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  • Mi primera vez, ni lo esperaba

    Mi primera vez, ni lo esperaba

    Yo tenía 18 años, mi tío se iba a mudar a una casa alquilada por el barrio donde yo vivía. Tenía que pintar la casa que estaba vacía aun y me preguntó si conocía a alguien.

    Yo vi que podía ganar algo y me acorde de un pata de 25 años que jugaba con nosotros fulbito. Él era pintor tenía su pareja y un bebé pequeño. Así que le dije que pintara la casa, pero me contrate como ayudante así me ganaba algo, acepto. Y empezamos.

    Él era un pata tranquilo, risueño. Flaco, trigueño más o menos de mi tamaño (1.75 m). El trabajo lo terminamos en 3 días dándole duro y parejo. Al final de cada día él se bañaba, salía solo con una toallita y se cambiaba en mi delante, hasta ahí solo sentía curiosidad.

    El último día, que recibimos la paga, quedamos en comprar un pollo a la brasa y unas cervezas. Terminamos, fuimos a comprar y regresamos a la casa. Así que entre conversa y risas nos acabamos el pollo y las cervezas. Pará esto yo había decidido bañarme ahí (siempre que he pensado porque lo hice creo que quería ver si el me miraba o le causaba curiosidad también).

    Cuando le dije que me iba a bañar, el me dijo que iba a comprar unas cervezas más. Cuando salí de la ducha el ya estaba con las cervezas ahí. Me dijo esperame me baño rápido cosa que hizo y vino al igual que yo con su toalla. Seguimos tomando, conversando. Conversábamos de todo y poco a poco empezamos a hablar de sexo, de la masturbación y lo rico que era. Se me empezó a parar y note que la pinga de él también. El también miraba la mía.

    De repente se agarro la pinga que ya estaba erecta y dijo «que rico es un paja o, di». A lo que yo respondí «si, muy rico» y me cogi la pinga. En este momento volaron las toallas estábamos sentados en unas escaleras. Se me pego y me la cogio y me masturbaba con una mano y con la otra se masturbaba el. Estábamos excitándonos, y me la empezó a chupar. Yo echado en el suelo gemia de placer. El siguió chupando los testículos y se fue más abajo entró entre mis nalgas y con su lengua me lamia. Yo estaba muy excitado nunca me habían hecho eso, el noto mi excitación y se dio cuenta que estaba desarmado. Me dio vuelta abrió mis nalgas y se metió con su lengua a mi ano.

    Debo confesar que no tenía idea del poder de excitación que producía el beso negro.

    El me seguía lamiendo el ano y yo gemia. Le decía «Que rico», «Que rico».

    Me preguntó si lo había hecho. Le dije que nunca. Esa respuesta hizo que me trate diferente, más suave. Me besaba el cuello, las tetillas. Me hablaba al oído. Me decía que tenía un buen culo y que le gustaba. Me tocaba todo mi cuerpo y lo comía a besos. Todo eso me excitaba mas.

    En un momento se arrodilló y me dijo «chupala»

    Cosa que hice primero en forma torpe, y luego poco a poco entrando más a mi boca. Mientras se la chupaba me tocaba el culo y metía su dedo ahí. Luego volvió hacerme el beso negro y volví a alocarme. A esa altura yo, ya le pedía que me la meta. El empezó a empujar su pinga, mientras me decía al oído. Te voy a romper el culo. Ese culo va a ser mio. Yo le respondía «si mi amor es tuyo».

    Todo empezó a cambiar cuando empezó a entrar su pinga. El dolor y el ardor era cada vez mayor. A pesar que le decía que ya no. El seguía y me besaba el cuello. Me decía muchas cosas bonitas para calmarme. Finalmente me la metió toda, mientras me besaba. Y yo gritaba y hasta botaba lágrimas. Se movió despacio y sentía que se venía.

    Después que me la sacó, me abrazo y me besaba mientras volvía a la normalidad.

    Así terminó mi primera. Yéndome a mi casa con sensación de que mi culo estaba roto y escaldado.

  • La mejor cliente

    La mejor cliente

    Esto que voy a contar es una historia real.

    Solo cambiaré los nombres por privacidad.

    Todo empezó cuando me hablaron para un trabajo en una casa, quien me recomendó fue un vecino mío.

    Hablé con la persona que me iba a contratar, a quien llamaré María.

    Hablamos por teléfono para acordar qué trabajos y arreglos haríamos en su casa ya que ellos no estarían en ella mientras trabajáramos ahí, no habría por qué desconfiar ya que éramos recomendados y trabajaríamos por fuera de la casa, mayormente en el techo.

    Somos de una ciudad al norte de México.

    La primera vez que vi a María fue para revisar su casa y así poder hacer un presupuesto, me pareció una mujer guapa y con buena actitud. Después la vi para que me entregara la llave y el anticipo, solo hablamos del trabajo y de cómo se llevaría a cabo todo el trabajo, solo que esta vez había una parte que se haría dentro de su casa por lo que tendría que estar ella ahí presente.

    Empezamos con el trabajo y todo marchó muy bien, nos llevaría dos semanas terminar, cuando llegó el primer sábado, tocaba que me pagara la parte que habíamos avanzado, así que le dije cuánto tenía que pagarme, me invitó a pasar y nos sentarnos a revisar el presupuesto y lo que faltaba. En ese momento empezamos a platicar y de repente la conversación pasó a temas más personales, me comentó que su esposo tenía meses trabajando fuera de la ciudad y solo comentamos lo difícil que era el cuidar a los hijos sola y tener que trabajar pues ella es enfermera.

    Cuando salí de su casa recibí un mensaje de María diciéndome que le había gustado platicar conmigo y que yo le inspiré confianza, le respondí que también me había gustado platicar con ella.

    Seguimos mandándonos mensajes pero estos subieron de tono, de cómo ella podía estar sin su esposo tanto tiempo (8 meses) y le comenté que me imaginaba lo difícil que era estar sin tener sexo todo ese tiempo y así platicábamos todas las noches, de lo que nos gustaba hacer en el sexo y que posiciones preferíamos, de cómo se masturbaba mientras los niños dormían, y de cómo a mí me encantaba que me hicieran sexo oral, empezó a platicar de lo que le gustaba que le hicieran durante el sexo y de cómo se mojaba mientras estábamos mensajeando.

    Un día acordamos vernos para darme el siguiente pago, platicamos mientras tomábamos café, yo quería aprovechar para ver si podíamos coger, llegué a su casa como acordamos pero solo platicamos, ella me evadía y no dejaba que me acercara, estaba muy nerviosa.

    Pasaron los días y seguíamos platicando de cosas sexuales y nos platicábamos lo que hacíamos. Ella me contaba como se masturbaba y hasta un día me mandó un audio, eso me calentó demasiado, nunca me quiso mandar vídeo mientras yo le mandaba fotos de mi pene y de cómo me masturbaba pensando en ella.

    Un día la invité a mi casa para platicarle algo y la besé, sabía que no se iba a resistir porque sabía que tenía muchas ganas, la besé, le sobe sus senos por encima de su ropa, ella se volteó hacía mí y nos seguimos besando mientras yo acariciaba sus nalgas por encima de la ropa, la tiré en un sillón y le desabroche su pantalón, buscaba darle un lengüetazo en su clítoris pero no me dejó, después metí mi mano y acaricie sus pezones, quería chupárselos como si fueran un helado delicioso. María estaba muy nerviosa de que alguien llegara y nos viera, yo trataba de convencerla que eso no pasaría, pero me dijo que me pusiera condón y yo no traía, solo conseguí que me diera una buena chupada y que yo le chupara los pezones, me encantó la chupada que me dio y se fue.

    Se llegó el día en que terminamos los trabajos en su casa y acordamos vernos nuevamente para ver los detalles, terminar el pago y coger, ya que los dos teníamos muchas ganas uno del otro. No podía esperar a verla desnuda y tenerla en mis brazos, chuparle de nuevo los pezones, pasar mi lengua por su clítoris y penetrarla lo más fuerte que pudiera.

    Llegué a comprar condones como María me lo había pedido y esperé a que llegara primero ella a su casa para llegar yo después.

    Cuando llegué me abrió la puerta e inmediatamente la cerré, nos empezamos a besar, ella me llevó a su cuarto y los dos comenzamos a desnudarnos, ella no quiso quitarse la blusa por pena a que la viera, ya que se sentía insegura por cómo había quedado su estómago después de sus embarazos, cosa que no me importa porque no veo esos detalles, a mí me gusta el cuerpo de la mujer sin ver defectos, intenté lamerle el clítoris pero me levantó y nos seguimos besando, metí mi mano bajo su blusa y acaricie suavemente sus pezones, mientras mi lengua jugaba con la suya, me giré y quedé boca arriba y ella empezó a darme una mamada de arriba hasta abajo, yo sentía que estaba en otro planeta, me estaba gustando lo que me hacía, todo tenía que ser rápido así que me puse el preservativos, le abrí las piernas y empecé a penetrarla, yo veía como mi pene se perdía en su vagina y cómo rosaba con su clítoris. María gemía de una manera deliciosa, me acerqué a su boca con mi oído y escuché sus gemidos, me excitaron bastante y ella empezó a besar y pasar su lengua por mi oreja, mientras yo la penetraba lo más fuerte que podía.

    María me pidió montarme ya que le había dicho que me gustaba mucho esa posición, cuando me montó aproveché para levantarle la blusa, acariciar sus pechos y juguetear con sus pezones, los cuales volví a chupar mientras la penetraba, así estuvimos unos minutos y después la coloqué de perrito y la penetre lo más fuerte que pude, podía ver mi pene entrando y saliendo de ella y eso hacía excitarme mucho más. Ella estaba muy húmeda, tanto que mi pene entraba y salía sin que nada pusiera resistencia, yo la jalaba de las caderas y de vez en cuando le daba una nalgada, yo con condón nunca he podido terminar así que duro bastante con preservativo, y como debía ser rápido María decidió quitármelo y hacerme un rico y delicioso oral, le pedí terminar en su boca y María accedió, así si descargué toda mi leche dentro de su boca. Quedé rendido en esa cama que hacía ruido cada vez que la envestía, quedé lleno de placer, limpié los restos de semen que quedaron sobre mi y me llevé toda evidencia.

    Seguimos con lo del pago y me fui.

    Seguimos mensajeando, nos vimos una veces pero solo fueron besos y caricias, pero nos dimos un segundo encuentro lleno se sexo, esa será otra historia…

  • La frutilla de la pasión

    La frutilla de la pasión

    Cuando empecé la universidad mi vida cambió rápidamente. Empecé a frecuentar lugares nuevos y en cuestión de 2 años tuve varias novias que si bien no me duraron mucho tiempo, sí me dejaron experiencias sexuales inolvidables.

    Una que recuerdo con particular aprecio es Luna. Era un año mayor que yo en ese entonces, estudiaba derecho. Era rubia y tenía un mechón fucsia, una sonrisa enorme y una pequeña separación en sus dientes. La conocí bailando cumbia en un club nocturno. Se reía de mis torpes pasos y me convidaba su cigarrillo. Era bajita, metro cincuenta más o menos, siempre usaba esos shorts de jeans cortitos y alguna blusa de modal o top que resaltaban su escote y sus tetas redonditas. Tenía un lunar en el cuello y un piercing en la nariz.

    Esa noche que nos conocimos hablamos toda la noche, después la acompañé a su casa pero no me dejó pasar, me dio un beso corto y me susurro al oído: «escríbeme mañana, lindo». No dejé de pensar en ella todos esos días, pero dejé que pasara un tiempo para no parecer desesperado. Finalmente, cuatro días después le escribí.

    Compartimos mucho tiempo, nos contamos nuestros gustos, fuimos a parques, ella vino a mi casa y yo fui a la suya, hablamos de sexo, nos besamos y dormimos juntos. Pero cada vez que quería dar el paso y llevarlo a la práctica, ella se negaba rotundamente. Incluso cuando estábamos acostados solo con ropa interior y haciendo cucharita.

    Llegué a preguntarle si era virgen o si le pasaba algo con su cuerpo, pero no era el caso, ella decía que no había ningún problema pero que había algo que debía contarme y no se animaba aún.

    Finalmente al mes me lo confesó todo. Tenía un fetichismo muy especial, era incapaz de tener sexo sin que ello involucrara comida, por eso se negaba. Lo dijo muy apenada pensando que saldría corriendo, y no voy a negar que a primera impresión me chocó un poco, pero pensándolo un rato me gustó la idea, quería probarlo.

    Empezamos a experimentar juntos, todas las veces que nos encontrábamos probábamos el sexo con alguna nueva comida. Lo primero fue lo típico, compramos esas latas de crema batida y lo fuimos usando en la faena. Me chupaba la pija mientras se comía la crema, yo se la ponía en las tetas y a lo largo de todo su cuerpo para jugar a lamerla completa luego. Después probamos lo mismo con salsa de chocolate y disfruté a montones mientras le comía su conchita embadurnada de dulce de leche.

