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  • Penetrándome en el auto

    Penetrándome en el auto

    En mis relatos anteriores conté como a los 18 años, siendo virgen, sin haber salido con nadie, conocí a Gustavo de 40, en diez días perdí mi virginidad con él, luego pasé una noche entera en su departamento en la que tuve mi primer orgasmo y varios más.

    Cuando me acordaba todo lo que había pasado me daba cuenta que Gustavo tenía dominio sobre mi cuerpo, yo lo deseaba, sabía que había salido con varias mujeres, que tenía mucha experiencia en el sexo, el conocía como excitarme al máximo, ponerme fuego, disfrutar de mi cuerpo, hacerme gozar y acabar para después penetrarme en la forma que él quería.

    Al otro día que estuvimos toda la noche, tipo 20 horas me mando un mensaje diciéndome que en 15 minutos salía del gym y pasaba a buscarme, me puse rápidamente la mini de jean y una blusa escotada y lo esperé en la puerta del edificio. Cuando llegó subí al auto, el estaba con el short y la musculosa del gym, me dio un beso y me dijo que esa noche a las 22 tenía un compromiso pero que deseaba verme y estar conmigo aunque fuese un rato.

    Fue a un parque cercano y paró en un lugar oscuro donde estacionan autos con parejas, comenzó a acariciarme las piernas, me excité inmediatamente, deslizaba suavemente sus manos en mis piernas, yo cerraba los ojos de placer, estuvo unos momentos así, después mientras retrocedió el asiento y lo reclinó al máximo, quedé semiacostada, me sacó la blusa y el sostén y me acaricio los pechos, bajaba sus manos hasta el ombligo y luego la subía lentamente, mientras me besaba los pechos, mi cuerpo ardía y comencé a gemir, se apoderó de mis pezones, los tocaba suavemente con las con las yemas de sus dedos y luego los besaba, volvió a mis piernas, con sus dedos acariciaba el interior de mis muslos, por momentos los apretaba y volvía a hacerlo con suavidad, me mojé completamente, me saco la tanga y comenzó a deslizar sus dedos por mi sexo, lo hizo un breve tiempo, se sacó el short se estiró encima mío, se acomodó como pudo y me penetró, lo hundió totalmente, lo abracé y comenzó a moverse, entraba y salía, se detenía unos segundos y luego seguía, estuvo así mucho tiempo, sentía un fuego que me recorría todo el cuerpo lo apreté fuertemente, el lo hundió con fuerza, exploté como un volcán y acabé, el continuó penetrándome unos momentos más hasta que acabó adentro mío, sentía como su semen seguía saliendo, finalmente se relajó, me abrazó unos minutos y luego lo sacó. Volvió a su asiento, se puso el short y me dijo “quiero cogerte todos los días vos me pones loco” me besó y me dijo “ahora tengo que irme pero el domingo te voy a compensar de todo” volvió a poner el asiento normal y arrancó el auto, en el camino fui poniéndome la ropa. Cuando llegamos a la esquina del departamento detuvo el auto y me dio un beso, yo lo abracé, lo besé y me bajé. Cuando arrancaba para irse me dijo “mañana te llamo bebé preparate para el domingo”

    Cuando entre el departamento aún estaba caliente, deseaba que me hubiese seguido teniendo, me di una larga ducha y seguía excitada. Encendí la notebook, me puse a escuchar música pero seguía pensando en Gustavo.

  • Fantasía cumplida a medias

    Fantasía cumplida a medias

    Empezaré por decir que la fantasía de ver a mi esposa montada en otra verga comenzó hace casi siete años,  cuando comenzamos a leer relatos especialmente en la categoría de tríos o infidelidad consentida.

    A ella también le excitaban este tipo de relatos, pidiéndome le mostrará alguno que le llevara a volar la imaginación, haciendo que se humedeciera y pensara solo en que alguna buena verga la penetrara., Desde entonces fantaseo con verla probando una verga que no sea la mía.

    Al igual que en muchos relatos describiré a mi esposa, 31 años, rubia, ojos claros con un bello rostro, no mucho busto pero lo compensa con un muy buen culo, el cual siempre ha sido acaparador de miradas calientes de los hombres y envidia de otras mujeres, siempre viste mayormente con calzas que le resaltan aún más su apetecible culo.

    Para no alargar demasiado el relato, siempre le insinuaba y aún lo hago, que si le gustaría probar otra verga a lo cual su respuesta era afirmativa.

    Comenzó a chatear con un tipo, el cual no era de muy atractivo para ella pero que le llamo la atención la verga de este, la cual se veía grande y de un grosor considerable según me contaba.

    Cierto día me dijo que solo tenía que decirle al tipo dónde y cuando para coger, yo le dije entonces solo tienes que decirle., al día siguiente por la mañana, mientras me encontraba en el trabajo le envié un mensaje a mi esposa preguntando:

    Yo: ¿qué haces?

    Ella: ¡estaba «culeando una diligencia»!

    Yo: jajaja

    Ella: ¡en serio que no te rías!

    Yo: a ver, envíame una foto de tu vagina

    Ella: ¿para que?

    Yo: quiero ver cómo te dejó

    Ella: ¡con las ganas!,

    Insistí en que quería ver cómo le quedó su vagina, solo se reía entonces me envió una foto de su vagina perfectamente depilada para la ocasión, aludiendo a qué quedó triste, que fue la follada más triste de su vida.

    Yo: ¿dónde fue?

    Ella: ¡fue en el sillón y tuve que sacarte un preservativo ya que el tipo no trajo y quería hacerlo así nomás!

    ¡Él estaba muy nervioso que temblaba entero, me gane acostada en el sillón y él se arrodilló a besarme la vagina, aproximadamente unos 20 minutos, pero le falta experiencia, ni cosquillas me dio, fue fome, me quedo con la tuya, tu lengua es más rica, tu lo haces más rico, contigo se me eriza la piel y se me paran los pelos de la concha!

    ¡Con el tipo tuve que fingir que estaba excitada, soy buena actriz jaja!

    ¡Después de esa mamada me metió su verga afirmando el condón porque le quedaba chico!,¡Así que le dije ya mejor yo me hago arriba!

    ¡Me estaba acomodando arriba de él, sentándome un poco apretando su verga con mi concha haciendo unos pequeños movimientos, entonces él dijo que estaba muy excitado, que ya no aguantaba más y explotó dando unos gritos de placer!

    ¡Yo le dije ya listo y me salí al tiro afirmando el condón jaja!

    ¡Y se fue porque justo lo llamaron!

    ¡La tiene gruesa, solo por eso lo invite, pero creo que los nervios le jugaron una mala pasada jajaja, en pocas palabras fue la fantasía más fome!

    ¡Yo toda entusiasmada por saber que se siente otra verga y quedé con las ganas! ¡Me quedo con tu vergota y tú lengüita!

    Yo por mi parte le dije que también quedé decepcionado.

    Mi esposa me dijo ¡Quiero otra verga! Le dije que tenía que buscar, que no faltaría el que la quisiera follar.

    Ella: ¡Quiero probar otra verga, una que de verdad me de placer, con la que yo quiero sé que no pasará nada así que esperaré a que el universo me envié una verga nueva jaja!

    ¡Hay una verga que quiero probar pero está lejos, la de mi ex jefe!

    ¡Para recordar viejos tiempos en los cuales solo lo dejaba con las ganas!

    ¡Por lo menos tiene buena herramienta y era bien caliente!

    Así terminó ese chat con mi esposa de su experiencia, que aunque para ella no fue de satisfacción, igualmente quede con una sensación de excitación de imaginar los hechos.

    En resumen fue una fantasía a medias para ambos, me hubiese gustado que mi esposa hubiera dejado alguna cámara grabando para después poder ver el momento en que era poseída por otro hombre, por una verga ajena.

    Pasará algo más a futuro, no lo sé, pero si pasa espero ella pueda saciar sus ganas y pueda gozar de verdad, lo cual me llenaría también de placer.

  • El espejo mágico (Parte 5): Penetrada por un cabrón

    El espejo mágico (Parte 5): Penetrada por un cabrón

    Serían las 12 de la mañana del domingo cuando desperté junto a Paula, las dos habíamos pasado una noche de ensueño, todavía sentía sus besos sobre mi cuerpo, mi piel impregnada de su olor, el recuerdo de sus caricias, de los gemidos de placer que las dos nos regalamos cuando sentíamos nuestros cuerpos volar, de los orgasmos que tanto ella como yo nos provocamos y al abrir los ojos, lo primero que sentí fueron sus labios en los míos.

    – Buenos días, dormilona, ¿qué tal has dormido? – Me preguntaba Paula mientras me besaba.

    – Maravillosamente, ¿y tú?

    – increíblemente bien, pero me tengo que ir a Gijón hoy, me voy a duchar y si quieres te hago un hueco, es lo bastante grande para las dos.

    La sonreí desperezándome desde la cama declinando su oferta, la verdad que estaba muy a gusto allí tumbada y no me apetecía levantarme, una fina sábana tapaba mi cuerpo desnudo todavía envuelto en su perfume, además tenía que procesar una vez más todo aquello, últimamente parecía que mi vida se había convertido en un ir y venir de sensaciones. Minutos más tarde, cuando salió de la ducha se vistió y dándome un beso, se despidió de mí hasta otro día, no sin antes anotar mi teléfono en su agenda. La vi salir por la puerta mirándome y lanzándome un beso al aire, me quedé sola en la habitación mirando al techo, sonriendo hasta que empecé a mirar a mí alrededor, aquella habitación me resultaba conocida y entonces me di cuenta, y más cuando oí a Paula despedirse de alguien dándole las gracias por todo.

    – Joder…

    – Joder… joder – Estaba en la casa de Jaime, no me había dado cuenta hasta ese momento en que les oí hablar, ¿pero como no me había dado cuenta antes?, ¿pero por qué no habíamos ido a mi casa?, me hacía mil y una preguntas, me llegue a cuestionar mi estado de alcoholismo aquella noche y, sin embargo, no recordaba haber bebido prácticamente nada.

    – Joder, ¿y ahora qué? – Nuevamente me interroga a mí misma.

    – Jaime estará fuera en la cocina, quizás… quizás en el salón y entonces… ¿Qué digo?, joder que ayer me beso, joder no, que casi me folla… y ahora yo…aquí en su casa después de pasar la noche con Paula, Joder me tiene que odiar, no solo lo rechacé, sino que me acuesto con su amiga en su casa, me tiene que odiar, tiene que estar destrozado. – Sin más, de un salto fui al baño, tomé una ducha rápida y luego, luego ya veremos.

    Cuando salí de la ducha con una toalla en el pelo en forma de turbante y otra cubriéndome el cuerpo, escuche la puerta de la entrada y pensé que Jaime había salido, era mi oportunidad de escabullirme sin más, sin dar de momento ninguna explicación, me vestiría corriendo y me iría, más tarde ya hablaría con él, así que para estar segura abrí con cuidado la puerta de la habitación, mire al frente, a diestra y siniestra y parecía no haber nadie cuando…

    – ¡Vaya!, ya despertó la princesa, has dormido bien.

    En ese momento Jaime salió de la cocina con un vaso de café y mirándome a los ojos me dijo.

    – Está bien Elena…todo está bien, todo en orden…no te preocupes por mí.

    En esos momentos me sentí aliviada, las palabras de Jaime me habían tranquilizado hasta cierto punto, todavía estaba el hecho de estar en su casa desnuda con tan solo una toalla tapando mi cuerpo delante de él. Jaime llevaba un pantalón corto de deporte y tenía el torso desnudo, no podía parar de mirarle, realmente me atraía como la flor a la abeja, se le veía tan guapo que cuando se acercó a mí sonriéndome que me puse nerviosa una vez más queriendo desaparecer de allí y al llegar a mi lado me beso en la mejilla, me sonrió y se dio media vuelta ofreciéndome una taza de café.

    – Toma, como a ti te gusta Elena, te lo dejo encima de la mesa junto al mío mientras te vistes y si quieres me cuentas y hablamos un rato.

    Yo seguía de pie en la puerta de la habitación como una tonta, nerviosa, sin saber que hacer ni que decir, mis ojos se empezaban a humedecer y una lágrima empezó su corta vida recorriendo mi mejilla.

    – No, no…porque me lloras ahora, te he dicho que estoy bien, todo está bien tontina, no llores.

    Me quito la lágrima con su dedo, me beso la mejilla y me abrazo, fue entonces cuando rompí a llorar, no sé qué me pasaba, era mi amigo, mi querido amigo al que había rechazado no hacía ni 10 horas atrás, pero lloraba de alegría abrazándole yo también y entre sollozos le dije que me había comportado como una tonta, que el beso que me dio me había encanto, que cuando le sentí entrar en mi cuerpo era lo que más deseaba, pero que tenía miedo, mucho miedo, no quería hacerle daño porque había conocido a alguien…que estaba hecha un lío porque también le deseaba a él. Jaime no dijo nada, seguíamos los dos abrazados y al cabo de un rato se empezó a reír, una risa que me contagió e hizo que mi llanto se apagará, que fuera una mezcla entre lloro y risa.

    – Elena

    – Dime

    – Sabes que se te ha caído la toalla al suelo, ¿verdad?, sabes que estás todavía mojada y me estás mojando.

    – Si lo sé.

    – ¿Y?

    – No sé, es que estoy desnuda, por eso te abrazo, para que no mires.

    – Ya.

    Jaime me sujetó la cara con sus manos y me empezó a besar mis mejillas, me miro a los ojos un momento y volvió a besarme, el beso se prolongó al dejarle entrar con su lengua en mi boca, nos besamos apasionadamente una y otra vez, había deseado ese momento desde que lo encontré la noche anterior y lo eche todo a perder, pero ahora tenía una nueva oportunidad, deseaba estar entre sus brazos, que me besara, no sabía…ni podía explicar ese deseo, Steven seguía en mis pensamientos, pero no sabía si le iba a novel a ver y Jaime estaba allí, ya nada importaba, Jaime era mío y yo suya, ahora si le iba a dejar recorrer mi cuerpo con sus caricias con sus besos, si le iba a dejar entrar en mí.

    Sin dejarnos de besar, Jaime me levanto con sus manos por el culo y elevándome hasta su cintura, me llevó a su habitación besándome.

    – Elena, estás segura, de verdad que quieres, – Me preguntaba Jaime sin dejar de besar mis labios.

    Yo no cabía de felicidad, le besaba y asentía con la cabeza, le decía que por favor me hiciera suya, no me lo podía creer, estaba a punto de follarme mi amigo del alma, cierto es que ya lo había sentido, por unos segundos había sentido como su pene penetraba en mi vagina, pero algo pasó que me hizo echarme atrás, esta vez no…esta vez no me iba a echar atrás, esta vez estaba segura y no pensaba en mi historia pasada como su amigo, no pensaba ni como amiga, pensaba como mujer, una mujer liberada de sus ataduras, una mujer decidida a ser feliz y en esos momentos él me hacía feliz, hacía que mi cuerpo vibrara con sus caricias, una mujer que sentía, quería y amaba.

    Seguía con todo el cuerpo mojado, sobre todo la espalda que estaba empapada por mi pelo al haberse caído al suelo, la toalla que envolvía mi pelo, mi vagina burbujeando una vez más y sintiendo como al andar Jaime me iba rozando con sus dedos los labios vaginales por debajo del culo, uno de sus dedos se metía en mi coño notando la humedad, el calor del interior de mi vagina y mi clítoris se frotaba con su vientre plano y musculoso. Al llegar, al filo de la cama, me soltó suavemente en ella, subiéndome hasta dar con mi cabeza el cabecero, secuestrando mis pezones entre sus labios, recorriendo mis areolas con su lengua haciéndome cerrar los ojos y morderme los labios con los dientes lascivamente, quería más, necesitaba más, le necesitaba dentro de mí, que sus caricias se trasladaran a mi interior con su pene frotando todas mis paredes vaginales, quería gemir, quería gritar de placer en su oído.

