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  • Afeitado de vagina

    Afeitado de vagina

    Hola soy yo otra vez, en mi intento de publicar en cada una de las categorías de la página, espero hayan gustado mis relatos anteriores. Siempre me encanta escuchar sus reacciones a mis escritos, y sus lindos comentarios me animan a seguir con esta faceta narrativa sobre otras cosas.

    Esta vez, pensé en compartir con ustedes mis pensamientos sobre el afeitado de la vagina. Esto puede no ser tan interesante para ti como los otros temas sobre los que he escrito, porque no se trata de sexo per se. Seamos realistas, todo el mundo está fascinado por el sexo, pero afeitarse la vagina es de interés menos general. Sin embargo, puede ser un buen complemento para el sexo, por lo que pensé que podría interesarte la opinión de una mujer sobre el tema.

    En primer lugar, afeitarse la vagina no es para todas, y no sugiero que deba serlo. He hablado con otras mujeres sobre esto, y la mayoría no compartía mi entusiasmo por ello. De hecho, probablemente haya más buenas razones en contra del afeitado que a favor. Las razones más comunes que he escuchado incluyen: Demasiadas molestias, sus hombres las prefieren peludas y el bello incipiente es áspero. Todas muy buenas razones, y no tengo ningún argumento contra ninguna de ellas. De hecho, probablemente no lo haría yo misma si mis circunstancias no fueran bastante… inusuales.

    Teniendo en cuenta todas las razones para no afeitarme, quizás te preguntes por qué lo hago. Una pregunta perfectamente razonable, e intentaré responderla. Como mencioné, mi situación es diferente a la de la mayoría de las mujeres. Explicaré mis razones para afeitarme la vagina a la luz de esas circunstancias.

    Lo más importante es que solo me afeito, porque eso me hace más sensitiva durante el sexo, y dado mi vida activa, debo de estar lista, porque si no hay sexo y no hay razón para molestarse con eso.

    Los que han seguido mis pequeñas… aventuras sabrán que me encanta complacer a mi macho en turno. Cualquier cosa que lo haga feliz a él me hace feliz a mí. Complacerlo sexualmente realmente me hace feliz. Tener mi vagina bien afeitada provoca sensaciones intensas, y el acto sexual es mucho mejor.

    Por otro lado, yo en particular ni siquiera desarrollé vello púbico hasta que fui… mayor, así que estaba completamente calvo de forma natural cuando tuve mi primera experiencia sexual. Me refiero tan lisa y calva como una bola blanca de billar. Después de todo, cuando tengo sexo, todo mi ser, incluida mi vagina, pertenece a mi amante. Él puede hacer conmigo lo que le plazca. Si una vagina calva, es más excitante, y me encanta lo que sucede cuando están excitados. Me encanta el aspecto y la sensación de mi vagina totalmente calva. Hace que el sexo oral y hacer el amor sean mejores.

    Como dije tengo suerte. No tengo mucho vello púbico, y lo que tengo es suave y fácil de afeitar. Cuando me afeito, es como si nunca hubiera tenido pelo. No puedo ver ni sentir ningún rastro. Algunas mujeres me han dicho que el mejor afeitado que pueden hacer resulta en algo como la barbilla de Robert DeNiro en esas películas de gánsteres. Creo que ser completamente barbudo sería mejor que una sombra a las cinco.

    Me gusta que me besen mi montículo suave y sin pelo. Me gusta el aspecto de «almeja». Incluso cuando estoy de pie con las piernas juntas, puedo ver mi hendidura en lugar de solo cabello. Creo que me gusta el look de «niña pequeña». He visto a algunas mujeres que usan esos bikinis tipo tanga dejar un mechón de cabello en el montículo. Incluso he visto fotos de mujeres que se afeitan el vello púbico en forma de corazón, y eso es lindo. Personalmente, voy hasta el final. sin rastro de pelo debajo del cuello.

    La apariencia es importante, pero es la eliminación del vello en las partes delicadas de los labios externos de la vagina lo que me gusta. Me encanta sentir mis labios suaves y totalmente lisos en los labios y lengua de mi amante. Cualquier cosa que lo aliente a besar mi vagina está bien para mí. Supongo que una vulva suave también es mucho mejor para su verga que una de cabello áspero. De hecho, pensándolo bien, creo que nunca he tenido sexo con pelo en mi vagina. Tan pronto como se desarrolló algo, comencé a afeitarlo.

    ¿Debería intentarlo alguien que nunca se ha afeitado la vagina?

    Depende totalmente del individuo, pero ¿por qué no? Es una excelente manera de darle vida a tu vida sexual. Señoras, ¿alguna vez se hicieron un peinado radicalmente diferente? ¿Notaste el efecto en tu hombre? Muchas mujeres me han dicho que un peinado radicalmente diferente realmente enciende a sus hombres. Como si tuviera una mujer nueva. Bueno, creo que una vagina afeitada tendría un efecto similar. Probablemente incluso más dramático.

    Hombres, ¿no les gustaría experimentar la sensación de una vagina totalmente suave en la boca y el pene? Señoras, ¿no disfrutarían a su hombre babeando sobre su vagina lampiña? Seguro que lo harías. Es una de las pocas cosas que se me ocurren que no pueden hacer daño a nada y podría resultar ser genial para ambos. Solo necesitas ser un poco aventurera.

    Para un hombre, dejar caer una pequeña indirecta en un momento íntimo podría despertar su interés. Algo como, «Me encantaría saber cómo te sientes allí si no tuvieras pelo». Quién sabe, tal vez le interese la idea. Para una dama, solo pregúntale si alguna vez se preguntó cómo te verías y te sentirías con una vagina calva. Aún mejor, hazlo tú misma y sorpréndelo. Te garantizo que le gustará.

    Bien, digamos que te sientes aventurera y un poco traviesa y quieres probarlo. Voy a ahorrarte muchos problemas, incomodidades y frustraciones diciéndote exactamente cómo hacerlo. He experimentado mucho, así que sé todos los «hacer» y «no hacer».

    El primer «no» es usar un depilatorio como Nair. El ingrediente principal de ese producto que disuelve el cabello. Tiene un pH muy fuertemente alcalino y puede causar quemaduras químicas en la piel. Puede estar bien para pieles más duras como en las piernas, pero no coloques esas cosas cerca de una vagina sensible.

    Vale, supongamos que empiezas con una mata de vello púbico y quieres ser tan calvo, como un bebé. Primero, use unas tijeras para cortar el vello, de aproximadamente 1/4 de pulgada de largo. es casi imposible afeitarse el vello muy largo. Las tijeras desafiladas tirarán e irritarán, por lo que deben estar bien afiladas. Ten mucho cuidado con los labios. Un hombre es muy útil aquí.

    Ahora tu vello es corto y puedes comenzar a afeitarte. Lávate bien con jabón y agua tibia para suavizar el vello, luego aplica un poco de crema de afeitar para mantenerlo húmedo y suave mientras se afeita. Consigue dos o tres afeitadoras desechables nuevas o cuchillas nuevas para tu afeitadora. Cambie a de afeitadora u hoja nueva a la primera señal de tirones. Esto es muy importante la primera vez que se afeita. Primero afeita el área del montículo, porque es la más fácil y es una buena práctica para las partes más difíciles. Aféitalo en todas las direcciones, hasta que quede suave como el trasero de un bebé. No presione con fuerza, porque esto causará irritación. No te olvides de cambiar las cuchillas.

    Afeitar los labios es más difícil, pero tómate tu tiempo y obtendrás grandes resultados. Una vez más, un hombre es útil aquí. Tienes que tirar de los labios hacia arriba con los dedos para estirarlos un poco, luego rasurar hacia abajo. Luego tire hacia abajo y afeite hacia arriba. No presiones, porque obtendrás quemaduras de afeitar e irritación. La pequeña muesca justo en la parte superior de la vulva es difícil, pero puedes hacerlo, ten paciencia. Y, de todos modos, un poco de vello dejado allí realmente no importa.

    Enjuague, seque, aplique con un poco de loción o sábila al terminar, la sensación fría y humectante alivia mucho; y tendrá una vagina bien calva lista para recibir atención amorosa.

    Así es como te suavizas la primera vez. Ahora, cómo mantenerla así. El día después de que te afeites, sentirás una “barba” como después de afeitarte las piernas. Mi vello púbico crece tan rápido que necesito afeitarme todos los días para tener la suavidad de un bebé. La elección es, ¿mantenerlo suave o dejar que vuelva a crecer?

    El primer afeitado es todo un procedimiento, pero mantener una vagina suave es mucho más fácil. Has hecho todo el trabajo duro, ¿por qué no mantenerlo suave? La mayoría de las mujeres con las que he hablado que se afeitan lo hacen periódicamente, lo mantienen suave durante un tiempo y luego lo dejan crecer nuevamente. Algunos, sin embargo, se mantienen todo el tiempo. Si se ha tomado la molestia de suavizarlo, un poco de atención diaria lo mantendrá así. Te animo a que lo mantengas suave por un tiempo. El afeitado se vuelve más fácil y los resultados son aún mejores.

    Si usas una cuchilla, usa siempre una cuchilla nueva o una navaja desechable. Nunca te afeites con una cuchilla desafilada. Puede salirse con la suya usando una cuchilla muchas veces en sus piernas, pero una vagina es demasiado delicada. Solo puede suavizar sin irritación si usa una cuchilla nueva. Solo se necesitan unos dos minutos al día para mantener una vagina suave, e incluso puedes hacerlo en la ducha. Sin embargo, si un hombre se ofrece como voluntario para ayudar, disfrútalo.

    Para lo último en mantener una vagina suave, usa mi método. Sin cuchillas excepto para el primer afeitado. Utilizo una máquina de afeitar eléctrica que este diseñada para usarse con crema de afeitar. La gran mayoría de las afeitadoras eléctricas están diseñadas para usarse en seco. NO los use. No funcionan muy bien.

    Busca como te mencione una para usarse con crema de afeita, la mayoría son inalámbricas y recargables, por lo que puedes usarlos en la ducha sin preocuparte de recibir una descarga eléctrica. Enjabona como lo harías con una cuchilla y obtendrás un afeitado perfecto. Más cerca que una navaja, sin muescas y sin irritación por navaja. Hace una vagina tan suave como el trasero de bebé.

    NO intente esto con ninguna máquina de afeitar que no sea inalámbrica y que esté hecha específicamente para usar con agua y crema de afeitar. Es posible que tengas que hacer algunas compras para encontrar la afeitadora adecuada, pero vale la pena el esfuerzo.

    Bueno, este fue mi curso sobre el afeitado de la vagina. Si sigues mis pautas, habrá una cantidad mínima de problemas y los mejores resultados posibles. Incluso podría descubrir que agrega una nueva dimensión de placer a su vida amorosa. Cualquier cosa que haga eso definitivamente vale un poco de esfuerzo, ¿no? Bueno, ciertamente lo es para mí.

    Como siempre me encantaría tener sus comentarios sobre esto. ¿¿Cuáles son tus experiencias con el afeitado? ¿Algún truco especial que hayas descubierto? ¿Alguna pregunta? ¿Leer esto te motivó a intentarlo? ¿Como estuvo? Por favor, tómate un momento y cuéntame al respecto. Además, ¿hay otros temas sobre los que te gustaría que escribiera?

    Ya saben que responderé a todos los comentarios.

  • Mis otros amigos

    Mis otros amigos

    Les contaré otra historia, corta, pero satisfactoria. Tengo un nuevo amigo, de color verde menta, un «succionador de clítoris», que de succionar poco tiene, pero vibra a la velocidad y presión perfecta para hacerme llegar en un menor tiempo que cuándo lo pongo a cargar. Así fue que llegué a mi casa, lo puse a cargar, proceso en el que demore como dos minutos ya que no encontraba el empate dónde era. Mientras tanto me recosté en la cama, me corrí un poco el panty y lo puse en mi vulva, sentí cómo ella solita comenzó a hincharse y a botar fluido pegajoso, que hizo que me excitara aún más.

    Lo movi un poco hacia abajo ya que sentí que se encalambraba el clitoris y continuó vibrando, no me dio tiempo de ponerle otra velocidad porqué enseguida me corrí. Es maravilloso, por ahora reemplazable, más no comparable con la lengua. Esta con su textura rugosa y húmeda, que se mete en todos los rincones de los labios, que cambia de velocidad y de presión a su antojo, y que de final feliz me recompensa con una verga grande, gruesa, venuda e imponente. Acompañada de unas manos suaves, que cogen mis tetas y que su dueño me embiste como torero al toro.

    Tengo seis meses de no sentir a ese macho, excelente por no alabarlo mucho. Un amante perfecto, recatado, inteligente, buen conversador y con muy buen potencial entre sus piernas.

