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  • El espejo mágico (Parte 2): Mi primera polla

    El espejo mágico (Parte 2): Mi primera polla

    Había pasado un día y medio desde que el jueves por la mañana me despertara siendo mujer,  un día y medio sin salir de casa por el miedo a que alguien me reconociera o… todo lo contrario, al miedo de que no lo hicieran. Era sábado cuando decidí irme unos días a un pueblecito de Cádiz donde tenía una casa junto al mar, tenía mucho que pensar y asimilar de mi nueva identidad, de mi cuerpo de mujer, de los sentimientos cambiantes dentro de mí y eso esperaba conseguirlo allí, en la soledad de una casa que llevaba vacía más de 8 años. Pedro, uno de los porteros de la urbanización, un señor mayor con un acento andaluz muy acentuado al que me costaba entenderle a veces por lo deprisa que hablaba, se encargaba de ventilar de vez en cuando la casa, se ocupaba del jardín, de la piscina y nada más llegar, lo que nunca llegué a imaginar, en cuando este me vio llegar me saludó efusivamente.

    – Buenos días, señorita Elena, qué tal está usted, me alegra verla denuedo. – ¿Señorita Elena?, pero, ¿me conocía?, ¿cómo era eso posible?, no tenía sentido, ya que él nunca me había visto con forma de mujer hasta ese día, me quedé pensativa mientras él me ayudaba con las maletas y no paraba de hablarme como si me conociera de toda la vida, pero realmente Pedro sí que me conocía, por lo menos todas aquellas cosas que me contaba, todas…eran ciertas, aunque eran los recuerdos de Juan quien había perpetrado todas aquellas travesuras y no Elena. En ese momento caí en la cuenta que ese debía de ser mi nombre de mujer y en esos momentos mientras paseaba por la casa fue cuando me fije de las fotografías que vestían las paredes del salón y me quede paralizada una vez más, allí estaba mi vida retratada, había fotografías mías por todas partes de cuando era pequeña, algunas sola y otras con mis abuelos y mis padres, también con amigos como Jaime, pero todas con el cuerpo de niña o de una adolescente con cara de pícara, es cierto que recordaba que estaban allí, pero con la apariencia de un niño, sin entender nada de todo aquello, recordé lo que había pasado también en mi casa de Valencia, en las imágenes, mi género habían cambiado y en vez de ser un niño era niña, en vez de ser de hombre eran de mujer y mirando como Pedro metía mis maletas en casa pensaba que si eso era así, con unas fotografías, ¿Por qué no Pedro me iba a recordar como mujer?, ahora ya tenía sentido por muy extraño que fuera todo.

    Tenía mucho que asimilar, empecé a buscar en todos los documentos que tenía a mi alcance, hasta ahora no había reparado en ellos y cuando los mire, estaba todo ahí, todo había cambiado, el DNI, el carné de conducir, la tarjeta del médico, las tarjetas de crédito, el carnet de la biblioteca, incluso el de estudiante que aún conservaba, en todas partes mi sexo había cambiado, ahora me llamaba Elena, en ese momento empecé a sentir mareos, tuve que sentarme en el enorme sofá del salón, la cabeza me daba vueltas una vez más, después de dos días todavía pensaba seguía pensando o más bien quería pensar que todo aquello no era más que un mal sueño, que en algún momento me despertaría en mi cama. Pedro se despidió de mí y me quede sola en aquella casa que me era tan familiar y a la vez tan extraña, aproveche para darme un largo baño con sales y así despejarme, en la bañera me llevaba las manos a la cabeza, reflexionando incluso que coño hacía yo tomando un baño, ¿pero desde cuándo hacía yo eso?, empecé a recordar toda mi vida, a pasar silenciosamente por todos mis recuerdos y empezaba asimilar que aquello no era un sueño, pero era todo tan raro, me recordaba haciendo cosas, pero no de la misma manera en las que yo sabía que habían ocurrido, me veía montando en bicicleta por aquella urbanización haciendo el burro, pero me veía con faldas, recordaba bañarme en la piscina, abrazarme a mis padres, pero mis recuerdos me jugaban malas pasadas pues unas veces era un niño otras una niña, necesitaba tomar algo más fuerte que no fuera un vaso de agua y después de secarme y cambiarme de ropa, poniéndome uno de los bikinis que había encontrado en el armario en valencia, pase el resto del día en la piscina o tirada en el sofá haciendo que veía la televisión pensando en todo aquello mientras que vaciaba una botella de bourbon.

    Una vez más la noche la pasé dando vueltas en la cama, no hacía más que darle vueltas a la cabeza, ¿Qué iba a hacer ahora?, esa frase resonaba una y otra vez dentro de mí, era temprano, casi las 8 de la mañana cuando me até el pelo con una goma, me puse la braga del bikini, pantalón corto, un top de deporte y salí a correr por la playa para despejarme y me volvía a sorprender porque como Juan nunca habría hecho eso, nunca habría salido a correr, pero como Elena parecía que tenía la necesidad de salir y hacer deporte. Se convirtió en una rutina diaria, todos los días a la misma hora, mismo recorrido por el paseo marítimo, desayunar en el chiringuito de Pepe frente a la playa y finalmente darme un pequeño baño en el mar. Antes de subir a casa solía dar largos paseo por el pueblo comprando la comida del día y hablando con la gente la cual no se habían olvidado de mí, todos me recordaban y las más viejas y más cotillas siempre diciéndome eso de que guapa que estaba, que ya era toda una mujer y sentencian mucho lo de mis padres. Yo no pretendía en ningún momento ser antipática con lo que el tiempo corría y cuando quería llegar a casa ya era casi la hora de comer, una ducha rápida y después de hacer la comida con una copa de vino en la mano, comía mirando al gran ventanal desde donde podía divisar el jardín y un poco más allá el pueblo, las tardes me solía quedar en la piscina tomando el sol o me iba a recorrer la costa con la moto descubriendo las calas más inaccesibles, pero hermosas, calas en donde me quitaba la ropa y me bañaba desnuda quedándome casi hasta el anochecer, luego, de vuelta a casa, cenaba sola acostándome más tarde y así pase toda la semana hasta el viernes, porque aquel viernes una vez más mi vida iba a cambiar.

    Todos los días mientras corría, me había fijado en los cuatro chicos que jugaban al voleibol en la playa, más o menos de mi edad y con la certeza de saber que cada vez que pasaba a su lado se volvían a mi paso para mirarme, la verdad que no estaba acostumbrada a esas cosas, todo lo contrario, hasta no hacía ni una semana era yo quien me quedaba mirando cada vez que una mujer pasaba junto a mí, al principio me sentí de alguna manera acosada con sus miradas y sus comentarios, pero al cabo de los días me empezó a gustar, me sentía incluso bien y ese día en concreto decidí sentarme en otro chiringuito para desayunar, uno que estaba justo enfrente de ellos, donde jugaban todas las mañanas, esta vez iba a ser yo quien les mirara, quien disfrutara de sus cuerpos atléticos, les veía saltar, correr, tirarse y rebozarse por la arena, me recordaban bastante a mi amigo Jaime, eran todos muy guapos y con unos cuerpos que realmente te quitaban el hipo, me sorprendía a mi misma cuando me quedaba embobada mirándoles, sentía un no sé que, algo que nuevamente era algo nuevo para mí, me gustaba mirarles, me excitaba verles de esa manera, solo con sus bañadores, mostrando sus torsos sudorosos, prácticamente dibujaba y moldeaba en mi mente sus pectorales, sus trapecios, sus abdominales, notaba algo en mi interior que no sabía muy bien como explicar, era la primera vez que miraba a un hombre de esa manera y me notaba rara, me sentía nerviosa, como si estuviera haciendo algo malo, pero estaba disfrutándolo tanto que no me di cuenta de que mis manos apretaban mi vulva, me sentía excitada, mojada, me mordía los labios con los dientes teniendo algunos pensamientos digamos…de tipo sexual con ellos, como en aquellas historias que me contaba Jaime me veía a mi misma desnuda junto a ellos, sintiendo sus besos, sus caricias, sintiendo como atravesaban mi intimidad.

    Tenía calor, más que externo… interno, necesitaba refrescar mi cuerpo y mi mente, necesitaba darme el baño de rigor de la mañana y al pasar camino del agua delante de ellos, me sentí observada, tanto o más que cuando me veían correr, sabía que sus miradas me acompañaban a cada paso, explorando con cada movimiento todo mi cuerpo, aquello de alguna manera me excitaba aún más y me hacía sentir deseada, era una sensación que nunca había tenido, no de esa manera y con tanta intensidad. No sé porque, sin pensarlo dos veces, decidí crear más morbo y a pocos metros de ellos me quite las zapatillas de deporte dejándolas en la arena blanca de la playa, me quité el pantalón corto que llevaba de una forma muy sensual, me solté la coleta dejando que mi melena jugara con el viento, la recogía y peinaba con los dedos mirando al mar, sabiendo que ellos no dejaban de observarme, luego pasaba mis manos por mi vientre hasta llegar a braga del bikini arreglándomela con los dedos, cogiendo la goma y ajustándomela bien al cuerpo, más tarde hacia la misma operación con el top, les invitaba a que esta vez sus miradas si fueran realmente justificables y que sus ojos se posaran en mí, a pocos metros de la orilla su pelota cayó a mis pies, era muy evidente que había sido algo provocado y de una forma muy patosa le di una patada con el pie e intente devolvérsela, no había dado más que dos pasos cuando la pelota volvía a caer a mis pies, esta vez me gire y les sonreí, esta vez me agache despacio dejándoles ver mi culo y mi vulva por detrás, recogí la pelota y se la lleve en mano. No sé porque hice aquello, sinceramente estaba descontrolada, quería, deseaba algo que no me atrevía ni a pensar, la conversación empezó a fluir enseguida entre nosotros y me daba cuenta lo fácil que era atraer a los chicos y más con este cuerpo de mujer, pensamientos y no todos buenos empezaron a desfilar por delante de mí y al cabo de los minutos me deje convencer para que jugara con ellos.

    Los cuatro chicos de origen norte americano, californiano para ser más precisa se encontraban de vacaciones en España y más o menos se defendían en español y aunque mi nivel de inglés era muy alto deje que ellos se expresaran en español porque me hacían gracia y de esa manera podía entenderles sin que ellos lo supieran que entendía todas las conversaciones algo subidas de tono que tenían entre ellos, la más suave que me pondrían a cuatro patas allí mismo y yo me hacía la tonta, como si no les entendiese. Al principio parecían tan nerviosos como yo, pero el tiempo les fue dando alas y poco a poco, paso a paso dejaban atrás los nervios y empezaron a ser más atrevidos, sentía en mi cuerpo sus manos con la excusa de enseñarme a jugar, cogiéndome por las caderas sintiendo sus cuerpos sudorosos detrás de mí, se rozaban de una forma nada voluntaria en mis nalgas y en ocasiones notaba sus manos rozar mis pechos, yo intentaba zafarme continuamente, e incluso estuve a punto de marcharme porque no me gustaba el cariz que estaba tomando aquella situación, me estaba arrepintiendo de haber provocado aquella situación e incluso de los pensamientos que minutos atrás afloraron en mi mente.

    Había uno de ellos, Steven, que no entro en aquel juego, me estaba respetando y ponía mala cara cuando sus amigos intentaban sobrepasarse conmigo, era el más guapo de todos, de piel tostada por el sol, pelo castaño con algo de melena y unos ojos azules que se confunden con el mar, Steven a pesar de no tener el cuerpo con los pectorales y abdominales tan marcados como los de sus amigos, me resultaba bastante más atractivo, le notaba en todos los aspectos más natural, algo tímido, ya que sabía que me miraba y cuando lo hacía apartaba rápidamente la mirada cuando yo le miraba a él y, sin embargo, no tardó en venir en mi ayuda como un caballero andante cuando se dio cuenta de que lo estaba pasando mal.

    Sus amigos empezaron a reírse de él y al final, después de que yo empezara a enfadarme se pusieron a jugar por separado, Steven no tardó en excusarse en su nombre, a pedirme perdón por no haberlo parado antes, la verdad que en esos primeros momentos, estaba tan enfadada, tan avergonzada conmigo misma que no le hacía prácticamente caso, pero su insistencia terminó por calar en mí y terminamos ante la atenta mirada de sus amigos tomando un café en el chiringuito donde comenzamos hablar de todo un poco aunque de mí poco podía decir. Así pasamos toda la mañana entre risas y más risas, a pesar de que ya sabía que yo hablaba inglés sólo quería hablar en español y las carcajadas de los dos eran constantes por las continuas patadas que le estaba dando al idioma, realmente me hacía sentir bien, me hacía sentir por primera vez a gusto conmigo misma, sintiéndome por primera vez mujer, me hacía sentir de algún modo plena y feliz con mi cuerpo.

    A la mañana siguiente habíamos quedado para ir a correr por la playa juntos, sus amigos habían decidido irse y la verdad me daba realmente igual, con él me sentía segura y muy a gusto, mentiría si no dijese que también muy atraída. Serían las 8 de la mañana cuando pasábamos por zona de la playa donde ellos solían jugar y unos metros más allá, justo enfrente donde había dejado su coche me pare y le insinué que me enseñara a jugar al voleibol, Steven no tardo en sacar un balón que tenía y mientras hacía malabares con el balón, me sonreía a la vez que me amenazaba en darme una paliza, al empezar a jugar note que aquello era muy diferente al día anterior, se acercaba poniéndose por detrás de mí indicándome como ponerme y como sacar, me cogía suavemente de las caderas para colocar mi cuerpo para sacar y también como decepcionar una pelota, sus manos rozaban mi cuerpo con suavidad, sentía su aliento detrás de mí y su pecho se unía a mi espalda, podía oler su perfume, todo aquello me estaba excitando y de que manera y sin darme cuenta le permitía que se fuera acercando más a mí, quería tenerlo cerca…necesitaba tenerlo cerca, notaba las palpitaciones de su corazón, sabía que estaba nervioso y lo sabía porque yo también lo estaba, su cuerpo se había unido a mi espalda por completo y note el bulto que tenía por debajo del bañador, tenía muy claro lo que eso representaba, no obstante llevaba mucho tiempo sintiendo lo que Steven sentía, pero no estaba acostumbrada a sentir lo que yo sentía en esos momentos cuando note como mi sexo se humedecía por momentos, era algo que ya me había pasado anteriormente, pero nunca con la presencia de un hombre, nunca por un hombre, nunca deseando ir más allá de mis simples dedos.

