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  • Enculada pública

    Enculada pública

    Diariamente acudo a mi trabajo muy temprano antes de las 8 am y termino a las 6 de la tarde.

    Salgo normalmente de mi casa a las 6:30 am para asegurarme de llegar a tiempo a mi empleo.

    Pues bien, en el año 2020 viví la más candente y emocionante experiencia de mi vida.

    Era el mes de mayo y acudí a la parada de camiones y peseras que me llevan hasta mi trabajo.

    Estando aún obscuro, la pesera empezó a llenarse y ya íbamos sentados algunos 8 pasajeros. Eran principalmente hombres.

    Ya estando en camino se subieron dos hombres y fingieron ser dos pasajeros más, pero de repente uno de ellos sacó un arma y nos amenazó a todos para que les entregáramos nuestras pertenencias.

    Nos advirtió que pasarían por nuestro lugar y que les diéramos todo lo que traíamos en una mochila que el otro asaltante llevaba.

    Al llegar a mi lugar, el tipo que nos amenazaba clavó su mirada en mis tetas y de repente me rozó el pezón izquierdo y después me lo apretó de un modo tan rico. Me dijo: que ricas tetas señora. La verdad me excité mucho.

    El otro muchacho que venía con él siguió despojando de sus pertenencias a los demás y el que estaba frente a mí me pidió que me quitara el saco. Le hice caso por supuesto.

    Me puse de pie y él les gritó a los pasajeros, que se largaran, que se bajaran rápido de la pesera. Yo estaba muy nerviosa por lo que estaba sucediendo y porque no sabía lo que me iba a hacer ese chavo.

    Me pidió que me subiera el top que llevaba debajo y que le enseñara mis nenas. Inmediatamente le colaboré y me levanté lentamente el top para que las viera. Volteé a verlo a la cara y él estaba embelesado con mis bubis… sin más se me pegó al pecho y empezó a lamerlo y a morder mis pezones suavemente.

    Metió su mano debajo de mi falda y me empezó a meter sus dedos en la vagina mientras me besaba lujuriosamente. Él rápidamente se dio cuenta que ya estaba muy mojada.

    Le correspondí el beso y también le metí la legua, pero cuando quise apretarle el pene… él ya tenía la verga afuera.

    Me sorprendí al verla ya lista, bien erecta, gruesa y jugosa…lista para mamársela.

    Inmediatamente me puse en cuclillas y me prendí de su espectacular verga. Se la repasé suavemente con la lengua, lamiéndosela de abajo hacia arriba. Chupándole las bolas y luego me pasé a la cabeza de su polla. Estaba tan rica, mojada y gruesa…que se la mamé lo más rico que pude y a él le encantó. Yo lo que quería era que se corriera en mi boca y que no me fuera a llenar de semen la panocha.

    Pero no me esperaba la sorpresa que me dio, me hizo que me pusiera de pie y me volteó de espalda hacia él, me levantó la falda e hizo a un lado la pantaleta y así sin más, sentí como la atravesó entre mis nalgas y la clavó en mi culito. Grité del dolor y del extremo placer que este chavo me hizo sentir.

    Era francamente deliciosa la enculada que me estaba dando, metía y sacaba fuertemente su pene de mi ano, me tenía sostenida de la cadera y me frotaba al mismo tiempo el clítoris… ya se imaginarán que gran placer me hizo sentir.

    Ahora la embobada era yo, me tenía débil de placer. Solo podía escuchar como sus bolas se azotaban en mis nalgas, sentía las piernas mojadas y quería más y más.

    Bruscamente se quitó, luego se sentó y me pidió que me la comiera a sentones, que era toda mía. Evidentemente obedecí inmediatamente su orden, me acomodé la verga y me senté fuertemente sobre ella.

    Lo hice 5 o 6 veces pero me dolía mucho, ya que el tipo estaba muy dotado. Él creyó quizás que me había cansado pero no fue así. Era el dolor lo que me detenía.

    Cuando me ponía de pie, empezó a nalguearme y a decirme muévete pinche macizorra que sé que te encanta puta tetona.

    Me nalgueaba con fuerza y las palabras que me dijo me excitaron mucho. Yo no me había dado cuenta que el otro joven nos estaba observando.

    Él siguió follándome a fondo analmente y yo lo tenía también bien mojado. En eso se acercó el otro muchacho, se sacó la verga y al vérsela sentí el irrefrenable deseo de mamársela, el chico se acercó y me la metió a la boca… me dijo mámala macizorra.

    Pues yo ardía en deseos de que me dieran ya la leche, se la lamí, chupé y le mamé de lo más delicioso esa verga gruesa y roja. Pero él no se venía. Yo sentía mucho placer con la verga más grande que entraba y salía vigorosamente de mi culo y continuaba dándome sentones. El chavo a quien le comía la verga a sentones se puso de pie y me obligó a que me acostara boca arriba.

    Se colocó de frente y me abrió las piernas y el otro muchacho se masturbaba fuertemente adentro de mi boca, por lo que ya no pude ver solo sentir que me metía y sacaba la verga deliciosa que tenía del culo y que frotaba su cabeza en mi clítoris y después la metía en la vagina… me hizo correrme 3 o 4 veces seguidas. Mientras que el otro joven me llenaba la boca y la cara de semen.

    Estaba loca de placer y no me importa a nada, perdí por completo la vergüenza.

    El chico que acaba de deslechar se acostó y me pidió que se la montara. Y obedientemente me acomodé sobre él y empecé a cabalgar en su verga… que cosa tan más rica. El primero… el de la verga grande y deliciosa se puso detrás de mí y no sé cómo, pero tenía al tipo que estaba montando debajo y vaginalmente, y al otro que me seguía follando a fondo y deliciosamente el culo.

    En menos de 10 minutos tenía las nalgas, el culo y la panocha llenos de leche. ¡Riquísimo, era un sueño hecho realidad!

    Se cambiaron de posición y ahora tenía al segundo follándome el culo y al de la verga deliciosa… adentro de mi vagina.

    Me pegó a su pecho y me estaba dando una cepillada de vagina que nunca había sentido y al mismo tiempo el otro chico me hundía su pene entre las nalgas. Hicieron que nuevamente me viniera y creí que me iba hasta orinar.

    Estaba ya amaneciendo y al darse cuenta me dijeron, apúrate zorrita que todavía nos falta.

    Se sentaron uno en seguida del otro mostrándome sus pollas. Era evidente que querían otra mamada. Se las mamé de un modo lujurioso y muy candente, apretando con mis labios la cabeza de sus vergas… sabía que no se resistirían y que me iban a dar otra rica lechereada, pero no como ellos querían sino como yo quise.

    Al sentirlos completamente duros y mojados me acosté hacia arriba con las piernas levantadas y me empecé a frotar el clítoris y las tetas. Y me penetraron ardientes de deseo.

    El de la verga enorme me la clavó en el culo y el otro me follaba vaginalmente y se masturbaba entre mis tetas, luego el de la verga en el culo, se la frotaba en mi clítoris y luego me la daba por la panocha.

    Así los tuve como por 10 minutos, hasta que me entregaron todo su semen.

    Me ayudaron a vestirme y me despedí de ellos con una lamida en sus labios.

    Me bajé sin zapatos de aquella pesera y me dijeron: ya sabes en dónde y a qué hora encontrarnos pinche macizorra putona.

    ¿Pensé será que les gustó? Yo creo que sí.

    Ahora tres veces a la semana llego a mi trabajo toda descompuesta y mojada de semen por todas partes… pero muy feliz. Ya sabrán de dónde vengo.

    Macizorrona y muy golosa.

  • El profe (capítulo 2)

    El profe (capítulo 2)

    Durante el resto del día estuve pensativo, me di un baño y a punto estuve de volverme a meter a la cama. ¿hacía cuanto que no cogía con locura? Diría que por lo menos unos 6 años, reflexioné y luego de secarme bien me paré frente al espejo de cuerpo completo que tenía a espaldas de la puerta de mi dormitorio. Me había crecido un poco la panza, aún mi cuerpo no estaba abandonado del todo así que animoso me vestí con ropa deportiva y salí a trotar un rato.

    El parque cercano era concurrido a esa hora principalmente por chavales, corrían y hacían escándalo, pero por alguna razón ahora, mientras trotaba, me puse a mirar a las jovencitas de la zona, a mi parecer pocas se comparaban a mi reciente huésped. Hice algunos abdominales y regresé a casa, pensé en cosas que no había hecho, algunas que merecía hacer, el divorcio no necesariamente tenía que significar el final de mi vida feliz. ¡Rayos! Podía volverme un pipiléptico, un pájaro loco, un insaciable del sexo… como lo fui alguna vez antes de enamorarme y empezar a tomar las cosas en serio.

    Con otra perspectiva de la vida regresé a casa con mi almuerzo y evité tomar por el resto del fin de semana, preparé con mayor espero mis clases. Me sentía inquieto, como un joven que ansía ir a estudiar para ver a su chica., Aunque me mantenía desconcertado la despedida de Daniela, esperaba poder volver a tener un poco de intimidad con ella, ¿me habría enamorado acaso? ¿era ella la luz de esperanza que necesitaba mi vida?, desterré nuevamente la idea de cualquier relación amorosa. Así, pensativo, terminó mi domingo y me fui a descansar.

    En la oscuridad ella ingresaba a mi cuarto vistiendo una pequeña bata semitransparente, por alguna razón no me podía mover, cuando quería hablarle las palabras no salían. Ella en silencio sonreía, se acercaba a mi cama y se empezaba a desnudar, yo aún tendido la miraba expectante. La luz que se filtraba por la cortina iluminaba lo necesario para darle un aspecto mágico a su silueta. Sus pezones se destacaban parados, triunfantes sobre las redondeces de sus pechos firmes, sus pequeños bellos de la entrepierna le daban la apariencia de tener piel de durazno, su pequeña cintura exaltaba aún más sus anchas caderas y prominentes piernas. Agachándose me destapaba por completo y me bajaba el short, mi palo estaba tan duro que hasta dolía, ella lo tomaba con la mano, lo masajeaba un poco y lentamente se lo llevaba a la cara, se daba pequeños golpes en los cachetes con él, como recordando lo que le hice, luego abría un poco su boquita de labios carnosos y besaba el tronco. Mirándome a los ojos se lo metía en la boca hasta donde le cabía, lo sacaba para lamerlo de arriba hacia abajo, luego volvía a introducirlo a su boca, y empezaba a mover la cabeza rítmicamente mientras su lengua al interior también se movía generando aún más placer. Yo me limitaba a disfrutar de su golosa conducta, cuando la saliva ya resbalaba por mis huevos se detenía para pararse sobre la cama, ella con las piernas separadas a la altura de mi cadera se empezaba a agachar, aún sin doblar las rodillas se agachaba lo suficiente como para poner sus manos en mi pecho. Así su cara quedaba cerca a la mía, ella sonreía, me miraba ansioso, casi rogándole que clavara mi verga en esa cueva que tenía entre las piernas. Sin perderme de visa empezaba a agacharse, lentamente flexionaba las piernas marcando sus fuertes y apetitosos muslos, acercando su conchita que llenaría por completo; pero algo había cambiado en su mirada, la sonrisa tenía cierta malicia, cuando la cabeza de mi falo estaba por entrar ella se dejaba caer del todo, doblándome y quebrándome la verga de forma inhumana.

    — ¡AHH! ¡MI PICHULA! —Me desperté gritando y dando un salto en la cama, mientras mi celular hacía sonar la alarma.

    Estaba empapado de sudor, todo había sido un sueño, mi pene estaba bien, en su sitio y, como en todas las mañanas, erecto, pero bien, solo con su ligera curvatura a la izquierda característica de algunos hombres. Me reí de mí mismo, me di un duchazo y alisté mis cosas, desayuné y me encaminé a la universidad, ansiaba ver a mi pequeño demonio.

    Llegué un poco antes de la hora, así que me dirigí a la sala de docentes. Todo estaba muy tranquilo, en la sala de docentes solo estaba mi colega Fiorella Bravo, era un par de años menor que yo. Ella hacía pocos meses había tenido a su primer hijo, aunque lejos de haber perjudicado su antes algo delgada figura, ahora portaba unos prominentes pechos que amenazaban con reventar el botón de su blusa, al verme ingresar me saludó con una leve sonrisa, yo le otorgué la mejor de mis sonrisas, eso la sorprendió, pues casi todos se habían acostumbrado a verme de malas o simplemente desganado.

    — Buen fin de semana ¿he? —me dijo de inmediato.

    — Si, casi no bebí y me ejercité un poco —le contesté colocando mis cosas en el casillero que me tenían asignado.

    — Me alegra que lo estés superando Carlos, esa perra no te merecía —dicho esto volvió a lo que sea que la tenía entretenida.

    La dejé hacer sus cosas, en mi trabajo casi todos odiaban a mi exesposa, personalmente quise evitar que se conociese mucho de la historia, pero la decana de la facultad de derecho tenía más larga la lengua de lo debido. Disimuladamente miré un poco más a Fiorella, era una mujer sobresaliente, una dura abogada si te tocaba enfrentarla en un tribunal, enseñaba derecho penal y en cierto modo nos habíamos comprendido. Su pareja la engaño mientras ella estaba embarazara, y lejos de amilanarse, ella terminó su relación y se encargó de todo. confieso que hasta cierto punto me intimidaba.

    — Nos vemos, y gracias por el comentario —le dije antes de salir de la oficina.

    — Para eso estamos campeón —me dijo llevándose un dedo a la frente y haciendo el ademán de saludo militar, todo ello sin separar la vista de su material de lectura.

    Caminé por los pasadizos y atravesé el patio interno para dirigirme al salón que me tocaba, justamente el de Daniela, en el umbral me paré, sorprendido pues mi corazón estaba algo desbocado, como un jovencito enamorado. Ingresé y saludé iniciando mi clase, intenté por todos los medios no lanzar demasiadas miradas a mi pequeña, pero no pude evitarlo. Ella parecía estarme evitando, no cruzamos los ojos ni una sola vez, de cualquier forma, la clase me salió bien, entretenida y didáctica, los jóvenes también parecían alegres de tener a su profe de siempre.

    — Bien jóvenes permaneceré un momento más en clase para quienes deseen hacer alguna consulta —dije. Esperaba que Daniela hiciese algo de tiempo muerto para poder hablar, pero para mi desilusión salió de inmediato de la clase.

    Atendí a los estudiantes que permanecieron con sus preguntas, me dediqué a ver a mi alrededor, había jovencitas de todo tipo, cada una con su encanto, pero no se comparaban con Daniela. Ella me tenía hechizado, por lo que al ignorarme me causó un amargo dolor interno, el dolor característico del no correspondido.

    Caminaba por el campus distraído, miraba por aquí y por allá, seguía deambulando, así uno de esos días por la tarde me adentré en el campo deportivo. La universidad tenía un campo con pista atlética, y a su alrededor e interior espacios destinados a distintos deportes, me entretuve fisgoneando los cuerpos atléticos de quienes destinaban su tiempo y esfuerzo a cultivarse en el deporte. Pero una figura llamó mi atención, una jovencita de baja estatura que corría como un demonio adelantando a otras chicas más altas, esa pequeña atleta movía sus gruesas piernas con notable fuerza y velocidad, ganando la tendida de cien metros. Las demás se acercaron y la felicitaron, ella sonriendo les agradeció. Cuando le vi la cara mi corazón se aceleró, era Daniela. ¡Claro! Eso explicaba el cuerpo que se manejaba, y esas piernas, que me perdone Dios, pero esas piernas eran la perfección, ni qué decir de sus glúteos. Me deleité mirándola, de un momento a otro una de sus competidoras pareció reconocerme y me señaló, yo me alerté girando y alejándome del lugar, aún sin entender el porqué de mi reacción.

    Así pasé la semana, observando a toda persona que se me cruzaba. El estar divorciado me daba carta libre para hacer cuanto quisiera. Antes de casarme había sido un loco del sexo, hice cuanto pude en cuantas chavalas cayeron en mis redes, así que me puse el objetivo de cogerme a alguien, solo que no decidía aún a quién sería.

    El viernes nuevamente me tocó dictar cátedra a la clase de Daniela, ingresé y por mucho que me esforcé volví a mirarla más de una vez. Hice una clase magistral, terminé con un latinismo que me generó aplausos. Finalicé la clase haciendo la invitación de permanecer a quienes tuviesen dudas, pero la escena de Daniela volvió a repetirse, salió de la clase sin apenas prestarme atención.

    Dolido en mi yo interno atendí a mis estudiantes, fui guardando mi laptop, registros y libros del escritorio en el morral que solía cargar, pero al girar rumbo a la puerta del aula me encontré apoyada contra el marco a mi pequeña.

    — ¿Profe no podría ser más evidente? —me preguntó notoriamente molesta.

    — ¿Disculpa? —le contesté desconcertado.

    — Me mira cada dos minutos, le hace preguntas a todos los que sientan a mi alrededor y lejos de verlos cuando responden me sigue mirando a mí, además se apareció como un acosador en el campo deportivo, mi amiga me dijo que me comía con la mirada.

    — No quise generarte problemas pequeña, lo siento.

    — Pues ya me los ha generado, y necesito de su ayuda —ahora me miraba a los ojos, con sus bellos ojos almendrados resguardados por sus cortas y seductoras pestañas, había cambiado su tono de voz y sus gestos de manera tan repentina.

    — Claro, por supuesto, dime ¿en qué te puedo ayudar? —mi voz sonó suplicante, rayos esperaba que me dijera algo de volver a visitarme o a salir, o lo que sea mientras sea con ella.

    — No puedo contarle nada aún, necesito de alguien más, así que hoy en la noche en el mismo lugar del otro día espero encontrarlo en la barra, que parezca casual por favor.

    ¡Rayos! ¡Eso quería escuchar! Yo estaba en modo adolescente cachondo, esa mujer era mi desintoxicante definitivo. Aún seguía apoyada en el marco de la puerta esperado mi respuesta.

    — Buen ahí estaré mi pequeño bombón —eso se me escapó, realmente crucé lo que pensaba con lo que quería decir, ella abrió mucho sus ojitos, tenía puesto una blusa blanca ceñida al cuerpo, y unos jeans muy ajustados que permitían que se marquen sus bondades con todo detalle.

    — Profe gracias, Ud. me encanta, de veras que me encanta, pero debemos cuidarnos ¿sí? —dijo casi susurrando, dio una mirada rápida a ambos lados del pasadizo y de un brinco me pegó un beso rápido en la boca, se volteó y caminando rápido se alejó del lugar.

    Avancé un poco para seguirla con la mirada, sus nalgas subían y bajaban con cada paso que daba, llegando a la esquina ella giró la cabeza y al verme mirándola me hizo el gesto de no con el dedo. Apenado entendí que de nuevo estaba siendo evidente al comerla con la mirada.

    Salí en sentido opuesto, rumbo a la sala de docentes, me crucé con un par de colegas, intercambiamos rápidas despedidas; al interior solo quedaba Fiorella terminándose una taza de café.

    — Hola, ¿aún tienes pendientes? —le dije como para despejar la mente.

    — Yo ya no, pero creo que tu si —me contestó, señalando mi entrepierna, en cuyo interior mi amiguito se había despertado por el pico que me dio Daniela, exhibiendo mi masculinidad. Sin poder controlarme me ruboricé, intentando taparlo con mi morral. Ella siguió hablándome — O es que te alegra verme — Bromeó Fiorella, sonriendo, moviendo sus pechos hacia adelante y a los lados para provocarme. Definitivamente se los vi, aunque antes solíamos bromearnos mucho, esta vez tuve que decirle algo un poco bochornoso.

    — Este… verás… tu blusa se ha humedecido por tu… ya sabes —Su leche materna se derramaba, demonios si era una vaquita por donde la viera. Ella comprobó rápidamente lo que le acababa de decir.

    — Rayos, pásame papel toalla por favor, está en el segundo cajón —me indicó.

    — Claro, toma —le alcancé el papel toalla, ella se abrió un par de botones de la blusa, dobló el papel hasta tenerlo en un tamaño adecuado y sacando uno de sus grandes pechos acomodó el papel de forma que evite seguir humedeciendo su ropa, todo ello frente a mí, que incrédulo no había apartado la vista ni un segundo. Su tez blanca tenía ligeras venitas verdes por la enorme presión que debía soportar la piel, todo coronado con pezones rozados, de mediano tamaño, empequeñecidos por la redondez del seno lleno de leche materna.

    — ¡Carlos! —me dijo casi gritando, yo me asusté —¡pásame otro papel! ¡con uno no alcanza!

    — Si, toma… toma — le alcancé un segundo trozo de papel, ella repitió lo mismo, dobló el papel, sacó su otra gloriosa ubre y acomodó como pudo su ropa, hizo fuerza para poder abotonarse.

    — ¿Te gustó el espectáculo? — me preguntó en tono sarcástico, pero aún sonriente.

    — Lo siento, estoy un poco distraído últimamente —le conteste, sonando lo más sincero posible, pero pasando saliva de forma ruidosa.

