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  • El jefe de mi esposo me coge en su auto

    El jefe de mi esposo me coge en su auto

    Luego de coger en casa, mientras mi esposo había ido a comprar, su jefe me escribía cada día buscando un nuevo encuentro. Yo también lo quería y tenía el tiempo disponible pues no trabajo. Pero él siempre estaba ocupado o viajando.

    Pasaron unas tres semanas y finalmente hizo un espacio en su agenda y coordinamos encontrarnos. Yo iría a un punto de encuentro, entre mi casa y la oficina y allí nos encontraríamos. Me calentaba saber que más de una vez el jefe me había escrito en medio de una reunión donde estaba presente mi esposo. Me daba morbo también imaginar que el jefe saldría a una “reunión de trabajo”, le diría a mi esposo que cualquier cosa importante lo llame nomás y que la reunión sea en un hostal conmigo. Lo habíamos imaginado así mientras hablábamos y me ponía mucho imaginar algo así.

    El día acordado fijamos la hora de encuentro. Entre mi casa y la oficina hay poco más de una hora de camino. No es tan lejos, pero el tráfico en la zona es de infierno. Decidimos encontrarnos en un punto a unos 45minutos de casa y sólo 15 de la oficina. Como yo era quien tenía el tiempo holgado pensamos que era lo mejor. Además, en esa zona había un par de hostales que alguna vez había visto.

    Salí en el momento justo. Tomé un taxi y fui al punto de encuentro. A mitad de camino el jefe de mi esposo me escribió diciéndome que se le había complicado una reunión y demoraría quizás unos 10 minutos. Llegué al café donde nos encontraríamos y al sentarme a pedir uno, volvió a llegarme otro mensaje pidiéndome 20 minutos.

    Esperé. Pensé que sería plantada. Estaba furiosa. Tras casi una hora allí me llegó un mensaje diciéndome que ya estaba en camino. Pensé marcharme, pero al final decidí esperarlo. Me pidió que lo espere en la vereda, junto a la pista, que me recogería en su auto. Acepté.

    Al subir al auto, lo vi tan atractivo, elegantemente vestido, con su traje de oficina, muy seductor (y él lo sabía). Me dijo “disculpa putita, el trabajo se me complicó”. Era la esposa de uno de sus ingenieros y que me trate así me pareció tan dominante que no me dio tiempo de molestarme. Le respondí “y ahora donde iremos”.

    Me respondió que tenía una sorpresa para mí. Pensé que iríamos a un hostal mejor que los que había visto. Eso me hizo sentir bien. Finalmente, tras manejar unas pocas cuadras entramos a un estacionamiento subterráneo. Había muchos espacios libres y no nos estacionábamos. Le pregunté dónde estamos yendo y me dijo “a culearte al último sótano”. Me sentí tan dominada por él que me calenté muy rápido. Hacerlo en un auto me motivaba mucho. Desde mis épocas de soltera no hacía algo así y nunca en un estacionamiento.

    Al llegar al cuarto y último sótano se estacionó. Se desabrochó el pantalón y sacó su verga. “Chupa puta” me ordenó. Y lo obedecí. Su verga grande me provocaba mucho. Mientras se la chupaba, disfrutándola toda, me di cuenta que sacaba su teléfono y marcaba. No le di importancia.

    Cuando dijo “Hola Alonso” y en altavoz escuché la voz de mi esposo me quedé helada. Tras unas palabras con él, comenzaron a coordinar algo de su trabajo, que yo no entendía. Tras el escalofrío inicial la excitación me subió a mil. Comencé a chuparle la verga como creo nunca en la vida. Escuchar la voz de mi esposo explicando no sé qué cosa en el celular era demasiado afrodisiaco para mí.

    Mientras mi esposo hablaba, puso silenciador a su celular y me dijo “ahora si puta, sácate el jean y la tanga”. Como hipnotizada lo obedecí. Mientras lo hacía, el retrocedió su asiento lo más que pudo. Quedaba mucho espacio libre. Y me monté sobre él mientras seguía hablando con mi esposo.

    Estuve así un par de minutos, cabalgándolo. Siendo yo la que llevaba toda la iniciativa, subiendo y bajando sobre su verga, contrayendo mi vagina, moviéndome en todo sentido. Él impávido, hablando con mi esposo.

    De pronto, con un gesto de sus dedos me indicó que me diera la vuelta. Lo volví a obedecer sin chistar. Cuando me senté sobre él, entregándole mi coño, sentí unas palmadas en la nalga que indicaban que me levanté un poco. Ya sin palabras nos entendíamos. Me empujó un poco hacía adelante y supe que quería mi culo.

    No lo pensé. Solo me sometí a él. Con una mano acomodé su verga en la puerta de mi culito ansioso y muy lentamente, lentamente, suavemente, me fui dejando caer sobre él. En ningún momento dejó de hablar con mi esposo, que con su voz aburrida y su forma parsimoniosa le hablaba de cosas que yo no entendía.

    Tras unas subidas y bajadas muy lentamente, fui acelerando. Estaba cada vez más frenética. El orgasmo me venía con una rapidez que pocas veces tuve. Estaba ya loca de placer. No podía ni gemir ni gritar, me mordía los labios.

    Contraía y dilataba mi culo con ansías de venirme. Y cuando las contracciones me estaban volviendo loca escuche su voz diciéndome “perra de mierda que puta eres”. Llegué y gemí y lloré. Lo recuerdo bien. Se me vinieron unas lágrimas. Sentí como su semen empezaba a chorrearse de mi culo.

    Con otras palmadas me mandó a limpiarme al asiento del copiloto. Me indicó la guantera del auto. Seguía hablando con mi esposo. Me limpié con unos pañitos húmedos. Antes que pudiera vestirme, se arregló el traje, arrancó el auto y salimos. Con los vidrios polarizados me terminé de vestir, ya en la calle.

    En una esquina paró. Me dijo “baja mi amor”. Lo obedecí sin reclamar. Luego siguió conversando con mi esposo, quizás hasta la oficina.

  • Me traiciona mi subconsciente

    Me traiciona mi subconsciente

    Hola, soy Patricia, Patty como me dicen mis amigos y voy relatarles algo que me dejo un tanto perturbada al grado de angustiarme bastante. Mi descripción física esta en relatos anteriores para quien desee saberlo.

    Era una reunión de amigos de la escuela, una de tantas, tan común como nos era posible, solo que era muy extraño, había personas que normalmente no asistían a ellas, como mi novio, que no pertenecía a la comunidad, extrañamente no estaba pendiente de mí como perro faldero que a veces parece, conversaba con otros chicos.

    Como siempre, yo era el centro de atracción de la mayoría de los chicos y podía notar como mis amigas me veían con cierta envidia, cosa que nunca me ha importado y por el contrario me enaltece de sobremanera el ego, sé que a cualquiera de ellas puedo bajarle el chico que quiera solo por divertirme, ya lo había hecho algunas veces, eso me gano enemigas acérrimas, pero que importa cuando los chicos te tratan como princesa.

    Todo trascurría como entre penumbras, demasiado extraño y después entendí el porqué, pero no en ese momento.

    Apareció de pronto Ricardo, un amigo que siempre ha querido ser mi novio pero que siempre he despreciado por decir la verdad, a pesar de eso, he mantenido relaciones sexuales frecuentemente con él, pero esa es otra historia.

    ¿Qué hacía ahí Ricardo? ¿Quién lo había invitado? Él ya había salido de la escuela y nunca formo parte de este grupo de amigos ya que somos una generación mucho más joven, pero ahí estaba, inmediatamente me abordo inclinándose para darme un beso en la mejilla al tiempo que me decía, “Hola Princesa” como siempre me llama.

    Algunos chicos tomaron cierta distancia ya que Ricardo no tiene muy buena fama, es un auténtico energúmeno, muy poco cortés, con un lenguaje muy soez, como de 1:80 de estatura, muy feo, con una nariz muy prominente, pelo chino, cuerpo muy robusto y una forma muy invasiva de ser, de esos individuos agresivos que intimidan a muchos con su actitud, además de dárselas de ser alguien que sabía todo y que era muy importante, lo cual yo sé que no lo es.

    Normalmente no lo soporto mucho y cuando llegábamos a coincidir en un grupo, prefería darle cortones y dejarlo solo, pero esta vez permití que se quedara a mi lado.

    Charlábamos amenamente y de pronto empezó discretamente a rozar uno de mis senos con la mano que sostenía su bebida, yo busqué nerviosamente con la mirada a mi novio, esperando que no fuera a darse cuenta, pero extrañamente no lo veía por ningún lado, ¿dónde se podía haber metido?, el departamento era pequeño y éramos pocos los asistentes. Ricardo lo conocía, lo había visto cuando a veces iba por mí a la escuela y siempre me decía que como era posible que anduviera yo con ese baboso, mi novio por su parte no tenía ni idea de la existencia de Ricardo.

    El roce se hacía más descarado, incluso apretó mi pezón cuando pego su mano de la bebida a mi pecho entreabriendo los dedos que sostenían el vaso y cerrándolos cuando lo sintió, yo no sé qué me pasaba que no me quitaba de ahí, o no le ponía un alto, simplemente me llenaba de preocupación de que mi novio se diera cuenta, además que los demás chicos con quienes conversábamos ya deberían haberlo notado.

    Aquí hubo una laguna en mi mente, ya que lo siguiente que recuerdo es que estaba yo con Ricardo, en otra pieza, solos los dos, me tenía arrinconada en una esquina, mi blusa que era una especie de top estaba levantada y Ricardo con su cabeza enterrada entre mis pechos mordisqueando mis pezones alternativamente y su mano apretando mis senos también de forma alterna, su otra mano sobando mi trasero, a veces rozándolo solamente, o recorriéndolo de extremo a extremo siguiendo el contorno de mis nalgas para finalmente meter toda su mano y sobarme mi entrepierna con el descaro que siempre le caracteriza, repetía esta acción, una y otra vez, a veces su mano la metía desde atrás hasta llegar a acariciar mi pubis con sus dedos por enfrente.

    Yo estaba excitadísima pero no podía dejar de pensar en mi novio y la preocupación de que pudiera mirarnos.

    A pesar de la gruesa mezclilla de mi pantalón, podía sentir sus dedos empujando en el centro de mi vagina, tratando de meterlos, ufff siempre que hace eso me vuelve loca, pero no esta vez, mi novio nos puede ver le decía bajito. Ricardo saco su cara de mis senos y me beso la boca, me la devoró literalmente, sentí su lengua entrar y por primera vez su sabor, jamás había permitido que me besara en la boca, era algo reservado para personas especiales, pero esta vez lo hizo.

    Mientras nos besábamos apretaba uno de mis senos y su otra mano me sobaba con descaro en medio de las piernas, con uno de sus dedos recorrió con lujuria toda mi rayita, desde el frente hasta atrás, sin ninguna oposición de mi parte. Mi vagina estaba tan húmeda que creo que debió empapar el pantalón ya que Ricardo se llevó el dedo a la nariz.

    …………….

    Su glande llegaba al fondo de mi garganta en cada embestida que daba, seguíamos en el mismo rincón, el de pie, yo en cuclillas tratando de no asfixiarme, siempre ha sido un salvaje, es que acaso piensa que puede follar mi boca y por eso es tan brusco en sus movimientos al meter su pene por mi boca.

    No era como siempre, yo trataba de separarme de su verga mientras mis ojos estaban atentos buscando cualquier señal de que alguien fuera a entrar a la habitación, no deben vernos y menos mi novio, pensaba yo. No podía separarme o no quería, sus grandes manos sobre mi cabeza marcaban el ritmo de la felación que le daba e impedían que pudiera separarme. Ahí estaba, a su merced. Me sentía aún más nerviosa que cuando nos íbamos a buscar los salones más alejados de la escuela, aprovechando el cambio de turno, Ricardo me hacía chupársela en algún salón vacío. Algo que hicimos casi diario los últimos meses, antes de que él se graduara

    Su enorme verga la sentía deslizarse por entre mis labios era tan grande que tocaba el fondo de mi garganta y como de costumbre, cuando la tenía tan dura, podía yo notar con mis labios y mi lengua, las venas hinchadas que iban por todo el tronco de su verga. Era una experiencia muy morbosa y empezaba a distinguir su liquido preseminal que ya empezaba a fluir, pero no podía controlar los nervios

    ……………

    Un sabor amargo invadía mi boca, con la sensación de viscosidad o algo pastoso en mi paladar, ¿se vino en mi boca? no lo sabía, ¿cómo era posible?, produce tanto semen que era imposible que no me hubiera dado cuenta o lo pasara por alto, solo sentía en la boca esa sensación que queda después de la eyaculación.

    Mi mente se esforzaba por tratar concentrarse y recordar que había pasado y como es que ahora estábamos de pie , pero no podía porque mi cuerpo reaccionaba a las duras embestidas que me daban desde atrás, era Ricardo, que ahora estaba en el rincón, me estaba penetrando de pie, miré y vi que mi pantalón me lo había bajado hasta las rodillas junto con mi panty, cada una de sus manazas se aferraba a cada uno de mis senos y me apretaba los pezones con sus dedos índice y pulgar al grado que me dolían, mis senos casi desaparecían dentro de sus enormes manos mis senos eran apretados , sobados, masajeados, estirados, sin dejar de apachurrar mis rozados pezones.

    Sentía como su gruesa verga se abría camino dentro de mí y me invadían sensaciones de placer y dolor, pero yo seguía pensando donde estaba mi novio y que de ninguna manera podía darse cuenta de lo que estaba pasando.

    Mordía mis labios para evitar gemir, pero casi no podía mantenerme en silencio, La verga de Ricardo es grande y muy gruesa, yo siempre he sido estrecha así que era muy difícil contenerme cuando empieza el clásico movimiento de meter y sacar.

    Como era su costumbre, la trataba de meter toda y hacia movimientos rotatorios, arriba abajo, izquierda/derecha que siempre me hacen enloquecer y esta vez no era la excepción, se movía con maestría rozando fuertemente mi entrada e interiores con su enorme pene.

    Su verborrea sucia no podía faltar, aunque ahora creo que consiente de que podíamos ser descubiertos me la decía al oído, frases como “que panocha tan apretada tienes putita” “gimes como perra en brama princesa” o cosas así por mencionar solo algunas ya que su sucio repertorio no tiene fin.

    Trato de levantarme una pierna, lo cual consiguió escasamente, mi pantalón en las rodillas se lo impedían, así que hábilmente con su pie empujo mi ropa hacia abajo, cuando finalmente logro llevarla a los tobillos, soltó uno de mis senos y me saco el pantalón y la panty, entonces levanto mi pierna al grado de casi hacerme caer, tuve que sostenerme con ambas manos de donde pude para evitarlo, era una de sus poses favoritas que le gusta practicar frente a un espejo para observar como desaparece la totalidad de su pene en mi vagina.

    Salía frecuentemente para evitar venirse y eso me daba un respiro, en una de esas salidas y siguiendo su costumbre me murmuro al oído, “Voy a metértela por tu culito” normalmente le digo que no, aunque nunca he sido muy convincente y siempre termina haciéndolo, pero esta vez de verdad no quería, le rogué que no lo hiciera, que nos iban a ver, trate de zafarme, pero me tenía bien sujeta, además mis manos me ayudaban a guardar el equilibrio y no podía usarlas.

    Sin soltar mi pierna, guio su enorme verga a mi entrada posterior, casi siempre me prepara con sus dedos para dilatar mi orto, pero esta vez no lo hizo, huyy que dolor tan fuerte el sentir su enorme cabeza entrando, me rodaron las lágrimas de verdad, fue deslizándola suavemente hasta llegar al tope,

    No sé realmente cuanto sea, pero calculo que a unos 14 o 15 cm de profundidad es mi límite natural, no sé si es porque el intestino gira en ese punto o se cierra, pero se siente claramente que una verga choca contra una pared interna como a esa distancia, ¿cómo creo que es esa distancia? Porque quien tiene un pene más o menos de ese tamaño, apenas roza esa pared, no era el caso de Ricardo que la tiene mucho más larga, el siempre empuja más y más hasta hacer ceder ese tope y siento claramente cómo se mueve algo en mi interior junto con un dolor agudo por dentro, esto a la altura del vientre para dar cabida a la totalidad de su cosa.

    No fue la excepción, empujo y empujo hasta que solo sus bolas quedaron fuera, además del dolor, mi angustia de que mi novio debería estar cerca me mortificaba.

    Ricardo empezó con el mete y saca suavemente lo que me hizo gemir cada vez más alto, no podía controlarlo, en cada embestida un dolor agudo me atormentaba porque su gruesa punta pasaba por mi límite, haciéndolo ceder, cuando entraba y cuando salía.

    Al igual que en mi vagina, el salía frecuentemente en su totalidad para evitar venirse, muy doloroso, normalmente usábamos mucho lubricante, pero ahora había sido de improviso y aquí no hay lubricante natural como en la vagina.

    “Me estas estrangulando la verga con el culo mamita” me decía, “estas más apretada por aquí que por la panocha”

    La metió totalmente eh inicio sus movimientos rotatorios, arriba/abajo, izquierda/derecha, recordé cuando en los hoteles hacíamos esa pose y podía yo observar en los espejos que solo sus grandes testículos estaban afuera rozando los labios de mi vagina mientras su verga se movía muy profundamente en mi interior recorriendo y tocando mis rincones más íntimos.

    Era demasiado, no podía dejar de gemir, mi mente estaba en blanco y había olvidado lo importante de guardar silencio, todos los amigos entraron en tropel por la puerta esbozando sonrisas, algunas eran de burla (mis “amigas sobre todo”), mi novio también entro y me miro fríamente, trate de zafarme y como no podía, quise cubrirme mis partes, pero perdía el equilibrio si dejaba de sostenerme porque mi pierna seguía alzada por Ricardo, esto tenía como consecuencia que mis partes más íntimas estuvieran a la vista de todos, recordé como se podía mirar en los espejos cuando hacíamos esta pose, la totalidad de mi vagina era visible y las negras bolas contrastando con mi blanca piel, además del nacimiento de su verga engullida por mi ano, esta visión me dejo claro lo que todos mis amigos estaban observando.

    Ricardo no me soltó, seguía moviéndose sin sacar un centímetro de su verga, le grite, suéltame, nos están viendo, él solo dijo, ya déjame terminar Princesa, además ya te vieron todo.

