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  • Mi esposo y sus fantasías

    Mi esposo y sus fantasías

    Hola, me llamo Adriana. Mi historia es algo loca.

    Soy una mujer madura, bonita, siempre me gustó y disfruté mucho el sexo.

    Tuve mis primeras experiencias sexuales siendo muy joven, por eso se despertó en mi ese gusto por lo sexual. Me casé ya mayor, a los 32 años, era un hombre grande, guapo, follábamos todos los días, muy rico. Pero era extremadamente celoso, no podía salir, no trabajar. Estaba desesperada. Sufría mucho, quería morir, siempre me decía que yo le era infiel, y yo pensaba, que idiota, ni siquiera me deja salir. Así es que dije: la próxima vez que pueda salir voy a follar al primero que me guste, así tendrá de que acusarme.

    Un día estábamos cenando en un restaurante muy bonito, y había un mesero… wow. No podía más que pensar: Cómo será su polla.

    Era joven, alto, moreno, barbado, súper amable, con una sonrisa… espectacular, así que dije este es.

    Escribí en una servilleta mi número de celular y llámame si te gusto sólo en horas de la tarde.

    Al otro día me marcó, le dije que me parecía muy guapo, que quería follarlo y mamar su polla. Él me dijo que si era broma, le dije No.

    Le di mi dirección, nos citamos al día siguiente.

    Llegó, atendí la puerta desnuda. Apenas me vio me besó y se agachó a chupar mis tetas, gemía rico, me escurría flujo por las piernas, él se dio cuenta y de inmediato sacó su polla, era flaquita pero larguísima y dura, me la metió un poco. Yo le dije quítate todo y culeame, te gustó?

    Me dijo: mucho. Se quitó todo y me hundió su verga muy profundo, era larga dolía, pero me gustaba, solo quería que me atravesara, que me follara sin parar, yo le decía: come papi, come cuca, dale no pares, no pares que te mamare la verga hasta que explotes.

    El me daba duro, sudaba, yo tenía esa raja empapada, sonaba su verga, resbalaba…

    De repente paró y me dijo voltéate bebé, quiero culearte duro, yo le hice caso, le dije que me llenara el culito de leche, y uf me enculo y casi sale al otro lado, No me dolió porque era flaquita, sentía muy rico en mi culito, y el gritaba y gozaba, se movía como loco, yo también porque soy caderona, mis nalgas brincaban, él se apoyaba en mis tetas.

    De pronto me dice: me voy a venir, le dije: hazlo, yo voy por mi tercer orgasmo, dale papi, muévete, el empezó a pegarse profundo, a casi convulsionar y sentí su leche llenando mi orto… ufff. Me quedé un rato así para que la leche no saliera.

    Dormimos como media hora y se fue…

    Ahora somos novios. Yo con 50 y él 30.

  • Palabras y lenguaje corporal en un garito

    Palabras y lenguaje corporal en un garito

    —¿Y a qué te dedicas? —preguntó Julio a una chica de pecho generoso mientras sostenía un vaso de bebida en la mano. 

    —Soy enfermera —respondió Paula con voz algo achispada mientras apartaba un mechón de cabello rizado.

    El garito estaba medio lleno y la música a esas horas de la noche no sonaba muy fuerte, y se podía hablar sin dificultad. Las luces fijas, de colores, mantenían el local envuelto en ese misterio psicodélico de rostros brillantes con maquillaje, escotes generosos, olor a perfume y traseros de todo tipo que danzaban con más o menos gracia.

    —Ah, que guay. ¿Y qué has hecho hoy?

    Paula se rio, aquel tipo estaba dándole conversación. No era George Clooney, pero tenía su encanto.

    —Muchas cosas.

    —¿Qué cosas?

    Paula tenía una debilidad, le encantaba que se interesaran en lo que ella podía decir. Muchas veces sus palabras le parecían a ella misma aburridas, sin color, pero aquella noche eso no iba a pasar.

    —Pues a ver, esta mañana puse un par de inyecciones, vende a una chica el dedo. Asistí a exámenes de tetas.

    —¿tetas?

    —Sí, tetas, eso que tenemos hombres y mujeres… bueno, estás eran de las grandes, ya sabes, de mujeres.

    —Vaya. —dijo Julio impresionado por lo directa que era la chica.

    Paula notó que le había pillado por sorpresa y fue más allá.

    —Ah, se me olvidaba, también afeite los pelos del culo de un chico joven, más o menos de tu edad.

    —Bueno… interesante trabajo.

    El ritmo y volumen de la música cambiaron, acelerándose, y casi todos los presentes se contagiaron empezando a «mover el esqueleto» con más brío.

    —¿Y tú en que trabajas? —Dijo Paula a su compañero de conversación acercándose más para hacerse oír.

    —Yo trabajo en una peluquería y también doy masajes. —respondió el chico acercando su boca a la oreja de su compañera.

    —¿Con final feliz? —levantó la voz Paula para hacerse oír.

    —Sí, todos los clientes terminan «felices» con el peinado —contestó Julio ignorando adrede el comentario.

    —¿Ah sí? —dijo Paula poniendo cara de estar pensando.

    —Bueno y también porque les meto el dedito en el culo. —concluyó el chico dejando caer las palabras en el oído de la mujer.

    Paula soltó una carcajada y Julio se unió a la risa mientras se fijaba en su compañera. Era atractiva, inteligente y divertida. Se lo estaba pasando mejor de lo esperado aquella noche.

    —Oye, en un rato, cuando esto acabe, ¿te apetece dar una vuelta? —le dijo un momento después.

    Paula le miró a los ojos y respondió.

    —¿Y por qué no ahora? estoy un poco pedo y no me vendría mal algo de aire libre.

    La nueva pareja salió a la calle. La noche era hermosa y la brisa algo fría, ayudaba a aclarar las ideas.

    —Sabes Paula, eres una chica divertida, inteligente y además guapa.

    La mujer se ruborizó ligeramente.

    —Gracias por el cumplido… tú también estás…

    —¿bueno? —dijo Julio haciéndose el interesante.

    —Pasable. —respondió Paula con una sonrisa burlona.

    —Solo pasable. —protestó el aludido.

    —¡Tonto! —dijo la chica golpeando a su compañero con el puño cerrado en el brazo.

    —Ay, perdón. —añadió dándose cuenta de que se había dejado llevar.

    Julio la sujetó por los hombros y la miró a los ojos, luego la besó en los labios. Paula respondió al beso con pasión, abriendo la boca y permitiendo que las lenguas se encontrasen.

    Aquello era adictivo.

    Terminada la demostración de cariño continuaron caminando. En un momento dado entrelazaron sus manos.

    La electricidad del contacto los hizo más felices.

    —¿A dónde vamos? —preguntó uno.

    —A mi casa. —respondió el otro.

  • Tres universitarios para mi mujer

    Tres universitarios para mi mujer

    He leído muchos de los relatos que aquí suben, todos muy buenos y excitantes, esta es la primera vez que escribo uno, y todo lo que leerán es 100% real. Mi nombre es Carlos, tengo 44 años, mi esposa se llama Aracely y ella tiene 42.

    Lo que voy a relatar sucedió hace un par de años. Teníamos plan con un single de la región, el cual nos había pedido la oportunidad de conocernos y llevar a cabo un trio hMh con él, para esto estuvimos platicando vía WhatsApp durante la semana, para que al final la noche del sábado que sería la reunión nos cancelara.

    Como ya andábamos listos para salir, decidimos hacerlo, dar la vuelta, tomar algo. Fuimos a un antro, en el cual estuvimos bailando y tomando hasta casi las 2 am. Aracely, que así se llama mi mujer, ya se encontraba notoriamente alegre ayudada por los efectos de las bebidas. Cuando le mencione que si ya, nos retirábamos, no muy convencida me dijo que sí. Ya en el coche se lamentaba el hecho de que nos hubiesen cancelado el encuentro. Durante el camino a casa vi que de un salón en el que se realizan eventos particulares, salían muchachos. Por lo que decidí dar la vuelta, le dije a mi mujer, no preguntes ahorita, solo hazte la mareada. Subí su falda arriba de media pierna, casi se asomaba su pantie y desabroché dos botones de su blusa, por lo que el escote se veía espectacular. Pare el coche a un costado de donde estaban tres chicos y lo primero que se me ocurrió fue preguntarles, – ¿Dónde queda un motel cerca?, no somos de acá, estamos de paso y a mi mujer se le pasaron las copas, anda mareada y algo caliente, urge encontrar un motel.

    Uno de ellos se acercó a la ventana e iba a responderme cuando se dio cuenta de mi esposa que estaba en el asiento del copiloto, después de un par de segundos y tartamudeando, me daba las indicaciones de cómo llegar a un motel. Con la intención de que sus amigos pudiesen mirar lo que él estaba mirando, los llamo con el pretexto de no saber bien como darme la ubicación correcta del motel. Los otros dos chicos se acercaron y sucedió lo mismo que con el primero, antes de poder hablar se paralizaron un par de segundos al ver a mi mujer.

    El primer chico les dijo: – Es que quieren llegar a un motel, dice que su mujer está tomada y que anda caliente.

    – Pues nosotros íbamos para el depa donde rento, dijo otro de ellos. – Esperábamos taxi. – Haya tenemos cervezas y en el cuarto puede descansar su mujer y si quieren hacer sus cosas, además tenemos muchos preservativos, muchos. Continuaba diciendo. – Si cierto decían los otros, – anímese y vamos.

    – Ok, dije. Súbanse y me dicen por dónde.

    Mi mujer seguía haciéndose la mareada, cuando llegamos al depa, entre los tres se ofrecieron a ayudar a meter a mi esposa y llevarla hasta la cama del cuarto, en donde se quedó recostada. Salimos a la sala, uno de ellos saco 4 cervezas del refrigerador, encendieron la televisión en un canal de música y comenzamos a platicar y tomar. Me contaron que estaban estudiando Mecatrónica en la Universidad y que habían tenido una noche disco como despedida de semestre, que al día siguiente 2 de ellos que no eran de ahí, viajaban a sus ciudades, hasta el inicio del próximo semestre, el otro con el que platicamos primero en el coche, si era de la ciudad. Les pedí prestado su baño y de paso les dije. -Pueden echarle un ojo a mi mujer en lo que voy al baño.

