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  • Papá me coge con su verga sucia

    Papá me coge con su verga sucia

    Mi papá siempre fue mujeriego. Recuerdo las peleas frecuentes con mi mamá que solían terminar con un “pero tú eres la catedral mi amor, las demás son sólo capillas” y una salida a almorzar o cenar en algún restaurante del gusto de mi mamá y todo arreglado. Hoy, pensándolo bien, no debe haber sido difícil para papá encontrar mujeres con quienes coger, tiene una verga enorme, era muy “entrador” (conversador, chamullero, como se dice acá) y en la cama muy sucio. Supongo por eso mi mamá era tan permisiva con él y finalmente siempre lo “perdonaba” y todo seguía normal hasta su siguiente travesura. Él estaba con otras, pero ella lo tenía cada vez que quería. Los eventuales gemidos que escuchábamos por toda la casa cuando cogían siempre me hacían pensar que ella estaba muy bien satisfecha.

    Cuando empecé a acostarme con papá creí que dejaría de salir con otras mujeres. Tenía ya dos en casa y pensé no necesitaba más. Estaba equivocada, un macho cazador siempre lo será. En esos años yo tenía alrededor de 20 y mi papá unos 45. Aún era un hombre joven, se conservaba bien y seguro tenía atractivo entre las mujeres mayores.

    Sólo tuve celos una vez de papá. En ese momento me dejé llevar. Ahora, tantos años después me parece algo tonto, pero fue una noche intensa de la que justo me acordé.

    En esos días mi abuela estaba enferma. No grave, pero igual mi mamá y sus dos hermanas se turnaban para cuidarla. Una noche cada una. Cuando le tocaba a mi mamá, me quedaba en casa a solas con mi papá y disfrutábamos, sin temores a que ella llegue de improviso. Hasta dormíamos juntos en la cama de ambos y, para ser sincera, además de satisfecha, me sentía muy feliz.

    Un sábado le tocó a mi mamá ir a cuidar a mi abuela. Salió de la casa como a las 5pm. Mi papá no estaba cuando ella se fue, pero me había dicho que volvería hacia las 7pm pues ese día tenía que trabajar en el taller. Desde las 6pm empecé a alistarme. Me depilé, me bañé, me puse lo más linda que pude, con una tanga que mi papá me había regalado un par de días antes (me la dio a escondidas, mientras mamá estaba en la cocina).

    Sabía que papá no era puntual. Así que hacia las 7.30pm estuve lista. Me senté en el sofá de la sala y me puse a ver televisión. Hacia las 8pm empecé a desesperarme pues él no llegaba. En esa época no teníamos celulares, que eran muy caros, así que sólo podía esperar. A las 9pm mi desesperación se transformó en cólera. Pensé que se había quedado a tomar con sus amigos. Algunas veces me había pasado. Llegaba algo mareado, lo que lo ponía aún más sucio al coger.

    Finalmente llegó hacia las 9.15. Completamente sobrio. Si ningún olor a alcohol. Me pidió disculpas diciéndome “mi amor, mi bebe”. Me dijo que su jefe le había pedido que se quede un rato más. Le creí.

    Nos empezamos a besar. Nos fuimos a su cama. Me fue desnudando y cuando quede calatita, me metió su lengua mañosa en mi coñito. Estaba tantas horas esperándolo que me corrí en minutos. No he conocido a nadie con la lengua de papá, o quizás el morbo de ser papá e hija me calentaba más que con cualquier otro hombre, no lo sé, pero sí que disfrutaba y mucho sus lamidas de coño y de culo.

    Cuando acabé, él se separó de mí y se acostó. Ya estaba también desnudo, se había quitado toda la ropa mientras me lamía y con el placer que yo iba sintiendo ni cuenta me había dado. Cogí su pene, que no estaba erecto y sin pensarlo me lo metí a la boca. Sentí un asco horrible. Tenía sabor y olor a culo, a caca. El pendejo había estado con otra y por eso se había demorado.

    Lo dejé y me fui llorando a mi habitación. Le dije que era un miserable y hasta un “mal padre” (ahora lo recuerdo y hasta risa me da). Me tiré en mi cama a llorar. Me sentía frustrada. Yo esperándolo y él con otra mujer, sin pensar en mí, sin darme mi espacio, mi lugar, que sentía me lo merecía.

    Lloré buen rato. No sé cuánto. De pronto sentí que papá se sentó a mi lado en la cama. Yo estaba boca abajo. Me comenzó a acariciar la espalda y empezó a hablarme.

    – Mi amor, no te molestes, fue una cosa fortuita, no quería demorarme, quería estar contigo.

    – No te creo nada.

    – Amor, lo siento, vine lo más rápido que pude para estar contigo mi bebe.

    – Estuviste con otra mujer, sabiendo que te esperaba en casa.

    – Amor lo siento, ella me buscó a la salida, no me pude negar.

    – ¿No te pudiste negar? Sabías que te esperaba papá.

    – Mi amor, lo siento, “tú eres la catedral…

    No lo dejé terminar su frase. Me volteé y le dije “eso le decías siempre a mamá. ¿Ahora yo soy tu catedral?”

    Se quedó mudo un instante y le repregunté ¿Ahora yo soy tu catedral? Finalmente me respondió que sí, que yo era su catedral. Escuchar eso me cambió el ánimo. Difícil de explicarlo después de tantos años. Pero pensar que algo tan estúpido como que era “la catedral” me cambie el ánimo me parece ahora algo raro, pero en esa época tenía unos 20 añitos.

    Me senté en la cama y me dejé besar por él. Luego me besó todo el cuerpo. Me excité muy rápidamente y (hasta ahora) no entiendo porque me provocó chuparle su pene, con sabor y olor al culo de otra. Lo pienso y no lo entiendo aún. Pero en ese momento era mi morbo, mi deseo.

    Le pedí que se acueste y cuando se dio cuenta que se lo iba a chupar me dijo “amor, estás segura” le respondí con un simple “si papá, estoy segura”.

    Sentir el olor y el sabor de otra mujer, de otro culo de mujer, fue excitante. Me sentí demasiado sucia chupándole el pene. Demasiado enferma, pervertida, todo se me venía a la mente y me excitaba aún más. Estaba chupándole como nunca antes se lo había hecho y mi papá estaba demasiado loco ya, gemía y me decía “sigue puta, sigue perra” y sentí como me acomodó y me puso en 69, encima de él.

    Me lamió un instante mi coño y luego metió dos dedos, los humedeció y me los metió en el culo. Me volvió a meter la lengua en mi coño y me masturbaba el culo con dos dedos. Yo estaba a mil lamiéndole su verga sucia. El sabor a culo se había ido, pero estaba yo muy loca ya. Me corrí una vez y él seguía gimiendo, pero no llegaba. Seguimos así varios minutos, dejó de lamerme y con sus dedos me masturbaba el coño y el culo a la vez, finalmente comencé a contraerme para una nueva venida y mi papá llegó, quizás un minuto antes que yo. Llegué nuevamente, lamiéndole su verga para dejársela limpiecita.

  • La noche de anoche y las que le siguen

    La noche de anoche y las que le siguen

    Era una puesta de sol fenomenal, típica de verano en el valle de Texas. Traté de concentrarme en los tonos rojizos y púrpuras del horizonte mientras una tibia brisa que entraba por la ventana acariciaba mi rostro, el olor a sal y humedad traído por el aire se mezclaba con el aroma a sudor y alcohol de la habitación; sabia que el final estaba próximo, estaba buscando una distracción que me diera tiempo y energía suficiente para consumar este trato.

    Sus incesantes jadeos me devolvieron al presente; gire la mirada y ahí estaba la mulata, así, en cuatro sobre la cama con la cara enterrada en la almohada, su largo y negro cabello chino esparcido salvajemente por su espalda, su monumental culo apuntando hacia mi para que lo siguiera aporreando, así como tantas veces lo había deseado pero siempre se me había negado.

    Esta vez Maricarmen no estaba en condiciones de negarse a nada; sus manos estaban atadas por la espalda con un cintillo de plástico y la mordaza no dejaba que sus gritos y gemidos se escucharan mas allá de las paredes del cuarto, yo no hubiera querido que esto sucediera así cuando la conocí, sin embargo las circunstancias actuales no presentaban una mejor alternativa. – Quieres que le dé vuelta? – pregunte con la voz entrecortada por el esfuerzo que estaba realizando, – No, todavía no – me contesto Alexis con firmeza.

    Alexis y yo fuimos compañeros en la escuela desde 3ro de primaria, que fue cuando mi papá me trajo de Reynosa México a vivir con él en Victoria Texas; Crecimos juntos y honestamente nos consideramos hermanos. Alexis es una pulgada más alto que yo, los dos tenemos un cuerpo atlético y fuerte, él es de tes blanca, cabello castaño claro y ojos verdes; yo soy de tes morena, cabello castaño obscuro y ojos café claro. En nuestro año senior de High School impusimos marca de mas anotaciones, Alexis era el mariscal de campo y yo el receptor abierto, nos graduamos con honores. Ese año fue también cuando conocimos a Maricarmen, la mulata voluptuosa que llegó de la Ceiba en Honduras y que nos volvió locos hasta casi perder la amistad para siempre.

    En ese entonces yo salía con Jessica, que es la hermana menor de Alexis. Jess es también de tes clara y cabello largo castaño, ojos color miel, tiene una figura de modelo espectacular, sus piernas largas y delgadas pero bien torneadas, un culo respingón con un par de nalgas que no les falta ni les sobra carne, abdomen plano y bien trabajado, lo que mas me gusta de ella son sus tetas que tienen un tamaño de mediano a grandes, la aurora de sus chichis es considerablemente amplia y perfecta para sus deliciosos pezones.

    Lo de Jess y yo fue una de esas relaciones que crecen orgánicamente, y que hasta cierto punto, todo mundo en Victoria sabia que tarde o temprano iba a suceder. Jess es un año menor que Alexis y dos menor que yo, debo acotar que a mi me retuvieron un año en la escuela porque no sabia hablar bien ingles, así que en lugar de llegar a 4to de primaria me pusieron en 3ro. A pesar de la pequeña diferencia de edades los tres nos llevábamos muy bien y siempre andábamos juntos en todos lados; sin embargo todo cambio el día que, como un huracán, Maricarmen apareció en el pueblo.

    Llegó sin padre ni madre; había estado detenida en El Paso Texas por ser menor de edad intentando cruzar a Estados Unidos hasta que su supuesta tia la fue a reclamar y la trajo a Victoria, sin embargo había rumores de que en realidad la habían soltado por que los agentes de inmigración ya no sabían mas que hacer con ella, que les había armado un motín y que solo se quisieron deshacer del paquetón que se habían echado encima. Esas fueron las credenciales con las que llegó la mulata.

    La primera vez que me tope con ella fue en la biblioteca de la escuela. Yo era voluntario en un grupo de alumnos de ultimo año que ayudaban a otros estudiantes recién llegados de otros países con la transición al idioma ingles y a la cultura americana; nos reuníamos los jueves en un salón de la biblioteca. Ese día la asistente de la bibliotecaria la escoltó hasta el salón y luego me dijo – La manda Mr. Lopez, dice que no puede regresar a su clase hasta que aprenda buenos modales, dijo que tú la podías ayudar. – Cerró la puerta y se marcho inmediatamente.

    Maricarmen traía puesto un vestidito azul claro de manga corta lo suficientemente escotado como para poder ver el inicio de esos dos melones que tiene por senos y que escondía con dificultad, de hecho, el atuendo se le veía algo ajustado hasta llegar a la cintura, después la prenda era mas amplia y relajada hasta terminar a la altura de sus rodillas, aunque por atrás el asunto era mas delicado; el vestidito no podía ocultar sus redondas y carnosas nalgas, la mulata estaba tan dura que pareciera que en caso de agacharse un poco reventaría la prenda en mil pedazos; definitivamente mucha mujer para un atuendo de adolescente.

