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  • Algo anormalmente normal

    Algo anormalmente normal

    Capítulo 1. El hombre de la casa.

    Desde pequeño, yo siempre tuve la facilidad para caerles bien a las mujeres y no me voy al hecho de que me crea un galán o un conquistador, llamémosle suerte.

    Tuve buenas relaciones con mis tías y tíos, con primas y primos, en fin, digamos que era esa pieza en la familia que todos extrañaban cuando faltaba pero que tampoco era el alma de la fiesta.

    En mis años, tuve muchas experiencias de diferentes tipos, está vez, contaré el caso con mi madre, y es que no solo es por el éxtasis del incesto, sino que va mas allá de un simple deseo carnal, a lo que me refiero, es que todo lo que pasó viene de un amor sincero y puro como solo una madre puede darlo.

    Soy un hombre que me considero normal, 1.80 de estatura, tez blanca, pelo castaño y ojos iguales, físicamente soy robusto, no de exceso de peso, pero si en forma, en cuanto a lo otro, también me considero normal, 17 cm en forma normal y muy excitado hasta los 19 cm, y un grosor favorable.

    Mi madre y el platillo principal de este relato es una mujer que a mí parecer es sumamente hermosa.

    Ella es de tez blanca igual que yo, pero su piel es delicada, por eso, cualquier golpe ligero se marca en su tersa piel, tiene facciones finas en su rostro que acompañan una cabellera negra hasta la cintura, y unos ojos aceituna que realzan toda su belleza.

    Cuenta con 1.61 de altura, es un poco delgada, tiene unos pechos del tamaño justo y bastante firmes que para ese entonces tendría unos 46 años y la edad no le pasaba factura, fácilmente podría pasar por los veintes; ahora sí el deleite de mucho era su culo, algo que encajaba bien, pero sin duda era grande, redondo y firme, cómo les dije es sumamente hermosa.

    Cuando esto ocurrió, ella como dije tenía 46 años, y yo por ese entonces tendría 20 años, y ya llevaba mis experiencias con las chicas, una que otra chica y novia, pero eso sí, experimentos por doquier.

    Mi madre, solía vestir muy ligera en casa y no me resultaba extraño ya que desde pequeño como dije, tuve suerte con las mujeres, con mi mamá me tenía tanta confianza que incluso me metía a la ducha detrás de ella aún a mi edad, pero jamás rondó por mi alguna idea morbosa.

    Todo esto cambia un día cerca del verano, la verdad que la relación entre mis padres era monótona y aburrida, cómo muchos matrimonios, muy de vez en cuando escuchaba que tenían sexo, pero más que nada a papá y bueno mamá no hacía mucho ruido.

    Yo había concluido la universidad y estaba listo para las vacaciones de verano, sin embargo mi padre tenía aún muchos compromisos del trabajo y debía salir de la ciudad de viaje; mi esperanza era mi madre pero tenía más problemas que mi padre, ella era maestra de posgrado y debía aplicar algunos exámenes y supervisar unos proyectos, por ende estaba hasta el tope de estrés.

    La noche que mi padre se iría, ella se quedó hasta altas horas de la noche trabajando en su compu, y 2 horas antes de la partida de mi padre, oí como mi madre entro a su cuarto y hablo con el, nuestros cuartos estaban juntos y se oía todo, ella le comento lo que pasaba y que necesitaba hacer el amor con el antes de que se fuera, que hacía un par de meses que no tenían nada de nada y el se marcharia por más tiempo.

    —Mujer está noche no, yo sé que saldré de viaje por 3 meses, pero el trabajo me tiene agotado y más encima me acabo de bañar— alegaba mi padre.

    —Por eso mismo, hace meses que no me tocas y por el baño nos podemos bañar juntos o es acaso que ya no te gusto? O que tienes tus ojos en alguien más?— dijo mi madre en un tono de tristeza y semillanto.

    —Ya vas a empezar con tus locuras, y la verdad es que no tengo ni el tiempo ni las ganas de discutir, puedes pensar lo que quieras mujer—mi padre lo dijo en un tono molesto.

    Mi madre solo se echó a llorar un poco y mi padre sin paciencia tomo sus cosas y se dispuso a irse, paso por mi cuarto y se despidió, me encargo cuidara de mi madre y se fue.

    Cuando entre al cuarto, estaba mi madre sentada en el piso con las manos en el rostro llorando, estaba en ropa interior que en ese momento no le di importancia pero dios, llevaba un conjunto de encaje negro con medias largas unidas al cachetero por unas ligas, que le daría un infarto a cualquier hombre, sin embargo por la situación yo no preste atención a eso y solo me acerque a consolarla.

    Tenía yo plan con una chica ese día, y mi madre se iría a su colegio para concluir algunos pendientes; llegada la hora, se fue en su típico uniforme de maestra, una falda con mayas y tacones, su blusa blanca y un saco a juego, su chongo o coleta según el día. No provocaba mucho, esa falda disimulaba el suculento culo que se cargaba, una vez que se fue, le hable a la chica, organice la casa, compré unas bebidas y espere a que llegara. Le había comprado una lencería similar a la que tenía mi madre en la mañana, solo que de un color rojo.

    Comparada con mi madre, al menos era 5 tallas más chica de todos lados, pero para mí calentura y pasarla bien era la indicada; la hora llego y la chica no aparecia, y después de casi 2 horas, pude comunicarme con ella, al parecer sus padres habían llegado cambiando todos sus planes, y los míos por supuesto.

    Estaba la sala con unas velas aromáticas que provocan el éxtasis, unas copas con un poco de vino burbujeante, un poco de mochi dulce y el regalo envuelto, yo con una ropa suelta pero acordé y un perfume que mi madre me había dicho que olía exquisito.

    Estaba en la sala, con una pequeña erección, asi que decidí hacerme una paja para bajarme la calentura y resignarme, en eso estaba con los shorts en los tobillos, cuando abre la puerta de la sala mi madre quien venía con una cara de agotamiento y tristeza, cuando cruzamos miradas solo note sorpresa en su rostro y pronto un color rojo le llenos su linda cara.

    Me subí los shorts y me disculpé con ella, quien lejos de mostrarse incómoda o algo así, solo tenía una sonrisa, al parecer pensó que todo lo que estaba en la sala era para ella, se acercó a mi y me dio un dulce besos en los labios, se sentó en el sofá y me dio mi copa y tomo la otra.

    Al parecer le gustó el vino y la vela hizo efecto porque se desabotono los primeros 3 botones de su blusa dejando un escote perfecto, me miró y sonrió.

    —Muchas gracias por esto hijo— me tomo de la mano— lamento si escuchaste lo de tu padre en la mañana, tenemos nuestros problemas, pero me alegra saber que hay al menos un hombre en la casa que se preocupa por mi.

    —No es nada ma’ creí que esto te alegraría un poco— dije sabiendo que realmente era un regalo para coger con otra chica.

    —Pero mira! Encima me compraste un regalo! Eres mi sol cariño— dijo tomando la caja del centro— Wow! Es muy lindo el conjunto, aunque creo que un poco pequeño jaja

    Lo tomo y lo miro detenidamente, me miró y lo miro de nuevo —Bueno parece que necesitaré ayuda para ponermelo— dicho esto se levantó y empezó a desabotonar su blusa, la saco y siguió con la falda, lo hacía de manera sensual y dios que mujer, estaba hermosa.

    Luego se quitó el sostén y siguió con su cachetero, pude notar que al quitarse su calzon dejo una línea muy delgada de flujo, luego tomo el sostén y se lo puso —ay, cariño puedes ayudarme— me coloque tras ella y lo trate de abotonar pero no cerraba, encima tenía una erección como nunca, luego tomo el cachetero rojo y trato de subirlo, pero por más que trataba no le quedaba.

    —Ay cariño, pues está hermoso el conjunto pero no me queda, tendremos que cambiarlo— se dio la vuelta y me dio otro beso luego me abrazo estando totalmente desnuda— no se que haría sin ti, gracias por esto, no sabes cuánto te amo mi amor.

    Supongo que sintió mi erección porque se separó un poco y miro abajo.

    —Dios mío pero mira cómo estás— dijo abriendo los ojos.

    —Lo siento ma’ no sé que paso— dije intentando decirlo lo más natural.

    —Tranquilo cariño es algo normal, además te has portado conmigo como un sol, déjame ayudarte ahora—

    Dicho esto, se arrodillo y bajandome los shorts, dejo a la vista mi erecta verga, la tomo como un niño a una paleta, la miro, la beso y luego comenzó a lamerla en su totalidad.

    Yo no daba a crédito a lo que veia, mi madre arrodillada delante mío, totalmente desnuda y dándome una mamada única, de vez en cuando miraba hacia arriba cómo buscando una señal de aprobación.

    Yo solo la miraba extasiado; después de un rato, la detuve antes de venirme, la levante y la bese apasionadamente, ella se dejaba hacer, recorría todas sus carnes con mis manos, ella solo respiraba más agitada pero seguía besándome.

    Me aleje un poco de ella solo para admirar a semejante mujer, con un poco de sudor en el canalillo de sus magníficas tetas, puso una posa de lo más tierna, cruzando su mano derecha hacia la izquierda y sobandose el brazo, tenía una carita adorable, entre exitacion y deseo.

    La tome, la lleve hasta su habitación y la tumbe en la cama, la bese de nuevo y poco a poco fui besando, lamiendo y mordiendo cada parte desde el cuello hasta su ombligo, deteniendome en sus ricos pezones, que hasta ese momento supe, era hipersensible en esa zona, con el primer lengüetazo se estremeció y soltó un ligero gemido, esa fue mi señal para darles mordiscos suaves y chuparlos cómo bebé.

    Cuando llegue a su conchita la cuál tenía totalmente depilada y sumamente mojada, bese toda la zona alrededor provocandole más deseo, luego me acerque y con mis dedos abrí un poco sus labios y comencé a lamer como desesperado.

    Ella no hacía más que gemir y sujetarse a las sábanas, se retorcía del placer y de vez en cuando apretaba mi cabeza hacia ella tomándome de los pelos.

    —ay mi vida que ricooo!!— exclamaba mi madre—ahhhh n-n-no pares ahhhh si así bebé ahhhh dios que rico—

    Sabía que ella está por terminar, así que metí un par de dedos en su humeda concha y junto con mi lengua la hice venir en cascadas, jamás había visto una corrida de ese tamaño, al menos no con mis otras relaciones.

    Acto seguido, me acerque a ella y rozando mi glande con su concha, humecte muy bien la cabeza de mi verga y poco a poco se la fui metiendo

    —ohhh si bebe que rica verga tienes—decia esto mientras sujetaba sus tetas y pellizcaba sus pezones— está mucho más grande que la de tu padre ohhh si así bebé síguete moviendo así ahhh si si

    Comencé lento pero luego la exitacion me gano y aumente el ritmo, suerte que para afuera de casa no se oye nada, porque sus gemidos ya no eran bajos, sino gritos descomunales, no tardó mucho en volverse a correr, le di la vuelta y sin dejarla descansar puse una almohada bajo su cadera y la volví a coger así, me encantaba esa vista, su redondo culito, siento embestido por mi, me provocaba darle unas nalgadas y así lo hice, quedando rojo.

    Mi madre perdida en el deseo ya no decía palabra alguna sonó gemía, en un momento crei que algo le pasaba porque dejo de gemir y se puso floja, ahí me di cuenta que se desmayo del placer.

