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  • Teresa quechua andina

    Teresa quechua andina

    Anteriormente les comenté de mis primeros escarceos y exploraciones sexuales que tan generosamente me brindaron las mucamas indígenas y la cocinera de la finca en la que nací y crecí en la ciudad sureña de Pasto en Colombia, allí el servicio doméstico exploró y me dejó explorar las intimidades de sus chochitos, sus tetas, sus lenguas expertas y su despreocupada naturalidad hacia el sexo.

    Todas me llamaban «patroncito», eran muy cariñosas y después de que una ecuatoriana veinteañera llamada Marianita me «desvirgó», ya me dejaban entrar tarde en la noche en sus recámaras para comerles las conchitas y «cachar» con ellas, hasta la cuarentona de la cocinera por fin (después que mi hermano se fue a la universidad) me dejó meterle la verga en su enorme concha toda peluda, a veces cuando los viejos se iban a la ciudad, nos poníamos todos a ver películas porno en el VHS de la casa, y entre tocada y broma, a veces alguna se ponía a mamarme la pinga.

    Mis padres se hacían de la vista gorda, y creo que mi viejo también se singaba a la cocinera Lucía, que tenía las tetas y el culo generosos, y nunca se negaba a dejarse mamar las tetas o abrir las piernas para echar un polvo rápido, con tal de que nadie se metiera a su cocina a fisgonear o decirle como freír un huevo.

    Seguí cogiendo con las indias de la casa y a los 20 años, ya con las hormonas alborotadas y la verga de un tamaño respetable, nuestras domésticas se anduvieron con más cuidado porque no querían ni perder el trabajo o salir embarazadas, a lo que comencé a frecuentar a las chicas locales muy lindas y algunas muy putonas y cogían con despreocupación pero siempre con un condón por miedo al SIDA y a salir embarazadas.

    Ciertamente, cogía con mis vecinas y me encantaba, pero les faltaba ese toque ”indígena” que tanto me gustaba, sus tetas paraditas de pezones casi negros, sus conchitas totalmente lampiñas o con solo algunos vellos, sus olores de hembra montuna, y sus murmullos en sus idiomas al meterle y sacarle la verga o al comerles las conchitas y su total desenfado a la hora de querer echar un polvo, no eran complicadas e igual les gustaba coger como mamar verga, tragándose el semen sin hacer ascos.

    Una vez vi a la cocinera mirando de forma rara a una chica nueva que había llegado hacia poco de Perú, recomendada por una mucama que se fue de vuelta a su país, era flaca y alta para ser india, con muy pocas tetas, pero de bello cuerpo, y al preguntarle a Lucía (la cocinera) que si se quería cachar a la nueva, me dijo que no preguntara pendejadas, pero una noche metido en su recámara después de echar un buen polvo, le volví a preguntar por la flaca y esta vez me dijo que sí, que quería probar un chocho, que ella me había visto comiéndole la conchita a Mariana, y a Mariana besándose con otra de las sirvientas, y eso le daba curiosidad.

    Entonces entre Lucía y yo comenzamos a tentar a la flaca que se llamaba Teresa, ella no tenía problema con que yo la tocara, nos besáramos, que le sobara las tetas, y le mamara la panochita, pero no se dejaba meter la verga porque estaba ¨prometida¨ para casarse en su tierra y eso me puso muy cachondo, entonces le pedí dejarse coger por el culo y que nos viera Lucía, y tuvimos que darle dinero para que accediera, entonces una tarde de viernes después que quedáramos en la finca los tres solos, la llamé al cuarto de Lucía que estaba muy caliente mientras nos tomábamos un rico ron de Caldas.

    Teresa llegó como quien no quiere la cosa, pero se dejó toquetear las tetas y comenzamos a besarnos, mientras Lucía se desviste y comienza a decirnos que hacer: cosas como ¨Mámale la verga¨, «mámale las tetas», «apriétale el nabo» hasta que Teresa entre en serio y jugando retó a Lucía a que se metiera en el juego, y ésta sin pensarlo se metió en la cama con nosotros dos, y que me comienza a mamar la pinga, y que le digo a Teresa, que Lucía quiere comerle la conchita, y Teresa ve con ojos muy abiertos a Lucía que se ríe con mi verga en la boca, se saca la pinga y Teresa que se acerca a besar a Lucía, que está muy caliente y que le mete la lengua a la flaca en la boca que casi la ahoga.

    Teresa responde bien, y le digo que le mame las tetas a la cocinera, y que se inclina a chuparle los pezones a Lucia que muy excitada me pide que le meta a Teresa la verga y le digo que Teresa no «cacha» porque está prometida, y me dice que se la meta a ella, y que comienzo a bombear a Lucía, de lado mientras Teresa le mama las tetas enormes, pero yo sabía que la cocinera lo que más deseaba era chuparle la conchita a la flaca, y que le digo a Teresa que se acueste para que deje a Lucia comerle el chocho; la flaca no se hace rogar y se pone en su espalda y abre las piernas para mostrar una rajita larga y rosada que babea flujo y huele a selva.

    Lucía que no sabe bien que hacer. se pone a darle besitos a la rajita, y yo que le digo que le chupe los labios de la vulva y que le meta la lengua adentro de la concha, y que Teresa que mira a Lucía y a mi, le mete la cabeza a Lucia entre sus piernas y que ya no se está riendo, sino que comienza a morderse los labios y a decirle a Lucia que siga chupándole la conchita «así» y Lucía le pide a Teresa que le diga groserías en Quechua como dicen las otras chicas cuando están cogiendo conmigo… Y que se desata Teresa a decir una sarta de palabras que no sabíamos lo que significaban, pero sonaban divino en nuestros oídos lujuriosos.

    Entre tanto viendo a las dos mujeres gozando entre si, comienzo a meterle la pinga desde atrás a Lucía, que parece no darse cuenta, dándole lengua y comiéndose la panochita de Teresa, que arquea la espalda y sisea en español que «se vino» y veo que le sale de la panocha un par de chorritos blancuzcos, que Lucía le lame, que se incorpora Lucia, besa largamente a Teresa y las dos se mojan la cara con los fluidos de la india flaca.

    Lucia se pone a mamarle las tetitas a la flaca y Teresa parece que la está pasando de maravilla, mientras tanto yo no se muy bien que hacer, parado allí viéndolas a las dos gozando, como un poste con la pinga tiesa y que me está reventando, y Teresa le dice a Lucía que «atendamos» al «patroncito» que se ha portado bien, y Lucia le pregunta con malicia a Teresa ¿Te han cogido por el culo? Y Teresa con ojos muy abiertos niega enérgicamente con la cabeza, a lo que Lucía saca de la cómoda un tarro de loción Nivea, y le asegura a Teresa que no duele si «afloja el culo y no lo aprieta».

    Después de un par de rones, besos, caricias y mamadas de su panochita divina, Teresa un poco asustada accede, y que se pone en «cuatro» y Lucia le pone la blanca loción en el ojete del culo, un poco en la cabeza de mi verga, y se pone a calmar a Teresa que está nerviosa y pidiendo que por favor no la «desvirgue»; siento que las bolas y la pinga me van a estallar, hasta que Teresa dice «ahora patroncito, méteme la verga», mientras Lucia se está dejando mamar las tetas por la flaca y viendo la acción.

    La verdad nunca había follado por el culo, pero después de dos intentos en los que Teresa corcoveó un poco, sentí como la pinga se deslizaba sin mayores tropiezos dentro del culito apretado de la indiecita Teresa, que parece que me va a decir que le saque la pinga, pero ¡Sorpresa! Parece que le está gustando, y que me dice Lucia «dale mi amor que le gusta a esta india que la cojan duro», -me acuerdo como si fuera ayer- y que comienzo a darle verga por el culo a Teresa, y pinga y más pinga, siento que me vengo y que se lo digo, y le pregunto que si le echo la leche en la espalda o las tetas, y Lucia que dice ¡No! !¿Estás pendejo?! «Échale la leche adentro del culo»! Y Teresa que me dice- Si patroncito, quiero tu lechita en mi culito! Y que me vengo dentro de ese culo moreno y apretado, siento como me salen como cinco o seis chorros de semen con un placer indescriptible, mientras Teresa está moviendo el culo de arriba a abajo, diciendo vulgaridades en Quechua y pidiéndome más leche.

    Me desacoplé de ese culito indio, y me dio corte ver que tenía materia fecal pegada de la verga, y después que fui a limpiarme, me encuentro a Teresa llorando, porque le dio pena ver mi desagrado, pero la tranquilicé dándole las gracias por haberme dejado cogerla, mientras Lucía le limpiaba un poco la panochita y el sudor de las acciones con Lucía y conmigo; después de esa sesión, Lucía quiso que le diera verga a ella y que Teresita le mamara el chocho, cosa que ambos hicimos con mucho gusto, Lucia ya estaría cerca de cumplir los 50 años, pero estaba entera, con un cuerpo fuerte de haber trabajado en granjas toda su vida, ambos Teresa y yo nos pusimos a mamarle las tetas a Lucia (uno en cada teta) y Lucía estaba muy cachonda de tener ahí a Teresa viéndonos a ambos cuando estábamos cogiendo, y esa noche ambas se comieron las panochas y volví a coger a Teresa por el culo.

    Pasé la noche con las dos en la cama de mis padres, y en la mañana, después que Teresita se fue a asear, le di a Lucia una de las mejores cogidas que nunca le di. Después de ese encuentro, cogimos con las otras dos indias de la casa, a esas si podía meterles la verga por sus panochitas indígenas (con condón) y lo seguimos haciendo hasta que me tocó a mi irme a estudiar a la universidad, donde cogí con cantidad de mujeres, inclusive con dos o tres negras costeñas, rubias de Bogotá o bellas morenas paisas, pero nunca me ha gustado coger a ninguna otro tipo de mujer si puedo coger con una india (de donde sea) las indias son y han sido mi pasión, he comido muchas panochitas indias y nunca pierdo el gusto.

    Luego les cuento la historia de las cogidas con unas indias mayas puras en Mérida México…

  • Un trío inesperado con la mamá de un amigo

    Un trío inesperado con la mamá de un amigo

    Hola a todos, un placer volver a saludaros y encantado de poder contaros otra experiencia más con mi esposa, en primer lugar, voy a detallar un poco para poneros al día de toda esta historia, sobre todo quien haya leído algún relato más mío con mi esposa.

    Esta historia empezó cuando un día por Facebook me empezó a chatear la mama de Juan, un amigo colombiano al que un día mi esposa se lo cogió conmigo, ella se llama Irene, una mamacita literalmente, a pesar de tener casi cerca de 50 años, se veía joven pero bien buena, morena de piel, pelo rizado y buen culo, típico culazo colombiano, ella se había mudado hace años a otra ciudad y aquí en la nuestra solo se quedó su hijo Juan, que ya tenía una hija pequeña, entonces hablando me comentó que ella venía a veces a nuestra ciudad, pero como no tenía donde quedarse a dormir pues venía y se marchaba en el mismo día, solo por ver a su nieta, yo inocentemente la dije que si algún día viniese no habría problema en quedarse en nuestra casa, ya que era amplia y tampoco podía negarla una cama porqué en su día Juan y yo cuando éramos jóvenes y salíamos de fiesta siempre me han dado su casa como alojamiento, ella me comentó que cuando saliera la oportunidad me avisaría para ver si podía pasar la noche en casa, y ahí quedo la cosa.

    Pasado unos meses, un jueves me avisó que el sábado vendría a ver a su nieta, y que, si podríamos dejarla dormir esa noche en casa y así ella pasar más tiempo con su nieta e irse al día siguiente, yo sin pensarlo la comente a mi esposa Julia si podría ser y ella me dijo que sin problemas. Ya sábado en la tarde, fuimos a recogerla de la estación de autobuses, la presente a mí esposa y todo muy bien, fuimos a casa a que se acomodara la maleta y luego ella se fue hacia el centro de la ciudad a ver a Juan y a su nieta.

    Pasado la tarde noche nos dijo que ya estaba lista, si podría acercarse a casa si no era molestia porqué estaba cansada del viaje y quería descansar, sin pensarlo dos veces le dijimos que subiera que nosotros ya estábamos en casa solos tomándonos algo y refrescarnos un poco del bochorno que hacía, como a la media hora Irene tocó al timbre, en ese momento la abrimos la puerta y al instante entro en casa,

    -Hola chicos, siento mucho las molestias, con vuestro permiso si queréis me voy a la habitación y no os molesto más, dijo Irene.

    -No te preocupes, puedes quedarte con nosotros sin ningún problema hasta que tú quieras, total no estamos haciendo nada y así podemos hablar un poco y pasar la noche agradable, dije yo.

    -Si quieres tomate una ducha, yo te doy toalla y ropa cómoda para estar por casa, dijo mi esposa.

    Irene accedió a la propuesta de la ducha y se fue con mi esposa a por las cosas y se tomó la ducha, mi esposa volvió y me preguntó que sentía lastima por ella por lo que tiene que pasar para ver a su nieta, a la media hora Irene salió de la ducha y entró en el salón con un camisón largo de mi esposa y con los pezones de sus tetas marcándoselos en el camisón, se acomodó en el sofá entre medio de mi esposa y yo y la servimos una copa de vino, al rato de estar los tres sentados y hablando de la vida Irene comenzaba a acomodarse sensualmente con el cuerpo hacía Julia y sus caderas de lado hacía mí, el camisón cada vez se le subía más y media nalga se le salía, y ahí empezó la cosa a calentarse…

    -¿Chicos y vosotros qué tal lleváis la vida sexual? Imaginó que siendo tan jóvenes tenéis que tener mucho sexo… perdonadme por la pregunta, tal vez es un poco descarada, dijo Irene.

    -No, para nada, pues normalmente lo hacemos poco, por temas de trabajo y los niños, pero cuando tenemos tiempo para los dos solemos hacerlo mucho, la conteste

    Julia se empezó a reír y entre carcajadas soltó; ¡¡anda, ya me gustaría que follaramos más!!

