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  • La esposa de mi primo, lo engaña conmigo

    La esposa de mi primo, lo engaña conmigo

    Me les presento soy Francisco tengo 35 años, mido 1.70 no soy de cuerpo atlético, pero no estoy tan tirado a la basura, el relato es completamente real de algo qué pasó con la esposa de mi primo Raúl.

    La verdad me llevo muy bien con mi primo somos como hermanos, él se encuentra casado con su esposa Diana de 32 años, Raúl mi primo tiene 34.

    Yo siempre soy de ir a visitarlo ya que él trabaja en logística fuera de la ciudad y va y viene dura aproximadamente 15 días o 20 y ya regresa a su casa. Siempre cuando llega a su casa voy y convivo con él, la verdad su esposa está de buen ver, es de ojos azules, piel blanca, tiene unas piernas y un culo muy bueno y sus tetas son de buen tamaño. Cuando tomábamos siempre le echaba el ojo pero por respeto me contenía y la verdad ella no se prestaba para algo más. Hubo un día que platicamos respecto a temas sexuales debido a que yo soy soltero y pues les conté que me gusta estar así y andar probando de todo tipo de mujer, ellos se quedaban con cara de asombro.

    Un día en casa de mi primo, ya estábamos tomados y Diana salió a decirle a mi primo que ya iba a la cama a dormir, salió de su cuarto con un vestido muy corto que apenas le cubría su hermoso culo, y dejaba al descubierto sus hermosas piernas, me puso al mil. Cuando se acostó le dije a mi primo que iría al baño y me asome, a su cuarto y ahí estaba acostada el vestido lo tenía arriba de su nalga y dejaba al descubierto su calzón de hilo dental rojo, me puso mi pene erecto a más no poder pero me salí, al llegar a la mesa mi primo estaba completamente dormido.

    Me dirigí al cuarto a despertar a Diana, pero la desperté de manera que con mis manos recorrí toda su pierna desde la planta de sus pies hasta casi llegar a su cadera, cuando se despertó y asustada me vio y me dijo que qué así en el cuarto, le expliqué que mi primo se había quedado dormido y que si quería yo lo metía al cuarto, me dijo que ella ahorita lo despertaba y que lo dejara ahí. Le dije que entonces ya me iba la agarre de la cintura la pegue a mi cuerpo y me despedí de un beso en el cachete, no sin antes me la acomode y le pegue todo mi pene en la pierna para que notara mi erección, pero solamente me digo ahorita salgo a cerrar. Llegue a mi casa y la verdad no podía sacarme de la cabeza a Diana me estaba excitando mucho, tuve que llegar a masturbarme pensando en ella.

    Pasaron los días y seguía conviviendo con ellos y cada vez me excitaba más y más Diana. Un tarde mi primo me llama que va tener que salir de trabajo fuera de la ciudad que si podía hacer el favor de llevarlo al aeropuerto en su carro y le dije que si que yo lo llevaba, me dijo que nos acompañaría Diana, pero que no manejaría por qué andaba algo enferma.

    Desde que llegue y la vi me tenía completamente excitado, llevaba un pantalón pegado, una blusa amarilla con escote y unos zapatos de tacón que resaltaban sus uñas muy bien cuidadas blancas. Dejamos a mi primo y ya durante el camino, platicamos y todo eso y en ocasiones le agarraba la pierna según yo jugando, también en una de esas toque una parte de sus bubis, pero llegamos a su casa, me invitó a pasar y ahí la estuve zorreando a más no poder, le dije que si podía pasar a su baño y cuando entro, me encuentro con un calzón de encaje en el baño usado, no pude mas lo agarre lo empecé a oler me excite demasiado y comencé a masturbarme, tenía un olor excitante, que al momento de terminar llené una parte de leche del calzón, al salir del baño le dije que me retiraba.

    A los dos días habló mi primo que si podía ir a su casa debido a que una bomba de agua estaba fallando y que si podía ir a checarla. Llegue a su casa revise la bomba y tenía unos cables desconectados. Le dije a Diana que ya había terminado, y ahí estaba diana en la sala con un short corto, una blusa verde y sus huaraches de piso, la mire de abajo arriba, quería comérmela.

    Me dijo pasa.

    Y: ya quedo ya conecte la bomba

    D: muy bien muchas gracias, pancho quería hablar contigo

    Y: qué pasó

    D: pues la otra vez que me trajiste a casa, cuando te metiste al baño dejaste mis calzones llenos de leche

    Y: y eso que tiene

    D: como que qué tiene

    Me pare del sillón me dirijo a ella y la bese, ella me acepto el beso pero después de unos segundos me separo y me pego una cachetada.

    D: eso no está bien soy la esposa de tu primo

    Y: y eso que tiene, quien le va decir, aparte me prendes y me excitas mucho.

    La volví a besar y ella ya no se separó de mi boca, nos estábamos tragando a besos la cargué agarrándole sus hermosas nalgas y la lleve a la mesa del comedor ahí, la acosté y le empecé a meter mano a mas no poder le comencé a quitar el short, traía un calzón negro de encaje que se le veía hermoso, le bese su entrepierna, hasta llegar a sus pies y le chupe y bese sus dedos, después delicadamente le quite su calzón lo olí y más me paro la verga, comencé hacerle un exquisito sexo oral, gemía y se retorcía como una perrita, tuvo un largo orgasmo, la senté en la mesa, y le quite la blusa y su brasier me le deje ir a sus tetas a mamárselas unas tetas blancas con pezón rosadito, mientras le mamaba las tetas le metía dos dedos en su vagina, estaba mojada y excitada no paraba de gemir, cada que le metía los dedos se escuchaba el clap, clap de sus líquidos con mis dedos, volvió a tener un orgasmo y me dijo vamos al cuarto, me senté en la cama y comenzó a desvestirme, mi pene que no es tan grande casi le pega en la cara, mide 13 cm.

    D: es un poco más chico y delgado que el de mi esposo

    Y: vamos pruébalo que te va gustar

    Y se lo metió a la boca y comenzó a manármelo, pero lo así delicadamente que disfrute muchísimo, le dije que terminaría y se tragó toda la leche sin dejar una sola gota, seguí metiéndole mano y después de unos minutos que recobró vida mi pene la agarre con fuerza, levante sus piernas las coloqué en mis hombros y comencé a bombearla durísimo ella grita, gemía de placer, la agarre de su cuello y le deba pequeñas ahorcadas y después le metía un dedo a su boca y comenzaba a mamármelo, tuvo un orgasmo, seguí bombeándola y en menos de unos segundos tuvo otro.

    D: acuéstate quiero montarme

    Y: lo que tú pidas perrita

    Se subió encima de mi y yo le agarraba las nalgas y sus piernas que me volvían loco, me puso sus tetas en la cara para que se las mamara y fue lo que hice, ella estaba mojadisima se portaba como una perrita, le dije que me mamara un dedo y mientras le acariciaba sus nalgas lo introduje a su ano, grito de dolor pero luego fue placer, cuando vi que acabo.

    Y: bájate, ponte de perrito

    Me hizo caso y comencé a mamarle el ano pero no sin antes estarle metiendo los dedos en su vagina, cuando estaba muy mojado, agarre mi pene y lo puse en la entrada de ese culito sabroso se lo comencé a introducir lentamente, mientras su gritos de dolor se convirtieron de placer, y comencé con el mete y saca, la agarre del pelo y comencé a pegarle nalgadas

    D: nooo, nooo me nalguees que me vas a dejar mamamarcasss

    Y: cállate que eres mi perrita y yo haré lo que quiera contigo

    Excitada y gozando de placer.

    D: yaaa yaaa párale ya voy a terminaaar ahhh me vineee

    Seguí bombeándola hasta que le deje el culo lleno de leche, brotaba mucha leche de su culo, me separé de ella y nos acostamos en la cama.

    D: que echo jamás había hecho esto con otro hombre, tú primo fue el primero y había sido el único

    Y: cálmate que eres una perra en la cama así que no te des golpes de pecho

    D: vístete y sal de aquí, quiero estar sola

    Y: me vestiré por qué me tengo que ir, pero que rica estas me vuelves loco, en un día de estos te echo la vuelta para repetir esto

    D: estas loco esto no debió pasar y no volverá a pasar.

    Y: yo se que si pasara por qué te gusto eso de ponerle el cuerno a mi primo.

    Agarre mis cosas y salí de su casa, por cierto somos de Mazatlán, Sinaloa.

  • Mi accidente y la enfermera

    Mi accidente y la enfermera

    Hace algunos meses tuve un accidente en mi moto. Un estúpido alcoholizado a las diez de la mañana me arrolló por un costado haciéndome volar por los aires. ¿El resultado? Mis dos brazos rotos, una pierna y algunas costillas rotas y, aunque traía casco y eso me ayudó bastante, la mandíbula fracturada.

    Estuve un tiempo en el hospital en donde me cuidaron muy bien, las enfermeras encargadas de mi eran de lo mejor y les estoy muy agradecido.

    Estuve en el Hospital hasta que mi pierna y las costillas estuvieron mucho mejor, los brazos y la mandíbula aún estaban rotos y así tuve que volver a casa.

    Mi madre era quien se dedicaba a cuidarme, por lo cual le estaré eternamente agradecido, pero aún tenía heridas que necesitaban cuidado especial.

    Mi madre contrato a una enfermera que venía todos los días a hacerme limpieza y aplicar medicamento a las heridas. Cuando llegó por primera vez se presentó.

    Alexia – hola buen día soy Alexia y voy a estarte cuidando tus heridas

    Eduardo: hmjmm.

    Era lo único que podía balbucear porque mi mandíbula aún estaba rota

    Ella era una mujer de estatura pequeña, delgada, de piel morena, cabello ondulado y ojos color café, de cara muy bonita.

    Alexia: muy bien vamos a empezar.

    Me hizo la limpieza de las heridas muy bien y delicadamente con sus pequeñas manos suaves y tersas.

    Mientras o hacia platicaba conmigo de muchas cosas. Y yo solo le decía hmjmm. A todo. Pero ella lo entendía ya que sabía que mi mandíbula estaba rota.

    Así fueron nuestros días por una semana. Al llegar el fin de semana ya necesitaba un baño con urgencia.

    Alexia: desde cuándo no te bañas Eddi.

    Así me comenzó a decir. No me incomodaba, hasta se me hacía tierno el como lo decía con su vocecilla aguda.

    Alexia: mmm seguramente desde que saliste del hospital. ¿Quieres que te dé un baño?

    Hmjmmm le respondí.

    Alexia: muy bien. Voy a preparar las cosas.

    Cuando estaba preparándose le dijo a mi madre que me daría un baño, mi madre le pregunto que si necesitaba ayuda y Alexia le dijo que no se preocupara. Que era parte de su trabajo y que sabía cómo hacerlo.

    Volvió al cuarto con unas toallas, ropa limpia jabón y una bandeja llena de agua tibia, colocó las cosas sobre una mesa y cerró la puerta del cuarto con llave.

    Comienzo a desvestirme, me sentí un poco incómodo por qué una extraña me viera desnudo. Pero luego pensé, esta chica es enfermera, debe ver a mucha gente desnuda.

    Los yesos de mis brazos hacían un poco difícil el desvestirme, pero con paciencia se logró. Y ahí estaba yo, totalmente desnudo en mi cama frente a una persona que no conocía.

