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  • Experiencia sexual de dos amigas en un club

    Experiencia sexual de dos amigas en un club

    Mi nombre es Micaela y me gustaría contarles una experiencia que viví junto a una amiga cuando ambas teníamos 18 años.

    Durante las vacaciones de verano de ese año ambas íbamos a un club a pasar la tarde ya que este contaba entre sus instalaciones con ciertas piscinas públicas abiertas para todo el mundo. Allí nosotras nos hicimos amigas de uno de los cuidadores/seguridad del lugar y no porque nosotras lo quisiéramos sino que fue porque este hombre se nos acercaba a hablarnos siempre que nos veía tomando un poco de sol cerca de una de las piscina. Así fue digamos como nosotras iniciamos una relación con este guardia.

    Él tenía un inconveniente cada vez que se acercaba a nosotras, no podía quedarse mucho tiempo conversando ya que como estaba de guardia debía ir a recorrer todo el lugar para ver que no suceda nada así que nos invitaba a que lo acompañemos en su recorrido y nosotras lo hacíamos. Debido a eso pudimos entrar en ciertos lugares a lo cuales no podíamos acceder y eso a nosotras nos encantaba porque por primera vez en nuestra vida estábamos haciendo algo incorrecto y eso nos llenaba de emoción y de algarabía.

    Un día este guardia nos hizo entrar a la cancha de basket y junto con el nos pusimos a tirar un par de pelotas al aro, luego de eso nos llevó al vestuario local y allí nos quedamos por un buen rato. Ahí hicimos un par de locuras como por ejemplo besarnos entre nosotras y lo hicimos porque el nos incitó a hacerlo y nos pareció divertido hacer aquello. Además, luego nos dimos unos besos con el pero ni esto ni besarnos entre nosotras fue lo más fuerte que hicimos en ese momento ya que le practicamos sexo oral a nuestro amigo.

    Después de besarnos entre nosotros tuvo la idea de que nosotras le practiquemos sexo oral así que se bajo el cierre del pantalón y del saco su poronga. Entonces nosotras estando en un estado de exaltación y de algarabía nos agachamos y desde ambos lados le empezamos a besar conjuntamente todo el tronco hasta llegar a la punta. Allí yo empecé a tragar primero, luego dejé que ella lo haga, después me tocó nuevamente a mi y así estuvimos por varios minutos tragando y lamiendo. Cuando el consideró acabar nos coloco a las dos juntas y nos eyaculo sobre nuestro cuerpo.

    Al día siguiente nos volvió a meter allí, en el vestuario de la cancha de basket que se encontraba cerrada al público y lo primero que hicimos estando allí dentro, solos y lejos de la gente fue besarnos entre nosotros porque así lo quiso el ya que nos agarro a las dos y busco nuestras bocas apenas haber entrado. Entonces se besaba primero con una, luego con la otra y así estuvimos por un ratito hasta que decidió que se la volvamos a chupar, por lo tanto, nos volvimos a agachar y entre las dos le empezamos a lamer la poronga. Esto luego prosiguió de otra manera muy distinta a la del día anterior.

    El había traído preservativos por lo cual quería garcharnos así que luego de la mamada que le practicamos nos hizo poner en cuatro patas sobre la banca de madera y lo primero que hizo al ponernos en esa posición fue chuparnos el culo y el coño para dejarlo mojadito y lubricadito. Entonces luego de hacer eso se subia a la banqueta, colocaba su pene en la entrada de nuestras cuevas y empezaba a darle. A ambas nos tomó de la cintura para embestirnos pero había momentos en los que se emocionaba y nos terminaba agarrando del cabello. Así estuvimos un rato hasta que nos volvió a juntar y a eyacularnos nuevamente sobre nuestro cuerpo.

    Los siguientes días fueron más calmados ya que lo único que hacíamos era practicarle sexo oral pero un día volvimos a tener acción y de la buena ya que el le había contado a su compañero las cosas que hacíamos así que luego de haber terminado sus turnos nos llevaron allí y digamos que nos hicieron de todo. Primero nos despojaron de nuestras bikinis así que nos dejaron desnudas, entonces nos empezaron a meter mano por todo nuestro cuerpo tocando e introduciendo sus dedos por nuestros orificios. Luego ambas se las chupamos a los dos por igual ya que nos intercambiaron en un momento. Después de eso nos follaron primero de pie, luego sobre la banqueta y por último tirados en el piso con nosotras brincando. Esa faena sexual terminó con ellos eyaculando sobre nuestros rostros.

    Así fue como nosotras dos pasamos nuestras vacaciones de verano.

  • Las malas compañías

    Las malas compañías

    Tuve un amigo, aseador de calzado, que tenía un local en una calle que es “eje vial”. Él trabajaba allí desde que en esa avenida aún había trolebuses. El local era amplio, en una de las paredes laterales estaba una tarima alta con dos plazas de asientos, en la parte baja estaban los metales donde se descansaban los pies, de tal manera que se podía trabajar dando lustre sin tener que encorvarse. A la entrada estaba un aparador vertical que contenía golosinas y otras vituallas que vendían allí, pero que servía para ocultar a los clientes y saber si alguien entraba.

    Yo me bajaba cerca de su local cuando tenía tiempo, para darle brillo a mi calzado y ver las revistas de cómics, las cuales seguía viendo después de que él terminaba su trabajo. A veces, cuando no había clientes, dada la hora cercana a la comida, me pasaba revistas porno y me calentaba viéndolas.

    –Ya no te voy a prestar mis revistas –me decía viendo el monte que formaba mi verga en el pantalón–, por lo visto no tienes cómo descargar tanta energía –decía moviéndome el paquetito vigorosamente, cosa que la primera vez me sacó de onda, pero me agradó la forma en que me tallaba.

    –¡¿Qué te pasa?! –pregunté como reclamo, pero abrí las piernas para que moviera su mano con más facilidad, y sonreí poniendo una cara cachonda pidiendo más–. ¿Y tú sí tienes con quién descargarte? De seguro para eso usas las revistas… –dije, moviendo la que yo traía en la mano, al mismo ritmo con el que él me acariciaba.

    –No, ya no tengo –contestó poniendo la cara triste, volviendo la vista a su tarea con mi calzado.

    –¿No estás casado? –pregunté consternado por su gesto de tristeza.

    –Sí, pero ya corrí de la casa a la puta de mi mujer –señaló haciendo una mueca de desagrado.

    Ya no pregunté más, pero me mostró una foto de su esposa y él en un balneario. Aquí estuvimos en el “Casino de la Selva”, en Cuernavaca. Imagínatela sin el traje de baño, mi esposa está mejor que cualquiera de las viejas que tiene esa revista, dijo poniendo la fotografía en mis manos, refiriéndose a la revista que yo veía. Sí, la figura morena claro y de melena negra de su mujer, con tetas y nalgas queriendo derramarse del biquini, superaba a las chicas porno deslavadas y sin grasa que se empalaban felices en las fotos de la revista.

    Empezó a relatarme lo que hacía poco le había sucedido: Llevaba un par de años de casado, cogiendo todos los días: al despertar, antes de venirme a trabajar; a mediodía antes de comer; y en la noche cuando volvía a llegar a casa. Un día ella me dijo que su hermano había llegado de su pueblo y que si le podíamos recibir en casa mientras él encontraba trabajo. Yo le dije que sí.

    Poco a poco cogíamos menos para no hacer tanto ruido. Prácticamente, sólo podía echarme el palo del medio día sin la presencia de mi cuñado. Después, también me lo encontraba a esa hora. Un día el vecino del departamento contiguo me dijo que a él le parecía que el hermano era yo, pues escuchaba mucho ajetreo durante el día. Me encabroné y de inmediato me puse de acuerdo con el vecino para que, al día siguiente, al salir de la casa, en lugar de venirme al trabajo, me metería al departamento del vecino. No tardamos mucho en escuchar los rechinidos de la cama y los gemidos de placer. Salí hecho una furia de la casa del vecino, pero éste me detuvo y me dijo “tranquilo” y entramos despacio a mi casa donde nos los encontramos en pleno “clinch”. Ellos no nos vieron y nos ocultamos bajo la mesa.

    El garañón estaba bien dotado, al menos el aparato era un poco más grande que el mío, huevos incluidos. Le amasaba las chiches a mi esposa, que lo cabalgaba y se veía cómo rodaban sus ovoides bajo las nalgas de mi vieja cada vez que ella llegaba a metérsela completa. Mi mujer gemía y pedía con voz cachonda que le mamara las tetas. Aunque ya se me había parado la verga por la escena, pudo más mi enojo y me le fui encima al “cuñado”, quien salió casi encuerado de la casa, con sus ropas en la mano y mi esposa me detuvo para no perseguirlo y mi vecino la ayudó. Le exigí que se largara de la casa antes de que le pusiera yo la mano encima. Se vistió con prisa y salió. Mi vecino, que también estaba con la verga parada y con el pantalón mojado, me sentó en la cama para que me calmara y se despidió.

    Días después, cuando tendí la cama, me acordé que debería darle vuelta al colchón y al levantarlo descubrí que había mucho papel higiénico usado por ella para limpiarse las venidas que le dejaba “mi cuñado”, el olor me puso el pene paradísimo, se me levantó como resorte al recordar las ricas cogidas que le dieron; me hinqué poniendo la cara encima de los papeles y me hice una riquísima chaqueta oliendo el amor que guardaban. Al terminar, los guardé y durante algunos meses los usé para jalarme la verga, oliéndolos y recordándola a ella.

    Continuó su trabajo, limpiándose las lágrimas que se escapaban de su triste recuerdo.

    –¿Ya no la volviste a ver? –pregunté extasiándome en la sonrisa de su esposa que exhibía en la fotografía.

    –Sí, me la encontré hace un mes y me pidió que volviéramos, “Ya no tengo hermanos”, me dijo cínicamente –me explicó quitándome la foto de las manos –. ¡Listo, ya terminé!

    Me bajé del asiento, le pagué y me despedí dándole unas palmadas en la espalda, mientras él veía la foto.

    La siguiente vez que volví al local, me senté para que hiciera su trabajo.

    –¿Quieres leer cómics o ver revistas calientes? –me preguntó.

    –Revistas, pero también ver la foto de tu ex –contesté.

    –¡Qué cabrón eres! –me dijo acariciándome el pene sobre el pantalón y yo abrí las piernas para que lo hiciera con libertad.

    Sin dejar de mover la mano sobre mi ropa, sacó la foto de su exmujer de la bolsa de su camisa y me la dio. Me apachurraba con delicadeza mis huevos mientras yo me solazaba con esa sonrisa. Me bajó la cremallera y yo quise quitarle la mano.

    –Tranquilo, te va a gustar –me dijo y puso dos fotos polaroid en mis manos. ¡Era su mujer completamente encuerada!

    Él siguió en lo suyo y me comenzó a mamar la verga y yo imaginaba que era la puta de la foto. Me vine en su boca quedando flácido mi pene, el cual limpió muy bien y me la volvió a guardar para ponerse a trabajar.

    Un día que llegué, él atendía a una mujer, la cual traía una falda corta, pero eventualmente abría las piernas dándole una buena vista al bolero. “Siéntate, ahorita te atiendo”, dijo dándome unas revistas de cómics. Yo tomé asiento justamente frente a ellos, distrayéndome frecuentemente de mi lectura. Cuando ella se fue, se despidió de él dándole un beso en la mejilla y a mí una sonrisa con un ademán de despedida. “¿Tu nueva conquista?”, pregunté cuando ella salió. Me dijo que era una de las putillas del barrio y su cliente desde hacía meses. Por eso le gustaba a ella “dar cinito” abriendo las piernas, para ver si conseguía clientes.

    –Ya me cansé y tengo que ir a comer algo a casa, ¡quieres acompañarme? –me dijo y entreví su intención, la cual acepté pues la putilla me puso caliente.

    Caminamos unas cuadras y entramos a una vecindad con viviendas de uno o dos cuartos, separados con paredes de mampostería y techos de lámina. Ahora entendía por qué el vecino estaba al tanto de lo que pasaba en la vivienda de al lado. Adentro, abrió el refrigerador y sacó unas cervezas, las tomamos con calma. Saco las fotos de su exesposa y me las dio. Ocurrió lo mismo: me acarició, pero esta vez me quitó el pantalón y la trusa para que gozara mejor de sus caricias. Al rato nos desnudamos y nos colocamos en un 69. Yo dejé las fotos a un lado y me dediqué a atender aquel gran trozo de carne y lamer los huevos, que sólo podía meter uno a la vez en la boca, en cambio él jugaba con los dos míos revolviéndolos con su lengua. Seguimos mamando hasta venirnos.

    –¿Quieres sentirme adentro de ti? –preguntó blandiendo ostensiblemente su instrumento que volvió a crecer.

