara afuera para hablar con él lo cual se me hizo súper extraño ya que como mencioné nosotras no encajábamos con ese tipo de personas. Le hice el favor y la acompañe, comenzaron hablar y en una señal me pidió que me acercara más a ellos, una vez ahí me invitaron a seguirla en otro lado “¿Otro lado?” les pregunté, Paulina preguntó donde sería el lugar para que en dado caso de convencer a las demás iríamos.

    Me saqué de súper onda y más cuando Paulina se despidió de un beso en la mejilla con el sujeto, yo con un adiós me bastó.

    “Explícame qué onda con eso Pau” le pregunté

    “Mira lo qué pasa es que es mi amigo, solo trato de darle celos a alguien y ya” me respondió

    “Espero que con lo de ir allá sea una broma”

    “No es broma, no quiero ir sola y solo cuento contigo ya que Kati e Ivette son muy especiales y jamás se rebajarían a ir con ellos”

    La verdad no quería relacionarme con gente así pero Paulina es de las que nunca me ha abandonado y ahora tocaba devolverle el favor. Hicimos el intento de convencer a nuestras amigas pero se negaron a ir con ese tipo de gente así que solo esperábamos la ubicación de la otra reunión para movernos en el coche y en un lapso de 20 minutos nos confirmaron, nos despedimos de nuestras amigas y nos lanzamos para el lugar. Durante todo el trayecto a Paulina le preguntaba acerca del tal Ivan y me dijo que habían cursado algunas materias y que era un chavo buena onda, además de que el pleito de la fiesta se originó por ella ya que el tipo con el que Ivan había peleado quería con Pau y por eso decidió salir afuera con él de tal manera que el viera que ambos se fueran de la fiesta, típico de mi amiga.

    Al llegar a la dirección que nos habían enviado vi que era una colonia que en mi vida conocía, nos estacionamos y vimos una bodega abierta y observamos que ahí estaban los que habían salido de la reunión anterior. Eran cinco chicos súper equis y con una vestimenta peculiar, Iván se acercó a saludarnos y nos invitó a pasar, la bodega era amplia y tenían unas sillas además de una pequeña nevera con cervezas. Nos presentó con los demás y para ese punto ya quería irme, se me hacían chicos buena onda pero no era mi estilo ni mi ambiente, todo lo contrario a Paulina que aceptó sentarse cerca de su amigo y conversar. Yo estaba a un lado de ellos y me hacía tonta con mi teléfono hasta que uno de ellos se acercó a ofrecerme una lata de cerveza que por cortesía se la acepté mientras hablaba conmigo, según uno de ellos me veía en la uni pero en mi vida lo había visto, alrededor de las 2:30 pm mi amiga Pau se fue con Iván a la casa de alado ya que era donde ahí vivía, al parecer iba al baño así que me quedé esperándola. Los que quedaron conmigo trataron de entablar conversación pero simplemente no se me daba, era medio cortante hasta que escuché que a uno de ellos dijo que ahora regresaba y se dirigió adentro de la casa. Me pareció extraño ya que ahí estaba mi amiga, si en 5 minutos no salía iría por ella, checaba rápido el tiempo hasta que les dije a los ahí presentes que también iba al baño, entré fácilmente a la casa ya que habían dejado medio abierto la puerta y al asomarme a la sala vi a mi amiga besando a Iván y su otro amigo estaba abrazándola por la espalda. “Ah que tonta…” dije algo enojada, me regresé y le hice una llamada en señal que ya quería verla, llegó a los 2 minutos y se sentó tranquilamente, le pedí que quería hablar afuera así que nos levantamos de nuestros asientos y al salir nos topamos con Ivan y este le dijo a mi amiga “Ya esta listo”, no entendí que significaba pero quería preguntarle muchas cosas a mi amiga.

    Una vez afuera le pregunté qué onda con lo que había visto adentro de la sala, ella ingenuamente no creía que la había visto y tal cual me comentó:

    “Desde hace meses quiero darme al tipo de nombre Iván porque nunca lo he hecho con un chacalon además de que es muy buena onda conmigo pero su amigo intervino y pues lo más seguro es que se dé un trío”

    “No manches Pau, eres demasiado para ellos, a lo mejor eres algo que nunca en su vida tendrán” le dije

    “Si pero no está de más probar otro tipo de personas, además todo será con precaución…” sentenció

    Bueno ella sabe cuidarse muy bien pero no me agradaba la idea de estar con los otros chicos tanto tiempo sin saber que hacer, le pedí que se cuidara mientras regresábamos a la bodega, al entrar ya Iván y su amigo esperaban por mi amiga, me dio su lata y se fue con ellos, me senté solita mientras los otros 3 chicos se acercaban a mi para hablar de cosas sin sentido. Pasaron como 20 minutos y uno de ellos tímidamente se disculpó por no ser el tipo de fiesta de las cuáles yo estaba acostumbrada.

    “Nah ntp” le dije, “Me gusta estar en todo solo espero a mi amiga y si nos topamos en la uni ahí me saludas”, le respondí.

    Comenzamos a charlar bien a gusto hasta que me preguntó:

    “¿No te gustaría ver que hace tu amiga?”

    “¿Enserio se puede? jaja” le dije

    “Mira, por acá atrás de la bodega hay una ventana, entrando ahí podemos ver toda la casa ya que ahí nadie más entra” me comentó

    “Pues bueno, vamos un rato…” le dije.

    Nos levantamos de nuestro asiento y nos dirigimos a la ventana una vez ahí el entró primero de modo que yo lo hiciera después, al entrar me pidió que no hiciéramos ruido ya que eran paredes muy delgadas y sin repello que fácilmente se escucha, caminamos y me señaló que ahí era el cuarto de su amigo Iván así que colocó unos blocks bien sigiloso para subir y al asomarnos vi a mi amiga ya desnuda chupando los miembros de esos dos tipos.

    Observé al chico con el que había entrado y lo vi sonrojado, medio le devolví una risa y continuamos observando la escena, al parecer mi amiga estaba entretenida con los miembros de esos chacalones que no quería soltarlos. Los masturbaba y se lo metía a la boca con mucha maestría. El chico decidió bajarse de los blocks y me pidió que ya era mucho aunque la verdad me gustaba ver a mi amiga cómo succionaba esos miembros oscuros, al bajarme de los blocks vi cómo el pants del chico estaba comenzando a tener una pequeña erección, se lo señalé y más se sonrojó. Quizá por la calentura del momento y al tener en mente a mi amiga tratando de arrancar esos miembros y yo de meterme algo a la boca le pregunté:

    “¿No quieres masturbarte viendo a mi amiga?”

    “Si pero me da pena estando tu aquí…” me dijo

    “Por mi no te preocupes yo solo continuaré viendo a mi amiga mientras tu terminas”

    Volvimos a subir a los blocks pero mi amiga aún continuaba haciéndoles sexo oral mientras uno de ellos trataba de meterla hasta el fondo de su garganta. Vi como el tipo que estaba a mi lado ya tenía su pants hacia abajo y cómo masajeaba su miembro demasiado rápido mientras veía a mi amiga. Al parecer a Pau ya estaban por someterla y penetrarla, decidí bajarme de los blocks y acercarme al chico para decirle que ya nos regresáramos y cómo un chico obediente me hizo caso. Casi al salir de esa zona comenzamos a escuchar lo gemidos de mi amiga, nos vimos a los ojos y regresamos para ver qué ocurría. Al subir de nuevo vimos a Pau en cuatro y como uno de ellos la estaba penetrando mientras masturbaba al otro sujeto acostado, esa imagen me calentó demasiado que al ver a mi lado al chico de pants ya masturbándose le hice señas de bajarse y le dije al oído:

    “¿Puedo ayudarte?”

