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  • Mañaneo (parte II): Mis medias

    Mañaneo (parte II): Mis medias

    —¡Mañaneo, me debes unas medias!

    Dije queriendo aparentar enfado, mientras miraba la comida del horno, era media noche y él había llegado a las 21:30 de trabajar.

    Al salir de la cocina fui recogiendo nuestras chaquetas, su camiseta, mis botas de caña alta (Sus favoritas), botines, calcetines y el resto de lo que fueron mis medias.

    Caminé hacía el salón, sólo con mi vestido puesto y al apoyarme en la puerta, observé cómo se llevaba mis bragas a la nariz para olerlas, no comprendía el porqué, pero esa imagen me provocaba mucha excitación, me deleité con la visión que me ofrecía, 1ˋ85 de estatura, pelo castaño (Con los tirones que le he dado antes, no sé ni cómo aún tiene, que se joda), pantalón caído a la cadera, brazos y piernas fuertes, tatuajes, piercings en ambos pezones, otro en la nariz, este hombre destilaba una seguridad sexual aplastante y a mí me estaba arrastrando con él y me encanta que lo haga, no me voy a engañar.

    No fui consciente de que a medida que lo miraba, casi me arranco el labio mientras me lo mordía, quiero su boca de nuevo, quiero sus manos repartidas por mi cuerpo, quiero que vuelva a follarme, perdida en todos esos pensamientos, comencé de nuevo a notar como me lubricaba, como comenzaba a tener calor, como mis pezones se endurecían, decidí calmarme ya era tarde y mañana los dos teníamos trabajo.

    Traté de aparentar una pizca de madurez, carraspeé para hablar y escuché…

    -Cielo, aún tengo tu sabor y tu olor en mi boca!, me sonrió triunfantemente.

    Recolocándose la polla en los calzoncillos, guardó mis bragas en el bolsillo del vaquero y se sentó en mi sofá.

    -Me debes unas medias!! No puede ser que cada vez que follemos te las acabes cargando todas.

    -Cielo, miénteme pero miénteme mejor o es que acaso no te gusta?

    Hijo de puta!! Esa lengua tiene conexión directa con mi entrepierna, quiero que me vuelva a follar!!

    Nunca hablamos de ser monógamos, pude apreciar que aunque sólo era sexo a ninguno de los dos, nos apetecía estar con alguien más de momento.

    Su mirada sátira, mientras volvía a abrir la boca para relamerse los labios mientras me ojeaba, me sacó de ese limbo momentáneo, como pude respiré hondo y salí corriendo dirección al dormitorio.

    Había pasado mes y medio, Mañaneo prácticamente vivía conmigo, mi cuarto pasó a tener 2 mesillas de noche, mi armario seguía siendo mío, mi espacio seguía siendo mío, difícil de explicar, pero tener mi armario para mí sola era sinónimo de que aún no teníamos obligaciones entre nosotros. Nos autoengañamos como imbéciles, en el armario de la otra habitación, había algo de ropa suya, gilipollas!!

    Coloqué todo lo que llevaba nuestro en las manos, me desnudé, preparé las cosas para ducharme y asomando sólo la cabeza por la puerta del salón:

    -Puedes por favor calentar el horno y preparar una ensalada?

    -Sí, pero ¿por qué no te sientas aquí a mi lado? Creo que me debes una buena mamada, tengo la polla hinchada, te recuerdo que no me he corrido y me apetece follarte como a los dos nos gusta.

    Joder, joder, joder! Miré de reojo si la puerta del baño estaba abierta, porque sabía lo que sucedería si me alcanzaba al ver cómo se levantaba del sofá.

    Sonriendo nerviosa, coloqué como pude el pestillo para evitar que entrase y dejándolo fuera con cara de pocos amigos, pero en este momento lo que necesito es una ducha.

    Al abrir el grifo y colocarme bajo el agua, descubrí que mis muslos estaban pegajosos, al retirarme los fluidos que en ellos había con la esponja y con una sonrisa de oreja a oreja, comencé a recordar lo sucedido un rato antes…

    20:30

    Cerrando la caja de la tienda para mañana, decidí escribirle:

    -Mañaneo, salgo a las nueve de trabajar, tú qué haces hoy cuando salgas del estudio?

    -Ir a casa, tengo mucha hambre.

    -Ok, descansa y mañana hablamos, un beso!

    -¿Cómo que hablamos mañana? Te acabo de decir que tengo mucha hambre.

    -Lo sé y que te ibas a casa

    -Cielo, repito que iré a casa porque tengo mucha hambre.

    De la tienda a mi casa son sólo 10 minutos andando, había dejado programado el horno para mi llegada, dejé el bolso en el salón, puse música, me serví una copa de vino y recogí un poco la cocina.

    21:30

    Sonó el videoportero, era él así que hice lo de siempre, abrirle abajo y la puerta de casa.

    -¡Estás muy guapa! dijo acercándose a mí para darme un beso en los labios y otro en la frente.

    Fui plenamente consciente que seguía con la ropa del trabajo, al trabajar en una tienda de ropa, mi jefa no imponía uniforme, sólo que fuese arreglada y en tacones, eso no podía faltar.

    Llevaba puesto un vestido azul marino con cuello en v, una chaqueta lisa con flecos color camel, medias y las botas altas que a él tanto le gustaban.

    Apoyado con ambas manos en el quicio de la puerta observaba cada uno de mis movimientos en la cocina, mientras nos contábamos cómo habían sido nuestros respectivos días de trabajo.

    -Me gustan tus botas, lo único que me molesta un poco es que te las hayas puesto precisamente el día que pensabas que no vendría.

    -Sabes que tengo que ir en tacones, me apetecía ponerme las botas vinieses ó no hoy.

    Contesté mientras le daba un sorbo a mi copa, mirándolo fijamente a los ojos, comencé a sentir calor, ese calor que ya conocía cada vez que notaba su presencia, comenzaba a estar mojada y aún no me había tocado, traté de aparentar seguridad, me giré para inclinarme a abrir la puerta del horno y al ponerme derecha para volver a mirarlo, no me había dado cuenta que su chaqueta estaba en el suelo del pasillo de la entrada y él me tenía arrinconada contra la encimera.

    Pegó tanto su cuerpo al mío que era imposible escapar, notaba como el calor era cada vez más fuerte, mi respiración nerviosa acompasada de la suya, comenzó a besarme en la cara, en el cuello, sus manos subieron hasta mis pechos y con sus dedos comenzó a acariciarme los pezones hasta ponerlos bien duros, siguió bajando su lengua por mi cuerpo, dio un leve mordisco en ambos pezones, poco a poco volvió a subir su boca hasta la mía y comenzó a besarme con deleite, con pasión.

    -Te voy a follar. Me susurró al oído, mientras seguía aprisionándome con su cuerpo y hacía movimientos con él sobre el mío, donde notaba su polla dura, preparada para mí y como él me acababa de decir follarme.

    Alargó la mano, apagó el horno, me quitó la copa de vino de la mía y tras beberse lo que quedaba volvió a besarme.

    Me dio un leve empujón y girándome cara a la pared, hizo que subiera los brazos, sus manos comenzaron a tocarme por todo el cuerpo, hacía que me estremeciera, quería girarme para mirarlo, pero no me lo permitía.

    -No cielo, quiero follarte, quiero metértela hasta el fondo, quiero oírte gemir, disfrutar, quiero que te corras conmigo y para mí y quiero hacerlo ahora.

    Esas palabras eran una dulce melodía para mis oídos y para mi coño también.

    Me quitó la chaqueta, la tiró al suelo, apretó aún más su cuerpo y su polla contra mi culo todavía tapado con mi vestido, dejé que mi cuerpo reaccionara y me apreté a él con ganas y con fuerza, para demostrarle que estaba dispuesta para lo que me ofrecía, con su mano giró mi cuello para morderlo y besarlo, volvió a besarme de ésa forma tan posesiva, tan suya, se metió un dedo en la boca mirándome, acto seguido lo metió en la mía, mientras con su otra mano, seguía acariciándome las tetas que ya las había sacado de mi escote.

    -Me encanta que no uses sujetador nunca, ahora dímelo

    -Follame!! Alcancé a decir presa de tanta excitación concentrada, yo lo quería, yo lo necesitaba dentro, yo se lo pedí.

    Con un gruñido grave, volvió a colocar mis manos apoyadas en la pared, inclinando mi cuerpo hacía adelante, comenzó a subirme el vestido hasta mi cintura, sentí un bufido de cabreo al ver que llevaba medias otra vez, las rompió con tal fuerza, que cayeron las partes por ambas cañas de las botas, tras repartir dos nalgadas en ambas cachas de mi culo, me agarró fuertemente por la cintura e inclinándome un poco más, echó mis bragas a un lado y antes de introducirse dentro, metió 2 de sus largos dedos dentro de mi coño.

    -No te imaginas como me pone que te excites de este modo cada vez que te toco o te follo.

    Decía mientras metía y sacaba sus dedos de mí, ya no estaba húmeda, ya chorreaba con todo lo que me hacía, yo los apretaba para sentir más placer, pero no me sentía llena, quería más y lo iba a conseguir, gemidos profundos, respiraciones agitadas, sentía que mi cuerpo iba a explotar.

    -Follame!! Logré decir en un tono más elevado, aquello era deseo y no desespero.

    Sacó sus dedos y recogiendo con su mano los fluidos de mi coño, se los repartió por su polla dura que ya estaba lista.

    Comenzó primero con un ritmo suave, pausado, intenso, donde poco a poco me iba penetrando más profundamente, hacía una serie de movimientos circulares donde alcanzaba llegar donde nadie había llegado antes.

    Sentía que me corría, que estaba a punto, traté de apretarme a su verga con cada embestida para sentirla todavía más si eso era posible, me iba a correr, con cada entrada y salida de mi cuerpo oía el ruido de mis fluidos entrando y saliendo de mí, joder, estoy a punto!

    Tras un rato así, salió de mí nuevamente, volvió a girarme el cuello para que lo besara, mi lengua y la suya, eso era una batalla que sabía que yo tenía perdida, al menos hoy. Se separó de mí para observarme, no sentí vergüenza en ningún momento, yo se lo pedí y él me estaba follando.

    -Más. Ahora si fue un tono más suplicante, quería correrme, quería que siguiera, yo le di esa misión.

    -Más qué?, replicó mientras restregaba su polla mojada con mis fluidos por la hendidura de mi culo, excitado él también por lo que los dos estábamos hablando y estábamos haciendo, su forma de tocarme, mirarme y apretarme contra su cuerpo me lo decía.

    -Sigue, no te pares

    Tras terminar de decir esto, volvió a penetrarme, pero esta vez con fuerza y a un ritmo más acelerado, no podía pensar en sus gemidos sonoros, pues estaba perdida en los míos, perdida en sus movimientos que me hicieron levantar los pies alguna que otra vez del suelo con sus fuertes embestidas, me perdí contando las veces que entraba y salía de mi cuerpo con esa fuerza, me encanta que me folle así, mi orgasmo volvió a asomar.

    -Me voy a correr! Fue lo que alcancé a decir, mientras hizo un giro radical en sus movimientos, donde intercalaba intensidad y fuerza, donde su cuerpo casi se funde con el mío, donde apretándome con sus manos las muñecas y besándome, me dejé llevar en mi orgasmo tan deseado y él lo estaba recogiendo en cada uno de mis gemidos en su boca.

    Dentro de lo que acababa de pasar, caí en la cuenta de que el pasillo de mi casa se había vuelto un escenario perfecto para dar rienda suelta a nuestros encuentros sexuales, a mí no me incomodaba y a él tampoco.

    Suavemente me giró, para tenerme frente a frente, comenzó a besarme, ésta vez más suave y siguió bajando arrastrando con su lengua mi sudor, llegando a mis pechos donde los apremió a ambos con lametones y leves mordiscos para reactivarlos de nuevo, sin quitar sus ojos de los míos, continuó su camino hasta llegar a mis bragas y restregar su nariz en ellas para absorber todo el aroma de mi corrida, mientras que las bajaba por mis piernas hasta quitármelas, me quitó las botas que las unió a mis bragas junto al resto de la ropa que estaba tirada y lo que quedaba de mis medias también.

    Con la respiración algo más tranquila, colocó una de mis piernas encima de su hombro, mientras me apoyaba en la otra, comenzó a pasar su lengua por el interior de mis muslos para recoger con ella todo el elixir que me había propiciado con mi orgasmo, hasta llegar a mi coño hinchado, latente, mi clítoris comenzaba a vibrar de nuevo, con mi mano lo agarré del pelo y lo apreté contra mí en ése punto exacto donde nuevamente volvería a comenzar todo, empecé a acelerarme, pero sabía que de ahí no pasaría, lo hacía porque sabía el efecto que eso tenía sobre mí y porque podía.

    -Termina de ducharte, te estoy esperando! Me sacó del recuerdo de lo sucedido un leve golpe en la puerta del baño unido a esas palabras.

    Me tocaba, sabía lo que él quería y yo también lo deseaba…

  • El mejor polvo de mi vida

    El mejor polvo de mi vida

    Alguien me preguntó no hace mucho tiempo cuál era mi ciudad favorita del mundo,  Roma, le dije sin dudarlo y esa misma persona me preguntó un poco más tarde que por qué, ¿Por qué?… En esos momentos mis recuerdos empezaron a agolparse, ¡porque!… decía mirando al horizonte… Podría haber dicho que por su hermosura, por su historia, por sus iglesias, sus monumentos, por sus plazas como la Piazza del Popolo, Piazza Navona o Campo dei Fiori, evidentemente sin dejarme atrás a su gente y su gastronomía… Tantas cosas pude decir y que no dije, tantas definiciones para esta magnífica ciudad y sin embargo mi respuesta, aunque también fuera una respuesta sincera, fue motivo de su risa.

    – Porque allí disfruté del mejor polvo de mi vida.

    En aquella época mi hermano mellizo y yo contábamos con 18 años recién cumplidos, estábamos a finales de junio y acabábamos de finalizar los exámenes de la EvAU (Evaluación de acceso a la universidad), todos los compañeros habíamos estado de acuerdo en irnos 15 días a Italia como viaje de fin de curso, de ciclo o simplemente porque sí, lo haríamos junto con algunos profesores que muy amablemente se ofrecieron a esperar a esa época, profesores como Margarita, la profesora de matemáticas, una bruja de mucho cuidado de unos 59 años y que nos amargó la existencia durante dos años, o Sonia la profesora de historia, quizás la que más caso nos tenía que hacer, aunque solo fuera por estar en un país con tanta historia y en unas ciudades donde a cada paso que dabas, era historia viva de la humanidad y, sin embargo, estaba más preocupada por su móvil que por nosotros durante todo el viaje. También nos acompañó Jorge, el profesor de Filosofía, un chico muy joven en comparación con las otras dos profesoras, de apenas 27 años, un chico simpático y gracioso, he de decir que todas salvo yo, todas estaban realmente enamoradas de él, tan es así que íbamos siempre a sus clases a pesar de que la filosofía la teníamos más de una atragantada.

    El viaje empezó en Génova, Milán y fuimos bajando hasta llegar a Roma, al principio todos íbamos como en una piña, pero poco a poco nos fuimos distanciando y creamos tres grupos, los chicos, incluido mi hermano decidieron ir por su cuenta y perseguir a Sonia que a pesar de los 42 años era un bellezón de mujer y si no fuera porque estaba enganchada al móvil sería la compañía perfecta, algunas preferimos seguir a Jorge y el resto, pocos realmente se fueron con Margarita.

