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  • Dormida

    Dormida

    Vengo a contar uno de mis sueños sexuales…

    Estaba con tanga y una remera de tirantes blanca con alguien que no conocía pero dormíamos juntos, el apretó sus manos en mi cintura, sentía su verga en mi espalda, de lo fuerte que me apretaba a su cuerpo. La otra mano estaba debajo de mis pechos. Luego bajo por mis muslos.

    Yo estaba muy agitada y mojada, empezó a tocar mis tetas directamente. Más fuerte cuando él comienza a acelerar los movimientos. Con su mano izquierda acariciando suavemente mis tetas, se separó un momento, volvió a pegarse a mí.

    Se había sacado los calzoncillos. Sentí su pija ya liberada y mojada meterse entre mis piernas y comenzar a entrar y salir. Sentí que me empapé toda, empezó a bajar de forma extremadamente lenta la tanga, muy de a poco, sentí que me abría las nalgas y por primera vez sentí su pene resbalar en la raja de mi culito.

    Lo apoyaba un poco más fuerte arriba y abajo hasta mi concha, donde también hacia un poquito de presión pero no la metía, luego besaba mis muslos, no tenía más que mi ramera sin ropa interior… sentía mucho placer, hasta que sentí que me tomaron de las piernas y brazos dieron vuelta boca arriba y de un galón me metió su verga…

  • Del temor al embarazo a orgasmos infinitos

    Del temor al embarazo a orgasmos infinitos

    En mis relatos anteriores conté como en apenas diez días de conocerlo “Perdí mi virginidad a los 18 años con un hombre de 40”, la semana siguiente pasé toda la noche en su departamento, fue “Mi primera noche de sexo” y al otro día me tuvo ”Penetrándome en el auto”. Esta es la continuidad de esa historia.

    Al día siguiente que me tuvo en su auto fui de compras al supermercado, me puse en la cola para pagar y quedé detrás de una chica embarazada, en al acto me vino a la mente que cuando tuve sexo con Gustavo el siempre acabó adentro mío. Me puse muy nerviosa y me invadió el temor que podía haber quedado embarazada, pensé montones de cosas, en mí, en mis padres, en mis hermanos, en que les diría, y muchas cosas más.

    Durante todo el día no pude sacarme el tema de la cabeza y no tenía a quien recurrir para hablar y preguntar sobre eso. Pensé varias veces en hablar con Gustavo pero no me decidía a hacerlo. Me estaba muy mal y preocupada, finalmente no aguanté mas y tipo 19,15 h., lo llamé y le dije que quería hablar urgente con él, me contestó que le diga que pasaba, le dije que por el celular no, que tenía que ser personalmente y le pedí que venga unos minutos al bar del frente del departamento para que hablemos, me dijo que estaba haciendo ejercicios y que a las 21 horas tenía un compromiso. Yo insistí que quería verlo que era algo muy importante, entonces me dijo que vaya ya mismo a su departamento. Me repitió que vaya rápido porque a las 21 tenía que salir.

    Para no demorar, me cepillé los dientes y salí con la ropa que tenía puesta, una solera de entrecasa suelta, escotada y corta. Cuando llegué el estaba con el short y la musculosa de gym, me dio un beso y quiso abrazarme, le dije que no, que quería hablar. Fuimos al dormitorio y nos sentamos en el borde de la cama, le dije lo que me pasaba, que estaba muy preocupada y tenía miedo de haber quedado embarazada. Cuando terminé de hablar me dijo “ahhh era eso ahora entiendo”, noté un alivio en su rostro, puso la mano sobre mi pierna y me dijo que no tenía que preocuparme, que años atrás se había hecho una “vasectomía” y no había ningún riesgo que pueda quedar embarazada. Le pregunté que era una vasectomía, y el me explicó que es una pequeña operación que se hacen los hombres para tener sexo sin riesgo de embarazo para la mujer. Me contó que él se la hizo cuando tuvo el segundo hijo con su ex mujer, porque le gustaba tener sexo sin preservativo y no quería tener más hijos. Cuando me dijo eso sentí un gran alivio y tranquilidad. Quise levantarme para irme pero él me agarró de la mano y me dijo “me quedan 30 minutos quédate un rato y te vas a ir tranquila y bien relajada”

    Puso su mano sobre mi pierna y comenzó a acariciarla moviendo su mano en círculos suavemente y luego las agarraba con las dos manos para acarícialas primero una y luego la otra, me excité rápidamente, me inclinó el cuerpo hacia atrás quedando con la piernas colgadas, me acarició el interior de los muslos, se arrodilló en el suelo me abrió las piernas, me acariciaba y besaba alrededor de mi sexo, estaba totalmente mojada y comencé a gemir, me sacó la tanga y me introdujo la lengua, cuando encontró mi botoncito lo lamía sin detenerse mientras con las manos me acariciaba alrededor de mi sexo, me retorcía y gemía cada más fuerte, el seguía sin parar un segundo, cerco mis piernas, mi cuerpo se sacudió, grité, un fuego me recorrió entera y sentí un líquido espeso y caliente saliendo de mi cuerpo. Sin esperar nada se paró, se sacó el short, me agarró las piernas y las puso por el costado de su cuerpo sujetándolas con las manos, afirmó su pene durísimo en mi sexo y lo frotaba sin penetrarme, gemía desesperada y empujaba mi pelvis hacia arriba, me penetró, moviéndose con fuerza, yo gemía y gritaba, me lo hacía cada vez más fuerte, lo sacó y lo hundió con fuerza, nuevamente grité y volví a acabar, el siguió moviéndose cada vez más rápido hasta que sentí su semen caliente entrando a chorros en mi cuerpo. Me estiró en la cama, me acaricio la cara, me besó y me dijo “quiero seguir cogiéndote pero me tengo que ir, mañana vas a gozar toda la tarde”. Se fue a bañar, yo me quedé unos minutos acostada luego me vestí. Salió envuelto en una toalla, me apretó contra su cuerpo y me dijo “te dije que te ibas a ir contenta y relajada… mañana vení con ese mismo vestido” nos besamos varias veces y me fui.

    Cuando salí, sentía un gran alivio y estaba tranquila, mas tarde busque en google el tema de la vasectomía y era tal cual me lo había dicho. Me acosté pensando en Gustavo, el me gustaba, su cuerpo me excitaba, me daba cuenta que tenía mucha experiencia y seguramente había salido con muchas mujeres.

    Al otro día (domingo), tipo 15 h., como Gustavo me pidió, me puse la misma solera y fui a su departamento, estaba de short y musculosa de gym, apenas entré me dijo “bebe te pusiste ese vestido que me recalienta”, me abrazó, me besó, me apretó contra él, metió la mano en mi espalda por el escote de la solera, me desprendió el corpiño, me lo sacó y me dijo “cuando estés conmigo te quiero sin corpiño, me gusta sentir tus tetitas duras y calientes cuando te abrazo” me tomó de atrás, me besaba el cuello y los oídos mientras me acariciaba los pechos, luego me llevó al dormitorio.

    La cama de Gustavo es muy ancha, el colchón altísimo, tiene un respaldo de madera con barrotes, las sábanas estaban limpias y perfumadas, había preparado todo para esa tarde. Apenas entramos me estiró en la cama y se puso encima mío, me acarició y besó una rato, me sacó el vestido, me estiró los brazos hacia atrás y me dijo “quedate así vas a gozar con lo que más te gusta”, lo hice mansamente, comenzó a acariciarme los pies y frotarme los dedos, luego siguió con la parte inferior de mis piernas, las acariciaba y besaba, lo hacía todo suave y lentamente, yo tenía los ojos cerrados, gozaba y sentía placer, iba subiendo muy despacio, cuando llegó a mis muslos me acariciaba la parte interior suavemente en círculos y me besaba, sentía sus manos y sus labios calientes, y mi cuerpo era un fuego, luego con las dos manos tomaba una de mis piernas y la acariciaba desde los pies hasta los muslos, después hacía lo mismo con la otra, comencé a gemir, con la yema de sus dedos me acariciaba alrededor de mi sexo, metió la mano por debajo de la tanga y me acariciaba el sexo, me mojé completamente, me sacó la tanga y pasó suavemente sus dedos por mi sexo, sentía placer y gemía sin parar, me introdujo un dedo, rápidamente encontró mi clítoris y comenzó a frotarlo mientras con la otra mano me acariciaba cerca del sexo, temblé toda y tuve un orgasmo infinito, sin esperar nada se sacó la musculosa y el short, tenía su pene durísimo y lo pasaba por mis muslos y por mi sexo sin penetrarme, no aguante mas, lo abracé buscando que me penetre, apoyó su pene, lo hundió totalmente, comenzó a moverse con fuerza, y nuevamente acabé, los sacó, me estiró las piernas sobre su cuerpo, y volvió a penetrarme, me las acariciaba y apretaba mientras se movía, me tomó de la cola y la levantó, sentí que su pene me atravesaba, me salió un grito, me recorrió un fuego, mi cuerpo temblé entero y tuve otro orgasmo, el siguió, me levantaba de las piernas y seguía penetrándome con fuerza, estuvo un largo tiempo hasta que sentí su semen entrando a chorros en mi cuerpo.

    Descansamos unos minutos, volvió a estirarme los brazos hacia atrás, comenzó a acariciarme y besarme el vientre y fue subiendo hasta mis pechos, los acariciaba suavemente, por momentos los apretaba y los besaba, los tomaba con las dos manos para acariciarlos, pasaba las yemas de sus dedos alrededor de los pezones, mis pechos y pezones se pusieron durísimos, frotaba mis pezones con los dedos, les pasaba la lengua, los besaba y succionaba suavemente, todo lo hacía lentamente y por mucho tiempo, yo seguía con los brazos hacia atrás, gozaba y me excitaba cada vez más, recorría mi cuerpo acariciando y besándome desde el ombligo hasta los pechos, su pene se puso durísimo, me lo pasaba por los pechos y los pezones, me estiró las piernas hacia atrás sujetándolas con sus manos y me penetró, se movía, paraba unos instantes y luego seguía, yo gemía y gritaba él lo hacía cada vez más fuerte hasta que se detuvo, se estiró hacia atrás y me hizo sentar arriba de él, sentí que entraba totalmente, me tomó de la cintura me subía y me bajaba lentamente, lo hizo un rato y me dijo “ahora movete vos sola para que te acaricie las piernas y los pechos” me soltó y empecé a moverme, sentía su pene entrando y saliendo de mi vagina a mi voluntad, gemía y me agitaba, el me acariciaba las piernas, me las apretaba y pujaba hacía arriba, volvió a agarrarme de la cintura, me detuvo y me movía hacia los costados, sentía pene frotando mi vagina, me soltó y seguí moviéndome hacia arriba y abajo cada vez más rápido, gemía, gritaba y me desesperaba, me agarró de la cintura me levantó y me bajó con fuerza, grité, me estremecí entera y acabé a mares, seguía penetrada y su pene durísimo, no me dejó reponer, me tomo de la cintura y otra vez me movía subiéndome y bajándome, me excité nuevamente el me soltó y seguí moviéndome cada vez más rápido, el empujaba hacia arriba, nos movíamos juntos al mismo tiempo, comencé a gemir y gritar, y acabé nuevamente mientras sentía su semen entrando en mi cuerpo. No podía más y quedé estirada sobre Gustavo.

    Estábamos agotado, descansamos un rato, me dijo que me diera una ducha, la necesitaba, estaba enchastrada de fluidos, fui al baño, el entró detrás mío, y me dijo ”nos bañamos juntos”, me enjabonó lentamente de atrás, la espalda, la cola, las piernas, luego de frente los pechos, el vientre, las piernas, el sexo y todo el cuerpo. Me dijo que lo enjaboné a él, yo deseaba hacerlo, pasar las manos por su cuerpo, le enjaboné todo el cuerpo de espalda y luego de frente como lo hizo conmigo, me excitaba hacerlo, luego nos enjuagamos bajo la ducha, mientras lo hacíamos me acariciaba los pechos, las piernas y la cola, yo tocaba su pecho, abdomen y brazos, nos besamos, me secó mientras me acariciaba, luego lo hice yo con él.

    Salimos y nos acostamos, me tenía abrazada, me acariciaba el cabello, la cara y me besaba, a los pocos minutos se durmió y luego me dormí yo. Cuando me desperté no tenía noción del tiempo que había pasado, el seguía durmiendo. Tímidamente comencé a acariciar su pecho, su abdomen y sus brazos, él se despertó y me dijo “me gusta que lo hagas”, seguí acariciando y besando su cuerpo, deseaba hacerlo y me excitaba, lo hice durante bastante tiempo, el comenzó a excitarse, su pene se puso duro nuevamente y me dijo “quiero que me lo acaricies y me lo beses”, empecé a descender desde su pecho acariciándolo y besándolo hasta llegar a su pene, lo tome con mis manos, se lo acaricie y lo besaba, cada vez lo tenía más duro y me dijo “quiero que lo pongas en tu boca”, obedientemente lo introduje en mi boca, y le acariciaba el cuerpo, se sentó, me tomó de los cabellos y comenzó a moverme la cabeza hacia abajo y arriba, su pene entraba cada vez más en mi boca, lo tenía durísimo, yo estaba muy excitada, comencé a subir y bajar la cabeza cada vez más, empujo su pene adentro de mi boca y sentí su semen caliente entrando a en mi garganta, no paraba de acabar, lo dejó un tiempo adentro y luego lo sacó. Me dijo “sos divina quiero que siempre me lo chupes así”.

    Nos quedamos acostados, cuando miré la hora eran las 22.30 de la noche, habíamos estado más de siete horas, le dije que tenía que irme, me levanté y me vestí, cuando me acerqué para darle un beso y despedirme, me tomó de la cola y me dijo “esto es el comienzo, faltan muchas cosas, quiero que todo tu cuerpo sea mío” Cuando salí me sentía agotada, pero también satisfecha, como Gustavo me lo prometió G tuve una tarde de mucho placer y de orgasmos infinitos.

  • ¿Mi mujer es actriz porno?

    ¿Mi mujer es actriz porno?

    Quedé con mi amigo Tony en un bar-cafetería, después del trabajo. Por lo visto, tenía algo muy importante que decirme. No quiso contarme nada más, quería tenerme delante, según me dijo. Al capullo le gustaba hacerse el interesante, pero no era un fanfarrón, así que le hice caso.

    Después de tomarnos un par de vinitos y hablar de chorradas, le dije:

    ―Bueno, ¿entramos en materia, o qué? ¿Me vas a contar eso que es tan importante?

    Él dejó escapar una sonrisilla maligna, pero en seguida se reprimió.

    ―Berto ―me dijo―, no es broma, ¿eh? Esto no te va a gustar.

    ―Venga, tío, déjate de rollos y suéltalo ya.

    ―Ok. Tu mujer te la pega con otro.

    Me quedé parado mirándolo.

    ―¿Qué dices?

    ―Lo que oyes.

    ―Tony, me cago en la hostia, no bromees con estas cosas. ¿Es el día de los inocentes, o qué?

    ―Berto, tu mujer se está tirando a otro. No te vacilaría con algo así.

    ―Pues, amigo, vas a tener que darme un argumento sólido. ¿En qué te basas para decir eso? Mapy no me ha dado nunca el menor motivo para dudar de ella.

    ―Las cosas no son a veces lo que parecen. Y que conste que tu mujer me cae muy bien, ¿eh?

    ―Pues, te lo repito, vas a tener que darme algo sólido para que me crea eso. ¿En qué te basas?

    ―La he visto ―me dice.

    ―¿La has visto con el tipo? ¿Dónde?

    ―En la cama.

    Me quedé otra vez parado mirándolo.

    ―¿Y eso cómo es posible? ¿Te metiste en el armario?

    ―Tú sabes dónde vivo, ¿verdad?

    Pues sí, vivía en un edificio de 14 plantas, y justo delante del suyo había otro idéntico. Yo estaba empezando a acojonarme.

    ―Sí, ¿y qué?

    ―Y también sabes que tengo una afición particular.

    En cuanto dijo eso, me vino a la mente su telescopio y su cámara con teleobjetivo. Al tío le gustaba espiar a los vecinos de enfrente. A veces pillaba a alguno que otro en las situaciones más indiscretas. Uno de los vecinos era una especie de exhibicionista. Le gustaba llevarse a las tías a la cama y dejar el ventanal de su alcoba con las cortinas descorridas. Yo mismo había visto algunos de sus vídeos en los que grabó al tipo follando.

    ―¿La has pillado?

    Tony sacó su móvil, buscó en una carpeta y le dio al play. Se veía a mi mujer con el exhibicionista follando a todo trapo en la alcoba. El humo empezó a salirme por las orejas.

    ―Pero me cago en… ¡Qué hija de puta! ―dije.

    Se la veía perfectamente comiéndole la polla al tipo, haciendo el 69, a cuatro patas mientras él se la metía por el coño y por el culo. Cómo gozaba la maldita.

    Tony se echó hacia atrás en la silla y me dejó a mí viendo el vídeo. Supongo que le parecía feo estar viendo esas imágenes delante de mí, pero me imaginaba que se había hecho mil pajas viendo cómo follaba mi mujer.

    ―La muy zorra… ―seguía diciendo yo. No podía apartar los ojos de la pantalla, allí en la cafetería.

    Me lo tragué enterito. La muy cabrona hacía cosas que jamás había hecho conmigo. El tío la agarraba del pelo y le restregaba la polla por toda la cara. Ella se tocaba el coño mientras él le daba pollazos, se veía que le gustaba. ¿Y cuándo se la había metido yo por el culo? ¡Jamás! Eso eran «cochinadas». Era lo que me decía a mí. Joder, qué pedazo de puta…

    Cuando acabó el vídeo, me quedé como alelado, con la mirada perdida. Estaba en shock. Me parecía increíble.

    ―Lo siento, tío ―dijo Tony―, pero creo que tenía que decírtelo.

    ―¿Desde cuándo lo sabes?

    Tony se calló un momento. Me temía lo peor.

    ―Un mes, más o menos.

    ―Ya… Vamos, que te has puesto las botas, ¿no?

    Sonrió con un lado de la boca.

    ―Berto, no te líes. Te lo estoy diciendo. Podía haberme callado.

    ―Tienes razón.

    Me quedé pensando. Entonces, le dije de pronto.

    ―¿Tienes más vídeos?

    Se lo pensó antes de contestar. Era obvio.

    ―Unos pocos.

    ―¿Podrías editarlos y hacer uno… para mí?

    ―No te entiendo.

    ―Que si podrías editarlos, joder, recortar aquí y allí, sacar planos cortos en los que no se vieran las caras. Y al final vas ampliando el zoom hasta que aparezcan enteritos, como dios los trajo al mundo, con sus caras de disfrute.

    ―Pues claro que podría.

    ―Vale, entonces haz uno bueno. Los sacas como te acabo de decir y luego, justo delante, pegas el vídeo original completo, pero sin editarlo, que se les vea todo el tiempo enteritos, ¿ok?