    Un día agarré un trozo de manteca y empecé a pasarlo por todo su cuerpo. Su cuello, sus brazos, alrededor de sus tetas, en su abdomen y terminé por frotarla en sus muslos. Ella agarró otro trozo e hizo lo mismo conmigo. Derritió la manteca entre sus manos, la esparció en mi verga y me obligó a que la embista una y otra vez. Debo reconocer que me sorprendí al descubrir que aunque es un poco viscosa, la manteca es un buen lubricante. Estábamos tan calientes que tuve que tapar su boca por miedo a que los vecinos se quejaran de los gemidos. Mi habitación terminó hecha un desastre y tuvimos que bañarnos por casi una hora para quitarnos de nuestro cuerpo toda la manteca.

    De a poco iba acostumbrándome a su fetiche y hasta llegué a pensar que yo también lo tenía. Lo nuestro sin embargo no duró mucho tiempo, pero voy a contarles la frutillita del postre, nunca mejor dicho.

    Para el día de su cumpleaños quería darle un regalo especial. Había leído que en Japón hay una práctica milenaria llamada nyotaimori que consiste en comer sushi desde el cuerpo desnudo de una mujer. Pero como soy estudiante y no me sobra el dinero tuve que darle un toque más argentino. Reemplacé el sushi por frutas y en lugar de una japonesa recurrí a una amiga de confianza que me debía un favor. Al principio se molestó, pero cuando le conté los detalles de mi relación con la chica empezó a reírse y no podía creerme por lo que accedió a que usemos su cuerpo para comer sólo para ver si lo que yo le conté era verdad.

    En principio no había problema, si bien estaría desnuda no iba a haber nada entre nosotros y ya la había visto con el torso desnudo más de una vez, pues le gustaba hacer topples en la playa. Sólo la usaríamos de aperitivo, comeríamos junto a Luna rodajas de fruta que estarían sobre el cuerpo de mi amiga, y después mi amiga se iría y nos dejaría para que tengamos intimidad.

    Cuando llegó Luna estaba un poco desganada y casi no se entusiasmó cuando le dije que le tenía una cena especial. Pero apenas pasamos a sala y vio a mi amiga desnuda y tendida sobre la mesa con frutas en todo su cuerpo, sus ojos se abrieron y quedaron enormes. Parecía una niña con juguete nuevo, se llevaba las manos a la boca y miraba cada detalle.

    Mirando a mi amiga empecé a pensar que estaba mucho más linda de lo que la recordaba. Los huesos de la cadera se resaltaban por su abdomen ultra plano. Estaba depilada de pies a cabeza y las piernas hacían notar que las había estado entrenando en el gym. En su ombligo tenía una cereza y al rededor pedacitos de kiwi. Una rodaja de naranja en cada pezón y en el medio de su pecho había rodajitas de banana, manzana y uvas, cuidadosamente apiladas. El abdomen tenía cuadraditos de durazno y pera, y en su vagina había una frutilla entera levemente incrustada. En su monte de venus llevaba escrito con salsa de frutilla «feliz cumpleaños Luna».

    Luna estaba extasiada, vino a besarme y después comenzó el banquete. Ella acariciaba suavemente el costado de mi amiga mientras comía las uvas y la miraba a la cara. Mi amiga sonreía. Yo también comía y le convidábamos trocitos a mi amiga. Cada vez su cuerpo iba quedando más al descubierto.

    Finalmente quedaba pendiente sólo la frutilla y el saludo de felicitación. Luna me miro con una sonrisa pícara y los ojos perversos. Pasó suavemente su lengua borrando todo el mensaje de feliz cumpleaños y antes de comerse la frutilla subió para besar a mi amiga. Para mi sorpresa no hubo resistencia.

    A esa altura me era imposible ocultar mi erección, mi amiga me miraba de reojo, Luna sólo tenía ojos para la cochita con la frutilla. Muy sutilmente pasó su lengua y la tomó entre sus dientes, comió la frutilla y cuando terminó me miró y dijo: ¿Esta también me la puedo comer? Y empezó a chuparle la concha a mi amiga. Transformando el silencio de la sala en un mar de gritos y quejidos. Las dejé que se dieran placer mientras miraba. Invirtieron roles y gimieron como locas. Yo miraba al costado mientras me masturbaba y finalmente me invitaron a sumarme. No pude desaprovechar la oportunidad de cogerme a mi amiga y encima en un trío como si el del cumpleaños fuera yo.

    Me acosté sobre la mesa y mientras Luna me cabalgaba, mi amiga me refregaba su vagina en mi cara y ambas se besaban. Manoseé a ambas y masturbé a Luna por fuera muy rápidamente mientras mi amiga se metía mi pija en la boca. Nos turnábamos para que Luna sintiera placer todo el tiempo. Hasta que finalmente busqué un par de frutillas que sobraron y estando ambas de rodillas, me vine en la boca de cada una coronándolas con una frutilla a cada una. Ambas tragaron y se fundieron en un beso.

    Fue todo éxtasis, pudieron ser minutos u horas. Es difícil recordarlo. Pero cada vez que miro a la luna tengo ganas de repetirlo.

  • Mi suegra recibió su merecido por el culo

    Mi suegra recibió su merecido por el culo

    —Florencia, es muy claro que Sergio no es un hombre para vos. Llevan 6 años juntos y no han progresado nada, siguen alquilando esta casa, ni siquiera han podido alquilar otra mejor. Todos sus proyectos terminan en fracaso y un gastadero de plata.

    —Mamá, no me importa. A Sergio lo amo. Es mi hombre y voy a seguir peleándola junto a él.

    —Hija, sos profesional, bonita, tenes un futuro espectacular si lo dejas.

    Claro que siempre supe que mi suegra no me quería, pero no imaginaba que iba a ser tan hija de puta de alentarla a Flor para que me deje. Esa mañana, hablaban por teléfono, Flor preparando mi desayuno con el altavoz activado, y yo justo por entrar a la cocina.

    Parte era cierto, casi todo. En mi negocio, las cosas no salían como lo esperado. Una nueva crisis económica en nuestro país, el Covid y su desastre económico, y la crisis que seguía, no dejaba que me asiente. De allí, todas las peripecias que sufríamos.

    Yo tenía una fábrica de muebles, sobre todo mesas, sillas, y sillones. Aburrido, una tarde en el negocio, mirando Youtube, conocí dos técnicas a fondo. Hice un pequeño estudio de mercado y sorpresa, nadie hacía cosas empleándolas.

    “Vamos a fracasar de nuevo, pero con ganas” Pensé cuando compre materiales para hacer un par de mesas. Con un empleado nos pusimos a trabajar y dos días después teníamos listas dos mesas, un espaldar de cama, y tres mesas ratonas. Todas con distintas técnicas.

    Saque fotos, un amigo me dio una mano para hacer una estrategia de ventas por Instagram y un sitio de ventas. Para mi grata sorpresa, en una semana, se había vendido todo, obteniendo una ganancia del 150%. Compre más materiales hice más cosas y todo se vendió en solo 3 días, y tenía encargos para estar ocupado por lo menos 4 semanas.

    No le dije nada a Flor. Cuando establecí fehacientemente la cantidad que podía producir, empecé a retirar plata del negocio. Por fin lo podía hacer. Fui juntándola para por fin, poder hacer un viaje de fin de semana a una playa que Flor adora.

    La tarde cuando estaba decidido a contarle todo a Flor, llegué a casa y me encontré con la “grata presencia” de mi suegra.

    —Hola amor. Me saludó Flor con cara de fastidio por la presencia de su madre.

    —Flor, mi amor. ¿Cómo estás?

    —Bien, mamá vino de visita, se va a quedar unos días.

    —Que bueno. Dije sarcásticamente.

    Hola Teresa, ¿cómo le va?

    —Hola. Fue su respuesta con cara de odio.

    No era una mujer fea, tenía cerca de 50 años, buenos pechos y cola, rellenita y labios carnosos.

    A la noche, mientras lavaban los platos en la cocina, escuche que le decía a Flor.

    —No sé como lo soportas. Llega todo sucio, tenes que lavar su ropa maloliente, no te entiendo.

    —Basta mamá. Si así vas a estar, andate. Por favor.

    —Me estas echando.

    —Si seguís hablando así, Sí.

    La mañana siguiente se fue. Era sábado, y solo fui al negocio para ver si habían entrado pedidos. No lo pude creer cuando vi un mail, donde me pedían una reunión, por la compra de una cantidad impresionante de mesas. Equivalía a la producción de un año. Era para reventa y querían exclusividad.

    De la noche a la mañana, todo había cambiado. Termine cerrando ese contrato y con una ganancia que nunca imagine, todo cambio. El día que firme el contrato la llame a Flor y le dije que íbamos a cenar afuera.

    En casa, antes de salir le conté, se emocionó hasta las lágrimas. Nos dimos un tremendo beso y salimos a cenar.

    —Flor, sé que estos años no han sido buenos. Pero siempre estuviste a mi lado, a pesar que ciertas voces te alentaban a dejarme. Gracias por apoyarme. Gracias por pelearla conmigo.

    —Te amo Sergio, es lo que una mujer debe hacer con su marido.

    Cuando le mostré el saldo de la cuenta del banco, no podía creerlo. Nos podíamos comprar un auto importado en efectivo si queríamos.

    —Cómo es la vida, te das cuenta. Todo se da vuelta. Dijo Flor.

    —Gracias a Dios y al trabajo. Dije.

    —Si. Ah, casualmente, mañana viene mi madre a casa. No sé qué quiere, pero que no me joda porque la vuelvo a echar. Y por favor, no comentes nada del negocio. No me interesa que se entere.

    —Como quieras.

    Domingo a la mañana, día de descanso y llegaba mi suegra. Que alegría…

    —Hola. Saludó “cordialmente”.

    —Teresa. Fue mi saludo.

    Estábamos por almorzar cuando delante de mí le dijo a Flor.

    —Estuve con Fernando, tu novio de la facultad. No sabes la empresa que tiene, gana fortunas. Ah, me dijo que le pase tu contacto. Quiere verte, invitarte a cenar.

    Fijate…

    —Bueno, veremos en su momento si llama. Dijo Flor mirándome y guiñándome un ojo sin que la madre la vea.

    Juro que me reí mucho por dentro. Almorzamos y solo charlábamos de tonterías con Flor. Sonó el celular de mi suegra y atendió

    —No, no puede ser, por Dios. No.

    Dijo y cortó. La cara se le transformo. Y se largó a llorar.

    —¿Qué pasa? Preguntó Flor.

    —Mi casa, parece que hubo un escape de gas, explotó y se prendió fuego. Me avisaron que no quedo nada, solo escombros.

    —Dios, que terrible. Dijo Flor.

    —Que te parece, no tengo donde ir, estoy en la calle totalmente. Ni trabajo me quedó, porque yo daba los masajes en casa.

    —Tranquilizate. Ya vas a encontrar una solución. Le dijo Flor y me miró seria.

    —Hija, por favor, necesito quedarme una temporada aquí. No tengo donde ir. Ni plata.

    —Mamá, es algo que tengo que hablar con Sergio en privado. Y vos con Sergio no tenes buena relación… Dijo Flor empezando a cobrarse todo lo que ella le había dicho.

    —Pero Flor, soy tu madre, no me podes dejar en la calle.

    —No, pero vos no lo queres a Sergio. Hasta acabas de insinuar que tengo que saltar a los brazos de Fernando, y delante de él. Yo, no le puedo imponer que te quedes. Es su casa también.

    —No quise decir eso, yo…

    —Flor, no hay problema, que se quede una temporada. Hay un cuarto vacío. Dije serio.

    —Ok. Te podes quedar una temporada.

    —Gracias hija, sos un angel.

    —No mamá. Dale las gracias a Sergio. Y hacelo porque si no te vas.

    —Gracias Sergio. Dijo mordiéndose la lengua.

    Se quedó y el martes siguiente volví al mediodía a casa, para terminar tranquilo unos cálculos de materiales. Encontre a mi suegra en el living mirando televisión. Saludé y fui a la cocina. Los platos de la noche anterior, sin lavar. Me serví un café y fui a cambiarme a mi cuarto. La cama sin hacer y en el baño, las toallas para lavar.

    Fui al living y apagué el televisor.

    —¿Qué haces estúpido? Me dijo altanera.

    —Vamos a poner una cosa en claro. No voy a soportar que este mirando televisión habiendo cantidad de cosas por hacer en la casa. Ni piense que Florencia va a venir y ponerse a hacer todo mientras Ud. se cree no sé qué cosa. Levántese y póngase a trabajar.

    —Ni pienso, menos si me lo decís vos.

    Me puse loco. Camine hasta ella y le di tremendo sopapo en la cara. Le quedaron marcados mis dedos.

    —Vieja puta, me harte de soportarla, póngase a trabajar.

    —No, y voy a hablar con Flor. Dijo tomando el celular.

    Golpee su mano y el celular voló a dos metros. La tome del pelo y la tire al piso. ME puse sobre ella y me bajé los pantalones y el bóxer.

    Puse mi pija sobre su boca y ella giró la cabeza.

    —Desde este momento, vas a ser la puta de la casa, y la vieja de la limpieza. No tenes alternativa vieja trola. Le grite.

