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  • Mi primera noche de sexo

    Mi primera noche de sexo

    Como conté en mi relato anterior, “Perdí mi virginidad a los 18 años con un hombre de 40” (Primera vez) todo sucedió muy rápido, de ser virgen y no haber salido con nadie, a los 18 años recién cumplidos, conocí a Gustavo de 40 y en diez días perdí mi virginidad con él. La segunda vez que estuvimos pasé toda la noche en su departamento, tuve mi primer orgasmo, me hizo acabar varias veces más, fue una noche a pleno sexo. Este es el relato de esa noche. Antes de relatar lo de esa noche, entre el domingo y el jueves pasaron dos cosas que quiero narrarlas.

    El día siguiente al que estuve con Gustavo, nos juntamos con Nancy en su departamento, no nos habíamos visto desde su cumpleaños. Charlamos de distintas cosas. Me preguntó si la pasé bien en su cumpleaños, obviamente le dije que sí. Me dijo que esa noche había notado que Gustavo me miraba bastante, le conteste que no advertí eso y que quizás solo le había parecido a ella. Me dijo que podía ser, que pensó eso porque ella sabía que Gustavo había salido con muchas mujeres que iban al gym incluso algunas casadas. Seguimos con otros temas hasta que me fui. Después, pensando en lo que me hizo y pasó conmigo, era obvio que, además de ser atractivo, tenía mucha experiencia sexual con las mujeres.

    Con Gustavo había estado el día domingo, desde el lunes hasta el jueves me mandó decenas de mensajes cortos diciendo: “me gustas mucho”, “quiero verte”, “te extraño”, “me calentas mal”, “te redeseo”, “me excitan tus piernas”, ”me gusto cogerte”, cosas parecidas y otros mas hot. No estaba acostumbrada a ese tipo de mensajes y palabras pero pensé que para Gustavo era normal o lo hacía para excitarme.

    El jueves por la tarde me llamó y me dijo que fuera a su departamento a quedarme toda la noche. Me tomo de sorpresa, le dije que lo pensaría y luego lo llamaba. Lo pensé bastante, no había riegos y deseaba estar con él, le mandé un mensaje diciéndole que si iría. Esa noche, me puse un conjunto de ropa interior, la mini y una blusa, cargue una muda de ropa en la mochila y fui, pensaba en muchas cosas, pero no me imaginé todo lo que en realidad pasó.

    Cuando llegue, Gustavo me estaba esperando, estaba con un jean ajustado y una musculosa, se notaba su físico musculoso y bien formado, me gustó cuando lo vi. Apenas entré me dijo que estaba hermosa y muy sexi, que estaba ansioso esperando que llegue y que no me iba a arrepentir de haber ido. Me abrazó y me besó varias veces mientras me llevaba al living.

    Nos sentamos en el sofá, me abrazó, me preguntó si lo había extrañado, si me gustaron sus mensajes. Le dije que si lo extrañé, que me gustó recibir sus mensajes y que algunos me parecieron bastante hot, el sonrió y me preguntó “te excitaban” yo le contesté “un poco si”. Me dijo que tenía muchas ganas de verme, que le gustó mucho todo lo que pasó el domingo y que cuando se acordaba de eso se calentaba y deseaba tenerme en la cama otra vez.

    Me tenía abrazada con mi cabeza apoyada en su pecho, comenzó a acariciarme el cabello y la cara y me besaba, me sentía bien y comencé a excitarme, me sacó la blusa y el sostén y empezó a acariciarme y besarme los pechos, me frotaba los pezones con los dedos, los besaba, me besaba en el cuerpo, lo hizo bastante tiempo, me excité mucho y tenía el cuerpo caliente, me levantó en sus brazos y me llevó al dormitorio.

    Cuando entramos me estiró suavemente en la cama, se sacó el pantalón y la musculosa y me dijo “ahora voy a hacer lo que te gusta” empezó a acariciarme y besarme las piernas, luego con las dos manos me acariciaba una y luego la otra, yo cerré los ojos, gozaba, sentía placer y me excitaba, siguió acariciándolas cada vez más arriba, me sacó la mini y la tanga, cuando llegó a mis muslos los tocaba en el interior suavemente y me los besaba cerca del sexo, sentía manos y sus labios calientes, estuvo mucho tiempo con mis piernas , cada vez me excitaba más, tenía las piernas y el cuerpo recaliente, dejó de acariciarme bajó hasta mi sexo puso mis piernas por encima de sus hombros, introdujo su lengua y empezó a hacerme sexo oral, no tardó en encontrar mi botoncito de placer, me pasaba la lengua sin parar, yo me retorcía y gemía, me levantó de la cola y siguió con su lengua en mi vagina, se detuvo, me flexionó y abrió las piernas y volvió a introducir su lengua que fue directa a mi clítoris, estuvo mucho tiempo haciéndolo, me retorcía cada vez mas hasta que sentí un fuego que me recorría todo el cuerpo, de mi interior salía un liquido caliente, y tuve mi primer orgasmo.

    Sin darme tiempo a nada me introdujo un dedo, busco mi clítoris y comenzó a frotarlo, gemía y me movía desesperada, siguió haciéndolo hasta que me hizo acabar otra vez. Sin esperar me introdujo dos dedos en mi vagina y comenzó a moverlos, entraban y salían, con la otra mano me apretaba los pechos, yo gemía mas fuerte, me movía y pujaba hacia arriba, el siguió haciéndolo cada vez más rápido metiéndolos con fuerza, hasta que volví a acabar.

    Nunca me imagine algo así, Gustavo me dominaba totalmente, había acabado tres veces y aún no me había penetrado. Se sacó el bóxer y vi su pene durísimo, comenzó a pasarlo por mis pechos, luego por mi cara y los labios y me dijo “quiero que me acaricies y lo beses”, obedientemente comencé a acariciárselo y besarlo, me lo introdujo en la boca, me agarró de los cabellos y me movía la cabeza hacia abajo, su pene entraba cada vez más en mi boca, estuvo así un tiempo y luego lo sacó.

    Mi cuerpo seguía caliente, el tenía con su pene durísimo y comenzó a pasarlo por mi sexo, separé las piernas, deseaba que me penetre, como si adivinara me dijo “deseas que te penetre?” no le conteste nada y volvió a decirme “decime que deseas que te penetre y te coja” no aguantaba más y le dije “quiero que me penetres” afirmó su pene en mi sexo, empujo con fuerza y lo hundió totalmente, se quedo quieto un momento y luego comenzó a moverse, paraba unos segundos y luego seguía, yo lo abrazaba y gemía, estuvo haciéndolo mucho tiempo, luego lo sacó, me estiró las piernas en su cuerpo y volvió a penetrarme, sentí que lo hundía todo, empezó a moverse, mientras me acariciaba y apretaba las piernas, yo no paraba de gemir mas y mas fuerte, el me penetraba hacía cada vez más fuerte y más rápido, me estremecí, me salió un grito ahogado y acabé, el siguió penetrándome hasta que sentí su semen entrando a chorros en mi cuerpo.

    Estaba agotada, él me abrazó y estuvo relajado un tiempo, yo le acariciaba el cuerpo y lo besaba, el me dijo “sos una pendeja divina y me encanta cogerte” cuando su pene se puso duro nuevamente se estiró boca arriba, me hizo sentar arriba de él, sentí que su pene me entraba hasta el fondo, me dijo “ahora tenes que moverte vos” empecé a moverme hacía arriba y abajo, el me apretaba los pechos, gemía y me movía, me agarró de la cintura, me levantaba y bajaba, por ratos me decía que deje de moverme, yo paraba un instante y volvía a moverme, el pujaba hacía arriba, de repente me levantó y me bajo con fuerza, su pene se hundió hasta el fondo, lancé un grito, acabé a mares y sentí que el acaba adentro mío. Quede estirada encima de él, nos abrazamos, yo seguí penetrada por unos momentos,, cuando lo sacó me dijo “me pones loco, quiero cogerte todos los días de todas formas” yo no dije nada y me quedé abrazándolo.

    Los dos estábamos agotados y nos quedamos dormidos. Cuando me desperté, el ya se había bañado, estaba desnudo, me tenía abrazada cucharita, sentía su pene apoyado en mi cola y me acariciaba las piernas. Le dije que quería lavarme la boca, me dijo que vuelva rápido , me cepille los dientes y volví a acostarme, me puso boca abajo, empezó a besarme el cuello, la espalda y fue bajando lentamente hasta mi cola, me la acarició y besó, luego siguió con mis piernas, me calenté y mojé rápidamente, me dio vuelta, me estiró las piernas hacia atrás, las mantuvo así con sus manos y me penetró, me salió un gemido, lo sacó, volvió a hundirlo a fondo y comenzó moverse, yo gemía cada vez más, me bajo las piernas que quedaron estiradas, siguió moviéndose hasta que me hizo acabar, me las cerró de golpe y acabó. Cuando lo sacó quedé estirada en la cama, me temblaba todo el cuerpo, estaba exhausta.

    Al poco tiempo se levantó, me dijo que tenía que bañarse para ir al trabajo, yo me vestí con la ropa que llevaba en la mochila, nos besamos y me fui. Estaba dolorida, cansada, agotada, apenas llegue al departamento me di una ducha, me acosté y dormí más de cinco horas.

    Después salimos durante seis meses, me hacía cosas, me ponía en poses, me penetraba de distintas formas, me hacía acabar hasta agotarme, pero eso lo contaré en otros relatos.

  • Mi tía Loreta

    Mi tía Loreta

    Loreta es una tia que tengo, es mama de mi primo Eden y mi prima Romina, se casó o se juntó con mi tío cuando ella tenía 17 años y mi tio 28, o sea ella muy joven y honestamente mi tío es muy tranquilo, nada que ver con lo acelerada y fiestera que es mi tia Loreta.

    Ella es gordibuena, de esas llenitas que te ponen dura la verga, honestamente jamás había tenido interés en alguna mujer de mi familia, pero con ella siempre me la jale, mirándola con sus licras o sus falditas, le dedicaba grandes pajas en mi adolescencia.

    Ella mide 1.58 cm, es tetona, nalgona y de piernas ricas, además de que le encanta bailar y tomar en exceso.

    Era noviembre del 2012 y se celebrarian los 15 años de una prima que tengo, asi que sus papas hecharon la casa por la ventana, mi tia Loreta ese dia, vestia un minivestido negro que le llegaba arriba de la rodilla y lo acompañaba de sus medias color carne que la hacian ver riquisma.

    La fiesta estaba de locos, alcohol a más no poder y todos estábamos bien enfiestados, en aquel entonces mi tía ya tenía 35 años y estaba en su mero apogeo.

    Mi tia ya con unas copas de más estaba de facilona, bailaba con todos, hacía circo maroma y teatro, honestamente me tenía idiotizado pero trataba de no distraerme ya que mi novia estaba ahí y no quería pelear con ella.

    La fiesta practicamente termino y yo lleve a mi novia su casa, lamentablemente me quede con ganas de tener sexo ya que ella no pudo irse conmigo al hotel, asi que regrese caminando a mi casa, justo afuera de mi casa estaban la mayoria de mis parientes, seguian tomando y bailando, yo me alegre y mas cuando vi a Loreta bailando, ella me vio y me abrazo besandome casi el cuello.

    Me serví una copa mas y platicaba con mi primo, poco a poco todos caían rendidos, fue entonces que Loreta me saco a bailar, ella ya se movía con movimientos descarados yo estaba un poco nervioso pero afortunadamente nadie miraba.

    O: Bailas muy bien tia.

    L: No solo bailo, ¡jaja!

    O: ¿Así? ¿Es una confesión?

    L: Jaja que chamaco, ¡respetame jaja!

    Ella me arrimaba sus nalgas y yo me calentaba muchísimo, me abrazaba y me besaba el cuello, como deseaba comermela ya.

    Ella entro a mi casa, yo entré detrás de ella, miraba como se le movían sus nalgas, ya la tenia bien parada, en un arrebato la abrace por atrás repegandole mi verga, ella en lugar de rechazarme me tomo de las manos y se pego mas a mi.

    O: ¡Te quiero mucho tia!

    L: Y yo a ti Oswaldito, uhm, ¡qué es lo que siento!

    O: Perdón, así me puso usted, con sus movimientos!

    L: ¡¡Eres un cabrón!!

    La lleve atrás de los lavaderos y le besaba el cuello, ella se reía pero se ponía colorada, estaba excitada, ella volteo y me dio un beso, besé sus labios, besaba muy rico, yo le apretaba sus nalgas, eran duras y luego me dirigi a sus piernas, le metí la mano debajo de vestido.

    O: ¡Esta bien buena tia!