    Seguí cogiéndola y mordiendo su espalda hasta que reacciono y volvió a gemir, no se cuánto estaríamos así, pero se corrió al menos dos veces más y en cada una soltaba una cantidad de líquido que mojaba todo a su paso.

    Una punzada me avisó que yo estaba por terminar igual y sin preguntar nada sujete fuerte sus caderas, la enterré a fondo y me vine dentro de ella, una vez más gimió fuerte y se desmayo.

    Yo estaba bastante cansado y solo atiné a acostarme a su lado y me quedé profundamente dormido.

  • Me cogí a la suegra de mi cuñada

    Me cogí a la suegra de mi cuñada

    La causalidad hizo conocernos en el deseo, ni ser familia, ni la edad importó, solo quería sentirse mi mujer, mi puta, entregar todo, volver con el recuero de estar bien cogida hasta el próximo encuentro.

    Era una tarde de esas donde el aburrimiento te obliga a salir del agujero interior, el tiempo frio y lluvioso solo sirve para tomar mate y mirar la tv, de lo segundo no me agrada, entonces el mate fue compañía en la pc, abrir el Facebook para ver que traía de novedad.

    Mirando las sugerencias de amistad, me llama la atención la de una mujer, Esther, y por esas cosas de la causalidad nos terminamos enredando en una “charla” que casi de inmediato derivo en una privada, amena y bien entretenida. Como suele pasar en estas situaciones donde dos extraños de conectan y hombre y mujer entre dos anónimos contribuye a que los temas de intimidad surjan con fluidez y facilidad.

    La dinámica de la conversación nos fue llevando por el tobogán del erotismo y desembocar en la sexualidad pero nuevamente el azar juega sus cartas, aún con nombres ficticios y los cuidados en el aporte de datos, se nos fue revelando que había una relación demasiado cercana, era la suegra de mi cuñada.

    De la sorpresa al temor de habernos confiado en contar ciertas intimidades que ahora se nos revelaban comprometedoras, pero la franqueza y prevención nos motivó a conservar estos contactos con prudencia y reserva y obviamente la complicidad en esta aventura de contarnos cosas bien privadas. Desde ahí el tono de la conversación pasó del face pasó al whatsapp y el teléfono fue la resultante obvia.

    El morbo del parentesco incentiva el tono erótico de la conversación, la relación parental nos obligaba a encontrarnos con mayor frecuencia, había transformado lo casual en causal y los temas conversados a ser cómplices. A partir de ese momento éramos dos personas que comienzan a transitar el delicado equilibrio entre el morbo erótico y el deseo prohibido.

    El morbo encendía el deseo, lo prohibido aviva las llamas para quemarnos en el infierno del pecado en familia. La charla trivial se iba encendiendo con el deseo, el calor del verano era la excusa para apagar ese fuego interior, saltar la valla de lo prohibido…

    – Te animas a tomarnos un helado?

    – Sí!!

    Me parecía que la rapidez en responder fue como si estuviera esperando esa excusa para el encuentro. La respuesta derivó en una animada charla con la evidente intención de perdernos en comentarios más subidos de tono, casi eróticos.

    Esos minutos de charla se fueron extendiendo en el tiempo y la intencionalidad, alabar y ensalzar sus virtudes físicas actúan como ariete de seducción que vulnera la indefensión de Esther que se va entregando sin lucharla. El instinto de cazador es la paciencia, hacer que la presa deje ser cazada.

    La estrategia estaba armada solo falta la oportunidad. En mi casa la excusa de tomar unos tragos con los amigos me permitía tener todo el tiempo para intentar la seducción. Ella sabía que yo sabía del viaje del marido por eso cuando la invité para tomar ese helado prometido no hubo excusa ni dilaciones, nada más importaba que tenerla cerca, ni la diferencia de edades, los quince años que me lleva en vez de ser obstáculo actúa como incentivo para avivar los fuegos eternos del deseo.

    La había citado en un lugar discreto de San Miguel, a mitad de camino de ambos. En el trayecto me iba “haciendo los ratones” su figura se recorta en mi memoria, tez bien blanca, cabello renegrido con muchos rulos. Apareció más exultante y coqueta, vestida discreta pero sugerente, el pantalón enmarca su figura y marca las formas de su culito bien firme, como es bien tetona (como me gustan) ella disimula algo con la camisa holgada, pero la turgencia de sus pezones se hacen notar por la brisa nocturna.

    No se hacía desear, subió al auto y se acomodó, la sonrisa franca y el beso en la mejilla era hacía las veces de aceptación que lo de tomarnos un helado solo era la excusa para tener un encuentro en un lugar “más privado”

    – Vamos? (asiente)

    La sonrisa y un beso de ella en mi mejilla, bien próximo a la boca vale como toda respuesta a esa obvia pregunta, la sonrisa acepta y concede la invitación no formulada.

    – El helado lo tomamos en “Paraíso” el hotel más cercano.

    – Sí, por favor, donde vos me lleves estará bien.

    Buen humor y atrevida predisposición abría las puertas a ese “paraíso” que nos aguarda, la calidez erótica del ambiente sube el clima del deseo tanto como para jugar con el nombre:

    – Guau! Vos vas a ser el Adán en el paraíso…

    – Y vos la Eva… pero sin la hoja de parra que cubra ese deseo…

    – Deseo… que ya se está mojando. Decile al que atiende que tengo prisa, mucha prisa!!!

    Entrar el auto a la cochera, correr la lona para ocultarlo y nos enroscamos en los besos más obscenos que nos podíamos dar, comernos la boca sin dejar de respirar. No bien nos soltamos, las bocas, tomamos un respiro y subimos los escalones de a dos para acortar el tiempo que nos separa del deseo.

    Cuando la puerta se cerró la tomé por sorpresa para deshojar a Esther, pero ella tenía otros planes. – espera… déjame pasar primero por el baño…

    La ansiedad se manifiesta en una erección atroz, para “hacer tiempo” pedí dos whiskyes con hielo y me tendí, desnudo y con esa incómoda erección, ella había bajado la intensidad de las luces, su figura se recorta en el vano de la puerta del baño, se muestra insinuante, acercándose, reptando desde los pies de la cama, por encima de mi hasta comerme la boca, parece un boa constrictor devorando a su presa, tiene una lengua activa como no he conocido. Tiene una forma de besar especial, de tal modo que nos hace respirar a uno en la boca del otro. el abrazo no evita que le vaya desnudando, primero la camisa y el sostén para liberar a esas dos bellezas con la opulencia de sus tetazas, exprimidas y sorbiendo su esencia, reteniendo con labios y dientes esos gruesos pezones que cuando se los “como” se enciende y agita vibrando todo su cuerpo.

    Sin dejar de gemir ayuda a exprimir y ofrecerme el voluptuoso y lujurioso espectáculo de poder ver y comer sus delicias.

    La desmonto para poder liberar sus caderas de la falda y deshacerme de la tanga, tendida las pernas flexionadas y separadas dejan expedito el camino a comerme esa conchita con el bello delicadamente emprolijado (como me gusta tanto). Despacio, sin prisa, con todo el tiempo del mundo para excitarla, moverla lengua y los dedos dentro de la cueva va creando la creciente excitación, su cuerpo comienza a vibrar al compás de mis lamidas, sus dedos enredados en mis cabellos presionan la cabeza para sentirla bien pegada a su sexo, incrustar mis labios entre los suyos verticales, agitarse y gemir, debatirse en una descontrolada agitación. Ese es mi momento, sé cómo hacerlas delirar, regulando la intensidad, aflojando la acción de los dedos, ralentizar las lamidas. Bajar el nivel de excitación para ser dueño de su energía femenina, retenida hasta que considero el momento oportuno de permitirle llegar al clímax.

    Salirme de entre sus piernas, con toda la energía fluyendo dentro de ella, encendida en el deseo, me dejo poner de espaldas, para que sea ella quien se coma el trofeo que bien ganado lo tiene. Sube y baja los labios por el pene, recorre y reconoce, lengüeta y chupa con avidez y fruición. En una devolución de atenciones me deja a medio camino en la calentura, coloca ahorcajado sobre mí, sin dejar de mirarme con esos ojazos, se introduce la vega en su vagina, baja lentamente hasta que se la entierra toda.

    La pausa y mirada expectante, sube y baja su cuerpo, los gemidos se intensifican y el subibaja toma velocidad y profundidad, desesperada se agita en cada evolución, los gemidos se producen en la angustia de esa energía retenida, más aún cuando la tomo de las caderas para ralentizar y contener, reprimiendo su deseo en angustiosos gemidos. Intenta zafar de mis manos, se angustia y lucha por alcanzar el triunfo de su deseo, los gemidos son gritos ahogados que no puede controlar, se pone muy loca, vocifera y grita su necesidad de llegar al orgasmo.

    La calentura nos pudo a los dos, ella subiendo y bajando enloquece y grita, contagiados en el mismo ardor nos quemamos en deseo, su pasión controla y maneja las voluntades, estalla en un orgasmo desmesurado, me suma a su locura, siento una eyaculación abundante, profusa y sin tiempo de preguntarle si podía acabarle dentro.

    Luego del temblor, el silencio, esa risa sin sentido, luego la calma, ella sigue ahorcajada sobre mi, empalada en la pija que sigue latiendo dentro de ella.

    Desmonta de su empalada y se deja escurrir todo ese semen que le había acabado dentro, se arrodilla entre mis piernas y acerca su boca a la pija para recoger la leche que se escurría por la pija. Lo realiza con la precisión y cuidad de quien está degustando el mejor manjar.

    Su actitud fue una reveladora sorpresa que esta mujer me ha regalado, el beso aun con restos de mi leche y se tiende a mi lado, acompañando el reposo del guerrero.

    El receso del whisky y la ducha compartida con juegos de masturbación mutua, se insinúa, quiere aprovechar la lluvia para un segundo polvo. Separa las piernas, apoya las manos sobre la pared, echa el culo bien atrás para que entre en ella, tomada de la cadera voy al encuentro de su sexo, húmedo por dentro y por fuera, esperándome. Un par de sacudidas con el deseo chorreando por la piel. Gira la cabeza y pide:

    – Hmmm, se siente rico pero… no por ahí… (indica por donde). La quiero ahí, sentirte ahí…

    La invitación era más de lo imaginado, un regalo del cielo. La tensión, cuidad de nos resbalar en suelo mojado sumado a la forma impulsiva que me invade cuando me invitan al sexo anal, asirme de las caderas con fuerza apoyar la cabeza en el esfínter y empujar la cabeza del pene hasta entrarla toda dentro.

    – Ahhh, así no… más suave, mas despacio

    – Saca una mano de la pared para guiarla hasta el ano. – así sí, ves mas despacio…

    Sin salirme de su cola nos fuimos desplazando hasta que se apoya en el lavabo, sacando el culito más atrás, se ofrece para recibirme todo dentro. Avanzando despacio, de a poco, hasta tenerla toda dentro, culo grande se contradice con la estrechez “del marrón”.

    Menea las caderas para acomodarse al grueso pedazo que le entra, despacio vamos tomando buen ritmo, la vorágine de la calentura me hace perder las indicaciones de que fuera con cuidado, la cogida adquiere el contenido épico de un polvo algo brusco y salvaje. Ya perdió la esperanza de que atienda sus prevenciones, se aguanta el ímpetu y determinación de entrarle fuerte y profundo.

    Los gemidos y gritos de Esther se amplifican con la acústica del baño, nada más importa, ella está entregada, yo perdido en esa calentura atroz de tener a merced ese culo tantas veces deseado y ahora siendo su dueño, abriendo esas carnes que parecían tener poco uso.