    Ese amante, un hombre que conocí hace más de dos años y con el cuál quise entablar una relación seria y duradera, pero él no es de esos, me quiere sólo para sexo y yo he aprendido a responderle igual. Un hombre que se entrega a todo en los momentos de sexo, que no le importa nada, sólo dar y recibir placer. Un hombre que se dispone y se abre de piernas como mujer pariendo para que yo le chupe su culito, y meta mis dedos en el mientras chupo su verga. Un hombre que aguanta su semen hasta que no me folla y me hace acabar, que explota mis más perversos sentidos, que explora todos mis orificios con su lengua y prepara la entrada de su verga triunfal.

    Nuestros encuentros, ocasionales, fugaces, se enredan en nuestras vidas de parejas, hijos, trabajo. Hablamos y nos extrañamos en sexo, planeamos cosas para cuándo podamos volver a estar juntos.

    Algún día la juntaré a los tres, a mi amigo el moradito, el nuevo verde y a él, ya les contaré cómo será…

  • Sweet Caroline (Capítulo I): Fin de cursos

    Sweet Caroline (Capítulo I): Fin de cursos

    Era el último día del año escolar, la ceremonia de premios estaba por terminar y mientras el director de la escuela pronunciaba su discurso de fin de cursos la Señorita Garza revisaba en su mente el itinerario de viaje de este fin de semana; tres días y dos noches en una cabaña con sus amigas de la Universidad en Canyon Lake Texas.

    Los aplausos dentro del auditorio la devolvieron a la realidad, el director había terminado por fin y ahora solo restaba tomarse unas fotos con sus alumnos de 3er grado y sus padres de familia, con un poco de suerte ella también sacaría provecho de estos últimos momentos. Llegó el turno de Erick – Y tu mami cariño, no ha venido? – preguntó la maestra con un poco de impaciencia por terminar la sesión. – Mi Mamá no pudo venir hoy pero aquí esta mi papá maestra.

    Levantó la mirada y se encontró con un hombre joven y apuesto que llevaba puestos unos jeans algo apretados por el generoso trasero del hombre y una polo desabotonada que dejaba ver su ancho pecho.

    Mucho gusto señorita Garza, me llamo Antonio, soy el padre de Erick – Carolina sonrió amablemente y contesto:

    El gusto es mio; mas vale tarde que nunca eh! – los dos soltaron una discreta carcajada,

    Mi esposa es la encargada de los asuntos de la escuela porque yo estoy trabajando casi todos los días, – explicó el sujeto – puedo tomarle una foto con Erick?

    Por supuesto – se tomaron la respectiva foto, entonces ella aprovechó para preguntarle mientras sacaba su celular:

    Antonio no le molesta si les tomo una foto a ustedes?, es para el Facebook de la escuela.

    No es ninguna molestia, – contestó sonriendo – aquí estamos bien?

    Si allí están perfectos. – Carolina le tomó un par de fotos de frente y otro par por atrás cuando ya se habían despedido, – esto será suficiente – se murmuró a sí misma.

    Al llegar a su apartamento, se saco las zapatillas y se dispuso a hacer las maletas; el único vuelo que pudo encontrar salía por la madrugada a las 3:15, Carolina había aceptado la invitación de último momento y ahora tendría que esperar en el aeropuerto 4 horas más después de haber llegado para poder reunirse con sus amigas. Terminó de empacar todo excepto un pequeño bolso de tocador color rosa que dejo encima del buró junto a la cama.

    Comenzó a sacarse el vestido amarillo largo con estampados de manzanas y útiles escolares que había escogido para la ceremonia, lo dejó tirado en la alfombra de la recamara mientras se dirigía a la cocina para servirse una copa de Rosé, quería relajarse antes de su vuelo a San Antonio.

    Su figura voluptuosa ya no era la de hace 8 años cuando, recién graduada de la Universidad, empezó a ejercer como maestra en Fort Worth Texas. Carolina es de una estatura mediana a baja, siempre había tenido la cara redonda ademas de unos labios gruesos y unos ojos café obscuro grandes con pestañas largas que llamaban la atención de cualquiera, sus grandes y redondas tetas parecían abarcar por completo su torso. Aun mantenía una cintura fina y a partir de ahí se dibujaba su carnoso rabo en un casi circulo esplendido, sus piernas, aunque no muy largas, estaban muy bien formadas. Sus nalgas y muslos no tenían la firmeza de otros años, pero era evidente que la regiomontana tenia todavía mucho que dar, y recibir.

    Era una verdadera lastima que nadie estuviera allí para poderla observar mientras llenaba su copa; la señorita garza siempre había tenido un gusto sofisticado para seleccionar sus prendas intimas. En esta ocasión había elegido unas medias negras de nailon con un delicado patrón en puntitos negros, un delgado cincho de encaje negro arriba de la cintura de donde bajaban un par de correas para sostener las medias, la tanga en azul rey con encaje en las orillas y diseños bordados en negro al igual que el sostén que complementaba el modelito.

    Mientras le daba un sorbo a su Rosé, Carolina se confortaba por haber terminado de forma positiva uno de los años mas difíciles que le había tocado trabajar, al mismo tiempo culpaba al estrés de su trabajo por la nula vida social y la inhabilidad de mantener una relación con otros adultos, pero mas que nada se imaginaba como seria la reunión con sus dos grandes amigas y se congratulaba por haber tomado el riesgo esta vez de aceptar la invitación anual que sus amigas siempre le enviaban y que ella había rechazado por los últimos 5 años.

    Le dio el ultimo trago a su copa y la dejó en la barra de la cocina, luego comenzó a caminar elegantemente como si estuviera modelando su sexy atuendo dirigiéndose a su recamara, al mismo tiempo liberaba su largo y negro cabello del par de pasadores que lo mantenían agarrado en un chongo, masajeó su cabello con sensualidad, puso los pasadores en el tocador y se sentó a la orilla de su cama. Tomó su celular y abrió las fotos que le había tomado a el Padre de Erick, las estudiaba con atención y cambiaba entre las fotos de frente y las de atrás tratando de elegir la mas apropiada.

    Finalmente eligió una de las fotos donde el sujeto está de espaldas con su trasero apretado bien enfocado mientras su rostro aun buscaba a la maestra para despedirse. Se recostó en la cama sobre su lado izquierdo sostenido el celular con esa misma mano, luego con la mano derecha comenzó a masajearse sus pechos por encima del top mientras decía en voz baja: – Mucho gusto en conocerte Antonio, que sorpresa tan agradable – luego utilizando un tono más cachondo continuo – No te vayas tan pronto Antonio, porque no vamos a mi salón para poder platicar a solas – Su mano derecha ahora bajaba por su abdomen, sus caderas, sus nalgas y su pierna, para luego subir de nuevo hasta sus senos.

    Se dio vuelta para quedar boca arriba, su respiración empezaba a agitarse un poco, su voz se tornó más firme y más sensual – Ay Antonio que haces… nos pueden ver, cierra la puerta… Ay que brazos tan fuertes… – fantaseaba Carolina aun mirando la foto en su celular y masajeando su entrepierna con movimientos circulares e impetuosos. – y que me vas a hacer eh?… a que no te atreves… uy Antonio… – ahora tenia las rodillas dobladas y los muslos abiertos, se masajeaba su concha por sobre la tanga, por momentos se golpeteaba sus labios vaginales como si quisiera hacerlos gemir de dolor y de placer, luego se volvía a masajear la vulva con intensidad de arriba a abajo y de abajo a arriba.

    Soltó el celular dejándolo caer por un lado, se giro sobre su cuerpo para alcanzar el bolso rosa que había dejado sobre el buró, entonces sacó un consolador de conejito color morado y se volvió a colocar boca arriba. Comenzó a masajearse las tetas con una mano y con la otra se pasaba el consolador por todas sus partes intimas con suavidad, como si quisiera presentárselo primero a todo su cuerpo, luego se lo llevo a la cara y le beso la punta con sensualidad.

    Se deshizo del sostén dejando su enormes y redondas chichis a la intemperie, prendió el consolador en uno de los 10 modos vibrador y se lo empezó a pasar por sus tetas con delicadeza, poniendo especial atención en la aurora de sus gruesos y endurecidos pezones. El cuerpo de la maestra se movía con desespero y con lujuria, sus jadeos se volvían mas frecuentes con cada pellizcada de pezones que se propinaba.

    Después de un par de minutos comenzó a bajar el juguetito hacia su entrepierna, presionó uno de los botones para cambiar el tipo de vibración, entonces lo empezó a pasear tersamente sobre su concha mientras exclamaba con su voz entrecortada – Así, así Antonio… así papito… – podía sentir la cálida humedad de su panocha por encima de sus bragas, paso los dedos de su mano izquierda por dentro de la tanga para mojárselos, luego se los llevo a sus fosas nasales para inhalar el aroma incitante de sus flujos ardientes, dejó salir un gemido acompañado de una sonrisa picara.

    Se despojo de sus bragas con cierta rapidez, volvió a presionar uno de los botones del conejito para hacer que las vibraciones se volvieran circulares, se lo puso en la entrada de su concha y lo presionó con firmeza; su cuerpo reaccionó inmediatamente arqueándose de placer mientras que su boca mordía sus labios carnosos y deseosos de un calor humano que por el momento solo podía imaginar.

    Enseguida presionó dos veces el botón del consolador para aumentar el nivel de vibraciones al tiempo que con pericia introducía el conejito dentro de su vulva palpitante. Los gemidos aumentaron de volumen, su cuerpo se estremecía al reconocer los impulsos eléctricos que le proporcionaba el juguete maravilloso de la Srta. Garza.

    Finalmente alcanzó la profundidad requerida, en el modo de vibraciones adecuado y en el momento propicio para iniciar la ultima etapa en el acto de autosatisfacción que Carolina había estado practicando con acrecentada frecuencia durante este ultimo año. Sus caderas comenzaron a convulsionarse, su culo y sus muslos se tensionaron tratando de mantener al consolador en la posición perfecta, su cara giraba de un lado para el otro como queriendo extender el placer que llenaba su cuerpo hasta que no pudo contenerlo mas y se corrió salvajemente al experimentar el orgasmo que el aparato le proporcionaba.

    Al cabo de unos momentos en los que parecía perder la respiración para siempre, logró recuperarse un poco, estiró sus piernas en forma de relajación, con delicadeza retiro el consolador de su panocha hinchada y todavía sensible, se dio la vuelta sobre su costado jalando el cobertor por encima de su cuerpo semi desnudo, cerró los ojos mientras sonreía como una niña traviesa y se durmió.

  • Dulce panochita maya

    Dulce panochita maya

    Tómense el tiempo y lean hasta el final, porque les va a gustar.

    Desde hace años que trabajo en una empresa de asesoramiento y mediaciones ambientales y me ha tocado intervenir en muchas situaciones entre pobladores indígenas que han vivido por milenios en zonas que han sido afectadas bien por hacendados, empresas privadas, gobiernos nacionales y locales.

    Lo cierto es que me tenía que trasladar cada día desde Mérida, Yucatán, a una pequeña ciudad llamada Izamal, en donde hay un monasterio amarillo que era donde se reunía el gobierno local, una empresa turística y la representación de los pobladores mayas para resolver un problema ambiental; allí servían refrigerios unas lindas chicas indias vestidas con sus “pics” todos bordados, que no me dejaban ver sus lindas formas y cuerpos enfundadas en esos amplios vestidos.

    Desde siempre –en Pasto- en el sur de mi nativa Colombia me han fascinado las mujeres indígenas, comencé a coger con indias peruanas y ecuatorianas cuando era muy joven, y a estas mexicanitas me las imaginaba desvistiéndolas, quitándoles los “fustanes” y verlas desnudas, para darles mucha verga por delante, por detrás y por donde me dejaran.

    La ocasión se me presentó en una visita al centro artesanal de Izamal, donde me tropecé en una venta de “pics” con una diminuta indiecita veinteañera que me veía y sonreía disimuladamente cada vez que servía refrigerios en las reuniones, mientras yo le guiñaba el ojo, le “soplaba besos” o le mostraba mi lengua (como quien lame conchitas) con lujurioso descaro desde mi sillón.

    La encontré después de un día de trabajo vendiendo artesanías en una tienda, me reconoció y vino a atenderme –era el único cliente- yo comencé a lanzarle indirectas medio en serio-medio en broma, y me dijo que se llamaba Lupita, que tenía 20 años, y era estudiante, mientras veía con interés como iba llenando la canasta de compras con las artesanías, para después verla asombrada cuando al pagar, vio con ojos muy abiertos mi billetera repleta de dólares y pesos mexicanos.

    Sabía que la iba a tener en mi cama, cuando (a pesar de doblarle la edad) tras darle 50 dólares de propina la invité a cenar conmigo en Mérida, y mirando a los lados me dijo: -Si señor…Pero me tiene que dar para el pasaje de regreso, a lo que respondí que no se preocupara por eso, porque si no la traía yo, la mandaba en un Uber.

    Esa tarde después de una ducha y rasurarme, esperé excitado en una plaza a Lupita para llevarla a cenar. Se apareció a la hora acordada, deslumbrante en enfundada en un fustán y un bello “pic”; me llevó a comer “papadzules” y “poc chuc”, y tras varios tequilas, coqueteos y muchos cumplidos muy subidos de tono, la invité a mi hotel para una copita más y un postre, a lo que accedió sin muchos remilgos, no sin antes “sugerir” con su marcado acento mexicano que si iba a darle una “lanita” para ayudarla…Y, después que le aseguré darle una buena propina dejo de llamarme “señor”.

