Blog

  • Mi marido y sus secretos

    Mi marido y sus secretos

    El pasado domingo salí a cenar con mis amigas y no pensaba volver hasta la madrugada ya que después de cenar teníamos previsto ir a un bar, a tomar algunas cervezas. Lo cierto es que por distintos motivos cada una se fue yendo antes de lo previsto y yo, no tenía ganas de quedarme sola en ese lugar.

    Me tomé un taxi y me fui a mi casa, Al llegar me llamó la atención que las luces del living estaban prendidas, sobre la mesa ratona dos copas de vino, a medio terminar. Lo primero que se me ocurrió fue que mi esposo aprovechando que estaba solo habría invitado alguna amiga para charlar o tener sexo. Cosa que entre nosotros está consentido.

    Me saqué los zapatos y subo las escaleras rumbo a la habitación que está en la parte superior de la casa, cuando voy llegando veo que la puerta está apenas abierta, se escucha un gemido muy suave que reconozco. Evidentemente está teniendo sexo por lo que me acerco despacito a la puerta y miro por el poco espacio de la puerta, y mi sorpresa fue demasiado grande, ahí estaba mi marido, de espalda a la puerta, en un éxtasis de placer montado sobre un pene, se movía de tal manera que desde donde estaba mirando podía ver claramente como entraba y salía ese pedazo de carne de su cola. No podía ver quién era el hombre que estaba con él pero me volví loca, se me explotaba la cabeza por la situación, me calenté tanto que pensé en entrar y sumarme a la fiesta, pero no podía, estos gustos sexuales eran su secreto, o al menos hasta este momento . La verdad es que me calenté de verlo gozar de tal modo, y no me aguante, metí mi mano entre mis piernas y me empecé a frotar la Conchita que por el espectáculo presente estaba súper mojada.

    Ellos seguían en su acto, hasta que en un momento mi marido cambia la postura y tuve miedo de ser descubierta, se acomodó en posición perrito y ahí vi al amante, era el vecino del tercer piso, un joven de unos 30 años, le pega una nalgada, y lo penetra con fuerza a lo que mi marido suelta un gemido más fuerte y se empiezan a mover más rápido, estaban súper calientes por lo que podía ver, yo ya me había metido dos dedos en la Conchita y solté un orgasmos ahogando el gemido con mi otra mano para no hacer ruido. En ese momento se la saca, y se la mete, no podía creer el aguante que tenía mi marido para el sexo anal, era toda una puta, podía ver la cara de placer y era una cara descontrolada. El joven, aumento el ritmo y eyacula todo su semen dentro se mi marido, y cuando se la sacó pude ver que tenía buen porte de pene, también vi lo dilatado del culito de mi marido. Ya no podía seguir mirando, por lo que me fui a esconder a la otra habitación hasta que se fue el muchacho.

    Mi marido bajó para cerrar la puerta y al volver me vio ahí parada en la puerta de la otra habitación y solo me sonrió como si el supiera que yo había estado espiando todo lo que pasaba… jamás nos reprochamos nada sobre sexo.

  • Cogerme a mi amiga, buen remedio para dormir

    Cogerme a mi amiga, buen remedio para dormir

    Cuando me fui de mi casa para vivir solo, me sentía muy extraño sin la compañía de mi familia, pero a la vez me sentía independiente, ya que sentía que estaba avanzando en mi vida.

    Yo trabajaba de noche y tenía dos semanas sin poder dormir bien y cuando visitaba a mis papás que era casi a diario aprovechaba para comer y dormir un poco antes de irme a trabajar.

    Un día recibí un mensaje de una amiga diciéndome que se encontraba trabajando y casualmente en nuestra platica resultó que estaba cerca de mi casa, me preguntó que si que estaba haciendo y le dije que estaba acostado tratando de dormir ya que acababa de salir de trabajar, ella me dijo que también tenía mucho sueño por lo que aproveché para bromear diciéndole que fuera a mi casa y durmiera conmigo, ella contestó que sí porque también tenía mucho sueño, yo sabía que no lo haría pues estaba dentro de su horario laboral, no imagine lo que pasaría… en su hora de descanso salió y se dirigió a mi casa, toco la puerta, se quitó lo zapatos y se acostó a mi lado, para esto yo me había puesto un pantalón y una camiseta para recibirla en caso de que llegara, ya que usualmente duermo en ropa interior, ella se acostó a mi lado y empezamos a platicar, la habitación estaba obscura, solo la luz tenue del televisor que se encontraba encendido, de pronto me dio la espalda y le pregunté si podía abrazarla, me dijo que si y quedamos de cucharita como coloquialmente decimos por aquí.

    De pronto sonrió e irónicamente dijo:

    – ¿Por qué somos tan confiados y atrevidos?

    – Está bien, no pasa nada le dije, aunque dentro de mi sabía que era porque estaba igual de caliente que yo.

    La tenía abrazada y sin querer queriendo toqué uno de sus senos, inmediatamente ella se dio vuelta, me dio un beso pequeño y yo le correspondí.

    Ella se levantó de la cama, me dijo que no aguantaba más y empezó a desnudarse, le pregunté si quería hacerlo y me dijo que sí que era lo que estaba esperando, así que me desnude yo también, ella empezó a darme una muy rica y deliciosa chupada que hace que casi me venga en su boca, me hacía un oral delicioso, luego decidió montarme, se movía riquísimo y yo empecé a sobarle sus pechos mientras ella me cabalgaba a su ritmo, se agachaba y nos besábamos con desenfreno al mismo tiempo, después siguió montándome pero esta vez dándome la espalda, yo me deleitaba viendo su enorme trasero y dándole una que otra nalgada, en esta posición podía ver como mi pene se perdía en su vagina y esto me excitaba cada vez más.

    Ella se movía riquísimo, estuve a punto de venirme pero cambiamos de posición, ella se acostó boca arriba y yo le abrí las piernas, pude ver su vagina rasurada, le sobé un poco y ella soltó un rico gemido, huuug! Haaa! Se siente muy rico me decía, me pidió que la penetrara así que apunté mi pene a su vagina húmeda y deliciosa, la metí de un solo empujón y empecé a bombearla fuerte y rápido, me bajó la cabeza para seguirme besando así que yo le abrí las nalgas mientras le seguía dando duro.

    Ella lanzó un gemido fuerte… haaaa, haaa! Y sentí como tenía su orgasmo, fue tanto el estímulo visual y auditivo que eyaculé a chorros dentro de ella, yo sabía que estaba operada pues ya tenía hijos y no dudé en llenarla con mi leche, quedamos rendidos en la cama, ella se cambió y antes de irse me dijo que le había gustado mucho y que sin dudarlo me visitaría más seguido.

    Después de que se fue yo me quedé dormido profundamente, como si no tuviera que ir a trabajar más tarde, desperté relajado y bastante descansado.

  • La mejor cerveza

    La mejor cerveza

    Os cuento la historia, habíamos hecho mi mujer y yo algún pinito en el tema de tríos, pero llegó el verano y yendo para casa me llamó mi amigo Hugo.

    Este chico le ponía a mi mujer encendida, al rato de estar tomando unas cervezas me llamó mi mujer y le dije que me estaba tomando algo con Hugo, y le dijo que no tuviera prisa.

    La verdad es que nos tomamos unas cuentas cervezas y al tardar me llamó de nuevo mujer.

    Le dije que estábamos borrachos y ella me dijo que estaba encendida, que no tardara.

    Yo estaba hablando mientras estábamos en una terraza. Le dije que tardaba poco y ella me dijo que si le iba a decir a Hugo que subiera.

    Yo le dije que como ella quisiera y le dije que si le iba a decir que subiera.

    Entonces empezó la magia del sexo, me dijo que como quería que nos recibiera. Había dos opciones o vestida o desnuda, pero que le asegurara de saber que decidida ya que iba a llevarlo a cabo.

    Yo le dije que desnuda y ella me dijo que lo iba a hacer, pero no que no lo supiera Hugo.

    Le invité a subir y le dije que no hiciera ruido que había gente en casa durmiendo.

    Claro que pasó el primero, y oigo una carcajada y le dice, pero si está tu mujer desnuda, yo le dije ostia pues ni idea…

    Se acercó de forma cariñosa a darnos un beso y dijo de forma tímida que perdonara que ella no sabía que iba a subir.

    Nosotros nos sentamos en el sofá y ella nos trajo unas copas.

    Se fue y desde la habitación me mandó un whatsapp diciendo que estaba masturbándose, que sin que él lo supiera que la espiáramos.

    Fuimos y a través de una rendija la vimos desnuda con el consolador.

    Le vi que empezó con una erección y decidimos entrar. Íbamos desnudos.

    Sin más se presta a chupársela a Hugo y a mí que se la metiera.

    Nos pidió lo que ella quería, a mi chupármela y mi amigo que se la metiera por el culo, el dicho de paso tiene una buena tranca.

    Empezamos a follar como locos, corriéndose como una loca y a nosotros nos vino la eyaculación, en su boca. Nos dejó secos.

    Por eso digo, la mejor cerveza.

  • La fantasía de Raquel

    La fantasía de Raquel

    Raquel siempre tuvo la meta de abrir una pastelería y ya tenía el local alquilado, solamente le faltaba arreglarlo por dentro y tener el permiso de la ciudad para poder abrir sus puertas, pero por ahora trabajaba desde su casa. La vieja estaba curiosa en el mundo “Bondage” en el cual yo estaba experimentando con Silvia. Ambas mujeres ya eran mayores, Raquel tenía 55 pero no estaba en buena forma física como Silvia, pero poseía unas tetasas muy jugosas. Años atrás intente tener algo con ella, pero me negó rotundamente, por ser amigo de familia sintió que no era lo correcto.

    Las cosas cambiaron cuando su hija se fue a la universidad, la casa estaba sola y Raquel nunca había tenido otra pareja desde que se divorció hace 18 años atrás. Últimamente la visitaba varias veces a su casa porque necesitaba alguien que le arreglara algunas cosas como el internet, la luz y otras fáciles tareas. Era una casa bonita, con privacidad y 3 cuartos que antes rentaba a otras personas. Raquel ya no tenía el cuerpo de 35 cuando por primera vez me atrajo, 17 años de diferencia no se apreciaban tanto como ahora. Siempre recuerdo que restó importancia a la acusación de violación de Kobe Bryant, en sus palabras la victima debió “olvidarse de eso” y pasar la página. Eso fue algo revelador, quizás en ese tiempo estaba arrecha por estar en medio de su divorcio.

    Nunca le propuse nada después de su anterior rechazo, pero una noche después de cenar y coqueteos le hice recordar de lo que me dijo de Kobe. Ella se levantó de la mesa para la cocina y dijo que seguía pensando lo mismo. La noté media avergonzada y fui en busca de ella como quien llevaba los platos sucios para que los lave. Le comenté que me estaba viendo con Silvia de vez en cuando (mentí), ella voltio asustada para decirme algo, pero se dio cuenta que regañarme por la diferencia de edades era contraproducente para sus intenciones conmigo.

    Raquel ya había perdido su atractivo físico, aparte de sus grandes tetas no había más que resaltar. Yo la odiaba, siempre supe que quería tener sexo, pero nunca se dejó llevar por su instinto. Me acerque por atrás para hacerle sentir mi pene dormido y que poco a poco apretaba su flácido culo. Ella trato de zafarse sin soltar los platos, tirando el cuerpo para atrás, pero lo único que lograba era aumentar la presión de mi verga con su trasero. Para no perder el balance me agarre de sus tetas mientras ella solo atinaba a empujarme para atrás y busca separarme. Raquel nunca soltó los platos enjabonados para encararme sobre mis intenciones, solo decía que estaba loco y que debería parar.

    – “Te quiero violar”- Le susurre al oído en forma de juego.

    – “Ni te atrevas!” – Respondió en voz alta pero no firmemente.

    – “Siempre recuerdo ver tus tetas saltar cuando llevabas prisa. Me he masturbado pensando en ti” – Respondí exprimiendo sus senos que la hicieron gemir quizás de dolor. “Solo te voy a violar si tú me lo pides. Hoy solo me contento con esto”

    Me separe de Raquel para desabrocharme el pantalón y sacar mi miembro, ella dejo de sostener los platos teniendo las manos libres para apoyarse en el lavatorio. No me la iba a coger allí mismo, quería metérsela por revancha, quería comérmela por negarse a ser llevada por el placer. Raquel no estaba gorda, si un poco arrugada de cara y con casi todo caído, pero si sus tetas estaban buenas y grandes. Mi pene erecto estaba encima de su cintura cuando comencé a darme una paja. Le decía que así es como me ponía y me masturbaba cuando me bañaba en las mañanas. Ella tenía la respiración agitada, no sabía que decir o voltear. Agarre su mano derecha fuertemente para traerla hacia mi pene y sienta lo duro que estaba.

    Pase su mano temblorosa por mis huevos y pene que estaba mojado, sus uñas comenzaron acariciar mis bolas mientras me masturbaba. Mientras ella jugaba con mi miembro, yo narraba como Silvia me la chupaba y se atragantaba hasta que lagrimas corrían por su rostro, en cómo me comía su ano mientras ella misma se metía un consolador por su vagina.

    – “Silvia cómetela toda, toma tu leche perra!!!” – Comente en voz alta empujando a Raquel para que no volteara.

    – “¡Así, me gustas entregada… Abre esas nalgas!!! – Agregue casi llegando al clímax.

    Jale de los pelos ondulados de Raquel mientras descargaba todo mi semen sobre su cintura manchando sus jeans y parte de su polo negro. La señora estaba excitada de solo pensar en sexo, recorrí su cuerpo sobre la tela que la cubría para sentir su húmeda vagina y presioné sus tetas. Empujando su cabeza hacia el lavadero, me abroche mis pantalones para irme no sin antes decirle”

    – “Cuando quieres un abuso, mándame un texto con fecha y hora” – Susurre a su oído con malicia y excitación.

    Baje al sótano, entre al garaje y me fui… Dos semanas después recibí el texto que por casi 20 años estuve esperando.

  • Aventuras de una ninfómana (Parte 1)

    Aventuras de una ninfómana (Parte 1)

    Hola, déjame que me presente. Me llamo Maka y tengo 36 años en la actualidad.

    Trabajo con responsable de marketing en una gran multinacional estadunidense con sede en Madrid. En mi tiempo libre me gusta ir con regularidad al gimnasio asique tengo un cuerpo delgado pero atlético el cual me esfuerzo en mantener.

    Mido 1.64, pelo negro largo, ojos verdes, boquita pequeña de labios carnosos, culo generoso y respingón y unas grandes y firmes tetas que me regaló mi marido por nuestro primer aniversario años atrás… También tengo un pequeño secreto y es que soy adicta al sexo.

    Lo que más me ha gustado siempre es sentirme deseada y ponérsela dura a los desconocidos… bueno a cualquier tío la verdad. Vamos, lo que se llama una calientapollas lo único que la mayoría de las veces también me encargo de bajarle el calentón al rabo de turno.

    Vivo en Madrid y aquí es donde comenzaron mis aventuras sexuales hace un par de años atrás cuando llevaba unos 8 de casada. Solo os voy a relatar unas cuantas de ellas; de las que tengo mejor recuerdo o las que me llevaron a ser la guarra promiscua en la que me he convertido a día de hoy. Cuando por un momento me paro a recordar todo lo que he vivido y como se dieron las cosas me percato que eso de que la realidad supera a la ficción en mi caso es totalmente cierto.