    Yo me negué, pero se me antojó volvérselo a chupar y lo hice. Me sujetó de la cabeza sin importarle mis quejas y me folló hasta que derramó directamente en mi garganta su leche. “Eres un salvaje”, le dije cuando terminé de toser, mientras él se carcajeaba. Me vestí y me fui enojado. No lo volvía ver.

  • Bien puta, muy puta

    Bien puta, muy puta

    Llegaste del aeropuerto, allí, de pie frente a la explanada… Llegamos en auto, un chofer, mi marido, deseoso de ver cumplir su fantasía, y vos a sabiendas de cumplir mis realidades.

    Me veías amparada por vidrios polarizados, abrazada por un vestido lleno de botones, encaprichados para hacerte volver loco, estaba yo, bien puta.

    Me pediste medias y unas bragas color borgoña, y que tenga rasurada la vulva, porque querías hundirte completo casi buceando en ella, me pediste que llevara gel de gusto a fresa, y que los pezones se escapen en ese escote que guarda lo más preciado, un buen par de tetas, pretenciosas de leche y saliva.

    Mi culo blanco, abierto, latente esperando ver como chocan tus huevos contra mi conchita…

    Entras en el auto, mi aroma a hembra caliente supera mi esencia de rosas, mi marido en silencio mira por el espejo retrovisor, su respiración se confunde con la música de jazz, todo huele a Francia cuando entras a ese habitáculo preparado para el goce, cruzo las piernas, en señal de lo que tenés que conquistar, y se cierra la puerta…

    Nos dirigimos a un lugar apartado de los ojos del mundo, donde puedo ser una bestia ardiente insaciable…

    Te pido que no te quites la ropa, y que me toques suave, deseo ser manoseada y que me hagas pedir pija por todos lados.

    En menos de dos minutos tu lengua absorbe mis pezones y noto mi humedad intensa y muy palpable, mi marido filma, su lengua moja sus labios, él sabe que en cualquier momento se sumará…

    Te toco la verga, dura grande como me prometiste, con una cabeza contundente.

    La saco de tu pantalón y la recorro con mis manos, nos acomodamos y no tardo en chuparte la pija entera, mi garganta es cogida y tocó tus huevos peludos, como me gusta a mí…

    Le muestro a mi marido como chupo pija mientras él me masturba y gimen los dos, yo exhalo pedidos suaves como, cojamos los tres, hagan de mí su gran puta, y mi marido pasa para atrás.

    Necesitaba las dos porongas adentro y besarlos a los dos mientras en el galope ustedes sentían como los huevos de ambos se juntan.

    Mi melena los cubre, lamen mis tetas, todo es goce. Saben que quiero la leche en mi boca y que derrame en mis tetas.

    Los pongo de rodilla y sobre los asientos chupo y chupo, que hermoso es verlos, cambiamos y ahora el culo me lo haces vos… Está tan linda que mientras me coges el me da lechita… No das más y siento la explosión de tu verga en mi culo… nos reímos

    Puta

    Muy

    Puta

  • Con la Hostess

    Con la Hostess

    Conversando con un amigo recordé cuando me acosté con su hermana, es bien sabido que con la posición de músico uno tiene muchos privilegios. Entre ellos está el conocer al personal de los eventos, entre ballet Parking, meseros, más músicos, hostes etc. Mi amigo era el encargado del estacionamiento y llevo a una de sus hermanas que básicamente no hacía mucho de su vida. La niña era particularmente hermosa, 19 años, no era flaca como acostumbraba pero tampoco obesa. Era de mediana estatura y caderas bastante deseables. Si trasero era si mejor atributo y sus pechos, pequeños pero redondos acordé a su edad. Piel blanca como la nieve, labios rosas naturales al igual que su vagina y pezones café claro. Un poco llenita pero sin verse gorda. Salimos un par de veces, me moria por meterme en su cama y es que en nuestras múltiples salidas, solía besarme apasionadamente. Habitualmente ebrios. La primera ocasión ocurrió en su casa. Llegamos de tomar y nos quedamos solos en su sala. De párpados caídos; como si siempre estuviera ebria y ojos con ojeras como si nunca durmiera se acercó a mi. Platicamos y nos confesábamos que nos gustábamos.

    -si tanto te gusto porque no me besas?

    La tome de la cintura y la acerque un poco a mi, roce mis labios con los de ella y comencé a besarla sutilmente. Mi pene aún lo recuerda, pues cada que viene a mi mente ese beso se pone justo como ese día. El sabor entre alcohol, tabaco si saliva y la mía se mezclaban, tome con mi mano derecha su cabeza y con la izquierda su cadera para pegarla a mi pelvis. Ella me abrazo por el cuello mientras el beso era más intenso. Nuestras lenguas se juntaban y mi pené sobresalía del pantalón para rozarse con el suyo. Las lenguas jugueteaban mientras ella comenzaba a sentir mi pene, entonces bajo su mano lentamente por mi pecho, pasó por el estómago y llego a mi pene.

    ”¿tanto te gusto?”

    Yo seguí besándola, pase de la boca a sus orejas y de allí al cuello mientras ella me acariciaba el pene por encima del pantalón. Mis labios llegaron hasta sus pecho, con mi mano derecha fui abriéndome pasó entre el bra y la blusa y comencé a bajar la lengua por su pecho derecho, sentí su pezon como comenzaba a levantarse mientras con mi mano izquierda tallaba suavemente su vagina por encima de su pantalón. Estaba excitado pero no tanto cuando simplemente me aparto de ella.

    -Es todo, nos vemos luego.

    Salí de su casa algo sorprendido, era increíble como una niña tan hermosa pudiera ser así. Limitar sus sentimientos y emociones y simplemente salir como si nada y decir es todo!

    Salimos un par de veces más; yo quería establecerme. Ya sabes! Dejar esa vida de ir de cama en cama y quedarme con ella, pero parecía que ella tenía otros planes más elaborados en su vida como beber y salir y conocer muchas personas. Una de las ocasiones llamó a mi teléfono, estaba reunida con los compañeros de trabajo y bebiendo. Parecía que se había aburrido y me llamo solo para demostrarles que iría por ella sin importar que fueran las 3 de la mañana. Así lo hice, parecía que estaba loco y embrujado por ella, su piel blanca, labios rosas y hermoso cuerpo me hacían salir corriendo cuando ella dispusiera de mi. La recogí, pasamos unas cervezas y algo de vino y botanas y terminamos en mi alcoba. Comenzamos a jugar Xbox mientras platicábamos, no podía entender porque estaba conmigo esa noche pero no quería dejarla ir. Dejamos de jugar y le pedí que nos besáramos, ella no quería. Comencé con la vieja técnica de sexo por compasión y en una pequeña discusión ella se puso de pie, yo estaba sentado en una silla. Se paró frente a mi y me dijo.

    -¡ya, no te enojes!

    Me puse de pie y comencé a besarla, llevaba un pantalón de vestir negro, una blusa blanca y su bra color blanco también. Puse mi mano en su cintura y la pegué a mi, desabroche su pantalón el cual calló inmediatamente al piso, sus pantaletas negras hacían juego la blusa. Desabotone poco a poco su blusa mientras la besaba para después alejarme un poco y poder abrirla. Por fin podía ver sus hermosos pechos cubiertos por el bra. Me acérquese nuevo, bese su hombro derecho y comencé a lamer su cuello, ella cerraba sus ojos mientras yo pegaba mi pantalón a sus pantaletas. Ella solo me abrazaba mientras lamía su cuello y desabrochaba el bra. Cuando lo logre, lo levante del lado derecho para poder quitarlo. No quería mirar y excitarme más.

    -¡si no tienes condón, no lo haremos!

    Tenía un condón, lo busque, lo saque y me quite la ropa lo más rápido posible. Mi pene estaba listo, cuando volteé ella estaba ya recostada en la cama, cerveza en mano pechos desnudos y las piernas una haciendo un triángulo y la otra recta completamente.

    Me acerqué y retiré su pantaleta, iba a comenzar a hacerle un oral cuando me dijo:

    -no me gusta que me hagan orales, y si me lo haces no me besas otra vez.

    Era evidente que tenía que obedecer, su vagina era cafe, afeitada y parecía que ella había planeado eso. Acerque mi pene a su vagina, lo roce contra ella esperando que estuviera húmeda. Ella estaba más que húmeda y dispuesta. Metí mi pene y comencé a cogerla. Me acerqué para besarla, comencé a hacerlo suavemente, mordisqueando sus labios rosas mientras ella salivaba y yo me bebía su saliva.

    Después de eso, comencé a besar su oreja, jugaba con ella y ella simplemente en cada ocasión que me movía para besar otra parte seguía bebiendo. Fue cuestión de bajar a sus pechos. Comencé a morder sus pezones y lamerlos. Eran redondos, perfectos. Color café en los pezones y blancos como la nieve. Apreté uno con una mano, mientras arremetía contra ella. En ese momento, ella tiró la botella de cerveza y comenzó a gemir. La jale de su cadera un poco más abajo de la cama y levante sus piernas hasta sus hombros. Saque mi pene de su vagina y la escupí. Limpié mi saliva con el pene y lo volví a introducir. Ya había captado su atención y sus emociones. Comencé a cogerla duro, mientras la besaba. Sus piernas en mis hombros y yo mordiendo sus labios mientras arremetía contra ella. Me incorpore nuevamente para seguir cogiendola cada vez más fuerte. Mientras sus pechos iban y venían a tiempo que los mordía y les pegaba. Ella tomó una de sus manos y comentó a masturbarme mientras agarraba con la otra una de mis nalgas y me golpeaba. Estábamos tan excitados que sentí como se vino por primera vez. Pero yo seguía cogiendola. No pasó mucho para que me preguntara si iba a tardar en venirme. Yo quería disfrutarlo porque sabía que no habría una segunda vez y sobre todo porque me noria de ganas de no solo decir “me la chingue” sino que le gusto. Baje la intensidad y comencé a cogerla más despacio. Su rostro nuevamente se puso rojo y volví a cogerla duro sentía como se mojaba de nuevo y me escurría hasta los testiculos. De nuevo puso su mano en su vaina y comenzó a masturbarse. Esta vez dejo que yo terminara con ella mientras puso su mano en mi espalda y comenzó a arañarme, estaba roja, muy roja, si piel era básicamente una tela que cubría su sangre mientras yo simplemente seguía besándola. Me nalgueo de nuevo y sentí como iba a venirse. Era mi oportunidad así que le puse su mano en mi pecho. Ella arroyo mi tetilla, mientras yo seguía arremetiendo más duro con su otra mano me nalgueaba mientras me metía más y más hasta que por fin! Termino! Justo en ese momento metí tanto mi pene que al sentir cómo rociaba por dentro mi pene no aguante más y explote incluso el condón estuvo a punto de romperse, era semen que salí y salía mientras su mano arañó mi pecho y la otra apretaba mi nalga con tal fuerza que dejó su marca por un par de días. La bese nuevamente y ella se recostó. Apague la luz y dormimos lo que restaba de la noche.

    A la mañana siguiente, desperté con su trasero desnudó rozando mi pene, estaba sumamente mojada pero también muy dormida. Metí mi mano para sentirlo. Sabía que sería la última vez. Pero no tenía más condones. Limpié su vagina con mis dedos. Y lamí lo que saque. Era delicioso a pesar del sabor a látex. Acomode mi pene en su vagina húmeda y comencé a rozarla. Pensé que estaba despierta pero no. Después de tanto rozarla sentí su orificio vaginal y puse mi pene en la entrada. Metía poco, solo la punta hasta que ella por instinto se hizo hacia atrás y lo introduje por completo. Estaba dentro de ella, dormida y húmeda comenzó a cogerme ella sola. Yo no hice mucho esfuerzo hasta que se detuvo. Parece que se había despertado. Sorprendida, supongo de sentir que ya me la estaba cogiendo, dejo de moverse. Era muy tarde yo ya estaba dentro y muy excitado así que fui yo quien continuó.

    Miraba su trasero blanco, mientras ella en posición fetal se dejaba hacer lo que yo quisiera. Con una mano acariciaba y apretaba su pecho mientras con la acariciaba su suave trasero blanco. Arremetí contra ella un par de veces hasta que sentí como iba a venirse, me encaraba la sensación de no tener el condon porque sentía como por dentro apretaba para aguantar mientras yo apretaba mi pene para ponerlo muy muy duro sentí como se corrio por dentro y justo en ese momento me vine yo también. Fue tan mágico! Mi semen expulsando mientras sentía como ella también se venía. Dejamos de movernos mi pene estaba asta adentro de ella y cerré mis ojos y me dormir.

    Debieron pasar 20 minutos cuando se despertó, sentí como su trasero se despegaba de mi y se volteó. Me miro y me pregunto

    -Te viniste dentro?

    Que más da ahora respondí!

    Se puso encima de mi, tomo mis muñecas con sus manos, sus pechos redondos caían y tenerme sometido de esa manera comenzó a excitarme.

    -Te pregunté que si te viniste dentro!