    En el asiento del taxi me senté muy cerca de Lupita, y me impresioné de su belleza primal, su menudencia, bajísima estatura, atractivo natural casi felino y dientes blanquísimos, ella no se intentó separar y por el contrario comenzó a poner despreocupadamente su mano izquierda sobre mi pierna derecha, mientras me dejaba acariciarle el cabello, oler la fragancia de su cuello y darle cortos besos. Después de llegar al hotel, y verla deslumbrada por el lobby me dijo:- “Nunca he estado en un sitio tan lujoso”, y la invité a mi habitación, a la que subimos sin prisas.

    Ya en la habitación, corrí las cortinas, puse música de fondo y saqué una botella de bourbon americano, mientras veía a Lupita curioseando cada rincón de la pieza; con un trago en la mano comencé a hacerle preguntas abiertamente sexuales a las que atajaba y respondía sin pena, haciéndome ella muy traviesa, preguntas como si yo era rico, que cómo daba 50 dólares de propina, si era casado, si me gustaban los tríos, que si tenía novias, que si me gustaban también los chicos, que si había cogido con otras chicas en mi visita, lo que me comenzó a encender la entrepierna, y le dije que me iba a refrescar al baño, que no fue sino para quitarme la ropa, lavarme la polla y ponerme encima la bata del hotel.

    Cuando salí del sanitario, me la conseguí sentada de lado en el sofá, trenzándose coquetamente el cabello, y pidiéndome que ponga una peli porno en la tele y otro trago, que le serví con hielo, y después de probarlo me dijo sonriendo que le gustaba la bebida; me acerqué a ella y le di un largo beso al que respondió con complacencia y sin rodeos se subió encima de mí para comenzar a acariciarnos y a toquetearme el cuerpo con mucha curiosidad e interés, mientras yo no podía creer que estuviera a punto de follarme a esta princesita india.

    Me puse a manosearle lujuriosamente las tetas y la entrepierna, y entre beso y beso me preguntaba que porqué me gustaban las indias, que si había “chichado” con una maya, que si quería cogerla bien cogida, a lo que yo decía que si a todo, hasta que se quitó la blusa y la pollera, para dejarme ver un cuerpo perfecto, de tetas pequeñas, rellenitas, de pezones muy oscuros redondos como una moneda de dólar, la cintura más estrecha que he visto (casi podía abarcarla con mis dos manos juntas), un culo en forma de pera sin una marca de celulitis y su maravillosa panochita absolutamente lampiña.

    Nunca en mi vida había estado ni visto a una mujer que tuviera un cuerpo tan perfecto y fuera tan bajita de estatura, me llegaba a la altura del pecho, y al levantarla sin esfuerzo del sofá, parecía una muñequita viviente, que me estaba quitando la bata, metiendo su lengua en mi boca, diciendo vulgaridades y agarrando lujuriosamente mi pinga que estaba tiesa como un palo debajo del calzoncillo.

    Un poco achispado de tequila y bourbon le pregunto qué si puede decir palabrotas en maya, qué si también puedo llamarla “puta”, “india zorra”, o “india puta”, porque me excita mucho, y ella me responde que la llame cómo quiera, porque ella quiere llamarme “viejo cabrón” y “sádico”, a lo que también le dije que me llamara “marica” si quería, siempre que me dejara cogerla como yo quisiera.

    La acosté en la cama y me soltó una sarta de palabrotas en su idioma que sonaban divino, lo que me puso más incendiado por dentro; verla acostada en la amplia cama, parecía una diosa indígena, con una crineja de cabello negrísimo, su piel morena clara brillante y balbuceando vulgaridades, y yo que parezco un niñato con un juguete nuevo no sé por dónde empezar con esta chica, la lengua le sabe divina, y parece que se puso alguna sustancia dulce en los pezones que pruebo cuando le estoy mamando las tetitas divinas, y estoy metiéndole el dedo en el chochito que está caliente y muy húmedo; trato de ponerme a lamer su panocha dos veces, pero no me deja, y no insisto para no romper la onda.

    Lupita que está muy excitada se sale de debajo de mí y me arranca el calzoncillo, para dejar libre mi pinga muy tiesa y goteando lubricante, la mira con ojos muy abiertos y me dice que no había cogido nunca con un “blanco ni con un hombre tan mayor” (tengo 48 años), mi verga tiesa se ve gigantesca entre las manitas menudas de Lupita, que me aprieta, afloja y huele el miembro erecto, se queda observando y sonriendo libidinosamente detallando las venas y la cabeza, y me agradece por estar tan limpio y rasurado “abajo” para preguntarme con travesura que si me puede “chupar” la verga, y yo sin esperar un segundo le digo que me la mame todo lo que quiera, que hoy mi pinga es toda de ella.

    Sin hacerse rogar, Lupita comienza a meterse mi polla en su boquita, un poco torpemente al principio, trata de engullirse la mitad de la verga y tiene arcadas, y le digo que me mame despacio, que no tengo apuro -lo que agradecemos ambos-, y comienza a mojar con su saliva el clavo caliente que le doy entre sus manos, y que la chica se pone a mamarme con calma, con las luces encendidas, su carita parece la de una adolescente con una polla en la boca, me mira y se sonríe, y también vemos al mismo tiempo la película pornográfica en la tele, lame la verga pasándole la lengua de arriba abajo, hace el intento de pajearme y le digo firmemente que no, a lo que en silenciosa respuesta se chupa ruidosamente un testículo primero, otro después y luego los dos a la vez, y yo estoy viendo todo como si estuviera soñando, pasan 10 minutos de esta deliciosa mamada, cuando siento que me voy a venir.

    Ella se da cuenta también, y no le pregunto, sino que le digo:- “si me dejas acabarte en la boca y TE TRAGAS TODA LA LECHE, te doy 100 dólares”, a lo que Lupita medio sorprendida asiente con la cabeza, y una vez más le digo que me mame despacio…Despacito puta, despacito zorra, que ya viene la leche, y que me pregunta que si le voy a dar mucha leche, en lo que siento el semen bajando de mis bolas, y le digo, ¡aquí viene mi amor! ¡Aquí viene tu leche!!!! Y que comienzo a eyacular en la boca de la indiecita, que recibe una gran cantidad de mi semen y se medio ahoga, pero la promesa de los 100 dólares es tentadora, y no deja caer ni una gota de mi leche, que se va tragando ruidosamente en cada pulsión que sale de mis bolas, y le digo que me mame la cabeza de la verga ¡Solo chúpate la cabeza india puta!!!, ¡Sólo la cabeza de mi verga!!! ¡Qué divino me mamas la pinga mi puta bella!!! Hasta que ya no queda semen, sino la polla palpitando con la excitación de que esta chica me ha complacido en lo que me gusta más del sexo, que es que se traguen mi leche.

    Lupita me muestra el interior de la boca y su lengua, donde no quedan restos de semen, y pregunta qué si me gustó, a lo que la arrastro hacia mí, y sonriente, después de darle las gracias, le doy un largo beso, asegurándole que es una “artista de la mamada”, ella un poco cortada se escabulle al baño y se pone a hacer gárgaras con el enjuague bucal y cuando me acerco, la veo enjugando una lágrima, y le pregunto qué le pasa, y me responde que le da pena, porque voy a pensar que es una puta y con fuerte acento mexicano me explica que ella nunca se “había comido los mecos”, mientras la siento en mis piernas y la tranquilizo diciéndole que no creo que ella sea prostituta porque le esté dando plata por pasar el tiempo conmigo, pero que me ha encantado coger con ella, pero me ataja respondiéndome que no hemos cogido sino que ella solo me ha chupado la polla, a lo que le aseguro que más tarde le voy a meter la verga “por donde me deje”.

    Eso parece que la tranquiliza un poco, y me pregunta si tengo una escobilla dental, y le doy la del hotel, para después de cepillar sus dientes tan blancos como coco rallado, la traigo cargada de vuelta a la cama, en la que se sirve otro trago con hielo y se pone a ver la porno que está pasando en la tele, mientras un rato después, más goloso que curioso, me pongo a explorar el cuerpo femenino más bello y perfecto que he tenido a mi disposición para follarme; el cabello de Lupita es absolutamente negro, ni una cana, muy brillante, trenzado en una crineja que queda colgando coquetamente en su hombro izquierdo, su vientre absolutamente plano, su piel es morena clara y allí donde le da la luz, riela firme y joven, su nariz es curva y pequeña, sus labios morenos y muy carnosos y aprovecho para darle un largo beso para probar su lengua curiosa, después comenzar a tocar, lamer y besar sus dos bellas –aunque pequeñas- tetas, que parecen mitades de una manzana, coronadas con un par de pezones muy redondos, muy oscuros y de sabor dulce, a lo que me replica “me puse melado de caña” porque así le gusta a los vatos, lo que le agradecí porque me encantó ese detalle.

    Después de estar disfrutando de sus tetas y darnos unos besos de lengua, comencé a bajar desde sus pechos para verle su panocha, a la que no podía dejar de “atender”, pero ella me lo impedía, desviando mi cabeza o su cuerpo, hasta que ya un poco enfadado le dije que se dejara de pendejadas y pregunté porque no me dejaba comerle el chochito, a lo que me respondió que no me iba a gustar, porque su “k’uul” chispea cuando está excitada, y yo sin entender le digo que no se que es el “k’uul” y ella me dice que es su panocha, y que cuando se viene, le pasa casi lo mismo que los vatos que echan chorros de leche por su “keep”, lo que comprendí que además de una excelente mamadora de polla, era eyaculadora, -una squirter-, lo que me encendió de lujuria y con ojos muy abiertos y emocionado, le pedí a la bella y mínima Lupita, que se relajara y que me dejara hacerle lo que yo quería.

    Después de tranquilizarla, con la oferta de 300 dólares y asegurarle que me encantaba comer panochas, le acomodé dos almohadas cerca del borde de la cama, donde se recostó sobre dos gruesas toallas, y se puso a ver la porno en la tele con un vaso de bourbon con hielo en la mano, cuando finalmente me dejó abrir sus piernecitas y exponer una conchita muy menuda, sin un vello púbico, su vulva de labios oscuros, pero una rajita absolutamente rosada, que comencé a oler, lamer de arriba abajo, mordisquearle el clítoris, meterle la lengua y a mamar con gula y ruidosamente esa estrecha panochita maya que sabía a dulce y a cecina ahumada; unos minutos después siento que Lupita comienza a arquear la espalda, deja caer en la alfombra el vaso de licor, a gemir muy eróticamente a vociferar vulgaridades, a abrir y cerrar las piernas y a llamarme “Cabrón Yuum”, “asiiii Yuum” “Chupame rico el k’uul”, “asíiiiiii güey”, y que de pronto la veo que pone los ojos en blanco, y con la espalda arqueada me retiene la cabeza con las manos y veo que su conchita se comienza a contraer y dilatar, para echarme en la cara un chorrito de líquido blancuzco viscoso, caliente y salobre, y acerco mi boca para seguir mamándole con mucha excitación y lujuria la panocha palpitante a Lupita, que está teniendo un orgasmo de feria, y que

    me suelta 3 o 4 chorros más de squirt que se me desparraman de la boca, y sigo lamiéndole el coñito hasta que se le pasan las contracciones, y cuando creo que está desmayada en la cama, me acerco con la cara llena de su flujo (dándole gracias a Eros) para preguntarle estúpidamente que si le gustó.

    Desde su sopor me contesta jadeante: -“¿Es que no ves como te dejé la cara güey?¿No te das cuenta que casi me revientas el k’uul?” Entonces me voy al baño despreocupadamente a asearme la cara, y entra Lupita para lavarse la panocha en el bidet, y nota que llevo la verga bien parada, y se acerca a mí, y comienza a manosearme y a decirme que quiere que le meta mi “keep” por su “k’uul”, o que si prefiero se la clave en su “wiit” que comprendí que era su culo (ya estoy aprendiendo maya), y después de unos besos en el baño, la llevo cargada a la cama donde la acuesto apartada del estropicio de sus eyaculaciones, para otra vez ponerme a mamarle las tetas, a lo que se va excitando y escucho otra vez entre sus ruidosas palabras que me dice “yuum” y me aclara que es lo mismo que llamarme “papi”, lo que me excita aún más, y busco los condones en la cómoda, y me pide que le meta la verga un poco sin condón, porque quiere sentir mi polla al natural, a lo que accedí, pero que para venirme tenía que ponerme el látex.

