Blog

  • Primera vez haciendo oral con taxista

    Primera vez haciendo oral con taxista

    Después de haberlo hecho con mi compañero no volví a tener sexo con él, aunque de vez en cuando si había oportunidad me tocaba. Aun así quería volver a hacerlo con alguien y sentir de nuevo ese placer tan rico, tal vez era por mi edad, las hormonas o simplemente la lujuria pero me excitaba la idea de seguir teniendo experiencias pero no me quería arriesgar a que fuera algún conocido cercano y de la escuela realmente no me atraía nadie.

    Así que decidí buscar a alguna persona a través de internet, entre a chats pero no me convencía nada, así que deje de buscar, luego vi un comentario donde promovían una página en Facebook y me llamo la atención la imagen y el nombre, decidí ver de que trataba y había hombres que publicaban sus números de teléfonos y localidades con la finalidad de hacerse pasar por taxistas pero en lugar de pagarles con dinero, se pagaba con «favorcitos».

    Me llamo la atención eso, sonaba excitante, así que empecé a ver más para ver si alguno quedaba cerca de mi zona, agregue a uno que quedaba cerca y empecé a platicar con él. Era un hombre de 34 años, casado, alto, moreno, formal, un poco robusto.

    Después de platicar una semana quedamos en que pasaría por mí a la escuela, ese día me salí un poco antes con la excusa de que tenía cita médica, así mis amigos no me verían con quien me iba. Hubiera faltado pero quedamos en que sería solo rato.

    Me espere en el parque que estaba adelante de la escuela y me empecé a sentir nerviosa, de repente se me vinieron pensamientos como y que tal que es un «psicópata o un maleante?» o «qué tal que ya no me deja ir» obviamente no pasó nada de eso.

    Manejaba un taxi, ya me había mandado foto del modelo del auto y las placas, obviamente una foto de él también, cuando lo vi me acerque nos saludamos y entre al auto, platicamos en el camino ya no tanto de cosas para conocernos pues eso ya lo habíamos hecho por mensaje fue más bien del porque habíamos entrado en la página.

    Se quedó estacionado en un parque que se encontraba a un kilómetro de donde nos quedamos de ver y continuamos platicando, al igual que yo dijo que era la primera vez que hacía algo así, para mí era la primera vez en dos cosas, en tener un encuentro casual y el estar con un hombre mayor que yo.

    Después de un rato cambio el tema, me empezó a cortejar, acariciaba mi cabello o pellizcaba dulcemente mi mejilla y yo respondía aun tímidamente, me dijo «es excitante tu timidez» puso su mano en mi pierna, ese día llevaba pantalón, me dijo que podía poner mis cosas en el asiento de atrás y así lo hice, me dio una chamarra que tenía y me dijo «póntela en las piernas y baja tu pantalón y calzones quiero acariciarte bien» así lo hice, me había puesto nuevamente nerviosa, cuando ya había hecho lo que me pidió, empezó a acariciar mi pierna, hasta llegar a mi vagina, que por cierto ya empezaba a mojarse.

    Me pregunto si conocía alguna calle que estuviera sola, le dije que sí, y le empecé a decir por dónde. Al llegar se estaciono por donde había un árbol grande, con ramas y hojas colgadas, lo suficiente para tapar aunque sea un poco. Se acercó a mí para besarme y siguió acariciándome, hizo el asiento hacia atrás de forma que quede casi acostada, bajo el cierre de mi chamarra y subió mi playera y brasier, empezó a pellizcar suavemente mis senos, hizo que poco a poco se fueran poniendo duritos mis pezones, ya estaba muy mojada y a él se le notaba su pene erecto.

    -Gustas que te lo chupe?- le pregunté

    -será todo un placer-

    Se acomodó en el asiento del conductor y le desabroche el pantalón y deje al descubierto se pene, me excito ver que su pene era más grueso que el de mi compañero.

    -no creo que tal pedazo de carne entre completo a mi boca.

    -yo te ayudo princesa.

    Empecé primero a mamarle su glande, como si fuera una paleta después fui metiéndolo poco a poco en mi boca, lo metía lo más que podía, luego el me sujeto del cabello y comenzó a empujar mi cabeza de tal modo que me entrara completo en mi boca, me empezaba a escurrir saliva por los lados de mi boca de tanto que me atragantaba con su pene, lo sacaba de mi boca y lo lamía todo lo largo.

    Después se bajó más el pantalón y me hizo probar sus huevos mientras acariciaba su verga y el tocaba mis senos, volví a meter su pene en mi boca se empezó a mover para que me entrara mejor mientras también empujaba mi cabeza hacia él, me empezaba a doler las mejillas de tanto mamársela.

    -que rico chupas princesa, lo haces bien rico.

    -Es la primera vez que hago sexo oral.

    -no parece, chupas como toda una puta- yo creo que en ese momento me ruborice porque me dijo -así me gustas, tímida pero bien putita.

    Me besó en la boca y mientras lo hacía sentía como pasaba sus dedos sobre mi piel, pellizcaba mis pezones, luego los empezó a succionar mientras metía sus dedos en mi vagina, yo gemía, sentía muy rico, estaba súper mojada, quería que me penetrara, quería sentir su rico pene en mi vagina, sin embargo había pasado rápido el tiempo, el recibió una llamada y dijo que teníamos que irnos. Antes de que me dejara acomodar la ropa me agarró del cabello y volví a chuparle su pene un rato, como había bajado mi pantalón y estaba empinada chupándolo, me daba de nalgadas, iba dándomelas más fuerte cada vez y yo con su verga en mi boca gemía, me excito que hiciera eso, empecé a sentir un poco de ardor y calor en ellas cuando me dijo:

    -ya te deje tus nalgotas rosaditas, te daría más fuerte para que cada vez que te sientes te acuerdes de mí, pero no te quiero lastimar.

    Me dijo que me podía dejar a unas cuantas cuadras de mi casa, antes de que arrancará me dijo que solo me acomodara el brasier y la blusa, y que en el trayecto con una mano los masturbara y con la otra metiera 3 de mis dedos en mi panocha. Así lo hice me masturbaba y lo masturbaba a el, hasta que sentí como termino en mi mano. Acomode mi ropa y antes de salir me dijo

    -esta riquísima princesa, agradezco que me hayas dado está oportunidad. Si fueras mi hija te castigaría bien rico por tanta travesura que haces-

    -bueno me darías un motivo para portarme mal cada día.

    Después de esa vez no volví a tener encuentro con el.

  • Mi esposa

    Mi esposa

    Después de tener sexo muy placentero con «S» la doctora otorrino de un hospital de general Rodríguez, me empezó a excitar la idea de que mi mujer, Julia, empezara a tener sexo con otros. Julia tiene 36 años, es morocha, delgada, pechos normales más bien chicos, culo normal (nunca pude meterle la piba entera en su cola).

    Ella trabaja en 3 casas. En dos de ellas hay hombres solos, uno de cerca de 60 años y otro de unos 40, el tercer domicilio es un matrimonio de profesionales donde el marido de unos 50 y algo se queda en la casa haciendo trabajo remoto. Estoy con Julia desde que ella tiene 22 años y tenemos dos hijos pequeños. Julia tuvo solo 4 tipos antes de conocerme y hasta donde se nunca me fue infiel.

    Una tarde, tomando mate le pregunte «nunca te paso de ver a alguno de tus patrones cambiándose o saliendo de la ducha?» «Queee?», me respondió ella. «Porque me preguntas eso?», «porque me calienta la idea de que te garchen otros tipos». Ella se me quedo mirando tratando de adivinar si yo hablaba en serio o no. «No, no se me ocurriría hacerlo nunca, no me interesa».

    Se fue ofuscada a la habitación a mirar televisión. Se me ocurrió entonces llamar a Javier, el chico de la verdulería con el que nos garchamos por el culo a la medica otorrino. A la hora viene Javier. Obviamente Julia lo conocía de hacer las compras y cuando lo vio en casa se sorprendió. Ella estaba con un jogging y una remera sin corpiño pero con un buzo con cierre. «Que hace acá ese chico?». «Nada, es buena onda y lo invite a tomar una cerveza». Ella se volvió a la habitación. Yo le dije a Javier que me gustaría verlo con Julia «no sé si va a querer.

    Siempre fue muy seria cuando iba a comprar», «si, le dije, es bastante señora, pero si te ve la pija enorme que Tenes no se si se va a resistir», acto seguido le digo que se saque la verga y se empiece a masturbar . A los dos minutos la tenía totalmente erecta, bien gruesa y venosa. «Voy al baño, le voy a decir a Julia q te traiga mas cerveza, vos seguí pajeandote», «estás seguro? No quiero kilombo».

    Me fui al baño y desde ahí grité «Julia, le das un poco más de cerveza a Javier?, estoy en el baño». Escuche cómo se levantaba de la cama, iba a la cocina y después al living a llevar la cerveza. Silencio. No se escuchaba nada. Al minuto veo q se va corriendo a la habitación. Salgo del baño y la voy a ver. «Vos sos un hdp! » me dijo «ese idiota lo tiene todo afuera!, cómo se lo permitís?» «Dale Juli, no le viste la pija? No te gustaría tocársela?» «estás loco?» «Los chicos vuelven en cualquier momento» «faltan dos horas todavía».

    Ella me miraba incrédula. La tome de la mano y la lleve al living o donde Javier ya se había sacado el pantalón y tenía las piernas abiertas dejando ver sus huevos peludos y la pija erecta. «Javier, dejarías que Julia te la toque?». «Si, obvio». Ella me miro, estaba roja de la vergüenza. Así y todo la hice sentar al lado de Javier. Sin mucho preámbulo Javier le gomez ya manosear las tetas, y le agarró una mano y se la puso alrededor de su pija. Yo me senté enfrente y me empecé a masturbar. Ella lo tocaba pero cerraba los ojos. «Uy Julia, me vas a hacer acabar!»

    De repente se trepo al sillón y le acerco la pija a la cara de Julia. Se la refregaba en la cara pero ella no abría la boca, Javier se masturbo unos segundos y le echo todo el semen en la cara, el pelo, la frente y la nariz. Julia se levantó y fue corriendo al baño, avergonzada. «Listo Javi. Voy a volver a llamarte. La próxima quiero que le hagas el culo».

    Javier se fue y fui a la habitación. Julia estaba acostada boca abajo, no aguante y me la cogí por la concha hasta acabar dentro de ella. «Te gusto la pija de Javier?».

    No contesto. Buena señal. Próximo paso, transformarla en una puta.

  • Mi madre, es mi esclava: probando mi suerte

    Mi madre, es mi esclava: probando mi suerte

    Mi madre, mi esclava: probando mí nuevo juguete.

    Habían pasado unos días desde que acompañé a mi madre a una sesión de terapia psicológica y descubrí que de alguna manera el psicólogo la estaba manipulando para usarla a una muñeca sexual viviente.

    Mantuve eso como mi secreto pero empeze a investigar un poco más está extraña situación.

    Empece por revisar discretamente los gastos de mi madre, pude ver cómo maquillando un poco los gastos en la casa ella había comprado varias prendas íntimas muy reveladoras y demasiado pequeñas que seguramente serían del gusto de su psicólogo.

    Esto explicaba porque se demoraba tanto esos largos viajes de compras.

    Después empecé a revisar con detenimiento mi habitación y pude localizar el pequeño escondite donde mi madre guardaba su «colección secreta», una pequeña caja de madera oculta en un falso fondo de mi closet debajo de libros que ya casi nunca usaba.

    Cuando abrí la caja encontré bastantes prendas diminutas, tangas y brasieres que solo eran unos triángulos que cubrían solo lo «apropiado» al parecer aquel loquero la había tenido bajo trance por mucho mucho tiempo y nadie se había dado cuenta.

    Guarde nuevamente aquella caja y mirando al techo de mi habitación empecé a meditar sobre mis siguientes acciones.

    Al siguiente día, una de las usuales discusiones que sostenían mis padres me despertó temprano, algo me decía que el loquero era culpable del aumento en esos conflictos.

    Espere hasta que mi padre se hubiera ido para bajar a tomar el desayuno

    —Ángel tú levantándote temprano, pensé que a estas horas estarías aún dormido— dijo mi madre al verme bajar de mi habitación

    —Me despertó su pequeña discusión— respondí a mi madre.

    —Lamento eso— respondió mi madre avergonzada—es que a veces tu padre es muy necio—

    Si no fuera consciente de la bizarra situación actual la actitud de mi madre no me hubiera importado pero era evidente que el psicólogo era el causante de todas sus discusiones desde hace varios meses.

    —¿Tienes algún inconveniente en que desayune en mi habitación?— pregunté tranquilamente a mi madre

    —Está bien solo no se te olvide bajar los platos que uses, cuando termines — respondió mi madre sin darle mayor importancia.

    —Está bien— respondí y me dirigí a la cocina.

    Tomé un tazón de cereal y regresé a mi habitación donde comí en completo silencio pensando cada una de mis opciones en esta extraña situación.

    Enfrentar al loquero estaba fuera de discusión si logró convertir a mí madre en su esclava sexual tal vez a mi me volvería su eunuco o cosas peores.

    Hablarlo con mi padre, últimamente ha estado tan distante que creo que esto no le importaría en lo más mínimo.

    Ir con alguna autoridad, terminaría en algún psiquiátrico si me iba bien.

    Aprovechar está situación y satisfacer una de mis fantasías favoritas,. Si esa era la solución correcta.

    No tenía idea alguna de cuál era el propósito de ese psicólogo si solo era usar a mi madre hasta que se aburriera de ella y buscará una «paciente» más joven y con más dinero, o hacer que se separara de mi padre y convertirse en su nuevo esposo, sea cual sea su plan debía aprovechar ese momento que tal vez no se repetiría.

    Me dispuse a poner manos a la obra para conseguir mi deseo, primero empecé buscar «cow girls» en mi tablet, primero porque eso llamaría la atención de mi madre y segundo si tengo e decir aquella frase tan estúpida no será sin una buena razón.

    Cuando localice la imagen más escandalosa baje a dejar el plato vacío a la cocina donde busque dejar mi tablet al alcance de su vista mientras estaba fingiendo tomar un poco de agua

    —¿Qué carajos estás viendo Angel?— dijo mi madre al descubrir la escandalosa imagen de una chica de generoso busto vestida con un biquini diminuto que simulaba el patrón de una típica vaca lechera

    Era ahora o nunca mientras mi madre estaba completamente distraída así que decidí aprovechar.

    — Bueno mamá solo se trata de Valeria la princesa bobina— respondió fingiendo nervios lo mejor que podía.

    En ese momento ví como mi madre quedaba quieta con la espalda totalmente recta frente a mi tablet.

    Espere un momento y después me acerque para verla más directamente, mi madre tenía la mirada completamente perdida viendo hacia la nada en ese momento mi excitación se multiplicó por mil pero me contuve, quería estar 100% seguro de que mi madre no estaba jugando conmigo o que el trance se disipará si hacía algo indebido.

    —¿Vaca tetona me escuchas?— le dije casi susurrando en su oído si algo salí mal tendría tiempo de retirarme

    —Si amo a sus órdenes— me respondió con la misma voz que usará con el psicólogo

    —¿Sabes quién soy?— en ese momento sujete firmemente sus hombros para ver su reacción

    —Si eres mi amo estoy a tus órdenes— me respondió mi madre sin dudar un poco.

    —¡Bien vaca! ¿sabes quién realmente soy?— en ese momento baje lentamente mis manos de sus hombros y suavemente apreté sus pechos por encima de su ropa.

    —Si eres Ángel mi hijo y también eres mi amo— respondió mi madre sin importarle donde tuviera mis manos en ese momento.

    —¿Harás todo lo que yo te ordene vaca?— mientras decía eso empecé a jugar con sus grandes pechos haciendo círculos con ellos

    —Soy totalmente obediente a ti— respondió con un gran sonrojó en su rostro—Haré cualquier cosa que mi amo me ordene—

    —Me gustó lo de hijo y amo— respondí lleno de excitación — en adelante me llamarás así entendido vaca—

    —Si mi hijo y amo como órdenes— fue la respuesta de mi madre.

    —Bien, quiero que te quites la playera y el brasier y quedes con las tetas al aire— ordene a la que alguna vez fuera mi madre.

    —Si, mi hijo y amo— respondió mi madre.

    Enseguida mi madre se quitó la playera y el brasier dejando a mi merced esas tetas enormes que siempre desee, comencé a moverlas a mi antojo, pellizcando sus pezones hasta que empezaron a ponerse duros como piedras.

    —Vaya mamá, tus pezones se han puesto duros— le dije sin dejar de apretarlos — te gusta que juegue con ellos ¿Verdad?

    —Si…me…gusta— respondió con una sinceridad impropia de ella.

    Habiendo comprobado que estaba en un trance profundo empecé a darle órdenes más complicadas y sugerentes.

    —¡Vaca! — le ordene con firmeza y deseo—ponte la ropa interior más sexy y provocativa que tengas para tu amo—

    —Si mi hijo y amo entendido— respondió mi madre

    Mi madre se fue con las tetas al aire hacia mi habitación pasaron cerca de 10 minutos cuando volvió a bajar.