    No hace falta describir la cara de pendejo que seguramente tenia yo puesta mientras la admiraba con incredulidad, acaso es que Dios me habría mandado este ángel como premio por no faltar los Domingos a misa?. Después de tragar saliva le pregunte con la poca voz que pude juntar – En qué le puedo ayudar señorita? – de seguro Dios se estaba cagando de risa por las tonterías que mi pito calenturiento me hacia decir. – Ah, señorita dijiste? Ya me estas cayendo bien muchacho – me contesto la muy socarrona – Pues el maestrillo ese de ingles me mando para acá, parece que no le gustó que le hiciera tantas preguntas – me dijo frunciendo el ceño, luego se puso una mano en la cintura y con la otra comenzó a jugar con su cabello chino, me miró de abajo a arriba y me preguntó con picardía y con autoridad – Y a ti, en que te puedo ayudar muchacho? –

    Los miembros del grupo soltaron una pequeña carcajada, luego se inclinaron hacia adelante en sus asientos como para no perder detalle de la embarazosa situación, sentía el peso de sus miradas y mi cara parecía un tomate a punto de reventar, con nerviosismo me limpie un par de gotas de sudor de la frente y comencé a balbucear – Como se llama usted? – pregunté – Me llamo Maricarmen – respondió coquetamente – y vos, como te llamas? – trague mas saliva y conteste – Yo me llamo Roberto – continué con mis discurso – Pues mire usted señorita este grupo es… – Ay!, háblame de “tu” Roberto – me interrumpió; esta vez las carcajadas subieron de volumen y de tono, ella echó un vistazo alrededor como para reconocer a su publico, me sonreí con dificultad y le dije – En este grupo ayudamos a estudiantes como TU, para que vayan entendiendo la historia y cultura de este país y puedan asimilar mejor el idioma, bienvenida Maricarmen – después de todo mi esfuerzo ella contesto con tono de enfado – Uy que aburrido suena todo eso – las risas no se hicieron esperar, yo solo quería terminar la conversación – toma asiento por favor – le dije, – bueno – asintió y yo respiré.

    Torpemente traté de abrirme paso al mismo tiempo que ella se encaminaba a uno de los asientos, chocamos de frente e inexplicablemente mi mano derecha termino en la teta izquierda de la mulata, un silencio que me pareció eterno reventaba mis oídos; al fin ella rompió el silencio, con mi mano aun posando en sus chichis me miraba con picardía y en un tono de ternura me murmuro cerca del oido – con permiso Robertico. – Quité mi mano abruptamente y me quedé congelado ahí, ella se fue a sentar. Nuevamente un silencio abrumador. Como pude arrastré lo que quedaba de mi hasta llegar a mi lugar frente al grupo. Cuando levante la mirada solo una persona estaba sentada en la fila principal, estaba cruzada de piernas y su vestido azul apenas alcanzaba a cubrirle media nalga, sus ojos negros le brillaban con orgullo, su largo y negro cabello chino desparpajado alrededor de su cara, me miraba fijamente y una sonrisa maliciosa complementaba la pintura; no era un ángel sino un demonio, un hermoso y salvaje demonio.

    A los pocos días habíamos desarrollado una amistad muy peligrosa; ella se mostraba coqueta y cariñosa conmigo delante de todo el mundo, como si me conociera de toda la vida, y yo no le había podido contar que tenia novia porque estaba muy ocupado pensando con el pito y comiendo mierda. Maricarmen me buscaba cada vez que podía, inclusive empezó a esperarme en las gradas del estadio a que terminaran las practicas de futbol americano, inevitablemente Alexis lo notó y me pidió que le presentara a ese pedazo de mujer que me seguía por todas partes. – Vamos Roberto, tienes que presentarme a esa mulata Bro, no te la quieras comer tu solito eh! – me recordaba cada vez que podía.

    Como Alexis y yo éramos los mejores jugadores en el equipo, Maricarmen no tardó en preguntar por él también. – Quién es ese cipote con el que platicas tanto vos? – Es mi amigo Alexis. Trataba de ser corto pero eso nunca funcionaba con Maricarmen. – Tranquilo Robertico que no te lo quiero quitar, solo quiero conocerlo – no contesté nada y comencé a caminar, ella se apresuró detrás de mi y me abrazó del cuello por atrás. – Te prometo que me voy a portar bien vos – me susurró al oido. Sin dejar de caminar para que no se fijara en mi rauda y veloz erección le contesté – Esta bien. –

    El jueves siguiente tuvimos nuestra reunión de grupo con normalidad. Al salir de la biblioteca Maricarmen me alcanzo apresuradamente y gritando, su voz normal, decía – “I’m a girl, you’re a boy, she’s a girl, he’s a boy”, que bien me están cayendo las clasecitas no crees? – no respondí nada porque a estas alturas ya había aprendido que a las criaturas salvajes hay que dejarles ser. Me tomó de la mano para apoyarse mientras se quitaba las sandalias, ella prefería andar descalza todo el tiempo como en la Ceiba; sin soltarme y con las sandalias en la otra mano comenzamos a caminar, ella me sonreía y balanceaba nuestras manos jugando, hacia atrás y hacia adelante, yo no tenia el estómago para impedírselo, solo ponía cara de estúpido y la dejaba jugar. Se abrieron las puertas automáticas de la biblioteca para dejarnos salir, apenas di dos pasos hacia afuera y me quede congelado; Maricarmen se paró también al notar mi sorpresa, me miró y luego volteó al frente de nosotros, – Ay mira Robertico, es tu amigo y su novia! –

    Jess quería ver el estreno de la película “La La Land” y nos había estado insistiendo a Alexis y a mi para que la fuéramos a ver juntos; a ninguno de los dos nos interesaba gastar nuestro tiempo y dinero en musicales pero siempre haríamos cualquier cosa por Jessica, ambos la hemos querido y protegido toda la vida, de modo que quedamos en ir el jueves por la tarde, un día antes del inicio de la temporada.

    Puesto que yo llevaba dos semanas con la cabeza metida en el trasero lo había olvidado por completo, Alexis y Jess habían llegado a recogerme para ir al cine a nuestra cita; los dos nos habían visto salir por la puerta y se les notaba un poco confundidos por la escena y por mi actitud irreconocible, la situación se tornó incomoda, yo seguía congelado, Maricarmen nos observaba con curiosidad y con cierta malicia, luego se encargó de detonar la bomba, – No me vas a presentar a tus amigos Robertico? –

    El rostro de Alexis se tornó serio y me clavaba la mirada como exigiendo una explicación, él ya me había visto con Maricarmen pero no de esta manera y quería escucharme decir que no le estaba poniendo el cuerno a su hermana. Jess estaba confundida pero estoy seguro que en su corazón no existía la mas mínima duda de que yo no haría nunca nada para lastimarla. Se acercó a mi y me tomo de la mano que me quedaba libre entrelazando sus dedos con los míos, me dio un pequeño jalón hacia ella, esbozando una pequeña sonrisa y con su tierna voz me pregunto en tono de incredulidad – Robertico? –

    La sensación de su mano en la mía y el sonido de su voz me hicieron reaccionar, solté a Maricarmen, respire hondo, y como si hubiera sido liberado de un embrujo, voltee a mi alrededor como reconociendo la situación y las personas, recupere la memoria, la sonrisa, y finalmente la voz. – Hey Jess! – le di un beso en los labios, – “Sup Bro” – levanté mi cara saludando a Alexis quien claramente no estaba del todo convencido aun pero que me seguía la corriente. Dirigí la mirada hacia la mulata que tenia una sonrisa de oreja a oreja, se notaba que estaba muy divertida con la situación, – Maricarmen, te presento a mi novia Jessica – se acercó para saludar a Jess no sin antes dirigirme una mirada traviesa, se dieron la mano y un beso en la mejilla, – Mucho gusto – luego se dió la vuelta y demostrando mucho interés por el sujeto frente a ella, habló – Y tu debes ser Alexis, he escuchado mucho de vos; Me llamo Maricarmen – le dio la mano y su respectivo beso en la mejilla, Alexis cambio su semblante y le devolvió el interés con su mirada, – Mucho gusto corazón – le respondió.

    Charlamos por un minuto, luego Jess tomó la iniciativa – Chicos, se nos va a ser tarde si no nos movemos de aquí – Maricarmen, que estaba muy atenta a todo, preguntó – tarde para qué? – Alexis, que estaba muy atento de ella, explicó – Mi hermana quiere ir a ver una película – Maricarmen insistió – Ay, al cine! Y cuál película van a ver? – Jess intervino – “La La Land” – Maricarmen se emocionó y dijo – El musical? Ay me encantan los musicales! – entonces Alexis se adelantó a todos y le propuso – Quieres venir con nosotros? – La mulata tenia bien estudiados todos sus movimientos – No sé, no quiero imponerme, si a Roberto no le importa… –

    Bueno, ahora hasta mi nombre pronunciaba correctamente. Jess me miró con cara de aprobación, entonces conteste – Por nosotros no hay ningún problema – Alexis dio un pequeño aplauso, se acercó y tomándola del brazo le dijo – Muy bien, ya está todo dicho, tu te sientas atrás conmigo para seguirnos conociendo y dejamos que estos tortolitos se vayan adelante – Maricarmen asintió y antes de dejarse llevar por él se acercó un poco a mi oido y me dijo:- No te preocupes, te prometí que me iba a portar bien- Jess me dio las llaves de su “Grand Cherokee” para que yo manejara, nos subimos al Jeep y nos marchamos.

    Durante el camino Maricarmen les contó como nos conocimos, omitiendo los detalles bochornosos y hasta me elogió por ser un buen amigo y un buen maestro, Jess me volteaba a ver con orgullo y con ternura, y me besaba la mano cada vez que escuchaba algo de mi. Alexis estaba que se comía a la mulata, reían coquetamente, se codeaban el uno al otro, le tocaba la rodilla, le ponía el brazo alrededor del cuello, y Maricarmen encantada le dejaba hacer. Ya en la sala del cine, no sentamos cada quien con su pareja y levantamos los descansa brazos para tener mas espacio, muy pronto las cosas subieron de tono entre esos dos.

    Alexis le abrazaba y frotaba con sus manos porque el vestidito en turno que traía puesto la mulata no la cubría del aire acondicionado y se estaba congelando aparentemente, la mulata le recargaba sus chichotas cada vez que podía y dejaba descansar sus manos sobre los muslos de mi amigo. Hacia el final de la película Maricarmen cambió de posición, se volteó de espaldas y se acerco de nuevo a él para que la siguiera acurrucando poniendo de pretexto el frio y ofreciéndole sus nalgas la muy descarada. Yo los veía y notaba como la mulata se meneaba de vez en cuando como buscando sentir la verga parada de su calefactor, Alexis le empezó a meter mano a sus tetas, ella ni se inmutó y volteó su cara para recibir un beso en los labios, cerro los ojos y se meneó una vez mas, luego levantó la mirada y me miró fijamente mientras se seguía meneando y gozando la mallugada de melones que le estaban dando, me regaló una sonrisa perversa y se dio la vuelta para fundirse en un apasionado beso con Alexis.

    Fuimos a una pizzería local a cenar; charlamos de todo, Jess y Maricarmen parecían llevarse muy bien. Antes de irnos del local las dos fueron al baño juntas, entonces Alexis me soltó un puñetazo en el hombro y me dijo – Te la querías coger tu solito verdad cabrón? – no le respondí solo esquive su mirada, continuó el interrogatorio – Y luego que crees que iba a pasar con Jess pendejo? Crees que no se iba a enterar? – de nuevo sin respuesta – Pinche idiota, con Jess no se juega así y tú lo sabes muy bien, date de santos que aparecí yo para salvarte Ro-ber-ti-co! – me dió un manotazo en la nuca que alcance a bloquear parcialmente – Chinga tu Madre Alexis! – le conteste, – sabes muy bien que nunca engañaría a Jessica, yo la quiero bien – Se acercó amenazantemente y me agarró la cara con las dos manos – mas te vale bro, mas te vale – me abrazó con violencia y puso su cabeza en mi hombro, yo también lo abracé y dimos por terminada la discusión. La voz de Maricarmen cambió el clima – interrumpimos algo? Si quieren los dejamos solitos… – Soltamos todos una carcajada y nos fuimos del lugar.

    La amistad entre los cuatro se fue haciendo mas fuerte y mas íntima con el paso del tiempo. Maricarmen y Alexis formaron una pareja espectacular, la verdad es que eran el uno para el otro; Jess y yo fortalecimos nuestra relación a prueba de todo, somos también uno el complemento del otro. Ese año nos graduamos los tres excepto Jessica; Alexis y yo nos fuimos a estudiar a Austin Texas, él negocios y yo ingeniería, Maricarmen se quedo en Victoria trabajando para una agencia de Bienes Raíces y al poco tiempo obtuvo su certificación, ella y Jess nos iban a visitar cada vez que podían.

    Pasábamos las veladas mas increíbles juntos para luego terminar cogiendo con nuestras parejas en el apartamento; no nos importaba o no le poníamos atención al hecho de que podíamos escucharnos claramente de un cuarto al otro, nos acostumbramos a coger así, hasta cierto punto era como si estuviéramos cogiendo juntos pero sin podernos ver una pareja a la otra. Así pasamos un año hasta que Jess se graduó.

    Lo teníamos todo planeado; la boda se llevaría a cabo en Victoria y después de la luna de miel nos íbamos a ir a vivir a Austin. Nos casamos las dos parejas en la misma ceremonia y nos fuimos de luna de miel a Cancún México, fue un tiempo maravilloso. Cuando regresamos, Jess y yo nos quedamos a vivir en el departamento que ya rentábamos en el centro de Austin; Alexis y Maricarmen rentaron otro departamento mas hacia el norte de la ciudad. Ahora cada vez que salíamos con ellos, nos regresábamos cada quien a su apartamento, yo comencé a notar que no era lo mismo, sentía que las veladas terminaban muy pronto, extrañaba estar mas tiempo con nuestros dos grandes amigos.