    — Hazme un favor —dijo acercándose un poco— consíguete una mujer, así estarás más tranquilo —Dicho esto, tomó su bolso y se dirigió a la salida —Nos vemos el lunes —dijo finalmente marchándose.

    — Hasta el lunes —contesté con la voz ronca, aunque dudo que me haya escuchado.

    Esperé un poco a haber calmado a mi fiera interna, cogí el auto y llegue a casa presto a alistarme, pensaba en cambiarme por algo más sofisticado, pero ella había dicho que sea como la semana anterior, y que evite llamar la atención, así que nuevamente fui con mi típica camisa y pantalón de vestir. Limpié un poco, esta vez alisté el edredón más grande y puse algunas bebidas en el frigorífico. Así salí caminando, vagué un poco por las calles pues era algo temprano, llegué al bar y el mesero que había tomado por costumbre verme todos los días me hablo con amabilidad.

    — ¿Qué le sirvo? — me preguntó. Me puse a pensar si estaría bien que vaya pidiendo algo.

    — Un whisky en las rocas por favor.

    Mi bebida llegó enseguida, tomé un sorbo bastante pequeño, el licor me quemó un poco, pedí unas yuquitas como piqueo, aún no había cenado nada y mi estómago reclamaba un bocado.

    Pasaron un par de horas, y unos cuantos vasos, cuando sentí una mano en la espalda, volteé esperanzado, pero me encontré una cara desconocida, una dama de unos ¿25? Tal vez me saludaba estirándome la mano, la sentí suave y fría al tacto.

    — Hola me llamo Ángela, pero me puedes decir Angi, gusto en conocerte Profesor Carlos, Daniela me ha hablado mucho de ti.

    Me quedé estupefacto, ¿Quién era esa mujer? ¿qué le habría dicho Daniela? ¿me habría metido en algún lío? Como vio que no le contestaba nada me volvió a hablar.

    — Soy la mejor amiga de Daniela, no se preocupe, es solo que ella necesita de la ayuda de ambos, y le aseguro que soy una tumba de secretos —llevó sus dedos a su boca e hizo la seña de serrarla, como para darle mayor sentido a sus palabras, yo estaba nervioso, no esperaba a otra persona que no fuese mi bombón, aun así, intenté hablar para poder calmarme.

    — El gusto es mío Angela —le dije.

    — Llámeme Angi por favor.

    No parecía tener malas intenciones, sus largas pestañas ocultaban unos ojos rasgados que transmitían inteligencia y sinceridad, tenía la nariz respingada, muy probablemente consecuencia de una operación, su tono de piel y complexión le daban cierto aire a ascendencia oriental o asiática, llevaba un vestido veraniego bastante suelto por lo que no podía distinguir sus formas femeninas con precisión, me animé a seguir con la conversación.

    — Muy bien Angi, me alegra conocerte, pero te confieso que no comprendo bien lo que necesitan de mí.

    — Verá profe ¿puedo llamarlo así? —al ver que no mostré incomodidad ni contesté de forma negativa continuó —Daniela, mi amiguita Daniela, tiene novio.

    Mi vista se nubló un poco, así que era eso, de seguro nuestra aventura la había metido en algún lío, o nos habría metido, mejor dicho.

    — Ya veo, no lo sabía —le dije.

    — Si, y es un novio bastante complicado, por así decirlo, ocurre que uno de sus amigos vio salir a Daniela el fin de semana pasado de cierto condominio, así que los celos y malas ideas surgieron, ya se imagina.

    — Claro que me lo imagino Angy.

    — Pues bien, Daniela tiene un mundo de problemas, ya eso se lo contará ella.

    — ¿Y Daniela vendrá? —pregunté esperanzado aún en poder verla

    Angy hizo una mueca de no querer decir lo que tenía que decir y luego movió la cabeza de forma negativa. Mi pequeña no vendría, se me cayó el alma a los pies.

    — Vamos no te desanimes, escucha lo que te tengo que decir porfa —me dijo en tono de súplica.

    — Bien, bueno, al menos estoy bebiendo algo. Entonces ¿en qué consiste mi ayuda? —le pregunté.

    — Te lo diré, pero por favor no te amargues, o si te amargas espera a escuchar hasta el final.

    La escuche, ella quería que le preste mi departamento, casi me negué de inmediato, pero la dejé seguir hablando, solo necesitaba quedarse allí hasta el sábado por la noche. Habían planeado con Daniela contarle al noviecito que ambas se habían quedado juntas en mi departamento la semana pasada (la noche de nuestra aventura), y que el departamento supuestamente pertenecía a Angy. Convencerían al novio haciendo que Daniela visite a Angy el sábado por la mañana, Angy tenía que recibirla despeinada y en pijama para que todo pareciese más real.

    — Bien, pero no quiero que nadie más suba al departamento, le inventarás una excusa al novio para que no suba, y el sábado en la noche si o si te marcharás, no quiero tener más problemas —mi humor había cambiado bastante, fui a ese bar preparado para otro desenlace, y terminé en este lío.

    — Míralo de esta forma, mi amiga parece haber hecho “click” contigo, si todo sale bien tendrá carta libre para visitarte sin levantar sospechas —me dijo Angy, y eso cambió mi humor por completo. Tenía razón, y una visita femenina no vendría mal de todas maneras.

    — ¡Te invito una copa entonces! —dije sonriendo.

    — ¡Mejor que sean dos! —contestó mostrando una sonrisa de dientes pequeños y perfectos.

    Conversamos un rato, no salimos a bailar, ella me confesó que también era una pésima bailarina, le pregunté por sus cosas y me señaló un pequeño maletín que tenía a los pies. Ella había venido preparada después de todo. Resultó ser alguien agradable para pasar una velada, no era escandalosa, más bien recatada y un tanto seria. Aún desconocía los detalles de lo que le había contado Daniela, dejé eso para después.

    Decidimos ir al departamento, apenas se notaba el alcohol habíamos consumido, conversamos caminando y subimos sin contratiempos, yo le ayudaba con el pequeño maletín que había traído consigo.

    — Antes de entrar quiero decirte algo —me dijo Angy — respeto el territorio de mi amiga, te confieso que, ahora que hemos hablado un poco, sé que eres un tipazo, y me gustas, pero quisiera que no pase nada entre nosotros, por lo menos por ahora.

    La observé, también era una preciosura, a su manera ese vestido holgado le daba cierta sensación de misterio.

    — Seamos amigos entonces —le dije, abriendo la puerta e ingresando al departamento —por lo menos por ahora — concluí regalándole una coqueta sonrisa.

    Ya adentro charlamos un poco más, le serví una taza de café y avanzada la madrugada decidimos ir a descansar, el cuarto de invitados tenía la pequeña cama de mi hija, pero se le antojó suficiente para ella, que por cierto medía solo un poco más que Daniela.

    Finalmente la dejé en su cuarto, me fui a asear y volteé al sentir pasos a mi espalda, ella había salido en su pijama de verano, un short de seda con un polo corto ombliguero, casi se me cae la espuma del dentífrico. Tenía una complexión fina, pero con un aura de sensualidad de esas mujeres a las que sigues con la vista cuando te las cruzas por la calle, sus pechos de mediano tamaño traslucían un poco en ese delgado polo, se notaba que no llevaba nada bajo su ropa. Le señalé el baño de visitas que tenía en la sala y ella se dirigió hacia allí, al voltear aprecié sus nalguitas, alargadas en sintonía con las piernas, parecía una avispa, la palabra sensual quedaba corta.

    Me tumbé y descansé sin contratiempos. Un poco de escándalo me despertó en la mañana, salí de la habitación y me encontré a Daniela charlando animadamente con Angy en la sala, ella había bajado a recibirla tal y como habían maquinado y su plan venía funcionando a la perfección. Al verme Daniela se levantó, vestía un buzo deportivo, ceñido, perfecto. Se acercó a mi caminando y sin previo saludo me besó en la boca, no fue un beso tímido, fue un beso apasionado, prolongado, en el que pude saborear sus labios, hacer bailar a su lenga con la mía, acariciar su cabello mientras con la otra mano le agarré esa cola que me enloquecía.

    — ¡Sigo aquí! —dijo Angy, interrumpiendo nuestra pasión.

    — Lo siento —le dije, sin perder de vista a mi pequeña alborotadora.

    — Hermana tienes que entender que lo he ignorado toda la semana, se merece un trato especial —dijo Daniela, pronunciando lentamente lo de trato especial. Yo estaba como un niño consentido.

    — Bien, ¿Qué te parece si le dejamos una tarea a nuestro profe? —le propuso Angy a Daniela, parecía como si no estuviera en medio de ellas.

    — Profe… profe ¿podrá alimentar a su preciada alumna? —Daniela se dirigía a mí con voz de niña.

    — Oye enana no me excluyas —le dijo Angy.

    — Bueno a ambas pues China… verá estaremos aquí todo el día con usted, no hemos desayunado, y la otra vez que quedé con las ganas de probar su sazón —completó Daniela, que de cariño le decía “China” a Angy, lo que iba de la mano con sus rasgos, y la trataba como su hermana, típico de mejores amigas.

    — Ven, acompáñame mientras me cambio —dijo Angy jalando a Daniela al cuarto de invitados, dejándome allí parado con el miembro erecto bajo mi short.

    Las escuché charlando, me di un duchazo rápido y con ropa ligera, por el calor que ya se sentía, me dirigí a la cocina, esta vez sabiendo que podría venir Daniela me había preparado mejor, saqué algunos ingredientes e hice huevos revueltos con tocino. Cuando salieron ambas vestían ropa deportiva, mallas de correr y tops a juego.

    — Iremos a correr un poco, todo es parte del plan profe —dijo sonriendo mi pequeño demonio.

    — No serán ni 15 minutos —acotó Angy, saliendo del departamento trotando.

    La malla marcaba muy bien las nalgas de Daniela, ese culo redondito me ponía a mil. Seguí con mi cocina, serví los platos, nuevamente tostadas, un vaso de leche con chocolate e hice jugo de fruta, me estaba esmerando. Cuando terminé de servir el desayuno ambas regresaron riendo. Me contaron que, como imaginaron, se habían cruzado con uno de los amigos del novio a la vuelta de la esquina haciendo guardia, al verlas juntas este se abochornó y se marchó.

    — Wao, todo se ve genial profe —me dijo Angy, ganándole la frase a Daniela que la miró algo molesta, aunque parecía ser una reacción de juego. Daniela tomó el vaso de leche y se lo llevó a la boca.

    — Justo como usted sabe que me gusta ¿no? Leche fresca de mi profe —Daniela dijo esto y bebió un par de tragos, quedándose con un bigote blanco que me trajo muy frescos recuerdos. Bajo la barra tenía mi tremenda erección de nuevo.

    Desayunamos mientras ellas bromeaban, Daniela era mucho más atrevida de Angy. Yo me sentía encantado de tener esa compañía, esperaba que pronto Angy se marchara para dejarnos solos y poder darle un verdadero desayuno a mi pequeña traviesa.

    Para mi congoja se antojaron de ver una película, puse una de terror y ambas se acomodaron conmigo en medio en el amplio sillón de mi sala, el mismo en el que la semana pasada Daniela me había comido el pedazo.

    Mientras veíamos la película Daniela me habló.

    — Profe y ¿tendrá algo de tomar? para animar la peli.

    — Claro, enseguida vuelvo —me paré, también estaba preparado para eso, así que les invité vino dulce a baja temperatura, ideal para refrescarse.

    La película terminó y nos quedamos charlando. Me sentía en desventaja, así que saqué unos dados y les propuse jugar TODITO, respondiendo ellas emocionadas a la idea, solo que con la diferencia de que en la O podías obligar a alguien a hacer algo, eso o tomar una copa entera de lo que estuviésemos bebiendo.

    La chispa ya estaba encendida, y ellas se unieron para atacarme cada vez que podían, pronto el vino se acabó, y saqué una botella de vodka, y otra de whisky, les di a elegir y eligieron el whisky, rebajado con hielo y soda. Pronto el juego se puso más interesante, cuando Daniela empezó a retar a Angy a que cuente cosas íntimas. Ambas estaban con las mejillas encendidas.

    — Dime hermana querida, ¿alguna vez lo has hecho por atrás?, desde que te vi agachada en la ducha me quedó la duda —preguntó Daniela, ya con los efectos del alcohol.

    — ¡Jajaja enana te pasas! —respondió Angy, tapándose la cara— si lo he hecho, aunque me dolió un montón —continuó con su respuesta, riendo en todo momento por su confesión, yo también reía, pero en mi mente estaba recreando la escena, imaginando cómo sería darle sexo anal a la jovencita de ojos rasgados, mi erección estaba en todo su esplendor, por suerte tenía un cojín sobre mi regazo para ocultarla.

    — ¿Y usted profe? —me dijo Daniela.

    — Si lo hice, dando por supuesto, y créanme mis queridas alumnas que todo depende de la preparación, y paciencia.

    — No le creo —me respondió Daniela riendo.

    Seguimos bromeando y tomando, las preguntas iban y venían, ellas hablaban con soltura de sus cosas, Angy retó a Daniela para que ella me haga un baile sensual y se lució, se paró en medio de la sala y acercándose a mi mientras frotaba su cuerpo con sus manos, masajeando sus pechos, lamiendo uno de sus dedos en tanto su otra mano la llevaba a la entrepierna, volteándose y agachándose para acercarme su culito como una invitación a hacerla suya, volteando nuevamente, levantando su pierna y haciedo saltar el cojín que tenía en el regazo, dejando a la vista mi verga parada, solo contenida por la tela de mi short. Ambas se detuvieron al ver la carpa que formaba con mi falo, y se echaron a reír.

    — ¡Profe es un mañoso! —me dijo riendo Angy —ay no puedo más, voy al baño —dijo, alejándose rumbo a los servicios.

    Daniela aún seguía parada frente a mí, levantó un poco su pie y lo puso sobre mi virilidad, tenía entreabierta la boca y con sus dedos intentaba sentir lo que escondía bajo la tela.

    Me paré y levantándole el mentón la besé con pasión, ella recibió mi lengua en su boca y empezó a frotarme el bulto con sus manitos, como la vez pasada bajé un poco mi prenda y liberé mi verga, ella la tomó en sus manos extasiada, no teníamos demasiado tiempo. Ella seguía con su ropa deportiva, así que tomándola del cuello la obligué a ponerse en cuclillas y le acerque la cabeza de mi pene a los labios. Ella no dudó ni un segundo y empezó a mamar mientras pajeaba mi pedazo con fuerza, le levanté el tronco y, entendiéndome, me lamió de abajo hacia arriba como si de un helado se tratase, para luego volver a la cabeza y metérsela en la boca. Escuchamos el sonido del agua pasar y el lavamanos abrirse, le saqué el juguete de la boca y me tapé con el cojín sentándome de nuevo, ella se sentó a mi lado, con las mejillas encendidas, dándome un doloroso pellizco el muslo, en reclamo por quitarle la mamadera.

    — Lo siento, ya volví —dijo Angy, caminando hacia nosotros mientras agitaba sus manos aún húmedas.

    La siguiente lanzada de dados me salió favorable, y reté a Angy a que le diera un beso a Daniela, en la boca. Daniela abrió mucho los ojos, pues aún retenía el sabor de mi verga.

    Angy sin saber de mi trampa se rio un poco y me dijo —un beso es algo fácil —levantándose y acercándose a Daniela, dándole no solo un beso rápido, sino uno sensual, deteniéndose un instante, Daniela le correspondió el beso para mi deleite. Cuando Angy se separó de ella la miró a los ojos, luego me miró a mí y moviendo la cabeza como si entendiese nuestra travesura y lo que acabada de ocurrir regresó a su lugar.

    Con las siguientes tiradas todos tomamos, pero ahora le tocó a Angy ordenar un reto, y me eligió a mí.

    — Profe háganos un baile sensual ¿sí? —me ordenó. Yo me deshice de la poca vergüenza que me quedaba y me paré frente a ellas, en mi torpeza olvidé mi erección e hice lo posible para simular a un estríper, me quité el polo y se lo arrojé a Angy, mi pequeña Daniela me estiró las manos, y solo me quedaba el short para dárselo, así que ¡AL DEMONIO! Me desnudé dándole el short, empezando a bambolear mi tronco frente a ellas. Daniela estiraba la mano intentando agarrármelo; Angy había dejado de reír y ahora parecía hipnotizada mirándome el pedazo.

    Daniela logró agarrarme la poronga y directamente se la llevó a la boca, como desesperada por habérsela negado hace un rato. Angy por su lado seguía estupefacta, mirando como su amiga mamaba sin control. Tomé la decisión de arriesgarme, así que tomando de la orejita a Angy la acerqué a mi para que me besara, ella se dejó conducir, me envolvió el cuello y empezó a besarme, luego tomó la iniciativa y bajó a mi cuello, besando y lamiendo, luego a mis pectorales, deslizando su lengua por mi vientre se posicionó junto a Daniela, que no parecía dispuesta a compartir. Pero en vez de interrumpirla se acercó a ella y le empezó a lamer la oreja, a besársela y succionar su pabellón, eso pareció encantarle, soltando mi verga para besarse entre ellas. Calculé el momento adecuado e introduje la cabeza de mi polla entre ambas bocas, que se pusieron a lamer y mamar para mi deleite. Ambas subían y bajaban por mi pene, mientras una se metía la cabeza a la boca la otra lamía el tronco, luego paraban y se volvía a besar. Apenas y podía creer mi suerte. Angy tenía labios finos, con una manera peculiar de mamar, succionaba con fuerza, lo que me atormentaba el cerebro pues en cualquier momento me vendría, definitivamente era más experimentada que Daniela. Mientras ella succionaba, Daniela se entretenía lamiendo por donde podía. La cogí con delicadeza del cuello y la hice pararse a mi lado, con cuidado le levanté el top deportivo, liberando sus pechos, empezando a lamerlos de inmediato, hice succión en sus pezones justo como Angy me venía haciendo abajo, le lamí las tetas en toda su circunferencia, con cuidado le bajé un poco el elástico de la licra que tenía puesta, ella se la bajó dejando expuesto ese cuerpo perfecto de glandes glúteos y bellas piernas, le empecé a tocas el sexo, acariciándoselo, todo mientas me mamaban la verga y yo le comía los pechos, era una escena digna de un cuadro.

    En una fuerte succionada de Angy sentí que me venía, alertado tomé por el cuello a Daniela y la acerque a la cara de Angy, casi haciéndola tropezar, sacándosela de la boca a la China me vine sobre su cara, Daniela hizo que apunte hacia ella y el siguiente chorro de leche le cayó sobre los cachetes, luego vinieron un par más que bañaron a ambas por igual, usé mi pinga para darles los golpecitos en la cara, expandiendo aún más mi leche por sus mejillas. Ambas jovencitas se miraron y, lejos de sentirse asqueadas, se pusieron a besarse y sorberse cuanto tenían al alcance, Angy no perdió tiempo y me volvió a dar una mamada con sus características sorbidas, sacándome todo cuanto me quedaba. Daniela empezó a desnudar a Angy, quien facilitó el trabajo quitándose sus prendas, tenía una piel beige muy bella y bien cuidada, que contrastaba con la piel morocha de mi pequeña Daniela, sus pechos eran del tamaño de dos naranjas, más grandes que los de Daniela, pero un poco más caídos, sus pezones eran grandes y oscuros con una punta pronunciada, su vientre plano invitaba a explorar su sexo, apenas visible desde donde me encontraba, sus nalgas eran la continuación de sus muslos, solo un poco más pronunciadas y alargadas, pero bellas en conjunto con el resto del cuerpo fino que tenía. Angy cogió del cuello a Daniela y la hizo acercarse para que la besara, la hizo descender, primero a sus pechos, luego a su vientre. Todo ello mientras se tendía en el sillón abriendo sus piernas, llevando la cabeza de Daniela entre ellas, empezando a gemir por los besos y caricias que recibía de mi pequeña. Esa posición obligó a Daniela a agacharse y arrodillarse en el sillón, dándome la vista más privilegiada que se pudiese pedir de su culito, estaba prácticamente en cuatro frente a mí. Llevé mis palmas a sus glúteos y le di una ligera nalgada, ella gimió y alzó un poco más la cola, invitándome a poseerla, pero quería jugar un poco más. Su fino afeitado permitía mirar todo cuando uno quisiera, tenía los labios muy bellos, separados, su vagina estaba humedecida, le introduje un dedo y empecé a masajearle el clítoris, ella agradecía con ligeras contorciones, le besé una nalga y la lamí ebrio de su perfección, llegué a la unión entre ellas y encontré su pequeño ano, era un asterisco impecable, completamente bien definido y hasta donde pude ver aún virgen, tome nota mental, pues si la vida me daba la oportunidad se lo estrenaría hasta hacerlo rebalsar de leche con mi verga adentro. Esa vista me dejó listo, me levanté y le puse la cabeza de mi mazo en su vagina, ella se alistó deteniendo sus caricias a Angy un momento. Lo siguiente fue brutal, la penetré de una sola jalada de caderas, ella gritó de placer, se empezó a contorsionar quebrando más su cinturita, yo la empecé a bombean con una tanda de metidas y sacadas bestiales, nalgueándola y abriéndola cuanto ella podía soportar, pronto la sentí acalambrarse y encogerse un poco mientras cruzaba sus piernitas formando una x mientras llegaba al clímax. agotada se dejó caer en el sillón, al ver esto la China se levanto y ocupó su lugar poniéndose en perrito.