    Jaime se incorporó sin dejar de mirarme, sin dejar de hacerme el amor con sus ojos, mi cuerpo culebreaba llamándole queriendo embrujarle, viendo como se empezaba a quitar los pantalones quedándose desnudo encima de mí, su pene erguido, duro como una piedra, enseguida se tumbó encima de mí abriéndome las piernas, le rodee con mis piernas las suyas sin dejarle escapar, sintiendo como su pene golpeaba el interior de mis muslos, estaba tan mojada en mi interior, que nada más sentir su pene en la abertura de mi vagina, empezó a deslizarse dentro de mí, separando mis labios hinchados y metiéndomela hasta el fondo, llenando mi vagina de su polla y de gemidos en mi boca.

    Jaime se incorporó separando su cuerpo del mío y liberando mis pechos, sujetándose con las manos, hundiéndolas en el colchón de la cama, me miraba fijamente, clavando sus ojos a los míos, observando como mi rostro cambia, como mi boca se abría inhalando una bocanada de aire seguido de un gemido casi sordo cuando con su pelvis empujaba su pene dentro de mí, abriendo mi vagina y deslizándose suavemente por ella. Casi sin esfuerzo me iba llenando y su pene sentía el calor de mi interior, mi vagina se deshacía como la mantequilla, al penetrar un cuchillo salido del fuego, se deslizaba dentro de mí sin oposición alguna. Ninguno de los dos esperamos aquel inmenso placer cuando me penetro y su cara también era el reflejo de lo que a mi me pasaba, era fiel reflejo de la mía, mi cabeza se movía de un lado a otro cerrando los ojos y gimiendo en cada penetración, estaba tan mojada que sabía que al sacar su pene saldría pintado de blanco, sacaría al exterior el flujo que hacía tiempo me había llenado la vagina.

    Era maravilloso tenerle dentro de mí, nos mirábamos a la cara mientras seguía penetrándome, con un giro de su cuerpo sin sacar el pene de mi vagina, Jaime se puso debajo de mí, a horcajadas sobre él, empecé a subir y bajar mi cuerpo, moviendo mis caderas que se acompasaban con sus manos las cuales me sujetaban con fuerza, Jaime turnaba las caricias entre mis caderas y mis pechos y nuestros gemidos se unían en un compás de música, mi cuerpo se vencía sobre él tapándole la cara con mi pelo, observando en primer plano como su rostro cambiaba al sentir como mi cuerpo caía sobre su pene hundiendo su sexo en el mío tan profundo que no tarde en dar pequeños gritos de placer, me recosté sobre él y empecé a besarle, nuestras lenguas empezaron a bailar, y hacerme chillar de verdad cuando elevo su pelvis y empezó a empujar su polla dentro de mi coño a gran velocidad.

    Mientras me besaba, con cada estocada soltaba un grito de placer, mientras mordía mis labios inertes, con cada penetración salían de mí gemidos sordos en sus labios, mientras me besaba, estaba tan excitada que sabía que no iba a poder aguantar más y con la voz quebrada, con la voz entrecortada se lo avisaba.

    – Jaime, me corro, me corro, quiero que te corras conmigo, sigue…sigue, quiero que te corras dentro de mí, sigue…así…así…mmm…ya…ya…ahh mi amor ya…

    Me incorporé nuevamente botando sobre su polla que entraba y salía, apretaba con mis manos mis pechos con el rostro desencajado por el placer, inundamos de sonidos deliciosos que rebotaban como si fuera un eco interminable en la habitación, jadeos, gemidos…gritos, el sonido de los muelles de cama al subir y bajar de golpe sobre él, el sonido acuoso de su polla al hundirse en mi coño, con nuestra piel mojada por el flujo que ya salía por mi vagina, eché el cuerpo hacia atrás agarrándole con mis manos sus piernas y seguía con los movimientos de mi cadera adelante y atrás que hacían que su polla me llenara entera la vagina, las manos de Jaime apretaban fuerte mis muslos clavándome las uñas a la vez que yo apretaba sus piernas, luego las sábanas y no paraba de decirle

    – Ya…ya…ya.

    Jaime explotó con un grito de placer y empezó a eyacular dentro de mí, notaba los chorros calientes disparados en el interior de mi vagina, una ola de calor empezó a recorrer mi cuerpo, mi coño se llenó de su semen y de mis flujos, estaba teniendo un maravilloso orgasmo que había paralizado mis movimientos de cadera, que había provocado que mi vientre me ardiera y mis piernas temblaran. Cuando Jaime sacó su pene de mi vagina, antes de caer rendida a su lado, todos los fluidos resbalaron saliendo por mi vagina, empapando su cuerpo y mojando las sábanas, yo estaba feliz y no podía más que sonreír, Jaime me había follado.

    Estuvimos un rato tumbados sin decirnos nada, tenía mi cabeza sobre su pecho mientras acariciaba con mis dedos su estómago, él me besaba la frente y el pelo, hasta que me dijo.

    – Ya…

    – Ya que… – Le pregunté mirándole a los ojos.

    – Qué quieres decir con ya. – Volví a preguntarle

    – Que si quieres podemos probar otra vez…a ver qué tal. – Le miré sonriendo mientras mi mano iba en busca su polla que estaba otra vez tan dura como una piedra y mientras se la abrazaba con mi mano con un movimiento arriba y abajo le conteste.

    – Segundo asalto.

    Me incorporé y empecé a lamer todo el tronco de su polla, succionando su glande y recorriéndolo con mi lengua, Jaime gemía y agarraba mi cabeza apretándola contra su polla y de pronto, me gritó soezmente, me cogió con fuerza poniéndome a cuatro patas mientras seguía gritándome con una voz muy desagradable.

    – Chúpala bien puta, métela hasta tu puta garganta zorra.

    – Ven aquí zorrita que te la voy a meter hasta el fondo como a ti degusta, para que grites como la puta que eres.

    Aquellas palabras me atravesaron de un lado a otro causándome gran dolor, mientras me la metía sin previo aviso, incluso haciéndome daño al entrar, recordaba las veces en las que Jaime me contaba como se había follado a tantas chicas en mi casa o en mi coche y como una vez folladas las despreciaba echándolas con prisas de su casa a la que llamaba el picadero. No dejaba de pensar mientras le oía gemir como un oso cada vez que empujaba y me penetraba, ahora era yo quien en esos momentos estaba en su picadero, el castillo de felicidad en el que me había instalado se derrumbó de repente como un castillo de naipes y mi corazón se partió en dos.

    Jaime seguía fallándome con brusquedad, empujando con fuerza y aunque yo estaba todavía algo mojada, me hacía daño, no parecía él, ¿qué había pasado?, dónde estaba el chico cariñoso de antes del que creía estar enamorada, Jaime seguía metiéndola y pretendía que gritara dándome azotes en el culo.

    – Grita putita, grita para mí, venga zorra, grita más alto.

    – Te gusta así verdad puta

    – Pero que coño que tienes putita, joder cuantas pollas te habrán follado zorra, te gusta que te la metan así verdad guarrilla.

    La sacaba y lamiéndose la mano, la pasaba bruscamente por todo mi coño para luego volver a meter su polla de un solo empujón hasta el fondo de mi coño, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera de bruces en la cama.

    – Te gusta puta, a que te gusta putita, chilla para papi.

    No podría decir que no sintiera nada, todo lo contrario el placer era máximo, le sentía entrar y salir causándome una vez más y a pesar de todo, a pesar de la brusquedad de cómo me estaba follando un gran placer y ya estaba casi a punto de tener otro orgasmo cuando Jaime, sin importarle nada, sin importarle nada más que él mismo, sacó su polla con rapidez y dándome la vuelta bruscamente me la metió en la boca para que así se la comiera mientras se corría, sentí como el mundo se había derrumbado bajo mis pies, notaba su semen golpeando mi boca y tragaba su semen oyéndole decir.

    – Wow puta, pero que bien la comes, venga trágatelo todo zorra que sé que te gusta, pero que guarra eres joder.

    Nada más terminar, Jaime se levantó de la cama, todavía con algunas gotas de semen en la polla, me miró y me dio un cachete en el culo.

    – Te has portado bien Elenita, pero que zorra eres joder, nena, si lo llego a saber antes, te habría follado hace años, eres un 8, bueno un 9. – Y de esa forma chulesca abrió la puerta del baño para ducharse y me dejó llorando en la cama.

    Empecé a recordar aquellos días con Steven, aquella noche que me hizo sentir de verdad, me reconfortaba pensar en él y aun así quería hablar con Jaime, a pesar de lo que había pasada quería hablar con él, era mi amigo, ya fuera hombre o mujer, le conocía, estaba dispuesta a darle el beneficio de la duda a pesar de todo, le había ofrecido mi corazón y lo había regalado por un polvo.

    Jaime salió ya vestido del baño, yo le esperaba sentada en la cama abrazando mis rodillas, pero no me dio ni un minuto de su atención, según salió me dijo que había quedado, que cuando me fuera cerrara bien la puerta, nada ni una mirada de arrepentimiento, me trataba como a cualquier chica, una muesca más, me sentía utilizada, sucia, me sentía…me sentía como una puta.

    Antes de que se marchara, me levanté de un salto y le dije que era un cabrón, que no se preocupase, que le cerraría bien la puerta y que la cerraría para siempre, recogí mi ropa y sin decir nada me marche, pase unos días sin salir de casa, meditando y llorando continuamente, era como haber perdido algo, un amante, un amor, un amigo…al que pensaba conocer. Sabía que Jaime era mujeriego, pero hasta ese extremo, ¿y conmigo?, nos conocíamos de toda la vida, aunque es cierto lo conocía como hombre y no como mujer, aun así, que engañada había estado toda la vida, me había partido el corazón.

    Una semana más tarde, estaba nuevamente en aquel pueblo de Cádiz, donde había pasado unos días maravillosos con Steven, recorría el pueblo, me paraba en cada rincón de la casa, ahora vacía echándole de menos, empecé a darme cuenta del gran cariño que había nacido allí, había estado tan ciega, pero al final tomé una decisión, no sé si buena o mala, acertada o equivocada.

    De nuevo en Valencia, había tomado una decisión importante, por lo menos para mí, para mi futuro, lo primero que hice fue ocuparme de algo que debería haber hecho hace muchísimo tiempo, quitarle las llaves a Jaime de todas mis casas, del coche con el que tanto fardaba e inmediatamente hacia una maleta con lo necesario, no muy grande lo justo para poder cambiarme uno o dos días y alquilaba un avión privado, estaba decidida, no sabía lo que me costaría, no sabía el tiempo ni tan siquiera lo que encontraría al llegar, pero tenía que intentarlo, iba en busca de Steven.

    Steven, era pronunciar su nombre y venían a mí todos los recuerdos de los días que pasamos juntos, de las noches envueltos en caricias y besos, todavía me acordaba del olor de su perfume, todavía notaba como me rodeaba con sus brazos y como me cubría con su cuerpo hasta terminar haciéndome el amor. El tiempo se me echaba encima y tenía que salir ya de casa cuando sonó mi teléfono, no sabía quién podía ser, pero no me podía entretener, lo deje sonar hasta que se silenció y una vez más volvió a sonar y después otra, era un número desconocido al que por mucho que sonara no lo iba a contestar y así, con el teléfono sonando una y otra vez en mi bolso abrí la puerta de casa.

    El silencio se hizo visible al abrir la puerta, el teléfono enmudeció, realmente todo quedó en silencio, fueron solo unos segundos en los que el tiempo se paró, empecé a temblar por dentro, mis ojos se empezaban a inundar y sin tiempo para decir nada ya estaba abrazada a él, Steven estaba frente a mi puerta con un teléfono en la mano, nada, ni una palabra, solo el sonido de los besos envolvía el silencio del pasillo. Hoy en día todavía hay quien dice que si pones atención podrás oír los gemidos de placer, de amor que aún se cuelan por debajo de la puerta de aquella casa ahora vacía.

    Un año después mi cuerpo era acunado por las aguas tranquilas y cristalinas en alguna parte del mundo, un velero blanco con el nombre de aquel pueblo gaditano donde nos conocimos era ahora de momento mi hogar junto a Steven, mi cuerpo bañado por el sol calentando una pequeña tripa incipiente y dejando las marcas de mi bikini azul y en mi mano un pequeño espejo, lo miraba en silencio, lo tocaba y acariciaba, leía parte de la inscripción que tenía incrustada y cerraba los ojos recordando días pasados, días en los que no era feliz atrapado en una vida monótona, pero ahora…ahora mi felicidad era inmensa, todo mi mundo había cambio, ya me costaba recordar y realmente solo quería olvidar, me gustaba lo que había elegido, ser mujer, ser la compañera de un hombre maravilloso, de la madre de sus hijos.

    Me puse de pie, miré por última vez aquel espejo y lo lancé con fuerza al inmenso océano que nos rodeaba, Steven al verme me pregunto que había hecho, que había tirado.

    – Las cadenas de mi pasado y lo que supuso mi libertad.

  • La cabrona

    La cabrona

    Reconozco que fui una cabrona, pero lamentarse ahora tampoco tiene demasiado sentido. Me casé hace 25 años con un divorciado. Roberto era uno de los tipos más populares de mi pequeña ciudad. Atractivo, simpático, carismático y un más que reputado empresario de la noche. Regentaba el mejor bar de copas de la zona. Con 30 años, 5 más que yo, me proponía matrimonio y yo aceptaba. El primero había fracasado estrepitosamente por distintas razones. La juventud de ambos y la vida nocturna de Roberto no casaban nada bien con la vida marital. De esta manera el divorcio fue la única salida y la hija de ambos la principal damnificada.

    Nuestros primeros años de vida en común fueron fabulosos. Yo estaba enamoradisima y él se entregaba en cuerpo y alma a nuestro proyecto juntos. Disfrutábamos de la vida a tope, viajábamos por todo el mundo. Nos divertíamos, éramos populares entre nuestros amigos. Todo era idílico en nuestro matrimonio.

    Cristina, la hija de mi marido, pasó los primeros años con su madre pero la adolescencia fue una constante guerra entre ellas, lo que provocó que viniera a vivir con nosotros. Roberto sentía adoración por su hija y yo sentía un cariño especial por ella. Aunque nunca me había planteado la maternidad por lo que mentiría si dijera que la quería como a una hija. La cuestión es que nos respetábamos y queríamos al mismo hombre, cada una a su manera.

    Pero el paso de los años fue desgastando el matrimonio hasta hacerlo caer en la rutina. Roberto empezó a perder su atractivo físico, alopecia, algún kilo de más, al tiempo que yo me agarraba a mi «juventud» a base de tonificarme en el gym. Llegó un momento en que parecía estar más cercana a la edad de mi hijastra Cristina que a la de mi marido Roberto.