    Cuando sali del baño, no había nadie en la sala, camine al cuarto y ahí estaban los 3 mirando a mi mujer. -Está bien dijeron los 3 casi al mismo tiempo, y regresamos a la sala, después de un par de cervezas más, pedí nuevamente prestado el baños, al salir, sucedió lo mismo, la sala vacía, nuevamente los 3 en el cuarto, pero ahora 2 de ellos, uno en cada teta de mi mujer y el tercero estaba bajándole la pantie, se sorprendieron al verme, pero rápido les dije. -No pasa nada, sigan. Al escuchar mi voz, mi mujer abrió los ojos, al ver que ella ya estaba totalmente despierta se cortaron un poco, pero al notar que no oponía nada de resistencia, que por el contrario estaba disfrutando, continuaron, el que le estaba dando lengua se paró y del buro saco una tira de preservativos, se colocó uno y se introdujo dentro de mi mujer, quien solo gemía fuerte al ser atendida por los 3 chicos, le hizo señas a uno de los que le estaba comiendo una teta, para que le diera su verga en la boca y así lo hizo, el que la estaba penetrando, no tardo en venirse, se quitó y el que le había puesto la verga en la boca, fue el siguiente en metérsela, colocándose de igual manera un preservativo, la puso de perrito y así se la metió, hasta venirse, el tercero se quitó la ropa, pero su miembro nada mas no respondía, la tenía flácida, mi mujer se la llevo a la boca, y estuvo tratando de ponérsela dura, pero nada, cuando el segundo chico se vino, mi mujer nos dijo: -Porfa, sálganse un momento, que solo se quede el, el chico al cual no se le paraba.

    Así lo hicimos nos salimos los 3, cerré la puerta y se quedó ella con el chico, nos sentamos en los sillones a tomar unas cervezas, después de 20 min. Se abrió la puerta, los 3 corrimos jeje, el chico estaba recostado boca arriba, señal de que habían terminado con mi mujer montándolo, -Ven que sí, se le paraba nos dijo. -Hasta me los ha echado dentro, cogimos a puro pelo, que creen, era su primera vez. ¡Mi mujer lo acababa de desvirgar! Todos reímos y después salimos a la sala a seguir bebiendo. Mi mujer nuevamente se fue turnando con cada uno de ellos, ahora con cada uno a solas, cogió con los 3, ahora sí, con preservativos. Al final, terminamos confesado a los chicos que somos una pareja swinger, que yo disfruto viendo a mi mujer coger con otros, y que ella no iba borracha, ni mareada. A eso de las 7 am. Nos despedimos y nos fuimos a casa.

  • Mi historia con una mujer maltratada (11)

    Mi historia con una mujer maltratada (11)

    Al próximo día me levanté a las 7 de la tarde, no sé qué me pasó, si ella me había drogado, si tuve un sueño muy profundo. Cuestión, me puse una remera, un bóxer, un pantalón de jean y unas zapatillas. Anen ya estaba preparando un matambre de cerdo, con una receta de internet impresa. Cuando me acerqué a ella y la abracé por atrás, me dijo:

    —Hola, cielito mío.

    —Hola, amor. ¿Qué estás haciendo?

    —Matambrito de cerdo.

    —¡Qué bueno!

    —¿Viste que no sos el único que cocina acá?

    —Ya me lo demostraste con las pizzas que hacés que quedan riquísimas, como vos.

    Empecé a besar su cuello e iba buscando su mejilla.

    —Pero ahora te quiero demostrar que aprendo.

    —Ya sé que aprendes y bastante rápido además. Escuchame una cosa.

    —Te escucho.

    —Me gustó muchísimo lo que hiciste ayer.

    —¿Sí?

    —Sí, me encantó.

    —Está bueno que te guste lo que te hago, así puedo ir mejorando.

    —Por cierto, ¿dónde conseguiste ese aceite?

    —Mientras vos estabas con tu amigo yendo a hacer una sabe qué cosa, yo estaba en una dietética comprando eso.

    —¿Cómo lo pediste?

    —Aceite 100% puro de lavanda natural para terapia, 30 ml.

    —Ah, mirá.

    —Sí, a ver. Es para terapia ocupacional, para el cutis, para mejorar enfermedades respiratorias, para calmar el ánimo o la ansiedad, para relajar los músculos, se puede usar como antimicótico, como bactericida, como antireuma, antiacné. ¿Qué más?… Bah, creo que eso es todo.

    —¿Y cómo sabés vos todo esto?

    —Lo estudié en la secundaria, yo hice bachiller biológico.

    —Anotado, otra cosa que no sabía de vos y me acabo de enterar.

    —Jajajaja

    —Mi pequeña niña nerd.

    Lamí su cuello y dijo:

    —No empieces.

    —¿Que no empiece con qué?

    —Dale, estoy cocinando boludo, decía riéndose entretanto cortaba una papa.

    —Dejá eso un segundo y vení acá.

    La agarré suavemente de las manos, la llevé al centro del comedor y puse desde su celular «Nothing´s Gonna Change My Love For You», de George Benson, un lento en inglés de los 80′.

    —¿Me podés dejar cocinar, por favor?, preguntó sonriendo.

    —Vení a bailar conmigo, un ratito.

    —Bueno, pero un rato nada más, que después tengo que seguir cocinando.

    —¡Bien!, dije alzando el puño por lo bajo.

    Nos pegamos los dos y arrancamos a bailar al ritmo de la música.

    —Uy, Dios.

    —Está bueno, ¿no?

    —No es de mi época, pero si, está más o menos…

    —¿Entendés que a veces está bueno hacer este tipo de cosas?

    —Sí.

    —Uh, pará. Escuchá esta parte.

    Tan pronto como llegó el estribillo, lo canté lo mejor que pude. Cuando terminó la canción, nos quedamos mirándonos a los ojos, en silencio, parecía que nos comunicábamos por telepatía. Me agarró con una mano la cara, con la otra el hombro y dijo muy despacio, con una voz y un tono muy tiernos:

    —Podría estar todo el día así, pegada a vos bailando esta canción.

    —El sentimiento es mutuo.

    Y nos dimos un beso para la eternidad, tan cálido y con tanto amor, que casi me derrito de lo fogoso que fue. Cuando el beso se terminó me pidió:

    —¿Me vas a dejar cocinar tranquila ahora, amor?

    —Ahora sí, andá, dale.

    —…

    Se estaba por ir, cuando anuncié:

    —Esperá…! Anen.

    —¿Qué? ¿Qué pasa?

    —Te amo, nunca me voy a cansar de repetírtelo.

    —Igualmente, flaquito.

    —Dame otro abrazo.

    —Obvio.

    En lo que duró ese abrazo, le dije:

    —¿Sabías que si tuviera más años encima de los que tengo te pediría matrimonio?

    —¿En serio me decís?

    Se largó a llorar. Pobre, me daba pena. Sentía que era la primerísima primera vez que le decían algo así en todos sus 25 años.

    —Sí, te juro. Hasta querría tener un bebé con vos.

    —¿Y entonces por qué no nos casamos ahora? ¿Por qué no me dejás embarazada?

    —Soy muy joven para esas dos cosas.

    —Tenés razón, ¿que estupidez estoy diciendo? Soy una tarada.

    —Ey, no sos una tarada. Nomás tenés el corazón partido completamente a la mitad. Es normal, ¿ok?

    —Es que vos no pasaste por lo que yo pasé.

    —Lo sé, pero lo voy a tener que pasar en alguna instancia, ¿o no?

    —Vos sos inteligente como para no tener que pasar por eso, yo no.

    —¿Por qué decís eso? ¿Ves? Eso sí que es una estupidez. Estás por hacer una carrera de Fisioterapia en la UBA, sos locutora.

    —No me refiero a eso. Me he metido con cada hijo de puta y me han lastimado tantas veces. Tengo poco amor propio.

    —Pero te metiste conmigo, un hombre de verdad, uno que te cuida, te da placer, te hace sentir bien, te da regalos. Y la que dio el primer paso fuiste vos, en este sillón de acá. ¿Te acordás? De hecho, la que da siempre el primer paso sos vos conmigo. Yo jamás di el primer paso. Si me lo preguntás, me siento culpable por eso.

    —Vos me hacés sentir especial siempre. Eso es verdad. Como que valgo de algo.

    —Es que vos valés mucho, sos especial no sólo por lo de afuera, este cuerpo hermoso que tenés, sino por lo que tenés acá adentro.

    Señalé su corazón con la palma de mi mano y puse la suya sobre la mía.

    —Sí.

    —Tenés un gran corazón, uno que siempre se preocupa por si me hace falta algo, ya sea amor, ya sea sexo, ya sean caricias, ya sea lo que sea.

    —Te quiero agradecer y no sé cómo.

    —Tal vez quieras, no sé… bailar otra vez conmigo.

    —Sí obvio, se emocionó de golpe.

    Entonces puse desde su celular «Say you, Say me», de Lionel Richie.

    Nuevamente, mi mano derecha se fusionó con su izquierda, su derecha con mi hombro, mi izquierda con su cintura y bailamos. Entonces, pegó su cabeza a mi pecho, pude sentir sus lágrimas por encima de la remera que tenía puesta y me dijo:

    —No te cambiaría por nada en el mundo.

    —Y yo menos a vos, le dije.

    —…

    —El que tiene que decir gracias… a lo mejor soy yo.

    —¿Por?

    —Por vos haber entrado en mi vida.

    —Sos lo más hermoso que hay.

    Ni bien terminó la canción le dije que era libre.

    —Terminá de cocinar, vamos.

    Asintió y fue a la mesada. La ayudé a cortar papa, cebolla, batata y a poner la mesa.

    Nos sentamos en la mesa mientras se hacia el matambre y todo lo demás.

    Sólo nos mirábamos y nos tomábamos de las manos.

    —¿Te dije que te amo?, pregunté como si no supiera.

    —Sí, una y mil veces.

    —Ah, ok. Perdoname. No sabía.

    Se quedó en silencio por un minuto y luego de eso, dijo:

    —Sos lo único lindo que tengo.