    – Dale, dale! Acaba de una vez, me dueleee, dale, me estas rompiendo el culooo!

    El ruego incita al desenfreno, quisiera demorarme dentro la eternidad, sigue rogando y pidiendo que le acabe. La entrega dócil le hacía sentirme más fuerte de lo pensado, tampoco era cosa de lastimarla, pero debía dejarla con ganas de más.

    Con una mano atenazando la cadera y la otra tomada de los cabellos, echa la cabeza hacia atrás sin dejar de gemir y apurarme en acabarle.

    Una brevísima pausa, tomar impulso y lanzarme con todo ímpetu dentro del culo, a fondo, hasta el fondo, hasta que ese gemido ahogado que me suele venir cuando estoy con t oda la presión y necesidad de eyacularle. Un bufido como de un toro bronco, el envión la sacude, a punto de caernos y… – Me viene, toma, tomate mi leche. Ahhh

    Luego el silencio, un par de latidos bien el fondo, casi sin moverme, y el alivio de haber eyaculado con la vida escapando en esa leche que descargo en el fondo del ano.

    Sin soltarla, unos segundos de latidos dentro de ella. Luego sacar la pija de esa deliciosa colita que acabo de eyacular dentro, la flatulencia lógica producida por el constante bombeo de verga viene acompañado de algo de la esperma espumosa como rastro de una cogida maravillosa.

    Otro whisky, ducha y relax hasta que el conserje de “el paraíso” avisa: “señor, en 10 minutos termina su turno”. Es tiempo de volver a la realidad, me pide que la regrese a la casa de su amiga, en el camino me pide que me salga de la ruta por un momento. Entendía que sería por unos besos, y no me equivoqué pero además abrió la bragueta para sacarme en una mamada el resto de leche que quedaba.

    – Ahora sí, llévame a casa de mi amiga, ya tragué lo que te quedaba de leche. No pensarías que te dejaría con ganas y que la uses con tu esposa, esta leche me pertenece. No tengo oportunidad de mamarlo, a mi marido no le gusta el sexo oral y del anal ni hablar. Ahora te tengo a mano… bueno a boca. Ja!

    Retomé la marcha y prontito llegamos a la casa de su amiga. Un último beso de lengua y la recomendación para la pija: – Cuidala!!

    Un beso y la despedida de una próxima vez.

    Ahora estoy esperando que Esther la más gemidora me llame para pedir su leche

    Esta historia me la contó Juan, y se la comparto a ustedes.

    El Lobo Feroz quiere saber de esa calentona de cincuenta gloriosos amaneceres, que te ha parecido y lo comentemos, besos. [email protected].

    Lobo Feroz

  • Liberales

    Liberales

    Llevaba un vestido azul de tirantes. La falda del vestido no sobrepasaba la altura de sus rodillas, por lo que observé que tenía unas pantorrillas carnosas. Imaginé que, más arriba, sus muslos debían ser también carnosos y en proporción a su culo, el cual se apretaba bajo la tela de su vestido. Calzaba unas sandalias de una tira, con el dedo gordo del pie sujeto a su vez por otra tira, ambas adornadas con bisutería; las uñas pintadas de azul, a juego con su vestido. Quise fijarme en sus tetas, quise valorarlas; así que me situé para verlas de perfil. Bien: ni demasiado gordas ni demasiado pequeñas. Ahora me la quiero follar. Claro que, en fin, estábamos en un autobús público. Entonces sucedió lo imprevisto: hubo un brusco frenazo resultado del cual ella se precipitó sobre mí, quedando pegados nuestros cuerpos. «Uy, perdona», me dijo mirándome de cerca a la cara; «No hay nada que perdonar», contesté, acercando mi paquete a su pubis; «Qué dureza es la que siento», preguntó; «Qué te imaginas», pregunté.

    Ni que decirse tiene que esa misma tarde, Aurora y yo nos enrollamos. Fue en su casa, que estaba más cerca que la mía. Abrió Aurora la puerta. Yo la cerré detrás de mí y, después, agarré a Aurora por la cintura con mis brazos y la besé largamente en la boca. Aurora, audiblemente excitada, su respiración agitadísima, se arrodilló delante de mí y hurgó en mi entrepierna hasta sacar mi polla de los pantalones; luego se la metió en la boca y comenzó a chupar. Ah, qué bien me lo hacía. La humedad de su boca refrescaba mi calentura, se diría que la aliviaba, aun sabiendo que lo siguiente que iba a pasar es que yo me correría en su boca próximamente. «Mmm, mmm, mmm», gemía dulcemente Aurora mientras mamaba. «Sigue, nena, así, así», la animaba yo, «sigue que ya mismo viene». «Mmm, oh, sí, córrete, amor, lo estoy deseando», dijo Aurora durante un intervalo en el que dejó de chupar para mirarme a la cara, luego siguió, «mmm». «Uff, Aurora, uff, oohh, me voy, me vo-yhh». Mi descarga de semen sorprendió a Aurora: una parte la tragó y otra manchó sus labios y su barbilla; ella, todavía agachada, me guiñó un ojo y se relamió.

    Cuando se incorporó, alargó un brazo hasta un paquete de toallitas que había sobre la cómoda que estaba en el vestíbulo y se limpió la cara a conciencia con una de ellas. «Bueno», se me ocurrió decirle, «¿quieres que te coma lo tuyo?»; «¿Cómo?», me preguntó desorientada; «Que si quieres que te chupe el chocho»; «No, ya, si te entendí a la primera, mi sorpresa es que pretendas conmigo hacerte el machote, como si yo para tener un orgasmo necesite de ti»; «Bueno, yo… yo sólo me ofrecí»; «No, tú y yo hemos tenido lo que necesitábamos…, tú, un buen polvo, yo, una nueva polla a la que satisfacer, porque siempre la de mi marido, en fin»; «Ah, estás casada»; «Sí y, por cierto, debes irte, son casi las siete de la tarde y mi marido estará al caer»; «Vale, sí, me voy»; «Debo prepararme, porque en cuanto llega, me folla», me dijo risueña.

    Salí a la calle y, mientras paseaba, me iba imaginando a Aurora vestida con un pareo, sin nada debajo, esperando a su maridito despatarrada sobre la cama de matrimonio; la llegada de él, su entrada a la alcoba con la polla sacada y enhiesta por encima de los calzones; la exacta penetración y posteriores sacudidas del pubis de él sobre el de ella, los gritos y gemidos superpuestos unos sobre otros, graves y agudos; la consumación del coito: la paz conyugal.

    Llegué a mi casa. Por la noche me acosté y dormí plácidamente. El ruido, a esas horas de la mañana, serían las ocho, ensordecedor del timbre me despertó de mi sueño. «Voy», grité de mal humor a pocos pasos de la puerta. Al acercarme al picaporte, oí sus chanclas, al asomarme a la mirilla, vi su cabeza. «Daniela, es muy temprano», dije desde detrás de la puerta; «Ay Toni, abre, porfi». Abrí. Mi vecina Daniela entró vestida con un bikini de color verde. Pasó al saloncito. «¿Qué quieres, Daniela?»; «Mira, Toni, no sé qué tengo, estoy… estoy echa un manojo de nervios desde que me levanté esta mañana a las siete». Mientras esto me decía, Daniela se iba sacando las tetas de las copas del bikini, unas tetas carnosas, diríanse que jugosas, algo caídas propias de una mujer que pasaba la cincuentena. «Toni, por favor, por detrás, te lo pido». Dicho esto, Daniela inclinó su torso, apoyó las manos sobre una pared y sobresacó su grueso culo. Yo me empalmé rápidamente. Me agarré a Daniela por su cintura con ambas manos y, hurgando con mi polla por debajo de sus nalgas, habiendo antes retirado la telita del bañador que me impedía penetrarla, la hinqué en sus humedades y empecé a follar a Daniela. Oía los jadeos de Daniela expandiéndose por toda la casa, rebotando de pared en pared: eran los jadeos de un animal herido de muerte; eran el producto de mi excepcional cacería. Ahí la tenía, jabalí herida que por su muerte suspiraba. «Aahh, Toni, aahh», gritaba Daniela, «acábame, venga, Toni, no te pares». Yo no debía mirar abajo para aguantar sin correrme; así que me distraía mirando su melena negra, sus femeninos hombros, sus dedos crispados y blancos sobre la pintura. «Uf, Daniela, me quiero correr ya», le dije, pues me estaba cansando; «Sí, Toni, hazlo, échame tu semen dentro, sí». Daniela no podía ya concebir, yo sabía que podía correrme dentro. Seguramente me dijo esa frase para imitar a Krystal Swift en uno de sus vídeos porno. Además, Daniela se parecía a esta actriz tanto… Miré entonces su culo vibrando ante mis empujes, mi polla entrando y saliendo de su coño y grité de placer cuando me corrí.

    Ana es bastante más joven que yo. Acostumbrado a liarme con mujeres maduras, esto es, de mi edad, Ana me parecía un regalo caído del cielo. Pero del cielo no calló: fue más bien una cosa intelectual lo que nos hizo coincidir un día. Ana recitaba poemas en un bar del centro histórico y yo estaba allí. Ana llevaba un vestido celeste largo de tirantes y calzaba unas sandalias blancas de las que sobresalían unos dedos blancos finísimos que, noté, movía nerviosamente cada vez que acababa un verso. Ana no era ni guapa ni fea: su cara era redondita, resaltando en ella unos labios carnosos que ella había pintado con carmín. Ana era bajita y de figura delgada. La abordé cuando se bajó de la tarima, después de que ella hubo saludado a sus conocidos, en la barra del bar, donde se había acodado para pedir una consumición. «Hola», le dije, «me han gustado tus poemas». Ana me miró de abajo a arriba. «Perdona, no te conozco», dijo, «¿eres amigo de mis padres?, no te he visto con ellos, están allí sentados», señaló Ana; «No, he venido solo»; «Ah, pues…, no sé, ven, te presentaré a mis padres». Ana me llevó e hizo las presentaciones. Pronto me uní a la conversación; no obstante, yo no le quitaba el ojo a Ana, que se reía con unas amigas esquinada en la sala. Creo que su padre se dio cuenta, porque me soltó: «Oye, Toni, mi hija podría ser tu hija»; «¡Cómo!», solté; «Bueno, veo que te gusta…, nosotros, sus padres, somos personas muy liberales, ejem, como tú, ejem, supongo, y comprendemos las cosas del amor, pero no quisiera que mi hija sufriera a causa tuya»; «No, no, no, por supuesto, yo sólo querría echarle un polvo»; «Ah, vale, está bien, siempre que ella quiera…, toma, ten las llaves de mi coche, está aparcado en la acera de enfrente…, este barrio está muy deshabitado, podréis follar sin que os interrumpan». Lo demás fue fácil: Ana era muy accesible y se vino conmigo. Nada más sentarnos en los asientos traseros, Ana me sacó la polla del pantalón y me la masajeó hasta que quedó muy empalmada; luego, se levantó la falda hasta la cintura y se sentó a horcajadas sobre mi regazo, metiéndose mi polla en su coñito con facilidad.

    «Oh, si, sí, sí», gime Ana de placer cuando la estoy follando. Sus tetitas, que ella ha sacado del vestido, se balancean al ritmo que yo le doy. «Sí, sí, sí, oh, aah», gime Ana. Beso sus tetitas, las muerdo ya fuera de mí, a punto de correrme. «Ana», grito, «te quiero». Y eyaculo abundantemente. Ana me da muchos besos, en los labios, en los ojos, en las mejillas, en el cuello y descabalga despacio. «Oye», me dice, «lo hemos hecho sin condón, y estoy en un momento que…, me has debido dejar preñada»; «Te he dicho que te quiero, Ana»; «Y dices que las llaves te las dio mi padre…, ¿en qué trabajas?».

