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  • El deseo oculto de mi alumna Susana

    El deseo oculto de mi alumna Susana

    Hola de nuevo soy yo para los que aún no leen mi primer relato de como mi hija se entregó en cuerpo a mí, su papá, pueden verlo en mi perfil.

    Bueno por el momento solo les diré que la vida sexual con mi hija sigue siendo latente y todas las noches le hago visitas a su cuarto, hemos disfrutado al máximo y tenemos muchas aventuras sexuales juntos, pero en esta ocasión les contare como le hice el amor a su mejor amiga Susana y como ahora ella es mi amante y está enamorada de mí.

    Todo comenzó cuando entré a dar clases en la universidad donde mi hija estudia, mi hija y yo jamás damos a conocer que somos papá e hija y mucho menos que somos amantes, sin embargo, ya con algunos meses dando clases en la escuela conocí a su mejor amiga de nombre Susana y ella es una joven delgada con buenas piernas, cabello largo negro muy grueso, morena clara y ojos expresivos color café. Susana comenzó por hacer amistad con mi hija posteriormente fue a la casa a hacer tarea juntas, a comer o jugar videojuegos en casa, sin embargo cada que nos sentábamos a cenar había algo en ella que me atraía demasiado y en una ocasión cenábamos en la cocina y se me cayo el tenedor, me baje por la meza para recogerlo y Susana traía una falda muy corta y calcetas escolares, al momento que Susana se dio cuenta que me agache ella abrió las piernas para mostrarme su encantadora tanga de encaje color negro con flores, yo quede tonto y hasta babeando incluso me pegue con la meza al levantarme la verdad desde ese momento yo sabia que solo una cosa abarcaría mi mente y eso seria el hacerle el amor a Susana.

    Pasaron los días y yo constantemente preguntaba a mi hija si ella llevaría a su amiga y a veces era tan insistente sin darme cuenta mi hija se molestaba y me llego a preguntar si solo me interesaba ella así que trate de ser mas discreto y menos constante con la pregunta. Las demás veces que Susana iba a la casa iba con faldas tableadas, calcetas o medias azules o blancas que le llegaban hasta el muslo y escotes pronunciados ella no es de pechos grandes pero si duritos y medianos, el tiempo y la comunicación entre ella y yo fue constante hasta que llego a ser mi alumna y entre clases me sonreía, se habría de piernas, incluso una vez en el día del maestro ella me dijo que tenia un regalo especial para mi y si me dio un regalo delicioso que fue aquella tanga negra de encaje que le vi la primera vez, me la obsequio en una bolsa de regalo dentro de una bolsa de hule para sándwich para que no perdiera su rico aroma.

    Por fin llego el día y fue cuando una noche se quedó en mi casa jugando videojuegos con mi hija, en ese momento le di una pastilla para dormir a mi hija, por lo tanto cuando ambas se fueron a dormir Susana dormía plácidamente mientras mi hija dormía profundamente por el efecto del fármaco, en ese momento entre a la habitación y las vi a ambas semidesnudas solo con camiseta para dormir y bragas, o pantys, o bombacha o calzón según el país de donde me lean, pero fue tanta mi excitación que no pude mas y me saque mi pene y me comencé a masturbar viéndolas, en ese momento Susana se despertó se me quedo viendo fijamente y yo me moría de vergüenza pero al mismo tiempo de excitación por lo que Sali corriendo de la habitación y me fui a masturbar a mi cuarto con su panty que me había regalado días antes, en ese momento escuche como se abría la puerta de mi habitación y era Susana entrando color con sus medias negras a medio muslo y con una tanga rosa de satín, ella vio que tenía su calzón negro que me regalo en mi pene y me dijo que le agradaba ver que me gustó su regalo, en ese momento no pude más me abalance sobre ella la bese como un maldito desesperado, la deseaba tanto que no me importo si mi hija se despertaba, la ame como un loco esa noche, la tome y le mame sus pechos, ricos, duros y su cuello, ella y yo nos besábamos con locura y mucha pasión al grado que ella inmediatamente bajo mi bóxer y comenzó a mamar y mamar mi pene, lo hacía fantástico y maravilloso puedo decir que lo hacia mucho mejor que mi hija, seguimos y después la subí a la cama le hice su calzoncito de lado y le mame su delicioso monte de venus y esos labios mojados, ricos y hermosos que desbordaban miel de señorita de 19 años, seguí y seguí hasta que logre un maravilloso orgasmo en ella grito como loca y me inundo de sus deliciosos jugos, yo no pare allí y la puse en cuatro y en ese momento sin pensarlo la penetre de forma violenta y fuerte ella grito mucho pero al mismo tiempo que decía que siguiera, hicimos distintas posiciones ella me monto, y yo la penetre de misionero, también de lado y finalmente sus piernas en mis hombros ella ya no podía mas y me grito que se iba a venir de nuevo fue en ese momento cuando descargue montones de leche dentro de ella, una y otra vez me venia con tremenda fuerza y es que yo tomo pastillas para aumentar la eyaculación pues me encanta consentir a mi hija, entonces ya se imaginaran como me vine con tanta fuerza que al salirme de ella, su vagina quedo chorreando mucho semen, en ese momento no me importo si quedaba embarazada. Después de nuestro maravilloso momento nos acostamos y abrazamos, ella me confeso que se hizo amiga de mi hija porque yo le gustaba desde que entre como profesor a su universidad, así mismo me dijo que sabia nuestro secreto, pero como es su mejor amiga no diría nada a nadie sobre eso, por último, me dijo que quería seguir siendo mi amante ya que mi hija Rocio no podía enterarse ya que no sabia como reaccionaria y temía perder su amistad. Por lo tanto, así lo mantuvimos, ese momento nos ganó el sueño y al otro nos despertó un grito furioso, un grito muy fuerte de enojo y es que era mi hija Rocio, nos encontró a mi y a su amiga Susana desnudos en mi habitación.

    Continuara…

  • La señora Eva, segunda aventura

    La señora Eva, segunda aventura

    Habían pasado 5 semanas después de aquel encuentro con la señora Eva. En todo ese tiempo, no habíamos vuelto a coincidir. Por mi parte decidí mantenerme al margen y no forzar ningún encuentro, se lo dejé al destino, y ese destino ya había escrito un segundo capítulo para los dos.

    Resulta que una tarde de un miércoles, me disponía a ir a practicar deporte a un centro recreativo que estaba a 3 kilómetros de mi colonia. Era forzoso pasar por la calle donde vivía la Señora Eva, algo en mi interior me dijo que me la encontraría. Su calle lucia tranquila, y al pasar enfrente de su casa, no percibí ninguna novedad, sin embargo, al dar la vuelta para llegar a la otra calle, ella venía caminando con una bolsa de mandado y sin pensar dos veces, su sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro, me dijo cuando la tuve frente: «Qué milagro, muy buenas tardes, ¿Cómo ha estado?», a lo que respondí: «Muchas gracias, muy bien, voy a practicar un poco de ejercicio, y a usted como le ha ido?. A lo que ella me respondíó suspirando: «La verdad muy bien, muchas gracias por preguntar», y en eso me sorprendió al decirme: «Porque no vienes a mi casa, me encuentro sola, mi marido anda en aguscalientes ayudando a una de mis hijas a mudarse», a lo que un poco nervioso respondí: «Si, claro, por que no». La señora Eva parecia tener un plan entre manos, de pronto me dijo: «llévate mi mi bolsa del mandado y finjamos como que me ayudas a llevarla a mi casa», para nuestra suerte, la calle lucia vacia, solitaria, no se si alguien nos veía desde alguna ventana, sin embargo, esa treta de ayudarle con el mandado era buena justificación para pasar desapercibido ante los ojos de extraños.

    Una vez instalados en su casa, coloqué su bolsa en una mesa, y no sentamos en su sala, ella sonriente me dice: «En verdad fue maravilloso lo que vivimos la última vez, desde ese día no dejo de pensar en ello», y yo respondí: «Fue especial, a mi también me gustó». Y en eso, la Señora Eva se acerca, y sentados en el mismo sillón, comenzó a desabrocharme el pantalon, no tardé en sentir como la sangre en mi ser comenzaba a desplazarse intensamente, mi pene se puso erecto inmediatamente, mientras la señora Eva me desabrochaba el cinto, desabotonaba mi pantalon y me decia «Recuestate». Me dejé llevar por ella, cuando menos acordé la Señora Eva ya me había bajado los pantalones y con su mano masajeaba mi falo, el cual estaba rigido, duro, era una vara de carne erguida e inchada por la excitación que tenía. De pronto, vi como se quito sus lentes, y su boca se echó un clavado a mi pene, comenzó a lamerme mi vara de carne, a chupar mi miembro viril, era una sensación magna. Me sentí poderoso en esa situación, la señora Eva tenía en su boca mi pene, y lo saboreaba y chupaba con mucha intensidad, con desesperación, con ansiedad. Me estaba dando la mamada de mi vida, la Señora Eva se tragaba mi falo una y otra vez, con su lengua dibujaba circulos en la cabeza de mi pene, y luego lo volvía a introducir en su boca.

    Yo solo recostado, disfrutaba el trabajo que me hacia. Pero en ese preciso momento paso algo un poco extraño, mientras la Señora Eva me chupaba con intensidad mi miembro viril, mi mirada identificó en unas de las paredes a un cuadro de la Señora Eva al lado de su esposo, ambos sonrientes en dicha foto, sinceramente no sentí remordimiento (por lo menos en ese instante), veía esa imagen y luego veía como la señora Eva me mamaba el pene, y sentía que me excitaba más, nunca lo hubiera imaginado que fuera así. La señora Eva me estaría mamando el pene por unos 8 minutos, sus labios hacian un trabajo delicioso, único, irrepetible, tanto que me acercaban a la eyaculación. Le dije con insistencia: «Estoy a punto de venirme», a lo que ella se quitó, y me dijo no puedo tragarme tu semen, nunca he hecho eso. Mi excitación me hizo por un momento perder la cabeza, y me hice el enojado y le dije: «Mejor me voy, no entiendo porque no quiere que me venga en su boca», a lo que ella con el afan de complacerme rápidamente accedió y se trago mi pene para que eyaculara en su boca, poco a poco, estaba logrando que la señora Eva perdiera pudor. Y ni tarde ni perezoso, estallé!, comencé a eyacular intensamente en su boca, a depositarle mi semen en su lengua, me vine como nunca, y al retirar mi pene, observé como la Señora Eva se encontraba excitada, y en vez de tirar mi espermatozoide comenzo a saborearlo y a tragarselo mientras me decia: «te amooo». Quedé complacido, y ella me abrazo, y me dió las gracias. En eso, una llamada por teléfono lo cambió todo, cambiaron los planes de esa tarde y me tuve que retirar, pero me dijo que me esperaba el jueves de la próxima semana por la mañana.

    Continuará.

  • Clase muy particular (Parte 3)

    Clase muy particular (Parte 3)

    Luego de la hermosa sesión, erótica, decidí pedir un par de pizzas para comer y unas cuantas cervezas más.

    Yo: quieren cerveza y pizza?

    Ellas: si profe.

    Lau: recuerde que hoy estamos a sus deseos.

    Yo: así me gusta.

    Luego de llamar a pedir, ellas estaban sentadas en el sillón, buscando algo que ver en la tv. Por lo que les dije que en la compu tenía muchas películas xxx que podíamos disfrutar.

    Lau: profe, podríamos poner una peli y aprovechar los trajes que tengo en el bolso para entretenernos un poco.

    Yo: ok, vayan a ponerse los trajes de colegialas.

    Sofi: si mi profe, deseo esa nota bien alta.

    Mientras se llevan el bolso con los juguetes y trajes, yo me quedo esperando el pedido.

    Luego de un rato, llegas dejarlo, pago y les digo a mis niñas: llegó la pizza, vengan a comérsela toda.

    Ambas bajan de inmediato, sus trajes son increíbles, falda corta, pechos caso desnudos, Sofi se ve demencial con esos pechos, Lau brinca para que la falda muestre ese culote que tiene.

    Yo: un momento, tienen que ganarse la pizza. Así que empiecen a comerse entre Ud.

    No sé si me dejaron terminar pero en segundos empezaron a besarse y a tocarse, Lau tocaba los pechos de Sofi, Sofi tocaba la vagina, el culo y nalgueaba a Lau.

    Yo estaba demasiado templado de ver cómo estaban, Lau jaló del pelo a Sofi y la llevo al sillón, la acostó y empezó una sesión de tijera que me tenía enfermo.

    Yo: pero que delicia.

    Lau: profe, saque de ese bolso un arnés y un consolador, vamos a cogernos a Sofi.

    Sofi hizo una cara de impresión pero de deseo.

    Lau se puso rápidamente todo y luego penetró a Sofi, sus movimientos de cintura eran mortales.

    Sofi: profe, el de atrás es solo suyo.

    Mientras Lau le penetraba la vagina, yo le daba por atrás. Sofi gritaba de dolor pero pedía más.

    Sofi sufría nuestra doble penetracion pero disfrutaba.

    Sofi: profe, quiero repetir este delicioso curso

    Lau: yo también, Sofi te quiero de compañera para cogerte así.

    Yo: voy a darles mi leche para que lo disfruten entre Uds.

    Quite a Lau y le di toda mi Leche en la boca, luego se dirigió a Sofi y se besaron mientras compartían mi lechita hasta quedar satisfechas

    Yo: ok, ahí tiene pizza y cervezas. Relájense para continuar.

    Solo dire que lo que sigue fue al aire libre y con público. Espero que les guste. Hasta pronto.

  • El vigilante del condominio

    El vigilante del condominio

    Desde el inicio de la pandemia, en todo el país se dieron varias restricciones en muchos sentidos, inmovilización obligatoria al inicio, no se podían hacer reuniones, estuvieron prohibidas muchas cosas, sin embargo poco a poco las cosas se fueron liberando, incluso ya se permiten los conciertos, discotecas, entre otros, con ciertas medidas. Esto es algo que aún no se levanta en el condominio donde vive Tania, ya que tiene una directiva muy estricta que no permitía visitas, cerraba las rejas entre otras restricciones. Naturalmente yo tampoco podía entrar a visitarla durante todo ese tiempo por lo que nos teníamos que ver fuera, a veces en mi casa o en algún sitio aunque muchas cosas estaban cerradas.