    —Ya lo sé, vos…

    La alarma del horno nos interrumpió y ella fue ansiosa a sacar el matambre. Se agachó para sacar la bandeja, la extrajo y seguidamente la puso sobre un posa pava que ya había sobre la mesa. Destapó el aluminio y el olorcito a cerdo me conquistó.

    —Me salió bien me parece ¿no?.

    —Sí, eso se ve.

    —Bueno, agarrá. Dale, dijo mientras se sentaba.

    Pinché con el tenedor y la carne estaba re suavecita, hasta parecía que se cortara con cuchara.

    —Che, está re bien esto.

    —¿En serio?

    Intenté cortar con el cuchillo y era una manteca, se deshacía. Metí un bocado y no estaba re bien, estaba perfecto, por tanto, solté una lagrima en mi interior.

    —Sí, está riquísimo.

    —Ah, esperá un segundo.

    Se paró de la silla y fue a nuestro cuarto.

    —Anen, vení. Sentate. ¡Anen!

    Pensé para mis adentros: ¿Qué estará haciendo que sea más importante que cenar conmigo?

    Volvió con unas velas, apagó las luces, agarró un encendedor y se sentó en la mesa. Puso las velas y las prendió con nervios, temblando. Me morí del amor.

    En ese momento, entendí que de verdad era especial. Que lo que esta chica tiene adentro es sólo amor hacia mí, amor, amor y amor. No habían celos, ni rencor, ni odio. Comprendí que era la mujer que me iba a acompañar en toda la vida, a como dé lugar, pase lo que pase, sabía que siempre podía contar con ella para lo que sea.

    Cuando terminó de encender las cuatro velas. Me miró con una sonrisa hermosa. Me quedé con una expresión neutra. No podía creer lo que estaba viendo.

    —¿No te gusta?, inquirió cuando su sonrisa se apagaba, lentamente.

    Mi cuerpo empezó a tiritar, no sé si era de angustia, de rabia, de impotencia o de emoción. No sé de qué carajos era, hasta el día de hoy sigo sin saberlo.

    Empecé a llorar en silencio, mirándola directamente a los ojos.

    —¿Qué me está pasando?, me pregunté a mí mismo.

    —¿Qué sucede?, preguntó.

    Me levanté de la silla y por encima de la mesa, le pegué el abrazo más grande que le di a alguien jamás en mi vida.

    —Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, repetía una y otra vez.

    Estaba medio confusa.

    —¿Qué te está pasando, Tomás?

    —¿Que qué me pasa? Que te amo muchísimo con toda mi alma. Eso me pasa. Compraste estas velas para mí, todo lo que hacés es amor. No hay aunque sea una mota de rencor, ni de odio hacia el mundo viniendo de parte tuya, dije intensificando mi llanto a medida que iba diciendo todo.

    —Bueno, tranquilo.

    Ahí fue cuando recién sentí sus manos suaves en mi espalda y éstas comenzaron a mimarla. Lloré abrazado a ella durante unos cuantos minutos.

    —Comamos de una vez, dije.

    —Claro, está bien.

    Comimos a la luz de las velas y cuando terminamos de comer, nos fuimos a sentar al sillón.

  • En el pub

    En el pub

    Me imagino cosas.

    Me imagino que estamos sentados en la mesa de algún pub ruidoso de la Arístides cenando, mucha gente, mucho bullicio. Buscamos la mesa más oscura y más apartada que podemos, es tan apartada que la moza tarda casi 20 minutos es darse cuenta que estamos allí. Te sientas frente a mí mientras tomamos algo, te miro a los ojos seductoramente, mientras tu sonríes de manera pícara, mis manos acarician las tuyas, la tensión sexual se nota en el aire, la moza nos trae lo que pedimos, sabemos que no volverá en un buen tiempo. Me saco el zapato y comienzo a acariciar tu pie, subiendo por tu pantorrilla. Me miras con cara de deseo mientras comienzo a acariciarte los muslos, lento casi acariciando tu entrepierna. La excitación aumenta en los dos, nuestras respiraciones son un poco más agitadas de lo normal.

    Miro tu escote con deseo mientras empiezo a presionar con la punta de los dedos del pie tu vagina, te excita, miras alrededor buscando alguien que esté mirando, pero el bullicio es grande y nadie nota que te has sonrojado. Presiono y acaricio por encima de tu pantalón, la comida ha pasado a segundo plano cuando me aprietas las manos mientras continuó apretando y moviendo mi pie en tu entrepierna.

    Me levanto, mi erección es más que notable en mi pantalón, me siento al lado tuyo, muevo mi plato para que nadie sospeche. Me miras a los ojos mientras me sobas por encima del pantalón mi pija dura. Mis dedos hacen círculos sobre tu entrepierna sobre el pantalón, la humedad comienza a filtrar, tu respiración se acelera. Me acerco a tu oído y en un susurro te digo “Despréndete el pantalón”. Me dices que no con la cabeza, miras a la gente. Me acerco nuevamente a tu oído y te repito “Despréndete el pantalón”, te respiro en el cuello, se erizan tus bellos, un escalofrío te recorre el cuerpo “No fue una pregunta”. Te muerdo levemente la oreja. Mi mano acaricia tu escote, noto como se te pone la piel de gallina mientras te beso lentamente, nuestras lenguas se entrelazan, nuestra respiración es agitada.

    Cuando te desprendes el botón de tu jean, mi mano rápidamente se mete debajo, estas empapada, eso me para más la pija si se puede, palpita esperando el momento. Te acaricio los labios húmedos por encima de tu ropa interior de encaje. Me calienta tanto ver tu cara como pidiéndome que siga, rozo tu clítoris y tu cuerpo se tensa por un microsegundo. La moza llega a preguntar si necesitamos algo más, mi mano debajo de la mesa, tapada con una campera disimula lo que estoy haciendo.

    Tranquilo y relajado le contesto que no necesito nada, te pregunto si vos necesitas algo, miras a la moza para contestarle y en ese mismo instante te meto un dedo, despacio. Te dejo que hables pero tu voz toma algunos tonos agudos, te pregunta si estás bien, dices que sí, pero cuando estás a punto de decir otra palabra mi dedo empieza a moverse de arriba hacia abajo, lentamente, me aprietas el brazo. “Estás bien querida¿? Te noto algo colorada” la moza reafirma que estas colorada, dejo mi dedo quieto, respondes que si, que es solo un pequeño malestar, terminas de decir eso y muevo con violencia mi dedo, te encorvas un poco, me clavas las uñas, dejo mi dedo quieto.

    La moza se despide, me empiezas a retar por lo que acabo de hacer, pero te meto dos dedos pones tu cabeza en mi pecho y entonces te pajeo con ambos dedos, gimes en mi pecho, miro alrededor mientras tu vagina húmeda presiona mis dedos. Te pajeo con violencia, tu respiración es una combinación de gemidos y mordiscos a mi pecho, con mi mano libre te tiro del pelo de la nuca, te excitas aún más todavía, Me muerdes el pecho mientras gritas y me clavas las uñas en los brazos, tus piernas se cierran aprisionando mi mano, pero aun así no dejo de mover de arriba hacia abajo mis dedos.

    Cuando tu cuerpo se relaja saco mi mano, me siento delante de ti nuevamente, acomodo mi plato y empiezo a comer. Cada bocado que me llevo al rostro tiene el olor a tu vagina, me calienta sobremanera, mi pija dura y venosa continua atrapada en mi pantalón. Entonces bebemos y comemos, en un momento tomas tu ropa por el cuello y la bajas para darme un buen vistazo a tus tetas desnudas, mi pija que había bajado un poco vuelve a estar erecta, se me hace agua la boca verte así, morbosa. Miras alrededor, te aseguras de que nadie te vea y te metes debajo de la mesa, mis manos alisan el mantel mientras siento como el cierre de mi jean baja

    Te cuesta un poco sacar mi pija pero cuando lo logras la acaricias suavemente, bebo algo para disimular, siento tu aliento, noto como tu saliva tibia bañan el miembro me empiezas a pajear lento, cada tanto lames la cabeza, le das besito o te metes solo la puntita en la boca, estoy extasiado, me encanta.

    Llega la moza a llevarse los platos, pido unos tragos, estoy diciendo el nombre del segundo trago cuando te metes mi chota en la boca y la masajeas con tu lengua de manera suave pero rápida, debo callar, el placer hace que se me vaya la voz, trato de controlarme y digo el segundo trago. Me pregunta si estoy bien, no alcanzó a decir que si cuando noto que haces garganta profunda, ¾ partes mi pija están dentro de tu boca y presionas para que entre mas aún. Araño la mesa y le hago señas a la moza para que se vaya en silencio, cuando ella se va, simuló que vuelvo a hablar con ella. Vuelves a hacerme garganta profunda pero esta vez mi mano te toma de la nuca haciendo que mi pije entre hasta el fondo, siento tu arcada cuando quito la mano, espero un reproche, un golpe o algo. Lo único que recibo son tus labios y tu lengua sobre mi pija de nuevo, chupando y lamiendo. Estoy extasiado, me encanta, me relajo y disfruto. Sin darme cuenta pido la cuenta, la moza llega, saco mi billetera, momento que aprovechas para bajar hasta los tobillos mis pantalones.

    Mi cara es un poema, ahí estoy con una moza mirándome a los ojos, mis pantalones en los tobillos y vos chupándome la pija mientras acaricias mi bolas con tus manos. Trato de contar el dinero pero me es muy difícil pensar en otra cosa que no sea tu lengua recorriendo desde la punta de mi pija hasta las bolas, mis manos sudorosas tiemblan. Termino de contar como puedo el dinero, cuando estoy por estirar el brazo, me empiezas a pajear fuertísima mente, me muerdo el labio para no gemir, bajo la cabeza, es entonces cuando me empiezas a lamer las bolas sin dejar de pajearme, estiró el brazo con el dinero, la moza me mira extrañada pero toma el dinero. Cuando la moza está a unos cuantos pasos de distancia, te tomo del cabello de la nuca y meto la totalidad de mi pija en tu boca y acabo de manera brutal, succionas para mantener en tu boca todo el semen.

    Sales de debajo de la mesa, me muestras tu boca mientras con tu lengua jugueteas con mi semen y bebes los que queda del trago de un solo saque junto con mi esperma. Sonríes picara, morbosa y sintiéndote la puta más feliz del mundo.