    Ahora traía puesta una micro tanga de color rojo con una pezonera del mismo color unas medias a medio muslo y unas botas de tacón alto a juego sus labios pintados de color rojo y bien maquillada.

    —¡Excelente mi vaca! te ves muy bien— dije con gran deseo en mi voz—date una vuelta quiero contemplarte por completo—

    Mi madre empezó a dar una vuelta para que pudiera apreciar mejor toda su anatomía de inmediato note la pequeña mancha de humedad en su tanga

    —¿Ya estás mojada vaca?— pregunté tranquilamente mientras me animaba y acariciaba su entrepierna.

    —Si mi hijo y amo—me respondió si dudar—me excita demasiado ser obediente y acatar órdenes—

    —Bien ya que te gusta tanto ser obediente quiero que te pongas de rodillas y me hagas una paja rusa— dije mientras me sacaba el pene de entre los pantalones.

    —Si mi hijo y amo—respondió mi madre

    Enseguida mi madre se arrodilló ante mí y comenzó a dar pequeños besos en mi verga y la empezó a lamer como si fuera una paleta mientras con sus manos pellizcaba sus pezones después puso mi verga entre sus tetas y comenzó a masturbarme, mientras mi verga aparecía y desaparecía entre sus tetas ella le daba pequeños besitos en la punta.

    Ese loquero debió darle mucha experiencia ya que mi madre siempre le negó esos placeres a mi padre por considerarlos muy obscenos

    —Eres una experta chupando vergas— le dije mientras le acariciaba suavemente la cabeza.

    —Si mi hijo y amo adoro chupar vergas— me respondió ella sin dejar un momento su labor

    Ya no resistí mucho y me vine en su boca.

    —Vaca tragate todo— ordene víctima de un inusitado placer— y limpias con tu lengua lo que haya caído al piso—

    —Si, mi hijo y amo— respondió sin duda alguna.

    Comenzó a limpiar con glotonería el semen que había caído en sus pechos para después inclinarse y empezar a lamer con su lengua el semen que había caído en el piso

    —Terminé mi hijo y amo— respondió mi madre cuando se levantó del piso.

    Si esto era un sueño no quería despertar jamás, mi madre era el objeto de mi deseo imposible y ahora estaba a mi completa disposición.

    —¿Cuando estás en este estado recuerdas algo de lo que haces?— pregunté con curiosidad

    —¡No amo! Mi mente está totalmente en blanco— respondió mi madre—está esclava no piensa solo obedece—

    Cuando dijo esas palabras algo se apoderó de mí, mi erección se recuperó casi inmediatamente. Y sin meditar mis acciones arroje a esa voluptuosa hembra frente a mi al sofá, arranque los diminutos trozos de tela que la cubrían y sin más ceremonia la penetre.

    Su vagina estaba tan húmeda debido a la excitación que mi penetración, simplemente se deslizó sin oposición alguna.

    —¡Esto te gusta verdad vaca!— dije ya sin tapujos.

    — Si me encanta cuando mi amo me toma fuertemente— me respondió la mujer que alguna vez consideré mi madre.

    Durante este coito incestuoso mi mente se llenó de nuevas órdenes que tuve que darle a mi nueva hembra para que pudiera satisfacerme como era debido.

    —¡En adelante dejarás que haga lo que yo quiera tú debes ser una vaca consentidora amorosa y sumisa con tu hijo y amo— le dije aumentando el ritmo de la penetración

    —Si mi hijo y amo entiendo y obedezco— me respondió ella sin dejar de sonreír y gemir.

    — Cuando estemos solos quiero que solo uses tangas pezoneras, tacones medias o pantimedias— le dije completamente poseído por el deseó.

    —Si mi hijo y amo entiendo y obedezco— me respondió

    — Cuando llegue tu marido quiero que actúes con normalidad, ¡pero sabes bien quien es tu amó!— no tenía intenciones de arruinar la relación de mis padres pero no compartiría a mi hembra con alguien que no la atendió como era debido.

    —Si mi hijo y amo entendido— respondió mi hembra.

    —Dejó de ser divertido lo de hijo y amo solo dime amo— ya no tenía sentido en mi mente que me llamara hijo cuando era evidente que era algo más.

    —Sí amo— respondió mi hembra

    —Sobre las sesiones de terapia vas a cancelar las citas— dije mientras sentía que faltaba poco para que me viniera— ya no la necesitas más, desde ahora me tienes a mi—

    —Sí, amo— respondió mi hembra.

    Mi resistencia había llegado a su límite y no me contuve vacíe todo el contenido de mis testículos en la vagina de la hembra que había deseado por tanto tiempo.

    Mire el reloj en la pared y apenas tendría tiempo de arreglarme y salir rumbo a la escuela, no quería que llamarán a mi padre e informarán sobre mi ausencia.

    Eso podría arruinar mi futura diversión…

    Salí tranquilamente de mi madre dejando un poco de mi semen sobre su vello público, simplemente subí a mi habitación para tomar una ducha rápida, me cambié de ropa y preparé mis libros para irme.

    Cuando bajé pude ver qué mi hembra seguía en el sofá con una estúpida sonrisa en su rostro mirando a la nada, era evidente que sin una nueva instrucción ellas se quedarían en ese lugar todo el día.

    —¡Muy bien Vaca tetona, pon atención!— dije mientras me dirigía a la puerta.

    — Si mi amo, lo escucho y obedezco— respondió mi hembra poniéndose de pie.

    — Cuando despiertes limpiarlas todo el desastre que hiciste— le dije mientras veía la escena que habíamos hecho.

    — Si amo, como usted ordene— me respondió.

    Salí de mi casa y a través de la puerta dije. «Princesa bobina» para sacar a mi hembra de su transe.

    Me hubiera gustado ver su rostro cuando se vio a sí misma desnuda en medio de nuestra sala pero se me estaba haciendo tarde para ir a la escuela

    Había sido un día bastante productivo para mí juguete nuevo que es mi madre pero aún quería saber hasta dónde podía llegar con ella, por lo que aprovecharé que mi padre estará ausente unos días la próxima semana y disfrutaré de mi esclava lo más posible.

    Continuará…

  • Chateo con mi esposo, Javier me coge

    Chateo con mi esposo, Javier me coge

    Conocí a Javier por un chat. Desde un inicio, me provocó su forma de ser. Siempre morboso en cada comentario. Morboso, pero no vulgar. Podía decir lo mismo que cualquier otro chico del chat pero hacerlo parecer elegante y seductor.

    Rápidamente decidimos salir. Ya había tenido tres salidas previas con chicos del chat y habían sido buenas. No me tomó mucho tiempo decidir conocer a un cuarto chico. Nos encontramos a tomar un café y terminamos cogiendo. Estuvo rico.

    Seguimos chateando y encontrándonos algunas veces. En algún momento empezamos a conversar sobre la fantasía (de él) de hacerlo mientras yo hablaba con mi esposo. Me parecía loca la idea, pero me daba miedo hacer algo así, por el riesgo que se dé cuenta. Finalmente quedamos que la opción era que yo chatee por WhatsApp con mi esposo mientras cogía con Javier. Eso me pareció una salida razonable, para cumplir su fantasía (de la que me había convencido, por cierto) y para minimizar el riesgo que mi esposo se dé cuenta.

    Pasaron algunas semanas y varios encuentros con Javier, pero no se daba el momento. No me decidía. Un miércoles, mi esposo me dijo que haría un viaje corto, de ida y vuelta, a Arequipa. Saldría el jueves en un vuelo temprano y volvería en un vuelo en la noche. Tendría una visita de trabajo, un almuerzo y luego el final de la tarde libre. Sentí que esa era mi oportunidad.

    Le escribí a Javier y coordinamos para encontrarnos. A la hora que mi esposo estaba en el aeropuerto de Arequipa, por retornar a Lima, hablaría con él, mientras cogíamos.

    Conozco a mi esposo. Suele ir con mucho tiempo a los aeropuertos, sentarse, tomar un café y hacer hora. Lo estresa llegar corriendo y correr el riesgo de perder el vuelo. Sabía que al menos estaría dos horas en sala de espera. Sabía también que jamás intenta hablar por teléfono conmigo cuando está en un lugar público. Es bastante tímido y puede escribirme mucho, pero no hablarme.

    El vuelo de retorno de mi esposo era a las 9 pm. Como había previsto, a las 7 pm me escribió diciéndome que ya estaba en sala de embarque. En ese momento yo ya estaba en el hostal con Javier y ya habíamos cogido una vez.

    – Hola mi amor, ya estoy en sala de embarque.

    – Mi amor, yo acá en la camita esperándote.

    – Sabes que te amo mi reina

    – Si mi amor y yo a ti, te amo mucho, eres mi vida

    Mientras estábamos en esa conversación dulce y amorosa, Javier lamía mi coño. Me sentía muy excitada, tanto por su lamida como por la conversa que iba teniendo con mi esposo.

    – Sabes Marta, te compré chocolates, los que te gustan

    – Gracias mi amor, te espero con tu chocolatito, ¿lo quieres?

    – Hummm si amor, te estoy deseando ahora

    – ¿En serio mi amor?

    – Sí mi reina, todo el día te he deseado. ¿Me esperas?

    – Si amor, te espero bañadita y lista.

    Javier leía mientras yo hablaba con mi esposo. Me decía por momentos “pero que cursi tu cornudo”. Yo me sonreía y gemía disfrutando su lengua.

    Javier me acomodó de costado, se puso detrás de mí y me la metió. Puso su cabeza junto con la mía y mientras hablaba con mi esposo, Javier leía todo y me decía “pero que cornudo es”.

    – Me esperas bañadita mi amor para besarte toda

    – Si mi rey, estaré bañadita para ti. Para que me beses toda y me lamas mi cosita

    – Si mi amor, te la voy a lamer, que rico tu cosita rica. ¿es solo mía?

    – Si mi amor, es solo tuya, soy tu esposa, soy tu mujer

    Mientras le escribía eso, Javier se aceleraba cogiéndome. Lo estaba disfrutando y yo también. Me decía al oído “solo suya, tremenda puta que eres”. Eso me excitaba demasiado. Escribirle a mi esposo mientras cogía con Javier era demasiado rico.

    – ¿Me vas dejar lamerte tu colita mi amor?

    – ¿eso quieres bebe?

    – Si mi amor, sabes que me encanta.

    – Es tuya mi amor, esta noche me la lames y me lo haces por allí

    – Si mi reina, hoy quiero tu culito, para mí solo

    Leer y escribir me puso a mil y llegué gimiendo como puta. Javier estaba como loco y me dijo “perra te voy a mandar culeada a casa”.

    Me la sacó de mi coño. Puso saliva en mi culito con sus dedos y me la metió. Estaba yo mega caliente y entró toda sin ninguna resistencia. Comenzó a moverse con fuerza y yo andaba gozando como pocas veces. Tuve un segundo orgasmo, esta vez anal, y seguía escribiéndole a mi esposo

    – ¿Quieres mi culito mi amor? ¿lo quieres?

    – Si amor, sabes que me encanta y es sólo mío.

    – Si mi amor, es sólo tuyo, tuyo y de nadie más. Soy tu esposa, soy tu mujer, soy tuya.

    – Si Marta eres mía, eres mi amor, eres todo para mí.

    Tuve un tercer orgasmo y Javier me llenó el culo de leche pues llegó instantes después que yo. Me abrazó, me besó, me dijo “Marta eres genial”. Reposamos un poco. Me bañe bien. Me pidió le deje mi tanga de recuerdo. Se la di. Salí del hotel en jean y sin tanga.

    Llegue a casa. Me volví a bañar muy bien nuevamente. Me puse un pijama sexy que Alonso me había comprado. Con una tanga nueva que también me había regalado. Cuando él llegó a casa, estaba muy caliente. Nos fuimos directo a la cama.

    Sin mucho preámbulo empezó a lamerme mi coñito. Estaba yo caliente aún y muy rápido me humedecí. Eso le encantó. Me puso boca abajo en la cama y comenzó a lamerme el culo. Después de la verga grande de Javier, estaba dilatado. Alonso pensó que era por estar excitada esperándolo, me dijo “me esperabas caliente mi amor”. Les respondí que sí, que si mi vida.

    Esa noche, como pocas, el sexo con mi esposo fue perfecto.

  • Un día cualquiera

    Un día cualquiera

    Un día de trabajo normal como cualquier otro, trabajando en mi profesión (construcción), realizábamos la pavimentación de una calle de la Colonia el Vergel. La primera parte del trabajo consiste en avisar a todos los vecinos que tienen vehículos estacionados en la calle los retiren, o bien si están guardados en sus cocheras y piensan salir en el lapso que estemos realizando el trabajo lo hagan antes, porque una vez iniciado el trabajo no puede transitar ningún vehículo.

    Toda la cuadrilla de trabajadores a sabiendas de sus obligaciones comenzaron a avisar a todos los vecinos, yo por lo general no lo hago (porque me da flojera y porque soy el jefe), pero esta vez los trabajadores ignoraron una de las casas, ya que no tenía vehículo estacionado afuera, por lo que tuve que ir a avisar a las personas de las implicaciones que ya he mencionado.

    Después de llamar a la puerta, salió una mujer (o tal vez debería decir mujeron), tal vez rondando los 40 años (soy pésimo al calcular edades), de tez blanca, cabello castaño ondulado, de altura tal vez 1.65 metros, enfundada en un vestido color blanco con flores azules un poco flojo, de escote discreto, pero de largo hasta la mitad de los muslos.

    Con toda la rapidez que me fue posible (tratando de no ser tan obvio), le di una vista a toda su figura, senos de tamaño normal (no se veían exuberantes), unas caderas de fantasía que se transparentaban a contraluz por su vestido, sus piernas bien torneadas, sin ser demasiado llamativas y calzaba unas sandalias… ahí fue donde me perdí, al ver sus pies me quede como estatua, de inmediato mi mente perversa pensaba solo en lamerlos, sus dedos perfectos, con perfecta pedicura, sus uñas pintadas en color rosa que resaltaba perfectamente al color de su piel.

    De repente una voz de enfado me hizo regresar a la tierra…

    – ¿Qué desea? Pregunto la mujer

    – Disculpe señorita (conteste de manera intuitiva)

    – ¡Señora! Respondió en tono molesto

    – Si, Señora, perdone… y le explique lo que debíamos hacer y las molestias que provocaríamos, hasta que termine mi letanía casi de manera autómata, finalizando en… Y si piensa sacar su auto en las próximas horas es mejor que lo saque de una vez.

    – La Señora me contesto de inmediato ¡No tengo vehículo, se lo llevo mi marido!

    – Finalmente le conteste: No se preocupe Señora, para cuando él hay regresado el trabajo estará terminado y podrá transitar de manera normal.

    – Finalmente se disipo el enfado de la Señora, con un… Muchas gracias Señor trabajador y llámeme Norma

    – A lo que no perdí la oportunidad de responder (por si contenía sarcasmo el mensaje)… Muchas gracias Señora Ama de Casa Norma, soy Jorge a sus órdenes.

    Se metió de nuevo a su casa, cerrando detrás de ella la puerta, no sin antes permitirme un último vistazo a la silueta de sus caderas, que en realidad eran dignas de adoración.

    Mientras tanto los trabajadores ya habían puesto al tanto a todos los habitantes de la calle y comenzaron los trabajos, levantando el pavimento viejo, para después colocar una emulsión de asfalto para que pueda pegar el pavimento nuevo, cabe señalar que esta emulsión es en extremo pegajosa y es la causante de que muchas prendas de vestir hayan terminado en el bote de la basura.

    En ese proceso estábamos cuando salió de nuevo de su casa la Señora Norma, sobra decir que de inmediato voltee a verla para poder seguir agasajándome con su silueta y con sus hermosos pies, solo que ahora no traía sandalias, sino zapatos de tacón de 10 cm.

    Por una parte me sentí decepcionado, por no poder seguir admirando sus hermosos dedos, pero por otra era una bendición, ya que los zapatos de tacón habrían resaltado sus pantorrillas que lucían de una manera espectacular, firmes, redondos; sus muslos habían sido beneficiados de esta nueva postura ya que lucían también con un volumen distinto y mejorado, pero sus nalgas habían recibido la perfección que les faltaba, ahora lucían de perfil con una redondez y tamaño que en una primera vez no había notado, definitivamente un hermoso culo.

    Desde la puerta de su casa grito: Señor Trabajador, ¿puedo cruzar la calle?, a lo que de inmediato le conteste: ¡No lo vaya a hacer Señora!, sería una lástima echar a perder esos zapatos tan lindos.

    – ¿Le gustan mis zapatos Señor Trabajador? Contesto de inmediato

    – No tanto como el efecto que generan en usted Señora Ama de casa. Replique en seguida

    Al parecer pude ganar la partida, ya que ella se ruborizo un poco, una vez que su color rojo de las mejillas fue perdiendo intensidad recupero la compostura y me dijo:

    – Necesito cruzar la calle para ir de compras Señor Trabajador, ¿Qué puedo hacer?

    – Pues si no quiere echar a perder sus zapatos la única solución es dar la vuelta hasta el final de la calle (le conteste)

    – Y de inmediato se me ocurrió una solución: Pues si gusta puedo ayudarle a cruzar cargándola, para que no se estropeen sus zapatos.

    – Sin pensarlo demasiado ¡Huy no, qué pena! ¿Y si estoy muy pesada?