    Notaba como me miraba, como constantemente quería decirme algo, los dos estábamos sintiendo una atracción irrefrenable, pero la vergüenza nos atenazaba y, sin embargo, había momentos en que la vencíamos e íbamos más allá de las simples miradas, dejaba que sus manos me rozaran los senos y mi cuerpo respondiera con un escalofrío, Steven lo estaba notando y se iba desprendiendo cada vez más de la vergüenza e intentaba ir más allá, una de sus manos se deslizaba despacio desde mi cadera hasta mi estómago, acariciándome con su mano extendida para después abrazarme con fuerza por debajo de mis pechos, hacía rato que ya había dejado de atenderle en las posiciones que me enseñaba y eché mi cabeza hacia atrás apoyándola sobre sus hombros para mirarle y a pesar de estar en la playa a una hora en que se empezaba a llenar, parecía como si el mundo se hubiera detenido, solo oía sus latidos, su respiración, su otra mano busco a su compañera entrelazando sus dedos y así definitivamente dábamos por finalizadas las clases del juego, Steven me estaba abrazando con fuerza, pero a la vez con suavidad, nos miramos fijamente cuando mi brazo subió buscando su cabeza y acariciando su pelo con nuestros labios a escasos centímetros el uno del otro.

    Todo aquello era nuevo para mí, realmente todo lo que hacía era nueva para mí, una sensación tras otra, hacía que mi respiración se acelerara y que mi piel se erizara, en mi sexo se disparan todos los sentidos así como mis pezones que se habían elevado tanto que querían escapar de mi top, veía sus labios tan cerca de los míos que era inevitable que nos empezáramos a besar y de no haber sido por las sirenas de una ambulancia que pasaba a toda velocidad así hubiera sido, aquel ruido nos había hecho volver a la realidad y francamente, ninguno de los dos deseábamos, pero la magia del momento se había roto, nerviosa por estar ahora entre sus brazos me separe de él empujándolo hacia atrás y riendo le rete a ver quien era el primero en llegar al agua. Nos separaban unos 20 metros cuando empezamos a correr y entre miradas ajenas y nuestras risas nos metimos en el agua salpicándonos con los pies, Steven me cogía de los brazos para detenerme, salpicarme y abrazarme con la intención de intentar besarme y yo riéndome me zafaba de él una y otra vez, me ponía a nadar para separarme, él me intentaba coger de los pies e intentaba hundirme, las risas de los dos se oían en una playa todavía con muy poca gente que no paraba de mirarnos y cansada de escaparme me pare, me puse de pie en una zona donde el agua me cubría hasta la mitad de mis pechos y espere a que llegara, esta vez mi mirada era una invitación a que me abrazara y que me besara.

    Steven se acercó a mí y con su mano me apartaba el pelo mojado de mi cara, me miraba fijamente y con sus fuertes brazos me elevo para tirarme al agua, pero justo antes de lanzarme le pedí entre risas que no lo hiciera, me tenía suspendida en el aire cuando empezó a bajarme lentamente y según mi cuerpo se deslizaba por el suyo, nuestras miradas se entrelazaron y mi vulva se apretaba contra su pecho, estómago, hasta sentir su pene totalmente duro, lo notaba como se clavaba en mí en mi bikini e intentando traspasar nuestros bañadores, mis pechos se aplastaron contra su cuerpo cuando nos abrazamos con fuerza sin permitir ni un solo espacio entre nosotros y una vez más nuestros labios se situaron a escasos centímetros, nuestros ojos parecían unirse en una mirada sin fin mirándonos contemplando cómo el mundo que nos rodeaba se paraliza una vez más, la gente iba desapareciendo a nuestro alrededor, dejándonos solos allí en la playa, solos con el murmullo de las olas.

    Un suave roce, una sensación de frescura en mis labios cuando esta vez si, se unieron a los suyos, esta vez si nos besamos levemente mientras no parábamos de mirarnos, nuestros cuerpos unidos como un solo cuerpo, con sus manos en mis glúteos y mis piernas abiertas rodeándole por la cintura y mis brazos en su espalda, la sensación de aquel beso fue como si un rayo me hubiera atravesado de lado a lado, mi cuerpo estaba inerte, solo mis labios y mi lengua parecían tener vida, me sentía feliz, era mi primer beso como mujer, las sensaciones que sentía eran incontables, sentía su pene apretar mi bikini justo ahí donde mi vagina nace, me sentía tan húmeda por dentro como por fuera, mis uñas se clavaban en su espalda y notaba como con una de sus manos me separaba el bikini y pude notar por primera vez como su cuerpo empezaba a penetrar dentro del mío, tan solo unos centímetros, unos centímetros que su pene se metió dentro de mí, la sensación fue tan placentera que quería más, quería sentirla entera dentro de mí y cuando se disponía a empujar, cuando sentía como su pene se empezaba a deslizar dentro de mí, en ese momento unas sirenas de unos barcos pesqueros nuevamente nos hizo volver a la realidad, nos vimos rodeados de gente bañándose, no sabíamos de donde habían salido y un poco avergonzados salimos de la playa, uno detrás del otro, sonrojados y sin saber que decir, sin saber todavía que había pasado entre los dos, bueno eso es lo que decían nuestros rostros, porque yo sí que sabía muy bien ahora que es lo que siente una mujer al ser amada, era mi primera vez para todo, los abrazos con un hombre, las caricias, los besos, la sensación de su lengua penetrando en mi boca y la sensación de su pene penetrando en mi vagina, era mi primera vez y estaba encantada, tan encantada que ya no pensaba en masculino sino solo en femenino.

    Necesitaba controlar esas sensaciones que sentía y que había notado tan cerca y dentro de mí, estaba cansada de interrupciones, algo en él me atraía sin poder remediarlo, aquella mañana no hubo un adiós, un hasta luego, aquel día lo quería pasar entero con él y sin apenas mencionar lo que había pasado dentro del mar, nos mirábamos y reíamos tomando café en el chiringuito de la playa, ninguno de los dos quería sacar un tema que tarde o temprano terminaría por salir, pero de momento no, no era todavía tiempo de abordar aquel tema por muy difícil de entender, todavía no, quizás el momento apropiado sería ya en mi casa cuando le invité a mi casa a tomar algo y bañarnos en la piscina tranquilamente sin interrupciones de ningún tipo, algo que iba a ser más intimido y que los dos sabíamos.

    Me había cambiado de bikini para estar más cómoda y bajé con dos cervezas al jardín, Steven estaba dentro del agua distraído mirando cada rincón del jardín hasta que me vio bajar por las escaleras, sus ojos se fijaban en mí a cada paso que deba, me sentía deseada por él, me sentía desnuda ante su mirada, sabía muy bien que es lo que iba a pasar y realmente lo deseaba. Una vez que llegue al borde de la piscina deje las cervezas en el suelo y empecé a bajar las escaleras lentamente metiéndome en el agua, Steven me miraba y clavaba sus ojos en mi cuerpo, sus ojos iban viajando por el movimiento de mi pelo debido a la brisa que lo envolvía, por mis hombros y brazos al andar, mis senos cubiertos por aquel pequeño bikini de color azul claro que dejaba entrever la excitación de mis pezones debido en gran parte a sus miradas, miradas que bajaron hasta mi cintura y un poco más abajo a mi sexo antes de que lo cubriera el agua, una vez más me notaba mojada en mi interior, pero esta vez nada más llegar a él, sin ningún tipo de lucha estaba dispuesta a entregarme a él y, sin embargo, solo hablamos, esta vez simplemente hablamos, no hubo roces, tampoco ningún beso que refrescaran el ardor de mis labios, simplemente nadamos un poco, reímos de los comentarios tontos que hacíamos inventándonos los nombres para las figuras de las nubes en el cielo mientras que bebíamos las cervezas dentro de la piscina.

    El sol llegaba a su fin y quería aprovechar sus últimos rayos tumbándome sobre la hierba, estaba boca arriba con los ojos cerrados y notaba que Steven estaba junto a mí, me sentía a relajada y nerviosa cuando empecé a notar como su mano me acariciaba de arriba abajo mi brazo, desde mi hombro mojado hasta mis dedos antes de enredarse en ellos, disfrutaba con el paso de las yemas de sus dedos casi sin tocarme la tripa, subiendo suavemente por en medio de mis senos hasta mi barbilla y posándose en mis labios hasta que se los besaba, entonces abrí mis ojos mirándole fijamente, con la mirada le estaba dando permiso para que siguiera, para que me besara, para que apartara un poco el sostén del bikini, lo justo para meter sus dedos y liberar mi pezón, por fin ninguna interrupción cuando empezó a lamerlos y a mordisquearlos con sus labios, nuevamente esas sensaciones, tan diferente a las que había sentido en otras ocasiones, a las que estaba acostumbrado como hombre, nuevamente tremendamente excitada, eran diferentes, eran más intensas, más placenteras, notaba una sensación de placer que me embargaba él todo el cuerpo y como la braga de mi bikini se humedecía, el poco bello de mi cuerpo se erizaba y sabía que estaba a su merced, estaba deseando que me quitara por completo el sostén y que su boca humedeciera mis pezones, cubriéndome la tripa con la palma de su mano hasta el interior de mis muslos que inconscientemente le abría y entre mis muslos mi vagina mojada esperando lo que ya tanto deseaba, que me hiciera suya.

    Steven acariciaba mis muslos con suavidad subiendo hasta mi vulva apretándola con la palma de la mano, un pequeño gemido de placer salió de mis entrañas al igual que paso en la playa, sus dedos por debajo de la braga habían penetrado en mi interior, mi gemido apagado con un beso que buscaba mi lengua y sus dedos encontraron el premio, el premio que yo deseaba que encontraran, le tenía prácticamente encima de mí, me sentía una vez más abrumada por todas esas sensaciones nuevas, la sensación de tener sus dedos y no los míos entre mis labios vaginales, en mi clítoris, yo me había masturbado antes si, pero esto era diferente, no parábamos de besarnos hasta que deje mi boca abierta al sentir sus dedos penetrar en mi vagina y con un gemido en sus oídos le daba permiso a seguir más haya, metió primero uno, luego dos de sus dedos antes de quitarme el bikini, me encontraba desnuda y quería, deseaba que me hiciera suya, quería sentir su pene dentro de mí, las sensaciones como mujer me parecían más placenteras de cómo yo las había sentido como hombre y necesitaba más, quería saber más, quería descubrir hasta donde era capaz de sentir.

    Abriéndome bien, rodeándolo con ellas su cintura Steven empezó a penetrar con su pene mi vagina, poco a poco se iba deslizando dentro de mí, aquella sensación me estaba matando, la sentía entrar centímetro a centímetro hasta que con un pequeño empujón la metió tan al fondo como pudo llenándome entera, llegando hasta el fondo de mi vagina, mi cuerpo se estremecía, le abrazaba, le arañaba la espalda con cada estocada que recibía, no parábamos de besarnos, él no paraba de gemir y yo de gritar, no paraba de meter y sacar su polla en mi coño recién estrenado, se apartó de mis labios y mirándome note que se iba a correr, intento separarse, pero no le deje, quería que se corriera dentro de mí, lo quería todo para mí, un pequeño grito y fue el preludio a notar su semen caliente saliendo de su polla impactando contra mis paredes vaginales, aunque no llegara al orgasmo el sentimiento de placer que me dejó fue enorme y además no iba a permitirle que se fuera sin más, sin hacerme gozar de verdad.

  • Mi marido y los permitidos: mi diversión

    Mi marido y los permitidos: mi diversión

    -Brenda, ¿alguna vez me fuiste infiel? La pregunta de Rolo, mi marido hace diez años, me descolocó por completo. Estábamos desayunando un sábado a la mañana en la cocina y de repente esa pregunta.

    -No Rolo, nunca te fui infiel, ni lo soy claro.

    -¿Por qué? Me preguntó.

    Si la primer pregunta de descolocó, la segunda directamente de dejó perpleja, mirándolo a los ojos. Lo peor fue que trataba de encontrar una respuesta coherente, que pudiera sustentar con argumentos, y no la encontraba. Fui por la más simple.

    -Porque te amo, no tengo por qué serte infiel. Y en un acto de autodefensa, para cortar sus preguntas, hice yo una, obvia por supuesto.

    -¿Y vos?

    -Si, dos veces, pero no físicamente, mentalmente. Una vez apenas casados con una vendedora de una tienda, pensé como sería cogerla. Y la otra ayer, con una clienta. Imagine llevarla a un hotel y tener buen sexo.

    -Mirá vos. Entonces, si fue ayer, algo no está funcionando entre nosotros. Sobre todo porque decís “buen sexo”. ¿Tenemos mal sexo nosotros? Recién me entero. Dije muy molesta.

    -Nooo, es que, como explicarte. Nosotros tenemos muy buen sexo, a lo que me refería era a hacerle de todo, cogerla a lo bruto. Yo con vos eso no lo haría nunca.

    -Y si con otra. Vamos a tener que sentarnos a charlar Rolo. Pero ahora no, aclara tus pensamientos y después charlamos. Me voy al club, vuelvo tarde. Dije y me marche de la cocina.

    Él se iba a navegar con los amigos y yo al club a jugar tenis. Tome mi bolso, y subí a mi auto. En mi cabeza no dejaban de repiquetear sus palabras “cogerla a lo bruto”, “Con vos eso no lo haría”. Diez años juntos y nunca me había planteado algo así. Y estaba segura que accedería. Estaba realmente enojada. Tome la autopista, y luego de unos kilómetros me detuve a cargar combustible.

    En el surtidor de al lado se detuvo un hombre mayor, debería tener unos 60 años, con una calvicie importante, pero pelo por los hombros y una barba que le llegaba al pecho, en un convertible alemán de los años 80. Estaba hermoso el auto, yo que amo los convertibles, no podía dejar de mirarlo.

    -Mercedes Benz SLC500 año 1980. Dijo el hombre.

    -Hola, es una hermosura, lo felicito.

    -Muchas gracias joven. Es original. Lo tengo desde los 20 años.

    -Es increíble el estado, el tapizado. ¿Este tiene el V8 cinco litros?

    -Si, que placer encontrar una joven que conozca de autos viejos.