    Todo comenzó en una noche de sábado en la que salí a divertirme con unas amigas ya que mi marido estaba de viaje por trabajo. Por aquel entonces ya me ponía muchísimo calentar al personal en las discotecas, claro que eso solo lo hacía cuando salía sin mi pareja por obvias razones. Él debido a que es responsable del departamento de ventas en mi misma empresa viaja bastante y es en esas ausencias que mi lado oscuro despierta.

    Llegada la hora me preparé para salir con un vestido de licra blanco de esos que se pegan al cuerpo y que se componen de una minifalda ajustada que solo te tapa el culo y la espalda al aire. Por delante la tela llega hasta el cuello con un gran escote en V hasta el ombligo, por supuesto no llevo ropa interior de ningún tipo. Vamos que mis pechos se mueven libres bajo la escasa tela y se marcan mis pezones en cuanto se me ponen duros. Por supuesto las bragas también estaban descartadas de ante mano.

    Llegamos a la discoteca cerca de las 2 de la mañana ya con un ligero puntillo adquirido en los locales de copas cercanos de la zona de Huertas. Salimos a la pista con nuestros mojitos en la mano y las 3 comenzamos a bailar. Poco tiempo pasa cuando ya hay varios tíos bailando a nuestro alrededor, la música suena estridente y empieza a hacer demasiado calor. 

    Pasa un rato y mis amigas deciden que ya han tenido suficiente y se largan a la barra a por otra copa antes de preguntarme si no quiero ir con ellas, yo declino su invitación y prefiero continuar bailando ya que cerca hay un pibón de tío que no deja de mirarme y sonreírme y así se lo digo a Juani.

    – Vamos que si desapareces no te buscamos ¿no?

    – Nah, ese morenazo de enfrente no me saca los ojos de encima asi que tal vez incluso triunfe, ya me entiendes.

    Juani es mi mejor amiga y ella sabe perfectamente que siempre he fantaseado con tirarme a un desconocido en algún garito y está claro que esta puede ser mi noche. Me despido de ambas y continuo meneando el trasero en la pista de baile al ritmo de la música y terminándome mi copa.

    Pocos minutos después puedo sentir con el morenazo de antes se coloca a mi espalda y comienza a bailar restregando su cuerpo contra el mío sin reparo ninguno. Después de un par de canciones noto como posa sus manos en mis caderas y pega completamente su gran cuerpo contra mí. Me saca unos centímetros de altura y puedo notar con claridad su erección frotándose en mi trasero.

    – Hola preciosa, me llamo Lucas y ¿tu? se presenta hablándome al oído y afianzando sus manos en mis caderas.

    – Hola, soy Maka, es un placer. Le contesto coqueteándole y le sonrío a la vez que meneo lentamente mi trasero para profundizar el contacto.

    – Joder, como me estás poniendo Maka. Me comenta con voz ronca por la excitación y dándome la vuelta para quedar frente a frente.

    Sus manos viajan automáticamente hacia mi culo y se quedan allí masajeando y estrujando a su voluntad mientras que seguimos bailando en medio de la pista.

    No hablamos mucho más, solo algún comentario tribal a la vez que seguimos el ritmo de la música. 

    Su boca comienza un asalto sin cuartel y su lengua se enreda con la mía a la vez que una de sus manos sube hasta mi pecho el cual magrea hasta ponerme el pezón duro como una piedra. Yo gimo en el beso y noto como su otra mano se pierde bajo mi falda entrando por atrás. Puedo sentir dos de sus dedos pasando entre mis labios húmedos por lo cachonda que me ha puesto.

    – Joder que traviesa eres, no llevas ni bragas y ya estás choreando… quieres que te meta el rabo ¿eh? putita.

    -¿Este rabo? Le susurro contra sus labios a la vez que aprieto su erección por encima del vaquero ajustado que lleva puesto.

    Él se limita a resoplar y a llevarme hacia el fondo de la discoteca que está bastante más oscuro y donde hay varios sillones que están ocupados.

    Me acorrala contra una columna al lado de los sillones y comienza a devórame el cuello a la vez que me saca ambas tetas del vestido y pasa a magreármelas y chupármelas sin pudor alguno. Yo no puedo parar de gemir no solo por sus caricias si no por el espectáculo que estamos dado ya que un par de parejas de los sofás nos están mirando con disimulo.

    Importándome una mierda eso, es más, excitándome le desabrocho la bragueta y después de maniobrar con la ropa interior saco su duro miembro fuera y vaya polla… hmmm quiero que me folle ya… Se la empiezo a menear cuando me da la vuelta y me hace abrir las piernas.

    – Que pedazo de culo que tienes zorra.- Declara a la vez que me da una nalgada con algo de fuerza y eso hace que casi me corra del gusto.

    – Ven aquí que te la voy a meter hasta el fondo.

    Y vaya que si lo hace, restriega un par de veces su falo contra mi coño húmedo y pasa a buscar mi caliente vagina donde se hunde de una sola embestida fuerte y profunda.

    – Aaahh siii fóllame cabrón.

    Él se limita a gruñir algo, afianza sus manos en mis caderas y comienza a embestirme con fuerza. Yo estoy algo inclinada para que me la pueda meter mejor y con las tetas aún fuera del vestido. Las puedo notar cómo se bambolean a cada arremetida del animal que me está rompiendo el coño. Joder que polvo más bueno… estoy pensado esto y que estoy por correrme cuando noto una mano tocándome un pecho y tirando del pezón. Abro los ojos y veo a un tío de más o menos la edad de Lucas pero mucho menos agraciado que me está metiendo mano a la vez que se toca la polla por encima del pantalón.

    – Joder Lucas, tienes un radar para las calentonas.

    Ok, es su amigo… pues por mi bien, que cojones.

    Las parejas sentadas después de esto parecen demasiado escandalizadas o cachondas y se largan. Genial, Lucas me la saca y sin guárdasela siquiera me lleva a uno de los sofás con su amigo detrás.

    – Vamos nena que ahora me la vas a montar, eh zorrita.- Me dice dándome otra palmada en el culo.

    Cuando se sienta me fijo bien en él y su puta madre, es un polvazo y me está esperando con esa deliciosa polla en alto, se ha desabrochado por completo los pantalones y ahora puedo admirar sus grandes y oscuras bolas.

    Me subo a horcajadas sobre él y antes de empalarme con su verga veo como su amigo se sienta al lado sin quitar la mano de su entrepierna.

    Siento que en cuanto me la meta me voy a correr y así lo hago gimiendo y apretando la polla de Lucas con los espasmos de mi orgasmo. Esto parece encenderle y comienza a embestir hacia arriba con salvajismo.

    Puedo notar como mi falda se ha resbalado hacia mi cintura con el movimiento asique ahora tengo el culo al aire y cualquiera puede observar como el rabo de Lucas duro y completamente empapado por mis fluidos entra y sale de mi coño con velocidad. Su amigo se ha inclinado hacia nosotros y después de hacerme chupar un par de sus dedos el muy bastardo los lleva hasta mi trasero y comienza a meterme uno por culo a la vez que Lucas me abre los glúteos con ambas manos y sigue fallándome con fuerza. Joder creo que ahora mismo dejaría que me follase toda la discoteca… quiero mas… Comienzo a gemir como una perra en celo y me inclino más hacia Lucas para que su amigo pueda abrirme mejor el trasero lo que aprovecha para chuparme las tetas.

    – Vamos córrete otra vez puta… o necesitas que te la meta por el culo para hacerlo, ¿eh? ¿Quieres mi polla en tu trasero o la de Oscar, hmmm?- Me pregunta al oído después de metérmela hasta los huevos y dejarme ahí clavada y temblando de excitación.

    – ¿Que tal las dos por turnos? eh? -Vuelve a gruñir y puedo ver en su mirada que me va a follar hasta destrozarme y eso solo hace ponerme más cachonda si se puede.

    Oscar mientras tanto no ha perdido el tiempo y ya tiene tres de sus dedos hundidos en mi trasero.

    – Hmmm siii, vamos fállame el culo o tu amigo me da igual pero meterme algo ya joder…

    – Hija de puta te voy a destrozar tu puto trasero.

    Y así lo hace. Saca su hinchada polla de mi dilatado coño y me la va metiendo de a poco por el culo a la vez que me besa con pasión. Cuando la termina de meter y me acostumbro a su jodido grosor comienzo a subir y bajar a un ritmo primero lento y acompasado y poco después rápido y errático.

    Estoy empezando a convulsionar de placer y a perder la poca razón que me queda cuando hace que me levante de sobre él y que me vuelva a empalar con su verga pero esta vez dándole la espalda y de frente a todo aquél que llevaba ya un rato disfrutando de nuestro sexo en vivo.

    Y menudo espectáculo, no me reconozco. Tengo las tetas fuera rebotando con ambos pezones erguidos a cada jodida embestida de mi amante. La falda a modo de cinturón, las piernas completamente abiertas y con los dedos de Oscar hundiéndose en mi chorreante coño… Joder me vuelvo a correr y ahí veo como Oscar se saca su polla más pequeña que la de Lucas pero más gruesa y se abalanza sobre mi hundiéndola de golpe en mi coño. Doy un grito de placer al notar cómo me llenan por completo. Tengo los dos agujeros abiertos y llenos y no puedo evitar que un hilo de saliva escura por la comisura de mis labios cuando Oscar empieza a follarme magreándome las tetas a la vez que Lucas me rompe el culo.

    No sé cuánto tiempo estuvimos así, solo sé que cuando Oscar me la saco y se corrió encima de mi coño y poco después Lucas se vaciaba en mi trasero estrujándome las tetas y mordiéndome un hombro tuve el mayor orgasmo que he sentido en mi puta vida… y recordar que soy una zorra ninfómana.

    Al final terminaron echándonos de la discoteca y amenazando con llamar a la policía por escándalo público.

    Esa fue mi primera aventura extramatrimonial, las siguientes que vendrían y las que verdaderamente me convirtieron en lo que soy hoy no estarían totalmente bajo mi control y fueron por culpa de esta noche en concreto. En fin yo misma me lo busqué pero por hoy ya estoy lo suficientemente caliente como para contaros más aventuras, eso será en la siguiente parte ahora voy a ver si mi marido quiere metérmela en algún lado. Espero que os haya gustado… nos vemos. Hmmmm…

  • Unas vacaciones con mis tías (1): La llegada a la playa

    Unas vacaciones con mis tías (1): La llegada a la playa

    Me llamo Pedro, aunque toda la familia me llama Pedrito. Tengo veinticinco años y me va bien. Estudié fotografía y ahora me suelen contratar para bodas, y la verdad es que se gana dinero. Este trabajo te da acceso a conocer gente y tener una amplia vida social.

    Todo empezó cuando cumplí dieciocho años y las hormonas corrían por mis venas como el fuego corre por un bosque en verano. Me saqué el permiso de conducir nada más cumplir los años y mi madre, que me adoraba, estaba encantada de dejarme su coche. Me daba vueltas por las manzanas cercanas tan solo por el placer de conducir. Mi hermana, Sonia, que es cuatro años mayor que yo, me vacilaba continuamente. “Qué, ya tienes sitio para follar? Ahora solo te falta encontrar una tía que quiera, jajaja!!” “Abre bien la ventana, que seguro que huele a paja! “ Todo cosas así, siempre relacionadas con el sexo porque sabía lo salido que yo estaba en aquella época, no es que me fuera mal con las chicas, pero casi siempre me quedaba insatisfecho y cuando llegaba a casa me mataba a pajas.

    Tenía la polla casi pelada de pajearme, seis a siete veces diarias, vamos que estaba obsesionado con el sexo. Tía que veía, tía que me follaba en mi imaginación, incluidas mi hermana y mi madre. Mi hermana, Sonia, tenía entonces veintidós años y estaba algo delgaducha para mi gusto, pero tenía un culo que me flipaba. Mi madre, Nati, era otra cosa, a sus cuarenta y cuatro años se mantenía estupenda, culo prieto, tetas firmes de una talla noventa, lo de la talla lo se porque lo vi en alguno de sus bonitos sujetadores. También era guapa, castaña con ojos marrones claros y una media melena que adornaba su cara a la perfección. Lo mejor que tenía era su carácter abierto y una sonrisa dulce y maravillosa. Siempre que podía le daba un cachete a alguna de las dos, con mi hermana acaba en bronca, pero mi madre era más permisiva.

    De mi padre tengo poco que decir, es comercial y pasaba poco tiempo en casa, es al contrario del resto de trabajos, de cada siete días que tiene la semana tan solo le veíamos dos, uno o a veces ninguno. En verano si solíamos irnos de vacaciones veinte días o incluso un mes. Ese año las vacaciones se fastidiaron, parece ser que mi padre tenía que trabajar. Mi madre nos propuso irnos a casa de mis tías, sus dos hermanas mayores que vivían en la costa. Habían montado un negocio que les iba muy bien y tenían una casa enorme. Recordaba que cuando era pequeño solía ir a menudo cuando me daban las vacaciones en el colegio. A veces me pasaba dos meses con ellas y recuerdo que me trataban muy bien. Al no tener más alternativas, acepté la propuesta de mi madre, nos iríamos al menos un mes con ellas a la playa. Mi hermana solo aceptó ir unos días, después se volvería a casa. Realmente lo que le apetecía es tener la casa para ella sola y estar con su novio con el que ya llevaba un año.

    Pues a primeros de julio nos marchamos y mi madre me dejó conducir a pesar de la oposición de mi hermana. Yo estaba encantado, a la playa y con el coche de mi madre a mi disposición, ¡eso iba a ser la leche! El verano y la playa es una buena conjunción para ligar que era lo único que tenía en mente. Cuando llegamos al pueblo costero donde vivían, vi el pequeño puerto donde se mezclaban barcos de pesca con otros de recreo. A la cabeza me llegaron recuerdos de la infancia cuando mis tías me bajaban a la playa y a veces nos dábamos un paseo en barco. Después de recorrer el paseo marítimo cogimos la carretera que ascendía por la colina y a un par de kilómetros allí estaba la casa donde me lo pasaba tan bien de pequeño. Toqué el claxon y al momento mis dos tías salieron a saludarnos a la vez que abrían la verja del recinto que rodeaba la casa. Me quedé sorprendido, la verdad es que no la recordaba tan grande desde el exterior. Tenía un pequeño jardín a la entrada con un trozo asfaltado para llegar al garaje.

    – Pasa, pasa! Mételo en el garaje que hay sitio de sobra.

    Gritó mi tía Soledad, Sole para la familia, que era la mayor y por entonces tenía cuarenta y ocho. Mi tía Cándida, aunque la llamábamos Candi, era la mediana con cuarenta seis, nos saludaba con las dos manos y una amplia sonrisa. Antes de meter el coche en el garaje que era un cobertizo al lado de la casa, paramos para salir a saludar. Nos abrazamos y nos besamos con entusiasmo, pero mi obsesión por el sexo volvió a alborotar mi mente. Hacía como diez años que no las veía y ahora las miraba con otros ojos. Sole, la mayor, era una mujer muy sensual llena de curvas que disimulaban los dos o tres kilos de más que posiblemente tenía. Sus grandes tetas impactaron contra mi pecho al abrazarme calurosamente.

    – Madre mía! Cómo has crecido Pedrito! Estás hecho un hombretón!

    Me dijo dándome dos sonoros besos en ambas mejillas. Mi tía Candi era algo más estilizada, sus curvas eran menos pronunciadas y no tenía un culo grande, pero su redondez, con un ligero respingo, lo hacían esquisto. La piernas las tenía muy bien contorneadas y sus muslos parecían duros y tersos. Sus tetas no eran tan grandes como las de su hermana, pero debía de tener una talla noventa, como mi madre. También recibí esa sensación deliciosa cuando sus tetas se pegaron a mi pecho en un intenso abrazo. Me acarició las mejillas dándome un par de pellizcos a la vez que me miraba con sus ojos verdes y una sonrisa encantadora. Su pelo era más largo que el de su hermana, y aunque lo tenía claro se había teñido de un color rojizo.

