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  • Proyecto trabajo

    Proyecto trabajo

    Todo ocurrió hace apenas dos años. Mi empresa se dedicaba a prestar servicios de marketing y gestión de información a diversas empresas de distinto ámbito a nivel nacional. Yo por aquel entonces esta de mando intermedio gestionando un pequeño equipo variopintas edades y de iguales experiencias labores y sociales.

    Ese año mi empresa firmó un contrato de gestión de con una empresa que se dedicaba a dar cursos y soluciones laborales a diferentes colectivos sobre todo personas con discapacidad y de ámbitos vulnerables y dicha empresa quería realizar una entrevista para conocer al equipo que iba realizar esas gestiones y ya de paso que conociéramos sus instalaciones y presentarnos a los directores que iban a supervisar nuestra labor.

    Una vez llegado a las instalaciones de la empresa fuimos recibidos por su director general un tipo gris muy hablador pero a mi gusto con poco ideas solo nos hablaba de la magnífica labor de su empresa y cosas así.

    Yo ya me estaba aburriendo cuando entro en la sala ella.

    Nuria la directora de gestión y administración de la empresa una mujer de unos 40 años rubia con un pecho más que generoso y unas caderas que en esa ocasión enfundadas en un vestido azul que las hacían más que sugerentes.

    Tenía una mirada tímida que enfundada en una gafitas de pasta la hacía súper sexy y tenía algo familiar que hizo ponerme recto en mi asiento y fijarme más detalladamente en ella.

    Se nos presentó y nos estuvo explicando durante un buen rato que es lo que quería de nuestra empresa y los objetivos que se habían marcado.

    Yo no para de quitarle ojo tenía algo familiar y no era capaz de saber quién era en ese momento.

    Una vez terminada la reunión nos disponíamos a despedirnos y justo antes de salir de la sala de reuniones llego ella y me dijo.

    -Bueno José tan mal te trate en el pasado que no me piensas hablar en ningún momento o ya no te acuerdas de aquellas tardes de verano en tu puesto de helados que tenías.

    Justo en ese momento se me vino a la mente era una chica con la que mantuve un tórrido romance de juventud hará más allá de 20 años.

    -Perdóname Nuria pero no te había reconocido que alegría de verte.

    -No te preocupes José si ya te conozco eres por naturaleza despistado y sé que no te has dado cuenta.

    -Ya lo siento Nuria ni me había dado cuenta y mira que me estaba fijando en ti pero no sabía dónde te había visto.

    -No si ya sé que te estabas fijando en mi pero sospecho que no era en mi cara lo que estabas mirando o por lo menos me ha parecido en un par de ocasiones que te he observado.

    En ese momento me puse rojo como un tomate de vergüenza pensado mierda me ha pillado mirándole el culo o los pechos.

    -Ehhh perdón si he

    -Jajaja no pasa nada por lo que veo en todo este tiempo te sigues poniendo colorado cuando una chica te descoloca. Que mono te pones. Dijo ella sonriendo.

    En ese momento recorrió un escalofrió de excitación por mi cuerpo que hizo que tuviera una erección brutal.

    Ya estábamos recorriendo las instalaciones por un tour que nos estaba guiando el director general y ella.

    Yo iba detrás intentando disimular mi erección todo lo posible ya que venía en la comitiva mi responsable de área y la directora de recursos humanos de mi empresa y lo que menos quería era montar el número.

    Llevábamos más de media hora recorriendo las instalaciones y oyendo hablar al director general de la empresa cuando Nuria le dijo que si podía llevar al responsable del proyecto para detallar algunas cuestiones más técnicas a las que no puso ninguna objeción y mi supervisora lo vio con muy buenos ojos que yo hiciera de relaciones públicas.

    Nos dirigíamos por un pasillo cuando ella me dice

    -Madre mía que chapa nos está pegando el boss que es como nosotros lo llamamos no veía el momento de poder hablar contigo y que me contaras.

    -Buenos Nuria tú ya sabes que nosotros estamos aquí para realizar un trabajo.

    -Vamos José después de 20 años te rescato de una chapa de cuidado y me vas a hablar de trabajo. Por favor háblame de ti que es de tu vida como te va que paso con la familia del trabajo ya hablaremos.

    Todo esto me lo decía mientras me cogía la mano y me miraba a los ojos cosa que me estaba excitando cada vez más.

    Estuvimos hablando durante más de una hora sobre lo que había pasado durante todo este tiempo como nos había tratado la vida.

    Ella se había separado no hacía mucho de un matrimonio que había caído en la rutina que tenía un niño.

    Cuando nos interrumpió mi teléfono. Era mi supervisora ya nos estaba esperando el coche de empresa y que nos íbamos.

    Me despedí de Nuria no sin darle un beso y ella me correspondió con un beso y un fuerte abrazo cosa que ella recordaba que era así y con la promesa de volvernos a ver para charlar y recordar viejos tiempos.

    Pasó la mañana y ya por la tarde ya estaba en mi casa cuando recibo un mensaje de wasaps de un teléfono que no tenía registrado.

    Hola soy Nuria tome el atrevimiento de buscar tu teléfono de los datos que nos facilitasteis espero que no te moleste.

    Pero después de tanto tiempo hablando se nos olvidó darnos nuestros números.

    Quieres tomar un café y seguimos charlando.

    Eso hizo que mi polla pegara un bote y se me pusiera como un mástil. Le respondí que sí y que me dijera cuando y donde.

    A lo que ella me respondió.

    Perfecto quedamos si te parece bien en el Café Central a las 17:30 o te viene mal.

    Sin problemas me ducho y me dirijo ahí.

    Durante la ducha me pegue una soberana paja recordando nuestros polvos de juventud en mi casa cuando mis padres no se encontraban o en la suya cuando sus padres se iban de fin de semana a una casa que tenían en la playa.

    Llegue a la hora indicada al café como habíamos quedado ella había cambiado su vestido azul por un vaquero y una camisa blanca que la hacía más atractiva y sensual. Nos dirigimos a una mesa y antes de que pudiera hablar va y me suelta.

    -Haber José que si he quedado no es para echar un polvo que te quede claro si he quedado contigo es porque me ha hecho mucha ilusión verte y me apetece saber de ti y lo que ha pasado en estos 20 años. Entendido.

    -Si claro entendido. Aunque mi polla quería todo lo contrario.

    Estuvimos hablando toda la tarde y se nos hizo de noche.

    -Bueno José me encanta hablar contigo pero me tengo que ir a recoger a mi enano a casa de mi madre que mira qué hora es.

    -De acuerdo pero tenemos que repetir otra ocasión.

    -Hecho como ya tenemos nuestros números dame un beso y ya hablamos.

    Me dio un beso en la cara y un abrazo en el ahí puede notar mucho mejor sus pechos duros contra mi pecho.

    Llegue a mi casa me puse a cocinar pero seguía en mi mente esos pechos y lo que me encantaría hacer con ellos y mi polla esta híper dura por lo cual no tuve más remedio que hacerme una señora paja en memoria de ella y esos pechos.

    Los días siguientes transcurrieron con normalidad nosotros trabajábamos en sus instalaciones y yo solía quedar con ella a la hora de la comida para charlar de nuestras locuras de juventud temas del trabajo.

    Hasta que llego un viernes y ella me dijo que si me apetecía salir a tomar algo que el niño estaba con su padre y que esa noche no tenía prisa.

    Acepte de mil amores y quedamos a las 22 h primero a cena y luego a tomar algo.

    La fui a buscas a su casa y madre mía estaba de infarto la chica.

    Vestía un vestido ajustado negro que hizo que mi polla ya se pusiera en alerta. Al entrar en el coche pude ver que llevaba la ropa interior a juego cosa que me hizo excitar más.

    La cena fue muy amena y divertida contándonos cosas del pasado y ella me estuvo contando que desde que se había separado casi no había estado con nadie que se había centrado en su trabajo y su hijo y que no había tenido tiempo de estar con hombres y que su compañía más íntima había sido con un juguetito que le había regalado una amiga en un tupper sex.

    Ahí deduje que el alcohol ya estaba haciendo mella en mi amiga y como buen caballero me ofrecí llevarla a casa cosa que ella acepto.

    Ya de camino a casa no podía de parar de observar sus piernas enfundadas en unas medias con ligero que me estaban poniendo cardiaco.

    Una vez llegamos a su casa me dispuse a despedirme de ella cuando ella me da un beso en la boca y me dice.

    -José mi hijo no está te apetece tomarte la última.

    -eh no sé yo si es lo más correcto Nuria.

    A lo que ella me suelta – Bueno pero no sé yo como vas a conducir con ese bulto que te sale del pantalón.

    Y acto seguido me pone una mano en la entrepierna tocándome la polla que ya de por si estaba como una piedra.

    Acto seguido la bese en la boca y proseguimos con una serie de besos cada vez más calientes.

    Salimos del coche y nos dirigimos a su piso. Abrió con cuidado ya que me conto que tenía una vecina un poco cotilla que estaba al loro de todo el vecindario.

    Una vez dentro seguimos con los besos y quitándonos ropa.

    Estábamos en el salón de su caso yo ya tenía la camisa en el suelo y ella mientras estaba encima mía me desabrochaba el cinturón.

    Empezó a bajar por mi pecho hasta llegar a mi bóxer más que abultado y ella con mirada picara me dice.

    -Vaya parece que no has perdido tamaño desde que lo dejamos uhmmm

    Y acto seguido se metió mi polla en la boca haciéndome una mamada de lujo.

    Yo jadeaba cada vez más y mi respiración era cada vez más rápida.

    Ella se para y me dice.

    -Aun no José no quiero que termines en mi boca ven

    Ella se levanta y se empieza a quitar el vestido dejándolo caer en el suelo del salón y mostrando por fin lo que tanto ansiaba unos pechos grande y firme y unas caderas generosas con un coñito perfectamente depilado.

    Me guiño un ojo me levanto del sofá y me guio a su habitación.

    Ahí seguimos besándonos ahora era yo quien quería disfrutar de ese cuerpo y empecé a besarla por el cuello y bajando por su pecho ahí me pare pude por fin amasar esas dos bellezas redondas y firmes que para haber sido madre no habían perdido firmeza me encantaba jugar con sus pezones mientras ella empezaba a soltar algún pequeño gemido.

    Empecé a bajar por su vientre y al llegar a su monte de venus pude notar la humedad de su sexo y lo caliente que estaba.

    Bese sus piernas y al llegar por fin a su coño di un pequeño beso en su entrada.

    -Aaayy dios. Gimió ella

    Empecé a pasar mi lengua por su sexo y ella se arqueaba a cada pasada con mi lengua

    Ahí Ahí siii

    Ah Ahhh siii dios sigueee Gemía cada vez más alto mientras ella me sujetaba la cabeza contra su sexo,

    Hubo un momento que su respiración se hizo cada vez más rápida me sujeto cabeza contra su sexo no dejándome que me apartara de ahí

    ¡Siii! Dijo ella mientras tenía un orgasmo que hizo que me llenara la cara.

    Me guio a su boca me beso apasionadamente y me dijo.

    -Hazme tuya pero por favor despacito que llevo mucho tiempo que no siento una polla dentro de mi.

    Me incorpore y puse mi verga en la entrada de su vagina y la fui penetrando muy despacito mientras me besaba quería sentirme dentro de ella poco a poco.

    Iniciamos una penetración lenta pero a buen ritmo mientras nos besábamos ella intentaba ahogar sus gemidos en mi boca pero era imposible.

    Ah Ahhh siiii siiii mas

    Yo cada vez estaba más excitado y mis movimientos eran cada vez más rápidos y furiosos quería acabar ya.

    Por favor no te corras dentro que no he tomado nada y no quiero tener un susto. Comento Nuria.

    Saque mi polla dentro de ella para correrme encima de sus pechos.

    -uufffsss que maravilla José por dios, como me has puesto. Mientras se esparcía mi leche entre sus pechos y se lamia los dedos.

    Acto seguido me dio un beso en la boca.

    Esta fue una de las varias noches que pasamos juntos y que ya os iré contando.

    Espero sus comentarios y ser buenos que es mi primer relato.

  • El mozo (Parte 3)

    El mozo (Parte 3)

    Me despertó una gota de sudor que se deslizaba en mi pecho. Hacía calor y había dormido hasta tarde, la luz del mediodía iluminaba el cuarto. Al darme cuenta de que estaba solita en la cama, me sentí incómoda. Él, seguramente se había despertado porque tenía cosas que hacer y, por amabilidad, me había dejado dormir. No quería molestarlo o ser intrusa en su cotidiano. Pese a lo que había pasado entre nosotros durante la noche, en realidad apenas lo conocía.

    Busqué mi ropa y no la encontré en el piso, ni en el escritorio. Bajé de la cama y me puse en cuatro patas para mirar debajo.

    —Qué hermosa vista me regalas apenas despierta…

    Miré a mi espalda. Estaba en la puerta, sonriendo y guapo. Estaba sin polo, con un buzo gris oscuro y de tela delgada que me dejaba adivinar que no llevaba bóxer. Se dibujaba discretamente la forma gruesa y alargada de su verga. Llevaba una bandeja con un par de tazas y una cafetera italiana, como si estuviera en medio de su servicio en el bar. “Estoy en una puta película romántica…”, pensé.

    Me senté precípitemente en la cama, escondiendo torpemente mi desnudez con la sábana. Con el sol que entraba en el cuarto, me parecía que sus ojos eran aún más celestes y claros, me intimidaba de nuevo.

    —¿Por qué te tapas? Esta noche no te molestaba tanto estar desnuda frente a mí, ¿no? —me dijo, riéndose. —Acabo de preparar café y venía para ver si estabas despierta, parece que sí. Despierta y deliciosa.

    —Lo siento, no me di cuenta de que te habías levantado. Gracias por el café, pero no te quiero molestar. Voy a vestirme e irme a mi casa.

    —No, no te vas a vestir.

    En un instante recordé las órdenes que me había dado en la noche y cómo le había obedecido, hipnotizada por mi propio gusto para este juego de sumisión.