    L: ¡¡Ah!! Me gustan jovencitos como tu, uhm, te he visto crecer y te has vuelto todo un hombre.

    Ella me besaba el cuello mientras mis manos acariciaban sus nalgas y su rico coño el cual ya estaba muy mojadito, Loreta era prácticamente una puta.

    Me bajó el pantalón y el boxer al mirar mi verga lanzó una gran sonrisa y se agacho para comenzar a chuparla.

    L. ¡¡La tienes más grande que tu tío, uhm!!

    O: ¡¡Si!! Andale tia, chupamela, uhm!!

    Loreta me dio una mamda descomunal, tragaba como víbora cada cm de mi verga, chupaba mi glande y mordía mi escroto, yo acariciaba su cabeza y agitadamente aguantaba los gemidos.

    O: Asi tia, uhm, no manches, que rico la chupas, uhm, ¡¡ah!!

    L: Me gusta como se te endurece, ¡¡uhm!!

    O: Que suerte tiene mi tío, vaya que tragas rico.

    Loreta se puso de pie y me beso, no me importo que me pasara los fluidos de mi pene, yo metia mi lengua en su boca mientras le levantaba su vestido hasta su cadera, como pude le saque una teta de su escote y se la empece a chupar, ella tomo mi verga y la colocó justo frente a su concha, yo la tome de la cintura y mientras le chupaba su pezón le introduje mi verga lentamente.

    Me agache un poco para poder dársela rico ya que yo soy más alto que ella, ella gemía despacio y cerraba sus ojos, me apretaba el cuello y movía su cadera, que rico apretaba.

    L: ¡Oswaldo, uhm, ah!

    O: Tia, uhm, que rico, ¡agh!!

    Me recargue en un lavadero casi como si me sentara, ella abrió sus piernas y subió encima mio, se veia riquisima con sus medias y su liguero y su tanga de lado, yo me sentía en el paraíso, me estaba cogiendo bien rico a mi tia.

    O: Que rico, ah, que ricas piernas tienes, tus tetas, ¡me vuelves loco!

    L: Me encanta tu verga nene, uhm, ¡¡ah!!

    Ella se empino apoyándose en el lavadero, sus nalgas se veían riquísimas, yo la tome de las caderas y se la metia con fuerza, le daba de nalgadas y le acariciaba los muslos, ella gemía honestamente pensé que nos descubririán ya que hacíamos mucho ruido.

    L: Que rico, ahh, me vengo papi, ¡¡me vengo!!

    O: Tia, uhm, yo tambien, agh, ¡¡ah!!

    La tomé con fuerza y la embestía salvajemente, el ruido de mis huevos chocando en sus nalgas era música para mi, ella se movía en círculo y me agarraba para que no parara, fue entonces que ambos nos venimos juntos, yo le llenaba su concha de mi semen.

    L: Que rico, uhm, amor, ¡¡que rico!!

    O: Toma toda mi leche, uhm, ¡¡tomala!!

    El orgasmo fue fenomenal, apenas reaccionamos nos arreglamos y nos fuimos a nuestros respectivos lugares para dormir, al día siguiente ella no me miraba la cara y parecía molesta, yo no dije nada hasta al día siguiente que se despidió de mí.

    O: Mucha suerte tia, ¡espero verla nuevamente!

    L: Eres un cabrón, pero yo también lo espero, quiero coger contigo otra vez.

  • Jugando con los dildos de mi tía

    Jugando con los dildos de mi tía

    Hola a todos, me llamo Lorena, esta historia ocurrió en la vida real y se la he contado a esta relatora para que os muestre a ustedes como ocurrió todo, todo sucedió en el verano de 2020 en plena pandemia de covid19, vengo de una familia numerosa y que está distribuida por toda España, yo vivo con mi madre y mis 2 hermanos menores, Daniel y Sofia. Cuando comenzó lo del coronavirus más o menos en mayo de 2020 mi tía Paola tuvo que viajar hasta Madrid y nos pidió que cuidáramos de su casa pues quedaría sola, ella vive a las afueras de la ciudad acá en Barcelona España, yo accedí a cuidarle la casa porque era un momento difícil. En fin, llegue a casa de mi tía y todo iba normal, en aquellos meses pasaba el día entre chats hots, viendo Netflix, y un poco de porno para masturbarme antes de dormir o cuando me provocaba a cualquier hora del día, cabe destacar que soy lesbiana y tengo 22 años.

    Mi tía siempre ha sido liberal, es la típica mujer que le gusta siempre andar de fiestas y desde que tengo uso de razón siempre se ha vestido muy bien y es muy putita en su caminar, tiene un cuerpo de infarto pues nunca tuvo hijos y pues a sus 48 años se ve genial tiene las tetas y un culazo hermoso operado, no puedo negar que varias veces me he masturbado pensando en su hermoso cuerpo. Cierto día limpiando unos estantes para retirar el polvo me encontré una llave, cabe destacar que mi tía había dejado su habitación cerrada y yo dormía en el otro cuarto que si estaba libre.

    Ese día pensé en verificar que puerta abría esa llave. Mi mayor sorpresa fue cuando fui a su habitación y pues la llave coincidió en su cerradura. Entre a su cuarto y desde ese día me mude a dormir a esa gran cama con sabanas de seda que la muy putita de mi tía tenía en su cuarto. A la mañana siguiente empecé a curiosear en la habitación y revisando unas gavetas me encontré el botín que tanto ocultaba mi tía. Su colección privada de dildos, habían 12 de diferentes tamaños e incluso uno doble para penetración anal y vaginal que se coloca sobre la superficie de una pared y se adhiere, para mí eso fue lo máximo, pues para comenzar ya me había aburrido de solo darme dedos esos días atrás viendo videos porno lésbicos hasta media noche.

    Conseguí sus vibradores, lubricante de varios sabores y e incluso unas bolas anales que tenía guardadas, aquello parecía un sexshop y no podía creer lo putita que era mi tía, y no paraba de imaginarme lo bien que se la pasaba cuando estaba sola en casa. Me encantaba estar en aquella casa con todos esos juguetes disponibles para mí, empecé a probar todos y cada uno de ellos. Me acosté sobre la cama con sabanas de seda y empecé a frotar sobre mis pezones el dildo más grande de unos 30 cm de largo, lo moje con saliva mientras con mi otra mano frotaba mi coñito ya húmedo con otro dildo en forma de espiral fucsia q me gusto, empecé a meterme aquel dildo rosaaa y ufff que rico muy pronto empecé a botar mucho fluido, cuando ya estaba super dilatada me puse a cuatro patas y empecé a meterme el dildo de 30 cm poco a poco, al ser grueso costaba un poco mas pero al estar completamente húmeda mi vagina iba cada vez más profundo llegando a entrar en mi unos 22 cm de esa polla de plástico, sentía que el dildo tocaba mi ombligo mientras yo lamia el otro con forma de espiral que había estado en mi vagina antes… Chorros de fluidos empezaron a salir de mi cuando me vine por primera vez con semejante monstruosidad de dildo dentro de mí, me cambie de posición y lo adherí del piso colocándolo en posición vertical y dejándome caer poco a poco sobre esa enorme polla de plástico que intentaba partirme en 2 jajaja.

    Aquella tarde noche ufff me di una rica masturbada con esos dos dildos, ya me quedarían otros más para probar. Al día siguiente, entre a una sala de chats y allí conocí a una chica con la cual hablando por texto luego terminamos en una video llamada, y le comenté que tenía un vibrador que se podía controlar a distancia, ella me explico que con una aplicación ella podría controlarlo a distancia si lo usaba y que luego yo haría lo mismo con ella puesta también la chica llevaba uno.

    Pues así fue, ya excitada viéndola a ella frotarse su lindo y rosadito coñito todo depilado y yo dándome deditos ya estaba super húmeda, coloque el vibrador en mi vagina y ella comenzó a darle velocidad mientras yo iba frotándome el clítoris de repente ufff subía mucho la intensidad y baja, como también había momentos en que se quedaba muy fuerte la vibración y deeeooos que rico mis piernas no dejaban de temblar y allí estaba mi vagina super húmeda frente a la cámara de mi laptop y esa chica al otro lado del mundo divirtiéndose con mis gemidos.

    L: oh si coñooo joder tia que rico me encanta que rico uf si si mmm

    Me encantaba estar sola en aquella casa con tanto placer para mi sola, definitivamente que en medio de mis masturbaciones pensaba en lo rico que se la pasaba la putita de mi tía cuando estaba sola en casa.

    La chica siguió torturándome con la vibración hasta que ufff me di una espectacular acabada que estuvo genial mi cuerpo quedo estremeciéndose de placer y uf que rico me encanto vivir ese momento de adrenalina con aquel vibrador.

    A la mañana siguiente llamo mi tía por video llamada y pues me dio mucho morbo que ella me preguntara que, si todo estaba bien por casa, hablamos un rato y pues me dijo que me depositaria para comprar algo de comida, en un momento no aguataba las ganas de reírme de pensar que ella creía que su secreto estaba a salvo conmigo.

    Revisando el refri me di cuenta que ya no quedaba casi nada así que me di una buena ducha me arregle y salí al supermercado a comprar algunas cosas en el camino, me lleve otro vibrador más pequeño metido en mi vagina, me coloque una tanga muy sexy que escogí del cajón de mi tía pues tiene unos modelos que uf me encantan y por suerte a mí también me quedan las de ellas pues somos casi parecidas en contextura física, me coloque un vestido y me fui al super, en el camino en una cola de tráfico me di una rica masturbada con el vibrador tanto así que en medio del orgasmo me tocaban la bocina pues no avanzaba en el vehículo jajaja.

    Llegue al supermercado y pues llevaba toda la tanga mojada y sentía como el fluido corría en mi entre piernas, no me importo eso para nada y fui a comprar las cosas que necesitaba y pues fue genial andar así con el vibrador metido y caminar por los pasillos del supermercado.

    Al llegar a casa descargué todo, me di un rico baño que claro tenía que incluir otra masturbada esta vez con uno de los dildos que se pega en la pared, empecé a darme bien rico con ese dildo y uf lo hundí todo en mi vagina hasta correrme como loca, movía mis caderas bien rico contra la pared y gemía como una puta, me encanto correrme mientras el agua fluía por mi cuerpo.

    Esas fueron noches intensas en las que probé uno a uno todos los dildos de mi tía, luego de eso cuando logramos vernos por video llamada la miraba y sonreía dándome mucho morbo saber que tenía todos esos objetos en casa, de los plugs anales que tenía me robé uno y pues luego fui experimentando en mi casa con él y uf masturbarse analmente es otro placer divino.

    Espero que les guste este relato, valórenlo y coméntenlo, saludos.

  • Ella lo quería bien pajero a su marido

    Ella lo quería bien pajero a su marido

    Él salió a la mañana a trabajar.

    Al medio día había terminado después de trabajar 5 horas.

    Su esposa a esa hora se despertó.

    Él le recordó como ella le pidió que venían los primos de ella los cuales nunca había visto antes como ella le explicó al marido.

    Amor dijo ella te tengo que cortar y haceme el favor no me llames que molesta a las visitas.

    Ella que había conseguido esos tres muchachos por una App empezaron desenfrenadamente a coger.

    Ella probó primero con cada uno o sea con cada pija la cual ella sentía de manera diferente adentro hasta que de que tanto probaron los tres… elige la que más le gustaba…

    Llamó el marido por videollamada y a gran sorpresa su esposa cogiendo… Ella al cual le gritó dale amor quiero ver al bebé hacerse la paja para mamá.

    El marido empezó a pajearse con mucha fuerza mientras miraba a su esposa coger.

    En la pantalla aparecieron los otros dos y ella le pidió que deje de tocarse que la esperaba.

    Cuando llegó los tres se habían ido y ella tirada en la cama la besó.

    El excitado se desvistió para cogerla pero ella le dijo me duele mucho amor…

    Solo quiero verte hacer la paja que me excita.

    Mientras él se hacía la paja ella llamó a los tres extranjeros para agradecerle lo bien que la había cogido.

  • El espejo mágico (Parte 4): Cuerpos de mujer

    El espejo mágico (Parte 4): Cuerpos de mujer

    Una semana más, pasé sola tras la marcha de Steven,  deambulando por una casa vacía y sin vida desde que él se marchó, le echaba de menos, echaba de menos su compañía, sus besos, sus abrazos… su risa, el olor de su cuerpo, saber que estaba allí conmigo al despertar me hacía estar tranquila y ahora me agobiaba sola pensando que nunca más le vería o por lo que estaba por venir, esa mañana empecé a sentir lo peor hasta ese momento de ser una mujer, una vez más me encontraba con una situación nueva, una sensación nueva, una dosis de realidad dolorosa e incluso desagradable, evidentemente lo sabía, sabía que llegaría el día, pero nunca repare en ello hasta que llegó el momento y me pilló por sorpresa, empezaba a tener el periodo y realmente me encontraba a pesar de mis años, indefensa ante aquella nueva situación, sin saber muy bien que hacer, sin saber por qué lloraba o reía, estaba sola echando de menos a un hombre que me enseñó a ser feliz y a olvidar mi pasado.