    – Pues si que has crecido! Pero si casi me sacas la cabeza!

    Me dijo con entusiasmo. Sacamos las maletas y volví al coche para meterlo en el garaje. Sole me daba indicaciones para no dar con el paragolpes contra la pared, al lado quedaba el de ella, un todo terreno precioso. Cerró el portón del garaje y accedimos al salón por una puerta lateral. Un salón enorme donde había tres sofás en el centro alrededor de una mesa baja cuadrada, dos sillones en un lateral frente a la chimenea, que no creo que usarán mucho, y en el otro lateral una mesa alta rectangular rodeada por ocho sillas. Al lado había un pasillo que comunicaba con una amplia cocina, un aseo y un cuarto trastero y en la misma pared, al otro lado salían las escaleras que daban al primer piso, donde estaban las habitaciones. También había otra puerta en la misma pared que la del garaje que no supe a donde daba. Subimos y nos mostraron las ocho habitaciones que tenía la casa, no habría problemas, tendríamos una para cada uno. Las escaleras continuaban hasta una buhardilla que ocupaba la mitad de la casa, con una puerta que daba acceso a una terraza que cubría la otra mitad. Vamos una casa de ensueño comparada con el piso donde vivíamos.

    Eran las doce del mediodía y el sol apretaba con fuerza.

    – Venga, cambiaros y daros un baño en la piscina antes de comer. Así estaréis fresquitos!

    Nos dijo Sole. Le hicimos caso y después de ocupar las habitaciones que nos habían asignado nos pusimos los bañadores y bajamos al salón, que era por donde se salía al jardín trasero, aunque también se podía salir por la cocina. Recordé mis tiempos de niño donde casi me perdía jugando entre los arbustos y árboles de ese inmenso jardín, bueno, inmenso para un niño de diez años, aunque en ese momento con diez y ocho también te podías perder de la vista de los demás. La piscina tenía forma de ocho, de unos doce metros de larga y seis en las zonas más anchas. Estaba a unos cinco metros de las escaleras que bajaban del salón y a la izquierda había una especie de perchero con toallas. Donde acababa la piscina comenzaban los arbustos y algunos árboles frutales que ocupaban unos cincuenta metros de largo por veinte de ancho. También había varias hamacas alrededor de la piscina sobre un césped bien cuidado y una mesa redonda con varias sillas.

    Cuando baje los escalones del salón, ya estaba mi hermana bañándose y mi madre hablaba con mis tías, sus hermanas. Mis hormonas que llevaban tranquilas varias horas volvieron a fluir a gran velocidad. Las tres se habían puesto bikini y dejaban ver sus cuerpos casi desnudos. Mi madre había sido la más recatada, su bikini, verde con rayas negras, no llegaba a ser un tanga, pero resaltaba su carne todavía algo blanca a la espera de ser bronceada por los rayos del sol. Mis tías sin embargo, no eran nada recatadas, los tangas que llevaban eran espectaculares y dibujaban perfectamente sus culos casi desnudos. A Candi, la parte de arriba le recogía bien sus bonitas tetas, pero a Sole parecía que se le iban a salir en cualquier momento. Lo primero que pensó mi mente perturbada fue en comer esas grandes tetas y decidí meterme en el agua antes de que se me pusiera la polla dura con pensamientos delirantes.

    – Como ha crecido Pedrito! Vaya altura que ha cogido! Cuantos años tiene ya?

    Oí que le decían a mi madre cuando pasé a su lado para entrar en el agua. Una vez dentro ya no me preocupó mirarlas, mi miembro estaba protegido bajo el agua fresca. Sole, la más voluptuosa, tenía la piel más morena y con el sol que ya había cogido casi podía pasar por mulata. Candi tenía la piel más blanca, parecida a la de mi madre, pero el sol la había dado un tono muy atractivo. Con su pelo rojo y viéndola de espaldas, se le podían echar diez años menos. Aunque para mí, la más estupenda era mi madre, la veía preciosa con su bikini verde con rayas negras, sus tetas y su culo tenían las medidas perfectas para mí gusto, y sus muslos, ufff, sus muslos me volvían loco. Con diez y ocho años y mi mente pervertida ya me había hecho unas cuantas pajas pensando en ella. Lo que si debía de ser genético eran los pezones, a las tres se las marcaban de una manera ostentosa, incluso mi hermana, que nos tenía muchas tetas, tenía los mismos pezones. Después de esa mirada ya tenía claro que iba a caer una paja antes de comer.

    Al cabo de unos minutos las tres entraron en el agua bajando por los escalones que había en la zona más cercana a la casa. Candi y mi madre se sentaron en los escalones con la mitad del cuerpo sumergido en el agua y Sole se lanzó a nadar hacia donde yo estaba.

    – Que buena está el agua, verdad!

    Me dijo al llegar cerca de mi. La piscina no cubría, por lo menos a mí. La zona más profunda estaba en el centro y me llegaba al cuello. En el lado opuesto a las escaleras me llegaba por encima de la cintura y me había apoyado en el borde con los brazos abiertos.

    – Si tía, está estupenda!

    Le contesté. Se puso de pies y sus grandes tetas, apenas tapadas, flotaron como dos pelotas de playa. Su carne morena y tersa brillaba con los rayos de sol cayendo en vertical y mis ojos se clavaron en esa carne deliciosa sin poder evitarlo.

    – Que guapo y que fuerte te has puesto! Me dijo tocándome el pecho que quedaba fuera del agua. Las pocas veces que había ido al gimnasio habían hecho su efecto y realmente se me marcaban unos buenos pectorales.

    – Gracias tía! Tú también estás muy bien! Le contesté devolviéndola el cumplido.

    – Llevábamos mucho tiempo sin verte, con lo que venías de pequeño y ahora nada! Deberías venir de vez en cuando a vernos!

    Se había dado cuenta de cómo miraba sus tetas, pero más que molestarse, hizo un ademán de colocarlas con sus manos subiéndolas a la vez que las juntaba. Mire de reojo para ver qué hacían mi madre y Candi, y vi que charlaban animadamente sentadas en los escalones de la entrada. Mi hermana ya se había salido para tumbarse al sol.

    – Llevas razón tía. Ahora que ya tengo el permiso de conducir podré venir mas a menudo!

    – Y que tal, ya tienes novia?

    Preguntó volviendo a colocarse las tetas. Esos movimientos me estaban poniendo frenético.

    – Que va, soy muy joven, pero tengo amigas!

    Sole se pegó más a mi hasta rozarme con sus grandes tetas.

    – Amigas cariñosas?

    Me dijo con una sonrisa excesivamente pícara. Cuando note esas tetas pegándose a un lateral de mi torso sentí un latigazo de hormonas que provocaron que mi polla diera un respingo. No podía quitar la vista de las tetas y tartamudee un poco al contestar.

    – Bueno, algunas… más que otras! Pude balbucear.

    – Pues si yo fuera una de esas chicas, no dudaría en ser cariñosa contigo, jajaja!

    Y se giró haciendo que su hermoso culo rozará mi cuerpo. Mi polla dio otro respingo y sentí como se enderezaba abultando mi bañador, parecía que ni el agua fresca era capaz de frenarla. Y mi tía? Que me había dicho? Cuando fui capaz de despejar la mente de la nube de hormonas que la ocupaba, pude analizar la frase, más o menos era que si fuera una de las chicas no dudaría en follarme. Joder!! Si llega a saber que yo me la follaría sin importarme su edad ni los lazos familiares! Mi mente de diez y ocho años saltó sin pensar.

    – Pues tú estás estupenda, tía! Tampoco lo dudaría yo si te viera por la calle.

    – Jajaja! Que salao que eres, Pedrito!

    Mis ojos parecían tener un imán y sin yo quererlo volvían a clavarse en sus tetas.

    – Anda, vamos a jugar un poco. Me tumbo de espaldas y tú me coges con las manos y me das vueltas!

    Me dijo tirando de mi mano. Cuando llegamos al centro de uno de los círculos que formaban el ocho de la piscina se tumbó haciendo el muerto y puse mis manos en su espalda y comencé a girar sobre mi propio cuerpo. Sus tetas ahora afloraban como dos redondas montañas emergiendo de las profundidades. La línea de su cintura se cerraba y se volvía a abrir haciendo sus caderas redondas y sensuales. Podía ver el pequeño triángulo amarillo que tapaba el centro de sus muslos y me dio la impresión que había algo de vello púbico bajo el. Yo había estado con varias chicas y todas iban depiladas, nunca había visto un coño cubierto por una mata de pelo. Mi polla se acabó estirando por completo ante esa imagen.

    – Ummm, como me gusta! Sujétame bien! No dejes que me hunda!

    Me dijo mirándome con ojos pícaros. Mi mente podía estar calenturienta y depravada pero la sensación era que mi tía me estaba provocando para que la tocara más. Bueno, que podía pasar si la ponía la mano en el culo, como mucho que me la quitara. No lo pensé más, baje una de las manos y la puse en el centro de su hermoso culo.

    – Ummm, ahora mejor, así no se me hunden las piernas!

    “Joder!! Que le ha gustado que le toque el culo!!“ Pensé con las hormonas en plena ebullición. “ Bueno, pues habrá que hacer algo más, a ver qué pasa.” Estaba tan salido que ni me importaba que mi madre estuviera a unos metros, además, estábamos jugando, me dije a mi mismo como una tonta escusa. Moví la mano para sobarla el culo a la vez que se lo apretaba levemente.

    – Ummm, que bien se está flotando en el agua!

    Eso era una frase de asentimiento a mis toqueteos. “Joder, que pena que estén mi madre y mi tía tan cerca, que si no, la iba a dar un sorbo de pelotas!!“ Pensé en un estado de salidismo puro. Después de un par de minutos sobándole el culo bajo el agua me dijo.

    – Ahora boca abajo, como si fuera un barco!

    “Un barco! Menuda mierda de escusa! Lo que quiere es que le toque las tetas!“ Pensé mientras se daba la vuelta. “Seguro que supone que estoy deseando sobárselas, lo que no sé si sabe es que se las comería con mucho apetito!”.

    Cuando se dio la vuelta una de mis manos quedó directamente bajo sus tetas y la otra en su vientre muy cerca de su zona púbica. Esos contactos provocaban que mi calenturienta mente actuará sobre mi polla haciendo que se pusiera más dura, no sé que pasaría cuando tuviera que salir del agua. Sole movía sus brazos como si nadará a braza y eso hacia que sus tetas bailarán sobre mi mano.

    – Ummm, que bien me llevas! No dejes que se hundan mis piernas!

    Me dijo volviéndome a mirar con ojos pícaros. Para mi estaba claro que quería que pusiera la mano en su coño. “Si le estoy tocando las tetas y le gusta, por qué no le voy a tocar el coño!” Pensé con mi mente simple de adolescente. Fui bajando mi mano despacio esperando su reacción, pero ella no decía nada, seguía dando brazadas. La palma de mi mano tocó su muslo y mis dedos llegaron al triángulo del tanga. Noté la mata de pelo bajo la tela y también sus gordos labios genitales.

    – Así, así! Ahora has sujetado bien el barco!

    Dijo girando la cabeza y guiñándole un ojo. Empecé a ponerme nervioso, mi polla no paraba de intentar reventar el bañador mientras yo le frotaba el coño con mis dedos por encima de la tela. Con la otra mano sobaba y apretaba sus tetas, era una situación desesperante. Mi polla parecía estallar y no me podía follar a mi tía allí mismo, ni siquiera podía hacerme una paja.

    – Que bien te lo estás pasando eh, Sole! Le dijo Candi sentada en las escaleras con medio cuerpo dentro del agua

    – Mira, soy un barco! Buuu! La contestó Sole mientras yo seguía dándole vueltas.

    Mi madre y Candi rieron al oírla hacer ese ruido intentando imitar la sirena de un barco.

    – Nosotras vamos a preparar la comida. Volvió a gritar Candi.

    – Vale, ahora voy. Quiero enseñarle a Pedrito donde jugaba de pequeño!

    – De acuerdo, no tengáis prisa. Todavía es pronto!

    Dicho esto, mi madre y Candi se fueron y desaparecieron por las escaleras del salón. Mi hermana seguía tumbada boca abajo con los cascos puestos y la música a tope.

    – Ven, te enseñaré donde te escondidas cuando eras pequeño!

    Me dijo Sole agarrándose a las escaleras de aluminio para salir del agua. En ese momento vi perfectamente su cuerpo, realmente no estada nada mal, como he dicho, algún quilo de más pero muy bien repartidos por sus extensas curvas. Mire hacia atrás antes de salir para ver si mi hermana nos miraba, pero seguía con la cara contra la toalla. Cuando salí del agua mi polla había bajado un poco, pero todavía se notaba algo de abultamiento. Sole lo miro de reojo pero no dijo nada, tan solo tiro de mi mano para que la siguiera. A los veinte metros ya no se veía la piscina, los arbustos tapaban la visión. Seguimos serpenteando entre arbustos, árboles y plantas hasta llegar al final donde había una pequeña caseta de extensa

    – Te acuerdas? Me pregunto al llegar a ella.

    – Si, si!

    – Ven vamos a entrar ya verás qué bien está por dentro!

    Era una caseta de unos seis metros de larga por tres de ancha. Había una mesa de madera con un par de sillas, también había un colchón viejo en un rincón y un montón de trastos para el cuidado del jardín. Una pequeña ventana con una malla para que no entraran insectos daba luz a la estancia. Cerró la puerta quedando partes de la estancia en penumbra. También había una bombilla pero no la encendió. Me llevó hasta donde estaba la mesa, que era más o menos por el centro y sin más preámbulos se bajó el pequeño sujetador del bikini y las dos grandes tetas saltaron sobre la tela.

    – He pensado que aquí podrías tocarlas con más tranquilidad!

    Me dijo con una sonrisa dulce pero en sus palabras se masticaba la lascivia. Mis ojos se abrieron como platos y relamí mis labios con mi propia lengua. No tuve que decir nada, en mi cara pudo ver el deseo y lo salido que estaba. Mi polla se enderezó de nuevo y me acerque con las manos levantadas, las puse sobre sus dos hermosas tetas y comencé a sobarlas a la vez que las miraba clavando mis ojos como arpones.

    – Te gustan guapo? Asentí sin despegar mis ojos de ellas.

    – Anda, cómetelas ya verás qué ricas que están!

    Noté como sus manos comenzaban a palmar mi miembro por encima del bañador y lance mis labios contra uno de los grandes pezones. Sentí esa abundante carne en mi boca y comencé a devorarla haciendo una demostración de lo salido que estaba. Mi boca pasaba de un pezón a otro chupando como si fuera a sacarles leche mientras aplastaba y juntaba sus dos tetas con mis manos.

    – Ummm, como me gusta, cielo! Me susurraba al sentir las potentes succiones.

    – Que dura está! Me dijo con una voz dulce, como si tuviera todavía los diez años de cuando me vio por última vez. Sus manos agarraron mi miembro sacándolo del bañador y percibí cierta ansia en su manoseo. Baje una de mis manos hasta sus muslos y pase los dedos por el centro, ahora pude sentir mejor esa mata de pelo y los abultados labios. Su cuerpo dio un estertor al sentir el roce. – Uffff, que calentita estoy!

