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  • Allissa

    Allissa

    Soy un hombre de 45 años y tengo una hija de 25 llamada Allissa que aún no me ha conocido.  Ella tiene el cabello castaño y unos ojos felinos.

    La razón de por que la había dejado es porque me separe de mi esposa cuando mi hija tenía 4 años ya que la mujer con la que estuve se enamoró de otro. Fue desde entonces que decidí irme muy lejos para olvidarme de esa traición sin importarme que también dejase a mi hija.

    Sé que fue un error pero pasaron los años y comencé a pensar de otra forma, quería recuperar el tiempo perdido con mi hija.

    Cuando volví a la ciudad tenía 43 años, me contacté con mi ex esposa para que me dejase ver a mi hija pero se negó a eso.

    Le suplique de todas las formas posibles pero no accedió.

    Lo que supe es que ellas vivían solas y la persona de quien mi esposa se enamoró y por la cual me dejó resulto que años después la había engañado.

    En fin creó que mi ex esposa en realidad no quería que me enterase de eso pero de una manera lo averigüe.

    Cuando llegue a la ciudad y ante la negativa de mi esposa para ver a mi hija decidí buscarla en redes sociales y la encontré. Se había convertido en una hermosa mujer, estudiosa y responsable.

    Sabía donde estudiaba y su rutina pero jamás me animé a acercarme a ella para que me conozca y así fue como pasaron dos años donde actualmente tengo 45 y mi hija 25.

    Siempre revisaba su perfil y estaba pendiente de ella, así supe que Allissa tenía un novio y lo enamorada que estaba. Pero desde un tiempo vi estados de desamor y esas cosas, mi hija estaba sufriendo por amor, tenía problemas con su novio y fue por ese motivo que quería averiguar más de ella y tal vez poder comunicarme, lo haría por otra red social así que la busque en Instagram y fue casi difícil encontrarla ya que tenía su cuenta privada.

    Decidí enviar una solicitud para contactarme con ella y poder verla al fin.

    Al siguiente día trabajaba como de costumbre en mi rutina y anhelaba que llegase la noche para ver si me aceptó y así por fin hablar con ella y decirle que soy su padre que regresé para apoyarla en todo.

    En la noche al llegar a mi apartamento y al disponerme a descansar revise rápidamente Instagram y vi que me había aceptado, no perdí tiempo y fui a su perfil para enviarle un mensaje, pero al hacerlo quede impresionado con una foto que vi de ella.

    Estaba acostada en la cama cubierta solo un poco con las sábanas blancas hasta un poco más arriba de sus pechos pero aun así se veían las buenas proporciones que tenían sus senos. Aquella foto decía «Te extraño, la cama se siente sola».

    Aquella foto era para que su novio le prestara atención.

    Como padre mi deber era haberme enojado y escribirle al novio de mi hija para que no la haga sufrir, pero en vez de eso seguía observando su foto.

    Revise el resto y mire otras similares en ropa interior y minifalda. No podía evitarlo, debía reconocer lo preciosa que era y sobre todo en aquella primera foto que seguía observando. Sus senos se veían preciosos y sin poder evitarlo tuve una erección, no era correcto pero me preguntaba como sería estar besando sus senos y su vientre.

    Así comenzó todo y no le envíe mensaje pero comencé a tener sueños húmedos con ella.

    Así pasaron los días, era un fin de semana y estaba en la noche tomando una copa en uno de los mejores sitios de la ciudad, había una gran multitud bailando y disfrutando de la noche hasta que entre todas esas personas vi a quien menos me imaginaba. Era mi hija Allissa quien llegaba al lugar con una amiga, se sentó en la barra y comenzaron a pedir algo de tomar.

    Mi hija era realmente preciosa, llevaba minifalda, medias de malla y botas de tacón.

    Estuve en mi mesa observándola a detalle pero de un momento a otro ella se dio cuenta que la estaba observando, fue un momento algo incómodo y comenzó a hablar con su amiga.

    Trataba de fingir que no la miraba a ella pero al intento de hacerlo ella me sorprendía de nuevo. Nuestras miradas chocaron y me sorprendió que en vez de que se enojase, ella me sonrió.

    Así comenzó un encuentro de miradas entre nosotros, me sentía algo nervioso ya que ahora los papeles se habían invertido y ella era la que me miraba a detalle.

    Pasaron instantes y estaba a punto de irme del lugar pero de repente escuché un par de tacones acercándose a mi mesa.

    -Hola, te puedo acompañar?

    Mi hija se había acercado a mi mesa, sentí nervios al tenerla tan cerca, era el momento de hablar con ella y decirle quien era yo.

    -Claro, sería un gusto – le respondí mientras ella se sentaba.

    -Es un gusto, mi nombre es Allissa- me ofreció su mano y yo correspondí estrechándola.

    -Es un gusto Allissa, mi nombre es Mark

    -Mark- susurro ella.

    -seré directa contigo Mark, he notado como me has estado observando cuando estaba en la barra

    -Lo… Siento si te hice sentir incomoda yo…

    -No te disculpes, estoy acostumbrada, además… Parecerá extraño pero preciso esta noche no he estado bien y saber que me estabas observando de alguna manera me hizo sentir mejor.

    No sabía que hacer, era la primera vez que hablaba con ella y estaba totalmente nervioso.

    -Aun si sigo insistiendo con mis disculpas, soy una persona mayor y…

    -Lo sé pero, que importa la edad, aun así has hecho que me sienta bien.

    Fue así como comenzamos una conversación entre los dos, hablamos de lo que le pasaba, su novio y sus desilusiones con él, para ella yo era un extraño pero aun así ella me decía que extrañamente tenía una confianza en mi, sabía que era el momento de contarle la verdad y decirle que yo era su padre pero al momento que iba hacerlo ella me propuso bailar, un gran error para mi.

    Al bailar con ella y tenerla cerca me causaba otro tipo de sensaciones no tan correctas.

    Así transcurría la noche entre nosotros, entre algunas bebidas y bailando nuestra conexión se hacía más intensa y en unos de esos instantes ella me abrazó y me besó, estaba en shock en un principio pero no pude evitarlo y la abracé y comencé a corresponderle, era un momento mágico besar a Allissa, pero al mismo tiempo prohibido y aun así seguí besándola.

    No pude resistirme ante tal tentación así que salimos del lugar, nos dirigimos a mi auto y nos dirigimos al mi apartamento.

    Al llegar ella me abrazó y comenzó a besarme intensamente, sus labios eran pasión, me encarnaba como mi hija me besaba, sabía que debía parar pero me era imposible contenerme.

    Entramos a mi habitación y comenzó a quitar su blusa quedando en brasier.

    La abracé y acaricié su espalda, desabroche su falda y la deje en sus bragas de encaje, comencé a besar sus piernas y a acariciarlas y ella comenzaba a gemir de deseo.

    Momentos después estábamos totalmente desnudos entre las sabanas de mi cama.

    Estaba encima de Allissa y estaba besando su cuello intensamente mientras mis manos recorrían sus piernas, baje mas y comencé a recorrer el nacimiento de sus senos para luego descender a su vientre y al final por fin llegar a su preciado tesoro, mi lengua comenzó a recorrer su húmeda vulva y su sabor lo deleite con tal lujuria, aspire el excitante aroma de su feminidad y hundí mi rostro deleitando de tan rico manjar, Allissa mientras ella tanto comenzaba a gemir intensamente pero después de eso subí hasta su cuello y comencé a besarlo y al mismo tiempo susurrarle lo mucho que la deseaba a lo que ella respondió … -Mark hazme tuya!

    Sin mas me coloque encima y la besé intensamente mientras con mi miembro entre sus piernas rozaba su sexo y ella al tiempo se movía para que yo entrara, fue así como de un empujón entre por fin en ella, sentir su vagina cálida y húmeda me enloquecía, sé que era mi hija pero en esos momentos la veía como el amor de mi vida, mi mujer.

    Entre totalmente en ella y comenzamos a movernos intensamente, Allissa gemía intensamente mientras la devoraba toda mis manos tocaban sus deliciosas piernas mientras le hacia el amor intensamente y al mismo tiempo me deleitaba de sus senos, sus senos eran exquisitos, cálidos y comenzaba a chuparlos lujuriosamente.

    Durante toda la noche hicimos el amor intensamente.

    Al amanecer ella estaba abrazada a mi y dormía plácidamente mientras yo acariciaba su mejilla y su cabello, Allissa era realmente hermosa.

    No sabía que pasaría más adelante pero de lo que si estaba seguro es que esa noche era el inicio de una relación de amor prohibida.

  • Parafilias y guarradas

    Parafilias y guarradas

    Hay un relato titulado “En tu departamento”, donde cuento sobre el “nidito de amor” de mi querido. Me di cuenta que en él había un comentario de Rikardo, uno de los autores de relatos de este foro, el cual decía:

    “Me acostumbré a ese sabor a puta cogida…”, refiriéndose a unas líneas que escribí en el relato. También reprodujo unas palabras que contesté a un comentario de Ishtar: “Se pone calentísimo cuando me saborea creyendo estar con ella…”

    Y Rikardo terminaba señalando: “me calientan tus parafilias y guarradas”, por eso titulé este relato así.

    En mi respuesta a Rikardo le dije:

    Nos gusta hacer el amor y coger desesperadamente. Yo no pienso que sean «guarradas», es amor compartido. Me encanta cómo se pone mi amante cuando cierra los ojos y me habla con el nombre de ella mientras que me penetra o me chupa, o ambas cosas, porque cuando me coge y me mama las chiches diciéndome el nombre de su ex, sé que tendré chorros de semen y muchas caricias al terminar su eyaculación. Después vuelve a estar conmigo y me acaricia las nalgas además de cubrirlas de besos. A lo mejor no me quiero, porque lo dejo que me coja creyendo que soy ella, pero ver su rostro en ese trance, es una hermosa recompensa.

    ¿Sabes qué?: Me gustaría ver cómo se la coge para aprender más de lo que le gusta de ella, aunque me faltan tetas.

    Y antes de continuar escribiendo pensé que sería un bonito relato platicar algo de lo nuestro (de la relación íntima entre Bernabé y yo). Así que lo consulté con mi amante, porque iba a contar cosas que sólo le pertenecían a él, aunque yo estuviese metida por casualidad en su vida. Me respondió que sí, que siguiera, pero que le gustaría ver el relato conforme lo desarrollara. ¡Así que iniciamos…!

    Son frecuentes las salidas de mi esposo en su trabajo, a veces pasaban dos semanas sin que pudiéramos hacer el amor y mis pajas eran el único alivio para mi calentura.

    Un día, en mi trabajo me cambiaron de área a cargo de un socio muy conocido por el personal de otras áreas pues con todos era muy atento y cordial en su trato. Puse en práctica los conocimientos que adquirí en mi carrera técnica y aprendí mucho a su lado. A pesar de los años que me lleva de edad, me parecía muy atractivo, más por sus modales y la generosidad con la que transmitía el conocimiento que requeríamos.

    Una vez, a las pocas semanas, luego de compartir el cubículo de su oficina, me di cuenta que su olor me ponía muy arrecha y descubrí que a él le pasaba lo mismo, pero él siempre fue respetuoso. Fue entonces que decidí dar el paso para conquistarlo. Eso lo pueden leer en mis primeros relatos publicados aquí (“Sí, caí” y “Repetido”) que escribimos él y yo a cuatro manos.

    Después de ser amantes durante más de dos años y recibir de mi jefe lo que nunca me daba mi marido en casa, las mamadas de panocha, mi marido fue ascendido en su trabajo y yo tuve que renunciar al mío para dedicarme a mi casa y mis hijos; de nada sirvieron mis argumentos de ser una mujer realizada porque aportaba a la sociedad y me gustaba hacerlo.

    Extrañé a mi jefe, pero más que los besos y las caricias con las que me calentaba, eché de menos las mamadas de panocha que él me daba. Años después, no aguanté más y le pedí que regresáramos (lo conté en “Regresé a las andadas”) y a la fecha, 14 años después de la primera vez, seguimos felices con nuestra relación.

    Bernabé es casado por segunda vez. Amó muchísimo a su primera esposa, pero ella le puso el cuerno de muy mala manera pues no sólo le gustaba coger con otros y traerlos como trapeador por el amor que le veneraban, sino que le gustaba presumirle a todos que ella hacía lo que quería. Eso fue el problema de la separación.