    Tímidamente me dijo que si así que le terminé de bajar su pants y vi un miembro muy grueso y oscuro, comencé a jalarlo despacio y rápido mientras el solo cerraba sus ojos, continué así hasta que casi al explotar me dijo:

    “Tienes unas manos muy suaves” y terminó saliendo todo un charco de semen que fue a dar hacía la pared, ya deslechado comencé a masajearlo hasta dejarlo flácido, se acomodó y nos fuimos de ahí.

    Regresamos a la bodega donde nos esperaban los otros dos, continuamos con la charla hasta que el chico del pants decidió irse, nos despedimos y seguí en la conversación con los otros dos chicos, mientras esos dos hablaban no les prestaba atención ya que me había calentado la escena de mi amiga y como esos chacalones la disfrutaban. Se me ocurrió hacer lo mismo que mi amiga pero no quería coger con ellos así que se me salió lo puta y les comencé a tirar indirectas hasta que captaron. Uno de ello me comentó que ya sabía lo que Ivan y su otro amigo hacían con mi amiga, yo le dije que si incluso llegue a verlos y eso me había puesto muy caliente. Al escuchar todo eso comenzaron a tocarme las piernas y acercarse mas a mi pero no tenía protección así que les mencioné mis reglas:

    “Ok no vamos a coger, solo vamos a fajar sin ropa, no tragaré semen y no quiero que me manchen”

    Ellos aceptaron así que cerraron la bodega y nos recorrimos hasta la parte de atrás, una vez ahí comencé a besar a uno y luego al otro, para ser chacalones la verdad no lo hacían nada mal, les pedí que se quitaran toda la ropa y una vez desnudos vi que sus miembros le colgaban y la verdad no estaba nada mal, al parecer ya creía porque a mi amiga le gustaban este tipo de personas.

    Me hinqué y comencé a acariciarlos hasta introducirme uno a uno a la boca, le daba pequeños besos en su oscuro glande y bajaba hasta sus testículos, así lo hacía con ambos mientras los veía a los ojos. Uno de ellos me levantó y me pidió que me quitara el short mientras el otro me levantaba la blusa, una vez que me dejaron con mi calzón blanco de puntitos negros y mi bra blanco de nuevo me pusieron de rodillas y comencé a succionarlos pero ahora demasiado rápido. Uno me preguntó si podía meterlo hasta adentro y con una diminuta sonrisa le dije que si, me preparé de tal manera que coloque mis manos en sus piernas mientras su amigo me tomaba de la cabeza lentamente, poco a poco fue entrando hasta que ya lo tenía demasiado adentro de mi garganta.

    Continué metiéndolo hasta que le di un pequeño golpe en las piernas en señal de que ya no podía y al sacarlo terminó saliendo demasiada saliva de mi boca. “Ahora a mi…” dijo el otro, la mecánica fue la misma hasta que termine sacándolo, me gustaba metérmelo a la boca hasta que les dije:

    “¿Pueden meterlo los dos?” Se rieron y se acercaron más a mi cara, a como pude traté de meterlos pero era un reto así que me conforme con sus glandes mientras chocaban en mi boca, trataba de que entraran completo pero no podía así que solo le daba pequeños lengüetazos. Me levantaron y me preguntaron si podía bajarme el calzón pero les dije que eso no así que solo me inclinaron y comenzaron a darme pequeños golpes y arrimones entre mis blancas nalguitas. La escena era dos tipos morenos tatuados con una chica de piel demasiado blanca sometida ya que me tenían de espalda. Uno de ellos me preguntó tímidamente:

    “Queremos ver tu agujero prometemos no meterla”

    “¿Seguro?” Les dije y ambos me afirmaron que no lo harían así que me baje un poco mi calzón y abrí mis nalgas y de reojo vi como comenzaron a jalárselo rapidísimo.

    “Es rosita”, dijo uno

    “Nunca creí ver un ano así de perfecto” comentó el otro

    Así que me subí mi calzón y comenzaron a seguir con sus arrimones. Uno de ellos detrás mío me pidió gemir para ya terminar y le dije que sin problema pero que acabara en el piso, me tomó de la cintura y comencé a imaginarme a mi amiga, en cómo la estarían cogiendo mientras sentía el miembro del tipo entre mis nalguitas, comenzó a moverse demasiado rápido mientras yo gemía hasta que se despegó y lanzó todo su esperma en el piso, le tome su miembro y se lo comencé a acariciar mientras asimilaba lo que había hecho, el otro me pidió hacer lo mismo así que me puse en la misma posición y continúo haciéndolo mientras gemía. Este al parecer tardaba demasiado lo cual me gustaba ya que quería en ese momento un miembro para mi sola ya que no era justo que mi amiga disfrutara y yo no, comencé a gemir más de lo normal que una de mis manos bajo en mi pussy y comencé a tocarme, el tipo detrás mío me tomó de los brazos y los coloco a la altura de mi espalda mientras lo hacía rapidísimo, me dijo:

    «Por favor quiero terminar en tu boca te lo pido por favor”

    No le respondí así que me despegue de el, me hinqué e introduje su miembro en mi boca, veía cómo temblaba sus piernas y notaba lo caliente que estaba. Mi puta interior sabía que iba a terminar así que baje a sus testículos y comencé a jalársela.

    “¿Te gusta verdad?

    “Me fascina, nunca creí que me harías esto” me dijo

    “Dame tu semen por favor” le dije ya caliente

    Me quitó las manos de su miembro y continuó masturbándose rápido hasta que su semen cayó en parte de mi hombro y el piso.

    “Dios, jamás creí que esto pasara…” me dijo mientras tomaba aire

    Estuvo a punto de caer al suelo, me ayudó a levantarme y me dijo “Siempre quise coger con una chica fresa no creí que fueran tan calientes” solo me reí y le pedí que me ayudaran a limpiarme, uno fue por papel higiénico a la casa de alado y traté de quitarme los restos de semen que me había caído. Me vestí y nos volvimos a sentar, los tres estábamos empapados de sudor así que nos refrescamos con las cervezas que quedaban. Después de 25 minutos mi amiga me mandó un WhatsApp diciéndome que en media hora nos íbamos así que les dije que aún nos quedaba media hora, ellos me ofrecieron coger pero yo les dije que no porque era poco el tiempo. El tipo que terminó primero me pidió mi calzón para continuar masturbándose, no me negué así que me baje el short mientras ambos me veían, vieron mi pussy todo depiladito y limpio hasta que se lo entregué, comencé a subirme el short y mientras uno se masturbaba el otro me besaba entre ratos. El tiempo pasó hasta que escuché que tocaron la puerta de la bodega, era mi amiga con Iván y el otro tipo.

    Entraron a tomarse una cerveza, mi amiga se veía muy cansada pero satisfecha hasta que nos despedimos no sin antes comentarles que si querían que se volviera a repetir no dijeran nada. En el coche les dije lo que había pasado y lo bien que lo habían hecho además de respetuosos eran buenas personas. Me dijo Pau que el trío era uno de los mejores que había tenido y que esperaba repetirlo lo cual me terminó invitando para una próxima salida que ojalá llegue a concretarse.

  • La madre de mi vecino

    La madre de mi vecino

    Crecí en un edificio de clase media trabajadora, cuando iba a comenzar la universidad me mudé a otra ciudad para estudiar lo que me apasiona y al terminar mis estudios encontré trabajo en la misma ciudad donde estudié. Durante esos años solo regresaba a visitar a mis padres cuando podía y aprovechaba para ver a mis viejos amigos.