    – Como no quise hacer el ridículo, de inmediato comencé a hacer números, vi su tamaño, me dije: más vale que no lo vayas a echar a perder.

    – Le conteste: No se preocupe Señora Norma, la voy a llevar con mucho cuidado

    – Sin pensarlo mucho ella acepto: Bueno, pero con mucho cuidado Señor Jorge

    En seguida me acerque a ella y le ordene: tómeme por el cuello Señora, bien firme, con mi brazo derecho la levante por los muslos y con mi brazo izquierdo le hice un respaldo, al cargarla no me pareció muy pesada por lo que me permití empezar a divagar, de inmediato fije mi vista en sus senos para tener una mejor idea de su tamaño, de su trasero no pude verlo, lo tenía apuntando al piso, así que mejor me preocupé por no ir a tirarla al piso, medí cada paso que daba para no ir a tropezar, ni siquiera puse en la balanza si cargar a aquella mujer valía el precio de las botas de trabajo que estaba echando a perder por caminar por encima de la emulsión asfáltica. Finalmente llegue al otro lado de la calle, la baje con sumo cuidado de no ir a hacer una burrada, suavemente deposite sus pies en el piso y cuando la supe bien apoyada la ayude a incorporarse, pensé: (bueno al menos no se me cayó)

    Ella al saberse a salvo me dirigió una sonrisa muy picara y me dijo: Gracias Señor trabajador guapo, y se dio media vuelta para seguir su camino.

    Cuando regrese a la realidad me enfoque en mis botas, de inmediato voltee primero hacia mis trabajadores para saber si no se estaba burlando alguno por lo que acababa de hacer, al parecer nadie vio nada, así que después me dedique a ver si mis botas podrían salvarse de echarse a perder para siempre.

    Me dedique a tratar de limpiar mis botas con un trapo y un solvente mientras continuaban los trabajos de pavimentación, después de un par de horas el trabajo estaba terminado y mis botas: pues se hizo lo que se pudo, había removido gran parte de la emulsión, probablemente no perderían su forma, pero el color, ese si definitivamente había quedado arruinado para siempre.

    Además mis manos estaban llenas del resultado de la mezcla de la emulsión y el solvente, lo que hacía parecer que mis manos estaban al extremo sucias.

    Indique a los trabajadores lo que deberían de hacer, unos se fueron a la siguiente calle a empezar el proceso de nuevo, mientras el resto terminaba de hacer la limpieza antes de poder liberar al tránsito lo que se acababa de construir.

    Acababa de despachar a los últimos trabajadores, dejando solo un par para que liberaran las señales que habíamos puesto para que no pasaran vehículos cuando vi que se asomó de nuevo la Señora Norma.

    Se detuvo en la banqueta de enfrente con una bolsa de víveres luciendo a plenitud su figura:

    – Hola Señor Trabajador, necesito pasar a mi casa, ¿Me puede cargar de nuevo?

    El pavimento estaba ya terminado por lo que ya podía pisar, aunque aparentemente ella no lo sabía ¿o sí?, a lo que le conteste de acera a acera:

    – Voy para allá Señora Norma, no se mueva.

    Llegue a la acera donde se encontraba, mientras trataba de adivinar el peso de la bolsa de víveres, tratando no hacer el ridículo de nuevo, le indique que ahora en lugar de tomarme el cuello, tomara fuerte la bolsa de víveres.

    Ella vio mis manos sucias por el fallido intento de limpieza de mis botas, cuando las ensucie en el cruce de ida de la Señora, ella mi miro fijamente a las manos aunque sin decirme nada, por lo que me adelante:

    – No se preocupe Señora, no le ensuciare la ropa, esto está más que seco y la verdad voy a tardar mucho tiempo en poder limpiarlo, mientras colocaba mis manos sobre su bolsa de víveres para que comprobara que no transmitía la suciedad.

    – Muy bien, balbuceo apenas, sin dejar de mírame las manos.

    La volví a tomar entre los brazos, arqueando mi espalda un poco hacia atrás, para no ir a tirarla, a cada paso que daba note que la Señora se iba poniendo cada vez más roja de la cara, pensé que sería la incomodidad por tocarla con mis manos sucias.

    Llegamos hasta su puerta y nuevamente con movimientos muy calculados para no ocasionar algún accidente, al colocarla en el piso, me retire para no causarle incomodidad, y le tuve que preguntar:

    – ¿Se encuentra bien Señora?

    – Si, claro, solamente tengo mucho calor, ¿gusta un vaso de limonada?

    – Claro que si Señora, con todo gusto, conteste mientras le tome la bolsa de víveres para que pudiera abrir la puerta de su casa.

    Pasamos directo a su sala, donde me indico que me sentara, mientras se dirigía a la cocina, donde tenía una vista directa de ella, pude apreciar su perfil, su frente y su espalda, hermosa en todas las vistas.

    Regreso con un par de vasos de limonada con mucho hielo y los coloco en una pequeña mesa de centro, antes que ella hiciera por sentarse le pedí me dejara pasar a su baño a lavarme las manos, me indico señalando la puerta y de inmediato me traslade y me lave lo mejor que pude sin poder quitarme la mancha de las manos, se me ocurrió tomar un trozo de papel para secarme, me lleve el papel hacia la sala para que la Señora Norma viera que efectivamente no podía manchar nada con mis manos, ya que seguía percibiendo cierta incomodidad.

    Finalmente me senté a tomar la deliciosa y refrescante limonada, una gran sensación después de estar 2 horas en el sol, mientras platicábamos de cosas triviales, hasta llegar a la pregunta incomoda sobre el esposo de la Señora (si me acorde, claro, la calentura no quita la cobardía), a lo que respondió con naturalidad que faltaban al menos 3 horas para su regreso.

    Termino su vaso de limonada y se levantó:

    – Por cierto, (indico) debo comenzar a hacer de comer para tener listo todo cuando regrese mi marido.

    Se llevó su vaso y se dirigió a la cocina, coloco su vaso en la tarja y saco una pequeña escalera de tres peldaños, tipo reposapiés hecha de madera, la coloco frente a un mueble y acerco la bolsa de víveres, al tratar de subir el primer escalón la note algo perdió un poco el equilibrio.

    – Me puede ayudar a guardar la despensa Señor trabajador (con un tono de voz meloso que no había utilizado antes)

    – Tome el último sorbo de mi limonada y conteste: voy para allá, dirigiéndome lo más rápido que pude.

    – Dígame Señora Norma, ¿Qué puedo hacer?

    – Me detiene mientras guardo la alacena, porque no me siento segura con estos zapatos.

    Me acerque a ella mientras tomaba en sus manos varios artículos y se dirigió a la pequeña escalera, antes de subir el primer peldaño: sosténgame fuerte Señor trabajador (me indico), mientras subía, trataba de decidir de donde la iba a sostener, no por miedo a que se molestara, sino por miedo a hacerla perder el equilibrio, por lo que decidí tomarla por la cintura, el primer escalón no presento mayor problema, el segundo coloco su tremendo culo justo frente a mi cara y finalmente el tercero me dio una visión amplia de sus pantorrillas, sus muslos y un coqueto cachetero color perla (yo lo veo blanco pero en fin), cuando estuvo en el tercer peldaño, por comodidad coloque mis manos sobre sus caderas, como no hubo reclamo alguno, abrí mis manos lo más que pude, para que mis pulgares invadieran el área de sus nalgas, con el pretexto que ella se movía al guardar los artículos, movía mis manos con toda la intención de poder sentir la delicadeza de su piel, la consistencia de sus redondas y duras nalgas, yo estaba ya en pleno disfrute de su trasero, movía mis manos de la cintura hacia las nalgas, por los costados, por detrás, ya era un festín que estaba disfrutando.

    De repente, mi concentración es interrumpida por una voz conocida, pero un poco distorsionada por la excitación:

    – Cuidado Señor trabajador, voy a girarme, porque no me ha atendido correctamente.

    Me saco de mi trance, voltee hacia arriba, tratando de entender lo que me decía, mientras tanto ella dando pequeños pasitos empezaba a girar sobre su eje, hasta quedar de frente a mí.

    – No me has atendido por el frente Señor Trabajador, ¡Exclamo! (con una sonrisa en su cara)

    Cuando finalmente llego el mensaje a mi cerebro, mis manos de manera automática, como si tuvieran vida propia, empezaron a acariciar las piernas de la Señora Norma, desde las pantorrillas, recorriéndola lentamente hasta llegar a las tremendas nalgas, introduciendo mis dedos por dentro de las bragas, para poder sentir finalmente la textura de la piel de su redondo y firme trasero.

    Mientras esto pasaba, por el frente, había empezado a besar los muslos de piel blanca de esa ardiente ama de casa, escalando con mis labios por su cuerpo, hasta llegar al pequeño triangulo de tela que escondía su poderosa fuente de calor, irradiaba con tal fuerza que sentía como empezaba a sudar por el calor que generaba su chochita.

    Mis manos comenzaron a recorrer sus nalgas hasta llegar de nuevo a las caderas y seguirse de largo, para encontrarse donde mi boca se encontraba ante un obstáculo de tela.

    De inmediato mis dedos abrieron el camino, haciendo a un lado la tela de sus braguitas ya mojadas, para permitir el paso a mi lengua, quien al primer embate sobre el largo de sus labios, genero un escalofrió sobre la poseedora de tan delicioso manjar.

    Decidí que era tiempo de cambiar de lugar, por lo que simplemente abrace por el culo a la Señora Norma, jalándola hacia mí, haciendo que perdiera el equilibrio, cayó sobre mis brazos, no hubo necesidad de acomodarla, en tres pasos llegue de nuevo a la salita donde empezamos, la deposite en el sillón, la jale para que su culo quedara justo en el borde y continúe lo que había iniciado en la escalera, mis manos amasaban sus nalgas mientras mi lengua trataban de localizar cada una de las terminales nerviosas de su vulva, lamia sus labios, y sobre todo mordisqueaba ligeramente su clítoris, que a estas alturas se encontraba hinchado, duro, listo para ser devorado.

    La Señora Norma se retorcía sobre su lugar, lo que me obligo a voltear hacia su cara, cuando se me cruzaron ante la vista su hermoso par de tetas, que hasta el momento no habían sido tomadas en cuenta, por lo que mis manos terminaron su incursión entre sus nalgas y de inmediato salieron del vestido para posarse sobre su par de tetas, que bien podían asemejar en el paisaje a un par de volcanes, próximos a hacer erupción.

    Desabroche un par de botones de su vestido para que emergieran aquel par de tetas, enfundados en encaje, del mismo color de las bragas (se dice en el medio que cuando una mujer trae ropa interior que combina es porque espera tener sexo)

    Pose cada una de mis manos sobre sus senos, primero los cubrí, después coloque mis palmas sobre sus pezones y haciendo un movimiento de cierre de manos, pellizque suavemente cada uno de ellos, en ese momento el Ama de Casa abrió los ojos y volteo hacia mis manos diciéndome:

    – Si papito, acaríciame con tus manos sucias, tócame toda con esas manos negras que tienes.

    En ese momento pude comprender la actitud de la Señora Norma, finalmente no era tanto yo, sino lo sucio que estaba, después de meditarlo dos segundos, me dije: pues no voy a ponerme a reclamar ahora así que, a disfrutar la posición en la que me encontraba.

    Seguí amasando sus senos, mientras mi lengua seguía recorriendo los labios vaginales de la Señora Ama de casa, terminando el viaje de ida de mi lengua enroscándose alrededor de su clítoris, y de vuelta tratando de penetrar en lo más posible su vulva.

    Llego el momento que definitivamente me estorbaba su vestido, por lo que de un solo movimiento de manos lo pase por encima de su cabeza, no supe bien quien lo boto al piso, solo sé que quedo tirado lejos del sillón, al bajar mis manos aproveche el viaje para bajar sus braguitas, empapadas de jugos vaginales y saliva.

    Estaba por regresar al ataque sobre su vagina, cuando el timbre del teléfono nos sacó de trance, la Señora Norma abrió sus ojos, localizo el teléfono y alargo su mano para alcanzarlo, en tanto iniciaba la conversación telefónica me miro de tal manera que entendí perfectamente que lo que me estaba pidiendo era que continuara con mi labor.

    Mientras la Señora Norma por la línea saludaba:

    -Hola querido, ¿Qué tal tu día?, sabes, por acá fatal, fíjate que afuera en la calle están unos trabajadores reponiendo el pavimento y tuve que salir y tiene un cochinero, no sé si me manche el vestido o los zapatos cuando salí a comprar los víveres para la comida amorcito.

    Al escuchar la conversación de la Señora Norma, introduje dentro de su vagina dos de mis dedos, haciendo el clásico ganchito hacia arriba, para juguetear con su Punto G, mismo que pude localizar de inmediato, hinchado, sensible, el cual trataba de presionar entre mis dos dedos, ocasionando que la conversación telefónica de la Señora Norma se pausara, porque ella dibujaba una enorme letra “O” con su boca, cada vez que mallugaba con mis dedos el interior de su vagina.

    Tratando de aparentar calma y normalidad, la Señora Norma tomaba aire y continuaba su conversación:

    – Si corazón, te estoy preparando un platillo que te va a encantar, voy a hacerte un gran trozo de carne muy jugosa, casi casi en caldo, veras que te va a gustar.

    En tanto la conversación seguía, yo también continúe con lo mío, volviendo a pasar mi lengua por todos los sitios conocidos que le generaban una descarga de placer a su vagina, le lamia el clítoris, de una manera paciente, haciendo círculos con mi lengua a su alrededor, recorría los pliegues de sus labios vaginales y trataba de meter mi lengua en el espacio ocupado por mis dedos.

    Para entonces su vagina ya expulsaba goterones de fluidos, que estaban cayendo sobre el borde del sillón y sobre el piso, mientras ella con su mano libre apretaba con desesperación uno de los cojines del sillón y trataba de sonar lo más natural posible ante la línea telefónica.

    – Si amorcito, veras que más tarde saldré a poner en su lugar a esos trabajadores, tu sabes lo mal que me pone la gente sucia, bueno corazón, te espero por la tarde, besos.

    Exactamente en el momento que colgó el teléfono comencé a mover mis dedos con mayor velocidad dentro de su vagina, arrancándole un grito ahogado a la Señora Norma, comenzó a fluir un ligero chorro de fluidos de su vagina, lo que me indico que estaba en el camino correcto.

    Moví mis dedos con mayor velocidad y con mayor fuerza, además que mi boca trato de prenderse de su clítoris, moviendo mi lengua cada vez más rápido alrededor de él.

    Sus manos tomaron mi cabeza, mesando mi cabello con sus dedos, mientras cerrando de nuevo los ojos, volteaba su cabeza hacia el techo y liberando un grito de placer, al tiempo que en su vagina se abrió el chorro de los fluidos, pasando de un ligero hilo de fluido a un gran chorro acompañado de gritos de la Señora Norma.

    – ¡Así papito!, ¡Asi!, hazme venir más, por favor, méteme tus dedos marranos en mi panocha.

    Después de algunos segundos en que el chorro vaginal fue disminuyendo entendí que era hora de pasar a la siguiente etapa: me levante y me comencé a desnudar, primero me deshice de mi playera y cuando iba a desatar las agujetas de mis botas ella me interrumpió:

    – Déjate esas botas sucias Señor Trabajador, quiero que las tengas puestas mientras me coges toda.

    Así que me quite el pantalón sin quitarme las botas, lo cual en condiciones normales hubiera sido un gran problema, pero con la calentura los pantalones no ofrecieron ninguna complicación.

    Me despoje de mis calzoncillos, mi verga se encontraba ya desde hace un buen rato casi a la totalidad de su erección, incluso ya me había empezado a doler un poco, tome a la Señora Ama de Casa por los tobillos (aun calzaba los zapatos de tacón), hice una “V” perfecta con sus piernas abriendo mis brazos, agache la cintura un poco, después de un vistazo rápido y una serie de cálculos simples, deduje que la punta de mi verga estaba en dirección correcta a la vulva de la Señora Norma, ya estando en la puerta de su vulva, hundí mi tronco de un solo golpe, hasta que mi pelvis choco contra las blancas nalguitas de la Señora.

    Un grito ahogado de ella se escuchó por toda la casa, parecía que había perdido el aliento, trato de incorporarse estirando sus brazos hacia mi cintura y tratando de dirigir mi cadera hacia atrás y adelante, como queriendo imponer el ritmo de penetración.

    Empecé a moverme al ritmo que me marcaban los brazos de la Señora, sin necesidad de escuchar su aprobación, solamente con ver su cabeza moviéndose de lado a lado, su boca de nuevo dibujando con sus labios una “O”.

    No obstante que permití que el ritmo de penetración lo impusiera ella, lo que hice para incorporar la sorpresa fue la fuerza de penetración, a veces una más potente que la otra, a veces todas con la misma intensidad.

    Después de una ligera pausa, comencé de nuevo a penetrarla con un ritmo de bombeo suave, acariciando su vulva con mi camote, aumentando progresivamente el ritmo y la potencia, empezando a retumbar en la casa el choque de las carnes, cada vez más frecuentes y cada vez más fuertes.