    Tomo una de las toallas y la empapo en el agua tibia y comenzó a frotarme con ella por todos lados.

    Luego tomo el jabón y me enjabono todo el cuerpo.

    Alexia: solo por qué no puedes mover tus brazos te voy a enjabonar tus partes está bien?

    Hmjmmm le respondí, y comenzó a enjabonar mi pene y mis testículos, no pude evitar una pequeña erección de mi pene mientras me enjabonaba me dio mucha vergüenza. Luego note que paso mucho tiempo haciéndolo.

    Alexia: andas animado Eddi??

    Hmjmmm… Respondí

    Alexia: se te nota eh. Se te puso bien durita.

    Luego me enjuagó mi pene y mis testículos y los dejo limpios. Y ahí estaba, mi pene completamente erecto frente a alguien que no conocía.

    Alexia: sigues animado he Eddi…

    Se acercó y me tomo del pene con su mano izquierda y me lo comenzó a masajear de arriba abajo, note que se mordía el labio.

    Alexia: hay que desanimarte de alguna manera no?

    Hmjmm le respondí. Y siguió masturbándome con su mano izquierda, hacía varios meses que no me masturbaba y menos alguien tan bonita como ella. Siempre lo hacía yo solo mirando videos porno o usando mi imaginación con actrices famosas y yo haciéndolo.

    Después de un rato de masturbarme. Cambio de mano y ahora lo hacía con la derecha y con la izquierda me acariciaba mis testículos. Ah dios mío se sentía tan bien esas dos cosas al mismo tiempo.

    Volvió a cambiar de mano, de nuevo con la izquierda me seguía masturbando y con la derecha se comenzó a desabotonar el uniforme de enfermera. Dejando ver sus hermosos senos sostenidos por un brasier blanco.

    Alexia: te gustan?

    Hmjmmm!!!! Le respondí

    Eran pequeños pero muy hermosos se me antojaron como para ponerlos en mi cara y besarlos sin parar.

    Termino de desabotonar el uniforme y se quitó la parte de arriba, quedando solo con el brasier que sostenía a sus hermosos senos.

    Alexia: ya casi terminas?

    Me preguntó mientras aún me masturbaba. Alcance a decirle que no con la cabeza. Dejo de masturbarme para quitarse el brasier para dejar al descubierto sus hermosos senos.

    Eran pequeños un poco más claros que tono de piel de su cara, y sus pezones eran pequeños y un poco oscuros y se alcanzaban a ver qué estaban un poco duritos. Me parecieron hermosísimos y muy apetecibles.

    Siguió masturbándome mientras daba gemiditos, me puso los senos en la cara mientras me masturbaba.

    Lo que hubiera dado por poder tocarlos con mis manos y poder meter esos hermosísimos pezones en mi boca por un momento, pero no podía. Sentía sus senos en mi cara como se movían mientras me masturbaba, sus pezones me rozaban los labios y estaban tan tibios que me volvían loco.

    De pronto empezar a balbucear.

    Hmjmmgm

    Alexia: ya vas a terminar Eddi??

    Alcance a decirle que si con la cabeza, Me quitó los senos de la cara y los acerco a mi pene. Aún me lo jalaba, con el entre sus senos me hizo terminar, sus hermosos senos se llenaron de mi semen.

    Ella seguía jalándome el pene y yo ya estaba extasiado, luego me enseñó sus senos cubiertos de mi semen.

    Alexia: te gustan como se ven Eddi, bañadas con tu lechita tibia?

    Si le dije con la cabeza, Tomo mi celular y se tomó una selfie con los senos cubiertos con mi semen.

    Alexia: ten, Para que te acuerdes jeje.

    Soltó una sonrisa pícara y se comenzó a limpiar sus senos con la toalla mojada, después se los seco con la que estaba seca, comenzó a ponerse el brasier y el uniforme y me comenzó a vestir con la ropa limpia.

    ¿¿Alexia: te gustó el baño Eddi?? A mí me encantó darte un baño y que me dieras uno tu a mí.

    Hizo esa sonrisa pícara de nuevo.

    Le dije que sí con la cabeza, me peino el cabello y me dio un besito en los labios.

    Alexia: voy a esperar a que te toque baño de nuevo.

    Hmjmmm le respondí.

    Salió del cuarto, tiro el agua que estaba ya sucia y metió a lavar las toallas que uso, volvió al cuarto solo a despedirse.

    Alexia: nos vemos mañana Eddi. Espero que hayas disfrutado del baño.

    Ya quiero que sea el día siguiente. Y aunque sé que no me tocará baño, por lo menos voy a poder apreciarla a ella y a sus hermosos senos.

    Fin parte 1.

  • Estrené con su jefe la lencería que me regaló mi esposo

    Estrené con su jefe la lencería que me regaló mi esposo

    Desde que éramos novios, mi esposo me compra casi toda la lencería que uso. Le encanta hacerlo, comprarme tangas, hilos o cacheteros, también brasieres. Confío plenamente en sus gustos, diría que conoce mi cuerpo mejor que yo y que siempre compra lo que mejor me queda.

    Les he comentado a varios de mis amigos ocasionales que la lencería que uso, me ha sido regalada por mi esposo, a todos les ha dado mucho morbo eso. Para ser sincera, a mí también. Me pone decir cosas como “esta tanga me la regaló mi esposo y la estoy estrenando contigo”.

    Quizás el momento más excitante que he vivido respecto a la lencería que uso en mis encuentros fue inesperado. Ascendieron a mi esposo. Quiso celebrarlo. Organizó una cena en casa con su jefe y su esposa. Algo que a todas luces sería sólo una cena, con un catering que reservamos (no puedo cocinar una cena elegante y mi esposo lo sabe) y dos buenos vinos que mi esposo pidió seleccionar a un amigo sommelier que tiene. Como era su costumbre para cada reunión importante, me compró un juego de tanga y brasiere, de Leonisa, que es mi marca favorita. Ambas prendas negras, muy simples pero muy elegantes, algo seguro caro.

    El viernes que era la cena me duché, me puse la lencería de estreno y me puse encima un lindo vestido negro que también estrenaba. Simple, corto y coqueto, que estoy segura me queda muy bien.

    Poco antes de las 9 pm, llegó el catering y el vino. A las 9 en punto estaba la mesa lista, exactamente a esa hora sonó el timbre. La puntualidad del jefe de mi esposo es famosa y no fue la excepción. Llegó elegantemente vestido, en un atuendo con jean, camisa y un saco sport que le quedaba muy bien. Lo había visto algunas veces, pero sin mayor atención. Esa noche me pareció muy guapo y seductor, de cuerpo firme, cabello entrecano pero, por sobre todo, su actitud segura y ganadora. Su esposa era varios años menor que él, quizás recién pasados los 30s, linda, pero muy seria y poco amable.

    La cena estuvo deliciosa. No pude presumir que yo cociné, era obvio que era producto de un experto. La pasamos súper bien mi esposo, su jefe y yo. La anodina pero linda esposa de su jefe, apenas articuló palabra y se pasó la cena entera con cara de aburrida, picando sólo un poco de comida. Más de una vez pesqué miradas del jefe de mi esposo, pero no les di mayor importancia.

    Tras la cena nos sentamos en el sofá y terminamos la segunda botella de vino. Al terminarla mi esposo propuso ir por otra, su jefe aceptó y ofreció acompañarlo a comprarla. En ese momento su esposa dijo que quería volver a su casa, que “se sentía indispuesta”. Supongo su esposo ya la conoce. Ellos viven a unas pocas cuadras del departamento donde vivimos y finalmente mi esposo se ofreció a llevarla y de retorno comprar el vino. Parecía una solución razonable. Unos 20 minutos entre ida y vuelta a lo sumo.

    Cuando quedamos solos, nos sentamos juntos en el sofá. El jefe de mi esposo fue directo “Marta, eres una mujer muy linda y sensual. Te he visto en algunas reuniones y siempre me has parecido muy atractiva”. Me quedé un segundo sin responder, pero luego le dije que él me parecía atractivo y que tenía una esposa muy linda.

    – Linda sí, pero sosa y aburrida.

    – No seas malo con ella, una mala noche la tenemos todos.

    – Así como la viste hoy es siempre, en todo.

    – ¿en todo?

    – Si, en todo. Y en la cama es peor.

    – Que desperdicio, con un hombre como tú.

    Tras decir eso, sentí que me había mandado. Él se dio cuenta. Cogió mi muslo y me dijo al oído “tenemos menos de 15 minutos”. Me dejé besar. Respondí. Sus besos apasionados más el vino me hicieron calentarme muy rápido. Le pedí que se baje el pantalón. Me obedeció. Tenía ya erecto un pene (como todos) más grande que el de mi esposo, pero tampoco un mástil.

    Me excitaba el momento. Todo era perfecto. Desde la oportuna salida de mi esposo y la esposa de su jefe hasta el vino que había tomado.

    Me saqué los zapatos y la tanga y sin pensarlo mucho, con el vestido tirado hacia mi vientre me monté sobre él. La estrené esa noche y nadie le prestó atención. Con mis manos acomodé su pene en mi coño húmedo y me dejé caer. Fueron unos minutos deliciosos, en los que él prácticamente no se movía y yo era quien definía el ritmo, con movimientos de mi cadera disfrutaba cada centímetro de su pene dentro de mí.

    Cuando estuve a punto de llegar le dije “quiero ser tu perra”. Me levanté y me acomodé como perrita en el otro sofá. Se puso detrás de mí y comenzó a darme con todas sus fuerzas, hasta con violencia diría. Se soltó y en ese momento era él quien se movía y yo quien aguantaba. Comenzó a acelerarse y decirme “que puta que eres Marta, que puta que eres, una reverenda puta eres”. Cuando yo estaba a punto de terminar, él se vino dentro de mí, eso completo mi proceso y me vine casi instantáneamente.

    La cordura se impuso y nos separamos casi al instante. Se subió el pantalón. Fui al baño a limpiarme. Un par de minutos después llegó mi esposo. Yo aún estaba en el baño. Al salir lo besé y le dije “amor, porque demoraste tanto”. Nos sentamos, bebimos los tres la última botella de vino. Fue una velada perfecta.

  • Me cogieron por el culo mi marido y su amante

    Me cogieron por el culo mi marido y su amante

    Con Pablo, mi marido, tenemos 35 años los dos, y hace 10 que estamos juntos. En estos años, nunca fui infiel, pero estaba segura que él si había estado con otras mujeres. Pero nunca tuve pruebas para probarlo.

    Yo mido un 1,65, soy de cuerpo normal, con buenas tetas y culo, él, de 1,70 también muy normal de cuerpo pero con una pija que es grande a mis ojos. Larga y gruesa. Esa es la razón por la que en las innumerables veces que me pidió el culo, no se lo di. Teníamos a mi entender, muy buen sexo, yo gozaba como loca con esa pija, pero a él siempre se le ocurría hacerme el culo, y por supuesto, no lo dejaba.

    Un sábado, luego de ir a jugar al futbol con los amigos, me avisó que irían a tomar unas cervezas, que volvía para la cena. Y así fue, no dude para nada. Llegamos, cenó y antes de acostarme saque las cosas de su bolso para ponerlas a lavar. Dos sorpresas me llevé. Cuanto tome su bóxer del bolso, vi manchas de semen. Y la segunda, en un bolsillo interno había un celular. Y no era el que conocía. En ese momento, me llamo para ver una película. No dije nada y fui con él. Esa noche, no quiso tener sexo: “Estoy agotado del partido” fue su excusa.