    Luego de un tiempo, ciertas restricciones se fueron flexibilizando, aunque no del todo, pero felizmente permitieron que cada departamento diera una lista breve de unas cuantas personas más cercanas que sí pudieran ingresar al condominio y que se actualizaba una vez por mes. Por otro lado, hay ciertas restricciones que aún no levantan y es que han prohibido al personal de seguridad de la entrada a que reciban cualquier tipo de paquetes que se tengan que dejar, es decir, que si el propietario no está o no puede salir, no va a poder recibir lo que haya llegado.

    Este último tema se volvió un problema, cuando los vigilantes no recibieron un sobre con una carta muy importante que debía recibir Tania dirigida por su universidad, pero lamentablemente en ese momento Tania no se encontraba, en ese instante el mensajero llamó a Tania y ella conversó por esa vía con el portero, quien de manera muy déspota y malhumorada le dijo a Tania que ella ya sabía que no se puede recibir nada en portería y que lamentablemente esta no iba a ser la excepción, Tania estaba iracunda.

    Cuando Tania llegó al condominio se armó una fuerte discusión entre ella y el portero:

    -Buenas tardes señor, ¿por qué no pudo hacerme el favor de recibir el sobre? era solo un simple sobre, no le iba a ocupar nada de espacio! -exclamó Tania.

    -Disculpa pero tú sabes muy bien que no podemos recibir nada, hemos recibido una indicación expresa y muy clara con esa directriz y ustedes también lo conocen. -dijo tranquilo el confianzudo portero.

    -No puedo creer que sean tan incompetentes! Por un simple sobre podrían haber hecho una excepción. -dijo Tania muy molesta, mientras se iba.

    Mientras Tania se alejaba, el portero solo se quedó mirándole la cola a Tania y susurró algo, pero ella no llegó a escuchar.

    La relación entre Tania y el portero se volvió muy tensa desde entonces, ella no le dirigía la palabra y él por el contrario, la saludaba y le abría la puerta haciéndole cumplidos de forma bastante sarcástica. El portero se llama Rafael, un joven de aproximadamente unos treinta y cinco años que llevaba ya un tiempo trabajando en la portería del condominio. Él trabaja de forma fija y una vez por semana va un reemplazo para que Rafael pueda descansar ese día.

    Tania ya me había contado de este impase, pero sinceramente no le había dado mucho interés al tema, hasta que un buen día pude presenciar una escena que me encendió algunas ideas. Había llegado yo a la puerta del condominio donde vive Tania y pedí por favor ingresar, sin embargo Rafael, no me dejó pasar y me explicó que le habían dado una nueva lista y que yo no estaba ahí. En ese momento llamé a Tania y le comenté lo que había pasado, de más está decir que bajó furiosa a reclamarle a Rafael.

    -Señor, ¿como que José no está en la lista? -reclamó airada Tania.

    -Puedes revisar si gustas, no figura su nombre. -dijo Rafael, señalando un tablero dentro de su cubículo.

    Tania tuvo que inclinarse hacia adelante para poder leer la lista, desde luego Rafael no perdió ninguna oportunidad para mirarle el culo a Tania, y yo también lo noté.

    -Debe haber algún error, ¡esta no es la lista que yo envié! -reclamó Tania.

    -Yo cumplo con mi trabajo, esta es la lista que yo tengo, si gustas puedes reclamar a la directiva del condominio. -dijo Rafael muy calmado.

    Tania me pidió por favor esperar y se fue refunfuñando a buscar al presidente del condominio. Mientras tanto yo me quedé fuera esperando y Rafael, que había interrumpido una conversación con el jardinero, continuó.

    -Bueno, son gajes del oficio. -le dijo Rafael al jardinero.

    -Si, es algo con lo que se tiene que vivir para poder trabajar. -le respondió el jardinero.

    -Bueno… ¿en dónde me quedé? ah sí, entonces me llamó mi supervisor para que este fin de semana pueda cubrir el turno del sábado al otro portero, ya que no se encuentra bien y no va a poder venir, yo le dije que no tendría problema, siempre que me paguen todos los gastos adicionales, y me dijo que me alojaría las dos noches en el hotel que hay a la vuelta… -narraba el portero.

    En ese momento, yo imaginé una situación muy excitante y supe que debía aprovecharla, empecé a crear mi plan maquiavélico, cuando Tania llegó, acompañada del presidente del condominio, quien se disculpó ya que por error había entregado una lista que no correspondía, en la nueva figuraba mi nombre y finalmente pude pasar.

    Llegado el viernes, sabía que era la primera noche que el portero estaría alojado en el hotel, ese día fui a ver a Tania, pero le dije que tenía algunos temas que hacer y me debía ir temprano, lo que hice en realidad fue esperar a Rafael. Tuve que esperar cerca de dos horas, hasta que por fin salió, y lo pude ver caminando hacia el hotel, lo seguí hasta la entrada, fue ahí donde tuve que esperar a que él entrase y se alejara de la puerta de ingreso para recién poder entrar, me quedé ligeramente escondido en el lobby del hotel viendo todos sus movimientos. Esperé a que terminara de registrarse y pude distinguir más o menos de que casillero sacaban la llave del cuarto de Rafael, una vez que él subió por el ascensor yo ingresé a la recepción.

    -Buenas noches, quisiera dos noches en una habitación. -le dije a la recepcionista, mientras identificaba el casillero de donde habían sacado la llave del cuarto de Rafael, que era el 503.

    -Buenas noches señor, ¿desea algún tipo de habitación en particular?, tenemos algunas promociones… -comentaba la recepcionista.

    -No, disculpe que la interrumpa, pero ya he venido antes y me quisiera quedar en la habitación 504, esa habitación es cómoda para mi. -le dije a la recepcionista.

    La recepcionista me miró un poco intrigada, pero finalmente me dijo:

    -Claro señor no hay problema, esta sería su tarifa total por las dos noches. -dijo ella.

    Yo recibí el ticket y acepté, me dieron la llave del casillero y subí a la habitación, la cual era bastante cómoda a decir verdad, fue en ese momento donde se empezó a sentir olor a cigarro y pude escuchar a Rafael hablar por teléfono con algún amigo aparentemente. Estaba en la ventana de su habitación, la cual tenía vista a la calle y se notaba claramente que él estaba ahí, me quedé más tranquilo, pensando la siguiente etapa de mi plan.

    Esa misma noche conversé con Tania, estaba un poco fastidiada porque me había ido temprano, pero le dije que se lo recompensaría, a cambio de haber salido temprano, le dije que tendría una noche de pasión el siguiente día, ella muy emocionada estuvo de acuerdo, pero le pedí algo, le dije que tenía que ir con un pequeño vestido rojo que le regalé alguna vez y que le queda espectacular, extremadamente sexy y muy sugerente, ella estuvo de acuerdo también.

    Yo me quedé toda la noche y todo el día siguiente en la habitación, no salí para nada, para poder estar pendiente de cualquier movimiento, incluso muy temprano escuché a Rafael saliendo a trabajar. Durante el día coordiné con Tania, le conté donde estaba alojado, y le dije que le iba a avisar la hora en la que estuviera ahí para que me diera el encuentro. Yo esperé a que llegara Rafael de trabajar y lo sintiera en el cuarto del costado, y así fue. Una vez que llegó Rafael llamé a Tania y le dije que viniera, esperaba que el plan resultase.

    Luego de un rato, Tania me llamó y me dijo que estaba en el lobby del hotel, entonces le dije que espere y no cuelgue, que iba a llamar a la recepción para pedirle que la dejen pasar. Entonces llamé a la recepcionista.

    -Aló, buenas noches, recepción. -atendió la recepcionista.

    -Buenas noches señorita, ha venido mi novia a verme, está ahí parada en el lobby con un vestido rojo. -le dije.

    -Ah… su novia…, si acá la veo, cuál es su nombre para corroborar? -dijo la recepcionista.

    -Se llama Tania, por favor que ingrese. -le reiteré.

    -¿Señorita Tania? -le preguntó la recepcionista.

    -Si, buenas noches. -respondió Tania.

    -Ok. puede pasar señorita… ¿señor? ya la dejé pasar. -me dijo la recepcionista.

    -Listo muy amable. -y colgué la llamada con ella.

    -Ya puedes pasar -le dije a Tania- estoy en la habitación 503.

    -Ok listo, prepárate, voy para allá. -dijo Tania, y colgó.

    ¿Preparate? Prepárate tú, dije para mi mismo. Tenía el corazón latiendo a mil, estaba super excitado y preparándome para lo que se venía, hacía ya un tiempo que no hacía estas travesuras y de verdad me sentía como si fuera la primera vez. Entonces sentí que las puertas del ascensor se abrían y a medida que el sonido de los tacos aguja se hacían cada vez más fuertes, de igual forma mi corazón se aceleraba cada vez más, de pronto sentí que se detuvo y tocó la puerta tres veces, pero naturalmente no era mi puerta.

    Tania estaba parada en la puerta, era una putita, con ese vestido rojo alicrado, pegado al cuerpo, resaltando el tremendo culo que tiene, con unos tacos gigantes, se había cepillado el cabello y lo tenía liso, brillante y hermoso, recién se había bañado y perfumado, olía delicioso, tenía la piel suave, los labios pintados de un rojo que hacía juego con su vestido, su maquillaje hacía pensar que era una especie de anfitriona, muy hermosa, se había puesto uñas postizas en las manos, alargadas, que le daban un aspecto de putita espectacular y sus pies estaban hermosos, con las uñas pintadas y se veían super sexys en esos tacones.

    Había pasado cerca de un minuto y Tania volvió a tocar tres veces más la puerta, y de pronto se abrió haciendo un chirrido propio de la falta de aceite, hubo un silencio sepulcral, los dos estaban en shock, ella porque no pensó en ningún momento que le iba a tender esa trampa y él porque tenía adelante a la mujer que lo había estado fastidiando las últimas semanas, vestida como una puta justo frente a él, el silencio se prolongó por varios segundos hasta que Rafael tomó la iniciativa y la jaló del brazo haciéndola entrar, entonces se escuchó que la puerta se cerraba estrepitosamente.

    -¿Qué haces aquí? -atinó a preguntar Tania.

    -¿Todavía te haces la tonta? Ya sabía que eras una perrita. -dijo Rafael, que no paraba de mirarla de arriba a abajo.

    Tania seguía en shock, no se esperaba esto.

    Rafael estaba tomando un poco de ron que tenía en una botella pequeña.

    -¿Me invitas…? -atinó a preguntar Tania mientras señalaba la botella.

    -Claro, sírvete, ahí tienes el vaso. -respondió Rafael mientras se sentaba al borde de la cama.

    Tania cogió el vaso y se sirvió un poco de ron, miró a su alrededor buscando una gaseosa para mezclar, pero no encontró nada, se sirvió un poco más y de un golpe se secó el trago, preparándose para lo que se venía.

    Tania dejó su cartera en una silla y se acercó a Rafel sin decir ninguna palabra. Rafael se paró y empezó a caminar alrededor de Tania, como un león saboreando a su presa antes de devorarla. Lo primero que hizo fue acercarse a su cuello y olerla.

    -Uhmm… huele a perfume caro, perfume de puta cara. -dijo Rafael

    Tania estaba inmóvil. Rafael, que seguía pegado a su cuello, empezó a recorrer a Tania con sus manos, primero le acarició el rostro, luego enredó ligeramente sus dedos en el cabello de Tania, luego fue bajando por sus hombros, le cogió las tetas por un momento y siguió bajando por su abdomen y su cintura hasta llegar a las caderas, en ese momento Rafael se sentó nuevamente en la cama y metiendo sus dos manos por debajo del vestido de Tania, cogió el hilo que llevaba puesto y se lo empezó a bajar lentamente hasta que cayó al piso, Tania se hizo a un lado y Rafael lo recogió, se lo acercó al rostro y le dió una profunda olida.

    -Quítame la ropa. -ordenó Rafael, quien aún estaba con su uniforme de vigilante…

    Tania se quedó inmóvil unos segundos pero luego obedeció, primero le terminó de desabotonar la camisa que ya estaba entreabierta y se la quitó, luego se arrodilló en el piso y se sacó los zapatos y las medias y los puso a un lado, y finalmente le sacó la correa, desabotonó el pantalón y le bajó el cierre. Rafael estaba apoyado hacia atrás, relajado, pero excitado en demasía.

    -Ya sabes que hacer, perrita.- dijo Rafael.

    Tania le bajó el pantalón a Rafael dejando libre la verga del vigilante, terminó de sacarle el pantalón y lo dejó a un costado, se hizo el cabello para un lado y cogió la verga firmemente con su mano derecha y empezó a mamar, como solo ella lo sabe hacer.

    Mientras esto pasaba, yo abrí lentamente la puerta de mi habitación y me acerque a la puerta del costado, aún se podía oler el perfume de Tania, pegué mi oído a la puerta y pude escuchar a Rafael disfrutando de la mamada que le estaba dando Tania, y también el sonido que hacia Tania con la boca al chuparle la verga a Rafael, yo estaba en mi clímax, pero debía ser paciente, así que volví a entrar en mi habitación.

    Tanía estuvo de rodillas mamando por un buen rato, hasta que Rafael le jaló el cabello para que se detuviera.

    -Sírvete más ron. -le ordenó Rafael.

    Tania se sirvió un trago y tomó de golpe, luego se sirvió uno más y repitió. Se acercó nuevamente a Rafael quien estaba de pie esperándola. Rafael la cogió del cabello fuertemente y la jaló hasta la cama, donde la puso en cuatro, Tania con amplia experiencia, puso su cara en la cama y levantó la cola.