    La pregunta quedó respondida. Ahora bien, Ana, con los años se ha puesto más guapa. Vive conmigo y ha publicado varios poemarios, los cuales han tenido una buena aceptación, y por ende, un buena venta, gracias a mi influencia, ni qué decirse tiene.

    Esta noche se tragará todo mi semen, me lo ha prometido. Estoy deseando llegar a casa después de la reunión del partido. Ah, esas reuniones…, las odio, pero, en fin, son los gajes de mi oficio. Ana me ha esperado despierta. Yo me he duchado y me he acostado desnudo a su vera visiblemente excitado. Ana, también desnuda, ha tirado de las sábanas hacia abajo y se ha vuelto de costado sobre mí apoyándose en un codo. Admiro su belleza, ansío el tacto de sus labios. «Toni», suspira Ana, y deja caer su cabeza sobre mi vientre. Noto sus caricias, siento como su lengua acaricia mi glande. Lánguidamente, atrae mi polla hasta su boca y la chupa. «Así, Ana», la animo, «despacio y con mimo, piensa que mi polla es tu juguete». Ana saliva el tronco para deslizarse mejor, Ana ronronea. Lleva ya más de cinco minutos chupando cuando le digo que aumente la velocidad. Entonces, Ana cabecea enérgicamente, una, dos, tres, cuatro, cinco veces y el semen sale disparado inundando su boca, colmando sus muelas. Ana levanta la cabeza; tiene los ojos semicerrados y una expresión extática. «Oh, Toni», únicamente acierta a decir.

  • Introduciendo al BDSM a una chica de 25

    Introduciendo al BDSM a una chica de 25

    Actualmente tengo 46 años y he estado inmerso en el mundo del s/m desde los 18, cuando fui iniciado en estas prácticas por una mujer que me doblaba la edad. Desde entonces he ido avanzando y perfeccionando técnicas, así como paciencia para guiar a mujeres que desean experimentar este mundo.

    En esta ocasión quiero escribirles del proceso he llevado con Esther, una chica de 25 años que me contacto a través de un anuncio había colocado en una plataforma de internet hace ya varios meses. Recibí el mensaje con el aburrimiento de siempre, es habitual recibir varios de esos cada día que al ver la cosa no es virtual sino real ya no siguen la charla, por lo que le respondí con lo habitual “el anuncio decía que si querías algo me mandaras tu teléfono o contactaras directo al que esta colocado”, por lo que me sorprendió al recibir, a pocas horas, un mensaje en ese número diciéndome que era ella.

    Me comentaba que tenía poca experiencia, que alguna vez ya había tenido un amo presencial pero que sentía no era lo que ella deseaba, que para él tenía más que ver con cuestión de sumisión sexual y no con el probar bondage, shibari, y que le interesaba ser llevada por un proceso de putización que le permitiera dejar atrás las ataduras sociales que aún le impedían ser lo que quería. Tras intercambiar mensajes un par de días acordamos vernos en un lugar público para seguridad de ambos, quedando en la glorieta de Insurgentes en la CDMX al día siguiente en la tarde.

    Al día siguiente llegué unos minutos antes de lo acordado, esperando un plantón, habitual en muchos casos donde la persona decide no llevar a cabo el encuentro por miedo a dejar atrás la fantasía por hacerlo real, pero me equivoqué. A la hora acordada me llegó un mensaje diciéndome que donde le veía, momento en que le dije me enviara foto de como iba vestida, siendo esa la primera imagen le pedía de ella, ya que no busco físicos en especial sino actitud y ganas de probar. Un vestido ligero era lo que más llamaba la atención, la reconocí de inmediato y me acerqué a ella. Tras un ligero titubeo de su parte y tras decirle era el momento de irse o quedarse, ella decidió quedarse por lo que fuimos a tomar un café a un lugar cercano, para explicarle y resolverle dudas tenía.

    En el café la charla paso pronto de conocer a que se dedicaba y lo que estudiaba a irle explicando lo que sucedería en la primera sesión tendríamos una vez que ella se decidiera. En su rostro podía captar la excitación y las dudas pero al acabar su café y al decirle que si nos íbamos a otro lado, ella sólo susurró que sí, encaminándonos a un hotel por la zona.

    Al entrar a la habitación le pedí se quedará de pie entre la cama y el espejo frente a ella, me acerque sin tocarle y colocándome atrás de ella le dije en voz baja “desnúdate” alejándome de ella esperando su reacción. Un minuto después se quitó el vestido, quedando en bragas, no traía sostén, solo un par de parches en los pezones para que no se notaran sobre la tela. “Todo” y tras un suspiro se quito las bragas. Le ordené se pusiera en 4 sobre la cama, abriendo las piernas, mostrando su sexo. Al hacerlo me acerque a ella, percatándome lo lubricada ya estaba. Y sin darle aviso le propiné una dura nalgada, sabiendo que el spankee era una de las cosas deseaba hacer, al ver brotar aún más flujo le acomodé un par más, viendo como el liquido resbalaba por su pierna, lo que hizo ella se dejara caer en la cama y me pidiera disculpas, diciéndome que cuando se excitaba mucho no podía evitar mojarse así, a lo que le dije que eso no era una molestia sino un placer, sorprendiéndome saber que muchas de sus parejas se molestaban con ello.

    Yo iba preparado ya con elementos necesarios para hacerle sentir lo que era ser atada, el shibari, de forma correcta y segura, siendo lo siguiente a lo que procedí. Su cuerpo es pequeño, delgado, sus senos son muy pequeños lo que dificultaba el atarles pero se logró, siendo solo lo único permanecía en su lugar los parches de los pezones, los cuales se negaba a quitar, se negaba a les tocara, pero una vez inmovilizada procedí a removerles. Entonces entendí porque no dejaba les tocaran, son tan sensibles que un par de roces le hicieron experimentar un orgasmo de inmediato. Inmovilizada le hice la siguiente pregunta, si no consideraba que el estar yo vestido aun era algo incongruente, ante lo cual ella me dijo que diera el paso, desnudándome para estar a su lado. Ese día me dedique a darle placer sin penetración, dándole oral, beso negro, marcando sus nalgas con la fuerza de mis palmadas en ellas, logrando dejar un charco literal en la cama con sus fluidos.

    Tras desatarle y dejarle descansar unos minutos le dije que era su turno de dar pasos. Le ordene me hiciera sexo oral, el cual fue poco satisfactorio ya que no le agradaba darlo, producto de su amo anterior quien le había causado un ligero bloqueo al ser lo único le pedia y que ella asociaba a no sentir nada, al decirle que si había dado alguna vez beso negro y al decirme no le dije lo hiciera, esperando su negativa, pero lo hizo, masturbándome al hacerlo, mostrando que si bien no lo había realizado si tenía ideas. Lo último que probó fue lluvia dorada en la regadera para quitarse la tentación. Ambas cosas si bien fueron la primera vez las hacía no han sido las últimas

    Ye les iré contando como ha sido llevarle por el proceso de putización de exhibicionismo, de como hemos rentado su culo, de como ha aprendido a dejarse llevar.

    Parejas y mujeres dispuestas a probar este mundo en la ciudad de México no duden contactar por el correo de la g, a perversomxxx, o por este medio, dejando celular para pronta comunicación. [email protected].

  • Una deliciosa tarde en el cine venus (1)

    Una deliciosa tarde en el cine venus (1)

    Hola queridos! Este es mi primer relato, algo que me sucedió en un cine xxx. Cabe mencionar que mis relatos son 100% reales y que no escribo nada que no me haya sucedido.

    Esa tarde estaba caliente… Bueno como siempre jaja! La cosa es que estaba especialmente excitada por unos videos que estaba viendo en mi celular.

    Comienzo por describirme para que me vayan conociendo… Soy madura, muy bien conservada, morenita clara, delgada (sin llegar a flaca) mis piernas son llenitas y largas, mis pies son de princesa (ah! Me encanta usarlos) tengo ojos café y labios carnosos. Me gusta mucho usar medias y ligueros, la sensación de una finas medias cubriendo mis piernas me excita, además de sentir una falda hermosa y pegada por arriba de mis muslos y adornar todo con unas zapatillas hermosas de tacón alto ¡las adoro!

    Bueno, esa tarde no podía yo misma con la calentura que traía y decidí ir a un cine para adultos en el centro de la ciudad (vivo en la ciudad de México) esto no era nuevo para mi, ya que en otras ocasiones había ido a quitarme la calentura chupando hermosas vergas en ese cine mmmm sólo de recordar se me hace agua la boca!

    Lo nuevo de esta ocasión era que estaba tan caliente que se me ocurrió la brillante idea de ir vestida al menos con lo interior, arriba me pondría un pants para disimular. Así que me di un baño poniendo especial atención en mi culito ya que estaba decidida a aceptar por sí alguien me invitaba a un hotel para penetrarme ¡ahh cómo ansiaba eso! Bueno el punto es que me vestí con medias al muslo negras muy finas, un liguero del mismo color y una tanguita diminuta para facilitar el trabajo de los machos que se interesaran en mi, un top de encaje negro en mis pechitos (que a decir verdad son pequeñitos pero bien formados y con pezones lindos y muy traviesos y sensibles, ese top es una maravilla ya que también realza mi cintura fina y delgada. Todo esto cubierto con un conjunto deportivo y tenis, una mochila donde llevaba por supuesto unos tacones altos descubiertos que hacen que mis pies luzcan deliciosos.

    Así, tomé mis llaves y salí de casa decidida a que me disfrutara cualquier macho caliente y morboso, estaba tan caliente que me hubiera entregado al primero! Llegué al cine y compré la entrada, al llegar vi que estaba muy lleno (no había reparado en que era viernes y muchos machos y putitos van al cine ese día. Cuando se acostumbraron mis ojos a la oscuridad, encontré un asiento cómodo, me senté y procedí a transformarme, me quite el pants y los tenis, los metí a mi mochila sacando mis hermosas zapatillas y las coloqué en mis piecitos, ahí estaba Tania, la verdadera, la caliente y golosa en top, medias y tacones, uff estaba tan caliente de saber que a mi alrededor había muchos machos calientes por la película que estaban pasando! Y así fue… No me percaté que atrás de mi había un señor de unos 60 años que había presenciado toda mi transformación y me veía con ojos lujuriosos mientras me decía «te ves hermosa mamacita!» a lo que respondí «gracias» con una sonrisa coqueta y maliciosa (la verdad era que me urgía un macho) supongo que él se dio cuenta ya que en lo que lo cuento ya estaba de pie poniendo su hermosa verga frente a mi cara! Mmm olía delicioso! Siempre me ha gustado el olor a verga y más cuando lo tengo impregnado en mi boquita!

    Para ese tiempo ya habían llegado otros dos caballeros y estaban sentados a mi lado, yo no me hice la difícil y dejé que me comenzaran a manosear mientras mi boca engullia ese hermoso pedazo de carne que me ofrecía el macho de atrás metiéndola de un solo movimiento hasta mi garganta provocando arcadas de mi parte pero disfrutando al máximo! Sabía saladita y palpitaba mucho en mi boca, por momentos la sacaba y me daba golpes en la cara y la frente con ella, eso me puso a mil!