    —Ayer me dijiste que también tenías el día libre, —siguió. —Me agradaría que te quedes, si quieres.

    Sonreí. La perspectiva de pasar el día en su compañía me provocó una sensación agradable entre las piernas, estas ligeras cosquillas que son el preludio de la excitación sexual. Si hubiera estado solita en mi casa, me hubiera dejado caer en el colchón para masturbarme y acariciar mis tetas, disfrutando de mi propia desnudez y del despertar de mi arrechura.

    Puso la bandeja en el escritorio y sirvió el café. Me ofreció una taza y se sentó en la cama, mientras llevaba la otra a sus labios. La tomé y no pude resistir a las ganas de tocarle la espalda y recorrer algunas de las líneas negras que paseaban entre los lunares y pecas que la poblaban. Su piel era suave, quería besarla y morderla, mezclar su sabor con el café que me envolvía la lengua. Me acariciaba la pierna con una ternura, con idas y venidas ligeras, mirando por la ventana. Nos quedamos un rato así en silencio, tomando café, hasta que su mano subiera hasta mi sexo. Se dio la vuelta para besarme, agarrando suavemente mi concha con su mano, como si quisiera proteger un tesoro recién encontrado. Su lengua era exquisita y atrevida, era obvio que lamía como un rey.

    —Me gustaría bañarme —le dije.

    —Vamos.

    Se paró para llevarme de la mano hasta el baño. La forma de su verga deformaba su buzo, ya la tenía bien parada. Tenía una ducha italiana, no iba hacer falta esperar que termináramos de bañarnos para que yo pudiera disfrutar de su erección. Nos metimos juntos debajo del chorro de agua tibia y volvimos a besarnos, abrazados. Pasé mi mano entre los labios de mi sexo, estaba excitada y mi jugo se mezclaba con el agua. La sensación de mis dedos en mi clítoris era una delicia. Él amasaba mi culo con fuerza, presionaba y jugaba con mi ano. Sentía su sexo duro contra mi pubis, con sus gestos, adivinaba que me la quería meter de nuevo en el culo y eso me arrechaba más aún. Me llené la mano de jabón y agarré su verga para masturbarlo, pero, como si no podía aguantar las ganas que me tenía, me volteó y me pegó contra la pared. Penetró mi concha de una vez, sin brutalidad, pero con fuerza, arrancándonos a los dos un gemido de satisfacción. La tenía dura y ancha y, así parados, me llenaba deliciosamente. Me había puesto de puntillas y me había arqueado para sentirlo más profundo aún y como me seguía tocando ya casi frenéticamente, subió rápidamente la ola del orgasmo. Él lo sintió y, en vez de metérmela más fuerte para hacerme venir, sus movimientos se pusieron más lentos.

    —Todavía no, cariño…—me dijo.

    Me agarró la mano con la cual me estaba masturbando, como a los niños que se sorprende haciendo travesuras, y la juntó con la que tenía más arriba, apoyada en la pared. Encerrando mis muñecas finas, me mantuvo las manos sobre la cabeza, impidiendo que me tocara más. Su otra mano me mantenía la barbilla ligeramente levantada y me presentaba un par de dedos a la altura de la boca, a modo de compensación de la frustración que me infligía. Los lamía y los chupaba con los ojos cerrados. Me excitaba estar a su disposición y estaba dispuesta a satisfacer cualquiera de sus fantasías. Sobre todo, estaba a punto de venirme. Con movimiento de caderas lo hubiera alcanzado, pero no me quería satisfacer en seguida. Sacó sus dedos de mi boca y los pasó en la zanja de mi culo. Cuando presionaron su entrada, mi agujero de zorra le dejó entender mi excitación. Se abrió sin dificultad para recibir sus dedos con los cuales formó un gancho que me obligó a arquearme más. De nuevo, estaba completamente suya. Me cachó en esta posición lento y profundamente, mordiéndome la nuca en la cual sentía el agua chorrear. Los movimientos de su verga y la sensación de sus dedos que me estiraban ligeramente el ano me procuraban un placer intenso. Era un maestro para mantenerme al borde del orgasmo.

    —Ahora sí, —me dijo.

    Se retiró ligeramente como para tomar impulso y me penetró con fuerza, mientras el rico gancho que formaba con sus dedos me jalaba el culo hacia arriba. Mis gemidos lascivos fueron reemplazados por un grito. Me vine al instante.

    *

    Me senté de rodillas en el piso de la ducha, bajo el chorro. Recuperaba lentamente después del terremoto de placer que acababa de sentir. Entre las gotas de agua que salpicaban, vi que seguía de pie. Me sonreía. Su verga seguía perfectamente parada y se pajeaba suavemente. Le devolví su sonrisa, lo miré a los ojos y acerqué mi boca de su sexo. Sin dejar de mirarlo, empecé a lamerle las bolas, acogiéndolas delicadamente con todo lo ancho de mi lengua. Soltó su verga para dejarme recorrerla hasta la punta, alternando lamidos y besos.

    —Qué rica lengua tienes…—suspiró, cerrando los ojos.

    En este juego de dominación que se había instalado entre nosotros, él no sabía todavía que acababa de perder el poder. Ya solo le quedaba dejarse llevar por mi boca y aguantar una larga e intensa frustración. Empecé por tomar la punta de su verga entre mis labios y a chupetearla. Sentí su mano ponerse detrás de mi cabeza y empujarla para invitarme a dejarlo entrar por completo en mi boca. Apreté a penas los dientes a modo de advertencia. Me soltó.

    —Estate quieto y déjame hacer a mi manera —le dije.

    —Lo siento, sigue, por favor…

    “A mi manera” no era nada preciso, solo me excitaba invertir los papeles y tomar el control después de haberme dejado totalmente llevar en los confines de la lujuria, regalándole la más impúdica y obscena versión de mi misma.

    Desde mis primeras experiencias sexuales, siempre me gustó el sexo oral. Cumpliendo 18 descubría la sensación de tener una verga palpitante bajo mis lenguazos tímidos y, un par de semanas después, empezaba a disfrutar de la sensación de tenerla en la boca. A los 30, mi lengua y mi boca se habían vuelto tan sensibles que sentía nítidamente un placer bucal mientras ofrecía mamadas apasionadas a mis amantes. En este dominio, no tenía límites, me encantaba lamer, chupar, sobar su verga en mis labios, llenarla de saliva, pajearla, volver a hundírmela en la boca hasta la garganta, enrollarla con mi lengua… Muy a menudo, me masturbaba mientras tanto y, por la excitación que venía directamente de mi boca, me las arreglaba para llegar al orgasmo, cuyo placer era duplicado por la sensación de una verga que me llenara la boca. Mi segunda fuente de satisfacción era obviamente llevar al otro al colmo del placer y sentir como brotaba la leche en mi garganta o abrir la boca y dejarla caer en mi lengua, pero no le iba a llevar a este final tan pronto…

    Retomé su verga en la boca y la hice entrar por completo, aspirando ligeramente para presionarla con mi lengua y el interior de mis mejillas. Con un movimiento suave, mi mano la hacía ir y venir lentamente, disfrutando de la sensación de su masa dura en mi lengua. Repetí este movimiento regular durante largos minutos, modulando la presión y así sus sensaciones, regalándole olas furtivas de placer intenso. Me hubiera podido quedar así durante horas. Lo miraba con este contrapicado característico de esta posición, levantando los ojos para encontrar los suyos en los cuales se mezclaban goce, desprecio, ansias y súplica – ¡qué ricos pueden ser los ojos de un hombre cuando tiene placer! Me imaginaba que le encantaba verme así, esforzándome para sostener su mirada mientras su verga me deformaba la boca, dándome mi mejor cara de morbosa en celo. Sentía que quería más. Más rápido, más profundo, más apretado… Poco a poco, sus suspiros tomaban la tonalidad de una ligera queja, como si le empezara a costar la frustración que me aplicaba a imponerle. Desde la primera vez que le había visto en la universidad, había notado que tenía un culo particularmente bonito y me había quedado con ganas de conocer esta parte de su anatomía, sublimada por el pantalón que llevaba aquel día. Siempre pensé que no se le da la atención que merecen a las nalgas de los hombres, estas partes delicadas y sin defensa. Hasta podría decir que no se conoce – ni se disfruta – a un hombre por completo sin tomar el tiempo de descubrir su culo y darle el gusto de disfrutar las caricias en esta piel sensible. Sin soltar su verga, mi mano libre empezó la descubierta de estas curvas inexploradas y llenas de jabón. Eran musculosas y agradables de tocar. Las amasaba a mano llena y parecía que no lo dejaba indiferente. Extendió el brazo para cortar el agua. Sus suspiros eran más fuertes y me arriesgué a pasar mis dedos entre sus nalgas hasta llegar a su ano. En el mismo momento, presioné su verga un poco más con la lengua y aceleré mi movimiento. Cuando me atreví a entrar una falange en este estrecho agujero, se dejó llevar dócilmente con un gemido satisfecho. Movía apenas mi dedo, todavía precavida, era evidente que apreciaba mis gestos. Unos espasmos tenues empezaban a recorrer su verga, anunciando la paulatina subida de su goce. La retiré de mi boca para mirarla. Estaba totalmente vertical. Le di un par de lenguazos y me paré para llegar de nuevo a la altura de su mirada animada por una mezcla de desilusión y de frustración.

    —Todavía no, cariño…—le dije a mi turno, burlona.

    Salí de la ducha y agarré una de las tollas que estaban metódicamente dobladas en un estante. Me miró secarme, sonriendo y pensativo al verme, de la nada, tan cómoda como si estuviera en mi casa.

    —¿No te quieres secar?

    —Sí, sí claro —me contestó como si lo hubiera sacado de un sueño.

    Lo envolví con la toalla que acababa de usar, abrazándolo. Si hubiéramos ocultado su impresionante erección y su manera de agarrarme el culo, medio impaciente, medio vengativo, era un momento de gran ternura. Nuestras bocas se encontraron en seguida y, rápidamente, el beso tierno se convirtió en una mezcla agitada de lenguas hambrientas. Me excitaba cómo me besaba, eran besos de abandono, calientes y húmedos. No pude resistir mucho al placer de tocarlo y volví a pajearlo, callando sus gemidos con mi boca. Bajo mis dedos latía una verga rígida y gruesa, me moría por sentirla llenarme de nuevo antes de seguir jugando con él.

    —Échate.

    —¿En el piso? —preguntó.

    —Sí.

    Sonrió, parecía agradablemente sorprendido que yo tomara las riendas. Se echó en piso de mayólica. Me puse a horcajadas en él y posicioné su verga a la entrada de mi sexo. Me senté lentamente, haciéndola entrar centímetro por centímetro para disfrutar completamente de la penetración que abría mi concha brillante. Moví un poco, no me hacía falta mucho en esta posición. Abrí mis piernas lo más que pudiera, hasta llegar a lo que quería, que me llenara todita. Estaba de nuevo a un par de movimientos de caderas del orgasmo y esta vez me iba a venir cuando me diera la gana. Me quedé inmóvil unos instantes para disfrutar plenamente de la sensación de tenerlo dentro de mí. Di un amplio y profundo impulso como para que entrara más aún, sobando mi clítoris. Lo miré a los ojos y mantuve mi mirada durante el largo orgasmo que me sumergió.

    —Qué rica pinga, carajo…

    Me apoyé en su pecho y me paré, dejándolo desconcertado en el piso, su verga brillante de mi jugo. Era la primera vez que me comportaba así. No me había preocupado ni un segundo por lo que él sentía y si lo disfrutaba. Lo había literalmente usado como juguete para llegar a un orgasmo delicioso y vergonzosamente egoísta.

    —¿No quieres seguir? —me preguntó, mordiéndose el labio inferior por tanta frustración mientras había empezaba a corrérsela, impaciente.

    —Vamos al cuarto.

    *

    Se tiró en las almohadas de la cama y me instalé entre sus piernas. Me acariciaba el cuello y los senos con delicadeza. Las ansias de sexo se habían apoderado de nuevo de su mirada celeste y me contemplaba con ojos furiosos que un esbozo de sonrisa se esforzaba en matizar. Hacía unos largos minutos que lo estaba frustrando y se había mostrado propenso a aceptar que fuera yo que controlara su goce, como me había controlado a mí. Volví a pensar en lo que había pasado en la noche anterior, todavía podía recordar el increíble orgasmo que me había regalado clavándome su verga en el culo. Toda la noche había sido una ascensión hacia la más grande obscenidad, había gozado que me masturbara en el bar, exhibirme frente a él sin pudor y dejar que me dominara. Ahora quería llevarlo poco a poco a este abandono total.

    Escupí en su verga que había perdido de algo de su vigor para lubricarla y corrérsela. Gimió al recibir mi saliva. Incluso antes que lo empezara a tocar, su erección volvió a crecer con ímpetu, desvelando su gusto por este juego de desdeño. Parecía que sentía la misma excitación que yo, cuando me había escupido en el ano, esta chispa de deleite provocada por una ligera y consentida humillación.

    —¿Te gusta que te escupe en la verga? —le pregunté, jugando a deslizar mi dedo sobre la piel suave de su sexo donde chorreaba mi saliva.

    —Sí, me gusta, quiero que me la corras… —suspiró.