    A mis 49 años lucía un cuerpo espectacular. Piernas torneadas y culo duro, lo que en conjunto hacía que rellenase los vaqueros o leggings de manera espectacular. Un vientre plano que solía lucir a menudo con tops y dónde destacaba un piercings en el ombligo. Mis tetas de talla 100 seguían ganando la guerra a la gravedad ayudadas por no haber parido ni amamantado nunca. Todo esto me permitía seguir usando unos escotes de vértigo. Mi melena azabache enmarcaba una cara de rasgos angulosos, ojos negros y labios carnosos. Roberto siempre me decía que tenía un atractivo sexual animal. Desprendía sensualidad a cada paso. Yo lo sabía y me gustaba explotarlo… Era una calienta pollas…

    Para entonces Cristina había superado la adolescencia y vivía aún con nosotros. Se había convertido en una chica muy mona. Rubita, delicada y con un cuerpo de gimnasta que la acercaba a lo que se conoce como una Lolita. A los 20 años nos presentó a su novio. Jona era un auténtico monumento. Con 23 años tenía sus 193 centímetros de anatomía cincelados en mármol. Moreno de mirada profunda y perfil griego había hecho sus pinitos como modelo. Desde el primer momento quedé maravillada con aquel adonis. Al punto de fantasear con él en algunas de mis frecuentes pajas y, ya, escasos polvos con Roberto.

    Durante meses Jona estuvo entrenado en casa como el novio oficial de Cristina. Meses en los que me sentía cada vez más atraída. Nuestra relación fue muy estrecha desde el primer día y yo me mostraba como una «suegra» entregada a que la relación llegase a buen puerto. Los apoyaba en sus decisiones, a veces ante la oposición de Roberto. Cristina vio en mi a su principal apoyo y nuestro vínculo se estrechó también.

    En verano, en nuestra piscina, siempre de manera disimulada tras unas grandes gafas de D&G, me recreaba en el espectacular cuerpo de Jona. Él se dejaba ver, saliendo del agua por el lado más cercano a mi. Era impresionante ver emerger aquel cuerpo perfecto, apoyado sobre sus fuertes brazos, mientras el agua resbalaba por todo él. Quedaba de pie ante mi luciendo un abdomen definido y un generoso paquete atrapado en un bañador ceñido de nadador olímpico. Me miraba con media sonrisa antes de pedirme una toalla. Yo se la entregaba lentamente, sin dejar de escrutarlo y notando como la humedad de mi coño mojaba mi bikini tipo tanga.

    Al año, Cristina y Jona anunciaron que se irían a vivir juntos. Lo que reducía bastante las posibilidades de seguir calentándome el coño con la excitante presencia del novio de la hija de mi marido. Pero para mi sorpresa, éste decidió matricularse en el mismo gym al que yo asistía. La cosa ahí fue a peor. Yo hacía coincidir mis horarios con los suyos y así poder verlo en plena acción. Me resultaba irresistible ver a Jona trabajar su físico en aquellas máquinas. Sus brazos levantando pesas, su espalda tensándose en pleno ejercicio, sus piernas marcadas ante el esfuerzo. Me excitaba ver cómo empapaba en sudor su camiseta de tirantes.

    Por mi parte, reduje la talla de mis mallas deportivas haciendo que mi coño se marcase de manera provocativa. El top difícilmente podía contener el volumen de mis tetas y mis pezones se marcaban constantemente en la prenda. Además siempre rondaba alrededor de Jona con la excusa de que me aconsejase a la hora de hacer algunos ejercicios.

    Aquella mañana me sentía especialmente cachonda. Llevaba casi un mes sin practicar sexo con mi marido y la visión diaria de aquellos cuerpos de gimnasio hacía estragos en mi libido. Cuando Jona se marchó a los vestuarios yo aún me quedé un rato para terminar unos ejercicios. Cuando él salió yo estaba a punto de salir por la puerta. Había decidido ducharme en casa. Yo bebía directamente de una botella de agua cuando el chico me ofreció llevarme. Un poco de agua se escapó por la comisura de mis labios y, a modo de pequeños hilillos, descendieron por mi cuello y se perdieron entre mis tetas. Yo sentía la profunda mirada de Jona en mi escote.

    El aroma a fresco y limpio del hombre inundaba el habitáculo de su Seat Leon y contrastaba con mi aspecto de deportista sudada. Sentía como mi coño caliente dejaba un rastro de humedad en mi tanga hasta marcarse perfectamente en mis mallas. Hicimos el recorrido comentando algunas anécdotas del gym y reímos. Al llegar le ofrecí que entrara a beber algo mientras yo me duchaba. Jona pasó a la cocina en busca de una cerveza mientras yo subía a mi dormitorio en busca de aplacar mi calor con una ducha fría.

    Bajo la alcachofa, dejaba que el agua relajase mi cuerpo aún en tensión por el ejercicio y mis pensamientos perversos. Mientras mi fantasía me traicionaba con explícitas escenas sexuales en las que Jona era protagonista mi boca repetía que era una locura. En ese momento se abrió la puerta del baño. No me lo podía creer. Era Jona totalmente desnudo. Lo único que me falta por ver de su anatomía era una polla de buen tamaño, en la que se marcaban las venas de manera provocativa y cuyo capullo en forma de bola, de color rojo intenso, apuntaba al cielo pegado a su cuerpo. En una rápida comparación mental, la de mi marido perdía por mucho. Sobre todo en el poder de la erección. Ésta golpeba el cuerpo del hombre, la de mi marido no alcanzaba los 90° con respecto al suelo.

    -Te estaba esperando.

    Fue lo único que acerté a decir cuando Jona comenzó a caminar hacia mi. Yo de pie, en el plato de ducha recibí encantada el cuerpo del novio de mi hijastra. Se pegó a mí y me besó metiéndome la lengua muy dentro. Sabía a cerveza. Su polla erecta quedó aprisionada entre nuestros cuerpos. Sus manos recorrieron mi cuerpo hasta posarse en mis nalgas y masajearlas. Las mías intentaron abarcar su anchura y recorrí su definida musculatura hasta agarrarme a sus glúteos. Estaban duros como piedras. Subí de nuevo por su zona lumbar antes de acariciar sus pectorales y rodear cada uno de sus abdominales.

    Por fin agarré su polla. Era caliente, dura, gorda. Al acariciarla podía notar cada una de las venas que se le marcaban. Comencé a masturbarlo lentamente al tiempo que le miraba y me mordía el labio inferior. En ese momento mi mente no funcionaba con claridad. No me planteé la diferencia de edad, yo le sacaba 26 años, era el prometido de la hija de mi marido, ni siquiera que estaba cometiendo la peor infidelidad posible. Lo único que quería era aquella polla.

    Jona tomó las riendas. Manejó mi 164 cm de altura como el que maneja a un juguete. Me giró contra la pared, retiró mi melena y acariciándome el coño desde atrás me susurró al oído:

    -Quiero follarte desde el día en que te conocí.

    Para entonces mi coño palpitaba deseoso de ser penetrado. Jona acarició mi espalda bajo el agua que caía de la ducha. Luego me cogió las tetas. Sentir las grandes manos de aquel hombre sobar mi pecho, y pellizcar mis pezones gordos, era muy excitante. Después su mano recorrió mi barriga plana y definida hasta posarse en mi coño donde jugó unos segundos antes de abrirlo para colocar su capullo.

    El primer puntazo hizo que me estremeciera. Hacía mucho que no follaba y la dureza de aquella polla era desconocida para mi vagina. Un segundo puntazo me obligó a ponerme de puntillas. El empuje de Jona era bestial y conseguía levantarme del suelo. Un tercer puntazo hizo que me estrellara contra la pared. Mis tetas se apretaban contra los azulejos y mis manos apoyadas en la pared impedían que me empotrase contra ella. Jona me estaba follando como un animal en celo. Su polla no pedía permiso para invadir mi sexo y alcanzar una profundidad que no recordaba. Como pude cogí la alcachofa y dirigí el chorro contra mi clítoris mientras era brutalmente follada por aquel chico joven.

    Grité cuando el orgasmo se me vino encima. Mis piernas me flaquearon y quedé en pie por el empuje de la polla del novio de mi hijastra Cristina. El tipo tensó su cuerpo antes de salir de mi interior y terminar de correrse en mi espalda y mis nalgas. Perdí la cuenta de los chorros de lefa caliente que impactaron en mi cuerpo. Sentí la fuerza juvenil del semental que me acaba de follar.

    Lejos de terminar ahí, la locura continuó. De haber sido mínimamente prudentes no hubiese sido ningún problema pero en ese momento éramos dos fuerzas de la naturaleza atraídos de manera inconscientes por nuestros más primarios instintos. Tras secarnos acabamos en mi cama de matrimonio. Yo sentada a horcajas sobre Jona. De nuevo empalada por el poderoso miembro de él. Con mi melena húmeda cayendo por mi espalda, yo botaba sobre él que me mordía los pezones y me rodeaba con sus brazos.

    Yo tenía la cabeza echada hacia atrás sintiendo la saliva caliente del joven recorrer desde mi cuello hasta mis tetas. Sus dientes provocándome un placentero dolor al clavarse en mis pezones. Sus manos me agarraban las tetas, acariciaban mi espalda o azotaban mi culo indistintamente. De repente volvió a salir el animal que era Jona. Sin esfuerzo me volteó. Me colocó boca arriba y se tumbó sobre mí. Yo le recibí con las piernas abiertas. Me penetró de un golpe seco de cadera, arrancándome un profundo gemido de placer. Clavé mis uñas en sus hombros cuando comenzó a bombear como una bestia. Yo gritaba de manera incontrolada al sentirme totalmente ocupada.

    Levantó mis piernas para colocarlas sobre sus hombros y no dejó de percutir contra mi coño rasurado. Mis tetas se movían a cada golpe de cadera de Jona. Me estaba destrozando. Sentía su polla clavarse en mi cerviz. Me estaba echando el mejor polvazo de mi vida.

    Antes de correrse salió de mi y se colocó a horcajadas sobre mi cuerpo. Comenzó a masturbarse. La visión que tenía era excitante. Un joven de cuerpo escultural se pajeaba la polla a escasos centímetros de mi cara. Me tenía inmovilizada. Me tenía a su merced. Podría haber hecho lo que hubiese querido conmigo. Yo le animaba a que se corrieses sobre mí:

    – Hazlo cabrón. Córrete en mis tetas. Échamelo en la cara.

    Jona volvió a gritar, como en la ducha, anunciando su orgasmo y su polla empezó a disparar indiscriminadamente contra mi. Sus corridas eran exageradamente abundantes. Varios de sus chorros impactaron en mi morbosa cara. Yo abrí la boca para tragar. La textura viscosa de su lechada quedó en mi lengua. También tuvo reservas para regarme las tetas. Mis grandes aureolas de color marrón claro quedaron totalmente cubiertas de blanco.

    Tuve que volver a ducharme. Salí desnuda del baño y me encontré a Jona tumbado en la cama con su brazo izquierdo bajo la cabeza. En esta postura se le marcaba el bíceps y mi coño reaccionó. Me tumbé junto a él y le di un pico en los labios. No me podía creer lo que había pasado. Me acaba de follar al novio de mi hijastra en la misma cama que compartía con mi marido. Era una puta locura…pero era la puta locura más morbosa de mi vida.

    Comencé a recorrer con mis dedos su torso y su abdomen. El niño estaba de escándalo. En mi vida había tenido la oportunidad de follarme semejante cuerpo. Jugué con mis dedos delimitando sus abdominales. Rodeé su ombligo y seguí bajando en busca de su polla que se mostraba morcillona y tumbada hacia mi lado. Nos mirábamos y nos besamos levemente. Agarré su polla que pronto comenzó a crecer en mi mano. Me sorprendí de la capacidad de recuperación de un joven de 24 años y con tono físico envidiable. Comencé a masturbarlo al tiempo que le mordía los labios y le comía la boca.

    De repente se abrió la puerta del dormitorio. Ante nosotros Cristina, la hija de mi marido, mi hijastra, la novia de Jona. Quedé perpleja apretando la polla de su chico. Él, supongo que en un acto reflejo mitad miedo mitad excitación, soltó otra corrida. Un gran disparo de semen voló por los aires y aterrizó sobre sus propios abdominales. Cristina vociferó:

    -Hijos de puta. ¿Qué coño estáis haciendo? -Nos lanzó su móvil, que era lo único que tenía a mano (de haber tenido un arma nos habría liquidado)- Eres un cabrón, podría ser tu madre, asqueroso de mierda. ¿Y tú? puta zorra ¿No te da vergüenza? ¿Ponerle los cuernos a tu marido con el novio de su hija?

    La situación era incontrolable por embarazosa y violenta. La niña tenía razón. Yo era una puta zorra que me había encamado con mi propio yerno. Cristina seguía gritándonos e insultándonos mientras Jona y yo intentábamos recordar donde estaba nuestra ropa. La mía estaba en el cesto de la ropa sucia con lo que tuve que buscar un albornoz. Peor era la situación de Jona. La suya había quedado tirada en el salón cuando subió a meterse en la ducha conmigo. Tuvo que pasar, totalmente desnudo, junto a Cristina que no dudó en lanzarle puñetazos y patadas que su novio ni siquiera esquivó. Los aceptó como castigo y despedida.

    Desde el dormitorio oímos un portazo cuando se largó del lugar del crimen. En casa quedamos Cristina y yo en una de las peores experiencias que me ha tocado vivir. Estaba claro que aquel era el fin de mi matrimonio. Era imposible salvar la situación. Y es que esto no había sido una infidelidad al uso. Le había puesto los cuernos a mi marido con el novio de su hija. Era muy fuerte. Casi demencial. Me encerré en el baño mientras Cristina me insultaba sin descanso. Mi temor era que llegase Roberto. Yo estaba decidida a largarme de la casa antes de eso pero su hija me tenía «retenida»…

  • Mi esposa era una puta y no lo sabía

    Mi esposa era una puta y no lo sabía

    Me había casado hace 8 meses con Isidora, vivíamos juntos hace como 2 años. Isidora tiene 30 años, misma edad que la mía. Ella ya era una mujer que vivía de sus ahorros que llegó a juntar cuando trabaja en una multinacional con un cargo de directora, según lo que me contó, había sido con mucho esfuerzo y trabajo duro, le gustaba pagar todas las cosas con mucho dinero en efectivo, nunca usaba tarjetas. Isidora, que la llamaré Isi en el relato para abreviar su nombre, tal como le dicen sus amistades. Isi, es una mujer con un cuerpo encantador, bien menuda con una pequeña cintura, tenía curvas perfectas, con unas tetas bien paraditas y redondas, ayudadas por sus siliconas y operaciones, una colita hecha a mano, glúteos tonificados por sus ejercicios en el gym. Se vestía con ropas muy glamorosas, de marcas exclusivas y de lujo, entre ellas Gucci, Louis Vuitton, Chanel y Hermes. Siempre usaba unos jeans o calzas pero siempre ajustadas, como si su trasero explotara por lo apretado que eran, además unos escotes o blusas que marcaban sus senos grandiosos, lo acompañaban siempre unos tacos altos muy estilosos. Por lo rica que era y es Isi, con su cuerpo a medidas, su boca con unos labios bien gruesos, que te calientan sólo en mirarlos, una cara bien estirada para su edad y una nariz muy bonita entre todos sus atributos, unos ojos café y pelo oscuro, a pesar de una piel blanca pero muy sensual y sexi. Muchos hombres la miraban con deseos e inclusos amigos me decían que se vestía como una puta muy rica.

    Con Isi, nos fuimos de vacaciones a la playa, a un lugar que queda a 5 horas de vuelo de nuestra casa. Viajamos un sábado en la mañana y nos devolvíamos un jueves en la tarde, puesto que yo tenía que hacer una presentación muy importante a la gerencia el viernes. Como ella no trabajaba, aceptó y disfrutamos esos días de amor. El sexo que teníamos era muy normal, ella siempre fue una princesa, no le gustaba los sexos orales ni tampoco recibirlos, menos sexo anal y tampoco me dejaba chupar sus pezones, podía sólo tocarlos con las manos suavemente y tocar su cola con la misma intención, jamás nalguear sus glúteos ni tampoco apretones, si hacíamos sexo vaginal en todas las posiciones y con muchos besos bucales de todo tipo. Cabe mencionar que estos últimos eran exquisitos y calentones.

