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  • Viaje a la humillación

    Viaje a la humillación

    Nota/Prefacio: Esta es una historia enteramente de ficción. El autor no comparte el maltrato o la vejación al ser humano en ninguna de sus formas. Es cierto que los fetiches y prácticas aquí descritos podrían tener cabida en un ambiente consensuado. Aun así, el que escribe estas líneas, prefiere dejar muchos de ellos encerrados en el mundo de la fantasía. La dignidad humana es demasiado importante para ponerle precio a la ligera.

    El paquete de galletas tenía premio. Un viaje de cinco días para dos personas.

    Susana soltó un grito.

    «Pareces una cría, menos mal que estás sola» pensó solo un instante después.

    Luego se rascó la cabeza. La lista de candidatos a acompañarla no era muy extensa. Era popular, o al menos lo había sido en sus años de universidad. Guapa, buen tipo e inteligente. Pero a pesar de todo no había tenido muchos pretendientes. Primero pensó en sus amigas, solo había un nombre en la lista, pero desgraciadamente había empezado a trabajar hace poco y la idea de ir de vacaciones estaba descartada. Probó a llamar Pedro y luego a Luis. Ambos por un motivo u otro declinaron.

    «No me creo que no haya nadie que… sí, Juan. Se conocían desde hace tiempo, un tipo serio pero simpático. Entre ellos no hubo nunca nada pero después de todo ese era un viaje para ver cosas, disfrutar… le llamó y obtuvo, tras un breve titubeo, un sí.»

    Una semana después tomaron el avión. Juan no era muy hablador, pero cuando lo hacía, sus palabras parecían competir por el primer puesto de un certamen poético. Su voz era profunda y su timidez se disfrazaba de reserva y misterio, características que resultaban, a su modo, atractivas.

    Los dos primeros días transcurrieron sin novedad. En aquel lugar se hablaba español y las gentes eran amables. Susana y Juan, hechizados por la gastronomía y la belleza del entorno natural, disfrutaban.

    El tercer día fue el día del beso y los arrumacos en el sofá de la habitación del hotel. Luego fueron de excursión y…

    La primera en oír el grito fue Susana quién, sin pensar y movida más por la curiosidad que otra cosa se acercó a aquel lugar. Juan la siguió. Dos hombres introducían en un coche, a la fuerza, a una chica de clase alta. Mientras tanto un tercero intercambiaba un maletín con un tipo enmascarado.

    El tipo de la máscara dirigió la vista a dónde estaba la pareja. De pronto los dos captores corrieron hacia ellos. Susana y Juan echaron a correr, pero los tipos eran rápidos y pronto les dieron alcance.

    Minutos después, tras caminar con vendas en los ojos durante un trecho. Los turistas recuperaron la vista. Estaban en una celda iluminada por luces de neón amarillentas. Un catre y un cubo de metal.

    – ¿Dónde estamos? – dijo Susana nerviosa.

    Juan trató de mantener la calma.

    – No lo sé, pero seguro que dentro de poco alguien nos dice algo. Esto tiene que ser un malentendido.

    Las horas pasaron.

    – Tengo muchas ganas de orinar y me da vergüenza – dijo Susana.

    Juan le cogió la mano y habló con calma tratando de tranquilizarla.

    – Lo sé. Pero tenemos que mantener la calma. No sé cuánto tiempo estaremos aquí. Es mejor que orines y así estés más relajada. Es importante que podamos pensar con claridad.

    La muchacha le miró y Juan se dio la vuelta colocándose en la esquina de la celda para darle algo de intimidad.

    El sonido de un pedo, seguido por el sonido del pis rompió el silencio durante unos segundos.

    – Ya puedes…

    Juan se giró y miró a Susana.

    – ¿Lo has oído verdad? – dijo ruborizándose.

    – Es natural. Somos adultos y vamos a salir de esta.

    La chica asintió pensativa.

    – La próxima vez cantas. – añadió.

    Juan la miró y a pesar de la situación ambos dibujaron una sonrisa.

    Media hora después llegaron tres hombres con unas bolsas de deporte. Uno de ellos tenía bastante barriga, otra cara de pocos amigos y el tercero, alto y atractivo, iba enmascarado.

    – ¿Quiénes sois? – preguntó el tipo de la máscara.

    Los turistas contaron su historia.

    – Mentira. Sois espías.

    De nada sirvieron los intentos de razonar con aquellos tipos.

    – Hablaréis. Tú primero. – dijo señalando a Juan.

    Susana reaccionó nerviosa.

    – ¿Qué van a hacerle? Déjenlo en paz por favor.

    – Tranquila muñeca, que también habrá para ti.

    El tipo gordo esposó a Juan, que fue forzado a ponerse a cuatro patas.

    El otro tipo, separó las piernas y con los muslos sujeto el tronco de la víctima medio sentándose sobre él mientras el enmascarado sacó una vara de la bolsa.

    – Bien. ¿Vas a decir algo?

    – Pero, si ya les he dicho todo. – protestó Juan.

    El tipo gordo desabrochó los pantalones de la víctima y tirando de ellos y de la ropa interior le dejó con el culo al aire.

    – Tienes casi tantos pelos como yo. – dijo el tipo de la panza soltando una risotada desagradable.

    Luego, el otro hombre, sin avisar, separó las nalgas y le metió un dedo en el ano.

    – Aufff – se quejó Juan.

    Susana intentó protestar, pero no le salieron las palabras. Aquello no podía ser real, era demasiado, y lo peor de todo es que todavía no habían hecho más que empezar.

    Susana observó como la vara golpeaba las nalgas de su amigo e inconscientemente contrajo sus propios glúteos.

    Los azotes se prolongaron durante un buen rato.

    – Tienes el culo rojo camarada.

    – Demasiado vello en esa raja.

    – ¡Quítaselo!

    El tipo gordo se inclinó y comenzó, uno a uno, a arrancar los pelos del culo de Juan.

    – Dejadle. – imploró Susana tras diez tirones.

    El tipo gordo, sudando profusamente, soltó una carcajada.

    – Déjale.

    Juan se incorporó y se subió los pantalones.

    – Necesito orinar… necesitamos un cuarto de baño.

    – Es cierto. ¡Antonio, trae otro cubo y vacía el que hay!

    Juan meó en el cubo mientras aquellos tipos se burlaban del tamaño de su pene.

    – Ahora te toca a ti nena… – dijo el enmascarado.

    Susana empezó a temblar.

    – Dejadla. – dijo Juan ganándose una bofetada.

    – ¡Silencio! otra palabra y hacemos que tu amiga beba tu meada.

    Juan miró al hombre con odio pero calló.

    Susana observó al gordo. Sudaba y bajo sus pantalones se adivinaba una erección.

    – ¿Te parezco un guarro asqueroso eh? – dijo acercándose a la chica.

    – Abre la boca y saca la lengua… ¡vamos o lo lamentaras!

    Susana obedeció y el tipo la beso metiéndole la lengua. Susana, forzada a ello, trató de resistir. Le faltaba el aire.

    – Esto te parece asqueroso eh… pues espera a probar mi culo.

    La chica fue obligada a tumbarse boca arriba en el catre mientras observaba como aquel guarro se bajaba los pantalones enseñando un culo pálido, sudoroso, con granos y con mucho vello.

    Luego, ese trasero, quedo sobre su rostro, a escasos centímetros y Susana fue forzada a lamerlo.

    – Abre la boca.

    La mujer obedeció y el cerdo se sentó sobre su boca y dejó escapar una potente y ruidosa ventosidad. Susana tosió mientras aquel olor asqueroso se colaba por su garganta e inundaba su sentido del olfato.

    El tipo se levantó y acercándose a ella la dio tres tortazos y luego le lamió la cara.

    – ¿Algo que decir?

    Susana, a punto de llorar, negó con la cabeza.

    – Bien, pues aquí está mi pene. Ya sabes lo que hacer.

    Terminada la felación habló el tipo de la máscara.

    – Está bien, en una hora os traeremos de comer y beber y luego a la cama, pero no esperéis dormir mucho. Aún quedan muchas cosillas… a ver, azotes para la dama, penetración por todos los agujeros para la pareja, pellizcos en las tetas, enemas, electricidad y más azotes… y… y más de todo imagino.

    Las vejaciones se prolongaron durante tres días más. Susana y Juan lloraron, gritaron y confesaron mil veces que no tenían nada que confesar. Al principio lo que más preocupaba a Susana era la humillación. El estar desnuda, el tener que mear y cagar en ese cubo, el tirarse pedos, el poner su vagina y su ano a disposición de esos tíos. También los azotes, el escozor y luego la electricidad, esas dolorosas corrientes que literalmente hacían que perdiese el control de su cuerpo y sus esfínteres y que incluso, tuviese orgasmos… eso la asqueaba, no concebía como su cuerpo podía sentir placer en medio de todo eso. Pero lo más extraño es que durante todo ese tiempo casi se había alegrado, alegrado de saber que esos tipos realmente no querían una confesión a cualquier precio… de hecho podían haberles torturado, solo pensar en usar fuego, en romper huesos, en arrancar uñas, en clavar agujas, en una ejecución… y por eso, a pesar de todo, se había despedido de ellos con un «gracias»… gracias por habernos perdonado la vida.

  • Mi papá me coge por el culo

    Mi papá me coge por el culo

    Luego de coger por primera vez con mi papá andaba muy caliente siempre. Me encontraba con mi tío José Antonio cada semana y con mi novio unas dos veces, pero no me resultaba suficiente. Supongo que el morbo de hacerlo con mi papá era mayor.

    Lo hicimos varias veces con papito, una o dos veces por semana, aprovechando salidas de mamá a comprar o para reunirse con sus amigas. Cada vez nos complementábamos mejor y habíamos añadido al morbo palabras muy calientes. Me ponía a mil cuando me decía “que puta eres hijita”, o “que perra me saliste hija”, me sentía plena y andaba siempre pensando en esos encuentros.

    Ninguna de esas veces intentó hacérmelo por la cola. Y yo quería mucho que me lo hiciera por atrás. Sentía mucho placer cuando mi tío José Antonio me culeaba, y quería hacerlo con mi papá. Un par de veces me acomodé en la cama, como hacía con mi tío, para que mi papá se diera cuenta que quería hacerlo por allí, pero él no se dio cuenta y no aprovechó.

    Un día no aguanté las ganas y sabiendo que mamá saldría, le dije “papá quiero que hoy me cojas por la cola”. Me miró sorprendido y no me dijo nada pues justo apareció mi mamá. Pero sentí como se había transformado.

    Mamá se demoraba en salir y la espera se hacía infinita. Fui a mi cuarto, daba vueltas en la cama. Salí de nuevo, ella seguía allí sin moverse. Finalmente salió.

    Ni bien ella se fue, papá se me acercó, se puso detrás de mí, puso sus dos manos en mis nalgas y me dijo ¿hija quieres por el culo? Sin voltear le respondí que sí.

    Fuimos a su cuarto. Sin hablar. Sin pensarlo mucho, me acosté boca abajo. Tenía solo un short ligero y un polo encima. Mi papá se acostó debajo de mí, con su cara justo sobre mis nalgas. Sentí como me las recorría olisqueando por encima del short, me estaba ya empezando a deshacer. De pronto bajo mi short y me lo sacó. Se volvió a acomodar en la misma posición y ya sentí su respiración recorrer mis nalgas. Tenía solo una tanguita pequeña y todas mis nalgas estaban a su disposición. Las olisqueó, lamió y beso por un buen rato. Repetía “mi tesoro”, “mi bebe”, “mi amor”. Yo me iba derritiendo con sus besos, resoplidos y lamidas.

    Unos minutos después sentí como puso la tanga de costado y separó mis nalgas con sus manos. Sin más preámbulos, puso su lengua sobre mi culito que ya palpitaba, sentí como electricidad recorriendo todo mi cuerpo y temblé. Mi papá comenzó a darme una lamida de culo como nunca antes mi tío José Antonio. Fue deliciosamente salvaje. Tuve un orgasmo sólo con su lengua.

    Tras llegar, mi papá me sacó completamente la tanga. Volvió a su posición y seguía lamiéndome. No me di cuenta como se sacó toda la ropa. Yo seguía boca abajo, con los ojos cerrados, sintiendo la magia de su lengua.

    De pronto se levantó y se acostó encima de mí. Sentí su piel desnuda sobre la mía. Me dijo al oído “tu mamá nunca quiso darme el culo, ahora el tuyo mi amor será mío”.

    Me excito aún más escuchar esas palabras. Le dije “papito soy toda tuya”. En ese momento sentí su pene rozar mi culito. Lo sentí frotarse sobre mi culito y sentí también como mi culito deseaba ser penetrado.

    Cuando empezó a empujar, me abrí muy rápidamente. El pene grueso y grande de mi papá entró sin oposición. Me dijo “amor que puta culera eres” y comenzó a moverse rápidamente, con fuerza y hasta con violencia.

    Me sentía morir de placer y tuve otro orgasmo. Mi papá estaba enloquecido. Tras unos minutos se levantó. Me dio la vuelta. Puso mis piernas sobre mis hombros, lo que hizo que levante mi culo. Me la metió así. Mi tío José Antonio nunca había hecho esa pose y me resultó perfecta. Sentí todo su pene dentro de mí. Le miraba la cara desencajada mientras me miraba y me decía “que puta eres mi amor, que puta eres hija”.

    Se acercó y me empezó a besar. De pronto sentí que la sacó y la volvió a meter. Siguió un rato así, sacándola toda y volviéndola a meter. Comencé a llegar al éxtasis y llegamos los dos juntos. Sentí toda la leche de mi papito llenándome el culo.

    Se levantó y se acostó a mi lado. Ambos estábamos exhaustos. Antes de irme, pues mamá podría volver en cualquier momento, me dijo “no pensé disfrutar un culito en mi cama”. Lo besé apasionadamente y le dije “te amo papito”.

    Me fui a mi cuarto, me duché y me dormí.

  • Tu último trofeo, mis bragas mojadas

    Tu último trofeo, mis bragas mojadas

    —¡Sí, quiero!

    Aquellas dos palabras resonaron en la pequeña iglesia donde nos íbamos a casar, aquella pequeña iglesia de nuestro pueblo marinero, junto a la plaza donde quedábamos siendo adolescentes con nuestros amigos, quien nos iba a decir a los dos que años más tarde contraeríamos matrimonio, todavía me acuerdo cuando me tirabas de las trenzas que con tanto esmero mi madre me hacía para ir a la iglesia los domingos cuando todavía éramos unos niños, luego en la universidad los dos lejos de casa nos dimos nuestros primeros besos siendo novios, rupturas y reconciliaciones, otros novios y novias entre medio para terminar una vez más juntos hasta que no hace más de tres años nos dimos cuenta de que no queríamos estar separados a pesar de algunas infidelidades por tu parte, también por la mía y ahora, allí, en aquella pequeña iglesia en la que no entraban todos los invitados a la celebración, pronunciaba el sí quiero para unirme por toda la vida delante de ti, te encontrabas de pie justo a mi izquierda mirándome con una mezcla de cariño, de orgullo por mí y a la vez de tristeza por no ser tú el que estuvieras delante de mí, el que me quitara el velo, el que me pusiera el anillo.