  • Me follé a mi prima Bertha, en la comunión de su hijo

    Me follé a mi prima Bertha, en la comunión de su hijo

    Llegar al banquete, previa invitación, terminar follando con Bertha en la habitación de al lado. Casi delante de todos sus invitados, sabía que le atraía pero no tanto, aquella tarde de comunión, sería una de las más raras, un poco surrealista. Era el fin de los besos y abrazos.

    Me llamo Diego, tengo cierta debilidad por mis primas, la verdad que ya me he follado a varias de ellas. La mayoría de veces, son ellas las que con toda la tranquilidad del mundo me pedían para follar, ya sea en alguna parte de la casa, la terraza de algún pariente, la camioneta de mis padres. En fin, el lugar casi siempre era lo de menos, importaba estar follando y haciendo algo útil en ese momento de placer.

    En más de una ocasión, había tenido algunos encuentros con Bertha. Hasta aquel momento no habíamos consumado el acto de poder follar, ya que gran parte del tiempo, estábamos liados cada uno con su pareja. Pero siempre había un tiempo para meternos mano, y mantener ese morbo encendido. Algún rincón casi escondido era suficiente, para poder besarnos o acariciarnos frenéticamente los genitales. Lo cachonda que se ponía cuando le metía mis dedos por entre sus bragas, los efectos del alcohol siempre jugaban en nuestro favor.

    De mi prima sé que caso, vivió un tiempo fuera del país, su esposo es agente de aduanas y siempre estaban viajando. Al inicio todo era normal, ya que no tenían hijos, eso hacía más fácil las escaladas en cualquier puerto. Pero ya con el pasar de los años, ella se quedó embarazada y la cosa se puso difícil, el niño se enfermaba mucho, debido a los constantes cambios de clima. Ellos decidieron asentarse nuevamente en su país de origen, así él bebe podría recuperar su salud, yo para esos tiempos casi que no la veía. Me enteraba por mi madre, que les pasaba esas cosas, las reuniones de tías es lo que tiene, todo se enteran y lo van contando por ahí.

    Bertha es una mujer de 1.65 m. Era de contextura delgada, pero ya después del embarazo, le salieron unos enormes pechos, le creció el culo de una manera exponencial. Sé que solo tuvo un hijo. Había ciertos cambios en su anatomía, los cambios fueron para bien, ya que le dejo el cuerpo con muchas curvas. Pero habían pasado muchos años desde aquella ultima vez, que nos escondimos casi borrachos en la habitación de la plancha, estrechos en aquel pequeño cuarto, tirando todo lo que molestaba a nuestro fogoso momento.

    Ella es de una piel blanca, una sonrisa brillante, dientes muy blancos, ya que por salud y estética siempre mantiene cuidada su dentadura, lo que decía líneas arriba. Después del nacimiento de su hijo, le quedo un curvado cuerpo, tenía una cabellera pelirroja, siempre retocada. Las pocas veces que nos veíamos, ella casi siempre pegada a su marido, ya no me hacía caso, pues estaría cambiando, ahora ya era una ama de casa. Acaso lo de jugar a los besitos conmigo, ya le estaba cansando.

    En el transcurso del tiempo, yo también me case, decidí centrarme en la vida, ya dejarme de historias. Eso de estar metiendo y sacando el pirulito, me estaba agotando. Yo recuerdo mucho las veces que nos veíamos a escondidas, casi siempre tras la puerta del baño, siempre terminábamos enredados en esa puerta. Lo más que había podido llegar con Bertha, era de comerle los pechos. Los tenía tan duritos, redondos como dos toronjas, apetecibles para morder y lamer, lo mucho que disfrute en esas tetas hermosas.

    Aquella tarde de comunión, me vino bien para mí. Llevaba una temporada mala en mi matrimonio, estábamos en problemas en nuestra relación, felizmente que mi pareja no quiso acompañarme. Me dice que se sentía cansada y más aun sabiendo quien era la madre del chico, es que ellas en una oportunidad, casi se lían a golpes. Bertha se iría de la boca en tragos y le soltó toda la sopa a mi esposa, como mi esposa no es nada celosa, se le fue encima. Todo quedo en un episodio de copas de más, y solo algunos sabían la verdadera razón.

    Bertha nos había invitado a la comunión de su hijo, en un principio me anime mucho, en estas reuniones suele reunirse el grueso de la familia. Una buena comida y las bebidas que nunca dejan de faltar. Me vestí muy elegante para la ocasión, compre un bonito regalo, para el pequeño de la casa. Como siempre asistí al banquete directamente, no me gustan mucho las ceremonias, será porque no soy muy católico, pero bueno que eso no viene ahora al caso. Me dirigí hacia el banquete, que me quedaba muy cerca de casa.

    Estaba emocionado, en gran parte porque me encontraría con Bertha. Hacía más de un año, desde el último lengüetazo que nos dimos en mi coche, y mira que ya somos adultos, casi siempre lo dejábamos para otro momento. Pues aquella ocasión buscaría que por fin sucediese, el banquete seria en un recinto al aire libre, muchas áreas verdes y lo mejor era que habían mas salones de banquetes aquella tarde. Seguro algo se nos ocurriría a ambos, es que yo creo que entre los dos había una deuda pendiente. Y ella también lo sabía.

    Ya estando en el banquete, con las copas subiendo, una encima de otra, nuestras miradas empezaron a buscarse. Nuestros cuerpos buscaban la manera de frotarse, de sobarse, rozarse entre ambos, nuestras manos buscaban las partes íntimas del otro, para tener donde dejar sus caricias. El vestido crema que llevaba, le transparentaba unas pequeñas bragas de color rojo. El calzoncito que se había puesto, es que a más de uno lo había puesto cachondo. Se notaba como su marido, todo el tiempo casi detrás de ella, pegado a su culo. Una esposa celosa se llevó más pronto de lo normal a mi primo, es que no dejábamos de comentar el pedazo de braga que llevaba Bertha.

    Alucinaba con tener esa braguita en mis manos, sacársela y metérmela al bolsillo. Entradas las 23 horas, la gente iba abandonando el salón de recepciones. Había mucho licor para aquel evento, eso más parecía una boda que una comunión. Me fije que al lado del baño de damas, había unos decorados, había una recepción que estaban terminando de decorar, para el día siguiente. Pase por ahí más de una vez, y ya estaban recogiendo las cosas para dejar eso listo.

    Pues ahora, era solo de esperar que caiga la presa, que asome la cabeza, hacia dentro de aquel salón. Todo estaba casi apagado, solo se reflejaba por las grandes lámparas que alumbraban el verde jardín, me situé a un lado del baño de damas para esperar a Bertha. Esperar convencerla de al menos besarnos como siempre lográbamos hacer. Aquella vez fue algo más que eso, apenas la vi que se dirigía, sola hacia el baño, prepare mi estrategia. Saldría yo por el otro lado y la abordaría casi en la puerta del baño de damas. Ya la gente estaba muy ocupada, recordando cosas de hace muchos años atrás, que creo que nadie notaria por un momento nuestra ausencia.

    Hábilmente la aborde, la tome casi por sorpresa, no se imaginaba que la estaría esperando a la entrada. Nos miramos y solo optamos por saludarnos, conversar sobre nuestras parejas, y es que ambos estábamos pasando por una crisis matrimonial. Ella se había percatado que dentro del baño, estaba la tía Felicita, una bocazas como pocas. Esta al salir de los servicios, se quedó dándonos algunos consejos sobre la paciencia y perseverancia en el matrimonio. Me despedí de aquellas mujeres, en mi afán de despistar a la tía, así tenía coartada por lo que fuese, Bertha aseguro que entraría al baño, que la mayonesa no le había sentado bien.

    Al terminar de despedirnos, note en su carita la angustia de que fuera cierto, pensaba que sería en serio que me iba de ahí. Cuando vi que la tía Felicita había entrado al salón que nos correspondía, volví rápidamente al baño para encontrar a Bertha. Estaba maquillándose la cara, retocando sus labios, acomodando su vestido, que tantas miradas lascivas había logrado toda la noche. Nuestra primera reacción fue de abrazarnos y besarnos, nuestras lenguas se encontraban luego de un largo tiempo. Nuestras manos recorrían nuestras agitadas figuras, nuestras caricias, hacían olvidar todo el tiempo pasado.

    Me la lleve hacia el decorado que estaba al lado, estaba casi desierto, no había nadie en ese recinto, era algo ventajoso. La oscuridad, nuestros cuerpos frotándose por encima de nuestras ropas, mis manos recorriendo su enorme culo. Mi cara metida en sus pechos, intentando desnudar esas tetas que tanto habían crecido, las ganas de besarnos y querer estar a solas eran ya demasiadas. El temor de que alguien pudiera fijarse de nuestras ausencias, no importaban ya para ese momento, estábamos solos y frotándonos mutuamente. Sentíamos las pisadas de las mujeres acercarse al baño, pero debido a que esta parte del reciento estaba oscura nadie asomaría a mirar siquiera.

    Le levante el vestido para poder follarla, esta vez nos quitaríamos las ganas de terminar una cuenta pendiente, una cuenta que debíamos saldar desde hace mucho. Encontramos un sofá, que era parte de la decoración, en el cual dejamos caer nuestros cuerpos deseosos de estar uno dentro del otro. Nos dejamos llevar por la pasión acumulada de tanto tiempo, de tantas largas noches mirándonos de esquina a esquina, de tantas ganas de querer despertar uno al lado del otro. Me apoye en el sofá, iluminado por las sombras de la noche, toque por encima que no hubiera nada que pudiera hacernos daño, nada que pudiera interrumpir aquel momento.

    Me sentó sobre aquel sofá, me bajó los pantalones, hasta las rodillas, dejo salir mi pene. Ella había tomado la iniciativa de ir más allá de lo acostumbrado, pasar aquel límite que siempre le poníamos a estos encuentros. Al asomar su boca a mi pene, ella al saborear mi glande, al testear mis huevos, sabíamos que no daríamos un paso atrás, seguiríamos con esto y no dejaríamos que nada lo interrumpa. Estábamos aquí por lo mismo, los deseos de poder consumar nuestras ganas de follar, nuestras ganas de hacer lo que tanto habíamos dejado pasar.