    Esa semana extra la utilicé para reflexionar, volvía a reflexionar que había ocurrido con mi vida y me daba cuenta de que los recuerdos que tenía como hombre se iban evaporando, realmente no desaparecen del todo, sino que simplemente se sustituyen por los de una mujer, mi pasado cambiaba delante de mí y se estaba empezando a borrar, o mejor dicho a sustituir y aquello me empezaba a asustar, había disfrutado siendo mujer, realmente me gustaba más ser una mujer que no un hombre, pero estaba asustada, “unos días más y me voy a Valencia”, me repetía una y otra vez, “mañana vuelvo” y mañana era pasado y así pase la semana entre dolores menstruales. La añoranza de un hombre que me hizo feliz y del que no era capaz de quitarme de la cabeza, el miedo de perder a mis amigos, a mi amigo Jaime, el miedo de quedarme así para siempre siendo mujer, aunque, por otro lado, entablaba una guerra en mi cabeza para que dejara las cosas como estaban, me gustaba ser mujer, estaba mejor en este cuerpo que no en el otro así que… y con estos pensamientos, intentando poner orden en mi cabeza llegue al sábado por la mañana y con las llaves en mi mano abría la puerta de mi piso en Valencia.

    Un baño relajante, un vistazo a los titulares de los periódicos sin ahondar en las noticias y unos WhatsApp más tarde, me preparé para la gran prueba, había quedado con el que posiblemente mejor me conocía de todo el mundo, mi amigo Jaime. Sentía nervios y un miedo irracional cuando cayó la noche, después de tener aquel espejo en mi mano, después de intentar volver a pronunciar aquellas palabras durante toda la mañana y que quizás todo volviera a como estaba antes… salí de casa decidida a enfrentarme al mundo con mi nueva realidad, no había podido pronunciar… de momento… aquellas palabras que me convirtieran en hombre una vez más tendrían que esperar, me gustaba mi nuevo yo, me gustaba ser mujer.

    Habíamos quedado en aquella terraza donde solíamos estar casi siempre, Jaime todavía no había llegado y yo me preguntaba una y otra vez.

    – ¿Y si no viene?, ¿y si no me reconoce?, ¿y si me reconoce, pero como hombre? – Las preguntas me martillaban la cabeza, se repetían una y otra vez y al fin… me pareció verlo entre la multitud, si, allí estaba mi mejor amigo acompañado por Paula, aquella amiga que quizás fue el detonante de toda aquella locura, la verdad que era una mujer preciosa y Jaime, tampoco estaba nada mal, que guapo que era, empezaba a sonar mal en mi cabeza aquella sensación de mirar a mi amigo como… cómo realmente lo que era un hombre guapísimo y muy atractivo, ahora empecé a entender a todas aquellas mujeres que con tan solo una mirada se iban con él a sabiendas de que era un mujeriego sin escrúpulos, tenía algo, algo que nos atraía a todas, me tenía atrapada y no sabía cómo dejar de mirarle.

    – Vale, ya está aquí y ahora cómo lo abordo. – Esa pregunta resonó dentro de mi cabeza e inmediatamente la contestación.

    – Es fácil Elena, simplemente acércate, se supone que el mundo entero ha cambiado la percepción que tenía de ti, ahora solamente existe Elena en su vida pasada, Elena y su presente, venga, no seas tonta. – Continuamente me daba ánimos a mi misma y aun así me sentía insegura, porque había algo que me asustaba.

    – ¿Y si con él no?, ¿y si con Jaime no funciona esto, lo que sea esto?, ¿qué le digo, que hago?

    – Conozco todo sobre él y él sobre mí, qué hago si no me reconoce como Elena, me dirijo a él y le digo sin más, hola Jaime, soy Juan y estoy atrapado en este cuerpo de mujer, ¿te acuerdas de ese espejito? Que se te acerque una extraña y te cuente una historia fantástica como esta, pues supongo que lo tomaría por una broma pesada…. Realmente estaba sin respuestas.

    En esos momentos yo me sentía observada, los chicos que estaban a mi alrededor me miraban, la verdad es que como las mariposas, mi transformación había sido increíble, mi antigua yo, un hombre poco atractivo había salido de su crisálida convertida en una mujer muy guapa y atractiva, un cuerpo espectacular y una piel aterciopelada, vestida con un vestido color crema por encima de las rodillas, abotonado por delante con dos bolsillos a la altura de las caderas, un vestido palabra de honor que resaltaba el moreno de mi cuerpo que días atrás había cogido en Cádiz, casi sin maquillar, un poco de colorete, sombra de ojos y algo de carmín con un tono suave, todo eso hacía que los chicos se fijaran en mí, debía de estar radiante, ya que no me quitaban ojo, era eso o que mis pensamientos me hacían estar nerviosa y me traicionaban haciéndome hablar sola. Ya estaba allí, a pocos metros de y saludándome con la mano, estaba rodeada de hombres que me miraban y me hacían sentir como una princesa, tan nerviosa que me quedé mirándole sin saber qué decir cuando por fin llego a mi lado, tarde en reaccionar, Jaime me llamaba por mi nombre femenino, no sabía qué hacer a pesar de oír el nombre de Elena, no me percate hasta unos segundos más tarde que él también… suspire aliviada.

    – Joder Elena, que difícil eres de ver últimamente, te he estado llamando, anda ven que tenemos mucho de que hablar.

    – Si, ah, pero yo… Jaime, espera por favor.

    – No hay tiempo Elena, ven al reservado, quiero decirte algo, algo que debí decirte hace mucho tiempo y tu ausencia… no, aquí no… no es el sitio adecuado.

    Me arrastro casi a la fuerza cogiéndome de la mano y atravesando una marabunta de gente que abarrotaba la terraza, me llevó al reservado donde esperaba Paula, alejados de todas las miradas, los tres empezamos hablar amistosamente y me preguntaban dónde me había metido. Jaime me conocía de toda la vida, lo sabía todo sobre mí, pero como hombre y no como mujer, en ese momento me encontraba por primera vez en mi vida con un estatus de poder sobre él, yo lo conocía y él a mí no, o eso quería creer porque según avanzaba la noche todo iba a cambiar. La compañía que era inmejorable, me sentía realmente aliviada, puesto que todo iba mejor de lo que me esperaba, me deje llevar por la conversación, también es cierto que ayudaban las copas que iban cayendo, Paula una mujer de bandera divertida e inteligente nos hacía reír contando historias de Jaime y me invitaba a que hiciera lo mismo, que desnudara los momentos más vergonzantes de mi amigo, ahora lo veía de otra manera, de hecho a pesar de ese estatus del que me había autoproclamado, un estatus… superior, podía notar que algo me pasaba con él, su mirada me ponían cada vez más nerviosa, sus ojos azules se clavaban en mí queriéndome decir algo sin atreverse a decirlo y no sabía por qué, no era normal en él y menos cuando me rozaba o tocaba la mano, los brazos, cuando sentía sus manos en mis hombros desnudos sabía, podía notar como se le acelera el corazón al igual que a mí, podía sentir que algo estaba pasaba entre los dos.

    Quizás era la música alta, quizás solo una de sus maniobras, pero para hablarme se acercaba a mí y sus labios susurraban cualquier tontería en mi oído, notaba cómo crecían de tamaño mis pezones y que mi piel se erizaba con su roce, tenía unos sentimientos encontrados y cada vez me ponía más nerviosa delante de él y lo peor de todo, Jaime lo estaba notando. Paula desapareció con la excusa de ir al baño dejándonos solos y durante esos minutos notaba como Jaime cambiaba a modo seductor como a él le gustaba decir, lo conocía muy bien, sabía lo que venía después y a pesar de saberlo, cuando Jaime me agarro de la cintura y me beso en los labios me quedé tan perpleja que mi cara lo decía todo, no porque no me hubiera gustado, todo lo contrario… me encanto, miles de voltios me acababan de atravesar el cuerpo y tenía una sensación de felicidad, pero a la vez de traición, ¿qué hacía?, ¿qué estaba haciendo? Realmente tenía un sentimiento muy profundo hacia Steven, pero, por otro lado, él ya no estaba y no sabía si lo volvería a ver, por otro lado, estaba Jaime, era Jaime y los sentimientos por él… sentimientos, ¿Qué sentimientos tenía por él?

    De un salto me levanté del sillón, intenté salir de aquel reservado, escapar de una situación que no había previsto.

    – ¡Elena!, espera, no te vayas por favor, perdóname. – Jaime, me agarró de la mano con fuerza sin saber muy bien qué hacer.

    – No, no pasa nada Jaime, soy yo que… no te preocupes. – El roce de su mano consiguió detenerme, tranquilizarme.

    – No perdona, no volveré a intentarlo, quédate. – Era la puntilla para que no saliera, no sabía como lo había hecho, pero me hizo sentir segura, como si nada hubiera pasado.

    – No es eso Jaime, no creas que no me ha gustado, más bien todo lo contrario, pero… es que yo. – No sabía que decir, no estaba preparada, todo me pillo tan de repente, tan de sorpresa.

    Jaime se levantó y puso sus manos con suavidad en mis hombros, empezó a darme pequeños besos en ellos a la vez que sus manos bajaban por mis brazos, acariciándomelos, rozándose tan suavemente que casi ni me tocaba, realmente estaba nerviosa, mi piel recibía sus caricias con cariño, me hacía temblar cuando me apartaba el pelo del cuello para besarme acelerando mi respiración, un impulso inconsciente hizo que girara la cabeza buscando sus besos en mis labios, sus brazos me rodeaban y subían sin rumbo fijo hasta mis pechos apretandolos con suavidad, sujetándolos entre sus manos. Sentía como su cuerpo se echaba sobre el mío, empujándome hasta la pared, hasta que tuve que poner mis manos sobre ella, no paraba de besarme, yo tampoco quería escapar de sus besos y deje que sus manos subieran mis brazos por encima de mi cabeza, acariciándome de arriba abajo, besándome las axilas era todo tan sensual que mi vagina se empezará a mojar, que mis bragas de momento hicieran de muro sin dejar salir el olor de mi interior, un olor que sabía que le volvería loco.

    Demasiado rápido, demasiado rápido pensaba inconscientemente justo cuando notaba que sus manos levantaban mi vestido y bajaban mis bragas, demasiado rápido pensaba justo cuando notaba su pene salir de sus pantalones acercándose a mi vagina por detrás entre mis muslos, estaba muy excitada, no me podía creer lo que estaba pasando, era una sensación entre deseo y traición, algo que desapareció por completo cuando la sentí entrar dentro de mí y con un empujón fuerte hizo que emitiera un grito de placer, Jaime me estaba follando y no sabía muy bien todavía como había ocurrido o incluso si quería que ocurriese, solo sé que le veía a través del espejo apretando su pelvis contra mí, subiendo y bajando penetrándome con su miembro y siendo devorada por sus manos en mi cadera y en mis pechos, me veía a mi misma mirar al espejo con las manos hacia arriba apoyadas en la pared, con la boca abierta gimiendo y dando pequeños saltos hacia arriba cuando me la metía.

    No sé que pasó por mi cabeza, supongo que perdí la razón o todo lo contrario, no lo sé.

    – Para, para Jaime, para. – le gritaba intentando escapar de él, bajando los brazos y bajándome el vestido, hasta que conseguí que se apartara.

    Al oírme, al ver mi reacción Jaime se separó de mí y me pidió perdón, me decía que había sido un impulso, que si yo no quería no se volvería a repetir, yo quería decirle que sí, quería besarle, desnudarle incluso allí mismos y, sin embargo, estaba asustada, tan asustada que hice que parara, me estaba subiendo las bragas cuando llegó Paula y… mi reacción entonces, supongo que por ese miedo fue absurdo, empecé a escupir excusas con una verborrea como nunca antes había tenido, ni Jaime, ni Paula entendían nada de lo que estaba pasando, parecía que me había vuelto loca hasta que termine diciéndole que no estaba interesada en él, sino en Paula, “pero que coño estaba diciendo”.

    Sin mediar palabra alguna, agotada por las excusas y la verborrea utilizada, me di la vuelta y besé a Paula en los labios que sorprendida por todo aquel giro inesperado, se quedó mirándome fijamente y tras tragar un poco de saliva me devolvió el beso, pero esta vez más profundo.