    Un rato después, se durmió. Yo, totalmente intrigada, baje y tome el celular. Solo tenía un par de números grabados en su Whatsapp. Uno era de “Culo”. Abrí el chat y el último mensaje era de ese día. “Como me gusta cogerte ese culo” y un video, donde solo se veía el culo de la chica y como él se lo cogía. Ella gemía con todo, gritaba de placer y lo que le gustaba que Pablo le rompa el culo.

    Mi primera reacción fue de odio, celos, asco. Seguí y había otros, en ninguno se veía el rostro de la chica, pero en todos se veía y escuchaba que gozaba como loca. Casi al comienzo de los mensajes, ella le decía que había conseguido trabajo y donde quedaba.

    Tenía, necesitaba verla, conocerla. Una tarde fui al negocio de la dirección y era un sex shop. Justamente. Y lo atendía una chica, que no tenía 20 años. Podría ser ella, pero necesitaba ver si su culo podía ser el del video.

    -Hola hermosa, me dijo sonriendo.

    -Hola. Soy nueva en esto. Dije fingiendo vergüenza.

    -No te preocupes, hoy las mujeres vivimos el sexo de otra forma. ¿Qué tenías en mente?

    -Me da vergüenza. Un amigo con derecho a roce quiere hacerme la cola, y yo nunca lo hice, y en una peli vi unos aparatos, de la forma de un pene. Pensé en uno para acostumbrarme antes de dejarlo.

    -Muy buena idea, veni que te muestro. Dijo y por fin salió de atrás del mostrador.

    Por el tamaño debía ser ella. Una chica más bajita que yo, y con un culo pequeño. Fue hasta un exhibidor y me mostro varios.

    -Contame, la tiene grande, mediana.

    -Grande, larga y gruesa.

    -Hermosa, un amigo la tiene así, y por favor, que placer cuando me hace el culo. Solo por el culo me la mete, porque la mujer, es una tonta, años de casados y no se lo entrega. Dijo la chica y a mí se me revolvió el estómago. Estaba hablando de mí.

    -Mi recomendación es que te lleves estos dos modelos. Uno para empezar y otro para cuando ya este no alcance, dijo riéndose.

    -Genial.

    -Ah, y llévate esta crema. Te va a facilitar la entrada.

    Me llevé todo, y fui a mi casa. Puse los dos consoladores en la mesita de luz y me puse a ver porno anal. Entre esos videos y el recuerdo de los de Pablo cogiendo a la chica, me puse caliente. Me levante la pollera y corriéndome un poco la tanga, me metí el consolador en la concha. Miraba y me masturbaba con el consolador. Primera vez en mi vida que usaba una cosa así para masturbarme.

    Busque otro video, y cuando el tipo le empezó a poner crema en el culo a la chica, tome la crema y me puse un poco en mi culo. Él metía sus dedos, yo metía uno mío. La sensación fue rara. No me desagradaba para nada. Cuando el tipo le empezó a meter la pija en el culo, yo tome el consolador más chico y me lo empecé a meter. Una oleada de placer invadió mi cuerpo. El tipo se movía y yo lo imitaba, estuvo un rato así hasta que otro hombre entro a la habitación, tenía la pija parada y mucho más grande que la del primero, que se corrió. Puso a la chica en cuatro patas, y le enterró con todo esa verga monumental.

    Hice para atrás el video, me puse en cuatro, y tomando el consolador más grande, di play. Cuando el tipo metió esa tremenda verga en el culo de la chica, hice lo mismo. Primero sentí dolor, pero un segundo después, otra vez esa oleada de placer. Me sentía una puta, gozaba como puta con ese consolador moviéndose en mi culo. Tuve un orgasmo tremendo y no lo podía creer. Escondí todo y me di una ducha. Toda la semana estuve “entrenando mi culo”.

    El viernes estábamos cenando cuando me avisó que tenía partido, y que seguramente irían a tomar cerveza.

    -¿Vas a ir a tomar cerveza o a romperle el culo a la chica del sex shop? Dije mirándolo a los ojos.

    Pablo se quedó con la boca abierta, sin decir nada.

    -El sábado pasado encontré tu otro celular, vi los videos. Y llegue al sex shop. Muy atenta la chica, y muy charlatana. Me conto que un tipo le rompe el culo porque la tonta de la mujer no se lo entrega. Dije sin quitarle la mirada.

    -Laura, no te lo voy a negar. Si, cada tanto nos encontramos.

    -Lo sé por el chat. También me dijo que solo le das por el culo. ¿tanto te gusta?

    -Me gusta. No te lo voy a negar tampoco.

    -Te quiero hacer una pregunta, pero contéstame con honestidad. ¿Si te doy el culo, la dejas a ella?

    -Sin dudarlo. Te amo, y tenemos un sexo genial, solo…

    -Que no te doy el culo. Bueno. ¿Te puedo proponer algo?

    -Si, decime. Dijo Pablo dudando.

    -La chica parece muy liberada, que le gusta todo. Invítala mañana a cenar. Quiero ver como le rompes el culo, pero no en videíto. Delante de mí y después te voy a dejar que me lo rompas, delante de ella.

    -Laura, ¿vos querés hacer un trio?

    -No dije eso, dije que nos rompas el culo a las dos. Si pasa algo más… veremos…

    -No lo puedo creer. No puedo creer lo que decís.

    -¿Querés hacer lo que te propongo o que nos separemos? Dije acorralándolo.

    -Lo que propones. Ahora la llamo.

    -Entonces, si está libre, que venga. Aprovecha que estoy de tibia para caliente. Dije con una sonrisa.

    Pablo la llamó y me dijo que en media hora llegaba. Me fui a dar una ducha y a ponerme una tanga nueva y una remera. Así estaba cuando ella llamó a la puerta.

    -Hola Pablo. Dijo ella cuando entro.

    -Pende, hola.

    -Hola, dije apareciendo en el living.

    -Vos estuviste el otro día en el local, me acuerdo bien. Dijo la chica.

    -Sí, yo soy la tonta. Dije mirándola a los ojos.

    La cosa es así: quiero ver como Pablo te rompe el culo, como te hace gozar, y luego que me lo rompa a mí. Ah, ojo que puede pasar cualquier cosa, cuando me caliento, me caliento en serio. Dije sin quitarle la mirada.

    -Entiendo, no hay problema.

    -Vamos entonces. Dije

    Fuimos a nuestro cuarto y les dije que ellos empiecen. En el cajón de mi mesa de luz estaban mis consoladores y la crema. Ellos se quitaron la ropa y empezaron a besarse con todo. Yo me senté en la cama y los miraba. Por momentos le hubiese roto la cabeza a Pablo por como se besaba, pero me contuve. Ella le comenzó a chupar la pija y por los gemidos y la cara de él, lo hacía bien. Mi calentura subía, y me empece a tocar la concha por encima de la tanga. De inmediato estaba toda mojada.

    Estuvieron un rato, hasta que él la puso boca arriba, le levanto las piernas y se la metió lentamente en el culo. La chica no paraba de gemir y decir cuánto le gustaba. Yo, muy caliente ya, busque el consolador pequeño en el cajón y me lo metí en la concha. Pablo me vio y abrió los ojos a más no poder. Yo me masturbaba mirando a mi esposo romper el culo de la pendeja. Debe haber calentado mucho a Pablo lo que me veía hacer porque cada embestida era tremenda. La chica no paraba de gemir y dar gritos de placer.

    -Quiero ver de cerca. Dije

    Y acto seguido, me puse como para hacer una 69 con la chica, pero de mi parte, era solo para mirar. Pablo ya no entendía nada. Entraba y salía con todo del culo de la chica. Yo, me daba en la concha con el consolador. La chica, primero mordía suavemente mis labios por sobre la tanga, la corrí y me empezó a chupar con todo.

    -¿Te gusta lo que ves Pablito, querés que te la chupe yo? Le pregunté

    -Me encanta verte así. Dijo y me puso la pija en la boca.

    La pendeja era la primera mujer que me chupaba la concha y me encantaba. “Lo que me estaba perdiendo” pensé al tener un orgasmo producto de su lengua. Me volví tan loca que lo masturbaba y chupaba con todo. Él pobre no soportó escuchar mis gemidos y mis chupadas y me acabo en la boca. Me trague toda su leche.

    -Pendeja, esto no terminó, ni siquiera empieza. Pablo, en mi mesa de luz hay otro consolador, y una crema. Damelos.

    El me dio las dos cosas y me puse crema en el orto, ante la mirada de él y de la chica.

    -Pende, sin dejar de chuparme y con mucho cuidado, me vas a meter este consolador en el culo, que yo me ocupo de vos. Dije y le di el consolador chico.

    Yo metí el consolador grande en la concha de la pendeja, que dio un suspiro de placer. Ella empezó a enterrar el consolador chico en mi culo con mucho cuidado. Y agregaba crema al consolador cuando salía. Y no dejaba de chuparme la concha.

    Ahora las dos gemíamos. Le dije a Pablo que se ponga delante de mí y cada vez más sorprendido vio como le empezaba a besar la concha a la chica, mordiendo su clítoris. La pendeja tuvo un orgasmo y seguimos como estábamos, dándonos con todo.

    -¿Qué te parece la puta de tu mujer? ¿Te gusta verme así?

    -Amo verte así.

    -¿La cogemos entre los dos? Le dije con cara de degenerada.

    No fue necesario repetirle, y con su verga casi totalmente parada, arremetió contra el culo de la chica, que dio un grito de placer al sentir su verga en el culo y mi consolador en la concha.

    -¿Y pendeja, te parezco tan tonta? Le pregunté.

    -Nada tonta, bien hembra sos. Me dijo.

    Unos minutos después hice que Pablo se la saque del culo y me puse a chuparla para que este bien dura. Cuando la sentí a punto le dije:

    -Ahora, te vas a poner detrás de mí y vas a hacer lo que te diga. Si no lo haces como yo te digo, terminamos en ese instante. ¿Entendiste?

    -Si Laura.

    -Bien, ponete.

    Él fue detrás de mí y se puso de rodillas.

    -Pende, ponele un poquito nada mas de crema en la pija, no mucho. Quiero sentirla bien. Dije y la pendeja lo hizo.

    -Bien, ahora, apoya tu pija en mi orto.

    Listo, ahora, enterrala Pablo, date el gusto, enterrame tu pija en mi orto hijo de puta, quiero sentirte bien adentro de mi orto.

    Pablo empezó a empujar suavemente y desato mi enojo.

    -Sos pelotudo o te haces, te dije que me hagas caso o se termina esto. Cuando digo enterrala es enterrala, no “métela suavemente mi amor”.

    De pronto sentí como la entraba totalmente, tomándome de la cintura., y algo que se desgarraba en mi orto. Grite de dolor y de placer. Él se quedó quieto.

    -Ahora, sí. Rompeme el orto hijo de puta, cogeme bien cogido el culo. Y que no tenga que repetírtelo.

    Pablo se puso a bombear con todo, respiraba con todo, parecía un toro enfurecido. Yo, con el consolador más grande, le daba con todo al culo de la pendeja, que me chupaba la concha sin parar.