    El sacerdote pronunció las palabras de unión, palabras que me deberían alegrar el corazón, que mi cuerpo experimenta una alegría indescriptible y allí, antes de besar a mi ya marido, nuestras miradas se encontraron, se abrazaron y amaron quizás por última vez, los ojos llorosos y no solo los míos, la gente me miraba con cariño, pensando que esas lágrimas eran de emoción y se emocionaba conmigo, pero mis lágrimas eran por ti, te buscaba con la mirada continuamente pidiéndote perdón, pensando más que nunca en sí me había equivocado, realmente a pesar de haberte apartado de mí durante tanto tiempo no había dado resultado, te seguía queriendo, te seguía necesitando, había dos hombres en mi vida a los que quería con locura, pero solo uno se acostaría todas las noches a mi lado y el otro solo me tendría en ocasiones entre sus brazos, quizás ahora me tendría que plantear no volverte a ver o vivir una mentira a tu lado, pero feliz de estar a tu lado.

    Tres horas antes…

    Estaba de los nervios, era mi gran día, me iba a casar con el hombre que amaba y me hacía tan feliz, años de relación desde que nos conocimos en la facultad, yo era todavía una niña que no sabía muy bien lo que quería, quería vivir a tope, pisar el acelerador y no parar, sentirme realizada, sentir todo tipo de experiencias nuevas, fue una época fuera de casa de mis padres en otra ciudad, con nuevos amigos, nadie que me controlara y ese descontrol desató la tormenta en mi interior, pero… allí estaba él, enamorado de mí desde que nos vimos y he de reconocer que aunque lo negaba yo también de él, pero esperar, supo estar allí cuándo cometía error tras error hasta que me rendí, me rendí de luchar y me entregue a él.

    Acababa de echar a todas de mi cuarto, mi madre, mis hermanas, mis sobrinas, todas me estaban agobiando más de lo que ya estaba, faltaban menos de dos horas y ya con el vestido de novia puesto me miraba al espejo, todos mis pensamientos, mi vida pasaba como un rayo delante de mí, no sabía que me pasaba, debería estar feliz y, sin embargo, no lo parecía.

    Toc, toc.

    —Lara, cielo, ha venido este amigo tuyo. —Esas palabras salieron de detrás de la puerta cerrada de mi habitación y por fin una sonrisa se vislumbraba en el espejo, acababa de echar a todo el mundo para que me dejaran sola y, sin embargo, corrí para abrir la puerta.

    —Wow, Lara, estás preciosa. —Hacía tiempo que no hablábamos, ya pensaba que no ibas a venir a la boda y, sin embargo, estabas delante de mi puerta con una sonrisa increíble mirándome de arriba abajo.

    —Vaya, por fin una sonrisa, por favor pasa y habla con ella que hoy está insoportable, me alegro de verte. —Mi hermana se dirigía a ti con la mano en tu espalda, prácticamente empujándote a entrar en la habitación.

    — De verdad Lara estás preciosa. –Volví a oír tu voz, era como melodía para mí, estaba muy sensible, me estaba afectando y me empapaba de todo lo que me rodeaba, ya fuera bueno o malo y sinceramente no sabía en qué parte de la ecuación ponerte, hacía ya más de una semana en la que no habíamos y eso me parecía una eternidad, me parecía una traición.

    — Gracias. –Nada más que unas gracias pude pronunciar, yo aquella niña que ya sabía hablar antes de andar, aquella adolescente a la que le gustaba reír, aquella mujer que nunca se callaba y a la que le daba miedo, el silencio y, sin embargo, un gracias a secas y nada más fue lo que recibiste por respuesta.

    Realmente me encontraba con los nervios a flor de piel, estaba tan contenta de poder estar allí contigo, pero tenía un miedo que no podía ni sabía explicar, la puerta se cerró de un golpe debido a las corrientes de aire y el ruido hizo que pegara un respingo, pero a la vez que me sacara de donde parecía que me había escondido cuando entraste por la puerta, en esos momentos desperté y observe tus preciosos ojos mirándome fijamente, nuestras miradas se encontraron y nos atraían como siempre habían hecho, desde la primera foto que te envié, que me enviaste, desde ese día supe que te amaba, que te amaría siempre. Si había despertado, pero ahora tenía que escapar de ti, era el día de mi boda y mi hermana sin saberlo había dejado entrar al lobo en el gallinero y para escapar de ti simplemente me di la vuelta y te dije con sequedad.

    — ¿Cuándo has llegado?, ¿cuándo te vas?

    No obtuve respuesta, quise hacerte daño una vez más para sentirme yo bien, para poder escapar de tu mirada, para no hacer una locura y, sin embargo, no me sirvió de nada, en esos momentos oí el ruido del pestillo de la puerta, no te miraba, pero sabía que es lo que habías hecho, mi cuerpo experimentó un escalofrío que me atravesó entera, me di la vuelta y allí estabas tú tan guapo como siempre o quizás más, no pude decir nada, una vez más me quedé muda, una vez más en mi vida no supe qué decir, hubiera sido tan fácil, simplemente abrir la boca y pronunciar un que haces, un porque cierras la puerta, pero sabía muy bien la respuesta y ese miedo que tenía se disipaba porque es como si hubieras obedecido mis órdenes, como si subconsciente te hubiera dicho que lo cerrases, estaba confundida, estaba tremendamente… enamorada de ti.

    Estoy temblando, nerviosa, no tengo muy claro lo que quiero o quizás si, mi cabeza parece un hervidero de sentimientos porque mientras mi futuro marido espera yo estoy deseando que te acerques a mí, deseando sentir tus manos sobre mi cuerpo, tus labios en mi piel, estoy inmóvil, algo me sujeta al suelo y solamente mis ojos son capaces de moverse, de mirarte, de ver como te acercas a mí y con tu mano derechas quitas un mechón de mi pelo que cae por encima de mis ojos, creo que voy a perder la cabeza, creo que voy a hacer una locura y tú no me ayudas, no me ayudas a que despierte a que corra hacia los brazos de mi novio, todo lo contrario, me sujetas con tu mano por la cintura y me atraes hacia ti, tan cerca que nuestros labios se quedan a pocos centímetros, tan cerca que puedo oler tu deseo, tan cerca que mi cuerpo tiembla y mis ojos no paran de mirar a los tuyos, de mirar tus labios.

    Los segundos parecían minutos y los minutos horas, tus labios por fin rozan suavemente los míos, sin tiempo a pensar lo que estábamos haciendo, nuestros alientos se entrelazan justo antes de que nuestras lenguas se unen dentro de mi boca, luego de la tuya, los besos que ya hace muchos besos olvide, precisamente porque te quería olvidar, porque te quería apartar de mi vida y no sentirme mal por hacerte daño, por hacer daño a mi novio, por no sentirme encerrada en la jaula de oro donde yo sola me he encerrado y desde donde veo y siento la lucha interna que tengo donde los dos hombres más importantes de mi vida, luchen por mi amor.

    Los besos que en un principio son de un cariño infinito, donde las caricias de nuestras manos abrazándonos demuestran el amor que nos tenemos, la pasión que mostramos en el espejo donde minutos antes me miraba vestida de blanco, vestida con mi traje de novia y que ahora me veo rodeada con tus brazos, tus manos suben y bajan por encima de mi vestido acariciando mis pechos que con mi respiración tan acelerada parecen que quieren ser libres, que quieren sentir tu piel sobre ellos. Pero esos mismos besos y abrazos con cariño se tornan en pasionales, sacan de nosotros la lujuria durante tanto tiempo atrapada en nuestro interior y paso a paso me vas acercando a la pared hasta que mi espalda topa con ella, ya no hay suavidad en nuestras acciones solo pasión y la lujuria de estar una vez más juntos, siento tu cuerpo pegado al mío, tu traje y mi vestido hacen el amor a la vez que mis labios se llenan de los tuyos, que mi cuello sea el experimento de tus besos haciéndome vibrar, haciendo que mis jadeos se aceleren y que desee más. En esos momentos doy presa de tus besos que han inundado de amor mi vagina, siento como las bragas blancas de seda se humedecen y el olor debajo de mi vestido entre mis muslos empieza a escapar y alimentarnos con él.

    Tu pelvis empuja mi vestido y sintiendo como mi sexo reconoce la dureza de tu pene por debajo de tu traje y por fin, por fin tus manos levantan mi vestido de novia, por fin siento en mi piel tus carias, tus manos han subido a la vez mi vestido dejando ver al espejo la mancha que mis bragas te den una idea de lo que deseo, tus dedos acarician el interior de mis muslos y al final tu mano se desliza hacia arriba y con la palma abierta aprietas mi vulva, puedo notar tu dedo corazón en la zona más mojada de mis bragas, puedo notar como me aprietas con la palma de tu mano y como tu dedo hace que la tela de mi braga de meta en mi vagina.

    —Te deseo, te amo, sigue mi amor. –Por fin encontré las palabras pérdidas, quizás las que nunca debí decir, pero las que deseaba decir.

    Tus dedos buscaron la goma de mi braga y empezaron a bajarla por mis muslos, mi vulva rasurada, ahora sentía como tu mano la apretaba, pero esta vez sí podía sentir la piel de tus manos, esta vez sí podía sentir como tu dedo penetraba dentro de mi vagina y mis jadeos se convierten en gemidos, los cuales tengo que amortizar tapándose la boca con la mano que tengo rodeándome el cuello. Por un momento he olvidado del día que es a pesar de mirarme en el espejo y verme vestida de blando aunque fuera con la falda recogida en tus manos y sigo sintiendo tus besos en mi cuello y veo como te bajas el pantalón, como tu bóxer cae hasta los tobillos y tu pene erecto se cuela entre mis muslos, entre las piernas que te acabo de abrir una vez que mi braga haya caído al suelo y con una patadita pequeña se ha metido un poco por debajo de la cama.

    Los gemidos empiezan a llenar la habitación con el mío que se puedan oír en el jardín donde mi familia ríe y espera el momento de marchar, la ventana abierta de par en par disipa el olor a sexo que se acumula, que nos rodea, pero que no puede evitar que un gemido alto se me escape cuando me penetras, cuando siento tu pene subir despacio por mi vagina alojándose dentro de ella para quedarse allí mientras nos devoramos a besos, despacio empiezas a deslizarte dentro de mí, despacio empiezas hacer que mis gemidos redoblen el peligro de ser escuchados, te siento entrar cada vez más rápido, cada vez más profundo, sujetándome uno de mis muslos en tus manos y apretándome con fuerza contra la pared, noto como mis paredes vaginales sufren el placer del roce tu pene, tan siquiera me he acordado de que ya no tomo anticonceptivo y que estamos piel contra piel en mi interior, sintiendo como mi vagina se contrae con tus carias en mi interior como una vez más me estás volviendo loca y me haces volar, me haces llegas al éxtasis cuando tu pene me llena y se queda dentro de mí sin moverse, llegando hasta el cuello del útero donde el placer que me das es inmenso con esos pequeños empujones de tu pene que se siente presionado por mi vagina con cada gemido, con cada espasmo de mi vagina que no deja de fluir flujo envolviéndola por completo, haciendo que cada vez que la sacas y la metes penetre con tanta suavidad que a los dos nos está llevando a un mundo de placer que tan siquiera sabíamos que existía.

    Los minutos van pasando inexorablemente, las manillas del reloj los van dejando caer así como los gemidos que ya no disimulamos los dos, no sé qué se puede oír o no, quizás nada al estar en una segunda planta alejados de donde se juntaba mi familia, pero parecía no importar a ninguno de los dos, mis manos ya no cubrían mi boca y mi boca dejaba escapar pequeños gritos que volaban libres por la habitación y salían por la ventana. La espalda de mi vestido sigue acariciando la pared que junto con mi cuerpo sube y baja por ella al mismo tiempo que tú me penetras, los minutos van cayendo al igual que nuestra resistencia que se acerca a un maravilloso orgasmo, orgasmo que te regaló con mis gemidos en tu oído segundos antes de sentir como tu semen llena mi vagina y siento que la vida se me va en esos momentos, algo extraño la verdad, después de haber disfrutado contigo, después de que me hayas hecho el mejor regalo que me podías hacer.

    Los dos habíamos estallado en sendos orgasmos, nos seguíamos besando mientras tu pene seguía dentro de mi inmóvil, la falda del vestido caía a los lados de mi cuerpo salvo por el centro donde todavía estabas tú, podía sentirte todavía, podía sentir como la erección de tu pene no bajaba y notaba que poco a poco volvías a penetrarme despacio muy despacio, tus manos en mis mejillas cogiéndome la cara con cuidado para no quitarme el maquillaje, maquillaje que ya no sé si se parecía en algo momentos antes de que entraras, nuestras leguas sedientas seguían amándose al igual que tu pene que ya subía una vez más abriendo mi vagina impulsado por tus caderas, nuevamente los gemidos, nuevamente mi boca se abría y mis ojos se cerraban de placer al sentir entrar tu pene.

    Cansados de estar de pie, pensando más en mi vestido te apartaste y dándome la mano me llevaste hasta la alfombra blanca de pelo suave, sin decirme nada te acostaste boca arriba llevándome de la mano y sin soltarnos me senté encima de ti apartando mi vestido, colocándolo en círculo sobre nosotros con la pequeña cola detrás de mí, no busco tu pene, él me encontró a mí, simplemente sentándome sobre ti con unos pequeños movimientos encontró la entrada de mi vagina introduciéndose dentro de mí, resbalando por una autopista que estaba lleno de nuestros fluidos, ayudándome de mis manos en tu pecho, empecé a subir y bajar, como si fuera una amazona, no existía ningún lugar en el mundo donde quisiera estar más que allí, no había nada más que quisiera hacer salvo estar contigo en esos momentos, no mi boda, no mi futuro marido me nublaban la mente, el mundo se había paralizado, se había evaporado el tiempo y tan solo tú y yo caminábamos de la mano por un mundo abandonado, un mundo en los que nuestros gemidos eran la música que componían nuestra historia.

    Sentía como mi cuerpo empezaba a convulsionar nuevamente, como mi vientre empezaba arder y ese calor bajar internamente a mi vagina inundándose de flujo, un grito de placer al sentir tu pene tan dentro de mí hizo que me tumbara sobre ti, únicamente tus besos tapando mi boca amortiguaron los gritos, te mordía los labios de placer y como si fueras una locomotora, elevaste tu pelvis y empezaste a penetrarme con fuerza hasta que tú también soltaste los gritos de placer sobre mí, hasta que tú también como si fueras un volcán expulsaras chorros de semen caliente en mi vagina.