    Mi pene ya estaba duro y ella al sentirlo me dijo

    -Tanto te gusto?

    Rozó un poco su vagina con mi pene, pensé que estaría reseco y no podría entrar pero ella ya estaba húmeda. Se introdujo mi pene y comenzó a cogerme. Lo hizo despacio al principio.

    -Te pregunte si…

    Decía meso y gemía, poco a poco soltó mis manos y me acercaba sus pequeños pechos para que los mordiera y así lo hice. Comenzó a cogerme más rápido mientras seguía repitiendo

    -Te estoy preguntando si…

    Dejo de preguntar y solo gemía mientras apretaba mi pecho y me cogia cada vez más rápido. Yo la levante un poco para comenzar a cogermela yo mientras ella estaba detenida. Sentí como se vendría y puse el pene tan duro. Ella se mojaba y escurría su miel hasta mis testiculos cuando sentí como apretó sus piernas, araño mi pecho y lo apretó fuertemente. Yo metí mi pené hasta el fondo, de hecho la levante un poco y sentí como termino al mismo tiempo que yo explotaba. Dejo de gemir pero apretó su labio como queriendo gritar. Su cuerpo de ser blanco ahora era completamente rojo y su labio parecía explotar. De pronto comenzó a moverse y a sacar mi pene de dentro de ella. Cuando estaba por salir por completo, frunció el ceño tristemente y se salió. Tomó su teléfono, pidió un taxi y antes de irse me dijo.

    -Sabes que no habrá nada como esto otra vez y lo cumplió, jamás la volví a ver.

  • La fiscal (2 y Final)

    La fiscal (2 y Final)

    Silvia no sabía con exactitud el tiempo que llevaba cautiva. Los días pasaban con constantes torturas y dolor, al que ya se había acostumbrado, y las noches era sodomizada por todo aquel que le apeteciera, las veces que quisiera. Lo que más le extrañaba, es que su vagina, salvo algún consolador o algún dedo, jamás la habían tocado. Las drogas que le suministraban le hacían excitarse al límite, incluso con las torturas más extremas, conseguía tener orgasmos, y eso, que físicamente, estaba agotada. Apenas dormía, y solo le daban aquella viscosa y dulce papilla, 2 veces al día, y agua. Debía haber perdido más de 5 kg. Una de las sesiones de tortura, había sido anillada en pezones y clítoris, con unas argollas fijas de generoso diámetro, que ahora usaban para fijar las pinzas de las descargas eléctricas, o para colgarle pesos. A veces pasaban días sin lavarla, y acumulaba restos de semen, sudor y orina, de varias sesiones. Estaba rota completamente, incluso se había ofrecido en varias ocasiones a hacer lo posible por desencarcelar a don Mateo, el capo, pero nadie le hacía caso.

    Este día, parecía especial. La llevaron a un cuarto de baño, donde la lavaron muy bien, incluso el agua no estaba fría, le repasaron la depilación, y desenredaron el pelo. Pudo verse en un espejo, se veía delgada, moratones y marcas de latigazos por todo el cuerpo, incluso alguna cicatriz en las tetas, de haberle apagado varias veces cigarrillos en ellas. Lo peor de todo, era que el roce continuo de los aros, en los pezones y el clítoris, la tenían excitada casi permanentemente. Este último se reflejaba rojo e hinchado, palpitante, como nunca jamás lo había sentido. Le pusieron la cadena al cuello, pasaron otra más fina uniendo los tres aros, sujeta al cuello también. Un dilatador anal, que fue introducido en su ano, terminaba en una fina cola, que le hacía parecer un animal. La mordaza, esta vez, tenía un dildo que le llenaba la boca, y la dosis que le inyectaban, parecía mayor que otras veces. Al momento, se sintió nublada, como en una nube, y la excitación fue en aumento. La condujeron tirando de la cadena, por primera vez, a un ascensor que los llevo a la tercera planta.

    El solo hecho de caminar, la ponía a tope, con el bamboleo de sus tetas, y el roce del anillo en el clítoris. Por su cara resbalaba ya bastante saliva, y por el interior de las piernas caía abundante flujo.

    En el cuarto, vio 5 siluetas al fondo, que no alcanzo a distinguir. Al a cercarse, vio con horror que era Don Mateo, el capo, Julián, el fiscal jefe, la hija de Don Mateo, El gordo y el Ruso

    Hola zorra, te alegras de verme? Dijo Don Mateo

    Silvia bajo la mirada, estaba atónita

    Don Mateo sonrió mientras se acercaba.

    Te han tratado bien, veo que si, jaja. Te sorprende verme? Tu jefe, Julián, ha hecho todo lo posible por sacarme, al saber que tu seria parte del premio. Has de saber, que tu carrera ha terminado. Circulan varios videos y cientos de fotos de lo puta que eres, se te van a rifar todos los que has encerrado, te auguro un futuro muy “ocupado”, jajaja. Pero primero, serás mía hasta que me canse. Prepararla! Ordenó.

    La llevaron al fondo de la habitación, donde el conocido potro había sido colocado.

    Una vez atada a él, Julián ya desnudo se acercó a su cara, le quito la mordaza tiro de su cabeza jalando por la coleta hacia atrás, y sin mediar palabra le introdujo su polla en la boca, hasta el fondo. Estaba bastante empalmado ya y tenía un miembro bastante considerable. Empezó a follarle la boca muy despacio y profundo. Silvia reprimía las arcadas, salivando muchísimo, lo que lubricaba mas la polla que cada vez llegaba más profundo en su garganta.

    Don Mario, miraba la escena mientras se desnudaba, ayudado por su hija, que también desnuda, luciendo un escultural cuerpo, se arrodillo a los pies de su padre, para chupar su polla y ponerla completamente tiesa. Se situaron tras Silvia, que sintió como alguien se abría paso en su vagina de golpe, hasta el fondo. Don Mario comenzó a follarla con dureza y rabia, sacándola casi entera para volver a metérsela de un solo golpe, pero Silvia cada vez mas excitada, gemía y movía el culo, pidiendo mas, mientras se afanaba en chupar la polla de su jefe golosamente. A don Mario no le complacía que estuviese disfrutando, por lo que saco la polla de ella y se puso un condón que unto con una crema de un bote que le alcanzo su hija. Esta a su vez, conecto unas pinzas en los aretes de los pezones, para comenzar el suplicio eléctrico una vez mas. Estas descargas dolían de veras, además patricia, mojo los pechos de Silvia con aceite para que la corriente pasase con mas facilidad. Sentía de nuevo la follada en su coño, pero una sensación de ardor empezó a invadirla desde las entrañas. La crema que se había puesto Don Mario, escocía como el mismo infierno, y unas lágrimas brotaron de sus ojos. Patricia, saco el dildo de su culo, para untarlo también de la crema y volvérselo a meter. El ardor era insoportable. La crema a base de extracto de jengibre, era súper irritante. Por primera vez en tiempo, el dolor y el ardor podían con el deseo y lujuria que le provocaba la droga.

    Pónselo en los pezones también, ordeno don Mario

    Patricia obedeció inmediatamente. La mezcla de corriente, con el ardor provocado, era insufrible. Las descargas aumentaban por momentos de intensidad.

    Julián, comenzó a jadear, y metió la polla en la boca hasta que los testículos le impedían casi respira, derramando una abundante carga de semen en el fondo de su garganta. Siguió allí un rato, que a Silvia se le antojo interminable. Pensaba que se iba a ahogar. Cuando por fin se retiró, tomo una gran bocanada de aire, pero el puesto de Julián lo ocupo Don Mateo, ya desprovisto del condón, que también se corrió abundantemente en la boca de Silvia.

    El escozor empezaba a ser soportable y nuevas sensaciones de placer inundaron el cuerpo de Silvia. Patricia saco el dildo anal y se lo metió en la vagina. En dos o tres movimientos Silvia se corrió como una loca, resoplando y jadeando.

    Veo que tenías razón, Patricia, la droga es mejor de lo que pensábamos, dijo Don Mario Ponme a tono otra vez hija, que me la voy a volver a follar

    Patricia obedeció de inmediato, postrándose de rodillas ante su padre, y tomando suavemente su pene con las manos, lo introdujo golosamente en la boca, comenzando a chuparlo y lamerlo con dedicación. El falo del hombre, enseguida se puso duro y venoso de nuevo. Los dos meses de prisión sin follar y la buena dosis de Viagra y coca que se habia tomado, hacían su efecto. Patricia coloco una correa de cuero en la base del pene de su padre, cuando lo tubo totalmente erecto, impidiendo que la sangre acumulada en el, volviese para atrás. Esto conseguiría tenerlo totalmente tieso, incluso después de que se volviese a correr.

    Se lo introdujo con fuerza a Silvia en la boca y se la estuvo follando un rato. Cuando se sintió satisfecho, la soltó bruscamente y se dirigió a su trasero diciendo:

    Quien sabe, zorra, igual te preño hoy y me das un bastardo, jaja

    La sola idea de quedarse embarazada de ese monstruo, la aterró

    De un súbito golpe, la polla de Don Mario irrumpió en el culo de Silvia, arrancándole un pequeño grito de dolor. El viejo estaba bien armado, y sabia usar su aparato, pensó.

    La enculó con violencia un rato, para luego alternar con su coño las embestidas. Esta vez estuvo follandole mas de 20 minutos sin parar. Silvia estaba completamente empapada y excitada, jadeante, lujuriosa.

    Te esta gustando eh puta? Dijo Don Mario

    Silvia presa de su estado exclamo:

    SIII! Follame así, duro, haz que me corra!!

    Las palabras que salieron de su boca, resonaron en su cerebro. Como podía estar tan entregada a su captor?

    Entre gruñidos el viejo empezó a correrse dentro del coño de Silvia, que al sentir la caliente descarga en su interior se corrió también salvajemente. Don Mario saco la polla de su coño, y volvió a follarle el culo, un buen rato, para volver a correrse de nuevo en su boca y cara, dejándosela toda impregnada de semen. Se la restregó por ella y acabo de limpiársela en el pelo. Su hija hizo el resto con la boca para dejarla completamente lista para otro ataque, y aun bastante empalmado.

    El Ruso, el gordo y Julián, volvieron a escena. La polla del ruso era aun mayor de lo que recordaba, la miro con los ojos abiertos como platos. Había crecido más de 8 cm de largo, y el diámetro era considerablemente mayor. Lo que Silvia no sabía, es que le estaban inyectando desde hacia tiempo unos esteroides de diseño, que hacían crecer absolutamente todos los músculos, y muy especialmente la polla.

    Se acerco para metérsela en la boca, y no le cogía. Silvia temía que le desencajara la mandíbula, y si al final entraba, corría el riesgo de ahogarse con ella. Aun así, el gigante consiguió meterle un buen trozo dentro de la boca, y empezó a moverse en ella. Julián y el gordo alternaron coño y culo para follarsela por turnos. Habían acordado que el ruso fuera el último por motivos obvios

    Don Mateo arrodillo a Patricia frente a la escena del potro, y comenzó a follarla a 4 patas, muy despacio, con ternura, disfrutando cada envite, y disfrutando viendo como era corrompida la zorra que le había metido entre rejas. Julián se corrió en el culo de Silvia y el gordo lo hizo en su coño, ya a disposición de todos desde el uso de Don Mateo.

    Cuando terminaron, el Ruso se dirigió a la parte trasera del potro. Empezó a meter poco a poco la polla en el coño de Silvia, abriéndolo al límite. No era capaz de meterla entera, pero aun así siguió forzando con rudeza. Silvia se sentía desgarrar por dentro. Consiguió meter un buen pedazo de carne y empezó a bombear con ritmo creciente. Silvia intentaba excitarse para lubricarse pero no lo conseguía, el Ruso la estaba destrozando.

    Basta, me duele, por favor gritó entre lágrimas para deleite de los espectadores.

    El ruso, la saco, para dirigirla a su culo

    NO; NO; NO! Me vas a romper!! Gritó

    Pero las suplicas y lágrimas de Silvia solo conseguían excitar mas al ruso, que entre los ánimos de los demás, empezó a taladrarle el culo.

    Acomodo los mas de 30 cm de polla dentro del recto de Silvia, que lloraba balbuceaba, medio rota del dolor. Cuando el ruso retiró mas de la mitad de su miembro, salió cubierto de restos de semen de los anteriores visitantes y bastante sangre de Silvia. La estaba desgarrando por dentro. Escupió sobre su polla y volvió a meterla hasta el fondo, con menos esfuerzo.

    Vamos, rompela, grito Don Mateo mientras se corría de nuevo, esta vez dentro de su hija

    El ruso comenzó un violento vaivén en el culo de Silvia, que prácticamente yacía sin conocimiento en el potro.

