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  • Los pies de mi chico

    Los pies de mi chico

    Realizaba una comisión para un cliente cuando se abrió la puerta. Después de un pesado día de universidad, Brayan retornaba a casa.

    Luego de besarme arrojó su mochila donde primero cayera; se sacó los zapatos y se lanzó boca arriba en la cama para recuperar el aliento. Después de caminar un buen trayecto, bajo el abrasador sol de la tarde, estaba exhausto.

    Me ubiqué junto a sus pies adoloridos y los masajée por encima de las medias. Brayan suspiró agradecido.

    Brayan, con los brazos cruzados detrás de la nuca y los ojos cerrados, jadeó, complacido, cuando mis dedos apretaron sus plantas maltrechas, provocándole alivio.

    Acerqué mi nariz a la olorosa tela de sus medias; luego de todo un día en el interior de sus zapatillas sus pies tenían un ligero olor agrio, a sudor rancio, varonil, exquisito; sin poder contenerme, me apresuré a sacarle las medias y acercando aún más mi cara introducí uno de esos perfectos dedos en mi ansiosa boca.

    Poco a poco, como si el tiempo estuviera detenido en un placentero bucle infinito, le fui chupando cada uno de sus largos y gráciles dedos, suculentos, deliciosos, como palitos de Cheese Tris humedecidos por la saliva de mi anhelante boca. Cada uno se sentía maravilloso: su sabor, su cilíndrica forma y su textura blanda, suave, de sugerentes golosinas. Brayan se retorció y gimió, complacido, cuando incrementé el nivel de mi succión en el enorme y suculento pulgar de su pie derecho, tras terminar de darle placer al del izquierdo.

    Mientras mi boca le daba disfrute a esos exquisitos dedos mis manos apretujaban, masajeaban, estimulaban las innumerables terminaciones nervisosas de sus plantas blandas y suaves, impregnadas de ese delicioso olor ligeramente agrio que enloquecía maravillosamente a mis fosas nasales, inundándolas a modo de grato perfume.

    Mi lengua, desbocada como corcel indómito, recorrió repetidamente, como caminante que recorre a diario un grato camino, las magras y suaves plantas de sus pies, desde los talones hasta la base de sus bonitos dedos, introduciéndose juguetonamente entre ellos, para sacarle, con tal práctica, preciosas risas a mi Brayan al provocarle ternuronas cosquillas.

    Mi chico apretó los ojos, y los puños, y abriendo la boca exhaló una hilera de gemidos de placer mientras le mordisqueaba los bordes externos de las plantas de sus maravillosos, delgados, blancos y esbeltos pies de príncipe. Se sintieron blandos, pero firmes bajo mis dientes juguetones, complacientes, y mi boca se llenó de ese magnífico sabor agrio, varonil, de exquisitos pies masculinos, por el cual me rendía completamente ante los preciosos pies desnudos de mi adorado Brayan, para su placer y el mío.

    Brayan se incorporó, tras conseguir alivio en sus pies cansados, ya relajados ante mis estímulos, y tras arrancarme los zapatos y retirarme las medias, comenzó el mismo periplo de deseo y complacencia mutua, con mis pies.

    Fin

  • ¿Nos grabamos? (I)

    ¿Nos grabamos? (I)

    Mi novio no me quitaba ojo, viendo como me arreglaba para salir. Lo vi por el reflejo del espejo, apoyado en la puerta de la habitación, concentrado mirándome el culo. Nuestras miradas reflejadas se cruzaron y le guiñé un ojo. Había quedado con Josh, un viejo amigo de la carrera al que hacía tiempo que no veía. Aún estaba en ropa interior, con un tanga de encaje negro y rojo y el sujetador a juego, apunto de ponerme un top de rejilla encima. Jack, mi novio, se acercó y me dio una palmada en el culo, agarrando uno de mis grandes cachetes con todo lo que le daba la mano; cuando me coloqué el top, metió las manos por debajo y me agarró las tetas.

    -Estás buenísima – me dijo con la boca pegada a mi cuello, bien juntito a mí, notando en mi culo como algo se despertaba bajo su pantalón.

    -Gracias, cariño – contesté dándome la vuelta y abrazándolo.

    Me agarró con las dos manos bien el culo, magreándome, mientras nos fundíamos en un beso. Noté como apartó una de ellas para buscar algo en su pantalón y, al poco, escuché el sonido de la cámara de su móvil. Había echado una foto al espejo en la que se veía como nos enrollábamos, encuadrando bien al culo. Me reí y le seguí el rolló. Me puse en popa y le dije que echara otra. Me enseñó las dos sin parar de decirme cosas de lo mucho que le gustaba. Yo no podía parar de reír, ilusionada.

    -Echa otra – le dije después de meter la mano en su pantalón y sacar su polla, ya bien erecta.

    Me agaché a chupársela bajo el sonido de las ráfagas de fotos incesantes. Saber que me estaba fotografiando fue un estímulo extra para comerme aquel rabo grande que tanto me gustaba. Hasta que, de repente, cesó el sonido de la cámara y me dijo:

    -¿Nos grabamos?

    La mera idea me puso a tope y le di mi afirmativa mirándole a los ojos y metiéndome su polla hasta la campanilla.

    Daba igual cuantas veces hubiese follado con él, para mí era irresistible y siempre me ponía a mil con solo mirarme. Y, en esta ocasión, con la cámara grabando, toda esa pasión se disparó. Me tumbó en la cama y me pasó el móvil. Me mordió el culo, me quitó el tanga y se puso a comerme el coño como un animal hambriento. Me agarraba de los muslos, subía sus manos hasta mis tetas, sin perder el ritmo ni la concentración en el cunnilingus. Y yo no perdía detalle, como si de la mejor camarógrafa de la historia se tratara.

    Se levantó con la cara llena de babas y de mis fluidos. Se quitó el pantalón y los calzoncillos y no esperó más para clavarme mi polla favorita. Me puse a temblar y fue muy difícil mantener el pulso grabando. Echó una de mis piernas para un lado, me agarró de culo y muslo para follarme con fuerza. Se quitó la camiseta, mordiéndose el labio, poniendo la cara más sexy que había puesto en su vida. No podía más y le pasé el teléfono. Ya con las manos libres, grité y me agarré de los pelos, retorciéndome de placer. Sin parar de penetrarme, veía como iba grabando parte por parte: me tocaba el muslo superpuesto y hacía una panorámica desde mi culo por toda mi pierna, grababa la penetración, grababa mi cara…

    Le dije de ponernos a cuatro patas. Mandé el sujetador y el top a tomar por culo mientras me incorporaba. En cuanto volví a notar su polla dentro de mí, flipé dando un alarido y tuve que echar mano al clítoris. Podía notar como me iba agarrando desde distintos puntos, imaginaba que seguía grabando con detalle. Estando extasiada, con la cara aplastada contra la almohada, vi que puso el móvil junto a mí, con cuidado para que el plano grabara toda la acción. Me dio un palmada en el culo, me agarró por las caderas y comenzó a penetrarme con todas su energías. No pude aguantar así y terminé corriéndome entre gritos de satisfacción. Él aguantó un par de minutos más a ese ritmo hasta que sacó su polla, pajeándose, y me llenó el culo de semen. Noté como me chorreaba por la espalda. Me limpié con la mano, sin moverme mucho, y me chupé el dedo mirando a cámara.

    Tuve que empezar a arreglarme de nuevo. Ya no me daba tiempo a ducharme otra vez y traté de disimular con desodorante y perfume el olor a sexo que desprendía. Fue totalmente en vano. Me cambié de ropa interior, me puse el mismo top y completé el outfit con una minifalda negra de cuero sintético. Le di un beso a mi hombre y me monté en el coche.

    Habíamos quedado con unos amigos por la noche para ir de bares. Pero, hasta que no salieran de trabajar, Josh y yo estaríamos calentando motores tomando unas copas en su casa. Haciendo un botellón, vamos, para volver a sentirnos jóvenes.

    Josh era un chico negro, no muy alto, con unos hombros y unos brazos impresionantes, pero de rostro y carácter encantador. Un chico que imponía solo con su presencia. Nos alegramos un montón al reencontrarnos. Nos dimos un abrazo, nos dijimos lo bien que nos veíamos y nos pusimos al día. Todo esto mientras vaciábamos una botella de ron, por supuesto.

    La hora de quedar con el resto de amigos se acercaba. Debatíamos si abrir la segunda botella o no. Terminamos por acordar que para una copa, al menos, teníamos tiempo.

    Josh fue al baño y aproveché para mirar el móvil, que llevaba un rato vibrando. Entre varias notificaciones, tenía veinte o treinta whatsapps de Jack, cosa que me preocupó. Abrí el chat y vi que me estaba enviando las fotos y el vídeo del polvo que echamos por la tarde. Los ojos se me iluminaron. No me lo esperaba. Me senté mordiéndome los labios y sintiendo calor en la entrepierna. Pasé una a una las fotos, haciendo zoom y viendo al detalle como hace unas horas estaba merendando la polla de mi novio. Crucé las piernas fuerte, para evitar la tentación de tocarme y calmarme un poco.

    -¿Te echo entonces una copa más?

    Josh había vuelto del baño y ni me había enterado. Cerré deprisa el móvil y me puse en pie de un salto, arreglándome y tratando de aparentar normalidad.

    No solo nos dio tiempo para una copa más, sino que nos tomamos una segunda y ya íbamos por la tercera, aún sin tener noticias del resto de nuestros amigos. Al cabo de un rato, Josh recibió una llamada y se apartó para hablar; mi diablilla interior regresó, aprovechando el momento, continué por dónde me había quedado con las fotos. Al verme agarrando la polla de mi novio, chupándole los huevos, me puse tan cachonda como lo estaba minutos antes. “Eran estos. Salen en un cuarto de hora”, dijo Josh, a lo que contesté con una onomatopeya, sin levantar la cara del móvil, cachonda perdida.

    Llegué al vídeo y los ojos se me agrandaron. Incluso con lo absorta que estaba, fui consciente de que no podía permitirme verlo entero. Confiada por el poco sonido de los primeros minutos, fui avanzando el vídeo poco a poco, hasta que uno de mis gemidos se escuchó a todo volumen, acompañado por el ruido del cuerpo de Jack chocando contra mi culo. Los dedos me temblaban buscando el botón para bloquear el móvil, mientras el espectáculo continuaba y Josh me miraba ojiplático.

    -¿¡Qué estás viendo!? -dijo asombrado.

    Me llevé las manos a la cara sin saber dónde meterme, pero la risa me venció y solté una carcajada, siendo incapaz de hablar, mientras Josh esperaba una respuesta.

    -¿Me voy un segundo a hablar por teléfono y te pones porno? -preguntó contagiado por la risa.

    -No… no es porno. Bueno, sí lo es. Pero no es lo que imaginas.

    -Si no es lo que imagino, tú me dirás.

    No se cual fue el proceso mental que tuve en ese momento. Estaba muerta de la vergüenza, pero no sé qué me llevó a actuar como hice:

    -Verás… -permanecí unos segundos en silencio y, mirando al suelo, le enseñé el móvil durante menos de un segundo.

    -¡¿Qué?! -exclamó Josh- ¿Qué acabo de ver?

    -A mí. Acabas de verme a mí, empotrada por Jack. Me lo acaba de pasar y no puedo parar de verlo. Estoy orgullosísima.

    -¡Guau! Eso sí que no me lo esperaba -Josh resopló y le dio un trago largo a su copa.

    La situación se puso tensa. Y todo por un arrebato inexplicable mío. Seguía mirando el móvil, ya en silencio, pero controlaba a Josh de reojo, que se aguantaba la risa sin poder siquiera mirarme.

    -Josh, lo siento, pero tienes que ver esto.

    No me entendía, no me explicaba por qué actuaba así. Quizás era el alcohol, ni idea. El caso es que sentía que no controlaba mis actos de manera racional. Josh dejó la vergüenza a un lado e hizo caso a mi llamada; titubeó en un principio, pero luego se acercó de un salto. Puse el móvil para que pudiéramos verlo los dos y se pegó a mi lado, intrigado. El gesto de su cara cambió y clavó los ojos en el móvil. El plano era perfecto. En primer termino estaba mi cara, mi cuerpo se extendía en diagonal y Jack estaba perfectamente encuadrado al final, agarrándome por las caderas y empalándome.

    -¡Vaya! -exclamó-. Ahora entiendo que no quitaras ojo.

    Sonreí con picardía y le indiqué que siguiera atento. En el vídeo, Jack me dio una palmada en el culo y recordé que fue momentos antes de correrme. Así que subí el volumen y esperé a que mi amigo disfrutara la escena. Cuando mis gemidos se incrementaron por la corrida, Josh se abrazó a mí impresionado, agarrándome ligeramente por la cintura. Apuró lo que quedaba de su copa y solo alcanzó a pronunciar un “¡flipa!”. Dos minutos después, Jack sacó su polla y me llenó el culo de lefa.

    -¡Menuda polla tiene tu novio! Ahora entiendo por qué gemías así -asentí orgullosa-. Aunque claro, con ese culo, a mí también se me pondría así y lo daría todo.

    Me volví hacia él sorprendida por lo que había escuchado.

    -Gracias… supongo.

    -Perdona -volvió a caer presa de la vergüenza-, pero es que se te ve un culazo espectacular.

    Lo miré de arriba a abajo, asimilando el inesperado cumplido. Claro, que más inesperado era lo que estaba haciendo yo. Bajo su pantalón de pinzas negro, me di cuenta de que empezaba a notarse su erección. A estas alturas no podía sorprenderme de nada. Con mala leche, le di un porrazo en el creciente paquete.

    -¡Tú tampoco estás mal!

    -¡Cabrona! ¡Me has hecho polvo! -dijo encogiéndose del dolor.

    Me agarró de nuevo por la cintura tirando hacia él para que no me escapara. Forcejeamos un rato, jugando, y terminé dándole un beso en su rapada cabeza, en señal de paz.

    -¿Ya no hay más?

    Noté como su mano, que antes estaba en mi cintura, había bajado hasta mi cadera.

    -¿Qué más quieres?

    Muy cerquita de mi culo, podía sentir que su erección seguía en pie, pese al manotazo que le había dado. Inconscientemente, acerqué mi mano, sin llegar a agarrar. La piel se me erizó. Josh y yo nos miramos y dejamos de reír. Su mano ya invadía mi culo, sin tapujos, y las puntas de los dedos trataban de colarse por el interior de la falda. Nos aguantamos la mirada, mientras seguía acariciando la silueta de su pene; me apretó el culo y, como si fuera la última pieza del mecanismo que faltaba por accionar, nos lanzamos a comernos la boca.

    ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué actuaba así? Yo nunca hubiese hecho esto… pero lo estaba haciendo. No era momento de reflexionar, ni de darle más vueltas, solo me dejé llevar. Ahora sí, agarré la polla bajo su pantalón, disfrutándola, deseando verla ya. La mano que le quedaba libre se abalanzó sobre mi pecho, apretándolo sobre el top con fuerza, haciéndola más pequeña. Tiró de mí y quedamos de frente. Lo abracé, disfrutando su fuerte y ancha espalda. Él me agarró con ambas manos el culo, haciendo que medio saliera de la falda. No quedó ni un milímetro entre nosotros.

    Cuando separamos nuestros labios, Josh me miró preocupado y, con gesto de incertidumbre, movió la cabeza tratando de preguntarme si estaba segura de continuar. Evitando procesarlo, respondí con gesto afirmativo y nos comimos los morros de nuevo. Liberé la energía de Josh, que me dio la vuelta, apretando mi culo contra su polla, y me palpó de arriba a abajo. Al llegar a mis muslos, sus manos comenzaron a subir de nuevo, lentamente, y se colaron por debajo de mi falda, esta vez sin titubeos. Fue al grano y sus dedos buscaron mi coño, haciéndose paso entre mi tanga y encontrando su premio empapado.

    Ya no había vuelta atrás. Las rodillas me temblaban con cada círculo que dibujaba en mi coño y el deseo desbocado iban sustituyendo cualquier resquicio de culpa. Busqué tras de mí su paquete y, con maña inusual, saqué una gran polla por la bragueta. La apreté, palpándola a ciegas, y exhalé un pequeño gemido de ansia. Me di la vuelta para agarrarlo y tirarlo contra el sofá. Ni que decir queda que se dejó. Se terminó de desabrochar los pantalones mientras yo me agachaba, quedando frente a una pedazo de polla negra que nunca imaginé ver. Gruesa, venosa y algo retorcida, aquello debía de ser lo que en el porno llaman una black monster cock. La polla de mi novio era enorme, la más gorda y larga que había visto; pero esto era otra cosa.

    Con tanta curiosidad como deseo, la agarré lenta, pero decidida. Cierto es que mi mano es pequeña, pero me sigue pareciendo una locura que, al agarrar su polla, no pudiera cerrarla. La recorría de arriba a abajo, embelesada, descubriendo su relieve y su superficie irregular. Me armé de valor, abrí todo lo que pude la boca y me lancé a por ella. No me entraba más que el grande y sin poder evitar que rozara mis dientes. ¡Se me iba a desencajar la boca! Opté por la vía práctica: usar mi mano para masturbarlo mientras restregaba mi lengua y labios por todo el tronco.

    -Qué labios más gorditos y suaves tienes – me dijo.

    Sus palabras me encendieron de un chispazo. Subí varias marchas y bajé mi boca hasta sus huevos. Se le fue la cabeza para atrás con un gemido. Me tocaba mientras hacía mi trabajo, evitando pensar en nada. Pensé en decirle que era su turno y, viendo el grosor de lo que tenía entre manos, hubiese sido lo más sensato, pero estaba tan ansiosa y me notaba tan mojada que, simplemente, me baje las bragas y fui a sentarme sobre él.

    Puse la puntita de su glande en mi vagina y dejé caer el peso de mi cuerpo. No me equivoqué al pensar que estaba lo suficientemente mojada; tampoco lo hice al pensar que aquello era demasiado gordo. Me pudo el ansia. Un quejido entre el dolor y el placer es todo lo que recuerdo durante unos segundos. Sentí como si mi cuerpo se partiera, como si mis caderas se desplazaran cada una a un lado. Pero mis ganas (y mis fluidos) solucionaron el problema y, lentamente, la gravedad hizo el resto. Estaba toda dentro de mí. Respiré un segundo, mirándolo con la cara desencajada, mientras terminaba de quitarse la ropa. Cuando asimilé todas las sensaciones que recorrían mi cuerpo, comencé a cabalgar entre temblores, ayudada por sus fuertes brazos, que agarraban bien mi culo.

    Los hombres tan fuertes y musculados no me han llamado mucho la atención. Mas ahora, me era imposible no acariciar su pecho, observarlo, disfrutarlo… Debía de haber pocos como él. Sus grandes y musculados brazos se hinchaban y marcaban al agarrar y menear mi culo, tan gordo que rivalizaba con el grosor de su polla.

    A pesar de que la pasión se impuso a nuestros remordimientos, se palpaba cierta tensión; después de que Josh hablara de mis labios, no volvimos a pronunciar una palabra más. No, al menos, hasta que comencé a verlo cansado. Estaba tan extasiada que él tenía que hacer la mayor parte del trabajo, pese a estar yo encima. Al darme cuenta, con la lujuria dibujada en mi cara y hablando por mi boca, le dije: ¿me pones a cuatro patas?

    Su rápida reacción fue su afirmación. Al sacar su polla noté un abismo en mi coño, no sé si alguna vez estuvo tan dilatado. Al inclinarme sobre el sofá pude notarlo mejor, seguía abierta de par en par. Josh plantó su cara en mi culo y con su lengua buscó mi coño; se coló bien adentro sin el menor esfuerzo.

    Pareció gustarle aquello y disfrutó de mi coño durante unos instantes, comiéndomelo con maestría, antes de volver a ensartarme. Cuando lo hizo, exploté. Fue una de las mejores sensaciones que he tenido nunca. Con cada embestida pensaba que me partía, que las piernas se me separaban. Era un terremoto que me impedía mantener la posición sin caerme. Un aluvión de placer que me iba a desmembrar. Me agarraba por las caderas para penetrarme mejor, pero llegué a pensar que lo hacía para que no se me abriera el cuerpo. De esta forma era imposible aguantar mucho más. Aguanté poquísimo en esta postura. Llevé mis dedos al clítoris, consiguiendo la imposible hazaña de no caerme, y lo estimulé con la misma intensidad con la que Josh me follaba.

    Fue algo como perder la consciencia. Continuamos follando, pero yo estaba en otra parte, flipando, incapaz de asimilar el orgasmo que estaba teniendo. Ni se ni me importa el tiempo que estuve viajando. Fueron unas palabras las que me hicieron regresar de mi trance:

    -¡Me voy a correr!

    -Córrete en mi culo – contesté casi sin haber aterrizado de Saturno.

    En un segundo su monstruosa polla ya no estaba en mi coño y por los cachetes de mi culo chorreaba semen, como horas antes cuando me grabé con mi novio. La realidad, con todo su peso, regresó.

    -¿Qué tal? – preguntó tras resoplar.

    -Bien – contesté. El polvo había sido la hostia, pero no se si le estaba mintiendo.

  • Amante de un hombre casado que me doblaba la edad

    Amante de un hombre casado que me doblaba la edad

    Estaba recien divorciada con un niño pequeño y me enfoque en trabajar, la verdad no salía mucho, me sentía algo fea por mi divorcio, a penas tenía 25 años, estaba joven y hermosa, aun lo soy, pero en ese momento mi autoestima estaba por el piso, trabajaba en una panadería y todos los días debía pasar por varias tiendas antes de llegar, un día necesitaba saldo y decidí recargar en una pequeña tienda, el señor era alto, delgado, de piel blanca y ojos oscuros, el se rapa a su cabello y se veía mayor que yo. Yo soy muy bajito tipo 1,60 delgada de grandes pechos y culito mas normalito, de cabello castaño siempre largo y ojos grandes y oscuros decorando el pastel con una boca voluptuosa que a los hombres siempre le gustaba.

    En fin, mi celular tenía algo dañado en la señal que iba y venía así que no sabía si la recarga había sido hecha y yo ya debia irme, por lo que el hombre como excusa me dio su celular, luego de montar en el autobús me llegó un mensaje del hombre preguntando por mi recarga y momentos después me aviso el teléfono con un mensaje que efectivamente la recarga fue hecha. Eso dio pie a muchos mensajes que empezaron a subir de tono, eso me ponía muy caliente y me mojaba por lo que siempre terminaba tocando el coño.

    A las dos semanas de pláticas rápidas en su local y de mensajes constantes de texto decidimos dar por terminada la ansiedad ambos queríamos comernos, siempre he sido una mujer muy caliente, pero con el reciente divorcio me conformaba con ver videos porno y mis dedos, ese día me fui en bus hasta una parada, luego el paso por mi en su carro pues yo vivía muy lejos, ya en su carro comenzamos a platicar normalmente y nunca me tocó así que no sabía si el hombre en fin si quería o sería una decepción, pero oh sorpresa no era una decepción, el hombre me invitó una copa de vino, tenía un lindo apartamento de dos habitaciones y ya sabía que era casado, y por más que me decía que su esposa sabía que yo existía pues no le creí quien hace eso?

    —pensé que no vendrías —me dijo Eduardo (nombre ficticio).

    —¿por qué no lo haría? — fue mi turno de preguntar.

    Estaba algo nerviosa, era madre de un niño pequeño así que mi cuerpo no era tan firme como años antes, el vino estaba delicioso así que me tomé la copa casi tan rápido como cuando me la dieron, él se levantó para servir más y lo seguí a la cocina, charlamos en el mesón y luego lo vi acercarse y besarme de manera despacio, yo le calculaba unos 38 años o los 40 años la verdad no le había preguntado, ese solo beso me puso muy caliente, era buen besado así que volví a buscar sus labios y sus manos fueron a mis caderas, tenía un jeans puesto y una camisa sencilla de tirantes, acarició mi cuerpo dándose su tiempo en desnudarme, nos sentamos en el sofá y la sesión de besos continuó, cuando me tenía bien desesperada por su verga decidio que era hora de irnos a su cuarto, tenía una bonita cama grande, su cuarto era lindo con fotos de su esposa y todo, cerca de su cama había una especie de saquito de tela con muchos condones, eso me sorprendió mucho, pero no dije nada.

    —tanta ropa estorba —me dijo quitando mi camisa.

    Mi corazón lria rápidamente y mi vagina palpitaba y bota a sus jugos por la sola espera y caricias suaves y furtivas, el hombre sabía lo que hacía y eso me gustan, me recostó en la cama y me quitó el pantalón de Jeans dejándolo tirado en el piso, vio mis pequeños cachete ros de encaje y el hombre literal gruñó como un león al verme con mis pantis y mi sostén me los quito y se dio un festín primero con mis senos los chupo y los mordió bien rico que me tenían gimiendo como una puta, sus manos se colaron en mis pantys y llegó a mi intimidad sepando mis pliegues húmedos.

    —sabía que te gustaba zorrita —eso me hizo gemie pues nadie me había llamado así cuando teníamos sexo y eso me prendió aún más—verdad que eres mi puta? —me pregunto.

    —Si, lo soy metemelo —esta muy desesperada y el decoro quedó en la sala.

    —primero quiero probar esa cuquita linda.

    Y acto seguido bajo mis pantis y bebió de mi como si tuviera sed, lamio, mordió y chupo de mi rajita y yo solo podía gemir y jadear, solo de recordarlo me mojo de nuevo. Metió dos de sus dedos de golpe en mi vagina

    —que estrechita eres, si así apretás mis dedos estrangularas mi verga niña rica —el hombre volvió a pegar su boca de mi y mordió mi clitoris y lo succión lo que me hizo ver estrella y tener mi primer orgasmo.

    —Ahh, Ahh… Así si si si —estaba enloquecida de placer.

    NO me dejó en paz siguió y siguió bebiendon mis jugos hasta provocarme un nuevo orgasmo allí decidió que era hora de darle de comer a mi cuquita y busco un preservativos mientras yo volvía a la tierra de los vivos, momentos después fui ensartada por una gran verga y madre del amor hermoso que verga tan grande y venda se esta comiendo mi cuquita.

    —¿vas a aguantar todo? ¿Te vas a comer mi verga niña?

    —dámelo todo papi —lo amarre con mis piernas en su cintura para que no se escapara y me lo metiera más hondo y comencé a moverme como una serpiente para tener más movientos mientras el veía como me movía debajo de él buscando mi placer, mi clitoris rodaba con su pelvis lo que nos tenía jadeando a ambos.

    —mi niña caliente y bien zorra. Te gusta que te cojan duro ¿verdad aquí esta tu paoi y te dará lo que quieres.

    Levnto mi pierna derecha y lo sentí aún más hondo lo que me hizo gritar más fuerte. Empezó a martillearme bien rico a buen ritmo dentro fuera dentro fuera y luego movimientos circulares lo que me hacía clavar mis uñas en su espalda y seguir gimiendo como perra el hombre se apoyo de sus manos y se separó un poco y sin dejar de darme verga me cacheteo fuerte.

    —Eres mi puta, dilo —demandó tajante

    Mi corazón se aceleró y una parte de mi quería apartarlo pero otra parte estaba chorreando de jugos encima de su verga por sus palabras y por su golpe.

    —dilo — volvió a golpear mi mejilla —di que eres mi puta, eres mi zorrita que le encanta comerse mi verga.

    Y me seguía dando duro sin cesar, me di cuenta que lo ponía caliente que fuera su zorrita y quise serlo en verdad

    —si, ppi soy tu zorrita cogeme duro —me convertí en una mujer que no había conocido.

    —ponte en cuatro puta —me saco la verga de mi cuquita y está se contrajo no queriendo que se fuera.

    Obama did ci como una niña buena queriendo más verga. Me dio dos nalgadas antes de meterme de nuevo si verga en mi coño húmedo y necesitado.

    —como un guante con miel caliente, así se siente esa cuca niña— me dijo al oído mientras lo sentía más grande y más hondo y yo gemi como perra.

    Masajeo mis senos y los pellizco, acarició mi espalda con una mano y con la otra dibujo círculos en mi clitoris endurecido como una perla lo que me hizo empujar mi culo hacia atrás.

    —Así niña, así muévete para papi— y vaya que me moví, entre y salí de él como si fuera un tierking— Me voy a venir niña, sigue moviéndote así de rico.

    Y lo seguí haciendo porque estaba yo también a punto de llegar a mi orgasmo, sentí una mano colarse entre mis piernas y llegar a mi cuquita de nuevo mientras apretaba mi cadera para el moverse y encontrar su liberación y pellizco mi clitoris lo que me catapultó a un exquisito orgasmo que casi me hace desmayar desplomandome en la cama, sentía mi vagina palpitar alrededor de su pene y su pene latía aún en mi interior.

    El se salió y fue a botar el preservativos y volvió a la cama, reviso las nalgadas y mi cara y como soy de piel morena casi no tenía nada salvo una pequeña marca roja, me acuno y acarició mi cabello y eso me hizo sentir reconfortado recuperando un poco la autoestima que necesitaba.