    —Aun no se canse profe, toca cambio de plato —me dijo volteando un poco a un lado para poderme ver, sin perder su pose.

    —Me gusta la comida oriental —le dije agarrándome el pedazo, pero antes de acomodarle le di una mirada a su ojete, tenía un tamaño más grande de lo habitual, indicio de que ya había recibido visitas, tal y como nos había confesado en el juego. Aun no podía permitirme darle por ese camino, así que nuevamente puse la cabeza de mi verga en su vagina, se me antojó más cerrada, ella era más delgada y con la cadera más estrecha después de todo, y se la metí de un tirón, ella no estaba preparada, casi la levanté en el aire por la fuerza que le transmití. Lanzó un grito de dolor mientras que con las uñas de una de sus manos me agarró el muslo, apretándome. Me detuve, Daniela se levantó y agachada la empezó a besar y a susurrarle, poco a poco la tensión se fue perdiendo y empezó a dar ligeros movimientos con la cola, invitándome a seguir. Fui más amable con ella, le acaricié la espalda. Cuando se la metía toda movía mis caderas a los lados y en círculo para darle placer. Se me antojó voltearla, y allí boca arriba la volví a poseer, Daniela ahora tenía más fácil besarla y acariciarla, así que pronto ella también se dejó llevar y tuvo su orgasmo, presionando mucho sus piernas en mi cintura, por lo que apresurado salí y me vine sobre ella. Ambas estuvieron un rato más besándose y acariciándose, Daniela se acercó a mi y dejó que le diera cachetadas con mi verga, ese ritual parecía gustarle. Luego nos sentamos juntos para poder tomar aire y calmar nuestros sudorosos cuerpos.

    —Profe… nosotras no solo vivimos de leche…—me dijo Daniela, con voz de inocencia. Yo no llegué a entenderla, por lo que intervino Angy.

    —Se refiere a si vamos a pedir algo de comer, comida normal —aclaró.

    —¡Claro! Pediré algo —dije levantándome a buscar el móvil— ¿les parece bien si pido un pollo a la brasa? —pregunté aún agitado.

    Ambas coincidieron que estaba bien así que hice la llamada a un restaurante cercano. Ellas seguían tendidas en el sillón, acordamos turnarnos para darnos un duchazo, pues el baño no era especialmente grande. Sorteamos los turnos con un piedra papel o tijera, y yo gané, las chicas se quedaron charlando en la sala mientras que yo me duchaba con agua tibia, me froté y enjaboné todo el cuerpo, pues en el encuentro parte de mis fluidos salpicaron por todo lado, creo que el sillón se había llevado la peor parte, pero como era de cuero ya lo limpiaría a detalle más tarde.

    Luego ellas entraron juntas al baño, les presté un par de toallas limpias y me cambié con un short deportivo y un polo holgado, empecé a recoger las botellas y copas de la sala. Durante nuestra acción habíamos desperdigado todo, hecho caer el whisky y arrojado los piqueos que apenas habían probado. En eso estaba cuando sonó el timbre, me acerqué a la puerta alistando mi billetera para pagar la comida, abrí y me topé cara a cara con mi exesposa allí parada.

  • El primo diácono

    El primo diácono

    En mi relato anterior señalé que nací en el seno de una familia muy conservadora y seguidora ferviente de nuestra religión y que entre los familiares hay sacerdotes, tanto por parte de mi madre como de mi padre, incluso con un tío obispo de quien todos estamos orgullosos.

    Nuestra familia es numerosa, además, todos los matrimonios acostumbraban a tener los hijos que Dios les diera. Cuando alguna quedaba embarazada, el secreto lo sabían sólo los cercanísimos y, si era un producto que pudiera avergonzar a la familia, la damita iba de vacaciones con su mamá o alguna tía a los Estados Unidos y a la semana ya estaba de regreso, a veces hasta con el himen restaurado.

    Sin embargo, poco a poco, las cosas fueron cambiando. Por ejemplo, a mi hermana mayor no le permitían tener un novio que era ateo y, además, sus padres se habían cambiado de religión. Mis padres no aceptaron los motivos y les prohibieron verse. Resultado: mi hermana se fugó y volvimos a saber de ella hasta que tuvo un crío y nos comunicó su dirección. Pero la mala voluntad de mi padre hizo que dos hermanas mías quedaran solteronas (una virgen y la otra triste porque no logró el embarazo).

    Por la frecuencia con que nos veíamos, mi primo Diego, el mayor de los primos cercanos en vecindad, fue quien más asedio tuvo de mi parte, y fui correspondida. Él acudía al seminario, pero estaba a dos cuadras de ahí y el fin de semana estaba en casa. Con él, disfruté caricias en mi panocha, incluso las de lengua, pero también aprendí a hacerlo. Al pasar Diego al seminario mayor, nos veíamos menos, y nuestros juegos de amor eran pocos. pero intensos. Haciendo un 69, descubrí el sabor del semen, que apuré gustosa recordando el placer con el que mi madre lo saboreaba.

    Una ocasión en que preparaban a mis hermanas y otros primos pequeños para hacer la primera comunión, Diego llevó pedacería de hostias para todos y algunas completas para enseñarles cómo deberían hacer la comunión. “Fíjense cómo lo hace Ishtar”, les dijo para ponerme de ejemplo, pues yo ya estaba grande y había hecho la primera comunión muchos años antes. “Yo quiero la mía, mojada en el vino que sale de tu pene”, le dije en voz baja entornando los ojos. Sonrió y, también en voz baja, me dijo “después te doy el vino solo en la boca y algo más”. Me sentí sumamente excitada pensando en qué podría ser el “algo más”, abrí la boca y tomé la hostia. Ese día de verano fue genial, pues mis padres avisaron que no podrían pasar pronto por mí y mis hermanas, a lo que mis tíos contestaron que mejor nos quedáramos a dormir allí. La recámara que nos asignaron, estaba comunicada con la que mi primo tenía, y él dormía solo. A mis hermanas las pusieron en la cama y a mí, por ser ya grande, me pusieron unas colchonetas en el piso. Cuando Diego me llevó la colchoneta, las sábanas y me arregló la cama me lo advirtió: “Duerme sólo con una camiseta puesta, vendré a verte”. Yo me puse roja de la emoción y le sonreí como aceptación.

    Avanzada la noche, escuché que la puerta que comunicaba con mi primo se abría despacio. Ya lo esperaba, me dio un beso antes de retirar la sábana y subirme la camiseta para chupar mi pecho que ya estaba desarrollado. Pero en mi adolescencia ya tenía unas bubis que se notaban muy bien y me las chuleaban en la calle los viejos morbosos, también desde entonces recibieron las caricias de varios primos, pero ahora recibían los labios por primera vez. Me puse cachondísima y bajé mi mano para acariciar sobre las ropas el pene de Diego. ¡Él tampoco traía nada abajo! y se la pude jalar como nunca. Se puso en posición de 69 cuando le dije que quería chupársela. ¡Se vino después de darme dos orgasmos con la boca y saboreé el “vino” prometido! Nos acomodamos para descansar, yo sin soltar el pene y él volviendo a mamar mi pecho. “Quiero más, métemelo”, le exigí. Él metió la mano bajo la colchoneta y sacó un sobre con un condón que había puesto, y una toalla. La toalla la puso bajo mis nalgas y él se puso el condón. “Es pecado usar condón”, le reclamé mientras me abría las piernas para cumplir mi petición. “Es más pecado tener un hijo fuera del matrimonio”, contestó metiéndome el pene de un solo envión. Ni me dolió por lo caliente que estaba. Se movió hasta eyacular otra vez y yo mordía la almohada para evitar gritar de placer. Quedamos extenuados y llenos de sudor. Descansamos más de media hora dándonos besos. Por último, me limpió las piernas y la entrada de la vagina con la toalla y se retiró.

    Seguimos cogiendo tiempo después, siempre con el “pecaminoso condón”, incluso cuando ya era sacerdote. Obviamente siempre me confesé con él y le insistía que mi mayor pecado era querer seguir cogiendo con él. Alguna vez le pregunté si él había lavado la toalla que usó para no manchar la sábana y me dijo que no, lo cual me asustó, porque seguramente mi tía la habría visto. A los pocos días, me mostró un pequeño trozo de tela con una tenue mancha color café; “Me hice un pañuelo que me acompaña cuando duermo”.

  • ¿Será que el miembro ajeno es más rico?

    ¿Será que el miembro ajeno es más rico?

    Unos diez años atrás participaba en la comida anual de la empresa donde trabajaba. Ya con treinta era el decano de la mesa donde estábamos seis solteros. Al lado de la nuestra había una de mujeres, donde distinguía tres solteras compañeras de trabajo y otras que no conocía. Justo dándome frente estaba una de las desconocidas que resaltaba por su belleza, y ante la cual había caído encandilado de manera fulminante.

    Como consecuencia de esa súbita atracción, y pese al esfuerzo para no resultar cargoso o grosero, mi vista volvía con demasiada frecuencia hacia esa preciosura, algo que sin duda no le pasó desapercibido.

    Finalizada la comida y comenzado el baile, de pronto me encontré sentado solo, momento en el que la dama admirada junto a otra, también bonita pero menos voluptuosa, se acercaron. Me puse de pie para recibirlas e invitarlas a sentarse.

    – “Les puedo servir algo?”

    – “Un gin-tonic y una Coca Cola”.

    – “Denme unos minutos, voy hasta la barra y les traigo”.

    Servidas las copas me senté enfrente.

    – “A qué debo el honor de esta preciosa compañía”.

    La que había sido objeto de mi atención, respondió con cierta incomodidad.

    – “Quería decirte que estás cerca de gastarme con la mirada”.

    – “Te pido disculpas, la tentación de deleitarme con tu figura me venció totalmente. A todo esto no nos hemos presentado, mi nombre es Leopoldo”.

    – “Yo me llamo Carmela y mi amiga es Lea. Menos mal que no la miraste a ella porque su novio es muy celoso”.

    – “Entonces cabe una doble felicitación a ese caballero, una por la belleza de su pareja y otra por ser cuidadoso. No sería raro que alguien trate de robársela. Se podrá suponer que vos no tenés compromiso y eso me abre una posibilidad de disfrutar de tu compañía?”

    – “Muy difícil, porque no me atraen los viejos”.

    – “Debo darte la razón, la lozanía de la juventud es impagable y además los viejos tenemos mañas difíciles de erradicar”.

    Cuatro o cinco segundos son poco tiempo, pero cuando trascurren en silencio y con la mirada fija, parecen eternos.

    – “Te quedaste callado”.

    – “Así es, porque nada tengo para agregar”.

    – “Los hombres luchan para conquistar”.

    – “Seguramente algunos, pero no es mi caso”.

    – “No vas a intentar convencerme?”

    – “La atracción no funciona así, no es un repaso de las virtudes del candidato, tampoco una serie de razonamientos correctos, y menos el resultado de una argumentación convincente. Se da o no se da, y en este caso no se dio, así que el asunto está concluido. Cambiando de tema, Lea, cuál es tu actividad?”.

    – “Soy estudiante de diseño gráfico y el próximo será mi último año”.

    – “Qué bien. Me viene a la memoria un amigo que está en tu misma situación académica, y hace poco ganó un concurso; como su obra le gustó a la empresa que patrocinaba el evento ahora le encargan trabajos y le proveen material nuevo para que lo pruebe. A tal punto anda bien que, a veces, necesita ayuda. Querés que te ponga en contacto con él, por supuesto, sin compromiso”.

    – “Encantada, me vendría bien hacer práctica”.

    De inmediato hice la llamada

    – “Hola Benjamín, estoy con una dama que el año que viene también termina diseño gráfico. Sé que a veces necesitás ayuda y pensé que podría ser este caso. Además es muy bonita, te mando foto”.

    La respuesta fue graciosa y elocuente.

    – “A ese bombón dale mi teléfono aunque no sepa leer ni escribir”.

    – “Hecho, un abrazo”.

    – “Lea, querés copiarlo?”

    – “Mejor mándame el contacto a mi celular”.

    – “Para eso necesito tu número y no te conviene, a ver si un día me da por acosarte”.

    – “Quiero que lo tengas”.

    Estaba terminando el trámite cuando le escuché a Carmela.

    – “Ya está, vamos”

    Por supuesto me levanté para despedirlas.

    – “Fue un gusto, que sigan bien”.

    La preciosura que me había sorbido el seso se fue sin hablar mientras que Lea se despidió besándome la mejilla.

    Si ver ese cuerpo aproximándose era para que se desbocaran los deseos y los sueños quedaran cortos, apreciarlo de atrás te dejaba al borde la esquizofrenia. Un par de nalgas moviéndose armónicamente, en elegante ondulación y buena tonicidad muscular, le dan la razón a un renombrado psicólogo cuando dice: El hombre camina con las piernas, la mujer lo hace con el cuerpo.

    Nuevamente solo no pude menos que felicitarme. Había logrado salir airoso del contacto con esa dama, disimulando que su belleza me tenía atado de pies y manos. Si no estaba a mi alcance por lo menos evitaría su coqueteo sabiéndome inerme.

    Estaba en esas cavilaciones cuando al levantar la vista la encuentro frente a mí.

    – “Bailarías conmigo?”

    – “Encantado”.

    Mi contestación fue sin mover un músculo de la cara.

    – “Estás enojado?”

    – “De ninguna manera, estoy asombrado”.

    – “Me podés contar por qué?

    – “Sería un necio negar que me atraés, pero de nuestra charla anterior di por sentado que esa atracción sería nada más que un deseo insatisfecho por inalcanzable. Sin embargo te tengo entre mis brazos, aunque sólo sea bailando”.

    Y ahí el mundo se me puso patas para arriba cuando me dijo al oído.

    – “Es que me gustás viejito”.

    – “Alto, alto, es una broma o pretendés matarme de un infarto?”

    – “Ninguna de las dos cosas. Quisiera conocerte mejor, nada más”.

    A partir de esa charla empezamos a frecuentarnos, pasados unos meses nos pusimos de novios y a los dos años nos casamos. Una sorpresa se dio a los pocos meses de noviazgo cuando me invitó a su casa para presentarme a sus padres. Casi se me caen los pantalones cuando descubrí que su padre, el dueño de la empresa y el gerente general eran la misma persona.

    Eso explicaba su presencia en la fiesta, si bien podía deberse a que Lea estaba de novia con otro empleado, a quien conocía de lejos, más o menos de la edad de ellas, de nombre Eduardo. La amistad de las mujeres se amplió abarcando a la pareja y así empezamos a frecuentarnos. De esa manera pude constatar que compartía más cosas con Lea que con su marido; este muchacho, con un físico muy cultivado de esos que solo sirven para exhibir, intelectualmente era lastimosamente básico y sus intereses se limitaban a mujeres, fútbol y dinero. La pareja llevaba casada casi el mismo tiempo que nosotros y tenían una hija de ocho años. Esta encantadora criatura había sido favorecida por la suerte, era un calco de su madre.

    En una de esas reuniones el mujeriego toco uno de los temas de su preferencia, preguntándome.

    – “Perdonarías una infidelidad?”

    – “Si es producto de una debilidad ocasional, sí”.

    – “O sea que si viene Carmela y te dice que tenés unos buenos cuernos, la perdonás”.

    – “Segurísimo que no”.

    – “Y lo que dijiste antes?”

    – “Los cuernos producto de una debilidad ocasional son incipientes, pequeños. Los que son buenos, importantes, frondosos, tienen origen en un engaño querido y prolongado”.

    – “A ver, explicate un poco”.

    – “Una debilidad ocasional tiene rasgos de espontaneidad, es algo no pensado ni buscado, como si cayeras en una trampa, una sorpresa que te agarró con las defensas bajas y te venció”.

    – “Pero puede ser que un tipo ejerza tal atracción en tu mujer que ella no pueda vencerla cada vez que se encuentran”.

    – “De acuerdo, pero en ese caso ya no es ocasional. Ahí la mujer, sabedora de su claudicación, tiene dos opciones, evitar los encuentros o hacerle saber al esposo que no va a luchar para sobreponerse. De esa manera el marido no va a sentirse traicionado y podrá tomar una determinación sobre el futuro de la pareja”.

    – “Podrían haber más perdones”.

    – “Imposible, porque el primer perdón excluyó cualquier otro”.

    – “No necesariamente”.

    – “Al contrario, lo puso como necesario. Si bien la actitud de perdonar fue instantánea, no se borraron los sentimientos originados por el engaño. Dolor, bronca, repulsión, asco, tristeza y todo lo que quieras agregar se irán apagando con el tiempo; tiempo de paciencia en el engañado y de esfuerzo en la infiel, mostrando palpablemente que se arrepiente de lo hecho y de que algo así no va a suceder de nuevo”.

    – “O sea que vos nunca te sumarías a las parejas liberales”.

    – “Francamente no me siento capaz de soportar ver a mi mujer con otro. Ahora va mi pregunta. Decime Lea, qué opinás del interés de tu esposo sobre mi postura. Cualquiera podría pensar que, o tiene intenciones, o la tiene a tiro, o ya se la tiro a Carmela”.

    Eso lo dije observando detenidamente las reacciones de mi mujer y, al verla palidecer, bajar los ojos y cerrar fuertemente los labios, me toqué la frente por si el tacto me indicaba alguna protuberancia.

    – “Eduardo, te cedo la palabra”.

    – “¡Cómo se les ocurre! solo fue simple curiosidad”.

    – “Menos mal, porque estoy muy conforme con mi matrimonio, amo a mi mujer y no quisiera perderla”

    Unos seis meses atrás le llegó la jubilación al gerente de finanzas y en la línea sucesoria normal estábamos los dos jefes de departamento que integraban esa gerencia. Para cubrir ese cargo mi suegro lo promovió a mi par. Sin duda yo hubiera querido ocupar ese puesto ya que significaba un progreso en la estructura, pero cualquiera de los dos era apto para desempeñar esa función, así que no me sentí molesto. Unos días después don Samuel me hizo llamar, algo poco frecuente pues en dieciséis años de trabajo creo haber entrado dos o tres veces a ese despacho.

    – “Don Samuel, me hizo llamar”.

    – “Sí hijo, me acompañás con un café”.

    – “Encantado”.

    Después de charlar un rato sobre distintos temas y habiendo consumido lo que teníamos servido, ya de pie para irme soltó la pregunta que no esperaba.

    – “Me ha llegado un rumor que estarías incómodo por no haber accedido a la gerencia de finanzas, es verdad?”

    – “No es verdad. Que me hubiera gustado no tenga dudas, pero mi postura es la siguiente. Desde que estoy en la empresa usted la ha manejado muy bien, los números y el ambiente de trabajo son testimonio de ello. Justo ahora que mi nombre está en danza va a cometer un error o una injusticia? No me parece razonable”.

    Mi suegro es un hombre parco, poco afecto a mostrar sus sentimientos por eso, si lo que sucedió me lo hubieran contado, diría que no puede ser. Cuando terminé de hablar, en su cara seria, empezó a dibujarse una sonrisa mientras me daba dos palmadas en la mejilla.

    – “Andá a trabajar, ya hemos vagado bastante”.

    Pasaron tres semanas y esta vez fue don Samuel en persona quien me llamó.

    – “Tengo ganas de tomar un café, me acompañás?”

    – “Encantado señor”.

    Con los pocillos a medio consumir me sorprendió con una interrogación

    – “La vez pasada me dijiste que confiás plenamente en mis decisiones, seguís en la misma postura?

    – “Desde luego señor”.

    – “Lo que he decidido te va a afectar bastante”.

    – “No importa, seguro que usted no me va a perjudicar”.

    – “Bien, vamos a la reunión dispuesta para dentro de cinco minutos”.

    Media hora atrás se había convocado a reunión en la sala de directorio y abarcaba hasta el nivel jefe de división. Cuando llegamos ya estaban todos y mientras yo me dirigía hacia el lugar que me correspondía mi suegro ocupó la cabecera.

    – “Señores los reuní porque quiero hacerles saber que he decidido dedicarme a la vagancia, estoy harto de verles las caras, y pretendo rascarme el ombligo a tiempo completo. Dentro de una semana asumirá como gerente general el caballero Leopoldo Benavídez. Su reemplazo será designado por el gerente respectivo. Escucho lo que quieran decirme”.

    La sorpresa fue general, incluyéndome. Don Samuel, luego de ver que no había preguntas, saludó y se retiró. El anuncio y la manera de hacerlo me permitió conocer más de cerca a los participantes. Ante algo inesperado es difícil preparar una actuación. Las felicitaciones se hicieron, algunas sinceras y otras pesarosas. Con esto mi situación económica pegó un salto importante porque, además del lógico incremento en mi remuneración, el dueño de la empresa me obsequió un quince por ciento del paquete accionario.

