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  • Cogiendo con mi hijastra

    Cogiendo con mi hijastra

    Todo comenzó hace seis meses, una tarde que estaba tomando un café en un bar frente al rio, en Puerto Madero, Bs.As. Mi mujer, Ana, había viajado a un congreso en Boston y luego a un curso en un hospital de New York. La noche anterior la había llevado a tomar el avión. Por veinte días estaría de viaje.

    Somos una familia ensamblada, Ana de 45 años tiene una hija de 25 de un matrimonio anterior, Sonia, abogada, que vive sola aunque esta de novia hace un par de años. Yo, Sergio, tengo 38 años, un hijo de 18 que vive con su madre. Las cosas entre Ana y yo no andaban bien desde un par de meses atrás. Ella tras la menopausia fue perdiendo el interés en el sexo, no solo dedicaba muchas horas a su trabajo fuera de casa, sino también, largas horas en casa. Las cenas eran casi en silencio.

    Cuando lo hable con ella, dijo que sentía que estaba en otra etapa de su vida, que me amaba, pero que por favor la entienda. Quedamos en seguir hablando a su regreso.

    Estaba pensando en todo eso, tratando de poner en claro mis propias ideas, cuando vi que Sonia y su novio se acercaban.

    -Hola Sergio, que raro encontrarte aquí. Me dijo Sonia.

    -Hola Sonia, Pino, ¿Cómo andan? Si, vine a tomar un café y a pensar un poco.

    -Mmm, por tu cara, tenes problemas. ¿Te puedo ayudar?

    -Algo de eso hay. No, gracias todavía no necesito una abogada, y de necesitarla no podrías o querrías representarme.

    -Entiendo, problemas con mi vieja.

    -Algunos.

    -Que pena, te considero un buen tipo. Sos exitoso en tu profesión, sos super amable con ella, creo que la amas como ningún otro hombre la amó. ¿Hay un tercero o tercera metida?

    -Te puedo contestar por mí, que tercera no hay. Y creo que por su lado tampoco.

    -Escuchame, hoy Pino tiene un partido a la noche, va con los amigos a la cancha. ¿Por qué no me pasas a buscar y salimos a cenar? Así te distraes un poco. Y yo no me quedo sola un sábado a la noche… Palito para vos, Pino…

    -Bueno, dale. Paso a las veintiuna. Si no te jode Pino.

    -No, Sergio, como me va a joder. Dijo el novio.

    Cuando la pasé a buscar me sorprendió totalmente. Tenía puesto un vestido super entallado, que llegaba hasta arriba de sus tobillos, un tajo sobre una pierna, casi hasta la ingle, un escote que mostraba que no tenía corpiño y bastante de sus pechos, un saco sobre sus hombros y una pequeña cartera.

    -Hola. Te conozco, sabía que ibas a venir muy elegantemente vestido. Y con Pino no tengo oportunidad de vestirme así. Su uniforme son los jeans rotos. Me encanta vestirme de mujer, pero con él no puedo.

    -Estás hermosa Sonia, en realidad, sos hermosa. Pero con ese vestido, realmente impactas.

    -Gracias. ¿Vamos?

    En el camino al restaurant me contó que si bien con Pino se llevaba bien, le molestaba que no la celara, ni que disfrute de salir a cenar o reuniones donde ella pudiese vestirse muy elegante. Llegamos al restaurant y nos trataban como si fuésemos una pareja. A ella le decían señora, no le disgustaba, sonreía con picardía.

    -No tiene sentido andar aclarando que soy la hija de tu mujer… mucho menos que no soy tu amante. Dijo riendo.

    -Mejor no. Aunque bien podrías ser mi mujer, tantos años no te llevo.

    -O tú amante. Dijo tomando un sorbo de vino.

    -Digamos.

    -Hablemos ahora de mi vieja, así terminamos la noche bien, sin bajones. ¿Qué pasa?

    -Estamos cada vez más distanciados, en la cena, que es cuando nos vemos, casi no hablamos. Ella cada vez está más metida en su profesión, afuera y adentro de casa.

    -¿Desde cuándo están así?

    -Que venimos decayendo, más de un año, pero se agudizo en los últimos seis meses.

    -Una de las cosas que me contaba ella, era que tenían sexo casi todos los días, y que disfrutaba como loca. Supongo que eso también lo fueron perdiendo.

    -Sí, casi totalmente. Dije y ella me miro a los ojos e hizo que no con la cabeza.

    -Que mina boluda. La tendríamos que juntar con Pino. Dijo con fastidio.

    -¿Con tu novio, por qué?

    -Porque le da igual tener o no tener sexo, y cuando lo tenemos, no es una gran cosa. Como te darás cuenta, tampoco estamos bien, yo por lo menos. Por eso no quiero convivir, no le veo mucho futuro a nuestra pareja.

    -Me apena escuchar eso. Y no lo entiendo.

    -Sergio, no soy una modelo infartante, ni una sex simbol, pero se bien que no soy horrible, que atraigo a algunos hombres. Y a él no se le mueve un pelo cuando me paseo en ropa interior para calentarlo. Y no tengo un feo cuerpo, creo.

    -Sonia, sos hermosa, no jodas.

    -Hagamos eso, Pino con mi vieja, y yo… con vos… Dijo sonriendo con picardía.

    -Sonia… me parece que el vino te está pegando mal.

    -¿Tampoco a vos te parezco una mujer interesante para llevar a la cama?

    -Sonia, por favor.

    -Te reconozco que no tengo mucha experiencia, pero creo que puedo hacerte gozar.

    -Esta conversación no es correcta. Sos la hija de mi mujer.

    -Soy una mujer, una mujer que esta cenando con un tipo encantador, seductor y que por esas cosas de la vida, es la pareja de mi madre. Una mujer que lo descuida, no le presta la atención que debiera. Y si es una boluda, lo lamento por ella. Te puedo apostar que si no soy yo, antes que ella vuelva, vos vas a estar con otra mujer.

    -No sé que decirte.

    -No mientas, Sergio. Estoy segura que ya pensaste en buscar una mina o como yo, dejar que te levante. Y también estoy segura, muy segura que hoy estabas pensando en terminar tu relación con mi vieja.

    -¿Por qué decís eso?

    -Por la forma en que hablaste. Te cuidaste de decir que estaban en crisis. Pero tu cara me lo dijo.

    No dije nada. Los dos tomamos un sorbo de vino y nos miramos.

    -Si puedo elegir, elegiría seguir cenando, dejándome seducir por tus miradas, tus modos, salir tomados de la mano, ir a mi departamento y que me hagas el amor. La otra alternativa, es que cuando subamos al auto, me suba la pollera, te monte en el auto. Te deseo Sergio. Deseo que me abraces, me beses, me hagas sentir la mujer que soy y la que puedo ser en tus brazos.

    -¿Y tu madre? Porque si hago lo que vos queres, voy a dejar a tu madre.

    -Me parece bien, y yo a Pino. Es más, mañana mismo lo voy a dejar.

    -¿Te vestiste así para seducirme? ¿Lo planeaste todo antes de la cena?

    -En el momento que te dije de salir a cenar, ya sabía que me iba a poner y por qué. No es de hoy que estoy caliente con vos. Y hable con mi vieja antes de su viaje, bastante. Y me contó que estaban mal. Que habían hablado y que iban a volver a hablar. Vi mi oportunidad.

    -Y después dicen que nosotros levantamos a las mujeres…

    -No en este caso justamente. ¿Me vas a tomar la mano cuando salgamos?

    -No, claro que no. Vos vas a tomar mi brazo, y así vamos a salir. Es mucho más elegante, y vamos a ir a un bar a tomar champagne, y no vamos a ir a tu departamento. Vamos a ir a un buen hotel, en Puerto Madero y vamos a pasar la noche allí.

    No faltaba mucho para terminar la cena. Salimos y ella tomada de mi brazo, luciéndose orgullosa. Fuimos a un bar del bajo, tomamos champagne en medio de miradas, pequeños besos, y sonrisas. A simple vista se notaba su excitación. Apretaba mi mano, por momentos respiraba profundo, y sus labios eran de fuego.

    Fuimos a uno de los mejores hoteles de Bs.As., y nos acompañaron a nuestro cuarto. Cuando entramos, me saque el saco, la abrace y ella estaba temblando.

    -¿Qué pasa? Le pregunté.

    -Estoy histérica, ni se como comportarme ni que hacer. Cuando de dije que tenía poca experiencia en el sexo, fui generosa, mi experiencia es casi nula. Solo estuve con Pino, y…

    -Tranquila. Vení, vamos a mirar la ciudad por el ventanal. Le dije tomándola por los hombros.

    Nos paramos mirando la ciudad, yo detrás de ella, rodeándola con mis brazos. Aprovechando que su vestido tenía breteles chicos, comencé a besar sus hombros, lentamente. Luego su cuello y estuve allí por varios minutos. Ella gemía muy suavemente y apretaba mis brazos. Levante su pelo y le di varios besos en la nuca. Sus gemidos aumentaron en intensidad y cantidad.

    -Solo por esto que estás haciendo Pino se merece que lo escupa. Dijo con la respiración agitada.

    Fui bajando el cierre de su vestido, y besaba cada centímetro de su espalda que se exponía. Mientras lo hacía con la otra mano me saque la camisa. El cierre terminaba donde comenzaba su culo, hasta allí llegaron mis besos. La volví a abrazar y la apoye contra mi pecho.

    -Que hermosa mujer que sos Sonia. Y el aroma de tu piel, me embriaga.

    La hice voltearse hacia mí, y corriendo sus breteles, su vestido cayó al suelo, quedando en tanga solamente. Me abrazo con todas sus fuerzas y respiró profundo. Sus manos bajaron y me desabrocho el cinturón y mi pantalón, que cayó al suelo junto a su vestido.

    Me miro a los ojos y su mano busco mi verga. La acariciaba por sobre el bóxer.

    -No mentía mi vieja… dijo casi entre dientes.

    Quiso bajar a chuparme pero no la deje. “Ya habrá tiempo” le dije. La tome de la cintura y la levante, hasta que sus piernas rodearon mi cintura y sus brazos mi cuello. Sus pechos quedaron frente a mi boca. Me puse a chuparlos lentamente, besándolos, succionándolos, mordisqueando sus pezones.

    -Por esto, lo tengo que matar a Pino. Dijo y la solté para que se baje.

    -Sonia, basta. Hasta aquí llegamos. No tengo ganas de escuchar lo que le harías a Pino. Mientras yo trato de darte placer, vos pensas en Pino. Basta.

    -Perdoname Sergio, perdoname. Soy una boluda, una chiquilina boluda. Por favor, seguí. Dijo sin soltarme el cuello.

    La volví a levantar y a besar sus pechos. Ella gemía como loca, me tomo de la cabeza, y me dio un tremendo beso. Por unos segundos su cuerpo se estremeció.

    -Eso… eso… fue un orgasmo, perdoname, no pude contenerlo. Dijo sorprendida.

    -Tranquila ya vendrán más.

    Así, colgada de mí, la lleve a la cama, la acosté con la cola en el borde y me saque el bóxer. Me puse de rodillas en el suelo y ella me miraba con cara de horror, apoyada en sus codos. Le saque la tanga y una vagina totalmente depilada se descubrió ante mí.

    -Sergio, no, estoy toda mojada, es un asco, Sergio, yo nunca… llego a decir cuando mi boca empezó a besar y chupar su concha.

    Separe sus labios y me puse a chupar su clítoris. Sonia gritaba de placer, me pedía que salga y luego que no deje de hacerlo. Ella seguía mirándome con ojos desorbitados apoyada en sus codos. Dejé el clítoris y metí mi lengua en su concha. Ella dio un grito de placer y se tapó la boca con una mano. Su cuerpo volvió a temblar.

    -Sos un hijo de puta, nunca yo… Dijo y se detuvo cuando la empecé a coger con mi lengua. Enseguida tuvo otro orgasmo.

    Cuando pasó, fui bajando con mi lengua a su culo.

    -No Sergio, eso si que no, es una asquerosi…dad… Sergio… por favor… no podes… Sergio… por favor…

    Luego empezó a gemir como loca, se agarraba de las sabanas y se retorcía de placer.

    -Por favor, Sergio, metémela, quiero que me cojas.

    -No te voy a coger. Le dije y dejando su culo, volvía su clítoris y metí dos dedos en su concha. La masturbaba con todo.

    Sonia gritaba sin parar, fui apoyando mis dedos en la parte pelviana de su vagina para frotar el punto G mientras mis dedos entraba y salían.

    -Eso… que estás… que estás haciéndome… para por fav… favor… siento que voy a explotar…. Dijo y realmente explotó en un orgasmo húmedo, o squirt llenando mi boca y mis dedos con su elixir.

    -Perdón, Sergio, que vergüenza, me hice pis… yo… Dijo una vez que paso el orgasmo.

    -Tranquila, eso no fue pis. Fue un squirt.

    -Nunca, nunca en mi vida me paso…

    Me acosté a su lado y nos besamos. Ella tomó mi pija y nuevamente quiso chuparla. La hice que se ponga en 69, y comenzó a chupar. No era muy buena, pero su calentura al hacerlo superaba todo. Cuando sintió mis labios en su concha dio un grito tremendo. Siguió chupando y maldiciéndome. Moje uno de mis dedos y se lo puse sobre su ano.

    -Ni se te ocurra maldito, eso es una aaass…

    Mi dedo empezó a penetrarla con suavidad.

    -Mi amor, no podes estar haciéndome eso… es… tremendo, no pares por favor…

    Seguí un par de minutos con un dedo en su culo y la hice acostar. Levante sus piernas y las puse en mis hombros.

    -Si, cogeme por favor mi amor, no puedo más.

    -Después te voy a coger, ahora te voy a hacer el amor.

    -Desgraciado, me cocinas la cabeza diciéndome eso…

    La penetre con suavidad y Sonia gemía sin parar. Su vagina era estrecha, apretaba mi verga con fuerza. Me fui moviendo lentamente, penetrándola totalmente, y haciendo rozar mi verga contra su punto G. Fue el punto donde Sonia gritaba como loca, sus gritos y mi excitación me acercaron al orgasmo. Frote con todo su clítoris y los dos llegamos a un orgasmo tremendo, ella, a un nuevo squirt.

    Me tire a su lado y ella se tiró encima de mí para besarme con todas sus fuerzas. Nos quedamos abrazados por un rato. Ella fue al baño y saque una botella de champagne del mini refrigerador. Serví dos copas y la esperé en la cama.

    -Por una mujer hermosa, sexy y muy caliente. Dije al brindar.

    -Por un hijo de puta que me rompió el cerebro, que fue el primero en chuparme la concha y el orto, desgraciado, que fue el primero en meterme un dedo en el culo, y lo peor, me gustó, por hacerme tener un squirt. Sabes, siento que por fin me desvirgó un hombre. Y no te enojes por lo que voy a decir, mi vieja es una pelotuda.

    -Basta.

    -¿Por qué dijiste que lo de recién fue hacerme el amor?

    -Porque lo fue. ¿te jode?

    -No… me encanta que lo sientas así.

    -¿Queres coger, que te coja como se coge a una hembra como vos?

    -Me encantaría que lo hagas.

    -¿No te vas a enojar si te digo algo, o jugamos un poco rudo?

    -Quiero ser tu hembra. Cogeme.

    Y cogimos como animales. Ella en cuatro patas, yo dándole con todo en la concha, con un par de dos en su culo. Dándole chirlos en el culo que la prendían fuego. Chupándole la concha sentada en mi boca mientras le hacía meter sus dedos en la concha, apretar sus pechos o meterse un dedo en el culo. Estaba totalmente loca.

    -Gracias amor, gracias por hacerme sentir viva, que excito a un hombre como vos. Me encanta ser tu puta, y que me cojas como animal. Dijo mientras la cogía boca abajo.

    -Pues ahora quiero ver como mi puta me coge. Montame.

    -Sergio nunca lo hice…

    -Fácil, te pones arriba mío, de rodillas y te metes mi pija. Y gozas, solita te vas a dar cuenta que hacer. Solo no te frenes por nada.

    Ella lo hizo y cuando se metió mi pija en la concha me miro extasiada.

    -Putita, ahora tenes el poder vos… vos vas a hacer que yo goce, ahora vos podes reventarme la cabeza.

    Me miró mordiéndose los labios. Se empezó a frotar en círculos sobre mi pelvis, una de sus manos fue a sus pechos y apretaba uno con fuerza. Su excitación no paraba de subir.

    -Por favor, que cara de puta tenes gozando mi pija. Estas para una foto.

    -Hijo de puta, estoy recaliente montándote, pero ayudame.

    Le di un chirlo en el culo y le dije que se mueva. Fue cuando empezó a subir y bajar con todo sobre mi pija. Y a gritar de placer. Tuvo un orgasmo y siguió montando con locura. De pronto se detuvo.

    Se puso de rodillas a mi lado y me empezó a chupar la pija.

    -Quiero que me acabes en la boca, como las de los videos porno, quiero que me cojas por el culo, el primero y único, quiero entregarme totalmente y se tu hembra, tu puta. Dijo y se empezó a masturbar la concha mientras me chupaba.

    Llevo un dedo a su culo y luego otro. Ahora se masturbaba el culo solamente.

    Me montó nuevamente pero su mano llevo mi pija a su orto. No lo tenía lo suficientemente dilatado y le provocaba mucho dolor. La corrí y me pare frente a ella.

    -Hoy no. Hoy te voy a coger la boca.

    Y le metí la pija en su boca, tomándola de la cabeza. Ella se dejaba hacer tomada de mis piernas. Cuando estuve por acabar la saque de la boca y me masturbe frente a su cara.

    -Por favor, en mi boca, quiero tu leche en mi boca. Pedía.

    La metí un poco y le acabe en su boca. Ella trago toda mi leche y me siguió chupando la pija hasta dejarla limpia por completo.

    Fue al baño y cuando volvió me beso con todo.

    -Wow, sos tremendo. Gracias por hacer sentir tan mujer, tan deseada, tan hembra. Me queda por entregarte mi culo, que no me dejaste.