    Mi mejor amigo y vecino permaneció en la ciudad y estudió aquí, sus padres siempre fueron personas muy amables, cuando éramos niños mi vecino venía a dormir en casa y algunas veces yo iba a la suya, veíamos películas y jugábamos videojuegos, cosas normales de chicos.

    La madre de mi vecino siempre fue una mujer muy guapa, tiene unas nalgas grandes y bien paradas, la cintura bien definida, piernas gruesas y senos pequeños pero bien parados. Una de las noches que me quedé en casa de mi vecino fuí al baño en la madrugada y cuando salí al pasillo la vi venir de la cocina, tenía puesto un babydoll morado muy corto y un escote pronunciado, quedé paralizado, ella solo me saludó y continuó hasta su habitación, yo no pude decir ni una palabra ante semejante hembra. Inmediatamente tuve una erección y regresé al baño para masturbarme, solo tardé unos minutos en venirme. Luego de eso ella se convirtió en el objeto erótico de mis fantasías.

    Mientras viví fuera de mi ciudad tuve varias novias pero nada serio, y siempre me gustaron las mujeres maduras porque son decididas y saben lo que quieren, además de ser las mejores maestras. Tuve varios tipos de relaciones, abiertas, con casadas, compañeras de trabajo y casi todas fueron mujeres mayores que yo.

    Luego de unos años terminé un contrato laboral y decidí regresar a mi ciudad, lógicamente no tenía otro lugar donde ir que al apartamento de mis padres mientras conseguía trabajo y un lugar donde mudarme. Fui recibido en casa con mucho cariño no solo por mis padres sino también por todos mis vecinos. Mi vecino y amigo estudió una carrera en ciencias de la naturaleza así que no era un experto en informática y me pedía ayuda regularmente. Ahora vive solo con su madre pues su padre falleció hace algunos años.

    Una mañana me escribió para pedirme que buscara su computadora y le instalara un nuevo sistema operativo, así que fui a su apartamento y toqué el timbre, salió su madre y me dijo que él estaba en el trabajo, me pidió que pasara a buscar la computadora ya que ella tenía varios días con una contractura muscular en la espalda y no quería levantar nada de peso, pasé, busqué la computadora y salí sin cruzar muchas palabras con ella. Regresé al apartamento de mis padres y de inmediato me puse a trabajar, la computadora estuvo lista después de mediodía así que fui a regresarla.

    Toqué el timbre, salió la madre de mi vecino, abrió la puerta y entré, llevé la computadora a su lugar para instalarla y ella me siguió, cuando todo estuvo instalado y funcionando la madre de mi vecino me ofreció un café y lo acepté. Pude notar que continuaba con dolor porque era evidente que tenía dificultad para moverse, así que le pregunté:

    -¿Está tomando tratamiento para el dolor?

    -Si, fui a consultar con el traumatólogo y me recetó analgésicos pero no los tomo porque me provocan mucho sueño –dijo.

    -¿Ya ha intentado masajes con pomadas?

    Ella permaneció en silencio un momento y continuó diciendo:

    -¿Quien me va a masajear? Paso la mayor parte del tiempo sola.

    -Bueno cualquiera puede hacerlo, yo podría -dije sin pensarlo.

    -¿Sabes dar masajes? –preguntó.

    -Si claro, es algo muy sencillo. Si quiere le doy uno.

    -Ella sonrió y no dijo nada.

    -Yo insistí y le dije: vamos, solo es necesario que se recueste boca abajo y se relaje, se va a sentir mucho mejor.

    -Está bien, espera aquí. –dijo.

    Esperé unos minutos y la escuché llamarme desde su habitación, así que fui y entré, estaba acostada en la cama boca abajo y con el torso desnudo, llevaba pantalón deportivo negro que le llegaba hasta las rodillas y tan pegado a su cuerpo que dibujaba perfectamente su figura, mi mirada se centró en sus nalgas y recordé aquella madrugada cuando la vi en babydoll, esto era mucho mejor… Me senté junto a ella y le apliqué algo de pomada en la parte superior de su espalda y comencé a masajear, de verdad estaba tensa, así que le dije:

    -Trata de relajarte y respira profundo. Justo al terminar de decirlo noté que no la había tratado con el mismo respeto pero ella no dijo nada, comenzó a respirar profundamente.

    Continúe masajeando y bajando hacia la zona lumbar, al llegar ahí, sin pedir permiso bajé el pantalón que llegaba casi a la cintura y lo puse a la altura de su cadera, pude ver el borde de su ropa interior, eso comenzó a excitarme. Masajeaba la parte baja de su espalda y su respiración era cada vez más profunda, así estuve hasta que la piel absorbió la pomada completamente.

    No quería parar y ella no me detuvo, sin pensarlo, me puse de rodillas con una rodilla a cada lado de su cadera, apliqué un poco más de pomada para continuar masajeando la parte alta de su espalda en ese momento mi pene parecía un mástil, me dejé caer poco a poco sobre sus nalgas y continúe masajeando, ella respiraba cada vez más rápida y profundamente, la vi apretar la sábana de la cama con su puño, fue como ver una luz verde.

    Dejé el masaje y me retiré un poco para terminar de bajar el pantalón hasta sus tobillos, cuando lo hice miré sus nalgas y la boca se me hizo agua, eran blancas y sin ningún signo de su edad, continué mi masaje en ese par de pedazos de carne que estaban firmes y separados por un hilo que se perdía entre ellos, bajé hacia sus muslos y los recorrí rápidamente comprobando también su firmeza, mi pene iba a explotar así que me quité el short y el bóxer tan rápido como pude. Volví a sentarme sobre sus nalgas permitiéndole sentir mi erección, besé su espalda de arriba a abajo hasta llegar a su pequeño hilo, ella jadeaba con su rostro incrustado en el colchón mientras yo retiraba la pequeña prenda, subí nuevamente y comencé a mordisquear sus nalgas y las abrí para ver su esfínter, estaba depilado y era rosado, no pude resistirme separé sus nalgas aún más y comencé a lamerlo tratando de introducir mi lengua, podía sentir como se contraía mientras la mujer lanzaba un gemido de placer, así estuve un rato más comiéndole el culo.

    En ese punto mi excitación me controlaba, no pensaba nada más, me arrodillé dejando sus piernas entre las mías y agarré mi pene a la vez que levantaba un poco sus caderas, lo puse en la entrada de su vagina, pude sentir su calor y humedad, ella abrió un poco sus piernas y traté de penetrarla, no fue fácil, hasta que mi glande estuvo dentro de ella, continué empujando lentamente y la sentía muy apretada, no podía creerlo estaba perforando su culo, separé sus nalgas para ver mi falo incrustado en ese hermoso culo y me sorprendí al verlo libre, mi miembro había perforado su vagina y parecía virginal, comencé el movimiento de vaivén y sentía como su vagina parecía apretar y soltar mi verga, era grandioso, ella solo gemía mientras apretaba la sábana con ambos puños y yo cada vez le daba más duro, mi pelvis chocaba contra sus nalgas aumentando el ritmo a cada segundo, mi pene se sentía caliente como si ella tuviera fiebre pero no era así, al cabo de un rato mi excitación era tan grande que no pude aguantar más, me vine dentro de ella soltando varios chorros de leche en lo profundo de su cavidad ella me correspondió dilatando y contrayendo su vulva y soltando un ahhh que parecía venir desde lo más profundo de su agradecido cuerpo.