    Luego de eso nos bañamos y le hice un rico oral en el baño que lo hizo acabar en mi boca y yrague todo como la niña buena que era para él. Luego nos vestimos y me llevó a mi casa, luego de eso nos vimos otras veces por casi un año, otro día les cuento otras de nuestras aventuras.

    Besos

  • Me cogió en su silla de ruedas

    Me cogió en su silla de ruedas

    Fue en mi primer día en el gimnasio que lo conocí. Me dio una pena tremenda verlo en su silla de ruedas. Es un muchacho de 28 años, una cara hermosa, pelo castaño, ojos verdes, un torso increíblemente ancho, musculoso al igual que sus brazos. Ni una gota de grasa tenía. Y cuando nos cruzamos, me saludó con una sonrisa increíble.

    Mientras hacía la entrada en calor no podía dejar de pensar la razón por la que estaba en esa silla. Me enoje conmigo misma porque no podía dejar de mirarlo. Y él se dio cuenta. Puse mi vista en un televisor y me concentre en mis ejercicios. Pasé a otra máquina, hice mi rutina y cuando me estaba por levantar escuche una voz:

    -Hola, en esa máquina se hacen dos ejercicios, el que hiciste, y lo mismo pero bajando la barra por delante de tu cabeza, llevándola hasta la altura de tus hombros. Es para el pecho.

    Era él que estaba a mi lado.

    -Ah, hola. No me dijeron. Dije sorprendida.

    -Hola, soy Germán, dueño del gimnasio. Ese ejercicio es muy bueno porque te fortalece los músculos y contra resta el efecto de la gravedad. Dijo con una sonrisa hermosa.

    -Me llamo Gisella, y no soy tan tonta como para preguntarte por la ley de gravedad. Dije sonriendo.

    -Dale, no te enfríes. Dijo.

    Yo sabía a que se refería, pero su sonrisa pícara me hizo gracia. Hice el ejercicio y de lejos me miraba. El generoso tamaño de mis pechos, la musculosa de lycra, y el ejercicio hacían una conjunción perfecta para ser mirada. Cuando terminé la serie, le hice una seña y se acercó.

    -Perdoname Germán, ¿Queres que haga un par de series más? Le pregunté sonriendo.

    -No, con eso es suficiente… vamos a otra máquina. Dijo sonriendo y fuimos a una máquina para hacer piernas.

    -Gise, ¿Te puedo llamar así? Me preguntó.

    -Por supuesto.

    -Esta máquina es muy buena para fortalecer la musculatura interior y exterior de las piernas. Con esta barra cambias el sentido. Así como está, tenes que hacer fuerza para separar las piernas, y corriendo la barra hacia adelante, para cerrarlas. No solo elimina la grasa que normalmente juntamos en la parte interna de las piernas, sino que tonifica todos los músculos, hasta aquellos que no vemos pero disfrutamos.

    -Tampoco voy a preguntar, confío en vos…

    -Primero, el de apertura, y luego el de cierre, como en la vida… Dijo y se fue con otro muchacho a darle indicaciones.

    Me senté en la máquina y puse mis piernas en los apoyos. Cuando separé por completo mis piernas me imaginé el espectáculo que estarían disfrutando los que me vieran, porque mi leggings repetian la superficie de mi entrepierna, y casualmente ese día no me había puesto una toallita diaria.

    Germán me miraba seguro, lo sentía, pero no lo podía enganchar mirándome. Termine la rutina y me acerque a él.

    -¿Con que sigo?

    -Sentadillas, solo con la barra sobre los hombros. No necesitas volumen en los músculos, solo tonificarlos y lograr resistencia, muchas repeticiones con poco peso. Dijo mirándome a los ojos.

    -Entiendo.

    Hice 50 sentadillas y él se acercó.

    -Gise, es todo por hoy. Si trajiste ropa para cambiarte, date una buena ducha caliente y metete en la pileta de relajamiento un rato. Va a hacer que no te duelan los músculos.

    -Solo la ducha, no traje malla, mañana sin falta la voy a traer.

    -La pileta es común a hombres y mujeres, y no creo que a los muchachos les importe que vayas sin malla. Dijo con picardía.

    -Creo que me voy a sentir incomoda, no los conozco tanto todavía. Dije mirándolo a los ojos.

    Me di una buena ducha caliente y cuando me iba me saludó con la mano a lo lejos.

    Los días que siguieron fuimos tomando confianza, más, y los dos jugábamos con el doble sentido, pero nunca, un comentario desubicado de su parte. A la tercera semana ya se notaban los cambios, mi cuerpo no solamente se iba estilizando, sino que me sentía más ágil. Fue el tercer viernes que me llamo a mi celular.

    -Hola Gisella. Habla Germán, del gimnasio.

    -Hola, que sorpresa me das. Dije.

    -Perdona la impertinencia, pero me fije en tu registro del gimnasio para obtener tu celular. Hoy no pude pedírtelo, tuve demasiado trabajo.

    -No hay problema German, si vi que hubo más gente. Decime.

    -Hay un ejercicio…. No, tranquila, no es nada del gimnasio. Es personal, y espero no te moleste. ¿Queres salir a cenar conmigo esta noche? Soy un atrevido, lo sé. Ni siquiera sé si sos casada, estas de novia…

    -Ninguna de las dos cosas… Y si, sos un atrevido… todo hombre tiene que tener esa cuota de atrevimiento para vivir, saber jugarse por lo que quieres, por no decir una bestialidad. ¿Este es tu número, el que me aparece en pantalla?

    -Si Gise, es mi número.

    -¿Te parece a las 21Hs?

    -Me parece perfecto. Pasame tu dirección por mensaje y te voy a buscar.

    -No te molestes… decime donde nos encontramos… Dije pensando en evitarle molestias.

    -No va a ser molestia, al contrario, un placer para mí. Pero no hay problemas. Te paso la dirección del restaurant. Dijo.

    -Dale, y gracias por la invitación.

    -Por favor. un beso.

    Corté y le alegre por el llamado y por la invitación. No voy a negar que me gustaba, pero eso pasaba a otro plano, realmente quería conocerlo. Me vestí especialmente para la ocasión, una linda pollera, una blusa y un saco. Tengo que reconocer que a pesar de mis 25 años, no soy muy amiga de las minis, ni de mostrar demasiado. Me mire al espejo y me gusto lo que ví. Una sonrisa en una mujer elegante.

    Cuando el taxi llegó a la puerta del restaurant, él me esperaba en la puerta, con una sonrisa hermosa, como siempre. Sobre sus piernas, un ramo de flores.

    -Hola Gise. Dijo y se quedó mirándome.

    -Hola Germán. ¿Esas flores son para mí?

    -Perdón, me quede mirándote como un tonto. Claro que son para vos. Estás hermosa, realmente hermosa.

    -Gracias, por las flores y por el piropo. Vos estás muy elegante con ese traje.

    -Gracias, ¿Entramos?

    -Vamos, ¿Queres que te ayude con la silla?

    -No es necesario, pero si queres hacerlo, no hay problema.

    -No, no quiero. No lo necesitas, tenes razón. Pero si me permitís voy a apoyar mi mano en tu hombro, es mi forma de entrar como si fuera tomando tu brazo.

    -Por supuesto que te permito.

    Entramos y nos llevaron a una mesa. Él insistió en ayudarme con la silla. Todo un caballero.

    -Me gusta tu sonrisa. Me dijo.

    -Sonrío porque estoy bien. Me gustó que me llamaras y me invites a cenar.

    -Me alegro, es una costumbre del gimnasio, invitar a cenar a todas las nuevas clientas. Dijo sonriendo.

    -Entonces deben ganar muy bien, porque somos muchas mujeres.

    -Sos filosa. Y muy rápida mentalmente. Dijo.

    -No menos filosa que un profe del gimnasio explicando el funcionamiento y en que ayuda cada máquina.

    -Sabes que sos una de las muy pocas, y repito, muy pocas con que me permito eso. Y por suerte, todas lo toman bien, no se enojan ni se ofenden.

    -Es el bendito feminismo. Algunas chicas se pasan de mambo. Dije.

    -Vos sos muy femenina, esa pollera, te queda espectacular. Te hace una figura tremenda, te felicito por la elección. Dijo.

    -Un hombre que sabe apreciar eso!!! Loado sea Dios!!! dije y los dos nos reímos.

    El camarero nos atendió, pedimos y enseguida nos trajeron la bebida.

    -Así que sos el dueño del gimnasio. Dije.

    -Sí, abrí el gimnasio para mantenerme ocupado y tener libertad para entrenarme en la recuperación, pero a la noche doy clases en la facultad de Ingeniería. Soy Ingeniero Civil, y tengo dos obras en marcha.

    -Wow, eso sí que es mantenerse ocupado. Yo soy la nena de papá abogado, estudio abogacía y estoy a dos materias de recibirme. Como te contesté, sin marido ni novio, vivo sola y a la tarde voy a cursar, dos veces por semana. Las otras tardes, voy al estudio de mi padre.

    -¿Puedo preguntar por qué sola, digo, sin novio o marido? Te considero una mujer hermosa, y veo que muy inteligente. Me resulta extraño.

    -En EEUU dirían que soy una mujer old soul, por mi forma de pensar, y ver la vida. No me siento muy cómoda con los de mi edad, ni con los de los treinta. Lo que hablabas de mi ropa, soy una mujer clásica, también en mi forma de pensar.

    -Frena German, te pusieron una barrera alta. Dijo sonriendo y mirándome a los ojos.

    -German, vos no sos muy normalito que digamos, y no hablo de la silla de ruedas. No veo muchas mujeres que tengan un ramo de flores. “No se usa”…

    -Eso me molesta mucho, en realidad de las dos partes. Del hombre, porque no cuesta nada, te soy sincero, este ramo lo pague el equivalente a 10 dólares. Y es un gesto, no el valor de las flores. Y de las mujeres me molesta que ya no lo aprecien. Y otra cosa, lo que hiciste cuando entramos, fue genial, tomarme del hombro. Las mujeres ahora no disfrutan entrar del brazo de un hombre a un lugar, aunque no sean novios ni nada. Se lucen más ellas.

    -Si yo te digo que el 90% de los hombres no saben llevar a una mujer del brazo, te queres matar. Y estoy de acuerdo en todo lo que dijiste. Lo mismo que tu empecinamiento en acercarme la silla. Fue hermoso.

    Y sobre la barrera. Germán con ese cuerpo, estoy segura que podes pasarla por encima. Si queres hacerlo claro. Dije y le guiñe un ojo.

    -Cambio de tema, por favor… Dijo.

    -Nunca estuve en la cama con una persona en silla de ruedas. Dije.

    -No jodas, otro cambio de tema. Dijo poniéndose colorado.

    -Me encanta molestarte, es en venganza por “esta máquina y la ley de gravedad, y los músculos que no se ven… pero se disfrutan”.

    -Sos mala, muy mala. Dijo riendo.

    -¿Vivís solo?

    -Si, vivo solo, al principio me costó, yo era un nene de mamá, ni los calzoncillos me lavaba, menos cocinar. Fue todo parte del mismo proceso.

    -Debe haber sido muy duro. Y vos muy duro con vos mismo me parece.

    -Fue duro, sí. Pero aquí estoy, cenando con una hermosa mujer, haciendo que todos los boludos nos miren y se pregunten cuánta plata debo tener para que estés conmigo.

    -No voy a negar eso. ¿Queres contarme que pasó?

    -Fue todo muy corto. Estaba mirando una vidriera, para comprarme unas zapatillas, y de repente abrí los ojos y estaba en una cama, todo dolorido, con suero y sangre. Ni me di cuenta que había estado dormido una semana. Me contaron que un auto perdió el control y me llevo por delante. Ni me enteré. Tres días después, fue un amigo quien tuvo las pelotas para decirme que no iba a volver a caminar. Mis viejos pobres, no podían y los médicos temían que no luchara. Tito se sentó en mi cama y me lo dijo.

    -¿Qué edad tenías?

    -25 años. Recién recibido, un mes. Seis meses en recuperación y luego a vivir. Mi amigo me molió a patadas, y me saco de la cama. En serio te lo digo, me dio dos cachetadas que todavía me duelen. Durante seis meses me volvió loco. Él me apoyo en todo, el gimnasio, dar clases, trabajar. Cuando mi viejo me compro el departamento, entre los dos armamos una serie de cosas para facilitarme la vida. Hasta el porta silla del auto lo hicimos entre los dos. Por eso manejo, porque no necesito de nadie para bajar la silla del techo del auto.

    -Que tipo genial, un verdadero amigo. ¿Qué lesión tuviste?

    -En la columna, de la cadera para abajo, no funciona. Ojo, dos cosas sí…

    -¿Cuáles? Dije riéndome.

    -Los esfínteres… no la esperabas esa, Jajaja.

    -Sos un personaje hermoso. Que placer poder conocerte. Y que bueno poder disfrutarte pleno, con ganas, con buen humor, con mucha energía. No dudo que debes tener malos momentos, pero como todos. Hay tanta gente que lleva cruces que no vemos y la pasan peor que uno… Dije.

    -Fue una de las enseñanzas de Tito. Me llevo al hospital de niños, por un amigo me llevo a la sala de terapia de intensiva y me hizo ver chicos que estaban muriendo de cáncer con tres o cinco años. Me hizo mierda. “Loco, están muriendo, y siguen luchando. Miralos bien, no tiene futuro, y luchan. ¿En serio tenes las pelotas para no vivir como podes vivir?” Me dijo. Te juro que salí llorando y me jure que por esos chicos iba a salir adelante, honrando su lucha.

    -Uh… Dije.

    -Perdoname, estuvo de más eso.

    -No, no. También es una lección para mí y para todos los “sanos”. Me gustaría conocer a tu amigo.

    -Espero que no falte oportunidad.

    -¿Aprendiste a cocinar? Pregunté.

    -A cocinar, a lavar la ropa, a planchar, a hacer la cama. Soy un amo de casa ejemplar. Dijo sonriendo.

    -No lo dudo.

    -¿Por qué aceptaste mi invitación?

    -Me llegó en un momento justo, estoy bien anímicamente, y gracias a vos, físicamente. Me gustaron tus dobles sentidos, el humor que tenes, tu sonrisa. Y bueno, aunque no cumplís con mi target, dije, no pierdo nada conociéndolo, y puedo ganar muchas cosas. Como la charla que estamos teniendo.

    -¿La seguimos en otro lado?

    Me largue a reír, él se puso colorado.

    -¿Dónde? Le pregunte cuando pare de reírme.

    -Sos tremenda, me hiciste poner colorado como si hubiera preguntado una bestialidad.

    -Dame tu mano. Le dije.

    Me alcanzo su mano y le di un beso en la mano.

    -¿Y eso?

    -Por ponerte colorado, sos hermoso. ¿Dónde me queres llevar? Le pregunte haciéndome la nena.

    -A tomar una copa o un café a otro lado. Esa era mi intención original.

    -Germán vivís jugando con el doble sentido, no te enojes ahora. Y sí vamos.

    Salimos del restaurant, yo tomando su hombro. Fuimos a una cochera y como todo un caballero abrió mi puerta y la cerró cuando subí. Dio la vuelta, y tomándose de unas manijas subió. Un mecanismo engancho la silla y la subió al techo.

    -Que bien que manejas, es impresionante la adaptación que tiene la camioneta.

    -Sí, es importado todo. Me facilita terriblemente poder moverme solo.

    -Claro que sí.

    Fuimos a un bar muy bohemio, y tomamos un par de whisky`s.

    -Vos me preguntaste a mí, ahora es mi turno ¿Mujer, novia, amante, cosita?

    -Nada de nada. Primero, no muchas mujeres me han llamado la atención en mi vida, y desde el accidente, solo un par. Segundo, para muchas mujeres soy invisible, para otras, un pobrecito.

    -¿Y con esas dos que te interesaron?

    -Para una era un pobrecito. Dijo.

    -¿Y con la otra, que pasó?

    -Todavía nada, es todo un desafío. Es inteligente, mala, hermosa, de muy buen humor, una mina rara.

    -Rara, ¿Por qué rara?

    -Porque es romántica, directa, muy elegante, femenina. Y tiene unos ojos y una mirada que me desarman.

    -Wow, ¿ya le dijiste algo, te le insinuaste?

    -Sí, pero es como que no se da cuenta, o se hace la tonta para evitarme.

    -German, me extraña, un luchador como vos, anda de frente hombre.

    -¿Te parece?

    -Claro que sí, ¿cuántos años tiene, es una mina grande? ¿Está en pareja?

    -Tiene 25 años y en este momento está con un tipo.

    -Que cagada.

    German se largó a reír con todo. Yo, toda compungida y el riéndose, no lo podía entender.

    -Vos lo dijiste, que vaya a fondo. Dijo y acerco a su silla a la mía, me tomo de la perilla y con mucha suavidad, me dio un beso.

    -Te falto decir que la mina es medio boluda. No te vi venir, desgraciado. Dije y yo le di un beso.

    -Te juro que pensé que te estabas haciendo la boluda para zafar, que me estabas evitando. Dijo.

    -Ni pensarlo, estaba en babia, totalmente. Sos un personaje Germán, un personaje hermoso.

    Me tomó la mano y nos quedamos en silencio. Pasaron un par de minutos, tome un trago de whisky y le dije:

    -Ni se como empezó esto, menos como va a terminar. Solo te digo que no te tengo lastima, ni compasión ni pienso tenerla.

    -Ni yo quiero que sientas eso por mí, lo que quiero es tu respeto, y espero tu amor.

    -Mi respeto ya lo tenes, mi cariño, también. Espero que llegue lo otro. Dije.

    -¿Qué vas a hacer mañana?

    -Sábado, supongo que dormir a la mañana, y después pensaba salir a caminar y pasear.

    -¿Tenes ganas de comer un buen asado?

    -Por supuesto.

    -Dame un minuto, voy a llamar a Tito.

    -Germán, son las dos de la mañana.

    -Que se despierte.

    -Estás loco, te va a mandar a la mierda.

    Lo llamó y activó el altavoz.

    -Hola Germán, ¿Estás bien, dónde estás, que pasa?

    -Todo bien, tranquilo Tito. Escuchame, ¿podemos comer un asado mañana al mediodía en tu casa? Yo llevo la carne y el postre, vos pones el vino y la ensalada.

    -Germán son las dos de la mañana hijo de puta, ¿me despertás para preguntarme eso? Te voy a matar. Te juro que esta vez si te mato.

    Hola German, soy Cintia, mentira, no estaba durmiendo, estábamos… vos entendes… y le cortaste la inspiración…

    -Es que es muy importante Tito, muy importante.

    -¿Qué mierda puede ser tan importante para que me interrumpas un tremendo polvo que nos estábamos echando con la flaca, a ver decime?

    German me hizo seña y yo hable.

    -Hola Tito, Cintia, soy Gisella, y este demente me invito a comer un asado. Nunca me dijo dónde ni que tenía que llamarlos.

    -Hola Gisella, ¿Sos una mujer?

    -Si Tito, claro que soy una mujer.

    -Y estas con German…

    -Sí, estoy con German tomando un whisky en un bar, después de una cena hermosa.

    -No les creo una palabra. Corta que los llamo por video llamada. Dijo Tito, y cortamos. Segundos después entraba la video llamada.

    -Hola. Dijo Tito.

    -Hola Tito, un gusto verte. Dije.

    -Cintia, yo te dije que este el día que se enganche con alguien iba a ser una bestia.

    -Hola Gisella, soy Cintia. No le hagas caso a Tito, es un animal, lo contrario exacto de Germán.

    Tonto, los esperamos a las 10. Dijo Cintia.

    -Y no vengan antes porque me vas a cortar el mañanero de los sábados.

    -Sos un animal. Gritó Cintia.

    -Sabes que me alegraste el año entero, ¿No German?

    -Lo sé, por eso te llamé. Te mando un abrazo eterno.

    -Otro y un beso para esa belleza.

    Cortamos y nos largamos a reír.

    -Así como lo escuchas, es un Juez Federal. Dijo.

    -Sos un caso serio.

    -¿Vamos?

    -Empezamos de nuevo. ¿Dónde?

    -Te llevo a tu casa.

    -¿No queres hacer otra cosa? Dije mordiéndome el labio.

    -No soy fácil, no me acuesto con alguien en la primera salida. Dijo riendo.

    -Basura. Eso lo decimos las mujeres…

    -Me diste el pie.

    -No sos un tonto, tremendo tipo sos. Entre los dos hay una tensión sexual clara, pero preferís que quede en eso, y terminar de forma genial una noche maravillosa. Sin presionarnos ni andar corriendo.

    -Vamos.

    Subimos a la camioneta y el manejaba sonriendo.

    -German, no quiero abrazarte ni molestarte para manejar, y sé que no tenes sensibilidad en las piernas, pero mira mi mano. Dije y apoye mi mano en su pierna.

    -Lástima que yo no puedo hacer lo mismo.

    -No, por suerte.

    Seguimos y en una esquina había un patrullero estacionado. Se estacionó detrás y les hizo señas de luces. Uno de los oficiales se bajó y caminó hacia nosotros.

    -Buenas noches oficial, necesito pedirle un favor.

    -Buenas noches, señor, señorita. Dígame caballero.

    -Como verá, soy discapacitado y manejo por medio de adaptaciones. Necesito pedirle a la señorita que me acompaña que sea mi novia, y darle un beso. Manejando no puedo. Me permiten quedarme estacionado detrás de Uds. un par de minutos…

    -Tiene diez minutos, si nos llaman prendo la sirena. Que todo salga bien amigo.

    -Gracias oficial.

    El oficial se fue y casi lo mato.

    -Vos estas totalmente loco, como vas a hablar con un policía para…

    Y me partió la boca de un beso, fue tremendo. Me abrace con todo y nos besamos con todo. Tremendo hombre besando. Su mano izquierda bajo, y me acariciaba el culo mientras me besaba sosteniendo mi cabeza con la mano derecha. Me empecé a excitar, estábamos en la calle, detrás de un patrullero y dándonos con todo. El desgraciado se dio cuenta y metió su mano entre mis piernas, casi sin correr mi pollera. Me acariciaba las piernas y yo loca de placer. De repente, la sirena del patrullero, y vimos que se iban.

    -La puta madre. Dije apretando los dientes.

    -Lo que no tiene que ser no será. Dijo.

    -Me pusiste loca, te lo advierto.

    -No sos la única. Dijo y miró hacia su entrepierna. Miré y se notaba un bulto importante.

    -Veo, ¿puedo…?

    -Ni se te ocurra, chocamos seguro.

    Ah, me gustan más los portaligas que las panty. Dijo.

    -Cerdo, te dejan el camino libre. Pensé que era solo una cena de conocidos, no que íbamos a terminar de esta forma.

    Llegamos a mi departamento, y nos dimos un par de besos.

    -Mañana paso 9:30 Hs.

    -Voy a estar lista, como ahora…

    Nos volvimos a besar y partió. Subía mi departamento y no daba más de emoción y excitación. Por fin había encontrado un hombre que me volviera loca en todos los sentidos. Tuve que hacer un esfuerzo para no masturbarme, quería dormirme excitada por German.

    Puntualmente me avisaba que estaba llegando. Le dije que no baje. Cuando llegó yo estaba en la puerta del edificio, con un bolso en la mano y vestida de jogging.

    -Hola hermosa.

    -Hola caballero irreal. No sabes lo que me costó dormirme.

    -Yo me dormí como a las 5. ¿El bolso?

    -El bolso es ropa, mi amor. Me invite a cenar a tu departamento, disfrutar algo que cocines, quedarme a dormir, y mañana pasear todo el día. Dije dándole un beso hermoso.

    -Típica mujer, primero dócil, al día siguiente, te maneja la vida. Dijo riendo.

    -No te hagas problema. Estaciona que me bajo y sos libre. Dije desafiándolo.

    El desgraciado estacionó y pero para romperme la boca de un beso. Levanto mi remera, y en plena calle me acaricio una teta.

    -Sos un animal, estamos en plena calle German.

    -Eso te calienta mucho, mírate. Dijo y me mire mis pezones totalmente duros y expuestos ya que me había levantado el corpiño.

    -Sos un guacho. Me excitas con todo desgraciado, nunca estuve así.

    -¿Hace mucho que no tenes sexo?

    -Bastante, pero no lo necesitaba, como decirte, estaba asexuada. Ningún hombre me atraía, ninguno me calentaba, como vos estas haciendo desde anoche.

    Llegamos a lo de Tito y ellos se dieron un tremendo abrazo. Tito tenía lágrimas en los ojos.

    -Bienvenida, Gisella, un gusto conocerte. Dijo Tito.

    -Lo mismo digo. Un placer conocerte, anoche German me conto algunas cosas y quise conocerte.

    -Pasen, y vos, anda pensando en ponerle suspensión a esa silla. El primer polvo que se echen en la silla, la rompen.

    -Hola, Gise, perdónalo, no sabe lo que dice. Dijo Cintia.

    -No es mala idea Cintia, nada mala. Dije y todos se rieron.

    Nos sentamos en el quincho de la casa y trajeron cerveza.

    -Puto, conta todo. Te lo tenías bien guardado. Dijo Tito.

    -Es que solo era una clienta del gimnasio. La invite a salir, aceptó y acá estamos. Dijo German.

    -Claro, por obra del Espíritu Santo. No me jodas. Contame vos Gise.

    -Una charla hermosa, un caballero con todas las letras, flores para recibirme, jugando con doble sentido siempre, pero sin pasar esa fina raya de lo grosero, unos ojos hermosos y una mirada clara, con mucha paz y energía. Y una locura sin límites. No le costó mucho seducirme.

    -Te brillan los ojos Tonto. Dijo Cintia.

    -Es por ella, no lo dudes.

    -Ves, es un dulce, y yo casada con el cavernícola.

    -Cintia, bien que sos feliz con el cavernícola. Tampoco lo tires abajo. Dijo Germán.

    -No, pero un poco, solo un poco de dulzura pido. Lo más dulce que me dio fue una cucharada de azúcar. Dijo ella.

    -Ya… Dijo Tito.

    -¿Ya que Tito? Preguntó German.

    -Dale, boludo, tremenda mina y me vas a decir que nada… no jodas. Hasta un boludo paralitico como vos sabe que tiene que hacer, garrotazo y a la cama. Dijo Tito.

    -No Tito, nada de eso. Y si les cuento que hizo se van a burlar un rato.

    -Yegua, conta, por favor. Dijo Tito.

    Le conté lo del patrullero y se largaron a reír con todo.

    -Boludo, ni esa suerte tengo. Tres minutos y se fueron a la mierda. Dijo German.

    -Este toma Viagra y se le duerme un mes. Lo firmo. Dijo Tito.

    -Por Dios no, quiero algo, alguito, esta noche. Dije y todos se largaron a reír con todo.

    -¿A que te dedicas Gesi? Pregunto Cintia.

    -Me faltan dos materias para recibirme de abogada, estoy estudiando para darlas y por la tarde trabajo con mi viejo en su estudio.

    -¿Tu apellido? Pregunto Tito serio.

    -Pérez Goñi.

    -Sos la hija del trolo de Jorge entonces. Dijo.

    -No sabía esos gustos de mi viejo. Dije riéndome.

    -Es un forro, vive rompiendo las pelotas. Pero buen abogado y muy buen tipo. Mandale saludos de Tito-pija. No dudes que va a saber quien soy.

    -Dale, no hay problema.

    -¿Vas a seguir al viejo?

    -Es mi idea.

    -¿Me permitís darte un consejo?

    -Nunca dejo de escucharlos, después veo si los tomo. Dale.

    -Si sos igual a tu viejo, no entres en la carrera judicial. Mantené el estudio. Tu viejo es muy respetado, es un hombre honesto. ¿Entendes?

    -Gracias, es muy lindo lo que dijiste. Y lo voy a tener en cuenta, muy en cuenta.

    -German, hace tres años del accidente, ¿te acodas como usarla? Dijo Tito volviendo a su carácter normal.

    -Tres + dos, cinco años. En realidad.

    -Esta yegua te mata, mira el lomo que tiene boludo. Vos estás loco.

    -Tito, yo hace cuatro que no estoy con nadie. Dije.

    -Cintia, llama a Fernández de apuntalamiento de la ciudad, que vayan urgente al edificio de German, estos dos lo voltean.

    Todo el asado fue en medio de bromas que mostraban un afecto inmenso por parte de los dos. Cuando nos íbamos, Tito me abrazó muy fuerte.

    -Sos buena mina, y hacen muy linda pareja. Tenele un poco de paciencia. Tiene muchos miedos. Me dijo al oído.

    -¿Cintia me dejas? Pregunté.

    -Dale tranquila. Dijo

    Le tome la cara a Tito y le di un pico.

    -Gracias por haberlo ayudado. Ahora me lo pienso coger toda la noche. Dije.

    -Esta es una yegua. Dijo Tito.

    -Gise, disfrútalo. Vale la pena.

    Subimos a la camioneta y partimos.

