«Brayan y mis pies» (relato)
Regreso, de correr, en el Polideportivo, como me lo ha pedido Brayan.
Me tiendo, boca arriba, como solicita mi chico, con los brazos cruzados detrás de la nuca y cierro los ojos.
Brayan me saca los zapatos y olfatea mis pies por encima de las medias, que luego me arranca de un tirón; tengo los pies sudorosos y cierto olor emana de ellos, como mi chico prefiere.
Sonrío cuando mi chico me lame las plantas y mordisquea los bordes externos de mis pies, provocándome cosquillas que no me resultan desagradables. Brayan se entrega a su deseo y recorre mis pies con su cálida y húmeda lengua que disfruto en su vaivén desde mis talones hasta mis dedos, donde se introduce juguetonamente provocándome unas cosquillas aún más intensas, que tolero por el placer de su lengua serpenteando agradablemente sobre mi piel empapada en su saliva tibia. Brayan me chupa las plantas de los pies, como procurando absorber todo el aroma y sabor masculino que exudan y yo gimo satisfecho ante el placer que me prodigan sus caricias.
Adoro cuando sus gruesos, blandos y suaves labios rodean mis dedos, uno por uno y ejercen una succión intensa, sumamente placentera. Entreabro los ojos y lo veo disfrutar con su rostro muy cerca de mis pies, de modo que su nariz aspira todo el aroma masculino que despiden y que tanto disfruta inhalar mientras me devora los pies con avidez.
Una vez que termina se tiende en la cama, como estaba yo hace unos instantes, para que empiece a hacerle la misma cosa placentera que acaba de hacer conmigo. Adoro sus hermosos pies y ya no soporto para tenerlos entre mis labios.
Fin
Blog
-

Brayan y mis pies
-

El secreto de mi suegra (2): Adicta a la leche
Aún pegado a la ventana seguía sin poder creer lo que estaba viendo, el cuerpo perfecto de mi suegra cubierto de semen. Ella arrodillada frente a mas de 10 pollas y con sus manos esparcía la leche por sus pechos, su cara y lo que podía recolectar lo llevaba a su boca para dar sorbos a esa espesa leche.
Me pegué lo más que pude a la ventana para poder escuchar un poco de la conversación que tenía con los hombres.
(Susana) – Pero miren como me han dejado las tetas y la cara, toda llena de su rica lechita mis amores, puedo ver que se la estaban guardando para mí, estaba muy espesa y sabrosa.
(Macho) – Ya sabes que toda mi leche es tuya, pero mira que nos tuviste una semana sin saber de ti y ya tenia mis huevos a punto de explotar.
(Susana) – Lo sé mis amores y les pido una disculpa, el idiota de mi marido estuvo toda la semana en la casa y no podía escaparme en lo absoluto. Por cierto, mira la hora ya tengo que irme así que por favor denme toda la leche que aun tienen guardada para irme feliz.
Todos procedieron a ponerse de pie y rodearon a Susana para darle su buena ración de leche, sin pensarlo decidí sacar mi celular y empezar a grabar por la pequeña ventana todo lo que estaba pasando.
(Macho) – Abre tu boquita que aquí viene toda mi leche y mas vale que te la tragues toda zorrita.
(Susana) – ¡Siiii! Denle toda su leche a esta esposa infiel, mi boca mis tetas y mi vagina piden a gritos por semen fresco.
Todos los hombres empezaron a hacer ruidos donde estaban a punto de venirse y sin previo aviso pude ver como salían los primeros chorros de leche, los cuales caían por toda su cara y boca. Susana se dedicaba a abrir la boca y sacar su lengua para recolectar la mayor cantidad de leche posible mientras jugaba con sus tetas.
Fueron varios minutos de ver como chorros y chorros de esperma caían por el cuerpo de Susana, hasta que quedo cubierta de pies a cabeza y con la boca llena. Una vez tenía todo lo que quería procedió a enseñarle a sus machos su boca llena de leche y hacer gárgaras, para después con un movimiento tragar toda la leche que había en su boca
(Susana) ¡Glup! Gracias por toda esa lechita, pero miren la hora tengo que irme antes de que el pendejo de mi marido llame a mi celular, pero nos vemos pronto para que me den más raciones.
De pronto todos empezaron a levantarse y vestirse, supongo que la reunión había concluido. Para mi sorpresa Susana no se limpio con agua o toallas, simplemente se restregó el semen por todo su cuerpo y el exceso procedía a recolectarlo y meterlo a su boca.
Al ver que todos estaban listos para salir me di prisa a el auto con mi polla durísima y con el mejor video porno de la historia en mi celular.
No pasaron unos cuantos minutos cuando Susana salió de esa casa y subió a su auto con una seguridad y una sonrisa de mejilla a mejilla. No podía creer lo que había visto pero en mi celular estaba las pruebas de que esto no era un sueño.
Tomé unos segundos para tomar el aire y esperar a que mi suegra diera marcha al auto, en cuanto Susana encendió su auto y dio vuelta decidí llamarla.
(Alberto) – Hola, Susana ¿Como vas con las compras? Tu hija me envió al supermercado y quería saber si ya venias de vuelta o si aún te alcanzo para ayudarte a subir el mandado.
(Susana) – Alberto, no te preocupes me quede platicando con una amiga y me invito a tomar un café, apenas vengo saliendo de su casa ¿Podrías hacerme el favor de tu ir por el mandado y te pago cuando vuelvas a la casa?
(Alberto) – Claro, cuenta con ello. Mándame la lista por mensaje y te veo en la casa para que me ayudes a bajar el mandado. Espero hayas disfrutado de tu café se que te gusta mucho con leche de almendra.
(Susana) – Tu sabes que a mi la leche me encanta y si es en mi café aún más.
Esa contestación me puso los pelos de punta y no dejaba de recordar como tragaba toda esa leche, y ella por supuesto aun jugando con su faceta de zorrita.
(Alberto) – Lo sé, tú puedes tomar 3 litros de leche de almendra diario sin problema, te dejo y te veo en la casa entonces.
(Susana) – Gracias, Alberto. Eres un amor, no cabe duda de que mi hija se gano la lotería contigo, vete con mucho cuidado.
Durante el transcurso al supermercado y la compra de la despensa no podía quitarme de la cabeza a mi suegra, ver su cuerpo de esa forma y recordarlo hacia que mi polla se pusiera dura en un segundo. En mi mente formulaba planes y maneras de hacer que mi suegra hiciera lo mismo conmigo y tenia todas las herramientas para lograrlo.
Había terminado de hacer las compras y me dirigía a mi auto cuando recibo un mensaje de mi novia.
(Laura) – Amor, mi madre llego a casa y me conto que te ofreciste a ir por las compras tu solo, aquí te espero que tengo ganas de que me llenes de leche.
(Alberto) – No fue nada, llego en un momento con las compras y con la polla a punto de explotar así que prepárate.
Me respondió con una foto de ella con su madre en la cocina y una nota de audio.
En la foto se podía ver perfectamente la cara de mi novia mirando de frente al móvil y su mama en el fondo cocinando con esos leggins negros pegados que hacían que a más de uno se le pusiera tiesa la polla. Procedí a escuchar la nota de voz.
(Laura) – Amor, mi madre se puso a cocinar un poco de carne para mi padre, dice que si puedes darte prisa con el mandado ya que necesita algunos ingredientes de la lista.
(Susana) – Venga, Laura que yo no he dicho eso. Alberto tomate tu tiempo y aquí te esperamos para preparar la cena.
Me di prisa en echar todo al auto y manejé rápido a la casa de mi novia. En cuanto llegue me recibieron ambas y mi suegro para ayudarme a bajar el mandado. Perdimos un par de minutos hablando un tiempo en la sala cuando Laura me dijo al oído.
(Laura) – Voy a subir a mi habitación te espero desnuda y lista para recibir tu polla que me muero de ganas, espero no hayas olvidado los condones.
Después de traer todo el día la polla a punto de explotar, esperé un par de minutos a que mi novia subiera y procedí a seguirla listo para darle toda mi leche.
Abrí la puerta y pude ver como mi novia estaba de rodillas desnuda y con una mirada tan caliente que no espere ni un segundo y me desvestí al instante y me acerque a ella.
(Alberto) – Ahora si putita, me has dejado caliente antes y con las bolas llenas de leche. Ahora no te salvas así que métela todita en tu boca.
Mi polla estaba a centímetros de su boca, dura, venosa y chorreando pre-semen.
(Laura) – Justo como me gusta con la polla dura y jugosa.
Laura empezó a darle besos a mi verga sobre la punta despacio y lento, podía ver como sus labios formaban hilos con su saliva y mi líquido, no tardo mucho tiempo en sacar su lengua y dar lengüetazos de arriba abajo. Pasaba su lengua por toda mi polla hasta llegar a mis huevos llenos de leche.
(Alberto) – Mi vida que rico se siente tu lengua y tus labios, pero es hora de que la sientas en tu garganta así que abre tu boquita.
Como una niña obediente abrió su boca y procedió a meter en su garganta mis 20 centímetros de polla, cosa que no me sorprendía ella practicaba todos los días y era adicta a hacerme sexo oral en cada oportunidad que teníamos.
El sonido que salía de su boca atragantándose con mi verga y su saliva al igual que la sensación tan caliente sobre mi polla hacían que mi verga se pusiera durísima y con la leche a punto de salir.
(Alberto) – Aquí viene tu lechita así que abre tu boquita que te la voy a echar en toda tu cara y boca.
(Laura) – ¡Siiii! Dame toda tu lechita que desde la tarde quiero tragármela toda.
Saque mi polla de su boca y ella siguiendo mis ordenes abrió su boca y saco su lengua mientras me pedía leche.
No podía contenerme más y sentía como toda la leche se iba acumulando y estaba a punto de salir y venirme como nunca lo había hecho.
(Alberto) – No aguanto más putita, aquí te viene toda.
Antes de que saliera el primer chorro de semen, la puerta de la habitación se abrió, al parecer de lo caliente que estaba olvide poner con seguro.
(Susana) – Chicos voy a pedir una pizza, no gustan que pida una para ustedes tamb.
Susana no fue capas de completar la oración, ya que para su sorpresa en cuanto entro tenia frente a ella la cara de su hija recibiendo chorros y chorros de leche caliente.
Yo aún seguía viniéndome y no escuche ni una palabra de lo que Susana dijo mientras tenia el mejor orgasmo de mi vida y sacando toda la calentura que venia acumulando desde la tarde, imaginándome que le estaba dando toda mi leche a mi suegra.
Laura empezó a gritar sorprendida sin dejar de recibir los espesos chorros de leche en su piel.
Continuara.
-

Unas vacaciones con mis tías (P. 14): Mi madre abre su mente
Gracias por leer mis relatos. La historia se va acabando. Creo que todos los que escribimos agradecemos mucho vuestras valoraciones y sobre todo las opiniones.
Mi madre me abre su mente
Noté un suave roce en la mejilla y abrí los ojos, era mi madre con su sonrisa esplendida.
-Hola hijo! Son casi las dos de la tarde, dormilón! Me dijo con su voz cálida
-Vaya! Pues si que he dormido! Anoche me pase con la bebida! Dije intentando justificarme.
-Venga, levánta y vístete, que nos vamos a comer al pueblo!
-Al pueblo? Joder, no me dijeron nada anoche!
-Lo han preparado tus tías está mañana. Nos han reservado una mesa para los dos!
-Para los dos? Y ellas, donde están?
-Se han ido a la ciudad con tu hermana. Piensan pasar allí todo el día!
“ Que estaba pasando? “ Me pregunté todavía con la mente confusa pensando en lo que había ocurrido la noche anterior. Decidí levantarme y tomar un café con un calmante, uno pararía el leve dolor de cabeza, seguramente por el exceso de whisky , y el otro me despejaría. Necesitaba aclarar mi mente y pensar, no sabía que estarían tramando las brujas de mis tías y mi hermana, pero seguro que algo se traían entre manos.
Me puse unos pantalones cortos y una camiseta y bajé a la cocina, donde ya estaba mi madre poniéndome el café.
-Y como es que las tías nos han reservado una mesa?