    A Bernabé no le gustaba que ella anduviera con otros, pero le pedía que lo hiciera con discreción, por el bien de la familia, y ella se negaba rotundamente. No hubo más. Rompieron el lazo matrimonial, partieron sus bienes, pero siguieron cogiendo, y a la fecha siguen haciéndolo. Por más que la señora quiso que volvieran, Bernabé se acostumbró a tener relaciones con otras mujeres y no aceptó. Sin embargo, le gusta la vida marital y se casó nuevamente. La situación es extraña, la esposa actual sabe que él sigue teniendo relaciones sexuales con su ex y lo tolera porque sabe del amor que siempre se han tenido; ella no sabe de mí, aunque supongo que no le mueve al asunto porque tiene un estatus adecuado a sus necesidades y está casada por bienes separados.

    La ex sí sabe que yo le doy amor a Bernabé y sólo manifiesta sus celos diciendo que estoy gorda y que sigo casada porque mi marido sí me da más verga que mi amante.

    El caso es que desde el inicio de nuestras relaciones salió la razón por la cual le gustaba hacer el amor conmigo: “mi panocha sabía a puta”, como la de su ex y me pedía que ordeñara mucho a mi marido cuando nos viéramos. Aunque si mi marido no estaba en la ciudad, no había tanto problema, Bernabé me daba gusto y yo a él.

    Nuestro juego de “confundirme” con su ex lo pone calentísimo, y me interesé más por saber de esa mujer, para comportarme como a él le gustaba que fuera ella y no tratarlo con las bajezas que ella le hacía. Cada vez que puedo le pido que me platique de ella, veo el álbum de sus fotos familiares y sí, esa señora era muy bonita y aún lo sigue siendo. Sus tetas es lo que me ha sido más difícil de copiar. Hago ejercicio y dietas propios para aumentar el busto sin tener que operarme.

    Sin embargo, hay una cosa que deseo: verla coger con mi amante. Me gustaría que no supieran ellos que no estoy presente para verla en “acción normal” y saber cómo comportarme para hacer feliz a mi amante.

    Una de las primeras aproximaciones a ese trato oscuro entre ellos, lo pueden leer en «Los remedos de los celos» y me hace reflexionar que quizá lo que a él le gusta de ella es que siga comportándose como puta y embarrándoselo en la cara. (Dice Bernabé que tal vez sea así, pero que le llevará tiempo averiguarlo.) Pero él no deja que ese amor insano entre ellos muera y por eso le gusta revivir el dolor que ella le causaba. A cambio, como venganza, él sigue cogiéndola para que ella sufra por no haber sido discreta en sus relaciones extramaritales. (Mi amante me señala que estoy extrapolando demasiado, aunque no sabe si es cierto.)

    Bernabé ve bien varias cosas de mí, además de mis nalgas y lo bien que le mamo la verga, le gusta que yo no hago sufrir a mi marido, es decir soy buena esposa. Sí, no niego que hago cornudo a mi esposo y que lo ordeño a su completa satisfacción para llevarle leche de buey a mi amante con el fin que éste recuerde a su ex, pero lo respeto al grado de que él no desconfía de mí. También aprendí a tener sexo anal para darle gusto a mi esposo, enseñándole cómo hacerlo. (eso lo pueden leer en «Aceptación» y «Cómo le enseñé a mi marido a sodomizarme»)

    Otra medalla más fue llevar poco a poco a mi marido a que me chupara la panocha. No me atrevo a darle la leche de su corneador, ¿qué tal si se da cuenta y lo pierdo? ¡No!, hay cosas que no vale la pena intentar. No niego que me ponen caliente cuando leo aquí algunos relatos de tríos, no todos, donde uno de ellos es el marido. Pero creo que eso no se dará nunca.

    Me gusta lamerles los huevos a mis hombres. A mi marido se los chupo juntos pues los tiene chicos, pero a Bernabé sólo puedo hacerlo uno por uno. Me gustaría ver a la señora puta, exesposa de Bernabé, cómo le hace sentir en el cielo con la boca. Aprender cómo le gusta a mi amante y, como ganancia, llevar al cielo a mi marido con mi lengua manos y labios, pero no sabría cómo explicarle que lo aprendí. Claro, queda el recurso de decirle que lo vi en las películas porno que tenemos o en Internet.

    Yo no creo que todo esto sean “guarradas”, como dice Rikardo, aunque quizá sólo lo sea viéndolo como uniformación de simbiontes en el intercambio de bacterias y virus que hacemos con la boca, la piel y los sexos de nuestras parejas, y claro de las parejas de otros. (Dice mi amadísimo cogelón y chupador que el análisis de la variedad de los simbiontes en las personas sería una excelente forma de detectar a quienes son parejas consuetudinarias, y que su ex y yo seguramente tenemos los mismos porque despedimos el mismo aroma y tenemos el mismo sabor.) ¡Anda a ver! aquí estoy dándole ideas a los investigadores de la biología o a los de criminología.

    ¡Es igual, me gusta chupar y que me chupen; besar, lamer y recibir lo mismo; acariciar y frotar la piel con la de mis amores, aunque digan que son “guarradas”!

  • Marissa, la hija de mi amigo

    Marissa, la hija de mi amigo

    Era más joven y comenzaba mi carrera profesional,  trabajé en una empresa y uno de mis compañeros que era mayor que yo me ayudaba mucho, fue como un maestro y nos hicimos amigos rápidamente.

    Él tenía esposa y dos hijos adolescentes en aquella época y algunas veces nos reuníamos en su casa luego del trabajo a tomar unas cervezas, sus hijos eran una joven de unos 16 años en esa época y un varón como de 13 o 14 en ese momento.

    Cuando iba a su casa procuraba respetar mucho a su esposa y sus hijos así que evitaba mirarlos mucho o decir algo inapropiado.

    Mi amigo tenía una pequeña granja en las afueras de la ciudad, en la que cultivaba algunas cosas y criaba algunos animales más que nada para consumo propio. Yo solía acompañarlo y con el tiempo nos asociamos en el negocio de criar aves de corral.

    Con los años el negocio prosperó y nos ayudábamos mutuamente para atenderlo a la par de nuestros trabajos, algunas veces iba él y otras iba yo, llevábamos alimentos y medicamentos necesarios para la cría, algunos fines de semana nos reunimos allá y por la noche nos divertiremos con alguna que otra amiga que llevamos. En algunas ocasiones sus hijos me acompañaban porque él quería que aprendieran el valor del trabajo.

    Así pasaron unos 5 años, un fin de semana tuve que ir a llevar alimentos que él había comprado así que pasé por su casa a buscar los sacos, su esposa me comentó que sus hijos me acompañarían así que los esperé, cuando llevaba un buen rato esperando salió Marissa la hija de mi amigo, dijo que su hermano no iría ya que no se sentía bien, la esposa de mi amigo lo confirmó así que nos fuimos sin él.

    En el camino Marissa y yo conversábamos sobre sus estudios, ella iba ya a la universidad, es una morena delgada y con buen cuerpo, nunca la vi con deseo hasta ese día, a medida que transcurría el viaje ella se acercaba más hasta quedar bien pegada a mí y en algún momento noté que llevaba su mano puesta sobre mi muslo derecho… Ese gesto inició una reacción inmediata en mi, llevaba una gran erección pero no pensé que pasaría de eso.

    Llegamos a la granja y saludamos a Ramón, él trabaja con nosotros cuidando y atendiendo el lugar, comenzamos a descargar los sacos y Marissa se fue a recolectar algunas frutas. Pasé el resto del día con Ramón atendiendo los animales y algunos asuntos pendientes por resolver, al finalizar la tarde fui a bañarme para regresar. En la granja hay un tanque grande que tiene una ducha por un lado, ahí me podía bañar tranquilamente pues el mismo tanque brinda algo de privacidad aunque está al aire libre.

    Mientras tomaba mi baño sentí a alguien acercarse, era Marissa, traía una toalla en su hombro y me miró de arriba a abajo totalmente desnudo, procuré cubrir mi pene con mis manos, no pude decir nada, ella continuaba mirándome y preguntó:

    -¿Te acompaño?

    Seguía mudo, solo me encogí de hombros y asentí con la cabeza, ella comenzó a quitarse la ropa hasta quedar totalmente desnuda, tiene un cuerpo increíble, un par de tetas grandes y bien paradas, la cintura pequeña y unas nalgas bastante grandes. Se acercó a la ducha mirándome a los ojos sin decir nada, comenzó a mojarse y se puso de espaldas a mi, tomó el jabón y me lo pasó estando aún de espaldas a mi, cuando lo tuve en mi mano ella dijo: Ayúdame con esto…

    Comencé a ponerle jabón en su espalda y sus nalgas bajando hasta sus piernas, volví a subir para ponerle jabón entre sus nalgas, puse una mano en su cadera y con la otra empujé su espalda hacia adelante, ella se inclinó y comencé a frotar jabón entre sus nalgas, lo hice descaradamente, llegando hasta su ano y presionándolo, ella abrió sus piernas para facilitar mi trabajo, la enjuague dejándola bien limpia especialmente su culo.

    Ella volteó y me besó agarrando mi pene y masturbándome un poco, estuvimos unos momentos así y yo disfrutaba mucho la masturbación mientras le agarraba las tetas, la separé de mi para comerme esas tetas, comencé a mamar fuerte una mientras apretaba la otra, ella gemía y me decía: -así me gusta, hazme tuya- escuchando eso mi pene parecía que explotaría y le mamé las tetas con más desespero, de repente ella se separó de mí y se arrodilló, agarró mi pene y comenzó a lamerlo mientras levantaba su mirada como buscando mi aprobación, puse mi mano en su cabeza invitándola a abrir su boca y lo hizo, comenzó a mamar lentamente e iba aumentando su ritmo, se notaba que tenía bastante experiencia, lo hacía muy bien, sin pensarlo comencé a forzar mi pene empujando su cabeza contra él, le estaba cogiendo la boca.

    Marissa aceptaba gustosa las embestidas de mi pene en su boca y yo ya quería venirme, ella pareció notarlo así que me detuvo, se puso de pie y me besó, mientras lo hacía comenzó a llevarme hacia el árbol donde estaban colgadas las toallas jalándomelo para conducirme, se puso de espaldas a mi incitándome a penetrarla, la incliné un poco y procuré metérselo pero ella se separó y dijo:

    -Métemelo en el culo, no quiero embarazarme.

    No dije nada, pero sabía que debía prepararla, me agaché y abriendo sus nalgas comencé a lamerle el culo, ella gemía y se inclinaba cada vez más, yo procuraba penetrar su culo con mi lengua, luego de un rato metí lentamente uno de mis dedos en su culito sintiendo como se dilataba poco a poco, quería penetrarla así que saqué mi dedo y escupí su culo para lubricarlo, me puse de pie y coloqué mi miembro en la entrada de su esfínter, cuando entró la cabeza ella exclamó; ahhh, ufff, que rico! Seguí empujando hasta que lo metí completamente, hacía movimientos lentos para permitirle a su ano acostumbrarse a mi miembro, ella gritó:

    -¡Cógeme coño! ¿Qué esperas?

    Comencé a bombearle el culo sin compasión, a cada embestida ella respondía acercando más sus nalgas a mi cuerpo yo estaba como loco, la agarré de su cintura y ella comenzó a menearse gimiendo de placer, así estuvimos un rato hasta que me vine en su culo, sentí como salieron varios chorros de leche que inundaron su culo, ella se detuvo y con mi pene aún en lo profundo de su culo giró su cabeza buscando besarme, nos besamos mientras le masajeaba las tetas hasta que mi pene salió por si solo de su ano.

    Luego nos bañamos y jugamos un rato en la ducha, al salir, nos despedimos de Ramón quien nos deseó buen viaje sonriendo… La dejé en su casa y volví a la mía, en el camino compré preservativos para mantenerlos en la camioneta, había decidido que quería su vagina también.

  • Nunca pensé ser infiel

    Nunca pensé ser infiel

    Espero que les haya gustado mis relatos anteriores aunque cortos pero que detallan mis experiencias. Debo decir que estoy casada desde hace 10 años, soy bajita morocha, risueña tengo unas buenas tetas me gusta usar ropa que me permita lucirlas y ver cómo los hombres me comen con sus miradas, además de una cola que muchas regresan a ver cuándo uso pantalones ajustados.

    Mi vida sexual ha sido corta e tenidos 3 parejas incluido mi esposo, siempre fui muy pasiva en la cama y dejaba que mis parejas lleven las riendas cuando hacíamos el amor, en ese momento mi vida sexual era cotidiana y aburrida.

    Nunca pasó por mi cabeza tener una aventura y ser infiel.

