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  • Amante se busca

    Amante se busca

    Tenía un amigo que soñaba con ser una especie de gigoló, aunque si bien en la cama se desempeña adecuadamente como su misma esposa me lo comentó alguna vez, es de esos que no puede pegarse más de dos sesiones de sexo en una misma noche. Buscaba afuera lo que ya tenía en su propio lecho sencillamente por orgullo y vanidad.

    I

    Era la tercera mano que perdíamos seguida. Mi compa estaba en la luna. Rara vez en el dominó perdíamos, más raro era que fuera 3 veces de corrido. –disculpa viejito… estoy distraído.- me dijo. -es que… me pillaron, viejo… me pillaron…- agregó. –ven.- exclamé y mirando a los rivales, afirmé gesticulando con mi cara. -Disculpen chicos… hoy nos dieron.- Luego, tomándolo del brazo nos alejamos para sentarnos en otra mesa.

    Yo: estás seguro, Jaime que lo sabe todo.

    Jaime: si, hombre… lo terrible fue que después de mostrarme las pruebas, me aseguró que si no la consentía me dejaba.

    Yo: te dije que te pillaría tarde o temprano… ahora que te pone entre la espada y la pared te das cuenta que la amas y no quieres perderla, luego, claro de engañarla hasta el cansancio… Tienes una linda y estupenda esposa y más encima me dices que caliente… qué tienes en la cabeza.

    Jaime: qué quieres que te diga, po… soy hombre.

    Yo: estás confundido viejito… te comportas como un animal, no como un hombre… los hombres nos diferenciamos en una sola cosa… somos capaces de cultivar el autodominio… la capacidad de controlar nuestro carácter e impulsos y… canalizarlos.

    Jaime: diablos, Dani… no te entendí nada, pero sé de qué hablas… el punto es que… o hago lo que me pide o me deja por mis constantes adulterios.

    Yo: y qué diantres quiere exactamente María.

    Jaime: sabes que no le gusta que la llamen así… Magali o Magali… porfa… por eso le caes mal… En fin, me dijo que le dé la oportunidad de hacer lo que quiera con otro.

    Yo: pero lo que me dices que quiere es… wow, hermano… muy loco y… no alcanzo a imaginar las consecuencias que podría generar.

    Jaime: si acepto tengo que desaparecer de la ciudad a partir de mañana miércoles hasta el lunes.

    Yo: y qué harás?

    Jaime: ir a la capital a ver al guatón y al yolo… mis amigos… es lo único que se me ocurre… y quiero que durante estos días te hagas cargo del negocio como ya lo has hecho antes… puedes?

    Yo: sabes que lo haré. Dame los teléfonos… nos vemos y… si quieres un concejo: no le cuentes a nadie más… ah… mono… y si me salta la liebre??? Jajajaja… tranquilo, es una broma… recuerda lo desagradable que es tu esposita con mi persona… no soy santo de su devoción…

    Jaime: ni se te vaya a ocurrir decirle que sabes algo… me mata… promete que no le dirás por ningún motivo que sabes algo.

    Yo: está bien, no le diré nada… ahora sí, chatito… cuídate.

    Tanto el miércoles como el jueves, Magali, la esposa de mi amigo, a media mañana se acercó a la oficina con el solo propósito de pedir dinero para sus gastos del día. Entraba sin saludar a nadie y salía de la misma manera.

    II

    Al día siguiente no apareció, sino pocos minutos antes del cierre. Terminaba el balance. Ese día ya había despachado a todos como todos los viernes, por lo que, por suerte, pensé en ese momento, nadie vio lo borracha y desarreglada que estaba. Al entrar en la oficina, dio un paso y cayó desparramada, mostrando sus calzones y dejando al descubierto una de sus pequeñas, pero hermosas tetas.

    Yo: -ayudándola a levantarse- estás bien, Magali?

    Magali: bien… bien borracha… jajaja ajaja jajaja.

    La esposa de Jaime, incluso con mi ayuda, no pudo mantenerse en pie por lo que después de alzarla, me encaminé a depositarla sobre un sofá de 4 cuerpos que tenemos en el hall, pero ella, balbuceando pidió que la dejara en el mini departamento del tercer piso que su esposo había construido luego de una, de las tantas veces, en que fue echado a la calle después que por cualquier motivo se hubiesen peleado.

    Consistía en una habitación de 8×9 metros con grandes ventanales mirando al oeste que por su disposición, no se veían desde la calle (hasta que cual hongo, emergió 50 metros a la izquierda, un edificio con 20 pisos de altura), El mini departamento de Jaime tenía baño, una equipada cocina americana, comedor con 4 sillas, una tv adosada a la pared, dos sitiales, un sofá cama de dos plazas y una cama con iguales dimensiones.

    Magali: -balbuceando- Dani… Dani… no me dejes sola, por favor, -quedándose dormida de inmediato-.

    La miré por unos segundos. Tomé un cobertor para taparla. Luego, tras sacarle un mechón de cabello que tapaba su cara, me fui a seguir en lo que estaba. Llamé a Jaime, pero no contestó. Después de pensarlo por un momento, decidí no dejarle mensaje alguno sobre el tema.

    Una hora más tarde, fui a ver cómo seguía la pelirroja. Noté que todo seguía igual. Antes de volver a lo mío, dejé a su lado un vaso y una botella de agua sin gas. Jugaba en línea, cuando de pronto vi la hora. Ya era más de media noche. Alrededor de 5 horas pasaron como si nada. Desperezándome decidí que esa noche dormiría ahí, pues ya era tarde. Me levanté y fui, de nuevo, a ver a Magali.

    Al entrar, suavemente levantó la mirada. Ni un camión lleno de tonys le sacaría una sonrisa a ese rostro. Estaba apoyada en su codo derecho, tomando agua de la botella.

    Magali: qué hora es?

    Yo: hola, gracias por todo, Daniel… de nada, Magali… y son las 12:20 de la noche.

    Magali: gracias.

    Yo: me voy a acostar, entonces…

    Magali: por qué me lo preguntas?

    Yo: No te lo preguntaba, te avisaba lo que me disponía a hacer… y te avisaba porque, antes de caer dormida como si fueras una roca, me pediste que no te dejara sola… cosa que por cierto, no hice… también por eso de nada…

    Magali: no te creo… eso te pedí?

    Yo: qué diablos te hice que, de la noche a la mañana, cambiaste y te pusiste tan desagradable conmigo… mira… la verdad, eso ahora no es relevante, pero respecto a lo que me pediste… no tienes por qué creerme… -pasándole el control de la TV, pero al no hacer ademán de asirlo lo dejé al borde de la cama- ahí te lo dejo… ok? de todos modos, en hdmi 1 está el admin de las cámaras… sabes los datos para ingresar. Revísalas tú misma… -tomando un cobertor- y no te preocupes, duerme acá, yo me voy al sofá. Qué tengas buenas noches.

    III

    La oscuridad era casi completa. Habrían pasado no más de dos horas cuando descalzos pasos produjeron conocidos sonidos que lograron ponerme alerta. Abrí los ojos y a 10 cm de mi estaba el rostro de Magali. Encendí la luz.

    Yo: Rayos Magali, me asustaste. Qué quieres ahora… son más de las 2 de la mañana… te pasa algo… te sientes mal…

    Magali: si… me siento mal… quiero pedirte disculpas… vi el video… Dani, fuiste un caballero y… un buen amigo.

    Yo: ok… aceptadas… no sigas o me harás llorar y tapa esa pechuga que tienes al aire, mira que me estoy arrepintiendo de haber sido un caballero.

    Magali: jajajaja.

    Yo: ahora eres como la de antes… me vas a contar o tendré que rogarte… no me trates como si fuera tu esposo… somos amigos o más bien soy amigo de tu esposo, pero siempre me has caído bien.

    Magali: conoces a una mujer morena, baja pero bien formada, de culo respingón y que se llama Lorena no sé cuánto. Ella ya trabajaba, desde hace más de un año, en el mismo restaurante donde lo hago yo desde hace 4 meses.

    Yo: claro que la recuerdo… tremenda hembra… aunque… no, mejor olvídalo…

    Magali: te tomas en serio eso de que: un caballero no tiene memoria…

    Yo: es que es, o no es.

    Magali: entiendo… bueno… hace dos meses, fui a la fiesta del aniversario del restaurante… y luego de comer rico y con varios tragos encima, me contó que había conocido a un hombre increíble en la cama. Dijo que se llamaba Daniel Valencia, periodista y fotógrafo… conoces al tipo que describió.

    Yo: jajaja… de quién diantres estará hablando… jajaja… en serio te dijo eso??? Vaya!!! Qué te puedo decir… a lo mejor estaba muy ebria… quien sabe…

    Magali: jajaja… tal y como yo estaba cuando llegué… jajaja… En fin, debo confesarte que me dio mucha rabia saber que esa perra tenga algo contigo… es una puta, Daniel.

    Yo: no me puedo hacer cargo de ella y… fueron un par de veces que nos vimos. Cuando desaparecí, estuvo llamándome por días hasta que se aburrió… en fin, como tú dices… qué te puedo decir… es una loca…

    Los dos: jajajaja.

    Tras las carcajadas se dejaron sentir lentos segundos de silencio que parecieron eternos. Ella, aún despeinada, descalza y con el vestido desarreglado, de pie a menos de un metro de mí. Yo, acostado, las manos detrás de la cabeza, son el cobertor un palmo debajo de mi ombligo. Desde mi ubicación podía ver el nacimiento de sus calzones, sus estilizadas piernas y bellos y finos pies.

    Magali: perdóname…

    Yo: ya lo hablamos… te dije que estamos bien.

    Magali: no… perdóname por lo que te voy a decir… es que me pareces diferente al resto de amigos de mi esposo… lo amo, pero desde hace más de un año no me cumple en la cama… Él se amargaba, pero se negaba a ver un doctor… entonces, supe que no era un problema médico, sino que el muy patán llegaba agotado después de follar con cuanta mujer se le pasaba por el camino… Lo perdoné… me prometió no seguir, pero siguió.

    Yo: -más para mí que para ella- eso no me lo contó el muy puerco…

    Magali: qué dices???

    Yo: te decía que después de saber que siguió con su conducta… qué hiciste o dijiste o qué?

    Magali: mmmm… queda entre nosotros, cierto?

    Yo: ahhhhh!!!

    Magali: jejeje… le dije, en otras palabras, que me dejara sola unos días para buscar un amante… me gusta el sexo, pero no me agrada la promiscuidad… Eso le dije… aunque no con las mismas palabras, pero ese era, más o menos, el mensaje.

    Yo: jajajaja… genial, -dije, mas pensé: ahí está… le dije a este tonto que esto traería consecuencias.

    Magali: sabes, Daniel, no debieras ser tan honorable con él, porque… porque siempre me dice molesto, incluso a veces a modo de crítica, que eres demasiado recto. y que le carga que te sea tan fácil (que te hagas el lindo, dice) entrar en confianza con la gente, especialmente con las mujeres… creo que te envidia.

    Yo: por qué me dices esto… acaso crees que yo soy lo que soy por otros o que elegí la formación que mi papá me dio??? No me juzgues mal, Magali… como veo, lo hace tu esposo… para empezar nadie excepto Él es totalmente recto… todos tenemos nuestro lado oscuro… sé cómo me mide Jaime y sé que estoy acá porque aún necesita cosas de mí… lo tengo claro… como también tengo claro que eres mucho más honesta que él y… para cortar con el temita, solo te puedo agregar lo mismo que dije respecto a tu compañera de labores… lo que él pueda sentir, sea lo que sea, es cosa de él y no mía… no me puedo hacer cargo de eso y ahora, menos me interesa hacerlo.

    IV

    Guardamos silencio por casi medio minuto. Fue como si ambos, tácitamente, ofreciéramos esos instantes como el minuto de silencio funerario oficial… Ella por su relación marital tal y como era hasta ese instante y yo por el triste y sensible fallecimiento de una abortada amistad con Jaime… en los dos casos, la versión oficial, la frase para la historia será: muerte por convivencia.