    Me succiono la verga de una manera calmada, fue una succionada, un tanto especial, había prisa en salir quizás de aquel lugar, pero por ahora no. Me lamia la verga con mucho cariño, mucha paciencia, no había prisa por hacer que me corriese. El momento aquel se había pausado, era como si nada importase, como si todo lo demás, debía esperar a que terminemos de hacer, lo que habíamos empezado. Todo podría esperar, ya nosotros habíamos esperado mucho, ahora nos tocaba disfrutar de nuestro momento. Lo que debía de pasar, pasaría en aquel momento, pero ya habría tiempo para eso, ahora solo importaban nuestras ganas de estar juntos.

    Se levantó el vestido apretado, aquel vestido rosado que tanto había deseado toda la tarde, ese vestido rosado fue de lo más práctico, todo para arriba y ya estaba en bragas. Lo que disfrute, ver sus nalgas descubiertas, morder cada una de ellas, besar cada cachete. Pasar mi lengua por el medio de su culo, rosar la tela de su tanga, sentir erizar su piel, agacharla y que deje ante mis ojos, su almeja tapada con la poca tela de su braga. Saborear sus labios, sentir sus pinchos en mi boca, restregar mi lengua en aquellos labios jugosos, carnosos, palpitantes del deseo de querer ser poseídos. Seguir siendo succionados por mi hambrienta boca.

    Sus manos apoyadas contra el respaldar del sofá, mis dedos corriendo hacia un lado, aquella diminuta tela de su dilatado coño. Mi verga hacia camino para penetrar ese interior húmedo y necesitado de mi gruesa presencia. Hacer contacto dentro de ella, sentir sus primeros gemidos de placer, sus gemidos de pasión ahogada. Contener aquellas caderas para que no se doblen de tanta excitación, el vaivén de mis caderas, empujando hacia dentro. Casi como si quisiera tocar fondo, con mi verga erecta y seguro lubricando cada pared de su húmedo interior. Nuestras ganas iban en aumento, seguíamos disfrutando en aquel sofá tembloroso.

    Pensamos en sentarnos, yo debajo y ella quería colocarse sobre mí, guio su vagina chorreante hasta la punta de verga, para penetrarse el coño ella misma. Para acomodarse a mi tamaño, a mi grosor, quería disfrutar las sentadas, sobre mi verga erecta. Acomodados en aquel estrecho sofá, mis manos solo podían acariciar sus grandes pechos, recorrer con mi lengua la suavidad de su piel. Sentir los poros de su piel levantarse, en cada beso que le daba en su espalda. Nuestros movimientos, apalancados en el sofá, eran más fuertes, había más rotación por parte de ella, sus caderas hacían circunferencias en mi bajo vientre, sus alaridos de placer no cesaban.

    Correrse ella dos veces, dejando caer su gruesa figura contra mi pecho, sin intentar bajarse de donde se había acoplado tan bien. Correrse y exhalar con gran deleite, haberse corrido de gusto, tener las piernas casi temblando, el vestido levantado hasta el abdomen, y estar satisfecha, de que a pesar de todo, haber disfrutado del momento. El movimiento de levantarse fue más intempestivo, más rápido, no tuve una reacción para decir o hacer algo, ya estaba de pie y colocándose en su sitio el vestido rosa, sabía que disfruto del momento, había gozado estar ahí sentada sobre mí. Ambos lo gozamos, lo disfrutamos.

    Recogí la braga roja que habíamos dejado caer en el suelo, sería un peligro llevármela a casa, pero la conservaría hasta devolverla a su dueña original. Esta devolución, será un buen motivo para volver a vernos, para poder encontrar un lugar, quizás menos incomodo, pero que en realidad no importaba. Ya habíamos pasado la línea que tanto tiempo nos mantenía a raya. Ahora sería diferente, haríamos las cosas, con más morbo y mucho placer, el gusto de buscar otro rincón y gozar de nuestros cuerpos. Agotar esta pasión que siempre nos ha unido, Bertha con los años se ha vuelto más fogosa, lleva un volcán entre las piernas, deseo mucho disfrutar de aquella lava hirviente que deje salir para mí. 

  • Detrás del biombo

    Detrás del biombo

    La habitación está casi en penumbras, solo una pequeña lámpara sobre la mesa de noche está encendida.

    Estoy sentado en un rincón en la esquina más oscura de la habitación, una mecedora vieja me sostiene. Estoy en silencio, como un depredador que observa a su presa listo para embestir, como un fantasma que espía sin ser visto.

    Estoy aquí porque así me lo pediste:

    —Siéntate en la mecedora y no hagas ruido

    Puedo ver tu inconfundible silueta a través de la tela semi transparente del biombo, veo tu sombra moverse por el espacio que queda entre la madera y el piso. Noto como levantas una a una tus piernas para abrir el cierre de tus largas botas negras, su sonido al abrir es música para mis oídos, sin perder tiempo sacas tu pantalón y lo dejas tirado junto a las botas, en poco tiempo escucho como tu blusa cae al suelo.

    Ahora debes estar semidesnuda, solo en ropa interior, cierro mis ojos para imaginar lo que sigue; lo he visto tantas veces, que es como si estuviera ahí dentro contigo.

    Ahora tus manos deben estar detrás de tu espalda dejando tus pechos libres, un suspiro de alivio sale de tu boca al sentir la libertad que ese pequeño acto te provoca cada día, casi enseguida tus manos bajan la última prenda esas bragas impregnadas de ti, de tu esencia, de tu olor, aspiró hondo desde mi lugar intentando percibir un poco del aroma que guarda ese pequeño pedazo de tela…

    Ya estás completamente desnuda, y yo del otro lado de la tela, estoy duro, muy duro esperando por ti, hambriento por tenerte.

    Cuando sales de tu escondite improvisado lo haces sonriendo, caminando lentamente hacia donde sabes que te observo.

    Admiro tu figura, esa que tantas veces he recorrido milímetro a milímetro, me concentró en tus piernas, largas y firmes, ágiles y seguras.

    Te detienes un poco antes de llegar a mí, casi cuando mis manos pueden alcanzarte, das un giro y caminas alejándote unos pasos de mí, noto tus dotes de bailarina cuando tu cuerpo se inclina hacia delante hasta tocar tus pies con las manos.

    La vista de ese movimiento me encanta y me enloquece.

    Estoy a punto de levantarme cuando tu voz se escucha, es como si me leyeras el pensamiento.

    —¡Quédate quieto O tendré que amarrarte a esa mecedora!

    Estoy tentado a volver a hablar solo para estar amarrado ante ti, pero mi sentido común me dice que si hago caso me divertiré más.

    Te enderezas y caminas hasta la cama, te sientas en el borde y abres las piernas ofreciéndote como un tributo, desde donde estoy no puedo ver tanto como quiero, la oscuridad y el ángulo de mi lugar me lo impiden.

    Muero por levantarme y poder ir hasta ti.

    Te ríes de nuevo sabes lo que quiero.

    —¡Jajaja! estoy segura que quieres venir y tocarme.

    ¡Desvístete y ven!

    Me levanté de la mecedora como un resorte, sin perder tiempo me despoje de toda prenda en mi cuerpo hasta quedar desnudo, comencé a caminar con largos pasos para llegar a tu lado pero tu voz me detuvo.

    —¿¡Qué haces!? Debes venir a cuatro como el perro que eres, debes mirar el suelo, por hoy ya me viste suficiente. Regresa hasta donde estabas y te acercas como te indique.

    Ahora sé que va en serio. Me regreso hasta la mecedora y pongo mis manos en el suelo.

    Comencé a avanzar ahora en cuatro como un perro.

    —Eso, así está mejor.

    Ven, perrito ven.

    Llegué hasta donde estaba Natasha con su mano en mi cabeza me ordenó detenerme.

    —Híncate quiero examinarte, tus patas atrás de tu cuerpo.

    Hice lo que me ordenó y ella comenzó a examinarme. Camino a mi alrededor solo podía ver sus pies moverse a mi lado, con un suave movimiento uno de sus pies tocó mi daga erecta y subió por ella recorriendo toda su extensión, como si comprobará su dureza, como alguien en una tienda examinando la mercancía antes de comprar.

    —¡Vaya! Se nota que te está gustando mira nada más cómo estás.

    De seguro quieres tu premio.

    Bien, me apetece darte un pequeño obsequio.

    Me voy a sentar en el borde de la cama y tendrás el privilegio de poder oler.

    Si lo has comprendido ponte en cuatro y mueve el rabo para que yo vea que estás contento con tu premio.

    Luego se sentó tal como lo había dicho pero con las piernas cerradas y apretadas.

    De nuevo me puse en cuatro y moví mi trasero tratando de imitar a un perrito contento con la llegada de su dueña.

    Me acerqué hasta sus rodillas y traté de meter mi nariz entre sus piernas para poder oler. Nat se divertía cerrando aún más las piernas y deteniendo mi cabeza con su mano.

    De repente abrió sus piernas dando libre acceso hasta sus labios.

    —Acércate, huele y disfruta de mí.

    Me tenía totalmente bajo su control, hice exactamente lo que me dijo aspire ese característico olor a hembra, a mujer lista para amar, a simple y mundana lujuria, el deseo ya brotaba de entre sus piernas.

    No me atreví a sacar mi lengua, aunque deseaba hacerlo si lo hacía antes de tiempo corría el riesgo de que no me dejara hacer nada más que eso. Así que espere su orden.

    Ella se reacomodo un poco sobre la cama, cerró las piernas levemente y echó su trasero más atrás en el colchón dificultando para mí cualquier intento de Lamer.

    Yo sabía lo que seguía:

    —Lame, quiero ver si eres capaz de provocar placer a tu dueña.

    Por más que intentaba alcanzarla con la lengua, no podía ella estaba disfrutando con mi frustración por tocarla añadiendo comentarios soeces hacia mí. Simplemente como estaba acomodada era imposible que desde mi lugar pudiera alcanzarla.

    —Ni para eso sirves. Deja de intentar algo imposible para ti. Mejor bebe un poco de agua que por lo que veo va a ser la única forma de que mojes tu lengua.