    Pero las circunstancias llevaron a qué una tarde saliera a comer con un compañero del trabajo (que meses atrás fue mi maestro y por coincidencia terminamos trabajando en el mismo lugar) , el lugar al que fuimos queda fuera de la ciudad pero se debe pasar cerca de un motel, luego de haber comido al regreso empezamos a jugar diciendo que no nos atreveríamos a entrar, lo que empezó como un juego termino convirtiéndose en realidad , sin que me dé tiempo a reaccionar entro al motel y pidió una habitación (a pesar de haber tenido 3 parejas antes. Nunca había entrado a un lugar así) de pronto sentí miedo, vergüenza, pero el me llevo de la mano dentro de la habitación y me deje llevar empezo a besarme pero el miedo no me dejaba responder la vergüenza, el saber que estaba en un motel con otro hombre que no era mi esposo, saber que iba a probar otra verga que no era la de mi esposo, a los 10 años era algo que me excitaba pero que a la vez, me reprimía por el que pensaría de mi, mientras me besaba sentía como mi cuerpo temblaba, me deje llevar y mientras me besaba cerré los ojos y sentía que sus manos se posaban sobre mi blusa empezó a desabotonarla y de pronto sentí que mi blusa estaba abierta y mis senos cubiertos por mi brassier sentí mis pezones duros erectos, sus manos los empezaron a tocarlos a agarrarlos a manos llenas pues son grandes, de a poco sentí que empezó a bajar y vi como empezó a besarlos y a jugar con su lengua en mis tetas, nadie se había comido mis tetas de la forma que la estaba haciendo a pesar de todo todavía ponía algo de resistencia, sentir otra boca sobre mis tetas me excitaba más.

    Bajo sus manos a mi cintura y sentir que de a poco lo fue bajando hasta dejar que caiga al suelo dejándome solo con mi ropa interior un hilo de color, a pesar de estar muy mojada y excitada quería huir, creo que el se dio cuenta por qué rápidamente se desnudo y me abrazo lo que me tranquilizó un poco, el sabiendo que podría echarme para atrás en cualquier momento me recostó y se puso sobre mi, empezó a besarme y a acaricias mis tetas, bajo lentamente con sus labios y lengua se comía mis tetas y sus manos bajaron y deslizaron hacia abajo mi hilo que era la única prenda de vestir que llevaba , ya rendida y sin salida y con las ganas de sentir una verga nueva luego de 10 años hizo que me mojara aún más, sentía sus manos recorriendo todo mi cuerpo y sin darme tiempo a nada metió toda su verga dentro de mi conchita sentía que me la llenaba toda más gruesa que la de mi esposo, empezó a entrar y salir en mi conchita, sentir como entraba y salía hizo que empezara a gemir de placer, la vergüenza el miedo de ser infiel desaparecieron, metía su verga dentro de mi y mientras, metía su verga me comía a besos los labios y se turnaba en comerme las tetas también.

    No sé si hicimos alguna otra posición pero me deje llevar, luego de algunos minutos senti como su verga descargaba toda su leche dentro de mi conchita. Desde esa fecha hasta ahora de la chica tímida pasiva en la cama no queda nada, siempre busco momentos para estar con él por qué de a poco me fue enseñando a ser una puta en la cama algo que nunca nadie había logrado hacer. Espero sus comentarios.

  • Mi primera vez con mis alumnos

    Mi primera vez con mis alumnos

    Mi nombre es Elsa y es la primera vez que escribo en esté blog, más por necesidad de contarlo abiertamente y desahogarme que por provocar morbo, que el hecho de contarlo ya me provoca morbo a mi.

    Tengo 51 años actualmente, soy profesora de universidad, en un matrimonio de 20 años y del cual tengo una única hija. Físicamente no soy una modelo de revista y no puedo decir que soy atractiva, pero eso creo no lo decide una si no los hombres que te miran.

    Todo comenzó hace aproximadamente 8 años, y como todo pasa, fue por casualidad, aunque se escuche trillado, pero así fue, sin buscarlo se presentó y lo demás es lo que voy a relatar.

    Como ya dije soy profesora de universidad y me gusta llevar una relación de maestra-alumno agradable, sin ser autoritaria si no, ver a mis alumnos como futuros colegas, así que siempre me he llevado bien con todos y todas, al punto de convivir con ellos fuera de la escuela, todo con respeto. Muchas veces he tenido que lidiar con el clásico «enamoramiento» de algún alumno que se deslumbra por su maestro o maestra, pero nunca pasó nada hasta esa ocasión hace 8 años.

    Los alumnos organizaron la fiesta de su graduación y en la cual me invitaron a ser su madrina y acepte por supuesto. La celebración sería en el municipio en donde está la universidad, yo vivo en la capital, pero acepte de buena manera. Aunque ya había asistido a varias graduaciones, en esa ocasión mi marido no pudo acompañarme así que asistí sola, reservé un cuarto de hotel, me instalé temprano y en la tarde noche ya estaba en la fiesta.

    Todo transcurrió muy tranquilo, brindando, conviviendo con mis alumnos y bailando, casi con todos baile pero quien no me soltó toda la noche fue Javier, uno de mis alumnos de esos coquetos que, durante toda la carrera no perdía oportunidad de piropearme, cosa a la que nunca le di importancia.

    Javier es un chico moreno, alto, de ojos pícaros, buen parecido, de esos que traen a las chicas loquitas, y cabe mencionar que en la carrera hay más chicas que chicos, en ese grupo solo había dos, Javier y Ernesto, quienes toda la noche se la pasaron atendiéndome, tanto para servirme las bebidas como para bailar. Los dos bailan muy bien así que se turnaban para bailar conmigo y fue muy divertido aunque, en algunas vueltas bailando, no perdían oportunidad de pasar su mano cadi agarrandome las nalgas, al principio creí que era por accidente pero después me di cuenta que como no decía nada, se empezaron a atrever más e incluso ya más descarados. Esa situación en vez de darme coraje, me excito mucho al ver como hasta competían por ver quien metía más mano, pero fue más mi excitacion y morbo cuan dé de repente me juntaban a su cuerpo y sentía el bulto en sus pantalones, pensé en para ya esa situación pero la verdad me estaba gustando mucho.

    Así continuaron bailando conmigo y manoseándome hasta que les dije que ya me retiraba, luego dijeron que no me fuera, pero mi nivel de alcohol, si no estaba borracha todavía, apenas me mantenía consciente. Ya no insistieron pero me acompañaron al estacionamiento para irme en mi carro, me llevaron del brazo uno en cada lado hasta mi carro, seguíamos platicando y riéndonos de cosas vanas.

    Cuando llegamos al carro, Ernesto se despidió de mí con un beso en la mejilla pero abrazando mi cintura, me volteé para despedirme de Javier y me dio un tremendo beso en la boca que me agarró por sorpresa que no pude retirarme de él, más que ya me tenía agarrada de la cintura y me repego a la suya replegándome a su verga que la tenía muy dura, no sé cuánto paso pero correspondí al beso y ni cuenta me di que ya tenía a Ernesto detrás de mí abrazándome y agarrando mis pechos y apretándolos y también replegándome su verga dura en mis nalgas. Mi pensamiento fue separarme de ellos pero mi cuerpo no reaccionó, me empecé a dejar llevar y hasta les facilitaba el trabajo cuando Ernesto me empezó a subir el vestido para que Javier pudiera soñar mis nalgas y el pudiera tocar mis piernas cerca de mi vagina que ya estaba mojadisima desde hace rato.

    Mi pensamiento fue con mi marido, nunca le había sido infiel mucho menos con dos jóvenes de 25 años, pero en esos momentos ya no tenía control de mi cuerpo, ellos lo estaban controlando y yo me estaba dejando llevar por aquella situación tan excitante.

    Javier me susurró al oído que fuéramos a mi hotel, yo solo moví la cabeza asintiendo, estaba como hipnotizada siguiendo órdenes, Ernesto saco las llaves de mi bolsa y Javier sin dejar de meterme mano, me metió a la parte de atrás para seguir manoseándome y besándome, y sin dejar de hacerlo me agarro la mano y la puso en su verga que ya traía de fuera, yo me sorprendí pero fue una sensación riquísima, después se acomodó y bajo mi cabeza para que se la chupara, Ernesto ya estaba manejando rumbo al hotel y yo estaba chupando la verga de Javier que con trabajos me cabía en la boca, mientras él ya tenía su mano en mi vagina mojada y haciéndome mojar más.

    Llegamos al hotel y me di cuenta porque Ernesto apagó el carro, bajamos y solo voltee a verlos y les sonreí, me llevaban abrazada entre los dos y aunque sin ser descarados seguían tocándome, no nos importo si había gente así seguimos hasta llegar al cuarto y luego entrando, me empezaron a desnudar, me quitaron el vestido Javier me besaba y quitaba mi brasserie mientras Ernesto me quitaba la tanga y comenzaba a chupar la vagina abriéndome las piernas para facilitarle el trabajo, yo ya había tenido un orgasmos pero mi vagina seguía palpitando y deseando tener una verga dentro.

    Ernesto empezó a desnudarse y al mismo tiempo Javier dejándome ver sus cuerpos juveniles y sus vergas tan ricas y tan duras que tenían. Javier me tumbo en la cama boca arriba y me abrió las piernas para chuparme la vagina mientras Ernesto se ponía del otro lado para darme a comer su verga, que aunque no era tan gruesa, tenía una cabeza como de champiñón que parecía un durazno, y que empecé a mamar hasta sus huevos.

    Javier se levantó y abrió mis piernas lo más que pudo y comenzó a meterme poco a poco la verga, yo aunque estaba muy mojada, me costo trabajo recibir aquella verga gruesa, que no era muy grande. Me la metió hasta el fondo y ahí se quedó un rato, sentía como palpitaba dentro de mi, mientras le seguía mandando la verga a Ernesto, con sus huevos pegándome en los ojos y a momentos me la clavaba hasta el fondo de mi garganta, estaba siendo penetrada por la boca y la vagina y eso me hizo tener dos orgasmos más. Javier me seguía bombeando aveces lento y luego fuerte, hasta que sentí como se puso rígido y comenzó a ceñirse dentro de mi, yo en ese momento ni me preocupe porque no traía condon y disfrute su venida, Ernesto cambio de lugar y me puso de perrito, y aún con el esperma de su amigo dentro de mi, comenzó a comerme, el era un poco más brusco que Javier pero eso me encantaba, sentía como el semen me escurría por las piernas y Javier se puso a qué siguiera chupándole la verga, algo flácida y llena de semen y de mi lubricación, nunca había chupado la verga de mi marido después de que me la metiera y es un sabor tan rico combinado con semen que me encanto. Ernesto seguía bombeando y metiéndome un dedo en el culo que, con la lubricación que tenía y con el esperma de Javier, entraban fáciles y sin provocarme dolor.

    Sentí como la verga de Javier se volvía a poner dura mientras Ernesto comenzaba a eyacular dentro de mi también, me agarro de la cintura y con fuerza me jalo hacia el, durando algunos segundos más que cuando termino Javier, yo me sentía totalmente inundada de esperma dentro de mí y de toda la que escurría por mis piernas. Cuando Ernesto me la saco, Javier se acosto boca arriba y me hizo que me sentara en el, esta es la posición que más me gusta así que comencé a montarlo y a moverme de arriba a abajo, en círculos yo disfrutando y corriéndome varias veces, sentía también la mano de Ernesto tocando y metiéndome los dedos en el culo, no se cuantos, pero me estaba haciendo experimentar otra sensación, la cual fue mejor cuando Ernesto se puso detrás de mi y comenzó a intentar metérmela por el culo, le costo mucho trabajo pero cuando lo logro, me hizo dar unos gritos que jamás en la vida había dado al sentir ese placer de tener dos vergas al mismo tiempo. Los movimientos eran disparejos al principio por los tres, pero después agarramos ritmo y fue una cogida espectacular que me hizo tener dos orgasmos seguidos mientras Javier volvía a terminar dentro de mi y al poco rato Ernesto descargo todo su semen dentro de mi culo.

    Así nos quedamos unos minutos sin que sacaran sus vergas aunque si sentí como se iba relajando dentro de mi, nos acostamos como pudimos, yo escurriendo por todos lados pero con una sensación y satisfacción riquísima.

    Así fue como la primera vez que le puse el cuerno a mi marido al que amo con toda mi vida y que nunca he dejado de amar, tal vez me escuche hipócrita pero para mi, esa noche fue puro sexo, que después continuó con otras aventuras en las que incluso mi marido participó, ojalá y les haya gustado esta parte de mi vida que necesito contar y este creo es el mejor medio. Saludos.