    Le contesté escupiéndole de nuevo, sacándole otro gemido característico de frustración y de placer. Lentamente, encerré su verga en mi mano y empecé a masturbarlo. Se había vuelto a endurecer con orgullo, me excitaba verla así, sensible, palpitante, hinchada y mojada. La punta lisa y rozada parecía a punto de explotar y no me hubiera perdido este momento para nada. A la altura del placer que me procuraba chupar, la eyaculación me fascinaba y me podía llevar al colmo de la excitación. Cuando mis amantes no se venían en mi boca o en mi concha, siempre contemplaba este brote con satisfacción antes apurarme de lamer su semen como una muerta de hambre. Pensando en el rico final de la paja que le hacía, volví a colocar un dedo previamente mojado entre sus nalgas, las levantó un poco para facilitarme el acceso. Agradecida por su colaboración, le escupí de nuevo en la verga y empecé a lamerle los huevos. Sus gemidos se volvieron más regulares, hasta cuadrar exactamente con las idas y venidas de mi mano. A medida que lamía, mi saliva chorreaba de sus bolas a su culo que se abrió poco a poco para volver a acoger una primera falange. La masturbación que le regalaba era regular y continua, mis lenguazos y mamadas la acompañaban. Era claro que le encantaba lo que le hacía, estaba listo para disfrutar algo más y parecía que sabía lo rico que era. Metí mi dedo más profundo, penetrando suavemente su más grande intimidad. Escuché el susurro de un “Ay, eso sí…”, cuando mi dedo entró casi por completo, y empecé a hacerlo ir y venir suavemente. Sentí que su verga se contraía y que su cuerpo se ponía tenso, anunciando el orgasmo. Aceleré mis movimientos y mis lenguazos se volvieron más apoyados. Retiré totalmente mi dedo de su agujero que se había vuelto bien acogedor y lo volví a penetrar, pero esta vez con dos dedos. Gimió más fuerte. Lo miré a los ojos con morbo.

    —Sigue, sigue, voy a venirme… —me dijo, jadeando.

    Presioné su verga más aún para satisfacerlo con unas idas y venidas rápidas y fuertes, mientras le mantenía mis dedos profundamente metidos en el culo. Sentí su goce subir a lo largo de su verga y abandoné sus bolas para que me brotara en la cara. Su ano se contrajo sobre mis dedos y se vino con un grito animal y ronco, mirándome a los ojos mientras recibía su leche en las mejillas y en mi boca abierta.

    La tarde empezaba muy bien.

  • Evelyn me afloja en la oficina

    Evelyn me afloja en la oficina

    El haberme metido con Evelyn no era tan bueno como yo pensé, ella empezó a comportarse muy resbalosa y aunque al principio eso me gusto, había momentos en el que estaba con otras compañeras y ella sacaba a relucir a su hermana, honestamente ya me había hartado su actitud.

    Tenía apenas una semana de que la había cogido y ella ya me tenía harto, tanto que en lugar de querer estar cerca de ella me alejaba lo más que podía.

    Una mañana de Lunes cuando todos los directivos estaban en junta, ella fue a mi lugar, según para platicar, pero primero comenzó a hablarme de su hermana tema que ya me tenía cansado.

    O: Oye, honestamente no quiero hablar de Paula contigo.

    E: ¿Por qué? ¡no cualquiera se mete con dos hermanas!

    O: No es por eso, es que siento que te burlas.

    E: Que delicadito ¡jaja!

    Me levanté de mi lugar y caminé hacia donde estaba el área de bodega, estaba en remodelación y fui con la intención de alejarme de ella, pero eso fue en vano ya que ella me siguió.

    E: ¿Huyes de mí?

    O: ¡No, como crees!

    E: Para eso me gustabas ¡jaja!

    O: Crees que te tengo miedo o algo así, no te confundas amor, solo que eres odiosa, es más ahora mismo te daría hasta cansarme.

    Una vez que le dije eso ella sonrió y me abrazo retandome con la mirada, la adrenalina me llevó a comenzar a besarla, le apretaba las nalgas, le besaba el cuello, ella sonriente se quitaba su saco, practicamente me dijo cogeme sin palabras.

    La tome de la mano y la lleve a un rincón donde había una máquina en reparación y un pequeño estante, ahí le levanté la blusa y su brasear y comencé a chuparle las tetas.

    E: Oswaldo, uhm, ah ¡que atrevido!

    O: ¡¡Callate!! Bien que quieres.

    Me baje el pantalón y el boxer, honestamente ya la tenia bien dura, Evelyn sonriendo bajó a chuparmela, me la mamaba bien rico, besaba mis huevos, mordía mi glande, colocaba mi glande en sus tetas, yo disfrutaba respirando agitadamente.

    O: Que rico te lo comes, ¡¡uhm!!

    E: ¡Jaja, sabia que querías esto!

    La tomé de la cabeza y prácticamente le folle la boca, ella gustosa devoraba mi verga y yo solo miraba de reojo para ver si no nos veían.

    La puse de pie y le baje su pantalon negro y su tanga, baje a lamerle los muslos, sus nalgas, chupaba sus labios vaginales, su concha estaba muy mojada y yo ya estaba ardiendo por metersela.

    Me puse de pie y ella se recargo en la máquina abriéndose riquísimo, yo la tome de sus piernas y se la deje ir suave, cm a cm y chupando sus tetas, tratábamos de no hacer ruido ya que los compañeros estaban del otro lado y apenas una tabla roca dividía el lugar.

    E: Que rico, uhm, ah, ¡¡que rico se siente!!

    O: Aprietas rico, uhm ¡¡ah!!

    E: Nos van a correr si nos encuentran

    O: Solo no grites, agh, ¡¡uhm!!

    Tire unos cartones en el piso y me acosté, no era la mejor comodidad pero el cuerpo es cuerpo.

    Ella se quitó sus tacones y se despojó totalmente del pantalón y subió a cabalgarme, se sentía fenomenal, mi verga entraba totalmente en su concha mojada, ella se agachaba a besarme, me besaba rico y me mordía el cuello.

    E: ¡¡Me encantas chiquito!!

    O: Y tu a mi, uhm, que rico te mueves, ¡¡ah!!

    Ella me cabalgaba muy rico, se movía despacio y rápido como solo ella sabe, tratábamos de no hacer mucho ruido pese a la tremenda adrenalina que teníamos.

    La acosté en los cartones y levanté sus piernas, se la metia y sacaba con desenfreno, ella se mordía los labios y ahogaba sus gemidos, de repente se le escapaba uno que otro, yo tenía el corazón a tope.

    O: Que rico aprietas nena, uhm, ¡¡ah!!

    E: Me encantas Oswaldito, uhm, que rico lo haces, a pesar de ser tan joven, eres muy bueno, ¡¡uhm!!

    La puse en cuatro patas, era incómodo ya que los cartones no eran suaves y el piso nos lastimaba las rodillas pero no nos detenemos.

    La tome de la cadera y se la deje ir con fuerza, se la metía rápido y lento, le apretaba las nalgas, miraba alrededor y no había pájaros en el alambre.

    Se escuchaban las voces de los compañeros, algunos preguntaban por mí, la adrenalina me hacía ponerme más duro y esto Evelyn lo disfrutaba.

    E: ¡¡Si, Oswaldo, uhm, agh, ah!!

    O: Que rico, uhm, no mames, eres magnifica.

    El dolor de rodillas nos hizo ponernos de pie nuevamente, ella se recargo empinándose en aquella máquina abriéndose rico de nalgas.

    E: ¡Vamos papi, damela toda!

    O: ¡¡Cabrona!! ¡Me encantas!

    La tome de las nalagas y se la deje ir con fuerza, ella se movia en circulos, por la ropa que aun teniamos encima sudabamos y dejabamos el olor a sexo en aquel rincon.

    E: Que rico, me vengo, ¡¡amor, me vengo!!

    O: Si, uhm, muévete, ¡¡hazme venir bebe!!

    Ambos nos movíamos fuerte, yo la embestía con todo, apretaba sus nalgas, le jalaba el cabello y le mordía los hombros, en eso ambos llegamos juntos al climax.

    E: ¡¡Ah!! Que rico, uhm, ¡¡ah!!

    O: ¡¡Uhm!! Dios mío, ¡¡que rico!!

    El orgasmo fue fenomenal, nos quedamos pegados como perros, y reíamos después de la rica travesura que hicimos.

    Nos acomodamos la ropa, ella me beso y le di una nalgada y regresé a mi lugar, por suerte no nos vio nadie, ahí me di cuenta que ella era una mujer facil y dificil al mismo tiempo.

  • Visitando a mi cuñada

    Visitando a mi cuñada

    Continuando con las aventuras de mi cuñada.

    Habían pasado casi treinta días desde la primera vez en que convencí a mi cuñada de pagar la deuda de la computadora con su delicioso cuerpo, ya que por cuestiones familiares no habíamos encontrado espacio para estar juntos sin que tuviésemos problemas de ser interrumpidos, pero las cosas no siempre salen como uno las planea.

    Cierto día recibí un mensaje de mi cuñada Maribel, me preguntaba si el día sábado estaba disponible para darme el primer pago de la computadora y además que ese día no estaría su hija, por lo que podríamos aprovechar el tiempo, así que le confirmé que ahí estaría temprano.

    Así llegó el día sábado, me presenté temprano en la casa de Mari, toqué el timbre y fui bien recibido por ella. Para esa ocasión Mari llevaba puesto un vestido azul, ceñido a su hermoso cuerpo, con tirantes y unas sandalias con plataforma que resaltaban sus piernas y su culito.

    Entramos a la casa y nos sentamos en la sala, donde había unos vasos con agua servidos en la mesa de centro, así que tomé mi vaso y me bebí por completo el agua.

    – Vaya, sí que tenías sed – me dijo mi cuñada

    – Es que traía un poco seca la garganta.

    – Pues espero dejarte seco otra cosa hoy.

    – Pues tú dime, empezamos de una vez si quieres.

    – Espérate tantito corazón. Primero tengo que decirte que acepté la sugerencia que me hiciste respecto a la deuda de la computadora. Le comenté a Sergio sobre los pagos y esta semana me dio el dinero. Así que se lo di a la nena para que hoy fuese a comprarse ropa, es algo que en realidad le hace falta, sobre todo ropa interior.

    – Vaya, qué gusto me saber eso. Sabía bien que tomarías la mejor decisión.

    Al terminar de decir eso, Mari se levantó de donde estaba y se dirigió a mi lugar, justo iba a pararme cuando ella me interrumpió, se bajó la parte superior de su vestido, dejando ante mí su top blanco que llevaba puesto, y después se colocó en mis piernas y se quitó su brasier e inmediatamente me dispuse a saborear sus tetas, mordía sus pezones y los succionaba con todas mis fuerzas, ella solo gemía de placer.

    Mari se quitó de mis piernas e hizo que me pusiera de pie, mientras que ella se arrodillaba y con sus manos me quitaba el pantalón, despojándolo por completo, mientras que yo hacía lo propio con mi playera. Estando así, Mari comenzó a sobar mi verga por sobre el bóxer cuya punta sobresalía del mismo.

    – Mmm, mira este nene. Está ansioso por salir de su cueva- dijo ella.

    Así, Mari bajó mi bóxer y con su lengua recolectó el líquido preseminal de mi pene, introduciendo en su boca primero la punta, la cual jugaba con su lengua, provocándome una excitación al mil, para después comenzar a hacerme una mamada como lo tenía que ser, se introdujo parte de mi verga mientras que con una mano hacía movimientos de arriba abajo, y con la otra mano jugaba con mis testículos, sabía bien lo que hacía, así que decidí ponerla a prueba tomándole de la cabeza y metiéndole hasta el fondo de su boca, ella ni se inmutó, al contrario comenzó a mover su lengua con destreza, hasta que pasado unos segundos comenzó a darme palmadas en las piernas, señal de que se estaba ahogando, pero yo quise ir un poco más lejos así que no le saqué mi verga hasta que de plano vi que ya no podía más con ella así que me apiadé y se la saqué. Pude ver su rostro totalmente colorado, sus ojos lagrimeando y el rastro de saliva pendiendo de un hilo desde mi verga hasta su boca.

    – Cof, cof… Bruto, me estabas asfixiando con tu vergota…

    – Pero bien que lo disfrutabas- la levanté y le di un beso de consolación.

    – Ven, vamos a mi habitación-

    Nos dispusimos a ir a su habitación donde al llegar me recosté en la cama y le pedí que se subiera en mí, pero colocándose para la posición del 69, ella un poco extrañada hizo lo que le pedí, arrollándose el vestido a su cintura y quitándose la tanga blanca. Estando acomodados comencé a comerle bien sabroso su vagina, la tenía bien depilada, escurría de jugos y estaba bien abierta, recorría de arriba abajo su puchita, metía mi lengua lo más profundo que podía, succionaba su clítoris y con mis manos jugaba con su orificio anal, solo alcanzaba a escuchar sus gemidos apagados por mi verga que tenía bien metida en su boca.

    Mari tenía muy buena destreza para hacer mamadas, la verdad era una locura sentir su lengua lamiendo cada centímetro de mi pene, así que hacía un esfuerzo enorme para no acabar en su boca.

    – Mmm, corazón, penétrame, ya quiero sentirla bien adentro, quiero que me des tu lechita-

    Por lo que paré de comerle su panochita y ella hizo lo mismo con mi verga, para así colocarse encima de mí. Poco a poco se fue metiendo mi verga, la verdad es que la tenía más hinchada de lo normal producto de la buena mamada de Mari, hasta tenerla toda dentro. Se tomó su tiempo para sentirla bien, hasta que comenzó a cabalgarme, subiendo la intensidad para después brincar como poseída.

    – Ahh, ahh, no sabes lo bien que me coges, me encanta tu verga, me encanta todo de ti. Eres mucho mejor que mi marido en todos los sentidos… me estás volviendo loca, quisiera tener tu verga todo el día metida… mmm, mmm, quisiera que fueras solo para mí, estar contigo solos todo el tiempo, así mi amor, así, así…

    Mari se inclinó hacia mí, por lo que yo doblé mis piernas y comencé a moverme, mis embestidas eran más fuerte, podía escuchar el sonido de su vagina bien húmeda golpeando con mi verga, tenía bien empapado mi pene.

    – Sam, amor, mmm, mmm, siento que me vengo, ya, ya… dame, dame, agg…

    Pude sentir en todo su esplendor el orgasmo de Mari, sentí su cuerpo estremecerse, vibrar y su vagina escurrir en demasía sus jugos vaginales, mientras tanto Mari se salió de mi verga y se recostó a mi lado, intentaba estabilizar su respiración y tomar fuerzas para seguir en la batalla.