    La señora empezó a soltar pequeños gemidos al tiempo que mi verga se hundía hasta el fondo de su ya inundada vagina, a medida que los gemidos fueron incrementando su volumen, trate de sostener mi ritmo ya sin incrementarlo, en espera de un nuevo orgasmo de la Señora.

    Una vez que escuche el goteo sobre el piso interrumpí la penetración, tratando de incorporarme, aprovechando la sensibilidad de la vagina coloque la cabeza de mi tronco sobre los pliegues de los labios vaginales y la empecé a mover a lo largo de ella, con cierta velocidad hasta que logre de nuevo que el pequeño hilo de flujo vaginal se convirtió de nuevo en un torrente.

    Me incorpore por completo, con mi trozo de carne cubierto de fluido vaginal y le pregunte a la Señora:

    – ¿Ya conoces el sabor de tu panochita Señora Ama de Casa?

    Mientras ella trataba de recuperar el aliento, solamente sacudió la cabeza en señal de negación, por lo que de manera inmediata la tome por la nuca y la acerque a mi verga.

    – Pues vaya probándola Señora, le aseguro que le va a encantar.

    Le acerque el tronco de carne a su cara, tomándola por la nuca y jalándola hacia mí, al acercarse saco su lengua y comenzó a lamer todo el residuo de jugo vaginal impregnado en mi pene, de manera minuciosa fue limpiando centímetro a centímetro de mi tallo. Lamiendo con delicadeza y chupando todos los vestigios de su propia eyaculación.

    Suavemente llego hasta el par de bolas de carne, donde se concentró la mayor parte de los fluidos vaginales, ahí empezó a lamer con desesperación, mientras con su mano sostenía mi tronco, con su boca atacaba mis bolas por todos los flancos.

    Tome su cabeza, la hice voltear hacia mí y le pregunte: ¿Te gusta el sabor de tu panocha perra?

    Ella asintió con la cabeza, dejo de chuparme los huevos y contesto: Si papacito, pero más me gusta comerte la verga.

    Una vez dicho esto abrió su boca y comenzó a meterse la glande de mi verga, la saboreo un poco y continúo tragando camote poco a poco, hasta que mi par de huevos descansaban sobre su barbilla, después de unos pocos segundos con mi cabeza golpeándole la campanilla de la garganta, comenzó mover su cabeza hacia adelante y atrás, aprisionando con sus labios el grosor de mi tronco.

    Esta vez fui yo, quien le comenzó a marcar el ritmo, con mi mano sobre su cabeza le fui indicando la velocidad a la que debería proporcionarme las mamadas, mientras ella fascinada continuaba comiendo del tronco de carne.

    Mientras ella continuaba mamando a placer, recordé que aún no tenía el placer de interactuar con la tetas del Ama de casa, así que las libere del sostén de encaje que cubría medio seno, solamente las hice salir del sostén, emergiendo un par de hermosas tetas, redondas, coronadas por un gran pezón obscuro, de inmediato empecé a juguetear con sus pezones, pellizcándolos, estirándolos, mientras ella hacia un gesto de dolor con placer.

    Así continuamos, ella comiendo tronco y yo acariciando sus tetas, cuando de pronto un ligero hilillo de saliva escurrió de su boca y fue a dar directo al valle entre sus senos, de inmediato llego una imagen a mi cabeza, saque intempestivamente mi verga de su boca y la coloque entre sus masas de carne.

    De inmediato la Señora entendió el mensaje, se colocó mi verga entre sus senos y apretándolos comenzó el movimiento de su cuerpo en un vaivén que resultaba en una muy suave, pero deliciosa paja que me estaba brindando el Ama de Casa.

    De vez en cuando, largaba la punta de su lengua para alcanzar la cabeza de mi pene, tratando de metérselo en la boca, sin éxito, pero generando un sonido delicioso de ventosa al despegarse de la superficie a la que está adherida.

    Continúo algunos vaivenes más y ella ahora fue la que realizo un movimiento intempestivo: regreso al sofá, recargando el pecho en el respaldo, hincándose en el asiento, abriendo al máximo sus piernas y levantando suculentamente su culote.

    Creo que era la primera vez que entendía una señal generada por una mujer a la primera, obviamente deseaba ser penetrada, así que me incorpore, me coloque detrás de ella, busque el sitio adecuado para no lastimar mis rodillas con los tacones que aun tenia puestos, un par de movimientos y quede listo y alineado, con la punta de la verga asomándose por la vulva de la Señora Norma, en un movimiento de coordinación inusitado, moví mi pelvis hacia adelante al tiempo que ella arqueaba su culo hacia atrás, resultando en una estocada hasta el fondo, arrancándole un delicioso gemido y provocando que ella desmayara su cuerpo hacia el respaldo, mientras yo sentí que mis piernas flaqueaban un poco.

    Después de reponernos un poco de la sensación relampagueante, nos reincorporamos en nuestra respectiva posición y comenzamos el vaivén de los cuerpos, sincronizados de una manera envidiable, ella azotaba sus nalgas hacia atrás exactamente en el instante que yo embestía hacia el frente, generando el sonido de un aplauso, un sonoro aplauso para ovacionar la manera tan deliciosa que tenia de coger el Ama de Casa.

    Posterior a varias embestidas ella volvió a caer hacia el frente y permaneció sin moverse, yo aprovecha para reinstalarme, coloque cada mano en su respectiva nalga, asiéndome de ellas, y al apalancarme de ellas para embestir, se asomó sin pudor el ojito de su ano.

    Parecía que con el movimiento de abre y cierra me decía: “ven aquí” y pues este día, ando de todos los modos menos remilgoso, así que embestí rítmicamente, acrecentando el ritmo y proporcionándole unas sonoras estocadas, hasta que lanzo un grito que ya no pudo apagar.

    Saque mi verga de nuevo goteando de líquido vaginal, solo para hacer un pequeño acomodo de mis piernas para quedar ahora en dirección al ojito de su culo, cuando ella sintió que la cabeza de mi verga se colocó en la entrada de su culo, movió las manos hacia atrás, replicando la separada de nalgas para mostrar libre el camino, mientras me decía: “Ven mi trabajador, rómpeme el culo, por favor”.

    Ante esas instrucciones no queda más que acatar a los deseos de la Señora Norma, como mi pene estaba bastante lleno de fluido vaginal, no quise preocuparme por lubricación, empuje con fuerza, pero con tacto también, sintiendo como poco a poco mi tronco de carne se abría paso a través del culo de la rica Ama de casa.

    En poco tiempo pude ensartar por completo mi mástil, dentro de su culo, permanecí unos momentos sin moverme, para después emprender la retirada despacio, al ritmo de los gemidos de mi anfitriona, antes de salir por completo volví a embestir, esta vez un poco más rápido que la vez anterior.

    No alcance a notar molestia alguna por lo que de nuevo embestí hasta el fondo, arrancándole un leve gemido, volví de nuevo a retirarme y de nuevo a embestir, esta vez mas rápido y más fuerte, hasta que escuche de mi dulce anfitriona:

    – Dime que soy tu puta, papito.

    – Claro que sí, Doña Norma, es usted la puta más puta de este vecindario, una putota que le encanta la verga por todas partes.

    – Si mi trabajador cogelon, si, me encanta tu verga, la estoy disfrutando como nunca.

    Continuo la embestida rítmica hasta que de una manera descompuesta la Señora empezó a gritar: ya vente papito, ya por favor, quiero que me bañes con tu leche.

    En ese momento (y solo hasta entonces) recordé lo que me había atraído de ella en primera instancia, me desenchufe de su culo, me incorpore, la despoje de sus tacones, hice que se girara frente a mí, la senté en el salón y subí sus pies alrededor de mi camote.

    Enseguida le dije a mi anfitriona:

    – Señora: si quiere mi leche, va a tener que sacármela con sus pies, porque me encantan.

    Sus ojos se iluminaron en señal de aprobación, colocándolos aprisionando mi camote, y de manera mus diestra, comenzó a moverlos en una deliciosa paja, cada vez más fuerte, cada vez más rápido.

    Ella veía mi rostro, como tratando de adivinar el momento en que sería expulsado el contenido de mis huevos, que hervían de la calentura en ese momento.

    Después de varios movimientos, que se sentían más como caricias, empecé a sentir un golpeteo en mi cerebro que anunciaba lo irremediable: estaba a punto de expulsar toda la leche existente en mi camote, empecé a sentir los espasmos del placer que recorrían toda mi espina dorsal, hasta llegar a mi cabeza, regresando a mi cintura y finalmente ocasionando lo inevitable.

    Ella lo supo de inmediato, y comenzó a acelerar el movimiento de sus pies, por más que trate ya no pude contenerlo expulsando chorros de semen acompañados de un grito de placer.

    Mis chorros cayeron sobre sus pies, sobre sus muslos, sobre su abdomen y sobre sus senos (creo que una gota en la barbilla), ella después de verme terminar siguió acariciando mi verga con sus pies, mientras con su dedo iba recolectando cada gota de esperma para saborearla.

    Finalmente bajo sus pies, terminando de devorar hasta la última gota, mientras tanto comencé a bus car mis ropas regadas en el piso, encontré sus braguitas y se las ofrecí, ella envolvió dos de sus dedos con ella y los metió dentro de su vagina, realizando un movimiento circular, lo saco, lleno de fluidos, se acercó a mí y colgó sus bragas en mi pene que aún no perdía del todo la erección, mientras me decía al oído:

    – Llévatelas, para que te acuerdes de mí, y cuando gustes vienes para cambiártela por otra más reciente.

    Empecé a vestirme sin quitarme sus bragas de mi verga, ya vestido me acerque a ella, la bese en la mejilla y le dije: hospitalidad excelente, 5 estrellas y Salí.

    Ya en la calle no había ningún trabajador, por lo que tuve que ir caminando al siguiente punto de trabajo.

    Agradezco sus comentarios, recomendaciones, etc.:

    [email protected]

  • Me desvirgaste… cabrón

    Me desvirgaste… cabrón

    Sabía que yo era su amor platónico porque así Rose Mary se lo había expresado a unas de mis asistentes en el departamento de contabilidad y desde que la conocí a la edad de los 18 años, sentí que a esta chiquitita de solo 1:50 metros o algo así, mantuvo algo así como un “crush” conmigo.

    Rose Mary trabajaba en ocasiones indirectamente conmigo, pues su padre tenía una oficina de contaduría publica y ella por ese tiempo estaba estudiando en la universidad esa misma academia para continuar ese mismo legado que establecía su padre. Ellos nos daban servicio de auditoria en varios sectores de la compañía. Realmente solo la miraba unas tres o cuatro veces al año, pero podía sentir que esta niña siempre intentaba acercarse o estar en contacto conmigo. Una vez me invitó a cenar y como plática ella me preguntó ¿por qué no me había vuelto a casar? Todas nuestras conversaciones fueron de ambiente laboral y esto se salía de la norma, pero todo se conllevaba con mutuo respeto. Ese día en forma de broma le dije que me volvería a casar sí en todo caso ella me aceptara como su novio, a lo que correspondió con otra broma: Mire lo alto que usted es y yo a la par suya parezco su llavero.

    La verdad que Rose Mary era una chica muy petit, que apenas me llegaba al hombro vistiendo zapatos de tacón. Pero la verdad que era una chica atractiva de carita alargada y unas cuantas pecas en su rostro de piel clara. Siempre llevaba el cabello largo con esos flecos a los lados y regularmente usando anteojos oscuros. Se vestía recatadamente, nunca groseramente provocativa, pero si dijera que algunas veces con un toque de sensualidad. Su cuerpo petit estaba bien proporcionado en un balance de sus pechos redonditos con un culito también redondito que se podía apreciar cuando usaba esos pantalones ejecutivos. No debería de sobrepasar las 110 libras cuanto mucho.

    Anécdotas con esta niña tengo algunas, pero lo que les quiero relatar es lo que sucedió en esa época de navidad del año del 2004 cuando yo tenía mis 37 años y esta linda niña acaba de cumplir sus 21. A esa edad, ella se había convertido en nuestra auditora y era muy buena, al punto que con su padre ya no había comunicación y sus asistentes le doblaban su edad. Se acababa de graduar pero continuaría para adquirir una maestría en el mismo ramo. Sus invitaciones a cenar o almorzar las tomaba como parte comercial en agradecimiento por continuar con su compañía de contabilidad, aunque también sospechaba lo que relaté anteriormente, pues podía sentir esas feromonas que se fundían a las mías.

    En aquella cena Rose Mary quería asegurar cuatro años más de contrato, lo que ya era todo un hecho, pues veníamos funcionando con ellos por los últimos 12 años. Todo estaba consultado al punto que para aquella cena solo estábamos los dos y el contrato lo habíamos dejado en la oficina. Terminamos la cena y Rose Mary quien conducía, iba feliz y alegre pues aquel contrato suponía varios de cientos de miles de dólares para su compañía. El contrato lo habíamos dejado en mi escritorio y solo era de volver, firmarlo, darnos la mano y cada uno para su lado a seguir celebrando aquellas fiestas de fin de año.

    Entramos al edificio de mi oficina, caminamos escuchando los ecos de nuestro pasos, pues no había nadie por ser horas de la noche y porque pocos trabajan para estos días. Abro la puerta de mi oficina y firmo el contrato y se lo extiendo a Rose Mary. Me da la mano pero nos quedamos mirando a los ojos y no sé cómo pasó pero nos dimos un beso que parecía no tenía fin. Obviamente me tuve que agachar para saborear sus labios que tenían el sabor de la copa de merlot que Rose Mary acababa de degustar. Yo sabía que quería más y bajé por su cuello mientras mis manos se posesionaron de ese culito redondito y solo sentí su aliento haciendo ruido en mi lóbulos, pero igual sabía que Rose Mary era presa del miedo o nerviosismo, pues sentía un temblor en su cuerpo. No sé cuanto duró ese primer beso y nos mantuvimos besándonos por largo tiempo y ni yo supe cuando la tenía sobre mi escritorio donde estaba el contrato. Realmente no supe cómo le desabotoné los botones de su blusa, pero de repente me encuentro con sus pechos redondos y duritos y comencé a mamarlos. Me encantaba ver esos ojos de niña viviendo los placeres de esta lujuria y mientras le chupaba los pezones sobre sus pantalones negros ejecutivos le sobaba esa panocha que en ese momento sabía me iba a comer.

    La verdad que solo oía sus gemidos, esa respiración profusa que solo te incita a continuar. Le chupaba su conchita sobre el pantalón, pero por la tela, sus jugos vaginales manchaban ya el pantalón y esta niña suspiraba, gemía al sentir el calor de mi boca por sobre esos pantalones en medio de sus piernas. Su primer orgasmo fue de esa manera, presionando mi boca por sobre sus pantalones y sentí esa vibración de su cuerpo y como eventualmente movía su pelvis para sentir ese calor de mi boca. Quería sentirla más cerca y fue cuando ella me dijo: “No”.

    ¿Cómo uno se puede detener viviendo todo eso? La verdad que aquel “no” me pareció a un sí. Le quitaba sus pantalones mientras ella me arañaba la parte posterior de mi cabeza. Como pude la sujeté y le quité su pantalón negro ejecutivo y quedaba con un cachetero blanco que estaba empapado de sus secreciones y mi saliva. Sentía su sexo vibrar, cómo olía y cómo vertía esa miel que se podía diferenciar de mi saliva… sus jugos vaginales eran gruesos y, los saboreé sobre ese calzón cachetero. Se vino una segunda vez, aunque Rose Mary me decía que parara. Como podía parar en estas circunstancias… mi verga estaba a mil y esta chica seguía gimiendo de placer, pues no podría decir que era algo diferente. En ese escritorio y sobre ese contrato le asomé mi glande y se lo he hundido todo y Rose Mary gritó: “Me desvirgaste… cabrón”. – Parecía una batalla o un terremoto, pero quizá por estar exhaustos en esa lucha, terminábamos relajados. Su panochita y la cual sangró expulsaba mi esperma y verdaderamente la recuerdo bien apretada. Esa noche le rompí el culo y por primera vez esta linda chica de pecas en su lindo rostro me mamaba la verga. Rose Mary, me dijo días después, que la había desvirgado y que no creía cómo mi verga había entrado por todos los agujeros mencionados. Aquel día quizá por el miedo a su reacción, solo me corrí cuando parecía que se venía por el culo… si que le di una verdadera y potente culeada.

    [email protected]

  • El espejo mágico (Parte 3): Un orgasmo tras otro

    El espejo mágico (Parte 3): Un orgasmo tras otro

    La noche caía y solamente una luna llena combatía aquella oscuridad, Steven y yo nos refugiamos al abrigo de mi casa como si nada hubiera pasado, estaba tremendamente feliz, por fin habíamos hecho el amor aquel día en que el destino continuamente nos ponía a prueba, por fin me sentía bien con mi nueva vida, con mi nuevo cuerpo y ya no me encontraba perdida, Steven se había encargado de ello, había dado un nuevo sentido a mi vida, entiendo que puede sonar mal, pero así era, así me sentía y no solo por el sexo, sino por todas las sensaciones que estaba descubriendo con él y como si se tratase de una droga necesitaba más, necesitaba más de él.

