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  • Quills: Letras prohibidas

    Quills: Letras prohibidas

    Trabajé en Colombia en el área de tecnologías informáticas durante 5 años, hasta que mi empresa abrió un concurso de méritos para la apertura de su nueva sede en Nueva Orleans.

    Esta empresa es una gran multinacional con sedes en otros países, y entre ellos, gracias al cielo: México.

    Al llegar a la ciudad debo decir que me adapté rápidamente a la cultura y ambiente local; soy de la costa atlántica y la arquitectura de esta ciudad se me asemejaba mucho al centro histórico de mi linda Cartagena.

    El primer día de trabajo fueron las presentaciones entre el grupo de trabajo; y Liana victoria oriunda de Monterrey México llevaba un hermoso traje azul turquesa que resaltaba su esbelto cuerpo; aunque, detrás de ese refinado vestido se escondía una bestia sexual como ninguna otra que poseyera en mi vida.

    Pasó el tiempo y comenzaron las insinuaciones de ella hacia mí. Había días en que me miraba lujuriosamente y me contaba chistes picantes sobre aquello que deseaban las mujeres de los hombres. Y, aunque al principio me daba pena seguirle la corriente por ser introvertido, debo reconocer que esa dinámica entre los dos se fue haciendo más frecuente y divertida, lo cual hacia más ameno el ambiente laboral y sobre todo: aumentaba la tensión sexual entre ambos.

    Pasaron los meses y un día la empresa celebró su primer año de apertura en la semidestruida Nueva Orleans, con una ceremonia en el área de eventos del edificio. Iliana trajo ese día como pocas veces un traje corto, lo cual resaltaba más sus caderas. Sabía del gusto que tenía Iliana por los chupitos de tequila; y sabía que ese día con la barra abierta del evento no se privaría de tan delicioso trago mexicano. En un momento de la noche y sin percatarme porque también charlaba con directivos y colegas de la oficina; Iliana se tambaleó, perdió equilibrio con los tacones y cayó al piso con la copa de tequila, dejando entrever entre sus piernas unas bragas negras que a día de hoy creo que eran de Victoria Secret. «No mames pendejo y tráeme otro chupito» -grito Iliana. » -Estás vuelta un desastre y debería llevarte a casa inmediatamente» repliqué con notable molestia.

    Subimos al taxi y nada más cerrar la puerta y arrancar comenzó el desenfreno. – «Las regiomontanas somos muy fogosas en México» me dijo con voz suave y agregó: hoy vas a compensar mi falta de marido por un pinche año.

    Bajamos del taxi subimos a su habitación en un quinto piso; aunque el modesto edificio contaba con ascensor y no había sido tan afectado por el huracán Katrina, debo decir que fue un suplicio cargar con Iliana borracha y meterla en la cama.

    Al acomodarse en la cama me dijo en un susurro: – «crees que lo del taxi era en broma, subete a la cama», – «Iliana no creo que… le respondí. -» -«Hablas mucho pendejo, son todos los colombianos tan aburridos o tu eres la excepción» …

    Sin pensarlo y como un acto reflejo me subí a la cama; le arranqué el vestido y le quité el brasier, le chupé los senos con pasión- «los tienes duro mi vida»- le dije – «no hables pendejo y baja tu lengua que necesito estar lubricadita como una perra en celo» Gritó en el acto. Fui bajando la lengua por el ombligo y debo decir que aunque era de contextura gruesa, no se le notaban para nada las molestos gordos que tanto odian las mujeres.

    Acto seguido y con desesperación bajé sus bragas de » Victoria secret» con torpesa y vi que tenía el coño depilado -«esta depiladito para ti mi vida y espera a ver lo que te espera detras». Empecé a lamerle el clítoris en un movimiento descendente y notaba como los flujos vaginales fluían directo hacia mi lengua y después a mi garganta. Y, aunque debo confesar que fue la primera vez que probé flujo vaginal, ya que siempre tuve prejuicios sobre ésta práctica, me importó un carajo el sabor y el olor de su flujo dentro de mí.

    Enseguida y con sorpresiva determinación Iliana me dijo – «sabes una cosa: con tequila el coño sabe más rico me aconsejo mi prima mayor; tengo una botella de don julio 70 en la repisa de la cocina», a lo que inmediatamente procedí. Empecé por regarle el tequila en las tetas y a darle chupones; luego le pasé por la vagina y metí la lengua hasta donde pude -«Dale puto y haz lo que el pendejo de Hernando nunca se atrevió en Monterrey». Debo confesar que el salado del tequila, con la viscosidad del flujo no me agradó del todo a pesar de que mi mente volaba en piloto automático.

    Inmediatamente le dí media vuelta y le abrí las nalgas, humedeciendo mi boca con tequila le introduje toda la lengua en su culo de puta -«dale mi vida y métela hasta que no puedas más» gimió soltando vulgaridades a todo pulmón; se lo lamí y podía sentir con mi lengua la textura de su cavidad anal; y, aunque en un momento pensé en lo asqueroso que sería su culo sucio por mis prejuicios, ya mi mente andaba volando por Plutón.

    En el acto me dijo que la penetrara por la vagina a lo que yo le dije que iba por el premio mayor y que su culo era lo que quería. Con la ayuda del tequila y bastante saliva le lubrique su pequeño culito, lo que permitió que mi glande entrara fácilmente, aunque no evito cierto quejido de mi putita -«De seguro pendejo que así te culeas a las criadas de tu casa» crepito en un extasis de placer a lo que yo respondí -«En trío con una criada y una prima»- , este comentario la excito más porque sentí un corrientazo desde su base del cuello hasta las caderas.

    De repente y de manera casi inconsciente por el frenesí del momento, sentí como mi verga estaba toda dentro de ella. Fueron 30 minutos de mete y saca hasta que en un momento y ya evidentemente cansada me dijo -» sabes una cosa: porque no acabas dentro de mi puto culo» , a lo que yo obedientemente y sumiso realicé con una gran descarga de mi leche caliente; en ese instante sentí como mi glande se dilataba por la presión y su cavidad anal se ponía cada vez mas caliente y llena de mi preciado liquido.

    Lo que pasó a continuación fue lo que más me desconcertó de esa noche surreal: al sacar mi verga y recostarme en la cama, por el evidente cansancio de la noche y del «jala jala» me dijo – «una última cosita putito: quería una corrida en mi boca pero como me acabaste en mi culito quiero explusarlo por mi culo hacia tu boca y luego me lo pasas a la mía» al instante sentí un fogonazo de placer en mi estomago que fue subiendo hasta mi pecho y pensé -«esta maricada no pasa ni en el porno» soltando después una carcajada.

    En el acto se puso en cuclillas sobre mi cara y aunque podía ver su semen brotando de entre sus nalgas y muslos, sabía que mi provisión de esperma estaba casi toda dentro de su culo -» abre malparido que te lo voy a pasar» me dijo entre gemidos; y mientras esperaba su descarga en mi boca le iba lamiendo y tragando el semen visible afuera. Fue a los 20 segundos cuando vi su ano dilatarse y el semen salio de a poco con un color blancuzco y rojo; supongo que sería sangre por la penetración; fueron tres expulsadas y lo contuve con un rostro de extrema perversión.

    Instintivamente y como una perra en celo que es me dijo- «pásamelo a la boca que quiero probar tu semilla en mi lengua y garganta» a lo que yo ni corto ni perezoso tomé todo mi semen contenido en mi boca (al recordarlo me siento bastante afeminado) y se lo pasé de una sola bocanada. Se lo tragó en un éxtasis de placer a lo que yo la besé diciéndole que quería compartir mi semilla con ella.

    Al lunes siguiente y con el domingo de por medio para salir a trotar, y asimilar el carnaval de río que habia sido la cama de aliena esa noche me dijo desde su cubículo -«sabes mi putito: para la próxima debemos aumentar la dosis de chupitos».

    POR FIN.

  • Gym una fortuna inesperada

    Gym una fortuna inesperada

    Llegaba la tarde, y como todas ellas iba al gimnasio donde iba a hacer ejercicio y debes en cuando la hacía de encargado, era un gimnasio elegante y discreto en la zona centro de la ciudad, frente a un ruidoso hospital. Todo parecía iba a ser un día normal, misma gente, mismos aparatos, misma energía en mi cuerpo, todo parecería igual.

    Llegando ahí, me encontré a Carlos el dueño del lugar, preguntándome si me podría hacer cargo ya que el saldría de la ciudad aprovechando el día festivo del día siguiente. A lo que sin pensar le respondí que si, a mi parecía bien ya que esos días solía pagarme con mensualidades o parte de, por lo que para mí estaba bien, sonaba razonable, aparte de que podía hacer mis ejercicios con tranquilidad.

    Durante la tarde todo transcurría con tranquilidad, como dije antes creí iba a ser un día normal, hasta ese momento en el que por la puerta apareció una mujer que lleno mis ojos, su brillo contrastaba a la luz que entraba por la puerta al abrirse, sus medidas eras increíbles, sus pechos grandes y en su lugar, sus nalgas grandes y redonditas, era llenita pero todo parecía bien acomodado, poco a poco se fue acercando a mí, nunca la había visto así que hay me ven babeando hasta que se puso frente a mí y me dijo:

    -Hola, ¿tú eres el encargado del gimnasio?

    -Yo titubeando le dije, si yo soy el encargado de este día, ¿te puedo ayudar en algo??

    Ella sonriendo me dijo: si, acabo de decidirme de bajar estos kilitos que tengo de más.

    Su sonrisa hacia mi corazón acelerar, devolviendo la sonrisa respondí:

    – claro que sí, para mi te ves bien, pero si por salud hay que darle movimiento al cuerpo.

    Ella respondió: me avergüenzas gracias, me podrías dar información de los costos y así.

    Yo todo sonrojado le explique los costos, los horarios, y todo lo que ocupaba saber sobre el gimnasio, al ya ser un poco tarde le explique que en menos de 1 hora habríamos de cerrar.

    A lo que ella me dijo: A si, claro, de hecho, solo venia el día de hoy a preguntar aunque igual y si me quedo un rato a hacer un poco de cardio y pierna, por cierto mi nombre es Wendy.

    – Mucho gusto Wendy, Por supuesto que sí, si gustas puedes empezar con caminadora, igual cualquier cosa que ocupes me dices, le respondí.

    En el fondo de mi corazón yo esperaba me preguntara todo, cada oportunidad que tenía me acercaba a cambiar sus ejercicios y preguntar cómo se sentía, ella se estaba esforzando mucho, podía ver su cuerpo sudar, debajo de su muy pegada ropa: ella andaba vestida con unos leggins negros los cuales torneaban sus hermosos glúteos, una camisa rosa deportiva, su piel era blanca, su cabello negro como la noche, sus ojos chiquitos y hermosos, su sonrisa brillaba como la de los comerciales de pasta de dientes, sus piel se ponía rosa al sudar. Todo ella brillaba, literal brillaba.

    Ya casi llegada la hora, ya solamente nos encontrábamos ella y yo, la gente ya se había ido, yo revisaba mi reloj, para disponerme a ir a casa a dormir como siempre, cuando de repente escuche un quejido. Me acerque y le dije:

    -¿uyyy que paso? Le pregunte un poco preocupado.

    Ella me dijo: ayúdame please me dio un calambre, su carita se había tornado un poco adolorida.

    Podía ver que como ella estaba haciendo pesas para glúteos, ella estaba acostada boca abajo, sus nalgas se miraban hermosas, le quite el peso y le dije:

    -¿Ya te sientes un poco mejor?. mientras miraba su precioso rabo.

    Ella respondió: muchas gracias aun me duele un poquito. Señalando su muslo

    Le dije que si quería le hiciera un ejercicio de relajación de músculos, ella sin dudarlo me asintió. Le pedí se volteara, estire su pierna, pudiendo ver como se formaban sus labios como pidiendo beso.

    -lo que pasa es como acabas de empezar, tu cuerpo no esta preparado para tanto trabajo, debes de hacer tus ejercicios con el peso que puedas para terminar tus series, si usas mucho peso vas a sobre calentar tus músculos. Le mencione

    Ella me respondió: ya se, es que ps siempre creí que si dolía es porque si estaba trabajando.

    Le dije: claro pero debe de ser por relajación de músculos, no por sobrecalentamiento, porque te puedes rasgar el musculo y te dolerá varios días.

    Ella sonriendo me dijo: ¿tal vez eso quería?, no te creas veras que te hare caso. Yo podía ver su carita provocando que cada mi corazón se acelera mas. Le dije que tenía una crema para el dolor por si quería.

    Ella respondía: si no es mucha molestia, porfa.

    Le respondí sonriendo: por supuesto que no, déjame la traigo. Casi como flash fui a donde estaba guardada, la unte en mis manos, y empecé a masajear su pierna, ella mostraba una cara de dolor pero a la vez de que estaba apenada, mientras sobaba sus muslos.

    Ella me dijo apenada: te digo la verdad me sigue doliendo la pierna pero gracias si me hizo sentir mejor. A lo que respondi:

    Te podría echar en la pierna pero tu pantalón estorba… siendo bromista, esperando una cachetada dije.

    Ella me dijo con sus cachetes rosados: amm pues si quieres quítamelo, la verdad si me duele mucho, no vayas a creer cosas malas de mí, pero si me das confianza…

    Mucha química había nacido entre nosotros, ya para entonces ya tenía cerrado el gimnasio. Retire sus leggins despacito mientras ella miraba al techo muy apenada con sus hermosas manos en su monte de venus. Yo podía ver todo de ella mi corazón se aceleraba a mas no poder. Deje los leggin en un aparato, tome ungüento, me lo unte en mis manos y tome su muslo.

    Ella me dijo: ahí está bien ándale, en mi muslo uhh si me duele mucho. Su carita hacia pujidos.

    Mis manos rosaban su suave piel de arriba a abajo acariciaba su pierna, era hermosa ni un bellito se miraba, su piel blanca y húmeda, me tenía bien excitado, mi respiración se hacía más fuerte mientras ella miraba el techo cubriendo su entrepierna. Poco a poco iba bajando mi manos bañando cada cm de su piel con ungüento, llego un momento en el que el éxtasis no me hizo darme cuenta que ya estaba sobando casi sus ingles. Pude ver su cara sonrojada, la mire y le pregunte:

    -¿cómo te sientes, te sientes mejor?, con mi voz cortada…

    Ella me respondió suspirando: la verdad si, siento a gusto, aunque no siento mi pierna ehh… riendo me decía.

    -Mira ps je es que tiene un poco de relajante muscular que hace que no te duela pero si entume un poquito… respondí sonriente.

    Con su cara toda hermosa dijo: ah mira si me lo imagine, pero si la verdad se siente rico… ¿te digo algo?, Me duele aquí un poquito.

    ¿Dónde te duele?… le respondí, ella con sus dedos señalo su pelvis en ese movimiento pude ver sus labios vaginales abrirse un poquito, traía esas pantis de abuelita grandes color blanco.

    -¿De que te ríes juju?- me dijo bromeando.

    -de tus calzones, ¿son de abuelita?… jeje, sonriendo le dije.

    -que mañoso ehh no me mires… sonriendo me decía.

    Bañe mis dedos en ungüento, con mis manos puse su pie en mi hombro, mientras ella con sus manitas seguía tapando su entrepierna. Con mi mano izquierda empecé a masajear su ingle, de arriba abajo sentía su piel como se erizaba, miraba su cara viendo al cielo sonrojada y como queriendo hacer pujeritos. Inconscientemente movió sus manos a su pecho. Moví un poco su calzoncito esperando su malestar, pero no paso, ella estaba entregada al momento y a la relajación, sus ojos estaban perdidos, su respiración se estaba acelerando, podía ver su abdomen agitarse. Haciendo círculos seguía rodando su ingle, ya sin untar ungüento, mis dedos iban comiendo centímetros hacia su vagina, podía verla estaba húmeda, sus labios cerraditos, y temblando.

    Le pregunte: ¿Wendy te dormiste? … sonriendo ella me respondió… no, solo que me siento a gusto, continua ¿sí?… mi corazón se aceleró a máxima velocidad su carita hermosa sonrojada y perdida en el éxtasis de lo que estaba sintiendo su cuerpo no quería que parara. Mis manos siguieron haciendo círculos mientras poco a poco hacia su calzón a un lado. Hasta ese momento que pude ver como aparecían los hermosos labios cerraditos de su vagina que estaba húmeda, era rosita por dentro y blanquita y pura por fuera. Podía ver su monte de venus lleno de pelitos, su cara lo decía todo quería que le viera, su cuerpo estaba tan excitado que su mente se encontraba en la luz producida por la lámpara de la habitación.

    Viendo su hermosa cara le dije: ¿continuo?…

    Ella con su voz cortada y ardiente respondió: sí. Un quejido salió de su boca, desplace su panty con un poco de pena, mientras ella ponía un poco de resistencia pero dejando su cuerpo fluir, tapo su entrepierna tibiamente mientras dejaba su pierna caer en mi hombro, acercándome poco a poco desplazando mis dedos por toda la dimensión de su pierna, sintiendo su piel erizada y ardiente hasta llegar a su entre pierna, ella movió lentamente sus manos, dejándome a merced su hermosa vagina.

    Mi mente se fue al cielo, no podía dejar de ver su belleza de pies a cabeza, su piel erizada, su vagina soltando el jugo de la vida, sin pensarlo, me puse frente su entre pierna, desplace mi lengua de abajo hasta arriba, despacito cm a cm podía escuchar los jugos de sus labios abriéndose, sentir sus músculos contraerse, los dedos de sus pies cerrándose, y su respiración agitada, soltando murmullos de excitación. Una y otra vez bajaba mi lengua, de un lado a otro su vagina estaba caliente y deliciosa, su sabor era el, de una cerveza bien helada, el de un chocolate natural, la lluvia en un verano asoleado.

    Abandone su monte de venus, y empece a bajar a sus hermosas piernas blancas perfectas, con uno que otro vellito transparente como su mirada, besando hasta llegar a los dedos de sus pies, los meti en mi boca uno por uno iba chupando sus hermosos pies, uno a uno, podía sentir la química entre mi boca y su cuerpo, realmente estábamos conectados, tome su otro pie, bese lentamente desde la planta, subiendo a sus muslos cm a cm, degustando de su suave piel, su piel sonrojada al pasar de mis labios hasta llegar a su entre pierna, donde bese sus labios cerrados y carnoso, chupaba lentamente mientras con mis dedos, mostraba su redondito clítoris, lo acariciaba con las yemas de mis dedos, mientras mis labios y sus labios se besaban, un rico sabor salía de sus jugos, tome su clítoris oculto entre su vello púbico y empecé a besarlo, lo tomaba con mi boca, mientras mi lengua lo rodeaba. Podía ver su cara estaba extasiada y apenada, mordía sus labios, pujaba solo en su abdomen, su respiración forzaba y excitada. Se veía hermosa, su pelo negro colgando en el aire, sus manos amarradas en sus hermosos senos.