    Una noche Jess y yo estábamos sentados frente al televisor, jugando con el control remoto cambiando canales, no había nada que nos interesara. Yo me tomaba una cerveza, entonces se me ocurrió sacar el tema; – Sabes algo que he estado extrañando últimamente bebé? – Jess soltó el control remoto de la tele y se dispuso a ponerme atención, me detuve para darle una mirada y sentí temor de poner en riesgo lo mejor que he tenido en mi vida – Olvídalo, no tiene importancia – le di otro trago a la cerveza. Jess me tomó las manos y me dijo con un tono de apertura – No, dímelo. Lo que sea que es, solo dímelo – Busqué una forma delicada para exponer el tema – Recuerdas cuando antes de casarnos Maricarmen y tú nos venían a visitar? – una gran sonrisa picara se dibujo en la cara de mi mujer al tiempo que se le iluminaban los ojos – aha, recuerdo los gritos de Maricarmen mientras mi hermano le ponía en el cuarto de enseguida, esas no son cosas sencillas de olvidar amor – nos reímos morbosamente.

    Que bendición tan grande es tener una pareja con la que te puedes comunicar sin tapujos ni prejuicios. Jessica tomó las riendas de la conversación y me contó que ella y Maricarmen ya tenían unas semanas platicando del tema, al parecer aquellos dos también extrañaban nuestros encuentros íntimos, – Yo lo he estado pensando y hace un par de días que tengo una propuesta en mi mente. – las palabras de Jess me tenían intrigado – No le he contado a Maricarmen todavía porque primero quería hablarlo contigo. – Así sentados en el sofá, me tomó la pierna que tenia mas cerca y la puso por encima de las suyas. – Que te parecería si los cuatro juntos salimos un fin de semana fuera de la ciudad, y nos quedamos en un Airbnb de una sola recamara. –

    Las implicaciones del caso eran evidentes, le devolví una sonrisa maliciosa y por un momento solo nos miramos fijamente. Con mi mano derecha le acaricié su mejilla con delicadeza, luego le confesé – Verlos a ellos coger en el mismo cuarto con nosotros no me incomoda en realidad, mas bien me incita, ellos pueden gozar viéndonos a nosotros también – me escuchaba con interés y con cierta excitación, proseguí – pero, te has puesto a pensar que tal vez eso conlleve a otros escenarios? – por su reacción me di cuenta que ella ya había considerado todos los escenarios detalladamente. Se monto encima de mi con sus muslos abiertos y con su cara frente a la mía, luego me susurro con una divina cachondes – Pues… si durante el acto Maricarmen quiere venir a probar de tu polla… no podría negárselo, es nuestra amiga Roberto –

    La besé apasionadamente como cuando éramos novios y lo hacíamos a escondidas en el cuarto de planchar en la casa de sus padres; le quité la camiseta y comencé a masajearle sus hermosas tetas, al mismo tiempo le decía al oído – y si después quiere comerte el culo tampoco nos vamos a poder negar mi Amor – Jess dejó salir un gemido lujurioso y comenzó a quitarme la ropa. Hicimos el amor en el sofá como desesperados; mientras cogíamos nos seguimos diciendo guarrerias perversas de hacerlo con su hermano y la mulata. Terminamos rendidos, luego de recuperar la respiración, Jess anuncio en voz alta – Mañana me pongo en contacto con Maricarmen para ultimar los detalles. –

    El siguiente fin de semana fue nuestro primer aniversario de casados y naturalmente que las dos parejas tuvimos una gran celebración. Cenamos, bebimos, bailamos y cantamos en unos de los mejores restaurantes de Austin, ahí también aprovecharon Jessica y Maricarmen para darnos los detalles de nuestra próxima escapadita; sería el próximo fin de semana, Maricarmen pudo conseguirnos un condominio frente a la playa en Galveston, cosa que no fue tan fácil pues caía en 4 de julio día de la Independencia de Estados Unidos, pero la mulata había hecho ya buenos contactos en el mundo de los Bienes Raíces. Nadie mencionó nada acerca del “otro” propósito del viaje, nos despedimos y quedamos de vernos el viernes temprano para salir juntos hacia nuestro destino.

    Llegado el día, Alexis nos fue a recoger a eso de las seis de la mañana en su SUV, de esa forma podíamos caber todos con nuestras maletas. Jess y Maricarmen se sentaron en la parte trasera, yo me senté de copiloto y nos apresuramos a salir; los cuatro se nos veía muy emocionados. Durante el viaje platicamos y reíamos, nos paramos a desayunar en Houston y llegamos a Galveston alrededor de las diez de la mañana. Nos instalamos en el condominio y nos fuimos a la playa, nos bañamos en las olas, caminamos por la playa, y mas tarde fuimos a probar la comida local.

    Mientras esperábamos por la comida, Alexis y Maricarmen se levantaron para ir al baño, entonces Jess aprovechó para contarme lo que Maricarmen le confió en el camino; si todo iba bien por la tarde en el condominio, ellos habían preparado una sorpresita. Ese pequeño pensamiento no me abandonó por el resto del día. Salimos del restaurante y nos regresamos a la playa, nos sentamos a disfrutar del día, de unas cervezas, y hasta de un partido de voleibol. Poco antes de que empezara a caer la tarde Jess y Maricarmen se fueron al cuarto a bañar, Alexis fue el siguiente y yo el último.

    Cuando termine de ducharme me vestí con una camisa blanca de manga corta y unos shorts; Jess se había puesto un vestido largo de tirantes color beige con una abertura en el lado izquierdo que llegaba hasta sus muslos, no se había puesto sostén porque se le notaban sus dos pezones a través de la tela, también se le transparentaba una hermosa tanga que complementaba su maravillosa figura, me volví a enamorar de ella en ese momento. Alexis estaba vestido como yo excepto que su camisa era azul; Maricarmen se había puesto un top blanco con flores que se amarraba en un moño por atrás del cuello, su ombligo y abdomen quedaban al descubierto y una minifalda color rosa que también dejaba notar la deliciosa tanga que llevaba puesta.

    Alexis estaba encargado de las bebidas y yo de la música; bailamos cumbias y ballenato mientras tomábamos margaritas y cerveza, bromeábamos y reíamos juntos, estábamos pasando un gran tiempo. Entonces decidí que era tiempo de poner reggaetón, los cuatro nos paramos a bailar. Alexis y Maricarmen bailaban abrazados mientras mi amigo le metía la rodilla entre las piernas, la mulata se meneaba con mucho sabor y levantaba su pierna para que Alexis pudiera entrar mas. Jess y yo estábamos abrazados al principio, la tomé por la cintura y la giré de espaldas a mi, ella entendió lo que le estaba pidiendo y en un instante se empino hacia el frente y comenzó a mover su trasero sensualmente para que la perreara al son de la música.

    La temperatura subió al doble en tan solo dos canciones; Jess y yo nos besábamos y nos metíamos mano en uno de los sofá, Alexis estaba recargado en la mesa mientras que la mulata le daba un “table dance” con sus nalgas. Al termino de la canción se metieron al cuarto sin decir nada, busqué la mirada de mi esposa y le pregunte en voz baja – Qué pasó? – Jess me beso en la mejilla y me dijo al oido – Espera Amor, no seas impaciente – seguí ocupándome de ella hasta que nuestros amigos salieron del cuarto y nos llamaron.

    Nos pusimos de pie y caminamos hacia la recamara tomados de la mano, como dando a entender que pasaríamos al siguiente nivel de común acuerdo. Alexis me detuvo como para hacer un anuncio, frente a nosotros estaba Maricarmen con un par de cintillos de plástico y un pedazo de tela, la cama “King Size” solo tenia la sabana puesta y un par de almohadas, dos sillas estaban alrededor de la cama.

    Alexis me colocó un brazo alrededor del cuello y yo le puse el mio alrededor de su espalda, luego comenzó – Hermano, al igual que ustedes, nosotros sentimos un vinculo especial de parejas contigo y con Jess, gozamos más el sexo cuando lo hacemos junto a ustedes – sin darnos tiempo de decir nada Maricarmen intervino – Por eso pensamos que ustedes nos pudieran ayudar con una pequeña fantasía que compartimos Alexis y yo – Voltee a ver a Jessica y me di cuenta que ella estaba totalmente metida en esto y que yo era el último en enterarme; entonces contesté lo único que faltaba por decir – Ustedes son nuestros amigos del alma y no puedo imaginarme una mejor velada sin ustedes, díganos lo que tenemos que hacer. – Jess me dio un beso en la mejilla.

    En el cuarto se sentía un ambiente de excitación y anticipación. Maricarmen comenzó a explicar – Quiero ser sometida por otro hombre, quiero que me amarren las manos y la boca, y quiero que me cojan como se les dé la gana mientras mira mi marido. – Alexis intervino para hacer una aclaración, – Yo, lo que quiero ver es que la sometas y te la cojas tú delante de mi, mientras te voy dando instrucciones – ahora ya hacía sentido las herramientas que la mulata apretaba entre sus manos con nerviosismo – Y cual va ser el rol de Jess? – pregunté – Por ahora solo me toca observar y después ya veremos. – me contestó mi esposa rápidamente. Al comprobar que ya todo estaba dicho, tomé la iniciativa. – Pues venga Maricarmen, pásame esas cosas –

    Maricarmen se acercó con emoción, tomó a Jess de la mano mientras me entregaba las cintillas y la mordaza, luego me besó en la boca. Se dio la vuelta para que le atara las manos con los cintillos, cuando se las apreté dejo salir un pequeño quejido; Jess se coloco frente a ella, con sus manos le apartó el cabello de su cara y la besó en la boca, la mulata la recibió con la boca semi abierta y las dos se metieron la lengua sensualmente. Al momento de observar dicha escena mi mente dio un vuelco súbito y una lujuria ardiente comenzó a correr por mis venas. Le di la vuelta para colocarle la mordaza, mirándome a los ojos con deseo me dijo en voz baja, – hasta que se nos hizo Robertico – le di un beso en los labios y le coloqué la mordaza.

    Alexis se sentó en la silla que estaba junto a la cama, Jess eligió la silla que estaba al pie de la cama, puso ambos brazos en las descansaderas y se cruzo de piernas. Todo estaba preparado y solo esperaba que mi hermano me diera instrucciones. Me pidió que la colocara de frente a él y yo tenia que estar atrás de ella. – primero quiero que la manosees, hazlo como tu quieras. – Maricarmen tenia la respiración elevada, se le notaba el nerviosismo. Comencé a masajearle las chichis, ella gimió placenteramente, Alexis la miraba fijamente y Maricarmen le devolvía la mirada.

    Empecé a bajar mi mano derecha para masajearle sus nalgas y luego la pase por enfrente hasta llegar a la entrepierna. La mulata se comenzó a menear descaradamente, parecía que le urgía que llegara hasta su panocha lo antes posible; arqueaba su cuerpo intentando empujar mi mano hacia su sexo. Entonces con mi mano izquierda levanté su pierna haciéndola apoyarse con la rodilla en el colchón, luego le levante la minifalda asegurándome que nada obstruyera la visibilidad, enseguida comencé a subir mi mano derecha hasta tocarle su ardiente concha por encima de su humedecida tanga. El semblante de Alexis delataba lo mucho que estaba disfrutando la imagen, y hasta se mordió los labios cuando vio que comencé a meter la mano por adentro de la tanga de Maricarmen.

    Alexis hizo una señal con su mano para que le escuchásemos la siguiente instrucción; – Voltea para con tu esposa y huélete los dedos – Jess seguía sentada de la misma forma, observó como me ponía los dedos frente a mis fosas nasales mientras cerraba los ojos en señal de placer, Jess se mordió los labios de excitación. – Ahora desnúdate y luego le quitas la ropa a ella. – exclamó Alexis; lo hice así, luego me pidió que le aventara la tanga de la mulata a Jessica. Mi esposa las recibió y con elegancia se las puso en la cara, cerro los ojos y las olía con cachondes. Alexis continuó, – quiero que ahora la pongas en cuatro y se la metas con todo lo que tengas hermano.

    Como Maricarmen no podía apoyarse con las manos, le puse una almohada para que pusiera su cabeza, ella se subió a la cama y se puso en posición como si ya lo hubiera hecho antes. Sin perder mucho el tiempo comencé a bombearle la panocha con mi verga que desde hace un par de minutos estaba a punto de estallar; la mulata jadeaba incesantemente y enterraba su cabeza en la almohada como queriendo contener el tremendo placer que le estaba dando.