    -Espere, no es un auto viejo, es una joya. Viejo es otra cosa.

    -Algo como yo, quiere decir.

    -No, nada que ver por favor. Yo amo los convertibles sobre todo de esta época.

    Quien cargaba nafta me dijo que estaba listo, me cobro y cuando fui a subir al auto el hombre me dijo:

    -Joven, espero no ser irrespetuoso, pero viendo como conoce y le gustan estos autos, me gustaría invitarla a que lo maneje.

    -Primero no es nada irrespetuoso, segundo no podría manejarlo del miedo a dañarlo y tercero, soy una mujer casada.

    -Si pudiera obviar lo tercero, y estaciona el auto en el estacionamiento de atrás de la gasolinera, puedo llevarla yo a dar una vuelta.

    Lo miré, mire el auto y me acordé de la charla con Rolo.

    -Acepto, soy Brenda.

    -Perfecto, soy Juan Carlos. Termino de cargar combustible y paso por Ud.

    Y así lo hizo. Subí al auto y partimos. Tenía un andar espectacular, una suavidad increíble. Y el motor mantenía toda su potencia.

    -Espero no molestarte si te tuteo, ¿Qué te parece Brenda?

    -Juan Carlos, estoy enamorada de este auto, por favor, es increíble.

    -Tengo un amigo aquí cerca, permitime que pasemos y te vas a llevar una sorpresa.

    -Por supuesto.

    Ese hombre me transmitía tranquilidad, en ningún momento pensé que podría hacerme algo. Hicimos unos kilómetros y se detuvo frente a un portón, apretó un pulsador y unos segundos después se habría. Entramos y era casi un campo. Comenzamos a circular por algo que parecía una pista de autos o de karting gigante y nos detuvimos en un galpón.

    De una oficina contigua salió un hombre sonriendo.

    -Juanca, que placer verte.

    -Hola Horacio. Permitime que te presente a una amiga, Brenda.

    -Señorita, un placer conocerla. ¿Qué te trae por acá Juanca?

    -Dos cosas, primero, que Brenda se dé el gusto de manejar mi auto en tu circuito, y segundo, que le muestres el interior del galpón. ¿Puede ser?

    -Por supuesto. Adelante. Señorita, el circuito es suyo.

    -Escuchaste Brenda. Las llaves están puestas.

    -Juan Carlos, ¿hablas en serio?

    -Por supuesto, adelante.

    Subí al auto, lo puse en marcha y con mucho cuidado di dos vueltas al circuito. Nunca había manejado un auto así, el placer que me daba era inigualable. Volví donde estaban y me baje emocionada.

    -Gracias, Juan Carlos, fue maravilloso poder manejar ese auto. Inmensamente agradecida por la experiencia y Horacio, gracias por permitirme manejarlo en el circuito.

    -Por favor señorita. Vengan así le muestro a la señorita Brenda.

    Cuando prendió las luces no lo podía creer. Ante mi estaba una colección de 20 autos convertibles de distintas épocas, todos en un estado increíble.

    -No lo puedo creer, estos autos son increíbles, por favor. Millones de gracias por permitirme verlos Horacio.

    -Por favor señorita, es un gusto.

    -Horacio, Brenda tiene debilidad por los convertibles y sobre todo, los antiguos, por eso la invite a ver tu colección.

    -Ah, entonces querida, y no se ofenda porque le digo así, somos viejos y tenemos otro lenguaje, permítame invitarla a dar unas vueltas en el auto que elija. Todos están en condiciones de funcionamiento.

    -No me ofende para nada Horacio. Se quien lo dice y de que forma. Y si Ud. esta tan loco como para dejarme manejar uno de estos autos, elijo aquella replica de Corvette 56. Me fascina ese auto. Es un auto sexy, tiene un charme tremendo.

    -No es una réplica, es un original, con motor original.

    -¿Cómo original? Ese auto vale millones.

    -Sí, es una joya. Póngalo en marcha mientras abro el portón del galpón.

    Fui, lo puse en marcha de inmediato, el motor ronroneaba como un gato. Abrió el portón y con sumo cuidado di vos vueltas. Me baje del auto emocionada.

    -Horacio, no tengo palabras para agradecerle, fue la experiencia más maravillosa de mi vida, se lo aseguro.

    -Me alegro. Juanca, cuando quieras venir sabes que sos muy bienvenido, y trae a la señorita Brenda otra vez, quizás la convencemos de que maneje otro auto.

    -No les va a costar mucho. Dije con una sonrisa tremenda en mi rostro.

    -Gracias Horacio. Nos vemos.

    Salimos y me sentía la mujer más feliz del mundo.

    -Gracias Juan Carlos fue increíble, manejar tu auto, ver esas joyas y manejar el Corvette, por favor.

    -Me alegro que lo disfrutaras. ¿Te puedo invitar a almorzar?

    -Por supuesto, va a ser un placer, ya es un placer tu compañía.

    -Gracias bella dama.

    Me acomodé en la butaca y disfrutaba del aire, del auto, del clima, y de ese hombre, un desconocido.

    -Llegamos. Dijo Juan Carlos.

    Era un restaurant hermoso, muy bien decorado. Para entrar, como buen caballero me ofreció su brazo.

    -Sr. Juan Carlos, que placer recibirlo. Señorita, adelante, su mesa está lista.

    Nos sentamos y nos pusimos a charlar. Me conto que era viudo, sin hijos, que tenía una empresa, que los sábados de buen tiempo salía a manejar el auto, y que habitualmente venía a almorzar a ese restaurant.

    -Yo estoy casada, tengo 30, hace diez años, sin hijos, y soy abogada en una empresa.

    -Te daba menos años, sos una mujer muy bella.

    -Gracias Juanca, ¿Te molesta que te diga así?

    -Para nada, al contrario, así me llaman mis amigos. Que raro que no compartan un sábado con tu esposo.

    -Un tema. Los sábados se va navegar con los amigos, y yo voy al club con las chicas. Aunque hoy… no voy. Creo que le estoy cumpliendo un deseo a mi esposo…

    -Perdón, no entiendo.

    -No te preocupes, es todo un tema que me enoja mucho. Hoy tuvimos una charla totalmente inesperada para mí. Y me puso de muy mal humor.

    -Lamento haber hecho ese comentario.

    -No te preocupes. Sos un desconocido, un hombre con experiencia…

    -Viejo.

    -No dije eso. ¿Me podes dar tu opinión de algo?

    -Si puedo, con todo gusto.

    -Hoy mi marido me pregunto si le había sido infiel. Le dije que no. Luego me preguntó porque no le había sido infiel, le dije que porque lo amaba, que no necesitaba serle infiel. El como que se sorprendió. ¿Qué opinas hasta ahí?

    -Yo a mi mujer nunca le hice esa pregunta, ni se me ocurriría hacerla. Estaría… nada, seguí.

    -Estarías ofendiendo a tu mujer si la haces. Dije.

    -Perdón, no quise ser duro con tu marido.

    -Sos honesto y un caballero. Después me dijo que me fue infiel dos veces, pero mentalmente, una vez apenas nos casamos y otra ayer, con una clienta.

    -Perdón que te interrumpa. Tu marido había tomado, whisky o algo, medicamentos. ¿Tiene algún problema mental?

    -No, para nada. Y ya me diste tu opinión. Sigo: me dijo que ayer “había pensado en llevar a la mujer a un hotel y tener buen sexo”, y la embarro diciendo que “buen sexo” era y perdón, “cogerla a lo bruto” y “con vos no lo haría.” Se me vino el mundo abajo, siempre creí que teníamos buen sexo, pero cuando me dijo eso, no lo pude creer, sigo sin poder creerlo.

    -Perdona la pregunta, pero: ¿Alguna vez te planteo tener lo que él llama coger a lo bruto?

    -No Juan Carlos, nunca. Y creo que no me molestaría si me lo planteara, hasta te digo que me pondría… pero nunca lo hizo.

    -¿Puedo ser totalmente franco?

    -Si por supuesto, te lo pido.

    -Es un tremendo pelotudo que no sabe la mujer que tiene al lado, un pajero. Porque eso de engaño mental es porque se hizo una paja. Y es muy pelotudo en decirle a la mujer: “Me hice una paja pensando en otra”. A ver, creo que todos lo hemos hecho. Pero ninguno se lo dijo a su mujer. Lo tenes todo para declararlo “insano”, porque te escucha un juez y después de reírse un buen rato, lo declara “pelotudo oficial de la nación” y lo interna.

    No pude contener la risa, de pronto toda mi bronca se fue al escuchar a Juan Carlos furioso con mi marido.

    -Gracias Juanca, sos hermoso. Te enojaste más vos que yo. Hiciste que se me fuera toda la bronca en un segundo.

    -Mujer, no jodas, es para cagarlo a trompadas. Bien querría tener yo una mujer como vos, tan bella y sensual. Decí que tengo la edad que tengo, pero si tuviera 20 años menos, en este momento estaría tratando de seducirte.

    De pronto me quede helada, era la primera vez que un hombre me decía que quería seducirme. Hizo que mi estima, cascoteada por mi esposo, se levantara.

    -Wow. Eso fue fuerte Juanca. Gracias, fue el mejor piropo que me dijeron. ¿Y por qué pensas que no podes seducirme a tu edad, que te lo impide?

    -Brenda, tengo 61 años, no soy lo que se llama un galán maduro, y no me gusta pegarme la cabeza contra una pared.

    -¿Y una mujer de 30, que tiene que hacer para seducir a un hombre de 61?

    -Tu seducción es natural, no tenes que hacer nada en especial, para seducir hombres de cualquier edad.

    -Hábil declarante, dirían en tribunales. Cambio la pregunta Sr. Juez. ¿Qué tengo que hacer para que me seduzcas y me lleves a la cama?

    -No a lugar abogada, imputado, no conteste. Dijo Juan Carlos riendo.

    -Sos tramposo. Voy a responder la pregunta de mi esposo: “no te fui infiel porque nunca conocí a un hombre como Juan Carlos”.

    -Estamos jugando con fuego Brenda. No quiero que te arrepientas. Mejor cambiemos de tema, por favor.

    -Bueno, no hay problema.

    Y cambiamos de tema. Hablamos de autos, me conto de algunos de sus viajes, yo de los míos, pero no podía sacarme de la cabeza el deseo de estar con ese hombre en la cama. Tenía un magnetismo que me atraía con todo. Terminamos de almorzar y subimos al coche. Manejó en silencio hasta donde yo había estacionado el auto. Intercambiamos los números de celular y se bajó del auto para saludarme.

    -¿Si te llamo me vas a atender? Pregunté.

    -Por supuesto que sí.

    -Gracias, por todo, el paseo, los autos, el almuerzo, y por ser tan caballero y no llevarme a la cama. Eso demuestra la clase de hombre que sos.

    -Cuidate Brenda. Gracias por hacer que el día se mucho más hermoso de lo que es.

    Subí a mi auto y partí, el desgraciado, salió detrás de mí, y haciendo rugir el v8 me pasó y lo perdí de vista. Volví a casa y me puse a mirar Netflix.

    Cuando llegó Rolo, mi cabeza era otra, había logrado que todo mi amor desaparezca con una pregunta estúpida.

    -Una sola pregunta te voy a hacer: ¿Qué buscabas con la charla de hoy a la mañana?

    -No se… me preguntaba si vos… quizás podríamos darnos unos permitidos,

    -Entiendo. No hay problema. Estoy de acuerdo. Me parece una gran idea. Dame un segundo.

    Hola Juanca, te paso mi dirección por mensaje, ¿podes venir en media hora? Te espero.

    Rolo me miraba sin entender nada, me bañe, me puse un conjunto de ropa interior nuevo que tenía guardado para alguna ocasión especial, un vestido cómodo y baje al living. Serví dos vasos de whisky y me senté a esperar. Rolo me miraba parado sin hablar. Sonó el timbre y abrí.

    -Hola Juanca, pasa. Ese es Rolo, mi marido. Como quiere que tengamos permitidos, pues que mejor que disfrutar del mío con vos. Subamos.

    Subimos, cerramos la puerta y me miro sonriendo.

    -Que mina brava que sos. ¿Buen sexo?

    -Que menos.

    Nos empezamos a besar con todo, en segundos nuestras ropas estaban tiradas en el suelo, me puse de rodillas y para mi sorpresa tenía un miembro bastante más grande que el de Rolo y apenas me puse a chupar, se puso bien dura.

    -Hija de puta, como chupas, sos una tremenda mamadora.

    -Mi amor, con esta pija me vuelvo loca chupando.

    Estuve chupando un buen rato, hasta que me tiro en la cama y se puso a chuparme la concha con todo. Yo gritaba y gemía de placer sintiendo su lengua. Estuvo un rato y me puso en cuatro patas. Me la metió lentamente, pero cuando la tuvo toda adentro se empezó a mover con todo, yo a gritar de placer.

    -Quiero escucharte gritar Brenda, quiero escuchar tu calentura, hermosa. Dijo y me dio un fuerte chirlo en el culo que se debe haber escuchado en toda la casa.

    Me tenía tomada de la cintura y me bombeaba sin parar. Yo, le contaba gritando los orgasmos que me sacaba, estuvo un buen tiempo así, hasta que me hizo arrodillar y tomándome de los cabellos que le chupe nuevamente la pija.

    -Chupame bien, Brenda, quiero tenerla bien dura para metértela en ese culo hermoso. Me lo pienso comer todo. Dijo y me encendió totalmente.

    Nunca Rolo había intentado siquiera meter un dedo, Juanca me iba a meter su pija, era soñado y sobre todo porque imaginaba que Rolo estaría escuchando todo. Me hizo acostar en el borde de la cama, con las piernas colgando y ensalivó dos dedos y me los metió en el culo mientras me cogía la concha.

    -Sos una hembra tremenda Brenda, sentí como se abre tu culo para recibir mi pija.

    -Porque soy una mujer caliente y en tus manos, wow, super caliente, méteme esa pija hermosa en el culo, por favor, dame con todo.

    Apoyo su pija y fue entrando. Me quejaba de dolor, pero él no se detenía, quería que Rolo escuchara mis gritos de dolor y placer. Lentamente se fue moviendo y mis gritos se transformaron en gemidos y luego si, en gritos de placer. Metí una mano debajo de mí y me acariciaba el clítoris.