    -¿Te gusta?- Excitado le pregunte.

    Ella voltio a verme y respondió: – se siente bien, mientras mordía sus labios. Su voz cortada, llegaba a mis oídos, fuera de control empecé a chupar sus carnosos labios, los rodeaba con mi lengua. Mi pene estaba duro, dolía debajo de mi pans, quite mi pans y mi bóxer, dejándolo libre.

    La tome en mis brazos y la deje caer en el sillón ella estaba realmente entregada podía ver como no le importaba donde la tocara, retire su playerita, y sostén, un enorme sostén c, sus senos suavecitos y redondos, las aureolas de sus pezones eran grandes y color cafecito claros, y sus pezones duros como el metal. Con mi boca empecé a rodear sus hermosos pechos, despacito empezaba a succionar, ella se estremecía, me encaba sentir su cuerpo, sentir como movía sus músculos de un lado a otro, su respiración agitada, me tenía tan excitado, mi pene rosaba su vagina, mientras comía todo de ella, el sabor de su piel estaba en mi lengua. Después de varios minutos de comer sus pezones baje a su vientre, bese su vientre, poco a poco me desplace pasando y rosando el bello negro de su entre pierna.

    Tome su vagina y empecé a masturbarla, metiendo mi dedo poco a poquito, salía mojado de tan húmeda vagina, estaba realmente apretadita esa vagina, mi lengua comía su clítoris, mientras mi dedo medio entraba y salía de su vagina, ella no dejaba de retorcer sus músculos, comenzaba a jadear de placer, el sonido de mi lengua en su vagina inundaba el lugar, era un hermoso momento mi corazón latía a mil por hora, saque mi dedo, y cuando me disponía a meter mi pene, me paro y me dijo con su voz cortada:

    -Despacito porfa es mi primera vez. Mmm ha.

    Mi mente se nublo en ese momento, ella estaba diciendo que era virgen y que yo sería el primero, sin palabras le respondí: -eres realmente hermosa, que honor y placer ser el primero, claro que te voy a cuidar como la reina que eres Wendy.

    Me lance sobre ella, nos cuerpos se unieron en uno, nos conectamos en cuerpo y en alma, poco a poco mi pene entro en su apretada y húmeda vagina, un quejido de dolor salió de su boca, cuando sentí su himen romperse, como si fuera una oblea en mi boca, la fricción de su vagina, provocaba un placer inigualable, lento y sin fuerza lo desplazaba en la profundidad de su cuerpo.

    Ella no paraba de pujar su corazón estaba acelerado, su respiración parecía que daba el último suspiro de su vida, estaba tan excitada que sus ojos se pintaban de blanco. Sus manos rodearon mi cuello llevándome a ella mientras con sus hermosos muslos se afianzaban en mis caderas, me dio un beso que me hizo ver el cielo, su aliento era el aroma de los dioses, se aferraba a mis labios pareciendo querer arrancarlos, mientras mi pene entraba y salía de su vagina. Todo era hermoso en ese momento bese su cuello, mientras ella con tanta pasión apretaba mi pene con su vagina, sentí que me iba a venir, era una presión inigualable la que sentía en mi cuerpo.

    -Ahhh, que rico se siente… Mordiendo sus labios me decía.

    Su piel estaba sudada, bañaba mis caderas con sus piernas, mientras yo miraba su hermoso rostro, me encantaba ver como cerraba y abría sus ojos perdidos, su boca pujaba y mordía sus labios, sus pechos se movían de un lado a otro, su vagina se miraba enrojecida, y húmeda. Después de menear mis caderas con mi pene en su interior, yo estaba extasiado, mis piernas temblaban, sentía el corazón explotar, mis manos en sus caderas, sintiendo su hermosa y suave piel, me hacían sentir increíble, pude tocar el cielo, el cielo estaba en mis manos, el semen de mi pene salió hirviendo incubándose en el interior de tan húmeda, mientras ella jadeaba de placer. Me tomo de los hombros, me acerco a ella no quería soltarme, quería todo mi semen en su interior, dándome un beso increíble se me colgó en los hombros, la tome me acosté en el sillón y la subí en mi sin sacar mi pene de ella, ella se recostó en mi pecho con todo su cuerpo rozando al mío.

    Moviéndose de un lado a otro rozándome, pude sentir como mi pene se volvía a parar, se puso tan duro en su interior, que ella empezó a subir y bajar mientras sus senos rebotaban en su pecho, podía verla, estaba extasiada, subía y bajaba con tal fervor que podía sentir como sus nalgas pegaban mis piernas. Subía y bajaba, mientras sus jadeos cada vez eran más intensos. Con mis manos en sus pechos acariciándolos. Con sus pezones en mis manos, ella se vino dejo caer su cuerpo sobre mi jadeando de placer.

    -Ahhh, ahh ahhh… ella jadeaba sobre mi pecho toda húmeda, mientras yo sin venirme daba mi última envestida, moviendo subiendo y bajando mi pene con todo el peso de su vagina, ella toda agotada, no dejaba de jadear mientras yo la sentía mojar mi vello púbico, nuestros jugos agitados se frotaban y hacían un hermoso sonido, subía y bajaba, subía y bajaba, mientras ella jadeaba apretándome con sus piernas y brazos.

    Una embestida que la dejaba a mi merced recostada de mi pecho, de arriba abajo me vine dentro de ella, nuestros jugos se unieron, ella jadeo hasta al final rendida en mi pecho, agotada, sudando, sus piernas en mi alrededor, temblando de pies a cabeza, respirando tan fuerte en mi pecho, su aliento cálido, sus brazos caídos en el sillón, era una escena de pasión de telenovela. Un culto al amor, un culto a la entrega y el deseo. Un día que parecía igual se había vuelto en el mejor día de mi vida.

  • Por andar provocando a mi suegro

    Por andar provocando a mi suegro

    Continuación del relato “Soy la mujer de mi inquilino cuando mi esposo va a trabajar”, dejo el enlace al final del relato. 

    Hola soy nuevamente Patricia, en el relato anterior les conté como me convertí en la amante de mi inquilino, Don Fernando, un hombre maduro que me hacía gozar a límites insospechados, me encantaba que me cogiera y me hiciera suya cuando mi marido se ausentaba para ir a trabajar en las Plataformas Marinas, pero seguía en mi rol de mujer casada y abnegada con mi joven, guapo y brillante esposo, cumpliendo con mis deberes.

    Mi esposo es de la ciudad de Tampico, por motivos de trabajo tuvo que emigrar al Sureste, un día me informó que saldría de vacaciones y quería que las pasáramos con sus padres, se las dieron precisamente en fechas de Semana Santa, era una excelente oportunidad de conocer a toda su familia aprovechando los días feriados, aunque extrañaría las cogidas de Don Fernando, no puse objeción, debía complacer a mi maridito.

    Como les había comentado en el relato anterior, soy una mujer muy atractiva, con un trasero levantado, redondo y respingón, sin querer sonar pretenciosa es muy lindo trasero y me gusta presumirlo, acostumbro usar minifaldas, vestidos cortos, pantalones ajustados al cuerpo o leggins, vestir sexy sin llegar a lo vulgar, llamar la atención y que los hombres volteen a mirarme, recibir algún piropo, eso me hace sentir bonita, deseada, pero siempre guardando la distancia, solamente mi esposo y recientemente Don Fernando habían gozado de mi cuerpo.

    Como era de esperarse mis suegros no permitieron que llegáramos a un hotel y nos prepararon el cuarto de soltero de mi esposo para que pudiéramos hospedarnos.

    Mi suegro se llama Manuel, es un hombre maduro, de alrededor de 60 años, pero se conservaba bastante bien, de una altura similar a su hijo, alrededor de 1.80, un poco más corpulento, pelo entrecano, se notaba que debió ser muy guapo en su juventud, dueño de una pequeña compañía de software que trabaja para algunas empresas de la zona, mi suegra un poco más joven, alrededor de 55 años y una mujer muy tradicional y religiosa.

    El día que llegamos toda la familia fue a recibirnos y se armó un gran convivio, asistieron los dos hermanos mayores de mi esposo, ambos ya casados con sus respectivas esposas, primos solteros y casados, tíos e incluso algunos amigos.

    Me había puesto un vestido corto de color rojo, entallado al cuerpo y fui el centro de atención, mi marido no me prohibía vestir sexy, creo que más bien le gustaba presumirme, noté las miradas de deseo de los hombres y cierta envidia de las mujeres, no me incomodó ya estaba acostumbrada.

    Me fue presentando a la familia, todos, hombres y mujeres alabaron mi belleza.

    Después de cenar, platicamos como nos conocimos, algunas anécdotas divertidas y la familia me contaba muchas de mi esposo, que nos hacían reír a todos.

    Pasaron un par de horas, mi suegra se despide de nosotros ya que se iba a acostar, nos comentó que estaba en el comité de festejos de Semana Santa de la Iglesia y tenía que levantarse temprano.

    La velada continuó, mi esposo junto con sus hermanos y algunos primos se pusieron a beber de más y cada vez notaba las miradas más descaradas y libidinosas de los hombres de la familia, incluso alcance a escuchar a uno de los hermanos de mi esposo decir:

    – Con todo respeto hermano, pero que buena está tu esposa.

    Fingí no escuchar, pero me agradó saber el impacto que había causado.

    Noté también que uno de los hijos de un primo de mi esposo me tomaba fotos a escondidas, era un adolescente de no más de 15 años, había tomado algunos tragos y me sentía desinhibida, alguien había puesto música y quise darle una lección al joven adolescente, así que lo saqué a bailar.

    El joven estaba nervioso y muy turbado, sentí incluso que temblaba, yo reía por dentro por la turbación del muchacho, mientras bailaba sentí una mirada penetrante que me causó un escalofrío, era mi suegro que me observaba fijamente desde la barra de la cocina, su mirada estaba fija en mi culo firme y redondo que mi vestido resaltaba, creo que el haber tomado también algunas copas de más, perdió lo recatado, aunque al principio me incomodó, me empecé a excitar, me agradaba que me viera, un calor invadió mi cuerpo, y no sé el motivo, tal vez por haber tomado un par de copas, me contoneé un poco más al bailar, procurando estar siempre de espaldas a mi suegro, brindándole un cachondo espectáculo, sentirme deseada por mi suegro me daba mucho morbo y lo dejé que se deleitara viendo mi carnoso trasero.

    Cuando el baile terminó le di un abrazo al chico y alcancé a sentir un bulto duro en su entrepierna, tenía el pene erecto, sonreí para mis adentros, pensando, pobre muchacho, voy a ser el motivo de sus masturbaciones por un buen tiempo.

    Tenía sed y fui por una cerveza a la cocina, las tenían en una hielera en el piso, mi suegro me seguía con la mirada, me excitaba tanto que me viera, me excitaba, abrí la hielera y en lugar de agacharme, me incliné toda, mi vestido se levantó y estoy segura que se veía el nacimiento de mis nalgas, así que mi suegro podía ver en todo su esplendor mi suculento trasero, lo vi de reojo, se sonrojó y se acomodó su verga por encima del pantalón, pude apreciar que se adivinaba un muy buen bulto.

    Me levanté y salí a la sala, riéndome por dentro de la situación, mi suegro se quedó paralizado y con la cara roja, incluso percibí sudor en su frente.

    Después de un rato se despidió también de nosotros y sonreí imaginando si desquitaría su calentura con mi suegra o se masturbaría pensando en mí, me encantaba que pudiera ser la protagonista de las fantasías de mi suegro.

    Poco después se fueron despidiendo los otros invitados, no sin antes acordar que el siguiente día iríamos todos a la playa aprovechando los días de asueto.

    Mi esposo estaba muy bebido así que no hubo más, cayó rendido en la cama y no pude desfogar mi calentura, así me dormí, excitada y empapada.

    Al otro día después de desayunar me puse mi traje de baño y sobre él un short de mezclilla corto, una blusita ajustada y sandalias, pronto llegaron todos en sus coches y uno de mis cuñados se ofreció a llevarnos a la playa, en la parte delantera iba su esposa y en la parte trasera mi esposo, mi suegro y yo, mi suegra no nos acompañaría ya que tenía que seguir con sus compromisos en la iglesia.

    En el camino a la playa me acurruqué a mi esposo y me fui quedando dormida, de pronto, entre sueños alcancé a sentir muy sutilmente el torso de una mano en mis muslos, mi piel se erizó al instante, fingí seguir dormida, pensé que el roce fue accidental, al ver que no me movía, el torso de la mano empezó a moverse muy despacio, acariciando mi piel muy levemente, casi imperceptible, me gustaba la caricia de mi suegro y quería saber hasta dónde podía llegar, pasamos un bache y aproveché para acomodarme y parar más mi colita, seguí fingiendo seguir dormida, después de unos segundos ya no fue el torso de su mano, si no sus dedos y la palma de su mano acariciando muy superficialmente mis muslos y el nacimiento de mis nalgas, fue muy excitante, sentí que mi coñito se humedecía.

    Después de un rato llegamos a la playa y mi esposo me «despertó», hubiera querido que continuara un rato más con sus toqueteos, pero ni modo, sentía mucho calor, sudaba.

    Por ser Semana Santa la playa estaba atestada de gente, llegamos y rentamos 3 palapas juntas, eso nos permitió tener un poco de espacio para la familia, una vez instalados procedí a quitarme el short de mezclilla y la blusita ante la mirada morbosa de los hombres de la familia, incluyendo al pervertido adolescente que me había sacado fotos la noche anterior y uno que otro mirón, pero eso es algo que me gustaba, que los hombres se deleiten con mi cuerpo, seguía muy excitada por los toqueteos de mi suegro, mi coñito literalmente chorreaba, mi excitación no disminuía y se me ocurrió seguir el cachondo juego con mi suegro, sería mi «venganza» por el toqueteo que me había dado.

    Todos se fueron a la playa, excepto mi suegro, mi marido y yo, me puse un sombrero playero, unas gafas de sol y tendí una toalla playera en la arena justo frente a mi suegro y procedí a untarme bloqueador, para untarme las piernas y pies me agaché y sentí que mi traje de baño se incrustaba en mis nalgas, así que le estaba dando una vista espléndida de mi culo a mi suegro y mi marido.

    Me acosté sobre la toalla y le pedí a mi esposo me pusiera bloqueador en mi espalda y piernas.

    Empezó por mi espalda, un masaje lento que me hizo suspirar, siguió con mis piernas y al final tomo el frasco y aplicó un chorro en mis nalgas, empezó a masajear mis nalgas de arriba a abajo y en forma circular, me estaba excitando y las levanté un poquito, sentí que la verga de mi esposo, que estaba sentado sobre mis piernas se estaba poniendo dura,

    Se agachó sobre mí y me dijo al oído.

    – Que culo tan rico, ya me pusiste cachondo, hoy en la noche me desquito, uffff.

    En eso le hablan a mi marido para jugar futbol playero sus hermanos y primos y me quedo sola frente a mi suegro, volteé a ver de reojo, las gafas de sol me permitían hacerlo sin que nadie se diera cuenta, noté que no había perdido detalle de los tocamientos de su hijo y que estaba completamente sonrojado, su mano estaba sobre su verga, la cual se marcaba en forma indecente bajo el short, definitivamente era un muy buen tronco, continué el cachondo juego, abrí mis piernas y le permití ver el traje de baño metido entre mis turgentes nalgas y mi rajita apenas cubierta por el bañador.

    Después de un rato vino mi esposo y nos fuimos a la playa, jugué voleibol playero con la familia, empecé a divertirme y me olvidé de las miradas morbosas de los hombres de alrededor.

    La tarde continuó sin nada relevante más que contar, regresamos nuevamente como llegamos, y nuevamente me acurruqué a mi esposo y me «dormí», ya mi suegro no me tocó, pero yo incliné mis nalgas hasta alcanzar a tocar la pierna de mi suegro, muy sutilmente, un leve roce, pero suficiente para excitarme, y seguramente excitarlo también, en mi mente me remordía un poco la conciencia, pobre de mi suegro, si le llega a dar un infarto seré la culpable, pensaba, pero era un juego que me excitaba mucho.

    Llegamos a la casa de mis suegros, nos bañamos para quitarnos la arena y cenamos algo ligero, me sentía cansada por el día de playa, pero también tremendamente excitada y pensaba desfogar mi calentura con mi esposo, quien, tal vez no fuera el fogoso macho de Don Fernando, pero cumplía, y sería suficiente para apagar mi fuego interior, sin embargo, en la cena, mi esposo me dice que lo han invitado a salir los amigos de su universidad y que iría un rato a reunirse con ellos, mi suegra se despidió también, seguía con los preparativos para el viacrucis que se escenificaría el siguiente día y me invitó a que al otro día asistiera, lo cual acepté.

    Me sentía cansada, pero antes de dormir, me vestí muy provocativo para que mi marido me cogiera llegando de su reunión y por fin apagara mi calentura, me puse un conjuntito de bra y tanga de hilo dental y encaje de color negro, medias de red con liguero y nada más, lista para que me cogiera tan pronto llegara sin más preámbulos, me cubrí con una sábana y me fui quedando dormida, lo cual pensé sería un sueño reparador en lo que llegaba mi esposo.