-Pues no sé, solo me han dicho que se iban a pasar el día en la ciudad y que lo pasáramos bien, que era un restaurante único!
-Voy a ponerme un vestido y nos vamos a comer! Añadió finalmente viendo que yo no decía nada.
Cuando bajó de nuevo a la cocina, abrí los ojos con excitación.
-Vaya! Estás guapísima, mamá! Expresé sin contemplaciones, haciendo un rápido examen de su bonito cuerpo.
Se había puesto un vestido corto de licra, con unos tirantes que dejaban un generoso escote. El color beige la sentaba muy bien, marcando sus bonitas tetas de una forma sediciosa. Si siempre me había parecido que mi madre estaba buenísima, en este momento me deslumbraba.
-Gracias hijo! De verdad que te gusta? No se, lo veo algo corto, pero tus tías se empeñaron en que me lo llevará y no pude decir que no!
-Pues le daré las gracias a las tías! Creo que seré la envidia del restaurante!
-Calla, calla! Vas a hacer que me ponga colorada! Venga, vámonos que se hace tarde!
Montamos en el coche y durante los cuatro kilómetros de camino para subir a lo más alto de la colina, mi vista parecía tener vida propia mirando los deliciosos muslos que mostraba sentada en el asiento de mi lado. El restaurante estaba en un acantilado con unas vistas preciosas y aparqué el coche entre unos árboles que llenaban de sombra la zona del parking. Atravesamos el umbral de una doble puerta y el metre nos condujo a una mesa de la terraza, y vi como miraba a mi madre, creo que puedo reconocer el deseo cuando es tan flagrante, sus ojos la habían desnudado de un solo vistazo.
Ya sentados alrededor de la mesa redonda, con un mantel blanco que nos cubría parte de las piernas, oí como se escuchaba el suave rumor de las olas cuando rompían contra las rocas, a unos cincuenta metros bajo nosotros. Había poca gente al ser un día de diario y el camarero nos atendió con prontitud. Cuando se fue, mi madre movió su silla para ponerse junto a mí, y mi estado de salido habitual volvió a regurgitar en mi mente, creo que, como había hecho el metre unos minutos antes, yo también la desnude varias veces con la vista mientras esperábamos las viandas.
-Anoche no podía dormir y me bajé al jardín! Me dijo a mitad de la comida con una sonrisa que no supe descifrar.
-Ah, sí?
-Sí, y oí algo de ruido en la bodega!
Cero que todo el bello de mi cuerpo se erizó como las púas de un puercoespín al oír esa frase. Las neuronas de mi cerebro comenzaron a galopar como caballos desbocados pensando en lo que podría decirme a continuación. La miré a sus preciosos ojos, intentando escudriñar en sus pensamientos, pero no pude ver nada. Mi mente promiscua fue más rápida, y acabé mirando a su generoso escote que dejaba ver gran parte de sus bonitas tetas.
-No puede evitar la tentación de asomarme. – continuó hablando mientras seguía comiendo – y vi a tu hermana inclinada, y tú detrás de ella.
Se me hizo un nudo en la garganta. Solté los cubiertos y agarré la copa de vino y lo derramé por completo en mi garganta. Cuando la miré, ella me miraba con una sonrisa enigmática que seguía sin poder descifrar. Había colocado mis manos sobre la mesa, con los puños cerrados, mientras todo mi cuerpo se encrespaba. Ella puso su mano sobre una de las mías con ternura, notando mi grado de tensión.
-Tranquilo hijo! Tengo que decirte que en ese momento me llevé una gran sorpresa, pero al cabo de un rato sentí cierta excitación al veros así!
-Seguro que quieres hablar de ello? Le dije mientras me sentía haciendo equilibrios en el filo de una navaja.
-Sí, no es que quiera, es que necesito hablar de ello. En primer lugar tengo que decirte que tu padre no se ha quedado a trabajar, lo que ha hecho es irse con otra.
-Vaya, no es una sorpresa, pero tampoco me esperaba que fuera de esa forma! Le dije haciéndola comprender que yo ya lo veía venir.
-Deja que siga! El haber estado contigo es algo que necesitaba, tanto el cariño que me has dado como el sexo ha sido delicioso y ha subido mucho mi autoestima!
Sentía que mi madre se estaba abriendo a mí como si yo fuera su confesor, y era algo que me agradaba, pero a la vez me sentía ciertamente incómodo, pero ella continuó hablando como si fuera una conversación normal.
-Lo de las tías, era algo que sospechaba desde el primer día, cuando te perdiste con tía Sole por el jardín, pero lo de tu hermana me pilló más por sorpresa.
-Bueno mamá, creo que debo contarte algo. Sonia también ha roto con su novio y hemos hablado sobre el tema.
-Pero si no os reprocho nada!
-Ya lo sé, pero deja que te lo cuente!
-Vale, vale!
-Pues después de hablar largo y tendido con ella, me hizo entender que tenía problemas con las relaciones sexuales con sus novios. Parece que le gusta el sexo… con ciertos matices.
-Bueno, yo vi que se lo pasaba muy bien!
-Así es, las tías la entendieron de maravilla y le proporcionaron lo que deseaba.
-De eso quería hablarte yo, de mis deseos!
La sangre de mi cuerpo comenzó a correr a gran velocidad, mi madre estaba dispuesta a abrirse por completo en sus deseos lujuriosos y lascivos. Mi mente promiscua, de salido incorregible, no lo podía creer. Me pareció que su cara resplandecía, aún más, bajo el sol de medio día y no pude evitar mirarle sus hermosas tetas pensando en lanzarme sobre ellas como un depredador.
-Se que eres muy cariñoso y tierno conmigo, y te lo agradezco, pero en el fondo quiero sentir lo que sentía ayer tu hermana y tus tías! En estos días he sentido que me había perdido muchas sensaciones en mis años de casada. Creo que hay muchas cosas que me gustaría experimentar, entre ellas el morbo!
Me dijo finalmente con una sonrisa deliciosamente pícara. Noté como ponía su mano sobre mi pierna bajo el mantel.
-Estas cosas, es decir, los toqueteos en sitios públicos, he notado que me ponen muy caliente con tan solo pensarlo!
-Pero mamá! Le dije sorprendido.
-Ni mamá, ni leches! Necesito saber lo que se siente! No creas que soy tan diferente a tus tías o tu hermana!
Intenté calmarme dando un rápido repaso a toda la situación que nos había llevado a este momento. Era mi madre, y la quería con locura, pero también entendía su razonamiento, para ella debía haber sido difícil la convivencia con mi padre, y ahora se veía libre para experimentar los deseos que guardaba celosamente en el fondo de su mente. Me relajé y con la sonrisa de picaruelo que sabía poner le pregunté.
-Te entiendo mamá! Y que sugieres?
-Pues no sé… soy nueva en esto. Esperaba que tú me propusieras algo!
-Joder, es que me ha pillado de sopetón!
-Anda, que seguro que se te ocurre algo! Dijo con la misma sonrisa sobándome la polla por encima del pantalón.
-Creo que si sigues tocándome, no voy a poder pensar, me la estás poniendo como un tempano!
-Pues tócame tú, creo que ya estoy mojada! Me dijo con cara de niña traviesa.
La miré a sus ojos chispeantes llenos de vida, quizás una vida que nunca había tenido antes, y después miré a nuestro alrededor. Tan solo quedaba una mesa ocupada, algo alejada de la nuestra, en la que había una pareja de jóvenes hablando muy ensimismados.
Realmente las neuronas de mi cerebro que portaban los mensajes de lasciva y lujuria estaban ganando por goleada a las que portaban datos de hijo cariñoso y atento. Metí la mano bajo el mantel y busqué sus muslos que se abrieron nada más sentir el roce de mis dedos. El calor que desprendía el interior de esa deliciosa carne era arrollador, y percibí como mi polla comenzaba presionar bajo el pantalón con más fuerza. Las yemas de mis dedos avanzaron con lentitud entre la tersa piel, degustando cada centímetro que tocaban hasta que sentí una leve humedad que cubría parte de las pequeñas bragas.
-Ya estás algo mojada?
-Joder, te lo acabo de decir! Es que esto me pone muy nerviosa, pero me excita mucho! Sigue, sigue!
Me instó a la vez que se removía sobre la silla. Presione con los dedos sobre la suave tela de las bragas y después la retiré hacia un lado para sentir sus gruesos labios genitales. Con delicada lentitud, introduje la primera falange del dedo y su cuerpo dio un leve estertor.
-Dios mío! Como me estoy poniendo! No sabía que estoy podía excitar tanto!
Susurró sin dejar de mirar al camarero.
-Crees que sabe lo que estamos haciendo?
Me preguntó con cierta ingenuidad. Yo sonreí encantado por la situación.
-Vernos no nos ve, pero seguro que se lo imagina! Le dije para aumentar su excitación.
-Ay, calla! No me digas eso que me voy a poner más nerviosa.
-Solo nerviosa?
-Calla y sigue!
Contestó abriendo más sus piernas para dejar más espacio a mi mano.
Metí el dedo profundamente y sentí como le temblaban las piernas. Estaba viviendo un momento de nerviosismo y a la vez de excitación que nunca había vivido antes. No tardó en mojarme el dedo copiosamente.
-Diosss! Creo que me he corrido del nerviosismo que tengo!
-Del nerviosismo?
-Bueno, la verdad es que estoy como una estufa! Pensar que el camarero se esté imaginando que me estás metiendo los dedos me ha puesto muy… guarra! Jajaja! Rió nerviosa después de haber soltado lo de “ guarra”
-Quieres que pare?
-No, no! Sigue, sigue, que me está encantando! Ufff, creo que voy a dejar un charco en la silla!
Me dijo sin ningún pudor. Yo la miraba y veía sus labios temblorosos llenos de excitación y sentí unas ganas tremendas de follármela. En ese momento me acordé de mi hermana, e imaginé a mi madre inclinada y yo dándole pollazos hasta reventarla. Mis neuronas de promiscuo y salido eran más poderosas que las que manejaban los datos de hijo cariñoso y complaciente. Ya no veía a mi madre, tan solo a una mujer hermosa, caliente y con un deseo desbordado.
Penetré con dos dedos profundamente y todo su cuerpo se cimbreo como una anguila. Su vagina volvió a emanar otra bocanada de fluido caliente a la vez que su boca se abría para emitir un largo y apagado gemido de placer.
-Ufff! El camarero no deja de mirarnos! Dios mío! Que morbo me está dando esto! No sabía que me podía gustar tanto que me mirarán!
Susurró llevándose la mano a la boca.
Su tremenda excitación estaba provocando la mía y mis pensamientos fluían a gran velocidad, como las aguas de un río embravecido. Mi mente salida y lujuriosa, ya solo pensaba en follarme a esa preciosa y delicada mujer. Realmente deseaba que se acabará la comida para volver a casa y follármela como un toro salvaje cuando volví a oír su voz con los labios pegados a mi oreja.
-Ufff! Cariño, me he vuelto a mojar!
-A mí me lo vas a decir, que tengo los dedos empapados!
Podía sentir como sus labios rozaban mi oreja susurrando esas palabras y pensé en algo para aumentar más su excitación morbosa. Busqué el clítoris y lo tintinee con los dedos, al momento todo su cuerpo se removió tembloroso.
-Que me estás haciendo hijo! Creo que no paro de correrme!
-Te gustaría que el camarero nos mirara mientras follamos?
Le dije de improviso. Despegó sus labios de mi oreja para mirarme con los ojos como platos.
-No sé! La verdad es que pensarlo me pone muy cachonda! Pero… como lo haríamos?
Me preguntó con ojos chispeantes y sonrisa nerviosa.
-Podemos ir al parking a follar mientras el camarero nos mira!
Le dije sin preámbulos. Ella me seguía mirando nerviosa.
-Ay, no sé si me atreveré!
Me contestó con morbosa ingenuidad.
-Querías probar cosas nuevas, y creo que es una buena oportunidad. El camarero no nos conoce, y posiblemente no volvamos a verle.
-La verdad es que la sola idea me excita muchísimo, pero me da algo de vergüenza!
-Pues a mí lo que se me está poniendo es la polla más dura!