    Tenía pocos minutos para arreglarme, para retocar el maquillaje y que no se notara que mi vestido había sido secuestrado por las caricias de tus manos, no había tiempo de lavarme, tampoco de buscar mis bragas que habían desaparecido, nerviosa, pero mucho más relajada me encontró mi hermana cuando subió a buscarme para irnos a la iglesia, tú habías desaparecido minutos antes, habías desaparecido sin decirme nada, tan solo nos dijimos un te quiero y un adiós con la mirada durante todo el tiempo que estuvimos justos, salvo por los gemidos y pequeños gritos de placer no dijimos nada, no hablamos solo nos amamos y ahora te habías ido sin decirme nada, si darme cuenta aprovechando que te di la espalda buscando mi braga, te habías despedido de todos y me esperabas junto a los demás invitados en la iglesia, nadie sabría más que tú y yo el gran regalo que me acababas de hacer, nadie más que yo sabía que me iba a casar sin las bragas, con tu semen recorriendo el interior de mis muslos hasta topar con las medias, o quizás si, quizás tú también lo sabías porque no parabas de meterte la mano en el bolsillo de la chaqueta, nunca lo supe, pero quizás entre tus manos estaban las bragas que no me puse, unas bragas mojadas con mi aroma, quizás tu último trofeo.

    Ya estaba todo hecho, todo dicho, me había convertido en una mujer casada, en esposa, en compañera de un hombre que no le merecía, en un hombre encantador y realmente enamorado de mí, los sentimientos eran contradictorios, estaba feliz de estar unida a él, estaba enamorada de él y, sin embargo, sabía que lloraba por ti, te quería tanto que si en esa hora que estuvimos solos en mi habitación, si me lo hubieras dicho con palabras quizás… quizás todo habría cambiado… yo… no lo sé.

    Me hiciste el amor, si es cierto, pero… pero… no me dijiste nada.

  • Una mujer independiente

    Una mujer independiente

    Una señora muy educada, respetuosa y sensual además de mujer elegante y amante del buen sexo.

    Así era está mujer, no la gustaba cualquier hombre y mucho menos practicar sexo de cualquier manera.

    Ella buscaba al hombre que la hiciera vibrar, el cual la hiciera de gritar en la cama de placer, que la hiciese tocar las estrellas con la yema de sus dedos, hacerla sentir única y apasionada del buen gozar haciendo lo que ella más quería que es el amor.

    Maylen era una mujer vividora, iba buscando esa maravilla de señor que la pusiera de una vez por todas los pies sobre la tierra, que cuándo la quitasen la ropa se lo hicieran de una forma muy sensual y que la ropa cayera lentamente por sus piernas.

    Pasado un tiempo está señora conoció a un hombre bien vestido, perfumado, caballero y muy romántico; Rafael, así era su nombre.

    Este señor la conoció en uno de esas citas que Maylen buscaba a su hombre ideal, se habían citado en un restaurante, donde él la invitó esa noche a cenar y así pudieran conocerse tranquilamente.

    Allí se podía ver que había risas, una buena conversación e incluso mucha química entre esta futura pareja, quién sabe.

    Pasadas unas horas ella le ofreció a él tomarse unas copas en casa de ella, el caballero amablemente aceptó la invitación y se dirigieron a casa de Maylen, ella fue a ponerse cómoda a su habitación, Rafael la esperó sentado en un cómodo sofá que allí había.

    Ella salió de su habitación y se dirigió a la cocina de donde traería las copas y una botella de champagne francés.

    Rafael cogió la botella y la destapó, rellenó las copas y entre sorbo y sorbo se podía ver claramente que ahí podía haber algo más que una cita.

    Él soltó su copa sobre la mesa de cristal y la miró fijamente a sus preciosos ojos color miel, acercó su boca a la de Maylen y comenzaron a besarse muy intensamente, ella quedó prendada de sus labios y sé fueron a la habitación de ella.

    Rafael comenzó a quitarla la ropa muy despacio y al mismo tiempo no despegaba los labios de Maylen, ella abrazada a él no podía creer lo que ahí podía pasar en cuanto los dos estuvieran tumbados sobre la cama de la señora.

    Él la cogió en brazos y la tumbó sobre la cama y seguidamente él se acostaría al lado de ella, Rafael comenzó a besarla por todo su cuerpo y acarició su cabello, Maylen no podía creer lo que estaba pasando en ese momento por su cabeza mientras que él no paraba de besarla y acariciarla, Rafael sé levantó un momento de la cama y se puso a los pies de Maylen, comenzó a besarla y lamerla los pies, la separó una pierna de la otra y se colocó a la altura de su parte más íntima, Rafael comenzó la besar los labios de su vagina y Maylen comenzó a jadear de gusto; ella con sus manos le cogió la cabeza y se la sujetó para que él no dejase de hacer lo que la estaba haciendo; volverla loca de placer.

    Maylen no se podía contener ni un instante quieta en la cama, gritaba, jadeaba de gusto y con sus brazos estirados sobre la cama pareciera que estaba tocando las estrellas.

    Rafael no paraba de comerla ahí abajo en su dulce favorito que Maylen tenía entre sus piernas.

    Poco rato después Rafael se levantó de la cama para cambiar la postura y así poner a Maylen de rodillas sobre la cama, Rafael con sus manos separó los glúteos de Maylen y comenzó a besarla también por esa zona que a ella nunca la habían hecho besar, Rafael estaba metido en lo que estaba haciendo y con dulzura la comió también su parte más íntima, ella volvió a jadear de gusto y no podía parar de gritar, ella le decía que no parase y él tampoco tenía mucha idea de querer parar hasta que Maylen dio un grito que pareciese que había tocado la estrella polar que allí aparecía en su imaginación más sexual.

    Ella quedó rendida a los pies de Rafael y está fue la que dio rienda suelta a su excitación más carnal con Rafael, está vez fue ella la que lo tenía dominado a él, se colocó de manera que pudiera practicarle a él una buena felación en su miembro viril que estaba bien erguido, con su mano tenía agarrado el miembro de Rafael y chupando su rico pene que Maylen no soltaba ni un solo segundo, el jadeaba de placer al igual que lo había hecho antes ella con él.

    Pasado un rato ya desde que Maylen se pusiera manos a la obra con él; por fin hizo de eyacular a Rafael soltando este un grito de gusto como si le estuvieran cortando lo más importante de su cuerpo.

    Maylen y Rafael allí tumbados sobre la cama y desnudos se miraron fijamente y se prometieron no separarse el uno del otro nunca más.

    Así fue como conoció Maylen al hombre de su vida y Rafael cómo había conocido a su posible futura pareja que él andaba buscando hacia muchísimos años.

    Fin.

  • Mi historia con una mujer maltratada (9)

    Mi historia con una mujer maltratada (9)

    Cayó la noche, nos vestimos casualmente, ella con una blusita, un buzo, un short y unas zapatillas Nike y yo con una remera, un abrigo y un pantaloncito normal. Fuimos en el Peugeot a un bar que hay en el centro de Ramos Sur. Entramos al bar tomados de la mano y todos nos empezaron a mirar.

    —¿Por qué todos nos miran?, preguntó.

    —Me parece que te están mirando a vos, dije en medio de confusiones.

    Nos sentamos en una mesa, vino una moza y nos dio dos cartas. Las vimos y todo tenía muy buena pinta.

    Yo le pedí a la mesera una Coca-Cola y una hamburguesa con papas fritas, ella había pedido una cerveza y una pizza. Obviamente todo era para compartir. ¿Que por qué ordené una bebida con gas sin alcohol? Básicamente no quería manejar borracho, era por eso.

    En un momento a Anen se le acercó un tipo que aparentaba tener unos 30 años. Barba, musculatura media, no era grandote, pero tenía buenos brazos, ojos celestes, rubio, camisa manga larga blanca, pantalón de vestir y zapatos de cuero, dentro de poco entenderán porque aclaro la vestimenta del chabón.

    —Hola, preciosa. ¿No me das tu número?, dijo.

    —Perdoname flaco, estoy con mi novio, dijo ella apaciguadamente.

    —¿Este boludito es tu novio?, preguntó de manera un tanto altanera.

    —¡Tené cuidado cómo me hablás!, dije levantando un poco la voz, pero sin llegar a gritar.

    —Cerrá el orto, pendejo de mierda, estoy hablando con ella, no con vos, mogólico.

    Ninguno de nosotros dos le dirigió la palabra. Todos en el restaurante lo miraban y cotilleaban. Llegó la mesera con la bebida y dos vasos, preguntó si estaba todo bien. Le dije que sí.

    El desgraciado seguía intentando convencerla, tratando de conquistarla con piropos sucios, pero no pudo. Yo cada vez me iba agotando más, más, más y más. A Anen la cansó tanto en un momento, que agarró mi vaso de Coca-Cola y se lo tiró todo encima de la camisa, ahora entienden por qué aclaré la pinta de este señor.

    —¡¿Qué hacés, estúpida de mierda?! ¡Hija de puta!, exclamó enfurecido.

    Mi paciencia tiene un límite y este tipo sobrepasó la barrera. Mi adrenalina por otro lado, en instancias como esta, no tiene ningún tope, se eleva hasta niveles que no podrían creer. Nadie se puede atrever a insultar a mi novia, sea quien sea, y menos en mi presencia. Me levanté de la silla.

    —¡¡¿¿Qué insultás a mi novia??!!, ¡¡¡La concha de tu madre!!! ¡¡¡Te voy a cagar a trompadas!!!, dije gritando con el seño totalmente fruncido.

    —¡No Tomás!, ¡tranquilo!, ¡te lo pido porfavor!, dijo Anen exaltada.

    Ella ya me conocía y sabía que yo estaba a punto de meterle una piña que lo iba a dejar acostado, sin ánimo de levantarse y si se trataba de levantar, lo recontra cagaba a trompadas en el piso, me chupaba un huevo todo, hasta no matarlo no paraba. El tema es que si se meten con Anen, se meten conmigo. Las palabras viniendo de mi amada, por suerte me pudieron tranquilizar un poco y me volví a sentar.

    El simio este me empezó a insultar de todas las maneras habidas y por haber. Yo no le hacía caso, simplemente miraba para un costado. La gente del local había llamado a la policía, pero nunca venía. Anen se extenuó, la saturó, se levantó de la mesa y le pegó una cachetada que sonó hasta en la esquina, casi lo deja sentado y dijo:

    —Dejános en paz a mí y a mi novio, ¡¡¿¿me escuchaste??!!.

    —Vámonos, Anen. No vale la pena, le dije.

    Juro que por primera vez yo era el que estaba más tranquilo al final de una situación así y… Anen se defendió por primera y me defendió a mí, que es mejor.

    Dejé plata en la mesa, correspondiente a las bebidas, la tomé del brazo y nos fuimos. Cuando salimos a la vereda, vimos un móvil de la cana estacionado en doble fila enfrente al bar, saqué rápidamente las llaves del auto de mi bolsillo. Abrí el coche, me subí, se subió ella, lo puse en marcha y arranqué.

    —¿Qué vamos a hacer ahora?

    —No sé, dije.

    —¿Sabés qué? Vamos a casa, pidamos delivery.

    —Sí, mejor.

    Eran las 10 de la noche de un domingo y todos los restaurantes estaban llenos.

    Estaba furioso y con nervios. Ella notó que yo estaba así y dijo:

    —Tranquilo, mi amor. No pasa nada.

    —¡¡Qué bronca!!, grité y golpeaba el volante con la fuerza de la palma de mi mano.

    —…

    Me vio con cara de: «Este chabón perdió la cabeza».

    —¡Nos sigue la desgracia!, ¿vos entendés eso?

    —Sí, pero tampoco es para calentarse de esa manera, tranquilízate.

    —Es que…

    Estacioné en el primer hueco que vi en la calle, apagué el motor y me puse a llorar, no de angustia, si no de impotencia. Ponía mi cara contra el volante y lloraba.

    —Eu, no te pongas así.

    —Una vez que… salimos de casa… vos y yo… para hacer algo diferente… nos pasa esto… no lo puedo creer…

    —Es entendible que te pongas así.

    —Claro que lo es.

    —¿Querés que maneje yo?

    —No.

    Giré la llave para encender el motor y prendió.

    —No podés manejar así.

    —Basta Anen, dejame manejar.

    Me temblaba todo. Conduje hasta casa, cuando llegamos, se bajó ella primero y luego yo. Entramos y subimos al ascensor. Mientras que estábamos en él, ella llamaba a una pizzería y pedía una pizza grande de muzzarela, jamón y morrón, que era lo que nos gustaba a los dos.

    Llegamos al departamento, abrió la puerta y accedimos. Dejé mi abrigo en una silla.

    —Me voy a bañar, me quiero sacar la mufa de encima, dije.

    —¿Querés que nos bañemos juntos?, preguntó.

    —No.

    —Dale, lo último que necesitás es estar sólo en un momento de calentura como este.

    —Ok, está bien.

    —Bueno, quítate la ropa.

    Empecé por el pantalón, saqué el botón y ella desabrochó la cremallera. Me tocó un poco por abajo del pantalón y por encima del bóxer.

    —Anen, no quiero…

    —Shhhh. Calláte y gozá el momento, dijo casi susurrándome al oído.

    Me sacó la remera lentamente y apretó delicadamente mi abdomen. No pude evitar soltar un gemido. Me tomó de la mano y me llevó al baño.

    Se desnudó poco a poco. Empezó por su buzo, luego siguió por su short, su blusa y finalmente se quitó el corpiño y la bombacha.

    —Faltás vos nada más, comentó.

    —¿Eh?

    —Sacate el calzón, mi amor.

    Cuando me lo saqué, abrió el agua y nos metimos los dos al unísono.

    Me abrazó con fuerza por arriba de la cintura.

    —¿Te pongo shampoo?, preguntó.

    —Si te copa.

    —A mi lo que me copa no es ponerte shampoo, sino tocarte, que sientas mis dedos recorriendo cada parte de tu cuerpo, que mis labios viajen por este paisaje, que los tuyos recuerden mi nombre en voz baja, en gritos o gemidos, que te vuelvas loco con mis caricias y con mis besitos, dijo en un tono seductor.

    Besó mi torso, mientras que abordaba mis bíceps con sus manos, fue bajando e hizo lo mismo con mi vientre tomándome de las manos, por último se arrodilló y se detuvo en mi entrepierna. Me comenzó a tocar la verga y se levantó lentamente, hasta que se puso como piedra.

    Me gustaba mucho como jugueteaba mientras tocaba mi panza.

    En un momento se incorporó dando un beso en la punta y sentí un temblor muy fuerte en todo el cuerpo.

    Me puso shampoo en el pelo y masajeó el cuero cabelludo hasta sacar espuma, pasó la espuma por mis brazos, manos, tórax, abdominales, espalda baja, espalda alta, muslos y pene. Me puso abajo del chorro de agua y enjuagó cada parte de mi cuerpo.

    Tocaron timbre.

    —Es la pizza, dijo.

    —Andá a atender vos.

    Me agarró de los hombros y me dijo:

    —Ahora vengo.

    Salió de la ducha, se puso una toalla en la cabeza y otra que le cubría todo el cuerpo. Salió y en unos minutos estaba de vuelta.