    Dijo con la misma voz cálida y dulce. Mis dedos se colaron entre la tela y toque el vello púbico que cubría los gruesos labios. Fue una sensación agradable a la vez que excitante. Uno de mis dedos se introdujo abriendo los gruesos labios.

    – Ufff! Ufff! Junto los labios y comenzó a emitir sonidos soplando y sorbiendo.

    Al momento noté como se mojaba mi dedo. Ya no podía esperar más, mi polla estaba a punto de reventar, las venas se habían hinchado y el capullo comenzaba a ponerse morado. Fui a hacer intención de metérsela y me paró.

    – Espera, espera!

    Se bajó el tanga y lo sacó por los pies, después se sentó sobre la mesa con la mitad del culo fuera y las piernas abiertas, ahora la visión me pareció maravillosa, se veía esa mata de pelo recortada en forma de triángulo entre sus anchos muslos, algo que me pareció muy erótico. Su cintura se cerraba para dar paso a las dos redondas tetas con los gruesos pezones rodeados de una gran aureola marrón. Fue una visión fugaz pues de inmediato me lancé con la polla en mi mano y mi hinchado capullo atravesó el bello abriendo los abultados labios. Noté la presión de su vagina abrazando mi polla, no sabía si es que era estrecha o que ella misma ejercía esa presión.

    – Despacio, despacio! Quiero sentir como entra!

    Me dijo con su dulce voz a la vez que acariciaba mi cabeza. Comencé a realizar movimientos cortos apretando más en cada uno de ellos y en pocos segundos mi polla había entrado entera.

    – Ahhh! Ahhh! Ahora abrió la boca y comenzó a emitir sonidos largos y vibrantes que parecían proceder de lo más profundo de su garganta.

    Su cuerpo también empezó a temblar y noté como se me empapaba el miembro. Me lancé de nuevo sobre sus tetas y las devore como un león hambriento. Chupaba y mordía los gordos pezones mientras le agarraba los muslos con mis manos y embestía con más fuerza.

    – Ahhh! Ahhh! Comenzó a apretar mi cabeza contra sus tetas y a emitir sonidos con la boca muy abierta, como si le faltará el aire. Creo que se corría de forma continua pues su flujo se salía por todos lados mojando ampliamente mis huevos y sus muslos. Mi polla estalló soltando varios chorros de leche. Mis corridas también eran abundantes y acabamos los dos empapados. No sé si habíamos durado tres o cuatro minutos, pero mi tía se había corrido como para llenar una palangana. Tuve que quitarle las manos de mi cabeza pues parecía que no quería soltarla. Después de que su respiración se relajara, se bajó de la mesa y abrió un cajón que había bajo ella, sacó un paño que parecía de cocina y lo paso entre sus muslos varias veces, Joder, hasta eso me ponía cachondo!

    – Ufff, pues si que me he mojado!

    Su voz seguía siendo dulce. Miró mi polla, que ya se había arrugado un poco, y me dijo.

    – A esta ricura la limpiare de otra manera!

    Su trato era casi enternecedor. Se agachó y comenzó a darle unas chupadas que casi me la endereza de nuevo. Cuando la sacó de su boca estaba limpia y brillante. Pensé en lo delicioso que sería una buena mamada con sus sensuales labios soltando mi semen en su boca. “ Se lo tragaría? “ pensé con mi perturbada mente. Creo que si hubiéramos tenido tiempo, se lo hubiera pedido. Se volvió a poner el tanga adornando de nuevo sus voluptuosas caderas.

    – Espero que esto sea un secretillo entre nosotros!

    Dijo mirándome con cara de pícara. Yo seguía sin palabras y tan solo asentí con la cabeza.

    – Vamos, vamos! Que nos van a echar de menos! Dijo dándome una palmada en el culo y con la felicidad dibujada en su rostro.

  • Me cogí a la doña de las nieves

    Me cogí a la doña de las nieves

    Esto me lo contó mi compañero Alex.

    A un par de calles de la oficina hay un puesto de nieves sobre la banqueta, en estos días calurosos paso del diario por mi nieve a la hora de la comida para refrescarme, pero no es el único motivo, también me gusta mirar a la señora que despacha, esa señora de unos 45 años me calienta con solo mirarla y escucharla, es morena, de cuerpo bien cuidado, siempre viste deportiva, tenis, licra y top, la licra siempre deja ver qué usa tanga, le tiembla muy rico el culo cuando se mueve, el top, siempre escotado, deja ver sus apetecibles senos bien formados, sumando su voz chillona y pueblerina el resultado es que me pone la verga a punto.

    De tan seguido que voy ya me ubica, ya hasta conozco a su hija Vanessa y sus nietos, Víctor y Karla que cuando salen de la escuela pasan a saludar a su abuelita. Cada que doña Mari me entrega mi nieve le acarició su mano al tomarla, cuando le pago y me da el restante lo mismo.

    Uno de los tantos días me reprochó:

    – ¿Por qué siempre me acaricia la mano joven?

    – Perdón señora pero la verdad es que usted me resulta muy atractiva y pues hago mi luchita. – Le dije.

    – Hay joven, me halaga usted pero déjese de rodeos y vaya al grano, una ya no está para juegos.

    – ¿Qué le parece entonces si vamos al hotel?

    Para mí fortuna dijo que si, le encargó el puesto a su hija que iba llegando, le dijo que iba al baño, que no tardaba, hay dos hoteles cerca de las oficinas, escogimos uno y entramos, a ninguno nos importo que nos vieran entrar o salir juntos, mientras subíamos las escaleras al cuarto admiraba es culote que me iba a comer, no lo creía, entramos y nos paramos al pie de la cama, le apretaba las nalgas para sobar su concha con mi verga ya bien erecta mientras nos besábamos intensamente, se notaba que doña Mari era insaciable en la cama.

    Le di media vuelta y atrapó mi verga entre sus nalgas, mis manos le sobaban las tetas por encima del top y mis labios besaban su cuello, dió un leve gemido cuando le mordí la oreja. La puse en cuatro al borde de la cama, le baje la licra hasta las rodillas y por fin pude ver ese culito al que le había dedicado tantas pajas, le di unas nalgadas para ver temblar su culo, me arrodille y le hice la tanga a un lado, me encantaba su concha, negrita por fuera pero muy rosita por dentro, se la empecé a chupar como si fuese una de sus nieves, le recorría el clítoris y los labios, ella se estremecía y gemía de placer, saque la lengua todo lo que pude y se la metía y sacaba de la concha, dio un fuerte grito y sus fluidos empezaron a escurrir por sus piernas.

    Yo no aguantaba más, sentía que la verga me iba a reventar, me pare y me baje el pantalón y el calzon.

    – ¿Traes condón?- me dijo

    – No

    – Bueno, metemela así, voy a confiar que no me vas a pegar nada.

    Antes de que terminara de decirme ya se había tragado toda mi verga, estaba tan caliente que le daba lo más duro que podía, seguramente sus gemidos se escuchaba hasta el cuarto de a lado, se le veía disfrutar cada centímetro de mi verga. Mientras me la cogía le levante el top, me gustaba ver sus tetas menearse al ritmo de mis estocadas, con una mano la jalaba de la trenza mientras con la otra le picaba el ano, ella solo gemía y gemía.

    La pare, le quite la licra, le dejé la tanga y el top, me acosté, le jale la tanga de lado y la hice sentar en mi verga, inmediatamente comenzó a cabalgar como buena perra, yo le daba nalgadas para que acelerara el ritmo, jugueteaba con sus tetas y ocasionalmente me levantaba para morderle los pezones, no tarde mucho en sentir sus chorros escurrir por mis huevos.

    La pare de nuevo, así de pie, la acomode para que se recargara y se viera a través de un espejo de cuerpo completo que había en el cuarto, le llegué por atrás, le separe las nalgas y le metí la verga de nuevo, empecé lento y fui subiendo la velocidad, se quedó mirando al espejo viendo la cogida que le estaba dando, la jalaba de las tetas contra mi verga para hacer mis estocadas aún más profundas, se chorreo de nuevo.

    Cuando se la saqué se puso en cuatro en la cama, le jale los brazos por detrás de la espalda para que su pecho se apoyara en la cama y su culo quedara bien parado, movía el culo de un lado para otro pidiendo verga, le di unas nalgadas y le arranque la tanga de un jalón, me fui a su ano.

    – Por ahí no joven, nunca me lo han hecho por ahí.

    Era mentira, con muy poco esfuerzo su ano se devoró mi verga, le daba lo más fuerte que podía, ella se metió los dedos por la concha y pronto dio el gemido más escandaloso de todos, gritaba y se estremecía sin poder controlarse, acelere el paso y me vine dentro de su ano, se la deje adentro hasta que se me encogió y nos recostamos un rato.

    Fui al baño a lavarme el pene y doña Mari comenzó a vestirse, cuando salí del baño vi como se le marcaban sus labios vaginales en la licra, eso me puso la verga a punto otra vez, ella se dio cuenta, se puso de rodillas y me la empezó a mamar de manera magistral, me chupaba los huevos y recorría todo mi palo, me rosaba con la lengua el hoyito de mi verga y no pude aguantar más, me vine en su boca y la doñita no dejo ir ni una sola gota, me vesti y nos salimos.

    Mientras regresaba a su puesto le veía sus nalgas temblar al caminar ya sin tanga, esa me la quedé de premio, se notaba una mancha de humedad en su culo, muy probablemente de mi leche que se le escurría del ano, finalmente nos despedimos.

    – Gracias joven, ya necesitaba una cogida así, hace mucho no me cogían con tantas ganas.

    – Para servirle doña Mari, cuando guste usted.

    Cuando llegue a las oficinas me hice una paja con la tanga de doña Mari, recordando todo lo que hicimos.

  • Seduciendo a la vecina, una gran puta (Parte 2)

    Seduciendo a la vecina, una gran puta (Parte 2)

    El deseo cocinado a fuego lento tiene más sabor, la vecina se pasó de infiel a puta atrevida sin límites, quería todo y mucho, el trío y la pansexualidad eran sus objetivos.

    Este es epílogo del relato de un juego de succión que se dio con la vecina, sin buscarlo. Un favor de llevar a su marido al hospital abrió las puertas a una amistad y desde ahí un giro tan sorpresivo como inesperado. Por un momento parecía concretarse el deseo de ambos nacido por la causalidad, pero no todo era color de rosa, estando en el mejor momento para concretar el deseo sexual, el llamado del hospital para retirar al marido creo la pausa que permite pensar a la mujer, las culpa de estar a punto de ser infiel creo ese momento de indecisión y suspenso.

    La forma intempestiva de suspender ese momento de intimidad, luego las evasivas de no mostrarse y enviarme un mensaje, cuya última parte decía: “…Ese orgasmo robado me ha producido el dolor profundo de la infidelidad, se me partió el alma pero al mismo tiempo fue el placer más sublime e intenso que pude haber sentido, se me encendió la luz, ahora ni sé cómo seguir. Déjame tomar un tiempo para saberlo. Gracias, sinceramente Anny”

    No tenía otra alternativa que esperar a que ella volviera a restablecer el puente de empatía y deseo que se había generado según cuento en el relato anterior.

    Casi un mes más tarde del mensaje, una tarde recibo en el celular un mensaje de Anny, “te puedo llamar”, sorprendido pues durante el tiempo que nos vimos solo un par de mensajes de whatsapp pero nunca una llamada. La respuesta afirmativa y el llamado de ella:

    “Hola vecino amigo, tengo una propuesta para vos, y espero que la aceptes” breve pausa como para generar suspenso y sigue: “el próximo viernes tengo una despedida de soltera de una amiga del gym, pero no tengo ganas de asistir, pero… por lo que hemos pasado me parece justo y necesario invitarte a cenar, me aceptas?” el sí fue con calma para simular que no estaba deseando un encuentro. Acordamos hacerlo a unas cuadras de su casa para evitar infidencias, subimos al auto y me dijo, te invito a cenar, pero que sea un lugar alejado y bien escondido para que no se entere mi marido, además lo de la despedida de soltera solo fue para engañarlo, fue una idea de una íntima amiga.

    Sabía de un lugar discreto pero no tan alejado, me urgía estar junto para descubrir el motivo. Nos ubicamos en el lugar más apartado del local y ahí mismo le propuse que fuera yo quien invite, las copas de jerez fueron como para brindar por el encuentro, y ella tomó la palabra para poner las disculpas del porque luego de ese momento de intimidad se llamó a silencio.

    – Para que lo entiendas ese momento de intimidad no fue sexo, solo un juego oral, pero no lo considero sexo,

    – No me refería a ese placer que regalaste, sino a los besos, esa fue la real intimidad que sentí y me llego al alma, luego que se disipó la calentura, me dominó el temor y la culpa por la infidelidad, y no supe afrontar esa carga emocional. Es cierto que estoy insatisfecha y carente de sexo, él no siente tantas necesidades como yo, y más aun desde su enfermedad de próstata, y ahora ya nada de nada.

    – Pero…

    – Déjame terminar, el contraste notable entre los momentos de cero sexo comparado con ese momento delirante de placer, me dejó “sacada” no sabía o no quería afrontar la realidad. Busqué ayuda en mi amiga, le conté todo y me aconsejó que no te pierda que respetaste mis tiempos y si me habías hecho gozar, no podía ni debía perderte. Ufff pude decir todo

    – Y… si no hubiera aceptado

    – Hubiera insistido y llorado si fuera necesario. Por favor, te necesito, esta noche me estoy quedando en casa de esta amiga que me avió los ojos y alentó para llamarte. Podrías venir a buscarme por la casa de mi amiga? Espero un SI, con mayúsculas. Quiero retribuirte lo que has hecho por mí…

    En el trayecto hacía y deshacía planes para esa noche, toque el timbre, la sonrisa cómplice de la amiga decía todo y más – Anny se está cambiando, ya viene… quieres pasar a esperarla?

    La Celestina me inspecciona con la mirada, aprueba. – Voy avisarle a Any, – Ya llegó, te espera en la sala.. – Una copa?

    – Mejor no, es temprano.

    – Sí, claro la “noche” aun no comienza…

    Aparece Any, “producida” toda ella era una persona distinta a la vecina, esta es otra, cada detalle sorprende y enamora.

    – Que se diviertan… portarse bien… – dijo la amiga.

    La sonrisa de Any es buen presagio de una noche feliz. – Estoy en tus manos…

    – Primero a cenar, conozco un lugar discreto y luego…

    – Y luego…donde nos lleve la noche, te parece?

    – Un plan perfecto, me parece bien.

    Ya tenía todo planeado, un lugar intimista y discreto buen vino para entonar las emociones. Un último brindis y el toque de caballero cuando le pedí al mozo de modo, en secreto, que nos envuelva las copas que hemos usado y se las entregué como recuerdo de “nuestra” primera noch. Totalmente seducida, puso su mano sobre mi rodilla y me hizo detener la marcha. Nos comimos la boca y besarnos sin poder respirar, anticipo de una noche inolvidable. La danza del fuego eterno encendió el fuego de la pasión que desborda en sus espléndidas tetas que me “obsexionan”

    La llevé al mismo hotel, la causalidad quiso que nos asignen la misma habitación de la vez anterior. Como ingresamos apenas pasada la media noche teníamos el turno de “pernoctar” que se extiende hasta el desayuno. .- te parece bien si le avisas a tu amiga, que pasaremos la noche juntos… -llama, sonrisas tímidas, gesto de pregunta… – Dice mi amiga que “me hagas muy feliz”

    – Dile que no tendrás queja, bueno que tal vez el tiempo te parezca demasiado breve, Ja!

