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  • Mi historia con una mujer maltratada (10)

    Mi historia con una mujer maltratada (10)

    Al día siguiente yo arreglé para verme a la tarde en un café con un viejo amigo, con el que no me veía desde antes de la pandemia.

    Llegó el momento, me puse una musculosa, un short deportivo y unas zapatillas FILA de running, porque dijimos que después del café íbamos a ir a correr.

    Cuando llegué al café, vi a mi amigo sentado en una mesa. Me acerqué, se paró y vino a darme un abrazo, hace tiempo que no nos veíamos y a parte nos conocíamos desde que él tenía cuatro años y yo dos.

    Nos sentamos, pedimos dos cafés, con dos medialunas para cada uno. Y le conté todo lo que había pasado, desde el principio.

    —¿Tan buena está la mina?

    —Ojo lo que decís ¿eh?, dije cagandome de risa.

    —Soy tu amigo, boludo. Nos conocemos desde que somos unos alfeñiques. A parte tampoco soy tan pajín.

    —Si, sé que no me traicionarías bajo ningún concepto.

    —Así que… ¿tuviste sexo sin forro?

    —Sip.

    —¿Y qué se siente?

    —No sé, es una linda experiencia.

    —Y decime la verdad, ¿vos le creés?

    —¿Qué cosa?

    —Que está tomando pastillas.

    —Ojalá sea la pura verdad.

    —¿Y si no lo es?

    —Me tendré que bancar tener un pibe a los 18 años. ¿Qué me estás preguntando, Juan?

    —Tenés razón, qué pregunta pelotuda de mi parte.

    _Y después yo soy el boludo…

    La moza que nos había atendido trajo nuestros cafés y nuestras medialunas.

    —Escuchame, ¿me podés mostrar una foto?

    —¿De qué?

    —¿De quién va a ser? de la chica.

    —Ah, sí. Perdón, estoy en cualquier cosa, dije.

    —Estás medio bobi hoy.

    —Ya sé, tengo un montón de quilombos en la cabeza, entre el laburo, esto y el pensamiento de que voy a empezar la facultad dentro de poco, siento que mi cabeza va a explotar.

    Le mostré una fotografía que le había sacado yo una vez después de haber hecho el amor, pero había sido con su consentimiento, le pregunté si se la podía sacar y me dijo que sí. Además no es que estuviera totalmente desnuda.

    —Ah, es una hermosura.

    —¿Viste?

    —Y sí, vas a tener que convivir con gente de mierda como ese tipo que te la quiera sacar, entonces.

    —Y sí, desgraciadamente.

    —¿Cuántos años decís que tiene?

    —Veinticinco.

    —Es una banda eso. Buscate algo que esté más a tu altura, no sé. Alguien de 18, 19 o 20 como mucho.

    —Es que yo pensaba que era de 19 o 20. Cuando me dijo que tenía 25 me quedé como: OK.

    —Es verdad, no parece que tenga 25.

    —Te estoy diciendo.

    —…

    —…

    —Igual, sé que sería una gran carga emocional tener que dejarla.

    —Y… Después de todo lo que tuvimos que pasar…

    Me quedé unos segundos en silencio.

    —¿Te dolería?

    —Me dolería.

    —Bueno… ¿Vamo´ a correr?, preguntó.

    —Dale.

    —No creo que puedas seguirme el ritmo, estuve entrenando mucho por mi cuenta, dijo golpeando la mesa.

    —Eso ya lo veremos, dije prepotentemente.

    Terminamos de tomar el café y nos fuimos a correr a una plaza que había por ahí. Mientras que corríamos le pregunté si estaba soltero. Me dijo que sí. Empezó a hablarme de chicas que le gustaban. Le dije que en cualquier momento si quería lo invitaba a hacer un trío.

    —¿Posta?, preguntó entusiasmado.

    —No, mentira. Ni en pedo, yo no comparto.

    —Hijo de puta, me re ilusionaste, boludo.

    —Jajajajajaja, sos un guacho vos.

    Se vino la tarde y cada uno tenía que retornar a su hogar.

    Cuando llegué a casa, Anen me esperaba con los brazos abiertos, le di un abrazo. Estaba sudando.

    —¿Qué estuviste haciendo que estás todo chivado?

    —Fui a correr con un amigo a una plaza.

    —Ahhhh cierto, ¿cómo estaba Juan?

    —Bien, le pregunté si estaba soltero, me dijo que sí y me contó de varias minas a las que él les está echando el ojo.

    —¿Y es lindo él?

    —No te zarpes ¿eh?

    —No, por favor. Yo te quiero y te amo a vos nada más. Sólo preguntaba por sus pretendientes.

    —Más te valía, dije riéndome.

    —Vení acá, mi amor.

    Me dio otro abrazo.

    —Te amo, le dije.

    —Yo también, semental.

    —¿Querés bañarte conmigo?

    —Qué te parece si vos… te bañas y yo… hago la comida mientras.

    —Dale.

    —…

    —…

    Mis brazos no la podían despegar de mí, es como si ella fuera un imán y yo un metal.

    —Bueno, andá.

    —Ok.

    La solté y me fui a duchar.

    Me saqué la musculosa, las zapas, las medias deportivas, el pantalón de gimnasia y el bóxer. Me metí a la ducha y me dejé estar debajo del chorro de agua fría. No sé porqué mis manos fueron a parar a mi pecho, luego bajaron lentamente hasta mi abdomen, y luego a mi pene. Lo empezaron a masajear, hasta que se paró por completo. Era como que suplantaban las manos juguetonas de Anen. No buscaba venirme, sólo sentir placer.

    En un momento, me llamó:

    —Amor, a comer.

    —Ya voy.

    Me enjuagué, me puse una toalla en la cintura y salí.

    —¿Vamos?

    —Sí, pero esperá que me pongo algo.

    —No, vení así. No pasa nada.

    —Bueno, como quieras.

    Me senté en el sillón a esperar mientras que ella preparaba un risotto.

    —Vení un toque, me dijo.

    —Sí, voy.

    Me acerqué teniendo fuertemente el nudo de la toalla y me preguntó:

    —¿Te gusta?

    —Es idéntico a mi risotto.

    —Exacto, aprendí de vos y lo hice con mucho amor.

    —Esa es mi chica.

    Nos sentamos a comer.

    —¿Cómo está el arroz?

    —Riquísimo, comenté con la boca llena.

    —Me alegro, cielo.

    —Anen… ¿te puedo… contar algo?

    —Sí, decime.

    —Recién… en el baño… me pasó algo raro…

    —Contame, te escucho, dijo a la vez que probaba un bocado.

    —Bueno… me estaba duchando y… de repente… comencé a… tocarme.

    —¿Y qué pasó?

    —Era como que… me hacías falta… fue involuntario… era como si… mis manos… remplazaran a las tuyas.

    —Mirá vos, dijo con una cara de desaprobación total.

    —Sí… fue bastante… extraño…

    —¿Así que te hago falta?

    —Sí, digo… No.

    —Te hice falta en la ducha. ¿No?

    —Ehhhhh… sí, titubeé.

    —…

    —…

    —Bueno, vení.

    Se paró de la silla, dio la vuelta a toda la mesa y vino hasta donde estaba yo.

    Me tomó del hombro y empezó a masajearlo con una mano mientras que la otra iba sutilmente a mi pecho, bajaba un poco, pasaba a mis abdominales, bajaba más y más, y de golpe ya había desatado la toalla y se encontraba en mi verga, acariciándola con suavidad. Ella estaba parada atrás mío y yo sentado. Se inclinó un poco, acercó sus labios a mi oído y besó el lóbulo de mi oreja, entonces preguntó casi en un susurro:

    —Ahora… ¿te estoy haciendo falta?

    —No.

    Apretó un poco y no pude evitar soltar un gemido. Me sentía sumiso, como dominado física, aunque mentalmente también.

    —Vení, vamos a la cama, dijo en un tono muy dulce.

    Me agarró del brazo y me llevó a la habitación.

    Cuando llegamos al cuarto, me pidió que la esperara acostado. Fue a agarrar algo al comedor, volvió y cerró la puerta.

    —¿Qué fuiste a hacer?

    —Fui a buscar algo.

    —¿Qué fuiste a buscar?

    —Algo, no importa el qué. Ahora cerrá los ojos.

    Me daba mucha curiosidad saber qué era lo que tenía escondido detrás suyo, en su espalda. Sin embargo, hice lo que ordenó y segundos después sentí un aceite tibio con un olor a lavanda riquísimo chorreando en mi vientre. Que pasara eso en parte, era extraño y en parte, muy placentero.

    —¿¿¿Qué me estás poniendo???

    —Shhhhh, dejá de hacer preguntas y disfrutá, susurró y pasó su dedo índice por mi boca como chitándome.

    Cerré los ojos con mucha fuerza. Empezó a masajear lentamente y de manera suave mi abdomen, subía a mi pecho, bajaba de vuelta, luego fue directo a mi cuello y por último se detuvo en mi entrepierna. Con toda la delicadeza del mundo, agarró mis manos y las colocó en mi panza, mientras frotaba mi verga con una mano cubierta de ese aceite tan rico.

    —¿Lo estás pasando bien?, me preguntó.

    —Sí, respondí un poco confundido.

    —Me alegro, muñequito. Ahora abrí los ojos.

    Sentí su respiración profunda en mi boca. Abrí los ojos por un momento y vi su cara de ángel pegada a la mía.

    —Anen, me estás asustando. ¿Qué me pusiste?

    —Un aceitito.

    —Ajá.

    —Incorpórate.

    —De acuerdo.

    Cuando me levanté y me quedé sentado en posición de indio, la vi completamente desnuda.

    —Ahora te voy a poner este aceite en la espalda y quiero que te relajes. ¿Ok?

    —Ok.

    Untó el aceite en mi espalda. Sentí un placer que nadie se podría imaginar. Sus suaves dedos masajeando mi espalda con el óleo con ese olor a lavanda del cual no me puedo olvidar, me daba demasiado placer. Todo me daba placer: las luces apagadas, el tono que usaba para hablarme, el masaje que le propiciaba a mi dorso. Hasta que de repente, empezó a tocar mi pene todavía erecto. Ahí el placer aumentó mucho, y cuando digo mucho, es mucho. Su mano resbalaba a causa del aceite. Cuando apretó nuevamente no pude impedir liberar un nuevo gemido, esta vez más grande que el que emití en la mesa. Me comenzó a masturbar. Luego de unos minutos, sentía tanto gozo que empecé a gemir excitadamente. De esa manera, me masturbó hasta que acabé en las sábanas. No sé cuánto tiempo habrá pasado, lo que si sé es que gocé muchísimo. Para cuando me quise dar cuenta, la tenía atrás, arrodillada en la cama y mi cabeza se apoyó en su hombro. Con todo mi cuerpo temblequeando e inundado por el orgasmo, dije entrecortadamente:

    —Qué… placer, Anen…

    —Ya lo sé.

    —Te… amo…

    —Yo también, semental.

    Me dormí con el olorcito a lavanda en sus manos, que tocaban mi rostro y sobre todo mi nariz.

  • Una mujer muy sensual

    Una mujer muy sensual

    Corría la época de los años 2010 y 2012, yo iba paseando por la calle y a lo lejos pude ver que por la acera de enfrente iba una señora muy atractiva y elegante, un cuerpo de mujer rellenita, podía ver que sus pechos también eran prominentes, firmes y bien puestos en su sitio.

    Me acerqué a ella con la excusa de pedirla la hora y así poder comenzar a entablar una pequeña conversación la cual consiguiera hacerla reír o por lo menos intentarlo, crucé la carretera que nos separaba hasta llegar donde se encontraba ella, con mucho respeto y educación la pedí que me diese la hora y ella educada y de buenas maneras me la dio, una vez dicho todo esto la dije a su cara con mucha elegancia que era una mujer muy guapa y atractiva; ella se sonrió y me echó una mirada así por encima, me presenté ante ella y amablemente me dijo su nombre; Maylen, este es mi nombre.

    La ofrecí tomarse algo conmigo en una terraza que por allí cerca había de donde nos encontrábamos, nos acercamos a una mesa de la terraza y me ofrecí a apartarla la silla para que pudiese sentarse cómodamente, estuvimos una hora u hora y media charlando, en su rostro podía ver que se encontraba a gusto hablando conmigo; parecía que ninguno de los dos queríamos levantarnos de aquella mesa.

    Al poco rato de estar allí pagué la cuenta de los dos y así también invitarla por el buen rato que me había hecho pasar, yo ni corto ni perezoso la pedí una cita para poder vernos otro día y así poder conocerla un poco más y más a fondo, ella sin pelos en la lengua me invitó a tomar algo en su casa y yo sin saber cómo reaccionar acepté su invitación al instante de salir del trance que me había provocado Maylen, la acompañé hasta su portal y allí nos despedimos hasta el día que nos fuésemos a ver en persona.

    Pasados unos días llegó el momento de esa gran cita, yo para no ir con las manos vacías porque es de muy mal ver ante esa gran mujer, entré en un supermercado y compré una caja de bombones, la dije a la dependienta que me lo pusiera para regalo, salí de la tienda y me dirigí hasta su casa, una vez allí; ella bajó al portal como habíamos quedado y me dijo que subiera a su casa, yo no sabía como actuar en ese momento, la seguí hasta el ascensor y entramos en su casa, me llevó hasta su salón y me dijo que quería tomar de beber; un refresco la dije yo amablemente, se dirigió a la cocina y trajo una botella de sidra que tenía en la nevera.

    Pareciera que íbamos a celebrar algo muy importante entre los dos; descorcho la botella y rellenó las copas que había traído junto con la botella, cada uno cogimos la nuestra y brindamos, ella al brindar con la mia dijo; por una buenísima amistad y todo lo mejor que más adelante nos pueda pasar, yo me quedé unos segundos sin palabras pero reaccioné enseguida, por nosotros la dije yo.

    Había pasado un buen rato ya desde que llegué a su casa; me has hecho pasar un buen rato Rafael, me dijo ella, yo me quedé mirándola a sus preciosos ojos y no podía apartar la vista de su boca y seguidamente de su escote, tras ese escote podría decirse que se escondían dos pechos grandes y bien puestos.

    Aún seguía mirando al rostro de esa gran dama y me acerqué a besarla, no podía contenerme más, era demasiado tiempo el que llevaba observando ha Maylen como si me dijera en sus pensamientos; que estás esperando Rafael, deseo que me beses ya, yo me lancé muy suavemente hacia sus labios y desde ese momento supe que aparte de esa gran amistad que se había forjado días antes en su portal está historia iría aún más allá; así fue, tal como yo lo había pensado.

    Me llevó hasta su habitación y allí comenzamos a tener una tarde tórrida y desenfrenada de cariño, amor, fuego sexo y mucha pasión entre los dos, una vez allí desnudos la tumbé sobre su cama y nos pusimos a besarnos sin parar, dábamos rienda suelta a nuestra pasión y fogosidad que corría en esos momentos por nuestra cabeza y disfrutamos de nuestros cuerpos como nadie jamás lo habría hecho.

    Entre beso y beso me coloqué entre sus piernas y comencé a lamer y comer de ese gran manjar que tenía entre sus piernas, ella comenzó a jadear y gritar de placer mientras que mi lengua no dejaba de jugar con sus labios y clítoris; ummm siiii, me decía Maylen, no pares Rafael, no pares, yo tenía que hacerla caso y no podía dejar de comer de ese rico postre que está bella señorita me había ofrecido nada más terminarnos la botella de sidra, yo con sus piernas al lado de mis orejas y con mis manos agarrando sus grandes pechos y por mi boca rebosaban los flujos de esta adorable mujer.