    La etapa final de nuestro viaje era Roma, una ciudad tan caótica como hermosa, y como en casi todos los viajes de fin de curso y hablo de chicos y chicas de nuestra edad, queríamos vivir todas las experiencias a tope aunque eso supusiera saltarse de vez en cuando las normas de los profesores, así que por las noches nos juntábamos en alguna habitación para jugar, fumar los que fumaran, beber los que bebieran y más tarde para follar los que pudieran.

    Pues bien, en una de esas noches aparecieron, como por arte de magia… lo digo con ironía, los juegos sexuales, juegos con besos…de quitarnos alguna prenda, de…algún reto y como reto, evidentemente mi hermano y yo estábamos en el punto de mira de los demás, las risas estaban aseguradas.

    – Y ahora, este reto es para Lara. – Prácticamente chillando y con alguna cerveza de más, Julia me estaba retando a un nuevo reto.

    – Vas a tener que… – Las risas nerviosas y maliciosas salían de tres compañeras con las cuales realmente no me llevaba nada bien.

    – Vas a tener que dejar que tu hermano te toque una teta y que te dé un beso.

    – Pues va a ser que no puedo chicas, lo siento por vosotras. – Replicaba aliviada al saber que mi hermano ya se había ido a su habitación hace tiempo. – No es que no quiera chicas, pero es que Juan se ha ido, demasiadas cervezas, casi tantas… como vosotras.

    – Tía… No tiene que ser aquí… Seguro que tu hermano te espera en su habitación…

    – ¡Estáis locas!, comparte habitación con Jorge.

    – Por eso… Mejor, más morbo…delante del profe, que pasa que eres una gallinita…

    Nunca me gusto que me llamaran gallina y menos esas tres odiosas niñas, realmente no sé por qué estaba allí con ellas, quizás porque mi hermano me lo había pedido, ya que por alguna extraña razón le gustaba una de ellas, la verdad que tuve que irme cuando él se fue prácticamente borracho, pero entre que yo también estaba un poco achispada y me estaba riendo mucho, no lo hice.

    No podía negarme, no iba a perder ante esas petardas, total, no era más que un beso y que me tocara una teta… bueno, tampoco era tan malo, así que las cuatro nos levantamos y salimos al pasillo, llegamos a la habitación de mi hermano y la abrí con cuidado para que no despertar a Jorge, al entrar Juan estaba profundamente dormido lo que me alivio en cierto modo, pero eso no las iba a detener y me dijeron que si él no podía tocarme una teta, a mi me tocaba el pasar a la acción y tocarle el pene. En silencio, andando de puntillas llegue hasta el borde de la cama de mi mellizo, le mire de arriba abajo, me cerciore de que realmente estuviera dormido mientras las otras miraban desde la puerta riendose, mire a Jorge que también dormía, volví a mirar a Juan y le baje un poco el bóxer sacándole el pene, lo cogí entre mis manos y mire hacia la puerta, Silvia, Ana y Rebeca se reían y me hacían gestos para que le hiciera una paja, yo les decía que ni hablar del asunto y ellas me volvían a picar llamándome gallina, esa palabra siempre me había reventado, yo no era una gallina y se lo iba a demostrar, aparte con mi mano el pelo de la cara y baje la cabeza para darle un beso con mis labios en el glande de mi mellizo, mire hacia la puerta y observe sus caras, las acababa de ganar, acababa de ganarme su respeto para siempre y no contenta con ello mirándolas me metí el pene de mi hermano en la boca subiendo y bajando por ella, envolviéndola en mi saliba… Las había derrotado… ¿Gallina yo?

    Observe que me hacían unos gestos que no entendía, la habitación estaba totalmente a oscuras y a pesar de estar acostumbrada a la oscuridad no lo vi llegar, la puerta sé cerró de golpe y mis tres nuevas amigas… aquellas que me llamaban gallina salieron corriendo, fue cuando note como unas manos me agarraban por detrás y como un cuerpo de hombre se pegaba en mi espalda sintiendo un pene tremendamente empalmado, las manos me agarraban las tetas apretándolas y una voz varonil y que me era demasiado familiar que me decía.

    – Ssshhh, no te sorprendas, no quieres esto, pues esto vas a tener, no querías polla, pues polla tendrás.

    No me atreví a decir nada, pensé que me iba a llevar una pequeña bronca, que realmente Jorge estaba jugando y me quería asustar, eso pensé la verdad, pero entonces note como su mano bajaba y se metía por debajo de mi falda agarrando y bajándome las bragas hasta las rodillas de un solo tirón, su boca besaba mi cuello y metía la lengua en mi oído, me estaba excitando tanto que tenía que avisarle, tenía que decirle que era yo, tenía que parar y tenía que parar ya, porque notaba como su pene rozaba el interior de mis muslos buscando la entrada de mi vagina. Su lengua me estaba volviendo loca, estaba bastante húmeda lo suficiente como para que su glande encontrará aquello que buscaba y se hundiera dentro de mí, yo seguía teniendo el pene de mi mellizo en la mano, lo apreté con mi mano y empecé a menearlo de arriba a abajo y no fui capaz, no fui capaz de que Jorge parara, no pude decirle nada, de hecho no quise… decir nada.

    Sentí un empujón brusco por detrás de mí y noté como Jorge metía todo ese falo duro dentro de mi vagina, un gemido agudo desgarró el silencio de la habitación cuando la sentía deslizarse tan dentro y luego, al sacarla, rozando todas las paredes vaginales dándome un pequeño respiro para volver a gemir con una nueva penetración tan fuerte que sentía como me había partido en dos y luego otra y otra, los gemidos se convirtieron en pequeños gritos a la vez que me hacía agachar mi cabeza y de forma voluntaria abriera mis piernas todo lo que las bragas me lo permitieron, el pene de Juan mi mellizo se quedó a pocos centímetros de mi boca, no los suficientes como para que desistiera a chupársela una y otra vez hasta que se puso enorme y a pesar de que mis manos acompañaban a mi boca de arriba a bajo, mi mellizo no se despertaba, estaba totalmente grogui por el alcohol, quizás mejor así, porque no podría haber explicado aquella situación, ya iba a tener que dar explicaciones a uno, pero a los dos me iba a resultar demasiado, no sabría como empezar, no sabia como explicar de porque mientras le hacia una mamada a Juan, Jorge… nuestro hermano mayor me follaba por detrás, si, nadie lo sabia salvo contadas personas, pero Jorge era nuestro hermano mayor.

    Entre gemido y gemido, entre pequeños gritos involuntarios que mi hermano provocaba en mí, solo pensaba en cómo iba a salir de allí sin que me viera, yo había provocado aquello, me había callado, realmente mi hermano Jorge no sabía que era yo, estaba demasiado oscuros y salvo por los gemidos al metérmela no había hablado, mi cabeza estaba a punto de reventar, realmente sentía una vergüenza que no podía ni explicar, pero me estaba follando tan bien, estaba tan caliente, tenía el coño tan dilatado para él, que su polla me llenaba una y otra vez al tiempo que mi boca hacía las delicias de mi otro hermano aunque este no se despertaba, eso no quería decir que no le gustara y a la que realmente le estaba encantado era a mí, mi hermano mayor me follaba por detrás metiéndome la polla hasta el fondo sin compasión alguna, besándome y apretando mis tetas ahora con más fuerza, tirando de mí hacia él en cada penetración y yo no podía más que gemir y gritar en el micrófono de carne que entraba y salía de mi boca, no, no podía decir nada, solo que acabaran los dos y luego ya veria.

    El primero en acabar fue Juan, que se corrió en mi boca, nunca pensé, nunca imagine que terminará tragándome el semen de mi mellizo y menos que mi coño se inundara del semen de mi hermano mayor, pero eso de momento no iba a ocurrir, Jorge me saco la polla del coño, se agachó y quitándome las bragas por completo me iba lamiendo el coño, succionando mis labios con su boca y mordiéndolos con sus labios. Sí, era la noche de las malas elecciones, de las malas decisiones, pero que iba hacer ya, no podía más y necesitaba llegar hasta las últimas consecuencias… Una mala decisión al fin y al cabo, pero mientras sentía como mi hermano me hacía temblar lamiendo mi clítoris, mientras bebía de los fluidos que salían y se derramaban por mi rajita, Jorge me quitaba la camiseta desabrochando mi sujetador, luego desabrochaba los botones de mi falda por delante dejándola caer al suelo junto con mis bragas, estaba tan caliente que necesitaba un bombero que apagara el incendio de mi interior, necesitaba nuevamente que con su manguera llegará hasta el fondo y abriese la llave del flujo que lo empapa todo.

    Oía como sonaba su boca en mi coño, sus manos en mis caderas metiendo toda la cara entre mis muslos, buscando mi clítoris con su legua y su boca, metiéndome la nariz en mi vagina, respirando de ella, humedeciendo toda la cara en mis fluidos, Jorge se levantó y cogiéndome de la mano me llevo a su cama, me hizo sentar encima de él, la oscuridad y la melena sobre mi cara eran los mejores aliados que tenia en esos momentos al ocultarme de el, no sabía como iba a terminar aquello, no me lo podía imaginar, todos los pensamientos, todas las situaciones pasaban por mi cabeza a gran velocidad hasta que una vez sentada a horcajadas sobre él sentí una vez más esa polla tan poderosa arrancan unos pequeños gritos al deslizarse dentro de mí, ahora sus manos acariciaban mis areolas y pellizcaban mis pezones con suavidad, luego me agarro de la cintura moviéndose al unísono conmigo, empecé a cabalgar suavemente sobre mi hermano mayor, mis brazos rodearon su cuello y nuestros labios se unieron de nuevo, sabía a mí, su rostro estaba impregnado de mí, de mis jugos, aquellos que había participado muy activamente en sacar de mi, Jorge empujo mi cuerpo hacia atrás y me tumbo en la cama boca arriba, mis piernas rodeaban su cuerpo y note como levanto su pelvis dejándola caer con fuerza sobre mí metiéndome con fuerza su polla, empezó a penetrarme con mucha rapidez, me hacía gritar a la vez que le besaba, le mordía los labios con los míos para no gritar, mis tetas se movían en todas direcciones con cada empujón y las frenaba rozando mis pezones con su pecho, no podía más, estaba a punto de tener un orgasmo y entonces…

    Entonces Jorge me quito el pelo de la cara, me miró fijamente y me vio, enseguida sus movimientos pélvicos pararon de golpe, su polla se paró, pero llenaba por completo mi vagina con ella, inmóvil me miraba y me veía avergonzada, mi cara era un fiel reflejo de la suya, no sabía qué hacer, qué decir y solo se me ocurrió poner dos dedos en sus labios y…

    – Ssshhh, no querías esto, no haber empezado.

    No sé por qué lo dije, ni cómo me atreví a decirlo, pero allí estaba mi hermano inmóvil, con su pene dentro de mi vagina, sin moverse, mirándome con una especie de odio en la mirada, pero también de cariño, de placer y de incredulidad, entonces note como una lágrima recorría mi mejilla y como él me la quitaba con cariño con un dedo, luego se agachó para besarme la mejilla y note como su polla involuntariamente me penetraba un poco más abriendo mi boca exhalando un pequeño gemido, fue el inicio de que mi cuerpo volviera a moverse, de lado a lado, y de sentir como su pene se volvía a deslizar suavemente dentro de mí.

    – Lo siento Jorge…

    Tampoco sé por qué dije eso, tampoco sé cómo sonó entre gemido y gemido, pero sí sé que fue lo último que dije, porque mi hermano saco su pene de mi interior, mirándome se puso de rodillas abriendo y poniendo mis piernas en sus hombros y como yo hice unos minutos atrás, puso dos dedos en mis labios.

    – Ssshhh, no digas nada, cerremos los ojos y no digamos nada.

    Nada más cerrarlos sentí como su pene volvía a penetrar dentro de mí, mis gemidos fueron en aumento, notaba como mi hermano me follaba suavemente, como su pene se deslizaba despacio llenándome entera, profundizando tan dentro de mí que la notaba en las paredes de mi útero quedándose quieta y apretando hacia dentro, siempre oí de los orgasmos cervicales, pero nunca los había experimentado, bien es cierto que había dejado de ser virgen no hacía mucho y que mi experiencia era casi nula con un hombre. Notaba como mi vagina se contrae y como le gustaba, me tenía que notar tan mojada, tan caliente que en pocos minutos de entrar y salir, de apretar su pene tan dentro de mí sentí, como empezaba a expulsar su semilla en mi interior, varias eyaculaciones que tuvieron una respuesta similar por mi parte, porque un ardor como nunca había tenido, algo que me bajaba de mi vientre a mi vagina paralizando mi cuerpo, algo que hizo que mis piernas empezaran a temblar y que mi espalda se arqueaba sujetándome solo con la cabeza en la almohada y de pronto solté un grito mudo al principio, luego otro y más tarde otro llenando la habitación de nuestros gemidos, mas que gemidos, aullidos. Jorge había terminado, pero no quería parar, no quería que me quedara a medias y seguía metiendo y sacando su pene, parando y volviendo a meter, hasta que noto como un mar cálido le envolvía el pene y con cada penetración se escapaba de mi interior un líquido transparente que mojo toda la cama.

    Al final del todo, con nuestros cuerpos realmente sudados, abrí los ojos nuevamente, nos miramos, sonreímos, recogí la ropa del suelo y me vestí, una mirada más desde la puerta, una última sonrisa y sin mirar atrás con el semen de mi hermano mojando mis bragas me perdí por el pasillo para no volver hablar nunca más de aquella noche, de aquel polvo.

  • Unas vacaciones con mi madre (P. 4): Como empezó en casa

    Unas vacaciones con mi madre (P. 4): Como empezó en casa

    Los dos muchachos se quedaron sentados en el sofá mientras recuperaban el aliento. Luis repasaba en su mente cada momento del polvo brutal que habían echado y se acordó de la comparación que había hecho Estela el día anterior. Había dicho que la polla de su padre era algo más grande y eso significaba que se la había visto dura y de cerca. También había dicho algo sobre la libertad de sexo en su casa. La curiosidad le estaba corroyendo.

    – Ufffff, chico, ha sido brutal! La frase de Estela le saco de sus pensamientos

    – Síii, realmente genial! Añadió el.

    – Me dijiste que me contarías eso de… que la polla de tu padre era algo más grande. Le insinuó Luis.

    – Bueno, es una larga historia, pero te lo resumiré. Cuando tenía dieciocho años vi por primera vez a mis padres follando. Estaban en su habitación y no habían llegado a cerrar la puerta del todo. Les oí jadear al cruzar el pasillo y me asome por la pequeña rendija que habían dejado y vi como mi madre le estaba chupando la polla. En ese momento sentí como un calambrazo que recorrió mi cuerpo y deje de mirar, pero la curiosidad fue más fuerte y volví a asomarme. Fueron largos minutos los que pasé asomada por la rendija, y en ese momento supe que era algo que realmente me gustaba. Después, mi padre le comió el coño a mi madre, que vi como se mordía la mano para no gritar y deseé sentir lo mismo. Continuaron follando, cambiando de posturas, unas veces se ponía mi padre arriba, otras era mi madre la que se movía sobre él, y la que más me impactó fue cuando ella se puso de rodillas y el tras ella. Me pareció brutal ver cómo se movía todo su cuerpo a cada pollazo que le daba. Ella retorcía las sábanas arrebuñadas con sus manos y parecía morder la almohada. Bueno, que no quiero extenderme, en días posteriores volví a verles y sentía como cada vez me apetecía más. Pensé que en vez de asomarme por la rendija, podría verle a través de una webcam, y me las apañe para instalar una en uno de los adornos que tenían en la habitación. A partir de entonces, fueron muchas veces las que les vi desde el ordenador, encerrada en mi habitación, y día tras día se fue despertando un mayor deseo dentro de mi cuerpo. Al cabo de un año, cuando ya había cumplido los dieciocho, en la piscina del chalet donde vivimos, nos estábamos bañando él y yo, y mientras jugábamos, toque su miembro bajo el agua a través del bañador. Fueron varios roces a los que el no les dio importancia hasta que una de las veces sintió como mi mano se lo agarraba claramente.