    La puerta se cerró detrás de mi… mientras pido café y whisky ella pasó al baño. Estaba preparando los tragos, ella baja la intensidad de la luz al mínimo, creando un momento de silencioso suspenso, luego lentamente va subiendo algo la intensidad para asomarse, ahora “producida” como una gatita sensual, con una mínima tanguita y soutien sin poder contener el desborde de las maravillosas redondeces de sus tetas con los pezones totalmente erguidos y fuera de contención.

    Se aproxima, seductora, insinuante, la media luz destacada esa sensualidad, la coreografía de seducción acelera mi corriente sanguínea, incita, inclinada sobre mí, amenaza con devorarme, su aroma embriaga mis sentidos, esos pezones desbordando la débil resistencia del sostén incitan a ser devorados.

    Se inclina para ofrecerlos, conoce de sobra mi debilidad por sus opulencias, está exultante, totalmente “sacada” es otra mujer, su atrevimiento oculta esa timidez que la domina, se deja atrapar en la rapiña de mis manos, tomando y apretando la teta izquierda, entrega su pezón en erección plena para ser devorado por la ansiedad de mi boca.

    Su cuerpo cae sobre mi pecho, el sostén se pierde en la penumbra y el pezón sumergido en mi boca. Lamiendo, chupando y hasta mordiendo ese emblema que entrega como anticipo de una noche de lujuria sin reservas.

    Rodamos por la cama, abrazados con el deseo en la piel y la calentura ardiendo en los sexos, todo es prisa y urgencia, sin saber cómo desaparece el sostén que no podía con las tetas, la tanga se diluye entre sus piernas, el bóxer me lo saca con sus dientes.

    Quiere replicar una escena que vio en una película porno, por eso conservó sus zapatos, repta por el lecho, se coloca sobre mí, siento la humedad de su sexo frotándose sobre mi rodilla, las manos ofrecen sus tetotas, una en cada mano, oferta para glotones.

    Las bocas y lengua se expresan en su plenitud erótica, dedos “mágicos” le roban los primeros gemidos, convulsiona y arque su cuerpo, sorprendida por el avance acosando el deseo escondido en su timidez. La mamada de tetas estremecen, agitan y llevan al borde del orgasmo, puedo impedirlo ralentizando la intensidad de la chupada, escatimarle esa llegada, demorarla sirve para acumular su energía femenina, hacerla sentir esa fuerza represora de su placer intensifica su deseo y potenciara cuando llegue al orgasmo.

    Entiende el juego pero no puede soportar tanta excitación, se descontrola pide que detenga el delicioso acoso. Explica que no puede controlarse, que todo es un descubrimiento, sensaciones y emociones que le exigen respuestas que no entiende, que nunca estuvo, ni cerca de sentir esto que le provoco. Sube al cielo del placer y al infierno por no saber procesar tanto.

    – No te esfuerces por entender, solo déjate llevar, entrégate al placer como te llegue.

    Un sorbo de whisky sirve para perder pudor y ganar atrevimiento, deslizándome entre sus piernas, despacio ganando confianza, siente mi aliento cerca, muy cerca de su sexo, estremece cuando elevo sus muslos para poder abocarme hasta que sienta el roce de mis labios en los suyos, la lengua busca entre los labios el sabor salado de su sexo. Estremece, agitada por la excitación, instintivamente eleva la pelvis con las manos sujeta y presiona mi cabeza contra su vagina, las manos arrugan y aprietan las sábanas, el vientre ondula, aguanta los gemidos que se atoran en su garganta.

    Cierra los ojos, y se agita, convulsiona el vientre y el pubis, la excitación no cesa y su resistencia flaquea, los gemidos se intensifican. Es tiempo de ralentizar la estimulación erótica, voy acomodando mi cuerpo para estar cerca de la figura del 69, el pene súper erecto roza su mano derecha, giré su mano con la palma hacia arriba enseñando el camino de apretarlo.

    Tímida comienza a sentir el roce, lo aprieta suave, sumergido por completo entre sus piernas incremento el asedio, boca, lengua y dedos se abren camino en su deseo, agito la pelvis para que sienta el contacto con la verga e inicie el frotamiento.

    Nuevamente otra ralentización de la chupada de concha, otra frustración de ese oleaje de excitación que la electriza y eriza sus pezones. Al retomar las acciones en su conchita, me suelta para aprisionar sus pechos como si fueran el salvavidas del naufragio de su resistencia. Esta vez tendrá su llegada triunfal, acelero el trabajo bucal y digital en su sexo, los gemidos pierden el pudor, la punzante sensación de estremecerse le hace perder el sentido de la realidad, aprieta sus tetas y un estrangulado gemido anticipa el desborde emocional, agitada, convulsiona, aprieta mi cabeza para sumergirla en el mar de sus jugos vaginales.

    Las convulsiones de su vientre y su pubis se suceden como un fuerte oleaje, luego la breve calma hasta que mi boca vuelve a exigir otra respuesta, y otra y otra más…

    – Basta, basta! No aguanto más…

    Súplica, y ruego en la angustia de no poder contenerse sus propios, esta presa de la agitación erótica, entregada sin luchar, su cuerpo estalla y se relaja, desarmada como una muñeca de trapo. Los ojos cerrados, sin poder articular palabra, la boca reseca y las manos agarrotadas sobre la almohada. Perdido el contacto con el mundo exterior, vergüenza, pudor y miedo, solo podía gemir, gritar y disfrutar su placer.

    Abre los ojos y la sonrisa llena su rostro de luz y felicidad, luego el silencio, disfrute y caricias a su hombre que sigue aspirando el aroma de su sexo.

    El relax la dejó exhausta, sensación inédita, acaricio sus manos mientras transita la calma del increíble orgasmo

    Caricias y los besos más obscenos la rescatan del letargo de un feroz orgasmo, mi boca sobre la de Any la resucita, aprende el juego de lenguas, el intercambio de salivas, la vida renace, el deseo emerge. Acerco la verga a su mano, mi dedo juega en su vagina, la agitación activa el deseo.

    Nuevamente entre sus piernas, muslos elevados, sostenidos por sus manos, moví la pija entre los labios súper húmedos, despacio, ansiosa de ser penetrada por una verga que no fuera la de su esposo. El deseo se hace carne, el temblor de la primera vez, .todo está dispuesto, el deseo a full.

    Sin salir de entre sus piernas, me separo mientras estiro la mano para tomar un condón de los de cortesía del hotel, intento desgarrar con los dientes el envase, ella me detiene… Dice que no es necesario, que su regla es tan exacta como un reloj, que puedo hacerlo al natural que por eso ha elegido esta fecha no fértil.

    Me vuelco sobre ella, la pija comienza a abrirse paso en la vulva, se siente bien estrecha. Fuerzo la penetración, una queja mal contenida y los ojos de asombro cuando el glande traspuso la vulva, sus manos se aferran a mis brazos, aprieta como resistiendo la penetración. Sin dejar de mirarnos, siente la penetración forzada, pero su deseo pide más.

    El segundo envión, el gemido ahogado responde cuando la tengo casi toda dentro, dice que le sorprendió por mucho más gruesa que la del esposo.

    – Hmmm, la sentí bien fuerte

    – La tienes estrecha, me gusta mucho…

    – La tienes bien ancha más que… y hace poco más de un año que nada…

    – Nada de nada?

    – Ajá! Pero antes tampoco mucho. En veinte años me sobran los dedos de una mano para contar los orgasmos. Es un buen hombre pero avaro en darme placer.

    – Ejemm… para eso estoy acá. Aprovéchate de mi…

    – No tengas duda de que lo voy a hacer, ten un poco de paciencia, es mi primera vez, lo único que sé es lo que aprendí en el video en la visita anterior y lo poco de consejos de mi amiga. Me dejo en tus manos para sentirme, como me dijo mi amiga… bien puta para vos.

    La suerte está echada, ella también, entregada y dispuesta a lo que venga, la ansiedad no le suelta la mano, la suyas aferradas a mis brazos como para salvarse del naufragio de las sensaciones que le produce el bombeo de la pija dentro de ella. Muevo mi torso para poder comerle la boca, ahogar esos incipientes gemidos llenando su boca de la lengua de su macho.

    Se está dejando llevar por la calentura de sentirme dentro, nuevamente retaceo esa llegada, hacerla padecer estar próxima al orgasmo acentúa su placer, mantenerla con toda la energía femenina es algo que siempre me ha dado buenos resultados. Me salgo de su concha, enfriar la situación alarga el placer, metido entre sus piernas para chupar esa conchita colmada de jugos y con el deseo latente.

    La calentura le obliga a sacudir la pelvis, elevase hasta mi boca, entregarse a mi lengua y gozar de la aventura anal de un dedo indiscreto explorando el lugar prohibido. Sus dedos enredados en mis cabellos empujan mi cara entre sus piernas cuando eleva la pelvis, necesita moverse para soportar tanta excitación. Los gemidos de ansiedad son más intensos y fuertes, jadea descontrolada, como entrando en el trance de aproximarse al orgasmo tan temido…

    Nuevamente cambiante la postura, ahora nuevamente elevando sus piernas, metido entre sus piernas y la pija entrando de un envión hasta el fondooooo. El gemido la estremece, el bombeo pertinaz, violento y profundo la dejan sin aliento, sus manos se cierran sobre mi espalda, siento las uñas frotando la piel y sus caderas sacudirse como una coctelera.

    – Como vas?

    – Uffff ni sé, siento que todo se mueve dentro

    – Estoy cerca. Te falta mucho para…

    – NOooooooo, estoy… llega…

    Era el momento justo y necesario, apuro una bombeada de pija, con todo el vigor de la calentura incontenible y se la mando con toda vehemencia dentro…

    – Siente tu lecheeee

    Mis manos sobre sus manos, mi boca sobre su boca, los golpes de pelvis la sacuden cuando la pija llega bien dentro, el primero bien fuerte larga el primer chorro de esperma, otros varios cortos pero profundos terminan de vaciar mi calentura dentro de su conchita.

    Me mantengo bien apretado en ella, silenciosos, las manos se van aflojando, los labios cediendo lugar para recuperar el aliento, me mira tratando de entender donde está y que le ha sucedido. Está perdida en las sensaciones de haber llegado a un orgasmo tan imaginado y ahora estalló dentro de su sexo y se irradia en todo su ser. Sonríe sin poder controlarse, se toma de mi cuello y el beso de lengua es la forma de expresarse.

    Me voy retirando de su sexo, saliendo despacio, mirando ese espectáculo maravilloso de observar como la pija en su retroceso escurre algo de la profusa enlechada. Disfruto ver el producto erótico de una excitación compartida y simultánea, algo no tan frecuente y ahora este milagro de la vida, ver como mi leche se le escurre entre los labios de su deliciosa y rosada vagina, los vellos húmedos en los espesos hilos de semen. Llevé su mano hasta su sexo, acompañé en recoger ese semen escurrido, luego llevarla hasta sus tetas y frotarse el sagrado semen que había dejado en ella.

    Luego el silencio, tendidos, tomados de la mano, disfrutando el relax cargado de energía vital. Quedamos esperando el regreso a la vida, tomados de la mano, giramos enfrentados, de lado, el beso nos trae a la vida.

    Un sorbo de whisky nos hace sentirnos más juntos, ese gesto la hace decir. – Eres “mi” hombre!!

    Frase simple pero que en su boca decía tanto, luego el relax el jacuzzi nos recibió, enfrentados jugando como dos noviecitos, las miradas piden volver a la cama.

    Ella está para más pero necesita otra copa, es la excusa para atreverse a más, percibo exultante, ansiosa por traspasar todos los límites, diría más tarde que sentía latir las recomendaciones de su amiga, que debía soltar las amarras y esta noche ser la gran puta que merecía en este encuentro.

    Solo necesita el pedido que justifique atreverse, pude leer el mensaje críptico de su pedido. Nuevamente acosando sus tetotas, lamiendo y chupando esos gruesos pezones que la suben al cielo, abre las piernas esperando los dedos inquietos que la estremecen, aprende el lenguaje de los gestos, empuja mi cabeza para indicarle el camino de su conchita, abre las piernas, eleva los muslos para facilitar la entrada triunfal de mi cabeza para volver a sentir esos latigazos de deseo que azotan sus sentidos.

    Salgo para posicionarme arrodillado cerca de su cara, se aferra al miembro con su mano, las miradas traducen el mensaje cifrado del deseo de una mamada, sonríe algo tímida

    – Quieres? –habla a la verga ansiosa. –pero…no sé… nunca antes…

    – Como en la película –señal la escena de una mamada en primer plano.

    Sin soltarme echa una atenta mirada para ver los detalles. Me acomoda como en la película, en el borde de la cama, una cobija doblada sirve para arrodillarse en el piso, toma la vega entre sus manos, sin dejar de mírame a los ojos, como pedía el de la peli, despacio acerca su boca, su aliento estremece mis sentidos, entrar en una boca virgen de mamadas emociona y excita. Tímidamente cubre con su boca el glande, sus ojos preguntan.

    – Debes chupar como si fuera un helado, cubriendo los dientes con los labios.

    Asiente con la cabeza y comienza a mamar, sin técnica pero con pasión, sin ritmo pero con el calor del deseo. Intuitiva, aprende fácil como halagar a su macho, la pasión hace el resto, mis manos en su cabeza le marcan el ritmo, sus manos en mis nalgas ayudan para regular el ritmo de la mamada. La vorágine de la pasión nos agita en el deseo, pide que no le termine dentro, luego corrige –No esta vez…

    Totalmente entregados a la mamada, debo contenerla para que no me lleve al no retorno, hasta resiste a soltarla, esta bien loquita por demostrarse agradecida por tanto placer. La pausa permite un ensayo de un 69, con ella encima, aprende fácil y se deja llevar en la carrera a otro orgasmo, tan impetuoso como sorpresivo.

    Por estos momentos ni sabe cuántos fueron, solo que en cada uno entrega una parte de vida, es el efecto de “cuanto más tengo más necesito” le cuesta hacerlo, concentrarse en mamarla y atender a su propia excitación.

    El movimiento de los cuerpos la dejó atravesada en la cama, ya es tiempo de volver a entrarle, lo necesito, me necesita. Esta vez ella encima, que aprenda a manejar sus propias emociones. Pronto aprende a moverse, a controla la excitación, aprieto sus nalgas para elevarla y dejarla caer, ensartada en la pija, disfruta esas variantes, goza probar nuevas formas del erotismo. Se mira en los espejos, la excita ser protagonista de las imágenes quultiplican tanto como el placer de sentirse tan sensual.

    La cambie de postura, encima pero ahora dándome la espalda, que se vea como la penetro y tener “a mano” ese culito vigoroso que invita a ser usado. Poder ver como la pija evoluciona y le entra toda en cada movimiento la pone ansiosa y super excitada, no para de agitarse, sientor la presión de sus muslos, los labios de la vagina pugnan por aprisionar y someter al intruso.

    Un dedo indiscreto aprovecha el torbellino de pasión para entrar en su ano, reacciona estirándose hacia adelante. – te desagrada tanto? – No tanto, fue la sorpresa, no sabía…

    – Puedo seguir?

    – No esperes respuesta, aun soy tímida y pudorosa, pero si no te rechazo, ya entiendes…

    Mientras ella cabalga a su hombre juego con la excitación del ano, el índice dejó lugar al mayor, y éste al pulgan lubricado por su boca. Ella disfruta ser artífice de su placer, el pulgar jugando en su ano acortan el tiempo entre el placer y el orgasmo urgente.