    – Uff, que aguante tienes Sam. Me siento exhausta y tú ni siquiera te has venido.

    – Me encanta que disfrutes lo más que se pueda.

    Justo al decir esto, ambos escuchamos la voz de la nena…

    – ¡Pero que carajos pasa aquí!- Momento en que Betsy dejaba caer las bolsas con las compras que había hecho. No había hecho ningún ruido por lo que no nos pudimos percatar de su presencia a tiempo.

    Mari, sin saber cómo, se paró de la cama y comenzó a acomodarse el vestido, mientras que yo solo pude taparme mi miembro con las manos.

    – Espera hija, déjame explicarte.

    -¿Explicarme?, ¿qué me vas a explicar?, esto lo tiene que saber mi papá.

    -Betsy, espera…

    Mari salió detrás de su hija, la situación se había complicado y dependía de Mari que todo saliera de la mejor manera posible, así que me acerqué a la puerta sin salir ya que no podía hacerlo, mi ropa se había quedado en la sala y era justo ahí donde madre e hija discutían.

    – ¡Betsy, deja ese celular!

    – No. Ahora mismo le estoy marcando a mi papá para contarle todo.

    Mari de un movimiento rápido logró quitarle el celular a Betsy para después apagarlo.

    – Betsy, déjame explicarte todo esto.

    – No tienes nada qué explicarme, con lo que vi es suficiente. Estás engañando a mi papá, tú marido, y lo haces con mi tío.

    – Solo olvida lo que acabas de ver. Esto es un acuerdo entre tu tío y yo. En lo que tú sales beneficiada.

    – Ahora me involucras a mí, ¿yo qué tengo que ver con que mi tío te coja?

    – Pues a él le debes que tú tengas computadora.

    – Pero si esa computadora se la vas a pagar, no fue ni gratis ni regalada.

    – Exacto.

    – ¿O sea que le pagas con sexo?

    – ¿De dónde crees que salió el dinero que te di ayer para que te compraras toda esa ropa?

    – De mi papá, por supuesto.

    – Sí, pero ese dinero se supone que se lo debí entregar a tu tío. ¿A caso crees que tu papá podría estar pagando tu computadora y a la vez dándote dinero para comprarte ropa?

    Betsy se quedó callada por un momento, al parecer estaba intentando de asimilar lo que acababa de escuchar. Sabía bien ella que la familia no estaba pasando por una buena situación económica, por lo que no era posible que su padre tuviese mucho dinero como para pagar su universidad, la laptop y todavía ropa para ella.

    – Pues de haber sabido que todo era así, no lo hubiera aceptado.

    – Pues lo siento mucho Betsy, pero así es. Tu tío y yo aceptamos ese acuerdo. Yo no le pago la computadora, me quedo con el dinero que tu papá me da para entregártelo a ti, y él y yo cogemos.

    – Solo falta que digas que te gusta cómo te coge.

    – Pues sí, me encanta como me coge, me satisface en todos los sentidos.

    – Lo que faltaba. Eres una mentirosa.

    – ¿No me crees?, ven conmigo.

    Mari tomó del brazo a Betsy y a rastras la llevó hasta su habitación, yo al ver que se acercaban me puse en una esquina de la cama, tapándome solo con una almohada. Ellas al entrar a la habitación, Mari le dijo a la nena que se sentara en un banquillo en forma de cubo el cual se encontraba justo a la altura de la mitad de la cama, para después Mari decirme que me recostara y así ella subir, quitándose por completo su vestio. Abrió mis piernas y directamente se fue a mi verga flácida, comenzó a darme lengüetazos, después con sus manos acariciaba el tronco y cabeza, así también con mis testículos, y rápidamente logró que tuviese una erección.

    Por el contrario, Betsy no prestaba mucha atención a lo que su madre hacía, tenía la cara viendo hacia la puerta de la habitación, estaba colorada, pero creo era solo coraje porque hasta las manos las tenía empuñadas.

    Mari seguía concentrada en lo suyo, al ver que mi erección era ya firme, dejó de mamármela y de un solo movimiento se metió toda mi verga en su vagina, pegando un fuerte grito.

    – Ayy… uff, mmm, párteme toda corazón.

    Comenzó a darme una cabalgada como solo ella sabía, de arriba abajo y en círculos, hacía que sus movimientos fuesen los mejores.

    Miré de reojo a Betsy, los movimientos de su madre le habían llamado la atención, más por las tetas de Mari las cuales se movían por todos lados, ahora mostraba una cara de curiosidad por lo que su madre hacía y tanto estaba absorta viendo el espectáculo en primera fila que creo se le olvidó el enojo porque alcancé a ver que, con una mano de forma muy discreta, acariciaba uno de sus senos mientras que la otra la tenía metida entre las piernas acariciando levemente su puchita.

    Mari se percató de lo que yo veía, así que giró a ver a su hija quien, al verse sorprendida en el acto, dejó de hacerlo, por lo que Mari le dijo:

    – Ay mi vida, no escondas lo que estás sintiendo ahorita. Ven.

    Mari dejó de cabalgarme, se desenchufó de mi verga y bajo a ver a Betsy, hizo que se pusiera de pie y le dio un besito en los labios.

    -¿Quieres probar a tu tío?, créeme, no te vas a arrepentir.

    Mari le quitó la blusa negra que su hija llevaba puesta, así como el brasier del mismo color, dejándome ver ese par de tetas por unos segundos, ya que de inmediato Betsy se cubrió sus senos con sus brazos. Eran del mismo tamaño que el de la madre, pero aún faltaba más. Mari comenzó a despojarla del short beige que llevaba puesto la nena, dejándola por un momento con la tanga negra que llevaba puesta, era de hilo dental, ya que Mari se encargó de darle una vuelta para el deleite de mis pupilas y colocándose atrás de Betsy comenzó a bajarle la tanga, hasta quitársela, pero tapándole con una mano su puchita. Era injusta por no dejarme ver la vagina de su hija, pero para mí sorpresa la mano con la que la cubría la usó para separarle sus labios vaginales, dejando entrever que la nena se estaba mojando.

    – Mmm, nena, veo que te estás excitando. No sabes la delicia que es tu tío, él sabe hacer bien su trabajo.

    Betsy intentó zafarse de su madre, pero esta la contuvo diciéndole:

    -Tranquila, no harás nada de lo que tú no quieras. Mira esa verga, toda roja, bien gruesa y sobre todo bien grande. ¿NO se te antoja?

    Mari hizo que la nena subiera a la cama sin poner mucha resistencia, tal parece que las palabras de la madre la hubiesen hipnotizado.

    – Ahora es todo tuyo tu tío.

    Betsy se quedó pensando por unos segundos, para después verme fijamente, de mi parte no sabía qué hacer, por un lado, quería comérmela toda, el cuerpo de la nena estaba bien formado de todos lados, cara, tetas, culo, vagina completamente rasurada, estaba divina, pero otro lado tenía miedo de que todo se fuera al carajo, así que dejé que ella actuara por sí sola.

    La nena creo entendió el mensaje porque acomodó su puchita sobre mi verga, sin penetrarla, comenzando a masturbar su vagina con mi pene, lo recorría de arriba abajo. No emitía ningún ruido, pero a leguas se veía que se estaba conteniendo ya que de vez en cuando mordía sus labios o tapaba su boca para no gemir, sin embargo, su panochita la delataba, escurría y escurría jugos al por mayor.

    Mari al ver que su hija no se metería mi verga, se unió a la situación, colocándose en posición de 69 de tal forma que con su lengua podía tocar la punta de mi pene y de vez en cuando el clítoris de su hija, mientras que yo me deleitaba bebiéndome los jugos de Mari, hurgaba con mi lengua lo más que podía al interior de la vagina. Así estuvimos por unos minutos hasta que Mari tuvo su orgasmo, recostándose a nuestro lado, mientras que yo sentí que ya no podría aguantar más, así que le hice saber a Betsy que estaba a punto de venirme, justo al terminar de decirlo, Mari colocó su boca a la altura de mi pene, tenía toda la intención de ser premiada con mi leche, y Betty se movía con mayor intensidad, hasta se agarraba de la cabeza de su mamá para no perder el equilibrio. Y así el momento llegó

    Mis eyecciones fueron directamente a la boca de Mari, quien con destreza logró captar la mayoría de ellas, mientras que Betsy, sin siquiera emitir ruido alguno, tuvo también su orgasmo ya que pude sentir como temblaba su cuerpo, así como también cómo sus jugos escurrían sobre mi pene y testículos.

    Pero lo más sorprendente fue ver cuando Mari, aún con mi semen en la boca, le plantó un beso a su hija con la intención de compartir mi leche con ella, fue una escena de lo más erótica, madre e hija besándose, disfrutándose sin tapujos, y sobre todo compartiendo la miel de su amante.

    Betsy pareció recobrar la conciencia de cómo se había originado todo, de cómo fue que se involucró en la situación, así que de inmediato se bajó de la cama y así desnuda salió de la habitación, escuchando el azote de la puerta de su cuarto.

    Mari por su parte pareció no darle mucha importancia, solo se dedicó a recoger la ropa tirada de su hija, así como las bolsas de compra y para mi sorpresa me dio un regalo.

    – Ten, amor- entregándome la tanga negra de su hija- es tu regalo por ser un buen tío y sobre todo por ser un gran amante. Ven vamos a darnos una ducha.

    Nos dirigimos a la regadera, ahí Mari me dijo que aún necesitaba de mi verga, que aún le faltaba satisfacerse por completo, así que no le pude negar lo que tanto añoraba, así que comenzó a hacerme una mamada para después pedirle que alzara una pierna y estando frente a ella la penetre con todas mis fuerzas, Mari comenzó a gemir con fuerza, creo que con la intención de que la nena nos escuchara, por último, la voltee y la puse en cuatro, comenzando la faena, Mari estaba fuera de sí, daba unos gritos de placer qué fácilmente pudieron haberse escuchado hasta la calle. No aguanté tanto, así que le llené su vagina con mi lechita.

    – Gracias mi amor por tu lechita, necesitaba sentirla adentro.

    Terminamos de bañarnos, ella salió primero del baño mientras que yo me quedé poniéndome mi ropa. Ya afuera, me dispuse a despedirme de Mari, faltaba poco para que mi esposa llegara a casa y probablemente el esposo de ella también, así que era mejor que fuera antes.

    Me despedí amorosamente de Mari, pero no así de Betsy, por lo que solo me acerqué a su habitación y desde afuera solo le dije:

    – Betsy, me tengo que ir, espero poder verte pronto. Adiós.

    Al llegar a mi casa no pude evitar recordar lo que había pasado esa mañana, había sido estupenda a pesar de la intervención de Betsy. Me importaba mucho mi sobrina así que solo esperaba que no fuese haber mayor problema, pero lo que más me importaba era lo que sentía Betsy.

    Pero ella sabría tomarlo de la mejor manera…

  • El capricho de mi prima (I)

    El capricho de mi prima (I)

    Yo tenía unos años trabajando en una ciudad del occidente del país, contaba con mi departamento y buenas relaciones, me había movido desde el oriente del país, lejos de la mayoría de la familia, de algunos que no tenía muy buena relación y también los deseos de tener más libertad para mí; pero si todos los años me iba unos días de vacaciones a visitar a la familia.

    En uno de esos viajes me encontré con una de las primas con las que jugaba de niño, yo era unos dos años mayor, pero tenía años de no verla, de nuevo vi que teníamos buena química, esa semana disfrute más de la compañía de familiares por ese encuentro, de hecho ella me invito a varios paseos con otros familiares, me bombardeaba con preguntas de cómo me sentía estando tan lejos, como era el ambiente en la ciudad donde vivía.

    Pasaron varios meses y ella me escribió, dijo que había conseguido un trabajo en ventas, así que le tocaba hacer giras y una de las giras importantes era en la zona donde yo vivía.

    -No conozco la zona, crees que me puedas ayudar a conocer mejor el lugar?

    Primero dude, porque pensé que sería volver a involucrar a familiares en mi ambiente ideal, pero, bueno… ella me resulto agradable y al final me gustaba su forma de ser. Tome unos días libres para acompañarla, tenía cierta flexibilidad en mi trabajo.

    El día que llegó, venia en un carro de la empresa, no venía sola, traía una compañera. Nos saludamos, ella me dio un gran abrazo y beso, luego me presento a la compañera, que claro, fue menos efusiva, además era muy diferente a Isabel.

    Para empezar, Isabel era ojos verdes, cabello casi rubio, mejillas rosadas con unas cuantas pecas, una boca siempre sonriente, de labios carnosos, media 1.60 lo que la hacía ver algo rellenita, porque cuando caminaba se mostraba su lado voluptuoso, sus pechos se movían muy sugestivamente y pensar que de chica era una tabla; la compañera, se llamaba Rossy, era más callada, figura delgada, cabello y ojos oscuros, tenía una boca pequeña pero de labios generosos, a pesar de ser tan delgada tenía unas caderas que la hacía lucir atractiva, y media 1.64.

    Ella manejaba, yo iría en el asiento trasero, dándoles indicaciones, primero les pegunte a donde debía ir, me dijeron de varios lugares algunas eran pequeñas ciudades periféricas en la que vivía, así que tenía que conocer, presentarse en los negocios a los que visitaban y arreglar tratos, yo desde atrás les indicaba las direcciones, para que se familiarizaran de lleno con el trabajo, me senté detrás de Rossy que iba de copiloto, en ocasiones extendía mi brazo desde atrás y la rozaba, esto la sorprendió, mi prima tenía un humor muy descarado y no se media.

    -Oye! Deja de tocar tanto a Rossy!

    Y yo me sorprendía, le decía disculpas a Rossy y ella solo decía que no pasaba nada, miraba a Isabel como haciéndole reproche y esta solo se reía. Las dos venían de falda y chaqueta, así que aprecie las piernas de ambas y algo de escote también.