    Esa semana de vacaciones hicimos mucho sexo, tenía una ropa íntima muy sensual: tangas, colaless e hilos dentales de todos los tipos y modelos. Era un miércoles y la cabaña que arrendamos le faltaba sal, queríamos preparar unos ricas papas fritas para la hora de almuerzo. Así que Isi decidió ir a pedir sal al dueño del lugar que vivía en la cabaña colindante en el mismo condominio. Se arregló, se maquilló, se puso unos jeans celestes muy apretados y ajustados y una blusa con escote de color blanco, además llevaba unas tangas negras, tacos altos a pesar de que estábamos en la playa. Se puso mucho labial, lo que se veían muy corneteros, como una puta y zorra. Sale en búsqueda de sal, justos antes toma sus lentes de sol de marca Gucci y me dice: «Amor, voy por la sal, me demoro 5 minutos y cuando vuelva hacemos el amor».

    Caminando y moviendo el poto de lado a lado, llega a la puerta de Felipe, dueño de las cabañas, yo los veo desde la ventana. Abre la puerta Felipe cuando toca el timbre mi esposa, le queda mirando de arriba a abajo. Le dice algo que no escucho por lo lejos y por la ventana que me limita el audio. Felipe le pasa unos billetes que lo cuenta Isi al frente de él y se los guarda, Isi se levanta la blusa y le muestra las tetas, Felipe se las toca con las manos, y después con su boca se las empieza a chupar. Mi señora mira de lado a lado, observa que nadie los observa y saca una risa picarona. Él continúa chupándole las tetas, se detiene, le dice algo y ella le responde, Felipe le entrega otro dinero en efectivo que Isi los guarda nuevamente en su cartera. Él le da la pasada al interior de la casa, mi mujer antes de entrar se detiene en la puerta y se agacha sacando su poto hacia afuera, luciendo lo apretado que le quedan esos jeans, le mueve la cola a Felipe y él la da una nalgada bien fuerte que se escucha hasta donde estaba. Ambos entran y cierran la puerta de entrada.

    Me da un escalofrío, quedo tembloroso, reacciono y salgo rápido, corro para no perderme ninguna escena, busco una ventana que no tenga cortinas y por suerte la encuentro. Me asomo, sin que nadie me pueda ver, atisbo a mi mujer arrodillada, todavía con toda la ropa puesta del torso hacia los pies, sin embargo la parte delantera ya no estaba, tampoco tenía sus lentes de sol, tenía sus hermosas tetas al aire mientras le chupaba la verga de Felipe, se la comía con muchas ganas, mientras que él estaba sentado muy cómodo en un sillón grande. Ella le succionaba toda la verga una y otra vez, mientras que él exclamaba y gozaba, le decía a ella que era muy puta. Seguía chupando la verga grandota de Felipe que claramente era más grande que la mía. Ella era una experta chupando con sus labios carnosos, mientras las manos le agarraba las bolas. Habrán pasado 15 minutos, en esa misma posición, hasta que él le dice que está a punto de irse, mientras que ella lo tenía en su boca su verga, acaba en la boca de mi mujer, y le tira el resto del semen en las tetas, ella para no perder ningún resto se la come de nuevo, aspira todo para no dejar nada y se traga hasta el último residuo de leche. Mi mujer le sonríe y le dice a Felipe que estuvo muy rico. Felipe le dice a mi mujer que mañana jueves en la noche nos vemos para que sigas con tu trabajo, ella asiente con su cabeza y se despiden con un pequeño beso en la boca.

    Corro para que no se dé cuenta Isi que había presenciado toda la escena, llego antes que ella. Me hago el tonto cuando entra, ella ya estaba de nuevo ya maquillada y arreglada, me dice que Felipe no tenía sal para convidarnos y dijo que fuésemos a comprarla al centro. Yo le pregunto por sus lentes de sol, ella se hace la tonta y dice que había salido sin ellos, y se me acerca y me dice que hagamos el amor. Yo tontamente acepto, como la tenía bien paradita y dura, hicimos el amor. Pasó el día y noche, sin preguntarle nada sobre lo acontecido. Llegó el jueves y nos teníamos que tomar el vuelo, nos venían a buscar en unos 15 minutos, estábamos todo listo con los bolsos armados. Sabía que Isidora me tenía que decir algo, porque había escuchado el día anterior que tenía que terminar un trabajo pendiente con Felipe, hasta que la mentirosa y puta de mi mujer me dice: «Amor no encuentro la identificación personal para viajar, creo que se me quedó en el lugar donde compramos», continúa su excusa, «no voy a poder viajar contigo hoy, anda amor que me quedaré hasta mañana, tu tienes que ir a trabajar, yo me quedaré acá». Yo no dije ninguna palabra, justo en ese momento ingresa Felipe a la cabaña para despedirse, le entrega los lentes que había dejado en su cabaña en el día que le realizó la mamada. Ella dice que tonta soy cómo los dejé allá, él se ríe y le abraza por la cintura, mientras que le agarra el poto. Él cree que no vi nada, pero fue todo lo contrario, ella le da un beso muy cerca de la boca como señal de agradecimiento. En ese instante llaman a la puerta y era el taxi que nos llevaría al aeropuerto, mi mujer me dice que me vaya. Felipe barzamente, me dice tranquilo amigo que cuidaré muy bien a tu señora, yo me subo al taxi, me despido y veo que ella le frota con su cola el regazo de él, mientras que él la abraza, ambos se despiden de mi.

    Cuando el taxi ya iba en movimiento, veo a la distancia cómo él le pasa más dinero en efectivo a mi mujer, ella le da un beso en la boca apasionadamente. Veo como él se la lleva a su cabaña. Le pido al taxista que me deje allí, me bajo con mi bolso y me devuelvo caminando. Llego hasta la cabaña de Felipe, una vez más por la misma ventana del otro día, observo como Isidora está al medio de living y alrededor en los sillones estaban un grupo de 8 hombres sentados esperando algún show. Felipe anuncia por un micrófono que comience la despedida de soltero, comienza a sonar una música por los parlantes y veo como mi mujer empieza a bailar como puta al frente de todos ellos, quitándose la ropa muy sensualmente. Luego, baila en el regazo de cada hombre que estaba allí. Uno de ellos grita que la puta nos chupe la verga de todos para eso le pagamos. Entonces, Isi se arrodilla y empieza a bajar la cremilla del pantalón de cada uno y empieza a darle un mamón a cada uno. Mamones que duraban varios minutos, luego los hombres le penetran analmente se van turnando uno cada uno, mi mujer grita y grita. Mientras que le dan como maraca, ella pide que le den más fuerte, que le gusta que le den duro. Cada hombre tenía una verga con forma y tamaño distinta, algunos grandes y otras más pequeñas, pero Isi se las comía todas, gozaba de una manera increíble. Hacía el amor con cada uno de ellos, en todas las posiciones, a ella le encantaba estar arriba de cada polla saltando, abrazaba a cada chico como si fuese su pareja, le daba besos en el cuello a cada uno para mostrar lo contenta que estaba. Yo como un espectador encubierto, escuchaba ese galopeo que le daban, ese sonido que se produce entre la verga y las nalgas cuando la estaban penetrando, esas ricas grandotas tetas plásticas rebotaban, más de alguno la manoseaban por casa rincón para comprobar la hermosura de su cuerpo, así fue como lo hacía con cada hombre y pasaba el tiempo.

    Hasta que llega Felipe y les dice ahora le tiramos toda la leche a esta puta. Así es como mi mujer termina comiéndose todas las vergas, como puta que es. Todo eso pasó toda la noche, le dieron como caja cada uno de los amigos de Felipe.

    Después que vi a mi esposa muy feliz cubierta de semen, hui del lugar y me apresuré a tomar otro vuelo, llego antes a nuestro hogar ese mismo viernes, obviamente me perdí mi presentación. Unas horas después, llega mi mujer del viaje, como si nada haya pasado hace sus habituales rutinas. Me pasa el monto de lo gastado en el viaje con sus billetes ganados como puta.

    Tiempo después termino con Isidora y nos divorciamos, no pude soportar que mi mujer era una puta, que está hasta el día de hoy está en páginas de acompañantes.

  • Pacto por el alma del contratante

    Pacto por el alma del contratante

    Miré la documentación del caso un rato antes de que se abriera el portal. Todo normal y sin rebusques.

    «Pacto por el alma del contratante».

    Estos casos solían ser aburridos, «aburrido» era justo el sabor que andaba buscando desde tiempo atrás. Tras el último fiasco, algunos casos simples me darían el respiro que mi equipo y yo necesitábamos.

    Cuando el portal abrió, ahí estaba el cliente, en su pentagrama de sal. Sí, en serio. Le tomó algunos segundos cerrar la boca y balbucear una supuesta plegaria de protección. Fraudes que se encuentra uno en el mercado.

    Di dos pasos fuera del portal tomando una forma difusa por recomendación de mi asistente. Si lo que quería era teatralidad podía arreglarlo con tal de cerrar el trato. Había sido una jornada pesada.

    -¿Quién osa traerme a esta realidad? Pregunté retumbando la voz y conjurando llamas moradas tras mi cabeza mientras con un viento apagaba las velas negras teniendo cuidado de no deshacer su pentagrama (podía sentir a mi asistente y su equipo aguantado la risa).

    -Oh, señor oscuro, escucha mi plegaria… Te he conjurado para realizar un pacto por mi alma.

    Bueno, al menos estaba consciente de qué se trataba esto. Leí que el fiasco de 1949 de esta realidad comenzó con alguien que no sabía lo que hacía.

    -Di, mortal, tu oferta y tu precio.- Dije, bajando un poco la voz y encendiendo de vuelta las velas. El cliente temblaba, pero hacía esfuerzos por mostrarse en control, pobre diablo.

    -¡Escuchadme! ¡Oh, oscuro maestro!- Este cliente perdía originalidad cada que abría la boca. -¡Deseo riquezas y placeres que sólo los más excelsos alcanzan! A cambio, te daré… ¡Mi alma!

    «Un poco menos de grandilocuencia, un poco más de ir al grano» dijo en mi mente mi asistente, «Al menos no pidió inmortalidad». Ordené silencio, este era justo el punto de amarrar al cliente.

    -Tendrás riquezas que no alcanzarás a gastar en tu vida natural y más placer del que jamás has sentido, pero debes saber que tu alma será nuestra cuando tu cuerpo la deje.- El cliente pareció dudar un momento, pero tras un respiro profundo, levantó su vista, decidido.

    -Acepto el pacto.- Dijo -Pídeme el servicio que mandes, y te obedeceré.

    Eso me fastidia de esta realidad: demasiadas ideas incorrectas.

    -Tu alma será nuestra, tu servicio no es necesario.- Ni que tuviera en qué ocupar a un humano de una de las realidades libres.

    -Mi alma es tuya, ¡Oh, señor!

    Telepáticamente mi asistente confirmó el pacto y me envió los números. Pacto cerrado. O casi.

    Tras de mí, en su pared, seis números se grabaron en fuego (mas teatro, los números desaparecerían en un rato). Le tocaba al cliente comprender el uso de esos números. Se rompe el encanto de un pacto satánico si le dices que es de su lotería local. Pocos lo saben, pero esa es una de nuestras oficinas con más trabajo; un seguimiento del caso le daría más grupos de números de necesitarlo. El dinero es un concepto curioso que sólo existía en un puñado de realidades antes de que nos diéramos cuenta de lo mucho que nos facilita el trabajo.

    Una chispa de entendimiento brilló en sus ojos y tomó una fotografía con su teléfono móvil. Dio un paso al frente, abriendo inadvertidamente su pentagrama, pero tan embobado en su pago que no se dio en cuenta. Daba igual; si esta realidad no estuviera protegida, podría haber tomado su alma con o sin pentagrama.

    -Y… ¿de lo otro?- dijo sonrojándose.

    Lo miré fijamente; por un momento entré en su mente, congelándolo. Tras unos momentos, encontré lo que buscaba: «El Manto de la Piedad». Nombre rimbombante que se le dio a la parte de la mente que limita la percepción. Un Fausto escribió sobre este manto hace más de un siglo, en un proyecto para normalizar nuestra naturaleza. Al final el proyecto no dio los frutos esperados, pero sé que su alma aun habita entre las estrellas más allá de la comprensión humana.

    Tras hacer un par de ajustes delicados, le devolví su albedrío. Para él, el tiempo no pasó (en realidad para nosotros tampoco, pero divago), pero ese momento que se brincó le cambiaría para siempre. Abrí sus sentidos, todos ellos. A partir de ahora, la música, la comida, los perfumes, el tacto de otra piel, llenarían su mente de gran placer. Este ajuste debe hacerse con cuidado o el cliente termina escudándose de todo placer para evitar llegar al extremo del dolor. En el año 666 uno de nuestros clientes escribió sobre ello. ¿O fue en 1666? Como dije, el tiempo es distinto para nosotros.

    «Envíame dos sombras». Demandé a mi asistente. Tras de mí, a ambos lados, dos portales se abrieron. Las nubes de oscuridad cobraron forma al poner un pie en esta realidad; de nuevo, El Manto protegía al cliente.

    Tan pronto se recuperó, pude ver su sorpresa. La sombra de mi derecha cobró una forma voluptuosa, caderas amplias y pechos enormes, casi un cliché. Su cabello negro y liso, su piel morena canela, y ojos gatunos ámbar (sería un error en una realidad sin chicas gato, en ésta, un plus que se podía explicar con cosplay y pupilentes).

    Fue la segunda sombra la que llamó mi atención: delgada, de formas muy delicadas, de piel muy blanca y ojos negros y enormes, cabello castaño ligeramente rizado. Pequeña, unos tres palmos más baja que la primera sombra, con unos pechos en punta que no competían con la generosidad de su compañera, pero que en su sutileza completaban un pequeño paquete de perfección.

    «Pero, que no era…» dijo mi asistente a quien callé con un gesto. «Es posible que me haya equivocado. Di al equipo que puede marcharse. Yo completo el caso.» dije mentalmente. Pude sentir la presencia de los demás abandonándome.

    El cliente miraba sus sombras boquiabierto. Se preguntaba cómo es que tomaron justo la forma que él anhelaba. Es uno de los extras que definen a mi equipo. Mientras ajustaba su Manto, miré en sus deseos. Sus formas vinieron a mí. Con tiempo, el cliente sabría cómo cambiar su aspecto. Por ahora, «ellas» estaban frente a él, con ropas sacadas también de sus deseos. Deseos poco originales, aunque sorpresivamente tampoco vulgares.

    Me fundí con la oscuridad de la habitación, dejando que las sombras tomaran el escenario. -Ellas estarán contigo siempre que las llames, eres libre de nombrarlas como quieras y te obedecerán en todo, pero cuidado: pueden morir y habrás de responder por ellas.- Esto no era estrictamente cierto; las sombras son entes menores que acompañan a los clientes, pero, una vez libres de su compromiso, regresan al cieno primigenio de donde las sacamos. No importa si mueren en una realidad o se termina el pacto. Esta mentira ha evitado que se haga mal uso de una sombra.

    -Te llamaré Ámbar.- dijo a la primera, que sonrió mientras se acercaba. -A ti te llamaré Ariel.- Dijo extendiendo la mano a la segunda. Ámbar, ataviada en un vestido de noche, con lencería no tan delicada por debajo, jaló la mano del cliente para reposarla en el nacimiento de sus nalgas, mientras pegaba sus pechos amplios al pecho de él. Por su parte, Ariel, mas casta, aunque con una falda tableada algo corta, una playera pegada que marcaba sus pezones erectos, pasó el brazo del cliente sobre sus hombros y escondió su cara en el cuello de él.