    -¿Y tú Irene? ¿Llevas un tiempo que estás sola, como lo haces o te has vuelto monja? La pregunté en tono de broma, ella solo nos miró y se río y dijo;

    -Bueno me apaño como puedo, pero hay días que no me aguanto, y en la ciudad que estoy no hay mucho…

    -Ay amor, no seas cotilla hombre, deja a Irene que ella sabrá, dijo Julia.

    -Bueno si no hay machos búscate una mujer, hoy en día todo vale Irene, la comente

    -Si, ¿que crees? He probado y me ha encantado, volvería a repetirlo, pero es difícil ya que también conmigo vive mí otro hijo y tengo que tener cuidado con esas cosas…

    -Bueno, pero ahora no tienes a nadie, estas aquí sola sin hijos ni nada, puedes aprovechar y saciarte… dijo mi esposa.

    En ese momento Julia se acomodó y relajo en el sofá tumbados hacia atrás y con su mano derecha empezó a tocar el pelo rizado a Irene, en ese instante las dos estaban muy pegadizas e Irene la devolvió el gesto con un cariño en la pierna a mí esposa y se giró mirándome preguntando qué podía hacer con esta chica…

    -Yo me la comería, ¿tú me das permiso? Me pregunto Irene a mí.

    -Claro, adelante, me encantaría verlo… la contesté, acto seguido yo con la verga parada y dura, me quede asombrado al ver como empezaron a besarse y escuchar los besuqueos ricos y lentos… en ese instante Irene con su otra mano libre, me empezó a tocar la verga por encima de mis pantalones y poco a poco metió su mano dentro de mi y empezo a jalarme la polla…

    El momento pareció eterno, entonces no me aguante y las dije; vamos al cuarto de dormir, aquí perdemos tiempo…

    Entrando los tres en la habitación empezamos mi esposa y yo a besar y tocar a Irene, yo por detrás la estaba sobando el enorme culo y besándola el cuello, y mi esposa la comía la boca y con sus manos la tocaba el culo a la vez que yo la sobaba, nos apartamos un momento, nos desvestimos los tres, Irene tumbo a mi esposa boca abajo en la cama y se puso en cuatro encima de ella y empezo a besarla…

    -Ay que rica que estas Julia, que pedazo de mujeron dijo Irene, mi esposa solo hacía que gemir;

    -Hummm, ayyy, uff cómeme el coño… balbuceaba y gemía Julia, yo en ese momento me agache y empecé a lamerla el ano a Irene y lentamente bajaba a su precioso coño y acto seguido, no pude contener las ganas y la penetre fuerte;

    -Oh cabron, que rico se siente… Siii follame papito, follane duro y que le guste a tu esposa…. Decía Irene, yo los gemidos de ambas y los sonidos de sus besos me volvían loco, no me aguante y me corrí dentro de su coño, una cantidad de leche abundante… Irene parecía que se había corrido junto a mí y acto seguido salió de esa postura y se tumbó.

    -Ven cariño y comete la leche de tu esposo que tengo dentro de mí… dijo Irene.

    Julia se volteó y empezó a comerla el coño con el culo en pompa, yo sin pensarlo la empecé a lamer el trasero y enseguida se me volvió a poner dura la verga, esta vez me levanté y las dije que se pusieran de rodillas y me comieran la verga las dos, una a cada lado, empezaron lentamente a comerme la verga de lado a lado terminando en mi rosado prepucio mojado de semen y sus líquidos, en ese momento decidí tumbarme yo en la cama;

    -Irene ponte tu culazo en mi cara y tu amor, cabálgame y follame rico, las comente.

    Irene con su tremendo culazo se puso encima de mi cabeza y con ese coño todavía empapado de sus líquidos y ese rico olor a coño, me lo restregó por la cara, acto seguid mi esposa agarro mi verga y se la metió en su coño jugoso, solo se escuchaba gemidos y besos de ellas, mi esposa cada vez cabalgaba más y más duro…

    -Ay amor, me encanta…!!! Exclamo mi esposa, mientras que poco a poco paraba el ritmo de cabalgar y sentía en mi ombligo un chorro enorme de su corrida, se bajaron las dos y empezaron a chupármela nuevamente a la vez, cuando Irene se levantó y dijo;

    -Quiero follarmelo yo un rato y tú quédate mirando.

    Se subió encima, se metió mi verga en su rico coño humado, y empezó a cabalgarme y besarme mientras que mi esposa empezó de lado a tocarse mirándonos, al rato siento como mi esposa se levanta y empieza a comerme la verga y el culo a Irene mientras esta seguía encima mía.

    -Uff Irene me corro, como me encantas…!! Exclamé entre medias de sus gemidos.

    -Si papi, dame tu leche papi, ayyy siii que rico !!!! Exclamo Irene.

    En el instante sentí otra explosión de mi verga llenándole el coño a Irene de leche… se levantó y empezó a limpiarme la verga y mi esposa otra vez se fue a limpiarle el coño de Irene llena de leche…

    En ese instante yo me quede tieso de la intensa y corta follada con Irene y Julia… pero ellas no pararon ahí, se levantaron a ducharse las dos juntas y otra vez gemidos de ambas…

    Y así termino mi noche, y no la de Irene y Julia, que tal fueron las ganas que se tenían, que terminaron follando las dos en la otra habitación y al día siguiente al despertarme, estaban las dos desnudas y abrazaditas, con un consolador entre ellas.

    Espero que os haya gustado mi relato, quiero ver vuestros comentarios y opiniones, gracias y un abrazo.

  • El bautizo campestre (Día 4): El regreso

    El bautizo campestre (Día 4): El regreso

    El viaje de ida nos había dejado algo cansados, con sed y muchísima hambre… Los vejetes se sobaban las manos, pensando en la vuelta, pero como todos sabemos, las cosas rara vez pasan como las planeamos, la mayoría de las veces nos decepcionan, otras, superan nuestras más locas expectativas.

    I

    El almuerzo fue abundante y opíparo y como todo buen bautizo campestre con alcohol a raudales. Andrea bailó con los tres veteranos por largo rato. La miraba embelesado desde mi mesa cuando de improviso Elsa se sentó a mi lado.

    Elsa: hola guapo… quería saber si te molestaría que mañana te presentara a una prima…

    Yo: si es como tú, por supuesto que no me molestaría, al contrario…

    Elsa: jajaja si, primo… se parece a mí, pero es como 12 años más vieja, aunque no se le nota, te diré…

    Yo: mañana? por qué no.

    Elsa: echo!

    Elsa partió alegre. Aurelio, cansado, con el rostro enrojecido y respirando audiblemente ocupó su lugar. Con un pañuelo de tela, secaba la transpiración que bajaba por su cara copiosamente…

    Aurelio: Sería bueno pensar en irnos… para no tener que manejar de noche.

    Yo: lo que tú digas, viejito…

    Diez minutos más tarde, la van de Aurelio, conducida por mí, rodaba cansinamente por el enripiado camino. Andrea, sentada a mi lado, sonreía alegremente. En tanto, atrás, los tres abuelos, ebrios y agotados, dormían plácidamente…

    Al rato, miré mi reloj. Media hora de viaje ya y parecía menos… Andrea a poco de salir del pueblo costero, reclinó el asiento y segundos después de cerrar los ojos, cayó en un profundo sueño. Conducía en silencio. De tanto en tanto, desviaba la mirada con el fin de verle las piernas.

    Orinaba, detrás de la van por el lado del chofer, a la orilla del camino. El silencio absoluto era quebrado por el silbido del viento y el trinar de las aves. Las sombras de los álamos comenzaban a alargarse. Era momento de seguir.

    Al llegar a la van, noté que Andrea estaba despierta. Seguía recostada. Me recibió con una sonrisa.

    Yo: hola lindura… qué tal el tuto?

    Andrea: hola amor… rica. Tengo sed y quiero orinar.

    Yo: -Le sonreí.- Voy por algo para beber.

    II

    El cooler estaba en el maletero. Cómo no sabía qué deseaba beber, tomé una cerveza y una bebida. Andrea orinaba, en cuclillas a dos pasos de la van, de espalda hacia donde yo me encontraba.

    Al dar la vuelta, quedé hipnotizado con su redondeado culo… Sintió que la miraba o me escuchó, no lo sé. El caso es que, volteando la cabeza, señaló, -¿qué miras… acaso te gusto o te debo dinero?-

    Yo: -sonrojándome al ser sorprendido con cara de bobalicón, mirándole su bello culo- Me gustas, ricura… mucho y lo sabes… Nada qué ver, pero qué quieres tomar?

    Andrea: una cerveza, para seguir la línea, digo…

    Los dos: jajaja…

    Yo: eso es lo que tienes, chiquilla… ven para acá…

    Nos abrazamos y entrelazamos en un profundo y apasionado beso… Nuestras manos no podían quedarse quietas. La verga me reaccionó de inmediato y más cuando al tocarle bajo la falda noté que, de nuevo, no llevaba ropa interior. –Subamos-, me dijo.

    Andrea: ya, cariño… conduzca… te voy hacer la mamada del siglo.

    Yo: pero esa ya me la hiciste la noche que llegamos… así que si… ahhh… guaaa…

    Menos de un kilómetro adelante nos encontramos con el desvío hacia los sauces… Al disminuir la velocidad, Andrea levantó la cabeza y, tras echar un vistazo volvió a lo suyo. Detuve la van donde mismo lo habíamos hecho en la mañana.

    Andrea mamaba con frenesí. Algunos minutos después, sin pensarlo, tomé su cabeza con ambas manos y aceleré el ritmo, follándome su boca con rudeza. Al eyacular puso sus manos en mis nalgas, empujándola aún más adentro. No quería dejar escapar ni una sola gota.

    Al cabo de unos minutos de conversación decidimos irnos para llegar a follar a la ducha, los dos, solitos. Nos comenzábamos a vestir cuando vimos la camioneta de Juan desviarse hacia nosotros. Nos miramos y sonriendo nos desnudamos. Andrea, entonces, levantando el culo para mostrarlo por la ventanilla abierta, comenzó a chuparme la verga.

    Juan: ayayai, primo… te la cambio… jajaja…

    Yo: -al notar que era Elsa y no Rosa, le dije a Andrea.- quieres cambiar?

    Andrea: y tú?

    Yo: bueno, sí… es que con Elsa quedé con ganas…

    Andrea: dale…

    Yo: -a Juan ya estacionado- Sigue en pie la oferta del cambio, primo?

    Juan: Por supuesto…

    Yo: ok… démosle. –Dirigiéndome a Andrea- y tú qué haces… no, no, no… nada de ropa… Espera…

    Bajé, desnudo. Di la vuelta por delante de la van. Le abrí la puerta a mi novia y la ayudé a descender. Luego, de la mano, nos dirigimos hacia la camioneta. A mitad de trayecto, nos cruzamos con Elsa. Desnuda también. Al llegar a destino. Le abrí la puerta y con un suave beso en sus labios, me despedí.

    III

    En el momento que abría la puerta de la van, la camioneta con mi novia dentro, me mostraba sus luces traseras en señal de despedida. La tarde declinaba cuando Elsa me dice… -Follemos afuera, primo… ven…

    En vez de seguirla de inmediato, fui en busca del manto que Aurelio tenía en el maletero de la van… Elsa estaba de pie, desnuda con las piernas ligeramente separadas, las manos en las caderas, a unos metros de la van… Sus tetas erguidas y firmes a pesar de la lactancia me llamaban. Le mostré el manto. Sonrió. Juntos lo estiramos.

    Tras la operación ambos dimos un paso para encontrarnos en el centro. Nos besamos… Ella con una inusitada pasión… Posándole una mano en cada mejilla y mirándola a los ojos, le dije en voz baja, íntima, -shuuu… nadie nos apura, preciosa…

    Tomándola, gentilmente de los hombros le di la vuelta. Al principio, tiernamente para poco a poco, muy poco a poco aumentar la intensidad de los besos que le prodigaba en el cuello, orejas y nuca.

    Ella, en tanto, con su mano derecha, tomó mi verga con decisión. Arriba, abajo, arriba, abajo la movía con parsimonia y contenida lujuria. Comenzó a gemir luego que al oído, le susurré todo lo que le iba a hacer.

    Mis manos, por su lado, le recorrían el cuerpo con calculada delicadeza, deteniéndose para quedarse en el depilado coño… Qué pedazo de coño. A los gemidos se le unieron exclamaciones monosilábicas. Pasaba mis dedos por el lado de sus labios vaginales subiendo y bajando.

    La deposité gentilmente sobre el paño. Nos miramos borrachos de líbido. Ella recostada de espaldas, codos y rodillas flexionadas y éstas últimas, ligeramente separadas. Su largo pelo tomado en dos trenzas no alcanzaba a disimular sus erectos pezones. Entreabrió la boca en un mudo rictus de deseo.

    Hacía unos minutos buscaba solo satisfacerme, sin embargo, al verla ahí, entregada, anhelante, excitada, cambió las cosas. Quería darle placer… No, mejor dicho, necesitaba hacerlo. Mirándola con deseo, me arrodillé frente a sus rodillas, separándolas hasta dejar sus piernas completamente abiertas.

    Una vez expuesto su coño. Comencé a bajar por sus piernas, tocándola, apenas, con la yema de los dedos. Detenía mi avance milímetros antes de tocarlo, solo para volver a llegar hasta un poco menos abajo desde donde había partido.

    Así, tres veces, subí y bajé mis manos por el interior de sus muslos hasta casi tocarle el coño… Elsa gemía y suspiraba alternativamente. En la siguiente ocasión en la que subieron, los dedos se quedaron circundando toda su zona erógena hasta tomar labios vaginales y suavemente separarlos. Jadeó…

    Abrí su vagina completamente. Entonces, acerqué mi boca para con el aliento, primero y la lengua después, estimular su coño y clítoris hasta, pocos minutos después, notar por la increíble afluencia de líquidos que la esposa de don Arturo alcanzaba un intenso orgasmo.