    -Te ibas a lastimar mal. Otro día, lo hacemos, pero con cuidado.

    Nos dormimos y cuando despertamos ella estaba radiante. Nos dimos una ducha y nos fuimos del hotel.

    -¿Qué vas a hacer hoy? Me preguntó.

    -Llamar a tu madre, hacer mis valijas y buscar un hotel para quedarme hasta que alquile un departamento.

    -Veni a mi departamento, por unos días claro. Vos sabes que yo no soy de ir a las apuradas. Dijo sonriendo.

    -¿Y Pino?

    -Le mande este mensaje mientras te bañabas, mirá: “Chau Pino, anoche por fin un hombre me hizo sentir mujer. Me enseño como un hombre le hace el amor a una mujer y también como la coge. Suerte”

  • El compañero de oficina

    El compañero de oficina

    Hola a todos Hace pocos días me encontré con un compañero de la Universidad, que no veía en años, y allí siempre fuimos muy buenos amigos, y quedamos de ir a tomarnos unos tragos para recordar nuestros viejos tiempos Un viernes cuadramos y nos fuimos a un sitio muy conocido donde había buena música y el ambiente era el mejor Llevábamos ya unas 2 horas en le sitio y la estábamos pasando muy agradable; en eso llega a nuestra mesa un tipo mas o menos atlético, que yo creia conocer.

    Saludo muy efusivamente a mi amigo y él me lo presento como otro muy buen amigo que hacia rato no veía.

    Cuando le dije mi nombre y el; el suyo, recordé de donde lo conocía:

    -Mucho gusto, Néstor-

    -El gusto es mío, Daniel – Néstor había sido compañero de trabajo, de mi esposa Rita, ya hacia unos 5 años, cuando ella trabajaba en la anterior empresa El no me había reconocido y yo, pues si lo reconocí pero no le dije quien era yo, así que él después de un rato volvió a nuestra mesa y me dijo que sus amigos se habían marchado y que si podía quedarse con nosotros.

    No le vimos ningún problema y fue ahí cuando recordé, que mi mujer me decía, que él bebía en forma.

    En fin; seguimos bebiendo y ya era de madrugada, cuando él nos propuso ir a su casa, ya que el sitio a donde estábamos, ya iban a cerrar. Mi amigo y yo aceptamos ya que estábamos un poco bebidos. Llegamos a su apartamento que queda en un sector bastante exclusivo en la ciudad. Nos hizo seguir y era un apartamento muy bonito; con su televisor de 59″, su equipo de sonido, en fin a todo dar.

    Destapo un de whisky, de la mejor marca y brindamos, la verdad la estaba pasando a todo dar.

    Como ala hora de estar allí, ineludiblemente, el tema que sale a flote es el del Sexo y comenzamos a hablar de nuestras ultima conquistas. Todos comentábamos de las buenas que estaban nuestras ultimas «victimas», cuando Néstor nos dejo sin palabras:

    -Es mas, yo le llevo ventaja, por que yo si tengo un video, con una vieja que esta bien buena y que me la estoy echando-

    -Pero que se ve en el video?- le pregunto yo

    -Pues todo-dice él

    -¿y que es » todo?»– le dice Mi amigo

    – Pues cuando la desnudo, la pongo como yo quiero, le hago lo que yo quiero y me la como de varias formas- Mi amigo y yo quedamos fríos, ya que en le voyerismo no es que tengamos mucha experiencia con videos

    -¿Y quien es la «victima»? – pregunta Juan Carlos, mi amigo

    -Pues resulta que es una compañera de trabajo, que ya no esta en la empresa, pero que estaba buena, a pesar de que era casada y tenia un hijo, pero se nota que el marido tenia buena mano- dice Néstor Un sudor frió me recorrió la espalda desde el cuello hasta la parte mas baja de mi columna vertebral, al pensar que vería a alguna de las amigas de mi mujer, tirando de forma «infraganti».

    Mientras buscaba la película, Néstor nos fue contando como preparo todo:

    -Era un día sábado y por lo normal no iban a trabajar, pero ese día Nos pidieron la colaboración de ir y ayudar al Inventario, pues llegamos y estábamos todos y todas, pero allí estaba ella. Venia vestida muy sensual, con una minifalda de gamuza de broches delanteros y medias de malla, y todos tuvieron palabras de elogio para su atuendo…- Cuando Néstor, describió el vestuario, yo casi me caigo de la sorpresa. Esa era la misma ropa que mi esposa por esa época tenia, ya que yo se la había comprado. Sin demostrar mi sorpresa seguí escuchando la historia

    -Ella nos dijo que se había vestido así por que tenias una reunión y no alcanzaba a ir ala casa a cambiarse, sin embargo a mí al instante se me paro la verga de verla tan buena que -se veía. Nos asignaron varias tareas y cuando ya casi todos nos íbamos a ir, el jefe nos pidió a mí y a la chica buena que por favor fuéramos a la zona del parqueadero y organizáramos un poco el archivo de la empresa que es bastante grande. A ella no le gusto mucho pero yo la convencí de que lo hiciéramos lo más rápido posible, alo cual ella accedió y bajamos pronto- Mi corazón comenzó a latir mas fuerte, cuando ya encontró el video y nos comento:

    -Aquí esta, ahora si prepárense para ver los mas fuerte que yo he hecho- dijo el cabron sin saber que estaría presenciando el esposo de su victima.

    Antes de colocarlo, nos termino de contar la primera parte de su historia:

    -Bueno, ella y yo bajamos al archivo y no paraba de mirarle las piernas tan buenas que tenia, a pesar de que ella es muy seria y jamás nadie se ha propasado y yo pensaba semejante biscocho que me iba poder comer, en fin, duramos trabajando y ordenando ese archivo, y ella ya estaba cansada un poco, por lo que ahí fue donde yo aproveche y le dije que yo subiría y traería unos refrescos. Ella accedió y salí disparado. Cuando llegue a la oficina, me preguntaron por ella y yo les dije que ya se había marchado, entonces me entregaron las llaves y se fueron. Ahora sí la tenia toda para mí.

    Fui pronto a mi cajón y como siempre ando preparado saque mi estuche y con los refrescos que saque le agregue unas cuantas gota de Roynhol, lo necesario para que estuviera no muy dormida pero si adormitada- Yo escuchaba y solo pensaba lo que Rita había sido capaz de hacer estando así.

    -Baje al archivo rápido y le brinde el refresco y estuvimos descansando y hablando de cosa banales. Me contaba que quería mas hijos para hacer la parejita; ja ja si supiera que yo con mucho gusto le podria colaborar.

    Cuando termino el refresco, seguimos trabajando aproximadamente 20 Minutos, y estábamos bien lejos el uno del otro y cuando yo volví la pude ver con una cara de sueño, y me dijo:

    -Néstor, me dio un sueño…

    -Si quieres puedes subirte a la oficina que yo ya voy a acabar- Ella lo hizo y le entregue las llaves y espere un buen rato antes de subir, y cual fue mi sorpresa cuando observe que a duras penas ella había logrado abrir la puerta y llegar a su escritorio. yo corrí pronto al mío y saque una mini cámara de video que siempre tengo en la oficina por lo que se llegue a necesitar.- Ahí es donde el tipo coloca el video y yo me zampo un trago doble y me ubico bien para ver como se comen a mi mujer.

    El video va mostrando como se va acercando a donde ella esta recostada en su escritorio y él le dice:

    – Ven recuéstate allí en la otra oficina así estarás mas cómoda- Yo veo como la va llevando hasta una oficina que tiene un sofá amplio, parece ser la oficina del jefe, y como la coloca allí. Le hace unas tomas de sus piernas y no pierde ocasión para acariciarle las mismas de una manera delicada. Para mi sorpresa el sofá se convierte en sofá cama y el se acuesta al lado de ella y es cuando comienza la acción Comienza a soltarle los broches de la minifalda que por cierto ella no quiso volver a colocársela por que según ella es muy corta y se ve «TODO». Si supiera lo que ya le han visto.

    Néstor es muy rápido y en menos de lo que canta un gallo, ya la tenia sin medias solo con su panty, que para completar era hilo dental o sea que premio gordo.

    En la imagen, que además es bastante buena, se observa que comienza a soltarle uno por uno los botones de la blusa y pronto queda solo con su ropa interior que además es bastante sugestiva.

    Él comienza a besarle los senos y comienza a chaparle los pezones, que poco a poco van tomando un tamaño considerable, debido a la manipulación, ya que con las manos y con la boca se le realizan Yo, absorto, deseaba pararme y gritarle quien era yo, pero algo por dentro de mí, me lo impedía y seguía mirándola imagen, y comenzaba a tener una erección brutal, mientras que mis amigos y Néstor miraban y se relamían con el video

    Luego de dejar esos senos rojos de tanto chupar, la imagen se enfoca sobre su intimidad, escasamente protegida por una tanguita diminuta y para dar mayor emoción, él le da la vuelta a rita y queda al frente de la cámara su culito espectacular con solo un pedacito de tela protegiéndolo

    -¡Miren esa belleza de culo, y pensar que será mío – decía en el video, Néstor mientras que nosotros no aguantábamos la erección de nuestras vergas.

    Comienza a acariciarle el culo con toda la paciencia del mundo mientras que ella no reacciona a esas caricias prohibidas.

    Comienza a bajarle la tanguita negra y ya le quedo completamente desnuda. Es todo un espectáculo digno de admirar como con la cámara va enfocando toda su anatomía, en especial sus senos su rostro con una leve sonrisa, ya que imagino que ella en su sueño, piensa que soy yo el que la acaricio y beso pero no es así.

    Luego, la cámara comienza a bajar y se queda en un sitio estática, mientras que ve toda la vagina con un pequeño racimo de pelitos, y mientras Néstor comienza, a meter un dedito y luego otro y otro y con maestría, esos dedos entran y salen mientras se escuchan unos jadeos, que provienen de la boca de Rita.

    Es imposible pensar que ella es esta excitando ya que no existe mujer que soporte una dedada como esa hecha, hay que reconocerlo con mucha maestría. Ahora Néstor con su lengua comienza a besar sus labios superiores y luego busca su clítoris, encontrándolo y saboreándolo con mucho deseo. Se ve como comienza a crecer ese órgano, que pensé solo había sido mío pero ahora otra boca chupaba de manera deliciosa.

    El movimiento del cuerpo de rita se notaba en la cámara, y en ese momento, Néstor levanta la cámara, y dice:

    -Buena, ya esta lista, ahora viene lo mejor- Cuando dice eso yo ya imagine que se vería.

    Néstor apoya la cámara en una silla y le da el máximo de acercamiento y luego toma las piernas y las comienza a abrir dejando ver toda esa vulva, bastante roja, debido a la excitación en que se encuentra Néstor se ubica en medio de sus piernas, y saca su brega que es bastante grande y ancha. La cámara va mostrando como ese pene de 22 cm, aproximadamente, se cerca la entrada de sus labios y el glande empieza como a darle piquitos,

    -¡Mas, mas! – se oye por primera vez la voz de mi querida esposa que esta deseando que esa verga la penetre.

    -Néstor se toma todo el tiempo del mundo, y va haciendo mas fuerza con su pene, y el glande empieza a entra y a ser cubierto por sus rosados labios, pero vuelve a salir de ella y se nota que ese juego, lo va excitando mas y mas a el

    -¿quieres toda la verguita en tu vulva?- le pregunta Néstor a Rita y ella contesta entre sueños:

    -Si, si la quiero toda- y es ahí cuando se puede observar en el video, como esa descomunal verga, vuelve a la carga y ahora si empieza a entrar el glande y todo el cilindro de carne que parece no tener fin y como sus labios se abren al máximo para recibirlo y esos minutos parecen eternos para mí al ver ese monstruo entra a ese vaginita ya totalmente empapada de jugos

    -Aag, es… ta… muy… grande.- alcanza a musitar ella antes de que la boca de Néstor, calle a mi esposa con un beso poderoso y toda su lengua entre en su boca La imagen muestra a una verga completamente ensartada y sus bolas tocan sus hinchados labios sin dejar nada por fuera, yo ya estaba completamente empalado y a punto de explotar de ver esas imágenes, mientras mis dos »amigos» no se cansan de acariciarse su paquete y totalmente extasiados se ve como comienza un mete y saca de manera veloz y se ve el rostro de satisfacción de Néstor y la cara con los ojos cerrados de Rita, mientras él acaricia y besa sus pezones, que están hinchados al máximo y parecen un pequeño pene, el cual saborea de manera frenética durante mas de media hora, Néstor se culea a mi bella esposa y justo cuando va a alcanzar el orgasmo, se ve como él aprisiona los senos y lanza un sonoro grito y ensarta con la mayor fuerza capaz de tener un ser humano su pene en la mas profundo de su vagina y envía chorros de semen a su útero, ya desprotegido.

    Luego en el video se ve todas las poses que el desgraciado la puso a ella y se la comió tres veces mas, y hasta por su delicioso culo se la metió pero es otra historia que luego les contare.

  • Unas vacaciones con mis tías (Parte 4) : Una maratón

    Unas vacaciones con mis tías (Parte 4) : Una maratón

    Subimos al salón y salimos al jardín. Eran las cinco de la tarde y el sol todavía era intenso. Las tres estaban tomando un refresco a la sombra sentadas alrededor de una mesa redonda.

    – Hola! Saludaron mi madre y Sole, mi hermana siguió con los cascos puestos. – Hola! Contestamos nosotros. Yo seguía en bañador y Candi se había vuelto a poner la bata.

    – Que tal! Te ha gustado la bodega? Preguntó Sole.

    – Si, está muy bien, pero me he quedado dormido después de tomarme el whisky! Dije yo pensando que había sido mucho tiempo.

    – El pobre debía de estar muy cansado después del viaje! Me apoyó Candi.

    – Venga, sentaros con nosotras! Comentó Sole.

    Me senté algo abstraído pensando en todo lo que me había dicho Candi, mi mente era una olla en plena ebullición.

    – Acompáñame Sole, vamos a sacar algo para picar! Dijo Candi. Me dio la impresión que le iba a contar nuestra “siesta“ sin demora.

    – Que tal hijo? Menuda siesta te debes haber echado! Comentó mi madre.

    – Ufff, pues si! Me he quedado dormido nada más acabarme la copa!

    – Pues fenomenal, así estarás bien descansado. Creo que lo vamos a pasar muy bien aquí, este sitio es tan tranquilo y relajante!

    – Estoy seguro de ello! Le contesté sonriendo por dentro. “Y lo derelajarse, va a ser para ti!“ Sonreí de nuevo en mi interior.

    Volvieron mis tías con unos aperitivos y más bebidas. Pude ver a Sole que me miraba y se pasaba la lengua por los labios, estaba claro que Candi se lo había contado con detalle. Se sentaron y comenzaron una conversación entre las tres hermanas. Mi hermana seguía con los cascos puestos y tecleando en su móvil y yo seguía algo abstraído pensando en todo lo que me había pasado desde la llegada.

    – Te apetece darte un baño, Pedrito? Dijo Sole sacándome de mi abstracción. Me quedé algo parado por la sorpresa.

    – Venga! , dijo levantándose de la silla. – Vente conmigo y jugamos un rato. Me gusta que me des vueltas en el agua!

    – Vale tía!

    Contesté con poco convencimiento pensando que quería más polla. Me quite la camiseta a la vez que ella se quitaba la bata. La miré mientras lo hacía y volví a contemplar ese cuerpo sensual lleno de curvas. Se había cambiado de bikini, este era de otro color, pero del mismo estilo. La parte de arriba era granate con algunas flores verdes que dejaba ver la mayor parte de sus hermosas tetas. La parte de abajo era solo granate, pues no había espacio para las flores, una tira rodeaba su cintura por encima de las redondeadas caderas. La parte trasera tenía un pequeño triangulo en el centro del que salía una tira que se perdía entre sus grandes glúteos y por delante bajaban las dos tiras para acabar en otro triángulo que cubría su pequeña mata de pelo rizado. “Joder, me la comería aquí mismo!“ Pensé con las hormonas alborotadas de nuevo. Se acercó hasta mi con esa sonrisa tierna que me ponía.

    – Vamos! Vamos! Que hay que quitarnos el calorcillo!

    Dijo riéndose mientras me agarraba de la mano y tiraba de mi. Bajamos por las escaleras que se perdían en el agua y nadamos hacia el otro extremo. Cuando llegamos dio unas palmadas en el agua riéndose para salpicarme.

    – Venga, cógeme y dame vueltas!

    Me dijo con esa ternura que le caracterizaba. Directamente se puso boca abajo para que la sujetará con mis manos. Por supuesto esta vez no era como cuando acabábamos de llegar, ahora ya sabía lo que quería y por supuesto no lo dude. Con una mano agarré sus tetas y la otra la metí entre sus muslos para sentir su coño enbosquejado. Ahora ya no me corté con las palabras.

    – Te gusta así, tía!

    – Me encanta Pedrito! Sabes llevarme muy bien!

    Dijo al sentir mis dedos en su coño. Jugamos un rato en el que la estuve sobando todo su cuerpo bajo el agua sin cortarme. Ella tampoco se cortó, esa mujer afable y candorosa agarró mi miembro un par de veces bajo el agua a la vez que pegaba sus tetas contra mi pecho y me sonreía con dulzura, hasta que la tercera vez que lo hizo ya se me había puesto la polla como una piedra y para la sorpresa de mis oídos me susurró con una voz más profunda que la que tenía habitualmente.

    – ¡Que rabo más duro que tienes cabron! Me quedé pasmado y la miré a los ojos, su mirada había cambiado y ahora era la misma mirada felina que la que tenía su hermana Candi. “¡Joder, esto va a ser también la genética!” Me dije a mi mismo. Mi mente voló por un instante como alineando mis neuronas y llegué a pensar en lo más retorcido. “¿Será mi madre igual?“. Me lo quité de la cabeza lo más rápido que pude y volví a la realidad, más bien mi hermana hizo ese trabajo.

    – Por qué no bajamos al pueblo a ver algunas tiendas! Tengo que comprarme algo veraniego! La oí decir.

