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  • Infidelidad a dúo

    Infidelidad a dúo

    Somos una pareja de 47 años, llevamos 30 años juntos y menos alguna chorrada éramos vírgenes.

    Después de llevar varios años de noviazgo decidimos casarnos, éramos una pareja bastante asidua al sexo.

    Al año de casarnos quedamos con unos amigos, todo era normal, hasta que una chica se sentó y a mi lado, y yo llevando varias copas encima, sin ningún tipo de maldad, le puse el brazo por encima, sin esperarlo yo notaba que me estaba excitando, pero cuando fui al baño, me di cuenta, que había eyaculado sin tocarme.

    Estaba claro que ahí no se iba a quedar la cosa, y con una química sexual, quedamos de forma que no se diera cuenta mi mujer y dedicarnos a follar sin límites.

    Mi mujer que no tiene ni un pelo de tonta, no sé cómo se enteró, pero se lo calló a su manera.

    Un día llegando del trabajo me la encontré desnuda masturbándose y con una corrida brutal sobre el sofá de casa.

    Ahí se quedó la cosa, hasta que un día, follando mi mujer y yo, le dije que me encantaría que un día se lo hiciera con alguien.

    Acto seguido me dijo, no hace falta que te lo imagines, ha pasado ya.

    Yo me quedé estupefacto, pero a la vez me corrí como un loco.

    Se había liado con un amigo mío. Había follado como una quinceañera. Eso me ponía como un loco.

    Decidimos dejar a ambos amantes, pero yo quería que mi mujer hiciera ponerme cachondo con otro.

    No tardó en pasar, un día llamé a un amigo mío, el cual sabía que a mi mujer le gustaba. Después de unas copas empezamos con tonterías de enséñame esto y enséñame lo otro.

    Les dije que hicieran un desnudo con un baile ambos. Fueron a la habitación y pasó lo que pasó.

    Yo estaba sentado en el comedor imaginándome que estaban haciendo. Y claro que estaban follando, él es un chico muy dotado. Le puso a mi mujer cachonda pérdida.

    El caso es que cada vez que follamos nos contamos nuestras aventuras sexuales que pasaron en el matrimonio y nos ponemos verracos.

    Nos encanta el exhibicionismo, se pone en la playa en toples, hacemos videollamadas eróticas y mientras ella se masturba para otro, yo miro.

    Es la mujer que me produce más libido.

  • Atendiendo los deseos de Corine

    Atendiendo los deseos de Corine

    En los últimos meses me he estado follando a mujeres que he venido conociendo a través de chat en uno de esos sitios de la red que se han hecho muy populares por estos días. Cada día recibo varias invitaciones a chatear y con algunas chicas encontramos esa química para dar ese paso que eventualmente nos conducirá a la cama. Debo de mencionar que este sitio atrae a mujeres casadas dispuestas a conllevar una relación extramarital y regularmente las mujeres que me contactan son mujeres entre las edades de 30 a 50 años.

    Hace poco me tocó vivir una nueva experiencia con una chica de nombre Corine, chica que se describe como rubia natural, de 1:55 metros, 140 libras de peso y de 35 años. En su perfil habla de que es madre de una niña de 2 años, que lleva casada 4 años y por tanto requiere de una relación muy discreta. Dice que se considera una mujer fogosa y muy caliente, pero que infortunadamente su esposo desde que quedó encinta, el deporte natural que se daba en la cama como que ha quedado relegado a un tercer término. Según hablaba, su esposo nunca había sido un gran semental, pero de pasar de dos o tres polvos por semana, estos se habían reducido de dos a tres por mes, lo cual no la llenaba en absoluto, pues ella siempre está pensando en sexo y aunque ha hecho lo posible por atraer a su macho con diferentes tácticas, parece que el estrés del trabajo lo tiene con su energía por debajo de cualquier expectativa.

    Según Corine, ella buscaba a un hombre alto que pasara por lo menos los 1:75 metros y entre las edades de 35 a 45. Ella leyó mi perfil y aunque me acerco a los 55 decidió invitarme porque le parecí mucho más joven y que le había gustado mi sonrisa en la foto de este sitio. Así que después de varias pláticas por el chat y teléfono me dio el domicilio de su casa, pues no podía venir a la mía o ir a algún motel porque debería de estar pendiente de su infante de dos años. Decidí ir a su casa, porque me aseguró de que su esposo es muy dedicado a su trabajo y que para evitar ser detectado por la cámara de seguridad frente a la puerta principal, debería de entrar por el guardacoches.

    Llegué con el nerviosismo que te hace pasar ese ambiente inseguro de lo prohibido y me adentro a esta casa desconocida y por primera vez conozco a Corine personalmente. Me da un beso y me hace pasar a la sala. Corine tiene un rostro muy agradable, de senos abultados que se hacen notar y que deben estar en una copa C. Su trasero llama la atención, especialmente con los pantalones jeans que lleva puesto. Cuando la besé olía rico, parecía que se había preparado para este encuentro en el cual ya teníamos entendido que Corine estaba abierta para todo de tipo de contacto sexual, que hasta me había dicho que estaba ansiosa de chupar una verga y de sentir unos embates violentos mientras le daban de perrito, lo cual según Corine es su posición favorita.

    Corine no desperdició tiempo, pues creo que tenía en la mente a su hija y debería de aprovechar mientras la bebé descansaba y en el momento todo estaba callado más una televisión con bajo volumen que no veíamos. Me bajó el cierre del pantalón, comenzó a masajear mi verga y esta se puso erecta al sentir el contacto cálido de su mano y me dijo: – ¡Tienes una verga grande! – Sin mucho protocolo me sacó el glande del bóxer y comenzó a chuparlo con una técnica que denotaba tenía mucha experiencia. Dejo que me lo mame por unos minutos y luego me dijo que mejor pasáramos a su habitación.

    Ya en su habitación comencé a quitarle su camisa y su sostén, le desabotoné su pantalón jean y comencé a bajarlo. Corine me esperaba con una tanga fucsia que contrastaba con su piel blanca. La tomé de las nalgas y le saqué su hilo dental por unos segundos mientras me agachaba a besarle el cuello. Corine tenía estrías en la parte de sus glúteos y parte de su abdomen, y por las medidas que les di y su peso, pueden imaginar que se trata de una mujer llenita, pero realmente es una mujer curvilínea. Su areola era grande en unos pechos redondos y sus pezones estaban ya erectos con una simetría redonda y de mediano tamaño. Comencé a chuparle los pezones mientras me decía: -Ten cuidado de no dejarme chupones en la piel.

    Ella quería seguir chupando mi verga e intentamos hacer un 69, pero debido a nuestra altura, ella de 1:55 y yo de 1:86 metros, pues yo no alcanzaba a llegar a su conchita y me mantuve haciéndole masajes a sus glúteos y a abrir sus nalgas para ver su ojete, pues era ella quien estaba sobre mí. Comencé a hacerle masajes a su clítoris lubricando mi dedo de en medio con mi saliva. Ella disfrutaba mamando que en minutos su conchita se fue lubricando y se le ponía húmeda. La tuve que halar un poco y ella hacer una breve pausa para poder chuparle por unos minutos la conchita. Sintió mi lengua en su hueco y solo dijo: ¡Ay, Dios… que rico!

    Corine estaba ansiosa de sentir mi verga en su concha que me lo pidió cuando ella creo sintió que rondaba por esos abismos del orgasmo cuando le chupaba su concha: – Tony, méteme la verga… quiero correrme sintiendo esa hermosa verga que tienes. – Obviamente se puso como ella me dijo le gustaba que le dieran y en cuatro se puso a la orilla de la cama, hago a un lado su tanga fucsia, apunto mi glande a su entrada y aunque esta mujer ha parido ya a un hijo, pujó del dolor cuando se la dejé ir de una sola vez y verdaderamente Corine es reducida de su concha, la cual se mira muy bien depilada y con solo un pequeño arbusto por la parte superior de esta. Pompeo con un embate constante y mi pulgar masajea y comienza hacer camino para introducirse al ojete de Corine. Esto le gustó demasiado y esta mujer movía esas caderas de una manera espectacular en esta posición de perrito. De repente dio un grito y pude sentir esa vagina vibrar y como su ojete apretaba mi pulgar el cual en su totalidad estaba adentro. Ella me pidió que no parara y esos gemidos se extendieron hasta lograr un segundo orgasmo. Sus pulmones se expandían y comprimían apresuradamente queriendo recobrar la normalidad y aun con mi verga en su panocha esta mujer vivía un intenso orgasmo y ahogadamente me decía: ¡Que rico me hiciste acabar!

    Quizá le seguí dando verga por lo menos unos 5 minutos después de su segundo orgasmo. Ella me pidió que me la quería mamar y que quería sentir mi corrida en su boca. Chupaba rico, casi se tragaba mis 21 centímetros y solo se oía el mismo chasquido cuando mi verga entraba y salía de su boca, al igual que cuando entraba y salía de su concha. Ella igual me invadía el ano con sus dedos mientras me la chupaba y pasé a darle un embate a su boca y sentí que estaba al punto de llegar a la gloria. Sentí esa electricidad recorrer mi columna y extenderse de pie a cabeza y mis testículos se comprimían con una sensación tan rica al expulsar mi esperma. Corine se tragó mi corrida y me chupó la verga hasta dejármela flácida. Y pasamos a darnos una ligera ducha.

    Corine debió estar deseosa de sexo, pues no desperdiciaba ningún momento para provocar que mi verga tomara una nueva erección pues al tan solo salir del baño, me besaba los lóbulos, las tetillas y luego literalmente me dijo que quería hacerme un rimming, que es darme placer oral en mi culo. En esta ocasión fue ella quien me pedía que me pusiera en cuatro y comenzó con unos ricos lengüetazos mientras me masajeaba la verga con una de sus manos y de vez en cuando me la doblaba para también chuparla y darle masaje oral a mis testículos. Obviamente me paró la verga inmediatamente y no me hizo correr a las primeras, pues ya había tenido mi primera eyaculación y por supuesto cuenta mi edad, con la cual tengo mucha experiencia para controlar cuando debo correrme.

    Después de alrededor de unos quince minutos, le devolví el favor y ahora era yo quien le chupaba ese ojete mientras mis dedos se insertaban en su conchita o sobaba su clítoris. Fue Corine quien con los minutos me pidió que le follara el culo, pero me pidió que lo hiciéramos en una posición que ella quería experimentar. La verdad que me parecía un tanto incómodo para Corine, aunque para mi me daba una vista espectacular. Se fue a media espalda sobre la alfombra de la habitación y elevaba sus piernas por sobre la cama y yo con mis piernas abiertas por sobre ella debería doblar mi verga hacia abajo, pues literalmente la penetración iba en vertical. Le había dilatado el ojete con mi dedo pulgar que cuando le asomé el glande, este se hundió sin ningún problema. Corine solo exclamó una expresión de satisfacción: – Uh… que rico, que delicioso es sentir tu verga en el culo… eras mi fantasía; así lo quería sentir.

    Corine me apretaba la verga con su rico culo y yo podía observar cómo contraía su conchita de donde salía abundante jugo vaginal. Esta mujer se mojaba fácilmente y yo comencé a hundirle y sacarle la verga a mi antojo mientras ella se apretaba esos pezones rojizos de una manera desesperante donde a la vez fruncía sus labios denotando un intenso placer donde ella me repetía: -Tony, ¡que rica se siente tu verga en mi culo! Rómpeme el culo cariño, méteme toda esa verga. – Yo le respondía también con esa respiración de la excitación: – Me gusta tu culo Corine, te romperé tu culo a mi antojo. -Mi verga entraba y salía y miraba literalmente como le quedaba de abierto ese culo y como lo contraía y en un proceso de unos cinco o siete minutos de follármela con embestidas frenéticas, aquella mujer explotó y sentí como ese culo me apretó el falo y Corine vivía un intenso orgasmo que sus glúteos y muslos comenzaron a temblar sin control alguno.