    Este momento, el primer contacto, con los nuevos sentidos abiertos, con el olor de ellas, la humedad de sus pieles, el contacto crudo y animal, había hecho desmayar a más de un cliente, pero en éste, una notoria erección fue la única respuesta visible. Y fue la única, porque él no movió un sólo músculo. Se quedó congelado por varios segundos antes de que Ámbar tomara el control.

    Ámbar tomó la túnica del cliente, deslizándola de sus hombros, dejando su torso desnudo. Delgado, lampiño, casi sin músculo visible, tembló al sentir los labios de Ámbar besar justo debajo de su pezón derecho. Un suspiro marcó el regreso a la realidad del cliente.

    Hábilmente, Ámbar desabotonó el pantalón, bajando hasta acuclillarse. Sobre un bóxer enhiesto, depositó un beso que dejó marcado el labial rojo en una zona oscura de líquido pre seminal. Miró al cliente y habló por primera vez. -¿Sigo?- dijo mientras acariciaba los muslos del cliente, quien apenas pudo gesticular su asentimiento. Arriba, Ariel besaba su mejilla mientras se acurrucaba en un abrazo.

    Ámbar tomó el bóxer bajándolo poco a poco. Recorrió con su lengua el punto donde el resorte dejaba paso a la piel, cada vez más abajo, y se detuvo un momento que se antojó eterno en la base del pene de él. El cliente se tensó en anticipación mientras Ariel iba besando su cara cada vez más cerca de su boca.

    En el momento en que él estaba en el punto más alto de su espera, Ámbar bajó el bóxer de golpe, liberando su verga que se levantó de golpe y fue atrapada por la boca de ella, quien la guardó hasta el fondo de su garganta en un solo golpe; el cliente abrió la boca enorme jalando aire ante la oleada que lo embargó. Ariel atrapó su boca justo en ese momento metiendo su lengua en la boca de él. Con el pecho a punto de estallarle, él alcanzó un primer orgasmo tras apenas unos instantes. Ámbar tomó toda su semilla sin dejar ir una sola gota.

    El cliente experimentó algunos estertores antes de cobrar consciencia de «su pobre» desempeño. Es difícil para un humano acostumbrado a las películas porno entender que, con los sentidos recién abiertos y las mujeres de sus sueños dándole placer, apenas durará más de unos instantes. Lo que hace aún más grato que, tras el primer orgasmo, su mástil sigue aún más erguido y firme que antes de su primera eyaculación.

    Ámbar se puso de pie, sonriente como siempre, y propinó un largo beso al cliente. Mientras que acariciaba con la mano el duro trozo de carne, Ariel comenzó a deshacer los broches del vestido de su compañera. El vestido, vaporoso y breve, cayó al suelo dejando ver a una mujer de curvas generosas y lencería acorde con su habilidad. Ariel siguió trabajando los broches, ahora del sostén de Ámbar. Sostén que era un recurso estético; la firmeza de sus pechos desafiaban la gravedad de ésta y muchas otras realidades.

    Ariel, de puntas, apretó los pechos de Ámbar ocultando los pezones a la vista del cliente. Sonrió traviesa mientras apretó para deleite de Ámbar. Ésta dio un beso largo y húmedo al cliente mientras Ariel la empujaba arrodillarse de nuevo. Los pechos, ahora libres de Ámbar, envolvieron la verga del cliente. Ariel empujaba y jalaba a Ámbar marcando el ritmo de la marea de placer que se concentraba entre sus pechos. El glande, lubricado por todo el pre seminal y leche rezagada, deslizara perfectamente entre las montañas de Ámbar, quien apretaba con sus manos sus pechos ofreciendo una cueva estrecha, anticipo de lo que vendría después. El glande del cliente despertó en él sensaciones nunca antes sentidas, tal y como se había pactado. Con esa cara, distorsionada por el placer, no había modo de que reclamara incumplimiento del contrato.

    Tras algunos minutos, nuevamente, el clímax se anunció entrecortando la respiración del cliente. Ariel detuvo a Ámbar. Por un instante, el cliente se detuvo en una pausa sublime y después, múltiples chorros de leche cubrieron el rostro y pechos de Ámbar.

    El cliente se sentó en el piso, agotado, exhausto, en un estado de unidad universal, montando la ola del orgasmo que poco a poco se convertía en espuma. Cuando ambas se arrodillaron frente a él, se dejó llevar por el momento. Ámbar, lamiendo sus pechos, limpiaba la leche que podía. Ariel, sin dejar de mirar al cliente, limpiaba con su lengua toda la que no, para placer de Ámbar. Con los pechos limpios, la lengua de Ariel siguió explorando la cara bañada de Ámbar. Ambas se fundieron en un beso largo, húmedo e intenso. Para sorpresa del cliente, ese beso levantó nuevamente su lanza.

    Cuando ellas lo notaron, gatearon hacia él. Ámbar tomó la verga y con su lengua, acarició el glande, aun lubricando. El cliente no pudo evitar un largo gemido. El borde siendo atacado alrededor por la sabia lengua de Ámbar. Poco a poco, la morena jaló a Ariel a gozar del mismo palo. Unos momentos después, ambas lenguas se enredaban, exploraban y besaban junto con la verga erecta y dura.

    Esta vez, antes de que llegara otra explosión de placer, Ámbar se sentó sobre la cara del cliente. Ariel tuvo ahora la verga para ella sola y se desquitó hundiéndola en su garganta y acariciando sus bolas con ambas manos.

    Ámbar abrió sus piernas mientras hacía a un lado su minúscula tanga. El liguero y medias servían como arnés para que el cliente la mantuviera pegado a su rostro. El olor del almizcle de ella, la humedad de su raja, incluso el rozar de los vellos perfectamente recordados en una tira delicada e invitante, suponían para él un placer nuevo, como quien come por primera vez una fruta jugosa después de una sequía. La lengua de él exploró todos los pliegues y esquinas, tomándose especial tiempo para acariciar con la lengua la parte superior de la entrada así como la sagrada perla. La recompensa a su esfuerzo resonó en la habitación con los gemidos invitantes de la generosa morena.

    Por su parte, Ariel besaba la base y lamía las bolas del cliente. Abrió sus piernas y recorrió con su lengua y dedos el interior de los muslos de él. A veces, bajando la lengua un poco por debajo de las bolas. «Ah, claro». Pensé. «Eso es lo que sentí».

    Ámbar movía su coñito restregándose en la boca de él, a punto de su propio orgasmo. Ariel, por su parte, había encontrado que el cliente apreciaba también que ella metiera su lengua entre sus nalgas. Atrapado entre las piernas de Ámbar, ofrecía poca resistencia ante la lengua, que se iba encargando de lubricarlo.

    Sobre su cara, Ámbar comenzó a tensarse. Un gemido largo anunciaba su arribo al paraíso. «Es el momento». Pude sentir a Ariel pensar. Dos dedos de ella, delicados, largos, entraron de golpe en el ano de cliente. Al mismo tiempo, Ámbar dejaba caer un abundante chorro de jugos que fueron directo a la cara del cliente. Cargado con tanto placer al mismo tiempo, lanzaron al aire una nueva eyaculación que fue atrapada por la Ariel, su lengua recuperando lo que cayó entre las piernas de él, quien gemía moviéndose con los dedos de ella aún dentro de su ser.

    Ariel sacó sus dedos. El cliente tomó un largo suspiro, incorporándose poco a poco sobre sus codos. Lamiéndose de los labios las últimas gotas de leche.

    -¿Te gustó, amor?- Preguntó Ariel, sacándose la playera, mostrando sus pechos sutiles.

    -S… Si, mucho.- dijo el cliente, con la respiración poco a poco regresando a un ritmo saludable.

    -Entonces esto te va a encantar, papi.- Dijo Ámbar, ahora sentada apoyada en una mano con las piernas en compás, mientras con su otra mano abría su cueva deliciosa, mojada, dejando a su fragancia llenar la nariz del cliente. Ante esa esencia, su verga reaccionó una vez más, levantándose lista.

    Ariel empujó al cliente hacia la invitante Ámbar, llevando la punta de él a la entrada de ella. Un beso rápido, primero en el cliente y luego en Ámbar. Él entró de un solo golpe, delicioso, decidido. Ella recibió con un gemido para despertar muertos. Pegó su coño mojado a la verga firme de él, encontrándose a medio camino en cada golpe. Cada recorrido él podía sentir su piel rozando con la caverna de ella. Apretada, lubricada, dispuesta. Los pechos de Ámbar rebotaban en sismos deliciosos mientras ella dejaba marcas en la espalda con las uñas. El dolor y el placer fundiéndose por completo. Ariel se arrodilló detrás del cliente. Bajando primero su falda tableada hasta las rodillas y luego, poco a poco, bajó su inocente panty de algodón dejando ver su secreto. Una verga delicada, delgada, de unos dos palmos, se levantaba lista. «Ahí está, entonces no me equivoqué». Pensé mientras me congratulaba.

    Los dedos de Ariel encontraron su camino a la boca de él. La saliva acumulándose. Él recibió la caricia de la punta de sus dedos sin protesta, incluso cuando ella abrió sus nalgas para lubricar mejor. Ámbar atrapó en un abrazo con sus piernas al cliente. Sin dejarlo moverse. Sus brazos, su boca, apretándolo, aprisionándolo. Atrás, Ariel preparó su estocada.

    Despacio, primero una punta perfectamente lubricada, luego un glande amplio y rojo, y detrás, un tallo tan delicado como su dueña, de abrió paso a las entrañas del cliente. Al principio, en su sorpresa, gimió de dolor, sus gritos acallados por la boca de Ámbar, cómplice de la conquista. Ariel detrás, una vez que se hundió hasta el fondo, dejó descansar al esfínter de él por unos minutos. Él, perdido en su mar de sensaciones, se quedó completamente quieto, abandonado. Pero la tregua duró poco. Ariel comenzó un delicioso vaivén mientras él recobraba poco a poco la conciencia sólo para empaparse en un río de placer mayor al que jamás había pensado posible.

    Su verga, rebosante, se movía apretada por las paredes de Ámbar, mientras que sus propias entrañas eran atacadas por la verga de Ariel, en una sincronía bien ensayada donde las intérpretes hacían protagonista al debutante.

    El dolor dio paso a un placer infinito. Su propio cuerpo despertando a sensaciones nuevas. Los pecios de ambas rozando su cuerpo, la boca de Ámbar en su cuello, la de Ariel en su nuca. Confundidos en un abrazo delirante.

    Los gemidos de los tres alcanzaron su punto alto cuando Ariel, por fin, alcanzó un potente orgasmo. Sin salirse de él, descargó su semilla dentro. Él, alcanzando el deseo que por años se había negado a sí mismo, explotó de placer, sabiéndose por fin lleno de la pieza que le faltaba. Sus contracciones llenaron a su vez a Ámbar quien lo recibió en sus brazos acunándolo en su momento más vulnerable.

    Los tres, recostados en el piso, abrazados, llenos, por fin se quedaron dormidos.

    -«No te equivocaste». Dijo en mi mente mi asistente.

    -«Creí que te habías ido». Le dije, sintiéndome ligeramente incómodo.

    -«Aquí sigo. Nunca te equivocas, quería saber por qué las sombras parecían no corresponder».

    -«Sí correspondían, sólo que él mismo se lo negaba». Dije. Un desperdicio.

    -«Yo me encargo de marcar el caso. Me retiro» Dijo abandonando mi mente.

    En algunos años, un suspiro para nosotros, el cliente dejará su cuerpo y mandaremos al departamento de recolección. Yo, por mi parte, creo que iré a darme una vuelta a la edad media de esta realidad. Hay una monja a la que le caería bien una visita. Y, ¿la verdad? A mí también.

  • Unas vacaciones con mis tías (Partes 7-8): Algo de morbo

    Unas vacaciones con mis tías (Partes 7-8): Algo de morbo

    Parte 7: Un rato en la terraza.

    Me levanté de la toalla y miré a mi madre y mis tías, se habían sentado de frente al agua y charlaban animadamente. Eche a correr mientras mi hermana se reía a mandíbula abierta y me lancé contra la primera ola. Note el frescor del agua y en unos segundos mi miembro volvió a su estado de hibernación. Di una brazadas hacia dentro y volví a la zona donde solo me cubría hasta el pecho. Mi mente giraba como una batidora donde el ingrediente principal era el sexo. Vi a mi madre que se metía en el agua de nuevo en dirección hacia mí. Cuando estaba cerca alargué mi mano como la vez anterior.

    -Que tal mamá? Has tomado mucho el sol?

    -Si, ya sentía bastante calor!

    Volvió a hacer la misma maniobra dando con sus tetas contra mi pecho.

    -Hay que bien! Súbeme como antes!

    Volví va sentir como sus piernas se enroscaban en mi cintura y sus tetas se aplastaba cerca de mi cara. La subí varias veces aunque ahora las olas eran más suaves.

    -Te he visto hablando con tu hermana!

    Sentí un latigazo que recorrió todo mi cuerpo. Pensé que podría haber visto nuestros manoseos.

    -Me alegro de veros hablar con tranquilidad, sin tiraros los trastos a la cabeza! Me dijo con la mejilla pegada a la mía.

    -Pues si! La verdad es que nos hemos reído un rato contándonos cosas.

    -Hasta os habéis dado crema, jajaja! Río alegremente.

    -Bueno, tampoco tenía a nadie más que se la diera! Ahora reímos a la vez.

    -Pues si, eso me pasa a mi! Dijo ahora algo compungida.

    -Yo te la daré si quieres!

    -Mejor las manos de un hombretón como tú que las de tus tías! Jajaja! Rió de nuevo y sentí que se abrazaba más a mi.

    Creo que debió notar como se endurecía mi miembro bajo sus muslos pero no dijo nada.

    Mis tías comenzaron a hacer señas para que regresáramos. Dejé a mi madre donde no le cubría y me fui a dar una brazadas para que se me bajara la erección antes de salir.

    Regresamos a casa de mis tías y prepararon la comida, yo parecía el rey de la casa pues apenas hacía nada, y si lo intentaba, ahí estaban ellas para pararme.

    Comimos manteniendo una animada conversación, mis tías contaban cosas de cuando yo iba de pequeño y reíamos los cinco. Al terminar vi que mis tías estaban muy atentas mirándome, supongo que esperarían alguna señal por mi parte. Yo sonreía pero no hacía ninguna señal, creo que disfrutaba de esa situación. Recogimos los cacharros y en las idas y venidas aprovecharon las dos para darme algún azote en el culo cuando no las veían. Mi madre dijo que se iba a echar la siesta y mis tías decidieron hacer lo mismo. Yo ya me había preparado una copa y mi hermana me pidió que le preparara otra. Cuando llegue mi hermana me miraba con cara interrogante, me quedé mirándola y me dijo.

    – Por qué no nos subimos a la terraza a tomarlas? Acepté de buen grado, me apetecía seguir la conversación que habíamos empezado en la playa y supuse que a ella también.

    Nos sentamos en el amplio sofá que estaba cubierto por un toldo. Hacía calor, pero soportable. Me quite la camiseta y me quedé solo con el bañador. Mi hermana me imitó quitándose la camisola y volví a ver su delicioso y prieto culo mientras lo hacía. Se sentó a mi lado con su muslo pegado al mío y me miró como esperando algo. Yo también la miraba esperando algo pero parecía que ninguno nos decidíamos a hablar. Finalmente ella con sonrisa pícara dio el primer paso.