    Por otro lado los machos de mi lado ya se habían apoderado de mis pechos bajando el top y los lamian delicioso, de vez en cuando me daban mordiditas haciendo que mi culito se pusiera a reventar pidiendo a gritos que lo llenaran de verga! Entonces miré a los lados y ya había por lo menos 5 hermosos machos mirando el espectáculo! Yo delirando, sintiéndome una reina del sexo perseguida y deseada.

    Así, uno de ellos sin pedir permiso me tomo por la cintura y me dio la vuelta dejándome de rodillas sobre mi asiento con mis nalgas expuestas a merced de ese macho brusco y fuerte que sin avisar se sacó su miembro y lo puso en la entradita de mi ano, yo lo toqué con mi mano para saber más o menos el tamaño de aquel hermoso pene que estaba a punto de disfrutar… Me sobresalté un poco al tocarlo, era enorme! Y muy grueso! Al grado que dudé que podría comer tal monstruo con mi culito! A él no le importó y como todo macho fuerte y tosco sólo empujó fuerte y la metió de una sola vez hasta el fondo de mi intestino! Yo quise gritar pero el que me tenía enfrente sujetó fuertemente mi cabeza y metió con más fuerza su verga en mi boca impidiendo que lo hiciera, de mis ojos salieron un par de lagrimas producto del dolor que sentía, pero desaparecieron cuando se transformó en placer… El más fuerte placer que he sentido hasta hoy… Me penetraban por la boca y por el culo al mismo tiempo mientras había muchos machos esperando su turno!

    Estaba soñada y muriendo de placer al sentir esas dos vergotas dentro de mi… Se movieron bastante coordinados entre los dos de manera que me hacían gemir como verdadera puta! Mis gritos se confundían con el sonido de la película. Así seguimos mientras mis manos se ocupaban de los que nos rodeaban masturbandolos y recibiendo su leche sobre mi cuerpo, terminaba uno y llegaba otro! Perdí la cuenta de las ricas vergas que descargaron en mis manos y mi cuerpo, otros descargaban en mis medias que ya estaban empapadas, otros en mis pies, lo sabía porque los sentía mojados eso me prendió aún más!

    Continuará…

    Gracias por leer y espero sus comentarios en mi correo! [email protected]

    Besos!

    Tania love

  • D

    D

    Hice mía la costumbre de recorrerme todas las zonas de mi cuerpo donde él había estado, oía su voz presa de su propio deseo, su olor, el sabor de su polla, me relamía pensando en ella tan suave, tan apetitosa, cada vez que lo tenía dentro, cada vez que salía de mi cuerpo, todo era recordable o imaginable.

    Lo miraba y mis ganas no dejaban de aumentar, sentado frente a mí, una pierna cruzada encima de la otra, forradas con un vaquero que marcaban todas esas partes de él que me llamaban al deseo, camisa blanca, cigarro en la mano, unos ojos marrones que para otros eran inexpresivos, pero que cuando estaba conmigo parecían tener luz, un pelo rubio bien peinado y ese perfume.

    Tras sentirme algo incómoda en la silla, me sentía muy mojada, pedí permiso a nuestros amigos para ir al aseo del bar donde nos encontrábamos y con una señal invisible para ellos, pero conocida para él, lo incité a que me siguiera al cuarto de baño.

    Entré y traté de sofocar ese calor que sentía, bebí un sorbo de agua del grifo y justo cuando me estaba secando con el dorso de la mano los labios, entró él.

    -Qué pasa cara-anchoa? ¿Tienes algún problema que yo pueda ayudarte a resolver?

    Dejando de lado ese tono chulesco con el que me hablaba y obviando que me había llamado por el apelativo que tanto nos gustaba, sólo podía ayudarme en una cosa, sofocar mi necesidad sexual de ese momento.

    Un cruce de miradas donde no hicieron falta palabras y comenzamos a besarnos como si fuese nuestra última vez, de un salto me subí encima del lavabo del baño, con mis piernas abiertas y él entre ellas frotándose, dando en el punto justo, se separó un segundo de mí, sólo para observar una leve mancha que mis bragas habían dejado en su pantalón a la altura de su polla, mi elixir había atravesado mis bragas, me encontraba en el límite. Conmigo abrazándolo con mis piernas su cintura, continuamos con nuestro beso, golpeó con una mano la puerta de uno de los cubículos de los aseos para meternos dentro.

    Con poco tiempo, tenía que ser algo rápido, aunque sabíamos lo que hacíamos, éramos conscientes de que podrían entrar en cualquier momento y descubrirnos, esa situación más que asustarnos provocó un efecto contrario en nosotros, nos sentíamos más excitados y la demostración era la follada que nos íbamos a meter en ese instante.

    Rápidamente se desabrochó el pantalón del cuál sumergió una polla enorme y grande con líquido preseminal emanando de su glande, como si leyera mis pensamientos, exclamó

    -No amor, no tenemos tiempo ahora, tú quieres que te folle, es lo que necesitas y debemos hacerlo rápido, recuerda donde estamos. Ya habrá tiempo más tarde en casa para que me comas entero.

    Hizo que cesara en mis pensamientos de follármelo con la boca en ese momento, lo miré con algo de desaprobación, pero justo en ese instante introdujo sus dedos dentro de mis bragas y en mi coño mojado, para rápidamente sacarlos y echándolas a un lado, me pidió que me montara encima de él a horcajadas, era más que obvio que no necesitaba lubricación y de una sola estocada, introdujo su verga hasta lo más profundo de mi cuerpo.

    -Te gusta? Dije mientras me balanceaba encima de él cada para ir introduciéndomelo cada vez más adentro, era una delicia estar así con él.

    -Estás mojadísima, me estás volviendo loco, follame amor y bésame dame tus gemidos, dame tu placer!

    Cada susurro, cada palabra caliente que nos decíamos en voz baja para nosotros, incrementaba nuestro deseo, nuestro placer, comencé a hacer movimientos rotatorios con mis caderas sobre él para asegurare profundidad mientras él con ambas manos hizo presos mis dos pechos para introducírselos en su boca, lamiéndolos, saboreándolos, adorándolos.

    -Nene, me corro! Articulé ahogada en un gemido mientras que con una última rotación de mis caderas sobre él, solté la puerta a un orgasmos delicioso.

    Comencé a notar como mi clítoris palpitaba a ritmo de mi orgasmo, me notaba los dedos encharcados con mi propio elixir, al abrir mis ojos fui consciente de que me encontraba tirada en mi cama, con mis piernas abiertas y mi acompañante era mi amigo “satis” que cada vez que tenía necesidad, él no me fallaba, al contrario me follaba.

    Me cago en todo D, todavía cuando necesito desahogarme, imagino que eres tú quién está conmigo, pero te marchaste y después de casi 2 años de relación, sólo me dejaste 6 relaciones sexuales en ese tiempo de las cuales únicamente 2 fueron memorables, cuando lo hicimos por primera vez como pareja y la segunda en Somo dentro del jacuzzi.

    La tercera porque accedí a comprarte una televisión y el resto como ésta fruto de mi fiel amigo “satis” y de mi imaginación.

  • Nos hicieron la noche

    Nos hicieron la noche

    Arribamos a nuestro club favorito, que tiene días de haber estrenado nueva ubicación en la ciudad. Llegamos ya pasada la medianoche, después de una comida en la tarde para celebrar con una pareja de amigos nuestros el reencuentro durante esta pausa que nos dio la pandemia.

    Apenas entramos al nuevo local, pedimos mesa y nos dirigimos a los casilleros para cambiarnos y dejar nuestras cosas.

    Encaminamos nuestros pasos al cuarto obscuro, amplio, de buen tamaño. Sus camas al centro ya denotaban actividad intensa, con varias parejas que ya se mezclaban entre ellas. Uno de los sillones colocados en los laterales fue nuestro destino inmediato para sentarnos, dando oportunidad a que nuestros ojos se fueran acostumbrando a la obscuridad.

    Una vez que así fue, pudimos observar con más cuidado a las parejas que teníamos enfrente. Algunas mujeres caminaban solas, cubiertas apenas por un pequeño velo o pareto que dejaban poco a la imaginación y otras mostrando sus cuerpos hermosos en plena desnudez.

    Un hombre, que lucía en traje de Adán, observaba con atención a las parejas de las camas al centro, mientras dejaba ver su cuerpo marcado en el gym y una erección que era objeto de las miradas de varias personas en el recinto. Me comentabas y describías lo mucho que te gustaría que se acercara a nosotros durante la velada.

    El lugar vibraba de exitación, los gemidos dejaban claro que los orgasmos iban presentándose en las diferentes parejas y el ambiente transpiraba sexo puro e intenso, en un entorno relajado, de placer y sensaciones.

    No tardamos en ponernos en acción. Encontramos un espacio entre dos parejas, me acosté de espaldas, con mis pies colgando en el extremo de la cama. Después de prodigarme una rica felación con tu siempre deliciosa boca, lo que acabó de ponerme en total erección, me montas colocando tus piernas a cada lado de mi cuerpo, llevando tu mano para dirigir mi duro pene a tu entrada y ensartándote toda en un sólo movimiento. Tu rostro muestra el nivel de exitación que eso te provoca.

    Desde una de las puertas que dan a uno de los privados, nos observa una pareja y ella se incorpora, camina hacia nosotros, tomada de la mano de su pareja, se coloca a tus espaldas, se abre la blusa de tela delgada, nos deja ver que no trae más ropa y empieza a pegar sus senos en tu espalda, frotando sus pezones con tu piel, abraza tu cuerpo con sus manos hasta llegar a tus senos y acaricia tu torso, llegando a tu cadera. No tarda en retirarse y perder una de sus manos entre tus nalgas, para separarlas y acariciar tu culito y sentir mi pene entrando en tu vagina. Humedece sus dedos, y después de frotar tu pequeño orificio un poco, se separa momentáneamente de tu cuerpo, para inclinarse y lamer con su lengua tu sensible entrada, provocandote una gran exitación al sentir a una mujer desconocida hacerlo.

    Ella acerca a su pareja, un hombre de mediana estatura pero bien armado. Lo podemos ver desnudo al lado nuestro, con su pene erecto y ella lleva tu mano hacia ese enhiesto miembro. Tú no dudas en tomarlo y empiezas a acariciar toda su longitud, sintiendo su grosor y la humedad que se aprecia ya en la punta. Lo aprietas con tu mano, mientras sigues cogiéndote mi verga, y provocandote organsmos más seguido y cada vez de mayor intensidad.

    Ella te besa el cuello, te dice lo sensual que es verte tomándole el pene a su pareja y eso te hace recorrerlo hasta acariciar sus testiculos, que aprietas levemente, arrancandole un gemido a él. Volteas tu cara para observar la forma que él disfruta de tus caricias y ella te invita a que lo chupes, tú sólo alcanzas a asentir entre los besos que se dan ustedes dos. Entonces ella hace que su pareja se suba a la cama, toma tu cabeza para girarla y la dirige hacia ese pene duro que ya empieza a sacar más gotas de líquido preseminal. Tu boca queda a centimetros del pene, lo observas con delicia y apresuras a recibir con tu lengua esa gota que ya cuelga en la punta. Inmediatamente volteas a besar intensamente a la nueva amiga, donde sus lenguas se entrelazan, dándole a probar lo rico del sabor del pene de su pareja, todo ello sin dejar de cogerme y sin dejar de masturbarlo, ya con más ritmo.