    Mi herramienta de trabajo ese día me defraudó y no quería trabajar al ritmo que ella y yo necesitábamos; como si mi pene se hubiera cogido un día de descanso, pero nosotros no paramos, seguíamos a lo nuestro, una vez la había comido su rico manjar me coloqué un poco más arriba y comencé a chupar de esas ricas tetazas que tenía, sus pezones estaban duros y podían verse resultones a mis ojos, mis manos agarraban sus pechos mientras mi lengua jugaba con sus pezones.

    La besé por todo su cuerpo, una piel blanca, suave, y con algunos lunares graciosos que tenía por su espalda, me encantaba poder tener esa ha esta mujer como si fuera mi pareja; aunque solo fue una gran tarde la que pasamos juntos en su casa, esa fue uno de mis mejores días en muchísimos años, aunque diciendo la verdad, está grandísima mujer hizo que me olvidase de todos los años anteriores en los que había tenido algún rollo o aventura con alguna chica que a día de hoy ya no cuentan para mi.

    Maylen hizo que todo mi pasado desapareciese de mi memoria.

    Pasadas tres o cuatro horas Maylen y yo habíamos cumplido por ese día pero prometimos volver a vernos para una segunda cita; solo que esta vez la invitaría yo a un lugar donde nada ni nadie pudiese estropear nuestra gran aventura de sexo, amor y pasión.

    Fin.

  • Lujuria con mi novia en un Spa

    Lujuria con mi novia en un Spa

    Era un bonito día de mayo, el calor ya iba cogiendo fuerza. Me encontraba preparando la maleta para pasar el fin de semana en un hotel rural el cuál disponía de Spa. Llegó el día esperado y María, mi pareja, revisaba que no se dejaba nada antes de salir dirección al hotel. Una vez revisado y visto que llevábamos todo lo necesario, era el momento de ir a nuestro destino.

    María es una mujer carismática. Tiene 32 años, aunque todo el mundo al ver su cara siempre piensan que tiene 5 años menos. Su cuerpo era de complexión normal. Tenía unas bonitas caderas, unos pechos de talla 90 y un culo respingón que levantaba miradas por donde pasaba. Llegamos al hotel y fuimos a la habitación. Allí nos cambiamos y nos pusimos el bañador y el bikini para bajar al spa. Ella se puso un bikini estampado amarillo y azul. Cuando la vi salir del aseo de cambiarse no pude evitar mirar sus pechos, su vientre con su piercing en el ombligo y fijarme en su culo, estaba realmente sexy.

    Bajamos al spa y una chica muy simpática nos explicó el recorrido que nos aconsejaba seguir. Pudimos ver que había otra pareja algo más mayor que nosotros que disfrutaba en el jacuzzi. La chica se despidió y nos dejó libertad para explorar las distintas zonas del spa y disfrutarlas.

    Decidimos empezar por unos chorros de masaje que había en una pequeña piscina. El agua era templada, mientras que la que salía de los chorros era fría, creando un choque de temperatura brusco. Ella se puso en uno de los chorros frente a mi, que hermosa se la veía con su bikini. Podía ver su cara de placer al darle el chorro de masaje en la espalda.

    A los minutos cambiamos a unas duchas en las que al ir andando se activaban cambiando la temperatura del agua de fría a caliente. Estando en estas duchas vimos que la pareja salía del jacuzzi, ellos no tenían visión directa con nosotros pero nosotros con ellos si. Al salir del jacuzzi, la chica salió delante colocándose la parte de arriba del bikini y al salir el chico hacia lo propio con su bañador, tratando de ocultar lo que parecía una excitación de su pene, momento en el que miré a mi pareja y estaba observando ese bulto detenidamente, al verme mirarla me devolvió la mirada y se echó a reír.

    La pareja se fue del spa y nos quedamos solos. Acabamos el circuito de las duchas y fuimos a otra zona en la que te tenías que sentar en una silla dentro de una piscina y salían chorros por todas partes. Era muy placentera esa zona, relajaba mucho las tensiones de tu cuerpo.

    Nos sentamos uno junto al otro y al dejar nuestros cuerpos descansar, las manos flotaban y se movían junto al movimiento del agua. En un momento su mano rozó mi pene y se echó a reír. Yo aproveché y dejé que mi mano posase en uno de sus pechos, notando el movimiento de su pecho con el agua en mi mano. La situación me excitó mucho y debió darse cuenta pues me miró y me preguntó que si tenía el mismo problema que ese chico.

    Me hizo gracia su comentario, reí y asentí. Aproveché para preguntarle que si se había fijado en su bulto. Ella se empezó a reír nerviosa y para mí sorpresa me dijo que tenia ojos para ver. Esa contestación no la esperaba pero me puso más caliente al no haber recibido una negación.

    Salimos de esa zona y fuimos a una zona nueva en la cual era para dos personas. El agua nos llegaba a media altura de la pierna, era fría, mientras que de cintura hacia arriba era caliente. Me situé más cerca de ella y empecé a buscar su cuello con mis labios.

    Estábamos frente a frente con nuestros cuerpos pegados y mis labios se fundieron en un profundo beso en su cuello, al que acompañé con un movimiento con mi lengua bajando hasta su hombro. Pasé mi mano por su espalda mientras mi pene crecía dentro del bañador pidiendo salir. Rozaba con su coño y ella al notarlo separó un poco sus muslos para sentirlo mejor. Era el momento de ir a más.

    Comenzamos a besarnos apasionadamente y con lujuria, nuestras manos recorrían los cuerpos mojados por ese agua caliente que salía de los chorros. Me saqué el pene del bañador y le bajé la braga del bikini, se puso de espaldas a mí y levantó una pierna mientras se la sujetaba con la mano.

    Empecé a meter mi pene y noté como uno de los chorros acariciaba su coño ligeramente. Aproveché para moverla un poco y que le diese de lleno, mientras se la metía con profundas embestidas. Ese chorro le debería estar haciendo sentir las mil maravillas pues con su otra mano empezó a chuparse el dedo, a tocarse las tetas, a pellizcarse los pezones, hasta que puso su mano en su clítoris y se masturbaba.

    Me hubiese encantado tener una visión directa de esa escena, ver mi pene entrando y saliendo, el chorro de agua dando en su coño y su mano masajeando su clítoris. Sin poder ver la escena me imaginaba esa mano masturbándose y me puse más caliente aún.

    Ella empezó a gemir, se sujetó a mí y soltó un orgasmo, lo que significaba que acababa de correrse. Su cuerpo se contraía mientras yo seguía follandola. Me pidió que acabase, que me corriese en sus tetas, y esas palabras me llenaron de ganas de llenarle el pecho de semen.

    La saqué rápido, me quité el preservativo y empecé a pajearme. Ella agarró mi pene con una mano y se lo metió en la boca entera hasta notar la arcada. Siguió chupando los laterales, jugando con la punta hasta que le dije que iba a acabar. Me agarré el pene, ella se junto sus pechos y mi semen calló sobre sus tetas, llenando sus pezones de mi corrida.

    En esos momentos, María echo un vistazo a otra parte del spa y escuchó ruidos. Nos acomodamos la ropa de baño y vimos que entraba un grupo de 5 personas. En ese momento nuestras miradas eran de alivio, cinco minutos antes y hubiesen visto el espectáculo. Acabamos nuestro tiempo de Spa y nos fuimos de allí con una experiencia sexual de lo más gratificante.

    Al llegar a la habitación volvimos a follar en la ducha, esta vez con la excitación de haber podido ser pillados.

  • Sexo balayage

    Sexo balayage

    En la universidad suceden muchas cosas y esta es una de esas historias.

    La historia siguiente trata de una de las mejores putitas que me comí. Todo empezó en la universidad, era una mañana y fui a unas clases que tenía, era primera clase de ese curso y no conocía a las compañeras nuevas. Cuando entré al salón me fijé que había varias compañeras nuevas, una que otra que estaba en algo, pero fui a buscar un asiento apurado y no revisé a detalle.

    Seguía la clase cuando el profesor nos dice que tenemos que hacer un trabajo en grupo para ese momento. Como la mayoría eran nuevos me tocó unirme a un grupo. Tomé mi carpeta y me senté a lado de una chica. Esta era nueva, tenía el cabello teñido con balayage, color de piel intermedia, unos labios bien ricos y una carita de puta. Francamente me la imaginé cabalgando encima de mí, me excitó porque en mi mente ella ya estaba mamando mi pene.

    Cuando estábamos realizando la actividad, esta se me acercaba y lo que me prendió fue cuando mis piernas que estaban extendidas bajo la carpeta, en lo que nos habíamos agrupado ella pegaba sus piernas y las rozaba con las mías, mientras me miraba de reojo, como si supiera lo que hace, pero lo disimula. Yo seguía con el juego y no despegaba mis piernas de ese roce con ella, creo que estuvimos bastante tiempo con ese roce, sintiendo ese calor. Personalmente, me excitaba ese roce, soy un fetichista y aunque en ese entonces todavía no descubría mis fetiches y prácticas, sentía la excitación y la de ella. Ella sonreía ligeramente conversando acerca de la actividad con las demás, nadie se dio cuenta de ese roce y nosotros hacíamos de cuenta como que era algo normal cuando sabíamos que no era así.

    Cuando terminó la clase, nos despegamos de ese roce y ambos nos miramos como queriendo trasladarnos a mayor profundidad. Nos quedamos con las ganas, pues luego de esa mirada y una sonrisa nos despedimos. Rara vez me pasa que encuentras alguien con quien te atraes fuertemente y pasa esas cosas como ese roce. Si fuera por nosotros hubiéramos follado como salvajes delante de todos.

    Luego de que salí de esa clase averigüé por redes de la universidad quién era, era una chica con la cual solo llevaría ese curso. Un curso que tenía solo un día. Pero a la semana siguiente, cuando estaba por el campus de la universidad la encontré, ella estaba con sus amigas, a mí solo me atraía ella, después de ese roce y ese calor quería hacerlo solo con ella, quería sentir ese calor de esa vagina y vaciarme dentro. Me avergoncé un poco para hablarle, nos miramos, saludamos y sonreímos y cuando ella iba avanzando con sus amigas la llamé por su nombre, ella se volteó y vino para conversar. Sus amigas se marcharon sin hacer escándalo, algo me hizo deducir de que no era la clásica de que saca un plan con alguien, es más era tranquila con los demás. ¿Pero conmigo? ¿Por qué me provocó? La invité a un evento en una discoteca el fin de semana, tenía entradas pues mi amigo me había ofertado unas cuantas, saqué la entrada y se la coloqué en su muñeca sutilmente. Ella se estaba excitando, lo pude sentir y se ruborizó un poco. Le dije que la esperaría en el evento, ella llamándome por mi nombre aceptó y se marchó.

    Por mi parte era algo carnal, atracción corporal y de sexo, pero por el de ella, que tal si quiere algo más, dije, era lo más probable. No quería líos amorosos ni nada de eso, pero en un evento con los tragos necesarios se le puede sacar la información acerca de lo que quiere en realidad dije. Ya tenía el plan y solo era cuestión de aplicarlo.

    Ella físicamente era de estatura de un 1.60 por ahí, tetas normales, culito normal, pero lo que la hacía atractiva, por lo menos para mí, era su balayage en el cabello además de que sí, estaba bonita en la cara. Vestía bonito. Personalmente ella era atrevida por lo menos cuando yo la estaba viendo porque con sus amigas se apagaba un poco. Fantaseaba por saber como será dando oral y aparte que quería darle por el culito jalándole el pelo y gimiendo los dos. Esa flaca me prendía y no se el por qué, porque físicamente era normal, pero tenía algo que cuando la veía me encendía.

    Llegó el día del evento, fui al lugar y mientras conversaba con unos amigos la vi entrar a ella con unas amigas. Estaba bien rica y bonita, se había maquillado bien, se había vestido bonito y estaba apretada, con tacones. Mis amigos la vieron como una flaca normal y no me jodieron tanto, pero yo sabía que detrás de esa pinta había algo más. Dejé al grupo de mis amigos y fui con ella, me saludó con un beso y tomándose el cabello hacia un lado sonriendo me dijo que pensaba que iba tarde, le dije que no, yo también acababa de llegar.

    La invité a la barra para conocernos mejor. Ella aceptó. Pedimos unos tragos suaves de arranque, conversamos acerca de nosotros, cosas normales, hasta que luego le dije que hay que tomarse un whisky, ella solo sonrío y me dijo que está bien. Luego de pedir el whisky mejor nos separamos en una mesa y colocamos nuestra botella y nuestros tragos, ella estaba un poco borracha, yo también creo que íbamos al mismo nivel, hasta en eso coincidíamos.

    Nos tomamos los tragos, ella ya sonreía más y me abrazaba mientras tomábamos foto a nuestros tragos y a nuestras caras. En una de esas, nos acostamos los dos al mismo tiempo, con la música sonando y la gente mirándonos y me empieza a tocar el rostro, me observa fijamente mientras su sonrisa de borracha se mantiene y me dice que le gusto. Agarré y le dije que a mí ella me encantaba pero que hay que tomarse unos tragos más para conocer otras cosas que hablaríamos, ella aceptó.

    Seguíamos conversando y tomando nuestros tragos hasta que sonó una canción que se bailaba pegadito y la saqué a bailar. Ella apenas pudo bailar porque más estaba sostenida en mí, pero ya la había sacado a bailar para que no se emborrache tanto y de paso ver si nos excitábamos bailando pegados, ella sonreía y seguía sostenida en mí. Levanté su cabello y le dije que me encanta y que quiero conocerla mejor, mientras la beso sutilmente en el cuello, sentí como se venía. Ella solo me dijo vamos. Pagamos unos tragos que nos habíamos tomado de más y me hice el que acompaña a su novia al baño porque está mareada.

    En el camino al baño, cerramos la puerta y empezamos a besarnos con pasión ferviente, nuestros cuerpos hervían y no sabíamos que hacer porque ambos queríamos hacernos un buen sexo oral. Empecé yo, en lo que ella estaba parada, me agaché y le aparté la ropa interior, una ropa interior exclusiva de color rojo, empecé a lamer esa rica concha que estaba mojadísima, depilada y cuando metía chupadas se humedecía más, me encantaba succionarle el clítoris. Había un lío y era que ella gemía y no quería que nos graben o esas cosas, le dije que se tape la boca mientras le hacía sexo oral, ella lo hizo y le comí la concha tan rica que hasta ella con una mano se sobaba porque con la otra se había tapado la boca.

    Ella quería chupármelo, pero le dejé con las ganas para que se encienda más. Salimos del baño. Ya afuera del evento, nos metimos un beso bien grande y carnal que fue hasta más debajo de sus labios, parte de su quijada y cuello. Tomamos un taxi y la llevé a un hotel, íbamos comiéndonos desde el taxi hasta el hotel y nos decíamos cositas que nos gustaban. Al llegar al hotel la agarré de la mano e hicimos la recepción, subimos juntos al dormitorio. Cuando cerré la puerta del dormitorio ella me abrazó ligeramente por el cuello y siguió besándome bien rico. La impulsé hacia la cama mientras seguíamos besándonos.

    Empecé a besar y lamer su mentón, luego su cuello, ella gemía excitada y le gustaba, a mí me gustaba su piel, olerla y saborearla. Le saqué la ropa interior que era de color rojo y exclusiva, besé sus tetas medianas pero paraditas, me gustaban esas tetas normales que estuve un buen rato mientras ella me acariciaba el pene por encima del pantalón. Luego que la desnudé y solo se quedó con parte de ropa interior en la parte de abajo, besé todo su cuerpo, su abdomen, también mordía ligeramente y ella se prendía gimiendo. Me saqué la camisa y me bajé el pantalón, mi pene salió parado y empecé a rozarla en su pubis que estaba con ropa interior.