    – Buena idea! Contestó Candi. Mi madre estuvo conforme y preguntó.

    – Y vosotros, juguetones, os queréis venir?

    – No, se está muy bien aquí! Contestó Sole agarrándome la polla.

    Yo me puse nervioso pensando que podrían ver donde tenía la mano y contesté lo más rápido que pude.

    – No, no! Yo también me quedo!

    – Traernos un helado! Añadió Sole sin soltar mi miembro.

    – Vale! Acabó mi madre y se dio la vuelta para entrar en el salón.

    – Ummmm, que bien lo vamos a pasar, cabroncete! Me susurró con su nueva voz. Yo seguía algo aturdido intentando ordenar mis ideas, estas dos mujeres me desconcertaban continuamente y siempre con sorpresas agradables, sobre todo para mi mente de salido. Mientras esperábamos a que se fueran decidí atacar duro, es decir, las frases que utilizaba en mis fantasías llevarlas a la realidad, con quién mejor que con mi deliciosa y ardiente tía que estaba dispuesta a dármelo todo. La miré a sus ojos, ahora felinos, y le solté la primera bomba.

    – Te voy a reventar el coño a pollazos, Sole! Le dije con furia.

    – No podrás, cabroncete! Pero estoy deseando que lo intentes! Y no me llames Sole, llámame tía, o tía Sole, que me pone más guarra!

    Su rotundidad y su desparpajo me pusieron como una moto, esta tía Sole me excitaba mucho más que la anterior. Me había gustado tanto su contra ataque que decidí seguir con más artillería pesada. Recordaba como me había puesto ver su gran culo cuando la estuve follando y decidí atacar por ahí.

    – Después te la meteré en el culo hasta rompértelo! Le rugí a la vez que se lo apretaba con fuerza bajo el agua.

    – Más ganas tengo yo que tú de sentir está dura polla en mi culo embistiendo con todas tus ganas hasta que me lo llenes de leche!

    Joder, no podía con ella, tenía la mente incluso más guarra que la mía. Estaba ya como loco por qué se fueran para salir del agua y follármela allí mismo. Seguíamos manoseándonos a la vez que disimulábamos haciendo que jugábamos hasta que por fin apareció Candi por la puerta del salón.

    – Pasarlo bien! Tardaremos un par de horas! La muy astuta nos dijo hasta el tiempo que teníamos.

    Oímos arrancar el todo terreno y como se perdía el sonido en la lejanía. Mi tía Sole, como ella quería que la llamara, se abrazo a mi cuello espachurrando las tetas contra mi pecho y me devoró la boca con un beso lleno de pasión y deseo. Cuando despegó los labios me dijo con su voz habitual

    – Vamos a mi habitación que estaremos más cómodos, y además te tengo una sorpresa, Pedrito! Te importa que te llame Pedrito?

    – No, además creo que viniendo de vosotras me pone más! Le contesté mientras salíamos del agua con cierta rapidez.

    Entramos a la habitación y cerró la puerta. Puso música clásica en su teléfono y noté que tenía un buen ritmo. – Siéntate en la cama! Me dijo y la obedecí de inmediato.

    Entre la parte trasera de la cama y el armario había un gran espacio cubierto por una gruesa alfombra. Sacó unos zapatos de dicho armario que tenían unos buenos tacones y se los puso, ahora sus piernas se estilizaban más y su culo tenía una vista más deliciosa. Las puertas del armario de corredera eran de espejo y había otros dos espejos de cuerpo entero en los laterales. Se quitó la parte alta del bikini y sus hermosas tetas afloraron como dos pequeños balones de playa. Las aureolas marrones eran majestuosas y los grandes pezones surgían de su centro como los caños de una fuente. “No sé si será esto el regalo, pero me está encantando la visión!“ Pensé mirándola con lascivia incontrolada. Me hizo varias posturas y movimientos sexis al ritmo de la música que pusieron mi polla más dura aún. La saqué del bañador, donde ya casi no cabía, y la masajee con lentitud. A un par de metros de mi, se agarró las tetas para subírselas a la vez que las juntaba. Después se giró inclinándose para mostrarme su majestuoso culo bien levantado, lo abrió con sus manos y pude ver la fina tela del tanga que apenas cubría el amarronado agujero. Lo movió sinuosamente para darle un par de cachetes al final. Yo ya estaba que me salía, pero parecía no haber acabado. Me di cuenta que seguía el ritmo de la música a la perfección, como si lo hubiera ensayado. Volvió a ponerse de frente y metió los pulgares entre la tira del tanga de sus caderas y al ritmo de la música lo fue bajando con lentitud. Yo ya casi no podía más y comencé a pajearme. Poco a poco fue descubriendo su pequeña mata de pelo rizado de color castaño oscuro y mis ojos estuvieron a punto de salirse de las órbitas. Dejó que cayera el tanga y se lo sacó con soltura por los pies. Me levanté y me lancé contra sus tetas y comencé a comérselas con delirio.

    – Así , así! Chúpalas bien! Muérdeme los pezones, que me encanta!

    Oí de nuevo su voz más grave y profunda. Ella me había agarrado la polla y la restregaban contra su coño, podía sentir el cosquilleo del vello púbico en mi capullo. Mordisquee sus pezones casi sin control.

    – Ahh! Más suave cabroncete, que todavía no estoy bien caliente! Resonó su nueva voz más profunda.

    Apostó alto, sin saber lo que podría dar yo de sí, o quizás sí lo sabía por Candi.

    – Vamos, que te voy a dejar que me folles por todos lados! Y quiero que me llenes de leche todas las cavidades de mi cuerpo! – y con la última frase me hizo saber que ya sabía todo con detalle – Me ha dicho Candi que sueltas mucha leche y eso me encanta, cabroncete!

    Joder, había llegado salido, pero como estaba en ese momento no tengo palabras para describirlo. Me retiró de sus tetas y se fue hacia la cama, se inclinó y apoyo las manos en el borde, subida en los altos tacones me pillaba a la altura perfecta. Su culo se había abierto y los labios del coño afloraban bajo sus muslos. – Empieza por el coño! Te recuerdo que has dicho que me lo ibas a reventar!

    La dulce y cándida tía Sole se había convertido en una zorra que me retaba. Cuando me acerqué volvió a hablar.

    – Primero cómemelos bien! Quiero tu lengua de perro salido bien dentro de los dos!

    “Joder que vocabulario, casi es peor que el mío!“ Pensé mientras me arrodillaba sobre la alfombra. Saque la lengua y di una larga lamida desde lo más bajo del coño hasta el agujero del culo. Repetí varias veces más el mismo lengüetazo hasta que sentí su respiración larga y profunda. Después me concentre en sus gordos labios, pase mi lengua por ellos salvando la mata de pelo rizado que los cubría hasta poderla introducir. Lamí el interior en busca del clítoris, algo que no me costó encontrar. Mi tía Sole tenía un pedazo de clítoris como un pepinillo en vinagre. Lo chupé, lo succione y lo mordisquee. No os podéis imaginar la cantidad de sonidos que salieron de su boca, eran como jadeos guturales que sonaban como rebuznos. Noté como sus piernas temblaban y un chorretón de flujo llenó mi boca y parte de mi cara, y por supuesto su coño quedó empapado. Saque la lengua del coño y fui lamiendo hasta llegar al culo, todavía su piel tenía sabor al cloro de la piscina que se mezclaba con su propio sabor corporal. Abrí su gran culo con las manos y metí la lengua en su agujero oscuro para llenarlo de su propio flujo y al sentirlo su espalda se flexiono a la vez que emitía una especie de aullido.

    – Sigue! Sigue! Métela más! Ábrelo bien!! Me gritó intentando que fuera un susurro. Metí más la lengua y la retorcí en su interior. Su respiración aumento de ritmo y volvió a rebuznar, noté como temblaban sus piernas de nuevo y pensé que había hecho un buen trabajo. Estaba ya tan excitado y salido que no sabía lo que iba a durar, quizás me correría nada más meter la polla en su emboscado coño. Me levanté de la alfombra y agarré mi venoso miembro que parecía que iba a reventar. Busque entre la mata de pelo esos carnosos labios que ya estaban abiertos y jugosos y empuje sintiendo como se metía hasta el fondo. Su voz ronca y profunda volvió a resonar.

    – Vamos! Dale fuerte! Quiero tu polla dura bien dentro!

    No necesitaba oír más, me agarré a sus caderas y comencé a bombear. Mi polla entraba y salía como si la hubieran engrasado con un buen aceite. Pasaron los segundos y seguía dándole con fuerza, tener ese culo a la vista me estaba volviendo loco. No lo pensé dos veces y metí la punta de mi dedo en su hermoso culo.

    – Sii, síii! Ábrelo bien, cielo!

    Su voz volvió a ser dulce y candorosa y ya no sé cuál me excitaba más de las dos. Al tercer intento mi dedo se coló por completo y sentí como el esfínter me lo presionaba.

    – Ahhh! Cielo, que guarra me pones!! Esa mezcla de dulzura con palabras grotescas era como una dosis extra de lujuria. Giré mi dedo dentro de su precioso culo y – Aghhh! Aghhh! Bramó como si le hubiera metido una estocada. Se volvió a correr y sentí como chorreaba por sus muslos. Ahora era yo el que rugía o bramaba, no se, pero mi polla comenzó a soltar chorretones de leche como si me hubieran abierto el grifo.

    – Síii, síii! Llénamelo! Ufff, diosss! Como me gusta! Me gritaba. Cuando solté el último dardo de leche mi corazón latía como el de un león después de correr tras su presa, saque la polla y me sorprendí de la dureza que mantenía. Tenía tantas ganas de follar ese culo que había abierto con el dedo que no espere ni un segundo, era la primera vez que la iba a meterla en un culo y el de mi tía era precioso. Apreté sintiendo una gran presión en mi capullo, mi tía comenzó a resoplar al sentir la penetración, pero no dijo nada. Saque lo poco que había metido y volví a empujar y repetí varias veces hasta que ese maravillo agujero se abrió de una forma impresionante. Mi polla se metió hasta el fondo y relajé mi mandíbula, que había apretado mientras empujaba, y sentí como su esfínter presionaba suavemente toda mi polla. Si no me hubiera acabado de correr creo que lo hubiera hecho de inmediato. Tiré hacia atrás despacio hasta sacarla casi entera y la volví a meter, a la tercera penetración mi polla entraba y salía con facilidad. Mi tía había dejado de resoplar. – Te gusta ehhh! La oí decir mientras arrugaba la sábana con sus dedos retorcidos sobre ella.

    – Vamos, dame unos azotes que he sido mala!

    Volvió a sorprenderme con su voz cálida. Me descolocó un poco que me lo pidiera con voz su voz candorosa, “Cómo se puede ser mala con una voz así?“. Realmente me apetecía atizar a ese culo y le solté un par de palmadas.

    – Más, más! Volvió a susurrar cálidamente.

    Bombee un par de veces y volví va atizarla. Zas! Zas! Mi polla ya entraba y salía con facilidad aunque su esfínter mantenía cierta presión. Me había imaginado muchas veces fallándole el culo a las chicas con las que había estado y a algunas más con las que no había estado, incluso a mi hermana y a mi madre, mi mente calenturienta no hacía distinciones, pero ahora era real y estaba disfrutando como un verdadero cerdo, creo que es el mejor apelativo que me podía aplicar. Mi tía metió la mano por debajo y comenzó a pajearse el coño y empezó a gritarme de nuevo.

    – Venga, dale más! Más fuerte!

    No sabía si se refería a mi polla o a los azotes, por lo que tome la opción de las dos cosas. Le atice en el culo con más ganas. Zas! Zas! Y la embestí con más fuerza.

    – Joder, como me estás poniendo cabron! Su voz volvía a cambiar, de nuevo era más ronca y profunda y eso me animaba, me ponía más salvaje, me sentía como un toro enfurecido embistiendo contra el burladero. Pasé una mano por debajo hasta tocar la suya que se movía a gran velocidad en su coño y empecé a mover yo su mano. A los pocos segundos jadeó como una perra y empapó su mano y la mía, se había vuelto a correr abundantemente. Le solté la mano y volví a atizarle en el culo. Zas! Zas! Ahora ya su culo había enrojecido y ella gritaba barbaridades.

    – Te gusta ehhh, cerdo! Aprieta bien, a ver si me la sacas por la boca! Vamos cabron, rómpeme el culo y llénamelo de leche!

    No paraba de gritar y mi excitación ya estaba al límite. Llevaba varios minutos embistiendo, más de lo que esperaba, y mi polla estalló. Mi tía sintió como la llenaba el culo de leche y volvió a gritar.

    – Siiii, siiii! La quiero toda dentro!

    No paré de embestir hasta que salió la última gota.  Ufff, esto si que ha sido la ostia!“ Pensé al mirar ese gran culo todavía con mi polla dentro. La saqué y mi tía pareció derrumbarse cayendo boca abajo con el pecho sobre la cama y las piernas colgando. Yo también caí a su lado, pero boca arriba, cogiendo aire como si el que había en la habitación no fuera suficiente.

  • Mi historia con una mujer maltratada (8)

    Mi historia con una mujer maltratada (8)

    Era domingo, día de «descanso» para los dos. Me habré levantado a las 9 de la mañana para hacer mate y leer las noticias desde la compu. Ella siguió de largo hasta las 2 de la tarde. Cuando se levantó yo estaba preparando la comida. Vino y me abrazó desde atrás. Yo estaba descalzo, tenía puestos unos pantalones de jogging, y de la cintura para arriba estaba desnudo. Sentía sus pechos desnudos en mi inmensa espalda. Pasó su brazo por encima de mi hombro y acarició los labios de mi cara de una manera muy suave con sus dedos, parecían hechos de terciopelo verdaderamente. Con la otra mano y el antebrazo masajeaba mi espalda con movimientos circulares. Solté todo el aire que tenía en los pulmones por la nariz.

    —Disfruté muchísimo ayer ¿sabías?, dijo acercando su boca al lóbulo de mi oreja y besándolo.

    —Yo también cielo, aclaré revolviendo la salsa del risotto que estaba haciendo, a la vez que la miraba sensualmente de reojo.

    —Pero… ¿acabaste y no me di cuenta?, preguntó descolocada.

    —No, ¿vos notaste alguna mancha en las sábanas o entre tus piernas?

    —¿Entonces cómo…?

    —Sólo con tu disfrute, yo me estremecía.

    De su boca no salieron más palabras, se quedó atónita.

    Terminé de hacer la comida, la serví en dos platos y nos sentamos a comer.

    —¿Cómo es eso?

    —¿Qué cosa?

    —Eso de que sólo con verme disfrutar, vos te estremecías.

    —No se cómo explicarlo, es algo extraño, una sensación muy linda.

    —Bueno, dijo con cara de no entender nada.

    —¿Qué pasa?

    —No sé, es raro.

    —¿Qué es raro?

    —Que un hombre se dirija hacia mí de esta manera. Eso es raro.

    —¿De qué manera?

    —Tan… gentil, atenta, educada, amable…

    —Me parece que vos sufriste demasiados abusos y maltratos en tu vida.

    —Sí, de hecho sí.

    —¿Por qué?, pregunté con decepción.

    —No tengo idea…

    —¿Por qué el mundo es una basura, Anen?

    —No te confundas, nosotros no somos una basura.

    —Pero formamos parte del mundo.

    —Exacto, somos buenas personas, bah, yo nos noto así. No sé vos.

    —Sí, supongo que el mundo entonces no es una mierda gracias a nosotros.

    —¿Qué se yo?

    —…

    —…

    —Che, tengo algo para decirte.

    —Decime, dijo apoyando su mentón en la palma de la mano y mirándome fijamente.

    —Es algo que todavía no te dije y quiero decírtelo ahora que se me presenta la oportunidad.

    —Dale, escupílo.

    —Sos una mujer hermosa, fuerte, valiente y con carácter. Incluso cuando perdiste a tus viejos no bajaste la mirada, incluso cuando este hijo de puta te lastimó una banda de veces, incluso cuando yo me tuve que ir y te quedaste sola, con un montón de quilombos en la cabeza. Nunca dijiste ´no aguanto más´. Siempre seguiste para adelante. Y quiero que, en tu puta vida, cambies de opinión. Tu existencia es muy valiosa, tal vez no para las demás personas, pero para mi sí. Jamás vayas a dejarme. ¿Si?

    Asintió y se largó a llorar.

    Me levanté de la silla y fui a abrazarla, lloré junto a ella durante un buen rato. Se le caían los mocos y yo trataba de limpiárselos con la mano. Le besaba repetidamente toda la cara.

    Recordé una frase que me dijo mi bisabuela antes de morir. Se la dije a Anen a mi manera.

    —Vos sos como un caballo de carreras, tenés unas anteojeras que te impiden ver a los costados, ves siempre para adelante, corrés, corrés y corrés.

    Terminamos de llorar, comí lo que quedaba en el plato, atragantado y cada uno se puso a hacer algo.

    Yo me puse a lavar los platos y la ropa de los dos. Ella se puso a pagar el alquiler del departamento.

    Me acerqué y le dije:

    —¿Te ayudo con algo?

    —No, estoy bien.

    —Ok.

    —Eu, te tengo que decir algo.

    —¿Qué pasa? Decime, pregunté con interés.

    —Gracias por…

    —¿Por?

    —Por cuidarme tanto.

    —No pasa nada, es lo que se supone que hace un novio ¿no?

    —No, en serio. Todos los gestos de parte tuya… Los regalos que me hiciste… que me hacés… cómo me tratás todo el tiempo, hasta cuando lo hacemos…

    Y le di el abrazo más cálido que nos dimos hasta ese momento, me dio un beso con lengua y se lo devolví. Cuando terminó ese beso tan hermoso lleno de amor y cariño, empecé a jugar con su pelo. Lo tocaba y le hacía rulos. Ella se reía. Agarré una silla y me senté a su lado. Mis manos pasaron de su pelo negro y sedoso a su cuello y lo acaricié. En un momento, hice que se pare y me puse detrás, mi boca buscaba su mejilla derecha. Cuando la encontró, la empezó a besar y fue subiendo hasta su sien. Su respiración se puso pesada.