    Mantuve mi pene dentro de su vagina durante unos segundos más mientras ella bajaba su cadera y soltaba la sábana, no quería sacarlo pero luego de hacerlo ella dijo:

    -Vete, ¡no quiero que me veas!

    Me vestí y ella se mantuvo con el rostro contra el colchón sin moverse. Salí de la habitación algo desconcertado por su reacción pero con una sonrisa triunfal. Me fui al apartamento de mis padres, tomé una ducha y al salir de la ducha tenía un nuevo mensaje en mi móvil, no conocía el número pero el mensaje decía:

    -«Muchas gracias, ya no siento dolor».

  • Siendo sumisa

    Siendo sumisa

    Este es uno de mis recuerdos favoritos, de las primeras veces que deje que un hombre me dominara e hiciera conmigo lo que quisiera. Este y otros (muchos) encuentros más forjaron lo mucho que me gusta que me sometan, me peguen y me den órdenes.

    Sucedió hace unos años, contaba con 25 años y vivía sola, y eso significaba que disfrutaba de mi soltería y cada fin de semana desfilaban diferentes hombres por mi cuarto. Uno de mis favoritos era Tony. Nos conocimos en un antro, un shot y dos besos después ya íbamos en el taxi rumbo a su casa, sus manos ya iban dentro de mi pantalón y nuestras bocas estaban pegadas. Llegamos a su departamento y en ese momento las cosas cambiaron, entramos a su cuarto y pude ver ligas y cuerdas en el piso, bajo la cama, también alcancé a ver una venda de ojos negra, de satin y unas esposas. Tengo que admitir que me dio mucho miedo, y aun así mis calzones estaban empapados y mi vagina me pedía que terminara lo que empecé.

    Tony se dio cuenta que veía con recelo las esposas «Jugamos?» me preguntó. Levante las manos y puse las muñecas juntas, estaba dentro y el miedo se estaba alejando, mientras que la excitación no me dejaba pensar muy bien. Tony tomó las esposas y me las puso, dejando mis manos en mi espalda. «Tenemos que usar una palabra segura, que te parece ‘rojo’». Asentí repitiendo ‘rojo, rojo, rojo’ en mi mente. En un instante su semblante cambió, se acercó a mi y me ordenó que me quitara los tacones y me acostara en la cama, boca arriba. Obedecí temblando un poco de calentura, mi corazón estaba a mil por hora y sentía como se enfurecían mis pezones. Con fuerza me quitó el pantalón y me abrió de piernas. No me di cuenta en qué momento se quitó la ropa, y podía ver qué estaba erecto. Se arrodilló entre mis piernas y con el glande me acariciaba el clítoris, sobre la ropa interior «No puedes gritar, ni gemir» me dijo cuando deje salir un suspiro «por cada ruido que salga de tu boca, te daré un castigo, de acuerdo?» Asentí con la cabeza, no sabía a qué se refería con castigo pero aún no quería averiguarlo. Siguió acariciándome, subía sus dedos por los piernas, y con la otra mano desabrocho mi blusa y libero uno de mis pechos, el pezón rozo sus dedos y mi blusa, sensación que me hizo estremecer y soltar un leve gemido.

    «Te dije que no podías hacer ruido» me dijo mientras se ponía de pie, mis piernas y mis pezones se quejaron, necesitaban sus caricias. «Te toca un castigo, ponte de rodillas» me dijo, casi a gritos, me volví a espantar pero obedecí. Inmediatamente sentí un golpe en el culo, justo en medio, fue obvio que fue con un cinturón de cuero y sentía claramente cómo se me calentaba la piel y se enrojecía. Extrañamente, también sentí los comienzos de un orgasmo, cosa que me pareció fascinante y sin poder evitarlo, volví a gemir. Esta vez, sin avisar, sentí de nuevo el golpe, ahora más abajo, golpeó también mis piernas y llegue a sentir un poco de escozor cerca de mi vagina. «Para por favor… me voy a venir» dije con voz entrecortada, nunca me imaginé que dos cinturonazos bien dados me iban a dejar al borde del orgasmo y no quería que pasara, quería prolongar el placer.

    Supongo que Tony me leyó la mente porque no me castigo aunque me atreví a hablarle. Me empujó boca abajo sobre la cama y se sentó encima de mi mientras abría las esposas. Sentía claramente su verga entre mis nalgas e instintivamente las levanté, dejando que se abrieran un poco y si verga pudiera entrar más. «Quieres que te la meta por ahí, putita?» me preguntó al oído, y yo solo pude asentir, me daba miedo hablar y que con otro golpe el orgasmo se apoderara de mi. Cuando me libero de las esposas sentí como arrancaba mis calzones, dejando mi culo al descubierto, y aún me tenía sobre la cama, sentado encima de mi, tentándome con la punta de su verga entre el culo y la vagina, tentándome a gritar o a gemir. Me volvía loca, me mordía los labios y trataba de entregarme al placer. Sentí como se levantó, escuché como chupo sus dedos y después los metía lentamente en mi. Uno, dos, tres… cuando metió el cuarto exploté. Tuve mi primer orgasmo y, obviamente, gemí y grite de placer.

    Sentí como se levantó y esperaba que me dijera que me tocaba castigo, que me golpeara, me volviera a amarrar o cualquier cosa. No esperaba sentir, de golpe y con algo de dolor, como metía su verga erecta y mojada en mi culo. De golpe y sin avisar. Grite de dolor y después gemí de placer, me encanta que me den por el culo, me hace sentir muy sucia y sexy. Levantó mis caderas sin dejar de penetrarme, de manera que quede en cuatro. Sin perder el tiempo comencé a acariciarme el clítoris, buscando el orgasmo. «No te puedes tocar, si sigues así te va a tocar castigo» me moleste un poco y decidí no hacerle caso. Estaba acerándome al orgasmo cuando sentí como dejo de penetrarme. El vacío repentino me alejó del éxtasis en el que estaba. «Te dije que te iba a castigar, ahora, boca arriba y cierra los ojos» obedecí a regañadientes, la palabra ‘rojo’ se hacía cada vez más grande en mi mente.

    Sentí como amarro mis pies a las patas de la cama, dejándome con las piernas totalmente abiertas. También me esposo de nuevo las manos, esta vez dejándolas frente a mi. «No abras los ojos, si los abres… ya sabes» dijo mientras daba un golpe con el cinturón en el colchón. Inmediatamente me excite otra vez. Batalle con la idea de abrir los ojos, solo para sentir la caricia de cinturón una vez más, pero me contuve. Por lo menos hasta que sentí como me penetraba duro y fuerte, cada vez más y más rápido. Sentía como su vergota entraba y salía de mi, como acariciaba mi clítoris casa que salía y me empujaba cada que entraba, sumida en el éxtasis del cogidon que me estaban dando olvide todas las reglas, abrí los ojos y grité «Ay si papi, si, cógeme, hazme tu puta» dije mientras me acercaba al orgasmo. Detuvo todo movimiento, pero no dejó de penetrarme. Pellizco mis pezones hasta que me dolió, mirándome a los ojos esperando que me atreviera a gritar. No lo pude evitar. Bajo la cabeza y mordió fuertemente cada uno, comenzando a moverse otra vez dentro de mi. La mezcla de sensaciones me empujo y tuve un orgasmo enorme, sin abrir la boca ni los ojos. Deje que la sensación me recorriera mientras disfrutaba como se sentía su verga dentro de mi mientras mi vagina pulsaba. «Quieres otro verdad zorra? Quieres que te vuelva a hacer que te vengas?» no abrí los ojos, pero asentí. Sentí de inmediato un cinturonazo en los pechos. Los pezones me ardieron y en el momento en el que se calmaba el ardor, los metió en su boca, uno por uno. Mientras, seguía penetrándome y cada vez se movía más rápido, más fuerte, sentí que estaba a punto de terminar. Abrí la boca y saqué la lengua. «Te los quieres tragar perra» me susurró. Bombeo y me pellizco unos minutos más y justo cuando estaba sintiendo las contracciones de un nuevo orgasmo, me saco la verga y la apuntó a mi cara, viniéndose enseguida. Logre tragar lo que me caía en la boca, mientras que con la mano limpiaba lo demás. No quería desperdiciar.