    Le di otra cachetada y abrió la boca. Metí mi pija y comencé a bombear. Ella se ahogaba y lloraba. Literalmente le arranque el vestido que llevaba puesto, el brazier lo levante descubriendo sus tetas y le saque la bombacha. Todo sin dejar de bombear su boca. Mi pija estaba bien dura.

    ME quede quieto y le pellizque con todo un pezón.

    —Chupa puta. Chupa porque va a ser peor. Le dije y ella comenzó a chupar. Sabía hacerlo.

    Puse una mano en su concha y se estaba comenzando a mojar. Le pellizque nuevamente los pezones y aulló de dolor.

    Metí dos dedos en su concha y ya estaba muy mojada.

    “Sí que sos puta, te estas mojando bien.”

    La hice levantar, poner sobre uno de los apoyabrazos del sillón con el culo al aire.

    —Sergio, no por favor, no sigas. Juro que voy a hacer todo lo que me digas. Pero no sigas.

    —Tarde.

    Se la metí hasta el fondo de la concha, ella dio un grito de dolor. Mi pija no es muy larga, pero si gruesa. Sobre todo la cabeza. Le daba con todo, ella empezó a gemir. Le gustaba, pero sinceramente, no me interesaba hacerla gozar.

    Escupí su culo y apoye la pija.

    —No, soy virgen, no el culo no. Me vas a lastimar, te lo ruego. Por lo que más quieras. Me dijo.

    —Lo que más quiero es tu hija y vos hija de puta te cansaste de intentar llenarle la cabeza en contra mío, para que me deje. Escuche varias veces como le decías. Y si, te la voy a meter por todas las barbaridades que le dijiste.

    Ella no dijo nada y se largó a llorar. Vi los pedazos de su bombacha en el suelo, y le los metí en la boca.

    Volví a escupir su orto, y empecé a empujar. Costaba pero entraba, ella gritaba sin parar con el trapo en la boca. Tratando de facilitar las cosas, separaba sus cachetes a más no poder. Cuando la tuvo toda adentro, mi cuerpo se transformó en un pistón neumático. La penetraba bestialmente. Cuando sacaba un poco la pija, veía rastros de sangre y materia fecal en ella. No me importo y seguí.

    Acabe bien dentro de su culo. Cuando saque la pija, se la puse en la boca. Un sopapo la convenció de chuparla y limpiarla bien.

    Fue al baño a vomitar y limpiarse. Yo me senté en el sillón a esperar que vuelva.

    —Ahora ya sabes como son las cosas. Tus obligaciones, limpiar, lavar, arreglar la casa y ser la puta de la casa.

    —Sergio yo…

    —Eso o la calle. Bien claro te lo digo.

    Me fui a cambiar y ella aponerse otra ropa. Cuando fui al comedor a trabajar con la notebook ella estaba lavando la cocina. Luego siguió con las otras cosas. Faltaba una hora para que llegue Florencia y me dijo:

    —Ya termine Sergio.

    —Bien. Viste que fácil. Ahora, me vas a chupar la pija un rato.

    —Sergio, por favor…

    Un nuevo sopapo en la cara le dejó los dedos marcados. Me bajó el short y el bóxer y se puso a chupar.

    —Chupas bien, se nota que lo haces seguido puta. ¿Tenes macho que te coja?

    Ella asintió con la cabeza.

    —Bueno, ahora tenes otro macho que te coge. Y solo por el culo, por lo que te recomiendo que lo tengas siempre listo.

    Ella se metió la mano bajo la bombacha y se comenzó a masturbar con todo el culo. Le cogí la boca sin piedad y acabe llenándosela de leche. Ella trago todo y la lamio hasta dejarla impecable.

    Ella se dio un orgasmo con la mano en el culo.

    Cuando llegó Florencia ella miraba televisión y yo estaba en la notebook.

    Cuando Flor la saludó vio la marca de mi mano en la cara de mi suegra.

    —¿Todo bien, todo tranquilo? Pregunto Flor.

    —Si, dije.

    —Si Florcita, todo tranquilo.

    Flor me hizo una seña y fuimos a nuestro cuarto.

    —Vi la marca en su rostro.

    —Le expliqué su rol en la casa. Entendió.

    —Que bueno.

  • El confesionario

    El confesionario

    Marcela era una joven del pueblo de “Miraflores”, ella solo tenía ojitos para los capullos del lugar, que eran unos cuantos que se juntaban en la tasca para hablar de sus cosas, lo que les había sucedido en el trabajo, de temas trascendentales como el fútbol y a veces sus cabezas pensantes se aventuraban en asuntos políticos, que despachaban rápido con soluciones obvias, que si hubiesen sido víctimas de escuchas ilegales, se habrían solucionado los problemas del país, a veces se juntaba con ellos el párroco, un joven sin experiencia, pero muy campechano, con él que se podía hablar de todo, salvo de sexo tema tabú para él.

    Marcela estaba de buen ver unos 27 años, curvas de escándalo cintura de avispa, que casi se podía abarcar con dos manos, era la que movía el cotarro en el bar, su tema central el sexo, calentaba a los clientes como nadie, que consumían copa tras copa sin enterarse hasta que a algunos venían a recogerles ya un poco ebrios de su casa.

    Sus calientes conversaciones cesaban de inmediato cuando aparecía el sacerdote, recomponiéndose al instante y cambiando de tema con una facilidad pasmosa, cual tertuliana de la TV.

    Raro era el día que no acababa su turno acostándose con algún cliente en su casa o en la de él o ellos si tocaba orgia qué solía ser una vez al mes.

    Marcela era muy creyente, de misa los domingos, previa confesión que según afirmaba la liberaba de los remordimientos y quedaba libre de pecado.

    Julián qué así se llamaba el joven párroco temblaba cada vez que ella se asomaba por la pequeña celosía que les separaba y la contaba con pelos y señales sus andaduras sexuales con los lugareños y alguno de pueblos limítrofes donde ya era famosilla por sus ricos cócteles y chupitos y más por sus orgias desenfrenadas.

    El cura escuchaba atento, mientras con la otra mano se masturbaba sin piedad, era sin duda su rato más placentero, pasaba se cambiaba de sotana, pues parecía le había cagado una paloma en ella y la ponía con la ropa sucia para limpiar y acto seguido iniciaba la misa a veces un poco empalmado aún, cuando daba las ostias al final a Marcela siempre aprovechaba a tocarla suavemente sus jugosos labios, no podía evitar ese placer pecaminoso.

    Un día la dijo que tenía que realizar exorcismo con ella para expulsar de ella el demonio que sin duda llevaba dentro, para lo cual quedaron en la sacristía al día siguiente, mantuvo el hermoso diván en su sitio bajo la ventana y puso todos los Santos que allí estaban cara a la pared.

    Llevó la chica al interior, cerró todas las puertas y dejó un poco abierta la contraventana de encima del diván, la pidió que se quitase toda la ropa pues, todo debía realizarse con máxima naturalidad, a lo que la chica accedió y viendo el culo de Julián arrodillado ya la dieron ganas de cogerlo, “que bueno está el chaval” pensó, no sé si la curaría su mal, pero sin duda la práctica a realizar era nueva para ella y excitante.

    Comenzó el exorcismo, en un principio la puso en la postura del misionero para observarla y pasar sus enormes manos, que previamente se había limpiado con agua bendita, por cada rincón de su cuerpo para borrar cualquier vestigio de demonio, sus manos tenían dedos enormes, cuando cogía el cáliz en su mano le ocultaba por completo, su dedo índice era tan largo y grueso como la polla más vivaracha.

    La colocó reposando su cuerpo y manos en el diván y sus rodillas encima de dos cojines blancos, la abrió bien las piernas y se situó también de rodillas tras ella, la explicó la segunda parte, la tenía que tocar todo su cuerpo por la parte de atrás e introducir su dedo en los orificios de donde decía salir su mal.

    La fue tocando desde su cuello, hombros, espalda cintura sin dejar un centímetro de su cuerpo, descubriendo Marcela puntos de placer que hasta ahora no habían aflorado, estando en todo momento al borde del éxtasis que contenía dada la solemnidad del momento.

    Pasó a meterla suavemente su dedo en la vagina primero y el mismo dedo de la otra mano en el culo, buscando ansiosamente el dichoso demonio, diciendo en alto “ya lo tengo, ya lo tengo”, a lo que Marcela respondió “dale caza padre, dale caza”, y así continuó durante unos minutos de búsqueda entre los líquidos que emitía la pecadora.

    El cura estaba más caliente que un mono, sacó un momento sus dedos, para descansar dijo y cogiendo su tranca la pasó bajo la sotana y la situó frente al chocho de Marcela, hizo un frotamiento con sus dedos como para hacer fuego, y ante el ruido de nudillos Marcela le preguntó “qué haces”, “nada caliento los dedos para quemar el bicho que llevas dentro” aclaró.

    Cogió su polla que calculo sería como su dedo más gordo y se la introdujo suavemente, ella ya tuvo una corrida, el dedo ahora era mucho más placentero, había expandido tanto su agujero del placer que ya no notaba ni la molesta uña y Julián la metía una y otra vez para que no quedase dentro ni una sombra de pecado, “ya lo tengo”, exclamó, “creo que ya sale” dijo y vaya si salió se sacó el dedo-polla y expulsó su semen puro en el trasero y espalda de Marcela, muerta ya de place, “me encanta el agua bendita calentita que cayó sobre mí cuerpo” y le inquirió “falta el otro agujero señor cura, no vaya a ser que se haya colado por ahí el tedioso demonio”.

    Ahhh claro se me olvidó, balbuceo el párroco, la limpió el agua bendita que chorreaba y fue a echar una meadilla al baño, volvió a punto y posó de nuevo su dedo-polla sobre su trasero que ya empezó a crecer, si le hubiese embutido en un guante sin duda lo habría destrozado, “te voy a meter el dedo de la otra mano”, y suavemente se lo introdujo hasta el fondo, “que manos tienes Julián son la gloria, no hay demonio que se te resista”, estas palabras le motivaron aún más, viendo que la pecadora aún era recuperable, lo metió y sacó repetidamente, ante las corridas contenidas de Marcela hasta que remató, dejando todo su semen dentro del culo de Marcela, que exclamó, “creo que ahora sí le has atizado bien pues he notado fuego dentro de mi, seguro ahí estaba el infierno de mi cuerpo”, la limpió de nuevo y la dejó impoluta, se vistió y salió de la sacristía muy contenta y feliz de sentirse salvada, pero no dejaba de pensar en sí así daba gustazo y curaba con sus dedos, no imaginaba el placer pecaminoso que podía donar con su polla.

    Se despidieron y Marcela después de la experiencia le prometió no volver a pecar, como os podéis imaginar no se volvió a presentar en el confesionario.

  • El mozo (Parte 1)

    El mozo (Parte 1)

    La primera vez que lo vi, nunca me hubiera imaginado que un día lo tendría a mi merced, gimiendo mientras lo masturbaría suavemente, mamándole los huevos y con un dedo clavado en su culo.

    Aquel año, trabajaba en la universidad, recibía a los nuevos estudiantes para explicarles el funcionamiento de las carreras existentes en el departamento de idiomas. Estaba en una suerte de taquilla de madera, como un bar, y mi asiento era demasiado bajo para que viera a la gente llegar. A menudo me asustaba al surgimiento de una cara encima de mi cabeza. Fue lo que pasó cuando llegó.

    —Lo siento, no te quise asustar, —se disculpó al ver mi sobresalto —estoy buscando dónde se hacen las matrículas para los masters.

    Llevaba una boina negra y un par de argollas de plata rozaban su barba. Sus ojos celestes acompañaron una sonrisa más devastadora que un huracán cuando vio mi susto. Tenía una mirada profunda y afilada como si hubiera visto exactamente lo que pasaba en mi mente. Sentí mis mejillas arder. En un par de segundos, había despertado unas ganas de sexo urgentes y animales.

    Ahora sé que él era de esta clase tan particular de personas que no me dejan pensar, de quién se desprende “sexo”. Con ellas, un vistazo me sobra para inspirarme un morbo irreprimible y ganas de encerrarme con ellas diez minutos en un baño y sin tomar el tiempo de quitarme la ropa.

    Me levanté y me senté en mi escritorio para estar a la altura de su mirada antes de contestarle. Mi falda subió ligeramente, regalándole la vista del velo negro y transparente de mis pantis.

    —No pasa nada. Mira, está en el segundo piso a la izquierda, saliendo de las escaleras, es la sala 205. ¿Conoces la universidad?

    —No, acabo de llegar de Madrid, estudiaba y trabajaba allí —me contestó mientras se apoyaba con los codos en la barra, mirándome a los ojos antes de volver a dejar caer su mirada sobre mis piernas.

    Tenía un acento madrileño rasposo que sonaba a noches de hablar fuerte en barres bulliciosos y llenos de humo. Me comentó que estudiaba el cine y que quería matricularse a clases de inglés opcionales. Me hipnotizaban sus labios, los imaginaba pasear en las curvas de mis tetas, abriendo un camino de piel de gallina hasta mi ombligo y hacia más abajo. En la mano, tenía una carpeta de la cual salía una hoja con su nombre y apellido. Me cerebro grabó el encadenamiento de letras para siempre. Mi mirada se detuvo en sus dedos. En un relámpago nítido, me imaginé chuparlos lentamente y con delicia para provocarlo mirándole a los ojos.