    ―Claro, tío, lo que tú quieras.

    ―Ok, hazlo y me avisas cuando lo tengas. Te pago y todo.

    ―Venga, no seas gilipollas. Te aviso cuando lo tenga. ¿Te vale con diez minutos de grabación?

    ―Más que suficientes. Pero saca las partes clave, sabes lo que te digo, ¿no?

    ―Entendido. Eres la hostia ―me dijo descojonado.

    Me fui a mi casa echando chispas. Tuve que serenarme en el garaje y respirar hondo, porque no quería que Mapy me lo notara. Estaba con su indumentaria clásica para estar en casa: pantaloncito de pijama de algodón, calcetinitos, y camiseta holgada. Estaba comiéndose una tarrina de helado de Häagen-Dazs. Ojalá se atragantara. Le di un beso al llegar y me fui a la nevera a coger algo de comer.

    ―¿Qué tal? ―me preguntó.

    ―Bien. Estuve con Tony. Me contó una historia de lo más rocambolesca.

    ―De Tony me espero lo que sea. ¿Qué historia?

    ―Pues algo de cuernos y tal. En fin, locuras suyas.

    Ella no contestó enseguida.

    ―Ya…

    Después me di una ducha. Tenía que distraerme como fuera para no saltar. No podía borrar de mi mente aquellas imágenes. Y luego verla a ella allí viendo la tele tan tranquila y modosita, con su pijamita de ositos…

    Tras unos días, me las fui ingeniando para hacerle ver que quería hacer cosas «nuevas» con ella, darle un poco de salsa a nuestras relaciones.

    ―Es que siempre hacemos lo mismo ―le dije―. No está mal variar, ¿no? Todo el mundo lo hace.

    ―¿Ya estás otra vez con esas cosas?

    La muy cabrona seguía haciéndose la señorita recatada. Tenía huevos la cosa.

    ―«Esas cosas» se llama sexo, Mapy. No pican, ¿eh?

    ―Mira que eres pesado. ¿Y qué has pensado?

    ―No sé, ver una peli porno juntos, por ejemplo. Nunca lo hemos hecho.

    Ella hizo un gesto de fastidio.

    Al final la fui convenciendo hasta que aceptó a regañadientes. Qué suplicio, la pobre, tener que ver esas «cochinadas» conmigo. Me daban ganas de cargármela.

    Por fin, el vídeo estaba preparado y fui a recogerlo. Era viernes, así que esa misma noche llevaría a cabo mi plan. Cuando llegué a casa tras el curro, me di una buena ducha, comí algo ligero y dejé que pasaran algunas horas hasta que se hicieron las diez.

    ―¿Te parece si probamos ahora? ―le dije a Mapy.

    ―¿El qué, lo del vídeo? ―me preguntó como con desgana.

    ―Sí. Venga, ponte algo apropiado, bragas y camisa sin sujetador.

    Se me quedó mirando con cara de «eres un cerdo salido», pero al final lo hizo. Yo acabé en un santiamén: me puse un bóxer bien elástico y sanseacabó. Ella regresó con unas bragas de encaje azul turquesa y una camiseta suelta. Al caminar, los pezones le bailaban bajo la tela. Pasó por delante de mí y se echó en el sofá. Las braguitas se le metían entre las nalgas, y vaya pedazo de nalgas.

    La verdad es que mi mujer estaba la mar de buena, con aquella melena castaña ondulada y espesa y aquel cuerpo de guitarra que tenía. Entonces me asaltaron las imágenes que me enseñó Tony en la cafetería y me comían los demonios. Aunque… puede sonar de lo más raro e incomprensible, pero, ¡también me ponía cachondo!

    Metí el pendrive en el reproductor, nos acomodamos en el sofá, muy cerca el uno del otro, y le di al play.

    Tony lo hizo de miedo. Sacaba planos tan cortitos que no se les veía nunca la cara, solo los cuerpos, los torsos, las piernas y, por supuesto, las partes íntimas. El tío logró sacarlos besándose sin que se les reconociera. Se veían sus lenguas y poco más. En menos de un santiamén me estaba poniendo cachondo. Saber que aquella era la lengua de la putita que tenía a mi lado me ponía loco.

    Se me puso la polla dura de inmediato, así que decidí empezar a tocarme sobre la tela. Mapy me miró hacerlo y negó con la cabeza.

    ―¿Qué te pasa? ―le dije―. ¿Te molesta?

    ―Haz lo que quieras ―me dijo con desdén.

    Aquellas lenguas seguían moviéndose. Hay que ver cómo la movía mi mujer. Conmigo no lo hacía, desde luego. Me estaba poniendo bastante enfermo. No aguanté más y me la saqué. Mapy se estaba poniendo nerviosa, se lo notaba. Le miré de reojo y tenía los mofletes rojos, y los pezones estaban más picudos de la cuenta bajo la camisa. La muy puta… ¿qué estaría pensando? ¿En cómo se la clavaba aquel tipo por el culo?

    Estiré un brazo y le toqué el coño a Mapy sobre las bragas.

    ―Tú también deberías tocarte un poco ―le dije.

    ―¿Qué haces? ¡Quita! ―me gritó haciéndose la santa.

    Y ¿a que no saben qué? Tenía el coño ardiendo. La muy zorra estaba cachonda. Por supuesto, no se lo dije, pero eso me puso cachondo como un mono. Joder, me estaban entrando unas ganas de follármela que no veas. Le cogí su propia mano y se la puse en su coño.

    ―Tócate, quiero verte.

    ―Ay, tío ―dijo la puñetera.

    La tía lo hacía a regañadientes, pero sé que lo estaba deseando. Los tipos de la pantalla, o sea, ella y el exhibicionista, se estaban lamiendo el cuerpo. Se veía la boca del tío bajando por el cuerpo de mi mujer y mamándole los pezones, que los tenía tiesos como agujas. Luego pasó a otro plano en el que era la boca de Mapy la que bajaba, hasta que se tragaba su polla. Joder, ¡cómo se la mamaba la cabrona! Yo tenía que controlar la paja que me estaba haciendo, porque sentía que me corría.

    Cuando en el vídeo se vio al tío comiéndole el coño a mi mujer, y a ella abriéndose de piernas ofreciéndoselo todo, yo agarré la mano de Mapy y me la puse en la polla.

    ―Pajéame ―le dije.

    Ella volvió a hacer un gesto de disgusto, pero accedió. Yo le agarraba la muñeca y se la movía arriba y abajo.

    ―Así, que seguro que sabes hacerlo ―le dije a la muy zorra.

    Mientras tanto, yo le hurgaba el coño y le metía los dedos. Lo tenía empapado, Dios santo. Le metí bien los dedos y le hurgué dentro, sacudiéndolos. Noté en seguida cómo la tía se controlaba para no moverse, pero estaba más que claro que su coño quería polla. Me estaba encantando aquella situación, hacerla sufrir.

    Poco después, en el vídeo se veía cómo el tío le daba con la polla en la cara, planos muy cortos. Mi mujer abría la boca todo lo que podía sacando la lengua y recibía los pollazos. Me ponía como loco verla. Estiré un brazo y la tomé por la nuca.

    ―Ven ―le dije―, chupa.

    ―¿Qué? ―me dice toda alterada.

    ―Que chupes ―y seguí tirando de ella.

    ―Ay, déjame. ―La tía se hacía la estrecha, pero lo hacía con una vocecilla lastimera que me ponía todavía más cachondo, pero yo sabía que quería hacerlo.

    En cuanto tuvo la polla en la boca, comenzó a mamar con deleite. Y encima vi que giraba de vez en cuando la cara y miraba el vídeo. Chupaba y miraba, la muy zorrita. Yo le metía los dedos en el coño mientras tanto. Creo que no se lo había visto tan húmedo nunca. «¿Será cabrona?», pensé.

    ―Así, cómetela ―le dije. Me habría encantado decirle «así, cómetela, pedazo de puta», pero tenía que controlarme. Lo cierto es que me la comía de cine.

    El vídeo avanzó y se veía un plano en el que el tío se la metía a cuatro patas, primero por el coño y luego por el culo. El tío se sujetaba la polla con la mano, se la sacaba enterita y se la volvía a meter. El agujero del culo se veía completamente abierto. La agarraba por la carne de las caderas y le taladraba el culo a mi mujer, que, por cierto, me seguía comiendo la polla como nunca, inspirada por el bonito vídeo.

    Entonces, de pronto, el crac de Tony fue ampliando el zoom y fue apareciendo poco a poco la putita de mi mujer a cuatro patas, con el tío tras ella dándole bien duro por el culo. Le cogía fuerte por la melena y se la clavaba una y otra vez. Ella disfrutaba de lo lindo, su cara era la máxima expresión del placer. Y justo entonces, mi mujercita giró la cara hacia el vídeo con mi polla en la boca. Casi se atraganta.

    ―¡Anda, pero mira quién es la zorrita del vídeo! ―dije yo―. ¡Pero si es la puta de mi mujer!

    Ella se zafó de mí como pudo, histérica perdida, y se quedó mirando el vídeo, con la mano tapándose la boca.

    ―Vaya, vaya, así que te gusta que te follen bien el culo, ¿eh? ―le dije mirándola fijamente.

    Ella seguía sin habla, tenía los ojos como platos, se tapaba la boca con las dos manos. Creo que le salía humo de la cara. En el vídeo se veía ahora cómo ella se abría de piernas boca arriba y el tío se la follaba de lo lindo. Su cara de placer no se la había visto en mi vida. Le gustaba tanto que enroscaba las piernas alrededor de la cintura del tío para que no se escapara.

    ―¿Qué te pasa? ¿Viste un fantasma?

    ―Pero… ¿dónde conseguiste…? ―trató de decir.

    ―No te preocupes, cariño. Me encanta saber que has estado buscando polla por ahí. Anda, ven, hazme lo que sabes hacer ―le dije, y volví a agarrarla con fuerza por la nuca y la acerqué a mi polla.

    Ella dio un quejidito de gusto, como resistiéndose, y noté que se ponía cachonda perdida.

    ―Eso es, chupa, sé que te gusta comer pollas.

    La tía empezó a comérmela y enseguida se llevó la mano al coño para masturbarse. En la tele, había comenzado la secuencia completa, sin editar. Desde el principio, se veía a la putita de mi mujer con el exhibicionista.

    ―Mira, ahí estás otra vez ―dije. Su lengua volvía a moverse en la pantalla como una culebra hambrienta.

    Empezó a chuparme como loca. Entonces yo me agarré la polla con fuerza, la sujeté por la melena y empecé darle con ella en la cara.

    ―Toma, pedazo de puta. Te gusta, ¿verdad? ―le decía azotándola.

    ―Ay, sí, pégame ―me dijo la muy cabrona, abriendo bien la boca y sacando la lengua.

    ¡Me estaba poniendo frenético! Entonces se la restregué por la cara, se la dejé brillante de saliva y de mis flujos. Me incorporé bruscamente y la empujé hacia atrás en el sofá. Le saqué las bragas a lo bestia y antes de tirarlas al suelo las inspeccioné. No estaban mojadas, estaban encharcadas. Me las llevé a la nariz. Qué rico olía la puta de mi mujer, qué ganas de follármela.

    ―¿Te gusta que te coman el coñito, cariño? ―le pregunté.

    Ella no me contestó, pero abrió las piernas y me lo ofreció, como pidiéndomelo. Así que enterré mi cara en su coño y comencé a mamárselo como nunca. En la pantalla del televisor, ella estaba comiéndole la polla al tío otra vez y recibía pollazos por doquier. Mientras, yo me encargaba de su coño con toda mi habilidad, metiéndole los dedos, chupándole los labios, el clítoris… ¡Cómo gemía, la cabrona!

    Me deslicé hacia arriba y empecé a comerle las tetas. Los pezones estaban tan duros que cuando tropezaban con mi boca los sentía como dos garbanzos. ¡Cómo se los mamé, joder!

    Entonces me quité el bóxer, me puse encima de ella, me agarré el nabo y se lo metí en la raja. Cuando la tenía dentro, le cogí la cara y se la giré hacia el televisor.

    ―Mírate, putita, ¿te gusta cómo te lo come el cabrón ese? ―El tipo tenía la cabeza metida entre sus piernas―. Hay que ver cómo abrías las piernas, ¿eh, zorra?

    Entonces comencé a follármela con todas las ganas, sujetándola por el pelo. La tía gozaba de lo lindo. Me volvía loco ver cómo giraba la cara para mirarse en la pantalla. Yo me echaba sobre ella y le comía la boca mientras la taladraba. Ella enroscó sus piernas a mi alrededor para que le llegara bien dentro. Yo le hablaba al oído.

    ―Aquí ya estuvo alguien antes que yo ―le decía―. El coño de mi mujercita ya está usado, ¿verdad que sí? Estuvo buscando polla por ahí ―y entonces la follaba con furia.

    Mis propias palabras me encendían a mí y ella gemía cada vez que yo le decía aquellas cerdadas. Después la cogí con brusquedad y la puse a cuatro patas. Empecé a hurgarle el agujero del culo. Me empapé los dedos en saliva y se lo dejé bien untadito. Luego me agarré la polla y empecé a empujar.

    ―¡Ay, no! ―dijo mi mujercita.

    ―¿No quieres? Claro, a ti no te gustan las cochinadas, ¿verdad, zorra? ―le dije sujetándola del pelo y hablándole el oído―. Eres muy señorita para eso, ¿no? Anda, toma, so puta ―le dije, y se la clavé toda.

    Ella soltó un quejido de placer. Empecé a moverme adentro y afuera con ganas. La cabrona giraba la cara hacia el televisor para verse follando en el vídeo. Me ponía loco. Yo la tenía sujeta con una mano por el pelo y con la otra le agarraba bien la carne de la nalga. Dios, jamás le había hecho esto, qué burrada.

    Tras unos minutos, yo ya no podía más, estaba a punto de reventar. Me corrí dentro de su culo como nunca me había corrido. Me apoyé en sus caderas para coger resuello. Estaba sudando como un cerdo, y ella igual. Nunca la había visto así.

    Me despegué de ella y me eché para atrás sobre el sofá, frito total, respirando con la boca abierta. Ella se sentó sobre sus talones, cansada como yo. Vi que empezó a gotearle mi semen por el agujero del culo. La tía no se lo creía. Se tapaba la boca con la mano. Luego se giró para mirarme. Su cara era de sorpresa total, y ponía una sonrisa pícara que me daba un morbo de la leche. Yo estaba flipando como ella.

    No sabíamos ni qué decirnos. Nos mirábamos atontados perdidos. Jamás habíamos follado así. Entonces, con el sudor todavía cayéndome por la frente, cogí el puto móvil que estaba sobre la mesa, abrí el WhatsApp y le escribí a Tony.

    [23:12] Berto:

    Tony, eres un puto crack. Gracias. Tengo que contarte una cosa muy importante.

    Y cerré el móvil. Enseguida llegaron notificaciones de mensajes entrantes. Yo sabía que era él, pero ahora me iba a hacer yo el interesante.

  • Anatomía de una mamada en un café

    Anatomía de una mamada en un café

    Cuando vi el reloj faltaban cinco minutos para las ocho, dejé mi bata le di un último trago a mi botella de agua helada tomé mi bolsa saque el labial y di un retoque a mis labios en el espejo del baño de mi consultorio, puse un poco de perfume, acomodé todo de nuevo en mi bolso, comprobé que traía un poco de efectivo y echando mi bolsa al hombro salí del lujoso espacio donde ejerzo mi profesión, me despedí de Jessica quien también estaba preparando sus cosas para ir a casa.

    —Recuerda cerrar con llave cuando salgas Jess.

    —Sí, descansa, nos vemos mañana.

    —Gracias, igualmente!!!

    Llevaba algunos minutos de retraso para encontrarme con mi hermana y algunas amigas en el café Zaragoza, no es que siempre fuera impuntual, pero en cada ocasión algo se me atravesaba y por eso llegaría de nuevo tarde, aunque a estas alturas de nuestra amistad y de nuestras reuniones lo que les causaría preocupación sería que yo llegara a tiempo.

    Salí al estacionamiento, pero no fui a mi automóvil, observé con admiración los enormes robles que dan sombra y refrescan el lugar ese lugar me calma y refresca, me relaja y hace que sienta paz, me gusta pasar ahí cinco minutos antes de entrar a trabajar y después de para despejar mi mente.

    Luego de mis cinco minutos recorrí caminando como de costumbre las tres cuadras desde el consultorio hasta el café, camine sin prisa disfrutando del aire fresco de la tarde, mirando las fachadas de los negocios que hay por la zona, algunos muy modernos que contrastan con las más tradicionales que aún se pueden ver por la zona.

    Todavía no llegaba al café y sonreí de placer descubrir el cabello rojo de Elsa en una de las mesas que dan a la calle, nos gusta esa mesa por varias razones, en tiempos de calor el poco aire que llega de la calle aminora el bochorno de los calores, tiene vista a la entrada del local y así podemos ver quién entra o sale y disfrutar cuando algún buen mozo nos interesa y darnos un taco de ojo e incluso hacernos notar si queremos que se arrime a la mesa.

    Cuando llegue a la mesa vi que ya estaba Susana, Débora y mi hermana Esther ya solo faltaba yo.

    Unas papas locas, botana de carnes frías y queso acompañadas por un capuchino helado fue el pretexto ideal para la charla fluida entre las cinco amigas.

    Estábamos emocionadas planeando un viaje de una semana para ir a visitar a Mariela mi otra hermana, todas estábamos como adolescentes planeando una travesura excepto Esther que se miraba preocupada.

    De repente mi hermana me preguntó que cómo podría hacer para que su marido no se pusiera en modo difícil para poder ir con nosotras.

    —¿Cómo haces para que no se enoje Paco?

    Lo primero que se me ocurrió fue decirle que le hiciera una mamada que lo dejara con ganas de más y que le prometiera que eso no era nada comparado con lo que le haría a su regreso.

    Imaginen la cara de mi hermana la santurrona, tan tradicional que imagino solo folla en posición del misionero y solo si los niños ya se durmieron.

    Sus ojos de incredulidad me confirmaron que no estaba acostumbrada a dar sexo oral.

    Todas voltearon a verme con interés y morbo

    Y ante la pregunta implícita en su mirada respondí:

    —Mira lleva una liga en la muñeca y camina hasta él, desabrocha su pantalón y de un tirón baja también su ropa interior luego con un aventón lo sientas en el borde de la cama o algún sillón.

    Te hincas delante de él y mientras te inclinas hacia atrás y usas la liga para sujetar tu pelo lo miras a los ojos y sonríes traviesa -este movimiento los vuelve locos.

    Es fácil, si él aún no está del todo firme, erecto o como quieras llamarle, con una mano provócalo hasta que esté duro y su erección sea más que solo un suspiro.