    Entonces, pregunté en un tono muy bajito, casi inaudible:

    —¿Me seguís amando como el primer día?

    Movió la cabeza asintiendo, cerró los ojos e inclinó su cabeza hacia atrás y hacia un lado para que mi boca vaya a su cuello una vez más.

    —¿Y vos?, preguntó.

    —¿Yo qué?

    —¿Seguís enamorado de mí?

    —Me quedé prendado de vos desde el primer día en que te vi.

    —¿Pero me querés de verdad?

    —¿Por qué pensás que hago lo que hago?

    —¿Qué hacés que cosa?, me cuestionó de forma erótica mordiéndose los labios.

    Respondí a su pregunta tocando con suavidad uno de sus pechos por debajo del sostén, al mismo tiempo que bajé mi otra mano hasta sus partes y la empecé a tocar. Sus pezones se pusieron duros y gimió sutilmente.

    —¿Ahora entendés?

    —Sí.

    —Bueno, vení acá.

    La levanté a upa y la llevé al sillón, la acosté y me eché encima. Nos tocábamos mutuamente riéndonos, hasta que ella me dijo:

    —Te amo tanto.

    —Yo igual, -respondí- la pasión que tengo por vos no la tuve nunca por nadie en mi vida.

    —Pero si tenés 18 años, te queda un mundo por conocer a vos, pendejo.

    —Ya sé, pero tal vez el mundo no me quiera conocer de la misma manera que lo hiciste vos.

    Me parece que la dejé pensando con esa frase. Luego de unos minutos de quedarse pensando, dijo:

    —Bueno, dejáme terminar de pagar el alquiler y después a la noche seguimos.

  • La caza de nuestro primer sumiso para humillarte

    La caza de nuestro primer sumiso para humillarte

    No hace mucho, mi Ama publicó un relato que le rogué que escribiera para ayudarme a quitar el miedo al momento en el que Ella esté usando a algún juguete junto a mí,  para disfrutar de otro hombre (sumiso) y a la vez para humillarme a mí… y que yo también disfrute del juego.

    Alguna vez Ella ha comentado que mis experiencias con terceras personas siempre han sido desde el lado del juguete. Un ama quería humillar y disfrutar de otro sumiso y me llamaba para eso… y mi implicación mental en esas situaciones se limitaban a obedecer lo que deseaba de mí. Y luego a marcharme por donde había venido.

    Pero en este caso, yo soy el sumiso titular, y la situación (al menos en mi cabeza) es completamente diferente. Le tenía miedo a esa sensación, y simplemente pensarlo hacía que se me diera vuelta el estómago. Mi situación con DominAma no es simplemente la de un sumiso sometido a su Ama. Estoy completamente enamorado de Ella. Nos queremos y queremos pasar toda nuestra vida juntos… y eso hacía que cada vez que pensaba en Ella disfrutando de otro hombre… un agujero se instalara en mi estómago sin solución de continuidad.

    Por eso le pedí que escribiera el relato de “Humillando a mi sumiso con otro hombre. El juguete”. Pensaba que leyendo y entendiendo una de las mil situaciones parecidas que viviré a sus pies y al lado de otra persona, sería capaz de asimilar poco a poco lo que, a mi juicio, iba a ser algo inevitable.

    Lo cierto es que DominAma es una Dómina controladora y paciente. Sabe cómo mover los hilos y de qué cuerda tirar (y con qué intensidad) en cada momento. Sabe que acabaré dándole cualquier cosa que Ella desee, pero no tiene prisa y espera el momento adecuado en el que yo sea quién se lo ofrezca. Un día me dijo “acabarás rogándome que te humille follándome y disfrutando de otro sumiso”

    Ella sabe que mi único objetivo es quererla y complacerla. Le he prometido obediencia absoluta y yo jamás falto a mis promesas… no hay nada que desee más que Su control 24/7 y la vida hacia la que nos dirigimos, y eso conlleva romper barreras por mi parte en aras su felicidad y plenitud como persona y como Dómina. Y por qué no decirlo, también la mía propia como sumiso. Como Su sumiso entregado y dispuesto a todo por Su placer y felicidad.

    En ese sentido, poco a poco me siento más fuerte. Más seguro. Más querido y deseado por Ella. Sin que DominAma haya tensado más que lo necesario, he ido cediendo y abriéndole las puertas de todo, y con esta situación de sentir que Ella disfruta de otro sumiso en el ámbito sexual y “BDSMero” también hemos avanzado de la mano y de forma pausada y consensuada.

    Hoy por hoy, ya no me retuerzo imaginándola en alguna de las situaciones del relato que os he indicado un poco más arriba. He superado muchos miedos y, aunque soy consciente que será algo diferente cuando ocurra físicamente, me siento cada día más preparado para ese momento.

    Por eso, y de forma pausada, hemos empezado a buscar a ese sumiso-juguete con el que Ella jugará, de quién disfrutará y con quién me humillará de mil formas posibles. Y lo hemos empezado de forma pausada. Ya en su relato, indicó que quién quisiera ofrecerse a participar en nuestros juegos podía escribirle un email respetuosamente a [email protected], y lo que ha estado haciendo estas semanas es ir evaluando a varios candidatos.

    Y esa situación, de ver que Ella está escribiéndose con otros sumisos, también me está haciendo sentir más fuerte. Yo pensé que no lo llevaría muy bien. Mi Dómina hablando con otros hombres para asegurarse que cumplían Sus exigencias. Detallando qué haría con ellos y conmigo. También de qué forma nos hará relacionarnos entre nosotros.

    Como una araña que va tejiendo su tela alrededor de su presa, mientras se excita con esa caza, con esa búsqueda de la persona con la que humillarme, y de la que disfrutar. Imaginando el momento en que nos tendrá a los dos a su disposición. Y reconozco que lejos de sentir ese vértigo que sentí antaño, ahora me excito. Me excito porque la imagino a Ella relamiéndose… apretando más y más sobre cada uno de sus juguetes, hasta elegir a varios.

    Porque su idea es tener un grupo fijo de juguetes/sumisos con los que jugar puntualmente. Un grupo de putas más o menos fijas a quién usar cuando le apetezca, sin tener que andar buscando cada dos por tres, ya que es cuidadosa en términos de seguridad y confianza. Así que estamos en ese proceso de filtrado y selección para ver cuáles se ajustan mejor a sus gustos, y con quién se siente bien para tenerlos preparados, y que cuándo Ella considere que estoy listo, jugar con ellos si surge la ocasión.

    Y aunque se den mil formas posibles de juegos y diferentes interacciones con Ella y entre nosotros, busca sumisos. No desea simplemente un “macho alfa”. Un follador. No. Ella necesita sentir que tiene control sobre esos juguetes, y que ellos tienen el grado de sumisión y entrega necesario hacia Ella. Sólo de esa forma podrá hacer lo que desee con ellos y disfrutar al máximo de cada una de las veces que decida humillarme disfrutando de otros a la vez que conmigo.

    Y a mí, todo esto se me hacía cuesta arriba hace unos meses. Imaginar que son otros dedos los que la tocan, que disfruta follándose a otro hombre, otra boca la que disfruta de su coño… hacía que se me retorciera algo por dentro. Y no negaré que aún siento un puntito de vértigo, pero deseo complacerla en todo, y aprenderé a gestionar esos momentos en los que seguramente tendré que apretar la mandíbula debajo de la máscara, viendo su placer en manos de otro hombre que no seré yo.

    Tanto ha cambiado mi forma de verlo, que me excito imaginándolo. Y estoy ayudando a la búsqueda de esos sumisos/juguetes, porque como dice Ella… “Más vale que te sientas a gusto con ellos. Por tu propio bien”

  • Mi esposa lo hizo en el bus

    Mi esposa lo hizo en el bus

    Este relato es tan real que hasta se lo puede palpar, fue lo más atrevido y hermoso que hizo Gloria, mi esposa.

    Hacía tiempo deseábamos viajar juntos en bus, no voy a decir dónde, pero un viaje de larga distancia. Cómo tardé en sacar los pasajes, no pude conseguir asientos contiguos, la idea era ir conversando juntos, tomando mate, y por qué no, de noche manotearla un poco para encender pasiones.

    Bueno, no pudo ser, conseguí asientos en el fondo, a ella le tocó el último hacia la ventanilla, a mí, delante de ella, en otro asiento obvio. Pero bueno, la idea era huir del trabajo, compromisos, hasta de los hijos.

    Llegamos a la terminal, esperamos un buen rato. Allí yo la veo un tanto distante, supuse por la emoción del viaje, no se, pero era como vigía que lenteaba por todos lados, al comienzo no lo entendí. Después de un rato la Vi de golpe más tranquila, pero bueno.

    Subimos al bus y nos instalamos, ella seguía callada. Nos sentamos y esperamos. Ella se metió unos auriculares y empezó a escuchar música, normal, quien no lo hace.

    Cuando viajo solo, siempre estoy ansioso de quién se va sentar a mi lado, deseando que sea una mujer linda con buenos pechos, digo para hacer más entretenido el largo viaje, y si quiere, le doy el lado de la ventanilla, para que cuando quiera ir al baño pasen sus glúteos frente a mi.

    Pasan los minutos y sube un muchachito y se sienta junto a mi, cagó mi ilusión. Más tarde ya aparece el que sería el acompañante de mi esposa, un tipo buen mozo, hombre maduro, muy varonil, musculoso, pero no exagerado, bien marcado, piel canela, se le sentía un perfume exquisito. Remera y shorts de algodón, bien suelto para un viaje cómodo me imagino.

    Mi esposa un remera blanca, también shorts de algodón flojito, que coincidencia…

    En muchas ocasiones alenté a mi esposa a qué sea descocada, atrevida. Le decía que no use brasier, que use plug y vaya así al trabajo, pero siempre un «no por esto, no por aquello». Sin embargo para este viaje no tenía brasier, sus preciosas tetas se contorneaban en la remera, se bamboleaban exquisitamente de aquí para allá, y otra cosa, tenía una tanga muy finita, que se le metía totalmente en el culo, y delante un triangulito casi invisible. Yo ya empecé a parar la antena, eran varias las señales que me llegaban que se salían de lo usual.

    Quiero mencionar que con Gloria tuvimos una relación muy abierta, de novios fuimos muy osados, bien jugados, cogimos en lugares muy atrevidos, la sala de su casa en las siestas, en lugares escondidos de mi casa, una vez lo hicimos en la terraza de un edificio, etc. Ya de casados fuimos elevando el nivel de nuestras cogidas, como se dice, hicimos de todo. Hoy día ella Lee novelas eróticas, se calienta y se moja toda, termina masturbándose, usa plug, vibrador, consoladores, en nuestra relación el sexo siempre fue importante. Tuvimos grandes jornadas de sexo, anal, vaginal, es una excelente chupa pijas, hace la paja como la mejor.

    Ella es un monumento a la excitación, la mirás y ya te calentás. Tiene preciosas tetas, bastante grandes, una preciosa concha, porque las vi feas en películas porno, las suyas son una invitación a chupársela, sus fluidos vaginales son sabrosos, cuando se pone de cuatro, ese culo no te deja pensar. Realmente es para formar fila y cogerla una y otra vez.

    Ella tiene constantes fantasías eróticas, su preferencia; hombres maduros de buen físico, morenos, altos. Le gustan las pijas gruesas, no tan largas, pero cabezonas. Anhela que un tipo así la coja despiadadamente. Con eso yo no tengo problema, ya está en ella, forma parte de su ser, y no miento, me excita sobre manera.

    Volviendo al relato:

    Este hombre se sienta al lado de Gloria, del lado del pasillo, en eso el bus ya se mueve, el viaje comienza. Yo feliz, necesitaba un cambio.

    Con esos asientos altos difícil darse vuela y conversar, por lo tanto, la charla quedaría a fuera!! Pero eso no impedía que ellos conversasen, bueyes perdidos al principio, después oí preguntas más personales.

    Así transcurrió la tarde, oscureció, nos trajeron la cena, más tarde apagan las luces y encienden la tv, pasan una película romántica, ni hablar, no va conmigo, así que me pongo en posición contra la ventana como para dormir.

    Pero ellos seguían hablando, con el pasar de los minutos, risitas, y no cualquier risita, eran risitas del resultado de coqueteos. Aun así no me importó, paranoico no soy. Después de una hora, y ya entrada la noche, serían como las 2 de la mañana, me despertó un jadeo fuerte, como jadeo de placer, al comienzo no sabía de dónde venía, pare la antena buscado el origen. No pasó nada por un ratito, de pronto se sintió de nuevo, está vez más intenso. Volví a parar la antena, y en eso de nuevo. Ya no había dudas, el jadeo de placer venía de atrás mío, era Gloria.

    Si voy a pensar en forma estúpidamente inocente, voy a creer que estaría soñando, pero soñando las pelotas!! Miré entre ambos respaldos, para ese entonces mi compañero de asiento fue al baño y después se detuvo a charlar con otro pasajero conocido suyo, por lo tanto podía pispar tranquilo. El ambiente estaba muy oscuro, ella había corrido las cortinas, del lado de enfrente estaba un solo pasajero totalmente dormido, así que todo estaba como para que nadie me viera, y menos a ellos.

    Sigo:

    Cuando miro sin que se den cuenta, que de hecho les importaba un huevo en ese momento, veo la mano del moreno acariciando la vagina de mi esposa, metía y sacaba los dedos, primero uno, después dos, y se sentía el chirrido de los fluidos de la puta de mi esposa que estaba totalmente mojada. Después él le levanta la remera y le masajea las tetas, acerca la cabeza y comienza a chuparselas, sin dejar de meter una y otra vez los dedos. Gloria, la puta, cada vez jadea más, y se veía que trataba de controlarse para no gritar, o jadear tan fuerte, o si no se armaba un escándalo con los pasajeros. Un escándalo que no se me pasó por la mente hacer jamás, aun viendo lo que veía. La razón, lo estaba disfrutando!!! Aquí y entre nos, siempre quise que coja con otro hombre, y más si los estoy viendo, me vuelve loco. Y que tanto joder, ella también lo quiso siempre, alma de puta.

    Y voy a decir lo siguiente, si tú esposa coge con otro por más que sean fantasías, tu esposa ya no es solo tuya, es también del otro, te guste o no es una esposa compartida. Que coja o no, ya no cambia las cosas, lo aceptas y participas o te vas. Yo participo!!

    Bueno: así siguen un buen rato, la temperatura ya había llegado a su pico máximo, de ahí en más ya nada importaba, ni entre ellos, ni conmigo, para que parar algo que desee ver siempre.

    De pronto ella extiende la mano y se la mete dentro del shorts, no me van a creer, pero el tipo no tenía nada abajo. La muy puta le saca la pija por un lado, era una pija enorme, bien cabezona, le corre más el shorts y le saca también los enormes huevos afuera, de ahí en adelante Gloria le comienza a hacer una paja de la gran puta al tipo. El le sigue chupando las tetas, y de tanto en tanto le da besos con lengüetazos, muy apasionados, y de vuelta a las tetas, la mano sigue haciendo también su trabajo en la concha de mi esposa, para ese entonces ya mojo el shorts, el asiento, era un volcán de fluidos.

    El después, le pone la mano en la cabeza y la empuja hacia esa enorme pija.

    Ella abre la boca y comienza a chupársela, la vuelve a sacar y la saborea de arriba abajo por fuera, se entretiene en lo que más le gusta, la cabeza de la pija del tipo, es su debilidad. Después le chupa los huevos, cada tanto se los mete totalmente en la boca y los estironea, los lame y vuelve a meter la pija en la boca. Cada tanto se anima y trata de meterla totalmente, imposible, es algo difícil con semejante tamaño.

    Repito, si galgo que sabe hacer bien la putita está, es chupar pijas, el tipo encantado.

    Después de un tiempo así, la cosa se puso más caliente. Ella se levanta se saca el shorts y la remera y los tira en el piso y se monta al tipo dándole la espalda, se clava toda esa pija en la concha toda chorreada y comienza a bombearla de arriba abajo, se sostiene del respaldo del asiento de mi compañero y se ensarta una y otra vez la pija del moreno. Yo jamás existí hasta el momento, no le importó para nada mi presencia, ella estaba en lo suyo y totalmente despreocupada. Aun así, Gloria ojeó por sobre el asiento hacia donde yo estaba, pero así muy fugazmente, el placer de la pija del moreno no le daba mucho tiempo que perder, y pudo percibir de mi papel de fisgón, la muy puta me hizo una muesca picarona, y no van a creerlo, me guiñó el ojo.

    Y bue, ya no tuve necesidad de no ser descubierto, y ella no tuvo necesidad de parar, así qué, siguió en lo suyo.

    Yo estaba para ese momento muy caliente, me salía fluido por la pija, me baje los pantalones y comencé a masturbarme mientras miraba.

    Estuvieron como 10 minutos en esa posición. Después ella se para y se lo monta pero ya frente a frente, dándome a mí la espalda, e impidiendo la visual de su amante. Eso hace que yo me pueda poner de rodillas y ver mejor mientras me seguía pajeando.

    Comenzaron a besarse apasionadamente, cada tanto él le succionaba con fuerza las tetas, y ella saltaba con la pija del tipo en su concha. A ella se le escapaban jadeos de placer, se retorcía y arqueaba metiendo una y otra vez esa pija en la concha.