    Jaime, mi amigo del alma, con quien tantas tardes compartí, me había estado llamando y únicamente había recibido una respuesta por WhatsApp de mí, un escueto, todo está bien, volveré en una o dos semanas. La verdad que pensaba mucho en él y no como mi amigo, sino como algo más, pero que más… Me estaba volviendo loca, si aquí todos me conocían como Elena, si mi mundo aquí era Elena, si allí mis recuerdos y fotografías también eran de los de Elena, todo me hacía supones que también allí ¿no?, yo no sería el mejor amigo de Jaime, sino su mejor amiga, ¿qué tipo de amiga?, ¿nos habríamos acostado?, no, supongo que no o lo recordaría, pero, por otro lado, me quedaba la duda y tenía miedo, miedo a perderle, no sabía cuál era el sentimiento que me ataba a él ¿y el suyo?, ¿cuál sería?, ¿sería una más?, ¿una zorrita más como él decía?, o sería quien le haría sentar la cabeza, estas y más preguntas me asaltaban mientras me duchaba, mientras Steven esperaba pacientemente en el salón.

    No sabía muy bien todavía como reaccionar en esta situación, me había bañado y puesto ropa limpia, un tanga negro y un pantaloncito de pijama corto con una camiseta muy amplia que caía hacia un lado dejando uno de mis hombros desnudo, Steven hizo lo mismo, deje que se duchara y le di una ropa de hombre que le quedaba como un guante, me resultaba conocida y supuse que seria de Jaime, éramos muy amigos y más o menos tenía la misma complexión, nuevamente mi cabeza se llenaba de historias aun sin confirmar, pero si no era de Jaime esa ropa, de quien entonces y si era de él ¿por qué la tenía yo allí? Una vez más las dudas me asaltaron hasta que le observe allí en el salón, llevaba puesto un pantalón corto y una camisa azul medio abotonada, realmente estaba guapísimo y olía como los ángeles.

    Pedimos comida china a domicilio, cenamos muy acaramelados en el jardín junto a la piscina iluminada por las pequeñas farolas y una enorme luna llena que presidía el cielo aquella noche, nos contábamos historias graciosas de nuestras vidas, yo tenía que tener cuidado para cambiarles el sexo claro esta y en todas ellas salía mencionado Jaime, a lo que Steven me comento que si ese tal Jaime era mi novio porque se nos veía muy unidos, yo le explique que era algo más, que era como un hermano, pero algo en mí me decía que quizás yo ahora lo veía de otra manera y quien sabe si él.

    Al terminar estábamos tumbados bajo el roble del jardín, mirándonos a los ojos sin decirnos nada, Steven acariciaba mi pelo por detrás de las orejas y se acercó suavemente a mí y me beso, un beso en los labios, casi sin rozarnos que después fueron dos, tres y hasta cuatro veces nuestros labios se iban juntando y centímetro a centímetro empezó a recorrer mis labios con sus besos, centímetro a centímetro mi cuerpo se estremecía con la ternura de Steven, me encantaba lo que hacía, abría mi boca para que la unión fuera perfecta, pequeños besos, pequeños mordiscos de nuestros labios y poco a poco invitando a otras partes de nuestro cuerpo a jugar, a unirse en un baile húmedo lleno de sentimientos, nuestras lenguas bailaban dentro mi, dentro de él, era ya tarde cuando me tumbo nuevamente en la hierba y acariciaba con su mano mi cuerpo, subiéndome la camiseta y dejándome uno de mis pechos al aire y al abrigo de su mano, una vez más un escalofrío recorría todo mi cuerpo, una vez más esas sensaciones a las que me estaba empezando acostumbrar y no obstante, sin pensarlo le pedí que se apartara de mí, le rogué que parara perdiendo los besos y las caricias en la oscuridad. Me levanté del suelo y mirándole fijamente podía ver su extrañeza, quizás fui un poco brusca, quizás no controlaba todavía bien lo que quería decir o hacer, pero todo paso cuando le cogí de la mano para que se levantara y puesta de puntillas le abrace con mis brazos por el cuello a la vez que le besaba de nuevo, acercándome tanto a él que note la erección que tenía, le mire fijamente y sin decirle nada tire de él y cogidos de la mano nos metimos en la casa, quería que me hiciera el amor, quería saborear cada momento entre las sábanas de mi cama mientras él me hacía el amor una vez más.

    La habitación iluminada tan solo por la luz de la luna que entraba por unas ventanas abiertas de par en par, dos sombras se besaban y desnudaban en la pared, poco a poco nos íbamos quitando la ropa de rodillas encima de la cama, Steven con su cuerpo desnudo rodeaba el mío abrazándome por la espalda, besándome los hombros, sintiendo como sus manos bajaban suavemente por mis brazos hasta que sus dedos se aferraban a la tela de mis bragas bajándomelas con sumo cariño, las notaba deslizarse suavemente por los muslos enrollándose la tela, sentía mi sexo liberado y dispuesta para entregárselo y para cuando termino de desnudarme dejando las bragas en mis rodillas volvió a abrazarme, volví a sentir como su pene me golpeaba las nalgas y como encontraba un resquicio entre mis muslos metiéndose entre ellos, la notaba palpitar, suave y dura, me rozaba los labios húmedos cuando desde atrás asomaba el glande por delante de mí, Steven con movimientos cortos y suaves hacía resbalar el tronco de su pene metiéndose entre mis labios, como la locomotora del tren que va y viene, que prácticamente lo devoraban y envolvía con mis jugos, el placer que sentíamos, el olor de la pasión que ambos destilábamos impregnaba toda la habitación, podía sentir su pene entre mis piernas buscando una entrada, oír mis gemidos cuando la encontró y excitarme con el sonido de su piel golpeando la mía, de su pene penetrando dentro de mí con ese sonido tan característico, mis pechos eran secuestrados por sus manos apretándomelos con suavidad y Steven me besaba apasionadamente el cuello tumbado prácticamente sobre mi espalda y sufriendo los pequeños empujones, las deliciosas penetraciones que me hacían arquear mi espalda y que mi cabeza se apoyara en uno de sus hombros, buscando sus labios con los míos para besarnos, una vez más su pene salía de mí y volvía a entrar, una vez más mis gemidos la envidia de una noche clara, donde la luna esperaba a su amante y me envidiaba al oírme gritar cuando sentía como Steven ocultaba todo su pene en mi interior, que volvía hacer que mi espalda se arquease y sus manos apretaran mis pechos a la vez que me devoraba con sus besos.

    Más tarde una mano en mi cintura y la otra en mi espalda acompañaba a mi cuerpo hacia delante apoyando las palmas de mis manos sobre las sabanas blancas, Steven sin sacar su pene de mi vagina me ayudaba a ponerme a cuatro patas quitándome al final las bragas con cuidado, levante primero una rodilla y luego la otra, unas penetraciones más fuertes hacían de aquel momento el más increíble de mi vida, su pelvis golpeaba mi culo con pasión buscando la penetración más profunda, yo lo quería retener dentro de mí, pero él insistía en entrar y salir, en salarla por completo y jugar con mi sexo, me besaba los glúteos dándome pequeños mordiscos en ellos, tenía mi vagina caliente y mojada delante de su boca y sin más, sentí como su lengua saboreaba el néctar de mis labios, como los recorría, mordiéndolos y succionándolos con su boca, nuevamente algo nuevo para mí, nuevamente el placer hacía que mi cuerpo se erizara y empezara a temblar, me hacía gemir con su mano por delante apretando mi vulva y como sus dedos se deslizaban entre mis labios presionando y acariciando de forma circular mi clítoris, para luego acabar hundiéndose en mi vagina. Steven sacaba de mí los primeros gemidos de placer de verdad, los primeros que supe que de seguir así podría perder hasta el conocimiento, sus dedos se metían en mi vagina tan al fondo que salían envueltos en el flujo que después chupaba o me daba a chupar, mi interior era un hervidero de sensaciones, estaba realmente preparada nuevamente para que me follara, para sentirlo entrar y era todo lo que deseaba en esos momentos, que me volviera a penetrar.

    Necesitaba más, tenía sus dos manos sobre mis pechos, sentía su polla en mis labios arriba y abajo abriéndose paso por ellos y su glande empezó a hundirse en mi vagina, no tardo mucho en que los dos dimos un pequeño grito de placer cuando en el siguiente empujón su polla se deslizó hasta el fondo llenándome entera de él, estaba tan mojada que se deslizaba haciendo que gimiéramos de placer los dos a la vez, Steven metía y sacaba su polla con rapidez, mis pechos a pesar de sus manos bailan en el aire con cada empujón, empujones cada vez más rápidos y profundos que provocan que mis gritos empezaban a escapar por las ventanas abiertas de la habitación y se dejaron envolver por aquella noche calurosa de verano.

    Sudor y flujos, nuestros cuerpos resbalaban entre sí, me estaba dejando llevar por todo lo que Steven quisiera hacerme, saco su polla dándome media vuelta y me tumbo en la cama boca arriba, el de rodillas seguía acariciando mi cuerpo sin decirme nada, simplemente mirándome y separando mis piernas a ambos lados de sus muslos, le miraba fijamente mordiéndome los labios por la espera, por la impaciencia de tenerle nuevamente dentro de mí, sus manos bajaban desde mis pechos hasta mi vientre, tocando mi vulva mojada, su pene chocando por el interior de mis muslos y sintiendo como su glande acariciaba mis labios deseosos de él, bajo sus manos hasta por detrás de mis rodillas y me las fue subiendo apoyándolas en sus hombros, levanto con sus fuertes manos mi pelvis y volvió a meter su polla en mi vagina sin tan siquiera colocarla, simplemente acercándose a mí y empujando un poco para volverla a notar rodeada por mi vagina caliente y mojada, las penetraciones ahora eran muy profundas, la metía lento al principio como saboreando el momento dejándola dentro de mí, mi clítoris hinchado era presa de sus dedos y empezó a meter y sacar rápidamente su polla, me dejaba llevar por él, ya no gemía, ni gritaba, no podía, mis ojos cerrados fuertemente con mis manos apretando las sabanas y mi boca abierta sin poder emitir ningún sonido hasta que mi vagina exploto y se inundó, llenándole la polla de mis fluidos, nunca había sentido nada parecido, una ola de calor invadió mi vientre y desde el vientre conquisto todo mi cuerpo, mis piernas empezaron a temblar, el orgasmo que estaba teniendo era tan intenso, tan duradero que al final todos los gritos reprimidos salieron de mí, inundando la habitación sin poder acallarlos.

    Steven me bajó las piernas y se tumbó sobre mí, sin parar sus movimientos de entrar y salir me besaba profundamente, al poco su semen empezó a golpear mis paredes vaginales, dos chorros calientes salieron disparados de su polla haciendo que nuestros gritos se unieran en un baile de placer, hasta que cayó encima de mí y nuestros cuerpos resbaladizos y sudorosos descansaron juntos uno encima del otro, notando como su pene seguía dentro de mí, notando pequeños espasmos de su pene en mi vagina, le besaba, me besaba, sonreímos los dos y reíamos a la vez, estaba realmente extasiada.

    Steven quedó como dormido, me levante para limpiarme un poco, para quitarme la sensación de estar llena de él, del semen que salía de mi vagina y recorría brevemente parte de mi muslo y no sé porque me pare frente a la ventana, quizás para refrescar mi cuerpo sudado, para mirar al infinito de la noche, a las estrellas, la luna llena que me bañaba con su luz, no pensaba en nada, estaba feliz, por primera vez en mi vida me sentía feliz.

    No sentí a Steven cuando se levanto hasta que me abrazo rodeando mi cuello con sus brazos, era más alto que yo y su barbilla estaba sobre mi cabeza, me besaba en el pelo, lo olía, me decía en un español más bien pobre lo preciosa que estaba desnuda a la luz de la luna, mi cabeza se recostó en su brazo y mis manos se colgaron de ellos, desnudos, mirando por la ventana escuchando el silencio de la noche, el ladrido de los perros, el ruido de un coche en la lejanía, el murmullo del batir de las olas, pero no mucho más, estaba todo quieto y en silencio, todo sin vida aparente salvo nosotros que sentíamos el latir de nuestros corazones, la reparación acelerada que una vez más se presentaba ante nosotros, al parecer ninguno de los dos habíamos tenido suficiente, notaba su excitación, como se hinchaba su pene poco a poco y el escalofrío de tenerle dentro de mí me hacía feliz, soñar una vez más, me besaba el cuello, la mano, pasaba su mano por mis pechos acariciándolos y apretándolos con suavidad, su pene había vuelto a sorprenderme metiéndose entre mis piernas, movía el culo para sentirlo y como en la cama no hacía ni media hora quería que estuviera al abrigo de mi vagina.

    Quería sentir sus labios en los míos, besarle, acariciar su rostro, me di la vuelta para unir nuestros labios, notaba sus caricias, me iba dibujando, esculpiendo mi cuerpo, una vez más sus besos recorrían mis hombros, sus labios mordían mis pezones, me abrazaba y notaba su pene sobre mi estómago, me levanto una pierna y dejo mi vulva sin la protección de los muslos para poder acercarse y buscar con su pene mi vagina, despacio muy despacio mirándome a los ojos empezó a meter su glande en mi vagina, sin perder ni uno solo de mis gestos, el placer de sentirle entrar, llenarme nuevamente, su pene resbalaba hacia arriba por mi vagina tremendamente excitada, dilatada al máximo para recibirle, llena todavía del semen que había depositado en mí, entraba y salía haciéndome gemir, creando en mi rostro las muecas de una felicidad olvidada por mí. Cada vez más dentro, con su pene golpeando el cuello de mi útero, regalándome las sensaciones más placenteras que jamás pensé poder tener, la mirada clavada el uno en el otro oyéndonos gemir, amándonos con la mirada, podía sentirlo todo, podía sentir la suavidad de su piel penetrando y uniéndose a la mía, entrando y saliendo de mi vagina envuelta en flujos de placer, la suavidad de cómo la metía y sacaba de mi vagina, los besos suaves, cariñosos, hacían que mi cuerpo se estremeciera, me sentía flotar por la ternura que estaba demostrándome, me hacía volar de placer, sentir como nuestros cuerpos se elevaban y salían por la ventana, a pesar de haber hecho el amor ya dos veces, si esto era lo que sentía una mujer, quería ser mujer, no hablo del placer, hablo de sentimientos profundos, los que me invadían en esos momentos al tenerle cerca de mí, es cierto que era sexo, pero no solo sexo, era algo más profundo que nunca había sentido, algo que no sabría explicar.

    Steven una vez más sacó su pene para colocarme como él quería, bajo mi pierna y me agarro con sus manos subiéndome y sentándome con cuidado al marco de la ventana, separo mis piernas y se metió entre ellas, yo me dejaba hacer, me besaba apasionadamente y una vez más poco a poco me fue metiendo su pene, sus movimientos pausados, pero profundos, su pene se deslizaba lentamente y hacía que me fuera mojando más y más, los besos, los abrazos con cariño como si nos fuéramos a romper, aquella vez no estábamos follando, me estaba realmente haciendo el amor, sus caricias, sus penetraciones con tanta suavidad, empujando hasta el fondo su pene, metiéndolo hasta la raíz, chocando sus testículos con mi piel. Mirábamos nuestros cuerpos, como se introducía su pene dentro de mí, mi vagina se mojó de forma inusual, se contrajo tanto que le apretaba el pene, la sensación del roce era mayor, algo que tan siquiera sabía cómo hacer hacía que Steven se estremeciera, mi vagina se contraía apretando su pene que seguí navegando en mi interior, ardía por dentro y por fuera, esta vez no hubo gritos que inundan la habitación, solo gemidos en mi interior, mi mano tapaba mi boca cuando nuevamente un orgasmo me hizo temblar todo el cuerpo, un orgasmo que se prolongó y prolongó, con mi mano reprimiendo mis gritos.

    Steven seguía penetrándome con suavidad, pero ahora más rápido y más profundo, seguía teniendo los últimos coletazos de un orgasmo realmente increíble, sus movimientos me estaban volviendo loca, su pene me penetraba con fuerza, con una mano agarraba fuertemente la cortina y la otra apoyada al marco de la ventana, ya no podía aguantar mis gemidos, ni mis gritos, él me sujetaba fuertemente por las caderas y los gemidos de placer, los pequeños gritos que no podíamos controlar, todos aquellos movimientos presagiaba otro orgasmo, en cada embestida mis pechos se movían sin control, mordía mis nudillos del placer que me estaba regalando. Steven seguía su baile penetrando dentro de mí una y otra vez, sentí nuevamente esa quemazón en el vientre y un gemido enorme salió de los labios de Steven explotando de una manera asombrosa dentro de mí, nuevamente el destino de su semen fue mi vagina cuando mis manos se trasladaron a sus muñecas y le decía entre gritos que no parara, que ahora no parará, echando la cabeza hacia atrás, la melena suelta y mi boca abierta como queriendo gritar a la noche, un grito sordo salió de mí cuando nuevamente se inundó mi vagina con mi flujo.

    No tardamos en repetir nuevamente, aquella noche no follamos, aquella noche Steven me hizo sentir de verdad, me hizo el amor repetidamente hasta que terminamos durmiendo con nuestros cuerpos entrelazados, sudorosos y empapados de nuestros fluidos, solo aquella habitación dio buena cuenta de la pasión que hubo entre los dos.