    -Eres una perra bien amaestrada, ya sabías que hacer. -decía Rafael mientras se acercaba a ella.

    Rafael le terminó de levantar un poco más el vestido y se preparó para la acción. Sacó un gran escupitajo directo al culo de Tania, le pasó el dedo rápidamente y sin mayor reparo, le metió la verga por el culo.

    -¿Así que te crees más que yo verdad? ¿Crees que soy tu sirviente? Hace tiempo te quería romper el culo como la perrita que eres. -decía Rafael mientras le daba sin piedad a Tania.

    Tanía gemía, gritaba y se sujetaba fuertemente a las sábanas, le dolía, pero también lo disfrutaba, estaba muy excitada y cada cierto rato volteaba a mirarle la cara a Rafael mientras la seguía partiendo.

    Al cabo de un rato, Rafael se detuvo e hizo que Tania se pare, le quitó el vestido y lo tiró a un lado. Rafael se echó en la cama boca arriba.

    -Ven, ponte encima mío, quiero que me muevas ese culote que tienes. -ordenó Rafael.

    Tania obedeció y se puso encima de Rafael, ella misma le cogió la verga y se la acomodó para que se la pueda meter.

    -Quiero que tu me beses perrita.- dijo Rafael.

    Tania nuevamente obedeció, lo empezó a besar en la boca mientras lentamente empezaba a mover el culo para que la verga de Rafael entre y salga. Tania estaba muy mojada y la verga le resbalaba por dentro. Tania gemía.

    -¿Te gusta perrita? -preguntó Rafael.

    -Me encanta… -gemía Tania.

    -Háblame más, putita. -susurró Rafael.

    -Hoy yo soy tu putita…-seguía gimiendo Tania -quiero que me llenes de tu lechecita.

    -Así será perrita, te voy a dejar bien embarrada de leche. -dijo Rafael.

    Tania empezó a mover el culo más rápido mientras Rafael la tenía sujetada de las nalgas acompañando el movimiento. Tania puso su cuerpo a un costado mientras se seguía moviendo, para que Rafael pueda ver como rebotaba el culo que se estaba comiendo. En ese momento Rafael la sujetó con más fuerza y le empezó a dar más duro, hasta que Tania sintió el latir de la verga de Rafael, quien la llenó de leche completamente.

    -Ahh… -gimió Rafael- putita, límpiame con tu boca lo que me quede de leche en la verga, y te la tragas, luego te vas a bañar.

    Tania obedeció, le pasó la lengua hasta la última gota, se tragó todo y luego se fue a la ducha. Cuando Tania salió del baño, con la toalla amarrada al cuerpo, encontró a Rafael revisando su cartera.

    -¡¿Qué haces?! -exclamó Tania.

    -Eres más perrita de lo que pensaba… -dijo Rafael riendo mientras sacaba algo de la cartera de Tania.

    Era un disfraz de presa, que consistía en un top y una mini blancos de rayas negras, también un pequeño gorro rayado y unas panties negras largas, como accesorio venía con unas esposas.

    -Te lo pones de una vez -ordenó Rafael, mientras le quitaba la toalla de encima a Tania.

    Tania solo lo miró, pero no le quedó otra alternativa que ponerse el disfraz.

    Rafael la miraba de arriba a abajo, disfrutando cada detalle de Tania y su disfraz. Le hizo una seña a Tania para que se sirviera más ron y ella gustosa aceptó y se sirvió. Al mismo tiempo, Rafael llamó al servicio a la habitación para pedir más trago, seguro que iba a ser una noche larga.

    Tania, ya con todo el disfraz puesto, estaba un poco mareada, no había dejado de tomar ron, a pesar de que ya lo estaba tomando mezclado con gaseosa se estaba excediendo.

    -Y cuantos años tienes Tania -conversaba Rafael.

    -¿Cuántos crees que tengo? -respondió Tania, coqueteando.

    -No lo sé, ¿unos treinta? -preguntó intrigado Rafael.

    -Casi, tengo veintisiete añitos… -respondió Tania, cada vez más coqueta.

    -¿Y cuantos crees que tengo yo? -preguntó Rafael.

    -Uhmmm, bueno yo creo que tienes unos treinta y cinco. -dijo Tania.

    -Treinta y siete, exactamente diez años más que tú. -dijo Rafael.

    Estaban sentados al borde de la cama, tomando unos sorbos de sus tragos mientras Rafael pasaba su mano por la espalda de Tania hasta llegar a la cola, luego pasó sus manos por las piernas de Tania, y ella lentamente las fue abriendo, Rafael le metió la mano en la vagina y la pudo sentir mojadita.

    -Parece que estás lista para ser castigada y pagar las penas por tus delitos. -dijo muy excitado Rafael.

    Tania le agarró la verga por encima del buzo que llevaba puesto Rafael y le dijo:

    -Soy tu puta… -susurró Tania.

    -Voltéate. -ordenó Rafael.

    Tania obedeció, y Rafael le puso las esposas, la sujetó de las muñecas y la tiró a la cama. Tania cayó boca abajo y con el culo al aire. Rafael no desaprovechó la oportunidad, hizo que Tania se apoye en sus rodillas y levantara la cola, Rafael le comió el culo. Le pasó la lengua por todos lados, la tenía sujeta de las caderas y no la soltaba por nada, por ratos le mordía el culo, Tania intentaba zafarse pero no podía. Rafael estaba fuera de sí.

    Rafael se levantó y se dispuso a partirle el culo, Tania, aún esposada se estrujaba de dolor, pero al mismo tiempo de placer a medida que Rafael se la metía cada vez con mayor intensidad, no tenía ninguna compasión y mientras Tania más gritaba, Rafael más se excitaba y aceleraba cada vez más. Hasta que finalmente, el culo de Tania sirvió de depósito de semen, Rafael le dejó hasta la última gota adentro.

    Tania se levantó temblando de dolor y solo entonces, Rafael se apiadó de ella y la liberó de las esposas. Tania se fue al baño a ducharse nuevamente siguiendo la orden de Rafael, mientras que él prendió un cigarro en la ventana.

    Al salir del baño, Tania vio a Rafael ya metido en la cama.

    -Ven perrita, hoy vas a dormir conmigo. -ordenó Rafael.

    Tania no dijo más, obedeció y se metió a la cama, estaba agotada y se quedó dormida finalmente. Y yo, al no escuchar más bulla al costado, también fui vencido por el cansancio.

    A la mañana siguiente, Tania se despertó temprano con la alarma de Rafael, él ya se estaba vistiendo con su uniforme para ir a trabajar al condominio.

    -Vístete de una vez, tenemos que irnos. -dijo Rafael acomodándose la corbata.

    -¿A dónde vamos a ir? -preguntó Tania, aún un poco somnolienta.

    -¿Cómo que a donde? al condominio, a donde más. -respondió Rafael impaciente.

    -Pero, no me pueden ver llegar así y contigo… -susurró Tania.

    Rafael volteó y caminó hacia Tania.

    -Claro que te van a ver volver así, como la perrita que eres, y te van a ver volver conmigo. -sentenció Rafael tomando del rostro a Tania.

    Rafael la acarició y luego la cogió del pelo, con la otra mano se sacó la verga, ya erecta, y Tania no tuvo más opción que mamársela, y no paró hasta que Rafael se vino.

    -Tómate todo. -ordenó Rafael.

    Tania obedeció gustosa, se tomó toda su leche.

    -Ya ves, hasta te invité el desayuno. -bromeó Rafael acomodándose el uniforme nuevamente.

    Tania se vistió y se puso el vestido nuevamente, sus tacos y alistó su cartera.

    Yo estaba en mi habitación listo para lo que se viniera, fue entonces cuando escuché la puerta abrirse y los tacos de Tania, pero también los pasos de Rafael, sabía que habían salido juntos de la habitación, esperé un rato prudente y salí también.

    Al bajar, esperé en las escaleras mientras terminaban el check out de la habitación, cuando salieron del hotel, hice lo propio en la recepción.

    De lejos y muy disimuladamente, los seguí hacia el condominio, el hotel estaba solo a unas cuantas cuadras por lo que fueron caminando, podía observar todas las miradas e incluso algunas palabras subidas de tono que le gritaban a Tania y mientras tanto Rafael sacaba pecho y le agarraba el culo a Tania, haciendo alarde del culo que horas antes había partido y llenado de leche.

    Finalmente llegaron al condominio, en la recepción estaba el vigilante del turno anterior esperando a Rafael, un poco molesto por su demora, y cerca se encontraba el jardinero quien observó toda la situación. Se abrió la reja y Tania entró un poco avergonzada, detrás suyo Rafael. En ese momento, Rafael le cogió el culo a Tania y se lo apretó, Tania se sobresaltó pero siguió caminando hacia su casa ruborizada.

    Rafael se quedó en su cubículo ante el asombro del relevo y el jardinero, quienes boquiabiertos se le acercaron a preguntar que había sido eso. Fue entonces cuando aparecí, haciéndome el desentendido naturalmente, saludé y pedí que me permitieran ingresar. Rafael me miró y se sonrió.

    -Déjalo pasar. -le dijo Rafael a su relevo.

    Se abrió la reja e ingresé.

    -Solo les puedo decir que ese culo te deja sin leche en instantes. -escuché decir a Rafael, mientras me iba alejando.

    Noté como los tres me miraban y se reían, lo que no sabían era que todo fue mi plan.

    Cuando llegué al departamento de Tania, ella seguía con el vestido puesto, me estaba esperando. Pasó lo que tenía que pasar…

  • La dicotomía del si y del no en nuestra relación

    La dicotomía del si y del no en nuestra relación

    Desconozco razones, motivos, en mi cabeza se agolpan las interrogaciones que suscita nuestra relación. 

    Se lo tengo que decir, pero como… venga Moni tienes que decírselo, dile como te sientes, dile las preguntas que desde hace un año te haces a ti misma.

    Carlos, ¿qué soy yo para ti?, ¿esto es un juego?, ¿no lo es?, dime, ¿qué soy yo para ti?, ¿solo un cuerpo bonito?, ¿una cara bonita?, ¿un entretenimiento?, si, no, quizás, tal vez.

    Aquella tarde, entrenaba delante del espejo aquellas preguntas, quería irme a la cama teniendo todas las respuestas que Carlos me ocultaba desde hacía tiempo, pensaba que mi relación con él me estaba costando mi salud mental, ¿veía fantasmas donde no los había?, ¿casualidades quizás?, ¿a dónde nos llevaba aquella relación?, ¿la había?

    Era mi cumpleaños y me habías invitado a cenar a uno de esos restaurantes que simplemente te cobran por respirar, aunque reconozco que merece la pena, sobre todo si pagas tú. Sí, era mi cumpleaños y no había reparado en gastos por gustarte, el vestido rojo que te encantaba y que únicamente me lo había puesto en la boda de mi mejor amiga, la peluquería, la manicura, la ropa interior a juego, el precio, mejor no decir la cuantía y el resto evidentemente no se podía valorar, maquillaje, y horas en casa solo dedicada a mirarme en el espejo para gustarle y aun así y con todo eso durante la velada el mismo pensamiento, a donde vamos, a donde nos lleva esto, realmente te gusto, realmente me quieres o solo soy un buen polvo de vez en cuando.

    Realmente Carlos está guapísimo, digamos que hay hombres guapos, hombres atractivos y luego hay hombres como Carlos, un espécimen de hombre del que todas las mujeres deberíamos escapar y de la que no podemos o no queremos. La conversación fluía en torno a nosotros dos, una vez más me desconcertaba con todo lo que me contaba, una vez más apretaba la servilleta entre mis manos para tener la fuerza suficiente para decirle cómo me sentía, como me hacía sentir, Carlos no paraba de decirme lo guapa que estaba, lo bien que me quedaba aquel vestido, la figura que me hacía, experto en hacerme sentir bien, experto en hacer que extendiera mi mano para que me la cogiera, experto en ablandarme para permitir que subiera a mi casa y allí firmar las condiciones de mi rendición… una vez más.

    La una de la mañana y silencio del portal magnificaba cualquier ruido, incluido los beso que Carlos dejaba en mi piel apartando mi melena y depositándolos uno tras otro en mi cuello, una vez más atisbaba una noche de sexo genial, pero esperaba que aquella noche por lo menos se quedara atrapado entre mis sabanas y que nos despertara el alba, para ser sincera pocas veces había ocurrido, pero deseaba que ocurriera y que significara el comienzo de algo, algo que yo pensaba que teníamos desde hacía ya tiempo.

    El ascensor se paró en la novena planta abriéndose las puertas y un pasillo oscuro se mostraba ante nosotros, pero antes de empezar a descubrirlo las luces cegadoras del ascensor nos iluminaban abrazados, besándonos, tu cuerpo se pegaba al mío, podía sentir el bulto de tu pantalón frotándose contra mi vestido, empujándome hacia las paredes del ascensor y soportando en mi espalda desnuda el frío cristal del espejo, tus manos esculpen el contorno de mi figura con tu mano derecha colándose por la abertura lateral de mi vestido, acariciando mi tanga y apretando mi vulva, tus labios humedecen mis hombros desnudos y frente a mí me descubro en el espejo mordiéndome el labio inferior color carmín deseando que no pararas.

    El clic del cierre de las puertas sonó dos veces antes de que saliéramos y que encendiéramos que nos iban iluminando a cada paso, a cada parada restregando nuestros cuerpos por las paredes, mis labios dejaban en tu piel la huella de mis labios hasta que de mi bolso diminuto busco con ansia las llaves de mi casa y una vez en mi mano penetro con ella la cerradura de mi puerta para abrirla, pensando que eso mismo quería que tú hicieras conmigo, abrir la puerta de mi cuerpo penetrando con su llave mi cerradura, una cerradura que está en estos momentos debidamente engrasada para que la pudieras meter sin problema de atasco y, sin embargo, algo saltó en mi cabeza, un clic, como el sonido del ascensor al cerrar la puerta, un clic que dejó salir de mi boca las primeras palabras que te dije desde que nos dejó el Uber en la puerta de mi casa.