-Ummm! Me dan ganas de ordeñártela aquí mismo! Jajaja!
Volvió a reír por sus propias palabras.
-Pues deja de sobármela que no me voy a poder levantar. Tengo el pantalón que me estalla.
Le dije retirándole la mano.
-Bueno, cuando pague la cuenta hablo con él a ver si está por la labor. Le diré que esté algo alejado para que no te sientas mal. Estoy seguro que estará encantado!
-Ufff, no sé si me atreveré!
-Pero si estás más salida que yo!
-Que bruto eres!
-Bueno, voy a hablar con él!
Le dije sin darle más opciones. Me levanté y me fui a hablar con él con la escusa de pedirle la cuenta. Ya no quedaba nadie comiendo y suponía que nadie aparecería a esas horas por el parking. Le hice la proposición después de dar algunos rodeos con las palabras hasta que vi la sonrisa que ponía asintiendo a la proposición.
-Vámonos! Todo arreglado! Me ha asegurado que no habrá nadie a estas horas y que estará encantado de mirar! Se quedará lejos para que no te sientas intimidada!
-Ufff, vaya situación! Estoy temblando!
Me contestó mi madre levantándose a la vez que se bajaba levemente el vestido de licra de una forma púdica.
Nada más atravesar la puerta de salida mi madre me agarró fuertemente del brazo subida en sus altos tacones.
-Y dónde vamos?
-Al coche! Nos pondremos en la parte de atrás por si sale alguien, en esa zona nadie nos verá!
-Pero entonces… donde va a estar?
-Estará cerca, mirando desde los otros coches que hay aparcados, pero no dirá ni hará nada!
-Joder, me estoy poniendo caliente solo con pensarlo! Dijo apretándome el brazo.
-Pues a mí, está a punto de reventarme la cremallera del pantalón!
Anduvimos entre los pocos coches que había hasta llegar al nuestro. Varios árboles lo flanqueaban y las hojas casi tocaban el techo. Ya no podía más y me desabroché el pantalón. Mi polla saltó como un resorte con una dureza que hasta a mí me impresionó.
-Dios mío, hijo, como la tienes!
-Anda, ven aquí y pon las manos sobre el coche!
Le dije totalmente ofuscado. Mis neuronas ya no se conectaban, más bien saltaban como muelles chocando unas contra otras sumiéndome en un mar de lujuria. El deseo de follarme a mi madre en ese momento ya era un imperativo en mi mente. Mi madre puso las manos sobre la parte trasera del coche y preguntó nerviosa.
-Dónde está? Dónde está?
-Olvídate de él! Le dije agarrándola por la cintura para colocarla en la posición adecuada.
Bajé las manos y tire de su vestido hacia arriba hasta dejarle el culo al aire. Lo sobe mientras lo miraba con deseo, un deseo que no dejaba de arder en mi cuerpo. Era la segunda vez que me iba a follar a mi adorable madre, y ese deseo era mayor que la primera vez. Me estaba empezando a parecer como la adicción que crea una droga.
-Me va a ver el culo! Dijo de repente.
-Y que quieres, que te folle con el vestido bajado? Le contesté cínicamente.
Me acerqué a su cuello y lo lamí como un perro sediento de sexo. Noté mi endurecida polla pegada a su culo, ese culo que siempre había deseado y que no paraba de llenar mi mente depravada. Le puse la mano sobre el cuello para hacer que se inclinara, abrió las piernas, y sus abultados y mojados labios genitales aparecieron majestuosos bajo sus muslos. La depravación y la lujuria me inundaron mirando esa deliciosa imagen.
-Mira! Mira! Está ahí, mirando!
Volví la cabeza hacia donde me señalaba, y ahí estaba el camarero, dos coches más allá, con una sonrisa lasciva y penetrante. En ese momento solo le veíamos la cabeza por encima de los coches, pero se movía sigilosamente.
Presioné con mi polla, ya orientada, y sentí como atravesaba los jugosos labios de mi madre. Ella dio un leve gemido al sentir la penetración sin dejar de mirar al camarero. El estar en plena calle, con el culo de mi madre en pompa, había desatado mis instintos más básicos. La agarré con fuerza de las caderas y comencé a embestir como si estuviera poseído. Mi polla atravesaba los gruesos y jugosos labios como si la hubieran engrasado con el mejor aceite del mercado.
-Se ha sacado la polla!!
Casi gritó mi madre con una mezcla de nerviosismo y excitación. Miré, y así era, estaba a unos cinco o seis metros de nosotros. Se había dejado ver de cuerpo entero y mantenía el miembro agarrado con una mano.
-Ahhh! Joder! Ahhh! Que grande la tiene!
Exclamó de nuevo mi madre jadeante y con una excitación que hacía temblar todo su cuerpo.
-Diosss! Ahhh! Que caliente…ahhh… me está poniendo esto!
Volví la vista al culo de mi madre y seguí embistiendo, pero ella parecía no tener bastante.
-Masss! Más deprisa! Gritó de nuevo.
-Eso! Dale más fuerte! Gritó el camarero masturbándose a escasos metros de nosotros.
-Diosss! Me dan ganas de chupársela!
-Pero qué dices, mamá!!
Noté como el volcán de su coño volvía a lanzar una masa de fluido caliente. Yo ya no la embestía, prácticamente la empotrara contra el coche de una manera salvaje. Mi polla penetraba profundamente y mis huevos se aplastaba contra su culo como bolas de cañón lanzadas para romper una muralla. Mi polla estalló repleta de semen soltando varios chorros en segundos. El ardiente coño de mi madre se desbordó mientras mi polla implacable chapoteaban dentro. El denso líquido salió de la cavidad para chorrear entre sus muslos llegando a caer al suelo.
El camarero también se corrió en ese momento soltando dardos de leche al aire a tan solo tres metros de nosotros. Cuando saque la polla empapada y le miré, su sonrisa de cierta satisfacción maléfica.
-Ha sido la ostia! Cuando queráis estáis invitados a unas copas!
Nos dijo antes de marcharse por donde había venido.
Mi madre jadeaba todavía inclinada mirándole con una sonrisa perversa. Sus piernas temblaban con fuertes espasmos, y parecía que no se podía incorporar inhalando aire con la boca totalmente abierta. Cuando se recuperó, se giró para abrazarme, todavía con las bragas bajadas, y me besó con una enorme pasión.
-Joder hijo, ha sido genial! Nunca pensé que me lo podría pasar tan bien follando!
Se fue hasta la puerta del coche, la abrió y sacó unos clínex del bolso para limpiar los chorretones de sus piernas. La escena me pareció tremendamente excitante mientras me subía los pantalones.
-Vamos hijo! Estoy más caliente que en mi vida y quiero probar más cosas!
-

Como fue que mi esposa se convirtió en mi ama (capitulo 4)
Después de haber penetrado el culo de mi puta con un pequeño vibrador anal…
Seguí dejándole casi a diario la lencería que quería que usara, unos días eran tangas, otros días cacheteros, cuando estaba más caliente le dejaba unos pequeñísimos hilos que se metían entre sus nalgas y apenas cubrían sus testículos y la polla quedaba totalmente afuera, debió ser muy incómodo para el usarlos, pero me daba igual…
Un día le dije que quería que fuera a mi gaveta de la ropa interior mía y escogiera el cual quería usar ese día, el debía escoger el color, tamaño y textura, sabía que le gustaba la sensación que da el encaje sobre el cuerpo, pero no sabía el color y tamaño que escogería, tomo unas bragas normales negras de encaje y se las puso, “quiero verte puta como te quedan”, se acercó y me las mostro “date la vuelta puta, quiero verte el culo” las bragas como eran normales, estaban sobre sus nalgas cubriéndolas, entonces me acerque atrás de él, tome las bragas y tire de ellas hacia arriba hasta que se metieron en su culo… “así te quedan mejor y no las vayas a sacar de allí en todo el día”, como usted ordene mi Ama respondió y termino de vestirse y se fue a trabajar.
Pobre puta pensé, escogió las que no se le metían en el culo, según el para estar más cómodo y no se imaginó lo que pasaría… de hecho tampoco lo tenía planeado, se me ocurrió al verlo de espaldas, pensé “como se verían metidas entre sus nalgas” fue cuando tire de ellas hacia arriba, me gusto como se veían y lo mande así a trabajar…
Cada vez estoy más metida en mi rol de Ama, me gusta y como también yo estoy aprendiendo, trato de variar el juego, para no aburrirme yo y tampoco se vaya a aburrir mi puta, que considerada soy con ella yo verdad… jajaja
Cuando llego a casa, había preparado unas cuerdas en la cama, ya tenía atadas en la cabecera de la cama y a los pies de la misma, quería atarlo sobre la cama, en posición “X” para que no pudiera tocarme y su movimiento fuera bastante restringido.
Le ordene que se desnudara, quería ver si las bragas seguían metidas en su culo y en efecto, seguían donde yo las deje… le ordene que se desnudara totalmente y se acostara con la espalda en la cama y que estirara brazos y piernas, fui atando uno a la vez a cada cuerda que tenía ya preparada, estire lo más que pude las cuerdas después de atarlo.
Esta vez no le vende los ojos, quería que pudiera ver lo que tenía planeado hacerle…
“Levanta tu cadera puta” le ordené y cuando lo hizo, puse una almohada debajo de él, así podía tener espacio y libertad para tocar su polla y su culo. Lo veía con ojos de querer comérmelo…
Cuando me vestí me puse una tanga de encaje y tire de ella para que se metiera entre los labios de mi vagina y allí la deje todo el día, para que estuviera húmeda y con todo mi aroma… me la quite y la puse como ya era costumbre sobre su cara y con la parte que estuvo en contacto y dentro de mi vagina, pegada a su nariz…
Acerque mi boca a su polla, empecé a pasar mi lengua por ella, bajaba hasta sus testículos y los lamia… veía como su polla terminaba de ponerse dura, entonces sin aviso previo me la metí toda en la boca de un solo golpe… hasta la garganta… que sensación tan deliciosa sentí y tome sus testículos con las dos manos, para acariciarlos y apretarlos, sabia que eso le gustaba mucho…
Me saque la polla de su boca y parecía que tenía vida propia, palpitaba y podía ver como empezaban a salir gotas con líquido seminal, para ese momento ya una de mis manos estaba acariciando sus nalgas y podía sentir también las palpitaciones en su culo…
Me detuve totalmente lo vi a los ojos y le dije “veo que mi putita está caliente, estas caliente putita?” si mi Ama respondió, “pero no se trata de ti nada más putita, yo soy quien manda y quien debe recibir placer antes que cualquier puta verdad?” y sin decir nada pasa mis piernas sobre él y me senté en su pecho, acerque mi vagina a su cara y me senté sobre él, hice a un lado la tanga que estaba sobre su cara y le dije “bueno putita quiero ver que uses tu lengua en mi vagina, debes limpiar y recoger todos mis fluidos, tienes que lamer mi clítoris hasta que yo te diga”… y así lo tuve un rato, hasta que ya estaba bastante caliente, entonces me moví un poco más hacia adelante y deje mi culo sobre su cara y le dije “sigue ahora con mi culo, bésalo, lámelo, chúpalo, quiero a mi puta dándome placer en mi culo”
Mi puta se esmeró en usar su boca y su lengua en mi vagina y mi culo, ya estaba bastante caliente y veía que mi puta también estaba caliente, así que me fui haciendo hacia atrás, baje mi pecho y le ordenen besar mis tetas, lamer y chupar mis pezones, mientras tanto mi vagina estaba sobre su polla, la pasaba sobre ella hacia adelante y hacia atrás, era como si me masturbara con su polla, quería calentarlo más…
Poco a poco fui dejando que su polla entrara en mi vagina, yo controlaba el movimiento y profundidad a la que quería que llegara, poco a poco fui bajando cada vez más, hasta que tenía toda su polla metida en mi vagina, en ese momento empecé con movimientos de arriba hacia abajo, lo estaba cabalgando a mi ritmo, a mi velocidad y a mi gusto…
Luego me levante, me gire sobre el, le di la espalada y me volví a sentar sobre su polla, pero ahora dándole la espalda, seguía con lo mismo, cabalgándolo, subiendo y bajando, pero ahora con mi mano derecha baje hasta su culo, moje mi dedo índice con los jugos que salían de mi vagina y lo pase haciendo círculos en el ano…
Estaba sentada sobre su polla, la tenía aprisionada con mi vagina, la tenía hasta adentro, apretaba mis músculos para que el pudiera sentir como comprimían su polla… seguía pasando mi dedo sobre su ano, haciendo círculos nada más, apenas hacia algo de presión sobre él, pero no lo metía… solo lo acariciaba, hasta que fue el quien me pido “por favor métemelo ya” y claro con todo gusto metí todo mi dedo índice en su ano, hasta que toparon mis nudillos en sus nalgas…
Así lo tuve unos minutos y luego cuando creí que estaba cerca ya de correrse, saque mi dedo de su culo, me levante sacándome su polla de mi vagina, pase sobre él y me arrodille frente a su polla e introduje nuevamente mi dedo en su culo, lo metía y lo sacaba lento, estaba siguiendo las palpitaciones que sentía dentro de su culo, me encantaba como se sentía, puse mi otra mano sobre su polla y lo empecé a masturbar…
“no por favor, no sigas que me voy a correr” suplicaba, pero no me importaba, igual no podía hacer nada, lo tenia bien amarrado, así que seguí jugando con mi putita, así como la tenía, amarrada, un dedo lo metía y sacaba de su culo y con la otra mano, agarraba su polla y lo masturbaba…
Baje mi cara hasta su polla y me la metí toda en la boca, succionaba fuerte, pasaba mi lengua por toda la polla dentro de mi boca, seguía dándole más fuerte y más rápido con mi dedo a su culo… “por favor para ya no puedo más, ya no aguanto más” y se retorcía de puro placer, me suplicaba que parara, que los soltara para poder cogerme y que creen? No lo hice…
Quería su leche en mi boca y seguí así hasta que exploto y se corrió en mi boca… disfrute su corrida y me trague la mayor parte, guarde un poco en mi boca y me levante, le pase dando un beso en su boca y le deje un poco de su corrida… me puse de nuevo sobre el en su pecho, lleve mi vagina hasta su boca y le dije “te toca hacerme correr putita” y se dio a la tarea de lamer mi vagina, mis labios mi clítoris y conforme me iba calentando más, yo hacía girar y mover mis caderas hacia adelante y hacia atrás, como si me estuviera follando con su boca, cada vez más rápido, hasta que mi cuerpo empezó temblar, acelere todo lo que pude y me corrí en su boca…
Me quede allí y le dije “bueno puta, ahora límpiala bien” y me levante hasta que limpio toda mi corrida de mi vagina.