    – Que haces? Me dijo sonriendo.

    – Nada! Conteste devolviéndole la sonrisa.

    – Me acabas de coger el pene! Dijo el utilizando el lenguaje que le pareció menos brusco.

    – Si, y qué? Le dije yo sin dejar de sonreír. – No creo que sea adecuado! Contestó sin querer darle demasiada transcendencia.

    – Bueno, me apetecía tocarlo, y lo he hecho! Contesté con resolución.

    Por entonces mi cuerpo ya estaba bien formado y había notado como miraba mis tetas en alguna ocasión estando en bikini. No continuamos hablando del tema y dejamos pasar aquel momento. Durante el año siguiente yo ya había conocido a algunos chicos y había tenido relaciones sexuales con alguno de ellos aunque no se parecieron a lo que veía con frecuencia en la habitación de mis padres, esa forma de follar y el tiempo que lo mantenían no podía conseguirlo con ninguno de los chicos con los que había mantenido sexo. Pasado un tiempo, un día que mi madre no estaba en casa, le propuse darnos un baño en la piscina y con la escusa de jugar con una pelota volví a tocarle varias veces con disimulo, realmente lo del disimulo era algo tonto, pues el notaba mi mano claramente. Noté que en ese momento, él me miraba de otra manera, ya no me veía como una niña. Durante el juego fui progresando en mis intentos de acercamiento, me agarraba a su cuello por detrás rodeándole con las piernas, a la vez que le aplastaba la tetas contra su espalda, y poco a poco fui consiguiendo más contacto hasta llegar a abrazarme por delante haciéndole sentir de nuevo mis tetas contra su pecho y mi coño pegado contra su vientre.

    – Me vas a ahogar!

    Es lo único que se atrevió a decir mientras sujetaba mi culo para que no me escurriera. Creí que era el momento de decirle algo más.

    – Me gusta abrazarte, papá! Le susurré pegando mi mejilla contra la suya. Ya habíamos hablado sobre el sexo en alguna ocasión, pero en plan de padres a hijos y como forma de aprendizaje, y quiso saber algo más en ese momento.

    – Que tal te va con los chicos? Preguntó mientras nos manteníamos abrazados.

    – Bien, pero son demasiado jóvenes e inexpertos!

    – Es normal con esta edad, ya iréis aprendiendo!

    Dijo dando por hecho del tema que estábamos hablando. Yo no quería que todo quedará ahí, y continúe profundizando.

    – Os he visto a mamá y a ti en la cama, y no tiene nada que ver con las relaciones que yo he tenido! Noté que le sorprendió mi comentario.

    – Como que nos has visto?

    – Si, varias veces!

    – Y cómo? Preguntó con la misma sorpresa. No quise decirle lo de la cámara – Por la rendija de la puerta que a veces no se cierra del todo! Comenté acordándome de las primeras veces.

    – Vaya, tendremos que cerrar mejor! Dijo el sonriendo.

    – No por favor! Le dije con cara de niña apenada.

    – Me encanta veros follar! Le solté de pleno.

    Se quedó algo parado sin saber que decir y aproveche para besarle en el cuello. Pude notar como se ponía algo nervioso mientras yo disfrutaba de ese momento. No sé si fueron mis besos por su cuello, pero poco a poco se fue relajando mientras se movía en el agua con mi cuerpo encaramado al suyo. Lentamente me fui dejando escurrir hasta notar su miembro erguido pegado al centro de mis muslos. Fueron unos largos y deliciosos segundos sintiendo la dureza de su polla mientras frotaba mi coño contra él. Mis labios, después de recorrer su cuello, lo hicieron con su cara mientras él no decidía que pasó tomar.

    – Salgamos del agua! Dijo finalmente.

    Nos secamos medianamente con las toallas y nos tendimos en el césped sobre ellas. El se quedó boca arriba con las manos cruzadas bajo su cabeza. Yo me recosté de lado, con el codo apoyado en la toalla, sujetándole la cabeza con la mano. No espere mucho y comencé a acariciar su pecho, algo mojado mientras me fijaba en su bañador, que se mantenía relativamente abultado.

    – A sí que… te gusta vernos follar.

    Preguntó sintiendo mis dedos deambular por su pecho. La pregunta me sonó esperanzadora, para mí forma de verlo, era bueno hablar del tema.

    – Me encanta veros y oíros, y sentir como lo disfrutáis!

    Dije con entusiasmo. Bajé con mi mano hasta su bañador y le toqué la polla por encima de la tela. El cerró los ojos sin saber que hacer, yo notaba sus dudas, no sabía si pararme o dejarme seguir, y eso hacia que el morbo aumentara. Toqué la tela mojada con la mano y después la metí bajo ella. Tenía la polla ya dura y muy tiesa, y me excité al sentirla entre mis dedos, era algo que llevaba tiempo deseando. Recordaba la primera vez que vi a mi madre chupándosela, como subía y bajaba la cabeza con la boca abierta hasta casi hacerla desaparecer dentro de ella. Yo notaba lo caliente que me ponía con solo pensarlo, y ahora tenía esa dura polla en mi mano. Cada vez estaba más excita y ansiosa y sentía ganas de probarla. Bajé la tela del bañador lo suficiente para que su gran miembro saliera fuera. Erguida y tiesa, destacaba como el mástil de un velero. Mi mano comenzó a subir y bajar la fina piel que la envolvía, mientras mis ojos disfrutaban viéndolo. Comencé a besar su pecho mientras mantenía los suaves movimientos con la mano, y fui bajando con la boca, lamiendo su vientre hasta llegar a ese mástil duro y tieso.

    – Estás segura de lo que vas a hacer?

    Me preguntó cómo último recurso. Se que él lo deseaba, pero todavía luchaba dentro de su mente.

    Mi lengua lo rodeó como si fuera un helado que se derrite, y al momento noté como se mojaba levemente con el pre flujo que provoca la excitación. Abrí los labios y succione su capullo mojado a la vez que lo lamía con la lengua. Continúe dándole chupadas, hasta meterme media polla en la boca, y comencé a oír sus jadeos. Me puse contenta, eso significaba que lo estaba haciendo bien.

    Luis la miraba muy atento mientras Estela relataba cada detalle. Había momentos que le recordaban a el mismo, deseando a su madre y eso le hizo sentirse mejor. En ese momento sonó el móvil de Estela.

    – Hola papá! Dijo ella al cogerlo. Escuchó unos segundos

    – Ah ,si? Que bien! Otros segundos de espera.

    – Si, si! Perfecto! Yo se lo pregunto.

    – Que pasa? Dijo Luis.

    – Es mi padre! Que os invitan a comer! A tu madre le parece bien, pero quiere saber lo que opinas tú! Que me dices, aceptas la invitación?

    – Si, claro, aunque no me lo esperaba!

    Que le parece bien! Dijo Estela a través del teléfono sin darle más opciones a Luis.

    – Vale, vale! Si, aquí estaremos! Dijo después de volver a escuchar a su padre. – Que te ha dicho? Preguntó Luis.

    – Que vendrán en una hora!

    – Perfecto! Sigue contándome! Dijo Luis ansioso sobándose la polla que se le había endurecido de nuevo. Estela volvió a sentarse a su lado y prosiguió.

    – Continúe chupando y chupando, la polla de mi padre me estaba gustando más que ninguna otra de las que había probado. Recordaba como mi madre se la metía prácticamente entera y yo quería hacerlo igual. No sé cómo lo hice, pero al cabo de varias chupadas sentí como el capullo penetraba en parte de mi garganta. Me dio alguna arcada, pero estaba tan entusiasmada que continúe. No tarde en conseguir que penetrara entera y recordé que la mayoría de los chicos con los que había estado ya se habrían corrido al poco de empezar, pero veía que mi padre aguantaba, mantenía su polla dura y sin correrse, y eso me estimuló más a seguir.

    – Puso su mano en mi culo, acariciándolo, y apretándolo con timidez. Parecía que todavía no estaba convencido de mis deseos. Recordé una de las posturas en las que les había visto a través de la cámara y me propuse ponerla en juego para vencer su reticencia. Crucé una de mis piernas por encima de su cuerpo hasta arrodillarse sobre su alto pecho, ahora tenía mi coño a escasos centímetros de su boca. Sabía que ahora lo estaba mirando, un primer plano de mis gruesos labios genitales marcando la tela de las bragas mojadas de mi bikini, y pude sentir su aliento sobre ellos mientras seguía chupando su dura polla. Al momento noté como retiraba la tela con sus dedos, y su ávida lengua comenzaba a lamer. Era una lengua deliciosa y carnosa. Sus manos abrían mi culo y su húmeda lengua lamía los labios de mi coño. Los mojo abundantemente con saliva, los abrió y sentí como su experta lengua lamía mi clítoris, que se me había puesto como un garbanzo de duro, hasta hacer que me temblaran hasta los dedos de los pies. Mi cuerpo tembló más al sentir como me succionaba el duro garbanzo y no tarde en correrme como nunca antes lo había hecho, pero continúe chupándole la polla hasta que soltó un chorro de leche caliente que llenó mi boca. No quería decepcionarle y comencé a tragar todo lo que salía, hasta que mi boca se desbordó y empezó a salir entre la comisura de mis labios. Cuando saque la polla de la boca y vi a mi padre con su cara empapada y una gran sonrisa de satisfacción, supe que lo había hecho bien. El también me había dado un gran placer, y los dos estábamos contentos. Eso fue el comienzo de una relación intensa. Al principio solo nos comíamos el uno al otro, mi padre era reticente a follarme aunque yo se lo pedía cada vez que teníamos un encuentro. Yo seguía viendo cómo follaba con mi madre, ella es más baja que yo, y su cuerpo también es más menudo, aunque muy bien conformado. Sus tetas y su culo son más pequeños que los míos, y a pesar de ello tenía celos, pues en mi egoísmo, quería que mi padre me deseara más que a ella. Yo veía a mi padre, follándosela por el coño y por el culo, y como disfrutaba haciéndolo, y me recomía por dentro que no lo hiciera conmigo. Un día, mientras ellos estaban follando, entré en su habitación. Mi madre tumbada de costado con una pierna levantada y mi padre estaba de rodillas tras ella sujetándole la pierna con una mano mientras se la follaba a la vez que sobaba su clítoris con la otra mano. Ella tenía la boca abierta, y jadeaba como una perra salida. Me miró, pues su posición estaba frente a la puerta, pero no hizo nada, ni dijo nada, tan solo continuo jadeando hasta correrse. Mi padre también me había visto, pero tampoco dijo nada, ni paro hasta que su polla explotó soltando toda la leche. Me acerqué hasta ellos mientras todavía jadeaban con la respiración agitada. Mi madre intentó sonreír, aunque casi ni podía.

    – Te gusta vernos, verdad? Me dijo mirándome.

    Yo asentí con la cabeza. Me extrañó la calma con la que se había tomado mi entrada en la habitación, pensaba que eso la enfadaría, o la perturbaría, pero estaba muy calmada.

    – Tu padre me ha contado lo vuestro, y lo entiendo! Sus palabras me desconcertaron aún más.

    – Ven, acércate! Estas cosas a veces pasan, y lo mejor es hablarlas! Mi cara debía de ser un poema por la forma de sonreír que tenían los dos mirándome. Estaba ya en el borde de la cama, mirándoles algo atónita, pues me esperaba cualquier reacción menos esa.

    – Ven cielo! Túmbate con nosotros! Dijo mi madre cogiéndome de la mano.

    Yo había entrado en bragas y camisón y me subí a su cama entre los dos, que estaban completamente desnudos y húmedos. Mi padre estaba boca arriba y mi madre se giró hacia mi.

    – Le he dicho a tu padre que puede complacer tus deseos. Creo que te puede enseñar a disfrutar más que cualquier otro hombre!

    Yo no paraba de alucinar, mi madre no solo aceptaba esa situación, sino que la alentaba. Después me beso y sentí la dulzura de sus labios y su cariño incondicional. Después se fue de la habitación para darnos intimidad. Mi asombro me provoco cierta parálisis, pero la excitación de verlos follar todavía se mantenía en mi cuerpo. Me volví hacia mi padre, y vi que su cara había cambiado, ahora su mirada era lasciva y su sonrisa desprendía signos de lujuria. Sin decir nada, frote mis tetas sobre su pecho y comencé a chuparle la polla hasta que se le puso dura, pero eso ya lo había hecho otras veces, y en ese momento lo que deseaba era que me follara por primera vez. Me puso boca arriba y sobó mis grandes tetas con deseo.

    – Sabes que eres preciosa, hija!

    Me dijo como estímulo, y comenzó a chuparme los pezones hasta sacar varios gemidos de mi boca. Después tiró de mis bragas hasta sacarme las por los pies y con sus dedos toqueteo mi coño hasta sentirlo húmedo, después se postró sobre mi y noté como posicionaba su polla entre mis muslos. Sentí como su hinchado capullo penetraba entre los labios de mi coño y todo mi cuerpo vibró. Continuó empujando, y lentamente su polla fue penetrando más y más. Yo había abierto bien mis piernas y sentí esa penetración, lenta y profunda que tanto había deseado. Mi padre se movió con delicadeza, pero todo mi cuerpo no paraba de temblar y al momento sentí como mi coño ardía. Jadee como una perra salida, apretando con mis manos su culo y me corrí en apenas un par de minutos empapando su polla y sus huevos con el denso líquido que parecía no dejar de manar de mi vagina. El siguió empujado, algo más deprisa mientras yo no paraba de gemir y clavarle las uñas. No sé cuánto tiempo pasó, pero me volví correr sin que cesará la excitación que se mantenía en mi cuerpo. Me agarró de los tobillos y subió mis piernas haciendo que todo mi cuerpo se curvara. En ese momento sentí como su enorme polla penetraba más profundamente a la vez que la punta de uno de sus dedos horadaba mi culo. Recuerdo que di un gran gritó y mi cuerpo convulsionó varias veces mientras me corría de nuevo. Al momento su polla estalló soltando varias sacudidas de leche haciendo que mi corrida fuera más larga e intensa. Soltó mis piernas que bajaron por ambos lados de su cuerpo y su boca quedó jadeante a escasos centímetros de la mía sin llegar a besarme. El temblor en mi cuerpo seguía cuando se retiró de encima, y permanecimos dos largos minutos recuperando la respiración. Cuando me recupere, quise ponerme sobre el para besarle y comenzar de nuevo, pero me paró con su mano.

    – Por hoy ya está bien, cielo! Me dijo con una sonrisa tierna y cariñosa. Me beso en la mejilla y – Vete a tu habitación! Me ordenó con dulzura.

    Me sentí contenta, feliz, pero a la vez algo frustrada, yo hubiera querido seguir toda la noche, pero me marché en silencio. Recuerdo tumbarme en mi cama y recordar cada minuto de ese momento infinidad de veces y no puede evitar masturbarme como una posesa hasta dormirme.

  • La nueva profesora de inglés (5): La sumisa y el cornudo

    La nueva profesora de inglés (5): La sumisa y el cornudo

    El día viernes en la tarde Sandra estaba en su apartamento. Estaba nerviosa esperando que iría a pasar el día sábado cuando el viejo director viniera a su casa a almorzar.