    —Terminá de bañarte y salí que ya está la comida.

    —Voy.

    Aproveché lo que quedaba de agua para sumergir la cabeza. Cuando salí me puse una toalla y me estaba esperando afuera del baño con los brazos abiertos de par en par. La abracé y le agradecí.

    —Gracias.

    —¿Gracias por qué?

    —Por todo lo que hacés para que me sienta mejor.

    —No pasa nada, mientras surta efecto, osea que estés tranquilo y contento… y tu… amiguito… también… yo estoy feliz.

    Mientras ella iba diciendo esto, se ponía más nerviosa. Yo, no obstante, dije algo que la descontracturó un cachito.

    —Y bien que lo hace.

    —Así me gusta… Bueno, ¿Vamos a comer?, preguntó.

    —Dale.

    Nos sentamos y comimos. Eran las 12 de la noche y estábamos acostados de cucharita en el sillón, sin hacer absolutamente nada, callados. Estábamos destrozados los dos, cansados de toda la mierda que nos pasaba por encima. Hasta que ella me preguntó:

    —¿Vamos a la cama?

    —Sí, le dije.

    —Vení.

    Me agarró tiernamente del brazo y me llevó al dormitorio.

    Me acarició la cara antes de sentarnos.

    —¿No querés hacer nada hoy?

    —No es que no quiera, simplemente no tengo ganas.

    —Yo sé como solucionar eso.

    —Sorpréndeme.

    —Acostate.

    Seguí la orden que me dio. Me dejé caer sobre mi espalda y ella se apoyó arriba mío. Me dijo algo que me heló la sangre.

    —Hoy vamos a hacerlo sin forro.

    Pensé que estaba chiflada e incorporé mi pecho, poniendo mis codos y antebrazos sobre el colchón.

    —¡¿Qué?! ¡¿Vos estás tonta?!, pregunté casi gritando.

    —No. Estoy tomando anticonceptivos, que es diferente.

    —¿Desde cuándo?

    —Hace tiempo ya.

    —No me parece buena idea igual.

    —Calláte y disfrutá de los orgasmos que te voy a dar ahora.

    —Escuchame, llega a pasar algo y te juro… por lo que más quieras que es la última vez que cogemos…

    —Cerrá… la… boca…

    Tocó el centro de mi pecho con un dedo y empujó hacia abajo, buscando que me relaje. Escupió en su mano, la pasó por mi pene desnudo ya erecto, masajeó un poco, se bajó la bombacha, tomé mucho aire y lo metió de una en su vagina.

    Me montó como lo haría con un caballo, pero sin prisa. Cuando vio que por fin entraba toda, que le llegaba hasta adentro del alma, movió pausadamente su pelvis de atrás hacia adelante, mientras se tiraba para atrás y apoyaba sus manos en la cama.

    —¿Querés que vaya un poquito más rápido?, preguntó.

    —Sí, porfavor, susurré casi en un gemido.

    —¡¡Aaaay, Dios!! ¡¡Esperé tanto tiempo para este momento!!, gritó.

    Empezó a moverse aceleradamente, a la vez que jadeaba y yo gemía. Se sentía muy bien no tener preservativo, pero había algo en mí que me decía que una cosa de lo que estábamos haciendo estaba mal.

    Me estaba por correr dentro suyo y le avisé:

    —Me estoy por venir, Anen.

    —Quiero que acabes adentro mío, susurró excitada.

    —No, no quiero hacerlo.

    Se detuvo al instante.

    —¿Por qué no? ¿No te gusta lo que te estoy haciendo?, preguntó confusa.

    —No… no es que no me guste, es que tengo miedo, dije con cara de inquietud.

    —¿Miedo de qué?

    —De que quedes embarazada.

    —Si quedo preñada va a ser culpa mía y me la voy a bancar, pero ahora dejame disfrutar y disfrutá vos también. ¿Sí, cielo?

    Asentí con la cabeza, estaba confundido.

    Siguió con la penetración unos minutos más, sus movimientos se hicieron frenéticos y luego de esos escasos minutos, tuve el orgasmo más hermoso que tuve nunca jamás. Derramé todo mi amor dentro suyo. Su vagina quedó completamente llena de leche caliente y mi poronga empapada con fluidos. Gritó de placer al sentir mi semen en su interior.

    —¡AAAAAHHHHHHHH! ¡SIIIIIIIII! ¡POR FIN! ¡POR FIN! ¡POR FIN! ¡POR FIN!, gritaba sin parar.

    Quedaba mucho más por exprimir y ella lo sabía. La vi a los ojos, tenían un brillo que no había visto nunca.

    De esa forma, colocó mi pija en su orto y empezó a bajar, debió ser como meterse un hierro candente que le quemaba todo por dentro. Ella sabía que no iba a ser fácil. Gritó de dolor, pero ese mismo dolor pronto se convertiría en placer. Su esfínter se abría cada vez más y más. Los dos no podíamos parar de gemir de placer, ella apretaba con fuerza sus pechos y yo ponía mis manos arriba de las suyas. Después de unos segundos así, me vine de vuelta. Sentí cada pulsación y cada bombeo de semen que deposité en su culo.

    —¡¡¡¡Animal!!!!, gritó en medio de un orgasmo gigante.

    Le temblaban las piernas como un terremoto. Sacó mi pija de su ano, se posicionó y empezó a chuparla como desgraciada, buscando limpiarla toda. Cuando terminó de hacerlo, dijo:

    —Juro que nunca había visto algo así.

    —¿Algo como qué?

    —Como vos, me encanta tenerte y sentirte adentro mío. Sos tan dulce, tierno y cuidadoso conmigo, pero a la vez un animal salvaje…

    —Gracias por el cumplido, supongo.

    Cuando todo terminó, ninguno de los dos se fue a limpiar. Ella se metía los dedos profundamente en la concha, buscando restos de semen y llevándoselos a la boca.

    —¿Y? ¿Qué te pareció al final?, cuestionó.

    —Me encantó, fue una re linda experiencia. Sentirte de esa manera y estar adentro tuyo. Tuve el orgasmo más cálido de mi vida. Pero estoy intranquilo.

    —¿Por qué, bebé?, dijo acariciando mi muslo interno.

    —Ya sabés por qué.

    —Quedáte tranqui.

    —No, ¿sabés que pasa? Yo empiezo la facultad ahora en 15 días, vos también, lo peor es que los dos trabajamos, ¿entendés lo que implicaría tener un pibe ahora?

    —Ya te dije que estoy tomando pastillas, no pasa nada.

    —¿Qué seguridad te dan esas píldoras?

    —La misma seguridad que te da a vos un preservativo.

    —Te mato si llegas a quedar embarazada, dije bromeando.

    —Me mato yo misma, aclaró riéndose.

    —…

    —…

    —Bueno, te amo.

    —Yo también.

    —Chau.

    —Chau.

    Cada uno se durmió en su lado de la cama.

  • Infidelidad planeada

    Infidelidad planeada

    Saludos queridos lectores, les enviamos un relato más, deseando que se les alborote la hormona, vuele su imaginación junto con su pareja y tengan un buen sexo, o mínimo se den una masturbada, envíen su valoración y comentarios por favor.

    Para los que no nos conocen, somos una pareja madura mi esposo Roberto de 56 años 1.60 de estatura, complexión mediana con 15 cm de verga, yo Fanny de 50 años 1.50 de estatura, pechos grandes 36C con estrías y abdomen propios de los embarazos, pierna y nalga aún firmes.

    Este relato lo hemos dividido en dos partes, la primera redactada por mi y la segunda por mi esposo de acuerdo a lo que cada uno vivió.

    Primera parte:

    A finales de abril se realizó una reunión de exalumnas de la prepa, solo acudimos 10 de las 15 que estábamos en el grupo, todas alrededor los 50 de edad, sucedió lo clásico de estás reuniones principiar con el ¿Que tal?, ¿como te va? y comienzan las presunciones de algunas y las desgracias de otras, después de casi 3 horas se empezaron a retirar algunas al final solo quedamos 5 Graciela, Alicia, Esther , Marisol y yo, fuimos las que mejor nos llevamos, cómplices de copiar en los exámenes, pasarnos las tareas y tapaderas de las pintas y aventuras con los novios, al estar en confianza la conversación se tornó en los recuerdos con las aventuras sexuales de esa época y nuestra situación con nuestras parejas.

    Graciela:

    Inició contando que la prepa fue el detonador de su sexualidad, en cuarto semestre conoció a Pedro quien cursaba el sexto semestre y el fue su maestro en el arte amatorio, fue quien la desvirgó y con el aprendió a manejar el sexo oral, anal y vaginal, tomándole gusto al gusto, fueron 5 meses de aprendizaje con Pedro quién al finalizar su prepa se perdió y ya no volvió a saber de él, después en quinto y sexto semestre tuvo otros novios medio pendejitos, inclusive a alguno, ella le enseño a coger, la satisfacción fue ser ella quién lo dirigiera y hacerlo como a ella le satisfacía más.

    En la actualidad tiene 4 años de divorciada, no tuvo hijos y está feliz de no estar atada a una relación y coger cuando y con quién se le pegue la gana.

    Alicia:

    Recordó que aunque era novia de manita sudada de Joaquín, el profesor de matemáticas la desvirgó en el sexto semestre para darle mayor calificación y alcanzar una beca en la universidad, ahí tuvo tres o cuatro novios y a todos se los cogió, terminando la carrera se casó con su actual esposo, tiene dos hijos ya casados, cómo ya viven solos le dan vuelo a divertirse, salen cada fin de semana a bailar y si se pasan de copas o se hace tarde se meten algún hotel a terminar la fiesta, su esposo es muy imaginativo en el sexo por lo que se siente satisfecha, no niega que de repente alguien les mueve la hormona y fantasean coger con esas personas mencionando sus nombres, tal vez en algún momento lleguen de común acuerdo a realizarlas.

    Esther:

    La más puta de todas, ella contó que perdió la virginidad antes de entrar a la prepa, ya en la prepa se cogió a varios, tanto de nuestro salón como de otros salones, en lo que tuvo mucho cuidado fue en hacerlo siempre protegida con condón, eso evito un embarazo y lo más importante una enfermedad venérea, actualmente está casada pero eso no ha sido impedimento para ponerle el cuerno al marido, ya que sigue con la hormona muy alborotada, y dice ella que cuando alguien le gusta se le hace agua la nalga, y la vagina se humedece y termina cogiéndoselo.

    Marisol:

    Ella siempre fue la más nerd de todas, siempre llevaba sus tareas y se portaba bien, tuvo un novio, Ángel, con el que se casó por desgracia para ella actualmente sufre de disfunción eréctil pero lo peor es que no quiere consultar al urólogo, esto ha provocado que se haya vuelto muy celoso, compró un dildo realístico vibrador y rotativo con testículos y chupón para ponerlo en la pared o el piso y darse sus arrimones, pero solo le duró el gusto tres ocasiones ya que cuándo su esposo se lo descubrió, se lo escondió y le negó haberlo tomado, así que ahora se masturbaba con pepinos o zanahorias, o metiéndose el dedo, no pudieron tener hijos y la calentura por coger no la deja en paz y no sabe cómo hacer para coger con alguien.

    Yo (Fanny):

    Todas saben que en prepa solo fajaba cómo decimos aqui en México, y calentaba a los novios, alguno que otro había sido novio de alguna de ellas, de hecho ellas me apodaron la calienta pitos, pero al entrar a la universidad pedagógica y ya casi para terminar la carrera, perdió la virginidad, después de salir de una fiesta y entonados con unas copas de alcohol, Roberto me llevo a un hotel y me desvirgó, embarazándome, así que nos casamos, tuvimos tres hijos que también ya volaron, solo quedamos él y yo en casa, les platiqué del bache que tuvimos y del engaño por parte mía en el que entregué el culo, para después invitarlo a coger analmente para hacerle creer a Roberto que él había sido el primero en mi culo.

    Les conté que después de casi divorciarnos, llegamos a un acuerdo, platicamos el por qué de nuestro hastío y monotonía en la relación, y convenimos en buscar algo que nos sacará de esa situación, buscamos información en internet donde todo mundo da consejos desde ir con un sicólogo hasta los matrimonios abiertos, intentamos primero con el sicólogo, después de varias terapias, nos invitó a reinventarnos buscando fantasías que encendieran la chispa dela pasión, así que iniciamos cambiando roles, al principio cambiabamos de nombre por el de algún conocido o conocida cuando cogíamos o nos decíamos frases cómo cogeme cabron que quiero tu leche en mi panocha o el me decía así mueve tus nalgas puta, quiero ser tu cliente y pagarte por qué de des el culo esto último nos llevó a qué yo me vistiera muy provocativa ouy puta y esperara en una esquina a que el pasará por mi como si el fuera un cliente y yo una prostituta y nos metiamos al hotel para dar rienda suelta a la fantasía.

    Después en un cumpleaños, Roberto contrató un gigoló para hacer por primera vez un trío hmh, siendo una experiencia deliciosa, cuando me tocó festejarlo, le pedía una amiga que me ayudara para hacer un trío mhm, ambos tríos heteros pues aunque respetamos, no nos atrae el sexo lésbico ni homosexual.

    Todas se veían muy interesadas pidiéndome que siguiera.

    Les platique de los intercambios con otras parejas y los compadres, la aventura con un single que vimos en una página de corneadores, el ganbang con los chicos que desvirgue.

    Marisol y Esther preguntaron ¿Con cuántos cabrones has cogido? Les dije que pese a que parezca otra cosa, solo unos 8 en los casi 3 años que tenemos en éste estilo de vida, que después de una aventura Roberto y yo recordamos y contamos cómo y por donde me la metieron, o el como y por donde se las metió, y el placer que sentimos en ese momento, eso nos excita y nos motiva a coger muy rico, pensando cada uno lo que vivió el otro.

    Esther preguntó ¿y los celos?, No te negaré que al principio tanto Roberto con yo los tuvimos pero lo fuimos superando, con la confianza de no engañar al otro, el tener sexo con otras personas no implica enamorarse de ellas, pocas veces hemos repetido con algunos y siempre con las reglas que pusimos. ¿Cuáles son?

    La principal cuidar nuestra salud, pidiendo y haciéndonos pruebas de laboratorio para descartar enfermedades de transmisión sexual, si tenemos dudas usar condón, ninguno interactúa con otra persona si no es del conocimiento y está de acuerdo la pareja, utilizar para nuestro encuentros un número y teléfono distinto al personal, al cual tenemos acceso los dos y podemos leer los mensajes, si algo no es del agrado de ambos paramos y nos retiramos, nada sado o que nos lastime, alcohol moderado, no drogas, no interactuamos en casa, en la calle o el trabajo somos otros, en la intimidad nos liberamos y somos todo lo pervertidos que queramos.

    Paso un rato más entre preguntas y bromas y poco después nos despedimos, pero Marisol me pidió hablar a solas así que esperamos a que las demás e fueran.