    Magali tras dar dos pasos, con una mano me indicó correrme con el fin de sentarse junto a mí, a la altura del pecho. Suspiró. La cabeza gacha; velado el rostro tras una flamígera cabellera. Las primeras palabras fueron ininteligibles debido a lo bajo del tono en su voz, como si lo hiciera más para sí que para mí, dijo como confesándose.

    Magali: Siempre he sido caliente… me dio rabia el haberme preocupado por el pelota del Jaime y resulta que no funcionaba porque se las daba de don Juan, no teniendo las condiciones, llegando a la casa seco como toalla de hippie… mientras la tonta dele que dele con el consolador… no po… encuentro que este animal cometió una doble traición.

    Yo: comprendo lo que dices. En el fondo le perdonas que esté con otra siempre y cuando te de tu ración de verga diaria. De otro modo, sientes que te niega algo que es tuyo para dárselo a otras…

    Magali: jajaja… en corto… es más o menos así… oye Daniel, me siento sucia y tengo hambre.

    Yo: -tapándome la nariz- no te bañas desde antes de ayer… anda… mientras te preparo algo.

    En cuanto Magali desapareció tras la puerta del mini departamento, suspiré. Qué caderas más femeninas y ese caminar. Qué mujer más sensual. Entonces me decidí. Si ella daba oportunidad, la tomaría. Al fin y al cabo, qué mejor que el amigo de los dos sea el amante que la mantiene contenta en la casa. Reí en mi mente. Era demasiado torcido, pero…

    Mientras pensaba en aquello, rompí en una carcajada por la perversa idea que acababa de ocurrírseme. De improviso la puerta del baño se abrió bruscamente, saliendo de ella, no Magali, la esposa de mi amigo, sino una increíble colorina con apenas cubierto el cuerpo por una toalla. Levanté la vista, silbé.

    Magali: -un palmo por debajo de su impresionante culo, llegaba la toalla.- me hablaste?

    Yo: no… solo me reí de algo que recordé, pero ya que estás aquí te pregunto: prefieres comida o sándwich?

    Magali: Sándwich… de lo que sea y una cerveza.

    Yo: dale.

    Magali: -de pie, mirándome fijamente- sabes Daniel, eres el único de los amigos de Jaime que no se me ha insinuado o directamente lanzado… acaso no crees que soy una mujer deseable o eres del otro lado?

    Yo: jajaja… no soy gay y definitivamente eres una mujer apetecible, Magali.

    Magali: y por qué nunca me lo has hecho saber… qué esperabas.

    Yo: te lo digo con la condición que te duches…

    Magali: jajajaja… eres un payaso…

    Yo: me lo han dicho…

    V

    Entró al baño, pero esta vez dejó la puerta abierta. Desde donde me encontraba pude ver, a través del vidrio, al comienzo, sin él después, cómo escurría el agua por su hermoso cuerpo. Magali es una mujer de 1.60 mts De tez blanca y cubierta de pecas, cabello largo, rizado y rojo como brasas brillando en la oscuridad y almendrados ojos verdes. Su boca y nariz son menudas al igual que su afilado mentón.

    Cuello largo, hombros estrechos y un par de perfectas aunque más bien pequeñas tetas, se sostenían en una estrecha cintura y femeninas y anchas caderas. Su culo era maravilloso, con dos glúteos redondos y firmes que terminaban en un estilizado y largo par de piernas apoyadas cada una en un hermoso y fino pie.

    Abrió el vidrio y sin dejar de sostener la mirada secó lentamente su curvilíneo cuerpo tras lo cual caminó desnuda hasta quedar enfrente de mí apoyada en una mesa, mirándome.

    Magali: no le debes nada y… había comenzado a mirarte con otros ojos, pero lo descartaba… luego conocí a Lorena y me di cuenta que era más que eso. Luego, sin notarlo pasaste de sentirte en mi coño a hacerlo en mi corazón…

    Yo: Maga…

    Magali: espera… deja terminar… pero tú no me dabas bola, por lo que te enterré… Después, la conducta de Jaime me dio la idea de buscar a otro tú y… mira… no eres otro tú… eres tú quien está frente a mí… Fóllame, pero te ruego que trates parezca que me haces el amor…

    Sin pronunciar otra palabra, tomándola de los hombros, nos besamos apasionadamente por largos minutos, tocándonos con tierno deseo. En algún momento, detrás de ella, comencé a besarle detrás de las orejas, cuello, espalda, glúteos, piernas en un lujurioso y húmedo ir y venir. Los gemidos de la pelirroja no se hicieron esperar.

    Magali: vamos a la cama.

    Yo: -con mi dedo índice transversal a mis labios- shuuu!!! Sube a la mesa.

    Sentada al borde de la mesa nos miramos, con el deseo en los ojos de recomenzar cuanto antes, lo que habíamos dejado a medias. Entonces, mientras besaba su boca con pasión, mis dedos jugaban con su clítoris y coño.

    Con parsimonia, a besos fui recorriendo su cara, cuello. Cuando llegué a sus tetas, la pelirroja no se quejó de la mayor dedicación que le dediqué a cada una. Las besé, mordí y chupé con vigor y esmero como si nunca más fuera a tener la oportunidad de hacerlo.

    Ella, en tanto, gemía y jadeaba alternativamente cuando seguí mi ruta, siempre besando y chupando lentamente, hasta situarme entre sus blancos muslos. Mis manos le dieron su lugar a mi lengua, posándose cada una sobre un excitado y erecto pezón.

    Por largos minutos, paralelamente, mi lengua y labios estimularon su clítoris, coño y ano y mis manos amasaron, con tierna rudeza, sus apetitosas tetas. El primer orgasmo se presentó con quejidos reprimidos e involuntarios espasmos, que la llevaron a estirarse de espalda sobre la mesa, la boca entre abierta, abrigada en sudor.

    Segundos después de calmarse, introduje mis dedos corazón y anular hasta el fondo de su depilado y fragante coño, iniciando un frenético sube y baja sin decir agua va, el que rápidamente fue acompañado por un concierto disonante de exclamaciones, quejidos, jadeos y gemidos.

    Apoyada en sus pies y cabeza, arqueó su cuerpo en espasmos irregulares para, segundos más tarde, comenzar a eyacular profusamente. Durante más de 3 minutos, el coño de Magali, estuvo constantemente estimulado entre intensos orgasmos y continuas y abundantes eyaculaciones.

    Magali: para… por… favor… ahhh… nooo… ooo… pares…

    Entonces, en medio de sus espasmos, retiré bruscamente los dedos, solo para reemplazarlos por mi erecta verga con la que llegué de una sola estocada hasta lo más profundo que su coño me lo permitió. De inmediato inicié un mete y saca desenfrenado.

    Por largos minutos Magali se mantuvo de orgasmo en orgasmo, hasta que en algún momento apuré la velocidad, pues me di cuenta que la pelirroja era multiorgásmica, por lo que, hiciera lo que hiciera, acabara cuanto acabara, siempre podría una vez más.

    No era que quisiera, pues su mente estaba satisfecha, el asunto estribaba en que era su cuerpo el que a pesar de estar atiborrado de lujuria, era capaz de soportar y gozar un poco más. Cinco, tal vez seis minutos después, le llenaba su hermoso coño con mis abundantes fluidos en una acabada monumental.

    Tampoco se trataba que Magali fuera una ninfómana. No era el caso, pues después del orgasmo, sino era estimulada, quedaba igual de satisfecha, ya fueran uno o 10… Estirada sobre la mesa apoyó su cuerpo en los codos y sonriendo como una niña que acababa de no ser descubierta tras realizar una travesura, mirándome, con sus labios en silencio, pronuncio, -exquisito.-

    Yo: en qué piensas, Rojita… tienes una sonrisa picarona.

    Magali: pienso en… la cabrona de Lorena.

    Los dos: jajaja.

    Magali: -mirándome a los ojos con deseo y ternura.- Hazme lo mismo que le hiciste a ella.

    Yo: no puedo, Rojita…

    Magali: por qué no?

    Yo: porque contigo vamos a hacer el amor, Rojita… ven…

    Hicimos el amor tierna y consideradamente hasta media mañana. Esa noche me convertí en el amante de la exquisita mujer del que pensaba éramos amigos, pero las otras dos hicieron lo suyo en Magali, quien nunca más tuvo que reprimirse, por decirlo de manera elegante. En fin, hasta el día de hoy nos vemos al menos tres veces a la semana. Algunas de ellas han sido notables y se las contaré si así lo quieren.

    Solo como anécdota, les cuento que Jaime devolvió la llamada, recién el sábado por la noche y para su mala suerte, lo hizo con una video llamada, justo cuando su esposita, como el platillo principal de la velada, aullaba como perra en celo recibiendo la atención de más de un comensal a la vez… Antes de cortar, una voz que no fue la mía ni tampoco la de Magali, dijo: quédate tranquilo, ñatito que acá te la cuidamos hasta que llegues…

  • El jefe de mi esposo me hizo trabajar como puta

    El jefe de mi esposo me hizo trabajar como puta

    Mi relación con el jefe de mi esposo fue muy morbosa. Me encantaba ser “la esposa” de uno de sus subordinados y su amante. Eso me excitaba. Cuando me decía que enviaría a mi esposo de viaje para poder tener más tiempo juntos, me sentía importante. El morbo que tenía cuando mi esposo me hablaba en casa de su trabajo, de las coordinaciones con su jefe y de lo que hacía en la oficina era extrañamente excitante.

    En algún momento, el jefe de mi esposo me dijo que quería ser “mi jefe”, que quería que trabajara como puta para él. Al principio le dije que estaba loco. Poco a poco la idea nos fue atrapando y avanzamos en cómo hacerla realidad. Se nos ocurrió publicar un anuncio en una web sexual y que mientras yo cogía con los clientes, él estaría cerca para cualquier emergencia.

    Encontramos la habitación ideal en uno de los hostales a los que íbamos. Tenía una salita de estar al ingresar y una habitación separada por una puerta desde la salita. Entre ambas, un baño al que se podía ingresar por ambos lados, desde la salita de estar o desde la habitación. Algo raro el diseño, pero pensamos que era el lugar ideal. El jefe de mi esposo estaría en la habitación. Yo recibiría al “cliente” en la sala de estar y cuando pasara a la habitación, el jefe, mi caficho, pasaría a la sala de estar por el baño. Nos deleitábamos imaginando todo el procedimiento.

    Me tomó fotos. Del cuello hacia abajo. Preparó el mismo unos anuncios sexys del tipo “señora casada y nueva” o “por necesidad económica ofrezco servicios”. Yo me excitaba mucho viendo todo lo que mostraba. Habilitó un celular viejo que él tenía con un chip que compró y todo listo. Finalmente, un miércoles que mi esposo estuvo de viaje, publicamos el anuncio en la web que habíamos encontrado y nos pusimos a esperar.

    Como dos horas después de subir el anuncio, llamó alguien. Le contesté y le di los detalles del servicio. Habíamos acordado cobrar el equivalente a 50 dólares. Con el precio se desanimó. Llamaron varios más y todos se desanimaron con el precio. Lo bajamos a 40 dólares y hubo más interés. Las dos últimas llamadas aceptaron pagar 30 dólares, pero se nos había acabado el tiempo y él debía volver a su casa.

    Chateamos como locos los días siguientes. La siguiente semana envió a mi esposo en un viaje full day a Trujillo. Mi esposo feliz pues le encanta esa ciudad, donde se come muy bien. Además, esos viajes “full day” lo hacen sentir importante. Yo estaba tan emocionada que no le presté atención.

    Luego de almuerzo me recogió a unas cuadras de casa y fuimos al hostal. Desde el auto, en el camino, subió el anuncio a la web. Ni bien entramos a la habitación tuvimos la primera llamada. Ya sabía que el precio era 30 dólares. El tipo aceptó, pero me preguntó si “podía hacerme sexo oral”. Le dije que si obviamente. Le di los detalles del hostal y el número de la habitación y me dijo que en 20 minutos llegaría.