    -Te ama ese hombre. Dije.

    -Y yo a él. Menos sushi, decime que queres. Dijo German.

    -Estoy tentada a decirte un buen chorizo. Pero unas pastas no estarían mal.

    -Sorrentinos al queso azul, con jamón y champignones, ¿Te va?

    -Vino blanco, dos botellas por lo menos. Dije.

    Fuimos al supermercado y compro algunas cosas. La gente nos miraba de como nos reíamos. Pasamos por la casa de pastas y fuimos a su departamento. Era un lujo del orden que había. Y estaba adaptado su silla de ruedas, por ejemplo, el piso de la cocina elevado para que pueda cocinar bien.

    -Tito nos inundó de humo, me dejas darme una ducha. Le dije.

    -Si te puedo enjabonar la espalda es gratis, si no, $ 10. Dijo.

    -Pago los diez pesos, por ahora…

    Tome mi bolso, lo lleve al baño y me di una ducha hermosa. Me seque, me puse una tanga nueva, una remera sin corpiño, que apenas tapaba mi culo y unas crocos. Fui a la cocina y estaba preparando café.

    -Hola… dije abriendo la puerta.

    -Sos una yegua en serio. Me dijo.

    -Y vos mi potro.

    -Gise, no sé porque me siento tan bien con vos. Me siento muy cómodo, pero así y todo, estoy al borde de la histeria. No sé si voy a funcionar, y como. Cuando te veo así desvestida, tengo ganas de huir y no hacer papelones. Sos muy hermosa…

    -Si pensas que yo estoy tranquila, te equivocas mucho. Estoy temblando casi por la misma razón. Pero como vos, inexplicablemente, me siento super cómoda con solo una remera, sin corpiño y con la tanga solamente. Vos me transmitís mucha paz, mucho afecto, cariño, seguridad. Anoche estuviste muy bien dejándome en casa, no dejando que nos precipitáramos. Dejemos que las cosa fluyan, no nos impongamos nada, ni horarios ni como. Por ejemplo, un vaso de vino blanco, me vendría genial.

    -Ya te sirvo. Dijo.

    Por momentos se veía tan… frágil, que me impresionaba. Me sirvió la copa de vino y fuimos al living. Se sentó solo en un sillón doble y yo me puse junto a él. Sentí que su mano se ponía sobre mis hombros y me acercaba hasta que puse mi cabeza sobre su hombro derecho. Estaba inquieto.

    -Voy a poner música. Dijo.

    -Quédate acá. Dejame disfrutarte, acariciar este pecho bestialmente grande que tenes, esos brazos tremendos, y sobre todo, esa mirada tan dulce.

    -Sos increíble, me haces sentir pleno, vital, como si no…

    -German, sos vital, pleno y un hombre genial. No jodas por favor.

    Nos quedamos abrazados por un buen rato. Disfrutábamos el momento, la copa de vino, y una paz que hacía muchos años que no sentía. O nunca sentí. Fue donde me di cuenta que éramos pareja. El momento fue roto por una llamada a mi celular. Mi padre.

    -Hola mujercita, ¿Cómo estás?

    -Si te digo que en el mejor de los mundos, no me vas a creer. Estoy muy bien papá.

    -Que bueno escucharlo. ¿Podes contarnos el motivo, estamos con mamá tomando mate?

    -Nosotros sentados en su living y tomando una copa de vino blanco. Y él me tiene abrazada por los hombros.

    -Tu padre acaba de caer desmayado, Jajaja. Dijo mi madre.

    -Me lo suponía.

    -¿Quién es el hombre que se atrevió a enfrentarte? Dijo mi padre.

    -Su nombre es German, y es un divino. Ah, esta noche va a cocinar él, y horrorízate papá, traje ropa porque me quedo a dormir en su departamento. Y porque yo me invité sola.

    -Ahora aviso al servicio de emergencias, que se preparen para el diluvio universal 2. Dijo mi madre.

    -No seas mala. Es íntimo amigo de una persona que te manda muchos saludos, y que me dijo cosas muy lindas de vos papá.

    -No hay muchos que hablen bien de mí…

    -Me dijo que te diga: “Decile que Tito-pija le manda saludos”.

    -No me jodas, amigo de Tito… entonces estas en problemas hija. Conozco muy bien a Tito, gran juez y gran tipo. No puede tener un amigo que no sea buena persona. Bastante boca sucia Tito.

    -Hoy almorzamos con la esposa, y bastante es poco, pero un tipo genial.

    -¿Es abogado tu hombre? Pregunto mi vieja.

    -No, ingeniero. ¿Quieren saludarlo? Dije.

    -Por supuesto. Dijeron.

    -Están en altavoz. Dale Germán.

    -Hola, buenas tardes. Un gusto poder saludarlos.

    -Por favor, el gusto es nuestro, le aseguro que es muy grato escuchar la voz de nuestra hija tan cantarina, Ud. debe ser un buen hombre. Dijo mi mamá.

    -Soy un hombre, con defectos y algunas virtudes. No mucho más.

    -Te estoy leyendo el pensamiento mamá. Lo hablo y te llamo. No corten.

    Mi vieja se muere por conocerte, ¿vamos a almorzar mañana con ellos?

    -No tengo problema, vamos.

    -Hola, ¿Siguen ahí?

    -Si hija. Dijo mi viejo.

    -Mamá, si preparas esa bondiola braseada que me vuelve loca, vamos a almorzar con Uds. ¿Quieren?

    -No, ahora sí, tres desastres naturales juntos se vienen. Nuestra hija va a traer un hombre a almorzar, llamo a defensa civil, al ejército, a la marina. Dijo mi padre.

    -No seas así, que va a pensar German. Dale hija, los esperamos. Un beso para vos y un saludo para vos Germán. Dijo mi madre.

    -Un saludo German, los esperamos.

    -Saludos y gracias por la invitación.

    -Besos a los dos. Dije.

    Corte y me quede mirándolo.

    -¿Me podes explicar porque te voy a llevar a almorzar a lo de mis viejos?? Como escuchaste, no es usual, bah, nunca lo hice. ¿Por qué con vos todo es tan natural? ¿Por qué todo es simple? ¿Por qué estoy tan feliz?

    -Es todo muy loco, yo me siento igual, como si hiciera mucho tiempo que estamos juntos, e ir a lo de tus padres fuese lo más natural del mundo.

    -Tengo hambre. Dije.

    -Voy a preparar la cena.

    -No tonto, tengo hambre de vos, quiero comerte a besos. Hay, que cursi por favor. Estoy hecha una boluda. Dije.

    -Vení. Dijo y tomándome con sus manos y esos terribles brazos me hizo sentar en sus piernas de frente a él.

    Nos empezamos a besar con todo, yo tomaba su cabeza y no podía dejar de besarle los labios, la cara, las cienes. Él metió sus manos por debajo de mi remera y me acariciaba la espalda, yo la arqueaba del placer que sentía. El contraste de sus manos fuertes con la ternura de sus caricias era increíble. Que me quite la remera fue lo más natural del mundo, yo levante mis brazos para dejar que lo haga de una forma natural. Nada forzado, nada brusco.

    Mientras deslizaba mi remera por mis brazos nos besábamos con todo. Yo hice lo mismo con la suya, y acariciaba su tremendo pecho, lo arañaba suavemente, estaba excitándome con cada caricia que me daba y con cada beso que yo le daba. Acerque mi pelvis más a él y sentí como su pene estaba duro.

    Me levante un poco, y tomé la cintura de su jogging y su bóxer. Él apoyándose en el espaldar del sillón levanto su trasero y pude quitarle todo.

    -Epa, eso sí que no lo esperaba. Dije al ver su pene de grandes dimensiones totalmente erecto.

    -Te aseguro que es por tu culpa.

    -Ay, me haces sentir mal. Voy a ver si lo puedo calmar. Dije y me puse a chupar su pija.

    Germán gemía de placer y acariciaba mi cabeza y mi espalda. Yo me sentía plena, feliz de darle placer. Estuve un buen rato besando, chupando y acariciando. Nunca fui muy afecta a hacer eso, pero con él era otra cosa, definitivamente.

    Me volví a sentas en sus piernas y tome su pija para llevarla a mi vagina. Lo miraba a los ojos y los dos estábamos super calientes.

    -Tranquilo, cuando me bañe saque las telas de araña. Dije y los dos nos reímos.

    Fui bajando y metiéndome toda esa pija en la concha. Costaba, de por si siempre fui estrecha, y con años de no usarla…

    German me empezó a besar el cuello, y creí volverme loca. De a poco fui subiendo y bajando aumentando la velocidad y la penetración. Cuando me empezó a besar los pechos y apretar los cachetes de mi culo, sí que me volví loca. Me descontrole y lo montaba con todo, gritaba de placer y lo besaba sin parar cuando él no me chupaba las tetas. Fueron minutos y minutos de placer, hasta que me dijo que me recueste contra su pecho.

    Lo hice, y el volvió a poner los brazos en el respaldo del sillón y haciendo una demostración de sus ganas, su fuerza, su calentura, subía y bajaba su cadera penetrándome el a mí. Dios, que tremendo hombre, la fuerza que hacía, su cara de placer me llevaron a un nivel de excitación que nunca había alcanzado.

    -Haceme mierda, Cogeme bien cogida. Le dije y me puse a besarlo con todo.

    Sus movimientos cada vez eran más vigorosos, y su pelvis golpeaba mi culo con todo. De pronto sentí como llegábamos los dos juntos al orgasmo. Un orgasmo que me estremeció por completo al sentir en mi vagina como se derramaba en mi interior. Me abrace con todas mis fuerzas y luego lo besé. Sentí como por mi rostro caían lágrimas. Lo miré y los dos estábamos emocionados.

    -¿Por qué lloras Gi?

    -Por tantas cosas amor, por felicidad, por placer, porque me hiciste sentir viva, me amaste con todo, te entregaste de una forma increíble, con el par de tipos con los que estuve, nunca lo hicieron, me colmaste de placer, de besos, caricias. Y no te rías, pero me estoy enamorando casa segundo de vos. Vos también te emocionaste.

    -No, es una basura que se me metió. Una basura que se me metió en mi vida, y le dio otro sentido, una razón en serio para seguir peleando y buscando el milagro. Una basura que es una loca que se vino con un bolso, a instalarse en mi departamento por el fin de semana, que hora me va a llevar a conocer a sus padres, y sí, de la que me estoy enamorando con todo.

    -Así que basura, te voy a matar German.

    Dije y me levanté, su pija apenas había perdido la erección y estaba cubierta de su leche y mis jugos. La chupe toda, la limpie por completo y para mi sorpresa y sobre todo la de German, estaba de nuevo completamente dura.

    -Así que basura, ahora vas a ver lo que te hace esta basura. Dije y me puse a chuparla con todo mientras lo masturbaba.

    -Desgraciada, me vas a volar la cabeza. Dijo.

    Me puse de rodillas entre sus piernas, y lo chupaba y masturbaba con todo. Primera vez que le hacía eso a un hombre, y me sentía feliz, excitada con todo. También fue la primera vez que me masturbe haciéndolo, estaba muy loca y muy feliz. Cuando sentí que yo estaba por llegar a un nuevo orgasmo, lo masturbe con todo, mirándolo a los ojos y abrí la boca. Sentí cuando su pija estaba por estallar y me la metí en la boca nuevamente. Acabó y fue el disparador de mi orgasmo. Me lleno la boca de leche, no la trague por completo. La limpie y me levante a tomar un trago de vino.

    -Me encanta este maridaje, tu leche y el vino. Dije y los dos nos reímos. Me enjuague la boca con el vino que quedaba en su copa y nos dimos un tremendo beso.

    -Nada, sos una yegua. Me mataste. Dijo.

    -¿Yo? German, sos un animal, mi amor.

    Nos quedamos unos minutos abrazados, me puse mi tanga y la remera, y el su ropa. Fuimos a la cocina y se puso a preparar la cena, yo serví más vino y me senté a disfrutar como cocinaba.

    -¿Qué sentís German? No por mí, ¿Qué sentís en este momento?

    -Tantas cosas, mucha paz, felicidad, alegría, agradecimiento a Tito y a otros que me ayudaron y alentaron, pero sobre todo, una sensación de bienestar muy grande.

    -Yo me siento mujer, por fin me siento mujer. Plena, loca, caliente, cosa que nunca sentí. Sabes, tuve dos novios, y solo con ellos estuve en la cama. Con ninguno goce lo que goce recién con vos. Con ninguno me masturbe por él, a ninguno lo dejé acabarme en mi boca, y mucho menos yo buscar que lo haga. Muchísimo menos entregar el otro… y con vos estuve a punto de sola hacerlo. Sos tan hombre, tan viril, tan generoso entregándote por completo. Me siento mujer, tu mujer.

    -¿No te jode que yo…?

    -Llegas a seguir diciendo eso, te meto un palo en el culo, te lo aseguro. Lo que te falta de movilidad en las piernas, te sobra en garra. Vos me cogiste German, yo estaba quieta y vos me bombeabas con todo, buscaste la forma y lo hiciste como un animal.

    -¿Puedo?

    -¿Podes qué?

    -Decirlo.

    -Lo digo yo primera. Te amo.

    -Ves que sos una basura. Te amo.

    -Estás colorado de bronca, me encanta verte así.

    -Sos mala mina, en serio.

    Fijate que me parece que suena un celular, están en el living. Dijo.

    Fui a ver y eran Tito y Cintia en un video llamada.

    -Hola pendejos, ¿cómo andan? Dijo Tito.

    -Genial Tito, espectacular. Coge como los dioses, es una bestia. Dije.

    -Jajajaja. ¿Quedaste vivo Tonto?

    -Es una dama normalmente, pero la junta con vos, la hizo una guarra. Vivito y feliz chicos.

    -Tonto, tenes un problema grave, muy grave. Esa mujer es lo que toda mujer debe ser: Una dama y una puta con su hombre. Ojo con eso, porque te vas a enviciar mal. Hola Gise. Dijo Cintia.

    -Hola Cintia. Espero que se envicie, voy a ser muy feliz, Jajaja.

    -¿Qué estás haciendo Germán?

    -Nada, nada. Dijo.

    -Mentira, está preparando unos sorrentinos con salsa de queso azul, champignones y jamón. Dije.

    -Sos un turro, te voy a desarmar la silla desgraciado, nunca nos hiciste una puta hamburguesa. Dijo Tito.

    -Entre ella y vos, hay algunas diferencias… a ella, estar en ropa interior, sin brazier y con una remera le queda genial, a vos, puag, no jodas.

    -Gise, vos sos de las mías, ¿Dormís con pijama?

    -Hasta anoche, con un osito de polar, hoy tenía pensado la gran Marilyn.

    -¿Qué es eso? Preguntó Tito.

    -Solo tres gotas de perfume. Dije.

    -Tonto, en serio, toma Viagra, esta mujer te va a destrozar.

    -Gise, cuando se acueste, sacale la silla del dormitorio, no se va a poder escapar. Dijo Cintia.

    -Tomo la idea, gracias Cintia.

    -¿Quieren ir a almorzar afuera mañana? Preguntó Tito.

    -Mañana vamos a almorzar a lo de mis viejos… Dije.

    -Tonto, estas hasta las manos, si ya vas a ir a lo de los viejos, fuiste hermano. Dijo Tito.

    -Ya lo creo. Dijo German.

    -Tito, Cintia, vengan mañana a cenar, voy a cocinar yo. Dije.

    -¿También mañana a la noche te vas a quedar?

    -Por supuesto, y el lunes vamos juntos al gimnasio.

    -Dale, mañana vamos para allá. Besos chicos. Dijo Tito.

    -Tonto, beso grande. Gise, uno gigante para vos.

    Cortamos y le pregunté:

    -¿Te jode que me quiera quedar?

    -No, para nada, tengo miedo a acostumbrarme a que estés aquí.

    -Entonces hace algo tonto. Ah, ¿Por qué te llaman Tonto?

    -Porque cuando yo estaba en recuperación y salíamos, para no decirme boludo en la calle o los negocios, me decían Tonto. Y me quedó.

    -Me encantan los dos. Por suerte con Cintia pegamos buena onda.

    -Eso me hace muy feliz. ¿Me ayudas poniendo la mesa?

    Puse la mesa y nos sentamos a cenar.

    -Esto es una delicia, mi amor, sos un genio cocinando. Dije.

    -Gracias, me gusta comer, por eso aprendí.

    -Me sorprendió ver que tus piernas no están atrofiadas, tenes muy buena musculatura.

    -Siii… Con Tito diseñamos una máquina que me ejercita las piernas, no están excelentes, pero por lo menos, tienen tonicidad muscular. Y si algún día, pueden operarme… No va a ser tanto lo que tenga que recuperar.

    -¿Es posible que vuelvas a caminar? Pregunté.

    -Hoy no. Pero si evolucionan los exoesqueletos… quizás sean la solución.

    -¿Exoesqueletos? Ni idea que son.

    -Ya los están probando en ciertos casos. Sos maquinas que se conectan a la persona y reemplazan partes del organismo.

    -Guacho, vos ya tenes uno de esos, no me jodas. Eso que tenes entre las piernas no es humano. Dije y nos largamos a reír.

    -No amor, eso es todo mío.

    -No soy boluda, entiendo todo, pero ¿usarías un exoesqueleto? Es muy fácil decirlo desde mi posición.

    -En realidad, hay un solo motivo por el que me gustaría. Para poder correr en un parque o andar en bicicleta con un hijo o hija. Dijo y se le llenaron los ojos de lágrimas.

    A mí también y no podía hablar, se me cerró la garganta por completo. Que cosa más simple y cuanto implicaba lo que había dicho.

    -Entonces vamos a ponernos en campaña. Lo vas a lograr. Te amo, amo tus sentimientos, tus sueños. Dije y nos tomamos de la mano.

    -¿Te parece bien 4 hijos? Me preguntó.

    -Y me internan en un loquero. Hablando de eso, mañana pasamos por una farmacia, tengo que comprar algo.

    -No me digas que no te estabas cuidando. Dijo.

    -No, para que si estaba en abstinencia total. Pero ahora…

    Terminamos de cenar, lave las cosas y él se fue a dar una ducha. Yo aproveche, y en su dormitorio me saque toda la ropa y me puse una bata de seda, y perfume.

    Salió del baño y usando una rampa que estaba al lado de la cama, y dejaba la silla a la altura justa, se acostó. Yo me pare junto a la cama y deje caer la bata. Me miró sonriendo y me acosté. Me abrazo de inmediato y me beso con todo. Y empezaron las sorpresas. Con una sola mano y en un segundo se sacó el bóxer.

    -Viste que dicen que cuando perdes un sentido se agudizan otros. Dijo.

    -Sí, pero vos no perdiste ningún sentido.

    -No, pero perdí funcionalidad en una parte de mi cuerpo, y cuando eso pasa, nacen otras cosas. En mi caso el sadismo.

    -¿Queeee? Grite.

    Al segundo siguiente estaba chupándome las tetas como loco. Las mordía, mordisqueaba mis pezones y una mano fue directo a mi concha, dos dedos me penetraron y me empezó a masturbar con todo, rozando el punto G en cada movimiento. Yo me agarraba de donde podía y con la almohada tapaba mis gritos de placer. En un par de minutos estaba totalmente excitada y maldije haber tenido un orgasmo. Recién empezábamos y ya había tenido mi orgasmo.

    Germán no se detuvo, siguió haciendo locuras en mi concha. Para mi sorpresa, mi excitación no bajaba, al contrario, subía. Moviéndose como serpiente, y apoyándose en sus brazos, se puso sobre mí, levante las piernas y me penetro con todo. Que hombre, apoyado en los brazos, y besándome me cogía con todo. Yo acariciaba su pecho y le decía que lo amaba. Me hacía mierda la cabeza, mi excitación llegó al máximo y tuve otro orgasmo, primera vez en mi vida, nunca había sido multi orgásmica.

    -Listo, ya te saque dos orgasmos, ahora me toca gozar a mí. Dijo sonriendo con mucha malicia y se acostó boca arriba.

    -German, sos un animal, dejame descansar.

    Por toda respuesta hizo que me ponga sobre su boca, mirando la pared. Me hizo bajar y comenzó nuevamente a chuparme la concha. Ahora me la penetraba con su lengua, yo gozaba y gritaba de placer. Mi clítoris era succionado, lamido, acariciado y golpeado por su lengua sin parar.

    -Mostrame esas tetas hermosas que tenes. Dijo.

    Y se las mostré, pero no solo eso, empecé a acariciarlas, apretarlas, jugar con los pezones, nunca lo había hecho. El no dejaba de volverme loca, otro orgasmo, por favor. Cintia tenía razón, era una buena puta para mi hombre. De pronto, tomo mi mano, chupo dos dedos y los puso en mi clítoris. Me hacía pajearme, apretar mis tetas y no dejaba de chuparme.

    El acabose fue cuando se corrió apenas centímetros y empezó a jugar con su lengua en mi culo. Ningún hombre lo había hecho porque a ninguno se lo permití. Estaba abriéndolo con su lengua y yo gozaba como puta.

    -Metete dos dedos. Me dijo.

    -Pero, yo… atine a decir cuando me dio un suave chirlo en el culo.

    Me metí dos dedos en la concha y me masturbaba con todo, el en mi culo con su lengua, yo en mi concha y mis tetas, durante varios minutos, hasta que por fin me saco un orgasmo distinto, uno anal.

    -Metete un dedo. Dijo.

    -Ya tengo dos hijos de puta.

    German se rio con todo.

    -En el culo. Dijo.

    -Vos estas loco, en serio, si vos pensas que yo…

    Otro suave chirlo me puso al rojo vivo, mi mano dejó las tetas, la acerque a mi orto y el chupo un dedo, casualmente el medio, el más largo. Totalmente enajenada, me lo fui metiendo. Molestaba pero fue entrando. Y yo moviéndolo de a poco. Mi cabeza estallaba, me estaba masturbando por los dos lados, el chupándome concha y culo. Unos minutos y me hizo girar sobre sí, sin sacarme los dedos.

    -Ahora, sin dejar de tocarte, chupame.

    -Sos un hijo de puta, te amo.

    Estábamos en un 69 perfecto, yo chupando con todo y masturbándome sobre él que me chupaba y gozaba. Estuvimos así un rato y tuve un par de orgasmos.

    -Bueno Gise, vamos a ver si haces bien las sentadillas. Me dijo.

    -No podes ser tan cerdo, para esto me entrenaste.

    Dije y lo monte haciendo sentadillas. Por suerte había entrenado bien, podía moverme con todo. Volví a apretar mis tetas y jugar con mi clítoris, ahora con su pija en mi concha, dándome un placer increíble.

    -Te acordás la máquina de piernas… usa esos músculos que no se ven.

    Y ahí me di cuenta que realmente era un sádico. Los empecé a usar y apretaba su pija con ellos, generándome cataratas de placer y orgasmos. Fue después de uno que me hizo levantar un poco y su pija salió de mi concha.

    -No haces bien las sentadillas, la espalda tiene que estar recta. Vamos a tener que usar un tutor. Dijo y haciéndome bajar, sentí como su pija estaba en mi orto.

    -Desgraciado, me voy a encular sola, sádico de mierda. Dije.

    Fui bajando y su pija fue entrando lentamente. No lo podía creer, no sentía dolor, solo placer. Gire a mirarlo y estaba super caliente, más me calenté. Metí dos dedos en mi concha y me masturbaba al ritmo en que enterraba y sacaba su pija de mi orto. No fueron más de cinco minutos y tuve un orgasmo increíble. Me levante, giré y me puse su pija en mi concha. Me tire sobre su pecho y lo bese con todas mis fuerzas.

    -Me estás haciendo una puta perfecta. Te amo por eso.

    Quiero que me acabes en el culo. Dije.

    Me hizo acostar boca abajo, sobre una almohada y se puso sobre mí, que separaba a más no poder piernas y cachetes. Me cogía en culo con todo, su pecho apoyado en mi espalda solo para que sienta que estaba allí. Me besaba el cuello y me lo mordía. Era increíble como gozaba. Y cuando acabó, por favor, me la enterró por completo y se vació en mi intestino. Se corrió y nos besamos con todo.

    Me quedé abrazada a él, con la cabeza sobre su pecho. Tenía tantas cosas para decirle, tanto para contarle pero no podía. Me quedé dormida, totalmente exhausta.

    -Buen día dormilona. Me dijo German.

    Abrí los ojos, y estaba en su silla de ruedas, junto a mí, con una mesita de desayuno sobre la silla de ruedas.

    -Buen día mi amor. ¿Desayuno en la cama? Wow, sos genial.

    -No sabía que tomabas, traje té y café, unas tostadas, manteca, dulce, un yogurt y granolas.

    -Té por favor. En serio que queres que me enamore con todo de vos.

    -Yo ya lo estoy. Por eso el desayuno.

    -¿Qué hora es? Pregunté.

    -Las diez de la mañana.

    -Sí que dormí lindo. German, tengo que decirte un par de cosas, anoche lo quise hacer, pero me dormí. Primero que te amo, y ya con locura. Decirte que me hiciste mierda, me destrozaste todo el cuerpo, pero eso es lo de menos. Me hiciste gozar como nunca goce, nunca tuve más de un orgasmo, y anoche… creo que cincuenta o más, que hiciste que me suelte, que me guiaste por caminos que no conocía, como tocarme mientras me chupabas como un animal, que hiciste que quiera entregarme totalmente a vos, y lo hice. Que disfruté hasta lo impensado, como masturbarme el culo y no te cuento cuando me la metí en el culo. Trata de entenderme, me estabas cogiendo por el culo, yo me masturbaba y disfrutaba como loca, no solo del sexo, de sentir que yo, si yo, era la que estaba haciéndote gozar, que yo era libre para mostrarte como gozaba. Que no tenía miedo o vergüenza de lo que pienses. German, te amo, amo como me hiciste el amor, amo como me besaste y mordisqueaste mi cuello.

    -Estuviste increíble, en serio sos una yegua hermosa. Solo que tenemos que hacer más sentadillas, hay que ganar resistencia y postura.

    -Sos un cerdo, también te amo por eso.

    Como él ya se había duchado, me di una ducha yo, nos cambiamos y fuimos a lo de mis viejos. Abrieron el portón y entramos con la camioneta. Mis viejos se quedaron serios cuando vieron que Germán bajaba la silla de ruedas y se sentaba.

    -Papá, mamá. Les presento a German, un tipo increíble.

    German, él es Jorge, y ella Milba, mis viejos.

    -Un placer conocerlos. Espero le gusten estas rosas. Dijo Germán dándole un ramo que había comprado en el camino.

    -Muchísimas gracias German, son hermosas. Que bueno conocerte. La cara de mi hija me dice todo.

    -Don Jorge, Gisella me dijo que le gustan los vinos tintos, espero que este Malbec sea de su agrado.

    -No lo dudes, bienvenido a casa German. Pasen chicos.

    Entramos y nos sentamos en el living, German, de un salto pasó a un sillón.

    -German, vos perdona nuestra cara se sorpresa cuando te vimos bajar.

    -Milba, lo raro hubiese sido si no tenían cara de sorpresa, quédese tranquila.

    -Entendeme, soy la madre, y soy muy chusma. Cuenten todo. Dijo mi vieja.

    -Es el dueño del gimnasio donde voy, ahí nos conocimos y como es muy… como describirlo… seductor, desde el primer día fue jugando con las palabras, ama el doble sentido y luego de tres semanas, me llamó por celular para salir a cenar. Y fui. Lo que conocía de él me agradaba. Me espero en la puerta, con un ramo de flores, trajeado, y tuvimos una cena genial. Ahí pude conocer la clase de hombre que es, sus valores, su personalidad, y quedé flechada. El sábado fuimos a almorzar a lo de Tito, y lo tome por asalto, fui con un bolso, ropa, me invite a cenar y a dormir a su departamento. Historia corta.

    -Por tu cara y esas marcas en el cuello, tuvieron sexo. Dijo mi viejo.

    -Y del mejor, te lo aseguro papá. Es un animal en la cama, me hizo tener no menos de diez o veinte orgasmos.

    -Como verás German, con Gisella hablamos muy claro. Dijo mi viejo.

    -Me parece genial, sobre todo que ella tenga la posibilidad de contarles todo lo que vive.

    -Es la idea. Así que sos amigo de Tito.

    -Más que amigo, más que hermano. Gracias a Tito pude sobreponerme, hasta el día de hoy está encima mio empujándome. Aunque suene raro, amo a ese hombre, y los dos somos hetero, ojo. Dijo sonriendo.

    -Es un buen tipo, lo conozco poco, pero lo aprecio.

    -Y el a Ud., lo cual es bastante inusual. Dijo German.

    -German, tutéame. No jodas.

    -Dale, no hay problema.

    -¿Les servimos algo para tomar? ¿Germán?

    -Lo que tome Jorge, no tengo problemas.

    -¿Compartimos un whisky antes del almuerzo?

    -Con todo gusto.