    Así que eres morbosa le dije, ella me dijo que sí. Ella gemía cuando le rozaba mi pene duro en ese pubis y los dos con las caras excitadas. Con una mirada de puta me dijo que quería chuparlo. Agarré y me levanté ella se puso en pose y empezó a chuparla bien rápido y alocadamente como si fuera un caramelo. Chupaba acelerando y podía sentir lo rico que lo hacía, como se atoraba con mi pene en la boca, porque ella manejaba solita su cabeza para chupar, agarraba y se lo metía todo mientras tiraba una mirada de puta. Me encendió, agarré y la coloqué apoyada en la cama y le hice una follada de cara, que rico como la follaba por la boca.

    La follada de cara era sin condón, me sacó semen mientras me la follaba por la cara y que rico me chupaba porque se lo tragó todo. Me gusto que empecé a follarla otra vez por la cara, esta vez más rico porque le metía bien profundo y exigido, en una de esas me sacó semen y se lo tragó de nuevo lamiéndose mientras me miraba, esta vez ya había quedado satisfecha que me dijo que era rico mi semen. Que rica puta que era por como follaba en su cara y como se tragaba mi semen y lamía la cabeza de mi pene.

    Ahora me tocaba el oral a mí, la coloqué encima de la cama en cuatro y empecé a chuparle la rica concha, pero más el culo, era un culito cerradito. Le metí lengua y un buen oral que ella se excitaba, le di un buen oral que sentía como gemía, lo caliente que estaba. Luego pasé a la concha, esa concha estaba rica, sus labios me gustaban porque eran finos, la conchita estaba caliente.

    En el sexo oral ella se vino y me dijo que le meta mi pene antes de que se venga más, que quiere tener mi pene adentro y que me vacíe dentro. Que rico.

    Le pregunté si lo hacemos con condón o así nomás dependiendo de sus días y de lo que iba a tomar, me dijo que normal. Me arriesgué y agarré mi pene sin condón y empecé a meter la cabeza en esos ricos labios, como gemía. Empecé a darle en cuatro y mi pene se lubricaba bien rico adentro de su concha, cuando le metía pinga ella me miraba con esa cara de puta mientras yo le jalaba ese pelo y le metía bien duro. Luego de follármela en cuatro agarré y le chupé la concha, le metí saliva y luego le chupé el culo.

    Agarré y lo hicimos de cucharita, que rica concha. Tenía su pelo de cerca, su cara era un horno porque estaba enrojecida y empecé a besarla mientras nuestras salivas se cruzaban porque estábamos muy excitados los dos, era porque nos atraíamos tanto que aparte de follar queríamos pegarnos por la boca.

    Quería otra pose y agarré y la empecé a follar con ella totalmente en la cama y yo encima de ella. Mientras me la follaba ella empezaba a decir que le gustaba mi pinga, yo la besaba mientras seguía follando y nos decíamos cosas calientes que la hacían gemir.

    Luego la agarré en cabalgada, ella cabalgando encima de mí, pero mirándome. Quería vaciarme mirándole esa cara de puta mientras follábamos duro. Empezamos a follar duro, ella chocaba ese rico culo fuerte y violentamente, yo miraba esa cara de puta que me tenía loco, ese pelo con balayage que me envolvía en placer y lujuria. Sus gemidos y el hacerlo al natural, sintiendo ese ajuste y ese horno dentro, empecé a meter mi pene más fuerte y chocaba duro con su culo hasta que empezamos a besarnos con lengua y saliva salvajemente, la follada era más fuerte y los dos nos venimos de lo más rico.

    Era tan rica la sensación, le había llenado de semen la concha y ella me había llenado el pene de fluido mientras su concha seguía ajustando mi pene alocadamente. Ella gemía intensamente. Luego su concha se fue soltando y saqué mi pene mientras nos besábamos totalmente ensalivados, mi pene estaba con su fluido. Que rico. Nos besamos bastante tiempo llenos de saliva porque nos atraíamos tanto que no nos importaba. Mientras la besaba su cabello se cruzaba por nuestras bocas, que excitante.

    Nos bañamos juntos mientras nos besábamos y sonreíamos. Para hacerlo al natural no nos trajo ningún inconveniente.

    Había encontrado a alguien con la cual nos atraíamos tanto que luego sería mi puta y una de las mejores que me comí en la universidad. No quedamos en nada sentimental porque no nos interesaba a ninguno hacer cosas de parejas sentimentales, lo nuestro era el sexo y lo hacíamos salvaje. Luego de esa ocasión hicimos otras cosas más, pero eso será para otro relato.

  • Si me vas a follar, fóllame

    Si me vas a follar, fóllame

    Lo que vaya a pasar, pasará porque yo quiero que pase, porque me apetece, porque lo deseo, nunca pensé que me pudiera enamorar de otro hombre, nunca… a la misma vez, pensé que esas cosas solamente pasaban en las películas… en los libros, pero no en la vida real, no conmigo, meses hablando contigo, días enteros hablando contigo, horas en las que me hiciste feliz, minutos en los que realmente te sentía dentro de mí, tus besos y tus caricias en mi piel, nunca pensé que le sería infiel a mi pareja, pero el deseo que tengo, la angustia que experimento de no poder estar aunque sea una hora contigo, me estaba matando.

    Lo que vaya a pasar pasará, quizás cambies toda mi vida, quizás seas tú el único que se quede mi corazón… lo que vaya a pasar… pasara, pasara, porque yo lo desee, porque tú… hagas, que yo lo desee y si me vas a follar, fóllame.

    El estómago me da vueltas, siempre me pasa al despegar o aterrizar los aviones y hoy no va a ser diferente, aunque, por otra parte, sé muy bien que estoy a pocos minutos de verte, ya puedo ver los aviones en las pistas esperando para despegar, algunos parados vomitando pasajeros que se dirigen al edificio de enfrente donde estoy segura me estás esperando, mi mano derecha acaricia mi vientre por encima de la blusa blanca que te dije que llevaría… estoy deseando desembarcar y empiezo a sentir ese nerviosismo que hace que se me seque la boca, empiezo a dudar… que el malestar que oprime mi estómago sea por culpa del avión.

    Miró con impaciencia la cinta transportadora donde van girando las maletas, miró a través de la puerta que se abre al paso de otros viajeros que salen para ver si te veo y por fin, la maleta roja que en tantas veces me ha acompañado viene hacia mí y con un giro rápido de mi muñeca, con la fuerza de un sansón la sacó de la cinta, despliego el mango hacia arriba y juntas nos dirigimos hacia la puerta que se abre dejándonos ver una marea de gente que espera, gente que mira nerviosa esperando ver a sus seres queridos, personas que al igual que yo, solo esperaba ver a sus seres queridos.

    Acabo de atravesar la puerta y lo primero que hago es mirar a ver si te veo, quiero apartar con la mirada a toda esa gente que se arremolina hasta que por fin, el corazón me da un vuelco, te veo, te veo con un ramo de flores en las manos, tu sonrisa al mirarme, tus ojos atravesando mi cuerpo, estás de pie simplemente mirándome y yo… yo como una tonta me paro, no hago nada, no te digo nada, solamente te miro hasta que echo a correr a tus brazos, la maleta se queda en el mismo sitio junto a mi bolso que sin pensarlo lo dejó caer al suelo, pero nada me importa, tan solo sentirme abrazada por ti, quería y deseada por tus besos, ya estamos juntos mi amor, tenemos una semana por delante para decirnos lo que ya nos hemos dicho en la intimidad de una fría pantalla.

    No puedo pedir más, todo está superando mis mejores expectativas, tus besos me saben a gloria, tu piel se ha fundido con la mía al rozarnos, siento el cariño de tus brazos rodeando mi cuerpo, siento que tus manos se deshacen en mi piel, en mi cara cuando me miras y me besas en los labios, la envidia se hace patente sobre toda la gente que nos rodea, pero ya es hora de partir, no me conformo con esos besos, con esos abrazos, hay tantas fantasías por realizar, tantas noches desvelada pensando, soñando cómo sería ese primer encuentro, esas primeras horas que la llegada al hotel se me hace eterna, como eterno se me hace el tiempo en registrarse en recepción, en transitar los pasillos hasta llegar al ascensor, en llegar a la suite y abrir la puerta.

    Todo está listo en la suite, encima de la cama hay una cesta de frutas con dos copas, al lado una cubitera con hielo y una botella de champán, me parece todo muy romántico, la cama está regada con pétalos de rosas rojas, así me lo imaginé y así se lo describí para que lo prepararan, quería que todo fuera perfecto y ya solo falta tirar nuevamente mi bolso al suelo, soltar la maleta y acercarme a ti para dejar que me beses, que tus caricias recorran no solo mi cara sino todo mi cuerpo y me dejo llevar por la pasión, desde esos momentos mi cuerpo es tuyo y el tuyo… mío.

    Nos empezamos a besar, siento como tu lengua atraviesa mi boca acariciando, bailando con mi lengua, la transmisión de nuestros fluidos no ha hecho más que empezar, tus labios humedecidos besan mi cuello y me vuelves loca al secuestrar los lóbulos de las orejas en tu boca, recorriendo con tu lengua el interior de mi oído, realmente me vuelves loca tú y te deseo, te he deseado tanto tiempo en la distancia que ahora que te tengo no quiero desperdiciar ni un solo segundo y te arrastro hasta el borde de la enorme cama que preside la suite, te dejo caer hasta que te sientas en ella y te pongo mi dedo índice en la boca para que no hables, no digas nada, solo mires.

    Delante de ti, mirándote fijamente a los ojos voy quitándome los botones de la blusa blanca hasta mi vientre, sé que me miras con detenimiento mi ropa interior, descubres por primera vez el negro de mi sujetador de encaje, pero no ves más haya todavía, saco la blusa del interior de mis pantalones vaqueros y continuo quitando el resto de los botones para que descubras mi vientre, para ahora si tengas una clara visión de mis pechos aunque aún cubiertos por mi sujetador, el botón de mi pantalón es el siguiente en salir de su ojal, uno tras otro van cayendo y una vez más vez por primera vez mis bragas negras de encaje, por primera vez tus ojos se han posado sobre ellas y observas con detenimiento como mis manos arrastran mis pantalones hacia abajo, recorriendo mis muslos hasta que tengo que doblar mi cintura para dejarlos a mis pies y sé que en esos momentos tus ojos se han clavado en mi escote, que tanto la blusa abierta como la melena se han echado hacia delante creando una visión más sexy, más tórrida que tú agradeces, al levantarme nuestras miradas se encuentran, mirándote no puedo parar de sonreír cuando primero libero un pie del pantalón y luego el otro que con una pequeña patadita aparto el pantalón que se arrastra por el suelo.

    Sé que estás impaciente, yo lo estoy, pero también sé que te gusta lo que hago…lo que ves, sé que te encanta verme como me desnudo delante de ti, vas descubriendo con tu mirada cada centímetro de mi cuerpo, de los lunares ocultos bajo la ropa, ves como me quito la blusa quedándome solo con la ropa interior y descubro como tu mirada se dirige por detrás de mí, mirando al espejo que hay frente a ti viendo en el, mi trasero, mi culo que se cubre con media braga y vuelvo acercarme a ti y sin decirte nada te beso en los labios, te pongo el dedo índice en ellos para que no digas nada y me incorporo, me giro dándote la espalda para que veas mi culo, mis glúteos redondos que son todo tuyos, doblo mi cintura hacia delante haciendo una flexión y abro un poco mis piernas, sé que mi acción no te pasa desapercibida, sé que tus ojos se clavan en mi vulva, en como ese pequeño trozo de tela negro abultado te está poniendo demasiado caliente, sé que te gusta y quiero deleitarte con mi cuerpo, mis dedos cogen la goma de mis bragas y tiran despacio hacia abajo, deslizándolas por mis muslos enrollándose poco a poco, salvando las rodillas y después caer enrolladas en mis tobillos, tus ojos clavados en mi vulva nuevamente, pero ahora está desnuda, ahora mis labios se abren para ti y sé que puedes ver como mi vagina está húmeda, mojada por la excitación, absorta en mis pensamientos, en el deseo que tenia de quitarme las bragas y sentir como abres mis labios vaginales al paso de tu pene, el deseo de sentir tu pene rozando el interior de mi vagina al penetrarme.

    Una vez más me incorporo y frente todavía puedo ver tu rostro de felicidad, como sigues mirando mi vulva por detrás, mis muslos apenas se han cerrado y ves mi figura desnuda, salvo por el sujetador que todavía cubre mi piel, entonces echo mis manos atrás y desabrocho el cierre de mi sujetador mientras te veo a través del espejo como no te pierdes ni un solo segundo de mis movimientos, tu reacción al ver mi espalda desnuda, al verme totalmente desnuda por detrás es de sorpresa, de admiración, de placer, de querer acariciar el cuerpo que tienes delante de ti y veo cómo acompañas con la mirada a mis brazos hasta que se posan delante de mí y tiran del sujetador hasta que me lo quitó y lo dejó caer al suelo junto a las bragas enrolladas.

    Nos vemos a través del espejo, te veo sonriéndome sin decir nada, mirándonos y amándonos con la mirada, mis pechos expuestos en el espejo algo tapados por la melena que me cae a ambos lados, me giró nuevamente y dejo que me veas, dejo que tu mirada me acaricie, que tus manos empiecen a quitarte casi involuntariamente tu camisa, desabrochar tu pantalón y me dejen ver el bulto por debajo de tu bóxer que pretende ser libre, tu mirada en mis pechos, observando la redondez de mis areolas e imaginando la dureza en esos momentos de mis pezones, con una mano separó la melena echándola hacia atrás atrapándola entre mi oreja para que no vuelva a caer y dejarte ver ahora si, mis pechos en todo su esplendor, llamándote a ser devorados por ti, solo deseo sentir la humedad de tu boca en mis pezones, notar el recorrido de tu lengua en mis areolas, los besos en mi vientre y tus manos acariciando mi espalda casi sin tocarme pero haciéndome sentir cada centímetro.

    Tu ropa salvo el bóxer cae al suelo también, tu cabeza apoyada en mi vientre besándome y mis manos acariciando tu pelo, revolviéndolo a la vez que lo acaricio y lo noto subir hasta mis pechos, sentir tus besos en mis pezones, seguir subiendo hasta incorporarte por completo y ponerte de pie, nuestra piel ahora si se funde salvo en la parte de tu sexo, que enseguida pongo remedio bajándotelos y hacerme sentir tu pene en mi piel, abrazados nos miramos, nos besamos y haces que me siente en la cama, te agachas y sigues besándome empujándome al centro de la cama teniendo que apartar la cesta de frutas hacia un lado. Aterrice a las 9 de la mañana y no hemos tardado en estar dispuestos a amarnos, durante todo el trayecto solo desee estar en esta situación, solo deseaba sentir tus labios en mi cuerpo, tu cuerpo sobre el mío.

    Con los codos apoyados en la cama y tus labios en los míos, sintiendo el roce de tu cuerpo que hace que me deslice todavía más hacia arriba, me arrastro un poco y detrás vas tú, mis piernas abiertas para que puedas meterte entre ella, subo un poco más y una vez más te arrastro conmigo y noto como tu pene golpea mis labios al subir, como tu glande se apoya sobre ellos y sientes la humedad de mi interior, mi vagina se abre para ti, para que puedas hacer realidad el sueño de que me ames. Hemos llegado al final de la cama, el cabecero de terciopelo color azul detiene mi cuerpo, siento como tú subes por última vez, y como tu pene que jugaba con mis labios y con el anillo de entrada de mi vagina me golpea por última vez, a partir de ese momento tus labios dejan de besarme, apoyas como yo tus brazos en la cama y siento una presión ahí abajo, siento como tu pene separa otra vez mis labios y encuentra la entrada de mi vagina, nuestros ojos se entrelazan y no dejan de mirarse, nuestros labios a escasos centímetros al igual que tu pene del interior de mi cuerpo, mi boca se abre y el gesto de mi cara cambia cuando te siento entrar, cuando siento que tu pene se desliza suavemente dentro de mí, cierro los ojos cuando mi cuerpo se estremece, noto entre mis piernas un vaivén de entrada y salida, noto que las fuerzas me abandonan y haces que me tumbe en la cama apoyando mi cabeza sobre la almohada, tu cuerpo empieza a cubrirme, piel contra piel, mis pechos se aplastan sobre tu torso y tu pene sigue haciendo las delicias que hacen que mi cuerpo tiemble con cada penetración.