    Alexis se puso de pie y me decía – síguele dando hasta que yo te diga cabrón, quiero ver que se corra, no me vayas a fallar Bro – y me dio una nalgada como si estuviéramos en un juego de futbol americano. Después de varios minutos yo sentía que estaba a punto de terminar; entonces voltee por la ventana hacia afuera del cuarto, el atardecer estaba fenomenal y traté de concentrarme en esa imagen para poder aguantar mas tiempo. Los jadeos de Maricarmen me hicieron volver, – Quieres que le dé vuelta? – pregunte con la voz entrecortada por el esfuerzo que estaba realizando, – No, todavía no – me contesto Alexis. En ese momento me di cuenta que Jess estaba parada junto a su hermano; con su mano derecha lo abrazaba por la cintura y con la izquierda le había sacado su miembro y se lo estaba meneando, Alexis le masajeaba sus nalgas por encima del vestido.

    Al estudiar semejante escena me puse como una bestia, de alguna forma ver a Jessica manoseándose con su hermano me hizo sacar fuerzas de muy adentro de mi ser y comencé a envestir a la mulata con mayor decisión. Maricarmen volteo su cabeza hacia Alexis como dandole una señal, entonces él me ordenó con urgencia – ahora dale vuelta, hazlo ya – No tuve que esforzarme mucho porque la mulata sabia muy bien lo que se venia. Levanto sus piernas en el aire y la separo dándome entrada preferencial, el aroma de su concha invadía mis pulmones, puse sus piernas sobre mis hombros y la penetré con furor. En solo unos instantes el cuerpo de Maricarmen se comenzó a arquear violentamente y entre gritos y gemidos tuvo su primer orgasmo de la noche; inmediatamente después comencé a bombear mi leche dentro de su panocha frenéticamente.

    Mientras me recuperaba noté que Alexis y Jess se acercaban hacia mi; Alexis me frotaba la espalda y me decía – Bien hecho campeón – Jess le tomó la mano y se la puso en mi trasero, el comenzó a masajearme las nalgas. Voltee mi cara hacia él y me recibió con un beso en la boca, yo le correspondí entregándole mi lengua, su miembro rozaba mi muslo y sentí como intentaba meter delicadamente sus dedos en mi culo. Jessica fue donde la mulata para liberarle de sus ataduras y que así se nos pudiera unir, Maricarmen se abalanzo sobre Alexis y se besaron apasionadamente, yo hice lo propio con Jess.

    Comencé a sacarle la ropa a mi mujer, Maricarmen se me acercó y me beso amorosamente, luego me dijo con voz tierna – Muchas Gracias Roberto, estuviste espectacular. Ahora déjame limpiarte la verga – se puso de rodillas frente a mi y deteniendo mi polla con sus manos se la empezó a comer con ansias. Alexis se colocó detrás de mi y me masajeaba los pechos al tiempo que colocaba su verga en medio de mis nalgas; Jess acudió en mi ayuda, se puso detrás de su hermano y le tomó su miembro para pajeárselo, Alexis se apoyaba con sus manos en mis hombros y su respiración agitada hizo que mi falo se endureciera de nuevo, Maricarmen lo notó y con un tono cachondo expresó – Oh Robertico! Que siga la fiesta amigos –

    Alexis clavo sus dedos con fuerza en mis hombros, lo escuché gemir de satisfacción y de repente sentí unos chorros calientes y espesos caer en mi trasero, sentí como se escurrían lentamente entre mis nalgas y hacia dentro de mi culo. Jessica dirigió a mi amigo hacia la cama, lo recostó boca arriba y se montó en él, con movimientos circulares comenzó a cogerse a Alexis. Maricarmen estaba ahora detrás de mi lamiéndome el culo en labores de limpieza, mientras yo admiraba a mi esposa gozar de lo lindo con su hermano y mi hermano del alma. Seguimos los intercambios por un tiempo mas hasta caer rendidos juntos los cuatro en la cama, dormimos todos así.

    Un tenue aroma a café me despertó a la mañana siguiente, Jess estaba en la cocina, Maricarmen me tenia abrazado por la espalda y a ella la abrazaba Alexis también por la espalda. Me levante sin despertar a nuestros amigos amantes, me puse los bóxers para ir a acompañar a mi esposa, Jess llevaba puesto mi camisa blanca, me saludo con un dulce beso en la boca y me sirvió una taza de café. – Valla noche que pasamos – dije en voz baja. Jess solo me miraba con ternura y acariciaba mi cabello, mi cara, mis muslos. Luego me preguntó de manera amorosa – Lo disfrutaste? – Yo conteste que sí, ella me abrazo. Entonces aprovechando el momento le pregunte seriamente, – Amor, en realidad cuánto tiempo tenias planeando este encuentro? – Me miro a los ojos serenamente y con una tierna sonrisa me contesto con convicción: – Desde la noche que fuimos a ver “La La Land” juntos.

  • Primer sueño contigo que recuerdo

    Primer sueño contigo que recuerdo

    Hace unos días, ¡claro, el lunes! estuve con mi amante y cuando hicimos el primer 69 exclamó «igual que en mi sueño» y empezó a lamerme las verijas. En el primer reposo que tuvimos, y aún no terminaba de hacerme la limpieza lingual acostumbrada en todo el cuerpo; Pues es el placer que le brindo, después de haber usado más de 50 horas en embadurnarme el cuerpo con leche de burro, la de mi cornudo, le pregunté a qué sueño se había referido. Sin ambages me lo contó con mucho detalle. Me dio gusto estar en sus sueños, pero tuve sentimientos encontrados porque no estuvimos solos los dos en él y reiteré lo que escribí en “Parafilias y guarradas». Le pedí que lo escribiera, tal como me lo contó, advirtiéndole que lo publicaría. Lo recibí por correo y aquí está.

    Sí, desde hace años formas parte de los recuerdos más lujuriosos, junto a las fotografías tomadas con tu anuencia, con los que me gusta jalármela cuando no estás a mi lado. Cuando pasa el tiempo sin vernos, me pregunto si tu marido te cogerá como te gusta, aunque no te chupe la panocha cuando tú se lo pides. Nunca te lame la concha, pero él sí te exige que le mames la verga y te tragues su leche, afortunadamente a ti te encanta hacerlo. Seguro que él se calentaría mucho si te viera feliz en el 69 porque das lo que le gusta y recibes lo que pides.

    Generalmente, en mis sueños desfilan los conocidos y los amados. Hay aventuras, felicidades y desdichas, pero a ti nunca te había soñado.

    Precisamente hoy tuve mi primer sueño contigo, viéndote desnuda y deseosa de mis labios, con una sonrisa pícara y ansiosa en la cara que acercas a mi verga, que has tomado para engullirla y pasear la lengua por mi glande. Haces una pausa para acomodarte poniendo tu aromática raja al alcance de mi boca.

    Aspiro el perfume del amor conyugal y recuerdo la pepa de aquella puta chichona que tuve por esposa quien me ofrecía los vellos revueltos y pringosos por su flujo y el semen de su amante. La fragancia es la misma y sin diferencia, la tuya, del amor marital y, la de ella, del deseo furtivo. En ambos casos, las piernas delatan el que se desbordó la consumación de lo que empezó con caricias y terminó en agitada respiración que se apaciguó, uno sobre la otra, en suspiros y chasquidos de besos. Lamo el escurrimiento antes de pasar a degustar el pegamento de los pelos hirsutos y hendir mi ápice en la entrada inflamada de la vagina.

    Recibo tantas vehementes caricias de tu boca como las que te doy y, al igual que ella, llega el flujo espeso del placer que provoco, y trago, ¡desesperado!, la mezcla de la pasión que otro excitó y a mí me brindan los besos de sus labios morenos, los tuyos lisos y los de ella serrados. Abrevo desaforadamente apretando tus nalgas mientras mi nariz acaricia tu ano. ¡Tienes unas nalgas divinas! A ella le acariciaba lo que sobresalía de sus tetas apachurradas sobre mi esternón. ¡Sus chiches sublimes!

    Me despierto con el vientre y el pecho mojados por mi eyaculación y en el sopor de la duermevela, allá en el sueño la paladeas y exprimes mi pene para saborear lo que pueda quedar aún en el tronco; acá susurro un “Te amo, mi Nena” enderezándome para besar la mitad de la sonrisa burlona que manifestaba la travesura de haberme dado los residuos de la satisfacción que otro le dio, sin saber que así, cogida, la disfrutaba más.

  • En una supervisión

    En una supervisión

    Supervisaba una obra en un pueblo de la zona sierra, específicamente construimos unos baños para los habitantes de los diferentes pueblos que no contaban con este servicio; resulta que cuando fui a supervisar la obra, por primera vez, me impactó la belleza de una dama, muy bella ella, su color de piel era blanca, sus ojos marrones claros, de estatura aproximadamente 1.50m y de contextura delgada, asu, tenía unos labios hermosos y casi perfectos, con una sonrisa que te invitaba a verla sonreir. Esa primera vez me hizo sentir inquieto y enamorado, ella llevaba puesto una falda blanca larga y resaltaba un poco sus hermosos gluteos.

    En la segunda visita, fui con una ansiedad de volverla a verla, entonces me ingenié a ir a supervisar los módulos que se venían construyendo e indiqué que quería verificar solo y que los demás vayan avanzando con los trabajos; luego de ir de casa en casa, llegué a ubicarla en su domicilio, estaba un poco desalineada pero aun continuaba siendo tan linda para mis ojos, al verla mi corazón aumentó su celeridad. Puse en práctica de ganarme la confianza y saber de ella y me comentó que tenía una hija y un marido, pero que este tomaba demasiado, ella tenía 22 añitos, yo tenía 32 años. Conversemos de muchas cosas y lo brindé toda mi confianza y que si viajara a la ciudad que no dudara en buscarme o llamarme, sin embargo, en esos tiempos no había cobertura de telefonía en aquel lugar y ella no contaba con celular.

    En mi tercera visita, de igual manera, fui a visitarla e indiqué al maestro de obra, quien es personal de mi confianza, para que agilizara en culminar la construcción de su módulo y que lo implemente con la instalación de luz, agua caliente y que los gastos corren por mi cuenta. Ella me miraba y me regalaba su hermosa sonrisa, de pronto me atreví a preguntar por su marido y me contestó indicando que estaba tomando como siempre, la noté triste y la dije que estuviera tranquila y que si necesitara algo contara conmigo sin miedo alguno, en esos precisos momentos, saqué unos billetes de mi bolsillo y lo di 100.00 soles para que se comprara algo, ella me recibió y me dijo gracias ing., ahí aproveché en coger su mano y lo dije que era muy bella, en esos momentos ella vestía un pantalon de tela color negro y un polito rosado, resaltaba su hermoso trasero y que tenía el vientre plano, eso me excitó mucho. Teniéndola cogida de la mano, lo dije que era muy bella y de que no se preocupara por nada y me gustaría cuidarla por siempre a ella y a su hija, que no se incomodara por lo que lo estaba diciendo, pues le dije que estaba enamorado de ella, ella agachó la cabeza y me dijo ¡ing. que estas diciendo!, en esos momentos escucho la voz del maestro de obra buscándome, la suelto y procedo en contestarlo e indicarlo que estoy adentro, ella y yo disimulemos, aunque el maestro de obra ya sabía que me gustaba, salí de aquella casa y continúe verificando los demás módulos.

    En mi cuarta visita, seguí la misma rutina, pero me di cuenta que su marido estaba en su casa, así que busqué al maestro de obra para que me ayude; según las indicaciones que lo di el maestro dispuso al personal y encargó los trabajos a realizarse, y el se encargó de invitarlo al marido sus cervecitas y que yo aprovecharía para poder verla a mi amada, así pasó y de tanta ansiedad por la espera me acerqué a su casa a verificar el trabajo, cuando fui, ella esta bien vestida y como siempre tan linda, lo pregunté por su marido y me dijo que había salido y que estaban tomando con el maestro. Empecemos a conversar un rato y su hijita de dos añitos estaba jugando en su patio con sus juguetes. Lo dije, veo que ya está terminando la construcción de tu baño y que estaba quedando bonito, ella me respondió ¡sí ing., gracias!, ahí lo invité a acompañarme a ver y ella aceptó sonriente, entramos al baño y de verdad estaba quedando bonito, ahí me abalancé sobre ella y ella no se resistió, la pegué a la pared y la empecé a besar, hice que sus brazos me abrazaran y empecé a acariciarla, por suerte mía aquel día llevaba puesta una falda y que eso me ayudó a poder tocarla su hermosos muslos y su delicioso trasero, estuve besándola aproximadamente 3min y estaba muy excitado, mis manos apretaban esos hermosos glúteos tiernos, redonditos y duritos, que delicioso, así que ya no aguanté y decidí bajarme el pantalón y lo bajé sus bragas y al tocarla, la sentí húmeda, su chuchita era chiquita y al meterlo mi dedo la sentía apretadita; me agaché y la penetré, luego procedí a agarrar su trasero de manera fuerte, ella continuaba abrazándome y continuábamos besándonos con nuestras lenguas intensas, lo hice el amor paradito, un poco mas de 10 minutos, y luego eyaculé todito dentro de ella y no lo saqué hasta que mi pene perdiera su dureza erecitl, fue un sexo muy delicioso. Luego procedí a ponerme de cuclillas para poder recorrerla sus pantorillas y sus muslos, tenía una piel suavecita, asuuu le dije que era el amor de mi vida.