Así que cansaditos después de tanto juego, lo desate y nos acostamos uno al lado del otro.
Al día siguiente le deje de tarea que comprara unos plugs anales de diferentes tamaños, para que empezara a entrenar y preparar su culo… le mostré un arnés con un dildo que me compre y le dije “oye putita, esto es para estrenar tu culo y hacerte oficialmente una puta y quiero hacerlo muy pronto, si no quieres que te duela… empieza a prepararlo para tu mi”
Así que debe empezar con el plug más pequeño para empezar a trabajar y dilatar su culito, que aunque ya le he metido un dedo y un pequeño vibrador anal, quiero usar el arnés con el dildo para estrenarlo y cogérmelo como una puta, por primera vez…
-

El amigo de mi novio (2)
Al día siguiente de mi primer encuentro, no sabía que hacer así que decidí no decir nada y continuar con mi vida normal, pero mi interior no me dejaba olvidarme porque solo al acordarme que alguien mas me excito y me pase toda la semana pensando en volverlo a ver.
El sábado siguiente como si lo hubiera invocado hay estaba mi novio con su amigo afuera de mi casa, los vi por la venta y de inmediato me cambié, escogí un vestido cortito con unos tacones rojos que hacían juego con mi tanga y salí corriendo, me subí al carro y como siempre iba atrás, sin pensarlo le lancé la mirada a mi copiloto favorito el cual no tardó en entender mis intenciones y empezó acariciarme por mis pies, unos cuantos minutos su mano avanzó hasta llegar a mi tanguita la cual ya estaba mojada, me acariciaba tan rico que tuve un orgasmo maravilloso, me empezó a meter su dedo y mi cosita pedía más en ese momento me lo quería coger, pero no se podía porque mi novio iba manejando así que sin pensarlo al lado mío estaba un martillo el cual use para metérmelo, cuando lo introduje de lo mojada que estaba me entró todo el mango y sin parar jugué con el hasta que llegamos a nuestro destino.
Volví a la realidad pero no deje de pensar en el camino de regreso, quería y necesitaba una verga pero que no fuera la de mi novio…
Fue cuando me di cuenta que lo puta que había en mi ya se había desatado.
-

Con mi mujer nos cogimos por todos lados a su cuñada
Marisol, mi mujer es una morocha de muy buen cuerpo, aunque perder un par de kilos, no le vendrían mal. Buena cola y un par de tetas hermosas, y sobre todo, super sensibles. Tenemos 38 años los dos. No podemos tener hijos y eso desato nuestra locura con el sexo. Ella es bisexual, le gusta jugar rudo a veces y tiene sus propias esposas, que usa tanto para ella como para mí cuando viene muy caliente. No fueron pocas las veces que la encontré con una chica en la cama y me invitaron a unirme.
Pero ella es una mujer muy celosa cuando otras mujeres se me insinúan o ella cree que se me insinúan. Esas veces, es una fiera en la cama, literalmente hace todo ella. Se bien que su inseguridad hace que tenga esas reacciones.
Hace diez días vinieron su hermano y mi cuñada a almorzar en casa. Mari sabe que la mujer de su hermano tiene un prontuario grande de soltera con los hombres, y para peor, está segura que le mete los cuernos. No la quiere para nada. Y menos cerca de mí. Pero como decirle al hermano que venga sin la mujer…
Clau es una mujer interesante, no muy linda de cara, medio regordeta, pero con un culo hermoso.
Lamentablemente para mi cuñada, esta vez fue muy evidente y Mari estaba con los radares muy ajustados. Clau, mi cuñada, no perdía ocasión para hacerme caritas, mirarme provocativamente, e incluso, rozarme con su culo en dos ocasiones. Y mi mujer no se contuvo.
-Luis, necesito consultarte algo, perdoname pero solamente con vos tengo la confianza necesaria. Necesito o quiero hacerme un retoque vaginal, este animal ya hizo que mi vagina parezca un túnel de tres vías por lado. ¿Vos que sos médico, conoces algún buen especialista?
-Dejame que te averiguo. ¿Cuña, tan grande la tienes? Dijo su hermano.
-Y, bastante. Dije siguiéndole la corriente a Mari.
-No solo es el tamaño Luis, es como la usa… es uno de esos aparatos con que rompen el pavimento… por eso no le doy más para usar la cochera trasera, aunque me encantaba.
-Quédate tranquila que mañana te averiguo.
Mi cuñada miraba y escuchaba con suma atención, y se mordía los labios de deseo. Estábamos en los postres cuando Marisol aumento la apuesta.
-Amor, ya que esta Clau aquí, porque no le consultas sobre esos papeles que tenes que presentar a Hacienda.
-No es momento Marisol, es domingo, y realmente, no tengo ganas.
-Pero tenes que hacerlo. Dijo mi mujer imperativa.
-Jorge, llamame en la semana, y paso por aquí para verlos, no tengo problemas. Dijo Clau.
Marisol me miró y en sus ojos vi toda su malicia. Clau había mordido la carnada. Sabía que Marisol estaba todo el día en el trabajo y que yo estaría solo. Mi mujer pidió el jueves libre por unos trámites e hizo que la llame.
-Hola Clau, te habla Jorge, tu concuñado.
-Hola precioso, decime.
-Por tu ofrecimiento, te parece que pases mañana por casa, voy a estar trabajando aquí, y recién tengo que ir a buscar a Marisol a las 17 a su trabajo.
-No tengo problemas, te lo dije. A las 14 estoy, así tenemos suficiente tiempo… para ver todo.
-Perfecto, te espero con algo fresco. ¿Cervezas?
-Genial o un whisky con hielo mejor. Dijo ella.
Cuando colgué la cara de Marisol era de furia. Al día siguiente, cuando Clau llamo a la puerta, Marisol se escondió en la cocina para poder ver todo. Claudia entro y me saludó con un beso en la comisura del labio. Estaba con una mini y una camisa blanca que dejaba ver el brazier negro que llevaba. Nos sentamos y me explicó lo que tantas veces yo había llenado, pero ahora “no sabía”. Estuvimos media hora viendo los papeles.
-Mil gracias Clau, entendí todo. ¿Traigo el whisky?
-Por favor, dijo mordiéndose el labio inferior.
-Aquí tenes. Dije.
-Gracias… Así que tenes ese problema con Marisol… dijo y se desabrocho un botón más de la camisa dejando casi expuestos sus pechos.
-Si… por eso no tenemos muchas relaciones…
-Ay… pobrecito, pero todo tiene una solución y bueno, si queres yo te puedo ayudar. Dijo llevando su mano a mi entrepierna.
-Mmm. Dije.
Y fue el pie para que ella se quite la camisa y el brazier.
-Así que vos lo vas a ayudar, tremenda puta sos Clau, pero te metiste con el macho equivocado. Dijo Marisol entrando desde la cocina.
-Eh…. No es lo que vos pensas Mari, nunca me metería con tu marido. Dijo.
-¿Y por qué cuernos estas casi desnuda? Pero para que veas que soy buena, te voy a dejar cogerlo. Mejor que vengas a nuestro dormitorio, porque tengo todo grabado y se lo mando a mi hermano. Dijo mostrándole el celular
-No por favor…
Fuimos a nuestro dormitorio y la hizo desnudar. Ella hizo lo mismo.
-Jorge, me voy a coger a esta puta, después te la dejo. Dijo Marisol.
-No, yo no, nunca estuve con otra mujer…
-Encima virgencita.
La empujo a la cama y la empezó a besar y a acariciar los pechos. Clau primero se resistía pero callo cuando la mano de Marisol llego a su concha y le metió dos dedos. De ahí en adelante se dejaba hacer mansamente. Cuando Mari empezó a chuparle los pechos y masturbarla Clau empezó a gemir como gata en celo.
-Mira como le gusta a la turra. Dijo Marisol
Cuando empezó a chuparle la concha, Clau era una sinfonía de gemidos y grititos de placer. Yo todavía vestido, estaba al palo totalmente. Escucharla gozar era fenomenal.
-Dale, Jorge, se bueno y dale tu pija para que la chupe. Dijo Marisol.
Me quité la ropa, y cuando tuvo mi pija al lado de su rostro abrió los ojos con todo.
-Dios, por favor. Dijo Claudia y me empezó a chupar con todo.
-Ni Dios te salva hoy putita. Dijo Marisol.
Ella se levantó y fue al cajón donde guarda sus juguetes. Trajo las esposas y dos consoladores de diferentes tamaños. Claudia trataba por todos los medios de meterse toda mi pija en su boca pero no podía. Se apretaba las tetas sin parar, y gritaba de placer ante cada orgasmo que tenía.
Marisol le levanto las piernas y le metió un consolador-vibrador en la concha. Claudia abrió los ojos con todo, y chupaba más fuerte todavía. Marisol llevo su lengua al orto de Clau y ella quiso moverse. El chirlo en el culo fue fuerte y se quedó quieta.
-No, por favor, nunca lo hice por el culo. Dijo dejándome de chupar un instante.
-Una buena puta entrega el culo a sus machos. Relájate porque vas a sufrir si no.
-Por favor…
Marisol no dejaba de mover el consolador en su concha y su lengua fue dilatando el orto de Clau y ella gemía con todo. Luego de unos minutos mi mujer se acostó e hizo que Clau se acueste sobre ella haciendo un 69.
-Chupame putita, porque te entierro los dos consoladores en el culo. Te lo juro.
Clau le empezó a chupar la concha, mientras Mari la chupaba y jugaba con el consolador en su concha.
-Que lindo que chupa esta puta, cógela. Me dijo Mari.