    Al separarte de besarla a ella, regresas a chupar y lamer con pasión y deseo ese pene que te ofrece la amiga. Lo metes profundo en tu boca, le lames el tronco, succionas la punta y lo metes de nuevo todo, seguramente te llega a la garganta y haces un esfuerzo por recibirlo integralmente. Lo sacas y entre las dos lo comienzan a chupar, encontrando sus bocas en la punta, lo que aprovechan para besarse de nuevo ustedes dos. Yo las observo desde abajo, y el espectáculo es sumamente exitante.

    Intercambias palabras con ella, que no alcanzo a percibir, pero tu siguiente movimiento es separarte y hacerle lugar a ella sobre mi. Le entregas un condón aún en su empaque y con rapidéz ella lo coloca sobre mi duro pene. No tarda en subirse y ensartarse completamente en mi pene, inclinándo su cuerpo un poco, puedo sentir sus senos rozando mi pecho, acerca su boca para besarme y decirme lo rico que siente cogiéndose mi pene, que la toque por dentro.

    Tu recuestas al amigo al lado mío y después de darle una rica lamida a su erecto miembro y una repasada a sus depilados testiculos, le pones un condón a su duro pene. No tardas en ubicarte sobre él, poniendo tus piernas a cada lado de su cuerpo. Tomas su pene con tu mano, lo llevas a tu entrada, y lo montas rápidamente hasta recibir la totalidad de su pene en tu vagina. Tu expresión deja ver tu satisfacción de sentirte llena, plena con ese miembro. No tardas en empiezar a cogerlo intensamente, mientras él no deja de acariciar tus senos, llevarselos a su boca para succionarslos con fuerza, tocar tu torso, tus nalgas, mientras observa a su pareja cogerse mi pene.

    Los orgasmos se suceden, la explosión en tu caso es rica e intensa y bañas a tu eventual pareja. Ella se corre con fuerza y me deja todo mojado, a lo que mi pene reacciona eyaculando profusamente en ella.

    El amigo no se ha venido. Tu dejas de moverte, te incorporas, haces que se levante y te pones en la orilla de la cama en cuatro puntos para que te penetre por detrás. Te gusta ser cogida así y le pides que te penetre de esa forma, entregandole tu trasero.

    Él muestra todavía una fuerte erección, se para detrás de tí y de un golpe, te deja ir su hinchado pene. No se deja esperar tu gemido al sentirte invadida repentinamente por su ancho miembro. Se agarra de las caderas y empieza a penetrarte con fuerza, haciendo que sus muslos choquen ritmicamente con tus nalgas, lo que hace que todo tu cuerpo se desplace y tus senos se bamboleen exitantemente. Tú te sujetas de las sábanas para recibir sus acometidas y tu cara se transforma rápidamente dejando ver gozo y satisfacción al sentirte penetrada con intensidad, como te gusta. Tus senos se hinchan de nuevo, tus pezones están duros y retadores, rozando eventualmente en las sabanas. Rápidamente podemos escuchar como tu exitación se deja sentir en la cogida que te proporciona este amigo, mojandolo en cada empujón.

    Mientras, ella queda tendida sobre mi cuerpo, mi pene aún esta dentro de su vagina y observamos la forma que empiezas a gemir al recibir sus continuas y fuertes embestidas. Un nuevo orgasmo se hace evidente en tu cuerpo, a través de los espasmos que te provoca ser cogida de esa forma. Tus pezones se observan duros y totalmente erectos. Alcanzas a decir, que sientes que se va a venir, que se ensancha su miembro, y en un último empujón de nuestro ocasional amigo, descarga en tí con intensidad su semen que es capturado por el condón, mientras tu sigues explotando con cada empujón que te fue dando. Se recarga en tu cadera y besa delicadamente tu espalda, mientras tu experimentas los últimos estertores de tu intenso orgasmo, recostada en la cama que ha sido testigo de todo.

    Despues de besarme ligeramente, nuestra amiga me dice con mucha picardía: nos hicieron la noche. Le respondo: ustedes también.

  • Me rompen el culo por la indiscreción de mi esposa

    Me rompen el culo por la indiscreción de mi esposa

    Mi nombre es Rafael y el de mi esposa Alicia, estamos casados desde hace seis años y tenemos una vida sexual muy activa, somos muy cachondos y eso nos ha llevado a experimentar cosas nuevas, disfrutar de nuestros cuerpos sin inhibiciones.

    Desde que conocí a mi esposa siempre me ha dicho que le gustan mucho mis nalgas, que tengo un culito redondo y nalgas grandes y firmes, en el sexo no me molesta que me de alguna nalgada o me las apriete de vez en cuando, pero siempre cachonda quiso llegar más lejos, en cierta ocasión cuando me estaba mamando la verga, continuó con mis huevos, algo que hacía con frecuencia, de pronto levantó mis huevos y su lengua recorrió mi perineo, me encantó sentir su lengua recorriendo esa zona, nunca pensé que fuera tan sensible, instintivamente abrí más las piernas, siguió avanzando y pronto sentí la punta de su lengua en mi esfínter, sentí una descarga eléctrica cuando su lengua se posó en mi orificio, un gemido involuntario salió de mi boca y mi esfínter se contrajo al instante, al mismo tiempo mi verga se puso más dura que nunca, fue una sensación jamás imaginada, su lengua volvió al ataque, me dejé hacer, me encantaba sentir la rugosa humedad y tibieza de su lengua explorando ese recóndito lugar, sentí tanto placer que mi verga explotó y chorros de leche salieron disparados, desde ese día el llamado beso negro formó parte de nuestra actividad sexual, no conforme con eso, algunas semanas después, cuando la mamada de culo era algo normal en nuestros encuentros sexuales, me rozó con su dedo mi orificio trasero y simplemente me estremecí con esa suave caricia, no puse resistencia y empujó la punta de su dedo, apreté el culo lo más que pude en acto reflejo, fue una sensación extraña, no precisamente de placer, continuó el avance de su dedo y cuando quise reclamar, tocó algo en mi interior que me hizo retorcer y gemir de placer, todo mi cuerpo se tensionó y una oleada de placer recorrió mi cuerpo, fue algo indescriptible, como una explosión de placer interna, después supe que lo que había pasado es que mi esposa había encontrado mi próstata, esa glándula traicionera, que pocos valientes se atreven a gozar debido a que para alcanzarla se tiene que entrar por ese oculto y prohibido lugar, que es un tabú para muchos, ese día nuevamente acabé como loco, desde ese día no había noche en que no me metiera el dedo o mamado el culo, más adelante quiso meterme el consolador que había comprado para ella, sentir ese aparato masajear y vibrar sobre mi próstata me llevó a un placer tan intenso que me corrí entre alaridos de placer, a partir de entonces los juguetes sexuales ya no fueron exclusivos de mi esposa, dildos y bolitas anales, por último, mi esposa me convenció de comprar un arnés strap on, aunque mi esposa quería comprar uno de tamaño grande, acepté comprar el más pequeño y delgado, uno de unos 12 cm, sólo necesitaba que pudiera alcanzar y masajear mi próstata, no que me lastimara, la experiencia fue increíble, el movimiento de vaivén de mi esposa penetrándome con el arnés me hacía ver las estrellas, sentí que mis ojos se salían de mis órbita, aunado a la sensación de la pelvis de mi esposa chocando con mis nalgas, a ella también le encantó la experiencia, decía que le excitaba mucho darme por el culo, que la hacía sentir dominante en el sexo, y al mismo tiempo le gustaba la sensación de vulnerabilidad ya que al permitirle abrir mi cuerpo, sentía una sensación de entrega mía, y que entendía lo difícil que era para los hombres dar placer a una mujer, ya que la responsabilidad de producir placer recae en el que penetra, más que el que es penetrado, nunca tuve algún sentimiento homosexual, la sola idea de un hombre teniendo sexo conmigo me asqueaba, sólo éramos una pareja explorando nuestros cuerpos y gozando, libre de los tabús impuestos por la sociedad y la religión.

    En cierta ocasión, buscando nuevas experiencias le pregunté a mi esposa si tendría alguna fantasía que le gustaría cumplir, su respuesta me sorprendió:

    – La verdad, amor, me gustaría tener sexo con otro hombre, pero sólo si tú estás presente y eres testigo, creo que sería algo muy morboso y me excitante, me empapo sólo de imaginarlo.

    – Mmm, muy morboso, eres una pervertidilla amor, pero no me gusta la idea de compartirte con otro hombre, y menos estando presente, sentiría celos, no creo poder contenerme, lo agarraría a golpes- respondí

    – Ja, ja, celosito, me gusta que me celes, pero no sería mi amante o una relación, sólo sexo con un desconocido, yo creo que te excitaría mucho ver cómo me cogen y a mí me gustaría mucho ver cómo te excitas al observar cómo me penetran, sería como si vieras una película porno donde tu esposa es la protagonista, no sé, es una fantasía que me excita mucho.

    Pasaron las semanas, seguía pensando en la fantasía de mi esposa, poco a poco me fue excitando más la idea, sería muy morboso ver cómo se cogían a mi esposa en mi presencia, así que un día, después de coger, le hice saber que quería hacer realidad su fantasía.

    Le encantó que aceptara y me dio un cachondo beso de agradecimiento.

    – Gracias, amor, no te arrepentirás.

    Pusimos un anuncio en una página de contactos que decía:

    Pareja casada, muy cachonda y sexual, buscando macho que se coja a la esposa mientras el marido observa, pusimos una foto de cuerpo de mi esposa, sin cara, que no es para presumir, pero está muy bien, tiene un cuerpo muy bien formado, es delgada, un culito no muy grande pero bien formado, redondo y respingón, no muy tetona, pero tetas paradas y firmes.

    Recibimos muchos correos y mensajes de posibles candidatos y empezamos a seleccionar.

    Al final decidimos contactar a un hombre maduro divorciado, se describía como un hombre ardiente, excelente amante, con un apetito sexual insaciable y que garantizaba dejar satisfecha a su pareja, con poca experiencia en tríos o intercambios, pero con intenciones de seguir experimentando en este ámbito, nos mandó unas fotos de su cuerpo y verga y mi esposa se emocionó, tenía un cuerpo atlético y una verga larga y gruesa, parecía galán de película porno, más corpulento que yo y definitivamente mejor dotado, confieso que sentí un poco de celos, y le dije a mi esposa que no se emocionara tanto, ya que las imágenes que se suelen mandar no corresponden a la realidad, le bromeé que seguramente sería un viejo gordo y calvo, mandamos varios mensajes para irnos conociendo mejor, nos contó que su esposa lo había dejado, harta de que le pusiera los cuernos, pero que era algo que no podía evitar, decía que había nacido para hacer gozar a más de una hembra.

    Después de un par de semanas acordamos vernos en un hotel para que el encuentro sea lo más discreto posible, pero antes vernos en un restaurante para platicar, ver si congeniábamos y ultimar detalles.

    Llegamos al restaurante y realmente era como en las fotos, incluso se veía más alto y corpulento, superó las expectativas de mi esposa que volteó a ver mi cara de sorpresa, nos saludamos y noté como miraba a mi esposa con una mirada libidinosa.

    Su nombre era Eduardo, de alrededor de 1.85 de estatura, piernas muy robustas, espalda ancha, piel apiñonada y muy velludo, ojos grandes, cejas pobladas y labios gruesos, se podría decir que era muy apuesto, hablaba con mucha seguridad y un poco de arrogancia, lo que me molestó un poco, pero a mi esposa le impactó y sentí celos al ver como lo miraba.

    Después de platicar un par de horas, acordamos que sería sexo protegido, usaría condón y después de correrse desfogaría mi excitación con mi esposa, estuvo de acuerdo y llegó el momento de la verdad, habíamos rentado una suite en un hotel a unos pasos del restaurante y subimos los tres juntos con una botella de tequila en la mano.