    Le seguí dando sin parar y aquella mujer daba alaridos de placer, especialmente cuando comencé a chaquetearle su clítoris. Parecía que lloraba y daba unos gritos bien agudos, pero me decía que no parara, que se corría una y otra vez y todo aquello comenzó a acercarme a ese abismo del no retorno y viendo su rostro donde fruncía sus labios y sus ojos quedaban suspendidos, me hizo acabar y esta corrida fue más potente que mi primera que hasta un leve dolor en la cabeza me dio. No dejé de pompearla hasta que mi verga se puso muy flácida que ya no podía seguir taladrando a esta mujer. Ella me tomó de la mano y nos fuimos al baño a darnos una aligerada ducha donde esta mujer aprovechó para seguir mamando mi verga. Dos minutos después de salir de la ducha, su marido le estaba llamando por teléfono.

    Para mí fue un tanto incómodo estar follando con Corine en la misma casa y en la misma cama donde de vez en cuando la folla su marido. Evitaba ver las fotos que estaban alrededor donde ella con su marido posaban en momentos que parecían ser felices. No te deja de dar un sentimiento de culpabilidad y es por eso por lo que siempre cito en situaciones como estas a follar a esa chica en turno a algún motel. Aquí estaba su pequeña hija, quien con el sonido del teléfono había despertado y comenzado a llorar. Aquello le dio la excusa a Corine de ser breve con su marido, le envió un beso y se despidió.

    Atendió a su hija y le dio de comer. En un corral decorado para niños la dejó sentada viendo la televisión en una de las salas, pues esta casa tenía doble sala, una condicionada para entretener a su pequeña hija. Yo me había puesto los pantalones, zapatos y camisa, mientras Corine caminaba ahora con una camisa suelta y un calzón cachetero que buena parte se lo comían sus nalgas. Y un poco cansados de esos dos palos que conllevaron a Corine a múltiples orgasmos y dado que eran horas de la mañana tomamos un breve desayuno para recobrar energías y Corine hacía una plática cachonda y donde no me dejó de dar cumplidos por los orgasmos que le había hecho sentir. Fue en ese momento que Corine me hablaba de un juguetito que tenía guardado y que lo usaba cuando ya se sentía desesperada de no sentir una verga. Lo tenía bien guardado que incluso su marido no conocía de su existencia y que Corine deseaba experimentar algo que para ella era como una fantasía desde que acordamos en conllevar esta aventura.

    Después de un pequeño vaso de jugo de naranja reiniciamos nuestra faena sexual, la cual Corine tiene como rutina chupar verga a morir. Le gusta tanto chupar verga que no me sorprendería que se corriera de solo chupar una verga. Fue por su juguetito el cual es un consolador de unos 18 centímetros, el cual según me contaba lo pone sobre uno de los brazos del sofá, el cual es de un cuero de color beige, lo acomoda pues creo es diseñado para de alguna manera sujetarlo sobre esta superficie y se monta a placer y Corine me contaba que con eso se conformó por algún tiempo hasta que decidió de una vez por todas ponerle el cuerno a su marido. Hoy quería hacer lo mismo con su juguetito y que yo a la vez le diera verga por el culo.

    Corine no es de esas mujeres cohibidas y después de darme una buena mamada que me puso parada de nuevo la verga, ella me mostró como montaba este consolador y el cual ella controlaba la vibración y de cómo pulsaba aquel consolador adentro de su vagina. Vi cómo se lo hundió todo y me dejaba expuesto su ojete para que luego yo se lo perforara. Después de unos cinco minutos en demostrarme como gozaba con su vibrador, me invitó a que le sumiera mi verga en el culo de nuevo. De esa manera me lo dijo: – Ahora, fóllame el culo.

    Se lo asomé primero a su boca para que me lo dejara lubricado y luego se lo acerqué a su ojete, el cual miraba que se contraía con la excitación de presentir que se lo hundiría de nuevo mientras su vibrador hacía ese sonido murmurante. Le metí primero la cabeza y podía sentir esa honda que me hacía enviarle una pulsación de mi miembro y que le expandía algún milímetro más su apretado agujero. Corine volteándome a ver solo dijo: ¡Qué rica se siente esa verga… puedes meterla toda!

    A Corine le encanta el sexo anal, goza del dolor que le provoca, el cual me describe como único para ella y del cual ella lo describe como la única tortura que le encanta. Y es que me decía que sentía el dolor, pero no entendía como aquel dolor en término de segundos se convertía en un placer inigualable. Se la hundí toda y me mantuve así, solo sintiendo la vibración de su consolador. Como dije anteriormente, lo que me incomodaba era estar en esta casa llena de fotos donde Corine, su marido e hija son las que inundan la sala y frente de mí, hay una foto de esta mujer y su marido cuando uno le pone al otro el anillo de bodas. Dejé de ver las fotos y me concentré en esas voluptuosas nalgas y me dejé llevar por la monotonía de ese cacheteo de mi pelvis pegando en sus glúteos y ver como toda mi verga entraba y salía del ojete de Corine.

    Cuando Corine se describía como fogosa, ese adjetivo le quedaba pequeño a esta mujer. Corine es una maquina sexual que si yo realmente fuese el primero con quien le ha sido infiel a su marido, es muy difícil de creer. Comenzamos con un ritmo semi lento y luego fueron unos embates frenéticos y ese culo aguanto un taladreo que a muy pocas chicas les he dejado de ir con un consolador en su concha. Esta mujer lo gozaba tanto, que el brazo beige del sofá estaba saturado de sus jugos vaginales y el escandalo de su grito chillón se expandía por toda la casa en un alarido que parecía estaba poseída en el placer. Creo que pasé más de media hora dándole por el culo en esta posición y honestamente no sé cuántos orgasmos obtuvo… era difícil conocer cuando se estaba corriendo, pues parecía que todo ese tiempo se estuviese corriendo. Me pidió que me corriera en su culo con ese chillido de su voz y exploté con tremendas ganas que nuevamente sentí ese corriente atravesando mi columna y golpeándome los huevos con un placer exquisito. Miré el culo bien abierto de Corine y como salía mi corrida deslizándose hasta llegar a su conchita.

    De esta manera lo hicimos una vez más y aquella cogida que comenzamos a eso de las ocho de la mañana se había extendido hasta las dos de la tarde y creo que esta mujer quería más, que me pidió a que regresera el siguiente día. Llegué tres días después y hoy voy de nuevo a saciar mis ganas con Corine y, creo que esta es la última vez, pues afortunadamente hay otras chicas que tienen la misma situación y que de alguna manera alguien las tiene que atender… alguien tiene que llenar ese vacío.

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  • La jamona y sumisa esposa de don Joaquín (5): 2×1

    La jamona y sumisa esposa de don Joaquín (5): 2×1

    Aquella tarde en especial, hacia demasiado calor. Por eso Jorge iba preparado para la acción de ese día. Él siempre decía, hombre precavido vale por dos. Llevaba una hielera con cerveza, un bote de bloqueador solar y una bolsa sellada muy parecida a la de los cacheteros.

    -Tengan pónganse esto- dijo el musculoso, entregándole la bolsa a paulina.

    Paulina y su hermana mayor, se metieron a la casa a cambiarse. Mientras Jorge destapaba su primera cerveza, acostado en una de las sillas para albercas.

    -Tengo que contarte algo- dijo Carmen mientras se metían a la casa.

    -Qué es? Deja el misterio- Le pregunto Paulina que la miraba dubitativa

    -Es que Jorge y yo lo hicimos- Aquello sí que había tomado por sorpresa a Paulina, que la consideraba casi una santa.

    -No lo puedo creer, pero si tú eres una mujer muy apegada a tus convicciones- Le respondió la jamona, llevándose la mano a la boca en señal de sorpresa.

    Carmen: No sé qué me pasó, todo fue tan rápido.

    Pau: A mí me pasó igual la primera vez

    Las dos se dieron un abrazo, como señal de complicidad y se juraron que esto no lo iba a saber nadie.

    -Vamos a ver qué es esto- dijo paulina, que abría la bolsa con una tijera.

    -Ay madre mía!!! -exclamó la sesentona de Carmen al ver aquello.

    Se trataba de unos bikinis de hilo dental, tipo brasilero de esos que no dejan nada a la imaginación.

    -Creo que este es el tuyo -Le dijo paulina a la «MEGA» jamona de su hermana, viendo la etiqueta del tamaño

    -Ay si eso creo- contestó la jamona de Carmen muy nerviosa, pues era la primera vez en su vida que se pondría algo así

    Las dos mujeres salieron de la casa, con aquellos bikinis puestos, que si el «cornudo» veía a su mujer y a su cuñada vestidas así de seguro le daba un infarto. Pero el pobre dormía profundamente sin sospechar nada.

    -Mmm que ricas se ven las dos- dijo Jorge mientras le daba un trago a su primera cerveza.

    -Gracias Jorge- dijo la veterana un poco más relajada

    -Vengan aquí- les ordenó Jorge mientras destapaba el bote de bloqueador solar

    Las jamonas se pararon cada una al lado de Jorge, y este empezó a verter líquido en sus enormes tetas de paulina.

    -Ayy mmm Jorge que rico se siente eso- dijo paulina que era la primera vez que alguien le echaba bloqueador solar en las tetas.

    -Ahora te toca a ti- le dijo Jorge a la veterana, que se quitó la parte de arriba del bikini, mostrando dos enormes tetas que le llegaban hasta el ombligo.

    -Ayyy siii uuuuf mmmm- gemía la sesentona que miraba cómo Jorge le apretaba las tetotas

    Jorge estuvo masajeando, esas tetas hasta que sus manos se cansaron. Luego les ordenó que se pusieran en cuatro.

    -Jorge queremos ser azotadas- dijo la más vieja de las hermanas, moviendo el culote de un lado a otro.

    A Jorge le excitaba, lo perras y putas que se habían convertido las hermanas jamonas. A tal grado de ya no impórtales nada, ni siquiera el hecho de que el «cornudo» se despertara y las descubriera.

    Carmen: Ayyyy ayyy papi siii tus manos son muy fuertes ayyy.

    Pau: Ayy ayy Jorge dame más duro por favor mmm siii

    Jorge: ahh putas zorras, esto les pasa por tener los culos demasiados grandes tomen!

    Jorge veía como las nalgas de ambas maduras iban cambiando de color.

    -Mmm Jorgeee ayyy papi me voy a venir- dijo la sesentona de Carmen que se estaba masturbando, mientras este la azotaba.

    -Yo también ayyy mmm uufff- dijo paulina que tenía la mano sobando su panocha madura

    Las maduras jamonas se vinieron como perras salvajes, experimentando así su primer orgasmo juntas. Luego se pusieron de rodillas y poniendo las manos en señal de rezo le dijeron a Jorge.

    -Por favor, papi metemos tu enorme pene en la boca, lo queremos sentir hasta la garganta- dijeron las muy sucias, como verdaderas putas baratas.

    -Malditas zorras, abran bien la boca putas- ordenó el musculoso joven, mientras introducía su enorme verga a la más vieja primero.

    Aquellas mujeres ya habían perdido toda la vergüenza, que alguna vez sintieron. Además el hecho de saberse deseadas, por alguien mucho más joven fuerte y con una tremenda verga las hacía ponerse más cachondas todavía.