    Luego acerca tu boca a él. Comienza lamiendo desde su base lento por toda su extensión míralo a los ojos les encanta, llega al prepucio, sí ya hay alguna gota transparente saliendo lamela trágala y sonríe, juega con tu lengua sobre su cabeza en círculos, erotiza la zona con tus uñas introduce solo un poco a tu boca, date a desear que él quiera y suplique porque lo metas y lo cobijes en tu boca completo.

    Tus manos no las tengas quietas acaricia desde su pecho y araña lento su abdomen y la parte lateral de sus nalgas hasta sus muslos en un solo movimiento. Pronto él va querer más y moverá sus caderas empujando a tu boca.

    Deja de jugar en su glande y baja de nuevo dando besos a cada centímetro de su circunferencia, no olvides nada, besa sus testículos suavemente que son delicados, succiona suave e introdúcelos por completo en tu boca, juega con tus manos sobre su verga. No dejes de estimularlo, no dejes de mirar a sus ojos, no dejes de sonreír, vuelve de nuevo la atención de tu boca a su polla, ahora si llévala por completo a tu boca llénate poco a poco de él lo más que puedas y abrázalo con tu lengua, sube y baja por su grosor deja tu saliva en él, juega con una de tus manos en los huevos y la otra en su nalga acaricia su ano toca suavemente y juega en la zona desde donde terminan sus huevos hasta su orificio, usa tu mano junto a tu boca mastúrbalo al mismo tiempo. Mira su cara, siente sus reacciones, estate atenta a sus gestos y movimientos.

    Sí lo conoces deberás saber cuando esté cerca de correrse, la forma en que su cuerpo se tensa, la forma en que sus manos se aferran a algo, más empuje en sus caderas, su cara de vicio (como mi Paco le llama, me encanta que me diga que le gusta mi cara de viciosa, todos la tenemos cuando se acerca ese momento) la intensidad de su mirada, su boca o si por el contrario echa la cabeza para atrás mientras cierra los ojos.

    Si reconoces las señales eres la dueña de la situación, y si quieres que termine en tu boca -créeme él quiere vaciarse ahí y le encantaría poder hacerlo- sigue hasta que se corra sino sácalo de tu boca y apunta a tus pechos o a dónde quieras que te bañe. Si va a ser en tu cara, cierra tus ojos, abre tu boca y espera sentir los chorros tibios sobre tu pelo, ojos y boca, bésalo inmediatamente con su esencia aún en tus labios. Y disfruta mientras limpias su verga del semen que aún tiene ahí, toma un poco con tu dedo y llévalo hasta sus labios mientras le dices:

    «Abre la boca»

    Luego de todo ese monólogo y ver como el calor se apropió de su cuerpo y del de todas las que estábamos ahí le dije: eso haría yo con Paco pero porque me gusta y él es un caballero conmigo.

    Pero si fuera como tu maridito de enojón y poco amigable yo solo le diría me voy una semana y no necesito tu permiso.

  • Tinny, la acompañante de los 10.000 dólares

    Tinny, la acompañante de los 10.000 dólares

    Era una gala espectacular, los más ricos y prestigiosos de la ciudad se encontraban en el salón. Yo, acompañaba a Arthur, un magnate que me contrató a través de la agencia para que lo acompañe esa noche. Tengo 25 años y desde hace dos estoy en el grupo zafiro, el más importante y caro de una agencia de acompañantes de New York. Por este acompañamiento la tarifa era de 10.000 dólares, de los cuales 7.500 eran para mí. Solo cuatro horas, y sin sexo. Con sexo, las cifras subían mucho…

    —Freddy, mi amigo, ¿Cómo estás, tanto tiempo sin verte? Dijo Arthur a un hombre que estaba a mis espaldas.

    —Arthur, que bueno encontrarnos. Te presento a Megan, una buena amiga.

    —Siempre bien acompañado, ella es Tinny. Dijo Arthur.

    —Un gusto conocerte Tammy. Dijo Freddy, estrechando mi mano. De pronto, lo reconocí.

    Freddy me había contratado para un viaje a Europa, de tres semanas por lo que pago 50.000 dólares por mi compañía, más 20.000 por tener “contacto físico.” Lo recordaba perfectamente. Fue uno de mis mejores gentleman, un hombre refinado, culto, que no necesitaba decir de cuanto era su fortuna para que todos sepan que era billonario. Y en la cama, estaba en el podio de los tres mejores de mi vida.

    Charlaron un rato, y él muy hábilmente encontró el momento de estar a solas los dos.

    —Hola Tinny. Que bueno verte, tan hermosa y seductora como siempre.

    —Gracias Freddy. Sos un caballero con todas las letras.

    —Ahora que estás con Arthur, puedo pedirte el celular sin problemas. ¿Vos me lo querés dar?

    —Contras las reglas de la agencia no va. ¿Y por qué lo queres?

    —Para llamarte. Dijo riendo.

    —Sos tremendo. Dije.

    Obviamente se lo di. Pasaron tres semanas sin saber de él, hasta que una tarde me llamó para invitarme a cenar.

    —¿Tenes algo que hacer esta noche, me gustaría invitarte a cenar? Me preguntó.

    —No tengo nada, y si aparece, me puedo negar. Dije.

    —Este es mi celular, pásame tu dirección y te paso a buscar a las 19 hs.

    —Dale.

    Le pasé mi dirección y me prepare con todo, una buena ducha, cremas, maquillaje, un vestido impactante, nunca me había preparado tanto para trabajar pensé. Hasta una tanga nueva llevaba en la cartera para cambiarme… Yo en esa época vivía en un muy lindo departamento en Manhattan, él me mandó un mensaje. Que estaba abajo, me puse perfume y bajé.

    Cuando salí del edificio y lo vi, me largue a reír. Estaba sentado en una Harley Davinson, de jeans, con una remera y una campera de cuero. En la mano tenía dos cascos.

    —Hola. Dijo riendo.

    —Es culpa mía. Nunca te pregunte donde ni como. Dame 10 minutos desgraciado, porque tampoco me dijiste.

    Subí a mi departamento, me puse unos jeans, una remera que me marcaba mucho el cuerpo, una campera de cuero, borceguíes y baje.

    Recién en ese momento le di un beso rápido en los labios. Me dio un casco, subí a la moto y partimos. Un rato después estábamos comiendo dos tremendas hamburguesas en un Mc Donals.

    —Me llevaste a los mejores hoteles, comimos en los mejores restaurants de Europa, y cuando te vi, me quería matar. Yo súper producida y vos…

    —¿Tinny? Este es Freddy. Dijo riendo.

    —Un gusto Freddy, soy Tina. Le dije.

    —Ahora estamos bien. Yo por lo menos.

    —Yo también. Dije mirándolo a los ojos.

    —Quiero preguntarte algo, pero necesito que vos, Tina, sea honesta. ¿La pasaste bien en nuestro viaje?

    —Genial, sos y fuiste un caballero todo el tiempo. Disfrute cada momento, y nunca me trataste como lo que era, una acompañante. Si todos fueran como vos…

    —Yo lo pasé muy bien, pero me hubiera gustado tener más tiempo libre para divertirnos, pasear, conocer. Tuve una agenda muy apretada. La verdad, es que me quedé con ganas de compartir más momentos con vos.

    —Es muy lindo lo que decís, la verdad es que también me hubiera gustado. Dije.

    —Yo soy siempre el mismo, o peor. Ahora soy Freddy, como te dije. ¿Vos sos…?

    —Tina. Ahora soy Tina… y te aseguro que es raro ser Tina. Hace mucho que no soy yo… Dije.

    —Que bueno.

    —Conozco un lugar muy lindo donde podemos charlar y tomar un par de copas. ¿Vamos? Me dijo.

    —Dale, vamos. Dije.

    Un rato después llegamos a un bar, muy bohemio. Había hombres solos charlando con otros, parejas tomando algo, grupos. Varios lo saludaron. Nos sentamos en la barra.

    —Yo voy a tomar whisky, ¿vos?

    —Te acompaño. Dije.

    El barman que lo conocía, nos sirvió del mejor whisky. Los dos estábamos acodados en la barra sin hablar. Tomamos un par de tragos y yo fui la que cortó el hielo.

    —¿Por qué? Pregunté.

    —Porque me gustas. Dijo directo.

    —Ah…

    Por un rato, volvimos al silencio. Un silencio espeso. Yo pensaba en sus palabras. “Porque me gustas”. Hacía mucho tiempo que no escuchaba eso, de un hombre que no pagara por mis servicios. Me sentía extraña, fuera de mi ambiente, de mi roll de acompañante. Era yo realmente la que estaba sentada allí.

    —¿Te molesta? Me preguntó.

    —No. Pero es extraño escucharlo de un hombre que no me paga por acompañarlo, justo pensaba en eso. No me molesta en absoluto. Me alaga. Y mucho más estar tomando este whisky con vos. No sé cómo, si como amigos o qué.

    —Como un hombre y una mujer. Punto. Podemos ser amigos, claro. Pero es una palabra muy grande para dos personas como nosotros, que nos conocimos en otro contexto, de otra forma. Voy eras Tinny y yo el empresario.

    —Tenes razón. Quizás hace mucho tiempo que no soy una mujer. Dije.

    Terminamos ese whisky en silencio y pidió otro para los dos. Por momento el silencio entre los dos, decía más que mil palabras. Los dos mirábamos los estantes llenos de botellas y cada tanto nos mirábamos a los ojos con una sonrisa en el rostro.

    —¿Qué tenes ganas de hacer? Le pregunté.

    —Dormir. Dijo.

    Me sonreí y los dos terminamos nuestro whisky. Subimos a la moto y en un rato estábamos en su piso frente al Central Park. Cuando entramos tomó una botella de whisky, dos vasos y fuimos a su dormitorio. Dejo todo en la mesa de luz y en silencio nos quedamos en ropa interior. Nos acostamos, sirvió whisky y me dio un vaso. Se recostó en la cama, con la espalda apoyada en el espaldar de la cama, yo apoye parte de mi espalda en su hombro. Él me abrazó y nos quedamos en silencio nuevamente.

    —Que lindo es esto. Dije luego de varios minutos.

    —Hermoso. Dijo Freddy.

    —¿En que pensas? Le pregunté

    —En que estoy bien, que no tengo que representar ningún papel, que soy yo, haciendo lo que quiero hacer.

    —¿Y eso es?

    —Abrazar a la mujer que me gusta. Dijo y me hizo estremecer. Le di un beso en la mejilla y él se sonrió.

    Terminamos el whisky, apagó la luz y nos dormimos. Él boca arriba, yo con la cabeza en su hombro, abrazando su pecho.

    Me despertó con una bandeja con un desayuno completo.

    —Buen día Tina. Me dijo sonriendo.

    —Hola Freddy. Que genial que sos. Cuanto hace que no desayuno en la cama. Y no recuerdo que un hombre me haya preparado el desayuno, y te aseguro que ninguno me lo trajo a la cama.

    —Disfrútalo entonces. Dijo.

    —Que tipo especial que sos. Un distinto.

    —¿Te molesta?

    —Me encanta. ¿Qué queres hacer?

    —No se tus tiempos. Dijo.

    —Totalmente libre.

    —Entonces, decime vos de que tenes ganas.

    —No sé… Estoy acostumbrada a que piensen por mí, que me digan que vamos a hacer…

    —Pone funcionar el cerebro entonces. Vos vas a decidir que hacemos.

    —¿Hay alguien en el departamento?

    —No, estamos solos.

    —Acá cerca hay un shopping y un market. Vamos que me quiero comprar algo, y comprar algo en el market. Quiero cocinar para vos. ¿Me dejas?

    —Por supuesto.

    El lugar quedaba a dos cuadras, fuimos caminando. Para mi sorpresa, el de jogging. Y mayor sorpresa fue que cuando salimos a la calle me tomo de la mano. Caminábamos y yo veía que muchos nos miraban. Freddy tiene 50 años, el doble de mi edad, puede ser mi padre tranquilamente. Vernos de la mano, supongo que les parecía extraño.

    En el shopping compre ropa interior, un jogging, y un par de remeras. Que pague yo. En el mercado, compre pastas frescas y otros ingredientes. Compartimos el gasto.

    Volvimos al departamento y me di una ducha. Me puse solo una tanga y una remera que no me llegaba a cubrir la cola. Fuimos a la cocina y me puse a preparar la salsa de la pasta.

    Nunca espere que me tome de la cintura desde atrás, y me bese el cuello. Casi de derrito.

    —Me parece que me va a salir muy caro contratarte de cocinera. Dijo.

    —Es algo que podemos charlarlo. Dije sin mirarlo.

    —¿Podes tomarte una semana sin trabajar? No sé como es el acuerdo que tenes.

    —No tengo obligación de salir si no quiero. Yo elijo con quien de la misma forma que me elijen a mí.

    —Está bueno. ¿Y podes dejar de trabajar en cualquier momento?

    —Sí. Cuando yo lo decida.

    —¿Esta semana tenes trabajo?

    —Sí, toda la semana.

    Todo el dialogo fue con sus manos en mi cintura. Luego él se sentó con la notebook y yo seguí cocinando. Quiso que comamos en la mesa del comedor diario. Él puso la mesa, eligió el vino y nos sentamos a almorzar.

    —¿Si yo quisiera invitarte a hacer algo, una semana?

    —Podes hacerlo. Dije esperando ansiosa saber que me iba a decir.

    —Te invito a pasar una semana conmigo. Solos los dos. Nadie más.

    —Acepto. ¿Cuándo?

    —¿Hasta cuándo tenes que trabajar?

    —El viernes al mediodía quedo libre. Dije luego de mirar mi agenda en el celular.

    —Perfecto. Desde el viernes al mediodía, hasta el otro domingo a la noche.

    —Bien, que ropa tengo que preparar.

    —Ropa interior. Y si queres, un par de mallas. Dijo.

    —Tomo nota.

    Seguimos almorzando y él no hablaba, su rostro era serio.

    —¿Qué pasa Freddy, estas demasiado serio?

    —Nada Tina, estaba organizando todo en mi cabeza.

    —¿Seguro?

    —Por supuesto.

    —¿Qué queres hacer a la tarde? Pregunté.

    —Caminar por Central Park y tomar helado. Dijo.

    No hablamos mucho más en el almuerzo. Él lavo los platos mientras yo me ponía el jogging. Después salimos a caminar, tomados de la mano. Era extraño, porque no hablábamos, no necesitábamos decir nada. En un puesto compramos dos helados y nos sentamos a tomarlos.

    —¿Vamos a ir a la cama? Le pregunte.

    —Sinceramente, no tengo ganas. Estoy disfrutando mucho estos momentos. No pienso en ir a la cama. ¿Te molesta?

    —No, no. Para nada. Dije.

    Por una parte, me sentí aliviada. Yo tampoco tenía ganas de ir a la cama. Estaba disfrutando mucho esos momentos, que nunca había tenido. Por otra, estaba extrañada, un hombre no quería acostarse conmigo. Y más Freddy, con quien había estado y sabía cuánto le gustaba el sexo.

    Volvimos al departamento, solo para recoger mis cosas y él me llevo al mío.

    —Tina, si queres cancelar lo de la otra semana, no hay problema. Solo me avisas y listo. Yo el jueves te mando un mensaje para ver a qué hora nos encontramos el viernes, después del mediodía.

    —No hay problema. Dije.

    Apenas me dio un beso rápido. Entre a mi edificio y el partió en la moto. El jueves me mandó un mensaje, donde decía que me pasaba a buscar a las 14 por mi departamento. Y puntualmente estuvo allí.

    En esa oportunidad fue con uno de sus autos, y con chofer, que puso mi bolso en el baúl.

    —Hola Tina. Gracias por venir. Dijo y me dio un beso súper tierno.

    —Freddy… Tenía muchas ganas de venir. No hay nada que agradecer. No salgas con locuras, solo traje ropa interior, mallas y remeras. Ah y un par de shorts.

    —Sobra ropa.

    De mi departamento fuimos directo a Teterboro Airport, para subir a su jet. De allí a Miami, Opa Locka Airport, donde nos esperaba un auto. Y allí, directo a una marina.

    —Ahora comienzan nuestros días. Nos vamos en este yate. Dijo.

    Era un yate de unos 30 metros, un Pershing 90. Subimos y me mostro mi camarote. Me resultó extraño pero no dije nada. No vi tripulantes a bordo. Minutos después, zarpábamos.

    —Tina, como veras, estamos solos. Una semana, vos y yo solos. Ya hice aprovisionar el yate, tenemos comida para quince días, y bebida, para 20.

    —¿Dónde vamos?

    —A vivir. Dijo y me dio un tremendo beso.

    Casi anochecía cuando llegamos a Bimini. Bajamos al puerto para cenar y luego volvimos al barco. Como siempre, la mayor parte del tiempo en silencio.

    —¿Me permitís abrir una botella de champagne? Me dijo.

    —Claro, ¿festejamos algo?

    —Yo, que estamos juntos. Dijo mirándome a los ojos.

    —Tenes razón, es para festejar. Dije.

    Fue bajo cubierta y volvió con la botella y dos copas.

    —Por vos, Tina.

    —Por vos, Freddy.

    Brindamos y nos quedamos abrazados mirando las pocas estrellas que se veían.

    —¿Qué te pasaba el otro día? Pregunté.

    —No quiero decírtelo. Dijo serio.

    —Por favor, decime. Pienso que fue por algo que dije o hice.

    —No. Estaba celoso.

    —¿Cómo?

    —Como escuchaste, estaba celoso por el tipo que ibas a ver.

    —Dame un beso, sos hermoso. Y te cuento algo, no tuve intimidad. Era solo acompañamiento.

    —Ah…

    —Freddy, es mi trabajo. Aunque suene feo. Dije.

    —¿A vos te gusta su trabajo? Me preguntó mirándome a los ojos fijamente.

    Esa era una pregunta que nunca quise pensar y mucho menos que me la digan. Preferí ser sincera.

    —Hay una parte que sí. Me divierte. Otra no. No me gusta tener intimidad. Trato por todos los medios de evitarlo. Dije seria.

    —Entiendo. ¿Por qué estas acá?

    —¿Por qué me tenes que preguntar algo que ni yo me quiero preguntar?

    —Ya te dije que me gustas. Por eso me interesa saber por qué estas acá. Dijo mirándome a los ojos.

    —Porque fuiste uno de los mejores caballeros con los que he estado, no solo en la cama. Como hombre, como persona, tu trato, tu educación, tu respeto. Y claro que porque me gustas. Después de la última noche y el día que pasamos juntos, que fue maravilloso, quise darme la oportunidad de conocerte de otra forma, no en una relación comercial. Perdón que sea cruda.

    —Frontal suena mejor. Me gusta eso de vos.

    —¿Por qué no tuvimos sexo aquella noche, ni al día siguiente?

    —Te lo dije, no tenía ganas. Tenía ganas de hacer lo que hicimos, de la forma en que lo hicimos. Para mí no sos una cosa, ni un cuerpo descerebrado. Sos una mujer, hermosa y muy inteligente.