  • El polvogym

    El polvogym

    Por fin abrieron el tan ansiado club de gimnasia “polvogym”, la idea de éste gimnasio es brillante, gestada por un sujeto que lleva muchos años recorriendo gimnasios de todo tipo, por todo el mundo y que al final de sus entrenamientos, siempre se quedaba como vacío como que le faltase algo, está claro un buen polvo para distender los músculos cargados, recurriendo como último recurso a un buen pajetón en la ducha a modo de sustitutivo.

    Y no me extraña nada pues si duro es el entrenamiento, más doloroso resulta ver esa multitud de culos en leggins enmarcados como insinuando es por aquí chicos, chochos sudorosos quedando al descubierto con esas aperturas imposibles que invitan a meter la cabeza, ejercicios que bien parece tienes encima a tú pareja y se la estás clavando o flexiones, que en vez de quince haces veinticinco pues la chica de enfrente te está mirando y te imaginas que está debajo, o puestas a cuatro patas y tú detrás oliendo su cercano coño, cambiando tú ejercicio al instante haciendo un poco de cuádriceps de rodillas, espalda y cadera atrás aguantas la posición y con un golpe firme hacia adelante como que la enculas, y así coordinados ella se inclina hacia abajo y estira mostrando el culo en todo su esplendor y tú embestidas repetitivas y en tú mente perversa penetrándola.

    La clase en cuestión se llama ”follafit“, consiste en ejercicios orientados al sexo, con la pareja que elijas, la primera clase estaba petada, diez chicas y diez chicos, al final de la clase es cuando tiene lugar la corrida general, lo único no permitido es eyacular en ningún orificio de tú pareja.

    Comenzó la primera clase, la monitora en tanga y topless, calentando al grupo con movimientos obscenos y música infernal, se fueron formando las parejas, así a ojo al menos dos eran de chicas y una de chicos, aquí todo está bien visto, yo me agarre rápidamente a Ana una chica que conocía de otras clases, rubita, pequeña y con todo muy bien puesto, que cada vez que me ve por los pasillos me da un abrazo y un par de besos, que como dice no ver bien, a veces caen en mi boca, lo cual me encanta.

    No voy a detallar todos los ejercicios, uno de ellos sentadilla completa mientras el compañero en el suelo boca arriba hacia una elevación a toque de lumbar, a mi me tocó abajo y cada vez que Ana se agachaba en su sentadilla profunda yo aguantaba la posición picha arriba tocando suavemente su culo y chochín, ella hacia movimientos circulares en cada bajada que ya me estaban reventando el pantalón, que ya me quité para las últimas repeticiones, la baja intensidad de luz y la potente música favorecía nuestra concentración, y así un ejercicio tras otro, lo complicado de éste entrenamiento era controlar no correrte hasta el final.

    Ejercicios variados a cuál más calientes, ya todos chorreando sudor y algún otro efluvio, con descansos medidos para aguantar hasta el final, quedaban diez minutos y la monitora que también se había quedado desnuda pajeándose en cada ejercicio anuncio el ejercicio final.

    Uno por delante a cuatro patas otro por detrás pegadito al culo del de delante, la de delante agarrando culo del de atrás y el de atrás apretando tetas de la de delante, *tenemos cinco minutos chicos, chicas, toallas cerca para limpiar los fluidos por favor, comenzamos lentamente el meneito” indicó la monitora, “vaya final feliz que me esperaba” pensé, antes de posicionarnos y ya que estábamos en la esquina del fondo la susurre a Ana, “si te parece incumplimos la norma y me dejas que te la meta dentro”, a lo que ella accedió gustosa diciendo “estoy mojadita y deseando “, cogimos posición y recogí con mis dedos el chorretón de líquido que soltaba su vagina y me embarduné mi miembro ya erecto, “estáis todos colocados, ya sabéis la norma, solo rozamientos no penetración” dictó la monitora, “al carayo las normas» dije para mi, mientras la penetraba suavemente para que no chillase en exceso y al ritmo frenético de la música comenzamos todos a movernos como nunca lo habíamos hecho en el gym, dale que dale, oía jadear a todos y a mi Ana unos suspiros retorciéndose de placer.

    La sobaba las tetas con ganas y ella una mano en el culo y la otra me masajeaba los huevos, quité una mano de una teta y con mi mano sudorosa y un líquido del coño de Ana la metí dos dedos en su ano, dio un giro rápido de cabeza y con una sonrisa pícara asintió a que se la clavase por atrás, metí suavemente la cabeza del pene, que curiosa se introdujo rápidamente hasta el fondo, con un “aaay” que exclamó Ana de puro placer, “queda un minuto” dijo la monitora que ya casi balbuceaba, pues se estaba viniendo toda, “ufff que momento” pensé, arremetí con fuerza contra Ana dándolo todo, ella ya se estaba corriendo, mis últimas embestidas fueron de infarto y en el último segundo me corrí y me derretí de placer junto con mi querida compañera, que no quería sacarla de ninguna manera, “chicos se acabó la clase nos vestimos y limpiamos todo lo que podamos antes de que pase la limpieza” concluyó la monitora.

    Todo el mundo comentaba al salir lo bien que le había sentado la clase, y todos deseando repetir al igual que Ana y yo.

  • 45 años y goza como loca en la cama

    45 años y goza como loca en la cama

    Marisa es una mujer de 45 años, profesional y muy exitosa, divorciada, madre de Cintia, una compañera de trabajo con quien tengo una muy buena relación. Normalmente almorzamos juntos, ella está de novia, y con el tiempo nos hicimos confidentes.

    -Estoy preocupada por mi vieja Tavo, no sale, solo va al gimnasio, pero no sale con las amigas, ni a tomar un café ni a cenar. Con hombres menos.

    -Puede estar en la menopausia, no sería raro por la edad.

    -Tenes razón. La veo tan joven que no lo pensé.

    Esa charla durante el almuerzo, no fue más que una de las tantas charlas. Quince días después Cintia me invito a su cumpleaños, una reunión en la casa de su madre. Era un sábado a la noche. Cuando llegue vi que éramos como treinta personas, compañeros de trabajo, amigos. Y su novio por supuesto.

    Había contratado un catering y todos charlábamos animadamente. Casi sobre el final de la reunión se acercó Cintia con su madre, que recién en ese momento salió de su habitación.

    -Mamá, él es Gustavo, Tavo. Un gran compañero y mejor amigo.

    -Sra. un gusto conocerla. Dije extendiendo mi mano.

    -Hola Gustavo, lo mismo digo. Dijo la madre con una sonrisa y estrechando con suavidad mi mano.

    -Tavo ¿venís a bailar al boliche? Me pregunto Cintia.

    -Podría, hace mucho que no voy a bailar. Ni me acuerdo como sacar a bailar una chica. Dije.

    -No te hagas el tonto, con tu facha, caen rendidas. Dijo Cintia.

    -Bueno, vamos. Sra., ¿Nos acompaña?

    -No gracias Gustavo, estoy demasiado grande para ir a bailar.

    -Dicen que para cantar y danzar no hay edad.

    -Eso dicen, pero tampoco me caracterice nunca por ser una gran bailarina.

    -Entiendo. Muchas gracias por todo. Es un gusto haberla conocido.

    -Mamá, es mi cumpleaños, por favor, acompáñanos, aunque sea para salir un poco de casa. En serio te pido. Dijo Cintia.

    -Dale suegra, veni. Dijo el novio de Cintia.

    Finalmente, decidió ir al boliche. Cintia, su madre y un grupo se sentaron en uno sillones, yo y otros nos quedamos en la barra. Realmente no tenía ganas de bailar, pero fui para no ser un antisocial. Pedí un whisky y los miraba bailar. Me sorprendió la voz de Marisa.

    -Parece que no soy la única que vino por compromiso.

    -No se equivoca Sra. A veces uno tiene que aceptar para no quedar como antisocial.

    -Estoy de acuerdo Gustavo. ¿Te puedo pedir que me llames Marisa, que es mi nombre, y me tutees?

    -Por supuesto, disculpa si te hice sentir mal tratándote de esa forma.

    -Mal no, pero aunque no soy una chiquilina, tampoco soy una geronte.

    -Por favor, no digas eso.

    -Raro un muchacho de tu edad, tomando whisky.

    -Me gusta mucho, como el cognac, me gusta disfrutarlos. ¿Vos no tomas nada? ¿Te puedo invitar algo?

    -Gracias Gustavo, pero estaba por irme, no es mi ambiente este. Te agradezco.

    -Que pena, justo que había encontrado alguien con quien charlar.

    Ella me miró y sonrió.

    -¿Y de que puede estar interesado charlar un muchacho de 25 años con una mujer de 45? Me preguntó Marisa.

    -De muchas cosas, creo que la edad no es condicionante para hablar. Música, arte, turismo, amor, sociedad, y cientos de temas más. Podemos tener distinta visión, gustos, y la charla, puede ser enriquecedora.

    -Casi estamos gritando para poder hacernos escuchar, así es imposible charlar.

    -Entonces podemos ir a otro lugar, algo más tranquilo.

    -Gustavo, no se vería bien que una mujer de mi edad salga del boliche con un muchacho de la tuya, y menos delante de mi hija.

    -Eso no fue un: “No Gustavo, no quiero ir”

    -Sos muy rápido. No, no fue esa mi contestación.

    En ese momento Cintia volvía a sentarse y le hice una seña para que se acerque a nosotros.

    -Cintia ¿Tenes algún problema en que nos vayamos con Marisa a tomar algo y charlar a otro lugar?

    -Gustavo, me estás haciendo sentir incomoda.

    -Mamá, ¿vos tenes ganas de hacer lo que propone Tavo?

    -Cintia, tu amigo es bastante lanzado.

    -Entiendo. No dijiste que no. Tavo, cuando deje de protestar, vayan tranquilos.

    -Gracias Cintia, prometo devolvértela de una pieza.

    -Mejor no te contesto, podría ser una bestialidad. Dijo Cintia y se fue riendo.

    -No piense que…

    -¿Podemos irnos? Pregunte y me puse de pie.

    -Vamos. Dijo ella.

    Subimos al auto, y nos pusimos en marcha. Marisa estaba tensa, muy tensa. Una mano en el apoyabrazos del medio, apretándolo, y la otra en el de la puerta.

    -¿Voy muy rápido? Le pregunta.

    -¿Cómo decís? Me pregunto clavándome la mirada muy seria.

    -¿Te pregunto sin conduzco muy rápido? Veo que vas agarrada muy fuerte.

    -No, no. Manejas bien.

    -Llegamos a un bar que tenía valet parking y le dije:

    -“Aquí es, bajemos”

    El valet parking le abrió la puerta, di la vuelta, entregue las llaves, me dio el ticket, le ofrecí el brazo a Marisa que me miro y se tomó de él. Entramos y vi que había una mesa por el centro del bar. En el camino me salude con varios conocidos. Nos sentamos y le di la carta.

    -Gracias, un whisky. Me dijo Marisa.

    Se acercó la camarera y pedí dos whisky`s.

    -Gracias Gustavo. Me dijo apoyando la mano en la mía.

    -No entiendo, ¿Por qué me agradeces?

    -Porque tuve miedo de que te equivoques, que quieras ir a otro lugar.

    -Puede ser que sea joven, pero sé perfectamente con quien estoy. Sos una mujer hermosa, impactante para tu edad. Y si me permitís, muy deseable. Pero nunca te ofendería de esa forma.

    -Gracias por el halago. Vi que saludaste gente, ¿no te molesta que te vean con una mujer mayor como yo?

    -Al contrario, me alaga. ¿Vos viste como te miraban todos? Se preguntaban como una mujer tan bella y elegante estaba conmigo. Y las chicas, te miraban con envidia por tu elegancia, tu gracia para caminar.

    -No soy tonta Gustavo, estas tratando de seducirme.

    -No Marisa, digo la verdad. Y si te estas preguntando que busco, busco charlar tranquilo, conocerte, pasar un buen rato con una hermosa e inteligente mujer. Yo no sé si Cintia te contó nuestra relación. Somos amigos, muy amigos, charlamos cosas intimas, somos confidentes. Y ella tiene su novio. Ella le dijo como son las cosas conmigo y las entendió. Ni ella ni yo tenemos o buscamos algo distinto. Es tu hija, ¿pensas que haría algo que también la pueda lastimar a ella?, ¿Queres preguntarme si me gustas? Si me gustas. ¿Queres preguntarme si quiero tener algo con vos? La respuesta es sí. Pero primero quiero comprobar que la imagen que tengo es real, si sos como creo que sos. Por eso estamos aquí, pero si te molesta, si sentís que voy tras otra cosa, si no te interesa charlar y conocernos, decilo, y nos vamos ya mismo. Te dejo en tu casa y se terminó la noche.