    -Que bien que me siento, como me gusta esto, y amo que me rompas el culo mi amor. Empieza una nueva era mi vida. Dije en medio de orgasmos.

    Estuvo un rato bombeando y le pedí que me acabe en el culo. Se masturbó un poco y la enterró hasta el fondo. Di un grito y tuve un último orgasmo (por el momento).

    -Que te la chupe y te la limpie. Le dije a Pablo mientras me levantaba.

    Me puse de rodillas frente a Pablo, y nos dimos un beso tremendo. Los tres nos sentamos en la cama.

    -¿Qué te pareció mi culo Pablito?

    -Una locura mi amor, tal como lo soñaba. A vos ni te pregunto. Dijo.

    -No, y espero que te queden fuerzas porque voy por otro buen polvo. Pendeja, sos increíble chupando.

    -Gracias. Vos no lo haces nada mal. Voy a buscar algo a mi bolso. Dijo.

    -Yo a buscar unas cervezas. Dije.

    Volví al dormitorio y la pendeja tenía una simil pija de goma dura, de un tamaño monstruoso.

    -Esta es mi noche, eso lo tengo que probar.

    Ah Pablo. Si querés te dejo seguir dándole por el culo exclusivamente a la Pendeja, pero únicamente como hoy, los tres. Si ella quiere claro. Dije.

    -Claro que quiero. Los dos son muy calientes.

    -Hija de puta, claro sí.

    -Pero ahora, quiero más. Pendeja, chupale la pija y ponela bien dura para mí.

    La pendeja se puso a chuparle la pija y en minutos estaba bien erguida y dura. Yo me puse crema en el culo pero lo monté a Pablo metiéndome su pija en la concha y lo cabalgaba lentamente. La pendeja nos miraba y trataba de meterse el simil pija en la concha. Le costaba y su cara de dolor lo mostraba.

    -Ponete al lado de Pablo y dame la crema. Dije.

    Ella lo hizo y me dio la pija de goma. Le puse crema y le dije que levante y separe las piernas. Lo hizo y apoye la pija de goma en su concha, mientras cabalgaba. En una de mis bajada, la empuje con todo dentro de su concha. Ella dio un grito de terror y su cuerpo comenzó a temblar.

    -Listo, ahora date con todo.

    Pablo miraba azorado como la pendeja movía esa pija de goma. Tuvo un tremendo orgasmo y se lo saque. Me paré, separé la piernas y me lo empecé a meter en la concha. La pendeja miraba sin poder creer, lo mismo que Pablo.

    -Dios, esto es enorme en serio. Dije volviendo sobre la pija de Pablo, pero ahora dándole la espalda.

    -Par de hijos de puta, ahora me van a hacer gozar en serio. Pablo, quiero tu pija en mi culo, y vos pendeja, chúpame la concha, o lo que puedas, tetas, bésame, cójanme bien cogida.

    Pablo me metió la pija en el culo y era tremendo tener esas dos cosas adentro. La pendeja, tomo el símil pija y me empezó a masturbar con todo mientras me chupaba las tetas. Era infernal el placer que sentía, estuvieron un rato hasta que Pablo no dio más y acabo en mi culo, haciéndome tener un orgasmo hermoso.

    Tomamos una cerveza más y la pendeja se fue, dándonos un tremendo beso a los dos. Yo la acompañe a la puerta y la puse de espaldas contra la pared, le comí la boca y le metí dos dedos en la concha.

    -Pende, paso en la semana por el negocio. Te quiero coger yo solita. Le dije.

    -Te espero, y muy caliente. Dijo.

    Se fue y volví a la habitación

    -Ahora que estamos solos. ¿Hacemos el amor?

    -Por supuesto.

    Hicimos el amor, y fue hermoso. Luego nos dormimos. Yo estaba preparando el desayuno a la mañana cuando entro Pablo a la cocina.

    -Buen día mi hembra total. Dijo.

    -Hola mi macho. ¿Qué pasa, no vas a jugar al futbol?

    -Laura, apenas me sostienen las piernas. No digas nada pero una tremenda yegua me hizo cogerla tres veces y después quiso que le haga el amor. Estoy hecho mierda.

    -Eso te pasa por meterme los cuernos, boludo.

    -Te amo, mi yegua.

    Este relato en primera persona, es de una amiga que realmente se llama Laura que me pidió que lo publique para leerlo con Pablo. Por favor, sean amables con ella y dejen sus comentarios abajo. Quizás la animen que nos cuente otras experiencias.

    Gracias Laura de mi parte. Gracias amiga.

  • Con semen en la cara

    Con semen en la cara

    O: Así puta, chupamela toda, ¡¡uhm!!

    C: ¡¡Aquí nos va a ver la gente!!

    O: ¡¡Callate!! ¡¡Sigue comiendo!!

    Me encontraba en la calle en un callejón solo recargado en un camión y Clara hincada chupandome la verga, no me importaba que nos viera alguien, solo quería que David pasara y viera a su novia tragando mi verga.

    Todo comenzó esa mañana, como ya era costumbre seguía discutiendo con David, me daban ganas de agarrarme a golpes con él pero la idea para joderlo era con su novia.

    Por alguna razón, este tipo de 53 años adoraba mucho a Clara, era su amor, de hecho ya le había prometido dejar a su mujer por ella, lamentablemente Clara era más joven y tenía otras ideas en la cabeza, ya había tratado de dejarlo desde que la golpeo pero muchas veces es muy difícil alejarse de una relación tóxica y la de ellos era una de esas.

    Yo le mandaba mensajes a Clara, mensajes donde le decía que quería meterle la verga, que quiera que se tragara mi semen y ella correspondía mandándome fotos desnuda y de sus nalgas, la verdad esas charlas me ponen bien caliente.

    Una tarde, ella estaba llorando, todo porque David le había dado un golpe más por estar hablando con un compañero de su área.

    O: Ya debes dejar a ese idiota.

    C: No puedo, me da miedo.

    O: Sabes que, te voy a ayudar.

    Le dije que me esperara una hora después de su salida, ella salía a las 7 pm y yo a las 8 pm al igual que David, se me había ocurrido la idea de que nos viera fajando y asi el la mandara a la fregada y de una vez arreglar los asuntos entre él y yo.

    Llegó la hora, al salir vi a Clara en la esquina y me dirigí a ella, sin pensarlo la besé en la boca, ella nerviosa se dejó aunque no correspondió la misma intensidad.

    C: ¿Qué haces?

    O: Nada, ¡solo te ayudo!

    La tome de la mano y nos dirigimos a un callejón muy oscuro, de hecho muchos lo evitan por miedo a ser asaltados, siempre vi que David se iba por ahí, así que la lleve ahí.

    Comencé a besarla con desesperación, ella aunque tensa correspondía mis besos y después mis caricias, la abrace por atrás y mientras le besaba su cuello mis manos apretaban sus ricas y duras nalgas.

    O: ¡Me encantas chiquita!

    C: ¡Ah! Que intenso estás hoy.

    Nos fuimos a recargar atrás de un camión que estaba estacionado, sin dudarlo le levante la blusa y le saque una teta de su brasear, ella trató de detenerme pero como rayo ya tenía una de sus tetas en mi boca.

    C: ¿Qué haces? ¡Ah!

    O: ¡Callate y disfrutalo nena!

    Con mi mano apretaba rico sus nalgas e incluso con mis dedos le rosaba su concha por encima de su licra café.

    C: Basta, ¡¡uhm!!

    O: ¿Qué? ¿No te gusta?

    C: ¡Es que estamos en la calle!

    O: No pasa nadie, tranquila, relájate y déjate llevar!

    Poco a poco logré que ella se olvidara de donde estaba, le baje su licra y me baje a besarle sus morenas piernas, sus nalgas, le mordía con fuerza, ella gemía y me acariciaba la cabeza.

    C: ¡Que rico, me pones a mil!

    O: Lo se perrita, ¡vamos bájate tu!

    Me bajé el pantalón y el boxer y le pedí me la chupara, ella no lo dudó y comenzó a chuparme la verga con una desesperación que me generaba un gran placer.

    La tomaba con sus dos manos y saboreaba la puntita y luego la tragaba hasta donde le cabía, yo miraba para ver si venía David pero él ni sus luces.

    La tomé del cabello y la ahogaba, ella me permitía atascarsela todita, le jalaba el cabello, le daba una ligera cachetada, ella sabía que era mi putita personal.

    O: Así puta, vamos chupala, ¡¡uhm!!

    C: Me encanta tu verga, ¡¡uhm!!

    La excitación me gano, la puse de pie, le levante una pierna y comencé a metersela suave, apretando sus nalgas y moviéndome despacio, ella gemía despacio, no quería hacer ruido, eso me genero que me moviera más rápido para hacerla gemir más.

    C: ¡¡Dios!! Agh, ¡¡ah!!

    O: ¿Te gusta? ¿Te gusta como te lo meto?

    C: ¡¡Si!! Que rico, mas, ¡¡dame mas!!

    Ella se quitó por completo el leggin, se abrazó a mi cuello y yo la cargué, ella me abrazó con sus piernas mientras se la dejaba ir con fuerza.

    O: Que rico, uhm!!

    C: Ah, Oswaldo, uhm, ¡¡ah!!

    La cargaba y se la metia con fuerza, no me importaba que no traia proteccion, solo queria disfrutarlo, quería que pasara su novio y nos viera coger rico.

    La baje y ella se empino apoyándose en la defensa del camión, yo abrí sus nalgas y se la deje ir despacio, acariciando sus nalgas y dándole a chupar mis dedos.

    O: Así puta, que rico, ¡¡uhm!!

    C: Uhm, mas, mas, así, ¡¡dame más!!

    O: Te dije que te iba a ayudar, ¡¡uhm!!

    C: No se en que me ayuda, pero que rico me coges ¡¡nene!!

    Comencé a embestirla con fuerza, le daba de nalgadas, le jalaba el cabello y le apretaba sus tetas, ¡ella lo gozaba como nunca!

    Pasó un tipo en bicicleta que nos vio y juro que se quedó mirando unos segundos, pero no nos detuvimos, continué metiéndosela con todo, mi objetivo era que nos viera David y algo me decía que si pasaría.

    O: ¡¡Te voy a dar por el culo!!

    C: ¿Qué? Espera, ¡¡¡no!!!

    Se la meti de un golpe, ella gritó al sentirme dentro de su ano, yo comencé a metersela con fuerza, le jalaba el cabello, le daba de nalgadas, le doblaba su brazo, la trataba como mi muñeca personal.

    C: Duele, agh, ¡¡ah!!

    O: ¿Te la saco puta?

    C: ¡¡¡No!!! dame más, uhm, ¡¡agh!!

    O: Eso es puta, uhm, eres mi favorita, ¡¡uhm!!

    Ella comenzó a venirse aventando sus líquidos al suelo y gritando y moviéndose como loca, fue en ese momento que logré distinguir a lo lejos a David, así que se la saque del culo y la puse a mamar hasta hacerme venir.

    O: Vamos, uhm, saca tu leche ¡¡puta!!

    C: Si, damela papi, uhm, ¡¡ah!!

    Clara me la chupo riquisimo, de reojo miraba como se acercaba su novio, la tomé de la cabeza y comencé a acompañar sus chupadas con movimientos de mi pelvis.