  • Mi novia Lena (II): La cita muy especial

    Mi novia Lena (II): La cita muy especial

    Mi novia Lena estaba muy confundida. Quería creer que gustaba al señor K, pero este la había tratado con desdén haciéndole sentir mal y avergonzada, aunque la verdad es que había sentido mucho placer al estar con él, como nunca antes. Y también había comprobado claramente que su jefe había gozado con ella, de eso no cabía duda. Aún recuerda como él… Pero desde ese día, Lena decidió que siempre iría vestida muy elegante y fina al estudio de arquitectura. Es cierto que esa vez al ir tan provocativa había conseguido que por fin el señor K se fijara en ella, pero eso hizo que la tratara como a una cualquiera. En ningún caso ella quería parecer una fresca. La verdad es que no podía ni quería quitarse al señor K de la cabeza, pero deseaba conquistarlo por ser como es ella: una señorita educada y con clase.

    El caso es que el encuentro con el señor K sucedió hace ya un par de meses y desde entonces él no se ha acercado nunca más a mi novia. Simplemente la ignora, solo muestra indiferencia ante ella. No es que la trate mal, simplemente no la trata, como si no existiera. Lena se esfuerza en hacer muy bien su trabajo, ser muy solícita, simpática y amable con todos en el estudio, pero no encuentra ningún reconocimiento por parte del señor K. Sólo una vez, como de pasada, al cabo de unos pocos días de haber estado con ella, el jefe le dijo “Muy buen trabajo, señorita Lena, no crea que no lo aprecio”, cosa que hizo que ella se ruborizara y se preguntara si se refería a… y mirara al señor K con unos ojitos de agradecimiento pero él simplemente se dio la vuelta y se metió en su despacho. Desde entonces, nada.

    Hasta ayer.

    —Señorita Sala, el señor K quiere verla en su despacho.

    —Oh, sí, claro, ya voy! – contesta mi novia sintiendo que el corazón le va a explotar y corre a ver al señor K. – Señor K, usted quería verme.

    —Ah, sí, hola señorita Lena. No crea que no reconozco su trabajo en el estudio, al contrario. También me he fijado que ahora usted viste de forma muy recatada. No le diré que no me gustara cuando usted parecía más bien… una… bueno, dejémoslo así. Me gusta que usted sea tan educada y fina, la verdad. Mire, si usted pudiera, desearía poder invitarle mañana.

    —Oh, sí, sí, claro, señor K!

    —Por la tarde, a tomar algo, en un sitio muy, muy elegante. Como es usted!

    —Que bien, señor K! Me alegra que usted no se llevara una falsa impresión de mí el día que…

    —No, no, por dios, Señorita Lena, al contrario. Mire, mañana por la tarde, tómese la tarde libre y así se puede ir preparando para nuestra… cita.

    —Oh, señor K, qué amable es usted!

    —Faltaría más! Mire, tome esta tarjeta y cómprese ropa nueva, que sea muy bonita y elegante.

    —No, señor K, no hace falta… yo…!

    —Quiero que gaste todo lo que desee en ropa para mañana. Procure que sea la mejor que encuentre, que usted vista muy guapa y elegante para la cita.

    —Pero no hace falta, señor K, es usted muy amable conmigo.

    —Arréglese bien, maquíllese bien guapa… Ah, y un par de cositas: depílese usted completamente el… bueno, ya me entiende… y, por favor, no use bragas!

    —Eh? Cómo? Señor K!

    —Es la única condición que le pongo, señorita Sala.

    —Pero… —mi novia no sabe qué contestar, se muere de ganas de complacer a su jefe, pero no quiere perder su dignidad ante él – señor, eso que me pide… no, eso no se pide a una señorita… no, lo siento!

    —Señorita Lena, usted irá muy bien vestida, con ropa lujosa… si quiere, incluso puede comprarse alguna joya… sólo le pido que tenga el pubis y el… bueno… todo rasurado.

    —Señor K, yo creo que para ir a tomar una copa, eso no debería importarle.

    —Pues sí, me importa. Pero bueno, ya veo que me equivoqué con usted. Dejémoslo, no pasa nada. Aquí hay chicas que matarían por tener una cita conmigo.

    —Sí, señor K, lo sé, en el estudio hay muchas mujeres… muchas más guapas que yo, lo sé.

    —Pero yo la elegí a usted. Es a usted a quién querría mañana conmigo. Tengo mis motivos.

    —Y yo se lo agradezco, señor!

    —Pero si no puede ser, no puede ser. Retírese, Lena. Llamo ahora mismo a Sofía y lo arreglo con otra chica, en un santiamén.

    —No, no, señor, espere, por favor! Me gustaría tomar algo con usted, de verdad, conocernos mejor… mire, me depilo y ya está, también me gusta estar muy arregladita ahí debajo, no crea!

    —Lo sé, lo sé. Ya me fijé. Y lo recuerdo. Pero mañana no quiero ni un pelo allí. Ah, y sin bragas!

    —No, pero eso…

    —Pues nada.

    —Bueno, venga, no me pondré braguitas, ya está!

    —Vale, Lena, perfecto! Me alegra su decisión. Mire, mañana nos encontramos en esta dirección, a las siete de la tarde. Verá qué lugar más fino y elegante.

    —Gracias, señor K. Allí estaré!

    —Muy elegante y fina! Y depilada y sin bragas!

    —Sí, sí, no se preocupe, sin un pelo y sin braguitas!

    Mi novia Lena y su amiga Olive compran en la mejor tienda de la ciudad:

    —Pues ya ves, Olive! El señor K se ha dado cuenta que soy una chica educada y elegante y se muere por conocerme mejor. Gracias por acompañarme y ayudarme a escoger el mejor vestido!

    —Lena, ya sabes que me encanta salir de compras contigo. Y más si podemos comprar las mejores prendas sin mirar el precio!

    —Al contrario, el señor K quiere que me ponga lo más caro!

    —Pues aprovéchalo, Lena. Pero eso de que vayas con el coño rasurado…

    —Ay, que bruta eres! Ya, bueno, debe ser alguna manía que tiene él.

    —Y sin bragas? Eso es porque quiere…

    —No, mañana es una cita para pasar un rato charlando, para conocernos… se ha dado cuenta que soy una chica con clase. Creo que se está enamorando de mí.

    —Pero Lena, no seas inocente, él es un hombre casado! Para mí que lo que quiere es sólo…

    —No, no, de verdad, por fin me trata como a una señorita.

    —Vale, venga, me alegro. Pero de no lo pongas fácil!

    —No, no. Aunque lo cierto es que me muero por estar con él! Ay, noto que ya me estoy mojando!

    —Pues vaya, mira, suerte que hoy llevas bragas!

    —Ay, sólo de pensar en él ya tengo empapado el tanga!

    —Oye, y qué le vas a decir a Juan?

    —A Juan, nada! Pues que iré a tomar algo con unas amigas. Contigo.

    —Eh, a mí no me metas!