    -Sos lindo, inteligente, tenes pelotas para decir las cosas frontalmente, sos seductor. ¿Por qué engancharte con una mujer de mi edad?

    -¿Por qué no? Le pregunte.

    -Mi edad Gustavo, nunca podrías ser padre por lo pronto.

    -No sé si quiero ser padre. Y puedo ser padre adoptando. Pero ya te fuiste lejos. Prefiero pensar que podemos disfrutar un almuerzo al lado del rio, escaparnos a una playa un fin de semana y caminar por la arena charlando de música, o de la obra de teatro que queres ir a ver.

    -¿Qué música te gusta? Me preguntó.

    -Toda la música, hay cosas que no considero música.

    -¿Clásica?

    -Bach, Dvorak, Chopin, Thachaicovky.

    -¿Opera?

    -Verdi, Puccini.

    -En esta te agarro ¿Blues?

    -La más fácil, BBKing, Buddy Guy, Clapton, Rollings, Joe Bonamassa.

    -Wow, ¿soul?

    -Beth Hart me encanta.

    Por fin se soltó, y la charla duró hasta las 5 de la mañana. Salimos del bar, subimos al auto y su postura fue diferente, se recostó relajada. Nunca pregunto dónde íbamos, ni lo hablamos al salir del bar.

    -Mi casa… dijo mirando su casa cuando me detuve.

    -Tu casa.

    -Mi casa. Gracias Gustavo, pase una noche hermosa. Hace mucho que no disfrutaba así. Dijo y abrió la puerta.

    Me dio un beso en la mejilla, bajo y cerró la puerta. Empezó a caminar hacia la casa y se detuvo. Dio media vuelta y volvió hacia el auto, y vino hacia mi ventanilla.

    -¿Pasa algo Marisa? Pregunte.

    Por toda respuesta me dio un pijo y me guiño un ojo.

    -Nada y todo. Que descanses Gustavo. Dijo y volvió a ir a la casa. Abrió la puerta, me saludo con la mano y entro.

    Me fui a mi departamento feliz de haber pasado una noche distinta, con una mujer que me atraía, inteligente, educada y muy hermosa.

    -Hola Cintia, buen día.

    -Hola Tavo, buen día, ¿Qué pasa? ¿Mamá?

    -La deje en tu casa a las 5:30. Son las diez.

    -Ah. Estuve bailando hasta las 6 en el boliche y después sobre mi novio. Te voy a matar, llamarme a las diez de la madrugada. ¿Qué pasa?

    -No estas de humor para hablar. Hablamos mañana.

    -Bueno. Chau.

    Me preparé un café y me senté en el balcón a tomarlo. Diez minutos después llamo Cintia.

    -Hola Tavo.

    -Cintia.

    -Perdoname, estaba dormida. Fui grosera. ¿Qué pasa Tavo? ¿De que queres hablar?

    -De tu mamá. Anoche estuvimos hasta las 5:30 Juntos.

    -¿En un hotel?

    -Cintia, por favor. Hablas de tu madre.

    -Bueno, perdón, pensé…

    -Te equivocas.

    -Entonces, ¿Qué pasa con mi mamá?

    -Cintia, somos amigos. Entre nosotros tenemos las cosas muy claras y sabes lo que te respeto. Por eso mi llamado, aunque me gustaría hablarlo personalmente, mirándote a la cara. ¿Te molestaría si invito a tu mamá a almorzar? Me encanta, no solo por lo hermosa que es, su personalidad, su inteligencia. Me gustaría conocerla más y… quizás iniciar una relación.

    -No sé si putearte y mandarte a la mierda o salir corriendo a tu departamento a darte un beso y abrazarte con todo. Que tipo que sos. Gustavo, ella es grande, toma sus propias decisiones, lo mismo vos. No tengo porque opinar sobre sus cosas, que hacen o dejan de hacer.

    -Sos mi amiga Cintia, no quiero que nuestra relación se dañe.

    -¿Tato, escuchas lo que dice Tavo? Te das cuenta porque lo adoro.

    -Hola Tavo, sí, y me alegra que sea tu amigo.

    -Hola Tato. Gracias.

    -¿Te voy a tener que llamar Papá? Me preguntó Cintia riendo.

    -No me cargues, que bastante me costó convencer a Marisa para charlar tranquilos.

    -¿En serio no fueron a un hotel?

    -No fuimos Cintia.

    -Boludo. Te quiero. Chau.

    Fui a darme una ducha, me serví un café y me llamaron de un número que no tenía registrado.

    -Hola Buen día. Dijo una mujer del otro lado. Era Marisa.

    -Buen día. Que sorpresa.

    -No intercambiamos números. Tuve que llamar a Cintia.

    -Si, no quise presionarte…

    -Me dijo que estuviste hablando con ella, y que me vas a invitar a almorzar.

    -Que bocona. Espero sea lo único que te haya contado.

    -Mmm, no.

    -Ah…

    Los dos nos quedamos en silencio por casi treinta segundos.

    -Gustavo, ¿Me vas a invitar a almorzar?

    -Si, perdón, me colgué.

    -Invitame entonces.

    -¿Queres que salgamos a almorzar’

    -No. Quiero invitarte yo a almorzar. ¿Venís?

    -Claro que sí. Llevo el postre y el vino.

    -Blanco para mí. Te espero.

    -No tardo.

    -Un beso entonces. Y cortó sin dejar que responda.

    Abrió la puerta de la casa y estaba vestida con un vestido mini, bien ceñido al cuerpo, que resaltaba los hermosos hechos que tenía y un culo espectacular. Nadie daría su edad, lo máximo 35 años.

    -Hola, pasa. Dijo y no me dio un beso ni me extendió la mano.

    -Hola, permiso.

    -Dale, vamos a la cocina así guardamos eso. Seguime. Dijo y la seguí.

    Ella guardó una de las dos botellas, la caja del helado y giro hacia mí.

    -Ahora sí. Hola Gustavo. Me dijo, rodeo mi cuello con sus brazos y me dio un tremendo beso.

    -Espere hasta ahora para que tus manos estuvieran libres y me puedas abrazar. Vamos de nuevo.

    Hola Gustavo. Dijo y me dio otro tremendo beso, yo reaccione y la abrace.

    -Así está mejor.

    Abrió la botella de vino blanco, sirvió dos copas, me dio una y tomándome de la mano, me guio al living. Me pidió que me siente y ella lo hizo frente a mí.

    -Anoche pase una noche maravillosa, como te lo dije. Hiciste que circule adrenalina por mis venas. Me costó dormirme, pensaba en vos. Por eso la llame a Cintia. Quería invitarte a charlar nuevamente y a almorzar.

    Cuando me dijo que vos la habías llamado me puso feliz.

    Dicen los yanquis que ante lo inevitable, relájate y goza. Una bestialidad por cierto, pero pensando en nosotros me vino a la mente.

    Y es inevitable que te diga que te deseo. Que hace años que no estoy con un hombre. Que me encanta el sexo, amo sentir a mi hombre gozar, acariciarme con pasión. Como te dije, hace años que no tengo sexo con un hombre, y vos despertaste en mí un deseo tremendo de estar con vos. Espero que no te moleste mi franqueza al hablar, ni te asustes y salgas corriendo. Pero quiero que sepas que quiero entregarme totalmente a tus brazos.

    -No puedo negar que estoy sorprendido. No, no pienso salir corriendo. Sería un estúpido. Y vos a hacer una estupidez. Preguntarte ¿Por qué lo vamos a hacer?

    -Primero porque me gustas mucho, y sé que vamos a terminar en una cama, hoy, mañana o el próximo sábado. Para que perder tiempo. Segundo porque como te dije, me hiciste sentir esa adrenalina de la excitación en mis venas. Y como una chiquilina, pensando en vos anoche me toque, bastante, me masturbe. Tercero porque quiero sentirme viva en tus brazos.

    Me puse de pie y tomados de la mano fuimos a su habitación. Casi fue una carrera a ver quién se desnudaba primero. No hubo seducción ni caricias al hacerlo. Solo miradas con fuego. Nos tiramos en la cama y besamos con locura, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos sin parar, sin sutilezas, sin caricias, tocaban y apretaban sin parar.

    Chupe sus tetas como loco, mientras metía dos dedos en su concha. Marisa gritaba de placer, acariciaba mi cabeza, rasguñaba mi espalda.

    -Metemela en la boca. Dijo casi suplicando.

    Me puse sobre ella, haciendo un 69 y se la metí en la boca. Levante sus piernas y comencé a chupar su concha, estaba empapada, ella chupaba como loca, se metía toda mi pija en la boca, hasta la garganta. Increíble como chupaba esa mujer.

    -Gustavo, tu lengua es sensacional, me pones muy loca, y esta pija por favor, me encanta así grande y gorda, me cuesta meterla en mi boca.

    -No se nota sos maravillosa chupando.

    -¿Queres acabarme en la boca? Me encantaría saborear tu leche.

    Marisa no paraba de sorprenderme, nunca hubiera pensado que iba a decir eso. Me puso a mil, estuve tentado de decirle que sí. Pero quería cogerla.

    -Ponete en cuatro patas.

    -Sí, me encanta como perrito.

    Se puso al borde de la cama y yo desde atrás y con un solo movimiento, se la enterré toda en la concha.

    -Hijo de puta, me la hiciste estallar, animal. Años sin usarla te dije.

    Fui moviéndome de a poco, entrando y saliendo. Ella llevo una mano a su clítoris y se tocaba con todo.

    -Anoche te soñaba así, cogiéndome como animal, sintiendo toda esa pija en la concha, llenándome de placer. Y yo tocándome como ahora, para ponerme muy loca para vos.

    Yo me movía y ella movía su cadera. Sus orgasmos llegaron y no pararon de llegar. Me contaba cuanto estaba gozando, era una máquina de cogerme, aún en la posición de perrito. Mire su orto y no pude contenerme y lo escupí.

    -Asqueroso, no se escupe la comida. Dijo mirándome a los ojos por sobre su hombro.

    Entendí el mensaje, saque la pija y me agache para chuparle bien el orto, mientras le metía dedos en la concha. Ella hizo lo mismo y tenía cuatro dedos dándose placer en la concha. Mi lengua jugaba con libertar en su culo. Cuando sintió que iba a meterle un dedo dijo:

    -No seas bruto, con cuidado. Ponelo, yo lo meto. Dijo y apoye mi dedo en su orto. Ella tomo mi mano y la sostuvo con fuerza haciendo fuerza para atrás con su cuerpo, se lo metió totalmente en un segundo. Se largó a reír.

    -No me pude contener, hijo de puta, estas sacando lo peor de mí. Te adoro Guti. Cojeme con ese dedo en mi culo, dale, dame todo lo que quieras darme.

    Sin sacar el dedo del culo, me pare y la penetre por la concha. Estuve un rato y le hice poner de costado en la cama, levante su pierna y se la volví a meter en la concha hasta el fondo.

    -Ya que te gusta, metete un dedo en el culo. Le dije.

    -No me hagas hacer eso, por favor, soy delicada, una muñeca de cristal. Dijo riendo con todo.

    Le di un chirlo en el culo y le volví a decir que se lo meta.

    -Que genio que sos, como me lees guacho. Te adoro Guti. Me estás haciendo gozar con todo, gracias mi amor.

    Cada vez que decía algo me calentaba más, tome una de sus tetas y la apreté con todo. Mis movimientos eran intensos, profundos. Su concha apretaba mi pija y me fui acercando al orgasmo. Acabe en su concha llenándola de leche y en un grito de placer. Ella también acabó entre espasmos de su concha. La bese y me acosté.

    Marisa se puso de rodillas y a toda velocidad chupo mi pija para limpiarla. Y para mi sorpresa, me montó y se metió la pija en la concha.

    -Ni pienses que fue todo, ahora me toca a mí. Dijo y se empezó a mover, subiendo y bajando. Apretándose sus tetas y gritando de placer.

    Para mi sorpresa, mi pija no perdía la erección. La tome de la cintura y ella agacho su pecho. Me levante un poco y chupe sus pechos.