    – Ahhh mendigas, para esto nacieron para chupar vergas grandes- dijo el musculoso mientras paulina le chupaba hasta las bolas

    Carmen y paulina se turnaron, mientras una le mamaba el enorme pene, otra le metía una de sus enormes tetas a la boca a Jorge.

    -Ayyy papi me las chupas muy duro, pero me gusta sentir tu lengua mi muchachito- dijo la más veterana que sentía cómo una vez más se mojaba

    -Pon la otra teta en mi boca- Le ordenó Jorge a lo que está solo obedeció

    Así estuvieron por un buen rato, hasta que Jorge se vino en la boca de paulina, y esta por primera vez se tragó el semen de Jorge.

    -Ahhh puta! Que bien que lo has hecho- dijo Jorge que le ordenó que le pasara otra cerveza.

    Los tres estuvieron, tomando cerveza y metiéndose al agua. Hasta que la abuela pidió más verga grande.

    -Mi panocha tiene hambre Jorge- dijo la sesentona, metiéndose dos dedos en la vagina

    -Si papi también yo- dijo la jamona de paulina, imitando a su hermana

    Jorge las puso en la orilla de la alberca, y empezó a mamar y a meter sus dedos en esos panochones maduros, una a la vez.

    Pau: mmmm papi que lengua tan ricaaa!

    Jorge hizo que paulina se viniera otra vez con su pura lengua.

    Carmen: Si, sigue no pares por favor te lo suplico ayyy papi me estoy viniéndolo!

    Aún quedaba mucha tarde por delante. Jorge mando a paulina a que le trajera más cervezas, mientras el masajeaba el enorme busto de su hermana.

    -Ahora viene lo bueno- dijo Jorge que le ordeno a paulina, que abriera las enormes nalgas de su hermana.

    Jorge introdujo su enorme pene en la madura panocha de Carmen, mientras su hermana menor abría sus nalgas lo más que podía.

    -Ayy Jorge mmm Ayy que rico la tienes como caballo- dijo la veterana, que estaba siendo penetrada con tal fuerza. Mientras paulina besaba a Jorge

    -Putas todas son unas putas- decía Jorge que estaba envuelto en la lujuria y el deseo

    Carme: Si, soy tu puta, tu zorra soy lo que tú quieras, pero no pares por favor ayyy papi ayyy que ricooo dame más, más durooo

    Jorge: Ahhh que sucia eres, por eso me gustan las maduras como tú. Inocentonas y putonas.

    Aquel título les quedaba muy bien a las hermanas jamonas.

    Carmen se volvió a venir, y su hermana vio cómo de su panocha salían fluidos.

    -Ahora te toca a ti sostener las nalgas de tu hermana, para que le entre toda mi enorme verga.- dijo Jorge que tenía la verga dura como un bate de béisbol.

    -Si Jorge- contestó la pobre madura, que agarro las nalgas de su hermana con cuidado.

    -Ábrelas bien zorra- dijo Jorge que le dio un azote a sus tetas.

    Carmen obedeció y esta vez las tomó con fuerza. Haciendo que su hermana hiciera un pequeño gesto de dolor.

    Pau: Ayy si así, dame toda tu enorme verga papi

    Jorge: Puta zorra y decías que eras decente, cuando te conocí eh?

    Pau: No, ya no lo soy a ahora soy tu puta y tú sumisa papi ayyy mmm

    Jorge la tomó del pelo y paulina sintió ver las estrellas.

    -Ayyyy siiii papi mmm que ricooo me matas me matas!

    Paulina se desahogó todita y Jorge también descargó su semen caliente y espeso por todas las nalgas de la jamona. Mientras le ordenaba a Carmen que le limpiara la verga con la lengua.

    Después de esa dura sesión de sexo, Jorge se dio un chapuzón y se subió a su apartamento. Las maduras se quedaron un rato más, jugando con el agua.

    Llego la hora de preparar la cena y ambas la hicieron de lo más contentas. Joaquín ya se había despertado, y se fue como de costumbre a la sala a ver el noticiero de la tarde.

    -Las veo muy contentas mujeres y me alegro- dijo el pobre «cornudo» que ni por la mente le pasaba, que su esposa y su cuñada habían tenido varios orgasmos, mientras él dormía plácidamente.

    -Sí, lo que pasa es que ya me hacía falta mi hermana- dijo paulina con una sonrisa

    Terminaron de cenar y se sentaron a mirar su programa favorito. Luego tomaron un poco de té y platicaron un poco de cosas de la iglesia, ya eran las 10:30 cuando se despidieron para irse cada quien a su habitación.

    -Hasta mañana Joaquín!- dijo la veterana, moviendo las manos

    -Hasta mañana Carmen!- le contestó el viejo

    -Hasta mañana hermana! La pase muy bien hoy en la alberca- dijo Carmen, con una sonrisa de oreja a oreja

    -Yo también la pase muy rico- le contestó paulina. Mientras le daba un beso en la mejilla

    El reloj marcaba las 11:00 de la noche y Jorge todavía no se dormía, estaba terminado unos trabajos, cuando escuchó que tocaron la puerta.

    -Venimos por nuestra dosis de enorme pene anal.- dijo Carmen al mismo tiempo que sonreía.

    Continuará!

  • La mejor cliente (2): Segundo encuentro

    La mejor cliente (2): Segundo encuentro

    Después del primer encuentro con María en el cual tuvimos una rica sesión de sexo y dónde nos dijimos lo mucho que nos había gustado coger, seguimos platicando de nuestras intimidades y de lo que nos había gustado de nuestro encuentro, lo nerviosa que estaba y de cómo se masturbaba pensando en mí.

    Un día quedamos en no mensajearnos por unos días pues su esposo vendría y pasaría unos cuantos días con ella y no queríamos causarnos problemas.

    Durante ese tiempo se me hacían largos los días pues me gustaba mucho platicar con ella y saber que era lo que hacía.

    Pasaron los días y nos mandamos mensajes de nuevo, le conté cómo me había ido en la intimidad con mi esposa durante ese tiempo y lo que había hecho con ella, por su parte me comentó que al tener relaciones con su esposo no podía evitar pensar en mi y en lo rico que la habíamos pasado.

    Un día quedamos en vernos pero solo podíamos estar arriba del auto por unos cuantos minutos, nuestras citas se fueron volviendo encuentros fugaces pues ambos estamos al cuidado de nuestros hijos casi todo el día, así que sin perder tiempo nos besamos y obviamente yo aproveché para meter mi mano por debajo de su ropa y poder acariciar sus pezones, escuchaba sus ricos gemidos mientras lo hacía, nos besábamos apasionadamente y María inmediatamente decidió sacar mi pene para empezar un rico y delicioso oral dentro del auto, sentía tan rico y me sentía muy excitado, tanto que casi terminaba en su boca pero decidió quitarse por lo nerviosa que estaba. Yo metí mi mano por debajo de su ropa hasta tocar su rica y mojada vagina la cual froté un poco y pude sentir que estaba empapada. Acordamos vernos al día siguiente, pues ya no aguantábamos las ganas.

    Llegó el esperado día, esta vez en mi casa, María llegó y yo la hice pasar cuidando que nadie nos viera,

    La llevé al último cuarto de mi casa y la empecé a besar desenfrenadamente y aunque no había nadie de quien cuidarnos ni quien nos interrumpiera María me pidió que fuéramos rápido porque tenía poco tiempo, así que mientras nos besábamos nos íbamos desnudando, ella me sentó en el sillón y empezó a darme una gran chupada, pasaba su lengua desde mis huevos hasta la punta de mi pene, comiéndoselo todo, yo veía mi pito entrar y salir de su boca, esto me calentaba demasiado, la recosté en el sillón, le abrí las piernas y empecé a pasarle mi lengua lentamente por su panochita, pude ver su cara de excitación y escuchar esos ricos gemidos que me gustan y que me prendían aún más.

    Yo con mi pene duro y palpitando a todo lo que daba, deseando clavársela profundamente, saboreé su sexo hasta que María no aguantó y me pidió que la penetrara, esta vez no me puse condón, apunté mi pene directo a su vagina y lo metí de un solo empujón, entró sin que nada opusiera resistencia pues María estaba más que mojada, le pregunté si quería que me pusiera el preservativo y me dijo que aún no lo hiciera, quería sentirme a pelo y yo quería sentirla a ella también, empecé a bombearla y a acariciar sus pezones, baje mi cabeza para poder chuparlos, María levantó mi cabeza, sentí su lengua pasar por mi oreja. Estábamos muy excitados cuando entró una llamada a mi celular, era uno de mis trabajadores que quería acordar un trabajo que realizaríamos al día siguiente, no sabía como cortar la llamada, pero tampoco pare de bombearla, esta vez un poco despacio pero sin perder la concentración.

    Cuando terminé la llamada, empecé a darle con fuerza y María gemía mucho más fuerte también, después ella me pidió ponerme el condón se montó en mi y empezó a moverse como me gusta, mientras yo le daba nalgadas y se las apretaba con fuerza, la besaba y sin dejar sentidos sus pezones duritos bajaba a chupárselos como si estuviera saboreando una deliciosa paleta, el tiempo se nos estaba terminando por lo que ella decidió quitarme el condón y darme una riquísima chupada, una chupada fuerte, con ritmo y sin dejar espacio sin recorrer y ver como se la metía completa a su boca ya era un placer, me sentía en las nubes… empecé a correrme de una manera deliciosa en su boca hasta que terminé exprimiendo hasta la última gota de semen en su boca.

    Después nos vestimos y salíamos de la casa como si nada hubiera pasado.

    Seguimos hablándonos y comentando sobre los días de sexo que tanto disfrutamos.

    Aún no sabemos sí tendremos otro encuentro, pero cuando esto suceda aquí estaré compartiendo mis experiencias con ustedes.

  • Un plomero que conocí en el autobús me destapó la tubería

    Un plomero que conocí en el autobús me destapó la tubería

    Hoy es día de asueto, pero ya está muy cerca la fecha límite para la declaración de impuestos, como ya les había comentado soy auxiliar contable, por lo tuve que verme forzada a ir a trabajar para sacar las facturas a tiempo.

    Me doy una ducha y me preparo para salir, yo no soy de tangas, rara vez uso, pero hoy decido usar una tanguita blanca, unos shorts casuales azul cielo de tela flojita y una blusa blanca pegadita con encaje en las mangas, como tengo pocos senos nunca uso sostén, me es más cómodo.

    Salgo de casa para tomar el autobús, es aproximadamente un trayecto de cuarenta minutos, subo y está casi vacío el autobús como es habitual en los días de asueto, solo hay dos pasajeros en la parte delantera, decido sentarme en uno de los asientos dobles de la parte trasera. Iba arrancado el autobús cuando se oye el grito, ¡Suben! ¡Suben!, era una voz gruesa y roca, de esas que como mujer te hacen estremecer.

    Al detenerse el camión sube un sujeto alto, fuerte, robusto, de facciones toscas, traía puesto un overol y playera blanca, una bata de loneta gris, paliacate rojo en la cabeza y una mochila que parecía muy pesada.

    Después de pagar se detiene un momento para después caminar hacia el lugar que deje a mi lado, deja caer la mochila y se escuchan fierros, herramienta supongo, se quita la bata y se sienta a mi lado.

    No creí que fuera casualidad que se sentara junto a mi, lo mire de reojo y noté que su cuerpo estaba muy bien trabajado con gimnasio, tenía unas manos muy grandes y muy maltratadas, una cara dura, inexpresiva. Eso me bastó para tener algunas fantasías sexuales con ese sujeto, incluso mi vagina comenzó a escurrir un poco, pronto todo dejaría de ser fantasías.