    Estaba profundamente dormida, cuando entre sueños empecé a sentir un cosquilleo en mis piernas, poco a poco fui despertando, me di cuenta que eran unas suaves caricias en mis muslos que poco a poco iban subiendo hacia mis abultadas nalgas, pensé que mi esposo había llegado y me dejé tocar, las caricias se habían hecho más excitantes, acariciaba suavemente mis nalgas, metió un dedo debajo de mi tanga, rozando apenas mi rajita, buscó mi clítoris, haciéndome estremecer al rozarlo con la yema de su dedo, seguí fingiendo dormir, la caricia me encantó, pero había algo extraño en esa caricia, definitivamente no parecía ser mi esposo, como entre sueños, abrí más las piernas para darle mejor acceso a la persona que me estaba tocando, mi coñito estaba sumamente húmedo y la punta de su dedo, humedecido, seguramente con su saliva, separó mis labios vaginales y frotó mi coñito a placer, mi piel se erizó, que rico sentía, me mordí los labios para no gemir, cada vez estaba más segura que no podía ser mi marido, empecé a pensar, no sabía si gritar o dejarme llevar, sería algún delincuente que se había metido a la casa a robar y que iba a violarme, alguno de los hermanos de mi esposo, recordé que solamente habíamos quedado en casa mi suegro y yo, ¿Sería mi suegro quien se estaba aprovechando de mí, sin importarle que sea la esposa de su hijo?, no me moví, seguí fingiendo dormir, lentamente comenzó a bajar mi tanguita con mucha suavidad y cautela, me las bajó hasta las rodillas, con total libertad sus manos masajearon mis nalgas, después de unos minutos sentí un suave beso en una de mis nalgas y luego en la otra, las recorrió con su lengua, se animó a abrir una de mis nalgas y sentí que hundía su rostro entre ellas, su nariz alcanzó a tocar mi ano y dio un respiro profundo, sentir su respiración me dio un morbo tremendo, olfateaba mi sexo, pronto sentí su lengua explorando en mi orificio trasero, fue como si una corriente de electricidad recorriera mi cuerpo y no pude evitar dar un suspiro y levantar más la colita, me estaba entregando al desconocido, movía su lengua en mi trasero en forma circular y empujaba con suavidad tratando de forzar mi entrada, pero “sin despertarme”, era tan rico y placentero, que rico lo hacía, me encantaba.

    Se subió a la cama, y se recostó colocando su cuerpo junto al mío, sentí el roce de su pecho en mi espalda, mi respiración estaba agitada, tuve que tratar de contenerla para no delatar que estaba despierta, sentí sus piernas desnudas acariciar las mías, el extraño ya estaba desnudo, besó suavemente mi cuello, buscó mi oreja, sentí su larga verga resbalando en mi trasero, estaba durísima y chorreaba precum, había llegado demasiado lejos, así que pensé que había que poner un alto.

    Fingí despertar, estiré mis brazos al tiempo que decía:

    – ¿Ya llegaste amor de tu reunión?

    Pensé que el extraño se asustaría al comprobar que despertaba, pero para mi sorpresa me tomó de los brazos y me apretó contra su cuerpo diciendo:

    – Quieta, tranquila, no hagas ruido.

    Al escuchar la voz comprobé que efectivamente el extraño era mi suegro, empecé a forcejear para liberarme, pero mi suegro a pesar de su edad era mucho más fuerte que yo.

    – Por favor, suélteme, que le pasa, no está bien, soy la esposa de su hijo.

    Mientras me mantenía dominada con un brazo dirigió su mano a mi coño y metió dos dedos estaba tan lubricada que entraron con facilidad, al tiempo que empezaba a mover su cuerpo como si me cogiera, restregando su verga en medio de mis nalgas y su lengua se metió en mi oreja en forma libidinosa, causándome un estremecimiento que recorrió todo mi cuerpo.

    – No te voy a soltar putita, me tienes bien caliente, te tengo tantas ganas que no me importa que seas la esposa de mi hijo, eres una putita, tu coño está húmedo, estás chorreando como una zorrita, no me engañas, te está gustando, así que déjate y disfruta, empezó a mover los dedos dentro de mi vulva, di un respingo y un gemido salió de mi boca delatando el placer que sentí.

    – ¿Te gusta nena?

    Un nuevo gemido fue mi respuesta, sus dedos entraban y salían de mí con rapidez, literalmente me estaba cogiendo con ellos, mis fluidos chorreaban, apretaba los labios para no gemir, todo mi cuerpo temblaba, me dejé llevar, dejé de poner resistencia, estaba en sus manos, al notarlo me dio media vuelta y buscó mi boca, me dio un beso profundo, cachondo, nuestras lenguas se entrelazaron, mordía mis labios, los succionaba, un beso tan apasionado que sentí que me derretía.

    Su boca bajó a mis pechos, rozaba con sus dientes un pezón, me pellizcaba el otro, lo estiraba, los apretaba y masajeaba, los lamía y succionaba con pasión, sentí que perdí la razón, sus labios ardientes continuaron el recorrido, llegaron a mi ombligo, lamiendo y succionando cada centímetro de mi piel, siguió, pronto llegó a mi entrepierna.

    – Que rica panochita tienes putita, que rica estás- exclamó al tiempo que empieza a lamer mi coño, lamía mis labios vaginales succionando mis fluidos, encontró mi clítoris y lo empezó a lamer y succionar, sentía tan rico que ya no me importó y gritaba desesperada, estaba en el paraíso, deslizó un dedo lubricándolo con mis fluidos y lo llevó entre mis nalgas hasta rozar mi orificio trasero, masajeaba mis arrugados pliegues en forma circular, como si quisiera dejarlo liso, empujó lentamente, sentí como mi culito se abría e iba entrando su dedo por el estrecho conducto, suspiré y abrí más mis piernas invitándolo a que me lo metiera más profundo, estaba en éxtasis.

    – Ahhh, Don Manuel, que rico- exclamé.

    – Me excitas mucho Paty, quiero comerte toda, estás bien rica, tienes un culo increíble y aunque estrechito, dilata bien, se nota que mi hijo ya te estrenó la colita.

    Sentía que mi culo se contraía apretando su dedo en deliciosos espasmos que recorrían mi cuerpo, siguió metiéndolo poco a poco haciendo círculos, rozando mis paredes internas, todo lo que hacía me volvía loca.

    – Relájate, no aprietes, ponte flojita, nena- me pidió, dejando un segundo de chupar mi vagina,

    Intenté relajarme y empiné más la colita para que hiciera con ella lo que quisiera, su dedo entró completo, arrancándome otro gemido de placer, tenía su largo y grueso dedo bien metido en el culo, me acariciaba por dentro, lo sacó y lo llevó a su boca.

    – Madre mía, Que culo más rico, sabe a miel.

    Dudé que fuera verdad, pero me dio tanto morbo que lo hiciera, metió otro dedo a su boca para ensalivarlo y me los fue metiendo por completo, una vez dentro los movía en forma circular y los abría y cerraba en forma de tijera, sin duda estaba ensanchando mi conducto anal.

    Gemí y me llevé una almohada a mi boca para morderla y no gritar de placer.

    Tomando mis piernas las empujó contra mi pecho haciendo que levantara más el culo, dejándolo totalmente vulnerable a su ataque, su boca se hundió entre mis nalgas, sentí su lengua lamiendo mi ano y tratar de perforarlo, mis pliegues cedían y su rugosa y caliente lengua se colaba en mi interior, hundió su cara en mi culo y succionó mi esfínter, ya no pude aguantar más, sentí que mis piernas se aflojaron y torrentes de placer recorrían mi cuerpo, empecé a convulsionar con su cara bien metida entre mis nalgas sin darme tregua..

    – Me corro, me corrooo, me corroooo- grité, todo mi cuerpo se retorcía y mis ojos se pusieron en blanco, como en un trance.

    Apartó su cara y goloso absorbió mis fluidos sin dejar escapar una gota.

    – Eso nena, dame toda tu miel- exclamó.

    Poco a poco mis espasmos fueron disminuyendo de intensidad y caí exhausta en la cama, sentía mi cuerpo muy sensible y sin fuerzas, todavía temblaba, mi respiración estaba agitada, el orgasmo había sido muy intenso. Indudablemente el padre era mucho mejor amante que el hijo, pensé que seguramente mi marido era muy inexperto por culpa de su religiosa madre, porque mi suegro era puro fuego.

    Se recostó sobre mi cuerpo y buscó mi boca, su boca sabía a mi coño, a mi culo, un sabor raro, pero me excitó mucho, su verga larga y gruesa quedó en la entrada de mi vagina, y ayudada por mis jugos vaginales fue introduciendo la cabeza dentro de mí, que rico sentí, sentía su verga caliente y dura, me quemaba por dentro, tomándome de los muslos me los inclinó hacia adelante mientras me iba metiendo su verga, centímetro a centímetro sentía como me iba abriendo y entrando esa enorme, gruesa y rica verga, ya llevaba la mitad enterrada en mi coñito, buscó mis pezones y se dedicó a chupar, lamer y succionar, me sentía en el paraíso, en un movimiento de caderas empujó su pelvis y me la enterró toda, hasta los huevos, sacándome un grito de placer, me sentía tan llena, tan plena, tan suya, que rico me cogía mi suegro, estaba siendo penetrada por mi suegro en la cama de su hijo y con el riesgo que representaba que en cualquier momento pudiera llegar mi esposo o mi suegra, me daba tanto morbo, me hacía sentir tan puta, tan sucia, pervertida, empecé a moverme mis caderas en forma circular y mi suegro inició sus arremetidas, metiendo y sacando su gran trozo de carne, veía las estrellas, gemía y gritaba como loca, me empalaba profundamente y su pelvis se pegaba completamente a mí, sentía como rozaba mi clítoris y sus huevos chocaban con mis nalgas.

    Su verga entraba y salía de mí causándome un placer exquisito, definitivamente era un experto, entre gemidos y gritos pedía que me la metiera más profundo, que me la metiera más duro y más rápido, mis manos se posaron en sus nalgas y lo empujaba contra mi cuerpo para que me la metiera fuerte y duro, era una sensación inexplicable, distinta a la que sentía con Don Francisco pero igual de placentera, adoraba tener su enorme verga dentro de mí, era inaudito, le estaba siendo infiel a mi marido con su propio padre, ya no me importó, me hacía el amor de una forma alucinante.

    – Agggh, Dios mío, que ricooo, ahhh, siga Don Manuel, más duro, aggghh, así, rómpame la conchita, agghh,

    Veía su cara, gruñía de placer, se había puesto roja, me veía con una mirada libidinosa, pervertida, sonriendo al ver cómo me hacía gozar y gritar de placer, a medida que arreciaba sus embestidas, su frente escurría sudor, pensé que pronto estallaría en mi interior, faltaba poco, cuando de pronto saca toda su verga de mi coñito.

    – Aggghhh, espera nena mía, espera, aghhh, me vas hacer correr y todavía no quiero, antes tengo que romperte ese lindo culo que me tiene como loco.

    Se levantó y de la cómoda sacó una botellita de aceite de bebé, lo vi abrir y echar un chorrito a su gruesa y dura herramienta, lo embadurnó bien y quedó brillante resaltando las venas y su roja cabeza, se veía imponente, colosal, sentí un escalofrío al imaginarme esa gruesa tranca abriéndome la colita, seguramente me partiría en dos.

    Me tomó de la cintura y me acomodó boca abajo.

    Que colita tan hermosa y carnosa tienes putita, no sabes como la voy a disfrutar- expresó.

    Acariciaba mis nalgas y recorría con el empeine de la mano el surco entre mis nalgas, lubricando el canal, llenándolo de aceite de bebé,

    Me dijo que abriera más mis piernas y me metió dos dedos embadurnados de aceite, resbalaron profundo y los empezó a meter y sacar, asegurándose de lubricarme muy bien por dentro, cerré los ojos y gemí levantando más la colita, me estremecía.

    – Aggghhh- se me escapó un gemido.

    Deseaba que me empalara, aunque sentía miedo con tremendo pedazote, así que le pedí que lo hiciera con cuidado.

    – Quiero tu verga, quiero darte la colita, pero métela despacito, no me lastimes, ¿Me la va a meter despacito Don Manuel?

    – Voy a ser suave nena, no quiero lastimarte, al contrario, quiero que goces para que me des siempre tu rico culito, algo te va a doler, pero no tengas miedo, entrégate a tu macho, te voy a volver loca de placer con mi verga.

    Sentí como puso su verga entre mis nalgas y me pinceleaba toda la rajita, presionaba justo en la entrada de mi culo y la retiraba, estaba tan jugosa, chorreaba precum, sentía tan rico que fui relajando la colita, sentía la tibia cabeza acariciando mi esfínter, una suave caricia, suave y tersa como la piel de un bebé, un contacto tan íntimo y tan delicioso, su mano presionó mi cintura haciendo que quebrara más la cintura y levantara más la colita y en ese instante sentí que mis pliegues se abrían y entraba la cabeza, di un grito y un respingo, más que de dolor, fue puro placer, me encantó como abrió mi colita.

    – Ya está nena, tienes toda la cabeza dentro, sigue apretadito, pero no me engañas, este hoyito ya ha sido usado, mmmm, que rico, mi hijo te coge como putita.

    No contesté, pero pensé, – si supiera que el hombre que me abrió el culito y lo gozaba no era precisamente su hijo..- Efectivamente me la había enterrado muy suave, a pesar de su grosos, casi no me dolía, mi esfínter ya estaba acostumbrado al diámetro de Don Fernando y le dio cabida al grueso miembro de mi suegro sin demasiado esfuerzo, me la empezó a empujar, mis pliegues se iban abriendo con solamente un ligero hormigueo, casi nada de dolor, cada vez más profundo hasta que sentí sus huevos apoyados en mis nalgas.

    – Listo bebé, fue más fácil de lo que pensé, mi hijo te tiene el culito bien abiertito- dijo orgulloso.

    – Si Don Manuel, la siento toda, me encanta, ufff, me siento tan llena de verga, aghhhh, soy tuya, tu puta.

    – Eso es putita, me encanta cogerte, me voy a empezar a mover y cogerte bien la colita, ja ja, te la voy a estirar un poco pero te va a encantar, se nota que te encanta una verga grandota que te abra bien la colita,

    – Si, cógeme toda, me gusta, ábreme bien, sigue- exclamé parando más la cola.

    Empezó a bombearme, lento y profundo, la sacaba hasta dejar sólo la cabeza y me la clavaba hasta el fondo, cada que me clavaba sentía que me faltaba el aire y gemía al momento que me la sacaba, dentro y fuera, rozándome mis paredes por dentro y haciéndome vibrar de placer,

    – Agggh, papi, ay, que rico, me encanta como me rompes el culo, sigue.

    – Ay nena, a mí también me está volviendo loco darte por tu culito de puta, te estoy abriendo a vergazos, toma, toma, aggghhh, te voy a reventar el culooo.

    Fue arreciando las embestidas entre mis gritos, jadeos y el ruido de mis nalgas chocando contra su pelvis.

    – Más rápido, más, sigue, ag, métela, agghh, que rico, aggghhh, que rico, dame tu leche.

    – Si amor, ya viene, te quiero dejar bien cogida, aghhh, que nunca olvides esta cogida, ya casi, no aguanto, ya viene la leche.

    Metió su mano entre mis piernas y me frotó el clítoris, todo mi cuerpo se estremeció y empecé a retorcerme de placer al tiempo que estallaba en un poderoso orgasmo, sentía que mi vagina escurría a chorros y corrientes eléctricas recorrían mi cuerpo, mis ojos divagaban y saliva escurría por la comisura de mis labios, ambos gritábamos y gemíamos, arreció todavía más sus embestidas a un ritmo endemoniado, literalmente me estaba reventando el culo, hasta que en una última embestida dio un gruñido como un oso y me la enterró en lo más hondo estallando en mis entrañas, sentía los chorros de su ardiente y espeso semen en lo más profundo de mi culo, disparando uno tras otro, inundando mi colita..

    Me desplomé desfallecida, con la respiración entrecortada, mi corazón parecía salirse de mi pecho, mi suegro se desplomó sobre mi cuerpo, sudoroso, poco a poco su verga fue vibrando con menor intensidad hasta que me la sacó y un chorro de esperma escurrió entre mis nalgas.

    Se levantó y se colocó su ropa, me dio un beso cachondo en mis labios y se despidió.

    – Fue la mejor cogida de mi vida y espero que no sea la última nena.

    Después que se retiró mi suegro me levanté con un poco de esfuerzo, todo me daba vueltas, mis piernas temblaban, me metí a la ducha recordando la rica cogida y al mismo tiempo sentí un poco de remordimiento, me di un buen baño y así eliminar los rastros de su cogida, tuve que cambiar las colchas también, estaban húmedas, de sudor, mis fluidos y rastros de semen, una vez que tendí la cama caí rendida y rápidamente me dormí, completamente desnuda.

    En la madrugada por fin llegó mi marido y al encontrarme desnuda me quiso coger y no pude negarme, cansada tenía que complacer a mi marido, intenté hacerlo gozar y que acabara pronto, me alabó por lo cachonda que estaba, pero realmente era porque quería que acabara pronto y por fin descansar, después de unos 15 minutos logré que acabara en mi coñito abierto y recién cogidito por su padre, tenía semen en mis dos orificios, el semen de mi esposo en mi coñito y el semen de mi suegro en mi culo, así me quedé profundamente dormida, cansada, exhausta pero muy satisfecha.

    Fue la única vez que tuve sexo con mi suegro en esas vacaciones, no hubo otra oportunidad, pero no la única vez que me cogió, pero eso se los contaré más adelante.

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

    Relato anterior:

    “Soy la mujer de mi inquilino cuando mi esposo va a trabajar”

  • Cuckold: Sam y el profe (tercera persona)

    Cuckold: Sam y el profe (tercera persona)

    Te preparas un trago, algo especial, la ocasión lo amerita. La casa está sola, así que decides que vas a ver el evento cómodo, eliges el sillón de tres cuerpos, colocas unas sábanas encima para no tener que preocuparte por nada. Tu desnudes descansa en él.

    Son las 11 de la noche, Sam hace ya una hora y media que se encontró con su profesor de salsa en un bar, hace 20 minutos él te escribió para decirte que ya estaban camino a un telo.

    Tu corazón late muy fuerte por la expectativa de ver a otro con tu mujer, no es que sea la primera vez que te es infiel, ni siquiera es la primera vez que vos elegís al candidato con el que va a tener sexo. Esta vez te van a hacer una videollamada. El ver en vivo y en directo a tu señora, la mamá de tus hijos, mientras te es infiel con otro hombre te da mucho, mucho morbo. Tienes una buena erección y todavía el teléfono no ha sonado.

    Conectas el teléfono a la tele de la sala para no perder detalle, colocas tu teléfono de modo que se vea en primer plano tu verga erecta mientras te la masajeas. No es que no tengas experiencia haciendo esto, has visto a varias minas masturbarse mientras te miran la pija. Muchas con las que has hecho cornuda a Sam, pero esta noche es ella quien va a estar en el televisor con otro. Suena el teléfono, la imagen de perfil no le hace justicia al dominicano de 1,90, de brazos anchos y piel morena. Contestas la llamada, con una mano sobre la pija y puedes ver a tu señora saludando diciendo “Hola mi amor” mientras se mueve como una felina encima del profe «Te gusta verme montada en otro¿?» tu pija da un salto al ver eso en la tele.