    El segundo día ya me tome un poco más de confianza, porque al saludarnos le di un beso en la mejilla y le tome brevemente por la cintura, eso sonrojó a Rossy e Isabel no dijo nada, pero después me lanzo una mirada de picardía.

    Isabel quería salir en la noche, así que llame a un amigo y este accedió, pase por ellas en mi carro, para que dejaran el vehículo de la empresa en el hotel, cuando llegamos al bar, ahí estaba mi amigo, a este se le abrieron los ojos al conocer a Isabel, esta lo noto y lo disfrutó, fue Rossy quien se sintió al margen, al no ver la misma reacción con ella; pero ahí metí cuchara, yo le di atención, claro, mi amigo queriendo ganar puntos con Isabel, el ambiente del lugar era muy bueno, tenía buenas entradas para compartir, y una variedad de bebidas. Después de unos dos cocteles y un buen rato, Rossy se puso más comunicativa, contando que siempre fue la chica tímida, hasta que pudo trabajar y tomar un trabajo de ventas donde tenía que salir constantemente en giras por el país.

    Isabel se le ocurrió conocer mi casa, así que cancelamos la cuenta, salimos al parqueo y… como mi amigo también traía su auto, él se iría solo… pero cuando estaba por abrirles las puertas del mío, ella saltó que acompañaría a mi amigo; eso dejo sorprendida a Rossy, a quien le dijo que se fuera a mi lado. Isabel simplemente se fue sonriendo haciéndole señas a ella de sonriera.

    Ya en mi casa, aunque pequeña, era suficiente para mí, por suerte recién había pasado la limpieza, ya que vivía en un circuito cerrado, tenía sus ventajas. Rossy se sentó en el sofá y yo a la par, recibí una llamada de Isabel diciendo que pasarían comprando algo de comer y para tomar…

    -pero tu atiende bien a Rossy, dale amor chico!- me grito por el teléfono, ella sí que era aventada no había duda

    Pues después de un rato le dije que si se sentía bien, dijo que le dolían un poco los pies, y sin mucho pensarlo le dije que le daría un masaje de pies, sin darle tiempo a replica tome su pie y le quite el tacón, ella solo se sobresaltó un poco, pero me dejo hacer, comencé a masajearle, primero uno y luego el otro, le dije que subiera los pies al sofá y se sentó de lado, se acomodó la falda, pero, esta no llegaba a cubrir hasta sus rodillas, así que tenía una muy buena vista y a ella le estaba gustando… de pronto ya tocaba sus pantorrillas.

    Tenía una piel suave y unas pantorrillas bonitas, a medida que subía hacia sus rodillas, comenzaba a sonrojarse. La distraía preguntándole sobre el trabajo que hacía y se le enredaban las palabras, sin que me detuviera, me acerque más a su cara, poniendo sus piernas sobre mí, así que pase de sus rodillas a sus muslos y a tener su boca frente a la mía, ahí fue cuando ella cedió todo… le dije que me parecía irresistible besarla y ella se quedó en silencio, aproveche a besarla suavemente, apenas respondió, pero me dejo seguir, seguí besando mientras subía con mis manos acariciando sus muslos por debajo de la falda, ella tímidamente paso su mano por mi hombro y cuello. Poco a poco su boca se abrió y ya estaba un poco más dispuesta, metí la lengua en su boca y ella me correspondió, también, mi mano estaba entre sus piernas y ella las apretó y empezó a rozarlas así que estaba disfrutándolo, se apartó un poco para tomar aire y se sonrojo al ver mi mano atrapada entre sus piernas y la falda bien arriba de sus muslos, se reclino hacia atrás y entendí que quería que me fuera sobre ella, así que la recosté y seguimos besándonos, comencé a bajar por su cuello…

    El carro paró frente a mi casa y le abrí a Isabel, mi amigo no se bajó, solo se fue, ella entro con unas bolsas de comida rápida y unos refrescos, no dijo mucho, solo nos quedó viendo y como siempre una sonrisa de complicidad.

    -espero que tengan hambre y no hayan comido solos…

    -pues nos dejaron esperando mucho, así que tenemos hambre

    -hicieron algo que les diera más hambre? A ver?

    -cállate, no seas descarada!

    Rossy se puso más roja y la otra se rio fuerte, y mirándome con un gran brillo en los ojos.

    Comimos y platicamos un rato, dijo que mi amigo se tenía que ir, que después le pregunte a Isabel, lo dijo como si nada, al terminar le mostré la casa y ya eran casi la 1 am, así que las llevé a su hotel.

    Al día siguiente me llamo como a mediodía, cuando me disponía a almorzar, me dijo que agradecían mucho la atención que les di, pero que ya tenía que salir, que nos veríamos el otro mes posiblemente. Me mando una foto de las dos muy sonrientes posando algo coquetas. Pero después, me envió unos mensajes de los que se borran después de vistos; una foto que se notaba que la tomo a escondidas, donde estaba Rossy apenas con pantaleta y una camiseta haciendo estiramientos, la otra de ella misma entrando a la ducha quitándose la toalla… mi prima era una caliente, la última que me envió fue una selfie de ella misma acostada y en la que sus pechos apenas se escondían en un camisón de tirantes, con Rossy de fondo, viéndose al espejo usando solo una pequeña tanga, la había tomado sin que la otra se diera cuenta; sí que era toda una loca. Pues había pasado unos días desde que estuvieron de visita y hable con mi amigo en usa salida nocturna, me contó que cuando mi prima se subió a su carro, el se emocionó, le dijo que ella deseaba darme a su compañera y a mi espacio para congeniar, que fueran a otro sitio a hacer espera, ella se mostraba coqueta, pero no le dejo hacer avances… hasta que se estacionaron frente a mi casa y ella si le dio un buen morreo y hasta lo dejo tocarle las piernas, pero se despidió y solo le dijo gracias por todo, que yo las llevaría a ellas al hotel, y solo se fue; que lo dejo sorprendido y picado. No me reí frente a él porque entendí su malestar, pero ya sabía lo inesperada que Marisol era, siempre haciendo su capricho; le encantaba calentar y provocar era obvio.

    Me aviso que estaban de gira nuevamente, que el día anterior habían llegado, pero que hoy querían salir…

    -oye, pero… no llames a tu amigo, vamos a salir con alguien que conocí en la gira pasada.

    Otra vez, ella me mando con Rossy, no se inmuto ninguna

    Esta vez al llegar a la casa, ella fue más directa, comenzamos a besarnos y explorarnos con avidez, me acosté en el sofá y ella sobre mí, su cabello negro sobre el rostro y sus manos sobre mis hombros, yo agarraba sus caderas con mis manos y comenzamos a sonreírnos y nos dimos una larga comida a besos, fui subiendo la falda hasta que tenía sus nalgas desnudas entre mis manos, ella se alzó y se fue desabrochando la blusa mientras acariciaba sus nalgas y desabrochaba la falda, sus pechos ajustados en su sostén aparecieron ante mi… ella se lanzó a quitarme la camisa y a morderme el pecho y el cuello, nos contorsionamos en el sofá hasta que la ropa comenzó a volar, su blusa, mi camisa, luego su falda y ultimo mi pantalón… entonces cambiamos de posición y me senté en el sofá y ella siempre encima, su sostén desapareció rápidamente en cuanto comencé a chupar sus pechos, eran pequeños pero redondos y firmes, podía disfrutar de lamerlos y frotar sus pezones con mi lengua, tenía bien dura la verga con ella contoneando sus nalgas encima, sus manos me recorrían el pecho, la espalda y bajaban a mi cintura. Nos levantamos y la levante por la cintura, ella era muy ligera y flexible, rodeo las piernas a mi cintura y nos movimos al cuarto.

    Ella se tiró a la cama y me fui encima, abrió las piernas envolviéndome, ella me acaricio el miembro mientras me subía a la cama, se divirtió jugando con él, jalándolo y apretándome las bolas, me incline entre sus piernas y bese sus pantorrillas, fui recorriendo hasta sus muslos y lamí entre sus piernas, soltó un largo pujido.

    -si, ahí, que rico!!!- la voz se le puso chillona mientras le lamia muy cerca de su coño.

    Ella era casi lampiña, apenas tenía un suave vello alrededor, metí la lengua y chilló, fui abriéndole con los dedos y se estremeció, apretó las piernas, pero conmigo en medio no pudo cerrar nada, se puso una almohada sobre la cara en cuanto le di una lamida y metí los dedos entre sus pliegues. Comencé un lengüeteo que hizo que no dejara de mover las piernas y taparse la cara con la almohada, después de un rato le vino un estremecimiento por el cuerpo y se humedeció en cantidad.

    Me puse un condón antes de acomodarme entre sus piernas y lleve una sobre mi pecho, se la fui encajando poco a poco y ella contenía el aliento en lo que la punta pasaba por sus labios vaginales, poco a poco hasta que se deslizaba más…

    -Que grande! Dale despacito por favor!

    Entonces fui moviéndome despacio en lo que se mojaba y se deslizaba dentro de ella, me incline para chupar sus pechos y ella me frotaba la espalda, seguí moviéndome rítmicamente para que le entrara más, cambiamos de posición, esta vez me acosté en la cama y ella se puso encima de mí, sus nalgas sobre mi vientre y nos besamos, luego fue corriéndose poco a poco hacia mi verga, se acomodó y poco a poco se sentó encima, comenzamos a movernos, ella arqueaba la espalda, alcance sus muslos y algo de sus caderas para ayudarla con el movimiento, sonreía de placer moviendo sus caderas al mismo tiempo que las mías, ella era tan ligera que pensé que podría salir volando, la agarre fuerte de la cintura. Estábamos acomodándonos y no sé porque, hice un movimiento rápido de cadera hacia arriba, de forma que empuje con mi verga para entrar más rápido y en vez de eso, ella reacciono estirando las piernas y saliendo impulsada hacia mí, de repente estaba sentada ya no sobre mi entrepierna, sino sobre mi pecho, apoyando las manos en el respaldar de la cama.

    -eres un salvaje!

    Me gritó, entre sorpresa y risas, también me dio una ligera cachetada, que no me dolió pero me calentó más, ella se excito y en vez de acomodarse de nuevo sobre mi verga, se giró, dándome a la vista sus nalgas y su coño, entonces me quito el condón y empezó a masajearme la verga, a lamerme las bolas, sus pechos se movían de un lado al otro, ahora suspendidos sobre mi vientre, mientras su cara se movía alrededor de mi verga. Le di unas nalgadas y le mordí el muslo, ella me devolvió el gesto mordiéndome la verga y apretándome con sus manos, comenzó a mojarse mucho cuando metí dos dedos y fui frotando y frotando hasta meter tres, comenzaba a dilatarse bien, entonces nos acomodamos de nuevo y esta vez si se sentó sobre mi verga. Entonces ahora ella me tenia dentro, comenzó a mover en círculos las caderas y yo la bombeaba.

    -que rico, dale! Dale!

    Ella entraba ya en el clímax, puso sus manos sobre mi pecho y se recostó cuando sentí que me corría y ella entraba también al orgasmo, me araño los brazos y su boca me mordía en el pecho cuando ella se estremeció y yo me corrí, por un buen rato nos acompasamos hasta que nos faltó aire y ella se tumbó del todo sobre mi pecho.

    Cambiamos otra vez de posición, ella recuperando el aliento y yo me quite el condón, se lo exprimí por las nalgas como masaje y ella solo se acomodó para que la tocara, le recorrí la línea de las nalgas hasta bordear su anito, pero ella se giró quedando los dos frente a frente y comenzó a masajearme la verga, hasta que se me fue endureciendo otra vez, me dio unos lengüetazos para excitarme, luego se giró nuevamente para poner sus pechos pequeños y redondos al alcance de mi boca y que mi verga le rozara las nalgas, así estuvimos hasta dormirnos…

    Al día siguiente, casi al filo de las 7 am nos despertamos, ella tomo su ropa y se vistió rápidamente, la lleve al hotel lo más rápido que pude, porque Isabel no respondía llamadas ni mensajes… al llegar subí con ella a la habitación para asegurarme que todo estuviera bien, al llamar a la puerta, tras un rato abrió Isabel, andaba apenas con un pantaloncillo corto y una camiseta de tirantes, nos miró con una gran sonrisa de complacencia, dejo pasar a Rossy rápido para que fuera a asearse, nos despedimos rápidamente ante la mirada cómplice de Isabel, que al pasar le dio una nalgada.

    -oye, se ve que la pasaron muy rico- me dijo Isabel, viéndome de forma demasiado curiosa, además que la camiseta que usaba era demasiado ligera, en un momento mis ojos se fueron hacia sus pechos, porque los pezones se le saltaban.

    -niño!- exclamo divertida al notar a donde dirigía la mirada, pero no hizo amago de cubrirse, es más, se acercó a mi apretándome el brazo e inclinándose ligeramente hacia mí.

    Me empujo con el cuerpo, pegando sus pechos contra mi…

    -ya es tarde! Y tenemos mucho que hacer, vete, otra vez nos vemos!

    Me empujó hacia afuera y apenas dije adiós para que me escuchara Rossy, pero en el umbral de la puerta ya afuera, Isabel me hizo una seña y frente a mi movió los hombros haciendo que sus pechos se bambolearan y me dieran un pequeño espectáculo, se rio y cerró la puerta.

  • Mi abuelo me desvirga el culo (parte 2)

    Mi abuelo me desvirga el culo (parte 2)

    Estaba en casa de mi abuelo, temblando de miedo y al mismo tiempo, de placer.

    Llevaba un vestido corto. No me puse bragas ni sujetador. Sabía que a mi abuelo eso le gustaba. Con suerte, me volvería a castigar por cerda.

    Mi abuelo me estaba esperando y para mí sorpresa, tenía un invitado muy especial. Un hombre algo más joven que él. Rondaría los 65 años. Tenía gafas de pasta negra y una mirada sucia que redondeaba a la perfección con su cara de vicioso. Era alto, creo que sobre el metro ochenta. Obeso.

    – He traído a un amigo para que te enseñe a obedecer. Te dará clases de cómo has de tratar a un hombre.