    —¿Cuánto te jode que sea una prostituta de elite?

    —Vos lo que haces es comercializar tu cuerpo. Como acompañante y en ocasiones… Te aseguro que si pintases cuadros, y no me los vendieses todos, me pondría tan celoso como el otro día.

    —¿Por qué estamos solos? Supongo que tenes plata para pagar una tripulación.

    —Tengo un mega yate de 80 mts. con 20 tripulantes. Preferí que seamos un hombre y una mujer solos en un bote. Sin poses ni nada que nos condicione.

    —¿Vamos a tener sexo?

    —¿Por qué te obsesiona tanto eso? Me contra preguntó.

    —Eh… Porque… en ese terreno me siento segura… o por lo menos eso creo. Cuando estuvimos juntos en Europa, creo que la pasamos muy bien, por lo menos yo.

    —De acuerdo en eso. No sé si vamos a tener sexo. Es algo que tenemos que decidir los dos. Especialmente vos… Acá sos Tina.

    —¿Por qué pusiste mis cosas en otro camarote?

    —Porque no sabía dónde ibas a querer dormir. Así de simple.

    —Freddy, la otra noche dormimos juntos.

    —Tina, no quiero forzar nada. Ni siquiera un beso…

    Aunque como ahora, me muera por besarte y abrazarte contra mi pecho.

    —¿Vos tenes en claro que varias personas que conoces conocen mi trabajo? Incluso he estado con algunos…

    —Por supuesto que lo tengo muy claro. Y no me importa.

    Eso que dijo y la forma en que lo dijo, terminó de bajar mis defensas. Ahora si era Tina. Y ese hombre me estaba llegando al corazón con sus palabras. De pronto me sentí frágil, indefensa. Y se lo dije.

    —Freddy, me quebraste. Estoy a tu merced, totalmente. Me siento frágil, estoy indefensa ante tus palabras, llegas a mi corazón de una forma que me asusta, porque nadie lo hizo. Soy yo la que te pide que me abraces, necesito sentir como la otra noche, que estoy segura en tu pecho.

    Me abrazo, y me recosté en su pecho. En silencio. Pasó una hora casi, y me sentía totalmente relajada.

    —Vamos a dormir, que zarpamos temprano. Dijo Freddy.

    Cerramos el yate y bajamos a los camarotes. Se paró frente a donde yo tenía mis cosas y me miró. Le dije que no con la cabeza, tomo mi bolso y lo llevo al suyo. Por el momento, lo deje a un costado, tome un conjunto de ropa interior y me di una ducha. Cuando salí del baño, él estaba acostado. Fui a la cama solo con mi tanga y el brazier. Me metí en la cama, me puse pegada a él y noté que no tenía nada de ropa. Lo miré sonriendo con picardía.

    —No te hagas una película equivocada. Siempre duermo desnudo. Dijo sonriendo.

    —Entonces yo también. Dije y me quite todo.

    Me acosté y lo abrace con todo. Yo estaba con la cabeza apoyada en su hombro, acariciaba su pecho y el mi espalda.

    —¿Puedo darte algo? Me pregunto.

    —Si, por supuesto. ¿Qué?

    —Placer y mi amor. Dijo y un escalofrió recorrió mi espalda.

    Se corrió a un lado y me hizo acostar boca abajo. Se puso sobre mis piernas y sus manos comenzaron a masajearme la espalda. El desgraciado sabía cómo hacerlo. Eran masajes y eran caricias, una mezcla explosiva. Fue desde mi cuello hasta mi cintura. Cuando terminó, corrió la melena que cubría mi nuca, y comenzó a bajar por mi columna vertebral dándome besos muy suaves a su paso. Llegó hasta el punto exacto donde terminaba mi espalda.

    Me hizo poner boca arriba y nuevamente se puso sobre mis piernas, sus genitales estaban sobre mi entrepierna. Ya estaba excitándome, pero verlo así, me terminó de excitar. Ahora los masajes-caricias eran en mi pecho, los costados de mis senos, mis hombros, mi abdomen, ni un roce sobre mis pechos. Interiormente lo maldije.

    Y como hiciera en mi espalda, comenzó a besarme desde los hombros, paso entre mis pechos y fue bajando hasta el lugar exacto. Ni un milímetro más. Yo no daba más de placer.

    Se acostó a mi lado, hizo que le dé la espalda y se pegó a mí, con un brazo haciendo de almohada para mí, y otro abrazándome por la cintura. Podía sentir entre mis piernas-cola, su pene duro. Él también estaba excitado. Corrió mi pelo, y comenzó a besarme suavemente mi cuello. Me costaba respirar, mi respiración era irregular. Tire una mano hacia atrás y la acariciaba su trasero, empujándolo hacia mí, aunque ya estábamos piel con piel.

    Se quedó quieto, su boca dejo de besarme y quedamos en silencio. Yo me fui calmando, tratando de entender a ese hombre tan distinto a todos. Me había llevado a un punto de excitación tremendo para después, simplemente quedarse quieto. Pero sentía como su pecho se hinchaba en cada respiración.

    —Te quiero. Me dijo al oído.

    Para mí fue devastador. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Bese el brazo que hacía de almohada y me quede quieta. No quería mentirle, porque yo misma no sabía que sentía por él. Por eso me mantuve en silencio hasta que nos dormimos. Me despertó el movimiento del yate y el sonido del mismo abriéndose paso en el mar. Me puse la parte de debajo de una bikini y subí.

    —Buen día. Le dije dándole un suave beso en los labios.

    —Hermoso día. Como te relajaste, te dormiste todo. Hace 3 horas que estamos navegando.

    —Es que lo de anoche fue, tremendo, hermoso. Yo…

    —En la cocina hay café hecho. Y en la alacena, té por si queres.

    —No, tomo café. ¿Te traigo?, pregunté.

    —Dale, por favor.

    Bajé y volví con las dos tasas.

    —Freddy, anoche no quise mentirte. No lo mereces. No puedo decir que te quiero, pero tampoco puedo decir que no te quiero. No estoy confundida. Estoy… en realidad estoy descubriéndome, descubriendo sensaciones que nunca había sentido.

    —No te lo dije para que me digas nada. Solo para que sepas lo que yo siento.

    Delante nuestro, solo el mar calmo. El yate lo surcaba majestuoso. Al mediodía hice unos sándwiches, y comimos mientras navegábamos. A lo lejos empezamos a ver una isla, y Freddy apuntó allí. Un rato después, estábamos amarrando en un muelle. Un hombre se acercó, y Freddy hablo con él.

    Bajamos y fuimos a la playa, nos metimos en el mar y jugamos a tirarnos agua. Al atardecer, nos sentamos a popa a tomar un par de cervezas.

    —¿Por qué estas soltero?

    —Porque no tuve oportunidad de encontrarte antes. Dijo mirando el mar.

    —No te creo. Cuando yo nacía vos tenías 25 años. Ya podrías haber estado casado.

    —Una estrella me dijo que tenía que esperar al amor de mi vida.

    —¿En serio? ¿Qué más te dijo?

    —Que el día que haga el amor con ella, se iba a dar cuenta que yo era su príncipe.

    —Ahh, era una estrella vidente. ¿Algo más te dijo?

    —Si, que esa mujer era muy descreída del amor, pero que con un beso mío iba a empezar a creer en él. Dijo.

    —¿Ya la besaste?

    —Estaba por hacerlo. Me dijo mirándome a los ojos, y tomándome de la nuca me dio un beso bestial, de pronto vi estrellitas en el cielo celeste, cerré los ojos y me entregue por completo a ese beso. Mi cuerpo se estremeció y clave mis uñas en sus brazos. Fue un orgasmo, de la nada. Sin siquiera haberme excitado antes.

    Nos separamos y me tomo de las manos. Yo todavía temblaba por el orgasmo y tenía los ojos llenos de lágrimas nuevamente. Nuevamente me sentía frágil, y me abrace con todo a él. Freddy me rodeo con sus brazos y nos tiramos en las colchonetas abrazados. Sentía miedo, vergüenza de lo que era, terror a lo que dirían los demás al verlo conmigo, a que esas cosas lo lastimen. Ahí me di cuenta que lo quería. No se lo dije.

    Nunca me di cuenta cuando me quito la parte de abajo de la bikini, hasta que su boca empezó a besar mis pechos, y después de hacerlo durante un rato, fue bajando lentamente a mi concha. Claro que ya me la habían chupado, pero… no ese hombre y de esa forma. Su boca me daba un placer incontenible, yo estaba totalmente mojada y cuando su lengua me penetró arranco un orgasmo gigantesco, que duró el tiempo que Freddy estuvo chupándome, acariciándome sin penetrarme son sus dedos, jugando con mi clítoris. Fueron minutos y minutos de orgasmo, mi cuerpo se estremecía y temblaba.

    Su boca dejo mi vagina y lentamente fue poniéndose arriba mío. Levante un poco mis piernas y él me comenzó a besar. Los temblores y el orgasmo, no se detenían. Fueron incrementándose cuando con mucha suavidad mientras su pija fue entrando en mi concha. Bombeaba profundo y pausadamente. Sin forzar nada, sin violencia ni brusquedad. Me estaba transportando a otra dimensión, a la que nunca había llegado siquiera, ni sabía de su existencia.

    Su boca no se quedaba quieta, besaba mis oídos, mi cuello, mi rostro.

    —Tina, Te amo, y te estoy haciendo el amor. Me dijo para darme un beso increíble.

    Perdí la noción del tiempo totalmente, éramos él y yo en el paraíso, rodeados de mar calmo, con un atardecer impresionante.

    —Te amo Freddy. Dije y mi orgasmo ya me dolía de tanto placer.

    Él me escucho y acabo en mí. Fue el instante más maravilloso de mi vida, lo juro. Me abrace con todo. No quería que se mueva, no podía permitir que se moviera y me despertara de un sueño increíble.

    —Mejor no te digo que vi estrellitas en el cielo porque te vas a reír mucho. Dije cuando nos soltamos mutuamente.

    —¿Cómo te sentís?

    —Espectacular, muy mujer, muy amada, muy cuidada, muy respetada. Y sorprendida, nunca imagine que hace el amor fuera así, tan hermoso, tan impresionante, llegar a un punto donde todo es placer. Y como dijo tu estrella, me di cuenta que sos mi príncipe, que sos el hombre que nunca esperé, el sueño que nunca me atreví a soñar, el sentimiento que nunca tuve por otro hombre, amar como te amo. Dije.

    —Tina, el amor se hace de diferentes formas según mi forma de pensar, con una caricia, con una palmada en la espalda en el momento necesario, con un sexo brutal, disfrutando dar placer al ser amado, dejando de lado el propio placer para dárselo a él. Hasta soñando locuras. Dijo.

    —¿Locuras como qué?

    —Como casarse a los 50 años, soñar con tener un hijo a los 52, o comprar una isla para construir una cabaña donde resguardarnos y disfrutar nuestra vida.

    —Tres locuras realmente. Dije poniéndome seria.

    —¿Qué pasa?

    —Pasa que no dejo de ser una prostituta. Muy cara. Pero prostituta. Y todos te van a señalar, te van a criticar, todo por estar conmigo. Y me da miedo. Me doy vergüenza. Vergüenza de ser lo que soy. Vergüenza que por mí te señalen.

    —Pues yo siento orgullo de vos. Supiste sobrevivir en un mundo de tiburones y pirañas. Pero esos tiburones y pirañas tienen mucha mierda por la que rendir cuentas. Y mucha de esa mierda yo la conozco. Y cuando abran la boca, van a tener que tragarla frente al mundo. Todos nos conocemos Tina… y sabemos quién es el débil, quien es el pececito. Y yo no lo soy. Y si vos queres, vas a ser mi mujer, la madre de mis hijos, y la que comparta esa cabaña que pienso construir en esta isla. Dijo.

    —¿Esta isla? ¿Cómo es eso?

    —La compre para nosotros. Hace mucho la había visto, y cuando te llamé me decidí a comprarla, para nosotros.

    —Estás loco Freddy.

    El preparó la cena y le salió deliciosa. Fue mi turno de limpiar las cosas de la cena. El me esperaba con dos vasos de whisky mirando la playa.

    —Se me ocurrió una idea. Me dijo con unos ojos muy picaros.

    —¿Por qué me da miedo preguntar que idea?

    —Hagamos una fogata en la playa.

    Y salió corriendo como un chico, a buscar maderas secas. En un rato consiguió suficientes y preparó la fogata. Yo lo miraba extasiada. El magnate, el billonario, el hombre que chasqueando los dedos tenía lo que quería, estaba en boxers preparando una fogata. Vino al yate, busco con que prender la fogata, una manta y yo tomé la botella de whisky y los vasos.

    Con mucha facilidad prendió el fuego y nos sentamos a disfrutar el whisky. En silencio, claro. Nos servimos otra vuelta y recién ahí me pregunto algo.

    —¿Sos feliz?

    —Muy feliz. Inmensamente feliz. Nunca me sentí así en mi vida. Siento paz Freddy. Estoy en paz. Recién te miraba y me di cuenta que hace más de 24Hs. que no reviso el celular, que estamos en otro mundo. Nuestro mundo, un mundo que vos creaste para los dos.

    —Te amo. Dijo.

    —Te amo. Dije.

    Él se levantó y se sentó detrás de mí con las piernas al costado de las mías, como haciendo un trencito. Me abrazo e hizo que me recueste en su pecho. Mirábamos las estrellas sin hablar. Un rato después, sola me clave un puñal en mi corazón. En una sola pregunta volvieron los miedos y la vergüenza. Me levanté, me di vuela y me senté trente a él.

    —Freddy, hay algo que me está angustiando mucho. Y necesito hablarlo con vos.

    —Hablemos, no hay problema. Dijo con una ternura que me desarmaba.

    —Viste que hace un rato pude decirte “Te amo”. Tengo miedo que no me creas, que pienses que soy Tinny. Y no Freddy, soy Tina. Y en serio que te amo.

    —Mi amor, si de algo me di cuenta en Europa, y de eso me enamoré, es que tus ojos no mienten. Dijo.

    Tomé sus manos y las bese. No las solté. Faltaba la pregunta más difícil.

    —¿Cómo hago para hacerte el amor?

    —Es fácil: se vos. No planees, dejate llevar por tus sentimientos, tus emociones, tus necesidades, tu placer. Creo que te acodaras la última noche en París. Potencialo. Dijo sonriendo.

    —Te diste cuenta entonces. No me dijiste nada.

    —No era el momento, ni tuyo, ni mío. Y como te dije, tus ojos hablan sin que vos abras la boca.

    —Te amo Freddy.

    Me tiré sobre él y quede acostada sobre él en la manta. Lo besé con todas mis fuerzas. Nos besamos con todo. El apretaba mis cachetes con una mano mientras la otra recorría mi espalda. De pronto las dos manos separaban mis cachetes, como si quisiera arrancarlos, y segundos después una iba a un pecho y la otra hacía que lo bese con todo.

    En un movimiento rápido hizo que me siente en su boca.

    —No Freddy, yo quiero…

    —Para que funcione bien un motor, y que entregue toda su potencia, primero hay que calentarlo. Dijo burlonamente.

    —Desgraciado…

    Y corriéndome la bikini se puso a chuparme la concha de una manera demencial, besaba, mordía, metía su lengua, mordía mi clítoris y jugaba con su lengua en él. Aprovechando su largo de brazos, me metió dos dedos en la concha desde mi espalda. Los dedos entraban y salían con toda potencia y velocidad, su boca, no dejaba de chupar, besar o morder.

    Me dio un orgasmo increíble, mirándome a los ojos fijamente.

    —Listo, este motor ya está bien caliente. Dije.

    —Dejame ver, una sola prueba más. Dijo.

    Y arrastrándose salió de abajo mío, me hizo poner como perrito y su lengua entro directo a mi orto. Nunca, ni a él, le había permitido tocar, besar y mucho menos penetrar mi culo. Ahora el desgraciado me tenía con mi culo totalmente expuesto, y su lengua jugando en él. Me lo chupaba, lamía y penetraba en una forma deliciosa, que claro, nunca había sentido. Me hizo estallar en un orgasmo totalmente impensado por mí.

    —Freddy, por favor, basta, ya estoy demasiado caliente.

    —Una sola prueba más, lo juro. Dijo.

    Su boca dejo mi culo, y sentí un dedo apoyado en él. Mi excitación fue la que me dominó totalmente. Y sin pensar empecé a empujar para metérmelo en el culo. Yo empujaba y el desgraciado lo retiraba no dejándome lograr lo que yo quería.

    —Ahora, sí. Creo que ya está a punto este motor. Dijo y se acostó a mi lado.

    Las mil cosas que pensaba hacerle, todo lo que había planeado pasaron al olvido. Lo monté como una loca. Me metí su pija en mi concha y hacía círculos con mi pelvis y me apretaba las tetas con todo. El desgraciado sonreía. Yo pretendía verlo caliente, excitado y el sr. sonreía. Cambie de técnica. Mentira, estaba tan caliente que me puse a subir y bajar como loca.

    —¿Te conté que soy socio de un club ecuestre? Vamos a ir. Se van a sorprender lo buena amazona que sos. Dijo riendo.

    —Desgraciado, te odio.

    —Pues yo te amo. Dijo y me volvió a desarmar.

    Más caliente me puso, más lo quería volver loco. Y él seguía sonriendo. Me tire sobre su pecho. Mis besos se transformaron en pequeñas mordidas a sus labios, mi calentura era total. En ese momento el desgraciado me tomó de la cintura y me hizo quedar quieta. Dio solamente tres bombazos con su pija en mi concha y me hizo tener un orgasmo tremendo. Tres bombazos. Me di cuenta que me tenía totalmente controlada. Ni goce el orgasmo, lo quería matar, lo quería tener caliente, pidiendo por favor que lo haga acabar.

    Casi sin levantarme, me puse de espaldas a él, eche mi cuerpo hacia adelante mostrándole como su pija entraba por completo en mi concha. Hubo un detalle que no tuve en cuenta.

    —Bueno, si eso queres. Dijo y sentí que me apoyaba el dedo en el culo.

    —No hijo de puta, no. Dije.

    —Bueno, como quieras.

    Antes que lo termine de sacar, lo tome con mi mano. Yo misma lo fui metiendo en mi culo. El desgraciado largó la carcajada y fue peor, porque tuve un orgasmo anal, algo que nunca había sentido. Por supuesto que lo insulte, en tres idiomas. Saco su dedo, me hizo acostar de espaldas sobre su pecho y me acariciaba y se movía penetrándome.

    —Te amo desgraciado.

    —Te amo Tina.

    —Quería hacerte el amor con todo…

    —Y te parece que no lo estás haciendo… Esto también es hacer el amor con todo. Jugando, seduciendo, volviendo loco al otro mintiendo que uno no siente nada, y volviéndolo más loco de esa manera.