    Le expliqué rápidamente algunas cosas acerca del funcionamiento del departamento de idiomas, me agradeció, se dio la vuelta y se fue. Al volver a sentarme en mi silla, me sorprendió sentir la caricia suave y cálida de mi calzón mojado contra mi sexo. Me parecía que mi corazón palpitaba entre mis piernas.

    Acababa de tener mi primer flechazo sexual: quería a este chico aquí y ahora.

    No lo volví a ver durante los tres años siguientes, pero le dediqué la mayoría de mis sesiones de masturbación y le debo gran parte de mis orgasmos solitarios de aquella época, al haberse convertido en una de mis fantasías favoritas.

    *****

    Con la mano, hice una seña al mozo. Lo distinguía con su bandeja plateada del otro lado de la terraza llena de gente. Estaba sentada en un bar del centro con una amiga, septiembre era cálido y soleado, propicio para pensar que nunca más llegara el otoño francés. Disfrutábamos del final del día y mi amiga se alegraba al verme con mejor ánimo después de varias semanas en las cuales me había costado superar una separación dolorosa. Era verdad, había vuelto a cuidarme, vestirme con ropa bonita, llevar aretes, maquillarme ligeramente y hacer deporte después de una larga hibernación estival en mi cama, con cigarros, vino y cuenta Premium en mi página de videos porno favorita. El espectro de mi ex novio se alejaba poco a poco de mi vida y esta vez era para siempre. Vivía una suerte de primavera atrasada y empezaba a tener ganas de conocer nuevos cuerpos y pieles. Llevaba tres meses sin tener sexo y el solo hecho de sentir el sol de la tarde en mis muslos desnudos estaba despertando de nuevo la arrechura que ya varios me conocen.

    —Buenas tardes, ¿qué desean tomar? —escuché en mi espalda.

    Me di ligeramente la vuelta para contestar al mozo mientras mi amiga pedía una cerveza.

    —Buenas…

    La primera cosa que vi fueron las argollas. Y la barba. Y la boina negra. Cuando mi mirada llegó a sus ojos, sentí un apretón fuerte en pecho.

    —Nos conocemos ¿no? —me dijo antes de que consiguiera terminar mi frase —Era en la universidad, ¿verdad? Trabajabas en la recepción.

    —Sí puede ser…

    Fingía una reflexión intensa, como si hiciera el esfuerzo de buscar el recuerdo de un encuentro que en realidad se había quedado exageradamente nítido y presente.

    Por facilidad, pedí la misma cosa que mi amiga, él tomó el pedido y se fue. Estaba incapaz de pensar. Lo encontraba de nuevo. Por fin. No había cambiado, su acento madrileño y su mirada eran intactos, tanto como el irresistible magnetismo sexual que sentía desprenderse de él.

    —Puede ser, puede ser… — repitió mi amiga con una mueca para burlarse. —Hubieras visto tu cara, ¡parece que viste a un fantasma!

    Mi disturbio me impidió contestarle que más bien se trataba de una fantasía. Y qué tal fantasía carajo…

    Nos trajo nuestras cervezas sin hacer comentarios. Mientras conversábamos, a veces lo sentía pasar en mi espalda, daba giros entre las sombrillas, las mesas y las sillas como un bailarín con su bandeja llena de vasos y tazas. No podía pensar en otra cosa que en él. Quería tocarlo, olerlo, besarlo, lamerlo, apoderarme de su cuerpo era una necesidad. El aire que movía al desplazarse olía a él y me envolvía fugazmente cada vez que pasaba cerca.

    Al irnos del bar, me di la vuelta para buscarlo en la terraza y saludarlo de lejos, por cortesía. Estaba a unos metros y no me devolvió mi saludo, se contentó con mirarme fijamente con una sonrisa rapaz.

    Habíamos planeado juntarnos con otros amigos para ir a cenar. A pesar del buen humor de los compañeros que me acompañaban y de la calidad del pesto que acompañaba mi pasta, la cena me pareció interminable. Trataba de participar a las conversaciones con poco éxito, no conseguía enfocarme en lo que decían. Tenía un encadenamiento de imágenes que asaltaban mi mente, una película de las más morbosas que supiera hacerme, con el mozo en actor principal y bajo todos los ángulos. Me imaginaba encontrarlo después de su servicio en el bar, lo esperaba al lado de la puerta usada por los empleados del bar en un callejón desierto y oscuro. Era el último en salir. A penas me veía que me pegaba a la pared al lado de la puerta, como si me hubiera esperado toda la noche. Nos besábamos con furia, su lengua era suave y ágil, acariciaba la mía antes de dejar el paso a un ligero mordisco suyo de mi labio superior. Sentía su verga endurecerse contra mi pubis, mi boca bajaba de su boca a su cuello, desabrochaba su correa, abría su pantalón y me ponía a chuparlo con gula, sin destacar mi mirada de la suya, celeste y arrecha. Me imaginaba que también tendría esta mirada al lamerme las tetas, acariciando suavemente mi clítoris antes de apoderarse de mí con su mano, hundiendo sus dedos en mi sexo húmedo, abriéndolo para recibir su verga. Las imágenes desfilaban en mi cabeza, me parecía escuchar sus suspiros y sus palabras crudas, era su putita, su perra, lo que quería, le suplicaba que me la metiera…

    —Se está derritiendo tu helado —me dijo la amiga que estaba sentada a mi lado, —si no lo vas a comer, déjamelo.

    —Si claro, ya no tengo hambre, pedí el mismo postre que ustedes por inercia.

    No había hablado casi nada de toda la cena, estaba absorta en mis pensamientos. Cuando por fin pagamos la cuenta y salimos del restaurante, a ningún de mis amigos se le ocurrió insistir para que los acompañe a tomar un trago cuando dije que me sentía cansada y que prefería irme a dormir. Me despedí y me fui caminando en dirección de mi departamento. Después de una cuadra y de cruzar la avenida, doblé a la izquierda, en dirección de la estación de trenes, opuesta a la ruta que tenía que tomar. No pensé, era como si mis piernas estuvieran controladas por un piloto automático. Había puesto rumbo al bar en lo cual había vuelto a encontrar él que me había obsesionado durante toda la cena. Mi cuerpo parecía jalado por un hilo invisible hacia él.

    Entré y me instalé en la barra, buscándole discretamente con la mirada. Mi falda corta y ligera se levantó en el momento de sentarme en la silla alta. Sentí la madera antigua, cálida y suave contra mis muslos desnudos y mis nalgas que la minúscula tanga de encaje que llevaba dejaba descubiertas. Me gustaba este contacto, tenía algo excitante. Parecía que todo mi cuerpo se estaba despertando y que mi sensibilidad llegaba a su colmo. Crucé las piernas para tratar de calmar el calor que empezaba a irradiar desde mi sexo, buscando maquinalmente algo en mi celular para darme contundencia.

    —Señorita… ¿Qué quieres tomar?

    De la nada, había aparecido del otro lado de la barra y sus ojos habían vuelto a agarrar los míos, como un par de anzuelos que pescan el alma.

    —Este, te lo regalo porque regresaste —siguió.

    No me acuerdo qué le pedí. Sé que conversamos un poco. Sé que fue placentero. Sé que cada vez que nos agachábamos por encima de la barra para escucharnos en medio de la bulla del bar, mi mejilla rozaba su barba. Hasta sentí el frescor de su argolla contra mis labios. El bar no tardó mucho en cerrar. Con sus colegas, se despidieron de los últimos clientes y me invitó a quedarme un rato, con algunas personas que tenían el privilegio de poder pedir un último trago en el bar vacío y de prenderse un delicioso cigarro prohibido una vez las cortinas cerradas.

    —¿Estás seguro de que me puedo quedar? —le pregunté.

    —¡Por supuesto! Déjame terminar de limpiar un par de cosas y si quieres, vamos a otro sitio. Suelo juntarme con amigos cuando cerramos, pero esta noche no están. No nos costará conversar juntos y pasarla linda, estoy seguro.

    A veces la vida regala este tipo de oportunidades que te dejan sin voz porque, hasta en tus más optimistas escenarios, no te hubieras atrevido a imaginar que podría ser tan sencillo ni tan fácil. Con todos mis esfuerzos, conseguí simular un par de segundos de reflexión, mirando en el vacío, como si consultara mi agenda nocturna, supuestamente llena.

    —Um… ¿Por qué no? No tengo sueño y para ser honesta, me gusta tu compañía. Normalmente no me atrevo a este de cosas, pero me caes bien.

    Cerré la boca para que mi corazón no se escapara por allí dado los saltos que daba en mi pecho. Pareció apreciar mi atrevimiento y su sonrisa se hizo aún más grande.

    —Qué bien, también te quiero conocer y como vivo de noche, no me alcanza el sueño antes de la madrugada.

    Una chispa encantadora de excitación se había prendido en su mirada. Era obvio que no íbamos a dormir.

    *****

    Sonaba un rock de los noventa y el sótano estaba repleto de gente. Cuando bajé la escalera de este bar que no conocía, tuve la misma sensación que la primera vez que había viajado a la selva amazónica. Un soplo húmedo y cálido subía del sótano. Me agarró la mano para guiarme en medio de la gente bailaba, tomaba y fumaba. Había poca luz pero con los rayos amarillos y rojos que se escapaban de la escena, conseguía ver nítidamente algunos trazos de los tatuajes que tenía en los brazos y que se escapaban de su camisa que había arremangado. Obviamente me pregunté qué eran y se tenía más, escondidos debajo de la tela de lino blanco. Me gustan los tatuajes, pero desde muy cerca, cuando se puede detallar la textura de la piel impregnada de tinta. Me parece que solo así se siente su permanencia y su vida, cuando se puede ver cómo se estremece la piel ennegrecida.

    Nos sentamos en unos bancos en el fondo de la sala. Sentí de nuevo el contacto suave de la madera contra mis nalgas que se descubrieron cunado me senté, disfruté de esta nueva chispa de excitación. Conversamos mucho, era fácil. De viajes, de literatura, de sus proyectos de escritura, de mi tesis interminable. Cuando puso su mano en mi muslo, sentí una forma extraña de alivio. Anhelaba este contacto y quería más. Me hubiera gustado que me agarre con fuerza, quería sentir sus dedos apretar mi piel y que por fin me besara.

    Hubo un silencio entre nosotros, me miró a los ojos. Sentí su mano subir ligeramente, hasta que su pulgar se escondiera debajo de mi falda. La sonrisa había abandonado su cara, de repente seria, como si le hecho de tocarme hubiera despertado algo en él. Me sentía derretir a medida que subía mi excitación. Conocí pocos momentos con tanta tensión sexual, en los cuales sientes que estas a punto de darte la vuelta, levantar tu falda y ofrecer tu culo a la persona que quiere exactamente la misma cosa que tú y que te está arrechando como nunca. Por respecto de ciertas convenciones sociales, me contenté de darle una señal clara de lo que tenía en la mente, poniendo mi mano muy cerca de su entrepierna. Mi dedo meñique tocaba su sexo, lo sentí endurecer.

    Nuestros cuerpos estaban hundidos en la penumbra y sin que dejara de mirarme a los ojos, su mano invisible continuó su camino en mi muslo, con una presión suave pero constante. Cuando llegó a la tela fina de mi tanga y que la apartó delicadamente con un dedo, cerré los ojos. Todo mi cuerpo fue recorrido por un insoportable escalofrió de deseo. Cuando crucé mis piernas para retomar algo de contundencia, me di cuenta que me estaba mojando excesivamente. Mi culo se deslizaba en el banquito empapado por mi jugo. Estaba tan excitada por la situación que con pocos esfuerzos me hubiera podido venir discreto y rápidamente, sobándome en mi asiento. Volví a abrir un poco las piernas, mi arrechura acababa de vencer mi pudor. Presioné su verga que había empezado a acariciar a través de su pantalón. Estaba tal como más me encanta sentir una verga: dura y apretada por la ropa. Debía ser tremendamente frustrante, pero parecía dispuesto a seguir aguantando su propio deseo un rato más, dada su sonrisa al tocar mis labios mojados.

    Trataba de quedarme quieta para que la gente no se diera cuenta de la morbosa partida que ocurría fuera de las luces de la pista de baile, lo que a él lo divertía bastante. Sus dedos jugaron un momento con mi sexo, deslizándose con una indolencia provocadora, hasta que se vuelva inaguantable. Quería sentir su verga penetrarme, quería que me llenara. Acerqué mi cara hacia la suya para decirle que quería irme para poder seguir este juego en un sitio más apropiado, pero sacó su mano de mi calzón para callarme poniendo su dedo mojado sobre mi boca. Lo lamí con lenguazos discretos y tímidos cerrando los ojos, disfrutando vergonzosamente de mi propio jugo. Parecía que conociera todos mis vicios. Hundió de nuevo su mano en la penumbra que nos seguía escondiendo. Movió un poco su asiento para ponerse frente a mí y darle la espalda al resto de la sala. Su mano pasó de nuevo debajo de mi falda corta y con la otra me agarró el muslo, manteniendo mi pierna abierta sin dificultad frente a él. Me metió un dedo que recibí con delicia. Me masturbó así suavemente durante un par de minutos, llevándome progresivamente cerca del orgasmo. Entre el morbo que me daba la situación, su mirada y sus gestos, sentí que me faltaba poco para venirme en el fondo de la sala, mirando a la pista de baile y con él que se empeñaba en hacer ir y venir su dedo dentro de mí, su pulgar presionando mi clítoris.