    No sabía que había pasado, salí para ver a mi amigo, intentar de una manera u otra contarle aquella locura en la que estaba metida, averiguar lo que ya sabia, que nada había cambiado, solo mi sexo, que mis recuerdos estaban intactos, pero sustituidos por los de una mujer, no estaba preparada para sentirme atraída por él, había descubierto tarde que me ponía nerviosa su lado… que me excitaba con su mera presencia, era evidente que a él le pasaba lo mismo y por eso me beso, por eso se abalanzó sobre mí y empezó a follarme y ahora, ahora estaba metida en otro lío besándome con Paula, con la mujer que no hacía ni unas semanas me había rechazado por ser hombre y que ahora siendo mujer estábamos dando un buen espectáculo, cuando salimos del reservado, cuando nos fuimos a la pista de baile. Las dos mujeres posiblemente más guapas de aquel local dándose el lote mientras bailaban sensualmente y el resto de los chicos mirando,

    Para cuando dejamos de besarnos, Jaime ya había desaparecido, se había esfumado desde el momento en que nos empezamos a besar, posiblemente avergonzado, casi seguro, muy enfadado conmigo y yo… no sabía que me estaba pasando, estaba tan confusa, ¿Qué estaba haciendo?, me había enrollado con la amiga de mi amigo, ¿pero qué estaba haciendo?, ni yo lo sabía. Atraída por ella, decidimos irnos a un sitio más tranquilo, más apartado, su coche quizás, allí empezamos a besarnos, nuestros besos, nuestras caricias ya no se dedicaban a manos o cara, nuestras manos campaban libremente por nuestros cuerpos sin rumbo fijo por encima de nuestros vestidos, sentíamos el calor en nuestros pechos, en los hombros nuestros besos y por debajo de nuestra falsa la sensación de nuestras manos excitándonos de tal manera que las dos empezamos a tener las bragas realmente mojadas. Ni una sola palabra, ni un solo pensamiento en mi cabeza, solo su nombre, solo su rostro, solo el placer de tener su mano acariciando mi sexo.

    Paula me desabrocho un par de botones de mi vestido justo a la altura de mis bragas y empezó a meter su mano por debajo de ellas, me besaba y me susurraba que le encantaba que estuviera tan mojada, que si yo quería podríamos hacer más cosas aquella noche. Paula me encantaba desde que la conocí y yo estaba tan caliente, tan confundida que no me costó decirla que si y terminamos en su casa, de pronto me encontré tumbada en la cama, delante de una mujer preciosa que se iba quitando la ropa muy despacio delante de mí, mirándome a los ojos mientras iba acariciando su cuerpo, llevaba puesto un vestido de gasa que al trasluz se podía ver toda su silueta, con suavidad se quitó los tirantes y el vestido callo al suelo dejándome ver un precioso tanga negro, Paula se tocaba lascivamente sus enormes y firmes pechos a la par que me decía.

    – Te gusta lo que ves, pues esta noche voy a ser toda tuya si quieres, pero no hagas nada de momento, mírame, quiero ser yo quien te quite la ropa.

    Se subió a la cama y con dulzura y suavidad empezó acariciarme las piernas, tenía unas manos suaves que me recorrían de arriba abajo sin dejar ni un solo centímetro de mi piel por besar, por acariciar, sus besos bajando desde el cuello, las palmas de mis manos se unían a las de ella entrelazando los dedos, empezó acariciar mi pelo, mis mejillas, pasaba las yemas de sus dedos por mis labios entreabiertos, metiéndolos en mi boca para que se los chupase, mi respiración entrecortada denotaba que me estaba gustando, tenía las bragas totalmente humedecidas de mis fluidos, quería besarla, pero cada vez que lo intentaba ella me paraba, se apartaba y me decía que me relajase. Sus manos pasaban por encima del vestido a la altura de los pechos hinchados por la excitación, me empezó a besar, al principio unos besos casi castos en la mejilla y poco a poco su lengua se deslizaba por mis labios, mordiéndome muy despacio, suavemente, mordiéndome el labio inferior tirando de él y luego me besaba, metía su lengua dentro mi boca, la sensación era maravillosa, nuestras lenguas se unían en un baile sensual y mientras me desabrochaba el resto de los botones de mi vestido, el primero a la altura de mis pechos, entre besos y besos había llegado más allá de mi cintura y ya solo quedaban dos para quitarme el vestido, algo que ambas estábamos deseando, me llegaba a molestar, a quemar tenerlo puesto, Paula me quitaba el sujetador, pasaba la lengua por mis pezones, recorriendo mis areolas, acariciándome con suavidad, casi sin tocarme mientras me daba pequeños mordiscos con los labios, estaba tan excitada, tan mojada, que ya no me acordaba de nada de lo que había pasado esos últimos días atrás, solo quería disfrutar.

    Paula empezó acariciar mi vientre, besando y recorriéndolo con su lengua, metiendo sus dedos por debajo de mis bragas rozando mis labios vaginales, era sensación tan maravillosa, los tenía húmedos, totalmente mojados y empapó sus dedos hundiéndose en mi vagina, los sacó y se los llevó a su boca para saborearlos, los volvió a introducir por debajo de mi braga y los volvió a meter dentro de mí y cuando los saco me los dio a saborear metiéndolos en mi boca, me dio a probar sus dedos totalmente empapados de mis fluidos vaginales, empecé a lamerlos a besarle la mano, me sujetó suavemente por la cintura y empezó a quitarme la braga y con ellas mi vestido mientras me miraba a los ojos y me preguntaba.

    – Puedo – Yo asentí con la cabeza, mientras me mordía el labio inferior.

    Estaba deseando sentir el aliento de Paula en mi coño, quería que empezara apagar ese fuego que Jaime había encendido, quería sentir su lengua, sus dedos sobre mi sexo, me abrió de piernas y metió su cabeza… ¡aaah!… sí, varios lametones siempre de abajo arriba recorrían mis labios mojados, mientras que con dos dedos me masajeaba el clítoris circularmente y otro se hundía en mi raja, luego fueron dos los dedos que se metían haciéndome vibrar, Paula seguía frotándome los labios y me succionaba el clítoris con su boca, más fuerte y más rápido, sus dedos entraban y salían de mi coño, hundiéndose todo lo que podía dentro de mi vagina, los gemidos no tardaron en aparecer, mis manos agarraban las sabanas con fuerza cuando empecé a gritar de placer, una sensación de placer recorrió mi cuerpo, y mi vagina parecía que se hubiese inundado de repente.

    Durante dos horas seguimos dándonos placer, ahora era yo quien me comía su coño, nos besábamos, juntábamos nuestras vulvas restregándolas con cariño, pero con fuerza, nuestros labios se unían, nuestros clítoris se fundían en uno, las dos jadeamos de placer, las dos disfrutamos de una noche maravillosa, hasta que caímos rendidas y exhaustas.

  • Noche de orgía en vacaciones

    Noche de orgía en vacaciones

    En la universidad era medianamente popular, gracias a mis nalgas tentadoras la mayoría de mis «amigos» eran hombres, ahí conocí a Edgar y Mau, dos de las pocas personas que aún sigo frecuentando después de haber concluido mis estudios universitarios.

    Edgar estuvo trabajando unos años aquí en la capital pero le surgió una excelente propuesta en otra ciudad del país y cambió de residencia, ahí conoció a Marcela, con ella comparte la casa donde viven.

    Se acercaban las vacaciones de verano y el me invitó a pasarlas con ellos y también iría Mau. Acepte y llegamos a su casa, era muy antigua y bastante espacio para cuatro personas, patio, cocina, sala, comedor, tres recámaras y baño. Una de las recámaras era de Edgar, la otra de Marcela y la última la dejaban para invitados, por esta ocasión Edgar y Marcela compartirian recámara para dejarme a mi la de Marcela y Mau quedaría en la de invitados.

    Llegamos y nos dieron un tour por la ciudad, a Edgar siempre le a gustado beber mucho y descubrí que a Marcela también, estuvimos de aquí para allá y en la noche regresamos a la casa.

    Para cuando llegamos Marcela y Edgar ya estaban demasiado borrachos, Mau y yo un poco menos que ellos, Marcela intentó servirse otro tarro de cerveza pero el tarro cayó al piso haciendo un reguero, a causa de eso Edgar decidió llevársela a dormir, Mau y yo nos quedamos a limpiar el desastre y al terminar nos fuimos a nuestras recámaras.

    Yo quedé en la recámara de en medio, entre la de Marce con Edgar y la de Mau, me puse mi pijama y me recosté, al poco tiempo empecé a escuchar golpes, Marcela gritaba, de inicio me asusté mucho, creí que Edgar la estaba golpeando, me levanté como rayo y abrí la puerta para ayudar a Marce, como se imaginarán estaban cogiendo, Marcela cabalgaba mientras Edgar le propiciaba unas tremendas nalgadas que ella ya tenía el culo rojo te dan duro que le pegaba Edgar, pero no le importaba, solo gritaba y se seguía meneando. Cuando abrí ni me hicieron caso, cuando me di cuenta de la situación cerré lo más rápido que pude, pero una no es de madera, ese tantito que vi me calentó.

    Volví a abrir la puerta pero solo lo necesario para ver la acción, Marce seguía cabalgando con mucha fuerza y gritando de placer, no lo dude, baje un poco el pantalón de mi pijama y metí mi mano debajo de mi panty, empecé masturbandome, me presionaba el clítoris y los labios con fuerza para después clavarme los dedos, en poco tiempo ya estaba chorreando de lo caliente que estaba, pero no me atreví a entrar.

    Decidí cerrar y dejar de mirar, terminar lo mío en mi recámara, pero cuando gire para regresar tras de mi estaba Mau, ya con verga de fuera, se estuvo masturbando mientras me veía, la espía espiada, no le dije nada, me le acerque y lo jale de la verga hacia la puerta y la volví a abrir un poco para que ambos viéramos el show, nos masturbamos el uno al otro, yo sé la jalaba y el metió su mano entre mis nalgas y la panty para clavarme sus dedos en mi vagina, así estuvimos un rato, Marcela no dejaba de cabalgar y gemir, que aguante de mi amigo, pensé.

    No sé si a propósito o por accidente pero Mau me dio un empujón que me hizo desequilibrar y acabé entrando a la recámara de manera abrupta, Marce y Edgar no pararon, parecían saber que eran vistos, seguí mi calentura y no intente salir, jale a Mau, me arrodille y le empecé a mamar la verga, puso cara como de quién se ganó la lotería, me tomo del cabello y me presionaba contra su verga, yo seguí picandome la concha con mis dedos.

    Por fin Marce se levantó, dejando ver el pene de Edgar, ahora entiendo porque no lo dejaba, aquella verga era algo fascinante, unos veintidós centímetros, gruesa, su glande tenía un tamaño extraordinario y además tenía circuncisión, una delicia. Marce se fue hacia mi, le arrebato mi cabeza a Mau y empecé a mamar concha, Marce gemía y se retorcía pero nada como los gritos que Edgar le hacía dar, se recostó y abrió las piernas, le clave tres dedos y seguí chupando, como quedé con el culo parado Mau aprovecho, me bajo el calzón y sin más me metió la verga, una verga normal, para empezar estaba bien, pero no podía esperar a que Edgar me clavara su cabezota. Mientras dedeaba a Marce y Mau me cogía, Edgar solo miraba y se la jalaba, hasta que se aburrió y decidió entrar en acción, nos hizo formar un cuadrado, yo sé la mamaba a Mau, Mau chupaba la concha de Marce, ella tragaba verga de Edgar y el me dedeaba y chupaba mi concha, el que se viniera se iba saliendo, sentenció.

    Un rato estuvimos así, el primero en venirse fue Mau, ni me avisó, de un momento a otro sentí su leche en mi garganta, pase a chuparle la concha a Marce de nuevo, le volví a meter los tres dedos y en poco rato mis dedos quedaron bañados de sus fluidos, por fin me encontré con Edgar, aquella verga bestial no cabía en mi boca, por más que chupaba parecía que nunca lo iba a hacer llegar, Marce se acerca y me da un lubricante y un consejo, funcionó, me lubriqué el dedo medio y se lo clave por el ano a Edgar, hice el mete saca y al poco rato no pudo más y se vino, wow, soy la campeona de la puteria, pensé, mi recompensa fue una extensa cantidad de espesa leche de la cual no dejé gota. ¿Quién iba a imaginar que a mi amigo le gustaba que le picaran el culo?

    Mientras Edgar se recuperaba ahora Mau se cogía a Marce, la tenía en cuatro dándole por el ano, Marce parecía disfrutarlo poco, como si aquel pene regular no le hiciera nada, me recosté frente a ella, envolví su cabeza con mis piernas y empezó a chuparme y clavarme los dedos en la vagina, lo hacía muy bien, tenía un ritmo que me hacía gemir y gemir pero sin venirme, podía estar toda la noche disfrutando esa lengua.