    Le pregunté al jefe de mi esposo sobre eso del sexo oral. Me respondió que nunca se la hace eso a una puta, pues pasan por muchos. Que quizás el tipo era un sucio o un pervertido. Me dio un poco de miedo, pero él me tranquilizó. Me dijo que, si al llegar me parecía de poca confianza, lo hiciera salir de la habitación y que todo quedaría así.

    Finalmente llegó. Me avisaron de recepción que subiría. Tocó la puerta. Le abrí. El jefe de mi esposo estaba en la habitación, atrás de la salita de estar. Quien llegó era un señor de poco más de 40 años, quizás 45. De saco y corbata, con unos lentes que se me hacían muy caros. Delgado y muy bien afeitado y peinado. Seguramente un funcionario de alguna empresa o del gobierno. Me saludó con todo respeto. Me trataba de señorita y de usted.

    Como no sabía mucho que hacer, lo traté también de usted. Antes que se lo pida, me dio el dinero y el equivalente a 20 dólares más. En total casi 50. Le dije que era menos, pero me respondió que era “por el servicio especial”.

    Pasamos a la habitación. Se desvistió sin que se lo pida. Hice lo mismo. Aunque sólo tenía un baby doll que le había pedido a mi esposo que me compre y que estrenaba ese día.

    Cuando él estuvo desnudo me di cuenta que su pene era pequeñísimo, incluso más que el de mi esposo. No supe si alegrarme o entristecerme en ese momento. Mi primer “cliente” y me tocaba alguien así. Intenté no mostrar lo que sentía y creo que lo logré.

    Me acosté en la cama y le pedí que se acostara a mi lado. Lo hizo. Me beso la mejilla y con temor en sus palabras me preguntó si “podía lamerme abajo”. Le dije que sí, que había pagado para eso.

    No encuentro palabras para describir lo que me hizo. Ni antes ni después y seguro nunca alguien me hará el sexo oral como él. Que genio increíble. Usaba sus labios, su lengua, sus dientes. Desde que bajó sentí que todo iba a ser diferente. Me hizo llegar 4 veces en poco más de 30 interminables minutos, cada uno de ellos gimiendo de placer. El tipo era un genio. Paro un instante y me dijo “señorita si le doy el doble, ¿me deja lamerle el culo?”

    Si me lo pedía gratis lo dejaba. Pero acepté. Se levantó. Sacó de su ropa el dinero y lo dejo sobre el velador. Mientras tanto, me puse boca abajo. Me deje hacer. No intervine para nada. Él separó mis nalgas y me hizo volar. Llegué tres veces más sólo con su lengua, sus dientes, sus labios, su nariz y sus resoplidos. Si bien se concentraba en mi culito, por instantes su lengua llegaba hasta mi vagina, haciéndome sentir realmente increíble.

    Hasta ahora no entiendo cómo pude gozar tanto de esa manera. Fue para mí, increíble y perfecto. Era mi primer “cliente” y era yo quien gozaba. Creo que mejor imposible. Cuando se cumplió la hora, se levantó. Se lavó la cara en el baño. Salió se vistió y se fue. Me dijo al partir “muchas gracias señorita, estuvo todo muy agradable”.

    Me quedé exhausta y tirada en la cama. Mi segundo (y último) “cliente” fue muy distinto.

  • Con ciclista en tetera

    Con ciclista en tetera

    En Argentina hay un lugar gay muy conocido por el “gremio” llamado Tetera… sería cualquier lugar público (baño o parques oscuros) donde se hacen cositas deliciosas).

    Yo soy de Villa Urquiza, me gusta correr, y el parque Sarmiento es un gran aliado para el deporte, frente al parque hay una estación de servicio. Siempre había leído por internet que pasaban cosas en ese baño y después de años se me ocurrió ir a averiguarlo.

    Primero, después de correr, fui a comprar una bebida y cereal, y me senté cerca del baño a consumirlo. Veía entrar pibes pero tardaban en salir así que imaginé ya la fiesta ya empezó, eran las 6pm, Los autos de la gral Paz se detenían, muchos solo “consumían” del baño.

    No me decidía entrar, un poco por vergüenza, otro por timidez, era la primera vez que iba a una tetera. En eso veo que ingresa al negocio un pibe maso de mi edad (25 años en aquel entonces) ciclista, con unas calzas, que solo me incitaron a mirarle el culo. No pude ni dejar de mirarle el orto, ni siquiera lo disimulé. Me miró sonrió y se metió al baño. Junté valor y fui tras él. En el baño había hombres en el mingitorio meando, y en los cubículos había más de uno.

    Me puse al lado del pibe de las calzas, no deje de mirarlo, mientras yo tenía la verga en la mano deslizando mi mano, se me empezó a parar. Me miró y luego mi verga, se desocupó un cubículo, me hizo seña y nos fuimos.

    Sin besarnos se agachó y me empezó a mamar (así funcionan las teteras parece) Me la chupaba de rico, yo tenía el moco en la punta de mi pija, no quería soltarla rápido. Lo levanté y lo di vuelta. Él ponía la cola hacia atrás, mientras se ponía saliva, mientras me calzaba el forro, luego escupí a la punta de mi chota (hinchada como pelota) y presioné sobre su culo y entró. Estábamos tan caliente que entró rápido. Sin dolor en esa cola rota, empecé a bombear con fuerza y una rapidez, veía como esa cola depilada se comí mi choto con una agilidad. Era muy flaquito y estaba totalmente lampiño, cola blanca leche… Leche como la que le iba a escupir. Cuando ya estaba por acabar, le pregunté si se la podía dejar en la boca, todo esto mientras me lo seguí garchando nalgueando y agarrándole del pelo. Estaba tan caliente que accedió.

    Cuando no aguanté más, saqué la verga, me saqué el forro, lo empujé con la cabeza y abrió la boca, le empecé a dar leche tibia del pico. Le dije que quería la verga limpia como la encontró. Así que me sacó hasta la última gota.

    Me levanté los pantalones, y limpié un poco. Al salir vi que todo seguía igual. Yo me lavé un poco y antes de salir vi que el ciclista fue a los mingitorios, se ve que quería más guerra. Nunca más volví a ir, pero esa experiencia con el ciclista fue bárbara, no sé su nombre, ni nada de él, pero es un momento que no olvidaré.

  • Trío con mi prima y su amiga Brenda

    Trío con mi prima y su amiga Brenda

    Hola a todos, soy Manuel y como en mi primer relato les conté lo que pasó con mi prima Fabiola, ahora les contaré nuevamente lo que pasó con ella y con su amiga Brenda.

    Resulta que por problemas económicos me tuve que cambiar de trabajo y también de ciudad no sin antes darle sus respectivas buenas cogidas a Fabiola, para mi fortuna el ser soltero no se me dificulto el cambio de residencia, en este tiempo que estuve fuera me mantuve en contacto con mi prima y una amiga que tenemos en común, ella es Brenda (una morena de cabellera negra y china, no tiene una figura exquisita como la de mi prima pero si esta antojable (tiene 2 hijos) unos pechos riquísimos y un culo despampanante) donde me platico que ya se había separado de su pareja y también amigo mío “Chava” por problemas de drogas, se clavo mucho con el cristal y perdió su trabajo, por consiguiente Brenda se canso y se separo de él.

    Entre tanta platica salió el tema del sexo y le advertí que ya extrañaba mi Aguascalientes y las pedas que nos poníamos y que en una de esas me la andaba cogiendo a lo que ella me decía “ya veremos cuando estés por aquí, veremos si es cierto”.

    Después de esto le aviso a mi prima que voy de regreso a lo que ella muy emocionada me pide que celebremos mi regreso y nos fuéramos de antro. Ya estando de fiesta en la zona norte de la ciudad le platique lo sucedido con Brenda a lo que me dice que me la coja, ya que ella nos quería ver y hasta unirse a nosotros ya que tiempo atrás habían estado las 2 en un trío, la idea no me desagrado nada me emocione y le hablamos a nuestro dealer que nos arrimara nuestra cocaína y un par de tachitas estábamos celebrando super rico, se nos calentó el hocico y decidimos hablarle a Brenda y acepto nos alcanzo en el antro y ya estando ahí le dije que si nos íbamos a ir a motelear, a lo que ella respondió que no sabía poniendo pretextos, al ver esto mi prima Fabiola la empezó a dar más tequila para que se relajara y buscar que aceptara pero no daba su brazo a torcer, ya a las 3 am nos empezaron a correr del antro pero aun seguíamos enfiestados y decidimos movernos a otro lugar llamado Praga ahí cierran hasta las 6 o 7 am.

    Ya estando ahí en el Praga nos encontramos al novio de otra prima (que por cierto esta buenísima, espero algún día poderle hacer algo) “Neza” se vio a leguas que le tiro la onda a mi prima pero hasta ahí quedo (luego les platico lo que suceda con Neza), Ya estábamos enfiestados y la peda muy rica y se nos ocurrió la maravillosa idea de ponerle una tacha a Brenda en su bebida la cual molí bien en el baño y al llegar de la mezcle muy bien en su bebida poniéndose mas ambientada de lo que estaba, a eso de las 5:30 am decidimos ya retirarnos, nos despedimos de Neza y me lleve a mi prima y a Brenda y entre tanto la convencimos de irnos a un motel a seguir pisteando y meternos al jacuzzi los 3 a lo cual acepto y mi prima se me quedo viendo con cara de lujuria ya sabíamos como terminaría esto.

    Por suerte encontramos habitaciones disponibles en un motel al norte “Los Arcos” al entrar de inmediato me dispuse a prepara bebidas para los 3 y a llenar el jacuzzi, después de haberse llenado les digo vámonos los 3 al jacuzzi pero es sin ropa y de inmediato me desnude para esto ya tenia la verga media parada (me mide como 18cm).

    Brenda(B): No manches es enserio que nos vamos a meter en pelotas (Sin quitar la vista de mi verga)

    Yo (M): Claro si no que chiste, apoco se pensaban meter con ropa, no sean payasas y vénganse

    Fabiola al ver eso de inmediato se desnudo dejando al aire sus hermosas y ricas tetas, su panochita bien depilada como siempre y ese delicioso culo que se carga.

    Fabiola (F): Ya desnúdate no seas mamona Brenda si bien que nos conocemos además el primo es de confianza y lo que pasa aquí, aquí se queda

    B: Bueno está bien pero por favor ninguna palabra de esto a nadie

    Se desnudo dejándonos apreciarla bien esos pechos de pezón negro y una ligera mata de vellos en su entrepierna. Al introducirse en el jacuzzi se sentó a un costado mío y mi prima a mi otro lado ahora sí que estaba como Pancho Villa con mis dos viejas a la orilla…

    F: Haber ya estamos aquí en pelotas y el primo ya con la vergota bien parada, se ve rica verdad Brenda, ¿Que estría bien hacer?.

    B: Muy rica, puedo primo?

    M: Date Brenda!!

    Comenzó a agarrarme los huevos y después subió y agarro la verga, me la empezó a jalar, que buena mano por cierto, de inmediato me le lance encima de ella y empecé a chuparle las tetas, baje mi mano poco a poco hasta llegar a su panocha y la estuve dedeando debajo del agua, se sentía caliente y gemía de placer, no aguantamos mas y ya cuando acorde tenia a Brenda encima de mí y metiéndose mu verga en su rica panocha, mi prima sentada a un lado de nosotros agarrándose las chiches masturbándose sin perder un solo detalle de lo que hacíamos.

    B: Hay cabrón que rica verga tienes, desde cuando me hubieras pedido las nalgas! No mames Fabiola deberías de probarla quieres?

    M: shhh! Hasta que se nos hizo que rica estas!!

    F: Cógetela primo y ahorita vemos que hacemos…

    B: haaaa pinche cabrón dame duro!!

    Estuvimos cogiendo riquísimo en el jacuzzi y mi prima se salió y se fue a los sillones revisando su teléfono, lo mas seguro que mensajeando con Neza.

    B: Vente Manuel vamos a coger a la cama!