    Menos de 15 segundos pasaron y metiéndole mis dedos del corazón y anular en su coño, comencé de una, un sube y baja a un ritmo rápido. Los gemidos no se hicieron esperar. De pronto, arqueó su cuerpo apoyando todo su peso en los pies y la cabeza, eyaculando profusamente.

    Por poco más de un minuto estuvo desparramada sobre la frazada, sonriendo y lanzándome besos. Tomé uno de esos besos en el aire y lo dirigí hacia mi erecta verga.

    IV

    Elsa: -suspiró- el Artu folla bien, pero esto… uuuu… es… otra cosa…

    Yo: -estirando mi mano hacia ella- No me vas a decir que nunca antes habías sentido esto… -sonrió enigmáticamente- venga, mijita… Dese vuelta. Eso… Así mismo…

    Solita se ubicó en cuatro, apoyando su peso en rodillas y brazos, levantando el culo como perra en celo… Acerqué la verga a su mojado coño. Por unos segundos se la dejé rozando la entrada hasta que ella misma me pidió que la penetrara hasta el fondo.

    Yo: así la quieres dentro…

    Elsa: si, por favor…

    Yo: te la voy a meter, pero solo si… solo si eres mi putita personal… Lo serás?

    Elsa: si… Quiero que me trates como pu… Ayyy!

    Tras penetrarla de una sola estocada seguí con un mete y saca a media máquina. Cada ciertas metidas le propinaba una firme, mas no ruda, nalgada. Al cabo de unos minutos, con el dedo índice inicié la estimulación de su rosado ano. -te gusta, putita-, le dije. Solo aullidos recibí por respuesta. -Tócate-, le susurré.

    Mientras otro orgasmo la invadía, al mismo tiempo, le retiré los dos dedos que ya tenía hasta el fondo de su culo y la verga de su ardiente coño. Acto seguido, abrí sus cachetes con ambas manos y apuntándole al orificio del culo, le incrusté, de una, la polla hasta dejarle dentro todo el glande.

    Elsa: Ayyy… Me duele, pero me gusta… Ayyy… Hazlo despacito, por favor…

    Yo: hazlo tú misma…

    Le abría las nalgas. Entonces, comenzó a ejercer una leve pero constante presión sobre la corneta. De ese modo, empujando lentamente se lo fue metiendo hasta llegar al fondo. Una vez dentro, comenzó con un sube y baja sin sacar la verga un milímetro de su oscuro y cálido escondite. Elsa se encontraba tan excitada que empezó a tiritar producto de otro orgasmo. En ese momento comencé con el mete y saca.

    Su culo seguía apretado a pesar de lo de la mañana. Estaba seguro que si no la primera, no era más de la tercera vez que se comía una verga por el ojete… Aumenté el ritmo sin darme cuenta. La mujer del patriarca acababa una y otra vez.

    Elsa: -entrecortadamente- a ca ba por fa vor Da ni… No pue do másss…

    El sol soltaba sus últimos destellos anaranjados, pintando de vívidos colores el paño del cielo para recibir al oscuro manto nocturno que no tardaba en cubrirlo todo. Elsa agitaba su cabeza al ritmo de la follada.

    Los orgasmos se sucedían, pareciendo que fuera uno solo cuando, sintiendo que ya estaba a punto de acabar, aumenté aún más la intensidad de las embestidas hasta llenarle las entrañas de semen entre audibles jadeos de ambos.

    Elsa: -al cabo de más de un minuto y aún debajo de mi- nunca pensé que diría esto, pero estoy tan “pochita” que no puedo hacerlo más… espero tú estés igual.

    Yo: ni que lo digas, preciosa… eres una tremenda mujer y si don Arturo te es suficiente, me imagino a ese hombre con 30 años menos… en fin, nos vamos?

    Elsa: pero no tengo ropa…

    Yo: tranqui… eso lo podemos arreglar… vamos, cariño…

    V

    El resto del viaje, conversamos y reímos. Frente a la puerta de la casa de Aurelio, paré el motor de la van. Elsa sonreía, satisfecha. Con mi polera definitivamente lucía demasiado sexy. Acerqué mi mano a su pierna. Su piel reaccionó erizándose al igual que sus formados pezones.

    Yo: -dirigiéndome a los viejos que aún dormían.- Llegamos señores…

    Aurelio: déjame aquí. Toma la camioneta. Mañana me la traes…

    Yo: nos vemos mañana entonces… espero lo hayan disfrutado tanto como yo.

    Ramiro: ni que lo menciones, chiquillo.

    Jorge: El mejor… espero volver a verla mañana…

    Yo: por supuesto… nos veremos en la fiesta… ya… mucho blablá… nos vemos, chaolín. –Dirigiéndome a Elsa,- ya cariño… quieres que te vaya a dejar o te vienes conmigo…

    Elsa: vamos… Arturo no me va a extrañar esta noche…

    Yo: jejeje… Sabes manejar? No? Pues es hora que aprendas… ven, cambiemos. Ahora, antes de todo qué es lo que debes hacer?

    Elsa: abrocharme el cinturón?

    Yo: no… antes de todo debes desnudarte… eso… ahora, enciende el carro, abróchate el cinturón, pisa el freno y mueve la palanca (para eso eres buena, créeme) hasta la D. Eso, así… Ahora, suelta el freno…

    Elsa: ohhh, anda solita… y ahora qué?

    Yo: presiona, muy suavemente, el acelerador. Eso, cariño, así… Lento, mire que nadie nos apura.

    Unos 10 minutos más tarde llegábamos a la casa donde pernoctábamos mi novia y yo junto a mis amigos, Mario y Enrique. La citrola del huaso estaba estacionada al igual que la camioneta de Juan. El reloj marcaba pasaditas las 10 de la noche… -Entramos?-, le dije al tiempo que le ofrecía mi polera como único atuendo.

    No hacía frío, pero los pezones de Elsa no cesaban en sus ansias de permanecer erguidos. Mi polera le quedaba como un cortísimo y holgado vestido. De verdad que se veía muy sexy. De la mano, ingresamos a la casa y recorrimos el largo pasillo hasta la pieza. A unos metros de llegar nos detuvimos al escuchar claramente los gemidos típicos del buen sexo. Nos miramos sonriendo. Sin golpear y en silencio ingresamos.

    Solo Mario se dio cuenta que estábamos ahí, pues estaba sentado en la cama de Enrique, observando cómo en nuestra cama, Juan y el huaso le daban por el culo y el coño a todo ritmo, a mi novia. Nos saludó con la mano y golpeó a su lado con la palma de la mano en señal de invitación a tomar asiento. Asentí.

    En un rápido vistazo pude ver tres botellas de tequila vacías, una nueva y otra a medias en la mesa. Alrededor de ellas, cuatros vasos. Todos vacíos. Al pasar, llené dos y, entregándole uno a Elsa. Nos miramos fijamente. De un trago lo tomamos. Serví otros dos y seguimos nuestro camino.

    En el trayecto, Elsa no le quitó los ojos de encima a la escena. Casi al llegar a la cama se detuvo y acercando su boca a mi oído, susurró, -quiero que me hagan eso, Dani…- La miré y con un gesto caballeresco, hice que pasara delante de mí y tomara asiento entre Mario y yo.

    Nos saludamos y acomodamos para ver el espectáculo. Era una película porno en vivo y en directo… Andrea jadeaba, borracha en tequila y placer. Su cabeza parecía desarticulada moviéndose al ritmo del mete y saca. Juan acostado mirando al cielo, con su verga incrustada en el coño de mi noviecita y chupándole sus tetas con esmero, mientras el huaso, le taladraba el culo como un poseso. Notable!

    Mientras observaba con los ojos casi fuera de sus órbitas y sin siquiera percatarse de lo que su cuerpo hacía, Elsa, abrió lentamente sus piernas y sin preámbulos comenzó a tocarse el coño. Girando mi cuerpo lo suficiente, le ayudé a deshacerse de lo único que le cubría su desnudez solo para tomarle y comenzar a chupar su pechuga izquierda. Mario, por su lado, hacía lo propio con la derecha. Los gemidos de Elsa no tardaron en escucharse.

    Continuará…

    En la siguiente parte, les detallaré, si ustedes así lo quieren, lo que pasó esa larga y caliente noche. Hasta entonces.

  • María, la mejor para el squirt

    María, la mejor para el squirt

    Hacer el sexo con María, fue una maravillosa experiencia, sentir la deliciosa lluvia de una acabada que llenó mi boca y encendió el deseo por conocer como lo disfrutan otras mujeres.

    Es una historia surgida de la seducción y la fantasía, surgida de esos momentos de ocio laboral, cuando el descanso motiva a la confidencia y complicidad.

    Era habitual en esos momentos de ocio compartir y confidencias, obviamente no tenemos mucha variedad temática, fútbol y mujeres, en esta ocasión fue la segunda opción.

    Casado, con quince años menos (voy por los 45) durante esas charlas de amigos nos compartimos aventuras y hasta las relaciones maritales, de tal modo que cuando comenzó a contar intimidades del sexo con su esposa y la manera tan especial que tenía ella de expresar el orgasmo me dejó tan sorprendido como interesado en conocer algún detalle más.

    Hasta ese momento solo había sabido de la capacidad de algunas mujeres para llegar al orgasmo y tener el squirt, pero solo de comentarios y de alguna porno, pero ahora tenía información en directo y en primera persona. Entre ambos se había generado bastante confianza para comentar cosas del sexo en el matrimonio, pero cuando mencionó la cualidad de su esposa de producir el squirt, debió haber percibido que el tema me había interesado, y tal vez para dársela de sabiondo fue contando detalles.

    -Te he sorprendido

    – Sí, claro, solo había visto una vez en una peli, pero…

    – Queres saber más?

    – Sí, claro me interesaría conocer más detalles de cómo es… bueno tu sabes… conocer detalles.

    La curiosidad podía más que la prudencia, él lo había notado y contó que cuando llegaba al orgasmo no solo lo gritaba sino que esa “eyaculada” del squirt era algo que no paraba de acabar.

    La curiosidad me podía, pero no encontraba la forma de saber más del tema y por temor a mostrarme como un pajero no me animé a preguntarle más, fue la causalidad que vino en mi ayuda. Eran tiempos donde los teléfonos celulares solo servían para hablar y enviar mensajes de texto, y precisamente en esa ocasión el amigo debía de enviarle un mensaje a su esposa pero se había quedado sin crédito. Obviamente al escribirle a su esposa su número quedó registrado.

    Estuve tratando de aplacar la curiosidad por llamar a María, su esposa, en un momento de calentura tomé coraje, vencí el pudor y la llamé. Cuando atendió le dije soy Juan y no sé de qué modo tengo este número y por eso te llamo, breve charla pero interesante, ella tratando de saber quién era y todo eso que sucede cuando recibes el llamado de un extraño. Palabra va palabra viene, la cuestión fue que le pedí si podíamos conocernos, la respuesta fue un rotundo no!

    Nuevamente la causalidad asomó en el horizonte, en ocasión del fallecimiento de un compañero de trabajo, correspondía asistir al sepelio, algunos compañeros fueron con sus esposas, entre ellas estaba María, esa lejana tentación que no dejaba de ocupar mis momentos mas calenturientos para comprobar como sería es lluvia de su squirt cuando pudiera conseguirle un orgasmo como el que me tenía obsesionado.

    Quizás sería mi única oportunidad para acercarme a ella, era el todo o nada, en el breve intercambio de palabras confesé mi pecado, que había sido yo, Juan, quien la llamó y le había pedido conocernos. Me pareció algo sorprendida, pero enseguida llegó su marido y el intento quedó solo en eso.

    Un par de meses después de ese fugaz encuentro, recibo un llamado de una mujer que dice:

    – Hola Ruth como estás?

    – No soy Ruth, soy Juan… (como la tenía agendada sabía quien era)

    – Ah, ok… ok, disculpa creía que…

    Todo se quedó en ese llamado de María, que mi deseo por ella me hacía creer que todo había sido adrede, un intento por saber de mis intenciones o qué?

    Dejé pasar unos días y me atreví a llamarla: – Hola María, no soy Ruth soy Juan y quería saber más de ti, ella se excusó de la llamada anterior aduciendo que fue por error

    La charla se hizo amena, y quedamos en volver a hablarnos, de ese modo lo hicimos por varios días hasta que una tarde la llamó, diciendo que esa tarde no fui a trabajar y que quería invitarla a tomar un café y seguir la charla, que estaba decidido a no aceptar un no por respuesta. La osadía de atreverme a ir de frente fue lo que provocó que aceptara. Le propuse encontrarnos en un bar discreto no tan lejos de su casa, había cubierto la excusa de decir que estaba su marido.

    Me costaba disimular mi deseo por llevarla a la cama, pero debía ir con precaución para no asustarla. Las prevenciones fueron innecesarias luego de una breve charla trivial, llegamos al tema de la intimidad y la seducción mutua nos facilitó las cosas. Ella tenía miedo a ser vista con otro hombre, no era tiempo de pensar, le dije de retirarnos y que fuéramos a un lugar que conozco. – Que sea discreto (dijo)

    -No tengas dudas será bien discreto, solo estaremos los dos. (sonrisa cómplice)

    Subimos a mi automóvil y conduje lo más rápido posible hasta el hotel más próximo, no fuera que María se arrepienta y me quedara con esa calentura que venía acumulando, creo que desde el mismo instante que mi compañero describió su capacidad de producir esa “acabada” tan especial.