    Estaba con los ojos cerrados cuando sentí que alguien se recostaba a mi lado, era Edgar que ya la tenía parada de nuevo, me dijo que me iban a dar mi premio, me soltó de Marce y me hizo sentarme en su verga, costó trabajo que me la clavara, sentí un poco de dolor pero valió la pena, en cuanto empecé a cabalgar no pude parar de gemir, Marce era muy afortunada, aquella verga era única, era tanta mi excitación y placer que me sentí desmayar, no tenía las fuerza para sostener mi cuerpo por lo que deje caer mi pecho en el de Edgar y el me siguió bombeando sin piedad, le hizo una señal a Mau, yo no entendía pero pronto sentí unas manos separar mis nalgas, al poco rato sentí la presión de la verga de Mau en mi ano, me la clavo, yo no podía con el placer de tener ambas vergas dentro de mi, comenzaron a tomar un ritmo dónde ambos me la metían y sacaban al mismo tiempo, podía sentir como se juntaban dentro de mi y luego me liberaban, no me quedaba más que gritar y gemir de placer, la cama ya estaba mojada de tanto que chorreaba mi vagina, después de un rato aceleraron el ritmo, me daban tan fuerte que parecía me querían perforar y de un de repente sentí sus leches calientitas, se las ingeniaron para venirse al mismo tiempo, sacaron sus vergas flácidas, quede inserte solo viendo cómo Marce les limpiaba a mamadas la verga a cada uno, en cuanto se pusieron duros de nuevo le aplicaron la dosis a Marce.

    Ya no pude más, ya no supe que más pasó, me quedé profundamente dormida, cuando desperté estaba en mi cuarto, con un dolor de cabeza brutal, con mi panty puesta llena de leche y con la vagina y el culo adoloridos. Fui la última en despertar, me vesti y fui a la sala donde mis amigos se escuchaban platicar, me hicieron bromas de la borrachera, de lo dormilona que era, pero en el resto de las vacaciones nadie mencionó nada sobre la cogida de esa noche, nunca se a tocado el tema y nunca volvió a pasar.

  • Claudia, una verdadera zorra

    Claudia, una verdadera zorra

    Todo este relato pasó en más o menos dos horas. Aquella tarde de verano en un viernes, había quedado con mi agente de seguros llegar a su casa a firmar algunas pólizas, pues era para mi más conveniente ir a su casa que estaba en camino a la mía que ir al otro lado de la ciudad a su oficina. Tocando el timbre de su casa estaba cuando recibo la llamada de mi agente diciendo que llegara unos minutos más tarde, pues ha tenido un percance automovilístico y está esperando a que la policía haga el reporte. Me hace saber que su esposa está en casa y que ella es sabedora de mi visita.

    Terminando la plática con mi agente estaba, cuando veo que se aparece esta mujer a un costado de la casa vistiendo solo un sostén de baño, una especie de falda semitransparente hecha de esa tela que usan para las bufandas. Se le miraba como minifalda y sus pies los llevaba descalzos y se podía apreciar que cuidaba muy bien de sus pies y cuerpo. Se presentó con el nombre de Claudia y me explicaba que era más rápido llegar a la puerta por el costado que subir los escalones a través de la casa. Era una casa bastante grande de bonitos jardines y una amplia piscina y de hecho esta chica de nombre Claudia me hablaba de que cuando su esposo le habló para hacerle saber que llegaría, ella estaba nadando, mitigando el calor del verano.

    Llegamos a la parte superior del patio trasero donde se puede apreciar un quiosco octagonal de buen tamaño y donde hay una pequeña cantina, con sillas de diferentes tamaños y unas hamacas extendidas. Esta chica de nombre Claudia a quien le calculaba mi misma edad de unos 37 años, me ofrece algo de tomar y entre la selección que me da le acepto una cerveza. Ella camina hacia la pequeña cantina, mientras yo me quedo parado en contra de un estante con mi típica vestimenta de ejecutivo, pero sin mi chaleco el cual había dejado en mi coche. Claudia se aleja y mientras camina y mueve ese suculento trasero se va quitando ese trapo que parece minifalda y me quedo viendo el espectáculo que me permite ver ese bikini brasilero, cuya parte trasera se le hunde en las suculentas nalgas de esta sensual mujer. Lo primero que pensé, era que lo había hecho a propósito, que me quería mostrar lo que tenía.

    Era un trasero de caderas anchas y redondo y una buena pronunciada cintura. En uno de sus muslos tenía un tatuaje como de jeroglíficos y lo que me sorprendió con el accionar de esta chica fue cuando me volteó a ver con una mirada picara como asegurándose que mi mirada estaba en el vaivén de su trasero. No se equivocaba, mi vista estaba directa a ese tremendo culo y solo me pasó por la cabeza de cómo lo movería en la cama y el gran polvo que se echaba mi agente de seguros a quien apenas había conocido días antes.

    Debo decir que Claudia así sin maquillaje no parecía ser una chica bonita de rostro, pero tampoco podría decir era fea. Su cabello era largo y en ese momento se había hecho una cola. Sus pechos eran proporcionales a su curvilíneo cuerpo y ese sostén de baño de un color verde y blanco a cuadros debería de ser de una copa D. Bien se le podía hacer fácilmente una rusa a esta mujer. Su bikini brasilero era también del mismo color y apenas le cubría su sexo y cuando regresaba, podía ver como ese bikini se le hundía y le hacía una raya hacia abajo. No se habrá tardado más de dos minutos en traer una cerveza, pero en ese tiempo mi mente había procesado varias fantasías de cómo follaría aquella mujer y por qué se había removido aquella tela que parecía falda… ¿acaso intentaba provocarme?

    Si lo intentaba o no, salía sobrando, pues la verdad que mi pene reaccionó en una potente erección que fue más que obvia, pues llevaba de esos pantalones de seda un tanto sueltos y mis típicos bóxer y de seguro Claudia me había visto el bulto pues me dio una sonrisa como diciendo: -Te he excitado. Claudia quizá medía sin zapatos 1:60 y yo con zapatos 1:88 y en esa posición reclinado a ese estante no tenía que hacer mucho esfuerzo para clavar su vista al bulto comprimido de mi falo. Me dio la cerveza y sin disimular bajó la vista a mi bulto como para confirmarme que ya me lo había visto y que me había excitado. No se alejó mucho de mi y con una sonrisa chocamos las botellas en forma de brindis y dimos un pequeño sorbo y esta mujer después de saborear la cerveza con sus labios se saboreó sus labios coquetamente. La verdad que su accionar me había puesto algo incómodo y solo se me ocurrió decirle:

    – ¡Que bien cae una cerveza bien fría para calmar el calor! -le dije.

    – Yo… la verdad necesito más que una cerveza fría para calmar el calor que siento… y veo que tu tienes un hermoso instrumento que fácilmente me lo quitaría. – y Claudia me había puesto su mano tomando mi falo comprimido.

    Desde ese punto esta mujer tomó la iniciativa y sentí la presión y la excitación de lo prohibido. Me bajó el cierre del pantalón sin desabotonármelo y me sacó la verga por una de las mangas de mi bóxer. Solo escuché que dijo: ¡Tienes una linda pinga! – o algo así. Agachada comenzó a darme una mamada a lo que me había sacado del pantalón y yo desde arriba miraba ese panorama de sus nalgas desde ese ángulo. Me chupaba la verga divinamente y de vez en cuando tomaba un trago de cerveza y sentía ese frío de su boca que luego cambiaba rápidamente al calor corporal y esa sensación era realmente muy rica. En ese momento solo se me ocurrió decirle:

    – Tu marido puede llegar en cualquier momento.

    – No te preocupes, conozco muy bien el ruido de su auto y cuando se abre la puerta del guardacoches.

    Con los minutos y quizá pasaron unos cinco, se incorporó y me tomó de la mano y me guió a unas sillas también que estaban cerca de un mostrador e intuí que quería que le follara la conchita. Ella se sentó y solo se hizo de lado su bikini y pude ver su panocha húmeda y brillosa y yo me acomodé el falo para meterle cada uno de mis 22 centímetros. Nuevamente Claudia había exclamado: ¡Que pingota más hermosa tienes… Clávemela… quiero sentir ese pedazote de carne que tienes. – Desde un principio se la hundí toda y comencé a darle con todas mis ganas a esa conchita. Sabía que le podía dar con ganas hasta hacerla correr, pues una noche antes le había dejado ir tres palos a una linda chica a quien le di en todos los hoyos posible y no contenía esa presión de otros días.

    Se oía ese chasquido de mi verga entrando y saliendo y Claudia se había bajado las copas de su sostén sin quitárselo y con una mano se tomaba uno de sus pezones y con la otra se masturbaba el clítoris. Con los minutos me pidió que le diera de perrito y se acomodó en una banca con colchón y de nuevo sin quitarle su bikini brasilero se lo hice de lado y le comencé a dar y a la vez con mi pulgar comencé a sobarle el ojete al punto que untaba mis dedos de sus jugos vaginales y comencé a meterle los dedos en el culo. Esto le gustaba tanto que me lo pedía diciendo: -Así… así… dame así cariño… que rico coges. – Ella movía armoniosamente esas caderas y de repente explotó con un orgasmo que tuvo que morderse los dedos y la mano para no gritar del placer. Le di hasta que su orgasmo había pasado y luego en la misma posición le puse mi glande en el orto y ella solo me dijo: -Si te quieres correr en mi culo, hazlo pronto… no tenemos mucho tiempo.

    Le comencé a meter mi glande y Claudia no sé si gemía de dolor o placer, aunque creo que eran ambas sensaciones. Su culo lo tenía ya dilatado que el proceso de penetrarlo no fue tan difícil y por supuesto creo que para esta mujer con semejante trasero, aquello que le follara el culo parecía ser algo rutinario. Comencé con unos embates frenéticos queriendo encontrar el paraíso pues tenía esa presión que en cualquier momento esto debería de parar, pero las corridas de la noche anterior como que hacían mella al deseo, pero los gemidos profusos de Claudia me encaminaron a esa senda pues esta mujer se estaba corriendo nuevamente después de algunos cinco minutos de estarle follando el culo. Ella me lo dijo de esta manera: -Antonio, me corro, me corro… hay Dios mío, que rica verga tienes…uh…

    En ese momento que Claudia se corría mi huevos se fruncieron y le expulsaron mi corrida. Mientras mi verga se comprimía adentro de ese suculento culo, Claudia solo me decía: – ¡Que rico me hiciste acabar… tienes una pinga que siento que me has abierto bien el culo… siempre quise sentir una verga así de ese tamaño! – Claudia se incorporó y se fue a los baños cerca del quiosco a limpiarse y luego pasé yo a lavarme la verga pues ahora olía al culo de esta mujer. Cuando salí del baño Claudia ya tenía una bata de baño y me tenía otra cerveza. Todo el resto de la plática fue alrededor de la follada que nos habíamos dado y me pidió mi teléfono porque aquello lo teníamos que repetir. Por curiosidad le pregunté:

    – ¿Ya antes le habías puesto el cuerno a tu marido?

    – La verdad que no. Admito lo había pensado pero nunca me había atrevido pues nunca se me dio esa oportunidad. La verdad que tú eres una tentación y tienes esa herramienta que desde que vi tu bulto, ya no me pude controlar y caí. Créeme que caería todas las veces… eres un hombre muy guapo.

    Pasamos hablando como media hora más y luego escuchamos el auto llegar. Ella lo recibió con un beso en la boca, boca que minutos antes estaba mamando mi verga. Nos tomamos una cerveza más con el marido de Claudia para luego firmar las nuevas pólizas y luego el me ofreció unos bocadillos que había traído y que tuve que rechazar pues no me sentía bien estar departiendo con él cuando minutos antes me acaba de follar a su mujer. Fue irónico lo que él me ofreció de bocadillos y lo que yo pensé en ese momento:

    – Antonio… quédese a cenar con nosotros… traje una colas de langosta empanizadas.

    – La verdad me basta con la cola de su mujer y a la cual me acabo de follar.

    Lo último solo lo pensé, y me despedí dando la excusa que tenia otro compromiso. Con Claudia seguimos follando por un tiempo, pues esta mujer se había vuelto adicta a coger en ese ambiente de lo prohibido. La verdad que era incansable para coger y esta mujer era literalmente una zorra… una verdadera zorra.

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  • Los cuernos ajenos, a veces, también duelen

    Los cuernos ajenos, a veces, también duelen

    A mis 34 años yo, Darío, no me puedo quejar, estoy casado con una hermosa mujer desde hace un lustro después de noviar veinticuatro meses.