    No fue tan silencioso como los previos, está sacada, perdida en sus propias sensaciones, estrangula el grito de triunfo por conseguirlo por sí misma. Las manos bajo las nalgas la elevan hasta dejarla caer totalmente ensartada, esos golpes de verga acrecientan el sabor de su placer.

    Se mueve, se agita hasta perder el dominio de su cuerpo, se deja caer sobre mi pecho, laxa, extiendo la mano para acariciar su conchita que aun tiene el miembro dentro.

    El tocamiento la vuelve a la vida, recuerda que su hombre aún no ha llegado. Desmonta, voltea, de frente inicia el alocado subibaja, alternando con movimiento circular, su calentura contagia, nos unimos en una carrera para conseguir su leche.

    – Quieres tu leche? Eh… -asiente – cuando la quieras, pídela…

    – Vamos, vamos!, dame mi leche… Quiero mi leche… te ayudo…

    Me sumo a su carrera triunfal, su concha aprisiona la venga en cada penetración, ofrece sus pechos para ser devorados, todo se tiñe de pasión, está en carrera para conseguir su leche. Exprime sus tetas para darme de mamar, y a la pija para recibir la eyaculación.

    – Ya, ya! Me viene… me viene,

    Se la entierro más fuerte, mas intenso. Detengo las sacudidas, es el momento de ese ronco aullido de lobo depredador, estoy largando su leche, un par de leves empujes completan la descarga de semen. Recibe la leche caliente y responde con su nuevo orgasmo, los gemidos se hacen coro y grito de triunfo. Otra vez casi en simultáneo. Silenciosa, la sonrisa dibujada en su rostro, fiel reflejo del viaje sin escalas al goce total.

    Permanece ahorcajada con el pene dentro, latiendo por la eyaculada, disfruta sentir los latidos de la verga, disfruta el sabor del éxtasis con la pija dentro y sus manos sobre el pecho de su hombre.

    Desmonta y la descarga de semen se escurre de su vagina y cae sobre la pija que aun conserva la dura excitación. Le explico el valor sagrado del semen, que no debe perderse, llevé su mano para recogerlo y le ayudo a frotarlo sobre sus pezones. Por el importante volumen de sus pechos elevo el que habían untado con mi leche para que ella acerque su lengua y pueda lamer la lechita de su hombre.

    Lame con cuidado, prueba el sabor de la esencia vital de su macho, indico que repita la lamida, sonríe, y hace gesto como degustando el elíxir de su hombre. – Hmmm hmmm

    – Solo hmmm…

    – Es mi primera vez en todo este placer, es como estar en el Disney del erotismo. Ja.

    Le estuvimos dando al sexo por mas de cuatro intensas horas. El relax conduce al sueño, haciendo cucharita, la verga entre las nalgas, la mano cubriendo una teta.

    Soy el primero en abrir los ojos, la erección matinal tiene un referente acariciando su cabeza, solo necesito separar un poco los muslos y acomodar el cuerpo para que la pija pueda acceder a la vagina. Despacio para no alterar su quietud, con sigilo voy acomodando el glande entre los labios, aún jugosos, para poder entrarle con creciente, un leve envión y la cabeza se acomoda más allá de los labios externos, otro envión y hasta el medio, ella descansa, tomada de las caderas me impulso con todo a fondo.

    Despierta pero no sorprendida, acomoda su cuerpo para penetrarla mejor, no hay rechazo, solo complacientes gemidos, la volteo boca abajo, ahorcajado sobre sus nalgas entro todo y a fondo, sus manos en los genitales ayudan a excitarla. El combo perfecto, pija por la concha, sus dedos en el clítoris, todo en sincronía, avanzamos hasta conseguir el “mañanero” mi leche toda dentro de su concha, y el orgasmo ayudado en sus manos gozado con la cara incrustada en la almohada.

    Aun chorreando semen, se levanta para ir al baño, al regreso le espera otra sorpresa, estoy casi más caliente que cuando desperté, ella mira sin dar crédito a sus ojos. – Todavía así? Caliente?

    – Si, mucho. Y es mejor que no te demores, no te imaginas cuanto…

    Lo que parecía un juego de amenaza, el juego provocativo de erotismo verbal, lo transforma en un deseo que late entre mis piernas, el juego llevado al lecho es de cuerpos, uno fuerza, el otro se resiste, hasta que el poder de macho puede con la hembra. Nuevamente de bruces , yo montado sobre sus nalgas, sujetando con los pies sus pantorrillas impido salirse de la postura sexual de dominador pleno. Otra vez la almohada para elevar sus nalgas favorece la comodidad de poder entrarle todo de un solo envión, la concha se dejó dócil, que la verga tomara por asalto su intimidad. Sujetando sus brazos con mis manos está entregada a la voluntad de su hombre, intentar salirse de la penetración es un juego para excitarme.

    Es la postura ideal para someterla, imposibilitada de zafar, solo queda la alternativa de relajarse y disfrutar de la sumisión. Es la tormenta perfecta, dominada y ensartada, el trueno del deseo se hace escuchar en la penetración violenta, entrando más allá de lo posible, emite gemidos que llevan el mensaje de sumisión disfrutada.

    Las “amenazas” de ser más brusco le agradan, sube la apuesta del desafío de la hembra sumisa al macho dominante. – Quieta, no te rebeles, que te voy a hacer el culo..

    – Ja!! Si me dejo. Tú y cuántos mas…?

    – Solo yo, no quieras salirte que te lo hago.

    – Ja, no te lo creo…

    Esa última frase fue como la declaración de guerra sexual, con la mano izquierda apoyada en su nuca y los pies apretando sus pantorrillas, limito la resistencia solo a gemidos y alguna débil protesta. Sacó algo de los jugos vaginales para untar el “marrón”, retiro la pija de la conchita y apoyo el glande en el orificio anal, un poco de juego presionando en él. Acomodé el cuerpo a la comodidad de la penetración, sin previo aviso comienzo la penetración, el temor y los gemidos responder a la intrusión.

    Un breve juego de metisaca, para ablandar la resistencia del esfínter y se la entierro toda. Conozco esa reacción de la primera vez por el ano, una nalgada algo fuerte y precisa con la intrusión distraen la actitud de resistencia, para cuando quiso reaccionar ya se la tenía enterrada hasta los pendejos. La sorpresa enronquece el gemido, el temor aquieta la reacción, la quietud del macho sirve para atenuar por un momento la angustia del desvirgue anal.

    Quieto, esperando que su culo se adapte al grosor y contundencia de la verga enterrada en su culo virgen, produce el efecto deseado, la rebelde se hace sumisa, la agresiva pide clemencia, se deja hacer, me deja hacerle el sexo anal, solo pide que sea suave. Le duele, el ano dilatado como jamás hubiera supuesto, siente la contundencia de la verga abriendo sus carnes.

    El bombeo suave, aporta algo de calma, siente la dolorosa molestia y el placer de su macho sometiéndola, entiende y comprende el dominio del hombre sobre su puta. La calentura acentúa la intensidad del metisaca, penetro su carne con la brusquedad que le imprime el deseo a tope de la excitación, los gemidos se confunden con la creciente agitación por la brusquedad en taladrar su culo, no me resulta fácil controlar los movimientos, tomada fuerte de los hombros me impulso elevando la pelvis y descargando la potencia de la verga entrando sin delicadezas.

    La calidad de este cuerpo y la calidez del culo virgen condicionan la extrema calentura, montada sin delicadezas, el vano intento de zafar, la tomo de los cabellos y la cabalgo como para domar a la potra salvaje. Con los cabellos como riendas, nalgueo sus ancas mientras sumerjo la estaca de carne sin piedad.

    Comienza a aullar, y agitarse, provoca ser tomada con violencia, aprisionada entre mis rodillas, acelero el bombeo, movimientos cortos pero profundos, más rápido e intenso. Grita:

    – No aguanto! No aguanto más! Dame mi leche, acaba yaaaaa

    – Voy amor, voy, cierra este culito, estoy llegando, llegaaaaandooooo

    El primer chorro de semen, bien a fondo, bien apretaditos, moviéndome casi nada termino por largar el resto del polvo.

    Con el último chorro de leche, llega la pausa reparadora, tendido sobre su espalda emito los últimos latidos de la verga, intento retirarme de su maltrecho culito.

    – No, no, no te salgas… déjame sentir esos latidos, espera que se afloje la erección, si la sacas me duele mas. Quédate dentro, por favor…

    Era el momento sublime cuando el músculo se afloja, la pasión descansa. Despacio voy retirando la pija, el hoyo se ve bien enrojecido, con el retiro de la poronga, la ventosidad hace que el blanco semen se escurra con burbujas, chorreando sobre la vagina. La visión corona el delicioso momento de haber desvirgado su ano.

    – Te odio, te odio, me rompiste el culo, hmmmm me duele.

    Las caricias y besos son el mensaje de amoroso agradecimiento, responde con el mismo ardor. Se manifiesta comprensiva, entiende el momento y hasta la postura de provocarme para estrenarle el culo. Se lo dejé dolorido, pero está feliz por haberme entrega es lugar tan privado, dijo que lo merecía por haberla llevado a la gloria con esos orgasmos fantásticos.

    El paso por el bidet con el chorro agua tibia en su ano consigue atenuar los latidos que siguen recordándole el dolor del desvirgue. Luego del desayuno suena el teléfono con el aviso del conserje del hotel avisando que nos quedan quince minutos para finalizar el turno.

    Sigo tendido en la cama, solo con el bóxer, ella está vestida y lista para abandonar el cuarto, me levanto y la tomo por sorpresa, abrazada la fuerzo para colocarla con las palmas apoyadasd contra la pared, las piernas separadas, sacando el culo bien atrás. Tomada desde atrás, levanto la falda, corro la tanga y le entierro la pija en su concha, con mi cuerpo apretado contra el suyo, mis manos sobre las de ella comienza una furiosa y rápida cojida, breve pero intensa, hasta acabarle dentro de la concha.

    Los últimos estertores de agitación concluyen con el semen eyaculado dentro. Me salgo, acomodo su bombacha, le doy mi pañuelo para que sirva de contención del semen cuando se escurra, no la dejo lavarse.

    – Quiero que esta leche te acompañe cuando me despida, que se quede en ti.

    Quedó pasmada, fue un acto inesperado que dijo le llegó muy dentro, un golpe en el corazón, me tomó la cara y me comió la boca. Beso largo, muy largo.

    Luego nos vestimos bajamos a la cochera, salimos del hotel y la llevé con su amiga.

    Aun no había llegado a mi casa, cuando recibo un mensaje de Anny , refiere que el sexo anal fue por su provocación, dolió pero fue grato sentirte tan feliz, ahora me está latiendo pero estoy feliz. Fue una noche mágica.

    La respuesta, fue cuando sería la próxima vez. – Prontito, prontito, decía el nuevo audio.

    Hbo más encuentros, también miedos cuando se le demoró la llegada de la •”regla”, ahora tien diu y cojemos sin problema.

    Despertó una loba hambrienta de sexo, y dijo: ahora has abierto la jaula ahora tienes a tu puta, y lo mejor es lo que está por venir. Antes de terminar el relato ella quiso agregar un comentario

    Hola soy Anny la del relato y quiero aportar mi testimonio personal.

    A partir de esa primera tarde que nos llevó al hospital para internar a mi esposo, la que se sucedieron para llevarme al hospital se volvieron entretenidas, la idea de encontrármelo me motiva para sentirme nerviosa, cambiando mi look, cuidando los detalles como usar base para tapar algunas manchitas, delineado en los ojos, mejorar el aspecto de las cejas y alisar el cabello. Todo este cambio se inicia durante esa semana que me acompañó.

    Me sentía entusiasmada, coqueta y más segura, sobre todo ocultar esas primeras canas, le confesé a mi amiga que este hombre había encendido el horizonte. Cuando se terminó la excusa de vernos cuando me llevaba al hospital, sentí ese vacío imposible de llenar, “nos” invitamos a compartir un café, nos sentíamos cómodos, sin condiciones ni exigencias, sentí el respeto, la pasión y el amor. El relato es fiel testigo de cómo se concretaron los hechos, y este es mi aporte para esperar las opiniones de las lectoras y saber si quieren saber como siguió nuestra historia pasional y que siempre lo más picante fue lo que aun escribimos.

    Estamos esperando sus comentarios para continuar las jugosas experiencias vividas por esta atrevida mujer, donde la realidad supera toda la ficción, quiso explorar todos los límites y lo estamos haciendo…

    Este mensaje es para esa mujer que no se atreve a ser infiel, si lo hiciste, compartamos experiencias, Anny y Luis te esperamos en [email protected]

    Lobo Feroz

  • En la playa con Rebeca

    En la playa con Rebeca

    Hoy os hablo de una amiga con la que es imposible no sentir cosas y desearla siempre.  Se llama Rebeca y nunca hemos tenido nada, hablamos siempre con un poco de cachondeo pero la verdad que nunca había surgido nada fuera de lo normal… hasta un día que fuimos a la playa a echar el día.

    La playa que elegimos era seminudista y allá que fuimos los dos. Llevaba toda la semana soñando e imaginando que podría pasar. Mi amiga es un escándalo de mujer. No es que solo sea guapa, su cara es una locura y el morbo que desprende le basta para conquistarte. Pero la niña no solo destaca con esa cara, esos labios y esa mirada. Tiene un culazo que hace que te excites con solo mirarlo y unas tetas que es imposible no mirarlas cuando hablas con ella, y para colmo un piercing en la lengua y tatuajes… ¿Llevará tanga a la playa? ¿Se quedará desnuda completamente? Cada noche me masturbaba de imaginar ese culo sin nada y encima de mí o esas tetas, perfectas para llevártelas a tus labios cuando bajas de besar su boca y cuello o simplemente ver como se mueven en tu cara mientras cabalga encima de mí. Es perfecta, es una bomba de placer y una locura de mujer. Y con ella voy a una playa.

    Íbamos en el coche y ya me estaba poniendo nervioso. ¿Llevará tanga? ¿Se quitará alguna parte del bikini? No paro de hacerme estas preguntas y de imaginar la situación. Estaba cachondísimo.

    Al llegar a la playa nos colocamos en uno de los extremos al lado de unas rocas que había como una cueva en medio. Empezamos a colocar la sombrilla, sacar las toallas y dejar las mochilas. Y llegó la hora. Se quitó la falda y no pude creer lo que veía, un bikini rojo enterrado en su culazo que dejaba verlo casi todo en su esplendor. Pero ahí no quedó la cosa, al quitarse la camiseta pude ver que no llevaba nada y por fin pude ver esas tetas con unos pezones rosados. Yo solamente me quite la camiseta y me deje el bañador, no sabía si se iba a sentir incómoda si me desnudaba completamente. Además, ya empezaba a tener una erección y no creo que la primera vez que me vea Rebeca desnudo le guste verme empalmado.

    A nuestro lado, a 3 metros, una pareja más joven que nosotros. Totalmente desnudos y que nos miraban. Ya no había nadie en esa esquina salvo los 4. La chica tenía un culazo pero menos tetas que mi acompañante. Tenía el coño depilado como la parte baja de su novio.

    – úntame crema Pedro.

    Se puso bocabajo, separó un poco sus piernas y me puse encima de rodillas. Comencé con su espalda llegando hasta el inicio de la parte de abajo del bikini donde no tenía permiso de ella para seguir indagando por su cuerpo. Luego fui a sus piernas y hacia lo mismo, hasta el culo, sin meter mano donde me moría de ganas.

    – ¿Te das cuenta que esos dos no dejan de mirarnos? Me preguntó.

    – Hija mía, vienes hoy brutal. Como para no quedarse embobado.