    Así continuamos besándonos un rato más y en cada instante yo seguía recorriéndola con mis manos, en especial agarrando su hermoso traserito, hasta que su hijita empezó a llorar y buscarla a su mamá, solo fue un polvo delicio aquel día, me despedí con un rico beso, con lengua adentro y lo dije que por ella volveré lo más pronto posible. Así fue.

    Si gustan saber más de estas escenas y quizás tengan preguntas por momentos no narrados por lo breve que redacté, no olviden en comentar.

  • La señora Eva, tercera aventura

    La señora Eva, tercera aventura

    Después de lo acontecido en la sala de la señora Eva, las cosas estaban cobrando cada vez más color, la última vez que nos vimos, ella me había pedido que pasara temprano el jueves de la semana entrante, y así lo hice. Ese jueves temprano, caminaba rumbo a mi trabajo, y a la distancia observé a la señora Eva barriendo su calle. La señora Eva no llevaba su clásica bata, esa vez traía puesto ropa deportiva, una playera y un ajustado pants liso de color negro; que le marcaban exquisitamente sus gluteos, resaltaba su figura a pesar de sus 68 años. En ese instante, vi como su esposo salía de su casa y le ayudaba a la señora Eva recogiendo la basura de la calle, cuando me acerqué, la señora Eva me vió y disimuladamente me dio los buenos días, sus ojos me hicieron un gesto que intuí perfectamente como «Ahorita no se puede».

    Me retiré de aquel sitio y me fui a trabajar. En la tarde, serían las 4 pm aproximadamente, justo cuando regresaba a comer a mi casa después de la jornada laboral, algo en mi interior me decía que volviera a pasar por la casa de la señora Eva, era una especie de intuición, un presentimiento de que en aquel jueves también se escribiría la historia. Caminé por la acera en donde se encontraba la casa de la señora Eva, a la distancia no vi a nadie afuera de su casa, cuando caminé justo por el frente de su domicilio, identifiqué la ventan abierta, y de pronto se escuchó un sonido de «shhh».

    Era la señora Eva que me había visto pasar y me hablaba, rapidamente me detuve, y me dijo: «Espera un poco, estoy sola, mi esposo salió a medio día a un evento de excompañía de trabajo», entonces, ella miraba de reojo asegurándose que no hubiera algun testigo por la calle, y en cuanto vio un espacio, me dejó pasar a su casa. Ya estando adentro, comenzamos a besarnos apasionadamente, llevaba aún su pants negro liso, y mientras la besaba, le puse mis manos en su cintura y las baje a sus gluteos, que hermosas las tenía, me encantaban masajearlas, acariciarcelas, y a su vez nuestras bocas y lenguas se hacían una. Después de unos minutos, me dijo: «En 10 minutos pasas a la habitación del otra vez» y se retiró como a prepararme una sorpresa.

    Estaba ansioso por que el reloj avanzara, ya me sentía algo excitado, y cumpliéndose el tiempo fui a aquella habitación a buscarla. Cuando llegué, mi excitación subió a lo doble, la señora Eva se habia puesto ropa íntima, se veía muy sensual, era una imagen completamente erótica, se había puesto una especie de tanga y braziere color amarillo con encaje en las orillas color negro, se veia hermosa, demasiado antojable. Estaba recostada sobre la cama, y me decía «ven, te necesito». En un acto repentino, me quite mis prendas de vestir, pantalon, camisa, zapatos, practicamente todo, solo deje mi calzoncillo boxer y me acosté sobre ella para besarla. La estuve besando intensamente, no solo en los labios, en su cuello, en sus mejillas, en sus hombros, en sus piernas. Lentamente le quite el brasiere y le empecé a chupar sus senos, eran dos montes jugosos, con aureolas marcadas y grandes, y pezones puntiagudos, se los estaba besando, chupando, con mi lengua saboreaba cada centímetro de la piel.

    Ella jadeaba mientras le chupaba y besaba sus senos, mi boca se estaba dando tremendo festín en sus grandes pechos, bebi de ellos por alrededor de 7 minutos, cuando me dieron ganas de ver su vagina, bajé mi boca y con mi lengua mojaba su vientre, pasando cerca de su ombligo, y de las marcas que le habian dejado sus embarazos. Le bese su entrepierna por encima de su tanga, y vi que la excitación aumentaba exponencialmente en los dos, en ese momento, me dice: «Te tengo una sorpresa», y vi como bajó su bragas lentamente para mostrarme su vagina completamente depilada, me dijo que se había depilado para mi, me excitó demasiado verla así, mi pene se encontraba ya muy rigido y duro, y pare entonces ella me dijo «hazme lo que quieras», interné mi boca en su vagina, y comencé a besarsela, primeramente por la parte externa, luego, empecé a introducir mi lengua en ella y a revolotear en su interior, ella gemía de placer, le gustaba los movimientos que le hacia en su vagina con mi lengua y asi estuve por varios minutos, su vulva comenzó a lubricarse, completamente excitados los dos, decidí metersela, quería ya estar dentro de ella, quería atarragarle mi pene, quería sentirla, penetrarla, poseerla.

    Y en ese instante, me hinqué y estando ella recostada y de frente, tome sus piernas y las llevé a mis hombros, la puse en posición patas arriba, para penetrarla desde ese ángulo, ella se veía sumisa, entregada completamente a mi acto, esperando que con mi vara comenzará a darle unas estocadas. Y así fue, comencé a meterle mi miembro duro, lentamente, cada centímetro que recibía de mi la señora Eva lo recibía con emoción, con ganas infinitas, también jadeaba, y el último tramo de mi pene se lo dejé ir con toda la fuerza.

    Así empezó una descarga intensa, mi pene desencadenaba un mete- saca intenso en su vagina, la penetraba con intensidad, con fuerza, recuerdo que mis testiculos chocaban con su piel y emitían un sonido como de aplauso mientras le metia mi carne en su ser. La estaba haciendo mia, la señora Eva gemía cada vez más, se la atarragaba a diestra y siniestra, le estaba dando macanazos de mi carne hasta para llevar, de pronto, La señora Eva pronunció unas palabras que nunca imaginé que ella diría y que me excitaron todavía más, me dijo: «Siii mijo, cógeme, no pares, que rico siento», eso prendió mi vocabulario y le respondí: «¿Te gusta como te cojo?», a lo que ella respondío: «Siiii!, mucho, no me la saques por favor, no dejes de cogerme».

    Estabamos a mil por hora, me estaba cogiendo a una mujer madura, casada, con un cuerpo que levantaba pasión y desencadenaba el erotismo. El mete – saca intenso de varios minutos, anunció nuestro primer orgasmo, ella llegó primero, y emitió un gemido intenso, yo sencillamente exploté en ella, dejé caer una lluvia de mi semen en su interior, la estaba mojando, y ella me decía: «Echamelos, depósitalos, vente en mi, quiero tu esencia en mi, quiero que me marques para siempre». Y así ocurrió, me vine en ella.

    Nos recostamos un poco, y ella lloraba de emoción y me decia: «Nunca he sentido tan hermoso». Transcurrió alrededor de una medio hora, cuando me volvieron a dar ganas de hacerla mía, comencé a besarla nuevamente, y ella intuyó que quería seguir cogiéndomela, sencillamente, se dejó llevar, fue entonces, que la puse de perrito, en posición de cuatro patas, y comencé a metersela nuevamente, me encantaba esa posición, y ella, solo se entregaba a mi, mientras le meti mi pene desde ese ángulo, luego la recosté boca abajo, y le penetré su vagina desde esa posición mientras mi pelvis sentia sus nalgas, que sensación tan exquisita.

    La señora Eva me estaba dando su cuerpo, se entregaba a mi por completo, después procedí en la posición de cuchara, ahora la penetraba de lado, y mis manos no dejaban de agasajarle sus senos, luego ella se montó en mi, comenzó a cabalgarme de frente, posteriormente, la penetré en la posición de misionero, mientras nos besabamos y mis manos se metian en sus gluteos, yo la penetraba intensamente, en esa posición llegamos a un segundo orgasmo, practicamente al mismo tiempo, era la segunda faena que nos hacia sentir vivos, era delicioso lo que viviamos.

    De nueva cuenta nos pusimos a descansar un poco, confieso que para ese entonces ya me dolía el pene un poco, de tanto que la había penetrado, sin embargo, me sentía seguro de llegar a un tercer round, a un tercer palo como dicen muchos. Y si, la señora Eva accedió, decidió entergarse a mi nuevamente, en este tercer acto, esta vez, se recostó frente a mi, y con su mano encausó mi pene en su entrada, y comenzaba a restregarse en mi cuerpo, mientras mi falo se introducia en ella una y otra vez, al compas de su vaiven. Logramos llegar a un tercer orgasmo, le acababa de dar un tercer palo a la señora Eva, me abrazó intensamente llorando y me dijo: «Nunca había sentido cosa igual, hiciste estallar mi magia».

    Quedamos exhaustos, pero bien complacidos, después de otra media hora, la señora Eva me indicó que era momento de que me retirara, por seguridad, que su esposo no tardaría en llegar, y que mas valía tener tiempo de sobra. Me despedía de ella con un beso intenso, y me dijo que pronto nos veriamos, cuando salía de su casa, ella me dijo: «Te amooo». Intenté salir despistadamente, por la ventana me percaté que estuviera poco transitada la calle, y así me retiré. Ya estando en mi casa, me dolía mucho el pene, demasiado, de tanto que se lo metí a la señora Eva, me dolía y a la vez eso me excitaba, practicamente me vació lo testículos. A decir verdad y sin pelos en la lengua, aquel jueves me la cogí como nadie tiene una idea, la saboree de pies a cabeza. En la noche de ese jueves, fui a la tienda de nuestra colonia a comprar unos viveres, a comprar algo de leche y pan, para mi sorpresa me encontré al esposo de la señora Eva comprando también algunos productos, me dio las buenas noches como acostumbramos en nuestro barrio. Me pareció algo extraño, al principio sentí remordimiento, pero después de vivir ese pasaje erótico con su esposa, pensé en mi: «Si este señor supiera que hace unas horas me estaba cogiendo a su mujer».

    Continuará.

  • Sometida por mi voyeur (II)

    Sometida por mi voyeur (II)

    Ha pasado una semana desde nuestro encuentro.  Una semana desde que me dejaste en mi cama; con las piernas abiertas y muy humedecida.

    Y durante todo este tiempo he sido buena chica como te prometí. Me he paseado desnuda cuando estamos solos en casa, te he masturbado con mis pies por debajo de la mesa cuando toda la familia come; siempre dejándote con tu miembro resbaloso a punto de culminar y te he mandado audios con mi respiración acelerada, siendo cogida por algún extraño que me pilló con las ganas.

    ¿No vez lo bien que me he portado contigo?

    Puedo verlo en tu mirada hambrienta. Me deseas. No puedes esperar para azotarme contra el respaldo de tu cama y follarme como un animal, pero te recuerdo que estamos en el cumpleaños de la abuela, debemos disimular.

    Las horas vuelan y el alcohol se esfuma. La música retumba por las paredes y las risas abundan.

    Ya le hemos cantado feliz cumpleaños a la abuela y tras comer del pastel la cansada vieja se fue a dormir.

    Tu fogosa mirada conecta con la mía, sonrío maliciosa, paso mi dedo por la blanquecina crema y lo llevo a mis labios; ensucio mis labios un poco y chupo con ganas. Casi puedo ver como pierdes el aliento, ¿acaso te imaginaste que en vez de mi dedo era tu miembro caliente?

    -¿Y te ha gustado la torta, querida? – se me acercó mi madre con las mejillas sonrojadas por el ponche.

    -¡Sí, la crema especialmente madre! Cremosa y abundante, como me gusta. – Sonreí al ver como huías al baño – Mmm, ya es muy tarde, mami. Creo que iré a descansar – dije simulando un bostezo.

    -Como quieras preciosa. – Y con un beso me despido de ella.

    Camino con cuidado por el pasillo, alejándome del bullicio de la sala. Me detengo en la puerta del baño, sé que estás allí, apenas liberándote de la lujuria que sientes por mí.

    Mi corazón palpita de adrenalina, tomo el picaporte y lo giro, maldito depravado; ¿sabías que vendría a por ti no? Sabías que hoy sería el día en que por fin rozaremos nuestros cuerpos, librándonos de la tortuosa excitación.

    Me adentro y rápidamente cierro. Nuevamente te sorprendo con las manos en tu duro miembro, los pantalones en el suelo y tu camisa desprolija, pero aún conservas tu corbata.

    -Ya no es una casualidad encontrarte así, ¿no? – me apoyo en la puerta y con delicadeza paso mis manos por mis tetas – ¿te gustan? Me puse una linda polera con escote para ti, ¿te gustaría ver que hay debajo?