    Tan pronto entramos en la suite tomó a mi esposa de las caderas al tiempo que le decía:

    – ¿Lista preciosa, para gozar de un verdadero macho?

    El comentario me molestó, estuve a punto de reclamarle, pero me contuve, me pareció ofensivo.

    No perdió tiempo, al momento la tomó entre sus brazos y la apretó contra su cuerpo en lo que le daba un beso cachondo e introdujo su lengua en la boca de mi esposa, sin pudor bajó a sus nalgas y se las apretó.

    – ¿Te gustan mis nalgas‽- preguntó mi esposa.

    – Me encantan, tienes un culito tan rico, redondito y firme, quería tenerlo entre mis manos desde que te vi.

    – Lo noté, me mirabas con descaro y me excitó – agregó mi esposa.

    Le bajó el cierre del vestido y este cayó al suelo, mi esposa se había preparado para la ocasión, llevaba una tanga diminuta de color negro que le quedaba muy sexy y provocativa y empezó a manosearla como quiso, pensé que mi novia sería más recatada, pero no, se dejaba manosear como puta por Eduardo.

    El pantalón de Eduardo cayó, junto con su saco, corbata y camisa, quedando sólo en bóxer.

    Apretó con más fuerza a mi esposa y una de sus manos bajó a su rajita, comenzó a recorrerla por encima de su tanguita, mi esposa gimió de placer, yo estaba paralizado, turbado, con la boca abierta, pero con una excitación tremenda, mi verga parecía que quería explotar de tan dura que la tenía.

    – Estas bien mojadita, putita, se nota que tienes ganas de macho.

    Mi esposa apretó los labios y acercó tímidamente las manos al bóxer de Eduardo, el bulto que se notaba era impresionante, cuando bajó el bóxer mi esposa quedo boquiabierta, esa verga era imponente, enorme, gruesa y cabezona.

    – Ufff, es tan grande y gruesaaa.

    Anda, tócala, es tuya- y tomando la mano de Alicia la llevó a su verga, guiando su mano para que la recorra de arriba a abajo, Soltó su mano y Alicia continuó con el movimiento de masturbación, estaba como hipnotizada por esa serpiente de un sólo ojo.

    Volteó a verme y dijo:

    – Parece que a tu esposa le gusta mi verga.

    Me sentí humillado y excitado al mismo tiempo.

    La tomó de las nalgas y la llevó a la cama, como corderito al matadero, me quedé paralizado, nervioso, sin saber que hacer, al notar mi nerviosismo me ordenó jalar un sillón y ponerlo cerca de la cama.

    – Ya va empezar el espectáculo, tu fantasía de ver como se cogen a tu esposa y te conviertes en cornudo con tu consentimiento, siéntate y observa como coge un macho, tal vez puedas aprender algo.

    Me humillaba nuevamente, me aguanté, tal vez me lo merecía por aceptar esa ridícula fantasía, para cualquier hombre debe ser degradante entregar su hembra a otro.

    Se sentó en la cama y jaló a Alicia para que se hincara frente a su imponente mástil.

    Alicia abrió la boca y entró la punta de la tranca, apenas cabía en su boquita.

    Mi esposa es buena mamadora y succionó la cabeza mientras lo masturbaba rítmicamente, continuó con el tronco y luego con sus huevos, los succionaba en forma alternada, Eduardo lanzó un gemido y se acostó en la cama dando un gemido.

    – Aghhh, que bien mamas, sigue chupando puta, aghhh, que rico lo haces.

    Mi esposa levantó sus huevos y pasó su lengua por el perineo haciéndolo gemir, un dedo se deslizó por su perineo y tocó su esfínter, automáticamente dio un salto y se incorporó molesto.

    – ¿Qué haces putita?, no me toques ahí.

    – Perdona, solo quería darte más placer, a mi esposo le encanta que le meta un dedo en el culo mientras se la estoy mamando.

    – ¿En serio? – respondió, mientras volteaba a verme con una risa burlona.

    Me sentí tan humillado, odié la indiscreción de Alicia, no era correcto divulgar nuestras intimidades, no todos tienen la mente tan abierta como nosotros a la hora de explorar nuestros cuerpos.

    – Si, a mi esposo le encanta que le chupe el culo y le meta un dedo o dos, cuando lo hago gruñe de placer y se corre como nunca, y ni hablar cuando le meto un dildo en el culo o me pongo mi arnés y lo penetro.

    – Deberías probarlo, el punto G de los hombres es la próstata y la forma de alcanzarla es mediante el culo.

    – No a todos nos gustan esas cosas raras, princesa- respondió sin dejar de sonreír en forma burlona y ver mi cara.

    Estuve a punto de intervenir, seguramente estaba malinterpretando lo que decía mi esposa, explicarle que no era nada raro, solo una pareja libre de tabús, que gustaba disfrutar de sus cuerpos, pero estaba avergonzado y no salió palabra alguna de mi boca

    – Pues a mi esposo le encanta, y a mí también me gusta, deberías de ver como chilla de placer cuando lo penetro con mi arnés, deberías probar, abrir tu mente, en otra ocasión podríamos intentarlo.

    – No gracias, ya te dije que no me agradan esas cosas- replicó con seguridad Eduardo.

    Eduardo seguía sonriendo burlonamente viendo mi cara, no pude sostenerle la mirada, me ruboricé, nunca me había sentido tan humillado, me dieron ganas de darle una bofetada en la cara a mi esposa por revelar nuestras intimidades, sabía que muchos no entenderían nuestra forma de disfrutar del sexo.

    – Ven levántate amorcito, ya es hora de romperte ese coñito rico.

    La levantó y le dio un beso ardiente, libidinoso, parecía que quería comerle la boca, mordía sus labios y metía su lengua todo lo que podía en forma obscena, la recostó en la cama y llevó una de sus manos a su entrepierna, haciendo gemir a mi esposa.

    – Mmmm, ya estás a punto preciosa, tu coñito está bien mojado, listo para meterte la tranca.

    Volteo a verme para decirme:

    – ¿Listo para ver a tu esposa clavada por una verga dura que la haga chillar de placer?

    No respondí, me humillaba nuevamente, pero mi verga me dolía de lo dura que estaba, me quité la ropa y empecé a masturbarme.

    Se puso un condón, apenas le cubría su verga, abrió las piernas de Alicia y se posicionó en medio de ellas, se recostó y apuntó el tremendo garrote en la entrada de su tierno coño, restregó la cabeza contra sus labios vaginales sin meterla, mi esposa jadeó y se retorció.

    -Tranquila putita, todavía no la meto, relájate y vas a chillar de placer.

    Empezó a empujar la punta de su verga, abriendo sus entrañas, la tomó de la cintura y la penetró profundo, hasta el fondo, Alicia se mordió los labios y arqueó su espalda, dio un respingo y un alarido de dolor y placer.

    – Ufff, que rico, que apretadito y caliente coño, pareces virgencita princesa, aprietas rico.

    – Ay cabrón, aghhh, es que es tan gruesa, siento mi coño tan abierto, ahhhh, que profundo me ha entrado, me siento tan llena

    Comenzó Un lento vaivén, mi esposa se retorcía de placer, volteó a verme nuevamente con su sonrisa burlona, definitivamente se estaba burlando de mí, se recostó sobre Alicia para morder y succionar sus tetas y pezones sin dejar de cogerla, la tomó de las caderas y la embestía lento y profundo, Alicia gruñía de placer en cada embestida.

    – Esto querías putita, una verga de macho que te abra bien el coño, y te haga gozar como perra.

    No perdía ocasión para humillarme, ya era demasiado.

    La estuvo culeando unos 20 minutos, disfrutando del coño de mi esposa, poco a poco aceleró sus embestidas y los gemidos y espasmos de Alicia se hicieron más intensos, Eduardo se inclinó y le susurró algo al oído, me molestó que lo hiciera, no me gustaba que le dijera algo en forma secreta, no sé qué le diría pero Alicia volteó a verme, me estaba masturbando en forma lenta, no quería acabar, necesitaba desfogarme en el coñito de mi esposa, recién cogido, la vi que asintió con la cabeza y le dijo algo en voz muy baja, no pude alcanzar a oír, eso me molestó más, que mi esposa hablara en forma secreta, me parecía inconcebible, no sé qué le diría pero empezó a penetrarla en forma brutal, escuchaba el sonido de su pelvis chocando duro contra la vagina de Alicia quien empezó a convulsionar y retorcerse de placer.

    – Me corro, me corrooo, aghhh, me corrooo, aullaba Alicia.

    Eduardo siguió taladrando duro el coño de mi esposa hasta que en una embestida final se la enterró hasta los huevos y se desplomó sobre ella gruñendo, veía como sus nalgas se contraían y expandían, seguramente depositando su semen en el interior de mi esposa, afortunadamente traía puesto un condón y no pudo inundar de esperma las profundidades de mi esposa.

    Después de unos segundos se salió de mi esposa, y se quitó el condón, el depósito de semen estaba inflado cono globo, había sido una corrida muy abundante, hizo un nudo y lo tiró a la papelera, se levantó y mi esposa quedó acostada abierta de piernas y tratando de recuperar la respiración, jadeaba.

    Era mi turno de disfrutar a mi esposa, me coloqué entre sus piernas y la embestí de un solo estoque, su coño estaba completamente dilatado, dio un gemido cuando la ensarté hasta los huevos, me gustó la sensación, penetrar un coño recién cogido es una sensación diferente, más sensible y caliente, las embestidas empezaron al tiempo que la veía a la cara y le preguntaba si había disfrutado.

    – Mucho, fue muy intenso, amor, sigue, métemela duro, aghhh

    Estaba embistiendo a mi esposa, cuando siento que algo separa mis nalgas y roza mi orificio anal, apreté las nalgas de la sorpresa y giré la vista, el dedo era de Eduardo que sonreía burlonamente.

    – ¿Qué haces? – me quejé.

    – Tranquilo, es para darte más placer, tu esposa ha dicho que te gusta sentir un dedo en el culo, que ahí está el punto G, quiero ver como disfrutas.

    – Si, pero el de ella, no el tuyo, cabrón

    – Relájate, amor, recuerda que así se alcanza el punto G, no pasa nada, ya lo hemos platicado, sólo experimentar nuestros cuerpos con mente abierta, sin tabús- me jaló del cuello y me dio un beso cachondo provocando que inclinara mi cuerpo y mis nalgas quedaran más expuestas.

    Intenté relajarme, era difícil con ese dedo extraño explorando mi retaguardia.

    Sentí que abría mis nalgas y su dedo frotó mi agujero, el cual se contraía al contacto, una ola de calor invadió mi cuerpo, mi agujero me traicionaba, di un suspiro para evitar gemir y delatar el placer que sentí.

    – Mmmm, no tienes ningún pelito, ¿te depilas el culo? -preguntó

    – Es lampiño del culo- respondió mi esposa.

    – Pues realmente parece culo de nena, cabrón, tienes buen culo.