    -Por qué no me cuentas tu aventura en la caseta con tía Sole?

    Me quedé algo pillado ¡Joder, también nos había visto! Pensé que era imposible, que tan solo lo debía de haber imaginado. Como veía que yo no contestaba decidió proseguir.

    -Vi lo contenta que iba la tía tirando de tu mano! Estoy segura que allí pasó algo!

    Me debí de empezar a poner colorado porque intentó tranquilizarme.

    -Ya te he dicho que no le voy a decir nada a nadie, pero la curiosidad me corroe! Dijo con una leve sonrisa algo siniestra.

    Yo seguía sin hablar, no sabía que decir, o mejor dicho, cómo decirlo. En ese momento puso una pierna sobre la mía y sentí su robusto muslo posado sobre mi piel. Estaba sentada de lado, mirando hacia mi y se acercó a mi oído.

    -Venga cuenta, que quiero ponerme cachonda!

    Y después de susurrarme me mordió el lóbulo de la oreja. Yo no necesitaba mucho para ponerme caliente y eso había sido suficiente. Noté como mi bañador, pegado a su muslo, comenzaba a aumentar de tamaño.

    -Bueno, pues sí, algo pasó! Pude decir intentando controlar la situación.

    -Seguro que le tocaste bien esas grandes tetas que tiene! Dijo volviendo a morderme la oreja.

    -Me pidió que se las tocará y no me pude negar!

    -Negar? Jajaja, pero si estarías deseando! Rio entre divertida y lasciva.

    Comenzó a sobarme el pecho con su fina mano de largos dedos.

    -Te pondrías muy cachondo, verdad!

    -Me puse como un verraco! Contesté casi en automático.

    -Y seguro que ella te tocaría la polla a ver cómo se te había puesto! Dijo bajando su mano desde el pecho hasta mi bañador.

    Sentí como me la sobaba por encima de la tela que ya formaba una tienda de campaña. Tardé unos segundos en contestar, pero viendo la situación, ya no me corté.

    -Se me había puesto más dura que una columna de mármol, y no te puedes imaginar con que ganas me la sobó!

    Dije de corrido sin pensarlo demasiado. Sentí como mi hermana metía la mano bajo mi bañador y me agarraba el miembro ya muy endurecido.

    -Te la sobó así? Me dijo mientras subía y bajaba el terso pellejo de mi polla en plena erección.

    Noté como apretaba sus muslos y me volvía a morder la oreja y opte por poner mi mano sobre uno de ellos, si ella me iba a pajear yo no me iba a quedar quieto. Comencé a acariciarle el muslo y continúe hablando.

    -No sólo me la sobó, se agachó y me la chupo con ansia! Le dije exagerando un poco, mejor dicho, no exageré casi nada.

    -Joder, que guarra! Dijo pajeándome bajo el bañador.

    Notaba como se iba excitando a cada frase que le decía y eso me ponía más cachondo, si es que podía ponerme más. Decidí darle detalles para ver hasta dónde llegaba en su calentón.

    -Me dijo que le encantaba mi capullo, tan duro y brillante y le dio varios lametazos!

    Mi hermana subió su mano libre y pellizco uno de su gordos pezones por encima del bikini.

    -Diosss! Sigue! Sigue!

    -Después abrió su rica boca, con esos labios carnosos y sensuales que tiene y sorbió mi capullo como si fuera la bola de un helado.

    Mi hermana ya se había bajado el bikini y manoseaba su gordo pezón que había dejado a la vista. Yo tire de mi bañador hacia abajo y descubrí su mano agarrando mi polla con cierta presión.

    -Madre mía! Tan guarra es?

    -Más que guarra! Contesté para aumentar su excitación.

    -No te vas a creer lo que vino después!

    -Joder! Cuenta! Cuenta!

    Miraba sus ojos y parecían saltar chispas de ellos, en un momento se había puesto más caliente que una estufa de leña. Miraba su pezón, tan grande y duro, y sentí unas ganas feroces de comérmelo.

    -Que bien sabe! Me dijo y abrió la boca y se metió toda mi polla! No sé cómo lo hizo, pero pude sentir como tragaba hasta hacer que atravesará su garganta!

    -Diosss, como me hubiera gustado haberlo visto! Casi gritó mi hermana con mirada endiablada.

    Estaba tan excitada que decidí aprovechar el momento. Acerqué mi boca hasta su desnudo pezón y lo chupé con delicadeza. Ella retiró su mano y me dejó hacer.

    -Ufff, sí, sí!! Susurró apretando mi cabeza contra su teta.

    Me dejó chupar unos segundos hasta que volvió a susurrar.

    –Chupa más! Más fuerte!

    Mi mano se había colado entre sus muslos y noté como los abría dejándome más espacio. Toqué con los dedos el pequeño triángulo de tela y su cuerpo dio un pequeño estertor. Retiré la tela mientras seguía chupando su gordo pezón y pase dos dedos sobre los gruesos labios genitales perfectamente depilados, al sentirlos apretó todavía más mi cara contra su teta como si necesitara sentir más mis succiones. Mordisquee su duro y gordo pezón haciendo que su cuerpo temblará.

    -Que bien lo haces cabron! Susurró contra mi cabeza.

    Unos de mis dedos se había colado entre sus labios genitales sintiendo la humedad que ya manaba de ellos. No me costó encontrar el clítoris, de buen tamaño y muy duro, y eso provocó que sus piernas temblaran notoriamente. Tiró de mi pelo para separarme la boca de su pezón y

    -Sigue contándome! Me dijo mientras movía su culo como para acoplarse mejor en el sofá.

    Realmente ya no recordaba bien lo ocurrido y me limité a seguir contándole lo que se me iba ocurriendo.

    -Comenzó a chuparme la polla con grandes succiones como si fuera una aspiradora mientras masajeaba mis huevos y no tardé en soltarle un buen chorro de leche! Después vino otro, y otro y otro.

    -Joder, y se lo tragó todo?

    -No dejó ni una gota! Estuvo chupando y tragando hasta que me dejó la polla seca!

    -Ah! Ahhh! Sigue! Méteme más los dedos! Diosss! Ah!

    Mi hermana se estaba corriendo y me estaba poniendo la mano pérdida de flujo, seguí moviendo dos de mis dedos en el interior de su vagina haciéndola temblar como un flan. Soltó mi polla para poner sus dos manos sobre la mía y apretármela con fuerza hasta que acabó de correrse. Su cuerpo fue dejando de temblar y su respiración amainó

    -Dios, que guarra me has puesto!

    -Pues tú a mí me has dejado la polla más dura que un poste de la luz!

    -Joder, y que quieres, que te haga una paja y me pongas perdida!

    -Podrías chupármela!

    -Aquí! Venga ya! Estás loco? Imagina que sube mamá y nos ve, que podría pensar? Que somos unos degenerados?

    -Joder, pues no decías nada cuando te estaba pajeando!

    -Es que… me has puesto muy guarra y no podía parar!

    -Vale, vale! Pues ya me dirás qué te cuente más cosas, que te las va a contar la vecina!

    -Veeenga! No te pongas así! Te prometo que te compensaré!

    Parte 8: Buscando algo de morbo

    Dicho esto, se marchó y se metió en su habitación. Yo esperé a que me disminuyera la erección y bajé hasta la cocina, estaba bastante cabreado y me apetecía un buen copazo, seguro que con eso se me pasaría. Según me lo estaba sirviendo apareció mi tía Candi.

    -Te estás poniendo otra copa?

    -Si, hace algo de calor arriba y he bajado con sed!

    -Ponme a mí otra! Si te apetece que te acompañe!

    -Por supuesto tía! Como no me va a apetecer!

    -Quieres que salgamos al jardín? Por la puerta de la cocina hay una zona que ahora da la sombra y tenemos una mesa con un par de sillas.

    -Perfecto!

    Salimos por donde había dicho, que era la pared lateral de la casa y había un árbol bastante frondoso que daba bastante sombra. Tan solo se veía una pequeña parte del jardín trasero. Nos sentamos y vi como miraba el bulto que todavía se notaba en mi bañador.

    -Que tal en la terraza con tu hermana?

    Me sorprendió la pregunta, no sabía si sospechaba algo de lo que había pasado pues su sonrisa era algo interrogante.

    -Bien, hemos estado charlando un rato, es algo que no hacemos habitualmente.

    -Me ha parecido verla algo preocupada durante la comida!

    -Tengo confianza contigo, así que te lo contaré. Parece que lo ha dejado con su novio y está un poco jodida.

    -Vaya, a esa edad estas cosas pasan! Me dijo sonriendo, aunque la siguiente pregunta me desconcertó.

    -La has consolado?

    La miré a sus ojos felinos intentando adivinar lo que pensaba. ¿Era una pregunta trampa? Tardé varios segundos en reaccionar pues no sabía que decir exactamente hasta que me decidí por una respuesta ambigua.

    -He hecho lo que he podido!

    -Estoy segura que te lo habrá agradecido! Dijo manteniendo esa mirada penetrante.

    Sonreí pensando en lo que me había prometido mi hermana y contesté sin pensar.

    -Bueno, me ha dicho que me compensaría! Dije casi riéndome.

    Mi tía era bastante lista, y supongo que algo se imaginaba. Parecía que daba por hecho que algo había pasado y estaba dispuesta a sonsacármelo.

    -Y crees que lo hará?

    Su fina bata se había abierto y ahora podía ver parte de sus tetas desnudas. Tan solo llevaba puesto debajo un pequeño tanga azul, a juego con la bata, que apenas podía ver cuándo cruzó las piernas. Mis ojos miraron su cuerpo con deseo y a la vez volví la vista hacia el pequeño espacio que se veía del jardín trasero.

    -Tranquilo, esta parte no se ve desde la piscina! Me dijo con mirada felina y una sonrisa perversa.

    Realmente yo llevaba con la polla dura desde por la mañana en la playa y todavía no había descargado una buena dosis de leche que se me acumulaba como el agua de una presa. Se levantó de la silla y ahora pude ver sus bonitas tetas al completo. Como de costumbre sus pezones destacaban duros y altivos, casi amenazantes. Se acercó hasta mi y mientras mantenía el vaso en una mano puso la otra sobre mi pecho y lo acarició por encima de la camiseta. Sus tetas estaban tan cerca que no pude reprimir levantar la mano y acariciarlas. Roce con mis dedos los grandes pezones sintiendo como se ponían más duros mientras los miraba ensimismado. Ella volvió al ataque.

    -He visto como la miras el culo y me da que ya te has hecho alguna paja soñando como la embestías por detrás!

    Madre mía! Está mujer parecía una pitonisa, leía mi mente como el que lee un libro. Acercó más sus tetas a mi cara inclinándose levemente y reaccioné de inmediato llevando mi boca hasta uno de sus pezones. Comencé a chuparlo y a sorberlo con suavidad refrendando mis impulsos hormonales. Quería parecer tranquilo y controlado aunque mis deseos eran de follármela al instante. El comentario que había hecho era una afirmación que parecía no necesitar respuesta pero en el fondo me apetecía dársela.

    -Pues sí, han caído unas cuantas pensando en su culo, a una media de seis pajas diarias me da para visualizar muchos culos!

    Dije intentando parecer natural. Pero mi tía fue más allá.

    -También pensando en el de tu madre?

    -Joder tía, vaya pregunta!

    -Bueno, yo soy tu tía, y me has follado con ganas y deseo. Tu madre está muy bien y seguro que algún sueño has tenido con ella!

    Como os decía anteriormente, está mujer debía de ser vidente. Su mano libre ya acariciaba mi miembro por encima del bañador, se había endurecido totalmente y el bulto que formaba ya era apabullante. Dejó el vaso sobre la mesa y sin cortarse se arrodilló sobre el césped a la vez que sacaba mi polla del bañador. No tardé en sentir su larga lengua lamiendo mi capullo, ya estaba hinchado y duro como el pedernal, y sus labios lo envolvieron con rapidez. Mientras sentía como engullía mi capullo introduciéndolo en su cálida boca, decidí contestar a su pregunta morbosa.

    -Pues si, mi madre me parece una mujer estupenda y para mi gusto está buenísima, y sí, algunos sueños plácidos he tenido pensando en ella.

    Noté como engullía mi polla avanzando con sus rojos labios por el duro y venoso tronco hasta que mi capullo chocó contra su garganta. Lo succiono varía veces haciendo que mi cuerpo se tensara y puse una mano sobre su cabeza para seguir el movimiento. Que manera de chupar, diossss! Era realmente delicioso. En ese momento oí hablar a mi madre y a mí otra tía.

    -Tía! Tía! Creo que han salido al jardín! Dije retirándome la cabeza de mi regazo. Ella levantó sus ojos con mirada felina y sonriendo me preguntó.

    -No te gusta el morbo?

    -Joder, si, pero y si vienen para acá?

    -No lo creo. Sole mantendrá a tu madre entretenida y aunque vaya a la cocina no nos verá! Y sin darme opciones volvió a engullir mi polla.

    Ahora profundizó más y la introdujo en su garganta hasta tragársela entera. Mi cuerpo volvió a tensarse mientras escuchaba a mi tía y a mi madre hablar. Realmente ese morbo me empezaba a gustar y creo que aumentaba mi excitación. Volví a agarrar su cabeza y la moví al ritmo que me apetecía. Ella se dejaba llevar tragándose la polla a cada tirón que le daba.

    -Joder tía Candi! Como me la chupas de bien, dios! Le susurré mirando como se cimbreaba su cuerpo a cada chupada.

    El morbo de oírlas tan cerca me había animado a susurrarle cosas. Estaba tan excitado que me apetecía decirle burradas.

    -Como me gusta follarte la boca! Me encanta que te pongas muy guarra para follarte por todos lados!

    No sé si era morbo o nerviosismo pero parecía que me habían dado cuerda y no paraba de hablar.

    -Vamos perra! Chupa, chupa! Que estás a punto de sacarme la leche! Te gusta mi leche, eh, cerda! Te voy a llenar la boca con ella!!

    Metí las manos por debajo y comencé a sobarle las tetas. Las amasaba, las apretaba y tiraba de los gordos pezones. Ella seguía chupando a la velocidad que le había marcado y mi cuerpo se tensó al sentir como llegaba el primer chorretón. Pude oír su garganta tragando cuando llegó el segundo y el tercero, supongo que salieron algunos más pero con menos cantidad. Se lo intentó tragar todo aunque al final acabo rezumando entre sus rojos labios una leve cantidad. Mi cabeza estaba en dos sitios y el morbo y el nerviosismo se turnaban. Podía oír a mi madre y a mi tía, aunque no me llegaba con nitidez, y a la vez se mezclaba con las sonoras chupadas que me estaba dando tía Candi, todo esto era algo nuevo para mí e intentaba asimilarlo aunque no podía, iba demasiado rápido.

    Había sido mi primera corrida del día y tía Candi parecía estar dispuesta a sacarme la segunda. Siguió chupando hasta dejar mi polla reluciente, además de mantenerla erguida. Levantó su mirada sin dejar de masajear con la mano y con sonrisa lasciva me preguntó.

    -No te gustaría follarme contra la pared mientras escuchas a Sole y a tu madre?