    Steven se marchó dejándome sola y pensativa, había pasado unos días tan maravillosos con él, que ni me acordaba de porqué estaba allí, había hecho que me olvidara de todo, había hecho que me olvidara incluso de Jaime, un sentimiento de cariño y amor me inundaba cuando pensaba en Steven y las lágrimas rodaban por mi rostro cuando me despedí y le vi marchar, a pesar de que teníamos nuestras direcciones no sabía si volvería a verle, un océano nos separa.

  • Macarena, mi nueva compañera de trabajo (II)

    Macarena, mi nueva compañera de trabajo (II)

    La ceremonia en cuestión era la partida de un colega que había jubilado y se había organizado una cena de despedida por lo que allí estuvimos. La noche estuvo bien. Después de los clásicos discursos vino la cena. El departamento de informática también estábamos allí, Macarena se vistió para la ocasión con un traje de noche negro, y zapatos con tacos igual negros. Al verla, ella sintió que yo me la comía con la mirada y como buenos colegas, nos sentamos juntos.

    Querido compañero te ves bien rico, me dijo; espero que me concedas unos bailes hoy

    Claro que sí, le dije, me imagino que después la seguimos en algún lado o no?

    Sí, me gusta la idea, quizás con los otros profes o solitos? Me pregunta.

    Que quieres tú? Yo solito contigo, le respondí.

    Así? Más me gusta la idea, me dijo al tiempo que por debajo de la mesa me toma una de las manos, y me las acerca a sus piernas.

    Sientes? Me pregunta al tomarme la mano e ir subiéndola por su muslo rico, suave.

    Y siento que voy tocando cerca de su vagina: traía un colales súper diminuto, por lo que se me acerca a mi oído y me dice susurrando: es negrito, con encajes, súper pequeño y desea que alguien lo saque con la boca. Al decir eso, mi pene comenzó a pararse y me imaginaba su vagina mojadita, suave, dulce en mi boca y sintiendo la punta de mi pene rozar sus paredes, por lo que pensé que la noche iba a prometer hoy.

    Terminada la noche, después de unos bailes y tragos, que por lo demás no tome mucho, para mantenerme alerta, nos fuimos a un bar cerca de acá con los demás colegas. Al cabo de rato comenzaron a irse casi todos. Estábamos en esas cuando le dice a ella por el oído:

    Te voy a dejar a tu casa?

    Bueno, pero prométeme que me vas a aceptar un café.

    Bueno, pero si el café se alarga? Yo no tengo problemas y espero que tu tampoco mi amor, Le dije. Pague los tragos y nos fuimos a su casa; al abrir la puerta, le dije:

    – Qué falda tan seductora te pusiste hoy.

    – ¿Sí, te gusta?

    – Claro que me gusta, te hace ver un culo de lo más interesante.

    – Ah no digas esas cosas.

    – Te estoy diciendo la verdad, tienes un lindo culo

    – Bueno, si tú lo dices.

    – Y ha de ser bien suavecito, verdad?

    – Sí, he han dicho que es suave, te gustaría tocarlo? Al tiempo que me tomo de la mano y me lo dirigió a su culo por arriba de su falda, se sentía la tela apegada a la piel, dejando ver el hilo de su ropa interior casi invisible.

    – Eres bien mala, vas con esta falda y un tanga cortita que ni te tapa el culo, no me negarás que lo hiciste para calentarme.

    – Y porque crees que lo hice? Para que después de la comida me vinieras a dejar y sentir algo más que sexo oral en un laboratorio y en una oficina.

    No fuimos a su pieza, comenzamos a besarnos apasionadamente, me dijo: me esperas?

    Fue a su vestidor, no se demoró nada, al regresar la besé apasionadamente y comencé acariciar sus lindas tetas y después las saqué de su sostén sin tirantes podía sentir cuando tocaba sus ricos pezones bien paraditos mientras ella se dejaba llevar y a la vez nos besábamos con loca pasión, podía sentir sus besos tan calientes y su lengüita tan rica que mi pene despertó.

    Ella me llevo a sus pechos tan excitados, que de inmediato comencé a chupar, mientras cerraba los ojos: Que rico, así chúpalos, así muérdemelos despacito mientras ella me tocaba mi pecho, mi espalda, me besaba el cuello, mi boca.

    Nos tumbamos en la cama, seguimos besándonos locamente, su vestido voló por los aires, mi pantalón también hasta quedar con nuestra ropa interior y ella solo con tacones. Al instante comenzó a bajar hasta la altura de mi verga, me miro, me cerro el ojo y comenzó a sacarme el ropa interior con la boca, con los dientes, eso me éxito mucho más hasta que tuvo mi miembro en su cara.

    Que rico me dijo, al tiempo que me mira a los ojos y sin perder la mirada se metió en la boca, primero la cabecita, sentir sus labios otra vez en al punto me dio escalofríos por todo el cuerpo sintiendo su boca caliente. Sus labios empezaron a succionar y lamer. Su lengua se deslizó por el tronco despacio, hasta alcanzar mis cocos. Veía como su cabeza subía y bajaba sobre mi sexo. Su boca lamía sin descanso, subiendo y bajando sobre mi sexo. Succionando, lamiendo, chupando. Mi respiración era cada vez más agitada. Mi cuerpo se convulsionaba y mis manos sobre su cabeza, la empujaban a que lamiera y chupara sin descanso.

    Su lengua se movía sabiamente sobre mi pene, sus manos no estaban quietas, con una sujetaba me la sujetaba por la base y con la otra masajeaba los huevos. Mi cuerpo se tensó, y ella seguía mamando mi pene. La humedad de su boca me envolvía por completo, y sentí que estaba en el cielo con sus besos su boca chupando mi verga.

    Ella gemía. La observé de nuevo, y vi como una de sus manos se había perdido entre sus piernas, indudablemente se estaba acariciando su vagina, introduciendo sus dedos entre sus piernas, dándose placer a sí misma.

    Eso aún me excitó más, y le dije, mi amor acércame tu culo a mi boca y así lo hizo: le corrí el hilo de su colales y acerco su culo rico a mi boca. Un sesenta y nueve perfecto.

    Nuestros cuerpos parecían hechos a medida para hacer ésta postura. Ella otra vez le dio masajes de mi pico mientras mi lengua potente había estado limpiándole toda su raja por fuera y comenzaba a buscar en su interior. Viendo así, jugando con su chorito y más con sus zapatos de taco puestos me éxito mucho más, aun sintiendo su boquita en mi pene, separe sus mojados labios con mis dedos y pude ver el su vagina palpitando de placer. Pase mi lengua inmediatamente, sintiendo el sabor dulce de su hoyito mojado.

    Que me haces, sacándose mi pene su boca, dámelo, ponlo en mi boca.

    Acomode mi cuerpo obedeciéndola sin dejar de pasar mi lengua por su rajita la cual sacaba jugos cada vez que pasaba mi lengua lentamente y me pedía que le comiera sus labios y que estuviera bien rico lo que le hacía. Por su parte ella continuaba metiendo mi pene en su boca completamente y ayudándose con sus manos para darme más placer.

    A veces era tanto el placer que sentía que tenía que dejar de chuparle sus jugos y poder gemir de placer. Pero volvía a mi trabajo besando sus muslos interiores como si estos fueran el camino a su rajita caliente. Empecé a chupar desesperadamente su rajita. Esto excito aún más a Pilar la cual dejo de chuparme el pene para dedicarse a gozar mi chupada soltando gemidos y más movimientos de sus caderas. Le lamía el clítoris, los labios vaginales, todo el flujo que salía de ella lo lamía y lo saboreaba por completo, me encanta, me fascina lamer, no paraba de lamer y ella se vino en un fuertísimo orgasmo que casi le quita la respiración, ella gemía como una loca mientras se apretaba las tetas, yo seguía lamiendo, ya que le había salido un chorro al gozar y no dude en tragarlo todo.

    Mientras ella se relajaba en posición 69 nunca deje de lamer su zorra; ella volvió a encenderse y a gemir, estaba poseída y eso me encendió mas, le lamia como desesperado y sentía que mi lengua iba penetrando ufff que placer, mientras la lamia por completo se metió mi pene en su boca y se lo sacaba. Yo alternaba las lamidas, subía hasta su clítoris, su sexo, su culo, para ese momento corrían sus jugos como agua hasta que dejo de lamerla y me aparto de ella, deja metértela le dije. Dámela ahora!

    Nos giramos y se puso en cuatro patitas a la orilla de la cama, le quité la tanga a tirones y ella misma se abría el vagina con los dedos: Me dijo, penétrame ya! De inmediato acomodé mi pene en la entrada de su jugosa vagina y empecé a empujar.

    Ay amor, dame duro! Ensártamela de golpe!: Y obedecí, se la empuje de una, pude sentir como entraba hasta el fondo, ella estaba empapada y empecé en un frenético mete saca, ambos gemíamos y gritábamos como locos cuando iba aumentando el ritmo podía sentir el palpitar de su zorrita y nuestros cuerpos chocaba y los cachetes de su culo se moviendo al ritmo de mis embestidas, gemíamos como locos, me pedía que no parara, que estaba caliente, que le diera con todo.

    Ya no podía aguantar y siento algo que viene desde la punta de mis pies hasta el centro mi pene, eso muévete mas que rico tómame firme porque voy a acabar contigo me gritó.

    La tomo de la cintura, la acerco con todas mis fuerzas y ella se toma una de sus tetas, se las acaricia desesperadamente, ambos gemíamos de placer oh que rico estoy acabando, lléname la vagina de leche por favor, yo ya sentía como ella se venía al mismo tiempo que yo, a la vez que salía una buena cantidad de semen dentro de ella y acabamos juntos, ella no sé cuántas veces. Nos dimos un gran descanso, hablamos de tantas cosas y al rato me fui al baño. Al regresar me estaba esperando y me fui a ella de nuevo.

    Fui provocándola besándole el cuello tiernamente, sus pequeños suspiros me hacían delirar, la respiración tanto la de ella como la mía era cada vez más rápida y ver sus ojos cerrados y su pícara sonrisa me hacía sentir que estaba haciendo las cosas bien.

    Quiero hacer una cosa antes, me dijo, entonces ella se subió en mí y metió mi pene en su vagina y comenzó a moverse muy lento, arqueaba su espalda y se movía muy sexy de pronto paraba y seguía con movimientos lentos y rápidos.

    Estuvo moviéndose algunos minutos y era una sensación muy rica, ella gemía se movía cada vez más rico, al rato nos cambiamos de posición y ahora yo sobre ella: acerque mi pene empecé a pasarla por todo lo largo de su húmeda vagina y en círculos en su clítoris, oh que rico me gusta, me dijo, sigue allí hasta que ella me tomo el pene con sus manos y empezó a jugar con mi verga en su entrada, mirándola a los ojos y besándome, ella insistía en que se la metiera, me beso con todo y mirándome a los ojos me dijo:

    Me vas a culear ahora o no? y yo sin avisarle le metí el pene cuando menos lo esperaba de un solo golpe, ella grito. Ah que rico!

    Se la dejé adentro metiéndola hasta el fondo, ella cerraba los ojos de puro gusto, iba a empezar a moverme, cuando ella me aprieta el culo impidiendo mi movimiento: espera no te muevas oh si muévete cortito, después de dejarla recuperarse mientras miraba sus tetas con esos pezones hinchadísimos, me pidió más, moviendo sus manos de mi culo hacia atrás y hacia adelante, empecé a metérselo otra vez!. Dale amorcito rico dale de nuevo

    Estaba tan lubricada, que en cada bombeo mi pene llegaba casi hasta a salirse, pudiendo sentir ella por su vagina, lento y luego rápido. Agarré su poto con fuerza abriéndole mas el choro, me empecé a mover con velocidad arriba y abajo, temblábamos, tenía los ojos cerrados y parecía que se iba a volver a correr, me tenía agarrado por la cintura, sus tetas se movían con cada embestida, me insultaba que se la metiera fuerte, se retorcía, nos besábamos más fuerte, más rico, nos mordíamos los labios, era mi puta que estaba dándome placer y yo a ella

    Hazme tuya, me agarraba de donde podía, gritaba de gusto, el placer era más frenético, más fuerte…y no había nadie que nos parara. Yo le sujetaba el culo, mi pene entraba y salía de su zorra, el ruido de nuestros cuerpos chocar en cada embestida retumbaba en la cama, ella solo gritaba y gritaba con los ojos cerrados, con todo el cuerpo temblando por el movimiento.

    Me vas a matar de gusto, me dijo y pedía más hasta que mi orgasmo se acercaba, mi pene endureció aún más y mi cuerpo temblaba, estábamos transpirados, allí va le dije, lléname de leche en el zorrita, al tiempo que ella también estaba acabando, que rico mi orgasmo me dijo te quiero mi amor.

    El primer chorro de semen salió de mi pene, mientras los espasmos la recorrían, ella tenía los ojos cerrados y la boca abierta, mi orgasmo fue largo e intenso, por fin el ultimo chorro salió de mi pene, pero ella notaba que iba a tener orgasmo si seguía moviéndome, con lo cual volví a empujar con mi pene y tras varios segundos me dijo que no parara.

    Estoy teniendo otro orgasmo no pares! Uh Rico, te amo mi amor

    Esa noche lo hicimos una vez más y al otro día cuando me iba a mi casa me dijo: Te doy un regalo y me pasó algo envuelto: cierra los ojos, y me puso algo en el bolsillo interior de mi traje. Prométemelo que lo has a ver en tu casa, nos dimos un rico beso y me fui a casa.

    Al llegar a casa abro lo que me dio y tomo mi teléfono, le envío un mensaje: Gracias por tu regalo amor. Eran sus colales que había usado anoche y que con gusto se los arranqué de su piel.

  • Con mi hijo nos enfiestamos con madre e hija

    Con mi hijo nos enfiestamos con madre e hija

    – ¿Viejo, que opinión tenes de Raquel, la amiga de mamá? Me pregunto Cristian, mi hijo de 25 años.

    – Ehhh, una interesante mujer. Dije tratando de evadir la pregunta.

    – No te hagas el boludo. Dale. Me dijo.

    – Por lo que dicen, tremenda puta. No lo he comprobado, lo juro. Dije.

    – Te creo. Podes creer que me mandó un mensaje para salir esta noche.

    – ¿Qué vas a hacer? Pregunté.

    – Bajarle la caña, como corresponde. Dijo riéndose.

    Cristian es jugador de futbol, un metro ochenta y cinco, como yo. Con un cuerpo perfecto por todo el entrenamiento que tiene, y muy fachero de cara. Y como pude ver cuando nos cambiábamos en el club, un pene de muuuy generosas dimensiones.

    Yo tengo cuarenta y cinco, y no tengo el cuerpo que tiene él, pero para mi edad bastante bien. Y mi pija, es algo más chica aunque más gruesa.

    Con María, mi esposa y su madre, tenemos buen sexo, pero… la pasión por su parte fue bajando. Y la mía se mantiene. Cristian sabe que he salido con otras mujeres incluso alguna vez hemos estado los dos con dos mujeres.

    Al día siguiente de nuestra charla, después de almorzar me hizo una seña que quería hablar.

    – Cris, me das una mano que quiero revisar algo del auto.

    – Dale viejo, vamos.

    Fuimos al garaje y cerró la puerta, por las dudas abrimos el capot del auto.

    – ¿Cómo te fue?

    – Tremenda puta, como dijiste. Y para la edad que tiene, buen cuerpo. Gracias por el dato.

    – Por favor.

    – Pero tengo un problema y te necesito. Dijo sonriendo.

    – No me metas en kilombos. Dije.

    – Te va a gustar. Me propuso hacer un trio con vos…

    – Estas proponiéndome que le meta los cuernos a tu madre. Dije.

    – Como si fuera la primera vez, dale viejo, no jodas. Mañana el marido se va de viaje al mediodía. Nos espera a la tarde.

    – ¿Ya le dijiste que sí? Sos un hijo de puta…

    – Che, que es tu mujer. Mamá se va todo el día a lo de la abuela, ya me dijo que no vuelve hasta la noche.

    – No esta mala la idea… vamos.

    Se fue mi mujer y pasado el mediodía llegamos a lo de Raquel. Nos recibió con una bata de satén, y ropa interior.

    – Pensé que no ibas a venir, Guille. Dijo mordiéndose el labio inferior.

    – No lo iba a dejar solo a Cristian.

    – Que buen padre que sos. Dijo sacándose la bata.

    Raquel mide 1,70 mtd. De buen físico, pechos grandes a fuerza de siliconas, y un culo impresionante. Cuando llegamos a su dormitorio casi estábamos desnudos. Treinta segundos y los tres estábamos desnudos en la cama. Ella en medio de los dos, chupándonos la pija.

    – Prometanme ser suaves. Dijo entre chupadas.

    – Seee, seguro. Dijo Cris.

    Nos chupaba y masturbaba, mucha experiencia. No tardamos estar bien duros los dos. Cris se levantó y la empezó a coger por la cocha mientras ella me chupaba, gimiendo y dando grititos de placer. Luego fue mi turno. Mi pija entró fácil, y para calentarla más, pasaba mi mano por debajo de su cuerpo y le acariciaba el clítoris.