    Lo único que ensombrece algo nuestra felicidad es la relación con mis suegros, Horacio y Raquel. No los culpo de pretender, para su hija, algo mejor. Encontrar un candidato superior a un doctor en filosofía, socio de un restaurant y practicante de kempo no es algo complicado o difícil en el ambiente frecuentado por esa familia.

    Cuando vieron que se avecinaba un vínculo serio la oposición se intensificó pero la sangre no llegó al río. Todo hace parecer que optaron por el mal menor. Tolerarme era más fácil que aguantar el empecinamiento de Nuria, acompañado de una importante dosis de ira. Por simple inercia seguimos manteniendo la relación respetuosa pero lejana, autenticidad que debo agradecer pues nunca simularon un afecto inexistente.

    Poco antes del casamiento mi futuro suegro compró una casa en el barrio privado donde vivía y la puso a nombre de su hija bajo la figura de donación, algo totalmente lógico en una época en que los matrimonios duran lo que un pedo en una canasta. Con toda suerte mi señora, una joven de veintinueve años, trabajaba medio día en una de las empresas del padre y con muy buena remuneración. De lo contrario mis ingresos apenas hubieran cubierto los gastos que ocasiona el nivel de vida habitual en los moradores de esas urbanizaciones.

    Cuando, ya casados, ocupamos la nueva vivienda, el modesto departamento mío lo puse en alquiler a turistas que por corto tiempo visitaran la ciudad. Aunque significaba más trabajo, me ahorraba lidiar con actualizaciones de precio, morosidad o desalojos.

    En ese barrio conocimos dos matrimonios, amigos de mis suegros, ambos algo mayores que nosotros. Los esposos tenían una compañía financiera que les permitía un muy buen pasar.

    Uno de ellos, Eduardo, era inclinado a ostentar su poder económico y parece que yo cumplía el perfil indicado para que él diera satisfacción a su ego. Así, la primera vez que nos invitó a su casa, la recorrimos íntegra, deteniéndose en todas aquellas cosas que agregaban valor, que si los muebles de estilo, algún cuadro, el jacuzzi en un espacio exclusivo al lado de la pileta exterior, la panoplia con la cabeza de un ciervo que había cazado, y el detallado sistema de cámaras de vigilancia que abarcaba toda la casa a excepción del dormitorio, sistema que era manejado desde su escritorio. Julio y Delia eran de un perfil más bajo.

    En una oportunidad mi suegra organizó una cena, estando invitados los dos matrimonios amigos y nosotros. Durante la reunión pude ver la cercana relación que existía entre los padres de mi mujer y los invitados, enterándome que, además de pasar abundantes ratos juntos, también los unía un trato comercial. La anfitriona hacía gala de una gran confianza mientras Horacio mantenía su habitual parquedad. Promediando la velada, al salir del baño y llegando a la cocina, las voces de Eduardo y Raquel llamaron mi atención pues me citaban.

    – “Tu yerno es bastante pelotudo no?”

    – “Seguro, pero no sé a qué viene el comentario”.

    – “Hace un rato estábamos charlando y pasa a nuestro lado Nuria, caminando acompasadamente con ese pantalón blanco; es verdad que se me escapó la alabanza a las nalgas de tu hija, pero no esperaba una respuesta cortante y con cara de pocos amigos”.

    – “Es normal cuando algo no le gusta”.

    – “Pero eso no es nada, pues al decirle que lo tomara como broma su respuesta fue <si no lo hubiera tomado así los próximos cuatro meses los pasarías, comiendo con un sorbete y reparándote la cara mediante cirugías estéticas>”.

    – “Menos mal que solo lo dijo y no te lo hizo”.

    – “Lo crees capaz?”

    – “Te cuento una sola cosa. Tiempo atrás salimos a cenar Nuria con él y yo con mi marido. Al término íbamos caminando a buscar el auto cuando se acercaron dos jóvenes, uno, con un chuchillo en la mano, que nos amenazó <Si nos dan las carteras y las billeteras nada les va a pasar>. Darío la hizo retroceder a mi hija para quedar junto a nosotros y respondió <Lo mejor que podés hacer es guardar el cuchillo y regresar a tu casa>. El ladrón se abalanzó <Lo voy a guardar pero dentro tuyo>. Mi yerno lo esquivó dándole un golpe en la nuca y mientras iba cayendo le acertó una patada en la cabeza dejándolo inerte en el piso. El conflicto duró no más de diez segundos. Por supuesto que al otro le faltaron piernas para correr”.

    – “Lo desmayó?”

    – “Eso pensamos nosotros hasta que vimos la cabeza dislocada, con la nuca a noventa grados de la espalda. Por supuesto que tuvo que dar numerosas explicaciones a la policía logrando que lo calificaran homicidio culposo en legítima defensa. Por si acaso cuídate”.

    – “Se me fue la lengua porque que tengo la impresión de que la hija es tan deliciosa como la madre”.

    Eso sí fue una sorpresa mayúscula. Reflexionando sobre la asombrosa revelación llegué a dos conclusiones, debía prestar atención a la conducta de ambos y vigilar posibles avances de este galán sobre mi señora.

    La frecuentación periódica de estas parejas hizo que mi esposa trabara amistad con las mujeres, compartiendo con ellas algunas tardes que tenía libres. Mi relación era más esporádica por simples razones de trabajo de ambas partes, que en mi caso implicaba terminar en las primeras horas de la madrugada cuando me tocaba controlar la casa de comidas que tenía en sociedad con mi hermano.

    Cosa de seis meses atrás dejamos de cuidarnos ante un posible embarazo, dejando que se produjera en el tiempo dispuesto por la naturaleza. Hasta entonces ella tomaba pastillas durante un período y, cuando era conveniente el descanso, yo usaba preservativo.

    Una tarde de pileta en casa de Eduardo, alguien comentó de unos esposos vecinos, recientemente separados porque ella lo había encontrado con otra. Siguiendo con el tema el dueño de casa pidió mi parecer.

    – “Qué opinás del sexo fuera de la pareja?”

    – “Si no implica costo debe ser bueno?”

    – “No me refiero a contratar una puta”.

    – “Yo tampoco. Ese sería un costo monetario, o sea el más liviano. Yo hablo de aquellos que implican dolor, pérdida, daño, y que además pueden ser de larguísima duración”.

    – “A ver, aclará un poco más”.

    – “Creo que ninguna infidelidad pasa sin dejar una huella negativa. Las más graves podrían ser cuando perdés matrimonio, hijos y, por si fuera poco, quedás en la calle y solo; no es algo raro esa repentina soledad pues las amistades, que en principio son de cada individuo, con el tiempo pasan a ser de los esposos”.

    – “O sea que no probarías”.

    – “Probar por probar no, si lo hiciera no sería una prueba, sino un cambio de pareja sin retorno”.

    Si bien no era una evidencia concluyente, con los antecedentes del interrogador, el diálogo me supo a sondeo. Lo que fue una tarde distendida se prolongó en picada abundante, regada con variados tragos. En ese tramo de la reunión percibí que Nuria y el amante de su madre, habiendo coincidido en ir a la cocina se demoraban algunos minutos en regresar. Nada llamativo para quien no estuviera advertido y vigilante, pero la abundancia de roces, zambullidas y juegos de contacto en la pileta me habían llamado la atención.

    Promediando la sobremesa Julio sugirió disfrutar del jacuzzi de su socio a ver si era tan bueno como su dueño presumía. La invitación fue aceptada de inmediato. Tras una breve vacilación, estimé que era la oportunidad de despejar cualquier duda sobre la conducta de mi mujer, por lo cual me excusé alegando tener los síntomas del síndrome vertiginoso y prefiriendo quedarme cómodo en un buen sillón hasta que me hiciera efecto la pastilla y quizá echando un corto sueño. Partieron hacia esa edificación pegada a la pileta mientras yo simulaba tomar el remedio y me tiraba a lo largo en el cómodo sofá. Pasados unos minutos fui hasta el escritorio donde estaba la consola de control de las cámaras que cubrían la casa. Encendido el sistema me alegró ver que, entre los espacios cubiertos, estaba esa placentera instalación donde ahora se encontraban los cinco.

    Un poco apretados, porque la capacidad cómoda es para cuatro, a mi esposa la ubicaron entre los dos hombres. Mientras esperaba algo significativo de ese voluntario sándwich me puse a curiosear lo que estaba cerca, viendo un estante ocupado por discos compactos. Mientras los observados se servían bebidas saqué algunos estuches constatando que estaban etiquetados con nombres y ordenados alfabéticamente. Las primeras imágenes del que había insertado me dieron idea del contenido de los otros, así que paré la reproducción, lo volví a su lugar y me dediqué a buscar alguno que tuviera en el rótulo los nombres de mi mujer o mi suegra. Encontré ambos y ahí me di cuenta que, concentrado en esa búsqueda, había perdido de vista la pantalla. La imagen mostraba a mi esposa trenzada en un beso con uno mientras el otro estaba dedicado a chupar un pezón hurgando con la mano entre medio de las dos rodillas que se exhibían abiertas.

    No necesitaba ver más. Apagué todo volviendo cada cosa a su lugar, frotando con un pañuelo lo que había tocado. Después de guardar entre mi ropa los testimonios del engaño, fui al lugar de retozo colectivo. Previsores, habían cerrado la puerta con pestillo, lo que me obligó a golpear. Julio abrió invitándome a pasar y alegrándose que me hubiera compuesto, aunque mi cara dejaba algunas dudas. Los cuatro ocupantes se mostraban distendidos, separados y brindando, aunque Nuria evidenciaba cierto nerviosismo.

    – “Querida, estoy mucho mejor pero no me conviene dilatar el descanso, vamos”.

    – “Pero estoy entretenida, voy más tarde”.

    – “Me parece que no has escuchado, te dije vamos; caminás sola o te hago caminar yo? Amigos, gracias por las atenciones, nos vemos en otro momento”.

    Al día siguiente, que no dictaba clases y mi esposa estaba en su trabajo, me senté a ver con detenimiento el contenido de los discos sustraídos.

    La curiosidad me llevó a ver primero el de mi suegra. Llamativo su físico, apto para alimentar sueños morbosos y soberanas pajas, algo que su amante no necesitaba pues podía gozarla a su antojo. También era palpable su capacidad para dar y recibir placer. Tremenda erección me causó verla en acción, dominando a la perfección los tiempos para llevar al macho a clamar, desesperadamente, que lo dejara correrse. Su boca recorriendo el miembro, las manos acariciando los testículos, mientras le pedía en tono lastimero que saciara su sed. Manteniendo el glande a dos o tres dedos de distancia, el espectáculo de los chisguetazos entrando a la boca fue algo digno de ver.

    No menos impactante era la imagen de Eduardo, de pie, con las rodillas levemente dobladas, los músculos marcados por la tensión y los ojos cerrados, lentamente cayendo hasta quedar sentado en el piso, bajo la mirada sonriente de la hembra, plenamente satisfecha viendo rendido al macho.

    Mirando luego el otro encontré la explicación a la complicidad sin participación de Claudia y Delia en el jacuzzi. Un fragmento de la grabación mostraba a tres parejas en acción, mi mujer con Eduardo, Claudia con Julio y Delia con un desconocido.

    Me llamó la atención ésta última, pues la actitud de ambos difería de los otros cuatro que estaban enzarzados, con movimiento frenéticos, los rostros desencajados por el deseo, embistiendo o aferrándose con cierta violencia al otro. En esta pareja los besos, caricias, largos abrazos acunándola él a ella, las facciones mostrando satisfacción por el simple contacto, me llevaron a pensar que el caballero Julio era cornudo carnal y afectivamente.

    La otra parte que requirió especial atención tenía como escenario nuestra cama de dos plazas, donde los amantes se sacaban las ganas, lamentando tener disponibles solo las mañanas en que yo tenía clases.

    Decidido a dar por terminada la relación matrimonial y no dilatar el momento de dejar la casa, de manera disimulada fui llevando mis cosas al departamento. Quería que mi salida, luego de arreglar cuentas, fuera para no volver.

    El viernes Claudia organizó una cena para los tres matrimonios, y allí fuimos.

    – “Querida, no me molesta estar al lado de Claudia, pero no sé a qué se debe el cambio”.

    – “Ella me lo pidió porque dice que su marido la aburre, en cambio con vos está entretenida”.

    – “Y a vos, te entretiene bien Eduardo?”

    La cara de mi esposa, hasta entonces distendida, viró a expresión de fastidio.

    – “Qué me querés decir?”

    – “Lo que has escuchado, aunque podés darle el significado que se te antoje”.