    —Carlos, espera…

    —Dime Moni, que pasa.

    —Carlos, para un momento… quiero decirte…

    Carlos seguía llenando de besos mi cuello y mis labios, a duras penas avanzaba mientras que las caricias eran más exageradas, con más intensidad, sintiendo como tu mano por debajo de mi falda apartaba a un lado la tela de mi tanga con tus dedos, los primeros jadeos, los primeros gemidos hicieron que tirara el bolso en el suelo de cualquier pasillo de camino a mi habitación cuando mis brazos te rodearon por el cuello buscando su boca y uniendo mi lengua dentro de ti. Tan solo unos faroles de la terraza encendidos y la poca luz de la luna que entraba por la puerta acristalada evitaban una total oscuridad en la habitación que vivía en la penumbra y mostraba una escena tórrida e íntima, me veía reflejada en el cristal de la puerta, los dos besándonos, alimentando con pasión las ganas que teníamos el uno del otro, nuestros cuerpos unidos sin que hubiera grieta alguna entre ellos, salvo por la separación de la ropa que llevábamos y que hacía de barrera con nuestra piel y una vez más… ese clic en mi cabeza que me hizo parar, y que me diera la vuelta dándote la espalda de cara a la puerta acristalada mirando a la oscura noche.

    —Para… Carlos para…

    Y tú no parabas, mi perfume te atraía, el olor de mi sexo despertaba en ti las más bajas pasiones, mi piel era miel para tus labios y el reflejo del cristal me enseñaba donde yo era un mero juguete entre tus manos, un juguete que dibujaba el placer en su cara, mi vestido rojo aun con las dos tiras que lo sujetaban sobre mis hombros y detrás de mí…tú, saboreando mi cuello y agarrando y apretando con firmeza mis pechos con tus manos por encima del vestido y no dejabas de pronunciar mi nombre.

    —Moni, Moni…

    Y no paraste… y yo no quise decir nada, me había contagiado de esa pasión que atesorabas, que envolvía mi cuerpo de besos y caricias, los pensamientos de mi cabeza volvieron a meterse en un cajón olvidado, los dos deseábamos que aquella escena se convirtiera en algo más, en algo donde la ropa ya sobrara, donde las miradas dijeran si quiero y que me hicieras tuya una vez más.

    Nuestras miradas se encontraron en el reflejo del cristal, me mirabas fijamente a la vez que tus manos acariciaban mis brazos de arriba abajo casi sin rozarme, mi piel se erizaba al paso de las yemas de tus dedos que no paraban de subir y bajar, solo me mirabas a través del cristal y yo me fijaba como bajabas la cremallera de mi vestido por un lateral dejando la piel del mi costado desnuda, luego con tus manos en mis hombros ibas desplazando los pequeños tirantes hasta que cayeron por mis brazos, me sentía paralizada por tus caricias y tus besos, inmóvil, no conseguía decir ni hacer nada, solo observaba como poco a poco me ibas desnudando, como despacio tirabas de mi vestido hacia abajo hasta que este cayó al suelo rodeando mis zapatos de tacón y otra vez tus manos… otra vez tus dedos bajaban y subían haciendo surcos en mi piel casi sin rozarme, tatuándome con las yemas de tus dedos y marcando un territorio que ya te pertenecía mientras tus labios humedecían mis hombros y antes de que cerrara los ojos veía el reflejo inmóvil de mi cuerpo en el cristal como el de una muñeca que lleva tan solo un sujetador negro de encaje, un tanga a juego y las medias de liga del mismo color que subían hasta cubrir los muslos, una muñeca que se alzaba sobre unos zapatos de tacón de 7 centímetros y rodeándolos un vestido rojo arremolinado sobre ellos.

    Quizás el verme allí delante del cristal y a pesar de sentirte detrás de mí besándome y acariciando mi cuerpo, quizás el verme allí…en la misma postura y con la misma ropa sobre mi cuerpo, volvía a sacar del cajón olvidado todo lo que te quería decir, volví a verme como me entrenaba delante del espejo para decirle todo lo que sentía y empecé a recordar como recitaba la carta delante del espejo que te había escrito no hacía ni dos días atrás, pero que nunca te llegué a enviar y que decía.

    «Carlos, a veces estoy sinceramente desconcertada contigo. En realidad, hace ya más de un año que vivo este desconcierto.

    Desconozco las razones o los motivos que te llevaron y te llevan a generarme tantos signos de interrogación.

    Por lo general, concluyo que todo se debe a un cúmulo de casualidades… pero ¿existen tales? Pregunto.

    Cuando la razón se separa de la intuición, si es que alguna vez van juntas, en mi caso desde luego que no, surge esta dicotomía: casualidades si, casualidades no; casualidades no causalidades sí.

    ¿Es un juego? ¿Nació al azar, por tanto, y se mantiene vivo por la adrenalina que genera el mero hecho de jugarlo? Chi lo sa.

    Me dijo una persona sabia una vez que… antes de nacer pactamos con quien vamos a relacionarnos en nuestra vida… Yo que soy reacia a creer en tantísimas cosas, estoy empezando a pensar que si, que es posible que en el momento de ese pacto yo estuviera lo suficientemente ebria como para dar el visto bueno a una relación, bueno a esta relación no relación, a esta conexión cuasi inexistente contigo.

    ¿Se podrá cancelar este pacto preexistente sin que por ello se altere el ecosistema?

    Ya sé que es una completa locura lo que digo, pero es que vivir en la incertidumbre colmada de señales tampoco es de recibo.

    Y concluyo diciéndote que, si no quieres ni estás dispuesto a resolver este galimatías… por el bien de la humanidad de la que formo parte, ya deja de jugar al enigmático… Te lo pido con mucho respeto y con mucho amor (que no te lo estás mereciendo, pero soy así de magnánima).

    Y en honor exclusivamente a mí, va un beso para ti en todos los morros.

    Moni»

    De pronto me vi moviendo los labios y de mi boca salían las palabras que te hicieron parar, la imaginación voló y se convirtió en realidad rompiendo la magia que nos rodeaba, Me mirabas extrañado, pero atendiendo a todas las palabras que salían de mis labios y en silencio, después de dejar de besarme y acariciarme, me mirabas fijamente con sus brazos abrazándome por la cintura, esperando a que terminara de hablar.

    —Carlos, a veces estoy sinceramente desconcertada contigo.

    Desconozco las razones o los motivos que te llevaron y te llevan a generarme tantos signos de interrogación.

    Todo se debe a un cúmulo de casualidades… ¿Existen tales? Pregunto…

    Cuando la razón se separa de la intuición, surge esta dicotomía: casualidades si, casualidades no; casualidades no, causalidades sí.

    ¿Es un juego? ¿Se mantiene vivo por la adrenalina que genera el mero hecho de jugarlo?

    ¿Antes de nacer pactamos con quien vamos a relacionarnos en nuestra vida?… Yo, que soy reacia a creer en tantísimas cosas y lo sabes, empiezo a pensar que si, que es posible dar el visto bueno a una relación, bueno a esta relación no relación, a esta conexión cuasi inexistente contigo.

    ¿Podemos cancelar este pacto preexistente?

    Ya sé que es una completa locura lo que digo, pero es que vivir en la incertidumbre…

    Si no quieres ni estás dispuesto a resolver este galimatías… ya deja de jugar al enigmático… Te lo pido con mucho respeto y con mucho amor.

    No era como lo había escrito, no era lo que tenía en mi mente, pero había salido de lo más profundo de mi corazón, no obtuve respuesta por su parte, pero si de mi misma, ya que me preguntaba ¿qué cojones estás diciendo?, pero qué narices había hecho, había roto la magia del momento, te veía con la ceja levantada como diciendo… ¿A qué viene todo esto nena? Mi cara debía ser un poema, esa que a veces pones cuando dices algo inapropiado sin pensar, simplemente te encomiendas a los dioses y lo sueltas, incluso sin encomendarme a dioses ni a nada, lo sueltas y una vez soltado te das cuenta de lo que has hecho y solo piensas en “tierra trágame”, pues eso me ocurría a mí en esos momentos, allí delante de la puerta acristalada de mi habitación semidesnuda con un hombre al que amaba detrás de mí mirándome incrédulo. Pero gracias a Zeus, Afrodita y tantos dioses a los que rece en esa milésima de segundo, te agachaste un poco cogiéndome de las piernas con un brazo y sujetando mi espalda con el otro y me levantaste, mirándome sin decirme nada, sonríes, me besas en los labios y de tres pasos te plantas al borde de la cama soltándome suavemente sobre ella.

    Me senté cruzando mis piernas como si fuera hacer yoga en medio de la cama mirándote aun con algo de vergüenza por haberte soltado aquella perorata en medio de una escena tan erótica como la que estábamos teniendo, te miraba excitada quitarte la camisa, luego el pantalón y luego mirándome fijamente te quitas los calzoncillos liberando aquella tremenda herramienta que había crecido entre tus piernas y que yo deseaba tanto, en esos momentos notaba una vez más como las mariposas crecían en mi vientre, notaba como mi tanga se había humedecido, note la presión de tus rodillas al subirte al colchón, de rodillas en la cama avanzabas despacio hacia mí y te sentaste con las piernas abiertas, tus manos desataron el nudo de las mías y me acercaste a ti abriendo y subiendo mis piernas sobre tus muslos, podía sentir los pequeños golpes de tu pene en mi vientre por encima de la tele de mi tanga, ni una palabra, como si no me hubieras escuchado, continuaste con tus caricias acercándote a mí y besándome en los labios a la vez que con la maestría que le caracterizaba me quitabas el sujetador tapando mis pechos con la palma de tus manos, no tarde en llenar las mías con tu pene y como si fuéramos dos alfareros moldeábamos nuestros cuerpos en un torno que giraba, pero no giraba, tú me hacías a mí y yo a ti.

    Nuestros ojos en ningún momento se apartaron, no dejamos de mirarnos, al igual que nuestros labios que se devoraban continuamente sacando a bailar las lenguas que se saboreaban y saciaban el uno al otro, tus manos tornean mis pechos esculpiendo el contorno de los mismos, de mis areolas y mis pezones hinchados haciendo que mi cuerpo se estremeciera. Mis manos moldean tu pene de arriba abajo, llenando la palma de mi mano con tu glande y la otra sujetando tus testículos, apretándolos suavemente y nuestras miradas seguían sin separarse, haciéndose el amor.

    Notaba en mi interior un mar de fluidos, estaba tan excitada que necesitaba que dieras un paso más, pero estabas abstraído con mis masajes en su pene, con nuestros besos y con mis pechos que como si se te fueran a escapar no los soltabas y apretabas saboreando mis pezones con tu lengua, así que tome la iniciativa y acerque tu pene a la entrada de mi vagina tapada por la tela mojada de mi tanga, aparte un poco el trozo de tela y acerque su glande metiéndolo entre mis labios que se iban abriendo a su paso hasta que penetro dentro de mí unos pocos centímetros, los justos para que los dos sintiéramos el placer y soltáramos un pequeño gemido entre nuestros labios que seguían alimentándose el uno del otro, Un pequeño empujón con tu pelvis y tu glande penetro aún más dentro de mí, mi cuerpo tembló de placer y abrazándote por la espalda me acerque más a ti metiéndome casi en su totalidad tu pene soltando esta vez yo sola, un gemido que consiguió que apartara mis labios de los tuyos echando la cabeza hacia atrás con la boca abierta y cerrando con fuerza los ojos al igual que mis piernas y brazos le rodeaban con fuerza clavándote las uñas en tu espalda.

    Con pequeños movimientos con nuestras pelvis tu pene entraba y salía de mi interior, como si fuera un cuchillo calentado a fuego penetrabas dentro de mi vagina que se habría a ti envolviéndote con los jugos que ya inundaban mi interior, sacando de mí los gemidos más dulces que solamente estaba dispuesta a regalarle a ti, pequeños gritos en tu oído pidiéndote que no pararas, que me amaras, el roce interino de tu sexo en el mío, los besos intermitentes y caricias continuas de nuestras manos en las espaldas que no paraban ni un solo segundo, sentía como mi cuerpo me abandonaba y mi piel se erizaba abriendo todos mis poros, tu pene seguía navegando cada vez con más profundidad dentro de mí, pequeños empujones seguidos de una parada tocando con tu glande las paredes de mi útero, sacando pequeños gritos inaudibles, inhalaba todo el aire que mis pulmones podían mantener para exhalarlo despacio cuando sentía que su pene me acariciaba la vagina en su salida para volver a entrar y volver a experimentar esa sensación de placer que me llego a que mi cuerpo temblara y el éxtasis cerrara mis ojos.

    Tú también apartaste la mirada cerrando los ojos y con un empujón fuerte de tu pelvis penetraste tan dentro de mí que mi cuerpo empezó a convulsionar de placer, que tocara el cielo contigo dentro de mí, luego otra y otra penetración hasta que volvimos los dos abrir los ojos a la vez, a mirarnos cuando los gemidos y gritos inundaban la habitación rodeándonos, mirándonos a los ojos y sintiendo como ambos orgasmos reducían mi vagina a un mar de flujos ardientes que envolvían su pene que disparaba chorros de semen dentro de mí.

    Sin sacarme el pene de mi vagina, aun todavía sentada encima de ti, mis piernas y brazos todavía rodeando tu cuerpo, me besaste, sin dejar que nuestros labios se separan caímos hacia un lado, acariciando mi espalda las sábanas blancas, de alguna manera te quedaste entre mis piernas abiertas, nuestros cuerpos sudados se fundían piel contra piel, sentía todavía tu pene llenando mi vagina sin apenas haber modificado la dureza, apenas me miraste, acariciaste mis muslos cubiertos todavía con las medias negras y seguiste estimulando mi vagina entrando y saliendo despacio.