    Al terminar las clases de ese día viernes Sandra había ido a la oficina del director, sin ser llamada, pero buscado lo que el viejo le daba casi todos los días, su ración de guebo. Al entrar a la oficina el viejo Ernesto la esperaba sentado en su silla solo con una franela puesta, ya estaba desnudo de la cintura hacia abajo, el viejo le indico a la mujer casada que cerrará con candado y se acercara a él arrodillada. De inmediato la mujer hizo caso, al llegar al regazo del viejo sabia lo que el deseaba, sin que el viejo le dijera más nada la mujer agarro aquel guebo que la enloquecía y comenzó a darle una mamada.

    El viejo la guiaba con una mano en la cabeza, le coloca el ritmo a la mamada y la mujer solo se dejaba. Al viejo aún le impresionaba como había logrado emputecer poco a poco a Sandra. Ahí estaba ella arrodillada mamandole el guebo cómo si fuera lo más importante del mundo para ella, le veía el cuerpazo de la mujer con un culo que provocaba envidia, unas tetas duras y paraditas, una cara que parecía de niña inocente que no partía un plato y aún así la tenía mamandole el guebo como el queria.

    Todos esos pensamientos hicieron que el vejo se calentará mas y comenzó a sentir espasmos, sintió que le latía más el guebo, sabia que estaba por acabar así que le dijo a la mujer:

    – Mírame puta, mira a tu macho. Y cuando la mujer volteo a verlo le hundió el guebo lo más que pudo en su garganta.

    La mujer se dejó hacer sumisa y comenzó a sentir como el semen comenzaba a descargar en su garganta. El viejo le presionaba la cabeza y le decía que tragara.

    A la mujer le bajaban lágrimas por lo hondo que tenía el guebo alojado en su garganta pero aun así hacía caso y tragaba cómo podía. Cuando el viejo sintió que había terminado movió la cabeza unas tres veces más mientras le dijo a la mujer que le dejara el guebo bien limpio.

    Cuando mi mujer se levantó el viejo la hizo sentar en sus piernas y le dio un beso en la boca que casi hace acabar a la mujer. Fue intenso y húmedo. Ambas lenguas se entrelazaban y intercambiaban de boca. Parecía una escena de dos adolescentes besandose por primera vez. El viejo se separó y le dijo,

    – mañana voy a partirte ese culo en la cama que duermes con tu esposo. Mañana al medio día voy a tu casa. Hoy cuando llegues me envías la ubicación al teléfono.

    – Si papi, fue lo único que dijo la mujer.

    Ahora estaba ahí, En su apartamento, nerviosa porque no sabía que inventar para poder quedar a solas con su amante en la casa al siguiente día.

    Cuando su esposo Ernesto llegó saludo con un beso a su esposa. Sintió un sabor raro en su aliento pero no le dio importancia, nunca había pensando que era el sabor del semen del macho de su mujer. La mujer luego de saludarlo le comento que al siguiente día, o sea el sábado, si jefe iba ir a almorzar, que ella lo había invitado como agradecimiento.

    Inmediatamente el esposo sintió que el guebo se le movía, el sabía que ese era el hombre que se cogía a su mujer y en vez de molestarse se estaba excitando, no entendía porque pero se había calentando de solo saber que el jefe de su esposa iba ir al apartamento, rápidamente al esposo se le ocurrió decirle a su esposa que el tenía que trabajar. Pero que iba a tratar de llegar temprano para conocerlo.

    La tarde paso tranquila. Cada uno de los esposos la vivió de diferentes maneras. Ambos estaban muy excitados por lo que iba a pasar el siguiente día.

    El sábado en la mañana Ernesto, el esposo, se levantó como de costumbre para ir al trabajo, se ducho y desayuno y luego se despidió con un beso de su esposa, le dijo que trataría de llegar para almorzar. Y seguidamente salió, cuando el esposo salió iba pensando a dónde iba ir ya que en realidad no tenía que trabajar, todo era una excusa para dejar a su mujer sola con su jefe.

    La mujer se dispuso a cocinar alrededor de las 10 am, preparo un pasticho cómo le había indicado el viejo y al terminar alrededor de las 11:30 am se fue a duchar. Justo antes de entrar al baño sonó el telefono, era su esposo que le comentaba que no iba poder ir a almorzar, que tenía mucho trabajo, que lo disculpara con su jefe pero que lo conocería en otra oportunidad.

    La mujer se depilo toda enterita, la cuquita y el culo los dejo totalmente suvecitos y listos para comer el postre que le iba dar su macho. Salio y se vio al espejo, se sentía viva, feliz, Alegre, se sentía puta, pero una puta feliz, una puta que se desvivía por complacer a su macho.

    Cuando sonó el timbre a las 12:15 la mujer sintió que se le mojaba la diminuta tanga tipo hilo dental que se había colocado, ese viejo la descolocaba de una manera que nunca le había sucedido. La mujer abrió y enseguida lo primero que le dijo a su amante fue que su esposo lamentablemente no estaba, que en otra oportunidad lo conoceria, el viejo enseguida esbozo una sonrisa y justo al pasar al lado de la mujer le azotó una nalgada que resonó en todo el apartamento, sería la primera nalgada de ese día pero no la última.

    El viejo paso y se sentó e inmediatamente le dijo a la mujer que se le acercara. La hizo sentar en sus piernas y comenzó a comerle la boca. La mujer solo se dejaba y gemia cada vez que el viejo le permitía, sentís como el viejo corrió a un lado el hilo que tenía y comenzó a meterle del dedo corazón acompañado del índice, ambos dedos el viejo de los metía suave pero profundo, hasta donde le permitía la mano y mientras tanto alternaba entre la boca y las tetas de la mujer. La mujer estaba muy caliente, movía las caderas buscando los dedos cuando el viejo se los sacaba y gemia cada vez más fuerte,

    – te gusta perra, te gusta como te meto los dedos.

    – si papi dale, metemelo todo, yo soy tu perra, dame más.

    – muevete perra, baila encima de mis dedos, demuestra lo perra y zorra que eres

    La mujer parecía una batidora moviendo el culo y las caderas, no podía más y comenzó a sentir calambres, el viejo sintió como la cuca comenzaba a aprisionar sus dedos y rápidamente mordió ligeramente un pezón de la mujer que soltó un gemido más fuerte a medida que tenía uno de los orgasmos más grandes de su vida.

    La mujer quedó rendía en las piernas del viejo pero el no perdió oportunidad y enseguida le dijo a la mujer que fueran al su cuarto, que ahora sí iba a saber lo que era una buena culiada.

    La mujer se levantó y llevo de la mano al viejo, estaba totalmente entregada a la voluntad del viejo, no podía caer peor, o al menos eso pensaba ella.

    Cuando entraron al dormitorio el viejo se sintió triunfante, estaba en el cuarto donde la mujer dormía con su esposo, una mujer con un cuerpo escultural, una mujer que parecía sacada de una revista y aun así estaba a punto de culear con el, con un viejo que podía ser su padre y que fácilmente podría confundirse con un pordiosero. Era la primera vez que iban a coger en una cama. En un sitio cómodo pero lo menos que esperaba el viejo era ser romántico, esa no era su naturaleza, quería cogersela duro, quería hacerla gritar y gemir de placer, quería dominarla a su antojo y lo estaba logrando.

    El viejo se quitó la ropa y se acostó mientras la mujer fue al baño. Cuando la mujer salió se le iluminaron los ojos, vio ese guebo que la volvía loca, se veía duro, brillante, latiendo de forma propia. El viejo por su parte se quedó sin palabras viendo a la mujer, se había quitado la ropa y estaba sola con la tanga tipo hilo dental que era minimo una talla más pequeña, le quedaba muy ajustada y casi se le metía entre los labios vaginales. El brasier hacia resaltar ese par de tetas que acababa de saborear

    El viejo le dijo a la mujer que se sentarse encima de el sin quitarse más nada. La mujer hizo caso y se sentó rápidamente, sintió como el guebo rozaba su cuca, solo una fina tela lo separaba, solo una fina tela era la barrera para sentir ese guebo por dentro. El viejo la jalo y comenzó a besarla mientras le azotó ambas nalgas con sendas nalgadas que hicieron que la mujer pegará un brinquito pero que no se despegara de la boca del viejo. Seguidamente el viejo la tomo de las caderas y comenzó a moverla hacia delante y atrás, haciendo que la cuca y el guebo se rozaran, la mujer nuevamente estaba caliente, quería sentirse ya cogida y trato de correr la tela del hilo pero el viejo no la dejo, la quería hacer sufrir, la quería hacer pedir guebo y lo iba a lograr.

    – te gusta perra, te gusta así, le pregunto siemtrsd seguían rozandose y aprovechaba para soltarle otra nalgada

    – si papi si me gusta, me estás matando de placer, cogeme ya papi, pedía la mujer.

    – no me digas papi, quiero que me digas Amo, entendido puta!

    La mujer no respondió a la primera, pero seguía meneandose sobre ses guebo, el viejo soltó otra nalgada y la jalo para morderle un pezón. Cuando la soltó le volvio a preguntar, te pregunté si entendías puta!

    – si Amo, fua la respuesta de la mujer,

    – vas a hacer lo que te pida perra,

    -si papi, si Amo, respondía la mujer.

    – vas a culear solo cuando yo diga y con quién yo diga entendida puta.

    – si Amo, respondió está vez la mujer casada.

    Así me gusta perra. Una perrita obediente y seguidamente hizo levantar a la mujer y esta vez sentarse ahora sí sobre el guebo

    La mujer se sintió totalmente empalada, se sentía llena y comenzó a subir y bajar en ese guebo. Ese guebo que la volvía loca.

    – muevete perra, mueve ese culo como la perra que eres.

    La mujer no respondió nada pero comenzó a menearse de una manera que parecía que la cama se iba a desarmar. Los cuerpos sonaban y la mujer solo gemia y pedía más. El viejo tenía a la mujer abrazada. Estaba encima de el besandose y moviendo el culo como se lo había pedido su macho. El viejo aprovecho está posición y comenzó a meterle un dedo en el culo a la mujer la cual dio un pequeño salto pero siguió moviéndose aún más rápido al sentirse llena ahora por ambos orificios….

    El hombre seguía gozando cuando le pareció ver una sombra en la puerta, disimuladamente volvió a mirar y pudo ver al esposo de Sandra, lo reconoció por la foto del día de la boda que estaba en la cornisa de la cama. El viejo no podía creer lo que veía, el esposo estaba con el guebo afuera pajeandose mientras veía como cogían a su mujer, cómo trataban a su mujer cómo una perra y eso el lo disfrutaba. El viejo ya estaba apunto de acabar así que agarro fuerte a la mujer mientras dejaba chorrear el semen dentro de su puta y le decía al oído.

    – El cornudo nos está viendo…

    ¿Continuará?…

    Pd. Gracias por los comentarios. Trato de responder lo más pronto posible.

  • La más dulce

    La más dulce

    Ella cumplía la mayoría de edad, jamás creí que fuera virgen, era un escéptico, pero la amaba, debo decir que bebí un par de veces en su nombre cuando cortamos y es que era perfecta, Delgada, alta, pechos pequeños que crecerían después de ser mamá haciéndose redondos, abultados y perfectos.

    Teníamos una relación sana y como todos los jóvenes un tanto toxica, pero amábamos fajar, yo amaba sus besos su rostro era perfecto y con un lunar encima del labio que me excitaba demasiado. Era pequeño como un pequeño manchón.

    Un día después de tanto hablarlo decidimos hacer el amor, ella espantada y nerviosa y yo… Yo siempre caliente, me gane el apodo de la antorcha humana, decían que porque con tocarme me prendía en todos los sentidos. Llegamos a mi casa, no había nadie y subimos a mi recamara.

    Comenzamos con los besos, después de besar su boca me acerqué a lamer su oreja, sabía que le excitaba pero a ella le costaba tocarme. La desnudé. Le quité su blusa rosa y su brasier. Me detuve a mirar sus pechos y me imaginaba ver como se verían cuando arremetiera contra ella. Desabotoné su pantalón y la dejé así completamente desnuda e indefensa, o al menos asé se veía. Ella se tapaba su vagina mientras yo me quitaba la ropa.

    La recosté en la cama y mientras ella seguía cubriéndose su vagina y ahora sus pechos. Le quite la mano de su pecho y se la puse en mi rostro. Mientras quitaba la otra de su vagina y pegaba mi pene a ella. Se sentía un poco húmeda pero le hacía falta lubricación. Aun no era tan afecto a hacer orales. De hecho prefería que me los hicieran a yo hacerlos. Pero esta vez era diferente. lamí su oreja después de besarla y baja con mis besos por su cuello hasta sus pezones. De pronto se levantaron y se pusieron tan duros. Un par de pezones que salían de sus pequeños pechos. Tenia que apretarlos con la mano para que salieran y pudiera sentirlos pero su piel era tan suave que no me importaba que recostada pareciera que no tenia pechos, de hecho me excitaba ver solo sus pezones firmes. Seguí bajando con mis besos por su estómago, su vientre y llegue al clítoris, lo lamí un poco para probar su sabor, me encantó, sabía entre a orina y dulce, dulce como su nombre. Le levanté las piernas o comencé a lamer su vagina. No metía mis dedos ni nada, solo la lengua. Llegue a tocar la división entré la vagina y el ano sin probar su ano claro esta y era delicioso. Mi lengua la lamia y se metía un poco por su vagina mientras mis manos tocaban sus pezones.

    Se retorció un par de veces mientras gemía y me apretaba el cabello y la cabeza como guiando mi lengua por donde ella sentía placer. Estos eran indicios de que no era su primera vez. Pero decidí seguir la corriente. Estuve así no se, entre 10 y 15 minutos hasta que con la boca húmeda le pregunte. Estas Lista?

    Ella, excitada y sutil solo me dijo que si, con esa voz tierna que tenía. Acerqué mi pene a su vagina y la rocé con el un poco, de arriba a abajo para lubricar mientras ella apretaba con sus manos las cobijas. Esa Habitación ya había visto acción pero nunca una primera vez. Me recosté encima de ella y le dije:

    -Acomódalo tu!

    Ella lo puso en su lugar, era común para mí entrar un poco un par de veces y después penetrar hasta el fondo. Amaba como Gemían y se retorcían cuando hacia eso. Incluso el Dolor que a veces llegaba a causar. Pero esta vez estaba siguiendo el juego de su primera vez así que lo metí despacio. Aún recuerdo como lo iba introduciendo y de pronto se detuvo. Intenté meterlo como lo hacía siempre pero no podía. Ella Apretaba los dientes y se retorcía mientras me decía

    -Ya? Ya lo metiste todo?

    Obvio no, respondí! Falta un poco, pero esto va a dolerte un poco.

    Tome sus brazos y los acomode a modo que abrazaran mi espalda.

    -Cuando sientas que entro me aprietas fuerte, no quiero que seas la única que sufra con esto!

    A partir de este momento comencé a creer que en efecto era su primera vez, Metí y saqué mi pene un par de veces sin sacar mi glande, nuevamente me acomodé y le pregunte

    -¿Estas Lista?

    Ella me apretó fuerte, sentía sus uñas en mi espalda y como estaban listas para clavarse en mi piel. Me moví un par de veces hasta que comencé a empujar hacia adentro. Ella gemía, pero no era placer sino dolor. Con los ojos cerrados veía como un lagrima rodaba hacia la almohada. Yo tenía que acabar con ese sufrimiento y arremetí fuerte contra ella. Sentí como rompí el himen y ella enterró sus uñas en mi, se acomodó y me mordió el pecho un poco. Dejamos que pasara, yo por fin estaba dentro de ella. A diferencia de otras veces la humedad interna era diferente y mi pene bombeaba sangre, sentía como cuando abres y cierras el puño, el lugar era estrecho y mi pene luchaba por estar dentro de ella. Poco a poco paso el dolor y comenzó a soltar mi espalda.