    El sujeto rascaba su pierna, no sin aprovechar para rosar mi pierna, un clásico, yo estaba un poco caliente y para la tercera vez que se rasco decidí abrir un poco las piernas para ver si se animaba a algo más, lo hizo.

    Comenzó a acariciar la parte interior de mi muslo, sus dedos tan gruesos y ásperos hicieron que la sensación me calentara aún más, mis pezones marcados en mi blusa fueron los delatores de como me iba excitando, abrí lo más que pude las piernas, mis shorts flojitos no le dificultaron el acceso a mi vagina, quedó a su merced.

    El acariciaba mi vagina por encima de la tanga, ya muy mojada, cuando con su otra mano tomó su bata y la extendió sobre sus piernas, metió su mano debajo, estiró un poco el cuerpo y se escuchó el cierre de su overol bajar para liberar su pene.

    En la bata se notaba el movimiento de su mano arriba y abajo, su otra mano hizo a un lado mi tanga para que por fin pudiera sentir sus dedos recorrer mi clítoris, me sujete con ambas manos del asiento de enfrente para poder levantar mi cadera un poco, el sujeto entendió mi movimiento, al instante clavo dos de sus dedos hasta el fondo de mi vagina, la textura en ellos me provocó un orgasmo que no pude contener el gemido, apretar las manos y chorrearme por completo, los pasajeros de adelante voltearon al instante, se me quedaron viendo por un momento hasta que les hice una leve sonrisa.

    A estas alturas sentía que mis pezones iban a explotar, el sujeto me miró a los ojos para después dirigir su mirada hacia su pene, entendí sin palabra alguna, me recosté sobre su regazo y el tapo mi cabeza con su bata.

    No alcance a ver su verga, pero al metérmela a la boca note que era como un champiñón gigante, una cabeza muy grande y tronco un poco corto pero muy ancho, comencé a recorrer su tronco con mi lengua, la pasaba por la cabeza y de regreso, el mantenía sus dedos dentro de mi vagina a la vez que me pellizcaba los pezones, así estuvimos un rato cuando sentí como presionó muy fuerte mi cabeza contra su verga, al parecer era más larga de lo que imaginaba, la sostuve en mi garganta por un rato hasta que me sentí ahogar y comencé a toser, entonces me dejo de presionar y así a ratos.

    Escuché los pasos de una persona que se acercaba, era uno de los pasajeros del autobús que tocó el timbre para descender, no dimos importancia y seguimos en lo nuestro, el dedeandome la vagina y yo mamando verga.

    Decidí poner fin al encuentro, me concentre en mamar su cabeza y pasar la lengua por la punta de su verga, no pudo evitar dar espasmos de placer, estaba dispuesta a tragarme su semen cuando de repente, me retiro mi boca de su verga y saco sus dedos de mi vagina.

    Metió sus manos bajo la bata y comenzó un sube y baja muy intenso hasta que su rostro reflejó una expresión de alivio, sacó su mano y ahí estaba toda su lechita, inmediatamente me la embarró en toda mi vagina y me acomodo la tanga.

    Mi vulva, mis labios y mi clítoris estaban llenos de su semen, esa simple acción me hizo tener un orgasmo, yo quería más pero desafortunadamente el sujeto se preparó para bajar del autobús.

    Antes de bajar, sin cruzar palabra me dió su paliacate junto con una tarjeta, con el paliacate limpie la lechita que me escurría por las piernas y leí la tarjeta:

    «SE HACEN TRABAJOS DE PLOMERÍA»

    Vaya que destapa muy bien las tuberías ese sujeto.

  • Como dos señores me violaron

    Como dos señores me violaron

    Mi mayor fantasía siempre ha sido que al salir en la noche una camioneta blanca me secuestre y me lleve a un lugar abandonado donde me violen.

    Pues hace 3 días estaba solo en la calle como a las 11 pm por una calle muy sola, solo llevaba una bata encima sin nada más debajo, el principal motivo de mi salida era buscar alguien para chupársela, ya había chupado varias vergas antes pero nunca me habían cogido, unos 12 minutos después vi que 2 señores se me quedaron viendo, solo seguí de largo mi camino y cuando volteé para atrás para ver si me estaban mirando todavía, vi que estaban atrás de mí, cuando se dieron cuenta me agarraron a la fuerza y me llevaron en su carro (color rojo) a un tipo rio que estaba un poco lejos mientras me tenían una bolsa negra en la cabeza y uno de ellos me manoseaba, al llegar al rio yo pensé «Por fin se cumplirá mi fantasía?» y bueno, paso lo que se esperaba, el que me estaba manoseando me quito la bata y me tiro al piso junto al agua de rio, y me dijo que si les hacía caso no pasaría nada, entonces se la empecé a chupar mientras se la jalaba al otro, he de decir que tenían vergas muy buenas, después de un rato cambie de verga y se la chupe al otro, para que después me llevaran a un tronco de un árbol caído y me pusieron a la mitad de él, me pusieron en 4 patas como a mí me gusta y me empezaron a dar por la boca y por mi culo, se sintió tan rico aún que fue mi primera vez, estuvimos así un buen rato, se notaba en cómo me la metían que si me tenían ganas, pero yo en mi mente estaba demasiado feliz porque me estaban cogiendo entre 2, como en mis sueños.

    Ya terminando de follarme se vinieron dentro, dejándome el culo y la boca llenos de su leche la cual me la trague toda, después me llevaron a mi casa y me dejaron ahí como a las 5 am, espero que se repita y si alguien está leyendo esto y me quiere follar con mucho gusto me dejo y le hago una profunda.

  • Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también

    Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también

    Hola de nuevo, soy Lorena, nuevamente doy gracias por compartir mis relatos y gracias a todos los que me escribieron, perdón si no eh llegado a responder a todos pero la verdad esto ha superado todas mis expectativas.

    Hoy voy a contar como mi sobrina se unió a mis aventuras.

    Inicio contando para los que no hayan leído mis relatos anteriores que desde hace 2 años mantengo una relación con mi hijo Lucas de 20 años, yo estoy cerca de cumplir 43 años.

    Tengo una sobrina de nombre Ludmila, es la hija de mi primo Javier que tengo que decir que me gusta mucho también, él tiene 36 años y desde hace tiempo deseo cogérmelo, pero hoy nos toca hablar de su hija, una chica de 19 años, cabello castaño, con una carita muy linda, pechos pequeños y una muy linda cola, redonda y formada producto de hacer deporte ya que ella practica hockey sobre césped, además de ser muy dulce y amorosa.

    Ludmila es además mi ahijada, somos muy unidas, a veces me dice mami, la quiero muchísimo, hace un tiempo me contó que ya había empezado a coger con su novio, un chico muy lindo también, yo le aconsejé que se cuidara de no quedar embarazada.

    Ludmila viene muy seguido a casa, yo en ocasiones la acompaño a sus partidos, hace un tiempo empecé a ver como Lucas miraba a su primita, se había puesto más cariñoso con ella, era obvio que ella le gustaba, como culparlo, ella es hermosa y él un machito con las hormonas a mil por su edad y con su verga dura siempre.

    Un día que ella estaba en casa traía puesto un short muy ajustado que le resaltaba su espléndido culito, y su tanguita se le notaba debajo, Lucas esa tarde no dejó de mirarle el culo cada vez que podía.

    Ludmila se fue a su casa y el morbo de imaginar a mis chicos cogiendo me puso caliente, esa noche nos pusimos a coger, yo en un momento estaba cabalgándolo con mi calentura a tope y le dije «Pendejo degenerado te querés coger a tu primita no?? Te calienta la nena papito??», «Sisi me las quiero coger a las 2 juntas», su sinceridad me puso más caliente y tuve un orgasmo que me nubló todo, Lucas me llenó mis interiores de leche como acostumbra.

    Quedamos descansando de nuestra cogida cuando él me dijo que como me había dado cuenta que le atraía su prima, le comente que lo había visto como la observaba, le dije que lo entendía y también le comenté que ella ya cogía, Lucas me habló de lo bueno que estaría hacer un trio con ella, esa idea me puso a mil, me lo cogí nuevamente pensando en como la pasaríamos con mi princesita.

    Le dije a Lucas que viera si podía atraerla para que lo hiciéramos los 3, ella siguió viniendo a casa y mi hijo no paraba de comerse a su prima con mis ojos, yo empecé a notar que ella también lo veía a él con ojos de interés, un día ella me preguntó por qué Lucas no tenía novia siendo tan lindo, eso prendió mis antenas, Ludmila también se sentía atraída.

    Un día yo cocinaba mientras Ludmi veía TV, Lucas salió de la ducha con una camiseta ajustada y la niña lo miró de arriba a abajo, luego le elogio el perfume que se había puesto, él mostró que marca era y sus risas cómplices me indicaban que la química entre ellos se estaba dando, mis chiquitos cada vez estaban más risueños entre ellos.

    Cada vez que ella se quedaba en casa dormía en mi habitación y Lucas se volvía a su antiguo cuarto, desde que iniciamos esta relación con mi hijo él se mudó a mi dormitorio.

    Esa noche me desperté como a las 3 am y veo que Ludmila no estaba acostada y oí que hablaban, me asomó y en la oscuridad del pasillo igual pude ver como Lucas y Ludmila se besaban, ella colgada de su cuello y él sujetaba su cintura, en un momento Lucas le dice «Veni pasa a mi pieza, dale entra», «No puedo nos va a escuchar la tía, tengo que volver», se dieron unos besos más y ella regresó a mi habitación, yo rápidamente me metí a la cama y aparente seguir dormida, pero no podía dormir, mi corazón palpitaba y mi conchita también.

    Al día siguiente ella volvió a su casa y pude hablar con mi hijo, le conté que los vi y él me dijo que por poco no se la llevó a la habitación, que la próxima vez seguro se daría.

    Paso una semana y nuevamente la tenía en mi casa, ella estaba más linda que nunca, pude ver como se miraban, como se estaban deseando y eso me traía súper caliente, presentía que esa sería la noche.

    Cenamos algo rico y después nos pusimos a ver una película, se hicieron como las 10 de la noche y yo les dije que me iba a acostar, que no se trasnocharan que al día siguiente ella tenía escuela, yo mire a Lucas y le guiñe el ojo, me fui a mi habitación y me puse solo en tanga con una camiseta escotada sin corpiño.

    Deje pasar una media hora y decidí asomarme al living, mire con cuidado y mis ojos se salieron de lugar casi al ver como se comían mis niños, ella subida encima de Lucas con él sentado en el sofá, la nena ya sin camiseta con su corpiño algo flojo también, su short medio bajo, Lucas sin camiseta también, yo me empecé a frotar la raja que ya se humedecía al ver a mis amores besándose y tocándose por todos lados.

    No pude aguantar más y entre en la sala, ella me vio y su sorpresa fue grande tanto que quiso levantarse pero Lucas la tenía fuertemente sujetada, yo me acerqué tocándome la concha y mi hijo nuevamente le comía la boca, yo me senté junto a ellos y Ludmila besaba a Lucas mirándome sin entender mi reacción, yo tome el mentón de mi nene y también le dio unos ricos chupones de lengua, mi sobrinita estaba muda al ver mis acciones, en ese momento le digo que se quedara tranquila, que se relaje que todo estaba bien.

    Con mi mano bajé el short de Lucas y su verga saltó espléndida ante nuestros ojos, la jale hacia abajo haciendo aparecer su glande que ya empezaba a brillar por el líquido que salía apenas, sin demora la meti en mi boca y con unas buenas chupadas le marqué el camino a Ludmila «Proba mi amor mira así le gusta a tu primo que se la mamen», ella entre sorprendida y deseosa ya que no le sacaba la mirada al chorizo de su primo titubeó pero Lucas se puso de pie dejando su pija erecta enfrente de su cara, ella miró a mi hijo y abrió su boquita para que de un movimiento la tuviera en su boca.