    Mi abuelo me hizo sentar en una silla frente al viejo gordo. Él estaba sentado en el sofá y mi abuelo se sentó a su lado. Me dijeron que abrieras las piernas. Ambos vieron que no llevaba bragas y se relamieron de gusto.

    – Ya te dije que mi nieta es muy guarra.

    El viejo gordo comenzó la clase sin dejar de mirarme el chocho y las tetas.

    – Sácate las tetas pequeña zorra

    Obedecí al instante. Saqué mis tetas por encima del escote. Mis grandes pechos dejaron mudo al viejo gordo. Vi como le crecía aun más la polla.

    – vamos a comenzar con la lección de hoy. Ya me ha contado tu abuelo que hace tiempo que chupas pollas. Que te desvirgó el culo y te corriste. Eres muy joven para ser tan cerda. Tócate el chocho mientras te hablo.

    Esto último sonó imperativo. Lo hice al momento. Mi dulce chocho estaba mojado y mis dedos resbalaban bien por los labios.

    El viejo gordo se lamió los labios mientras siguió con su lección.

    – Las mujeres tenéis que obedecer al hombre. Si un hombre quiere follar, vosotras tenéis que abriros de piernas. Además de ir sin bragas para facilitar que os la podamos meter rápido en el sitio donde nos apetezca. No podéis negaros y si lo hacéis, el hombre tiene la obligación de azotaros mientras os follamos duramente. Lo estás entendiendo?

    – Si, señor.

    – Muy bien. Si un hombre quiere que se la comas, lo haces. Si quiere metértela por el culo, te agachas, si quiere que te tragues su corrida, te la tragas. Entendido?

    – Si, señor.

    – Vamos a ver si lo has entendido.

    Mi abuelo se sacó la polla, iba a mamarsela pero me dijo que pusiera el culo. Obedecí. Me puse en posición de perra. Estaba deseosa que me lo follara. Quería sentir su grueso rabo dentro de mi culo, sentir como me lo golpeaba, como trataba de rompermelo. Quería que me pegara en las tetas como la última vez. Pero esta vez fue directo a mi culo. Y empezó a follarmelo sin compasión. Gemí de placer pidiendo más.

    El viejo gordo se sacó la polla del pantalón. No era tan gruesa como la de mi abuelo pero si más larga. Se la meneó delante de mí. Me relamía pensando en chuparla. Pero no me la daba. Deseaba tener una polla en mi culo y otra en la boca. El cerdo se estaba haciendo de rogar.

    Le supliqué que me follara la boca.

    – Quieres polla cerda? Quieres esto? Te gusta? Mira como la tengo. La quieres chupar?

    – Si, por favor. Metemela en la boca

    – Eres una guarrilla. Mira como me pajeo. Sebastián, dale más fuerte, quiero ver cómo le golpean las tetas en la cara.

    Mi abuelo me dio más fuerte y rápido. El cerdo no se cansaba. Me abrió el culo como nunca.

    – Seguro que así te gusta más, verdad zorra?

    – Síii… Mucho…

    Apenas podía hablar a causa del placer. Seguía mirando esa polla hasta que no pude más y le grité:

    – Dame tu polla cerdo!

    El viejo gordo me miró sorprendido por mi reacción. Paró de pajearse y vi levantar su mano hasta abofetearme.

    – Me has llamado cerdo? Quien te crees que eres?

    Y volvió a abofetearme la cara. Después siguió con las tetas.

    Se marchó un momento a la cocina y regresó con un estropajo. No sabía que iba a hacer. Se paró frente a mi, se agachó un poco hasta llegar bien a la altura de mis tambaleantes tetas. Me frotó fuertemente el estropajo por las tetas. Me dolía y eso a él le gustaba. Estuvo un rato frotándome las tetas con el estropajo hasta que no pude aguantar más el dolor. Entonces pasó a frotarme el chocho. Lo hacía con fuerza. Dolía todavía más.

    – Así aprenderás a no insultarme.

    Me retorcía de dolor, a mi abuelo le costaba darme por el culo con tanto movimiento por mi parte.

    Finalmente el gordo paró. Y me la metió en la boca. Me folló la boca como a una buena cerda. Dándome fuerte, pegándome y volviendo a follarme la boca. No paraba de decir:

    – Toma polla, guarra. Esto es lo que pedías verdad? Has venido sin bragas. Es lo que te mereces perra.

    Me corrí de gusto escuchando esas palabras mientras me tragaba su polla hasta el fondo. Mi abuelo apretó su polla metiendomela aun más al fondo, corriendose. El gordo hizo lo mismo con su polla. Me la metió hasta el fondo por la boca mientras se corría. Noté su leche caliente bajar por mi garganta. Fue maravilloso.

    – Ya has tenido tu lección de hoy. Mañana vuelves para tu segunda lección.

  • Placer en el sauna

    Placer en el sauna

    Hola. Para quien aún no me conozca me llamo David soy un joven de 24 años. Mido 1.70, de complexión normal, no soy flaco, pero tampoco gordo, tengo cabello negro y soy velludo de las piernas y buenas nalgas también velludas, mi pene es moreno venoso de 17 cm.

    Una tarde que salí de mi trabajo más temprano de lo habitual decidí ir a un sauna gay que estaba por el sector, ya había ido antes por lo cual me sentía seguro al ir a ese lugar, cuando ingresé por el costo de la entrada se incluye una toalla, la llave de un casillero para guardar tus objetos personales y un condón, en este lugar debes desnudarte por completo y es tu decisión si recorres el lugar desnudo o con la toalla envuelta en la cintura, personalmente me gusta andar desnudo ya que me encanta el morbo del exhibicionismo y el sentir las miradas de otros hombres viendo mi cuerpo, además que en ocasiones algunos más atrevidos deciden nalguearme o cogerme las nalgas pero me gusta porque me hace sentir como putita, en aquella ocasión recorrí el lugar desnudo buscando algún acercamiento o charla con algún hombre para concretar algo; sin éxito debido a que como era una hora temprana casi no habían hombres visitando el lugar y los pocos que habían no parecían estar interesados en mi.

    Cuando decidí entrar en el cuarto del sauna solo estaban dos hombres los cuales ya se estaban dando sexo oral entre ellos, aunque me empecé a masturbar viéndolos no sentí señales de que quisieran que me uniera por lo cual decidí salir y como último recurso me dirigí al piso de arriba donde están ubicadas una cabinas de madera y donde los hombres por lo general ingresan para tener sexo, cuando subí pude escuchar en una de las cabinas unos gemidos de un hombre el cual por la forma de gemir creo que estaba siendo penetrado de una manera muy satisfactoria, seguí recorriendo el pasillo de las cabinas y cuando llegue a una de las cabinas del fondo estaba un hombre recostado sobre una silla de posiciones masturbándose con la puerta de la cabina abierta lo cual claramente era una señal de invitación para el que decidiera entrar en la cabina con el, por supuesto la invitación la recibí yo ya que al ver a este hombre masturbándose, mi instinto me llevo a masturbarme también viéndolo y que ya venía erecto debido a los gemidos que escuche anteriormente, cuando ingresé decidí dejar la puerta de la cabina abierta por si se ponía interesante más tarde, el era un hombre de unos 32 años velludo, tenía barba, corte de cabello bajo y una complexión delgada, un pene de aproximados 15 cm, moreno y velludo, no tuve que mediar palabra alguna ya que estaba claro que quería tener sexo y yo también; me acerque y metí mi pene en la boca de aquel hombre a lo cual empezó a chupármelo muy rápidamente como si lo hubiera deseado desde hace mucho tiempo, se levantó de la silla y me senté yo para el continuar chupando, me lamió muy rico todo mi pene y se metió mis huevos a la boca para relamerlos con la lengua, dándome sexo oral duro cerca de 15 minutos luego me dijo la primer frase dicha hasta ahora en todo el momento de placer que llevábamos, el se levantó y me dijo «quiero que me penetres» a lo cual yo me levanté tambien y el se puso en posición de perrito sobre la silla, pensando que lo iba a empezar a penetrar, me gano el morbo de verle las nalgas grandes además de peludas y decidí pasarle la lengua por el ano, empezar a darle un beso negro para lubricarselo, cuando le pasaba la lengua por toda la aureola del culo y lo escupía para seguir lamiendoselo el gemía tan rico que me ponía totalmente excitado; ya cuando sentí el ano bien mojado decidi ponerme el condón para empezar con la penetración, cuando se lo metí sentia el calor y lo estrecho de su culo, como las paredes del ano me apretaban mi miembro dandome una sensación de placer tan increíble, lo penetre de perrito por cerca de 10 minutos y luego cambiamos donde el empezó a montarme poniéndose encima mío, me monto cerca de otros 10 minutos más y cuando ya decidimos que era hora de finalizar los dos nos levantamos y como si le fuera a hacer una revisión, se inclino contra la pared sacando y levantando las nalgas en clara señal de deseo, empecé a penetrarlo en esa pocision y el placer de sentirle ese culo hambriento era tanta que no dure 5 minutos así cuando sentí el placer máximo y decidí venirme dentro de el con el condón puesto, él sentía como yo me venía y además que cuando llegó ese momento también di unos gemidos de placer total lo que indicaba lo espectacular que habia sido venirme con el, continúe penetrándolo bajando el ritmo y la velocidad a la que movía mi cintura, cuando ya le saque mi verga de su culo, se volteó y decidió besarme muy apasionado a lo cual no me negué para nada respondiendo a su beso, nos comíamos las bocas y nos sentíamos las lenguas mientras que el me quitaba el condón y yo le apretaba las nalgas, cuando me quito el condón lo arrojó a la basura y salió de la cabina no antes diciéndome en tono seductor «gracias papi» yo también salí atrás de el pero él se dirigió hacia la piscina donde se sentó con el agua a la medida de la cintura y yo continúe hacia las duchas, al salir de las duchas como era habitual venía un hombre maduro el cual al verme desnudo y sin pensarlo dos veces me agarró mi pene y me dijo «ya te vas amor?» A lo cual respondí que si, el me dijo «lástima» y me soltó mi miembro, fui hacia mi casillero me vestí para luego ir a mi casa, en la noche pensando en lo sucedido decidí masturbarme para recordar ese momento con placer, me volví a encontrar con aquel hombre pero me invitó a que nos reuniéramos en donde trabajaba, próximamente en otro relato contaré está historia.

    Gracias por leer mi segundo relato, aclaro que estás experiencias son reales y cuento momentos que he vivido hasta el momento siendo un joven curioso el cual continúa explorando este mundo de placer.

  • La primera mamada que recibí (1)

    La primera mamada que recibí (1)

    Soy Hans y es mi primer relato, me llevo algunas semanas pensando en sí hacerlo o no y como relatar lo, pero bueno, ¡ya estamos aquí!  (Trataré de tener la mejor ortografía posible).

    Actualmente tengo 21 años, mido 1.70 cm, soy afrolatino, mi cuerpo es atlético, voy al gym, siempre me han dicho que soy atractivo, mis principales atractivos son mi sonrisa, mi color de piel y mi carisma.

    Estoy estudiando ingeniería en sistemas y trabajo en un centro de llamadas en inglés.

    Mi familia y yo nos fuimos a la playa (Jaco en Costa Rica), nos fuimos en bus y mi padrastro en moto ya que el carro no pudo estar listo antes del 30 de diciembre (que era nuestro viaje a la playa) ya es como una tradición recibir año nuevo en la playa.

    Andaba más caliente que un volcán a punto de estallar, ¡con las hormonas al tope! El 30 no fue nada especial, lo único a resaltar fue que andaba muy caliente, veía muchos culos muy buenos y no podía hacer nada ya que era un paseo familiar y compartía habitación de hotel con mi hermano menor.

    Ese año trabaje casi todo diciembre por temporada y tenía algo de dinero.

    El 31, me levante y fui a desayunar en el restaurante del hotel, la muchacha que me atendió fue amable como normalmente sucede. Al rato llego a una mesa una pareja mayor de unos 45 años, y la señora no dejaba de verme, yo sentía las miradas, logré verla cuando ella no me miraba y todo normal (no era mi tipo).

    Los que han estado con mujeres o hombres mayores saben que la espuela que tienen es algo simplemente increíble, sucede que después del desayuno, fui a la piscina y curiosamente ella también decidió meterse, comenzó a hablarme y cada vez que podía me tocaba los brazos o la espalda, cada vez que hacía eso me entraba un calambre que se dirigía a mi short.

    Especialmente en la espalda, sentía recorrer un escalofrío caliente directo de mi espalda hacia mi short, la verdad comenzaba a disfrutar esos toques a tal punto que ya estaba teniendo una erección, sentía mi corazón bombear más rápido hasta que llegó el esposo de ella y me sentí incómodo y con vergüenza.

    Ella lo notó y se alejó un poco, al rato que mi erección bajo salí de la piscina y me fui a bañar tenía muchas ganas de masturbarme, era increíble los que esos pequeños «toques casuales» me tenían así, no podía ni pasar las manos sobre mi pene al bañarme porque realmente estaba muy excitado. Me comencé a tocar y ni 5 segundos después mi padrastro estaba tocando la puerta diciendo que me apurara para que saliéramos. Él es gringo y en un español con bastante acento me dijo «por favor! No actividades inapropiadas».

    Que me interrumpiera bajo todas mi ganas al menos por el momento.

    En la hora del almuerzo fuimos a un sportbook (bar con muchas tv para los partidos, usualmente con muchos turistas). Nos atendió una mesera con un short súper pequeño y unas tetas riquísimas no puede evitarlo al ver esas tetas tan jugosas moverse de un lado para el otro simplemente me excite, estaba centrado en esas tetas y no podía creer lo duro que estaba mi verga, ordené agua fría porque necesitaba bajarme la calentura. Pasé toda la tarde luchando con contener mis erecciones al ver tantos culos y tetas era muy difícil.