    -Sos un hijo de puta, Guti, gracias por demostrarme que te gusto, gracias por seguir cogiéndome, sos un genio mi amor. Y yo tu hembra. Y quiero ser toda tuya siempre.

    No paraba de moverse, de tener orgasmos.

    -No puedo más, me volviste muy loca. Necesito hacerte acabar de alguna forma guacho. Abrí el cajón de la mesa de luz. Dame esa crema.

    Se la di y medio dos dedos, llenándolos de crema. Se levantó y se puso dándome la espalda, con mi pija en su concha.

    -Ves, ves lo que logras guacho. Dijo y se metió dos dedos en el culo de una.

    -Me estas matando, desgraciado. Gritaba y gemía.

    Metió un tercero y no paraba de saltar sobre mi pija. Cuando los tres entraron y salieron con facilidad se detuvo, tomo mi pija y la acerco a su culo.

    -Solo un hijo de puta me rompió el culo y fue por la fuerza. Y ahora la puta, se va a meter tremenda pija en el culo, estoy loca totalmente, eso me va a partir por más crema que ponga. Dijo Marisa y empezó a bajar metiéndosela de a poco.

    Gritaba como una verdadera loca.

    -Te gusta lo que vez guacho, sabes que me estoy desgarrando el orto por vos, pero que placer que me das hijo de puta.

    -Me estas volando la cabeza Marisa. Sos una mujer increíble.

    Se levantó y se sentó nuevamente con la pija en su culo, ahora mirándome.

    -Quiero que me veas la cara de puta cuando acabes en mi culo, porque soy una puta total en tus brazos desgraciado me emputeciste por completo. Hace diez años que no estoy con un tipo, pero ninguno me cogió como voz, parece que el sexo a los 45 es el mejor de mi vida. Acabame bien adentro del culo, es virgen de leche pobre.

    Cuando acabe en un grito tremendo de placer ella también lo hizo. Se quedó unos minutos quieta recuperando la respiración, me beso con todo y de un salto se puso a chupar mi pija para limpiarla. Lo hizo y fue al baño. Yo quedé rendido en la cama.

    -Voy a buscar vino. Dijo.

    Pasaron segundos y escuche que gritaban: “Cintia!!!” “Mamá”

    Marisa volvió corriendo a la habitación riendo.

    -Tato le está rompiendo el culo en el sillón.

    Nos vestimos y unos minutos después escuchamos que Cintia gritaba: “Listo”

    Bajamos, las dos se abrazaron riendo y nos servimos vino.

    -¿Hace mucho que llegaron? Preguntó Marisa.

    -Lo suficiente para estuchar tus gritos, y hacerme poner como loca. Parece que Tavo te dio con todo.

    -Digamos que fue empate. Después de almorzar, posiblemente desempatemos.

    -Vieja, no te gasto. Tenes una cara de felicidad tremenda. Por fin te veo bien.

    -Estoy muy bien. Guti es un tipo increíble. Espero que podamos hacer algo lindo entre los dos. Dijo Marisa.

    Tres meses después, me mudaba a su casa. Cintia se quedó un tiempo más y se fue a vivir con Tato.

    Nunca imagine que una mujer de 45 años tuviera la intensidad sexual de Marisa. Hace cinco años que estamos juntos y ella nunca cambio en eso.

  • La oficina perfecta (Parte 1)

    La oficina perfecta (Parte 1)

    Somos Karen y James dos compañeros de trabajo, cada uno casados con hijos cada una, pero nos conocimos como compañeros de trabajo, nuestros hogares son estables… y entre recocha con los compañeros de la oficina hablamos de temas que… y tú lo has confirmado; hacen que llegues mojada a casa, tu panty oliendo a placer oliendo a sexo.

    Anhelamos y tú me lo demuestras quieres tener una aventura, yo igual. Y no soy la persona de tus fantasías, pero yo te puedo ayudar a cumplirlas, más bien diría a compartirlas, porque las hemos hablado con amigos y me ponen muy cachondo.

    Este es mi primer relato y por el momento es una fantasía, pero si tu después de leerlo quieres intentarlo, aquí estaré dispuesto a que sea eso, solo una aventura y al día siguiente los mismos compañeros, por cierto, ese día me dedicaré a escribirlo como sucedió.

    Tenemos la oficina perfecta para satisfacer nuestros deseos, cuerpo a cuerpo, admirándolos de cómo se conectan desde el universo para danzar en medio de notas musicales de sexo, una tarde de un buen vino que agudizara nuestros sentidos para vibrar de pasión.

    Desde el primer momento que te vi y hable contigo te he admirado por ser una bella mujer, varias veces te lo he dicho y te lo he hecho sentir. Pues sí, estás mamacita, tu cuerpo es perfecto, tus labios me encantan, hablas y los miro moverse en cámara lenta, tienen vida y me dicen bésame no te arrepentirás, tenemos la oficina perfecta para saciarnos de placer, pues te he imaginado cogiendo y todo aquí está diseñado para tu cuerpo, tu escritorio, la sala de espera de los clientes, el baño… cada rincón. Esta placentera fantasía la imagino así.

    Tu poniendo un buen seguro a la puerta y cortina de la oficina, que por cierto está ubicada en el centro de un municipio capital de un departamento. Terminamos una sofocante jornada, pero acompañada de un buen vino cabernet Sauvignon frio, después del seguro decides sentarte en la silla larga de aluminio que está en la sala de espera. Empiezas a sacar tu ropa hasta quedar en ropa interior, yo estoy en mi oficina terminando de hacer un poco de orden, el movimiento de tus dedos sobre tu clítoris te hace expulsar un gemido que entra por mis oídos para llegar a mi pene, mi corazón empieza a bombear más sangre, se me pone muy duro, pues en tus movimientos haces que suene el aluminio de la silla. No aguanto más y salgo en bóxer para ahorrar tiempo, te veo con las piernas abiertas sobre la silla larga, en medio están tus dedos esparciendo los fluidos que empiezan a calentar tu vagina.

    Eso para mí fue una invitación a saborearla, pero después de probar esos labios que me enloquecen, tocar esos senos que se alcanzan a salir de mi mano, uffff… es el momento de saborearlos sabiendo que el camino es hacia tu vagina que cada segundo va más caliente. Abro un poco más tus piernas pues en poco llegare con mi lengua hasta tu interior. Pero antes, la deseo chupar, disfrutar… de arriba a abajo, de derecha a izquierda y en todas las formas posibles de mover mi lengua y mis labios. Que rico sabe, tiene mucho deseo.

    Que buen momento para introducir un dedo chupando tu clítoris ya excitado, nos ponemos muy arrechos, tanto que nos toca poner música para que nuestros gemidos no salgan.

    En ese cambio de posición quedamos parados y jalo de tus nalgas para que llegues a mis labios, que beso nos damos, y, no aguantas más decides empujarme sobre tu silla, estiro las piernas encima de tu escritorio, tú te abres para encajar tu vagina en mi pene, tendrás todo el control para ir buscando un clímax que haga temblar todo tu cuerpo. Te mueves delicioso encaja muy bien tu vagina en mi pene, están a la medida, cabalgas y cabalgas, apretar tus nalgas hacia mi te vuelve loquita pues así estas llegando hasta el fondo y sobando tu clítoris. Me tienes listo, pero quiero que tengas un orgasmo primero.

    Estas cerca, pues tus movimientos hacen que ponga mis manos en tus senos para terminar en tus pezones, ¡¡¡tengo aliento para decirte dale por favor dale!!! quiero que mojes toda mi cadera que escurra tu liquido en mis testículos, y siii, estás teniendo un orgasmo del carajo, toco tus piernas y me repeles, solo quieres mi pene adentro. Terminas unos segundos después, y te recuestas en mi pecho para besarnos, es una pausa, es un buen momento para una mutua mirada, de por cierto pícara es un agradecimiento.

    Que bien seria ahora que tu puedas coger mis nalgas, volvemos a la silla de aluminio, tus piernas bien arriba me permiten quedar empinado y meterte mi pene hasta el fondo, allí lo dejo un rato para sentir en las todas tus terminaciones, entra y sale a medida que tus gemidos me hacen mover, son tan armoniosos y excitantes que hacen que te pregunte ¿quieres que acabe ya?, a lo que respondes, no espera un momento. El mejor no que he escuchado en meses. Bajo el ritmo, pero seguro será una explosión de semen. Que por cierto no te gusta el olor del cloro, así que recíbelo adentro. Y, en cuatro, seguro te encantaría, me lo has dicho que es donde más lo disfrutas.

    Es el momento de ir a mi oficina y recostar tus antebrazos en mi escritorio de cuero, ves una copa llena de vino y te la tomas hasta la mitad, acercas la otra mitad a mis labios y de inmediato mis dedos vuelven a excitar tu vagina, esta grandota, te penetro fuertemente, aumentando el ritmo y dejándolo que se conecte con tus nalgas, las cojo y aumentamos los quejidos y la frecuencia, mis testículos chocan, vamos, vamos, estamos en sincronía, somos un solo movimiento. Empiezas a empujar tan fuerte que ya no aguanto más, pero me dices que estas cerca, suficiente para templar mis pantorrillas y sentir el placer de que lleguemos a un orgasmo, ese momento llega en nada, explotamos, fue un choque de una galaxia, energía que termina bien adentro, la fuerza de tu vagina me lo expulsa, ahora si a terminar por donde todo comenzó un buen beso. Es el momento de ir por agua bien fría, nuestra ropa y un hasta mañana, sales tu primero… por favor… cierra bien…

    Le enviare el enlace de este relato y les comentaré con la segunda parte si sucede en la realidad o simplemente desde la búsqueda de otra aventura.

  • Noche de bar termina en tijeras

    Noche de bar termina en tijeras

    Viernes

    Salí de fiesta con varios amigos de mi uni, fuimos a uno de los bares más cotizados de la ciudad, bebí algunos tragos… ya había pasado la media noche cuando mis amigos comenzaron a despedirse, yo me fui con una compañera de la uni (Sasha) a dormir a un hotel cerca del bar.

    Llegamos al hotel, estábamos cansadas de tanto bailar, así que decidimos acostarnos, recuerdo que usaba un top de brillos verdes y una minifalda negra, comenzaba a quedarme dormida…

    -¿En serio puedes dormir con esa ropa?- preguntó Sasha

    -Creo, la verdad si me esta resultado incomoda-respondí

    -Entonces quítatela, es más, te ayudaré-ambas nos pusimos de rodillas y me ayudó a sacarme el top y la falda, no usaba bra, solo una tanga negra

    -Gracias, buenas noches-dije, comenzaba a quedarme dormida por segunda ocasión cuando sentía muy cerca de Sasha, entre más pasaban los segundos, más sentía su calor.

    -¿Te sientes bien Sasha?