Me puse detrás de Clau y le fui metiendo la pija en la concha. Ella no paraba de quejarse, gemir y chupar la concha de Mari.
-Es un animal, que pija que tiene por favor. Dijo Clau.
-Callate y chupa puta. Dije.
Clau era bastante estrecha y mi pija entraba y salía rozando todo el interior de su concha. Estuve un buen rato bombeando su concha, hasta que acabe con todo, llenándola de leche.
-Que te la chupe, no quiero parar. Dijo Marisol.
Me puse delante de Clau y me chupaba y limpiaba con todo la pija. Yo seguía caliente, quería cogerle el culo y me puse a cogerle la boca para mantener la erección. Claudia, se dejaba hacer, estaba muy caliente y su excitación no bajaba producto de la chupada que le daba Mari.
Mi mujer tomó el otro consolador y lo metió en la concha, para mojarlo, y lo llevo al culo de Clau. Empezó a enterrarlo de a poco mientras yo le cogía la boca sin parar. Clau me empujaba las piernas para correrme y protestar pero no podía lograr su objetivo.
-En el cajón esta la crema, no quiero que la lastimes… mucho. Dijo Mari y fui a buscarla.
-No, por favor, no. Me va a hacer mierda, me va a desgarrar toda. Mi marido…
-Puta, esto te pasa por meterte con el macho equivocado. Dijo Mari.
La hizo poner boca arriba, con el culo en el borde de la cama, y se sentó en la boca de Clau para que la chupe. Me pare junto al culo de Clau, levante sus piernas y se las di a Mari para que la sostenga mientras se hacía chupar. Con dos dedos puse crema en el culo de mi cuñada y en mi pija, repetí el procedimiento y lentamente fui metiéndola.
Clau gemía suavemente y cada tanto se quejaba de dolor. Cuando la tuvo toda adentro, volvió a chupar la concha de Mari con todo. Fui acelerando mis movimientos y ella la forma de chupar. Se comenzó a apretar los pechos con todo, y una mano bajó a su concha metiéndose dos dedos.
-Mira como le gusta a la puta. Desde ahora vas a ser mi puta, te pienso coger todas las veces que quiera. Y si Jorge tiene ganas, te va a romper el culo, putita. Dijo Mari y se salió de la cara de Clau.
-Dios me está matando. No pares por favor. Dijo Clau.
-Sos muy puta, y te lo voy a demostrar. Jorge, acostate. Vos puta, lo vas a montar metiéndote la pija en el culo.
Lo hice y Clau me montó. Tomó mi pija y la dirigió a su concha. El sopapo en la cara fue fuerte.
-En el culo dije puta. Dijo Mari y Clau se puso mi pija en el culo y comenzó a enterrarla, mordiéndose los labios de placer.
Cuando sintió que había entrado por completo, empezó a subir y bajar, primero lentamente y luego cada vez más fuerte.
-Toma, putita, seguro que sabes dónde meterlo. Dijo Mary y le dio un consolador.
Clau lo tomo y lo enterró en su concha.
-Que puta que soy, por favor. Dijo Clau.
Mari se paró frente a ella y la puso a chuparle la concha. Clau era una maquina sexual, se movía como loca, y gozaba como loca. Cuando no soporte más, acabe en su culo, llenándolo de leche por completo. Su orgasmo fue violento y largo. Mari al verla temblando acabo en la boca de Clau.
Mari se acostó a mi lado y me dio un tremendo beso. Clau seguía arriba mío con mi pija en su culo. Cuando pudo, se tiró a los pies de la cama.
Mari bajo a buscar una cerveza y los tres la tomamos.
-Boluda, tenes que tener cuidado con que macho te metes. Ahora sos mi perra, y vas a coger conmigo cuando yo quiera, y vas a hacer todo lo que te diga. ¿Entendido?
-Si Mari. Entiendo. En serio es un animal Jorge. Nunca había gozado así. Y me gusto chuparte.
-Pues vas a tener oportunidad. Ya te cogió Jorge, ahora es mi turno. Ponete en cuatro.
Mientas Clau lo hacía sin protestar, Mari fue a buscar su arnés y se lo puso. Y le puso un consolador grande. Se lo enterró de una en la concha y la bombeaba con todo. Clau gemía sin parar.
-Te estoy cogiendo putita, tu cuñada te está cogiendo. Dijo Mari y pareció que escucharla la excitaba más a Clau.
Clau movía su cadera acompañando los movimientos de Mari, que la tenía tomada de la cintura. Mi pija se empezó a despertar nuevamente y Clau la miraba sin quitar su vista. Me acerque y se la di a chupar. Cuando la sintió en su boca se puso a chupar como loca. Mari tomo las esposas y le esposó las manos por la espalda.
-Sos mi putita, quiero escucharte decirlo. Dijo Mari.
-Soy tu putita, Mari, soy tu putita, cogeme por favor.
-Rompeme el culo Jorge. Dijo Mari.
Me pare detrás de ella, puse un poco de crema en su culo y se la enterré. Era algo que ha habíamos hecho con alguna de sus amigas y le encantaba. Ella saco el consolador de la concha de Clau y se lo metió en el culo. Los dos gemían como locas, y bombeaba desesperado en culo de mi mujer. Acabe por tercera vez en la tarde, esta vez llenando el culo de mi mujer.
Me fui a dar una ducha y cuando volví Mari estaba sacando el consolador del culo de Clau. Se dieron un tremendo beso y se acostaron.
-El sábado a la mañana, te quiero acá, fijate que le decís a mí hermano. Dijo Mari.
-Está bien. Dijo Clau.
-

Mi primera amante en el trabajo (100% real)
Hola a todos, esta es mi primera historia, es 100% real, la quise contar con cada detalle que viví, para volverla a vivir de nuevo, sé que hay muchos ansiosos y ansiosas que quieren llegar al momento de acción así que la dividí en capítulos, por así decirlo, para que puedan leer lo que más les interese, sé que las chicas la van a disfrutar:
1 Cómo conocí a mi amante
2 El primer oral
3 Se lo metí por primera vez
4 Lo hacemos sobre la mesa
5 Un susto y otro oral
6 Le hago un oral a mi amante
7 La última penetrada
8 El final
1
Esta historia ocurrió hace algunos años, yo tenía una novia con la que llevaba casi 8 años, nuestra relación era buena y a pesar del tiempo, pero siempre sentí que faltaba algo, sin embargo, nunca le fui infiel, hasta que conocí a Laura. Cuando tuve oportunidades lo evité y llegué a pensar que pasaría el resto de mi vida con ella.
Yo era un joven atlético de 25 años, tenía una barba en candado corta, de cara linda (me lo han dicho algunas veces) mido 1,76, soy blanco de cabello castaño y ojos claros.
En esa época, trabajaba en la misma universidad en la que estudiaba, mi trabajo consistía en grabar y armar todos los eventos que programara la institución, desde conferencias hasta ferias. En algunas ocasiones simplemente debía desmontar los equipos, todo era normal hasta que conocí a Laura, una chica nueva que llegaba a trabajar como practicante de cine y televisión. Laura tenía una cara hermosa, pelo negro, ojos oscuros, media 1,60 más o menos, con un estilo un poco hippie, le gustaba usar un sombrero de ala corta, tenía pechos medianos, no mostraba mucha piel, pero me parecía sexy y unas nalgas prominentes.
Poco a poco nos fuimos haciendo amigos, ella se reía conmigo y yo con ella, ella tenía un novio de hace un par de años; a medida que nuestra amistad fue creciendo empezamos a tocar temas más íntimos, me contó que había perdido la virginidad con su novio actual, lo que quería decir que solo llevaba 2 años disfrutando de ese placer; me contaba que estaba liberada, que probaba de todo, que ya había hecho sexo anal, que estaba buscando una chica para hacer un trio con el novio, que había tenido algunos encuentros lésbicos con amigas. Me sorprendió todo lo que me decía, la veía con más ternura que perversidad. Le conté de mis fantasías, me gustaba el sexo oral, pero mi novia no lo hacía muy seguido, le dije que soñaba con hacerle una garganta profunda a alguna chica (seguramente la fantasía de muchos hombres), también fantaseaba con hacerlo en sitios públicos, aunque ya había tenido un par de experiencias.
En una ocasión salimos a tomar con unos amigos, ella y yo terminamos la noche solos, un poco entonados por la bebida, la acompañé a tomar el bus y ella de un momento a otro dijo que yo le gustaba, que le gustaba mucho.
Yo sentía una leve atracción por Laura, pero ese momento disparó todo, le dije que sentía lo mismo, pero que lo nuestro no podía ser, ella asintió con su cabeza y esperamos a que llegara su bus sin ningún contacto más allá de un abrazo.
Los días pasaron y la tensión entre nosotros era evidente, yo evitaba los besos que ella intentaba darme a la boca, quería respetar a mi novia, pero lo que sentía era fuerte. Para ella todo era un juego, me seducía e intentaba besarme constante mente.
2
Un día le pidieron a Laura y a mí que recogiéramos todos elementos que quedaban en el auditorio de la universidad, el evento ya había terminado y solo estábamos los dos haciendo nuestro trabajo, en un momento ella desapreció, no sabía dónde estaba hasta que escuché su voz a lo lejos. Habían unas escaleras que daban a una especie de sótano que en realidad era un pequeño cuarto debajo del auditorio, la escuché cantar y decidí bajar como si estuviera siguiendo a una sirena, cuando llegué a donde ella se encontraba me miró y sonrió un poco, ambos sabíamos lo que estaba a punto de pasar, me acerqué a ella, la tomé del cuello y la empujé con fuerza contra la pared, noté que eso la excitó; la deseaba y no podía resistir más, acerqué mis labios a los suyos, eran suaves, por fin pude sentir su boca, apenas mi lengua y la suya se entrelazaron, mi pene se endureció, la sensación de liberar eso que ya no podíamos aguantar era increíble, besaba delicioso, podía sentir su aroma. Nos besamos por uno o dos minutos, pero sentí que fueron horas, el tiempo parecía detenerse, hasta que ella me alejó, pensé que todo iba acabar ahí, pero en su rostro había una sonrisa que decía lo contrario.
Empezó a arrodillarse frente a mí, hasta que su rostro quedó justo al frente de mi pantalón donde se escondía sin éxito mi pene, ya que mi erección lograba marcarse. Lo tocó suavemente sobre la tela, miró hacia arriba y me sonrió de nuevo, esa sonrisa pícara que me excitaba. Bajó la cremallera y con delicadeza lo sacó, por fin se conocían, después de tanto tiempo, mis 18 centímetros estaban casi tocando su rostro, ella pasó su lengua una primera vez como si lamiera una paleta, con solo esa primera lamida sentí un corrientazo en todo mi cuerpo, era increíble. Pasó su lengua una segunda y tercera vez, parecía estar probando lo que se iba a comer, con cada lamida mi pene se ponía más duro si es que eso era posible. Lo metió por fin a su boca, sentí el calor y la humedad de su saliva, movía su cabeza adelante y atrás ayudada por sus manos en mi pene, dentro de su boca podía sentir como pasaba su lengua alrededor de mi pene, como una especie de masaje sensual que me enloquecía, sentirla y verla comiéndose mi pene era una fantasía,
– ¿Te gusta el sabor de mi pene?, ¿te lo querías comer hace rato? – le pregunté con morbo, pero ella solo asentía con la cabeza y hacía un ruido excitante como diciendo «sí» con mi pene en su boca.
Pasó varios minutos chupándolo hasta que lo sacó de su boca, miró hacia arriba con mi pene en sus manos.
– Te voy a cumplir una fantasía. – Dijo con mirada pícara para luego proceder a metérselo de nuevo a la boca, pero esta vez fue diferente, esta vez sentí como ella se esforzaba para tragarlo todo, la sensación era única. En su primer intento no logró completar la maniobra, lo sacó rápidamente ante una reacción de arcada, me enloquecía ver sus ojos lagrimar y también ver como se corría un poco su delineador. Volvió con un segundo intento, esta vez mi pene entró completamente a su boca, sentía una textura diferente en la cabeza de mi miembro, era su garganta, ella se mantuvo unos segundos con mi pene en su garganta, yo lo movía suavemente, como penetrando su boca, pero al mismo tiempo cuidando para no lastimarla.