    Los celulares no tardaron en aparecer, no sé si sacando fotos o filmando, y lo único que pude hacer fue cerrar los ojos para tratar de evadirme, pero no podía dejar de gemir

    Ese movimiento de sus caderas siempre me hace enloquecer ya que su gran verga, cuando está totalmente dentro, llega muy profundo y remueve todo mi interior a su capricho. Su mano libre la alternaba entre masajear mis senos, jalar mis pezones, apachurrarlos retorcerlos, después iba a mi entrepierna para recorrer el contorno de mis labios vaginales, luego de palparlos por completo los abría con sus dedos para dejar ver sus pliegues y su interior, introducía sus dedotes. Uno hasta el fondo haciendo gancho acariciaba mi interior, luego dos, a veces tres y de ahí pasaba a mi clítoris, se tomaba su tiempo, con dos dedos abría mis labios dejándolo expuesto a la vista de todos y le daba pequeños golpecitos con su yema haciéndome sentir descargas, luego lo sobaba. Lo apachurraba, lo estiraba y yo le decía con voz apenas audible para que nadie más que el oyera «me duele» no le importaba, seguía jugando con mi clítoris a su entera gana, yo entreabría los ojos solo para ver que los que nos observaban, no perdían detalle haciendo comentarios. Algunos de los comentarios que me quedaron grabados fueron «se ve que ya se la ha cogido mucho» o «la tiene bien Rosita» «está escurriéndose»

    Mis pensamientos me recriminaban, quizá si no estuviera depilada, el vello hubiera podido ocultar un poco mis partes de las miradas. Solo mi blusa me cubría esporádicamente los senos, cuando Ricardo se engolosinaba con mi panocha, esta se deslizaba hacia abajo cubriéndolos.

    Trate de evitarlo, sabía que un orgasmo brutal estaba por llegar, aún con los ojos cerrados percibía los destellos de algunos flashes de los celulares de mis «amigos» que no perdían detalle, los comentarios de lo puta que era seguían taladrando mis oídos llegando a mi cerebro.

    No quería venirme enfrente de ellos. Siempre pierdo el control (si es que podía perderlo aún más), experimentar un orgasmo con tu pareja es algo muy íntimo, pero el tenerlo frente a un grupo de babosos no era para nada atractivo y menos siendo anal.

    Ricardo sin dejar de rotar sus caderas empezó con un brutal bombeo, su glande casi salía por completo de mi ano solo para entrar de golpe nuevamente hasta el fondo. Esto fue demasiado, mi cuerpo reaccionó estallando en un orgasmo salvaje, si no es porque estaba apoyando ambas manos y Ricardo me sostuvo fuertemente, hubiera caído, mi cuerpo se sacudió fuertemente, mis piernas temblaron por el esfuerzo. Como ocurre frecuentemente, no pude evitar que mi esfínter permaneciera cerrado, entreabrí mis ojos y vi un líquido amarillento escurriendo por la pierna que tenía apoyada a pesar de tratar con todas mis fuerzas de que esto no ocurriera.

    Oí como él gemía en mi oído, se estaba viniendo dentro, fue un breve momento para él y al terminar dijo con voz audible para todos” Me la exprimiste bien cabrón». Su verga se deslizo fuera y hubo una exclamación general y comentarios como:

    ¨Que vergota tiene y se la clavo toda”, “se la trago completita por el culo”, “parece burro”. Los comentarios eran hirientes y en su mayoría venían por parte de las chicas, “quien la viera tan seriecita que se veía” “mosquita muerta” “ramera”” vaya que se ve que le encanta que le den por el culo, solo escuchen como gime”

    Con la cabeza baja entreabrí los ojos buscando a mi novio, tenía una mirada de odio y una sonrisa forzada, no sólo había sido cogida delante de él, se daba cuenta que probablemente le había fingido los orgasmos las pocas veces que habíamos tenido sexo, era muy cierto, los había fingido y en el remoto caso que él pensara que yo no hubiera fingido, se daba cuenta la abismal diferencia, su pequeño pene no era rival para la enorme verga de Ricardo, ni en lo largo, ni en lo grueso ni en el aguante. Definitivamente pudo ver cómo Ricardo me había tocado, con un morbo que a él ni en sueños le había permitido y que ni siquiera había intentado. Por si fuera poco, el jamás había tocado mi entrada trasera. Mucho menos me había penetrado por el culo.

    Tontamente me consolé, pensando que afortunadamente no me vio mamándole la verga a Ricardo, a él nunca se la había chupado, el par de veces que me pidió que por lo menos se la besara me negué.

    Esos pensamientos se mezclaban con los que angustiosamente me decía que mi vida estaba destruida. Mi reputación estaría por los suelos, obviamente mi novio me repudiaría y que pasaba si comentaba el motivo por el cual se daba el rompimiento con mis padres. Yo podía negarlo, pero debería haber infinidad de fotos y videos como prueba. Mi madre seguramente me iba a matar y el gran disgusto y decepción que se llevaría mi querido padre. Además, quedaría marcada seguramente en toda la escuela y quizá esas fotos y videos llegaran a amigos y familia de otros lugares, eso me mortificaba terriblemente.

    ¿Cómo había sido tan pendeja para ponerme en esta situación? respiraba profundamente tratando de recuperarme.

    Hubo una especie de bruma en mi mente, que no supe que pasó, ya no estaba de pie, estaba sobre el suelo tratando de vestirme y una chica jalaba mi pantalón para impedirlo al tiempo que decía, hey chicos, quien se la quiere coger, aprovechen putas como esta no hay. Varios me rodearon y empezaron a querer tocarme

    ¡Yo decía y gritaba que no cuando me pareció oír que decían Patty, Patty, reconocí la voz, era la voz de mi madre!, oí como se abrió una puerta y quise que me tragara la tierra, ahora si me aterroricé, su voz dijo ¿estás bien?, ¿estás bien?, una sacudida me hizo abrir los ojos.

    Era mi Mama que me sacudía tratando de despertarme, Patty despierta, ¿tienes una pesadilla? Por un momento me llené de terror cuando vi su cara frente a mí y volteé buscando a Ricardo, a mi novio y los demás, pero no, estaba yo en mi habitación y solo había sido un sueño. Un sueño muy real

    Mi madre me consoló tiernamente abrazándome y preguntando que había soñado, solo atiné a decirle que soñé que unos chicos me estaban pegando. Creo que nunca me sentí tan mal, ahí estaba mi madre consolándome, por algo que ni en sueños creería que es capaz de hacer su hijita querida.

    Había mucha humedad en mi entrepierna, después, cuando se fue mi madre y pude examinar mi pijama, deduje que me había venido dormida.

    Este sueño fue terriblemente realista y fue después de que tuve que abstenerme de tener sexo casi 2 semanas, mi cuerpo me reclamo abiertamente.

    P.D. Algo que le agradezco a Ricardo, es que a pesar de ser un barbaján y que siempre me anda manoseando, cuando hemos estado con amigos o conocidos, siempre ha sido muy discreto y se comporta, me ha llegado a tomar fotos, pero en las que no se puede saber quién es la modelo.

  • Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 3)

    Mi hija y el messenger: Cosas de familia (Parte 3)

    Patricia bostezó ruidosamente en el Uber que le traía de regreso del aeropuerto a casa. Habían sido casi 8 horas de vuelo y 6 cambios de husos horarios y su cuerpo daba cuenta de ello. El taxista, un hombre de mediana edad, moreno y de melena alborotada, repartía sus miradas entre el camino y las bien torneadas piernas de la guapa y madura aeromoza con insistencia tal, que ya le estaba poniendo incómoda. La vibración de un mensaje nuevo en su móvil la sacó de su semi letargo y lo sacó de su bolso para leer. «Tengo que salir de urgencia por un par de días a Turín. Traemos un lío con unas adquisiciones y necesitamos ir hoy mismo. Te explico después, besos» seguido de un «Te encargo a Cristina que se quedará sola en casa» leía el texto. Era Ricardo, su marido. No le sorprendió en absoluto y con un dejo de cansancio guardó el aparato en su bolso de nuevo.

    Tras un largo trayecto en el que el conductor del Uber intentara infructuosamente sacarle alguna plática trivial, Patricia llegó finalmente a su casa. En algún punto del viaje, intentó comunicarse con Cristina para ver si estaba en casa y ésta le contestó con un lacónico mensaje «No estoy en casa. Estoy en el centro comercial nuevo para comprarme unos tenis y unos shorts. Besos». Suspirando con resignación, cerró los ojos, sabedora de que el tipo se daría vuelo mirándola con ojos de deseo y tal vez mas tarde esa noche, se masturbaría pensando en ella como el objeto de sus fantasías que jamás se habrían de cumplir. Patricia sólo sonrió ante su imaginación desmedida y decidió que no le importaba lo que pasara o dejara de pasar por la mente del sujeto.

    Y aquí estaba finalmente en casa, recién bañada y envuelta solamente en un amplio albornoz esperando que su hija regresara del centro comercial. Imaginó que los había comprado para empezar a ir al gimnasio, como lo hacía siempre que empezaba el periodo vacacional como era el caso en esta ocasión. Recordó que Pamela se había ido de vacaciones con sus padres a visitar a unos tíos por tres semanas y se dio cuenta de que extrañaba las formas turgentes de su joven esclava que tantas emociones le había despertado en esas últimas semanas. Se imaginó besando esos senos duros y juveniles, acariciando ese chochito húmedo y apenas cubierto de un vello incipiente y se empezó a calentar, metiendo casi sin darse cuenta la mano bajo el albornoz para acariciar su seno como el preludio de una sesión de sexo imaginaria…

    Patricia escuchó el ruido de la puerta de la entrada al abrirse y apresuradamente corrió a la sala y se encontró con Cristina que la recibió con un abrazo efusivo. Cristina, su hija, estaba radiante, vestida con una blusa ligera que ella misma le había regalado en su cumpleaños y unos jeans ceñidos al cuerpo. Sintió la calidez del cuerpo de la joven y se estremeció por dentro al rodear su breve cintura con sus brazos y sentir la piel de su hija bajo el contorno de su blusa. Cerró los ojos y se imaginó el cuerpo de Pamela agitándose como una gacela mientras hacían el amor apenas un par de semanas atrás y un breve atisbo de remordimiento se asomó en su cabeza. De pronto, se sintió cohibida como si su hija pudiera adivinar sus pensamientos.

    – ¿Cómo estás, mamá? ¿Cómo estuvo tu viaje? – preguntó Cristina con una amplia sonrisa.

    – Bien, hija. Agotador como siempre pero ya sabes cómo es esto.

    – Si, me imagino. ¿Qué piensas hacer hoy? ¿Supiste que mi papá salió de viaje esta mañana?

    – Si, me lo dijo. Ahora mismo lo que quiero es buscar algo para que podamos comer y luego me gustaría pasar algo de tiempo contigo si no te molesta.

    – Claro que no me molesta. ¿A dónde quieres ir?

    – En realidad no quiero salir, solo se me antoja una tarde tranquila en casa…

    – ¿Quieres que veamos una película aquí?

    – Claro, eso me encantaría, hija. ¿Qué película te gustaría ver?

    – La que tú gustes, mamá. Tú eres la invitada de honor hoy – dijo Cristina separándose de su abrazo finalmente.

    – Bueno, ¿qué te parece una comedia romántica de Netflix como las que nos gustan y mientras ordenamos una pizza para las dos?

    – Me parece perfecto, mamá. – Dijo Cristina dándole un beso en la mejilla. – Patricia se estremeció de nueva cuenta y Cristina se alejó para tomar el teléfono y llamar a su pizzería preferida (aquella misma del relato anterior de nuestra antojadiza amiga Cristina)

    La tarde transcurrió tranquila, comieron una pizza que le supo inesperadamente deliciosa y una Coca cola fría y burbujeante que también disfrutó inmensamente antes de retirarse ambas a sus respectivas habitaciones.

    ____

    Estaba casi anocheciendo cuando Patricia estaba finalmente instalada en su recámara con un recipiente lleno de palomitas y una película con una trama que prometía puesta en pausa, cuando entró Cristina. Traía el pantalón corto de elástico que se había comprado esa misma tarde y una camisa negra ombliguera que resaltaba su piel morena y la curvilínea forma de su breve cintura. Su pelo húmedo indicaba que se había recién bañado y se acostó a un lado de Cristina para disfrutar la peli que habían seleccionado mientras comían la pizza.

    Patricia se acomodó en su lugar decidida a disfrutar de ese momento madre / hija cuando sintió un sopor incontrolable apoderarse de sus ojos. El cansancio la venció y se quedó profundamente dormida. Cuando abrió los ojos de nueva cuenta, era ya de noche y su reloj despertador mostraba que eran las 12:32 de la madrugada. Una tenue claridad se proyectaba desde el televisor que continuaba encendido con la suficiente luz para poder ver el contorno del cuerpo de su hija a su lado. Su respiración acompasada le indicó que ella también se había quedado dormida viendo la peli o tal vez contagiada por el cansancio de su madre.

    Cristina estaba acurrucada con el rostro volteado hacia su madre. Un rebelde mechón de su cabello le cubría medio rostro y su blusa ombliguera se había levantado ligeramente exponiendo el nacimiento de sus senos que se agitaban suavemente al compás de su respiración evidenciando su falta de sostén.

    Patricia acercó su rostro al de Cristina para comprobar que estuviera durmiendo y sintió la calidez del aire que respiraba en su nariz. Un tenue olor a palomitas de maíz y el olor de su crema de baño le hicieron sentir aquella sensación que había tenido esa misma tarde cuando le abrazó, notó su respiración acompasada, sus ojos cerrados y se preguntó qué sueños le permitían transmitir esa paz. Con mucha lentitud acercó aún más su rostro hasta que la distancia entre ambas era mínima. Su intención original era el poder verla más de cerca, pero al acercarse al rostro de la joven se dio cuenta que aquello más bien parecía un casi beso en toda la forma y notó, para su desmayo, que se empezaba a excitar sin saber a ciencia cierta porqué. Casi por voluntad propia, su mano temblorosa tocó el vientre expuesto de la chica sin que ella diera señales de vida. Volvió a sentir la tibieza de su piel y sus dedos empezaron a recorrer la distancia de la cintura al vientre hasta llegar al nacimiento de sus senos. Sentía la imperiosa necesidad de tocarlos con su mano, pero tuvo temor de despertarla y siguió acariciándola solamente con un ligero toque de su dedo. Sus labios a su vez, envalentonados por el avance de su mano, se movió ese pequeño espacio que le faltaba y sintieron el contacto de esos labios adolescentes prohibidos. «¿qué estás haciendo» se preguntó entre sueños, pero siguió con ese contacto ligero, aunque endiabladamente excitante que le había empezado a mojar la entrepierna casi sin proponérselo.

    Patricia sintió, o al menos creyó sentir, que la respiración de Cristina se hacía más agitada y profunda y siguió subiendo su mano hasta rozar el pezón endurecido de la chica. Con su dedo pulgar e índice como una tenaza los apretó ligeramente, intensificando el contacto. Cristina se agitó en su sueño y Patricia alejó su rostro del de su hija aun cuando continuó con su cometido en pos de la teta de la chica. Cristina se movió un poco más y dejó su posición casi fetal para quedar recostada boca arriba en la mitad de la cama. La mano de Patricia pareció de nueva cuenta cobrar vida propia y retrocedió bajando por su vientre y su cintura hasta detenerse brevemente al borde del elástico del pantalón corto. Ahora era su respiración la que estaba muy agitada y parecía que el latido de su corazón hacía un eco ensordecedor en toda la recámara. «Detente, puta de mierda. Es tu hija la que estás a punto de tocar» gritaba su yo interno con una voz cada vez más apagada. Dudó por un par de minutos con la mano en la cintura de Cristina, sintiendo cómo su mano subía y bajaba siguiendo el ritmo de su respiración. Un vestigio de razón le susurraba que se detuviera, sin embargo, su voz se iba haciendo cada vez más pequeña a medida que su excitación seguía creciendo.

    Finalmente, Patricia pretendió que se giraba sobre sí misma y aprovechó el súbito movimiento para meter su mano por debajo de la prenda de Cristina. Para su sorpresa, se dio cuenta de que su hija no llevaba nada más por debajo del pantaloncillo y sintió el cosquilleante roce de sus vellos púbicos en la punta de sus dedos. Le pareció escuchar un apagado gemido de la boca de Cristina y siguió con su recorrido, ya despojada de sus escrúpulos, hasta tocar los labios vaginales de la chica. Estaban muy mojados tal como supuso que estarían los suyos y haciendo una leve presión con su dedo índice de nuevo lo introdujo dentro de la vagina de Cristina. La sintió arquearse en la cama y se quedó quieta como si el mundo se hubiera detenido de pronto. Lo sacó lentamente para acariciar el discreto botón de su clítoris con la yema de su dedo arrancando un susurro, casi un ronroneo de los labios de Cristina. Siguió de nuevo su movimiento hacia abajo para tocar de nuevo los labios de su vagina y los sintió mas húmedos y lubricados todavía, tanto que sin ningún esfuerzo, logró que este resbalara nuevamente dentro de aquel paraíso juvenil y prohibido.

    Tímidamente, el índice de Patricia inició un mete-saca lento a través de las paredes empapadas de su vagina de Cristina, sintiendo cómo su propio placer y excitación se transmitían a través de ese contacto. Los gemidos, al principio imperceptibles, de Cristina se hicieron más notorios a través de sus labios cerrados y de la tensión de su cuerpo que se sacudía ante los embates cada vez más atrevidos de Patricia. Sin pensarlo mucho, aceleró el movimiento de su mano hasta sentir que el cuerpo de su hija se arqueaba por la cintura, siguiendo el ritmo de ese dedo invasor, sus labios fuertemente apretados hacían un mohín de placer contenido y no tardó mucho antes de que su madre sintiera cómo su mano se mojaba de manera copiosa y un alarido escapaba finalmente de su boca mientras su cuerpo se convulsionaba, incapaz de soportar tantas sensaciones que le estaba provocando todas aquellas caricias invasoras.

    Cuando finalmente Cristina volvió a quedar quieta, Patricia se apartó, expectante, sin saber qué pasaría a continuación entre ambas, estaba caliente, apenada, adormecida y sorprendida de sí misma. ¿Le reclamaría su hija por propasarse de esa manera? ¿Se abalanzaría sobre ella para devorar su boca con la misma pasión? ¿Se pondría a llorar de remordimiento por aquel placer inesperado y prohibido?

    Pasaron más de dos minutos en aquel silencio expectante, con Cristina quieta a su lado, con los ojos cerrados, regresando lentamente a su respiración acompasada. Poco a poco, Patricia se dio cuenta de que aquella situación no iba a cambiar y que su calentura iba bajando de intensidad así que decidió levantarse e ir al baño para satisfacer sus propias ansias reprimidas. Al tocarse pudo notar lo húmeda que se encontraba ella también y se dirigió al baño cerrando la puerta. Una vez dentro, se masturbó rabiosamente apretando los labios para no gemir por el intenso placer que su roce le provocaba. Sólo bastaron un par de minutos para que se pudiera correr de manera brutal en la quietud de su baño quedando exhausta y asustada por lo que acababa de ocurrir. Cuando regresó a la cama, Cristina ya no estaba ahí. En su lugar quedaba la forma de su silueta sobre las sábanas y Patricia sintió que una sensación de culpa y cansancio se apoderaba de ella. ¿Qué pensaba Cristina? ¿Por qué se fue a su cuarto sin platicar de lo que había ocurrido? ¿Qué pasaría con esa relación que apenas en esas semanas había comenzado a mejorar? Sin poder encontrar las respuestas a todas esas preguntas, Patricia decidió hacerle caso a su cansancio y asumir las consecuencias de lo que pudiera pasar hasta el día siguiente. Y sin querer pensar en nada más en aquella noche. Se quedó profundamente dormida.