    Todo era urgencia, prisa por concretar el deseo de disfrutarnos, el tiempo apremia, la calentura exige. Tan pronto estacionamos y corrimos la cortina que da privacidad a los autos, nos comimos la boca, las lenguas hablaron el húmedo lenguaje del deseo, las manos escribían la calentura en carne propia. Bajamos rápido, subimos al cuarto y tan pronto se cerró la puerta nos dejamos caer enredados en pasión, la infidelidad con la mujer del compañero motiva y acrecienta las ganas de probar a esa esposa tan ponderada.

    La prisa y el deseo me habían puesto tan nervioso que me costaba desabrocharle el jean y menos desabrochar la hebilla de los zapatos de tacón alto, ella colabora con mi torpeza, se quita el top para quedar en tetas, ofreciéndose tan solo con la escueta tanga.

    Mientras termino de quitarme el pantalón puedo observar en el espejo ese delicioso cuerpo que estoy por “comerme”. Desnudo me ofrezco a ser escrutado por la mirada ardiente de Maria, mientras la visión de su desnudez me pone loco, el culito redondo es la perfección, y esas tetotas son la tentación desnuda que redime tas culpas por hacer cornudo al compañero de tareas.

    Las caricias sobre su cuerpo le hacen olvidar la infidelidad y calmar el nerviosismo inicial, se deja llevar por el camino de la seducción, las mamadas y succión de sus pezones la transportan a esta realidad donde los cuerpos se friccionan, y enredan en el mismo deseo. Presuroso me deslizo lamiendo su vientre hasta colócame con la boca entre sus piernas, frotando los labios de la vulva con suavidad para alucinar con el aroma de su sexo.

    Los gemidos de María transportan a un universo de pasión desconocido, colocado frente al sexo para poder llenarme la boca de su sabor, elevando sus piernas sobre mis hombros me vuelvo a sumergir en el mar de su deseo, la calentura la invade y desconcierta, su orgasmo es una sinfonía de gemidos y la lluvia de su acabada me llena la boca de sabor y calentura.

    Fue un descubrimiento, alcanzar es,e premio del que se vanagloriaba mi compañero y me hacía desearla tantas noches de insomnio, ahora esa deliciosa lluvia de pasión era toda mía, no la solté hasta que dejo de producirla. Quedamos rendidos, ella seguía estremecida por el tremendo orgasmo que consideraba mi obra maestra, nunca antes había sentido ese placer, ahora disfrutado por partida doble, el mío y que me regala María.

    – Amor, aun no te viniste

    – No, pero con este orgasmo tuyo me siento tan satisfecho…

    – Pero aún tenemos tiempo, ven que te voy a regalar el mejor polvo.

    El encuentro solo había escrito el prólogo, ahora vendría lo mejor, ella se había entregado a disfrutar y hacer disfrutar como nunca, lo decía con palabras sencillas pero con la profundidad del deseo más intenso.

    Aun tenía el pecho bañado por ese squirt tan abundante, cuando María vino para ponerme en máxima erección, pajeando y mamando la verga como ninguna antes. Esta mujer sabía como poner a un tipo en su máxima calentura. Giramos hasta colocarnos en un 69 alucinante, la vorágine de la calentura nos incendia y predispone para un nuevo orgasmo de ella, esta vez casi no tuvo lluvia, solo una mínima humedad, seguí mamando hasta robarle dos nuevos orgasmos.

    – Vamos amor, te necesito dentro, necesito tu leche…

    Una visita a su boca era el paso previo a visitar la otra boca, la vertical. La calentura de esta mujer era algo de no creer, si parecía que los labios de la vulva aletean como una mariposa atrapada, se me ofrece, eleva las piernas para que pueda descansar los talones sobre mis hombros. Me dejo ir dentro de ella, con todo el peso de mi deseo, enterrada de un solo envión, el bombeo vuelve a poner en marcha la calentura de esta hembra, nuevamente comienzo a sentir los jugos que salen de su conchita, sentir ese nuevo squit me alucina y descontrola.

    Penetro con pasión, con las manos debajo de sus nalgas la atraigo para darle verga hasta el límite de lo posible, ella se agarra de mis brazos para aumentar la penetración. Nos dejamos llevar por los impulsos de una penetración salvaje, los gemidos de ella se vuelven gritos que se ahogan en su garganta. Un empellón y se la mandó con todo, adentro, un bufido que me salió desde lo profundo fue el acompañamiento de una acabada con todo. Pequeños movimientos de pija crean el espacio para vaciarme por completo.

    Luego de haberme vaciado en ella, me voy retirando, despacio para poder apreciar y disfrutar como se escurre de su vagina el semen que me había sacado.

    Un momento de relax, nos permite compartir unas cervezas y ayuda a conocernos, a poder ser algo más que cómplices de un lujurioso acto sexual, el vidrio me permite el disfrute de verla ducharse mientras me deleito fumando un cigarrillo

    Regresó envuelta en la bata de baño, en el borde de la cama se abre para lucir su desnudez, apabullarme con esas tetotas que me vuelven loco, las pone en mi boca y luego se arroja encima de mí para comerme la boca, mientras con la mano vuelve a ponerme “al palo”. Sin darme tiempo a nada cambia la posición, ahora en cuatro patas, de perrita, se ofrece a su macho creando un momento de indecisión, sabe leer los gestos.

    – Vamos!, soy toda tuya… por donde quieras entrarme

    No necesité que repita la orden, voy decidido, conociendo el próximo destino de mi leche.

    Un breve paso por esa conchita húmeda, solo para humedecer el miembro, le ordeno que se abra las cachas que le voy a entrar por el ano. Fue un viaje de ida, solo apoyarla en ese culo abierto con sus manos para favorecer la entrada, entrar la cabezota y luego un empellón suave pero sin pausas hasta que la tuve toda dentro de su culo.

    La tengo gorda y sentía el quejido de María cuando entró toda, arquea la espalda y vamos tomando ritmo. Sus manos frotan la vagina, es la entrega total.

    Su excitación vuelve a tomar intensidad y decisión, ajena al dolor de la penetración se entrega sin reservas, solo importa que su macho le haga llegar al orgasmo.

    Nuevamente esa deliciosa lluvia vaginal comienza a ser el prólogo de un orgasmo.

    – Vamos, vamos! Rómpeme el orto, vamos dame fuerte, quiero acabar con tu leche. Rómpeme el orto!!!!

    Su ruego era la motivación para tomarla con fuerza de los cabellos y darle pija sin compasión, tomando velocidad y profundidad, algunas sonoras nalgadas matizaban el chapoteo de la verga. Se viene con abundante squirt, las sábanas se mojan, el bombeo se impone con la fuerza y . urgencia de darle pija a esta hembra insaciable. Nada importa, solo romperte el orto a esta yegua, satisfacerla como si fuera su último deseo, los gemidos se hacen gritos de lujuria y de dolor en su garganta, no me importa, solo puedo escuchar mi respiración agitada y la urgencia de una acabada.

    Esa eyaculada fue algo de lo que no tenía memoria, jamás me había costado tanto poder acabar, pero esta cueva estrecha y la particular forma de venirse de María colmaban todos los deseos.

    Fue una venida, brutal, intensa, con la violencia del deseo a flor de piel, ambos nos dejamos llevar por los instintos mas primarios, solo importaba acabarle dentro. Ya no importaba el culo dolorido, era el momento del relax y reconvertir el dolor anal en placer. Tendidos de costado, en cucharita, disfrutamos ese momento que nos compartíamos.

    La ducha fue reconfortante, la lluvia que venía para apagar los fuegos de la pasión.

    Pero aún no estaba todo escrito, previo a abandonar el hotel escribimos la última línea, una chupada y el orgasmos anticipan a la mamada de pija y acabada en su boca.

    Luego la despedida, el beso y la promesa implícita de que nos debemos una próxima vez.

    Esta fue la historia de Juan que pidió le ayude a contarles.

    Lobo Feroz y nuestro amigo esperan sus comentarios en: [email protected]

  • Cogí con mi suegro por el día del Padre

    Cogí con mi suegro por el día del Padre

    Mi suegro ha sido uno de los mejores hombres con los que he cogido. No sólo por el tamaño de su verga, sino por la forma tan viril como que me trataba. Siempre en el punto justo de dominación, incluso hasta humillación, pero con la protección que una espera de un hombre.

    Desde que me cogió por primera vez en la playa, fui suya cada vez que él quiso, o cuando las ganas me vencían y casi le rogaba para que me cogiera. Igual no era una relación de ninguna forma y no teníamos ningún compromiso. Era la esposa de su hijo y además su amante. Yo no pensaba mucho en eso, sólo en el placer que sentía cuando era su mujer y no su nuera. No era algo de todas las semanas, ni siquiera de todos los meses, quizás unas 6 a 8 veces al año, pero sí que eran momentos de plena entrega y placer.

    Teníamos unos tres años ya cogiendo cuando tras varios idas y vueltas, se decidió que mi suegro y mi suegra vinieran a pasar el Día del Padre con mi esposo y conmigo. No recuerdo los detalles de las coordinaciones, pero finalmente se decidió reunirnos los cuatro en nuestro departamento. Coordiné con mi suegra el almuerzo (pedimos un catering), sobre las bebidas y todo quedó resuelto en forma simple y rápida.

    Cuando llegó el domingo, yo estaba muy excitada. Tenía en mente darle un íntimo regalo a mi suegro, pero no tenía idea de cómo podría hacerlo. Pensé en quizás salir a comprar algo de improviso con él o que salieran mi esposo y su mamá. Pero pensándolo bien, era como muy tirado de los pelos, o salían mi suegro y mi suegra o mi esposo y yo, o los cuatro en último caso. Igual decidí estar lista. Me puse una tanga muy pequeña, casi un hilo dental que compré para la ocasión y un vestido ligero y medio translucido que tenía y nunca había usado. Era un vestido suelto, que sabía podía servir para un sexo al paso sin desvestirme. Hasta lo había imaginado, más de una vez que me había masturbado pensando en mi suegro.

    Mi suegro y mi suegra llegaron hacia las 11.30am. Mi esposo y yo ya los esperábamos listos. Me di cuenta como se calentó mi suegro al verme en el vestidito y más aún al darse cuenta de la tanga que tenía puesta. Conversamos buen rato. Mi suegro me miraba y me desvestía con la mirada. Me iba calentando y también desesperando, pues no encontraba la forma de quedarnos un momento a solas.

    Hacia las 1pm llegó el catering, una recomendación de mi suegra y, por cierto, estuvo todo delicioso y con una presentación buenísima. Asentamos el almuerzo con dos botellas de vino y ya todos estábamos alegres. Yo más que alegre, con mi coñito chorreando de deseo por sentir la verga de mi suegro dentro.

    Poco después de las 3 pm mi suegra propuso ver una película. Sentí que luego de ella se irían y estaba ya desesperada. No sabía cómo hacer para gozar a mi suegro esa tarde. Me di cuenta que él también estaba pasando por lo mismo. Mi suegra propuso que hagamos palomitas de maíz y bebamos coca cola mientras veíamos la película. No teníamos maíz para palomitas en casa ni tampoco gaseosa. Sentí que se abría una ventana de oportunidad, pero igual, tendrían que armarse las parejas como yo quería y no había forma de condicionarlo.

    Como esperaba, mi esposo dijo que iría al supermercado a comprar el maíz y las gaseosas. Ni mi suegro ni mi suegra dijeron nada. Yo le dije “anda amor, yo me quedo con tus papas”. Mi frustración era grande pues pensaba que ya no habría posibilidad de disfrutar esa tarde la verga de mi suegro.

    De pronto, la oportunidad se presentó. Mi suegra le dijo a mi suegro “amor aprovecho y compro algo para nuestra cena en casa”. A mi suegro le cambió la cara. Le respondió que le parecía una excelente idea. Finalmente, en un golpe de suerte, mi esposo se fue con su mamá al supermercado y me quedé a solas con mi suegro en el departamento.

    Tendíamos no más de 20 minutos o incluso menos. El supermercado estaba a poco más de dos cuadras del departamento y los domingos por la tarde solía estar vacío. Mi suegro y yo lo sabíamos.

    Ni bien salieron, me paré junto a la ventana y pude ver como se alejaban. Mi suegro se puso detrás de mí y comenzó a acariciar mis nalgas, por debajo del vestido. Mientras lo hacía se había desabrochado el pantalón y sacado la verga.

    Cuando confirmé que mi esposo y mi suegra caminaban rumbo al supermercado, le dije a mi suegro que se siente en el sofá. Ni bien lo hizo, me puse a su lado y comencé a chuparle su verga. La sentía toda dentro de mi boca, estaba loca por sentirla ya dentro.

    Sin sacarme ni el vestido ni la tanga, me senté sobre mi suegro. Mirándolo. Puso con sus dedos la tanga de costado y me la metió toda, en una sola empujada. Tenía ganas infinitas de besarlo, pero no podía, tenía un labial rojo que le dejaría marcas y no deseaba arriesgarme. Sentí su verga entera disfrutando mi coño completamente húmedo.

    Estuvimos un par de minutos así. Me pidió que me levanté y que me ponga como perra. Lo obedecí, se puso detrás de mí, y sentí como entraba nuevamente toda su verga gruesa en mi coñito. Ambos sabíamos que no teníamos tiempo. Nos aceleramos adrede, no queríamos quedar a medias. En un par de minutos sentí que me venía y se lo comencé a decir, “me vengo, me vengo, suegro me vengo”. Se puso a mil también y llegamos juntos.

    En un instante nos separamos. Fuimos juntos al baño. Con un papel higiénico le limpié su verga. Lo boté en el inodoro. Ni bien terminé regresó a la sala. Con la tanga de lado, me limpié. También tiré el papel al inodoro. Jalé la palanca. Me acomodé la tanga. Volví a la sala.

    Ni bien me senté, mi esposo abría la puerta. Habían vuelto.

  • Amos sin sumisas (amo 1)

    Amos sin sumisas (amo 1)

    No pasaba de los 45, un atractivo moreno cordobés de clase alta, un cirujano que podía permitirse cualquier tipo de capricho y me tocó serlo durante unos meses que me parecieron siglos.