    – Hijos de puta, que bien que cogen los dos. Dijo

    – Callate y chupa. Dijo Cris.

    Estuvimos un rato así, hasta que Cris se puso de rodillas y le empezó a coger la boca como un animal. Ella se ahogaba, tenía arcadas, mientras yo cogía con todo su concha y le daba al clítoris. Los dos acabamos adentro, ella tuvo un orgasmo y trago toda la leche de Cris. Yo le llene la concha.

    Nos tiramos en la cama, ella limpio nuestras pijas y fue al baño.

    – Chicos, son geniales, me cogieron con todo. Dijo Raquel.

    – Y te vamos a coger mejor. Dijo Cris.

    – Quiero ese culo. Dije.

    – Guille, no va a entrar… Dijo Raquel.

    – Eso lo veremos. Dijo Cris y la puso a chupar la pija nuevamente.

    Yo me puse atrás, escupí su orto, y le metí dos dedos. Ella gimió de placer e hizo fuerza para que entren totalmente.

    – Soy muy puta. Dije.

    – Y muy es poco, méteme otro. Dijo Raquel.

    Le di el gusto y metí un tercer dedo. Los metía y sacaba dilatándola con todo, mientras la daba golpes en el culo y ella chupaba como loca a Cris.

    Cuando lo tuvo dilatado, empecé a meter mi pija. Ella gemía y se quejaba de dolor al principio, pero después era todo placer. Tenía un culo delicioso, y escuchar como gozaba me alentaba a darla cada vez más fuerte. Cris me hizo una seña y me acosté a su lado.

    – Montame y métetela en la concha. Le dije.

    – Me van a hacer mierda… Dijo mientras lo hacía.

    Cris se puso detrás de ella y se la metió en el culo. Ella dio un grito y me mordió el hombro.

    – Me están haciendo mierda hijos de puta. No paren. Dijo Raquel.

    Estuvimos un buen rato haciéndolo, yo por la concha, Cris por el culo. Ella tenía orgasmos y gritaba de placer.

    – Quiero su leche en mi boca. Dijo.

    Nos paramos en la cama y ella de rodilla estaba con la boca abierta masturbándonos con todo. Primero acabe yo y le llene la boca de mi leche. Ella nos mostró la boca y trago toda mi leche. Cris me siguió y ella hizo lo mismo.

    – Mamá, escuchamos la vos de Cintia, la hija desde la puerta.

    – Estas son dos pijas y dos hijos de puta cogiéndome con todo. Le dijo.

    – Pero mamá…

    – Ya van dos polvos que me echan, pero no dudo que te pueden hacer el favor. Dijo y fue al baño.

    Con Cris nos tiramos en la cama y la pendeja se acercó. Era una rubia delgada con no muchas tetas y un buen culo. Calculo que andaba por los 19 años, ya que estaba en la universidad.

    – Sacate la ropa y subí a la cama. Dijo Raquel.

    La pendeja obedeció y se puso de rodillas en la cama. Raquel se puso a chuparme la pija y Cris hizo que la pendeja se la chupe. Cintia no tardó mucho en empezar a gemir chupando la pija. Cris no tardó mucho en hacerla acostar y poner las piernas de la chica en sus hombros. Cuando le metió la pija en la concha Cintia dio un grito.

    – Chupale las tetas Raquel.

    Raquel se puso en cuatro patas para chuparle las tetas a la hija, yo me puse atrás y le empecé a dar con todo por el culo. Las dos gritaban de placer. Estuvimos unos minutos y Cris dijo:

    – Te quiero bien puta y caliente Cintia. Raquel, ponete boca arriba, le vas a chupar la concha a tu hija.

    Las hizo hacer un 69. Cintia gozaba con todo, gemía sin parar. Yo seguía en el culo de Raquel. Cris me miró y me guiño un ojo. Saco la pija de la concha de Cintia y la apoyo en el orto.

    – No, por favor, nuncaaa.

    La empezó a meter de a poco. La pendeja respiraba jadeando. Raquel gritaba de placer mientras chupaba la concha de su hija y veía como le hacían el culo mientras yo se lo hacía a ella.

    – Llenemosla de leche. Dijo Cristian.

    Saque mi pija del culo de Raquel para cogerle con todo la boca a la hija. Los dos bombeábamos con todo. Raquel le chupaba la concha y se masturbaba con tres dedos en la concha. Los dos acabamos al mismo tiempo. Cintia se ahogó con mi leche pero algo tragó. El resto cayó sobre la concha de su madre. Me limpió mi pija y luego chupo toda la leche de la concha de su madre. Raquel limpio la pija de Cristian.

    – Sos dos animales cogiendo. Dijo Cintia.

    – De lo mejor que hay en el mercado. Dijo Raquel.

    Fueron al baño y trajeron cerveza. Cristian lo le sacaba la mirada a Cintia, que trataba de evitarlo.

    – Pendeja, metete dos dedos en el culo y Pajeate. Dijo Cristina.

    – Cristian… Dijo ella.

    – Hacelo, mientras nos vestimos.

    La pendeja se puso en cuatro patas y se metió los dedos en el culo, y se masturbaba con todo.

    – Sos muy putita Cintia. Y vos peor Raquel.

    – No lo dudes. Dijo Raquel.

    Nos fuimos a nuestra casa. En el camino Cristian me dijo.

    – Estas dos las tenemos cuando queramos viejo. Juntos o separados.

  • Unas vacaciones con mis tías (P. 5 y 6) : No puedo dormir

    Unas vacaciones con mis tías (P. 5 y 6) : No puedo dormir

    Mi espalda descansaba sobre la sábana y mis pies colgaban por fuera, mi pecho subía y bajaba gran velocidad y necesite más de un minuto para recuperarme, parecía que había corrido una maratón. Mi tía sin embargo, al medio minuto ya se había puesto de lado mirándole con ternura y había comenzado a acariciarme el pecho.

    – Lo has pasado bien, mi niño? Me dijo con su ternura habitual.

    Sus tetas colgaban de una forma majestuosa muy cerca de mi cara, era una visión maravillosa después de esa cabalgada que había dado sobre su grupa. Yo asentí con la cabeza y después pude balbucear.

    – Ha sido genial, tía Sole!

    Ella parecía querer más, en sus ojos podía ver esa chispa de deseo que todavía le quedaba. Pasó sus hermosas tetas por mi pecho y mi cara, después me lamió mis tetillas con su lengua carnosa y húmeda haciendo que mi relajación fuera más placentera. El roce de su piel suave, la calidez de su lengua y sus delicadas manos estaban siendo un postre delicioso después de los dos consistentes platos. A los cinco minutos de las continuas caricias sentí que mi polla daba indicios de enderezarse, ya me había corrido cinco veces en lo que iba de día y pensaba que estaba al límite, pero mi mente perturbada y salida de los diez y ocho años parecía inagotable. Sus tetas grandes rozándome el cuerpo y su lengua cálida empapándome de saliva parecían volver a recargar mi batería.

    – Sube las piernas y túmbate mejor cielo! Me dijo con su ternura habitual. Me arrastré por la cama hasta dejar la cabeza sobre la almohada con las piernas abiertas y estiradas, ella se arrodilló entre ellas y agarrándose las tetas comenzó a masajearme la polla como si amasar una barra de pan. Habían pasado unos cinco minutos desde mi última corrida y esa sensual mujer me la había vuelto a poner tiesa. Parecía que venía lo inevitable cuando se interrumpió la música para dar paso a una llamada en su teléfono. Se levantó y miró quien era.

    – Lo siento cielo, pero vamos a tener que dejarlo. Ya vienen! Me dijo con cierta pena.

    Bajamos de nuevo al jardín y nos pusimos unos refrescos para esperarlos. Apenas nos sentamos en la mesa de hierro redonda del jardín llegaron mostrando su entusiasmo, habían comprado cosas y la alegría se reflejaba en sus caras.

    Más tarde cenamos mientras mantenían una conversación que no había cesado desde su llegada. Al terminar recogimos los cacharros y mi hermana se fue a su habitación. Yo me tomé un whisky corto y viendo que la charla continuaba decidí irme también a la mía. Me tumbé desnudo en la cama y me puse música en el teléfono. Eran las doce de la noche y seguía sin poder dormir, mi cabeza no paraba de dar vueltas a todo lo que había ocurrido desde la llegada, realmente había sido alucinante. En ese momento hoy que hablaban en el pasillo, se estaban despidiendo para irse a dormir.

    Dejé pasar unos diez minutos y aposté por mi tía Sole, se había quedado con ganas de probar mi semen y no os voy a engañar, yo también me había quedado con ganas de una buena mamada. Le envié un WhatsApp con cierto humor pero que definía muy bien lo que me apetecía. “Te apetece probar la leche de la juventud?“. Parecía que lo estaba esperando porque apenas tardó un par de segundos en contestar.

    “Estoy sedienta y necesito un buen trago. Crees que tendrás suficiente para calmar mi sed?“

    Resultó se más cachonda que yo en su respuesta y no me atreví a pronosticar lo que saldría.

    “Espero poder satisfacer tu sed!“ Contesté con algo de modestia. “Voy!“ fue su respuesta añadiendo un emoticono con la lengua fuera.

    La verdad es que me reí un rato hasta que llegó. Apenas oí la puerta cuando la abrió, debía estar bien engrasada porque no emitió ningún sonido. Tenía la luz de la mesita de noche y pude ver su silueta difuminada al cerrar. Según se acercaba iba divisando su ropa, un camisón corto de color negro con algunos encajes que le quedaba de maravilla. Dejaba ver la mayor parte de sus grandes tetas y por debajo apenas tapaba su hermoso culo. Me pareció muy sexy y pensé que si ya estaría preparada por si la llamaba.

    Se acercó con sigilo hasta llegar a los pies de la cama. Se coloco las tetas con las manos sabiendo que eso me iba a excitar, fue un manoseo de varios segundos que provocaron que mi polla se activara. Las acabo sacando por encima del camisón y vi como se apretaban con la presión que ejercía la tela bajo ellas, ahora la visión era despampanante. Se arrodilló sobre la cama y comenzó a caminar como un una leona sigilosa acercándose a su presa. Sentí el roce de sus tetas subiendo por mis piernas hasta llegar a mi polla que ya estaba como el mástil de un velero. Las movió, las frotó y las aplastó contra ella. Acercó su boca y sentí su primer lametazo subiendo desde mis huevos hasta la punta de mi capullo. Volvió a bajar por el mismo camino hasta los huevos de nuevo y noté como me succionaba uno de ellos hasta meterlo en su boca.

    Todo mi cuerpo dio un respingo al sentir esa sensación. Lo sacó de su boca y repitió la misma succión con el otro, provocando el mismo calambrazo en mi cuerpo. Tenía una boca grande y desde luego que la manejaba de maravilla. En mi mente perturbada pensé que si sería capaz de tragarse los dos a la vez. Cogió mis piernas y comenzó a levantarlas, me quedé algo descolocado pues no sabía lo que pretendía. Se metió bajo ellas y de nuevo lamió mis huevos, pero ahora en vez de subir hacia mi polla bajo hacia mi culo que se había quedado algo levantado. Sentí su carnosa lengua acercarse hasta él buscando el oscuro agujero, creo que todo mi cuerpo se tensó al sentir la punta de su lengua intentando penetrarlo.

    Lamió alrededor y volvió al centro para hacer que me relajara, y por supuesto que lo consiguió.

    Sentí como jugaba con la lengua, metiendo la punta y proporcionándome un placer que hasta ese momento desconocía. Después de horadarme el culo un par de minutos, volvió a subir a mis huevos y dejó que mis piernas bajaran cayendo a ambos lados de su cuerpo. Subió de nuevo por el tronco de mi polla y lamió el capullo que estaba tan hinchado que parecía que iba a estallar. Abrió los labios y lo engulló provocando que todo mi cuerpo diera un respingo.

    No me había recuperado de esa succión cuando empezó a chupar a gran velocidad, tan solo media polla pero suficiente para hacer que temblará y me encogiera. Paró de repente para sacársela casi entera de la boca, y antes de que saliera la engulló de nuevo hasta tragarse la entera. Pude sentir como mi capullo atravesaba su garganta, a la vez que podía oír los sonidos que emitía al tragar.

    No sé cómo lo hizo, pero con toda la polla dentro de su boca sacó la lengua y lamió parte de mis huevos haciendo que mi laringe soltara un largo suspiro de placer. La sacó y la volvió a engullir, lo hizo varias veces provocando que me quedara al límite de correrme, pero sabía cuándo tenía que parar.

    La sacó de la boca para dar unas lamidas al capullo y después lo succionó con extrema delicadeza. No pude evitar poner la mano sobre su cabeza y comenzar ha moverla al ritmo que me pedía el cuerpo. Ella se dejó llevar por mi mano, incluso cuando presioné su cabeza haciendo que se tragara la polla entera, parecía estar esperando a que yo dirigiera esa rica mamada. Puse las dos manos para sujetar su cabeza y comencé a mover la pelvis a gran velocidad en un acto de follarle la boca, que es literalmente lo que pasó. Se la folle con las mismas ganas que si estuviera follándola el coño y en pocos segundos un chorro de semen saltó en su interior.

    Seguí follándola sin parar, varios chorros de leche continuaron saliendo y sentí como su garganta tragaba cada chorretón. Yo bramaba como un toro enfurecido mientras la leche salía sin parar hasta que solté su cabeza y dejé la mía caer sobre la almohada.

    Tenía la boca abierta intentando coger todo el aire que había en la habitación, fueron varios segundos hasta que mi alterada respiración se fue apagando. Ella continuó chupando sin dejar que se perdiera ni una sola gota hasta que note como dejaba de chupar para respirar. Su respiración también era agitada y con mis ojos entrecerrados vi como se pasaba el dorso de la mano por sus labios.

    No dijo nada, no quería romper ese momento de total satisfacción, tan solo se deslizó hasta bajar de la cama por donde había subido y se marchó tan sigilosamente como había llegado.

    Cerré los ojos y disfrute de ese placer mientras todavía mi corazón latía con fuerza. Poco a poco mi cuerpo se fue relajando mientras mantenía en mi mente una sonrisa de plena felicidad.

    Parte 6: Unos escarceos en la playa

    Al día siguiente salimos relativamente temprano, todas querían tomar el primer sol de la mañana. Partimos de camino a una cala que estaba a unos ocho kilómetros y gracias al todo terreno pudimos bajar por un camino de cabras casi hasta la misma orilla. Todas llevaban ya el bikini puesto y con una camisola que les llegaba hasta la mitad de los muslos, algo práctico para ir a la playa. La cala no debía de tener más de cincuenta metros y de momento parecía que éramos los únicos bañistas.

    – A Pedrito no le importará que tomemos el sol en topless! Le sugirió Candi a mi madre.

    – No creo, pero a mí no me digas nada, díselo a el, jajaja! Río mi madre.

    – Para nada tía, tomar el sol como queráis! Sonreí yo pensando en cómo ya me había comido esas tetas.

    Extendimos las toallas cerca de donde llegaba el agua y rápidamente se quitaron las camisolas. Mi madre llevaba un bikini naranja que al verla casi me da algo. Sus bonitas tetas, de talla noventa, sobresalían entre la poca tela que tenía la parte de arriba, y el tanga era del mismo estilo al que les había visto a mis tías. Sus dos glúteos redondos y algo respingones se veían desnudos y brillantes entre las cintas que se suponía que debía de ser el tanga.

    Cuando se giró y la vi de frente pude contemplar las cintas que bajaban hasta el pubis donde formaban un pequeño triando naranja que tapaba mínimamente su intimidad.

    Mi hermana llevaba uno blanco con motas negras y era del mismo estilo. No le queda mal, pensé al verla, sobre todo su culo, que estaba prácticamente desnudo, tan solo se veía una parte de la tira del tanga, el resto se le había metido entre los dos glúteos. “ Está para follárselo! “ pensé al verla. Mi mente salida no podía salir del bucle en el que andaba casi de continuo. En la parte de arriba lo que más destacaba eran sus grandes pezones, herencia de familia, que se le marcaban escandalosamente sobre sus pequeñas tetas.

    Mis tías también se habían puesto otros diferentes a los del día anterior, pero solo cambiaba el color, el estilo era el mismo dejando ver sus bonitas carnes, debían de haber sido ellas las que habían convencido a mi madre para que se comprará uno de su estilo.

    Mis dos tías se destetaron de inmediato y mi mente perturbada y salida comenzó a trabajar sin que yo le diera permiso. Decidí irme al agua antes de que se me notará el bañador abultado. Me metí hasta algo más de la cintura y comencé a mecerme con las olas. El agua estaba fresca, algo que me vino bien para serenar las hormonas, me giré para mirar hacia la orilla y vi que mi madre se había metido en el agua y venía hacia mi. Su sonrisa era esplendida y sus tetas maravillosas, lo siento, pero no podía evitarlo, realmente mi madre es la que más me atraía de las cuatro mujeres.

    – Que fresquita está! Me dijo dando pequeños saltos a unos dos metros de mi.

    – Si maná! A mi me gusta así! Le dije alargando mi mano para que se cogiera a ella.

    – Ahí me debe de cubrir! Dijo alargando la suya. Mi madre era de la estatura de Candi, y casi le sacaba la cabeza.