    Sus manos recorrían mis pechos, mi clítoris, me besaba el cuello, los hombros. Me levante y me puse otra vez mirándolo y con la pija en mi concha. Subía y bajaba lentamente, estaba tan caliente que era otra persona. Era yo.

    —Sabes Freddy, tengo muchas cosas que decirte. Como que nunca un hombre me hizo el amor. Y ahora entiendo porque no querías coger. Y doy gracias por eso. Porque conocí a Freddy. Un hombre maravilloso, que con una tranquilidad increíble, fue llevándome por un camino que nunca transite. Y ahora, entendí eso de ser yo. Esta soy yo. Frágil, temerosa de perderte, enamorada por primera vez.

    Como contarte todas las sensaciones nuevas. Como contarte que me tocas y me excitas. Que me miras y siento que estoy viva. Que puedo estar horas en silencio hablando con vos.

    Me acerque y lo besé con todo. Puse mi boca en su oído y nunca pensé lo que dije

    —Ámame, Freddy.

    Él tomó mi cara y me dio un beso increíble. Se empezó a mover con todo. Yo sobre él, él dentro de mí abrazándome, acariciándome, besándome. Se levantó un poco y chupaba mis tetas como loco, las mordisqueaba suavemente, yo deliraba. Sus manos fueron a mi culo y me lo apretaba, sus movimiento se hicieron más fuertes, sus besos en mis pechos mucho más calientes. Sus succiones a mis pezones más profundas. Por favor, que manera de hacerme gozar.

    —Mi amor, soy todo tuyo. Me dijo.

    Lo que siguió fue otra experiencia que nunca había vivido, él se movía con todo yo hacía lo mismo. Apretaba su cabeza contra mis pechos. Dios, que tremendo hombre, como me hacía ser yo misma. Llegamos los dos juntos, sentí como se derramaba en mí. Los dos repetíamos lo mismo: “Te amo”.

    Me levante y vi su pija cubierta de semen y mis jugos. La chupe por varios minutos, incluso ya flácida. Los dos nos sentamos frente al fuego, el agrego unas ramas y brindamos con whisky.

    —Sos una mujer increíble Tina, te amo.

    —El increíble sos vos. Te juro que tengo miedo de despertarme. Esto es un sueño, un sueño maravilloso, con un hombre maravilloso.

    —Aduladora.

    —No te das idea lo feliz que me siento, hiciste que descubriera mi yo. Que descubriera que detrás de la acompañante hay una mujer. Una mujer que aprende a cada instante a gozar a un hombre maravilloso, tierno, dulce, gracioso, y aprende a ser mujer. Aprende a transmitir lo que siente su corazón. Te amo.

    —Me alegro. Dijo riendo y le pegue en un brazo.

    Apagamos el fuego, juntamos las cosas y fuimos a dormir al yate. Pero antes, nos metimos en el mar a jugar un poco. Dormimos abrazados. Como parecía normal, cuando desperté Freddy no estaba en la cama. Me di una ducha, me puse una bikini y subí a cubierta.

    —Princesa, buenos días.

    —Mi héroe, buen día.

    —¿Héroe?

    —Sí, me rescataste a la vida.

    —Que melodramática. Dijo riendo.

    Le di un beso tremendo, el me abrazó con todo. Fue él quien preparó el café. Mientras lo hacía baje a buscar mi celular. Cuando vino con el café yo estaba tratando de ver si tenía señal.

    —No vas a tener señal. Si queres prendo la conexión de internet. Dijo.

    —No… quería hablar por teléfono.

    Freddy se levantó y trajo un teléfono satelital y me dijo como usarlo.

    —Hola Chris, te habla Tinny. Estoy con el manos libres.

    —Hola Tinny. ¿Qué pasa?

    —Chris. No trabajo más. Por favor, sácame del sitio.

    —Tinny, preciosa, sabes que sos muy demandada. Estas en la cima.

    —Y me retiro en la cima. Fue todo para mí. Ahora no estoy en NY, cuando vuelva, paso a saludar y cerrar los números.

    —¿Pasó algo? ¿Tenes algún problema? ¿Necesitas ayuda?

    —No, todo está muy bien. Y estoy maravillosamente bien. Gracias por preguntar.

    —Bueno, nos vemos cuando vuelvas.

    —Un beso.

    Y corte la comunicación. Le devolví el teléfono mirándolo a los ojos. Comenzaba una nueva vida para mí.

  • Unas vacaciones con mis tías (P. 10) : Una copa en el pueblo

    Unas vacaciones con mis tías (P. 10) : Una copa en el pueblo

    Mi madre y yo nos levantamos y nos fuimos agarrados mirándonos y sonriendo hasta llegar a casa. Durante la cena nos lanzamos miradas cómplices, incluso diría que lascivas pero escondidas para que el resto no se diera cuenta.

    Después de recoger los platos mi hermana se empeñó en ir al pueblo a tomar una copa, yo no quería pero mi madre acabó convenciendo me para que la acompañara. Me dio las llaves del coche y un beso en la mejilla.

    -Venga hijo, os vendrá bien tomar una copa rodeados de gente. Creo que estáis empezando a llevaros bien y necesitáis hablar más.

    Ya no pude negarme y nos vestimos para bajar al pueblo. Ella se puso un vestido corto con un poco de vuelo y yo unos pantalones cortos y una camiseta. Aparqué el coche en el paseo de la palta que a esas horas estaba privación. El paseo marítimo, donde había algunos bares estaba a unos doscientos metros y nos dirigimos hasta esa zona de luces. Después de dar un paseo por la zona de bares decidimos entrar en el que más gente había, aunque no era mucha. La música estaba alta y nos sentamos en un rincón donde la luz era más tenue y el sonido no era tan fuerte. Pedimos unas copas y una chica de unos treinta años nos las sirvió con una amplia sonrisa. Me miró inquisitivamente.

    – Si necesitáis algo más me llamáis! Estaré muy atenta!

    Se marchó y mi hermana se puso a reír.

    -Joder, acabamos de entrar y ya te han tirado los tejos!

    -Que va, tan solo ha sido amable!

    -Creo que sí le pides el teléfono no dudará en dártelo!

    -Anda, déjalo! Acabe diciendo.

    -Ya me he dado cuenta que tienes mucho éxito con las mujeres, sobre todo con las de cierta edad!

    -Te he dicho que lo dejes!

    -Ahora no hablo de la camarera, hablo de tía Candi!

    -Y que tiene ella que ver en esto?

    -En esto nada, tan solo he visto como te la follabas! Dijo con sonrisa perversa y continuó.

    -A si que ahora ya son las dos, me hablaste de tía Sole pero no me dijiste nada de tía Candi!

    -No me lo preguntaste!

    -Que cabron que eres! Dijo con enfado.

    -Por qué? Han sido ellas las que me lo han pedido. Yo tan solo las he complacido! Dije con algo de irritación

    Mi hermana parecía enfadada, aunque yo no entendía cual era el motivo. Tomo un sorbo de su copa y me miró a los ojos.

    -Que te pasa? No entiendo por qué te pones así!

    -A veces me parece que no has crecido, tan solo tu cuerpo se ha hecho grande!

    Cada palabra suya me descolocaba más, di un buen trago a mi copa y me puse a mirar a una pareja que se había puesto a bailar. Al cabo de un rato mi hermana volvió a hablar, pero ahora ya no parecía enfadada.

    -Lo siento Pedrito! Creo que me he pasado y tú no tienes la culpa. – puso una mano en mi pierna y acercó su cara más a la mía para bajar el tono de su voz – Se que no lo entiendes, pero estoy enfadada conmigo misma. Creo que me a afectado la ruptura con Luis, y esta tarde cuando he visto como te follabas a la tía Candi, y como disfrutaba, he sentido envidia. En ese momento me hubiera gustado ser ella y sentir lo que ella sentía!

    Se acercó más a mi cara y me besó en la mejilla. Fue un beso tierno y cálido que apenas noté pues no paraba de darle vueltas a todo lo que me había dicho. Le pregunté lo primero que se me pasó por la cabeza.

    -Y como nos has visto? Creía que estábamos bien resguardados!

    -No me apetecía salir a la piscina y me fui al jardín de la entrada. Pensé que allí no iría nadie y podría estar sola. Mientras paseaba entre los arbustos oí murmullos y me asomé escondida tras uno de los matorrales. Tenías a tía Candi contra la pared y vi como la embestías, y pensé que a mí nunca me habían follado así!

    Mi hermana puso una mano en mi mejilla y me giró la cabeza hacia ella, no me dio tiempo nada más que a sentir como se posaban sus labios sobre los míos. Noté su lengua penetrar en mi boca y me deje llevar. Puse una mano en su cintura y la atraje hacia mí, nuestros cuerpos se pegaron y el beso se hizo largo y lascivo.

    Nunca hubiera pensado que besar a mi hermana me gustara, pero realmente me estaba gustando y no solo eso, realmente estaba disfrutando de ese beso. Cuando separamos los labios nos miramos en la penumbra del rincón donde nos habíamos sentado. El juego de luces del local emitía ráfagas intermitentes que a veces iluminaba nuestras caras y los dos vimos el brillo que desprendían nuestros ojos. Volvimos a juntar los labios y ahora la lascivia envolvió nuestros cuerpos.

    Rodee sus hombros con un brazo, y con la otra mano busque sus tetas mientras ella buscó con su mano entre mis piernas hasta encontrar el abultamiento de mi pantalón. Como os he dicho, mi hermana tenía pocas tetas, pero sus pezones eran grandes como eran los del resto de mujeres de la familia. El vestido era bastante fino y parecía que no se había puesto sujetador pues podía sentirlos con mis dedos como si estuvieran al aire.

    Sabía que se ponía bastante caliente tocándoselos, ya lo había comprobado en la terraza, y volví a notarlo de nuevo. El roce de mis dedos hizo que su cuerpo se retorciera levemente y noté como su boca me devoraba con ferocidad. Despegó de nuevo sus labios de los míos para decirme – Que caliente me pones, cabron! -A la vez que me apretaba la polla por encima del pantalón. Me sentí alagado e intente hacerle una gracia.

    -Me gusta más “cabron” que “Pedrito”!

    Soltó una carcajada que quedó atenuada por el ruido de la música. Me soltó para coger su vaso y darle un buen trago sin dejar de sobarme la polla con la otra mano.

    -Pues a partir de ahora serás mi cabron! Dijo soltando otra carcajada.

    -Te gusta que te toque la polla bajo la mesa?

    -No te voy a decir que no, tiene su morbo!

    -Pues te la pienso estar sobando hasta que terminemos las copas!

    Me vine arriba y le contesté sin cortarme.

    -Si haces eso tendré que follarte cuando salgamos!

    Pero ella se vino más arriba aún.

    -Eso espero, cabron! Pero varias veces! Me replicó con la lujuria dibujada en su cara.

    Su respuesta me dejó sin palabras y debí de quedarme con sonrisa de bobo pues volvió al ataque.

    -Crees que podrás, cabroncete?

    -Que si podré? Te voy a reventar a polvos! Le dije intentando dominar la situación.

    Volvió a soltar otra carcajada y me atornillo con otro beso caliente y lascivo.

    -A ver si eres capaz! Volvió a retarme apretando de nuevo mi polla a la vez que clavaba sus ojos en los míos como los clava un felino en su presa.

    Tuvimos una buena conexión mental porque sin decirnos nada apuramos los vasos y salimos del bar. Era una noche bastante cálida, pero el calor de nuestros cuerpos superaba con creces la temperatura ambiente. Nos fuimos alejando de las luces hasta llegar al coche, donde tan solo el cuarto menguante de luna apenas iluminaba nuestros cuerpos. No se veía a nadie cuando entramos y antes de arrancar nos besamos de nuevo. Cada beso que nos dábamos provocaba un torrente de lujuria recorriendo nuestros cuerpos, y busque con mis manos el cuerpo de mi hermana a la vez que sus manos buscaban el mío.

    Palpé de nuevo sus pequeñas tetas mientras con la otra mano sobaba sus potentes muslos. Los abrió de inmediato al sentir mi mano y avance con ansiedad hasta tocar sus bragas. Me sorprendió que ya estuvieran mojadas pero eso no impidió que buscará bajo ellas. Sentí los carnosos labios genitales mojados, como sus bragas, y esa sensación produjo palpitaciones en mi polla que mi hermana pudo sentir al rodearla con su mano.

    Ya me la había sacado del bañador y la sobaba con la misma ansiedad que sentía yo. Bajó los tirantes de su vestido con la otra mano para ofrecerme sus grandes y duros pezones que aparecieron erguidos rodeados de una preciosa aureola marrón. En ese momento la miraba a los ojos y pude ver el deseo desbordante que manaba de ellos.

    Comencé a chupárselos, primero uno, después el otro, los metía en mi boca y los succionaba con fuerza como si fuera a sacarles leche. Ya me había hecho saber cómo le gustaba que se los chuparan, el día anterior en la terraza, y no dude en hacerle en demostrarle que había tomado buenas notas.

    – Siiii! Así! Asiiii!

    Afirmó ella al sentir las potentes chupadas. Mis dedos ya habían penetrado entre sus labios genitales y los movía con suavidad en el interior de su vagina. Comencé a mordisquearle los pezones y sentí sus gemidos mientras se agarraba a mi cabeza.

    – Diosss! Espera! Espera! Vamos al asiento de atrás!

    Me dijo sin darme opciones. Con rapidez salimos del coche y volvimos a entrar a la zona trasera, dejo que me sentara en el centro y tiro de mi bañador hasta sacármelo por los pies, después hizo lo mismo con mi camiseta sacándome por la cabeza. Ella subió su vestido hasta la cintura y se montó encima de mis piernas clavando sus rodillas en el asiento. Noté como mi polla se aplastaba entre sus muslos mientras sujetaba mi cara para besarme de nuevo. Sus besos eran deliciosos, sensuales, lascivos y húmedos, y cada vez me gustaban más. Mientras lo hacía, bajo sus manos buscando mi polla y la colocó entre los labios de su mojado coño, abrió la boca mostrándome la sensación de placer y me miró a los ojos con intensidad mientras flexionaba las rodillas haciendo que mi polla la penetrara. Dio un largo suspiro mientras lo hacía hasta que la sintió toda dentro.

    -Ufff! Que ganas tenía de sentir tu polla, cabroncete! Me susurró con mirada felina y una mueca lujuriosa.

    Comenzó a subir y bajar lentamente sin despegar su mirada de mis ojos, parecía como si buscará algo en ellos.

    -Te gusta? Sientes como entra? Me susurró sin dejar de mirarme.

    Asentí con la cabeza mientras pensaba en las fantasías que había tenido imaginando fallándome a mi hermana y ninguna encajaba con esa, siempre era yo la que la follaba, pero ahora era ella la que me estaba follaba a mí. Pego sus tetas contra mi cara pidiendo que se las comiera. Volví a chupar sus grandes pezones y al momento aumentó el ritmo. Podía oír el sonido de sus nalgas chocando contra mis muslos y como mi polla penetraba en cada bajada.

    – Más fuerte! Chupa más! Muérdemelos! Casi me gritó mientras subía y bajaba.

    Yo hacía lo que me pedía llegando a pensar que la haría daño, pero ella no paraba de repetírmelo. Mis succiones se hicieron tan potentes que temí despegar los pezones de sus tetas y los mordisqueos llegaron a ser duros y voraces. Estaba tan abstraído en lo que le hacía, que cuando me quise dar cuenta estaba empapando mi polla y mis huevos. Fue una corrida copiosa, acompañada de gemidos y jadeos, mientras mi polla seguía tiesa dentro de su vagina. Paró de moverse jadeando sobre mi oreja.

    -Diossss! Que guarra me has puesto! Vaya corrida! Ufff!

    -Que te he puesto? Pero si lo has hecho tú todo!

    -Bueno, me has chupado y mordido los pezones! Algo has hecho! Jajaja!

    -Te recuerdo que yo no me he corrido, y mi polla sigue más tiesa que una estaca!

    -Tranquilo cabroncete, la noche es larga y esto solo ha hecho que empezar!

    -Joder, y voy a conducir con la polla así?

    -Te la mantendré así de dura hasta que lleguemos a casa!

    -Y por qué no seguimos aquí hasta que me corra?

    -No te apetece que te la chupé mientras conduces?

    -Pues no sé! Lo mismo nos salimos de la carretera! Y si me corro a mitad de camino?

    -No dejaré que eso ocurra!

    -Me llamas cabron, pero tú eres más cabrona que yo!

  • El bautizo campestre: Días 2 y 3

    El bautizo campestre: Días 2 y 3

    El primer día había sido increíble y revelador y la noche espectacular. Habíamos follado como animales y esto, recién comenzaba… Ahora, teníamos en frente un nuevo día, lleno de nuevas experiencias que, tanto Andrea como yo, estábamos dispuestos a vivir.

    I

    Despertamos pasadas las cuatro de la tarde. En la pieza solo estábamos Andrea y yo. Le besé la frente antes de levantarme.

    Andrea: para dónde vas?

    Yo: al baño. Quieres algo?

    Andrea: no. Espérame, también quiero ir.

    En el baño decidimos que yo iría por algo para comer y tomar para quedarnos el resto del día descansando. Al volver, comimos y tras follar un rato, volvimos a dormir. Desperté en medio de la noche. Andrea dormía profundamente.

    Las camas de Enrique y Mario estaban vacías. Con cuidado salí de la cama. Me estiraba cuando desde lejos siento las risas de mis amigos. Me pongo un short y salgo a su encuentro. No quería despertar a Andrea.

    Yo: -con el dedo índice en los labios- shuuu!!! Andre duerme.

    Enrique: discúlpanos hermano. No lo sabíamos.

    Mario: oye hermano, quiero decirte que lo que pasó anoche no saldrá de nosotros tres… Ya lo hablamos el huaso y yo y solo quería decírtelo.

    Yo: no esperaba menos de ustedes. Pero gracias de todos modos. Ahora traten de no despertarla que mañana nos levantaremos temprano par a ir a la laguna… se animan?

    Mario: si me despierto… voy.

    Enrique: no lo sé…

    Yo: en fin, nos vemos mañana. Buenas noches, hermanos.

    Los dos: buenas, bro.

    Volví a la cama. Andrea no se había movido. Levanté las tapas, la miré. Me causó ternura por lo que acurrucándome detrás, le besé suavemente la frente y volví a dormir. El segundo día había pasado.

    II

    El sol recién saludaba cuando llegaron Juan y su esposa, Rosa, en una vieja camioneta Chevrolet C10 de una cabina, a buscarnos para ir a la laguna. Ni Enrique ni Mario se animaron por lo temprano, por lo que, en la camioneta de Juan nos fuimos su esposa, Andrea, dos primos de Rosa (Pedro y Segundo de 18 años) y yo.