    O: ¡¡Ah!! Me vengo, uhm, ¡¡agh!!

    C: ¡¡Uhm!! ¡¡Agh!! ¡¡Mmm!!

    Comence a venirme en su boca, ella seguia mamandomela y ordeñandome rico y justo en ese momento lo vi, David estaba mirando con cara de idiota y ¡comenzo a gritarnos!

    D: ¡¡No mames, que pedo!!

    C: ¡¡David!! ¡Déjame explicarte!

    D: ¡Qué me vas a explicar puta!

    Clara semidesnuda y con la cara llena de semen trató de acercarse, David aventó su mochila y parecía la golperia, fue entonces que yo me le puse enfrente.

    O: ¡¡Basta!! ¡Que no ves que asustas a mi putita!

    D: Maldito, ¡¡te voy a matar!!

    O: Jaja, eso no cambiará nada, mirala, mira como gozo tragar mi semen, jaja, ella necesitaba un verdadero hombre.

    Creí que David trataría de golpearme, pero en vez de eso comenzó a llorar, parece ser que sí le dolió ver a su novia con mi semen en su cara.

  • Soltero por un fin de semana (Parte II)

    Soltero por un fin de semana (Parte II)

    La noche anterior había sido increíble. La corneta aún me ardía, pero cada vez que miraba a Feña, el glande me palpitaba como queriendo salir de su ostracismo. Ella actuaba de lo más normal con la sola excepción del saludo de buenos días (eran las 4 pm): me besó, sutilmente, los labios, delante de Claudio, que ni se inmutó.

    Los últimos rayos de sol rozaban las nubes del horizonte, desencadenando una explosión de vivos y flamígeros colores que acaparaba toda mi atención. Aterricé con el mundano sonido de las palomitas de maíz crepitando en el microondas. Por sobre la música, el timbre logró hacerse notar, anunciando la llegada de las visitas esperadas.

    Yo: por favor, prima. Puedes abrir la puerta y bajar un poco el volumen.

    Feña: claro Javo.

    Al pararse, el chico Ernesto, Claudio y yo no pudimos evitar mirarla. María Fernanda o Feña es una rubia de pelo largo y liso. Mide 1.67 m. De cuerpo voluptuoso, pero proporcionado de blanca y suave piel. Ojos casi negros y boca de sensuales y gruesos labios, adornan un rostro de atractivas facciones.

    Sus tetas son grandes y perfectamente formadas. Cada una coronada por un pezón casi rosado y carnoso. La cintura de avispa remata en un par de femeninamente anchas caderas que profetizan terminar en dos suculentas nalgas.

    El culo… Qué puedo decir, sino que es una obra de arte. Perfecto. Ni grande ni pequeño, con un par de glúteos firmes y redondeados. Sus piernas largas y contoneadas, terminan su curvilíneo recorrido en un par de delicados y bellos pies. La prima de Tare es una mujer bella, exquisita, risueña, sibarita y con una fuerte personalidad y ella lo sabe.

    Esa tarde noche vestía un vestido de algodón blanco ceñido en la parte superior y holgado de la cintura hasta el medio muslo. Debajo llevaba aún el bikini negro que más de una verga dejó como roca en la playa. Iba descalza.

    Yo: oye chico, arremángate las babas y ven a ayudarme.

    Todos: jajaja

    Chico: payaso! Qué quieres que haga?

    Yo: tu súper híper mega tequila margarita. Tengo de todo y tú ayer trajiste el tequila.

    Chico: ok. Pásame el delantal, mejor será.

    Estábamos en la habitación de juegos. La misma donde mi esposa animó un viernes de amigos, quizás… qué digo, el mejor de todos. Si lo recuerdan es una amplia habitación rectangular de 6×8 metros y 4 de altura. Se llega a ella cruzando un pasillo que la une con la casa. Tras la puerta de ingreso hay un pequeño lobby para dejar los zapatos.

    Desde él se puede apreciar el bar rodeado con 6 banquillos y a su derecha, en la pared del fondo, una puerta que conduce al baño. Al doblar el pequeño recodo se puede apreciar, mirando hacia la izquierda, una mesa de pool y en la esquina del fondo otra puerta, esta vez con acceso a una habitación un poco más pequeña.

    En ella, una vez traspuesta la puerta y la vista lograba acostumbrarse a la menor intensidad de la luz, uno se topaba con dos hileras de sillas ordenadas como si fueran butacas de un improvisado teatro. Frente a la rústica galería y rodeada de 4 sillas y cuatro poderosos focos, estaba una cama de dos plazas, cubierta solo por una sábana blanca. Era el único lugar del cuarto totalmente iluminado.

    A la derecha y frente al bar una cocina estilo americano y un living con dos sofás de 3 y 4 cuerpos en forma de L; una redonda mesa de centro entre ambos y, justo en medio, empotrada en la pared, una televisión de 50 pulgadas.

    Claudio jugaba solo en la mesa de pool, Ernesto se afanaba en la preparación de los margaritas cuando el cabezón Gerardo y el Loli asomaban sus humanidades por el cuarto. Tras los saludos de rigor, noté la ausencia de Feña.

    Yo: oigan monos, ¿y la Feña?

    Cabezón: ah… de eso quería hablarte. Resulta que traje cola… No me mires así, no pude evitarlo.

    Yo: al grano, mono. ¿De quién se trata, esta vez?

    Loli: es la ex de este merme… la… esa flaquita rica… ¿cómo se llama?

    Yo: no me digas que la Marcela Llucov está en mi living, conversando con la prima de Tare???

    Cabezón: pues si y si… así mismito es.

    Yo: te dije que no me lo dijeras. Y ahora qué diablos hacemos… La última vez que nos vimos le dije que nunca más la quería ver en mi casa y ya ves. Aquí está. En fin, chicos, pasen por favor, como ya lo saben, es su casa.

    Loli: no la pienses tanto y perdónala por lo que sea que haya hecho.

    Yo: y qué sabes tú de esto, aturdido.

    Loli: mira, car’e cuico, si el cabeza la perdonó, no veo la razón para que tú no lo hagas. Además le pones mucho color porque aparte de hacer un escándalo en el patio de tu casa, el que salió en todas las redes sociales y por el cual tuviste que pagar una pequeña multa de medio millón de pesos, y todo por su culpa… Qué más te hizo… además hermano, dime si no hemos dejado tendaladas peores y por mucho menos.

    Yo: jajajaja… tienes razón. Oye cabeza, en serio la perdonaste o son carriles de este mono.

    Cabezón: hace rato ya… entre nosotros no hay rencores ni dramas.

    Yo: buena… pregunta: no te molesta, entonces que comparta con nosotros.

    Cabezón: para nada, hermano, al contrario. Ya sabes que la marce es súper simpática y buena onda. Por mi, no hay dramas.

    Sentadas en uno de los sofás del living, una frente a la otra, conversaban afablemente. La situación se tornó incómoda, pues al notar mi presencia, ambas guardaron silencio. Era evidente que mi persona era el tema.

    Yo: hola Marce, que gusto verte. –Le dije acercándome- oye, eres una tramposa. Mírate, los años más que no pasar, te sientan cada vez mejor. Estás deslumbrante.

    Y era cierto, Marcela es una morena de 36 años, 1.65 m, de pelo largo y rizado hasta la cintura. Con un lindo e inocente rostro, adornado por un bello par de azules ojos. Parece una niñita buena y, sin embargo, el cabezón la dejó porque, al ser impelida, no pudo recordar con cuántos lo había engañado el día que fue sorprendida.

    Sus largas piernas terminan en un culo pequeño pero redondo, duro y respingado. Estrecha de caderas, pero con un par de tetas de campeonato. Voluptuosas y firmes. Marce era una bella, sexy, pero loca y promiscua mujer.

    Ese día llevaba puesto, debajo del pesado abrigo que ya colgaba en la pared, unos jeans ajustados color blanco, un peto negro debajo del cual no había ropa interior y una chaqueta corta de mezclilla. Un par de rústicos botines cortos de cuero negro. Sonriendo por los piropos, se puso de pie.

    Marce: Hola Javier. Yo… quería…

    Yo: olvídalo. Pasado, pisado.

    Feña: viste? Te lo dije.

    Yo: ¿qué le dijiste?

    Marce: que los hombres o son buenos o malos. Los buenos olvidan a los 5 minutos y que tú eres de esos.

    Yo: jajajaja… ok. Vamos, pasen y Marce, es tu casa. Las sigo al tiro.

    Dos amplias sonrisas fueron lo último que vi de ellas antes de perderse por el pasillo. En cuanto desaparecieron, di media vuelta y raudo dirigí mis pasos hacia la oficina. Una vez ahí, encendí los PC y las cámaras de la sala de juegos. Si algo pasaba, tenía que estar grabado. De otro modo, Tarella no me lo perdonaría.

    Las imágenes mostraban cada rincón de la sala. En el bar, el chico agitaba y agitaba la coctelera en una parodia de mega masturbación. Reían a tambor batiente el cabeza, el Loli y marce de sus gracias. Sentados en el lado opuesto de la habitación, Claudio y Feña conversaban. Por los ademanes de Claudio, me imaginé que le reprochaba algo a la prima, quien, casi podía oírla, gesticulaba para que el hombre se calmara.

    De pronto Feña se puso de pie y tomando de la mano a su esposo lo indujo a seguirla a salir del cuarto. Un minuto después escuché mi nombre. Feña me llamaba. Al asomarme pude verlos parados en el mismo lugar donde nos habíamos separado, les indiqué que se acercaran. Salí y los esperé parado justo en la puerta.

    Feña: primo, Claudio no me entiende.

    Claudio: primo, quiere que entienda que yo, a pesar de hacerlo todo bien, no soy suficiente, pues ella necesita más.

    Feña: no es eso… te lo dije, te amo, pero esto es otra cosa, es solo placer.

    Claudio: entiendo que quieres tener sexo con otros y quieres que lo sepa para que no sea adulterio. Es eso?

    Yo: primo… ya que vinieron hasta acá, entiendo que esperan una opinión de mi parte sobre lo que acabo de escuchar. No es así? –Asintió- Ok. Entonces, antes de hablar, puedo mostrarte algo y después de eso hablamos? –asintió nuevamente- Dale. Denme un minuto.

    Apagué los monitores de las cámaras. Dejé en pausa el mismo video que le mostré en la víspera a Feña y los llamé.

    Yo: pasen. Tomen asiento, primos… Lo que les voy a mostrar es fruto del amor y el anhelo de complacer a mi esposa en sus caprichos. Una mujer contenta es una mujer que brujea menos.

    Los ojos de ambos se salían de sus órbitas, mirando cómo mi mujer se comía dos pollas de una sola vez y tras darlas de baja, otras dos las sustituían. El bulto en el pantalón de mi primo era evidente.

    Yo: espero no tener que dar ninguna otra explicación, porque creo, les contesté lo que venían a preguntar, o no? Deja que sea la puta que quiere ser, pero siempre y cuando sea contigo presente. No debe existir la mentira. Claudio, debes cuidarla y cuando puedas aprovecharte de su cuerpo. Feña, lo mismo para ti. Y si cumplen con eso no veo problema absoluto.

    Feña: entonces, cariño, puedo?

    Claudio: -tras un prolongado suspiro- está bien.