    ______

    La mañana siguiente la encontró de un mejor ánimo ya sin las consecuencias del desfase horario y se levantó hambrienta. Como una andanada de memorias dispersas le llegó el recuerdo de la noche anterior y tuvo temor de salir de la habitación y encontrarse con su hija. Las mismas preguntas que se hacía la noche anterior permanecían aún en su mente y no tenía la menor idea de cómo podría explicar su comportamiento. Tímidamente se asomó desde la puerta de la habitación y escuchó ruidos desde la cocina, donde seguramente Cristina preparaba su desayuno. Eso, o sólo buscaba un cuchillo o algo filoso para darle su merecido.

    Caminó como sonámbula los escasos metros que separaban su cuarto de la cocina y entró decidida a enfrentar lo que viniera. Con la mirada agachada escuchó la voz de su hija:

    – Hola dormilona. ¿Cómo dormiste? ¿lograste descansar del viaje? – Dijo Cristina jovialmente.

    – Si… – contestó Patricia ligeramente confundida y levantando su rostro para verla finalmente. Cristina le sonreía con esa misma sonrisa radiante del día anterior como si nada hubiera pasado. Aun vestía su misma blusa ombliguera y su pantaloncillo corto y unas pantuflas de Eeyore.

    – Te preparé desayuno, ma. Hice los huevos como a ti te gustan. – Señaló la chica mostrándole el par de platos y la taza de café humeante que estaban sobre la mesa.

    – Gracias, hijita, eres un amor. – Dijo Patricia sentándose a la mesa. Le dio un sorbo al café y lo encontró muy cargado, pero no dijo nada para no hacerla sentir mal. Le dio una probada a los huevos revueltos con tocino y los encontró más sabrosos y agradeció internamente que pudiera comerlos sin tener que fingir.

    – De nada, quería agradecerte por la fiesta de cumpleaños que me hiciste y no había tenido oportunidad de hacerlo. – Contestó Cristina.

    – No tienes nada qué agradecer, mi niña. – me gustó mucho ver que divertiste.

    Tras un breve silencio entre ambas, ocupadas en decorar el desayuno, Patricia carraspeó antes de formular una nueva pregunta:

    – Hija, ¿qué pasó anoche? – dijo casi mordisqueando sus palabras, cómo si no quisiera que escaparan de su boca.

    – Que te quedaste dormida a los cinco minutos de que empezó la peli. Jajaja. – contestó Cristina sin poder contener la risa. – Yo también me quedé dormida antes de que terminara, me desperté como a la medianoche y supuse que estabas en el baño así que mejor decidí irme a mi recámara para dejarte descansar a gusto.

    – Me sorprendió que te hubieras ido así. – Ahondó con recelo Patricia sin atreverse a preguntar más.

    – Supuse que querrías descansar y como soy medio loca para dormir, jajajaja… – respondió Cristina sonriendo. Patricia respiró ya más tranquila y siguieron desayunando en silencio hasta que Cristina preguntó:

    – Oye má… aprovechando que no está mi papá, ¿Crees que tú y yo pudiéramos salir esta noche para festejar mi mayoría de edad?

    – Claro que sí, hija. Me encantaría que saliéramos. ¿Qué tienes en mente?

    – No lo sé, un lugar tranquilo supongo…

    – Bueno, pero tampoco tan tranquilo, ¿eh? no estoy tan viejita…

    – Jajajaja, ya lo sé, me hablaron de uno que tal vez nos guste y que está por la zona hotelera.

    – Me pare muy bien. Es más, como parte de tu cumpleaños, vamos a ese centro comercial que abrieron y te compro un atuendo para la noche, ¿te parece?

    – Si, ¡gracias má! – exclamó la joven levantándose para rodear a su madre por el cuello en un fuerte abrazo. Patricia sintió la suavidad del cuerpo de su hija apretada en su espalda y sintió una corriente de placer cruzar rápidamente por su cuerpo. «Estoy loca, definitivamente» pensó mientras recibía un sonoro beso en la mejilla. Se levantó apresuradamente, librándose del abrazo de su hija con el pretexto de llevar su plato al fregadero.

    _____

    Eran las 9:30 de la noche cuando Cristina y Patricia entraron al antro que habían elegido para festejar la mayoría de edad de la joven. El lugar estaba abarrotado a pesar de ser jueves con todas las mesas ocupadas. Cristina había elegido una breve minifalda negra que le quedaba de infarto, y una blusa rosa pálido semitransparente que resaltaba su sostén de color negro también, todo esto complementado con unos tacones altos que hicieron que una buena parte de los concurrentes voltearan a verla con admiración y lujuria mal disimulada. Patricia, a su vez, llevaba una falda también corta, aunque un poco más discreta y una blusa floreada que resaltaba sus muy bien proporcionados senos.

    – Má, si alguien nos pregunta, no digamos que eres mi mamá. Somos compañeras de trabajo, ¿te parece?

    – Jajajaj, qué ocurrente, Cristina. Está bien, te voy a seguir la corriente. – dijo Patricia alegremente, tomando a su hija del brazo.

    Al fondo del lugar había una mesa con dos lugares disponibles. La ocupaba una pareja de mediana edad que parecían estar divirtiéndose bastante. Él, un señor de unos cuarenta y tantos años, con una ligera barriga no demasiado prominente, y ella un poco mas joven, seguramente entre 30 y 35 años, la otra opción era un par de jóvenes que descaradamente veían a ambas con ganas de encamarlas ahí mismo y que además se notaba que ya llevaban un buen rato embriagándose.

    Patricia se acercó con la pareja y les preguntó que si les daban oportunidad de sentarse junto a ellos. El señor, con una amplia sonrisa, les invitó a que se sentaran, no sin antes dejar escapar una mirada de admiración que a pesar de todo no se sintió incomoda, sobre ellas.

    A medida que la noche transcurría y, ambientadas por los cocteles que iban consumiendo, comenzaron a platicar entre ellos. El caballero se llamaba Roberto y era el esposo de Karla con quien llevaba ya 4 años de casados. Estaban de visita ya que ellos eran de Estados Unidos y habían decidido tomar dos semanas de vacaciones que concluían al día siguiente. Su vuelo estaba programado para la 1 de la tarde del siguiente día y habían decidido probar la vida nocturna de la ciudad antes de partir de regreso al día siguiente. Ambos eran muy agradables y abiertos y se había logrado una buena química entre los cuatro. Patricia no pudo dejar de notar las miradas que le lanzaba Roberto a Cristina de cuando en cuando, que sin embargo no parecían molestar a Karla, o al menos no daba muestra de ello. También notó las mejillas enrojecidas de Cristina y su voz cada vez más atropellada como evidencia de que le estaban haciendo efecto los tragos que había consumido.

    – Y ¿qué les ha parecido el ambiente hasta ahora? – preguntó Patricia. Tenía a su derecha a Karla y Roberto se hallaba enfrente, a su izquierda se había sentado Cristina que quedaba también a la derecha de Roberto.

    – La verdad, bien hasta ahora. No nos podemos quejar. – Esta ciudad ha sido muy hospitalaria con nosotros. ¿y ustedes salen juntas seguido? – Dijo Roberto sonriendo mientras tomaba la mano de su esposa de forma afectuosa.

    – La verdad es que es la primera vez que salimos juntas, somos compañeras de trabajo. Estamos festejando que Cristina cumplió años – respondió Patricia volteando a ver a Cristina con complicidad.

    – Ambas son muy hermosas. Les deben sobrar pretendientes, supongo – Dijo Roberto tomando la mano de Cristina con familiaridad como si la conociera de tiempo atrás. La chica no dijo nada al sentir el contacto de la mano del hombre.

    – Pues no lo voy a negar, pero ahora me encuentro bien así donde estoy. – Contestó Patricia

    – Y tú, hermosura. ¿A cuántos galanes les has roto el corazón? – preguntó volteando a ver a Cristina aun sin soltar su mano.

    – Jajajaja, a ninguno. No tengo novio por lo pronto. – Contestó Cristina. Le supo muy bien la mentira mientras venía a su mente el rostro de su novio en la escena donde se la habían follado encima de él.

    – Entonces nadie se va a molestar si te invito a bailar, ¿verdad? – Dijo Roberto levantándose y haciendo un gesto teatral mientras le ofrecía su mano a la chica, aprovechando que había iniciado la tanda de canciones lentas. Cristina le tomó la mano y se dirigieron a la pista de baile con la apetitosa chica moviendo sensualmente sus caderas apresadas en esa breve minifalda negra que seguía atrayendo lascivas miradas masculinas… y una que otras femeninas como las de su «amiga» Patricia que no pudo evitar el admirar lo sexy que se veía su hija.

    Habían transcurrido dos o tres canciones, tiempo en el cual estuvo platicando amenamente con Karla cuando Patricia sintió un toque en el hombro. Un joven, de buen ver, pero con signos de estar bastante ambientado, le extendía la mano como un mudo gesto de una invitación para bailar. La madura mujer dudó un par de segundos, pero finalmente decidió aceptar la invitación a bailar motivada por lo apetitoso que se miraban los bíceps del joven. Llegaron a la pista y sintió el abrazo firme del muchacho sobre su cintura girando al compás de la música. Uno de los acompañantes del muchacho aprovechó para invitar también a Karla a bailar quien aceptó gustosa dejando la mesa vacía. Patricia, un poco mareada y excitada por el roce de su cuerpo con el muchacho se dejaba llevar poco a poco. En uno de esos giros, descubrió a Cristina firmemente abrazada de Roberto, mientras parecía que este le susurraba algo al oído. La mano del hombre descansaba un poco más abajo de su cintura, ya en terrenos que se podían considerar a nivel trasero. A Cristina no parecía importarle el gesto atrevido de Roberto y lo abrazaba a su vez con ambos brazos alrededor de su cuello. Patricia, por su parte, sintió el aliento caliente de su pareja de baile y el bulto que se empezaba a formar en su entrepierna que apretaba firmemente contra la suya. Sintió cómo su coñito despertaba de su letargo cuando sintió la mano del joven tocando firmemente sus nalgas a la vista de todos. Volteó para ver si nadie les había prestado atención y descubrió a Karla besando al otro joven en un morreo intenso que parecía atraer la atención del resto de los bailarines. De pronto sintió la mano de su acompañante hurgando bajo su falda y el roce de su dedo tratando de entrar dentro de su vagina a pesar de la barrera de sus bragas mojadas. Enmedio de su calentura, Patricia, aun con restos del decoro que le quedaba, se sintió indignada, y, quitándole su mano, se separó del joven y dejándolo solo con sus manos de pulpo en medio de la pista.

    Antes de regresar a su mesa volteó a ver a Karla que seguía con su morreo intenso y buscó con la mirada a Cristina que seguía abrazada y danzando a un ritmo semi-lento con Roberto.

    Cuando terminó el ciclo de canciones románticas, Cristina y Roberto regresaron a la mesa donde Patricia le hacía el amor a su vodka tonic casi vacío. Roberto se sentó de nuevo a un lado de Cristina, cogiendo de nueva cuenta su mano como si estuviera marcando su territorio.

    De pronto, Patricia reparó en que Karla, en lugar de volver a sentarse a la mesa junto con ellos, estaba acompañando al joven con el que estaba bailando apasionadamente. La joven señora, no solamente lo acompañaba, sino que estaba sentada en su regazo mientras el tipo la cogía por la cintura charlando animadamente y acariciando su cuello con la mano libre. Roberto siguió la mirada de Patricia y ubicó a su mujer, pero no hizo ningún gesto de incomodidad o de sorpresa. «Lo siento» musitó Patricia sin voz y Roberto sólo encogió los hombros.

    – Karla tiene sus propias maneras de buscar diversión y a veces encuentra a alguien que le saque de la monotonía. – Dijo finalmente después de que se había formado un incómodo silencio entre los tres.

    – Pero eso, ¿no te lo molesta? – preguntó Patricia. Cristina seguía el rumbo de la conversación, pero parecía estar más interesada en el liberar a su octava piña colada del encierro de su copa.

    – Sería muy pretencioso de mi parte el pretender que soy dueño de esas maravillosas piernas y esas hermosas tetas que la naturaleza tuvo a bien darle, jejeje. – Me gusta que mi mujer se sienta dueña y señora de sí misma y lo disfrute.

    – ¿Aunque sea con otros? – Preguntó Patricia más por compromiso ya que la respuesta estaba frente a sus propios ojos, con el joven besándola apasionadamente en la mesa de enfrente, mientras su acompañante que había bailado con Patricia, le acariciaba las tetas descaradamente. Roberto giró su rostro y encogió los hombros en señal de tácita aceptación.

    – Platíquenme de ustedes. – Dijo Roberto. – ¿Como es posible que un par de bellezas como ustedes estén sin pareja? ¿Qué los hombres de acá son ciegos?

    – No, solo que nosotras también somos dueñas de nosotras mismas… – dijo Patricia.

    – Como Karla. – completó Cristina, levantando la mano para chocarla con su madre por encima de la mesa.

    – Ah ya veo. Miren. Nosotros nos vamos a retirar en un momento más pero si les apetece, o si os apetece como dicen ustedes, tenemos un par de botellas que quedaron anoche en el cuarto y que y podemos tomar para seguir platicando un poco más de tiempo si no están cansadas. ¿Qué les parece?

    – A mí me encanta la idea. – Se apresuró a decir, Cristina. – Y ¿a ti, ma… Patricia?

    – No lo sé, Cristina, seguramente tienen que hacer los preparativos para el viaje mañana…

    – No se preocupen por nosotros, ya descansaremos en el vuelo.

    – Está bien, pero solo un rato más. – Accedió Patricia.

    Roberto se volteó y le hizo una seña a Karla, quien, quitando la mano del joven de su cintura, se levantó de la mesa de los jóvenes, dejándolos sorprendidos y cachondos cuando ya se hallaban bastante animados. la falda arrugada de Karla y su maquillaje corrido daban cuenta de aquel momento caliente que se habían otorgado apenas unos momentos antes.

    – Nos vamos, mi amor. – Dijo Roberto a guisa de saludo rodeando la cintura de su mujer. No era una pregunta ni una petición sino una orden directa que la mujer acató sin chistar.

    – Claro que sí, amor. ¿Nos van a acompañar Cristina y Patty?

    – Espero que sí. – Contestó Roberto y volteó a ver a Patricia, quien asintió en silencio.

    ________

    Los cuatro abandonaron el local no sin antes aguantar los insistentes ruegos de los jóvenes de la mesa y se dirigieron caminando al hotel que se hallaba a un par de calles sobre la avenida principal. Cristina caminaba trastabillante, producto de su estado de embriaguez y de las altas zapatillas que usaba y se apoyaba de vez en cuando en Roberto que finalmente optó por tomarla de la cintura ante la mirada complaciente de su esposa. Cruzaron el lobby del hotel y llegaron al elevador donde Roberto pulsó el botón del octavo piso.

    Cuando finalmente llegaron a la habitación del hotel se encontraron con un lujoso decorado, un minibar, un amplio sillón y una cama King Size al centro de la habitación. Al fondo se veía un balcón que daba hacía la calle que acababan de transitar y a un lado de la puerta, las maletas ya listas para partir al dia siguiente. Roberto les sirvió un trago de whisky con soda y hielos y reanudaron la plática ya sin el ruido de la música del antro.

    – ¿Tú a qué te dedicas, Karla? – preguntó Patricia.

    – Soy una simple ama de casa, amiga.

    – Todo menos simple, mi amor. – Dijo Roberto arrastrando las palabras. – Eres una esposa maravillosa, lo sabes, ¿verdad?

    – Si lo sé, mi esposo.

    – ¿Y cómo se conocieron ustedes dos, tortolitos? – preguntó de nueva cuenta Patricia. Se habían colocado los cuatro en el sofá, con Cristina en la orilla, y Roberto en medio de ella y de Karla, con Patricia a duras penas sentada en la orilla opuesta. Roberto tenía la mano puesta en la pierna de Cristina moviéndola abstraídamente hasta llegar al borde de su minifalda mientras platicaba. Patricia sintió una sensación de temor y excitación al mirar hacia donde parecía que iba toda aquella situación.

    – Ella era una escort y yo la contrataba para que me hiciera algunos trabajitos…

    – ¿Cómo trabajitos? – preguntó Cristina confundida, quizá por el alcohol o por su ingenuidad juvenil.

    – Se la estaba follando por dinero. – Contestó Patricia con desparpajo sin más preámbulo. – Todos estallaron en una carcajada.

    – Guau, qué interesante historia. ¿y cuándo decidiste que sería tu esposa? – Ahondó Patricia genuinamente interesada en el giro que había tomado la conversación.

    – Cuando la invité a qué tuviéramos un trío con una de sus compañeras, Patricia. – Dijo Roberto y añadió. – No tienes idea de lo buena que es mi esposa para el sexo con otra mujer.

    – Gracias cariño, pero vas a ruborizar a Patricia con tus guarradas. – Dijo Karla intercediendo.

    – Yo no me ruborizó, Karla, solo que me sorprende porque nunca lo he hecho con otra mujer. – Mintió Patricia. – No estoy segura de que me pudiera gustar.

    – Y tú, Cristina. ¿Lo has hecho con otra mujer? – Preguntó Roberto. Los cuatro estaban sentados en el amplio sillón en el medio de la habitación. Roberto en la orilla, Cristina, Patricia y finalmente Karla, recargada en la codera con su trasero ligeramente encima de la pierna de Patricia.

    – No, nunca. No creo que me pudiera atrever. – Dijo adoptando la ingenuidad de una jovencita de 18 años como si fuera la presa de unos cazadores experimentados.

    – Nadie sabe a lo que se puede atrever hasta que lo hace, querida. – Presionó Roberto acariciando su pierna. – Todos hemos tenido una primera vez, lo creas o no. Hasta la zorra de mi mujer. – Dijo Roberto terminando con una carcajada que resonó en la habitación.

    – Deja Roberto. Vas a incomodar a nuestros invitados. – Intercedió Karla.

    – Te propongo un trato, Cristina. Tú decides hasta dónde quieres llegar si lo aceptas. – Invitó Roberto.

    – ¿De qué se trata? – preguntó Cristina con recelo pero excitada a la vez.

    – Te propongo que te vendemos los ojos y a ver si logras adivinar quien es la persona que te está tocando. – Dijo Roberto. Patricia dio un respingo justo cuando le daba un nuevo trago a su bebida pero Karla sólo sonrío en anticipación pues conocía los detalles de los jueguitos de su marido.

    – No sé, de verdad, no piensen que soy una monja pero…

    – Tú decides hasta dónde Cristina. – presionó Roberto secundado por Karla.