    Nos salimos y de inmediato nos dirigimos a la cama, la puse de a perrito y le deje ir la verga de un jalón y solo se escuchaban los gemidos de la maravillosa Brenda, en cuanto tuvo su orgasmo se levanto y fue por mi prima a lo que ella accedió, ya estando en la cama los 3 nos dimos un rico beso de 3 luego ellas se besaban y luego me besaba cada una, así estuvimos un rato besándonos y chupándonos todoo.

    F: Verdad que coge rico el primo

    B: Muy rico, es un cabrón!!

    F: y eso que no te ha chupado la panocha, tiene una lengua riquísima!!

    B: Ósea que ustedes siendo primos ya han cogido??

    F: Claro que si, tu crees que voy a dejar desperdiciar una vergota como la del primo, aparte que me hace como quiere el hijo de la chingada y la chupa riquísimo quieres que te la chupe?

    B: Son unos puercos pero me excita muchísimo, quiero que me chupes la panocha y ver si es cierto!

    F: Veras que no te arrepentirás Brenda! Primo acuéstate boca arriba que nos vas a dar placer a las 2 crees poder?… jajaja

    Me acosté y Brenda me puso su panochita en la boca y mi prima de ensarto solita, así estuvimos un rato las 2 encima de mi manoseándose e intercambiando un par de veces de posición, besando se y chupándose las chiches una a la otra hasta que Brenda se vino a chorros en mi cara y mi prima tubo sus ricos orgasmos mientras se metía mi verga en su panochita.

    Después de estar un rato los 3 cogiendo de lo mas rico mi prima se bajo y se fue a meter un poco mas de coca en lo que Brenda y yo seguimos cogiendo hasta que me vine dentro de ella.

    B: Esto lo tenemos que repetir!!

    F: Ves primo le encanta también a Brenda la verga y desde ahora será nuestra puta! Verdad que si putita!!??

    B: Si cuando quieran me encanto pinche Manuel no pensé que estarías tan pitudo y que me gustara tanto coger con ustedes!

    M: Ves, y tu tanto que te dabas a desear…

    B: Definitivamente hay que ponernos de acuerdo y a la próxima nos venimos directo para aca que yo sere su putita cada que me lo pidan.

    Cuando volteamos a ver el reloj ya iban a ser las 8am por lo que nos cambiamos y las fui a llevar a sus casas respectivamente. Teniendo en cuenta que ya no volveremos a repetirlo, ya que días después tuvieron una diferencia entre ellas, ya no haremos tríos pero lo que si es que me las sigo cogiendo a cada una por separado cada que tenemos oportunidad.

  • Anal con abogada multiorgámisca

    Anal con abogada multiorgámisca

    Conocí a una abogada por medio de redes sociales, era una mujer muy atractiva, con personalidad fuerte, ojos grades con un brillo especial, una piel blanca que contrasta perfecto con el negro de su cabello y el rojo de sus labios.

    Después de conocernos un poco, generar confianza, y saber un poco de ambos se dieron las condiciones para poder vernos, acordando previamente que únicamente tendríamos sexo, con todos los derechos sin generar obligaciones porque ambos somos casados, finalmente llegó el día esperado.

    Ella lucía increíble, como siempre una hermosa sonrisa que dejaba ver sus dientes blancos, llevaba puesto un vestido largo color negro sin mangas con escote en pecho y espalda, en la parte inferior estaba abierto de un lado hasta la altura del muslo que dejaba ver su torneada y blanca pierna, zapatos con tacón alto, yo ansioso no veía la hora de recorrer su hermoso cuerpo.

    Durante la cena pregunté si estaba segura, me contestó con seguridad que sí, me preguntó si yo lo estaba, besé su mano tersa, suave, le dije que estaba más que seguro, que le tenía un par de obsequios.

    En el transcurso de nuestra cena, los acercamientos aumentaron al igual que las caricias, cuando besé sus labios nuestras lenguas se entregaron por completo a un sensual juego, mi mano bajaba ocasionalmente a su desnudo, muslo, ella correspondía sobre mis piernas y un poco más arriba de vez en cuando.

    Al terminar los cuatro tiempos de la cena con su respectivo maridaje la música cambió, nos levantamos a bailar, gracias a la poca iluminación las caricias, los besos, los acercamientos continuaron, la tomaba por la cintura para acercarla a mi cuerpo, sentía sus curvas firmes pegadas a mi pene que empezaba a crecer, ella lo notó, no pareció molestarle, se pegaba aún más, bailamos algunas piezas más, bebimos otras copas más, el vino, la música, la plática, todo en conjunto favoreció a que incrementaran las caricias, la temperatura y la excitación, así que decidimos ir a un lugar más íntimo.

    Nos dirigimos a un hotel previamente alquilado al norte de la ciudad, durante el viaje reímos, nos besamos y acariciamos en cada semáforo en rojo

    En el trayecto me preguntó sobre la sorpresa que le tenía, contesté que esperara un poco, intercambiamos algunos besos y caricias más, sentía la calidez de su piel, nuestras manos se aventuraron más, mis dedos sintieron la humedad de su vagina, sus pezones estaban duros, ella acarició mi pene erecto, lo frotaba con delicadeza.

    Llegando al hotel me pidió que no bajará del auto aún, deslizó el cierre de mi pantalón, para mi sorpresa sacó mi falo erecto, lo empezó a besar, a lamer, lo metió todo dentro de su boca, uffff subía y bajaba de una forma deliciosa, mis manos pasaban de su espalda a sus nalgas, antes de que terminara logré moverme, bajamos nos seguimos besando, nos dirigimos a la cama, casi arrancamos nuestra ropa, pero me detuve, ella me miró con ese brillo especial de sus ojos mezcla inocencia y perversidad, le dijo que le entregaría las sorpresas, así lo hice, al verlas sonrió, se dirigió al baño, entretanto puse un poco de música, bebí un poco del vino espumoso comprado previamente.

    No tardó mucho en salir, cuando lo hizo en verdad me deslumbró, se había puesto el bodystocking negro con aperturas vaginal y anal, así como el plug con cola que le había regalado, lucía muy sensual, excitante, su nívea y tersa piel resaltaba entre los encajes negros, la cola en medio de sus nalgas le daba un toque especial, perverso.

    Caminaba hacia mí moviendo todo su voluptuoso cuerpo de una manera muy sensual, se detuvo frente a mi cuerpo, abrió sus piernas para sentarse sobre las mías, mientras nos besábamos con ansia acariciado nuestros cuerpos, ella movía su cadera para frotarse sobre mi pene erecto mientras yo acariciaba sus nalgas y sus piernas, besaba su cuello, después sus tetas coronadas por los duros y rodados pezones, de pronto se retiró y dándome la espalda, se agachó para mostrarme sus lindas y firmes nalgas adornadas por la colita del plug, ufff era sensacional, así de espaldas abrió sus piernas, separó con una mano sus nalgas, con la otra metía y sacaba el plug de su apretado culo, era un espectáculo fantástico, después de unos instantes se incorporó, subió a la cama para ponerse en cuatro pero con sus tetas sobre el colchón, una de sus manos jugaba con el plug mientras con la otra estimulaba su mojada vagina, empecé a besar sus nalgas, después alrededor de su ano, me acomodé boca arriba poniendo mi cabeza entre sus piernas justo bajo su vagina, para recorrerla con mi lengua, primero por fuera, continuando por dentro, estaba completamente mojada, con mis dedos abrí esos delicados y escurridos labios, ella seguía metiendo y sacando su plug haciendo un excitante sonido, con un grito llegó la explosión, mojó mi boca y mi rostro, no paraba de expulsar chorros intermitentes de su jugo mientras gemía intensamente, sus piernas se contraían cada vez que salía ese rico néctar, finalmente dejó caer todo su peso sobre mi cara, las piernas aún le temblaban, con el plug insertado y su vagina goteando, la ayude a moverse para que se montara sobre mí, subía y bajaba de una manera muy rica, se escuchaba un pequeño chapoteo cada vez que chocaban nuestros cuerpos, su vagina era como un guante ajustado a mi verga, sentía en la cabeza de mi pito sus paredes vaginales, yo acariciaba y besaba sus ricas tetas, mordía sus pezones, con una mano se apoyaba sobre mi pecho, con la otra metía y sacaba el plug de su culo, con una contorsión acompañada de excitantes gemidos dejo salir nuevamente chorros calientes de su vagina, parecía una fuente, cada espasmo era un nuevo chorro de su rico néctar sobre mi pene, sobre mi pelvis y mis piernas, tanto que la cubierta de la cama se sentía mojada, por un momento se quedó respirando agitada, unos segundos después me abrazó, me dijo al oído que la cogiera por el culo, sacó el plug de su también escurrido y mojado ano, en la misma posición que estaba se sentó encima de mi verga, la penetración fue fácil con tanta humedad, ella subía y bajaba mientras yo frotaba su clítoris con mis dedos, ella gemía de placer, ella seguía moviéndose a un ritmo cada vez más rápido, se escuchaba ese choque de sus nalgas en mis muslos, como subía y bajaba sobre mí verga, su vagina escurría, los movimientos de ambos eran con más fuerza, con más intensidad, viendo como entraba y salía mi verga de su culo y como se tensó todo su cuerpo al dejar salir otros chorros de jugos de su vagina, me pedía no detenerme, hice un esfuerzo, un poco más, no dejaba de mojar, de gritar, ante tal espectáculo no aguanté más, vacié mi leche dentro de su culo, ella aún dejó salir otros chorros antes de quedar abrazada sobre mí.

    Fue maravilloso, después probamos con otros modelos de lencería y otros juguetes!!!

  • Mi comadre y yo nos entregamos al placer

    Mi comadre y yo nos entregamos al placer

    Capítulo 1: El viaje en auto. 

    Mi comadre y yo hacía algunos días habíamos planeado ir con Eduardo a disfrutar un fin de semana en la histórica ciudad de Cartagena. La fecha llegó y junto a mi marido la recogimos en nuestro auto el viernes a las 7 de la mañana.

    Mientras viajábamos, ella nos contaba que estaba pasando por un mal momento con su esposo. Que estaba cansada de las largas ausencias de Omar por asuntos de trabajo. Con voz quebrada, expresaba que ella era una mujer que quería disfrutar de la vida. Que cosas tan normales como salir a bailar, tomar vino y cenar, eran muy poco frecuentes. El cumplimiento de esas situaciones cada vez se hacia más difícil.

    En medio de la risa y la picardia, agregó que desde lo sexual estaba abandonada y que eso la afectaba porque ella era muy fogosa. Yo en mi mente asumí que mi comadre lo que necesitaba era un buen revolcon. Y me vinieron pensamientos sucios sobre la posibilidad de que mi marido y yo le diéramos el placer que tanto necesitaba.

    Confieso, que en la medida en que nos contaba sobre la importancia del sexo para ella, mi mente volaba recordando las escenas que habíamos imaginado, mi marido y yo, con mi hermosa comadre Laura. Y es que llevábamos meses simulando que hacíamos un trío con ella. Que nos estregabamos al placer y a pensamientos eróticos con su figura.

    Mientras seguimos viajando, hasta confesó que un vecino que residía en la parte de arriba de su vivienda le coqueteaba con frecuencia. Como yo viajaba con ella en el asiento de atrás para acompañarla mientras Eduardo manejaba, se me acercó al oído para que mi marido no escuchara y me susurro «te confieso Susana que ese hombre me encanta, es más siento corrientes en mi cuerpo cada vez que lo veo. Hasta ahora no ha pasado nada entre el y yo. Pero lo que sí te puedo decir es que me he tocado como loca pensando en que tenemos sexo duro y prohibido en mi propia cama».

    Esa confesión me excito aún más, aunque sabía que mi comadre era una mujer caliente, el hecho de que me confesara eso me hizo mojar muchisimo más. Hasta llegué a pensar en la posibilidad de proponerle a Laura ese trío, que llevábamos imaginando hacia algunos meses.

    Y es que las cosas que habíamos pensado hacer con mi comadre eran tan calientes que de solo recordarlo, muchas corrientes se apoderaban de mi cuerpo. Sentía unas ganas enormes de comerme a Laura y a mi marido al tiempo. Sentía unas ganas enormes de que Laura y yo, chuparamos la verga de Eduardo al mismo tiempo.