    De carácter dominante y timbre de voz gélida, por teléfono no me inspiraba confianza, pero tocaba trabajar, mi mejor sonrisa y al abrir la puerta pude apreciar que mi primera impresión no fue errónea.

    Destilaba altanería, su seguridad aplastaba el aire del recibidor, me agobiaba.

    Con su timbre de voz hizo que la piel se me erizase, me dijo…

    -Baja la mirada

    ¡Me tocaba el papel de sumisa y es el que más me aburre!

    Hizo que lo desvistiera y que me quedara sólo con las bragas, en algún momento sin que me descubriese levanté la vista y pude observar cómo se relamía los labios mirándome los pezones, pasó 2 dedos por el borde de mi media/liga y con su otra mano cogió una de las mías para que le tocase la polla, dura, caliente y amenazadoramente apetitosa, éstas últimas palabras me las hacía repetirlas cuando me permitía hablar.

    Me bajé de los tacones y poniéndome de rodillas, observé cómo sacaba del maletín que traía con él, lo que parecía un lazo de unos 2 metros, color blanco y de tacto suave, curtido en esto el hombre.

    Cuando quise darme cuenta tenía mis manos atadas a mi espalda y las manos en posición de rezo invertido.

    Empezó con un monólogo sobre lo que me quería hacer, lo que me indicaría y permitiría hacerle, porque yo debía comprender que el placer del amo reside en el de la sumisa, un sinfín de chorradas varias a las cuales no presté atención, lo único que me interesaba era pasar a la acción lo antes posible, para cobrar, hacerlo correr y que se fuese.

    Me levantó el mentón y en voz baja, me indicó que abriese la boca, no tenía una polla especialmente gruesa, sino más bien larga y venosa.

    De una sola estocada me la metió hasta la garganta, primero a un ritmo suave en cuestión de segundos el ritmo se volvió frenético, las lágrimas se me saltaron con sus brutales movimientos, como pude recuperé el aire y me sumé a su ritmo, mi boca estaba repleta de saliva que comenzó a brotar por las comisuras de mis labios, lo oía gemir como un animal, me soltó la pinza de pelo y aprisionando a ambos lados de mi cara, entre jadeos me ordenó que en su próxima visita no lo quería recogido…

    -Dame una respuesta afirmativa mirándome, hazlo!!

    Levanté la mirada y pude ver unos ojos verdes llenos de algo que no me gustaba, con el intercambio de miradas, varias estocadas más dónde me estaba follando la boca a su antojo, comencé a notar la tensión en su cuerpo, ya conocida para mí por clientes anteriores, tensión en sus testículos, venas de su polla hinchada dentro de mi boca, me la sacó y agarrándola con una de sus manos, un par de movimientos arriba y abajo y soltó todo su veneno junto mi saliva en mis dos pechos.

    Volví a mirarlo diciéndole que me sentía marcada, su respuesta fría e impersonal a mi comentario fue:

    -¡Eres mía!!

    De repente sentí una rabia contenida, esa frase evocó en mí recuerdos horribles de una relación pasada.

    Tratando de respirar tras la finalización de nuestro encuentro, no quise recurrir al insulto fácil y tras desatarme, con una amplia y falsa sonrisa, le indiqué que podía pasar al baño.

    Me picaba el cuerpo, lo único que quería en ese momento, era que el tipo que estaba en mi bañera se marchase lo antes posible de casa, para purificarme con el agua.

    Tras su marcha, donde me indicó que volvería, cerré la puerta y salí corriendo al baño, bajo el agua me tocaba con suavidad las marcas que habían dejado su lazo en mis muñecas y brazos, perdida en ese instante, se me iluminó la bombilla, descubrí cómo dominarlo desde abajo en sus próximas visitas, alargar el tiempo y por consiguiente ganar más dinero.

    Sin darse cuenta pasó a ser un AMANTE DE TURNO FIJO (Bautizados así los clientes que nos frecuentan mucho).

    Días más tarde, tirada en la cama estudiando, mi teléfono sonó y al ver de quién se trataba, la pereza me inundó y diciéndome a mí misma:

    “Lucía, es dinero, atiéndelo rápido y antes volverás a tus cosas”.

    1 tono no lo cogí, otro seguía sin ganas, al tercero…

    -Yo: ¿Diga?

    -Amo 1: Explícame por qué cojones tardas tanto en cogerlo!

    -Yo: En primer lugar, no me grites, en segundo ¿Quién eres? y en tercer lugar, si no lo cojo es porque no puedo.

    Se sentía la tensión telefónica en aumento, tenía la sensación de que algo me pinchaba en el pecho.

    -Amo 1: Mira Lucía, en primer lugar, no te estoy gritando, eso te lo voy a dejar a ti cuando te ponga las manos encima, en segundo lugar pienso meterte todos y cada uno de los dedos de mi mano en ése coñito tuyo que me fascina, verás como no sufrirás de mala memoria y cuando te vuelva a llamar, no cometerás la estupidez de preguntarme quién soy y en tercer lugar, anula las citas que tengas próximas, en una hora estoy ahí y recuerda que para mí nunca estás ocupada.

    Al querer replicar, me jodí el muy gilipollas me había colgado el teléfono.

    Tenía una hora para arreglarme por fuera y por dentro (Lubricaciones falsas).

    Al primer impacto al tocarme el coño húmedo y lubricado, su expresión fue la de un león que ha capturado a su presa.

    Sin esperarmelo, éste fue nuestro último encuentro después de varios meses, donde las únicas partes de mi cuerpo sin su veneno, fue mi pelo, mi boca, mi coño y mi culo ambos por dentro.

    Sus castigos eran bastantes sutiles a mi rebeldía, nada que me resultase difícil de llevar, pero el que tenía preparado hoy para mí fue el inicio del final de nuestro negocio.

    Descubrí que él también me había engañado, su comportamiento distaba mucho de ese comportamiento dominante que estuvo teniendo los meses anteriores, hoy era conciliador, tranquilizador, quería darme confianza, para que le permitiera penetrarme vaginal y analmente con uno de sus puños envuelto en un guante quirúrgico hasta el codo.

    Monté en cólera, mil fieras habitaban mi cuerpo, puse postura de defensa y lo invité a marcharse, incluso me ofrecí a devolverle su dinero, me negué en rotundo a realizar ese servicio.

    Jamás os alcanzará la imaginación de aproximaros a la cantidad que llegó a ofrecerme, pero debéis tener en cuenta que nuestros límites los ponemos nosotras, las Novias de mentira.

    Optó por marcharse y para mi sorpresa no quiso que le devolviera el dinero…

    – Me has hecho disfrutar de cada una de nuestras citas.

    – Gracias, lo siento de verdad, pero conmigo no funciona el dicho de todo por la pasta.

    – Lucía, siempre me has gustado, desde el momento que vi tu anuncio.

    – Pudiste escoger a cualquier compañera que realizara ese servicio y lo indicase en su anuncio, las hay.

    – Soy plenamente consciente de que nunca lo fuiste y que tu límite es éste.

    Tras su marcha, ésa última conversación no paraba de resonar en mi cabeza, a partir de entonces decidí comportarme de un modo más domesticable por decirlo de algún modo ya que esto retroalimenta el ego de los hombres a la hora de pagar por sexo y poder cumplir según que tipo de fantasías y a mí me serviría para ganar dinero.

    Por supuesto que Jorge no es el único “amo” que he conocido siendo escort, pero a diferencia de él, en los otros había variedad, amos verdaderos, amos de careta, amos de palabra y amos que son realmente sumisos jugando a ser amos.

  • Fui infiel y me gustó

    Fui infiel y me gustó

    Hola este relato me sucedió hace tiempo.

    Todo comenzó hace 8 años yo tendría 22 años y salía con un chavo de 27 años, por mi condición de madre soltera no podíamos salir tanto como queríamos ya que todavía vivía con mi papás así que cada fin de semana procurábamos vernos sobre todo íbamos mucho a casa de la familia de el los cuales vivían retirado de mi casa pero bueno el pasaba por mi y me regresaba a mi destino, eso ocurría cada fin de semana, conforme paso el tiempo fui conociendo a su familia y amigos, la mayoría de las veces pasábamos por su amigo, eso se volvió más cotidiano, tanto que ya pasaba primero por el y juntos llegaban por mi.

    Así pasaron los meses y tuvimos más convivencia los tres pero nada fuera de lo normal, hasta que en una ocasión sin querer envié un mensaje a su amigo medio picaron con un cuestionario de esos que mandan en wasap dónde preguntan que quieres de mí y tiene varias respuestas (sin querer pero no me arrepentí cuando lo envíe) el contestó con varias opciones que planteaban en las cuales una era ser mi amante por internet…

    Yo me quedé sorprendida pero no pude ocultar sentir algo raro y así comenzó con correos primero bajitos de tono que empezaron a subir la temperatura, seguimos así como dos semanas pero eso solo era en horario de oficina, ya que cuando nos veíamos los fines yo estaba con mi novio y no nos atrevíamos a tocar el tema, hasta que un día de regreso de casa de los abuelos de mi novio ya con unas cervezas encima el tomo la iniciativa, veníamos en el carro, mi novio manejando su amigo de copiloto y yo atrás de mi novio, ese día me acuerdo yo llevaba un vestido color mezclilla que me llegaba un poco abajo de la rodilla una zapatillas negras y debajo una tanguita que solo cubría mi cosita por las épocas de calor en qué estábamos, pues salimos de casa de los abuelos y todo iba normal los tres tomando en el carro y escuchando música como acostumbrábamos.

    En eso empecé a sentir una mano que sobaba mis pies cuando volteo sorprendía era el amigo que tomo su primer avance aprovechando que mi novio se concentraba en manejar y el asiento cubría mi cuerpo para la vista del conductor, entonces tenía su mano masajeando mis pies y tobillos lo cual a mí me prende mucho, así duro un ratito que a mí se me hizo eterno por la situación me calentó mucho ya que el sabía que esa zona me calentaba porque se lo había comentado entre los correos además que la borrachera ayuda a liberar lo ardiente que soy, estaba subiendo poco a poco cuando de repente el carro paro, habíamos llegado a cenar.

    Me baje del carro lo más normal que pude para que mi novio no se diera cuenta, terminando de cenar me volví acomodar en el mismo asiento esperando la reacción de esa mano que ya había puesto mi corazón a mil por hora, mi cosita a temblar y sobre todo humedecer, no tardó más que unos segundos cuando sentí su mano explorar mis piernas y de repente sin decir palabra movió mi pierna izquierda hacia un lado quedando yo con las piernas abiertas esperando que avanzará y así fue empezó a sobar por encima unos segundos para después hacer a un lado esa tela que le estorbaba e introducir un dedo que me saco un ligero orgasmo, empezó a meter y sacar pero mi cuerpo pedía más y con la mirada invite a meter otro se sentía tan delicioso, la adrenalina de ser descubiertos, la magia que hacían esos dedos, como el camino era largo me acomode de lado viendo a la ventanilla para que pudiera llegar lo más profundo posible y uff fue delicioso porque así estuvimos media hora que tardamos en llegar la verdad quería que no acabará ese momento estaba chorreando de placer mordiendo mis dedos para no gritar y mi novio manejando sin saber que su amigo me hacía llegar hasta las nubes con sus dedos que se metían en mi cosita la cual instintivamente los apretaba cada vez más para disfrutar el momento, ya no podía ocultar los gemidos si no es por el copiloto que se dio cuenta y le subió a todo lo que daba el estero mi novio me hubiera escuchado fueron momentos de placer inolvidables fue mi primera vez que le era infiel a mi novio y literalmente el estaba presente, eso me prendía más, tanto que se volvió a repetir pero eso se los dejaré para la próxima aventura.

  • Un tipo de 60 años me rompe el culo como ninguno (III)

    Un tipo de 60 años me rompe el culo como ninguno (III)

    Al día siguiente fuimos a lo de Sebas nuevamente. Entramos y las dos nos desnudamos de inmediato, nos pusimos nuestros collares y la correa. Él nos llevó tomándolas hasta al cuarto.

    —¿Han sido infieles?

    —No amo. Contestamos las dos.

    —¿Se han masturbado?

    —No amo. Dijimos.

    —Hoy vamos a hacer las cosas diferentes… Maca, podes desprenderte la correa, pero no el collar. Dijo Sebastian.

    Lo hice y me quede parada junto a Katia.

    —Hoy le delego el poder a Maca, pero yo estaré supervisando y puedo pararla en cualquier momento. Las palabras de seguridad son las mismas Katia. ¿Entendido?

    —Si amo. Respondimos las dos.

    —Maca, vos dirás cuándo y de que forma quieres que intervenga, si quieres, claro. Ah, puedes usar cualquier cosa que haya en el cuarto.

    —Si amo. Dije.

    —Pues adelante. Y prepárate Katia, me parece que tu amiga te va a destrozar. Dijo Sebastián.

    Tome un látigo y me senté en la camilla, apoyando las piernas en los apoyos.

    —Chupame bien chupada puta. Dije.

    Katia se puso de rodillas y empezó a darme una chupada de concha fenomenal. Yo, semi sentada, pasaba el látigo por su espalda, mientras hundía su cabeza en mi concha.

    —Así putita, chupame bien. Dije.

    —Si mi ama.

    Me sonreí y lo mire a Sebastián que estaba sentado en la silla mirándonos solo con el bóxer. Cuando estuve bien caliente, la hice acostar boca arriba en la camilla, la ate, y le mordisque los pezones mientras acariciaba su concha. Katia gemía de placer. Fui a buscar el tapa ojos y se lo puse. Seguí chupando y mordisqueando sus pechos mientras le metía dos dedos en la concha. Sentí que estaba por llegar a un orgasmo y deje de masturbarla. Ella emitió un gruñido.