    -Si, solo que me dio frio- contestó

    -Ahora que lo pienso si, subiré la calefacción- dije mientras intentaba pararme

    -No, déjala así, mejor nos abrazamos-dijo, no sé si fueron los tragos, pero me pareció una buena opción, de pronto empezaba a sentir algo diferente, como una especie de excitación, unos segundo después comencé a sentir sus dedos tocando mis bubs, que rico se sentía

    -Oye, ¿Qué haces?- pregunté confundida pero al mismo tiempo excitada

    -Quiero hacerte un masaje, dormirás más rico-mientras lo decía chupaba sus dedos y seguía tocando, de pronto comencé a gemir muy bajo

    -¿Te está gustando? Sentirías mas rico si te chupo las tetas-no vi venir cuando comenzó a hacerlo, se sentía de puta madre, daba pequeños pellizcos y lamía lento y rápido al mismo tiempo, me estaba volviendo loca

    -¿Has tenido sexo con una mujer?- preguntó al mismo tiempo que paró de lamer

    -No, jamás- dije, apenas podía hablar, la verdad es que nunca me han parecido atractivas las chicas, en serio me gustan los chicos, pero estaba sintiendo delicioso y no quería que se detuviera

    -Puedo tocarte un poco más- de mis bubs, sus dedos comenzaron a bajar hasta llegar a mi vagina, primero empezó a hacer círculos, y después introdujo un dedo, lo sacaba y metía primero lento y después rápido, yo estaba a punto de explotar

    -¿No te gustaría que juntáramos nuestras rajitas?- ella se veía exitada y yo ni siquiera la había tocado

    -Mmm, no se, mmm, bueno, solo un poco, pero no me quiero quitar la tanga, solo por encima- respondí

    -Bueno, yo si me voy a sacar la tanga para poder abrirme bien- decía mientras se sentaba en la cama y abría sus piernas, me hizo un gesto invitándome a hacer mismo, así que me senté y me abrí de piernas

    -Puta madre, que rico se sintió lo de hace rato- dije

    -Y esto se va a sentir mejor, me gusta mucho tijerear y quiero hacerlo contigo, pégate lo más que puedas a mi raja- yo le hice caso, ella abría con sus dedos sus vagina y empezó a hacer movimientos, primero era un vaivén, como si pegara con golpe su vagina con la mía , estuvimos así unos minutos, después se quedó pegada a mi y comenzó a moverse en círculos, esto se sentía muy bien, me dieron ganas de hacerme la tanga de lado y ella lo sabía

    -Hazte la tanga tantito de lado, solo roza un poco mi raja a la tuya- eso hice, ella seguía manteniendo sus dedos en su vagina abriéndola demasiado, mi placer era tanto que decidí quitarme la tanta y pegarme en serio a ella, ahora yo trataba de abrir mi raja lo más que pudiera para sentir la de ella, a los segundos al despegarnos se formaban hilos blancos de nuestras lubricaciones

    Ahora yo estaba encima de ella pegándole mi raja, de pronto sentí que tenía que ir al baño, así que paré

    -¿Qué haces?! ya casi llegaba- gritó

    -Debo de ir a orinar

    -Hazlo en mi- dijo

    -¿Qué?- yo estaba sorprendida

    -Es un fetiche que tengo al estar haciendo tijera con alguien, pruébalo, tal vez te guste

    -Nooo, vamos a manchar la cama del hotel

    -Cierto, vamos al baño mejor- nos paramos y fuimos al baño, de pronto ella se sentó en el suelo y se abrió de piernas, yo hice lo mismo, comenzamos a juntar nuestras rajas hasta que yo ya no soporté y empecé a orinar, ella gemía y decía que ya estaba cerca, yo también sentía muy rico, más que unos minutos atrás, apenas duré uno segundos orinando

    -Me voy a venir yaaa- en su ultima palabra se vino, descansó unos segundos y de pronto se paró y me acostó en el suelo, abrí de nuevo mis piernas y se puso encima, comenzó a moverse de una forma muy rápida y dura, pasaron unos segundos hasta que estallé.

    Volvimos a coger 2 veces más esa noche. Yo jamás había pensado en tener sexo con una mujer, pero debo de decir que estuvo delicioso, han pasado varios meses desde esa primera vez, hasta el momento no me ha atraído físicamente ninguna chica, en serio me gustan los hombres, pero estoy feliz de que haya pasado, mi recomendación es que si eres chica, tengas sexo con otra para experimentar, vas a tener orgasmos muy ricos.

  • Mi esposa y yo follados por mi sobrino (1)

    Mi esposa y yo follados por mi sobrino (1)

    44-24-46, las medidas de mi esposa. Julia siempre ha llamado mucho la atención. Desde nuestros años de universidad ya era la mujer que más miradas acumulaba a donde fuéramos. Imaginen ir y venir todos los días con tu mujer, ver cómo a diario otros hombres la miran con deseo y ganas de hacerle de todo. Ustedes también tendrían la clase de pensamientos que yo empecé a tener hace un par de años.

    La primera vez que la compartí, fue en mi cumpleaños. Mi mejor amigo y yo nos metimos a la cama con ella. Ahí descubrí que quizá no era del todo heterosexual. Ver las curvas de mi mujer contrastando con el cuerpo tonificado de un hombre, un pene más grande que el mío… Simplemente, generé un fetiche nuevo. Y tanto Julia como yo lo amamos.

    Amigos míos, suyos, uno que otro desconocido aquí y allá, algunas experiencias bisexuales de mi parte y ambos, a nuestros 34 añitos, teníamos bien en claro que definitivamente queríamos incluir a otros hombres en nuestra cama.

    Sin embargo, nunca creí que ninguno de los dos llegaríamos tan lejos como para meternos con familia… Y menos aún con el hijo de mi hermano.

    Era un día tranquilo. Muy tranquilo. Mi sobrino y su novia habían venido a cuidar a nuestro niño. A la muchacha le encantaba pasar tiempo con nuestro hijo y a nosotros nos daba un tiempo para poder despejarnos en los pocos espacios en que podíamos.

    Salimos, cenamos, pasamos un par de horas en un hotel. Nos dieron las 10 de la noche y volvimos.

    Encontramos a mi sobrino, su novia y nuestro hijo en la piscina. Era normal que se metieran, incluso le había mostrado a mi sobrino dónde guardaba mis trajes de baño para que pudiera entrar sin preocuparse por la ropa. Salió primero él, detrás su novia con nuestro hijo en brazos, que se apresuró a bajarse y correr con nosotros.

    Y ahí empezó todo.

    Mi hijo corrió por el borde de piedra y resbaló. Lo que tenía a mano para agarrarse era su primo. Se agarró del traje de baño y lo bajó a la que se caía. Mi esposa y yo presenciamos entonces el cómo un falo exageradamente largo y ancho colgaba de entre las piernas de nuestro sobrino. Nos quedamos paralizados un momento y no fue hasta que nuestro niño empezó a llorar y que Caleb se subió el traje de baño que pudimos salir de ese trance.

    Nos despedimos incómodamente esa noche, sabiendo Julia y yo exactamente qué íbamos a hacer esa noche.

    Ya me había venido 2 veces ese día. En la cama tuve otra erección al recordar aquel monstruo y Julia no tardó en empezar a hablar ella también:

    – Ojalá tuvieras uno como el de tu sobrino.

    Dijo mientras me agarraba mi pene. Me mide 16 centímetros, pero definitivamente se ve pequeño en comparación, lo que me hizo excitarme mucho.

    – ¿Sabes qué haría con un pene así?

    Me preguntó mi esposa, soltando mi pene y agarrando mis huevos con fuerza, dominándome, lista para humillarme.

    – Todo lo que su dueño me dijera, amor… Un hombre así sí inspira a ser mujercita obediente. ¿Qué se siente saber que tu esposa desea a tu sobrino, amor?

    – Se siente muy bien…

    – Me encantaría sentirlo dentro, dejarlo eyacular dentro también.

    Se estaba masturbando a la vez que me apretaba más y más. Me dolía, pero ver esa mirada maliciosa, perversa, esos ojos de loca con esa sonrisa degenerada…

    – Te limpiaría con mi lengua, Julia…

    – ¿Te tragarías toda su lechita?

    – Sí, mi vida.

    Fue el mismo intercambio durante unos cuantos minutos más, hasta que ella pudo eyacular en un intenso orgasmo que ayude a extender un poco, usando mis dedos. Nunca había apretado tan fuerte y por tanto tiempo. Me dolía MUCHO, pero Dios… Mi mujer deseaba a mi sobrino. Mi mujer y yo lo deseábamos tanto… Valía la pena este dolor, valía la pena pensar en humillarme al sentir el morbo que me producía pensar en él cogiéndose a mi mujer. Pensar en él humillándome y obligándome a mamar el pene más grande que mi mujer y yo hubiéramos visto jamás: el suyo.

    Ni Julia ni yo dijimos nada… Fingimos que dormimos hasta caer verdaderamente dormidos.

    Pero toda esa semana, volvíamos a lo mismo en la noche. Masturbación mutua, siempre incluyendo a Caleb en nuestras fantasías.

    Tenerlo en su vagina, en el ano, en la boca, entre sus enormes pechos, masturbándolo a la vez que comparándolo conmigo, mamarlo juntos. Dios, era tan pervertido todo… Y finalmente, un martes a inicio de este año… me preguntó tras terminar.

    – Amor… ya siendo serios, ¿te molestaría si de verdad me lo cogiera?

    Habló mi lujuria, habló todo menos lo racional.

    – No, vida, me encantaría saber que cogieron… me gustaría estar ahí, eso sí.

    – Déjame hacerlo solita primero… y después podemos incluirte.

    – Pero…

    – Por favor, no nos lo arruines, lo mismo hice con Adal (mi jefe) y tuvimos el mejor sexo durante meses, bebé.

    Para ella bastó con que diera mi consentimiento.

    De la nada me contó su plan a la mañana siguiente, bien húmeda y retrasándome para mi trabajo: comprar un nuevo escritorio y pedirle que viniera a armarlo, pregunté cuándo lo haría y no tardó en decirme que hoy entregaban la caja con materiales.

    Quise llorar al pensar que ella ya lo tenía todo listo. No porque fuera a hacerlo, sino porque me lo iba a perder. No había forma de no ir al trabajo, todo por una puta junta temprano…

    Me subí a mi automóvil y fui al trabajo como cualquier día. Pero en cuanto pude, presenté mis métricas, respondí dudas de mis colegas y me largué a toda velocidad. Me fui de casa poquito pasado de las 8, volví casi a las 12. Me estacioné a dos casas de distancia y corrí hasta la casa, entré por la puerta trasera para no hacer ruido… y pude escuchar los gritos y el moverse de la cama en nuestro cuarto. No podía ser…

    En verdad lo estaban haciendo.

    Miré desde la puerta cómo el musculoso y moreno cuerpo de mi sobrino cubría el de mi esposa, su piel blanca contrastando, el fluir de su carne con cada pequeño movimiento que él hacía.

    – ¡Dilo otra vez más!

    Le gritó Caleb a Julia, que no paraba de gemir y gritar con tal fuerza que tenía que levantar la voz para que lo escuchara.

    – ¡Tu pene está más rico que el de mi marido!

    La cacheteó.

    – ¿Y qué más?

    – Vente dentro, lléname toda, quiero sentir tu semen escurriéndome todo el día.

    Cero palabras, pero Caleb empezó a moverse más y más rápido hasta que, inevitablemente, se quedó paralizado y con un sonoro gemido anunció que había, en efecto, eyaculado dentro de su tía, mi esposa, la mujer que siempre recibía tan feliz a su novia…

    Se echó a un lado y me dejó ver a mi hermosa Julia hecha un desastre. El maquillaje corrido, el cabello desarreglado, las mejillas un poco hinchadas y su seno derecho con marcas del agarre de Caleb.

    – Puta madre, Julia.

    Dijo mi sobrino.

    – ¿Con quién más haces esto?

    -Con nadie, bebé.

    – No te creo, maldita puta.

    Se volvió a poner encima de ella, agarrándola violentamente del cuello.

    – No pude resistirme por este cuerpazo tuyo, pero que hayamos cogido no significa que vas a hacer pendejo a mi tío con otros.

    Apretó más fuerte y la sujetó con fuerza del hombro.

    – ¿Le estás poniendo el cuerno con alguien más?

    Mi esposa simplemente guardó silencio, Caleb le soltó una fuerte cachetada.

    – ¡Responde!

    – ¡No, no lo hago!

    Intentó liberarse, pero Caleb no la dejó moverse siquiera.

    – No te creo, puta zorra. Cuido siempre a Manuelito, tú conoces a Ámbar (su novia), y aun así te me ofreciste… seguro que haces lo mismo con cabrones menos cercanos también, maldita idiota.

    Forcejearon un rato en el que mi esposa no pudo hacer nada. Yo miraba asustado cómo mi sobrino, tan gentil normalmente, tan lindo con nuestro hijo y con su novia, se comportaba como un maltratador con mi Julia… Lloré al darme cuenta de que este intercambio tan violento me había hecho eyacular.

    – Sólo con el consentimiento de tu tío.

    Finalmente dijo.

    – ¿Con su consentimiento?

    – Sí, Caleb, te lo juro.

    Mi esposa se llevó las manos al cuello en cuanto Caleb la soltó, como si le doliera.

    – No te putas creo, Julia.

    – Le encanta que me coja a otros hombres, a veces él mismo me ayuda a satisfacerlos.

    Caleb se volvió a echar encima de ella.

    – Eres una pinche mentirosa de mierda.

    La cacheteó nuevamente.

    – ¡Mira en mi celular, mira en mi celular!

    – ¡Cállate!

    – ¡Por favor mira, ahí hay fotos, ahí hay fotos, te lo juro!

    Caleb la dejó en la cama y bloqueó la puerta en cuanto tuvo el celular de mi mujer en la mano. Tuve que alejarme para que no me viera.

    – El chat de tu tío, bebé… checa las fotos.

    Pasaron unos largos minutos que se sintieron como horas.

    – ¿Ves?

    – Ay, puta madre…

    – Él fue el que empezó a meterme estas ideas…

    – ¿De cogerte a otros?