    -Sos un animal, me abriste el culo, ahora si soy una yegua, y en tus manos, una yegua puta, dame toda tu pija por favor, la quiero toda adentro del culo.

    Estuvo así un rato hasta que nuevamente me hizo poner de rodillas.

    -¿En serio queres ser una yegua puta? Me pregunto Juanca.

    -Con vos, por supuesto.

    -Pues te voy a coger la boca. Abrila. Me dijo

    Me metió la pija hasta la garganta, me ahogaba, con su pija y con mi saliva. Entraba y salía de mi boca en forma demencia, yo me tocaba la concha con todo, me metía dedos sin parar. Ni cerca había estado en mi vida de ser cogida por la boca en esa forma y sentirme una yegua total, la más puta.

    Juanca finalmente se masturbo frente a mí llenando mi boca, cara, pechos con su leche. En ese instante tuve un orgasmo tremendo y lo grite con todo. Luego limpie su pija con mi boca, fui al baño del dormitorio y me la lave. Me mire en el espejo y mi cara, y mi pechos tenían su leche, no me los lave para mostrarlos triunfal.

    -Vamos por whisky. Le dije y se sonrió.

    Bajamos los dos desnudos, Rolo estaba sentado en un sillón, con la cabeza baja, cuando nos escuchó, nos miró. Su cara lo decía todo.

    -Genial tu idea de los permitidos, ¿Vos escuchaste lo que me hizo gozar Juanca? Te dejamos amor, vamos por otro buen polvo.

    Subimos y nos sentamos en la cama.

    -Lo estas destrozando, tiene la cabeza quemada.

    -Lo que me importa: ¿Gozaste?

    -Claro que goce, Brenda. Sos una terrible mujer, dentro y fuera de la cama.

    -Sabes bien que me estoy enamorando de vos…

    -Entonces ahora, vamos a hacer el amor.

    Al día siguiente, estaba desayunando cuando apareció Rolo.

    -No pensé que ibas a hacer lo que hiciste anoche, pensé que me amabas.

    -Perdón, te recuerdo que vos fuiste el que dijo de los permitidos. Vos fuiste el que empezaste con el tema del “buen sexo”, “Cosas que nunca te haría”. Pues anoche Juan Carlos me dio un sexo no bueno, maravilloso, primero, como nunca me cogiste, “a lo bruto”, me hizo “cosas que nunca me hiciste”, me cogió bien cogido el culo y luego me cogió la boca, y me lleno de leche, como nunca hiciste. Todo por tu idea. Podemos ponernos de acuerdo en que día para los permitidos.

    -No, no. Yo no pensaba esto, quiero separarme.

    -No mi amor, separarte no, quiero el divorcio. Y no jodas porque le cuento al juez porque nos divorciamos y vas a quedar muy mal parado. Ahora, junta tus cosas y andate. Esta casa es mía, y la compre antes de casarnos. Fuera.

  • Evelyn la madura infiel

    Evelyn la madura infiel

    Hablar de Evelyn es prácticamente hablar de una maestra en lo sexual para mi, ella en aquel entonces era 10 años mayor que yo, yo tenía 24 y ella tenía 34, con dos hijos y casada, además de una reputación como pocas en la empresa.

    Sus aventuras eran con choferes, vendedores, impresores, proveedores y su obra magna, el dueño de la empresa.

    Desde que la conocí me lleve bien con ella, esa era mi segunda etapa en aquella empresa y como encargado, por lo que ella no dudo en tirarme la onda, yo me dejaba, honestamente me gustaban mucho sus piernas y la idea de lo sexualisada que estaba, eso me encantaba.

    Nuestra relación cambio el dia que me acosté con su hermana, en una discusion Paula le confesó que yo la había hecho mía y desde ese dia ella tenía un coraje enorme conmigo, decía que le falte a su confianza y cosas como esas, pero siendo honesto, creo que ella era la menos indicada para darme sermones.

    Pero bueno, quise limar asperezas y la invité a tomar algo, había un bar cerca de su casa y le dije que tomáramos algo para relajarnos, ella aceptó y en cuanto dieron las 7 salimos rumbo al lugar.

    Aquel día ella vestía una falda tipo colegiala con una calza negra debajo, moda de aquellos años, una blusa negra escotada de la espalda y su gorrito, se veia muy deliciosa.

    Pedí una botella de vodka y la acompañamos con jugo de arándano, platicabamos del trabajo, la semana intensa que había estado, luego pasamos al tema de las parejas, le conté que ya estaba pensando casarme y ella me contaba la situación con su esposo y sus hijos, nos paramos a bailar, ella se mueve muy bien y su 1.63 de estatura brillaba en la pista.

    O: ¡Qué bien bailas!

    E: ¡Tú no lo haces mal!

    O: ¡¡Si!! ¡Pero no como tú!

    E: Lo ves, yo no se que tiene mi hermana que no ¡tenga yo!

    Pude decirle muchas cosas al respecto pero me quedé callado y le sonreí, ella también sonrió irónicamente y guiñandome el ojo, nos sentamos y el tema finalmente se dio.

    E: ¿Porque te acostaste con mi hermana?

    O: Lo siento, no quería hacerlo, bueno si, ¡pero no era lo que buscaba!

    E: Ya olvídalo, sabes, eso me molesta, que la hayas preferido a ella ¡y no a mi!

    O: ¡Guau!! ¿Eso es lo que te molesta?

    E: ¡Claro! Dime ¿acaso no te gusto?

    O: ¡Pues si, me gustas, me encantan tus piernas y tu tumbao!

    E: Imaginate si así camino, ¡lo que hago en la cama!

    Antes de que dijera algo ella se acercó y me besó, en ese momento me sentí un macho alfa y volvió a relucir mi suerte, esa suerte que tantos goces me dio y ese momento vaya que no lo desaproveche.

    Bese a Evelyn con tanta pasión que ella se quedó anonadada, acaricie sus piernas y le pedí se fuera conmigo a un hotel, ella me beso con fuerza, nuestras lenguas se mezclaban fantástico, yo sin dudar bese su lindo cuello mientras la mano de ella acariciaba mi entrepierna.

    Pagamos la cuenta y salimos del lugar, nos metimos en el primer hotel que encontré, de hecho las ganas nos ganaban, apenas entramos a la habitación la desnude con rapidez, la acosté en la cama y comencé a besarle los pies, sus pantorrillas, sus muslos, sus entrepiernas, su ombligo, no deje ningun cm de piel sin probar.

    Evelyn me desnudo e hizo lo mismo, beso mi pecho, mordió mis pezones, beso mis piernas y sobo mis testiculos y pene, me miro coqueta y sin decir nada subió encima mio dejandome su coño en mi cara para empezar con un rico 69.

    Evelyn saboreaba mi verga y la chupaba de una manera fantástica, yo comía su coño donde seguramente muchos se han venido varios, pero eso no me detuvo, ella es muy buena mamando, tragaba toda mi verga, probaba mis bolas e incluso lamia mi culo, honestamente me tenía en las nubes.

    E: ¿Te gusta hermoso?

    O: ¡Eres fantástica! ¿A ti te gusta?

    E: ¡¡Si!! No pares, comeme todita.

    Evelyn no es mal habalda, asi que tuve que ser mas educado a la hora del sexo, lamia su coño con fiereza, saboreaba ese clitoris que parecia estaba por estallar, lamia sus nalgas dandole pequeñas mordidas, introduje dos dedos en su coño mientras mi lengua saboreaba su ano.

    E. Que rico, uhm ¡¡agh!!

    O: No te detengas, uhm, ¡¡mamamela!!

    Evelyn me hizo caso y continuó tragándose mis 18 cm, raspaba con sus dientes mi tronco y succiona los fluidos de mi glande, mordía mi prepucio y apretaba mis bolas, era una de las mejores mamadas de mi vida.

    Me puse el condón mientras ella se puso en cuatro, se veia riquisima, le di una nalgada y empecé a penetrarla lentamente, ella gemía riquísimo, increíblemente aún apretaba fantástico, me imagine que estaria super abierta por tanta verga pero me sorprendí.

    O: Que rico, uhm, ¡¡agh!!

    E: Así cariñito ¡¡uhm!!

    O: Me encanta Evelyn ¡¡uhm!!

    E: ¡¡Yo también te deseaba!!

    Empecé a embestirla mas rapido, apretaba su cadera y sus tetas, ella se movía riquísimo haciéndome gemir súper fuerte, le daba de nalgadas y le arañaba un poco su espalda.

    Cambiamos de pose, me senté en la cama y ella dándome la espalda comenzó a darse de sentones, yo lo disfrutaba se dejaba caer con fuerza, a veces no le atinaba y me lastimaba pero eso no nos detenía.

    O: ¿te encanta verdad?

    E: Me fascina, ¡me fascina sentirla así!

    La acosté de tal forma que su cadera quedará en la orilla de la cama, le levante las piernas y se la deje ir con todo, el gemai riquísimo y se movía fantástico, yo me movía con fuerza, ponía sus piernas en mis hombros y se la empujaba con fuerza, me gustaba tenerla en esa pose.

    E: Oswaldo, uhm, que rico, ¡¡si!!

    O: ¿Te gusta?, uhm, ¡¡agh!!

    E: Me encanta, uhm, si, ¡¡que rico!!

    Segui metiendosela si por un rato mas, a veces subía sus piernas a mis hombros y le besaba los pies, otras se las juntaba y como si la alzara para ver cómo chocaban mis bolas en sus nalgas, que rico lo pasabamos.

    E: Así, uhm, ah, ¡¡uhm!!

    O: Que rico, agh, ¡¡ah!!

    E: Si que sabes trabajar, uhm, ¡¡ah!!

    O: ¡Tu eres fenomenal

    Se volvió a poner de perrito y se abrió las nalgas y ¡me la pidió por su rico culo!

    E: Metemela, uhm, dame por ¡ahí!

    O: Como gustes, ¡yo encantado!

    La tome de la cintura y empece a metersela suave, ella solita se empujaba y abría para que mi pene entrara mas rapido, una vez que entro la mitad comencé a metersela y sacarsela suave, ella gritaba pero me pedía que no parara.

    E: ¡¡Así, uhm, que rico, ah!!

    O: Eres fanatstica Eve, uhm, ¡¡ah!!

    Ella solita se ensartaba, yo la solté y ella movía su cadera de forma majestuosa, yo la pegaba en las nalgas y acariciaba su concha, mientras se la metía por el culo mis dedos estaban dentro de su coño.

    E: Osvaldo, agh, así, ¡¡uhm!!

    O: Por dios, eres fenomenal, uhm, ¡¡agh!!!

    Me acosté y ella subio a cabalgar, yo no se la saque del culo lo cual era fenomenal, ella se daba de sentones y se movia en circulos, mi verga estaba bien apretada por su culo, esa escena jamás la había pensado pero ahora lo disfrutaba al máximo.

    E:Así, uhm, que rico, agh, ¡¡ah!!

    O: Eres fantástica, uhm ,ah, tienes razón, ¡eres mejor que tu hermana!

    Esa declaración la puso como loca, comenzó a moverse como loca, eso me daba un tremendo placer, la cama se movía con fuerza, los dos estábamos en el éxtasis y finalmente ambos nos venimos teniendo un orgasmo maravilloso.

    O: Que rico, ¡ah!

    E: Agh, jaja, que rico, uhm, ¡que rico!

    Evelyn se la sacó de su culo y me quito el condon, lo tiro y se fue directo a chuparmela, me la chupaba exprimiendo hasta mi última gota semen, eso me tenía retorciendome como loco.

    Ahora entendía porque todos la deseaban, porque tenía esa fama, porque hasta el dueño de la empresa había caído con ella, Evelyn cogía riquísimo y había tenido la dicha de probarla.

    E: Que rico mi amor, ¡¡uhm!!

    O: ¡Mami, eres fenomenal!

    Lo hizimos una vez más, esta vez más normal, honestamente no me atreví a metersela sin condon, ella me invitaba a coger en todos lado, en el baño, parado, en el piso, me cabalgaba fantásticamente y cada que me venia ella me quitaba el condón y me mamaba la verga hasta secarme todo.

    Salimos a medianoche del hotel y la llevé a su casa, ella me dio un beso en la boca y me pidió que la dejara en la esquina de su casa, no quería que su marido nos viera.

    Ahí inicio una deliciosa etapa de sexo con ella, una etapa inolvidable y que mas adelante les contare.

  • Mi abuelo me desvirga el culo

    Mi abuelo me desvirga el culo

    Recuerdo cuando iba a casa de mi abuelo para cuidar de él. Mi madre me daba una bolsa con comida y ropa limpia para que se lo llevara y pasara un rato con él.

    Por aquel entonces, yo tenía 19 años y mi abuelo 71 años

    Lo que mi madre no sabía es que el abuelo estaba en plena forma.

    Una de las veces que fui a su casa, abrí la puerta con la copia de sus llaves. No tenía la costumbre de llamar antes de entrar. Esta vez tampoco avisé. Entré y me dirigí a la cocina a dejar la comida en la nevera. Solté las llaves en la mesa de la cocina, junto a un jarrón sin flores. Me dirigí al salón. Como siempre, estaría sentado en el sofá viendo alguna película antigua. Me equivoqué. Si, estaba en el sofá pero no veía una película antigua. Estaba viendo una película porno. Salían dos mujeres con enormes tetas lamiéndose el coño entre ellas. Se veía a la perfección como sus lenguas pasaban por sus chochitos depilados.

    Me quedé en la puerta, en silencio. No sabía cómo reaccionar.

    La escena pasó a frotarse los coñitos húmedos entre ellas. Se veía como resbalaban con la humedad dejando rastros de líquido blanquecino en cada frote. Se estaban dando con fuerza. Los enormes pechos botaban con cada sacudida. Una de ellas se meó en el coñito caliente de la otra. Cambió de postura. La que estaba debajo se abrió bien de piernas y la otra tetona le dio la espalda y se frotó el culo en su coño orinado.

    Me puse cachonda y mojé mis braguitas. No me gustan las mujeres, pero reconozco que deseaba meter mi lengua entre esos apetitosos coños.

    Miré a mi abuelo y le vi con los pantalones bajados hasta las rodillas y agarrando fuertemente su gruesa y canosa polla. Se estaba pajeando duro. Seguí mirando y comprobé también unos enormes huevos que le colgaban. Me entraron ganas de abalanzarme y meterme esa gruesa polla en la boca. Deseaba tragarme su leche.