    Con mi vieja fuimos a la cocina a servirles y no se pudo contener:

    -Estas hecha mierda. Marcas en todo el cuello. Te mató. Me dijo.

    -Mamá, no te das idea lo que es en la cama, me hizo de todo, me hizo sentir mujer en serio, un animal. Y cuando hables un poco más con él, te vas a dar cuenta que clase de hombre es.

    -Hija, te conozco, y si vos me lo decís, no tengo que comprobar nada. Aparte, el detalle de las rozas, es un caballero.

    -Eso te lo aseguro, un caballero de la vieja escuela, como yo. A cenar fui como visto yo, sobria, con una pollera a la rodilla. Él lo primero que me dijo fue que estaba muy elegante, que le gustaba como estaba. Y no sabes como cocina, es un chef en serio.

    -Me pone muy contenta verte así. Vamos.

    Fuimos y ellos hablaban del accidente.

    -Y el gimnasio lo puse por negocio, y para poder entrenarme. Presionado por Tito, claro.

    -Te felicito, que en tres años hayas podido rehacerte es maravilloso. Dijo mi viejo.

    -No solo eso papá, da clases en la facultad de ingeniería y tiene dos obras. Es un animal.

    -No hija, es un hombre con las pelotas bien puestas. Y me alegra mucho que estés con un hombre así, que ya sufrió mucho y supo sobreponerse. Se merecen mutuamente. German, bienvenido a la familia. Dijo mi viejo y se me llenaron los ojos de lágrimas.

    -Gracias Jorge. En serio aprecio eso.

    -Vos sabes German, que cuando ayer Gisella nos dijo que iba a venir con vos, fue toda una noticia. Nunca trajo a un hombre a la casa. Tampoco nos hizo hablar por teléfono. Con Jorge nos quedamos atónitos. Y como la conocemos nos quedamos tranquilos. Pero no imaginaba que tendrías 28 años. A ella…

    -Me contó, en realidad me lo enrostro a los dos minutos que nos sentamos a cenar.

    -Pero te dije que vos con tu físico podías pasar esa barrera. Y lo hiciste. Ah, saben lo que hizo esa noche, casi lo mato. Íbamos en la camioneta, después de cenar y tomar algo en un bar, ya los dos bastante tibios digamos, y paro detrás de un patrullero, le hizo señas de luces y bajo un oficial. El caradura le pregunto si nos podíamos quedar ahí unos minutos porque tenía que preguntarme si quería ser la novia, y darme un beso. El oficial, un capo, le dijo que teníamos 10 minutos hasta que ellos se fueran.

    -Sos un capo German. Sinceramente.

    -Sí, pero nos estábamos dando tremenda apretada y el patrullero con las sirenas nos avisó a los tres minutos que se iban. Quedamos calientes como olla de hierro. Y lo peor, que ahora que me doy cuenta, nunca me preguntaste si quería ser tu novia.

    -Tenes razón, no te lo pregunté.

    Se sacó un anillo y me miró a los ojos.

    -Otro no tengo a mano. ¿Queres ser mi novia? ¿Aceptas este anillo como prueba de mis sentimientos?

    -Sos un tonto, desgraciado, claro que acepto. Dije llorando y tirándome sobre él para besarlo.

    -Se dan cuenta porque lo amo, porque tiene estas cosas. O como hoy a la mañana, me despertó con una bandeja con un desayuno completo, té, café, yogurt, tostadas.

    -German, dejate de joder, me estás haciendo quedar mal. Dijo mi viejo riendo.

    -Aprende, vos que críticas a los jóvenes. ¿Cuándo se van a vivir juntos? Preguntó mi vieja.

    -Milba, me parece que ya tomó la decisión e hizo cabeza de playa con el bolso.

    -No lo dudes. Andá haciendo un duplicado de las llaves. Dije.

    -Esta colgado en la cocina, agárralo.

    -¿Este? Dije sacando un juego de llaves de mi bolso.

    -Perdiste, Germán ahora sí. Dijo mi viejo.

    -Amor, en mi carácter novia y casi conviviente, ¿y si esta noche la cena es para festejar el comienzo de una maravillosa vida juntos?

    -No estaría mal, para nada. Dijo German.

    -Viejos, los esperamos a cenar en casa. Va a ir Tito y la mujer. Los cuatro, y estoy segura que no me equivoco, son las personas a la cuales respetamos y queremos como a ninguna otra. Para nosotros, para mí, va a ser un placer que vengan. Ah, voy a cocinar yo.

    -Sos jodida en serio… va a ser un verdadero honor poder compartir esa cena con Uds. y Tito. Y gracias por los sentimientos que nos regalan. Dijo mi viejo, se levantó, hice lo mismo y nos dimos un abrazo y un beso.

    German acercó su silla, sosteniéndose de ella y del sillón se paró, soportando todo el peso en sus brazos.

    -No era necesario. Dijo mi viejo.

    -Para mí sí Jorge. Y mi viejo le dio un tremendo abrazo.

    Así fueron las primeras horas de nuestra relación. 72 hs. increíbles que dieron inicio a una hermosa familia. Vendimos los dos departamentos y nos mudamos a una casa, con parque y pileta. Tres de los cuatro dormitorios están ocupados, el nuestro claro, el de Roberto y el de Milba, nuestros hermosos mellizos de tres años.

    Ahora es mi viejo el que va un par de días por semana al estudio, yo todos los días. Germán, a la mañana el gimnasio y por la tarde las cinco obras que tiene en marcha. Tuvo que dejar de dar clases… Y esta anotado para ser el primer argentino en probar un exoesqueleto.

    Mis viejos, malcrían a los nietos todas las tardes, Tito y Cintia, tuvieron un hijo y ella vive peleándolo para que no diga tantas barbaridades.

    Ah, Tito tuvo razón, hubo que reforzar la silla de ruedas. Ahí concebimos a nuestros melli.

  • Gina, Jeniffer y el carro rojo

    Gina, Jeniffer y el carro rojo

    Jeniffer tenía un carro rojo. Era un carro pequeño, económico, de caja manual y solía molestar con averías mecánicas constantemente. Aún así era su adoración, su medio de transporte.

    Después de haber hecho aquel trío la confianza entre los tres era grande, repetidas veces cuando estaba cualquier medio día en un motel fornicando con Gina solía llamar o enviar mensajes de audio a Jeniffer contándole lo que estábamos haciendo.

    -La tengo en cuatro, le estoy dando duro – le escribí.

    -Ufff, entierrela la verga a esa perra, dile cosas sucias – me respondió Jeniffer.

    -¿Qué más quieres que le haga?-

    -Metesela por el culo –

    Y así era. Una deliciosa aventura pervertida con dos deliciosas jovencitas atrevidas, estaba en la gloria, agradecía a la vida lo que sea que me estuviera recompensando, era un dios entre mortales. Nunca me vi solo con Jeniffer y nunca más aparte de aquel día que hicimos el trío tuve la dicha de penetrarla, fueron solo besos casuales. Entre Jeniffer y Gina había un acuerdo tácito; yo era de Gina.

    En varias ocasiones Jeniffer llevaba a Gina a su casa en aquel carro rojo, pero un lluvioso miércoles después del trabajo aquella máquina se convirtió en un refugio sucio para nosotros.

    Vi como se cerraba el ascensor así que aceleré el paso para interrumpir la puerta y poder entrar. Para mi sorpresa allí dentro estaban Gina y Jeniffer. Jeniffer llevaba una blusa azul y un pantalón negro y Gina, ya constantemente entregada a la sensualidad, llevaba un vestido de flores rojo que terminaba un poco arriba de sus muslos. Debo decir que para ese momento y tras muchos encuentros entre Gina y yo, ella había cambiado radicalmente de actitud con respecto a su cuerpo, solía ir a trabajar en vestidos cortos y sin ropa interior y bromeaba continuamente con cualquier compañero sobre temas sexuales. Caminaba con seguridad por los pasillos de las oficinas balanceando su duro culito, recibía atención y le encantaba.

    -¿para dónde van?- les pregunté.

    -para la casa obvio- respondió Gina.

    -¿Puedo acompañarlas?-

    -jajajajaja, pero si tu vives para otro lado-

    -no importa, solo un rato –

    No me despegué de ellas, el solo hecho de estar junto a aquel par de delicias ya era para mi un goce. El ascensor llegó al sótano y salimos de él con rumbo al pequeño carro rojo de Jeniffer.

    Gina se subió del lado del pasajero y yo me subí atrás, Jeniffer conducía. Salimos del edificio y entramos en un tráfico pesado. La lluvia caía fuerte y avanzamos lento. Después de un par de cuadras me incliné un poco hacia adelante y dediqué unas miradas al par de tetotas de Jeniffer. Después me dirigí hacia el cuerpo menudo de Gina y pude ver sus pezones duros marcados en su vestidito.

    – A que no te pusiste tanga – Le dije y estiré mi mano entre sus piernas.

    Su primera reacción natural fue cerrarlas pero no tardó en relajarlas y separar sus muslos para darme vía directa a su chocho. Tal como lo dije, no llevaba ropa interior, mi mano viajó desde la mitad de sus muslos hacía arriba hasta encontrarse con su coño depilado, encajé dos dedos sin mediar palabra. Se quitó el cinturón de seguridad para poder ampliar su cuerpo y disfrutar de mi incursión. Cabe decir que el carro de Jeniffer no tenía polarizado así que todo lo que allí ocurría estaba a la vista, afortunadamente las gotas de lluvia creaban una barrera natural que nos hacía algo invisibles a los transeúntes.

    Jeniffer posaba su mirada fijamente sobre la entrepierna de Gina mientras yo le masturbaba. El carro de atrás activó el claxon para hacernos saber que el semáforo ya estaba en verde, Jeniffer salió del trance y avanzó. Íbamos por unas calles bastante concurridas, era una zona comercial llena de negocios y oficinas y a esa hora había mucho movimiento.

    El coño de Gina se fue humedeciendo hasta que la abundancia de sus jugos empapó mi mano. Su vestido ya no cubría nada, su coño paseaba descubierto por las calles de la ciudad, cerraba sus ojos y se sujetaba de la cabecera de la silla con los brazos en alto. Nos detuvimos en otro semáforo, Gina salió de su trance, cerró sus piernas y se levantó de la silla del pasajero para pasarse atrás conmigo.

    Yo estaba sentado en la mitad de la silla trasera, Gina se acomodó en el suelo del automóvil a mi izquierda justo detrás de la silla de Jeniffer. Desabrochó mi pantalón y sacó mi verga dura, la vio con ansiedad y se abalanzó sobre ella para tragársela entera. En el momento en que algo de mi desnudez apareció, caí en cuenta de la cantidad de personas alrededor y me preocupé un poco. Miré hacia todos lados para ver si algún curioso se fijaba en lo que estaba ocurriendo dentro del carro rojo pero la gente estaba más preocupada por la lluvia que por cualquier otra cosa.

    Posé mi mano sobre la cabeza de Gina y empecé a seguir el movimiento que hacía sobre mi falo. Como siempre, como una maestra, como si hubiera chupado mil vergas antes que la mía, Gina saboreó desde la punta de mi glande hasta la base de mi pene ensalivando cada rincón, masajeando con su mano y su boca hasta hacer un liquido baboso y burbujeante que humectó toda la zona,. Una delicia. Fijé mi mirada en el retrovisor del carro para ver como Jeniffer no se perdía movida. Se estiraba un poco para alcanzar a ver como Gina trabajaba sobre mi. Nuestras miradas se cruzaron, mordí mis labios y le envié un beso. Debo reconocer que ese acuerdo tácito entre Gina y Jeniffer no me gustaba mucho, siempre deseé estar a solas con Jeniffer y hacerme una poderosa paja rusa entre sus abundantes tetas, nunca se dio la oportunidad.

    Mientras Gina saboreaba mi verga yo estiraba mi mano para tocarle el coño y el culo, paseaba por toda la zona humectando con sus propios fluidos y pronto encajé un dedo dentro de su culo. Su vestidito estaba recogido sobre su espalda, un autobús pasó lentamente a nuestro lado y pude ver como desde la altura un hombre y una señora divisaron las nalgas abiertas de Gina con mi mano entre ellas, sus caras de sorpresa se fueron con el autobús.

    Lo siguiente fue que Gina se subió sobre mi, de la manera que más nos gustaba, dándome la espalda, Gina agarró mi verga y se la apuntó en la entrada de su coño, después se dejó caer y todo mi palo se encajó entre sus deliciosas y húmedas carnes. Empezó a brincar y el auto se empezó a mover, de nuevo estábamos detenidos en un semáforo. Jeniffer solo decía “Uffff” y se tocaba la entrepierna.

    -¡Se dieron cuenta!- dijo Jeniffer.

    Gina hizo caso omiso, empezó a moverse en círculos sobre mi.

    -Los del carro de atrás se dieron cuenta – Dijo Jeniffer.

    El auto detrás de nosotros activó el claxon a pesar de estar el semáforo en rojo avisandonos que se habían dado cuenta de lo que pasaba, tal vez por el movimiento del carro, tal vez por la transparencia de las ventanas que no ocultaban el aquelarre que ocurría sobre esas cuatro ruedas. Al final solo reímos, de eso se trataba un poco la aventura. Cuando el semáforo cambió el auto detrás de nosotros nos rebasó lentamente y una pareja joven, él al volante y ella de copiloto se quedaron viéndonos fijamente. Los miré y sonreí, Jeniffer mantuvo la vista hacia adelante algo nerviosa, Gina no se dio cuenta de nada, ella solo cabalgaba sobre mi. Pronto los gemidos inundaron el auto. Me acerqué al oído de Gina y le pedí que tocara a Jeniffer.

    Gina estiró su mano y la metió dentro de la blusa de Jeniffer para empezar a masajear su masivo seno derecho. Se lo sacó y un pezón café pequeño quedó a la vista de todos. Por el retrovisor podía ver como la excitación de Jeniffer iba en aumento, pronto su mano izquierda estuvo dentro de su pantalón y se toqueteaba el coño mientras Gina le apretaba una teta. El auto avanzaba a topetones y frenazos.

    ¡No puedo manejar así! ¡Nos vamos a chocar!- Gritó Jeniffer.

    Giró el auto y estacionó entre dos árboles en un punto oscuro. Se quitó el cinturón de seguridad, apagó el auto y abrió sus piernas. El botón de su pantalón se disparó y su mano se adentró del todo para encajar cuatro dedos dentro de ese coño húmedo. Gina besaba el cuello de Jeniffer sin dejar de saltar sobre mi. Yo veía todo y agradecía al cielo.

    La lluvia arreciaba y nos cubría de las miradas del exterior. Yo sujetaba la cintura de Gina mientras sus nalgas golpeaban sobre mi cuerpo. Gina gemía y Jeniffer ya se había puesto a tono. Sus bocas se encontraron y se fundieron un salivoso beso. Sentí que me venía.

    – Me vengo – dije.

    – No vayan a ensuciar todo – dijo Jeniffer entre gemidos.

    Gina se levantó, su cabeza golpeó contra el techo del auto pero aquello no le importó, se abalanzó sobre mi verga y la mamó para sacar toda la leche contenida allí. Como siempre, se la tragó toda, hasta la última gota, no ensuciamos nada. Tras salir de mi trance y mientras Gina seguía mamando mi casando palo me fijé en Jeniffer. Sus ojos cerrados, su concentración, su perfecta nariz empinada, lo que antes era un suave masaje ahora se había convertido en un frenético golpeteo sobre su vagina. Un grito explotó cuando un orgasmo sobrevino en Jeniffer mientras apretaba sus abundantes tetas.

    Sin decir mucho cada quien se incorporó.

    – Ustedes me encantan, son muy locos – dijo Jeniffer.

    Me acerqué a Jeniffer y tomé su cara para plantarle un beso al que respondió. Después tomé la cara de Gina y la atraje para besarnos los tres. Cuando la lluvia cesó me dejaron cerca de mi casa y vi como el carro rojo con aquellas dos hermosas chicas se perdía por la esquina.

  • Dia del Padre (Jornada Electoral 2)

    Dia del Padre (Jornada Electoral 2)

    Formalizo un esfuerzo de publicar en cada una de las categorías de la página, a excepción de Grandes Relatos, porque como mis lectores saben prácticamente todas mis publicaciones son extensas y Grandes Series, porque básicamente todos mis relatos forman una serie, la serie de mi vida, en espera de su retroalimentación.

    Y ahí estaba recostada boca arriba sobre la hierba, bajo el sol de Junio, con mis piernas abiertas y mis tobillos a la altura de mi cara. Ahora, una vez más, deslizó su verga en mi culo. suspiré con profunda satisfacción. Éramos animales en copula salvaje, desnudos, iguales, unidos en este antinatural apareamiento. Gemía como perra en celo, mientras me cogía por el culo con un hermoso ritmo, duro y profundo, dentro y fuera, pero también retorciéndolo dentro de mí en una especie de movimiento en forma de ocho.

    Pero retrocedamos un poco…

    Las Jornadas Electorales en mi país están marcadas para el primer domingo del mes de junio, y tradicionalmente el día del Padre se celebra el tercer domingo de junio.

    Habían transcurrido 15 días de los acontecimientos vividos en Jornada Electoral (relato que podrán encontrar en mi perfil, junto con otros más que los invito a leer), ese año en particular Mi Mor y yo habíamos decidido pasar con nuestros respectivos progenitores los festejos, la bendición mayor estaría con Mi Rey, y las menores con Mi Mor, que cada quien disfrutará con su cada cual.

    Era un día caluroso, (normal en mi ciudad en esa época del año), esperaba disfrutar de la alberca en la residencia de mis papás, pero la bomba del filtro no daba y por tanto el agua lucía un hermoso color verde esmeralda, mientras mi padre cómicamente discutía con la bomba tratando de repararla, me refrescaba con un “vampiro” casero junto con mi madre en el jardín, disfrutando ambas del espectáculo involuntario de mi progenitor.

    Mamá: Ay tu papá tan necio, si bien le dijo Cesarin que la bomba no le iba aguantar mucho – resignada

    Yo: ¿Cesarin? – extrañada

    Mamá: Si, tu AMIGO Cesar, que vive aquí cerquitas – tranquilamente – es un amor ese hombre, lo que tiene de grandote, lo tiene de buena gente, le tiene mucha paciencia a Mi Muñequito.

    Mirando a mi madre aun extrañada, confundida y choqueada, mientras me terminaba mi bebida y preparándome otra, no entendía de quien me hablaba con tanta familiaridad.

    Mamá: Tu AMIGO Cesar, hace unos días, llego saludar y desde entonces viene cotidianamente a platicar con tu papá, antier reparo la bomba, pero le advirtió al Muñequito que tenía que cambiarla, pero ya ves, así las cosas.

    Yo: Cesar, ¿es alto, muy robusto, mal encarado? – con la esperanza de que mi madre hablara de otro Cesar y no el que estaba en mis pensamientos en ese momento.

    Mamá: Si Muñequita, él – con su infinita paciencia de madre.

    Di otro gran sorbo a mi nueva bebida, para evitar cualquier mueca delatora.

    Mamá: Deberías de hablarle para que venga ayudarle al Muñequito.

    Yo: Como crees- nerviosa

    Mamá: Sí, porque tu papá no le va hablar por vergüenza, ya que él de advirtió que esto pasaría. Ándale háblale.

    Yo: Ay Má, es festivo que tal si él está ocupado.

    Mamá: Déjame le llamo, nada perdemos con intentarlo- mientras digitaba su celular

    Quedándome sin habla solo me quedo disimular mi nerviosismo jugando con la copa.

    Mamá: Cesarin Mijo,…bien bien, ¿… no te interrumpo? qué bueno… alguien quiere hablar contigo – ofreciéndome su celular.

    No me quedo, más remedio que tomarlo con una sonrisa forzada, alejándome por el jardín con el celular en una mano y la copa en la otra.

    Yo: Bueno – sorbiendo mi bebida

    Cesar: “Muñequita” …-burlonamente

    Yo: No me digas así – molesta susurrando para no ser escuchada – que solo mi madre me llama así, para ti son Elena, valla que eres atrevido, porque les dijiste a mis padres que somos Amigos. – bebiendo nerviosa de mi copa

    Cesar: Bueno, es que eres un manjar digno de comer más de una ocasión, así que fui a la casa, lancé el anzuelo y lo demás era cuestión de esperar y mira no me equivoqué, la pesca ha sido muy buena.

    Yo: Descarado – tratando de oírme molesta, pero la verdad me algaba todo el esfuerzo que había realizado hasta el momento para buscarme.

    Cesar: “El Muñeco” está batallando con la alberca verdad? – con su acostumbrado cinismo

    Yo: ¿Cómo sabes? –intrigada tomando de bebida, suponiendo que la falla de la bomba no fue casualidad.

    Cesar: Sabía que hoy estarías con tus papás y sabía que la bomba fallaría y…

    Yo: “Sabias que te buscarían para ayudarlos”, eres un cabroncito….- ya no pude evitar mi sonrisa.

    Cesar: Si también sabia eso…

    Yo: Que bárbaro eres – riendo mientras sorbía otro trago- y bien, ¿puedes solucionarlo? – terminándome el líquido rojo del recipiente de vidrio.

    Cesar: Claro, aquí tengo la pieza que ocupa el Muñeco, pero tendrías que VENIRTE conmigo, aquí en mi casa – insinuante.

    Yo: Estás loco – mordiéndome los labios, sabía lo que el pretendía y sabía que no debía de arriesgarme.

    No sé si era el litro de vampiro que había bebido, el sofocante calor del día, o la varonil y dominante voz de Cesar, pero mi entrepierna empezaba a dar señales de vida.

    Yo: No creo poder, estoy festejando mi papa no puedo salirme, así como así. – tratando de evitar la tentación.

    Cesar: Pues si quieres que funcione la alberca tendrás que VENIRTE – con voz lujuriosa –

    Girando mi mirada podía ver a mi padre gritando a todos los ancestros de bomba, esa no era forma de festeja su día, además quizás pudiera refrescarme un poco en la hidro de Cesar, me decía engañándome a mi misma que la decisión la tomaba con la cabeza y no con la vulva.

    Yo: Ok, tu ganas, pero te advierto, borra tus expectativas, solo voy por ti y ya. – tratando de oírme lo más seria posible.

    Cesar: Acá te espero “muñequita” – burlonamente.

    Colgando sin darme oportunidad de reclamarle por el apodo.

    Acercándome a la mesa del jardín para entregarle el celular a Mamá.

    Mamá: ¿Que te dijo Cesarín?

    Yo: Que puede conseguir la refacción para la bomba, pero como no tiene coche ahorita tendría ir por él – dejando mi copa vacía sobre la mesa.

    Mamá: Te digo ese hombresote es un amor – sonriendo- Muñeco, deja eso la Muñequita hablo con Cesarin, van a traer no sé qué para arreglar la bomba.

    MI papá ni tarde ni perezoso dejo lo que estaba haciendo y camino hacia nosotras.

    Papá: Enserio, que bueno, entonces pues me voy a ver el partido de futbol de por mientras. -caminando al interior de la casa

    Mama llevo sus ojos hacia atrás y suspiro, siguiéndolo.

    Subí a mi coche y haciendo memoria conduje hasta la casa de Cesar, Mientras conducía, un picor interior recorría mi humedad, imaginé y anticipé lo que podría ocurrir, aunque no sabía cómo se orquestaría todo y si permitiría que se desarrollara algo.

    Supongo que fue la incertidumbre la que me puso ansiosamente en mi camino, la que me había emocionado hasta lo más profundo de mi ser.

    Al llegar a la residencia, la memoria muscular de mi coño humedeció mi interior y lanzo flashback de los pecados que realice en ese mismo sitio, toque el timbre sin respuesta, me apoye en la puerta y estaba ligeramente abierta, entre con cierto miedo y encontré con esa estancia sencilla pero amueblada con buen gusto. Sobre una mesa había un sobre con mi nombre. Abrí el sobre para encontrar una nota, junto con una venda de seda negra. La nota que decía: «Ve a la habitación de la izquierda».

    Intrigada y nerviosa, con el estupor recorriendo mi piel, abrí la puerta de la habitación y mi corazón dio un vuelco cuando inmediatamente absorbí su ambiente tan especial. A diferencia de la estancia, amueblada con antigüedades y encantadores muebles rústicos, esta habitación era moderna y esterilizada casi como una clínica.

    Había una mesa de exploración con estribos, familiar de mis visitas a los ginecólogos. Y una segunda mesa plana de cuero a su lado. Cuidadosamente dispuestos sobre la mesa había una amplia variedad de consoladores y otros implementos, un espéculo y lubricantes, pensé inmediatamente en la casa de que loco demente me he metido, nerviosa y asustada leí más: «Una vez que estés en la habitación, desvístete por completo. Luego prepárate y ponte un enema con la solución que he dejado. Tantos como necesites para enjuagarte. Después, ponte la venta en los ojos. Subes a la mesa plana de cuero sobre los codos y las rodillas. Luego espera «.

    Yo: Pues qué clase de pervertido es este wey – asustada

    Mi mente y mi corazón me indicaban salir de ahí, pero el sonrojo de mi cara me delataba, mi entrepierna me empujaba a permanecer es esa habitación curiosa de lo estaba por venir.

    Mis papas, saben dónde y con quien estoy, además, aunque mal encarado y pesado Cesar no tiene tipo de maleante. Tome un gran suspiro.

    Yo: Pues chinga su madre (frase auto motivadora que se dice antes de tomar una mala decisión)

    Quitándome mi vestido por encima de mi cabeza, el bikini de dos piezas que usaba como ropa interior, saliendo de mis sandalias, deje toda mi ropa sobre el piso marmolado. Desnuda, procedí a aplicarme los enemas y enjuagarme, preguntándome si estaba siendo observada, avergonzada por este acto íntimo, limpiándome a fondo después del enjuague. Entonces asumí la posición vulnerable que se me exigía, vendándome los ojos. Esperé y esperé.

    Cada segundo parecía un minuto, cada minuto una hora, el sentido del tiempo realzado por la falta de mi visión por parte de la venda. Finalmente escuché pasos, luego alguien entrando a la habitación.

    Cesar: «Hola, Elena», con voz profunda y tranquilizadora.

    Guardé silencio, lo escuché acercarse. Entonces, de repente, sentí sus dos manos en mis nalgas. Eran manos grandes, callosas. ¿Qué me harían esas manos? ¿Me azotarían?

    No. No fue así. Las manos acariciaron mis nalgas suavemente, sensualmente, sus movimientos hábiles, practicados.

    Yo: «Por favor,» respiré pesadamente.

    Me masajeó con ternura, sus dedos hábilmente vagaban por mis nalgas, acercando los pulgares más y más a mi húmeda vagi….

    Cesar: «Estás empapada, puedo olerte zorra, pero hoy no quiero tu cuca «, se rió entre dientes

    No, ¡no buscaba lubricada vagina el buscaba MI ANO!!!, MI CULITO!!!, MI OJETE!!!, más y más cerca.

    Me separó las nalgas y de repente me sentí expuesta a su escrutinio, expuesta y vulnerable. Podía sentir sus ojos en mi culo, observando el vívido paisaje de mi ano expuesto. Y luego lo sentí su aliento y sentí algo … sentí sus labios.

    Besó mordelonamente mis nalgas, enviando espasmos eléctricos por todas mis extremidades, sus labios cubrieron con besos cada centímetro. Lentamente, tentadoramente, sus labios se desplazaron hacia el centro, al cálido y húmedo espacio entre mis mejillas. Me estremecí, al sentir sus labios en mi ano, besándome, besándome repetidamente. Y luego algo más, su lengua, cálida y húmeda, sondeándome. Me controlaba quería escapar, pero permanecía inmóvil, como ciervo lampreado. Dejé escapar un suspiro involuntario cuando sentí su lengua deslizarse en mi esfínter. Se tomó su dulce tiempo para lamerme el culo. Primero provocándome con ligeros movimientos de su lengua, luego, gradualmente, presionando esa lengua firmemente contra mi ano, lamiendo con más insistencia. Y finalmente sentí su lengua dentro de mí, abriéndose paso en mi pasaje anal. Su lengua parecía más larga que cualquier lengua que hubiera conocido, más fuerte, más contundente mientras serpenteaba dentro de mí. Mis brazos no me sostuvieron y me frente toco la mesa. Y entonces, de repente, se apartó de mi trasero y me tomo de la nuca con su gran mano levantándome mi cabeza de la mesa, se acercó a mi cara, besándome, forzando la lengua que acababa de explorar mi culo entre mis labios. Nuestro beso fue apasionado, realzado por la conciencia de que su lengua, esos labios, habían estado explorando tan íntimamente mi expuesto ano.