    Tiro un poco de agua sobre un cenicero y lo puso en el suelo junto a mí cuerpo, cuando me agache para beber y cumplir su capricho con un pie la derramó en el suelo. Quería probarme, quería ver si yo sabía lo que ella pretendía.

    Claro que lo sabía así que comencé a Lamer el suelo buscando tomar toda el agua con la lengua.

    —Eres un perro muy obediente. Ven intenta de nuevo.

    Esta vez abrió las piernas y puso su vulva en el borde del colchón.

    Estaba húmeda pude notarlo al poner mi lengua sobre sus labios, hizo un pequeño movimiento con sus manos sosteniendo mi cabeza, limitando la zona que podía lamer, restringiendo mi placer.

    Yo quería explorar sus labios por completo, meter mi lengua en su vagina, Chupar y succionar su clítoris.

    Pero ella aun no quería permitirlo así que detenía mis movimientos, pude notar como se humedeció más y un leve gemido se escapó cuando pude tocar su clítoris.

    Me detuvo un fuerte jalón.

    Jaló tan fuerte de mi cabello que me obligó a mirar a otro lado, no pensé que en esas manos delicadas hubiera tanta fuerza.

    Luego con la misma fuerza puso de nuevo mi cabeza entre sus piernas, ahora sin ningún tipo de impedimento, se recostó sobre la cama dejando sus piernas abiertas y colgando al suelo.

    Por fin ahora podría disfrutar de ella, podría saborear sin prisa y lamer a mi antojo, se como le gusta primero lento, le encanta que recorra el contorno de sus labios de arriba a abajo y luego de regreso sin llegar a introducir la lengua.

    Después sus movimientos me indicaran que ya está lista, sus movimientos que quiere sentir mi lengua más fuerte, más aprisa, más constante, en círculos sobre su clítoris y de arriba abajo sobre su vulva, sé que ahora no quiere que solo roce por encima, ahora quiere sentir más.

    Comienzo a escucharla, ya su boca no puede contenerse y deja escapar el placer que empieza a surgir sin control.

    En este punto succiono de esa parte rugosa que tanto placer le provoca, pude notar la tensión, ahora sus piernas están sobre mis hombros y se apoya en mí cuando el orgasmo hace que su espalda se curve y se levante un poco del colchón, ahora me está asfixiado un poco con ese apretón de piernas sobre mi rostro.

    Me detengo y dejó de hacer todo para bajar mi cabeza al piso y esperar sus órdenes con la cabeza lo más pegada al piso que puedo.

    Natasha se toma su tiempo, puedo notar como su respiración se va tranquilizando poco a poco.

    Luego siento su mano en mi espalda, sus uñas queman mi piel que arde a su paso, se detiene justo en mi trasero y da una fuerte nalgada, se da un tiempo para acariciar mis testículos expuestos en esa posición y luego jala de ellos hacia atrás y aprieta un poco causando que suplique que los suelte.

    Pone un pie sobre mi cabeza y aprieta con él mi cabeza contra el suelo, cuando deja de empujar me pone su pie en la boca, tal como lo hice con su sexo comienzo a lamer chupo uno a uno cada dedo luego lo mete profundo en mi boca provocando mi asfixia, cuando lo saca mi saliva ha caído al suelo limpio la planta de su pie antes de que el proceso se repita con el otro pie.

    Luego limpie la saliva del suelo, mi señora enredo una correa sobre mis bolas; es hora de pasear por la habitación comienza a caminar, yo trato de seguir sus pasos, de no perder detalle de hacia dónde va a girar.

    Me llevo a la puerta, la abrió pero en lugar de salir la cerró de nuevo:

    —No estás listo para ir a la calle perrito. Será otro día.

    Luego fue detrás del biombo ahí donde quedó su ropa.

    —¿Quieres oler mis bragas?

    Están impregnadas de mí. Te confieso que están muy olorosas, me moje mucho pensando en todo lo que disfrutaría hoy de ti.

    Luego me dirigió hasta sus bragas cuando iba a oler jalo la correa.

    —Antes debes limpiar las suelas de mis botas.

    Comencé a lamer cada suela tratando de limpiar cada centímetro de superficie, solo cuando ella dio otro tirón a la correa fue que me dejó oler sus bragas.

    —Quiero que las recojas con tu boca y las pongas en mis manos.

    Cuando las puse en su mano libre Natasha las metió en mi boca.

    —Ahí se van a quedar por el resto de la sesión.

    Con sus bragas en mi boca me dirigió a la cama.

    —Sube, te quiero boca arriba, callado y con los ojos cerrados.

    Ahora me urge entrar en ella y saciar mis ganas, así que hice lo que me pidió más rápido de lo que hubiera querido.

    Sentí el peso de Natasha cuando se subió al colchón, tiró un poco más de la correa y dio unos cuantos golpes con ella sobre mi polla y testículos causando que me doblara un poco.

    Luego sus uñas acariciaron toda la extensión de mi deseo.

    Cuando por fin se montó sobre mí sentí todo el calor que guardaba dentro de ella.

    Comenzó a moverse buscando su placer, subía y bajaba a su antojo, movía las caderas en el ángulo que mayor placer le causaba enterró sus uñas en mi pecho cuando se detuvo de súbito.

    Luego siguió buscando su placer.

    —No te vayas a correr perro. Porque si te corres no disfrutarás de mí por un largo tiempo.

    Me concentré en no correrme, no quería repetir las cachetadas que me gané el primer encuentro cuando me corrí sin su permiso.

    Siguió hasta que ella sabía que yo podía aguantar, se sintió satisfecha en el momento justo.

    Mis ganas eran enormes pero no me es permitido acabar dentro de ella, ni sobre ella, ni mi leva debe tocarla.

    Así que me hinque y la mire. Ella movió su cabeza en forma afirmativamente y comencé a masturbarme frente a Natasha hasta correrme tirando todo en el suelo.

    Deje las bragas sobre la cama para luego de limpiar el tiradero con mi lengua ella se acercó y acarició mi cabeza.

  • Con mi amigo la cogimos por todos los agujeros a la infiel

    Con mi amigo la cogimos por todos los agujeros a la infiel

    —Gracias chicos, fue la mejor cogida que me dieron en años, pero no será la última.   Voy estar 10 días más de vacaciones y quiero tenerlos dentro de mí todas las veces que puedan.

    —No hay ningún problema, dijimos los dos.

    Con Martín somos guardavidas en una playa de Cariló, un lugar espectacular, donde vacacionan los de mejor nivel económico de la argentina que no viajan a Uruguay. Y con ellos las familias claro.

    Los dos trabajamos en una de las torres desde la mañana a la tarde. Todo comenzó una tarde cuando después de un rescata volvíamos a nuestra torre y Silvia, la dama en cuestión, se acercó a nosotros. Nos preguntó si era peligroso bañarse esa tarde y él se quedó charlando con ella mientras yo volví al puesto de observación. Al rato, Martín subió riéndose.

    —Que mina jodida. Podes creer que el marido estaba a cuatro metros y a los dos minutos me dijo directamente que le gustaba y que si yo quería, pase por ella por el bar de la playa cuando termine el turno.

    —Dale para adelante, está muy fuerte esa mujer. Madura, pero con unas tetas y un culo de infarto. Dije.

    Los dos alquilábamos una casa chiquita cerca del mar. Una habitación, dos camas y una sala-cocina. Cuando terminamos el turno el paso a buscarla y fueron a la casa. Para no molestarlo, me fui a lo de una amiga. Cerca de la 21 estaba a 50 metros y vi que la mujer salía de la casa.

    —Hija de puta, me mató. Que mina caliente por favor. Dos tremendos polvos nos echamos, le gusta todo, se prende en todo.

    —Pensé que se había ido temprano, dos horas estuvieron. Dije.

    —Si, perdoname. Pero…

    —No loco, tranquilo. Sabes que no hay problema. Lo dije por la hora, anda a saber que le dijo al marido.

    —La historia de siempre, “no se le para, no me deja satisfecha”

    Al día siguiente, vimos que estaba sola en la carpa que ocupaba en el balneario. Nos miraba pero no se acercaba para nada. Al mediodía Martín fue a buscar algo para tomar, y ahí ella salió a su encuentro.

    —Es muy puta. Dijo Martín cuando subió a la torre.

    —¿Qué te dijo?

    —Te juro que fue como te lo voy a decir: “Hola amor, quiero coger con los dos. Los espero como ayer.”

    —Ah bueno… Dije.

    —¿Te sacrificas? Me pregunto Martín

    —No te voy a dejar solo. Jajaja. Dije y nos reímos los dos.

    La pasamos a buscar y fuimos a la casa. Ni bien entramos, dejo su bolso en el suelo, se puso de rodillas y comenzó a chupar la pija de Martín. Su verga era bastante larga, la mía, larga pero no tanto y si, bastante más gruesa, hecho que me generaba problemas con algunas mujeres porque les asustaba el grosor.

    Dejo de chupar a Martín y busco mi pija.

    —Me vas a hacer sufrir, desgraciado. Como me gusta eso. Dijo y abriendo bien la boca, se la metía toda.

    Estuvo un rato y mientras tanto se quitó la malla. Dejaba de chupar a uno para chupar al otro mientras nos masturbaba.

    —Cojeme Martín.

    Se puso en cuatro y mi amigo le empezó a dar duro por la concha, tomándola de la cintura, mientras ella me chupaba y se apretaba las tetas con fuerza.

    —Acostate Julio. Me dijo, fuimos al dormitorio y me acosté en mi cama.

    Ella me montó, metió mi pija en su concha en medio de quejidos mientras chupaba a Martín.

    —Como cuesta, me duele. Pero me encanta. Dijo mientras empezaba a subir y bajar.

    Gemía y chupaba como loca, yo le apretaba las tetas redondas y firmes. Luego de un rato, Martín acabo en su boca y yo en su concha. Ella gritaba como loca de placer.

    —Mi marido se fue a Buenos Aires, tenemos cuatro días totalmente para nosotros. Mañana los espero y vamos a mi casa.

    —¿Te parece, no vas a tener problemas? Dije pensando que seguramente tendría personal trabajando en la casa.

    —No, para nada. Ya me conocen…. Dijo y se largó a reir.

    —Bueno, como vos quieras.