    Has aumentado el ritmo, es un ritmo rápido entrando y saliendo de mí, deslizando mis pechos sobre tu cuerpo como si fueran unos flanes, no puedo levantar los ojos y no puedo cerrar la boca, sé que me miras, que te gusta verme disfrutar que mi rostro te enseñe el placer en mi carne, deseo sentirte más dentro de mí, levanto mis piernas y apoyo sobre tus hombros, tú deslizas un almohadón por debajo de mí, sobre mis riñones y sigues penetrándome, mirándome, ahora los jadeos, la respiración acelerada y los pequeños gritos envuelven la suite, después de estar unos minutos entrando y saliendo, con un fuerte empujón me las has metido tan al fondo como te es posible y la has dejado allí sin hacer nada, pero presionándola contra mí, has llegado hasta mi cérvix provocándome ese placer inesperado, ese placer que me ha hecho gritar y que tú descubres, me besas y vuelves a moverte arriba y abajo, sigues metiendo el pene dentro de mi vagina a la misma velocidad y otro grito, pero este más alto, has vuelto a penetrarme con fuerza, has vuelto a tocar mi cérvix y has hecho que vuelva a gritar aumentando en mí la locura, mis manos se apoderen de las sabanas amarrándolas y deshaciendo la cama y vuelves a retirarte y vuelves a penetrarme provocando una y otra vez los gritos de placer, al cabo de los minutos solo se oyen los gemidos y los gritos que siguen saliendo de mi boca, no me esperaba este primer polvo, no esperaba que me hicieras llegar a un orgasmo de los que toda mujer desea y pocas experimentamos, siento como hundes tu pene hasta el fondo, veo como tu rostro es fiel reflejo del mío, calor, humedad, mi vagina se contrae apretándote el pene dentro de mí y un grito exagerado sale de mí cuando siento como el éxtasis me llena.

    Un éxtasis que se alarga en el tiempo, esperando con gritos de desesperación, del placer más absoluto como empieza a correrte dentro mi, como tu semen sale disparado llenando mi copa, mezclándose con los fluidos que hace ya unos segundos han inundado mi interior y que tú con cada vaivén, con cada penetración has contribuido a sacar.

    Son las ocho de la tarde, cuerpos sudorosos y brillantes, la maleta en el mismo sitio después de cinco horas de sexo interrumpido, nuestros cuerpos descansan jadeantes tras una nueva sesión, las sabanas de la cama mojadas de sudor, de semen, de flujo, el olor a sexo, el olor a pasión se desliza por debajo de las puertas, vuela por el balcón abierto, miramos fijamente como el ventilador del techo sigue girando y yo me meto los dedos en mi vagina y sigo sacando del semen que has depositado dentro de mí, te miro y me parece un sueño, acaricias mis pechos y cierro los ojos, abro mis piernas una vez más para ti.

    Este relato se lo podría dedicar a este hombre que me hizo tan feliz, con el que compartí una semana de pasión y que me hizo olvidar lo que era, quien era, lo que sentía por otro hombre. Algunos me llamarán infiel, bueno, posiblemente tengan razón, pero yo no lo creo, yo lo llamaría amor, eso mismo que hizo sentirme a salvo entre sus brazos cuando después de hacerme el amor descansábamos desnudos sobre la cama, no fue un simple polvo, no fueros horas ni días de sexo sin más, fue quien pudo cambiar mi vida para siempre, a quien ame en silencio, a quien amo y llevo en mi corazón, no diré su nombre, él… ya lo sabe.

    Pero he dicho podría…podría si la historia fuera real, porque no os equivoquéis, simplemente podría ser un sueño, una imagen, una ilusión… ¿De alguien real?, ¿de alguien imaginario?, real o no real, pasó o no paso, a quien le importa, no creéis, quizás solo nos importe a los dos, de todas maneras permitirme que me lo quede para mí… porque quizás yo lo quiera mantener en el anonimato y quizás él no quiera leer estas líneas si no son sobre mi cuerpo.

    Si realmente existió… si existiera, y… no digo que no exista y no digo que sea un sueño.

  • La cabaña (Día 1): Cuñada y sobrina

    La cabaña (Día 1): Cuñada y sobrina

    Después de las últimas novedades ocurridas en la relación amorosa y sexual entre mi cuñada, mi sobrina y la prima de ella, no estaba más que emocionado y como plus el tener a una esposa a quien le daba todo y con todo, siendo reciproco el sentimiento. Fue así que una vez organizada la visita a las cabañas nos dispusimos a hacer maletas desde un día antes… Queríamos irnos desde temprano para poder ordenar todo y disfrutar el mayor tiempo posible, así que llegado el viernes me encargué de subir el equipaje al auto mientras que mi esposa se encargó de acomodar las cosas que utilizaríamos para preparar comida.

    – ¡Listo! – dijo mi esposa

    – Ok, acá yo también ya acabé. Por cierto, ¿Sergio también va a ir con nosotros?, no te pude preguntar en estos días.

    – Sí, solo que él llegará el día sábado porque tiene que trabajar hoy.

    – Y ¿cómo es que va a llegar a las cabañas?, o ¿tendré que ir a recogerlo?

    – Pues Mary me dijo que no nos preocupáramos. Creo que Sergio pedirá prestada la camioneta de la empresa en la que trabaja, ya vez que se lleva bien con uno de los ingenieros, y pues así llegará el sábado.

    – Uff, menos mal. Por un momento creí que tendría que ir por él.

    – Ya, tranquilo, no sé porque no te agrada su presencia. Deberían intentar llevarse mejor

    – Pues… mejor dejemos las cosas así. Cada quién en lo suyo con los suyos.

    Así, nos dirigimos a la casa de Mary, donde al llegar ya se encontraba casi con un pie afuera, ya tenían listas parte de sus maletas por lo que solo sería cuestión de acomodar las cosas. Los tres, mi esposa, Betsy y yo, nos acomodamos en el auto en espera a que llegara mi cuñada, quien después de unos minutos se apareció y así se subió al auto. Ahora sí, partimos a nuestro destino, durante el trayecto platicamos de varias cosas hasta llegar al sitio de las cabañas, ingresamos a la recepción y realizamos los trámites necesarios. Una persona nos llevó a la cabaña que nos correspondía y a darnos información necesaria para nuestra estancia. Ya ahí, comenzamos a bajar nuestras cosas, revisamos las habitaciones en las que cada quien se quedaría, que para nuestra suerte eran tres habitaciones pequeñas, pero lo suficientemente cómodas. Las tres habitaciones se encontraban en la parte alta de la cabaña, dos de ellas frente a una sola habitación, y así nos distribuimos cada quien en una de ellas. Mi cuñada una, Betsy otra y la última la de nosotros. Una vez acomodados, bajamos a revisar la cabaña, cada quien realizó un tour y grata fue nuestra sorpresa al ver que en el jardín había un espacio para una fogata, percatándonos que en la playa había una especie de carpa, pero no sabíamos si formaba parte de la reservación, así que me comuniqué a la recepción, confirmándome que dicha carpa formaba parte de la estancia, así que les di la noticia a mis mujeres quienes contentas recibieron la noticia. Ellas decidieron irse a cambiar, querían estar más cómodas, así que yo solo me quité mis tenis y fui a revisar la carpa, grata sorpresa fue el ver que todo estaba bien acogedor, una cama bien ordenada, flores como decoración, una pequeña mesa para desayunos y al frente otro espacio para una fogata.

    Mi cabeza comenzó a imaginar todas las posibilidades de uso de este espacio, pero sería algo un tanto complicado para llevar a cabo buenas rondas de sexo, así que regresé a la cabaña, ya ahí estaban las tres hermosas damas. Mary se había dejado puesto su blusa de tirantes rojas con puntos blancos, mientras que la pieza de abajo era solo una licra que se ajustaba a ese culito y parte de sus piernas, marcándosele muy bien su vulva, aparentando no traer nada más debajo. Betsy en cambio se había puesto un traje de baño, pero por el momento solo mostraba la parte de arriba el cual era un top rosa, así como un short verde, creyendo yo que debajo de ese short se escondía la otra pieza del traje de baño. Mi esposa no se quedó atrás, ella llevaba un top de manga larga color negro, así como un bikini del mismo color, el bikini le llegaba a media nalga, se vía perfecta y tomando en cuenta que era ella quien mostraba más carne que las otras dos.

    Y así pasó casi una hora, entre acomodar, revisar bien los rincones de la cabaña, hasta que escuché que me llamaban para comenzar a comer. Comimos bien a gusto, hasta saciarnos completamente. Fue la nena la primera en apuntarse para ir a la playa, así que fue a su habitación por una toalla para poner en la arena, mientras que Mary hacia lo mismo. Mi esposa, en cambio, aprovechando que no estaban las otras dos, me dijo:

    – Oye, y si nos adelantamos y disfrutamos la carpa, no la he visto pero quiero creer que es como me la imagino.

    – Pues puede que estés en lo correcto, pero qué mejor que lo veas con tus propios ojos.

    Nos fuimos a la carpa, ya ahí mi esposa no paraba de la emoción, sin duda le había encantado la carpa.

    – Ven, vamos a acostarnos en la cama- me dijo

    Nos acomodamos en la cama, podíamos sentir el aire fresco de la playa, tanto que hasta me empezó a dar sueño, en parte por la atascada de comida que me había dado. Mi esposa estaba en las mismas, pero se nos fue el sueño al escuchar como alguien se acercaba corriendo, hasta tener a la vista a la nena, quien rápido se dirigió al agua, pero tuve que gritarle que no se metiera más adentro ya que acababa de comer y podía darle un calambre o indigestión, que esperara al menos una hora para poder meterse. Ella solo volteó, asintiendo con la cabeza, para después colocar su toalla en la arena y disfrutar del sol.

    – Hey, ¿ya viste a la nena?- preguntó mi esposa

    – ¿Por qué?, ¿qué tiene?-

    – Mira el cuerpo que se carga mi sobrina, no sabía lo que escondía debajo de su ropa.

    – Ha, si- solo comenté eso, la verdad es que ya conocía perfectamente ese cuerpo tal como vino al mundo.

    – ¿Qué, acaso me vas a decir que no la viste al estar parada hace un momento?

    – Bueno, pues es que es tu sobrina, como me voy a fijar en su cuerpo- titubeé en decirlo, no quería parecer demasiado quitado de la pena con mi comentario

    – Ya pues, si bien es tu sobrina, pero no de sangre, es tu sobrina política y no creo que con decir que tiene buen cuerpo tengas algún problema, al menos conmigo no.

    – Bueno, si tú lo dices. Y qué, ¿no piensas ir a sentir el agua?

    – Dentro de un rato más, quiero reposar la comida, como quiera es medio día, tenemos más tiempo.

    Justo en ese momento llegó mi cuñada quien, tapándose los ojos con sus manos, solo asomó su cabeza diciendo:

    – ¿No interrumpo nada, par de tórtolos?

    – No, como crees. Puedes quitarte las manos de tu cara

    – Uf, menos mal, pensé que llegaría en un momento muy íntimo.

    – ¿Cómo crees que haríamos algo aquí?, y luego con tu hija allá al frente.

    – Mmm, si es cierto, esa niña se moría de las ansias por estar en la playa. Oye te quería pedir un favor, ¿me puedes poner bloqueador solar en la espalda?

    – Si, ven, acércate.

    Para esto, Mary se mostró completamente ante nosotros. Madre mía, mis ojos se me salían, no podía creer lo que estaba viendo, lo que tenía frente a mí. El traje de baño de Mary, en la parte superior era un bra de color amarillo, que se ajustaba muy bien a sus senos, mismo que se amarraba por la parte detrás de su cuello, mientras que abajo llevaba puesto un bikini color negro que prácticamente se perdía entre sus nalgas.

    – Vaya, vaya Mary, hacía tiempo que no te veía tan sexy.

    – Pues hay que aprovechar el momento y que Sergio no está, ya sabes cómo reacciona cuando visto así.

    – Pues disfrútalo entonces, porque para mañana ya lo tendrás aquí.

    Mary le dio a mi esposa el bloqueador solar, quien colocó un poco de el en sus manos para así comenzar a pasárselo por la espalda y brazos, se puso otro poco más hasta comenzar a bajar por la cintura y llegar a sus nalgas. Yo, estando ahí, con unas ganas de ser yo quien estuviese tocando el cuerpo de mi cuñada. Mi esposa recorría bien las nalgas de su hermana, le untaba con ganas ese culito, después siguió con las piernas, las recorría de arriba abajo, hasta se atrevió a meter las manos entre las piernas de su hermanita llegando casi a tocar su vagina, pero Mary ni se inmutaba. Y para dar un buen cierre, mi esposa le dio una nalgada a mi cuñada, quien solo dio un pequeño salto por lo que su hermana le hizo.

    – Hey, cálmate Adriana- sí, ese es el nombre de mi esposa- no ves que Samuel nos está viendo

    – Ay, ya, relájate, solo fue un pequeño golpecito. Mejor voltéate bien, para ponerte bloqueador al frente.

    – No, espera, yo sola puedo ponérmelo

    – No seas terca, deja que yo lo haga, ya tengo las manos con bloqueador.

    A Mary no le quedó de otra, Adriana se había puesto más bloqueador en sus manos, comenzó por el cuello y los brazos, después por los lados del tronco de Mary, para así pasar al frente, sus manos comenzaron a masajear el vientre de Mary para después seguir con sus tetas.

    – Ah, mira Mary, no había visto que tu bra se puede ajustar por la parte de abajo- y en eso Adriana corrió un poco el bra de su hermana, para así comenzar a pasar sus manos por cada una de las tetas de Mary, quien solo se dejaba hacer, no decía nada, pero su rostro comenzaba a sonrojarse. Así, mi esposa dejó en paz las tetas de su hermana para ahora comenzar con las piernas, hasta que en cierto movimiento de sus manos llegó a punzar con una de sus uñas la vulva de Mary.

    – ¡Ay, fíjate Adriana!, me punzaste ahí.

    – Ups, perdón, es que tengo mis uñas un poco largas- para ella seguir con su untada, hasta se atrevió a meter mano debajo del bikini, casi casi llegando hasta su vagina, y fue ahí donde Mary ya no quiso más

    – Hey, ya estuvo bueno de tanto manoseo, he,

    – Hay, no tienes por qué ponerte así, somos hermanas, además no es la primera vez que te tocó ni mucho menos que te veo desnuda. ¿Te acuerdas cuando te lastimaste la pierna?, ¿quién te daba tus baños de esponja en la clínica?, ¿quién te ayudaba a ir al baño en tu casa?, ¿quién te ayudaba a ponerte tu ropa interior y exterior?

    – Ya lo sé, no necesitas recordármelo, pero ahorita no estoy lastimada como para que me manosees así.

    – Ya quisieras que te manoseara. Estas manos solo manosean el lindo, rico y suculento cuerpo de mi esposito, completito, de arriba abajo, por todos lados

    – ¡Eres una golosa! Ya deja de presumir, que me da pena que nos esté viendo Samuel

    – Y bueno tu Adri, ¿no te vas a poner bloqueador?