    Encandilado por la forma en la que me toco te sientas en la tapa del váter, acariciando tu pene de arriba abajo; paso mi lengua por mis labios al ver como de tu punta rojiza salen las primeras gotas de pre-semen.

    -Quítatela. – Me ordenas.

    Me ubico frente a ti, moviendo con sensualidad mi cadera; ¿te gusta la faldita qué me puse? Se ajusta de forma encantadora a mi culo, ¿no te parece

    Arrojo al suelo mi polera, revelándote mi sujetador transparente. – ¿Te gusta cómo se me ve? Mis pezones ya están muy duros~, llevan días esperando a que los lamas… – sonrío al ver como aceleras el movimiento. Te enloquece mi erotismo.

    Me acerco hacia ti, me sostengo de tus hombros y soltando un suspiro, restriego mis tetas contra tu cara. – Vamos, ¿qué esperas? Córrete mientras chupas mis aureolas…

    -¡Maldita perra!

    En un movimiento, como un hambriento depredador al asecho me empujas contra la pared y elevas mi mentón. Mi piel se eriza al sentir tu aliento. Mi corazón vuelve a latir locamente y la excitación contenida empieza a mojar mi tanguita.

    -¿Te gusta excitarme verdad? Me has dejado la verga endurecida toda la semana, ¿te gusta ver como chorrea por ti? ¿Cómo me excito por ti? – Muerdo mi carmesí labio al sentir como tu resbaloso y palpitante pene se restriega por mi pierna.

    Tomas mi rostro y chocas tu boca con la mía, no me besas, me devoras y eso me encanta. Tu lengua compite contra la mía, tus dientes muerden mis labios de forma deliciosa y el calor que dejan tus manos en mis caderas me excitan. Nos separamos por falta de oxígeno, pero tú quieres más – pude verlo esa noche, me deseas, ¿no es así? – ronroneas en mi oído, hechizándome. – ¿Quieres que te haga mi puta? ¿quieres tener asiento y sin demora me empujas contra la otra pared, quedando frente al espejo de cuerpo completo, donde aprecio mi figura acalorada y tu cuerpo ya libre de toda tela, a excepción de tu corbata que cuelga de tus manos.

    Sujetas firmemente mis manos contra mi espalda, las amarras y susurras en mi oído – ¿estás muy mojada no? – suelto un jadeo al sentir tus manos dentro de mi tanguita – ¿te excita el hecho de que te folle tu propia sangre no? – tus dedos se adentran en mi vagina, pero lo que más anhelo es tu miembro. ¡Por favor, no alargues más esta tortura y calma mi fuego con tu semilla!

    -No necesitas que te excite más…

    Por el reflejo del cristal veo como me quitas la ropa, tomas mi calzón mojado y me obligas a morderlo, saboreo mi propio fluido. – El cuarto de la abuela está justo al lado, no queremos correr el riesgo de que escuche tus gemidos.

    Y sin presentar oposición, metes de lleno tu pene en mi vagina. – ¡Mhmm! – la tanga en mi boca amortigua bien mis gemidos. Tus estocadas son rápidas, no tienes clemencia con mi interior. ¡Me vuelves loca!

    Mis duros pezones son presionados con la fría superficie que apenas siento, tu cálida respiración se ahoga en la cuenca de mi cuello donde vas dejando tus besos, sujetas tan firme mi cintura que para mañana seguirá roja.

    -¿Esto querías no? ¿Querías sentir mi semen en ti? ¡Pues no voy a parar hasta arrojarlo dentro!

    Estoy siento sometida… sometida por mi voyeur, sometida por mi familia. ¡Y mierda me encanta! Ya siento las contracciones, mi orgasmo está tan próximo y el bombeo que me das me vulnera de tal forma que presiento voy a desmayarme.

    Tú también estás a punto de eyacular, das tus últimas estocadas arrojando tu líquido en mí. Suspiras cansado y sacas tu miembro.

    Suelto mi tanga y con gotas de tu semen recorriendo mis piernas te digo. – Gracias por convertirme en tu puta.

  • Infieles todos en un fin de semana: Maribel

    Infieles todos en un fin de semana: Maribel

    Imaginar a Yesica con Sara haciendo el amor me tenía más que caliente. Mi novia me pidió dejarlas a solas y aunque me hubiera encantado estar presente, tenía el compromiso de salir con los demás amigos del grupo a bailar. Y disculpar a Yesica por no haber ido. Cuando salí del cuarto dejando a mi novia con Sara yo estaba muy excitado.

    Quedamos en vernos a las 9 de la noche en la disco en donde íbamos a bailar. Cuando llegué ya estaban ahí Maribel y Arturo, su novio. Al poco rato llegó Alex y luego Yaja. Todos estaban extrañados de no ver ahí a Yesica, les dije que no había podido ir pues estaba en cama con calentura. Literalmente estaba en la cama, muy caliente y bien acompañada por Sara. Todos aceptaron mi excusa sin sospechar otra cosa y nos metimos a la discoteca. Adentro estaba muy lleno pues al ser el único antro en la ciudad en aquellos años, todos los que queríamos divertirnos ahí íbamos a parar. El no estar mi novia ahí le hizo perder el interés a Yaja de estar con nosotros, así que se paró a bailar con algunos chavos que ella conocía, Alex y Arturo fueron con ella y desde una de las mesas Maribel y yo los veíamos bailar en la pista. Estos chavos los invitaron a su mesa y se pusieron a tomar, se estaban poniendo muy calientes pues bailaban muy sensual en grupo. A Maribel no le agradaba ver a su novio así, de tal modo que también empezó a pedir tragos muy seguido, parecía que quería emborracharse. Como una hora después Yaja, Alex y Arturo fueron a decirnos que iban a seguir la fiesta en la casa de uno de los chavos con los que estaban y que si queríamos podíamos acompañarlos. Maribel estaba muy enojada, así que se negó, le dijo a Arturo que pagara su consumo y agarró camino a la salida. Yo tampoco quise ir, así que le dije a su novio que yo la llevaba a su casa y ellos fueran a seguir la fiesta. Él me dio las gracias y dijo que se hacía cargo de la cuenta. Mejor para mí, pues con lo que me ahorré pensé en llevar a Maribel al motel y cogérmela. Cuando la alcancé me abrazó muy fuerte mientras lloraba y caminando se iba desahogando conmigo. Aunque quería mucho a Arturo, ella sabía que él tenía otros gustos y su relación era solo por apariencia.

    – Me duele que no me quiera como yo espero, de algún modo me excita saber que se lo van a coger, pero también me da gusto que sea como él quiere ser -, me decía mientras se tranquilizaba.

    – ¿Te llevo a tu casa o vamos a un motel? -, le dije esperando que aceptara lo segundo. – ¿Por qué mejor no vamos a tu cuarto? -, preguntó.

    – Arturo iba a pagar nuestro consumo, paguemos mejor un motel a la salud de tu novio y no estés pensando en que se lo van a coger, disfrutemos estar juntos esta noche. – No había forma de que yo la llevara al cuarto pues ahí estaban Yesica y Sara.

    Entrando al cuarto del motel la tomé por su cintura y me incliné para besarla, rodeó con sus brazos mi cuello y la levanté tomando sus nalgas con mis manos, ella también me rodeó con sus piernas. Su delgado cuerpo y no pesar mucho me ayudaba para cargarla fácilmente. Olía riquísimo el perfume que usaba esa noche. Nos separamos para quitarnos la ropa, estando desnudos la volví a cargar de la misma forma, ella con sus piernas abiertas alrededor de mi cuerpo, podía sentir la humedad de su panocha sobre mi abdomen, mi verga estaba muy dura y solo era necesario un movimiento para ensartarla, pero no me había puesto condón. Además quería probar esa humedad que traía entre sus piernas, así que la recosté en la cama y me bajé a meter mi lengua en su pequeña panocha, ella gemía y se aferraba a mi cabeza mientras levantaba sus piernas, podía sentir las plantas de sus pies sobre mi espalda y la presión que sus piernas hacían en mi cabeza. No tardó mucho en venirse y su orgasmo me supo delicioso, metí mi lengua tratando de dejarla lo más limpia que se pudo y ella no dejaba de gemir.

    Le tocaba a ella hacerme una mamada, recuerdo que apenas le cabía la cabeza y un poco más de mi verga en la boca y eso con algo de trabajo, pues su boca es pequeña, pero ya caliente le entraba un poco más. Ese día la coloqué sobre la cama como para hacer un 69, pero ella estando abajo era un poco incómodo, así que teniendo mi verga en su boca, pasé mis brazos por su cintura y la levanté, así estábamos haciendo un 69 de pie, ella puso sus piernas sobre mis hombros y yo la tenía abierta y disponibles su panocha y su pequeño ano, el cual esa noche iba a ser mío. Pasaba mi lengua de un extremo a otro de su panocha y mordía sus pequeños labios vaginales, ella aunque estaba de cabeza, se esmeraba en hacerme una buena mamada mientras sus manos se aferraban a mis nalgas con fuerza. Lo apretada que sentía su boca y la succión que hacía me hacían disfrutar mucho pero no me hizo venir. Así como la tenía me concentré en su ano, con mis manos abarqué lo más que pude sus nalgas y las separé, puse ahí mi lengua e hice presión para meterla lo más posible, ella gemía y movía sus nalguitas disfrutándolo y aunque tenía la boca llena, sus gemidos parecían pedir más a lo que yo abría más la boca estirando mi lengua al tiempo que separaba sus nalgas con fuerza, su ano estaba muy dilatado. Ella tan excitada, ese era el momento para penetrarle el culo.

    La recosté en la orilla de la cama y coloqué sus pies sobre mis hombros, tomé el tronco de mi verga con la mano y estando lubricados su ano y mi verga con nuestras salivas, comencé a hacer presión, ella se aferró con sus manos a las sábanas y la sentí tan apretada cuando entró la cabeza, ella solo dio un gemido pequeño y me pidió hacerlo despacio. Ya estaba dentro así que solté mi tronco y puse mi mano alrededor de su cuello y comencé a hacer presión. Sentí como iba desapareciendo dentro de ese culito apretado, sus gemidos eran de dolor, así que me acerqué a besarla, ella se abrazó a mi cuello y estando así me quedé quieto y fue ella quien comenzó un movimiento de caderas metiéndose con ese ritmo un tramo más de mi verga, yo no tenía palabras para describir lo que sentía, pero ese movimiento estaba por hacerme venir. Ella llegó a un punto en el que sintió que ya no entraba más, su movimiento se hizo más lento y encontró el modo de meter una de sus manos hasta su panocha para masturbarse y encontramos el ritmo para disfrutarlo los dos, ella mordía mis labios mientras gemíamos y fue con ese ritmo que mientras ella se venía yo sentía esas contracciones en su interior, se sentía tan bien que casi al mismo tiempo me vacié dentro de ella quien también sentía mi orgasmo en su interior y lo caliente de mi esperma. No gritó pero sus gemidos fueron intensos, ella soltó su cuerpo sobre la cama, solo sus piernas seguían sobre mis hombros. Yo me incorporé y pude ver que faltó poco para tener toda mi verga adentro. Me fui retirando poco a poco pues sacarla le estaba causando algo de dolor y molestia, me tomé mi tiempo pues a pesar de haberme venido mi verga seguia muy dura por la presión y lo apretado de su ano. Después de un rato por fin pude sacarla y salió también toda mi descarga de leche, manchando el piso. Seguí sosteniendo sus piernas hasta que salió la mayor parte de semen, mientras decía que ahora entendía que su novio disfrutara del sexo anal, pues a ella aunque le había dolido también había sido algo nuevo y lo disfrutó. Quería que se volviera a repetir, aunque no ese día pues tenía que recuperarse. Nos levantamos y nos fuimos a bañar. No era tan tarde aún, así que después de un baño juntos nos metimos a la cama.

    De nuevo estábamos calientes entre besos y la plática, pues ella me contaba que a su novio para que se la pudiera coger tenían que recordar la veces que lo habíamos hecho en grupo y que yo y mi verga era la razón de que a él se le parara, pues hablaban de cómo me la chupaba y también de cuánto disfrutaba tenerla adentro, mejor dicho que los dos lo disfrutaban y así entre esas pláticas, hacían el amor, aunque no duraban mucho sus relaciones. Y hasta esos días en los que había estado conmigo fue que comenzó a disfrutar los orgasmos.