    Se alejó y se acomodó detrás de mí de nuevo. Me apoyo sobre mis codos, esta vez sentí algo más hurgando entre mis nalgas, su dedo. Lentamente comenzó a deslizarlo en mi culo, muy, muy lentamente. Estaba apretada pero su penetración fue suave, experimentada, como lo había sido, su lengua. Estaba tan exquisitamente sensible ahora que sentí su dedo profundizar hasta el primer nudillo, luego en el segundo. Finalmente, me metieron todo el dedo en el conducto anal. Solo gesticulaba tratando de ahogar mis gemidos, Cató la sensación de las paredes apretadas y lisas de ese pasaje presionando su dedo. Y cuando la yema del dedo tanteó más allá del estrecho conducto anal hacia la cavidad repentinamente más ancha de mi recto, dobló la yema del dedo y la pasó en un movimiento circular a lo largo de esta parte inferior de la membrana rectal. Suspiré profundamente, deleitándome con las sensaciones absolutamente sublimes, esas membranas tan exquisitamente sensibles a su toque experto.

    Y luego sacó su dedo, me tomo con fuerza y delicadeza por la nuca levantándome de la mesa y me condujo ahora a la mesa de examen que estaba en el centro de la habitación. Me ayudó a sentarme boca arriba en la mesa, levantando cada pierna, insertando un tobillo en cada uno de los estribos, tirando de mis piernas hacia atrás, doblándolas, abriéndolas ampliamente. Lo sentí apretar las correas de cuero alrededor de mis tobillos. Llevo mis manos sueltas por encima de mi cabeza haciéndome cerrar ambos puños alrededor de una barra metálica. Mi culo estaba aún más vívidamente expuesto en esta posición, que cuando estaba sobre codos y rodillas.

    Cesar: No tienes permiso de hacer nada que no te ordene que hagas, por lo pronto de ordeno que disfrutes.

    Víctima de la excitación, del miedo o de ambos, Ascendí con pequeño pujido, una vez más, sentí su dedo entre mis nalgas, recorriendo la superficie anal, lo escuché tomar el frasco de lubricante y, a continuación, su dedo estaba nuevamente en mi grieta, frotando lubricante. cavando en mi pasaje anal, su entrada más suave ahora, facilitada por el lubricante resbaladizo. Una vez más sentí la maravillosa sensación de su único dedo cavando a través de mi ano y dentro de mi recto. Adentro, giró su dedo, explorando, masajeando, estimulando la sensible cavidad. Siempre he disfrutado de estos momentos, un dedo sondeando mi recto, mi propio dedo o el de otra persona. Sabía que mi ano y mi recto eran extravagantemente receptivos a las sensaciones placenteras. el placer de la intrusión, la dilatación, la insistente profanación, la violación de una región no diseñada para ser violada.

    Cesar: «Tienes un culo bonito, suave y apretado, Elena».

    Yo: «Gracias,” sumisamente.

    Luego retiró lentamente su dedo y sentí que traía algo a mi mano y me dejó sentirlo. Absorbí la sensación fresca, suave y metálica de un … ESPÉCULO.!!!

    Cesar: «Esto es un espéculo. Estoy seguro de que te han insertado uno en tu vagina. Esta vez se insertará en tu ano».

    Aplicó más lubricante en mi ano. Ahora sentí la intrusión metálica dura cuando deslizó el espéculo en mi trasero. Entonces pude escucharlo girar el tornillo mientras el espéculo me dilataba. Sudaba y respiraba con dificultad disfrutando ese delicioso tormento, Me sentí tan completamente expuesta, la entrada a mis profundidades anales y rectales ahora vívidamente estiradas. Lo escuché hacer clic en un interruptor y supuse que era algún tipo de linterna o dispositivo de iluminación. Lo imaginé mirándome mientras yacía allí sin poder hacer nada, mis piernas en estribos, mi trasero expuesto a su completo escrutinio, violándome ahora tan deliciosamente con sus ojos…

    Cesar: «Los contornos de tu ano, tu conducto anal y tu cavidad rectal son perfectos»,

    Extrañamente eso me hizo sentirme orgullosa de mi misma, luego ajusto lentamente el tornillo en dirección contraria, reduciendo mi dilatación hasta que, finalmente, retiró el espéculo de mí.

    Cesar: «Ahora para una mayor dilatación»,

    Deslizando dos dedos en mi trasero. De nuevo sondeó con cuidado, sensualmente, profundamente, explorando con las yemas de los dedos los contornos que me había dicho que eran ‘perfectos’.

    Cesar. «Uno más», añadiendo un tercer dedo.

    Con los ojos vendados, indefensa, completamente expuesta, y aunque una ligera capa de sudor cubría toda mi piel, todo mi sensorio ahora estaba reducido a mi parte inferior, el terreno mágico donde sus dedos exploratorios se encontraban con mi ano, mi recto. Me sentí tan vivo allí abajo mientras me sondeaba, las sensaciones ricas, sensuales, carnales y también de alguna manera deliciosamente obscenas.

    Sacó los dedos y pude oírlo desabrocharse el cinturón, desabrocharse los pantalones. Oí caer los pantalones al suelo e imaginé su pene expuesto ahora, rígido, excitado por la exploración de lo que me gustaba considerar como mi seductor trasero.

    Sentí sus dedos acercándose cada vez más a mi sensible abertura, deslizó tres dedos dentro de mí mientras movía su cuerpo para estar junto a mi cara. Con una mano libre giro mi cara hacia él.

    Cesar: «¡Abre la boca!» él ordenó.

    Lo abrí obedientemente mientras él agarraba la parte de atrás de mi cabeza, Sentí algo suave y duro contra mis labios, su verga. Abrí mis labios y lo envolví, envolví su rico trozo. Mi boca se llenó abruptamente de carne.

    Con sus tres dedos dentro de mi culo, chupé su verga con hambre, una polla de una circunferencia y dureza deliciosas, la venda de los ojos bloqueaba todo sentido de la visión y aumentaba todos los demás sentidos, esos sentidos ahora al borde de la clarividencia. Luego se alejó de mi cara y pude detectarlo girando una perilla para bajar el nivel de la mesa de examen.

    A continuación, presionó su cuerpo entre mis piernas, presionando la punta de su verga, la cabeza suave y abultada, estaba contra mi coño y luego, lenta, suavemente, penetrándome, cogiéndome. Y mientras me culeaba, usó sus dedos para presionar y masajear la pared anterior de mi recto, ese recto separado por sólo milímetros de mi vagina, una delgada vaina muscular que divide los dos canales. Con los dedos en mi culo presionándome, podía sentir tanto esos dedos como su verga en mi vagina, la sensación dual sutil y al mismo tiempo, intensa. Rápidamente llegué a tal estado de excitación que supe que pronto llegaría al clímax, y él también lo sintió. Pero él quería mantenerme en vilo, y un orgasmo ahora apagaría ese filo. Así que sacó ambos dedos de mi culo y su polla de mi coño.

    Dejó que reposara durante unos minutos eternos, estabilizándome. Y cuando comencé a preguntarme qué esperaba, desesperada por su contacto íntimo nuevamente, lo sentí acercarse y esta vez sentí la punta de su polla contra mi ano.

    Dejó su polla allí durante un largo momento, presionando ligeramente contra el borde de mi esfínter, incitándome. Luego, con un solo y poderoso empuje, penetró con toda su longitud, solté un grito agudo, el éxtasis repentino de esta rápida intrusión era demasiado para contenerlo en silencio. Comenzó a penetrarme por el culo, a culearlo con experiencia, que gocé. ¡Con poder, con fuerza, con su impresionante verga! Mi culo, era suyo, de su propiedad ahora. La dicha que me dio sondeándolo, culeandolo no tenía precio. Y así, con los ojos vendados y atada, indefensa, expuesta y completamente vulnerable, aumentó todas las sensaciones inconmensurablemente.

    Mi excitación aumentó rápidamente, llevé una mano a mi coño, pero él la apartó de un manotazo.

    Cesar: «NO perra» bruscamente, solo él, no yo, ni nadie más, podían modular mi placer ese momento.

    Así que tuve que soportar que me sodomizaran así sin la ayuda de mis dedos. Siempre ávidos de darme placer, mis propios dedos eran amigos íntimos y confiables, esos dedos siempre disponibles para estimularme, especialmente mientras estaba siendo probada analmente de esta manera. Siempre había sido, desde la pubertad, una masturbadora escandalosamente ávida. Pero ahora no podía tocarme. Ahora me vi obligada a permanecer en la posición, los tobillos en los estribos, las piernas levantadas y abiertas mientras me follaba el culo a su ritmo, escariando mi recto con su herramienta a su voluntad.

    Finalmente, salió de mí y pareció abandonar abruptamente la sala de examen. Tuve la tentación de tocarme, pero ¿realmente se había ido? ¿Me estaba mirando? ¿Él aprobaría? Pensé que simplemente debería esperar, por más tortuosa que pudiera ser la espera.

    Lo escuché regresar. Sonaba como si estuviera sacando algunos artículos de una bolsa que había traído consigo. La mesa de exploración tenía una bandeja de instrumentos de acero inoxidable adjunta, escuchaba como colocó los artículos en la bandeja.

    Me tomó la mano inmediatamente supuse lo que estaba tocando, un consolador, un consolador muy grande, muy grueso. Había visto una variedad de consoladores cuando entré por primera vez en la sala de examen, pero este era mucho más grande. Ahora me permitió mover mi mano sobre su superficie, para agarrarla en toda su longitud. Aunque no podía verlo, sentí que era excepcionalmente real. Pero lo que fue aún más sorprendente fue lo realista que se sentía. Los consoladores que había visto estaban hechos de goma, plástico o silicona. Pero éste, ahora estaba segura, estaba hecho de cuero. Y es por eso que se sentía tan vívidamente. Ahora movió mi mano hacia un segundo consolador, incluso más largo y grueso que el primero. Y luego a un tercero, este asombrosamente grande, tan grueso como mi muñeca, casi tan largo como mi antebrazo, supuse.

    Abofeteó más lubricante entre mis nalgas, lentamente sobre la superficie de mi culo, luego forzando más adentro. Esperé con la más aguda anticipación. Mi culo ya había sido objeto de una extensa intrusión y sondeo. Allí me beso y lamio, toco. me habían cogido. Pero ahora, al parecer, mi resistencia estaba a punto de ser probadas aún más severamente.

    Cesar: «Ahora Tu culo es mío, Elena», en un tono firme y mesurado.

    Y entonces lo sentí presionando la punta del primer dildo de cuero contra mí ya ejercitado ano. Siguió adelante mientras yo me rendía, me rendía alegremente, a esta próxima intrusión. No solo forzó consolador dentro de mí, sino que lo introdujo con un movimiento de sacacorchos, centímetro a centímetro. Mi ano, estaba vívidamente estirado y lo imaginé la vista de mi anillo anal agarrando al intruso.

    Cesar: «Ya Puedes tocarte, perra».

    Ansiosamente llevé un dedo a mi clítoris rígido e hinchado.

    Empujó más y más profundo hasta que pude sentir las bolas de cuero al final del cilindro presionando contra mis nalgas, la longitud total del eje ahora alojada en mi recto. Y ahora, con un movimiento alternado en el sentido de las agujas del reloj y en el sentido contrario a las agujas del reloj, retorció la polla de cuero dentro de mí. La sensación fue sublime, mis membranas internas vibraban ante la exquisita presión. Esto era algo que ningún gallo podía lograr con su movimiento de entrada y salida. Y era algo que sería difícil de lograr por mi misma. No, para este tipo especial de estimulación necesitaba la mano de otro, su mano.

    Me fornico con el dildo mientras yo rasgueaba mi clítoris con creciente febrilidad. Luego, una vez más, puso fin a mi autoestimulación cuando parecía que estaba cerca del borde. Y sacó el consolador.

    Repitió todo esto con el segundo consolador, más grueso y más largo.

    Finalmente, se preparó para usar el tercero en mí. Una vez más, me dejó acariciarlo, queriendo que asimilara las asombrosas dimensiones de esta enorme sonda. Me maravilló la barbaridad de sus dimensiones. Cierto, yo no era una santa ni inexperta en el sexo anal bien practicado, pero este instrumento estaba mucho más allá de cualquier cosa que hubiera imaginado para sondear mi culito. Pero yo estaba hipnotizada y esclavizada. Tal como lo expresó tan simple y correctamente, mi culo en ese instante ya no me pertenecía ahora era «suyo», y cualquier cosa que deseara hacer con mi culo, cómo quisiera sondearlo, lo que fuera que intentara insertar en él, esa era su decisión, y solo suya. Mi obligación era simplemente someterme y disfrutar de sus deseos.

    Presionó la punta de este tercer y más grande consolador contra mi agujero. Luego empujó hacia adelante y un escalofrío me recorrió cuando en un grito ahogado inmediatamente sentí que me dilataba como nunca antes.

    Cesar: «Puedes bajar la mano y guiarlo»

    Me estiré para agarrar el consolador, tan grueso que mis dedos no podían rodear toda su circunferencia. Agarrarlo así y apreciar su tamaño mientras él me lo forzaba solo aumentaba la emoción, la profunda excitación de nuestra intimidad deliciosamente obscena.

    Como antes, lo metió dentro de mí, centímetro a centímetro. Tan espectacularmente grueso como era, su longitud era igualmente formidable. Y lentamente forzó esa longitud en las profundidades de mi recto, forzado a ceder el paso a este intruso descomunal. Respiraba con dificultad, como pez fuera del agua, mi boca buscaba el aire que me diera la resistencia, me preguntaba si realmente sería capaz de soportarlo. Pero sabía que fallar lo decepcionaría a él y me decepcionaría a mí misma. Sí, hubo una medida de dolor agudo inicialmente, una sensación de presión intensa, mezclada con el placer. Pero, para mí, todas esas sensaciones añadidas de alguna manera estimularon el placer, lo profundizaron.

    Y con mucho gusto no solo soporté, sino que me permití está aún más extrema de las invasiones anales.

    Yo: «¿Puedo tocarme, puedo masturbarme?» sumisamente, esperando que fuera aceptable para mí preguntar.

    Cesar: «Puedes, puta»,

    Todavía agarrando el eje con una mano mientras seguía empujándolo dentro de mí, llevé un dedo a mi coño una vez más. Y una vez más repitió el ritual, escariándome con el dildo mientras jugaba conmigo misma hasta que sintió que podría llegar al límite. Luego, bruscamente, deteniéndome y retirando el consolador de mis profundidades.

    Vacía de nuevo, me pregunté qué seguiría, si es que había algo. ¿Tenía un objeto aún mayor con el que invadir mis profundidades? Lo había, pero no fue lo que imaginé.

    Ahora exprimió aún más lubricante en mi culo. Esta vez no fue un instrumento, sino sus dedos. deslizó tres a la vez, luego un cuarto. Luego agregó su pulgar. Inmediatamente sentí lo que planeaba. Había escuchado con esto, la más extrema de las violaciones anales, y ahora estaba segura de que estaba a punto de convertirme en su víctima voluntaria.

    Empujó los cinco dedos en mi ano hasta el primer par de nudillos, luego el segundo. Y luego empujó más… y más lejos. Momentos antes había sido difícil imaginar dilataciones mayores que las que había soportado con ese tercer consolador. Pero esto ahora excedía incluso esa intrusión mientras metía su mano más profundamente en mi conducto anal. Me estremecí con renovada excitación cuando me di cuenta de que mi trasero estaba a punto de ser forzado a tomar su puño. Mientras la parte más ancha de su mano se abría paso a través de mi barrera anal, luché por soportarlo, respirando profundamente, mordiéndome el labio, temblando, jadeando, estremeciéndome, comenzando a sudar, concentrando toda mi personalidad en la entrada íntima y delicada de mi cuerpo.

    De repente lo sentí. Mi anillo anal ahora apretaba su muñeca, toda su mano, su puño enterrado dentro de mí. ¡La mano, la mano! ¿Cuál es la parte más importante del cuerpo humano? Algunos dirían el cerebro, los ojos, la boca que habla. Pero se puede argumentar que es la mano. El órgano humano esencial. Construye y diseña. Señala y gesticula. Aplasta y golpea. ACARICIA. Y hoy su mano, en todas sus formas, estaba aplicando todo su poder en esa región especial de mi anatomía, una región que apreciaba en mi narcisismo carnal y gula sensual, una región generalmente más privada y oculta, pero ahora completamente expuesta a su impactante intrusión y violación: la cueva caliente de mi recto.

    Ahora comenzó a trabajar rítmicamente esa mano suya, ese puño dentro de mí, más profundo, más fuerte. Incapaz de resistirme y olvidando preguntar, bajé un dedo a mi coño. Pero lo empujó lejos. En cambio, ahora hizo algo tan maravilloso e inesperado. Bajó su boca a mi coño, su lengua a mi clítoris, y comenzó a lamerme, lamerme mientras continuaba metiendo sus puños en mis profundidades. Su mano se sentía tan viva dentro de mí, sus dedos rozando la superficie lisa de las paredes de mi recto, acariciando íntimamente los contornos de la cavidad, explorando sus profundidades ocultas. Y luego empujó aún más, tan profundamente dentro de mi ahora, y de alguna manera tan deliciosamente depravada también. Me sentí a la vez un objeto dócil de su exploración y una agraciada por ser tan íntimamente acariciada. Sentí cada movimiento de sus dedos dentro de mí. Era un explorador que exploraba una cueva oscura y seductora, sus dedos, su sentido del tacto, su única guía.

    Y hubiera imaginado que una prueba tan extrema hubiera sido difícil, tal vez imposible de soportar. Pero la intensidad del deseo y la excitación, podían superar y disminuir todas las demás limitaciones.

    Y luego estaba su ágil lengua acariciando mi vulva, tan diferente. El Yin y el Yang. La lengua y el puño.

    Esta mezcla de sensaciones fue volcánica, explosiva. Pude haber llegado al clímax en ese instante, pero me contuve, queriendo experimentar más de esto, mucho más, la delicadeza de su lengua y la poderosa insistencia de su puño. Sondeándome, estimulándome expertamente así, la mezcla de los dos gestos muy diferentes, oral y manual, produjo un popurrí complejo de sensaciones, que saboreé inmensamente.

    Ahora no pude evitar llevar mis manos a su cabeza, pasando mis dedos por su cabello mientras presionaba su cara contra mi carne viva, ansiosa por el delicioso contacto. Enloquecida por la lujuria ahora, codiciosa por el placer, corcoveé mi trasero hacia arriba contra su puño. Ese puño ahora estaba tan dentro de mí que se sentía como si estuviera penetrando hasta el centro mismo de mi ser. ¡Su lengua sobre mí, su puño dentro de mí, la mezcla finalmente fue demasiado cuando comencé a sentir las sensaciones, mi cuerpo temblando, palpitando, mi placer cayendo en cascada en ondas delirantes hasta un crescendo, una serie de crescendos, mi clímax, mi sublime, mi electrizante, mi orgasmo desesperadamente necesitado!

    Cuando las ondas se calmaron y los sentimientos se calmaron, retiró lentamente su mano de mis profundidades, ahora disfrutando del delicioso resplandor de la dicha post-orgásmica. Me dio un único y tierno beso en los labios y salió de la habitación.

    Cesar: «Quieta» y se fue.

    ¿Quería darme tiempo a solas? ¿Quería que refrescara mi mente?, que me reanimara y reflexionara sobre todo lo que acababa de experimentar?

    Cuando volvió yo yacía allí, todavía con los ojos vendados, todavía con los estribos, todavía vívidamente expuesta, todavía sin aliento. Después de haber retirado su puño de mí, pudo sentir mi ano espectacularmente dilatado. Pero ahora sentía que se había retraído casi por completo de nuevo, el esfínter seguramente mostraba signos de toda la intrusión que había soportado, pero, aun así, impresionantemente sentía que volvía a un estado relativamente ‘normal’.

    Cesar: «Tienes un culo espectacular» acariciando suavemente la abertura anal.

    Ahora lo escuché quitarse la ropa. De hecho, se estaba desvistiendo. Si ahora estaba desnudo como yo, ¿qué tendría en mente a continuación?, me pregunté.

    Me desató los tobillos de los estribos y me alegré de poder estirar las piernas y mover el cuerpo. Luego me quitó la venda de los ojos y ahora, por primera vez, pudimos mirarnos a los ojos. No lo había visto, y ahora allí estaba él, su rostro masculino, su robusto y enorme cuerpo, tan desnudo como el mío, este hombre que tan a fondo había sondeado mi culito, me había hecho, su esclava anal. Y mientras yo había sido visible para él, él no había visto mis ojos, ojos que ahora vio, ojos que brillaban con satisfacción sensual, ojos tan brillantes como los suyos, ardiendo con la misma lujuria cruda, con el deseo más profundo.

    Me apretó contra él y nos sonreímos, compartiendo este momento de revelación e intimidad. Entonces nuestros labios se encontraron mientras nos besábamos con ternura, pasión. Podía sentir su pene duro contra mi muslo mientras se ponía rígido de nuevo. Audazmente, me agaché para tomar la vergota en mi mano, esa verga que antes había estado enterrada en mi cola.

    Cesar: «Ven»

    Tomando mi mano, llevándome a la puerta del jardín. El sol seguía en su esplendor, una brisa calurosa recorría mi sudado cuerpo, refrescándolo agradablemente.

    Me empujó suavemente hacia abajo sobre la hierba. Abrió mis piernas de nuevo y las empujó hacia atrás por los tobillos. El efecto fue levantar y, nuevamente, exponer mi parte inferior. Ahora, una vez más, deslizó su polla en mi culo. Mi sonrisa fue beatífica mientras suspiré con profunda satisfacción. Éramos animales en copula salvaje, desnudos, iguales, unidos en este antinatural apareamiento. Gemía como perra en celo, mientras me cogía por el culo con un hermoso ritmo, duro y profundo, dentro y fuera, pero también retorciéndolo dentro de mí en una especie de movimiento en forma de ocho.

    Disfruté cada sensación sublime, llevando mis labios a los suyos, nuestras bocas, nuestros cálidos alientos fusionándose mientras envolvía mis brazos y piernas alrededor de él y lo apretaba contra mí. Deseaba contenerlo dentro de mí, todo él, su deliciosa verga, su robusto cuerpo sobre mí.

    Y luego se movió, se movió de repente, rodando de modo que ahora estaba encima, montándolo ahora, mi recto empalado en su verga, sin desengancharse nunca. Él había estado marcando el tono, el ritmo, la velocidad, la profundidad. Ahora me dio mi oportunidad. ¡Y acepté el desafío con valentía, cogiendome su verga con mis músculos rectales, mostrándole que cuando se trataba de placer anal, yo misma era una amante consumada, moliendo duro, tomando su deliciosa carne en las profundidades de mis entrañas!

    Yo: «¡Me encanta!» con una pequeña risa alegre, mis ojos brillando.

    Cesar: «Me encantas Elena. Tu culito es un regalo, un regalo precioso».

    Ahora miró mis pechos, por encima de él. Apretó mis senos, pellizcó los pezones. Habían sido dejadas de lado, mis tetas, pero ahora hizo las paces, lamiendo y chupando cada pezón mientras follábamos. Luego llevó sus labios a los míos de nuevo y nuestro beso se prolongó mientras encontramos un ritmo perfecto, ahora necesitaba llevar un dedo a mi coño de nuevo, la excitación se intensificó rápidamente, mi codicia por el orgasmo no conocía límites. Negué con la cabeza como un animal salvaje y libre, una zorra lasciva ebria de placer anal.

    Nos miramos a los ojos y cada uno podía sentir que el otro estaba cerca. Dejé escapar un suspiro penetrante cuando mi cuerpo se convulsionó y mis músculos anales se contrajeron, mi orgasmo, repentino, violento. Y esto desencadenó el suyo, su pene liberando su generosidad en una cascada de espasmos, liberándolo en los acogedores contornos de mis tentadoras profundidades rectales.

    Después, cuando por fin se retiró, lamí y chupé, saboreé con avidez aquella verga que tanto placer me había dado. Y mientras lo chupaba, sentí ese delicioso recordatorio, su semen goteando de mi culo crudo, violado y muy contento.

    Cesar: Eres una delicia muñequita- con una risa encantada y desvergonzada

    Yo: Ya te dije que para ti no soy … mi madre!!, mi padre!!, la bomba!! tenemos que irnos- corriendo rumbo a la casa por mi ropa

    Ni oportunidad di de asearnos, lo apure porque no sabía que iba a explicar a mis padres por la tardanza, camino a casa sentía como el semen escurría de mis entrañas a mi bottom.

    Como era su costumbre Cesar no perdió la oportunidad de manosearme durante el camino.

    Al llegar a casa de mis padres, mi madre salió a recibirnos, mientras papa continuo sin perder detalle del partido en la pantalla.

    Aun no sé si fue mi imaginación, pero note en mi madre una mirada picara y sonrisa maliciosa al recibirnos.

    Mamá: Cesarin, mijo pásale – colgándose de su brazo acompañándolo al interior de la casa- Muñequito, ya se VINO tu hija con Cesarin.

    Papá: Y traen la refacción – sin despegar la mirada de la pantalla.

    Mi primer pensamiento, “chingado, la refacción por las prisas, no le recordé a Cesar”, entonces cesar saco una pequeña pieza de metal de su bolsillo, guiñándole el ojo a mi madre, mientras ella le sonreía pícaramente.

    Mamá: Si muñequito.

    Papa: Que pase y revise la bomba yo lo alcanzo al rato.

    Estaba a punto de cuestionar la situación cuando intempestivamente entraron mis pequeñas bendiciones y Mi Mor.

    Mientras las bendiciones jugaban con mi progenitor.

    Yo: Que paso Mor? ¿Porque tan temprano? – nerviosa

    Mi Mor: Las bendiciones quieren ir al cine, allá nos va encontrar con la mayor y pase por ti para irnos juntos.

    Mientras eso ocurría podía sentir empapado mi bottom con la simiente de Cesar. Mi Mor vio directamente a Cesar y antes que alguien dijera algo.

    Mamá: Yerno, él es Cesar, nuestro vecino, vino a reparar la bomba de la alberca- juguetonamente

    Yo: ok, vamos, solo deja voy al baño y nos retiramos- antes que los nervios se me notaran.

    Entre apresuradamente al baño, me aseé lo mejor que pude y me reuní con el resto para salir.

    Yo: Bueno los vemos tarde.

    Mamá: Si no te apures, yo ahorita que terminen con la bomba, yo me VOY con Cesar para llevarlo a su casa – dejándome sin habla.

    Papá: A propósito, es mejor que comiences con eso, vieja yo encamino a los muchachos, ayuda a Cesar por favor.

    Mamá: Si Muñequito, vamos Cesarin – colgándose nuevamente de su brazo – que nos tienes que LIMPIAR PROFUNDAMENTE el filtro.

    Mientras se dirigían a la puerta me quede rezagada recogiendo mi bolso, creo que alcance escuchar mientras caminaba hacia afuera.

    Cesar: Claro “Muñecota” te voy deja bien SATISFECHA con la limpieza PROFUNDA.

    Seguramente mal interprete el comentario. ¿O No?

    Camino al cine en el coche Mi Mor acariciaba mi pierna por debajo de mi holgado vestido

    Mi Mor: Bebecita ¿Y qué me vas a DAR de regalo hoy? – cachondamente

    Yo: Que se te antoja, Mor- finalmente era día del padre.

    Mi Mor: La puerta trasera, bebecita – con timidez

    Yo: Pensé que “eso” no te gustaba, Mor – hasta ese momento no lo había practicado así con él

    Mi Mor: Pues no sé, porque, pero quisiera probar, si bebecita- suplicante

    Yo: Ok, dicen que duele, así que prométeme que te detendrás si te digo que me duele – lo más seriamente posible

    Mi Mor: Lo prometo, no voy a lastimarte. – sonriente

    Yo: Si, lo sé, No vas a lastimarme. – sonriente y resignada

  • Mi vida con mi hermana

    Mi vida con mi hermana

    Empezaré a contar mi historia dando el contexto de como ha surgido esta relación que llevo con mi hermana desde hace años.

    Yo era un chico de 18 años (actualmente de 25), cursaba mi último año de preparatoria en Mexico, no solía ser el mas popular con las mujeres, aunque nunca me he considerado feo como tal, mis problemas de autoestima han jugado un papel fundamenta a la hora de relacionarme con el sexo opuesto. Ya había tenido una novia antes lo que de cierta forma ayudó con confianza en mi mismo, aun así seguía siendo hasta cierto punto, reservado a la hora de relacionarme en general, contaba con algunos amigos y muy de vez en cuando convivir con mujeres. Por el físico soy delgado, de estatura promedio, unos 1.70 que me ayudan a verme atlético, a veces suelen comentar que soy bien parecido, pero no tomo mucho en cuenta eso.

    La relación que llevaba con mi hermana mayor había sido siempre cordial, pues ella me lleva 8 años de diferencia, por lo que obvio muchos de nuestros intereses no se relacionaban en realidad, ella una madre soltera que aún vive en casa de nuestros padres, que trabaja mas que nada para darle una buena vida a su hija. Siempre desde niño recordaba que hacían comentarios positivos sobre su físico, por no decir sucios algunos, sobre lo bonita que era, la bonita figura que siempre ha tenido, que está super buena en palabras de algunos mas. Con su 1.58 m de estatura luce genial, es mas bien un poco delgada, como yo, pero no necesita mucho mas, pues en proporciones siempre ha tenido un culo bastante bueno, siempre redondo y de un volumen considerable de manera natural, con un busto regular, no diría que se consideraría la mas tetona de la calle, pero aun con esas siempre ha sabido lucir muy guapa, de rasgos lindos en la cara, siempre con una sonrisa discreta, una nariz que aunque un poco larga, le ayuda a resaltar de buena forma, cabello negro y casi siempre lo ha lucido largo, sin duda muchos han deseado tenerla.