    – Ya traigo puesto, más tarde me pongo al sol, por ahorita quiero estar aquí con mi esposito, disfrutando de esta carpa que muy bonita está.

    – Mmm, ¡golosa! – decía esto mi cuñada mientras le mostraba la lengua a su hermana

    Mi esposa y yo disfrutamos por un momento la acogedora cama en la carpa, Adriana estaba súper emocionada por el momento, agradeciéndome el momento que estábamos viviendo. Tiempo después mi esposa se dirigió a la playa y se metió al agua, mientras que yo me quedé un rato más en cama para después acompañarla, ahí estuvimos un buen rato hasta que nos sentamos en la arena junto con Mary y Betsy. Entre ellas estaban platicando de sus cosas, yo solo disfrutaba del momento. Después Mary y Betsy se metieron al agua mientras que Adri se acomodaba en la toalla de Mary y no me quedó de otra que acomodarme en la toalla de Betsy. Pasaron las horas, por momentos nos metíamos al agua, por otros en la arena, jugábamos, corríamos, en fin, disfrutábamos del momento hasta que comenzó a caer la tarde, así que decidimos y a ducharnos y quitarnos un poco la arena. Ya más frescos, nos sentamos en el jardín, proponiendo usar la fogata, así que fui por un poco de leña para hacer fuego mientras que ellas se encargaban de preparar la cena, ya todo listo, nos sentamos a cenar. Cada una de mis mujeres se había puesto atuendos acordes a la velada, era una noche muy fresca, corría un aire realmente sabroso. Mary llevaba una blusa de tirantes color negro, sin bra, permitiendo ver el nacimiento de sus tetas, y un short realmente corto bien ceñido a sus piernas. Betsy llevaba una licra color rojo la cual se le metía entre los labios de su vagina y continuamente se la acomodaba, mientras que de blusa llevaba una de esas holgadas que por los costados no tenían mangas, dejando ver que tampoco llevaba puesto brasiere, y que al agacharse se alcanzaban a ver sus tetas. Por último Adriana solo llevaba puesto un bra blanco que realzaba mucho su busto y una tanga cachetera color azul, que de no ser que ahí se encontraban mis otras dos mujeres, fácilmente me habría abalanzado sobre ella.

    Una vez saciados, mi esposa fue a la cabaña y al regresar, para sorpresa nuestra, regresó con una botella de tequila llena y otra más a la mitad, creo que pretendía iniciar la fiesta desde temprano.

    – Ya vieron lo que traje?- Adriana con una sonrisa traviesa agitaba ambas botellas.

    – Vaya hermanita, sí que venías bien preparada para pasarla de lujo-

    – Así es Mari, hasta con juego incluido.

    Nosotros pusimos cara de extrañeza, no sabíamos a qué se refería Adriana con lo del juego incluido, hasta que vimos que dentro de su bra sacó dos pelotitas blancas como las que utilizan para ping pong, para después regresar a la cabaña y llegar con unos vasos.

    – Ahora sí, ya está completo esto- dijo ella muy entusiasmada-

    – ¡Órale tía!, tú sí que sabes cómo divertirte

    – Ya vez querida sobrinita, tu tía de vez en cuando puede ser cool.

    – ¡Perfecto!, deja y voy por una mesa – me fui a la cabaña, regresando con una mesa lo suficientemente grande.

    – ¡Hey, esperen! ¿pero de qué se trata todo esto? – replicó mi cuñada

    – Pues es un juego bien fácil, se trata de meter estas bolitas en estos vasos, pero con la peculiaridad de que van a estar llenos de tequila – todo esto lo dijo mi esposa mientras colocaba los objetos- y para eso vamos a formar equipos.

    Adriana fue quien se encargó de acomodar todo y ella misma fue la que le iba colocando el tequila a los vasos, percatándome que a algunos les colocaba de más, pero a ella no le importó.

    – Listo, ya podemos comenzar – con el entusiasmo a todo lo que daba mi querida esposa

    – ¿Y cómo van a estar los equipos?

    – Ha pues fácil, y para que vean que no hay favoritismo, yo voy a hacer equipo con mi sobrinita y tú Sam con mi hermanita.

    Así quedaron los equipos, Adriana con Betsy y Mari conmigo. Eran un total de 10 vasos para cada equipo, colocados en forma de pirámide. La primera en iniciar fue Mari, quien falló en su primer lanzamiento, después fue el turno de Betsy quien también erró, siguió mi turno y corrí con mejor suerte, así que le tocó a mi esposa beberse ese vaso, y sin pensárselo demasiado, lo cogió y bebió. Seguimos con el juego, Mari parecía hacer su mejor esfuerzo ya que se tomaba su tiempo antes de arrojar la pelotita, con la fortuna para ella ya que caía dentro de los vasos, no así mi querida esposa quien de las veces que llevaba solo 2 había atinado, y Betsy ni se diga, de plano solo una vez había metido la pelota.

    Para acabar pronto, de los 10 vasos que tenía nuestro equipo contrario, solo les quedaban 2 de ellos, mientras que a nosotros nos quedaban la mitad. Y fue Adriana quien se bebió la mayoría, según mis cuentas al menos 6 se había tomado, ya que se sacrificaba en lugar de su sobrina. Al final, fue Betsy quien se bebió los últimos dos vasos, mientras que de los nuestros solo quedaron 4 con tequila.

    Acabada la ronda, nos dispusimos a sentarnos, miraba a Adriana y se le podía notar en su rostro que el alcohol le estaba pasando factura. Se veía colorada y comenzaba a mostrar una actitud más desinhibida, de repente se reía o decía cosas sin sentido, pero eso no le provocó mayor problema ya que continuó bebiendo. Mari y Betsy tomaban su tequila mesuradamente, creo que tenían la intención de que la primera que cayera fuese mi esposa y no tardó mucho en ser así.

    Era casi la media noche y el aire playero comenzaba a causar efecto en cada uno de nosotros, aún con la charla que estábamos teniendo, el alcohol comenzaba a hacer su efecto, sin embargo llegó el momento en que mi esposa no podía más, ella misma así nos lo hizo.

    – Bueno familia, como verán estoy un poco borracha, uf, vaya que hace calor- haciendo un movimiento con sus manos para bajarse los tirantes de su bra blanco- creo que si no fuera que ustedes están aquí – señalando a su hermana y sobrina – en este mismo instante convertiría este lugar en una playa nudista.

    – Adriana, creo que mejor te llevo a nuestra habitación – le dije

    – Pero, ¿cómo?, si aún estoy bien, aún me falta mucho por disfrutar – me contestó

    – No lo creo, mira, ya estás diciendo cosas sin sentido, anda, mejor te llevó a la habitación para que descanses

    – ¿Qué dice el público? – negándose a querer irse-

    – Anda hermanita, ya ve a descansar porque nada más falta que empieces a vomitar y mira que cenaste mucho

    – ¡Qué te pasa señora!, yo no estoy borracha, bueno un poquito, pero ni crean que les voy a dejar a mi amorcito con ustedes, me lo voy a llevar, no vaya a hacer que se quieran aprovechar de él que también ya está borracho igual que yo

    Y como si en realidad lo estuviera diciendo en serio, agarró con su mano derecha su vaso aún con tequila mientras que con la otra, con un movimiento rápido, la puso dentro de short y apañó mi verga, yo solo pude hacer un pequeño movimiento hacia atrás, me había agarrado desprevenido e intenté quitarle la mano pero ella me tenía bien agarrado

    – Adriana, espera, ¿qué crees que haces?, recuerda que aquí está tu sobrina-

    – Por eso amorcito, para que vean que eres solo mío y de nadie más.

    Betsy no pudo contener su risa, sabía bien que su tía andaba muy atrasada en noticias, pero mi esposa al escuchar su risa se le quedó mirando fijamente, era una mirada muy penetrante, que solo ella sabía lo que en su mente se imaginaba, así que opté por calmarla y hablarle al oído, diciéndole que mejor fuéramos a la habitación y que ahí se podía desquitar todo lo que quisiera conmigo. Adriana me volteó a ver y con un beso en la boca me dio a entender que era buena mi idea, así que se paró al igual que yo, dándoles la espalda a su hermana y sobrina pero sin dejar su vaso ni tampoco mi pene al cual llevaba bien agarrado y meneando su mano provocando que poco a poco fuera tomando su forma erecta.

    Llegando a la habitación Adriana se recostó en la cama y yo junto a ella, dejando el vaso en una mesita, se me quedó viendo a la cara y solo dijo:

    – Sabes que te amo mucho, ¿verdad? – dijo ella

    – Por supuesto corazón, y yo a ti también.

    – Crees que sea correcto que cojamos estando ellas allá afuera –

    – Pues si no eres muy ruidosa, no creo que debamos preocuparnos

    Bastó decirle solo esto para ella comenzar a quitarse su bra y después pedirme que me para en la cama y comenzar a bajarme el short y mi bóxer, quitándomelos por completo y arrojándolos a donde sea que cayeran. Después tomó mi pene y comenzó a darle besos por todo su contorno, a lo largo y ancho, para una vez erecto introducirlo a su boca mientras que con una mano movía mi pellejo arriba y abajo, comenzando a hacer efecto en mí lo caliente del tequila, notando como mi pene se ponía bien tieso, sin embargo notaba algo en Adriana, había momentos en que se quedaba quieta y yo por estar disfrutando no había puesto atención, pero al mirarla me di cuenta que se estaba quedando dormida.

    – Amor, si quieres mejor descansa y lo dejamos para mañana, ¿vale?

    – No. Yo quiero consentirte… mamarte… amarte… que me cojas… jaja.. ups perdón, no sé qué me pasa…

    – Pero…

    No me dejó terminar la frase, cuando vi que se recostaba en la cama con las piernas abiertas. Ella estaba en medio de intentar quitarse su tanga, y se quedó dormida, totalmente perdida. Por una parte era mejor que eso pasara, sinceramente no hubiera podido ella continuar con la faena, así que solo la acomodé sobre su costado y la cubrí con una sábana.

    Justo al salir de la habitación, me topé con Mari, quien con una cara de pícara me dijo: Hola guapo, yo solo le sonreí y me acerqué a ella, pero con sus manos hizo un ademán de que me detuviera.

    – Veo que te dejaron a medias – señalando mi bulto- anda ve con la nena, ella te va a ayudar a quitarte las ganas, te está esperando en su habitación, mientras yo me quedó a vigilar a mí hermana.

    Ni tarde, ni perezoso, me dirigí hasta aquél sitio, lugar en el que ya me esperaba Betsy, quien al verla no podía pedirle más a la vida, traía puesto un vestido blanco con malla totalmente transparente, que le llegaba al cuello, y debajo llevaba puesta lencería del mismo color, con la peculiaridad de que era de encaje

    Me acomodé en la cama, mientras que mi sobrina se subió también, despojándome poco a poco de toda mi ropa. Ella comenzó a darme de besos en mi cuello, para después bajar hasta mis tetillas las cuales mordió, bajando poco a poco hasta llegar a mi tiesa verga, la cual comenzó a saborear, lamiendo la punta y tomando mi líquido preseminal, para ahora pasar a meterla dentro de su boquita, la lamía, chupaba y saboreaba en toda su extensión, me chupaba mis huevitos, los masajeaba con sus manos, y después volvía a mi verga, la tenía toda ensalivada.

    -¿Te gusta mi verga?

    – Me encanta tío… me… vuelve… loca… hace que me moje bien rico

    – Pues entonces enséñame tu vagina, quiero ver cómo está de mojada.

    Betsy se acomodó en la cama, la abrí de piernas y me introduje en medio de ellas, le hice a un lado su tanga blanca y así pude ver bien abierta su panochita, totalmente depilada, brillosa y jugosa, por lo que comencé a darle sexo oral, metía mi lengua en su orificio, mientras que una mano le estimulaba su clítoris.

    – Mmm, tío… tío… ah, ah, así… sigue así… mmm

    Ahora succionaba con mi boca su clítoris mientras que le metía y sacaba uno de mis dedos de su vagina, veía cómo arqueaba su cuerpo, cómo apretaba con sus manos la almohada en señal de que estaba gozando como nunca.

    – Tío, me vengo… ya mero llegó… méteme otro dedo, los que me quepan… rápido, quiero venirme con tus dedos.

    Por lo que, a petición de mi sobrina, le introduje un dedo más en su vagina, metía y sacaba cada vez con más rapidez, quería hacer venir a Betsy, animándome a meterle un tercer dedo y justo ella al sentirlo dio un gemido espectacular, pero aún no se venía, se hacía la fuerte para seguir gozando, no quedándome de otra que ser más insistente con su panochita, y así combinaba mis tres dedos de una mano mientras que con la otra estimulaba su clítoris, y solo así Betsy llegó al clímax.

    – Ay…

    Podía ver cómo se retorcía, convulsionaba y jadeaba disfrutando a lo máximo su orgasmo, y así, aun recuperándose, la acomodé en posición de perrito, estaba totalmente a mi merced, parecía muñeca de trapo, incliné bien su cuerpo a modo de dejar bien paradito su culito, Betsy no decía nada, se encontraba en trance de recuperación, y de un solo movimiento le metí mi verga, no batallé nada, su vagina estaba que escurría de jugos, y solo así la nena reaccionó:

    – Tío, espera… aún no… todavía no me recupero…

    – Lo siento mi amor, pero tú ya tuviste lo tuyo, ahora yo quiero lo mío

    – Pero tío… ay… mmm, mmm,

    Le daba duro, se escuchaba fuerte el golpeteo de nuestros cuerpos.

    – Betsy, ¿ya te he dicho que me encantas?

    – Mmm, tío, siempre me lo dices…

    – Es que en serio… tenerte así hace que me vuela loco, me provocas no dejar de cogerte, me haces adicto a ti

    – Tú también… yo… yo también, siento lo mismo… uff, tío, la siento toda dentro… tienes mi vagina bien abierta… lo justo para tu pene… dame todo lo que tengas tío hermoso

    – Te daré todo lo que tú me pidas corazón.

    – Tío, haz de mí lo que quieras, pero cógeme como si fuera la última vez, olvida por un momento que soy tu sobrina e imagina que soy una puta, a la cual puedes hacerle de todo.

    – Betsy, solo antes de seguir, quiero preguntarte algo, ¿llevas algún control anticonceptivo?

    – Por supuesto que sí. Mi madre hizo que me pusieran un implante en el brazo, anticipándose a todo esto que ha estado pasando, no quiere tener “sorpresas”.

    – Entonces, una vez sabido esto, a partir de ahorita dejas de ser mi sobrina. Te trataré como una puta, tal cual lo deseas.

    – Adelante, soy toda tuya.

    La tomé de la cintura, la levanté un poco y así, sin más, la dejé caer sobre mi verga, el grito de Betsy fue demasiado escandaloso, pero no importaba, sabía ella lo que había pedido, así que yo solo estaba cumpliendo su deseo. Seguí con los movimientos, me cabalgada con todas sus fuerzas, tanto que mi verga se perdía en su cuevita, de la cual emanaban jugos y más jugos, era una delicia. Sus gemidos hacían eco en toda la cabaña, era una vivencia increíble, tener en mi verga a una jovencita, libre de toda moral, dejándose llevar por sus deseos.