    Busque los prensa pezones y se los puse. Luego, la rueda con puntas. El primer lugar donde la pasé fue su cara. Su cara de terror fue tremenda.

    —Amarillo. Dijo Katia.

    —Silencio, que todavía no he empezado. Dije.

    Fui bajando con la rueda de a poco, sus hombros, sus pechos y ya no decía nada. Solo respiraba pesadamente. Saque uno de los prensa pezones, tome el pezón y lo estiré al máximo. Ella dio un grito de dolor y cuando sintió las puntas de la rueda recorriéndolo se cayó la boca. Seguí bajando y separe sus labios y pase la rueda por la parte interior de sus labios vaginales.

    —Amo, ¿que se sentirá cuando te pasan esta ruedita por dentro de la concha o sobre el culo?

    Katia se estremeció y dijo suavemente: “no ama, por favor no”.

    Sebastián me miro sonriendo al ver a Katia totalmente sumisa. Fui a buscar un arnés con un consolador apenas más grande que la pija de Sebastián que del lado interior tenía otro consolador para mi concha. Solté a Katia y la hice poner boca abajo.

    —Lo que sigue, puede ser placentero, doloroso, y de mil formas más. Será como vos quieras que sea, tu comportamiento será mi indicador. Cuanto más puta, más placentero. No te voy a atar, ni piernas ni manos ni nada. Te repito, o muy doloroso, o muy placentero. ¿Entendido?

    —Si ama.

    Hice que apoye solamente las piernas en los apoyos respectivos y como le dije, no la ate ni inmovilicé sus manos. Me puse detrás de ella, y separe sus cachetes. Ella de inmediato los tomó y ella misma los separaba. Con mi lengua me puse a jugar con su culo. Ella gemía de placer sin parar. Mientras le chupaba el culo, pasaba el látigo por la espalda, dejándolo caer suavemente, haciéndole saber que lo tenía listo. Mi lengua la fue penetrando por el culo y ella llegó a su primer orgasmo.

    Al lado mío había dejado la rueda con puntas. La apoye en su nuca, y la comencé a llevar hacia su culo haciendo la suficiente presión para que las puntas queden marcadas en su piel. Ella no soltaba sus cachetes y gemía como una gata. Cuando la ruda llego donde termina la espalda, se estremeció, dejó que siga bajando por la raya del culo hasta sentir los pinches en su orto. En ese instante tuvo un orgasmo tremendo, su cuerpo temblaba y arqueaba la espalda.

    Deje la rueda y volví con mi lengua. Le pedí por señas a Sebastián que me alcance el aparato para pasarle corriente. Lo puse a mínimo y metí un mini consolador en su culo. Ella gimió, y el otro lo puse en su espalda y le di un shock eléctrico de menos de un segundo. Ella se arqueo por completo. Pero nunca soltaba sus cachetes.

    —¿Te gusta putita?

    —Un poco ama.

    Puse el otro en su concha y apenas toque el botón. El shock fue mínimo, pero suficiente para que tenga un tremendo orgasmo.

    —Gracias ama. Dijo con la voz temblorosa.

    —¿Queres otro? Le pregunte

    —Por favor ama.

    Le di otro toque, apenas más largo y ella se arqueaba por completo y tenía otro orgasmo. Su concha chorreaba sus jugos. Sebastián miraba impresionado. Le di un tercer toque y fui a buscar la maquina cogedora, como yo la había bautizado cuando me acordaba de ella.

    Todos mis movimiento con el arnés puesto, hacía que el consolador interno se moviera dentro mío aumentando mi calentura.

    Puse el pene falso apenas adentro de su concha y puse la maquina en marcha. Cuando iba para atrás, se salía y volvía a penetrarla solo un poco. Nuevamente fui a jugar con mi lengua en su culo. Dilatándolo cuanto pude con mi lengua, busque un consolador pequeño y se lo puse en la mano.

    Sin que le diga nada, se lo fue metiendo en el culo.

    —Amo, ¿Compartimos un whisky? Le pregunté a Sebastián.

    —Por supuesto.

    Salimos de la habitación, yo sin quitarme el arnés.

    —Sos sorprendente como domina. Me dijo Sebastián.

    —Gracias amo.

    Sirvió un par de vasos y volvimos a la habitación sin hacer ruido. Katia seguía masturbándose el culo mientras la máquina lo hacía con su concha. Tomamos nuestros whisky`s y me puse a chuparle la pija a Sebastián mirándolo a los ojos.

    —Amo, gracias por permitirme este placer. Le dije.

    —Es mi placer. Dijo sonriéndome.

    Estuve un par de minutos y fui a sacarle la máquina de la concha.

    —Amo, por favor, cógele la boca a esta putita. Le pedí.

    —Sera un placer.

    Me puse detrás de Katia, y apoye el consolador del arnés en su culo. Ella de inmediato separo sus cachetes, mojo dos dedos en su concha y los metió en su culo. Separo nuevamente sus cachetes y comenzó a chupar con todo a Sebastián. Yo apoye el consolador en su orto y fui metiéndolo despacio pero sin detenerme. Entre chupadas y lamidas a él, Katia gemía como loca. Lentamente fui entrando y saliendo con el consolador de su culo. Cada vez con más fuerza y más velocidad, Sebastián me seguía el ritmo. Como única descarga de su excitación Katia arqueaba la espalda y gritaba cuando Sebastián sacaba la pija de su boca para que respire.

    Estuvimos un rato hasta que yo no daba más, y gozando con mi consolador le hice una seña a Sebastián, él se masturbo un poco y cuando vi que le metía la pija en la boca a Katia, yo enterré el consolador en el culo de ella y por lo tanto el mío en mi concha. Tuve un tremendo orgasmo, Sebastián acabo en su boca y Katia temblaba como loca. Él saco su pija de la boca de ella, que dio un grito de placer tremendo, para de inmediato chupar y limpiar la pija de Sebastián.

    Mientras lo hacía, saque el consolador de su culo y me lo desprendí. Cuando termino de chupar, tirándole del pelo la hice sentar y le di un beso formidable, apretándole un pezón.

    —Gracias amo Sebastián, gracias ama Maca, hermoso polvo me dieron.

    —Terminamos. Vamos a tomar algo.

    Nos vestimos, y nos sentamos a charlar unos minutos. Quedamos en vernos en quince días y nos fuimos. Cuando íbamos en el auto, llamo Pablo el marido de Katia. Le dijo que estaba conmigo, que Franco estaba de viaje y el insistió que yo fuera a cenar a su casa. Pasamos por casa, me di una ducha, me puse unos leggings, una remera ajustada y fuimos a lo de Katia. Ella se bañó y pocos minutos después llegó Pablo.

    Nos saludamos, él se fue a bañar y con Katia nos quedamos en la cocina.

    —Gracias Maca, me volviste loca. Hasta me hiciste cosas que no había hecho, como la ruedita o la electricidad. Me dominaste mentalmente y eso fue peor que las ataduras. Ah, quiero más.

    —Tenemos que pasar por un sex shop. Dije.

    —Mañana mismo. Dijo Katia.

    Un par de minutos después Pablo se nos unió. Me preguntó por el viaje de Franco, le conté por arriba, luego el tema fue derivando a otros temas hasta que al pasar comentó que su secretaria salía con otra chica de la empresa.

    —¿Qué te sorprende Pablo? Me extraña, sos un tipo joven, con la mente abierta. Dije y Katia me miró sorprendida.

    —No, no fue de sorpresa, solo un comentario. Te aseguro que no me molesta para nada que tenga novia o pareja.

    —Hoy es lo más normal, y la bisexualidad, cada vez más todavía. Por fin las mujeres entendimos cuando Uds. los hombres nos metían los cuernos diciendo que era solo sexo para justificarse.

    —Sos jodida Maca.

    —¿Por qué? Dije desafiante.

    —Por la forma en que lo decís.

    —¿Hablamos en serio por un rato? Le pregunté.

    —Dale, me gusta la idea, veni Katia, sentate un poco, después seguís. Dijo Pablo y Katia lo miró sorprendida.

    —Pablo, ¿Qué te erotiza más, la foto de dos mujeres besándose apasionadamente o de dos hombres besándose apasionadamente?

    —La de las mujeres, por supuesto. Dijo Pablo

    —A vos Katia, ¿cuál de las dos?

    —La de las mujeres, por supuesto.

    —Lo mismo me pasa a mí. Dije.

    —Pablo, vos estuviste con dos mujeres en la cama, lo sé muy bien, ¿O lo negás?

    —No, no lo niego.

    —¿Lo volverías a hacer? Le pregunté.

    Cuando iba a mirar a Katia, le dije:

    —No, sin pedir permiso para hablar. Dale, la verdad.

    —Pues… no me molestaría. Dijo.

    —Sos chanta. Contesta bien.

    —Si, lo volvería a hacer.

    —Aja. ¿Y estarías en la cama con Katia y otro tipo? Pregunte y Katia me miró con los ojos casi fuera de las orbitas.

    —No, no estaría. Dijo Pablo.

    —Pero con Katia y otra mujer sí. Y no es pregunta. Dije.

    Pablo se quedó callado. Me miraba y no se atrevía a mirar a Katia.

    —Katia, ¿Vos estarías en la cama con Pablo y otro hombre?

    —No, ni loca.

    —¿Hiciste tríos con otra mujer y un hombre? Pregunté.

    —No, no hice. Dijo.

    —¿Lo harías?

    —Vos que preguntas tanto, ¿Hiciste tríos con otra mujer o estuviste con otra mujer? Me pregunto Pablo sin dejar que Katia conteste.

    —Sí, estuve con otra mujer. Y no escarbes más.

    —Entiendo. ¿Harías un trio con Franco y otra mujer?

    —Con Franco no. Dije mirándolo a los ojos.

    —Epa, eso sí que no lo esperaba. Dijo Katia fingiendo sorpresa.

    —Pues yo tampoco. Fuerte. Reformulo, ¿Harías un trio con un hombre y una mujer?

    —Sí, totalmente.

    —Wow, ¿Ya tenes en vista alguien? Hombre o mujer. Pregunto Pablo.

    —Sí claro que sí. Dije y la cara de Katia era para filmarla, apretaba los dientes con todo.

    —¿Se puede saber quienes?

    —Solo la mujer, pero hay que ver si vos queres saberlo. Dije mirándolo a los ojos. Pablo tuvo un segundo de duda e insistió.

    —Sí, quiero saber. Me intriga mucho que tipo de mujer puede gustarte.

    —Mira a tu derecha, es tu mujer. Dije.

    Pablo se quedó duro, mirándome fijo. Por varios segundos no pudo reaccionar. Hasta que le pregunto a Katia.

    —¿Escuchaste? Quiere tener un trio con vos. ¿Qué pensas?

    —Pues me alaga mucho. Es una mujer hermosa, y que se fije en mí… Dijo Katia empezando a relajarse.

    Se hizo un silencio espeso. Pablo se levantó, fue a buscar tres copas y sirvió vino.

    —¿Te incomoda lo que dije? Le pregunte a Pablo.

    —Más que incomodarme, me sorprende. No imagine nunca que estuvieras dispuesta a hacer un trio, y no con Franco, y mucho menos con Katia.

    —Entiendo. Hace un rato dije que vos estarías en la cama con Katia y otra mujer. No dijiste nada. ¿Por qué?

    —Por no joder a Katia. Creo que el 99% de los hombres queremos hacer un trio con dos mujeres. Cuando yo lo hice, era soltero, ahora… proponerle a tu mujer, estar con otra en la cama… es jodido…

    —¿Y no pensas que a ella le puede interesar? o que, ¿Es asexuada Katia?

    —No, para nada, es una fiera en la cama. Solo que…

    —Te da vergüenza…

    —Y… Dijo Pablo.

    —Yo estaría en una cama con vos Katia. ¿Vos estarías en una cama conmigo?

    —Desgraciada, me estás empujando al abismo.

    —Es tu oportunidad Katia. Dije.

    —Pablo, si me gustaría estar con vos y otra mujer en una cama.

    —Por lo que se ve, a Pablo le gusta la idea. Dije mirando la entrepierna de Pablo.

    —Desgraciada, ni me di cuenta espantando los ratones de mi cabeza.

    —Pablo, última pregunta. ¿Estarías en una cama con Katia y conmigo?

    —Ehhh, yo, ehhh.

    —No entiendo Katia. Dije, me pare y me fui caminando hasta quedar al en medio de Katia y Pablo.

    Tome la cabeza de Katia y nos dimos un tremendo beso, mientras estiraba mi mano para agarrar la pija de Pablo. Deje de besar a Katia y solté la pija de Pablo, que debo decir, era de muy buen tamaño.

    —Katia, perdoname, pero me conoces, sabes que soy muy guacha. Pero tengo muchas ganas de hacerle mierda la cabeza a tu marido entre las dos.

    —Pues que tengo las mismas ganas que vos. Vamos a nuestro dormitorio Maca.

    ¿Venís Pablo?

    Fuimos al dormitorio y atrás nuestro entro Pablo. Entre las dos, besándonos y acariciándonos, fuimos desnudándonos, al tiempo que lo desnudábamos a él. Como dije, tenía una muy buena pija. Nos miraba re calientes. Lo llevamos a la cama, lo hicimos acostar y con Katia nos besamos y tocamos con todo, pechos, conchas, culos. Pablo no podía creer lo que veía.

    Las dos al mismo tiempo nos pusimos a chupar su pija, sus huevos, y cada tanto, nos besábamos y entre las dos la lamíamos por completo.

    —Uds. ya estuvieron juntas desgraciadas. Dijo Pablo.

    —No sé porque pensas eso… dije riendo.

    Nos tenes que prometer una cosa Pablo: a las dos, trato por igual. Claro que podes acabar en Katia, eso lo entiendo. Dije.

    El asintió con la cabeza. Le guiñe un ojo a Katia, e hicimos un tremendo 69. Las dos nos chupábamos las conchas con todo.