    —Sí, le diré que mañana por la tarde quedo mi mejor amiga, con Olive!

    —Pues vaya!

    Mi novia Lena llega a la dirección que le dio el señor K un poco antes de las siete. Ella viste muy elegante, con una chaquetita corta muy lujosa, una blusa blanca muy fina y transparente, sostén de encaje, una falda muy bonita que le llega unos centímetros por debajo de las rodillas, unas media negras hasta medio muslo, zapatos muy elegantes de infinito tacón, un collar de perlas que ha pagado también su jefe y, por supuesto, sin bragas.

    —Hola, ya estás aquí, ven, ven! Estás preciosa! – la recibe el señor K vestido muy elegante y ella se sorprende de ver que está más guapo que nunca y más cuando él la acompaña con su mano en las nalgas hacia una mesa donde hay dos caballeros – Miren, les presento a Helena, mi esposa.

    —Señora Helena, es un placer! – se levanta el mayor y besa a mi novia en la mejilla.

    —Señora Helena! – el más joven le da un par de besos.

    Mi novia está sorprendida, pero sigue el juego del señor K y no aclara que no es su esposa. No entiende nada y más cuando el jefe la sienta entre los dos hombres y le oye decir:

    —No dirán que les engañé. Es guapa o no es guapa mi mujer?

    —Por supuesto!

    —Guapísima! – dice el mayor admirando a mi novia.

    —Si les parece, tomemos una copa y así la van conociendo.

    —Sí, sí. Nosotros invitamos!

    —Oh, son ustedes muy amables! – reconoce mi novia.

    Aunque Lena está desilusionada porque creía que estaría a solas con su jefe, la situación no le molesta ya que los tres caballeros son muy amables con ella y se siente toda una señora, como si fuera en realidad la esposa del señor K. Al terminar la copa, el jefe dice:

    —Bueno, señores, si lo desean, podemos pasar a la sala privada. Ahí estaremos más cómodos.

    —Oh, una sala VIP? – pregunta ingenua mi novia.

    —Sí, algo así. Solo para los mejores clientes. Como son ustedes, señor John y señor Óscar.

    —Sí, sí, pasemos al privado! – exclama el señor mayor, John por lo que parece.

    —Pase usted primero, señora! – dice amablemente el joven, Óscar, y admira el andar sensual de mi novia.

    —Oh! – no puede evitar exclamar ella – Pero esto es… Oh! Cuánto lujo!

    —Digno de una princesa, Helena! Como eres tú! – contesta el señor K guiñándole un ojo.

    —Señor – susurra Lena a su jefe – me gustaría estar sola con usted, aunque estos señores son muy amables y simpáticos.

    —Lena, esto hoy no podrá ser. Tú compórtate como mi mujercita y… quizá en otra ocasión… —le contesta al oído y luego, en voz alta – Bueno, señores, mi esposa, como les dije, está aquí para complacerles, verdad, Helena?

    —Sí, sí, claro.

    —A ver, quítese la chaquetita, señora!

    —Ah, sí, sí, hace algo de calor. – responde Lena quitándose la chaquetita. El señor mayor, John, abre unos ojos como platos admirando el pecho de mi novia bajo la fina blusita y el sostén de encaje.

    —Hijo, comprueba si la señora…

    —Sí, padre! Me permite, Helena? – pone su mano bajo la falda y la acerca a su sexo – Sí, padre, sin bragas! Y… sin pelo!

    —Oh! Pero qué…? Quite su mano de ahí! – se enfada mi novia apartándose del joven.

    —Cómo? Señor K! Usted dijo…

    —Sí, sí… no se preocupen. Un trato es un trato. – dice el señor K tomando el brazo de Lena —Mi señora les complacerá en todo. Ya ven, ella ha venido aquí sin braguitas para ustedes. Y completamente rasurada. Como me pidieron. Y, seguramente, ya tiene el coño mojado, para ustedes.

    —Sí! – dice Óscar, mirando y oliendo su mano – noté el sexo húmedo el sexo de su esposa.

    —Es que ella es muy caliente, verdad, Helena querida?

    —Señor K, déjeme por favor, yo me voy a ir!

    —A ver, Helena, no harás un feo a estos señores. – se alejan algo de John y Óscar para que no les oigan.

    —Yo pensaba que… estaría con usted… que tomaríamos algo juntos. Si no, no…

    —Lena! Por qué crees que te escogí a ti para esta comedia? – dice al oído a mi novia – Estos señores están a punto de cerrar un trato con el estudio, nos va a reportar millones y más millones, no lo va a estropear, verdad?

    —Pero… yo… usted… por qué les dice que soy su mujer?

    —Es una condición que pusieron: padre e hijo son algo viciosillos… y no pretenderás que les deje estar con mi esposa! Ella es una señora!

    —Señor K, yo también!

    —Bueno, la verdad… ese día en el despacho… no sé… no parecías…

    —Era solo para llamar su atención, señor K! Yo soy una señorita educada. Además, tengo novio!

    —Mira, Lena, te conozco bien, enseguida pensé en ti, sabiendo que eres tan… tan… cachonda… para representar a mi esposa en esta farsa! Ese día en el despacho… aunque no me conocías, te dejaste hacer de todo y gozabas como una gatita en celo. Pues eso es lo que quiero que hagas hoy. Te vas a portar bien!

    —No, señor K, yo a usted… me gustaba… me gusta…

    —Yo soy un hombre casado y no te importó, eso ya dice que clase de chica eres.

    —Fue un malentendido, yo pensaba que le gustaba, que me quería…

    —Estoy casado y feliz con mi mujer. Mira, pórtate bien y no me hagas perder este negocio. Sabré agradecértelo. De verdad.

    —No, señor K, yo no soy…

    —Ya lo sé, ya lo sé… Eres una señorita elegante. Y tienes novio. Vale. Pero, va, da algunos besos a estos caballeros, déjate abrazar y… verás como ya está.

    —Pero… ellos van a creer que yo…

    —Que eres mi esposa y que me gusta compartir a este bomboncito. Seguro que esto les excita.

    —Bueno, algunos besos y ya está. Para complacerle a usted, señor K. Y que no se enfade conmigo.

    —Vengan, señores, Helena es toda para ustedes! Les va a complacer con gusto. Verán que es una mujer muy caliente y mimosa.

    Los dos caballeros se abalanzan sobre mi novia. El mayor la abraza y le aprieta contra él mientras el joven se pone tras ella y le besa el cuello.

    —Ay, no, hmmm, el cuello, no! Ahí soy muy sensible!

    —Oh, siento tus tetas en mi pecho! – grita John abrazándola como un oso. Estás muy cachonda, verdad? Noto tus pezones tiesos!

    —Hmmm, es que… la blusita es muy fina! – se excusa Lena.

    —Papá, está muy mojada! – exclama Óscar que le levanta la falda y acerca su mano a la vulva – Su coño rezuma!

    —Ya les dije que mi esposa es muy…

    —Muy puta! – dice John.

    —Oh, eso no, por favor! – se queja mi novia.

    —No, no, es sólo que… le gusta el sexo, verdad, amor?

    —Sólo con mi novio!

    —Dirás con tu maridito! Pero estos señores son muy amables contigo y esto te pone cachonda, verdad?

    —No, no, ya está, basta ya. Ay, pero, qué? – Lena nota que el joven le introduce un dedo en la vagina y empieza a moverlo hábilmente – Oh, hmmm, basta! Oh!

    —Papá, a la esposa del señor K le resbala el flujo por los muslos y empapa sus medias!

    —Pero qué mujer! – John abre la blusita de mi novia arrancando los botones y se amorra al escote y empieza a olerlo, a lamerlo y a besarlo.