    No tienes palabras, estás extasiado, solo empiezas a frotar tu pija y disfrutar del show. Ella iluminada por las luces naranjas del telo cabalgando como una fiera, él mostrando el cuerpo de tu mujer. Empieza desde el rostro, donde ella te guiña un ojo, baja para mostrarte sus pechos del tamaño de unos pomelos, con pezones rozados en punta, baja por su vientre trabajado hasta llegar a unas caderas firmes, los músculos se sus piernas se tensan ante el esfuerzo. El aleja el telefono para que puedas verla en todo su esplendor con las manos recogiendose el cabello mientras sus caderas bailan sobre el sexo de tu corneador.

    Ella mirando a cámara «Te gusta lo que ves mi amor», ves la mano del profe apretándole las tetas, sus manos contrastan contra la blanca piel de tu señora que grita «Dale haceme acabar profe, dale que quiero que mi marido me escuche». Por videollamada vos ves todo, la escuchas con los auriculares puestos para nadie más que vos y el profe escuchen sus gritos de placer.

    Ella cambia de posición poniendo las manos en el pecho de él, los pies a los costados del cuerpo para moverse de arriba a abajo, saltando encima del profe, sus abdominales se marcan en cada golpe el profe dice «No podes cogerme así de fuerte, sos una puta hermosa», ella hace equilibrio hacia atrás y con ambas manos se aprieta los pechos mientras vos ves las señales claras de que tu señora esta por acabar. Entonces el profe empieza a estimular el clítoris con los dedos y ella acaba de pronto, de una manera mundial, apretando sus pechos hasta que estos toman un leve tono rojizo, ves como la verga de otro tipo hace acabar a tu señora que se arquea. Se escucha claramente ese grito fuerte profundo, hasta que cae apoyando sus manos en el pecho del moreno.

    Ella está tratando de recuperar el aliento con una media sonrisa en los labios. Mientras el profe se para y la pone en cuatro, te muestra la concha mojada de tu señora «Mira como esta, se ve que le gusta mi pija. Así se pone con vos Ale¿? Porque conmigo siempre es así»

    “No, conmigo nunca se pone así. Me encanta verla acabar tan fuerte” te acomodas más abajo para que tu verga luzca mejor al otro lado del teléfono.

    «Ah si¿? Mira que a mi me encanta hacer acabar a tu mujer. Acto seguido la empieza a nalguear suavemente, ella en el estado de excitación que se encuentra gime bajito todavía agitada. Entonces él te muestra como muy despacio la va penetrando en cuatro «Mira que fácil entra, esta conchita parece que ya se acostumbro a mi verga» el profe se queda quieto mientras sola tu señora empieza a empujar para atrás para clavarse más verga, cada tanto el la nalguea, «Te gusta que te coja el profe Sam?», «Me encanta, si», «Te gusta hacer cornudo a tu marido?, «Si! Me vuelve loca hacerte cornudo Ale» esas palabras dirigidas a vos casi te hacen acabar. En ese momento el la empieza a bombear con fuerza, mientras escuchas como sus sexos aplauden y tu mujer grita y araña el colchón el profe te pregunta «Te gusta que te hagan cornudo así amigo¿?»

    “Siii!!! Es hermoso verlos disfrutar y que me hagas cornudo”

    Escuchar eso pone como loco al profe que le entra a dar sin piedad a tu señora que grita desaforada, la nalguea ante lo que tu señora grita pero se regodea de placer ante un macho que la maltrata y hace con ella lo que quiere, el la vuelve a nalguear a lo que ella grita «Si, así tratame como una puta», eso pone furioso al profe que sin miramientos arroja el celular a la cama con lo cual solo podes ver el techo de la habitación y escuchas como golpean de manera frenética los sexos tu señora dice casi sin aliento «Así dale, dale que estoy cerca, dale, dale» escuchas como acaba brutalmente mientras vos dejas salir grandes chorros de semen acabando con ella.

    Unos minutos después el profe levanta el celular, se aleja de la cama y podes ver claramente a tu mujer en cuatro con los flujos corriéndole por las temblorosas piernas con toda la concha abierta. «Mira como esta, estas bien Sam¿?» entre respiraciones profundas se escucha un leve si. «Bueno, dónde queres que le acabe a tu señora, cornudo¿?»

    “Donde quieras, hoy es tuya hermano. Pero dame un minuto para que me recupere. Contame hace cuanto que le tenias ganas a mi mujer.”

    «Uff hace rato que me la quería coger, la veía bailando y pensaba que no daba más de buena. De entre todas mis alumnas tu señora es la que tiene mejores tetas, me calentaba mal cada vez que la veía bamboleando el orto de un lado para el otro.” Cambia la camara a modo selfie, se sienta al lado del culo de tu señora y empieza a acariciarle el asterisco mientras sigue hablando a cámara como si nada. “Cuando bailábamos cada tanto la apoyaba para sentir este culo duro y trabajado. Pensaba en lo buena que sería cogiendo y mi pija se ponía como piedra, más de una vez la espie cuando se cambiaba en los vestuarios mientras me hacía alta paja mirando este cuerpo de modelo que tiene. Soñando en acabarle en cada parte de su cuerpo y ahora mírala acá en cuatro esperando a que le entre una vez más”. Se para vuelve a poner la camara en modo normal apuntando directo al sexo de Sam, empieza a meterle un dedo en la cola, ella medio que grita y gime al mismo tiempo, pero se deja hacer sumisa. “Nunca imagine tener que relatarle las ganas que le tenía a una mina al cornudito del marido, pero acá estamos, mirándole el culo a tu señora mientras pienso si hacerle la cola mientras miras, será mucho.»

    “Ufff eso me fascina!!!” gritas con la pija nuevamente ereca y empezando a masturbarte de nuevo. A vos una o dos veces te lo entrego y siempre fue ella la que dominó el juego, pero ahora ella obediente dejaba que el moreno hiciera con su culo lo que quería.

    Ves en el tele cómo el profe saca un vibrador no muy grande de un bolso y una botella de lubricante, «Vamos a jugar un rato con esa cola que me vuelve loco, no te das una idea de lo mucho que soñé con rompersela» le tira lubricante en el ano «Cuando la espiaba y veía esas tanguitas que se le perdían entre esos cachetes duros, soñaba con hacer esto» el pequeño vibrador poco a poco se metía en su ano, ella replica que más despacio, que le duele, el profe hace caso omiso y sigue con lo suyo. «A veces cuando ella se bañaba yo aprovechaba y tomaba la tanga que se iba a poner y le pasaba toda la verga dura por encima, me excitaba tanto saber que llevaba mi aroma en su concha, excitado mal me escondía y casi llegaba a acabar cuando veía que se la ponía» el vibrador casi entra por completo en el ano de Sam mientras otro chorro de lubricante entra en su dilatado culito. «Ahora, saber que si tiene un buen macho, Sam hace lo que sea, me encanta. Mirala lo sumisa que es conmigo, mira lo quietita que se queda a pesar que le duele, esperando paciente a que le rompa la colita» le acaricia las nalgas mientras acerca el teléfono para darte un primer plano el culo de tu esposa con ¾ partes del vibrador metido.

    “Que hermoso, dale, si” tu verga esta que explota de nuevo pero no quieres acabar aún.

    «Bueno, ahora se viene lo interesante, man, prepárate» le mete todo el vibrador dentro del culo, se asegura que no se salga «Bien firme como me gusta» le acaricia una nalga y sube la potencia al máximo del vibrador, se da vuelta a la cama hasta llegar a la cara de tu esposa. Ella aun en cuatro tiene los codos en la cama, el le pone el celular en las manos con lo cual la cara de tu señora ocupa toda la pantalla, está un poco agitada, puedes ver el deseo y la calentura en sus ojos, el profe la toma del pelo y le da un beso apasionado, metiendole la lengua hasta el fondo de la garganta, apunta su cara a la cámara «Decile hola a tu marido» el se va. «Ho hola mi amor» dice ella, mientras respira profundo. «Que buena paja te estas haciendo, me encanta tu pija» se siente como el profe le saca el vibrador y lo apaga «Mira a cámara Sam, que tu marido no se pierda de nada» ella mira a cámara y podes ver como sus ojos ruedan para atrás un segundo al ser penetrada por el culo por el profe, todo el aire sale de sus pulmones, grita «Ay dios!» cierra la boca su cara se pone roja ante las embestidas del profe, ella se muerde los labios gime «Ay mi amor me estan rompiendo el orto».

    Agacha la cabeza saliendo de plano y puedes ver su espalda, sus nalgas abiertas por las manos del profe que subido a la cama le mete su verga desde arriba para penetrar más profundo dentro de tu esposa. Ella levanta la cabeza «Me encanta, si así dale, rompeme toda» mira a la cámara para verte a vos del otro lado pajeandote «Si mi amor, así, que cornudo que sos, me encanta hacerte cornudo» ella grita de placer. Sus manos tiemblan y el teléfono termina en el piso, escuchas “Dale profe, dale acabame adentro, dale así, más fuerte, dale, llename la cola, si, que rico, dale profe, se mi macho, dale, soy tuya, más fuerte, así, dale, dale, dale, ahhh” el profe rebuzna al mismo tiempo acabando los dos épicamente. Vos soltás un enorme chorro de semen gritando de placer al escuchar a tu señora entre jadeos fuertes decir “Mi amor, me rompieron toda la cola”.

    Un minuto después el profe levanta el celular y te muestra como el culo abierto de tu señora chorrea la acabada del moreno «Mira como deje a tu señora Ale, la verdad un lujo cogerse un mina tan rica como esta» Sam se da vuelta con una sonrisa en los labios «Mirala que contenta que está», el le acerca la semi erecta pija a la cara, ella lame la cabeza, se la mete hasta el fondo tres veces antes de mirar a cámara y decir «Me encanta la verga ajena, las pijas que no son las de mi marido son las mejores» te manda un beso cortando la llamada.

  • Deseo prohibido (primera parte)

    Deseo prohibido (primera parte)

    Esto empezó cuando mi hijastra Ailyn, desde que comenzó a usar sus falditas pegaditas, mostrando esas hermosas piernas.  Yo quedé viudo a la edad de 39 años, hoy tengo 45 años, cuando conocí a Mabel que es la mamá de mi hijastra. Al inició yo solo sentía deseo por Mabel, solamente teníamos sexo y hasta la fecha no puedo decir que este enamorado. Con Ailyn jamás sentí atracción pues cuando la conocí apenas tenía 18 años pero su cuerpo fue cambiando cuando tenía 21 años, se le notaban más sus hermosos pechos redonditos, comenzaba a tener deseo por mi hijastra, sabía que estaba prohibido pero eso lo hacía más excitante, no sabía como comenzar a acerarme a ella, así que me hice un perfil falso en Facebook.

    Comencé a hablar con ella, hasta que la convencí de mandarme una foto de ella de sus tetas al aire desnudas, me la mandó y eso me excito más, son grandes, no tanto, es un tamaño perfecto, son rosaditas como a mi me gustan, yo le mande una foto de mi pene y al parecer le encanto, no me contestó por varios minutos así que pensé que la pervertida se estaba masturbando viendo la foto de mi pene. Así que decidí hacer lo mismo viendo la foto de sus tetas. Ya desnudo comencé a acariciarme mi miembro que bien no es tan grande pero es de buen tamaño, me estaba acariciando en mi despacho ya que Mabel se fue a cenar con sus amigas y yo aproveche este momento para empezar a platicar con Ailyn.

    Sale semen de mi pene y por fin llego al clímax, después de esto le pido una foto de su bonito coño, porque se que también es rosadito como me gusta. Ella decide enviarme la foto y yo solo puedo pensar en lamer y acariciar ese delicioso botoncito rosadito.

    Así pasaron unas cuantas semanas más en las que solo me masturbaba con las fotos de Ailyn, hasta que cierto día ella se metió a bañar y yo decidí buscar entre la ropa sucia una de sus braguitas, cuando la encontré rápido me fui a mi cuarto y comencé a olerla, que rico olor, ese coñito debe saber delicioso. Así que comencé a masturbarme ahora con sus braguitas. Pronto me acercaría a ella, porque como la deseo.

    ¿Dónde están mis bragas? -escuchó que pregunta y yo solo sonrío sabiendo que yo las tengo en mis manos.

  • Con el vecino

    Con el vecino

    Tú vecino, de los glúteos perfectos montaba en la bicicleta estática dándote la espalda. Como siempre a la misma hora y en la azotea de tu edificio.

    Movía las nalgas prietas con ritmo, arriba y abajo, un lado a otro, al pedalear brioso con aquellas musculosas piernas.

    La conjunción del chirrido de la cadena con el sonido de su respiración esforzada, apagó el ruido de tus pasos cuando te acercabas poco a poco a él.

    Ya te había invitado hacer ejercicio con él, pero tú siempre ponías como pretexto que tenías que atender a tus hijos, que tenías que irlos a dejar a la escuela, que tenías que preparar la comida, apoyar a tu marido en su nuevo trabajo, etc., etc.

    Pero con cada invitación te calentabas más y más, el vecino ya protagonizaba tus más candentes fantasías y en esta ocasión en la que tus hijos se fueron de campamento, le darías la sorpresa de aceptar su invitación hacer ejercicio.

    Pero entiéndase que para hacer ejercicio hay de muchas maneras y tú estabas pensando en una sola.

    No llevabas nada puesto excepto los pantalones cortos de montar en bici; si, ibas desnuda de la cintura hacia arriba, tus hermosos senos estaban descubiertos, dispuesta a todo, a realizar tus más oscuras fantasías sexuales.

    Te recreas la visión con aquellos hombros anchos que ahora brillaban bañados en sudor, aunque sólo llevaba 2 minutos haciendo ejercicio, ya tenía el pelo aplastado contra la cabeza, aquellos largos rizos oscuros le marcaron su atractivo rostro y acababan enroscados en la nuca.

    Le pasaste la mano por la espalda empapada y apretaste su hombro izquierdo para comprobar que su músculo deltoides estaba tan firme y duro como el resto del cuerpo.

    Volteo sorprendido, te miro de cabeza a los pies con un deseo caliente. Detuvo su mirada admirando tus perfectos pezones, deseando besarte sin freno alguno.

    Te inclinaste para besarle el hombro derecho, aquella sensación cálida y salada hizo que aumentara esa humedad que invadía tu entrepierna cada vez que veías el cuerpo semidesnudo de tu vecino.

    El momento era perfecto, no había nadie en el edificio, tu esposo estaba trabajando en su nuevo puesto, los hijos están de campamento, el clima de esa mañana es primaveral y adecuado para tener sexo al aire libre.

    El tipo de los glúteos perfectos dejó de pedalear y, sin bajar de la bici, volvió el tronco hacia ti para abrazarte. En cuanto te colocaste en el ángulo de sus piernas, notas la presión del pene, ya erecto, en tu vientre descubierto.

    Arqueas la espalda y te frotas contra el hombre hasta que lo haces gemir. Luego él te coge por las amplias caderas y empieza a masajear las nalgas de tal modo que te animas a continuar lo que habías empezado.

    Él mantiene la mirada clavada en tus senos desnudos, emites un profundo suspiro y compruebas que sus caricias provocaron que se te endurecieran los pezones, los levantas más con orgullo.

    Inspiras el olor a almizcle que él desprende, y que el ejercicio y la excitación por verte habían potenciado, y te acercas para lamer una de las gotas de sudor que cubren sus pectorales, que se contraen con el roce de tu lengua. Acto seguido, deslizó las manos por la espalda del vecino hasta alcanzar aquellos glúteos exquisitos, suaves y musculosos que tratas de agarrar con lujuria.

    Él te mueve hacia atrás, con la intención de bajarse de la bicicleta, te sujeta por la cintura con sus enormes manos y te levanta como si fueras una muñeca de trapo.

    A su vez, lo abrasas con las piernas y le sitúas tu sexo anhelante justo delante del miembro, de modo que ahora resulta prácticamente imposible que él se quite los ajustados pantalones sin ayuda. En esa posición, tratas de echarle una mano. Ambos están ansiosos y se mueven con torpeza y de un modo extraño.

    Después de que la prenda cayera al suelo, él dio un paso para desprenderse de ella definitivamente. Luego te acomoda para meter la mano entre sus cuerpos, hace varios movimientos tentativos, con la intención de introducirse en aquel camino humedecido, ya preparado para recibirlo.

    Tú te retuerces impaciente, mientras le chupas y mordisqueas el lóbulo de una oreja, y él te corresponde apretando contra ti la verga ya engrandecida, con lo que vez aumentadas tus esperanzas de verte satisfecha.

    Cuando por fin te penetra, dejas escapar un quejido de placer y te inclinas hacia atrás para elevar los pechos a la altura de la boca de tu vecino, que empuja hasta el fondo…

    Parecen dos cuerpos que actúan con una sola mente, con un mismo objetivo. Te restriegas contra él en un movimiento ondulante para aumentar la fricción; el rugido que él emite parece acallar el tráfico citadino.

    El hombre se tambalea al tratar de mantenerse agarrado a ti, empotrándote contra la pared al caerse hacia delante. Ahora, con cada empellón, sientes el yeso presionando tus nalgas y tus hombros desnudos, así que te agarras a él con fuerza sin importar si llegas a clavarle las uñas; a fin de cuentas, eso haría que él se excitara más aún.

    Estás a punto de alcanzar el clímax…

    De repente, se oyó un grito atronador que provenía del exterior.

    —¡¡¡El gaaasss!!!

    Se te nubla la visión de tal modo que no puedes llegar al orgasmo y él dejó de pedalear. Los dos saben que en cualquier momento subirán los empleados del gas a conectar la manguera y llenar el tanque situado en la azotea, a un lado en donde se encuentran.

    Tú vecino se viste aún con el pene erecto. Mientras tanto tu solo recoges las llaves del departamento y bajas desnuda a tu departamento.

    Bajando te encuentras con el empleado del gas, él se queda pasmado al ver tu belleza desnuda, pero tú sigues hasta llegar a tu departamento abres y te encierras.

    Solamente escuchas los pasos apresurados del empleado tal vez buscándote.

    Después oyes voces de extraños hablando.

    —Te juro que la vi, con sus tetas brincando de un lado a otro. De veras.

    —Estás loco, ya deja de ver porno.

    Escuchas las voces alejarse, tratas de recuperarte, aún estás excitada. Estás decidida a buscar al vecino de nuevo y satisfacer tus deseos más oscuros.

    Sólo que será otro día.

  • Unas vacaciones con mi madre (P. 5): Después de comer

    Unas vacaciones con mi madre (P. 5): Después de comer

    ¡Para, para! Dijo Luis. Estela le había cogido la polla mientras le contaba la historia y le pajeaba lentamente.

    – Están a punto de llegar y no quiero que me vean con el bañador abultado.