    —Moni… no canceles nada, no es una casualidad, no es un juego… no pretendo ser un enigma para ti… Moni…

    Te miraba con lágrimas en los ojos y te sentía entrar y salir de mi vagina, subías y bajabas sintiendo como tu cuerpo sudoroso, resbalaba sobre el mío, mis pechos se aplastaron por debajo de tu cuerpo, notaba como tu pene me penetraba con fuerza, con rapidez y como me arrancabas el tanga de un tirón rompiéndolas, las piernas abiertas con mis rodillas dobladas casi acariciando las sábanas con ellas, dejando que tus movimientos fueran tan libres como los gemidos que nuevamente inundaban la habitación y que solo…aparte de nuestros gemidos…solo se oyeran nuestros nombres llamándonos.

    —Moni…

    —Carlos…

    A las nueve de la mañana, la luz bañaba nuestros cuerpos desnudos encima de la cama… si, nuestros cuerpos…

    Quizás podría soñar con las palabras que me dirigiste aquella noche mientras me hacías el amor, quizás dejarías de ser un enigma, quizás al final no tendría que romper ningún contrato, ningún pacto que hicimos antes de nacer.

    Quizás podría soñar, si… pero ahora no, ahora únicamente quiero disfrutar de ti, hazme el amor Carlos, haciéndome el amor, con la luz del día bañando nuestros cuerpos.

  • Cogiendo con el nuevo marido de mi tía

    Cogiendo con el nuevo marido de mi tía

    El verano pasado, luego del año nuevo, fue el casamiento, segundo, de una hermana de mi madre, Cecilia, menor que mi madre. Cuarenta años muy, pero muy bien llevados. Físico espectacular, hermosa de cara. Ni por asomo alguien le daría la edad que tiene. Ella vive en otra ciudad, Mar del Plata. Rara vez la vemos. Y a mis padres se les ocurrió ir. Yo, con muy pocas ganas. El futuro novio, no lo conocíamos. Según mi tía le contó a mi madre, fue un flechazo.

    Por suerte era verano, y como algunas amigas estaban de vacaciones en esa ciudad, arregle para pasar unos días con ellas después del casamiento.

    Como llegamos sobre la hora, lo único que sabíamos del novio era que tenía su edad, empresario, excelente situación económica, y amante de los deportes náuticos. Fuimos al lugar donde se casaban y nos quedamos junto a otros invitados, esperando la llegada de los novios.

    Cuando bajaron del auto, casi me muero. Mi nuevo tío, era un adonis, les aseguro. Un metro ochenta y algo, pelo castaño claro, una cara demoníaca-angelical hermosa, y vestía un smoking tremendo. Se notaba el físico impresionante que tenía. Mi tía, también hermosa, pero los ojos se me iban a mi nuevo tío.

    La ceremonia fue corta, y cuando terminó todos salimos a saludar a los recién casados. El tipo, con una amabilidad tremenda, saludaba a todo el mundo. Cuando llegaron a mis padres, fue muy afectuoso con mis padres y me miró de reojo. Dieron un paso y los dos quedaron frente a mí.

    – Hola Marina, gracias por venir. Dijo el tipo y yo en babia total.

    – Hola….

    – Marina, te presento a Jorge, mi esposo. Dijo mi tía.

    – Hola, un placer conocerte, me sorprendiste… sabiendo mi nombre. Dije titubeando.

    – Cecilia me hablo tanto de vos y tus padres, que era imposible equivocarme. Y como ella dijo, sos la más hermosa y sensual de las invitadas.

    – Gracias, sos muy amable.

    – Si no tenes otros planes te esperamos en la fiesta. Dijo él clavándome la mirada.

    – Por supuesto, allí estaré.

    Yo tengo 25 años, y si bien todos dicen que estoy muy fuerte, que tengo buenas tetas y un culo para darle, y que ya había estado con varios chicos, nunca se me había cruzado semejante tipo. Me dejó totalmente tonta. Para ir a la fiesta me puse un vestido mini, tacos super altos y me maquille bien.

    La fiesta era muy piola: nada de cena sentados, en distintas mesas uno se podía servir lo que quería y comerlo de la forma que quisiera, y la pista de baile estaba abierta todo el tiempo. Ellos nos recibieron en la puerta y la mirada de Jorge, mi nuevo trio, me penetro y escaneo todo mi cuerpo.

    – Gracias por venir, supongo que tendrías otras oportunidades de salir.

    – Por favor, no iba a dejar de venir. Le contesté haciendo un esfuerzo en mantenerle la mirada.

    En casi ningún momento de la fiesta se intentó acercar a mí y rara vez, me veía de lejos. La fiesta era en su quinta, y cuando todos se empezaron a ir, contando a los recién casados quedamos una 10 personas.

    – Jorge, porque no traes whisky para mi cuñado y mi primo. Dijo mi tía.

    – No hay problema. Dijo él y fue para la casa.

    Yo con la excusa de ir al baño, lo seguí.

    – Hermosa fiesta. Dije para que se dé cuenta que caminaba detrás de él.

    – Me alegro que te gustara. Pero hermosa estas vos.

    – Gracias. Vos con ese smoking, wow. Impresionante.

    Entramos a la casa y con toda amabilidad me indico el baño. El como un caballero abrió la puerta, entré y note que no la cerró del todo. Cuando la abrí para salir, me lo encontré parado frente a puerta. No hizo falta que diga nada, retrocedí dos pasos y el entró, cerró y trabo la puerta.

    – Tío… Dije

    Me tomó de la cintura y me dio un tremendo beso. Mi vestido mini le facilitó el trabajo. Corrió mi tanga y me metió dos dedos en mi concha, que estaba empapada.

    – Pendeja, estrecha y caliente. Me gusta esa trilogía. Dijo sin sacar sus dedos, al contrario, los movía pajeándome con todo.

    Abrió el cierre de su pantalón y apareció una pija descomunal. No menos de 24 centímetros y gruesa como nunca había visto.

    – Chupala Marina. Dijo haciéndome doblar la cintura poniendo mi cara junto a su pija.

    – Me encanta, pero como… Dije y empecé a lamerla y tratar de meterla en mi boca.

    El desgraciado no paraba de pajearme la concha y apretar mi cabeza para que entre un poco en mi boca. De mi concha sacó un dedo y lo metió en mi culo aún virgen, no dije nada estaba demasiado caliente y preocupada por como iba a hacer con esa pija.

    Tres minutos e hizo que apoye las manos en el lavatorio, separe las piernas y para mi horror, dirigió su pija a mi culo.

    – Nooo, soy virgen…

    – Tranquila, está reconociendo el terreno, pero ese orto será mio.

    Dijo eso y metió solamente la cabeza de su pija en mi concha. Pensé que me iba a partir al medio. Yo volaba de calentura, quería que la meta toda, pero tenía pánico por su tamaño. El desgraciado jugo un poco, y sin acabar ni hacerme acabar, la guardó en su pantalón y salió del baño, dejándome con una calentura infernal. Me hice terrible paja en el baño, me arreglé y volví al grupo de familiares.

    Mi tío ni me miraba, me ignoraba por completo. Mi calentura no bajaba para nada. Instintivamente cruzaba las piernas como si eso bajara mi calentura. Mi tía me miraba y sonreía. Le dijo algo a Jorge al oído, el asintió con la cabeza y los dos sonrieron.

    La fiesta terminó al amanecer.

    – Supongo que no se van a ir a dormir. Cámbiense, y vamos al club, hay playa, pileta, podemos salir en la lancha o en la moto de agua. Dijo Jorge.

    Solo mi madre, yo y obviamente mi tía accedimos. Fuimos al hotel donde nos alojábamos y ellos nos pasaron a buscar. Yo iba con un short bien corto, una remera y una bikini infernal. Mi madre con una malla enteriza y mi tía con una bikini muy provocativa.

    Nos pusimos a tomar sol, y el tipo ni me miraba, eso hacía aumentar mi calentura. El con una bermuda floreaba hablaba con mi tía y mi madre. Yo no existía para él.

    Primero mi madre fue al agua, y luego él a pedir que saquen su moto de agua.

    – Te tiene loca. Dijo mi tía sin mirarme.

    – Muy… dijo no, estaba pensando…

    – Marina, es un hijo de puta. Me conto todo, tranquila.

    – ¿Te contó? Pregunté yo.

    – Tenemos un pacto: Cuando se nos cruza alguien y lo queremos voltear, lo hablamos. Y luego vemos que hacemos. Por eso me lo dijo.

    – Wow, no me esperaba eso… Y vos ¿Ya le planteaste algo así?

    – Sí, también anoche. Dijo ella.

    – ¿Qué te dijo?

    – Se rio mucho el desgraciado, y me dijo que no tiene problemas. Ojo que tu madre se muere si se entera, viste como es ella.

    – Ni me lo digas. Dije y mi tío se acercaba cuando le iba a preguntar que le había dicho de mí, y que opinaba ella.

    – Marina, ¿Sabes andar en moto de agua?

    – Ni, una sola vez y en una laguna.

    – Vamos, te llevo a dar una vuelta. Me dijo y tomándome de la mano, me llevo a muelle. Me hizo colocar un chaleco salvavidas, subió y yo atrás, tomada de su cintura.

    Salimos a mar abierto e íbamos a todo lo que da saltando sobre las olas. Yo a los gritos, rebotando con mi culo en el asiento. Se detuvo y pude respirar. Busque la costa y apenas se veía.

    – Ahora te toca a vos, pasa adelante.

    El haciendo equilibrio me hizo pasar a delante, me coloco la correa de seguridad y me dijo.

    – Marina, no vayas sentada porque te destroza, andá apoyada en tus piernas, usándolas de resorte. Y por nada sueltes el manillar.

    Le hice caso y fui acelerando. Él me tomaba de la cintura, marcándome como subir y bajar. Durante varios minutos fui tomándole la mano, no era difícil. De pronto sentí que corría mi tanga y dos dedos entraban en mi concha.

    – Acordate, las piernas son tu suspensión. Ahora, acelera pendeja.

    Como una boluda caliente, acelere y por el movimiento de mi cuerpo me enterraba y sacaba los dedos yo sola. Manejaba una moto de agua y me pajeaba al mismo tiempo. Así estuve hasta que tuve un orgasmo, montando una moto de agua en el medio del mar.

    – Bien Marina, muy bien. Dijo sonriendo cuando me hizo detener.

    – Sos un hijo de puta. Me hiciste pajear con tus dedos.

    – Ahora, la segunda parte. Prueba de fuego para tus piernas. Dale, arranca.

    Arranque y ahora uno de sus dedos estaba justo en mi orto, si bajaba me lo enterraba. No quería darle el gusto de acelerar. El desgraciado se pegó a mí, me desprendió un poco el chaleco y me apretaba las tetas mientras me besaba el cuello.

    – Acelera y goza pendeja calentona. Me dijo y me mordió el cuello.

    Aceleré y apenas un centímetro de su dedo entro en mi culo. Seguí acelerando mis piernas empezaron a sentir el cansancio. En resumidas cuentas, su dedo termino totalmente dentro de mi orto. Y yo feliz de la vida.

    No daba más. Paré y le pedí que siga él manejando la moto.

    – Bueno, pero hagamos una cosa, cuidado, date vuelta, pone las piernas sobre las mías y vamos charlando cara a cara.

    – Hijo de puta, se tu intención. Dije.

    – Me di vuelta, y él se acercó al manillar sentándose en el asiento de adelante, yo aproveche y saque su pija de la bermuda. Estaba parada. Me la metí en la concha y me senté como me indicó. Mis piernas totalmente separadas, y haciendo fuerza para que no me entre por completo.

    – Ahora a gozar. Quiero que toda la playa escuche tus gritos de placer. Dijo.

    Estábamos lejos de la playa donde estaban mi madre y mi tía, frente a otras playas. El desgraciado arrancó a todo lo que da, y yo a los saltos, sobre su pija, sin poder evitar que me entre toda, abriéndome por completo.

    Con el saldo en cada ola, subía y caía metiéndome toda su pija en mi concha. Y gritaba de dolor y de placer. Me hizo tirar un poco hacia atrás y desprendiendo por completo mi chaleco, me chupaba las tetas mientras saltábamos las olas. Un par de minutos y mis gritos eran de placer absoluto. Tremenda cogida me estaba pegando el desgraciado. Después de un rato, acabo en mi concha, llenándola de leche, que escurría por mis piernas mezclada con el agua de mar que salpicaba. Íbamos cerca de la playa, estaba segura que varios se habían dado cuenta.

    Para volver al club, hizo que me siente atrás. Nunca imagine que mis piernas, mi cintura y mi espalda tuvieran tantos músculos. Todos me dolían, no había uno que no. Cuando baje de la moto de agua, apenas podía caminar de los dolores en las piernas.

    Como pude fui con mi madre y mi tía, que burlonamente me dijo:

    – ¿Te enseño a manejar la moto?

    – Sí Tía, y como. Te juro que aprendí la lección.

    – Mi tía se rio y lo mismo mi madre que no sabía de que se reía.

    – Marina, Cecilia me dice que por qué no te quedas unos días de vacaciones en su casa. Nosotros nos vamos mañana a la mañana, si queres cuando vamos al hotel agarras tus cosas y vas para la casa de ellos.

    Sin que mi madre la viera, Cecilia, mi tía, me guiño un ojo y se mordió el labio inferior.

    – No sé, me iba a quedar con Tina y Jose, que están de vacaciones. Dije.

    – Pensalo. Dijo mi tía.

    Llegó Jorge de guardar la moto y mi madre nuevamente fue al agua.

    – Boluda, una semana de sexo, lujuria y placer. Dijo Cecilia.

    – Guau, pero había quedado con las chicas.

    – Si queres, te podes quedar en casa, y salir de vez en cuando con ellas, Jorge puede llamar a un par de amigos.

    – Dale, me quedo.

    Cuando volvimos al hotel, junte mis cosas y fuimos a su quinta. Mi habitación tenía baño privado, así que me di una ducha reparadora y solo con la tanga me acosté. Llame a las chicas y quedamos que si Jorge conseguía a los amigos salíamos todos juntos.