    Lucas la tomo de la cabeza y acompañaba su cabeceo, debo admitir que la nena es bastante hábil con su boca, luego me contaría que a su novio se la chupaba siempre, yo me senté junto a ella y también era amamantada por mi hijo, mientras Ludmila chupaba yo me quité mi camiseta quedando en tetas, yo le desabroche el corpiño a mi princesita dejando esos pechitos divinos al aire, Lucas nos pellizcaba los pezones mientras nos daba verga, mi raja ya estaba goteando y mi tanga se empapaba.

    Seguimos en nuestra dinámica de chupar la pija, yo me levanté y me comí la boca de Lucas mientras Ludmi le comía el chorizo, lo escuchaba jadear mientras lo besaba debido a la mamada de la niña, «Te la mamá bien tu primita mi chiquito?», «Ufff siiii es una genia»

    Ambas nos enterábamos y Lucas nos bajó la tanga a las 2, acostó a Ludmila en el sofá y le volvió a meter la verga en la boca, la nena chupaba cada vez mejor, no había dudas que le gustaba, pude ver su Conchita con poco vello ya mojada por la excitación y me acerqué a ella, pase mis dedos por su humedad, ella se estremeció y mostró un poco de resistencia, le hablé para relajarla, era claro que nunca una mujer la había tocado allí, fui jugando con mis dedos en su canal hasta metí mi índice dentro, sentí todo el calor que tenía dentro y ella hizo un movimiento y quiso salirse pero fui suavemente metiendo y sacando mi dedo provocando menos resistencia y más aceptación, metí 2 dedos y su raja se iba mojando más y más, con el pulgar de mi otra mano frotaba su clítoris mientras mis dedos entraban cada vez mejor, Lucas por un momento le saco la verga y Ludmila decía «Ay tía ayyu tiaaa ayyy».

    Lucas siguió dándole el biberón a la bebita y yo me agache y empecé a chupar esa concha divina, ella quería resistir pero no podía, su cuerpo estaba experimentando nuevas sensaciones y era inútil decir no, lo estaba gozando, quería gemir fuerte pero la verga de mi hijo se lo impedía, yo chupaba y chupaba y esa rajita cada vez largaba más jugo, estaba lista para ser penetrada.

    Lucas le apretaba los pechos y los pezones mientras le hacía tragar su pija, Ludmila no podía de tantos estímulos que recibía al mismo tiempo pero aún le faltaba lo mejor.

    Lucas encaró a su entrepierna, le puso el glande en la entrada de su raja y suavemente se la introdujo, la nena parecía que se iba a desmayar de la manera en que se retorcía con cada embestida, Lucas empezó a aumentar el ritmo y ella gemía mucho, «Ay Luqui ayyy que rico ayyy».

    Yo me empecé a comer sus pechos, ella ya no se resistía a nada de lo que le hacía, sus pezones estaban durísimos y yo se los mordía y ella daba gemidos, Lucas la agarraba de su cinturita y bombeaba cada vez más intensamente, en un momento me pidió que me ponga de rodillas junto a él y ocasionalmente sacaba la verga y me la daba a chupar con todo el sabor de mi chiquita.

    Lucas cambió de posición sentándose en el sofá y haciendo subir a Ludmila sobre él, quedando ella enterrada en su pija, la hacía subir y bajar chuosndole los pechitos, yo la tomé por la cola para acompañar sus movimientos, esa colita era una piedra de tanta firmeza, la estuvo cogiendo así buen rato hasta que me pidió que ahora yo lo montara.

    Ludmila se salió y yo tomé su lugar, lo cabalgue como loca, gemía como desquiciada, Lucas le comía la boca a la nena, yo hacía lo mismo con ambos, ella no esquivó para nada probar la lengua de su tía.

    Lucas volvió a tomar a Ludmila esta vez en 4, la cogía bien, yo decidí subir la cara y arrime me concha a la boca de Ludmila, ella se mostró sorprendida pero era tal su calentura que creo que se olvidó de todo y empezó a lamer mi concha, lo hacía torpemente al principio pero mejoraba a cada momento, Lucas a esa altura metía su verga como un pistón, cada momento el goce de los 3 era mejor.

    Mi hijo empezó a gemir intensamente, yo sé que cuando él se pone así es porque va a terminar, yo gemía también mientras Ludmila me chupaba haciendo que me chorree toda, Lucas empezó a decir «Ah ahhh voy a acabar», la nena decía «Ay primo adentro no por favor ayyy nooo que me vas a dejar embarazada «, yo la tome de la cabeza y acariciando su carita le dije «Tranquila mi amor que la tía te va a dar la pastilla, disfruta la leche de Luquitas «.

    Lucas se vino adentro lanzando un gemido fuerte, la nena también gimió y jadeo como una perrita en celo, yo estaba en las nubes, Lucas saco su verga goteando la mezcla de leche y jugos y yo rápidamente comencé a limpiar con mi boca, invité a Ludmila a probar ella también y lo hizo, entre las 2 dejamos esa pija bien lustrada.

    Quedamos los 3 en el sofá recuperando el aliento, Ludmila me decía que todo esto era increíble, que había sentido cosas que nunca sintió, Lucas nos comió la boca a las 2 y nos dijo que nos quería, yo mire a Ludmi y le di unos besitos también, me sentí feliz de gozar con mis 2 chiquitos.

    Tomamos algo fresco y nos dirigimos a mi habitación, allí seguimos cogiendo, le volvimos a chupar la verga, yo mame Conchita nuevamente y Lucas nos cogió muy rico, nos dio en 4, abiertas de piernas y también nos hizo que lo cabalguemos, la nena no cabía dentro de si de tanto placer que sintió esa noche, yo tuve unos orgasmos producto de tanto morbo y Lucas nos dio mucha leche, nos dormimos los 3 entre lazados.

    A la mañana me desperté y les di unos besos a mis nenes para despertarlos, se veían bellísimos los 2, con sus cuerpos desnudos, sus cabellos todos revueltos en la cama totalmente desecha.

    Les dije que yo prepararía el desayuno mientras ellos se duchaban, se metieron juntos al baño, yo dejé la mesa lista y como tardaban fui a buscarlos, vaya sorpresa! Mis chiquitos estaban cogiendo bajo el agua, ella colgada de su cuello y él alzándola por el culo la tenía clavada de parado, Lucas me vio y me pidió que entrara, no perdí tiempo y me uní a ellos, nos cogió por turnos, un ratito a cada una, nos terminó en las tetas, cuánta leche nos dio mi bebé.

    Ya con nuestra calentura saciada fuimos a desayunar, después nos alistamos a salir a nuestras obligaciones, Lucas se fue a su trabajo en su moto y nosotras en un taxi, la dejé en la escuela dándole un abrazo fuerte, «Te quiero mami» me dijo mi princesita haciéndome morir de amor «Yo también te quiero muchísimo mi amor» y la dejé en la uni yéndome a trabajar.

    Buenos mis amores este es el inicio de como mi sobrinita se unió a nuestra incestuosa aventura, en el próximo relato voy a contar como hicimos una orgia con mis chiquitos y mi amiga Romina de la que ya conté en anteriores relatos.

    Ojalá disfruten de esta historia tanto como yo disfruto al contarla, como siempre espero sus mensajes y comentarios, son muy importantes sus críticas y felicitaciones.

    Un beso grande a todos mis amores.

  • Ellas cogen ellos miran

    Ellas cogen ellos miran

    Esta historia la viví hace unos meses atrás en la Capital Federal. Con mi pareja nos tomamos dos días en el trabajo y decidimos pasarlos en la gran ciudad.

    Viajar, pasear, conocer nuevos lugares, nuevas personas, es muy importante para mí. Le da aventura a mi vida, adrenalina, oxitocina, me excita, en fin, voy en busca de nuevas historias que contar.

    Llegamos muy temprano ese día a nuestro destino, un hotel ubicado en plena calle Corrientes. Luego de hacer el check in y dejar las valijas, dejamos el hotel camino a un café cercano donde desayunar rico.

    Al cabo de un hora nos encontrábamos caminando en una plaza cercana, al llegar a un banco nos sentamos a descansar, apreciar la arquitectura del lugar, y a hablar de todo. Hablamos de la historia de la ciudad, la gente que por allí pasaba, de nuestra relación, hablamos de todos esos temas que no conducen a ninguna conclusión, esas conversaciones sin finales.

    Y mientras hablábamos, entre la multitud de la plaza una pareja capturó nuestra atención, haciendo que el silencio nos invadiera y nuestros ojos se fijaron en ellos.

    Su presencia nos atrapó, nos erotizó. Los observábamos, estrenaban la tercera década de vida, rebosaban energía y alegría, y también erotismo y sensualidad.

    Estaban sentados en el pasto, sobre una pequeña manta ocupada en su totalidad, además, por bultos que desde la distancia parecían ser bolsos y abrigos.

    Podíamos ver como se acariciaban y se miraban a los ojos mientras cruzaban palabras y risas.

    Mi mirada solo era para ellos, como si el bullicio de la ciudad y de los transeúntes hubiera desaparecido y, el tiempo pareciera pasar más lento.

    Los miraba a lo lejos y veía cómo sus labios se movían sensuales al hablar, las lenguas los humedecían y se encontraban en un beso.

    Las manos de uno acariciaban los muslos del otro acompañando siempre con un beso.

    Podía ver el suave movimiento de sus lenguas erotizadas al besarse.

    Las manos del muchacho acariciaban con el dedo índice suavemente los pezones duros que la camisa de la muchacha dejaba traslucir.

    El roce de los cuerpos era constante.

    Ellos estaban calientes y nos calentaron a nosotros.

    Crucé miradas con mi pareja, apreté mis dedos sobre sus muslos y nos fundimos en un beso caliente, como toda esa situación.

    La joven, desprejuiciada, libre, caliente, cruza sus piernas por encima de las del muchacho y enciende un cigarrillo. Las risas y las caricias iban en aumento. Ya era tiempo de retirarse, esa pareja necesitaba intimidad.

    Rápidamente juntaron sus cosas y se fueron de la plaza, caminando juntos, riendo abrazados.

    Por otro lado, nosotros, quedamos encendidos, calientes, pero estábamos en un lugar público, con niños jugando y no queríamos hacer nada inapropiado.

    Permanecimos un tiempo más en aquella plaza, pero los besos, las caricias y la calentura fueron menguando.

    Nuestro próximo destino turístico era una estación de subte, y hacia allí fuimos.

    Yo vivo en una ciudad pequeña donde no existe ni el cine, ni el subte, ni el taxi, ni la línea de ómnibus interno, lo que explica porque hacíamos turismo en el subte de la capital.

    Al llegar y bajar las escaleras de la estación ingresamos a otro mundo, a un mundo de paso, veloz. Un mundo donde las personas corren para no perder tiempo y llegar a horario a su trabajo, a la facultad o al turno de su médico. Pero nosotros no corríamos, estábamos calientes, pero no apurados.

    La muchedumbre y el caos producido durante el ingreso y el egreso de pasajeros fue abrumador para mi y me quedé paralizada, mi pareja me tomó de la mano, me tranquilizo y continuamos nuestro viaje a la próxima estación.

    Ingresamos al tren, estaba lleno de gente, cientos de personas desconectados entre sí, pensando cada uno en sus problemas, en sus proyectos, o no pensando, solo cumpliendo su rutina.

    Pero en un rincón del vagón, en una esquina creí ver a la pareja que ese día más temprano se mimaba en la plaza.