    -Perdón, te lastimé? Me pregunto.

    -Sobreviviré, Respondí!

    Comencé a arremeter contra ella suavemente, ella comenzó a disfrutarlo. Fui de menos a mas, pero no veía que ella lo disfrutara mucho. Me incorpore, tenia ganas de mirar mi pene, lo saque un poco y vi su sangre en el. Eso Me excito y comencé a cogerla, duro, ella solo se excitaba y gemía mientras sentía como su vagina intentara expulsar mi pene a toda costa. Veía sus pezones moverse mientras los apretaba, estaba excitado y sentía como se comenzaba a mojar, salía todo de su cuerpo y sentí como por dentro ya estaba esa cotidiana humedad. Sentí como estaba a punto de venirse y yo también de nuevo me puse en posición de misionero y arremetí una y otra vez hasta que sentí como estaba a punto de venirme. Metí mi pene hasta el fondo, al semen le costo un poco salir entre lo estrecho de su vagina pero cuando salió expulso todo lo que había dentro de ella. sentía como una y otra vez escupía, estaba cansado ella me abrazo, aun salían las lagrimas de sus ojos y con la mirada vidriosa me pregunto

    -Te gusto?

    Como no iba a gustarme, mas allá del privilegio de ser el primero había sido una experiencia Maravillosa. Sequé sus lagrimas y la bese para abrazarla. Seguía Erecto y no quise salir de allí, hubiera querido nunca salir de allí.

    Llevábamos un tiempo teniendo relaciones sexuales, sin embargo; siempre me pedía que usara condón. Yo odiaba usar condón porque obvio no sentía lo mismo, pero sobre todo porque me encantaba eyacular dentro de ella. Rentamos una habitación y mientras íbamos subiendo las escaleras, iba yo besando su trasero. Me encantan sus piernas largas. Cuando llegamos a la habitación dejamos las cosas y nos desnudamos por completo. Me fascina sentir su piel, sus brazos delgados entrelazar mis manos con las suyas siempre frías. Nos recostamos ella frente a mi dándome la espalda y yo por detrás de ella.

    -Por detrás no Amor, hoy no.

    Decía con su dulce voz!

    Comencé a besar su espalda mientras sentía como se erizaba su piel, acariciaba sus pechos planos donde solo sobresalían sus pezones. Comencé a sentir su humedad mientras se volteaba, la tenia de frente y comenzamos a besarnos. Su lengua se mezclaba con la mía mientras bebía del intercambio de saliva. Su sabor era dulce, recorría de su boca a su lunar arriba del labio y después a sus orejas mientras pegaba mi pene a su vagina para sentir piel con piel como mojaba mi pene con su humedad.

    Comencé a besar su cuello, sentía como su piel se cerraba al contacto de mis labios mientras mis manos tocaban sus pechos. Baje con mis besos por su cuello el cual mordí, me encantaba sentir su garganta entre mis dientes. Era delgada y podía hasta lamer su piel y sentir sus huesos. Seguí lamiendo y bajando por sus pechos, mordisqueando sus pezones y bajando hasta su ombligo, mientras ella se seguía retorciendo.

    Llegue hasta su vagina y comencé a lamerla suavemente. Estaba ya muy húmeda. Así que fui limpiando con mi lengua su humedad. Ella nunca me dijo que se sentía mal, solamente me decía que no quería oral esta vez. Lamí un poco su vagina y después el espacio ente su ano y la vagina. Alcance a tocar con mi lengua su ano, lo limpié y volví a su vagina. Me levante súbitamente y me puse encima de ella y deje caer mi pene en su boca. Comencé a meter y sacar de su boca primero el glande y después el pene completo. Sentí como lo mordía y cuando estaba dentro como su lengua se movía mientras lo sacaba y lo metía. Ella no aguanto más y me pidió que la cogiera. Me puse un condón y acerque mi pené a su vagina, la roce y se lo metí suavemente. Comencé a arremeter suavemente con ella y después duro, más duro. Ella se retorcía y pedía más. Yo sin embargo aguantaba para no terminar. Ella se canso de esa posición y se puso encima de mi. Sus piernas largas se doblaban para que ella pudiera ponerse en posición. Comenzó a cogerme suavemente mientras me montaba y se tocaba. Yo amaba esa vista, podía verla y también ver cómo sus pequeños pechos se movían. La nalguee un par de veces hasta que ella se vino.

    -Aún no te viene mi amor?

    -No! Yo quiero más.

    -Más como?

    -Quiero anal.

    Mi pene seguía dentro de ella y ella accedió se levantó para sacar el pene de su vagina. Cuando salió me retire el condón, no quería perderme sensación alguna de entrar en ella por detrás. Tomo mi pene con su mano y se hizo un poco hacia adelante, mientras yo podía ver cómo ella encima de mi iba introduciendo mi pene en su ano. Lo hizo despacio mientras sus nalgas se iban metiendo un poco. Mi glande no podía entrar, su ano estaba duro y estrecho. Ella lo coloco y vi como poco a poco una entrando, sentí como traspaso la primera pared de su ano y por fin entro. Sentía como mi glande iba penetrando más y más hasta que llegó a algo que la detuvo. Mi pené llevaba solo la mitad de haber entrado. Ella se quedó en esa posición mientras yo metía y sacaba. Sentía como algo obstruía a mi pene y no le permitía entrar. Ella apretaba su ano mientras arremetía contra ella y yo sentía como mi pene iba entrando poco a poco hasta que por fin rompió eso que lo obstruía. Ella vibró un poco y se dejó ser por completo metiendo mi pene. Sentía como dentro había algo líquido y no presté importancia m, la sensación no era desagradable, por el contrario sentía como rozaba las paredes del recto y hubiera algo acuoso allí. La sensación es indescriptible, por una parte el pene era apretado por el ano en la entrada mientras dentro sentía como mi glande se mezclaba con lo que había en el interior. Ella comenzó a cogerme con el culo de una manera tan impresionante. Subía y bajaba. Después se metía mi pené por completo y culeaba delicioso. Yo estaba extasiado, pero no quería que terminara. Una y otra vez se movió mientras yo sentía dentro como todo se mezclaba y por fuera veía cómo se había tragado mi pene por completo su ano. Ella comenzó a masturbarse por delante mientras yo seguía cogiéndola por detrás. Estaba tan excitado que comencé a perder el control. Metí mis dedos en mi vagina y podía sentir mi pene y comencé a cogerla saque mis dedos, tome sus caderas con mis manos y aunque poco sacaba y metía mi pene. La cogí muy duro, lo hice mientras ella se sentaba como en cuclillas con mi pene dentro. La cogí tan duro y era tan grandiosa la sensación que sentí como un líquido recorría mis testículos. Fuerte, más fuerte, fue tal el esfuerzo que yo sudaba mientras sus manos se afianzaban de mi pecho yo sudaba hasta el punto en el que no pude más y tome fuerte su cadera y hundí mi pene dentro de su ano. Ella gritó y apretó fuerte mi pecho arañándolo un poco mientras sentí como la mezcla de líquidos dentro se iba haciendo uno con mi semen, mi pene duro y su ano apretado, muy apretado y los líquidos dentro de ella recibían la segunda carga de mi venida. Comencé a soltar un poco su cadera y ella relajó un poco el pene dejando pasar la tercera y fuerte carga.

    No quería sacar mi pene, estaba tan excitado y era fan maravillosa la sensación que seguí cogiéndola, mi pene no perdió su fuera, al contrario y yo sentía como esa mezcla de todo con lo apretado del año y mi glande en el recto escurría y quería salir por doquier. Explotar! No tarde mucho para nuevamente apretar sus caderas y venirme de nuevo. Esta vez con mucho menos intensidad. Sentía como mi pene seguía sumergido en eso.

    -Terminaste mi amor?

    Era obvio que había terminado pero no quería salir de dentro de ella.

    -Voy a tener que moverme, perdóname. No quiero que te vayas a enojar…

    Se levantó lentamente y vi como mi pene comenzaba a salir de su ano, se notaba que había entrado hasta el fondo y yo jamás fui asqueroso. Sabía que lo más sucio era el anal pero me encantaba sentir esa sensación de romper lo que había dentro de ella y sentir como apretaba cuando ella iba a venirse, era como si asfixiara mi pene. Mientras más subía más sucio veía mi pene pero sabía que era normal. Cuando llego al glande apretó tanto que sentía como le costaba trabajo sacar mi pene de allí. Una vez que salió un líquido se derramó desde mi glande con mezcla de eses hasta mis testículos y mancho la sabana.

    El olor era desagradable, pero la sensación de lo que escurría en mi pene seguía siendo magnífica. Ella corrió al baño mientras yo miraba mi pene húmedo y lleno de cosas. El olor era fuerte pero tenia curiosidad así que comencé a masturbarme, la sensación era deliciosa y comencé a apretar mis tetillas mientras me masturbaba. una y otra vez mi mano subía y bajaba mientras sentía como el liquido había llegado hasta mi ano y era un poco pegajoso. cerré mis ojos para sentir todo y estallé. mi semen salió disparado por doquier y cayó un poco en mis piernas y otro en la cama. Solté mi pene y entonces comencé a sentir un poco de asco. Ella salió y se disculpó habían pasado alrededor de 15 minutos. Nos metimos a bañar y cuando salimos nos percatamos que las sábanas estaban sucias y olían un poco mal. Así que las lavamos en el baño. Podrá parecer extraño pero con nadie he disfrutado un anal como con ella, al grado que cada que lo recuerdo me masturbo solo de pensar lo indescriptible que sentí desde que entro mi pené hasta que se mezclo con su diarrea. No hay masturbada más perfecta que recordar esa delicia de ese Dulce recuerdo anal.

    Era nuestra costumbre después de cierto tiempo solo volver a reencontrarnos, si por amor. A pesar de todos los contratiempos y sin sabores la Amo. Pase por ella a donde trabaja, la espere durante una hora aproximadamente, estaba a punto de irme cuando salió

    -Perdóname Bebé

    Soy de las personas que detesta esperar pero sabía que valdría la pena. Siempre hacer el amor con ella es de lo más maravilloso. Tomamos un taxi y nos dejo justo en el hotel. Entramos, pedí una habitación y subimos. En el camino nos íbamos besando. Sus altas y delgadas piernas y su hermoso trasero. Entramos a la habitación y dejamos nuestras cosas. Ella entro al baño para cambiarse pues me tenia un par de sorpresas. Días antes le hable de una de mis fantasías. No quise expresarla abiertamente puesto que ya sabes, siempre es complicado expresar una fantasía. Me desnude y me metí bajo las sabanas de la cama y espere. Ella salió, apago todas las luces, se puso encima de mi y comenzó a besarme. Comencé a tocar su cuerpo. Se había puesto un baby doll precioso solo sentía la tela. Cubría perfecto sus senos y sus bragas rozaban de maravilla mi pene. Tiene el poder de con solo tocarme me prendo. Nos seguimos besando hasta que me excite mucho. Moví sus bragas hasta dejar libre su vagina, tome mi pene y busque la forma de meterlo hasta que por fin entro. Ella ya estaba mojada y comenzó a montarme. Cuando ya conoces a la persona no es necesario tanto calentamiento, se montaba y se salía mientras yo la nalgueaba, no quería quitarle el baby doll lo hace más excitante, pero si quería lamer sus senos. Ella me cogia y yo veía que lo disfrutaba, una y otra vez se movió hasta que se cansó.

    -Yo quiero abajo.

    Se salió, ese sentimiento de pérdida me desagrada. Se recostó y me giré para ponerme encima. Se veía una oscuridad pero no era total, el baby doll era negro con encajes rojos. Recorrí con mis manos los encajes. Disfrutaba verla en ese pequeño, diminuto y sexy traje. Toque sus caderas y busque donde comenzaban sus bragas. Las tome y las fui bajando lentamente por sus largas piernas hasta que se las quite. Apreté mi pene fuertemente y froté mi glande contra su vagina. Hice que recorriera sus labios vaginales, ella solo hacía:

    -ahhhh

    Como pequeñas pausas. Busque su orificio vaginal y puse la punta allí. Incline mi cuerpo hacia ella y comencé a besarla. Nuestras lenguas juntas producían tanta saliva que ambos tragábamos para no ahogarnos. Su rostro es afilado y muy hermoso, me gusta tomar medio rostro con mi mano cuando nos besamos mientras me apoyaba con la otra para no caerle encima. Comencé a meter mi pene por su vagina, solo la punta, eso la excita demasiado y a mi me encanta ese sentimiento de sentir su humedad en mi glande. La bese suavemente mientras mi mano; bajaba de su rostro hasta sus senos. Sus pechos son perfectamente redondos, en el centro sus pezones se levantan como pequeños bombones, suaves pero duros. El bra del baby doll era tan liso que solo sentía la forma de su seno. Ella retiró una parte del bra, para dejar al descubierto su pecho. Con mi mano toque su pecho hasta sentir su pezón, mientras seguía moviendo mi glande en la entrada de su vagina y la besaba hasta que por fin la penetre por completo

    Uuuuhm! Fue todo lo que ella hizo y comencé a cogerla suavemente. Sus manos apretaban las sábanas mientras mi lengua recorría su cuello hasta llegar a su oreja. Por alguna razón me encanta lamer su oreja, meter mi lengua por ella, masticarla, volví a chupar su cuello, ese sabor salado mezclado con lo dulce de su perfume hasta que llegue a su seno. Me encanta masticar su pezon como si fuera un pequeño bombón de dulce color café perfecto juego para su piel canela. Como si fuera a comerme su pecho entero lo engullí lo más que pude en mi boca y comencé a jugar con su pezon en mi lengua mientras seguía arremetiendo mi cadera contra la de ella. Sentía como poco a poco se mojaba más y más mientras gemía. Me incorporé y puse sus piernas en mis hombros, me encanta esa posición porque entro un poco más y tengo la vista de sus pechos perfectos completamente excita dos, mientras ella enterraba sus uñas en las sábanas y gritaba. Una y otra vez hasta que por fin lanzó su grito más fuerte y se vino. Sentir su humedad desde dentro. Baje suavemente sus piernas hasta que tocaron la cama y volví a meterme dentro de ella. Ella solo gimió y me dijo:

    -Aguantas más? Quiero mi oral, no se te olvide

    La volteé boca abajo y le abrí un poco las piernas hasta que metí mi pene hasta el fondo. Con su espalda de vista comencé a cogerla y apretar sus nalgas. Un par de nalgadas mientras ella mordía la almohada y gritaba, la puse en 4 y comencé a cogerla, duro muy duro mientras iba bajando los cierres del baby doll. Y ella se lo retiro. Su figura es esbelta y pueden verse las curvas de sus caderas y su columna vertebral cubiertas por el color canela de su piel. La cogi y puse una de sus manos en su vagina para que se masturbara mientras la cogia. Así lo hizo mientras repetía mi nombre, rápido muy rápido hasta que por segunda vez se corrio.

    Se canso un poco y me salí de ella. Se acosto y me acoste a su lado. Comenzamos la charla, recordando desde que nos conocimos y el porqué de no estar juntos después de tanto tiempo con la idea de hacerlo para siempre. Reímos un poco y hablamos alrededor de unos 15 minutos.

    -Bueno! Y mi oral.

    -Vas a tener que venirte en mi boca, le dije.