    Que no se desmaye, ponerle otra dosis, grito el gordo. Julián tomo una jeringa de una mesa, y se la inyecto en un brazo. Al minuto, Silvia empezó a jadear, y gritar de dolor, pero se estaba humedeciendo y excitando, aunque el dolor no se iba. El ruso termino de follarla después de 15 interminables minutos, corriéndose como un animal en el culo de Silvia. Saco la polla llena de sangre y se la metió en la boca para que se la limpiase. Silvia yacía exhausta y se dejaba manipular sin ninguna voluntad. La llevaron a un camastro y la ataron en cruz en el. Don Mateo, se acercó con un hierro al rojo, que enfrió sobre uno de los pechos de Diana, arrancándole un sonoro grito de dolor que resonó en toda la habitación. Inmediatamente, Patricia, hizo lo mismo con otro hierro en su cadera derecha.

    Acabas de ser marcada con mi sello, todo aquel que te vea, sabrá que me perteneces. Mientras Don Mario decía esto, Patricia sentó su depilado sexo en la cara de Silvia, que instintivamente, abrió la boca y saco la lengua para lamer el clítoris de la rubia. Esta aferro con fuerza su cabeza, hundiendo la cara de Silvia en su coño, que se afanaba en lamer y chupar. La joven tardo poco en correrse, dejando restos del semen de su padre y sus propios fluidos en el rostro de Silvia.

    Bueno putilla, esta noche satisfarás de nuevo a todo aquel de mi banda que lo desee. Si mañana sigues viva, espero que si, te dejaran en la cárcel de hombres de Poggioreale, donde tu querido Julián ha conseguido reunir a casi todos aquellos que has encerrado. Les daré suficiente droga para que te inyecten, y seas tu misma la que les pidas mas, hasta que te maten, o quizá, si tienes suerte se aburran de ti. Llevárosla, sentenció Don Mateo.

    La arrastraron hasta el cuarto de abajo, donde mas de 20 hombres, esperaban su trofeo. Antes de que la mitad ya se la hubieran follado por todos sus agujeros, perdió la consciencia.

    No sabe el tiempo que pasó sin sentido. Despertó muerta de frio, completamente desnuda y maniatada a la espalda. Alcanzo a ver la quemadura de su pecho, con una MD, símbolo de la Familia Maldini. El culo y el coño le dolían a horrores, y no la habían lavado después de ser usada sexualmente todo el día anterior y toda la noche. Tenía restos de lefa reseca por todas partes y su olor era nauseabundo. Una voz la trajo de vuelta a la realidad.

    Benvenutta a Napoli, Puttana

    Silvia levanto la cabeza, y horrorizada vio varios rostros conocidos, de delincuentes encarcelados por ella, entre mas de 40 hombres, con uniforme presidiario, y 4 guardias, que la miraban con lascivia y deseo.

    Cerró los ojos y se dejó llevar…

  • Me excitaron los de la basura

    Me excitaron los de la basura

    Hola me llamo Ivette, tengo 28 años y me siento de buen cuerpo ya que hago ejercicio,  tengo más o menos grande el pecho y la cadera, de cinturita chica, este es mi primer relato, no sé, que sea la verdad pero tengo ganas de contarlo; el pasado miércoles llegue de la calle, yo vivo n la CDMX, por av. del taller y retorno 19, en la planta baja del edificio, del ventanal se ve la calle y bueno tiene unas cortinas que se ve por el sol aunque no claramente pero si la silueta muy claramente definiendo quien está afuera y adentro.

    Ese día estaban los que recogen la basura en la calle, yo llegue y pase a un lado de ellos ya que estaban por mi ventanal, me silbaron ya que traía una falda ajustada a medio muslos que al caminar subía un poco más, bueno entre a la casa y me di cuenta de que se veían ellos afuera de la casa exactamente en el ventanal y volteaban adentro, ello me hiso sentirme húmeda y excitada, ya que desde que pase me gusto el silbido de ellos.

    No sé qué me dio que en la sala me empecé a quitar el vestido para cambiarme y ponerme más cómoda, comencé por desabrocharme la blusa, quedándome con el bra, después dando la espalda a la ventana como si ni me diera cuenta de lo que hacía, mis grandes nalgas y mis enormes pechos estaban afuera.

    Al voltear levemente, me di cuenta de que estaba dos hombres maduros mayores de 50 y uno joven como de 18, estaban afuera; al notarlo lo primero que pensé fue quitarme el bra, mis redondos pechos hasta revotaron con la prisa que me lo quité, camine unos minutos sin el bra por la sala como si no me vieran, limpie un mueble y meneaba el culo en cuanto requería hacerlo.

    Al estar así me quite mi diminuta tanga, para ello, los que estaban afuera y se agarraban su miembro, fue tan excitante y exquisito, seguía yo caminando por la sala y el comedor desnuda, ellos seguían agarrándosela, en una de esas me acerque a la ventana, ellos se escondieron a los lados y me voltee aun lado de los señores, agachándome y mostrando mi panchita que estaba súper húmeda.

    Al voltear de nuevo abrí la ventana de arriba para que entrara aire, eso con la intención que el aire meneara la cortina y se viera fácilmente adentro, ellos seguían en el ventanal, cuando fui a la cocina y regrese solo estaba los señores grandes, comencé a camina y mostrarme más.

    No vi al chico y ya no aguante más, me hacer que la ventana y ellos se escondieron, les dije ya los vi chicos, con timidez se asomaron y me saludaron, les dije:

    -Como están señores

    -Bien señora aquí viendo lo hermosa que es me dijo el mas canoso

    -Les gusta lo que han visto les mencioné

    -Claro señora, es hermosa y muy sabrosa, que les gusta más

    -El canoso dijo a mi las nalgas están de campeonato,

    -El otro dijo no sus chiches están para comerlas.

    -No gustan pasar, solo a ver no puedo hacer nada

    -Ellos dijeron que si inmediatamente

    Al entrar tocaron a mi puerta y traían los ojos sumamente abiertos, les dije siéntense, e inmediatamente lo hicieron, estaba súper húmeda, en ello les comente si querían que me pusiera algo y me desnudara para ellos y me dijeron que no, yo les comente sáquensela y mastúrbense conmigo, empezaron a jalársela, me decían si podía menear el culo y las tetas, no solo hice eso sino que me acerque a ellos y les dije, no sean tímidos pueden cocar mi nalgas y mis pechos, con manos temblorosas me tocaban ellos con desesperación, mientras en el ventanal veía el muchacho todo, en eso el canoso se para y me la enseña en todo su esplendor, y la verdad era enorme, mas grande que la de mi marido, lo único que pude hacer al tenerla cerca de mi ya que estaba yo agachada dejándome tocar el culo, fue metérmela a la boca, le diunas chupadas con desesperación, el tro me lamia mi cosita con su lengua, sentí tan rico, que llegue en ese momento, me enderecé y les comente que por el momento era todo ya que mi marido llegaría pronto, ellos se salieron y se fueron, la verdad fue lo más excitante que había hecho, ya que conocí a un amigo en el metro y fuimos a una sala porno, pero eso se los cuento después.

  • Humillando a mi sumiso con un invitado

    Humillando a mi sumiso con un invitado

    ¿Alguna vez habéis sentido ese “click” que os hace sentir que estáis en el lugar correcto, en el momento indicado y con la persona certera?

    Él, es esa sensación.

    No os voy a aburrir con una descripción física suya, ni mía. Sería haceros perder el tiempo y está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero dejad que os diga que me vuelve loca, de la cabeza a los pies.

    Ya os he dicho que es educado, inteligente y que se quiere a sí mismo. Ahora sabéis que físicamente…es todo Mío.

    Una de las cosas que más me gusta de la Dominación, de MI Dominación, es moldear al sumiso. Y es por eso que no me afecta si tan solo deseas iniciarte, si ya has probado pero necesitas confirmar, o si eres una puta bien entrenada, bien dispuesta (como era el caso de Mi hombre).

    De hecho… me produce una especie de morbo adicional esa educación anticipada a mi existencia, ese cúmulo de doctrinas y clichés que hacen que llegues a pensar que eres ejemplar, que estás «por encima» de todos esos pajilleros primerizos, porque puede ser verdad, claro… Pero también es un hecho que tendrás errores que alguien que no ha realizado una sola práctica en su vida no tiene.

    Hablamos un poco de los gustos y los límites de cada uno. Cualquiera que esté leyendo esto sabrá de qué hablo, pero lo matizaré por si acaso (y además así estaréis un poquito más cerca nuestra)…

    Yo ya le había dicho que me excitaba el CONTROL, la DOMINACIÓN. Crear ese estado mental de deseo constante, de obediencia, de entrega. Si nos vamos al juego sexual me gusta la humillación, la feminización, sodomización, pinzas, azotes (spanking), por supuesto control del orgasmo… Y él, mi futuro sumiso, tan solo deseaba servir, obedecer, ceder el control y la voluntad… y, según sus propias palabras llegar “al punto de hacer cosas que jamás pensaste llegar a hacer” (en aquel momento, tan solo unos días después de conocernos, no imaginaba a qué punto podría ceder su vida a mis manos). Obviamente abría la puerta a terceras personas, a prácticas con otro hombre, siendo mi chico totalmente heterosexual. Me había mencionado en alguna ocasión anterior que no era un límite, aunque sí algo que no le agradaba. De todas formas, estaría dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerme feliz.

    Creo firmemente en que la magia existe. No es solo un cuento de hadas… es real. Y empuja desde nuestro interior todo aquello que deseamos sentir.

    Yo no voy por la vida arrasando. No tengo una actitud altiva, no trato despectivamente A NADIE, ni obtengo mi placer golpeando, insultando o humillando a dolor; aunque no voy a negar que disfruto con estas prácticas. Pero como todo, creo que hay un momento preciso para ellas. No me gusta desvirtuar la feminización abusando de ella constantemente, y tampoco hago un uso excesivo de calificativos que, como sumiso que disfruta de la humillación, desea oír (te resuenan ahora mismo en la cabeza, verdad, preciosa?). En cuanto al dolor… lo disfruto unido al placer, como parte del juego, no como esa tortura salvaje de la que algunos gozan y que otros… sufren sin más. CONFÍO plenamente en el goce de lo sano.

    Llevamos más de 5 meses dedicándonos TODO el día (y alguna que otra noche). Somos nuestro primer y último pensamiento del día. Y todo ha sido de forma natural.

    En el momento en que fijé mi mirada sobre él, le dije que haríamos las cosas con calma, que no me gustan las prisas, que no me gustan los riesgos. Ahora os lo digo yo, pero podréis leerlo de él mismo… JAMÁS le exigí nada. Él solito ha ido avanzando paso a paso, encontrándose cómodo, dándome y ofreciéndome lo que él consideraba oportuno en cada momento. Y yo… yo seleccionaba aquellas cosas que más me interesaban a la hora de adiestrarle. Y creedme, ha avanzado muchísimo a día de hoy. Más de lo que yo misma creí posible en un inicio. Poco a poco me ha cedido el control, ofreciendo, pidiendo, insistiendo. Desea que el control sea absoluto, pero todos sabemos lo fácil que es hablar y ofrecer cuando no pensamos con claridad. Lo fácil que un “todo” se convierte en un “ah, no, eso no”… Por eso disfruto con cada negativa y cada vuelta al ruedo por su parte.

    Y aquí viene la pequeña historia de hoy… el juguete.

    Como ya os he mencionado en la cortita presentación anterior, mi chico estaba acostumbrado a ser el juguete de algunas Amas, ya fuera para un ménage à trois o para un uso y desahogo esporádico. Está acostumbrado a vivir la experiencia desde el lado del “juguete”… y es consciente de que conmigo, es el titular. Además, a lo largo de su vida ha vivido fundamentalmente una Dominación física, una entrega a lo “Sí, Señora” totalmente vacía. Palabras huecas. Y lo más importante… palabras que se dicen en ese momento en que la sangre no está en el cerebro, por lo que durarán lo mismo que la erección (y ni un minuto más). Lo mío ha sido un trabajo de fondo y aunque gracias a la predisposición de mi sumiso, ha sido rápido, queda todavía mucho camino por recorrer.

    También he de admitir que al margen de gustarle, es un tema que le trae de cabeza. Y no quiere que suceda… queriendo. Que no por él, que es una puta complaciente y obedecerá todo aquello que YO le diga…si no por mí; por aquello que vaya a sentir cuando me vea a mí, a SU Dueña, con otro.

    Para hacerlo más llevadero, me ayudará a seleccionar a aquella persona con la que vaya a compartirme. Nos encargaremos de esa búsqueda juntos, ya que no queremos a cualquiera. Como sabréis, la confianza es crucial. Desde ya os damos la opción de empezar a conocernos, libres de proponer y preguntar lo que deseéis, siempre desde el respeto, por favor, ([email protected]).

    Y ahora, princesa… esto es para ti.