    Se escuchaba que ella le decía «que rica pija tenés papito, esto si es pija, siempre quise algo así en mi concha», «si putita, es tuya todas las veces que quieras» le contestó él. «Cogeme más fuerte, dame placer, rompeme la concha, soy tu puta»

    Ahí, él la levanta y la pone de cuatro sobre el asiento mirando hacia la ventanilla, «te voy a romper la concha puta de mierda» le dice, «si cogeme duro, porque jamás me cogieron así» El moreno se la ensarta a una y otra vez con una fuerza brutal que la movía toda a mi esposa y la hacia estremecerse. Sacó la pija y en eso ella le dice,»metemela en el culo, rompeme el culo, quiero esa pija en mi culo ya!!» El hombre se masajea el miembro para lubricarlo totalmente, apunta al culo de mi esposa y comienza a enterrarlo, despacio al principio porque la cabeza del tipo era grande, cuando entró ella gimió entre dolor y placer, pero encantada,  siiii empuja hijo de puta, empujaaa carajo» clama Gloria, y se la entierra totalmente, ella suela un «ahhh!!! La gran puta, siiii»

    Comienza el bombeo con todo, le hunde una y otra vez la pija en el culo, después lo saca y se la mete en la concha, y así una y otra vez. A Gloria le chorreaba la concha por todos lados, el tipo tenía fluidos de ella en la pija, los huevos, la entre piernas, el asiento todo mojado, era una auténtica carnicería. Yo no dejaba de pajeame, la tenía dura, morada y grande de la fuerza con que la hacía.

    El la agarra de los pelos y la embiste una y otra vez. En eso alza su mano derecha, yo pensé que se quería agarrar del asiento, pero no, la hace pasar por encima. La muy puta quería que le agarre de la mano mientras tenía un orgasmo detrás de otro. Y que hacer? le agarro fuerte «acompañándola en su dolor» En eso el tipo mira y se da cuenta que yo estoy siguiendo la situación. Pero parar, jamás!!! me mira y me guiña el ojo, y me hace ok con los dedos. Y si, más vale que sea ok, se está cogiendo a mi esposa!!!

    Siguen cogiendo con todo, ella mínimo habrá tenido como 5 orgasmos. Solo faltaba que el moreno explote de una buena vez, para ese entonces ya eran como las 3 y media de la madrugada. La da vuelta a mi esposa y la acuesta boca arriba, la coge en esa posición como 10 minutos más y de golpe saca la pija toda dura e hinchada y la baña a Gloria con su leche, se la tira en el vientre, la cara, le abre la boca y le hace tragar otro tanto. Ella toma con los dedos todo el semen que puede y se los lleva a la boca, se traga todo. El se sienta y ella se inclina sobre la pija del tipo, le chupa toda la pija y los huevos, se la limpia totalmente.

    Luego ya consumado el hecho, él se pone el shorts, la remera y va al baño. Ella también se pone la remera el shorts, pero no la tanga. La agarra viene al asiento de mi acompañante, que jamás volvió, se sienta al lado mío, me mira a los ojos y extiende la mano, me dice: «esto es tuyo papi, no te enojes, siempre quise hacer realidad mis fantasías, es lo que estaba dentro mío, y lo saqué, te amo»

    Pensé mucho que podría decir, eran muchas cosas juntas.

    Y le dije: «siempre lo supe, y me preparé para esto, y no lo niego, lo desee siempre, y te amo más ahora, no lo puedo explicar, pero me hace bien lo tenía dentro, y lo sacaste»

    Me besó y tomo con sus manos mi pija, me comenzó a hacer una rica paja. Después se agachó, me la chupó con fuerza, me lamió los huevos. Me volvió a hacer la paja ya como para hacerme terminar.

    Comenzó a pasar por mi mente todo lo revivido esa noche, y me calenté tanto que me comenzó a brotar leche a montones.

    Toda esa leche fue a parar a su boca con sabor a pija ajena. Me sacó hasta la última gota y se la tragó. Se limpio la comisura de los labios y me dió un beso de «todos felices».

    Hay cosas que no se pueden reprimir

    Están en uno, se asoman como fantasías, y si no lo sacás puede ser perjudicial para la relación.

    Mejor sacarlo. No te parece?

    El viaje ya termina, pero todavía nos queda el retorno.

    Ellos estuvieron hablando, no me extrañaría que nos encontremos de nuevo.

    Esa ya será otra historia.

    Fin

  • Gracias por desflorarme

    Gracias por desflorarme

    Mientras frotabas tu miembro caliente contra mi ano, suelo pélvico, micropene y testículos, te vi a los ojos. Yo apasionada, inocente, a sabiendas de que en unos segundos más borrarías esa inocencia guardada inútilmente por tantos años, penetrándome deliciosamente, desflorándome con el mismo deseo con que hace escasos minutos yo mamaba alocadamente tu hermosa verga.

    Hacía mucho calor. Sentí el peso de tu cuerpo desnudo sobre mí, devorándome a besos el cuello, detrás y dentro de las orejas y mordiendo mis tetillas. Te abracé arañándote la espalda y apretándote hacia mi con los muslos y pantorrillas. Desde debajo de ti veía mis pies alzados sobre tu torso, estaban delicados, enfundados en zapatos abiertos de tacón y mostrando mis dedos destapados cubiertos apenas por unas cintas muy femeninas.

    Te besé en la boca hasta sentir tu lengua hirviente en mi garganta y succioné tus labios dulces que me dominaban. Me abandoné a tus órdenes.

    Sudaba nervioso a sabiendas de que el momento de desvirgarme había llegado. Mi recto estaba empapado por la emoción y el deseo.

    Fue así, mientras te miraba firmemente a los ojos que me convertiste en mujer. Pasé de ser un travesti escondido en el closet, a entregarme voluntaria y ardiente a tus deseos más perversos.

    Metiste tus manos bajo mi espalda y me tomaste de los hombros, jalándome fuertemente hacia ti. Me dolió, me ardió, sangré, pero fui tuya al fin. Me penetraste de un tirón sin misericordia. Sentí todo el grueso y largo de tu miembro reventando la resistencia de mi recto.

    Gemí de dolor- Grité rico de forma suplicante diciéndote “Papi rico, tu verga está deliciosa. Me duele, pero dame más duro”.

    No tuviste piedad. Me bombeaste desgarrándome el ano sin cesar. Por un momento, me tomaste de los tobillos y me abriste las piernas de par en par. Mi micropene, flácido, era mudo testigo de ese banquete anal que te dabas mientras yo lloriqueaba como una nena ante cada impulso que fuertemente dabas dentro de mí.

    Nuestros cuerpos estaban bañados en sudor. Los dos pujábamos. Me abandoné absolutamente a ti. De pronto sentí un estallido en el recto, una chispa caliente que encendió mi cuerpo y me hizo temblar compulsivamente. Ya no era dueño de mí. Frenéticamente me contorsionaba en la cama sin control alguno. ¡me hiciste tener un gigante orgasmo anal! ¡era maravilloso! Vi luces, sentí desmayarme, un cosquilleo incansable por todo el cuerpo, que finalizó con mi pequeño pene derramando leche una y otra y otra vez.

    Eres un verdadero caballero: me dejaste llegar al clímax primero antes de hacerlo tú. Cuando al fin vino el chorro de tu semen dentro de mi ano, fue una sensación aun mas gloriosa. Me sentí tu princesa, tu nena, tu muñeca, tu esclava. Ninguna otra travesti de closet como yo en ese momento ha de haber sentido un placer tan grande como este que me has dado.

    Con una última metida de tu verga hasta el fondo, y un chorro que llegó hasta muy dentro, te desplomaste sobre mí, abatido, cansado, agotado de hacerme tan mujer. Éramos sudor y piel. Placer y deseo llevado al límite. Te abracé mas fuerte con piernas, brazos y mis manos jugaron con tu cabello. Te besé aún mas apasionada y te dije: “te amo. Gracias por desvirgarme. Por hacerme tuya. Por convertirme en la mujer que siempre deseo esto estando en el closet”. Mientras me seguiste besando, nos dormimos desnudos fundidos tu dentro de mi y yo desflorada al fin.

    Desde luego, es solo la fantasía virtual de que tú me hagas mujer. Necesito tanto de refuerzos positivos para animarme a entrar vestido de hombre y salir vestido como una hermosa mujer del closet, que me arrodillo ante ti como una esclava y te ruego que me envíes un mensaje a [email protected] para animarme y decirme si te gustó mi relato y si quizá merezco ser penetrada. Prometo, además de responderte, masturbarme en tu honor (¿sabes cuántos lo han hecho?) metiéndome el dedo en mi esfínter pensando en ti. Minivestido, sandalias de tacón, labios brillantes y obediencia absoluta, así me imagino frente a ti.

    Besos.

    Genoveva

  • Reunión anual

    Reunión anual

    De todas las categorías en las que podría haber esperado enviar una historia, nunca pensé que publicaría en la categoría Sexo lésbico. Como una mujer heterosexual y casada, podría escribir más sobre sexo en grupo, mi primera vez o tal vez algo en la sección de BDSM. Pero, hubo quien me solicito y espero que esto sea de su gusto.

    Lo primero es lo primero, soy una mujer heterosexual, si han leido mis otras publicaciones sabra que realmente me encantan las vergas. Me encanta chuparlas, tenerlas dentro de mí, y definitivamente disfruto tener dos o más a la vez, pero ese tipo de historia es para otro día.

    Era la típica reunión anual con mis exalumnas. Una escapada de fin de semana a una casa de campo. En una cabaña acogedora 6 dormitorios y cuatro sofás; cada dormitorio tiene una cama doble o literas. El lugar era lo suficientemente grande para que nosotras pasáramos el fin de semana, no se aceptaban bendiciones, ni esposos ni novios.

    4 de nosotras hicimos el viaje en mi automóvil, el viernes por la noche de nuestra excursión de vacaciones de fin de semana largo. Mi amiguita, Laura, de copiloto, Janet y Lisa iban en el asiento trasero. Por lo general, soy la conductora designada (siendo la mayor del grupo), lo que permitió que las otras chicas tomaran algunos tragos, cuando estábamos a mitad de camino hacia el destino. El automóvil apestaba a alcohol y estábamos haciendo nuestra propia versión de karaoke con la música de la radio, mientras deambulábamos por las carreteras secundarias hasta la cabaña.

    Llegamos lo suficientemente temprano para tener todo arreglado antes de que oscureciera. Pronto hubo un fuego encendido, junto a mesas de picnic llenas de comida y refrigerios. A medida que el alcohol nos afectaba a la mayoría, Laura y yo encontramos un lugar alejado de la manada que se reían tontamente, y comenzamos a tener nuestra propia pequeña charla.

    Lau y yo siempre hemos podido hablar de los temas más íntimos, personales y delicados.

    Le estaba diciendo que me sentía mal por Mi Mor, porque normalmente tenemos sexo la noche antes de que uno de nosotros se vaya de fin de semana, o si el trabajo nos lleva fuera de la ciudad. Pero para variar Mi Mor tuvo que quedarse hasta tarde en su empresa y perdí mi oportunidad de mi cogida semanal con él.

    Laura se inclinó, su voz apenas por encima de un susurro y definitivamente arrastrando las palabras un poco, y dijo:

    Laura: «Crees que te va mal, Daniel (su novio en esta época) ha estado fuera de la ciudad por un proyecto de trabajo durante las últimas tres semanas, y antes no me he electrocutado por el exceso de uso de baterías para satisfacer a la “bestia” «. Ambos nos reímos de su situación y continuamos bebiendo.

    De repente, Laura estalló en carcajadas, roció su último sorbo de alcohol hacia el fuego.

    Laura: «Daniel me dijo que ya le duelen las bolas, ¡pero creo que mi puchita está peor!».

    Ambas casi nos caemos de nuestras sillas riendo, y algunas de las chicas nos miraron, sin estar seguras de lo que se dijo para hacernos reír a carcajadas así.

    Cuando terminamos nuestro último trago de la noche, miré mi reloj. Era casi medianoche y estaba sintiéndome adormilada por el largo viaje.

    Yo: «Bueno, Lau, creo que es hora de ir a la cama». Se tragó lo último de su bebida y se puso de pie conmigo.

    Lau: «Creo que yo también estoy lista».

    Dijimos nuestras buenas noches a las otras chicas, las cuales comenzaban a hacer mucho ruido en la fresca quietud de la noche. Nos tambaleamos a la cabaña juntas, sosteniéndonos cuando era necesario.

    La cabaña tenía una ventana enorme que miraba hacia el fuego ahora rugiente. Tenía un baño interior, en el centro del edificio, pero con las paredes delgadas, podías escuchar casi todos los tintineos o sonidos del interior. Había una letrina en la parte de atrás si no querías que los demás escucharan lo que estabas haciendo, pero nadie la usaba una vez que oscurecía, porque no tenía electricidad.

    Al final de un pasillo había cuatro habitaciones, siendo la nuestra la última a la derecha. Encontramos nuestro camino hacia la habitación que compartiríamos durante el fin de semana. Tenía una cama Queen site, un colchón grande y mullido y barandillas de acero ornamentadas en la cabecera y los pies, como en la casa de la abuela.

    Entramos y revisamos nuestras propias bolsas de viaje para sacar nuestros camisones. Fue divertido que Laura y yo tuviéramos muchas cosas en común, y los camisones de algodón para dormir eran una de ellas. Nos hemos visto desnudos en los vestuarios, así que no había ninguna vergüenza en desvestirse juntos.

    Cuando me quité los jeans y la ropa interior, me di cuenta de que Laura estaba haciendo exactamente lo mismo, no muy lejos y frente a mí. Mientras se quitaba la tanga de las caderas, noté que su mata castaña estaba afeitada como una pista de aterrizaje, mientras que la mía estaba totalmente afeitada hasta quedar suave. Su largo cabello caía en cascada sobre la parte superior de su pecho mientras se quitaba la ropa interior.

    Lo del coño afeitado fue algo que comencé a hacer hace unos años. A Mi Mor le encanta meterse en mi coño afeitado y el estar libre de mi cubierta natural de bello me hace más sensible a los estímulos.

    Laura: ¿Siempre te afeitas completamente?» Sus ojos miraron mis labios desnudos.

    Miré hacia abajo.

    Yo: «sí. Para mi es cómodo, además a Mi Mor le gusta así, y no me acostumbro andar peluda».

    Ambas continuamos y cuando nuestras blusas se quitaron, ella me vio mirando sus tetas mientras caían de su sostén.

    Yo: «Sorry» después de que me atrapara, » recuerdo cuando mis senos eran así de firmes, pero la lactancia”. Jugué con mis pezones erectos mientras hablaba.

    Mientras Lau intentaba ponerse el camisón, una vez más observé cómo la firmeza de sus pechos cuando levantaba los brazos; sus pezones estaban erectos.

    Lau: «Pues no los veo tan desgastados», respondió ella, «son más grandes, y estoy segura de sí vale la pena todo el dolor de espalda». riéndose

    Yo: «Bueno, apuesto a que Daniel no se queja». refuté.

    Lau: «Eso es seguro. Pero los tuyos están bien sin embargo». Laura me sonrió mientras dejaba caer su camisón sobre ella, y mirando mis pechos justo cuando yo levantaba los brazos para ponerme el camisón.

    Me metí en la cama mientras ella se cubría el cuerpo con la pesada colcha acolchada y fresca sábana. Se suponía que iba a hacer calor a partir del sábado por la mañana, pero por ahora era bastante cómodo. Cada uno de nosotras sacó nuestras tabletas; ella estaba leyendo un libro electrónico y yo tenía un juego de reventar burbujas. Unos minutos después, Laura se levantó y fue al baño, y yo continué con mi juego. Pronto regresó y se acomodó a mi lado una vez más. Parecía inquieta, sus piernas se movían hacia un lado o hacia el otro, y luego volvía a acostarse boca arriba.

    Yo: «¿Qué pasa? ¿Estás bien?».

    Lau: «Sí, estoy bien», pero todavía parecía casi igual de inquieta.

    Después de un minuto o dos, Laura rodó sobre su costado, mirándome, y me giré para ver qué estaba pasando con ella. Ella susurró

    Lau: «¿Puedo preguntarte algo?» Ahora ella tenía mi interés.

    Yo: «Claro. Lo que sea.»

    Lau «Ando muy cachonda y traté de frotarme en el baño, pero no es muy privado allí. ¿Hay alguna posibilidad, ya sabes, si pudiera, eh… «

    Yo: «¿Facilitarte la situación? Claro»

    Apagué mi tableta y también apagué la luz de la mesita de noche. Laura también apagó la luz y yo me quedé tumbada boca arriba, en la oscuridad, tratando de darle a mi amiga un tiempo a solas. La luz de la luna que entraba por la ventana adyacente iluminaba nuestra cama, y aunque traté de cerrar los ojos para darle a Laura un poco de privacidad, no pude evitar mirar a mi amiga mientras se daba placer en nuestra habitación, ahora iluminada solo por la luz de la luna desde la ventana al lado de la cama.

    Cuando miré, dos cosas me llamaron la atención. Primero, sus rodillas formaron pequeñas tiendas de campaña cuando las abrió, dando a sus dedos acceso sin restricciones a su “bestia”. Entonces, vi el movimiento de su mano debajo de las sábanas, en el hueco entre las dos tiendas. Pequeños movimientos circulares del dorso de su mano hicieron que las mantas se movieran en ondas sensuales. De vez en cuando, su mano bajaba más, probablemente para recuperar su propio lubricante y humedecer más su clítoris. A veces, su mano entregaba caricias largas y suaves hacia arriba y hacia abajo, y en el silencio de la habitación escuché el chasquido de sus labios mientras su dedo entraba y salía de su raja húmeda. Luego probó de nuevo el patrón circular. Todo esto me estaba poniendo más y más húmeda, viendo los gestos de Lau y escuchando sus sonidos íntimos de alivio.

    Me quedé muy quieto, con las manos a los costados, sin querer moverme o distraer a mi amiga de sus necesidades. Nunca había visto a otra mujer tocarse tan íntimamente. Claro, he visto porno, y ahí las chicas satisfacían sus coños con los dedos, penetrándose, pero nunca me pareció real. Me gustaba frotarme, y rara vez me penetraba. Eso se lo dejo al macho del momento, cuando usa sus dedos para complacerme.

    Laura daba vueltas un rato, luego daba brazadas largas y volvía de nuevo, pero se estaba frustrando, al no lograr el orgasmo. Sentí su frustración.