    —Más… —le dije, acercándome a él para que me escuchara.

    Me besó, clavándome un segundo dedo en la concha. Su boca recibió mi suspiro de goce. Me vine largamente, tratando de controlar los espasmos que me agitaban de las piernas al hombro.

    *****

    —Vivo cerca y solo, ¿quieres ir a mi casa?

    Habíamos salido del bar, después de haber terminado nuestros tragos. Al levantarme me había sentido un poco incomoda, tenía miedo de que nos hubiera faltado la discreción en los minutos anteriores. Sentí que la tela ligera de mi falda de verano se pegaba a mi culo que seguía mojado por mi goce. La caricia de su mano sobre mis nalgas mientras cruzábamos la sala en medio de la gente me indicó que no se había perdido este detalle. Al salir, me había agarrado la mano delicadamente para proponerme seguirlo. A pesar de la hora tardía, su mirada seguía viva y penetrante. Se comportaba como un perfecto dandi educado, pero yo percibía que estaba exageradamente arrecho. Era como si sudara morbo a pesar de su camisa impecable y de su barba bien ordenada. Una ola de calor me recorrió al decirle que sí, quería.

    Continuará…

  • Mi primo me quitó mi virginidad

    Mi primo me quitó mi virginidad

    Se podría decir que soy una chica tranquila, introvertida, amable, responsable y respetuosa. Bajo esa máscara de niña buena oculto secretos que obviamente por cuestión social estaría mal visto, pero me encanta ser así, un tipo de mujer doble cara que nadie se esperaría.

    Recuerdo bien primera vez, fue hace bastante tiempo con uno de mis primos, aunque en ese entonces no estaba segura, recordando y pensándolo bien ahora, fue en ese momento en el que me gustó cómo se siente hacerlo.

    Al haber sido hace mucho tiempo recuerdo vagamente lo que pasó, yo tenía 18 años y mi primo es 7 años mayor que yo aproximadamente, nos habíamos quedado solos, veíamos la tele, cuando termino el programa que estábamos viendo me disponía a hacer otra cosa, pero él no me dejó, me sostuvo abrazándome por detrás, diciéndome que hiciéramos algo juntos.

    Nos fuimos a una de las habitaciones de la casa, estábamos a oscuras, no entraba mucha luz porque no había ventanas ahí, solo la de la puerta, si lo pienso bien era el lugar perfecto. Recuerdo vagamente ese momento, mientras me preguntaba si estaba nerviosa, el acariciaba mi vagina, sentía sus dedos recorrerla y sentirme poco a poco mojada. Estaba algo nerviosa en ese momento pero quería saber que se sentía, me acostó boca abajo y sentí su pene rozando en mis labios vaginales, se sentía muy rico, recuerdo cuando me empezó a penetrar, eso se sentía aún mejor, sentir su pene salir y entrar una y otra vez de mi cuerpo, a pesar de haber sido mi primera vez no sentí dolor de que me penetrara, yo quería más, quería seguir haciéndolo con él, me voltee quedando acostada hacia arriba y el levanto mis piernas, luego sentí su lengua recorrer mi intimidad, me encantó como lo hacía, no quería dejar de hacerlo con él, luego volví a sentir como metía y sacaba su pene otra vez, estando yo con mis piernas levantadas, fue algo que nos gustó mucho hacer o al menos para mí fue placentero.

    Nos acomodamos la ropa, y me dijo que estuviera otro rato con él, nos quedamos frente la computadora, yo sentada en sus piernas y el encontró imágenes porno, sentía sus manos acariciar mi entrepierna mientras me decía que le gustaría que hiciéramos todo lo que me mostraba.

    Después de esa ocasión lo habremos hecho una o dos veces mas, además de que buscaba encontrar un momento en el que pudiéramos estar solos para hacerlo cada vez que se podía pero era difícil.

    Cuando pudimos era hacer lo mismo, el saborear mi intimidad, sentir sus dedos recorriendo mi vagina, penetrándome suavemente, nunca me atreví a chupar su pene, si tuviera otra oportunidad de estar con él así, lo haría.

    La tercera ocasión que lo hicimos nos descubrió una tía, creo que esa fue la última vez que lo hicimos. Ya no veo a mi primo como antes pero nunca voy a olvidar como fue hacerlo con el.

  • Sola con tres jóvenes por primera vez

    Sola con tres jóvenes por primera vez

    Somos una parejita madura, mi esposo Roberto de 56 años 1.60 de estatura complexión mediana y unos 15 cm de miembro, empleado en una empresa en el área de logística, yo Fanny maestra de inglés en una institución educativa de nivel preparatoria ubicada por calzada de Tlalpan, de 50 años 1.50 de estatura, pecho 36C con los estragos que dejan los embarazos estrías y abdomen, normalitos sin nada que presumir solo tratamos de conservarnos.

    En este último semestre en el grupo que terminaba la prepa, había un grupito de tres muchachos Miguel, Adrián y Mateo, considerados por los demás como los nerds y para todo andaban juntos, dos semanas antes de los exámenes estando en la cafetería, no se dieron cuenta que yo estaba escuchando su plática en una mesa cercana a ellos, su plática era de sus experiencias con las chicas, con las cuales ninguno de los tres avanzaban más allá de unos abrazos, besos y alguna caricia atrevida a pesar de haber cumplido ya los 18, y solo, expresaron su deseo de tener sexo por primera vez inclusive uno de ellos lo propuso como su regalo por termino del ciclo escolar y haber terminado la prepa.

    Pasaron los exámenes y el día que les di las calificaciones a todos, ellos esperaron al final para agradecerme haber estado con ellos, se me hizo un buen detalle invitarlos a comer a un restaurante cercano, avisaron a sus padres para no preocuparlos y nos fuimos.

    Pedimos una mesa en la parte exterior alejada de otros comensales para no molestarlos con las risas y alboroto de la plática.

    No quisieron comida solo unos snaks y cerveza que ayudó a romper el hielo, se recordaron acontecimientos del paso por la escuela algunos muy graciosos, otros no tanto y después de 3 cervezas se desinhibieron y se dieron valor para platicar sobre sexo, lo que les gustaría experimentar, lo que han visto en internet y su deseo de perder la virginidad, no pude reprimir la inquietud en mi vagina, mojándose solo de oírlos, la plática se hizo más intensa pues hablaron de las compañeras de su salón con las que les gustaría coger y cómo lo harían, Miguel guardo silencio unos minutos y después externo que a él le gustaría que alguien con experiencia le enseñará pues consideraba más excitante hacerlo con una mujer madura, los tres voltearon a verme al mismo tiempo para checar mi reacción, me tomaron por sorpresa y tartamudeando solo atiné a decir, ¿quieren que los desvirgue a los tres?, conmigo no cuenten, Adrián preguntó y por qué no maestra, a nosotros nos gustaría, respondí pues porque hay muchas cosas, la edad, el físico, si se enteran sus papás o en la escuela seguro me corren, así que no mejor cambiemos de plática, ahora fue Mateo quién dijo, cualquiera de las cosas que mencionó maestra se pueden superar, la edad no nos importa por la experiencia que nos aportaría, usted tiene un buen cuerpo y por la discreción, todos haríamos un pacto para guardar silencio, lo que suceda se queda entre nosotros, volví a negar con la cabeza diciendo NO, como creen, pero mi vagina decía otra cosa, además en donde se haría sin que nos negaran la entrada, sin darme cuenta, Miguel tomo está última frase como un si, por lo que propuso que todos se cooperarán para entrar a un motel en mi carro para ser discretos, les dije que aún no aceptaba, Mateo me dice, «maestra sea nuestra madrina de primer cogida» se lo vamos a agradecer y recordar por toda la vida.

    Mi vagina chorreaba solo de pensar en la primera cogida de estos tres, a partir de ese momento perdí la compostura y les dije que aceptaba, pero que tenía que hacer una llamada, les brillaron sus ojitos y pude notar el bulto en la bragueta de cada uno.

    Me retiré para marcar con Roberto y platicarlo, cuando le conté a Roberto muy comprensivo me dijo que si me sentía segura de hacerlo sabía que no tendríamos ningún problema por otro lado era mi oportunidad de gozar la primera vez de esos jóvenes, tocar esa piel joven, y la sorpresa que tendría cuando descubriera el tamaño del miembro de cada uno, le dije si me voy con ellos y le agradecí y le prometí contarle todo con lujo de detalle.

    Regresé a la mesa y les volví a preguntar si estaban seguros, todos dijeron al unísono que más que seguros, bien pedí la cuenta y pague, salimos y en la calle Miguel se fue junto a mi, Adrián y Mateo atrás de nosotros alcance a oír decir, mira que nalga tan rica se le ven a la maestra, y las chichotas que tiene, vamos a mamárselas bien rico, pasamos al estacionamiento para sacar el auto y enfilamos al motel más cercano, se veía muy bien y como era miércoles había promoción 5 horas por $380.00 y $150.00 extra por persona adicional, los muchachos se cooperaron para pagarle al encargado quién cobró los $680.00

    Cuando recibió el dinero me preguntó si queríamos alguna bebida, condones o algún snack, le dije que no me guiñó el ojo y me dijo deseamos que disfrute de las instalaciones del motel, pásela muy bien.

    Seguramente pensó con toda razón a esta puta le van a dar una tremenda cogida.

    Los muchachos aún en el carro no atinaban a hacer algo, por lo que me volví a subir y para que tomaran confianza a Miguel quien estaba de copiloto le sobe la verga la sentí de buen tamaño, con la otra mano también sobe la verga de Mateo me sorprendió sentirla más grande que la de Miguel, le pedí a Adrián que me tocará los pechos, no se hizo de rogar, Miguel a su vez me acaricio las piernas y subió la mano hasta mi vagina sobándola por encima de la pantimedia y el calzón, cada uno bajo el cierre de la bragueta y sacó su miembro para que se los tocará, gozaban tan solo del rose de mis manos sintiendo como les palpitaba y lo endurecida que estaban, pude confirmar el tamaño del miembro de Mateo y cuando toqué el de Adrián no pude callar el grito de sorpresa, es el más vergon de los tres en tamaño y en grosor, les dije subamos a la habitación para estar más cómodos, subí adelante de ellos que no perdieron oportunidad de sobar mis nalgas expresando frases de placer como que ricas nalgas, se las voy a mamar, te lo voy a meter todo, quiero tu boquita para venirme en ella, les dije tranquilos, a todos les va a tocar.

    Entramos a la habitación y les pedí que se quitarán la ropa, miré sus cuerpos y sus miembros relamiendo y pensando en lo afortunada que soy por estrenarlos, pedí a los tres me quitarán la ropa poco a poco pues quería disfrutar de esas manos inexpertas,

    Miguel me sacó el vestido, Mateo me sacó las pantimedias junto con el bikini y Adrián me quitó el brasier con el broche al frente haciendo que saltarán, quedé frente a ellos mostrándoles mis pechos y mi vagina sin rasurar ya que a Roberto le gusta que me crezca pues le excita, y solo me rasuro cuando planeamos algo.

    Hilaban frases cómo que buena está maestra, que chichotas, déjeme sobarle el culo, esto me excitaba aún más sintiéndome atractiva aún a pesar de los años que tengo.

    Jale a Adrián para mamarle la verga, deslizando mi boca por todo el tronco y regresando al prepucio, por su inexperiencia no aguantó y se vino en mi boca, que ricura el sabor del semen joven, Mateo de inmediato me puso la verga cerca de la boca para que ahora se la mamara a él, sucedió igual se vino también en mi boca, Miguel dijo ahora a mámamela a mí, casi la metí toda en mi boca para después mamarle la cabeza y puñetear el tronco, sentí los espasmos de la venida Miguel tomo mi cabeza para clavarla aún más derramando su semen en la garganta que casi me atragantó, a pesar de haber tenido otras experiencias y mamado otras vergas está vez era diferente pues yo les estaba enseñando.

    Juventud divino tesoro, se recuperaron casi de inmediato, para terminar de pararles la verga, los puse a Miguel enfrente para mamárselo, y a Adrián y Mateo a los costados para hacerles una puñeta, una vez que estaban listos les pregunté si querían aprender a mamar una vagina, al unísono dijeron que si, Mateo pidió la primicia, me acosté en la cama y abrí las piernas le dije que se hincara y pusiera su boca en la entrada de mi vagina y con la lengua tocará alrededor y tratara de introducirla hacia mi clítoris, le indiqué que para dar más placer a una mujer, tiene que buscar el punto g y que eso nos enloquecía, Miguel y a Adrián los puse a mamar un pecho a cada uno, tuve mi primer orgasmo, derramando jugos en la boca y cara de Mateo, tragando mi venida, solo dijo que le sabía salado, fueron pasando cada uno por su ración y yo feliz del placer que estaba experimentando también, volví a venirme.