    – Tío… mmm, tío… para… por favor… para… me estás dando… uff… me das muy fuerte… duele… tío, por favor… óyeme… ahh…

    – ¡Cállate!… te trato como lo que eres, una putita… así que deja de decirme tío, que ahorita solo soy tu cogedor

    Y como castigo a su insolencia, comencé a darle de palmadas en sus nalgas, tanto así que comenzaron a ponerse coloradas, estaba fuera de mí, la verdad que ni con mi esposa me había comportado de tal forma, pero al ver que Betsy estaba dispuesta a entregarse no podía perder la oportunidad, quería ver cuánto podía soportar y vaya que era resistente, pero no así mi pene, estaba a punto de eyacular pero tenía que terminar mi actuación de la mejor forma, tenía que hacerle ver a la putita de mi sobrina quién era el que mandaba en ese momento y así, sin más, dejé de bombearla, la bajé de la cama, le ordené que se pusiera de rodillas y así le metí mi verga en su boca, ella intentaba masturbarme pero no la dejaba, y para evitar eso la tomé de la cabeza y comencé a moverla hacia enfrente y atrás, donde por segundos le dejaba toda mi verga en su boca, hasta sentir cómo su nariz topaba con mi pubis, así lo hice otras veces más hasta que ya no pude aguantar, por lo que le retuve mi verga en su boca hasta empezar a eyacular, pude ver en su rostro como poco a poco no podía respirar más, pero la llevé al límite hasta ver que de plano ya comenzaba a darme de golpes, y solo así le saqué mi verga, la cual aún arrojó otros disparos más que cayeron en el cuerpo de la nena.

    Y ahí estaba Betsy, tratando de recuperar el aliento, su rostro estaba lleno de lágrimas, de saliva y de semen, por un momento pensé que estaría molesta pero mi pensamiento se disipó en el momento en que ella se acercó gateando, hasta llegar a mi verga, la cual lamió, recogió los últimos rastros de mi semen, para después poco a poco ir subiendo, besando mi tórax y cuello, deteniéndose en mi boca, mirándome fijamente a los ojos y darme un rico beso en la boca, mordiéndome mi labio inferior, para decir:

    – Gracias tío, me has cogido como nunca nadie lo ha hecho. Me gustó ser tu putita, y así quiero seguirlo siendo por siempre. Anda, ve a buscar a mi mamá, es el turno de ella.

    Al llegar a la habitación de Mary, no la encontré, pero al salir de la misma ahí estaba ella, sobre el marco de la puerta de mi habitación, esperando por mí. No cabía duda de ambas mujeres, madre e hija, se habían esforzado por conseguir atuendos acordes a la ocasión. Mary llevaba puesto un vestido negro, medias tipo malla y tacones, que combinaba con un maquillaje discreto, eso sí un labial rojo fuerte, que hacía desear esa boca. Su cabello lo llevaba amarrado con una cola de caballo. Mary me pidió acercarme, esto haciendo una señal con sus dedos, por lo que me dirigí a ella, quien se volteó y pegó su cuerpo a la pared, posición que aproveché para, con mis manos, recorrer todo su cuerpo, de arriba hasta abajo, resoplaba en su oreja, podía sentir cómo su cuerpo se estremecía, quería excitarla lo más posible y lo estaba logrando, entonces creyendo yo que ya era necesario continuar en su habitación le pedí irnos a su cama, pero no esperaba la respuesta que me daría.

    – Espera, quiero hacerlo aquí.

    – ¿Cómo, aquí en la puerta?

    – No, más bien allá adentro- me señaló la habitación

    Mi cara de asombro y temor lo decían todo

    – Pero ¿cómo crees que vamos a hacerlo ahí?, acaso no ves que ahí esta Adriana.

    – No te preocupes, ya me cercioré y está bien dormida

    – Pero aun así, puede despertar y…

    – Que no se va a despertar. No tengas miedo.

    Y cómo niño regañado me llevó adentro de la habitación, me sentó en un pequeño mueble colocado en la esquina de la cama, desde donde podía ver a mi esposa, quien yacía plácidamente dormida, tapada con una sábana. Así mi cuñada se posó sobre mis piernas, haciendo movimientos con su culito sobre mi pene, y acercándose a mi oído para decirme:

    – Anda, despreocúpate, ella está perdida en los brazos de Morfeo. Lo que hagamos en esta habitación no perturbará el sueño de mi hermana.

    Haciendo caso a Mary, comencé a disfrutar más del momento, para ello mi cuñada se metió mi verga percatándome que no llevaba ropa interior y sin que sus medias de malla estorbaran logró introducirse por completo mi verga, quedándose un instante así, sin moverse, para después comenzar el vaivén manteniendo sus ojos cerrados. De mi parte subí un poco su vestido para acariciar bien su culito y acompañar sus movimientos del mete y saca. Le pedí cambiar de posición, colocándola de espaldas a mí, la excitación de Mary era total, tenía bien abierta su panochita, no me cansaba de meterle bien hasta el fondo mi verga. Era una total delicia tenerla así, completamente a mi merced. Por momentos me puse a tantear el ano de Mary, con un poco de saliva lo estimulaba, y a su debido tiempo fue cediendo, así que metí mi pulgar en él, al menos solo la punta del mismo, momento en Mary arqueó su espalda, pero sin quejarse, al contrario, comenzó a gemir más.

    – Mmm, me encanta cada vez que juegas con mis dos agujeritos… uff… dame más de tu verga… la necesito para poder saciar… mi calentura… Ven, sube a la cama y dame con todo lo que tengas.

    En eso estaba cuando de pronto se presentó Betsy, quien desnuda, se acercó a mí, me plantó un beso, detuvo mis metidas en la vagina de su mamá para con su mano izquierda comenzar a masturbarme, mientras que con los dedos de su mano derecha se encargaba de jugar con el ano de su mamá, para después, dejar de masturbarme y ella misma meter mi verga a su mamá.

    – Que rico todo esto que hacen. Madre, sí que te has convertido en toda una experta en temas del sexo, ¿o es que ya lo eras?

    – Nena hermosa, tienes mucho que aprender… tu madre tenía escondido todo esto porque no había llegado el hombre que la hiciera gozar, hasta que tu tío llegó.

    – Ya veo mami, espero que me enseñes todo lo que sabes.

    – Así lo haré nenita, así lo haré.

    – Mami, ¿ya viste las tetas que se carga mi tía?, no cabe duda que esconde un hermoso cuerpo debajo de toda su ropa, ¿puedo probarlas?

    – Solo si tu tío te da permiso

    – Tío hermoso, me das permiso de mamarle las tetas a tu esposa, ¿sí? –

    – Adelante mi cielo, estás autorizada para hacerlo

    Ni tarde ni perezosa, la nena se acomodó, comenzó sobando cada una de las tetas de Adri, para después entretenerse con los pezones, los cuales masajeaba y pellizcaba a su gusto para así comenzar a chuparlos, los succionaba tanto como podían estirarse y después jugarlos con su lengua, era algo increíble de ver, pero yo, yo ya no podía más, tanto sexo, tanta vagina, tanta excitación, me estaba pasando factura, por lo que ya estaba a punto de eyacular.

    – Mmm, Mary, me voy a venir.

    – Hazlo mi amor, dame tu verga con leche, la quiero toda dentro

    Bastaron solo dos metidas más para comenzar a venirme en la panochita de Mary. No podía dejar de eyacular, no sé cuántos chorros le dejé ir bien dentro y así de espaldas me dio un beso, mientras que ponía su mano izquierda sobre su vagina para que no se saliera mi semen. Después de unos segundos, saqué mi verga, aún erecta, y Mary se bajó de la cama, momento en que Betsy se arrodilló frente a su mamá, le quitó la mano de su vagina y sin más pegó su boca a la panochita de Mary, parecía un becerrito mamando de la teta de la vaca. Mary como pudo se aferró a la cabeza de la nena para no perder el equilibrio, la cual apretaba lo más que podía con tal de que su hija se bebiera toda mi leche, para después comenzar a mover sus caderas de un lado a otro, se notaba lo cachonda que se estaba poniendo así que quise contribuir a la situación acercándome por detrás a Mary, comenzando a tantear su ano con mi verga aún parada y sin batallar tanto logré introducirla, Mary solo dio un grito de gozo, el tener mi verga en su culo y la boca de su hija en su vagina, la estaba llevando al borde del orgasmo e increíblemente para mí era igual, tanto así que comencé a eyacular nuevamente, aunque no tanto como la última vez, pero sí lo suficiente para dejar el rastro de mi semen en el culo de Mary, por lo que al ya no poder yo seguir con el ritmo, decidí sacar mi verga, pero Mary seguía aún aferrada a la boca de su hija hasta que ya finalmente logró lo que más deseaba, su orgasmo, tuve que sostenerla para que no cayera rendida al suelo, mientras Betsy se incorporaba y se sentaba a lado de su madre, en la cama, donde yo la sostenía.

    – Madre, pero que rico ha sido esto. Tu cuquita es una delicia, de lo más sabroso en este mundo. ¿Te gustó como lo hice?

    – Mi niña hermosa, uf, espera y me recupero un poquito. Fue algo estupendo, no esperaba eso de ti, pero me encantó que te atrevieras a hacerlo.

    – Gracias mamita chula, me alegra que te haya gustado mucho.

    – Y tú Sam, no te quedaste atrás, mira que ensartármela aún después de que ya te habías venido, uff, estuvo igualmente de rico, te mereces un premio por eso.

    – ¿Y yo mami?, yo también quiero mi premio – dijo la nena.

    – También lo tendrás corazón, ya me encargaré de recompensarte por tu buena acción.

    – Espero con ansias ese premio – referí.

    Y juntos los tres, teniendo a nuestras espaldas a Adriana, comenzamos a besarnos y acariciarnos, al parecer queríamos aferrarnos a seguir la ronda toda la noche, sin embargo, el cansancio pronto nos cobraría factura y no podíamos quedarnos dormidos en el mismo sitio, por lo que Mary fue la primera en tomar conciencia de la situación.

    – Oigan, ya, hay que parar por un momento, ya es tarde y hay que ir a descansar, recuerden que al rato llega Sergio y necesitamos estar bien despabilados para aparentar la situación, y tú más Sam, recuerda a quien tenemos detrás de nosotros.

    – Está bien madre, pero antes dame mi beso de buenas noches.

    Betsy se lanzó a la boca de Mary para darle un beso con mucha pasión. Mary no perdió la oportunidad y entrelazando sus piernas con las de su hija, se besaba y meneaba, provocándose ambas la excitación de sus vaginas con sus piernas.

    – Betsy, ya… para…

    – Pero mami, aún estoy caliente, quiero seguir teniendo sexo toda la noche, contigo o con mi tío, o con los dos, pero yo quiero seguir cogiendo, mira – Betsy se metió dos dedos a su vagina para después sacarlos y mostrarle a su madre lo húmeda que estaba – ves, ¿así es como me quieres dejar?

    – No mi cielo, pero necesitamos tener energías para hoy, también tenemos que idear algo para disfrutar de una segunda noche de sexo, tomando en cuenta que ya estará presente tu papá.

    – Si es cierto madre.

    Ya en la habitación tapé a mi esposa con la sábana y me dispuse a descansar, estaba agotado, tanto sexo requirió esforzarme más de lo esperado, pero valió totalmente la pena, así que ya era momento de dormir y a esperar el segundo día y sobre las sorpresas que me esperarían.

  • Unas vacaciones con mis tías (P. 12): Desayuno y siesta

    Unas vacaciones con mis tías (P. 12): Desayuno y siesta

    Llegamos a casa y nos fuimos cada uno a nuestra habitación. Mientras me dormía casi se me pone dura pensando en lo último que me había dicho mi hermana, “ Eso parecía prometer mucho! “.

    A la mañana siguiente, me levanté y sin cortarme baje a la cocina con los calzoncillos bóxer con los que había dormido y sin camiseta, me empezaba a dar igual que me vieran con cualquier cosa, incluso desnudo, pensé sonriendo. Me puse un café y me senté en la mesa que había algunos bollos y tostadas. Al momento llegó tía Sole con su bata semitransparente a través de la cual se apreciaba su ropa interior.

    – Que tal lo pasasteis anoche? Había habiente?

    – No estaba mal! Lo pasamos bien!

    – Eché de menos algún achuchón nocturno! Me dijo con una sonrisa pícara a la vez que se movía sinuosamente.

    – Me hubiera encantado! Dije mirándola con sonrisa perversa.

    Recordé de nuevo la última frase de mi hermana y sentí como se removía la polla bajo los bóxer. Ahora tenía a tía Sole delante que parecía dispuesta a tomar un buen desayuno. No sabía dónde estaban las demás y pregunte, antes de decirle algo más insinuante.

    – Dónde están las demás?

    – Candi y tu madre se acaban de ir a dar un paseo y tú hermana no se ha levantado todavía.

    – Bonita ropa interior, tía Sole! Le dije sin rodeos.

    Ella sonrió y se abrió la bata para mostrarme la ropa interior que yo había insinuado. No era un tanga, pero eran unas pequeñas braguitas negras con un leve encaje que realizaban sus sensuales muslos. El sujetador era a juego, y dejaba ver una gran parte de sus voluminosas tetas.

    – Te gusta más así? Me preguntó contoneándose.

    Dejó caer la bata al suelo y su sensual cuerpo quedó bañado por el brillante sol de la mañana que entraba por las ventanas. Se cogió las tetas con sus manos y las comprimió haciéndolas más apetecibles.

    – Quieres probar a ver si sale leche? Me dijo con su voz tierna y dulce.

    Todavía me parecía raro que dijera ese tipo de cosas con su tierna voz. No tuvo que decirme más, me levanté como un resorte y me lancé sobre sus grandes tetas como una fiera. Mi mente, pervertida he insaciable, funcionaba desde primera hora de la mañana. Se las comí desaforadamente mientras ella metía su delicada mano bajo mis bóxer y sacaba mi miembro ya en plena erección. Parecía que ninguno de los dos teníamos tiempo para preámbulos, y se bajó las bragas lo suficientemente para orientar mi capullo entre su suave mata de pelo. De inmediato empujé varias veces agarrándola del culo y mi polla se introdujo hasta el fondo. Empecé a bombear sin dejar de chuparle sus grandes pezones, ya me había dado cuenta que a todas les gustaba que los succionara con fuerza, y eso es lo que hice.

    – Ahhh! Que perrita me pones Pedrito! Susurró con su dulce voz.

    Estábamos de pies, en medio de la cocina, y no era la postura más cómoda. La cogí en volandas y la senté sobre la mesa, dejándole medio culo fuera, recostó la espalda a la vez que yo le levantaba las piernas y la sujetaba por los tobillos, volví a introducir la polla mirando cómo desaparecía entre la mata de pelo, y comencé a bombear con ganas. Me apetecía oír su voz, esa voz tierna diciendo guarradas, y la provoqué.

    – Te gusta así, tía Sole?

    Ya había empezado a jadear y me contestó con palabras entre cortadas.

    – Ahhh, síii, me… Ahhh, encanta Pedrito!

    Con las piernas levantadas sujetándola de los tobillos miré como sus tetas bailaban sobre su cuerpo tendido en la mesa. La miré a los ojos y vi que ella me miraba.

    – Te gusta más así, tía Sole? Le dije para provocarla más.

    Su mirada se fue transformándo de tierna a felina, y su respuesta fue más contundente. Parecía saber lo que quería oír, y así me lo transmitió con una voz más profunda.

    – No sabes – Ahhh- como me gusta – Ahhh- tu rabo, diosss! Me pone- Ahhh- más calie…nte que una perraaa – Ahhh, Joderrrr…me corrooo!

    Noté como temblaban sus piernas levantadas y al momento mi polla y mis huevos se empaparon con su flujo. Yo ya estaba muy excitado, casi salvaje, dándole pollazos y no me corté en mis comentarios.

    – Y a mi me encanta lo zorra que te pones, tía Sole! Aghhh!