    Le dijo a Estela retirándole la mano para ponerse el bañador y la camiseta. Al momento se oyó la puerta, era Amanda.

    – Hola chicos! Que tal? Bien mamá! Contestó Estela con rapidez. Amanda llevaba un bikini, verde con rayas negras y se había rodeado el cuerpo con un pareo translúcido. Dejo la bolsa de playa en la entrada.

    – Hemos pedido la comida a un restaurante. Creo que la traerán sobre las dos.

    – Y papá y Elena?

    – Se iban a dar un último baño antes de venir.

    – Vale, pues me voy a dar una ducha y a cambiarme! Dijo Estela.

    – De acuerdo Estela! Luis, por qué no sacas un par de cervezas del frigorífico! Vengo seca, y seguro que a tí también te apetece otra!

    – Claro Amanda! Ahora mismo!

    Amanda se quitó el pareo y cuando Luis volvió con las cervezas la vio agachada poniendo unos posavasos sobre la mesa que había entre los sofás. Se dio cuenta de lo que había dicho Estela, no era muy alta, pero las curvas de su cuerpo la acompasaban realmente bien. Su carne blanca, algo sonrosada por el sol, destacaba bajo el bikini verde con rayas negras. Se incorporó y fue hasta el mueble para sacar unos vasos mientras Luis la seguía con la mirada. Cuando volvió a la mesa, Luis ya estaba sentado, intentando disimular el abultamiento del bañador. Amanda sonrió mientras ponía los vasos sobre la mesa.

    – Veo que lo habéis pasado bien! Dijo mirando descaradamente el bañador de Luis. Él se puso algo colorado.

    – Si, bueno… nos hemos tomado una coca y hemos hablado!

    – Sólo hablado? Dijo a la vez que se sentaba a su lado. Llenó su vaso de cerveza y le dio un buen trago. Luis se había quedado cayado ante la pregunta, sin saber que responder.

    – Espero que hayáis hecho algo más! Dijo Amanda respondiendo a su propia pregunta.

    – Aunque quizás os haya faltado más tiempo, jajaja!

    Rió mirando de nuevo el bañador de Luis. Él cada vez estaba más colorado y eso a Amanda le divertía. Le puso la mano sobre la pierna.

    – Tranquilo cielo! Para nosotros el sexo es algo natural de lo que hay que disfrutar!

    Luis no sabía qué hacer ni que decir. En ese momento bajó Estela con una camiseta larga que apenas le cubría el culo y vio a Luis colorado

    – No le abrumes mamá! Dijo sonriendo.

    – No, si no me abruma! Contestó él intentando no quedar mal.

    – Quieres darte una ducha? Preguntó Estela.

    – La verdad es que si! Contestó algo aliviado.

    – Pues sube! Luis subió de inmediato por las escaleras y se quedaron las dos mujeres solas.

    – Que tal hija? Veo que el chico te ha gustado!

    – Uffff, bastante! Contestó Estela, después miró a su madre – Y me parece… que a ti también, jajaja! Río al final de la frase con cierta picardía.

    – Está fenomenal el muchacho! Contestó Amanda sin cortarse.

    – Ya he visto que tenías la mano sobre su pierna y él estaba como un tomate.

    – Es difícil rechazar un dulce cuando lo tienes tan cerca, jajaja! Río ahora Amanda.

    – Crees que le gustaran las mujeres maduras? Dijo Amanda con sonrisa maliciosa.

    Estela se acordó de verle bailar con su madre la noche anterior, y también de cómo la sobaba con la crema en la playa.

    – Me da que si! Contestó Estela. – Incluso te diría… que es posible que tenga alguna historia con su madre!

    Acabo diciendo acercándose a su madre. Cuando estuvo frente a ella, acercó su boca y la besó suavemente en los labios metiéndole levemente la lengua.

    – Eso me suena familiar! Dijo Amanda cuando se despegaron los labios con una sonrisa algo maléfica.

    – Es difícil encontrar a alguien que folle como papá, pero Luis lo compensa con su fogosidad! Dijo Estela maliciosamente.

    – Hoy ha conseguido que me corra dos veces, y le he prometido mi culo, jajaja! Dijo Estela pasándose la mano sobre él con orgullo.

    – Si te lo montas bien durante la comida, seguro que lo consigues! Ahora la sonrisa de Estela desprendió una nube de lujuria que quedó flotando en el ambiente.

    – Yo voy a quedar con Roberto después de comer, me tiene que pasar unos apuntes!

    – Solo unos apuntes? Dijo Amanda con ironía.

    – En principio sí, aunque nunca se sabe, jajaja!

    – Están sus padres? Preguntó Amanda.

    – Su padre si. Su madre creo que viene mañana!

    – Vaya, creo que los apuntes te costarán un buen rato! Río Amanda.

    – Bueno, como te decía, nunca se sabe! Y hablando de Luis, el problema que tendrás es separarlo de su madre!

    – Creo que eso está resuelto. Tu padre está como loco por ponerle la mano encima!

    – Y ella? Preguntó Estela.

    – No creo que ponga pegas. Han estado jugando en el agua y les he visto apretados en algún momento! Supongo que utilizará la misma técnica que utilizo con la madre de Roberto, la escusa del paseo después de comer, jejeje!

    Luis bajaba por las escaleras y dejaron de hablar.

    – Me voy yo a duchar! Dijo Amanda marchándose.

    – Ya he visto que mi madre te ha puesto colorado!

    – Joder, es que me ha visto con la polla dura y me ha dicho que si lo había pasado bien contigo!

    – Tranquilo, de estas cosas hablamos abiertamente en casa, además le has gustado!

    – Cómo que le he gustado?

    – La pregunta es – dijo Estela mientras le sobaba por encima del bañador – te gustaría follártela?

    – Luis se quedó algo pasmado mientras sentía como manoseaba su polla. Estela le besó a la vez que metía la mano dentro del bañador y rodeaba la carne con la mano.

    – No te gustaría tener ese culito redondo que tiene agarrado con tus manos mientras le metes esto hasta el fondo! Dijo apretándole el miembro. Luis parecía no salir de su asombro.

    – Bueno, visto así… Se atrevió a decir finalmente.

    – Pues siéntate al lado de ella durante la comida y… déjate llevar!

    – Pero… y mi madre y tu padre?

    – Creo que ellos se lo pasarán también bien si tú… no te pones celoso?

    – Celoso? Por qué? Dijo con cierta sorpresa.

    – Se que la relación que tienes con tu madre es… algo especial, y no sé si te importaría que lo pasará bien con otro hombre.

    Luis estaba totalmente pasmado pero pudo reaccionar.

    – Si le apetece enrollarse con alguien, es cosa suya! Dijo intentando parecer distante.

    – Una buena respuesta. Espero que creas lo que dices, jejeje! Río suavemente Estela.

    En ese momento llegaban Carlos y Elena. Luis los miró y no pudo reprimir la pregunta.

    – Que tal mamá, lo estás pasando bien?

    – Si, si! Dijo ella con entusiasmo.

    – Hemos estado nadando y jugando con las olas! Ha sido muy divertido!

    Luis entendió la respuesta. Estela tenía razón y el no era quien para discrepar de las apetencias de su madre. Al rato bajó Amanda, se había puesto una bata estampada muy veraniega que le llegaba algo más baja que el culo y no se veía si llevaba algo bajo ella. Luis se de nuevo en su cuerpo, no era alta, pero tenía unas curvas muy bien marcadas. Podía ver parte de sus redondas tetas a través del generoso escote de la bata que tan solo iba sujeta por un cinturón de la misma tela. Según la miraba le iba pareciendo más apetecible. Estela le guiño un ojo a su madre sin que Luis la viera. Llegó la comida y se sentaron a comer. Amanda se sentó al lado de Luis y Elena al lado de Carlos, Estela se quedó presidiendo la mesa rectangular. Durante la comida hablaron animadamente y antes de acabar el primer plato, Luis notó la mano de Amanda sobre su pierna, miró disimuladamente hacia abajo y vio los muslos de Amanda casi por completo. Al sentarse se le había abierto la bata dejándolos al descubierto. Luis continuó comiendo y la mano de Amanda llegó a su bañador, noto como lo sobaba por encima hasta conseguir que se le endurecieran la polla. No le pasó desapercibido que Carlos mantenía una de sus manos bajo la mesa y en algún momento vio a su madre morderse el labio inferior. Decidió bajar su mano y tocar uno de los muslos de Amanda. Como respuesta noto que ella los abría algo más. Avanzó con su mano buscando el interior de los dos muslos. La sintió la carne suave y tersa hasta que la punta de sus dedos tocaron la fina tela del tanga, en ese momento supo que sí llevaba algo bajo la bata. Continuaron los manoseos durante toda la comida y cuando acabó recogieron con rapidez y Carlos y Elena dijeron que se iban a dar un paseo. Esperaban que nadie quisiera acompañarles, y así ocurrió.

    – Tengo que ir a revisar unos apuntes con un compañero de clase. Te importa quedarte con mi madre? Le dijo a Luis guiñándole un ojo.

    – No, para nada! Estaré encantado de hacerle compañía! Dijo con palabras que se arrebataban en su boca. Cuando cerró la puerta, Amanda sugirió.

    – Te apetece una copa? – Si, claro! Dijo Luis desde el sofá. – Me ayudas a prepararlas?

    Le dijo a la vez que tiraba del lazo del cinturón y la bata se habría parcialmente dejando ver gran parte de sus tetas.

    – Por supuesto! Contestó el levantándose para seguirla hasta la cocina.

    Amanda se situó frente a la encimera para poner los hielos en los vasos. Luis pensó que después de haberse metido mano bajo la mesa ahora no diría que no si se ponía pegado tras ella, y así lo hizo. Ella sintió el calor del cuerpo sobre su espalda y el miembro pegado a su culo. Luis paso los brazos por debajo de los de ella recogiendo la manos sobre su vientre. La besó en un lado del cuello y su lengua dejo un rastro de humedad.

    – Ahhh! Dio un largo suspiro Amanda. Luis recordó lo que le había dicho Estela, tener a Amanda inclinada mostrándole el culo deseando que le diera unos buenos pollazos, pero eso solo era la opinión de Estela, quizás a Amanda le gustaría de otra forma u otras cosas. Abrió la fina tela de la bata con las manos y descubrió las redondas tetas desnudas. Los pezones eran grandes, rodeados por una gran aureola oscura que parecía una diana. Subió con las manos hasta llegar a ellos y los rozó con la yemas de los dedos. Notó como se ponían aún más duros, con una turgencia extraordinaria. Apretó ambas tetas mientras presionaba los pezones entre sus dedos.

    – Aghhh! Gimió Amanda entre un suave dolor mezclado con placer.

    Luis restregaba su bañador contra el culo de Amanda y el miembro se le endureció rápidamente. Amanda se giró y buscó los labios de Luis, abrió la boca y su lengua penetró con ansia. Fueron unos largos segundos en los que Luis sintió como devoraba su boca con deseo. Cuando despegaron los labios ella le susurró.

    – Vamos a un sitio más cómodo!

    Cogieron cada uno su vaso y Luis la siguió deleitándose con los movimientos de caderas que Amanda marcaba al andar. “ Joder que cuerpecito tiene! “ Pensó mientras subían las escaleras. Entraron a la habitación que estaba muy bien iluminada por una gran ventana que dejaba entrar los rayos del sol del inicio de la tarde. Amanda bajo la persiana dejando una iluminación más tenue y se quitó la bata. Luis volvió a admirar ese cuerpo, tan solo cubierto por el pequeño tanga. Amanda buscó una música suave en su móvil y lo dejo sobre la mesilla de noche. La cama estaba orientada lateralmente a la ventana con un espacio a los pies que cubría una densa alfombra hasta donde estaba el armario empotrado. Dos puertas de corredera forradas de espejo daban más amplitud a la habitación, a la vez que se reflejaba toda la estancia incluidos ellos mismos.

    Amanda tiro de la camiseta de Luis hacia arriba sacándosela por la cabeza y después le empujó cariñosamente contra la cama, haciéndole caer con la cabeza sobre la almohada. Se tumbó sobre el y comenzó a lamerle el pecho, el cuello y el vientre, su lengua lo iba llenando de saliva mientras ella reptaba como una serpiente sobre él. Llegó hasta el bañador y tiro de él hacia abajo hasta hacer que saltara el miembro como un resorte. Lo sobo con sus manos mirándolo con ojos de lujuria que desprendían chispas de deseo, y comenzó a pasar la lengua por el brillante y duro capullo lamiéndole como a un helado. Sus ojos picarones miraban por encima para ver la expresión de la cara de Luis ante sus lamidas.

    – Te gusta? Preguntó con lascivia.

    – Si, Siii! Contestó el con los ojos semientornados.

    Ahora pensaba en lo que le había contado Estela, esas mamadas que le hacía a su marido tragándose toda la polla, y su mente se nubló pensando si le haría lo mismo a él.

    Amanda tiró más del bañador hasta sacárselo por los pies. Luis abrió las piernas y sintió como esa pequeñas manos, de dedos finos y largos, masajeaban deliciosamente sus huevos mientras le lamía el capullo embadurnándolo de saliva.

    – Ahh! “ Está mujer sabe lo que se hace, diosss! “ Pensó mientras daba un largo suspiro.

    Notó las duras tetas contra sus muslos mientras Amanda abría los labios y succionaba su capullo con delicadeza. Las succiones fueron aumentando y provocándole largos suspiros, esa boca era como una máquina bien engrasada que funcionaba con notable precisión. Los labios de Amanda avanzaron pegados a la dura carne de la polla surcada por las hinchadas venas que no paraban de bombear sangre para mantener la dura erección. A la vez, lamía el venoso tronco logrando sacar gemidos continuos de la boca del muchacho.

    Antes de la comida, mientras preparaban los cubiertos en la cocina, Estela le había comentado algunos detalles a su madre sobre el sexo que había mantenido con Luis, le había hablado de lo eufórico que se llegaba a poner y como había conseguido que la dijera alguna burrada durante el acto, esas palabras soeces y mal sonantes que sabía que le gustaban a su madre tanto como a ella. También le había contado como eran de abundantes sus corridas, “ suelta más leche que una vaca cuando la ordeñan! “, fueron las palabras de su hija. A Amanda ese detalle le había entusiasmado, a ella le gustaban unos buenos chorros de leche, y aunque los de su marido no estaban mal, eran escasos para su gusto. Ahora tenía la oportunidad de sentir unos buenos chorretones en su boca, si su hija no había exagerado. Sus labios no paraban, avanzaron hasta llegar al final del duro y venoso tronco, haciendo que parte de esa dureza penetrara por su estrecha garganta. La sacó casi entera y se la volvió a introducir de nuevo, los gemidos de Luis aumentaban a cada una de las tremendas chupadas. Luis encogía parte de su cuerpo ante esa sensación que le provocaba una excitación brutal.

    Mirando al espejo, podía ver los ondulados movimientos del cuerpo de Amanda, subiendo y bajando la cabeza en cada chupada, y a la vez veía el pequeño y redondo culo balancearse en cada movimiento. Amanda lo sabía, sabía que él miraría su culo a través de los grandes espejos y por eso se había puesto en esa posición precisa. El vería sus movimientos y eso provocaría más su excitación. Amanda siguió chupando, aumentaba levemente el ritmo y volvía a enlentecerlo con una precisión asombrosa para que Luis llegara a un punto álgido sin llegar a eyacular. Lo mantuvo así varios minutos, algo que al propio Luis le pareció increíble, nunca le había durado tanto una mamada sin correrse. Parecía que ya no podía aguantar más, pero esa mujer era una verdadera maestra. Su excitación llegó a tal punto que puso la mano sobre la cabeza de Amanda agarrándola del pelo. Amanda ya esperaba ese movimiento y le dejo que sacará el animal que llevaba dentro. Luis comenzó a subir y bajar la cabeza de Amanda a más velocidad, sintiendo el camino estrecho y caliente que recorría su polla. Amanda presionaba los huevos con suavidad provocando más desesperación en el deseo del muchacho. La cabeza de Amanda subía y bajaba como si fuera la de una muñeca de trapo y su boca sintió cómo un chorretón de leche caliente la llenaba. Estaba preparada, y esperándola con deseo, y ese primer chorretón atravesó directamente su garganta. Con rapidez llegó el segundo, y este pudo saborearlo cuando empapó su boca. Llego el tercero, y siguió tragando como un corderillo hambriento. Al llegar el cuarto, y todavía abundante chorro, provocó que su boca se desbordara y saliera entre la comisura de los labios. Luis le soltó el pelo y se dejó caer contra la almohada con la cara desencajada.

    – Diosss, vaya mamada! Pudo articular la frase que se repetía en su cabeza.

    Amanda fue lamiendo toda la polla hasta dejarla sin una gota del denso líquido blanco. “ Joder, si que tiene una buena reserva de leche este cabron! “ Pensó ella sin dejar de lamer. Cuando la piel, de la ya flácida polla, volvía a estar brillante, volvió a metérsela en la boca para chuparla de nuevo. En un breve espacio de tiempo había conseguido ponerla dura con las venas de nuevo repletas de sangre fluyendo a gran velocidad, y se sintió orgullosa de su propia maestría, sobre todo al oír a Luis decir.

    – Joder, me la has vuelto a poner como una piedra!

    La sacó de la boca y repto por el cuerpo del excitado muchacho, abrió sus contorneados muslos y colocó el capullo con pericia entre la pequeña mata de bello que había dejado sin depilar en el centro de sus piernas. Hábilmente con la mano, restregó el brillante capullo contra sus labios genitales hasta que se abrieron, y el duro glande se coló entre ellos. Luis miraba a sus ojos, unos ojos que desprendían un brillo algo diabólico, y Amanda comenzó a mover su cuerpo como una serpiente al acecho. El vientre ondulaba adelante y atrás, mientras las tetas se mantenían erguidas con los grandes pezones duros y amenazantes. La polla fue entrando hasta penetrar profundamente entre la sensible y húmeda piel de la vagina.

    Amanda se inclinó, sin dejar sus movimientos, poniendo las tetas sobre la cara de Luis. Este no tardó en sentir los duros pezones sobre sus labios y comenzó a chuparlos con un deseo incontrolado.

    – Ahg! Se quejó levemente Amanda al sentir la presión de los dientes en sus pezones.

    Fue una expresión de dolor y placer. Notó la inexperiencia del muchacho y decidió dirigirle.

    – Chupármelos fuerte y muérdelos suave! Le susurró con voz cálida sin dejar de balancearse sobre su vientre.