    Les pedí que se levantarán y se pusieran de acuerdo ¿Quien sería el primero en cogerme? lo jugaron en un volado siendo Adrián el afortunado le dije que como prefería, si me ponía en cuatro o de misionero, indicándole como era cada una de las posiciones me pidió de misionero pues quería jugar con mis pechos, le indiqué que se pusiera enfrente de mi que yo abriría la piernas para que tuviera acceso a mi vagina, que se volvió a lubricar solo de pensar en que estrenaría a éste joven, le seguí indicando que colocará su miembro en la entrada y empujara poco a poco para que disfrutase su primera vez, así lo hizo y yo le iba indicando como moverse y también haciendo mi parte de apretar y aflojar mis paredes vaginales para darle más placer, aguanto poco pues la excitación y el placer hizo que se viniera abundantemente, sintiendo el calorcito del semen derramado dentro de mi, sacó el miembro un poco flácido y sin esperar a que me limpiará Miguel hizo a Adrián un lado para meterlo, no fue necesario darle alguna instrucción, hizo todo como se lo indiqué a Adrián, la forma en que se movió también hizo que yo tuviera otro orgasmo, por último Mateo a diferencia de los otros dos él se preocupaba por hacerme sentir, me preguntó varias veces si lo estaba haciendo bien, si me estaba dando placer, y logro que tuviera otro orgasmo más intenso, tanto que le clave mis uñas en su espalda sin quejarse al contrario me pedía que se las clavara más, sentí como se iba tensando para eyacular nuevamente, gritando me vengo, creo que es el que más disfrutó.

    Descansamos un rato, aprovechando para compartir sus puntos de vista, todo coincidieron que fue lo mejor que les ha pasado y que una mujer de su edad no los hubiera satisfecho así.

    En un ratito volvieron a recuperarse, y Mateo me pidió que le enseñará a cogerme el culo, pues en internet ha visto que también es muy excitante, accedí por el trato que me dio, pero los otros dos no quisieron quedarse atrás y también me lo pidieron.

    Les pedí que se bajarán de la cama para acomodarnos, le pedí a Mateo que me pasará el bolso para sacar la crema de manos y que pudiera resbalar bien, así lo hizo y puse bastante en mis manos para pasarlo por su miembro, también puse en la entrada de mi culo y le pedí que se pusiera como la había hecho de misionero pero que ahora pusiera la cabeza en mi ano, así lo hizo y le pedí que empujara poco a poco, fue resbalando cada centímetro hasta que lo tuve todo adentro le pedí que se moviera despacito para que ambos gozáramos, los otros dos no perdían detalle y acercaban su cara lo más que podían para ver de cerca cómo entraba, tomo un ritmo cadencioso de mete y saca disfrutándolo igual que cuando estuvo en mi vagina, no tardó mucho en eyacular dentro de mi intestino, el siguiente fue Miguel, quien lo metió más fácil pues ya estaba abierto mi esfínter, al igual que Mateo logró venirse rápido, por último Adrián quien tardó un poco en meterlo pues el lo tiene más grueso de todos, también se vino rápido, yo no llegue al orgasmo y Mateo lo notó y me preguntó si podía hacer algo, les dije que si, que me gustaría una triple penetración para sentir mis tres agujeros ocupados al mismo tiempo, los levanté de la cama y nos fuimos al potro para facilitar la maniobra, pedí a Miguel que se acostara para sentarme en su verga, introduje su miembro en mi culo poco a poco gozando cada centímetro hasta que llegue al fondo, sin moverme le pedí a Mateo que se acercara de frente a mi para que me lo metiera por la vagina así lo hizo y sentí el placer de tener los dos miembros separados tan solo por la delgada tela que hay entre el culo y la vagina, solo faltaba adrián, le pedí que se acercara a un costado mío poniendo su miembro en mi boca para mamársela, impuse un ritmo lento en el movimiento para que no se salieran, el morbo que me produjo tener todos mis agujeros ocupados y la juventud de estos muchachos me hicieron tener un multiorgasmo como jamás lo había sentido. Está vez solo Mateo se vino Miguel y Adrián ya no, y dijeron estar cansados.

    Nos recostamos un rato, les pedí que me dijeran ¿Que les había parecido, la experiencia?

    Miguel, la calificó de fenomenal, Mateo de inolvidable, Adrián de inigualable, me agradecieron haber aceptado ser su madrina y que les abriera los ojos a un mundo de placer sexual, le dije que también les agradecí pues era la primera vez que estaba con 3 jovencitos, aguantadores, bien parecidos y haberlos enseñado fue toda una experiencia.

    Nos vestimos para salir, los dejé en la estación del metro más cercana, todos se despidieron con un beso en la mejilla.

    Le hablé a Roberto para decirle que ya iba para la casa que le va a encantar oír toda la aventura.

    Llegué a casa y Roberto me saludó muy efusivo, pidiéndome todos los detalles, nos sentamos en la sala y le platiqué todo, haciendo con esto que se le para la verga, le besé en la boca y me dice hueles a esperma, le dije que si, que no me había bañado, ¿Que si quería coger así? Por respuesta me llevo a la recamara, me tiró en ella quitándome las pantimedias y el calzón para abrir mis piernas y darme una manada de vagina aún con leche de los tres, me volteó para hacer un rico 69, igual cuando pasó la lengua por el ano, se excitó mucho y me puso en cuatro para meter de una sola estocada su verga en mi vagina, estuvo unos minutos metiendo y sacando alternando en el culo y en la vagina hasta que nos venimos casi al mismo tiempo.

    Caí cansada y solo atiné a dormir para recuperarme para ir a trabajar al otro día.

    Espero les haya gustado.

  • Le entrego las nalgas a un extraño en una casa abandonada

    Le entrego las nalgas a un extraño en una casa abandonada

    Saludos a todos, hace unos días como de costumbre andaba cachondo y decidí usar la App de Telegram para buscar quien me diera verga, ya era algo tarde y anduve busque y busque hasta que me tope con un vato de unos 28 o 30 años, andaba cerca de donde vive mi mamá por lo que no me pareció mala idea ver que onda, me fui al periférico a esperar su mensaje a ver si no se rajaba, me quedé unos 20 minutos esperando hasta que se acerco un chavo preguntando mi nombre, le contesté que era yo, me dijo que onda, si se iba a hacer o no, a lo que le dije que sí; me dijo que nos fuéramos a su casa, pero yo le dije que mejor a un lugar neutro, no le importó y nos encaminamos hasta unas casas abandonadas, nos tuvimos que brincar por un puesto de gorditas, y una vez adentro el chavo me fue tocando las nalgas, las apretaba y me metía los dedos.

    Me agaché y le fui desabrochando el pantalón, cuando en eso le saque la verga y no estaba tan mal, se veía gruesa, sin pensarlo me la metí a la boca, el vato tomaba mi cabeza y me hacía tragármela entera hasta escupir todo, me lloraban los ojitos; me decía que era un putito traga verga, una marica, me llamaba perrita, te vas a tragar mis mecos cuando acabe, le respondía que sí.

    Luego me puse contra la pared y abrí mis piernas, le dije que me cogiera con todas sus fuerzas a ver si cierto que tan macho, me agarro de la cintura, me bajo el short con todo y calzones y me llevó hacia el, me dio una nalgada bien fuerte y me penetró tan rapido como pudo, pegue un pequeño gemido y se jactó de su movimiento, «andele putita, por andar pidiendo»; yo solo tenía mis manos contra la pared mientras mi espalda permanecía arqueada y mi trasero era ofrecido a un extraño que nunca supe su nombre, obvio el tampoco supo el mio. Saco su verga de mi entrada y me tomo de la cabeza y me hizo agacharme para volver a mamar sus huevos, me daba cachetadas con su pito, me tiro al suelo, me giró, y volvió a cogerme muy rico, uff de acordarme se me sale el precum, me tomaba de las manos y me hacia recostarme para meter y sacar con fuerza su verga.

    En eso se detuvo y me empezó a agarrar de la cadera y de pronto logré sentir sus chorros de semen dentro de mis entrañas, saque un suspiro y pensé que ya habíamos terminado por hoy pero no, volví a sentir que metía y sacaba su miembro, me dijo: «todavía no terminamos nenita». Me puso de pie y me sujeto con su brazo alrededor del cuello y volvió a cogerme; sentí su liquido entre mis piernas, se estaba saliendo su semen, este wey tenía verga para darme un buen rato, sus embestidas eran lentas y de repente me fue dando mas y mas rápido, lo mejor es que sus mecos servían de lubricante, eso me prendió mucho; luego de un rato me hizo chuparle la verga, saborear sus mecos fue sensacional, me encantó coger con este chavo; 10 de 10 sin duda alguna.

    Luego se recostó y me dijo que me subiera para que siguiera disfrutando y así lo hice, me di el gusto, estuvimos así un buen rato, meneaba mis nalgas, yo mismo me daba mis nalgadas, eso lo prendía, me decía marica mama vergas, putito cojelon, me encanta cuando me dicen cosas y me cogen, después volvió a eyacular dentro de mi sin avisar, esta vez me levante de inmediato y con una mano me metía los dedos y con mi boquita lamia su tronco para recoger su semen preciado, de las mejores experiencias que he tenido. Después de eso nos vestimos y el vato se fue sin despedirse; me quedé sacándome a sus hijos de mi ano para saborearlos, me fui a casa de mi mamá para saludarla y ya de ahí me fui a la casa de los señores que nos cogieron la otra vez a Roberto y a mi pero eso lo dejo para después. Chao

    Les dejo mi telegram por si quieren saludarme @Km4zh0.

  • Divina confusión

    Divina confusión

    En serio, ese sábado era un sábado de perros, teníamos una visita especial, un señor que yo no conocía, gerente en Latinoamérica de la empresa de químicos de la cuál mi esposo era representante técnico, mi esposo estaba tenso y yo estaba muy molesta, el día que más la necesitaba, la muchacha que nos ayuda en casa había llamado para decir que su hijo se sentía mal y no podía dejarlo.

    El extranjero que nos visitaría, colombiano sino me equivoco, pasaba a visitar a mi marido y se retornaba a su país, su estancia en la ciudad fue de tres semanas, deseaba dejar las cosas en orden ya que en seis meses se jubilaría, tendría alrededor de 60 años pensaba yo y, según me conto mi esposo, 5 meses de viudo, cosa que lo impacto mucho.

    Mi esposo lo había visitado en tres ocasiones en su país y lo había acompañado a algunas ferias internacionales, se expresaba de él muy bien, decía que era todo un caballero, muy decente, muy respetuoso y que era una pena que haya perdido a la compañera de toda la vida.

    Otro de los asuntos que lo traía por acá era nombrar un nuevo gerente regional, ya que Don Fernando, todavía gerente, estaba por pensionarse en dos meses y ya lo había manifestado por escrito, mi marido y otros tres empleados estaban peleando el tan ansiado puesto.

    En estas tres semanas, se habían turnado mi esposo y los otros tres compañeros para acompañarlo a las empresas que atendían, para llevarlo a comer y, mi esposo se burlaba, algunos de sus compañeros lo llevaron a visitar chicas de alquiler, lo que molesto al señor, el no buscaba eso, mi esposo lo llevo dos veces al club, parece ser que eso le agrado más.

    Vuelvo al sábado de perros, Sandy, como le decimos a Sandra, llamó para decir que su hijo pequeño amaneció enfermo y lo llevaría al médico, todos los planes se fueron a pique, le hice una lista a mi esposo de lo que debería comprar en el súper para preparar algo de picar, el señor que nos visitaba no aceptó comer en casa, no quería generar molestias, así que solo sería algo de botana, tendríamos tequila, cerveza y vino tinto, bebidas que le agradaban y que tendría opción de disfrutar a su antojo.

    Mi esposo odia ir de compras solo, pero, o él lo hacía o hacía la limpieza en casa, obvio, como todos los hombres, decidió ir al súper, pero se fue super encabronado, definitivamente, el que aún no nombraran al nuevo jefe lo tenía al borde de la desesperación.

    Me puse un pantaloncillo muy amplio de las piernas, un calzón normal, de esos mata pasiones, un bra viejito y una blusa suelta, me puse en friega, barrí, trapee, limpie los vidrios, decore la sala y el comedor, limpie los baños, cambie toallas, se me paso rápido el tiempo, llegó mi esposo con lo que le encargue, bueno, como siempre que va solo, pocas veces por cierto, con más cosas de las que le pedí, me lave las manos y la cara, me puse un delantal, muy gastado pero muy cómodo y comencé a hacer las tapas españolas de serrano, de langostinos, solomillo con queso de cabra, champiñones rebosados con ajillo y aceitunas Kalamata, alcanzó para cerca de 40 tapas, por si faltaba algo, prepare un guacamole y unos frijoles refritos con queso fresco, los totopos los prepare yo misma friendo la tortilla en aceite de oliva previamente aromatizado con ajo y laurel, puse a enfriar las botellas de tinto, el tequila lo metí al congelador, todo estaba listo, vi por la ventana de la cocina y observé mucha hierva entre mis macizos de flores, Sandra tan descuidada, pensé, vi la hora 3:20, el visitante estaba citado a las 5:00 de la tarde, aún tenía tiempo de arreglar eso.