    Y mi polla estalló soltándole varios y copiosos chorros de semen que acabaron chorreando entre sus muslos llegando a mojar la mesa. Me retiré con la polla fuera, todavía algo dura y de inmediato ella se incorporó para bajarse de la mesa, y todavía con las bragas bajadas, se inclinó para chupar los restos de semen de mi polla. Comenzó a chuparla con ansia y pensé que si seguía volvería a ponerme la totalmente erecta. Eran unas chupadas deliciosas que me dejaron la polla como un espejo.

    – Ufff! Que desayuno mar rico! Dijo al ponerse de pies todavía con las bragas bajadas.

    Oímos un ruido y los dos giramos la cabeza hacia la puerta, allí estaba mi hermana de pies, mirándonos con una sonrisa perversa.

    – Dios mío! Que vergüenza! Exclamó mi tía a la vez que se subía las bragas con las mejillas totalmente enrojecidas.

    – Tranquila tía Sole! Me ha encantado veros follar! Dijo acercándose hasta ella y dándole un sonoro azote en su gran culo.

    – Por dios, hija! Que tu madre no se entere de esto!

    Pidió con dulzura mi tía Sole mientras intentaba ponerse la bata sin atinar.

    – No se tiene porqué enterar! Contestó Sonia con cierta perversión.

    – Sería muy desagradable para todos, sobre todo para ella! Volvió a implorar mi tía con cara se súplica.

    – Seguro que lo podremos arreglar! Continuó mi hermana sirviéndose un café.

    Iba descalza, con una camiseta larga que cubría poco más que sus bragas que se veían tímidamente al andar. Sus grandes pezones se marcaban a través de la fina camiseta de algodón y sus largas piernas destacaban bajo la camiseta. El tono de la última frase, aunque no era amenazante, tenía tintes de chantaje. “ Seguro que lo podremos arreglar! “. Mi tía se debió dar cuenta de ello y no dudó en ofrecerle lo que quisiera.

    – Pídeme lo que quieras! Pero por dios, no le digas nada a tu madre!

    – Tranquila tía! – dijo acercándose hasta ella y dándole un beso en su enrojecida mejilla. – No le diré nada, pero pensaré en tu oferta! – dijo irónicamente.

    Tía Sole acabo de ponerse la bata y salió de la cocina algo alterada.

    – Que cabrona que eres! Por qué has hecho eso?

    – Quería ver su reacción, jajaja!

    – Y encima la chantajeas!

    – Todavía no le he pedido nada, pero lo pensaré, jajaja! Seguro que le sacó unos buenos vestidos de marca. Tienen dinero para aburrir, para ella no será nada!

    – Es una buena persona, seguro que te los compraría sin necesidad de chantajearla!

    – Ya… pero estoy pensando… en algo más! Jajaja! Dijo soltando otra carcajada.

    Mi tía se había subido a su habitación y mi hermana salió al jardín para tumbarse. Subí y llamé a su puerta, cuando abrió la vi llorando. La tranquilicé asegurando que mi hermana no diría nada, también la advertí que su intención era sacarle algún vestido y poco más. Se tranquilizó bastante y me dijo que no le importaba, que le compraría todo lo que le pidiera.

    La comida de ese día fue algo silenciosa, tan solo tía Candi y mi madre hablaron. Tía Candi dijo que tenía que bajar al pueblo para atender asuntos del negocio y tía Sole le propuso a Sonia que bajarán también para ver algo de ropa, quería adelantarse a su petición. Mi madre y yo decidimos tumbarnos entre sol y la sobra, a esa hora el sol era demasiado intenso.

    – Voy a ponerme un bikini! Me dijo con su sonrisa encantadora.

    Yo ya llevaba puesto uno de los varios bañadores que me había traído y extendí un par de toallas sobre el césped. Me tumbé sobre una de ellas boca abajo, con los brazos cruzados mirando en dirección a la puerta del salón. Al momento, mis dos tías y mi hermana se asomaron por la puerta para despedirse. Segundos más tarde oí el motor del todo terreno alejándose de la casa. Puse la cabeza sobre los brazos y cerré los ojos disfrutando del alborotado trinar de los pájaros. Pocos segundos más tarde noté la sombra de mi madre cercana a mi cabeza, levanté la vista y vi su hermoso cuerpo apenas cubierto por un pequeño y sexy bikini de color rojo intenso.

    – Te gusta cariño? Me preguntó con su delicada voz.

    – Estás… preciosa mamá! Dije evitando la primera barbaridad que había pensado.

    – Gracias hijo! Un poco pequeño, pero tus tías se empeñaron y no pude decir que no!

    Se tumbó sobre la otra toalla que había , a mi lado boca arriba y me giré poniéndome de lado admirando su cuerpo, para mi era un “pibón”. Miré sus redondas y bonitas tetas elevadas sobre su tórax, y como los grandes pezones se le marcaban bajo la fina tela del bikini. Continúe por las curvas que describía su cuerpo hasta llegar al pequeño tanga que apenas cubría el centro de sus bonitos muslos, unos muslos tersos de piel suave que desee sobar con impaciencia.

    Se había puesto unas gafas de sol y no sabía si ella me miraba, estaba recordando la tarde anterior, esos maravillosos momentos que disfruté con intensidad, cuando su voz, como leyendo mis pensamientos, me volvió a la realidad.

    – Me encantó el paseo de ayer, fue muy delicioso!

    – Para mí también, mamá! Disfrute mucho de… tu compañía! Volví a medir mis palabras.

    – Yo también disfruté, sobre todo de tus caricias! Me dijo sonriendo con cierta picardía.

    Pensé unos segundos hasta que decidí acariciar su vientre, todavía no tenía claro lo que había ocurrido el día anterior, no sabía si había sido un desliz de mi madre, o realmente una apetencia madurada. Las caricias eran una cosa, pero de ahí a lo que habíamos llegado… no se.

    – Si, síii! -Dijo con rapidez al notar mis dedos – Me encanta que me acaricies!

    Estuve unos segundos sobre su vientre hasta que me atreví a subir la mano hasta sus tetas, unas tetas que me volvían loco. No dijo nada, y comencé a sobarlas con suavidad, apreciando la tersura de su piel a la vez que rozaba los pezones con las yemas de los dedos, unos pezones que emergían intentando abrirse paso bajo la fina tela. Dio un largo suspiro y dejó los labios entre abiertos y acerqué, con delicada lentitud, mi boca hasta la suya dejándole ver mis intenciones, no quería que aquel momento se estropea por mi impaciencia. No puso objeciones, y mis labios se posaron sobre los suyos sintiendo una sensación deliciosa al notar su carne húmeda y sensual.

    Los acaricié con los míos y los deguste con mi lengua hasta sentirme embriagado con su aliento. Para mí, mi madre era una diosa, y pensaba tratarla como tal, metí la lengua en su boca con timidez, reprimiendo mis deseos de devorársela. Ella no solo la aceptó, sino que la degustó provocando que mis hormonas se alteran más de lo que ya estaban. Puso su mano tras mi cabeza y convirtió el beso tímido en un beso caliente y lascivo. Despegue los labios para mirarla, quería ver sus ojos, su cara, su preciosa sonrisa, y lo vi todo, el brillo de sus fulgurantes ojos y el deseo dibujado en sus labios.

    Empujó mi nuca hasta hacer que mis labios se pegaran de nuevo a los suyos y ahora la pasión nos desbordó devorándonos como depredadores hambrientos. Mi mano recorrió sus maravillosas tetas de nuevo hasta liberar los pezones, y después de acariciar su dureza, baje con mi boca por su cuello hasta llegar a ellos. Pasé la lengua notando como se endurecían aún más, mientras los embadurnada de saliva, los succione lentamente, primero uno, después el otro, a la vez que lamía la deliciosa aureola que los rodeaba.

    Sus suspiros se hicieron más prolongados haciendo que su pecho subiera y bajara a gran velocidad. Mi mano sobre su vientre, comenzó a bajar a la vez que sobaba todo su contorno buscando la zona púbica. Mis dedos llegaron al borde de la tela y acaricié la tersa piel que la delimitaba. Noté como su mano apretaba mi cabeza contra sus tetas y chupé sus pezones con más ganas. Sus suspiros se convirtieron en gemidos.

    Metí los dedos bajo la tela y noté sus abultados labios genitales, apenas cubiertos por un escaso bello púbico. Ya estaban algo mojados, y sentí como todo su cuerpo se removía. Mordisquee sus grandes pezones a la vez que introducía un dedo entre sus labios genitales, y sus gemidos se hicieron más patentes y sonoros. Yo mismo me estaba desesperando por mi propia lentitud, pero quería que aquel momento se alargara venciendo al deseo lujurioso y depravado de mi mente.

    A los pocos segundos su cuerpo vibraba y mojaba mi dedo copiosamente mientras no cesaba de apretar mi cabeza contra sus tetas. Noté su otra mano buscando la entrada de mi bañador y no tardó en tocar mi miembro, que parecía querer romper la tela. Lo palpó, lo sobó, y tiro del bañador hacia abajo haciendo que saliera como un resorte. Fui girando mi cuerpo hasta ponerme de rodillas y así poder bajar con mi lengua lamiendo su vientre. Ella tiró más de mi bañador hasta bajármelo por las rodillas, levanté una y después la otra, para ayudarla a quitármelo por completo. Ahora podía ver mi polla completamente erecta apuntando a su cuerpo.

    Tire de su tanga con mis dedos descubriendo su maravilloso coño, y después de mirarlo con deseo, acerqué la boca hasta él. Lamí entre los gruesos labios sintiendo como se abrían, y penetre con la lengua profundamente paladeando el sabor de su flujo. Sus jadeos aumentaron de nuevo mientras sentía como me agarraba la polla con deseo. No me costó encontrar su clítoris, grande y duro, y jugué con la lengua para después darle unas buenas succiones. Su cuerpo tembló con grandes estertores provocando que mi lujuria aumentara. Lo lamí como un perro y lo succione como una aspiradora, hasta que sentí como temblaba estrepitosamente y se corría en mi boca. Notando como tiraba de mi polla, coloque las rodillas a ambos lados de su cabeza y no tardé en notar como abrazaba mi capullo con sus sensuales labios mientras yo seguía lamiendo los jugos de su coño.

    Metió media polla en su boca y la chupó con ganas, unas ganas que complacían mi lujuria haciendo hervir a mi cerebro. Dejó de chuparme la polla y comenzó con los huevos, sentí como succionaba uno hasta meterlo en su boca a la vez que lo lamía en el interior. Mi cuerpo dio un latigazo al sentir ese placer inesperado, y pasó al otro produciéndome el mismo efecto. Mis deseos de follarla ya eran desesperados, y lentamente comencé a girarme hasta ponerme frente a ella. No sabía cuál iba a ser su reacción, aunque al mirar su boca jadeante supe que lo deseaba. Tiré de su tanga hasta sacárselo por los pies y abrió las piernas de inmediato. Agarré mi polla para colocarla entre los grandes labios de su coño y presioné con suavidad.

    Su boca emitió un largo suspiro acompañando al viaje de mi glande por su vagina. Mi polla penetró hasta el fondo, suavemente entre sus jugos, mientras miraba su boca jadeante y sus ojos tapados con las gafas de sol. Se las retire mara vérselos, quería ver cómo brillaban de placer y no me decepcionó. El brillo era intenso y toda su cara emitía un deseo voraz. Acerqué mi boca hasta la suya y nos fundimos en un largo y lascivo beso. Sus manos abrazaban mi cuerpo sobando mi espalda y mi culo, acompañado mis lentos movimientos. Mi polla entraba y salía de su coño, despacio, disfrutando de cada penetración. Dejaba de besarla para mirar su cara de placer y lamía su cuello y sus mejillas para sentir sus jadeos. Dirigió de nuevo mi boca hasta sus tetas deseando que se las comiera de nuevo mientras la follaba, y así lo hice, mi prioridad era culminar todos sus deseos. Le devoré las tetas con ansia, las lamí embadurnándolas con mi saliva, y succione los pezones como si fuera a sacarles la leche, noté que le gustaba como se lo hacía y eso me produjo más satisfacción.

    – Diossss, cielo! Como me gusta lo que me haces! Me estás volviendo loca!

    Dijo besándome la cabeza a la vez que imprimía más fuera a mi culo con sus manos para sentir más profundamente la penetración. Me atreví a morder con cierta fuerza sus pezones, estaba tan salido que deseaba hacerle de todo y no me contuve.

    – Aghhh! Siiii! Siiii! Diossss! Que guarr…

    Se contuvo y no terminó la frase, aunque era fácil de deducir. Noté que se estaba reprimiendo, el pudor y una educación religiosa llevaban años ahogándola, y no se atrevía a descorchar la botella y dejar salir toda esa espuma contenida. No quise forzarla y dejé que decidiera el momento.

    Metí una mano bajo su delicioso culo agarrándolo con fuerza para que sintiera más las penetraciones. Giró levemente su cuerpo para dejar más espacio a mi mano y alcance el centro de su culo con uno de mis dedos. Su corrida había bajado hasta el y lo sentí mojado, eso facilitó que pudiera meterle la punta con suavidad.

    – Ufff! Diosss! Que me haces! Me estás volviendo loca!! Ahhh!

    Se volvió a correr mientras clavaba sus uñas en mis glúteos.

    – Bésame! Bésame! Me gritó al ver que la miraba.

    Ahora ya fue un beso lascivo, caliente y feroz, que nos envolvió en pura lujuria. Cuando despegamos los labios su mirada había cambiado, era la misma mirada felina que había visto en mis tías y mi hermana.

    – Sigue! Sigue! No pares! Me dijo con la boca ligeramente torcida.

    No sabía si se refería a mi polla o a mi dedo y decidí seguir adelante con los dos. Seguí bombeando con mi polla, aumentando ligeramente el ritmo a la vez que introducía más profundamente el dedo en su culo.

    – Dios mío! Como me gusta! Sigue! Muévelo! Muévelo!!

    Me gritó a la vez que movía su culo intentando seguir el ritmo de mi dedo.

    – Ahhh! Siiii! Ahhh! Joder! Has hecho que me corra otra vez! Diosss! Nunca me había puesto tan guarra! Se atrevió a decir finalmente entre jadeos.

    – Me encanta ponerte así de guarra!

    Le contesté para hacerle saber que me había gustado esa palabra. Ahora sonrió de forma pícara y lasciva mientras sentía como seguía bombeando su coño.

    – Quiero sentir tu leche dentro de mí! Dijo sin parar de moverse al ritmo de mis penetraciones.

    – Vamos, suéltame un buen chorro como el que me soltaste ayer en la boca!

    Recordé la escena cuando me lo dijo y me puse más salido de lo que ya estaba, y comencé a empujar con más fuerza. Los jugos de su coño ya lo empapaban todo y mi polla chapoteaba dentro de su vagina.

    – Joder, no pares con el dedo! – Susurró al sentir que no lo movía – Diosss! Diosss, como me gusta eso! Vamos cielo! Dame bien fuerte!

    Me estaba encantando que me pidiera lo que le gustaba y arremetí como un animal salvaje. Estaba a punto de correrme, bombeando con fuerza a la vez que miraba como sus ojos brillaban. Me agarró la cabeza y me beso mordiéndome los labios al sentir el primer chorretón de leche. Su cuerpo tembló intensamente a cada chorro que soltaba mi polla.

    – Ahhh! Siii! Que gusta! Masss! Masss! Comenzó a gritar contra mis labios con la cara casi desencajada.

    Cuando solté la última gota, me quedé jadeante, casi exhausto. Mi boca estaba a escasos centímetros de la suya y las bocanadas de aire chocaban entre sí. Parecía no querer soltar mi cabeza, mirándome a los ojos con un deseo casi incontrolado.

    – Diosss, hijo, nunca había sentido tanto placer!

    Me besó de nuevo con lujuria. Cuando despegó sus labios pude ver su cara de satisfacción, adornada con una sonrisa esplendorosa. Me desplace de su cuerpo para caer boca arriba sobre la toalla, ella se giró para ponerse de lado y acariciando mi mejilla me dijo.