    Mientras se la sacudía fuertemente, murmuraba:

    -eso es guarra, frota fuerte ese coñito. Que par de putas.

    Acto seguido, gimió y vi su leche derramarse entre sus dedos.

    Salí de allí sin decir nada.

    Esa noche no pude dormir pensando en que podía haber lamido la leche de sus dedos. Cómo sería tragarme su corrida…

    Durante días me masturbe. La imagen de aquellas putas y la polla de mi abuelo rondaban por mi cabeza torturando mi coño.

    Estaba deseosa que llegara el día de volver a llevarle comida.

    A los tres días, mi madre preparó otra bolsa con comida y me pidió que se la llevara. Me puse una faldita corta sin bragas y me dirigí a casa de mi abuelo.

    Entré, como de costumbre, dejé la comida en la cocina y las llaves al lado del jarrón sin flores. Me dirigí al salón. Mi chochito chorreaba. No vi a mi abuelo en el sofá. Me extrañó y me dirigí a su cuarto. Allí estaba, tumbado en la cama, con la polla y los huevos fuera del pantalón. Mi coño chorreo aún más.

    Me dijo que sabía que le había visto pajearse. Que soy una chica muy cochina y tenía que darme un buen escarmiento.

    Me preguntó si todavía era virgen o si ya habían usado mi coño.

    Le contesté que aún no. Y era verdad.

    – no me puedo creer que con esas tetas enormes que tienes ningún hombre te la haya metido.

    Nunca había escuchado a mi abuelo hablar de esa forma.

    – todavía no. No he encontrado a nadie que me guste como para dar ese paso.

    – y has comido pollas alguna vez?

    – si.

    – y te gusta comer pollas?

    – mucho, abuelo.

    – seguro que te tragas la leche de todas esas pollas.

    -si, me gusta tragar

    – quieres probar esta? Se te nota con ganas.

    Asentí con la cabeza y y me dirigí desesperada a su polla.

    – tranquila guarrilla, ya veo que tienes ganas.

    Pero no podía tranquilizarme. Le lamí los enormes huevos canosos, los chupé y pasé mi lengua por aquel rabo. Apenas me entraba en la boca. Era tan gruesa que no podía chuparla bien.

    – pequeña zorra, como se nota que te gustan las pollas. Toma esta, guarra.

    Se la cogió y me la metió en la boca. Después me agarró la cabeza y me la hundió hasta que me tragué su rabo. Me cogía la cabeza por ambos lados y la usó a su antojo. Lo hacía rápido y con fuerza mientras me llamaba puta.

    – chupa puta. Eso es zorrita, cómeme la polla. Te está gustando verdad guarra? Seguro que tienes el coño abierto.

    En ese momento, su mano se dirigió a mi dulce coñito y pudo comprobar que me chorreaba. Se volvió loco.

    – zorra!! Mira como tienes el coño. Venías sin bragas para que te diera una buena follada, verdad? Que puta eres!

    Y empezó a pegarme en el chocho. Después me apartó, me quitó la camiseta y comprobó que tampoco llevaba sujetador y me azotó las tetas.

    – serás zorra!! Mira que tetas tienes. Como se mueven, te las voy a dejar rojas.

    Y me las azotó una y otra vez. Mis tetas botaban con cada manotazo.

    – te voy a enseñar cómo se trata a las guarras.

    Una vez hubo terminado de darme una paliza en las tetas, me dio la vuelta y me puso a cuatro patas. Comenzó a azotarme el culo.

    – voy a ponerte el culo y el coño rojos. No te van a quedar ganas de volver a tocarte ese chochito.

    Y siguió pegándome fuerte. Me dolía pero al mismo tiempo estaba disfrutando. Noté como mi coño se abría para que pudiera meterme su rabo. Pero no lo hizo. Siguió azotándome.

    – ahora te vas a enterar.

    Se colocó detrás de mí. Me abrió el culo y me lo folló sin compasión.

    Su polla era enormemente gruesa. Creía que me iba a romper el culo. Esa polla no podía entrar en mi culo virgen. Pero sí entró. Estaba tan cachonda que tenía el culo abierto y mojado a causa de mi coño. Mi abuelo procuró pasarme sus dedos por mi chochito y hacerlos llegar hasta mi culo, arrastrando mis jugos.

    Me la metió sin problemas embistiéndome salvajemente. Yo gritaba de dolor pero me tapó la boca.

    – toma polla, guarra.

    Repetía una y otra vez.

    Sus huevos golpeaban mi coño. Su polla me estaba destrozando el culo. No podía soportarlo más, era demasiado gruesa, me daba demasiado fuerte y rápido.

    – te está gustando, puta? Seguro que si. Te lo mereces. Te mereces que te viole el culo.

    Cuando se corrió, metió la polla hasta el fondo, apretando aun más mientras su leche llenaba mi culo destrozado.

    Cuando terminó me dijo que me había portado muy bien. Y que volviera mañana para darme más.

    Le dije que si.

    Me sentía toda dolorida y aun así, esa noche me masturbe como sólo una cerda puede hacerlo.

    Al día siguiente volví a por más.

    Abrí la puerta y allí me esperaba mi abuelo y un amigo suyo.

    Mi coño se mojó pensando que esos dos viejos abusarían de mi apretado culo.

    Continuará…

  • Código clave hypno sex slave exe

    Código clave hypno sex slave exe

    Soy Luis un técnico programador, trabajo reparando sistemas y equipos es entretenido y me ha permitido seguir un sueño que tengo desde mi adolescencia.

    Siempre me llamó la atención la hipnosis el poder controlar la mente de otra persona y hacer que haga lo que uno quiera sin que se resistan me ha excitado bastante.

    Me he imaginado teniendo gran poder e influencia mientras me rodean hermosas mujeres que obedecen cada uno de mis mandatos

    Pero como todo sueño requiere dos materiales para ser creado: dinero y esfuerzo.

    Del segundo tengo bastante e sido muy aplicado en ciencias y soy gran fanático de la tecnología, del primero nunca lo suficiente teniendo siempre que esforzarme el doble que mis compañeros así que tomé algo en lo que soy bueno y le saque provecho.

    Siendo programador no solo me muevo en el comercio formal sino también en la Deep Web lugar en el cual he ganado algunos amigos afines a mi sueño.

    Durante mucho tiempo he desarrollado un software que de funcionar a la perfección me daría control sobre cualquier persona, todo había sido terminado y solo hacía falta probarlo.

    Y yo tenía al sujeto de pruebas perfecto.

    Durante mi tiempo libre arregló los desperfectos en los aparatos eléctricos de mis vecinos por una fracción de lo que costaría en un servicio normal entre mis clientes más frecuentes está mi conejillo de indias una mujer llamada Elizabeth una ama de casa aburrida que me pidió revisar sus lentes VR ya que no funcionaban adecuadamente

    Elizabeth es lo que definiríamos como una curvy con gafas, tetas grandes, muslos y nalgas apetitosos asentado por su estatura apenas llegando al metro sesenta.

    Desde que la conozco siempre me ha gustado, lamentablemente es casada y la verdad desconozco mucho de su vida marital siempre que platicamos es de otros temas fuera de nuestras vidas privadas.

    Sé que vive en el piso superior al mío junto a su esposo sin hijos conocidos, ella no interactuaba con sus vecinos más allá de un amable saludo cuando se cruzaban en los pasillos pero de ahí en más estaba casi recluida en su propia casa.

    Durante la reparación de las gafas VR instalé el programa de control mental esperando por mi bien que funcione, mis compañeros esperan resultados por el dinero invertido en él.

    Era un martes por la tarde cuando le mandé un WhatsApp a Elizabeth diciendo que podía venir por sus gafas VR que ya estaban reparadas a lo que me respondió que en 1 hora iría por ellas.

    Una hora más tarde sonó el timbre de mi apartamento.

    Mire a través de la mirilla para ver quién era, ahí estaba ella usando una camiseta gris holgada que hacía muy poco para ocultar su amplio busto junto a unos jeans deslavados y tenis.

    —¡Hola Elizabeth! tus gafas VR ya están listas— dije mientras le hacía pasar a mi apartamento

    —¡Muchas gracias por repararlas!— dijo ella mientras entraba alegremente.

    —Claro para eso estamos los amigos— respondí mientras cerraba la puerta

    La dejé en mi sala de estar mientras iba por las gafas que estaban en mi taller había preparado el Software para que esté se ejecutará de manera inmediata en el momento en que ella entrara en algún programa de los lentes.

    — Perdón por la tardanza tuve que reinstalar tu sistema operativo— dije mientras le entregaba las gafas.

    —¡Gracias!, Son mi único escape personal— dijo la mujer mientras le daba un vistazo.— Mi esposo acapara el televisor y no me deja usar los streaming,

    — Pruébalas para que veas que todo está bien.— dije tratando de contener mis propios deseos

    — Pero necesito internet y no quiero ser una molestia— me respondió apenada.

    — No sería ningún problema, aquí tienes mi clave de wifi— respondí mientras le extendía mi clave de internet.

    —¡Además un regalo a mi mejor cliente y amiga— en ese momento le entregue unos audífonos con bloqueo de ruido compatibles con sus lentes.

    Ella tomó el regalo sumamente sonrojada como si nunca hubiera recibido algo así de un hombre.

    — Si claro espera un momento— ella procedió a encender el aparato e ingreso la clave de WiFi cuando el aparato mostró que la conexión era completa se quitó sus lentes y se colocó las gafas.

    Aparentemente ella escogió un paseo virtual por los bosques franceses

    —¡Las imágenes se ven mucho mejor ahora!— dijo ella emocionada— solo falta el aroma de los pinos y estaría en un bosque—

    Mientras ella decía eso el programa de control mental empezó a funcionar.

    Lentamente el bosque se llenó de una gama de colores fantástico y los audios que se reproducen cambiaron a cánticos espirituales.

    Elizabeth pensó que eso era parte del viaje virtual y no sospecho nada lentamente quedó completamente inerte en medio de mi sala de estar parada con la boca algo abierta sin moverse deje que el programa siguiera su trabajo mientras tanto fui a darme una ducha.

    Regrese unos minutos más tarde solo cubierto con una toalla para encontrar a mi cliente bien plantada en medio de mi sala de estar un hilo de saliva escurría por sus labios manchando su playera gris mientras recitaba

    «Estoy vacía… cachonda… obediente» una y otra vez sin parar.

    Lentamente le retire las gafas y los audífonos para encontrar sus ojos completamente en blanco señal de un profundo trance.

    Tengo que aceptar que estaba muy emocionado, el proyecto que me tuvo tantas noches en vela estaba funcionando frente a mis ojos, me acerqué a su oído y le susurré.

    — Harás lo que te diga cada vez que escuches mi voz— le dije tranquilamente a Elizabeth

    —Are lo que me digas cada que escuche tu voz— me respondió sin emoción en su voz.

    Le di una orden sencilla para empezar que levantará una mano encima de su cabeza a lo que ella inmediatamente obedeció.

    Emocionado por el avance le di una orden más complicada.

    —¡Elizabeth retirate el pantalón y quédate en pantis!— dije con tono firme esperando el resultado.

    Elizabeth acercó sus manos temblorosas al broche de su pantalón y vio que inconscientemente se resistía a la orden y si la intentaba forzar corría el riesgo de romper el trance y sería muy malo.

    —¡Elizabeth cancela esa orden!— con esa orden se quedó quieta con las manos en los costados como si de una muñeca se tratase.

    Por lo que pude ver necesitaría un par de sesiones más para tener completo control sobre ella.

    Tomé las gafas VR y empecé a cargar varios mensajes subliminales y audios mientras estos se cargaban empecé a interrogar a Elizabeth.

    —Elizabeth, ¿cuántas horas al día usa su sistema VR?— pregunté tranquilamente.

    —Cerca de 6 horas al dia— me respondió

    —Elizabeth ¿cada cuando está sola? y ¿tiene alguna computadora personal?— volví a preguntar para saber que alcance podría tener.

    —Estoy sola la mayoría del tiempo en casa, mi esposo trabaja todo el día y no tengo una computadora personal la que tenía mi esposo me la quitó — me respondió inmediatamente, siento que ella parecía molesta a pesar de la hipnosis.

    —Elizabeth, ¿cuándo fue la última vez que tuviste relaciones con tu marido?— realmente tenía curiosidad por eso.

    Había visto varias veces a su esposo delgado como palillo siempre vestido de traje caminaba como si fuera una especie de ejecutivo de alta gama y no el contador que realmente era.

    Al preguntarle sobre su marido ella comenzó resistirse justo como con los pantalones así que decidí que era mejor continuar y dejar esos asuntos para más tarde.

    —¿Elizabeth que talla son tus tetas?— pregunté con genuino interés.

    —38D— respondió con más calma y hasta cierto punto con orgullo.

    Esa respuesta me encendió de verdad y decidí arriesgarme con mi siguiente orden.

    —¡Quiero que te quites la Playera!— dije lo más firme que pude

    —Sí, entendido— me respondió en esta ocasión.

    Al instante se quito la playera dejando un sencillo brasier negro a la vista.

    Tenía un enorme deseo en ese momento y una gran erección que lo demostraba, me había cansado de ser simplemente un espectador y quise participar en el juego.

    Me acerque a ella y simplemente le dije

    —Elizabeth voy a quitarte el brasier— le dije mientras le desabrochaba la prenda íntima

    Cuando los pechos quedaron expuestos sus pezones de color rosado se mostraron en completa erección.

    Llevé mis manos a esas perfectas esferas de carne, mis manos se hundieron en esa suave carne mientras jugaba con sus pezones.

    — Esto te gusta verdad, ¿te excita que alguien juegue con tus pezones?— mientras decía eso amasaba con gusto esas enormes masas de carne.

    — Yo… excitante… tetas…— comenzó a decir ella como si algo la molestará.

    Este extraño comportamiento me intrigaba parecía ocultar algo en su subconsciente pero sabía que forzarlo podría romper el trance en el que ella estaba.

    Pero realmente no tenía tiempo para eso, quería divertirme un poco antes de tener que dejarla ir.

    — Elizabeth quiero que te pongas de rodillas y aprieta juntos tus pechos— dije mientras retiraba la toalla de mi cintura y liberaba mi erección.