    Poco pudo rascarse el papá de Carmela. Una mala jugada de su salud lo hizo fallecer a los cinco meses de su retiro.

    La alegría por mi promoción tampoco duró mucho. Unas semanas después de la muerte de mi suegro, estando ambos mirando televisión, ella se levantó para ir al baño y en esa ausencia entró un mensaje a su celular. Al tocarlo se abrió la pantalla de whats app mostrando que el recién llegado era de Eduardo. Con la natural intriga lo dejé donde estaba y al regresar Carmela me avisé del sonido. En lugar de consultarlo donde estábamos se levantó. Al volver, sin que le preguntara, me dijo que era el chisme de una amiga.

    Esa noche cuando se durmió, luego de media hora, cuando es la fase de sueño profundo, me levanté y conociendo la clave, busqué el intercambio de mensajes. Al verlos la incómoda duda inicial se transformó en tristísima certeza. En el diálogo, el primer envío era de ella a Ricardo.

    – “Hoy hace un año nos dimos el primer beso en la cocina de casa”.

    – “Es verdad, pero eso fue el comienzo”.

    – “Sin duda, pero fuiste un hijo de puta, porque de inmediato me diste vuelta apoyándome sobre la mesa y, luego de levantar la pollera y correr mi bombacha me la metiste sin darme tiempo a lubricar”.

    – “Pero en tres minutos te dejé lubricada con leche, y bien que ahora te encanta”.

    – “Tenés razón, tu pija me tiene loca. Un beso en la cabeza de un solo ojo que lagrimea delicioso. Chau”.

    Después de fotografiar el diálogo volví a la cama aunque esa noche no dormí a pesar de la pastilla que tomé, pues todos los sentimientos negativos que uno pueda imaginar se juntaron para mi tormento. Esta situación no era ocasional, no respondía a una calentura, no era un desliz, esto ameritaba venganza a la máxima potencia y era imprescindible que planearla y ejecutarla debían hacerse con la mente fría. De todos modos tenía que ponerla al tanto a Lea aunque eso le trajera dolor.

    A la mañana la llamé pidiéndole reunirnos para tomar un café y charlar. Nos juntamos antes del mediodía cerca de su casa. El saludo, como siempre, fue muy afectuoso mirando, ella mi cara ojerosa y yo la suya intrigada.

    – “Te veo mal amigo”.

    – “Sí querida, es para estar mal”.

    – “Por Dios, contame qué sucede”.

    Simplemente tomé el teléfono, busqué la imagen y se lo extendí. Su cara enfocada en la pantalla mostró sorpresa, pero nada llamativo, lo cual me extrañó.

    – “Esto no es raro en él, pero nunca lo esperé de Carmela. Eduardo es una porquería, esta unión fue la peor elección de mi vida, lamento en el alma haber estado metida con él cuando te conocí, de lo contrario no te me habrías escapado”.

    – “Gran honor para mí, que también hice una mala elección”.

    – “Mi situación es mala, en la práctica soy una muerta de hambre, para todo dependo de él. Maldita la hora en que le hice caso de no ejercer mi profesión, para dedicarme solo a la casa. Si no fuera así hace rato me hubiera separado. Aguanto por Rocío que no tiene la culpa de mis errores”.

    – “Por favor Lea escuchá bien lo que te voy a decir, y te suplico que aceptes. Mi casa es tu casa, no esta donde vivo sino la que tengo desde antes de casarme, equipada al completo y a la cual solo tenés que llevar los enseres personales tuyos y de tu hija. Además yo voy a solventar todas tus necesidades, que no me cuesta nada porque estoy muy, pero muy bien económicamente. Y por último el estudio que lleva todas nuestras cuestiones legales te va a diligenciar el divorcio”.

    – “No puedo aceptar todo eso”.

    – “Sí podés y te ruego que lo hagas. Dejame que maneje los tiempos, yo te iré avisando. Mientras tanto haremos vida tan normal como esté a nuestro alcance. Primero les pondremos todas las trabas posibles para que no puedan juntarse y así incrementar el deseo, luego será el momento de facilitarles las cosas y entonces, con las defensas bajas, será el momento de arreglar cuentas”.

    Una decena de días coordinamos con Lea de manera tal que, siempre, uno de los amantes estuviera impedido de reunirse, sea con llamadas a concurrir de urgencia, sea con presencias inesperadas, sea con viajes imprevistos, etc.

    Como parte de las maniobras de acoso, un sábado, luego de la cena acordamos salir a tomar algo a una discoteca. No pasó mucho tiempo desde que llegamos hasta que el esposo de Lea la sacó a bailar a mi mujer y en seguida hice lo propio con esta amiga. Pasó un rato en que nosotros nos manteníamos expectantes sobre la otra pareja. Al ver que los amantes pegaban las pelvis, con los torsos separados y mirándose a los ojos, decidí intervenir. Apenas nos distinguieron se separaron abruptamente, sonriéndonos como quien nada reprochable hace.

    – “Te la robo un rato a mi señora”.

    – “Me parece muy bien si me devolvés la mía”.

    Realizado el cambio evolucionamos un rato al son de la música mientras la observaba tratando de leer en su interior.

    – “Me parece que Eduardo, si no lo hizo, está al borde de cruzar el límite de cercanía corporal con vos, cuidate”.

    – “No me digás que estás celoso”.

    – “No estoy, soy celoso, y mis celos se basan en que te amo. Si no te quisiera me importaría una mierda que te coja todo el Regimiento de Granaderos a Caballo, incluyendo los animales”.

    – “Esa no es tu manera de hablar”.

    – “Es verdad, a veces me pasa. Tocando este tema, suele suceder que las palabras no dan una idea cabal del significado de algo. Vamos a sentarnos, así la explicación será más clara”.

    Ya ubicados con la mano izquierda la tomé del pelo a la altura de la nuca inmovilizándola, mientras la derecha, abierta sobre su cuello, empezaba a cerrarse como tenaza.

    – “Lo que estoy haciendo es llamado, por los forenses, asfixia mecánica. Si veo que Eduardo invade tu intimidad, aunque sea poniendo sus labios sobre los tuyos, esto que sentís te va a parecer una caricia comparado con lo que tengo pensado para vos”.

    Cuando la palidez viró a ceniza la solté, coincidiendo con la llegada de nuestros amigos. Lea, viendo sus facciones desencajadas y la boca abierta buscando aire, se alarmó.

    – “Carmela, te pasa algo?”

    Por supuesto contesté yo.

    – “Sí, le estaba explicando, de manera práctica, lo que puede sucederle si observo un mínimo desliz en su conducta de mujer casada”.

    Como el ambiente de la reunión se había enrarecido decidimos regresar a casa. Recién ahí mi esposa rompió el silencio.

    – “Nunca me imaginé pasar por lo que me hiciste. Sos un monstruo “.

    – “Quizá no supe explicarme hace un rato. Si te hubiera dicho, en caso de infidelidad, voy a asfixiarte y luego arrancarte la tráquea lo hubieras entendido, sin embargo sentir que te falta el aire y ni siquiera podés articular palabra pidiendo auxilio, es la percepción de una vivencia y así lograste un conocimiento más profundo y amplio. Por mi parte estoy muy contento pues has entendido sin duda alguna lo que quise decirte”.

    – “No me animo a dormir en la misma cama, a ver si soñás que estoy con otro y me estrangulás. Me voy a la habitación de huéspedes”.

    – “Andá y no te olvides el celular, seguramente vas a tener mensajes o llamadas para que des detalles de lo que te pasó”.

    Era la declaración suficiente para que supiera que nosotros sabíamos, y de paso aumentar su nerviosismo.

    Transcurrido el lapso previsto anulamos toda presión, aunque no la vigilancia y un cierto direccionamiento para que la reunión fuera en casa.

    El aviso de él diciendo que llegaría más tarde, el llamado de Lea indicando el momento de salida de su casa, más la imagen de la cámara mostrándolo frente a mi domicilio eran la prueba de que había llegado el momento esperado.

    Le dije a mi secretaria que durante la próxima hora no me interrumpiera, pues deseaba concentrarme en el estudio de un contrato; si terminaba antes se lo haría saber. Esta comunicación la hice ya preparado para retirarme por la salida privada, vistiendo buzo de mantenimiento de una conocida empresa de servicios con la correspondiente caja de herramientas, y gorra bajo cuyos bordes asomaba una peluca.

    Un taxi me dejó a una cuadra de casa. Al entrar cambié la gorra por una capucha y anteojos oscuros, llevando a mano una correa, el celular robado, recientemente adquirido y una fusta con alma de acero. Al aproximarme al dormitorio, en el primer piso, los sonidos de un encuentro amoroso no dejaban lugar a dudas sobre la actividad en desarrollo. Desde la puerta filmé a los amantes hasta que sus caras se hicieron visibles y el macho comenzó el orgasmo. Ese momento de máxima indefensión era el elegido para acercarme pasar la correa por su cuello, ahorcarlo hasta que perdiera el conocimiento y luego llagarle el cuerpo a fustazos sin olvidar pene y testículos.

    Luego me volví hacia Carmela, que estaba desnuda y en posición fetal contra el cabecero de la cama tapándose la cara con las manos. Saqué su camisón de bajo la almohada y se lo tiré a la cara; como no reaccionó le bajé las manos para darle dos cachetadas e indicarle que se lo pusiera, y ya vestida tomándola del pelo, la llevé a los tropezones hasta la escalera donde, de un empujón la hice rodar.

    Me asomé al dormitorio y, al constatar que el averiado amigo y galán empezaba a moverse, volví sobre mis pasos. Luego de comprobar que mi mujer, aunque inconsciente, respiraba, recompuse mi atuendo anterior y regresé a mi oficina. La parte inicial de mi venganza había insumido cuarenta minutos. Ya con mi vestimenta habitual salí del despacho avisándole a la secretaria que estaría a media cuadra pues quería tomar un café al aire libre.

    Reflexionando sobre lo sucedido en la última hora vi que estaba todo razonablemente encadenado. A Carmela, seguramente la empleada la encontraría avisándome en seguida. De hallarla desnuda podría haber dudado, pero en camisón era más fácil suponer un accidente. A favor también estaba que ninguna superficie de mi cuerpo había estado visible y mi boca no había emitido sonido alguno. Desde luego que tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para no decirle <Buen viaje> en el momento de empujarla. Por último mi celular, dejado en el despacho, registraba tres mensajes entrados, atestiguando mi ubicación.

    Como resultado de la caída quedó sin movilidad en los miembros inferiores y con una reducción importante en los superiores.

    El hecho de que su madre tuviera una salud precaria, la ausencia de hermanos y los bienes de su padre en trámite de juicio sucesorio, hizo que yo fuera su único sostén para todo. Pese a estar convencida de que sus percances eran culpa mía, ningún hecho concreto lo corroboraba. No tenía más remedio que comerse doblada mi presencia.

    Su compañero de placer no se quedó muy atrás. Al día siguiente, cuando avisó que no podría presentarse a trabajar por una ligera indisposición, la oficina de personal mandó el médico auditor, que por supuesto no fue recibido. Cuatro días en la misma situación dieron pie para ser despedido. Era el momento de que Lea hiciera la mudanza.

    Para la inválida acondicioné una habitación de la casa con las comodidades y equipamiento necesario para su correcta atención, actividad que era llevada a cabo por un grupo de personas, amén de los profesionales de la salud. De esa manera mi presencia era esporádica y por una razón específica. Uno de esos días fui porque había soñado con ella y, al despertarme, sentía una cierta compasión por su estado. Entonces me acerqué a verla, dándole un rato libre a la enfermera que la cuidaba.

    – “Quién diría que hace un año vos recordabas, en un mensaje emotivo y nostálgico, el primer beso con tu amante. Al enterarme de eso caí en cuenta que yo también tenía algo para conmemorar aunque con tristeza; y el motivo eran los doce meses que, ignorante de todo, llevaba portando importantes y frondosos cuernos”.

    – “Hoy, las vueltas de la vida, te hacen esperar el segundo aniversario de ese acontecimiento postrada en una silla de ruedas, y con serias probabilidades de no vivir el tercero. Todavía dudo si acelerar tu deceso o seguir un tiempo disfrutando el padecer que muestran tus ojos. Con inmensa suerte el grupo económico construido por tu padre, y que yo manejo por disposición de él mientras aún vivía, da más que suficiente para pagar la gente que se ocupa de tus necesidades. Eso me permite venir solo cuando tengo ganas de contemplar la mísera situación en que estás y de paso renovar mi odio”.

    – “Quizá alguien podría tacharme de cruel y es posible que algo de razón tenga. Para contestar apelaría al conocido dicho <Al que critique mis pasos le presto mis zapatos>. Por el momento me resulta imposible atenuar el encono. Cuando me vienen a la mente los trecientos sesenta y cinco días luciendo puntas en la frente, ante la mirada de cientos de empleados, compasiva en los que me aprecian y complacida en los que me odian, se renueva con mayor fuerza el deseo de venganza, y disfruto verte hecha mierda”.

    – “Yo no fui la excepción e inexorablemente se cumplió el dicho <el cornudo es el último en enterarse>”.

    – “De todos modos, en esta espantosa situación hay algo que no logro comprender. La fortuna familiar te permitía ser totalmente independiente. El hecho de grabarse en tu memoria el día del beso hace presumir que con tu amante había una relación algo más que carnal. Pudiendo disfrutar en total libertad elegiste el riesgo, el peligro, las excusas mentirosas, las limitaciones en horarios, duración y lugar de los encuentros. No teniendo hijos que cuidar la única razón, que atisbo probable para seguir a mi lado, es aparecer ante el entorno como una señora respetable”.

    El tiempo se llevó, primero a su madre y después a ella, quedando como socio mayoritario de la empresa y dueño de las propiedades de ambas.

    Rehíce mi vida con Lea y de ella espero un hijo. El amor de madre e hija, profundo, íntegro y espontáneo, es el bálsamo que va sacando de mi corazón el odio que albergaba.

  • Gemelas idénticas cogiendo con gemelos idénticos

    Gemelas idénticas cogiendo con gemelos idénticos

    Hola, soy Lala, tengo 25 años, mido un metro ochenta, pelo castaño claro, ojos grises, mis medidas son 90-60-90, soy muy linda de cara, y tengo una hermana… gemela idéntica, Marcia, hasta el más mínimo detalle. Tanto que cuando “jugamos” entre nosotras jodemos diciéndonos que no es algo malo… Ya que es como masturbarnos frente a un espejo.

    Se imaginan que en el secundario era normal que si una tenía un examen, y no sabía, fuera la otra. O cuando nuestros padres castigaban a una, y esa quería que verse con un chico, la otra ocupe su lugar… Ni para ellos era sencillo descubrir quien era quien.

    Cuando vinimos a vivir solas a Buenos Aires, somos de un pueblo del interior de Argentina, a los 18 años, empezó nuestra vida sexual activa. Salir con chicos, masturbarnos y tener sexo entre nosotras en el departamento, cambiarnos de chico sin que se den cuenta… Miles hicimos.

    En enero, vacaciones de verano en nuestro país, las dos y nuestros novios alquilamos un departamento en Pinamar, una ciudad balnearia preciosa, y fuimos quince días de vacaciones. Normalmente, usábamos mallas diferentes porque yo no banco mucho a su novio y no quería “confusiones”.

    Una tarde estábamos los cuatro en la playa tomando sol nosotras y nuestros novios jugando al volley-playa. Me puse boca abajo y de pronto vi algo que siempre quise ver, incluso era una fantasía sexual con mi hermana: dos muchachos, también gemelos idénticos, sentados a unos 10 metros de nosotras, con dos chicas.

    -Marcia, loca, me estoy empezando a mojar por dos chicos… nuestro sueño. Mirá.

    Ella me miró y le señalé a los chicos.

    -Gemelos idénticos… y están fuertes… y parecen altos… justito, me los como.

    -Cuidado, viene Carlos. Dije. Carlos era su novio.

    -¿Todo bien Marcia? Le dijo.

    -Perfecto amor… Lala, ¿vamos al agua? Me dijo mirando a los chicos que iban al agua.

    -Dale, vamos. ¿Carlos? Si no venís, le avisas a Julio por favor.

    -No hay problema, me dijo amargo como siempre.

    Las dos íbamos y nos mordíamos los labios. Ellos iban con sus chicas, pero poco nos importaba. Ellos entraron al mar, y nosotras atrás. Cuando estuvimos cerca uno de ellos nos vio, y se quedo duro. Le dijo algo al hermano y también nos miró. Los dos se acercaron y sus novias pegotes atrás.

    -¿Gemelas idénticas? Dijo uno.

    -Igual que Uds. Dije.

    -Increíble, estadísticamente casi imposible encontrarnos los cuatro al mismo tiempo. Dijo el otro

    -Ingeniero, plomo. Soy Sergio, el plomo de mi hermano, Toño. Nuestras novias, Tere y Julia.

    -Hola, Maca yo, Lala ella. Parece que como nosotras, nunca les pasó. Dijo mi hermana.

    -Nunca, que loco.

    -Chicos, vamos al parador a tomar algo. Dijo una de las novias.

    -Sí claro, las tenemos que invitar a tomar algo y charlar. Dijo Sergio

    -Eh yo te de

    -Genial, pero no es necesaria la invitación estamos con nuestros novios, vamos los ocho. Dije mirando a la amargada.

    -Vamos a buscarlos, dijo Toño.

    -Julio, Sergio, miren, otros gemelos idénticos, vamos a tomar algo, vengan.

    -Ah bueno, dijo mi novio poco contento por nuestro encuentro.

    Fuimos al parador y nos sentamos en dos mesas uniéndolas para entrar todos. Solo hablábamos los gemelos y nosotras, los respectivos novios/as, callados y con una cara de culo feo tremenda. Los chicos nos gustaban a las dos, y por sus caras y gestos, nosotros a ellos. Yo había levantado un bolsito, donde tenía mi celular. Lo saque y lo puse sobre la mesa. Sergio puso el suyo al lado del mío. La charla siguió y unos minutos después, Sergio dijo:

    -Perdonen, voy al baño del parador. Se levantó y tomo mi celular en vez del de él. Nadie lo notó. Cuando volvió lo puso al lado del mío.

    Durante un rato nos intercambiábamos anécdotas, maldades hechas, y nos reíamos. Nos despedimos con un beso, y Sergio aprovecho saludarme y me dijo “Sergio playa”. Ellos y sus novias se fueron para su lugar y nosotros al nuestro. Nuestros novios, fueron al agua, y de inmediato agarre mi celular. Busque en contactos y allí “Sergio Playa”. Necesitaba saber si podía darme cuenta de donde eran.

    -Marcia, son de Capital…

    -Mmm. Que pena… Me dijo sonriendo perversa.

    Sergio no paraba de mirarnos. Tome el celular de mi bolsito y lo llamé.

    -Hola Sergio. Soy Lala.

    -Si señorita, dígame.

    -Grábalo, es el mio. Silencia Whats que te paso por mensaje el contacto de Marcia.

    -Como no señorita. Puede ser que haya consultado por un auto allí.

    -Sos tremendo, que amargas las chicas. Se pusieron celosas.

    -Totalmente, como los otros modelos, no me caen bien.

    -Ni loca te doy treinta años guacho,

    -Gracias, muchas gracias. Su modelo me gusta. No es ni viejo ni nuevo.

    -¿Cuándo vuelven a Capital?

    -Señorita, imposible ir ahora, estoy en la playa, termina esta quincena y vuelvo.

    -Perfecto. ¿Nos van a llamar?

    -Eso no lo dude señorita, con mi hermano estamos muy interesados en comprar lo que ofrecen.

    -A ver como te las arreglas ahora. Besito bombón.

    -Gracias por su llamado y le mando un afectuoso saludo.

    Cortó y los dos nos sonreíamos.

    -¿Qué te decía? Me preguntó Marcia.

    -Hacía que hablaba con una concesionaria de autos el guacho. Termina la quincena y vuelven. Cuando le pregunte si nos iban a llamar, me dice: “Eso no lo dude señorita, con mi hermano estamos muy interesados en comprar lo que ofrecen.”

    -Estos son tan tremendos como nosotras.

    -No lo dudes.

    Le pase el contacto de Marcia y me contesto con el emoji de una carita con una sonrisa tremenda y me paso el contacto de Tincho. Le pase los dos contactos a Marcia y me dijo:

    -Lala, me estoy mojando pensando en la joda que vamos a armar con estos dos.

    -No tengo la menor duda.

    Faltaban cinco días para volver a Capital. Los mensajes por whats, eran constantes. Entre los cuatro. Y cada vez más picantes. Era claro, que Tincho quería a Marcia y Sergio a mí, pero para nosotras, por ahora era difícil identificarlos, y creo que lo mismo para ellos. Al atardecer del último día en Pinamar Marcia de dice:

    -Toño esta prendido fuego totalmente. Le mandé unas selfis mortales, pero sin mostrar nada.

    -Lo mismo hice con Sergio. Mismo resultado.