    Sin darle vueltas al asunto me soltó un «quiero que me ayudes, prestándome a Roberto para una tarde de placer» tan solo de estar platicando me moje, pedía que solo que lo planeáramos de manera que su esposo por sus celos no se diera cuenta, no le prometí nada pues tenía primero que hablarlo con Robert, que después le marcaba para informarle.

    Llegando a casa me puse cómoda en lo que llegaba Roberto.

    Cuando llegó Roberto me preguntó ¿Cómo estuvo la reunión?, Le platiqué todo con lujo de detalles, antes de llega a la propuesta de Marisol y su intención de coger con el, le pedí que tomara la propuesta en pago de haber desvirgado a los muchachos que salieron de prepa y no avisarle a tiempo, solo movió la cabeza en señal de aceptar.

    Ahí mismo le marqué a Marisol, le propuse enviarle la invitación para el festejo del día del maestro en la institución donde yo trabajo para el siguiente sábado, le pedí que la enseñará y pidiera permiso a su esposo, yo pasaría por ella sola para que él estuviera más tranquilo, que vistiera poco atractiva y poco maquillaje, Roberto haría los arreglos en un hotel que es ejecutivo, no es de paso y la esperaría en el restaurante bar del mismo hotel, nosotros ya lo conocíamos pues ahí celebramos un aniversario y la pasamos muy bien.

    Roberto hizo la reserva de la habitación a sugerencia mía con el paquete romántico, consistente en poner pétalos de rosas de la entrada hasta arriba de la cama con las dos toallas en forma de cisne besándose, una botella de vino espumoso, condones y lubricante, también en el restaurante una mesa para dos personas con arreglo de rosas, la comida incluye dos copas de vino tinto dulce.

    Fuimos a la sex-shop a una hora en que Marisol estuviera sola y pudiera atender una videollamada para que escogiera la lencería, tomó la llamada y me preguntó que cuál era la preferida de Roberto, le dije que color rojo o negro o combinación de ambos, escogió un coordinado de brasier y bikini rojo con un liguero y medias con costura atrás color negro todo en tela semitransparente, me comentó que solo de escoger la ropa ya se había mojado, le dije que estábamos igual Roberto y yo, que siempre nos pasa cuando escogemos ropa para un encuentro.

    Llegó el esperado sábado Roberto se fue al hotel para terminar los arreglos y que todo estuviera en orden, yo pasé por Marisol a su casa, salió su esposo atrás de ella y con el pretexto de saludarme verificó que solo fuéramos ella y yo, solo reí por dentro y me acordé de una lectora que comentó en otro de los relatos, que los hombres no saben que la mujer no necesita del permiso de la pareja para coger con quién y cuando se le antoje.

    En el camino me vino contando que su esposo le preguntó ¿desde cuándo me nació tener atenciones con ella?, ¿quién más iría?, ¿A que hora regresaría?, pero que al ver cómo se vistió y como se maquillo además de salir a verificar que solo íbamos las dos se quedó más tranquilo.

    Me preguntó cuál era la preferencia para coger de Roberto, le contesté que le gustaba dar y recibir sexo oral, coger en varias posiciones, el anal, pensó un poco y externo que su marido solo lo hace de misionero y nunca intentó otras cosas con ella, así que aprovecharía para que Roberto estrenará su boca y culito y ella probar por primera vez el semen, riendo dijo por lo menos algo va a estrenar jajaja.

    Llegamos a la entrada del hotel y espere a que se metiera al lobby, antes le dije que pasaría a la 6.15 de la tarde por ella, que no olvidará volverse a cambiar y desmaquillar, que dejara la lencería Roberto se haría cargo.

    Segunda parte:

    Hola a todos soy Roberto y esta parte del relato es la que me tocó vivir.

    Espere a Marisol en el restaurante bar del hotel pedí una mesa discreta alejada de la entrada para poder platicar y acariciar sin miradas ni oídos indiscretos que la cohibieran, le di una propina a la mesera dándole la indicación de que terminando la comida nos diera un tiempo para estar a solas con mi pareja.

    Cuando llegó Marisol hasta la mesa me levanté a saludarla y ella puso sus labios en los míos para darme un beso, abrió su boca y con la lengua buscó la mía, puso su pechos con el mío y me agarró la nuca para hacer más duradero el beso, nos sentamos y pedimos la comida, platicamos de algunas cosas intrascendentes y las expectativas que teníamos del encuentro, brindamos con las copas de vino tinto, me acerque a ella y nos volvimos a besar, esta vez fui yo quien prolongó el beso puse la mano en su rodilla y fui subiéndola hasta su entrepierna soltando un suspiro, pese a la tela del calzón y el pantalón que separaban su vagina de mi mano la sentí caliente y húmeda, ella a su vez me tocó la verga para sobarla, le susurré al oído mira cómo me tienes, toque sus pechos y me dijo ya quiero sentir como me la metes, estoy peor de caliente que tú, me separé un poco para buscar la llave indicándole el número de habitación y le pedí que subiera a ponerse la lencería, que yo subiría en 20 minutos, me dio otro beso y dijo te espero no tardes, dejaré la puerta emparejada para que puedas entrar.

    Pasando los 20 minutos, subí y toque diciéndole soy Roberto, pasé cerrando la puerta con el seguro, la vista no pudo ser mejor estaba en la cama recostada de lado vestida con la lencería en posición provocativa con una sonrisa y mirada perversa, muy maquillada, con labial rojo encendido, diferente más atractiva, invitándome con su dedo índice a acercarme, se levantó y nos besamos con mis manos agarre sus nalgas y las acaricié apretándolas hacia mi, bajó sin parar de besar y lamer mi cuello, abrió la camisa, sacó la camiseta y lamió mis tetillas y vientre hasta llegar al cierre de la bragueta el cual bajo, abrió el pantalón y junto con el bóxer los bajo hasta mis talones, para tener frente a su rostro mi verga bien parada, la tomó con sus manos temblorosas y me dijo como justificándose, es la primera vez que voy chupar una, espero te guste cómo lo hago, comenzó lamiendo la cabeza y bajó por todo el tronco hasta llegar a los testículos jugueteo con la lengua un poco y después volvió a la cabeza para meterla en su virginal boquita, para ser la primera vez lo hacía muy bien, disfrutaba cada chupada y con su mano me masturbaba apretando delicioso, le pedí que se parara para recostarla en la cama, hice a un lado el bikini para poder mamar su vagina que chorreaba delicioso líquido vaginal, y disfrutar su aroma, la puse en un rico 69 no aguantó y tuvo su primer orgasmo, y le avise qué me iba vaciar y me hizo señas de eyacular en su boca, salió un chorro de semen, por un momento se medio atragantó pero lo pudo pasar, descansamos un momento, le comenté de la delicia de su vagina y ella me dijo que le gustó mucho el sabor de mi semen.

    Para revivir mi pedazo de carne volvió a la faena de mamar nuevamente hasta que la tuvo parada en sus manos, me pidió casi rogando que se la clavara, primero de misionero abriendo las piernas de par en par no le quite el bikini solo lo hice a un lado, no hubo necesidad de poner lubricante ya que seguía mojada con sus líquidos corporales me tomó la verga con su mano para mostrarle el camino, poniéndola en la entrada y pidiendo que se la metiera poco a poco para disfrutar cada centímetro, movió sus caderas de arriba abajo y a los lados un rato, le puse sus piernas en mis hombros y seguimos con el ritmo del mete y saca, con un grito de placer y clavándome sus uñas en la espalda, tuvo otro orgasmo, paró solo un momento y se puso en cuatro, no tuve que moverme ella solita se movía hacia adelante y hacia atrás con un ritmo que volvió a explotar en otro orgasmo, pidió que me recostara boca arriba para montarse, le agarre sus grandes pechos mientras me cabalgata, ella solita marcó el ritmo volviendo a tener otro orgasmo, siguió moviéndose y me pidió que me viniera para sentir lo caliente de mi leche en el interior de su vagina.

    Se tiró a un lado mío y me besó agradecida, diciendo que ya extrañaba ésto y que le dejara tomar aire pues todavía faltaba que le estrenará el culo, que no se lo quería perder.

    Ya que se relajó, me empezó a masturbar para volver a excitar al amigo.

    Se puso de perrito y aproveché para mamar su culo que se frunció de placer con cada lengüetazo, tomé el lubricante anal y lo puse en su ano y en mi pene, le pedí que me dejara meterlo poco a poco para que no le lastimara, así lo hice en algunos momentos me paraba para dar tiempo a qué su culo se fuera adaptando al intruso, cuando la tenía toda adentro, fui metiendo y sacando lento, hasta que el dolor fue tornándose en placer, ella empezó a gemir y sus dedos en la vagina cada vez más acelerados hicieron que explotara en varios orgasmos uno tras otro, bajó el ritmo y me preguntó si me había venido, le dije que aún no y volvió a moverse gritando vente, lléname las entrañas con tu leche, dame verga, sigue rompiendo mi culo, que rico siento, sus palabras y su fogosidad hicieron que me viniera, cuando sintió lo caliente de mi leche volvió a tener otro orgasmo.

    Nos tendimos en la cama y nos abrazamos, sin querer nos dormimos un rato, desperté y vi que el reloj casi marcaba las 5 de la tarde, la desperté para que se lavara y se arreglará para evitar que su marido le reprochara algo.

    Se lavó solo el cuerpo y desmaquilló para volver a ponerse solo un poco de rubor y labial rosa muy discreto

    A las 6 Marisol bajó al lobby para esperar a Fanny quien llegó muy puntual por ella.

    Yo por mi parte metí las prendas usadas en una bolsa, bajé al lobby para entregar la llave, baje al garaje por mi carro para irme a casa.

    Espere a Fanny, no tardó mucho, me comentó que Marisol se deshacía en agradecimiento con ella, que los detalles en la habitación, la comida el trato que le di, sobre todo la experiencia sexual saboreando semen y la culeada, no los podrá olvidar, que si no era mucho encaje más adelante le gustaría repetirlo.

    Fanny no prometió nada solo le dijo que si se daban las circunstancias le hablaría para ponerse de acuerdo, cuando bajo del carro su esposo ya la estaba esperando

    Me preguntó cómo me sentía, le dije que excelentemente bien, que ambos disfrutamos el encuentro y que se notaba cañón la falta que le hacía coger,

    Se acercó a besarme y me dijo hueles a sexo carbón, no te bañaste, le dije que no que prefería bañarme y acostarme a descansar.

    Esperamos haber cumplido sus expectativas con este relato, hasta la próxima.

  • Disfrutando el culo de mi sobrina

    Disfrutando el culo de mi sobrina

    Mi hermana de vino a pasar uno días en nuestra casa de veraneo, en la costa de Uruguay.  No vino sola, vino con Jessy, su hija de 20 años, un pendeja que está muy fuerte. Castaño claro, buenas tetas y un culo, simplemente espectacular, parado, bien formado.

    Todo comenzó ni bien llegaron. Jessy se paseaba por la casa en una bikini infernal, mostrando todos sus atributos. Con Katia, mi mujer tenemos una relación abierta, a ella le gustan las mujeres y a mí, también. Muchas veces hemos hecho trio con mujeres, y solo un par de veces con hombres, pero a ella no le agradan. La segunda noche, luego de regresar de cenar en un restaurante, y con la excusa que era una noche espectacular, los cuatro nos quedamos en el parque disfrutando un champagne.

    -Wow, esto que sí pega. Dijo mi cuñada, no habituada a tomar champagne.

    -Sip, me pone en tono. Dijo Katia guiñándole un ojo a mi hermana.

    -Que suerte que tenes donde rascarte… No todas podemos decir lo mismo. Dijo Mirna, mi hermana.

    -Ya tendrás tu tiempo, dijo mi mujer.

    Un rato después, nos fuimos a acostar y con Katia nos cogimos con todo y como habitualmente ocurre, ella no se cuidó en el volumen de sus gemidos y sus gritos.

    Cuando estábamos desayunando Jessy y Mirna la cargaban, por los gritos de placer. Jessy me miraba sin disimulo, se mordía los labios. Un rato después fuimos a la playa. Cuando me metí al mar, Jessy me siguió. Estábamos cerca, y ella no dejaba de seducirme.

    -La hiciste mierda anoche a mi tía. Dijo Jessy.

    -Digamos que disfrutamos mucho los dos. Dije.

    -No jodas, sus gritos de placer eran tremendos.

    -Porque yo no soy de gritar cuando gozo. Dije

    -Entonces debes ser un hijo de puta en la cama. Dijo ella.

    -Digamos que soy un hijo de puta. Punto.

    -¿Te animaste con una pendeja? A tus cuarenta, mucho aguante no debes tener…

    -Me anime, lo del aguante, hay que ver tus parámetros.

    -¿Vos me cogerías? Me dijo mirándome a los ojos.

    -Por supuesto, pero solo si me dejas hacerte el culo. Tenes un culo increíble.

    -Solo una vez lo entregué…

    Dijo eso y se acercó hasta quedar pegados. Sin que yo lo espere, aprovechando la distancia que nos separaba de su madre y mi esposa, puso mi mano en mi malla para tocarme la pija que ya estaba parándose.

    -Aunque con eso… me daría miedo. Dijo.

    -Todo o nada. Esa es mi condición. Dije mirándola a los ojos.

    -Hijo de puta. En serio me queres romper el culo.

    -Si, no lo dudes. Y no se te ocurra jugar conmigo, porque de todas formas te voy a coger ese culo.

    No dijo nada, y volvió a tomar sol. Yo me quedé un rato más en el agua y vino mi mujer.

    -Está caliente con vos. Se nota a la distancia. Dijo Katia.

    -Eso parece. Y que no joda, porque le rompo el culo. Dije.

    -Vos te la coges y yo me tranzo a tu hermana desgraciado.

    -Por mi… dale tranquila. Anda necesitada de sexo parece.

    Salimos del agua y al mediodía fuimos a almorzar a la casa. Las tres estaban en bikini y no podía elegir una, las tres son muy lindas y con buen cuerpo.

    -Vamos a la playa. Dijo mi mujer.

    -No me jodas, me quedo a dormir una siesta, vayan Uds. Dije.

    Las tres se fueron y fui a mi dormitorio. No pasaron cinco minutos que escuche ruidos en el living. La puerta de mi dormitorio estaba abierta.

    -Me volví. Dijo Jessy mirándome desde la puerta.

    -Bueno. Fue toda mi respuesta.

    -Acepto tu condición. Dijo Jessy entrando a mi habitación y sacándose el corpiño de la bikini.

    Se metió en la cama y nos empezamos a besar con todo. La parte de abajo de su bikini desapareció de inmediato. Me puse a jugar con su clítoris mientras chupaba sus pechos. La pendeja estaba super excitada. De inmediato empezaron sus orgasmos.

    -Sí que estas caliente pendeja. Le dije.

    -Soy un incendio forestal, te lo juro.

    Baje a chuparle la concha y ella gritaba de placer sin parar. La hice poner en cuatro y ataque su culo con mi lengua.

    -Que puta que sos, como estas gozando. Le dije.

    -Muy puta, y me encanta tu pija. Dejame chuparla.