    – No te vamos a dejar a manos de este viejo libidinoso, no te preocupes.

    Cristina volteó a ver a Patricia buscando aprobación y se encontró con una mirada llena de deseo de su madre, en parte por el alcohol ingerido y en parte por la perspectiva de ver a su hija manoseada por una pareja que hasta hacía unas horas eran unos perfectos desconocidos para ellas.

    – Como tú veas, Cristina. Recuerda que lo que pasa aquí, aquí se queda. – Dijo esperando que la chica captara el velado mensaje de su discreción.

    Está bien. – aceptó Cristina finalmente. – ¿Qué tengo que hacer?

    – Solo quedarte quieta mientras Karla te pone esa pañoleta en tu cara. – Contestó Roberto mientras Karla hurgaba en su maleta de donde sacó una pañoleta de color guinda, la cual puso en Cristina en cuanto ella se levantó del sillón. Patricia la contempló de pies a cabeza, pasando por sus esbeltas piernas y sus pechos que se agitaban en anticipación a lo que vendría después.

    – Cierra tus ojos y siente, Cristina. Trata de imaginar de quien es la mano que te va a tocar ahora. – Dijo Roberto dándole sitio a Karla para que se acercara a la chica. Esta, se puso a su espalda y acarició sus senos con ambas manos rozándolos por encima de la blusa.

    – Hmm, creo que es Karla. – Dijo Cristina sin poder evitar que se escapara un suave quejido al decirlo.

    – Muy bien. – Cristina. Lo has adivinado. Ahora siente estas manos para ver si las identificas.

    En esta ocasión fue el propio Roberto quien, arrodillándose frente a la chica, dejó su mano vagar por su pantorrilla, pasando por la rodilla temblorosa y en su pierna un poco más arriba de la falda aun sin llegar a su entrepierna.

    – Hummm, esa mano tuvo que ser tuya, Roberto. – Dijo ahora Cristina temblorosa ante el embate de aquella mano indiscreta.

    Roberto, en silencio, le hizo señas a Patricia de que se acercara a la joven. Con un nudo en la garganta y el corazón galopando en su pecho, la mujer se acercó a donde se hallaba su hija vendada y a merced de los tres. Con mano temblorosa por el miedo y la excitación, le rodeó la cintura con una leve caricia. Roberto le hizo la seña de que no era suficiente, que debía acariciarla de una manera más atrevida. Envalentonada por las circunstancias que le rodeaban, Patricia se acercó al rostro de Cristina y, sin pensarlo, acercó sus labios a los de su hija quien, al sentir el contacto de su boca, los abrió para recibir ese beso incestuoso aún sin saber de qué boca provenía.

    La lengua de Cristina se apoderó de la boca de Patricia en un morreo delicioso. Sentir la humedad de la boca de su propia hija dentro de la suya, le hizo sentir un mareo intenso y un intento de orgasmo en su entrepierna. A duras penas se separó de aquellos labios, cuando Roberto preguntó a Cristina que si quien le había besado. Apenas repuesta de la intensidad del beso, Cristina jadeó:

    – Creo que fue Karla, ¿no?

    – Conformémonos con saber que besaste unos labios de mujer. ¿Como te sentiste?

    – Muy bien… creo. – Dijo Cristina con un poco de dudas ante lo que acababa de suceder. Lo cierto de todo aquello es que estaba muy caliente y no quería que aquel momento se acabara. Como si Roberto le hubiera leído la mente le preguntó.

    – ¿Te animas a una segunda vuelta?

    – Si. – Contestó con un hilo de voz la joven.

    Sin esperar más, Roberto se volvió a arrodillar frente a Cristina y esta vez levantó su falda para exponer su coñito detrás de una pequeña tanga transparente de color negra. De manera instintiva, la joven abrió las piernas para facilitar el acceso de aquel intruso en su intimidad. Roberto hundió su boca en la entrepierna de la chica lamiendo esa prenda que como sospechaba, estaba ya empapada. El olor de la prenda era embriagador y el hombre la sujetó de ambas nalgas para atraer hacia si a la joven rozando su entrepierna con su barbilla mientras sacaba su lengua para recoger los abundantes jugos que mojaban la tela.

    – Ayy qué delicia. – Exclamó Cristina. – Quien quiera que sea, sigue por favor.

    Karla se acercó a la chica por detrás de ella mientras su marido seguía chupando su coño vorazmente y le despojó de su blusa con delicadeza. Seguidamente, le abrió los broches del sostén y en un momento le quitó la prenda también dejando sus senos expuestos de los que sobresalían dos delicados botones perfectamente erectos como soldados en estado de guerra. Con la mirada, Karla invitó a Patricia a que los acariciara y esta, todavía embriagada de la cachondez que le provocaba la situación, metió una teta de Cristina en su boca, chupándola con desesperación y sintiendo el contacto del pezón siendo acariciado por sus dientes. Mientras esto sucedía, Roberto iba bajando la tanga enrollándola entre sus piernas y dejando expuesto aquel delicioso coñito juvenil, adornado con una coqueta mata de vellos suaves igualmente mojados. Finalmente metió su lengua profundamente en ese coñito que había estado anhelando durante toda la velada y sintió cómo Cristina se estremecía, incapaz de aguantar esas acometidas. Karla la sujetó de nuevo por la cintura y se apoderó de la teta que había quedado libre, dando unos chupetones igual de ardientes que los que le estaba dando Patricia. Finalmente, la adolescente estalló en un ruidoso y prolongado orgasmo, golpeando con su pelvis en el rostro de Roberto que recibía ese golpeteo estoicamente mientras sentía el cuerpo de Cristina soltarse a merced de las dos mujeres y de él mismo. Roberto se paró frente a ella, una vez que se hubo calmado y le dio un largo beso con el sabor del sexo de ella misma. Karla y Patricia se separaron para permitirle continuar con esas caricias y el hombre le quitó con delicadeza la venda. Cristina seguía con los ojos cerrados, aun disfrutando de aquel momento que acababa de suceder. Con la misma delicadeza, le quitó su minifalda dejándola completamente desnuda frente a él.

    Roberto la levantó en vilo con sus dos manos firmemente sujetando su trasero y sus piernas apretadas alrededor de él; mientras le daba un nuevo beso profundo a duras penas fue moviéndose con el cuerpo de Cristina aun a horcajadas encima de él hacia la cama. Mientras esto sucedía, Karla por su parte, estaba besando a Patricia y ambas se iban despojando mutuamente de su ropa, Patricia pudo constatar que Roberto no mentía cuando dijo que Karla era experta en hacerle el amor a otra mujer. un beso largo y húmedo que dejó el pecho de ambas mujeres lleno de saliva y el toque de los dedos de Karla en los duros pezones de Patricia hasta casi hacerle aullar de dolor mientras besaba su cuello la tenía al borde de un orgasmo que se había estado gestando desde las tempranas horas de la noche.

    Cuando Patricia sintió los dedos de Karla hurgando en su vagina, ya no se pudo contener más y explotó colapsándose de placer jadeando como un perro sediento en el sillón donde ambas habían quedado tendidas. Patricia metió su mano bajo la falda de Karla y al sentir lo húmeda que ella también se encontraba, hizo a un lado su braga y le hundió el dedo corazón metiéndolo y sacándolo repetidamente mientras su boca retornaba a la boca de Karla para disfrutar de un nuevo beso salvaje e intenso.

    Roberto se dirigió a la cama King Size todavía cargando a Cristina y la depositó suavemente en el colchón. Con estudiada lentitud le fue colocando encima del mullido colchón hasta que dejó a la joven completamente a su merced. Abrió sus piernas y se lanzó a probar esa almeja palpitante que goteaba ya, producto de su excitación. La lengua del hombre entró muy dentro de la vagina de Cristina y esta se estremeció de placer ante la serie de emociones que le produjo esa lengua intrusa y lo sensible que se encontraba después de la intensa corrida que había tenido minutos antes.

    Karla se levantó del sillón quitándose la ropa por completo también. Cuando quedó desnuda al igual que Patricia, continuaron besándose apasionadamente, deteniéndose por momentos para caminar rumbo a la cama al igual que Cristina y Roberto. Los senos de Karla se sentían duros y firmes como los de la misma Patricia, aunque un poco más pequeños. Sus pezones erguidos y duros eran presa de la lengua de Patricia que no cesaba de besarlos, tratando de recompensar el intenso placer que la antigua escort le había proporcionado hacía unos momentos.

    por su parte, Cristina se giró haciendo que Roberto se acostara en la cama, y con mucha intención, aunque poca pericia, le bajó el pantalón descubriendo un pene grueso y erecto en pie de guerra que la chica devoró sin pensarlo. Sentir la dureza de ese miembro y su propia saliva correr por su tronco le hizo ponerse más cachonda aún y empezó a acariciar su clítoris mientras le daba placer oral al hombre. El miembro de Roberto era grueso y a duras penas cabía en su boca así que decidió sacarlo y acariciar toda su extensión con su lengua dejando que su caliente saliva cubriera por completo ese pene que besaba como si no hubiera un mañana. De pronto sintió unos dedos acariciar su coñito y una lengua caliente rozando sus nalgas, supo que era Karla al ver a su madre frente a ella, totalmente desnuda y acariciándose al contemplar esa escena tan sensual. Cristina dejó de dar placer al hombre y volteó para encontrarse con el rostro sonriente de Karla. Sin mediar palabra, se fundieron en un beso apasionado apretando sus tetas entre sí. La experta mujer mesaba sus cabellos atrayéndola hacia ella con fuerza y haciendo mas intenso aun el contacto de sus bocas. Patricia, al ver a Roberto recostado en la cama con el mástil completamente erguido, lo metió en su boca con tal habilidad que logró meterlo por completo hasta sentir el golpeteo de sus huevos en su barbilla. A lo lejos escuchó al hombre bufar de placer y deseó que no se fuera a venir en ese momento para no sentirse asfixiada. El hombre aguantó estoicamente y se salió de la boca de Patricia quien volteó a ver a Cristina y a Karla enfrascadas en un furioso morreo. Como si la hubiera invocado, Karla volteó a verla y s separó de Cristina para ir a su encuentro. Como una gatita, se subió a la cama y abrió las piernas de la mujer para devorar de nueva cuenta su húmedo coñito. Cristina por su parte, aprovechando el estado de indefensión de Roberto, se subió encima de él, guio su grueso aparato entre sus piernas y dando un largo suspiro de satisfacción sintió como la iba penetrando lentamente. La sensación de esa gruesa polla apretando firmemente las paredes estrechas de su vagina, le hicieron que las sensaciones de ese polvo se extendieran por todo su cuerpo. De pronto, ya no importó la madrugada, ni Karla, ni el que su madre estuviera ahí junto a ella, comiéndose el coño de la mujer de Roberto. Los gritos que salían de su garganta, guturales y roncos, parecían provenir de alguien más. No de sus pequeños y juveniles labios. «Méteme la polla así cabrón hijo de puta» no eran expresiones comunes en su vocabulario, pero en esos momentos era lo único que lograba salir de su boca. Sintió vagamente unas manos apretando sus senos y, como si algo estallara en su interior, se quedó un momento en un estado de semi consciencia que jamás había sentido…

    Patricia por su parte, excitada a mas no poder, cachonda como hacía mucho no se sentía, escuchó los gemidos descontrolados de su hija y sintió oleadas de placer del mismo calibre recorrer todo su cuerpo. Se encontraba en la cama con la cabeza de Karla firmemente entre sus piernas y a un lado de Roberto quien completamente entregado, se dejaba llevar por la jovencita poseída que le hacia el amor salvajemente, montada encima de él y retorciéndose incontrolablemente,

    Entre sueños, Patricia escuchó el ronco rugido de Roberto al venirse abundantemente mente dentro de Cristina que seguía temblando de placer ante sus orgasmos incontrolables y sintió su propia humedad llenar la boca de Karla, que con desesperación le chupaba el coño y le acariciaba su clítoris con maestría.

    Patricia, exhausta, abrió los ojos y se topó a un par de centímetros con la mirada vidriosa de Cristina. Era una mirada inundada por la lujuria más primitiva que se pudiera imaginar. Se quedaron calladas, solo contemplándose y sin darse cabal cuenta de lo que hacían se besaron entre ellas dando gruñidos casi como de animales en celo. A su lado, Roberto y Karla les contemplaban fascinados de ver aquella lascivia entre las dos amigas y les abrieron un poco de espacio en la cama. Las dos mujeres, completamente entregadas al placer, se giraron entre si, hasta quedar en un perfecto 69. Patricia sintió el acre sabor del semen de Roberto escurriendo por la abertura de Cristina y se lanzó a lamer con desesperación esa cuevita inundada a la vez que Cristina hacía lo propio con su propia vagina. Por unos minutos solo se escuchó el jadeo de sus respiraciones agitadas y el chapoteo de sus lenguas al lamer sus jugos que fluían copiosamente.

    Roberto, ya repuesto de su primera corrida descomunal, follaba de perrito a su esposa sin perder detalle de la escena lésbica que en el centro de la cama.

    «méteme el dedo perra! así, hija de puta, mas, más, cabrona» gritaba Cristina a su propia madre, ya totalmente entregada a ese nuevo episodio de placer, agotada y sudorosa, sintió la sensación de un orgasmo a chorros de Patricia y con las últimas fuerzas que le quedaban, se corrió de nueva cuenta casi al mismo tiempo quedando ambas temblando en la cama mientras Roberto y Karla se corrían de igual manera ante esa vorágine de emociones. Con la respiración agitada y sintiendo las pulsaciones de sus coñitos, agradecidos por tanto placer, Cristina y Patricia se quedaron un momento con los ojos cerrados, solo tratando de revivir aquel momento tan intenso que acababan de protagonizar.

    Cuando finalmente llegaron a su casa, ya las primeras luces del día se asomaban por el horizonte y madre e hija, con el maquillaje corrido y su ropa arrugada como dos prostitutas trasnochadas, entraron en silencio a la casa, ya con los rastros de la borrachera convertidos en resaca y se tendieron en la cama matrimonial completamente exhaustas. Se miraron fijamente tratando de leer los pensamientos de la otra. Incapaces de atreverse a reconocer que aquello había ocurrido en realidad.

    Al final, Cristina aproximó su rostro al de su madre y le susurró «te quiero, mamá, gracias por tan lindo regalo.» Patricia, solo atinó a abrir la boca antes de sentir la suavidad de los labios de Cristina. Era todo lo que necesitaban decirse. En silencio, ambas se levantaron y se quitaron su ropa de calle. Patricia hizo el intento de alcanzar su bata, pero al sintió la mano de su hija en su hombro y volteó a verla para encontrarla desnuda y con una sonrisa sugerente. Ambas se acostaron en la cama redescubriéndose en su desnudez y se quedaron viendo fijamente, como tratando de capturar ese momento y perpetuarlo. Los ojos de Patricia se cerraron de cansancio cuando volvió a sentir el roce de los labios de su hija y le abrazó sintiendo la suavidad de aquel joven cuerpo, y supo que una nueva faceta se había abierto entre ambas. Sonriendo, apretó su abrazo y se quedaron profundamente dormidas.

    Dark Knight

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  • Voluptuosa y de buen sabor (II)

    Voluptuosa y de buen sabor (II)

    Luego de unos minutos que pensé que se había dormido abrió los ojos me miró y me dijo sos tremendo, pero esto aún no termina, lo cual contesté tomando mi verga en mi mano aún firme y deseoso de acabar, estoy listo para lo que siga.

    Tendidos en la cama nuestros cuerpos descansaban de una buena cogida, ella había quedado saciada luego de haber acabado a chorros y tras sus espasmos empezaba a reaccionar, creo que aún hay alguien insatisfecho dijo pocando mi glade, tomando una gota de líquido preseminal y llevándolo hacia su boca para saborear y desgustar a placer.

    Eso parece haberla encendido, y va a por ella recorriendo mi cuerpo centímetro a centímetro, deteniéndose en mi pecho lamiendo y mordiendo suavemente mis tetillas, cosa que hacía que mi verga de saltos poniéndose cada vez más dura,

    Sus pechos grandes me daban un roze placentero el cual hacía sentirme cada vez más caliente y deseoso de seguir adelante. Ella bajo hasta sentir su respiración en mi verga a la cual de una bocarada devoro mi glade dando un fuerte chupon para absorver mis líquidos preseminales y su sabor a concha que aun había en mi tronco.

    Con la segunda bocanada pude sentir que mis ojos daban vueltas y mis alaridos fueron inevitables. Ella tomando con su mano derecha mi base de la verga para evitar tratarla entera para no sentir tanta culpa de ser tan caliente al primer encuentro, se deleitó mientras yo voy mis ojos en blanco y bufando como loco por el placer que daba esa lengua y boca.

    Pasados unos minutos de su excelente trabajo bucal pude volver a pensar y acordarme sus confesiones, a ella le encantaba que la atraganten de verga y violen su garganta a placer, entonces era mi momento de ver hasta donde esta puta en celos era capaz de comerse mi pija.

    En la posición donde se encontraba, entre mis piernas con su culo en pompa y con media verga metida en su boca, fue que eleve mis piernas poniéndolas sobre sus hombros quedando su cabeza prisionera de mi entre piernas mis manos buscaron su nuca enredandose en su pelo ondulado y fue ahí que mientras mis piernas hacían fuerza hacia abajo mi pelvis se elevaba sintiendo como mi glade topaba contra su garganta y hacia camino a su paso pero no lograba mi cometido pero aun tenia unos centímetros más de verga para dar otro y otro ataque y así lo hice, una dos y tres veces hasta sentir su barbilla topar contra mis bolas y un reflejo vomitivo al cual se defendió haciendo fuerza inútil hacia atrás.

    Cuanto era eminente que estaba atragantada de verga fue entonces que deje de hacer fuerza y solté, movimiento que hizo que salga disparada quedando arrodillada con su espalda recta sobre la cama, no no no me decía mientras veía evidentes reflejos vomitivos.

    No era eso lo que te gustaba?

    Elevo su cara corrió su pelo y su cara evidenciaba placer, sufrimiento y lágrimas.

    Si pero por favor avisa así me preparo para recibir esa verga deliciosa que tenes.

    Bueno así será.

    Seco sus lágrimas, corriendo su rimel, me miró con cara de puta sedienta de más atragantadas y volvió a su trabajo nuevamente, esta vez buscado llegar por si sola a lograr su cometido pero no fue así, cosa que esta vez pregunte.

    Te ayudo? Y ella con un ademan de su cabeza y su afirmaba que estaba autorizado a coger su garganta a placer, fue entonces que volví a forzarla, una, dos y tres veces hasta lograr que su nariz toque mi pelvis.

    Mis bufidos llenaron la habitación y mi amiga sacaba toda mi tranca dejándose ver un hilo de saliva colgando haciendo un puente entre mi pija y su boca.