    Ni bien corté, sin golpear, entro mi tía Cecilia a mi dormitorio. Tenía una bata de toalla puesta. Como mi cama era King Size se acostó a mi lado.

    – Te prometí sexo, lujuria y placer. Empiezo a cumplir. Dijo ella y sin más se puso a chuparme las tetas.

    Nunca había estado con una mujer pero reconozco que tenía curiosidad. Ella me chupaba las tetas y me fue excitando. Yo le acariciaba sus tetas y ella bajó su mano para acariciar mi concha, primero sobre mi tanga y luego, directamente la sacó.

    – Sos hermosa Marina, en serio. Dijo ella bajando con su boca a mi cocha mientras se sacaba la bata. Estaba desnuda por completo.

    Su chupada fue monumental. No paraba de tener orgasmos. Como pude, alcance a meter un par de dedos en su concha y la pajeaba con todo. Cuando ella tuvo un orgasmo fuerte, se detuvo y me beso con todo. Yo le devolví el beso de igual manera.

    – Sí que me estás dando sorpresas Ceci. Y las que te faltan.

    – Me dejaste intrigada con lo que me contaste que hablaste con Jorge, que queres estar con un tipo.

    – Nunca dije un tipo… era con vos… y con él, los tres juntos mi amorcito. Dijo riendo con malicia.

    – Hija de puta…

    – Ponete en cuatro patas y disfruta, esto es a cuenta.

    Lo hice y se puso a chuparme el orto, con una habilidad increíble en la lengua lo fue abriendo. Sentí que dos dedos me entraban y muy fácil. Miré a Cecilia y junto a ella había un pote de crema. Los dedos entraban y salían con facilidad de mi culo y me fui calentando con todo. Así tuve mi primer orgasmo anal. Luego saco los dedos y algo de regular tamaño y frio entro por mi orto.

    – Tranquila, no te lo saques, me lo vas a agradecer. Es un plug anal. Dijo Ella.

    – Desgraciada.

    Se fue del dormitorio, me di otra ducha, me puse un jogging y bajé a la cocina con el plug puesto. Era rara la sensación.

    – Si queres avisales a tus amigas, que podemos salir todos, dos amigos se enganchan. Dijo Jorge.

    – Ya les aviso.

    Y ahí empezó una noche inolvidable.

  • La conocí en Facebook

    La conocí en Facebook

    Este relato como todos los que hemos escrito (mi amiga María y yo) son totalmente reales de anécdotas que hemos vivido. Espero que lo disfruten, espero sus comentarios para seguir escribiendo junto con María nuestras historias.

    Una vez me llegó una solicitud de amistad en Facebook y resultó ser una mujer bastante guapa, yo era soltero, pero tenia novia, de igual forma acepté su solicitud, no le vi nada de malo. Un día me escribió un hola nada más, le respondí y comenzamos a platicar, yo pensaba que era una trampa de mi novia para ver si caía pues era una chica muy bonita y tenía buen cuerpo, platicamos sobre nosotros para conocernos más, ella era casada y en ese entonces vivía muy cerca del aeropuerto, me dijo que tenía 3 hijos y así seguimos platicando.

    Cierto día, me eligieron como juez en un torneo y le comenté sobre ese acontecimiento, curiosamente la casa de su mamá quedaba muy cerca de donde yo estaría participando, ella asistió para conocerme y cuando se fue nos acercamos mucho y me dijo «uno no es ninguno» y nos dimos un beso y luego otro hasta que se fue.

    A los días quedamos de vernos nuevamente, ella se subió a mi carro y nos empezamos a besar, me decía que se sentía extraña al besar a alguien que no fuera su esposo, pero no me importó y empecé a acariciarle los senos y a tocar sus pezones con la yema de mis dedos, nuestros encuentros poco a poco iban subiendo de tono y un día, en una de nuestras citas que no pasaban de besos apasionados y una que otra acariciado, pues me atreví a sacarle uno de sus senos y le empecé a chupar un pezón y pasarle la lengua, sentí como se excitaba pero me dijo que se tenía que ir.

    Ella me empezó a mandar fotos desnuda y un video de como se masturbaba pensando en mi y me decía que cuando estaba con su esposo ella imaginaba que era yo quien la penetraba, eso me prendía bastante y fue hasta que un día la cité en un lugar y en cuanto cerre la puerta la empecé a besar apasionadamente mientras apretaba sus nalgas fuerte, la metí a un cuarto y la empecé a desnudar mientras ella hacía lo mismo conmigo, ella bajó y empezó a darme una buena chupada mientras me masturbaba con la mano, yo sentia riquísimo y ella se seguía metiendo mi pene en la boca. La acosté en la cama y la empecé a besar, continúe bajando, pasando mi lengua y haciendo un circulo en sus pezones, terminé chupandolos y succionandolos, ella gemia deliciosamente, continúe bajando hasta llegar a su clitoris con mi lengua, le daba pases de arriba a abajo y ella se retorcía y veía como hacía su cabeza hacía atrás, apuñaba las sabanas mientras saboreaba y me comía su vagina húmeda, después ella me pidió que la penetrara que ya no aguantaba más.

    Levanté sus piernas y las coloqué sobre mis hombros, la empecé a penetrar lentamente hasta tenerla toda dentro de ella, sus gemidos eran más fuertes y excitantes, estuve así un rato y luego me subí arriba de ella, la penetraba y la besaba, ella solo decia «wow es mejor de lo que imaginé» ella se quitó y se montó en mi, empezó a cabalgarme de una manera deliciosa mientras yo acariciaba sus pechos, se volteó para darme la espalda y me siguió cabalgando sin parar, yo podía ver como mi pene se perdía en su vagina mientras movía su delicioso trasero, la acosté encima de mi, y yo me movía penetrandola y sobando sus senos, y acariciando su rica vagina con mi mano y mis dedos acariciaban su clitoris al mismo tiempo, eso la hizo explotar en un orgasmo que la hizo gemir profunda y deliciosamente, luego me pidió que la pusiera en posición de perrito, accedí gustosamente y le segui dando hasta que le dije que iba a eyacular, le descargue todo en las nalgas y parte en su boca jugosa y carnosa, me dio una chupada que me la dejo bien limpia.

  • Devuelta con la esposa de mi primo, tuvimos una sorpresa

    Devuelta con la esposa de mi primo, tuvimos una sorpresa

    Después de tener un revolcón con Diana la esposa de mi prima, pasaron varios días. Mi primo llegó de viaje y como de costumbre fui a visitarlos, mi primo hablaba de su viaje que en su trabajo lo habían ascendido y que estaba en un gran cargo, pero la verdad nada de eso me importaba yo solo quería ver a Diana me prendía demasiado, no hay nada que me vuelva loco que unas buenas piernas y unos pies bien cuidados y arreglados, y ella tenia esas dos cosas, y aparte le agregamos su buen culo que tiene, ese día tenia puesto un short de mezclilla demasiado pegado, una blusa roja y unos zapatos con tacón, que me tenían vuelto loco, no me quería parar para que no se me notara mi ereccion.

    Pero no se si Diana lo hacía adrede y paseaba por toda la casa meneando su culo.

    En un rato que mi primo se metió al baño, no aguante las ganas y me paré la pegue a la pared y le di un beso mientras le agarraba las piernas y le decía que la iba volver hacer mía, ella solo me correspondía el beso y soltaba pequeños gemidos.

    Paso ese día y solamente me despedí de ellos y les dije que me iría que luego los veía. Llegó el fin de semana y mi primo me invitó a comer a un restaurante, cuando repentinamente recibe una llamada y dice que tiene que volar a Guadalajara de carácter urgente por motivos de su trabajo, me dice que si lo llevo al aeropuerto después de recoger unas cosas en su casa. Llegamos y nos dirigimos a dejarlo Diana y yo. Desde que llegue a los mariscos no dejaba de echarle el ojo a Diana. Llevaba puesta una falda negra, una blusa ombligera blanca y unas chanclas. Procedimos a dejar a mi primo y se despidieron y él decía que volvía pronto que él nos hablaba.

    De vuelta a casa de mi primo durante el camino le fui tocando las piernas a Diana ella al principio no quería.

    Y: estaremos solos este fin de semana, tenemos que aprovechar, perrita

    D: no me digas así y ya te dije que me sentí mal la última vez por lo qué pasó

    Y: vamos se que te mueres por volverle a poner los cuernos a mi primo (le agarre las piernas y toque su vagina por encima de su calzón)

    D: ya pancho!! No sigas

    Y: y si sigo queee

    Ella tomó mi mano y la apretó junto a su vagina y la movía en forma circular

    Y: bájate el calzón.

    Todo el camino del aeropuerto a la casa de mi primo que vive en el fraccionamiento El Cid, está largo el camino, la verdad que perdí la cuenta de cuantos orgasmos tuvo, solo se qué pasó gimiendo y mordiendo se la boca.

    Al llegar a su casa la baje del carro cargándola y me la lleve a su cama, la muy perrita ya estaba muy caliente, y se quitó la ropa, se puso en cuatro

    D: vamos dame de perrito, ya estoy muy caliente

    Me quite el pantalón, la agarre de su cintura y con una embestida fuerte se la metí de una, sólo se escuchó un largo grito y después solamente se escuchaba el clap, clap de la penetracion.

    D: yaa yaaa yaa voy acabar, no no bajes el ritmo

    Y para que acabara más rápido la comencé a nalguear y a tocar sus tetas.

    D: ahhh ahhh yaaa acabeee

    Y: yo no he terminado vamos móntate

    Se quitó de la posición de perrito y se montó en mí pero dándome la espalda, y en esa poción con una mano tocaba sus tetas y con otra su clítoris.

    D: hay viene otrooo orgasmooo, ahhh me vineee me vineee

    Y al mismo tiempo que yo salieron chorros de leche de mi pene, nos acostamos y ella se recostó sobre mi pecho.

    Y: vez que te morías de ganas por otro polvo

    D: no sé qué me pasa que me excito y me dan ganas de que me pegues un buen revolcón.

    Y: bueno hermosa me tengo ir.

    Y así fue me fui no sin antes pegarle unas buenas nalgadas y la muy perrita solo puso cara de placer.

    A los días llegó mi primo y me dijo que quería hablar conmigo, que fuera a su casa.

    Llegue a su casa y estaba en la sala con Diana sentada en sus piernas.

    Raúl: amor bájate poquito que quiero hablar con ustedes dos.

    Y: qué pasa, te ascendieron a gerente de la empresa?

    R: no, es algo más personal que quiero hablar. No se como empezar, pero he visto que ustedes dos me ponen el cuerno, aquí en mi casa

    Y: de qué estás hablando Raúl (obviamente nos íbamos a negar)

    R: no mientan que tengo cámaras por toda la casa ustedes no las ven por qué las tengo muy bien escondidas, y he visto como te culeas a mi mujer

    Diana y yo solamente estábamos callados sin nada que decir

    R: pero en lugar de enojarme o sentirme mal, al ver esos videos y ver como otro hombre se culea a mi mujer excito

    Se paro y se dirijo al cuarto, saco una bolsa y le dijo a Diana que lo abriera,

    Lo abrió y en la bolsa había un baby doll,

    R: quiero que te lo pongas y tengan relaciones enfrente de mi, quiero verlos ya que eso me prende.

    Yo estaba con cara de asombro la verdad no podía creer que mi primo estuviera diciendo eso.

    R: vamos al cuarto todos, tu (Diana) ponte eso que te esperamos en el cuarto.

    Nos fuimos al cuarto y mi primo se sentó en un sofá y se comenzó a desvestir hasta quedar en pelotas.

    Diana entró al cuarto con su babydoll blanco, tanga de encaje, brasier y ligueros puestos.

    R: vamos cojan delante de mi, quiero excitarme.

    Nos comenzamos a besar con algo de timidez, pero fuimos perdiendo el miedo y comenzamos hacerlo, mi primo excitado en el sillón mientras veía cómo me culeaba a su mujer y como le hacía de todo, el solamente se masturbaba y le decía a Diana que gimiera fuerte que eso lo prendía más, y así duramos buen rato hasta que uno por uno fue terminando, la verdad pasaron mas cosas, después les contaré sobre algo qué pasó en la casa de mi primo en un juego de baraja.

  • Tocándome por ti, vecino (I)

    Tocándome por ti, vecino (I)

    Salgo de mi ducha a eso de las 5:50 pm. Los cálidos rayos otoñales entran sin oposición por el ventanal, acariciando mi cuerpo atrapado en la toalla. Descanso un momento en mi cama cuando a en mi mente se reflejan tus facciones, una maravillosa mandíbula cuadrada, ojos negros y fogosos como la roca más ardiente de un volcán, cabello corto; lacio y desordenado tan negro como la brea.

    Abro los ojos sintiendo el corazón acelerado y una traviesa sensación en mi pelvis. Deseo verte… a mi caliente vecino de enfrente.

    Me levanto, con disimulo me acerco al ventanal y allí estás tú, te rascas frenéticamente la cabeza; luces muy molesto. ¿Habrá sido un mal día? Tal parece que ya se te ocurrió una forma de desestresarte porque sin demora comienzas a desprenderte de tu ropa.

    Lo primero que ven mis ojos es tu pecho, mientras dejas caer la tela blanca al suelo y jalas de forma tan sensual tu corbata, haces que me apegue más al cristal queriendo estar allí, contigo para poder acariciar esos pectorales que me vuelven loca.

    Bajas tu cierre y con delicadeza te quitas esos molestos pantalones junto a tu bóxer que contenían tu ferviente excitación. Desde mi ventana puedo ver cómo te tocas, como paseas tu mano por tu longitud, como te sientas y tocas tu pecho.

    Mi vagina ya empieza a humedecerse, muerdo mi labio y cierro los ojos. ¡Como quisiera estar allí contigo! Maldigo mi timidez, si tan sólo tuviera el valor de acercarme a ti y a hablarte, quizás nos hubiésemos coqueteado y me habrías llevado a tu departamento. Podría ser yo la que te ayude con ese palpitante miembro, podría amasarlo con mis senos y envolver la punta con mi saliva.