    Recordaba las escenas en las que Eduardo me colocaba en cuatro e introducía su duro y grande miembro en mi mojada vagina, mientras yo lamia la dulce y excitante vagina de mi comadre. Esa era, sin duda, una de las fantasías más calientes que habíamos tenido desde hacía meses. Lo habíamos concebido como fantasía. Pero mi mente ahora creía en la posibilidad de pasar de la fantasía a la realidad.

    Luego de semejante confesión sobre su vecino, Laura quería que pensáramos en lo que íbamos hacer una vez llegáramos. Ella siempre se había caracterizado por ser una mujer alegre, divertida y espontánea. Y esas eran razones suficientes para que pasáramos un fin de semana agradable en Cartagena. Me habló de un sitio de rumba en el que muchas mujeres solas iban a flirtear con hombres apuestos y apetecibles. Con ese deseo entendí

    Cuando me dijo eso, se me acercó al oído para que Eduardo no escuchara. Entendí, que en el fondo quería que yo la acompañará, pero no estaba a dispuesta a salir sin mi marido. Le dije «claro comadre está noche iremos a ese sitio de rumba para disfrutar, estoy segura que mi a mi marido le encantará». Eduardo respondió inmediatamente que estaba dispuesto a ser nuestro cómplice para que disfrutaramos en la histórica ciudad».

    Seguimos viajando y conversando mientras disfrutábamos de la hermosa vista que se abría frente a nosotros. Teníamos frente a nosotros un extraordinario e infinito horizonte, en donde el mar era el protagonista.

    Capítulo 2: El hotel

    Una vez en el hotel nos dijeron que hubo en error en el sistema y que las dos habitaciones que habíamos reservado no estaban disponibles. Previamente, yo misma me había encargado de hacer la reserva. Ahora nos decían que solamente disponian de una habitación que tenía una cama King Size, es decir las que miden 2 por 2 metros.

    Mi comadre y yo nos miramos y casi que simultáneamente dijimos que estaba bien, que entendíamos y que no había problema. Ahora deberíamos dormir los tres en una misma cama. Eso en el fondo me agrado, porque sabia que yo dormiria en medio de mi marido y de Laura. Eso en vez de ser una incomodidad para mí, sería una oportunidad para tener contacto físico mientras dormíamos.

  • Karina y el pastor ingles

    Karina y el pastor ingles

    —Cierro mis ojos y es a ti a quien veo, es tu voz la que escucho, es tu olor el que huelo, eres tú la elegida…

    Aún estoy desnudo en la cama con el corazón acelerado disfrutando los olores… sabores del sexo recién terminado fue algo espontáneo y fugaz que ni tú y mucho menos yo imaginé, ahora te observó desde tu propia cama, la habitación es grande y ordenada aunque nuestras ropas estan en estos momentos esparcidas por aquí y por allá tiradas en la alfombra te observó en el reflejo del espejo.

    Tú también vas desnuda te levantaste de la cama sin ningún complejo ni pudor para deleite de este afortunado que te acaba de conocer…

    Tienes un cuerpo perfecto, estás desnuda de pie frente al espejo desenredas un poco tu pelo pensativa, luces hermosa y lo sabes, sabes que te miro pues tu mirada se encuentra con la mía a través del reflejo, tus movimientos se vuelven más sensuales y simples, tus caderas me tienen hipnotizado pongo un poco más atención tu reflejo veo tus ojos rasgados, con esos exóticos rasgos orientales que deben ser la perdición de cualquier idiota que se cruza en tu camino, baje la vista hasta tu nariz respingada y me detuve en tu boca esos labios carnosos que apenas hace unos momentos fueron míos, mire tu cuello largo y sugerente vi como el hueso de tu clavícula resalta sobre tus hombros, mi viaje visual continuó por tus pechos ese par de tetas listas para la batalla su pezón oscuro estaba relajado no como cuando la tenía entre mis manos, baje por tu abdomen hasta poder ver tu vello púbico, pero de pronto mi vista está perdida; no tiene ojos más que para ese exquisito culo que tienes.

    Te abracé desde atrás pegando mi erección a tu cuerpo, aspiré el aroma de tu cabello y lo hice a un lado para beber de tu cuello, acabo de descubrir lo que eso provoca en ti y lo pienso aprovechar al máximo, casi puedo sentir como tu corazón se acelera mientras tu respiración se agita…

    El contacto con su piel me enciende mientras que noto que a ella la relaja así que acarició suavemente su trasero, una nalga a la vez; sigo subiendo por la ruta de su espalda sintiendo cada vértebra hasta alcanzar su nuca donde enredo un poco mis dedos de su pelo y jaló.

    Me sé dueño del momento y repito las caricias varias veces antes de inclinarme sobre ella hasta alcanzar con mi boca su oído.

    Imagine de nuevo su deseo líquido escurriendo entre sus labios mientras se deja querer, mi mano bajó por la parte delantera su cuerpo recorriendo la piel, me detuve en sus suaves pechos acunados en mis manos, mi mano tenía un destino así que continúe bajando hasta el, metí mis dedos entre la delicada pelusa que cubre tu pubis, sentí el roce de sus vellos contra la yema de mis dedos cerré los ojos cuando noté sus labios húmedos contra mi piel sin pensarlo comencé con leves y sutiles movimientos circulares en su lugar más sensible…

    El pequeño gemido que dejó escapar me alentó a continuar, fui más atrevido al abrir con mis dedos su intimidad; entre fácilmente en ella, estaba dispuesta de nuevo su calor y humedad me cobijaron, estaba caliente y comenzaba a mover sus caderas buscando más, mucho más y se lo di, su orgasmo baño mis dedos que nos bebimos en un beso.

    Empuje de ella sin darnos cuenta llegamos al borde de la cama donde cayó vencida bajo mi peso, mientras le susurraba lo mucho que la deseaba.

    Cuando caímos al colchón ya somos uno solo…

    Y todo gracias a Churchill un enorme y hermoso perro ovejero que encontré en la calle, le hable y dócilmente vino obediente a mí, tenía sed y hambre así que le di un bocado de el sándwich de dos quesos que llevaba junto con un poco de agua, vi que tenía collar con su nombre y datos de su dueña Karina Gómez por un momento pensé en llevarlo hasta mi domicilio y hacer como que era mío pero luego de ese pequeño sueño indecente fui caminando con Churchill a mi lado hasta dar con la calle Los Robles 539 una enorme barda de casi tres metros dividía la calle de lo que fuera que había adentro, cochera para un automóvil y a un lado la puerta de hierro sólido, me sorprendió gratamente la manera artesanal del número en la puerta, una artesanía de madera oscura que contrasta con tornillos plateados hecha a mano.

    Toda la gente que encontrábamos en el camino se giraba para ver al perro, no puedo creer que nadie antes que yo se acercara a él para tratar de llevárselo parece que es un perro muy caro.

    —Bueno amigo parece que llegamos a tu casa.

    Churchill menea la cola contento por estar ante la puerta de su hogar lo que me demuestra que en verdad quiere estar aquí, jajaja!!! Tenía la pequeña esperanza de que al llegar a casa el perro simplemente se negara a estar ahí y salir corriendo con él hasta mi hogar.

    Pulse el botón del interfon y esperamos a que abrieran tuve que volver a insistir un par de veces antes de que una joven morena que me dejó con la boca abierta por su belleza apareciera.

    Se miraba altiva, un aire de soberbia reflejado en sus facciones, tal vez solo está harta de tipos como yo que abren la boca al verla.

    Me lanzó una mirada de superioridad que me dejó perplejo y con ganas de irme de ahí de inmediato.

    Todo eso en el microsegundo que se dio cuenta que no iba solo, su mirada cambió en cuando vio a su perro.

    Me di cuenta que la primera impresión de ella fue errónea tan solo es su fachada ante el mundo, pretender ser fría y distante para mantener alejados a los morbosos que sólo quieren intentar en vano tener entre sus manos su cuerpo.

    En cuanto la vi sonreír iluminó mi día y cuando me devolvió la mirada…

    Bueno, sentí un choque eléctrico recorrer mi cuerpo, creo que a ella le pasó lo mismo.

    —Gracias!!! muchas gracias!!!

    Me abrazó sin decir más, olía fresca, sutil, femenina una suave fragancia de coco y vainilla. El perro al sentirse libre entró de nuevo a su casa y fue directo al plato de croquetas que lo esperaba.

    —No fue nada, simplemente lo encontré y venía de paso así que lo traje.

    Hacían una pareja hermosa, si cualquier otra chica fuera caminando por la calle con ese perro ni siquiera voltearían a verla y si ella fuera caminando con cualquier otro perro al perro ni lo voltearían a ver.

    Karina

    Parece tan altiva, tan soberbia, con ese aire de superioridad que denota en su mirada, pero creo que no es más que un escudo que tiene para enfrentar al mundo…

    Es hermosa, un color de piel exquisito y su rostro, por dios si París perdió la razón por Helena ahora lo comprendo, su cara es la de una diosa aunque sus ojos siempre reflejan tristeza yo mismo iniciaría una guerra por ella.

    Su rostro es seriedad y dureza, aparte de sonreír a Churchill ni una sonrisa o algo que pueda mostrar debilidad. Si supieras mi cielo (sí ya sé, apenas nos conocemos, pero me doy el permiso en silencio de llamarte así) que la sonrisa en tu rostro ilumina el mundo ya serias la monarca de todo.

    Siempre sola, caminando por las calles con su fiel amigo, un pastor inglés enorme y hermoso que parece salido de una película para cuidar a su reina.

    Algo en el ambiente cambió, de pronto el aire se puso más espeso, lo sentí en su mirada y en la forma que mordía sus labios cuando me miraba, yo no podía dejar de ver su boca, imaginar besarla, estaba tan cerca que podría hacerlo.

    —Pasa te invito un café.

    —¡Con gusto!

    Al entrar vi un pequeño jardín que rodeaba al edificio principal, a la derecha un automóvil estacionado y una franja de pasto al final de la cochera que divide el espacio hasta el muro de la casa, a la izquierda otro pedazo de jardín y un tapete de yoga tirado sobre el césped, seguí a Karina por las losas de cemento entre las plantas y el césped.

    Abrió la puerta de madera; una casa moderna de esas de enormes espacios abiertos y amplios como las que salen en las revistas.

    Una sala totalmente amueblada era lo primero que mirabas al entrar, la pared izquierda de un tono gris oscuro iba desde la sala hasta la cocina ubicada al final del enorme espacio, los pisos blancos hacen juego con las demás paredes. Las escaleras flotantes están en la pared derecha e inician unos dos metros detrás de los sillones que delimitan la sala.

    No llegamos a la cocina, me perdí en la profundidad de sus ojos, Karina y su embriagador aroma se acercaron demasiado al punto de sentir su calor corporal y encender el mío. La ola de electricidad me cruzó todo el cuerpo, la tomé entre mis brazos y besé su boca, un beso prolongado sin lengua ni manos recorriendo su cuerpo, solo dos bocas reconociendo nuevas sensaciones.

    Luego sus ojos de nuevo, ardían y soñaban me tomó la mano y me deje guiar por los espacios de su casa limpia, pulcra, ordenada. La sala enorme con paredes altas de unos seis o siete metros y pintura clara, los sillones neutros con algunos toques de color en sus cojines, una pared enorme debajo de la escalera dedicada a jarrones artesanales, enfrente del sofá una enorme fotografía de ella envuelta de las caderas para abajo en unas sábanas blancas, su espalda totalmente desnuda en una invitación a viajar por su piel estaba parada en una ventana como viendo el paisaje, de fondo las luces de una ciudad que me pareció era Nueva York.

    Subí detrás de ella cada uno de los 19 escalones hasta llegar al ático que es su habitación, baño, closet y estudio, unas claraboyas en el techo dan una enorme luz en su cama y en el lugar donde tiene su mesa de trabajo.

    Y mientras afuera el mundo seguía su curso, dentro el tiempo se detuvo, nuestras bocas se buscaron, no eran besos tiernos, no eran besos de amor… Eran besos cargados de deseo, cargados de intención, besos lujuriosos.