    Tía Candi estaba dispuesta a introducir el morbo en mi mente, un aderezo más al traqueteo de mis hormonas. Para mi ese morbo real era nuevo, mi mente era morbosa pero tan solo en la imaginación, pero ahora estaba ocurriendo allí mismo. La ayude a incorporarse y la puse contra la pared. Mi polla seguía en plena erección como un ariete a punto de derribar la puerta del castillo. La agarré con la mano y la oriente entre los húmedos labios genitales que asomaban entre sus bonitos muslos, y con una leve presión se introdujo hasta la mitad. El morbo se había apoderado de mi mente y mi madre apareció en mis depravados pensamientos. No pude evitar imaginar que era a ella a la que tenía contra esa pared blanca bañada por el sol, y comencé a bombear mi polla. El culo de tía Candi se aplastaba contra la pared a cada una de mis embestidas y ella ahogaba sus gemidos aferrada a mi cuello.

    -Las oyes? Están hablando de ti! Susurró con los labios pegados a mi oreja.

    Yo las oía hablar aunque no percibía lo que decían, creo que tía Candi tampoco podía entenderlas, pero sabía que eso era más condimento para la olla de morbo que hervía en mi cabeza. Puse mis manos bajo su culo y ella enroscó sus piernas en mi cuerpo. Se quedó en el aire, tan solo sujeta con la espalda contra la pared y comencé a bombear con más fuerza. Podía sentir sus jadeos contra mi oreja, eran unos jadeos sedientos de deseo y pasión. Mi polla entraba hasta el fondo de su vagina y volvía a salir como un pistón bien engrasado. Su culo se aplastaba contra la pared a cada empujón mientras mi mente divagaba mezclando a mi madre. A cada embestida aumentaba más el deseo de follarme a mi madre, podía verla en mis pensamientos con su delicioso cuerpo pegado al mío cómo había hecho en la playa a la vez que me repetía – Siiii! Siiii! Más fuerte Pedrito! – Pero eso había sido la voz de tía Candi que llenaba mi oído con sus deseos. Sus jadeos aumentaron y sentí como se corría a la vez que clavaba sus uñas en mi espalda. Seguí embistiendo y en pocos segundos volví a soltar una buena ración de semen. Mi mente estaba desquiciada y mi boca volvió a vomitar guarradas.

    – Toma perra! Tomaaa! Te voy a llenar de leche! Le grité en forma de susurro mientras me corría.

    Solté una buena cantidad y comenzó a chorrear entre sus muslos.

    -Dios! Que corrida! Como me gusta ver esa leche chorreando entre mis piernas! Me susurró con cara de satisfacción

    -Ufff! Haces que me ponga como un toro cuando te follo!

    -Es lo que pretendo! Y que sepas… que me pone muy zorra que me digas todas esas guarradas! Me dijo con la lascivia dibujándose en su cara.

    -Voy a limpiarme esta delicia, aunque me encantaría salir así y contárselo! Jajaja! Dijo riéndose y metiéndose en la cocina.

  • Sexo con mi tío, un pecado divino

    Sexo con mi tío, un pecado divino

    Bueno es un poco complicado para mí contar esto ya que es imposible no tener una erección al recordar lo que pasó además de aún pesarme algo en la conciencia. Esto sucedió hace 1 año.

    Yo tengo 22 años y estudio medicina a 6 horas de mi ciudad natal, en las vacaciones trabajo en la empresa de mi familia, en esas vacaciones surgió (como casi siempre) un viaje de trabajo justo hacia la ciudad donde yo estaba residenciado… como ya conozco la zona pues nos encargaron el trabajo a mi y a mi tío.

    Mi tío de 40 años, un tipo bien atractivo, un tanto machista, blanco, de unos 1.80 de altura, barba, cuerpo de gimnasio pero que se descuidó un poco, es de esas personas que tienen una vibra sexual inmensa y que es sexualmente activo. Mi tío siempre alardeaba de sus conquistas sexuales y de cómo las hacía acabar cuando les metía el pene, a veces describía a detalle como masturbaba a las mujeres y las hacía venir solo con sexo oral y sus dedos enormes. Un completo adicto sexual jajaja.

    Esa mañana de octubre inicio nuestro viaje de seis horas, durante el viaje cantábamos, hablábamos de la vida, y de sus experiencias sexuales por supuesto… yo solo callaba y reía. Esa tarde al llegar al destino no pudimos concluir el trabajo encomendado porque se nos había hecho tarde entonces quedamos en que lo haríamos el siguiente día a primera hora, teníamos toda la tarde libre. Nos quedamos en el departamento que yo alquilaba, nos acomodamos y yo pasé a mi cuarto para recortarme todos los pelitos de mi cuerpo ya que estaba planeando salir esa noche, en eso el entra a mi cuarto en ropa interior porque se iba meter a bañar y me dice:

    -Esooo te estas poniendo lindo! (entre risas). Y me dio una nalgada. Yo sonreí, pero debo admitir que el hecho de que me viera desnudo y que me nalgueara me calentó un poco, pero seguí en lo mío y el en lo suyo.

    Llego la noche y yo lo invité a beber con mis amigos, y como él se adaptaba a cualquier ambiente y aparentaba menos de su edad, no había ningún problema! Esa noche bebimos mucho, luego fuimos a una piscina y nos bañamos todos en ropa interior. Eran casi las 2 de la madrugada y recordamos que teníamos que levantarnos temprano… entonces nos despedimos y nos fuimos a la casa

    Al llegar a la casa con nuestra ropa mojada de no habernos secado cuando salimos de la piscina nos desvestimos para cambiarnos, en ese momento el entra a orinar al baño y deja la puerta abierta yo estaba un poco ebrio y me voy a orinar también junto a el porque de verdad quería ver de cerca (a pesar de haberlo visto antes ya que él siempre se lo sacaba para alardear y bromear con su pene), cuando lo vi no se veía un tamaño promedio igual estaba flácido pero aun así era excitante ver esa cabeza rosada y brillante. Luego nos pusimos ropa interior y nos acostamos cada quien en su respectiva cama, pero yo estaba muy caliente por el alcohol.

    Entonces comencé a ver porno en mi cama a todo volumen y a masturbarme, y hacia ruidos con mi saliva a propósito para que me escuchara, entonces me dijo entre risas:

    -Jajaja, que haces loco?

    -yo ebrio le respondo: aquí viendo una porno y haciéndome cariñito un ratito.

    El solo se río, pero no hizo nada más. En eso yo no pude aguantar y coloque una porno y me acosté a su lado y le dije mira esta que está bien buena! Vamos a masturbarnos! El al verme desnudo y a su lado, se sorprendió como un poco indignado me dijo:

    -Que es lo que quieres? Acaso quieres que te coja?

    Nunca esperé esa respuesta, y mi corazón comenzó a latir fuerte y mi pene se puso aún más duro y el alcohol no me dejó otro remedio que contestar

    -si, si quiero

    A lo que él me dice: -Pues quítate y ponte en cuatro

    Yo no podía creer lo que estaba pasando, él se colocó detrás de mi un poco ebrio también, y en medio de las oscuridad intento localizar mi hueco con su pene, frustrado me dice:

    -mejor póntelo tu en la puerta!

    Yo lo coloco y el intenta meterlo sin saliva y sin lubricante, pero el culo estaba muy seco y se opuso a dejarlo pasar, entonces me volteo y lo agarro de las bolas y empiezo a mamarlo, tenía cierto olor a orina y a macho pero eso me encantaba y me excitaba aún más lo empiezo a escupir y a chuparle cada vez más profundo, ese pene estaba duro y respingado, pasé mi mano por su rajita tratando de acariciarle el culo pero el apretó las nalgas y no me dejó, seguía mamándolo y lo escupía desesperadamente hasta que no pude más y me puse en cuatro otra vez para que me lo metiera.

    En eso me dijo muy arrogante y dominante: -Te estoy haciendo un favor, así que disfrútalo

    Yo no dije nada solo intentaba concentrarme en esa gorda cabeza que estaba entrando en mi culo, al entrar completo sentí como mi pene babeaba de la excitación y él una vez dentro empezó a dar embestidas cada vez con mucha fuerza, y me empezó a doler mucho y le dije que bajara la intensidad. Y solo me dijo que me callara y me siguió dando y esta vez me nalgueaba, con cada nalgada yo sentía que me iba a venir, gemía muy fuerte me dolía pero era algo que lo disfrutaba demasiado, en eso me dice:

    -Donde quieres que te acabe?

    -Donde quieras, le dije explotando de morbo y placer

    En eso me agarra fuerte de la cintura y me da muy rápido y sé que quería correrse; entonces me comienzo a masturbar y cuando siento los chorros de leche caliente me empiezo a correr en las sabanas ya mojadas por la saliva y el presemen. El me lo saca y se va a limpiar y yo hago lo mismo.

    Al siguiente día amanecí con mi culo doliendo y al igual que la conciencia y la cabeza, no cruzamos casi las palabras en el camino, se podía sentir la tensión, entonces ya de regreso y casi entrando a nuestra ciudad me llené de valor y empecé a hablar sobre el tema y él se descargó, me dijo que lo que hicimos estuvo mal, que eso no podía ser, hizo una pausa cuando intento culparme porque él sabía que también tenía culpa y que también se puso a tope y muy duro. Así que nos disculpamos mutuamente y dijimos que jamás se repetiría.

    Meses después nuestra relación siguió normal como de costumbre, pero ahora cada vez que bebemos juntos aún puedo sentir como esa vibra sexual entre ambos, o no sé si nuevamente será el alcohol jajaja.

  • Mas sabe el diablo por viejo

    Mas sabe el diablo por viejo

    Hannah aceptó ir a acampar con sus amigas, amigos y amigos de todos ellos. Fue divertido pasaron una noche divertida, tomaron tanto que cuando ella despertó, ya no había nadie en el lugar.

    El encargado don Ramiro, un señor de más de cincuenta años le dijo que temprano todos recogieron casas de campaña, maletas y habían salido en sus carros. No quedaba más que ella que fue a vomitar, alejándose para que no la vieran y después se quedó dormida ahí, recargada en el árbol. Tampoco tenía manera de contactarlos, no había señal ni un wifi cerca.

    —Al rato voy por víveres, si quieres te dejo en el pueblo y ahí agarras un taxi

    —pero es que no traigo ni dinero, no se donde deje mi bolsa.

    —Uy pues esta difícil, yo pensaba cobrarle el viaje y con eso comprar mis cosas.

    —No pero yo se lo pago, se lo juro –dijo Hannah juntando sus manos como una súplica, mientras don Ramiro se rascaba la cabeza.

    —Se puede ir caminando, pero si son como 25 kilómetros

    —¿como cuantas horas? –pregunto ella casi preparada para salir corriendo.

    —como 5 pero se tiene que cuidar de los coyotes y más que nada de los narcos que por ahí tienen sus lugares para hacer sus cosas pues. Y tu niña mírate, así con ese short.

    Hannah llevaba esos shorts pequeños que dejaban ver un poco de nalga, aunque se llevó una chamarra, debajo llevaba una camiseta ligera con la que se marcaban sus pezones. Don Ramiro no podía dejar de ver sus ojos verdes en esa cara aún de niña, aunque ya tenía 18, Hannah seguía manteniendo esos rasgos de adolescente. Sentía el miedo y la desesperación en ella.

    —¿entonces como le hacemos? –pregunto por fin ella.

    —Pues yo te llevo niña, pero a mi me pagas de una manera u otra –dijo tomándola del hombro y ladeando su cuerpo haciéndole ver que no era dinero exactamente lo que buscaba.

    —¡NO! –dijo ella de inmediato y se alejó unos pasos.

    —niña, ayer se la chupaste al mamón que fumaba marihuana, todas tus amigas se la pasaron abriendo las piernas. No creo que te sea tan difícil.

    —¿está usted loco?

    —Mira, mientras báñate, ahí hay una regadera –dijo señalándole el baño—y enjuágate la boca que huele muy feo. Ya después me dices si me das las nalgas a mi y te llevo o te arriesgas tu sola.

    Hannah fuel al baño, se desnudó y baño con esa agua caliente en el balde mientras pensaba que hacer, seguro regresan por mi se decía sabiendo que no era seguro. A unos metros don Ramiro miraba por un orificio ese cuerpo esbelto, de piernas largas, las nalgas redondas de una joven de dieciocho, sus tetas tenían unos pezones pequeños y rozados. Una rubia perfecta.

    Para cuando ella salió con el cabello mojado y el cuerpo húmedo pues no tuvo con qué secarse, vio a ese viejo a la distancia, recogiendo la basura que sus amigo dejaron. Su piel morena y los brazos fuertes a pesar de la edad. Pensó que sería casi un acto de caridad para ese viejo. Se acercó y le dijo. “Ok”

    —¿qué pasó niña?

    —Se la voy a mamar y me lleva al pueblo –dijo aún con una risita amable.

    —Aja nos vamos entendiendo –dijo tocándose el pantalón por encima—ven, aquí mero.

    Hannah miró al rededor, solo había árboles, se acercó y se recogió el cabello con una liga. Cuando don Ramiro se bajo el cierre ella abrió los ojos como platos. La verga de ese viejo esa casi del tamaño de su brazo grade y muy gruesa.

    —ya se que está chula, pero deja de verla chúpamela.

    Hannah trago saliva, incluso tenía las venas más saltadas en esa verga que en los brazos. La agarró con ambas manos y apenas lograba cubrir la mitad.

    —¡No mames! -dijo ella en voz alta sin darse cuenta.

    —órale ahí arrodíllate -le dijo Ramiro tirando su camiseta en el pasto. Cuando Hannah tuvo esa verga frente a su cara la vio aún más grande. Además del tamaño, notó el olor, era obvio que ese señor no se bañaba hace días.

    —¿te traigo un bolillo para el susto niña? –le dijo mientras le pegaba la verga en la cara– chúpala ya.

    Hannah por fin separó los labios y su pequeña lengua salió para llenar de saliva la punta de esa verga, el sabor era rancio. Pero la sensación le gustaba. Igual que a él, Ramiro sentía la respiración agitada de Hannah sobre su verga, y esa lengüita se veía divina, además sus ojos ahí eran lo mejor. Ella miraba arriba constantemente y él se fascinaba de ver a esa hermosa niña ensalivándole la verga.

    Ella abrió la boca y solo pudo meter un poco en su boca, incluso sentía como sus labios se estiraban intentado meter más de ese enorme trozo de verga. Así que fue Ramiro quien empujó un poco de su nuca para que resbalara su verga dentro de esa boca, sentía como rozaban los dientes de Hannah y locomotoras ella trataba de abrir la boca pero no podía más, así que solo movió su lengua, el sabor a rancio se intensificó y solo cerró los ojos al tragar saliva con ese sabor mientras movía su cabeza para mamar un poco. Luego se alejó para tomar aire.

    —ahora despacio niña, métela –ella abrió la boca y sintió como se deslizaba adentro y afuera, como Ramiro se aferraba a su nuca para meter más aunque era imposible, o eso creía ella, la punta ya rozaba su garganta. Tuvo que sacarla y toser un poco, la sensación de ahogamiento la invadía, sin embargo volvió a meterla en su boca y esta vez ella chupó con gran dedicación.

    —¡eso güerita! –dijo don Ramiro mirando esa cabellera rubia moverse frente a él.

    —hag haaag mmmm

    Se daba tiempo de tomar aire mientras lamía la punta y jalaba masturbando al viejo, luego volvía a mamar. Don Ramiro la levantó y la colocó sobre un tronco.

    —dijo que solo… –no alcanzó a decir nada, sus shorts ya caían al piso y esa verga se acercaba, luego de que le separaran las piernas.

    —yo no dije nada –esbozó el apuntando su verga.

    —ay ay ay no –de nuevo apenas la punta empezaba a forcejear por entrar y ella pensaba que no entraría, le ardía.