    Como hoy es la primera vez… te trataré con un mimo especial. Vamos a irnos a la ducha, juntos. Sabes que me encanta que seas tú el que me duche, no será ninguna novedad. Quiero notar cómo tus manos me enjabonan suavemente, recorriendo cada centímetro de mi piel. Me gusta ver cómo se te va poniendo dura mientras me acaricias, luchando por salir de la braguita. Me acerco despacito a tu oído y te susurro que va a ser un mal momento para ti… Pero que todo esfuerzo merece recompensa, así que mi primer orgasmo va a ser en exclusiva tuyo.

    Me deslizo por los azulejos hasta sentarme sobre el suelo de la ducha. Desde ahí, tiro de tus braguitas hacia abajo y te deshaces de ellas cuando están en tus pies. Separo las piernas y apenas me da tiempo a vocalizar un “ven aquí” cuando ya te encuentras arrodillado ante mí. Empiezo a acariciarme despacio, de abajo a arriba, mientras te llevo mi pie a la boca. Adoro ver cómo disfrutas, princesa. Voy bajando cada vez más el pie y tú con él, con todo el cuerpo…hasta que estás de rodillas pero tan abierto como yo, rozando con tu pollita el suelo. Te restregabas contra él, queriendo follarlo, cada vez más rápido… al ritmo de mis gemidos, de mis dedos. Te ordeno follarte con más ansia contra él, dejando mis pies a un lado y aplastándote la cabeza contra mi coño. Y tienes una lengua maravillosa… Empiezo a moverme contra tu cara, llevando el chorro de agua a mi coño también, ahogándote, dejándote sin respiración… Pero no te quejas. Apenas coges aire y sigues dándome placer. Lo notas llegar, y solo entonces dejas de restregarte contra el suelo, para concentrarte totalmente en mí.

    Mi respiración se hace más intensa, mis movimientos más violentos y mis gemidos más fuertes. Dejo el agua a un lado y te aseguras de tener la boca en mi coño, para recibir mi orgasmo. Lo tragas todo, me das las gracias y me limpias con cuidado. Me quedo unos minutos así, sentada en la ducha, con las piernas abiertas y tu boca lamiendo y besando dulcemente mi sexo. Te acaricio la cabeza y la atraigo hacia mí, para besarte. En otra ocasión quizás podrías correrte… pero hoy no. No es el momento todavía.

    Me levanto y terminas de ducharme. Al salir, me secas y me echas crema mientras me rizo el pelo. Noto tus manos nerviosas, buscando pasar desapercibidas, queriendo calentarme. Quieres todo el placer para ti, pero hoy te toca compartirme. Sonrío y te llevo la boca a mi coño, lo besas varias veces. Sabes que no puedes sacar la lengua si no es para despertarme, o porque me esté masturbando.

    Me pongo el tanga, apartándote. No llevo medias. Me apetece que puedas acceder y disfrutar de mi humedad en todo momento… aunque también podrá hacerlo nuestro invitado, y sé que es lo que piensas al verme sin ellas. Tampoco llevo sujetador, ya que estamos en casa. Conoces las reacciones de mis pezones, y el poco tiempo que lleve el vestido puesto, podrás ver perfectamente cuando estoy excitada y quién me provoca dicha excitación. Llevo un vestido de color negro. Es suelto y tiene un escote de pico que me llega casi al ombligo, con la espalda al aire. “Te sienta increíble, Ama. Estás preciosa”, me dices cuando termino de vestirme y maquillarme. Yo sonrío y veo la cara de miedo y ansiedad en tu mirada.

    Tú sin embargo… estás tan sexy que cuando te veo a mi lado a través del espejo, muerdo involuntariamente mis labios. Siempre dices que te sientes excitado y humillado cuando te visto de mujer, pero en esta ocasión he de confesar que estás buenísima al convertir tu 1,83 en más de 1,94 subido en los zapatos de tacón rojos que compramos juntos hace algún tiempo. Te miro de abajo hacia arriba y veo tus medias de red estrecha negras, que poco disimulan las braguitas rojas de encaje que llevas por debajo. Llevas una falda de volantes y un sujetador de encaje, con relleno, a juego con las braguitas; también una camiseta de tirantes con un escote redondo.

    Te pido que te gires y te quedas frente a mí. Me miras. Noto tu respiración agitada, preludio de lo que sabes que está a punto de ocurrir. Sé que sientes que te falta el aire. Te doy un beso y te digo que te relajes y que disfrutes del momento, por tu propio bien. Porque yo pienso disfrutar usando y follándome a otro sumiso junto a ti. Te guste o no.

    Decido ayudarte con tus miedos e inseguridades y te digo que juntes tus labios. Voy a pintarlos. Las buenas putas van maquilladas, y tú eres la mejor. Te lo digo mientras los perfilo con mi pintalabios rojo. Irás a juego con la lencería y los tacones y sé que eso te excita y humilla por igual. Cuando termino de maquillarte, te sujeto la mandíbula y te digo que estás preciosa. Que eres una zorra deliciosa y una media sonrisa sale de tus labios pintados.

    La máscara de látex te la pondrás tan solo cuando escuches el timbre de la puerta.

    Todavía quedan unos diez minutos, así que te recuerdo algunas pautas que para entonces ya tendrás claras.

    Sentado o arrodillado, tus piernas siempre deberán estar abiertas, manteniéndote accesible para mí.

    Nunca debes separarte de mí, siempre debemos estar en la misma habitación cuando haya terceras personas.

    Solo YO puedo disfrutar de tu pollita, es tu responsabilidad que esto sea así.

    Obviamente, no puedes masturbarte ni correrte sin mi permiso.

    Si te masturbas, lo harás con tan solo dos dedos.

    Cuando tenga un orgasmo, debes venir a limpiarme, y limpiar todo aquello que ensucie.

    No estás muy hablador. Noto que te cuesta tragar, tienes la boca seca y ese áurea de pesar y aceptación inunda la casa. Llaman a la puerta y me miras, triste. Te sonrío y te acaricio la cara mientras te beso suavemente. Me separo un poquito y con un dedo tiro un poquito de tu labio; abres la boca al momento y dejo caer mi saliva con tranquilidad. Veo como la tragas, y sé perfectamente que has empezado a mojarte. Me demoro un segundo más en acercarme a la puerta. Te susurro al oído que te quiero.

    Mientras me acerco a abrir la puerta vienes tras de mí, cubriendo tu rostro. Me excita tanto saber que tan solo yo sé quién se encuentra bajo esa máscara…

    Entra él en escena. Se acerca confiado, me rodea la cintura con su brazo y atrayéndome hacia él, me da dos besos. Tú te quedas quieto, respirando lo más silenciosamente posible mientras observas que no afloja su abrazo. Giro sobre mí misma sin ánimo de separarme de él, y os presento. No habría necesidad, sabe perfectamente quién eres y tú sabes quién es él. Tu mirada permanece en mí y en el brazo que me tiene atrapada, alternativamente. El juguete me dice lo estupenda que estoy, y contenta le digo que has sido tú quien ha elegido mi ropa. Con un «qué buen gusto, puta» te da las gracias.

    Le pregunto si quiere tomar algo pero declina amablemente el ofrecimiento. Solo quiere una cosa, y me la dice al oído apretándome contra su cuerpo, deslizando su mano por mi espalda desnuda hasta llegar a mi nuca, por dónde me pasa suavemente sus dedos. Suelto una carcajada algo exagerada. Notas que estoy tonteando y eso te humilla, te duele. Me separo de ti, le cojo de la mano y moviendo exageradamente mis caderas, le llevo al sofá. A ese sofá en el que tú y yo hemos estado mil veces.

    Nos sigues en silencio y te sientas a mi lado, quedando yo entre vosotros. Charlamos un rato, aunque lo sabemos todo sobre nosotros. Le explico que es la primera vez que vivimos esto juntos, y que me gustaría que no lo olvidarás jamás. A él eso no le parece importar

    Aprovecha que me giro hacia ti mientras lo digo para lanzarse sobre mi cuello. Suspiro mientras te miro, y lo toma como una petición de más. Mientras mi mano se cuela bajo tu falda y te acaricia despacio la pollita (que ya ha asomado empapada por un lateral de las bragas), él me acaricia y aprieta las tetas sobre el vestido, y mis pezones reaccionan al instante. Lo nota y baja a por ellos con su boca, apartando la tela de forma brusca. Los lame y succiona, y mis gemidos, hasta entonces discretos, se ven silenciados por un grito ahogado cuando me los muerde y aprieta con más vehemencia. También a ti te coge por sorpresa y te sorprendes susurrando un «despacio, por favor» que solo yo alcanzo a escuchar. Hasta el momento habías permanecido en silencio, con la mandíbula apretada, viendo el recorrido de ese hombre por la parte superior de mi cuerpo, sus caricias, su boca deslizándose desde el cuello, los hombros, bajando hacia mí pecho, precedido por su mano… Y con la otra se masajeaba la entrepierna, apretando con ganas.

    Después de tu ruego, pudiste leer en mis labios un «a mis pies» que no tardaste ni un segundo en cumplir. Subí uno de mis pies a tu boca y fui poco a poco bajándolo, dejando que tú lo hicieras conmigo. Me encanta sentirte dedicado a mis pies, ver cómo besas y lames cada rincón de mis sandalias. Llevas así unos minutos cuando escuchas mi voz:

    Pedro, mi amor, enséñale cómo lo haces a nuestro invitado, pero descálzalo primero.

    No lo dudas. Te separas con pena de mis tacones y te desplazas unos centímetros hasta quedar a los pies del juguete. Dejas sus zapatos y sus calcetines a un lado, y empiezas a besar sus pies. No tienen nada que ver con mi talla 37 bien cuidada, pero te dedicas a ellos como si fueran los míos. Los besas y los lames con ganas, sabes que te estoy mirando. Tu lengua juega entre sus dedos y él, afianzado, intenta metértelo en la boca. Es un trabajo imposible, pero lo chupas como si fueses a lograrlo. El pintalabios está marcado a lo largo y ancho de sus pies, puedes ver tu recorrido por ellos.

    Observas que me levanto, mientras nuestro invitado sigue queriendo follarte la boca con su pie. Te incorporas un poco con el ánimo de no perderme de vista, pero su otro pie te aplasta la cabeza contra él, contra el suelo. Así, aprisionado entre su 44, ves cómo mi vestido cae al suelo. Con delicadeza libero tu cabeza y te susurro que me estás haciendo sentir muy orgullosa, que quiero que sigas lamiendo sus pies y que empieces a subir en cuanto yo vuelva al sofá. Susurras un «Sí, Ama» y vuelves a dedicarle la atención de tu boca. Sientes cómo me sitúo detrás tuya y te separó un poquito más las piernas. No la tienes dura, pero sí estás muy mojada. Deslizo mi mano entre los rombos de tus medias y sorteo el encaje rojo. Estás tan húmeda… empiezo a pasear mi mano y tu pollita reacciona, alegrándose de sentirme. En cuanto tengo suficiente, rompo las medias en la entrada de tu culo y empiezo a mojarlo con mi mano empapada, bajando un poco las braguitas. Te escucho suspirar y me oyes decir:

    Ofrécete, zorra.

    Tus manos, que hasta ese momento te sostenían, se dirigieron a tu culo, abriéndolo para mí a través de las recién rotas medias de rejilla. Tu equilibrio se vio trastocado por tu ansia al obedecer mi orden y caíste con más fuerza sobre los pies de nuestro invitado; seguiste lamiendo con afán. Me dediqué con más mimo a tu culo. Escupí un par de veces sobre él y empecé a deslizar un vibrador pequeño, apenas un huevo de 7 cm de largo por 2.5 cm de ancho. Un ligero mete-saca tres veces bastó para perderlo dentro de ti. Te subí las braguitas y di un azote, diciendo en alta voz

    Pues ya está, princesa

    Dándote a entender que podías volver a apoyarte sobre tus manos. Volví a mi sitio en el sofá, tan solo con el tanga y con las piernas flexionadas y abiertas. Él deslizó inmediatamente su mano hacia mi coño y tú, cumpliendo mi orden anterior, empezaste a subir por sus piernas. Lo hacías con prisa, queriendo ver cómo se movía su mano sobre mi sexo. Me escuchabas gemir, y eso te volvía loco. Pronto llegaste a la altura de su rodilla y pudiste comprobar lo que él estaba haciendo… y como yo había desabrochado su pantalón y jugaba con su polla ya liberada.

    Cariño, ayuda a nuestro invitado a que se ponga cómodo, le está sobrando la ropa.

    Te lo digo sonriendo, guiñándote un ojo. Él está encantado y levanta un poquito su cuerpo del sofá para que tú deslices sus pantalones y calzoncillos sin mayor impedimento. Los doblas y dejas a un lado en el suelo, junto a sus zapatos. Te pones de pie y con cuidado le sacas la camiseta, que dejas perfectamente doblada sobre las demás prendas. Me miras, acabo de encender el vibrador de tu culo. De momento no es más que un pequeño hormigueo, pero lo recibes con alegría mientras sigues mojando la lencería.