    Pero eso sólo se podrá en mis sueños… al menos puedo acompañarte en estos momentos. Pensándote en mi cuarto, detrás de mí quizás. Mi aliento y latidos aumentan a la vez en la que te pienso besando mi espalda, construyendo un mojado rastro hasta mi sexo donde mis insulsos dedos fingen ser tu lengua. Como me gustaría que me saborearas, de arriba abajo y hasta lo profundo de mí.

    Entreabro los ojos y aprecio que estás a punto de culminar, quiero hacer lo mismo; contigo. Apresuro mi mano, sintiéndome caliente y aventurera introduzco dos más provocándome un fuerte gemido – ¡Corazón, corazón! – es el apodo que te puse.

    Gotas de excitación recorren mis piernas, empujo mi cuerpo contra el ventanal, sintiendo la fríes en mis sensibles pezones. Estoy a punto de correrme. Tu figura tan sensual me sirve de inspiración para penetrarme más profundo. Termino con las piernas debilitadas, mi vagina abierta y el líquido blanquecino humedeciendo mis muslos.

    Jadeo de satisfacción y miro mi cuerpo desnudo. ¿En qué momento solté la toalla?

    Alzo la vista y te veo mirándome fijamente con una sonrisa. ¡Ay Dios no! Acaso… ¿lo viste todo?

  • La perversión de mi suegro

    La perversión de mi suegro

    Me llamo Andrea, y ahora tengo veintisiete años.  Hace un año y dos meses que me casé, y la frase adecuada sería “Llevo un año y dos meses felizmente casada” pero la realidad es que llevo un año y dos meses casada y soy bastante feliz desde hace dos meses.

    De pequeña era algo gordita y con gafas, y se solían meter bastante conmigo, ya conocéis la crueldad infinita de los niños contra el bajito, el gafótas, el gordito, el diferente, y en el caso de ser chica puede llegar a ser peor. No obstante, me refugié en los libros y acabé la carrera de químicas. Ahora trabajo haciendo pruebas en un laboratorio enfundada en un traje de esos que no se ve quién va dentro.

    También mi cuerpo ha cambiado y esos kilos de más, que tenía de pequeña, se han repartido bastante bien por mi cuerpo dejándome unas medidas de ciento diez, sesenta, ciento diez. Quizás me sobre alguno, pero se me han ido a las tetas y al culo de una manera preponderantemente sensual, dejándome una cintura bastante estrecha.

    En el último año de carrera conocí a Javier, después de haber tenido un par de cortas relaciones con dos chicos, de esas de polvos rápidos y no muy satisfactorios. Dos años después, cuando ya los dos trabajábamos, nos casamos. Javier era un tío majo y agradable, o por lo menos eso pensaba en ese momento. Es hijo único, y estaba muy apegado a sus padres, sobre todo a su madre. Los dos me parecieron majos y me trataron como si fuera una hija al poco de conocerme.

    Las relaciones sexuales no fueron mucho mejor que las que había tenido anteriormente, pero parecíamos entendernos en lo demás. El idilio duró poco tiempo, pues a los pocos meses me di cuenta de cómo es en realidad Javier. Creo que nunca estuvo enamorado de mí, pues el fervor que siente por su madre debía anular a cualquier otra mujer, incluida yo.

    Ana, su madre, es una mujer alta, delgada, con un pequeño culo respingón y unas tetas que le encajan en dos tazas de té. Su sonrisa, casi continua, es más falsa que una moneda de plástico, y su carácter es totalmente manipulador del que hace uso con su marido, y por supuesto con Javier.

    Roberto, mi suegro, si que es afable de verdad, y su sonrisa es sincera además de ser simpático. A sus cincuenta años se conserva muy bien y siempre ha sido muy atento conmigo.

    Todo dio un vuelco al año de casados, cuando en verano Javier decidió unilateralmente que iríamos de vacaciones con sus padres. Mantuvimos una pequeña discusión cuando me lo dijo, pues yo no estaba muy de acuerdo, pero finalmente cedí para no empeorar las cosas.

    Los padres de Javier funcionan bien económicamente y habían alquilado un chalet en primera línea de playa con una piscina en la parte trasera. En esto no me podía quejar, con los ingresos que teníamos nosotros no nos podíamos permitir algo así.

    Al tercer día de vacaciones ya estaba hasta el mismo coño de Ana y sus manipulaciones, ella parecía decidirlo todo sin dar opciones a los demás. Javier y Roberto eran como dos serviles criados a sus órdenes déspotas. Ya se había metido con mis bikinis en un par de ocasiones insinuándome que eran demasiados descocados. Claro está, yo no la hice ni puñetero caso, además, tenía a Roberto, mi suegro, que me apoyaba aunque nunca en su presencia.

    Esa tercera mañana de vacaciones lucía el sol esplendorosamente y la señora, como era costumbre desde el primer día, decidió que había que ir a la playa desde primera hora. Su obsesión por poner morena su decrépita piel era bochornosa, bueno, quizás me he pasado, tampoco estaba tan decrépita, simplemente con alguna arruga por falta de carne. Yo me negué con la mejor de mis sonrisas aludiendo que me dolía algo la cabeza y que me quedaría en la piscina a la sombra. Tampoco quería calentar el ambiente expresando lo que pensaba. Para mi sorpresa, mi suegro también se negó, pero de una manera más sutil. Él es ejecutivo de una multinacional y suele trabajar a cualquier hora y en cualquier sitio, y aludió a que tenía que ver unos datos y contestar unos emails, y que después se acercaría a la playa.

    Mi suegra torció el morro, pero sin perder su altanería, y se fue con su servil hijo sin perder la sonrisa cínica que solía llevar dibujada en su cara.

    Me salí a la piscina por la puerta del salón y me quité la camiseta larga que llevaba encima del bikini, un bikini de color amarillo, que sé que amargaba la vista de mi suegra, pero también noté que le complacía a mi suegro. Me puse las gafas de sol y tendí mi cuerpo boca abajo sobre una toalla que había extendido sobre el césped bajo la fresca sombra de un frondoso castaño cercano a la piscina. A los pocos minutos apareció mi suegro, con un bañador tipo bóxer y una camiseta.

    – Qué, buscando escusas para no ir a la playa? Le pregunté con media sonrisa.

    – Bueno, no me gusta alterar a Ana!

    – Ya veo que a ninguno de los dos os gusta! Le contesté refiriéndome a Javier.

    – Ella es así, le gusta manejar la situación!

    Por las palabras sumisas de Roberto no sabía si seguir dándole caña o callarme. Finalmente decidí sondear por otros flancos.

    – Te casaste enamorado? Fue mi pregunta casi directa a la yugular.

    – Si, claro! Aunque ese tipo de amor solo dura un tiempo!

    – Entonces, ya no lo estás?

    – Ahora es diferente. Con los años todo cambia!

    Había girado mi cuerpo poniéndome de lado para mirarle. Él se había sentado en una silla, de las cuatro que había rodeando una mesa redonda de jardín, tomándose un café. Noté como miraba mi cuerpo, supongo que con lo delgada que estaba Ana no estaba acostumbrado a ver tanta carne. Mi mente estaba rabiosa y volví a atacar de forma más directa.

    – Y el sexo, también ha cambiado?

    – A qué te refieres?

    – Bueno, supongo que tendríais más actividad al principio de casados!

    Ahora su respuesta fue más hábil y acabó poniéndome en una tesitura.

    – Claro, supongo que como Javier y tú ahora!

    – Pues no sé si tenemos una gran actividad para estar recién casados!

    – Que pasa, no van las cosas bien?

    El muy mamón había cambiado la conversación con dos frases, yo quería hablar de su relación con Ana y él había cambiado el contexto pasándome la pelota. La verdad es que Roberto era una persona que me transmitía confianza y no me importó hacerle concesiones.

    – Pues no sé si va bien! Me da la impresión que está más enamorado de su madre que de mí!

    Roberto miró al infinito como intentando recordar.

    – Javier es nuestro único hijo, y quizás lo hemos mimado demasiado, sobre todo su madre. Hasta bastante mayor ha tenido miedos y acostumbraba a ir a nuestra cama para dormir con nosotros. A mí ya me parecía algo insólito, además de indigno, y me acaba yendo a otra habitación.

    Hizo una pausa después del largo speech que me había soltado y decidí atacar de nuevo. La pregunta fue demasiado fuerte y nada más formularla supe que me había pasado.

    – Asi que prefiere dormir con Javier a dormir contigo?

    – Tampoco es eso, joder!

    – Bueno, vale, me he pasado! Pero no me parece ni medianamente normal!

    – La verdad es que no, pero nunca he intentado discutir con Ana sobre ese hecho.

    Sabía que me había pasado y quise arreglarlo con una gracia.

    – Bueno, pues si alguna noche se va a vuestra cama tu te puedes venir a la mía!

    Le dije riéndome abiertamente esperando que el también lo hiciera, pero su respuesta me desconcertó.

    – Lo tendré en cuenta si pasa! Contestó con una leve risa.

    Su respuesta me dejó algo confusa, no sabía si se me había insinuado. Mi mente voló con rapidez intentando buscar una réplica adecuada, “pero adecuada a qué?”, pensé a la vez que me moví inquieta sobre la toalla y pude ver su mirada directa al balanceo de mis tetas. Finalmente opté por volver a su relación con Ana.

    – Entonces, al principio vuestra relación sexual era fogosa? Es que no me puedo imaginar a Ana en ese estado!

    – Pues te puedo asegurar que así era! Contestó con naturalidad.

    Me hice la ingenua como si le estuviera pidiendo consejo.

    – Creo que Javier y yo nunca hemos llegado a eso, no sé que fallará!

    – No creo que seas tú! Volvió a contestar con la misma naturalidad.

    – Por qué?

    – Bueno, es sólo una impresión! Eres una mujer atractiva y muy sensual, pero como tú bien has dicho antes, para Javier no debe haber nadie como su madre!

    – Que quieres decir con eso, que prefiere follar con ella a hacerlo conmigo?

    Mi mente ya se había dislocado y no pensé ni en lo que decía, más bien me salió del mismo estómago. Pero para mi mayor asombro, su repuesta me dejó noqueada.

    – Es posible!

    – Pero que me estás diciendo?

    – Pues lo que me has preguntado!

    – Joder, que estaba vacilando!

    – Pues yo no!

    Después de reflexionar unos segundos ante esa respuesta devastadora, decidí seguir adelante con el tema. Me parecía muy fuerte, pero a lo mejor no iba a pillar a Roberto en otro momento con esa sinceridad.

    – Me estás diciendo que Ana y Javier han mantenido relaciones sexuales?

    – Creo que te lo debería haber dicho antes, pero no me he atrevido!

    Intenté digerir lo que me estaba contando pero se me hizo un nudo en la garganta. Mi cabeza era como una orquesta en la que sonaban notas estridentes y una nube de rabia pareció nublar el resplandeciente sol de esa mañana. No sabía qué hacer o decir y me levanté para caminar nerviosa sobre el césped como un muñeco al que acaban de dar cuerda.

    Roberto me miraba con una mueca en su boca que no sabría decir si era una leve sonrisa. Ya no sé si miraba mi cuerpo o tan solo mi estado de ánimo. Finalmente me acabé sentando en una de las sillas que había a su lado.

    – Cuéntamelo todo! Le dije muy seria.

    – A veces estas cosas pasan y no se pueden evitar. Ana es muy absorbente en todos los aspectos, y lo que siente por Javier es algo que se escapa de lo racional. La primera vez que los vi fue un simple beso en los labios abrazados en la cocina. Iba a entrar y me retuve hasta que se despegaron. Ese fue el primer y más gordo error por mi parte, tenía que haberles parado en ese momento.

    Yo miraba a Roberto con la boca abierta como si no pudiera sujetar la mandíbula. Estaba intentando racionalizar lo que me decía, pero me resultaba difícil.

    – Les volví a pillar besándose al día siguiente, pero esta vez era un beso lascivo y lleno de deseo. Seguía sin saber que hacer, era mi único hijo, y pensé que si decía algo podía romper la familia, algo que para mí es muy importante. Viendo la situación, decidí poner más atención a lo que pasaba.

    – Vaya, que decidiste espirales! Intervine con cierto cabreo.

    – Si, esa es la palabra, aunque la intentaba suavizar.

    – Pues no suavices nada, quiero que me cuentes las cosas como son!

    – Vale, pues lo dicho, los espié sin que lo supieran!

    – Y cómo lo hiciste?

    – Coloqué cámaras por toda la casa controladas por el ordenador desde mi despacho.

    – Me parece algo cobarde!

    – Quizás es que sea un cobarde para enfrentarme a eso!

    Me di cuenta que le había afectado lo que le había dicho, y sobre todo mi tono.

    – Perdona, no quería decir eso! Sigue, por favor!

    – Pues como te decía, instale las cámaras y desde el portátil podía ver prácticamente todos los lugares de la casa, incluso cuando yo no estaba en casa podía verlo a través de un sistema web. Realmente, al principio fue bastante duro, después mi mente fue cambiando, incluso acomodándose a la situación. Al siguiente día de instalar las cámaras les vi en la cocina de nuevo, no habían esperado ni a que yo estuviera fuera de casa. Parecían sentirse seguros estando yo en el piso de arriba, en mi despacho, y ellos abajo. Ana estaba apoyada en la encimera con la bata levantada hasta la cintura y Javier la embestía por detrás contra su pequeño culo como si estuviera poseído. Esa primera imagen me impactó, no porque estuvieran follando, eso ya me lo esperaba, fue la forma en que lo hacían.

    Yo le escuchaba impertérrita, con lo ojos abiertos como platos sin dar crédito a lo que escuchaba. Roberto me lo estaba contando de una forma que no sabría definir, pero no parecía que fuera el padre de Javier ni el marido de Ana, más bien parecía una persona ajena contando una historia que hacía brillar sus ojos. Eso solo era el comienzo, y en vez de cabrearme más, lo que hizo fue despertar una ligera excitación en mi mente ávida por seguir escuchando.