    Yo desde hacía años había notado todas esas cualidades en mi hermana, y pensaba que si podía un día tener a alguien parecida a ella como pareja sería de lo mas feliz, siempre pensaba en lo atractiva que me parecía, pero no había empezado a verla como algo mas en realidad, y hasta cierto punto me hubiera parecido raro en un inicio pensar en alguna forma sexo afectiva con ella, pues como dije, todo era cordial entre nosotros. Ella al ser la mayor, siempre buscaba protegerme de ciertas cosas, se preocupaba porque yo estuviera bien y procuraba por ciertas cosas cuando mis padres no estaban, pues vivían muchas veces ocupados e incluso había meses en los que no los veía, así que de cierta forma sólo éramos ella, su hija y yo en casa casi todo el año.

    Recuerdo el momento que mi visión hacía ella cambió, pues fue a los 16 que ocurrió algo que me dejó marcado, yo llegaba de la escuela mas temprano de lo habitual, al notar que no había nadie en casa, sólo subí a mi cuarto y me recosté para descansar, al poco rato me habré quedado dormido y me despertó el sonido de la música en otra habitación de la casa, decidí sólo mirar por mi puerta (que daba directamente a la puerta de dónde ella dormía) y mi corazón empezó a latir como loco al verla, estaba ella ahí frente al espejo, probándose lencería que seguro había ido a comprar ese mismo día, si no ¿por que más se la estaría probando una a una? Ademas de que aún contaban con etiquetas algunas prendas. Quizás pensando que yo aún no llegaría a casa y con su hija en la escuela, creyó que la casa estaría completamente sola y no vio motivo a cerrar su puerta. En ese momento yo miraba por un pequeño espacio de mi puerta entreabierta y dudo que haya notado que me encontraba justo ahí. Pasaban los minutos mientras la veía, el como cambiaba de un bikini negro con encaje que le lucía hermoso a una tanga rosa y blanco que iba a juego con el sostén y por el cual se notaban los pezones, verla también desnuda mientras las cambiaba era de lo mejor, con una vagina bien depilada y super antojable, con esos pechos que aun no sufrían ni el efecto del embarazo ni el de la edad, ese culo tan redondito que al agacharse me volvió loco ¿por qué estaba viendo así a mi hermana? ¿No se supone que eso era malo? Pues bien, no me importó en lo mas mínimo y sólo no podía dejar de ver, terminó por probarse la que fue la prenda que mas me gustó, un cachetero que le dieron un levantón extra a ese culo, de esos que son a media nalga de encaje, de color blanco y que sin duda en una posición sexual se vería aun mas rico. Si bien es cierto que ella desnuda se veía bastante sensual, hay algo que me ocurre y es que me prende a full el ver a mujeres en lencería y ella era lo mas sensual que había visto en mi vida. No pude mas y ese día terminé matándome a pajas imaginando a mi hermana en lencería y el como hubiera dado mi vida por poder follar con ella, luego de un tiempo no pude deshacerme de esa imagen suya, y cada que tenía la oportunidad la veía de forma sexual, sin perder ese cariño que tenía hacía ella, claro.

    Luego de meses se me fue haciendo costumbre tratarla un poco mas cariñosa y caballerosa, abriéndole las puertas, jalando la silla para que se sentara, abrazándola mas para tener la oportunidad de tener su cuerpo pegado al mío, aun cuando había capas de ropa de por medio, acompañándola cuando tenía que ir a algún lugar y no quería ir sola, había ocasiones en que incluso le tomaba de la mano y ella entrelazaba sus dedos con los míos sin mas y demás detalles que sabía yo, pues me lo contó, a ella le gustaban en un hombre. Tenía claro que la idea de enamorarla, o algo similar como el generar atracción hacía mí, era una locura, ¿cómo alguien así de atractiva se fijaría en mí? y eso sin tomar el hecho de que es ella mayor que yo por una cantidad considerable de años, que como prioridad tiene a su hija (pues no llegó a tener tener mas parejas, que sepamos, luego de dejarse del tipo quien la embarazó), y la mas importante, que soy su hermano. Aun así seguía con mis atenciones y detalles, que ella aceptaba y no dudaba ella en notar, pues siempre me lo agradecía y me contaba que era un amor de persona con ella, haciendo que también tuviera mas muestras de afecto hacía mi como mas abrazos y besos, aunque siempre mas tiernos que románticos obvio.

    Pasó un año desde aquel día que la vi desnuda y durante ese periodo pasaron ciertas cosas, logré verla en ropa interior un par de veces mas, me metía a su cuarto cuarto cuando podía a oler su rompa interior usada y pajearme, aunque nuestra relación como hermanos mejoró un montón cada vez salíamos mas a tomar algo, a caminar a algún lugar, o al cine, entre mas cosas, nos contábamos cosas que nos parecían relevantes y claramente el cariño que había ahí se incrementó. Sin embargo yo perdía de poco a poco que algo mas pudiera surgir de todo eso.

    Durante las vacaciones de semana santa, la pasaba en casa, pues realmente no había gran cosa que hacer y no valía del todo la pena ir a algún lugar turístico si era sólo una semana a mi parecer, una de aquellas tardes en las que estábamos solos ella y yo, pues mis padres aún con ser época vacacional no estaban en casa, y su hija en casa de alguna amistad jugando, me la pasé en mi habitación, ese día en particular rechacé una invitación de mi hermana para ir a comer, pues me sentía un tanto resfriado, y eran mas mis ganas de ver algo en Netflix y sólo estar recostado. Así pasé un par de horas hasta que tocan a mi puerta.

    -¿Cómo sigues?- preguntaba mi hermana.

    -Pues no he mejorado del todo, la verdad- le dije.

    -¿Quieres que te traiga algo de comer, corazón?- Últimamente había usado esa expresión conmigo, sonaba un poco raro, pero no en el mal sentido si soy sincero.

    -Pues no, creo que sólo prefiero estar aquí sin más.

    -Podemos quedarnos entonces viendo una película el resto de la tarde, si es lo que te gustaría.

    -Claro, adelante, podemos buscar que ver.

    Al final nos decidimos por una comedia romántica dónde salía Ashton Kutcher, pues era uno de los actores favoritos de ella, con todo eso, se recostó en uno de los lados de mi cama para estar cómoda decidió acercarse un poco mas y acurrucarse poniendo su cabeza en mi pecho y yo con un brazo por detrás abrazándola, si bien era cierto que ya la abrazaba aun más, nunca había estado de esa forma tan tierna, si pudiera decirlo así, con ella, mi corazón empezaba a latir mas de los nervios de estar de aquella forma y quería hacer algo mas al respecto ¿esta podría ser mi oportunidad de lograr algo con mi hermana? Lo dudé y saqué esa idea, seguro que ella querría sólo estar cómoda y disfrutar una película por la tarde, ¿no?.

    Conforme pasaba la película me decía ll lindo que era Ashton y sobre lo lindo que trataba a su pareja en la película, que muchas veces le parecía que yo podía ser así de atento con ella. Tomó mi mano y la entrelazó con la suya, volteó a verme y sólo se comenzó a acercar. Su cara terminó a centímetros de la mía.

    -Oye- me dijo.

    -¿Qu… Qué pasa?- era evidente que estaba nervioso por ese acercamiento.

    Se acercó lo suficiente para besarme, un beso pequeño, mas bien dulce, pero un beso al fin, uno que obvio no le das a tu hermano sin mas, supongo, se apartó y sonrió un poco, con la mano tomé su barbilla y la acerqué de nuevo, otro beso tierno, esta vez de mi parte hacía ella, luego otro y otro, hasta que simplemente pasamos a estar comiéndonos mutuamente, sentía su lengua con la mía, ese sabor tan dulce de sus labios y la mezcla de nuestra saliva, un beso mas pasional y mas caliente que uno tierno, no podía parar, era evidente mi exitacion, pues mi pene estaba duro a mas no poder, con mis manos empecé a buscar sus pechos y su culo, jugué un poco con eso, apretando y sintiendo esos pezones que se ponían duros, comencé a desabrochar su pantalón, ella me paró en seco y se apartó.

    -¿Qué carajo estamos haciendo?- me preguntó con una mirada de preocupación bastante evidente.

    -Yo… yo no lo sé, pero se sintió bien- le dije, un tanto apenado.

    Sólo vi una mirada extraña en su rostro, salió rápido del cuarto y se fue al suyo. Quise ir tras ella, pero era seguro que no quería mas que estar sola y no hubiera querido presionarla a nada, por mas que me haya encantado lo que sucedió, ya era algo con mi hermana ¿no?, ya había surgido algo mas que sólo hermandad.

    No dejaba de pensar en lo que sucedió y en lo que debería hacer ¿debía preguntarle sobre como se sentía? ¿Debía darle su espacio? Quizás ya no querría que me acercara a ella de ninguna forma o limitar lo mayor posible nuestras interacciones, ¿qué carajo debía hacer?. Llegó la noche y luego la madrugada, no había sido capaz de dormir pensando en todo eso. A las 2 am aproximadamente escucho mi celular vibrar, era una notificación de WhatsApp con su nombre, me estremezco del miedo a lo que podría decirme su mensaje, una sola pregunta “¿estás despierto?” Contesté lo mas rápido que pude afirmando que era así.

    -No puedo creer lo qué pasó- me escribió.

    -Yo no puedo dejar de pensar en lo que ha pasado por la tarde.

    -Ya sé, no entiendo que me llevó a besarte en primer lugar- me decía.

    -¿Quieres hablarlo?- le pregunté.

    -Si, no, no sé que debo hacer.

    -Ni yo, pero podría ser menos incómodo si lo hablamos bien, o eso pienso.

    -Es posible.

    En menos de un minuto escuchó un leve golpe en mi puerta, como alguien que avisa que entrará, pero sin que quiera que los demás sepan que ha entrado. En ese momento no tenía mucho miedo en ese aspecto, pues la única persona que estaba ademas de ella y yo, era su hija, quién seguro ya estaría mas que dormida. No esperó a que le dijera que podía entrar, sólo lo hizo un poco apurada, aunque notaba cierta incertidumbre en su rostro, un segundo después noté que llevaba sólo su pijama, solía usar de aquellas que es una especie de short muy corto y una playera de tirantes muy delgada. Solía usarlas, pero casi siempre debajo de una de esas batas para dormir, por lo que era poco habitual verla usarla de esa forma. Se acercó a mi cama y se sentó en la silla próxima a esta, la vi con algunas lagrimas cayendo por su rostro.

    -¿Que es lo que pasa?- le pregunté.

    -Es… es s s so sólo…- apenas podía hablar por estar llorando.

    -Oye, oye, tranquila, mira, si es algo muy difícil para ti esta situación, podemos olvidarla, hacer cómo que nada ha ocurrido y seguir adelante.

    De repente la veo acercarse a mí de forma apresurada a abrazarme.

    -Es sólo que… desde hace semanas he querido hacerlo, he empezado a verte de una forma que no es propia de dos hermanos, me encanta tu forma de tratarme, lo lindo que eres y lo atractivo que me pareces- Sus palabras me dejaron conmocionado, claro que quería gustarle, es simplemente que no lo esperaba- Si quería besarte, si quería llegar a dónde ambos quisiéramos, pero por una parte me siento mal, se supone que debo cuidarte, eres mi hermano menor y esto que pasa puede salir mal…

    -Ya veo, eso es cierto.

    -Sin embargo, lo deseo y te deseo a ti, quiero que me tomes entre tus brazos y me cuides, que siento que estoy segura si estás, estoy segura que no es una mera atracción física, sentimentalmente me atraes, no sólo es ese cariño que tengo por ser tú mi hermano.

    Yo no sabía que hacer, quería abrazarla y decirle que todo estaba bien, que no llegaría hasta donde ella no quisiera y que ella era la mujer mas hermosa que podría tener en mi vida. Sólo la besé, como antes, de forma tierna, la tomé con los brazos y nos quedamos estáticos unos cuentos segundos en ese momento, sólo ella y yo, abrazados, la miré nuevamente y de nuevo otro beso, esta vez no paramos, cada vez se ponía mas intenso, su lengua y la mía, sentir esa respiración en la cara, la tome con el brazo derecho por la cintura y mientras mi mano izquierda recorría su culo de forma suave al inicio, luego de forma mas pasional, apretando y sintiendo esa perfección.

    La jalé hacia mi cama, y le fui quitando ambas piezas del pijama, dios, la lencería que había debajo ya me tenía a full de exitacion, ahora aun mas mientras la besaba y recorría su cuerpo con mis manos, traía puesto un cachetero negro, similar al que usó la vez que la encontré cambiándose, dudo que lo supiera y que mas bien era coincidencia, pero si quería que yo me prendiera, había atinado con la elección de ropa ese día, su sostén, mas bien delgado un par de triángulos semi transparentes que me dejaban ver sus pezones, lo quité con un movimiento rápido y comencé a besar esas tetas tan lindas, jugando con sus pezones, mientras una ella apretada por mi mano, la otra recibía caricias de mi lengua y uno que otro mordisco nada brusco. Sólo podía escuchar sus gemidos que aunque ella quisiera contener, le eran difíciles, nunca me imaginé que terminaría de esa forma con mi hermana. Continué con el cachetero, por mucho que me hubiera gustado ponerla en cuatro en ese instante mientras lo lucía, decidí sólo quitarlo.

    -Antes de que pase algo más, sólo quiero probarte- le dije. Sólo asintió jadeando.

    Comencé besando las piernas y las zonas mas próximas a su vagina, quería tomarme mi tiempo y crear un poco de expectativa, nunca viene mal la verdad, mas siendo la primera vez con alguien nuevo. Llegue a su clitoris, comencé a chuparlo, tratando de no ser brusco, bajé un poco y con mi lengua comencé a jugar entre sus labios y la entrada a lo mas profundo, podía escuchar sus gemidos, sus palabras entrecortadas que me decían “sigue, así así” sentí como su mano presionaba su cabeza contra su entrepierna y no quería detenerme, continué por varios minutos y llegó un momento que no se contuvo y soltó un gemido fuerte mientras su cuerpo se estremecía, a mi boca llegaron sus jugos, si bien no era un novato en el ámbito oral, el sabor de sus fluidos se me hicieron un tanto extraños, no en el mal sentido, sólo era lo poco a estar acostumbrado a ese sabor.

    -Quiero tenerte dentro de mí- me dijo con apenas fuerza para decirlo luego de ese orgasmo- Dame y hazme tuya de una vez.

    No lo dudé ni un instante, me quite la ropa y entré a la cama con ella, estando en la posición del misionero fui de poco a poco en un inicio, noté una leve cara de dolor que al poco rato cuando se fue acostumbrando pasó a ser placer, cada vez iba mas rápido, subí su pierna derecha sobre mi hombro para poder llegar aun mas adentro de ella, luego la otra pierna, podía penetrarla lo mas posible y veía como le gustaba, yo estaba en el paraíso, sentir su sexo con el mío, verla ahí toda hermosa gozando de forma notable tanto como yo, quise que no acabara. Cambiamos de posición para que me montara, y vaya si lo hizo, lo hacía como una poseída por algún ente de la lujuria, lo hacía con firmeza y de forma tan enérgica que apenas podía aguantar las ganas de venirme dentro de ella, ¡Carajo! Era verdad, lo había hecho todo sin pensar que no se me ocurrió usar protección, bueno en ese momento no podía matar esa magia momentánea, apenas podía pensar por el placer de tenerla en esa forma siguió y en un punto sólo pude decir que iba a terminar, mi sorpresa se incrementó al notar que en vez de quitarse se aferró mas a mí.

    -Ese no es ningún problema, mi amor, hazlo que no hay nada de que preocuparse, lléname de ti- decía mientras jadeaba.

    No pude aguantar mas, pareciera que tenía atorada la leche de todo un super mercado dentro de mis bolas, porqué era la primera vez que sentí que terminé de forma masiva, en ese momento ella tuvo ese estremecimiento nuevamente, sus jugos y los míos, juntos. Terminamos agotados y acostados en mi cama, antes de ser víctima del sueño la miré.

    -¿Qué va a pasar ahora?- me dijo de una forma mas bien coqueta. La besé y sólo sonreí.

  • El bautizo campestre (Día 4): El desayuno

    El bautizo campestre (Día 4): El desayuno

    El día anterior había sido de antología y éste que iniciaba prometía aún más… Andrea descubrió que no solo le gusta que la miren, sino que también ser el objeto de deseo de todos los que ella deseara así lo fuera.

    I

    Al despertar, Andrea, en cucharita y dándome la espalda, aún dormía. Enrique y Mario, sentados en la cama de éste último, la miraban embelesados. Sus hermosas tetas podían verse sin problemas a través de la delgada y transparente tela del minúsculo y sexy baby doll que tenía puesto. Al estirarme la destapé completamente. Me senté.

    Enrique: que mujer más rica tienes, hermano.

    Yo: no tengo nada, ella no es mía, compa.

    Mario: Oh, vamos, mono, sabes a qué se refiere.

    Yo: -susurrándole al oído- reina… reina… voy a tomar desayuno. Quiere algo?

    Andrea: -desperezándose- siii… quiero que me folles.

    Yo: jajaja… ok. Cierra los ojos. Eso.

    Una vez fuera de la cama, con señas invité a los chicos a que se ubicaran uno a cada lado de mi polola. Me puse un buzo holgado sin ropa interior, una polera y chalas. Cuando salía de la pieza, cada uno de mis amigos estaba chupándole una teta a mi noviecita. Le recorrían el cuerpo ávidamente con sus ansiosas manos. Andrea gemía excitada.

    II

    En la mesa que usaban de comedor siempre había alguien comiendo o tomando algo. En esa oportunidad estaba Pedro conversando con la actual esposa del abuelo patriarca.

    Elsa era una extrovertida mujer. Bastante menor que su marido, contaba con 30 años. La bebé era su primera hija. De 1.68 mts, delgada, de recatadas curvas, pero con unas tetas asombrosas, no solo por lo grandes, sino que también por lo firmes y bien formadas que eran.

    De culo pequeño, era más bien estrecha de caderas y de largas y bien contoneadas piernas. Aparte de las tetas como rasgo distintivo, estaban su linda cara de chica mala inocente y hermosos y finos pies.

    Vestía chalas y un pijama de polar de dos piezas que, a pesar de lo holgado, pude notar que no llevaba puesta ropa interior. Solo al llegar casi a su lado, advirtieron mi presencia, pues estaban de espaldas a mí.

    Yo: hola, buenos días.

    Pedro: Hola primo… qué tal amaneciste?

    Yo: impeque.

    Elsa: hola primo, siéntate acá, a mi ladito que quiero conocerlo.

    Tras servirme un café y unas tostadas tomé asiento a su lado. Elsa, de ese modo, quedó entre Pedro y yo. El primo contaba que el día anterior había aprendido a tirarse piqueros y que ni él ni Segundo ya no le tenían miedo a nadar.

    Nos reíamos de buenas ganas, pues Pedro era un gracioso relator de historias. De pronto y a pito de nada, la esposa del patriarca sale con una verdadera joya.

    Elsa: oiga primo, la Rosita me comentó que folla como un campeón. Follarías conmigo?

    Yo: -justo tomaba un sorbo de café, el cual salió expelido tras sufrir un repentino acceso de tos. Cuando me recuperé. Le dije,- Ahora? -asintió con su cabeza- Aquí?

    Elsa: -tomándome la mano- podría ser, pero mejor venga, sígame. Tú también, Pedro, si quieres.

    III

    Entramos en una de las muchas puertas que había en el comedor. Era una especie de bodega, iluminada (y bien, por cierto) solo gracias a los muchos agujeros que las paredes ostentaban como honorables medallas.

    El interior se encontraban muchas pilas cuadradas de 3×3 de sacos de harina de 1.20 m de altura. Caminamos hasta una que estaba ubicada separada de las demás y casi al centro del cuarto. Elsa subió a ella. Desde arriba nos miraba en una postura similar a la de la mujer maravilla con las manos en las caderas.

    Elsa: qué hago ahora?

    Yo: mmmm… Desnúdate y estírate sobre los sacos. Eso. Estás cómoda?. Bien. –Dirigiéndome a Pedro- Primo, pásame la parte de arriba del pijama, por favor. Gracias. –Nuevamente centrando mi atención en Elsa- Quédate al medio, mirando al techo… Eso, así mismito. Ahora te voy a poner esto. –le dije al mismo tiempo que cubría sus ojos.

    Elsa: por qué me vas a dejar ciega?

    Yo: porque quiero que solo sientas. Ahora, tranquilita y confíe en mí.

    A Pedro le señalé que se ubicara al otro lado de Elsa. Entonces, ambos con una mano comenzamos a recorrerle el cuerpo, suave, sutilmente con apenas la yema de los dedos. Poco a poco las caricias fueron menos sutiles. En ese momento, bajé hacia sus piernas y bajo vientre, dejando al primo desde la cintura hasta la cabeza.

    El primo le besaba el cuello y detrás de las orejas, mientras yo hacía lo propio desde sus pies hasta la parte interior de sus muslos, cerca de su coño, pero sin siquiera rozarlo… aún. Cerca de un minuto estuvimos así. Al cabo, poco a poco, beso tras beso, Pedro llegaba a su boca. Ambas lenguas se juntaron en un apasionado beso sazonado por una dedicada amasada de tetas.

    Los gemidos de Elsa se hicieron más audibles cuando comencé a pasarle la lengua por su coño. Jugaba con sus labios vaginales y clítoris. Sus fluidos no cesaban de lubricar su gloriosa entrada. A diferencia de Rosa, Elsa estaba depilada entera.

    El primer orgasmo le llegó en el momento justo cuando frotaba mi lengua en su clítoris y comenzaba a penetrarla por el coño, con el dedo corazón de la mano derecha. Entonces, dejándole el dedo inmóvil y la palma sobre su hinchado clítoris, dejé que se calmara…

    Unos segundos después le introduje el anular y con ambos dentro comencé un mete y saca ascendente. Primero lento, mas fui aumentando el ritmo rápidamente. Elsa aullaba de placer, levantando sus caderas todo lo que le daban sus largas piernas.

    Elsa: ah… me estoy meando… ay… qué rico. Ah.

    La prima eyaculaba profusamente. Levantaba y bajaba sus caderas con las piernas abiertas, apoyando su peso en la cabeza y la punta de sus pies. Exclamaba casi gritando por lo que Pedro reinició con los besos en la boca.

    Aún con los ojos vendados y tras el intenso orgasmo, Elsa yacía desparramada; con las piernas completamente abiertas, despeinada y una hermosa sonrisa de satisfacción. Suspiró.

    IV

    Elsa: la Rosa tenía to’a la razón…

    Yo: de qué hablas? Esto recién comienza, cachorrita… Ahora nos toca a nosotros gozar. Venga para acá… Eso, póngase así.

    Dicho eso, ambos nos despojamos de las pocas prendas que teníamos puestas. Pedro se ubicó detrás y la penetró de una sola vez hasta el fondo. Elsa se quejó, pero el primo lejos de detenerse aumentó el ritmo drásticamente.

    Por mi lado, yo me follaba su boca gentilmente, pero hasta donde más le alcanzaba mi polla. En menos de tres minutos, el primo acabó en la espalda de su… ¿tía? Unos segundos después de que la limpiara, ocupé su lugar.

    Jugué con la corneta, frotándola desde el clítoris hasta el ano por casi un minuto. Entonces, poco a poco, comencé a penetrarla por su mojado coño. Cuando tuvo la cabeza dentro, la saqué y volví a meter por varias veces.

    Estaba en eso, cuando al mismo tiempo que le incrustaba la polla cada vez más profundo, introduje, lentamente, el índice en el culo. El mete y saca iba a dos bandas. Tras unas cuantas gentiles embestidas, metí el segundo dedo en su ya dilatado esfínter. Continué aumentando, paulatinamente la velocidad.

    Yo: te gusta, pequeña?

    Elsa: ay, ay… siii… qué rico me estás follando.

    Yo: quieres más?

    Elsa: sii… todo, lo quiero todo. Ay! Ay! No, no pares. Ay! Ah!!!

    Mientras hablábamos, saqué mi corneta de su coño, solo para comenzar a penetrarla por su rosado culo. Cuando ya tenía toda la cabeza dentro, tomé su mano, llevándola hasta el clítoris. –mastúrbate, le dije-

    Entonces, comencé con un gentil mete y saca donde en cada embestida llegaba más profundamente. Al cabo, toqué fondo. Desde ese momento, fui aumentando el ritmo progresivamente…

    Llevábamos unos 5 minutos y ya no aguantaba más. Estaba a punto de correrme cuando Elsa me grita que ella estaba igual. La sujeté por las caderas con ambas manos, cerré los ojos y me abandoné al placer, follándomela con todo lo que tenía. Nos corrimos juntos entre jadeos y poco femeninas exclamaciones por lo groseras que Elsa emitía a voz en cuello.

    Quedamos abrazados por varios minutos. Elsa aún mantenía la venda en los ojos. Me levanté solo para que Pedro tomara mi lugar. Su tía se dejó hacer cuando éste la tomó y dejó de espalda a la “cama”, abriéndole las piernas solo para montarse sobre ella.

    Los gemidos de Elsa quedaban atrás de la cerrada puerta del almacén. Miré mi reloj. Habían pasado casi 2 horas desde que había ido por el desayuno. Pensaba absorto en mi novia cuando el saludo de varias personas sentadas a la mesa, desayunando aún, me trajo al mundo de los vivos. Respondí el saludo a todos, hasta que Juan hizo señas para acercarme.

    Juan: -hablaba con un señor mayor- entonces te llevas al Jorge y al Ramiro… Con eso tamos, pué… Ah mire, él es el hombre que está con la mujer de la que le hablé. -dirigiéndose a mí- qué tal primo… te presento a Aurelio. Es el hermano menor de don Arturo. ¿cómo está la Andreita?

    Yo: mucho gusto. Rica, como siempre…

    Los tres: jajaja

    Aurelio: -estirándome la mano para estrecharla- igualmente, pue…

    Juan: Vay pa’ la pieza, primo?

    Yo: si, por…

    Aurelio: Oiga, le puede decir al Enrique que vamos saliendo ya lueguito…

    Yo: ok… yo le digo. Nos vemos de ahí.

    V

    Me encaminé tranquilamente hacia nuestra pieza. Lo del viaje me intrigaba, pero Andrea volvió a llenar mis pensamientos, por lo que no pensé más en el asunto. A pocos pasos de la puerta, se escuchaban risas. Toqué. Estaban los tres desnudos conversando sentados en la cama de Enrique apoyadas sus espaldas en la pared con las piernas hacia la entrada. Andrea en medio, de piernas cruzadas.

    Enrique: pase

    Yo: hola chicos y chica…

    Los tres: hola Dani.

    Andrea: que tal tu desayuno, amor.

    Yo: genial. Oye huaso te mandó a decir un señor Aurelio que se iban luego… Irse para dónde, compa?

    Mario: a ver… las cosas por orden… primero lo del desayuno… te contaré que el de nosotros también estuvo genial, pero parece que alguien quedó con hambre.

    Andrea: jajaja… si por ese alguien te refieres a mí, pues sí. Es verdad.

    Todos: jajaja

    Yo: y lo del viaje?

    Enrique: Lo del viaje es por el bautizo… Se va a realizar en la playa.

    Yo: Playa? Pensé que el mar estaba más o menos lejos.

    Mario: a una hora, para ser exactos.

    Enrique: si. Y allá mi abuelo quiere hacer la ceremonia religiosa y después un cóctel en la casa de la playa. Luego, mañana en esta casa celebraremos desde el amanecer hasta el siguiente nacimiento del sol. Dicho de otro modo, una fiesta de 24 horas.

    Andrea: yo me apunto.

    Yo: obvio que sí po, amigo.

    Enrique: genial, nos vamos en media hora.

    La historia continua en el siguiente escrito donde les contaré, si es que ustedes quieren, por supuesto, el viaje a la playa, pero no con Enrique y Mario, sino con don Aurelio y dos vejetes más…

  • Mis ex novios me rompieron el culo

    Mis ex novios me rompieron el culo

    Lo que menos esperaba encontrar en la fiesta era a Luis y a Mike, dos ex novios increíbles. Los mejores en la cama con quienes es estado. Luis, de un metro setena de estatura, dueño de una pija normal, pero por mucho el mejor que me ha chupado la concha y masturbado. Me llevaba a lugares de placer increíble, y en ese punto me cogía la concha como loco. Mike, de un metro ochenta de estatura físico trabajado en años de gimnasio, dueño de una pija portentosa, larga y gruesa, que yo adoraba chupar, y brutal para coger, era una máquina que penetraba todos mis agujeros sin piedad. Me conocía perfectamente y sabía que me gustaba su forma bestial.