    Ven aquí, preciosa.

    Con un movimiento de mi mano te señalo directamente mis piernas abiertas. Te arrodillas frente a ellas y te acerco la cabeza a mi sexo. Te quedas quieto, a un centímetro de distancia. Podrías estirar la lengua y acariciarme… pero sabes que no debes hacerlo.

    Miras como llevo su mano a mis labios, justo delante de tus ojos, mientras aparto a un lado lo poco que cubre el tanga. La muevo lentamente sobre ellos mientras gimo bajito y abro más las piernas. Su mano roza tu nariz al moverse sobre mí, y la mía sigue dictando su movimiento sosteniéndola por la muñeca.

    Abre la boca – te digo calmadamente, para nada más hacerlo llevarte sus dedos a ella. – Lámelos.

    Lo haces con ansia. No te disgusta, tienen mi sabor… lames y chupas esos dedos gruesos hasta que los aparto de tu boca y vuelvo a dirigirlos a mi coño.

    Buena chica – te acaricio la cabeza y esta vez la pego a mi sexo, a su mano, que me sigue acariciando. – Vamos bonita, ayúdale.

    La orden llega clara a tus oídos. Empiezas a besar y lamer mi coño olvidándote de la mano que a veces te dificulta saborearme. Me deslizo hasta el borde del sofá, y entiendes la exposición de mi culo como un permiso implícito para llegar a él. Siempre me ha vuelto loca lo hábil que eres con la lengua. Notas que la vibración de tu culo se incrementa y tu pollita ha terminado por escaparse de la braguita. Al comerme el culo y el coño, tu capullo se roza contra el sofá, y con el aumento de la vibración en tu culo empiezas a frotarte contra él, mientras gimes ahogado por mi cuerpo. Y notas cómo mis músculos se tensan, subes a mi coño para poder mirarme y observas cómo me muerdo el labio inferior mientras mi respiración se hace más pesada y más rápida, abro mi boca… No lo dudas ni un instante y desesperado, luchas contra los dedos que se encuentran dentro de mí. Luchas por hacerte un hueco, por colar tu lengua, por beber mi orgasmo. Justo a tiempo, aparto la mano del juguete y froto rápido mi clítoris, explotando en tu boca, en un amago de squirt que te moja un poquito la cara.

    Me das las gracias mientras besas mi coño y lo acaricias con tu cara. Apenas susurro un “muy bien” cuando tú empiezas a lamer con delicadeza, limpiándome.

    Estás tan concentrado que apenas te das cuenta de que él se levanta. Sientes como desde tu espalda, él sube un par de vueltas el cuello de tu máscara. Mi mano está sobre tu cabeza, manteniéndola sin fuerza contra mi sexo. Despacio, sientes su boca sobre tu cuello. Con una mano apretándolo firme, empieza a besar, lamer y morderte desde la yugular a la nuca. Su otra mano se desliza bajo tu falda y tira una y otra vez de tus braguitas. Ya las habías empapado, y tu mini-polla se había logrado escapar por un lateral. No la tienes totalmente dura. Tus tristes centímetros se ven aprisionados y liberados por sus tirones rítmicos, y tus huevos se relajan y contraen. No te gusta.

    Tienes a nuestro invitado comiéndote el cuello, asfixiándote lentamente, mientras juega tan cerca de ti…Y aun así te sigues mojando. Te sigues excitando. Eres mi puta perfecta.

    Notas cómo tu cuerpo se aleja de mí. Nuestro juguete te sostiene fuerte del cuello e inevitablemente te yergues con él. Notas su polla contra tu culo, protegido por tus bragas y la falda. Vuelvo a encender el vibrador y te sobresaltas, ya te habías olvidado de él.

    Me deshago de mi ropa interior, de pie, frente a ti. Doy un paso hacia delante y tu cuerpo queda atrapado entre la parte baja de mi estómago por delante…y su polla y su torso por detrás. Sabes que le estoy diciendo algo, pero no te mueves. Te sujetas y acaricias mis piernas, estás mimoso. Mi mano te acaricia la cabeza y baja hasta tu mejilla. Te abofeteo de forma seca, una sola vez. Rápidamente sueltas mis piernas y dejas tus brazos a tus costados.

    Pasados unos minutos, me separo. Despacio, me deslizo hacia el suelo y me siento, apoyada sobre el sofá, con las piernas abiertas.

    Te sonrío tan feliz, que todo el aire de tus pulmones sale disparado. Te relajas y tu polla vuelve a estar dura. Te sujeto por la goma de la máscara y tiro hacia mí. Mientras acerco muy despacio mi boca a la tuya, sientes como nuestro juguete te sube la falda, acaba de romper tus medias, y te baja las bragas.

    Tranquila preciosa… ven, dame un beso.

    Así te lo digo, te vuelcas sobre mi boca. Te muerdo lentamente los labios mientras de un solo golpe, él te saca el vibrador. Escupe varias veces sobre tu culo, y notas sus dedos acariciarlo, los sientes entrando y saliendo de ti cada vez con más ganas y más violencia. Te sigo besando, jugando con mi lengua en tu boca. Repaso el filo de tus dientes con ella. Me separo de tu boca y asiento con la cabeza.

    Sientes la su polla en tu entrada. Está caliente, y es más ancha que sus dedos. Se apoya despacio y empieza a entrar en ti. Gimes, bajito. Percibo cómo te tensas.

    Relájate, mi amor. Deja que te folle para mí. Disfruta…

    Él aumenta sus embestidas, ya te la mete hasta el fondo y no se corta en darte varios azotes. No sabes lo que me excita escucharte gemir, sentir cómo se rompe tu voz con cada palmada. Me acerco a tu oído:

    Demuéstrale lo zorra que eres, cariño. Fóllate fuerte para mí. – Te susurro mientras mi mano se dirige a tu pollita. – Venga mi vida… si estás empapada, y dura… hazme sentir orgullosa, dale más fuerte.

    No me decepcionas. Empiezas a follarte su polla. Gimes más, él te pega más fuerte, pero no paras. Quieres correrte. Tienes la mini-polla súper dura, estás muy mojada y el culo te arde por dentro y por fuera.

    A mi señal, nuestro invitado sale de ti y deja de azotarte. Tienes el culo rojo, y la marca de su mano dibujada. Has conseguido no correrte mientras te masturbaba, y estoy orgullosa.

    Te dejo ahí, a cuatro patas mientras me pongo el strap-on. Cojo a nuestro juguete de la mano y me lo llevo a la derecha. Nos sigues con la mirada. Observas cómo tiendo su torso sobre la mesa mientras su culo queda expuesto para mí. Empiezo a pasear el strap por su culo. Te miro y te ordeno ponerte en pie y acercarte a nosotros.

    Quiero que te subas a cuatro patas sobre la mesa, sobre nuestro invitado. Vas a repartir con tus dedos la saliva que estoy dejando caer sobre su culo. Y no quiero hacerle daño, así que también tragarás el dildo del arnés. ¿Te queda claro, zorrita?

    Te subo la máscara mientras lo lames y lo tragas… me encanta ver cómo tú solita lo llevas hasta el final de tu garganta, como una puta profesional, hasta la arcada. Te acaricio el cuello con él bien dentro, hasta que te lloran los ojos.

    Mírate preciosa… tragando como una zorra mientras acaricias y preparas el culo de nuestro juguete…

    Empiezo a follarlo. Fuerte. Duro. Intensamente. Como sabes que me gusta follarte el culo. Solo que en esta ocasión no es a ti a quién estoy rompiendo en dos. Te bajo la máscara de nuevo.

    Vuelve al centro del salón y baila para mí, desnúdate. Sé una puta obediente.

    Azorado, te diriges a dónde estabas hace unos minutos. No te gusta bailar. Te sonrío y giro la cabeza de nuestro invitado hacia un lado, con la mejilla sobre la mesa. Él apenas puede distinguir ningún movimiento.

    Sabes que eso puede cambiar en cualquier momento. Sigo embistiendo fuerte, decidida. Él sigue gimiendo de forma grave, áspera.

    ¡Vamos!, Te quiero tan solo con los tacones!

    Empiezas a moverte al ritmo de una música imaginaria, ya que el instrumental que tenemos puesto suena bajito, y es apenas perceptible gracias a los gemidos de nuestro juguete.

    Me río. Puedo notar como tu semblante se contrae. No te gusta la situación, no estás cómodo. Miras como levanto su cabeza hacia ti, y entrando bien en él le susurró, lo suficientemente alto como para que me escuches «mira cómo se mueve mi chica».

    Te acaricias el cuerpo, despacio. Te sientes ridículo bailando así, con un sujetador que intentas desabrocharte y unas braguitas en las que se asoma tímidamente una polla pequeña, mojada y flácida.

    Tu tortura acaba cuando has logrado quitártelo todo.

    Todavía con el strap en mi cintura, le ordeno al juguete volver al sofá. Tú sigues sobre tus tacones. Llevo dos condones en la mano. Te paso uno de ellos y empiezo a abrir el otro para ponerlo sobre el dildo.

    Quiero que me lo prepares, quiero probar su polla.

    Inmediatamente te arrodillas entre sus piernas y le empiezas a masturbar. No está empalmado, te da asco notarla así, mojada y blanda. Mientras lo haces, te empiezo a follar.

    Pego mi pecho a tu espalda

    Vamos, puta, la quiero dura, quiero su placer.

    Te sigo follando cada vez más fuerte. Gimes y sigues masturbándole. Cuando la tiene dura le pones el condón y lo lames, escupiendo y lamiendo…una y otra vez. Siento como te esfuerzas por tragarte toda su polla para y así ponerle muy duro para mi, pero es grande y ancha y te provoca un par de arcadas.

    Te dejo el dildo dentro y me quito el arnés. Me gusta ver cómo intentas retenerlo en tu culo. Sigues arrodillado delante de él y puedes ver cómo, de espaldas a ti, me subo sobre su polla. Empiezo a cabalgar y gemir. Fuerte, rápido. Nuestro campeón aguanta el tirón sin correrse. En un momento dado me quedo quieta, con su polla bien dentro, y me abro el culo.

    Vamos cariño, entra, a ver si así logro sentirla.

    Estás muy duro. Y muy mojado. Empiezas a meter un centímetro detrás de otro, y entra sola.

    Te sujeto las manos y las pongo sobre mis tetas.

    Fóllame, vamos preciosa, FÓ-LLA-ME. ¿No sabes hacerlo un poco mejor?

    Bombeas fuerte, ansioso. Empiezas a gemir, a apretarme el pecho. Pero todavía no puedes correrte…

    Te hago parar. Me dejas el culo empapado… después tendrás que limpiarlo.

    Me giro sobre el juguete y subido en su polla, le doy la espalda de forma que mi coño queda a la altura de tu cara. Empiezo a subir y bajar cada vez a un ritmo mayor. Aprovecho cada centímetro para disfrutar de una polla de verdad.

    Pego tu boca a mi coño y lo besas una y otra vez, notas el sabor a látex del condón rozando tu lengua mientras mis dedos se dedican a mi clítoris.

    Te ordeno que me supliques. Que me pidas mi orgasmo. Que te arrastres por él.

    Un por favor tras otro, una súplica, un gimoteo…

    Por favor Ama, córrete para mí, dame tu placer, entrégame tu orgasmo, por favor, por favor, te lo suplico…

    Te separo unos centímetros y frotándome fuertemente mientras me follo con nuestro invitado, me corro. Fuerte, intensamente. Mojándote la cara entera. Él tenía orden de correrse conmigo. Y ha sabido aguantar hasta entonces. Estoy satisfecha, con ambos.

    Y tú… tú estás completamente salido. Con la polla sensible, los huevos cargados y un deseo de correrte increíble, pero sabes cuál es tu deber y como siempre, tras cada uno de mis orgasmos, me limpias con tu lengua pacientemente, recorriendo mi coño, mi culo, mis piernas y todo lo que he mojado en mi orgasmo. Mientras tanto, y tal y como le ordené por correo electrónico, nuestro invitado se ha quitado el preservativo y ha hecho un nudo. Tú sigues dedicado a mi coño, asegurándote de que no queda nada (dentro ni fuera de él).

    Cuando considero que has terminado, te empujo suavemente la cabeza, separándote de mí. Sonrío, acariciando tu mejilla sobre el látex. Sabes que estoy feliz, que estoy orgullosa.

    Me levanto el tiempo justo para que nuestro invitado se sitúe detrás de mí sentándome entre sus piernas. Su polla reposa tranquila contra mi espalda y no es hasta que me aparta el pelo hacia un lado y empieza a besarme el cuello, que empiezas a sentir de nuevo ese calor que te recorre de arriba a abajo. Te excita y te duele a partes iguales verlo. Sus manos empiezan a acariciar mis pezones despacio, con la presión exacta sobre ellos. Lo desconoces, pero imaginas, que su polla ha empezado a endurecerse de nuevo. Mis suspiros son cada vez más evidentes y sus dedos me arrancan un gemido tras otro. Me inclino hacia ti y te beso. Te ordeno abrir la boca y empiezo a follártela con mis dedos. Empiezan siendo dos, pero la emoción lleva a que la suavidad se convierta en ansia y casi toda mi mano ocupe tu boca. La tengo suficientemente mojada cuando la dirijo a tu pollita. Empiezo a masturbarte tranquilamente, completamente mojada por tus babas.