    Besándonos ya estábamos más que listos para coger de nuevo. Me puse un condón y ella se montó sobre mí y con su mano sostuvo mi verga para introducirla de a poco en su apretada panocha, se sentía rico su calor vaginal y aunque por ahí no entraba toda, era suficiente para disfrutar sus subidas y bajadas en mi tronco. Se movía delicioso y ahora ella llevaba el ritmo para sentir más intensos sus orgasmos. Estando sobre mí, me encantaba ver sus pequeñas muy pequeñas tetas, solo alcanzaba a tomar sus pezones con mis dedos y pellizcarlos y eso a ella le encantaba. Poniendo sus manos sobre las mías, el movimiento lo hacían sus caderas y yo encantado de sentirla así apretada, liberada, disfrutando, olvidada de su novio, disfrutando ese momento, esos orgasmos. Se vino una vez y aunque paró un poco su ritmo para disfrutar su orgasmo, sin sacarse mi verga, volvió al movimiento de arriba abajo y adelante atrás mientras yo la tomaba de sus caderas y ella se acariciaba sus pezones. Sus movimientos me hicieron venir delicioso, teniendo casi toda mi verga adentro, me vacié tan fuerte que me dolió un poco la verga. Aun así seguía duro y Maribel siguió el movimiento, buscando un nuevo orgasmo, al cual llegó tan intenso como las otras veces. Gimiendo, se fue calmando poco a poco, hasta recostarse sobre mi pecho. Cansada pero con una enorme sonrisa en sus labios. Los dos estábamos contentos.

    Salimos del motel y caminando la acompañé a su casa, la cual no estaba lejos de ahí. En el camino le dije que ella merecía ser feliz, que quizá con Arturo no encontraría esa felicidad y ella se merecía a alguien mejor. Ella ya había pensado lo mismo y le faltaba un empujón para decidirse. Esa noche sirvió para decidirse. A los pocos días terminó con Arturo y siguieron en el grupo como amigos, aunque se hablaban lo menos posible. En las orgías que teníamos ella solo estaba conmigo, de vez en cuando se dejaba tocar por Yaja o por Yesica, pero con ninguna de las dos llegaba a algo más que toqueteos o uno que otro beso en la boca. Yo si me la cogía con todas las ganas.

    También estuvimos con mi novia, quien disfrutaba verme haciéndole sexo anal a Maribel. Algo que no creía posible, dado el cuerpo tan delgado de su amiga, pero que disfrutaba mucho verme dentro de ella. Yesica tenía unos orgasmos tan intensos al masturbarse mientras yo me venía dentro del culo de Maribel, siempre ha sido el fetiche de mi esposa el sexo anal. Aunque hasta esos días, ella seguía sin querer practicarlo, ambos disfrutábamos de otros culos. Yo de cogerlos y ella viéndonos.

    Maribel también fue una de los del grupo que nos salimos a los dos años de la escuela, ella inicio otra carrera en otra universidad. Cambió su vida y tuvo otras parejas. Tampoco coincidimos mucho con ella. Y en la reunión que hubo hace algunos años ella asistió, casada y muy seria. Una mujer diferente que entró a la religión y ahora es muy recatada. Olvidada seguramente de los años que pasamos y de todo lo que hicimos. A fin de cuentas, se veía bien, tranquila y feliz con su pareja.

    Ese fin de semana no terminó ahí. Regresé algo tarde al cuarto que rentabamos y encontré a Yesica y a Sara dormidas y abrazadas. Mi novia con medias y su liguero se veía hermosa, de solo verla se me ponía dura la verga. También era una hermosa visión tener a otra belleza desnuda sobre mi cama, Sara dueña de una belleza sin igual. Se veían hermosas las dos desnudas. Cuando entré sin querer las desperté, Sara se cubrió con una sábana y se sonrojó por el hecho de que la vi desnuda. Aunque ya la había visto en otras veces, ella era muy inocente. Seguimos en el siguiente relato.

  • ¿Qué no haría una madre por su hijo? (parte 1)

    ¿Qué no haría una madre por su hijo? (parte 1)

    Hola a todos. Me llamo Yolanda. Tengo 54 años, y vivo en un pequeño pueblo en el centro de mi país. Soy viuda, pues mi marido murió hace más de 10 años, y a pesar de haber intentado rehacer mi vida en un par de ocasiones, nunca he podido encontrar un hombre que pueda remplazar a mi difunto marido. Vivo sola, y actualmente no trabajo, pues vivo de la pensión de mi marido y de las rentas de propiedades que me heredó. Vivo muy bien económicamente, pero llevo una vida solitaria y muchas veces eso es un pesar. Mis hermanos viven en otras ciudades con sus familias, y a veces me hago acompañar de mis amigas de la infancia de mi pueblo.

    Tengo un único hijo, el hombre del que se trata esta historia y que es el motivo de mi vivir. Se llama Alberto, tiene 29 años y vive en la capital de nuestro estado desde que se graduó de la universidad y donde encontró un trabajo como ingeniero. Tiene años que no vive conmigo, pero lo visito de vez en cuando pues la ciudad está a tan solo 45 minutos de nuestro pueblo. Alberto siempre ha sido un excelente hijo. Es muy tranquilo, nunca se ha metido en problemas, no consume drogas y ha tenido un desempeño muy sobresaliente en sus estudios. Además, no es nada feo… mide 1.78, con una complexión media sin tener cuerpo de gym, y muy parecido a su padre. Sin embargo, siempre le ha costado hacer y mantener amigos, a veces se aísla de todos y nunca he sabido que tuviera alguna novia. Yo esperaba que eso mejorara una vez que se fuera del pueblo y viviera en la ciudad, pero sólo empeoró, y eso lo descubrí la última vez que fui a visitarlo.

    Cuando lo visitaba, siempre me recibía con entusiasmo, o al menos eso aparentaba, y salíamos a dar la vuelta y distraernos, pero esta última vez lo noté todavía más ermitaño. No salió mucho de su cuarto, donde se la pasó la mayor parte del tiempo trabajando en su computadora, y ni hablar de salir de la casa. Ni siquiera me prestó mucha atención a mí, hasta el punto de que me sentí ignorada. Me preocupaba su situación, ya que llevaba mucho tiempo así, y a medida que se hiciera mayor, sabría que empeoraría. Así que al llegar el tercer día, el penúltimo de mi estadía, decidí confrontarlo en la hora de la comida.

    -Hijo, casi nunca saliste de tu habitación, ¿te sientes mal?

    -No, sólo he tenido mucho trabajo… hay dos proyectos en puerta y tengo que entregarlos.

    -¡Esas son buenas noticias!

    -Sí, supongo. Contestó indiferente.

    -Pues deberías estar contento. Eso significa que tendrás un buen salario asegurado.

    -¡Sí, pero me la vivo estresado! ¡No tengo tiempo para nada más que para hacer esto! No tengo vida, no hago más que trabajar en la oficina y en mi casa también. Siento que no estoy viviendo como me lo esperaba…

    -Hijo, sí me he dado cuenta de eso. Casi no sales, te ves muy apagado, tampoco sé si tengas amigos…

    -No tengo muchos, solo los compañeros de trabajo, pero son sólo eso, compañeros.

    -Alberto, me preocupa tu situación, llevas mucho tiempo así. Aislarte y no salir no es bueno para alguien de tu edad. No puedes seguir así, pues en el futuro será peor.

    -Desde que papá se fue ya nada ha sido igual. He estado muy deprimido, casi no tengo ganas de hacer nada. Lo extraño mucho, mamá. A veces cuando pienso en él y cómo era la vida antes no puedo evitar llorar.

    Escuchar esto hizo que se me rompiera el corazón. Yo también extrañaba a su padre y llevaba el duelo a mi manera, pero al fin descubrir cómo se sentía Alberto al respecto me hizo ver lo vulnerable que se encontraba.

    -Hijo, yo también extraño a tu padre, y mucho, pero si pudiera vernos y hablarnos nos diría que no nos sintiéramos así por él, quisiera que siguiéramos con nuestras vidas pues no querría vernos sufrir…

    Alberto se quedó callado, y después de unos minutos se fue a acostar. Yo hice lo mismo, pues mañana debía salir temprano al pueblo.

    Sin embargo, en la noche no pude dormir. Me sentía tan triste por cómo se sentía mi hijo, pero lo entendía completamente. Yo también me sentía muy sola y deprimida en casa. Mis dos hombres habían partido, y la vida de viuda era muy deprimente.

    Me la pasé toda la noche pensando en qué hacer al respecto, cómo ayudar a mi hijo, mientras de paso, me ayudaba a mí misma. Así que, después de tanto pensar, se me ocurrió una maravillosa idea que le comuniqué a Alberto la mañana siguiente.

    -Buenos días, mamá. ¿Ya estás lista para que te lleve?

    -Si, hijo. Pero antes de irte, me gustaría proponerte algo.

    -¿De qué se trata? Preguntó Alberto con desconfianza.

    -La verdad me preocupó mucho lo que me dijiste ayer y no puedo dejar que sigas sintiéndote así, y para animarte quiero proponerte que me mude aquí contigo.

    -¡¿Qué?! ¿Estás segura, mamá? ¿Qué pasará con la casa en el pueblo? ¿La dejará sola?

    -La puedo rentar, y más la pensión y las otras rentas puedo ayudarte con los gastos de tu departamento.

    -No lo sé, ma… ya estoy acostumbrado aquí a mi espacio, pero…

    -Hijo, yo también me identifiqué con lo que me contaste… En el pueblo me siento muy sola y me gustaría volver a tener compañía y qué mejor tú que eres mi único hijo.

    -Sí, me imagino que la vida allá debe ser muy aburrida…

    -Sí, mucho.

    -Bueno, déjame pensarlo, ma. Dijo dudoso. Tengo que coordinar mis tiempos en la oficina y también acondicionar el espacio aquí en el depa.

    -Ok, hijo. Tómate tu tiempo, y me avisas. Respetaré tu decisión.

    Alberto fue a dejarme a la estación y regresé a casa temprano. Pasé el resto de la tarde limpiando el polvo que se acumuló durante el fin de semana.

    Al caer la noche y cuando estaba a punto de acostarme, escucho mi teléfono sonar. Era mi hijo. Entusiasmada, no demoré en contestarle.

    -¿Bueno?

    -Hola ma, buenas noches. ¿Cómo llegaste?

    -Muy bien, mi amor. Pasé toda la tarde limpiando. ¿Qué tal tú?

    -Yo alistándome para el trabajo mañana…. Mamá, por cierto, pensé en la propuesta que me dijiste por la mañana, y antes de decirte mi respuesta, quiero confirmar que estés segura de tu decisión.

    -Sí, Betito, estoy segura de lo que te dije. Estoy dispuesta a hacer lo que sea para que te sientas mejor. Quiero ayudarte, en serio.

    -Y yo a ti mami. Nada me daría más gusto que volver a estar contigo como antes, como cuando estaba papá con nosotros. Cuando estés lista y tengas todo arreglado, puedo ayudarte a traer tus cosas.

    -¡Me da mucho escuchar eso Betito! Mañana voy a buscar a las personas interesadas en la casa para ofrecérselas. Te llamo para ponerte al tanto, ¿ok?

    -Claro, ma. Estamos en contacto… y nuevamente muchas gracias por este sacrificio que harás por mí.

    -No es nada, mijo. Descansa. Te mando un beso.

    -Y yo otro, mami. Hasta mañana.

    Colgué el teléfono y no cabía de la emoción. ¡Por fin iba a estar de nuevo con mi bebé! No me sentiría más sola y sobre todo, estaba contenta de poder ayudar a mi hijo a salir de ese estado de depresión en el que estaba. Sin embargo, en ese entonces no sabía hasta qué estaría dispuesta a hacer por Alberto, hasta que lo fui descubriendo una vez que me mudé con él.

    Continuará…

  • Sexo lésbico con la nueva

    Sexo lésbico con la nueva

    Confieso que he tenido tanto sexo en el lugar de mi trabajo, con mi superior que la verdad he perdido un poco la cabeza, supuestamente soy heterosexual, si me exitan y gustan los hombres, como mi superior, sin embargo, llegaron varias nuevas chicas enfermeras a hacer la práctica a mi clínica, chicas de 21 y 22 años, muy lindas, de caderas grandes, con nalgas pronunciadas, curvas y algunas con pechos grandes, muy lindas, de rostro rosa, y finas, entre ellas, selene y constanza, las dos están bajo mi supervision… en su primer día le mostró las instalaciones de la clínica incluida la pieza donde dormimos todas y no bañamos etc, en ese mismo primer día de turno, un paciente vomito a selene, debió bañarse, cabe la coincidencia que justamente yo venia de un encuentro en la oficina de mi superior, el cual no pudimos acabar nos interrumpió un llamado de su hija, que había tenido un problema… debimos despedirnos quedando a medias… muy exitada y todo me fui a bañar a la pieza de descanso, yo ya estaba desnuda en la pieza por bañarme no había nadie, sin toalla, y llego selene… viéndome desnuda

    -Selene: Perdón! No vi nada jefa, regreso más tarde… solo venia a cambiarme ropa alguien me ensucio…

    -Yo: No te preocupes, somos chicas, aquí nos solemos ver desnudas, es normal, acostúmbrate

    -Selene: Si es verdad jefa, debo acostumbrarme, apenas vengo saliendo de la universidad, ¿va ocupar la ducha jefa? La necesito

    -Yo: si selene y dime claudia no jefa, pero entremos juntas si no te incomoda, es amplia

    Selene algo ruborizada al verme desnuda, se quito la ropa sucia, quedando en ropa interior, h tímidamente saco su sosten, tapando sus senos con sus manos, aunque sus senos eran demasiados grandes para que su mano los cubriera, de reojo me quedé viéndola desnudarte, se quito su calzón rojo, dejando ver algo de bello púbico en su vagina que tapaba con su mano tímidamente… yo estaba totalmente depilada, entre a la ducha, dejándome un espacio a ella, muy tímida entró cubriendo su vagina belluda

    -Yo: Selene, te da vergüenza ¿tu bello púbico? Es normal, todas tenemos, nos evita infecciones, pero a mi me gusta sin por comodidad

    -Selene: Si claudia, me da vergüenza tu toda linda y yo parezco chubaka jajajaa… me pasa el shampo porfavor…

    -Yo: No… selene, te ves bien, además el tacto se siente genial en la zona con bello, (le pase la mano en su bello) ves, no te sientas tímida, ¿te aplico shampo en el cabello?