    Ahora los dos estaban charlando animadamente a cinco metros mío. Me fui acercando y los saludé.

    – Esto sí que es una sorpresa. No imaginaba que se conocieran chicos. Dije a modo de saludo.

    – Hola Moni, que hermosa que estas. Si, con Mike nos conocemos por trabajo desde hace un par de años.

    – Moni, Moni, que bueno encontrarte después de tanto tiempo.

    – Así es… ¿Uds. saben que están relacionados? podemos decir.

    – No… ¿Cómo es eso? Dijo Luis

    – Los dos fueron novios míos. Y los mejores por supuesto… claro que cada uno en lo suyo…

    – Pues no teníamos idea te lo aseguro. Dijo Mike.

    – Eso sí es interesante. Dijo Luis mirándome fijamente.

    – ¿Sus novias, esposas, amantes andan cerca?

    – La mía a unos 5 kilómetros, en lo de la madre. Dijo Luis.

    – La mía no existe. Dijo Mike.

    – Pues mi marido debe estar durmiendo plácidamente. Aburrido el hombre.

    Y les juro que estoy a punto de decir que sí si me proponen cumplir mi mayor fantasía.

    – ¿Qué es? Pregunto sonriendo Mike.

    – Tenerlos a los dos juntos en una cama.

    – Yo no tengo ningún problema Mike, no soy celoso.

    – Tengo el auto afuera, ¿Vamos? Dijo Mike.

    Salimos y los tres subimos al auto, ellos dos, adelante y yo detrás. Los miraba y no lo podía creer, ya estaba mojada y me empecé a tocar discretamente.

    – ¿Tu especialidad Luis?

    – Chuparle la concha y el culo, ponerla muy loca de esa forma. ¿La tuya?

    – Destruirle la concha y el culo. Dijo riéndose.

    – Nos complementamos, genial. Y creo que podemos entretenernos. Vamos a mi casa… Quiero estrenar algo que hice pensando en ella. Dijo Luis riendo.

    Yo estaba super intrigada. Luis era aficionado al BDSM, especialmente a la dominación, pero nunca lo había practicado conmigo. Llegamos a lo de Luis, entramos y nos sirvió un whisky y nos sentamos a charlar.

    – ¿Cuál es tu fantasía concretamente? Me pregunto Mike

    – Luis chupa la concha como nadie en el mundo, y te juro que me quema la cabeza. Vos sos una bestia cogiéndome por el culo y la concha. Quiero estar con los dos. Dije.

    – ¿Te bancas un poco de sumisión? Me dijo Luis mirándome a los ojos.

    – ¿Es poca sumisión acostarme con los dos al mismo tiempo? ¿Qué más queres? Dije.

    – Que te entregues por completo, que confíes totalmente en nosotros.

    – Sí, claro. Dije.

    Luis se levantó, fue hasta un mueble y saco un collar de sumisa y un tapa ojos. Tuve un leve escozor al verlo. Él se acercó y me dio el collar.

    – Si te lo pones, te aseguro que vas a gozar como nunca gozaste. Y serás nuestra sumisa mientras estés en esta casa.

    Luis se sentó y yo miraba el collar en mis manos. Los dos me miraban, sin ansiedad, sin demostrar ningún apuro. Respiré profundo y me puse el collar. Ellos no cambiaron para nada la expresión del rostro.

    – Veamos si es cierto: Parate y sacate toda la ropa. Dijo Luis.

    Me paré y no sé porque razón sentía vergüenza en quitarme la ropa. Lo hice lentamente, no para seducirlos, por vergüenza. Quedé en ropa interior y Mike dijo: “Todo”. Me saque el brazier y la tanga, y como una tonta me tapaba con las manos. Justo frente a los dos hombres que más me hicieron gozar.

    – Sentate tranquila. Disfruta tu whisky. Dijo Luis.

    – ¿Estás casada? Me pregunto Mike.

    – Sí… hace dos años…

    Por unos cinco minutos charlamos de mí, de ellos, y sin darme cuenta me olvide que estaba completamente desnuda, ellos ni me miraban el cuerpo. Luis sirvió otra vuelta de whisky y Mike me preguntó:

    – ¿Qué te hacía Luis que tanto te volvía loca?

    – Chupaba en una forma demencial, hacía lo correcto en el instante correcto y podía estar horas haciéndolo. Solo cuando yo estaba en el punto de máximo placer me penetraba. Y me hacía estallar. Dije.

    – Veo que te calienta recordar eso. Dijo Mike y me di cuenta que mi mano estaba acariciando mi concha suavemente.

    – Siiii… no lo dudes. Dije sin dejar de tocarme.

    – ¿Y Mike? Preguntó Luis.

    – Un animal, un bestia. Dos besos y me la daba a chupar, dos minutos, y después, hacerme mierda la concha y el culo, aunque le dijese, le pidiese por favor, el tipo no paraba. Se ha corrido dos veces adentro mío sin siquiera sacarla, y no una, varias veces.

    – Wow, te felicito Mike. Dijo Luis.

    – Gracias amigo. A mí me dejó porque yo trabajaba mucho… ¿A vos? Pregunto Mike.

    – A mí por otro. Un tal Fernando.

    – Y ahora nos pide que la cojamos… ¿Te parece justo? ¿Somos solo un objeto sexual? Preguntó Mike.

    – No lo había pensado… Y para sacarse las ganas porque el marido no la atiende bien… Eso es feo…

    – Me parece lógico que nos demuestre cuan caliente está, para ver si vale la pena…

    – Estoy de acuerdo. Dijo Luis y se levantó nuevamente, sirvió whisky para él y Mike.

    Fue esta el cajón y vino con dos consoladores de buen tamaño. Los desgraciados estaban con una sonrisa en el rostro, me estaban humillando y yo lo sabía, pero mi calentura podía más. “Tomá” me dijo Luis dándome los consoladores.

    Empecé a chupar uno y con el otro acariciaba mis tetas. Me excitaba hacerlo y que ellos, sin sacarse el saco me miraran tomando whisky. Seguí chupando uno y separando bien las piernas, me pasaba el otro por mi clítoris y mi vagina, pero sin meterlo. Tuve un orgasmo pequeño pero fue la señal que ellos esperaban. Me metí el consolador en la concha y ellos se pusieron de pie, y se empezaron a desvestir, sacos, corbatas y camisa. Cuando iban a sacarse los pantalones, Luis me puso el tapaojo.

    – Hijo de puta. Le dije.

    – No veo una calentura que valga la pena. Dijo Luis luego de unos minutos de que me puso el tapaojo.

    – Me pasa lo mismo. Mejor nos vestimos.

    – No por favor. Dije

    Me masturbaba con todo y guie el otro consolador a mi culo. Cuando me fue entrando, estaba a mil por hora. Era una sumisa real, sin órdenes hacía lo que ellos querían. Cuando al cabo de unos minutos, ya en el suelo y de rodillas estaba a punto de llegar a un terrible orgasmo, me detuvieron tomándome de las axilas y me quitaron los consoladores.

    – Nosotros te guiamos. Dijo Luis.

    Con cada uno tomando mis brazos, subimos una escalera y pude escuchar como habrían una puerta. Me ayudaron a subir a una cama, me hicieron poner de rodillas y sentí como cada uno me ponía algo en las muñecas. Cuando terminaron algo tiraba de mis muñecas haciendo que estire mis brazos hacia arriba, totalmente separados.

    De pronto, el silencio total. No escuchaba nada, ningún sonido. Pasaron varios minutos y de pronto, un líquido aceitoso empezó a caer sobre mis hombros, corriendo por mi pecho y mi espalda. Cuatro manos empezaron a desparramarlos suavemente, el líquido estaba tibio y permitía que sus manos se deslicen fácilmente. Mi respiración se fue haciendo cada vez más pesada, me estaba volviendo a excitar con todo cuando sus dos bocas fueron a mis pechos. Uno me chupaba con ternura, suavemente, el otro, seguro que Mike, me chupaba con todo, a lo bestia, mordiendo mis pechos y mis pezones sin parar.

    Era la locura total, agradecía mentalmente haberme entregado a esos hombres de esa forma. Sin dejar de chuparme uno llevo su mano a mi concha y el otro a mi culo. Primero acariciando y después, metiéndome los dedos lentamente. Yo gemía de placer, los insultaba agradeciendo el placer que me daban. De nuevo, cuando estaba a punto de tener un orgasmo, se detuvieron.

    – ¿Compartimos una cerveza? Dijo Luis.

    – Dale, vamos.

    – Hijos de puta, no me pueden dejar así, caliente y atada. Grité pero ellos no respondieron.

    Pasaron un par de minutos y muy sádicamente abrieron la lata de cerveza para que yo los escuche. Se tomaron un par de minutos largos y fue Mike el que dijo: “Sigamos”.

    Un par de manos separaron mis rodillas y adivine que sería Luis. Iba a decir algo cuando sentí que su lengua empezaba a jugar con mi clítoris, cuando Mike apoyo su pija en mis labios. Era tan grande como antes, y me costaba meterla en mi boca. “Gentilmente”, tomando mi cabeza con sus manos, la metió un poco. Luis me chupaba como siempre lo había hecho. Parte de mi fantasía se estaba cumpliendo. Ahora sí, mi excitación era bestial, chupaba como loca mientras Luis hacía un trabajo descomunal, me sostenía de la cintura y me volvía loca cogiéndome con su lengua sin parar. Tuve un par de orgasmos terribles pero ellos ni se dieron por enterados.

    No puedo decir cuanto tiempo me tuvieron así, chupando y siendo chupada. Hasta que Luis se corrió, me hicieron parar y tensaron lo que sujetaba mis muñecas, me separaron las piernas y sentí como dos manos separaban mis cachetes y una mano, levantaba una de mis piernas.

    – No sean mal nacidos. Grité.

    La pija de Mike empezó a entrar en mi concha, abriéndola con todo, pero en ese instante, la lengua de Luis, toco mi orto, y se fue moviendo. Era demasiado placer, Mike destrozándome la concha con su forma bestial de coger y Luis, chupando y dilatando mi culo al mismo tiempo. Yo gritaba de placer, Mike apretaba mis tetas con todo y me mordisqueba el cuello, mientras Luis metía dedos en mi culo sin sacar su lengua. Tuve un par de orgasmos y ya pedía que por favor acaben.

    Sentí como Luis se acostaba y Mike me guiaba para ponerme nuevamente de rodillas. Sabía perfectamente lo que seguía: Doble penetración. Pero no, nuevamente la boca de Luis estaba en mi concha y no entendí que seguía, hasta que me atrajo hacia él y Mike me penetro con todo en la concha. Me hicieron mierda, literalmente. Uno cogiendo como animal y el otro chupándome con todo. Pedía por favor que acaben, necesitaba que paren. Estuvieron un par de minutos hasta que Luis se levantó, Mike salió de mi concha, y sí, ahora sí, me la van a meter por la concha y el culo pensé.

    Luis me metió su pija en mi concha y empezó a bombear sin parar. Supuse que Mike se iba a poner atrás mío y lo hizo.

    – Luis, amigo, haceme lugar. Dijo Mike y aunque estaba con el tapaojo, abrí los ojos con todo.

    – Dale tranquilo, hay lugar para los dos. Dijo Luis y note como Mike empujaba su pija también en mi concha.

    – Me la están destrozando, animales, me va a quedar una cacerola. Grite.

    Los dos bombeaban al mismo tiempo y como animales los dos. Luis me apretaba las tetas y Mike tiraba de mi cabeza hacia atrás. No podía soportar el placer y el dolor, menos el placer, era demasiado. Los dos acabaron juntos, inundando por completo mi concha de leche. Mi orgasmo fue de locura, nunca en mi vida había tenido uno así.

    – Los amo, sos dos hijos de puta, pero los amo. Dije todavía con sus pijas en mi concha.

    – No me abandone amigo. Dijo Mike mientras sacaba su pija de mi concha.

    – Ni loco, te sigo. Dijo Luis.

    Yo no lo podía creer, tenían fuerzas para seguir. Me hicieron poner de rodillas, y chuparles la pija a los dos, las limpie por completo, como pude y Mike lo dejó solo a Luis con su pija en mi boca. Sin perder su erección ninguno de los dos, Mike empezó a meter su pija en mi culo.

    – No podes hijo de puta, dilátalo. Pedí pero no me hizo caso.

    Su pija entraba abriendo mi orto por completo, como siempre lo hizo. Dolor y placar, o mejor, Placer y dolor. Dos tremendos hijos de puta dándome placer como nunca en mi vida. Cuando Luis pudo mantener su erección, me cogía la boca como animal, copiándose de Mike. No sé cuanto tiempo estuvieron masacrándome, destruyendo mi cuerpo y mi cerebro. Por momentos perdía la noción de todo. Pero cuando acabaron, Mike me lleno el culo de leche, y Luis la boca. Limpie bien su pija y luego la de Mike. Me soltaron las ataduras y como pude, casi arrastrándome, fui al baño.

    Cuando volví a la cama, ellos me esperaban con un whisky. Les di un tremendo beso a cada uno, y sin hablar, tomamos el whisky, me pusieron en medio de ambos miré la hora y eran las 3 de la mañana y me quede dormida,

    Ni sé que hora era, pero por las persianas se veía claridad, cuando la pija de Mike empezó a entrar en mi culo nuevamente, yo estaba de costado y el me sostenía la pierna levantada.

    – Mike en serio, no doy más. Alcance a decir.

    Luis me escucho y se despertó. Nos vio y el desgraciado se puso a chuparme la concha. Nuevamente la locura, el frenesí total. Me pusieron loca y así como estaba, de costado, los dos me cogieron por un buen rato. Me pusieron boca arriba y los dos acabaron en mi cara, cubriéndola de su leche. Chupe cuanto pude y no me moví más. Estaba totalmente exhausta.

    Cuando me desperté me intenté sentar en la cama. No pude, una de mis muñecas estaba esposada a la cama, ellos no estaban en la habitación. Sobre la cama, mi celular y una nota:

    “En un rato, seguimos… si queres avisale a tu marido que vas a llegar temprano… para cenar… Tus Ex.”

    – Hijos de puta, los vos a matar. Grite.

    Nadie me contestó. No podía sacarme de la cabeza la noche de placer que habíamos tenido, mi fantasía se había cumplido con creces. Me habían hecho mierda en serio. Me dolían todos los agujeros y los músculos. Llame a mi marido y le dije que había ido a dormir a lo de mis padres, que iba para cenar. Protesto un poco pero terminó aceptando. Me recosté y me quedé dormida profundamente.

    – Hey dormilona, es hora de almorzar. Dijo Luis entrando en la habitación.

    – Hijo de puta, me mataron anoche. ¿Y esto? Dije señalando las esposas.

    – Para la segunda parte de tu sumisión. Dijo.

    – ¿Mike?

    – Bañándose. Lo mismo que vas a hacer ahora vos. Estas hermosa, llena de nuestra leche.

    – Forro. Le dije sonriendo

    Me puso una cadena en el collar, y así me guio al baño. Me di una ducha hermosa, me secaba y vi en el espero las mordeduras de Mike en mi cuello y mis pechos. Después pensaría algo para decirle a mi esposo. Cuando salí del baño me esperaba Mike sonriendo. Me dio mi tanga y tirando de la cadena bajé con él, la tanga era mi única indumentaria.

    Luis nos esperaba con la mesa servida. Me sentaron en la cabecera y ellos a cada lado.

    – Cuéntanos Moni. ¿Satisfecha tu fantasía?

    – Estuvieron geniales, increíbles, juro por lo que quieran que nunca goce de esta forma, fue increíble todo, el no poder ver, sus caricias con el aceite, vos chupando, y vos cogiéndome al mismo tiempo, les tengo que agradecer, fue una noche maravillosa.

    – ¿Te gusto ser sumisa? Estar a nuestro servicio totalmente. Preguntó Luis

    – Me encantó. No poder hacer nada, que usen de mi cuerpo dándome tanto placer. Fue increíble. Me encanta ser su sumisa. Por eso no me saco el collar ni les pido que me lo saquen.

    – ¿Otra fantasía?

    – Después de anoche, ninguna que valga la pena sin Uds. dos.

    – ¿Qué fue lo más loco que hiciste, hablando de sexo? Preguntó Mike.

    – Con vos Mike en la carpa en la playa, rodeados de gente y gritando como loca.

    – ¿Tríos, con hombres o mujeres, o sola con una mujer?

    – No, con mujeres ni loca, un consolador nunca reemplazará una buena pija.

    – La mía ni se acerca a la de Mike. Dijo Luis.

    – Pero sabes usarla mi amor. Y la previa con vos, es inigualable. Dije.

    Terminamos de almorzar y tomamos un café. Un rato después, volvimos al dormitorio. Las sabanas eran un asco, Luis las cambió, me pusieron me subieron a la cama y nuevamente ataron mis muñecas, a las columnas de la cama, y ahora, los tobillos también a las columnas, dejándome con las piernas totalmente separadas. Nuevamente el tapaojo y otra vez la oscuridad y el silencio. Ah, y una bola en la boca.

    De pronto comencé a escuchar el sonido típico de una mujer chupando una pija. No, no podía ser una mujer, y que fuera ellos, mucho menos. No entendía, pero me fui excitando, más por el morbo que otra cosa.

    – Me duele. Quiero más. Dijo una mujer. No podía ver, ¿quién diablos sería?, ¿que hacía ahí?, ¿Cuándo entro?

    Sus gemidos y quejidos me fueron excitando con todo. Sentía como de mi concha caían ríos de flujo. La mujer no paraba de gozar y gozar. La envidiaba, la odiaba realmente. Quería preguntar, insultarlos, gritar, pero la bola no me dejaba. Los odiaba profundamente, y cada vez más a medida que la escuchaba gozar a la chica.

    – Dale, dijo Luis.

    Y una boca de mujer empezó a chupar mis pechos, yo me retorcía, no quería que lo haga, pero al mismo tiempo subía mi excitación, pero… la mujer seguía gimiendo, y no era la que me chupaba. ¿Cuántas mujeres éramos? La que estaba con mis pechos, sí que sabía chuparlos, me volvía loca que mordiera mis pezones y jugara con su lengua en ellos. Escuche el grito de la chica, seguramente por un orgasmo y luego solo como me chupaba la teta la otra mujer, o chica.

    Trate de gritar con todas mis fuerzas cuando una boca de mujer empezó a chupar mi concha sin parar, mientras otra boca chupaba mis pechos. Los dedos de la que me chupaba, entraban en mi concha, jugando y jugando, hasta sacarme un tremendo orgasmo. Claramente eran tres dedos que tenía adentro, y los tres atacando mi punto G, mientras la boca mordía mi clítoris.

    “Las vos a matar, y a ellos, me están violando los hijos de puta” Pense justo antes de tener un tremendo orgasmo, y recibir un tremendo beso de la que me chupaba las tetas. Al principio me negué, pero de inmediato no solo lo acepte sino que yo buscaba comerle la lengua.

    Nos besábamos con todo y la que me chupaba, saco un dedo y lo metió con facilidad en mi culo, me masturbaba por los dos lados. De pronto me di cuenta que ni Mike ni Luis emitían sonido, seguramente estarían mirándonos, o mejor dicho, estarían mirando como me cogían esas dos mujeres.

    Luego de tener un doble orgasmo, sentí como liberaban mis piernas, y luego mis muñecas, pero las trababan en mi espalda.

    – Vení Moni, ahora vas a gozar hermosa. Me dijo una dulce vos de mujer.

    Me pusieron de rodillas en la cama, apoyar los hombros, y con suavidad unas manos levantaron mi cabeza hasta ponerla sobre la concha de una de ellas. Iba a decir algo cuando un consolador entro en mi concha, era grande, me pareció más grande que los que Luis me había dado.

    Casi con vergüenza empecé a besar esa concha que tenía adelante, el consolador entraba suavemente, sin parar, hasta que sentí que unas piernas tocaban mis piernas. “Seguro tiene un arnés” pensé. Esa chica, me tomó de la cintura y comenzó a bombear y bombear. Me fui poniendo loca, la misma chica, me estimulaba el clítoris con una mano y con la otra me metía dos dedos en el culo. Yo a esa altura chupaba como loca la concha de la chica. Me hicieron tener varios orgasmos y yo a la chica a la que le chupaba la concha. De a poco el ritmo de quien me cogía con el consolador se hizo violento, estaba super excitada. Hasta que por fin, y con un fuerte gemido, me lo clavo hasta el fondo.

    La chica que estaba delante de mí, se levantó y la que me había cogido, se corrió. Entre las dos, me hicieron girar, y quedar en cuatro patas. No podía creer lo que había pasado. Violada en forma genial por dos mujeres y lo había gozado como loca. Estaba agotada, luego de la noche que había pasado.

    De pronto, sentí como una pija, que no podía ser otra que la de Mike me empezaba a entrar en el culo, y una de las chicas, a mi lado, empezaba a gemir. Una mano me quito el tapaojo y me costó unos segundos poder ver bien. Mire a la chica y ella me miró sonriendo.

    – Hola Moni, soy Malena, la mujer de Luis. Me dijo me dio un tremendo beso que devolví con todo.

    Luis la estaba chupando y volviendo loca, la otra chica, estaba sobre una máquina, que metía y sacaba un consolador de su concha mientras ella se daba con todo en las tetas y el clítoris.

    – Hola, hija de puta. Vos me cogiste. Le dije a Malena.

    – Y fue un placer, tremendo orgasmo tuve.

    Ah, ahora seguimos con vos, necesitaba una chupadita de Luis. Vos me entendes, ¿no?

    – Claro que te entiendo.

    Las dos gozábamos como locas, en realidad las tres contando a la chica sobre la máquina. Casi al mismo tiempo tuvimos las tres un orgasmo y Malena se levantó.

    – Vení Moni, móntalo a Luis por la concha. Me dijo.

    Lo hice de inmediato y segundos después vi como Mike le metía su pija en el culo a la chica sin dejar que se saque el consolador de la máquina del culo. Ella dio un tremendo grito y él como es su costumbre, arremetía con todo contra el culo. Para mi sorpresa, Malena nuevamente tenía el arnés puesto y me empezaba a coger la boca sin piedad. La chica tuvo un tremendo orgasmo y Mike, como enagenado, vino hacia mí, se colocó detrás de mí y me la enterró en el culo de una. La chica vino y se puso a chuparme los pechos.

    Era una locura total, los cuatro atacándome con todo, los cuatro dándome un placer infernal. No sé cuantos orgasmos tuve, porque cuando terminaba uno, comenzaba el otro. Solo sé que fueron muchos minutos de locura. Increíblemente, la primera en acabar fue Marina, con un orgasmo bestial, y cayo de rodillas para chuparme una teta y la chica la otra. Luis y Mike acabaron juntos, llenándome de leche, y yo en un orgasmo brutal, siendo besada por Malena.

    Mike se tiró en la cama y la chica le chupó la pija. De tan buena manera, que él no perdía la erección. Yo me corrí, y Malena monto a Luis metiéndose su pija en la concha.

    – Dale con todo, dijo Luis.

    Mike enculo a Malena que dio un tremendo grito. Yo me puse el arnés y ahí me di cuenta que era doble, y me metí un consolador en la concha mientras el otro lo enterraba en el culo de la chica. Increíble sensación estar empalando a la chica con un consolador dentro mío. Los dos animales destrozaron a Malena y cuando ella grito de placer al sentirlos acabar, yo hice lo mismo junto a la chica al escucharla. Malena chupo las dos pijas que le habían dado placer y guardaba algo para mí

    Fui al baño y Malena me siguió. Me tomó de los cabellos, me puso de espaldas contra la pared y me dio tremendo beso, compartiendo la lecha de los machos.

    – Sí que sos caliente, no era joda. Dijo Malena y se metió a darse una ducha.

    – Dejame lugar. Le dije y me metí con ella.

    Las dos nos bañábamos juntas, mirándonos desafiantes. Sosteniéndonos la mirada, pero el recuerdo de como me había cogido, hijo que la ponga contra los azulejos de la ducha, sosteniéndola de la garganta y baje a chuparle la concha con todo, mientras le metía dos dedos en el culo.

    Lejos de enojarse, me apretaba la cabeza contra su concha y movía su culo para enterrarse bien mis dedos. Le saque un tremendo orgasmo y las dos nos besamos con todo. Nos terminamos de bañar, nos secamos en silencio y nos pusimos unas batas de toalla, yo la de Luis.

    Volvimos a la habitación, Luis y Mike sonreían complacidos, la chica no estaba.

    – Par de hijos de puta, los amo a los dos. Dije.

    – Ahora sí sos una buena sumisa. Dijo Luis.

    – Bah, una buena perra. Dijo Mike.

    – Empiecen a pensar que le digo a mi marido de todos estos chupones y moretones en las tetas desgraciados. Dije.

    – La verdad, que te cogieron dos machos en serio. Dijo Mike.

    Eran las 17 Hs., me vestí rápido, intercambiamos nuestros números y partí para mi casa en un taxi. A medida que mi cuerpo se enfriaba, me aparecían dolores. Cuando llegue a mi casa, mi esposo estaba bastante molesto y encima, quería tener sexo. Ni loca, ni borracha. Como siempre, alegue sentirme enferma y me fui a acostar a las seis de la tarde. Me despertó el llamado de Malena, a las 11 de la mañana del día siguiente.

    – ¿Buen día? Me preguntó como saludo.

    – Mira, estoy hecha mierda, me duele todo el cuerpo, agujeros inclusive. Pero mi cabeza vuela. Dije.

    – ¿Almorzamos? Me preguntó sin más vueltas.

    – Dale, decime donde, y por lo menos dame dos horas.

    Me dijo dónde y lentamente me fui poniendo en movimiento, me bañe, me vestí elegante y fui al encuentro de Malena. Ella ya había llegado, después de los saludos nos sentamos y pedimos un par de whisky`s antes de almorzar.

    – Te hicieron mierda. Me dijo Malena.

    – No te salgas, vos también contribuiste en mi total destrucción. Dije.

    – Solo fui una herramienta de su maldad. Dijo sonriendo.

    – Te juro, nunca tuve un sexo como el de la otra noche y el de ayer. Fue mi primera vez con una mujer, o dos, en realidad.

    – Lo escuche cuando lo dijiste en la mesa.

    – Por favor, explicame como fue todo. Dije.

    – ¿Desde el principio? Preguntó Malena.

    – Entonces, ¿No te diste cuenta?

    – No, ¿De qué?

    – Luis y Mike armaron todo. Y vos, creyendo que cumplías tu fantasía en realidad, estabas cayendo en sus redes, más específicamente, en las de Mike.

    – Ahora sí que no entiendo nada. Explicame por favor. Dije.

    – La encargada de la fiesta era yo. Yo tenía la lista de invitados. Mike y Luis siempre hablaban de vos. Te aseguro que hasta llegue a tener celos de vos. Cuando se conocieron, en una charla Mike le conto a Luis que seguía enamorado de una mina, que era tremenda en la cama, como al pasar, dijo tu nombre, una breve descripción y Luis le conto su historia con vos. Ese fue el punto en que se hicieron grandes amigos. Vos. Una noche, Mike vino a cenar a casa con una “amiguita” y terminamos los cuatro cogiendo como bestias. En el desayuno, Luis le conto nuestro gusto por ciertos juegos, como el de anoche, algo suave pero fuerte al mismo tiempo. Y los dos fantasearon con hacértelo a vos, todo delante de mí.

    Cuando vi que estabas en la lista de invitados de la fiesta, se lo conté, los anoté como invitados, y fueron… Vos te los encontraste y “vos te los levantaste”.

    – Hijos de puta. No lo puedo creer. ¿Y vos y la otra chica?

    – A la noche estuvimos en la casa, la chica, es mi prima, una terrible gato que usamos cada tanto con Luis. Te cuento que a la noche le rompí todos los agujeros pobre Macarena.

    – Y yo que pensaba que me los había levantado, tremendos hijos de puta que son. ¿Vos y Luis, son swingers, que cuerno son?

    – No swingers, solo hacíamos tríos hasta ahora. Ayer todo se descontrolo cuando vi la pija de Mike, me quise morir. Luis me vio y por eso me cogieron entre los dos.

    – Y la idea que vos y Macarena he hicieran mierda, ¿De quién fue?

    – Mia, toda mía. Cuando te ví desnuda, te quise coger de inmediato. Cuando se levantaron a la mañana, se los propuse y como buenos cerdos que son… quisieron.

    – ¿Sos bisexual entonces?

    – Totalmente, más de una yegua como vos. Me gustó mucho estar con vos, comerte la concha y los labios.

    – No seas guacha, me estas calentando acordándome de tus chupadas.

    – Que pena…. Dijo riéndose.

    – Sos peor que ellos.

    – ¿Con tu marido como te fue?