    Abre un poquito la boca y saca la lengua fuera, preciosa.

    Me vuelve loca tu rapidez a la hora de cumplir cualquier cosa. Con mi mano derecha, empiezo a pasear el condón, lleno de la leche de nuestro invitado, por tu lengua. El sabor del látex se mezcla con el de mis fluidos y puedes notar cómo todavía está caliente. Lo dejo un segundo sobre tu boca mientras levanto tu barbilla. Dejas de observar mi sonrisa para mirar directamente el techo de la habitación. Sigo jugando con su corrida. Sujetándolo con tres dedos, empiezo a bajar el condón por tu garganta, rozándote la campanilla. Siempre me gustó tu falta de quejas. Soportas la arcada como puedes, y las lágrimas llenan tus ojos.

    Sigues resistiendo las ganas de vomitar cuando empiezo a emular como te follaría la boca, pero tan solo con el preservativo. Sigues excitado, humillado y duro sobre mi mano. Impotente, me escuchas gemir. Reconoces cada suspiro, cada respiración… no te cabe la más mínima duda, sabes que nuestro juguete está jugando en mi coño. También sabes por mi respiración y mis gemidos, que estoy muy cerca de correrme otra vez. Mientras tanto, mi mano siente los impulsos de tus 11 centímetros. Estás deseando correrte, pero no dices nada.

    Vuelvo a bajar tu cabeza y nuestras miradas se enfrentan una vez más. Compruebas desolado cómo sus dedos entran y salen de mí, mojados, (y sabes que calientes después de estar apretados). Aparto mi mano de tu polla y te acaricio la cara, ensuciándola de tu saliva y tus fluidos.

    ¿Quieres correrte, mi amor? – Lo digo en apenas un susurro, pero asientes rápido con la cabeza, mucho antes de que tus palabras te acompañen.

    Sí, Ama, por favor – respondes con un hilo de voz.

    Sonrío y vuelvo a dirigir mi mano a tu mini-polla.

    Ten, sostenme esto. ¿Te importa, guapa?

    Dejo la corrida de nuestro juguete, envasada en esos milímetros de látex, en tu boca. Puedes sentir cómo la leche se desplaza por el condón libremente en cada movimiento.

    Te pajeo a un ritmo mayor. Con la mano libre te acaricio, aprieto y palmeo los huevos. No dejas de mojarte y yo cada vez subo más el ritmo. Me suplicas que te acaricie más despacio, pero yo no puedo parar. Nuestro invitado me está masturbando cada vez más rápido y estoy muy excitada… siento que voy a correrme enseguida, así que sigo aumentando el ritmo al que te masturbo al mismo ritmo que siento los dedos del otro sumiso entrar y salir de mí.

    Se te hace eterno, aunque ni siquiera llevo un minuto masturbándote. Ante tus gestos de angustia y sin que salga una sola palabra de mí, puedes leer perfectamente en mis labios el “córrete, puta” que estás esperando. Alcanzo el orgasmo contigo, con los dedos de él en lo más profundo de mí. Nos corremos juntos en un clímax absoluto.

    Te dejas ir entre gemidos y gritos casi guturales y te corres sobre mi mano. Sigo masajeando tu pollita con suavidad hasta que acabas. Saco hasta la última gota de ti.

    Retiro el condón de tu boca y lo sustituyo por mi mano, llena de tu leche. La limpias, aunque te disguste, y me das las gracias. Me acabo de correr, así que te inclinas a limpiarme. Sus dedos siguen apoyados sobre mi clítoris, pero no te importa, sabes que debes limpiarme siempre, y lo haces, intentado obviarlos.

    Me retiro de sus piernas, ya limpia. Veo que él la tiene dura. Me siento lo más alejada que puedo de ambos, en el sofá. Tú sigues en el mismo sitio donde te dejé, justo frente a sus piernas.

    Creo que no debería irse tan cargado – te sonrío – ayúdale a terminar, le vistes y le despides como es debido. Confío en que sepas hacer lo que yo querría que hicieras.

    Con ojos de rabia, y a pesar de que acabas de correrte, te levantas para coger otro condón. Después de comprobar que está muy duro, al menos celebras no tener que masturbarle desde un estado de flacidez, así que le pones el condón y te giras mirándome.

    Tu cabeza queda dirigida al sofá en el que estoy sentada, mientras tu culo está ofrecido a nuestro invitado. Estás mirándome con ansia. Sé que quieres complacerme. Sé que quieres excitarme aunque no tengas ganas de que vuelvan a follar tu culo de zorra, pero sabes que me hace feliz comprobar lo puta que eres. Asiento con los ojos y con tus manos abres tu culo, en esa posición en la que tantas veces te has ofrecido a mí.

    Te ofreces al sumiso que, con su polla dura apenas tarda un segundo en entrar en ti y empezar a follarte de nuevo hasta correrse en apenas cinco minutos de duras embestidas. Cuando termina y coloca el pecho sobre tu espalda agotado por el esfuerzo, sale de ti y te quedas mirándome, diciendo con voz ronca:

    “Gracias Ama”

  • El cuidador de la cabaña (III)

    El cuidador de la cabaña (III)

    Y así me encontraba yo, encima de don Mario y con todo su pico metido en mi conchita sintiendo cómo se iba poniendo duro de nuevo, por la pastillita que se había tomado el viejo pillo.

    -Ay don Mario, qué rico se siente cómo su pico está creciendo

    -Es que me tiene muy caliente señora.

    Y comenzó un movimiento suave, conmigo encima de él, dándole la espalda y poniéndose duro cada vez más.

    -Ah, ahh, ahhh, don Mario qué rica su pichula, aaah me encanta – Mientras seguía cabalgando encima de él, cada vez más rápido. Don Mario se sentó y aprovechaba para agarrarme las tetas desde atrás, lo que me volvía loca en ese momento. De pronto me dice:

    -Señora, que rico se ve su culito desde acá

    -¿Le gusta mucho?

    -Sí, mucho señora

    -Entonces, chúpemelo otra vez

    -Encantado señora

    Se paró y me puso contra el sillón, con el culo parado hacia él y metió su lengua en mi hoyito.

    -Ay Don Mario, qué rico me chupa el culito mmm, siga, siga así

    Yo sentía cómo su lengua mojada, recorría mi ano y a ratos se introducía, luego bajaba y me chupaba mi zorrita mientras me metía la nariz en el culo ¡Qué rico todo eso!

    -Don Mario, ahhh si sigue así, creo que le voy a dar un premio mmm

    -Deme todo lo que quiera señora, quiero comerla completita

    -¿Le gustaría meterme el pico en mi culito?

    -Si, me encantaría señora ¿Puedo?

    -mmm sí don Mario, culéeme todo lo que quiera.

    De pronto me agarra del pelo y me da vuelta poniéndome en frente de su pico que estaba como fierro, lleno de venas y durísimo.

    -Pero primero chúpemelo bien para que le entre más fácil

    No me hice de rogar y me metí todo su pedazo de carne en la boca, tratando de tragarme todo el tronco, aunque era casi imposible para mí, se lo chupé dedicadamente, me metí sus cocos en la boca y se los chupé también, mientras lo miraba a los ojos.

    -Siga señora, chúpemelo, chúpemelo, póngalo bien mojado y duro para ensartarla por ese culo tan rico que tiene.

    -Mmmm don Mario, qué rica pichula tiene mmm ya quiero que me la meta

    Entonces me di vuelta y esperé mientras sentía cómo su cabeza intentaba abrirse paso por mi hoyito.

    -Ahh, don Mario qué largo lo tiene, pero rico, métala toda hasta el fondo que me encanta.

    Debo reconocer que me dolía pero ese mismo dolor me producía un gran placer se saberme sometida por un viejo que apenas conocía, sintiendo cómo entraba en mí, cada centímetro de su pichula. Hasta que de pronto llegó hasta el fondo y empezó a moverse hacia adelante y atrás.

    -Ay don Mario, qué rico me lo mete ay siga, siga así, ayyy más fuerte, pártame el culo ah ay qué rico, culéeme, culéeme.

    El viejo empezó a moverse cada vez más fuerte y yo también, hasta que no aguantó mas y empezó a disparar chorros de leche dentro de mi culo, yo al sentirlos, acabé directamente en un rico orgasmo apretando mi ano en cada espasmo alrededor del tronco del pico de Don Mario.

    Una vez que nos recuperamos de lo sucedido, el viejo me dice «Almorzamos ahora y luego veremos qué comemos de postre» guiñándome un ojo.

    «Viejo Pillo», pensé.

    Espero ver más comentarios en mis relatos para ir subiendo más, besos.

  • Chat con una milf

    Chat con una milf

    Siempre tuve muchas ganas de contar esto que me pasó, pero no sé si lo contaré de la mejor manera y poder adentrarlos a la historia.

    Todo ha sido muy reciente, empezó hace apenas un par de meses, pero quiero ir desde el principio. Yo siempre he tenido el gran fetiche de las maduras, pero solo una vez (hasta entonces) había tenido sexo con una. Conocí a esta señora, alrededor de 40 años mientras los dos trabajábamos. Yo formo parte de un mariachi, en donde me ha servido para tener bastante pegue con chicas de mi edad. Donde vivo es un pueblo un poco pequeño donde básicamente todos nos conocemos. Un día, nos invitaron a una apertura de un pequeño centro comercial, algo simple. Desde que llegué al lugar noté que había una mujer, no muy alta (a comparación mía que mido 1.87), con unos pechos grandes, no enormes, pero lo suficientemente grandes para perderte mirándolos. Un culo poco mejor que el promedio, pero nada tan fuera de lo común, pero vaya, los pechos me enamoraron. Su rostro era atractivo, usa lentes y sus ojos sinceramente son muy seductores. Desde el primer segundo supe que ella era muy alegre y extrovertida, cuando acepto que yo soy muy introvertido.

    Tengo que aceptar que en ese momento no pensaba hablarle ni nada por el estilo, pero me la sabroseaba como nunca. Mientras tocaba con el mariachi y cantaba, noté que un par de chicas me veían mucho, pero la verdad no me importó, yo solo notaba que la mujer bailaba con nuestras canciones y poco a poco se acercaba más a nosotros. Ella trabajaba en una nevería junto otras señoras y chicas más. Mi inseguridad me hizo pensar que ella se acercaba para buscar la mirada de nuestro guitarrista y cantante más experimentado, ya que aparte, es mucho mayor que yo, así que no di muchas vueltas al asunto y seguí tocando.

    Todo siguió igual. Terminamos y las dos chichas que me miraban me pidieron una tarjeta del mariachi, el cual, tiene mi número… Pero no les especifiqué, yo sólo quería acercarme a la mujer que tanto miraba. Llegué a su local y noté que estaba tarareando una canción, sin duda le seguí con la letra y le dije que cantaba muy bien, que me gustaría contratarla (sí, nunca había sido más extrovertido antes). Ella se rio, y mucho, por lo cual sentí que podría llegar a ser una buena entrada y comienzo. De aquí, trataré de escribir la conversación como la recuerdo.

    Ella – Si me contratan tendré que vestirme así? Jajaja va me convence

    Yo – No sé si fue un cumplido, pero como sé que me veo muy bien, pensaré que sí. (Aquí no resisto su mirada y yo me agacho a ver los sabores de las aguas)

    Ella – ¡NOOO!, Jaja bueno, solo para ti sí es un cumplido, te queda muy bien ese traje.

    Yo – Gracias gracias, no sé qué decir, no soy tan platicador como ellos.

    Ella – Ah no? entonces por qué eres el único que veo que platica con una mujer?, además, vi que dos chicas se te acercaron y te pidieron tu número.

    Yo – Para nada, me pidieron las tarjetas del mariachi… Me vigilas?

    Ella – Mmm puede ser puede ser.

    Desde aquí me sentí incomodo porque entraron sus compañeras y otros clientes. Así que solo compre aguas para mis compañeros.

    Pasó un rato cuando me entregó todo.

    Yo – Bueno, te dejo una tarjeta, el segundo número es el mío.

    Ella – Muy bien, si llego a necesitar un mariachi pensaré en ti.

    Desde ahí ya no la vi, terminando me fui a casa y revisé muchas veces como se veía mi foto de WhatsApp y mi estado pensando en que ella los vería.

    Fue hasta la noche donde recibí un mensaje de ella. Un simple «Hola». Apenas eran las 9 así que yo no estaba excitado ni mucho menos, pero el solo pensar en ella me iba calentando poco a poco.