    – No te preocupes que yo te sostengo! Cuando llegó con su mano a la mía tire de ella y se agarró con un brazo a mi cuello dejando el otro para sustentarse en el agua. Noté una de sus tetas en un lado de mi pecho y sentí algo especial, creo que lo que sentía era lo salido que estaba.

    – Ahh, que bien! Ahora me siento más segura! Te lo estás pasando bien, hijo? Me preguntó manteniendo su esplendida sonrisa mirándome a los ojos.

    – De momento bien, pero acabamos de llegar! Dije intentando disimular lo encantado que estaba.

    – Las tías son estupendas, verdad!

    – Recordaba lo bien que me trataban cuando era un niño, y no han cambiado! Mi respuesta hubiera sido “Son la leche! “ Pero no era plan decirle eso a mí madre.

    – Me encanta su casa y este sitio. Me pasaría los dos meses de verano aquí, pero en agosto tengo que trabajar. Tu que vas a hacer? Mi respuesta estaba clara pero no quería dejarlo tan claro.

    – No sé, ya veré, depende como me lo esté pasando!

    – Es una pena que tu padre no haya podido venir. Aunque cuando estamos en casa tampoco lo veo, vamos que cualquier día llega y no le conozco. Dijo al final con cierta tristeza.

    – Ya sabes cómo es, él y su trabajo, y poco más. Pero bueno este sitio es estupendo y me alegro que estemos los tres. – dije para quitar hierro al asunto – Además, me tienes a mi, que voy a balancearte por encima de las olas!

    Dije finalmente cogiéndola con las dos manos para subirla y bajarla según venían las olas.

    – Jajaja, que bien! Como me gusta! Dijo abrazándose a mi cuello.

    Ahora se había pegado a mi y casi me metía las tetas en la cara. Si se hubiera dado cuenta de lo salido que estaba creo que no lo hubiera hecho. Yo la tenía agarrada por la cintura y estaba disfrutando de ese momento como un niño cuando le dan el juguete que lleva tiempo esperando. Notaba sus tetas, su vientre casi plano y sus muslos enroscándose a mi cintura y por supuesto, sentía como mi polla me daba indicios de enderezarse. No sabía cuánto tiempo podría mantenerla tranquila, era algo que apenas podía controlar.

    Mi madre seguía disfrutando abrazada a mí, supongo que ajena a lo que me estaba provocando. Yo estaba tan obsesionado con su cuerpo que no podía desaprovechar aquella oportunidad. Decidí bajar las manos para sujetarla del culo.

    – Ten cuidado que te escurres! Dije para disimular.

    Mis dedos se clavaron suavemente en sus deliciosos glúteos desnudos y continúe empujándola hacia arriba cuando venían las olas. Ella no decía nada, tan solo reía y disfrutaba. Al cabo de un rato noté que mi erección ya era incontrolable y temía que lo notara. Me moví hacia la orilla con ella en brazos y cuando supe que hacía pie la solté suavemente.

    – Voy a nadar un rato! – Gracias hijo! Y me dio un sonoro beso en la mejilla.

    – Me lo he pasado muy bien! Tenemos que repetirlo!

    Me deslice con rapidez hacia dentro y comencé a nadar con la polla totalmente tiesa. “Seguro que lo ha notado!“ pensé mientras nadaba mar adentro. Cuando mi polla bajó, volví hacia la orilla y ví a las tres hermanas tumbadas boca arriba con las tetas al sol. “joder, que difícil va a ser esto!“ Pensé al ver que mi madre también se había destetado. No sabía qué hacer, si me tumbaba al lado seguro que se me volvía a poner tiesa y eso iba a ser muy embarazoso. Decidí irme al lado de mi hermana que estaba algo más atrás. “Espero que no me de un bufido!“ Pensé mientras me acercaba con la toalla en la mano.

    – Puedo tumbarme a tu lado?

    – Si, claro! Me contestó con las gafas de sol puestas. Me extrañó su respuesta, fue afable y no me soltó ningún improperio.

    – Que te parece este sitio? Le dije para entablar conversación.

    – Está bien! Sobre todo porque no hay gente.

    La noté diferente, me dio la impresión que algo no iba bien.

    – Estás bien!

    – Si, por qué me lo preguntas?

    – No sé, no me has soltado ninguna de las tuyas!

    – Quizás me haya cansado!

    – Así? De una vez? No me lo creo!

    Tardó un rato en contestar mientras me tumbaba a su lado.

    – Bueno, te lo diré! Anoche discutí con Carlos. Se puso bastante idiota y le dije cuatro cosas y el muy capullo me dice que se ha acabo, que no me aguanta más. ¡Será gilipollas! La que no le aguanto soy yo!

    Se dio la vuelta sobre la toalla y se puso boca abajo. Mi mente de salido no pudo evitar que mis ojos mirarán su culo, creo que ya os he dicho que me flipaba. Sacudí la cabeza para quitarme esas ideas perversas e intenté escucharla.

    – Si le tenía que haber dejado hace tiempo, joder!

    Mi hermana seguía hablando, no sé si me lo contaba a mi o si se lo contaba a sí misma. No obstante, intenté consolarla.

    – Relájate Sonia. Como bien dices, es un gilipollas. Seguro que conoces a alguien más majo!

    Noté que rompía a llorar intentando que no se notara. Le puse la mano en la cabeza y la acaricie el pelo. Le duró pocos segundos, se levantó levemente las gafas y se limpió las lágrimas. No dije nada, esperé a que se serenata y dijera ella algo.

    – Gracias Pedrito!

    Joder, me había dicho gracias, no recordaba si lo había hecho alguna vez en su vida.

    – Bahh, no hecho nada!

    – Me has escuchado, y eso es mucho!

    – Bueno, querida hermana, eso es que hablamos poco, quizás si habláramos más nos daría tiempo a escucharnos.

    Giró su cabeza para mirarme como con asombro.

    – Anda, pero si ahora el salido resulta que va para filósofo! Me dijo riéndose.

    Ahora parecía que volvía a se ella.

    – Pues no lo había pensado, pero lo pondré en la lista de posibles futuros!

    – Jajaja, anda tonto ven! Se incorporó un poco para darme un abrazo y después me besó la mejilla.

    – Me gusta meterme contigo, pero en el fondo te quiero, aunque me sea difícil demostrarlo.

    Me dejó descolocado, sin saber que hacer ni que decir. Se volvió a tumbar boca abajo.

    – Anda, dame crema en la espalda! Seguro que con lo salido que estás hasta se te pone dura! Dijo riéndose al final.

    Si me había descolocado antes, ahora lo había hecho más. Cogí la crema que la tenía en un lado y me unte las manos, las puse a unos centímetros de su espalda y dudé unos instantes. Finalmente las posé con suavidad, como esperando una reacción brusca pero no ocurrió. Comencé a pasar las manos impregnadas sobre su piel, estaba suave, casi sedosa, fui haciendo pequeños círculos y de repente me pidió que le desabrochara el bikini. Mi cabeza iba de sorpresa en sorpresa, pero no dude, se lo desabroché y continúe frotando. Subía hasta el cuello y después bajaba lentamente por la columna hasta su delicioso culo, mejor dicho, hasta la tira del tanga, no me atrevía a tocarla el culo.

    – La verdad es que no lo haces nada mal!

    La relación con mi hermana parecía haber dado un vuelco en unos minutos y en el fondo me sentía bien, contento, diría que hasta feliz.

    – Dame también en las piernas!

    Me puse más crema en las manos y comencé desde los tobillos, subiendo lentamente, pase por las corvas y continúe subiendo por la parte exterior de sus muslos. Estaba en el sitio que me flipaba, esos muslos que subían hasta su delicioso culo. Mi mente calenturienta volvió a indicarme que estaba en la postura ideal para follármela. Sacudí la cabeza de nuevo y continúe por el exterior hasta la tira del tanga y volví a bajar por el mismo sitio.

    – Se que te gusta mi culo y ahora que te dejo que me lo toques veo lo vas a dejar sin crema! Venga, no te cortes que no quiero luego que se queden marcas!

    Esto ya era demasiado, estaba flipando en colores. Me entró una especie de escalofrío mirándola el culo y sabiendo que estaba a punto de sobárselo. Llegue con las manos hasta el y las moví en círculo, su deliciosa carne se movía levemente a la presión de mis manos y podía notar su balanceo y una agradable dureza.

    Noté como mi polla hacia indicios de enderezarse y me mordí el labio sin saber que hacer, si dejaba de sobarla quedaría como un gilipollas y si seguía seguro que mi polla acabaría dura. Intenté pensar con rapidez. “Bueno, pues si ella notaba que se ponía dura no pasaría nada, ya sabía que estaba más salido que el mango de una sartén, con lo cual no la extrañaría demasiado“.

    Continúe sobándola el culo y baje lentamente por el interior se sus muslos. Al notar mis dedos los abrió. Ufff, un calor intenso fue de los pies a mi cabeza, creo que debí ponerme más rojo que un tomate maduro. Metí mis dedos por el camino que había abierto y lo sobe con suma delicadeza. Hizo un leve movimiento, como para colocarse mejor y pude ver una parte de los labios abultados de su coño, esto también debía de ser cosa de familia. Mis dedos llegaron muy cerca, sumamente cerca, lo medí al milímetro para quedarme a punto de tocárselos, pero sin hacerlo.

    Volvió a moverse levemente sin decir nada, llegue a pensar que quizás se estaba excitando. Cuando me di cuenta, mi bañador ya se había abultado. “¿Y ahora qué?“ Pensé manteniendo mis manos en esos muslos deliciosos. Estaba arrodillado al lado de ella y su cabeza estaba de lado, reposando entre sus brazos, y no sabía si podía ver mi bañador. Continué bajando por el interior de los muslos y volví a subir casi al centro de nuevo. Ufff, me estaba poniendo demasiado caliente y no sabía que hacer.

    Había llegado un momento en que la situación comenzaba a ser insostenible y decidí dejarlo y tumbarme boca abajo. Al hacerlo me dio la impresión que mi hermana sonreía bajo sus gafas de sol. Al momento, ella se incorporó y volvió darme un beso en la mejilla que había dejado al descubierto.

    – Ahora te daré yo crema! Susurró a mi oído. Noté el frio de la crema en mi espalda cuando posó sus delicadas y largas manos sobre ella. La recorrió lentamente y bajó hasta mis piernas. Yo estaba encantado, aunque si seguía así mi polla no iba a perder su consistencia y no me podría levantar. Noté como subía por mis muslos hasta meterse un poco bajo mi bañador bóxer hasta tocándome parte del culo.

    “¡Joder, esto va a ir a peor!“ Pensé notando la presión de mi miembro contra la toalla.

    Rodeo los muslos hacia el interior llevando las puntas de los dedos por parte de mis glúteos llegando casi a mi polla. Lo hizo un par de veces y se inclinó para susurrarme.

    – Se te ha puesto dura, eh, mamón! Creo que me debí poner rojo de nuevo pero reaccioné rápido.

    – Y si sigues así se me va a partir contra la toalla!

    Soltó una carcajada contenida que me hizo reír a mi también. Parecía que estaba saliendo bien de esa embarazosa situación y continúe.

    – Ahora no me voy a poder levantar de aquí en una hora! Volvió a reírse.

    – Que pensarían mamá y las tías si te ven con el bañador abultado! Me gustaría ver sus caras! Jajaja!

    Parecía que ella si estaba disfrutando de la situación y continuó metiendo la mano entre mis bóxer tocándome claramente el culo.

    – De verdad que se te ha puesto tan dura? Me dijo bajando de nuevo la mano hasta cerca del miembro.

    – No lo sabes tú bien! Le contesté con la cabeza apoyada entre mis brazos ya mirando al suelo.

    Noté como su mano se acercaba cada vez más a mi comprimida polla hasta que una de las veces la punta de sus dedos la tocaron. Cerré los ojos y apreté los labios.

    “¡Joder, que me la está tocando!“ Pensé nervioso a la vez que excitado.

    Primero fueron la punta de sus dedos pero poco a poco fue a más. Instintivamente levante unos centímetros mi pelvis para dejarle espacio y sentí su mano entera agarrándome el miembro.

    – Joder, pues si que se te ha puesto dura! Dijo sin cortarse ni un poco.

    Jamás hubiera pensado que mi hermana sostendría mi polla en su mano, y menos con ese descaro, pero ahora estaba ocurriendo, ahí, en la playa a unos metros de mi madre y mis tías. Ya no tenía claro si quería hacerme disfrutar o putearme. Noté como su mano masajeaba mi miembro en el pequeño espacio que tenía y ya no pude más.

    – Para joder, que nos van a ver y yo no me levanto así!

    Volvió a reírse con ganas y sacó la mano, se tumbó de nuevo boca abajo con la cara hacía mi. No podía ver sus ojos protegidos por las gafas de sol pero la expresión de su cara era divertida.

    – Que cabrona que eres!

    – No te ha gustado que te tocara la polla? Me dijo con cara de sorpresa fingida.

    – Si, claro, aquí, en medio de la playa, poniéndome en evidencia ante mamá y las tías!

    Dije con sorna acompañado de una media sonrisa. Ella se volvió a reír.

    – Bueeeno, luego pensaré si te lo hago en privado. Dijo con cinismo.

    No sé si vio que volvían a enrojecer mis mejillas. “Joder, no para de vacilarme!“ Pensé mientras sentía que mi polla se aflojaba un poco, pero su siguiente frase me desconcertó.

    – Vi lo bien que te lo pasabas ayer con tía Sole en la piscina. Te pusiste morado tocándole las tetas! Dijo de nuevo con cara de diversión.

    – Pero qué dices! Solo la daba vueltas en el agua!

    – Jajaja, no me engañes, solo había que verte la cara de salido que ponías!

    No sabía que decir. ¿Realmente me había visto? ¿O solo lo imaginaba? Un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¿Lo habría notado también mi madre? Mi cabeza comenzó a calentarse dándole vueltas a aquella imagen.

    – Venga, tranquilo, que no se lo voy a contar a nadie, además, me lo pasé bien viendo tu cara, y creo que tía Sole también se lo estaba pasando bien! Jajaja!

    Río de nuevo sabiendo lo mal que lo estaba pasando. Pero la siguiente pregunta si que me dejó pasmado.

    – Te tocó ella la polla también?

    Su expresión era entre diabólica y divertida, joder con mi hermana, era más lista de lo que yo creía y ahora me tenía totalmente pillado. Mis pensamientos fluían a toda velocidad buscando respuestas que no encontraba pero me daba cuenta que ella parecía tener muy claro todo lo que había ocurrido. Al final decidí tirarme al río. ¿Qué podía pasar si lo admitía? Pensé que tampoco iría a contarle a mamá nada, sería muy embarazoso también para ella.

    – Valeee, algún roce me dio!

    – Solo un roce? Parecía muy contenta, casi más que tú! Jajaja!

    Estaba siendo implacable con el interrogatorio y cada vez me sentía más acorralado y decidí soltarle la bomba.

    – Pues si, me agarró la polla varias veces y me dijo que la tenía muy dura!

    – Vaya con la tía Sole, con esa voz tan dulce que tiene y lo picarona que es! Jajaja!

    Sonia se lo estaba pasando en grande, podía ver en su cara como disfrutaba con la conversación. Por una parte me alegré, parecía haber olvidado al gilipollas de su novio, pero por otra pensé que tenía que tener cuidado con el tema de mis tías pues se daba cuenta de muchas cosas que yo pensaba que le pasaban desapercibidas. No quería que se me fastidiara la fiesta continua que prometían esas vacaciones. Debió de ver en mi cara cierta preocupación.

    – Tranquilo, no voy a decir nada, confía en mí! Dijo pasándome la mano por la cabeza y acariciándome el pelo. Parecía ser más amable que nunca intentando conseguir mi confianza.

    – Tu pásatelo bien! En el fondo, aunque me meta contigo, me encanta verte tan salido, jajaja! Ahora rió más suavemente.

    – Sabes una cosa, creo que me llegue a poner algo cachonda pensando cómo le metías mano a tía Sole!

    Ahora sí que me dejó totalmente pasmado, me esperaba cualquier cosa por insólita que fuese menos eso. No supe que decir ni tampoco me apetecía decir nada. Mi mente ya era un carajal sin orden alguno pero no me dio tiempo a seguir pensando.

    – Me encantaría que me contarás con detalle esas cosillas que percibo. Creo que me pondrían cachonda. A cambió, yo te contaré otras mías que seguro que le encantarán a tu mente de salido.

    Como os decía, el verano había empezado con un cúmulo de sorpresas continuas y esta era una más. Mi hermana proponiéndome cosas para ponernos cachondos. No sé dónde podría llegar esto pero de momento iba en ascenso y a gran velocidad.

    Pensé que la propuesta era interesante, siempre había pensado como follaría mi hermana, si la gustaba que la embistiesen en ese culo que me ponía tanto, vamos las cosas típicas de mi mente de salido. Me debió ver cara de duda y se adelantó en la propuesta para crear confianza.

    – Si quieres empiezo yo! Te contaré la masturbación que me hice anoche después de romper con el gilipollas de mi… exnovio! Dijo poniendo cara diabólica.

    – Vale! Vale! Pero en otro momento. Ahora voy a salir corriendo al agua para que no me vean, a ver si se me baja esto!