    – Al día siguiente me fui a la oficina de mi empresa. Nada más llegar, me conecté a la web y se abrieron las ocho ventanas de cada una de las cámaras que había conectado. La cámara del salón los estaba enfocando y pude ver a Javier espatarrado en el sofá totalmente desnudo, y a Ana, tan solo con las bragas puestas, arrodillada entre sus piernas chupándole el pene.

    Según le escuchaba la niebla de mi mente se iba despejando y una luz suave parecía aclarar la tormenta en la que me había sumido. De hecho, cuando le oí pronunciar “ pene “, salte de inmediato como la flecha de una ballesta.

    – No seas remilgado, di que le estaba comiendo la polla! Le corté mientras pasaba la mano entre mis muslos ya calientes.

    – Bueno, no quería ser brusco, pero si lo prefieres así!

    – Lo prefiero! Le volví a cortar.

    – Pues le estaba haciendo una mamada impresionante, como nunca me la había hecho a mí. De hecho sentí cierta envidia viendo cómo se tragaba la polla de su hijo por completo mientras el tiraba de su pelo como si fuera a arrancárselo!

    La imagen que llegó a mi cerebro me produjo más excitación, aunque no me podía imaginar a Javier así, conmigo siempre había sido bastante remilgado con el sexo.

    – Entonces… te excitantes viéndolos? Le pregunté sin rodeos.

    – Pues aunque te parezca increíble, no sabes cómo se me puso el… la polla!

    – Te entiendo, creo que yo también me estoy calentando escuchándote!

    Le dije pasándome los dedos sobre el triángulo de mi tanga amarillo sin cortarme. Miré descaradamente a su bañador y vi como se le había abultado.

    – Veo que tú también te estás calentando al recordarlo!

    – No te voy a negar que fue una imagen que me excitó mucho, y lo sigue haciendo cuando la recuerdo!

    Mi estado era una mezcla de cabreo y a la vez excitación. El morbo había exonerado mi mente de todas las reticencias que lo habían colapsado en un principio, y ahora, al mirar el bañador de mi suegro me entraron ganas de arrancárselo para ver el bulto que lo llenaba. Creo que el también se dio cuenta del brillo lujurioso que desprendían mis ojos, y pasó su mano por encima de la tela como un acto de… “ Aquí está, a tu disposición! “.

    No me di cuenta, mejor dicho, no quise saber que me estaba manipulando, pues mis deseos lujuriosos ya invadían todo mi cuerpo. Como no retiré la mirada cuando paso su mano sobre el bañador, lo hizo un par de veces más mientras continuaba hablando.

    – Noté como se me ponía la polla dura bajo el cobijo de la mesa del despacho cuando entró una de las secretarias a comentarme unos datos. En vez de cerrar la pantalla, me pareció más excitante mantenerla abierta mientras ella estaba al otro lado de la mesa. Baje la mano hasta el pantalón y comencé a sobarme la polla sobre la tela mientras intentaba escuchar lo que ella me decía, pero la escena cambio, y mi mente casi se desconectó del todo.

    Según hablaba, yo no dejaba de mirar su bañador y no puedo decir que fue una sorpresa ingrata cuando tiró suavemente de él y su polla saltó como un resorte fuera de la tela. Abrí aún más los ojos y solo pude articular dos palabras al ver su polla, de buen tamaño, totalmente erecta.

    – Sigue! Sigue!

    – Ana se incorporó y se llevó a Javier junto a la mesa alta del salón. Se sentó sobre ella abierta de piernas y la escuché decir. “ Se un buen perro y chúpamelo con deseo! “. Comencé a presionar el botón del ratón para bajar el volumen, estaba bajo, pero no sé si la secretaria pudo llegarlo a oír, pues nunca me llegó a decir nada. La despedí arrebatadamente sintiendo que perdía el control. Nada más cerrar la puerta puse el zoom y vi como Javier lamía el coño de su madre en un primer plano. No sé cómo explicar la sensación que tuve viendo a mi hijo con la cabeza metida entre los muslos de mi mujer, pero un morbo cargado de densa lujuria recorrió todas mis venas. Me saqué la polla bajo la mesa y comencé a masturbarme con desesperación.

    Yo le oía sin parpadear, con una mezcla de asombro, entusiasmo y excitación. Ya había alargado mi mano hasta el regazo de mi suegro, diría que sin darme cuenta, pero no es así, pues la visión de su miembro erecto mientras hablaba había levantado una tormenta de calor en mi cuerpo que no podía reprimir. Sentí la carne dura, y la piel tersa rodeada de venas de gran calibre recorriendo el duro miembro, y noté como se me mojaba el tanga amarillo. Comencé a pajearle con los ojos clavados en el erecto miembro sin poder parpadear, cuando noté sus dedos sobre el centro de mis piernas. Las abrí como si hubiera activado un mecanismo automático y sentí penetrar uno de sus dedos en mi ya mojada vagina. No obstante, el no detuvo su relato.

    – Después de chuparle el coño como un perro sediento, ella tiró del pelo de Javier para que se elevara. Recostó la espalda sobre la mesa levantando las piernas como si fuera una acróbata de circo, y Javier le insertó la polla de un solo empujón haciendo que su espalda se curvara a la vez que emitía una especie de alarido. Le sujetó las piernas en alto, y comenzó a bombear a un ritmo lento, pero constante, mientras ella se retorcía sobre la mesa. Dejo que las piernas de Ana descansarán sobre sus hombros y se empleó sobre sus pequeñas y puntiagudas tetas.

    Yo le escuchaba frenética, me sentía al borde de un colapso vaginal. Empape sus dedos un par de veces mientras ya los metía profundamente en mi coño.

    – Quieres follarme? Le dije con una voz que sentía que no era mía.

    El accedió con una sonrisa extrañamente diabólica.

    – Solo te pido una cosa! No pares de contarme la historia! Le dije con la boca medio desencajada.

    Me levanté para apoyar mis manos sobre la mesa e incliné mi cuerpo. Noté sus manos pasar por toda mi espalda hasta llegar al culo, y sentí como lo apretaba con ganas. Yo ya no estaba excitada, más bien desesperada por sentir su polla dentro, mientras me seguía susurrando la historia tras mi espalda. En unos segundos, había bajado mi tanga y noté una profunda penetración que llenó por completo mi vagina. Comenzó a bombear con lentitud, e inquisitoriamente le pedí que siguiera la historia.

    – Vi como apretaba las pequeñas tetas con sus dos manos llegando a hacerla gritar! – continuó Roberto con ese mismo tono que me había puesto tan caliente – Sus embestidas aumentaron, en velocidad y potencia, haciendo que todo el cuerpo de su madre se arrastrará por media mesa. Pude ver su cara desencajada, y su cuerpo retorciéndose cuando se corría como una perra, y cuando pensaba que había acabado, Javier sacó la polla empapada del coño de su madre y buscó el agujero ligeramente amarronado de su pequeño culo.

    – Joder, dame más fuerte! Le grité después de haberme corrido – Quiero que me folles como se folla tu hijo a tu mujer!

    Me sentía totalmente fuera de mí. Era la primera vez que me corría y a la vez me quedaba insatisfecha. Era tal el morbo y la excitación que recorría mi cuerpo, que todo me sabía a poco.

    Mi experimentado suegro no me hizo caso, y siguió al mismo ritmo sabiendo que me crearía mayor desesperación. Parecía un director de orquesta marcando el ritmo de la melodía a los músicos, y en este caso, los músicos eran las diferentes partes de mi cuerpo. Alargó sus manos y me agarró mis grandes tetas, esas que ya le había visto desear con sus ojos vivos y chispeantes. Sentí como las apretaba para sentirlas sin que pudiera abarcarlas con sus manos. Creo que echaba de menos una tetas grandes viendo cómo eran las de su mujer. Sentí como tiraba de mis pezones llegando a hacerme gemir en una mezcla de dolor y placer.

    – Acerqué más el zoom – continuó hablando – y vi en plena pantalla como la atravesaba el pequeño culo con su polla dura y muy tiesa. Lo penetró tan profundamente que la espalda de su madre dibujo un arco imposible sobre la mesa! Ya me había puesto los cascos y había subido el volumen para poder oírlos bien. El gritó fue tremendo, supongo que una mezcla de dolor y placer, pues al segundo siguiente le gritó “ Mas fuerte hijo! Más fuerte!! “.

    Yo jadeaba sobre la mesa como una puñetera perra, pensaba en el cabron de mi marido fóllandose así a la zorra de su madre, cuando conmigo había sido tan púdico y estricto con el sexo. Cuántas veces había deseado que me follara así, cuando lo hacíamos a media luz y siempre en la misma postura sobre la cama. La rabia, la lujuria y la desesperación me dominaban de una forma incontrolada.

    – Métemela por el culo! Le grité después de haberme corrido de nuevo.

    Era la primera vez que me iban a meter una polla en el culo, pero ni pensé en que sentiría, tan solo quería recibir lo mismo que estaba recibiendo Ana en esa historia. Noté el gordo capullo de mi suegro apretando sobre mi culo hasta que consiguió entrar. A pesar de estar empapado de mi propio flujo noté dolor, si, dolor, porque la primera vez eso duele, pero poco a poco fue penetrando sintiendo como arrastraba la carne interior de mi esfínter. A la tercera penetración me lo había abierto por completo y sentía su polla entrar con suavidad. El siguió con el relato y volvió a ponerme más caliente que el aceite hirviendo. Metí dos dedos en mi coño y lo bombee al mismo ritmo que él me empalaba el culo. Sus pollazos últimos fueron bestiales haciéndome gritar como una loca. Creo que me corrí y me mee a la vez mientras gritaba como como si estuviera poseída, pues cuando mire al suelo había un buen charco.

    Roberto sacó la polla de mi culo y el líquido blanco y denso comenzó a chorrear entre mis muslos. Todavía jadeante, se subió el bañador y se marcho a la playa como le había prometido a su mujer mientras yo recuperaba la respiración sentada sobre la silla con las piernas empapadas.

    Volvieron cerca de la hora de comer y Ana se subió directamente a su habitación. Yo charlé con Javier unos minutos de cosas banales mientras en mi mente le veía reventándole el culo a su estirada madre. Decidimos subir a cambiarnos y al pasar por la habitación de Ana, la puerta no estaba totalmente cerrada. Javier la abrió para preguntarle si se ponía a preparar la comida y la oí gritar con enfado “ Cierra la puerta que estoy desnuda! “ Javier, sumiso y apocado cerró la puerta pidiendo perdón.

    – Tanto le molesta a tu madre que la veas desnuda? Le pregunté con sorna mientras la imagen follándosela no se me iba de la cabeza.

    – Es que ella es muy púdica, y no le gusta que la vean ni en ropa interior!

    Me quedé traspuesta “ Joder, aquí hay algo que se me escapa! “ Pensé mientras activaba todas mis neuronas intentando descifrar lo que me había dicho. Parecía no cuadrar nada con lo que me había contado mi suegro.

    – Pero de pequeño la habrás visto alguna vez desnuda!

    – Si, pero ni lo recuerdo, creo que tenía seis años cuando deje de ir a dormir a su cama. Esto no te lo he contado, pero a esa edad tenía sueños que me daban miedo y me iba a la cama de mis padres, pero como te decía, solo tenía seis años.

    Caminamos hasta la habitación a cambiarnos para comer mientras empezaba a sentir que mi suegro me había engañado. El muy cabron me había contado esa historia para conseguir cabrearme, excitarme y finalmente follarme como lo había hecho.

    Me vestí con rapidez y baje hasta el jardín donde estaba tomándose una fría cerveza. Me acerque hasta dos metros de su cara.

    – Eres un punto cabron! Me has engañado! Le solté con palabras, aunque lo que me apetecía es darle una buena ostia.

    – Bueno, yo te he contado una historia, pero has sido tú la que me has pedido que te follara!

    En el fondo llevaba razón el muy cabron, pero me sentía totalmente estúpida y manipulada. Me serene y me senté en una silla abriendo una cerveza y dando un buen trago. Necesitaba enfriar mi cuerpo y mi mente. Mientras pensaba en lo ocurrido el volvió a hablar.

    – Se cómo es mi hijo, y se que no se follaría como te he contado ni a la mujer más sensual del mundo. También había supuesto que te excitaría pensar que el podría follar así aunque sabes que él nunca lo hará, es tan púdico para el sexo como su madre.

    – Pero te has aprovechado de mi como un cabron sin pensar que ahora podría contárselo a Javier.

    – Y que le vas a contar, que te he contado una historia que te ha puesto muy cachonda y me has pedido que te follara? No creo que le cuentes nada. Tómatelo como una experiencia y piensa si realmente te ha gustado. Piensa que sigues casada con el, y que lo que has experimentado en la cama hasta ahora con Javier es lo que tendrás para el resto de tu matrimonio. Reflexiona sobre ello y cuando lo hayas pensado , tranquila y fríamente volvemos a hablar del tema.

    La verdad es que sus palabras no me indignaron, tuvieron el efecto de serenarme. Pasó una semana de playa con la rigurosa monotonía del primer día, haciendo siempre las mismas cosas y con los mismos horarios hasta que al décimo día ya no podía más. Volví a alegar que me dolía la cabeza para no ir a la playa y le hice un guiño a Roberto.

    Cuando nos quedamos solos, después de que el pusiera la misma escusa que la primera vez, nos sentamos a tomar una copa mañanera, pero esta vez de whisky.

    – Lo he pensado bien, y quiero saber si eres capaz de ponerme tan caliente sin contarme historias! Le dije sin rodeos.

    Os puedo decir que lo hizo. Esa mañana follamos como conejos, no solo me puso caliente, me puso más salida de lo que había estado en toda mi vida. Me follo por todos lados y en todas las posturas imaginables demostrándome una pericia exquisita para el sexo.

    Realmente fue algo genial, y desde entonces aprovechamos un par de días a la semana para follar como locos mientras mi marido y mi suegra siguen llevando su vida monótona y equilibrada.