    Mire picara y sorprendida a mi pareja y busqué su mano, la sujeté con fuerza, apretando reiteradas veces para llamar su atención.

    Al mirarlos nuevamente notamos su calentura a flor de piel, igual de evidente a nuestra excitación.

    Eran muy eróticos, muy atrevidos con ganas de ser mirados, creyendo que nadie los miraba o no importándoles que eso pasara, continuaban mostrando con sensualidad como hay que besarse.

    Ahora estábamos a unos escasos metros y podía ver sus lenguas que con movimientos sutiles humedecían sus labios, podía escuchar sus jadeos mudos, mi excitación comenzó a mojar mi entrepierna, mis pezones se endurecían.

    No podía dejar de mirarlos y de imaginarme estar ahí, recibiendo los besos de ella, tocando esa piel, rozando nuestros pechos desnudos, besar su abdomen, su vagina, acariciar su espalda.

    Con cierta vergüenza le conté a mi pareja lo que esa muchacha provocaba en mí, sonrió de costado y tomados de la mano sorteamos desconocidos hasta llegar frente a aquella joven pareja.

    Me acerqué a la chica y en su oído le conté mi fantasía.

    Su reacción refleja fue la de sorprenderse, pero luego de unos minutos y una breve presentación cerramos el trato con un beso. Un beso tan caliente que lo sentí entre mis piernas, justo en mi clítoris.

    Mordí su labio inferior, exquisito, suave.

    Nos citamos en un hotel alojamiento cercano. Solo nosotras, solo nos gustamos y queríamos cogernos. Llegada la hora de la cita nos encontramos en la habitación del hotel.

    Nos desnudamos rápidamente, y juntas decidimos ducharnos.

    Jugamos con el agua y la espuma, nos divertía mucho saber que nuestros muchachos se morían por participar sentados en un sillón con el único título de espectadores.

    Desnudas y mojadas bese su cuerpo, me detuve en sus deliciosos pechos y me entretuve mucho con su vagina, le practique sexo oral, mordió mis pezones y rozó su vagina empapada sobre la mía.

    Al salir de la ducha y comenzar a secar nuestros cuerpos, los muchachos se acercaron a nosotras que hambrientas y lujuriosas los invitamos a sumarse.

    Nos arrodillamos enfrentadas sobre la cama, nuestras bocas no podían dejar de tocarse, y comenzamos a ser cogidas.

    Podía ver a mi pareja penetrándola gozando y sentir como su pareja me penetraba a mí.

    Podía escuchar los gemidos, ver sus rostros de placer.

    Y podíamos tocarnos y vernos.

    Mordió mi boca en varias ocasiones. Los minutos finales de placer llegaron con un orgasmo increíble y hermoso.

    Cuando la calma llegó a nuestros cuerpos besé su boca, besó mis pechos y nos despedimos.

    Salimos del hotel juntos, esa fue la última vez que nos vimos.

  • Soltero por un fin de semana (Parte I)

    Soltero por un fin de semana (Parte I)

    Por fin, tras 15 años casado, tendría mi soltería de verano. No es que careciera de libertad o algo parecido, muy por el contrario, sino que quería -por fin- tener la oportunidad de ver una película entera o dormir hasta medio día o sentarme en el wc sin que nadie me apurara.

    Tarella y mis hijos partieron un domingo rumbo a la capital por tres semanas completas, dejándome a cargo del fuerte.

    El martes de esa misma semana, mi esposa me avisa que su prima María Fernanda o Feña iba de visita a la ciudad y alojaría por una semana en la casa.

    Yo: oiga reina. Y me la puedo servir? Perdón cuando llega? Quise decir.

    Tare: jajaja eres incorregible. Si ella quiere no veo por qué no… Pero con la condición que lo grabes para mí… Aunque creo, pues no me ha confirmado, va con su esposo… Y llegan el viernes.

    Yo: jajaja… Y cuál es el problema que venga con marido. Y miren a la perla. Y resulta que yo soy el incorregible. En fin, si sale algo… Delo por hecho, cariño… Besos… Oye, lo mismo para ti, ¿ok?

    Tare: por supuesto, amor. Besos… Cuídate.

    La prima de mi esposa es una rubia de pelo largo y liso. Mide 1.67 m. De cuerpo voluptuoso, pero proporcionado de blanca y suave piel. Ojos casi negros y boca de sensuales y gruesos labios, adornan un rostro de atractivas facciones.

    Sus tetas son grandes y perfectamente formadas. Cada una coronada por un pezón casi rosado y carnoso. La cintura de avispa remata en un par de femeninamente anchas caderas que profetizan terminar en dos suculentas nalgas.

    El culo…qué puedo decir, sino que es una obra de arte. Perfecto. Ni grande ni pequeño, con un par de glúteos firmes y redondeados. Sus piernas largas y contoneadas, terminan su curvilíneo recorrido en un par de delicados y bellos pies. La Feña es una mujer bella, exquisita, risueña, sibarita y con una fuerte personalidad.

    Era una diosa y ella lo sabía, pues con frecuencia vestía minis cortas que apenas le tapaban los colaless y poleras de lycra con delgados pabilos, muy ceñidas y, casi siempre, sin ropa interior…

    La Feña se lucía. Claudio, su marido, era todo lo contrario. Vestía formal sport, de 1.70, moreno, robusto sin ser gordo y bien formado aunque sin musculatura notoria. Un tipo serio, educadamente distante y de pocas palabras hasta cuando le entra agua al bote.

    La mañana del viernes comenzó muy temprano con una video llamada de mi esposa. Estaba desnuda en su cama, masturbándose. Casi como reflejo comencé a pajearme. Mi polla creció rápidamente con la notable visión y el soez lenguaje que mi mujercita utilizaba. Era ver a una estrella porno…

    Jalaba de mi polla al ritmo de los dedos de Tare cuando al poco entró otra llamada, era el chico Ernesto. Le grité a mi esposa que contestaría, pero que eso no se iba a quedar así y le colgué.

    Yo: espero que sea de verdad importante, chico, o te voy a matar.

    Ernesto: hola javo, me puedo ir a quedar el fin de semana contigo? Antes que digas que no, deja que te explique… La Val, invitó a sus amigas de la iglesia a un retiro en nuestra casa, porque la casa parroquial está arrendada a unos locos que organizan fiestas tecno… y… no quiere que esté ahí… qué me dices, bro?

    Yo: ok… tengo visitas, pero te quedas en el cuarto de Pablo…

    Ernesto: gracias amigo, llego después de las 7… qué llevo?

    Yo: tequila…

    Ernesto: anotado… nos vemos.

    En la calle el termómetro no pasaba de los 18 grados, pero dentro de la casa la temperatura alcanzaba unos agradables 24ºc… Pasadas las dos de la tarde llegaron mi prima y su marido. Tras abrir la puerta todo lo que daba me quedé boquiabierto… La Feña estaba espectacular…

    Debajo del voluminoso abrigo que llevaba encima, iba ataviada con un vestido suelto de viscosa, sujeto al cuello por finos pabilos que terminaban su recorrido en un generoso escote. Color rojo italiano le bajaba, vaporoso, hasta medio muslo, luciendo sin pudor y un mal disimulado orgullo, pues no tenía sostén, cada una de sus femeninas y bien formadas curvas… Nos fundimos en un apretado abrazo que me permitió sentir sus bien puestas tetas.

    Feña: -saltando sobre mí y abrazándome con vigor- primooo. Tantas lunas sin vernos… cómo has estado… para qué te pregunto, te ves genial… oye, recuerdas a Claudio, cierto?

    Yo: -posándole mis manos apenas por sobre donde comenzaban su hermoso culo y apretándola contra mi pecho para sentir sus apetecibles tetas- prima… gracias, sobre todo viniendo de una diosa como tú… hola Claudio, por supuesto que lo recuerdo… siéntanse como en su casa… su cuarto es por ese pasillo, la segunda puerta. El baño es la puerta justo enfrente. Quieren algo?

    Feña: una ducha y qué tienes para comer?

    Esa tarde noche, preparé un pollo al tequila con papas salteadas con mantequilla, cebollín y cilantro. Todo acompañado de una variedad de ensaladas verdes y un buen carmenare. Bueno, admito que fueron 3 y no una, las botellas. Cerca de la media noche, quedamos Feña y yo conversando en el sillón. Reíamos, hablábamos y guardábamos silencio alternativamente.

    Feña: Javo, puedes bajar el brillo de la luz? Tengo los ojos cansados, pero no quiero acostarme aún.

    Yo: claro, quieres algo más antes de volver a sentarme, vino, tal vez?

    Feña: no, no quiero más vino. Tienes algo más fuerte?

    Yo: whisky y tequila.

    Feña: Uno doble con dos hielos de la primera opción.

    Al volver, Feña, sentada cruzada de piernas casi en medio de un sofá de 4 cuerpos, enfocaba toda su atención en la televisión, cambiando de canal a un ritmo atípicamente espasmódico.

    Se detuvo cuando en la pantalla pasaba una escena de esas ingenuamente picantes de las 50 sombras de gray en la que el mono semi vestido azotaba tiernamente a la mona desnuda, ciega y gentilmente maniatada.

    Me senté en una de las orillas del mismo sofá donde estaba ella. Al poco, el trago hizo su efecto y con sus mejillas prendidas y una sonrisa lobuna en su bello rostro, se quitó la bata como si estuviese sola, quedando con un cuasi baby doll color turquesa que dejaba notar un par de apetitosos y erectos pezones y que a duras penas le tapaba su coño y culo.

    La película había terminado. Su segundo trago estaba a medio terminar. De improviso se irguió en su lugar y mirando el vaso que tenía en la mano comenzó a hablar más para sí que conmigo.

    Feña: es un desperdicio que te deje servido… oye primo, tienes alguna película como la que acaba de finalizar.

    Yo: mmmm… ya sé, dame un segundo.

    Fui directo al cuarto de la mesa de pool. Abrí el cajón indicado y… ahí estaba el que estaba buscando. Tomándolo, me devolví raudo al living. En cuanto llegué, subí un poco la intensidad de la luz y junto con ver dónde tenía que insertar el DVD, también vi el tremendo y depilado coño que mi prima se gastaba.

    La verga me reaccionó de inmediato. Sin embargo, me hice el de la chacra, bajé nuevamente la luz, pero no como estaba y tomé asiento donde mismo estaba antes.

    Tomando el control remoto le dije a Feña que se acomodara para empezar y, ni tonta ni perezosa, se recostó apoyando sus hermosos pies sobre mis muslos, dejando sus piernas lo suficientemente abiertas para verla, pero lo adecuadamente cerradas como para pensar que no era a propósito el estar mostrándose.

    Los primeros minutos pasaron sin pena ni gloria. Noté un cambio en la disposición de Feña con respecto a la película cuando se dio cuenta que la protagonista era su prima. Entonces, pude ver, al toparse nuestras miradas, asombro, deseo y vergüenza ajena.

    Entonces, volví a dirigir mi mirada hacia la televisión, pero esta vez comencé con suaves caricias, primero en sus pies, subiendo con parsimonia, posando mis manos en sus gemelos desde donde, luego de un par de minutos seguí hasta sus contorneados muslos. Así estuvimos varios minutos hasta que de pronto fue abriendo las piernas lenta pero inexorablemente.

    En la pantalla, Tare aparecía clavada por las pollas de dos de mis amigos, uno de ellos era el chico Ernesto. Los ojos de Feña no daban crédito a lo que veían. La vergüenza fue perdiendo terreno en favor de la calentura.