    -Selene: Claudia se siente bien el tacto, pero igual me gusta sin, si tienes una depiladora desechable me la facilitas?

    No dejaba de mirarle los senos grandes de pezones retráctiles grandes, que cada ves se salían más hasta que quedaron totalmente erectos por las gotas de agua tibia… se los quería tocar.

    -Yo: si, toma aquí esta, si necesitas ayuda encantada… entre nosotras nos entendemos

    -Selene: gracias claudia, tienes un lindo cuerpo me gustaría no tener tanto pecho, me duele la espalda…

    Selene se estaba afectando el bello púbico con la afeitadora mientras yo me bañaba, alado mio, en la ducha, estaba exitada aún por el encuentro sin acabar con el superior, planeaba jugar con el agua de la ducha… pero estaba selene… disimuladamente jugaba con mis dedos entre mis labios vaginales, mientras miraba sus enormes tetas…

    -Yo: a mi me gustaría ser tetona como tu, se deben sentir bien al tacto, ¿Puedo tocarlas ?

    -Selene: Si claudia, a mis amigas igual les gusta tocarlas, jajajaa… pero con cuidado en mis pezones son muy sensibles…

    mientras estaba ella dándome la espalda, toque sus senos, blanditos, apretandolos un poco, se sentían tan bien, y tibios, que me deje llevar y los acariciaba cada ves más fuerte, con las manos abiertas, incluso jalando sus pezones…

    -Selene: Ahhhh… claudia, estas apretando muy fuerte… pero se siente bien…

    Selene se para por completo, de espaldas a mi, y aprieta mis manos con las que apretaba sus senos… suelta la afeitadora, toma una de mis manos y la comienza a bajar, yo me dejaba guiar, poniéndola en su vagina recién afeitada…

    -selene: Claudia ¿te gusta como se siente recién afeitada…?

    Se sentía una piel resbalosa, terza, con unos labios mojados y hinchados, su juguetona mano me hacia introducir dos dedos entre sus labios vaginales… estaba muy exitada…

    -Yo: Que rico se siente tu vagina depilada, que cálido está dentro de ella, toca la mía selene…

    Selene se giro hacia mi y dijo

    -Selene: claudia, ¿puedo tocarla así?

    Selene se agacho separo mis piernas y con su boca beso y lamia mi clitoris y dijo

    -Selene: Que rica zorrita tiene jefa, no esperaba comermela tan rápida, pero tenía la intención

    -Yo: Entonces ¿eres una zorra lesbiana, que quieres trepar acostándose con sus jefes?

    -Selene: es mi objetivo, el doctor lo intento conmigo pero le dije que era lesbiana… el me eligió, solo se la chupo en su oficina…

    -Yo: No te puedo decir nada… también me acuesto con el para el ascenso… de echo hoy estábamos en eso y debió salir… somos ambas unas zorras

    -Selene: osea que mi jefa es mi jefa gracias a acostarse con el doctor, entonces, me acostarse con los dos par ascender pero contigo es por placer…

    Estaba asombrada de el doctor también le pidiera algo a ella… selene comenzó a meter sus dedos en mi vagina, y lamia, me hizo correrme rápidamente, se notaba que tenía experiencia en vaginas…

    Esa noche ella como yo a ella nos hicimos sexo oral nos secamos y fuimos a la cama… podía llegar la otra interna Maria en cualquier momento. La recosté en la cama y le lamia esas enormes tetas jugosas que tenia, para mi sorpresa… de tanto lamerlas y apretar salió leche materna…la chica tenía un chico de 2 años, y aún salía leche de sus tetas fue parto natural, jugaba con su leche llenando mi boca y dandosela a ella en la suya metiendo mi lengua en su boca besándola, mientras la penetraba con mis dedos, ella me pedía que la montara con mi vagina en su boca… me parecía algo extremo… pero lo hice… coloque mi vagina en su mentón y me la lamio de una manera tan placentera que no quería que acabará… desde ese día tengo sexo seguido con mi superior y selene, y me he enterado que mi superior finalmente la invito a su departamento y tuvieron sexo, quizás tenga mis horas contadas como jefa, pero no me molestaría compartir con ella el puesto… lo de maría es otra historia… para otra ocasión será…

    Un tiempo después, selene me invito a tener sexo en un club swinger, íbamos a ir como si fuéramos un par de lesbianas… era algo que nunca había echo, acepte la invitación… hablaré de esa historia pronto… lo que puedo decir es que desde ahí, que he tenido sexo seguido con chicas el último año haciendo trios MHM o MMM , he llegado a pensar que me he vuelto una ninfomana.

  • Juventud en éxtasis (Parte 1)

    Juventud en éxtasis (Parte 1)

    Me llamo Vera y estando de vacaciones con mi esposo y mis dos hijos en la costa azul francesa, gracias al buen sueldo que gano en una importante multinacional parisina. Observaba desde el balcón de mi habitación a una pareja de enamorados besándose en la orilla de la playa; la chica en bikini y sin brasier boca abajo en la arena, besaba en la lengua a su novio. Debo admitir que a mis 54 años esta escena me puso un poco cachonda, y me trajo automáticamente recuerdos de mis comienzos en el sexo con ayuda de la guarra de Darlene.

    Hace 22 años que emigré de mi natal Río de Janeiro hacia Francia en busca de mejores oportunidades, ya que tengo un posgrado en finanzas y relaciones internacionales, y vi en Europa el campo para desarrollarme tanto en lo personal como lo profesional, aunque debo decirles que no fue fácil ascender en una compañía donde primaba el machismo y las insinuaciones de algun superior con promesas de ascenso rápido a cambio de sexo express. Sin embargo, en el fondo siempre me ha dado morbo que los hombres me deseen y fantaseen conmigo.

    Darlene empezó trabajando en la finca de mis abuelos a las afueras de Río de Janeiro, aunque después de un tiempo y por recomendación de mi abuela se pasó a laborar en nuestra casa; para ese entonces yo rondaba los 19 años de edad, y debo decir que desde un comienzo hubo una sensación de camaradería y de confianza entre nosotras. Para ese entonces todavía era vírgen y albergada muchas dudas respecto al sexo, que mi madre por su formación católica conservadora no se atrevía a resolverlas. No quiero sonar desagradecida con mi madre porque me dio todo el afecto del mundo, pero en dudas sobre temas sexuales fue Darlene mi consejera y confidente.

    Un día nos fuimos las dos de compras al supermercado, y en un momento le pregunté que se sentia perder la virginidad – «la primera vez duele, Vera»- me dijo- «pero las siguientes no querrás parar de coger cariño» añadió.

    A los días siguientes me sentía inquieta por la respuesta de Darlene; y empecé a preguntarle más sobre el tema. Por una tarde completa me contó sobre de sus origenes humildes en las favelas de Río, y de como fue adquiriendo experiencia en el sexo con amigos y familiares hasta convertirse en una bomba sexual. No hablaré mucho de la vida de Vera que de seguro dará para otro relato pero si me confesó que en la finca de mi abuela le hacía insinuaciones al capataz de la finca, a lo cual mi abuela al percatarse no dudó en enviarla a nuestra casa, en donde no habían hombres, ya que mi padre murió cuando yo tenía 5 años.

    Verán, Darlene es una morena de pelo rizado de 1.75 de estatura, ojos verdes y con los demás atributos propios de una bomba sexual brasileña; yo también soy morena pero de menos estatura, pelo liso, y con una complexión gruesa que resalta cuando me pongo traje de baño.

    Pasaron los meses hasta que un día decidí que tenía que perder la virginidad; madre trabajaba como agente de viajes de la extinta aerolínea Varig en una oficina del centro de Río, y por lo general laboraba todo el día. Esto me daba espacio para conversar sin miedo en la casa con Daerlene, -«quiero perder la virginidad hoy Darlene» – le dije con la voz entrecortada y evidentemente nerviosa, -«pues mira tu que suerte mi niña» exclamó, que cargo con un consolador de ventosa en mi bolso -«trabajar de interna en una casa y sin marido por semanas es muy aburridor» añadió con cierta pesadez. Y, como yo no tenía ingresos propios para comprar un juguete sexual, ya que dependía económicamente de mi madre, me pareció que la opcion de Darlene era lo mas viable.

    A continuación nos dirigimos a su habitación y rápidamente sacó el consolador de su bolso ubicado en su closet; en ese instante me dió un ataque de risa combinado con ansiedad. Al día de hoy creo que la novedad de la situación, y el estar a solas con Darleneen en ese momento de confidencia máxima entre dos amigas que se cuentan todo, produjo un éxtasis de locura que sería el inicio de uno de los capítulos más pervertidos y emocionantes de mi vida. Ahora lo recuerdo cuando tengo sexo con mi esposo y necesito lubricar rápido.

    -«Te gusta Vera?»- preguntó Darlene, a lo que yo no respondí; era un dildo de color marrón con textura gruesa y venas que le daban un toque realista- «deja que lo lave porque lo usé ayer en la noche»- me dijo, a lo que ambas soltamos una carcajada espontánea. Al salir del baño Darlene crepito -«mierda se me acabó el lubricante»- «pero en mi casa cuando se nos acaba el lubricante usamos mantequilla»- agregó con un gesto de excitación en su boca, – » tu tranquila y acuéstate en mi cama que ya vuelvo…» mientras iba a la cocina yo ya sudaba profusamente tratando de entender todas las emociones que recorrían mí cuerpo como una descarga de electricidad… tratando de comprender lo incomprensible.

    Acto seguido Darlene entró al cuarto y me dijo que me bajara mis panties rosados, a lo que yo como una víctima sumisa que se deja seducir por su carcelero asentí, embadurno el consolador con mantequilla desde el glande hasta la base, y me preguntó -«Vera, quieres metértelo tu o vas a dejar que yo te ayude más rápidamente»- yo en este punto no podía hablar de la excitación, a lo que respondí señalándole con los labios.

    Inmediatamente y como una guarra que es empezó a lamerme el clítoris de manera descendente, a lo que yo Gemí de placer; luego con su dedo y sin preguntarme (poco importaba lo que yo dijera) empezó a tocarme con su dedo mis labios carnosos y húmedos -Un consejo Vera – me dijo -» siempre pídele a los hombres que te lubriquen con su lengua antes para estar lubricadita, y trata de estar depiladita» – «el coño velludo ya está pasado de moda»- agregó, a lo que las dos nos reímos de placer.

    Continuaron las caricias vaginales y en un momento empezó a introducir el dildo en mí; sentía como el glande tocaba ligeramente mis labios mojados y en un movimiento suave pero uniforme empezaba a introducir de a poco el enorme miembro, pasaron como 20 minutos hasta que entró toda la verga. En este punto ya sentía como el flujo de sangre salía de mi coño, mezclado con mantequilla de cocina. Y, recordarlo el dia de hoy a mis 54 años me sigue dando una extraña mezcla de nauseas y excitación. Cuando la guarra de Darlene decidió que era suficiente, retiró el dildo suavemente y yo en un acto instintivo la tomé de su rizado cabello y le froté su cara con mi coño -«lamelo todo como una buena sirvienta que eres»- le grite entre gemidos, a lo que ella docil y obedientemente procedió.

    Al terminar las dos nos metimos a la ducha y nos besamos y acariciamos-«puedes tocar mi vagina, Vera» a lo que procedí sumisa. En un momento quedamos de espaldas y empecé a aplicarme shampoo, y en ese momento sentí como su dedo índice bajaba por mi espalda hasta llegar a mi ano. -«que haces Darlene en mi ano»- le espeté con una mueca de sorpresa a lo que respondió -«nunca has escuchado del sexo anal?»- «pero si el ano no es para esas cosas» respondí contrariada enarcando las cejas. -«mi Vera, tantas cosas que te faltan por aprender jajajaja».

    La diversión apenas empezaba…

    Continuará…