    Su acción siguió por varios minutos hasta que comencé a sentir como mis huevos ya se preparaban para acabar en su boca.

    Que placer respondí quiero más tratando de evitar que mi verga descargue, pensando a esta yegua en celo tengo que penetrarla otra vez.

    Saque mi verga dura como un fierro y a punto de estallar, y para hacerme el bóludo para que crea que me podía aguantar tal mamada dije.

    Quiero chuparte esa concha, quiero saborear tus juegos, y hicimos un cambio de posición, ella pasó a quedar con sus piernas abiertas de par en par mirando al techo y yo buscando perderme en su grande y deliciosa concha, fue entonces que descubrí su sabor, su chocha depilada de labios gruesos y un sabor dulce con tintes de agridos. deliciosa de explorar, una y otra vez metí mi boca entera como queríamos llegar donde nadie había llegado aún. Cuando mi castigo llego al punto inevitable de sentir que ya se corría me aviso entre gritos y gélidos.

    Me acabo, chupaa la concha de esta yegua que esta en celo dejando sentir un chorro continuo de flujo que mi boca trató inútilmente de absorver.

    Que bien como comiste mi concha bebé me dijo, a lo cual ordene que se ponga en cuatro patas que iba a cogerla, a lo cual obedeció poniéndose frente al espejo que tenía en una pared, mi verga busco sus flujos, mis manos se apoderaron de sus caderas y de un solo envión mi pelvis choco contra sus glúteos, ella por su parte arqueo su espalda, abrió la boca y dejó escapar un grito.

    Ayer ayer que verga, lo cual aproveche para agarrar sus pechos y comenzar un galope suave hasta que mi hembra paso de sufrir a sentir placer, la imagen reflejada en el espejo era la gloria su cara evidenciando el placer que estaba recibiendo sus cabellos enredados en mi mano comenzaron a tirar más y más a la vez esta yegua pedía que la embestia sin piedad alguna.

    Que placer gritaba como loco trabando de aguantar y no quedarse con que ella no colaboro co dicho galope, una y otra vez embestia forzando su interior para que mi pija entre un poco más, mientras que yo me deleitaba con la imagen de sus tetas bambolearse y sus anchas caderas reflejadas en el espejo, nuestros cuerpos tomaron trote y el silencio de la habitación tuvo nuevos ruidos aparte de gémidos, gritos y bufidos, ahora era un plaf, plaf ,plaf mi pelvis contra su voluptuoso orto apagaban sus gemidos cada vez más.

    Una y otra vez golpeaba su interior con mi pedazo y su concha se contraia llenando de electricidad mi cuerpo, luego de un rato miro hacia atrás y con cara de puta levidinosa me dijo, quiero cabalgarte y que sientas una hembra caliente sobre vos, yo sin poner resistencia me acomode en el borde que daba al espejo pegado a la pared, por nada del mundo me perdería la vista de su enorme culo subiendo y bajando mi verga.

    Ella se orcajo tomo mi pija desde el tronco, apunto a su sexo que ya estaba por demás mojado y poco a poco dejo caer su cuerpo hasta sentir que temblaba de placer, se contuvo, respiro profundo y comenzó un galope cual yegua salvaje que quería saciar su hambre de verga.

    Una y otra vez subía y bajaba y sus gemidos se transformaron en gritos, su galope en temblores y sus ojos se pusieron blancos.

    Me vengo pudo gritar y comenzó a salir por sus costados de su sexo y el mío chorros de líquido transparente y caliente que inundaban mi pelvis y chorreaba por mis huevos depositandose en su cama.

    Dios que corrida pensaba mientras ella entre espasmos y temblores llegaba mis huevos de líquido que su sexo emanaba. Su cuerpo se tenso, mi verga trataba de buscar placer, ella en medio de gritos y temblores siguió con más fuerza y cantidad dejando caer flujo de su cuerpo, yo tras segundos de temblores sentí que mi verga explotaba, un chorro largo acompañado de tres o cuatro más cortos pero con misma potencia depositaron mis espermas en lo más profundo de su útero, nos recostamos ella sobre mi con la respiración totalmente agitada hasta que comenzamos a bajar nuestros pulso, tomo aire asfixiado por el esfuerzo y mi verga comienza a perder rigidez con el trabajo bien hecho, ella me mira cómplice de lo que habíamos hecho, con cara de yegua saciada, mientras mi verga abandona su cueva dejando en su interior mis simientes…

    Hoy te quedas conmigo esta noche es larga y aun quedan orificios que desean ser llenados me dijo…

    Continuará…

  • Mi cuñada Samantha

    Mi cuñada Samantha

    Fue hace unos 5 años, mi hermano llevo a una muchacha muy guapa a la casa, la presentó como su novia, una chica de piel clara, ojos marrones, cabello largo y ondulado. Unas tetas muy grandes y un culo redondo y grande. Pero muy hermosa. Su nombre era Samantha al parecer es mayor que yo por 8 años.

    Se presentó ante la familia como su novia y fue bien recibida ella venía a la casa casi todos los días en especial los fines de semana ya que en ocasiones salíamos de paseos o viajes.

    En una ocasión fuimos toda la familia a un balneario ya que estábamos en tiempos calurosos y no hay nada mejor como meterse a una piscina con agua muy fresca.

    Llegamos todos teníamos que ayudar a cargar las cosas yo me quedé hasta el final ya que yo tenía que inflar los inflables para los que no sabían nadar. Pero conmigo se quedó Samantha. Ayúdandome a inflarlos. Y también porque se quería cambiar dentro de la camioneta porque le daba pena hacerlo en los baños. Ella me dijo que si podría vigilar que nadie viniera o pasará pero a mí me llamo más la atención que tipo de traje de baño usaría me intrigaba cómo se le verían las tetas y yo por curioso la espiaba.

    Unas tetas enormes con unos pezones muy pequeños e invertidos además que eran muy rosaditos me sorprendió muchísimo porque nunca había visto unos pezones así tuve que mirar y voltearme rápido para que no viera que la espiaba.

    Ella baja de la camioneta y suavemente me dice ya se que me las viste. Que te parecen? Son lindas? Con una sonrisa picara se aleja riendo y yo todo apenado y con una gran erección que se me hacía difícil andar.

    Son casi las 6:00 y ya será hora de que cierren yo estaba muy cansado y preferí irme primero hasta la camioneta. Me subo y me siento hasta atrás para poder estirar bien los pies miró para atrás y recuerdo lo que me dijo y sus tetas. Comienza a pararse mi verga. Pero intentó controlarme. Veo que la primera en llegar es Samantha aún con la toalla cubriéndose. Me grita «ábreme porfa» tengo frío. Le ayudo a subir y se sube hasta atrás también ella viene con la intención de subirse atrás. Pasa frente a mi dándome la espalda pero se queda quieta un instante voltea a los lados y deja caer su toalla lo que veo es su culo aún mojado con un cachetero negro y delgado. Se me hace agua la boca de solo verlo. Pero ella se deja caer sobre mis piernas y haciendo un pequeño grito dice «auhh me lastimas» ella cayó directamente sobre mi verga que estaba dura entre risas y dolor se mueve a un lado y dice «pero si la tienes durísima» «te pusiste así por verme las nalguitas jeje» yo todo rojo y caliente no pude contenerme y la bese al mismo tiempo de apretarle las enormes tetas que tiene ella no se apartó y me regreso el besó pero escuchamos voces así que rápidamente nos acomodamos como si nada haya pasado.

    Pasa una semana y ella actúa como si nada me trata de la misma manera que siempre aunque en pequeños momentos se saca más las tetas para que se le vean más Entonces entiendo que no está enojada y no le molesta lo que pasó aquel día.

    Una tarde llego de la uni y veo que Samantha está en la casa sentada en el sofá sobre mi cojín que yo uso para acostarme en el sofá ella sabía que ese cojín yo lo uso para eso y me mira muy extraño como si algo tuviera.

    Ella traía una pequeña falda roja muy corta, podia verle las piernas muy bien de pronto.

    Mi hermano grita «Samantha ya nos vamos» se levanta lentamente, pasa a un lado y me susurra «no traigo nada debajo de la falda» y riéndose se va.

    Veo mi cojín y está húmedo. Ella se estuvo masturbando con el. Toda esa tarde me la pasé pensando en ella, oliendo y lamiendo ese cojín era un olor muy agradable con un sabor salado pero muy excitante. Me vine varias veces pensando en ella. En su cuerpo y en coger con ella.

    Pasaron unos días y no la vi.

    Después pasaron unas semanas y no sabía de ella.

    Preocupado por ella le pregunto a mi hermano «oye y Samantha, porque ya no ha venido» contesta. «Ah salió de viaje con su familia y pues llega hasta mañana».

    Yo impaciente por verla de nuevo no podía aguantar quería verla. Estuve todo este tiempo preocupado que no me podía masturbar.

    Ya paso un día tocan la puerta y era ella yo sonriendo le digo «holaa ya te extrañaba» ella no dice nada entra, se sienta y me dice «mira este. Estuve pensando lo que hice y perdón se que no está bien pero quiero coger realmente contigo».

    Sonrío. Y solo le digo «dónde quieres que me corra».

    Ella emocionada dice «quiero tomarme tu leche» tu hermano nunca ha querido hacer eso.

    Se quita la blusa y trae un brasier rojo parece que se romperá sus tetas son muy grandes. Lo desabrocha y sus tetas bajan se puede notar que está excitada sus pezones están duritos se sienta sobre mis piernas y comienzo a mamarle las tetas siento que me ahogo por lo grandes que son mi boca no cubre toda la areola es muy grande le doy pequeños mordiscos en los pezones y le salen unos ricos gemidos. Incluso su saliva se escurre.

    No puedo aguantar más tengo que meterse la pero ya me saco la verga. Hago a un lado su calzon y la meto lentamente. Mi verga entro fácilmente por lo mojada que está. Siento muy caliente en mi verga.

    Ella comienza a moverse aún escurriendo su saliva de su boca. Uso mi lengua y lamo toda su saliva que cayó hasta su boca.

    Se puede escuchar como chocan sus nalgas con mis piernas y mis huevos. Pero se detiene y se levanta se empina ahora y su culo es tan suave y redondo que me dan ganas de chuparle todo su juguito y de jugar con su clítoris .se tapa la boca ya que sus gemidos ya son muy fuertes. Y solo puede decir » cogeme cogeme mételo de nuevo».

    Se recuesta abre las piernas y las levanta. Mi verga entra deslizándose su vagina está escurriendo. Ya se escucha más fuerte el choque de su culo conmigo. Estoy a punto de venirme y la saco .me voy a su boca. Y me vengo completamente en ella mi semen comienza a salirse y tirarse. Se levanta con la boca llena de semen y lo toma y solo dice «me hubieras avisado que sacas muchísimo. Casi me ahogo jeje».

    Cada vez que mi hermano salía o estábamos solos era una oportunidad más de metérsela. Así seguimos hasta que llegó el día de que se casaron yo felizmente de estar en su día más feliz de su vida Lo único que puedo hacer es cogerla por última vez.

    La veo vestida de novia y se ve bellísima ella enojada me grita «ándale se hará tarde y no voy a llegar» «ya métela rápido».

    Un rapidín. Que fue el mejor de todos los polvos que tuvimos pero tristemente el último vamos a la iglesia ella entra. Se detiene y me dice con su sonrisa traviesa «ni creas que este fue el último, tu no te me escapas tu eres quien tiene que cogerme cada vez que tú hermano no esté jeje».

    Fin

  • Entregué mi virginidad a mi primo (Parte 1 de 2)

    Entregué mi virginidad a mi primo (Parte 1 de 2)

    Aunque vivía con mi mamá en una casa cercana, pasaba todas las tardes en casa de la abuela con mis 2 primos, prácticamente crecimos juntos. Tengo una prima menor (le vamos a llamar Daniela) que en ese momento tenía 18, mi primo, 21 (le vamos a llamar Johann) yo tenía 19.

    Veía como ese niño que antes me molestaba, a ratos se me quedaba viendo y a veces me trataba diferente.

    En mi adolescencia me crecieron unos pechos firmes y me salieron caderas, me junté con mis amigas que les pasó lo mismo y rápidamente nos convertimos en “las bonitas de la escuela”.

    El cabello planchado, delineador ocasional o un centímetro menos de falda era suficiente para salirme con la mía en casi cualquier ocasión, excepto con mi primo, que no sabía cuándo es que él iba a estar de humor.

    Desde siempre había tenido un crush con él, era el favorito de la familia y todos adaptaban sus planes para recibirlo como si fuera un santo, desde pequeña me enseñaron a siempre acomodar mis humores para cuadrar con los suyos.

    A veces se me quedaba viendo y no lo escondía, solo lo disfrazaba sutilmente con una pregunta o una broma, pero sabía que estaba viéndome la cintura, las piernas o las boobs.

    Me ponía bonita para ver como reaccionaba. A veces era el niño más dulce y atento conmigo y a veces era desentendido; 2 o 3 centímetros menos de falda o unas pestañas coquetas no impedían que se burlara de mí como si fuera la niña más “x” y eso me enfurecía.

    Así que quería llamar su atención acercándome más a él o invitándolo a jugar videojuegos a la sala de tele que estaba arriba, porque cuando estábamos solos volvía a ser ese niño cariñoso.

    En ocasiones aceptaba gustoso, pero otras veces lo hacía con medias ganas y otras solo me ignoraba, cuándo eso pasaba, me escondía en el cuarto decepcionada, bajándome la falda o amarrándome el cabello que había planchado en la mañana para él, sintiéndome ridícula por pensar que, por estar arreglada, esta vez haría que se comportara diferente.

    Hubo una vez que decidí que IBA A FUNCIONAR. Me puse la falda coqueta que llegaba arriba de mis rodillas con la que se me veían unas piernas fuertes y largas, un top negro que resaltaba mi piel blanca y que dejaba mis brazos al descubierto y el cabello chino recogido, para que se viera mi largo cuello.

    No podía ser muy obvia, porque pasábamos las tardes en la casa de la abuela y en ocasiones podía llegar a ser muy receptiva. Ese día afortunadamente mi abuela no estaba en casa, pero sí estaba mi prima allí.

    Sentía como Daniela competía conmigo por la atención de mi primo y también se ponía bonita y se portaba coqueta con él, se reía de sus chistes y acercaba sus brazos o piernas para que Johann los tocara o descansara sobre ellos.

    Los vi en el sillón de la sala principal, tranquilos en sus celulares.

    Daniela de su lado izquierdo, yo me senté junto a él del lado derecho y dije:

    – Tengo ganas de subir a ver películas. – Dije mientras subía mi pierna la pierna de mi primo, estirándola para que la falda se levantara un poco.

    Un segundo después, Daniela subió ambas piernas a la otra pierna de Johann

    – Sí, mira. Nos vamos a quedar aquí viendo memes. – Dijo Daniela, después rio e hizo una mueca de victoria y abrazando a Johann.

    Vi como Johann cayó en esa trampa, sonrío y colocó sus manos en las piernas de Daniela, en las partes de la mezclilla rota que dejaba ver las piernas fornidas y ligeramente morenas de mi prima. Daniela empujó las manos de mi primo un poco más arriba de donde las había puesto, acercándolas a sus bragas.

    Esto se me hizo raro de ver, pero me prendió un poco ver como mi prima se ofrecía a Johann, así que continué.

    – ¡Vamos arriba y ponemos Netflix! – Propuse. Acercaba mis piernas descubiertas a Johann.

    – Ya te dije que nos vamos a quedar aquí. – replicó Daniela.

    – Vamos y nos acostamos en el sillón. – repliqué.

    Yo intentaba separar a Johann de Daniela, yo quería que mi primo me pusiera atención a mí.

    – Yo hago palomitas. – insistí.

    Alcancé a oír como Daniela le susurraba al oído a Johann unas palabras en un tono bastante suave y sensual, casi gimiendo.

    – Quiero quedarme aquí contigo, primo.

    Vi como se dobló, escondiendo que había agarrado la mano derecha de mi primo y la había acercado a su entrepierna. Vi como el bulto de mi primo se había hecho grande y con un movimiento discreto pero obvio acomodó su erección de una manera que no le molestara.

    La verdad es que mi prima tiene un cuerpo muy bien torneado y me excitó ver como Johann manoseaba su entrepierna, pasándola por los grandes hoyos de la mezclilla rota de Daniela.

    – No tengo ganas de ver películas ahora, estoy un poco cansado. – Dijo Johann, como dándome la espalda para ocultar un poco más que estaba tocando a mi prima, aunque era evidente.

    Había acomodado mi pierna izquierda de manera que estaba descubierta y creo que la falda se había subido tanto él podría haber visto mis calzones, pero ni si quiera volteó la mirada. Estaba fúrica, me alejé y comencé a ver mi celular también.

    Para mi suerte, a los pocos minutos oímos la puerta de entrada, eran los papás de Daniela que venían por ella para llevarla a su clase de ballet; vi como sus ojos cerrados y ligeramente desorbitados de placer regresaban a su lugar cuando oyó la puerta y la voz de mis tíos.

    A pesar de que mi prima debatió para quedarse, Daniela y se tuvo que ir, ahora estaba sola con mi primo y Daniela no iba a volver en un par de horas como mínimo. Era mi oportunidad, así que me porté juguetona y coqueta, y con una sonrisa empujé a Johann diciéndole:

    – Ándale, sube conmigo a ver Netflix.

    Me empujo de regreso juguetón, preguntó que qué quería ver, sentía que estaba cediendo. Le dije que lo que fuera, y lo miré con mi cara tierna.

    Me subí un poco la falda y me aventé encima de él para quitarle el celular, me movía de manera que mis boobs le pasaran por los brazos y mi cintura le quedara en la cara.

    Le logré quitar el celular, pero él me cargó en la posición con la que estábamos con mucha facilidad y eso me excitó, me agarró de la cintura y me tiró al sillón diciéndome que le diera el celular, en tono juguetón.

    No se lo di y lo escondí en mi bra, le dije que si lo quería lo buscara.

    Estábamos prácticamente en misionero, me vio a los ojos con duda, volteó a ver mis boobs y regresó la mirada, esta vez con lujuria. Eso me humedeció muchísimo y le sostuve la mirada.

    Metió sus manos entre mis boobs con cuidado para sacar el celular, al principio lo dejé y me recorrieron escalofríos por todo el cuerpo cuando sus manos apretaban mis tetas, él me miraba a los ojos y yo le sonreía; después le quité las manos y lo aventé de lado, para subir corriendo al cuarto de tele de arriba.

    Él me gritó: “¡Hey, espera!” pero yo subí corriendo y cerré la puerta sin seguro, escuché como él subió con calma. Metí el celular debajo de la sala y yo me acosté en el sillón, me quité los tenis y me tapé toda con un edredón.

    Él se quitó los zapatos, se metió conmigo cuidadosamente debajo del edredón y con cuidado metió sus manos debajo de mi top y de mi bra. Sentí delicioso y estaba súper excitada de la sensación de sus manos en mis pezones. Yo lo miré a los ojos y el clavó su mirada en la mía. Le sonreí con ojos bien abiertos, el sonrío y me preguntó: “¿Y mi cel?”