    Ya en la noche, era la cena en el restaurante del hotel tipo 7:30 pm (19:30) y la señora de la mañana no estaba a la vista, cenamos, la calentura me pasó (según yo).

    A las 12 am, año nuevo, salude a mi familia y me quede viendo los fuegos artificiales, estaba solo en la piscina pero no adentro sino en unas sillas de playa, me levante y me quede un rato viendo a la playa.

    Sentí en la espalda una mano que me acaricio desde la parte baja de la espalda hasta cerca de mi nuca, me excite de inmediato, fue increíble, me volví y vi a la señora (no me acuerdo ni del nombre) quede tan excitado que no supe que decir, recuerdo que ella me dijo dos veces mientras me agarraba del bazo y bajaba su mano hasta agarrar la mía «feliz año!» «feliz año!» Yo la quede viendo y baje mi mirada a mi short, ella siguió mi mirada hasta que ambos nos quemados viendo mi erección fuertísima nos quedamos viendo, ella se río y me dijo «Feliz año nuevo!!» Y yo desconcertado solo le dije igual, en eso escucho a mi mamá llamarme, inmediatamente pongo mi pene entre el short y me estómago viendo hacia arriba, me doy la vuelta y veo a mi mamá que le dice a la señora (la señora con una sonrisa).

    Mamá: Feliz año!

    Señora: Feliz año! Soltando una risa

    Mamá: Hans, venga! (Fui sin decir nada, no volví a ver a la señora)

    Cuando ya estábamos solos mi mamá me dijo:

    Mamá: De qué hablaban?

    Yo: No, de nada. Solo me dijo que feliz año.

    Mamá: Seguro?

    Yo: Sí

    Nos quedamos en el hotel hasta que ellos se fueron a un bar, salí por el balcón y no vi a la señora, al final me dormí re caliente.

    El día siguiente, mi padrastro se fue en moto a la casa y nuestros tickes de bus eran hasta las 12 pm, íbamos caminando muy al suave para la estación de buses, viendo algunas tienda y ya.

    Yo le dije a mi mamá que se adelantarán que yo iba a ver unas tiendas y ella me dijo que está bien.

    Llegue a un supermercado, agarre unas cosas para picar para el viaje, haciendo la fila para pagar vi a una señora, con unas tatas increíbles le colgaban de los grandes que eran, se veían tan jugosas.

  • El ex de mi esposa y yo llenándola de placer (parte 2)

    El ex de mi esposa y yo llenándola de placer (parte 2)

    Este relato podría contarse por sí solo, pero si deseas saber todo el antecedente es necesario que leas la primera parte.

    Luego de venir de follar con su ex, Carla me contó todos los detalles de lo que había sido su encuentro, esto me puso más tieso que el acero, lo cual desencadenó en un sexo como nunca. Luego de esto, Carla y yo terminábamos de hacer el amor, después del éxtasis que tuvimos juntos al cogérmela luego de que venga de coger con su ex, tuvimos la siguiente conversación:

    Yo: ¿y bueno, lo convenciste?

    Carla: ¿Tú qué crees?

    Yo: Que de seguro tienes buen poder de convencimiento

    C: Jajajaja. Pues al principio estuvo reacio, fue mientras cogíamos que lo convencí

    Yo: ¿Qué le dijiste?

    C: Que en este momento de mi vida estaba dando rienda suelta a todos mis deseos, y que luego de comérmelo a solas quería que me coma junto a mi esposo

    Yo: ¿Y eso es verdad?

    C: Pues las cosas no están pasando solo porque tú quieras, mi amor

    Yo: Me encanta lo putita que te estás volviendo, y ver cómo te gusta comerte más vergas

    C: Me gusta más la tuya, pero me encanta salir de lo rutinario juntos

    Yo: ¿que más te dijo?

    C: Pues que si tu estabas de acuerdo, a lo cual le respondí que había buscando la manera de convencerte de que me dejarás salir sola hoy, y que me las arreglaría para convencerte de lo otro

    Yo: así que sabe a lo que viene por lo visto

    C: en parte, aunque creo que para los tres será una sorpresa lo que pase esa noche

    Yo: eso no lo dudes mi amor

    Conversamos un par de detalles adicionales, como cuando y donde sería el encuentro, ya que esto era una ocasión especial por su cumpleaños, la idea era no terminar en casa como siempre. Acordamos en alquilar una suite de esas que alquilas por día o momentos, principalmente dirigida a estos encuentros. Ya teníamos el lugar listo, ahora faltaban los pormenores del momento.

    Carla quedó con Nicolás que cada uno llegue en su auto al sitio pactado, nosotros nos encargaríamos de llevar algo de picar y él de las bebidas, hasta este momento él y yo no habíamos conversado directamente, aunque ya nos conocíamos de tiempo, así que no éramos completos extraños, y en más de alguna ocasión habíamos cruzado al menos el saludo. Si en su encuentro anterior con Nicolás, Carla había lucido deslumbrante, en esta ocasión era por poco decir, aún más que lo que fue anteriormente, por debajo llevaba un conjunto de brasier e hilo de encaje rojo, resaltaba a la perfección todos sus atributos, por encima de esto, una blusa de tiritas semi transparente, y una falda larga, pero con un tremendo escote, y unos tacones muy elegantes para terminar. Como resultado, se le notaba su culo abultadito, sus senos se veían a través de su blusa, y su brasier cubría lo suficiente para ser modesto, pero dejando una buena parte a primera vista. Llegó el momento y nos dirigimos al sitio en concreto, compramos unas botellas de tragos personales para ir entrando en tono. Al llegar a la suite para nuestra sorpresa Nicolás ya estaba esperando, al verme saludamos de manera serena, como colegas que se encuentran para hablar de un buen negocio, y vaya que lo era.

    Apenas entramos Carla disimuladamente le dio un beso a Nicolás un poco lejos de mí, la idea era que entremos todos en confianza poco a poco. Conversamos un poco de cosas triviales mientras pasaban una tras otras las copas. De repente, hubo un momento de silencio, el cual decidí romper con una pregunta más que directa:

    Yo: ¿y bueno, que te parece como se ve hoy Carla?

    Nicolás: Pues puedo decir que los años le han venido de maravilla, y hoy luce hermosa

    Yo: (dirigiéndome a Carla) ¿Y bueno amor, porque no dejas que Nicolás sienta un poco de lo que lleva buen rato viendo? (desde que nos sentamos en la mini sala, en distintos sofás Nicolás no había apartado su vista de las piernas y senos de Carla.

    Carla me sonrió y se dirigió hacia Nicolás, acarició suavemente su rostro, y llevó su mano hasta su entrepierna, acariciando el miembro de Nicolás, luego tomó la mano de él y la dirigió desde su pantorrilla, hacia sus muslos, y finalmente, hizo que toque su panty, mientras le preguntaba si le gustaba sentir lo mojada que ya se encontraba. Esto debió encender a Nicolás por completo, ya que sin tapujos tomó a Carla del brazo y la sentó sobre sus piernas, mientras la besaba y con su mano seguía acariciando su vulva. Yo, mientras tanto, sobaba mi miembro por encima de la ropa, que ya estaba todo erecto de la escena que apreciaba. Deje que siguieran su juego de caricias, Nicolás poco se fijaba en mí, sus ojos estaban casi por completo sobre Carla, como si yo no existiera, y esa indiferencia me excitaba aún más, ya que significaba que mi presencia y lo que se venía, no sería incomodo, sino más bien lo contrario.

    De repente Nicolás empezó a bajar las tiritas de la blusa de Carla, dejando a la vista ese maravilloso brasier rojo escarlata que llevaba puesto, desprendió el broche, y de inmediato el brasier cayó al suelo, mientras Nicolás ya tenía su boca en uno de los senos de Carla. Los chupaba, mordía, y besaba fervientemente, todo esto mientras yo observaba atentamente aquella escena, Carla me veía, supongo que se cuestionaba el porqué aún no me había unido a ellos, y es que en parte estaba extasiado de ver a mi esposa en tremenda escena porno. Al notar mi tolerancia y paciencia, Carla se dejó llevar por el momento, su ex la estaba saboreando en frente de su marido, gemía mientras Nicolás recorría su cuerpo, tanto con sus manos como con su boca, y en eso, ella decide bajar y desabrochar su pantalón, sacó el miembro de Nicolás de su boxer, y lo agarró firmemente con su mano, haciéndole una pequeña paja, se sienta junto a Nicolás, solo para luego recostarse en sus piernas, justo antes de llevarse el miembro de Nicolás a su boca, a esto debo aceptar que el pene de Nicolás era más grande que el mío en toda medida, ver esto me hizo solo elucubrar como fue su encuentro en privado, y como se devoró aquel trozo de carne sin que nadie la inhibiera.

    Carla dejó de lado el hecho que yo estaba presente y empezó a saborear ese trozo de carne, entre lamidas, mamadas, y mordidas, todo esto a lo mucho a dos metros de mí, mientras por otro lado Nicolás sostenía la cabeza de Carla con una mano hacia su pelvis, mientras que con la otra jugaba con el ano de ella, en un inicio Carla mostraba resistencia a que juegue con su culo, pero poco a poco dejó de importarle y se entregó a su amante. Mi vista era ideal, podía observar todo, y conservaba mi distancia para que ellos tuvieran su espacio. Luego de mamarle su verga por un buen tiempo, Nicolás la detuvo y se dirigió a mi diciendo en tono dominante: sé que quieres ver como clavo a tu esposa así que presta mucha atención, pendejo. El insulto me sorprendió para ser sincero, pero repentinamente la humillación se convirtió en excitación, y solo le respondí: muéstrame que puedes hacer con mi esposa. De inmediato Nicolás sacó un condón de su billetera mientras se quitaba los pantalones.

    Nicolás le quitó su panty que ya hace tiempo no era mas que una prenda completamente mojada, la hizo apoyar sobre el sofá en que estaban, y se colocó atrás de ella para penetrarla de espaldas, con su culo bien brotado y sus piernas bien abiertas. Nicolás se colocó el condón y rozaba la entrada a la vulva de Carla con su pene. Me recosté un poco desde donde estaba para ver como la verga de Nicolás entraba y salía de la vagina empapada de mi esposa. En eso, Carla emite comentario por primera vez en un buen rato, solo para decirme si podía quitarle el condón a Nicolás. Asenté con mi cabeza y le dije que era su fiesta, y que podía hacer lo que quiera. Carla se dio vuelta, agarró el condón de Nicolás con los dientes para quitárselo, y luego de darle un último beso volvió a colocarse en la pose que Nicolás la había dejado, para que así Nicolás volviera a entrar en ella. Aquel sonido ya no era el de una penetración, sino más bien el que se produce cuando juegas chapoteando tu mano sobre el agua, era al borde excitante escuchar como lo hacían, como sonaba su penetración, sumada a los gemidos de Carla. Por un momento creí que acabarían, ya que Nicolás emitió un fuerte gemido, de placer consumado, pero en eso se dirigió a mí nuevamente y me dijo: no quiero correrme todavía, quiero disfrutar más de comerme a tu esposa y ver como lo disfrutas, así que ven a darme una mano con tu hembra. Sus palabras se convirtieron en una orden para mí, y sin pensarlo me bajé el pantalón y saque mi verga, que ya estaba sofocada de estar encerrada, empecé a penetrar a Carla en la misma posición, ella estaba toda lubricada, y mi verga se encontraba también lubricada como si hubiese sido yo el que la estaba penetrando, Carla empezó a gemir en conjunto con pequeñas frases que emitía entre murmullos: que rico es sentirte mi amor, eres delicado con tu esposita.

    Mi lujuria estaba al borde, tanto que sentí que ya acababa en un par de embestidas más, los gemidos de Carla, junto a todo lo que estaba sucediendo hacían que ya no pueda más, Carla, fuera de sus gemidos me excitaba más con cada palabra, lo que no sabía era si estaba por acabar ella también o aún faltaba mucho para esto. No quería terminar tan pronto cuando la fiesta cuando aún teníamos diversión para largo, por lo que moví a Carla de pose y la recosté con su frente hacía mí, dejándola abierta de piernas, me arrodillé y empecé a lamer su vagina, un coctel de los jugos de Carla, Nicolás, y los míos. (recuerden que en esta ocasión Nicolás ya no llevaba condón) Podría decir que era un manjar y no estaría exagerando, su vagina era una laguna por completo, la chupaba, lamía, besaba, y solo se seguía humedeciendo más, por mi parte, sentía que a mi verga solo le hacía falta un par de apretadas y seguro acababa, así que planeaba quedarme lamiendo su vulva por un buen rato mientras ganaba un poco más de tiempo, en eso, para sorpresa de Carla y mía, Nicolás empieza a rozar su verga en mi culo, me quedé estupefacto, le dije que no pensara en penetrarme, porque no era lo que quería, a lo que me dijo que estaba bien, pero que si al menos lo podía dejar jugar con mis nalgas. No sé en qué estaba pensando cuando solamente le dije, bueno, pero no se te ocurra metérmelo. Carla gemía mientras mi miraba debajo de ella, sorprendida de lo que había respondido, pero yo solo me dejé llevar, lamiendo la vagina de mi esposa, mientras Nicolás rozaba su miembro entre medio de mis nalgas, de a momentos empujándolo un poco, quizás para tentar el terreno.