    – Como me ha gustado, cielo! Ha sido… fantástico! Dijo buscando una sola palabra para describirlo.

    – Te ha gustado a ti? Me preguntó aparentando ingenuidad.

    – No sabes bien como lo deseaba!

    Le contesté cerrando los ojos a la vez que cogía aire. Ella tenía ganas de hablar y continuó.

    – Hace tiempo que me he dado cuenta como me miras! Dijo dándome un beso tierno en la mejilla.

    Abrí los ojos y la miré sorprendido.

    – Ah, sí? Tan mal lo disimulo?

    – Jajaja! Si cielo, tus ojos te delatan! Y tengo que confesarte una cosa!

    – Cuál?

    – Me da un poco de vergüenza, pero… tengo que decírtelo! Alguna vez me he masturbado pensando en que dormíamos juntos!

    – Solo dormíamos?

    – Jajaja! Que malo que eres! Ya sabes a lo que me refiero! Rió dándome un cachete en el muslo.

    – Y por qué no me lo cuentas con detalle? Le pregunté para ver si era capaz de abrir más su mente. Quería oír el deseo a través de sus palabras. Estaba tan salido que pensaba volver a excitarme con solo escucharla.

  • El gangbang de Luna (Parte 1)

    El gangbang de Luna (Parte 1)

    Los ojos de Luna estaban tapados y se mantenía de rodillas en medio de la sala. Unas cuerdas bien atadas unían sus brazos en la espalda, exponiendo todo su pecho y dejandola indefensa por completo. Las muñecas iban directamente atadas a los tobillos creando una posición ligeramente incómoda y las piernas estaban abiertas lo máximo que se podía.

    Una musica a todo volumen dominaba la sala, impidiendo que pudiera escuchar algo de lo que sucedía a su alrededor. Un pequeño escalofrío recorre el cuerpo de Luna mientras unas manos tocan sus pechos y empiezan a atarlos con fuerza hasta que se hinchan hasta los pezones.

    Con un ligero movimiento algo metálico y frío se acerca y entra por el culo de Luna hasta que está por completo introducido. La sensación provocaba que los gemidos salieran de unos labios que se mordían de placer. El hombre que estaba junto a ella empezó a acariciar los pechos, a lamerlos y torturarlos.

    Otras manos se unen a manosear las tetas de Luna, demasiadas para que ella pudiera contarlas. La falta de vista y oido hacía muy dificil distinguir nada que sucediera fuera de las sensaciones que tenía su cuerpo.

    En ese instante sintió una curva suave, firme y calida tocando sus labios, mientras los manoseos de sus tetas pasaban a ser mordiscos y azotes.

    Aunque al principio mantuvo la boca cerrada, el calor de aquella polla junto al constante manoseo la excitaban demasiado.

    Luna abrió la boca y sacó la lengua como una perra deseando beber después de dias sin agua, pero la polla que estaba en sus labios se retira poco a poco, y en cuanto vuelve a cerrar la boca nota de nuevo el calor que aquella polla posandose en sus labios y esta vez si puede empezar a lamer con suavidad la punta de aquel pene. Aunque desea meterla en su boca por completo todas las manos agarrando diversas partes de su cuerpo le impiden echarse hacia adelante y debe conformarse con el sabor y la calidez de la punta. La lengua recorre el pene notando cada detalle del glande. Unas suaves circulos debajo de la punta parecen convencer al hombre para meter unos pocos centimetros en su boca, pero no demasiados. Luna podía sentir su cabello erizarse.

    De golpe, sintió un pequeño espasmo y pudo sentir el semen en sus labios, saliendo a chorros por la lengua, por los labios y la boca hasta la barbilla. El calor se extiende a sus pechos cuando gotea desde la boca hacia ellos.

    La polla que descansaba en sus labios se retiró y por un momento la decepción dominó a Luna.

    Unas manos le sujetaros de los hombros y le dirigieron hacia otra posición. La cabeza de Luna descanso sobre el estomago de alguien mientras otra polla distinta se posó sobre sus labios. Esta vez pudo introducirla en su boca por completo sin ninguna resistencia, y gimió de placer al sentir aquella polla latiendo en su garganta.

    Mientras estaba distraida con la mamada, otra polla aprovecho para colarse entre sus pechos y en el culo siente como le quitan lo frio y metalico que introdujeron antes y dirigen una polla contra su culo. Al principio entra y sale la punta, pero poco a poco empuja más y más. Siente como cada vez está más llena por dentro.

    Luna apenas estaba prestando atención a la polla de su boca cuando nota algo mas en sus labios. Otra polla quería unirse a la que tenía en su boca, empujó con fuerza hasta que logró entrar junto a la otra hasta la garganta.

    Por suerte las dos eran delgadas y la cabeza no era demasiado grande, si lo hubieran sido la pequeña boca de Luna no habría sido capaz de manejarlas. Unas manos fuertes presionan la cabeza para que entren las pollas lo maximo posible.

    Con la boca más llena que nunca y el culo siendo destrozado sin piedad, empezaba a notar como otras pollas rozaban su cuerpo, especialmente sus pechos.

    Las pollas que luchaban en su boca contra su lengua empezaron a tensarse, ella sabía que les quedaba poco, así que intensificó los movimientos de la lengua y espero su recompensa. Un pequeño espasmo en la base de una de las pollas avisó a Luna de lo que venía, tras un segundo se corrió a litros en su boca, el calor del semen pareció ser lo único que necesitaba la otra para correrse también. En la garganta de Luna se formó un lago de semen que exploto en cuanto las dos pollas apretaron con fuerza contra su garganta, haciendo que el semen saliera por el poco espacio que quedaba en sus labios entre las pollas y también por la nariz, yendo una gran parte también a su estomago.

    No tardó el que estaba follandose el redondo culo de Luna en correrse también haciendo que tanto la boca como el culo de Luna chorreara semen como si fuera una fuente. Se sentía derrotada, no podía más de placer, necesitaba un descanso.

    Pero no lo tendría, quedaban muchas pollas por satisfacer, aunque no sabía cuantas eran…

    Continuara…

  • Con el depilador

    Con el depilador

    Tenia ganas de depilarme tanto el ano como el área alrededor de mi pene, por lo que empecé a buscar quien lo podía hacer en Panama. En esas vi un anuncio, que decia Spa Maculino, al cual llamé. Me dió mucha confianza los comentarios que aparecian en su página web, y que atendian en un apartamento privado. por lo que sin pensalo, separé cita y fuí.

    Al llegar, me abrió Danilo, Me decibió en un short de bicicleta y camiseta, por encima del short de bicicleta se veia un pedazo enorme de herramienta… Me llevó a la habitación donde estaba su cama y una camilla de Spa. «quitate entonces la ropa» me dijo, «por donde empezamos?» – «empecemos por el frente» le dije, y así fue, comenzó a aplicarme la cera y a depilarme… de un momento a otro me dice «para depilarte la base del pene, tengo que parártela, está bien?» «si», le dije, y comenzó a jalármela, pero no se me paraba bien, a lo que le dije «te puedo tocar la verga? así se pronto se me para» «dale!» me dijo, y así fué, le empecñe a tocar la verga por encima de su ropa, hasta que se paró, con eso, ya el pudo terminar el pene, pero yo habia quedado con la verga parada, y me imagino que el habia quedado con los huevos cargados…

    Entonces siguió a depilarme las nalgas y el ano. «Ponte en cuatro encima de la camilla» me dijo, lo cual hice e instintivamente arquee un poco la espalda para que pudiera acceder mas fácil el ano «esooo» me dijo Danilo, y empezó a depilarlo. Una vez terminó, me echó crema humectante y empezó a frotarla con sus manos en mis glúteos, pero con un masaje sensual… obviamente se me paró, y llegó un momento en donde me dió una nalgada, y mi reacción fué gemir. Danilo siguió dandome masajes diciendome «hay que hidratar bien», cuando sentí que se subió a la camilla, y, sin avisarme, me metió su verga hasta el fondo, yo grité como si me hubieran partido en dos, a lo que el se acercó a mi oido, me lo mordió y me dijo «me ibas a dejar con los huevos cargados, pues no» y empezó a embestir rápidamente… de mi verga empezaron a salir gotas de semen, y yo empecé a gemir, hasta que a los pocos minutos el se vino, llenandome mi culo de leche, y yo viniendome al mismo tiempo… se salió, me limpió y me pidió que me bañana.

    Al salir del baño, me ayudó a secar y a vestirme… creo que volveré a depilarme con Danilo.

  • Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (Capítulo 2)

    Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (Capítulo 2)

    Después de esa noche, le pedía a mi esposo que llevara juguetes nuevos para mí, eso me gusta mucho y le sugería que debería comprar algún juguetito para que lo pudiera usar con su ano, para estimularlo poco a poco, obviamente mi idea era irlo preparando para más adelante poder follarle el culo a quien ya pensaba en que iba convertir en mi puta sumisa… él no lo sabía aun, pero se dejaba llevar por el juego, al principio era un no rotundo, pero me daba cuenta que se quedaba pensando…

    Poco a poco fuimos cada vez más sumergiéndonos en nuestros juego de bondage, seguíamos practicándolo, pero era ahora siempre yo la que lo ataba a él y jugaba con él, siempre le ataba los testículos, siempre jugaba con su ano, le mamaba la polla y al final lo desataba y terminábamos follando de lo más delicioso, pero siempre en el juego yo era su Ama y el mi puta (como yo le decía, no sé por qué me calentaba tratarlo así y él no decía nada, por lo que asumía que le gustaba que lo tratara así), entonces un día le dije “pero si eres mi puta, debes vestirte como tal”, el me miro y se quedó pensando y me dijo “si, tienes razón”.

    A partir de ese momento fui cambiando las cuerdas por mis tangas; ya le decía oficialmente “mi puta” y mi puta empezó a usar mis tangas, lo mandaba a su trabajo usando mis tangas, mientras él tomaba la ducha le decía “las putas solo usan tangas, te dejo allí la que debes usar hoy” y se marcaba con su traje de trabajo pero con mis tangas debajo de él, eso me calentaba todo el día, imaginarlo a él dando órdenes en su trabajo y si supieran que debajo llevaba puesta una tanga metida entre el culo…

    Así paso el tiempo hasta que se acostumbró a usar mis tangas, cacheteros, biquinis, etc., de hecho separe los que más me gustaba que usara y los puse su gaveta de ropa interior y retire todos sus bóxer, ahora era ya el quien seleccionaba cual usaría, si era tanga o cualquier otro de los modelos que deje en su gaveta.

    Cuando llegaba a casa, yo ya estaba preparada, me vestía de negro y usaba las tangas que más le gustaban a él, pasaba todo el día con la tanga metida entre mis labios vaginales, mojándola con mis flujos y cuando iba a hacer piss, no me limpiaba las gotas de piss que quedaban en mi vagina, me subía la tanga así para que se impregnara ese olor, sé que a él le gusta mucho el aroma de mi vagina, así que iba a chantajearlo con eso.

    Le mostraba la tanga y lo dejaba acercarse para olerla, eso lo prendía y quería empezar a oler y lamer mi vagina, pero no lo dejaba, allí fue que use eso como arma y le pedí que me dejara ponerle unas medias con liguero y sujetador, si se dejaba, lo dejaría comerme la concha todo el tiempo que él quisiera, pero tenía que estar con esa lencería, si no, no lo dejaría comerme la concha y lógicamente la calentura que tenía podía más y aceptaba dejar que le pusiera esa ropa interior a mi gusto y antojo.

    Así lo fui llevando y ya después solo le dejaba la ropa sobre la cama o en el baño y le decía “allí está la ropa que debes usar puta” y el sin decir nada se desnudaba y se ponía las medias, las ligas, hasta le ponía mis corses y no decía que o a nada, me iba gustando como se desarrollaba el tema y sabía cuál era mi próximo objetivo, era desvirgar su ano, pero tenía que ir paso a paso, para que no se negara.

    Una noche cuando llegaos al cuarto lo vestí como me gustaba, como mi puta, luego le ate las manos y le puse una venda en sus ojos, así no podría saber que iba a hacer con ella… le dije que tenía que dejarme hacer lo que yo quería, que no se podía negar a menos que el dolor fuera muy fuerte y le di una palabra clave que podía decir para que me detuviera si el dolor superaba su límite.

    Empecé a besarlo en el cuello, bajaba por su pecho hasta llegar a sus pezones, ponía mis labios sobre ellos y luego con los dientes los mordía con suavidad y también pellizcaba para ponerlos duros como ya tenía los míos, mi tanga estaba ya empapada y era parte del juego seguirla mojando, bajaca una de mis manos y acariciaba sus testículos, los apretaba luego y sentía como su polla se iba poniendo cada vez más dura… dentro de mi pensaba “como me gusta mamar esa polla, meterla toda en mi boca y jugar con mi lengua sobre ella” ufff yo estaba muy caliente y cada vez mojaba más mi tanga…

    El seguía con los ojos vendados, no veía lo que hacía, así que me quite mi tanga, revise y estaba bastante mojada, luego la puse sobre su cara, cuidando que la parte más húmeda, la que estuvo todo el día en contacto con mi vagina, quedara sobre su nariz, allí la ajuste bien, para que pudiera sentir el olor de la prenda que había llevado todo el día puesta y pegada a mi vagina, por ratos incluso la hale con fuerza para que se metiera entre mis labios y quedara metida en mi vagina y pudiera impregnar más mis flujos, casi se viene al sentir ese olor…

    Lo ayude a que se pusiera en cuatro sobre la cama, el seguía extasiado con el olor de mi tanga, los ojos vendados y las manos atadas al frente, me fui atrás de él y con un pequeño látigo le empecé a azotar el trasero, no recuerdo cuantos azotes le di, pero ya se empezaba a poner rojo y allí me detuve y me acerque a él y empecé a lamer su ano al mismo tiempo que acariciaba sus nalgas con una pluma, vaya si mi puta no estaba excitando…

    Entre lamidas de ano y caricias, empecé a pasar mi dedo índice en su ano, al principio tuvo una pequeña reacción como de sorpresa, pero no dijo que no… así que continúe frotando su ano con mi dedo índice y mi lengua (no se daba cuenta que lo estaba empezando a lubricar) y con la otra mano acariciaba sus testículos y frotaba su polla.

    Esa puta no daba más de placer, lo tenía en el punto exacto, cuando me di cuenta de eso, le di un beso fuerte en su ano, pase mi lengua fuerte sobre el e hice la mayor presión que pude con mi lengua, luego use mi dedo índice sobre su ano y empuje hasta que entro la mitad, allí aprete sus testículos y le dije “te gusta puta”, pensé que iba a decir la palabra calve o que me pediría que lo sacara, pero para mi sorpresa me dijo “sí, me gusta”…

    Eso me volvió loca a mí también, sentí que me venía en ese momento y ya no podía más, así que saque mi dedo de su ano, lo desate y le dije que tenía que follarme ya mismo, lo quería fuerte y duro, que quería sentir su leche dentro de mi vagina y así fue, se puso sobre mí y me hundió de un solo movimiento toda la polla, lleno me vagina con esa polla tan rica y empezó a darme duro, estábamos tan calientes que ninguno de los dos aguanto mucho tiempo y finalmente nos corrimos, primero fui yo y cuando el sintió que me estaba corriendo, acelero sus movimientos y me lleno le vagina con su corrida…

    Así nació la puta sexy que dejó que le desvirgara su culo metiendo mi dedo índice en él y lejos de protestar… gemía de placer…

    Este relato es totalmente verídico y si algún lector tiene algo que sugerirme para hacerle a mi puta, bienvenidas las sugerencias.