    -Eso es lo que quiero

    Le pedí que pusiera su vagina en mi boca con su culo en mi nariz ella lo hizo mientras con sus largos y delgados brazos envió sus manos hasta mi pene y comenzaba a masturbarme. Yo comencé con la punta de la lengua a recorrer sus labios vaginales. Si clítoris es pequeño, pero sobresale una pequeña punta que me encanta chupar. Jugaba con su clítoris en mi lengua hasta que sentí mi barbilla mojada. Le pedí que se hiciera un poco hacia adelante. Tenía ahora frente a mi sus labios inferiores y su pequeño ano. Como relate el mejor anal de mi vida, el que me provocó el más grande placer y me hizo hasta vibrar justo fue con ella. Así que no solo amaba meter mi lengua allí sino que lo respetaba. Comencé como un perro a lamer y lengüetear las paredes vaginales mientras ella que aunque no quería comenzó a hacerme un oral. Con mis manos abrí su vagina, podía ver el hermoso agujero por donde iba a meter mi lengua y poco a poco la introduje. Una vez dentro comencé a moverla y a sentir como todo ahí era humedad. Es de las pocas personas a las que tolero hacerle un oral así que no desaprovecho nada y me bebo todo lo que sale de allí. Metía y sacaba la lengua y cuando sentía la humedad en mi barbilla la sacaba para chupar y comerme toda su miel. Una y otra vez hasta que metí mi lengua y comencé a moverla allí dentro. Sentía como me hacía el oral y cuando a ella le gustaba dejaba de hacerlo y solo gemía. Mientras mi lengua se movía dentro de ella. Sentí como nuevamente sus labios comenzaban a llenarse de saliva que se mezclaba con la mía. Retire nuevamente mi lengua y recogí toda su saliva mientras la tragaba. Abrí sus nalgas hasta ver su año y comencé a meter mi lengua. Sentí cómo iba entrando poco a poco hasta donde más pude y comencé a moverla allí dentro. Ella se retorcía un poco y vaya que lo disfrutaba. Mi lengua se movía, entraba y salía. Después metía mi lengua en su vagina, intercalaba entre el ano y la vagina ella dejó mi pene y se giró por completo. Se montó de nuevo sobre mi y comenzó a cogerme de nuevo.

    -No tienes que venirte, le dije

    -por qué?

    -porque tienes que terminar en mi boca.

    Se salió de mi pene y puso de nuevo su vagina en mi boca, tome su mano y la puse en su clítoris mientras mi lengua estaba dentro de su vagina. Ella se movía y comenzó a masturbarse. Se movía, gemía mientras se tocaba y mi lengua se movía dentro de ella. Rápido, mucho más rápido hasta que por fin termino. Sentí como mi lengua comenzó a recibir miel desde dentro ella se levantó un poco mientras yo tragaba toda esa delicia de su ser. Limpie toda la zona y ella ahora si un poco cansada se recostó sobre mi pecho.

    -Quiero ir al baño!

    -Aún no! Guarda lo mejor para el final.

    La habitación tenía una silla fui a sentarme en ella y ella se montó encima de mi. Junte sus piernas y la cargue. Me encanta cargarla y coger parados. Estuvimos así unos 10 minutos después la recargue en un buró para que se viera al espejo mientras la cogía por detrás. Una nalgada, besos y caricias en su espalda mientras apretaba sus pechos perfectos. Me salí y la aventé a la cama. La puse de lado y me metí hasta el fondo de ella. Una y otra vez la cogí hasta que me dijo:

    -Me urge ir al baño

    -Termina primero…

    Se dejó ir hasta que por fin se vino mientras apretaba su pecho hasta que sentí que termino.

    -Porque no te vienes? Me decía

    -Porque lo mejor hasta el final.

    Entramos a la regadera y la abrió esperamos a que saliera el agua caliente y nos metimos comencé a rozar su vagina con mi pene mientras la besaba

    -Te juro que me urge hacer pipí.

    -Ahora si, oriname el pene.

    -Seguro?

    -Si!

    Hizo un gesto como de placer y comenzó a salir la orina. Sentía el calor de la misma en mi pene y comencé a masturbarme con su orina entre mi pene y mis manos mientras chupaba sus pechos. Sentía como escurría su orina por mis piernas y las de ella hasta que se detuvo. Metí mi pene en su vagina y comencé a cogerla hasta que sentí que me venia. Me salí y terminé en sus manos. Me vine tan Fuerte y tanto que no cupo en sus manos y apunté hasta su abdomen. Yo también quería orinarla, pero me dio pena pedírselo.

    Comenzamos a bañarnos, nos arreglamos y salimos del hotel. Desde ahí hasta la fecha no nos hemos vuelto a ver, espero podamos vernos pronto para completar mi fantasía…

  • El profe

    El profe

    Podía considerarme un alcohólico, habría perdido mi buena forma atlética, y mi semblante, antes alegre y coqueto, ahora era lúgubre. Creo que a cualquiera le afectaría un divorcio, que se lleven a tu pequeña hija y que te demanden por una suma considerable. Cuanto menos conservaba el trabajo de ser catedrático en la facultad de derecho de la universidad de la zona en la que vivía, eso pues mi exesposa se había quedad con el estudio de abogados, y mi cartera de clientes ahora me evitaban.

    Así, desanimado y obligado a moverme rumbo a clases para poder cubrir mis horas y con eso mantener mi sustento me dirigí esa mañana a la universidad. Era un día algo cálido, se sentía la proximidad del verano, me puse mi ropa formal con un saco ligero, cogí mi morral y cogí mi auto. Las clases pasaron sin mayor novedad, una veintena de muchachas y muchachos ávidos de aprender eran mi público. Pero tal había sido mi cambio que me limité a hablarles del tema, dejarles unas lecturas y abandonar el salón cuando se cumplía mi hora. Al salir se me acercaron algunas estudiantes, pero como si fuese un robot respondí sus dudas y me alejé, verifiqué mis pendientes y abandoné la facultad.

    Luego fue lo de siempre, comprar algo de comer, intentar pasar el tiempo pensando en otras cosas, ver el atardecer, el tiempo se hacía infinito, la tortura de estar solo era insoportable, una cosa me calmaba, una sensación había todo más llevadero… estar ebrio.

    El departamento en el que vivo y por el que me encuentro endeudado por lo próximos veinte años queda cerca de una zona dedicada a la vida nocturna, algunas discotecas y bares, muy bueno para pasar el rato, muy peligroso para alguien que está volviéndose adicto al alcohol. Allí me dirigí caminando, con la misma ropa de la mañana, llegué a un local habitual donde los cócteles eran agradables y a un precio aceptable y me senté en la barra, era cerca de las 8 de la noche, hice mi primer pedido, un whisky en las rocas, lo bebí con calma, no prestaba atención al resto del mundo, era mi vaso y yo. Así pasé al siguiente, luego otro, mejor dos más… de pronto alguien me tocó el hombro.

    — ¡Doctor! —una jovencita me hablaba casi gritando, mientras que un grupo de muchachas atrás festejaba su hallazgo— no sabíamos que tenía vida nocturna.

    La miré, estuve a punto de poner cara de fastidio por haberme interrumpido en mis lamentos, pero algo, no puedo explicar bien qué, me dejó viendo su pequeña boca de labios carnosos y sonrisa perfecta, me quedé hechizado un momento, ya estaba algo ebrio así que decidí devolverle el saludo.

    — Hola niña, ¿te conozco? —le pregunté, con total sinceridad pues no recordaba de dónde me conocía.

    — Claro, en la mañana estuvo dándonos clases, lleva semanas enseñándonos —puso cara de dolida, como si mi ignorancia de su identidad realmente le hubiera afectado, lo que me desconcertó, hice memoria y recordé su nombre.

    — ¿Daniela? Claro Daniela de Derecho Romano — ahora si triunfante le sonreí, ella me devolvió una bella sonrisa, como de niña que ha logrado su objetivo.

    Solo por recordar su nombre se puso a charlar un rato conmigo, ella estaba alegre, y se notaba que ya tenía unas copas encima, claro que no tantas como las mías. Al rato su grupo de amigas la llamaron, la joven se disculpó alejándose.

    Pude observarla mientas caminaba rumbo a sus amigas, era un pequeño bombón, bajita de estatura, pero bien formada, su piel morena resaltaba con ese vestido corto de color negro con brillos que centelleaban a cada paso que daba, tenía unas piernas hermosas que subían hasta un trasero redondito que me hizo tragar saliva. Pero ¿en qué estaba pensando? Solo por estar en el mismo local ya era comprometedor, la universidad tenía un régimen de distanciamiento y reserva entre docente – alumno, el comité de ética me haría añicos si me desviaba con esa muchachita, además le llevaba ¿Cuánto? Diez años por lo menos. Volteé y retomé mi vaso, estaba algo caliente, pedí más hielo. Con lástima me quedé pensando en todo aquello a lo que había renunciado por mi familia.

    — ¿Por qué está tan triste profe? —ella había regresado y me había sorprendido sentándose a mi lado.

    — No lo entenderías mi pequeña alumnita —contesté en tono condescendiente, me empecé a levantar para retirarme, pero ella puso su pequeña manita en mi brazo frenándome.

    — Ándele cuénteme ¿si…? —hizo un puchero y volteó hacia la barra— Amigo sírvanos dos vasos de lo que haya estado tomando mi amigo —le dijo directamente al mesero, ignorando si yo aceptaría seguir bebiendo.

    — Escucha Daniela, sabes que no puedo tomar con estudiantes.

    — Mire a su alrededor, es una disco, tampoco es un esclavo o algo así, dese un respiro y ponga a prueba si puedo entender o no, ¿o está apurado en irse? —me dijo, nuevamente con esa sonrisa que ahora me parecía más bella y pícara.

    En realidad, nadie me esperaba en casa, era viernes por lo que no trabajaba al día siguiente y finalmente ¡que se joda el mundo entero! me acababan de poner otro vaso de whisky enfrente.

    Lo tomé poco a poco charlando con mi nueva amiga de copas, con sorbos pequeños alargamos la velada, era joven y llena de sueños, le expliqué que estaba solo y lo deprimido que eso me ponía, ella hacía caritas y gestos que me sacaron unas cuantas carcajadas.

    — La vida no es tan fea ¿no cree profe? —me dijo mientas se inclinaba lentamente hacia mí, separando un poco sus labios, era hechizante. Me preparé para el beso, pero en cuando faltaba poco para que nos toquemos me dio un jalón y me sacó a bailar. Todo el rato mientras charlaba ella había estado jugando con mi brazo, desde que me tocó para evitar que me fuese del lugar no me había soltado. Ahora confieso que no soy un buen bailarín ni dada por el estilo, hice lo posible para seguirle el ritmo de la música electrónica, ella saltaba, se contorneaba, me rozaba, era una gozada verla tan llena de vida. Me dejé llevar y la tomé de la cintura, bailamos sin ritmo, pero divirtiéndonos, la pasé muy bien. Luego de un tiempo regresamos agitados a la barra, para mi sorpresa vació de un trago lo que le quedaba y pidió un par más.

    — ¿Vas a estar bien? — le pregunté, pues la veía notoriamente ebria.

    — ¿Acaso usted mi profe no me va a cuidar? — me contestó, con lo que mi morbo se despertó sin control. Tenía a una belleza apenas adulta a mi merced.

    Charlamos y bailamos un poco más, en un descuido suyo me aseguré de pagar lo que se debía y le propuse acompañarla a tomar un taxi, ella asintió.

    Aún conservaba algo de cordura, así que pensé en llevarla a la avenida más próxima, embarcarla en un taxi que parezca seguro y luego yo marcharme a casa que desde luego estaba muy cerca de esa misma avenida.

    — Ha estado divertido pequeña Daniela — le dije mientras caminábamos, ella me tenía agarrado del brazo, por nuestra diferencia de tamaños aparentaba menos edad, si no fuese por sus redondeces cualquiera hubiese dicho que era una adolescente.

    — ¿vives cerca de aquí? — me preguntó como arrastrando algunas palabras, consecuencia del alcohol.

    — Si, vivo en ese edificio de allá — le señalé el condominio donde se ubicaba mi departamento, estábamos ya muy cerca.

    — Quiero ir al baño — me dijo apretándome un poco más el brazo y mirándome con total sinceridad.

    Mi mente se puso en blanco por un instante, ¿quería ir al baño? o ¿era una indirecta para ir a…?, seguimos caminando de largo, la acerqué a mí abrazándola por los hombros.

    — Claro, te presto el baño de mi departamento —le dije, ella asintió sonriéndome, la sangre me empezó a subir a la cabeza, a ambas cabezas.

    Caminando me percaté que cada dos por tres ella perdía el equilibrio, ingresamos al condominio y empezamos a subir las escaleras, sus zapatos de tacón dificultaban el ascenso, en un escalón casi caemos así que la abracé aún más. Y de pronto, así sin más, levantó los brazos colgándose de mi cuello y me besó. Yo correspondí, con mi lengua separé sus labios y le comí la boca, sus labios carnosos se movían sorbiendo mi lengua, yo jugaba con la suya.

    Grada a grada subimos besándonos, mis manos inquietas le acariciaban la espalda, me decidí a bajar un poco más y le toqué el inicio de las nalgas, esas redondas nalgas se me antojaron perfectas, la sensación de la tela subiendo y bajando mientras mis manos masajeaban su culo me incendió por dentro. Llegamos a mi piso y no sabía si detenerla para ingresar o buscar mi llave a ciegas, no quería separarme de ella, no quería que esa magia se esfumara. Para mi sorpresa sus pequeñas manos soltaron mi cuello y empezaron a tocar mi entrepierna, ella algo quería y yo desde luego que se lo daría. Dejé de besarla en la boca y pasé a morderle el cuello, eso siempre me ha funcionado, con mi mano izquierda le agarré una nalga para que no se liberará de mi cuerpo y con mi otra mano me bajé el cierre del pantalón, hice a un lado mi ropa interior y saqué mi pene, ella lo tomó de inmediato con su manita y soltó un gemino. Mi falo es bastante grueso, cuando yo lo tomo con mi mano la palma no alcanza a rodearlo del todo, así que su pequeña manito quedaba muy corta, llevó la otra mano para sujetarlo bien y empezó a pajearme. Yo ya estaba durísimo, por fin saqué mi llavero y abrí la puerta, ahora sí que no respondía por lo que haría.

    La hice retroceder al interior del umbral mientras continuaba manoseándola y comiéndole el cuello, retrocedió hasta que la senté en el sillón de mi sala, ella no me había soltado el pedazo así que levanté una pierna poniéndola sobre el asiento del mueble y le acerqué mi polla frente a su cara. Sus ojos se abrieron muchísimo, mientras seguía pajeándome acercó su boca, sacó su lenga y le dio una probaba lamiendo la cabeza, luego abrió bien grande la boca y se la metió como pudo, era fantástica, el morbo era aún mayor debido a lo bajita que era ella, mamaba como si de un becerrito se tratase, succionaba la cabeza hasta donde podía mientras me pajeaba deseosa de tomar un buen bocado de leche caliente. La dejé chupármela con gusto, mientras tanto le masajeaba la cabeza, como ambos seguíamos con ropa aproveché para irle abriendo el cierre posterior del vestido, a su vez me quité el saco y la camisa, desabroché mi pantalón y me lo bajé, durante todo ello mi pequeña no paraba de ensalivarme la poronga, lo sacaba, lamía su extensión, volvía a chuparla.

    Empecé a sentir ese tirón en la columna que todo hombre conoce como el preludio de que se está cerca a venirse, así que con delicadeza le tomé las manos y le quité su juguete de la boca, hizo un puchero con su carita que me causó algo de gracia, la hice pararse para terminar de quitarle el vestido, se lo deslicé y fui descubriendo esa tersa piel morena, sus pechos eran pequeños, como dos pelotas de tenis bien formadas, la cinturita de avispa con un abdomen marcado y trabajado, en la cadera me demoré un poco, el vestido había sido encajado a presión así que necesité hacer algo de fuerza para podérselo sacar. Ahora sí que quedé sorprendido pues ella tenía unas caderas anchas, con nalgas prominentes y redondas, sin caer en la exageración, su bello estaba cortado casi al ras con forma rectangular, tenía una separación entre los muslos muy característica de las modelos de lencería, y sus piernas eras anchas, con músculos marcados y unas pantorrillas cinceladas.