    -Escuchame, nosotras nos bañamos juntas habitualmente. Los chicos no van a sospechar nada si hoy también lo hacemos, y aprovechamos para hacerles una video llamada la dos jugando con las mallas puestas bajo la ducha.

    -Sos tremenda, también estas prendida fuego…

    -No lo dudes. ¿Qué te parece?

    -Le mando un mensaje a Sergio y le aviso de la video sin decirle lo que vamos a hacer, y que cinco minutos antes, le vuelvo a avisar, “haber si quieren hacerla”.

    -Dale.

    Ellos estaban a uno 10 metros esa tarde, y por suerte los podíamos ver. Sergio recibió el mensaje y se tapó la cara. Le mostro el celu a Toño y nos mandaron un Ok. Volvimos al departamento, y preparamos todo para bañarnos. Mire a mi hermana y me hizo que sí con la cabeza. Le mande el aviso a Sergio y me mandó el Ok.

    Entramos al baño y abrimos la ducha, hicimos la llamada y aparecieron ellos. Estaban en la calle.

    -Hermosos, dijo Marcia.

    -Son dos reinas Uds. Dijo uno de ellos.

    -Gracias Sergio. Dije.

    -Desgraciada, como sabes que soy Sergio.

    -La llamada la hice a tu celu, y lo agarras como en la playa.

    -Muy buena, entonces sos Lala.

    -Si, nos estamos bañando juntitas, las gemelas, miren.

    -Por favor, nos van a matar con esta llamada, vamos a quedar…

    -¿Pelotudos o calientes? Preguntó Marcia.

    -O las dos cosas. Dijo Toño.

    -Miren. Y las dos nos apoyamos los pechos y nos los refregábamos.

    -Ah… eso no lo hacemos ni locos nosotros…

    -¿No juegan los hermanitos….? Que triste. Dijo Marcia.

    -Ni loco juego con este. Dijo Sergio.

    -Nosotras sí, miren. Dije y nos dimos un tremendo beso con Marcia.

    -Super pelotudo y super calientes.

    -Y muchas otras cosas más… Dijo mi hermana.

    -Somos muy “juguetonas”. Nos gustan los juguetes.

    -Chicas, nos están haciendo mierda, se lo imaginan.

    -Por eso hicimos la llamada… para convencerlos que nos llamen…

    -No era necesario. Pero bienvenida la llamada.

    -Chicos, les mando un beso, Sergio, para vos dos. Dije.

    -Toño, dos para vos, para Sergio, uno y medio.

    -Dos besos a cada una. Dijo Toño.

    -Dos besos y una mordida donde más quieras Lala.

    Me corrí el corpiño de la malla y tapando con un dedo el pezón le dije: “Acá” y corte. Deje el teléfono fuera de la ducha y nos hicimos terribles pajas mientras nos besábamos y chupábamos nuestras tetas. Cuando salimos de la ducha había mensajes en los dos teléfonos. En el mío de Sergio: “Tremenda mina sos, me estas volviendo loco boluda”. “Eso quiero.” Le conteste.

    Al día siguiente, un miércoles, llegamos a nuestro departamento por la tarde. Pusimos todo lo que había para lavar y salimos a hacer algunas compras. Estábamos por cenar, y por mensaje me pregunto si podíamos hacer una video. Le dije que sí y le avise a Marcia que estaba en el cuarto. Estaba entrando al comedor cuando.

    -Hola hermosas. Dijo uno de los dos.

    -Dos reyes. Contesté.

    -Hola Lala. Dijo uno.

    -Hola Sergio. ¿Cómo te diste cuenta?

    -Invertiste el saludo de la video de ayer.

    -Me cagaste.

    -Hola muchachos. Dijo mi hermana.

    -Hola a las dos más hermosas de Pinamar. Dijo Toño.

    -Exagerados.

    -Esto de hablar de a cuatro es un quilombo. ¿Salimos a cenar el viernes?

    -Supongo que los cuatro. Dije.

    -Por supuesto. Dijo Sergio.

    -No hay problema, donde quieren ir. Pregunto así sabemos como arreglarnos. Dijo mi hermana que al contrario que yo, siempre está en esos detalles.

    -No quiero que piensen cualquiera por lo que voy a decir, pero después de hablarlo con Sergio queremos proponerles algo.

    -Mmm. Dale Toño. Dije.

    -Es muy evidente que entre los cuatro hay una tensión sexual evidente.

    -Calentura. Dijo Marcia.

    -En castellano antiguo, como dice Marcia. En el parador pudimos hablar poco y nada de nosotros personas, y después todo fue subiendo de tono, no está mal, me encanta, y también estoy caliente, lo aclaro para que no me mal interpreten, pero sería genial, sabiendo que vamos a terminar en una joda, tomarnos el viernes, la cena, la salida, para conocernos como personas. Pareceré un boludo, pero no quiero que todo empiece y termine en un polvo. ¿Qué opinan?

    -Me parece una muy buena idea. Dije.

    -Te arriesgas a que no nos gustemos como personas y no termine pasando nada. Dijo Marcia.

    -Lo sé muy bien y que Sergio me va a cagar a trompadas seguro, si pasa eso. Dijo Toño.

    -Marcia, yo estoy de acuerdo. Dije.

    -Yo también.

    -Gracias por salvarme de las trompadas porque no lo acepten… Dijo Toño.

    -¿Quieren elegir el lugar? Dijo Sergio.

    -Tu hermano hizo la propuesta, vos elegí el lugar. Dije.

    -Nosotros vamos a ir de Elegante Sport. Dijo Sergio.

    -Perfecto. Dijo Marcia.

    Cortamos y las dos nos quedamos mirándonos.

    -Psicóloga, ¿Qué pensas? Me pregunto Marcia.

    -Que Sergio no era Sergio, era Toño. La propuesta es Sergio.

    -¿Por qué te parece eso?

    -Porque se parece mucho a la forma que uso para los mensajes, siempre jugando pero muy respetuoso. Nunca cruzo los límites que el mismo puso. Dije.

    -Lindo desafío tenemos en frente. Me dijo Marcia.

    -No lo dudes. ¿Vos que opinas?

    -Puede ser, el Sergio de hoy estuvo muy callado, cuidándose de hablar.

    Te propongo jugar una carta brava. Vestirnos diferente las dos. Ellos proponen conocer las personas, pues vamos las personas, no las jugadoras.

    -¿Vamos a decir quiénes somos?

    -Sí, cada una con su nombre.

    -Me gusta la idea. Y si vienen vestidos iguales se van nos van a preguntar porque vamos diferentes, los vamos a poner incomodos. Dije.

    El viernes les pasamos nuestra dirección y puntualmente, a las 21 nos avisaban que estaban abajo. Cuando íbamos en el ascensor le pedí a Marcia que se demore unos segundos en salir y que me deje salir primero. Salí del ascensor y estaban parados a una distancia suficiente para poder ver como uno de ellos cerraba los ojos cuando salió Marcia del ascensor. La esperé y le dije: “El de la derecha es el de la idea, estate atenta”. Marcia estaba hermosa, con una falda tubo negra, camisa blanca con bordados negros y una cartera de mano negra. Yo con uno traje de hilo natural y una camisa blanca. Las dos con taco bajo.

    -“Hola Sergio” Le dije al que cerro los ojos y él se quedó un segundo sorprendido.

    -¿Cómo sabes que soy Sergio?

    -Lo sé, en esta te agarro desprevenido. Mostrame los documentos. Y eran los de Sergio.

    -“Hola Toño”. Dijo Marcia.

    -Me cagaste, ¿quién sos?

    Marcia saco los documentos y se los mostro.

    -Es Marcia. Dijo Toño y los cuatros nos saludamos con un beso en la mejilla.

    Ellos andaban en un Audi A4 negro impecable. Sergio abrió la puerta de atrás del lado del acompañante y me invito a sentarme. Toño la de atrás del conductor. Y Toño se sentó al volante.

    -¿Por qué te cuesta asumir que sos un caballero, un hombre con principios y valores muy altos Sergio? Pregunté.

    -Mierda, ¿Por qué decís eso?

    -Porque ayer se cambiaron los nombres, ayer vos eras Toño.

    -¿Cómo podes saberlo?

    -En la playa dijiste que Toño era ingeniero. Auto alemán, tecnología exquisita. Maneja Toño, sabe perfectamente donde vamos. Vos sos abogado, o escribano.

    -Y vos sos psicóloga o analista de personal. Dijo Toño.

    -Soy y trabajo de. Bien Toño.

    -¿Y yo? Dijo Marcia.

    -Vos sos una cañita voladora, lo contrario a tu hermana. Me das para dos cosas totalmente diferentes: Médica pediatra de terapia intensiva o Programadora Señor. Dos trabajos duros, con muchas presiones, sobre todo el de médica. Necesitas una válvula de escape.

    -Estuviste cerca. Haciendo la especialización en terapia neonatal.

    -¿Por qué se vistieron diferente?

    -Fue idea de Marcia. Vos dijiste de hacer una salida para conocer las personas, pues estas somos las personas, diferentes una de la otra. Dije.

    -Quedamos como unos boludos. Dijo Sergio

    -No lo dudes. Pero te felicito por la idea hermano, estas dos mujeres me encantan. Y realmente va a ser un placer la noche. Dijo Toño.

    -Gracias. Dijo Marcia.

    -Llegamos. Dijo Toño.

    Era uno de los restaurants de Puerto Madero. De los más renombrados de Buenos Aires. Bajamos y Sergio me abrió la puerta. Toño a Marcia, le dio las llaves al Valet Parking y Sergio me ofreció su brazo para entrar. Ellos habían reservado mesa y el maitre nos guio.

    Nos sentamos y nos preguntaron que íbamos a beber. Las dos elegimos vino, a su elección. Toño una gaseosa. A Sergio se lo notaba incómodo.

    -Sergio, ¿queres que dejemos todo en la nada y nos vayamos ya mismo? Le pregunté.

    -No, ¿por qué lo decís?

    -Es evidente que estás incomodo, que algo te molesta. No tengo que ser psicóloga o analista de personal para saberlo.

    -Sinceramente, no esperaba a estas dos mujeres. Y sobre todo me desarmaste al darte cuenta quien era. Y siento que me vas a estar analizando todo lo que hago.

    -Vamos entonces. Dijo Marcia.

    -No por favor. Dijo Toño.

    -No, en serio. Dijo Sergio.

    -Sergio, escuchame, estoy acá como mujer, no como profesional. Quiero cenar con vos, y con Toño claro. Pero entre los dos hay atracción, no me jodas. Y en mi caso, no solo física, sexual. Pero quiero que estés a gusto, no temeroso de cada cosa que decís, cuidándote. ¿Puede ser?

    -Dale. Y en serio fue lo que dije en la video. Y también me atraes.

    -Genial. Toño me miró y sonrió.

    -¿Sus novias? Preguntó Marcia.

    -No tengo. Se puso muy pesada con dos chicas que conocimos en Pinamar, dos hermanas. Unos celos tremendos. Al pedo. Porque no pasaba nada. Dijo Toño.

    -Ingeniero, 2+2 es cuatro y no jodan. Dijo Marcia mirando a Toño, que sonrió.

    -La mía supongo que mirando TV, Amazon o Netflix, y a punto de llamarme para ver como va mi cena con colegas. Dijo Sergio sonriendo

    -¿Tu novio Marcia? Pregunto Toño.

    -“estuvimos bastantes días juntos, necesito aire, te veo en una semana”.

    -Mujer de carácter, me gusta eso. Dijo él.

    -El mio supongo que en la cancha, jugando con los amigos al futbol, como todos los viernes. Dije.

    -Viven juntas por lo que contaron.

    -No, compartimos departamento, ella tiene su cuarto, su vida. Yo el mío y mi vida. Dijo Marcia.

    -Normalmente no compartimos muchas cosas… excepto buenas ocasiones… Dije.

    -¿Uds. viven juntos? No los veo viviendo juntos.

    -No, cada uno en su lugar. Sergio su departamento de Capital, yo en mi quinta. En Pilar.

    Y la charla fue fluyendo, Sergio se pudo relajar y por fin ser Sergio. La comida estuvo excelente, creo que no dejamos temas importantes de que hablar, cada uno marcando su posición.

    Estábamos en los postres, cuando Toño dijo:

    -De nuevo hermano, una gran idea.

    -Hasta yo me admiro de mi idea. Les propongo ir a tomar el café a un lugar en el bajo, muy bohemio. Buen ambiente. Dijo Sergio.

    -Vamos. Dije mirándolo a los ojos. Me atraía en serio. Gestos, miradas, ideas, pensamientos.

    -Chicos, si Uds. quieren hace la suya, no hay problema, nos movemos en taxi o remis. Dijo Sergio.

    -Yo no tengo problemas, ¿Toño?

    -Salimos los cuatro, volvemos los cuatro. Conozco donde quiere ir Sergio, me gusta.

    Los cuatro fuimos, pero ahora, Marcia iba con Toño adelante y yo cono Sergio atrás.

    -Lala, perdoname el mal momento que te hice pasar. Dijo Sergio acercándose.

    -No te preocupes, está todo bien entre nosotros. Por lo menos de mi parte.

    -De la mía, más que bien.

    Llegamos al café y le dije a Sergio de quedarnos en la barra. Toño y Marcia fueron a una mesa.

    -Perdoname, pero soy mujer de barra. Dije.

    -¿Cómo es una mujer de barra?

    -Sabe lo que quiere, y normalmente sabe como conseguirlo, segura de sí misma, va al frente, peligrosa para algunos hombres, una incógnita para otros, para otros la mujer que querrían tener y finalmente, para unos muy pocos, su mujer ideal.

    -¿Tan así? Me preguntó

    -¿Yo o la definición?

    -Vos.

    ¿Puedo decirte cuál de las tres posibilidades me caben?

    -Dale.

    -De lo que conozco, la tercera, y la segunda.

    -Señorita, ¿Qué va a tomar? Me pregunto en mozo.

    -Algo bien femenino. Un whisky doble solo, ni hielo, soda nada.

    -Mujer de barra, bienvenida señorita. Dijo el mozo y Sergio se rio.

    -Es lo que me acaba de decir. Un whisky con hielo para mí. Gracias.

    Sos brava en serio.

    -Y vos muy lindo.

    -Cagamos, soy igual que mi hermano.

    -Vos sos más dulce, mucho más. Podes estar muriéndote por romperle la boca a una mujer, y vas a dar el beso más tierno del mundo.

    -¿Y vos?

    -Mira que hora es. Entre los próximos 10 y 15 minutos, y sin mirar el reloj o el celular, te parto la boca de un beso si seguimos hablando, claro. Te llaman…

    -Hola. Si, estoy con amigos en un bar. Dale, nos vemos. Y cortó.

    -Te falto el besito. Le dije.

    -No beso cuando no tengo ganas. Me dijo mirándome a los ojos.

    -Srta. su whisky, caballero, el suyo.

    -Gracias. Dijimos los dos.

    -A tu salud. Dije.

    -Salud. Dijo.

    Chocamos los vasos y tome un buen trago. Él se quedó mirando.

    -Dale, habla. Le dije.

    -Ayer cuando dije de salir como personas, fuiste la primera que dijo que sí. Tenes novio. ¿Por qué?

    -Sergio, las mujeres en serio cambiamos, y siempre hay que tener un lugar donde rascarse. No me gusta tener que salir a buscar un tipo cada vez que quiero sexo. Tengo un sex toy, que sirve hasta ahí.

    -Ah, claro… Dijo perplejo.

    -¿Preferís que te diga que tuve tres novios o que me encame con cuarenta? Pregunté.

    -Sos pesada en serio, la puta. ¿Y con Marcia?

    -Somos bisexuales las dos. Y dos mujeres. ¿No te pasa que sentís que dejaste de ser hermano de Toño y es tu amigo?

    -Eso es cierto. Totalmente cierto, es mi mejor amigo. Dijo.

    -Ves. Nosotras somos mujeres, y Uds. los machos, ven de distinta forma a dos mujeres besándose que a dos hombre.

    -No lo dudes.

    -Yo también, te aclaro. No me excita para nada ver a dos hombres besándose, pero si dos mujeres. Como a vos cerdo.

    -¿Por qué decís eso?

    -Bien que te calentaste en la video cuando nos morreamos las tetas y nos besamos. Dije.

    -No lo dudes.

    -Hablando de eso, me debes un beso.

    -Espero ansioso dártelo.

    -Mira que soy muy impaciente. No vaya a ser que me canse de esperar. Dije.

    -Me estás haciendo la psicológica.

    -No boludo, te estoy seduciendo. A mi manera, a la manera de una mujer de barra.

    Tome mi vaso y dio otro trajo. Mire el vaso mientras lo apoyaba en la barra. Hice que se ponga frente a mí y le partí la boca de un beso mientras lo abrazaba por el cuello y acariciaba su nuca.

    -Lala, cuidado, nuestro dentista está de vacaciones. Me grito Toño.

    -Tranquilo Toño, todavía no entre en calor. Le conteste y todo la gente del bar se rio.

    -Señores, todavía quedan mujeres de barra gracias a dios. Grito el mozo y todos aplaudieron.

    -¿Estás bien? Le pregunté.

    -Doce minutos. Hija de puta, ni miraste la hora.

    -Te pregunte si estas bien, no seas cagón y decime.

    -Muy bien.

    Tome otro trago, vaciando el vaso. Le hice una seña y el mozo me trajo otro doble.

    -Invitación de la casa. Sabe cuánto hace que no viene una mujer de barra. Ahora son todos gatos los que vienen, y hay una diferencia abismal.

    -Gracias.

    Tome un trago y lo mire a Sergio.

    -Creo que te van a cagar a palos. Le dije y me miró soprendido.

    Sergio, yo tengo un gran defecto. Desde muy chiquita. No se compartir. Y otro más chico, producto de haber corrido en natación de chica. No me gusta ser la segunda.

    Si te intereso, cuando hayas cortado con tu ex, me llamas. No antes. Y no dudo de tu honestidad. Por eso te lo digo y no te voy a pedir que me des pruebas de haber cortado.

    Y ni pienso compartirte con mi hermana.

    -Claro que me interesas. Y mucho, mucho más de lo que te imaginas. Mañana te llamo.

    -Pruébame ahora que te intereso. Partime la boca.

    Y me tomo de la nuca y me partió la boca de un beso mientras yo le clavaba las uñas en el pecho.

    -Ah bueno. Estos dos van con todo. Sergio, irreconocible estas. Grito Toño.

    -Me topé con una mujer de barra hermano. Contestó

    -Agarra el vaso y vamos con ellos.

    Hola chicos.

    Sergio, sentate. Dije y me senté en sus piernas.

    -Toño, te cagaron la fantasía. Dijo Marcia.

    -¿Por qué?

    -Mi hermana no comparte nada, no es como yo.

    -Amargada. Dijo Toño.

    -Antes de hablar, cuenten de Uds.

    -Me conoces Lala. Dijo mi hermana.

    -Mucho. ¿Toño?

    -Como yo con Sergio, totalmente diferente a vos.

    -Con eso no descubrís nada nuevo.

    -Mañana la paso a buscar y salimos a almorzar y a pasear. Dijo Toño.

    -¿Ella sabe? ¿Aceptó?

    -Sabe y acepto. Dijo él.

    -Wow, estás acelerada hermana, siempre la segunda era un café.

    -¿Qué hay sobre la mesa? No soy vos que se baja una botella de whisky como si nada.

    -Solo vas dos vasos de whisky, ni llegue a un cuarto de botella, me estoy comportando.

    -Partiéndole la boca, dale.

    -Marcia, no voy a dormir en casa. Sergio me va a invitar a dormir en su departamento.

    -No hay problema, mejor, así lo invito a Toño a charlar tomando café.

    -¿Sergio, tenes whisky en tu departamento?

    -Sí, claro.

    -¿Y qué esperas para invitarme a tomar un whisky?

    -Pagamos y vamos. Dijo Toño.

    Subimos al auto y con Sergio íbamos a los besos en el asiento de atrás. Nos dejó en su departamento que en realidad era un piso.

    -¿Vivís solo?

    -Sí vivo solo.

    -Hermoso. Me encanta como lo tenes decorado.

    -Gracias. ¿Te sirvo el whisky?

    -Dale, y baja las luces.

    Sirvió los dos whisky`s y le dije que se siente en frente mío.

    -Sergio, esta soy yo. Si intentas cambiarme, me veras desaparecer. Llena de errores y algunas virtudes, pero soy yo. Guarra, loca, profesional, soñadora y mil cosas más. Nunca un hombre me generó las ganas de hacer de hacer lo que voy a hacer. Solo vos. Juego a fondo, pido lo mismo; me comprometo en serio, pido lo mismo; me entrego por completo, pido lo mismo; respeto a rajatabla al otro, pido lo mismo. ¿Estamos de acuerdo en eso?

    -Totalmente de acuerdo Lala.