    Al momento en que Elizabeth se puso de rodillas puse mi erecta verga en medio de esos bellos melones

    Comencé a moverme entre sus tetas haciendome una rusa espectacular con ellas cada vez que la cabeza de mi verga salía de en medio de sus tetas chocaban suavemente con sus labios como si ella la besará tras unos minutos le ordene que abriera la boca y sacaba suavemente la lengua.

    Ella obedeció sin resistirse y comencé a moverme con más gusto esperando poder terminar en su boca

    Disparé sin dudar mi carga en su boca manchando en el proceso parte de sus pechos y rostro, por el momento era suficiente así que me vestí y arreglé lo mejor que pude a mi invitada.

    Mientras arreglaba sus ropa lo mejor que podía di los toques finales a la sesión de ese momento.

    —Elizabeth cada que escuches «enter code Bitch Curvy» caerás de nuevo en este estado y obedecerás a quien te recite esa frase— dije mientras limpiaba los lentes de ella de mi semen — Ya sea en la calle, por teléfono o donde sea que estés te volverás esclava de quien te diga esa frase, ¿entendido?

    —Entendido amo— respondió la mujer sin dudar.

    — Y solo despertarás cuando escuches Exit code Bitch Curvy, ¿Entiendes?— continúe con la programación.

    — Entiendo amo— respondió nuevamente

    —Elizabeth cada vez que uses tu sistema VR entrarás en un salón especial que preparé para ti, ¿Entendiste?— dije mientras la guiaba a la salida de mi departamento.

    — Sí amo entraré a la sala que prepárate para mí— respondió sin dudar.

    Cuando llegamos a la puerta dije la frase gatillo para despertarla.

    Ella reaccionó de manera tranquila para el tiempo que la mantuve en trance

    — Vaya es muy tarde— dijo mientras miraba el reloj en mi pared— será mejor que me vaya—

    — Elizabeth antes de que te vayas me gustaría darte algo— detuve momentáneamente a mi invitada para darle una mini laptop.

    — De verdad me la regalas ¡gracias!— dijo ella mientras tomaba el aparato con singular alegría.

    —Yo tenía una laptop pero— Elizabeth pareció dudar en continuar esa respuesta— olvídalo cosas tontas ¡gracias por el regalo!—

    — El día que quieras puedes venir a visitarme y platicar si te sientes sola en casa— le dije mientras abría la puerta para dejarla salir.

    — No quisiera ser una molesta y también no quiero problemas con mi marido— me respondió un poco apenada.

    — Solo piénsalo Elizabeth, buenas tardes— dije mientras la veía irse.

    Eso realmente no importaba sabía que tenía tiempo para prepararla a mi antojo y solo tenía que esperar pacientemente.

  • Pensando en mi primera polla

    Pensando en mi primera polla

    Luego de experimentar mi primera paja, me masturbaba prácticamente a diario e incluso más de dos veces al día, siendo bastante curioso, incluso una vez sentado en el baño logré doblarme de una manera que pude pasar mi lengua por mi pene.

    Pero por cuestiones de moral y buenas costumbres, mi papá siempre me enseñó que un hombre nunca debía decir que le gustaba que le metieran algo por el culo, sin embargo, hubo una época en que tuve un despertar sexual acompañado de unas vacaciones en las que no me pude masturbar por una semana y al regresar a casa, sentía ganas de masturbarme pero también de probar con mi ano.

    Cuando pude quedarme solo en casa, me desnudé completamente y comencé a acariciar mi polla, de arriba a abajo, luego las bolas y cuando sentí que estaba muy excitado, comencé a pasar mi dedo índice por la entrada de mi culo, se sentía bien y me recorría una sensación desde la entrada hasta la punta del pene, continué así hasta que imaginé porno anal, en el que le reventaban el culo a las chicas y se veía cuánto lo disfrutaban.

    Para ese entonces no tenía ningún juguete sexual y debía improvisar, así que desnudo como estaba busqué por toda la casa. ¿Una botella de vino? ¿Un desodorante? Cuando estaba en el baño abrí la ducha y ahí vi la bomba destapa caños. Era perfecta, con un chupón para pegarse a cualquier superficie, un palo largo y no tan grueso, me imaginé en cuatro dándome por el culo.

    Lo llevé a mi cuarto, lo coloqué pegado a la pared y me puse en posición de perrito. Mientras me masajeaba la polla, con la otra apunté el palo a mi culo. Primero dejé que la punta acariciara entre mis nalgas y luego lo puse en la entrada, sin pensarlo, empujé hacia atrás sintiendo como entraba de a poco hasta que pegó contra mi prostata.

    Inmediatamente la punta de mi polla se humedeció, así que levanté un poco mi cuerpo y sentía la estimulación en lo más adentro de mí. Así comencé a cogerme, mientras me decía a mi mismo: – Te gusta putica -, te gusta que te den por el culo.

    Al final mi polla soltó leche como la primera vez que me masturbé y no pude evitar lamerla toda, imaginando que me habían cogido por primera vez. Desde ese día, el chupón y mi culo se hicieron amigos. Luego experimenté con botellas, juguetes sexuales, pero eso ya queda para otro relato.

  • Papá me da leche

    Papá me da leche

    Con el dinero que me daba mi tío José Antonio cada mes, comencé a cambiar toda mi ropa. Empecé a comprarme ropa más moderna y coqueta. Cambié también mis calzones de niña buena, que aún me compraba mi mamá, a pesar de ya tener 19 años, por unas coquetas tangas que siempre había querido tener. Mi mamá me dijo una vez, que las vio tendidas luego de lavarlas, “hijita ya eres una mujer completa”. Esas palabras dijeron mucho más de lo que se entendía literalmente.

    Más de una vez encontré a mi papá en la lavandería. Mirando mis tangas. Una de ellas lo encontré con el pantalón con su pene erecto, un bulto muy grande resaltaba, no podía disimularlo. Lo quedé mirando y sentí que se turbo un poco y se retiró.

    Me quedé pensando en la entrepierna de papá. Me comenzó a excitar que él se excite por mí. Hasta ese momento no había tenido ningún pensamiento impropio con él. Pero, saber que me deseaba, me hizo empezar a sentir cosas que no había sentido antes.

    Algunas noches que estuve calentona, me masturbé pensando en papá. Me introduje los dedos pensando que era él quien me cogía. Luego de llegar me sentía un poco rara, pero el deseo por mi papá fue algo que se me hacía difícil de manejar.

    Una tarde, que mamá no estaba, mi papá estaba viendo tv en la sala. Estaba algo caliente y me vinieron muchos pensamientos locos a la mente. Me dieron ganas de provocarlo para luego masturbarme en mi habitación. Salí de mi habitación hacia la cocina. Tenía una remera arriba, sin brasiere y abajo sólo usaba tanga. Antes de salir me vi en el espejo y, según yo, se me veía muy provocativa.

    Salí de mi habitación. Caminé por la sala, frente a mi papá, y pasé a la cocina. Me demoré unos minutos moviendo cosas allí y mirando hacia la sala. Me di cuenta que mi papá empezó a tocarse la entrepierna. Eso me calentó más y decidí avanzar un poco más en mi juego de provocación. Lo llame, “papi me alcanzas el azúcar”. Estaba en un estante alto, yo podía tomarla, pero me dieron ganas de tenerlo cerca.

    Vino a la cocina. En el camino se acomodó su pene ya erecto. Me preguntó que pasaba y le dije “papá esta dura la puerta”. Ni siquiera había intentado abrirla. Llegó, la abrió sin problemas y me alcanzó el azucarero. Me acerqué a él, le besé la mejilla y le dije “gracias papito”.

    Tenerme así cerca lo provocó demasiado. Me abrazó. Me pegó a él. Sentí la firmeza de su erección y estaba muy excitada. Pero no me animaba a más. De pronto, sentí como sus manos bajaron por mi espalda y tocaron mis nalgas. Estaba sólo en tanga, sentí sus manos directamente sobre mi piel. Quebré un poco la cadera y él se dio cuenta que me agradaba el momento y me empezó a acariciar las nalgas con firmeza. Al igual que mi mamá, me dijo “hijita ya eres toda una mujer”, pero el tono de sus palabras decía algo distinto, algo lleno de deseo y lujuria. Lo sentí y sentí que era el momento.

    Lo abracé más fuerte y se pegó aún más a mí. Su pene erecto ya se sentía con firmeza. Lo aparté y mirándolo a los ojos le cogí su pene. Le pregunté ¿papá, por qué esta duro?

    Empezó a balbucear. No sabía que responder y seguí agarrándoselo por sobre su pantalón. Sentía en mis manos que era muy grande y que estaba muy duro. Yo moría de deseo y era obvio que él también. Pero él no se decidía a nada.

    De pronto, el hombre venció al papá. Y sentí sus manos, ambas, coger con firmeza mi culo. Era lo que esperaba. Busqué sus labios y lo besé. Sentí como sus manos expertas bajaban mi tanga y me dejaban el culo libre. Sentí sus dedos explorando mi coño húmedo. Los sentí entrar en mi coño. Sentí como uno de sus dedos jugaba con mi culito. Lo sentí entrar atrás. Yo me dejaba hacer.

    Tras unos instantes. Papi me cargó y me llevó a mi habitación. Me tiró sobre la cama. Se desabrochó el pantalón y se lo bajó. Se bajó el bóxer y dejo al descubierto su pene duro, tieso, enorme. Quería ya ser su mujer.

    Me dijo “ponte en 4 patas”. Lo obedecí. Me puse en 4 patas al borde de la cama. Se puso detrás de mí, acomodó mis piernas con sus manos, separándolas más de lo que yo había hecho. Sentí sus dedos un instante en mi vagina y de pronto sentí como empezó a penetrarme. Su pene grande me fue llenando poco a poco, centímetro a centímetro.

    Comenzó a disfrutarme como hombre a hembra, me sentí su perra. Comenzó a decirme “que estrechita estás”. Para semejante pene, seguro lo estaba. Repetía y repetía “estrechita, estrechita”.

    Yo disfrutaba mucho, estaba a morir de placer y de pronto dijo “uff, más estrechita que tu mamá”. Con esas palabras me aceleré y empecé a venirme, el siguió “más puta que tu mamá” y me vine con esas palabras. El gemía y disfrutaba mi venida.

    Tras unos minutos más, me la sacó. Se separó de mí y se sentó en la silla que había en mi habitación. Me dijo “ven mi amor, siéntate en las piernas de papito”. Me levanté de la cama, me acerqué a él y me senté sobre él, de espaldas. Sentí como se metió toda, completa, en una sola. Sentía que me rompía, pero me levantaba y me dejaba caer sobre él.

    Me fui acelerando hasta llegar nuevamente. Mi papito se puso como loco con mi segunda venida. Sentí que él se venía. El sintió lo mismo. Me dijo “hijita, toma tu leche”.

    Me levanté. Me arrodillé frente a papito. Me puse su pene en la boca. En instantes se vino. Sentí como su leche llenaba mi boca, el sólo me decía “hijita, hijita”. Me la tomé. Le limpie su pene con mi lengua. Era ya su mujer. Con el tiempo lo hicimos no pocas veces, seguro tampoco muchas. Pero cada vez que fue delicioso y cada vez más intenso y profundo.

  • Macarena, mi nueva compañera de trabajo

    Macarena, mi nueva compañera de trabajo

    Macarena había estudiado algo relacionado con computación, por lo que un día al terminar una clase de hardware, me llama a su oficina la directora del colegio y me la presentan.

    Don Antonio, te presento a la señorita Macarena, me dijo la Sra. Directora: ella viene en calidad de aprendiz, tiene unos semestres en informática, recién salida desde la facultad.

    Nos presentamos, al momento pensé que nos íbamos a llevar bien. Se vea bien, pelo castaño claro, ojos verdes, miraba simpática, vestía formal (era su primer día de presentación) pelo suelto, muy jovial.

    Después de ver sus antecedentes y de alguna preguntas previas de rigor, la invité a conocer el lugar para que se ambientara en sus labores.

    Ya, mira, tenernos dos laboratorios de informática, cada una con 22 máquinas, más 2 salas de proyecciones y una de reuniones. La labor es muy simple, yo veo la parte administrativa y Ud. vea la parte técnica, me avisa de todos los elementos que tenga y todas las funciones que haga. Le voy a entregar una agenda con sus labores y anote allí nos aprendizajes, cualquier duda me avisa. Para eso estoy.

    Ya señor, me dijo.

    Eh, le dije, nada de señor acá, le dije, no soy tan viejo ni tan mayor para que me trate así. Somos compañeros de trabajo de casi de la misma edad.

    Si Ud. quiere llamarlo así, no tengo problemas, pero me tinca que nos vamos a llevar bien.

    También pienso lo mismo, como para romper el hielo.

    Le sonreí, no sé por qué, pero lo hice.

    Como compañeros de trabajo, compartíamos mi oficina, yo me encargaba de la parte administrativa y ella de la parte técnica, me ayudaba algunas veces con la parte práctica en mis clases, para que también fura adquiriendo experiencia en la materia, por lo que fue pasando las semanas y nos íbamos convirtiendo en amigos. Ya habíamos olvidado el usted entre nosotros, así que ya nos tratábamos de tu, en privado, para los demás éramos Ud. y Ud.

    Pasados unas cuantas semanas, un día la veo un poco bajoneada.

    Que te pasa, le pregunte

    Nada, me dijo, pero su miraba decía otra cosa, por lo que le respondí que sabía que le pasaba algo, y después me lo confirmó.

    Si, me pasa algo, es que tuve una discusión con mi pololo, me contestó. Y me fue contando de su problema, a partir de ese momento ya comenzamos a ser algo más que amigos, por lo que no nos costó nada abrirnos a algunas cosas: nuestras cosas, nuestros amores, desamores, infidencias, confidencias y un largo etcétera, hasta que un día me dice de que porqué nos vamos a tomarnos un cafecito afuera del colegio. (para que decir que había terminado con su pololo) y claro que nos fuimos, hablamos de lo humano y lo divino, la pasamos bien. Al despedirnos, sin decirnos nada nos dimos un beso, tierno, rico:

    Esperaba esto hace rato, me dijo, yo no quería hacerlo,

    Cuando estábamos en el laboratorio solo te miraba y me daban ganas de dártelo, y porque no lo hiciste? le pregunte, quizás te ibas a enojar pero veo que no así que con un beso como este, la vamos a pasar muy muy bien, me dijo ella, al tiempo que acerco su cuerpo al mío y sentí su calor de sus piernas y su entrepierna ante mi.