    Dando un agudo gritillo al tiempo que besaba la cara de su esposo se puso de pie y de la mano se lo llevó de ahí. Levantando los hombros en señal de no haber comprendido nada, revisé que las cámaras funcionaran y me dirigí al carrete.

    Marce y el chico, jugaban una mesa de pool. En tanto, el cabeza y el Loli eran entusiastas comentaristas del evento. Sus comentarios incluían el impresionante culo de la competidora y el tremendo taco del contendor… Las risas ahogaban la voz de Cerati… y esta inconstancia, no es algo heroico, es más bien algo enfermo…

    Chico: en el bar está la coctelera con tu traguito… nosotros ya vamos en el tercero. Jajaja…

    Yo: ya gracias, chico… voy al tiro con ustedes.

    Dejaba la copa luego del primer sorbo cuando mi celular me indicaba que alguien estaba en la puerta de entrada. Parecía que esta era la noche de las mujeres locas, pues la imagen no era otra que de Valeska, la esposa del chico.

    Yo: chico, ven… ven, po. Mira. Lo que tú digas que haga, eso haré.

    Chico: yo voy. Dame un minuto. Reemplázame si quieres, pero si pierdes pagas tú la apuesta y no yo.

    Yo: pero si gano es todo mío… qué apostaron.

    Chico: la ropa y un baile de 3 minutos sobre la mesa en pelotas. Ya voy y vuelvo…

    Yo: otro más… ya parte, pero antes cuéntame: pediste la comida, cierto? Ok. Suerte.

    La mesa recién comenzaba, pues ya no estaban el 1, 2 y 3, todas tiradas por la ex del cabezón. No es por nada, pero sin ser un tremendo jugador de pool tengo lo mío y entre mis amigos soy el mejor. En todo caso, sabía que Marce jugaba y era buena.

    De fondo escuchaba al par de payasos:

    Cabezón: Al parecer, colega, por lesión cerebral, el jugador representante de liliput tuvo que abandonar y será reemplazado por nada menos que el car’e cuico… qué me dices?

    Loli: yo me concentraría en el culo, perdón en la cara de la contendiente que parece durito, perdón de nuevo, preocupada por el oponente. Estamos en vivo desde el tierra de culones para el resto del país.

    Los dos: jajaja.

    Marce: jajaja… payasos. No se han callado ni un segundo… quieres recomenzar?

    Yo: quién juega?

    Marce: tú.

    Observé por 5 segundos la mesa. Fui por mi taco. Descansaba colgado en la pared. Tras echarle tiza, tiré. 5 minutos después, en la mesa solo quedaban tres bolas, incluida la blanca. Marce me miró, divertida.

    Marce: el mejor de tres?

    Yo: -el celular comenzó a sonar. Era el chico- Espera… voy y vuelvo. Voy a ver al chico.

    Los gritos eh, eh, eh, eh, incentivando, motivando para que algo se haga podía escucharlos aún con la puerta cerrada. Sonreí y apuré el paso. En el living, en el mismo sitio donde antes estuvieron Feña y Marce, estaban los perlas… parecían dos tórtolos, abrazados, acariciándose, tiernamente los rostros. De fondo, se escuchaban los gemidos de Feña que venían del pasillo que conduce a las habitaciones de visitas.

    Yo: -carraspeé- dime, chico.

    Valeska: soy yo la que quiere hablar contigo. Quiero pedirte disculpas.

    Yo: mira Valy, si el chico no tiene atados contigo, yo tampoco. Es cierto que es mi amigo y lo apoyo, pero la experiencia me ha enseñado que en asuntos de pareja no hay que meterse. Si ustedes se perdonaron, sea lo que sea que se perdonaron, para mí está bien.

    Valy: gracias, eres un buen amigo. Pero te puedo preguntar dos cosas.

    Yo: jajaja. A ver…

    Valy: de quien son los gemidos y es verdad lo que hizo Tare y que no te molestó?

    Yo: son de una prima de mi esposa y sí y no. Al contrario. Me gustó. Por qué lo preguntas?

    Valy: ya me conoces, soy copuchenta. Ernesto me dice que me acompaña, pero puedo quedarme?

    Yo: por supuesto. Chico, llévala a la sala y dale un trago. Trátala como a una reina, ya sabes.

    Mientras conversábamos no notamos que los gemidos habían cesado. Un par de segundos después de separarnos de un abrazo con Valy, por el pasillo se dejaron ver Feña y su esposo. Ella, con los pómulos encendidos y los ojos vidriosos. Vestía el mismo vestido playero, pero iba sin traje de baño esta vez, el menos sin su parte superior. Sus pezones eran puntas de lanza apuntando al vacío.

    Feña: hola javo, se acabó el carrete?

    Yo: que va. Acaba de llegar la esposa del chico. Se pusieron en la buena. Recién entraron. Síganlos, yo los alcanzo de una.

    Claudio: voy al baño, querida. Te alcanzo en la sala.

    Feña: ok, bello. Voy tras de ti. –bajando la voy y dirigiéndose a mí- tienes viagra?

    Yo: -cerrándole alternadamente los ojos- se lo tomó en sus tragos. Deja que se recupere y rendirá… no seas malula. Ya vamos con los otros, no me mires así.

    Fui salvado, literalmente por el timbre. Era la comida que habíamos pedido. Se presentó puntual a las 11 de la noche.

    Yo: ven Feña, ayúdame, pues son varias bolsas.

    Feña: te sigo.

    El chico resultó ser un tipo de color, alto, musculoso, con el pelo muy corto, tipo militar y un acento muy curioso. No le quitaba los ojos de encima a Feña, quien, al notarlo, comenzó a exagerar sus movimientos con el fin de mostrar algo.

    Yo: – en voz baja- cómo te llamas?

    El chico: Artemis Piertarus Stevens Duboais.

    Yo: gusta lo que ves? Cómo me dijiste que te llamas. Olvídalo, puedo decirte Pierre, cierto?

    Pierre: oui y oui.

    Yo: no digas oui, di si… es una broma… una broma. A qué hora terminas?

    Pierre: Como máximo un hora más, por qué, señor?

    Yo: trae dos botellas de whisky y dos de tequila cuando termines. Toma. Puedes, cierto?

    Pierre: si, señor.

    Yo: entonces, juegue. Toca el botón blanco no el rojo cuando llegues.

    Tomamos todos los paquetes y entre Feña y yo los llevamos hacia donde estaban los demás. En la sala, los 6 comenzaban a repartir cartas. Jugarían carta mayor y el pago sería o un corto de tequila o una prenda. Feña y yo nos unimos. Las carcajadas eran prolongadas y liberadoras. En medio de la algarabía el celular me avisó que Pierre había llegado. Valy perdía por quinta vez. Todos comenzamos a gritar al tiempo que el chico servía el punitivo vaso.

    Valy: no… si tomo uno más me muero. -Sin pudor alguno producto del alcohol, se desprendió de su blusa, dejando al descubierto unas increíbles tetas.- Ya, a quién le toca.

    Yo: antes de seguir, que la Valy reciba las botellas que mandé a comprar… eh, eh, eh…

    Todos: eh, eh, eh…

    Entonces con paso sexy fue por los tragos. Al volver venía con Pierre cargando todas las botellas.

    Valy: le pedí que me ayudara.

    Yo: bueno, ya que estás aquí, si quieres te quedas.

    Pierre: gracias. Me quedo.

    Valy: denle cartas y para estar a punto que se tome dos cortos de una. Eh, eh, eh.

    Todos: eh, eh, eh.

    El destape de la esposa del chico fue suficiente para que, en las siguientes vueltas, el perdedor, por iniciativa propia, dejara una prenda de lado e igual tomara un corto. Esperaba ansioso el turno de Feña, pues al quitarse el vestido quedaría o desnuda o solo con la parte inferior de su bikini. En tanto, a Marce le quedaban los calzones y su peto y Valy solo la ropa interior. De los hombres todos estábamos con el torso desnudo y solo el chico y Claudio en calzoncillos. De fondo comenzaban los primeros acordes de En Camino de Soda Estéreo.

    Valy: dale volumen Javi, porfa.

    Se paró y tras alejarse hacia el centro del cuarto unos cuantos pasos cerró los ojos y comenzó a bailar en ropa interior. Todos procuramos tener una buena vista, pues Valy se destacó siempre por ser muy sensual para moverse al son de la música y Soda Estéreo era su preferido.

    De pronto, Pierre, a torso desnudo, llegó bailando a su lado. Ambos comenzaron a moverse al mismo ritmo. Al cabo de menos de un minuto Pierre la toma de la cintura acercándola a su cuerpo, quedando fundidos en un caliente abrazo.

    La corneta comenzaba a incomodarme aprisionada. En un reflejo me llevé la mano para acomodarla y noté que Feña no perdía detalle de lo que hacía. Marce, en tanto, se besaba con Claudio y el Loli y al baile se había sumado el cabezón.

    Cuando volví a la mirada hacia Feña se encontraba de pie frente a mí, mirando hacia abajo con la cara llena de deseo. Con el ojo derecho vi al chico volviéndose loco realizando todo tipo de morisquetas y con una seña le avisé que se acercara lentamente. Con el ojo izquierdo y mi otra mano invité a sentarse, cediéndole el lugar al tiempo que el chico se sentaba a su lado, quedando en medio de los dos.

    Feña: -acerando su boca a mi oído y tras pasarle la lengua, en un susurro, dijo- mientras se la chupo al chico, necesito sentir lo mismo de ayer… puedes o se lo tengo que pedir a otro? –lo último lo dijo con una sonrisa maliciosa con la que lucía, si se puede, aún más exquisita.

    Metí mi cara entre sus cachetes. Olía a sexo. Miré sus dos agujeros y con mi mano derecha acaricié su clítoris en círculos lentos que fueron acelerando hasta solo frotar hasta el ansiado orgasmo. El chico por su lado le follaba la boca con pasión y cuando sintió el orgasmo de mi primita, no pudo evitar llenarle de semen su boca.

    Con el orgasmo de Feña, levanté la vista y al tiempo que le introducía los dedos y comenzaba a masturbarla con vigor, pude ver que Marce desnuda y de espaldas a Claudio con su corneta ensartada en el culo y el Loli dándole con todo por el coño.

    Feña eyaculaba, mojando todo a su alrededor y esos segundos de pausa me permitieron observar que Valy, aullando como una loca, era el jamón del sándwich entre Pierre y Claudio, los que, parados, la tenían levantada en vilo, con una verga en cada agujero, balanceándose los tres, a un mismo compás.

    Volví a mi cuerpo con la impresionante mamada que Feña me comenzaba a dar. Cerré los ojos. Estaba tan absorto en lo que mis ojos veían que había olvidado hasta mi propia calentura. Sabía que Marcela era una mujer promiscua, pero de ahí a comportarse como una puta hay un abismo. Empero el comportamiento de Valy me tenía sorprendido y su cuerpo también.

    Al parecer, Tarella era una mala junta… Pensaba en ello cuando le derramé un gran chorro de semen del que se tragó lo que pudo. Al abrir los ojos, seguía limpiándome la verga al tiempo que el chico se afanaba follándosela en cuatro por el coño.

    Feña: vamos Chico, fóllame duro, por favor. Eso… Así. Durooo. Qué rico, dame, dame… ahhh. No paresss. Ahhh.