    – “Pues sí, él me entretiene delicioso”.

    La cena fue excelente, en comida y bebida. Participé y seguí las conversaciones sin interrumpir la vigilancia de la parejita infiel, pues estaba decidido a darle fin a esa situación, venganza incluida. El progreso de acercamiento de ambos fue lento pero sin pausa. La mano de uno sobre el brazo del otro en leve caricia, el acercamiento de las sillas para ver la pantalla de un celular, el brazo de uno cruzando hacia la falda del otro con duraciones de más en más crecientes y las miradas cargadas de deseo.

    También resultaban llamativas las actitudes de Julio y su esposa, quienes, si bien participaban de la charla, estaban atentos a lo que hacían Eduardo y Nuria. Claudia hacía lo mismo, hablaba conmigo pero su mirada estaba más tiempo enfocada en la pareja protagónica. Evidentemente era un grupo poco común; dos, movidos por el deseo se manejaban al margen del resto, tres espectadores conocedores de lo planeado y uno destinado a sufrir la vergüenza de ser engañado en público.

    El cuadro siguiente fue particularmente llamativo como para incrementar la atención. Ambos con la cabeza baja; el macho concentrado en el celular mientras su brazo izquierdo, en diagonal hacia el costado, hacía un leve movimiento vertical de ida y vuelta; la hembra, como quien mira el plato, pero con ojos cerrados y puños blancos de tan apretados, hasta que un súbito espasmo la dejó laxa. Estimando que era el momento esperado me levanté alegando necesidad de ir al baño, aunque dudo que me escucharan.

    Por supuesto que no fui ahí, sino a apostarme detrás de la puerta espaldas de los amantes, la cual apenas entreabierta me permitía ver cómo seguía la acción. No tuve que esperar mucho para que el varón, enceguecido de deseo, girara un poco mostrando la bragueta desprendida con el miembro afuera y babeando. No hubo necesidad de invitación para que la mujer empuñara y moviera la pija ofrecida. Unas cuantas subidas y bajadas fueron suficientes para que el masturbado cerrara los ojos y echara la cabeza hacia atrás. Cuando abrió la boca supe que era mi momento. En tres zancadas estaba a su espalda tomándolo del cuello mientras sobrevenía el orgasmo.

    – “Querida, qué ordinario este galán que elegiste para que te entretenga; mirá, salpicando con semen mantel, servilletas y su ropa en medio de una cena con amigos. Eduardo, si vos o alguno de los presentes se mueve, primero te asfixio y luego quiebro el cuello, entendiste?”

    – “Sí”.

    – “Bien, esto que te pasa no es porque le hayas metido a mi mujer dos kilómetros de verga en la vagina, tampoco es porque, entrando por el ano, hayas sacado el glande por su boca, y tampoco es porque le hayas hecho beber veinte litros de semen. Eso es responsabilidad de ella. Me has entendido?”

    – “Sí”.

    – “Bien, sigamos. Esto te sucede porque todo lo que ella te permitió parece que fue poco. Seguramente tu ego te pedía además insultarme, basurearme, burlarte de mí. Por eso quisiste usar la cama matrimonial, especialmente del lado en que yo duermo; y además que después pusiera mi cabeza sobre la funda de almohada que habías usado para limpiarte el pene”.

    – “Me estás siguiendo?”

    – “Sí”.

    – “Por supuesto que mis cuernos me dolieron y en este momento me siguen doliendo pero, si acerté con el procedimiento, falta poco para que eso finalice. Pienso que con cada golpe las astas van a ir decreciendo y te iré transfiriendo mi dolor”.

    Ahora tocaba poner en práctica lo dicho, y lo hice explicando cada paso y el efecto buscado.

    – “Primer puñetazo al hígado para impedir cualquier reacción, segundo en la cara para romper tabique nasal y sacar algún diente, tercero de costado al maxilar inferior para inutilizarlo y que no puedas lamentarte, cuarto dos patadas que quiebren alguna costilla y por último un buen puntapié en los testículos que tanto descargaron en orificio ajeno”.

    Por supuesto que, durante la paliza, por el rabillo del ojo mantenía la vigilancia de los cuatro involuntarios espectadores. La única que habló fue Claudia pidiendo que no le pegara más a su esposo. No creo que la golpiza haya durado más de cuarenta segundos y me asombró que tan corto lapso me diera un alivio instantáneo al enorme dolor que venía soportando. Ahora solo quedaba partir.

    – “Lamento haberles arruinado el programa previsto, disfruten el postre y que sigan bien. Perdón, me estaba olvidando, del vino que traje, no probé una gota a pesar de ser mi preferido pues no me gusta la bebida mezclada con veneno”.

    Desde luego que no había tal veneno. No eran tan importantes como para justificar cárcel por el resto de mi vida. De todos modos casi seguro iban a tener una hora de sufrimiento si los antropólogos tienen razón. Dicen estos estudiosos que “sufrir es dolerse por anticipado”, queriendo significar que el hombre con su temor e imaginación hace presente algo que puede ser, pero que todavía no es.

    Al salir llamé a mi suegra, que es quien tiene la voz cantante.

    – “Buenas noches suegra, les podré robar unos minutos, quisiera hablar con su esposo y con usted?”

    – “Desde luego que sí, te esperamos”.

    – “En quince minutos estoy ahí”.

    Ya en casa junté las pocas cosas que faltaban llevar, cargué mi auto, después de cerrar tiré la llave por la ventana que había dejado abierta y me fui a donde me esperaban. Sentados en el living la cara de ellos denotaba la incógnita que despertaba mi presencia sin su hija. Como no había razón para disimular o aliviar la noticia fui directo.

    – “Quería decirles que el lunes voy a iniciar los trámites de divorcio, y deseaba que se enteren por mí. Además debo reconocer que ambos tenían razón al oponerse a nuestro casamiento. Seguro yo me hubiera evitado un gran dolor”.

    – “Querrás decir que ambos se hubieran evitado el dolor”.

    – “No estoy tan seguro señora, mi mujer más que dolor parece sentir mucho placer”.

    – “No te entiendo”.

    – “Ahora se los muestro”.

    Abrí la portátil que había llevado preparada y activé el video de Nuria. En la filmación mi esposa era penetrada analmente por Eduardo mientras ambos en alta voz expresaban el placer de sodomizar y ser sodomizada. Y eso acompañado por las expresiones alegres de Claudia, Julio y su esposa, festejando la inauguración de ese culo tan hermoso.

    El paso de las imágenes, que insumía cerca de cinco minutos, no llegó al número dos cuando escuché a mi suegro.

    – “Y vos sos tan perverso para grabar eso?”

    – “No lo grabé yo, simplemente lo saqué del archivo de su amigo Eduardo. Tiene muchas horas de registro de cosas parecidas”.

    – “Decime, Nuria sabe que estás aquí?

    – “No creo, todavía debe estar en la cena con sus amigos”.

    Ahí intervino su mujer.

    – “Por Dios, sacá esa porquería”.

    – “Todavía no suegra, aún falta lo mejor; por cierto no sabía que usted era tan fotogénica”.

    La cara del matrimonio seguía reflejando sorpresa al momento de comenzar la reproducción del siguiente video. Este mostraba a Raquel cabalgando a Eduardo sentado en una silla, a Julio diciendo que ya era su turno, mientras mi suegra alabada la dureza del miembro que la penetraba, a diferencia del que tenía en casa. Por supuesto que apenas vio su papel en la filmación se fue rápidamente. Horacio, visiblemente abatido me dice.

    – “Qué pensas hacer con eso?”.

    – “Entregarle a usted la única copia que tengo. Ignoro si habrá algo más en los archivos de ese tipo. No se levante, conozco la salida”

    Después supe que el papá de Nuria había reaccionado contra quienes habían sometido a hija y esposa, registrando con minuciosidad dichos eventos. Poco tiempo después ambos matrimonios fiesteros abandonaron el barrio privado y las relaciones comerciales con las empresas de mi ex suegro cesaron por completo. Ignoro, pero no es de descartar, otros daños provocados por la influencia de ese padre enfurecido, que además compartía mi desgracia.

    Tres semanas pasaron desde que dejé la vivienda matrimonial cuando recibí una llamada de Horacio.

    – “Darío, necesitaría hablar con vos, podrás venir a casa?

    – “Deme una hora y estaré allá”.

    En el plazo pactado llegué. Me recibió solo mi ex suegro. Por su mujer ni pregunté.

    – “Lo escucho”.

    – “Hoy nos entregaron los resultados que confirman el embarazo de Nuria. Pensamos que debías saber de tu próxima paternidad”.

    – “Siete años hace que nos conocemos y en ese tiempo nunca les mentí; tampoco lo haré ahora. Hará unos tres meses, al ver que se demoraba el embarazo, y no queriendo asumir la postura habitual de adjudicar a la mujer la causa de ello, me hice yo los estudios. El resultado, en concreto, es que tengo una malformación que me impide fecundar y solucionable con una pequeña cirugía. Nada dije pues me daba cierta vergüenza. Desde luego dejo abierta la posibilidad de que la naturaleza sola arregló el problema y pude embarazarla. Eso sí, la decisión queda para después del nacimiento y previa comparación de los respectivos ADN”.

    Desde luego no era yo el padre, siendo lo único que me importaba. Qué paso después no lo sé ni me interesa. Ya estoy legalmente separado y disfruto la compañía de una dama a la que le llevo doce años. No pienso reincidir en otra atadura legal siguiendo el viejo dicho: “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”.

  • Mi cogí bestialmente a un desconocido

    Mi cogí bestialmente a un desconocido

    —Perdón, adelante por favor. Me dijo cediéndome el paso para entrar al banco.

    —Gracias. Dije casi sin mirarlo.

    Estaba apurada, tenía que hacer un depósito y luego ir al gimnasio. Recién presté atención en él cuando se sentó adelante mío esperando ser llamado de la caja. Era un muchacho de unos 30 años, vestido con un jogging, remera y zapatillas. Yo, 30 años, casada, muy feliz, y muy lejos de tener una aventura con otro hombre que no sea mi esposo.

    Hubo algo que me atrajo, quizás la forma en que me cedió el paso. De pronto se dio vuelta y me miró fijamente a los ojos. No entendí porque una oleada de calor invadió mi cuerpo. No era una mirada lasciva, ni agresiva. Un segundo después, al ver que nuestras miradas se encontraron, esbozó una sonrisa.

    Quiso la suerte o el destino que nos llamaran al mismo tiempo a los dos, a cajas contiguas. Nuevamente me cedió el paso, pero esta vez, haciendo el ademán de apoyar su mano en mi espalda. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, y me excite. Casi no pude hablar con la cajera por mi excitación.

    El salió primero de la caja y yo lo seguí a cierta distancia. Salimos del banco y sabiendo que estaba atrás de él, se detuvo en la vereda y giró para mirarme nuevamente a los ojos.

    —¿Vamos? Me dijo sin quitarme los ojos.

    —Si. Dije como autómata, sintiéndome totalmente mojada.

    Caminamos hasta el estacionamiento del banco y yo lo seguía. Me abrió la puerta del auto, y subí. Dio la vuelta y subió. Puso en marcha el auto y lo que siguió fue un frenesí de besos de ambas partes, él a mí y yo a él. Su mano acaricio mis pechos por sobre la ropa y yo entregándome totalmente separe las piernas esperando y deseando que su mano baje a mi concha.

    En vez de hacelo, puso en marcha el auto y en silencio fuimos a un motel. Ni pensé que podría ser vista por gente que me conociera. El auto era un modelo no muy reciente, nada de alta gama. Entramos al motel, nos dieron las llaves y bajamos casi corriendo del auto para entrar en la habitación.

    Los dos nos quitamos la ropa y nos quedamos parados, uno frente al otro desnudos. Me abrazo y me dio un tremendo beso mientras sus manos acariciaban mi espalda y mis pechos. Yo fui directo a buscar su pene, ya estaba parado y bien duro, era de regular tamaño. Lo masturbaba lentamente, disfrutando hacerlo mientras él me besaba.

    Nos dejamos caer en la cama y los besos y las caricias no paraban, sus dedos fueron a mi concha y me estremecí cuando me acarició. Sin decirle nada, me subí a él haciendo un 69, los dos chupábamos como locos, me saco un orgasmo increíble, de esos que pocas veces había tenido.

    —Por favor, me volves loca. Dije cuando metió dos dedos en mi concha y siguió chupándome con todo.

    Estuvimos varios minutos hasta que me hizo acostar boca arriba y se puso sobre mí para penetrarme. Me la metió todo lo que pudo, mirándome a los ojos. Me besaba y me cogía con todo, nuestros cuerpos empezaron a mojarse por la transpiración. El olor de su piel me excitaba más todavía, olor a hombre sexual. Me saco un par de orgasmos y se salió de mi concha.