    Nos dimos otro beso de despedida, allí ella no se contuvo, me rozó el pene con sus manos y tiempo que me dijo: nos vemos mañana.

    Al otro día, estaba encendiendo mi computador, llega y otro beso más rico y jugoso nos dimos…

    Lo eche de menos me dijo, así? Le dije, no sabe cuánto. y usted cree que yo no quedé en otra???

    Ambos reímos, al tiempo que mis manos tocaban su cara y bajaban por sus pechos. Al hacer esto, Macarena me comenzó a besar el cuello, me tomó de las manos y me dijo: Que haces?, Yo? Nada mientras bajaba por sus senos, los tienes lindos, me encantaría verlos, ella me dice: Y porque aparte de verlos porque no los tocas? Y al decir esto, me toma de una de mis manos y los pone sobre su seno izquierdo y siento algo rico que me exitó bastante: andaba sin sostenes, al momento que se abre su blusa blanca y deja ver sus senos blanquitos, redondos, y siento su textura blanda como una esponja, coronado por unos pezones rosados que al mirarlos siento la necesidad de chuparlos, y como leyéndome el pensamiento, me toma de la cabeza y me los acerca. Abro la boca y me como esas lindas coronas que sin bacilar juego con mi lengua por la aureola primero sin tocar el pezón. Ella se trataba de mover para que le comiera la punta del pezón, pero no quería…

    Eres malo, me dijo, hazlo por favor, hazlo que me vas a dejar con las ganas.

    Y que gano yo? Le pregunte, sin soltar sus meloncitos de mi mano.

    Hazlo y verás, me dijo, y lo hice: sentí que sus senos crecieron de forma y ella comenzó a jadear. Uf… Que haces? Me gusta… si! La puntita de mis pezones, eso que rico, quiero que me los comas por favor, al decir eso tome un pezón con los dientes y le di un leve mordisco que llego a ponerse roja…

    Oh, que rico! Así!

    Cuando me dijo eso, aparto mi boca de sus pechos, me dio vuelta y me dijo: “por haber hecho un buen trabajo, Ud. tiene su recompensa”, y al rato que comenzó a darme besitos hasta bajar al cierre de mi pantalón, que lo bajó al instante en que salía mi pene de su prisión; veamos si logra igualar lo que me hizo, estaba muy excitada y sin dudarlo empezó a recorrer mi pene con su mano. Mi amigo se fue poniéndose duro poco a poco hasta que de una vez se lo metió en la boca,

    Que rico, cerraste la puerta? Claro que sí, fue lo primero que hice, me respondió, mientras me lamia la cabeza de mi paquete, que estaba roja de puro gusto, porque sentía su lengua, su calor, sus saliva por sobre la punta, iba entre la cabeza del grande con su lengua y luego todo el tronco. Finalmente se lo metió todo en la boca y empezó a mover rápidamente al cabeza. Ella de rodillas mientras me miraba de reojo y me sonreía con el pico metido en su boca y yo le pedía que me lo chupara más.

    Te gusta? Me dijo, claro que sí, le respondí,

    Me vas a hacer llegar así, no sigas por favor, le dije.

    Cómo que no? Mientras seguía dándole latigazos con su boca.

    Dejémoslo para la próxima, cuando estemos más solitos, te parece?

    Bueno, me dijo y al momento de sacárselo de la boca, lo toma con la mano y sin decir nada y muy rápidamente se lo vuelve a meter en la boca otra vez.

    Que haces? no lo hagas le dije, mientras ella seguía mamándome el pene, me sonreía desde abajo, verás lo que es bueno, me dijo, tómame de la cabeza y culéame la boca ahora.

    Yo no di más. La tome como lo pedía y mientras sentía un calor que venía de mis piernas que terminaban en la punta del pene, ella me tenía agarrado de mi cintura y siento que me sale el semen y choca al fondo de su boca, sentí que estaba en las nubes, me tembló todo, mientras ella contenía el moco en la boca, que trago diciéndome: ah perdón, no tenía como secarme si caía afuera, te molesta? Te gusto?

    No, para nada me encantó, mientras aun me quedaba restos de semen en la punta que limpio muy bien con su boca. Me subió el cierre ella misma y yo son poder decir nada, solo sentir el placer que me dio, nos dimos un beso, abrió la puerta y se fue.

    Más tarde, después de hacer una capacitación, estaba parada en el mesón principal del laboratorio, yo había ido traer dos cafés y al verla allí, sentí el impulso de recompensar lo que había pasado en la mañana, cerré la puerta con llave por dentro.

    Me acerco, dejo los cafés en una de las mesas, ahora me toca a mí y sin que se dé vuelta, la tomo de la cintura y comienzo a besarle el cuello, lentamente, era su debilidad, por lo que automáticamente comenzó a jadear, mientras iba subiendo por su cintura hasta llegar a sus tetas, que comenzaron a llenarse de gusto cuando comencé a tocarlas.

    Estamos decididos, me dijo, así es, solo goza le dije…

    Mientras estábamos así, el roce continuo de mi cuerpo contra el de ella hizo despertar mis sentidos haciendo que cada caricia mía fuera más notoria sobre el cuerpo de ella. Mientras la acariciaba por detrás sentí su sonrisa maliciosa como se dibujaba en su rostro mientras seguía besándola. Me tomo por la cabeza y humedeciéndose los labios con su lengua, observé cómo me seguía el juego apretándose aún más contra mí para sentir su culo contra mi pene que ya la estaba poniendo caliente. Viéndola así comencé a mover mi pene sobre su culo lentamente, mientras ella me respondía moviéndose lento. Sentía sus líneas, sus curvas…

    Ah que rico amor, sigue dándome así, lento, rico, uf, rico.

    La di vuelta, buscamos nuestros labios y sentí de ella un gemido placentero. Rodeados por nuestros brazos me agarró por la nuca besándome de forma mucho más profunda y sensual ofreciéndome su lengua juguetona por entre sus ardientes labios. La dulce caricia de sus dedos rozándome la nuca para luego hundirlos entre mis cabellos hizo que respondiera a su propuesta devolviéndole aquel beso mezclando mi lengua con la suya en el interior de mi boca mientras ahora ella era la que se movía rozándose contra mi pico contra su chorito que ya comenzaba a ponerse caliente.

    Mis manos recorrían su espalda arriba y abajo abrazándola con fuerza y llevándola contra mí. Mi pene excitado bajo el pantalón buscaba el continuo restregar del cuerpo sin dejar de crecer y crecer ni un solo momento. El laboratorio estaba oscuro, no había nadie, estábamos solos por lo que más rico sentíamos nuestros cuerpos enlazarse uno con el otro.

    Bajando mi mano con rapidez sin decirle palabra, empecé a acariciarle la pierna subiendo hasta encontrar el cierre de su pantalón, por lo que metí mi mano dentro, sintiendo el calor de su vagina ya humedecido por las caricias, deje esa mano allí mientras que con la otra sacaba sus pechos y los masajeaba…

    Eso amor, rico, Si, hazme sentir tu mano, tócame.

    Súbete al mesón, le dije.

    Pero nos va a ver alguien

    No hay nadie. Hazlo, para devolverte la mano de hoy en la mañana, le dije.

    Mientras se subía al mesón, le desabroche el pantalón hasta dejar ver su ropa interior, donde pude ver que ya estaba muy húmeda mostrándose la tela empapada de sus jugos. Mi mano derecha se atrevió a ir mucho más allá adentrándose por debajo del calzón hasta lograr alcanzar la suavidad de su culo. Este roce la hizo dar una ayuda echándose hacia atrás y sacándose todo el pantalón dejando ver sus calzones negritos ofreciéndome su vagina caliente y esperando su merecido. La miré a los ojos, le di un beso largo y jugoso y le dije…

    Te toca a ti, cierra los ojos y disfruta; y sin sacarle su calzón ya pegado con jugos, y con las dos manos avancé masajeándole en forma circular su delicioso trasero, hasta llegar a sus labios de su vagina: y eso hice, con la punta de los dedos primero baje de su culo hasta sus labios, cuando lo hice, gimió como si se fuera su vida, uf ah que rico amor

    Acerque mi boca en su vagina llena de jugos, primero mi lengua para después con mis labios, un fuerte gemido se apoderó de ella, el deseo y la pasión más febriles y alocados me animaron a continuar entre sus labios en busca del clítoris que vibraba cada vez que chupaba sus labios….

    Amorcito rico, lo chupas tan rico, chúpamelo mi zorrita fuerte mi amor.

    Ella no hacía más que gemir y gemir sin parar de moverse, me tomaba mi cara mientras ella trataba de buscar la posición más cómoda.

    Al fin echando la fina tela del calzón a un lado logré llegar a su clítoris el cual empecé a acariciar Haciendo aparecer una vez más mi húmeda lengua, golpeé su clítoris lamiéndolo y besándolo con mayor rapidez mientras sollozaba y gemía entrecortadamente pidiéndome que no lo dejase de hacer.

    No pares, méteme tus dedos dentro mi amor, por favor.

    Introduje mi lengua hasta lo más profundo de su ser buscando un orgasmo en ella y acompañé la caricia de mi lengua con la de mis dedos tratando de hacerla mucho más intensa. Metí un dedo y luego otro más entre las paredes de su vagina más y más adentro. Estaba tan mojada que no me resultaba nada difícil hacer entrar y salir mis dedos de su chorito haciendo que arqueara su cuerpo, haciendo que el mesón se moviera más a punto de caerse…

    Voy a llegar amor, voy a acabar, que entre y salgan tus dedos, dale fuerte allí en el clítoris; y era verdad porque su zorra quedo empapada de sus jugos que saboreé con enorme deleite quedándome entre sus piernas las cuales se cruzaron por mi cabeza apretándome contra su zorra rica, caliente.

    Que rico amor, que rico, quedamos a mano.

    Sí, pero aún nos falta pienso yo, le dije

    Demás po. Aún sigo insistiendo que la vamos a pasarla bien nosotros, me dijo sonriente y bajándose del mesón, arreglándose la ropa

    Oye, que te vas a ponerte mañana para la ceremonia? Me pregunto arreglándose el pelo.

    No sé, lo clásico y tú? Le pregunte.

    Lo clásico igual. Pero con alguna sorpresa, espero que te guste, y me dio un beso.

    (Continuará)

  • Perdí mi virginidad a los 18 años con un hombre de 40

    Perdí mi virginidad a los 18 años con un hombre de 40

    Mi nombre es Luciana, soy hija menor, única mujer. Tengo dos hermanos varones que me llevan 10 y 12 años. Nací y crecí en una ciudad muy chica del interior de la provincia. Mi vida era tranquila pero bastante aburrida. Desde los 6 hasta los 14 años fui a danzas clásicas. Tengo un cuerpo bien formado, lindas piernas y cola, pechos chicos pero bien firmes y dicen que soy bonita de cara y que parezco aún más chica. En el año 2020 terminé el secundario, tenía 17 años y hasta entonces no tuve novio ni había salido con nadie.

    El año pasado, apenas cumplidos los 18, ingresé en la universidad y tuve que ir a vivir sola en un departamento mono ambiente que alquilaron mis padres en la capital de la provincia. Era la primera vez que estaba lejos de mi casa, extrañaba bastante y algunos fines de semana viajaba la ver a mis padres.

    Después de un tiempo me hice amiga de Nancy, una chica que vive en el mismo edificio. Ella tenía 35 años, estaba separada, era profesora de educación física, trabajaba en una escuela primaria y en un gym. Solíamos salir a caminar o nos juntábamos a charlar en su departamento.

    En agosto, un día viernes, era cumpleaños de mi amiga, hizo una pequeña reunión y me invito. Cuando fui estaban cuatro amigas y dos amigos que también eran profesores de educación física y compañeros del gym. Todas tenían entre 35 y 40 años y ellos también, yo era la única mas chica. Charlaban bastante, por momentos, cuando hablaban de sexo, yo me ruborizaba, agachaba la cabeza y no decía nada.

    Gustavo, uno de sus amigos, era bastante atractivo, alto, con muy buen físico, las chicas le daban charla y trataban de llamarle la atención pero el parecía ignorarlas. Por momentos sentía que me estaba mirando pero yo miraba hacia otro lado. Antes que nos fuéramos mi amiga propuso que formáramos un grupo de whatsapp, no podía negarme les di el número de mi celular y agendé el de todos.

    El lunes de semana siguiente, recibí un llamado de Gustavo, me dijo que estaba en el bar frente a mi departamento y que me invitaba a tomar la merienda, pensé un momento y le dije que iría en 15 minutos. Me puse rápidamente una mini con una blusa y fui. Estuvimos charlando más de una hora, le conté de mí, me preguntó si tenía novio, le dije que no y que no lo había tenido, él sonrió y me dijo que le parecía raro porque yo era muy atractiva, que tenía lindo cuerpo y era muy sexi.

    Él me contó que tenía 40 años, que estaba separado, que vivía en un departamento a cuatro cuadras del mío y me dio su dirección anotada en un papel. En la charla me dijo que yo le había gustado apenas me vio, que podíamos ser amigos, vernos y salir algunas veces. Le dije que sí, que me parecía bien. Cuando nos despedimos me dio un beso en la mejilla. Me pareció muy atractivo y agradable, y me sentí tranquila y cómoda con él.

    El jueves por la noche volvió a llamarme y me invitó a comer una pizza y yo acepte. Me busco en su auto, dimos unas vueltas y luego fuimos a una pizzería. Estuvimos charlando casi dos horas, cuando me miraba me sentía nerviosa y un poco excitada, me preguntó si iría a mi casa ese fin de semana, le dije que no, entonces me propuso que salgamos el domingo por la tarde a dar unas vueltas en el auto y le dije que sí.

    Cuando me llevaba de vuelta al departamento, como al descuido me puso la mano sobre mi pierna, yo temblé toda, obvio que se dio cuenta pero lo disimuló. Antes de bajarme me tocó el cabello y me besó en la mejilla. Esa noche estuve excitada y nerviosa, me daba cuenta que Gustavo me atraía y eso nunca me había pasado.

    El domingo por la tarde paso a buscarme en el auto. Yo me había puesto una mini de jean y una blusa medio transparente. Él estaba con un jean ajustado y una remera que dejaba ver su cuerpo atlético, musculoso y muy bien formado. Me pareció muy atractivo y sexi pero no dije nada.