    La indiecita parecía un juguetito en mi cama, quería ponerla encima para que se cabalgara la verga, pero no hubo modo, ella quería que me le pusiera encima, y con determinación abrió sus piernas y dejó expuesta su rajita, que después de la mamada que le di, estaba bien húmeda y lubricada, a la que le fui metiendo despacio mi pinga bien parada, mientras que le veía los ojos llenos de lujuria y su boca llena de palabrotas en su idioma, pero su panocha es estrecha y cuesta meterle todo el ariete, y que se pone una almohada doblada en la rabadilla, sus piernas en mis hombros y queda finalmente su rajita gloriosa en un ángulo perfecto para taladrarla desde arriba, y que siento esta vez que está entrando mi pinga en ese canal de placer apretado y caliente, que sin dificultad se está tragando mi espada completa, y comienzo a bombear a Lupita con eficiencia y acompasadamente, y me veo como que si un gran caballo se estuviera montando a una oveja, y que sigo metiendo y sacando la polla en esa conchita tan estrecha, y me pide que la llame puta, que si me gusta coger a una india puta, que si me gusta su “k’uul”, me dice que es mi puta, y yo excitado sigo dándole un montón de puñaladas de carne palpitante y dura al chochito de esta bella chica que vale cada centavo de los –ahora 500 dólares- que le voy a dar a cambio de este torbellino de placer y lujuria que me estoy gozando, cuando de pronto me dice que se lo meta desde atrás, yo torpemente pregunto ¿Por el culito? Y ella me responde que si quiero se lo meta por el culo, pero ella quiere es follar al estilo “perrito”, y que se pone en 4, en la cama, y para llegarle tengo que bajarme y darle de pie por su coñito, me acuerdo del condón, y cuando voy a ponérmelo, me ruega eróticamente que se lo siga metiendo “en pelo”, que me venga “adentro”, porque ella toma pastillas, y yo excitado y sin importarme ya nada, le ensarto mi pinga tiesa a su divina conchita, desde atrás, y la silueta de su espalda sudada, su culo perfecto con su brevísima cintura que sujeto con ambas manos, es el tiro final de esta cogida que ya dura más de 10

    minutos, ella me sigue llamando “aaaay yuum” y “viejo cabróooon” y gimiendo en alta voz me comienza a pedir la leche, que le de mi leche, aaaaay yuum, deme su lechita en mi kuul!!!, lléname la panocha de leche güeeeey!!!! Ayyy cabrón quiero tu leeeeche!!! (nada que ver con la modosita vendedora de artesanías), cuando siento que comienzo a eyacular, la atraigo hacia mi enérgicamente por la cintura, siento sus nalgas en mi ingle, y dejo salir un largo chorro de semen caliente adentro de su estrechísimo chochito, mientras la estoy llamando “India Puta”, dos, tres…Cuatro chorros más de leche y Lupita me pide que no le saque mi verga de su panocha, hasta que ya no me queda más “carga”, y después de sacarle la polla, me pongo a observar que comienza a expulsar gran cantidad de blanco semen sobre las toallas que colocamos antes.

    Lupita, boca abajo se voltea y me pregunta jadeante ¿Te gustó cogerme mi Yuum? Yo le doy las gracias por dejarme follarla y le digo que me encantó, y un poco preocupado le pregunto que si en serio toma anticonceptivos, a lo que se levanta de la cama con el chocho goteando blanco semen, toma su bolso y me enseña una cajita que dice “marvelon”, -No te preocupes, no quiero tener hijos tan joven, lo que me tranquiliza; entra al baño a asearse mientras yo busco en mi billetera 500 dólares que pongo dentro de un sobre y que se lo entrego apenas sale del lavabo, cuenta los billetes y se le ilumina la cara de alegría, se sube muy contenta desnuda a la cama, y sonriendo me da un profundo beso, y mientras le aseguro que me encantó echarle un par de polvos, comienza a cubrirse con una toalla, y me pregunta repentinamente, que si me gustan las chicas muy jovencitas, me puede traer a una “primita” de ella que recién acaba de cumplir 18 años y que está necesitando “una ayudita” para la universidad.

    Después de felicitarla por sus “dotes empresariales” le pregunto que si quiere que tengamos un trío o que si su primita querría follar a solas conmigo: -lo que tú quieras mi Yuum… Mi prima sabe que vine a coger contigo, ella es muy puta y le encanta chingar y seguro que después que sepa cuánto me diste va a dejarse hacer lo que tu quieras.

    Una hora después, estaba mamando nuevamente el chochito más dulce y estrecho que me ha tocado en suerte, y nos despedimos luego con un polvo menos apoteósico que el anterior; esta vez me cabalgó como una potranca en celo y me vine adentro de su conchita estrechísima, muy lubricada y caliente. Hasta ese día, nunca había lamido una panochita india tan divina como la de Lupita. Una Maya pura.

    Lo que vendría después con su joven prima se los estoy escribiendo.

    Espero comentarios

  • Cuckold: Sam y Dani (tercera persona)

    Cuckold: Sam y Dani (tercera persona)

    Es verano en Mar del Plata, falta una semana para que la temporada empiece oficialmente, las fiestas han dejado casi vacías las playas. Cerca de unas rocas, hay un lugar prometedor. Por un lado las rocas y por el otro una vieja casucha abandonada que aleja los ojos curiosos. Hace una semana que estás con tu esposa veraneando en las costas. Hoy es el último día en la playa y le prometiste que hoy lo recordaría para siempre.

    Sam está hoy bellisima, tiene un sombrero de ala ancha, típico de playa, un fino chal estampado con mandalas le cubre la parte baja del cuerpo. Sus piernas bañadas por unos cuantos días de sol dejan a relucir sus formas doradas, la firmeza de sus muslos se ve acentuada por un bronceado cuidado. Sus pechos turgentes, están cubiertos por una bikini negra con líneas de colores, haciendo juego con las mandalas. Sus pechos aprisionados por la prenda se desbordan por los lados, eso en los días anteriores fue culpable de más de una mirada indiscreta, hoy Sam presionó aún más los hilos para que sus pechos se vean mucho más apetitosos.

    Se recuestan un rato, hablan de pavadas, los dos miran a posibles objetivos, tratando de ser disimulados, la realidad es que no hay mucho para elegir, un gordo de gorra roja, un pibe de 18 años jugando con una cometa y un tipo de unos 40 que va y viene por la playa hasta más allá de las rocas. La segunda vez que pasa puedes notar como mira descaradamente a tu señora, la miras y ella está divina. Una pierna estirada con el pie en punta la otra pierna flexionada apoyando solo la punta del pie, típica postura de bailarina. Sus codos clavados en la arena, arqueando la espalda para relucir el pecho tirando levemente la cabeza hacia atrás. Una pose de modelo que casi hace que el hombre tropiece en la arena.

    El hombre da vueltas, mientras trata de disimular sus miradas hacia Sam. Ella se quita el pareo y corre a meterse al mar. Ves como una tanguita blanca se pierde entre las nalgas duras y redondas de tu señora, anonadado disfrutas del espectáculo, buscas al hombre con la mirada notando que él también lo está disfrutando. Al poco rato la ves volver, sus pechos chorrean agua mientras ella se exprime el cabello con delicadeza, la tanga blanca es de una tela muy fina con lo cual puedes ver claramente el sexo de tu señora pegado a la tela mojada. Ella se acuesta a tu lado abriendo las piernas, el hombre tiene su mirada clavada en la entrepierna de tu mujer con una erección mundial, ella te sonríe pícara.

    – Me compras unos churros, mi amor- lo dice alto, para que el hombre la escuche.

    Te levantas, caminas hacia la entrada de la playa, pero das un rodeo bordeando las rocas para terminar detrás de la casucha a unos cuantos metros de Sam. Podes verla boca abajo el tipo al lado, pasándole crema por la espalda, hace su trabajo lento pero con las manos firmes, ella te busca con la mirada, primero por las carpas, luego por las rocas, hasta que finalmente te ve, se sonríe, podes ver claramente cómo lleva su mano hacia la entrepierna del hombre. Pero justo en ese momento algo le dice, esta con las manos en la cintura, él argumenta algo, a lo que tu señora da el Ok. El levanta la cabeza y cruza miradas con vos, sonreís y el tipo te guiña un ojo, entonces el tipo empieza a echar bronceador por toda la cola, al principio es delicado y solo lo hace superficialmente pero de a poco empieza a propasarse mas y mas hasta que Sam abre un poco las piernas para que el tipo empiece a masturbarla en medio de la playa.

    Hace rato que venís hablando con Sam de cogerse a un desconocido o al menos desconocido para Sam. Vía mensajes de texto coordinas con Dani, un tipo que hace rato que está caliente con Sam, ya has intercambiado mensajes con él y sabes que es un tipo que va a dejar más que satisfecha a tu señora. Le contas lo que pretendes, jugar al tipo que se levantó Sam, que vos vas a espiar y si podes le sacas fotos para que me morboseé después. Acuerdan la hora y el lugar en la playa para que parezca natural, el pasará las veces que haga falta hasta que tu señora lo seduzca y empiece la acción.

    “Ya es la segunda vez que paso por acá, no sera muy obvio”, Dani camina nervioso por la orilla de la playa, sabía exactamente donde iba a estar Sam y Ale, lo habían charlado el día anterior. “Ale, cabron, no puedo creer el pedazo de hembra que tenes de señora” con la pija a media hasta esperó detras de las rocas un momento para volver a pasar, en cuanto salió pudo verla correr hasta el agua. Sus ojos fijos en el bamboleo de caderas, las piernas firmes entran en el agua, la cola salpicada por el agua del mar más la suave cintura de la hermosa mujer hacen que Dani tenga una erección prominente.

    Al verla salir del agua pasa junto a él, cruzando mirada, ella se sonrie mientras el saca pecho y le lanza su mejor media sonrisa. En cuanto a ella, se exprime el cabello mientras él disfruta mirando la cola perfecta de esta mujer, con gotas de agua que reflejan la luz del sol, la tanga blanca se corrió un poco hacia abajo dejando ver esa linea que solo marca el bronceado. Ella se recuesta abriendo sus piernas, dejando ver la translucita tanga, un sexo bien afeitado, totalmente limpio de todo bello. Su erección en este momento es mundial.

    En ese momento Ale se levanta y se dirige a la salida de la playa, ni lerdo ni perezoso, Dani enfila directo hacia Sam, ella aún con las piernas abiertas lo ve venir pero se hace la distraída en cuanto está cerca, Dani aprovecha para mirarla de arriba hacia abajo su cuerpo. Cuando llega a su rostro, ella esta sonriendo mirando la pija erecta y ofreciendole bronceador.

    – Me pones bronceador en la espalda, porfis

    Con ella de espaldas el hombre comenzó a frotar los hombros con bronceador, las manos firmes recorrían la espalda, sin mediar palabra desató la parte superior del bikini, pasando sus manos de manera lenta, siguieron bajando hasta la altura de la cintura, donde quedaron quietas. “No lo puedo creer, que suave que tiene la piel y que firme”. Ella se acomoda rozando con toda la extensión de su antebrazo por la verga de él, la pija de Dani da un salto y tiene que hacer un esfuerzo para no acabar ahí mismo. Ella se voltea.

    – ¿Que paso que te quedaste quieto?

    -No se si seguir bajando. ¿Y tu marido?

    -Se fue a comprar churros, seguí bajando, que me gusta.

    Dani levanta la cabeza viendo a Ale sonriente, medio escondido, él le guiña un ojo. Parece que eso tambien calienta a Dani que empieza a manosearle sin verguenza alguna las nalgas de Sam, ella al poco tiempo abre las piernas y las manos de él rapidamente buscan su sexo, ya mojado, un par de dedos empiezan a jugar, ella gime bajito y se deja hacer un rato. De pronto se incorpora con las tetas al aire, la parte superior de la bikini está en el suelo, toma su teléfono.

    -Para, para, qué quiero una foto- Dani se para y le presenta la pija en la cara, ella la toma poniendose la punta el boca y saca una foto. -¿Te la mando?-

    -Obvio que sí-

    -Vamos al depto y la seguimos ahí- Le manda la foto, se viste de nuevo y camina hacia la salida de la playa.

    -¿Tu marido no dice nada de esto?- Dani le manotea el orto acercándose y besándola con pasión.

    -Amo a mi marido, pero sabes que… me encantan las vergas- Dice al tiempo que le soba la pija y le come el cuello- Él sabe que me gustan, a veces lo dejo mirar- Mientras transan y se manosean el uno al otro llegan al depto- Me encanta verlo pajearse mientras me coge otro- Sonríe abriendo la puerta del depto- Uhhhh, le mande la foto al cornudo sin darme cuenta-

    – Jajajaja, seguro que ahora viene volando el pajero a verte conmigo-

    Él toma el teléfono y manda la foto a un grupo llamado “Fulbito” con un mensaje que dice “Dani: miren la trola que me estoy por coger, tremendo bombon”. Mensajes del grupo llegan “Marcos: huuu mira esa carita de angel quien diria que le gusta tanto la verga” “Gustavo: ummm que cosa divina las marcas que deja el sol” “Dani: no saben el ojete que tiene” “Fer: Che atrás de ustedes hay uno espiando” “Dani: huu si mira debe ser el esposo es recontra cornudo por lo que me cuenta sam” “Marcos: nooo, que hijo de puta, que suerte que tenes” “Fer: Ojala la compartiera conmigo” “Dani: si hago videito con ella se los comparto” “Gustavo: Si! Crack, lo que debe gemir esa trola”

    Ves como tu señora se arrodilla frente a la verga del tipo sacándose una selfie. Ella se levanta poniéndose la bikini de vuelta, se cruza el pareo y tomando de la mano al tipo se van de la playa, los seguís de manera discreta, cuando tu teléfono suena. Una foto de Sam besando la punta de la pija de Dani, en el fondo, bien nítido te ves a vos mismo, espiando la situación. Abajo un mensaje de Sam que dice “Ya me lo llevo al depto, no te dejes ver mucho (emoticon de beso)”. Te sonreís para vos mismo, no estabas tan bien escondido, pero que ella te invite a presenciar su cogida te excita aún más. Das un rodeo por el estacionamiento cuando tu teléfono vuelve a sonar “Dani te agrego al grupo Fulbito”.