    —Hey amor. Podes participar mi vida. Dijo Katia.

    —Sos una guacha. Dijo Pablo y se puso detrás de ella para penetrarle la concha.

    Yo alternaba, entre el clítoris de Katia y las bolas de Pablo. Él la tomaba de la cintura y la bombeaba con todo.

    —Hay mi amor, que caliente que estás, me encanta como me coges. Dijo Katia.

    —Estoy muy caliente, te lo juro. Dijo él.

    —Oiga, soy la de abajo. Trato igualitario dijimos.

    Pablo se rio, dio la vuelta y me la metió en la concha de una. Ahora Katia me hacía mierda con su lengua.

    —Animal, es la concha de una dama, no de una profesional. No pares ahora. Dije.

    Bombeaba delicioso, y yo estaba super caliente con mi primer trío y con Katia. Yo le chupaba la concha a Katia y le metía dos dedos masturbándola con todo.

    —Cambio, ven a mí mi amor. Dijo Katia.

    Cuando Pablo se la iba a meter en la concha, la tome yo y la guie al culo de Katia. Pablo escupió, yo metí su pija en mi boca, y fueron mis dedos los que abrían el culo de Katia, que gritaba de placer. Su pija cada vez estaba más dura. “Que placer tener un marido así” Pensé. Se la fue metiendo de a poco. Tome las muñecas de Katia y las junte en su espalda. Ella entendió y las dejó así. Yo mientras le chupaba la concha le daba chirlos en el culo cada vez más fuerte. Hasta que Pablo empezó a darle chirlos, tomar su cabello y tirar su cabeza hacia atrás. Entre los dos le sacamos un tremendo orgasmo a Katia, y ella le dijo que venga a mí.

    Pablo se puso entre mis piernas y fue a meterla en mi concha.

    —Precioso, en mi culo la quiero. Dije.

    —Yegua, es mi hombre. Dijo Katia.

    —Callate putita y mira como tu macho me rompe el culo.

    Pablo escucho nuestro dialogo y me la enterró hasta el fondo del culo sin siquiera dilatarlo. Di un grito terrible y empecé a gozar con todos. Katia me chupaba la concha haciéndome mierda. Fueron varios minutos hasta que me pareció que Pablo estaba por acabar. Lo hice salirse y acostase.

    —Putita, monta a tu macho por el culo. Le dije a Katia.

    —Sí. Dijo Katia, a punto de decirme ama.

    Lo monto y se dejó caer sobra su pija. De inmediato comenzó a saltar sobre ella. Gemía y gritaba como loca.

    —Pablo, tenes una mujer que te ama con locura, pero tenes que descubrirla, escucharla. Te aseguro que ella sola, te destroza en una cama. Mirá. Dije.

    Me puse a chuparle y morderle los pechos a Katia, que cada vez gritaba más. La bese con todo y le dije:

    —Contale a tu hombre como estas gozando con él, y por él.

    Volví a sus pechos a jugar con los dos, y ella le dijo:

    —Amor, te amo con locura, en serio, sos mi vida entera y quiero hacerte gozar con todo, y que vos me goces con todo y me llenes de placer. Te amo Pablo.

    Sin dejar de chuparle las tetas tome la mano de Pablo y la guie para que le meta dos dedos en la concha y la masturbe y juegue con el punto G.

    —Me estás haciendo mierda desgraciado, me encanta ser tu puta, me encanta esa mirada de calentura que tenes.

    Pablo se volvió loco y jugaba con todos con sus dedos en la concha de Katia, mientras que con la otra mano le daba chirlos en el culo. Así acabo en el culo de Katia, que dio un tremendo grito de placer cuando lo sintió. Se salió de su pija, me miró y me dijo:

    —Maca, ayudame, vamos a hacerlo bien mierda. Parate Pablo. Le ordenó.

    Él lo hizo y las dos nos turnábamos para chuparle la pija y masturbarlo con todo. Cuando yo chupaba Katia le hablaba.

    —Por favor, regálanos tu leche amor, quiero que nuestras bocas estén llenas de tu leche caliente.

    Y entonces ella lo chupaba mientras yo le chupaba las bolas. Estuvimos unos minutos así, hasta que él se empezó a masturbar. Con Katia juntamos nuestras caras y abrimos nuestras bocas. Pablo no tardó mucho en acabar en nuestras bocas, llenándolas de su semen. Las dos nos mostramos las bocas, luego a él y nos dimos un tremendo beso y recién ahí tragamos su lecha.

    Pablo, seguía masturbándose. Nos miramos y Katia dijo:

    —Si amor, seguí dándonos tu leche.

    Me tiré en la cama, hice que Katia se siente en mi boca, dándole la espalda a Pablo, que no paraba de masturbarse. Yo la chupaba a Katia, que gemía como loca, y lo miraba a Pablo masturbarse como un animal. Separe los cachetes de Katia y le metí dos dedos. No sabía por dónde iba a acabar él. Katia lo entendió de inmediato y le dijo:

    —Amor, mis tres agujeros son tuyos, Maca me está abriendo el culo por las dudas quieras usarlo.

    Fue que Pablo escuche eso y sume un dedo a los míos en el culo de Katia y lo miraba fijamente. De la concha de Katia caían ríos de flujo, directo a mi boca, y yo los chupaba con todo. De pronto, Pablo guio su pija a la concha de Katia, y tomándola con fuerza de la cintura la embestía con todo. Yo la chupaba a más no poder. Ella gritaba hasta quedarse sin voz del placer que gozaba. La estocada final de la pija de Pablo fue tremenda, la sujeto con fuerza y la mantuvo por varios segundos. Cuando fue sacando su pija de la concha de Katia, en mí boca caía los flujos de ella y la leche de Pablo.

    Katia se dio vuelta y chupo como loca esa pija que tanto placer le había dado, y luego las dos fuimos al baño, nos lavamos las bocas y volvimos al cuarto. El beso que se dieron Pablo y Katia fue tremendo. Estuvieron abrazados y besándose con todo por un par de minutos, yo, sentada en la cama los miraba sonriente. Cuando se terminaron de besar, Pablo la miro a Katia y le preguntó:

    —¿Te jode?

    —Para nada. Dijo Katia.

    Pablo me hizo levantar y me dio un beso super dulce tomando mi cara entre sus manos. Con Katia nos dimos una ducha rápida, y fuimos a cocinar, mientras Pablo se duchaba.

    —Te amo hija de puta. Fue increíble como moviste los hilos.

    —Te lo mereces, y él te merece a vos. Son una tremenda pareja.

    —¿Me acompañas mañana a lo de Sebastián? Quiero darle las gracias y decirle que por fin me puedo mostrar como soy con mi hombre.

    —Por supuesto y me parece una decisión muy acertada.

    Minutos después, bajo Pablo. Su sonrisa era increíble.

    —Parece que hay alguien muy contento Katia. Dije.

  • Provocando a dos hermanitas traviesas (2): Espiando

    Provocando a dos hermanitas traviesas (2): Espiando

    Recomiendo leer antes la primera parte del relato (dejo el link al final de este relato).

    Hasta donde le alcanzaba la memoria, Judith siempre tuvo complejo de inferioridad con Sara. No sólo se trataba de que su hermana mayor fuera mejor estudiante, tuviera más amigos y un éxito arrollador entre los chicos, sino que además envidiaba (y en secreto admiraba) ese cuerpo tan voluptuoso que tenía: esa melena y sus ojazos verdes, esas tetas tan generosas, que hacían babear allá por donde pasaba, y ese culazo carnoso y blandito, que daba ganas de agarrar incluso a ella.

    No es que Judith estuviera mal ni mucho menos. Lucía una hermosa melena rizada de color castaño, con mechas rubias en las puntas, ojos color miel a juego con su peinado y un rostro agraciado que completaba una sonrisa de no haber roto un plato.

    Tampoco tenía nada que envidiarle en cuanto a la delantera. Cierto es que sus tetas eran más pequeñas que las de Sara, pero aun así tenían un tamaño considerable y estaban incluso más enhiestas que las de su hermana. Y aunque tenía menos culazo, gracias a su afición al fitness lo tenía más duro y redondito que el de ella.

    Judith no se daba cuenta de todos estos detalles y le costaba admitir que, en secreto, anhelaba tener unas tetas como las de su hermana (o quizás precisamente las de la misma Sara) para jugar con ellas y hacer travesuras, igual que con su culo.

    Hacía poco que se había mudado con ella al piso de estudiantes, que sus padres alquilaron para tal fin en la capital de provincia, por motivos académicos. Su familia procedía de un pueblo valenciano demasiado lejos de la ciudad, por lo que no era práctico tomar el autobús o el tren dos veces al día, ida y vuelta, para acudir a las clases universitarias.

    Y aunque la convivencia no era en absoluto problemática, justo al contrario, Judith sí que había empezado a notar ciertos cambios en Sara que no sabía cómo procesar.

    Su hermana iba más ligera de ropa que de costumbre, incluso cuando todavía hacía algo de frío, aprovechando la libertad de vivir lejos del yugo familiar. Su familia tampoco es que fuera excesivamente estricta, pero Sara aprovechaba la ausencia de sus padres para lucir camisetas holgadas peligrosamente cortas y escotadas, o simplemente pasearse por el piso en ropa interior o lencería.

    Aún recordaba cierta conversación semanas atrás…

    – ¡Tíaaa, que tienes las largas puestas! – le dijo

    – ¿Eh? – la miró Sara sin entender

    – Que vas marcando todo… ¡en la camiseta!

    – ¡Ahhh! Jajaja. Es que aún hace un poco de frío… ¡menos mal que se acerca el veranito! – celebró Sara

    – Tía, pues tápate un poco hasta que haga más calor…

    – Es que me gusta ir así de suelta y cómoda por casa, aprovechando que los papis no están.

    – No, si ya me doy cuenta… yo lo digo no te vayas a resfriar. – respondió Judith a regañadientes

    – ¡Naaah, estoy bien así! Ya sabes lo cómodo que es no llevar nada debajo…

    – ¿Cómo que nada? – Judith la miró sorprendida

    – Nada de nada… – dijo Sara sugerente mientras se subía la camiseta para dar una visión fugaz del sexo depilado a su hermana

    – ¡Alaaaaa, pero serás guarra tía! – dijo Judith avergonzada, mientras se tapaba la boca aguantando una risa nerviosa

    – ¿Qué pasa? Me gusta llevarlo fresquito y al aire, ahora que podemos.

    – Ya veo, ya… – y vaya si vio, Judith no pudo apartar la mirada mientras Sara se alejaba por el pasillo meneando su apetitoso culo

    Y es que Judith se quedaba embobada viendo perderse el hilo del tanga entre los generosos glúteos de su hermana, en caso de que llevara uno puesto ya que sino Sara le daba una vista privilegiada de su sensual culo desnudo. También se quedaba mirando las tetas de su hermana cada vez que ésta no la miraba, deleitándose en cada detalle. Y es que Judith nunca se había fijado especialmente en las chicas… pero eso estaba a punto de cambiar.

    Un par de semanas después, Judith tocó suavemente a la puerta de su dormitorio, aún era temprano, pero tanto ella como su hermana debían prepararse y desayunar para ir a clase, se acercaban los exámenes finales. Estaba acostumbrada a despertar a su hermana, pero esta vez Sara no respondió.

    Tomó el pomo de la puerta, la abrió lentamente y justo iba a llamarla otra vez cuando descubrió que Sara estaba completamente desnuda en la cama. Se acercó varios pasos, sin hacer ruido, y comprobó que sus pezones estaban duros… tal vez por la brisa que se colaba por la ventana.

    Pero lo que más atrajo su mirada fue el sexo de Sara, sin un solo vello. Se subió a los pies de la cama muy lentamente con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco, y se acercó para contemplar de cerca, por primera vez, la rajita y los labios de su hermana… a apenas dos palmos de ella.

    Lo miró con intensidad y de repente le dio mucha hambre, le dieron muchísimas ganas de comérselo… se imaginó a sí misma acercando la boca y hundiendo la lengua en su coñito, deslizarla arriba y abajo, provocar que su hermana despertara mientras se lo comía… y sentir cómo Sara enredaba las manos en su nuca mientras se lo daba de comer ya despierta, susurrando su nombre: “Judith, Judith, qué me haces…”

    Mientras no dejaba de pensar en eso, Judith acercó su boca a apenas unos centímetros del coñito de su hermana, ya casi tenía decidido hacerlo y sacó la lengua para recorrer los centímetros finales y hundir su boca en tan deseada gruta. Pero justo cuando estaba a punto de deslizar la punta de la lengua entre sus labios, Sara se removió en sueños.

    Judith se asustó y se arrepintió en el último instante, recorrió de puntillas el trecho que quedaba hasta la puerta y la cerró suavemente sin hacer ningún ruido. Trató de recuperar la compostura y una vez se calmó, llamó más fuerte a la puerta para esta vez sí despertar a su hermana.

    – ¡Gordaaa, despierta que vamos a llegar tarde! – la llamó cariñosamente

    – ¡Hmmfff, ya voooy! – escuchó que decía Sara mientras se desperezaba

    – ¿Voy preparando el desayuno? – preguntó a su vez Judith

    – No, yo me encargo del desayuno. ¡Tú vete duchando que luego te tardas media hora! – refunfuñó Sara

    – ¡Está bien, buenos días!

    Judith fue rápidamente a la ducha, y aprovechando que su hermana estaba preparando el desayuno, colocó la manguera del agua justo en el coñito, entre sus labios, y no pudo dejar de pensar en Sara acompañándola en la ducha de rodillas, dándoselo de comer y acabando en su boca, mientras le temblaban las piernas.

    Tras ese incidente todo fue con normalidad, hasta que Judith notó algo nuevo: desde hace apenas un par de días, Sara sonreía más que de costumbre, y cada vez que le preguntaba ésta le devolvía miradas evasivas y respuestas enigmáticas.