    —Lo que yo quiero es que me hagan mierda, me gusta el sexo brutal, ser su puta.

    Bastó escuchar eso para que Martín la tome de los cabellos y la ponga a chupar su pija, guiando él los movimientos. Yo miraba y me fui calentando. Cuando él la tuvo bien dura, la solto y la puso en cuatro sobre la cama atravesada. Yo ocupe su boca con mi pija y Martín fue atrás de ella.

    —No grites, porque va a ser peor. Dijo Martín y ella asintió con la cabeza.

    Escupió el orto de Silvia y se la fue metiendo con todo. Ella se enterraba mi pija en la boca para no poder gritar pero sus ojos llorosos mostraban que le dolía.

    —La tenes toda adentro puta, ahora quiero que te muevas. Dijo mi amigo.

    Y ella empezó a mover el culo sin parar.

    —Pegame. Dijo Silvia.

    Los dos le dimos buenos chirlos, Martín en su culo, yo en su cara. Gozaba como loca hasta que tuvo un tremendo orgasmo.

    Fui a la sala y busque la parte de abajo de su bikini. Volví y se la puse en la boca.

    —Acostate Tincho, que te monte. Dije.

    —Hacela mierda. ¿Queres que te haga mierda Silvia?

    Ella mientras se metía la pija de Martin en la concha, asintió con la cabeza. Escupí su culo y me puse a empujar mi pija contra ella. Escuchaba sus gritos ahogados, me costaba entrar. Poco a poco fue entrando la cabeza de mi pija y sus gritos no paraban. Por fín la enterré toda y lo dos bombeábamos con todo, mientras Martín le mordía las tetas.

    Ella se sacó la bikini de la boca y gemía con todo. Respiraba agitada, y traspiraba con todo. Estuvimos un largo rato, hasta que por fin, acabamos dentro de ella.

    Me salí de su culo y ella de un salto se levantó y fue corriendo al baño.

    —Gracias chicos, fue la mejor cogida que me dieron en años, pero no será la última. Voy estar 10 días más de vacaciones y quiero tenerlos dentro mío todas las veces que puedan.

    —No hay ningún problema, dijimos los dos.

    —Me destrozaste el culo Julio. Mira. Dijo y se paso la mano, me la mostro y tenía sangre.

    —Lo lamento, vos pediste sexo duro. Dije.

    —Me encanto, nunca tuve una verga así de gruesa adentro.

    Se puso la bikini y se marchó.

    Al día siguiente vimos que en la carpa estaba con otra mujer, y era increíble el cuerpo que tenía, costaba pensar que tuviera más de 35 años. Una morocha tremenda. A la tarde, tuvimos un rescate y cuando volvíamos caminando las dos nos esperaban en la torre.

    —Hola, les presento a Dana, una amiguita. Aquí está mi dirección, los esperamos a cenar, tipo 21. ¿Tienen ganas? Nos dijo con toda la doble intención posible.

    —Por supuesto, que mejor que una buena comida a dos tremendas mujeres. Dije.

    —¿Nos van a comer? Dijo Dana.

    —No lo dudes. Dijo Martín.

    —Te dije que eran geniales. Los esperamos.

    Cuando fuimos, los dos de bermudas y remeras, Silvia nos abrió la puerta. Tenía un vestido mini, super ajustado que marcaba bien su cuerpo.

    —Pasen muchachos. Ya baja Dana.

    Entramos y nos sentamos en unos sillones. Cuando apareció Dana nos quedamos con la boca abierta. Tenía un vestido también mini, casi transparente, no tenía corpiño y en el cuello llevaba un collar de cuero con una argolla. Nos pusimos de pie para saludarla y nos partió la boca de un beso.

    —Dana es mi amiguita… todo servicio. Pueden usarla como quieran.

    —Por eso el collar. Dije.

    —Exacto. Es la mujer de un amigo de mi marido, otro boludo. Se queda con la amante en Buenos Aires en vez de atender como se debe a su mujer. ¿Quieren una cerveza?

    Los dos dijimos que sí y Silvia mando a Dana a buscarla.

    —¿Cenamos ahora o después? Pregunto Silvia.

    —Después, dijo Martín.

    —Traigan las cervezas. Dana, arriba puta.

    Subimos unas escaleras y llegamos al dormitorio. Silvia se desnudó por completo y le dijo Dana que se saque el vestido. Solo le quedo la tanga.

    —Vamos a hacer entrar en calor a los muchachos. Chupame perra. Dijo Silvia y se acostó.

    Dana no dudo en chuparle la concha con todo. Silvia gemía sin parar y enterraba la cabeza de la amiga en su concha. Fueron minuto y minutos de chupada. Sin que diga nada, nos desnudamos y nuestras pija estaba super duras.

    —A tu lugar putita. Dijo Silvia y le dio un consolador a Dana, que se fue a sentar en una silla.

    —Por favor ama, Dijo la amiga.

    —Silencio. Muchachos, háganme mierda otra vez.

    La pusimos a chupar nuestras pijas y estaba super excitada, nos chupaba y la miraba a Dana que chupaba el consolador y se tocaba con las piernas abiertas.

    —Miren que putita, pero las cosas no son gratis en la vida, hay que ganárselas o pagarlas. Dijo Silvia para seguir chupando.

    Con Martín nos miramos y nos alzamos de hombros. Esta vez fui yo quien se acostó en la cama y ella me montó. Nuevamente le costaba moverse, pero era tal su excitación que gimiendo con todo fue acelerando sus movimientos mientras Chupaba a mi amigo. Mire a Dana y estaba metiéndose el consolador en la concha y chupaba dos dedos. Su respiración era agitada.

    Martin se puso detrás y se la metió en el culo sin piedad, hasta el fondo. Silvia dio un grito de dolor y vi como el cuerpo de Dana se estremecía por un orgasmo, pero no paraba de masturbarse. Lentamente los dos fuimos tomando velocidad, Silvia no paraba de gritar de placer y pedirnos más, y que le peguemos. Yo le di un par de golpes en los pechos y ella gritaba como loca de placer.

    —Mira putita como me están cogiendo estos dos animales, me están desgarrando la concha y el culo, que placer por favor.

    —Ama por favor le pido.

    —Silencio.

    Dana se acomodó un poco y se metió el consolador en el culo mientras nos miraba, le caía la saliva por la comisura de sus labios.

    Los dos acabamos al mismo tiempo, llenándole los agujeros de leche. Nos tiramos los tres en la cama y Dana tuvo un orgasmo mirándonos.

    —Vamos a cenar. Dijo Silvia.

    Nos pusimos las bermudas y bajamos, ellas con ropa interior. Lo que siguió será material para otro momento.

  • Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (capítulo 3)

    Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (capítulo 3)

    A veces lo hacíamos de forma tradicional, besos, caricias, en fin todo lo normal, pero yo sentía que el quería seguir en el rol de ser mi puta… no se, lo intuía

    Cada vez que lo hacíamos siendo su AMA y el mi puta, me metía más en mi rol de AMA, me gustaba hacerlo y me calentaba… meterle el dedo en el culo era ya parte del juego, no se quejaba ni protestaba… lo castigaba cada vez más, quería avanzar con él, sabía cuál era mi objetivo… y lo iba llevando poco a poco hacia ese punto… quería follarme su culo, pero no se lo iba a decir y tampoco se lo iba a pedir, lo iba a tomar…

    Había leído que el punto G del hombre estaba frotando su próstata, no tenía experiencia en eso, pero así como él había descubierto mi punto G yo tendría la tarea de buscar el de él, hasta encontrarlo…

    Cada vez era más frecuente que le dejara la ropa que yo quería que usara, cada vez era más ropa, al principio solo usaba mis bragas de encaje, se sentía muy rico verlo usándolas y cuando tenía la polla dura, se la besaba y mamaba sobre el encaje, eso veía que le gustaba mucho y la sensación para mi también era placentera.

    Luego ya le dejaba conjuntos completos, bragas, sujetador, medias con ligas, después le compré unos tacones de su talla (obvio los míos no le quedarían porque soy más pequeña).

    Un día le compré un vestido negro, dejé en el baño el conjunto completo para que usara, vestido, tacones, sujetador, medias y una tanga transparente de malla, todo en color negro y los zapatos en color rojo, quería verlo como mi puta, lo quería sexy y caliente para mí.

    Cuando se cambió y llego donde yo estaba, le pedí que modelara para mí, le pedí que caminara de un extremo al otro del cuarto, le costaba caminar con los tacones… estuve a punto de reírme, pero eso rompería el encanto de ese momento, por lo que hice mi mejor esfuerzo por aguantar la risa…

    Verlo caminar como una puta, me calentó miles y entonces le dije “ven acá puta” saque mis tetas del sujetador y le ordene mamarlas y chupar mis pezones, inmediatamente cumplio con la orden y los empezó a besar y chupar, ufff que rico sentía esos labios sobre mis pezones que ya estaban erectos y duros…

    Le prohibí usar sus manos, no podía tocarme, solo yo podía hacerlo… mientras el besaba, lamia y chupaba mis pezones, yo metía mi mano debajo del vestido y sentía su polla empezando a ponerse dura, la sujetaba sobre la tanga de malla y suavemente le daba masajes para arriba y para abajo, apretando y aflojando, cuando me chupaba muy fuerte los pezones, le apretaba la polla para que supiera que si chupaba más fuerte, se la apretaba más, si chupaba suave, aflojaba mi mano sobre su polla…

    Así estuvimos hasta que mis pezones estaban a mas no poder, entonces le dije “putita te vas poniendo en la cama, te quiero en cuatro viendo hacia aquella pared”, no lo dudo y camino hasta la cama, se subió sobre ella y se puso en cuadro dándome la espalda y dejándome su culo a mi disposición…

    Me subí a la cama también y me situé detrás de él, le subí el vestido y lo deje sobre su espalda, veía como la tanga de malla se metía entre sus nalgas y las dejaba a mi disposición… las empecé a acariciar con mis manos, luego acerque mis tetas y empecé a pasar mis pezones erectos y duros sobre sus nalgas, los pasaba por ellas y luego subía por su espalda, los movía hacia los lados y luego volvía a bajar, quería excitarlo y sin querer yo también me estaba excitando al máximo… le puse una venda para tapar sus ojos y esta vez no lo amarre, pero le recordé que no podía usar sus manos para tocarme a mí, hasta que le diera permiso.