    Luis se relajó al sentir su voz y comenzó a hacer lo que le decía.

    – Así, asiii! Lo estás haciendo muy bien! Y me estás poniendo muy guarra! Le dijo como recompensa para su mente.

    – Apriétame el culo con las manos y ábrelo y ciérralo! Siguió ordenando y dirigiendo a Luis.

    El muchacho había apartado su euforia y se dejaba guiar por la experimentada mujer, pensó que Amanda podría enseñarle muchas cosas que después le servirían para complacer a su madre.

    – Ufff! Delicioso cielo! Cada vez me pones más caliente! Continuó Amanda regalándole los oídos.

    Pero Amanda era morbosa, y no le bastaba con follar.

    – Que te gusta más, follar conmigo o con mi hija?

    Luis se quedó algo estupefacto, “ ¡vaya momento para preguntar eso! “ Pensó mientras sus mejillas enrojecían a gran velocidad.

    – Pues… a las dos! Contestó para salir del paso.

    – Venga, no seas tímido! Seguro que le has embestido con ganas ese gran culo que tiene! A la muy zorra le encanta eso!

    – Bueno… sí! Contestó con timidez.

    Amanda no dejaba de balancear el culo, subiéndolo y bajándolo, provocando que todo el tronco de la dura polla rozará su clítoris.

    – Y que te gusta mas, mi culo o el de mi hija?

    “¿Otra pregunta trampa?” Pensó Luis sintiendo los jadeos de Amanda sobre su boca. Desde luego, el culo de Estela era espectacular, grande, duro y terso, y tenerlo a la vista mientras se la follaba había sido una experiencia inolvidable. Sin embargo, el de Amanda era pequeño, aunque también duro, y con una redondez casi perfecta. Antes de que contestara, Amanda volvió a hablar.

    – ¿Te ha dejado que se la metas en el culo? Dijo con sonrisa perversa. -Ya veo que no por la cara que pones! Dijo Amanda casi introduciéndole las palabras por la boca.

    – Yo dejaré que pruebes el mío! Susurró de nuevo sobre su boca a la vez que aumentaba el ritmo de sus movimientos.

    A los pocos segundos elevó su cuerpo y apretó la pelvis contra la de Luis. Él sintió como la vagina parecía reducirse y apretarse contra su miembro. Notó varias contracciones a la vez que Amanda se corría empapando su polla y sus huevos.

    – Ahora me daré la vuelta! Dijo sacándose la polla de su coño empapado.

    – Y me pondré de rodillas con las piernas abiertas mirando al espejo! Sus ojos parecían brillar más a cada frase.

    – Quiero ver tu cara mientras me embistes con ganas! Le dijo relamiéndose los labios.

    Luis sentía que la excitación no paraba en su cuerpo, su mente ya estaba perturbada, y le estaba encantando pensar en hacer realidad esa escena.

    – Pero antes… volvió a hablar Amanda… quiero que me chupes el coño y el culo hasta empaparlos con de saliva!

    Acercó más su cara a la de Luis y con los ojos muy brillantes acabó diciendo.

    – Si quieres ponerme muy zorra los tendrás que mojar bien, cabroncete!

    La excitación de Luis ya parecía salirle por los poros de la piel, todo su cuerpo la emanaba como el vapor de una ducha caliente. Amanda se inclinó más sobre él, jadeando con su boca a escasos centímetros de la de Luis.

    – Diosss, como he disfrutado de tu polla! Jadeó con densa lujuria mientras se alejaba de la boca de Luis. Se giró para ponerse de rodillas mirando hacia el espejo. Luis seguía con la polla dura mirando al culo que le ofrecía esa mujer y que le estaba volviendo loco. Reaccionó de inmediato colocándose de rodillas tras ella. Le sobo el redondito culo mientras sujetaba la polla con la otra mano. Le pareció un culo preciso y su mente se llenó con el deseo de follárselo. Ella le miraba a través del espejo y podía ver ese deseo en sus ojos. Movió el culo sinuosamente provocando aún más a Luis y volvió a utilizar las palabras.

    – Te gusta mi culo, verdad cerdo! Dijo sin parar de moverlo. Ya había notado que ese lenguaje despertaba al animal que llevaba dentro, y eso quería de él, que lo sacará y la follara salvajemente.

    – Vamos cabron! Lámelos como un perro!!

    Le veía a través del espejo y sabía que en ese momento le podría decir todo lo que le apeteciera, la cabeza de Luis era como una tormenta a punto de descargar. Luis no dudó ni un instante, se agachó, saco la lengua y comenzó a lamer como un perro sediento. Su lengua recorría desde lo más bajo del coño hasta subir al centro del redondo culito. Repitió varias veces hasta que notó como el amarronado agujero palpitaba.

    – Méteme la lengua en el culo! Esta deseoso de que lo abras!! Gritó Amanda.

    Luis nunca lo había hecho, era algo nuevo para él, lo abrió con las manos y se acercó lentamente con la boca. Lo veía palpitar, como si tuviera vida propia y sacó la lengua para rozarlo con la punta.

    – Vamos! A qué esperas! Le increpó Elena moviéndolo.

    Luis volvió a sacar la lengua y comenzó a meter la punta. A los pocos segundos el amarronado agujero comenzó a abrirse.

    – Diosss! Como me gusta! Sigue! Métela más! Volvió a insistir Elena.

    Luis no tenía ninguna experiencia y se limitó a hacer lo que le pedía. Apretó más su lengua y sintió como el culo se abría más. Lo hizo varias veces hasta que consiguió meterla entera. Noto como la excitada mujer temblaba.

    – Ahhh! Que delicioso cielo!

    – Ufff! Ahora, méteme dos dedos en el coño y masturbarme a la vez que metes la lengua en el culo!

    Luis la obedecía paso a paso, como un niño obedece a su maestro, a la vez que pensaba en cómo se lo haría a su madre, si eso le encantaba a Amanda, seguro que a su querida madre también le gustaría.

    Al momento se quedó asombrado de cómo se abría poderosamente ese pequeño culo. Luis era joven, y Amanda sabía que podría dirigirle con precisión haciendo lo que a ella le gustaba.

    – Mira como se abre! Te gustaría follártelo, verdad! Dijo mientras disfrutaba de las lamidas sin esperar ninguna respuesta.

    – Ya, Yaaa! Volvió a gritar. – Vamos, méteme la polla en el coño! Tus dedos me lo han puesto ardiendo!

    Luis se incorporó de inmediato y dirigió la polla entre la suave mata de bello rubio. Notó el calor que desprendía al introducir el capullo, y como penetraba toda su polla con facilidad. Todavía se mantenía mojado por dentro, la corrida que había tenido Amanda había sido tremenda y su excitación parecía no tener fin.

    – Ahhh! Suspiro largamente. – Que polla más dura tienes, diossss! Volvió a repetirle disfrutando de la penetración. Luis estaba tremendamente excitado, sentía deseo y ansia por embestir sobre aquel culito que le ponía tan cerdo.

    – Ahora que la tienes bien mojada, métemela en el culo! Volvió a dirigirle de nuevo.

    Luis sacó la polla empapada y la dirigió al palpitante agujero. Apretó con suavidad temiendo que podría hacerla daño. Ella notó la delicadeza del muchacho y sonrió.

    – Tranquilo hijo! Mi marido la tiene más grande y ya me lo ha abierto unas cuantas veces!

    Luis apretó más y sintió como su polla penetraba profundamente con facilidad.

    Se agarró a él y comenzó a bombear con su polla. Primero fueron penetraciones lentas y largas pero no pudo aguantar y empezó a embestir como un toro enfurecido. Amanda le miraba a través del espejo disfrutando de esa fiereza de juventud. Tenía el coño todavía ardiendo de la corrida anterior y noto como le volvía a subir la excitación brutalmente.

    – Diosss, que pollazos me das!! Comenzó a gritarle sabiendo que desataría aún más su furia.

    – Me vas a reventar el culo, cabron!! Vamos, vamos! Más fuerte joder! No quieres sacármela por la boca?

    Le desafiaba al excitado muchacho provocándole hasta la saciedad.

    – Te voy a reventar tu puto culo, zorra! Gritó por fin expresando con palabras la furia que invadía su cabeza. La cara se le había desencajado ante los desafíos de Amanda y las embestidas eran tan brutales que casi la tiró fuera de la cama.

    – Sigue, sigue! Quiero más, más!! Vas a hacer que me corra otra vez como una cerda! Diosss! Aghgh!

    Gritó Amanda al notar como su coño se llenaba de un fuego intenso mientras ella misma se lo masturbaba con dos de sus dedos.

    – Toma zorra! Tomaaa! Aghgh! Aghgh! Gritó Luis al unísono soltando un chorro de leche caliente. Gritos, gemidos y jadeos se entremezclaron llenando la habitación de sonido y un fuerte olor a sexo. Varios chorros de leche hicieron que el culo se inundara con rapidez y rebosara cayendo entre los muslos de Amanda. Luis podía sentir como temblaba el cuerpo de la menuda mujer, con fuertes espasmos acompañados de rugidos de placer, algo que le pareció maravilloso. Amanda se quedó jadeando, arrodillada con la cara apoyada sobre la sában cuando Luis sacó la polla completamente empapada del hirviente coño. Él tenía una cara de completa satisfacción cuando cayó de espaldas sobre la amplia cama.

    – Ha sido la ostia!! Se dijo para si mismo, pero en voz alta. Amanda sonrió bajo su postura encorvada sin que él pudiera verlo.

  • Preguntas a una mujer…

    Preguntas a una mujer…

    Preguntas que los hombres se hacen con respecto a las mujeres.

    1.- Las mujeres buscan lo mismo que los hombres?

    Si, pero no de la misma manera. Las mujeres también buscamos placer; pero, al igual que los hombres, escogemos con quien. La mujer es más verbal, emocional; el hombre es más físico.

    2.- Las mujeres sienten alguna diferencia?

    Claro. En el sexo, podemos sentir el grosor, el largo, la intensidad, la cantidad de semen, etc. Hay quien nos gusta tener muchas parejas para sentir las diferencias; pero, así como los hombres tienen un gusto por el tamaño de los senos, nosotros basamos el gusto en el pene; la ventaja de nosotras es que el hombre siente el seno en su mano, nosotras lo sentimos adentro.

    3.- Que le excita a una mujer?

    Caricias, roces, una conversación, bailar; una mujer se puede empezar a humedecer bailando una pieza lenta; la cercanía, la loción, una escena romántica, el toque suave de los dedos sobre la piel.

    4.- Que enfría a una mujer?

    Un hombre urgido de sexo, los acelerados, los que solo buscan eyacular, los fanfarrones, los presumidos, los que quieren las cosas rápido.

    5.- Una mujer acepta sexo la primera cita?

    Una mujer querrá sexo hasta sin una cita; todo está en cómo la sepas excitar. Un tipo me cogió en su auto cuando fui con mis amigas a tomar un trago y él me pidió bailar; como se movía, como me tocaba, como me hablaba, como me miraba; eso fue suficiente para que me llevara a coger. Cuando reaccioné, estaba debajo de él, con su verga adentro y teniendo un orgasmo; ni su nombre supe.

    6.- Como hace una mujer para que un hombre solo quiera estar con ella?

    Se dice que cuando a una mujer le gusta un hombre para procrear, crea una enzima que se transmite por el flujo vaginal. Esa enzima se queda en el cuerpo del hombre y la va a buscar como si fuera una droga; la mujer solo necesita que el hombre le de sexo oral para darle esa enzima y él mismo buscará chuparla para obtenerla.

    7.- Cual es la fantasía más recurrente en una mujer?

    De acuerdo a muchos estudios, la violación grupal es la fantasía de la mayoría de las mujeres; no porque quieran que les suceda, sino a tener la oportunidad de probar muchas vergas al mismo tiempo, sin las consecuencias morales.

    8.- Las mujeres son infieles?

    Todos los humanos son infieles en algún porcentaje; en las mujeres es igual, si quieres tener a tu pareja contigo, varia el juego sexual, se creativo; que no busque fuera lo que ya tiene contigo.

    9.- Les gusta el porno a las mujeres?

    Si, pero no nos excita como a los hombres; en lugar de 30 minutos de mete-saca, preferimos escenas más románticas; pero, nos excita ver la cara de otra mujer al ser penetrada; los gemidos de un hombre cuando termina; ver salir el semen al eyacular; una historia de infidelidad; una aventura de una sola vez; un buen gangbang de vez en cuando.

    10.- Donde prefieren que el hombre termine?

    El porno dice muchas falacias; en la cara, no es lo más recomendable; si estás usando condón, termina adentro; si no tienes condón y no te controlas, afuera y tomo la pastilla del día después; no embarres tu semen en mi cuerpo, a menos que te lo pida; no acabes adentro sin avisar; todo es consensuado y sin sorpresas.

  • Elisa y el fin del mundo (caps. 1 y 2)

    Elisa y el fin del mundo (caps. 1 y 2)

    Hola, mi nombre es Elisa, nací en Colombia. Soy de madre latina y padre noruego. Vivo en los Estados Unidos. De mi madre heredé la estatura, mido 1,60 cm, de mi padre heredé todo lo demás. Soy una chica de 25 años de cabello rojo, muy blanca y adornada con pequitas apenas perceptibles alrededor de mi nariz. Sin modestia, soy muy linda, antes de que ocurriera todo esto tenía una cuenta de Instagram con más de un millón de seguidores.

    Como toda mujer atractiva, fui cortejada por muchos hombres poderosos, tuve de donde elegir y elegí a Mario. Él es un tipo elegante de una familia acomodada que trabaja en bienes raíces. Nos iba muy bien. Yo trabajaba por deporte en una agencia de publicidad de un socio y amigo de Mario, me pagaban bien y hacía poco, todo era sencillo para mi. Teníamos varias propiedades, una casa grande en los suburbios, un apartamento en el downtown y una casa de campo a unos 100 kilómetros de la ciudad.

    Todo empezó un viernes.

    -Amor, ¿nos vemos en el apartamento? tengo una sorpresa para ti – le escribí.

    -Wow, ¿qué es?

    -Es sorpresa tonto! jejeje

    -Dale, nos vemos en el apartamento

    Salí caminando del trabajo, el apartamento quedaba a unos 10 minutos a pie y aproveché para sentir la fría brisa de un invierno que estaba empezando para refrescar mi cara y mi cabello, iba con un saco negro que llegaba a mis tobillos. Aún sin mostrar mucho levantaba muchas miradas por mi bello rostro, me sentía bien.

    Pasé por un sex shop. Me compré una diadema de orejitas de gata, un butt plug y me metí al vestidor a probarme una ropita caliente de encaje negro y ligueros. Cerré la cortina tras de mí, me quité el sacó, me quité toda mi ropa y me inspeccioné desnuda en el espejo. Cuello largo, hombros delgados, unas tetas medianas con un pezón pequeño y rosado. Un penachito rojizo en mi vulva enmarcado en unas amplias caderas latinas, yo era perfecta.

    Me puse la ropita caliente y la diadema de orejitas de gata y me di media vuelta para ver cómo encajaba en mis nalgas el diminuto hilito. Se veía apenas. Me tomé un par de fotos. Me puse el saco encima, guardé toda mi ropa en una bolsa y salí así camino a casa.

    Al llegar al décimo piso salí del ascensor, metí la llave en la cerradura, entré y me despojé del abrigo. Caminé a la cocina, destapé una botella de vino, me serví una copa que me consumí completa de un envión, luego serví otra copa. Entré al baño, me quité todo y me senté a cagar. A Mario le gustaba mucho el anal y a mi tambien y aunque la mierda a veces es parte de la situación yo prefería que no. Hice toda la fuerza posible para sacar lo que más pudiera de mi sistema. Luego pasé a la ducha y enjuagué todo mi cuerpo, excepto el cabello, por supuesto, duh. Me empapé de crema para humectar el cuerpo, me volví a poner la ropita sexy y me perfumé, quería estar perfecta para Mario.

    Mario era apenas el segundo hombre en mi cama, el primero había sido un gañán de preparatoria que lo único que supo hacer fue romperme el himen y mostrarme ante sus amigos, nada importante. Mario me conquistó con invitaciones a lugares caros y viajes, no lo voy a negar, el dinero no da la felicidad pero da acceso a muchas cosas y yo aproveché mi belleza para conseguir una buena posición con un hombre solvente al que además amo.

    Me acosté en mi cama y puse algo de porno en el TV. Me gustaba ver videos de chicas lesbianas, chicas lindas como yo dándose cariño. Corrí un poco mi tanguita y me empecé a tocar. En el video dos chicas, una rubia y una morena ejecutaban una tijera y yo aceleraba el roce de mis dedos sobre mi rajita para humedecerla, quería estar lista para cuando Mario llegara.

    Sentí la puerta abrirse y cerrarse, Mario había llegado. Tomé el butt plug, lo metí en mi boca y lo humedecí tanto como pude, lo puse entre mis nalgas y lo empujé dentro de mi ano. De la punta de metal salía una colita larga de color negro, del mismo color de mi ropa sexy. Me puse de costado y empecé a jugar con la colita. Mario llegó a la puerta del cuarto y sus ojos se abrieron al verme allí en esa posición y con esa vestimenta.

    -Miauuu, esta gatita quiere leche, la quiere toda en la boquita – le dije.

    No dijo nada, se empezó a desvestir rápidamente y se abalanzó sobre mí. Me puso en cuatro, me levantó la colita de gatita y posó su verga entre mi coño rosado, sentí como los 16cm de mi marido separaban mis carnes hasta que sus huevos chocaron contra mi. Estuvimos un rato en esa delicia. Yo gritaba de placer pero un grito de horror nos bajó de la nube. De la calle provino un alarido que nos hizo detenernos en seco. Mario corrió a la ventana, yo quedé en cuatro con el coño abierto pero no tardé en ir con él.

    Abrimos la ventana y la brisa fría rozó sobre mis nalguitas redonditas latinas, se me puso la piel de gallina. En la calle una chica gordita gritaba mientras corría a todo lo que le daba su cuerpo. Unos metros atrás venía un hombre pequeño y flaco persiguiéndola. Un robo, una pelea marital, cualquier cosa se me pasó por la cabeza menos lo que iba a pasar. La chica gordita tropezó y cayó en el pavimento. El hombre flaco saltó sobre ella y fue directo a la yugular con los dientes. Le arrancó toda la piel de un mordisco.

    Grité e inmediatamente tapé mi boca con ambas manos. De la esquina salió otro hombre, más alto y fornido que el primero y corrió directamente a la chica en el suelo, agarró una de sus piernas con ambas manos y de un mordisco le arrancó un pedazo. Después de unos minutos de la chica gorda solo quedaban pedazos indistinguibles de carne y sangre.