    Se puso en cuatro de frente a mí y comenzó a chuparla con ganas. Pese al tamaño, se la metía toda en la boca.

    -Me vas a hacer mierda con esta pija. Dijo mientras chupaba.

    Estuvo chupando y masturbándose un rato, ella misma se regaló un par de orgasmos y luego me pidió que la coja.

    La hice dar vuelta, y desde atrás, se la metí de una en la concha. Dio un grito y me pidió que para. No le hice caso y comencé a bombearla con todo. Los gritos de placer no tardaron en salir de su garganta.

    -Con razón grita así mi tía, sos un desgraciado hijo de puta.

    -Callate y goza putita. Dije.

    Ella gozaba con todo. No paraban sus orgasmos.

    -Sos una bestia, date cuanta que tu pija es grande en serio.

    -Vamos a ver como gritas cuando te la meta en el culo.

    -Preparalo. Me dijo.

    -Ni loco, cuanto más cerradito mejor. Dije.

    -Sos un sádico de mierda.

    Ella misma se empezó a meter los dedos en el orto, mientras yo le daba por la concha.

    -No puedo ser tan puta, me estoy abriendo sola el orto desgraciado.

    -Como buena puta. Un dedo más y te la meto. Le dije cuando tenía tres dedos en el culo.

    -Dale así.

    -Como vos quieras.

    La acosté boca arriba, puse sus piernas en mis hombros y dirigí mi pija a su culo.

    -Quiero ver tu cara de placer cuando te la meta, putita.

    -Hijo de puta…

    Se la empecé a meter de a poco. Ella gritaba a más no poder que se la saque. No le di bolilla y seguí metiéndola hasta enterrarla hasta el fondo de su culo.

    -Muy rico culo, bien apretadita tiene mi pija. Le dije.

    -Porque no se estira más, duele desgraciado.

    -No lo niegues, estas muy caliente por sentir mi pija en tu culo. Movete, cogete el culo.

    -¿Así? Dijo porque estaba boca arriba.

    -Así. Respondí.

    Ella empezó a mover sus caderas metiéndola y sacándola de su culo. Con una mano se apretaba la tetas y con la otra se metía dedos en la concha y el clítoris.

    -Que lindo que coges pendeja, este orto lo voy a disfrutar hasta que volvamos.

    -Desgraciado, no doy más, acábame.

    La saque de su culo y la metí en su concha. Un par de bombazos y acabamos los dos como animales. Me salí de su concha y le puse la pija en la boca para que me la chupe y la limpia.

    -Tenes un culo delicioso, no tengas dudas que te lo voy a hacer una y mil veces. Dije.

    Ibamos a ir a la playa, pero al pasar por el cuarto de mi hermana, vi la puerta abierta y a mi hermana con mi mujer haciendo un 69. Mi hermana estaba arriba, culo en pompa mientras mi mujer le chupaba la concha. Le hice seña que no diga nada a la pendeja, y la puse a chuparme la pija mientras miraba como ellas se daban con todo. Cuando la tuve bien parada, me acerque.

    Puse un poco de saliva en mi pija y se la enterré hasta el fondo en el culo de mi hermana. Dio un grito terrible y trato de escapar, pero como la tenía por la cintura no pudo.

    -Hijo de puta, doble enculada te estas mandando. Dijo mi mujer.

    -También hay para vos. Le dije.

    Mire a Jessi, y corriendo la tanga de la malla, se había sentado en la cama y se masturbaba con todo. Estuve taladrando el culo de Mirna por un rato, y ella gozaba como loca. Tuvo un tremendo orgasmo y di la vuelta para hacerle el culo a mi esposa.

    -Ocupate del culo de tu madre. Le dije a Jessy, que de inmediato se puso a chuparlo.

    -Sos un degenerado, es tu sobrina.

    -No, es tu hija la que te chupa el culo y te mete dedos. Putita como la madre. Le dije.

    -Muy puta me hiciste vos, desgraciado. Dijo Mirna.

    Acabe en el culo de Katia e hice que Mirna me la limpie bien.

    -Turro, en un rato nos rompiste el culo a las tres. Dijo Katia.

    -Y voy a seguir a la noche. No lo dudes.

  • De fiesta

    De fiesta

    Hola venimos a contarles nuestra experiencia de cómo nos fue de fiesta y realizamos una pequeña orgia con dos desconocidos.

    Bibi su profesión es enfermera se la podrán imaginar en uniforme blanco ajustado su pequeño busto se ve más grande de lo habitual y su trasero respingado en ese uniforme apretado se ve delicioso o bueno eso le dicen cuando está en las reuniones de la empresa donde trabaja esto será tema de otro relato nos centramos en la fiesta que armamos sin querer un fin de semana.

    Era viernes en la noche Bibi salió de su trabajo cuidando un paciente y yo aun laborando, ella ya me traía encendido todo el día enviándome unas fotos de lo que trae puesto en su trabajo (fotos en el perfil), me dice que ya está en casa y quiere salir a tomar algo ya que al siguiente día no trabaja, me cuenta que pasaba hacia la casa y en la tienda del frente estaban dos muchachos que en algún momento cruzó palabra con ellos de saludo y le dijeron “Paloma ven toma algo”, ya entenderán el porque paloma, les dice voy a cambiarme y avisar donde voy a estar y paso, a lo que ellos le dicen que se quedara así que se veía muy bien Bibi por temas del trabajo no podía entonces llegó a casa se colocó un pantalón apretado que le resalta sus nalgas y una blusa ajustada que le dejaba ver sus senos apretados y a decirme que iba a estar al frente con ellos y mirar que tal estaban ya sabía que quería y eso me encendió más, salí al rato de la oficina y me dirigí hacia el apto cuando voy llegando la llamo para saber dónde estaba y me dice que en el mismo sitio, que los muchachos querían salir a bailar con ella pero como siempre les dijo que sin mí no salía sola, ellos le dijeron que no tenían problema, me gusta poco el baile pero a ella le encanta bailar entonces al llegar la saludo de beso y ellos dicen en modo de risa que también querían besos en ese momento nos reímos y sabíamos que esa noche seria genial y podríamos cumplir alguna fantasía, bueno salimos para una discoteca cerca y al entrar nos hicimos en un pub al rincón Bibi se sentó al medio de ellos y yo al frente pedimos de tomar 1 botella de aguardiente y empezaron ellos a turnarse el baile con Bibi yo a lo lejos veía como la apretaban en cada pieza y ella feliz voltea y les colocaba sus nalgas en su paquete y como le gustaba empezó a sentirse prendida y más bailaba con ellos en una pieza que bailo conmigo me dijo que estaba prendida y que les sentía esas vergas paradas cuando bailaban que dejaba que le tocarán la cola y eso la tenía mojada su cuquita que quería comérselos que si la dejaba, a lo cual yo le respondí que claro que me gustaría verla disfrutar con ellos ok me dice me vas a ver que tan perra puedo ser, no sé qué les dijo a cada uno pero cuando nos sentamos un rato hablar y descansar veía como le tocaban su cosota por encima del pantalón y ella a ambos al momento le desabotonan un poco su Jean y van metiéndole mano uno en su cosa y otro sobándole sus senos, yo veía como estaba de encendida y nos dice que fuéramos a nuestro apto que se quería colocar un poco más cómoda y lleváramos algo de tomar para terminar una buena noche, los tres nos miramos y me dicen que le gustaba a ella más y yo les digo el ron le gusta más, a lo que ambos me dicen en medio de risas no en la cama que es lo que más le gusta que le hagan jajaja me dicen ya nos contó que ustedes son SW y les gusta los encuentros tríos y esas cosas y para qué pero tu mujer está buena esa flaca debe moverse súper rico y yo les digo pues muy pronto lo averiguaran eso si la saben encender no se cohíban porque voy a estar hay hoy solo tomaré fotos y videos mientras ustedes la utilizan, ok hoy le vamos hacer de todo a tu esposa y les dije lo único es que se lo deben echar en su cuerpo le gusta sentir la leche en sus senos abdomen cola donde se la quieran dejar, así fue compramos algo de licor y salimos hacia nuestro apto ellos dos cerca de ella diciéndole cosas al oído y ella solo reía cuando ingresamos subiendo las escaleras toma la delantera para que ellos vieran su cola como le gusta a Bibi mostrar, entramos al apto y Bibi nos dice que se colocaría más cómoda a lo cual Carlos quien tiene más confianza le dice que si la acompaña claro vamos le dice y así fue entraron a la habitación los dos y nosotros nos acomodábamos en la sala, al momento no salían y fui a ver que pasaba cuando veo a Bibi en el borde de la cama pegándole una mamada de esas que le gusta tenía toda esa verga adentro de su boca encarnizada chupándosela me ve y dice quería probar verga, mira’ como estoy la toco y ya estaba empapada entonces voy y llamo a juan el amigo que está en la sala y al ver ese cuadro él dijo también quiero que me la chupes, ella solo le dijo sácalo y tu guille chupámela y ve preparando el camino para estos dos perros que se cogerán a tu perra en celo, como nos encendieron esas palabras a los tres yo me coloque a chupar le esa vagina a Bibi y ella encantada por esas dos vergas les dice que la tenían grande yo le coloco unos 23 cm a 25 cm la de cada uno mi verga es de igual tamaño a la de ellos pero ese día quería que le dieran una culeada a Bibi que se levantará adolorida para ver las fotos y culear los dos como locos después, empezaron a tocarle los senos y decirle que la chupaba muy rico y eso es cierto lo mama delicioso yo me retire para tomar el teléfono y comenzar el show de fotos y videos y uno de ellos le bajó de una vez para seguir con lo que yo empecé en ese momento se tira a la cama para que se lo hicieran más rico y les dice que en la mesa de noche están los condones para que la claven de una vez Carlos empezó a darle suavemente por su cosa y ella seguía chupándole a Juan, estaba gozando de lo rico, luego de un rato se coloca en cuatro para que le sigan dando y chupando así está un buen rato y luego se turnan los dos yo estaba a explotar pero me gusta verla así de poseída, cambian de posición ella arriba, siempre con una polla en la cosa y la otra chupando que rico verla como esas tetas le rebotan de lo duro que le están dando, en una de esas quedaron parados y ella alzada por los dos besos, chupando y todo ese espectáculo para mi después de un buen rato regresan a la cama para colocarle una almohada en la cintura y se levantará más la cola para darle con más fuerza, Andrés como lo digo con más confianza empieza a tocarle su culo ella como estaba de mojada le empezó dándole dedo por el ano para acostumbrárselo y le dice que monte a Juan ella como buena perra hace caso y se sube a cabalgar cuando veo que se hace por atrás y empieza a penetrarla suavemente a lo que Bibí se queja un poco pero tampoco le dice que no me mira y me hace una cara de satisfacción y le pregunto que si le gusta como esta y me contesta que estar ensartada así le encanta pide que le den duro y no se lo saquen ella sola empieza a moverse a darse a su ritmo, esta roja su cara y ya ellos en esa pose le dicen que ya van a terminar pero recordando lo que les dije lo sacan rápido la arrodilla se quitan sus condones y se de botan en sus tetas le alcanza a caer en la cara y le baja por su cuello ella encantada ve como toda esa leche es para ella y se los chupa nuevamente para sacarles toda la leche, con un poco de dolor en sus caras mientras ella sigue chupando se ríen y dicen sabía que esta flaca era candela desde que la veíamos pasar hace mucho por la tienda, Bibi ríe y dice que si les gustó a lo que ambos contestan que mucho que cuando podrían repetir ella dice que si querían más tarde que para eso habían traído más licor que pasaran a la sala tomábamos algo y amanecían los tres me dice que sí podía amanecer con ellos en la cama y yo en la de invitados que al siguiente día tendrá mi recompensa.

    Hola queremos terminar el relato de nuestra noche de mini orgia, al terminar esa primera faena tan deliciosa nos disponemos a pasar nuevamente a la sala para tomarnos algo y hablar sobre lo sucedido, los dos amigos se quedaron en Jean sin camisa ni zapatos porque queríamos obviamente calentarnos al rato con Bibi a lo que le dije que se quedara sin limpiarse y se colocará una short que le queda súper corto y una blusa transparente, ella me dice que se queda en la blusa larga y en un hilo que es de soltar en la cintura para estar más cómoda si pasaba algo, así empieza el relato Bibi, en la sala me coloque al lado de mis dos perros en celo les gustó como salí porque pensaban que no tenía nada debajo del buzo pero les dije esto es para dar un poco de morbo y me la quiten más tarde o me den con el puesto como quieran por eso es pequeña, guille empezó la charla preguntándome como se habían portado mis amigos yo le dije que un poco adolorida de mi colita pero es cuestión de costumbre jiji entonces guille me dice que mas tarde ya me acostumbraría a lo que Juan le contestó que él no había probado y quería un poquito yo ya sabía que los tres me lo querían enterrar y eso me calentaba le dije a guille en el oído que los quería sentir a ellos dos primero para que me dejaran la cola bien abierta y luego tu para que te vengas adentro solo tú me coges sin condón mi culito, bueno hasta ese momento ya que no sabía de mi amante de turno eso es otro cuento, seguimos tomando yo tomaba un poco más rápido porque quería estar más desinhibida para los tres ya que mi colita iba a disfrutar, al rato sacamos unos dados eróticos que tenemos pero como ya saben eran tres contra mí y fijo siempre interactuaba y yo feliz ver como tenía tres hombres para mí y que me hicieran de todo, lo que más me gustaba es cuando tenía que chuparles y sentir esas vergas como se paraban pero al rato volvían a estar normal, así estuvimos un rato ellos me tocaban y me decían que estaban mojados mis cuquitos les decía que era excitante estar así entonces guille me dice que quería hacerme un oral hasta que me votará mis jugos les digo cuando estoy muy arrecha mi squirt es muy fácil y abundante y así fue empezó dándome dedo como él sabe dedo y lengua mientras mis dos amigos sacaron sus vergas para que yo empezará con la chupada que delicia sentía como me iba a correr y guille me dice que se la dejara en su boca siempre lo hace le dije que llegaba y me vote como nunca no dejaba de correrme me salía a chorros tanto que le toca retirarse porque no alcanzaba a tomárselo todo mientras Carlos y Juan me dicen que ya me lo querían enterrar como estaba de mojada mi colita ya estaba lista entonces me coloque en cuatro en el sofá para que empezarán a darme deje que Juan fuera el primero en entrar la verdad me dolió un poquito pero con lo arrecha que estaba de un solo envión ya lo tenía todo adentro les dije que me dieran solo por ahí que mi cosa la dejaran quieta por momento desde ese ahí me gustó el sexo anal, Juan me daba sin parar pero le dije que no se fuera a venir todavía quería mucha verga para dormir llenita, entonces Carlos se sentó y me dijo ven siéntate acá entonces para turnarnos yo muy juiciosa así lo hice me senté dándole la espalda y va enterrándome esa verga por atrás siento como me habré la colita y entra toda su verga y me vagina no paraba de votar todo mi squirt y el piso ya están liso de tanto salir, empezó a subir y bajar una cabalgada de verga anal y chupar ese par de vergas turnándolas para deleite mío, a lo que Carlos dice para un momento que me vas hacer venir entonces les dije que fuéramos nuevamente a la alcoba para estar mejor acomodados los tres.