    Aún no le había quitado los zapatos de tacón, decidí dejárselos pues me generó morbo poseerla así, empecé a acariciarla desde la carita, con una mano le agarré la oreja para que no se moviera y con la otra exploré poco a poco, sus pechos eran firmes con aureolas pequeñas, muy agradables a la vista y al tacto, mi palma era más que suficiente para rodearlos, me acerque y le empecé a lamer uno de los pezones, ella gimió, pero se dejó hacer mientras seguía parada obediente y agarrada de la orejita. Seguí acariciándola, ese vientre estaba duro, hasta logré sentir algunas separaciones de los músculos del abdomen, pronto llegué al lugar que deseaba curiosear, su vagina estaba más que humedecida, los labios pequeños estaban separados por la misma disposición que tenía su cuerpo, la froté por encima y ella volvió a gemir, separó un poco sus piernitas con lo que me facilitó tocarla aún más. Debería haberme comportado mejor, pero me corrompía el deseo, así que sin previo aviso la agarré por las nalgas, que se me antojaron duras, y la levanté en el aire hasta ponerla por encima de mi falo, la hice descender encajándola y penetrándola de un solo tirón. Ella soltó un grito, por la sorpresa y por el dolor en igual medida. Había enterrado mi masculinidad en aquella pequeña criatura y ella por muy húmeda que hubiese estado había recibido más de lo que solía acoger. Nos quedamos quietos un instante, su carita era de sorpresa total, me reproché por apurarme y haber sido tan tosco; de pronto se colgó de mi cuello con sus manos y empezó a mover muy ligeramente su cadera hacia adelante y hacia atrás. Tomé eso como la aceptación de que deseaba más, así que aun cogiéndola de las nalgas la volví a levantar y la hice descender, lo hice de nuevo y de nuevo. Ella puso una mueca de gozo que me incentivó a aumentar el ritmo, sus piernitas rebotaban cada vez que su cuerpo caía y era nuevamente levantado, ella me acompañaba sujetándose de mi cuello y moviendo su culito de adelante hacia a atrás, era toda una jinete cabalgando. Habíamos acelerado el ritmo, de repente ella hundió sus uñas en mi cuello, rodeó mi cadera con sus piernas y echo la cabeza hacia atrás con un gemido largo de placer, sentí que le estaba dando calambres y se humedeció aún más, me detuve un momento mientras ella paraba sus espasmos, yo estaba a punto de venirme también, pero lo no haría dentro de ella, se la saque y senté a la nena en el sillón acercándole mi verga a la cara, justo como habíamos empezado. Ella entendió lo que quería y se puso a mamar, como una loca aceleró el ritmo y levantó la vista, cruzamos las miradas y ese fue el detonante. Una abundante cantidad de leche le llenó la boca, ella aguantó cuanto pudo y luego se la sacó, dejó que otros chorros le cayeron en la cara. Para mi sorpresa recibió todo con gusto, besó la cabeza, la siguió lamiendo, dando pequeños besitos en el tronco. Se la quité un instante y le di pequeños golpes cariñosos en la cara usando mi verga, era mi ritual de marcado de territorio. Ella se dejó hacer, luego se puso a mamar de nuevo.

    En mi poca lucidez pensé que era hora de irnos a dormir, no quería hablar ni preguntarle nada que pudiera romper el hechizo, la nena estaba notoriamente somnolienta, eso aparte de ebria y con la barriguita llena. La tomé de la mano y la llevé a mi dormitorio, ella se dejó conducir, la dejé un instante en la cama y fui a recoger un edredón más grande para dormir cómodos, fue cosa de segundos. Cuando regresé la encontré en posición de perrito, con la cola apuntando hacia la puerta, tenía la cintura bien quebrada por lo que las nalgas se separaban y daban un espectáculo difícil de explicar. Con esa magnífica vista mi nabo estaba nuevamente duro, nadie podría negarse a darle verga a ese trasero, así que me acerque por atrás y la monté, esa se dejó hacer, la penetré duro, le di nalgadas mientras la bombeaba con mi pedazo, ella aguantaba como una reina. El panorama no tenía precio, sus glúteos se bamboleaban cuando chocaban conmigo, la tenía cogida de su pequeña cintura y ella con cada acometida soltaba gemidos apenas audibles, pero que a uno lo incentivaban a seguir. poco a poco la fui echando y mientras se estiraba en la cama seguía recibiéndome. Quería verle la cara, así que la hice girar y quedamos en misionero, se la metí de lleno y sin sacarla hice círculos con la cadera, ella no aguantó más y volvió a tener un orgasmo, nuevamente la dejé calmarse, salí de ella y la hice ordeñarme con su boca. Esos labios me encantaban, esta vez solo dejó que le caiga la leche en la cara. Le volví a dar sus golpecitos según mi ritual y cuando terminé ella cerró los ojos y me susurró:

    — Estuvo rico profe.

    Yo me quedé mirándola, quise responderle, pero ella se había quedado dormida con una ligera sonrisa en la cara.

    La cabeza me palpitaba, apenas creía todo lo que había hecho con mi estudiante, aún tenía semen en la cara, fui al baño para coger un pañito húmedo y la limpié lo mejor que pude, me lavé los dientes, me puse un pijama y, sintiéndome culpable, saqué otro pijama de verano que tenía y con cuidado se lo puse a ella. Era como una muñequita, estaba profundamente dormida.

    Me dormí con muchas ideas en la cabeza, abrigué ambos cuerpos y poco a poco perdí el conocimiento. Soñé que era despedido y vivía un escándalo, así con pesadillas abrí los ojos a un cálido día soleado. Mi huésped seguía dormida, con la luz que dejaba pasar las cortinas me dedique a mirarla con mayor detalle, tenía rasgos curiosos, su piel era apenas morena, morocha diría yo, su cabello lacio y sedoso de daba de maravilla, se veía bien cuidado. Su carita tenía un aire al de una actriz mexicana de nombre Eva algo. Dormida daba la sensación de ser angelical. Ahora mis opciones era pocas, en este caso sentía que la lujuria daría paso a la tempestad. Hacía falta que se levante y reaccione, de una u otra manera sería difícil de hacerle entender que no quería ninguna relación, la habíamos pasado espectacular sin duda, pero el divorcio estaba muy fresco, y además de la diferencia de edad. Como sea que lo vea no funcionaría.

    Me rugió la tripa, así que me fui a la cocina y preparé una tortilla con algo de cebolla, tomate y atún, bien sazonada la serví en dos platos, preparé café y lo serví lo mejor que pude, tosté pan de molde. Todo ya estaba dispuesto de la mejor manera, faltaba algo de jugo, me limité a servir una botella de jugo de naranja, era lo que tenía a la mano. El desayuno se veía presentable, ofrecería un espacio amigable para poder charlar e intentar quedar como amigos.

    De pronto ella se sentó como un resorte, miró alrededor como para ubicarse y al verme me preguntó:

    — ¿Qué hora es?

    — Son las 09:50 — le contesté, no supe si debía agregar algo mas pues ella abrió los ojos como platos, de un salto se puso de pie, se detuvo un instante apreciando mi pijama que ahora vestía, caminó a la sala y cogió su ropa. Sin pudor alguno se desnudó para empezar a ponerse sus prendas.

    La mujer era bella por donde la vieras, esas piernas eran de locura, desde la mesa tipo isla donde tenía servido el desayuno tuve una vista privilegiada del bombón que me había cogido unas horas antes. Ella termino de vestirse, me preguntó por mi baño y se lo señalé, entró corriendo, casi de inmediato salió del baño y se acercó a la puerta saltando de un pie calzándose sus zapatos de tacón.

    — Esto será un secreto entre los dos — me dijo, con cara seria. Aquello me desconcertó, lejos de sentirme agradecido me sentí desdichado, cuanto menos esperaba haberla enamorado un poco, aunque en realidad no quería problemas ni amoríos.

    — Ni una palabra, así será — le contesté.

    Ella le dio una rápida mirada al desayuno tomó un sorbo de café y luego se dio la vuelta, abrió la puerta del departamento y salió sin cerrar. Me paré, aún descalzo, me acerque a la puerta para cerrarla, dolido por su seca despedida, pero la puerta se volvió a abrir de golpe, ella entro como un relámpago y me plantó un beso en la boca, luego volvió a alejarse, pero mientras descendía las gradas me dedicó una hermosa sonrisa diciendo:

    — Todo estuvo muy rico profe — y luego se marchó.

  • Consintiendo a un voyeur

    Consintiendo a un voyeur

    Me encuentro recostada en mi cama, apretando con disimulo las mantas debajo de mí, sintiéndome ansiosa. Puedo sentir tu mirada sobre mí, no fue una casualidad que dejara la puerta de mi habitación abierta, mucho menos lo fue el me vieras así, vestida con un short diminuto; de esos que te gustan, apretados a la figura abultada de mi culo.

    ¿Te gusta? ¿Quieres golpear y amasar mi maldito culo? Porque a medida que escucho como deslizas el elástico de tu bóxer crecen mis ganas de que lo golpes, tan fuerte y tan violento hasta dejarlo rojo y ardiente.

    O quizás lo que te pone cachondo es el sostén que uso. Lo adoras, dices que me eleva el pecho de una forma deliciosa. ¿Qué es eso que veo de soslayo? ¿Acaso es ese pedazo de carne que tanto añoras meter entre mis senos? ¿Quieres que lo sobe mientras golpeas con la punta mis morbosos labios?

    Giro y te sorprendes al verme despierta, quieres escapar, pero te quedas quieto cuando ves que abro mis piernas. Deslizo con sensualidad mis dedos por sobre mis muslos y los detengo en mi short.

    Sabes lo que planeo y vuelves a masajear tu maldito miembro, gracias a la luz de afuera puedo ver cómo gotea… Mierda, quisiera estar en cuatro, con los labios entre abiertos y meneando mi culo; bien mojado tras estarte chupando sin parar tu caliente pene. Quiero recorrerlo desde la base hasta la cabeza, sólo quiero gritarte: ¡Ahógame con ese trozo de carne!

    Retiro mis shorts y paso dos dedos por sobre la tela de mi tanga, ¿Te gusta? Es de tu color favorito, la compré pensando en ti. Suspiro sintiendo la presión, mi calzón está mojado, abro aún más las piernas para que lo notes y te empiezas a tocar con más fluidez.

    No quiero hacerte esperar. Me quito la tanga y te la lanzo, la tomas y la enrollas en tu falo para seguir masturbándote. Uso mis dedos y los paso por mi abierta vulva… Ahh~, tan mojada y tan ansiosa por tu culpa, juego con mi clítoris para calentarme más. Puedo sentir la intensidad con la que me miras, ¿Acaso te imaginas arrodillado ante mí? ¿Con tu cabeza entre mis piernas y tu inquieta lengua subiendo y bajando? Porque yo sí.

    Meto un par de dedos dentro de mí, suspiro y digo tu nombre. Mierda, mis dedos no te hacen justicia, quiero tu maldita virilidad aquí dentro, quiero que me azotes con tu pene, que me sometas y te descargues aquí dentro. ¡Lánzame tu maldito semen a la cara si así lo deseas!

    Te calientas escuchando el chapoteo que mis dedos hacen, puedo verte batallar para no culminar, pero ya estás apunto y yo igual.

    Yo no dejo de llamarte, quiero que uses mi vagina y no tu mano, pero creo que no pasará más de esto.

    Sueltas un gemido mientras te descargas cerca mío. Maldita sea, pudiste haberlo hecho en mi boca, pude haberte chupado hasta dejarte totalmente vacío.

    Yo también me vengo gimiendo tu nombre. Sonríes al oírme y te vas cerrando la puerta.

    Quizás si soy buena chica esta semana… ¿La próxima vez podrías cogerme cómo a una puta?

  • La clienta y la pareja de sumisos

    La clienta y la pareja de sumisos

    Marta, treinta y seis años, metro ochenta de estatura, pelo oscuro y liso que cae hasta la altura de los hombros, pechos firmes, culo generoso y respingón; llevaba puesto un traje de cuero negro que se ajustaba a su cuerpo moldeando su figura de manera sexy. Sus labios, de vez en cuando, dibujaban una sonrisa que en modo alguno lograba dulcificar su fuerte y dominante personalidad.

    Aquella tarde, en el coqueto y moderno piso de su propiedad, se encontraba su compañera de juegos. Laura, que así se llamaba la chica, tenía 24 años, no llegaba al metro sesenta de altura y era de constitución delgada. Pelo corto de color castaño que dejaba a la vista un bonito cuello, mirada entre risueña e inocente, labios pintados de rojo, pechos pequeños y culito apretado. Llevaba puestos pantalones de tela holgados y una camiseta de tirantes que le quedaba grande.

    – Hoy tendremos compañía. – dijo Marta a su invitada.

    Laura se ruborizó. La idea de compartir intimidades con una tercera persona la preocupaba y excitaba a partes iguales.

    Marta sonrió durante un breve instante y decidió dar un dato más.

    – Es un hombre maduro.

    – Un hombre. – repitió Laura como hablando para si misma.

    – Un tipo al que tengo cogido por las pelotas. – aclaró la mujer.

    ******************

    El día anterior había amanecido lleno de nubes y desde primera hora las gotas de agua golpeaban los cristales de la oficina deslizandose por la ventana en cortas carreras que dejaban estelas a su paso.

    Juan, cuarenta y siete años, metro setenta y ocho, miraba la pantalla del ordenador. Vestía traje y corbata y usaba gafas. Por pereza, más que por estética, había dejado crecer barba de una semana en la que destacaban algunos pelillos blancos. Los pelos no le importaban, de hecho el vello cubría gran parte de su cuerpo. Corría un par de días por semana, lo que le ayudaba a mantener cierto tono físico y tener controlada la barriguita. El trasero era otro tema, había perdido cierta firmeza con los años, pero se disimulaba bien.

    – Ya esta otra vez esta pesada dando por culo. – dijo entre dientes mientras leía el email que acababa de recibir.

    La verdad es que la clienta a la que hacía referencia no estaba nada mal. Había cotilleado sus fotos públicas de Facebook donde se la veía en la playa, tumbada sobre la toalla en una pose de lo más sensual. Daban ganas de besarla. Beso que a buen seguro, hubiera provocado una airada reacción. Esa mujer tenía pinta de tenerlos bien puestos.

    «Me da igual lo buena que esté. En este momento la ponía sobre mis rodillas y le calentaba el culo hasta que me pidiera disculpas. La voy a contestar con lo que pienso de ella.» pensó el empleado furioso.

    Juan pulsó el botón de respuesta individual y empezó a escribir un mensaje lleno de palabras contundentes. Lo leyó y dándose cuenta de que no podía enviar eso, comenzó a borrarlo.

    – Juan. – Le llamó una compañera distrayéndole.

    El aludido levantó la cabeza y luego tratando rápidamente de ocultar el mensaje que estaba eliminando pulsó la tecla equivocada y lo envió. Por un momento no supo como reaccionar, luego, con la velocidad que solo da la desesperación, buscó la bandeja de salida. Era tarde, el email ya estaba en el buzón de su «enemiga». De repente empezaron a sudarle las manos, su pulso se aceleró y un nudo atenazó su estómago.

    – Juan, ¿te ocurre algo? – insistió su interlocutora.

    – Estoy bien. Voy a salir 5 minutos a que me de el aire.

    El teléfono sonó en aquel momento y el trabajador tuvo un mal presentimiento.