    Fuimos a una zona del campo muy bonita y tranquila. Cuando nos bajamos, me tomó de la mano y caminamos hasta cerca de un río, el llevaba una manta y nos sentamos, me dijo que la mini me quedaba muy bien, que tenía unas piernas hermosas, que mi un cuerpo era muy lindo y sensual. Se acercó, me abrazó y puso su mano sobre mi pierna, temblé y sentí un calor por todo el cuerpo, el comenzó a acariciármela, luego me volteó hacia atrás, quedé estirada, el comenzó a acariciarme las dos piernas, me excité, tenía todo el cuerpo caliente, de repente se levantó y me dijo que nos fuéramos.

    Apenas subimos al auto me acerco a él, me besó y puso la mano sobre mi pierna para acariciarla, yo apoyé mi cabeza en su pecho y regresamos así. Fue directamente a su departamento, me dijo que bajara y yo le hice. Apenas entramos me afirmó contra la pared, puso su pierna entre las mías, me abrió la blusa, me sacó el sostén y comenzó a acariciarme los pechos, yo estaba caliente y respiraba agitada, el me levantó como si fuera una pluma y me llevó al dormitorio.

    Cuando me estiró en la cama se sacó el pantalón y la remera quedó solo con el bóxer, me acariciaba y besaba por todo el cuerpo, yo ardía, me sacó la blusa y se apoderó de mis pechos, me los acariciaba, besaba, apretaba, con sus dedos me frotaba los pezones y luego los besaba, tenía los pechos duros y los pezones levantados, estuvo un largo rato así y empezó a bajar besándome el ombligo yo gemía, lo abrazaba y besaba como podía. Se detuvo, y me dijo “ahora te voy a acariciar las piernas, ¿eso querés verdad?” casi en un susurro y mientras gemía le dije sii… siii… siii.

    Comenzó lentamente a acariciarme y besarme las piernas desde abajo hacia arriba, yo cerré los ojos, me estremecía y gemía de placer, mientras lo hacía me sacó la tanga, me tocaba y besaba los muslos y el sexo, yo me desesperaba, me sacó la mini comenzó a besarme el sexo y me introdujo su lengua, me retorcía y gemía cada vez más fuerte y estaba mojada totalmente, el siguió haciéndolo mientras me tocaba los pechos, cuando dejó de hacerlo se sacó el bóxer, me abrió y flexionó un poco las piernas y comenzó a penetrarme, me dolía y se lo dije, me penetraba despacio mientras me besaba, hasta que lo hundió totalmente, yo lo abrazaba y lo besaba, comenzó a moverse primero lentamente y después mas rápido, paraba un instante y seguía, estuvo así mucho tiempo, lo sacaba y volvía a penetrarme, cada vez que lo hacía me salía un grito de dolor y de placer, me hizo estirar las piernas, comenzó a hacerlo más rápido y más fuerte, me cerró las piernas y sentí su semen caliente entrando en mi cuerpo mientras seguía acabando, cuando terminó quedamos abrazados y los dejo adentro mío un rato. Esa fue mi primera vez.

    Descansamos un largo rato, nos acariciábamos, me dijo que deseaba que le acaricie y bese el cuerpo y yo lo hice, me gustaba hacerlo, se le puso duro nuevamente, con las piernas abiertas un poco estiradas, volvió a penetrarme, estuvo mucho más tiempo; como antes, paraba y seguía, yo lo abrazaba y gemía, me tuvo así hasta que acabo nuevamente.

    Me quede abrazada a él por un largo tiempo, tenía ganas de llorar, me sentía relajada y feliz, había gozado cada momento de ese día, me preguntó si me había gustado estar con él le dije que si. Él me dijo que eso era solo el principio, que había muchas cosas más y que él me las enseñaría. Se hizo tarde, me di una ducha, me vestí y me fui caminando a mi departamento. Esa noche casi que no dormí pensando en todo lo que había pasado. Sin imaginármelo, había conocido a un hombre de 40 años, salí con él y en menos de 10 días perdí mi virginidad.

    Después salimos durante seis meses, me hacía cosas, me ponía en poses, me penetraba de distintas formas, me hacía acabar hasta agotarme, pero eso lo contaré en los siguientes relatos.

  • Viaje 5 estrellas en Didi

    Viaje 5 estrellas en Didi

    Esta historia es cortita, pero estuvo muy sabrosa. Iba saliendo de una pedita con unas amigas, en el bar había conocido a un chico con el que estuve toda la noche echándonos miradas, invitándonos tragos y restregándonos al bailar. Por azares del destino y de mi peda, no me lo pude llevar a mi casa y me tuve que ir sola, borracha y muy pero muy caliente.

    Saliendo del bar pedí mi transporte y, mientras esperaba, me tocó ver como una de mis amigas se aventaba un faje intenso con un vato, y el show solo me hizo excitarme más y arrepentirme de irme sola a mi casa. Mientras los veía besarse y tocarse, discretamente acariciaba mis pezones (Gracias a Dios decidí usar una blusa de tela delgada ese día) y la verdad, disfrutaba mucho del show, incluso pensé en pedirles un trío.

    Mis fantasías se vieron suspendidas por la llegada de mi didi, me despedí con un abrazo y pude sentir la verga patada del ligue de mi amiga, se me antojó muchísimo y me re pegue un poco… y subí a la unidad

    «Otro día me lo como» pensé.

    -Servicio para Cris?- pregunta el chofer

    -Buenas noches, está haciendo calor verdad?- dije mientras me acomodaba en el asiento trasero. El chofer asintió, le pico a su celular y arrancó el coche.

    Inmediatamente sonó mi celular: era mi amiga, la que acababa de dejar a medio palo en la calle. En mi borrachera, conteste con el altavoz.

    Pendeja, por qué te fuiste? Este vato dice que te lo sabroseaste y que lo dejaste prendido que nos lo cojamos las dos- grita mi amiga al teléfono.

    Si ya estaba prendido, no te hagas… la neta a mi también me dejaron a mil. Y no quiero llegar a mi casa solita…- dije en tono de puchero

    Si quieres vente a mi departamento, chingue su madre- dijo mi amiga emocionada y borracha- pero nosotros vamos a empezar ya, me urge una cogida.

    Y en el acto, escuchaba besos, lengüetazos y gemidos fuertes… casi todos de mi amiga, pero eran los del vato los que me estaban enloqueciendo. Me excita muchísimo un hombre que gime durante el sexo, que demuestre lo bien que la está pasando; y está chico gemía muy rico, se le entrecortaba el aire, se le aceleraba la respiración y trataba de ahogar pequeños gritos. Sea lo que fuere que estaba haciendo mi amiga, estaba funcionando… y en mi también. Sentí clarito como se me mojaba la vagina y se empapaba mi ropa interior, sentía los pezones duros y el roce de la tela me daba shocks de electricidad.

    Lo divertido empezó, cuando, en mi borrachera, olvidé dónde estaba y dejé que la calentura se apoderara de mi. Mis manos se fueron directo a liberar mis tetas de la blusa y metí dos dedos al bra para pellizcar y sobar mis pezones. Me estaba dejando llevar por mi juego, con una mano desabroche mi pantalón y metí dos dedos en mi calzón, mi celular estaba en mis piernas y seguía escuchando gemidos. Iban llegando a la casa de mi amiga y no habían podido ni bajar del coche, tenían que estar cogiendo ya; en ese momento, con dos de mis dedos acariciando mi clítoris, mi amiga soltó un gemido que me hizo volver a la realidad, abrí los ojos y me encontré con la mirada del chofer, me veía fijamente e íbamos a 10 km/hr. Por un momento me apene, no lo voy a negar… pero estaba tan caliente que no me importó, siempre me ha gustado tener público.

    Te gusta?- dije entre gemidos, mientras se escuchaban los de mi amiga, además de los golpes por la culeada que estaba recibiendo. El chofer solo pudo asentir, sin despegar los ojos de mi. Me quite la blusa y saque mis tetas del bra, chupe mis dedos llenos de mis fluidos y jugué con mis pezones y mis tetas mientras miraba fijamente al chofer.

    Quieres verme terminar?- dije mientras me abría por completo de piernas, otra vez solo pudo asentir, y casi al mismo tiempo escuchamos como mi amiga explotaba en un ruidoso orgasmo. Escucharla me hizo tener uno pequeño, no lo suficiente para que se me quitara la excitación pero si para estar al borde y necesitar que me penetraran.

    Si encuentras un motel ahorita, te dejo hacer conmigo lo que quieras, soy tu puta por este momento… y salgo gratis- le dije entre suspiros al chofer, y me estire entre los asientos para tocar su verga, que ya estaba parada y se sentía muy apretada en sus pantalones. Tocarlo fue despertarlo, en chinga puso el coche en marcha y se metió al primer motel de mala muerte que vimos. Estaba extasiada y moría por comerme esa verga nueva, seguí dedeandome mientras pagaba la habitación y nos daban las llaves y abrían el portón. Pude ver de reojo la cara del encargado que claramente me vio masturbándome en la parte de atrás de un coche que obvio era un servicio, supongo que supo lo que estaba pasando. Le sonreí y guiñe el ojo y mientras avanzaba el coche le grite: Puedes venir a ver si quieres!

    Ya en la habitación, el chofer bajó de coche, abrió la puerta trasera y se me aventó, me toco todo el cuerpo con hambre, apretaba mis tetas, pellizcaba mis pezones y se los metía a la boca mientras acariciaba mi clítoris, sentí cómo mordía mi pezón izquierdo mientras metía el tercer dedo en mi vagina y fue la primera vez en esa noche en la que grite de placer, sus enormes dedos eran justo lo que necesitaba en ese momento y el placer de sentirlos dentro solo hizo que se me hiciera agua la boca pensando en su verga. Me tomo de las manos y me jalo para bajar del coche, fuimos dejando mi ropa tirada entre el coche y la entrada del cuarto, mis calzones quedando justo en la puerta, que dejamos abierta por la prisa.

    Me aventó a la cama y se arrodilló frente a mi, puso su cabeza entre mis muslos y sin reparos pasó su lengua desde mi clítoris hasta la vagina, chupando fuerte, succionando, metiendo la lengua. Mientras yo me pellizcaba los pezones, que para este momento ya estaban hinchados y grandes. Cuando sentí que iba a terminar lo jale del cabello para besarlo, no quería venirme todavía, quería esperar a que me la metiera en todos lados. Mientras nos besábamos se fue quitando la ropa, quedando en bóxer velozmente, e incluso encima de la ropa podía ver que la tenía grandota, gruesa y deliciosa. Ahora me toco a mi arrancarle la ropa y meterme su verga a la boca, ni con mis mejores esfuerzos me cupo toda por lo que me apoyé de mi mano para poder chuparla y tocarla toda. El chofer solo empujaba mi cabeza mientras empujaba con la pelvis, cogiéndose mi boca salvajemente, y no le importó que tuviera arcadas o que me lloraran los ojos, me obligo a metérmela toda y a disfrutarlo.

    Cuando ya tuvo suficiente de mi boca me jalo de cabello haciéndome que me pusiera de pie, me abrió las piernas, metió dos dedos en mi vagina y me dedeo tan fuerte y tan rápido que no pude evitar venirme a gritos, mojando por completo su mano, mordiendo su cuello y jalando su cabello. Al calmarse mis gemidos me empujó sobre la cama, boca abajo y, sin avisar, me penetro duro y siguió cogiéndome así, mientras me tenía sometida agarrándome del cuello. Sus embestidas eran constantes y con cada una me llenaba más y más, me faltaba el aire y no podía gritar pero no me importaba, yo daba vueltas en un mundo de placer donde yo era una puta y este hombre me iba a llenar de leche cada agujero del cuerpo. Tuve otro orgasmo intenso y sentí como él también tenía uno, sentí como me llenaba de semen calientito todo el culo.

    Sígueme cogiendo, quiero que me llenes cada hoyo de lechita- dije con voz entrecortada. Parece que la indicación actuó como viagra porque me dio la vuelta y me volvió a meter la verga, llena de leche, en la vagina que, si de por si ya estaba hinchada, con esa vergota sentí que me iba a romper, entro con mucha dificultad y yo gritaba como perra con cada centímetro que entraba, me retorcía para sentir cada roce. -Cógeme, dime que soy una puta barata- dije entre gemidos. -Eres una puta, eres mi putita, mi putita caliente y barata. Ahora cállate y disfruta perra- me decía al oído, la última frase la acompañó con una cachetada que me hizo tener otro orgasmo. Y mientras yo gritaba y me retorcía, este hombre me cabalgaba, me la metía cada vez más y seguía jugando con mi clítoris, cada vez más hinchada y sensible. -Me encantan estás putitas fresonas, siempre están bien ricas y aflojan luego luego, ve nomás que rica- escuche que decía y de golpe abrí los ojos. Pude ver cómo tenía un celular en la mano y me grababa mientras me cogía… había quedado mi cara de puta en el teléfono de un desconocido, y yo solo pude guiñar un ojo, chuparme un dedo y seguir en lo mío. Quien sea que va a ver ese video, que lo disfrute tanto como yo disfrute hacerlo.

    Sentí como me volvía a llenar de leche «mañana me preocupo por la pastilla y las pruebas» pensé, pero si lengua en mis labios, limpiando su semen, me hizo olvidar todos los riesgos. Vi que su erección había bajado y lo acosté boca abajo, era mi turno de un oral, además… si lograba despertarlo otro rato, podía tener un palo más y lo necesitaba. Chupe su enorme verga y sentí cómo crecía en mi boca, la mezcla de sabores era deliciosa y el tamaño y la textura me tendrían chupándola todo el día; cuando la sentí totalmente despierta la saque de mi boca, me puse sobre él y me la metí, soltando ambos un gemido mientras lo hacía «nos vamos a venir los dos juntos» pensé y solo la idea ya me tenía a mil. Comencé a cabalgarlo lento, saboreando el roce, la presión de su verga dentro de mi, de sus manos en mis tetas. Aumentaba la velocidad mientras él se movía a mi ritmo, habíamos llegado al punto del unísono y, tal y como lo había pensado, los dos explotamos en orgasmos y gemidos al mismo tiempo.

    Me deje caer sobre él y solo pude reír y decir:

    Excelente servicio, cinco estrellas.