    Tardé un par de minutos en contestar con otro «Hola».

    De aquí voy a copiar lo más exacto posible nuestro chat (corrigiendo sus muy evidentes faltas de ortografía). También mencionar que en su foto salía ella y otro hombre (su esposo).

    Ella: Ya sé de donde te conozco

    Yo: No sabía que me conocías

    Ella: Sí, trabajé con tu mamá y te conozco desde bebé

    Yo: No digas eso! Que vergüenza

    Ella: No, ¿por qué?, me alegra que hayas crecido bien

    Yo: No es eso, es solo que por un segundo sentí que te coqueteaba.

    (Aquí tardé un rato explicando que yo fui quien le coqueteé y no ella a mí)

    Ella: Yo no sentí eso

    Yo: Perdón si fui molesto o algo así, pero siempre me pongo nervioso cuando una mujer así de guapa me habla

    Ella: Gracias por el cumplido, pero no es para tanto

    Yo: De nada, y ahí va otro. Tienes muy buen gusto musical.

    Desde aquí, por más cachondo que yo estaba no dije nada con otro sentido, ya que me intimidaba la idea de que tuviese esposo.

    Ni si quiera nos despedimos en la noche y me dejó de contestar, pero al día siguiente ella me mandó mensaje casi a la misma hora, ignorando toda la conversación anterior y solo mandando otro «Hola». Sí se lo respondí igual.

    Ella: No te molesta si te mando mensajes aunque no sea para contratación?

    Yo: Para nada, de verdad me agrada la idea. Además me gustaría conocerte

    Ella: Pero a tu lado yo soy una señora aburrida, no importa?

    Yo: No es lo que yo pienso. Eres una mujer hermosa e interesante… ¿No te ofende o te incomoda que hable así?

    Ella: No, eres sincero y casi nunca se encuentra alguien así.

    Yo: Cierto, pero quizá la verdad en veces incomoda.

    Ella: A mí no, prefiero una verdad cruel a una bella mentira

    Tengo que decir que esto fue muy «señora» de su parte, ya que me mandó una imagen con la cara de Steve Jobs y una frase (posiblemente no de él).

    Yo: Cierto cierto. Vaya, admito que por un segundo pensé que la imagen sería una foto tuya jaja.

    Ella: Y eso?

    Yo: No sé, vi que era una imagen y me gustó pensar que serías tú.

    Ella: Mmm pues quizá luego, pero ahorita no porque mis hijos no me sueltan.

    Sí, apenas me enteré que tiene hijos… Bueno, no me importó tanto.

    Yo: Está bien, ya será luego… Pero no lo olvides jaja

    Ella: Mmm bueno no sé, es que mi marido es muy celoso

    Bueno, ella tarda mucho en escribir, aquí tardó aún más, así que esperé para ver lo que decía

    Ella: Te seré sincera, he tenido muchos problemas con él, sí me deja salir con amigas o yo sola, pero después me lo reclama. Yo sé que él me ha sido infiel pero al final siempre lo perdono y él piensa que yo me voy a vengar. Y sí lo he pensado, pero no lo he hecho.

    Ella: Perdón mijo, quizá te molestan mis problemas.

    Yo: No no no, para nada, me gusta escuchar y si es que puedo, ayudar. Y bueno, aquí no sé qué decirte, yo no tengo mucha experiencia en el amor, pero lo que ocupes o decidas, yo te apoyo.

    Ella: Gracias, era lo que necesitaba escuchar.

    Yo: Lo que necesites solo pídelo. (Sí, quería que me pidiera sexo pero vamos, no pasó…)

    Ella (Tardó en ver el mensaje como 5 minutos), (me mandó una foto suya). Bueno querías verme, no soy una modelo pero traté de salir bonita. Buenas noches.

    Yo: ¿No eres una modelo? Pff pues sí que pareces una. ¡Buenas noches descansa!

    Al siguiente día me conecté más tarde porque tenía ensayo, pero me mandó a la misma hora otro «Hola», yo igual. Noté algo que me puso una sonrisa, cambió su foto de perfil a una donde sólo sale ella.

    Ella: Me gustó tomarme fotos y subí una, que tal?

    Yo: A mí me encanta verte

    Ella: Gracias, que alguien joven como tú me levanta el ánimo.

    Yo: Vaya, a estas horas además de insomnio me pongo raro jaja

    Ella: raro?

    Yo: sí, y no quiero arruinar nuestra amistad que apenas empezó

    Ella: No, tranquilo, conmigo no arruinas nada.

    Yo: Sé que prefieres la sinceridad, pero no lo sé, quizá es demasiado.

    Ella: Dime, quizá los dos estamos igual

    A este punto estaba muy muy excitado, más por la última señal que me dió.

    Yo: Si te molesta solo dime y pararé todo. La verdad me interesaste desde el primer segundo que te vi. Eres muy hermosa y tienes un cuerpo espectacular. No quiero que vuelvas a mencionar la diferencia de edad, eso es lo que menos me importa. Pero, me preocupa tu matrimonio y no quiero ser alguien que lo arruine, pero la verdad me encantaría verte, ver tu cuerpo hasta donde tú me dejes… Pero si me preguntas, quiero verlo completamente desnudo.

    El corazón me palpitaba como nunca, y cuando vio el mensaje preferí no ver el celular hasta que sonara… Pasaron 10 minutos cuando vi desde afuera del chat que mandó una imagen. En un solo segundo pensé miles de cosas, quizá, ella desnuda, quizá su esposo enojado, quizá una denuncia, quizá me publicó en Facebook, quizá… Quizá.

    Entré al chat, vaya… Era ella en ropa interior bastante sexy. Se tomó una selfie donde se veía su boca hacia abajo. Su tanga y bra combinaban y eran de encaje. No se veía nada de pezón ni de vagina, pero imaginárselo no costaba mucho. Sus pechos, sus gloriosos pechos estaban apretados, y de verdad que deseaba con toda mi vida que estuvieran en mi cara.

    Mi pene creció hasta casi explotar, estaba tan pero tan excitado que en vez de escribir le mandé un audio diciendo «No puedo creerlo, te ves increíble, estoy súper embobado… Si quieres puedo dejarte ver ahora a ti».

    Dijo que no… Aunque yo sí quería que ella viera. Me explicó que no quiere eso en su celular, pero que vería la forma de verlo en persona.

    ¿Eso me calentó?, Dios, sí.

    Me masturbé con esa foto, imaginándome todas las maneras en que podría cogérmela. Y se lo dije, le mandaba muchos audios mientras estaba aún agitado y masturbándome, le pedí que ella también se tocara por lo menos un poco, que me mandara videos y fotos, pero quizá me sobrepasé, porque me dijo que iba a dormir…

    Rayos, yo quería continuar, pero ella quizá se sintió incomoda. Le mandé un mensaje disculpándome, diciendo que son los efectos de ella. (Básicamente la chulee mientras me disculpaba, funcionó)

    Dejaré esto como una primera parte. Aclaro que eso tan solo fue el principio de todo, pero, no sé si les vaya a gustar esto que escribo.

  • Fantaseo con mi tía política

    Fantaseo con mi tía política

    Bueno, pues comienzo por describir a mi preciosa tía política es una mujer de 33 años casada con el hermano de mi mamá y siempre que nos vemos existe entre nosotros esa mirada pícara de tensión sexual pero ninguno de los dos se atreve a dar el primer paso. Puede ser por qué nunca nos hemos quedado solos como nos gustaría.

    Así que les dejaré la fantasía de como me gustaría hacerlo con ella.

    En una reunión familiar de navidad antes de que las dramáticas de mis tías y mi madre se pelearán por mitotes de viejas metiches solíamos reunirnos en la casa de mi tío.

    Y su esposa es una mujer muy hermosa de cabello negro y piel blanca con un culo y unas tetas que podrían volver loco a cualquiera.

    Así que no pude evitar verla como mujer… comencé por echarle la mirada de fuego a mi tía y ella respondía positivamente sosteniéndola hasta que no aguantara y ella me quitaba la mirada… para los que no saben la mirada es uno de los indicadores más fuertes de atracción y pues… yo lo había notado en ella.

    Entonces yo la miraba lascivamente hasta que sus ojos se ponían brillosos y con la boca entreabierta me sacaba la lengua. Por desgracia no podía acercarme a ella ni aislarla para poder seducirla adecuadamente.

    Así que solo queda fantasear con ella y con la perfección de su cuerpo desnudo.

    Así que jueguen ustedes.

    En una fiesta típica de navidad donde nos reunimos en casa de mi tío había mucho cotorreo y cómoda, las pláticas de los mayores no eran nada nuevo siempre las historias de la niñez y de como les gustaría que el abuelo no los golpeara tan duro.

    Yo decido cambiar de tema y les pregunto a todos sobre cómo puedo acercarme a la chica que me gusta… mientras digo esto le sostengo una penetrante mirada de lujuria a mi hermosa tía política.

    Mis tías se sonrojan y mis tíos se comienzan a poner alfas diciéndome que necesito de un auto y un lugar donde coger.

    Yo comienzo por platicarles una historia donde logré acercarme sexualmente a una amiga y siendo rechazado cruelmente.

    Mi tía política se pone colorada y me dice:

    -a lo mejor la espantaste con tu tamaño.

    Y todos comienzan a reír.

    La conversación cambia para convertirse en un tema trivial… en eso mi tía se levanta y se va.

    Yo pasados los 10 minutos me levanto y les digo a todos que voy al baño que ahora regreso.

    Me acerco a la puerta del baño y está cerrado… trato de forzar la cerradura y no abre… en eso escucho la voz de mi hermosa tía Tere que dice:

    -esta ocupado… quién es?

    Yo contesto:

    -Soy Ramón… perdóname Tere… creí que estaba vacío…

    En eso ella me contesta:

    -Ah! Eres tú!… pasa ya voy a salir.

    A girar la perilla de la puerta ésta se abre fácilmente y entro al baño… mi tía está sentada en la taza del baño con una mirada lasciva y los ojos sumamente brillosos tocándose la vulva y me dice:

    -Hola señorito!

    Yo al percatarme de la situación en la que nos encontramos me acerqué a besarla y a tocarle el clítoris con mis dedos…

    Hasta que ella me interrumpe y sacándome el pene del pantalón me dice:

    -No tenemos mucho tiempo… mejor darnos prisa!

    Me saca el pene que estaba álgido y muy duro para comenzar a chuparlo mientras yo lanzo mi cabeza hacía atrás y comienzo a gruñir de placer.

    Le levanto la mirada con mis dedos en su mentón para besarla con lengua… mientras la tomo de las manos para que se ponga de pie al tiempo que nos besamos apasionadamente.

    La cojo del trasero y le tocó su vulva que estaba empapada en fluido vaginal… el olor a sexo es enorme e inunda todo el baño…l e doy la vuelta y le agarro la mica para que se empine… comienzo a tocar con mi glande la entrada de su vagina… hasta que ella me dice:

    -ya métemela estoy desesperada!

    De un solo golpe le introduzco mi enorme verga hasta el fondo mientras ella deja salir un pequeño grito de placer… para proceder a bombearla con un ritmo duro y constante.

    Así estuvimos unos cuantos minutos hasta que noto que sus piernas comienzan a temblar y a doblarse sus rodillas todo esto al tiempo que ella gime y me dice:

    -Uy sobrino! Coges muy rico!

    Para esto le saco mi verga que está aún muy dura y venosa puesto que no me he venido aún.

    Le doy una nalgada y le digo!

    -muy bien Tere! Vámonos de aquí porque ti esposo Adrián va a sospechar algo.

    Ella deja salir un enorme suspiro y mientras se abrocha su pantalón me dice:

    -Esto aún no ha acabado sobrino! Nos volvemos a ver tu y yo!

    Sale ella primero del baño mientras yo me estoy echando agua en la cara y la mica para bajar semejante excitación en la que me encuentro.

    Al salir del baño y regresar a la reunión familiar mi tía que ya estaba sentada al lado de mi tío me dice mientras me extiende la mano:

    -Ramon! Toma! Prueba este tequila que los demás están tomando y dinos si está bueno o no!

    Extendí mi mano para tomar la bebida al tiempo que nosotros nos mirábamos… era una mirada lasciva… dónde solo nosotros dos existimos… nadie más era importante en ese momento solo nosotros dos.

    En fin!

    Es solo una fantasía!

    Pero eso sí!

    Esas miradas que duran 6 segundos donde parece que nada más importa solo nosotros dos son 100% reales… ella y yo tenemos una tensión sexual que no podemos ignorar…

    Lastimosamente solo quedará en fantasías porque no hay chance de quedarnos solos como nos gustaría… aparte que ya no me invitan a esas reuniones familiares porque la chismosa de mi madre y sus cuñadas están peleadas por pleitos de viejas.

    Saludos a los que tienen una hermosa tía a la que le traen ganas.