    Cuando la separación entre ellas fue suficiente, flexionó las rodillas y al tiempo que levanta sus caderas con rítmicos movimientos ascendentes, dijo con la voz ronca de deseo, -hazme lo mismo que le hiciste a mi prima, por favor o es mucho pedir- Su voz terminó como una súplica en la boca de una puta hecha y derecha.

    Sin perder un segundo, reanudé las caricias, pero esta vez el recorrido incluía un depilado y húmedo coño. Con leves gemidos me dio a entender que le gustaba. Entonces me aboqué a su ya medio erecto clítoris. Su rosado coño ya hinchado por el deseo, emanaba fluidos abundantemente, anticipando el venidero orgasmo… Sus gemidos se transformaron en gritos roncos que denotaron su llegada al clímax.

    Acompañaban al intenso orgasmo, espasmódicos movimientos que trataban de sacar mi mano de su clítoris. Mientras se calmaba y quitaba el pijama, con mis dedos anular y corazón penetré su vagina sin previo aviso y sin más la masturbé a un ritmo frenético desde el principio, apretando sus tetas alternativamente con rigor, pero sin violencia.

    Los gritos roncos dieron paso a aullidos cuando su vagina eyaculaba sin poder detenerse una y otra vez durante casi un minuto completo… Cuando nada más eliminó por el coño se dejó caer exhausta, satisfecha. Entonces, le acerqué mi verga a la boca. Ella, abriéndola, se la tragó casi completa de una sola vez.

    A esas alturas lo único que quería era acabar, por lo que durante algo más de 5 minutos le follé la boca como si de un coño se tratara, acabando abundantemente casi en su garganta… Fue exquisito, pero la corneta no quedó del todo muerta por lo que, con gestos, le pedí que se pusiera en 4 patas.

    La visión de ese culo majestuoso me puso de nuevo a mil… jugaba con la polla en la entrada de su coño cuando ella misma, echando el culo hacia mí, se enterró la verga hasta la bolas y ahí la dejó por dos segundos para acto seguido iniciar un mete y saca a un ritmo de los mil demonios que acabó conmigo al cabo de unos 10 minutos de frenética follada.

    Quedé encima de ella… Jadeaba en su oreja… y susurrando, le dije:

    Yo: Eres maravillosa, Feñita… maravillosa. Y debo confesarte que siempre soñé con este momento. En serio… Sin ir más lejos le pedí permiso a tu prima para intentar algo. Idea que deseché casi de inmediato tras saber que venía Claudio, pero en fin… aquí estamos. –Terminando la frase en tono malicioso y guiñando, alternadamente los dos ojos.-

    Feña: -enfocando la mirada mientras terminaba de reírse, volteó para mirarnos a los ojos.-jajaja… eres divertido, Javo. Puedo decirte Javo? Yo también tengo que confesarte que desde que Tarella llegó contigo a la familia he deseado estar así. Y… no has cumplido las expectativas… las superaste mucho más allá de lo que puedo expresarte con palabras.

    Yo: no te pongas empalagosa, prima… no me vas a salir con eso de que nunca te habías sentido así antes y que mi esposa es afortunada con tenerme y bla, bla, bla… o no?

    Los dos: jajaja jajaja

    Feña: si y no… eres un bruto, javo. No me mal entiendas. Con Claudio tenemos rico sexo y me hace llegar al orgasmo frecuentemente. No me quejo, pero el orinarme encima por la calentura es nuevo para mí…

    En la televisión se podía ver a Tarella con una verga tapando cada uno de sus orificios. La cara desencajada por el placer, mi mujer gozaba de verdad cada una de las pollas que la penetraban con vigor y celeridad. Pronunciaba las últimas palabras, observando con atención la escena.

    Yo: te gustaría hacer lo mismo que tu prima, Feña?

    Feña: mira tonto, soy caliente, pensaba que más que la Tare, pero parece que no, porque no me veo en esa.

    Yo: y si es así como tú dices, por qué estás nuevamente excitada, primita? – Mientras me acercaba a su ojera, le hablaba cada vez más despacio al tiempo que le tocaba, suavemente, el coño.

    Feña: obvio, Javo… acabamos de hacerlo… es obvio que esté mojado allá abajo o qué crees… ay que rico. Sigue… ahhh…

    Follamos una vez más largo y tendido donde, de acuerdo a sus deseos, la traté como si fuera una puta, para finalmente rematar la noche, haciendo el amor considerada y tiernamente hasta las primeras luces del alba. El cielo se iluminaba cancinamente cuando Feña entraba en su habitación no sin antes tirarme un beso a la distancia.

    No podía creer que había conseguido follarme a esa tremenda hembra. -Aún no me la creo,- me dije, -y todavía quedan 3 días con sus noches más por delante. Pero pase lo que pase ya me doy por pagado.- Me dormí respirando su olor, aún presente, en mis dedos, deseando que ésa no fuera la primera y la última.

    Hasta acá la primera entrega de dos donde relato lo que me pasó un fin de semana largo como viudo de verano. Obviamente todo con el consentimiento de mi esposa, la que, luego me contó, tuvo su noche de puta… Si les gustó dejen su comentario o su voto. Así me motivo y les escribo pronto la segunda parte y final donde… ahí les digo. Nos vemos.

  • Mi historia con una mujer maltratada (2)

    Mi historia con una mujer maltratada (2)

    Cuando llegué a Buenos Aires de vuelta, lo primero que hice fue visitarla. 

    Toqué timbre, bajó y me abrió.

    Se abalanzó sobre mí y me dio el abrazo más fuerte y largo que tuve con alguien jamás.

    —Te extrañé, me dijo.

    —Yo también, mi vida.

    —¿Querés pasar?

    —Me fascinaría.

    Ni bien llegué al departamento y ví lo desordenado que estaba, casi me agarra un patatús.

    —Che, está muy desarreglado todo esto, reproché.

    —¿Ordenamos un poco?

    —Y… estaría bueno.

    Nos pusimos a ordenar. Había bombachas sucias tiradas, corpiños, comida, platos y vasos sucios. Luego subimos a tomar unos licuados que ella había preparado a la terraza de su edificio.

    Llegó la noche y no estaba nada resuelto, ¿qué íbamos a comer? ¿Qué íbamos a tomar? Se me ocurrió pedir sushi. Llamé a Fabric y pedí 24 piezas de esas delicias y unas cervezas.

    Nos sentamos en el sillón, y nos pusimos a ver una serie mientras comíamos. Creo que la serie se llamaba Vikingos, está en Netflix. No nos interesaba lo que pasara en la serie. Ella en un momento me pidió que le diera de comer. Así lo hice. Agarré un sushi y se lo metí en la boca, metía mis dedos en sus fauces mientras que ella los lamía y los chupaba.

    Cuando terminamos de comer empezamos a juguetear un poco. «¿Puedo estar encima tuyo?», preguntó. «Nadie te obliga a no hacerlo», le dije. Se sacó el short y la blusa que tenía puesta, me sacó la remera a mí, todo lentamente y en silencio, casi que me hizo un striptease. Por último, me pidió que me saque el pantalón. Se subió arriba mío. Fue lo más erótico que había visto en mucho tiempo. Yo la tocaba y ella de la misma manera lo hacía conmigo. «Te ves tan provocativa», susurré en su oído. «Vos también sos muy sexy ¿eh?», opinó. Terminamos durmiendo en el sillón. Pero no pasó nada fuera de tono.

    Al día siguiente, me levanté y preparé café para los dos. Ella todavía estaba durmiendo, durmió como una bebé aquella noche. Se despertó a eso de las 9:30. Se estaba por pegar una ducha y le pregunté si nos podíamos bañar juntos. Era una propuesta loca. Miró el baño, me relojeó a mí y me dijo: «Bueno, dale. No veo porque no, entrá». Nos metimos al baño y me pidió que la desnude, acaté la orden al pie de la letra. Ella me desnudó a mí sin que yo se lo pidiera, abrió el agua, esperamos a que estuviera bien calentita, nos metimos a la ducha y me empezó a tocar los abdominales, el pecho, los brazos, los hombros, la espalda, que tanto le gustaba a ella. Yo la besaba, le mordía la oreja, le tocaba la espalda también, el abdomen, el pelo. Hasta que la cosa fue escalando y empezó a manipular otra cosa. «¿Te gusta esto?», preguntaba con una voz muy sugestiva. «Sí, me encanta», aclaré. Yo no me quedé atrás y la toqueteé un poco. «Se te está poniendo durísima», dijo. «¿Por qué te pensás que puede llegar a ser?», cuestioné. Sentía su respiración, sus besos y sus lamidas en mi cuello. Nos enjabonamos, nos enjuagamos, nos terminamos de bañar, salimos de la bañadera y nos pusimos unas toallas. Tenerla abrazada mientras caía el agua por nuestros cuerpos desnudos fue, sin duda alguna, una de las mejores experiencias que he tenido. Le pregunté si le había gustado. «Me estás jodiendo ¿no?», replicó, «¡Me encantó!». «Me alegro de que te haya gustado, chiquita», le dije.

    Tomamos el café y los dos nos pusimos a hacer cosas, yo me puse a hacer dos resoluciones del juzgado y a hacer el curso de ingreso de la IUPFA, ella empezó a trabajar. Cayó la tarde y Anen empezó a hacer unas pizzas (que le salen muy bien de hecho), la ayudé a hacer la masa y la salsa. Agarramos dos cervezas y nos tiramos en el sillón, esta vez sin ver nada en la tele. Sólo charlábamos de boludeces, se siente bien tener a alguien igual de estúpido que uno mismo para hablar de estupideces.

    Terminó de hacer las pizzas y nos sentamos a comer, en la cena me preguntó cómo me estaba yendo en el curso de ingreso, le dije que bien, según yo. Me faltaba una materia nada más, física. Cómo odio esa materia.

    El caso es que esa noche terminamos haciendo un juego que lo patenté yo. Se trata de que uno se ponga perfume en diferentes partes del cuerpo y el otro vaya sintiendo donde están esos puntos de placer. En su caso, me acuerdo que ella se había puesto en el cuello, en el pecho, en la panza, en la ingle y en uno de sus muslos. El truco es que yo, que era el que iba a dar placer, fuera sintiendo, tocando, besando, lamiendo y mordiendo en diferentes partes de su cuerpo. Yo aguardaba nervioso detrás de la puerta de la habitación, esperando que me diera la señal para entrar. Me puse una venda en los ojos. Me dijo: «Ya está, pasá bebé», entré y cuando me estaba acercando a ella le dije: «Te aseguro que te voy a dejar temblando». Me dijo: «Faaa, re decidido el chabón. Bueno, demostrálo». Eso me la bajó un montón, por primera vez Anen no estaba confiando en mí, ni en mi virilidad. Primero empecé a rozarla para calentarla un poco. Después que yo ví que la temperatura había subido, busqué los puntos de perfume. «Estuve esperando un mes para este momento», dijo. «Yo igual», aclaré. Comencé de arriba hacia abajo. Lamí y besé su cuello. Bajé un poco, chupé sus tetas y jugueteé un poco con ellas, tampoco tanto porque puede llegar a ser un poco molesto. Lengüeteé su vientre, siempre con cuidado, porque me dijo que aún le dolía. Seguí bajando, y me encontré con su ingle, la empecé a tocar y estaba muy mojada. «Me excita muchísimo como me tocás», aclaró. «Y a mí me excita lo húmeda que estás», le dije. Opté por hacerle un oral. Empecé a lamer de abajo hacia arriba los labios menores, fuí haciendo círculos con la lengua, la metía y la sacaba. «Me encanta sentir tu lengua ahí abajo», dijo en un tono muy bajito. Una vez que ví que la zona estaba bien lubricada, empecé a meter un dedo y luego dos, tocando la entrada de su vagina y presionando suavemente, dejé que ella me dijera si le gustaba eso y gritó: «¡¡¡Seguí Tomás!!!». Una vez que ví que todas sus partes ardían, me concentré en su clítoris y lo empecé a succionar. Presionaba con mis dedos en su punto G. A veces mis manos iban a parar a acariciar su abdomen, frotar sus pechos, o agarrar sus piernas, que cada vez se abrían más. La clave está en no apurarse (ya que el placer de una mujer se cocina a fuego lento) y terminar el trabajo. En un momento su espalda se arqueó y me avisó de que iba a llegar. Escupí en su vulva, la masturbé un poco y eyaculó. Mis manos quedaron empapadas y su cara se deshizo del orgasmo. No tardé ni media hora en hacer que pasara. Por último, bajé a su muslo izquierdo y lo empecé a chupar, Anen tenía contracciones rítmicas, como si todo su cuerpo se hubiera inundado de placer.