    – Pues la chica creo que tiene ganas de ver algo más que lo que tiene al lado eh, alégrale la vista.

    – ¿Y tú te vas a alegrar?

    – Prefiero por ahora sentirla mientras me pones crema que verla, además ahora la noto que crece a medida que hablamos. Quítate el bañador y me quitas el bañador, y haz lo que quieras con mi culo y la crema.

    Eso hice, nos quedamos desnudos y ya la tenía dura. Me volví a colocar igual y mi polla estaba a pocos centímetros de su vagina. La otra pareja no perdía detalle y empezaron a besarse. Yo no pude aguantar más la situación y puse dos dedos alrededor de la entrada de su coño. Estaba empapado y aún no había ni empezado. Ella no perdía detalle de lo que hacía aquella pareja que empezaban a meterse mano.

    Le di la vuelta para disfrutar de ella frontalmente y tocar todo su cuerpo. Esta vez no usé las manos y la crema. La besé, primero muy lentamente sin meter la lengua, solamente rozando sus labios y mordiéndolos. Al cabo de unos segundos nos empezamos a comer como si no hubiera un mañana. Enseguida seguí besándola hacia abajo pero antes de saborear sus tetas, lamí su tatuaje que tiene justo debajo. Me quité de encima de ella y me coloqué de rodillas justo al lado de su cara… Me incliné y empecé a lamer su coño, lentamente primero abrí sus labios dejando al descubierto la entrada de su vagina y el clítoris. Ella, mientras, cogió mi polla y la empezó a mover. Metí dos dedos en su boca y le pedí que los llenara de saliva. Inmediatamente esos dedos fueron a su coño y acaricié su clítoris en todas las direcciones. Empezaba a gemir y moverse en la toalla. La chica de la otra pareja llevó su mano a la polla de su novio y empezó a moverla también. Llegó un momento en el que Rebeca y yo mirábamos todo el rato a ellos y a la vez ellos a nosotros. Había cruces de miradas. Estaba claro que ese día iba a probar dos fluidos distintos y esa imaginación me ponía cada vez más caliente.

    Rebeca me pidió que nos bañásemos. Se levantó, me agarró de la polla y la tuve que seguir. Ya dentro del agua empezamos a besarnos, el morbo de estar en una playa con gente, aquellos dos tocándose y el tiempo que llevaba queriendo saber cuál es el sabor de mi amiga Rebeca… Todo eso hacía que mis manos no dejarán de tocar todo su cuerpo y de disfrutar de su saliva y de su lengua.

    Le di la vuelta, la agarre de la barbilla y la incite a mirar a la pareja que en ese momento estaba la chica haciéndole una mamada. Yo por detrás empecé a comerle el cuello, una mano se fue a su coño y otra a agarrar esas tetas que me tenían malo perdido. Ella no se quedó quieta y comenzó a mover mi polla con su culo al mismo ritmo que mi mano la excitaba. Al cabo de dos minutos nos salimos del agua.

    Cogimos las toallas y las cosas y nos metimos en la cueva no sin antes invitar a la pareja a que se uniera a nuestra fiesta.

    Una vez dentro, los 4 desnudos y una pareja a medio metro de la otra empezamos a besarnos. Rebeca no podía aguantar más y se sentó encima de mi polla mirándome y comenzó a moverse como nunca podía imaginar que alguien se pudiera mover así. El calentón de la playa, de la pareja al lado y nuestra primera vez nos estaba haciendo volar.

    – Os importa si nos unimos a vuestro polvo?

    Miré a Rebeca y le dije que ella mandaba.

    – Haced lo que queráis.

    En ese momento, el chaval que se llama Ángel se puso al lado de Rebeca y le ofreció su polla. La cogió con la mano y le echó saliva para pajearla mejor. Pero cuando menos me lo esperé y más dura la tenía se la metió en la boca. Todo ello mientras se movía encima de mí. Empezó de menos más tanto en la cantidad que se metía como en la rapidez. Por otro lado, su novia que se llamaba Carmen se sentó en mi cara y me planto el coño en la boca. Empecé a lamer sus labios exteriores y despejar la entrada de su coño, y directamente empecé a comerlo.

    Estuvimos un buen rato. Rebeca se levantó, nos dijo a Ángel y a mí que nos tendiéramos. Rebeca se sentó encima de mí y justo enfrente Carmen hacia lo mismo con Ángel. Las dos empezaron a moverse. Iba a explotar, no podía mirar ese culo como tragaba y botaba. Lo azotaba de vez en cuando cada vez más fuerte y en cada azote ella gemía más y más. Cuando mire a la otra pareja es cuando ya me iba a morir de placer. Carmen estaba usando su culo para la penetración, moviéndose encima de él dándole la espalda y tuve una idea…

    Le dije a Rebeca que se quitara, fui hacia donde estaba Carmen moviéndose encima de Ángel, me coloqué de cuclillas y se la introduje en su vagina. Estuvimos medio min, mientras Rebeca se puso de pie masturbándose viendo la escena, al cabo de ese tiempo Ángel y yo sacamos nuestras pollas del interior de su novia, nos pusimos de pie pajeandonos sobre la cara de Carmen y descargamos todo sobre ella.

    Los cuatro nos dimos un baño y nos tumbamos. Más tarde volvimos a la carga.

  • El espejo mágico (Parte 1): Entre mis piernas

    El espejo mágico (Parte 1): Entre mis piernas

    Él la quitaba la blusa de un tirón rompiéndole los botones,  estaban los dos tan excitados que no se habían percatado de que todavía la luz del atardecer les hacía visibles para la gente que paseaba por aquel descampado y que se fijaban en aquel coche que se movía con dos figuras en su interior, sus besos, caricias exageradas y apasionadas, los dos en busca de placer, ella… Ya buscaba su polla con un solo pensamiento, quería poseerla y que la hiciera disfrutar de aquel momento, ya había conseguido sacarla de su cárcel de tela y después de varios lametones en su glande, de saborearla con su boca varias veces, se puso de rodillas sobre el sillón trasero del coche ofreciéndole la entrada de su vagina por detrás. Él levantó su falda y arrancando su tanga, oía como su vulva le llamara como una sirena a un náufrago, acerco su pene al portal prohibido para muchos y sé la metió de un solo golpe, deslizándose suavemente por aquel canal rosáceo haciendo que ella gritara de placer, un gemido tras otro, primero ella y luego él que entre gemidos no paraba de decirla.

    – Grita zorra, joder… No pares de gritar puta, grita para mi putita.

    – Pero qué puta eres zorra.

    – Pero que coño tienes… Joder como me gusta follarte el coño.

    – Te gusta, te gusta que te la meta así hija de puta, joder, pero como se puede estar tan mojada y caliente puta.

    Esta historia podría ser la mía, aunque yo no estaba de acuerdo de cómo mi amigo Jaime trataba a las mujeres, como si fueran meros trapos de usar y tirar, pero esa historia desgraciadamente no me pertenecía, yo no era un tipo con suerte con las mujeres, no era un hombre guapo, tan siquiera era como se suele decir, del montón. El dueño de aquel relato pertenecía a mi amigo Jaime, amigo desde la infancia, un tipo simpático, guapo, cuerpo atlético, músculos bien perfilados, sin un ápice de grasa en el cuerpo, alto, pelo castaño, ojos verdes, según nuestras amigas con un culo perfecto, vamos un verdadero semental según ellas, semental y aprovechado, ya que solía llevarse mi coche y a la chica, dejándome solo una y otra vez, al final terminaba siempre esperando a que volviera o cogiendo un taxi para ir a mi casa.

    Relatos como este me los contaba Jaime después de las noches interminables de sexo, como el de la zorra con pelo rubio, ¿o era morena?, realmente le daba igual con tal de follárselas, realmente era un carbón, pero era mi amigo, él siempre había estado allí para defenderme de los abusones o que tras la muerte de mis padres no me había dejado solo ni un momento, evitando que cayera en una depresión que me hubiera destruido como persona, había una especie de unión entre los dos, aunque si es cierto que me empezaba a cansar de que me dejara tirado, noche si y noche también, que me pidiera alguno de mis coches día si y al otro también, o el barco, o alguno de mis apartamentos para ir a follar, yo siempre le decía que era un cerdo y que algún día se arrepentiría y sonriendo me decía que algún día encontraría a una mujer que le haría sentar la cabeza y que lo sabría cuando la hiciera el amor con cariño, sin insultarla, ni despreciarla.

    Yo no era que digamos muy feliz, no era un chico con suerte en el amor, como ya os he comentado, tampoco es que fuera muy agraciado, más bien era como me llegaron a definir las pocas amigas que tenía “difícil de ver” era algo que me dolía, pero lo dejaba pasar. Siempre estuve solo y esa soledad me hacía aguantar las burlas de los pocos amigos que tenía, la verdad es que no se puede decir que tuviera suerte ni en el amor, ni él la vida, no tengo familia desde que aquel fatídico día hace ya más de 8 años, cuando fallecieron mis padres y al ser hijo único herede una pequeña fortuna, casas, coches, tierras y negocios, aparte de unas cuentas bancarias bastante llenas y saneadas, en unas palabras, no tengo que preocuparme por trabajar y posiblemente si llegara a tener hijos, tampoco ellos, aunque la verdad que el dinero nunca me importo, lo cambiaría todo por amistad y sobre todo lo hubiera cambiado por tener a mis padres por más tiempo, los únicos que realmente a pesar de casi no verles, me querían tal como era.

    Pero aquel verano una vez más mi vida iba a dar un giro de 180 grados, hacía semanas que mi vida literalmente se había puesto del revés, me llamo Juan y tengo 26 años, mi vida cambió aquella noche en la que borracho y cansado pedí un deseo, un deseo incoherente a todas luces intentando dar un rumbo radical a mi vida, un deseo que ahora me alegro de haberlo pedido y aunque no cambió el destino de mi familia, si el mío, ahora si os apetece seguir leyendo os contaré una historia tan insólita como increíble.

    Estudie derecho junto a mi amigo Jaime, viene de familia, pero lo que realmente a mí me gustaba era la historia y sobre todo la arqueología, recuerdo que de pequeños jugábamos a ser dos arqueólogos famosos como Indiana Jones descubriendo civilizaciones olvidadas y enterradas por el tiempo, hoy en día sigo buscando piezas raras y viejas por mercadillos de antigüedades de todo el mundo, esos mercadillos que ves en alguna gran ciudad o en algún pueblo olvidado y justo allí en un mercadillo de Alicante fue donde encontré lo que me cambiaría la vida, un pequeño espejo, un espejo muy antiguo no más grande que la palma de una mano, estaba muy sucio y deteriorado, desde un principio me encanto y lo compre a pesar de las risas y burlas de Jaime por haber pagado una gran suma de dinero por aquel espejo salido de cualquier casa donde lo habría utilizado cualquier viejecita insatisfecha con su vida y de un gusto pésimo, además no paraba de decirme que lo más seguro iría a parar directamente al armario de cosas raras y extravagantes y no se equivocaba, porque ese fue el destino de aquel espejo nada más llegar a casa y allí quedo olvidado por unos cuantos años.

    Un miércoles cualquiera de esas noches calurosas de verano, salimos a tomar unas cervezas en una de tantas terrazas de Valencia, esas donde mi amigo Jaime se tenía que quitar a las chicas de en encima, digamos que a no las aptas para su exquisito paladar porque con las otras, se preparaba como cualquier depredador saltando en cualquier momento a por su próxima víctima, aquella chica que si le agradara, aquella que le saciase de sexo y, sin embargo, yo, tenía claro que una vez más era una de esas noches que como siempre, me iría de vacío a casa. Pero aquel día algo cambió, más que algo alguien, Jaime se presentó en la terraza con una compañera de su trabajo, se llamaba Paula y trabajaba en una sucursal de Barcelona, debido a un proyecto en común se trasladó a Valencia durante más o menos un mes, ellos se conocían hacía bastante tiempo y eran muy amigos, Jaime la invitó a quedarse en su casa en vez de quedarse en un hotel, un detalle que no me extraño por como era Jaime con las mujeres y lo guapa que era ella, pero, por otro lado, no dejaba de pensar que cómo era posible, ya que él no se dejaba cazar tan fácilmente y no permitía que ninguna mujer le estropeara el placer de la caza.

    Paula, una mujer espectacular, aproximadamente tendría nuestros años, piel sedosa, rosada, pelo rubio acastañado y unos ojos marrones preciosos, el cuerpo con unas medidas envidiables, 1,70 de altura más o menos, unas piernas largas y delgada, con pechos grandes, redondos y firmes, curvas bien definidas con una cintura y unas caderas deseable por muchos hombres y envidiada por muchas mujeres y un culo, mejor dejemos para otro momento la definición de un culo perfecto. Paula hizo su entrada triunfal del brazo de Jaime con un pantalón blanco muy ajustado que realzaba su figura y que le hacía un culo maravilloso, una blusa azul casi transparente, dejando ver el sujetador negro de encaje y cuando se agachaba, se le podía adivinar esos senos redondos y duros por debajo de él, era una delicia de mujer en todos los sentidos y no solo en el físico. Pasamos gran parte de la noche los dos bebiendo y hablando, ya que Jaime estaba perdido entre la marabunta de mujeres que lo reclamaban, pensé que habíamos conectado así que me decidí a atacar yo también, porque no veía Jaime ni mucho menos interesado por ella y aunque como ya dije me extraño no le di importancia.

    – Juan, para no te equivoques, me encantas como persona y si no fuera porque soy lesbiana pasaría contigo un rato que seguro sería fantástico. – La contestación que me dio Paula me dejo un poco fuera de sitio, joder que corte, no sabía donde meterme, Paula me dio un beso en los labios y riéndose quitó hierro al asunto.

    – Entonces Jaime y tú, ¿Jaime lo sabe? – Le pregunté directamente mirando a esos ojos que metían a cualquier hombre en un encantamiento.

    – Claro que lo sabe y sé muy bien cómo es él, no te preocupes, pero de verdad no quiero que esto sea conflicto entre tú y yo, me gustas Juan, pero lo siento. – Paula me hablo con claridad y no solo esa vez, sino que nuestras confidencias siguieron gran parte de la noche, conectamos tan bien que en un momento llegue a creer que al final si nos iríamos juntos, pero no, era solo un sueño, una ilusión por mi parte, me había enamorado en una noche locamente de una lesbiana y me llegaba a plantear toda mi vida, el porqué no tenía suerte con las mujeres, todas me consideraban uno de sus mejores amigos, alguien a quien poder contarle sus problemas, pero nada más y siempre cuando intentaba algo, me ponían la mano diciéndome.

    – No, no Juan, no te equivoques, me siento halagada, pero no. – ¿Halagada?, ¿pero de verdad me podrían decir eso? Y un cuerno con ellas, todas eran iguales, todas me verían siempre como el amigo simpático y agradable, en alguien que se puede confiar para contarle sus problemas, que si mira esto, que si mira aquello. Realmente con Paula pasó más o menos lo mismo, pero si es cierto que había una conexión especial tanto que, uno de los temas que tratamos aquella larga noche y con más de una copa en el cuerpo fue que nos llegamos a contar nuestras preferencias, de cómo nos gustaban las mujeres, de que yo no había tenido mucha suerte con ellas e incluso, le llegué a contar mis pensamientos si yo fuera mujer, si hubiera nacido… mujer.