    Yo: Murmuré, «Está bien»,

    Tuve una idea, pensé: «Qué diablos», levanté y separé mis propias rodillas. Sabía que ella podía ver los mismos movimientos de mis manos, y en realidad exageré mis movimientos, mientras usaba mi izquierda para despegar mis húmedos pétalos rosados. Mi mano derecha comenzó esos círculos lentos y deliberados que jugueteaban con todos los lados de mi clítoris endurecido, con mi dedo medio cavando. Me mojé mucho mirando a mi amiga, y unas cuantas caricias largas para dejar que mis dedos se deslizaran en mi coño me acercaron al borde en poco tiempo.

    Traté de estar callado, pero mi respiración se volvió superficial, y luego comencé a jadear, mientras mi propio coñito respondía. Vi el contorno en las sábanas de mis caderas dibujarse cuando mi orgasmo se apoderó de mí. Un pequeño gemido emanó cuando llegué a mi punto máximo, y luego, con la misma rapidez, dejé de tocarme. Miré su mano trabajando febrilmente sobre su montículo. Y entonces Laura se detuvo.

    Lua: «¡Puta Madre!» exasperada, y comenzó de nuevo.

    Me giré hacia mi lado

    Yo: «Sigue adelante. Llegarás».

    Laura comenzó a darse placer de nuevo. Y aquí es donde hice algo que nunca había imaginado hacer antes. Sostuve mi cabeza con mi codo derecho, recostada sobre mi lado derecho mientras Laura comenzaba a masturbarse. Mi mano izquierda se deslizó a lo largo de las sábanas y encontró la suavidad de su ropa de algodón debajo. Deslicé suavemente mi mano hacia arriba sobre la suave tela lo largo del costado hasta su pecho. Mis dedos buscaron el pezón gomoso y se deslizaron sobre su gran areola hasta que descansaron en la base de la erecta protuberancia.

    Laura dejó escapar un suspiro deliberado, claramente afectada por mi incursión. Mi dedo índice estimulo la piel sensible, y su mano reaccionó con un ritmo acelerado mientras sus dedos rodeaban su clítoris, que se mostraba en el brillo de la luz de la luna sobre ella. Mi pulgar se unió al índice y ambos tiraron del pezón erecto, estirándolo desde el resto de su pecho, a través de la tela de algodón. La mano derecha de Laura tiró de la misma manera su pezón derecho, mientras su mano izquierda ahora se movía verticalmente, arriba sobre su clítoris y hacia abajo en su raja empapada. Escuché su humedad chapoteando mientras se masturbaba, y luego su respiración se volvió intensa. La boca de Lau formó una ‘O’ perfecta cuando los músculos de su cuello se tensaron y llegó su orgasmo.

    Mis movimientos se detuvieron gradualmente, mientras sus caderas se empujaban en un movimiento subconsciente de su dedo mientras terminaba con ella. Saqué mi mano de ella y rodé sobre mi espalda, mi excitación ahora había pasado, y mi cerebro se preguntaba si había hecho algo de lo que podría arrepentirme en la mañana.

    Mientras yacía de espaldas, mirándola en su resplandor crepuscular, sus brazos se sacaron de debajo de las mantas. Cuando sacó la mano de las sábanas, vi a Lau oler rápidamente y luego saborear su dedo medio. Cerré los ojos con la misma rapidez, para que no me atrapara mirando su momento más privado.

    Lau: «Necesito orinar», susurró unos segundos después, levantándose de la cama.

    Cuando se fue, yo también probé mi propio sabor con la lengua de mi mano. Olía mi excitación sexual. Acababa de masturbarme frente a otra mujer.

    Cuando Laura regresó, se deslizó debajo de la sábana y apoyó la cabeza en la almohada, frente a mí.

    Yo: Susurré: «Lo siento, si yo…», a lo que Laura me detuvo con la mano.

    Lau: «Eso fue encantador».

    Se movió hacia mí y me besó en la frente, y se acomodó de nuevo en su almohada. La escuché reírse y luego susurró:

    Lau: «¡Daniel y Tu Mor nunca se enterarán de esto!».

    Yo también me reí.

    Yo: «¿Te imaginas? ¡Nunca nos dejarían en paz si lo supieran!»

    Lau: «Este será nuestro secreto».

    Ambos encontramos el sueño poco después.

    Me levanté temprano, justo cuando la luz del día entraba en la habitación, y el sol ya comenzaba a calentar el edificio. Dejé a Laura durmiendo y me dirigí a la cocina para tomar una taza de café y sentarme afuera para disfrutar de la mañana. Nadie más se movió hasta pasadas las nueve, cuando Lau salió con su propia taza.

    Lau: «Buenos días»

    El clima seria cálido y húmedo todo el día, hasta la noche. Una tormenta rompería la humedad en algún momento antes del domingo por la mañana.

    Hablamos un rato, antes de que saliera alguna de las otras chicas, pero no se dijo nada de la noche anterior. Todavía estaba inseguro, teniendo pensamientos de culpa por ser el instigador. Y luego pensé, bueno, tal vez ella siente que ella instigó todo. Sabía que lo estaba pensando demasiado, porque la vida parecía ser bastante normal hoy, para mi amiga. Las demás finalmente salieron y compartimos el desayuno, que en ese momento era mucho más como un brunch.

    Por la tarde, una de las chicas salió en traje de baño, toalla en mano, y caminó hasta la orilla junto al río. El calor era abrasador.

    Lau: «¿Qué te parece? ¿Deberíamos entrar y refrescarnos?».

    Con mi asentimiento, nos levantamos y tomamos nuestros platos y los pusimos en remojo en el fregadero, y entramos a nuestra habitación.

    Con nuestra ropa una vez más quitada, cada una de nosotras nos pusimos nuestros trajes de baño.

    Lau: “¿Me ayudas?» dándome la espalda.

    Traté de no mirar sus firmes melones atrapados dentro de la lycra, así que levanté su largo cabello para que ella lo sostuviera, y luego até la cuerda en un lazo, contra la suave piel de su cuello.

    Yo: «¿Yo también ocupo?» dándome la vuelta

    Laura se me acercó por detrás y me quitó el pelo del camino. Con ambas manos sujete mi cabello y apartarlo de su camino. Sin previo aviso, sus manos frías se deslizaron debajo de mis brazos y debajo de mi tela, acariciando un seno en cada una. Me estremecí. Sus dedos índice y medio rodearon cada pezón y los pellizcaron ligeramente, su cálido aliento en mi oreja izquierda, antes de despegarse.

    Lau: «Mmmm», susurró en mi oído, «No solo lucen bien, se siente bien».

    Laura presionó sus senos contra mi espalda y susurró

    Lau: «Algo más que no diré cuando regresemos».

    Mientras ella giraba hacia la puerta, tuve un flashback de la noche en que perdí mi virginidad; lo rápido que me había excitado en ese entonces. Sentí el mismo mareo, la misma oleada de líquido entre mis piernas, el hormigueo en mi barriga, pero esta vez por caricias muy femeninas.

    Conseguimos nuestras toallas y nos dirigimos al río, y nos sentamos uno al lado del otro. Incluso mientras nos sentábamos y hablábamos, mi vista se asomaba a donde la tela de su traje de baño desaparecía en un triángulo de labios regordetes entre sus piernas. Había una elevación evidente en la tela donde yacía su clítoris, como si un dedo diminuto asomara. Me imaginé la suavidad de su monte de Venus, los rizos de su pista de aterrizaje. Nunca antes había tenido pensamientos como este en mi cabeza por una mujer.

    Los pezones de Laura, como siempre, casi rasgaban la tela, provocándome aún más. Captó mis miradas, pero no hizo ningún comentario. ¿Cómo iba a pasar el día así? Cachonda como una adolescente. Decidí nadar y corrí hacia el río, sumergiéndome hasta el cuello, aunque el agua apenas me llegaba a la cintura. Laura pronto se unió a mí, ambos permaneciendo casi sumergidos mientras disfrutábamos del alivio del calor. Charlamos y reímos un poco, y otras 4 chicas entraron al río, incluida Hilda, una chica con aspecto de duendecillo, que tiene un cuerpo que envidiaría a cualquier mujer.

    Hilda era menudita y apenas pesaba 48 kg. senos diminutos con caderas juveniles. Por lo general, las chicas así tienen hambre de hombres y tratan a otras mujeres como una mierda, pero Hilda era una de las chicas más dulces que he conocido. Está casada con Tony, que era un hombre apuesto y bien formado. La mayoría de la gente los llama Barbie y Ken. El rocío de sus salpicaduras se sintió refrescante cuando pasó nadando junto a nosotras.

    La propiedad era bastante amplia y el río poco profundo en un largo camino, por lo que se fueron formando grupos. Hilda se unió a Hortensia y permanecieron dejándonos a Laura ya mí solas. Lau me dio una sonrisa graciosa, y no estaba seguro de por qué, hasta que noté que la correa que solía estar atada alrededor de su cuello se soltó. No había nada que sostuviera sus firmes pechos excepto el agua fresca y clara, y supuse que por eso me sonreía. Cualquier pensamiento de que podría haberla ofendido anoche, abandonó mi cabeza de inmediato.

    Laura: «A mis chicas les gusta estar libres cuando estoy en el agua». Miré y vi los duros globos flotando justo debajo de la superficie.

    Miré a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos estaba prestando atención y me acerqué un poco más a ella. Mi mano se extendió, debajo de la superficie y descubrí la carne dura como una roca. El antebrazo de Lau rozó mi sostén y cerré los ojos ante el toque erótico. Froto sus manos sobre cada teta a sobre de mi ropa, sus dedos encontraron mis pequeños pezones escondidas debajo. No hicimos nada más allí, ya que ninguna de nosotras quería que las otras chicas se dieran cuenta, pero sentí la mezcla de mis cálidos fluidos con la refrescante agua del río en el refuerzo de mi traje.

    Una vez de regreso en la orilla, conversamos y algunas bebidas más, antes de la cena. Todas estaban de muy buen humor, y una vez que se puso el sol, nos reunimos cerca de la hoguera.

    Galilea: «A ver, señoras, ¿qué tal un juego de “Yo nunca he”?»

    Las reglas eran simples en el sentido de que cada uno de nosotras se turnaba y anunciaba algo que nunca habíamos hecho. Pero, si alguna de las otras chicas había hecho eso alguna vez, tenían que tomar un trago. Las cervezas se repartieron a todas para comenzar. Surgieron muchas ideas interesantes y, con bastante frecuencia, la mayoría de las chicas tenían que tomar un trago. Era un grupo bastante escandaloso.

    La sorpresa de la noche fue cuando llegó mi turno

    Yo: «Nunca he hecho que otra chica se corra».

    Surgieron estallidos de risa, y cuando con orgullo dejé mi cerveza, noté que todos los demás estaban bebiendo. Miré a Lau para ver si notaba cuántas de las chicas estaban bebiendo su cerveza, y ella estaba acabando su sorbo.

    Yo: «¿Tú?» boquiabierta.

    Lau: “sí», susurró. «Te cuento más noche».

    Todas las chicas se rieron y una de ellas dijo:

    Greta: «Supongo que nunca has compartido cama con Hilda «.

    Todos se echaron a reír y yo me reí nerviosamente, porque realmente no entendí la broma. Hilda me sonrió, tomando otro largo sorbo de su cerveza. Seguimos jugando y gritando por diversión ante algunas de las ideas que surgieron. Después de mi tercera botella de cerveza, el juego se agotó, y con todo el calor, estaba media cocida y cansada.

    Yo: «Entonces, Lau” mi aliento apestaba a cerveza, «¿Pensé que estabas felizmente comprometida?» Estaba bromeando, y ella lo sabía.

    Lau: «Bueno, ¿recuerdas hace dos años cuando vinimos aquí para la reunión anual con las chicas y no pudiste venir?»

    Lo pensé y miré con curiosidad a mi amiga.

    Yo: «Sí…»

    Lau: «Bueno, Hilda y yo compartimos la habitación en la que tú y yo estamos este fin de semana».

    Yo: «¿Quieres decir, Hilda y tú?» estupefacta

    Laura se rio un poco y dijo:

    Lau: «No es cierto, ¿no conoces la historia de Hilda?».

    Negué con la cabeza.

    Lau: «Eleny, Hilda es agresivamente bisexual. Ha tenido tríos con algunas de las chicas, junto con su esposo, Tony. Galilea también llevó a Hilda a su casa para jugar con su esposo».

    Yo: «¿tuviste, un, un trío con Hilda …»

    Lau: me interrumpió. «No, no. Solo Hilda y yo jugamos un poco ese fin de semana. Nunca he estado con otro chico o chica, desde que Daniel y yo nos comprometimos. Pero, tengo que decir, ¡Hilda sabe lo que hace!»

    Miré a Hilda y, efectivamente, estaba abrazada a Hortensia. No podía creer que no había oído nada de esto antes.

    Yo: «Wow, no tenía idea…”

    Lau: «Y nunca has hecho que otra chica se corra? ¿Es eso cierto?»

    Negué con la cabeza.

    Yo: «No. Nunca he hecho nada en absoluto con otra chica… bueno, hasta anoche, supongo. Pero, técnicamente, no hice que te corrieras».

    Lau me besó en la mejilla

    Lau: «Bueno, anoche fue caluroso. Y definitivamente me ayudaste a llegar. Y ahora he bebido demasiado, así que necesito terminar la noche un poco antes».

    Yo: «Iré contigo. Creo que también he terminado. Creo que he tomado demasiado sol y cerveza».

    Nos despedimos de las demás, abrazando a algunas, besando a otras, y cuando llegué a Hilda, ella me besó y me susurró:

    Hilda: «Tal vez el próximo año».

    Estoy seguro de que estaba siendo amable, pero sonreí y asentí con la cabeza antes de girarme para ver a Lau esperándome. Esta noche, estábamos caminando con los brazos alrededor del otro ya que cada uno de nosotros se tambaleaba bien. Cuando abrí la puerta de la cabaña, el calor del interior nos golpeó. Sin aire acondicionado, solo podía imaginar lo cálido que estaría en las habitaciones esta noche. Después de que Lau y yo nos detuviéramos para orinar por última vez, fui la primera en entrar al dormitorio. Mis temores se fundaron cuando entré y el aire cálido me hizo desear haber pensado en llevar un ventilador conmigo. El clima pronosticaba una tormenta durante la noche que rompería el calor acumulado en la cabaña. Mientras tanto, iba a ser difícil ponerse cómodo en este dormitorio tipo sauna.

    Lau: «No. De ninguna manera podré usar un camisón esta noche con este calor».

    Asentí con la cabeza y trabajamos juntos para quitar la manta superior, dejando solo una sábana delgada disponible para cubrirnos. Los dos nos desnudamos y le mencioné a Lau que le había dado bastante el sol en la parte superior del pecho. Se miró a sí misma, admirando el contraste entre sus pechos y las pecas marrones sobre su escote. Me deslicé en la cama y Lau me siguió por su lado, deslizándose a mi lado.

    Estaba acostada boca arriba, con las palmas de las manos apoyadas en mi estómago, demasiado cansado para jugar en mi tableta. Lau apagó la última luz y rodó sobre su costado, alejándose de mí. Luego me volví de lado, todavía demasiado caliente para dormir. Ella se ajustó, y yo también, tratando de encontrar una posición que pudiera traer comodidad.

    Más de veinte minutos después del proceso, me encontré acostado boca arriba, con los brazos doblados a los costados, y finalmente pateé la sábana. No me importaba si Lau podía verme o no, tenía demasiado calor para intentar dormir. Unos segundos más tarde, sentí a Lau arrastrarse cerca de mí, su mano alcanzando la mía.

    Lau: «¿Quieres que te muestre lo que Hilda hizo conmigo ese viernes por la noche?». susurró

    Mi capacidad de pensar con claridad se había ido. Estaba cansada, borracha y, como se vio después, cachonda como el demonio. Me giré para mirarla y la miré a los ojos. Sabía que no podía decir que sí, pero que lo quería. Lau se sentó erguida y metió las piernas debajo de ella, una rodilla contra mis costillas y la otra cerca de mi rodilla derecha. La mano que tocaba mi mano se movió, exploró el contorno de mi barriga y se movió más arriba.

    Me quedé quieto, ya que no estaba segura de que tocarla fuera parte de su oferta. La miré, luego miré su mano acariciando mi seno derecho. Observé sus pechos que desafiaban la gravedad. Lau movió su otra mano para jugar con el pezón en mi teta izquierda, ambas manos me estimulaban simultáneamente.

    Los hombres rara vez pueden apreciar cómo una acaricia suave y paciencia es mucho más caliente que pellizcar, tirar y apretar. Lau usó el toque más suave sobre mis pezones erectos. La única humedad en mi mente en este punto, era la humedad caliente entre mis piernas. Podía oler mi propio sexo mientras me calentaba, y ocasionalmente el olor de mi amiga, cuya rodilla bloqueaba mi vista de su vagina. Mis pies se frotaron entre sí, para evitar que mis piernas se abrieran para llamar la atención de Laura.

    Su mano derecha dejaba mi pecho y se adentraba tortuosamente sobre mi vientre y luego volvía a subir. Luego deambulaba por mi caja torácica y bajaba por mi costado hasta encontrar mi cadera. A partir de ahí, se movió hacia arriba y hacia arriba una vez más para explorar mi areola. Mi respiración se volvió dificultosa y sentí que la sábana ajustada debajo de mi trasero comenzaba a humedecerse con mis jugos.

    Mucho tiempo después de su cuidadosa manipulación de la parte superior de mi cuerpo, La mano derecha de Lau se deslizo sobre mi vientre, deteniéndose antes de llegar a mi clítoris. Mientras acariciaba el montículo púbico suave como el de un bebé, susurró de forma casi inaudible.

    Lau: «Se siente tan suave».

    Mi cuerpo se retorció ante su delicioso toque, casi rogándole que continuara. Mi mano derecha se apartó de mi costado, intentando deslizarse entre su rodilla y su brazo izquierdo, para jugar con sus pechos, pero ella la detuvo sujetándola contra su muslo con su brazo.

    Lau: «Todavía no, Ahora solo eres tú».