  • Las braguitas de mi hermana

    Las braguitas de mi hermana

    Esta es la historia de cómo mi hermana pequeña María me pillo en pleno acto con unas braguitas usadas suyas, en este momento teníamos 19 y 18 años respectivamente.

    Comenzaré describiendo a mí hermana, una chica de pelo castaño muy clarito, cara de niña buena, unas tetas ni tan grandes ni tan pequeñas en su medida justa, un culito grande y respingón, bien bueno.

    Todo comenzó una mañana de verano que me levanté cachondo debido a un sueño erótico, me atraía la idea de los olores femeninos, concretamente el de la vagina, aproveché que no se encontraba en casa para rebuscar entre su ropa sucia y encontrar un pequeño tanga que le regaló nuestra mejor amiga, (con la que tengo también una historia/ fantasía que ya contaré), recogí la pequeña prenda que con el coño que tiene mi hermana seguro que no abarca ni para taparse lo debido a que es un triángulo de tela casi imperceptible, acto seguido me lo llevé a la cara, olía bastante fuerte y me puso cachondo, me dirigí a mí habitación y seguí deleitando mis sentidos con ese olor a coño bien húmedo que dejaba mi hermana en sus prendas íntimas, no me resistí más y me saqué la polla, sin darme cuenta que ella había vuelto y estaba presenciando toda la escena desde la puerta de mi habitación que estaba entreabierta, oí un pequeño suspiro y paré.

    Me dirigí hacia donde había oído ese suspiro y no pude evitar oír una improvisada carrera hasta sus habitación que se encuentra pared con pared junto a la mía, oí como se quitaba toda la ropa o al menos la cremallera de sus shorts vaqueros, se echó en la cama y empecé a oír suspiros de placer y gemidos ahogados para que no la oyera nadie, no aguanté más la tentación y me dirigí a su habitación entrando de golpe sin darle tiempo a reaccionar o ponerse algo encima, ahí estaba mi hermana desnuda y disfrutando de sus dedos, esa imagen me puso aún más cachondo.

    -¿Qué, estás cachondilla no? -dije con cara de pícaro.

    -Un poquito cabron, es que verte ahí con mi tanga me ha puesto a 100, la verdad no esperaba que sucediera esto algún día.

    -Entre sorpresa y ideas que se me venían a la cabeza solo se me ocurrió decir, hacemos realidad nuestras fantasías? Que me dices rubia

    – No sé nene, somos hermanos y esto está mal

    -Esta mal si alguien se entera, si queda entre nosotros no creo que pase nada.

    -Mmm, bueno está bien pero no sé lo digas a nadie eh.

    -Prometido nadie sabrá esto.

    Empezamos a besarnos tímidamente en su cama, no pude evitar echar mano a su chocho bien mojadito, me encantó el tacto, se notaba que estaba recién depilado, me atrevería a decir que de esa misma mañana, mojadito, y jugoso mmm me pone solo de pensar en el de nuevo.

    Le di mi polla para que la chupara y saborease, hermanito que buena polla cabron, cuando se cansó de chupar seguimos besándonos, yo bajé por su cuello pasando por todo su cuerpo, sus tetas jamás probé unas iguales, me encantaban esas tetas, baje por su estómago hasta llegar a su chocho, ahí estuve un rato comiéndole el chocho mientras ella, gemía y sollozaba de placer, me puse un condón que tenía ella guardado por si acaso para su novio y la metí en ese húmedo agujero, no había sentido nada igual uff que cachondo me puso ese chocho le di en todas las posturas que se me ocurrieron hasta que nos corrimos a la vez, quito el condon y volvió a chuparla, que viciosa uff.

    Y hasta aquí la historia con las bragas de mi hermana.

  • En el medievo (P. 1): La huida

    En el medievo (P. 1): La huida

    Dentel y Sahara corrían colina abajo con los enseres que habían podido rescatar de la cabaña de Sahara antes de que las llamas lo calcinaran todo. Una mula parda, que tenia Dentel, cargaba con un montón de trastos en unas grandes alforjas, es lo que pudieron rescatar cuando huyó del pequeño establo pavorizada por las llamas. No habían podido recuperar nada de ropa y tan solo tenían lo que llevaban puesto. Sahara, un vestido que le llegaba por las rodillas, más bien era tela en forma de saco, atada con un cinturón de cuero a la cintura. Dentel, además de unos pantalones algo roídos y una camisa, llevaba un chaleco hecho de piel de vaca. Habían permanecido escondidos durante el asalto perpetrado por los bárbaros del sur capitaneados por el peor de todos, Iván de Analar.

    Dentel tenía unos venti… pocos años, tampoco estaba seguro y Sahara unos diez y nueve más o menos. Tampoco sabía cuándo los cumplía. Los mismos barbaros, en otra ocasión, habían llegado durante una noche y la habían raptado como esclava. Esta vez había podido escapar antes de que la vieran, aunque fue peor la incursión. Cuando se marcharon, después de robar lo que consideraron de valor y de apresar a los más jóvenes que no consiguieron escapar, habían prendido fuego a toda la aldea. Dentel y Sahara habían cogido un estrecho sendero que llevaba hasta el rio. Era una zona llena de arboles altos y frondosos que cubría toda la rivera del río. Ya más tranquilos, sintiéndose a salvo, caminaban junto a la orilla mientras sonaba el agua al pasar entre las piedras. Dentel miraba hacia atrás de vez en cuando para asegurase de que no los seguían. Ya cuando se sintieron a salvo después de varias millas, Dentel se paró para respirar hondo.

    -Vamos a parar aquí para descansar. Creo que no nos han seguido. Dijo Dentel. Shara todavía con la respiración agitada susurro.

    – ¿Qué haremos ahora Dentel?, lo hemos perdido todo y no podemos volver.

    – No te preocupes mujer. Mañana seguiremos hacia el norte, por el borde del rio, y veremos si la aldea de Anatol es segura.

    Anatol era primo de Dentel y hacia un año que les había hecho una visita contándoles lo bien que estaba en la aldea en la que se había instalado. Se alejaron unos metros del río para estar más seguros. Encontraron una pequeña zona con hierba alta y mullida y sacaron un par de mantas de las alforjas para extenderlas sobre la hierba.

    – Tenemos comida para un par de días. Dijo Dentel

    – He podido recuperar el arco y algunas flechas. Nos servirá para conseguir comida cuando está se nos acabe.

    – Cuantos días crees que tardaremos en llegar? Preguntó Sahara.

    – No lo sé! Tres, cuatro, quizás alguno más! Comeremos algo rápido y continuaremos hasta que se haga de noche.

    Dijo Dentel mientras sacaba una hogaza de pan, queso y algo te carne salada. Comieron rápido y volvieron a la senda que iba al lado del río hasta que el sol desapareció por las montañas y la luz se fue con el. Se salieron del sendero, para más seguridad, y buscaron una zona entre grandes piedras para resguardarse por si alguien pasaba por el sendero. Sacaron un par de mantas y ataron la mula a un árbol. Pusieron una manta sobre la hierba para tumbarse en ella y la otra la utilizaron para taparse. Era una noche relativamente cálida para el frio que solía hacer.

    Las manos de Sahara rodearon el cuero de Dentel sintiendo el calor que emitía. Sus turgentes y voluminosos pechos se pegaron a la espalda de Dentel y este sintió como por su cuerpo la sangre se aceleraba. Al cabo de unos minutos Sahara susurro al oído de Dentel.

    – Dentel…estas dormido?

    – No!! Contesto el algo nervioso.

    – No puedo dormirme! Susurro Sahara.

    – Estoy nerviosa y tengo frio!

    Dentel se dio la vuelta colocándose frente a la mujer y paso sus brazos sobre el cuerpo de ella abrazándola. Sahara sintió ese calor humano y su cuerpo se fue relajando. Noto como las manos de él acariciaban su espalda con sus rudos dedos y las manos de ella hicieron lo mismo mientras notaba cierta excitación en la respiración de Dentel. Su mano fue bajando lentamente por la espalda del hombre hasta llegar a su culo cubierto por el pantalón algo andrajoso que llevaba. Seguidamente no dudo en pasar la mano a la zona delantera y sintió como el miembro de Dentel estaba muy erecto bajo el pantalón.

    El notó la mano de ella y se puso más nervioso de lo que ya estaba. – Creo que tu padre no aprobaría esto!! Dijo Dentel con voz suave y cariñosa.

    – Mi padre ya no está. Le he visto morir mientras intentaba defender la entrada de la casa y nuestro futuro es bastante incierto. Estamos solos, y nos dirigimos a un sitio que no conocemos. No creo que debiéramos desaprovechar ningún momento que nos regale el presente. Contesto ella con voz cálida pero firme.

    – Espero que Anatol nos acoja en su casa cuando lleguemos! Dijo Dentel intentando animar a la mujer y a la vez a sí mismo.

    – Buscare trabajo y seguro que nos ira bien!

    Sahara ya masajeaba el miembro erecto de Dentel con su mano delicada y suave. – ¿Te gusta? Dijo ella con una leve sonrisa mientras mantenía sus labios muy cerca de los de él.

    Dentel acerco más sus labios hasta sentir los de ella y un largo y sensual beso los envolvió. Sahara movía su mano despacio sujetando el miembro de Dentel mientras este pasaba sus labios por el rostro de ella, bajando lentamente por su cuello, después por el escote, hasta llegar a la fina piel de su hermoso pecho. Una de sus manos lo tocaron, lo sobaron hasta notar como los grandes pezones de la mujer se pusieron erectos. Bajo con delicadeza la roída ropa que los cubría y los miró con los ojos muy abiertos. La luz suave que emitía la luna casi llena, los hacia brillar de una forma especial.

    – Te gustan? Susurró ella.

    El asintió con la cabeza sin dejar de mirarlos.

    – Chúpalos un poco! Te gustará y a mi me dará calor!

    – Dentel tardó unos segundos en acercar sus labios. Los puso sobre uno de los bonitos pezones y comenzó a chuparlo con deseo.

    – Despacio, despacio! Susurró ella mientras mantenía una mano en el miembro duro y con la otra le acaricia a el denso pelo de la cabeza.

    El cuerpo se Sahara tembló ligeramente y su mano apretó con más fuerza el miembro que sujetaba. Ahora fue el cuerpo de Dentel el que tembló y sintió una deliciosa sensación cuando su miembro empezó a mojar la mano de Sahara. Ella siguió masajeando el erguido miembro hasta que dejo de manar.

    – ¡Vaya, lo siento! Susurro Dentel.

    – No te preocupes. Dijo Sahara sonriendo. – ¡Me gusta hacerte feliz! Sahara saco un pañuelo y limpio el miembro del hombre y su mano. Después se acurruco contra su cuerpo y mientras se quedaban dormidos le susurró.

    – No te preocupes. Yo te haré feliz y te enseñaré a que tú me hagas feliz!

    Con las luces del alba se levantaron y miraron en todas direcciones, todo parecía tranquilo. Recogieron sus enseres y continuaron el camino por la pequeña senda que iba junto al rio.

    – Parece que nadie nos ha seguido! Dijo Dentel sonriendo a Sahara. Esta le devolvió la sonrisa después de mirar hacia detrás y ver que no había ni se oía susurró

    – Si, hemos tenido suerte. Parece que este camino no lo ha cogido nadie más. ¿Qué habrá sido de los demás? Dijo Sahara.

    – Espero que hayan podido escapar, como nosotros. Contesto Dentel intentando aliviar a la mujer

    – Es una horda muy violenta y vienen para hacer esclavos. Dijo Sahara.

    – Hace tres años, cuando tú todavía no vivías aquí, hicieron una incursión y se llevaron a más de veinte personas. Sahara hizo una pausa y prosiguió.

    – Yo fui una de las que se llevaron. El Jefe, Iván, me hizo su esclava y me violaba casi a diario. Tuve que soportar eso durante dos meses hasta que pude escapar. Estuve varios días escondida en el bosque hasta que decidí volver a mí aldea. Los mayores que quedaron, y que no se quisieron llevar por ser demasiado viejos, me contaron que me anduvo buscando durante días para llevarme con él. Dentel la escuchaba con cara de tristeza.