    Bajó directo a mi concha, me la chupaba en forma genial, su lengua me recorría cada pliegue y entraba llenándome de placer, yo me agarraba de las sabanas y gritaba como loca. Ni intentaba entender que hacía con ese hombre, ni porque lo hacía, solo gozaba el placer que me daba. Me regaló un orgasmo fenomenal y le pedí que se siente en el borde de la cama.

    Me subí de frente a él y metí su pija en mi concha, me movía como loca, el igual, chupándome los pezones, mordiendo mis tetas, apretando mi culo. No recuerdo haber cogido a un hombre como a él en ese momento, tomaba su cabeza y la apretaba contra mis pechos, y cuando mordisqueaba mis pezones, le arañaba la espalda sin importarme nada. Me tomó de los cabellos y tiro mi cabeza hacia atrás, para morderme el cuello con desesperación, no me importaban las seguras marcas que dejaría. Solo el placer que esos mordiscos me daban.

    Acabamos juntos, los dos gritando de placer, empapados en sudor y olor a sexo. Nos besamos con todo y nos quedamos abrazados.

    —Necesitamos una ducha. Dije y los dos fuimos al baño.

    Abrí la ducha y nos metimos. Me empujó para que apoye la espalda en los azulejos y me beso con todo. Su mano bajo a mi sexo y su boca a mis pechos. Nuestra excitación no bajaba. Tome su pija y lo masturbaba con todas mis ganas. Los dos gemíamos de placer. Me puse de espaldas a él, empinando bien el culo. Me penetro de inmediato, el agua corría por nuestros cuerpos, mis tetas contra los azulejos y mi mano en mi clítoris llevando mi excitación a la locura. El besaba mis hombros, mi nuca y me bombeaba con todas sus fuerzas. Acabo en mi concha produciéndome un orgasmo tremendo.

    —Soy Marcos. Dijo

    —Patricia. Contesté

    Nos enjabonamos mutuamente, acariciando nuestros cuerpos. Dejamos que el agua quite el jabón de nuestros cuerpos, cerramos el agua y nos pusimos unas batas de toalla.

    —¿Cerveza? Me preguntó.

    —Dale.

    Cuando las trajeron vino a la cama.

    —¿Qué carajos pasó? Le pregunte.

    —No sé. Solo te puedo decir que desde que nos cruzamos en la puerta del banco me excité, te deseaba con locura. Flechazo, o como quieras llamarle. Y cuando estábamos sentados y te miré, me di cuenta que a vos te pasaba algo similar.

    —Exactamente lo mismo. Nunca, nunca me paso algo así. Ni con mi marido. No me vas a creer pero es la primera vez que le meto los cuernos y no puedo saber porque diablos lo hice.

    —Yo tampoco, también soy casado y nunca cogí igual con otra mujer. Sos tremenda.

    —Y vos un tremendo hombre. Dije mirándolo a los ojos

    —Te sigo deseando. Me dijo.

    Lo empuje y me puse a chupar su pija con todo. El metía sus dedos en mi concha haciéndome gritar de placer en medio de la chupada.

    —Estoy muy caliente Marcos. Quiero cogerte. Te voy a coger. Dije.

    Lo monte y lo cogía con todo, directamente saltaba sobre su pija sin cesar. Él apretaba mis pechos, me tomaba de la cintura o acariciaba mis piernas, todo me excitaba más.

    —Sos hermosa, una hermosa mujer. Dijo y mi ego creció hasta el infinito.

    Tuve un par de orgasmos e hizo que me siente en su boca. Me chupaba con todo, yo apretaba mis tetas haciéndome doler de la calentura. De pronto sentí que venía otro orgasmo y tome su cabeza para enterrar su cara en mi concha, y acabe en su boca. Hizo que me de vuelta, como para hacer un 69, pero su intención era otra. Separo mis cachetes y se puso a chuparme el culo con todo. Su lengua me volvía loca como nunca antes estuve, no aguante más y me puse a chuparle la pija sin parar.

    Me salí de arriba de él, pero dejando mi culo a su alcance. Me metió dos dedos en la concha y me masturbaba con todo, los orgasmos no paraban.

    —No doy más de calentura, quiero sentirte acabar en mi boca y que me des toda tu leche para tragármela.

    —Pues volveme loco entonces. Dijo

    —Desgraciado. Dije entendiendo el mensaje.

    Me chupe dos dedos y metí uno lentamente en mi culo virgen. El seguía con los dos en mi concha. Tomo mi cabeza y la mantuvo quieta, cogiéndome la boca con todo. Yo me masturbaba el culo por primera vez en la vida y tremendo placer me daba.

    Quería volverlo totalmente loca, como yo estaba, me corrí y como pude, metí su pija en mi culo. Lentamente, disfrutando el placer increíble que por primera vez experimentaba. No me importaba el dolor, solo el placer. Estuve cabalgando un rato hasta que me di una tremenda nalgada y tuve otro orgasmo. Me bajé y volví a chupar su pija con todo, nuevamente sus dedos en mi concha y los míos en el culo, estaba insaciable, no quería parar.

    Cuando acabo en mi boca, enterramos los dos los dedos, el en mi concha y yo en mi culo. Trague toda su leche y di un grito de placer ante el más bestial orgasmo que haya tenido.

    Nos volvimos a duchar y nos sentamos en la cama.

    —¿Intercambiamos números? Le pregunte.

    —No. Si queres, en una semana, a las 15, como hoy, nos vemos en el banco.

    —Dale.

    Nos despedimos con un tremendo beso en la puerta de la habitación. Fui directo a casa a bañarme nuevamente. Me mire el cuello y por suerte no tenía marcas.

    La semana siguiente fui al banco, pero él nunca apareció. De hecho, nunca lo volví a ver. Fue mi única infidelidad. Por un lado agradezco que no haya ido, por otro, extraño al hombre que me hizo gozar como ningún otro.

  • Mamada a un payaso en silla de ruedas

    Mamada a un payaso en silla de ruedas

    Estaba en la ciudad vecina a la mía y comenzó una gran tormenta, las calles tienden a inundarse, entonces en el cruce de caminos vi a un payasito en silla de ruedas que pedía monedas, el señor tenía más o menos 40 años, en cuanto la lluvia empezó él se apresuró a irse pero las calles de esa ciudad no están adecuadas para que las personas en silla de ruedas circulen por la banqueta, entonces iba mojándose y transitando por los crecientes charcos, yo llevaba paraguas así que fui corriendo a alcanzarlo y le dije que le iba a ayudar, él aceptó y tomó el paraguas mientras yo lo empujaba.

    Me fue guiando por unas 5 cuadras hasta su casa, que era una habitación con una cama, baño y regadera, todo muy humilde, para cuando llegamos ya estábamos empapados, así que le dije que lo iba a ayudar a cambiarse para que no se fuera a enfermar, él me dijo que era suficiente ayuda ya con haberlo empujado hasta su casa, pero yo insistí, así que busqué su ropa y le ayudé a desvestirse, todo iba bien hasta que tocó quitarle los calzoncillos, que estaban empapados por cierto, yo bromeé sobre que ojalá no llegara su esposa y nos encontrara así, a lo que me respondió que su esposa lo había dejado hace años y que vivía solo.

    Entonces yo solo me quedé callado sin saber que decir, en ese momento me distraje de lo que había dicho porque justo delante de mí podía ver las partes privadas del señor, un pene de color marrón claro, con unas pelotas grandes y peludas, intenté no verlo pero no suelo ver más penes además del mío. Miré discretamente un par de veces más y yo creo que él se dio cuenta, ya que, al subir el nuevo calzón se empezaba a ver que se le estaba parando, mis mejillas se pusieron rojas y comencé a sentir calor, y sentí como mi pene también empezaba a crecer dentro de mis mojados pantalones.

    Las cosas se estaban poniendo raras e intentamos distraernos, hablando de que la tormenta no parecía detenerse, fue entonces que el señor me ofreció quedarme con él hasta que parara la lluvia, y le dije que sí, para ese momento ya le había ayudado a acostarse en su cama y me dijo que me sentará en ella, me prestó unos pantalones secos y una camisa y procedí a cambiarme y noté como al hacerlo me miraba con atención y su pene recuperaba la erección, me pidió disculpas y me dijo que lo sentía, que no podía evitarlo, yo le dije que no se preocupara, que era normal si no tenía esposa ni nadie con quién desahogarse, la verdad me estaba excitando demasiado estar ahí con él y ver su pene erecto, entonces le pregunté si él solía masturbarse, a lo que respondió que sí y me preguntó lo mismo, respondí que sí, que era lo más rico del mundo.

    Mi mente se empezó a llenar con escenas imaginarias del señor pajeandose en su silla de ruedas, con su verga dura expulsando leche, mi corazón latía rápido y fuerte, entonces me dijo que le estaban dando ganas de hacerlo ya que verme quitarle la ropa y sentir mi tacto le habían puesto muy caliente.

    Lo miré con complicidad y le dije que a mi también me había excitado y que si no se lo contaba a nadie podíamos ver que pasaba y puse mi mano sobre su pierna, él me sonrió dijo que sí.

    Lentamente subí mi mano y la coloqué sobre su bulto y el señor se estremeció y sentí como su pene palpitó erectandose más debajo de mi mano, de inmediato se empezó a desabrochar el pantalón y sacó su pene ahora erecto para que lo pudiera tocar, lo tomé con mi mano y comencé a masturbarlo, el señor puso su mano en mi mejilla y comenzó a pasar su pulgar por mis labios abriéndolos un poco cada vez, la situación era super excitante y mis labios cedían ante su insistente pulgar, fui dejando que entrara en mi boca y a succionarlo haciendo caricias con mi lengua de vez en cuando y sentí que me estaba atrayendo lentamente hacia su verga y entendí la «indirecta» lo pensé un par de segundos, le iba a chupar el pito a un señor que justo acababa de conocer.

    Me dejé llevar por el secreto y las sensaciones que sentía en ese momento y cuando me di cuenta sentí algo mucho más grande que me invadía la boca, era suave y cálido pero a la vez firme. Su mano me empujaba un poco la cabeza con fuerza haciendo que su pene me entrara unos centímetros y luego aflojaba, haciendo que cada vez que empujaba me entrara más, intentando así, que me entrara todo su pito. Su mano me empujaba primero muy lentamente pero fue acelerando conforme pasaba el tiempo, yo me dejé guiar por él y cuando me di cuenta sentí como mi nariz tocaba los bellos su pelvis y un poco más tarde mi barbilla también.

    Me decía que se la estaba chupando muy rico y que si me gustaba chupársela, le hice señas de que sí y seguí chupando, de vez en cuando me sacaba el pito de la boca y me pegaba con él en la cara pero a mi me estaba gustando mucho lo que estábamos haciendo, seguimos así unos minutos hasta que me dijo que quería venirse así que tomé su pito con una mano y lo masturbaba mientras me metía la cabeza de su pene a la boca y le hacía circuitos con la lengua, el señor me empujó hasta el fondo y se vino dentro de mi garganta, sentí como sus huevos me escupían lechazos en la pared de la garganta y no me dejaba mover la cabeza hacia atrás, sino que me dejó con su verga clavada en la garganta hasta que se había vaciado completamente dentro de mí.

    Después de unos 40 segundos que no me había dejado mover finalmente liberó mi cabeza y me pude sacar su pedazo de carne de la boca, no podía creer hasta donde había llegado con el señor, y lo peor de todo es que yo tenía ganas de chupársela otra vez, porque estaba muy excitado y me había gustado mucho darle su mamada al señor.

    Me saqué el pito súper mojado del pantalón y me empecé a masturbar como loco y sentí la mano del señor que me estaba tocando y reemplazo mi mano con la suya mientras me decía que si quería que lo hiciéramos de nuevo solo tenía que regresar cuando quisiera, le respondí que sí, que quería regresar muchas veces, esto hizo que su pito recuperara su erección y con su otra mano volvió a jalarme para que se la volviera a mamar.

    Me encantaba chupársela mientras me masturbaba una mano que no era mía, de verdad era la mejor sensación de mi vida, me sentía tan pleno, no quería que esto terminara y estaba a punto de llegar al éxtasis, me dejé llevar por el orgasmo y se la chupe con toda la fuerza y velocidad que pude mientras los dos gemíamos durísimo y terminamos al mismo tiempo, él en mi boca y yo en su mano.

    Tardamos un poco en recuperar la consciencia, lentamente me saqué su pito y me limpié con papel higiénico, la tormenta ya había pasado y era tarde, así que con un poco de pena me despedí del señor y me fui a mi casa.