    Nos divertimos los tres en esto por buen rato, Carla descuidó el hecho de la escena bisexual, más bien a lo contrario, me vería y parecía reaccionar aún más, y así mismo veía a Nicolás, quien asumo también tenía una cara de placer mientras jugaba atrás mío. Seguimos así hasta que Nicolás me dice: dame espacio que ya ha sido suficiente descanso para esta hembra, apenas me hice a un lado y de inmediato metió su verga directo en Carla, sin ninguna consideración, y colocando su gran verga justo junto a mis mejillas. Y pues, eso no me detuvo, y seguía saboreando la vagina de Carla, mientras en uno que otro momento también rosaba la verga de Nicolás con mi lengua, de a ratos de manera intencional, de a ratos porque era casi imposible lamer su vulva sin toparme con su verga. Tampoco esperaba mostrarme como un putito ante mi esposa, así que me mantenía al margen, con pequeños deslices de momento. Sentía mi verga firme como un cañón, estaba deleitado de ver como la verga de Nicolás entraba en la vagina de mi esposa, ya no a dos metros como en un inicio, sino a menos de 10 centímetros. En esto, Nicolás le pide a Carla que nuevamente se de la vuelta, quedando en cuatro, por lo que yo decido colocarme debajo de la vagina de Carla, si recuerdan, estábamos en un sofá, así que me cansé de estar de rodillas, coloqué un cojín en el piso, y me recosté bajo las piernas abiertas de Carla, viendo en un primer plano incomparable como bombeaba la verga de Nicolás la vagina de mi esposa, yo mientras tanto, seguía lamiendo y lamiendo, ahora tenía un mejor ángulo para lamer la vagina de Carla, y sin querer seguía jugando de momentos con topar la verga de Nicolás con mi lengua mientras hacía lo mío, Carla no aguantó más y finalmente llegó a su primer clímax, no tuvo una eyaculación femenina abundante pero sentí como se desbordó de líquidos su vagina, los cuales gustoso trague y limpié mientras estaba bajo ella.

    Carla decide levantarse, nos pide a los dos que nos sentemos, que ahora ella quería darse un descanso. Nos sentamos los dos, y se arrodilló en medio de ambos, agarrando una verga en cada mano, empezó a mamarlas por turnos, de a ratos juntas, de momentos pajeando a uno de nosotros mientras le daba una buena mamada al otro. Nos mataba con la mirada, y sin temor a ambos nos pregunta:

    Carla: ¿les gusta estarse comiendo a la misma mujer juntos? ¿Qué te parece lo putita que he sido hoy mi amor? Dirigiendo esta última pregunta hacia mí.

    Nicolás le contestó: no te imaginas las ganas que siempre he tenido de comerte, me encanta comerte entera con tu marido.

    Yo, aunque la pregunta me asombró y me pareció desafiante, pero excitante a la vez, le contesté: me encanta verte de putita disfrutando la verga de tu ex junto a la mía, sabía que te gustaría tu regalo mi amor.

    A aquello Carla respondió: entonces voy a seguir disfrutando mi amor, y tu también disfruta el show.

    Carla empezó a succionar mi pene con más energía e ímpetu, no se detenía ni apartaba su boca de mi pene, a Nicolás no lo soltaba de su mano, pero parecía tener un objetivo fijado conmigo, el cual luego comprendí. Carla siguió mamando mi pene, jugando con mis testículos y saboreando como paleta mi verga, hasta que finalmente no pude más y me vine dentro de su boca, Carla siguió mamando hasta asegurarse que me había sacado hasta la última gota, gesticuló un trago largo y espeso, y terminó despidiendo de un beso a mi verga, luego me susurró al oído: “quiero que ahora me des permiso de comerme sola a Nicolás mi amor”, esta frase me tomó en mi momento de clímax, a lo que sólo respondí: es tu cumpleaños mi amor, disfrútalo.

    Carla besó a Nicolás y lo tomó de la mano para llevarlo a la cama que estaba justo frente a nosotros, conversaron un poco en voz baja, y luego recostó a Nicolás sobre la cama, y luego ella se posó sobre él. Empezaron a hacerlo suave, luego subiendo el ritmo progresivamente, Carla cabalgaba a Nicolás frente a mí, de a momentos volteaba a verme, pero la mayoría del tiempo su mirada era hacia su amante, en cambio yo veía como la verga de Nicolás llenaba el agujero de la vagina de mi esposa, quedando estrecha entre sus paredes, mientras esta entraba y salía al compás de la cabalgata de mi mujer. Carla se acostó sobre el pecho de Nicolás simulando cansancio mientras éste la abrazó fuertemente y empezó a penetrarla de manera salvaje sin dejar de parar ni un segundo, Carla de momentos trataba de moverse, pero Nicolás la tenía muy bien sujeta, mientras trataba Carla de aflojarse, lo único que se soltaban eran sus fuertes gemidos, le estaban dando como la puta que era a mi esposa, pero cuanto me excitaba el poder ver a mi actriz porno favorita en directo. Mi verga se ponía poco a poco nuevamente erecta, pero esta vez no los quise interrumpir, era adictivo y placentero ver como la verga de Nicolás llenaba la vagina de mi mujer, y como ella reaccionaba a sus estímulos, Nicolás levantó la voz diciendo: ¡que rico es estar dentro tuyo y sacarme las ganas! Carla lo besó y volteó a verme nuevamente mientras lo besaba, finalmente Nicolás acabó, derramando su semen por completo en la vagina de mi esposa, más sin embargo Carla no se movía de su torso, siguió meneándose aún cuando Nicolás finalmente la había soltado, siguió moviéndose hasta que nuevamente emitió un fuerte gemido, ¡aaaaahh! declarando que otra vez se había saciado de placer.

    Podría pensar que esta historia aquí terminaría, pero lo siguiente y último acto, fue la realización en persona de tantas fantasías de porno cachudo llevadas a la realidad, Carla aún derramando semen de su amante se dirigió a mí, que estaba nuevamente erecto, se montó sobre mis piernas, y se introdujo mi pene dentro de su vagina, sentía como el semen aún caliente de Nicolás chorreaba por mi tronco y se resbalaba hacia mis testículos, Carla me sonrió al ver, ya que seguramente mi expresión facial describía lo que sentía, y me dijo suavemente al oído: gracias por el regalo de cumpleaños mi vida, lo disfruté por completo.

    Finalmente se levantó, y se sentó alado mío, quedando yo erecto en el proceso, no había venido a saciarme a mí, sino a terminar el placer de ella.

    Hecho esto Nicolás también se acercó, a lo que Carla solamente le dijo: gracias por ayudarnos a celebrar mi cumpleaños guapo, le dio un beso y nos pidió a ambos que la dejáramos sola que ahora se iba a alistar para salir a festejar. Nicolás y yo conversamos un poco y me dijo que lo disculpara si en algún momento se había excedido, yo solo le contesté que consideraba que todos lo habíamos disfrutado y que no descartaba algún momento repetir la ocasión.

    Luego nos dimos un baño cada uno, por su lado, nos alistamos y nos íbamos a un bar a encontrarnos con otros amigos quienes no sabían de la existencia de Nicolás, concordamos con mi esposa en invitarlo a Nicolás a que también se nos una y terminamos pasamos un buen momento con el grupo, nos despedimos al final de la salida y terminamos regresando a casa solos mi esposa y yo, no hubo más sexo, pero si una buena platica de las experiencias del momento.

    Este es el final de este relato amigos, el cumpleaños de mi esposa fue recién la semana pasada y hasta el momento no he sabido nada de su ex, ¿será que se mantendrá todo en el recuerdo cómo siempre? Solo el tiempo lo dirá.

  • Pam y su vecino

    Pam y su vecino

    “Ya he pasado los treinta, es hora que me vaya a vivir sola” eso pensaba Pam entre sì, mientras subía los peldaños de esa horrible escalera con las cajas llenas de las mil cositas que había acumulado en esos años. Y si que tenía un novio, Marcos, pero justo ese día se le había ocurrido viajar a barranquilla por no se sabe qué asunto, plantándola en plena mudanza.

    Que quede claro, ese de Marcos, no era algo serio, era mas por evitar de parecer una solterona después de los treinta, que por amor. Es que la vida de pareja no era para Pam, muchas reglas y convenciones, y Pam en su casa pretendía ser básicamente anárquica.

    Eso, obviamente solo en el perímetro doméstico, porque afuera, sobre todo en el trabajo, era considerada una profesional preparada e impecable, y la verdad es que a ella trabajar le gustaba, y sobre todo le gustaba la independencia económica que había logrado casi de inmediato, y que le había permitido cultivar sus pasiones…

    Ah… ya… sus pasiones… porque Pam tenía varias pasiones, ante todo los perritos, sobre todo su Morita un french bulldog negro como la noche, luego la salsa, los viajes… a pesar de su miedo por los aviones, tattoos y en fin los tacones, siendo bastante bajita, le encantaba de repente ser más alta de unos 10 cm.

    Regresemos a las escaleras, ya vamos al tercer piso, y de repente el bulto se hace mas liviano. “Que milagro es este?… Pensó de principio, y en eso ve un hombre que la ayuda hasta llegar a su departamento. El hombre en cuestión resultó ser su vecino, André, directamente llegado a Colombia desde Portugal por cuenta de una Multinacional telefónica. Se presentaron y descubrieron de inmediato que André vivía en el departamento justo en frente, así que la ayudó sin problemas con el resto de la mudanza.

    André era un cuarentón bien mantenido, pensó Pam, se nota que hace ejercicio, sin llegar a ser un fanático, rapado, con barba, y un brazo tatuado… ya con solo el último detalle, no podía no llamarle la atención.

    La mudanza anduvo bastante bien, Marcos en los días siguientes la acompañó, y en una semana, ya estaba instalada en su apartamento.

    Llegó el verano y aunque las interacciones entre André y Pam no fueran seguidas, a menudo se conocían mejor. Pam apreciaba ese toque exótico y André ese aire despistado y soñante acompañado por una sensual andar con tacones por las escaleras del edificio.

    Una noche André tomaba una copa de vino en su terraza que estaba justo al lado del departamento de Pam, cuando escucho unos sonidos, Pam y Marcos habían llegado, sonidos comunes de una joven pareja, pero, al momento de apagar las luces, los “sonidos se hacen mas “interesantes”. Están claramente haciendo el amor, André, que no tenía nada mejor que hacer, se queda allí a la escucha, esperando captar algo atrevido, pero en 5 minutos, todo se acabó, con un jadeo masculino seguido casi instantáneamente por un ruidoso ronquido. “Vaya mala suerte esta pobre vecina, pensó André”.

    Episodios como ese, se volvieron a presentar algunas veces más en el verano, y la dinámica era siempre la misma y los pensamientos de André también: “¿Cómo puede una chica tan sexy, acostumbrarse a esa rutina?”. Pero André siempre fue un caballero, así que sus fantasías no iban más allá de las fantasías, hasta uno de los primeros días de octubre. Esa noche André había salido con unos amigos y regresando a hartas horas de lo noche se cruzó en la escalera con Pam, con cara de pocos amigos sentada en las escaleras.

    Se sentó con ella a conversar en la escalera y resultó che se había peleado con Marcos por algún asunto estúpido, y se había olvidado que las llaves de su departamento estaban en su carro, y ahora, ni muerta lo hubiera llamado a ese imbécil para que se las devolviera.

    La noche de repente se volvió más interesante de lo esperado, así que André invitó Pam a su departamento, ya que no podía dejar que pasara la noche en las escaleras, y se quedaron conversando un rato en la terraza de André, ella con una Coca-Cola (casi se me olvida, Pam es totalmente abstemia) y el con una copa de vino. La conversación pasa a ser mas íntima y cae sobre lo que se escucha desde las respectivas terrazas, así que mientras André sutilmente se burlaba de la rapidez de los actos sexuales de Pam y su pareja, por el otro lado, Pam se burlaba, picara, de las travesuras que escuchó por su lado.

    Después de muchas risitas… entre los dos bajo un silencio bastante largo e incómodo que los dos resolvieron, besándose, allí mismo en la terraza en esa misma chaise-longe donde Pam escuchaba las travesuras de André, y donde a menudo había imaginado encontrarse. Los besos entretanto se volvieron mas atrevidos, y André consiguió quitarle su vestido dejándola solo con tanga y tacos…

    La hizo echar en la chaise-longe y comenzó a recorrer su cuerpo con la boca, sus senos, tan grandes y duros, su abdomen, hasta bajar a su ingle, en eso la desnuda dejándola con solo sus sandalias turquesas… y comienza suavemente a besar su cono… lo lame, lo saborea, sin prisa, atento a las reacciones de Pam, la escucha jadear mientras pasa la lengua por los labios de su vagina… hasta llegar a su clítoris, chupándolo con detenimiento hasta sentir los gemidos siempre más altos. En eso con dos dedos comienza a penetrarla, despacio con dos dedos, aprovechando su humedad. Pam agarraba la cabeza de André empujándola hacia su cono, con los muslos abiertos, hasta que su cuerpo comenzó a temblar, corriéndose por fin entre sus labios…

    Todo fue tan repentino que ni siquiera se fijaron en el hecho, que André seguía vestido, mientras Pam estaba desnuda en plena terraza… la cosa le dio una risita picara a los dos, así que la propuesta de Pam fue: “o te desnudas tú también, o nos vamos adentro”. André que no era nada tímido, comenzó en la oscuridad a quitarse su camisa, los pantalones y en fin los calzoncillos… lo que Pam vio, le llamó la atención, ya que el tatuaje de André desde el brazo izquierdo seguía hasta su hombro… y además su pene, era mucho más grueso de lo que estaba acostumbrada.

    Lo agarro con la mano, mientras besaba el pecho de André, despacio sensual, bajando lentamente, hasta metérselo en la boca, saboreándolo, mientras tocaba sus testículos con la mano derecha…

    “Mírame… mientras lo haces”… la voz de André casi la despierta… “Te gusta que te mire mientras me como tu verga?” esa vulgaridad inesperada, a André le dio mucho morbo, así que agarró la cabeza de Pam, hasta meter casi toda su verga en su boca. En seguida le quitó su verga… ”me muero de las ganas de follarte”… y en seguida Pam se montó encima de André y comenzó a moverse sobre él, hasta sentir toda su verga adentro… mientras André le sujetaba su cola con ambas manos… “Me dan mucho morbo esos senos tan grandes en un cuerpo tan esbelto”… ”Comételos”… fue la excitada respuesta de Pam.

    Los gemidos de hicieron más seguidos, ambos jadeaban diciéndose porquerías al oído, a Pam le daba mucho morbo que André la tratara como su puta, y en eso, mientras le acariciaba el culo, tuvieron su primer orgasmo juntos…

    To be continued