    —tranquila niña, de que entra entra –empujó más y por fin resbaló. Lo supo por el alarido de dolor que salió de Hannah

    —ay aaay –luego solo bufo con la verga adentro mirando a los ojos a ese señor de cara arrugada que comenzaba a besarla. El olor era incuso de fétido, pero inexpugnable mente respondió a los besos mientras la verga se movía dentro de ella lastimándola y causándole un placer que jamás había experimentado.

    Los dedos callosos apretaban sus pezones con fuerza, él recorría su cuello, lamía sus pechos y volvía a besar su pequeña boca.

    —ahhh mmmm aaah

    —Estas bien rica pinche güerita, ustedes, las más chulas son las más pendejas… le dan el culo a puro chamaco pendejo.

    —mmm haaaa mmm

    —Y mire güerita, este viejo la está haciendo pujar…

    —ay ay mmmm ay ay –Don Ramiro empujó más y al fin entró toda su verga, ella ponía los ojos en blanco pues estaba extasiada de tener esa verga dentro por completo. Le dolía pero era un dolor delicioso.

    —Ven, quiero ver ese culito pálido –la giro y la recargo sobre el tronco, boca abajo, sus nalgas escondían ese ano rosado que el froto, luego se mojó un dedo y lo metió sintiendo como ella apretaba sus culo.

    —¡aaay!

    —me lo vayas a morder niña –dijo dándole una buena nalgada, luego abrió con ambas manos sus nalgas y recargo la punta de su verga justo en ese orificio trasero que lucía tan delicioso.

    —No por ahí no, no me duele ay no ay nooo aaay mmm nooo…

    —nomas poquito niña –le decía mientras ella trataba de evitar que la penetrara por el culo, al final él le sujeto las manos y aunque seguía pataleando con solo recargar su peso logro que su verga se abriera camino entre sus nalgas.

    —¡Aaaay! –nunca en su vida había experimentado tanto dolor.

    —eso… ahí va…

    —¡Aaaay ya nooo! –la verga se hundí más y más, perecía que la partiría en dos. , cuando no entró más, Ramiro regresó y la empujó.

    —¡Aaay duele mucho! –pero él empezó a menearse y ella a pujar.

    —eso, ya está eso…

    —hum huuum ay haaa mmm

    Cuando ya la tenía toda dentro, Ramiro le jalo el cabello y tiro con fuerza para que sus nalga rebotaran contra el, con fuerza.

    —ay haaa mmm

    —¡ya ves que si cupo toda!

    —mmm ah ahh ahhh dueleee

    —Es que si lo traías bien apretado niña, pero que rica cola —decía y jalaba más de su melena rubia.

    Apretaba sus nalgas para irlas enrojeciendo poco a poco, luego le tomó ambos pezones y apretó con fuerza con sus dedos llenos de cayos.

    —aaay mmm bfffuuu aaah

    —Pareces muñequita pinché escuincla

    —mmm ah ay ay ay aaay

    —ven aquí –dijo y la jalo para que volviera a mamarle la verga o a limpiarle, ahora el sabor de su culo se sumaba a la mezcla y todo se iba por su garganta. Luego la cargo, ella se sostuvo pasando sus manos por el cuello de Ramiro, luego el acomodó sus nalgas para poder meter su verga en esa panochita rosita.

    —aaay aaah –de nuevo el dolor de tener esa enorme verga avanzando dentro de ella, solo podía abrazarse a él con más fuerza mientras él como a una muñeca la movía para que subiera y bajara sobre el.

    Cuando sintió que se venía, fue el quien la apretó.

    —No no no adentro no…

    —¿como no?

    —No no no mame no adentrooo nooo

    —haaaa que rico ah que rica pinche chamaca mmm esooo cabrona

    Hannah sentía como se llenaba de semen su interior y aunque no quería, era una sensación que le gustaba mucho. Cerró los ojos y solo los abrió cuando Ramiro la bajo para ponerla sobre el pasto.

    —Salimos en diez minutos niña –dijo el alejándose hasta su pequeña cabaña. Ella se levantó y caminó hasta donde estaba ese balde de agua y trato de enjuagar el semen que ya le escurría por las piernas y de enjuagarse la boca. Le dolían sus dos agujeros. Se puso sus shorts y camino hasta la entrada. Don Ramiro sacó su camioneta vieja, ella subió y él no pronunció ninguna palabra, solo miraba sus piernas.

    Unos kilómetros adelante se detuvo, ella rezaba para que no se hubiera descompuesto pero Ramiro solo bajo el cierre de su pantalón y sacó su verga. No dijo nada, volvió a encender la camioneta y avanzaron. Hannah fue jalando aquella verga por un rato y luego se agachó para chupar, se tragó el semen y se incorporó, ya había casas. Estaban cerca. Cuando llegaron al pueblo vio el auto de Daniel, el novio de su amiga, luego a ella con el teléfono en la mano.

    —¡Nika! –grito por la ventana.

    —¡Hannah! Respondió brincando contenta.

    Abrió la puerta y ambas se abrazaron a media calle.

    —¡no mames me dejaron!

    —Ya estamos aquí, también tú te escondes

    A la ventanilla de Ramiro se acercó Daniel que con expresión de asco le dio un billete de 500 —tenga “don” gracias por traer a Hannah, ahí para que se compre un refresco.

    —Gracias niño, fue un placer ayudar –arrancó su camioneta y se alejó sonriendo— ¡PENDEJO!

    Dos meses después, luego de los mareos y el vómito Hannah estaba en su baño con una prueba de embarazo, el sudor frío le recorría el cuerpo mientras esperaba el resultado.

    —¿Positivo? ¡Puta madre!

    @MmamaceandoO

  • Mi marido nos coge a las dos

    Mi marido nos coge a las dos

    —Marce, hoy a la tarde me llamo Ivana. Me preguntó algo y te juro que me quedé helada.  Todavía no lo puedo creer. Le dije a mi marido cuando estaba preparando la cena.

    —De Ivana puedo esperar cualquier cosa. Contame.

    —Primero me conto boludeces, después me dijo que nos invitaban a cenar el sábado. Hasta ahí, todo bien. Pero después… “Y si tienen ganas, después podemos ir a un club swinger, ¿qué te parece Ceci?”

    —Ah bueno… Se volvió loquita. ¿Qué opinas? Me preguntó.

    —A mi Tito no me toca ni con una caña de pescar, ni en pedo. Y un club swinger… Sinceramente no me interesa.

    —Entonces no se habla más. Dijo Marce sin dudar.

    —¿Te gustaría verme con otro hombre? Pregunte sabiendo la respuesta.

    —Sabes que no. ¿A vos te gustaría verme con otra mujer? Me preguntó.

    —Espero que no salgas corriendo: Me gustaría verte coger con otro tipo a una mina, yo tener algo con la mina y que me cojas como vos me coges mientras la otra pareja mira.

    —Salieron a correr los ratones… ¿Te va hacerlo con Ivana?

    —Si… me encantaría tenerla chupándome la concha cuando vos me das por el culo.

    —Me gusta la idea. Llamala con el altavoz, decile que estas sola y tirale la idea. A ver que te dice.

    —Dale.

    Ceci fue a buscar su celular y lo puso sobre la mesa.

    —Hola Ivana, estoy con el altavoz porque estoy revisando el correo.

    —Hola Ceci, no hay problema.

    —Sobre lo que me dijiste hoy, ¿podes hablar?

    —Si, pongo el altavoz, estoy con Tito.

    —Lo de ir al club swinger, no me va. Y lo que te voy a decir, tengo que hablarlo con Marce. Si quieren, podemos hacer algo los cuatro, pero… yo no quiero hacer nada con Tito. Con vos, no tengo problema, y tampoco que Marce haga algo con vos. Mi morbo es verlo coger a otra mina, y que nuestros hombres nos cojan a las dos al mismo tiempo.

    —Yo no tengo problema. Dijo Tito de inmediato.

    —Entonces, vos y yo, Marce y yo, no hay problema.

    —Exacto.

    —No tengo problema. Si Marce quiere, avísame.

    —Mañana te mando un mensaje.

    —Dale, me gusta la idea de estar con vos. Dijo Ivana.

    —Me too. Besos a los dos.

    —Besito.

    Corte y con Marce nos miramos y nos sonreímos.

    —Te cuento que voy a llevar mi “juguetito”, porque me pienso hacer tremenda paja mirando como la coges. Dije.

    —Viciosa.

    El sábado fuimos a la casa de ellos, y las dos estaban vestidas para el infarto. Ceci, con una mini y una camisa casi transparente. Ella no es muy alta, pero tiene buen cuerpo, sobre todo un culo espectacular. Ivana, con un vestido mini. Ella es más alta que Ceci, pero anda floja de lolas, y su culo no es muy grande.

    Ni bien entramos, Ceci le dio un tremendo beso a Ivana, empezando a subir la temperatura de todos. Durante la cena, necesité pasar al baño e Ivana me guio. Como no nos veían nuestras parejas, la hice entrar y tomándola del cuello, la hice poner de espaldas contra la pared.

    —No hay mucho tiempo. Sacate la tanga. Le dije sin soltarle el cuello.

    Ella se excito de inmediato y se sacó la tanga.

    —Ponetela en la boca y date vuelta.

    Ella lo hizo y le separe las piernas para meterle dos dedos en la concha. A pesar de tener la tanga en la boca, pude escuchar claramente su gemido de placer.

    —Te voy a dar el gusto de cogerte bien cogida Ivana. Por esta conchita estrecha que tenes y por este culito hermoso.

    Dije y le metí los dos dedos en el culo. Ella se quejó de dolor pero saco su culo hacia afuera para que entren totalmente. Los metí y saque varias veces y la solte para orinar.

    —No puede ser cierto, que tremenda pija que tenes. La quiero ya mismo.

    Todavía me quedaba algo de orina y quise probarla. La hice poner de rodillas y abrir la boca.

    —¿Tenes sed? Le pregunté sonriendo.

    —No seas desgraciado. Me dijo sin correrse.

    Metí mi pija en su boca y termine de orinar allí. La muy puta se tragó todo.

    —Enjuagate la boca y volvé a la mesa. Sin la tanga.

    Ella lo hizo y yo me demore un par de minutos. Ya estaba disfrutando lo que iba a venir. Cuando me senté Ceci me miró sonriendo, sabía perfectamente que algo había pasado. Terminamos de cenar y nos sentamos en unos sillones a tomar café.

    —Por lo que me dijo Ceci, Ivana va a hacer servicio completo Tito.

    —Sí, pero mi morbo es ver como la coges. Vos dirás si participo o no. Dijo Tito sorprendiéndome.

    —Bueno, no hay problema.

    Me puse de pie, y me saque toda la ropa. Tito miró asombrado el tamaño de mi pija, casi de 18cm., y gruesa. Él se desvistió y su pija era de unos 12cm. Las dos se quitaron toda la ropa y Ceci le dijo a Ivana que me la chupe, se puso de rodillas y me comenzó a chupar. Ceci, sentada a mi lado, separo las piernas y se tocaba mirándolo a Tito.

    Ivana me chupaba metiéndose toda mi pija en la boca, la besaba, la lamía. Con una mano me masturbaba y con la otra acariciaba las tetas de Ceci. Tito miraba a Ceci y a Ivana.

    —¿Te gusta lo que ves Tito? Le preguntó Ceci.

    —Me encanta. Contestó.

    Ceci fue hasta su bolso y busco su consolador simil pija, y se volvió a sentar. Era casi del tamaño de mi pija. Se lo pasaba por los labios de la vagina y tomándola de los pelos a Ivana manejaba el ritmo con que me chupaba.

    —Chupame. Le dijo Ceci a Tito, que se acercó y se puso de rodillas entre las piernas de mi mujer.

    La empezó a chupar y ella a gemir. Le acerco el consolador a Ivana, que se puso a chuparlo mientras me masturbaba. Tito chupaba y la miraba a Ivana como chupaba mi pija y el consolador.

    —Me parece que se porque Tito quería ir al club swinger. Dijo Ceci, y le puso el consolador junto a su boca.

    Tito lo miró y empezó a chuparlo.

    —No me equivoquen, al buen Tito le gusta la tranca también. Dijo Ceci con cara de hija de puta.

    Tito e Ivana chupaban y se miraban. Me levanté y la hice poner como perrito a Ivana en el sillón, me puse detrás y se la metí con todo en la concha. Dio un grito de placer y ella se empezó a mover con todo. Cecilia miraba y se masturbaba con dos dedos mientras hacía que Tito chupe el consolador.

    —Mira como le está agrandando la concha Tito, es un animal cuando se calienta. Dijo Ceci.

    Yo le daba con todo en la concha, Ivana gemía como loca, no paraba de gozar. Ceci nos hizo acomodar para que Ivana le chupe la concha mientras yo la cogía.

    —Así Ivana, siempre te lo quisiste coger a Marce, ahora te das el gusto, y yo, que me la chupes. Y vos Tito, chupame las tetas.

    Ceci se estaba dando una panzada de placer y poder. Ella era la que los manejaba a su gusto. Así estuvimos hasta que tuvo un par de orgasmos.

    —Es hora que sientas como coge mi macho. Dijo Ceci y se levantó. Hizo que Tito le de a chupar su pija a Ivana y me dijo que se la meta en el culo a ella.

    Escupí en su orto y la fui metiendo lentamente. Ivana se quejaba de dolor pero no se movía. Cuando la metí por completo, le empecé a dar con todo. Ivana gritaba de dolor y placer, Tito miraba y le cogía la boca extasiado por como Marce le rompía el culo a la mujer.

    —Así mi amor, abrí bien ese culo, pero no se te ocurra acabarle. Dijo Ceci masturbándose con el consolador en la concha.

    Tito no tardó en acabar en la boca de Ivana y se sentó a mirar. Ivana tuvo un orgasmo y Marce salió de su culo, y le puso la pija en la boca para que la chupe. Ivana, casi sin aliento la chupo por un par de minutos.

    —Sentate amor. Dije.

    Marce se sentó en el sillón y lo monte de frente. Que placer sentir esa pija en mi concha. Ivana y Tito nos miraban coger como animales, yo saltaba en su pija enterrándomela hasta el fondo.

    —No te das idea lo que gozo con este hijo de puta, para que tengo que buscar un macho en un club swinger si tengo al mejor. Dijo Ceci mirando a Ivana.

    —Te envidio. Dijo Ivana.

    —Metele dos dedos en el culo a Tito y chupale la pija. Dije.

    Ivana lo hizo poner de rodillas en el sillón, a la par de Marce y tras meterle los dedos en el culo, se la comenzó a chupar. Yo no podía creerlo. Sin que le diga nada, le metió un tercer dedo y el gimió de placer. No tardó mucho en acabar en la boca de Ivana que lo miró con enojo.

    —Ahora sí, putita, todo para mí. Dije.

    Me levanté, le di la espalda a Marce y me metí su pija en mi culo. Puse a Ivana a chuparme la concha mientras yo subía y bajaba con la pija de mi marido en el culo. Estaba loca de placer. Le di el consolador a Tito para que se lo meta en el culo a Ivana. Ella gimió y me chupaba como loca. No tardé mucho en acabar y junto conmigo, Marce me llenó el culo de leche. Me levante y se la chupe dejándola totalmente limpia. Mientras lo hacía, Ivana tuvo un orgasmo con el consolador en el culo.

    Quedé destruida, Ivana trajo cerveza y nos tomamos un par.

    —¿Satisfecha? Le pregunté a Ivana.

    —Muy satisfecha. Es un animal tu marido.

    —Me gustó esto de jugar con Ivana. Le dije a Marce.

    —A mí también. Dijo él.

    Nos fuimos para casa, y le dije a Marce.

    —Esto recién empieza mi amor. La próxima, sin Tito.