    Yo solo le contesté “No lo sé.” Y me reí tiernamente, miré sus labios y cerré los ojos lentamente insinuando un beso.

    Nos besamos, sentía sus manos en mis tetas y en mi cintura. Fue el beso más delicioso que haya tenido, cada vez estaba más excitada y solo pensaba en que lo quería a él dentro de mí, aunque yo fuera todavía virgen. Sentía como exploraba con curiosidad mi cintura, mi cadera, mis piernas. Sentía que no se atrevía a tocarme, así que lo miré y guie su mano hacia mi entrepierna, justo como Daniela lo había hecho hace rato.

    – ¡Estás empapada! – dijo.

    – ¿En serio? Perdón. – repliqué con pena.

    – No, eso es algo bueno.

    – ¿Por qué lo dices?

    – Por que indica que te gusto.

    – Tu no me gustas. – repliqué refunfuñona.

    – ¡Claro que sí! – Dijo Johann mientras metía su mano entre mi falda para recorrerla por mis bragas.

    – ¡Ah, ah! – escuchaba como unos ligeros gemidos escapaban de mi boca.

    – Tenemos un problema. – dijó-

    – ¿Cuál? – pregunté.

    Y en ese momento, tomo mi mano y la guio hacia su miembro. Sentí un pene gigante y duro. Estaba excitadísima y asustada, y eso me excitaba más. No tenía idea de como es que eso iba a caber dentro de mí, pero definitivamente lo quería adentro.

    Nos acomodamos sentados, el me tenía con las piernas abiertas de par en par y el calzón empapado de un lado, usaba sus dedos con delicadeza para explorar con curiosidad mis labios, yo sentía delicioso y no quería que parara. Nunca me había sentido tan mojada y excitada en mi vida.

    Yo estaba tocando su gigante miembro, estaba caliente y palpitaba. Intentaba masturbarlo, pero creo que no le gustaba por que se quitaba, así que decidí acomodarme y metérmelo a la boca, estaba excitadísima.

    Para mi sorpresa, por más que abría la boca no entraba completo, así que decidí ponerle esfuerzo extra en la punta. Lo sentía palpitar y cambiar de tamaño. Yo solo lo quería dentro de mí.

    De mi boca salían gemidos e instrucciones involuntarias. La pedía “más” y no me daba cuenta hasta que ha habían salido las palabras de mi boca. “Lo quiero adentro”, susurré.

    Johann se quitó el pantalón, yo tenía mi falda levantada y los tirantes de mi blusita estaban decorando mis brazos. Me sentía súper sensual y atractiva. Mi primo me bajó el top para descubrir mis pezones durísimos que masajeó y mordió suavemente, yo lo sentí como un relámpago que me recorrió el cuerpo y termino en mi sexo; él se colocó frente a mí y vi a ese monstruo duro y lleno de venas; me asusté, pensé que iba a ser doloroso o rudo.

    El comenzó a frotar ese poderoso falo en mí y eso me excitó más, en vez de meterlo de lleno empezó a jugar con mi humedad, cada vez que me tocaba sentía escalofríos recorrerme la espada, los brazos, las piernas. Se me adormecieron las puntas de los dedos, tuve un pequeño orgasmo, diferente a los que me provocaba cuando yo me tocaba sola. Yo ya estaba lista para entregarme.

    En ese momento escuchamos la puerta de entrada abrirse, por que la cerradura hacía un escándalo. Rápidamente nos separamos, fuimos a baños diferentes y prendí la tele. Era mi abuela, que había llegado de la tienda. Escuché que les decía que quería subir a ver Netflix con Reneé (o sea conmigo) pero nunca subió. Me metí al baño a tocarme y lancé un squirt gigante, estaba excitadísima.

    Pasaron las horas y oí llegar a la familia, bajé con el celular de Johann y lo busqué para entregárselo. Pero no lo encontraba, cuándo pregunté por él me dijeron que seguramente estaba charlando con Daniela en la terraza o en el jardín. Me enfurecí, yo lo estaba esperando arriba y él estaba platicando con mi prima. Fui a buscarlos y los encontré en el jardín jugando “luchas”.

    Daniela estaba abrazando a mi primo por la cintura con sus piernas, Johann la estaba cargando y se estaban riendo. Vi como Johann la acostó en el césped, en la esquina del jardín para frotarse con ella.

    – ¡HEEEY! – grité con voz de relámpago.

    En ese momento se separaron como si los hubieran encontrado haciendo algo ilegal.

    – ¡Johann, tengo tu cel! – Grité.

    Se acercó a mí, lo recibió y se metió a la casa a cenar, yo estaba celosísima. Vi que Daniela tenía mojado ese triangulito que se hace entre los muslos a la altura del clítoris, se alcanzaba a ver a través de sus leggins rosas de ballet, ella estaba excitada.

    Después de la cena invité a Johann a dormir a mi casa. Era común quedarnos a dormir en las casas de los primos, pues hicimos muchas noches de películas en nuestra adolescencia y la familia no sospechaba que nos veíamos con intenciones distintas a ello.

    Él dijo que no podía por que al día siguiente tenía universidad y se despidió como siempre. Incluso, sentí que le dio un abrazo más fuerte a Daniela y yo no sabía cómo sentirme.

    Pasaron un par de días y Johann no iba a la casa de la abuela ni me contestaba los whats. Llegó el viernes y ni sus luces. Yo iba vestida con faldas, maquillaje ligero y no me ponía bragas, esperando terminar lo que empezamos.

    El viernes, ya decepcionada, me regresé a mi casa temprano. Apenas anocheciendo recibí su Whats… ¿A que hora te caigo en tu casa?

  • Mi madre, es mi esclava: Una muñeca viviente

    Mi madre, es mi esclava: Una muñeca viviente

    Había aprovechado la ausencia de mi padre para usar la modificación de memoria en la ya debilitada mente de mi madre, y convertirla en una muñeca fetichista viviente, lo primero que hice fue incluir su colección secreta a su cajón de lencería y hacer que fueran sus prendas favoritas.

    Lo segundo fue exacerbar su cariño hacia m, para volverlo más un amor de pareja que de madre a hijo, y ahora cada que llego de la universidad soy recibido por mi madre la que estará usando reveladoras prendas que enaltecen su belleza natural.

    Cada noche antes de dormir le ordenaba a mi hembra que tipo de prendas debería usar a mi regreso de la escuela y está a obedecido sin dudar cada vez.

    Cuando llegué a casa de la universidad solo al cruzar la puerta pude escuchar los sonidos de unos tacones que se acercaban velozmente hacia la entrada.

    Mi madre se había puesto una translúcida blusa que dejaba ver claramente el sostén de fantasía que tenía puesto, la falda negra era apenas un cinturón largo poco hacía por cubrir el tanga que antes ni de broma hubiera usado complementando el atuendo usaba unas medias negras a medio muslo y unos tacones que apenas usaba pero ahora eran sus zapatos de diario.

    —¡Hola mamá!, qué linda te ves hoy eso que traes puesto te queda muy bien— dije al ver cómo me recibía mi hembra.

    —¡Gr… gracias hijo!— respondió ella con un lindo rubor en sus mejillas—espero no sea muy vergonzoso ver a tu madre usando esto—

    Desde hace unos días había hecho cambios en el comportamiento de mi hembra, cada vez era más fácil para ella estar casi desnuda en la casa, había dejado de usar ropa sosa y había empezado a comportarse más desinhibida migo aceptando que me acercarse más de lo apropiado para madre e hijo, también la deje de llamar «vaca» los sobre nombres denigrantes ya estaban por demás

    —Descuida mamá jamás le diré a papá tu secreto está a salvó conmigo— respondí mientras me acercaba y acariciaba su trasero.

    —¡Gracias hijo!— me respondió con un sonrojó— ve a lavarte y regresas a comer—

    No tenía mucha hambre realmente estaba deseo de algo más

    —Oye «Princesa bobina»— dije cuando recién mi hembra me dio la espalda

    Mi hembra no tuvo tiempo de reaccionar su mente quedó totalmente en blanco a merced de mis deseos

    —Lista para obedecer amo— respondió mi hembra dispuesta a obedecer mis órdenes.

    —Penélope quiero que vayas a mi habitación y te acuestes en mi cama boca abajo— ordene a mi hembra

    —Si amo como órdenes— me respondió ella

    Enseguida mi madre subió las escaleras hacia mi habitación por mi parte fui a la cocina por un antojo que había tenido desde hace tiempo.

    Subí a mi habitación con un bote de crema batida y ahí estaba la mujer que había sido mi madre acostada boca abajo con su mirada totalmente perdida con deseo me acerque a ella y le quite su tanga para untarle crema batida en su culo y comenzar a lamerlo con la lengua, cuando termine le di vuelta e hice que ella abriera sus piernas lo más que pudiera quedando casi a la altura de su cabeza y comencé a untar crema en su vagina que estaba totalmente depilada, lentamente empecé a lamer la crema y a meter un dedo dentro de su húmeda intimidad mi madre tenía pequeños espasmos debido a la excitación y el placer que sentía pronto ella gemía descontroladamente debido a que mi lengua entraba en su vagina con crema Chantilly hasta que tuvo un orgasmo bastante fuerte.

    Mientras me levantaba mi madre temblaba de lo exitada y el placer que había sentido

    —Meter..aquí..quiero…yo..rápido— dijo mi hembra para mí sorpresa

    —¡Vaya mamá!—respondí con sorpresa—eso no es algo que yo te ordene que dijera—

    Me volví a sentar a su lado, coloque mi mano en su coño y dije.

    —Tus deseos sexuales te traicionan— dije mientras acariciaba su coño— estoy seguro que deseas esto—

    Mientras decía eso sace mi erecto miembro y solo lo puse en la cara con total descaro.

    Ella empezó a lamerlo para mí sorpresa

    Tomé esa acción eso como una aprobación y me desnudé por completo y puse mi verga en su vagina jugé con la cabeza de mi pene un momento y comencé a penetrarla.

    —Más..yo.quiero — empezó a decir de forma entrecortada.

    Eso me llenaba de orgullo porque su cuerpo se estaba acostumbrando tanto al mío que sé que deseará hacerlo conmigo sin necesidad de hipnotizarla.

    —¿Me preguntó qué estará pasando por tu mente en estos momentos ,»madre»? — dije sin saber realmente si me estaban escuchando—¿Quieres hacer que lo que tú cuerpo te dicta verdad?—

    En ese momento soltó sus piernas de improviso me abrazo con ellas y sus brazos encajando sus uñas en mi espalda y frenéticamente movía su cadera

    —Tu…pene…tanto…yo…deseo— decía bajo el trance

    —Debes aceptar que tienes la necesidad de que tu hijo te coja— le susurré a su oído

    —Si..sii.siiii.siii.siii… lo necesito…mi amor…cogeme …cogeme— me respondió sin ningún tipo de estímulo extra.

    Su mente había sido jodida bastante aquel terapeuta así que esto no me sorprendió en lo más mínimo, termine dentro de mi madre una vez más y saque mi verga para colocarla enfrente de ella

    —¡Limpialo mamá!— ordene mientras la restregaba en su cara

    —Si enseguida te amo— me respondió sin dudarlo.

    Comenzó a limpiar mi verga y a tragar tanto mis fluidos como los de ella con gran habilidad

    Me gustó este progreso mi madre inconscientemente empieza a desearme y como ahora que tengo control sobre su mente tengo nuevos planes e incluso podemos ganar algo de dinero

    La llevé a su habitación donde la coloque en su cama le di un beso en su frente antes de salir dije la palabra gatillo y solo baje lentamente a la sala.

    Unos minutos después bajó mi madre, parece que tomó un momento para vestirse con un camisón blanco semitransparente que dejaba ver qué no tenía nada más encima.

    — Espero que no te moleste que use esto mientras comemos— dijo mi hembra, con un tono coqueto que no pude evitar excitarme.

    —¡Por supuesto que no!— le respondí con sinceridad.

    Mientras mi madre se dirigía a la cocina yo empecé a pensar en cómo crear una cuenta de Only fans tenía muchos planes y mi madre esclava me ayudaría y comienzo a pensar que ella lo disfrutará tanto o más que yo.

    ………………………

    Consultorio de terapia

    La secretaria entraba a la oficina del psicólogo

    —¡Señor Isaac!, la señora Penélope canceló sus citas de 3 meses, mencionó que saldrá de viaje con su familia—

    —¡Gracias señorita Guadalupe— respondió el psicólogo—entonces Putalupe prepárese para su terapia—

    —Si amo como ordene— respondió la mujer mientras se levantaba su falda para quitarse un strapon anal

    Minutos después ella estaba arrodillada frente a aquel psicólogo haciéndole una mamada metiéndose su enorme verga hasta la garganta sin dudarlo un instante.

    —Así que mi vaca tetona saldrá de viaje con su idiota marido y su afeminado hijo— dijo aquel sujeto mientras acariciaba la cabeza de su secretaría— eso es algo para lo que no le di permiso—

    Continuará…

  • Rebeca y su hijastro (P. 2): La chica tímida de la tienda

    Rebeca y su hijastro (P. 2): La chica tímida de la tienda

    A la mañana siguiente ya estaba Rebeca en la cocina preparando unas tostadas cuando llegaron los dos hombres casi a la vez. Se dieron los buenos días y se sentaron a la mesa, se sirvieron un par de tostadas y Rebeca se acercó con la cafetera.

    -Que contenta te veo!! Dijo Ernesto al verla con una amplia sonrisa.

    -Seguro que te gustó lo de anoche, jajaja! Rio dándole una palmada en el culo!

    Ella se puso algo nerviosa mientras veía a Dani taparse la boca para que no le vieran la risa contenida.

    -Pues claro que me gustó! Dijo Rebeca para salir del paso.

    Desayunaron mientras Ernesto comentaba cosas de su trabajo, parecía que sólo sabía hablar de eso. Se levanto, se colocó la chaqueta y dándole un beso rápido a Rebeca se fue.

    -Que paséis un buen día!! Dijo mientras cerraba la puerta de la calle.

    Rebeca se puso a fregar los cacharros y al momento sintió a Dani tras ella. Como de costumbre paso las manos hasta abrazar su cintura pero esta vez ella, no las sujetó. Rebeca todavía no se había vestido, llevaba una bata fina que le llegaba a las rodillas atada con un cinturón de tela por la cintura. Era abierta y no tenía botones, el cinturón era lo único que la mantenía cerrada. Dani, abrazado a su cintura, beso su cuello y se asomó para ver el generoso escote.

    -A si que… lo pasaste bien anoche, ehh!!

    -Calla bobo, que quieres que dijera!!

    -Por mi encantado, pero así el nunca sabrá la mujer increíble que eres!

    -Creo que él es feliz pensando que soy la mujer que él piensa que soy!

    -Supongo que llevas razón! Dijo Dani mientras subía sus manos y sobaba las tetas de Rebeca a través de la fina bata. Ella paro de fregar y dejo que siguiera, le apetecía sentir el aliento seductor en su cuello. Dani continuó besándolo mientras aflojaba el cinturón de tela, la bata se abrió y sus manos palparon, sobaron y apretaron las hermosas tetas. Sus dedos pasaron a los grandes pezones y los apretaron con suavidad. La boca de Rebeca se entreabrió emitiendo unos leves gemidos apenas audibles al sentir la presión en sus duros pezones. La mano de Dani comenzó a bajar por el vientre y esta vez sí que Rebeca la sujetó.

    -Para, para!! No quiero irme a trabajar caliente!!

    -Eso, podemos solucionarlo!

    -Claro que sí! Marchándote!! Venga que llegarás tarde!

    -Hoy seguro que me paso a tomar un café!!

    -También tienes reparto hoy por allí?

    -Aunque no lo tenga! Ya sacaré tiempo! Por cierto, crees que hoy me enseñará otro modelito Merche? Preguntó Dani con sonrisa burlona.

    -Pobrecilla, no te rías de ella! La muchacha no se come un rosco desde hace tiempo!!

    -Quizás podría hacerle…un favorcillo!!

    -Seguro que estaría encantada, viendo la cara con la que te miro ayer! Vamos, que si le das la oportunidad…te come!! Jajaja!

    -La podría dar un apretón…en los probadores!!

    -No seas burro! Aunque seguro que se pondría contenta, jajaja!!

    Rebeca dejó volar su imaginación pensando cómo sería ver a Dani fallándose a Merche en el probador, ese morbo la provocó un atisbo de excitación. «Ufff, que fuerte!» Se dijo a si misma, y rápidamente le vino Gloria a la cabeza.

    -Si os ve Gloria, seguro que también quiere ella! Jajajaja!! Ahora Rebeca rio a carcajadas.

    -Esa parte, me la tendría que pensar mejor, jajaja! Hasta luego!!

    -Hasta luego!

    Rebeca se sentía contenta y feliz. La noche anterior había sido increíble y su cuerpo y su mente rebosaban energía. Se puso una falda azul marino hasta la rodilla con una raja lateral que le permitía andar. Al hacerlo la tela dejaba ver gran parte de su bonito muslo. Una camisa blanca metida por dentro de la falda realzaban su busto, y por su puesto, dejaba un generoso escote a la vista. Un cinturón negro a juego con los zapatos de alto tacón era el vestuario que había elegido para ese día.

    Abrió la tienda y al momento llegaron las dos compañeras, se saludaron alegremente, aunque Merche algo más seria. Se acordaba de lo que ella misma le había dicho a Dani y que realmente era una obviedad. La pobre no se comía nada desde hace tiempo, y eso parecía entristecerla. Llegó a pensar en la ocurrencia de Dani, de darla un apretón en el probador, y cada vez le iba pareciendo que no era tan mala idea. «Con el pedazo miembro que tenía Dani, lo mismo la reventaba!» Pensó llevándose la mano a la boca para no reírse. Según le daba vueltas, la idea le iba pareciendo más morbosa y atractiva, pero a la vez imposible, como iba a hacer eso allí, en la tienda abierta al público y con ella y Gloria por allí! A cada minuto que pasaba notaba que ese morbo la ponía más caliente, «Podrían cerrar la tienda media hora! Pero, aceptaría eso Merche?» «Joder que cada vez me pongo más caliente pensándolo!!» Se dijo a ella misma.

    -Me ha dicho Dani que luego se pasará a tomar café!

    -Ah , sí? Que guapo es y qué bueno que está el jodio cabron!! Fue la respuesta de Gloria, sin dejar su estilo. Pero Rebeca observaba a Merche que no dijo nada, tan solo una leve sonrisa iluminó su cara.

    -Me ha comentado que si le enseñarás algún modelito hoy? Dijo Rebeca mirando a Merche con una pequeña sonrisa.

    -Jajaja, ese acaba metiéndote el pajarito en tu jaula!! Jajaja! Otra de las ocurrencias de Gloria.