    – Me lo saque de encima en dos minutos y dormí desde las 6 de la tarde hasta que me llamaste. Aparte, ¿Cómo voy a poder fingir después de haber estado con esas bestias? incluyéndote claro.

    – ¿Puedo ser hija de puta? Me preguntó.

    – ¿Más de los que fuiste? Pregunte sonriendo.

    – Mucho más. Me dijo seria.

    Su seriedad me asustó, no pude adivinar por donde venía.

    – Si, dale Male.

    – No es pregunta, es afirmación: Vos lo amas a Mike.

    – Hija de puta, ¿Tanto se nota?

    – A kilómetros de distancia, te lo aseguro.

    – Sí, lo amo, y me arrepentí desde el momento que lo deje. No por su plata. No hay otro hombre como él. Puede ser el más dulce y tierno, como para cortar una flor en una plaza y regalármela, al tipo más duro del mundo y no decirme nada cuando lo dejaba. En el medio, un sexo fenomenal, como vos misma comprobaste.

    – De eso estoy segura, aunque me gusta más el estilo de Luis. Pero haberlos “sufrido” juntos, Dios mío.

    – Lo dejé por boluda inmadura, y al mes se me cruzo mi marido, y no podía volver con Mike por mi orgullo de mierda. Y por ese mismo orgullo, me case.

    – Mira Moni, no soy amiga tuya, pero me caes muy bien, en serio te lo digo. Y sé del cariño que te tiene Luis, como también sé que si me deja va a hacer todo por conquistarte. Pero ¿me dejas preguntarte algo?

    – Male, esto no lo charlo con mis amigas. Y no sé porque lo estoy charlando con vos, quizás porque lo de ayer me pego muy fuerte. Dale, pregunta.

    – ¿Cuándo tiempo más vas a seguir cagándote la vida? ¿Qué esperas, tener cuarenta años, y no poder tener hijos para llorar el tiempo que perdiste, las oportunidades que perdiste, el amor que dejaste escapar?

    – Que mina jodida que sos, por favor. La respuesta a todo, es no sé. Yo dejo a mi marido, ¿y después?

    – Antes, no después, corres en brazos de un tipo que te ama con locura. Tenes 32 años creo. No seas boluda, o preferís perderlo porque se casó con una tontita.

    – ¿Vos hablas de Mike? Pregunté.

    – De Luis te aseguro que no. Y otro tipo, no te conozco. Sí tonta, de Mike te hablo. Está loco por vos. Te lo juro. Lo había dicho antes, y lo repitió ayer cuando te fuiste de casa.

    – ¿Vos estas hablando en serio Malena?

    – Muy en serio Moni. A Mike lo quiero mucho, es un muy buen amigo de Luis y cuando tuvimos una crisis, él fue quien lo paro a Luis para no separarnos. Y quiero lo mejor porque es un gran tipo.

    – Uff. Me pegaste una trompada en la boca del estómago y me dejaste sin aire, te lo aseguro. Ahora, ya me hiciste mierda, por lo menos dame una idea, ¿Qué hago?

    – ¿Con tu marido o con Mike?

    – Invitalo a almorzar y habla claro mujer, pone los ovarios sobre la mesa y jugate por lo que sentís, si amor es lo que sentís.

    – ¿Te parece que haga eso?

    – Otra opción es comprar un billete de lotería, y si sale premiado… emborracharte y llorar.

    – Lo voy a hacer.

    – Te paso el nuevo contacto que tiene, un celular privado. Dijo Malena.

    – Dale. ¿Pregunta, siempre juegan con Luis a esos juegos de sumisión? Me volvieron loca.

    – No cuentes nada. No, no siempre. A veces vamos a un club swinger, y me chupa delante de todos, y después me coge. Cuando terminamos, disfrutamos de los hombres y mujeres que quieren estar con nosotros. Si alguna chica nos gusta, la llevamos para casa. Yo ni loca me acuesto con otro tipo que no sea Luis. Dijo Malena.

    – Ejem….

    – Bueno, Mike es una excepción que confirma la regla. Y si me lo prestas cada tanto, yo te presto a Luis.

    – No me disgusta nada la idea de estar los cuatro en una cama. Tampoco de estar con vos solas…

    – En el bolso tengo un par de esposas y el arnés, quiero que me pongas las esposas, me chupes bien la concha y el culo y me cojas bien cogida. Dijo Malena.

    – Cuando quieras. Dije.

    – Ahora, salimos de acá y vamos a coger guacha.

    – Ok. Antes de venir pase por un sex shop. Dije, busque una bolsita en mi bolso, la puse sobre la mesa y se la acerque.

    Toma, anda al baño, sacate la tanga y ponete esto. La tanga ponela en la bolsita.

    – Yegua. Dijo Malena, tomó la bolsita y fue al baño.

    Cuando volvió me dio la bolsita. Mire y estaba su tanga. Me miró y se mordió los labios.

    – Si Male, te voy a coger por el culo.

    Terminamos de almorzar y fuimos a su casa, y directo a su dormitorio. Nos quitamos la ropa mutuamente en medio de besos y caricias, nos tiramos en la cama a seguir besándonos y nos mandamos un 69 tremendo. Las dos llegamos a un orgasmo y yo me puse el arnés. Le puse las esposas en las muñecas, la puse como perrito, y se la ensarte en la concha con todas mis fuerzas.

    Las dos gozábamos como perras con cada embestida, yo la nalgueaba y tiraba de su pelo. Estuvimos no mucho tiempo, las dos estábamos super excitadas y los orgasmos no se hicieron esperar. Saque el consolador de su concha y lo enterré en su culo hasta el fondo. Malena dio un grito de dolor y se quedo quieta. Yo fui moviéndome de a poco, dándole golpes en el culo.

    – Que Mike te la meta en la concha no me molesta, pero no te voy a perdonar que te rompa el culo puta, esa pija es para mí culo solamente. Le dije.

    – Entonces la lengua de Luis es solo para mi conchita. Dijo en medio de gemidos.

    – Negociemos entonces. Dije y las dos nos largamos a reír con todo.

    – Dos tremendas putas de nuestros machos somos. Dijo Malena.

    Nos dimos con todo durante dos horas. Nos duchamos y me fui para mi casa. Agregue el contacto de Mike que me había pasado Male y lo llamé.

    – Mike, habla Moni.

    – Hola hermosa, me sorprendes con el llamado. Este número no lo tiene mucha gente.

    – Pues alguien me lo pasó. Te invito a almorzar mañana.

    – Uh… mañana tengo un día terrible en la empresa. Solo voy a tener tiempo de comer un sándwich en mi despacho. Pasemos la invitación para pasado mañana mejor. Me dijo.

    – Entonces invítame un café en tu despacho, mientras vos comes el sándwich. Dije.

    – Ahh, te espero 12:30 Hs. voy a avisar a la guardia para que no te demoren.

    – Perfecto, gracias Mike, nos vemos.

    El corazón me latía a mil por hora, y estaba toda mojada solo de hablar con él. Al día siguiente diez minutos antes de la hora estaba en la guardia de su empresa. Me presente y de inmediato uno de los guardias me acompaño hasta su despacho.

    – Hola, soy Monica del Corral, Mike me espera. Le dije a su secretaria.

    – Hola, buen día. Mi nombre es Stefi. El Sr. me aviso de su visita, por favor tome asiento, ya se desocupa, esta con gente.

    – Gracias. Dije.

    Tuve que hacer magia para sentarme con la micro mini que llevaba puesta y que no se me viese todo. Arriba tenía una camisa sin brazier, que dejaba entrever la libertad de mis pechos. Justo 12:30, un par de hombres salieron de su oficina y la secretaria me invito a pasar. Cuando entre a su despacho, estaba en su sillón, con los lentes de ver cerca colocados. Me miro por sobre los lentes y sonrió.

    – Stefi, por favor, mi sándwich, un agua mineral y un café para la señora. Dijo levantándose y acercándose a mí.

    – De acuerdo Sr. Mike.

    – Más sensual no podes estar desgraciada. Me dijo mientras me daba un beso en la mejilla y me invitaba a sentarme en un sillón, él se sentó enfrente mío.

    – Vos me dirás el motivo de la invitación para mañana y tu visita de hoy. Me dijo.

    – Cuando queres sos el tipo más romántico y tierno del mundo y otras, como ahora, brutalmente directo. Que sea de esa forma entonces. Mike, me voy a divorciar de mi marido y quiero ser tu mujer. Dije, y largue todo el aire que tenía en los pulmones.

    En ese instante Stefi golpeo la puerta y trajo su sándwich, el agua y mi café.

    – Stefi, gracias y por favor, que no me molesten.

    – Sr., tiene reunión con ventas en quince minutos.

    – Stefi…

    – Hasta nuevo aviso entonces… Dijo Stefi y se fue sonriendo.

    Mike se había levantado e ido a su escritorio. Volvió sonriendo y mirándome a los ojos.

    – Creo que no te escuche bien. Dijo.

    – Escuchaste bien basura. Dije que voy a divorciarme y que quiero sé tu esposa.

    – Ah, entonces escuche bien. Tomó el sándwich, dio un mordisco y me dio la caja de un anillo. En ella había un anillo de oro con un brillante. Algo sencillo pero hermoso.

    – ¿Y esto?

    – Para que lo uses… me dijo sonriendo.

    – No entiendo, te dije algo, muy importante para mí, y vos me das un anillo, que ni siquiera tiene algo grabado.

    – Para que no tengas problemas con tu marido.

    – Estas jugando conmigo y me empiezo a enojar. Dije.

    Terminó de dar el último bocado al sándwich, paso a su baño privado y luego de un par de minutos volvió. Fue hasta la puerta y le dijo a Steffi:

    – No te asustes, está todo bien.

    Cerró la puerta, me hizo levantar, me abrazo y me dio tremendo beso. Una de sus manos bajo a mi concha, corrió mi tanga y metió dos dedos para masturbarme como buen animal que es. Su otra mano, abrió mi camisa, descubrió uno de mis pechos y lo empezó a chupar con todo. No pude dejar de empezar a gemir con todo, me estaba haciendo mierda. Mi micro minifalda sirvió, es segundos estaba en mi cintura. El saco su pija del pantalón y me puse a chuparla como loca. Estaba dura y grande como nunca antes. Solo pude chuparla un par de minutos, que me puso boca abajo sobre su escritorio, sobre todos los papeles y con las piernas colgando.

    Me la metió hasta el fondo con todas sus fuerzas. Di un grito de placer que se debe haber escuchado en todo el edificio. Entraba y salía brutalmente, me dolían las nalgas de los golpes de su pelvis. Mi concha se fue inflamando con todo, y me dolían sus penetraciones, pero me daban un placer tremendo. Era su hembra. Me acabo adentro en forma bestial, inundándome de semen que de inmediato empezó a escurrirse por mis piernas. Era Mike y no se conformó con eso. Mojo dos dedos en mis fluidos y su esperma y me los metió en el culo mientras me lo mordía con todo. Yo gritaba por los mordiscos y por el placer de mi orgasmo.

    De pronto la cabeza de su pija se fue abriendo camino en mi culo.

    – Animal, bestia, me estas destrozando el culo. Grité sin ningún pudor.

    – Este es tu macho mi amor. Dijo

    La enterró toda en mi culo, y estuvo un buen rato entrando y saliendo mientras me daba chirlos en el culo y tiraba de mis cabellos. Yo gritaba de placer por supuesto pero mi grito fue peor cuando me lleno el culo de leche. Saco su pija y la chupe con todo, dejándola bien limpia. Me paré y fui al baño.

    Cuando salí, él se estaba acomodando la ropa, mire el piso de parquet y estaba sucio de nuestros flujos. Busque papel y lo limpie. Tire los papeles en un cesto del baño y volví con Mike.

    – Me escuchaste, me diste un anillo y me cogiste con todo. ¿Me podes decir que opinas de lo que te dije?

    – ¿Cuándo te mudas a mi departamento mi amor?

    – Si puedo, hoy mismo.

    Tomó el teléfono y llamo a Stefi. Ella entro al despacho con una sonrisa picara.

    – Perdón Steffi, juro que no me pude contener. Dije.

    – Tranquila, hoy mi novio va a ponerse muy contento. Dijo y me guiño un ojo.

    – Steffi, no me retes, tráenos dos cafés, pero antes, llama al Dr. Gutierrez y pásame el llamado por favor.

    Ah, entra sin golpear.

    – Ya mismo Sr.

    – Dame un minuto amor. Me dijo y casi tengo un orgasmo al oírlo. Sonó su teléfono y era la llamada que había pedido.

    – Hola Gere, estas en altavoz. Estoy con mi futura esposa y necesito que te ocupes de algo urgente, y con máxima prioridad.

    – Hola Mike, sabes que no hay problema. Decime.

    – No, va a ir a verte Mónica del Corral, mi prometida. Ella te va a contar, quiero que hoy mismo soluciones todo. Ya va para allá.

    – Dale, la espero.

    – Te mando un abrazo y gracias.

    Cortó y me miro serio, de pronto se sonrió, tomo su celular y llamo a alguien. Por la distancia a la que lo tenía, estaba en altavoz.

    – Te debo una bien grande guacha.

    – Grande como tu pija boludo. Dijo y reconocí de inmediato la voz de Malena.

    – Malena, hija de puta, otro complot. Me mandaste al muere como corderito. Dije.

    – ¿No me lo vas a agradecer? Preguntó.

    – Toda la vida. Te quiero.

    – Yo a vos. Mike, tenes que pagar la cena, como acordamos. ¿Cuándo?

    – Si todo sale bien, esta misma noche. Y preparen los culos las dos.

    – Sos un cerdo miserable. Dije.

    Tocó algo en el celular y dijo:

    – Luis, esta noche, empezamos con un 69 y de ahí, calesita.

    – Pero las vamos a atar, así sacamos varias sortijas. Dijo Luis.

    – Hijos de puta, nos van a hacer mierda. Dijo Martina.

    – Hay que festejar. Nos hablamos. Dijo Mike.

    – Así que todo estaba planeado, la fiesta, la charla con Malena… Sos tremendo, Te amo hijo de puta.

    – Te amo Moni. Anda a ver a Gere ya mismo.

    Fui a dos cuadras, al estudio del abogado y luego de hablar con él, me acompaño a la empresa de mi marido, le dije que quería el divorcio y no tuvo problemas en aceptar. Por las dudas, el abogado me acompaño con su auto a mi ex casa, y saque toda mi ropa, que era lo único que me quería llevar. Fuimos a la empresa de Mike y cargamos todo en su auto. Fuimos a su departamento y acomodé mis cosas. Mike hablo con Luis y esa noche fuimos a cenar los cuatro, cada uno en su auto.

    Mike había pedido en la reservación uno de los reservados. Nos guiaron y pedimos las bebidas. Pero primero trajeron una botella de champagne.

    – Por dos hermosas mujeres, sensuales, sexuales, y muy putas. Dijo Luis.

    – Refrendo y agrego, Te amo Moni. Dijo Mike.

    – Son unos cerdos los dos.

    Luis se rio y de la cartera que llevaba colgando del hombro saco dos cajas y dos collares de sumisa. Nos dio un collar a cada una. Nos miramos y nos lo pusimos.

    – Tomen, vayan al baño. Dijo Mike.

    Tomamos las cajas y fuimos al baño. Eran dos estimuladores dobles, clitorianos y vaginal.

    – Son dos hijos de puta, nos van a hacer mierda en serio estos dos. Dijo Malena.

    – Pues vamos a disfrútalos con todo. Dije y me lo coloqué, arriba la tanga sosteniéndolo.

    Volvíamos a la mesa cuando empezó a vibrar con todo el mío. Me mataba el clítoris. Me tuve que apoyar en una silla. De pronto, dejo de vibrar. Miré a Mike y sonriente me saludaba con su celular en la mano. Me senté y Malena se agarró con todo de su silla. Luis jugaba con su dedo en la pantalla de su celular.

    – Interesante escosas bluetooth. Se puede manejar cualquier cosa.

    Dijo Mike, paso el dedo por la pantalla y mi vibrador empezó a funcionar, pero suavemente. Yo empecé a respirar tratando de mantenerme tranquila, tratando de ignorarlo, pero era imposible me subían olas de excitación tremendas. Así nos tuvieron toda la cena. Las dos super calientes.

    – No te conté Mike, puse un sistema de seguridad en casa, impresionante, unas cámaras de alta definición espectaculares.

    – Que bueno, eso no es un gasto, es una inversión en seguridad.

    – Si, si detecta movimientos, empieza a grabar y me manda un mensaje, lo puedo ver en el momento y llamar a la policía si es necesario.

    – Después pasame quien te lo instaló, quiero una para el departamento. ¿Cuándo te lo instalaron?

    – Ayer a la mañana, les di las llaves y fueron. Ya tengo imágenes, ¿Queres ver?

    – Dale. Dijo Mike.

    – Mira que buenas imágenes. Dijo Luis.

    – Muy buena definición y siempre enfocado, me encanta. Mostrale a la chicas. Dijo Mike con una sonrisa en el rostro.

    – Mejor les paso el video. Dijo Luis.

    De inmediato nos llegó y lo abrí. Éramos Malena y yo entrando a la casa, luego en el dormitorio dándonos con todo. Todo había quedado grabado.

    – Sos un hijo de puta, no me dijiste nada, cerdo. Dijo Malena.

    – Siempre quisiste estar en la tele… Dijo riendo Luis.

    – Los dos son unas basuras. Dije.

    Terminamos de cenar y fuimos a lo de Luis. En el auto, Mike me hizo sacar el vibrador y la tanga, todo el viaje fue metiéndome dedos en la concha. Yo estaba super caliente. Llegamos y fuimos al dormitorio. Nos desnudamos y las dos le chupábamos la pija a nuestros machos, yo estaba extasiada chupando a Mike, su verga me excitaba solo de verla y mucho más chuparla.

    – El Dr. me dio unas clases, ¿A ver si aprendí algo? Dijo Mike y me puso boca arriba, en el borde de la cama con las piernas separadas.

    Me fue besando la concha y el clítoris de a poco, no lo hacía nada mal, pero era claro que se contenía. Los besos se fueron transformando en chupones y lengüetazos tremendos, como nunca me había dado. Me separó los labios y sentí como su lengua me penetraba con todo. Me estaba cogiendo como una bestia con la lengua, sin parar, sin respirar mientras sus dedos jugaban con mi clítoris.

    – Desgraciado estas aprendiendo bien. Dije hundiendo su boca en mi concha.

    Malena también estaba siendo chupada por Luis. Nos acercamos y nos comenzamos a besar con todo. Los dos nos mataban con sus besos, chupadas, lengüetazos y nosotros volábamos de calentura.

    – Quiero verlas. Dijo Mike. Y dejo de chuparme.

    Luis hizo lo mismo y las dos nos trenzamos en besos, caricias y dedos en las conchas. Los mirábamos y los dos parados, con sus pijas duras nos miraban sonriendo.

    – Son dos desgraciados, míralos. Me dijo Malena.

    – Ya los ví, y me calenta mucho estar haciendo esto y ellos mirándonos.

    – Ni que me lo digas. Dijo Malena. Se levantó y buscó el arnés. “Cogeme guacha” me dijo.

    Me puse el arnés y le metí todo el consolador en la concha. Ella gemía y gritaba de placer. Las dos tuvimos un orgasmo y lo escuche a Luis.

    – Estas dos se están divirtiendo y nosotros pajeándonos, no va.

    – Tenes razón. A tu lugar Luis.

    Nos hizo correr un poco, y se colocó debajo de Malena, haciendo un 69. Mike frente a Malena. Luis se chupaba la concha, yo la cogía y ella se volvía loca de placer, chupando alternadamente las dos pijas. Todos jadeábamos sin parar. Nosotras tuvimos un orgasmo y Mike se acostó boca arriba. Me saque el arnés y me acosté a su lado para besarlo y masturbarlo.

    – Montame y cogeme vos a mí.

    Era la primera vez que me lo decía. Juro que sentí un escozor en el cuerpo. El me cogía como bestia, y yo nunca lo había cogido a él.

    Me monté y me movía en forma errática, estaba nerviosa como una boluda. El me atrajo hasta quedar cara a cara.

    – La mejor forma de cogerme es cogerte a vos misma, usar mi pija para darte placer. Ni pienses en mí. Me dijo.

    Me senté nuevamente y le hice caso. Me movía para sentir ese tremendo pedazo de carne perforarme por completo la concha. Me acariciaba el clítoris y apretaba mis tetas. Me fui poniendo loca, y más loca cuando veía su cara de placer.

    – Hijo de puta, me estoy cogiendo sola tu pija, tremenda puta soy, y tu cara, estas gozándome desgraciado.

    – Y mucho putita, me encanta verte tan puta.

    Que me llame putita, me encendió por completo, me enterraba su pija sin parar, me dolían los pechos de tanto apretármelos. De pronto sentí un par de dedos que se metían en mi culo. Me puse re cola, era Malena que montaba a Luis y me metía los dedos. Tuve un tremendo orgasmo y le dije a Mike al oído:

    – Preguntale a Luis si hay lugar. Para que le hagan doble penetración en la concha. Luis dijo que sí y Malena empezó a pedir que no lo hagan.

    No le hicieron caso y los dos la penetraban por la concha, ella gritaba como marrana de placer. Yo tome el arnés y me metía el consolador en la concha de rodillas, mientras le chupaba las tetas a Malena.

    – Cerdos, animales, bestias, me están haciendo mierda. Gritaba Malena.

    Luego de un rato tuvo un tremendo orgasmo y Mike se volvió a acostar. Lo volví a montar con todo, estaba muy caliente, ver como le daban a Malena me descontroló por completo.

    – Toma yegua. Dijo Malena, con el arnés puesto y metiéndome el consolador en el culo.

    Me comencé a mover como loca, enterrándome las dos cosas al mismo tiempo. Pasaron un par de minutos y el grito de Malena me desconcertó. Mire y Luis le estaba dando por el culo. Malena me miraba y embestía contra mí con todas sus fuerzas.

    Tuve un tremendo orgasmo y le pedí a Mike algo que nunca le había pedido ni él me había hecho.

    – Cogeme la boca mi amor.

    Mike se paró, tomo mi cabeza con ambas manos y abrí la boca. Estuvo un par de minutos cogiéndome como un animal, me daban arcadas, me lloraban los ojos y la saliva caía a raudales de mi boca. Cuando acabó, lo hizo en mi boca, llenándola de leche, trague todo y le limpie su pija.

    Se acostó y su mirada daba miedo.

    – Cogete el culo. Me dijo.

    Lo monte y me la fui metiendo de a poco. Fui subiendo y bajando cada vez más fuerte. Lo miraba y estaba super caliente, alguna maldad iba a hacer. Y la hizo, metiéndome dos dedos en la concha, masturbándome con todo mientras yo me cogía el culo con su pija. Busco mi punto G y mi calentura parecía no tener fin. Con la otra mano apretaba mis tetas, así hasta que tuve un orgasmo tremendo.

    Sin sacármela del culo giró dejándome boca a arriba. Puso mis piernas en sus hombros y me destrozaba el culo.

    – Male, dame un consolador. Dijo Mike y Malena le alcanzo uno.

    Lo metió en mi concha, y bombeaba su pija y el consolador, mientras que con sus dedos atacaba mi clítoris. Yo no daba más.

    – Así caliente me gusta verte, me dijo.

    – Por tu culpa, vos me pones tan caliente. Soy tu puta calentona. Dije.

    Eso lo puso más caliente que antes y enterraba su pija hasta que su pelvis golpeaba mis glúteos. Cuando acabó, se tiró contra mi pecho, arrastrando mis piernas en sus hombros y quedó descargando su peso en mi culo, con su pija en él. Creo que su leche llego a mi estómago y tuve un orgasmo increíble.

    Me estaba reponiendo y escuche los gritos de placer de Malena. Fuimos al baño y nos duchamos. Nos vestimos y bajamos a tomar un whisky. Aún con el collar puesto.

    – Vienen cuatro días de feriado. Les propongo alquilar un motorhome, ir a un lugar cercano los cuatro días, los cuatro juntos. Dijo Mike.

    – Cuenten conmigo. Dijo Luis.

    – Y con nosotras. Ni en pedo los dejamos cuatro días solos. Dije.

    – Podemos llevar a mi prima, para divertirnos…

  • Angela la más diablita (Parte 2)

    Angela la más diablita (Parte 2)

    Ángel: Yo no aún, pero mira como me lo has puesto (llevando su mirada hacia mi bulto que se me había formado). 

    Le dije para ir a un hotel, pero ello decía que no que así estaba bien. Insistí y ella al final accedió.

    Salimos de ese lugar, y nos metimos al primer hotel que encontramos. En mi caso era la primera vez que entraba con una señora de 42 años, porque siempre he llegado a tener sexo solo con mujeres alrededor de mi edad.

    En el caso de ella, según lo que me dijo es que hace años que no lo hacía con nadie (según ella).

    Entramos a la habitación del hotel y empezaron nuevamente los besos, caricias. Nos sentamos al borde de la cama, nos besábamos y le empezaba a tocar las tetas. Poco a poco nos quitábamos nuestras prendas. Ella quedó en sostén y yo solo tenía el pantalón puesto.

    Pase a meter mi mano entre sus tetas y luego le quité el sostén y no me quedé atrás viendo esas ricas, grandes y hermosas tetas y empecé a besarle teta por teta. Chupaba su teta y mi otra mano ya estaba entrando una de mis manos por su pantalón.

    Ella me quitó el cierre de mi pantalón y empezó a tocarme y me dijo que ya quería que se lo metiera y yo le dije espera me pongo el preservativo, mientras tanto yo le dije que ella sola se siga tocando y ella obedecía y qué linda vista tenía yo cuando ella se metía los dedos a su vagina. Y dentro de un par de minutos…

    Ángela: Ya mételo

    Ángel: Ya quieres que te lo meta amor?

    Ángela: Sí amor, ya metelo

    Ángel: Ahora voy amor

    Me puse el preservativo y empecé a meterle lentamente mi miembro y ella se volvía loca. y gemía ni bien se lo metía y poco a poco aumentaba el ritmo. Ella enloquecía cada vez más.

    Àngela: Ah, ahhh. Duele amor, dueleee

    A pesar de tener sus 42 años, Ángela tenía su vagina estrecha. Sin embargo, se sentía muy rico ni bien empezamos a tener sexo.

    Ángel: Quieres que lo saque?

    Ángela: Mmm, no nooo

    Ángel: te gusta amor?

    Ángela: Si, siii amor. Qué rico.

    Lentamente se lo saque y nos pusimos a coger de costado. Se lo metía bien duro como cogerles las tetas y me acercaba a su rostro para besarla.

    Ángela: Oh ohhh si siii

    Ángel: Qué rica estás amor, muy muy rica.

    Luego ella se puso encima de mi y veía como ella disfrutaba. Se movía cerrando su ojos mostrando el placer que sentía.

    Hice que se me acerque un poco para besar esas ricas tetas.

    Después cambiamos de posición y la puse al borde de la cama y empecé a cogerla en cuatro.

    Ahora disfrutaba una hermosa vista de su parte de atrás. Y empecé a meterle lentamente hasta aumentar el ritmo y ella enloquecía.

    Ángela: Ahhh

    Ángel: Que rica estás amor.

    Ángela: Siii qué rico amor. Ohhh.

    Estuvimos así unos minutos y ella me pedía que ya terminé. Ella se había corrido como 3 veces, me imagino que habrá sido por el mucho tiempo que ella había pasado sin tener sexo.

    Ángel: ya quieres que termine amor?

    Ángela: Sii sii amor.

    Ángel: Ahora amor, dame unos minutos.

    Y empecé a darle más duro sin parar.

    Ángela: Ah ay amor ahhh.

    Ángel: Me gustas amor, estás riquísima

    Ángela: Siii rico. No pares, sigueee.

    Ángel: toma tu verga amor, tomaaa. Ya me voy a correr.

    Ángela: Sii córrete amor.

    Ángél: Ohhh.

    Terminé corriéndome, con el preservativo puesto. Fue una gran sensación inolvidable y una noche inolvidable para los dos.

    Nos vestimos, y nos retiramos del hotel despidiéndonos con unos buenos besos. Llamamos a dos taxi, una para ella y luego al final fui yo en el otro taxi.

    Así empezaron varios encuentros llenos de placer y emoción. Y como deben saber todo tiene su final, como les conté ella era una mujer sola y separada y para cubrir sus gastos empezó a hacer préstamos de dinero a sus conocidos y como a veces no tenía dinero pagar ya se imaginaran de qué forma pagaba esos préstamos. Ella cambió totalmente, yo no podía hacer nade ante esa situación y así nos empezamos a alejar. Y ahora solo nos cruzamos o ella me evade, porque para su mala suerte la había encontrado en situaciones que mostraban evidencia de que había salido de terminado de pagar sus préstamos. Eso fue todo, ahora solo los recuerdos quedan.

    Ahora por temas de trabajo paro viajando por las ciudades de Trujillo y Cajamarca. Pueden contactarme al correo: [email protected].