    – ¡No lo sabía, lo siento! Dijo él.

    – No te preocupes, aquello ya paso y lo he superado. Desde aquel momento decidí que la vida es muy corta y pensé en vivirla…de otra manera. No dejaré que un carbón como ese me la joda. Dentel no sabía que decir, estaba abrumado por las palabras de Sahara y tiraba de la mula algo nervioso. El sol estaba llegando al centro del día y sugirió pararse a comer y descansar un poco.

    – Este es un buen sitio para descansar. Dijo Dentel mirando unas grandes rocas que había a unos cincuenta metros en la ladera.

    – Está resguardado y si pasa alguien no nos verán.

    Se desviaron entre la maleza hasta dejar de ver el sendero. Había una pequeña cueva tapada por unos árboles frondosos. – ¡Es un sitio perfecto! Dijo Sahara.

    – Además, amenaza lluvia y aquí podremos resguardarnos. Descargaron la mula y la ataron a un tronco donde había pastos para que comiera. Dentel recogió ramas secas antes de que empezara a llover y las paso dentro de la cueva. Apenas tenía profundidad, unos cuatro metros, pero era suficiente para hacer un fuego y resguardarse de la lluvia que empezaba a caer. Se puso a encender el fuego mientras Sahara acababa de meter los enseres dentro de la cueva. Su pelo largo y castaño se había mojado ligeramente y las gotas de agua que resbalaban por su cuerpo hacían brillar su piel morena. Se agacho junto al fuego arremangando la parte baja de su roído vestido de tela vieja y sus muslos de piel tersa hicieron fijar la mirada de Dentel. El muchacho con la cabeza baja, avivando el fuego, miraba esos muslos intentando disimularlo. Todavía le vencía su timidez.

    – Empezaremos una nueva vida, Dentel! Dijo ella con una amplia sonrisa.

    – Seguro que nos irá bien en la aldea de tu primo! Sahara agachada, dejaba ver un escote que el brillo del fuego realzaba.

    La lluvia que caía era fina y Sahara decidió aprovecharla para limpiar su cuerpo. Se acercó hasta la entrada de la cueva y se quitó el cinturón que ajustaba el roído vestido a su cintura. Tan solo era una pieza de tela cuadrada que se metía por la cabeza y el cinturón la ajustaba a su cintura. Tiro de el hacia arriba de espaldas a Dentel. El cuerpo de la hermosa mujer quedó desnudo, tan solo cubierto por sus bragas algo desgastadas. Dentel la miraba y sentía como en su cuerpo crecía la excitación. Tan solo se le ocurrió decir.

    – Cuando lleguemos a la aldea de Anatol, te comprare ropa nueva!

    Ella salió un par de metros de la cueva y su cuerpo comenzó a mojarse con las finas gotas que caían. Su piel morena y tersa fue adquiriendo un brillo especial. Se dio la vuelta después de escuchar a Dentel y sonrió diciendo.

    – Es que…no te gusto desnuda?

    Dentel se puso nervioso, se le trababa la lengua.

    – Claro que me…gustas…desnuda, pero la ropa que llevas ya está muy vieja y quiero comprarte otra!

    Sahara comenzó a frotar su cuerpo con las manos lentamente, mientras cerraba los ojos y disfrutaba del agua que lo recorría. Paso un minuto así, subiendo y bajando las manos por todo su cuerpo. Dentel la miraba sin pestañear. Sintió como su miembro se hacía más grande bajo el pantalón. Los movimientos sensuales de Sahara le habían provocado una gran excitación. Sahara camino despacio hacia el interior de la cueva. Dentel rápidamente saco una prenda de tela a modo de toalla y cubrió el cuerpo mojado de la mujer.

    – Sécame! Sugirió ella sonriendo.

    Dentel comenzó a frotar el cuerpo con la prenda sintiendo bajo ella las prominentes curvas del cuerpo de Sahara. Las manos de Sahara bajaron despacio hasta llegar al pantalón del excitado hombre. Sus dedos tocaron sobre la tela y sintió la erección que ya tenía el miembro. Cogió la prenda que cubría su torso por la parte de abajo y tiro de ella hacia arriba. El pecho musculoso del hombre quedó al descubierto y los labios sensuales de Sahara comenzaron a besarlo. Su lengua lo humedecía, dejando un rastro de saliva por donde pasaba. Dentel sentía mayor excitación a cada segundo sin poder controlarlo. Sahara fue bajando con su lengua lentamente por el pecho de Dentel. Se detuvo en su vientre mientras sus manos desabrochaban el pantalón que cayó al suelo. El miembro del fornido hombre destacaba erecto y duro sobresaliendo de su cuerpo. Sahara lo acarició con sus delicadas manos, miro el capullo hinchado y saco su lengua carnosa y húmeda pasándola por el sonrosado capullo. Dentel cerró los ojos y se dejó llevar por esa sensación de placer. Ella sabía lo que iba a ocurrir si abría su boca y metía dentro ese capullo erecto y duro, pero no lo dudo. Lentamente abrió sus sensuales labios y comenzó a succionarlo ligeramente, quería que ese momento durará, que Dentel sintiera como el placer aumentaba en su cuerpo. Chupo suavemente y poco a poco lo fue introduciendo en su boca. Dentel abrió los ojos y miro como la mujer abría mas su boca y succionaba hasta meterse la mitad del miembro dentro. Chupo más y más, cada vez las succiones eran más intensas, y el excitado hombre no pudo resistir y sintió un placer inmenso cuando su miembro, duro y estirado como una estaca, se desbordó en la boca de Sahara llenándola de una leche espesa y caliente. Sahara comenzó a tragar mientras no dejaba de chupar. La leche no paraba de manar y acabo desbordándose entre sus labios. El líquido blanco resbalaba por sus mejillas pero no dejo de chupar hasta que sintió que ya no salía nada del miembro del hombre. Le oía jadear mientras todavía mantenía la polla en su boca. Fue sacándola despacio mientras lamía la leche que resbalaba por ella. La polla todavía seguía dura cuando la saco de su boca.

    – Te ha gustado? Dijo ella sonriendo.

    – Ha sido delicioso! Me has dado un placer inmenso!

    Sahara se incorporó besando largamente la boca de Dentel mientras mantenía la mano en su polla.

    – Ahora me lo darás tu a mi! Le susurró Sahara al oído mientras comenzaba a restregar la polla contra su coño.

    – Te iré enseñando cómo darme placer! Le volvió a susurrar. Dentel la tenía agarrada por el culo apretándoselo con sus fuertes manos mientras sentía su capullo entre el oscuro bello que cubría el centro de sus piernas.

    – Chúpame los pezones! Dijo ella cuando ya empezaba a sentir excitación.

    Dentel bajo su boca y comenzó a lamer las tetas y a chupar los erectos pezones pero ella necesitaba sentir mas.

    – Chupa más fuerte! Volvió a decirle mientras ya había colocado el hinchado capullo entre los labios de su coño.

    Las succiones de Dentel comenzaron a ser más fuertes a la vez que los dedos se clavan más en su culo. Movió levemente las caderas y parte de la dura polla penetró en su coño, Dentel al sentirlo, movió las suyas y la polla, tiesa como una estaca, penetró entera llenado la vagina de Sahara. – Ahghghg!! Gritó ahogadamente.

    – Despacio! Quiero sentir como entra y sale! Volvió a susurrarle.

    El hizo lo que le pedía y se movió lentamente. La polla comenzó a entrar y salir despacio haciendo que el coño de Sahara se abriera y se cerrará.

    – Así, asiii!!

    Susurró ella con una voz delicada. No sólo ella, también Dentel estaba sintiendo un delicioso placer. Las grandes manos del fornido hombre se agarraron al culo de Sahara mantenimiento un ritmo suave en el vaivén de sus caderas. Ella sentía como a cada movimiento, la dura polla de Dentel penetraba más profundamente.

    – Te gusta así? Preguntó él con apenas un susurro de su voz.

    – Síii, siiii!! Pero no sueltes la leche todavía! Dijo ella jadeando contra sus labios.

    – Tranquila, todavía no llega!

    El duro miembro de Dentel ya entraba entero, y Sahara, notaba el choque de los huevos contra sus muslos.

    – Me gusta! Me gusta! Lo estás haciendo muy bien! Tienes una generosa verga! Ufff, venga! Ahora más fuerte! Más deprisa! Y ábreme el culo bien con tus fuertes manos!

    Dentel se movió más deprisa, y sus penetraciones se hicieron más fuertes y profundas, provocando un ruido especial al chocar contra la pelvis de Sahara.

    – Así, asiií! – Susurró Sahara jadeando. – Sigue, sigueee! Aghggg! Diosss! Aghggg!! Grito Sáhara al sentir como se corría y se empapaba su coño.

    – Vamos, dame ya tu leche!

    Dentel comenzó a darle fuertes empujones. Sentía como su polla se deslizaba como el agua entre las piedras, como sus huevos sonaban al chocar contra las piernas sensuales de Sahara y su polla se llenó de calor al sentir como la leche fluía como un torrente a través de ella. Dentel jadeó mientras la leche fluía, y Sahara movía sus caderas jadeando casi al compás. Después de unos segundos, los dos pararon de moverse. Sahara le besó en los labios con ternura y le susurró sobre ellos.

    – Lo has hecho muy bien! Me has dado un gran placer!

    Se retiró y salió de la cueva para que la fina lluvia que caía limpiará sus piernas por las que escurría la leche que se desbordaba de su coño.

  • Juventud en éxtasis (parte 2)

    Juventud en éxtasis (parte 2)

    Pasaron varios días desde que Darlene me quito mi virginidad con su negro y embadurnado consolador.  Desde ese entonces sentía cada noche ráfagas de placer al acostarme que me hacían mojar mi coño, acompañados con descargas de adrenalina con solo acordarme de la guarra introduciéndome la verga en un frenesí de complicidad y porque no decirlo… de mutua perversión. Se acercaba el final de mis vacaciones de verano y sabía que muy pronto estaría de regreso en la Universidad de Rio; lo cual me quitaría tiempo para seguir compartiendo mis travesuras con la putita de mi sirvienta.

    Para entonces me encontraba cursando el tercer y último año de finanzas y relaciones internacionales, y era una carrera que demandaba mucho tiempo y dedicación; trabajos en grupo, estudiar hasta tarde y un largo etcétera que haría casi imposible que me divirtiera a solas con Darlene. Pretendientes en la universidad nunca me faltaron, pero fueron relaciones que nunca pasaron de una simple amistad que iban de ir a cine hasta salir a la discoteca a bailar.

    Faltando una semana para que se acabaran mis preciadas vacaciones le dije a Darlene que quería tener sexo con un hombre – Bueno Vera si es lo que quieres, déjame y hablo con unos amigos de la empresa de telefonía- me dijo – he entablado amistad con dos de ellos que siempre hacen mantenimiento a las redes de esta calle, y pues hablando una cosa llevo a la otra- agrego haciendo un gesto de placer con su boca. Esta confesión de Darlene me puso todavía más cachonda todavía, parecía que esta mujer no tenía límites a la hora del sexo. Era, una complicidad que no tenía límites, lo cual me daba más morbo y me hacía sentir más curiosa sobre las prácticas sexuales.

    -Cuéntame como paso Darlene- le pregunte sonrojada y con la voz evidentemente entrecortada de tanta ansiedad, – pues un día que tu madre no estaba, Vera, y tu estabas en la Universidad; hice entrar a los dos hombres de la empresa telefónica, y nos metimos a mi cuarto, en la misma cama donde te hice mía cariño- a lo que hizo una pausa… evidentemente sonrojada y agitada por la confesión -no pares continua- le dije sobrexcitada. A continuación me relato como los dos hombres le habían quitado la ropa como una jauría de lobos que despedazan a su presa con desesperación, y acto seguido les había practicado sexo oral con una verga a la vez, y luego con las dos pollas metidas hasta su garganta; después, me conto con lujo de detalles como uno de ellos le había tratado de meter la polla en su culo lubricado con saliva, a lo que Darlene entre gemidos grito -suave mi vida, no quiero que me desgarres mi culo en nuestra primera cita-, a lo que el tipo dócilmente le bajo la intensidad. Paralelamente Darlene le lamia la verga al otro individuo; primero, lamiéndole el glande hasta terminar introduciendo toda su verga hasta la base misma de este. Acto seguido el tipo le saco la verga por sus carnosos labios e introdujo su polla en su vagina morena en un rítmico mete y saca por unos 30 mins, a lo que yo le interrumpí preguntando con una mueca de morbo- y como haces para controlar tu esfínter mientras el tipo te la mete por el culo?- a lo que ella con una risa perversa me respondió que con enemas anales al principio, aunque con el tiempo de practicarlo por atrás tanto el ano como el esfínter se adaptaban al tamaño de la verga, -aunque el lavado previo era importante para evitar alguna que otra sorpresa- añadió guiñándome el ojo. Luego de aclarada mi duda me siguió relatando como al pasar los 30 minutos de jaleo puro y duro, le dijo al tipo que la penetraba por la vagina que también se la metiera por el culo, a lo que el primer enculador enarco las cejas como muestra de desagrado, -no dejare que otro ponga su verga sucia junto a la mía en el mismo hueco- dijo alzando la voz y evidentemente disgustado, a lo que Darlene replico -no seas tan timorato mi vida y deja los prejuicios, se un buen padre para mí y deja que tu otro compañero también la meta y me acaben en mi puto orto- añadió la sirvienta que ya se había corrido por su coño y bañaba de flujo a los dos sujetos por las piernas hasta llegar a los muslos de ambos. De manera instintiva y como una buena loba en celo experimentada, Darlene paso la mano por su coño; se embadurno la mano de flujo vaginal y procedió a lubricar con este su ano para meterse las dos pollas por el culo,- pero mujer, tú de donde has aprendido todo esto?- pregunto sorprendido uno de ellos, a lo que ella respondió -tú te callas y más les vale que hagan lo que les pido o no habrá una segunda vez. – Veras vera, no hay nada más placentero que una corrida en el fondo de tu culo, me dijo exudando placer- a lo que agrego -y estos tipos de la telefónica me lo hicieron por partida doble. A lo que termino diciéndome como después de la doble penetración, les hizo sexo oral a ambos sujetos con sus rostros evidentemente desconcertados ante esta nueva y desconocida practica sexual.