    Karina tomó la iniciativa y comenzó a jalar de mi playera hacia arriba, mis brazos se levantaron en un movimiento para facilitar su camino, sentí sus uñas explorar mi cuerpo, araño con dulzura mi nuca y logró erizar mi piel cuando rozó con sus dedos mis pectorales.

    Lo último que vi fue a ella poniéndose de rodillas y desabrochando mi pantalón, me dejé llevar y cerré los ojos…

    Su boca hizo poesía sobre mi dureza, lamía y chupaba, mordisqueaba y succionaba. Me llevaba a la gloria a pasos agigantados poco a poco.

    Abrí los ojos y la detuve, aún no era tiempo de correrme, aún no quería que eso terminará así que ahora tomé el control y le devolví el favor.

    El instinto me llevó a empujarla contra la pared, tomar su cuello y lamerlo.

    El brillo en sus ojos me excito y bese sus labios de nuevo hasta perder el aliento, saqué su ropa, primero su pantalón admire sus piernas, fuertes y torneadas, seguí con su blusa. Sus pezones estaban duros se notaban aún con la ropa puesta los deje libres admire sus senos hermosos, suaves, moldeables, perfectos.

    Un segundo después metía uno en mi boca mientras mi mano acunaba a él otro, luego intercambie, me di mi tiempo para conocer las reacciones de Karina, lo que su cuerpo me pedía y me exigía, así que fui lento besando y tocando hasta finalmente llegar a su empapado sexo.

    Mis dedos tocaron su vulva, estaba húmeda y tibia, subi y baje mis dedos por sus pliegues hasta tocar el botón más sensible de su flor, introduje un par de dedos de mi mano libre mientras ella se retorcía de placer contra la pared y mi cuerpo.

    Le susurre al oído lo que disfrutaba de ella y reaccionó apropiándose de mi boca. Su sexo estaba caliente y cada vez más mojado mi verga estaba dura y palpitaba pidiendo y rogando por entrar en la gloria.

    Mi rodilla se abrió paso entre sus piernas saque mis dedos, posé mis manos sobre sus caderas, la levante un poco y empujé mis caderas contra ella…

    Entre en ella viéndola a los ojos, fue mágico su calor, su humedad, mi dureza, su boca entreabierta, mis ojos sin perder detalle. Los primeros movimientos fueron lentos buscando el ángulo y la profundidad adecuada, sintiendo como se abría ante mí invasión, disfrutando y admirando sus reacciones.

    No me di cuenta a qué hora llegamos a la cama solo sé que la penetre con furia, con fuerza, más rápido, sus caderas pidiendo mayor velocidad, la necesidad surgiendo de lo más profundo de su sexo, la certeza del placer acumulado a punto de escapar líquidamente de entre las piernas…

    Casi podía sentir surgir su orgasmo desde lo más profundo, escucharla al momento del éxtasis provocó el mío apenas tuve tiempo de salir de ella y correrme sobre sus piernas.

    Poder y fragilidad reunidos en un solo acto.

    Verdugo y Salvador en una misma persona.

    Besos y un abrazo para el alma, porque los cuerpos ya estaban satisfechos por lo menos por unos minutos antes de volver a comenzar.

  • La ex de mi pareja me rompe la…

    La ex de mi pareja me rompe la…

    Dos días después de conocer a Osvaldo, Ova, mi pareja, conocí a la que sería mi peor pesadilla: Fernanda. Ella es una morocha espectacular, de cuarenta años, 1.80 m, con un físico privilegiado por la naturaleza al que ella ayuda con dietas, gimnasio y spas. Ni una cirugía tiene la desgraciada, y, por si fuera poco, ex modelo, actriz. Ova, mi pareja, 45 años, 1.70 m con una calvicie incipiente, algo de panza y nada de gimnasio y spa. Su miembro…. Normalito.

    Yo, con 30 años, mido 1,68, rubia, buen físico, con cola y lolas preciosas. Gimnasio, y más gimnasio.

    Aquel día cinco años atrás, caminábamos con Ova por un shopping. La vi de lejos y la reconocí, su altura, su porte, su elegancia no dejaban dudas de quien era.

    – Mirá, esa es Fernanda Arregui, que mina impresionante por favor. Le dije a Ova.

    – Si… dijo él displicente.

    Era inevitable que no crucemos, pero lo que no esperaba era que a tres metros ella se empezar a sonreír y viniera directo a nosotros.

    – Hola Fer. Dijo Ova con una naturalidad que no yo entendía

    – Hola mi amor. No te miento si te digo que estaba pensando ayer mismo en llamarte para salir a cenar. Me tenes descuidada, desgraciado.

    – El trabajo y una nueva relación. Te presento a Flavia, mi novia. Dijo Ova y yo miraba con cara de estúpida.

    – Hola Flavia, ¿cómo estás?

    – Biennn… Dije casi temblorosa.

    – Siempre tuviste muy buen gusto para las mujeres. Dijo ella.

    – Por eso te elegí. Dijo mi pareja.

    – No digas pavadas, yo te elegí a vos, vos ni pelota que me dabas. ¿Cuándo me vas a llamar para juntarnos, almorzar, cenar?

    – Flavia, ¿Te jode si almorzamos los tres? Hace mucho que no hablamos con Fer.

    – No, no, claro que no. Dije.

    Dos días de novia. ¿Y que otra cosa iba a decir? Ova me gustaba en serio, no podía quedar como una mala onda a los dos días.

    – Genial, vamos. Contame Fer, ¿Cómo estás?

    – Bien amor, tranquila, saliendo con un muchacho, Dios dirá.

    – Espero que esta vez la pegues. Dijo Ova.

    – Y que no me rechacen, como cierta persona. Dijo ella mirándolo a los ojos.

    – No empieces.

    – ¿Uds. tuvieron algo? Pregunté casi con miedo a la respuesta.

    – Algo… Bastante. Tu novio fue novio mío durante seis meses, hace diez años. Sí, porque yo tenía 25 años.

    – Nunca me contaste. Le dije.

    – Flavia, por favor, mírame. Si te digo que cuando esta era una bestia, que estaba en todas las revistas, incluso Playboy, yo era el novio… ¿Me hubieses creído?

    – Ehh… y… difícil.

    – Para que te voy a contar si vas a pensar que miento. Ni lo cuento.

    – ¿Cómo fue? Pregunté intrigada.

    – Ova trabajaba en un banco, y yo fui a hacer un trámite, por unas tarjetas, una cuenta. Ni pelota me dio, ni me miraba. Yo de caliente porque no me miraba siquiera, quise abrir una caja de seguridad para perder tiempo y lograr que me mira. Nada, absolutamente nada. Cuando me di por vencida, me estaba por ir y me llamo de nuevo a su escritorio. Puso un papel y una birome delante de mí.

    “Anótame tu celular. Más tarde te llamo para salir a cenar Fer.” Te juro que me rompió la cabeza el desgraciado. Fuimos a cenar a un lugar escondido, para que no nos vean. Y de allí a su departamento.

    – Vos justo estabas sin trabajos y solo tenías el teatro pero una semana después.

    – Sí… tres días encerrados en el departamento. Los dos primeros hablando, comiendo pizzas y panchos con cerveza, el tercero hablando y mirando tele abrazados. Así conocí al que fue mi gran amor, un tipo increíble, mi mejor amigo, mi confidente, el que llamo y está. Hasta ha dejado minas plantadas para verme porque estaba rayada.

    – ¿Tres días y nada? Pregunté.

    – No… Seis meses y nada. Bueno, una sola vez, el día que me dejó. Dijo Ella.

    – ¿Cómo?

    – Sí, fue en mi departamento, vino a almorzar, y me dijo que una chica le gustaba. Que tenía ganas de ponerse de novio. Y nosotros casi vivíamos juntos. Yo le pregunte que éramos nosotros entonces. “Fer, te adoro, te juro, sos una mujer única, pero sos mi amiga. Te amo como amiga.” Y le tuve que dar la razón… Pero tenía miedo de perderlo como amigo, y le dije: “¿Y si probamos coger? Quizás, quien te dice.” Su respuesta, un clásico: “Dale, cojamos.” Y cogimos… Fue genial, gozamos con todo. Tres veces esa tarde. “No Fer…” “No es nuestro tiempo, o nosotros no estamos para ser pareja.” Dijo ella.

    – Por seis meses no nos vimos. Me llamó por mi cumpleaños. Termino viniendo al departamento, cenamos y charlamos desde el viernes a las 21 hasta el domingo a la noche. Sellamos nuestra amistad.

    – Y cada vez que nos necesitamos estamos. Pueden pasar meses, pero siempre estamos. Dijo ella.

    Sinceramente, no les creí. Era imposible que hayan estado casi viviendo juntos y no haya pasado nada. Sobre todo porque a Ova le encanta el sexo. Disfruta y me hace disfrutar como loca.

    Dos años después, nos fuimos a vivir juntos. Habían pasado seis meses, y me llama a mi trabajo para decirme que iba a llegar tarde porque se iba a juntar a charlar con Fernanda. No me hizo nada de gracia, lo juro. Pero no podía decir nada, me era honesto, leal, no se escondía. Llego a la hora de la cena, de buen humor, y no comento nada de la charla, yo, una dama, mordiéndome por dentro, no pregunté nada.

    Para su cumpleaños… Un día después le hizo una cena, torta, regalo de cumpleaños y no me invitó, fue solo de ellos. Pero me lo decía, nunca ocultaba nada.

    Yo me moría de celos, lo imaginaba con esa tremenda mujer, gozando con todo, penetrándola por todos lados, haciéndola gritar de placer como me hace gritar a mí.

    Quiso la vida, hace un mes, un mediodía, salí de mi trabajo a almorzar y me la encontré.

    – Hola Flavia, querida, ¿cómo estas mi amor? Me saludo con una efusividad tremenda, que por supuesto me sorprendió.

    – Bien Fernanda, yendo a almorzar. ¿Vos?

    – Bien, te acompaño y charlamos.

    Y fuimos a un bar a tomar un café y comer un sándwich.

    – Contame, ¿Cómo andan las cosas con Ova?

    – Bien… por suerte nos llevamos bien.

    – Que bueno, te ama, eso lo sabes. No hay vez que nos veamos que no me lo diga.

    – Gracias por decírmelo… a veces creo que…

    – ¿No pensarás que anda con otra?

    – Y… a veces…

    – No seas tonta, Ova es un tipo serio, nunca te pondría los cuernos. Sabes que lo conozco mucho.

    – Si… lo sé. Dije y mire para la calle.

    Ella no dijo nada y se sonrió. Hasta su sonrisa me molestó, hice que estaba apurada, pague y me volví a la oficina. Los celos me estaban matando, pero no tenía pruebas, y conmigo, en la cama… impecable, como siempre, y en el resto de nuestra vida, igual. Solo que esos encuentros… me ponían loca de remate.

    El jueves de esa misma semana, me aviso que se juntaba con Fernanda. Apareció a las 6 de la mañana del día siguiente, solo para darse una ducha y cambiarse.

    – Me dijiste que era solo una charla. Estuviste toda la noche.

    – Sí, es que se peleó con el novio… no está bien… estuvimos charlando hasta recién…

    – Me podrías haber avisado…

    – Se me pasó, perdoname. Te dejo porque llego tarde.

    Lo quería matar, separarme, volverlo a matar y volver a separarme. Hable con una amiga, que me calmó. Por suerte, los quince días siguientes fueron “normales”. Pero… el viernes, estábamos por cenar cuando ella lo llamó.

    – Bueno, tranquila… Fer, ya lo hablamos amor, vas a ver que salís adelante, yo estoy para apoyarte, como siempre.

    “Amor”, “estoy para apoyarte”. Mi sangre empezó a hervir. Pero me había jurado no estallar. Siguieron hablando.

    – Escuchame, ¿Dónde estás? No, la dirección de tu hermana no la tengo. Pasamela.

    Se iba a ir con ella, y la boluda… Anotó la dirección en un papel y cortó. Cargó la dirección en el GPS de su celular y me dijo:

    – Esta para la mierda, me preocupa. Voy verla.