    Llegamos Carlos me llevaba cargada en sus brazos y chupándome mis senos me tira a la cama y caigo con las piernas abiertas y se me lanza encima yo lo recibo diciéndole que me lo enterrara en la chocha la cual pedía verga por montones, ni corto me ensarta de una vez lo cual entra fácilmente por lo mojada que estaba y me empieza a dar una culeada que yo solo jadeaba del placer que me estaba dando, guille y Juan solo se masturbaban y veían como me daban yo cada vez quería estar más abierta para sentirlo todo adentro en un momento me lo saca bruscamente a lo que yo le grito que porque me lo sacaba y me dice tranquila ellos también quieren meterlo y le dije Juan ven clávame fuerte yo estaba terminando de decirlo cuando ya estaba todo adentro y empieza igual a darme fuerte veo a guillen y le dije que perra soy mira como tienen a tu esposa estos machos yo levantaba la cola para sentir todo, me tocaba mis tetas para arrecharme mas y Juan igual de un momento a otro lo sacó y dijo deja que tu esposo también goce a lo cual le dije que claro ven metelo y siente como estoy de caliente adentro ya que él era el único que no tenía condón me jalan hacia el borde de la cama y me lo hunde suave le dije dame suave y tócame el clítoris estoy que estalló así fue con dos tocadas ya estaba votándome como loca, paro respiro un poco y veo como estos tres tipos tienen sus caras llenas de lujuria por seguir, me digo Bibi en qué te has convertido pero me gusta así que le digo a guille que se acueste y me monto en su verga mientras le hago señas a Juan que nuevamente entre en colita y a Carlos que me dé su verga para mamar le digo a Juan que acabe y me vote su leche en mi cola empieza a darme fuerte y cuando va a llegar lo saca se quita el condón y siento como me cae esa leche caliente en mi espalda y nalgas que rico, mientras Carlos me está dando una culeada en mi boca y hago que se quite el condón y sigo mamá do le digo que lo eche en la cara y veo como su cara y su verga se contraen en mi boca lo saca rápidamente y me llena la cara senos que alcanzó a tragar un poco, me bajó rápidamente de Guille y me coloco en cuatro le digo que me lo entierren por el culo y acabe dentro veo como empieza con esta culeada y los dos amigos me acercan sus vergas para que termine de escurrirlos cuando siento como el semen de mi esposo me llena adentro caigo rendida ante estos tres hombres que me satisfacen completamente se sientan al lado y me dicen como estuvo les dije que maravilloso solo que mañana no podría sentarme tranquilamente y reímos a carcajadas todos, ya eran las 5 am Juan y Carlos se vistieron se despidieron dándome las gracias por tan fabulosa noche y felicitando a guille por la mujer tan caliente que tenía quede boca abajo con la leche de Juan en mi espalda la de Carlos en mi cara y la de mi esposo dentro de mi culito dije guille voy a dormir con todo esto encima de mi y más tarde nos bañamos y me das lengüita para calmar me dolor.

    Nota: quedé con los deseos de amanecer con dos hombres diferentes a mi esposo en nuestra cama eso será otro relato.

  • Ama busca juguete para usar conjuntamente con mi sumiso

    Ama busca juguete para usar conjuntamente con mi sumiso

    Siempre he creído en el poder de las letras. Soy de las que opina que hablando se entiende la gente. Y me gusta hablar. Y sí, no puedo negar que cuando hablo con mi sumiso analizo cada una de sus palabras, sus reacciones y sus potenciales debilidades para apretar sobre ellas y abalanzarme cual leona hambrienta sobre mi presa a la mínima oportunidad. Pero sobre esto podemos hablar en otro momento.

    Lo que os quiero contar hoy es que siempre he creído que me expreso correctamente y que cuando digo algo, asumo que mi interlocutor o interlocutores entienden lo que estoy diciendo. A pesar de que amo hablar, creo en el poder de las letras, y más todavía si se plasman con suficiente claridad. Esto ocurre en los chat, en cualquier tipo de mensajería “directa”… Y vía e-mail. Es por eso que he elegido ese medio. Por dar a la gente la oportunidad de pensar, leer y asimilar lo que está escribiendo (antes de enviarlo).

    Pero se ve que no, así que para aclarar un poco más las cosas, he decidido escribir esta reflexión/relato que intenta aclarar de una vez por todas mi situación y lo que realmente estoy buscando.

    Por favor, absténganse los sensibles y aquellos que se puedan sentir ofendidos (aunque nada os obliga a escribirme). Voy a destacar aquello que considero esencial, para los que me estáis dedicando un pequeño espacio en vuestro cerebro, y para evitar hacerte perder el tiempo si tienes la polla en la mano te diré que con esto no creo que puedas correrte.

    Soy dominante desde hace más de 10 años, y tengo sumiso estable (pedro1974madrid). Eso significa que estoy servida. Tengo a la persona perfecta a mi lado y a mis pies. Él es lo que siempre he buscado. Su sumisión, su entrega, su inteligencia, su orgullo, su seguridad y muchas otras cosas que tampoco viene al caso enumerar en esta reflexión, hacen que Pedro sea la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida a pesar de que apenas hace 6 meses que “el tren nos atropelló”. Por suerte ambos tenemos la suficiente experiencia como para distinguir el diamante “a kilómetros”.

    ¿Qué significa que tengo sumiso estable? Que será a él a quien utilice, humille, fuerce y eduque a mi antojo todos los días de mi vida. En cualquier momento. En cualquier lugar. En cualquier situación. Es mi puta. Y él será quien lo sienta a cada instante. Se sentirá mi puta a cada instante. Llenaré todos sus agujeros siempre que quiera y moldearé su mente para que sea lo que yo quiera que sea. Disfrutaré del hombre y de la zorra constantemente, y no hay nada que desee más en este mundo.

    Pero precisamente por eso, y tras hablarlo con él (ya he dicho en otras ocasiones que no soy un ama que imponga las cosas de forma unilateral, sino que busco (y consigo) que sea mi sumiso quién me las entregue voluntariamente) hemos decidido que buscaremos un hombre sumiso con quién jugar puntualmente. En su momento escribí un relato en el que describo uno de esos días en los que uso a otro sumiso conjuntamente con mi zorra particular.

    Si queréis leer a qué tipo de cosas me refiero (y es una de las 1.000 opciones existentes), este es el link:

    “Humillando a mi sumiso con un invitado”

    Lo relaté para que quedara claro mi llamamiento. Mi deseo es buscar a un sumiso que será un juguete (una especie de consolador humano) que incorporaré a nuestra relación de forma puntual. No pretendo educarle. No quiero moldear su personalidad, ni conseguir su sumisión absoluta. Simplemente quiero usarle y hacerle interactuar con mi sumiso, que -por cierto- es heterosexual, y por ello cumplir determinadas órdenes, le va a humillar y a hacer sentir una auténtica zorra. Busco nuestro placer.

    Como quizás no fui suficientemente clara en el relato que os he dejado anteriormente, voy a intentar hacerlo mejor esta vez. Voy a enumerar algunas cosas que podrían pasar en esos juegos en los que ese juguete participará con Pedro y conmigo. Con los dos. Porque somos un pack indivisible, y ni siquiera estaremos en habitaciones diferentes cuando se den lugar estas situaciones. Algunas prácticas que ocurrirán durante esas x horas, son las siguientes (por favor, ahora piensa que tú eres ese juguete/consolador humano):

    Voy a tontear contigo para que mi sumiso se sienta una mierda y le queme fuego por dentro viendo como me ofrezco a otro.

    Voy a masturbarte, y te ordenaré masturbarme a mí las veces que quiera.

    Voy a ordenar a mi sumiso que te enseñe cómo hacerlo, igual que te enseñará a comerme el coño a mi gusto.

    Ordenaré a mi sumiso que te masturbe y te prepare para mí. Es más que probable que también te coloque el condón y te haga una felación para que se te ponga bien dura. Descuida, no muerde.

    Cuando la tengas dura voy a follar contigo para humillar a mi sumiso viendo cómo me monto sobre una polla que no es la suya.

    Voy a querer que sodomices a mi sumiso mientras yo me centro en él.

    ¿Qué implica lo que acabas de leer? Déjalo, ya te respondo yo: vas a interactuar con Pedro. No es negociable, nada te obliga a hacerlo (simplemente acéptalo y no participes), pero no esperes que él esté sentadito en una silla mientras observa como un “machito” como tú me folla. Que a veces parece que los términos se confunden, y que la humillación es únicamente ser un “cornudo inmóvil e inútil”. A Pedro no le humilla ser un cornudo porque no lo es, de hecho, tú estás aquí porque él así lo quiere también (para mi placer), no estará inmóvil porque sirves para el disfrutes de ambos (y no me gustan los “muebles”), y no se sentirá inútil porque él puede hacer perfectamente lo que haces tú… pero ahí está la humillación, no es él el que lo está haciendo, sino otro, el que temporalmente está ocupando su puesto.

    Y qué daño hacen los clichés… él te enseñará lo que yo considere sobre cómo tratarme. No te enfades, ni ofendas, si ves un trato distintivo y favorable hacia él, porque es más importante que tú. Al margen de la humillación, de lo que le pueda o podamos hacer, de cómo se sienta y de lo que le fuerce en esa situación, tú eres el que se va.

    Aprovecho este pequeño momento para adelantar algún detalle extra…

    No besos en la boca. Ni lo esperes ni lo intentes. Ni conmigo ni con él. (obviamente no esperes que entre él y yo no los haya).

    Siempre con condón. En ningún caso habrá penetración en ningún orificio sin él.

    Tranquilo, Pedro me pertenece. En ningún caso tendrás siquiera que rozar su polla ni hará nada con ella en ti.

    Él responde ante mí. Hará lo que yo le ordene, y si quieres un poquito de “cancha” con él, estará muy consensuada conmigo antes.

    Hasta ahora me he encontrado con aspirantes que en su mayoría no se han parado a leer lo que busco. Que piensan que podrán follar mientras él nos observa, sin más. Que creen que van a ser mis sumisos, mis putas, mis zorras. Que piensan que les controlaré diariamente, que les permitiré o no correrse. Equívocamente, están seguros de que serán objeto de mis deseos, de mis caprichos. Quieren un ama, un castigo, una dedicación continua… y yo quiero un juguete.

    Si has llegado hasta aquí, escríbeme ([email protected]).

    Aprovecha la oportunidad, ¡podemos pasarlo fantásticamente bien! Háblame de tus gustos, de tus límites. Dime qué te gustaría más, qué te gustaría menos. Todo se puede hablar, debatir, pensar. Quiero convertir a Pedro en la mejor y más puta, y puedes colaborar, de hecho, nos encantaría.

    Anímate!

  • La reconciliación con mi cuñada y sobrina

    La reconciliación con mi cuñada y sobrina

    Durante el domingo, después de que el día anterior había tenido una faena de sexo con Itzel y mi esposa, estuve revisando mi celular por si recibía algún mensaje de Mari o Betsy, pero no había señal de ellas. Tampoco yo podía hacer mucho ya que al estar en casa estaba a la vista de mi esposa y no quería darle sospecha alguna.

    Ese día transcurrió con normalidad, mi esposa con sus actividades en el hogar y yo revisando algunas cosas del vehículo, mi mente estuvo entretenida como para pensar en mis otras dos mujeres, ya ni se diga en Itzel, solo me preocupaba mi cuñada y sobrina. Y así llegó la noche, mi esposa y yo nos dispusimos a cenar, una vez terminado nos pasamos a la sala para ver alguna película, mientras que yo estaba sentado en bóxer y playera, mi esposa estaba recostada de lado con su cabeza en mis piernas. Ella llevaba puesto ya su camisón de dormir, era de color negro y de tirantes, no llevaba puesto brasier ya que se lo quita para dormir, y desde esa perspectiva podía ver bien sus contorneadas piernas, causándome tentación, pero intenté ser más fuerte, sin embargo, vino a mi mente el recuerdo de Itzel, ese día de sexo, por lo que comencé a excitarme así que mi mano izquierda la posé sobre la cintura de mi esposa para después poco a poco ir bajando hasta quedar en sus nalgas, las cuales discretamente comencé a sobar por encima de su camisón, mi esposa no decía nada, estaba entretenida con lo que miraba en la T.V., así que me dirigí a sus piernas haciendo el mismo procedimiento y una vez más no veía reacción alguna en mi esposa, por lo que sin más preámbulos le fui subiendo el camisón hasta dejar al descubierto su rico trasero con una tanga negra, por lo que metí mis dedos por debajo de la misma y comencé a tantear la vagina, poco a poco se iba lubricando, a estas alturas mi esposa tenía cerrados sus ojos mientras que ella se encargaba de sobar su clítoris yo me disponía a meter dos dedos en su puchita, había momentos en que mi esposa empujaba mis dedos con la intensión de sentirlos lo más profundo que su pudiera.

    Después ella se giró, quedando aún recostada pero ahora de frente a mí, esto lo hizo para sacar, por un lado del bóxer, mi verga y así comenzar a mamármela, ambos estábamos enfrascados en una excitación total, y seguimos así hasta que mi esposa dejó de mamármela por un momento, pero solo para ponerse de pie, quitarse su camisón, subirse a mis piernas, hacerse a un lado su tanga y meterse mi verga de un solo movimiento, no batalló nada ya que estaba completamente lubricada, sus jugos escurrían por sus piernas y ahora sobre mi verga.

    – Mmm, que rico mi amor… no cabe duda que tu verga me fascina, la tienes grande y gruesa… así me gusta

    Ella comenzó a cabalgarme como una posesa, era ella quien marcaba el ritmo, por lo que yo solo la sostenía de su cadera y me encargaba de morder sus pezones completamente erectos.

    – Así, así, me vengooo…

    Pude sentir su orgasmo intensamente, pero yo seguí con el mete y saca, hasta que me vine dentro de ella, fueron varios disparos de semen, tanto así que aun teniendo mi verga dentro de ella sentí cómo mi semen iba escurriendo, ella también lo notó así que se quitó de encima, se acomodó su tanga para después hincarse y comenzar a chupar mi verga, se encargó de recoger todo rastro de semen hasta dejarlo limpio por completo, se incorporó y se dirigió al baño, para después salir y decirme:

    – Te espero en la habitación

    Eso daba a entender que la fiesta seguiría y fue así que entré a la habitación, ahí estaba ella boca abajo, completamente desnuda, esperando mi llegada, así que ni tarde ni perezoso me subí a la cama y comencé a besarle su cuello, después su espalda para poco a poco ir bajando hasta llegar a sus nalgas. Ya estando ahí, abrí su culo para así con mi lengua abrirme camino en su vagina, podía sentir su delicioso sabor, me encargaba de que mi lengua entrada lo más profundo que se pudiera, mientras que solo podía escuchar los gemidos de mi esposa que se perdían de vez en cuando entre las almohadas, y así continué hasta tener nuevamente una erección, por lo que me coloqué encima de sus piernas, las cuales tenía cerradas, y apunte mi verga a su vagina, la fui metiendo lentamente, en esa posición podía sentir cómo su vagina me apretaba la verga. Ya teniéndola toda adentro, me recosté sobre su espalda para besarla en el cuello, quería llevarla a su máxima excitación para poder poner en marcha mi plan.