Lo sacó de nuevo de su boca.
– ¿Te gusta? – me preguntó sabiendo la respuesta.
– Claro que sí, es increíble- le respondí agitado. – Dame más por favor – Le pedí casi suplicando. Ella sonrió y se lo metió de nuevo hasta la garganta, yo follé su boca un poco más fuerte que antes, pero aun, cuidando que no la lastimara. Con cada penetrada a su boca podía escuchar unos leves gemidos de placer, como si estuviera penetrando su vagina, como si comerse mi pene la excitara mucho. Después de varios minutos, (que disfruté demasiado) ella lo sacó de su boca y se levantó frente a mí, me dio un beso y luego giró para darme la espalda,
3
– Métemelo por favor- Me pidió mientras bajaba su jean y lo dejaba a la altura de sus rodillas. Yo bajé su cachetero rojo, para ver sus hermosas y grandes nalgas que frotaban mi pene como rogándome para que la penetrara.
La besaba en el cuello mientras mi mano dirigía mi pene a su vagina. La primera penetrada fue suave, lo metí poco a poco hasta que mi pelvis chocó con sus nalgas, ella dio un pequeño grito de placer cuidando que nadie la escuchara, yo empecé a penetrarla; poco a poco fui aumentando el ritmo, entre más escuchaba que ahogaba sus gemidos más duro la penetraba; quería que se escapara ese grito, sin importar que eso significara que nos descubrieran. Sudaba un poco y ella también, no quería parar, metí mi mano debajo de su blusa para tocar sus pechos. Me lamentaba por no poderlos ver con la libertad que quería, pero disfrutaba la adrenalina de la situación, logré bajar un poco su brasier y sentir sus pezones mientras seguía penetrándola, sin verlos podía describirlos; eran medianos, de tamaño perfecto. Mi pene seguía entrando mientras apretaba sus senos. Ella se alejó un momento y me pidió que nos acercáramos a una mesa que estaba detrás de nosotros, se subió y quedamos frente a frente, le quité un zapato para luego quitarle una bota del jean, sabía que si alguien bajaba deberíamos vestirnos rápido así que no la desnudé por completo, pero la tenía como necesitaba para penetrarla, me abrazó con sus piernas y mi pene entró como si estuviera guiado a su vagina. La empecé a penetrar con rapidez, pero el ruido de la mesa me asustaba, no quería que nos descubrieran y sobre todo no quería que eso terminara.
4
Empecé a bajar el ritmo, lo suficiente para evitar el ruido de la mesa, pero al mismo tiempo podía disfrutar de ella con tranquilidad, la veía acostada con sus ojos cerrados gimiendo con suavidad mientras se mordía el labio, subí su blusa para ver sus senos, que no eran grandes, pero tenían el tamaño suficiente para rebotar mientras la penetraba. Tocaba su clítoris con mis dedos buscando que ella disfrutara más.
– Qué rico lo haces- me dijo y yo le respondí devolviéndole el alago.
Me excitaba todo; la situación, Laura y el hecho de que fuéramos amantes.
-Te gusta ser mi amante- Le susurré al oído solo para excitarme más con el momento.
– Sí- me respondió
– ¿A ti te gusta ser el mío? – Me preguntó ella.
-Claro, deseaba esto hace mucho tiempo, te soñé así, me masturbé pensando en ti, no quiero que esto acabe – Le respondí. Mis palabras la excitaban tanto como a mí. Empezamos a tener un ritmo que parecía eterno, yo entraba en ella una y otra vez y lo disfrutaba, tocaba sus pechos y los besaba, pasaba mi lengua por sus pezones, los apretaba suavemente, ella hundía levemente sus uñas en mi espalda.
5
De un momento a otro escuchamos un ruido, parecía que alguien estaba cerca de las escaleras, el ritmo que llevábamos se perdió en un segundo, saqué mi pene rápidamente pero no me alejé de ella. Mi pene perdió un poco de rigidez por el susto, ella se quedó en la misma posición y en unos pocos segundos empezó a pedirme que siguiera, parece que no le importaba que nos descubrieran.
– No pares porfa, te necesito- me dijo. Mi pene perdía cada vez más rigidez y ella lo notó, así que bajó de la mesa y se arrodilló frente a mi pene como hace unos minutos. Esta vez lo metió a la boca sin mucho preámbulo, yo trataba de relajarme para disfrutar su lengua y sus labios, sabía que lo que ella hacía era increíble, mi pene no estaba completamente erecto y eso facilitó que ella se lo comiera completamente, hacía pequeños movimientos hacia delante y hacía atrás, pero cuidando que no se le saliera mucho de la boca. Rápidamente mi pene empezó a crecer de nuevo dentro de su húmeda boca hasta que ella tuvo que sacarlo para no ahogarse.
– Qué rico es tu pene, sabe mejor que el de mi novio- Esas palabras me enloquecieron, me encantaba sentir que lo que hacíamos era prohibido.
Siguió chupándolo, lo metía en la boca y lo sacaba haciendo un ruido de succión, empezó a lamerme desde la cabeza hasta la base de mi pene, veía como su legua lo recorría y como dejaba una estela de saliva, alrededor de sus labios había un brillo por la mezcla entre su saliva y mi líquido pre seminal. Ella sonreía al verme excitado.
Me gustaba hacerla hablar con mi pene en su boca o bueno al menos hacerla intentar decir algo.
– ¿Te gusta mi pene?, ¿te gusta chuparlo? – Le dije mientras lo tenía dentro de la boca, intentó sacarlo para responderme, pero le dije que no, sostuve su cabeza para que siguiera chupándolo y le repetí las preguntas; ella entendió enseguida lo que quería que hiciera.
-Mmm, mmm- Ella intentaba decir «sí» con su boca llena; decía otras cosas que no entendía pero que no me interesaban entender, solo quería sentir que ella no se sacaría mi pene de la boca por nada, ni siquiera para hablar.
6
Después de unos buenos minutos ella volvió a subir a la mesa, quería seguir con mi pene a dentro; yo quería agradecer lo que ella había hecho, así que me arrodillé y puse sus piernas en mis hombros, sentí como su cuerpo se estremeció, tal vez de sorpresa. Empecé a besar el interior de sus muslos, pasando mi lengua en círculos y acercándome cada vez más a su vagina, (me encanta hacer sexo oral pero mi novia de ese momento no lo disfrutaba tanto) había leído un par de libros y sabía un par de trucos, alargué lo que más pude el momento de chupar su clítoris. Pasaba mi lengua por sus labios, de arriba hacia abajo, primero en el lado izquierdo, luego en el derecho, ella temblaba.
– Por dios, qué haces- Me dijo. No entendía si lo estaba disfrutando o si me estaba rogando para que llegara a su clítoris.
Seguí pasando mi lengua hasta llegar a sus labios menores, los lamí y los apreté cuidadosamente con mi boca, no quería lastimarla, la penetré un poco con mi lengua, sentía como se retorcía.
-Dios mío, dios mío, dios mío- Parece que no podía decir otra cosa, estaba perdida en el placer, subí con mi lengua hasta su clítoris y empecé a hacer círculos, apretaba con fuerza mi lengua contra su clítoris después de cada círculo que hacía, empecé con un movimiento lento, pero poco a poco fui acelerando, le metí un dedo y luego dos para ayudarme con el ritmo de mi lengua, pero noté que ese movimiento hacía sonar de nuevo la mesa, así que tuve que sacar mis dedos y ella tuvo que conformase solo con mi lengua, aunque en realidad creo que no se dio cuenta cuando deje de usarlos.
– Métemelo por favor- Dijo
– ¡No! – Le dije firmemente, – sabes muy rico, me gusta tu sabor, quiero disfrutar ese sabor un poco más- terminé de decirle para excitarla y también porque en realidad lo sentía, su sabor me encantaba.
-Dios mío, dios mío, dios mío- volvió a retomar esas palabras hasta que las dejó atrás y se limitó a hacer pequeños gemidos ahogados. Mi pene estaba más duro que al principio, era momento de seguir dentro de ella.
7
La bajé de la mesa, quería penetrarla con fuerza y no quería que la mesa me distrajera, quedamos uno frente al otro, ella contra una pared, levanté su pierna izquierda con una mano y la sostuve a la altura de mi cadera, ella guio mi pene a su vagina y la empecé a penetrar con fuerza, sudábamos demasiado. La penetraba con rapidez de forma constante, ella me enterraba las uñas con fuerza en la espalda, no sentía dolor, solo era un indicio de que ella estaba a punto de venirse, igual que yo, aguanté lo que más pude mi semen, sabía que estaba a punto de venirme, lo sentía, pero quería intentar darle ese orgasmo. Como buen hombre, pensaba en dónde darle mi semen; mi primera opción era su cara, o su boca, pensaba en pedirle que bajara rápidamente para que se metiera mi pene en su boca y chupara mi semen, sabía que ella lo haría, pero no fui capaz de pedírselo, no quería cortar su orgasmo y tampoco quería que gotas de mi semen mancharan su ropa, (aunque no lo crean tuve tiempo de pensar eso). En el último minuto cuando sentí que ella se estaba viniendo y disimulaba cada vez menos sus gemidos, saqué mi pene y con ayuda de mi mano, eyaculé sobre el piso, (sí lo sé, el piso).
Aunque no fue el mejor lugar para regar mi precioso líquido, sentí mucho placer al liberarme de esa tensión sexual que existía entre los dos, ella apretaba su vagina con fuerza, mirando al piso.
8
-¿Llegaste?- le pregunté como un adolescente. Me dijo «sí» aunque no vi mayor líquido en sus piernas, sé que esto no es significa nada, pero verlo me hubiera convencido de que hice bien mi trabajo. Igual disfrutaba con su cara de placer y como contenía con fuerza algo que no quería que saliera de su interior.
Me limpié el pene con mis propios boxers y con la base de mi camiseta, me limpié la boca y la barba que tenían líquidos míos y de ella.
Laura se subió su ropa interior y su jean, los dos sudábamos demasiado, fueron 15 o 20 minutos de placer, pero los sentimos como horas, Laura estaba roja igual que yo. No podíamos subir así, esperamos a que nuestros cuerpos recuperaran su color natural. Hablábamos y nos besábamos de vez en cuando, la conversación se tornó más cotidiana, – ¿qué vas a hacer el finde? ¿viste lo que pasó con el profesor…? – La tensión sexual se había ido, pero aún quedaba algo que sobrepasaba lo sexual, tenía ganas de abrazarla y tomarla de la mano, caminar con ella y volver a hacer el amor.
Hasta el día de hoy no sé qué sentí por ella, pero disfruté mucho lo que vivimos.
Si les gustó mi relato, los invito a dejar un comentario o una sugerencia, con esta chica tengo un par de historias más, también tengo otras historias que quiero escribir. Si conocen relatos como el mío me gustaría leerlos. Gracias.
-

Mañaneo
—¡Ella y yo nos vamos a su casa!, dijo él sujetando la puerta del taxi para que yo entrara, a quiénes habían sido nuestros acompañantes, la noche que nos conocimos.
Ojiplática me hallaba mirando a mi amiga y su amplia sonrisa, que dicho sea de paso parecía que seguía un partido de tenis entre el hombre que me sostenía la puerta y mi reacción, no habíamos tonteado especialmente durante esa noche, pero mi cuerpo y mi mente se debatían en duelo, mi mente gritaba NO a pleno pulmón, pero mi cuerpo necesitaba sexo y tras recorrer con descaro el cuerpo atractivo que tenía en frente, con paso nervioso y seguro al mismo tiempo, me introduje en el taxi.
Camino a casa, no podía estarme quieta en el asiento, el nerviosismo de mi estómago terminó transformándose en humedad y calor en mi zona íntima, los pezones comenzaron a endurecerse bajo mi vestido negro.
Conocedor de lo que me estaba haciendo sentir, colocó uno de sus brazos alrededor de mis hombros y con su otra mano entrelaza la mía para posteriormente llevarse uno de mis dedos a su boca para chuparlo y mordisquearlo, mientras me taladraba con la mirada (el muy cabrito sabía perfectamente lo que estaba haciendo), me costaba tragar saliva, notaba los latidos de mi corazón acelerados, se aprovechó de eso para acercarse un poco más y pegando sus labios al lóbulo de mi oreja, me susurró…
—Aún no!, Mientras cerraba mis piernas con su mano.