    Me paré y fui hasta él, le bajé los pantalones y el bóxer. Su pija estaba empezando a tomar vida. La empecé a chupar despacio, disfrutando como se ponía dura al contacto con mi boca. Mientras lo hacía me fui quitando la ropa. Lo miraba a los ojos y veía en ellos como gozaba mi chupada. Se puso bien dura y erecta, recta como un asta bandera. Yo chupaba sus bolas, lamía desde ellas hasta la cabeza de su pija. Era de un excelente tamaño. Me costaba meterla por completo en la boca. Me termine de sacar la pollera e hice que se sentara. Gire 360 grados sobre mí misma y le mostré mi culo.

    Busque mi vaso y le di un trago. Lo deje en el piso, cerca. Me subí sobre él, con las rodillas al costado de su cadera. Tome su pija y la guie a mi concha. Fui bajando de a poco, hasta meterla totalmente en ella, y comencé a mover mi cadera en círculos lentamente. Puse mis codos en sus hombros y apoye los pechos en su pecho.

    -Sergio, esta es la amante que vas a encontrar en mí, la que va a estar feliz cogiéndote cuando vos se lo pidas. Dando todo de sí para darte el placer que una amante sabe dar.

    Empecé a subir y bajar lentamente mientras lo besaba en la boca, en el cuello, me frotaba despacio sobre su pecho velludo, y gemía como una gata, de placer, no estaba fingiendo nada. Estaba siendo lo que quería ser, la amante de mi hombre. Su respiración como la mía empezó a agitarse, y sus gemidos a salir de su boca. Sentía un placer total cogiéndolo de esa forma. Llegó mi primer orgasmo mirándolo a los ojos, apretando su pija con mi vagina, y con un suave grito de placer. No me detuve, al contrario. Mis movimientos se aceleraron producto de mi agitación. El respiraba muy agitado y cada tanto gemía de placer. Sus manos recorrían mi espalda y acerque su cabeza a mi pecho más sensible para que lo chupe. Lo besaba, chupaba, succionaba mi pezón, como no recuerdo otro. Tuve un segundo orgasmo clavando mis uñas en su pecho. Lo bese con todas mis fuerzas y al oído le pregunte:

    -¿Te gusta como te coge tu amante?

    -Me vuelve loco.

    -Disfrútame mi amor.

    Escucharme decir eso me encendió con todo porque lo dije sin pensar lo que decía, fue lo que me nació. Me excite más cuando él me apretó las tetas con sus manos. Casi que saltaba sobre su pija. Fueron minutos geniales, entregando todo a ese hombre. Me aviso que iba a acabar y más loca me puse. Sentir como su pija bañaba mi concha de su esperma, me llevo a un orgasmo tremendo. Apreté su pija con todo con los músculos de mi concha y lo bese con todas mis fuerzas. Me separe un poco y me sonreí al ver su cara de placer.

    Me puse de rodillas y volví chupar su pija. Mientras, juntaba su leche y mis jugos con mis dedos y me fui abriendo el culo para recibirlo. Cuando su pija estuvo limpia, le dije: Totalmente limpia, pero voy a seguir usándola. Volví a chupar y por suerte logre hacerle mantener la erección. Cuando sentí que mi culo estaba lo suficientemente dilatado, lo volví a montar. Sin sacar los dedos hasta que con la otra mano apoye su pija en mi orto. Lentamente la fui metiendo y sacando un poco solamente, fueron varios los minutos que me llevo meterla toda, en medio de gemidos y quejidos.

    -Listo, toda adentro. Es grande, cuesta. Ahora soy la puta que todo hombre quiere tener, esa que no pide nada a cambio, que solo goza el placer que el hombre decide darle. Tu puta personal, únicamente tuya.

    Por suerte mi culo se acoplo rápido a tremenda pija, mis movimientos ascendentes y descendentes, cada vez más rápidos terminaron de abrir bien mi orto.

    -Ahora sí, está listo. Quiero que me cojas el culo. Quiero que me muestres que me aceptas como tu puta, que realmente queres que sea tu puta pervertida, procaz, decime como queres que me ponga y cogeme. Bien cogida.

    Me hizo poner como perrito y me metió toda su pija en el culo bien hasta el fondo. Entraba y salía como un animal de mi culo con su pija.

    -Así mi hombre, mi macho, goza de mi cuerpo, sos el único que puede hacerlo, soy tu puta, no una puta.

    El cada vez se excitaba más. No pasó mucho hasta que acabo bien adentro de mi culo sosteniéndome contra él tomando firmemente mi cintura. Cuando la soltó, me voltee y nuevamente le chupe la pija. Me pare y lo mire a los ojos. Tenían un brillo magnífico, le pregunte por el baño y fui. Me lave la boca, me di una ducha y volví a sentarme frente a él, después de tomar mi vaso de whisky.

    -Hasta aquí llegue yo Sergio, mostrarte la mujer que soy, la que quiero ser en tu vida. Pero falta una parte, y es “la mujer”, esa la vas a descubrir, cuando decidas hacerme el amor, y no coger. Hasta ese momento, no vamos a volver a coger. No tiene sentido ni valor si vos no me haces el amor. Quiero ser tu puta no una puta, porque no lo soy. Quiero ser tu amante, no una amante, porque no soy amante de nadie.

    -No solo me hiciste mierda sexualmente hablando, también la cabeza. Te veía e imaginaba distinta al resto, pero nunca tremenda mujer. Tenes más ovarios que yo pelotas para ir al frente y mostrarte tal cual sos. Y eso me genera admiración. Nunca tuve una amante, y a tu lado no la voy a necesitar, sos la perfecta amante. Y la perfecta puta.

    Se puso de pie, y se acercó a mí. Me dio un hermoso beso y me tendió su mano para ayudarme a levantarme. Lo hizo y me abrazo dándome un beso increíble. Caminamos abrazados a su cuarto. Dejó la luz apagada, y la habitación estaba iluminada solo por un gran ventanal por donde entraba la luz de la luna y de la calle. Abrió la cama y nos acostamos. Me rodeo con sus brazos y me besaba con un ternura infinita. Lentamente fue bajando, recorriendo el centro de mi pecho con sus besos. Fue al pecho que le había mostrado y me dio un fuerte mordisco. Di un grito de dolor.

    -Promesa cumplida. Dijo sonriendo.

    -Hijo de puta, me mataste. Le respondí.

    Ahora sí me lo besaba, succionaba, mordisqueaba mi pezón. Me volví a excitar con todo y el claro que se dio cuenta. Paso al otro pecho, mientras una de sus manos lentamente me acariciaba la concha y el clítoris. Me estaba volviendo loca por completo. Su boca fue a mi clítoris y lo aprisionó con sus dientes jugando con su lengua con él.

    -Maldito desgraciado, me estás haciendo mierda.

    -Tu turno de gozar mi amor. Dijo.

    “Mi amor”, me cocino por completo la cabeza. Su boca fue a mi concha que derramaba mis flujos en cantidad. Su lengua separaba mis labios vaginales sin penetrarme. Deseaba sentir su lengua adentro mío pero me la negaba. Yo gemía, acariciaba su cabeza y le pedía que no se detenga. Tuve un tremendo orgasmo y de mi concha escaparon ríos de flujo.

    Me miro sonriendo y lentamente fue poniéndose encima de mí, y su pija a penetrar mi concha, entrando y sacándola por completo. Estuvo casi un minuto haciéndolo.

    -Desgraciado, métela de una vez. Le dije.

    Lo hizo y casi no puedo contener el grito del placer que sentí en todo mi cuerpo, no solo en mi concha. Sus movimientos se incrementaron pero nunca fueron violentos, nunca golpeaba mi cuerpo con su pelvis. Me besaba y se movía sin detenerse mientras yo le acariciaba la espalda. Los dos nos acercamos al orgasmo al mismo tiempo, era algo increíble.

    -Vamos. Me dijo.

    Segundos después acabamos juntos en uno de los mejores orgasmos de mi vida. Le clave las uñas como un gato enfurecido. Sin soltarme se dejó caer, quedando de costado.

    -Nunca le había hecho el amor a una mujer. Sos la primera. Dijo y me dio un tremendo beso.

    Nos quedamos así, de costado los dos, y nos quedamos dormidos.

    Cuando desperté el sol iluminaba la habitación. Sergio no estaba en la cama. Me envolví con la sabana y fui a buscarlo. Estaba en la cocina tomando café. Se paró, me abrazó con todo y me beso con todo también.

    -Buen día mi amor. Me dijo.

    -Bueno es poco, maravilloso día.

    -¿Café, Té?

    -Café por favor.

    Sergio estaba con el bóxer solamente. Cuando me dio la espalda casi grito.

    -Te hice mierda. Dije.

    -Mierda es poco, sos una bestia de mujer cogiendo. Dijo

    -Te hice mierda la espalda Sergio, tenes tres marcas de sangre de mis uñas.

    -Con razón me ardía. Lala, sé que me dijiste que no necesitabas pruebas, pero como las tengo. Lee.

    Era un mensaje de la mina: “Sergio, no entiendo, me llamas, me sacas de tu vida, me cortas y no me atendes, necesito que me expliques por favor. Te quiero Sergio. No me dejes de esta forma. Llamame por favor.” Mire la hora del mensaje y me sonreí. Había sido a las 07:30…

  • Mi suegro nos visita y me llena la cola

    Mi suegro nos visita y me llena la cola

    Desde que empezamos a coger, chateaba con mi suegro con cierta frecuencia. Siempre me enviaba fotos de su pene erecto y más de una vez de las mujeres con las que estaba cogiendo. Me tenía siempre caliente pensando en tenerlo dentro. Era y es un viejo pendejo y sabía que me tenía sumisa a sus requerimientos. Cuando me mandaba fotos cogiendo a otra me decía “nuerita te mereces tenerme dentro”. Ardía de ganas de que fuera así.

    Un lunes por la mañana me escribe y me dice “nuerita debo ir un par de días a Lima, me quedaré con ustedes”. Unos minutos después mi esposo me dice que su papá vendría y se quedaría en la casa. Me dijo “por una sola noche, espero no te moleste”. Le dije que claro que no, que era su papá, que nuestra casa era su casa (y, por cierto, mi culo también su culo).

    Mi suegro llegaría el jueves. Desde que supe que vendría andaba literalmente chorreando. Todo el tiempo pensando en ser su hembra. En tenerlo dentro. En llenarme de su leche. En tomarla. En que me trate de puta, siendo su nuera, la esposa de su hijo mayor.

    Llegó el jueves por la mañana. Poco antes de que mi esposo se fuera a trabajar. Desayunamos los tres juntos y mi esposo finalmente se fue a trabajar. Ni bien cerró la puerta, mi suegro me abrazó por atrás y me dijo “putita ahora eres mía”.

    Cuando se me pegó, sentí su pene ya tieso en mi nalga. Me excite aún más de lo que ya estaba. Era demasiado obvio que yo estaba entregada a él. Que era su perra. Él lo sabía.

    Me soltó. Me di la vuelta y lo quedé mirando. Como esperando obediente sus órdenes. Y me las dio con la fuerza que le daba tener ese pene tan enorme que me ponía loca. Me dijo “arrodíllate y chupa”. Me arrodillé sobre la alfombra. Le desabroché el jean, le saqué la verga del bóxer y comencé a chupársela.

    Cogió su celular. Llamó a mi suegra. Empezaron a hablar en altavoz, mientras yo se la mamaba. Tras unos minutos de charla de pareja, comenzaron a hablar sobre mi esposo. Él le decía que lo había encontrado bien y contento. Con sus ojos y sus manos me indicó que me desnudara. Lo obedecí y se la seguí chupando desnuda.

    Él como si nada. Seguía hablando con mi suegra, mientras yo estaba allí como una puta cualquiera a su servicio. Eso me excitaba aún más y él lo sabía.

    De pronto mi suegra le preguntó por mí. En ese momento él me cogió de la mano, me llevó al sofá, me acomodó en perrito sobre el mismo, sin dejar de hablar con mi suegra. Con el celular en la mano me acomodó en forma que el pudiera cogerme a su placer, con la separación de piernas ideal para estar exactamente a la altura de su verga. Ni bien estuve en la posición adecuada para él, sentí como me ponía algo de saliva en el coño, supongo por costumbre. Se paró detrás de mí y me penetró. Seguía hablando en altavoz con mi suegra.

    – La encontré bien. Creo que se había bañado pues estaba bien vestida. Pero ya sabes, seguro como yo llegaba no estuvo todo el día tirada en cama sin hacer nada.

    – Me apena que nuestro hijo no haya conseguido una mujer que le sume. Ella es linda y no es mala, pero no sirve para ser una buena esposa.

    – No seas tan dura, la chica se esfuerza, quizás no sepa cocinar ni mantener bien una casa, pero para otras cosas seguro es muy buena.

    – Pero no trabaja y ni siquiera puede mantener la casa en orden. Tiene tiempo de sobra para hacer algo útil y nada.

    – Si pues. Es muy relajada y quiere todo fácil sin esfuerzo. Se sacó la lotería con nuestro hijo. Pero él la ama ¿Qué podemos hacer?

    – Si pues. Ni modo, seguro lo atiende muy bien en la cama, jejeje.

    – Pues te aseguro que eso debe ser así.

    Mientras los escuchaba hablar me sentía tan puta, tan poca cosa, tan sumisa, dándole el coño a mi suegro y él, mientras tanto, hablando mal de mí con mi suegra. En lugar de molestarme y dejarlo allí, sólo me sentía aún más sumisa y entregada. Hasta premiada con semejante verga haciéndome gozar.

    Mi suegra siguió hablando.

    – Habla con ella, trata se ser sutil y amable. Dile que sería bueno que trabaje o estudie algo.

    – Pero sabes que es algo limitada y lenta, ¿Qué podría estudiar?

    – Quizás cocina y así lo atiende mejor.

    – Si pues, tal vez para eso sea buena.

    En ese momento mi suegro me la sacó. Sentí como se arrodillaba detrás de mí y, con el celular en la mano, me escupió el culo. Me escupió dos veces.

    Se volvió a levantar y con su mano libre acomodó su verga en la entrada de mi culo. Sin mayor esfuerzo empujó y me abrí para él. Sin pausas la metió toda. Sentí que me ardía el culo, pero lo deseaba tanto que lo dejé entrar, dejé que me posea por el culo con toda su enorme verga.

    Quería gemir y gritar. Pero no podía, el seguía hablando con mi suegra. Hablando ambos mal de mí. Yo en cuatro patas con su verga en el culo. Llegué. Me tuve que morder los labios para no gritar y gemir. Él siguió bombeándome. Yo estaba como ida, perdí un poco la noción de lo que pasaba. Dejó de hablar con mi suegra. Me cogió de ambas nalgas y se concentró en mí.

    Que puta eres nuera. Eres una puta cualquiera. Me la empujaba hasta el fondo y la sacaba casi toda. Tuve un segundo orgasmo y un tercero casi inmediato. El seguía. Yo me moría allí sobre el sofá. Sentí como me llenó de leche. La sacó y me dijo “límpiala”. Lo obedecí y con mi lengua se la dejé muy limpia. Sin olor ni sabor a semen, sin olor ni sabor de mi coño y mi culo.

    Me dio una palmada en la nalga, se fue, se duchó y salió. Regresó muy mareado en la noche y se fue a dormir. La mañana siguiente volví a ser suya.

  • Un nuevo perro

    Un nuevo perro

    Me traen de vuelta a mi dueña, he pasado por una serie de tormentos insufribles, privaciones en cuanto alimento y agua, las encargadas de mi entrenamiento para mi nueva vida hacían turnos para atacar también mi sueño así me llevaron al límite… torturas con electricidad, por supuesto los latigazos, sus insultos y degradantes tratos, pero esta vez fueron más allá, porque todos estos castigos son para quebrantar mi voluntad y hacerme ver que estoy condenado a vivir en esclavitud sino que además agregan un nuevo ingrediente, dedicado en primera a los esclavos que intentan escapar, cuando me atraparon además de los tratos mencionados, en esta ocasión fui llevado a unas instalaciones nuevas donde realizaron severos e inhumanos cambios a mi cuerpo, me sedaron por varios días, y mi horror fue al despertar… pues encontré que me habían mutilado… mis piernas fueron cortadas hasta las rodillas y mis manos hasta las muñecas, no comprendía que tipo de castigo podría ser este, de esta forma no podría trabajar más como esclavo, no podría ponerme de pie nunca más, el horror llegaría después cuando descubriría porque de ese tipo de cortes, porque encima al final de mis extremidades colocaron cuatro cascos metálicos, para que me preguntaba, la respuesta llegaría pronto.

    Increíblemente las operaciones no me causaban mayor dolor, solamente la desesperación de no tener un par de manos y por supuesto las piernas, por momentos sentía que me volvería loco pues encima estaba encerrado en una pequeña jaula, y en una habitación bastante obscura, una celda en realidad… de repente escuche pasos, claramente identifique esos pasos, el sonido que los pasos con zapatos de tacón es inconfundible, luego una puerta se abrió y la luz inundo el lugar, pude ver mejor lo que me hicieron y también la silueta de una esbelta pero muy atlética mujer, pero su voz enfrió mi sangre pues era una mezcla de dulzura y dureza… difícil de explicar realmente… «Ya estas listo perro infeliz???» su desprecio hacia mí y mi situación es evidente… con mis ojos ya acostumbrados a la luz la pude ver mejor, vestida de Azul y al igual que sus zapatos, en una mano traía un severo látigo, y en la otra… mi asombro y frustración se sumaron al resto de sentimientos que hasta ahora me inundaban, porque lo que traía en su otra mano no era otra cosa que una cadena de perro y un collar, lleno de púas, como los usados para los canes, ahora comenzaba a entender el futuro que se avizoraba para mí…

    Ella se acerca y abre la jaula, me hace una seña para salir, al ver que me quedo quieto como queriéndole hacer ver que no tengo extremidades para moverme, patea la jaula y me habla con un tono aterrorizante replicó, «Sal de alli animal desgraciado o te saco a patadas…» ante la orden hice lo que instintivamente podía hacer, gatear sobre mis muñecas y mis rodillas, haciendo que los cuatro cascos tocaran el suelo, trastrabe por la total falta de costumbre y ciertamente dolor que jamás había sentido antes, así que caí de a un lado de jaula al salir. Ella entonces se acercó e hizo pasar el collar por mi cuello, aparentándolo y luego asegurándolo con el cierre y luego usando el cierre sencillo (para ella) de la cadena la aseguro a mi cuello. El clic seco se hizo seguir de un duro tirón que además de estrangular mi cuello me hizo reaccionar de me posición. «Arriba… que no tengo todo el dia para entregarte a tu dueña…» el collar cerro mi respiración así que instintivamente me «incorporé» quedando en una postura de cuatro patas, mi cabeza quedo a penas arriba de sus rodillas, y la cadena jalada por su mano de manera incompasiva tensada me hizo erguirme lo más que podía sobre mis brazos… supongo que el cuadro era lo más semejante al de un can al lado de su dueña.

    «Listo, vamos es hora de entregarte, pero antes pasaremos por un presente para tu dueña» comenzó entonces a caminar, desde mi postura veía sus pies más cerca de lo que de costumbre ahora era un perro, una mascota y me sentía como tal como un perro encadenado que es paseado por su ama, pero a diferencia de las mascotas ella no tenía ningún miramiento hacia el dolor que estaba causándome o que podría causarme moverme sobre mis manos y piernas mutiladas y selladas con esos cascos metálicos… era inútil tratar de comunicarle mi severa situación, porque cuando vio que se me dificultaba moverme a su ritmo, claro ella estaba libre sobre sus pies, calzados… entonces libero el látigo que llevaba en su otra mano, e inmediatamente comenzó a usarlo en mi espalda como degradante y severo incentivo para incrementar mi esfuerzo a fuerza de dolor… sumado a repentinas patadas sin motivo aparente…

    Por fin me guio a una habitación entramos y me hizo recoger del suelo un par de zapatos rojos de tacón, al principio no entendí su orden, pues fue simplemente «Recojelos», nuevamente hice la mueca de que no tenía manos para hacerlo y entonces recibí un duro puntapié en el rostro, su zapato impacto en mi boca, rompiéndome algún diente, y comencé a sangrar por ella, «Ahora entiendes como???», comencé a respirar con miedo porque entendí que debería levantar los zapatos del suelo usando… mi propia boca… cuando creía que no había forma de verme más humillado… ahora era conducido sin opción por una sádica mujer, que halaba de una cadena que iba atada a mi cuello, mientras me movía como un cuadrúpedo pero de una forma mucho menos efectiva por la situación en que quedaron mis extremidades y ponía el broche de oro haciendo que en mi boca llevara un par de zapatos, tal y como lo hacen los fieles perros pero para mí no habría una galleta o una caricia de premio, simplemente la humillación.