    -Pues sí, si quiere se lo enseño! Y no uno, sino los que quiera!! Contestó Merche desafiante y con cierto enfado.

    -Jajaja, ves abriendo la puerta de tu jaulita!! Jajaja!!

    Gloria no paraba con sus risas e insinuaciones, pero Rebeca vio que Merche estaba bastante dispuesta. Se acercó a Gloria que estaba colocando ropa a la entrada y le susurró.

    -Que te parece si cuando llegue Dani cerramos la tienda y…les dejamos hacer?

    -Uy!! Eso sería genial, pero yo quiero verlo!! Jijiji!!

    -Jijiji! A mi también me encantaría verlo!!

    -Intentaré preparar a Merche… a ver si esta dispuesta!

    Rebeca se fue hacia Merche que estaba en la zona de ropa interior.

    -Y que modelitos piensas enseñarle?

    Merche la miró con cara interrogante.

    -Pues no sé, lo he dicho para cerrarle la bocaza a Gloria!

    -Pues está mañana, cuando me lo ha insinuado Dani, parecía que iba en serio!

    -Ah sí?

    -Yo diría que si, pero vamos, tu misma!

    -Espera, espera! Creo que si me lo propone estoy dispuesta a mostrárselos!

    -Bueno, pues deberías ir eligiendolos, no creo que tarde mucho en llegar!

    -Anda, ayúdame!

    -Te propongo una cosa!

    -Dime, dime!

    -Si quieres, y estás dispuesta, podemos apagar las luces y cerrar durante un rato cuando vayas a enseñárselos! Quizás necesites algo te tiempo para que…los vea bien!

    -Joder, haríais eso por mi?

    -Por supuesto, pero nosotras nos quedaremos dentro, no podemos cerrar a estas horas e irnos!

    -Vale, no me importa! Con que no entre nadie, es suficiente.

    -Apagaré las luces y dejaré solo la de los probadores y las de emergencia!

    -Ufff, que nerviosa me estoy poniendo! Y si no me dice nada?

    -No te preocupes, te lo dirá! Creo que ayer se quedó con ganas de meterte mano, jejeje! Sonrió Rebeca con cierto entusiasmo.

    -Vale, vale! Ayúdame a elegir alguno bonito.

    Rebeca echo un vistazo y escogió uno rojo y otro negro.

    -Te gustan pequeños, verdad!

    -Siiii, síii! Me encantan los pequeños!

    -Pues con estos dos conjuntos servirá! No creo que te dé tiempo a probarte más, jajaja! Ahora la risa de Rebeca fue más abierta.

    Merche estaba tan entusiasmada que ni le prestó atención, cogió los conjuntos y los estuvo mirando un buen rato. Rebeca se fue hacia el mostrador y le guiñó un ojo a Gloria, cogió el móvil y llamó a Dani.

    -Vienes ya para la tienda?

    -Estaré en dos minutos, madre!

    -No seas capullo! Ves a la cafetería directamente, te espero allí!

    -Hecho!

    Rebeca se fue hacia la puerta donde seguía gloria.

    -Todo listo! Le susurró. -He girado la cámara del techo para ver el interior del probador. Ahora voy a ver a Dani a la cafetería para prepararle.

    Gloria levantó su pulgar en forma de aceptación y entusiasmo. Rebeca llegó a la cafetería y se sentó donde el día anterior, pidió dos cafés y nada más ponerlos llegó Dani. Se sentó a su lado con una sonrisa pícara.

    -Que tal mami?

    -No seas gilipollas! Te he dicho que no me llames así!

    -Vale, vale! Usted perdone, señora Rebeca!

    -Deja de hacer el imbécil que tengo que proponerte algo!

    -Ok, cuéntame!

    -Te apetece que Merche te enseñe hoy otros modelitos?

    -Tiene unas buenas tetas! Creo que no diré que no!

    -Y si a ella le apetece…algo más?

    -Que me estás contando?

    -Pues que está como loca porque la des un buen apretón! El tema es si tú estás dispuesto a ello!

    -Bueno, no se,…me gustó ese pequeño culito que tiene…creo que la podría dar un buen apretón por detrás! Pero como? No querrás que se lo de en los probadores!

    -Si cierro la tienda y apagó las luces excepto las de los probadores…que te parece?

    -Serás guarra!! Lo tienes ya todo pensado!

    -Oye, a mi no me llames guarra!

    -No te gusta?

    -En frío no…quizás en caliente, jajaja!!! Rio Rebeca.

    -Bueno, pues nos tomamos los cafés y vamos para la tienda. Después de saludar le propones que si te enseña algún modelito, el resto ya te dejo que lo pienses tu solo, jajaja!!

    -Que brujas! Y vosotras, donde estaréis?

    -En el mostrador.

    Ahora Dani sonrió malévolamente.

    -No te apetece verlo?

    -Depende!

    -Depende de que?

    -Pues si tú quieres, podría mirar!

    -Creo que me daría bastante morbo que miraras!

    -Pero a lo mejor…a Merche no le gusta!

    -Si, eso sería un problema!

    -Puedo poner una cámara y veros por el monitor!

    -Ummm, no es mala idea. Saber que estás mirando me excitara! Dijo Dani mientras sobaba su pierna y la besaba lascivamente en la mejilla.

    -Resérvate! Dijo Rebeca retirándome la mano.

    -Creo que vas a tener una buena tarea, jajaja! Pero ten cuidado y no la revientes!

    Él la miro con cara de felicidad y le susurró.

    -Cada día me vas gustando más!

    Se levantaron y llegaron a la tienda.

    -Que tal chicas!

    -Hola guapo!! Yo encantada de verte! Jajaja! Contestó Gloria

    Dani miró hacia la zona de ropa interior y mientras andaba hacia allí.

    -Y tu que tal, Merche!

    -Pues también encantada de verte! Le contesto con la mejor de sus sonrisas.

    -Me gustó el modelito que me enseñaste ayer!

    -Ah sí!

    -Pues si! Y me encantaría que me enseñarás alguno más!!

    La sonrisa de satisfacción de Merche llegó de oreja a oreja.

    -Por supuesto!! Será un placer mostrártelos! He visto dos conjuntos que me gustan, me los pruebo y tú me dices, vale?

    -Perfecto!

    Merche entró al probador con los dos conjuntos en la mano, al momento Rebeca apagó las luces. Y Gloria cerró la puerta poniendo el cartel de » Volvemos en una hora «. Las dos si situaron tras el mostrador donde estaba el monitor de circuito cerrado.

    -Que tal se ve? Preguntó Gloria

    -Mira tú misma!

    Merche había quitado ya la ropa y se estaba poniendo el conjunto rojo. Abrió la densa cortina y allí de pies difuminado entre las sombras estaba Dani mirándola.

    -Te gusta? Le preguntó con una amplia sonrisa.

    -Te queda precioso!! Y además, te realza mucho tus bonitas tetas!

    -Gracias!!

    -Parece una tela muy suave!

    -Si tiene un tacto delicioso! Tócala, ya verás!

    Dani acercó su mano y toco con la punta del dedo pasando por encima del grande pezón que parecía que iba a estallar bajo la tela. Ella sintió un escalofrío al roce del dedo.

    -Precioso pezón! Que pena que se esconda bajo la tela!

    Ella subió su mano y tiro lentamente de la tela hacia abajo. Un pezón grande y duro afloró rodeado de una gran aureola marrón. La mano de Dani, que todavía estaba levantada, lo volvió a tocar y muy despacio fue sobando la teta al completo. Subió la otra mano y el mismo bajo la tela del otro pecho y comenzó a sobar la dos lentamente. Merche no decía nada, tan solo le dejaba hacer. Dani noto como se endurecía su miembro mientras sobaba esas grandes tetas. Finalmente ella se atrevió a decir.

    -Te gustan?

    -Me están gustando mucho!

    -A mí me está gustando como me las tocas!

    -Sabes una cosa? Dijo Dani

    -Que?

    -Quizás te gustaría comprobar lo mucho que me está gustando tocártelas! Dijo Dani señalando la con la vista el bulto que ya tenía bajo su pantalón. Ella lo entendió rápidamente y puso su mano sobre la bragueta.

    -Ufff! Hizo un gesto de asombro con su cara. -Que dura se te ha puesto!

    -Por que no lo compruebas mejor!

    Ella volvió a entenderlo con rapidez y desabrochó su cinturón, después bajo la cremallera y metiendo la mano entre los bóxer agarro el miembro de Dani con fuerza para sacarlo de su prisión. No pudo evitar expresar su sorpresa con palabras.

    -Joder, vaya pedazo de polla!!

    Dani sonrió entre las sombras, le estaban haciendo gracia las expresiones de Merche.

    -Vaya pedazo de polla que tiene el nene!!

    Fue la expresión de Gloria tras el monitor.

    -Yo le dejaría que me la metiera por todos lados, Jijiji!!

    -Calla, no seas guarra! Le susurró Rebeca.

    -Que ganas de chúpasela me están entrando, jijiji!! Y después me pondría a cuatro patas para que me la metiera como a una perrita, Jijiji!!

    -Quieres parar!! Pues si que estás salida!

    -Y tu una monja! Mira que tener eso en casa y no aprovecharlo!

    Rebeca optó por no continuar, tan solo señaló a la pantalla para que mirara.

    -Te atreves con ella? Preguntó Dani después de oír la expresión de asombro de Merche.

    -Pues claro que me atrevo!! Ufff, es deliciosa! Dijo mientras no paraba de manosearla.

    -Que tal si la pruebas primero?

    Merche sonrió tímidamente y sin decir nada se agachó hasta tener el miembro frente a sus ojos, la miró unos instantes con deseo. Su boca grande con finos labios se abrió y salió una lengua larga y delgada que comenzó a dar lametazos como una verdadera perra sedienta. A los pocos segundos metió el capullo en su boca y sus mejillas se contrajeron de inmediato. Dani sintió una succión tremenda en su capullo.

    -Joder, más despacio!! Me vas a arrancar el capullo!

    Ella movió los ojos hacia arriba y comenzó a chupar despacio observando la cara de Dani para saber si le iba gustando. Succionó lentamente hasta meterse más de media polla en la boca. La sacó y metió varias veces presionando con sus labios mientras sentía las manos de Dani apretando las tetas. A él le estaba gustando, pero recordaba la mamada que le había hecho Rebeca la noche anterior y no tenía comparación.

    -Para, para!! Son deliciosas tus chupadas, pero me gustaría ver con más detenimiento tus braguitas rojas!

    Merche sacó la polla de su boca, se había quedado con deseos de seguir chupándola, sentía su cuerpo caliente y rebosante de lujuria. Se levanto con una sonrisa tímida y se separó un paso poniendo sus dedos en los laterales de las bragas.

    -Te gustan?

    Dani miró el triángulo rojo semitransparente que tapaba el centro de sus piernas, vio que algo de vello púbico se veía por los laterales. Le pareció curioso, con las mujeres que había estado se depilaban, esta era la primera que veía con esos pelitos que hacían que se abultara más la fina tela. Acerco sus dedos y los pasó por encima con una suave presión. Notó como tembló levemente el cuerpo de Merche.

    -Precioso!! Susurro mientras metía los dedos entre la tela, acarició la pequeña mata de pelo y noto unos labios grandes y abultados, penetró con un dedo entre ellos, lo bajo y subió hasta sentir el clítoris en su parte más alta, lo presionó con su dedo y el cuerpo de Merche volvió a temblar. Sin dejar de mover el dedo, acerco su boca hasta las grandes tetas y comenzó a chuparle los pezones. Los sorbió, los lamió y los mordió mientras ya la oía jadear como a una perra ansiosa. Al instante noto como se mojaban sus dedos cuando el jadeo se hizo más fuerte y sonoro. Al principio le hizo gracia, pero a los pocos segundos noto que le excitaba oírla y que le ponía más salvaje. La besó lamiendo y mordiendo sus labios mientras la empujaba contra la pared. Agarro la polla con una mano mientras le abría las piernas con la otra.

    -A ver como se te abre esa raja que escondes entre la mata de pelo!

    Le susurró mientras se abría camino con la polla en la mano. Merche sintió la presión del enorme glande contra los labios que cerraban su vagina, la invadió cierto temor al visualizar en su mente esa enorme polla, pero pensó que el último consolador que había comprado también tenía un buen tamaño, era el tercero que compraba y cada vez lo pedía más grande pues sentía que se quedaba insatisfecha. Sus pensamientos cesaron de repente.

    -Ayyyy!!! Gritó al sentir como ese capullo enorme se arrastraba por el interior de su mojada vagina.

    -Perdona! Quizás he sido demasiado brusco!

    -No, no, sigue, por favor, sigue!!

    La cara de Merche parecía casi suplicar mientras notaba su cuerpo aplastado contra la pared. Dani acercó los labios hasta los de ella y los besó con suavidad. Merche se abrazó a su cuello y pego sus labios como una lapa y comenzó a devorarlo como una fiera. Dani sentía los labios y la lengua de Merche comiendo su boca mientras las grandes tetas se aplastaban contra su pecho y comenzó a mover sus caderas lentamente, su polla salía y entraba despacio sin llegar a meterla entera, sentía como se abría esa raja y como después la piel interior abrazaba su polla. Sus manos bajaron acariciando el delgado cuerpo hasta llegar al pequeño culo, lo toco, lo sobo y lo apretó, era redondo y duro y sus manos casi lo abarcaban al completo. Presionó más con su polla y Merche despegó la boca para emitir un jadeo.

    -Ahhhh!!

    Volvió a hacerlo varias veces y los jadeos de Merche acompañaban a cada penetración.

    -Ahhh, Ahggg, Ahggg!!!

    Los jadeos eran cada vez más sonoros y guturales y Dani notaba que le excitaban.

    -Te gusta?

    -Síii, síii, mucho!!

    -Quieres que te la meta más?

    -Siiii, la quiero todaaaa!!

    Dani subió las manos hasta las caderas y empujó con su polla hasta el fondo.

    -Ahhhgfgfd!!

    El jadeo de Merche fue todavía más gutural, su cuerpo temblaba como un flan y Dani comenzó a embestir aplastándola contra la pared. Sintió como ese aparente pequeño coño se abría como un melón maduro y Merche comenzó a emitir sonidos que parecían rebuznos.

    -ahhhnghhh, ahhhnghhh, ahhhnghhh!!!

    Sin saber porqué, Dani noto que esos sonidos le ponían más salvaje y sus embestidas aumentaron de fuerza y velocidad.

    -Ya veo que te gusta, perra!

    -Joder, ahhh!! Que si me gusta, diosss!! Ahhhng, ahhhng!!

    Merche empezó a correrse y sus rebuznos eran ya muy sonoros.

    -Joder con la mosquita muerta, pero si es una fiera!! Comentó Gloria -Ese pedazo de polla la está haciendo rebuznar! Diosss, se me está mojando el coño de ver cómo la empotra contra la pared!

    -Quieres callarte joder!!

    -A ti no te pone cachonda? Mira como la levantaba del suelo!! Como me gustaría que me diera así, que me empotrara con ese pedazo de polla!!

    -Gloria, que estás casada joder!!

    -Y que? Tampoco le quiero como novio! Solo digo, que me gustaría disfrutar un rato!

    Dani notaba su polla empapada, las corridas de Merche resbalaban por sus huevos y el coño ya parecía un charco. Paró de embestirla y saco la polla chorreando, el todavía no se había corrido y su polla era como una estaca, seguía dura y tiesa como un ariete.

    -Vaya corrida que te has pegado! Le susurró mientras sobaba las tetas y la dejaba respirar.

    -Ahhh!! Ufff, ha sido demasiado!! Ahhhh!! Pero tú no te has corrido! Ahhhh!! Joder, que dura la tienes todavía!! Dijo ella entre jadeos y le agarro el miembro.

    -Quieres que te de mas?

    -Siii, Siii, quiero más!!

    -Joder, pero es que tienes el coño empapado!

    -Espera!

    Se bajó las bragas y se las paso por la mata de bello que tenía entre las piernas. Se dio la vuelta y se inclinó apoyando las manos contra la pared.

    -Vamos, ahora puedes darme fuerte, que lo tengo bien abierto!!

    Dani miró el culito redondo y pequeño y puso sus manos sobre él, lo sobo y lo apretó con ganas.

    -Te gusta? Dijo ella mientras sentía como se lo apretaba.

    -Es muy bonito! Y me apetece follartelo! Dijo el abriéndoselo con las manos.

    -Es que la tienes muy grande y me harás daño!

    -Alguna vez te lo han follado?

    -No!

    -No te preocupes, la meteré primero en el coño hasta que estés bien caliente y después te la meteré en el culo muy despacio!

    -Bueno, pero ten cuidado!

    Dani agarro su polla y puso su capullo entre el bello rubio que asomaba bajo las piernas, apretó despacio y su miembro fue penetrando hasta llegar al fondo. Notó como las piernas de Merche volvían a temblar levemente a la vez que se tensaban. Sacó casi entera la polla y la volvió a empujar hasta el fondo, notando lo abierto y mojado que estaba su interior. Pasó una mano por la espalda desnuda de Merche desde el culo hasta el cuello sintiendo su piel blanca y suave, volvió sobre el camino recorrido y al llegar al culo le dio un azote. Zasss

    -Ahhhhhh!

    -Te ha gustado?

    -Bueno…un poco!

    Dani comenzó a bombear con su dura polla llegando hasta el fondo en cada penetración. Merche apenas tardó en comenzar a jadear y al momento esos gemidos se convertían en sonidos guturales que parecían rebuznos. Dani escupió en el culo y comenzó a pasar el dedo sobre la saliva, le estaba poniendo muy salido ese culito redondo y pequeño y ya ardía en deseos de follarlo, pero esperaría a que Merche estuviera muy cachonda y se corriera de nuevo. Merche ya estaba muy excitada de nuevo y comenzó a gritar entre jadeos.

    -Ahhh, Ahhh!! Siii!! Ahhhg!! Más fuerte!! Ahhhg!!

    Su cuerpo empezó a convulsionar mientras sentía como se mojaba su coño de nuevo. Dani saco la polla empapada otra vez y puso el capullo contra el culo que había dilatado con el dedo, el capullo entro de inmediato y comenzó a empujar.

    -Aggfgfg!!

    Merche emitió otro grito entre placer y dolor al sentir como le abría el culo. Sus piernas se estiraron a la vez que se tensaban. Sintió como entraba esa enorme polla entera en su culo, como se apretaba contra la carne casi rasgandola. Antes de que pudiera pensar lo que le estaba ocurriendo sintió como salía casi entera y volvía a entrar, y otra vez, y otra

    -Ahhhg! Ahhhg!! Ahhhng!!

    Sus gritos se fueron convirtiendo en rebuznos de nuevo y su cuerpo volvió a convulsionar en fuertes espasmos. Dani le había agarrado fuertemente de las caderas y tiraba de ellas a la vez que embestía.