    – Dígame. – contestó con inseguridad.

    – Hola, soy Marta y acabo de recibir tu email… Tenemos que hablar… Te espero mañana en mi casa, esta es mi dirección toma nota.

    – Vale. – contestó Juan tragando saliva.

    Luego fue al baño, tiró de la cadena y aprovechó el ruido del agua para tirarse un par de pedos. Su cuerpo era un manojo de nervios pero al menos, por el momento, evitaría que el agujero del ano le jugase una mala pasada enfrente de sus compañeros de trabajo.

    *****************

    A las ocho en punto del día siguiente al desliz el timbre de la puerta sonó.

    – Ya está aquí, vete a la habitación luego hago las presentaciones. – dijo Marta dirigiéndose a su «amiguita».

    – Buenas tardes. – saludo Juan cuando se abrió la puerta.

    El invitado llevaba puesto el traje de corbata del trabajo, solo le había dado tiempo a echarse unas gotas de colonia en cuello y muñecas. El erótico atuendo de Marta no paso desapercibido, el cuero realzaba las tetas de aquella mujer. Juan miró a su alrededor tratando de escapar al efecto hipnótico de aquel cuerpo lleno de curvas. La decoración del salón era moderna, sencilla, de líneas rectas. Había un sillón de tres plazas de color crema lleno de cojines de flores frente a una mesita de madera.

    Marta le contempló sin disimulo de abajo a arriba y acercando sus labios al oído de su víctima dijo en un susurro al tiempo que le daba un azote.

    – Bonito culete –

    Juan olió el perfume de la anfitriona, se ruborizó y notó que el pene empezaba a crecer bajo sus pantalones de vestir.

    – Al principio pensé en compartir tu email con mi jefe, pero pensé, ¿por qué no dar una oportunidad a este hombre?

    – Eres muy amable. – dijo el aludido con sarcasmo.

    Marta le miró y replicó con frialdad.

    – La bondad tiene un precio, aun estoy a tiempo de compartir tus palabras con mi jefe.

    Aquella mujer estaba chantajeándole. En una pelí el hubiese respondido con dignidad y valentía, inquebrantable ante la coacción. Pero en lugar de eso se rindió.

    – No hace falta, haré lo que me digas.

    Marta sonrió saboreando la victoria.

    – Ven, tengo alguien a quien presentarte.

    ****************

    Minutos después las dos mujeres y el invitado estaban de vuelta en el salón charlando de manera informal.

    – Bueno, ya basta de chachara. Vamos a ponerte a tono. ¡Quítate los pantalones y la camisa!

    Juan obedeció quedándose en ropa interior.

    Laura y Marta se sentaron en el sillón y esta última tomo de nuevo la palabra.

    – Ve al baño y abre el cajón del mueble que hay bajo el lavabo. Allí encontrarás un cepillo de madera y unas pinzas pequeñas, traelas.

    Unos segundos después el varón entregó los dos utensilios a la mujer y se quedó de pie aguardando órdenes.

    – Acércate. Eso es, ahora túmbate boca abajo sobre nuestros muslos.

    Juan, lleno de vergüenza, se encaramó al sillón colocándose en la posición indicada. Su trasero quedaba a la altura de Marta y su cabeza reposaba en el regazo de Laura.

    – ¿Estás cómodo?… Pues no debieras estarlo, porque vamos a castigarte.

    – ¿Miramos que hay aquí debajo? – añadió la mujer enfundada en cuero dirigiéndose a su compañera.

    Laura asintió. Tenía curiosidad.

    Marta deslizó los pulgares bajo los calzoncillos y tiró de la prenda desnudando el culo de su proveedor.

    – Hala, cuanto pelito sale de la raja. ¿qué te parece Laura, depilamos?- dijo cogiendo las pinzas.

    Juan contrajo el culete de manera involuntaria.

    – Auff. – se quejó cuando arrancaron de raíz el primer pelo de su culo.

    Luego le quitaron cinco más.

    – ¿Quieres probar? – dijo Marta entregando las pinzas a Laura.

    La joven enganchó un pelo especialmente grueso y de un tirón lo sacó.

    Un rato después la anfitriona revisó el pandero acariciándolo.

    – Ahora es más suave, aunque creo que le falta color. Vamos, si te parece, a calentar el culo. Has sido un chico malo y te mereces un correctivo.

    Y sin mediar más palabras, cogiendo el cepillo, comenzó a azotar el trasero del hombre con fuerza hasta que este adquirió un tono rojo brillante.

    – Puedes levantarte.

    Juan se incorporó, se subió los calzoncillos y comenzó a frotarse las nalgas. Escocían lo suyo.

    – Tu turno. – dijo Marta dirigiéndose a Laura.

    – Pero… Aquí enfrente de…

    – Vamos, no seas tímida, bájate los pantalones y las braguitas.

    – Pero…

    – Nada de peros, ¿quieres que vaya a por la vara?, obedece ahora mismo o será peor.

    Laura, resignada a su suerte, se bajó los pantalones y las bragas dejando su culito a la vista.

    – Sobre mi regazo. Juan, ven aquí y siéntate si puedes, usa un cojín si eso.

    El hombre tomo asiento en el sofa, el trasero le escocía.

    – Eso es, sujeta a Laura así, por el tronco.

    Juan sujetó a la chica notando en sus brazos el cuerpo cálido.

    Laura comenzó con las nalgadas inmediatamente haciendo danzar las posaderas de su «amiga».

    – Bueno, ya tenemos dos culitos colorados. Quitaos toda la ropa, venid aquí y enseñadme el trasero, eso es, poneros juntos para que pueda compararlos.

    – Ya podéis daros la vuelta.

    Laura y Juan se giraron tapando sus partes íntimas con las manos.

    – Vaya, vaya. No me digáis que os da vergüenza. Juan, aparta esas manos, queremos ver como va esa erección. Uh, todavía falta un poco. Laura, déjanos verte el coño, eso es. A ver si se le empina a este hombre. ¿Te gusta Laura? ¿te gustaría metérsela?

    La joven se puso roja mientras su amiga soltaba una risotada.

    – Esta bien. Juan, acércate. ¿Te gustaría verme las tetas?

    Juan no sabía muy bien que responder, pero un movimiento de su pene que no paso desapercibido para Marta le delató. La chica se quitó el traje quedándose en tanga y mostrando sus pechos y sus pezones erectos. El hombre no esperó por una invitación escrita y literalmente se abalanzó sobre la mujer y empezó a chuparle el pezón. La mujer madura, bajando la guardia un instante, gimió de placer y agarró el falo de su invitado. Luego, recuperándose, le apartó y le propino una sonora bofetada.

    – ¿Cómo te atreves? – bramó

    Juan, a pesar de la sorpresa, con la mejilla colorada, sonrió de forma estúpida. No le importaban las tortas mientras que tuviesen como recompensa el poder lamerle los melones a esa semi diosa.

    – ¿Y tú que miras? – dijo Marta dirigiéndose a la otra mujer.

    – Soy vuestra dómina y estáis aquí para obedecer. ¿Esta claro?

    – Laura, inclínate sobre esa mesa. Eso es. Juan ponte un preservativo y fóllatela.

    Los dos sumisos obedecieron.

    El hombre insertó el miembro en la vagina de la joven tomándola por detrás y envistió metiéndosela hasta el fondo. Laura tembló de placer y Marta poniéndose frente a ella le comió la boca. Juan cogió ritmo y el característico ruido de los huevos chocando contra las nalgas inundó la habitación.

    Un minuto después, el hombre sacó su pene e impregnó los glúteos y muslos de Laura con semen. A continuación, siguiendo órdenes, la veinteañera metió la lengua en la raja de su compañero de juegos y comenzó a lamerle el ano mientras Marta, a su vez, acercó su culo a la cara de Juan ordenándole que le besase el ojete.

    En un momento dado la anfitriona dejó escapar una ruidosa ventosidad. El gas se coló por la boca y las fosas nasales del invitado haciéndole toser.

    Laura arrugó la nariz poniendo mala cara.

    Marta se enfadó y le ordenó que fuese en busca de la vara. Con una cuerda le ató las muñecas e hizo que se tumbase en el sillón amarrándola al mismo.

    – Juan, siéntate sobre sus piernas y asegurate de que no se mueva o recibirás golpes extra en tu turno.

    – ¿Mi turno?

    – Sí, tu turno, o pensabas que todo iba a ser sexo y diversión.

    La muchacha recibió veinte latigazos en el trasero.

    Luego le tocó a Juan. Su culo recibió la veintena de golpes con la vara y otros tantos con un cinturón de cuero. Las lágrimas caían por sus ojos y los glúteos le ardían cuando acabó el estricto correctivo.

    La tarde avanzó encontrándose con la noche.

    Los juegos eróticos y de dominación se sucedían.

    Vergas de goma, inserciones anales, bofetadas y latigazos en la espalda se intercalaban con caricias, besos y sexo, mucho sexo.

    Fin

  • Masturbando a Sam

    Masturbando a Sam

    Faltaban 5 minutos para que iniciara la junta, ese día nos iban a presentar al nuevo director del área y yo estaba fascinado masturbando a Sam…

    La cabeza de su verga era preciosa, asemejaba una mantecada recién horneada, en ella podían verse las líneas de expresión, líneas que al igual de las de la mano evidencian todo sobre el dueño de la misma…

    Sam por su parte continuaba estimulando mis nalgas y yo podía sentir como mi vagina masculina por tercera vez en toda mi existencia comenzaba a lubricarse…

    Contra toda mi voluntad aparté mi vista de ese delicioso miembro y lo miré a los labios que al igual que su pene estaban alfombrados en el entorno por una blanca alfombra perfectamente arreglada, Sam… me tengo que ir tengo Junta.

    Sam sonrió, se me acercó al oído, mordió mi lóbulo y dijo…

    Te busco en un rato para terminar, mientras tanto te dejaré una probada de lo que puede ser tuyo.

    Con una mano tomó de los cabellos, inclinó mi cabeza hacia a su miembro y con el pulgar y el dedo índice de la otra apretó su mantecada, era delicioso lo esponjoso de ese glande y gracias a ese apretón brotó una cristalina gota de miel, con el dedo índice la tomó, me levantó la cabeza para que lo viera y llevó lentamente su dedo hasta los labios, yo instintivamente abrí la boca…

    El sonrió y cual is fuera labial, recorrió mis labios con su miel…

    Parpadeo, me soltó, se guardó la Verga y se puso a mis espaldas recargándola entre mis nalgas y respirando en mi oído me dio tres suaves embestidas…

    Cuando alguien me gusta disfruto acompañarlo a descubrir su otra sexualidad…

    Apretó mi trasero suavemente y salió del baño.

    Yo no sabía que hacer, mi corazón latía sin control, tan pronto reaccioné, salí del baño y me dirigí a la sala de juntas, ahí estaba todos ya sentados, yo tomé mi lugar saqué mi tableta, me abrí el saco y esperé…

    La puerta de los directivos se abrió, pero mi vista estaba nublada, solo podía distinguir siluetas de pantalones por encima de mi tableta, que curiosamente enmarcaba a la perfección los paquetes de los directores.

    Yo físicamente estaba en la junta pero mi mente estaba en Sam, en su verga en el delicioso sabor salado de la miel.

    Gracias por venir, ahora tiene la palabra nuestro nuevo director de ventas…

    Muchas gracias, buenos días

    En ese momento al escuchar esa voz mi corazón latió nuevamente sin control, mi miembro respingo, y la corriente eléctrica en mi columna resurgió para Nueva te culminar lubricándomelo mi vagina masculina…

    Levanté la mirada y mi mirada se estrelló en el azul acero de sus ojos, el nuevo director del área, mi jefe, era Sam…

    El mismo Sam al cual hace unos minutos estaba masturbando, del cual tenía su preciosa Vega entre mis dedos y además aún conservaba el sabor de su miel en mis labios…

    Durante la breve junta podía ver como se movían sus labios, pero no escuchaba nada más que un zumbido en mis oídos, ante mi era un collage de imágenes, sus labios, su tallo, su glande la cristalina agota sobre su dedo y una y otra vez se repetía la imagen de su dedo sobre mis labios y la sensación de su mano magreándomela las nalgas…

    La junta terminó todos se levantaron, yo hice lo propio y cuando me giré para salir

    Mi ex jefe me dijo, Dinnie por favor acompáñanos, tu serás el encargado de acompañar a Sam el día de hoy y de proveerlo de todo lo que necesite…

    Al voltear a verlos la mirada de Sam fue muy clara, desde ese momento mi cuerpo le pertenecería a Sam para hacer conmigo lo que quisiera…

  • Marcha LGBT CDMX

    Marcha LGBT CDMX

    Bueno la verdad estaba indeciso si publicar este relato porque tiene muy poco tiempo pero me anime porque me lo pidieron. Para los que me han leído anteriormente soy un chico de 25 años de la CDMX, mido 1.75m, no tengo la verga muy grande pero me ayuda su grosor, no soy atlético por lo que soy algo gordo.

    Esta historia es acerca de un chico que conocí en la marcha LGBTIQ+ lo llamaré Ángel, el iba a acompañado de sus amigos y se veía como un trapito a lo lejos, la verdad desde que lo vi me interesó me acerqué a hablarle y nos llevamos muy bien de primer momento, Mide aproximadamente 1.55, es muy delgado, con rasgos femeninos encantadores, pero creo que su mayor atractivo es tener una verga como de 20cm.

    Al principio no tenía pensado acostarme con Angel solo crei que bailariamos un rato en un antro y que nos besariamos. Cuando entramos al antro se notaba un poco nervioso pero después de unos shots se sonrojo mucho y se veía más cómodo, aproveché que sus amigos salieron por un momento a fumar y le invité a que se sentara en mis piernas a lo que accedió sin dudar. Tenerlo encima de mi hizo que se me parara más de lo normal, creo que Ángel lo notó y en ocasiones aprovechaba para mover sus caderas para acomodarse mejor.

    Sus amigos me cayeron bien aunque desde mi punto de vista eran un poco callados, al igual que Ángel se animaron con los shots pero como transcurría la tarde se fueron dividiendo en parejas y aunque Ángel se sorprendió de ver que se formaron parejas no se apartó de mi lado. Sin darnos cuenta se había hecho de noche los amigos de Ángel se fueron y yo me quedé solo con el, le pregunte si quería que lo acompañara a su casa, a lo que accedió tomándome de la mano. Cuando llegamos a su casa me dijo que si quería pasar por la hora tuve que acceder.

    Angel: Pasa adelante no hay nadie en mi casa

    Yo: Gracias pero estas seguro? No quería tener inconvenientes por malos entendidos

    Ángel: No te preocupes

    Nos pusimos a beber un poco más y destapamos una botella. Jugamos juegos como yo nunca nunca. Pero llegó el punto en que nos empezamos a besar y no pudimos parar. Nos des vestimos y me sorprendió la enorme verga que tiene para ser tan pequeño a lo que me respondió que solo ha sido pasivo y nunca ha sido activo. Para probar ese verga le pedí que hiciéramos un 69 y en efecto pude comprobar que estaba deliciosa. A pesar de que ha sido pasivo lo sentí algo apretado por lo que tuve que hacerle varios besos negros para lubricar lo y que pudiera meterle mi verga, después me empezó a chupar los pechos y no dejo de hacerlo hasta que se corrió. Nos la pasamos cogiendo toda la noche y cuando me estaba arreglando para salir de su casa Ángel me dijo que si habría próxima vez quisiera experimentar y ser el activo a lo que le dije que con gusto me sentaría en sus piernas.

    No sé si verlo otra vez pero me ha mandado fotos vestido de mujer y no dejo de imaginarme montando su verga.