    Así que Judith urdió un plan para descubrir a qué se debían tantas sonrisas, y qué es lo que hacía Sara últimamente, tantas horas encerrada en su habitación.

    – Gorda, hoy no me esperes para cenar que voy a llegar muy tarde. Me voy a quedar estudiando en casa de una amiga. – inventó ella

    – ¡Ok! No hay problema, yo estaré con mis cosas. – dijo descuidadamente Sara

    – Cuídate mucho, nos vemos por la mañana.

    – ¡Chaooo! – se despidió Sara mientras Judith cerraba la puerta del piso

    Una parte del plan sí era cierta, puesto que había quedado con su amiga María para cenar y charlar un rato de sus vidas. No tenía intención alguna de quedarse estudiando, sino esperar el tiempo suficiente y regresar… solo que eso Sara no lo sabía.

    Tras la cena y ponerse al día con María (decidió no contarle de momento sobre las escenas de la cama y el baño, le daba vergüenza confesárselo) decidió que ya había esperado bastante y puso rumbo a su casa, que quedaba a pocas manzanas.

    Llegó al portal, tomó el ascensor y se descalzó antes de abrir la puerta, con aplomo metió la llave en la cerradura y abrió la puerta muy lentamente, con cuidado de no hacer ningún ruido. Dejó los zapatos justo en la entrada y cerró tras de sí con el mismo sigilo que había entrado.

    Judith se sentía toda una espía y notaba cómo la adrenalina del momento la impulsaba a avanzar lentamente por el pasillo. Llegó a la habitación de su hermana y descubrió con sorpresa que Sara se la había dejado entreabierta, descuidándose al dar por sentado que estaría sola en casa, dedujo.

    Empujó suavemente la puerta, lo suficiente para asomar la cabeza, y aguzó el oído para escuchar lo que Sara decía en esos momentos…

    – Y claro que los alcanzo. ¿Quieres que me los lleve a la boca? – susurró Sara

    Judith sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo… y entendió que su hermana estaba en llamada con algún chico, lo más probable. Se preguntó si Sara se sentiría atraída también por las chicas, pero sus pensamientos fueron interrumpidos…

    – Ufff, te siento comérmelas, siento tu lengua chupándomelas. No dejes de mimar mis pezones. – la escuchó responder

    Judith empezó a sentir calor y notó cómo se humedecía entre los muslos, sabiendo que su hermana lamía sus pezones a escasos metros. Humedeció los dedos con su saliva y tomó el ejemplo de Sara, acariciando bajo la ropa y deslizando las yemas directamente sobre la piel, un círculo tras otro por las aureolas y los pezones.

    – Ufff, hazlo…

    No sabía aún a qué se refería, pero no tardó en averiguarlo. Vio cómo Sara se acomodaba en la silla, abriendo sus muslos, y entendió que había empezado a deslizar los dedos entre los labios de su coñito.

    – Te sientooo… – gimió sensualmente

    Judith se encendió y llevó su mano adentro del tanga tal y como estaba haciendo su hermana, y al unísono, ambas deslizaron los dedos al mismo tiempo sintiendo el mismo placer, sin que Sara fuera consciente de ello.

    – Siii, es tuyooo – prometió ella – Cómeme, soy tuyaaa. Mmmm. – gimió sensualmente

    Judith imaginó que se lo decía a ella, y deseó regresar a aquel día en que a punto estuvo de comérselo, acelerando el movimiento de sus dedos mientras pensaba en chuparle el coñito a Sara todas las noches.

    – Más, dame más. Bésame mientras me la meteees.

    Y entonces Judith supo que Sara estaba deslizando los dedos adentro, hundiéndolos hasta el fondo más y más rápido. Tomó ejemplo de su hermana y clavó los suyos en el coñito mientras se apoyaba en el marco de la puerta, derritiéndose y deleitándose con sus sensuales gemidos.

    – Ufff, quise esto desde el momento en que me defendiste en el chat.

    Empezó a hacerse una idea de qué tipo de persona estaría al otro lado de la llamada, pero Sara lo dijo con tanto morbo que, lejos de molestarse, Judith deseó ser esa persona y terminó por correrse intensamente imaginando unirse a ellos, para ser traviesos los tres juntos.

    Cerró la puerta del dormitorio con sumo cuidado y regresó por el pasillo apoyándose en las paredes mientras recuperaba el aliento, escuchando aún de lejos los salvajes gemidos de Sara.

    – Dios, me vas a hacer adictaaa. ¡Aaaah! – gimió Sara muy fuerte

    Judith sonrió al escucharla y, deseando dejarla muy caliente por lo que pudiera pasar en días posteriores, abrió de nuevo la puerta del piso y la cerró con fuerza para que Sara la escuchara llegar.

    Aprovechó para recolocarse la ropa y ponerse los zapatos, dándole también tiempo suficiente a Sara para recomponerse, y entonces recorrió el pasillo hacia el dormitorio de su hermana para avisarle de que había llegado. Abrió su puerta y la descubrió tumbada en la cama, aparentando leer.

    – Gorda, que ya estoy aquí.

    – Ya lo veo… ¿qué tal la cena y el estudio? – Sara intentó ocultar la frustración de no haber podido llegar al orgasmo

    – Pues muy bien, pero estoy muy cansada y no doy para más.

    – Sí, se te nota el cansancio en la cara. – se solidarizó Sara

    – Es que fue un estudio muy intenso. – sonrió Judith mientras sentía el olor a sexo aún presente en la habitación, sus pezones se endurecieron de nuevo, pero se apresuró a decir – Bueno, descansa que es tarde, buenas noches.

    – Tú también descansa, buenas noches. – se despidió Sara

    Judith se fue a su habitación y en la lejanía oyó cuchichear a su hermana unos minutos más, pero no supo que dicha conversación la incluía a ella hasta un tiempo después, cuando al fin estuvieran todas las cartas sobre la mesa.

    Y es que, aunque todavía no conocía a Javier, las cavilaciones de éste estaban más cerca de la realidad de lo que ninguno de los tres podía llegar a imaginar. Continuará.

    ******************

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    Provocando a dos hermanitas traviesas (1): La llamada

  • Voluptuosa y de buen sabor

    Voluptuosa y de buen sabor

    Caí la tarde y me dirigía sin prisa, pero sin pausa donde mi amiga Enry, mi nombre no importa mucho, soy un muchacho grande de brazos turgentes, no muy atlético pero me mantengo y genéricamente dotado de mucha fuerza y otras cualidades.

    Enry, era mi amiga más reciente la cual gracias a unos amigos en común conocí, una mujer de tamaño grande y voluptuosa, que para mí 1.85 me de estatura quedábamos a la par, no muy ancha de hombros ni espalda pero con una delantera de esas que con una mano sobra carne por los costados. De cintura chica a pesar de su poca pancita, más bien su enorme cola hacia que su cintura se vea más chica de lo normal, sus piernas eran más bien unas piernotas de esas que te dan ganas de recorrer, apretar y morder…

    Había pedido su número de teléfono con alguna excusa ya que era nueva en la ciudad, días atrás había saludado y empezado una charla con ella que lleve a que suba la temperatura hasta que en un momento dado ella me corto pidiendo disculpa pero que no quería seguir por que no quería saber nada de tener algo con nadie, para resumir en esas charlas de wasap me dio a conocer hasta sus más locas fantasías y yo supe guardar en mi memoria, comento esto para que se entienda más adelante el relato.

    Esa tarde después de saludarla y preguntar como estaba la charla transcurrió como dos personas normales con una buena amistad, me pregunto si ya había terminado de trabajar y que si me portaba bien sin tocar el tema sexual me invitaba un café en su departamento, con mi promesa de haber entendido lo que días atrás me había dicho que no quería nada con nadie, me dirijo a su dpto.

    Mientras conducía planificaba en mi cabeza como hacer para poder montar a esa yegua que desde que la vi por primera vez cada vez que pensaba en ella sentía que mi pija tenía saltos de pasión por probar ese cuerpo voluptuoso.

    Al llegar a su casa me recibió cálidamente con un abrazo que pude sentir sus enormes tetas pegadas a mi pecho, mis manos rodeaban su cintura con delicadeza y descaro y hacia sentir mis brazos fuertes que había sido uno de los puntos que enumero días atrás que le llamaba la atención de un hombre.

    Mi boca beso apasionadamente su mejilla y se dirigió a su cuello dando un beso tierno al mismo tiempo que ejercía fuerza sobre su cintura para pegarla a mi.

    Mmmmm… que rico abrazo. Pude sentir que salía de su boca, quedándose aferrada a mi por casi un minuto donde descaradamente mi boca daba besos suaves en su cuello y clavícula. En un momento se separo de mi y apuntadome con tono acusador me dijo pórtate bien fue el trato, que solo pude lo que decía entre líneas, que no era ni más ni menos que las ganas que tenía de meterme en su cama pero sin sentirse culpable de faltar a su palabra.

    Toma asiento me dijo y pregunto si quería café u otra infusión, a lo cual respondí que café estaba bien. Se dio vueltas hacia su cocina diciendo que probaría el mejor café batido que jamás había probado y mi mente solo quería probarla a ella.

    Cuando se quedo en la cocina me regalo una hermosa vista de toda su espalda y su hermoso culo el cual había sido mi fantasía desde que la conocí, metido en una prenda ajustada de lycra pude notar que su ropa interior era de un tamaño muy chico casi un hilo. Y la transparencia se dichas prendas hacían que mi pija empiece a despertar de su siesta, al estirarse a buscar una taza de su alacena la cual estaba alta a pesar de su estatura, mis demonios y la ereccion latente hicieron caso a su a lo que para mi había leído entre líneas, me pare de la silla y acomode mi paquete que ya era casi doloroso que siga apretado en mis jeans. Me dirigí hacia ella y apoyando mi paquete sobre su enorme y redondo culo avance, mis brazos buscaron su cintura mientras que mi boca su cuello libre de su cabello ondulado.

    Mmmm no pude escuchar, eso no, no seas así.

    Mis manos no duraron un instante y mi lectura estaba en lo cierto no quería sentirse culpable de empezar algo que llegaria lejos pero tampoco estaba en condiciones de negarse. Una de mis manos ya iba en busca de sus hermosas tetas mientras la otra no tardo en llegar a su entrepierna. Sentí su primer gemido que indicaba que esa hembra estaba con más ganas de que la hiciera mía que otra cosa.

    Mi mano no tardo en pasar la barrera de su sostén para encontrar un hermoso y duro pezon de tamaño medio haciendo las veces de frutilla del postre que eran esos ricos y enormes pechos. Esa mujer no tenía escapatoria más que entregarse al éxtasis mi una de mis manos tenía su teta y se disponía a jugar con su pezon, mi boca ya daba besos y mordiscos en su cuello a lo cual respondía con movimientos de su cintura buscando refregar su culo con mi pija ya a punto de explotar, solo quedaba la última barrera, mientras la temperatura de esa hembra me indicaba que estaba deseosa de dejarla caer para lograr mi cometido.

    Mi mano más hábil era la encargada de derribar esa última barrera y así lo hizo sin mucho trabajo por la comodidad de su ropa y la delicadeza de su tanga llegue donde quería, su entrepierna desnuda y sin bellos púbicos era el premio, sus labios carnosos fueran separados por mis hábiles dedos para tocar el botón de mayor placer de una mujer, cuando lo hice, detuve mis besos y la observe ella con la boca entreabierta, los ojos cerrados y sus manos contra la mesada me decía que esa mujer tenía sed de sexo.

    Volví a morder su cuello pero esta vez mi mano que se encargaba de sus tetas fue tras su desnudez al menos de su cintura hacia abajo, mu mano hábil nunca dejó su fuente de placer y flujos que para ese momento ya su concha emanaba lubricando todo a su paso, esa mano también se encargo de dejar salir a la bestia deseoso de una rica concha que después pude comprobar, ella al sentir como mi glande buscaba su orificio húmedo hecho su cola hacia atrás bajo la cabeza sin soltarse se la mesada, dejando su culo en pompa y su hermosa conchita depilada a mi vista, fue entonces cuando al dejar de castigar con mis dedos su sexo tomó una buena bocanada de aire que le hacia falta, pero eso relajo duro poco ya que de un solo empujón le introduje mis casi 20 cm de verga en su interior al sentirla se le afloraron un poco las piernas y tuve que sostener de sus caderas, entonces cuando su sexo asumió el ataque saque mi miembro dejando solo el glande adentro de ella y volví a arremeter una y otra vez. Sus gritos pasaron ser gemidos y los gemidos a súplicas de que le diera más y más fuerte.

    Para seguir teniendo el control tome nuevamente sus tetas con una mano mientras la otra tiraba de su pelo para que le quedara claro que el sexo bueno es fuerte, de pronto comencé a sentir espasmos en su concha que me indicaban que se aproximaba su orgasmo, sin detenerme sosteniendo su cabello logrando una curvatura excelente entre la mesada y yo fue que jugué mi ultima carta antes de su orgasmo y fue tomarla del cuello cosa que me había confesado que la llevaba en muchos casos a orgasmos con mucho flujo, y así fue luego de unos segundo de sentir como llenaba de sonidos nuestros cuerpos al galope y mi leve asfixia fue cuando sentí que ella temblaba de pasión y mis bolas sentían caer su flujo caliente sobre ellas y sus muslos, casi sin aire y temblando deje que sus espasmos concluyeran, sosteniendo su cintura evitando que cayera, retire mi pija suavemente lo cual agudizó sus espasmos y acompañando a su cama la deposite para mirarla como ella seguía en su trance y yo aun con mi verga al palo…

    Luego de unos minutos que pensé que se había dormido abrió los ojos me miró y me dijo sos tremendo, pero esto aún no termina, lo cual contesté tomando mi verga en mi mano aún firme y deseoso de acabar, estoy listo para lo que siga.

    Continuará…