    Al terminar de contar su anécdota pervertida, y con las entrañas revoloteándome en una espiral de placer y morbo dije para mis adentros: debo experimentar esto o mi cabeza explotara… gracias al cielo mi plegaria no se hizo esperar.

    El último viernes de mis vacaciones mi madre se fue a laborar al centro de rio como era costumbre y como a las 10 de la mañana Darlene llamo a mi habitación- Vera asómate por la ventana, grito, ahí están los dos tipos que te conté haciendo mantenimiento a las líneas telefónicas-, a lo que yo le dije que los hiciera pasar para brindarles un poco de agua, ya que hacia un calor tremendo en la ciudad y debían de estar tremendamente extenuados. No fue ordenarle a Darlene cuando esta ya se encontraba abriendo la puerta de la casa y haciendo pasar a los dos susodichos a la sala de estar. – hola muchachos, deben estar sedientos; recuerdo mucho nuestro último encuentro y saben que… hoy nos divertiremos con la princesa de la casa- añadió Darlene al tiempo que se levantaba con la mano su traje rosado de sirvienta desde los muslos hasta las caderas; dejando entrever sus panties a la vista de los sujetos.

    -Vera- grito Darlene -baja querida que no tenemos mucho tiempo- agrego algo apresurada, a lo que yo le respondí que subieran a la habitación principal de mi madre; ya que esta contaba con una cama matrimonial bastante amplia y tenía aire acondicionado. Debo confesar que a pesar de estar sudorosos, en mal estado físico y con una incipiente barriga que sobresalía sobre su indumentaria de trabajo (que dicho sea de paso, también se notaba sucia por los trabajos), veía a los sujetos como dos objetos sexuales, «consoladores tal vez?» que debían cumplir la única misión de satisfacer mis irrefrenables deseos sexuales, producto de las anécdotas de mi pervertida Darlene. Me observaron con miradas de lascivia de arriba a abajo en busca de algo prohibido; algo que no les pertenecía en absoluto pero que esa calurosa mañana por azares del destino, y porque no decirlo, por caprichos míos, tendrían mi cuerpo y el de mi putita Darlene a su antojo. – Hola, puedo pasar? – interrumpió Darlene en la habitación de madre vestida con un babydoll de color negro, que resaltaba su esbelta figura; sus panties traían consigo unos tirantes que le daban un aire de actriz porno italiana de los años 90s. Yo, sin quedarme atrás en la escena, empecé a quitarme suavemente mi panty mojado que usaba desde el día anterior; como una jauría de lobos al acecho, uno de los tipos pareció oler mi sexo, a lo que acto seguido Darlene me tomo de la mano y me subió a la cama para acariciarnos mientras los tipos empezaban a bajarse los calzoncillos y pajearse. – hoy serán nuestras perras en celo- susurro uno de los tipos mientras se acercaba a la cama con su verga evidentemente babosa, a lo que vera lo tomo de la polla y lo subió también hasta la cama de madre. Con el calor de la excitación mis sentidos volaban a millón y no sentía el aire acondicionado, sino los fogonazos de excitación que recorrían mi espina dorsal acompañados de leves corrientazos que iban y venían de mi vagina a mi culito. Acto seguido me dirigí hacia el otro tipo en la esquina de la habitación y realice el mismo ejercicio jalándolo de la polla hasta mi cama.

    A continuación le lamí la sudada polla del sujeto que me presionaba por la cabeza hasta que toda su verga entro en mi garganta- si tu madre supiera en las que andas «mi chiquita»- me susurro entre gemidos, a lo que yo le respondí- hazme tuya como lo haces con tu mujer y la perra de Darlene- a lo cual nos miramos con una sonrisa de complicidad. En el otro lado de la cama estaba Darlene realizando el 69 con el tipo, el tipo le lamia frenéticamente desde el coño hasta el culo en un movimiento uniforme, y ella le lamia la verga hasta la base. – sabes algo cariño, me dijo Darlene evidentemente excitada, es hora de iniciarte en el anal-, a lo que yo diligente y como una perra recién adiestrada me puse a sus órdenes. – deja de chupar y ponte en cuatro- me dijo, a lo que procedí; ella a su vez dejo de lado a su tipo y rápidamente empezó a frotar mi culo; -quien quiere poseer a mi princesa de primero? – pregunto con una expresión de morbo en sus labios, a lo que los dos sujetos respondieron si al unísono. Enseguida Darlene empezó a lamerme mi chiquito hasta llegar lentamente a mi depilada vagina, mientras los dos sujetos estupefactos nos miraban preguntándose si esto era real o un espejismo producto del calor.

    Con sus dedos empezó Darlene a abrir lentamente mi culo y a introducir su lengua -métela toda y no pares, sirvienta putica- respondí gimiendo, a lo que ella agrego – dame las gracias cuando lo practiques con tus amigas- entre sollozos de placer. Siguió introduciendo su lengua hasta el fondo de mi cavidad anal; y debo confesar al día de hoy, que sentí una mezcla de vergüenza y placer cuando sentí como su lengua recorría como una culebra húmeda todo el fondo de mi trasero; al mismo instante empecé a lamerle la polla a un sujeto mientras volteaba a ver como Darlene le hacia su «tratamiento» a mi trasero; y, en un momento Darlene llamo al otro sujeto para que se acercara donde ella y empezara también a lamer mi culito,- hay que suavizarle el culo a esta puta- le dijo Darlene al sujeto, a lo que ambos introdujeron sus lenguas a la vez en el fondo de mi culito.

    En un momento mientras el tipo de adelante me hacía sexo oral, empezó a frotarme el clítoris de manera suave por varios minutos hasta que de manera instintiva le dije que me penetrara, – estas mojadita mi vida, te voy a tratar como un ángel- dijo, a lo que empezó a penetrarme la vagina mientras Darlene y compañía seguían en lo suyo. Primero empezó lentamente y después de unos 5 minutos la penetración se volvió más intensa y desordenada. A estas alturas la aseada cama de mi madre era un océano de flujos vaginales, líquidos seminales y sudor que se entremezclaban con gritos de lujuria y éxtasis descontrolados. En un instante del mete y saca vaginal, Darlene saco la verga del participante y se la metió a la boca, lamiéndola rápidamente; solo podía ver desde adelante como Darlene lamia la polla embadurnada de mis flujos en unas desordenadas pero intensas bocanadas, como quien lame rápidamente un helado antes de que se derrita. A lo que acto seguido la metió nuevamente en mi coño mientras se besaba con el tipo de atrás, probando el sabor de lo profundo de mi culo.

    A los pocos instantes Darlene me susurro al oído- es hora de penetrar tu puto culito de princesa, no te parece Vera? – a lo que yo asentí con la respiración entrecortada. Esta vez el turno seria para el sujeto que lamio mi culo – sabes amigo, como tú se lo preparaste te toca a ti tenerlo- dijo Darlene entre sollozos; a lo que el pretendiente empezó penetrando suavemente el glande por unos 2 minutos, hasta que finalmente y no sin dificultad, metió su enorme verga negra hasta el fondo de mi ser – te gusta cómo te lo hago putita- me pregunto, a lo que yo le respondí – dale despacio mi vida que es mi primera vez-. Fue la sensación más extraña de mi vida el tener algo por primera vez tan adentro de mi trasero; aunque hoy cuando practico sexo anal con mi pareja, ya que nos consideramos abiertamente liberales frente al sexo; lo recuerdo con picardía y mucho morbo. Pasaron unos minutos de «jaleo anal» hasta que la muy puta saco la verga de mi culo y empezó a lamerla apasionadamente- de seguro no te lo esperabas mi princesa- me dijo entre jadeos, a lo que yo le respondí contrariada con una mueca de risa y pena – a que sabe mi culo putita- le pregunte de inmediato- a lo que ella respondió que a néctar de dioses. Esa respuesta para mí no tenía ningún sentido, como todo lo que estaba pasando en ese momento. En un momento dejo de lamerla y la introdujo nuevamente en mi culo mojado, y en ese instante llamo al otro sujeto y le dijo que me follara mi vagina. El solo escuchar las instrucciones que Darlene le daba a los tipos como una entrenadora de una orgia sexual que ordena a sus anchas, me ponía cada vez más cachonda; y en un lapso de tiempo y sin percatarme tal vez por la oleada de éxtasis combinada con la enajenación de mis sentidos, ya estaba siento penetrada por los dos sujetos, mientras Darlene a su vez le lamia los testículos a uno de los sujetos para luego pasar a lamerle el sudoroso ano del mismo individuo. Pasaron los minutos o las horas, la verdad ya ni me importa, hasta que me acabaron primero en el coño y luego en mi culito. Ya Darlene se notaba exhausta igual que yo, y nuestros rostros ruborizados por tal faena no nos daba para seguir un momento más; en un último acto Darlene me dijo que expulsara mi semen, a lo que yo sumisa procedí expulsando por completo el semen de mi culo y luego el de mi coño sobre las tetas de mi guarra, a lo que esta comenzó a frotárselo por todo su abdomen y finalmente paso un poco sobre sus labios. Posteriormente los tipos se vistieron rápidamente y se fueron sin despedirse.

    ¿Mire el reloj y eran las 1 de la tarde, como era posible que hubiera pasado tanto tiempo?, a lo que me acorde que mi madre debía regresar a la casa a las 3 p.m. y la habitación de madre era un desastre – creo que tienes trabajo por delante, así que ponte a arreglar la habitación, mi putita- le dije, a lo que ella con notable cansancio y sonriendo me dijo al oído -como ordene mi princesa putita, pero recuerda «todos los días se aprende algo nuevo»-.

    Darlene duro trabajando unos tres años más hasta que se mudó a otra ciudad por motivos familiares. A día de hoy seguimos manteniendo contacto vía WhatsApp, contándonos nuestras intimidades de la vida conyugal, y sobre nuevas prácticas sexuales para sorprender a nuestros maridos.

    -Vera los niños quieres almorzar- me grito mi esposo desde la habitación mientras terminaba de tomar mi daiquiri en mi silla playera, observando el hermoso atardecer de la costa azul francesa, y a sabiendas de que nuestra vacación familiar terminaba al día siguiente. En definitiva, de nuevo a la realidad.

  • El vecino ardiente

    El vecino ardiente

    Continuación del relato «Con el vecino».

    Es hermoso, en serio te encanta. Cabello oscuro despeinado, bronceado, ojos negros brillantes, una sonrisa para hacerte sentir débil en las rodillas y un cuerpo atlético. Desafortunadamente, lo sabe, pero supones que tendría que ser bastante estúpido para no notar el efecto que tiene en las mujeres.

    Es tu vecino, pero no el tipo de vecino ignorante, vulgar y escandaloso. Es un vecino inteligente, articulado y elegante con un vocabulario bastante refinado.

    Han coqueteado durante meses, desde su frustrado encuentro en la azotea del edificio donde viven. Buscaste con impaciencia una oportunidad, hasta que tu propio marido la ocasionó: necesitaba pintar la cocina, pero él no podía hacerlo ni tampoco quiere tener extraños en el departamento.

    Entonces sugeriste que tu ardiente vecino puede hacer el trabajo que tu marido no quiere.

    Cuando fueron a proponer el trabajo el vecino dudo un poco, pero aceptó cuando te llevaste tu mano a tu entrepierna discretamente. Pintar una cocina no es difícil, para eso están los tutoriales en video.

    Tu marido propuso el día para llevar a los niños al parque y después al cine, aceptaste fingiendo molestia por tener que quedarte a supervisar al vecino, pero por dentro te estabas quemando de placer.

    Llegó el día.

    Lo estás esperando en la cocina del departamento, una bata de seda gris te cubre modestamente y debajo no llevas nada más que medias negras y un par de braguitas de encaje transparentes. Ah, y unos tacones altos.