    -Amor ya es hora de que te bañes, no tarda en llegar el señor Argenis.

    -Falta más de una hora, yo en media hora me arreglo, se ve bien feo el jardín, dame unos minutos para arreglarlo por favor.

    -No, ya arréglate, por favor, no quiero que el visitante te encuentre así, entiende.

    -Nada más arreglo un poco el jardín y me arreglo.

    -Entonces haz lo que te de tu regalada gana.

    Me quité el delantal y claro que hice mi regalada gana, había tiempo de sobra, nunca pensé que el “señor Argenis” como le llamaba mi esposo llegará con tanta anticipación, de hecho estaba tan absorta que no me enteré cuánto tiempo llevaba ahí, estaba yo un cuclillas, pero con la ropa que tenía puesta, las manos, el pelo y la cara llenos de tierra, nada atractivo mostraba.

    -Buenas tardes, señorita, disculpe busco al ingeniero Rafael Saldaña

    -Buenas tardes, señor ¿quién lo busca? Perdón

    -Buenas tardes, Argenis, llegas pronto, pasa, pasa, por favor están en tu casa, deja te ayudo con las maletas.

    Nunca me fije que mi esposo estaba en la puerta de la casa, deje de hacer lo que hacía y entre a casa detrás de ellos.

    -¿Y tu esposa Rafa? Me agradaría mucho conocerla

    -Salió de emergencia, un problema con su mamá ya sabe gente de edad que cualquier detalle se les complica, me pidió la disculpará, ella tenía muchos deseos de conocerlo, pero, que le vamos a hacer, ahhh, mire, ella es la señora que nos ayuda en casa, ella preparó todo lo que vamos a comer.

    La sirvienta, que hijo de puta, yo entendía que estuviera enojado, pero presentarme como la chacha, que poca vergüenza.

    -Sandra ¿si avisaste a tu marido que vas a salir un poco más tarde? ¿quieres que le marque yo? Ya ves que la señora tuvo que ausentarse y no hay quién nos atienda.

    -No se preocupe señor, ya la pedí permiso y sin problema puedo quedarme otro rato ¿quiere que les sirva ya algo de comida?

    -¿Y tus hijos Rafa, se los llevo tu esposa?

    -Si Argenis, no quiso que estuvieran aquí molestándonos.

    Desde un día antes, por la tarde, habíamos llevado a los niños con mis suegros, si, para que no molestarán al señor invitado, estaba yo que me moría de rabia, pero ¿Qué podía hacer? Sentía que la mejora laboral de mi esposo dependía en mucho de esta reunión y si me ponía a hacer panchos esto se iría a la mierda, de forma instintiva busque la foto de bodas que colgaba en la sala, no estaba, mi cónyuge la había retirado.

    -Usted me dice a que hora les sirvo, por lo pronto voy a traerles las bebidas ¿cerveza, tequila o tinto?

    -Que amable, señorita, a mi un tequila doble, solo, como se lo toman acá, si tiene limón se lo agradecería mucho.

    Les lleve la botella bien fría, limones, sal de gusano, dos caballitos a cada uno, una botella de sangrita bien helada, a mi amado esposo le gustaba el tequila con esta bebida, les dije que cualquier cosa que necesitarán me llamarán, y me dirigí al cuarto de servicio, me aleje rápido, estaba a punto de llorar, de ratito llego mi marido.

    -Te dije que te arreglaras, así como te presento como mi esposa, pero no entiendes, por cierto, ja, ja, ja, me dice Argenis que quisiera tenerte en sus brazos, que le recordaste mucho a su mujer, no tanto físicamente, pero el estar arreglando las plantas, totalmente ajena del mundo y hacerlo con tanto cuidado, recordó a su esposa y recordó que tiene seis meses sin mojar pan, a él no le gusta ir de putas, pero con una señora como tú si se atrevería a hacer una propuesta indecorosa, ja, ja, ja, ¿Cómo ves?

    -Y tú ¿Qué le contestaste?

    -Le dije que yo no sabía, que yo no podía contestarle, que, por lo que yo sabía y mi esposa me ha contado, eres una mujer de hogar que quiere mucho a su esposo y a sus hijos y que yo creía que eras incapaz de una cosa así, pero que, si él quería proponerte algo que lo hiciera, a eso vengo, a que nos sirvas las tapas, el vino tinto y escuches lo que tiene que proponerte mi buen amigo, pero, quiero que quede claro, le vas a decir que no de forma amable, ¿entendiste?

    -Si amo, lo que usted ordene, esto me lo vas a pagar, te lo aseguro

    Les llevé la botana, una botella de vino tinto ya abierta y las copas, di tres viajes, en cada uno me sentía más nerviosa que en el anterior.

    -¿No nos acompañas un ratito? Anda tomate una copa con nosotros, ya le pedí permiso a Rafa y me dice que por el no hay problema.

    -No señor gracias, es usted muy amable, pero no es correcto, yo solo vengo a atenderlos, si gustan algo más me dicen por favor.

    -Yo si necesito algo más.

    -Si, dígame

    -Muchacha yo tengo necesidad de una mujer y no me agradan las que se dedican a vender su cuerpo, ¿quisiera saber si estarías dispuesta a satisfacerme sexualmente a mí? Te pido de favor que no lo tomes a mal y lo dijo con el mayor de los respetos que me mereces, no pretendo faltarte al respeto, yo sabría gratificarte, la verdad me atraes mucho.

    -Me voy, es un halago que le atraiga, pero ¿el ofrecerme gratificación no es pagar por eso?

    -Sí, creo que sí, te pido de favor lo pienses un poco, tengo seis meses de viudo, no me había dado cuenta de la gran necesidad que tengo de mujer hasta que te vi ahí afuera, yo me voy dentro de tres horas a mi país, me jubilo y no vuelvo para acá, nadie tiene porque saber lo que aquí pase.

    -¿Nadie? ¿Y el señor don Rafael está pintado o qué?

    -A mi no me metas en esto Sandra, la decisión es tuya, si aceptas te vas a un hotel con él y yo nunca vi nada.

    -Mira niña acá hay, no sé, pero más de 1500 dólares si son, quizás 1800, son tuyos si me complaces, además a mi edad ya no hay mucho vigor y hasta tal vez ni me responda mi hombría.

    Hasta mi marido abrió los ojos cuando escucho la cantidad, no nos hacía falta el dinero, vivíamos bien, pero era una buena cantidad, recordé las palabras de mi abuela “todas las mujeres somos putas cuándo nos llegan al precio”.

    Estaba intrigada, mi esposo diciendo que era mi decisión, un montón de billetes en las manos del invitado, 30000 pesos, hasta ese momento observe detenidamente al hombre, claramente mulato, de facciones finas, con la barba tan cerrada que hacía que su cara se viera más oscura, pelo corto, ensortijado, entrecano, unas pestañas grande y de un mirar que irradiaba confianza, corpulento pero sin carnes o grasas de más, muy elegante, playera de cuello de tortuga color cedrón, pantalón y saco sport de color negro, cinto y zapatos color miel, el calzado, mocasín tejido a mano con suela hibrida, realmente un bello ejemplar masculino.

    -¿Qué me dices niña? Antes de que tomes decisión deja te menciono que soy hombre de gustos simples, no golpeo ni lastimo, soy un verdadero caballero, quizás no esté bien que yo lo menciono, pero te aseguro que así es.

    Nunca voy a saber a ciencia cierta porque lo hice, lo encabronada que estaba y quería venganza o simplemente por darle una lección al padre de mis hijos, lo atractivo del solicitante, la ternura con la que pidió algo que por lo normal se entiende sucio, no lo sé, pero respondí afirmativamente.

    -Está bien, acepto, pero, y no me lo tome a mal, tengo dos condiciones y algunos inconvenientes.

    -¿A ver? Dime

    -Las condiciones son que sea aquí y que Don Rafael esté presente pero que no participe, los inconvenientes, en la cama de la señora no, puede ser, en el cuarto de servicio o aquí y yo solamente traigo esta ropa y una muda más o menos igual, me da pena estar con usted así.

    -Disculpa, pero ¿para que quieres que se quede Rafa?

    -Es simple, así me aseguro de que no me despida, o si le cuenta a la señora, yo podría decirle que el también participo, es solamente para protegerme, nunca, nunca he estado con alguien que no sea mi marido, eso quiero dejarlo muy claro y tampoco sé si sea o no buena para esto, pero el dinero si me hace falta y, me da pena decirlo, es usted muy guapo, cero que cualquier mujer estaría encantada de, no se decirlo de otra forma, coger con usted.

    -Te agradezco el piropo, en mi país decimos “culear”, en España follar, y viniendo de una boca tan linda como la tuya nunca será grosería mi niña.

    Busque la cara de mi amorcito, estaba desencajada, esperaba con toda mi alma que ahí se manifestará, dijera, no ya que era su esposa, eso ya no tenía retorno, pero si que él no se prestaba a esto y que, conociendo a mi marido, no se prestaría a una barbaridad como está, pero permaneció callado, ahora el que parecía que estaba a punto de llorar era el, me dio pena, estaba a punto de arrepentirme, pero ¿acaso él no había propiciado todo? ¿O no?

    En la recamara teníamos otra foto de bodas, si bien es cierto, eso fue hace 10 años, si éramos reconocibles, por eso decidí no hacerlo ahí.

    -Rafa sé que es abusar de tu amabilidad, ¿podrías prestarle algo de ropa de tu esposa para que se cambie?, dijo, no sé si le quede.

    -Si, si me queda, somos de la misma talla, la señora me ha regalado ropa y no tengo que arreglarle nada para ponérmela, no sé si sería mucha molestia que mi patrón escoja lo que me va a prestar, para no entrar a la habitación de los señores, creo que, si entro, me daría tanta pena que ya no continuaría con esto.

    -Rafa, antes de que creas que estoy abusando de tu hospitalidad, llegue un poco más temprano para comunicarte que el puesto de gerente regional es tuyo, ya firme los documentos, a lo que voy, si consideras que esto es excesivo para ti, me retiro, el dinero ya es de Sandra, y aquí no pasó nada, que triste para mí, tan cerca del cielo y no poder tocarlo.

    -Te agradezco mucho, no voy a defraudar a la empresa, en cuanto a esto, soy tu amigo, los tres somos adultos, ustedes ya se pusieron de acuerdo solo me queda procurar que te vayas contento.

    La cara de Rafael cambió, toda su tención se esfumo, estaba feliz, o sea, el puesto era más importante que yo o que nuestra relación, yo era la madre de sus hijos, su compañera en las buenas y en las malas, diez años de total fidelidad, solo pensé, perfecto cabrón, esto es lo que quieres.

    -A ver Sandra, mi esposa no tiene mucha ropa sensual, traje algunas opciones, tú eliges.

    -Mi niña hermosa, dame un beso antes de que te vayas a asear.

    Me comió la boca, duramos un buen rato besándonos, que rico olía aquel hombre, una loción exquisita, sabía besar, diría que era un experto, sentí todo mi sexo inundarse y pedir a gritos ser utilizado.

    Me fui al baño, me di mi tiempo limpiando a conciencia mi vagina y mi ano, no sabía que pasaría, me recorte el vello púbico, dejando solo un bigotito a la Hitler sobre la hendidura, de la que sobresalía mi chicharito, nunca supe la razón, pero me parecía muy excitante una panochita limpia y afeitada, pero con un poco de bello sobre ella.

    Fui al cuarto de servicio a cambiarme, la ropa que llevó mi marido era la más sexi que tenía, ropa elegante y cara, que el mismo me había regalado y que gustaba que yo usará cuándo deseaba exhibirme, siempre en lugares donde no nos conocieran, la playa, vacaciones en el bosque o fines de semana en la finca de sus tíos. Solo había un bra, totalmente transparente y muy delgado, incapaz de ocultar unos pezones erectos y menos los míos que son de buen tamaño, con varilla que levantaba las tetas, haciéndolas más atractivas, tres pantis para elegir, el clásico hilo dental, el de triangulito por delante, triangulo un poco más grande por detrás, pero que se mete totalmente mostrando en su plenitud las nalgas y el último, un Culote, calzón de perneras abiertas que simula una pequeña falda, los tres de encaje muy fino, color blanco igual que el bra; una falda tableada de colegiala, una falda, amplia, corta de gasa, ideal para veranear, la última, falda negra, corta, de piel, dos blusas, una tipo deportiva, solo llegaba por debajo del busto y la otra, un poco más larga, de esas que solo se anudan en el frente.

    Mi elección, el culote, del bra no había opción, la falda de gasa y la blusa cruzada, las zapatillas, escogí unas de tacón corto, de charol, obviamente blancas, me maquillé muy sencillamente, resaltando mis ojos grandes y de color miel, con sombra blanca y un toquecito de rosa, mi boca, grande y carnosa, le puse carmín rosa claro y la resalte con una línea negra en su contorno, mi piel de color piñón no requería mucho recubrimiento.