    Relajé mi mano una vez más a mi lado, mientras la mano izquierda de Lau jugaba de un lado a otro sobre mi barriga, justo encima de su mano derecha. Cerré los ojos y permití que su toque me dominara, y solo se escuchaban los sonidos de nuestra respiración; La respiración de Lau era tan tranquila, mientras que mi respiración se movía en espasmos nerviosos.

    Finalmente rozó mi carnoso botón de placer, y separé mis piernas para su paso. Su pulgar izquierdo abrió el camino hacia mi clítoris, mientras que su otra mano exploró la carne caliente de mis muslos, deslizándose profundamente entre ellos y haciéndome cosquillas en los pliegues entre mis muslos y mi trasero. Su pulgar izquierdo comenzó a rasguear muy suavemente la capucha arrugada de mi clítoris, mientras que su mano derecha encontró la carne labial empapada y usó dos dedos para separarlos.

    Escuché mi gemido reverberar a través de mi pecho cuando sus dedos penetraron los pliegues más sensibles de mi sexo. Miré hacia abajo para ver la palma de una mano descansando sobre mi montículo púbico, mientras que la otra se abría paso hacia mí. El grosor de sus dos dedos abriéndose paso dentro de mí me dio la sensación de que uno de mis consoladores se abría paso hasta mi centro.

    Mordiéndome el labio para no gemir lo suficientemente fuerte como para que las otras no supieran que mi vida estaba cambiando esta noche, Lau giró ambos dedos hacia arriba y a lo largo del tejido trenzado de piel del techo de mi vagina, e inmediatamente sentí la necesidad de orinar. Sabía muy bien cómo estimular mi glándula del punto G.

    Nuestros ojos se encontraron cuando sentí mi liberación de los fluidos acuosos que bañaban los dedos de Lau mientras entraban y salían furtivamente debajo de la glándula palpitante. Ella sonrió casi imperceptiblemente cuando mi humedad se acumuló en su palma, mientras su otro pulgar empujaba la vaina sobre mi clítoris y frotaba mi botón alargado.

    Mis piernas temblaban incontrolablemente con la sensación de mi orgasmo interno, y sabía que pronto sería superado por uno de clítoris. Su pulgar rodeó la longitud de mi frijolito, y agregó su dedo índice a la mezcla, para tirar de la carne tierna, masturbándome con pequeños movimientos verticales. Continuó, entendiendo que estaba a punto de llegar al clímax por sus manos literalmente.

    Mi estómago fue el primero en tensarse, y luego mis piernas y mi cuello se tensaron contra las convulsiones que estallaban en mis ingles. Una vez más, nuestros ojos se encontraron mientras ella observaba cómo mis rasgos faciales se congelaban. Entonces mi boca emitió un sonido más gutural, las vibraciones nos atravesaron a ambas mientras mi cuerpo liberaba su orgasmo excesivo. Sentí que mis piernas se estremecían y más fluidos se rociaron violentamente en un chorro acuoso, haciendo que la sábana debajo fuera un desastre empapado.

    Los movimientos de Lau disminuyeron, lo que me permitió volver a caer a la tierra y acomodarme tranquilamente en nuestra cama. Su mano derecha brillaba, e incluso goteaba, con mi eyaculación, mientras se apartaba de mi cálido y húmedo coñito. Arrastró su mano a lo largo de la sábana superior, limpiando los restos de mi humedad a lo largo de la fina tela.

    Lau: «¿Cómo fue eso?» susurró burlonamente,

    su mano izquierda ahora descansando suavemente sobre mi barriga, subiendo y bajando con cada respiración suave.

    Yo: «Wow…» fue lo único que salió de mi boca.

    Laura sonrió y luego deslizó sus pies debajo de ella y se acostó a mi lado, cara a cara. Mi mano izquierda rozó su mejilla

    Yo: “¡Hilda te enseñó bien!»

    Ambas reímos en voz baja, nuestros ojos nunca se separaron en el suave resplandor azul de la luna que llenaba la ventana.

    Unos segundos más tarde, me levanté, observando su cuerpo curvilíneo, desde sus largos mechones, sobre sus divinos pechos y hasta los rizos recortados que escondían su sexo. Me puse de rodillas entre sus pies, separándolos ligeramente.

    Lau yacía inmóvil, ahora con las manos a los lados, mirándome. Me sentí como si fuera su alumna, recordando lo que hizo para excitarme y preguntándome si aprendí lo suficiente. Necesitaba tiempo para examinar su sexo, ya que se veía muy diferente al mío.

    Lo primero que noté fue que el clítoris de Lau era mucho más grande que el mío y ya estaba erecto. De hecho, tenía la forma de una lanza, como un pene circuncidado, y no podía esperar para explorarlo. Me contuve y, mientras contemplaba su enormidad, mis manos acariciaron las pantorrillas de Laura.

    Me tomé mi tiempo para tocarle la parte inferior de las piernas, queriendo provocarla como ella lo había hecho antes. Vi sus manos moverse a sus pechos y retorció sus pezones como lo había hecho la noche anterior. Mientras acariciaba el interior de sus rodillas, el fuerte aroma de Lau llenó mis fosas nasales y sentí la misma excitación interna que siento con las feromonas de buen macho. Respiré profundamente, intoxicada por este aroma.

    Lau separó más sus rodillas para mí, y fue entonces cuando noté la segunda diferencia entre nuestras partes femeninas. Sus labios eran mucho más carnosos que los míos y colgaban de su abertura vaginal. Mientras mis manos acariciaban el interior de sus muslos, se me hizo agua la boca, aunque la idea de saborearla todavía parecía muy extraña en este punto. Nunca pensé mucho en mi propio olor, y nunca pensé que mi sexo fuera atractivo de ninguna manera. Ahora me enfrentaba a esta panochita extraña pero familiar, y quería sondearla con mis dedos.

    Mis manos dejaron sus muslos y cada una se colocó a cada lado de su pubis, disfrutando de las áreas suaves y afeitadas a cada lado. Miré a Lau en la oscuridad, su rostro torcido mientras tocaba bruscamente sus fabulosos senos, tirando y jugando con el tejido graso.

    Mi atención se dirigió a su clítoris. Parecía una polla, aunque mucho más pequeña, y me imaginé chupándola como lo haría con mi marido. Mi pulgar e índice lo apretaron entre ellos, disfrutando de su grosor.

    Lau: «¿Puedes usar más tus dedos?» susurró

    Respondí de inmediato con mi mano izquierda y coloqué mi palma a lo largo de las corpulentas cortinas de carne que protegían su abertura femenina. Mi mano derecha recorrió arriba y abajo el eje de su clítoris. Utilicé el dedo índice de mi mano izquierda para separar los labios correosos y encontrar entre ellos la piel suave empapada con sus copiosas gotas. Continué masturbándola lentamente, mientras añadía un segundo dedo a sus labios, deslizándolos dentro de ella.

    Lau aumentó su apriete con sus senos

    Lau: «Los necesito a todos dentro de mí».

    Sabía lo que ella quería. Asentí y froté todos mis dedos arriba y abajo de su hendidura carnosa en línea recta, lubricándolos con sus propios jugos.

    Observé con incredulidad cómo mi delgada mano, con los dedos y el pulgar apuntando juntos, se deslizaba dentro del coño empapado de Laura. Levantó las rodillas alto y ancho, y esa acción pareció atraerme aún más. Cuando la base de mi pulgar tocó la piel aterciopelada de la vagina de Ally, tiré lentamente hacia atrás, sin cambiar los movimientos de mi otra mano sobre su “mini-verga”.

    Observé la mezcla cremosa que empapaba mi mano y luego empujé de nuevo. La cabeza de Lau cayó hacia atrás cuando volví a entrar en ella, así que me acerqué más a mi amiga, sintiendo su tensión pulsando alrededor de mis dedos. Era su turno de gemir, pero no tan silenciosamente.

    Retiré mi mano hasta que reapareció el primer nudillo de mi pulgar. Luego empujé dentro de ella hasta que las yemas de mis dedos presionaron el bulto distendido de su cuello uterino. Lau gimió una vez más, esta vez tan fuerte que estaba seguro de que las demás podían escucharla en sus habitaciones.

    Yo: «Shhh». Supliqué y aceleré mi paso, tirando y empujando mis delicados dedos dentro de ella una vez más.

    Lau: «¡Cierra la mano!» susurró sobresaltada.

    En mi siguiente retirada, cerré los dedos en un puño y los sujeté con fuerza con el pulgar. Empujé mi puño dentro de ella, sintiendo sus músculos luchar. Una vez que mi pulgar pasó la entrada restrictiva, empujé profundamente para golpear la base de su coñito. Mis nudillos golpeaban una y otra vez la superficie carnosa de su cuello uterino, hasta que vi que la cara de Lau se contraía. Su mano derecha bajó y agarró mi brazo, lo usó para follarse a sí misma hasta el olvido.

    Lau: «Cogemee, metemelooo, chigame todaaaa. ¡Oh, Dios, que ricoooo!»

    Aumenté mi presión sobre su clítoris, apretándolo más fuerte, mientras la masturbaba más y más fuerte. Observé la vista de mi brazo, encajado profundamente en otra mujer, enterrado hasta la muñeca. Con la guía de Laura, la penetre como un hombre, fuerte y rápido, adentro y afuera, asestando golpes en su cuello uterino con cada embestida. Mi propio coño dolía por el mismo sentimiento.

    Sus caderas se levantaron de la cama y su cabeza se movió violentamente de lado a lado. De repente, eyaculó, arrojando un fino rocío de jugo claro y tibio hacia afuera, empapándome el brazo y salpicándome el pecho y la cara. Su rostro se contorsionó mientras ola tras ola de espasmos sacudían su cuerpo, sus tetas rebotaban al ritmo de sus contracciones. Cada espasmo tensaba sus músculos alrededor de mi mano, que aún estaba dentro de ella, transmitiéndome las contracciones de su clímax.

    Su otra mano sacó mis dedos de su clítoris, incapaz de soportar más sensaciones. Sus pechos se agitaban con cada respiración mientras sus pulmones intentaban recuperarse de su apasionado orgasmo. Saqué mi mano de dentro de ella, y cuando mis dedos se expulsaron, un chorro de su eyaculación fluyó a lo largo de sus pétalos hinchados y en la hendidura entre las nalgas.

    Sus rodillas relajándose en la cama. Miré mis dedos y mi muñeca empapados.

    Yo: «Eso fue intenso».

    Sonreí ante mi capacidad de llevarla tan lejos, sin haber hecho algo así antes.

    Cuando Lau se recuperó, me levanté de la cama y dije que me iba a limpiar. Lau se levantó poco después, nos pusimos los camisones y caminamos hacia el baño. Cuando nos acercábamos a la puerta, se abrió y salió Hilda, con Hortensia justo detrás de ella. Ambas chicas vestían camisetas blancas largas, que apenas cubrían sus coños. Hilda nos miró a los dos con una sonrisa malvada.

    Hilda: «¿Diversión de fin de semana, señoritas?» sin esperar una respuesta.

    Las dos chicas se dirigieron a su dormitorio mientras yo cerraba la puerta del baño detrás de nosotras.

    Me pregunté si de alguna manera mis gestos delatarían lo que Lau y yo acabábamos de hacer, o si el volumen de los gemidos de Lau nos había delatado. Olí nuestro sexo y me pregunté si eso fue lo que provocó que Hilda diera esa sonrisa de complicidad.

    Oriné mientras Lau se lavaba y luego cambiamos de lugar. Una vez que nos habíamos refrescado, caminamos de regreso a la habitación y la rodeé para llegar a mi lado. Ambos nos quitamos los camisones y nos metimos en la cama al mismo tiempo. Una vez que ambos estuvimos debajo de la sábana fría, Lau se levantó sobre sus codos

    Lau: «¿Te gusto?»

    Todavía estaba de espaldas, pero frente a ella.

    Yo: «Fue increíble. ¿Hilda realmente hizo lo que yo, cuando ustedes ….?»

    Lau: «Nos masturbarnos la primera noche. Sin embargo, tu estuviste maravillosa esta noche. Nunca me había corrido así».

    Me imaginé cómo se vería Lau con Daniel encima de ella, empujándose dentro de ella como yo lo había hecho con mi puño, y si pudiera hacer que se corriera cuando la follaba. Mientras mi mente divagaba, sentí mis dedos deslizándose sobre mi conejito, jugando con mi clítoris. Luego recordé sus dedos profundamente dentro de mí antes, y lo fuerte que me vine con su ayuda.

    Después de la larga pausa mientras mi mente divagaba.

    Yo: «Sabes, he tratado de que Mi Mor no solo me manosee con los dedos, pero simplemente no lo entiende. Tú sabes cómo hacer que me ponga en marcha».

    Y justo en ese momento, una brisa fuerte y fresca sopló por la ventana abierta, seguida por el repiqueteo de la lluvia.

    Laura me tocó la mejilla, arrugó un poco la almohada y se apartó

    Lau: «Buenas noches».

    Me giré hacia ella, queriendo acurrucarme como hago con Mi Mor después de una buena follada. Quería acariciar su cabello mientras dormía, pero la fatiga se apoderó de mí y caí sobre mi almohada y dormí profundamente.

    El domingo por la mañana trajo algo de alivio del calor, y el aire más fresco. Lau se levantó primero, y la escuché moverse, subiéndose la cremallera de los jeans. Me di la vuelta para verla deslizando una camiseta sobre sus pechos desnudos. Sus pezones parecen estar siempre asomando a través de todo lo que usa, ya sea que tenga sostén o no.

    La mayoría de las chicas se lo estaban tomando con calma después de los dos primeros días de fiesta, y Lau y yo no éramos diferentes. Nos acostamos junto al agua durante más de una hora, hablando como siempre, compartiendo historias del hogar y la familia.

    Mientras hablábamos Hilda y Hortensia, pasaron junto a nosotras. Tomaron un sendero circular hacia el bosque que rodeaba la propiedad. Es una caminata de dos horas y generalmente hay muchas aves y pequeños animales en el camino.

    Aproximadamente media hora más tarde, le dije a Lau que tenía que levantarme y moverme un poco, y le pregunté si estaba interesada en dar un paseo por el sendero circular. Ella dijo que iba a pasar el rato en la cabaña y tal vez comer algún refrigerio. Pregunté al resto, pero no hubo interesadas, así que me dirigí por mi cuenta a dar un tranquilo paseo por la naturaleza.

    Aproximadamente una hora más tarde, pasé por la carretera principal junto al borde de la propiedad y supe que estaba en mi camino de regreso. Más adelante había una colina bastante larga, seguida de un camino cuesta abajo con curvas para volver. Me detuve para observar a una ardilla comiendo al borde del sendero y, mientras esperaba a que terminara, escuché una risita detrás de un gran arbusto.

    Caminé suavemente por un sendero más pequeño que se desviaba del sendero principal y, unos quince metros más adelante, vi movimiento justo a un lado en un área cubierta de hierba. Cuando escuché otra risita, la reconocí como la de Hilda, me arrastré más cerca, detrás de un gran árbol y miré alrededor. Tanto Hilda, con su cuerpo esbelto y pequeño, como Hortensia, se estaban semidesnudas besando en el césped. Hortensia estaba boca arriba, tratando de hacerle cosquillas a Hilda mientras se sentaba a horcajadas sobre ella.

    Hilda estaba esquivando sus avances, mientras jugaba con las tetas de Hortensia. Consiguió que Hortensia se detuviera cuando le plantó un beso. Sus bocas se exploraron mientras Hilda manoseaba sus pezones. Mi mano fue instintivamente entre mis piernas, frotándome suavemente cuando vi los rizos oscuros expuestos mientras sus piernas y caderas se movían en contorsiones calientes.

    Hilda: «Complace a mamá, perra»

    Girando sobre el pecho de la chica, bajando su trasero hacia la boca expectante de Hortensia. Hilda movió sus caderas hacia arriba y hacia abajo, limpiando su coño sin pelo sobre la lengua extendida de Hortensia. Hortensia rodeó con ambas manos las estrechas caderas de Hilda y atrajo el pequeño cuerpo hacia ella con entusiasmo.

    Hortensia no parecía muy inocente, ya que levantó la cabeza en alto para acceder a la piel rosada y ondulada del ano de Hilda y lamió sin decoro. Se comió a la mujer por ambos agujeros, lamiendo el sexo de Hilda y también besando su apretado culo. Mi mano dentro de mis pantalones cortos, estimulaba mi clítoris erecto mientras miraba a estas dos mujeres disfrutar.

    Hilda hundió su cara en el coño de su pareja, rozando su nariz en los gruesos rizos oscuros que ocultaban los pliegues carnosos. Se metió el dedo índice en la boca y lo humedeció con su saliva. Hilda empujó su dedo bien lubricado en el culito de Hortensia, penetrando dos nudillos de profundidad. Los gemidos de Hortensia le dijeron que lo estaba disfrutando.

    Las dos jugaron unos minutos más, entonces.

    Hortensia: «Oh, Dioooosss».

    Su orgasmo se la llevó muy rápido, y su cuerpo se contorsionó con los placeres sensuales que le brindaba la veterana comecoños de Hilda.

    Hortensia saltó rápidamente, asustándome por un segundo, ya que pensé que me había visto en mi escondite. Se dio la vuelta y giró a su amante sobre su espalda

    Hortensia: «Voy a hacerte gritar, pequeña zorra»,

    hundió la cara en los suaves pliegues del coño. El culo de Hortensia estaba alto en el aire, como si estuviera presentando su coño mojado para que lo llenara una gran verga.

    Frote mi duro clítoris, ya que sabía que no tenía mucho tiempo. Mi orgasmo llegó poco después, y tan pronto como recuperé el aliento, me alejé para darle privacidad a mis ex pupilas.

    Regresé a tiempo para ver a Lau con dos sándwiches y dos cervezas en la mano mientras salía por la puerta trasera.

    Lau: «Salud», proclamó, cuando me vio, «nos hice el almuerzo. ¡Debes estar muerta de hambre!»

    Yo: «Si soy», alcanzando mi plato y la lata de cerveza.

    Lau: «Te ves cansada. Parece que tu caminata te agoto mucho».