—Lo siento!, Fue lo único que pude balbucear dentro de lo excitada que me encontraba.
Lo que quedaba de camino a mi casa, se lo pasó besándome y mordisqueándome el cuello, la oreja y la comisura de mi boca, sin llegar a tocarme los labios.
No paraba de repetirme en mi mente que este hombre sabía perfectamente lo que tenía que hacer y cómo hacerlo, comencé a ser plenamente consciente que en frente mía se encontraba un hombre poseedor de un gran atractivo físico, unos ojos enormes capaces de atravesarte y una forma de tocar para nada inexperta.
Una vez en la esquina de casa, bajarnos entre risas mientras nos despedimos del taxista, me cogió de la mano con fuerza para que lo guiara a mi portal y de nuevo todo ese calor se volvió a apoderar de mi cuerpo con sentir el roce y la fuerza con la que me sostenía.
Al introducir la llave para abrir, él ya se había colocado detrás mío, apretando su cuerpo contra el mío, noté la dureza de su polla a la altura de mi cintura, excitada y lubricada cuando quise girarme para mirarlo no me lo permitió, me rodeó con ambos brazos para ayudarme a abrir.
El medio metro que separa la puerta de entrada del ascensor, dio para que nos besáramos apasionadamente, que nuestros brazos y manos se perdieran por los diferentes recovecos de nuestros cuerpos, la palabra exacta es hirviendo y los 2 lo estábamos.
Mi mente no paraba de divagar en su forma de tocarme, de besarme, al tenerme literalmente aplastada en el espejo mientras me subía el vestido, metió 2 dedos dentro de mis bragas para metérmelos a mí, sacarlos y meterlos en su boca mientras me miraba con pura lascivia, me sentía comestible y eso me gustaba.
Una vez en el pasillo de entrada de mi casa, pasé de protocolos, tenía la necesidad de que mi acompañante me follara, quería sentir el grosor de su polla dentro y que me hiciera disfrutar como llevaba 6 meses esperando, sin etiquetas, sin romanticismos, sólo sexo.
Lo besé hasta llevar su espalda contra la pared, le fui bajando la chaqueta por sus anchos hombros, sabía que le gustaba lo que le estaba haciendo, se dejaba hacer y no despegó ni sus manos de ambos lados de mi cara, ni su boca de la mía.
Poco a poco le fui quitando el cinturón, desabrochando el vaquero y cuando pasé a bajarle la cremallera, aproveché para acariciarle los muslos duros y formados…
—¡¡Me encantan tus piernas, me gusta que un hombre tenga las piernas cuidadas y bonitas!!
Comenzó a reír de manera sonora y gutural, al encontrarme apoyada en su pecho volvió a abrazarme para besarme…
—Son tuyas y el resto de mi cuerpo también, no dudo que sabrás que tienes que hacer con él.
Al sentirme tan segura, me fui deslizando despacio hacía abajo, aplastando y rozando mi cuerpo sobre el suyo, una vez de rodillas pude ver que su polla dura moría de ganas por salir a jugar y mirándolo a los ojos, la acaricié algo más por debajo de su calzoncillo, no quería acelerar ése momento, quería disfrutarlo, cuando vi que las venas se tornaron de un color algo más oscuro, poco a poco fui introduciéndomela en la boca, saboreándola, era gruesa, suave y con un sabor salado que te inducía a que siguieras comiéndosela, mientras que me lo follaba así, nuestras miradas seguían conectadas, me cogió por los brazos, me puso a la altura de su cara y me dijo 1 sola palabra…
—Habitación.
Me tiró en la cama, los 2 llevábamos aún la ropa puesta, se posicionó encima mío y abriéndome las piernas con las suyas, comenzó de nuevo a besarme, no podía estarme quieta, quería que me follara y lo quería ya.
Besos desde mis labios ya hinchados, bajando por mi cuello, respiraciones aceleradas, metió su mano por mi escote para sacar uno de mis pechos y deleitarse en mordisquearme el pezón hasta ponerlo durísimo, yo estaba a punto de explotar, pero quería más, quería que siguiera bajando, quería correrme y quería hacerlo con su boca, sutilmente le coloqué una mano en el pelo y tras acariciarlo, lo invité a que continuase, su respuesta no tardó en llegar y tras una gran sonrisa, subió mi vestido para facilitarse el descenso que a mí me haría tocar el cielo.
Continuó con su travesía repartiendo ésta vez lametones y mordiscos desde mi ombligo hasta mis bragas donde pasó a besar y mordisquear mi coño por debajo de ellas y quitármelas posteriormente con la boca, joder, notaba como mi clítoris se hinchaba con todo lo que allí estaba sucediendo y cuando ya me sentía victoriosa, pasé a tener sensación de vacío ya que él pasó a colocarse de rodillas para quitarse la camisa entre mis piernas, mientras que no dejaba de mirar mi coñito, admirándolo, como si estuviera mirando su mayor tesoro.
Pude atisbar que el glande lo volvía a tener hinchadísimo, pasó su mano por mi abertura, para arrastrar con su palma, toda mi humedad y flujos que salían de mi interior, para volver a pasarla, pero esta vez por su nariz y saborear mi olor.
No pude más, necesitaba tenerlo dentro y como un resorte hice ademán de levantarme y besarlo, para arrastrarlo conmigo y comenzara a follarme, cuando con un leve movimiento sin esfuerzo, me volvió a colocar como estaba, inclinándose sólo un poco para volver a introducir 2 dedos, que jugaban cómodamente con mi clítoris, yo los apretaba con mis paredes vaginales, necesitaba sentirlo, me excitaba, los volvió a retirar ésta vez para abrirse paso entre mis labios externos, expectante ante su siguiente movimiento, escupió en mi clítoris y comenzó a absorber toda su saliva de él, volvió a meter y sacar ambos dedos, lametazos, mordiscos, todos sus movimientos estaban perfectamente orquestados, presa de mi propia excitación, lo agarré con fuerza en el pelo y apretándome contra su boca, me dejé llevar a mi tan deseado orgasmo.
Con lametones más suaves pero rítmicos, ultimó de recoger todo mi elixir hasta que lo creyó oportuno, volvió a ascender por mi cuerpo, para besarme con deleite y yo pudiera saborearme también ¡¡¡que rico todo!!!
Un leve beso en la nariz, me miró fijamente y con voz ronca afirmó…
—Me toca!
Este tío me manejaba a su antojo y para nada me sentía incómoda, al contrario, me fascinaba ese grado de conexión sexual entre ambos, así que decidí explotarlo al máximo.
Me puso en cuatro, rasgó el envoltorio del preservativo y tras colocárselo, puso la punta de su erección en mi entrada y poco a poco fue dándose paso en mi interior, llenándolo por completo, una embestida, dos, tres, cuatro, una cachetada en mi culo y posterior gemido de ambos, cinco, seis, siete, iba acelerando el ritmo y yo con él, sentía que volvía a correrme, más gemidos, más sudor, más respiraciones entrecortadas, ocho, nueve, diez y mientras me corría notaba como mis fluidos comenzaban a bajar por mi muslo, volvió a darme otra cachetada y con la otra mano apretando mi cintura al máximo contra él, me dijo que no había terminado y que quería culo, giré para mirarlo y tras afirmarle con la cabeza, sólo necesitó un cambio de condón, estaba tan excitada y lubricada que estaba disponible para él.
Y así fue como de un modo intenso y pausado, fue follándome el culo de una manera brutalmente buena, posó su mano en mi clítoris de nuevo y con movimientos circulares mientras me embestía por detrás, embestidas a las que me unía a él para obtener más placer, dimos paso juntos a un orgasmo sonoro en mi cuarto.
De este modo dimos paso a 1 relación sexual que duró 6 meses y aunque hoy por hoy sólo seamos amigos, puedo decir que Mañaneo a sus 43 años tiene la capacidad sexual de poner a vivir a quien se le ponga por delante.
-

La señora Sonia, observado por mi casera
Buen día con todos, esto que estoy por contar, me ha dejado algo confundido. Pero que a la vez, me está gustando este jueguito, de que me observen, que alguien vea, que estoy haciendo en mis ratos íntimos, por decir algo. A la hora de estar en mi habitación, o cuando me estoy duchando, cuando me quedo dormido en el sofá de la sala. Sentirme casi siempre observado.
Como empezó, no lo sé, pero desde que note que las puertas de las habitaciones, ninguna tiene cerradura que sirva. Pensé yo, que era por la confianza, que debería de haber en aquel piso, la verdad es que en ningún momento le preste atención a este detalle. Total yo estaría unos meses en aquel lugar, ya que me buscaría uno más grande, para poder vivir con mi familia y así estar más a gustito. No tenía cosas de valor, la ropa del trabajo, algo de ropa para salir a caminar por la plaza, lo básico para pasar unos días y ya luego bajar a la ciudad a cambiar de prendas para otra semana más.
Al principio, debo confesar que me costó un poco, hacerme con la idea a no tener cerrojos en las puertas, no lo sé, me parecía algo extraño. Estar en casa ajena y tener las puertas casi abiertas de par en par. Pero ya poco a poco, me fui relajando con la idea, de no tener seguro en mi puerta. Me acostumbre a verlo como algo normal. Al principio, acostumbraba cambiarme de ropa, casi detrás de la puerta, pero ya tomando confianza, había veces que la dejaba abierta, sabía que muchas veces estaba yo solo en casa. Que más daría, muchas veces salía al salón a ver la televisión en calzoncillos, o más de una vez me dejaba la puerta del baño abierta, mientras me duchaba.
En el piso donde vivo, compartimos habitaciones, la casera que es la que arrienda las habitaciones, es la señora Sonia. Tiene su piso en el centro de la ciudad, está muy cerca de todo, supermercados, la estación de buses, el metro, bibliotecas, cines, centros comerciales, etc. Toda la comodidad que uno necesita. Me queda muy cerca del trabajo, 5 minutos en coche.
Las veces que me he duchado y me he sentido observado han sido varias, casi siempre llego al piso, sobre las 4pm. Antes de hacer nada me ducho, una agüita fresca para bajar el sofocante calor de verano que arrecia este tiempo. El cuarto de baño es un poco grande, fácilmente desde la puerta hasta la bañera, habrá sus 4 metros. Como ya decía, ninguna puerta tiene pestillo para asegurar por dentro. La del baño en particular casi ni cierra, se deja literalmente junta. La bañera no tiene una cortina o mampara, que cubra el suelo de las salpicaduras de agua, así que después de ducharse, hay que limpiar el suelo para que no quede mojado, y es que aunque te bañes con cuidado, siempre salpica agua. Lo bueno que tiene que es muy amplio. Muy ventilado.
Una tarde de aquellas, como siempre me fui a dar una ducha, me quede desnudo, mi ropa la había tirado sobre el lavamanos, lo más lejos posible para que no le salpicara el agua. Esa tarde me tocaba afeitarme el pene, me ducho como lo hago siempre, primero la cabeza y luego el cuerpo. Ya después de haberme enjuagado, un poco de jabón en mis pelos genitales, para poder pasar el rasurador. Con la acción de masajear esa zona, no pude evitar tener una erección, de parte de mi gran amigo. Mientras con una mano me rasuraba los bellos genitales, pues con la otra sostenía mi abultada erección.
Yo debo confesar que sentía una presencia en aquella habitación. La casa es un poco antigua, huele a vieja, a humedad, se siente un olor a casa vieja digámoslo así. Pero no me asustaba que la presencia que sentía en aquella habitación, fuese del mas haya, todo lo contrario, era de este mundo. Alguien había en esa habitación, que estaba mirando lo que yo estaba haciendo. No me asusto en lo más mínimo, todo lo contrario, me gusto, sentí una extraña sensación recorrer mi verga. Me gusto saber, que si hubiera alguien mirando tras la puerta del baño, mirase mi respetable erección. Que a decir verdad creció mas al sentirte observado.