    Me incorporé para ahora dedicarme a moverme, metía y sacaba mi pene con movimientos lentos, que poco a poco fui acelerando, mientras con mis manos abría sus nalgas para así tener a mi disposición su ano, le eché un poco de saliva para con mi pulgar derecho comenzar a lubricarlo, sin descuidar mis metidas. Poco a poco su ano se fue dilatando, por lo que metí un poco de mi dedo, momento en que mi esposa dio un pequeño gritito, pero no le tomé mayor importancia, lo metía y sacaba con la intención de ir metiendo más y más mi dedo, así hasta que prácticamente mi dedo entró por completo.

    – Uff, mi amor, qué rico se siente, tu verga en mi panochita y tu dedo en mi ano… cómo quisiera que tuvieras dos vergas, para estar bien ensartada en mis dos agujeros…

    Escucharla decir eso me prendía más, así que decidí sacar mi verga de su vagina y sin más preámbulos se la metí en su ano, para mi sorpresa mi esposa no se quejó, al contrario, ella sola comenzó a moverse, realmente estaba enloquecida

    – Dame verga en mi culo, quiero verga, dame más, más

    Ya encarrilada la situación comencé a moverme frenéticamente, también yo quería disfrutar al máximo así que no me importaba si le dolía o no, solo podía seguir metiéndosela lo más profundo posible, pero ahora agregaba de vez en cuando unas nalgueadas, sus glúteos se ponían colorados de los palmazos que le daba, también la jalaba del cabello, realmente estábamos fuera de sí. La hice de ladito para ahora poder tener espacio para estimular su vagina, por lo que hice que levantara un poco su pierna derecha y así con mi mano comenzar a sobar su clítoris, lo tenía realmente duro, así continué hasta que sentí que estaba a punto de eyacular por lo que la regresé a la anterior posición, boca abajo. No tardé mucho con mis movimientos hasta que me vine completamente en el culo de mi esposa, tanto fue mi excitación que mi semen comenzó a salir aún teniendo mi verga ensartada, ella solo se quedó quieta hasta que me quité de encima de ella.

    – Que cogida me diste… creo que mañana no podré sentarme… lástima que no dan incapacidad laboral por una culeada como esta… cuanto semen, no para de salir de mi culito…

    Mi esposa se quedó un rato en la habitación mientras que yo me dirigí a darme una ducha, al salir, ella me relevó, quedándome yo en la habitación, me quedé profundamente dormido porque cuando desperté ya era de día, así que me dispuse a hacer mi rutina diaria para ir al trabajo.

    Durante mis labores estuve un tanto distraído, titubeaba en enviarle o no un mensaje a Mary, pero mejor decidí hacer otra cosa, para ese día se me ocurrió hablar con mi jefe de área, le pedí autorización para sacrificar mis dos horas de comida y trabajar esas horas para así poder salir temprano, todo esto con la finalidad de pasar a casa de Mary y hablar con ella, o con mi sobrina, necesitaba tener razón de ellas, para mi suerte mi jefe autorizó mi solicitud, y así esperé hasta la tarde para tomar mis cosas y salir directo a casa de mi cuñada, tenía que ser rápido porque apenas me daría tiempo antes de que llegase su marido.

    Ya en casa de Mary entré sin anunciarme, la cara de sorpresa de mi cuñada al verme era más que evidente…

    – ¡Oh!… ¡pero que haces aquí Sam!…

    – ¿Por qué no he tenido noticias tuyas ni de Betsy?, lo dije con un tono molesto

    – ¿Por qué?… tú deberías saber muy bien el motivo

    – Si te pregunto es porque no lo sé

    – ¿En serio no lo sabes?

    – No, así que te pido que lo digas

    – Pues deja y te refresco un poco la memoria. ¿Te suena algo el nombre de Itzel?

    – ¿Qué hay con ella?

    – ¿Cómo que qué?

    – Si, ¿cuál es el problema?

    – ¡Qué sínico eres!

    – ¿Pero por qué?

    – Porque te la cogiste

    Vaya que si era directa Mary cuando se enojaba

    – Pero ¿cómo te enteraste?

    – Pues quién más me lo diría, Betsy. Ese mismo día que te cogiste a Itzel, rápido le dio la noticia a Betsy y ella a mí. ¿No dijiste que solo eras para nosotras dos?

    – Pero, solo fue… La situación se presentó y la verdad es que no me pude resistir, ella… Itzel también tiene lo suyo, y de solo acordarme de aquel video que me enviaste donde estaba desnuda junto con Betsy en su habitación, eso provocó que me abalanzara a ella y pues pasara lo que pasó.

    – ¿Y eso no es motivo suficiente como para que te hayamos dejado de hablar?

    – Si, lo sé, pero ¿cómo puedo compensar mi falla?… No quiero perderlas, ni a ti ni a la nena

    – No, basta, conmigo no tienes perdón

    – Pero Mary…

    Me puse frente a mi cuñada y la abracé, intenté besarla, pero ella se rehusaba, intentaba por todos los medios que la soltara

    – ¡Suéltame!, no quiero saber nada de ti… déjame

    – No te voy a soltar hasta que me perdones

    Giré a mi cuñada quedando ella de espaldas a mí, en esa posición comencé a besarle el cuello mientras con mis manos comencé a acariciar sus senos. Ese día ella vestía un short amarillo holgado con una blusa rosa.

    – En serio no me vas a perdonar, ¿estás dispuesta a perderte de esto?… le dijo eso mientras que tallaba en su culo mi verga, la cual ya estaba erecta

    – Ni creas que me vas a convencer con esa artimaña, porque vergas son las que me sobran

    – Pero no todas son como la mía, además ¿quién te va a coger tan rico como yo?

    – ¡Cállate!… tú no sabes nada, con cualquiera puedo hacer lo que tú haces

    – Pero no igual que yo

    Metí mis manos bajo su blusa, mi insistencia estaba dando resultado, sus pezones ya estaban duritos de excitación así que ahora me fui hacia el botón de su short, lo desabotoné y bajé el cierre, cayendo directo al piso, y así mis manos se dirigieron a su vagina la cual por sobre la ropa ya se notaba su humedad

    – En serio quieres que te deje, quién más te va a poner así de cachonda… Tu vagina está que se derrite, pide a gritos que le dé atención

    – ¡Eso no es cierto!

    – ¿Segura?, mira… -con los dedos de mi mano derecha recogí sus jugos y se los puse frente a ella para que viera cómo escurría, para después meterlos en su deliciosa boca, los cuales ella recibió con ansias y comenzó a lamerlos y chuparlos, ya era mía nuevamente- ¿quién es la mentirosa ahora?

    – Eres un cabrón

    Ya así doblegada, puse a Mary frente a mí y la besé, ahora ella correspondía mis besos, y así me la llevé al comedor, la subí al mismo y con delicadeza le quité su bóxer, la abrí de piernas y me dispuse a practicarle sexo oral, sus jugos eran un manjar de dioses. Hice que se quitara la blusa y su sostén, para así poder dedicarme a su vagina y sus pezones, con mi boca hacía mi trabajo abajo mientras que con mis manos me encargaba de darle placer a sus pechos. Mary solo jadeaba y gemía, esa era la Mary que deseaba con tantas ansias.

    Estaban tan concentrado en dar placer a mi cuñada que no me di cuenta de la presencia de Betsy hasta que sentí cómo unas manos intentaban bajar mi pantalón, fue solo bajar la mirada y ver que en el suelo, hincada, se encontraba mi sobrina, quien estaba batallando con mi cinturón, por lo que le ayudé y así ella se encargó de bajar mi pantalón, sacar mi verga y metérsela en la boca, la ensalivaba bastante y después me masturbaba con sus manos, definitivamente era algo que no me esperaba, pero ya en esa situación me dejé llevar.

    – Mmm, tío, ¿me extrañaste?, yo sé que sí… para serte sincera… me puse celosa… cuando Itzel me contó que te la habías cogido… fue tan… tan explícita con cada… mmm, detalle… que me tuve que… masturbar mientras la escuchaba… pero solo eso… no sé… uff, por qué mi mamá se enojó contigo… al contrario… mmm que rica verga tío… yo estoy consciente de que no eres solo de nosotras… también le perteneces a mi tía… y ahora a Itzel… pero que delicia de huevos tienes… así que mientras me des mi ración de verga, como ahora, por mí no hay ningún problema…

    Escuchar decir eso a la nena me reconfortaba, ya no tendría por qué buscar la manera de convencerla a ella, solita lo decidió así. Podía escuchar gemir a mi cuñada y a Betsy a la misma vez, pero no sabía por qué Betsy estaba gimiendo siendo que tenía sus dos manos en mi verga y huevos, pero no le di mucha importancia, y fue así que Mary se vino en un sabroso orgasmo, saboreé cada gota de sus jugos vaginales que prácticamente no cayó nada en el comedor, después Mary se bajó del comedor para después, como pudo, tomar una silla y sentarse, para así Betsy tomar su lugar.

    Mi sobrina se acomodó solita, no hubo necesidad de desvestirla ya que estaba completamente desnuda, tenía ante mí una delicia de mujer, su vagina brillaba de fluidos y estaba completamente abierta, era toda una imagen tenerla ahí, totalmente depilada.

    – Bueno tío, quiero que me hagas lo mismo que a mi mamá

    – Oye Betsy, ¿por qué tienes tu puchita bien abierta?

    – Ay tío, pues por qué crees… mira al suelo

    Vaya sorpresa que me tenía la nena, pegado al suelo, había un pene de goma del mismo tamaño y grosor que el mío, todo el tiempo mientras me había estado mamando mi verga, tenía metido ese pene artificial, sin duda no me esperaba eso, pero abría nuevas posibilidades de gozo para futuras ocasiones.

    – ¡Sí que eres una traviesa!…

    – Verdad que sí tío…

    Y así me lancé a hacerla gozar con mi lengua, subía, bajaba, metía, ocupaba mis dedos, un sinfín de combinaciones posibles que permitían a Betsy disfrutar de una buena sesión de sexo. Por un momento perdí de vista a Mary, pero fue solo un instante ya que repentinamente sentí su presencia, era ella quien con su boca le daba placer a mi pene, ahí estaba ella, parecía becerrito mamando de la teta de la madre, una satisfacción total, pero mi cuerpo no resistiría más, estaba a punto de eyacular y así se lo hice saber a ambas, por lo que les pedí que se hincaran una a lado de la otra, para así masturbarme hasta comenzar a eyacular, traté de proporcionalmente mi semen fuera para las dos, por lo que sus rostros fue donde cayó mayor parte de mi lechita.

    Madre e hija se encargaron mutuamente de limpiar mi verga, para después entre ellas compartirse mi semen que tenían en su cara, me estaba excitando en demasía esa imagen. Ellas se pusieron de pie y comenzaron a besarse desesperadamente, mientras que con sus manos cada quien le daba placer a la vagina de la otra, hasta que Betsy tuvo su orgasmo para después seguirle su mamá.

    Todo había valido la pena, ya que los tres supimos llegar a una mutua reconciliación y que mejor que haya sido con sexo. Me despedí de ellas, no quería hacerlo, pero el tiempo estaba en mi contra ya que se aproximaba la llegada de Sergio.

    – Bueno mis amores, no quisiera, pero tengo que dejarlas, es momento de que me vaya, no quisiera que Sergio me encontrara aquí con ustedes- les decía esto mientras que ellas se encargaban de besarme por todos lados-

    – Pero igual puedes decirle que viniste a lo del pago de la laptop- refirió mi cuñada

    – No Mary, es mejor que ni toquemos ese asunto porque no sé ni en qué pago vamos, ¿o tu sí?

    – Eso es lo de menos, él tampoco sabe cuánto resta de la deuda, solo me da el dinero y ya, sin preguntar nada.

    – Ya veo pero, aún así, ya habrá más días en los que podamos vernos, ya se me ocurrirá algo.

    – Está bien, nosotras te comprendemos, ¿verdad nena?

    – Por supuesto mami…

    Fue así que me despedí de ellas, fue una tarde feliz para mí, ya estaba más tranquilo al saber que todo estaba bien con ellas, mis mujeres, y con ese entusiasmo llegué a casa, mi esposa aún no llegaba así que me duché y me relajé un poco, pasado un tiempo llegó ella, la recibí con una gran sonrisa

    – ¿por qué tan sonriente?, ¿te pasó algo bueno?

    – No, simplemente que me pongo así al verte

    – Ay mi vida… que bonito – y así se abalanzó a mí, dándome un beso, mientras que yo amasé su trasero, dándole una palmada

    – Ay, corazón, no tan fuerte, recuerda que ayer me culeaste bien rico que aún me duele mi colita, en el trabajo no pude estar sentada mucho tiempo porque no aguantaba…

    – Entonces de sexo esta noche no hablamos, ¿verdad?

    – No mi cielo, lo siento, pero aún me duele, mejor dejémoslo para otra ocasión en la que ya esté al 100%

    – No te preocupes amor, yo te comprendo… anda, vamos a ver qué cenamos esta noche

    – Está bien… por cierto, este viernes es día festivo, ¿tienes planeado hacer algo?

    – No, ni me acordaba de ello, ¿lo dices por algo?

    – Pues estaba viendo una publicidad sobre unas cabañas que rentan en una zona apartada de la playa, y están a buen precio, ya vez que por lo de la pandemia no hay mucho turismo y pues están ofertando las cabañas aprovechando que el semáforo está en naranja…

    – ¿Quieres que vayamos ahí este fin de semana?

    – Si, ¿cómo ves?, ¿te interesa?

    – Por mí está bien, me parece genial, podemos aprovechar para hacer muchas “cositas”, tú y yo…

    – Pero hay un pero…

    – ¿Cuál?

    – Es que le platiqué a Mary de las cabañas y pues le interesó la idea, así que también la invité, perdón, pero se me olvidó consultarlo primero contigo

    – Ah, no, por eso no te preocupes, me parece buena idea, digo, mientras sea la familia no hay problema por mí.

    – ¿En serio?, qué bueno que no te enojaste… entonces deja y me pongo de acuerdo con ella, ¿ok?

    – Ok, solo no te tardes mucho para poder hacer la reservación con tiempo

    – Sí, ahorita te avisó…

    El momento no pudo haber sido el mejor, ya mi mente comenzaba a maquinar todas las posibilidades para aprovechar la ocasión, así que una vez confirmada la presencia de Mary y su familia, había que dar inició al plan…

    Y así termina una aventura más… ya les haré saber la continuación de esta historia.