    -Diosss, que culo más rico tienes!! Gritaba mientras la embestía cada vez con más fuerza. Merche sintió que se meaba y le gritó que parara, pero Dani ya estaba corriéndose y no lo hizo, si no que la embistió hasta sentir como su polla le llenaba el culo de leche. Cuando paró todavía temblaba el cuerpo de Merche.

    -Joder, me he meado diosss!!

    -No te preocupes, eso es que te lo has pasado bien!

    Merche se quedó en la misma posición con fuertes temblores mientras observaba el charco que había en el suelo bajo sus piernas.

    -Nunca me había pasado esto!

    Fue lo último que se oyó en el denso silencio que se había hecho en la tienda.

  • Entregué mi virginidad a mi primo (Parte 2 de 2)

    Entregué mi virginidad a mi primo (Parte 2 de 2)

    —¿A qué hora te caigo en tu casa? – Decía el texto de Johann.

    —¿Cómo sabes que la oferta sigue vigente? – Contesté.

    —Porque voy a llevarte cervezas y pizza para ver una peli.

    —Que sea mejor vino tinto.

    —Hecho. ¿A qué hora llego, entonces?

    —Ven ahora, que me quiero dormir temprano. – Contesté, para apurar su llegada.

    A los pocos minutos llegó con una pizza y un vino. Estábamos solos en la casa y yo tenía mucha hambre, así que pasé a comer de esa deliciosa pizza y a tomar vino tinto.

    Ni Johann ni yo hablamos de lo que había pasado hace unos días, solo sentía una tensión y una emoción que no sabía describir. Algo en sostener las miradas o en el tono de la plática me hacía querer estar cerca de él.

    La segunda copa de vino empezó a hacer su efecto en mi y me sentía ligeramente borracha.

    Creyendo que Johann estaba igual le confesé que el día pasado que estuvimos juntos había estado más mojada que nunca, que había estado pensando él y que lo quería dentro de mí.

    El no dijo nada. Le dio un trago a su copa, terminándose su vino tinto. Metió su mano en mis leggins y me sintió empapada otra vez. Tomo mi copa y la dejó en la mesa, me cargó en su hombro y me llevó a mi cuarto. Yo solo quería metérmelo, quería que lo hundiera entre mis piernas, quería ver su cara mientras lo hacía.

    Me quitó los leggins, me quito la playera y me quitó las bragas. Me iba a quitar la playera de tirantes, pero me pidió que me la dejara. Me abrió las piernas con fuerza y se lanzó directo a mí. Me dio un sexo oral un poco agresivo pero placentero.

    Le dije que quería que me la metiera pero que quería saborearlo otra vez, antes de que lo hiciera. En lo que me acomodaba el cabello para amarrarlo el se quitó los pantalones y el bóxer. Me dio la instrucción de que me pusiera de rodillas; oírlo hablar con esa seguridad me excitaba demasiado, así que obedecí.

    Me agarró de la coleta y proyectó su falo a mi boca. Empezamos suave, pero cuando se estaba poniendo intenso escuchamos a mi mamá abrir los cerrojos de la puerta de la entrada. Maldita sea.

    Johann salió corriendo al cuarto de invitados, donde había dejado su mochila.

    Yo cerré la puerta de mi cuarto con llave y me dispuse a cambiar mi top de tirantes que estaba lleno de mi saliva.

    *Toc, toc. Mi mamá estaba tocando la puerta. Pensé un segundo como salvarlo.

    —¿Qué quieres, Johann? Ya te dije que me estoy cambiando. – Contesté a través de la puerta, como dando a entender que no me había dado cuenta de que mi mamá había llegado.

    —Soy yo amor, solo quería avisarte que estaba en casa. – contestó mi mamá.

    —Ok, ma. Ahorita salgo. – Contesté.

    Alcancé a escuchar a través de la puerta como es que Johann le decía a mi mamá que se quería quedar a dormir para que acabara de ver la serie de Vikings conmigo. Ella dijo que no había problema pero que no quería que tomáramos más vino.

    Salí con mis leggins y una playera limpia, el cabello perfumado y con una mentita en la boca.

    Saludé a mi mamá y me hizo un comentario de que esos leggins estaban muy pegados y se me alcanzaba a ver el ombligo. Yo nada más la ignoré y reí por compromiso. Me gusta presumir mi cuerpo y mi cintura delgada y mis piernas gruesas y largas.

    En la conversación con mi mamá y mi primo, Johann me pidió cobijas para la cama donde se supone que iba a dormir en la habitación de invitados, mi mamá me dijo de donde tomarlas para llevárselas a Johann y después ella se metió a la cocina.

    Yo agarré las cobijas y se las llevé, en el momento en el que entré al cuarto de invitados, mi primo me vio y se sacó el falo que seguía erecto, me dio la instrucción de agacharme. Lo hice mientras me amarraba el cabello. El maldito utilizó mi boca a su antojo.

    Me dijo que él estaba atento al pasillo, por si mi mamá venía. Me dijo que mantuviera la boca abierta y la mandíbula relajada. Obedecí. Lo sentía entrar y salir suavemente de mi boca. Después de varias embestidas sentía arcadas, que acababa por reprimir para que no nos escucharan, y me controlé con mi respiración.

    “Respira”, me decía. Y solo sentía como es que él estaba usando mi boca. Yo estaba excitadísima de que mi primo me estuviera usando. Sentía que había algo raro, como si estuviera haciendo algo indebido, pero no me importaba. Yo lo estaba disfrutando.

    Empecé a mover la cabeza adelante y atrás con ritmo. Escuchaba los gemidos suaves de mi primo, que decía suavecito: “Mámala suavecito, Reneé. Suavecito.”.

    Procuraba acallar los tosidos y otros ruidos bucales, pero no me importó mas cuándo sentí que el pene de Johann se hinchó y me agarró del cabello para pegarme más a él.

    Sentí como eyaculó en toda mi boca y garganta, sentí que iba a salir por mi nariz también. No podía respirar, pero sentía mucha excitación de sentir ese líquido cálido y viscoso dentro de mi boca. Lo tragué lo mejor que pude y aun así salieron gotas que cayeron en mi playera.

    Mi primo recogió esas gotas de mi playera y mis mejillas con la punta de ese instrumento que escribiría en mi imaginación muchas fantasías. Estaba rojo y parecía que estaba hirviendo, y me las acercó a la boca como si fueran las últimas migajas de un plato que me tenía que acabar. Y otra vez uso mi boca hasta que lo dejé limpio.

    Me tragué todo y luego lo miré con la cara más seductora que pude. Él estaba ido en éxtasis, pero nunca dejó de verme a los ojos.

    —Que increíble estuvo eso. —dijo.

    Lo besé y el me respondió el beso. Fui al baño a limpiar mi playera y a lavarme los dientes.

    Pasamos el resto de la tarde en la sala viendo Netflix, hasta la noche, donde mi mamá dijo que iba a salir a tomar café con sus amigas, como la mayoría de los viernes. Johann le contestó con ligera desidia que se la pasara bien pero cuando volteó a verme lo hizo con una cara de ilusión, como si se hubiera ganado la lotería.

    Pasaron apenas un par de minutos de que se fue mi mamá y sentí la mano de mi primo en mi pierna. Yo seguía súper excitada, así que metí su mano debajo de mis leggins para que me tocara, eso fue suficiente para que se empapara de nuevo.

    Nos besamos mientras paseaba su mano por mi sexo:

    —Quiero seguir lo que empezamos en la tarde. – Dije.

    —Yo también quiero seguir, pero ¿dónde lo hacemos?

    —Aquí en la sala, o en mi cuarto.

    —¿En el cuarto de invitados?

    —Puede ser en el cuarto de mi mamá… Mejor en el mío.

    —¿Por qué no lo hacemos aquí?

    —Porque está muy accesible, en mi cuarto podemos poner seguro.

    Me paré, lo tomé de la mano y lo llevé a mi cuarto.

    Nos besamos largo e intenso. Le quité la playera y el también me fue desvistiendo poco a poco. Se quedó en bóxers y alcancé a verlo ya erecto, realmente era inmenso. Me estaba agachando para meterlo a mi boca de nuevo pero el me detuvo, me siguió besando y me empujó a la cama, él estaba desnudo, yo aún tenía mis bragas puestas.

    Yo estaba boca arriba y él estaba encima de mí. Podía sentir su cabeza, el tronco y el escroto golpear en mis muslos y en mis labios, que cada vez estaban más empapados. Nunca nos paramos de besar, sentía escalofríos por todo mi cuerpo y excitación por montones, estaba moviendo mi pelvis involuntariamente para restregarme con él y me encantaba hacerlo.

    Me estaba respirando en el oído sensualmente, estaba maniobrando mis pechos con sensualidad, yo ya estaba preparada para entregarme a él.

    —Métemelo.

    —¿Qué?

    —Métemelo, por favor.

    —Pero eres virgen, ¿no?

    —Quiero que te la quedes tú.

    En ese momento, estaba frotando el lateral su pene contra mis bragas, como si yo fuera un violín y él el arco que hace que las cuerdas vibren y hagan música.

    Cambió la secuencia y empezó a darme embestidas con la punta de su miembro en la tela de las bragas que protegían mi estrecho canal que, hasta ahora, nadie había transitado. Pensé que con las embestidas iba a romper la tela o que lo iba a meter con todo y todo, así que nada más los hice de ladito.

    En cuanto sentí la punta tocar mis labios un escalofrío inmenso recorrió mi cuerpo. Me arqueé, alcancé a murmurar la palabra “más”, sentí como se acercaba hacía mí, más bien lento.

    Sentí los espasmos de todo su cuerpo y como es que mi humedad lo estremecía de par en par. Me estaba abriendo toda. Yo ya me sentía empalada cuando le murmuré: “con cuidado”, solo para que me contestara: “todavía no es la punta”.

    Yo estaba decidida a metérmelo hasta adentro, así que le pedí que siguiera, lento. Lo sacó, fue delicioso. Lo volvió a meter, pero esta vez fue un poco más profundo, sentía que cuando salía, exprimía mis jugos, solo para devolverlos de nuevo. Él estaba jugando con mi sexo y yo era su campo de juego. Estaba excitadísima, no me di cuenta que estaba gimiendo.

    Para las siguientes embestidas le susurré: “un poco más adentro” y él me hizo caso. Me pidió que respirara profundo, sostuve mis bragas de lado y comencé a respirar fuerte.

    Cuando exhalé, mi primo metió se metió en mi todo lo que pudo. Yo grité, pero él me puso su mano en la boca, había sentido un pellizco dentro, pensé que me había lastimado cuando me dijo: “Ahora eres mía”.

    No sabía que decir, o que pensar, o que sentir. Quería retirarme a revisar ese dolor y contestarle a la vez que “sí”, que era suya. Respiré, unos segundos después regresó la excitación y sentí a mi primo dentro de mí, expandirme y contraerme.

    Quería retenerlo, pero el insistía en entrar y salir de mí. Yo estaba gimiendo fortísimo, estaba gritando y no podía pensar en nada, estaba a su completa merced. Sentía que le pertenecía y que podía hacer conmigo lo que quisiera, me tenía abierta de par en par. Con sus poderosas embestidas veía mis pechos volar adelante y atrás.

    Veía los ojos de mi primo, se veía la lujuria en ellos. Él se acercaba a besarme, pero yo no podía seguir sus besos por que no podía pensar, no podía cerrar la boca, solo podía gemir y gritar. El tiempo se había detenido y quería estar allí para siempre.

    De repente, lanzo un gemido distinto. Me abrazó y me besó intensamente. Sentí como aquel monstruo que me expandía cuando entraba se metió hasta adentro de mí, sentía que llegaba a mi cabeza, o hasta mi alma; que se expandió más de lo que ya estaba, que tuvo espasmos y con una convulsión que me excitó me llenó toda de él. Sentía como su semen me golpeaba adentro a chorros.

    Fue increíble, fue como recibir un premio. Me excitó de sobremanera saber que estaba lleno de él, yo sentía que era muchísimo, estaba cálido y viscoso, lo sentía dentro de mí.

    —Te viniste adentro. – dije.

    —S, s. Sí – dijo entre dientes.

    —No usaste condón.

    —No tenía condones conmigo.

    —¿Qué vamos a hacer?

    —A ver, intenta expulsarlo.

    Él salió de mí y yo comencé a empujar hacia afuera; sentí brotar algo de mí y como caía y recorría mis muslos, estaba nerviosa. Mi primo lo recogió con la punta de su pene y lo metió de nuevo en mí, solo para abrirme de par en par otra vez y sentir como él reclamaba su espacio dentro de mí.

    Yo estaba preocupada genuinamente por que se había venido adentro de mí, en ese momento pensé que éramos 2 primos que estaban teniendo relaciones y que era algo que sería un escándalo si se sabía. Pero conforme sentía sus embestidas la idea de que era prohibido me empezó a excitar demasiado y empecé a gemir más fuerte y más agudo.

    Me dolía la garganta de gritar, sentí como mi primo se iba a venir otra vez adentro. Me excitó el pensamiento. Me dejé ir también. Liberé un grito fortísimo, me convulsioné, vi negro. Sentí la cálida corrida dentro de mí otra vez. Se me adormeció todo el cuerpo. No podía hablar.

    Exploté en un orgasmo como nunca antes había sentido uno. Ese instante fue increíble para mí, si hubiera muerto en ese momento me hubiera sentido completa. Años después, todavía me masturbo pensando en ese momento. La verdad no se sí lo pueda superar.

    Después de recuperar el aliento me miró a los ojos y me dijo que compráramos la pastilla del día siguiente.

    Esa noche me quedé con su semen adentro. Fuimos a la sala y nos quedamos dormidos. Mi mamá al llegar a la casa, vio a dos inocentes primos que hicieron una noche de películas. Jajaja.

    En la mañana, cuando revisé mis bragas, habían recolectado todo el semen que había dentro de mí. Era muchísimo y tenía los muslos escurridos. Salí a contarle a mi primo y nos reímos de una carcajada. Queríamos besarnos, pero mi mamá estaba por ahí, así que nos quedamos con las ganas. Johann se fue y yo me metí a bañar.

    Esta fue la primera de una larga lista de aventuras que tuve con él. Era increíble porque sentía muchísima complicidad, era un secreto que sólo él y yo sabíamos y debíamos de esconderlo del resto de la familia. Hasta que se unió Daniela, pero esa es una historia distinta…

  • La mamá de la chica que salía conmigo

    La mamá de la chica que salía conmigo

    Este relato sucedió en el 2017 cuando tenía 24 años, por ese entonces pensé hacer ejercicio en los parques del pueblo, una noche fui a ejercitarme cómo cualquier otra noche y me encontré un grupo de mujeres haciendo ejercicio lo que me sorprendió por qué normalmente era solo el lugar, yo empecé a entrenar cuando se me acercó a preguntarme si entrenaba todas las noches, a lo que le respondí que sí llevaba tres meses en forma entrenando juicioso, ella me dijo que se llamaba Marina, ella era una mujer de unos 35 años y me presento a dos mujeres que estaban con acompañándola, la primera se presentó y me dijo que se llamaba Verónica tenía aproximadamente 40 años, la segunda era Lucero una mujer atlética, no tenía senos grande pero tenía una cola parada y unas buenas caderas la verdad se veía muy hermosa.

    Para ese entonces yo estaba empezando a salir con una muchacha llamada Laura tenía 22 años, y apenas nos empezábamos a conocer. Luego de tres meses me llamo invito en fin de semana a su casa que tenían una fiesta con amigos y familiares de ella, ya el fin de semana yo acudí a la fiesta, cuando llegue había mucha gente, y salió Laura que estaba súper linda y me dijo ven te quiero presentar a mi madre fuimos hasta la cocina dijo ella:

    Laura: mamá mira este es Paulo nos estamos.

    Vaya sorpresa la que me lleve era Lucero la que había conocido meses atrás haciendo ejercicio.

    Lucero: hola Paulo es un gusto tenerte aquí

    Yo: lo mismo digo señora Lucero

    Luego me fui con Laura al corredor a bailar y en eso le pedí que me prestará el baño.

    Laura: está dentro de la casa después de la cocina

    Todos los invitados estaban afuera bailando y tomando entre a la casa y Vi a la señora Lucero que se había cambiado de ropa y tenia un pantalón pegado que se veía muy sexi con una blusa corta

    Lucero: me dijo Paulo para donde vas

    Yo: señora Lucero necesito ir a baño

    Ella me dió las indicaciones, fui al baño cuando iba de regreso la señora Lucero me pido el favor que le ayudará llevando la comida para los invitados, yo le ayude como un estilo de mesero.

    A la hora de haber entregado la comida Laura se había tomado demasiado trago y está borracha yo la lleve a su habitación con la ayuda de la señora Lucero. Luego me quedé dentro de la casa hablando y tomando vino con lucero ella era súper linda en eso se levantó y fue por otro vino y Vi esa cola súper hermosa, ella voltio y noto que la estaba mirando pero no dijo nada así transcurrió esa noche.

    Al otro día estaba entrenando en el gym callejero y llegó lucero ese día entrenamos los dos y me dijo que Laura su hija el fin de semana se iba de paseo con sus compañeros de universidad, no sabia que hacer por qué quedaba sola en casa, yo le dijo que el fin de semana también está sin planes, yo le dije lucero por qué no vamos en mi moto al mirador que es un lugar agradable en las noches

    Luego de ir al mirador y hablar entre eso me confesó que tenia 45 años, la lleve a su casa y ella me dijo que nos tomaremos un vino los dos y habláramos ese día ella tenía de nuevo un pantalón que daban ganas de romperselo para comerse ese culazo que se le veía, yo le dije que si y entre a su casa ella fue por unas copas y un vino y hablamos de todo hasta de su hija Laura que me preguntó si tenía algo con ella, a lo que respondí que éramos más como amigos

    Después de tomar me sentía algo prendido o entonado por el vino y ella también estába igual me dijo que si podíamos bailar, estábamos bailando merengue cuando me dió un beso en la boca, yo me emocione y le seguí la cuerda, luego empecé a besarla por el cuello, y no aguante más la lleve a su habitación y empecé a quitarle la blusa tenía un abdomen como de modelo ya que hacía gym, empecé a pasar la lengua por su abdomen hasta que no aguante más y le quite ese pantalón, debo decir que tenía un cachetero donde resaltaban unas nalgas redondas yo le dije tu no tienes cuerpo de mujer de 45 años pareces más de 20 años, a lo que se reía y me besaba. Luego le quite el cachetero lentamente y empecé a lamber esa rica concha ella gemía y decía que rico… Me encanta hace ratos que no tenía a alguien que me tocará, en eso la puse encima y metí mi pene es su concha ella se puso como loca a saltar y sentía ese culo como rebota, luego la puse en cuatro, y cambiaba cada rato de posiciones, luego la puse de espaldas y la penetre acostandome encima de ella y me vine por dentro, fue una descarga de energía.

    Luego nos levantamos y nos bañamos juntos.