    —Ya está, ya está, señor K, por favor, dígales que paren!

    —Helena, mujer! – el jefe acerca sus labios a los de mi chica y la besa primero cariñosamente, luego le introduce la lengua y la besa apasionadamente, sin cesar.

    —Oh, señor K! Oh!

    —Esposa mía, amor!

    —Hmmm, amor, sí, señor K! – se siente morir besando a su deseado jefe mientras John ya le ha arrancado el sujetador y le agarra los dos pechos y los sorbe con placer y Óscar ya le penetra la vagina con todos los dedos de una mano – Ah, por favor! No puedo, ay, ah, me voy, me voy!

    —Oh, pero si… ya se corre! Su esposa es la bomba! – se admira Óscar son su mano empapada del flujo de mi novia, que resbala por las elegantes medias.

    —Que guarrita es su mujer! – ríe el padre mientras masajea, chupa y mordisquea los pechos, aureolas y pezones de Lena – Que tetas más sabrosas tiene! Hmmm!

    —Bueno, uf, ya está! Uf! – dice mi novia apartándose de los tres hombres.

    —Eh, pero qué dice, señora?

    —Usted ha disfrutado, y mucho. Ahora nos toca a nosotros, verdad, hijo?

    —No, no, señor K, dígales a estos caballeros que ya basta. Soy… su mujer… usted no permitirá que…

    —Helena, mujer, basta de hacerte la puritana! No le hagan caso, señores. Ella se muere de ganas de follar con ustedes. Sólo que finge ser una buena esposa.

    —No, no, yo me voy. – exclama bajándose la falda que tenía en la cintura y cubriendo su pecho como puede.

    —Helena, no vamos a quedar mal con los señores! Tú has tenido tu dosis de placer y ahora les toca a ellos.

    —Tengo n… tengo un marido… soy una buena chica!

    —Tu marido soy yo, y me encanta que estés con estos señores.

    —No voy a follar con ellos, no, nunca! – dice al oído de su jefe.

    —Vamos a quedar mal con ellos!

    —Eso es cosa suya! Que follen con su mujer si quiere!

    —Pero que dices! Ella nunca permitiría eso! Y yo no lo permitiría!

    —Pues yo me voy!

    —Bueno, espera, a ver… mira, sigue mi juego… espera.

    —Usted y sus juegos!

    —Señores, mi mujer me dice que se muere de ganas de… de hacerles una mamada. Ella es muy mamona y le encanta chupar pollas! Y a fe mía que lo hace muy bien!

    —Pero qué…?

    —Mujer, al menos hazles una buena mamada, que estén felices!

    Los dos caballeros se sacan su miembro completamente erguido y se acercan a mi novia. Ella se aparta, pero en parte para complacer a su jefe y en parte porque se admira de ver dos vergas grandes y tiesas para ella, se pone en cuclillas y agarra los miembros y los empieza a masajear. Al cabo de unos minutos, mira a su jefe, moja sus labios con la lengua, de manera pícara, y empieza a sorber la tranca de John, sin dejar de masturbar a Óscar. Luego cambia de pene y chupa el del joven, masturbando a John.

    —Chupe las dos juntas, señora! – ordena el padre y ella mira a su jefe que asiente.

    —Venga, métanme las dos en la boca, caballeros! – y ellos no se hacen de rogar y penetran la boca de la chica.

    —Serás mamona! – exclama John!

    —Qué bien la chupa, Helena! – dice Óscar.

    —Es que ella ha chupado muchas pollas, verdad, Helena? – pregunta divertido el señor K.

    —No, yo, no! – se queja mi novia, aunque no se la entienda al tener la boca tan ocupada; ella besa, sorbe, mordisquea los penes de los dos hombres, les acaricia la punta y el tronco con la lengua, los lame, deseando que se corran y que termine todo de una vez.

    —Ay, hmmm, oh… basta, basta, mamona! – grita el joven.

    —Oh, es que acaso no le gusta?

    —Sí, ay, sí! Demasiado!

    —Pues córrase, caballero! – dice el señor K.

    —No, no… quiero follar con su señora, como pactamos.

    —Eh? No, eso no. Mi marido no lo permitiría, verdad? – die Lena sacándose las dos vergas de la boca.

    —Bueno, yo… ellos desean…

    —Señor K, el pacto era que tendríamos a su mujer para todo lo que deseáramos. Usted nos dijo que ella era muy cachonda y que le encantaría estar con los dos.

    —Sí, señor, nos dijo que su señora era muy puta.

    —Oh, señor K, usted les dijo eso… de mí!?

    —A ver, Helena! Te has presentado aquí sin bragas… luego te has corrido ante nosotros tres… después les has chupado la polla… no me negarás que… bueno, que algo fresca sí eres!

    —Helena, mire como estoy! Mi polla va a reventar! Por favor! – suplica Óscar.

    —No, no, si quieren… se la chupo y dejo que se corran en… mi cara. O en mi boca… y si lo desean me trago su leche.

    —Mira que eres cochina! – la insulta el viejo.

    —Todo menos follar! K, por favor, diles que no!

    —A ver… podríamos… mire, mi esposa tiene un… a ver, ven, Helena, date la vuelta, inclínate, así, miren, qué culo tiene mi esposa… le levanta la falda hasta la cintura y Lena muestra su sexo ante los señores.

    —Oh, señor K, por favor, no!

    —Calla, calla, un momento. Caballeros, este culo… es el mejor que jamás he probado, y miren que he dado porculo a muchas chicas. Es caliente, húmedo, acogedor, prieto… Vengan, huélanlo, vengan.

    Los dos hombres se arrodillan detrás de mi novia y le huelen el culo y enseguida el joven le acerca un dedo al ojete y lo presiona algo.

    —Pero ella tiene el agujero muy pequeño, mi polla no cabrá ahí.

    —Sí que cabrá, sí! – contesta mi novia y se avergüenza de las palabras que salen de su boca – Oh!

    —Ya ven que ella quiere que la enculen, verdad, Helena?

    —No, esposo, yo… no, no.

    —O eso o follar, tú decides.

    —No, nada, nada! – exclama mientras todos se dan cuenta que está muy excitada porque rezuma flujo que resbala por sus muslos.

    —Miren, ella ya saben que es muy viciosa. Verán, dame las manos, esposa mía. – el señor K toma las manos de mi novia y las sujeta con un lazo rosa que se saca del bolsillo y lo ata a la pata del sofá. – Eso la excita, le da morbo. A ver, sube el culo, así, baja la cabeza.

    —Hmmm, su señora está irresistible, señor K.

    —Pero tiene el agujero muy pequeño!

    —Espere, espere… miren, cojo su propio flujo y…

    —Hmmm, ay, señor K!

    —Oh, te excita con tan solo tocarte así, verdad?

    —Hmmm, sí, señor K! —él va tomando el flujo del sexo y de los muslos de mi novia y le va lubricando el culo, le mete un dedo, luego dos, después tres…

    —Venga, quien quiere ser el primero? El culo de mi esposa está preparado!

    —Hmmm, ay sí! – exclama ella.