    Y sin esperar que yo diga nada, se fue. Durante diez minutos camine como loca por el departamento y cuando pasaba por la mesa miraba el papel con la dirección…

    – Flavia, sos una boluda, te va a cagar y vos tranquila en el departamento. Trono una voz en mi cerebro.

    – Tranquila, son amigos… los buenos amigos están para apoyarse. Dijo otra voz.

    – Boluda, no le hagas caso, te va a poner una cornamenta de ciervo si seguís tan pasiva.

    Y no me pude resistir a tomar el papel, llamar un Uber, e ir a la dirección. Era una casa linda, con parque adelante.

    Había luces prendidas adentro, pero unas cortinas gruesas no me dejaban espiar. Me acerque a la puerta para escuchar algo, necesitaba escuchar algo. Se escuchaban voces pero no era claro. Me acerque a la ventana a ver si podía escuchar. Y fue terrible.

    Escuchar sus gemidos, como le pedía que le bese los pechos, como lo alentaba a que la chupe toda, luego él, gimiendo sin parar, estaba segura que esa yegua se la estaba chupando con todo, hija de puta. Y cuando ella dijo “por el culo”, no, eso no lo iba a permitir. Me acerque a la puerta y cuando estaba por golpear, se abrió.

    Frente a mí, Fernanda, completamente vestida, con un pantalón, polera y una sonrisa… Mire adentro, y vi a Ova, también vestido, sentado junto a una mesa bajita, con un plato de ravioles frente a él, otro plato de ravioles empezado y un plato vacío. Detrás de Ova un TV Smart de 65 Pulgadas y una pareja cogiendo con todo, al lado el monitor de una cámara de seguridad que me tomaba parada en la puerta y alcanzaba a tomar donde estuve en la ventana. Cerré los ojos insultándome a mí misma por haber ido.

    – Ya que viniste, pasa a comer unos ravioles. Dijo Fernanda.

    – Yo…

    – Dale Flavia, pasa. Dijo Ova.

    Entre, Fer cerró la puerta y se sentó en el suelo como Ova, él apago el Smart TV. Yo me senté en silencio, esperando escuchar los reproches de Ova por no creerle. Fernanda me sirvió en silencio y él me sirvió vino.

    – Cuando comimos juntas me di cuenta de tus celos. Ni siquiera la broma que montamos recién los puede sacar de tu cabeza. Te aclaro, que fue idea mía, y Ova se enganchó, y sí, es la casa de mi hermana, que está de viaje con el marido.

    Si te quisiéramos cagar, sería muy difícil que nos descubras, durante muchos años nos escondimos de los periodistas, y solo éramos amigos. Solo somos amigos, por más difícil de entender la amistad de un hombre con una mujer. Dijo Ella.

    – Me siento la peor boluda el mundo… Perdoname Ova. Perdonen los dos.

    Fer lo miro a Ova y le hizo una seña como para que diga algo.

    – Ya que estás acá, ¿Qué les parece si hacemos un trio? Dijo Ova y las dos nos largamos a reír. Me acerque a él y le di un beso. Luego a Fernanda, en la mejilla.

    Nos quedamos charlando y tomando vino hasta la madrugada. Ella mostrándose tal cual es, una gran mina. Aprendí mucho en esa charla sobre la amistad, el respeto, la lealtad.

    Los encuentros entre ellos siguen, aunque a veces, me invitan. Yo feliz de saber que siguen cultivando una amistad increíble.

  • Chica menstruante (I y II)

    Chica menstruante (I y II)

    Para un hombre que está más cerca de los sesenta que de los cincuenta, que tiene tendencia a echar barriga y cuya vida social no se puede calificar de exitosa, tener sexo es como una especie de película de ciencia ficción.

    Yo soy uno de esos hombres. Solitario, aburrido, sin demasiado atractivo físico para las mujeres. No me gusta salir a ligar, con lo cual mi vida sexual se ha reducido a los contactos que encontraba esporádicamente en algún chat, y el último fue justo antes de la pandemia. Desde entonces, el sexo que he practicado ha sido matarme a pajas algo que, por otro lado, tampoco es tan malo.

    En esos chats he tenido la oportunidad de conocer a algunas mujeres con las que ocasionalmente tuve sexo. En varios años habrán sido como media docena y, aunque puede no parecer un número muy elevado, lo cierto es que lo pasé bien con ellas.

    No es éste el momento para hablar de aquellas experiencias, pero puedo resumirlas diciendo que con ellas pude por primera vez follar un culo y correrme dentro de él, o conseguir que una mujer se corriera literalmente a chorros en mi cara y en mi boca. Beber ese líquido que salía a presión del coño fue, sin duda, uno de los mayores placeres que he tenido.

    Pero volvamos al tema que me ocupa hoy. Como decía, mi vida social se limita a entrar en diferentes chats con nicks más o menos curiosos, desde alguno que parezca muy viril a otros que reflejan mi patética vida. El nick tampoco importa mucho porque puedo pasarme horas, días, semanas… entrando en esas salas sin que ninguna mujer me hable. Al principio era yo quien les abría algún privado, pero, viendo que muchas ni siquiera se dignaban contestar, dejé de hacerlo y, simplemente, mantenía abierto el chat por si alguna me quería hablar. Y eso tampoco ocurría.

    Pero hace cosa de un mes vi un nick que me llamó la atención porque, junto a la ciudad en la que yo vivía, aparecían otras palabras: “chicamenstruante”. El nick y lo que representa me resultaba morboso y, además, parecía que era de mi ciudad así que, pensando que no perdía nada haciéndolo, le abrí un privado.

    Tras los saludos de rigor, la conversación fue más o menos así:

    – ¿Qué es lo que quieres encontrar aquí?

    – Cuando estoy con la regla me caliento mucho y me pongo muy cerda. Necesito que alguien quiera follarme ya, porque quiero sentir una polla dentro de mí y que se corra dentro de mi coño.

    – Pero ¿no tienes a nadie que quiera follarte?

    – Tengo un amigo, pero ni está ni quiere hacerlo. Le da asco.

    – Según lo dices a mí me encantaría poder follarte así, sin ningún asco, pero soy un tío mayor.

    – ¡Eso me da igual! De verdad, sólo quiero que alguien me folle, lo demás no me importa. Me pongo tan cachonda que ni me importa la edad ni cómo es el tío. ¡Sólo quiero que me follen!!

    – Bueno, podemos quedar, pero ¿cómo lo hacemos?

    – Dime dónde vives. Yo me acerco a tu calle, quedamos allí y luego subimos a tu casa porque yo no tengo sitio.

    – ¿No tienes sitio? ¿Cuántos años tienes?

    – Tengo 18.

    – Joder, ¡18 años! – Yo cada vez daba menos crédito a lo que esa persona me estaba diciendo.

    – ¡Por favor, tío! Vamos a quedar. ¡Lo necesito!

    Y, después de unas cuantas palabras más, acabé por quedar con ella en el portal de mi casa para esa misma tarde. Lógicamente pensé que todo eso era una de las muchas bromas que se gastan en los chats. Lo más probable es que no apareciera nadie, o que quien apareciera fuera un tío que se iba a burlar de mí, o cualquier otra situación distinta a la que había quedado. Pero, como decía, hacía mucho que no follaba, estaba deseando poder hacerlo fuera como fuera y, aunque no tenía muchas esperanzas de poder hacerlo, la polla venció de nuevo a la razón.

    A la hora a la que habíamos quedado estaba yo esperando a la puerta de mi casa, nervioso como un flan y con unos sentimientos enfrentados. Por un lado, deseaba que todo eso fuera verdad, que realmente una chica de 18 años quisiera follar conmigo y que lo hiciera de una forma muy dura y asquerosa. Pero, por otro lado, tenía miedo precisamente por eso, por la juventud de la chica, por el posible engaño y por las dudas de una cita a ciegas.

    Nerea, que así me dijo que se llamaba, llevaría un vestido azul de verano, con tirantes. Así que cuando, casi diez minutos después de la hora, vi aparecer por el extremo de la calle a una chica con un vestido azul, mi corazón empezó a latir de tal manera que parecía que iba a estallar.

    Cuando se acercó a mí y se presentó, todas mis dudas se disiparon. No podía creer lo que tenía delante de mis ojos. Nerea era una chica joven, alta, de más o menos 1’70 y un cuerpo precioso. No era ni gorda ni delgada, tenía unas bonitas caderas y unos muslos que se adivinaban duros y suaves a la vez. Sus ojos eran verdes y su pelo, moreno y liso, caía libre sobre sus hombros. El escote del vestido permitía ver unas tetas no demasiado grandes que brillaban con el sudor que desprendía su cuerpo. Y, además, me sonreía.

    Ver esa belleza de chica, saber que era real, intuir el cuerpo que había debajo de esa ropa, imaginar el coño húmedo y sangriento …, todo ello hizo que me empalmara sin necesidad de más.

    – ¿Subimos a casa entonces? ¿Te parezco bien? – pregunté para asegurarme de que no estaba en un sueño.

    – Sí, me pareces estupendo. Con que tengas una polla que quiera follarme según estoy me vale – contestó ella sin ningún rubor.

    Subimos a casa y, nada más entrar, me preguntó dónde estaba el dormitorio. Yo había colocado encima de la cama unas cuantas toallas de baño, previendo lo que podría pasar en la situación en la que estábamos. Nerea lo vio y sonrió.

    – Vaya, eres muy previsor. No se te escapa nada.

    Y en ese momento se acercó a mí y, sin decir una palabra más, me agarró la cabeza para atraerla hacia ella y empezar a besarme como no lo había hecho nadie en muchos años. Sus labios besaban los míos con rapidez, mientras sacaba su lengua y me la pasaba por toda la cara. Yo abrí la boca y empecé a comerle la suya. Nuestras lenguas se juntaban y nos pasábamos la saliva que iba apareciendo. Utilicé mis dientes para morderle su lengua, luego la atrapaba con mis labios y la succionaba, mientras Nerea daba gemiditos de placer y de dolor. Estábamos abrazados y nuestros cuerpos estaban muy pegados. Notaba sus tetas en mi pecho, y notaba cómo mi polla cada vez crecía más. Me arrimé a ella para que la notara cerca de su coño mientras mis manos agarraban ese culo tan duro, esas nalgas firmes, de una chica tan joven como ella.

    – Quiero comerte la polla y quiero que me folles – me dijo separándose de repente.

    Se echó a un lado y, en un momento, se desprendió del vestido que llevaba. Otra vez me quedé impresionado al verla de nuevo, ahora ya sólo con su ropa interior. Llevaba un sujetador blanco, sin tirantes, que resaltaba perfectamente la forma de sus pechos, y unas bragas azules, muy ajustadas, que se pegaban a su coño de una manera excesivamente morbosa.

    Mientras tanto, yo también me había ido desnudando intentando no caerme, quedándome en unos bóxers en los que también se notaba la dureza de mi polla.

    Nerea se quitó el sujetador y lo dejó caer al suelo. ¡Dios! Esas tetas tan redondas, tan perfectas, con unos pezones marrones que se veían erectos, dentro de una areola no demasiado grande.

    – ¿Te gustan mis tetas? ¿Sabes que ahora que estoy con la regla se me han puesto más duras, y que las tengo más sensibles? ¿Quieres comérmelas, cabrón?

    No necesitaba más invitaciones. La tumbé encima de la cama y me abalancé sobre esas maravillosas y duras glándulas mamarias. Puse mi boca en el pezón derecho y empecé a succionarlo, mientras con la mano le pellizcaba el de la izquierda. No era sólo el pezón, en la boca metía la mayor cantidad de teta posible y la absorbía. Nerea gemía y decía que le dolía pero que siguiera. Me dediqué a chupar el pezón, que había adquirido un buen tamaño, y excitado como estaba, también se lo mordí. Le di un mordisco mientras le tiraba hacia arriba. Nerea emitió un grito de dolor, pero me empujaba la cabeza para que continuara.

    – ¡Sigue, sigue, cabrón, no pares!