    Cuando entre a la sala, caminando de forma sugestiva, ambos hombres quedaron muy satisfechos según el gesto de afirmación que vi en ambos.

    -Pero que diosa, mira todo lo que tenías escondido muchacha, estas preciosa, ¿te sirvo algo de beber?

    -Quiero un tequila doble pero que me lo sirva mi patrón

    -Rafa por favor dale gusto a esta princesa, que princesa, reina.

    Me incline a besarlo, paso un buen rato, sentí sus manos ásperas subir por mis piernas, la mano derecha llego sin dificultad a mi conchita, comenzó a pasar sus dedos con suma suavidad sobre mi clítoris, me pregunto suavemente si me había puesto calzón, a lo que asentí.

    -Si deseas me lo quito, o si quieres me desnudo.

    -No, tomate tu tequila mi niña, a ver dame la espalda, así, bien, que obediente, que lindo calzón, Rafa le compra bonita ropa a su mujer, ya te quité las bragas, que lindas están, ahora inclínate un poco más.

    Quede cara a cara con mi esposo, Argenis me había subido totalmente la falda, quedo como los viejos fotógrafos que tenían que taparse para obtener una buena foto, yo me pare en las puntas de mis pies, sentí sus labios en mis nalgas, me levante lo más que pude, de puntillas, para ayudarle a meter su lengua en mi panochita, muy suavemente me jalo hacía abajo para que pisara parejo, no entendía que pretendía hasta que sentí su lengua en mi culito, que sensación tan agradable, la lengua jugando con mi ano, las mejillas, como lijas, en mis muslos, de repente se acordaba de mi sonrisa vertical y la lengüeteaba también, pero su atención estaba casi totalmente en mi chiquito.

    -Que rico culo tienes mi niña, ¿te molesta que pase mi lengua por ahí? ¿tu esposo lo hace?

    -No, para mi esposo eso es sucio, algunas veces se lo he pedido, pero nunca lo he convencido, pero por favor sigue, que rico lo haces.

    -¿Sucio? Tener un manjar divino y no probarlo, que desperdicio, pero dime mi amorcito, ¿si lo usa, si te da verga por ahí?

    -Hmmm, hmmm, casi no, no le agrada se le hace sucio, tengo que emborracharlo y calentarlo mucho para que acepte hacérmelo, pero tu puedes hacerle lo que quieras, solo háblale bonito.

    -Trata de abrirlo para meter más mi lengua, que anito tan rico, hubiera jurado que eras virgen por ahí, mmmm, plaft, plafr, lblblbl, que delicia, discúlpame pero que tonto es tu marido, no sabe apreciar lo exquisito, que bonito agujerito tienes, esos pliegues parecen pintados por un ángel.

    -Méteme la verga ya, por favor, me estas matando a lengüetazos, ya no voy a aguantar más, aghh, yaaa.

    Si, me desmadeje, el hombre me sostuvo para evitar que cayera al suelo.

    -Quítate las zapatillas y súbete al sillón, así de espaldeas como estas, sube totalmente la falda, que no te de miedo yo te sostengo, así deja te chupo tu rajita y tu chúpame el nabo.

    Vi la cara de Rafael, estaba con tremendos ojos, él me había comentado que esté señor tenía un pene grande, pero lo había visto en el sauna del club, ahí los hombres se ven todo, pero yo creo que con el vapor es difícil que se erecte, porque no había mencionado nada más y normalmente si lo hace, dirigí mi mirada hacía donde veía mi esposo y comprendí su cara de asombro, Argenis tenía una reatota, con una cabeza muy grande y todo el resto totalmente cruzado con venas hinchadas, yo no era experta en esa parte de los hombres, pero esto era una maravilla, el mulato se puso de pie, cargándome de la cintura, mi falda caía sobre mi pecho, me acerco a su miembro, lo tome y comencé a lamerlo, le daba besitos y lo metía a mi boca, pasaba mi lengua por toda su cabeza, le sobaba los huevos, extrañamente pequeños, sentía todo su palpitar y también sentía su rasposa lengua en mi conchita, que fuerza la de sus brazos, parecía yo una muñeca, agarrada a el con mi boca en su hermosa verga, volví a tener un orgasmo, hace tiempo que no tenía dos en un evento.

    Me sentó a su lado, desabrochó la blusa y comenzó a chupar y a magrear mis tetas, mis pezones estaban hinchadísimos, yo no perdía el tiempo con mi mano jalaba la piel de su pene hacia arriba y hacia abajo, primero lento, luego de forma rápida, el no dejaba de ensalivar mis pechos.

    -Dime mi reina, ¿te gusta mi verga? ¿es parecida a la de tu esposo?

    -Me encanta, que vergota tienes y ¿decías que no ibas a responder? ¿Qué tengo que hacer para tenerla dentro? Métemela corazón, ah y no, mi marido la tiene bien chiquita.

    -Así de espaldas a mí, siéntate en ella, así, despacio, tu la vez, yo no, ¿ya entro toda?

    -No falta mucho, siento que me partes, deja meto otro poco, así, así, así, ufff, ya entro ahora sí, deja que se acostumbre un poco, ay que rico, que rico, ahora si deja me doy de sentones, que verga, que rico, de aquí no me salgo, ay, Dios mío, dios mío, estas si son cogidas no las de mi viejo, puta madre que verga tan grande, te juro que la siento en la garganta.

    Entonces vi a mi patrón, bueno a mi esposo, se le notaba una fuerte erección bajo del pantalón, se veía muy excitado, parece que el enfado había quedado atrás, y si no, ya no me importaba, que bueno que me confundieron con la sirvienta, yo estaba gozando como nunca, si como nunca lo había hecho.

    -Ahora voltea cosita, siéntate otra vez, ya entro fácil, bésame mientras cabalgas, vamos matate sola, fuerte, fuerte, bésame chiquita.

    Volví a venirme, mis estremecimientos y la pérdida de fuerza eran cada vez más drásticos, afortunadamente estaba sentada, que maravillosa cogida estaba recibiendo, llevaba tres orgasmos y no era multiorgásmica, el se veía sudado, incluso su sudor olía bien, o sería el momento, pero su palo seguía totalmente tieso y no había derramado una sola gota de semen, yo estaba más que impresionada.

    -Mi niña te dije que yo era de gustos simples, uno de esos gustos es dar por el orto a las mujeres hermosas.

    -¿A tu esposa se lo hacías? Disculpa, tu me has preguntado sobre mi esposo, por eso me atreví

    -No te preocupes, no tiene nada de malo, a mi mujer le agradaba mucho que le diera palo por ahí, lo disfrutábamos mucho, la verdad extraño a mi difunta, nunca le falte, pero yo estoy vivo y tengo necesidades.

    -Siendo así, todo tuyo corazón, pero mi chiquito está muy poco usado, si está cerradito y tu instrumento es descomunal ¿Cómo le hacemos para que no me lastimes?

    -No te preocupes, acuéstate de lado, con la cara en el respaldo del sillón, la pierna de arriba hazla hacia adelante, así ya tengo acceso, relájate

    Algo puso en sus manos, alguna crema me imagino, no lo vi, metió un dedo, así estuvo un rato, luego dos, otro rato, yo ya sentía dilatado el orto, como el le decía al culo, sentí que puso a la entrada su hasta, comenzó a empujar poco a poco, preguntando en cada embestida si podía continuar o si esperaba, me aseguró que no deseaba lastimarme que yo tenía la opción de que el parará en cuanto se lo pidiese, si me dolía, pero lo deseaba mucho, soporte estoicamente, hasta que todo entro, no lo disfrutaba, pero sabía que acostumbrándome a tener eso en mis entrañas comenzaría a gozar de lo lindo, el placer final justificaba el dolor inicial, le indique que se moviera, que la sacara, pero que la volviera a meter.

    -Que culito tan apretadito, parece virgen, casi no se usa, que imbécil es tu esposo, eso no se hace, tener esto a la mano y no gozarlo.

    -Si, que imbécil ¿Qué le dirías si estuviera ahorita aquí frente a nosotros?

    -Frrr, amigo los manjares del cielo cuándo están a nuestro alcance debemos disfrutarlo, tu esposa tiene el culo más hermoso que yo haya visto en mi vida, y pide a gritos verga y tu no le das, mereces cuernos por idiota, este culo no debe ser de un solo hombre y menos de uno que no sabe darle su admiración, mira, mira, como se come una pija grande y no sufre, pide más y más, es el culo más maravilloso que yo haya usado en la vida.

    -¿De verdad crees eso? Gracias, métela con más fuerza, que mi culo sepa quién es su dueño, que cuando este con mi marido mi culo te recuerde siempreee, otra vez, échamelos en mi culo, quiero sentirlos adentro.

    -No mi reina, tienes un culito de concurso, pero mi leche va en tu vaina, la voy a sacar con cuidado y voy a asearme, con permiso Rafa, voy a usar tu baño, no tardo chiquita.

    Salió, vi a mi esposo, no se había parado un solo momento, seguía firme observando la cogidota que le daban a su amada esposa, se acercó y en voz baja me dijo.

    -Eres una pinche puta

    -¿Y tú? Un pinche cornudo, tuviste toda la oportunidad de evitar esto y salir bien librado, dime tu ¿Por qué no lo hiciste? Por tu asenso o por tus hormonas, ahora la pregunta es ¿Quién lo está disfrutando más? Mira ¿Cómo tienes la verga?, ahora que se vaya Argenis me la vas a meter por el culo, ya está bien abierto para ti, no te va a costar trabajo ni te vas a venir en cuanto entre.

    -Eres una verdadera piruja, una desgraciada, una malnacida, te odio

    -Bájale viejo, aquí puede terminar esto, le dijo al señor que ya no quiero seguir, o tu le dices que soy tu esposa, no ha descargado nada, a ver como lo toma, pero si tu me lo dices, aquí se acaba, ¿no? ¿nada? Entonces vamos a terminarlo y luego lo hablamos, pero si me diste la ropa que me pasaste para ponérmela y que me viera otro hombre, ropa que solo luzco para ti, y bien lo sabes, entonces fuera hipocresías y vamos a terminar esto bien, shhh, ahí viene, gózalo, amor, te dedico el último acto.

    Argenis se había lavado a conciencia el miembro, incluso se había dado un regaderazo, se veía completo, fresco, seguro de si mismo, si tenía 60 años, benditos 60 años.

    -Listo ¿todo bien? Que bueno, ahora si linda noviecita, porque para mi eres eso, una linda noviecita, ya no tengo mucho tiempo y necesito descargarme, chupa un rato mi verga, hazla sentir que la quieres, dile cosas bonitas, así, con la lengua, dale mordiditas, un poco más, que rico mamas, ahora si mi amor, híncate en el sillón y levanta el trasero, ffff, que monumento, ahí va mi cielo.

    -Si, si, mételo, mételo, cógeme, culeame, deja sentir tus huevos en mi trasero, aghfg, maaas, masss, ahí vienen, que calientes se sienten, son muchos, déjalos salir, son muchooos, están bien calientes y espesos, échamelos todos, soy tu putita, soy tu mujer, soy tuyaaa, aghfr, nunca te voy a olvidar Argenis eres mi Dios, que riquísima cogida me estas dando.

    -Ufff. Aghgh, gracias, amor, ya no podía contenerme más, que rico coges, si algún día vas a Colombia no dejes de llamarme, yo creo que a México ya no regreso, pero si lo hago ¿te puedo buscar?

    -Por supuesto que sí.

    -Si algún día decides platicarle a tu marido esta experiencia o se entera de algún modo de esto, dile por favor que no se moleste y que se ponga las pilas a hacerte feliz, te lo mereces.

    Volvió al baño, regreso al poco tiempo, se vistió, se despidió, no acepto que Rafa lo llevará al aeropuerto, tomo un taxi y así como llego, despareció.

    -Ahora amor ¿Qué sigue? ¿me voy de la casa? ¿tratamos de olvidar esto? Lo que tu digas está bien.

    -Empínate

    -¿Qué?

    -Que te empines, dame las nalgas, a ver deja ver que tan abierto te dejo el culo, aghh, entra fácil, si está bien abierto, ya no aguanto, voy a venirme

    -Es tuyo viejo, es tuyo, échamelos, todos, asiii, que rico que el amor de mi vida, el padre de mis hijos me de por el culo, hmmm

    -Ya no aguantaba, que bien te veías ensartada por otro hombre, que lindo te movías.

    -Pero si era lo que deseabas ¿Por qué nunca me lo dijiste? Yo te amo, a lo mejor te hubiera dado gusto sin tanto rodeo, deja voy al baño a limpiarme

    -No, deja te limpio yo con mi lengua, de aquí en adelante nos debemos tener más confianza y decir lo que pensamos y sentirnos sin tapujos ni hipocresías.

    -¿Sabe rico? Ya estas empalmado otra vez.

    Repito, divina confusión, ese día todo cambio me quede con 18000 dólares, súper bien cogida, conocí el lado oscuro de mi esposo y el mío propio, me jure disfrutar y hacerlo disfrutar, hacer lo que me pidiera, coger con quien me dijera, mientras fuera de mi gusto y con discreción, sobre todo por los hijos, ya ellos crecerían y harían sus propias locuras.