    Dos segundos después de su orgasmo, tomó mi corneta y a punta de mamadas la volvió a revivir. Feña se comía una corneta por el coño y otra por la boca como una profesional. A los minutos el chico no pudo más y se corrió en sus cachetes. Entonces, dejándola boca arriba, me tumbé sobre ella y así estuvimos follando a ratos como animales, a ratos como tiernos amantes por más de 20 minutos.

    De pronto, luego de cabalgar la polla como una demente, cambió la posición, quedando en 4 patas.

    Feña: reviéntame el culo javo porfa… dame todo lo que tengas. Y tú ven para acá para saborear de nuevo esa hermosa verga que tienes.

    Poco a poco y con cuidado comencé. Con la punta jugaba en su ano hasta que de improviso se la clavé de una sola vez hasta la mitad. Feña dio un grito, insultándome, pero cuando hice el ademán de sacarle la corneta, me insultó aún más duramente.

    Al poco ya la tenía toda dentro y comencé con el mete y saca. Al principio de manera lenta, pero tras unas cuantas embestidas, ella misma me pidió que se lo metiera con ganas así que ahí comencé a darle duro… Los gritos de Feña poco a poco se transformaron en gemidos de placer. Estaba en la gloria, pues el día anterior no me había permitido metérsela por el culo y ahora… toma, puta, le dije.

    Levemente por debajo de la música se podía escuchar un concierto en coño mayor corneta 69 de gritos, gemidos, aullidos, escatolalias y similares como un telón de fondo que solo contribuía a que la excitación nunca decreciera.

    Follamos toda esa noche y todo el día siguiente. Recuerdo que el sol se ocultaba detrás del mar cuando despedía a Feña y Claudio. Poco antes mis amigos habían partido. Al menos eso creía yo. Al cerrar la puerta y darme vuelta el brillante, encremado y desnudo cuerpo de Marce me esperaba con los brazos abiertos… Al parecer, esa noche, tampoco la pasaría solo.

  • Mi primera infidelidad sacó mi sexualidad al máximo (Parte 2

    Mi primera infidelidad sacó mi sexualidad al máximo (Parte 2

    Continuando con la historia, Samuel me tenía más que ensartada y gimiendo de placer en aquella calle casi sin iluminación, pero que pude distinguir a aquel hombre que nos miraba y que me ponía más cachonda. Cuando le dije a Samuel que me excitaba que nos estuvieran viendo y se puso, de manera que nos vieran mejor, se acercó aquel hombre con la verga de fuera y que se estaba meneando lentamente, me di cuenta que era el mesero que nos había atendido toda la noche, aunque estaba a una distancia considerable lo reconocí, sentí un poco de vergüenza, ya que él me ha visto varias veces en el bar e incluso conoce a Samuel, mi marido. Pero pudo más mi excitación que la vergüenza que me daba el que me viera ensartada en la calle. Al parecer, Samuel le hizo una seña de que se acercara más, porque, poco a poco llegó a unos cuantos metros de nosotros, yo no quitaba la vista de su verga, que ahora si, podía verla más a detalle, una verga no muy grande pero si gorda, con una cabeza grande y rosada, Samuel no dejaba de comerme y Horacio, que es el nombre del mesero, se acercó más hasta tenerla al alcance de mi mano y sin dudarlo se la agarre y no pude evitar tener un orgasmo al sentir esa verga en mi mano y recibiendo las envestidas de Samuel.

    Nunca en mis mas eróticas fantasías había imaginado estar en aquella situación, con dos desconocidos en la calle y menos, más jóvenes que yo.

    Horacio, que después supe su nombre, acerco su verga a mi boca para que se la chupara, yo no hacía otra cosa más que dejarme llevar por el placer y la locura, ni mi esposo ni mi hija pasaban por mi mente en aquel momento.

    Me metí la verga de Horacio como pude, por lo gorda que estaba, y se la chupe por un buen rato, el me acariciaba las tetas mientras Samuel me nalgueaba lo que hacía que me estremeciera más de lo que ya estaba. Samuel se salió de mi e inmediatamente Horacio ocupó su lugar, parecía que con señas ellos se comunicaban y me estaban haciendo lo que ellos quisieran, claro que con consentimiento mío. A pesar de que ya estaba más que mojada, Horacio batalló para que pudiera entrar su verga, ya que, al sentir que comenzaba a entrar, sentía un poco de dolor que no duró bastante, porque de repente sentí como mi vagina se abrió a lo máximo para recibir aquel pedazote de carne que me hacía sentir mi vagina totalmente llena y no pude evitar otro orgasmo y un gemido que seguramente se escuchó muy lejos, ya que fue un orgasmo prolongado y delicioso. Samuel no perdió la oportunidad y metió su verga, sin darme cuenta, en mi boca, la cual recibí sin problema y en la cual probé, por primera vez, el sabor de mis líquidos combinados con el sabor de un macho, exquisito.

    Samuel se empezó a mover más rápido en mi boca mientras Horacio al parecer disfrutaba de la estreches de mi vagina, lo cual agradecí ya quemé provocaba un gran placer y al parecer el también. Samuel tomó mi cabeza con sus manos y después de unos movimientos rápidos, terminó en grandes chorros dentro de mi boca, nunca había probado el semen y esa vez recibí gran cantidad directamente y sin aviso, sentía el sabor y una sensación en la garganta como si me hubiera pasado algún líquido caliente que quemaba. Sacó su verga y se recargó en el carro totalmente agotado pero viendo cómo me escurría algo de semen de la boca y como Horacio me tenía agarrada de la cintura. Horacio seguía moviéndose lento pero constante, de repente sentí como empezó a acelerar el ritmo y de repente sacó el animal que tenía introducido y sentí todo el chorro de su leche en mi espalda y parte de mi culo. Sentí esas mod en la vagina muy largos como si extrañaran aquel pedazo de verga que me llenaba toda. Me recargue en el carro de frente con las piernas temblorosas, que si no ha sido por Samuel me voy de cabeza contra el carro que estaba frente a mi.

    Así quedamos un rato, cansados, yo viéndolos todavía con la verga de fuera con una cara de satisfacción que no se si yo tendría la misma cara o más expresiva, porque solo me sonrieron y me ayudaron a ponerme de pie para arreglarme el vestido. Horacio sacó un pañuelo o algo de sus cosas y limpio parte de la venida que tuvo, aunque después me di cuenta que quedaron huellas de aquella explosión de semen y que me haría recordar esa noche.

    Ya más recuperados y vestidos, les agradecí a ambos pero más a Horacio por no terminar dentro de mi y portarse como un caballero a lo cual el me respondió con otro agradecimiento por permitirle estar con nosotros.

    Samuel se ofreció darle un raite a Horacio y nos fuimos los tres platicando de otras cosas que no fue de lo qué pasó esa noche, pero de ahí nació una amistad y complicidad que duró mucho tiempo.

  • La esposa de mi amigo (8.5): Espiando a mi señora

    La esposa de mi amigo (8.5): Espiando a mi señora

    Controlando mis negocios en el sur, me dispuse a espiar a mi mujer con su amante, con una cámara espía en mi habitación.  Me puse unos auriculares, encendí la aplicación que mi amigo Eduardo me enseñó a usar y ahí estaba mi habitación totalmente vacía. Después de 3 meses de fines de semana donde no pasaba nada. Me apresure a revisar la última conversación de mi señora con Roberto su amante.

    “¿Ya estás en camino?” “Si, voy con la pija parada como te gusta” “Bueno, apurate que sino no te abro” “Te vas a perder este pedazo?” Fotopija “Se me hace agua la boca, pero apurate”

    Eso fue hace por lo menos 20 minutos, porque no estaban ya en la habitación cogiendo como unos posesos¿? Revise el chat con Clara, su mejor amiga. “Hoy se coge señorita¿?” “Si, estoy súper nerviosa. ¿Y si el otro se da cuenta?” “Como se va a dar cuenta, te lo coges en la cama “matrimonial”, después si te da culpa, lavas las sábanas y no hay rastro de nada querida” “Pero qué pasa si este se olvida algo o si deja pelos en la ducha” “Con la cara de boludo que tiene tu novio, mi amor! Ese no se da cuenta ni de cuando me has prestado el departamento para coger con mis niños y se va a dar cuenta de lo tuyo ¡Por favor!” “Tenes razón, ahí llegó el bruto” “El burro querrás decir jajajaja” “Y si” Reenvio de Fotopija Roberto.

    Ok eso había sido hace menos de diez minutos, es probable que estuvieran en la previa, algunos besos, tal vez un paso por el baño. Me disponía a revisar el registro de la cámara del comedor cuando a los besos entran en plano mi pareja y su amante.

    Ella estaba vestida con un vestido de flores a medio muslo que dejaba la espalda expuesta con unas sandalias a juego, llevaba el pelo recogido en un rodete con algunos invisibles de mariposas en el, no llevaba sostén pero si una tanga negra de encaje que usó para mi cumpleaños. El llevaba un pantalón corto tipo cargo, una chomba a rayas y unos crocs. Ella se sentó en la cama sacando las tetas del vestido él se las sobaba mientras sacaba la pija de su pantalón. Señores debo decirles que no había tomado la dimensión de ese miembro hasta ahora, debía medir algo más de 24 cm de largo y al menos 5 cm de ancho, un verdadero burro.

    Ella le chupaba la pija hasta la mitad, el trataba de tomarla de la cabeza para meterla más profundo pero ella le pegaba en las manos, ella lo tomó por las nalgas y empezó a hacerle un pete furioso, le entraba casi ¾ de esa pija en la boca cuando una arcada la paró en seco “Hasta ahí llegó, cogeme en 4” ella se puso en posición, el se puso un forro y empezó con embestidas fuertes sin previo aviso, de golpe como un animal, ella escondía su cara entre mis sabanas, podía escuchar claramente el golpe de las embestidas de Roberto pero apenas podía escuchar los gemidos de mi novia. Él la giró, le levantó la cadera y ahí parado se la siguió cogiendo, mi novia se tapaba la boca con el antebrazo y gemía bajito.

    Estuvo un rato así cuando vi que por la aplicación de monitoreo del celular le llegaba un mensaje de Clara “Y…¿?” Veronica miraba la notificación y dejaba el celular a un lado, entonces se me prendió el foco, tome mi celular “Como estas amor¿?” enviar, escuche como la notificación sonaba en mi habitación en ciudad, ella levantaba el celular mientras su amante bombeaba con furia. Ella empezó a escribir mordiendose el labio inferior, me contestaba con la concha llena de pija de otro tipo, mi verga estaba otra vez lista para la acción, que excitante que era esa situación, por favor. “Estoy bien amor, mirando una peli, vos?” que morbo terrible que tenía en ese momento, espero un rato antes de contestar, ellos cambiaron de posición ella boca abajo con las piernas abiertas y el encima estirado cogiendola con suavidad “Tranquilo que me escribe mi novio” dijo. Yo le conteste “Estoy aburrido, estás con Clara” gemidos ahogados “No, estoy solita”. Mi morbo estaba explotando, sin pensar con una calentura inmensa, marque su número y la llame. Automáticamente pude ver como mi señora se sacaba de encima a su amante, se acostó boca arriba, respiro un par de veces y me contestó, empezamos a charlar de su día, del mio, del clima, que se yo, no me acuerdo, lo que si me acuerdo fue que Roberto parece que me leia la mente, porque empezo a hacerle un sexo oral terrible donde a ella por momentos se le iba la voz pero se contenia, llego un punto donde podía ver a mi señora con una mano atendiendo mi llamada y con la otra apretando la cabeza de su amante contra su clítoris. Me despedí de pronto y pude ver como mi novia le acababa en toda la cara a Roberto gritando de placer. Después los dejé coger tranquilos hasta que acabaron de vuelta los dos, pero ese fue el único grito a pleno pulmón que escuchó su amante, los demás, simples gritos contenidos. Él se vistió y se fue, mi pareja se bañó y al salir me envió un mensaje súper cariñoso y tierno. Abrí la aplicación de monitoreo donde le contaba a Clara con lujo de detalles lo que había pasado y lo caliente que la había puesto la situación, que no sabe cómo no me dí cuenta de lo que pasaba. Clara contestó “Y cuando se va a dar cuenta de algo ese boludo”, increíblemente ese comentario no me molestó para nada. Apague todos los dispositivos y me fui a dormir con una sonrisa al ver mi morbo satisfecho… por ahora.