    Seguía chupando y mordiendo ese pezón, todo ese pecho, mientras que con la mano apretaba y estrujaba la otra teta. Estaba muy dura, sin duda hinchada por la menstruación. Apretaba sin pensar en que pudiera hacerle daño, sólo apretaba esa maravillosa masa de carne, estiraba y pellizcaba el pezón.

    Cambié de teta, y ahora era la izquierda quien recibía mis besos, mis mordiscos, mientras amasaba la derecha. Nerea seguía gimiendo, me apretaba contra ella y me seguía llamando cabrón, algo que me excitaba aún más.

    Después de un rato, cogí las dos tetas y las junté para poder ir pasando mi lengua de un pezón a otro. Los pezones estaban muy duros, y sobresalían bastante. En ese momento me habría gustado que esas preciosas tetas hubieran estado llenas de leche para habérmela bebido y haberlas vaciado. Una lamida, un chupetón, un mordisco, una lamida, otro mordisco… Intenté incluso meterme los dos pezones a la vez en la boca, pero era bastante complicado.

    Unos minutos después, con mi polla a punto de salirse de los bóxers, noté cómo los gemidos de Nerea se hacían más fuertes y su respiración mucho más agitada.

    – Me corro, me corrooo, cabrón. Me corrooo…

    Me incorporé para verla. Tenía las tetas mojadas por mi saliva, por mis babas; estaban un poco amoratadas en la zona de las areolas y en algunas partes se veían pequeñas incisiones de mis dientes. Pero seguían estando igual de duras.

    – Me corro fácilmente cuando follo. Cuando estoy con la regla me resulta más fácil aún. Y como has visto, me puedo correr solo con que me coman las tetas y me chupen los pezones. Me pone muy burra – me explicó Nerea con una sonrisa de satisfacción en su cara -. Y esto no ha acabado aún, cabrón, porque ahora me toca a mí.

    Y, al decir esto, se incorporó y, con un movimiento rápido me puso boca arriba.

    – Ahora me toca tu polla.

    II.

    Nerea se montó encima de mí. Inclinando la cabeza, nuevamente empezó a besarme y a lamerme. Pasaba su lengua por mi cara, por mi boca, dando unos lametones que iban dejándome la piel húmeda y pegajosa con su saliva. Empezó luego a descender por mi pecho, por mi ombligo, hasta que, al llegar un poco más abajo, me quitó los bóxers de un tirón. Mi polla, que llevaba mucho tiempo deseando liberarse, dio un brinco y apareció erecta, dura y mojada ante los ojos de Nerea. Se inclinó hacia ella. Usó la punta de la lengua para juguetear con mi capullo; estuvo un rato lamiéndolo mientras me pasaba la mano por el tronco de la polla. Me la empezó a menear cada vez más rápido y, de repente, abrió la boca y se la metió entera. Por suerte para ella, mi pene tiene un tamaño normal, porque, de haber sido más grande, del movimiento que hizo para tragarlo le habría atravesado la garganta. Empezó, ahora sí, con una auténtica mamada, metiendo y sacando la polla de su boca, dejándola a ratos dentro para succionarla, usando la lengua para lamer el glande y usando a la vez las manos para pajearme y tocarme los huevos, que apretaba hasta el punto de hacerme gritar.

    A poco más que hubiera seguido me habría corrido en su boca y, sin duda, le habría llenado su estómago de la gran cantidad de leche que tenía guardada

    para ella. Pero no quise que ese momento llegara aún. Tenía que reservar mi semen para ese coño que aún no había visto, pero que me estaba esperando mojado y sucio de sangre. No quería desperdiciar ni una gota de mi simiente fuera de esa vagina tan joven.

    – ¡Ponte de pie! Quiero que te quites las bragas, quiero ver tu coño …

    Nerea se incorporó y se quedó de pie en la cama con las piernas a ambos lados de mi costado. En mi posición, tumbado, veía su sonrisa en lo más alto de ese cuerpo. Y, despacio, metió los dedos en sus bragas y tiró de ellas para quitárselas. Y allí estaba ese coño ante mí, el precioso coño de una chica que apenas conocía. Una mata oscura de vello fino y arreglado cubría parte de su pubis, con una simetría perfecta. Pero la vulva estaba completamente afeitada. La piel de sus labios brillaba. La excitación había hecho que se humedeciera por sus jugos y, quizá, por algo de la sangre de su regla. Y sí, entre los pliegues de los labios menores aparecía un hilo blanco, el hilo que demostraba que todo lo que Nerea me había dicho era verdad. El hilo de un tampón que dentro de muy poco iba a salir de su cuerpo y que nos iba a proporcionar una situación de enorme placer.

    – ¡Ponte encima de mi cara! Quiero comértelo, quiero saborear esa carne, quiero que me empapes y quiero que te corras con mi lengua.

    – Vaya, vaya con el cabrón. Así que empiezas con las guarrerías ¿eh? ¿Sabes que me encanta que seas tan cerdo?

    – Más cerda eres tú y te adoro por serlo.

    Se dejó caer y puso su coño encima de mi boca. Antes de que yo pudiera hacer nada, empezó a restregármelo por toda la cara, con un movimiento de un lado hacia otro, de la frente a la barbilla. Como había imaginado, noté humedad, una humedad que me iba empapando cada vez más. La sujeté los muslos para detener ese movimiento lujurioso que era como marcar su territorio. Agarrándola así, dirigí mi lengua hacia su clítoris y empecé a chuparlo de manera descontrolada. Mi excitación era tremenda e iba aumentando mientras le daba lengüetazos a ese pequeño trozo de carne que se había puesto tan duro y que sobresalía de su capuchón. El sabor de su coño era una mezcla entre el sabor salado de los flujos de una mujer y una parte de sabor a hierro que proporcionaba la sangre que estaba tan cerca de mí. Nada me importaba. No sólo le chupaba el clítoris, también su raja recibía mi visita, intentando meter la lengua muy dentro de ella, aunque ese hilo me lo impedía.

    Mi boca empezó a saber a sangre, los gemidos de Nerea eran cada vez más fuertes. Me centré en su clítoris: como había hecho con los pezones, no sólo lo lamía, sino que lo succionaba y le daba pequeños mordisquitos. Era como un perro lamiendo, un perro desesperado lamiendo ese pequeño pedazo de carne que tanto placer daba a las mujeres.

    Y, al igual que había pasado cuando le comí las tetas, ahora también llegó el orgasmo. Su segunda corrida y ya la conocía: más gemidos, respiración más fuerte y, esta vez, noté cómo sus nalgas y su culo se contraían justo en el momento en el que se corrió.

    Nerea se movió hacia atrás y se tumbó encima de mí mientras recuperaba la respiración. Sus tetas, que seguían estando muy duras, estaban pegadas a mi pecho, y mi polla estaba tan dura como ellas. Notaba mi cara pegajosa y todavía sentía el olor a sexo que se había desprendido.

    – Eres maravillosa, niña. Esto es lo más excitante que me ha pasado en mi vida. Y tú eres la causante.

    – Y eso que aún no hemos terminado – dijo maliciosamente mientras me plantaba un sonoro beso en los labios.

  • El hijo de mi mejor amigo

    El hijo de mi mejor amigo

    Hola a todos lo que les voy a contar me ocurrió hace un año en casa de mi mejor amigo en su cumpleaños número 36, actualmente tengo 37 y mi mejor amigo igual nos conocemos desde adolescentes en el colegio, él tuvo su primer hijo a la edad de 18 años en una noche de calentura con su novia de ese entonces dio como resultado a Diego que actualmente tiene 20 años, si bien lo vi crecer pero tampoco lo veía mucho ya que yo trabajaba fuera de la ciudad y me veía con mi amigo por temporadas más siempre estábamos en contacto.

    En lo que a mí respecta siempre me he considerado bisexual ya que e experimentado el sexo tanto con hombres como con mujeres pero siento sincero disfruto más con hombres claro es algo que nadie sabe ni mi mejor amigo. Soy moreno delgado de estatura promedio algo velludo y bien parecido, uso barba.

    Todo ocurrió el año pasado cuando mi amigo cumplió 36 años y me invitó a una reunión en su casa como tenía tiempos sin verle pues no me iba a perder el celebrarlo con el, ya en la reunión todo normal y tranquilo echando bromas contando anécdotas llegó Diego, cuando lo vi no niego me sorprendió ya no era ese niñito feito jejeje se había convertido en todo un adolescente bien parecido alto, delgado, me saludo con un abrazo y bueno todo bien hasta ese momento nada fuera de lo normal, salvo que sentí esa conexión de miradas entre el y yo, pero no le pare pensé que era mi imaginación.

    Ya después de varias horas ya la mayoría estaban con tragos encima Diego comenzó a hablar más conmigo y se puso un tanto cariñoso y le decía a su papá (mi mejor amigo) «papá este era tu mejor amigo era porque ahora es mío» y me abrazaba yo inmediatamente dije aquí hay algo, pero me gustaba lo que pasaba sin embargo yo actuaba natural.

    Ya pasada la madrugada mi amigo me dice que me quedé que no me vaya a ir es muy tarde para conducir que comparta el cuarto con Diego.

    Ya en la habitación decido ducharme antes de dormir para que se me pasará un poco el efecto del alcohol, cuando salgo de la ducha Diego ya estaba acostado en la cama con ropa y todo, yo le pregunto ¿Diego vas dormir con esa ropa? Y el me dice (un poco tomado más no ebrio) «quitamela». Procedí a quitarle la franela y el jean y quedó en boxers, me dio un escalofrío tenía ese cuerpo bien marcado ya que le gusta mucho jugar fútbol. Yo me acuesto a su lado y me dice «Pero tienes que quitarla tu también no hagas trampa», le dije «bueno está bien» y me quite la franela y me quedé en shorts.

    Yo a propósito me acuesto con la espalda hacia el cuando siento que se me pega y me abraza sentí su polla erecta en mis nalgas, yo le pregunté “¿Que haces?» y me dice «Relájate Quítate todo se que te gusta» yo le dije «Y si nos escuchan», «no te preocupes mi papá está borracho y mi mamá igual anda quiero tenerte».

    Me voltee y me comenzó a besar apasionadamente por todo mi cuerpo cada beso que me daba ese chico me hacía estremecer me chupaba los pezones, me besaba por todo mi cuello, luego me le subí encima y comencé a besarlo tenía vellos en la axilas negritos me imaginé su polla así que recorrí con mi lengua todo su pecho y abdomen hasta llegar al boxer el cual baje y ahí están una enorme polla erecta y ya lubricada con un bulto de pelitos negritos.

    Diego me decia «anda bebé métela en tu boca chupala es tuya es tu polla soy tu hombre» inmediatamente no lo aguante y me la metí toda hasta la garganta el gemía de placer y comenzo a mover la pelvis cogiendome por mi boca, me encantaba el olor a macho de sus pelos y me excitaba cada vez más, su polla estaba llena de saliva, luego me puso contra la pared y me comenzó a besar y me terminó de desnudar y a besar con cada beso me volvía más loco.

    Siempre fui versátil pero con Diego solo quería ser pasivo luego me voltio y me puso en cuatro en su cama y lo metió todo sentí esa gran polla como entro dentro todo y fue un placer intenso, comenzó a darme y a cogerme, era delicioso sentís sus bolas y sus pelos como rozaban mis nalgas, era delicioso no quería que parara

    Luego me monte encima de el y me la metió me meneaba encima de su polla y era delicioso mientas que el gemía con cada movimiento, hasta me dice que se iba a venir. Le dije «espera quiero acabes en mi boca soy tu perra»

    Me coloque de rodillas con su polla en mi cara mientras el se masturbaba cuando sentí sus gemidos soltó chorros de semen caliente y gemidos al mismo tiempo que yo también me corría, toda su leche en mi cara la saboreé. Luego nos besamos y me dijo «eres mío te quiero para mí siempre ves así es como trato a mis amigos quiero que lo hagamos siempre»

    Luego nos duchamos y nos dormimos.

    Desde ese momento jugamos a los amantes cada vez que podemos.