    Tomas una copa de vino para calmar tus nervios, pero realmente no parece ayudar. Hay un nudo en tu estómago y un hormigueo entre tus muslos que nada puede controlar. ¡Haz esperado esto durante tanto tiempo que casi tienes miedo de que sea un anticlímax!

    Intentas ocuparte poniendo música, cerrando cortinas, sirviendo otra copa de vino y no escuchas la puerta del departamento abrirse, ni sus pasos acercándose, así que saltas cuando de repente sientes su mano ahuecando tu trasero a través de la seda y su boca en tu cuello.

    Estás tan nerviosa que olvidaste cerrar correctamente la puerta, ya está aquí tu vecino hermoso detrás de ti.

    Lo siguiente que hace es quitarte la bata de los hombros para que caiga al suelo en un charco de sedosa suavidad. Te sientes tan expuesta ahora, desnuda solo con tacones altos, medias y unas pequeñas bragas que apenas te quedan. Sus manos frías y ligeramente ásperas acarician tu piel, se deslizan sobre tus hombros y tus brazos, poniéndote la piel de gallina y haciendo que tus pezones se endurezcan aún más. Y luego su boca, cálida y suave plantan suaves besos en tu hombro, mordisqueando y lamiendo.

    Gimes.

    Y te inclinas hacia él, temblando con los abrumadores sentimientos de lujuria que están inundando tu cuerpo. Te dice que no me muevas y tú obedeces quedando ahí respirando por la nariz, con los ojos cerrados, agarrando la superficie de la mesa de cocina en un esfuerzo por calmarte.

    Por un momento no sabes qué está haciendo porque no te atreves a mirar alrededor, pero cuando sientes su pecho caliente contra la espalda y una dureza presionando contra tu trasero, te das cuenta de que se ha desnudado.

    Todavía de pie detrás de ti, toma tus brazos y los levanta alrededor de su cuello, luego se gira y comienza a jugar con tus pechos, ahuecando y masajeándolos, acariciando y pellizcando tus duros pezones rosados entre sus dedos, mientras te murmura al oído. sobre lo mucho que va a disfrutar jugar contigo y hacerte gritar de placer, sin importar que te oigan en todo el edificio.

    Ahora sus manos bajan por tu vientre, acariciando la piel justo debajo del borde de las bragas, lo que te hace contener la respiración con deseo ardiente…

    Tu coño está anhelante y húmedo, sus dedos están tan cerca que casi no puedes soportarlo.

    Tu sistema nervioso está gritando que toque el clítoris y te dé las olas de placer que tan desesperadamente has buscado por meses, pero en lugar de eso, engancha sus dedos debajo de tus bragas y los desliza por tus piernas.

    Con su voz susurrante y ronca te dice que te alejes un poco de la superficie de la mesa de la cocina y abras más las piernas, así que ahora tu hermoso trasero está completamente expuesto y estás bastante segura de que podrá ver la humedad que se ha acumulado en los deliciosos labios de tu sexo.

    Eres la imagen viva de la lujuria: piernas largas encerradas en medias negras transparentes, tacones altos forzando tus nalgas hacia afuera, la entrepierna brillando, lubricada y palpitando de deseo, la suave curva de tus senos cuelgan hacía abajo sudorosos temblando de emoción.

    Él está sorprendido por lo excitada que estás, es imposible ocultar.

    Desliza el dedo medio inesperadamente a través de tus labios vaginales, haciéndote gritar. Alarga la otra mano y te mete el mismo dedo en la boca, diciendo que lo chupes hasta dejarlo limpio.

    Es lo más sabroso que has probado en mucho tiempo.

    Apenas puedes quedarte de pie, las piernas tiemblan, la respiración es superficial y rápida, y sientes tus fluidos bajándose por tus piernas.

    —Por favor —le suplicas—, por favor, por favor…

    Toma la punta de su polla y frota contra los labios del coño, tan cerca de donde lo necesitas y empujas las nalgas hacia atrás, buscando su penetración.

    En lugar de eso, pone una mano en tu trasero y la otra comienza a rasgar el clítoris y antes de que te des cuenta ya tienes un orgasmo intenso, los jugos calientes corren por su muñeca y gotean al suelo.

    El orgasmo cubre cada centímetro de tu piel, mientras sus dedos penetran en tu sexo, la casa se llena con el sonido de un jugoso coño chapoteando y con los aromas de tu placer.

    Cuando finalmente saca los dedos, te hace girar y limpia los jugos fragantes que empapan su mano por toda mi cara y pechos y luego procede a lamerlos.

    Una corriente eléctrica llega hasta la médula de tus huesos, el deleite de sus labios en tus pezones te llevan a suspirar de placer. Este hombre sí sabe lo que hace.

    Puedes verlo con detalle por primera vez, tus ojos viajan sobre su amplio pecho bronceado y bajan a su polla que te apunta, con la parte superior brillando con líquido preseminal. No puedes evitar extender la mano para acariciar el eje duro y él cierra los ojos concentrándose en la sensación.

    Te dice que quiere que lo chupes, y te lo dice con esa voz profunda y tan sexy, que no puedes negarte a su petición.

    Mientras te arrodillas frente a él, acaricias el coño mojado e hinchado sin dejar de ver fijamente su polla.

    Sientes sus manos en la parte posterior de la cabeza tratando de guiarte hacia adelante, pero primero decides jugar con él.

    Lentamente sacas la lengua y tocas la punta de su polla, mirando a sus ojos mientras lo haces.

    Luego la rodeas, probando el pre-seminal antes de sumergir tu cabeza para tomar sus bolas suavemente en tu boca. Sus piernas tiemblan ligeramente ahora y lames lentamente hacia arriba y hacia abajo en la parte inferior de su eje.

    Lo sientes tan cálido, suave y duro. Y tus dedos continúan acariciando tu coño mientras comienzas a chuparlo, tomándolo tan profundo como puedes en la boca, comenzando con un ritmo que hace eco con los dedos en tu entrepierna.

    Más rápido y más profundo ahora, dedos y boca, casi con arcadas cuando su polla golpea la parte posterior de tu garganta, y puedes sentir que se pone aún más duro y sus bolas se aprietan a medida que se acerca más y más al orgasmo.

    Hasta que de repente con un gemido su esperma caliente se dispara dentro de tu boca. Es salado y espeso y debes tragar rápido para no atragantarte.

    Al mismo tiempo, tu propio orgasmo golpea e invade todo tu cuerpo, y tus jugos salen a borbotones, empapando tus dedos y el piso de la cocina. Estás en llamas con una lujuria animal en su más pura expresión.

    Mientras te recuperas, sientes un profundo agradecimiento por los orgasmos recientes. ¿Qué más es posible?

    El vecino, ya recuperado, se viste solo con un overol de mezclilla. Se ve tan sexy dispuesto a cumplir el favor a tu marido de pintar la cocina.

    Te quedas de pie desnuda a observar semejante ejemplar de hombre. Y mientras te acaricias los pezones, tomando una copa de vino, llegas a la conclusión de hay que pintar todo el departamento.

  • Me gusta que me vea el vecino

    Me gusta que me vea el vecino

    Vivo en un complejo habitacional, donde los edificios están muy cercanos unos de otros y recientemente me di cuenta de que en el apartamento de en frente viven varios jóvenes. 

    No sé si trabajan o se dediquen a estudiar, ya que normalmente en estos complejos multifamiliares, no sabemos quiénes son nuestros vecinos. Es tanta la gente que vive aquí, unos entran a altas horas de la noche y otros salen a trabajar casi de madrugada.

    Así que la mayoría no nos conocemos.

    Hoy fue una linda tarde de verano y salí un poco tarde del trabajo. Así que me apresuré a llegar a casa para relajarme y descansar un poco antes de recibir en casa, a uno de mis amantes ocasionales.

    Llegué, aventé mi bolso sobre el sillón y me fui directamente a la regadera a tomar un baño. El agua fresca caía sobre mi voluptuoso y caliente cuerpo.

    Me relajé y llené la tina de baño. Me acosté y el agua llena de burbujas cubría mi abdomen y las piernas.

    Aproveché el momento para acariciar mis tetas, llenarlas de jabón y masajearlas. Al hacer eso, mis pezones se pusieron duros, me los apreté e inmediatamente sentí que mi vagina ya soltaba sus fluidos. Suavemente me froté el clítoris y empecé a disfrutarlo…imaginaba cómo deseaba que mi morboso y caliente amante ocasional me penetrara.

    Me empecé a meter los dedos y ya estaba muy mojada, así que me puse de pie y saqué mi dildo del cajón donde guardo las toallas. Regresé a la orilla de la tina y me senté en el borde, separé mis piernas al mismo tiempo que me masajeaba las tetas y las llenaba de jabón, mojé el juguete imaginando que era la polla de mi amigo. Y eso bastó para meterlo a mi vagina, lo metí suavemente pero hasta el fondo.

    Lo saqué despacito y froté el botón hinchado de mi clítoris, lo volví a introducir rápido y profundamente, pero al sentirme tan mojada. Me puse de pie y apoyándome en la pared pude meterlo con mayor rapidez y fuerza muchas veces, hasta escuchar los chasquidos que se producen por los fluidos vaginales y el golpeteo del dildo. Después de 6 o 7 minutos machacándome el coño… llegó la satisfacción, sentí cómo me escurría la lechita, que satisfacción. Liberé un poco de la lujuria contenida.

    Me dirigí a mi cuarto y al entrar me di cuenta de que había dejado las cortinas abiertas y aún había luz del día. Así que me acerqué a las ventanas y cerré las cortinas bien.

    Desde ahí pude ver que alguien tenía una pantalla encendida en el apartamento de enfrente. Estaba una persona sentada frente a la pantalla.

    Me dispuse a preparar mi ropa y a vestirme muy sexy, ya que estaba esperando a mi amigo sexual. Mientras acomodaba mi ropa en la cama, vi muy claramente que se acercó a la de ventana de enfrente un hombre joven. Quizás de unos 25 años.

    Maliciosamente me fui al extremo de la cama que da hacia la ventana y entreabrí un poco las cortinas. Me paré en medio de mi ventana y me quité la bata.

    Me puse de espalda y así permanecí algunos minutos, esperando a que el muchacho se diera cuenta. Me acerqué la ropa y me empecé a vestir… me puse el brasiere negro de encaje, unas pantis que me quedaban a media nalga y me acosté con una pierna hacia arriba e introduje la media en mi pie y lentamente la fui deslizando, discretamente vi hacia la ventana del vecino y… ¡qué nervios! Él me estaba viendo.

    Seguí y deslicé la otra media en mi pierna derecha y me paré de la cama. Caminé hacia el espejo y de pasadita jalé el cortinero para abrirlas más. Ese muchacho despertó mi morbo y mi exhibicionismo.

    Me puse de frente hacia la ventana, me puse las zapatillas y haciéndome la que no veía me senté en la esquina de la cama y alcancé el dildo que tenía sobre el tocador.

    Volví a la cama y me puse de rodillas, hice a un lado mi panti e introduje el dildo con una mano, mientras hacía mi pelo a un lado.

    Lo metía y lo sacaba lentamente y mi vagina devoraba aquel juguetito en forma de plátano… poco a poco se fui llenando ese plátano de mis jugos.

    En eso, tocaron el timbre y tuve que ir a abrir. Mi amiguito había llegado.

    Lo saludé y le dije que pasara, me preguntó porqué estaba tan agitada y le contesté que me estaba masturbando. Él se río y luego me dijo: ¿Así que estás muy caliente mamacita? Le respondí ¿Tú qué crees?

    Ahorita lo arreglamos mami, déjame tomar un poco de agua. Claro bb. Acá te espero.

    Al llegar a mi cuarto, lo empecé a besar, a lamer sus labios y le bajé el pantalón. Le toqué el pene y sus bolas. Pero él aún no estaba listo.

    Me desabrochó el brasier y se tumbó en la cama, quedando encima de él y mis tetas al aire descubiertas. Me dijo quiero masturbarte putita. ¿Quieres? Le dije sí. Me acomodé e introdujo aquel plátano en mi coño mojado, lo hizo suavemente y me dijo: que rico te lo estás comiendo mamacita y lo empezó a hundir más, más fuerte y rápido hasta que me hizo gritar y sacudirme del placer.

    Mi amante ocasional se sentó en la cama y me empezó a chupar los pezones, a masajear las tetas y mamarme de lo más rico. Eso me provocó que volviera a correrme mientras gemía de tanto placer.

    Al recuperarme un poco, supuse que el vecino estaría viéndonos. Y así fue. Me bajé de la cama por el lado que daba a la ventana y ahí estaba observando.

    Pude verle su cara y… él ese chico estaba con mirada lujuriosa y por cierto era muy guapo.

    Mi vecino era alto, moreno, muy varonil y de facciones finas.

    Mañana les seguiré contando qué sucedió después.

    Con cariño Macizorra cogelona.

    Al recuperarme un poco, imaginé que aquel joven estaría viéndonos a través de ventana. Y así fue, el chico estaba observándonos.