    Finalmente me llevo frente a mi dueña, de quien trate de escapar inútilmente, y ahora me habría convertido en menos que un esclavo, porque esta vez no habría esperanza alguna de liberación o emancipación, simplemente viviría siempre postrado a sus pies y completamente domado, pensando que no había ninguna otra forma de humillación más degradante… pero una vez más estaba equivocado…

    En la escena

    Un nuevo perro es entregado a su dueña, luego de haber sido convertido en mascota como escarmiento de un intento de escape el esclavo vivirá ahora bajo el rigor no solo de la esclavitud perpetua pues ya no tendrá esperanza alguna de vivir en libertad, ya sin manos, ya sin piernas, condenado a gatear por siempre detrás de su dueña, suplicando alimento, mendigando sobras que ella le quiera proporcionar y sobre todo tendiendo que humillarse cada vez frente a su ama y señora, convertido en un símbolo de la subyugación de los hombres ante las mujeres sus ahora soberanas en todo sentido… la única salida es la esclavitud o la muerte, pero la muerte la deciden ellas y es más un premio cuando un esclavo es convertido en mascota de una de ellas.

    Los perros aparte de la mutilación son sometidos a rigurosas sesiones de tortura y azotes, todo propinado por insensibles mujeres que actúan como sus verdugos, sin piedad ni clemencia alguna… de nada sirven ruegos ni suplicas, eso solo aumenta el rigor de los castigos… se han vuelto expertas en el arte de subyugar y quebrantar voluntades a base de privaciones y acá lo demuestran haciendo que el que antes fue un hombre, ahora únicamente gatea a los pies de su dueña, llevando en su boca un par de zapatos como señal de sumisión ante ella y como un presente para su ama y señora. Cuando es presentado el perro es ignorado por su dueña, para ella estos «animales» no sienten dolor alguno pues no los ven como seres pensantes sino como bestias a las que hay que domar y castigar todo el tiempo para que cumplan con sus obligaciones y con todos los deseos y caprichos que ellas arrogantemente pronuncian sin dirigirse siquiera a sus esclavos…

    El condenado a ser un perro, quebrantado a fuerza de golpes y privaciones, mansamente se rinde a los pies de su dueña, con el cuidado que puede poner los zapatos que lleva en la boca en el suelo, temblando de miedo al saber que un error le costara más castigo… luego vuelve a su posición que es la de postración ante ella y lleno de terror acerca su boca a la punta del tacón del zapato que la pierna cruzada de ella mantiene en el aire, intentando zafarlo del pie, ella con malicia había mostrado que era fácil zafarlo pero con un simple movimiento de su pie ella puede dificultar e imposibilitarle el trabajo de sacarle el zapato con su boca… la guardia al ver que el perro no cumple con su trabajo tensa la cadena con que controla al ahora sometido animal haciendo que el collar de perro que lleva en el estrangule su cuello y le dificulte la respiración, y al mismo tiempo con la otra mano le arremete con un duro y seco latigazo en la espalda, el indefenso subyugado hace un nuevo intento por cumplir el capricho de ella de que el mismo le quite el zapato con su boca. Un hálito de piedad se dibuja en el parpadeo de la dueña y esbozando una sonrisa de satisfacción por haber provocado un duro latigazo sobre su perro por su incompetencia provoca que sutilmente suelte un poco su pie entonces el esclavo intenta de nuevo más el sudor que hay entre el pie y el zapato le obliga a hacer un poco de más fuerza pero por fin se escucha el cuajo del pie liberado, un respiro de alivio de parte del esclavo pero su pequeño logro es solo un primer paso, ahora deberá colocar el zapato en el suelo con sumo cuidado pues si lo llega a dejar caer también obtendrá un castigo, como puede lo deja en el suelo y cuando vuelve a su posición el pie de su dueña permanece en el aire, como esperando ser atendido, el esclavo sabe perfectamente lo que debe hacer, el entrenamiento da su fruto y desde la parte baja del talón comienza a lamer el pie ahora descalzo, llenando su boca con el tibio sabor de la esencia del pie de su ama y señora luego de todo un día de estar guardado en esos zapatos de tacón.

    En la escena

    La más despiada escena de como un esclavo que intente escapar terminara sus días condenado a servir como mascota de su siempre dueña, ya sin esperanza alguna de escape la crueldad que se cierne sobre los esclavos de este nuevo orden, los castigos y torturas son realmente atroces pero sobre todo cuidan de mantenerlos con vida pese a todas la vejaciones y privaciones a los que los someten, solo para tener la satisfacción de que hacerlos vivir en la más grande y profunda humillación… a sus pies y sin opción más que obedecer sus caprichos y arrogantes deseos.

  • Trabajando hasta tarde

    Trabajando hasta tarde

    En mi esfuerzo de publicar en cada una de las categorías de la página, espero que sea de agrado, sus comentario y sugerencias para la siguiente categoría son bienvenidos.

    Siempre me ha gustado masturbarme. disfruto de la profunda sensación de hormigueo de acariciar mi clítoris, de usar mis manos para darme un subidón sin igual, con la ventaja de controlar, como y donde, puedo masturbarme en el auto, en la cama, en el baño e incluso de manera discreta y peligrosamente excitante en lugares públicos.

    ¿Cómo me gusta masturbarme?, Pues, Utilizo tres dedos para frotar alrededor y sobre mi clítoris, de lado a lado y de arriba a abajo, fuerte y rítmicamente.

    Diría que mi clítoris es de tamaño mediano; cuando está estimulado sobresale como un pequeño chichón, no muy diferente del pezón de un seno, y es exquisitamente sensible.

    Mantengo mi bajo vientre carente de vello púbico, lo que proporciona un acceso fácil y agradable a mi centro de placer. Mientras juego conmigo misma, mi clítoris y mis labios se hinchan, y de vez en cuando deslizo mi dedo dentro de mi vagina, mojando las puntas de mis dedos con mis jugos internos y disfrutando la sensación de tocarme internamente, incluso mejor es clavar un consolador vibrando dentro mientras froto mi clítoris; estimulando mi punto G mientras froto mi clítoris, invariablemente me vengo intensamente, a veces chorreando todo alrededor.

    Me gusta masturbarme cuando tengo la vejiga llena, la presión adicional hace que todo se sienta mejor, como si fuera a estallar. A veces juego con mis pezones y mis sensibles senos, y a veces chupo mis pezones mientras me masturbo. Mis pezones son pequeños, pero pueden ponerse tan duros que duele físicamente a menos que los relajen con un masaje o con la lengua. Puedo frotar mi clítoris durante horas y, a veces, lo hago por distracción mientras estoy haciendo otras cosas, como leer. Pero también puedo excitarme mientras miro o leo pornografía, y luego, cuando finalmente me corro, es como un terremoto, cada músculo de mi cuerpo se tensa durante largos momentos. Estoy callada cuando me masturbo, pero jadeo cuando me corro, respirando con dificultad. Dicen que a las mujeres les cuesta más venirse, pero yo nunca he tenido problema a la hora de usar la mano derecha,

    Lo anterior para entrar en calor, con mi historia:

    Había estado trabajando recientemente en un gran proyecto que debía entregarse más adelante en el mes. Involucró una gran cantidad de investigación y planificación, tratando de alinear muchas partes. Había diagramas y muchas reuniones, tantas reuniones que a menudo no tenía tiempo para investigar hasta que terminaba el resto de la jornada laboral. Así que estaba trabajando hasta tarde. Me absorbía leyendo y haciendo clic en la información de mi computadora, y perdía la noción del tiempo hasta que miraba el reloj y eran las 9:30 o las 10, o a veces incluso las 11 de la noche.

    Aunque mi descripción de lo mucho que me gusta masturbarme puede hacerte pensar que soy demasiada sexual, pero también soy un poco hogareña, tengo una buena vida con amigos, un trabajo que amaba y una familia que me apoyaba. Pero estas largas jornadas no ayudaban y echaba de menos el sexo, pero, por supuesto las jornadas no eran impedimento para poder relajarme (y lo hice) con mi masturbación nocturna.

    Y ahí estaba trabajando de noche, por enésima vez en este mes. Como muchas empresas en la oficina en cuestión tenía un esquema de cubículos, aunque en mi caso contaba con paredes de cristal con algunas persianas y plantas estratégicamente distribuidas, lo que daba algo de privacidad. Nuestra oficina abierta tiene capacidad para unas diez personas en diferentes grupos. Era lo suficientemente tarde como para que oscureciera, y todos se habían ido a casa hacía mucho tiempo. Todo estaba en silencio, solo el compás silencioso de alguna pieza del sistema de ventilación en el fondo. Estaba cómoda en mi cubículo con un pequeño calentador en mis pies y un café tristemente helado. Estaba completamente absorta en la investigación que estaba haciendo, los monitores mostraban gráficos y cifras en mi escritorio.

    Sin demasiado pensamiento consciente, comencé a masturbarme. Deslicé mi mano entre mis pantalones y estaba toqueteando sobre la tela de mi pantalón, mi clítoris aprisionado en mis sedosas y delgadas pantaletas. Por supuesto, era cuidadosa de no masturbarme en presencia de otras personas, no tenía ningún deseo de ofender o acosar sexualmente a nadie, y mucho menos tener alguna situación laboral indeseable. Pero, (¿han notado que siempre que hay “pero”, todo lo que se dijo no tiene importancia?) me gustaba tanto que a veces por inercia tomaba el riesgo y luego me daba cuenta con un sobresalto de culpabilidad de que estaba justo al lado de mis compañeros de trabajo, quienes probablemente podían escuchar mi respiración acelerada, y retiraba mi mano de mi entrepierna rápidamente. Durante el día, esta masturbación accidental generalmente me hacía correr al baño de damas para poder terminar en uno de los cubículos, conteniendo la respiración por si alguien entraba.

    Ahora mismo, sin embargo, estaba sola y segura de que no me molestarían. Así que decidí disfrutarlo plenamente. La masturbación estaba haciendo que mi lectura fuera mucho más placentera y me sentía particularmente cachonda; en esta época del mes mis hormonas se aceleraron y me sentía especialmente sexy, y a veces me imaginaba cogiendo con algún buen macho. En esta noche en la oficina, estaba caliente y realmente quería correrme antes de irme a casa. Desabroché el botón superior de mis pantalones y bajé un poco la cremallera, y luego decidí deslizar mi mano debajo de mis pantaletas, suspirando mientras tocaba mi familiar clítoris carnoso y mis labios palpitantes. Mi vagina estaba empapada en este punto, con un olor perceptible, y mi humedad había empapado mis pantaletas.

    Continué haciendo clic en los informes, pero cada vez me concentraba más en mi masturbación. Mi clítoris se sentía particularmente incitado y mi vagina definitivamente estaba, como he dicho, muy húmedo, se sentía como una abertura despejada y resbaladiza que exigía inserción. Metí mis dedos en mi vagina y luego extendí mi humedad interna alrededor de mi desnudo monte de venus, mojando toda el área. Saqué mi mano para olerme y saborearme, antes de volver a sumergirla debajo de mis pantaletas para acometer contra mi clítoris con renovado vigor. Estaba muy caliente esta noche, e incluso pensé en encontrar algo de pornografía en el modo de incógnito de mi navegador web, pero pensé que sería demasiado peligroso en la computadora de mi trabajo. Así que me imaginé, en cambio, machos habidos de placer y venosas vergas, clavándose en mí, sus glandes penetrando mi vagina empapada y afianzada de mis caderas con sus manos fuertes antes de descargar una buena cantidad de semen dentro de mi vagina. Me imaginé a machos lamiendo mi entrada antes de apuñalarme allí con sus vergas, lamiendo mis pezones,

    Estaba al borde de correrme. Tenía la mano sobre el mouse y había un informe en el monitor de mi computadora, pero lo miré sin verlo. Mi cuerpo estaba empezando a temblar cuando comencé a correrme, y mi mano se movía sobre mi clítoris a la velocidad del rayo, frotando furiosamente.

    Fue entonces cuando un pequeño sonido, un susurro y una leve tos, se abrieron paso a través de mi cabeza nublada. Sacudí mi cabeza mientras instintivamente y con culpa rápidamente saqué mi mano de mis pantalones.

    Un hombre con uniforme de intendencia estaba parado a un costado del umbral a mi cubículo, mirándome a través del cristal con una expresión desconcertada en su rostro.

    Estaba en una pesadilla. Aunque por lo general estaba caliente, y no me importaba masturbarme en lugares públicos, no era una fantasía mía que me atraparan. Todas las repercusiones comenzaron a pasar por mi mente y me sonrojé profundamente. Me preguntaba si podía fingir que no me había estado masturbando, pero mi cremallera estaba completamente abierta, mis pantaletas arrugadas hacia abajo mostraba el borde superior de mi monte de venus, ¡y el olor!!!, el olor era inconfundible. Por instinto empecé a deslizar mi silla hacia adelante para esconder mi cremallera abierta debajo de la cubierta de cristal de mi escritorio, lo cual obviamente no ayudo mucho, mientras el intendente continuaba mirándome.

    Este intendente en particular era una nueva incorporación a nuestra oficina; él había estado allí unos meses. Parecía agradable, pero no había llegado a conocerlo bien. Tenía que admitir que muy a su estilo era guapo; tenía el cabello castaño corto, penetrantes ojos oscuros y una barba incipiente de “chivo”. Era de mediana estatura, bastante delgado y usaba calzado sencillo pero se veía grande (saben a lo que refiero J) que sobre salía de su desalineado uniforme. Más importante aún, aunque los tatuajes y su piel curtida, exponían una dura vida, era amable, respetuoso y siempre prestó atención realizando en silencio su labor. Así que me causaba empatía, simplemente no lo conocía.

    Miré hacia abajo y luego hacia arriba. Él todavía estaba allí, todavía mirándome, todavía mirando mis pantaletas expuestas que tenían una mancha húmeda visible saliendo de la entrepierna. Probablemente incluso podría ver mi clítoris sobresaliendo a través de las pantaletas, si miraba de cerca, lo que ciertamente parecía que estaba haciendo.

    Yo: «Buenas Noches, José,»

    José «Buenas Noches, Licenciada» logró decir después de un largo momento.

    Me di cuenta de que él también estaba sonrojado.

    J: «Acabo de ver la luz encendida aquí e iba a venir para avisarte que me iba. Me ha tocado trabajar hasta tarde».

    Y: «Sí, a mí también, He estado trabajando en un informe. Sin embargo, no me di cuenta de que todavía estabas en la oficina».

    J: «Me gusta mantener luz al mínimo; la luz me cansa más los ojos. Por eso es difícil saber que estoy aquí en la oficina por la noche».

    Y: «Ah, claro.»

    Continuamos mirándonos fijamente durante un largo momento. Mientras lo hacíamos, muchos pensamientos pasaron por mi cabeza, de algún modo José realmente era “lindo”. Su ligera barba le daba un aire varonil y sus anchos labios se veían muy besables. Mientras pensaba eso, no pude evitar sonreír. Me di cuenta de que José tragaba con dificultad.

    J y Y: «Entonces…» dijimos los dos al mismo tiempo.

    Hice una pausa y José volvió la cabeza de lado a lado. Pensé que se estaba yendo, camino hacia la puerta y simplemente permaneció parado ahí, donde podía contemplarlo de cuerpo entero.

    Obviamente Yo era quien tenía más jerarquía; Decidí hacerle frente.

    Y: «¿Cuánto tiempo estuviste parado allí?»

    J: «Espere, Antes de que diga algo».

    Tragó saliva de nuevo. Esperé. Mi cremallera, evidencia traicionera, todavía estaba abierta, no podía ver una manera de cerrarla sin admitir la verdad.

    J: «Solo quería que supiera que la vi. Pero no se preocupe. Definitivamente no diré nada».

    Dijo esto rápido, y en un tono avergonzado, apartando la mirada de mí.

    Ante esto, lo miré y realmente lo miré, su rostro y su cuerpo. Y fue entonces cuando me di cuenta de que la hebilla de su cinturón y el botón superior de sus pantalones estaban desabrochados, y lucía una erección grande y obvia, queriendo salir de su trampa de tela.

    Y: «Ay. Ya veo.»

    Ni en mis fantasías me imaginaba que estaría en esta situación tan sui generis.

    J: «Solo quería decir…» aquí se sonrojó y tragó saliva de nuevo, «es muy bonita, y realmente disfruto trabajar con Usted».

    Y: «Ya… veo. Gracias, José».

    J: «Y nunca la molestaría intencionalmente a altas horas de la noche cuando creo que está sola en la oficina».

    Y: «Realmente aprecio eso, José».

    Hubo otra pausa larga. Aunque esta vez levanté la cabeza y lo miré directamente a los ojos, y él me devolvió la mirada. Mantuvimos contacto visual durante una pequeña eternidad, y hubo algo en él que envió un hormigueo a través de mi cuerpo, directo a mi vagina y clítoris. Después del shock inicial, estaba empezando a estar más excitada.

    Rompimos el contacto visual y miramos hacia abajo. Noté que la erección de José estaba dura, y parecía que tenía una verga muy grande. También vi, mirando hacia abajo a través de mi escote, que mis pezones estaban duros como rocas, queriendo sobresalían a través de mi delgado suéter ligero. Sentí mi corazón latir con fuerza.

    Levanté la vista de nuevo y tragué saliva.

    Y: «José… ¿Estabas disfrutando de verme?»

    Hizo una pausa antes de responder.

    J: «Espero que no se ofendas, Licenciada. Es tan hermosa. Tosí, pero no me escucho. Y simplemente no podía apartar los ojos».

    Llegué a una decisión.

    Y: «Ambos estamos en una situación incómoda. Pero, no sé tú, estoy bastante alterada, y no por este informe. Y si no te ofende ni les molesta, me gustaría seguir haciendo lo que estaba haciendo cuando llegaste».

    Vi a José levantar repentinamente la cabeza ante esto, y lentamente una mirada de incredulidad en su rostro fue reemplazada por una sonrisa. Comenzó a hablar en voz baja, luego se aclaró la garganta

    J: «¿Cree que podría verlo?».

    Y: «Sí. Me gustaría eso, José».

    Hubo una pausa.

    Y: «Deberías sentirte libre de… ponerte cómodo también. Si quieres hacerte algo mientras miras».

    No podía creer que le estaba dando permiso al intendente para masturbarse conmigo ¡en mi oficina!!! Pero allí estábamos, esta noche se había vuelto realmente rara. Pude ver que José se quedó sin aliento, pero sus ojos se veían alegres. Asentí con la cabeza hacia la otra silla en mi oficina,

    J: «Creo que me quedaré de pie, si está bien».

    Y: «Está bien, José. Por favor, dime si algo te hace sentir incómodo, y tampoco hablaré de esto con nadie más. Esto queda entre nosotros».

    Nuestras miradas se cruzaron y parecimos entendernos. Sin romper el contacto visual, giré para mirar a José. La cremallera de mis pantalones estaba abierta, pero levanté mis caderas ligeramente y empujé mis pantalones fuera de mis caderas y sobre mis muslos. Ahora estaba sentada en la silla de mi oficina en pantaletas, que como he dicho eran delgadas y sedosas, y ligeramente transparentes debido a que estaban empapadas. Abrí mis piernas e incliné mi culo para que la vagina estuviera apuntando hacia arriba y a la vista, y José podía ver el contorno de mis labios y enorme mancha de humedad. No había vuelta atrás ahora.

    José no podía apartar los ojos de mi entrepierna. Tragó saliva, y su mano se movió hacia su entrepierna y comenzó a frotar su verga en la parte exterior de sus pantalones.

    Y: José, ¿Quieres que me lo quite?»- tomando de la bastilla mi suéter.

    Él solo asintió tontamente.

    En un solo movimiento mi pequeño suéter dejo de envolver mi cuerpo, saliendo por arriba de mi cabeza, alborotando mi melena al paso, ahora José podía ver mi desnudo abdomen y mis senos encerrados en un sostén de encaje que apenas podía contenerlos. Mis pequeños pezones rosados, como he dicho, estaban duros como rocas y asomaban a través del encaje. Levanté una mano y comencé a pellizcar mi propio pezón. Vi a José sonreír.

    Y: «¿Te gusta?»

    El asintió.

    Y: «¿Te gustaría ver mis pinches tetas?»

    Asintió de nuevo, vigorosamente, y su mano sobre su pene se aceleró.

    No fantaseo con que me atrapen, pero debo de admitir que es un poco exhibicionista me resultaba excitante. Pasé mis dedos sobre mis pezones de nuevo. Luego con ambas manos y acaricié mis senos, sosteniéndolos y levantándolos, sopesándolos. José estaba paralizado. Luego estiré la mano detrás de mí, desabroché el sujetador y me quité los tirantes. Usé mis manos para quitarme las copas de los senos y luego las masajeé. Allí estaba yo en la silla de mi oficina, desnuda de cintura para arriba, mis traviesas tetas a la vista, mis pezones duros de color rosa pálido buscando el techo.

    J: «Ay, Diosito»

    En este punto, había metido la mano dentro de sus pantalones y parecía que estaba acariciando su verga rápidamente.

    Metí mis manos dentro de mis pantaletas y comencé a frotar mi clítoris. A estas alturas estaba realmente excitada y mi mano en mi clítoris se sentía genial. Empecé a frotar fuerte. Podía sentir mi humedad empapando mi vagina en el asiento de la silla de la oficina y volviendo cada vez más transparente toda mi ropa interior.

    Y: «¿Me quito los pinches calzones?»