    Mario trató de llamar a la policía pero la llamada nunca entró, nadie contestó. Por whatsapp empezaron a llegar videos e imágenes de situaciones similares en varias partes del mundo. Nuestros amigos en Alemania, Australia y Vietnam decían que pasaba algo raro y describían escenas como la que acababamos de ver.

    No se sabe cómo empezó, no se sabe cuándo pasó. La mitad de la población se volvió loca y empezó a matar a la otra mitad que no se volvió loca. Los llamábamos Zombies, fue lo primero que se nos ocurrió aunque no estaban muertos sino aparentemente infectados con algo. Mario y yo no sufrimos de la infección. Por varios días permanecimos en nuestro apartamento. El número de cadáveres en las calles aumentaba a diario, teníamos temor de salir pero pronto los víveres se nos acabaron. Después de dos semanas destapamos la última lata de atún y empezamos a planificar cómo salir de allí.

    Queríamos llegar a nuestra casa en el campo porque creíamos que dada la lejanía, la cantidad de zombies sería menor. Empacamos algunas cosas y bajamos al estacionamiento, yo tomé el volante y Mario abrió la puerta tratando de hacer el mínimo ruido posible. Salimos de allí. Conducir dentro de la ciudad no fue tan malo, había algunos autos abandonados pero nada que no pudiéramos sortear, algunos zombies nos perseguían pero eran grupos pequeños de dos o tres, creo que tuvimos suerte. El problema fue cuando llegamos a la autopista. Una fila de cuatro carriles de carros bloqueaba por completo la vía, no había forma de avanzar y tuvimos que salir del auto y caminar.

    Yo no me resignaba a perder mi vida perfecta de comodidad y lujos así que me vestí muy bien para el apocalipsis. Iba a lo Lara Croft, un short verde que dejaba ver un poco de mis nalgas, medias blancas y botas cafés y una camisa de tiras que dejaba ver la línea que creaban mis tetas apretadas. Estaba sexy para el fin del mundo, primero muerta que sencilla hermana.

    Nos echamos encima las maletas y empezamos a caminar entre los carros abandonados. Tratábamos de no hacer ruido, teníamos miedo de que aparecieran los locos y trataran de probar un bocado de nuestra carne. Sobre todo la mía, tierna, blanca y rosada, sería un manjar.

    De repente sentimos un ruido delante de nosotros, un arma nos apuntaba desde detrás de un automóvil blanco.

    -Quietos! – Gritó alguien.

    Tanto Mario como yo alzamos los brazos y dimos un paso atrás. Un hombre fornido con aspecto de leñador, con una barba descuidada y unos 1.90 cm de estatura emergió detrás del auto. Avanzó unos pasos y al notar nuestra actitud se dio cuenta que éramos parte del equipo de los no locos. Inspeccionó con la vista a Mario, pero me inspeccionó más a mi, unas tres veces recorrió con la mirada mi cuerpo.

    Finalmente bajó el arma y se acercó.

    -Hola, disculpen pero hay que estar preparado para cualquier cosa, mi nombre es James – Dijo el hombre grande.

    No había terminado de hablar cuando oímos un ruido a nuestra izquierda, esta vez era un graznido extraño y gutural. Me volví a ver y, a unos diez metros, habia un hombre negro, grande, con los ojos rojos y la camisa manchada de sangre, un loco, un Zombie. Corrimos hacia el otro lado tratando de salir de la carretera. El zombie alcanzó a Mario y le dio un empujón que terminó por empujarme a mí también y ambos caímos al suelo. Lo siguiente fue que el loco dio un salto y aterrizó sobre una de las piernas de Mario rompiéndola en dos partes, en el fémur y también la tibia y el peroné.

    Mario soltó un alarido. El zombie abrió sus manos y su boca y se preparó para atacar a mi esposo pero antes sonó un ruidoso disparo que encajó justo en la frente del loco y destrozó su cráneo en miles de pequeñas sanguinolentas partes. Mucho de aquello cayó sobre Mario.

    El extraño aquel había salvado la vida de mi esposo por poco con un certero disparo, aunque el pobre Mario quedó muy maltrecho con la pierna partida en dos partes. No quiero ni contar el vía crucis de dolor que fue llevarlo a rastras por casi 20 kilómetros hasta nuestra casa de campo. Por suerte aquel hombre que nos salvó la vida decidió aceptar la invitación de venir con nosotros. La casa era muy grande, una persona más no sería un problema.

    Al llegar improvisamos sobre la pierna de Mario, sin saber nada de medicina concluimos que teníamos que ajustar su pierna a un punto que pareciera natural y dejarla descansar por un buen tiempo. Lo instalamos en el cuarto principal y le mostré a aquel hombre el cuarto de huéspedes donde se podía quedar.

    Mario mantenía aquella casa siempre con provisiones en caso de cualquier escapada ocasional así que la comida no fue un problema por un par de semanas. Yo me la pasaba al lado de mi esposo cuidándolo y apenas si determinaba a aquel hombre, además, él era muy cauto y de a ratos imperceptible.

    -Señorita, puedo hablar con usted un momento – Me dijo el hombre.

    -Sí claro, ¿qué pasa? – Respondí.

    -Es que empiezo a ver que escasea la comida, ya casi no hay víveres en la despensa, creo que es hora de empezar a buscar lo que la naturaleza nos provea-

    Me quedé mirándolo, por primera vez noté lo atractivo y varonil que era, lo sexy de aquella barba mal cuidada, sus brazos musculosos y toscos.

    -Señorita… ¿me escuchó? – me dijo para sacarme de mi trance.

    -Sí, creo que debemos buscar comida – le dije.

    Nos había dicho su nombre cuando nos encontramos en la carretera, pero me tocó preguntarle una vez más. James. Cordialmente se ofreció a salir a buscar comida, venados, ardillas, conejos, pájaros, lo que la naturaleza pudiera proveer, y así lo hizo un par de veces. Sentí que no era justo que fuera solo, además quería aprender cómo hacerlo en caso de que en algún momento todo dependiera de mi. Mario seguía postrado y esa pierna no parecía mejorar. Al cuarto día le dije, “¡Voy contigo!”.

    Primero muerta que sencilla eh! Me puse mi short de Lara Croft como si fuera el atuendo adecuado para salir a matar ciervos durante un apocalipsis zombie. James avanzaba delante de mi, podía ver su amplia y sólida espalda, su cabello negro descuidado, su actitud indiferente apesar de que claramente en algun momento dirigía su mirada hacia mi abultadito culo. Lo normal en un hombre.

    Empezamos a salir todos los días, Mario se quedaba en casa preocupado y James y yo siempre volvíamos con algo para comer. Pronto se volvió un éxito cada animal muerto y aquello llevó a la camaradería.

    Casi un mes después la pierna de Mario no mejoraba mucho y la situación entre James y yo mejoraba bastante, hablábamos de todo, me contaba cómo era su vida antes del desastre y yo con algo de pena le contaba como era mi superflua y tonta perfecta vida. James me empezó a gustar, era rústico pero sensible y fuerte, mucho más fuerte de lo que Mario sería jamás. Y yo llevaba un mes sin tirar porque el dolor de la pierna de Mario era tremendo incluso para una erección.

    Sin darme cuenta empecé a emocionarme por las salidas a buscar comida en el bosque con James. Una noche soñé con James, soñé que me penetraba a las cuatro con mi traje de gatita. Al despertarme me vi toda mojada, me volví a ver Mario aun dormido con su pierna hinchada y mi mano simplemente se deslizó dentro de mi ropa interior y empecé a meterme un dedo tratando de conservar mentalmente el recuerdo del sueño reciente. Me vine en un orgasmo delicioso acompañado de un pedo liberador. Me levanté de la cama, me quité la panty y me puse solamente el short y un top. No esperé a que Mario se levantara, salí en busca de James para ir a casar. Quería carne, y no precisamente de animal.

    Como siempre, yo iba detrás de él. James sabía mucho de exploración, lo único que yo sabía de exploración era cuando Mario se ensartaba por el culo. Ese día brillaba el sol y James se veía más sexy que nunca. No planeaba nada, de verdad, simplemente algo en mi cabeza dijo “es el puto fin del mundo, que crees que vas a hacer?” y todo se iluminó. Me importó un carajo mi esposo invalido y rebasé a James.

    Lo que quería era que él diera el primer paso para no sentirme tan puta. Así que empecé a bambolear mi culito en ese short y esperé que pasara lo mejor. Llegamos a un riachuelo, no había avistamiento de animal comestible alguno. Me arrodillé, hice como si quisiera buscar algo dentro de la pequeña corriente de agua y empiné mi culazo para que James se diera una buena vista de lo que tenía enfrente.

    Sentí una mano entre mis piernas y me asusté. Me levanté y me alejé. Me di la vuelta y lo miré a los ojos. No era yo tan valiente ni tan perra como pensaba, Mario apareció mil veces en mi mente. No tuve tiempo de reaccionar, James se abalanzó sobre mí y me llevó hasta un árbol. Mi cara golpeó con el tronco y me cortó. De un solo tirón James bajó mi short para ver que no tenía nada debajo, yo no quería nada, me había equivocado, pero aquello era inevitable.

    Una verga inmensa se posó entre mis piernas, escuché un escupitajo y lo siguiente fue una presión que separó mis carnes y se ensartó en mi.

    -James no!, suéltame! – le supliqué.

    -Lo has estado pidiendo hace mucho y te lo voy a dar – replicó.

    -no! Mario! –

    Su falo entraba y salía de mi. Al principio pensaba en Mario, mi pobre esposo invalido, después de un rato yo no pensaba en él. Ese trozo me estaba dando un placer que no había experimentado nunca, el placer físico y el placer de lo prohibido entraba entre mis blancas nalgas en medio del fin de mundo, mi primera infidelidad, ufff. Cuando estaba a punto de eyacular se salió de mi y derramó una cantidad de esperma gigante en el riachuelo.

    -Si le dices algo lo mato – me dijo.

    Me asusté ante la amenaza, me vestí y salí corriendo de vuelta a la casa.

    Pensé todo el día en contarle a Mario lo que había pasado, como James me había violado, como yo lo había estado buscando, como lo disfruté. No había nada bueno en decirle, no había un buen desenlace. No dije nada. Al día siguiente al levantarme no quería ni salir del cuarto.

    -Elisa, vamos a buscar comida! – Gritó James.

    Mario dormía, me puse mi short sin ropa interior, una camisa ligera y salí. Al llegar al mismo punto del día anterior James me tomó de nuevo a la fuerza, intenté resistirme a sabiendas de que era infructuoso. En el fondo quería que me hiciera suya. Y así fue durante una semana completa, todos los días James me llamaba para ir a buscar comida, a veces conseguimos comida, a veces no, pero siempre me penetraba en el mismo árbol.

    Un día desperté ansiosa por su llamado, deseosa de su verga, babeante por su violencia.

    Cuando oí su voz mi vagina se humedeció. Caminamos como siempre unos cinco minutos adentrándonos en el bosque pero esta vez no dejé que me llevara hasta el árbol. Antes de llegar me di media vuelta y me puse de rodillas. Desabroché su pantalón y por primera vez tuve ese pedazo grande frente a mi cara, 21cm al ojo. Abrí la boca y me la metí. Empecé a jugar con su glande. Recuerden que yo soy una chica menudita, aquello era un montón para mi.

    -hoy me toca a mi papi, hoy te saco la lechita yo a ti – le dije.

    -¿No te importa que tu esposo esté postrado en una cama? – respondió.

    -Una chica tiene necesidades, sobre todo una zorrita como yo, si ese tonto no puede ni ponerse de pie… pues debo buscar como satisfacerme, ¿no?

    Le mamé la verga por un buen rato hasta que eyaculó dentro de mi boca. Una buena carga de leche espesa y amarga que me tragué. La única leche que había probado aparte de la de Mario, y me encantó. No cazamos nada ese día.

    En adelante se volvió un juego. Al siguiente día mientras Mario dormía tomé un bolso y empaqué la ropa sexy y la diadema de gatita. Sí, empaqué esa mierda en un apocalipsis, así soy yo. Salí de la casa con mi ropa normal pero me adelanté. Cuando James me alcanzó ya me había cambiado y llevaba encima solo mi disfraz de gatita, con el butt plug incluido, me puse de rodillas y batía el culito para que la colita se moviera.

    -Miauuu, esta gatita quiere lechita – le dije sonriendo y salí corriendo.

    Al alcanzarme me tumbó sobre un lecho de hojas caídas y me tomó en cuarto. La gatita salvaje en el apocalipsis, la perra en mi despertando, Elisa la infiel, la puta, que rico. Ya nada me importaba, ni los zombies, ni mi esposo cojo inservible ni mi vida perfecta, todo se resumía a las horas de caza cuando fornicaba con James y después volvía a jugar a la esposa juiciosa a cuidar a Mario. Esa maldita pierna nunca sanó.

    Habían pasado casi dos meses desde que estábamos ahí. Habíamos visto pasar un par de hordas de locos en silencio. La vida era sencilla, estar en casa hablando con Mario, salir todas las mañanas a fornicar con James inventando juegos, un día era una gata, otro día una prostituta, otro día una chica perdida, siempre la misma chica pelirroja, blanquita y perfecta.

    Un día me levanté temprano como siempre, Mario estaba despierto como nunca. Me miró.

    -Sé lo que haces maldita perra – me dijo y me quedé helada.

    -¿De qué hablas? – le pregunté.

    -Sé que tiras con James todos los días. No puedo poner en pie y tú aprovechas para comportarte como una puta y serme infiel en el bosque. Te veo salir todos los días sin ropa interior o guardando atuendos en tu bolso para hacer de todo con él. ¿Te da por el culo? ¿eh?! ¡¿Te da por el culo maldita?!

    No sabía qué decir, así que solo salí corriendo sola hacia el bosque y reventé a llorar. Me sentía terrible, le había sido infiel a mi esposo de la manera más descarada día tras días, y no quería dejar de hacerlo.

    James no apareció en el bosque ese día, así que volví a casa a enfrentar la complicada situación. Para mi sorpresa, al entrar al cuarto me encontré a James sentado en la cama al lado de Mario.

    Sé que soy un maldito invalido, no hay mucho que pueda hacer, pero la gran vida que tenías te la di yo maldita y no voy a renunciar del todo a ti – Me dijo Mario desabrochándose el pantalón y sacando una verga a medio parar.

    Con un movimiento de cabeza me indicó que me acercara a él. Lo hice. Tomó mi cabello y lo jaló para poner mi boca justo sobre su palo.

    -¿Mi amor? él está aquí – le dije.

    Me miró con cara de odio y empujó mi cabeza contra su falo y me obligó a chupar. Sentí una mano sobre mis nalgas. Esas mismas manos me retiraron de mi esposo y me llevaron a una esquina del cuarto.

    -Muéstrame qué es lo que haces en el bosque – me dijo Mario.

    Estaba asustada, incómoda, acorralada. James me bajó el pantalón, como siempre andaba sin ropa interior.

    -Puta malnacida – dijo Mario.

    James se sacó la verga y empezó a penetrarme. Me agarraba del pelo para que viera a los ojos de Mario. Mario se masturbaba. Nunca lo había visto así, con aquella cara de odio, impotencia y a la vez excitación, era otra persona diferente. James me puso de rodillas y me puso a chupársela. Cerré mis ojos.

    -Abre los putos ojos y mírame maldita – Dijo Mario.

    Tuve que mantener mi mirada sobre él durante varios minutos hasta que James eyaculó, por veinteava vez, en mi boca. La rutina cambió entonces. El bosque era para cazar, cuando queríamos tirar lo hacíamos en el cuarto frente a Mario.

    Un día James salió muy temprano y no volvió sino hasta la noche. Llegó cubierto de sangre y agitado. Seguro se había encontrado con algunos locos y había tenía que luchar contra ellos. Traía un pesado bolso. Lo dejó en la estancia principal y se fue a tomar una ducha. Mientras yo hablaba con Mario del clima que empezaba a ponerse muy frío.

    James apareció en nuestro cuarto con una sonrisa y una botella de Jack Daniels en cada mano.

    -Miren lo que encontré familia! – dijo. Reímos.

    -Creo que es una buena ocasión para ver ese traje de gatita eh – me dijo Mario.

    Me gustaba eso. Me levanté de la cama, fui al armario y tomé la ropa, salí del cuarto para cambiarme y de paso me llevé una de esas botellas. Entré al baño, me quité la ropa y me vi en el espejo, igual de bella aunque un poco más flaca, me costó reconocerme, una chica siempre glamurosa ahora viviendo las vicisitudes del fin de mundo. Me empiné la botella y bebí un cuarto de ella.

    -a los mil demonios, hoy soy la gata más puta de la tierra – dije.

    Me puse la ropa sexy, las orejitas, el butt plug y entré al cuarto gateando. Los dos hombres celebraron mi aparición. Como Mario no se podía mover mucho llevé a James cerca de él, les saqué las vergas, tomé una con cada mano…

    -La gatita hoy quiere lechita – dije.

    James le pidió a Mario que tomara bastante. Mi esposo cornudo se empinó casi media botella y pronto estuvo muy ebrio. Aquello funcionó bien porque mitigó el dolor en su maltrecha pierna. James me indicó que me subiera sobre él, lo hice tan cuidadosamente como podía hacerlo con aquella embriaguez. Me metí la verga de Mario en el chocho y empecé a moverme cuidadosamente, él comenzó a gemir. Lo siguiente que sentí fue la lengua babosa de James jugar en mi rosado ano. Una vez estuvo lo suficientemente dilatado, el gringo incrustó su palo en mi culo. Si de algo me puedo preciar es de que con Mario habia practicado tanto sexo anal que mi culo recibía con amabilidad casi cualquier cosa, me había metido no solo su verga, tambien botellas, pepinos, dildos, mi culito era un libro abierto.

    -Look! we are dick friends! – Le dijo borracho a Mario mientras sus vergas se rozaban ocupándose cada una de uno de mis orificios.

    -¿Quién es la gatita puta del fin del mundo? – dijo Mario riendo.

    -Yo soy la puta del fin mundo mi amor –

    Por un par de meses fue así. Cazar, embriagarnos y tirar los tres. No parecía tan malo el apocalipsis, a fin de cuentas.