    El cielo estaba despejado lo que prometía un día claro y cálido. Al llegar descargamos de inmediato. Una parrilla, varios trozos grandes de madera seca, dos bolsas de carbón; dos juegos con tres caballetes cada uno que sostenían dos tablones rectangulares de 150 cm x 300 cm cada uno, varias bancas plásticas; dos toldos de 3×3 y tres grandes coolers. Uno con comida y los otros dos con cervezas, bebidas y, por supuesto, agua ardiente.

    A mediodía ya nos habíamos tomado entre los tres adultos una botella y media de agua ardiente. Las risas y las bromas iban y venían. Los chicos, Juan y yo nos habíamos bañado en la playa donde teníamos el campamento y también en la que estaba al otro lado de una pequeña colina con el fin de tirarnos piqueros desde las rocas. El mayor no sabía nadar por lo que entre juegos esa mañana aprendió. Estábamos Andrea, Rosa, Juan y yo alrededor de la parrilla conversando cuando se acercaron los dos chicos.

    Segundo quería aprender a tirarse desde las rocas y Pedro que le siguiera enseñando a nadar. Miré a Andrea que, entretenida, mantenía la conversación con Juan y Rosa y, tras avisarle, partí con ellos. Menos de 5 minutos después, tras una saliente, disfrutábamos lanzándonos al agua. Ni diez minutos habían pasado cuando apareció Rosa.

    Rosa: cauros los sándwich están listos. Vayan… -Dirigiéndose a mi- Oiga, primo, le puedo pedir un favor, pero no se lo cuente a naiden, si po… tamo??

    Yo: dale, prima. Cuénteme.

    Rosa: no sé nadar… me enseñaría?

    Yo: claro… cuándo?

    Rosa: ahorita… pue’e?

    Yo: si, pero tú estás con ropa…

    Rosa: pue’e o no pue’e?

    Yo: si. Puedo.

    Rosa comenzó a sacarse la ropa. Debajo de su atuendo holgado y sin forma llevaba un traje de baño de una sola pieza color negro que contrastaba con su blanquísima piel. Trigueña con 38 años en el cuerpo, de salvaje y abundante negro pelo rizado largo hasta la cintura, de 1.67 m, delgada, estrecha de caderas, pero con dos tetas de campeonato. El hecho de tener un culo pequeño era obviado por sus atractivas facciones que incluían un bello par de verdes ojos.

    El agua nos lamía el cuerpo. Rosa de pronto me dijo que quería orinar y salió a ocultarse tras unos matorrales. Me pareció raro que no lo hiciera en el agua, pero no le di mayor importancia.

    Me sumergía sucesivamente hasta que debajo del agua, de reojo, noté la silueta de una persona. Al salir y abrir los ojos vi a Rosa desnuda con el agua hasta la cintura. Con un ademán señaló que me acercara.

    Al estar juntos, pero sin llegar a tocarnos aún, por unos segundos nos miramos, inmóviles. Entonces, ella, posando su palma en mi dorso, acercó su boca a la mía hasta fundirnos en un largo y apasionado beso.

    Rosa: el Juan es un bruto… puedes no serlo tú.

    Yo: si. Si eso deseas, si puedo.

    Volvimos a besarnos, pero esta vez ambos con nuestras manos recorrimos el cuerpo del otro. Entonces, tiernamente, le di la vuelta dejándola de espaldas a mí. Le puse mi corneta ya dura en medio de sus nalgas y comencé un sube y baja lento, muy lento.

    Mis manos estaban ocupadas con sus duras tetas. Los pezones estaban a punto de estallar. Rosados, puntiagudos, rodeados por una aureola generosa pintada del mismo color. En tanto, con mi boca, besaba detrás de sus orejas, en su nuca, en su cuello, hombros.

    Dejé una de sus pechugas para centrarme en su clítoris. Comencé lentamente con círculos concéntricos cada vez más cerrados. Casi rozándole la húmeda piel, bajaba hasta la entrada de su vagina ya completamente lubricada gracias a sus propios fluidos.

    Rosa, en un reflejo, abrió ligeramente más las piernas en un intento de aumentar sus sensaciones. Sus gemidos comenzaron a impregnar la atmósfera hasta ese momento llena solo con los cantos de las aves.

    El primer orgasmo le hizo emitir un ronco gemido, al tiempo que su cuerpo se contraía en espasmos regulares. Dio la vuelta y, apoyando su cabeza en mi hombro, me abrazó. La tomé en andas para llegar hasta la playa. A unos tres metros de la orilla había un prado debajo de un sauce grande, nudoso y viejo.

    La dejé estirada sobre la corta vegetación. Abrió sus piernas y brazos en una invitación imposible de negar. Mi polla estaba a mil. Quedé sobre ella con la punta de la corneta jugando en la entrada de su anhelante y húmedo coño.

    Respirándole en la oreja y, pasándole la lengua por ella y todo alrededor, comencé lenta, tierna, consideradamente a penetrarla. Tenía solo el glande dentro y al tiempo que lo sacaba y metía, besaba, alternativamente, sus tetas con pasión.

    Con cada metida, llegaba un poco más profundo. Cuando toqué fondo dejé mi polla unos segundos ahí. Tenía toda su pechuga izquierda en mi boca y sus gemidos mudaron a audibles quejidos. Entonces, empezó el mete y saca, lento, pero regular. Así estuvimos por unos minutos hasta que a su petición aumenté el ritmo.

    Rosa: ay, primo… hágale así, pero más rapidito por favor. Ahhh… así… ahhh… Por la cresta, me estoy orinando, pueh… ahhh. Que ricooooo.

    Su eyaculación me volvió loco y aumenté el ritmo aún más hasta acabar dentro de su coño. Luego de unos segundos intenté salirme de encima de ella, pero no me lo permitió. –Me gusta sentir tu peso-, me dijo. Luego, de unos minutos, nos bañamos e iniciamos el camino de vuelta, pues ya teníamos mucha hambre.

    II

    En el trayecto de vuelta nos vinimos bromeando y dándonos cariñosos agarrones. Varias veces nos detuvimos a besarnos y tocarnos. Desde la cima de la colina se tenía una gran vista del campamento ubicado a unos 100 metros de ahí.

    Desde donde estábamos con Rosa vimos a Andrea, sobre una de las mesas, desnuda con los brazos extendidos sobre su cabeza y las piernas totalmente abiertas con Juan en medio, lamiéndole el coño al tiempo que cada uno de los chicos hacía lo propio con sus tetas.

    La escena me había dejado impávido. Una cosa era compartir a la mina, pero otra era que follara a diestra y siniestra con quien se le pusiera por delante. Había que poner límites o esto terminaría mal. En eso pensaba cuando, Rosa interrumpió.

    Rosa: Te molesta, primo, que la prima se divierta con los chicos y Juan?

    Yo: eh, no. Claro que no… vamos.

    Rosa: deja que follen tranquilos… ven. Te la voy a chupar mientras miramos. Allá me hiciste gozar como naiden, así que ahora me toca a mí. Ven te dicen. Si, de allá también se ve.

    Caminamos unos 10 metros hasta la sombra de un conjunto de sauces. Tomé asiento en unas rocas. Rosa, despojándose del traje de baño, se agachó entre mis piernas, sacó la verga del traje de baño y comenzó a chuparla como si fuera un helado.

    Entre tanto Rosa me mamaba la corneta, abajo Juan ya estaba follándose a Andrea con todo. Ella, a su vez, chupaba la verga a los dos chicos, alternativamente, mientras éstos le estrujaban sus hermosas tetas.

    Juan sacó su verga para acabar sobre el abdomen de Andrea. Pedro tomó de inmediato su lugar. Se la folló en la misma posición durante unos tres minutos, acabando en una de las tetas de mi novia. Segundo no perdió un segundo y se la folló con vehemencia por casi 5 minutos, eyaculando en su coño.

    Mientras y sin pensarlo tomé la cabeza de Rosa y comencé a aumentar el ritmo de la mamada. Literalmente estaba follándole la boca. En el momento de acabar, ella misma no permitió que se saliera, succionando con más fuerza para no dejar que ni una gota de semen se le escapara.

    Al levantar la vista, pude ver a mi polola levantándose de la mesa. Lentamente y aún desnuda, caminó hacia la laguna. Cuando tuvo el agua hasta la cintura se sumergió, supongo, para lavarse. En ese momento, bajamos con Rosa.

    Desde el agua, Andrea me hizo señas para ir a acompañarla. Partí. Estaba desnuda. En cuanto llegué a su lado se lanzó sobre mí, abrazándome con brazos y piernas. Nos besamos apasionadamente.

    Andrea: Estoy caliente, amor. Quieres follarme?

    Yo: por supuesto, pero vamos a la orilla. Quiero que me la chupes, primero.

    Andrea: te sigo.

    En la orilla, a unos 20 metros donde estaban haciendo el asado, Andrea, desnuda y arrodillada, se metía mi verga en la boca con verdaderas ganas. Al parecer, las tres pollas que recién se había servido no habían sido suficientes.

    Andrea, mirándome a los ojos, se tiró hacia atrás, apoyando su peso en los codos y pies, ofreciéndome su coño. –Fóllame-, me dijo con su típica voz ronca cargada de deseo y excitación.

    Entonces, me incliné ligeramente estirándole la mano que ella tomó y dirigiéndola suavemente la dejé de espaldas a mí, cargando su peso en unas manos de brazos estirados y rodillas flexionadas a modo de ofrecer sus agujeros a mi entera satisfacción.

    Pedro y Segundo con una cerveza en la mano no se perdían un segundo del show que estábamos dando. Rosa y Juan, en tanto, preparaban todo para el almuerzo, pero tampoco se perdían detalle.

    Andrea, en cuanto sintió mi corneta, volteó su cara. Su rostro se encontraba desfigurado por la lujuria. Con su mano derecha comenzó a estimularse el clítoris. –Fóllame, pero por el culo, igual que antenoche-. Me dijo casi en un hilo de voz.

    Apoyé la punta de mi verga en su ano y lentamente comencé a penetrarlo. Esta vez me fue menos costoso, por lo que tras tres embestidas comencé con un mete y saca a buen ritmo. Andrea aullaba de placer y como nunca antes, exultaba groserías como fóllame más fuerte, cabrón y cosas por el estilo.

    La sorpresa cedió prontamente a la excitación y aumenté el ritmo casi sin notarlo. Me calmé cuando sentí su orgasmo. Fuertes espasmos acompañados de gemidos y aullidos. Fue tan intenso que quedó tendida de bruces sobre la arena húmeda.

    La tomé de las caderas empinando su culo y de un solo empellón se la clavé hasta el fondo. Continué dándole por un par de minutos más hasta acabar en sus entrañas. Andrea estaba con la cara en la arena húmeda, abierta de piernas y el culo parado, chorreándole caliente semen.

    III

    Me levanté y caminé, desnudo, hacia los muchachos. Al llegar a su lado les dije: es toda suya, trátenla bien, pero denle duro y por todos sus agujeros. Yo, voy y vuelvo.

    Seguí mi ruta hasta el cooler de las cervezas. Saqué una y volví sobre mis pasos para tomar asiento donde antes estuvieron los chicos. Andrea, en cuatro patas, se comía una tranca por el coño y otra por la boca a la vez. Eso me volvió a calentar. Di vuelta la vista y con un gesto de la mano, llamé a Rosa.

    Antes que Rosa se encaminara, Juan tomó su brazo y, acercándose algo le dijo al oído, recibiendo como respuesta un gesto de la cabeza como aceptación. Acto seguido se quitó el traje de baño y desnuda llegó hasta mí, agachándose entre mis piernas.

    Rosa: Juan quiere ver cómo me follas para hacerlo igual después él. Quieres follarme denue’o???

    Yo: por supuesto que sí, rosita… eres una tremenda hembra. Venga. Chúpamela. Eso, así.

    Mientras Rosa mamaba verga como posesa, Andrea, encima de Pedro, recibía su corneta en el coño al mismo tiempo que Segundo se la clavaba con determinación en su ya dilatado culo. Su cabeza se balanceaba como si fuera una muñeca de trapo al ritmo de las dos vergas que tenía incrustadas.

    De pronto, tomé a Rosa y le indiqué que se sentara en mi corneta dándome la espalda y lo hizo. Comenzó a mover sus caderas. Entonces, busqué con la mirada a Juan. Cuando las cruzamos, con un gesto de mi cabeza lo invité a acercase.

    Yo: Rosita, querida, chúpaselo a tu esposo mientras sigues saltando sobre mi verga, por servicio.

    Rosa: venga pa ca pue… ya lo oyó… venga…

    El resto de la tarde comimos, tomamos y follamos hasta cerca del ocaso. La noche era joven cuando nos dejaban en la casa. La pieza estaba sola. Sobre la cama estaba una nota que decía que nos esperaban en las competencias de esa noche.

    Nos miramos y sonreímos. Fuimos al baño, nos duchamos y acostamos, rendidos. El tercer día terminaba para nosotros, sin embargo, aún quedaban dos y uno de ellos era la fiesta final.

  • Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (Capitulo 1)

    Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (Capitulo 1)

    Le he pedido a mi sumiso que sea quien inicie el primer relato.

    Siempre me ha gusta experimentar e innovar cosas diferentes en la intimidad, para no caer en la rutina como sucede con muchas parejas, llevamos ya más de 25 años de casados, ella tenía 19 y yo 25 cuando nos casamos.

    Nuestra vida sexual es plena, hemos experimentado muchas cosas, ella es bastante abierta en el tema, no me dice que no a casi nada… siempre está abierta a nuevas experiencias, nuevas prácticas… fue así como decidí experimentar con ella el bonding, ya que siempre me había llamado la atención, lo platique con ella, no sabíamos nada del tema, pero no le disgusto la idea.

    Un día llegue a casa con unas cuerdas, le pedí que subimos al cuarto, le fui quitando su ropa poco a poco, la blusa primero, luego la falda, quedo solo en sujetador y tanga, luego solté el sujetador y deje sus jugosos senos a la vista, dos senos hermosos y deliciosos con aureolas rosadas grandes y pezones grandes también, los cuales he acariciado y besado en muchas ocasiones.

    Para ese momento ya sus pezones estaban bastante duros por la excitación de lo que ella se imaginaba que iba a pasar, seguí con su tanga, la cual pude sentir que empezaba a humedecerse ya, lo cual confirmaba lo que yo suponía…

    Le pedí que se sentara en la cama así desnuda, me puse atrás de ella y empecé a pasar la cuerda por su cuerpo, inicie en su cuello, luego fui bajando a sus senos, pase la cuerda alrededor de ellos y los ate con fuerza, quería verlos apretados, ya que eso los hacia verse más grandes y deliciosos, ya empezaban a tornarse de un color más rojo y se veían algo inflamados…

    Luego seguí con la cuerda y baje a su cintura, pase la cuerda alrededor de sus caderas, junte sus manos a los costados y ate sus manos a cada costado, para que no pudiera moverlas y yo pudiera acariciar y besar todo su cuerpo.

    Estaba muy excitado por tenerla así, atada y a mi disposición, no podía hacer nada para evitar que yo hiciera con ella lo que mi mente imaginara, eso me éxito mucho y empecé a imaginarme que era yo el que estaba atado y a su disposición, que podría hacerme lo que ella quisiera en ese momento y eso me puso muy caliente.

    Mi polla estaba ya muy dura y lista para iniciar la batalla, así que se la fui acercando a su boca, ella entendió lo que venía y separa sus labios para que mi polla empezara a entrar en su boca, la metí toda y ella se la trago, pude sentir como su barbilla chocaba con mis huevos, esto era señal que estaba toda adentro de su boca, hasta su garganta, podía sentir como le faltaba un poco el aire, pero seguía con su labor de mamarla, sentía su lengua alrededor de mi polla y sus labios haciendo presión a lo largo de ella.

    Baje mis manos por su cuerpo, llegue a sus senos que acaricie primero, luego los apreté un poco y finalmente llegue a sus pezones, los cuales empecé a pellizcar suavemente y cada vez lo hacía más fuerte, quería ver hasta donde ella me pedía que me detuviera, saque mi polla de su boca y me dijo que a veces decía q le dolía un poco, pero que siguiera.

    Apoye su espalda en la cama, levante sus piernas, las separe y fui metiéndome entre ellas, fui acercando mi cara a su vagina, la vista era espectacular, bien depilada y su calentura era tal, que ya se veía el brillo de los flujos que por la calentura salían de ella, fui acercándome y besando sus labios, saboreando ese elixir que salía de ella, lo recogía con mi lengua y acariciaba sus labios, luego mi lengua fue separándolos y tomando todo lo que de ella salía, solo la escuchaba como su respiración se iba agitando cada vez más, lo que me indicaba que iba por buen camino, seguí pasando mi lengua por toda su vagina, la metía hasta donde podía, luego fui subiendo hasta encontrar su clítoris, el cual bese a mas no poder, lo succionaba, lo besaba, le daba pequeños mordiscos y fue allí cuando empecé a sentir como su cuerpo temblaba, su respiración era más fuerte y empezó a tener su primer orgasmo, ella me pedía que parara, pero como estaba atada de manos, no podía hacer nada para detenerme y seguí con mi boca pegada a su vagina, besando y pasando mi lengua por todo lo que salida de ella producto de su corrida, seguí jugando con su clítoris e hice que se viniera dos o tres veces más.

    Luego le solté las manos nada más, la puse en cuatro y metí mi polla poco a poco por su vagina, hasta tenerla toda adentro, la tome de las caderas y empecé a meterla y sacarla, ella gemía y gozaba de la cogida que le estaba dando, hasta que sentí como empezaba otra vez su cuerpo a temblar cuando empezó a correrse, la metí toda hasta el fondo y me corrí dentro de ella, a la vez que tome sus senos que aún estaban atados y pellizque sus pezones, así termino esa primera experiencia con cuerdas y ataduras.

    Al día siguiente quise saber que se sentía ser atado y “usado” por la pareja, que fuera ella la que me atara a mi e hiciera lo que se le fuera ocurriendo en ese momento.

    Me desnude y quede parado frente a ella, empezó a pasar la cuerda por mi cuello, al solo sentir la cuerda sobre mi cuerpo, me di cuenta que mi polla empezó a ponerse dura, ella lo noto también, siguió pasando la cuerda alrededor de mi cuerpo, fue bajando poco a poco y empezó a pasar la cuerda por mis testículos, uff que sensación tan rica sentí era algo que nunca había sentido pero era placentero, muy rico, sentir como los ataba y como los apretaba un poco, mi polla ya para ese momento estaba muy dura.

    Siguió pasando la cuerda y luego ato mis manos igual que hice yo con ella, a cada costado de mi cuerpo, para que no pudiera usarlas en ningún momento y no podría decir que no, ella no lo había hecho, ella se dejó hacer todo lo que yo quería, así que debía dejarme que me hiciera lo que ella quisiera también.