  • Mi novia paga con su cuerpo el tatuaje que me regaló (I)

    Mi novia paga con su cuerpo el tatuaje que me regaló (I)

    Mi novia siempre ha sido excelente negociadora, aprovecha sus atributos para conseguir lo que quiere tanto para ella como para los demás.

    Cara de niña, 1.67, tetas medianas con lindos pezones marrones, un buen culo, una boca que siempre pinta de rojo y unas piernas que siempre trata de cubrir con medias negras.

    La semana previa al Día de los Enamorados volvió a surgir la idea de tatuarme, pero realmente no tenía el dinero y prefería gastarlos en otra cosa.

    Una tarde mi novia me escribió: – el tatuador pregunta por el tatuaje, ¿que si quieres hacértelo?-, yo le dije que sí pero que no tenía dinero y ella solo respondió: – yo me encargo-.

    El tatuador era de su confianza, ella ya se había hecho dos tatuajes con él y a veces chateaban por Whatsapp sobre bocetos e ideas.

    Por eso intuí que mi novia se estaba aprovechando de su amistad o tal vez le pediría un 2×1, negociando con cualquier detalle, por eso entre juego y serio le pregunté: – ¿qué le estarás ofreciendo?- ella se limitó a responder de manera socarrona: -¿quieres el tatuaje?, bueno no te quejes.

    Confieso que mi imaginación voló y pensé que le habría ofrecido fotos desnuda de las muchas que tiene o algo así, por lo que me encantó la idea de tatuarme.

    Llegamos al sitio y no noté nada raro entre el tatuador y mi novia, que solo como algo fuera de lo común se había puesto una falda corta de jean y medias negras con toques de calavera.

    El tatuador comenzó su trabajo, enfocado en hacer su arte mientras mi novia comenzaba a conversar animadamente con otro de los tatuadores que estaba libre.

    A la media hora, mi novia me dice: – voy al taller de arriba para ver unos diseños nuevos -. Subió ella primero y como mi camilla estaba justo debajo de las escaleras, pude ver que las medias tenían un hueco justo en la entrada de su concha y no tenía ropa interior, así que tenía su vagina reluciente y dispuesta a lo que fuera.

    Seguí enfocado en el tatuaje, pero ya se me estaba marcando un pequeño bulto imaginando qué estaba haciendo mi novia arriba.

    A los diez minutos escuché que me llamaban, miré arriba y fue una escena que hizo que me olvidara del dolor de la aguja.

    Mi novia estaba apoyada del pasamano de la escalera, de tal forma que yo la veía completa.

    Tenía la falda en los tobillos, no tenía franela y sus tetas estaban fuera del brassier. Asumo que el pene que veía que desde atrás entraba y salía de su concha era el del tatuador que subió con ella.

    Me lanzaba besos, se tocaba el clítoris y se abría más los labios de la concha, podía ver perfectamente cómo la penetraban. Unas grandes manos tatuadas le agarraban las tetas, le pellizcaban los pezones mientras ella echaba todo el cuerpo hacia atrás esperando una mejor cogida.

    Mientras la penetraban me miraba directo a los ojos, así que entre silencio y murmullo le dije, – bajen para ver mejor-.

    Mi tatuador como que escuchó, se detuvo un momento y fue a cerrar la puerta del local y colocar el aviso de cerrado.

    Mi novia bajó contoneando su cuerpo, la cara interna de sus muslos se veía reluciente de flujos y más atrás venía el tatuador con un pene morcillón y más grande que el mío.

    Mi novia terminó de desnudarse, le hizo señas al tatuador para que se tirara en la camilla y así, sin más ni más, se puso arriba de él para cabalgarlo.

    – ¿te duele papi?, me preguntó mientras se la cogían. Yo no respondía. – mira como me lo cojo y pago por tu tatuaje-, me decía mientras movía sus caderas en círculos y se acostaba sobre el tatuador para meterle las tetas en la boca.

    Luego le agarró las manos y se las puso en sus nalgas, – agarrame el culo, anda-.

    En esa posición mi novia se veía demasiado apetecible. Moviendo sus caderas, sus tetas en la boca del tatuador, su culo abierto y una mirada de putica.

    Mi tatuador aunque estaba enfocado en su trabajo, me dijo: – tu novia tenía ganas de que te tatuaras-, yo solo me reí y ya excitado le comenté: – sino estuviéramos en estas, ella encantada de que probáramos ese culo.

    El tatuaje ya estaba casi listo, el tatuador comenzó a jadear y mi novia se bajó de la camilla.

    Comenzó a masturbarlo hasta que un chorro de leche le llenó las manos, el cabello y un poco la cara.

    La aguja se detuvo, mi novia miró el tatuaje y con una sonrisa pícara, habló: – el tatuaje quedó lindo, está terminado. Pero hay algo que aún necesita acabar-.

    Mi tatuador mientras recogía sus implementos, le devolvió la sonrisa.

    – la tienda sigue cerrada-.

  • La peluquería canina

    La peluquería canina

    Por varios años tuve de mascota a Nieves, una perrita mestiza con pelos algo largos de color blanco, con lo cual cada tanto debía llevarla a una peluquería canina para mantener su limpieza. Con una de mis tantas mudanzas en pocos años, pasé a estar lejos del peluquero de confianza y tuve que buscar una nueva alternativa más cercana a la nueva zona de residencia.

    Por recomendaciones de amigos en común llegué hasta el local de Viviana, previo a acordar una cita telefónica. Al llegar me recibió una hermosa mujer madura muy simpática y amable. De estatura media, cabellera blonda ondulada y un cuerpo muy armónico, que dejaba en evidencia afición al fitness. Tetas pequeñas, pero acorde a su cuerpo y caderas anchas que remataban en un portentoso culo. Luego de las conversaciones de rigor y mis pocas disimuladas miradas a su escote, recibió a mi mascota y dijo que me llamaría cuando esté lista. Al cabo de un par de horas, el largo y color de pelo de la perrita había vuelto a su mejor condición, quedando satisfecho con el resultado y el trato, pasando a ser clientes asiduos.

    A medida que nos íbamos con Viviana viendo empezamos a tomar confianza y charlar de otros temas además de mascotas. De a poco fui avanzando en mis comentarios sobre sus atributos físicos y atuendos de trabajo, los cuales eran bien recibidos y de alguna manera alentaban a dar un paso más en cada nueva visita a la pelu.

    Hasta que llegó una ocasión donde fuimos recibidos por un beso a cada uno por Vivi recién salida de la ducha, cabellos húmedos, olor a jabón y perfume, enfundada en una chaquetilla blanca corta, con calzas largas negras que dejaban en evidencia sus prominentes caderas y ese culo grande y firme, además de sugerir un bronceado impecable en la zona del escote. Tal inesperado escenario hizo que una incómoda erección fuera poco disimulada por mi pantalón corto y slip. No estaba preparado para la situación, pero no hice mucho esfuerzo por ocultarla. Ella se percató al relojear mi paquete, sonrió y me invitó a retirarme, para volver a la señal de aviso.

    Me fui a un parque cercano a caminar para hacer tiempo. En todo momento, podía sentir su perfume y pensar en su orto. Iba elucubrando alguna estrategia ocurrente para poder dar un paso firme y contundente cuando volviera a verla. Las horas pasaron, la espera se hizo larga y mis ganas se fueron diluyendo por la incertidumbre y las ganas de no meter la pata.

    Cuando recibí su llamado para pasar a buscar a la perra, caminé lentamente las cuadras que separaban el parque de la peluquería, intentando borrar mis pensamientos libidinosos. Pero deseaba ese culo intensamente.

    Toqué el timbre al llegar y con una sonrisa me invito a pasar mientras buscaba a Nieves. Cuando se agachó a alzarla en brazos dejo expuesta su cola al levantarse la chaquetilla e instantáneamente mis bajos instintos se activaron: “qué buen orto tenés Vivi”, dije con firmeza. Ella, lejos de sorprenderse con el piropo, soltó lascivamente: “¿te gusta?”. De inmediato la tomé por sus caderas, le apoyé mi dotación y dije “sí, mucho”. En ese momento se tornó todo borroso y enérgico: besos, lenguas, mis qué manos recorrían desesperadamente sus curvas apretando sus caderas y pegándola a mi cuerpo. Ella se arrodilló y bajó mi pantalón corto junto al calzoncillo dejando mi pene apuntando al techo con una generosa gota saliendo por su ojo, que saboreó al sacarla con la punta de la lengua. Su arte oral era fantástico, recorriendo el largo de la pija con su lengua, dando chupadas a los huevos hasta hacerlos desaparecer dentro de su boca. En su tercer intento de garganta profunda deglutió mi verga mientras chocaba su nariz en mi vientre y mis bolas en su barbilla. Con tono perverso me dijo “cogeme la boca” y empecé a bufar como un toro mientras le taladraba la garganta e hilos de baba salían de su boca. La tomé del pelo con la idea de hacer que se sofoque a lo que accedió poniendo su mano en la mía y ejerciendo presión sobre su cabeza.

    En esa posición podía apreciar la redondez de su cola y sin filtros espeté “quiero romperte el culo”. La hice parar, la giré violentamente y de un tirón bajé su calza. No llevaba ropa interior, quedando su culo gordo todo expuesto. Abrí con ambas manos sus nalgas y apunté mi pija baboseada sin piedad a la escarapela, ensartándola de un solo movimiento rápido y preciso. Ella soltó un grito ahogado de dolor, casi un llanto, para luego de unos minutos convertirse en un jadeo de placer y lujuria. En esa posición de parados perforé su agujero hasta que mis ganas de correrme entraban en su punto de no retorno. “Voy a acabar”, dije. “Acabá en mi boca”, retrucó. Rápidamente quedó nuevamente de rodillas y succionó mi pene hasta sacarle la última gota de semen, saboreando con su lengua por sobre sus labios el primer lechazo, que había quedado como una suerte de bigote lácteo.

    Luego me condujo con su mano jalando de mi pija hasta el baño, lavándola con agua tibia y jabón junto a los huevos. Como seguía semi parada la chupó por un buen rato hasta que se percató que debía comenzar con el baño de un pequeño Schauzer que, junto a mi perrita, habían sido testigos de toda la escena.

    Debí retirarme, pero ya iba pensando en el próximo turno a la peluquería canina…