    Al día siguiente Jaime, al enterarse del patinazo llego a casa con dos cajas de cervezas, siempre hacía lo mismo, era como querer compensar una vez más mi fracaso y sus victorias, ya que al final siempre terminamos hablando de cómo se follo aquella o como se la chupo aquella otra, aunque eso sí, esta vez al segundo tercio de cerveza me estaba pidiendo perdón, algo insólito la verdad, me pedía perdón por no haberme dicho sobre las preferencias sexuales de Paula, y así, de esta manera hablando de sus triunfos y de mi patinazo pasamos toda la tarde en mi casa tirados en el sofá, tomando una cerveza tras otra y charlando de todo un poco, aunque más de él que de mí, claro está.

    -Sabes Jaime. –Empezaba una nueva conversación llevado ya por el exceso de cervezas.

    -Dime Juan. –Contestaba mirándome mientras intentaba abrirse otra cerveza.

    -Estoy empezándome a cansar de ti, de ti y de mi vida, te las llevas a todas eres un verdadero cabrón que las tratas como si fueran trapos y aun así te las llevas, además joder, es que Paula esta… ¡tan buena! –Le miraba con ojos desafiantes dando por acabada la cerveza que tenía de un solo trago.

    -No digas eso Juan, ya verás como al final encuentras a alguien, toma anda…joder que tío. – Jaime intentaba animarme con unas palabras huecas que ni él se creía abriéndome otra cerveza.

    -Está visto que como tío no valgo gran cosa, ¡joder!, como me gustaría convertirme en una tía, en una buenorra como Paula, ponerme esos trapitos y follarme a todos los tíos buenos como tú. – Lo solté de golpe sin pensarlo dos veces cerrando los ojos a la vez que apoyaba mi cabeza sobre el sillón con una media sonrisa.

    – Jajaja… estás borracho Juan. – Mi comentario le había hecho estallar de risa, me miraba y reía, bebía y reía, me miraba de arriba abajo y volvía a reír.

    – Si borracho, pero a que molaría. –Sentenciaba definitivamente levantando mi cerveza hacia el techo en clara actitud de brindar por lo que acababa de decir.

    – Jajaja… lo dicho estás borracho cabrón, es más los dos estamos borrachos así que me voy, me voy no vaya a ser que te folle aquí mismo… jajaja. –Jaime se levantó dando tumbos y se perdió tras cerrarse la puerta dejando unas carcajadas por las escaleras.

    Serían las diez de la noche y estaba borracho, muy borracho y a pesar de todo seguía sentado en el sofá, abriéndose otra cerveza y brindando conmigo mismo, pensando que sería de mi vida con aquella idea tan loca, en silencio imaginando a través de la ventana como habría sido mi vida si hubiera nacido mujer. Había pasado media hora desde que Jaime se marchó y aunque me mantenía en pie a duras penas, empecé a guardar las dos cervezas que habían sobrado en la despensa cuando me topé con un pequeño baúl, la curiosidad, el alcohol, un vago recuerdo, algo me llevo abrir aquel pequeño baúl y dentro encontré ese pequeño espejo olvidado que compre hacía años, miraba mi rostro reflejado en su pequeña superficie, el alcohol había hecho mella en mí y triste, con los ojos cansados de llorar me preguntaba en voz alta.

    – ¿Por qué la vida me trata así? – Esa era la pregunta que me hacía a cada momento del día. Sin saber cómo diablos había llegado nuevamente al sofá, tenía en una mano una cerveza y en la otra aquel espejo al que daba vueltas y vueltas sobre sí, miraba aquel pequeño espejo fijándome en sus aristas redondeadas, en el cristal medio roto y sé cómo, conseguí ver a duras penas una inscripción en la parte trasera que estaba escrita en lo que parecía ser latín antiguo, después de verter un poco de cerveza para limpiarlo pude leerlo con claridad y traduje aquel texto en aquel antiguo idioma, no porque yo lo supiera, sino porque Google hoy en día, nos da esa oportunidad y como si fuera algo mágico, como si fuera una lámpara mágica pronuncie esas palabras que nunca debí pronunciar a tenor de lo que pasó más adelante… o quizás si, quizás pronunciarlas fue la mejor decisión que tomé aquella noche…algo que me cambiaría la vida.

    – Recogitando occasionem dabo ut somnia vera fiant, pronuntia et sic erit, – Con el reflejo doy la oportunidad de convertir tus sueños realidad, pronúnciate y así será. – Estaba sentado y con voz grave y solemne, pronuncie en alto aquellas primeras palabras y haciendo una pausa y también en latín dije con claridad.

    – Volo esse pulcra mulier. Quiero ser una mujer hermosa – Era mi deseo, el deseo de un borracho que llevaba rumiando toda la noche y esas, fueron las últimas palabras que recuerdo antes de desplomarme sobre el sofá vencido por el alcohol y el cansancio.

    Era tarde cuando desperté, la luz que entraba por el ventanal de mi habitación eran como rayos cegadores, casi las dos de la tarde, había dormido de tirón toda la noche y toda la mañana, aparte de la resaca me sentía raro, no me acordaba del último día que dormí más de seis horas seguidas, la boca pastosa y un fuerte dolor a cabeza era el premio que había conseguido, todo me daba vueltas, tan siquiera recordaba cómo demonios había llegado a la cama y de pronto me encontré mirándome fijamente en el espejo de cuerpo entero de mi habitación, algo no iba bien, seguro que la luz que entraba a raudales haciendo que entornara los ojos o que mi cabeza que no paraba de martillear, tenían algo ver con la visión que tenía delante de mí, me frotaba los ojos y el reflejo de aquel espejo poco a poco fue siendo más nítida, más Cristalina, me podía ver alargando la mano hasta tocar el espejo con las yemas de los dedos, incrédulo por lo que tenía delante, el rostro de sorpresa sin llegar a creer todavía lo que estaba viendo.

    – Joder… joder… pero que coño.

    Repetía hasta la saciedad esas palabras mientras que miraba incrédulo el espejo, observaba la palma de mi mano una y otra vez, luego el brazo hasta los hombro y una vez más la mirada se clavaba en el espejo, con la otra mano me tocaba por encima de mi camiseta y con tocar, quiero decir a los dos pechos duros y redondos que tenía debajo de mi camiseta blanca de los Led Zeppelín, dos bultos que elevaban mi camiseta, no me lo podía creer, tenía pechos, y según me levantaba la camiseta resonaba nuevamente entre aquellas cuatro paredes la única palabra que parecía que saber.

    – joder… joder… joder.

    Agachaba la cabeza mirándome aquellos hermosos pechos con sendas areolas perfectas de un marrón claro y en el centro dos pezones realmente deliciosos, no me lo podía creer, me intentaba convencer de que seguía dormido, un sueño donde estaba observando con detenimiento como mis manos pasean por aquellos pechos pegados a mi cuerpo, que las yemas de los dedos dibujan las areolas y esculpiendo unos pezones tan sensibles al tacto que en un segundo se pusieron duros, seguro que era un sueño y tenía que despertar, aunque todavía no me había mirado el rostro o quizás si, no lo sé, pero cuando lo hice una cara de mujer, un rostro femenino y muy hermoso, con ojos grandes y verdes, melena castaña y unas facciones que los habría firmado la mismísima afrodita.

    Era una auténtica aparición, la de un ángel con rostro y cuerpo de mujer, mis manos acariciaban mi rostro explorando suavemente, mis ojos, mis pómulos, mi nariz y unos labios carnosos y rosáceos, aquella exploración continuaba otra vez por encima de mi camiseta, apretándome los pechos, levantándola para ver un vientre plano y aterciopelado, no tenía claro si seguía dormido, si seguía soñando, si seguía…

    – Joder, pero que coño – Me quede helado, mis manos habían seguido su camino descendente y debajo del pantalón de deporte, debajo de mi bóxer descubría que mi sexo ya no estaba allí, estaba plano como el de una mujer, no tenía ni pene, ni testículos, solo el bello seguido de una abertura en la piel, una raja que al meter los dedos en ella la sentí húmeda.

    Mi rostro, mi nuevo rostro era todo un poema, reflejado en aquel enorme espejo que tan siquiera me acordaba de tener, miraba a mi alrededor y reconocía mi casa, pero no así sus muebles, miraba las fotografías colgadas en la pared y eran mis padres con una niña, con una adolescente, con una mujer de 19 años, pero que no era yo, era este rostro, este cuerpo reflejado en el espejo. Poco a poco iba buscando, descubriendo que en los armarios en vez de pantalones y camisas, había vestidos y blusas, en los cajones en vez de calzones y bóxer, había bragas y tangas, en el zapatero en vez de botas sucias, zapatos de tacón, ya había recorrido toda la casa, si era la mía, pero parecía cambiada y una vez más me quedé mirando fijamente aquel espejo, aquella mujer que tenía delante de mí y que era mi propio reflejo.

    Empecé a desnudarme allí mismo hasta quedarme desnudo por completo o mejor dicho desnuda, me empecé tocar una vez más mis brazos y mis piernas, unas piernas suaves, sedosas y bien contorneadas, pase las manos por el pecho, por mi sexo y a medida que me iba tocando, me iba excitando, era todo nuevo para mí, zonas de mi cuerpo que habían pasado de no ser nada a zonas muy sensibles como mis pezones, otras que seguían igual como mi vientre que al pasar mis dedos por él, casi sin rozarme, se me erizaba el bello, pero sobre todo, por encima de todo, aquella zona donde antes me excitaba, donde se elevaba mi excitación ya no estaban, me sentía raro… rara, sentía en mi interior un… No sé que, en mi vientre un calor inusual, un calor que sentía como bajaba al tocarme, al pasar mi mano y mis dedos en donde antes tenía el pene y los testículos, ahora tenía un clítoris, unos labios húmedos, una abertura tan sensible como húmeda y mojada, era mi vagina.

    A través del espejo veía como mis dedos jugaban por encima de la entrada de mi vagina, me estaba regalando varios escalofríos, movía mis dedos en forma circular y me veía en la imagen como cerraba mis piernas, como mi boca se abría queriendo gritar, el placer que me estaba dando al tocarme aquel pequeño botón rosáceo que iba aumentando su tamaño, endureciéndose, la sensación era inimaginable por mí hasta aquel momento, era evidentemente la primera vez que sentía algo así, era como si mil voltios de placer me atravesaran el cuerpo, inconscientemente chupaba mis dedos y volvía acariciarme, a pasar una vez más mis dedos en forma circular por el clítoris, nunca me había imaginado el placer que una mujer sentía al tocarlo, tampoco es que hubiera tenido muchas experiencias, pero las que sí tuve, simplemente las veía retorcerse de placer pensando que quizás era algo exagerado por la ocasión o por la excitación y ahora veía lo equivocado que estaba, o mejor dicho ¿equivocada?, el lío en mi cabeza era descomunal.

    Mis manos estaban realmente entretenidas, una jugueteando con el clítoris y la otra con los pechos, en el reflejo se veía el placer en mi rostro, de mi figura ahora femenina que se iba sentando en el suelo de madera apoyándome sobre dos enormes cocines que se habían caído de la cama, ya en el suelo abría las piernas para ver mi sexo en el espejo, mis dedos acariciaban y abrían mis labios vaginales y podía ver la abertura de mi vagina, era una sensación que nunca antes había experimentado, el bello de mi piel se erizaba cuando veía que mis dedos empezaron a meterse en aquella raja húmeda y caliente, primero uno y luego otro, observe como en la imagen del espejo, mi reflejo se mordía el labio, había abierto un poco las piernas y mientras mis dedos se metían furtivamente dentro de mí, me masajeaba el clítoris haciendo que emitirá unos gemidos que empezaban a envolver la habitación, yendo en aumento cuando mis dedos penetraban más dentro de mí.

    Cada vez más excitada me seguía masturbando mirando el espejo, había pequeñas treguas en las que me acariciaba los pechos, pellizcando mis pezones y terminaba saboreando los dedos envueltos en los fluidos de mi interior, mi clítoris era mi fiel compañero y una y otra vez de forma circular con dos dedos sacaba los gemidos más dulces, ya no hacía falta que chupara mis dedos para lubricarlo, simplemente pasaba mi mano, mis dedos por mis labios empapados de mí, notaba algo extraño y como era evidente nunca había sentido aquello, pero sentía como la humedad de mi interior se acrecentaba, tenía los labios muy húmedos y mi vagina totalmente mojada, mis dedos entraban y salían del aquel agujero rosado sin parar de gemir, me gustaba tanto que puse uno de los almohadones entre mis piernas y sentada sobre él, empecé a mover mi pelvis frotándome con él.

    La imagen del espejo era sumamente pornográfica, como una amazona montada sobre un almohadón, moviendo mi pelvis hacia adelante y hacia atrás, la imagen de mi rostro empezaba a desencajarse, cerraba los ojos de placer y mi cabeza se echaba hacia delante con la melena cayendo a ambos lados cubriéndome los pechos, continuamente recogía mi pelo pasándolo todo hacia un lado y me echaba hacia atrás, estaba tan fuera de mí, que mis dedos habían desaparecido nuevamente dentro de mi vagina penetrándome más profundamente, moviéndose hacia dentro y hacia afuera, ahora con más rapidez mientras que con la otra mano pulsaba y acariciaba el clítoris sin parar de frotarme con el almohadón, gemía y gritaba de placer mientras me mordía los labios y tragaba saliva, sin saber muy bien todavía que era toda aquella brujería, brujería que, por otro lado, me encantaba.

    Había dejado a un lado el almohadón y sentada de rodillas con mis nalgas sobre mis talones miraba y miraba el espejo, la cara de satisfacción, de placer y de pronto los gemidos se apagaron y dieron paso a pequeños gritos cada vez más altos, que me pasaba, hacía tiempo que notaba como por la vagina me salía una sustancia blanquecina y cremosa, pero esto era diferente, notaba una especie de quemazón en el vientre que se extendía por mi cuerpo, que paraliza mis movimientos e incluso hacía que tuviera pequeños espasmos, no sé cómo definir lo que sentía, era un placer incontrolable que me hacía gritar sin sonido para luego estallar en un grito atronador.

    Mi vagina empezaba a inundarse, a chorrear algún tipo de líquido transparente, al principio más viscoso, pero luego era líquido y salía por mi vagina pequeños chorros intermitentes de los que yo no tenía control alguno, gritaba como una loca, solo gemía y gritaba con la respiración entrecortada, acto seguido volvía a masajear el clítoris y otra ola de placer acompañada de más líquido arrancaba nuevamente mis gritos, me estaba corriendo aunque no lo supiera todavía, estaba teniendo un orgasmo, el primer orgasmo como mujer, reía y gemía hasta terminar derrumbándome de espaldas arrodillada en el suelo delante de un charco frente a mí en el suelo de madera de la habitación.

    Poco a poco recobré la conciencia y tras ducharme fue el momento de reflexionar qué es lo que había pasado, no estaba soñando de eso, estaba seguro, mejor dicho segura, me rompía la cabeza pensando en todo lo que me estaba pasando y fue cuando empecé atar cabos.

    – Y si… joder no… no tiene sentido, pero no tiene otra explicación… ¿El espejo? ¿Ha sido el espejo? El deseo de anoche. – Pensaba en voz alta y terminaba por admitir que el deseo de alguna manera se había cumplido, ¿pero cómo?, ¿sería permanente?, ¿y si pedía otro deseo invirtiendo este?, ¿sería posible?, estaba lleno de dudas, durante el día pensaba, paseaba por toda la casa, no me acostumbraba a este nuevo cuerpo, en ocasiones pensaba como hombre y también como mujer y me estaba volviendo loco… Loca.

    Poco a poco me iba descubriendo, haciéndome a la idea de aquella nueva situación, aquella nueva realidad y al final tomé una decisión, algo que descubriréis si queréis, más adelante, en la segunda parte.