    Cuando todo terminó, nos tiramos los dos en la cama y me dijo que lo había pasado genial, que nunca había tenido una relación sexual tan amplia y hermosa, que por fin un hombre la había hecho sentir mujer en toda su vida. Le dije que había visto varios tutoriales en internet mucho antes de nuestro encuentro.

    “En toda mi puta vida nadie me había llevado a un orgasmo parecido a este que vos me hiciste sentir, en los 25 años que tengo nadie me había hecho sentir mujer de esta manera, gracias nene». «De nada, nena… Ché, ¿pero al final te dejé temblando o no?» «Calláte».

    Nos empezamos a tocar de nuevo y me dijo algo que me traumó muchísimo. Me contó que el hijo de puta este, la había como ´violado´, una noche que ella había llegado borracha de una fiesta, se acostó en la cama, vino este pelotudo, la empezó a tocar sin su consentimiento y él estaba totalmente sobrio «¿La sentís? ¡conchuda, hija de puta!», le decía y se la pasaba por el culo. De inmediato dejé de tocarla. «Qué… sucio de mierda, ¿hace cuanto pasó esto?», pregunté. «No me acuerdo, mi mente quiere olvidar esa parte de mi vida, creo que fue una noche antes de que lo dejara», me dijo. «O sea, ¿hace 3 años?», pregunté. «Exacto», respondió. «Él no te merece», le dije. «¿Y vos sí?», me cuestionó. «Mirá, yo no sé si te merezco, lo único que sé es que te amo. Nada ni nadie va a poder cambiar eso, lo tengo clarísimo». Me dio un beso en el cachete, no dijo nada más, se dio vuelta en su lado de la cama y se durmió. Yo no pude dormir esa noche por la barbaridad que me había contado Anen.

    Me levante para tomar agua porque estaba sediento. No daba más de lo seca que tenía la garganta. Se ve que Anen habrá escuchado que me levanté porque también se despertó y vino a la cocina. Yo me estaba sirviendo un vaso en la mesada.

    —¿Qué hacés despierto?

    Me giré.

    —No puedo dormir… Y quiero tomar agua. ¿Vos querés?

    —No, no, no… estoy… estoy bien.

    Se estaba sosteniendo el corpiño con los brazos. Lo cual me pareció raro.

    —Ey, ¿por qué te tenés el corpiño?

    —No sé.

    —Sacátelo, dale.

    La miré a los ojos y le dije: «Esto no es gran hermano, estás conmigo, con tu novio, tranquila». En ese instante se sacó el corpiño, lo dejó tirado en la mesada y tuve la suerte de ver a un ángel caído directamente del cielo. La tomé de las manos y nos quedamos mirándonos a los ojos, callados, por no sé cuánto tiempo, (es increíble como dos personas se pueden entender sólo con una mirada). Hasta que ella decidió romper el hielo diciendo:

    —Hay alguien acá que dio, y sin embargo, no recibió placer.

    Me soltó una mano y pasó suavemente su dedo pulgar por mis labios, mientras que con los demás me tocaba el mentón.

    —Ah ¿sí? ¿Quién?, pregunté curiosamente.

    —Vos.

    —Traje forros.

    —¿Dónde están?

    —En la mesita de luz, ¿vamos a buscarlos?

    —Me encantaría.

    Fuimos nuevamente a la habitación. Me dio un empujón y me caí a la cama de espaldas, agarró un preservativo de la mesita de noche, se me puso arriba, empezó a frotar mi pene por encima del bóxer con su vagina desnuda con movimientos lentos, después de unos minutos, notó que estaba suficientemente firme, me bajó el calzón, y dijo:

    —Qué increíble, boludo.

    —¿Qué? ¿Qué pasa?

    —Ni mi ex pareja la tenía así de grande. Bah, ni mi primer novio.

    —¿Me estás jodiendo?

    —No, te juro.

    —Bueno, eso ya es algo.

    Eso me subió un montonazo la autoestima. Sentí que fue muy sincera conmigo, por la mirada y la seriedad con la que lo dijo.

    Mordió el envoltorio del forro, lo abrió y me lo puso.

    —Vos relajate, tranquilo, espetó suavemente.

    —Yo estoy tranquilo.

    —Te noto un poco nervioso.

    —No, para nada.

    Debo admitir que sí estaba nervioso, porque no sabía si me iba a gustar o no. Y tampoco tenía en cuenta si le iría a gustar a ella.

    —Bueno. ¿Querés hacer cabalgata?

    —Soy tuyo por esta noche, podés hacerme lo que quieras.

    —No te olvides de que yo también soy tuya, bebé.

    Y me empezó a montar. Después de este encuentro sexual con ésta mujer me gusta, en cierta medida, sentirme sumiso. Me agarraba de las manos y me las apretaba con un poco de fuerza sobre el respaldo de la cama, estaba a su merced. Subía y bajaba. Escuchaba como sus nalgas chocaban contra mis muslos. Yo gemía por la satisfacción que me daba, ella también. A veces paraba para darme besos en el pecho o en la boca, pero la dejaba adentro, eso me encantaba porque hacía presión. Subía la intensidad o la disminuía, depende de cuanto estuviera gimiendo. «Esto es terrible. Alto animal tenés entre las piernas, amor», dijo a la par que gemía. Cuando me dejaba libre y me soltaba, ponía mis manos en su cintura y ella ponía las suyas en mi pecho y me rasguñaba, lo más raro es que no me dolía porque estaba tan concentrado en mirarla, que ni me daba cuenta de lo que hacía con mi cuerpo. En todo momento hacíamos contacto visual. Se movía con una intensidad, ángulo, ritmo, fuerza y velocidad que me fascinaba. En un momento se detuvo y me dijo: «Quedáte adentro mío, quiero sentirte más». Después de unos minutos de estar acariciándonos, con su pecho casi pegado al mío, le rogué: «Seguí, por favor te lo pido. Lo estabas haciendo genial».

    Me gusta la pose de ´Cabalgata´ como lo llama ella, porque ahí la mujer tiene el control sobre todo y es lo que necesitaba ella.

    —Te amo.

    —Y yo amo tu verga, chiquito.

    —Lo sé.

    —¡Tommy!

    —No sabés lo bien que me hace estar adentro tuyo, dije.

    —Te gusta estar adentro mío ¿no?

    Asentí. Se empezó a mover más velozmente.

    —¡Qué bien que te movés!

    —¿Te gusta lo que hago?

    —¡¡Sí, me encanta!!

    —¿Sí?

    —…

    Llegó un momento en el cual el placer era tanto que ya no podía articular una sola palabra, no me podía mover, estaba completamente enajenado. Lo único que hacía eran sonidos parecidos a gemidos, trataba de tomar aire en bocanadas. Terminé teniendo un orgasmo y acabé a la hora de estar teniendo sexo. Ella tuvo cinco orgasmos seguidos esa noche.

    Ella misma me sacó el preservativo, le hizo un nudito y se fijó.

    —No está pinchado, me sorprende porque no es XXL, me dijo.

    —Dale, son 20 centímetros, tampoco es para tanto, le dije.

    —Bueeee, ¿te la mediste y todo?, me preguntó riéndose.

    —No, pero debe andar rondando esa cifra, repliqué.

    —Bueno, no me importa cuánto te mida, yo te sigo queriendo igual.

    —Así me gusta.

    —Igual… Tremendo monumento fálico tenés.

    —Gracias.

    —De nada.

    —…

    —No puedo creer que haya hecho esto con un pendejo de 18, que bajo estoy cayendo, boludo.

    Se agarró la cabeza y se tapaba la cara, como si le diera vergüenza.

    —Pero te gustó ¿no?

    —Sí, obvio. Me encantó.

    —Eso es lo único que importa.

    —Pero es muy loco.

    —Para mí también era muy loco un mes atrás cuando me tocaste la espalda y me apoyaste la mano en la cintura. ¿Qué estabas pensando? Fuera de joda.

    —Yo quería tener algo más íntimo con vos esa noche, sino no te hubiera pedido que vengas a mi cama, lo que pasa es que no sabía cómo pedírtelo. Siempre me atrajo la idea de tener una relación sexual con alguien menor que yo, me sube mucho la adrenalina. Pero esto ya es mucho… Vos siempre me gustaste, desde que te vi la primera vez en Funcional, dije: «Está re bueno este pibe». Y ahora todavía más con esos músculos. Cuando estábamos caminando hacia el túnel esa vez… ¿Te acordás?

    —Sí, me acuerdo que había hablado con un amigo días después y yo estaba re mal porque me habías dicho que eras de 25, y mi amigo me dijo “entrále, que para el amor no hay edad, o sea… si ella consiente que vos seas su novio”. ¿Te acordás de Nacho?

    Nacho es un amigo mío que me ayudó a apoyar a Anen con todo el tema del tipo este. Me dió un montón de consejos, básicamente.

    —Sep, no me cae bien. Pero te ayudó a ayudarme, así que yo estoy contenta con eso.

    —…

    —Vos también sos re atractiva.

    —¿Posta?

    —Sí, deberías saberlo desde que naciste.

    Se sonrojó y dijo:

    —Gracias por el cumplido.

    —No es nada, le dije.

    —…

    —Bueno, cuando me dijiste tu edad, yo pensaba que eras más grande.

    —¿Cuánto me dabas?

    —Y yo te daba 19 o 20, por ahí, aclaró ella.

    —¿Por qué 20?

    —Porque sos alto como una torre, más o menos. Yo soy una enana, te miro desde abajo. Aparte ya tenías barba desde el momento en que te conocí. Eso alteró mis sentidos y me indujo a pensar que tenías mas años encima.

    —No digas eso de vos misma.

    —¿Qué cosa?

    —Que sos una enana.

    —Es que a veces me siento así cuando estoy de pie al lado tuyo.

    —Bueno, tranquila.

    —…

    —¿Sabés que yo pensaba lo contrario de vos?

    —¿Qué pensabas?

    —Yo creía que tenías 19 o 20, también.

    —No me sorprende igual.

    —¿Por?

    —Porque me lo dicen todos.

    —Bueno, en fin… Ahhh, esperá. Tengo que mostrarte algo.

    —¿Qué cosa?

    —Ya vas a ver, yo sé que te va a gustar.

    En ese momento, le mostré el poema que le había hecho hace un mes y algo en la ruta. Se emocionó mucho y me dió un abrazo. Me dijo que ella también me iba a hacer algo parecido o que iba a tratar de hacerlo. Antes de irse a dormir me dijo bien bajito al oído: «Los pecados como vos, merecen pecadoras como yo, pero yo te pertenezco sólo a vos y vos me pertenecés sólo a mí».

    Ninguno de los dos dijo nada más y nos dormimos, inmediatamente.