    Levanté las cejas, para su asombro,

    Yo: «No tienes idea».

    En ese momento, las chicas salieron del sendero y se acercaron a nosotras en la mesa de picnic, Hilda adornada con unas hojas de hierba en el pelo, y ambas riéndose como colegialas. Mi mente sucia los imaginó a los dos chupando la polla de Tony juntos, o tal vez Tony follándose el culo sexy de Hortensia.

    Cuando entraron en la cabaña, me incliné hacia Laura

    Yo: «Las vi».

    Lau: «Wow, viejas cachondas»

    Yo: «La burra hablando de orejas». riéndome

    Ambos carcajeamos y continuamos con nuestro almuerzo.

    Yo: «¡Y por cierto esas dos también les que les llenen el culito!»

    Lau: «¿Qué, a ti no?» rió entre dientes

    Yo: «me han llenado completamente por ahí, pero no hago eso con mi boca», le aseguré. «Pero tengo que decir que se veía muy caliente». Hubo una breve pausa y luego pregunté: «¿Tú haces esas cosas?»

    Lau: asintió «Soy bastante aventurera». me guiñó un ojo.

    Yo: «Vaya, no tenía idea. Pensé que eras fresa «.

    Lau: «¡Ti no te quedas muy atrás Eleny!»

    Tuve que evitar mirar a Hilda o Hortensia por el resto del día. Cuando miré a Hortensia, le miré la boca y la lengua, y me la imaginé enterrándose en el culo de Hilda.

    La diversión aumentó para la última noche del fin de semana largo. Y descubrí ese fin de semana que todas las chicas estaban tan sucias como se podía. Nos divertimos mucho y bebimos mucho vino y refrescos esa noche. Lo siguiente que supe fue que era pasada la medianoche.

    Lau ya estaba bastante ebria, riéndose con las demás, cuando me miró. Le di la mirada de ojos somnolientos, indicando que estaba listo para ir a la cama. Al menos no hacía tanto calor, así que dormir sería mucho más cómodo.

    Lau: «Bueno, mi compañera de cuarto está lista para irse a la cama, así que yo también me voy», anuncio en voz alta y bebió el vino restante de su copa.

    Las dos estábamos bastante borrachas, tambaleándonos por el pasillo, mientras caminábamos hacia nuestra habitación. Entramos y comenzamos a quitarnos los pantalones y las camisas. Alcancé mi camisón y mientras lo amontonaba para ponerlo sobre mi cabeza, Lau me detuvo en seco. Me lo quitó

    Lau: «No necesitarás esto esta noche».

    Lau quito las sábanas hasta los pies de la cama y se deslizó sobre la sábana, palmeándola con la mano para que yo yaciera a su lado. Sabía lo que sucedería y estaba preparada. Cuando me deslicé a su lado, acostadas de costado uno frente al otro

    Yo: » Mi Mor y Daniel nunca deben oír hablar de esto»., en voz baja

    Lau: «No lo escucharán de mí»,

    Se acercó a mí, besándome suavemente. Como la última vez, mi coño inmediatamente se inflamó al sentir los labios de una mujer en lugar de los de un hombre. Disfruté de este nuevo sentimiento y me deleité en devolver la misma pasión sensual. No pasó mucho tiempo antes de que ella se abriera paso de mi boca y fuera directamente a mis senos, lamiéndolos y succionándolos mientras yo yacía boca arriba, sobre estimulada. La boca de Lau me trajo recuerdos de las bendiciones mamando leche de mí; sabía exactamente los movimientos y presiones correctos para simular ese maravilloso momento de mi vida. Ahuequé su cabeza en mi pecho, como lo haría con una de mis bendiciones.

    Mi humedad fluía libremente entre mis piernas y hacia abajo a lo largo de la raja de mi culo, y jugueteé con sus pechos mientras ella me provocaba. Su vulva se presionó contra mi muslo y la mía contra el de ella, entregándonos sensaciones eléctricas a ambos. Momentos después, los labios de Lau se soltaron de mi pezón derecho y comenzó a moverse hacia abajo hasta que la detuve con ambas manos.

    Yo: «Esto es lo que quieres»,

    mientras la guiaba sobre su espalda y me sentaba a horcajadas sobre su barriga. Toqué y masajeé las magníficas tetas de Lau, viendo sus ojos cerrados, y acaricié sus areolas y pezones. Puse mis labios hambrientos sobre su pezón erecto esponjoso. Fue su turno de arrullar suavemente, mientras yo me metía su pezón en la boca y lo succionaba tanto con la lengua como con mis labios. Mis piernas se movieron entre las suyas, para poder moverme directamente a su sexo cuando terminara de disfrutar de su busto completamente. Mientras chupaba un pezón, mi mano amasaba la otra teta y acariciaba su pezón hinchado. Sus suaves gemidos me hicieron aún más húmeda.

    Besé todo su pecho, y luego crucé para atender la otra dulce tetina, dándole la misma atención por todas partes. Besé mi camino desde allí hasta su esternón, y luego en mi camino hacia abajo. La piel aterciopelada de su barriga sabía dulce en mi lengua, y fue entonces cuando el aroma acre de su sexo excitado llenó mi nariz con su olor erótico.

    Lau deslizó el interior de su pie a lo largo de mis piernas mientras me movía por su delicioso cuerpo, mientras mi boca besaba su ombligo y los sedosos vellos que unían su vientre con las partes sin afeitar de su monte de Venus. Mi barbilla rozó la suavidad de su pista de aterrizaje, haciéndome cosquillas.

    Su fragancia llenó mis fosas nasales ahora, y la respiré profundamente, mientras mis manos permanecían firmemente agarradas a sus pezones. Estaba tan excitado que mordí los rizos de su pubis y los tensé, provocando un suave gemido. Mi lengua terminó el viaje lamiendo los mechones recortados, hasta que terminaron abruptamente justo encima de los labios largos y colgantes de su entrada.

    Empujó sus caderas hacia mi cara mientras yo rozaba su clítoris hinchado y continuaba más abajo, hacia la grieta de su vagina. Mi lengua penetró profundamente en su vestíbulo, absorbiendo la cremosa lubricación que fluía libremente desde su interior. Lau comenzó a frotarse contra mí, queriendo más desenfrenadamente, así que comencé mi viaje hacia su sexo obviamente excitado. Lamí la mini-verga, la jalé entre mis labios, adentro de mi boca.

    Mis manos continuaron la tensión lenta y suave en sus pezones, mientras tomaba la mini-verga regordeta en mi boca. Empujé mi boca hacia abajo, en su hueso púbico, tal como lo haría con una polla, y luego volví a subir hasta que lo dejé escapar de mi agarre, haciendo un chasquido cuando lo solté. Lau tembló por la pérdida de contacto, cuando lo retiré en mi cálida y húmeda boca. Lo devoré, haciendo garganta profunda con su apéndice erecto.

    Sentí sus caderas bombeando dentro de mí, como si fuera una polla invasora, queriendo ordeñarla. Chupé el clítoris grueso y me moví más rápidamente arriba y abajo de su longitud. Sentí las manos de Lau a cada lado de mi cabeza mientras trataba de guiarme en el momento que necesitaba para su liberación. Mi lengua lamió la parte inferior del turgente clítoris mientras lo chupaba, y pronto Lau emitió el gemido más gutural que jamás haya escuchado de otra mujer.

    Su cabeza se movió hacia adelante y hacia atrás, sus piernas se retiraron casi a una curva fetal, cuando llegó el orgasmo. Su respiración se convirtió en jadeos apresurados; sus jugos brotaron desde adentro. Acaricié suavemente su areola con las yemas de los dedos y detuve el movimiento de succión en su clítoris mientras comenzaba a calmarse de sus contracciones climáticas.

    Bajé mi cara a su hendidura y lamí su fuga acuosa, lamiendo su filtración íntima. Probé su calidez y sabor, tragándolo con pasión. Luego me quedé allí por un rato, mientras sus manos acariciaban mi cabello y detrás de mis orejas. La habitación estaba en silencio, excepto por cada una de nuestras respiraciones levemente dificultosas. Una vez que se recuperó por completo, Lau me sacó de entre sus muslos y palmeó las sábanas a su lado.

    Me acerqué a la cama mientras ella se levantaba y me limpiaba los jugos resbaladizos de la nariz, la boca y la barbilla con el antebrazo. La miré, esperando al lado de la cama, y rodé sobre mi espalda. Dejé escapar un grito confuso cuando agarró mis pies y tiró de ellos hacia el borde de nuestra cama, levantando mis rodillas y plantando mis pies en el borde de mi lado de la cama. Se arrodilló en el suelo, sus ojos se agrandaron mientras miraba mi suave vagina.

    Pronto, solo pude ver la parte superior de su cabeza, mientras se adentraba en mi humedad. Comenzó a lamer mi conejito, besando el pliegue donde mi muslo se encuentra con mi torso. Era muy consciente de que el más mínimo contacto de Lau me haría perder todo el control y llegar al orgasmo de inmediato. Besó el capuchón de mi clítoris y jadeé, haciendo que me mirara desde abajo.

    Mi boca se abrió cuando nuestros ojos se encontraron.

    Lau: «Disfrútalo perra».

    Su rostro desapareció por completo cuando sus manos agarraron la parte posterior de mis muslos y los levantó en alto, por encima de la cama. Sentí su cara contra mis nalgas y luego un extraño hormigueo en mi ano. lamió con su lengua sobre mi capullo rosa con trazos deliciosamente lentos. Tuve el placer de que ni tenía idea de que existía.

    Mi mano izquierda tiró de mi pezón derecho, y bajé mi mano derecha a mi clítoris e imité el patrón de caricias de la lengua de Lau en mi culo. Gemí pesadamente cuando su lengua empujó mi anillo esponjoso, abriéndose paso por mi canal anal.

    Yo: «Ohhh, Dioooooosss», fue todo lo que pude murmurar, mientras mi orgasmo se intensificaba.

    La lengua de Lau viajó de un agujero a otro, lamiendo su camino hasta mi ocupada mano. Y luego hacia abajo para penetrar mi trasero hormigueante. Sus servicios me llevaron más allá del punto de no retorno, y palpitaba en una dicha celestial. Lau continuó con su placer oral, pero relajó su intensidad cuando mi orgasmo disminuyó.

    Lau se arrastró sobre mi cuerpo a mi lado, acariciándome. Su cabello estaba despeinado y la mayor parte de su cara estaba untada con mis jugos. La besé, probándome a mí misma. Nos abrazamos durante un largo rato. Lau me miró, acababa de lamerse los labios y susurró

    Lau: «Los chicos definitivamente tampoco necesitan saber sobre esto».

    Me reí y besé su frente, y deslicé mis piernas por el costado de la cama, levantándome.

    Yo: «Vamos a asearnos»

    Haciéndole cosquillas en el dedo del pie en el camino alrededor de la cama para conseguir mi camisón. Encontré el de ella primero, y se lo lancé. Cuando llegamos al baño, la puerta se abrió y las cuatro nos reímos cuando Hortensia y Hilda salieron.

    Hilda: «Tenemos que dejar de reunirnos así». susurró

    Le dio una palmada en el culo a Hortensia a través de su camiseta larga y se fueron de puntillas a la cama. Lau y yo nos limpiamos y regresamos a la cama, sin hablar mucho antes de quedarnos dormidas.

    Llegó la mañana y todas las chicas se veían tan demacradas como yo. Todas colaboraron para limpiar las latas y botellas que habían ensuciado el lugar, por dentro y por fuera. Nuestro viaje a casa fue tranquilo y amistoso.

    Cuando llegué a casa Mi Mor estaba esperando en la entrada. Nos ayudó a sacar todas nuestras cosas del auto, clasificando los artículos para cada una de las otras chicas. En una hora, mi Mor me recibió en casa con una polla muy dura. Se sintió bien tener sus manos sobre mí, incluso si no son tan elocuentes en atender mis deseos como lo fueron las de Lau.

    Laura y yo todavía compartimos una amistad muy fuerte, pero a pesar de pasar mucho tiempo juntos, nunca volvimos ha experimentar, los respectivos nunca se dieron cuenta.

    Quién sabe, en alguna otra reunión anual expanda aún más horizontes…

    Los invito a leer el resto de mis publicaciones…

  • Mi compañera de trabajo se desnuda inocentemente

    Mi compañera de trabajo se desnuda inocentemente

    Una vez me fui a la finca de mi familia con mis primos e invité a una compañera de trabajo en son de «amigos», estando allá le aclaré que dormiríamos en la misma habitación y misma cama donde ella solo se sorprendió un poco pero no puso peros.

    Estando en la habitación nos íbamos a cambiar de ropa y quedamos en que el otro uno se cambiaba primero y después el otro dando la espalda.

    Yo me cambie primero mientras ella estaba de espaldas y yo desnudo parado al otro lado de la habitación viéndola y masturbándome por el morbo de estar ella allí tan cerca mío (pero no terminé), luego le tocó a ella que no sé porque se cambió pero dándome la espalda a mí (medio bobita no?) Se quitó la remera y el pantalón quedando solo en ropa interior, luego se quitó el sujetador y quedó tetas al aire pero como estaba de espalda yo no la veía.

    A todo esto yo a todo dar dándole al sube y baja con la mano, luego se puso una remera para dormir y como ya sabía que estaba por terminar.

    Me vine a un lado de la cama para luego darme la vuelta como si no hubiese pasado nada. Y de allí nos fuimos a dormir y listo.

    Luego uno de mis primos que antes de ir me había preguntado si yo tenía algo con ella y le dije que no, me confesó que en ese fin le sacó el número la invitó a ir a la finca nuevamente y allí si estuvo a punto de meterle pero la veía un poco rara, como con miedo y allí se dio cuenta que era virgen que la chica estaba como muy ilusionada con él, por lo que se echó para atrás porque él no quería que ella estuviese así con él sino solo quería coger.

    Y así quedó todo.

    En verdad la chica era muy ingenua y hubiese estado tras de él todo el tiempo después de eso.

    A mi parecer tomó una buena decisión aunque yo no le hubiese dado tregua. Jajaja

  • El vicio de espiar a mi hermana (Parte II)

    El vicio de espiar a mi hermana (Parte II)

    Casi soltaba leche por mi polla cuando escuché que estaba saliendo del cuarto, me apuré y me fui al baño a hacerme la mejor paja de mi vida, sabiendo que ahora espiar a mi hermana sería mi vicio.

    Después de mi primera paja luego de espiar a mi hermana, trataba de fijarme cada vez que entraba a bañarse para esperar que saliera de la ducha y mirarla desde la ventana.

    Cada día me arriesgaba más, desnudo de la cintura para abajo acariciándome mientras ella, al mismo tiempo, echaba crema sobre su cuerpo, a veces bailaba, otras se miraba en el espejo y en algunas oportunidades no la podía observar, aparentemente estaba en otro rincón del cuarto.

    Esos eran los peores momentos, trataba de mirar qué hacía y mi imaginación volaba, – Seguro se está masturbando – pensaba. En mi mente la veía en la cama, acostada totalmente desnuda, con la piel húmeda, tocándose sus pezones marrones erizados mientras con la mano recorría su vientre, sus piernas y el pelo negro de su pubis.

    Probablemente mojaba sus dedos, como si fueran una polla y luego humedecía sus pezones para después ir a su clítoris, acariciarlo de arriba a abajo y después, meter un dedo, luego dos, e iniciar un mete y saca hasta lograr un orgasmo mientras movía sus caderas de lado a lado.

    Mientras ella se masturbaba en mi mente, yo lo hacía en la vida real y acababa en mi mano. Sentía mi semen viscoso, espeso, y aunque sabía que estaba mal, quería echarlo en las tetas de mi hermana y luego que las lamiéramos entre los dos.

    Hubo muchas tardes que esa era mi rutina, y ahora que lo pienso, en algunos días tuve que salir corriendo porque cuando la miraba ella volteaba y me veía fijamente, ¿sabía ella que su hermano se hacía pajas mientras la espiaba desnuda?

    Esas pajas en honor a mi hermana me llevaron a tener una fantasía en la que cuando cruzábamos miradas, ella se acercaba a donde estaba yo, totalmente desnuda y viéndome a los ojos abría la ventana para que pudiera tocarla.

    Tomaba mis manos para colocarlas sobre sus tetas, sintiéndolas suaves y carnosas, pellizcando sus pezones hasta ponerlos bien parados. Luego las agarraba y me las ofrecía, para lamer desde el canalillo hasta cada una de las puntitas erizadas y con un sabor dulzón, esos pezones marrones me volvían loco.

    Ella comenzaba a gemir lentamente, mientras apretaba mi cabeza con su pecho y la iba bajando por su vientre, su ombligo y llegar a su mata de pelos donde yo lamía, mordía y así, ella me daba de comer de su concha, húmeda, caliente y palpitando. La abría con sus dedos para poder llegar a su clítoris, que rico era ese sabor salado y viscoso de su cuerpo. Yo solo me la quería coger.

    Parecía adivinar lo que quería. Se colocaba de espaldas, aunque no era muy culona, sus nalgas se veían redondas y acolchadas, por lo que me agachaba para abrirlas y lamer su culo, ese sabor indescriptible me encantaba. Ella bailaba como cuando la espiaba y sin avisar, sacó el trasero por la ventana.

    Le di una nalgada, luego dos y coloqué la punta de mi polla en la entrada de su concha, estaba muy mojada así que con un solo movimiento ella se lo metió entero. Que rico el vaivén de sus caderas, la agarraba por la cintura y sentía que llegaba hasta lo más profundo de su ser. Ella gemía, mientras acariciaba su clítoris.

    Era nuestro primer polvo y por eso la explosión fue rápida. Se separó de mi, colocó sus tetas frente a mi polla y estallé en su pecho y parte de su cara. Yo la lamí, me encantaban sus pezones bañados en mi leche. Sin decir nada, se devolvía de nuevo a su cuarto y yo, allí extasiado quería más.

    Esa fue mi fantasía y ahora, quería cumplirla o al menos ver a mi hermana desnuda de cerca, lo que el destino quiso que fuera pronto.

    Continuará.