    – Y de cogerte a ti, me dio consentimiento, nunca he hecho nada que no consintiera…

    – Márcale a mi tío. ¡Márcale ya!

    Le tiró el celular a mi mujer.

    Podía ver en el rostro de Julia algo de miedo, preocupación, lágrimas… pero, y maldita sea mi mujer, una sonrisa muy marcada cuando empezó a llamarme. Una mujer muy pervertida en todo aspecto.

    El celular sonó al otro lado de la puerta. Entré y me encontré con Caleb desnudo, su pene erecto aún más impresionante de lo que habíamos visto días antes.

    – Es verdad, Caleb.

    Le dije al verlo saltar a la cama para cubrirse.

    – ¡No mames, tío, ¿cuánto llevas viéndonos?!

    – Acabo de llegar.

    – ¿No estás enojado?

    Su tono cambió completamente, parecía estar arrepentido.

    – No.

    Le dije.

    – Tu tía era muy conservadora antes, Caleb… yo la hice ser así. Lo que siento es vergüenza.

    – ¿Por dejar que otros se la cojan?

    Dijo, cubriéndose con una almohada el abdomen.

    – Por favor…

    Dijo mi mujer.

    – No, Caleb, siento vergüenza por haberte metido en esto.

    Hubo un largo silencio en el cuarto. Él miraba al suelo, yo lo miraba a él, mi esposa nos miraba a ambos… todavía con ojos de querer más.

    – Fue cuando me vieron el pene, ¿verdad?

    – Sí, Caleb, hasta a tu tío se le antoja probarlo.

    Julia sonrió burlonamente y, a pesar de la seriedad del momento, gateó hasta estar nuevamente junto a Caleb en la cama.

    – Si tu tío ya te dijo que no está enojado… ¿para qué te preocupas, amor mío?

    Caleb no dijo nada.

    – ¿No te excitaría dominarlo a él también? Mírale los pantalones, se mojó de semen…

    Caleb se mostró un poco asqueado al darse cuenta.

    – Y si en verdad acaba de llegar, se vino mientras tú me tratabas tan mal.

    Empezó a reírse.

    – Tío… perdón por cogerme a tu esposa.

    – No te disculpes, Caleb…

    – Y perdón, pero esto es tu culpa, así que si cuentas algo, le diré a mis padres de esto.

    Y sin decir más, se descubrió el cuerpo nuevamente y puso a mi esposa a mamar su verga. Los huevos contraídos, esos 22 centímetros bien duros y venosos, y su mirada fija en mí. Sólo una vez otro hombre me había visto así: un muchacho joven que conocimos en Acapulco. Trató a Julia como basura y la hizo comparar nuestros miembros en repetidas ocasiones. Fue humillante, excitante y las corridas más intensas de mi vida también. Por eso, no me cupo la menor duda al ver la mirada de Caleb, que había ganado la lotería al darme cuenta que aquello iba a ser parecido.

    – Tío, si me estoy pasando, dímelo.

    Empecé a bajarme los pantalones.

    – Tú síguele.

    Al principio, Julia mamó con los ojos cerrados, disfrutando de la mitad de verga que le cabía en la boca, pero no tardó en abrir ese hermoso par de ojos marrones y empezó a verme. Los ojos de ambos fijos en mí.

    – ¿Qué se siente verla disfrutar de mi pito, tío?

    Estaba a punto de responder cuando levantó su mano para callarme.

    – ¿Qué se siente saber que tu mujer está llena de mi semen?

    Su tono denotaba malicia y excitación. Mi pene se endureció al verlo estirarse un poco para alcanzar la labia vaginal de Julia y untar sus dedos antes de mostrarme pesadas gotas blancas en la superficie de sus dedos.

    – Se siente bien Caleb

    Empezó a reírse y agarró con fuerza a Julia del cabello para hacerla dejar de mamar.

    – Ve a darle un beso.

    Antes de dejarla ir, le untó el esperma de sus dedos en los labios y le dio una nalgada.

    Julia se acercó a mí. Nuevamente, la vi destrozada. Las mejillas y el cuello marcados por el maltrato, el rímel corrido en su cara, su pelirrojo cabello enmarañado, los ojos llorosos después de mamar ese pito, y esperma en sus labios gruesos.

    – Un besito, amor.

    Dijo al acercarse.

    Cerré mis ojos y ella me dio un intenso beso tomándome de las sienes. Podía sentir el olor del esperma y enseguida el sabor cuando mi esposa me metió la lengua después de relamerse los labios.

    Ella desnuda, sus hermosos pechos con sus pequeños pezones rosados y sus areolas casi inexistentes.

    – Termina de encuerarlo – Le ordeno Caleb desde la cama.

    Mi esposa me retiró completamente las prendas superiores a la que yo terminaba de quitarme la inferior.

    Caleb se paró y se acercó a mí. Su cuerpo tonificado y grande en comparación al mío, apenas 23 añitos de edad contra 34 largos.

    – Mira nada más.

    Julia tomó nuestros penes y empezó a menearlos de manera burlona.

    – No hay comparación.

    Dijo soltando el mío con desprecio.

    – Se nota mucho, ¿verdad?

    Caleb acercó la mano a mi pene semierecto ahora por la timidez de ser comparado e inferior.

    – Sí, se nota mucho, amor – Le respondió Julia.

    Ambos rieron mientras ella lo masturbaba fuertemente con ambas manos, me impresionó que no lo lastimara, claramente este par se había conocido bastante en el tiempo en que yo no había llegado. Caleb le dio una dura cachetada a mi pene, hizo que me doblara del dolor.

    – Y a parte sensible.

    Empezó a reír nuevamente y le dio una segunda cachetada todavía más fuerte que me hizo arrodillarme con las caderas echadas hacia atrás.

    – Chúpalo tú también.

    Dijo mi Julia acercando el glande rojo, casi morado de Caleb a mi boca.

    – Hazle caso a tu esposa, tío…

    Saqué mi lengua tímidamente. No quería mamarlo. Lo había hecho antes con otros hombres, pero esto me parecía demasiado. Mi propio sobrino…

    – Má-ma-lo.

    Dijo Caleb en voz alta y, como si de verdad no tuviera decir en esta situación, eso hice. No sé por qué, no sé cómo, pero sentí tanto miedo como inferioridad en ese momento. Sentirme inferior me gustaba, lo buscaba activamente, pero el miedo era real. Y hacía todo mucho más auténtico. Es algo muy raro. Me he sentido inferior, sé que no lo soy, sé que acabando la fantasía, soy un hombre digno, es algo que acepto y dejó de aceptarlo cuando terminamos de follar… pero esto se sintió tan real. Me sentí tan poco hombre.

    Saqué mi lengua y, junto a Julia, empecé a satisfacer con la boca a mi sobrino, mismo que gozó de ambas lenguas en conjunto.

    – Anda, abre más la boca.

    Me dijo Caleb, tomándome del pelo, hice caso.

    Introdujo a la fuerza su miembro viril a mi boca.

    – Ufff, ¿te está gustando, amor?

    Preguntó Julia mientras me veía ahogarme.

    Ambos rieron nuevamente y Julia se puso de pie para besarlo y ayudarlo a empujar mi cabeza para que más de ese pene entrara en mi garganta. Se besaron durante dos largos minutos, pararon solo cuando empujé con tantas fuerzas que casi los tiré a ambos sobre la cama.

    Para entonces, sentía que me ahogaba de verdad, casi como si fuera a quedar inconsciente. Lo siguiente que sentí fue una lluvia cálida y espesa cayéndome en la cara, pecho y barriga. Eyaculando encima de mí el pene de Caleb era dirigido por mi esposa, que me miraba con desprecio sin dejar de besar a mi sobrino.

    Fue una imagen que me hizo eyacular al instante.

    Caleb, a pesar de mostrarse tan dominante y machista, besaba dulcemente, con los ojos cerrados, a mi esposa, que en comparación a él, tenía la mirada fija en mí, demostrando odio, asco, repulsión y decepción. Caleb estaba gozando el beso con mi mujer, pero mi mujer disfrutaba lo que ese beso generaba en mí, el efecto que la eyaculación de nuestro sobrino tenía en mí.

    Acababa de eyacular, y seguí duro. Duro como piedra.

    – Quédate ahí, tío, y mira cómo dejo satisfecha a tu mujer. Ni siquiera se acostaron, Caleb simplemente se puso detrás de ella, abrió las piernas y las flexionó antes de penetrar su vagina desde atrás.

    Nuevamente, los gritos y gemidos de Julia consumieron nuestra habitación. Caleb tuvo que ponerle la mano en la boca para poder callarla.

    – Mira a tu esposa, mírala gozando. Con tu verguilla nunca lograrás esto, tío.

    Me miraba con el mismo desprecio que mi mujer hace un momento, disfrutando tanto de esa vagina como de mi forma de vivir todo eso.

    – Será tu esposa, pero ella es mi mujer, ¿entendido?

    Me quedé callado masturbándome, viendo el cómo esos huevos se asomaban de entre las piernas de Julia cada que Caleb se movía hacia enfrente.

    – Te hizo una puta pregunta.

    Se apresuró a decir Julia mientras me agarraba del cabello.

    – ¿Entendiste o no?

    – Sí, sí, es tuya, Caleb.

    No dijeron más, ambos se dedicaron enteramente a follar frente a mí durante unos minutos que se extendieron horas.

    – Oye, ayuda a tu esposa, cabrón.

    Dijo Caleb, levantándola de las piernas y sosteniendo el peso de ambos en su abdomen, exponiendo su vagina a mí sin dejar de penetrarla ni moverse.

    – Lame ese clítoris mientras me la cojo.

    Me apresuré a hacer lo que dijo, porque así de excitante era ser dominado por mi sobrino 11 años más joven que yo. Sentía el tacto de su pito entrando y saliendo de la vagina de mi mujer, todo mientras yo la estimulaba como sabía que le gustaba.

    – Me voy a venir, amor.

    Dijo mi Julia a Caleb, echándole una mirada coqueta y volteando para besarlo.

    -Tu esposo lo recibirá, amor.

    Respondió Caleb. Eso de «amor» entre ellos me dolía.

    Cuando mi Julia empezó a eyacular, noté que la cantidad era poca, y Caleb sabía con anterioridad de que ella era de las que eyaculaba así… Lo que significaba que ya le había dado un orgasmo ese día, puede que un par considerando el poco fluido que expulsó.

    Apenas la corrida de Julia dejó de salir, Caleb insertó nuevamente su pene en ella y continuó cogiéndola en la cama hasta eyacular él mismo.

    – Tío, me voy a venir, me voy a venir dentro de tu esposa, dentro de mi mujer.

    – Dile que se venga dentro, Alex.

    No me dijo «amor», me dijo Alex…

    – Vente dentro.

    -¿Dentro de quién?

    Me preguntó en tono sugestivo Caleb.

    – Dentro de Julia.

    Le respondí.

    – A tus órdenes, jefe de la casa.

    Siguió moviéndose y haciendo disfrutar a mi esposa durante unos segundos más antes de meterlo hasta el fondo… y dejar su semilla dentro de ella.

    Lo que siguió fue lo más humillante…

    Ambos entraron juntos a la ducha. Tuve que escuchar a mi esposa follar con Caleb otra media hora. Un último orgasmo bien sonoro por parte de ella, claramente quería que lo escuchara… Y por último, verlo despedirse de beso de él.

    Él y yo no mediamos más palabra.

    Mientras ella despedía a Caleb, yo me quedé en el cuarto, habiéndome dado cuenta de que mi esposa se me había salido de las manos, y de que yo mismo era el más enfermo por querer que todo esto se repitiera pronto…

    Julia volvió al cuarto y me volteó a ver con sus ojos de mi esposa normal.

    – Amor, tu sobrino ha sido el mejor.

    – Sí, lo sé.

    Le respondí levantándome del suelo.

    – Ya quiero que esto se repita.

    Le dije.

    – Me encanta que estemos de acuerdo.

    Nos besamos. Un apasionado beso de amantes, de dos personas que en verdad se aman. Con todo y su degenere y el mío, ambos seguíamos enamorados. Entramos juntos al baño y, con cariño y amor, me ayudó a limpiar los restos de esperma ajenos y reímos bastante al recordar los momentos más excitantes de la experiencia.

    No negaré que vi a mi esposa disfrutar de mi sobrino, pero maldita sea, lo disfruté tanto y ambos estábamos tan encantados con la experiencia… Sólo era cuestión de tiempo para que volviera a pasar. Para mi suerte, nosotros dos no fuimos los únicos en gozarlo tanto.