    Me pidió sentarme en la cama y luego me ayudo a poner mi espalda en la cama, hasta que me acostó, ella fue bajando por mi pecho hasta que llego mis testículos, empezó a pasar su lengua por ellos, pasaba la punta de su lengua por todos lados de mis testículos, eso sumado a que estaban atados y apretados con la curda, me producía sensaciones que nunca antes había sentido, estaba pasándola muy bien, disfrutando de ese momento

    Por momentos pasaba su lengua por mi polla, la lamia con su lengua caliente y húmeda, mi excitación estaba a tope, le pedía que parara por favor, le dije que mi haría que me corriera muy rápido, le suplicaba que parara, pero no lo hacía.

    Luego separo sus labios y se metió toda mi polla en la boca, tomo con sus manos mis testículos y los acariciaba con sus uñas, era una sensación riquísima, mi polla dentro de su boca húmeda y caliente, sentía sus labios hacer presión sobre ella y su lengua le daba ricos masajes, mis testículos atados y apretados mientras que con una mano los presionaba y con la otra mano pasaba sus uñas sobre ellos… era algo nuevo y muy placentero para mí, estaba en un éxtasis total, cuando de pronto sentí como una de sus manos empezó a ir por el perineo, iba acariciando suave y se sentía muy rico, siguió su camino hasta que llego a mi culo, lo fue acariciando poco a poco, yo sentía muy rico pero me daba temor, era algo totalmente nuevo para mí, tenía miedo… ella me veía y no decía nada, seguramente analizaba mi reacción y estaba pensando hasta donde podía llegar…

    Sin saber por qué o como, solo me dijo “tranquila puta, déjate llevar”, esas palabras aun las llevo en mi mente, fue el detonante para mí y quite todo el bloqueo que en ese momento mi mente mantenía sobre mí y solo me deje llevar por lo que sentía en ese momento.

    Me ayudo a levantarme y al igual que hice yo con ella la noche anterior, me puso en cuatro sobre la cama, se puso atrás de mí, sentí como se acercaba a mi culo, tomo mis nalgas y las separo y sentí como paso su lengua por mi ano, paso una de sus manos hacia abajo y tomo nuevamente mies testículos y los empezó a acariciar, seguía con su mano hasta tomar mi polla y la frotaba también, luego de regreso lo hacía solo con sus uñas, sobre toda la polla y llegaba a los testículos también pasando sus uñas sobre ellos, mientras su lengua seguía jugando con mi ano…

    Estaba a mil, nunca imagine sentir un placer así, no podía más, estaba excitado al máximo, caliente, no quería que ese momento terminara nunca, mi mente estaba en blanco, todos mis tabús habían desaparecido, estaba entregado al placer que estaba recibiendo en ese momento… creo que si en ese momento ella hubiese tenido un consolador a la mano y me lo hubiese intentado meter… hubiese dejado que desvirgara mi ano… no pensaba nada en ese momento, solo el placer que estaba sintiendo.

    Cuando ya no podía aguantar más y sentí que estaba a punto de correrme, le suplique para que me soltara, necesita meter mi polla dentro de ella y cogérmela, ya no podía aguantar más y ella me respondió “solo porque yo también quiero sentir tu polla dentro de mí lo hare, estoy muy caliente y mojada”…

    Y vaya si no estaba mojada, era un rio lo que salía de su vagina, indudablemente ella se éxito de tenerme amarrado, de tener el control y el poder en ese momento, de darme órdenes y tratarme como una puta… me ordenaba que se le metiera la polla y que la cogiera duro, dale fuerte me repetía, “duro puta, más duro puta…“ y pedía que le metiera la polla hasta el fondo, hasta que nos corrimos al mismo tiempo…

    Ahora me doy cuenta que fue en ese momento fue que nació mi Ama y yo me convertí en su sumiso, en su puta, en lo que ella quiere que sea y hace conmigo lo que quiere y yo soy muy feliz de cumplir todas sus órdenes.

    Continuará…

  • Mi exmujer y su novio me cogen

    Mi exmujer y su novio me cogen

    La vida sexual con mi novia ha sido muy buena desde que nos conocimos, tenemos sexo al menos tres veces a la semana, usamos juguetes de varios tamaños y formas y realmente, la pasamos bien en la cama.

    Sin embargo, admito que soy un inconforme y desde hace unos dos meses he sentido nuevamente la necesidad de que me abran el culo y me metan una polla en la boca.

    Antes de continuar, como he dicho en otros relatos, soy moreno, chaparrito, cabello negro, lampiño y un pene de 14 cm, pero un tanto grueso, por lo que algunas amigas de cama lo han llamado «cabezón». También estoy haciendo más deporte, por lo que tengo más tonificadas la espalda, las nalgas, las piernas, el pecho y otras zonas del cuerpo.

    Aprovechando esos cambios físicos que me dieron más confianza en mi mismo, me tomé un par de fotos en posición de perrito: con tres dedos dentro de mi culo y otra con un juguete de cristal bien metido adentro. Entré a una de esas App para conseguir ligues, me abrí un perfil sencillo: Bi. Lo quiero en la boca. Dispuesto a todo. Luego de un par de días inicié conversación con cuatro chicos, todos bien dotados y que querían darme.

    Uno de ellos fue el que más me atrajo, tanto por su polla larga que me provocaba lamerla como una paleta y porque era muy salido al decirme lo que quería hacerme: pasar la lengua por mi culo y llenarme de leche entre las nalgas.

    Congeniamos y después hablar por varios días seguidos quedamos en coger en su casa. A pesar de no decirlo en su perfil, me confesó que también era bisexual y tenía polola, pero que ella estaba de viaje y no íbamos a tener problemas.

    Al llegar a su casa todo fue muy rápido, éramos como si nos hubiéramos contratado de putos y tuviéramos poco tiempo. Aunque nunca había besado a un hombre, él se sacó la polera y no pude evitar besar su pecho, su cuello y bajar por su ombligo mientras él metía su mano bajo mi pantalón para comprobar que mi polla, estaba dura.

    Hice lo mismo, y con su ayuda, le bajé los pantalones, la ropa interior y frente a mí quedó ese pene que solo había visto en fotos. Estaba morcillón, recordando lo que me había enseñado el porno, lo tomé entre mis manos y le besé la punta. Luego pasé la lengua y me encantó la sensación, así que continué hasta tenerlo todo en la boca.

    Él me tomó por la cara y me estaba follando la boca, me excitaba cómo esa polla iba creciendo dentro de mí. Nos terminamos de desnudar y me llevó a su cama. Me puso de perrito, pasó su lengua por mis pies, por la cara interna de mis piernas, mis bolas, hasta que llegó a mi culo.

    Era muy rico, sentía como la entrada de mi esfínter se abría y cerraba con cada lamida. Mientras él me seguía besando, yo me masturbaba frenéticamente pidiendo que me cogiera. Con mis manos abría mis nalgas para ofrecerle mi culo y no pudo rechazar la invitación.

    Puso su polla en la entrada de mi culo y sentí como la punta entró primero. La sensación era increíble, aproveché de echar mi cintura para atrás hasta que metí todo ese pedazo de carne, sentí todo mi cuerpo abrirse y mis bolas, pegar con las suyas.

    Me tomó de la cintura y empezó a bombear, era algo indescriptible. Mientras me movía de adelante hacia atrás y de lado a lado, escuchamos como la puerta de su casa se abría. La cogida se detuvo y mi amante se salió rápidamente de mí, con mi culo aún muy abierto volví la mirada a ver qué pasaba y casi muero en el acto.

    En el umbral del cuarto, estaba mi ex, sentí mi mundo dar vueltas y recordar lo que leí alguna vez por allí: todos nos encontramos varias veces en la vida, así no lo deseemos. No sabía qué hacer, así que me acosté, intenté taparme mientras el chico hablaba con mi ex, ahora su mujer.

    Ella primero le gritó, le reclamó y le confesó que lo sabía, que sabía que se cogía a hombres cuando estaba ausente. Yo conocía a mi exmujer y recordé que ella tenía deseos ocultos porque una vez me lo dijo: – Me encantaría tener al menos por un día una polla para saber lo que es cogerse a alguien –

    Efectivamente cuando la vi a los ojos, entendí que estaba llena de deseo y que fingía estar molesta. Mientras le gritaba a su novio, lo tomó de la cara y le plantó un largo beso, luego se puso de rodillas y comenzó a hacerle una mamada, yo pasé de la incertidumbre a sentir toda clase de deseos, mi sueño se estaba cumpliendo, verla con otro.

    Mientras le daba una mamada de campeonato, se quitó su blusa, su corpiño negro y quedó con esas hermosas tetas al aire, que se apretaba y se pellizcaba para ponerse más perra.

    Se sacó el pene de su chico y casi como una orden, mirándolo fijamente como la puta que siempre fue, me señaló: – Quiero que te lo cojas, pero esta vez con los ojos tapados –

    Admito que mi culo quería más y mi pene estaba a punto de reventar, así que como buen puto me puse de nuevo en cuatro mientras mi exmujer me tapaba los ojos con una de sus medias negras. Nuevamente sentía como me estaba cogiendo, era demasiado perfecto para ser verdad mientras unas manos me masturbaban y en el fondo, escuchaba como mi exmujer gemía, seguramente se estaba metiendo los dedos en su encharcada concha.

    Luego el chico se detuvo por unos segundos y volvió a entrar en mí, a lo bestia sin pedir permiso y cuando gemí, sentí como me metían un consolador en la boca, hasta la garganta. Destaparon mis ojos y era mi exmujer, cogiéndome la boca mientras sus tetas se movían al ritmo de sus caderas, era una escena de postal.

    Los dos me estaban cogiendo al mismo ritmo, luego ella salió de mi boca y nuevamente, como la puta perversa que era le ordenó a su novio: – Quiero que él te coja a ti -.

    Él se puso en cuatro y su culo también era apetitoso, así que casi a gatas y con el culo bien parado, comencé a lamerle entre las nalgas, primero meter un dedo, luego dos y después tres. En esa posición mi esfínter quedaba al aire, por lo que en un abrir y cerrar de ojos sentí que me estaban abriendo el culo nuevamente. La perra de mi ex me estaba cogiendo, sin pedir permiso, sin avisar, y lo peor, me había gustado.

    Comencé a gemir y con mucho cuidado para que no se saliera el juguete de mi ano, me acomodé para cogerme a mi chico. Quedamos los tres pegados al mismo ritmo. Unos segundos después su leche quedó esparcida en la cama, mi culo comenzó a palpitar y acabé dentro de él.

    Mi exmujer siguió cogiéndome por unos minutos más hasta que se salió, me dio una nalgada y con una mirada socarrona me hizo una advertencia para lo que serían mis próximos meses: – Ahora sus culos son míos.

  • Soy la mujer de mi inquilino cuando mi esposo va a trabajar

    Soy la mujer de mi inquilino cuando mi esposo va a trabajar

    Mi nombre es Patricia tengo 25 años y 9 meses de casada, soy una chica delgada de 1.64 de facciones finas, tez morena clara, y sin tener cuerpo de modelo no estoy nada mal, tengo un cuerpo bien proporcionado, un lindo trasero redondo, respingón y firme, tetas medianitas pero firmes y paraditas, piernas torneadas y pelo negro, lacio y largo.

    Es frecuente recibir en la calle algún que otro piropo, principalmente de mi trasero o mis piernas.

    Mi esposo es Ingeniero Petrolero y trabaja en Plataformas Marinas en Ciudad del Carmen, Campeche y por ese motivo se ausenta 14 días para laborar en la plataforma y descansa otros 14 días en casa.

    Compramos la casa donde vivimos a crédito, es una casa grande de dos plantas con un amplio patio, al final del patio hay un cuarto para la servidumbre y un cuarto de lavado, tiene también una salida a la calle en la parte trasera.

    Soy muy temerosa y los 14 días que mi marido no estaba en casa los pasaba con miedo, no me gusta estar sola, a veces no podía dormir en la noche o me despertaba a cada rato pendiente del más mínimo ruido, me siento insegura y vienen a mi mente pensamientos de que alguien entró en la noche, que me van a asaltar, o incluso violar, en cambio cuando mi esposo está en casa es todo lo contrario, me siento feliz y protegida, acompañada y se van todos mis temores, por lo mismo era tan difícil para mí los días en que se tenía que marchar,

    No tenemos servidumbre y debido a los grandes gastos que tuvimos que realizar para la boda, luna de miel, y casa, teníamos muchas deudas y no podía pedirle a mi esposo una persona que me ayudara, aunque estuve tentada a hacerlo, más bien para que me hiciera compañía, ya que el trabajo en casa era mínimo, un día y debido al poco dinero que nos quedaba después de pagar las mensualidades de las deudas adquiridas, a mi esposo se le ocurrió una brillante idea: rentar el cuarto de servicio, le adaptamos una pequeña cocina y nos quedó bastante bien, el cuarto tenía su propio baño y la salida trasera evitaba que tuviera que molestarnos para entrar o salir, de esta forma ganaríamos un poco de dinero, nos ayudaría con el pago de nuestras deudas y estar un poco más holgados, además el estar alguien más en casa me hacía sentir más segura.

    Tan pronto pusimos el letrero llegó a preguntar un hombre maduro, como de 55 años, de nombre Fernando y se lo rentamos, era un hombre divorciado.

    Todo bien las primeras semanas, ya me sentía más tranquila y segura en las noches sabiendo que ya no estaba sola durante las prolongadas ausencias de mi esposo, era muy amable e incluso me ayudaba con algunos desperfectos de la casa, lo sentía casi como un padre, por respeto y la diferencia de edad le llamaba don Fernando.

    Después de varias semanas, empecé a darme cuenta de que durante las ausencias de mi esposo llevaba mujeres al cuarto en forma esporádica y se lo conté a mi esposo, no me pareció correcto.

    – Mira, no le puedes prohibir que lleve mujeres, es su cuarto y está pagando un alquiler, mientras siga pagando la renta puede llevar a quien quiera, sólo que haga algún tipo de escándalo o pelea, o algo impropio, podríamos hablar con él y pedirle que se vaya.

    – Pues las mujeres que lleva dan muchos gemidos, es un poco molesto escucharlos- le expresé.

    Mi esposo solo sonrió.

    – No me refiero a ese tipo de escándalos, ja, ja, ya, tranquila y no hagas mucho caso, cuando ocurra sólo tienes que poner la TV.

    Llegó el día que se marchó para su trabajo en plataformas y lo despedí como siempre.

    El día siguiente de su marcha, don Fernando llevó a una nueva chica, tal parecía que esperaba las ausencias de mi marido para traer a sus conquistas, alcancé a ver a la chica por la ventana de mi cuarto y lo que vi me asombró, la chica se veía demasiado joven, dudo que llegara a los 18 años, y me causó enojo, viejo verde, pervertido, pensé, no concebía que una chica tan joven estuviera con un hombre de su edad…

    Pronto empezó el concierto de gemidos, realmente a esta chica no le preocupaba que todo el mundo escuchara, me empecé a excitar, y mi coñito empezó a humedecer, alcanzaba a escuchar que don Fernando decía algo, pero no comprendía sus palabras, me ganó la curiosidad, recordé que había dejado una ropa en la secadora y salí por ella al cuarto de lavado, realmente bien podría haberlo hecho al otro día, más bien fue mi pretexto para acercarme, los gemidos se fueron escuchando más fuerte, y alcancé a entender las palabras que le decía don Fernando, las cuales estaban bastante subidas de tono.

    – Vamos nena, chupa bien nena, ensalívala, siente su sabor, siente como recorre tu boquita mi trozo de carne, vamos métetela toda, tú puedes, así, chupa como buena putita, así, que rico se siente.

    – No puedo Fernando, coff, coff, es muy grande, no me cabe, aghhh, me dan arcadas- decía la chica.

    Era evidente que le estaba mamando la verga y sentí una mezcla de repulsión y excitación, viejo cochino, no puede ser que esté obligando a esa pobre muchacha a hacer esa cochinada. Cabe señalar que era un poco ingenua en lo que a sexo se refiere, mi esposo había sido mi primer y único hombre, ambos veníamos de familias tradicionales, sólo hacíamos el amor en el estilo clásico del misionero, nunca habíamos hecho sexo oral, por lo que me parecía repugnante lo que estaba escuchando, sin embargo, no disminuyó mi excitación, al contrario, me sentía más excitada.

    Me acerqué a la ventana y por un ladito logré ver hacia adentro, lo que vi me dejó congelada.

    Don Fernando, sujetaba a la chica de la cabeza, obligándola a meterse la enorme tranca en la boca, la chica apenas podía soportar ese enorme trozo de carne, tenía una verga impresionante, larga y gruesa, con muchas venas hinchadas, mucho más grande que la de mi marido, la cara de la chica estaba roja, seguro le faltaba aire, sin embargo, después de unos segundos don Fernando le soltó la cabeza y ahora era la chica la que por su propia voluntad se metía la enorme verga y mamaba con ahínco, parecía que lo estaba disfrutando mucho..

    – Así putita, ves que, si puedes, te está encantando mi verga, como se nota que te gusta mamar, levántate, ya te quiero romper ese coñito rico.

    La chica se levantó y don Fernando la puso en 4, con el trasero bien levantado y escuché decirle.

    – Mmm, que bonito culo, tan suave y rico, se me antoja, creo que primero me vas a dar el culo nena- abrió las nalgas de la chica y hundió su cara en medio.

    – mmmm, que rico culo nena, es un manjar, me encanta comerlo, tan estrechito, siente mi lengua.

    A la chica no pareció disgustarle que le estuvieran mamando el culo, al contrario se retorcía de placer y gemía más fuerte, mi propio culo se empezó a contraer, a palpitar, era inaudito lo que veía, y estaba excitada al máximo, mi esposo jamás me había tocado la cola y era algo extraño para mí, pervertido, sucio, no entendía porque me excitaba, mi coñito estaba tan húmedo, chorreaba, en eso veo que le mete un dedo por el culo a la chica y ella dio un respingo y lanzó un fuerte gemido, no podía creer todo lo que estaba viendo y empecé a sudar, un sudor frio recorría mi frente, mi corazón empezó a palpitar con fuerza y sentía que mi propio esfínter se contraía involuntariamente, una carga de adrenalina recorrió mi cuerpo, en eso estaba cuando oigo que dice:

    Espera nena, voy por el lubricante para poderte romperte la colita como se debe.

    Al levantarse gira la vista hacia la ventana y me ve, al sentirme descubierta corrí lo más rápido que pude a mi recámara.

    Mi corazón latía con fuerza, la respiración la tenía muy agitada y me di cuenta de que estaba muy mojada, por lo que me tuve que cambiar mis braguitas, el recuerdo de lo que había visto me daba vueltas a la cabeza, difícil de olvidar, me intenté relajar y dormir, algo difícil con el concierto de gemidos y gritos que se escuchaban a la distancia, sin duda don Fernando estaba enculando a esa chica.