    El padre penetra de golpe a mi chica y ella gime de dolor y placer y empieza un mete y saca de locura mientras el señor K besa a mi novia en el cuello y la boca para enseguida liberar el pene del pantalón y acercarlo a la cara de la chica que enseguida lo chupa con frenesí y John se aparta para que sea su hijo el que penetre el culo de mi novia pero solo hasta la mitad porque es muy grueso pero así y todo aprieta y mete y saca hasta que consigue que entre hasta el fondo de manera que sus testículos vayan chocando con su culo a cada embestida y su padre toma su lugar y se van turnando mientras ella está loca de placer ante el sabor del miembro de su jefe que no cesa de crecer en su boca y de inundarla con su abundante líquido pre seminal y la saliva de ella que suplica un córrase en mi boca jefe y él contesta que vaya puta estás hecha que estás con tres hombres y te gusta y mi chica contesta que sí y que desea que la inunde con su leche sabrosa y él le coge ambas tetas y las acaricia y pellizca mientras el culo de mi novia muestra un agujero enorme cada vez que uno de los caballeros saca su miembro para dejar sitio al otro hasta que el joven ya no puede esperar y lanza todo su semen en el ano de la chica y ella siente tanto gusto que chupa el pene del jefe de una manera tan placentera que él sólo desea terminar en su boca y lo hace y ella traga toda su lefa aunque también le resbala un poco por la barbilla y él le folla la boca mientras el hombre mayor penetra salvajemente el culo de Lena y ella siente tanto placer que tiene un orgasmo y eyacula en abundancia lanzando su squirt al traje del jefe que le dice que vaya mujer más cochina tengo y ella gime de gusto y de vergüenza y entonces nota que John deja de penetrarle el culo y lanza su esperma caliente a las nalgas y muslos de mi novia.

    Al cabo de un rato, Lena viste sólo la chaquetita y la falda manchada de semen y de squirt. No lleva la blusita, que está completamente rasgada, ni tampoco el sostén. Las medias también manchadas de toda clase de líquidos. Los dos caballeros se han ido muy satisfechos y han aceptado el negocio que va a reportar grandes beneficios al señor K. Al marcharse le han dicho riendo que vaya putita está hecha su esposa y él ríe y mira a Lena y le guiña un ojo.

    Ya en el taxi:

    —Mire, señorita Lena, no me equivoqué con usted. Los dos sabemos cómo es y lo que le gusta..

    —Pero señor K, yo no soy así. Soy una señorita! Y tengo novio!

    —Ya, sí, una señorita bien puerquita, ja, ja, ja! Dígale al cornudo que a ver si la da porculo, que lo tiene muy caliente y deseoso de polla!

    —Ay, calle, señor K, él no…

    —Venga, puede quedarse con el collar y la ropa. Se lo ha ganado.

    —Yo no… lo he hecho por usted…

    —Ya, me dirás que no has disfrutado! Vaya guarrita!

    —Señor K!

    —Mire, me he quedado con ganas de su culo. A lo mejor algún día…

    —No, señor K. Usted no sé por lo que me ha tomado, Pero yo no… Si acaso quiere verme de nuevo, tendrá que tratarme como a una señorita.

    —Ja, ja, no le digo que en el futuro no cuente con usted para algún otro negocio, ja, ja, ja!

    ——Oh, señor K!

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  • Cliente satisfecho de Amazon

    Cliente satisfecho de Amazon

    Soy cliente asiduo de Amazon, donde adquiero todo aquello que creo necesitar, aunque no siempre está en su inmenso catálogo de productos lo que realmente quiero.

    Por mi barrio han pasado muchos repartidores de Amazon, pero de un tiempo a esta parte han fijado en mi zona a una joven de muy buen ver, ágil y risueña a la que procuro recibir personalmente en mi casa, ya que me gusta que ella me ponga el paquete calentito por su cuerpo y manos en las mías, siempre con una sonrisa y con movimientos armónicos, que sin duda provienen de haber recibido clases de ballet desde chica.

    Me siento fatal cada vez que me entrega un paquete con tanto amor y oficio, no pudiendo entregarla el mío calentito, toma todo tuyo decirla y que ella lo aceptase claro, sueño con ese momento en el que ella abriese mi paquete y al abrirlo suspirase que bonito!!!

    Pues ese era mi plan, busque en moda lencería, lo más bonito y sexi, era un experto pues trabaje por años en una tienda de ropa, la calculé la talla de una mirada de arriba abajo por delante y por detrás y pedí ansioso mi preciado fetiche, nada barato por cierto, tenía que ser perfecto.

    Funcionan bien los de Amazon, la verdad, pero bien podían haber incluido mi amazona en su catálogo y habría sido todo mucho más fácil, la compro, espero que a precio rebajado, y sin gastos de envío, que para eso soy prime, pues sino a peso me iba a salir un pastón y ya en mi casa a disfrutar, bueno hay se lo dejo al señor Jeff Bezos, que seguro nos lee.

    Rápidos desde luego son, a las diez de la mañana ya estaba mi amazona llamando al timbre de mi casa, yo había desayunado y corriendo en bata nada glamuroso, la verdad, salí a su encuentro, llovía un poco y la invité a entrar a mi porche acristalado, venía cansadita, me dijo empezó a repartir a las seis de la mañana, a esa hora, solo circulaba ella y algún camión de la basura.

    La senté en una silla a mi lado y la dije el pedido que me vas a entregar es para ti, se quedó un tanto sorprendida se echó el pelo para atrás, se sujetó fuerte las rodillas, creo que para no caerse de la silla, después de unos segundos se dispuso a abrir su paquete, una vez desembalado apareció ante sus ojos un conjunto de satén rojo que la dejó colorada del reflejo, quiero probármelo exclamó, que le den a los pedidos que me quedan por entregar, es la primera vez que un cliente me regala algo tan bonito después de años en la empresa, sin esperar nada a cambio susurro, como dudando.

    Me quede un poco chafado con sus últimas palabras, pero me duró poco, me cogió por un brazo, me levanto de la silla y me dijo súbeme a tu cuarto, que no me aguanto más.

    Se dirigió al vestidor independiente de mi habitación mientras yo me ponía guapo, yo la verdad ganaba con poca ropa, me senté al borde de la cama a su espera, no tardó nada y apareció ante mí perfecta, la sentaba como un guante y dejaba al descubierto un cuerpo joven, duro y armonioso, acércate que te vea y aprecie la textura del tejido, un vez de pie delante de mí la toque la prenda, pero entre parte de arriba y parte de abajo aproveché para pasar mis diez dedos por su cuerpo, parándome unos segundos en hacer unos circuitos alrededor de su ombligo, como enmarcando el piercing que en él tenía.

    La cosa se calentaba y ella cogió mis dedos de una mano y los posó en su coño, le sobe con ganas recorriéndolo todo, dos dedos avanzaron hacia su clítoris ya mojadito y con la mano libre la acaricié sus tetas alternando una y otra, ella agachó su cabeza y me dio un beso de infarto, mientras seguía tocándola, mi pene ya erecto estaba a la espera impaciente, quiero comer tu polla ya me dijo excitada, me rendí a sus deseos, me quite el slip y lo tiré, quedando colgado de una lámpara.

    Cogió mi polla dura con ambas manos y me la comió hasta que comenzó a mojar su boca succionando hasta la última gota, supuse aún no había desayunado, se quitó el maravilloso conjunto y lo puso debajo de la almohada, mi polla esperando, que si pudiese hablar habría dicho venga tía atiende tú paquete!!

    Ahora métemela todita, mi cliente favorito, no tuve que moverme se sentó suavemente buscando la punta del miembro, que yo centré para que fuese directo y así fue entró deliciosamente suave, ella subía y bajaba armoniosamente, mientras yo la apretaba el culito duro, se notaban sus años de ballet, pues sus piernas estaban duras como el acero, comenzó el desenfreno y ya la velocidad aumentó, gritando ambos como bestias hasta que nos corrimos uno dentro del otro, non besamos en la ducha y prometí hacerla más regalos.