    Capítulo II

    Hacía mucho frío. No había electricidad, teníamos que usar muchas cobijas todo el día para mantener el calor. Incluso la tiradera mermó por el clima. Aun así el sexo era parte de la ecuación. A Mario ya no le molestaba si yo hacía algo solo con James y también empecé a atenderlo periódicamente en su lecho. No había mucho que hacer así que paseaba entre las dos vergas que tenía a disposición. Generalmente le hacía primero una felación a Mario en las mañanas y después en las tardes me iba al cuarto de James a me penetrara con violencia. Gritaba tan duro como pudiera para que Mario me escuchara, para que supiera que su esposa gozaba con el paquete de otro hombre.

    Desde las 4pm ya era noche para nosotros, conseguir comida era difícil, estábamos delgados y agotados, comíamos solo una vez al día. No sé ni qué día era, dejamos de contar los días, pero ya caía la noche.

    Me recosté junto a Mario, porque siempre dormía con él y cerré los ojos, me quedé dormida. Un fuerte golpe me despertó, escuché un disparo, luego pasos, luego se abrió la puerta y otro disparo.

    Debido a la lejanía de nuestra casa de campo con todo lo demás, la interacción con otra gente o con los locos había sido mínima. Pero en el apocalipsis las cosas solo tienden a empeorar. Cada uno de esos dos disparos impactaron en el pecho de mis dos hombres, el primero en James, el segundo en Mario. Yo no recibí un disparo probablemente porque me quedé inmóvil.

    Los mataron a los dos. Era una pandilla, 5 hombres, 4 mujeres. Se adueñaron de mi casa, tiraron los cuerpos a la nieve como basura y se establecieron allí. Las cuatro mujeres, cinco conmigo, no tenían ni voz ni voto, éramos simplemente mercancía sexual. Los cinco hombres mandaban.

    -Joe, mira lo que tenemos aquí, una linda pelirroja! – Dijo uno de ellos.

    Joe se asomó y me vio envuelta en mi pijama, un pantaloncito cortito que dejaba ver la mitad de mis nalgas y una blusita corta que transparentaba mis pezones duros por el frío. Joe pidió que todos salieran del cuarto, se acercó, puso una pistola en mi cabeza y me obligó a chupársela. Después me hizo ponerme cuatro en la cama y con violencia me penetró en cuatro.

    Lágrimas caían por mis mejillas, no porque me estuvieran abusando sino porque mi Mario y mi James ya no eran parte de la ecuación. Me sentía sola, desamparada. Joe, el líder de aquella banda, tomó mi cuarto y a mi como su concubina. No me dejaba salir de allí.

    -Preciosa, ¿a qué te dedicabas antes de todo esto?- me preguntó.

    -Trabajaba en publicidad – le dije con mucha resignación.

    -Eres muy bonita, hemos tenido mucha suerte en dar contigo, yo te protegeré –

    Las otras cuatro mujeres eran Linda, Tania, Rose y Melany. Linda era una señora de unos 50 años. Las demás eran jóvenes como de mi edad, Tania era una bomba latina, grandota, Rose y Melany eran un par de gringas patisecas sin mucha gracia pero con un coño. Siempre tenían una cara de resignación bastante radical, estaban bajo el control de aquellos hombres. La primera noche cuando llegaron encontraron algunas botellas de alcohol de las que había traído James. Fue como encontrar oro.

    Se embriagaron y nos hicieron desnudar a todas a pesar del inclemente frío. Siempre había uno en una esquina con arma cargada, el resto nos tomaban como sus putas. Como yo era la nueva mucha atención cayó sobre mi. Mis algún dia abundantes nalgas ya no eran tan grandes por la desnutrición, pero aún así estaba mucho mejor que las demás, excepto Tania que me daba la pelea.

    Uno de ellos se sentó en un sillón y me pidió que me subiera sobre él. Una verga larga pero delgada se incrustó en mi coño. Otro se acercó por detrás y tras escupir sobre mi ano me incrustó la verga en el culo. Otro puso un falo venoso frente a mi cara y me obligó a chupársela. Así me tuvieron por horas turnandose.

    Seré sincera, aquel día aquello no me gustó, esos hombres habían matado a sangre fría a mi esposo y a mi querido amante. Pero saben, terminé acostumbrándome, afuera no había nada, solo caos, adentro había un grupo de hombres que me conseguían comida y me cuidaban. Pronto encontré un favorito, Dan. Un tipo aseado y callado que siempre que me ultrajaba se movía de manera deliciosa, me solía chupar el coño y el culo por largos minutos antes de penetrarme y eso me gustaba. Me convertí en la puta de Dan.

    En mi cabaña no había electricidad y tuvimos que pasar el invierno en medio de un frío inclemente. Nos calentábamos con alcohol, habían encontrado un lugar con un stock de alcohol inmenso, estábamos borrachos todo el día. Era la inmundicia, la perdición, el fin del mundo. Mi hermoso culito blanco ahora era un rojizo hueco por la falta de comida y el exceso de verga. En cualquier instante uno de ellos se acercaba a tomarme y, aunque Dan era mi hombre favorito, las reglas eran que las mujeres eran de todos.

    Pasó el invierno y llegó la primavera, pude volver a vestir mis shorts, a todos les encantaba y tomé mucho protagonismo, eso no le gustaba mucho a las otras chicas. Poder salir de la casa nos sirvió de mucho. Empecé a hablar mucho más con los hombres y se creó cierto vínculo. Aquello hizo que el abuso indiscriminado cesara y se convirtiera más en un gusto compartido. Como conocía la zona les pude enseñar donde era bueno cazar y donde no.

    Un día soleado matamos un gran venado. Los hombres decidieron destapar algunas botellas de whisky para celebrar. Dan se tomó un trago, se sentó en un sillón y me pidió que se la chupara. Elevé mi culito dentro del pequeño short, desabroché el pantalón de Dan y abrí mi boca para devorar ese pene.

    Estaba en medio de la situación cuando sentí un fuerte disparo cerca de mi cabeza. El disparo había impactado a Dan regando un chorro absurdo de sangre sobre mi. Después, otros cuatro disparos. Linda, en una desatención de los hombres se había hecho con un arma y había ajusticiado a cada uno de ellos. Al terminar su venganza se acercó a mí.

    -Perra regalada, ahora tú nos vas a servir – dijo.

  • Me cogí a la calienta verga de mi nuera en el quincho

    Me cogí a la calienta verga de mi nuera en el quincho

    Una de mis nueras, la mujer de Jose, es una de esas mujeres que se saben lindas, y que todos los hombres las miran y las desean. Pero Inés, además juega coquetear con todos lo que puede cuando mi hijo no la ve. Su descaro es tal, que hasta conmigo tuvo intenciones de hacerlo.

    Yo tengo 50 años, mi mujer 48 y tenemos una vida sexual plena, lo habitual es que tengamos sexo tres o cuatro veces por semana. Y nos permitimos explorar cosas como tríos con otras mujeres, algo de dominación y sumisión por parte de ella, e incluso intercambio de pareja con otro matrimonio amigo, de nuestras edades y también muy calientes.

    Con mi mujer vivimos solos en una casa que alguna vez albergó a nuestros tres hijos, cada uno con su dormitorio. Tenemos un lindo parque con pileta y garaje para los dos autos.

    Un día Jose fue nuestro negocio a hablar, para consultarnos si podíamos alojarlos por un par de semanas porque iban a hacer refacciones en su casa. Obviamente con mi mujer no tuvimos problema y un viernes a la tarde trajeron su ropa a nuestra casa. Ya en la primera cena mi nuera se hacía la gata, teóricamente para mi hijo, pero de reojo me miraba. Terminamos de cenar, ellos se fueron a su dormitorio y con Clara, mi mujer nos quedamos levantados tomando un café.

    – Solo espero que esto no termina para la mierda. Dijo mi mujer.

    – ¿Por qué lo decís? Pregunté.

    – Gordo, no jodas, Inés empezó a hacer de las suyas, y con vos. No soy boluda, la vi.

    – Clara, ella nunca te cayó bien, me parece que estás haciendo una película equivocada.

    – Espero, porque el que va a perder es Jose. Y no quiero que salga lastimado.

    – No pensaras que yo…

    – Gordo, te conozco mucho. Y sinceramente, me gustaría ver como la partís, por boluda. Tiene 25 años y se piensa que se las sabe todas. Boluda.

    – ¿Me estás dando carta blanca? Pregunté

    Clara me miro y se rio. Solamente se rio.

    Esa noche al acostarnos, empezamos como un juego, diciendo las cosas que le haríamos si la metiésemos en nuestra cama, para un trio. El tema fue que nos fuimos calentando con todo y terminamos cogiendo a lo loco. Como siempre, dando rienda suelta a los gemidos y gritos de placer.

    Al día siguiente cuando bajamos a desayunar, los encontramos en la cocina. Inés no dejaba de mirarnos y morderse el labio inferior cuando entramos.

    – Tremenda noche tuvieron, sinceramente me admiro de como se aman, después de tantos años y que cada tanto, disfruten. Dijo Jose a modo de saludo.

    – Jose, nos amamos, y nos encanta el sexo, de mil formas y te aseguro que no es de cada tanto. Tu padre con menos de tres veces por semana, no está bien, y yo… mujer sacrificada… le doy el gusto. Dijo mi mujer disfrutando como le enrostraba a su nuera lo felices que éramos en la cama.

    – No me jodas, viejo entonces la pastillita azul funciona perfecto. Dijo Jose.

    – Pendejo, solo tomo Aspirineta y por prescripción médica. ¿No me digas que vos a los 30 la necesitas?

    – No… era una joda.

    A la tarde tomamos sol y mi nuera con un micro bikini. No paraba de pavonearse frente a Jose y a mí. Clara la miraba y cuando podía me miraba y se burlaba. Me dio sed y fui a buscar para tomar a la cocina. A los dos minutos entró Inés.

    – No me imaginaba que a tu edad fueras tan viril. Dijo ella.

    – Digamos que todavía tengo cinta en el carretel. Bastante.

    – ¿Qué te gusta en la cama? Me preguntó sin filtro.

    – Todo, absolutamente.

    – ¿Y cómo te gustan las mujeres?

    – Perras, muy perras. Y que no rompan las bolas.

    – Entonces yo te puedo gustar…

    – No sé si sos perra o boluda, no lo puedo definir. Dije.

    – Vas a tener que probar para definirlo, Jajaja.

    – No, nuera, vos vas a tener que probar que sos una perra, y que no rompes las bolas. Voy a la pileta.

    Dije eso y la deje en la cocina. Le llevé jugo a Clara y por mi mirada se dio cuenta que algo había pasado. Al atardecer, Clara le dijo a Jose que la acompañe al supermercado para dejarnos solos. Aún estábamos en la pileta.

    – ¿Y yo como sé si quiero ser una perra para vos? Dijo desafiante.

    Me baje un poco mi short de baño y le mostré mi pija, que flácida medía 20cm. y era bastante gruesa. A ella se le fueron los ojos.

    – Interesante. ¿Puedo chup…?

    – No… te dije, no sé si sos perra o boluda. Y no me gasto con boludas.

    – ¿Te parece que con este cuerpo puedo ser boluda?

    – Mucho más con ese cuerpo. Dije sin mirarla.

    – ¿Cómo te demuestro que soy una perra?

    – Es tu problema demostrarlo, no el mío.

    Ella me miró y se quedó callada por el resto de la tarde.

    Clara estaba preparando la cena y entre a acompañarla y tomar un vaso vino juntos.

    – ¿Me vas a contar? Dijo Clara.

    – Me estoy divirtiendo, fijate que no se hace más la gata.

    – ¿Qué le dijiste desgraciado?

    – Que no me gustan las boludas, solo las perras muy perras. Según ella, es una perra, pues le dije que lo demuestre porque sin saberlo, no muevo un dedo y no le dije como. Todavía está pensando.

    – ¿Yo soy una perra? Me pregunto Clara moviendo el culo.

    – Vos sos la reina de las perras mi amor. Dije y le metí una tremenda mano en el culo mientras le besaba el cuello.

    – ¿Estas caliente por Inés o por mí? Me preguntó.

    Con una silla trabe la puerta de la cocina, le levante la falda y la senté en la mesada. Me puse a chuparle la concha, que ya estaba mojada, con todo, ella gemía como loca. Aunque tuvo un orgasmo no paré de chuparla, era algo que me deleitaba, sobre todo cuando ella se soltaba y gemía con todo. Yo ya tenía mi verga super dura. Estuve un rato y la hice parar, darme la espalda y apoyar los antebrazos en la mesada.

    Se la enterré en la concha con todo. Ella dio un grito de placer y comenzó a mover sus caderas mientras yo bombeaba.

    – ¿Vieja, estas bien, escuchamos un grito? Pregunto Jose tratando de abrir la puerta.

    – Maraviollos… bien, muy bien. Volvé en un rato… Dijo Clara

    Yo nunca paraba de cogerla. Ella de gritar de placer. Un rato después, acabe en su concha, y los dos gritamos de placer. Nos arreglamos la ropa y nos dimos tremendo beso. Clara corrió la silla, abrió la puerta y encontró a Jose e Inés, sentados en el comedor.

    – Hola, ¿Todo bien? dijo mi mujer y fue al baño.

    – Viejo, no me jodas, ¿en serio lo estaban haciendo en la cocina? Preguntó Jose

    – Culpa de tu madre. Ella me provocó.

    – Seguro, vos sos un santo. Dijo Jose.

    – Y tu madre, una perra infernal. Te aseguro que no hay mujer que haga que sea infiel a tu madre. Y con 32 años de casados.

    – Que no es poco. Dijo Jose y yéndome al otro baño, la mire a Inés sin hacer ningún gesto.

    Cenamos y los cuatro íbamos ver una película tomando un whisky cuando Jose preguntó:

    – ¿Cuál es el secreto para después de 32 años de casados, sean la pareja que son?

    – Hijo, lo obvio es decir que nos amamos. Y es real, pero al amor hay que alimentarlo, y el sexo es una parte vital de una pareja. Nosotros lo aprendimos y nos entregamos por completo, no te voy a contar porque te pondrías colorado. Dije.

    – Después de anoche y lo de hace un rato… difícil que me ponga colorado.

    – Él lo quiso Gordo… tenemos juguetes, hacemos tríos con chicas o mujeres… y alguna vez, con una pareja amiga…

    – Mamá…

    – Tu madre es la mejor amante del mundo.

    – Y tu padre, el mejor macho del mundo. Firmo eso. Dijo Clara.

    La cara de mi nuera era todo un espectáculo, cada vez más pensativa. Miramos la película y cada pareja fue a su dormitorio. Nosotros obviamente a hacer el amor nuevamente. Quizás por nuestros gemidos y gritos no escuchamos que ellos también lo hicieran.

    El domingo al mediodía yo estaba haciendo pollos a la parrilla y en el quincho apareció mi nuera, en otra bikini infernal.

    – Suegro, Clara te manda la sal y pregunta si hace la picada.

    – Decile que sí, y pone la sal sobre la mesa.

    Cuando ella se dio vuelta, le metí una mano en el culo que llego hasta su concha. Corrí la malla y sin aviso, le metí dos dedos en la concha. Ella se quedó dura, sorprendida totalmente.

    – Ves, una perra siempre está mojada… mucha bikini pero hasta ahora… boluda. Dije y volví a atizar el fuego.

    Sin decir nada se fue a la cocina. Al rato, Clara y Jose fueron a comprar al mercado y a la heladería. Inés vino al quincho y se sentó en la mesa con las piernas abiertas. Primero se tocaba por sobre la tanga de la bikini y luego metió dedos mientras se apretaba las tetas. Yo la miraba, y por suerte mi verga no reaccionaba. No era eso lo que quería yo. Tuvo dos orgasmos y me baje el short.

    Mi pija estaba flácida.

    – Que te voy a decir… Le dije mirando mi pija.

    Ella furiosa se puso a chuparla con todo y ahí, sí se me paró con todo. Estuvo un rato chupando, lamiendo, chupando mis bolas y me pidió que la coja.

    – Inés, una buena chupada, la da cualquier boluda. No me jodas.

    – Me tenes totalmente calienta, ¿que queresss?

    – Date vuelta. Le dije.

    Separé sus cachetes e intente meter un dedo en el culo. Estaba cerrado y ella lo cerraba más.

    – Ves, una perra ya tendría el culo dilatado esperando la pija de su macho. Boluda.

    – Nunca lo hice…

    – Boluda múltiple entonces.

    – Yo…

    – Date vuelta y apoya el pecho en la mesa, apúrate que están por venir.

    Ella lo hizo y le enterré dos dedos con todo en la concha. Ella dio un grito de placer y luego le metí un tercero. Mis dedos entraban y salían con todo de su concha, sentí como tenía un orgasmo y no me detuve. Saque uno de los dedos y se lo apoye en el culo.

    – Sepárate bien el culo y levántalo. Le dije.

    – Yo…

    Le di un par de chirlos en el culo y ella lo hizo, y mi dedo se enterró en su culo. Se quejaba de dolor y gemía casi al mismo tiempo. Cuando le di dos nuevos golpes, entro el segundo dedo. Yo estaba super caliente, me encantaba tener a esa pendeja calienta pava rendida, pero faltaba.

    – Quiero ver como te metes dedos en el culo y la concha. Dije.

    – Yo…

    Un nuevo chirlo en el culo y yo hizo. Sin que se saque los dedos la hice poner de rodillas.

    – ¿Alguna vez te cogieron por la boca?

    – No… nunca yo…

    Y le metí mi pija tomándola de la cabeza.

    – Boluda aprendiz de perra, escucha bien. Te sacas los dedos, paras de pajearte y te dejo el culo rojo de las palmadas que te voy a dar. Ahora te voy a coger por la boca, boludita.

    Y la empecé a coger con todo, mi pija entraba y salía con todo de su boca. Ella se ahogaba, tocía, por sus mejillas caían lágrimas de las arcadas. Cuando estuve por acabar, saque la pija de su boca y me corrí para ver como se pajeaba, ella gemía como loca. Me acerque y le acabe en la cara y en la boca. En ese momento ella tuvo un orgasmo y su cuerpo era un tembladeral.

    La deje de rodillas y me fui a dar un chapuzón en la pileta. Como pudo, me siguió.

    – Quiero que me cojas, que me hagas tu perra. Me dijo en la pileta.

    – Te voy a coger cuando vos decidas se una perra, para mí o para tu marido. Pero si te vuelvo a tocar y estas seca, con el culo cerrado o las dos cosas, olvidate. No me gustan las boludas calienta pija. No soy uno de los boludos que se arrastran ante vos. Dije y me fui al quincho nuevamente.

    Ella se quedó en la pileta y al rato llegaron Jose y Clara. Mientras comíamos ella estaba callada, con la vista en el plato. Ya le había quebrado la voluntad.