    José asintió de nuevo, en silencio.

    Saqué mi mano de mi clítoris, arrojé lejos de mis pies mis tacones, levanté mi trasero y usé ambas manos para deslizar mis pantaletas hacia abajo, sobre mi trasero, sobre mis caderas, y las empujé hacia abajo con mis pantalones sobre mis pantorrillas, tobillos y fuera. Ahora estaba completamente desnuda en la silla de mi oficina, empapada a borbotones, mi vulva brillaba a bajo la luz fluorescente.

    José respiraba con dificultad, pero sonreía. Lo miré y asentí con la cabeza hacia sus pantalones.

    Él asintió y se desabrochó la cremallera por completo. Luego quitó la mano de su pene y empujó sus pantalones hacia abajo, empujándolos alrededor de sus tobillos y saliendo de ellos.

    Esta vez fue mi turno de jadear. ¡José, wow! Y su verga era de buen tamaño, prieta y hermosa. Sobresalía de su cuerpo, con una cabeza de hongo mediana. Era bastante recto y de un diámetro delgado. Estaba visiblemente goteando líquido preseminal; mientras miraba, una gota cayó de la cabeza de su verga y goteó hasta el suelo. También se desabrochó la camisa, así que pude ver su pecho sorprendentemente curtido por el sol y adornado por la tinta de sus tatuajes apilados, su verga sobresalía directamente de una pelvis musculosa. Sus grandes testículos recogidos y parecían hinchados, a punto de explotar, y la cabeza de su pene estaba ligeramente morada.

    Un macho un curtido por el barrio, estaba parado en la puerta de mi oficina y yo estaba desnuda.

    Lentamente llevé mi mano de vuelta a mi vagina y clítoris. Con la otra mano, comencé a pellizcar mi pezón. Lentamente incliné mi cabeza, levanté mi seno izquierdo hacia mi boca y acariciar con mi lengua ávidamente mi pezón. Vi los ojos de José agrandarse con asombro. Cambié de lado y comencé a lengüetear el otro seno. Todo el tiempo estaba frotando iracundamente mi clítoris, cada vez más rápido.

    La mano de José también se aceleró en su pene, frotándolo arriba y abajo mientras usaba un agarre giratorio de toda la mano para deslizarse. Con un poco de timidez, bajó la otra mano, se limpió un poco de presumen, que me hizo la boca agua, en el dedo.

    Estaba tan caliente que gemí y comencé a frotar aún más rápido. Mis caderas se elevaron y menearon al ritmo que le marcaba mi mano. pude sentir las contracciones musculares familiares comenzar, sentí que mi orgasmo crecía mientras masajeaba mis senos y apretaba suavemente mis pezones.

    Y: «Me voy a correr» jadeé.

    José me escuchó y aumentó la velocidad sobre sí mismo.

    J: «Yo también» gruñó.

    Lo miré y tomé una decisión. Mirándolo a los ojos.

    Y: «Acércate, aquí cabroncito» Grité cuando mi cuerpo comenzó a tensarse.

    Lo vi lamer sus labios y luego mi orgasmo comenzó a tomarme. Mientras presionaba con fuerza mi clítoris con tres dedos mojados, sentí oleadas de placer recorrer mi cuerpo.

    Mi centro de placer empezó a temblar por lo que parecieron horas mientras mi visión comenzó a oscurecerse. Cada uno de mis músculos vaginales se contrajeron espasmódicamente, los dedos de mis pies se curvados eran prueba que mi cuerpo disfrutaba de la “petite mort”.

    Jadeé en voz alta. Al mismo tiempo, desde los rincones de mi visión apenas funcional vi a José arquear la espalda y echar la cabeza hacia atrás, y lo escuché gritar

    J: «oh puta madreee, diooos»

    Antes de sentir el primer chorro de semen húmedo en mis senos.

    Continuó corriéndose sobre mis senos desnudos mientras yo también continué temblando con las réplicas orgásmicas de mi placer, uno dos tres cuatro cinco chorros de semen hasta que formaron pequeños ríos deslizándose y goteando por mis senos y mis pezones. Sentí una gran mancha húmeda debajo de mí y me di cuenta de que me había chorreado, empapando la silla de mi oficina.

    Ambos disminuimos la velocidad de nuestras manos y finalmente dejamos de frotarnos. Nos miramos el uno al otro, nuestros pechos estaban agitados y estábamos sin aliento. Ambos estábamos casi desnudos y mis tetas estaban cubiertas de semen. Fue uno de los mejores orgasmos que he tenido.

    Nos miramos durante un pequeña eternidad y José dio un paso adelante, se inclinó y me besó. Fue un beso dulce y lento y después de medio segundo respondí, abriendo mis labios y lamiendo los suyos. Después de un largo minuto, se apartó y me miró.

    J: «Eso fue maravilloso. Gracias. Voy por algo papel».

    Esperé su regreso, con los ojos cerrados, orgásmicamente derrumbada en un charco de jugo vaginal sobre mi silla de piel, Me sentí extasiadamente repugnante.

    Desnuda, envuelta en el olor generados por mis entrañas, mientras por mis pechos y vientre escurría semen, instintivamente con mis dedos delicadamente tome un poco semen de mi pezón y lo lleve a mi boca, confirme, saladamente delicioso.

    Apoco, tiempo José regreso y gentilmente se esmeró en limpiar todo nuestro desorden, después de que estuvimos limpios y vestidos, decidimos retirarnos, paramos juntos en salida de la oficina. Puse mis manos sus hombros y él puso sus manos en mi cintura. Como dos pubertos, éramos tímidos el uno con el otro, irónicamente, para ser dos personas que acababan de masturbarse y correrse juntas.

    J: «Licenciada mañana trabajara hasta tarde».

    Asentí.

    J: «Tiene que terminar ese informe, verdad».

    Y: «Probablemente tomará muchas más noches para terminar a tiempo, Tendré que quedarme hasta tardes, cuando todos los demás se hayan ido».

    Se lamió los labios.

    J: «Entons, Definitivamente trabajaré hasta tarde».

    Le di un beso en la mejilla, y caminé rumbo a mi vehículo, aún tenía que llegar hacer la cena.

  • ¿Solo amigos?

    ¿Solo amigos?

    Nos parecemos, pero somos muy diferentes al mismo tiempo, nos mezclamos de manera perfecta como lo quisieran el agua y el aceite.

    Llevamos meses conociéndonos, adivinamos pensamientos y decimos lo mismo al mismo tiempo, algo mágico, amor siamés, aún no sabemos cuando fue dado a luz, ¿nos gustamos? nos amamos? Me da placer verla y cuando me toca en ciertos momentos siento la adrenalina de manejar un motor sin usar las manos.

    Anoche estábamos solos como de costumbre leyendo y riéndonos en mi casa. Tomábamos vino y escuchábamos música.

    Bailábamos un poco borrachos, perdiendo el balance rosando nuestros cuerpos una y otra vez, nos manteníamos con el calor de cada uno y aumentaba. El vino no dejaba que nuestro fuego mienta, su lengua toco mi cara cerca de mis labios. Con los ojos cerrados mis labios sabían donde encontrar los suyos, sus labios suaves, su respiración, mis caricias en su cuerpo, recorriéndola como aguas conocidas.

    Perdimos el balance, ella cayó encima de mi como una pieza de rompecabezas, mi pene quería estar en la conversación, su pussy lo rosaba con placer. Me quito el pantalón sin decir nada, su mirada lo decía todo, su boca, labios suaves y mojados combinados con su lengua me daban inmenso placer, agarraba su cuello, le hacía saber cuándo me gustaba al apretarlo.

    La cargue y la puse en la cama, quite su pantalón, solo le quite la blusa mientras besaba su cuerpo, sus tetas, mi respiración la calentaba más, chupando sus pezones, pasando mi lengua por ellos. Me suplico que baje más, estaba desesperada como yo. Me acerque a sus pantis y sin quitárselos pase mi lengua por sus labios, estaba bien mojada, y retorcía su cuerpo. Pase mi lengua cerca de su clítoris, casi tocándolo y le encantaba, sus gemidos me encantaban, como su mano me quería acercar más a su clítoris. Decidí tocar su clítoris solo 3 veces y volvía a retirar mi lengua cerca, pero ella quería más. Me quede chupando y lamiendo su clítoris con la intensidad que más le gustaba

    Sus gemidos y lo mojada que estaba pedían algo más, introduje mi dedo en su pussy, solo con la punta de mi dedo y mi lengua gemía y agarraba las sábanas con garras. Le encantaba tanto que sentía que se iba a venir, le gustaba demasiado, dijo que por favor no la deje venirse porque quiere seguir.

    La deje unos segundos mientras besaba sus piernas, luego acaricie su pussy con la punta de mi dick, lo introduje lentamente y lo sacaba un poco una y otra vez, lo hacía lento como tortura y hasta el fondo de repente, como un baile lento, pero sin escuchar la música, solo gemidos de placer, con una sonrisa, me pedía que no pare, que se sentía demasiado rico, su pussy se sentía mojado y caliente, lo más rico que jamás había tocado. Ella me dijo que no aguanta mucho con mi gran guebo adentro sin venirse, yo encima de ella, mi cuerpo con su cuerpo, besándonos, mordiéndonos. Casi no aguantamos más, ella apretaba mis brazos, yo agarraba su cuerpo, su cuello, apretaba su culo, dijo «me voy a venir» le dije «yo también, tu pussy está demasiado rico». Ella gimió más alto y rico que nunca, yo supe que iba a venirse, sus gemidos me hicieron llegar a la más alta excitación, besándonos, nuestros cuerpos calientes, sintiendo el roce de sus tetas… ¡Nos vinimos al mismo tiempo! Estábamos conectados.

  • Lorena y su suegro Ernesto

    Lorena y su suegro Ernesto

    Está es la historia de Lorena y Raúl.  Se conocieron en la universidad y se casaron un poco después de graduarse, en el año 2008. Cuando se casaron Lorena tenía 25 años y Raúl tenía 28. La fiesta fue en un salón sencillo en un hotel de la ciudad.

    Lorena era se había graduado de arquitectura y Raúl licenciado en educación, siguió los pasos de su padre y el sueño de la familia era tener una escuela donde ambos pudieran trabajar, era el sueño de la madre de Raúl, pero lamentablemente la Sra. Raquel había fallecido en el 2006 a causa de una enfermedad que la consumió rápidamente. El padre de Raúl, el Sr Ernesto era licenciado en Educación, el y su esposa, la Sra. Raquel se habían conocido en la universidad cuando estudiaron juntos. Se casaron y tuvieron un hijo que se llamo Raúl.

    Cuando la Sra Raquel murió Raúl quedó desolado, su madre era su piedra de apoyo, ya que el padre, el Sr Ernesto siempre había sido un hombre autoritario, de carácter fuerte que demostró muy poco sentimiento de amor y orgullo por su hijo. En el año 2005 cuando comenzaba la enfermedad de Raquel, la familia decidió comprar una casa y la remodelaron para convertirla en un jardin de infancia y posteriormente ir ampliándola para convertirla en una escuela básica. Era el sueño de la familia y Raquel quería verlo materializado cuánto antes ya que se sentía y notaba enferma. La familia invirtió todos sus recursos y en 2006 pudieron abrir el jardín de infancia dónde los esposos Raquel y Ernesto eran profesores y administradores y muy pronto su hijo los acompañaría ya que estaba por graduarse.

    Los planes cambiaron en el 2006 cuando Raquel falleció, la tristeza invadió el hogar y Raúl y Ernesto se sentian ambos solos viviendo en la misma casa. Para Raúl era un escape casarse, el amaba a Lorena pero además de eso no veía la hora de casarse para salir de esa casa donde de sentía extraño cada día más alejado de su padre.

    El jardín de infancia funcionaba a dirás penas, con muy poca matrícula, solo alrededor de 40 niños en los tres niveles que ofrecía, a pesar de tener instalaciones para al menos el doble de niños. Cuando Raúl se graduó en el año 2007 comenzó a trabajar en el jardín, era el administrador y sub director, tenía grandes planes pero siempre tenían que pasar la aprobación de su padre, el viejo Ernesto…

    Un día Raúl fue a visitar a Lorena, en ese momento era su novia pero ya con planes y fecha de boda para el siguiente año. Iba muy desanimado ya que tenía en mente un proyecto para relanzar el jardín de infancia haciendo promociones y becas escolares pero su padre no estuvo de acuerdo y después de una acalorada discusión entre ambos amenazó con botarlo del colegio si insistia con el tema.

    A Lorena le pareció razonable el proyecto de Raúl y pensó en ir ella a hablar con su suegro, con el viejo Ernesto, tal vez ellos ya estaban a la defensiva pero si ella le explicaba tal vez pudieran llegar a un acuerdo entre los tres. Así que al siguiente día Lorena fue al jardín de infancia, espero que Raúl ya se hubiera marchado para no encontrarlo y poder hablar con su padre sin que su novio se sintiera mal.

    Lorena y su suegro tenían más de un año si verse, por eso cuando volvieron a encontrarse ambos se lo impresionaron. El viejo Ernesto se veía más flaco que antes, se notaba que la falta de su esposa le había echo perder peso, al menos tenía 8 o 10 kilos menos de lo que ella recordaba. Igualmente se le estaba cayendo el pelo y se había dejado crecer la barba y el bigote. Lorena pensó que todo sería producto de la depresion por la perdida de su esposa. Por su parte el viejo Ernesto inicialmente no reconoció a Lorena pero luego de saludarse se dió cuents que era la novia de Raúl, su nuera.

    Ernesto recordó a Lorena pero ahora la veía diferente, se veía más guapa, con una piernas largas o al menos eso percibía el tal vez por la falda que llevaba que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, además la blusa dejaba ver unas tetas que no pudo dejar de apreciar el viejo. Tal vez producto de la calentura, el viejo tenía más de dos meses sin echar un polvo y en el último año solo lo había echo en un burdel que frecuentaba dónde las mujeres eran más bien bastante desagradable.

    A Ernesto le pareció extraño la presencia de Lorena ero pensó que seguramente estaba buscando a Raúl así que le dijo de forma tosca que si hijo no estaba. Lorena le dijo que ella sabía, que quería hablar era con el, que si podía darle unos minutos que era algo rápido. Aunque le pareció raro el viejo Raúl le dijo que fueran entonces a su oficina a hablar pq tenía calor en el patio donde estaban, cuando Lorena camino delante del viejo en dirección a la oficina este no perdió oportunidad de mirarle el culo y mentalmente imaginarse que tendría puesto debajo de esa falda.

    En al oficina en viejo se sentó en el escritorio y le dijo a su nuera que se sentara, que la escuchaba.

    Lorena comenzó a decirle que su hijo lo quería mucho, que estaba muy feliz de trabajar con el, que tenía grandes planes para mejorar la matrícula escolar del jardín de infancia, que tenía en mente un proyecto muy bueno, que ojalá pudiera revisarlo y tal vez podría aceptar. Mientras la mujer hablaba el viejo ya se la había imaginado desnuda y cogiéndola sobre el escritorio. El viejo estaba caliente pero no quería asustar a su nuera, además no sabía si la mujer se hubiera marchado enseguida si notaba su calentura, así que el viejo disimulo lo más que pudo y le dijo a su nuera que estaba bien, que podían revisar juntos el proyecto.

    A la mujer le emocionó que su suegro aceptará revisar la carpeta y comenzó a explicarle en detalle, sin embargo el viejo zorro haciendo que tenía interés le pidió que esperara, que juntaria su silla con la de ella y así poder ojear juntos las hojas, así el viejo tomo su silla y camino al otro lado del escritorio en para colocarla junto a la silla de Lorena. El viejo se sentó y comenzó a mirar el proyecto que la mujer le mostraba. Hoja por hoja la mujer explicaba en detalle como eran los planes que tenía Raúl, en el momento menos esperado por Lorena sintió una mano del viejo en su rodilla, inmediatamente volteo a ver al viejo que seguía mirando las hojas como prestando atención y haciendo preguntas sobre el tema. La mujer no supo cómo reaccionar y solo siguió hablando medio tartamuda y explicando lo que le preguntaba el viejo Ernesto el cual al cabo de unos minutos comenzó a mover suavemente, casi de forma imperceptible su mano de las rodillas de Lorena en sentido hacia arriba.

    Lorena cuando sintió la mano que comenzó a moverse agarro la mano del viejo con su mano y aunque seguía hablando del proyecto trato de separar la mano del viejo, pero este ya estaba caliente y comenzo a poner a prueba a su nuera, cuando está trato de quitar la mano este apretó un poco la pierna de Lorena y le dijo que no lo estaba convenciendo, que le explicará mejor. La mujer nuevamente explicaba y el viejo seguía masajeando suavemente la pierna de Lorena. Aunque la mujer no quería su cuerpo había comenzado a reaccionar a las caritas del viejo y estaba comenzando a sentir calor. Cuando el viejo llegó a la orilla de la falda de la mujer hizo presión nuevamente en la pierna de Lorena que de forma instintiva separó un poco las piernas y está vez el viejo le dijo.

    – Ahora sí me está gustando lo que veo, sigue explicándome muñeca

    Lorena estaba confundida, se sentía asqueada de ese viejo, de la forma en que la tocaba pero a la vez cada vez sentía más calor, estaba comenzando a calentarse y su cuerpo no respondía a su mente. El viejo notó que su nuera se estaba dejando y cada vez la ponía más a prueba para ver hasta donde podía llegar. El viejo seguía tocando y masajeando la parte interna de los muslos de la mujer que cada vez estaba más caliente y entre cerraba los ojos a medida que trataba de explicar.

    En cierto momento el viejo ya estaba al límite y decidió arriesgar todo, metió más la mano hasta que sintió una fina tela y una hendidura que pudo notar se trataba de la cuquita de su nuera, hizo presión un poco y escucho cuando salió un gemido de la boca de su nuera, el viejo se sonrió esta vez y le dijo.

    – Ya casi me convences putica, pero abre más esas paticas.

    La mujer casi acaba cuando escucho al viejo decirle putica y solto otro gemido, cuando volteo a ver al viejo vio la cara de este que también la miraba y no se aguanto y se le lanzó a comerle la boca.

    Cuando la mujer comenzó a besas al viejo este se dió cuenta que ya la tenía, había Sido más fácil de lo que hubiera pensando pero no iba desaprovechar la oportunidad, rápidamente corrió la tela que separaba sus dedos de la cuca de la mujer y comenzó a meterle dos dedos a medida que se besuquesban de forma frentica.

    – Te gusta putica, fueron las palabras del viejo a lo que la mujer no decía nada, solo seguía lengua y lengua con el viejo y se separaba solo para seguir gimiendo.

    El viejo comenzó una dedeada frenética, metía y sacaba los dedos rápidamente presionando hacia arriba buscando la zona más intima de la mujer que cada vez estaba más caliente, estaba cachonda como nunca, se sentía que se caía, sentía que le temblaban las piernas.

    – Disfruta putica, gózalo, te gusta putica?

    – Ahhh, salió de la boca de la mujer.

    El viejo paro el ritmo y la mujer le movió ella misma la mano del viejo para que siguiera pero este la miro a los ojos y le dijo, te pregunté si te gusta putica.

    La.mujer finalmente cedió y le dijo.

    – Si me gusta pero no pares.

    Jaja comezo a reír el viejo y volvió a mover los dedos dentro de la mujer, metía y sacaba los dedos más rápidos y comenzó a chupar una teta que le pidió a la mujer que se sacará. La mujer se sentía flotar, el viejo la estaba masturbando y chupándole una teta como nunca antes supo nadie hacerlo, estaba súper cachonda y le calentaba aún más la forma en que el viejo la trataba.

    – Que cuca más rica que tienes, mi hijo te mete los dedos así?

    El viejo hablaba y luego seguía mamandole la teta. La mujer sentía que no podía más, sentía que iba a explotar y le comenzó a temblar el vientre y las piernas, cuando le viejo sintió que la cuca le apretaba trato de ser más rápido aún y luego comenzó a sentir como sus dedos se mojaban.

    – Ahh siii.

    – Ah que rico.

    La mujer temblaba y disfrutaba y el viejo seguía con su dedeada hasta que sintió que la cuca aflojó un poco, luego saco los dedos y los llevo a su boca y los chupo mirando a la mujer.

    – Que divina estás putica. Sabes a puta en celo.

    La mujer estaba aún en otro mundo, no entendía como había llegado a eso pero lo había disfrutado y lo seguía disfrutando.

    El viejo comenzó a desabrochar el pantalón y se los bajo a los tobillos, jalo suavemente a la mujer y le dijo.

    – Ahora ven comer lo que tengo para ti.

    Cuando la mujer vio el guebo de su suegro le impresiono el tamaño, era casi el doble del tamaño de el de su novio y mucho más grueso, el viejo notó la impresión en los ojos de la mujer y se sonrió.

    – jajaja no habías visto uno así verdad putica, la del maricon de mi hijo no se parece a este verdad…

    Continuará

    Nota: está es la historia del comienzo del viejo en su deseo de dominar y emputecer a las mujeres que se le cruzan en su camino.