    Desde ese día le empecé a rehuir a don Fernando, me sentía tan avergonzada, tan apenada, en las noches soñaba con frecuencia en lo que había visto, pero en lugar de la chica soñaba que era yo quien le estaba mamando y que estaba a punto de ser enculada.

    Una semana después estaba llegando en taxi del supermercado con mis bolsas de mandado, cuando aparece don Fernando y me ayuda a cargarlas, amable como siempre, abro la puerta y me ayuda a llevarlas a la cocina, le estaba dando las gracias por su ayuda, cuando me dice:

    – ¿Y qué le pareció el espectáculo?, ¿le gustó?

    – Perdone don Fernando no sé a qué se refiere- respondí, nerviosa.

    – Sabes a que me refiero, nena, al espectáculo que viste la otra noche desde la ventana de mi cuarto.

    Me quedé paralizada, sin habla, no sabía que responder, mi corazón palpitaba con fuerza.

    – ¿Porque te quedas callada, acaso te hubiera gustado ser esa chica mamándome la verga y dándome el culo?

    Por fin reaccioné y le dije:

    – Que se cree viejo cochino, respéteme yo no soy así, yo no hago esas cochinadas.

    – Mmm, ¿en serio?, entonces no le mamas la verga a tu maridito ni te ha comido la colita tan rica que tienes, que desperdicio.

    Sin proponérmelo le estaba dando a don Fernando información de mi intimidad con mi marido y me quedé callada.

    Se acercó a mi cuerpo y en un rápido movimiento me tomó de la cintura y me apretó con fuerza contra él, con su otra mano apretaba mis nalgas. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, era extraño sentir el calor de su cuerpo contra el mío y sus grandes manos en mi trasero, emanaba virilidad, determinación, pero era una mujer casada y no podía engañar a mi esposo, así que me resistí y le dije:

    – Suélteme, soy una mujer casada, respéteme.

    – Eso no importa mami, no soy celoso, me gustas mucho y vas a ser mía, te voy a hacer gozar como nunca, sé reconocer a una hembra mal cogida, y sé que tú eres una, te gustó lo que viste, y te mueres por sentir placer con un verdadero macho, que te haga sentir lo que tu marido no te hace gozar, cogerte como te mereces, hermosa.

    Seguí forcejeando, cada vez con menos fuerza, el cabrón de don Fernando me llevó al sofá de la sala y empezó a desnudarme.

    Besaba mi cuello y mordía mis orejas, suspiraba y le decía con una débil voz:

    – No, no, no don Fernando no me haga esto- protestaba, aunque sin mucha convicción.

    – Tranquila bebé, sólo quiero darte placer, me gustas mucho y quiero ser tu hombre, tu macho, no te haré daño.

    Me quitó mi vestido y mi sujetador, su boca se apoderó de una de mis tetas y succionó mi pezón, una ola de placer recorrió mi cuerpo y lancé un gemido, dejé de forcejear, lamía mis tetas, mordisqueaba mis pezones, los succionaba, los estiraba con su boca, me hacía vibrar con sus chupetones, mi esposo me besaba las tetas pero nada que ver en la forma tan ardiente que lo hacía don Fernando.

    – Mmm, que lindas tetas, tan ricas, son una delicia.

    Solo suspiraba, ronroneaba como una gatita, cerré los ojos y me dejé llevar, me estaba entregando, sentía mi coñito super mojado, sin dejar de chupar mis tetas su mano bajó a mis braguitas y pudo comprobar que estaban húmedas

    – Mmm, que mojadita estas, nena, ya sabía que eras una putita.

    Fue bajando por mi vientre hasta que llegó a mi ombligo, me bajó las braguitas y cooperé alzando la cintura para que me las quitara por completo, las llevó a su cara para respirar su aroma, las olfateo profundamente y suspiró, las aventó a un lado y abrió mis piernas, su lengua llegó a mi clítoris, mi espalda se arqueó al instante, casi me vuelvo loca, jamás había sentido ese placer, mi esposo nunca me había hecho sexo oral, abrió más mis piernas y siguió dando lengüetazos mientras dos dedos se hundían en mi coño, entraron profundo y fácil por lo lubricada que estaba, sacó sus dedos y los llevó a mi clítoris y ahora fue su lengua la que se hundió en mi coño, me estremecía y temblaba de las sensaciones que sentía.

    – Aghh, que hace don Fernando, aghh, que hace.

    – Ja ja, ¿que pasa? ¿Por qué?, acaso tu maridito no te come tu coñito.

    – No, eso es sucio, mi marido no me hace esas cosas, aghhh, pare, no está bien- respondí.

    – Que idiota es tu marido, desperdiciar un manjar como éste, tu coñito es tan dulce, pobrecita, pero no te preocupes nena, ahora vas a saber lo que es una buena chupada de macho.

    Me tomó fuerte de las caderas y con ahínco se puso a comer mi coñito, escuchaba los sonidos que hacía lamiendo y succionando mis flujos vaginales, me sentía incómoda en cierta forma, pero pronto me olvidé de mis prejuicios, abrí más las piernas y me puse a disfrutar, todo mi cuerpo se retorcía, mis piernas temblaban, su lengua se deslizó dentro de mi estrecho y ardiente canal, estiraba mis labios vaginales, creí que explotaba, morir de placer, jamás pensé que el sexo oral fuera tan delicioso.

    De pronto paró y se quitó toda su ropa, su cuerpo estaba muy bien conservado para un hombre de su edad y saltó su imponente verga, amenazante, ahora la presa era yo, me hizo agachar, su verga frente a mi cara, la veía más enorme, gruesa y cabezona, acercó la rojiza cabeza a mi boca y me pidió mamárselo, sentía su verga en mis labios, presionándolos, impregnando mis labios con líquido preseminal.

    – Vamos nena, abre la boquita, chupa.

    La verdad me daba un poco de asco, quise derribar mis prejuicios y empecé a darle lengüetazos en la punta, sentí un sabor fuerte, ligeramente salado, pero no me causaba náuseas, así que me animé a lamerla suave, empujó suave la cabeza, no me quedó de otra que abrir la boca, solamente me entraba la punta de su verga, por lo que me dediqué a chupar y lamer la cabeza.

    – Ja, ja, preciosa, así, parece que tampoco se lo mamas a tu maridito, ven te enseño, que suertudo soy, me tocará también enseñarte a mamar una verga.

    – Ven abre bien la boquita.

    Me tomó de la cabeza y fue guiando mis movimientos, me hizo abrir la boca al máximo, mis labios alrededor de su cabeza y fue avanzando hacia adelante, su verga se iba colando, la sentí recorrer mi lengua, mi paladar y hundirse en mi garganta, saliva resbalaba por el tronco.

    – Así nena, aprendes muy rápido, sólo cuida tus dientes, ay que rico, me vas a hacer acabar.

    Seguí sus instrucciones, la metía hasta donde me llegaba dentro de la boca, la apretaba con los labios cuidando de no rozarlo con mis dientes y succionando fuerte, mientras lo mamaba, volteé a verlo a la cara, me encantó ver sus muecas de placer, sin duda lo estaba haciendo bien, saqué su verga de mi boca para tomar un poco de aire y un hilo de saliva mezclado con precum quedó colgando de mi lengua hasta su verga, eso me prendió y abriendo bien mi boca empecé a mamársela como si se me fuera la vida en ello, apretaba el tronco y acariciaba también sus huevos.

    – Ay cabrona, basta, basta, saliste más putita de lo que pensé, me has mamado la verga como una profesional y casi me sacas la leche y no quiero acabar, antes quiero hacerte mía.

    Me levantó y me dijo:

    – Ven, vamos a tu recámara, quiero cogerte en la misma cama que te coge tu maridito para que compares lo que es un auténtico macho.

    Me llevó a la recámara, mientras me iba agarrando el culo, tan pronto llegamos me recostó en la cama boca arriba sin dejarme de comerme la boca, metía su lengua revoloteando mi interior, mordía mis labios, iba a cogerme, en mi mente pensaba que no estaba bien, amaba a mi marido, pero no podía resistirme, estaba totalmente entregada a sus besos y caricias, las sensaciones que sentía nunca las había sentido con mi marido.

    Sentí su enorme verga en la entrada de mi vagina, y poco a poco me la fue metiendo, sentía cada centímetro que me iba entrando, abriendo, daba pequeños gritos de placer, hasta que sentí que en un movimiento de cadera final me la metió toda, hasta los huevos, me dolió, un calor tremendo me invadió, nunca me había entrado algo tan profundo y a la vez sentí un inmenso placer recorriendo toda mi columna, me sentía tan llena, tan llena de mi hombre y al mismo tiempo una sensación de plenitud difícil de explicar.

    – Agggh, don Fernando, que verga tan grande tiene, ahhh

    – Ya chiquita, ya entró toda, que rico aprietas, que estrechita estás, pareces virgencita, agh, relájate y disfruta.

    Me tomó de las caderas y empezó a embestirme lentamente, mordía mis labios y besaba mi cuello, arqueaba mi cuerpo en cada embestida, lenta, profunda, me sentía tan suya que sentía que me derretía en cada embestida, poco a poco fue embistiéndome más rápido, mordía y chupaba mis pezones, me decía que era la nena más rica que se había comido, quería cogerme seguido, a todo le decía que sí, que quería ser suya, hasta que ya no pude aguantar más, todo mi cuerpo empezó a vibrar y sentí una descarga de placer que recorrió todo mi cuerpo.

    – Me corro, me corro, me corrooo, aghh, me corro.

    Todo mi cuerpo convulsionaba, mi vista se nublo, gemía como loca, había sido el orgasmo más alucinante de mi vida.

    Pero don Fernando seguía embistiendo, no había acabado, quería más y me levantó y me puso en cuatro, con las piernas bien abiertas y mi pecho sobre la cama, sentí la punta de su verga en mi coñito y se fue abriendo paso hasta que sentí su pelvis golpear mis nalgas, mis fluidos resbalaban por su verga hasta sus huevos.

    Empezó el vaivén, lento y profundo, un mete y saca que me tenía en las nubes, me apretaba las nalgas, y me daba nalgadas que me excitaban más y me hacían gemir en cada nalgada, desde el espejo de la recámara veía como abría mis nalgas al máximo y observaba como su inmensa verga se perdía en mi interior.

    En eso, siento que escupe justo en medio de mis nalgas y trata de insertar la punta de su dedo índice en mi culo, di un respingo hacia adelante y me quejé.

    – No don Fernando, eso sí no, por ahí no, no me toque el culo.

    – No me digas que tu maridito tampoco te ha culeado.

    – No, ya le dije que mi marido no me hace esas cochinadas.

    Sus ojos brillaron.

    – No lo puedo creer, tu culito es increíble, delicioso, suave y además virgen, va a ser un placer desvirgarlo

    – Como cree, don Fernando, no, su verga es demasiado grande, me partiría en dos, además nunca lo he hecho- me quejé

    – Ja ja, no te imaginas lo que se puede comer un culito sabiendo dilatarlo, recuerdas a la chica con la que me viste, yo la desvirgué por el culo, y ahora ella misma me pide que la encule, siempre es igual, alegan que les dolerá y siempre terminan con mi verga enterrada hasta los huevos pidiendo leche.

    – Pero hay que saber desvirgar un culo y yo soy un experto, aguanta, voy a mi cuarto por lubricante

    Me la sacó y me quedé recostada en la cama boca abajo expectante, en ese momento pude haberme levantado y hacer algo, cerrar la puerta de mi casa, pedir auxilio, pero no hice nada, quedé en la cama boca abajo con el culo expuesto, en un par de minutos estaba de regreso con una botellita de líquido.

    Al entrar dijo desde la puerta;

    – Que rica te vez desde aquí, que culito tan redondito y paradito.

    Me puso una almohada bajo el vientre para que parara el culo y sentí que separó mis nalgas dejando mi agujerito descubierto, empezó a frotar con su dedo pulgar mi orificio, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, jamás pensé que el lugar más íntimo y secreto de mi cuerpo fuera tan sensible, abrió más mis nalgas y sentí la punta de su lengua presionando mi esfínter, la sensación fue deliciosa, sin querer di un fuerte respingo, fue como si su lengua me transmitiera una corriente eléctrica que hizo vibrar todo mi cuerpo, su lengua era increíble, siguió punteando y lamiendo mi hoyito un largo rato, hasta que mi esfínter cedió y entró la punta de su lengua en mi interior, suspiré y mordí mis labios al tiempo que apretaba las sábanas, la movía en forma circular, avanzando cada vez un poco más, después de un largo rato dijo.

    Tu culo es delicioso mami, saber que soy el primer macho que lo prueba me ha puesto bien cachondo, vas a gozar mucho cuando te lo abra.

    Abrió el bote de lubricante y me dijo:

    Este lubricante es especial, tiene un relajador muscular y un sensibilizante, vas a sentir que la colita se te pone caliente al tiempo que se va dilatando.

    Echó el lubricante entre mis nalgas y sentí la yema de su dedo en la entrada de mi esfínter, apreté las nalgas y me dio una sonora nalgada, recordándome que no debía apretar, puso un poco del líquido entre mis nalgas que fue resbalando hasta su dedo, el cual fue y comenzó a masajearme el culo, solo por fuera, masajeaba y acariciaba mis nalgas, frotaba mi esfínter en forma circular, aplicando cada vez mayor presión, pronto venció la resistencia y su dedo se coló en mi interior, pasó a acariciar las paredes internas de mi culo, era más agradable de lo que pensé, me estaba gustando, siguió aplicando y su dedo cada vez me llegaba más profundo, con facilidad, nada de dolor, sentía el culo lleno de lubricante y empecé a sentir la piel caliente y más sensible, el lubricante chorreaba por mis piernas, sin darme cuenta empecé a mover el culo en círculos.

    – Vaya, vaya, que puta que eres, te está gustando, mira como meneas el culito- dijo riendo don Fernando.

    Echó otro chorrito de lubricante que me entró muy profundo, sacó sus dedos y sentí un vacío, iba a quejarme cuando arrimó su verga entre mis nalgas y empezó a recorrer la cabeza toda mi rajita,

    – ¿Sientes cómo te recorre mi verga?, pronto toda esta carne estará en tu interior, recorriéndote por dentro, relájate mamacita, dale la bienvenida.

    En uno de sus recorridos embadurnó más de lubricante su verga y mi culo y apuntó a mi agujerito. Empezó a presionar, pero no había forma, mi culito era muy estrecho, me dolía un poco, el seguía insistiendo hasta que de pronto sentí que mi esfínter cedía y entró la cabeza, di un grito desgarrador y todo mi cuerpo se tensó, intenté zafarme echando mi cuerpo hacia adelante, pero me tenía bien sujeta de las caderas, solamente me decía.

    – Shhh, Tranquila, relájate, ya entró lo más grueso, pronto sentirás placer.

    Sentía que me partía, el dolor era tremendo y nublaba mi visión, intenté relajarme y poco a poco el dolor fue cediendo, sentía un ardor, pero había algo que me agradaba, aflojé el cuerpo, él lo sintió y reanudó el embiste, me la estaba metiendo muy despacio permitiendo que mi culo se acostumbre al invasor,

    Así nena, que rico te la estás comiendo, suavecito.

    Sentía mis pliegues abriéndose y estirándose al máximo y el avance de su tranca de carne, hasta que por fin sentí sus huevos en mi coño, me había empalado completamente, la dejó un par de minutos sin moverse para que mi culito se acostumbrara al grosor de su verga, mientras me besaba el cuello y espalda, sentía el calor de su pecho en mi espalda y sus manos sujetas a mis caderas, pronto sentí que el dolor cedía, empecé a mover el culo y empezaron las embestidas, lo hacía lento y profundo, en cada embiste sentía una sensación de placer indescriptible que recorría toda mi columna, me sentía tan plena, tan llena de mi hombre, poco a poco fue embistiéndome más rápido, mis gemidos se hacían más fuertes, me decía que mi culito era el más bello y apretado que se había comido en su vida y que me lo iba a seguir cogiendo seguido, yo le decía que sí, que era suya y que me haga todo lo que quiera en adelante, me decía cosas ardientes al oído y me ensartaba con fuerza.

    – No pares, me encanta ser tuya-gritaba.

    No paraba de meterla y sacarla fuerte, golpeando mi culo con su pelvis, ya no daba más, todo mi cuerpo se estremecía, mis piernas empezaron a temblar, mis ojos se pusieron en blanco, como si estuviera en un trance, empecé a convulsionar.

    – Me corro, me corro, me corrooo- gritaba como puta.

    El seguía taladrándome el culo, la metía y sacaba cada vez más rápido y a darme nalgadas, mis espasmos apretaban su verga en forma involuntaria y ya no aguantó más, en un último embiste me ensartó hasta lo más profundo, me hizo ver las estrellas y explotó en las profundidades de mi culo, chorros y chorros de leche ardiente inundaban mis entrañas y aliviaban el escozor de mi agujerito maltrecho, su semen escapaba de mi culo y escurría por mis piernas.

    Caí desfallecida sobre la almohada, el encima de mí, poco a poco su verga se fue poniendo más flácida hasta que salió de mi culo.

    Se tendió a un lado mío boca arriba, con la respiración agitada y yo me acurruqué junto a él con mi cabeza entre su pecho y su hombro, me acarició la cabeza, besó mi frente, y me abrazó, me encantaba estar en sus brazos, me dijo que quería que fuera su hembra cuando mi marido no estuviera en casa, acepté de inmediato, le dije que me encantó todo lo que me había hecho, que me había vuelto loca de placer, que me sentía su hembra, y me sentía segura a su lado, que él era mi macho y así lo sería de ahora en adelante, pero que fuera discreto en los días que mi marido estaba en casa, ya que era casada, estuvo de acuerdo y me dio un beso cachondo para sellar el compromiso.

    Así me convertí en la amante de mi inquilino, era la relación perfecta, tenía un esposo joven, guapo y brillante que presumía a la sociedad y un hombre maduro que me hacía gozar al límite, todo era felicidad, mi cara estaba resplandeciente, ya no me importaba la marcha de mi marido, ahora tenía a don Fernando, que me daba todo el placer que mi marido no me podía dar, antes pensaba que mi marido era buen amante, pero comparado con don Fernando la diferencia era enorme.

    Don Fernando cumplió su palabra y fue siempre muy discreto los 14 días que mi esposo estaba en casa, era paciente y sabía que tendría otros 14 días para disfrutarme como quisiera.

    Un día mi marido me preguntó si don Fernando seguía llevando mujeres a su departamento y si me molestaba, le pediría que se marchara.

    – No, ya no, ya no da ningún problema vida, no ha vuelto a traer a ninguna mujer- le respondí, si supiera que ahora su hembra era yo, pensé

    Mi esposo dice que don Fernando es el inquilino perfecto, nunca da molestias, paga la renta puntual y siempre está arreglando los desperfectos de su cuarto o haciendo mejoras sin pedir un peso a cambio, si supiera que también se ocupa de atender y tener feliz a su mujercita cuando no está en casa.

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