    Puse mi espalda sobre la cama y lleve mi cabeza en medio de sus piernas, empecé a acariciar su polla con mi lengua sobre la tanga de malla, escuchaba y sentía cómo suspiraba de placer y su polla se humedecía cada vez que pasaba mi lengua sobre ella… y cuando estaba a mas no poder y sentí que estaba a punto de correrse… me levante y regrese a su culo, baje la tanga hasta donde podía, acerque mi cara a su culo, separe sus nalgas y empezó a besar y lamer su culo…

    Pobre puta, no sabía lo que venía… estaba a mil, su respiración era cada vez más fuerte, podía escuchar como gemía… sentía que iba a correrse y le dije “cuidado te corres sin mi permiso puta…” y pensé ”ya lo tengo donde quiero…”

    Deje de lamer y besar por un momento su culo, me quite la tanga que llevaba puesta, estaba ya bastante mojada y la puse sobre su cara (sé que a él le fascina que haga eso, porque me lo ha dicho) puse especial cuidado en que la parte que había estado en contacto con mi vagina y que había mojado bastante, quedara sobre su nariz y su boca, para que pudiera sentir mi olor y sabor…

    Eso lo calentó aún más… y mi plan iba perfecto, ya estaba muy sumiso y obediente, ya estaba acostumbrado a seguir mis ordenes, ya lo había convertido y acostumbrado a ser mi puta personal y quería ahora empezar a buscar el punto G, para lo cual quería meter algo más grande que mi dedo en su culo… tenía un pequeño consolador anal conmigo, pero shhhh él no lo vio ni se dio cuenta, solo esperaba el momento oportuno para usarlo…

    Entonces regrese a su culo, nuevamente empecé a lamerlo y empecé a masajearlo con mi dedo índice, hacia círculos sobre él, lo lubricaba con mi saliva, lo iba relajando poco a poco, fui despacio introduciendo mi dedo índice en su culo, lo hacía muy despacio, le dejaba caer mi saliva y hacia como que la esparcía a todo el rededor, dándole masajes y hacia un poco de presión y metía la punta de mi dedo, cuando la metía hacia movimientos circulares en su culo, para relajarlo, luego en lugar de dejar caer mi saliva, deje caer un poco de lubricante, él ni se enteró… volví a meter la punta de mi dedo índice lubricado en su culo y lo metí un poco más ahora, empecé a sentir palpitaciones sobre mi dedo, lo sacaba y lo metía de nuevo un poco más cada vez y podía sentir las palpitaciones cada vez más fuertes sobre mi dedo, con mi otra mano acariciaba sus testículos y por momentos cerraba mi mano sobre ellos y los apretaba fuerte…

    Pueden imaginar la escena: mi esposo en cuatro sobre la cama, vestido como una puta, el vestido sobre su espalda, la tanga abajo en sus muslos, los ojos vendados, mi tanga mojada sobre su cara, una de mis manos apretando sus testículos y la otra metiéndole el dedo índice en su culo hasta los nudillos… y yo con las tetas afuera de mi sujetador, con los pezones durísimos a mas no poder y mi vagina escurriendo mi calentura que ya corría hacia abajo de mis muslos…

    Solo de recordar ese momento mis bragas empiezan a mojarse…

    Mi puta gemía de placer uff que sonidos tan excitante hacía, eso me estaba poniendo a mí a mil, no sabía si yo aguantaría… sentía que me iba a correr solo así, sin tocarme, solo de escucharlo y de ver como lo tenía… como una puta y yo como su AMA… pero seguí dándole el masaje en su culo, ya estaba bastante mas relajado, sin que el lo notara le ponía mas lubricante cada vez que lo sacaba y lo volvía a meter…

    Cuando sentí que ya estaba bien lubricado y relajado… llego el momento, tome el pequeño vibrador anal, saque mi dedo de su ano y le introduje el pequeño vibrador…

    Claro que dio un pequeño brinco y antes que dijera nada le dije “tranquila putita, los estas disfrutando, seguí gozando como la puta que eres, seguí lamiendo los jugos que tienen mi tanga y están sobre tu cara… tranquila deja que tu AMA siga disfrutando de tu culo puta”, sentí como se relajo un poco y entonces le dije “tu querías que fuera tu AMA, te gusta este juego, te gusta ser mi puta, si no quieres que siga, solo tienes que decirlo, pero no volveré a ser tu AMA nunca más, dejaremos este juego y seguiremos como antes”…

    Ya no dijo nada, se relajó y se dejó llevar y vi que empezó a lamer la tanga que tenía en su cara…

    Menos mal que no podía ver mi cara (seguía con los ojos vendados), porque se me dibujo una sonrisa algo diabólica y pensé “perfecto… ya te tengo donde quería puta, ese culo será mío dentro de poco tiempo…me lo voy a follar”

    Poco a poco le introduje más el vibrador en su culo, esta vez no dijo nada… estaba caliente, empezó a jadear y suspirar cada vez más, ya tenía casi la mitad del vibrador metido en su culo y de pronto me dijo “mételo todo” y antes de que se arrepintiera… lo empuje con fuerza hasta que quedo todo metido en su culo… allí hice una pausa y espera a ver cuál era su reacción…

    Pasaron dos o tres minutos con el vibrador metido en su culo y vibrando adentro de él, cuando me dijo que ya no podía, que le dolía mucho y que por favor lo sacara… primero pensé en no hacerlo, que se aguante así como cuando el me mete su polla en mi culo… yo me aguanto hasta que se relaja y luego disfruto… pero él no se relajaba y supuse que el dolor era muy fuerte, así que para que no fuera traumático para él, lo saque, no quería forzarlo, había avanzado más de lo que me imagine y pensé mmm, vamos progresando…

    Retire el vibrador de su culo, lo acosté sobre la cama viendo hacia arriba, le subí la tanga de malla y empecé a lamer su polla sobre la tanga, podía ver como ya goteaba de su líquido seminal y lo lamia… estaba esperando que me pidiera que parara, que ya no aguantaba y se iba a correr, pero no decía nada… pero estaba en un éxtasis total y yo estaba igual, pues resulta que la que ya no aguanto fui yo…

    Le baje la tanga y me subí sobre él, fui bajando poco a poco y sentía como su polla se abría camino en mi vagina, podía sentir lo caliente que estaba esa polla… y seguí bajando hasta tenerla toda adentro, me sentí total mente llena y en ese momento empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás con suavidad, luego lo cabalgaba con furia un rato y luego volvía a hacerlo suavemente, quería que nos viniéramos juntos, ya estábamos sudando y los dos empezamos a ponernos rojos, fui subiendo la velocidad sobre él y llego el momento de acelerar… empecé más rápido cada vez, hasta que los dos explotamos en una corrida muy fuerte casi al mismo tiempo…

    Nos hacía falta el aire, nos quedamos recostados en la cama y cuando me di cuenta, así aun vestido como mi puta… se quedó bien dormido… pero también bien cogido…

  • Masturbación y gases

    Masturbación y gases

    David llegó a su piso después de una larga jornada de trabajo en la oficina y se dirigió a su habitación con cierta premura.  Cerró la puerta con llave, dejó el maletín sobre una silla y empezando por la chaqueta y siguiendo por los pantalones se quitó todo, ropa interior incluida y se dejó caer boca arriba sobre la cama.

    Los muelles protestaron.

    – Por fin en casa. – susurró hablando para si mismo mientras se rascaba distraídamente su velluda nalga derecha.

    Un minuto después, su mente se centró en el recuerdo de su nueva jefa, una excompañera de trabajo, una mujer cinco años mayor que él, años que no la habían hecho perder su atractivo. Cierto es que sus pechos de mediano tamaño habían perdido algo de frescura y su trasero no era tan firme como fue cuando se conocieron, pero sus ojos transmitían pasión y su voz era capaz de seducir.

    Casi sin querer, David agarró su pene y comenzó a masturbarse.

    En la tripa, durante la jornada, se habían acumulado gases.

    Ahora era el momento. Notó como el aire se abría camino y estaba a punto de salir.

    Se oyó el sonido de la puerta de la calle al abrirse.

    David contrajo los glúteos cerrando el ano y evitando, en el último segundo, recibir a su compañera de piso con estruendo y fanfarria.

    Su pene creció mientras el semen se empezaba a acumular en su interior.

    Un nuevo sonido llegó desde el exterior mientras una gota de sudor resbalaba por la frente del inquilino.

    David suspiró aliviado, la chica había entrado en su habitación. Poco después el sonido del agua de la ducha. Sonido que serviría de pantalla.

    El empleado reanudo el movimiento de la mano que agarraba su miembro y, esta vez sí, se tiró el pedo. Lo hizo en tres partes, jugando a contraer y relajar su orificio anal.

    Luego todo sucedió muy rápido, las imágenes de su jefa y su compañera de piso sin ropa, el juego con el esfínter y como colofón, una nueva ventosidad. El semen saltó cayendo en sus peludos muslos, su vista se nubló durante unos instantes y el efímero placer recorrió su cuerpo.

    Después llegó el relax.

    Sin pensar en nada se tiró un tercer pedo, largo, ruidoso y con olor.

    En la habitación de al lado. La inquilina había cerrado la ducha durante unos segundos. Oyó ruido en la habitación de al lado.

    Podía ser cualquier cosa, desde una silla arrastrándose hasta… sí, hasta un pedo.

    Pensó en ello y llegó a la conclusión que aquello había sido un pedo.

    De repente sintió calor y se llevó la mano a sus partes íntimas. Jugueteó con los largos pelos que nacían en su coño y se metió el dedo.

    Lo sacó y lo volvió a meter. Jadeó.

    Su mente se llenó de imágenes absurdas… Su compañero de piso y ella desnudos sobre la cama. Besándose. Las manos de él sobando sus nalgas y ella, siempre tan pudorosa, dejando escapar un pedete y luego otro, en forma de silbido, de colchoneta perdiendo aire. Su rostro rojo de vergüenza mientras David decía. «Sigue, tírate otro y otro. Tus pedos son poesía.»

    Fin