No llegue a masturbarme, no quería que quien estuviese mirando, pensara que soy un pajillero, pero si quería que viera mi erección, en su total capacidad de crecimiento. Quería que me viera la verga, que la mire bien erecta, quería que apreciase su grosor. Pero más que todo, que la vea bien limpia, lo bien consentido que tengo a mi amiguito. A ver si a quien estuviese tras la puerta, alguna noche tendría ganas de visitarme en mi habitación. Seguía rasurando mis bellos genitales, a la vez que no dejaba de pajear mi verga. El tiempo que demore en la bañera no lo recuerdo, pero si estoy seguro que quien estaría mirando, estaría de lo más caliente.
La señora Sonia lleva más de 2 años viuda. Ella vive en su departamento con una de sus hijas, la enfermera de personas mayores. Su hija es una mujer de 35 años, soltera por decisión propia, esta mujer es una chica de casi 80 kilos, esta gordita la verdad, siempre va de ropa suelta, casi siempre con ropa de trabajo. Ella llega por las noches a casa, toma algo de la nevera y se encierra en su habitación. Una chica muy alegre, siempre está contando las cosas graciosas, que suceden en su trabajo. Es imposible hablar con ella sin dejar de reír. Es una cachonda mental.
En cambio la dueña del piso, la señora Sonia, es muy diferente, ella es una mujer delgada, sus 50 años, le calculo yo. Siempre va con vestidos largos, floreados, de colores enteros, a rayas, zapatos bajos o sandalias. Como decía, ella es de figura delgada, aun le sientan muy bien los vestidos que lleva puestos. Trabaja desde casa, arregla ropa de sus amistades o clientes que ya la conocen. En su habitación, que también es una de las más grandes, siempre hay ropa para arreglar, la máquina de coser siempre está en funcionamiento. Por las mañanas esta con el pedal en movimiento. Ella casi no sale de casa, empieza a coser desde las 8am hasta las 5pm, es lo que sé, porque según me contaba, algunos vecinos le habían pedido, que dejara de hacer ruido con la máquina. Sobre todo por las noches, es que la maquina suena fuerte.
Retomando que me lio, con los detalles de esta gente. Me frotaba la verga, y alguien estaría tras la puerta mirándome. Me gustó mucho sentirme así, yo miraba de refilón hacia la puerta, para no asustar a mi sospecha admiradora, pero es que ya tenía una duda, quien sería la que este tras la puerta. La madre o la hija, eso me dejo algo inquieto, era la primera vez que me sucedía este tipo de experiencia. Este momento de observación hacia mi persona, más aun cuando me estaba rasurando los genitales.
En el transcurso de los días, cambie de táctica, me echaba unas siestas en calzoncillos. Para variar, estas veces dejaba la puerta solo junta, es que ni siquiera la cerraba, me había entrado el bichito para que me observara. Para que se deleitase con mi verga, en estado de reposo, siempre llevo calzoncillos claros, mayormente son blancos, me gusta el color. De momento me dormía en calzoncillos, no quería ser tan caradura. Sabía que alguien me observaba, mi plan era saber quién estaba tras la puerta.
La señora Sonia era mi primera admiradora, sobre la que caían las dudas, pero no quería descartar nada. Sé que en aquel piso hay dos mujeres solteras, solas y quizás un poco aburridas de su rutina diaria. Quien era yo para cortar ese momento de placer, que puedan sentir al observarme. Es que en cierta forma, a mí me estaba enganchando esto de estar tocándome la verga por encima de los calzoncillos. Me excitaba mucho la verdad, creo que estaba descubriendo un mundillo nuevo, un nuevo espacio para hacer realidad alguna fantasía. De momento nadie se había quejado, es que sería lo último que me faltase verdad.
La noche de aquel viernes, se quedaría solo Sonia en casa, ya que su hija, saldría de fiesta con unas amigas, y no volvería hasta el día siguiente. Eso fue lo que llegue a escuchar en el desayuno, tienen tanta libertad en hablar sus cosas delante de mí, que muchas veces me entero de cosas que ni me imagino. Pero bueno, aquella noche estaríamos solos en casa, la señora Sonia y yo. Si ahora se asomaría alguien a mirarme, ya tendría claro quién es, ya podría saber quién se está dando el placer de observar tras mi puerta.
Por la tarde al volver del trabajo, me eché una siesta, pero esta vez fue en el sofá de la sala, estaba viendo la tele, comprobé que Sonia no estaba en casa. Me puse unos boxers, color negros, que marcaban bien mis genitales. Se ceñía bien a mis partes íntimas, la zona de mi verga, la dibujaba exacta. Me pudo más el morbo de que entre alguien y me vea ahí tirado, pero también tenía la duda, de que si solo una de ellas me observaba, la otra quizás no sabría nada. Seguro ni enterada de lo que espiaba la otra, seguí con mi fantasía de ser observado con alevosía y descaro. Me recosté en el sofá solo en boxers.
Al rato de haber quedado tirado en el sofá, siento abrir la puerta principal del salón, que es la única que lleva cerrojo en esa casa, siento cerrar y ponerle seguro a la puerta. Alguien ha entrado, se ha detenido a escasos centímetros, de donde yo estoy simulando dormir plácidamente. Mi verga por instinto fue creciendo, se fue poniendo erecta, seguramente ante los ojos de quien estuviese parada de pie, delante mío. Yo seguía con los ojos cerrados, sintiendo la mirada, sintiendo la presencia de alguien, no me animaba a despertar. No quería espantar a mi admiradora, dejaría que gozara un poquito más. Me rasque los huevos, en manera de seguir durmiendo aun, a ver si quizás se decidiese a moverse o decirme algo. Pero nada, yo seguía siendo observado.
Al término de la película, que había escuchado ya finalizar, mi admiradora ya no estaba. Seguro se habrá metido en alguna habitación a quizás meterse algo, para saciar sus fuegos uterinos. Comprobando que ya no habría nadie delante mío, me dirigí a mi habitación, seguiría con el plan que había empezado. Tome mi portátil y me puse a ver una película porno por internet, esta vez, deje mi cabeza contra la puerta, así quien se asomara tras de ella, podría ver mi verga en toda su dimensión. No me costó mucho llamar la atención de mi observadora, ya que sobre las 11pm ya estaba en primera fila, mirando tras la puerta. Esta vez pude ver quien era en realidad, y confirmar mis sospechas de que alguien me estaba observando.
Con los audífonos en mis orejas, mirando una escena porno de Julia Ann, empecé a acariciar mi verga. Empezaba a tomar forma, la quería poner dura, estaba tomando su grosor y tamaño habitual. El portátil a un lado de mi cama, mis manos pajeando mi verga, un poquito de crema, para hacer más placentero el sube y baja. Los 15 minutos que duró la escena, no me bastaron para alejar de mi puerta a la pequeña espía. Busque otra escena de la misma actriz. Esta vez intentaría correrme, tenía las ganas en el cuerpo, el morbo me podía más. Sabía que seguía tras la puerta, es que ni siquiera se había movido, seguía con una mano sujetando la puerta, y la otra metida en su coño, por encima de su ropa.
Intentar voltear, para dejar al descubierto a quien estuviese mirando, lo pensé, pero también sería muy vergonzoso. Mi verga empezaba a lubricarse, me sentía muy cachondo, estaba muy excitado, quería correrme, pero quizá, aun no era el momento.
-

Mi suegro me coge por el culo
Conocí a mi suegro unos tres meses antes de casarme. Mi esposo me llevó a su casa, para presentarme a su familia. Tuvimos un almuerzo agradable y el señor Marcelo me cayó muy bien. Mi suegra no tanto, pero luego nos hicimos buenas amigas.
Me casé. Pasaron unos meses y en el primer verano de casados, mi esposo coordinó con sus papás un viaje a Máncora, una playa al norte de Perú. No me gusta mucho la playa pues me quemo horrible y la piel se me hace puré, pero hay hoteles muy bonitos allí e igual podía bajar al mar muy temprano a la mañana o al final de la tarde.
Nos hospedamos en un apartamento con dos habitaciones y servicios comunes, una salita y una pequeña cocina, todo frente a la piscina del hotel. Mis suegros en una habitación, mi esposo y yo en la otra.
Desde la primera vez que vi a mi suegro en ropa de baño quedé impactada. Se notaba con claridad el tamaño grande de su miembro. Resaltaba hasta con descaro. No pude dejar de mirarlo, según yo con discreción.
El segundo día que estuvimos en el hotel, fuimos todos muy temprano a la playa. Más de una vez miré (seguía pensando con discreción) el miembro de mi suegro. A las 10am volví al hotel para evitar quemarme.
Entré a mi habitación y como no había nadie, me acosté en la cama sacándome la parte de arriba del bikini. Me puse a ver tv y me quedé un poco dormida, con los senos al aire.
Sentí que abrieron la puerta y me desperté de mi somnolencia. Antes de poder colocarme la parte superior de la ropa de baño, mi suegro entró a la habitación y me vio así. Me puse de pie y casi instintivamente miré hacia abajo y su paquete resaltaba ya brutalmente. Casi podría decir que me di cuenta como se le iba erectando debajo de la ropa de baño.
Levanté la mirada y quedé pegada a su mirada. Me dijo “que rica puta eres. ¿Crees que no me di cuenta como me mirabas?”
Me quedé sin respuesta. Y en esa indecisión el ganó. Se bajó la ropa de baño y pude ver su pene erecto, duro, largo, grueso, mucho más grande que el de mi esposo (muchas veces he pensado, ¿Por qué no lo heredó?).
Me empujo sobre la cama. Me senté sobre ella y agachándome un poco empecé a chupársela. Estaba salada y con arena, pero se sentía bien hacérselo. Ambos sabíamos que no teníamos mucho tiempo y tras un par de minutos con su verga en mi boca, me dijo “ponte como la perra que eres”.
Entendí y no proteste por el trato. Me puse en 4 patas al borde de la cama. Sentí como con sus dedos untaba saliva en mi coño, la verdad que no lo necesitaba.
Me la empujó completa en mi coñito, en una sola metida rápida y sin pausas sentí como me llenó hasta el fondo. Gemí instintivamente, felizmente la tv estaba prendida y ahogó mis gemidos. La sacaba y la metía toda, sentía que me ardía todo por la arena del mar, pero igual lo disfrutaba todo, ardor incluido.
Me empujó sobre la cama y quede boca abajo sobre ella. Se montó encima de mí y pensé que me la metería por el culo, pero no lo hizo. Estando así, sobre mí, siguió dándome por el coño, con su pene grueso y delicioso.
Se levantó y me acomodó de costado. Sentí como untaba mi culito con saliva. Llegaba lo que ya quería, sentir su verga en mi culito. Tras tanto tiempo solo sintiendo el pene pequeño de mi esposo, sentí uno grande desgarrarme por atrás era algo por lo que moría en ese momento, caliente pensaba que si no era mi suegro, hubiese sido cualquiera. Que estaba harta y aburrida del pene pequeño y el sexo soso con mi esposo.
Sentí su verga entrar en mi culito. En ese momento sólo quería que mi esposo me viera así. Enculada. Que viera como su papá o cualquier hombre me daba el placer que él no me podía dar. Me sentía puta cogiendo con mi suegro, pero quería más, quería humillar a mi esposo por tener el pene tan pequeño.
Mi suegro me decía que era una puta. Muy puta. La más puta. Que su hijo iba a ser siempre un cornudo. Que era ingeniero para nada, que al final solo era un puto cornudo. Disfrutaba mi culo, pero sentí que más disfrutaba poseer a la esposa de su hijo y eso me excitaba aún más.
Me aceleré y en mi orgasmo mi suegro llegó también. Pero se contuvo. Sacó su verga chorreando y me la puso en la boca y terminó de eyacular en mi boca. Fue la primera vez que sentía el sabor de mi culo mezclado con semen. Me sentí demasiado puta.
Desde ese momento fui también mujer de mi suegro. Me cogía cada vez que él quería. Ni mi suegra ni mi esposo sospecharon nunca. Fueron varios años así, hasta que se casó el hermano menor de mi esposo. No me consta, pero sospecho, la nueva nuera fue el nuevo juguete del suegro.