    No me gustó el comentario, sentí extraño que un hombre alabara mi culo, pero no le reclamé, intenté relajarme y continuar con la cogida a mi esposa,

    El dedo de Eduardo estaba lubricado con algo viscoso y presionó un poco, la presión venció mi esfínter y di un respingo, entró la punta, la primer falange y empezó a moverlo en forma circular, definitivamente no era lo mismo, el dedo de Eduardo era más grueso y áspero que el de Alicia, al ser más áspero, frotaba con mayor intensidad mis paredes internas, empujó otro poco, y entró más profundo, mordí mis labios y apreté el culo en forma involuntaria, sentí como un calambre que recorrió mi cuerpo, el dedo intruso empezó a moverse adentro y afuera, se sentía riquísimo y cerré los ojos, intenté relajarme y reanudar las embestidas a mi esposa, justo cuando su dedo punteó mi próstata, todo mi cuerpo se retorció, no pude evitar dar un fuerte gemido, si bien mi esposa me había tocado la próstata en múltiples ocasiones, nunca lo había sentido en forma tan intensa, una ola de placer recorrió mi cuerpo y la verga se me puso durísima, mi esposa lo notó y sonrió

    – Así amor, se nota que estás gozando, relájate y disfruta.

    Con una mano Eduardo apretaba y abría mi nalga y con la otra metía y sacaba su dedo, ya no protesté, empecé a embestir a Alicia y en cada embestida involuntariamente apretaba y aflojaba el culo, y por lo tanto su dedo, el contacto era muy intenso, el frote de su dedo en mi interior me estaba causando un placer difícil de explicar, sacó su dedo y pronto sentí que entraban dos dedos embadurnados de crema, me ardió y lancé un grito, apreté la cola, intenté girarme y protestar, pero mi esposa me abrazó fuertemente y no lo permitió, me dio un beso cachondo que ahogó mi grito de dolor, sólo alcancé a balbucear,

    – Me dueleee, sácalos.

    – Tranquilo, es para poder masajear tu próstata con dos dedos y sientas más intenso, relájate, afloja el cuerpo, acabarás delicioso.

    Nuevamente intenté relajarme, poco a poco el ardor fue cediendo, era una sensación extraña, sentía mi cola llena y una sensación como de ir al baño, empezó a mover sus dedos y me fui al paraíso, sus dedos frotaban mis paredes internas y el contacto con mi próstata era tan intenso, estaba a punto de correrme, sería una de las corridas más intensas de mi vida, entonces sacó sus dedos, y casi le ruego que me los volviera a meter.

    En ese momento mi esposa rodea con sus brazos mi cuello y me abraza con fuerza sus piernas se anudan a mi espalda, en forma sincronizada Eduardo empuja mi espalda hacia abajo y siento la punta del ardiente nabo entre mis nalgas.

    Una sensación de terror me invadió, apreté las nalgas lo más que pude y traté de girarme sin éxito, entre ambos me tenían bien sujeto.

    Alicia me susurró al oído.

    – Tranquilo amor, tranquilo, va a ser como cuando me pongo el arnés y te penetro, relájate.

    Definitivamente no iba a ser lo mismo y grité con desesperación:

    – Suéltenme, no soy puto.

    Las manos de Eduardo siguieron empujaron mi espalda con fuerza, impidiendo cualquier movimiento y obligándome a quebrarla al máximo y empezó a empujar, un alarido salió de mi boca, fue un dolor atroz, terrible, se me nubló la vista, era como si me partieran en dos, sentí como se rompían las fibras musculares de mi recto al ir entrando la monstruosa cabeza, claramente sentí como mi esfínter se abría al máximo cediendo a la presión y se cerraba sobre el tronco, el enorme hongo quedó abotonado dentro de mi culo, sentía una presión tremenda, el dolor era insoportable y lágrimas empezaron a salir de mis ojos, mis esfuerzos por liberarme eran inútiles, estaba siendo violado con la complicidad de mi esposa.

    – Por favor, sácala, me estás matando, ayyy, no me gustaaa- gritaba con todas mis fuerzas.

    – Pronto te gustará, aguanta y afloja la cola porque de lo contrario te voy a desgarrar por dentro, me encanta como aprieta tu culo mi verga y no voy a salirme.

    Al ver mi sufrimiento mi esposa me apretó contra su cuerpo y acariciando mi cabeza me susurró al oído.

    – Relájate, amor, relájate, pronto vas a empezar a sentir placer, el placer más intenso que te puedas imaginar, ese dolor sentí yo cuando desvirgaste mi culo, pero ahora me gusta mucho que me lo rompas.

    Definitivamente no pensé que fuera igual, el diámetro de esa verga era inmenso, no dije nada, no podía, sentía que me faltaba el aire.

    – Vamos amor, afloja el cuerpo, déjate llevar, gozarás lo que gozan las mujeres, todas pasan por esto, por su desvirgue, pero después es puro placer, ¿Porque crees que a pesar de que duele tanto cuando nos desvirgan seguimos teniendo sexo?

    – No aprietes, tiene razón tu esposa, va a ser inolvidable esta noche, recordarás esta noche toda tu vida, la noche que dejaste de ser virgen, te marcaré por siempre, pero la recordarás como la mejor noche de tu vida o la peor noche de tu vida, tu decides- añadió Eduardo.

    Dejé de forcejear e intenté relajarme, con la esperanza que el dolor disminuyera, como señalaban y se acabara pronto la pesadilla, mis piernas las sentía sin fuerzas, mis brazos me dolían, todo esfuerzo había sido en vano, la cabeza de su miembro seguía alojada en mi interior, la sentía ardiendo y notaba como palpitaba dentro de mi culo.

    Efectivamente el dolor empezó a disminuir, ya era más tolerable, me dio un cachete en cada nalga, que sorpresivamente me ayudó a relajar y empezó a perforarme lentamente, sentía mis carnes abrirse, rindiéndose al invasor y arropándolo.

    – Mmm, que culito tan apretadito, como cuesta avanzar, pero que tibio y suave, me encantaaa, aghhh

    – Ya va por la mitad mamita, ya eres mi hembra, te la voy a empezar a meter y sacar lentamente y vas a chillar de placer.

    No lo podía creer, sentí terror, tenía el culo a punto de estallar. lleno de verga al máximo, ya no aguantaba y solamente había metido la mitad, así que le supliqué:

    – Para, para, me duele, sácamela siento que me revientas, ya no puedo, me vas a matar, ya no empujes más, te lo suplico.

    – Ni lo sueñes nena, me ha costado mucho abrirte el culo y siento riquísimo, aguanta, falta poco, aflójate porque estoy haciendo mucha fuerza para abrirte y te puedo desgarrar, apenas va a empezar la cogida, ten paciencia y sentirás placer.

    No había escapatoria, cerré los ojos, y aflojé la cola, intentando que el dolor no fuera tan terrible, resignándome a morir empalado, mi esposa empezó a acariciar mi espalda y siguió tratando de relajarme.

    Aguanta cariño, ya falta poco, no temas, vas a gozar tanto como él o más, el placer de una hembra es más doloroso pero más intenso, sentir una verga caliente y dura profanando tus entrañas es lo máximo.

    Empezó el vaivén, la sacaba un poco y avanzaba otro poco más, el dolor se iba haciendo más tolerable y poco a poco empecé a sentir placer, empecé a gemir y suspirar inexplicablemente mi verga, la cual no se había salido del coño de mi esposa, se volvió a poner dura, por lo que Alicia lo notó.

    – Eso cariño, ya empiezas a disfrutar, estás gozando como goza una hembra, será lo más intenso y morboso que hayas sentido jamás, siento tu verga super dura

    Me tomó de la cintura y dio un golpe de cadera, su pelvis chocó con mis nalgas, dí un grito aterrador, el dolor se volvió insoportable y mis ojos se llenaron de lágrimas.

    – Ya te la metí hasta los huevos princesa, siéntela – anunció mi desvirgador.

    – Relájate y disfruta, no me voy a mover hasta que se calme el dolor.

    – Ay cariño, no pensé que pudieras tragarte toda su verga, eres un campeón, sé que te duele, pero el placer va a ser más intenso, aguanta, tienes suerte que te desvirgue un macho como Eduardo- añadió Alicia

    Efectivamente el dolor disminuyó y una oleada de calor intenso recorrió todo mi cuerpo, aflojé la cola y empecé a mover el culo.

    Eduardo, al notar que ya estaba moviendo el culo,, sacó su verga hasta dejar solamente la cabeza dentro y me dio una embestida larga y profunda, el gemido que pegué fue escandaloso, pero definitivamente un gemido de placer, el roce de la cabeza de su verga contra mis paredes internas me causaban oleadas de placer y la presión que hacía su verga en mi próstata me causaba un gozo inenarrable, era la sensación más intensa de mi vida, tanto que aunque me seguía ardiendo el culo, empecé a culear, en busca de su verga, quería que me siguiera culeando, ya no me importó el dolor, el placer lo superaba con creces.

    Al notar mi rendición quitó las manos de mi espalda y me tomó de la cintura, las embestidas se hicieron más fuertes, en cada embestida me proyectaba con fuerza contra mi esposa, enterrándole a su vez mi verga, era como si ensartara a Alicia a través de mi cuerpo, mi esposa y yo, gemíamos como putas, todo mi cuerpo vibraba, nos estuvo cogiendo así largo rato, posiblemente unos 20 o 30 minutos, cuando nuevamente dobló más mi espalda haciendo que levante más el culo y empezó a cogerme a un ritmo infernal, mis ojos se pusieron en blanco y empecé a convulsionar, espasmos de placer recorrían todo mi cuerpo, mis piernas temblaban, al arreciar sus arremetidas la presión sobre mi próstata fue más intensa, ya no aguanté, me corrí intensamente dentro del coño de mi esposa, chorros y chorros de leche salieron de mi verga, parecía que Eduardo me estuviera ordeñando, a través del culo.

    Mi esposa empezó a convulsionar también, sentí como su interior se volvía más húmedo, jugoso, sus fluidos se mezclaban con mi semen, su vulva se contraía exprimiendo mi verga, algo similar me pasaba a mí, mi culo se contraía apretando la verga de Eduardo, haciéndolo gruñir de placer, seguía retorciéndome y Eduardo aceleró sus embistes, prácticamente taladraba mi culo sin piedad, se escuchaba el sonido de su pelvis chocando con mis nalgas, un sonido parecido a un aplauso, un aplauso de mi cuerpo a mi desvirgador, por tan brillante faena, me dio un último embiste muy profundo con todas sus fuerzas que me hizo gritar y sentí su verga engrosarse y estallar dentro de mi culo, el cabrón no se había puesto condón y chorros y chorros de espeso y ardiente esperma inundaron mis entrañas, ayudando a calmar el escozor en mi interior, se desplomó sobre mí y poco a poco su verga fue poniéndose más flácida y salió de mi interior, se desplomó a un lado y comentó.

    – Fue fantástico, creo que fue el mejor culo que me he cogido. Estoy seguro de que disfrutaste como nunca, espero no sea la única vez, me encantó tu culo y quiero volver a disfrutarlo.

    Me dio una nalgada y se levantó, se dirigió al baño y escuché el agua de la regadera.

    Me sentía apenado, avergonzado, humillado, le reclamé a mi esposa porque había dejado que me violaran y peor aún, había sido cómplice de mi violación.

    – Perdona amor, Eduardo me estaba cogiendo tan rico, estaba gozando tanto, que cuando me preguntó al oído: ¿Quieres que me coja a tu marido?, voltee a verte y quise que tu también gozarás de un macho así, los juguetitos que tenemos nunca te iban a dar el placer de una verga de verdad, una verga dentro de tu cuerpo es un placer intenso y exquisito y con un macho como Eduardo mucho más, al proponerme cogerte no podía desperdiciar la oportunidad de que tú también gozarás al máximo y fue notorio que lo disfrutaste mucho, ¿o no?

    No respondí, me seguía sintiendo avergonzado, pero no era necesario que respondiera, fue evidente que me hizo gozar como nunca.

    Alicia me dio un beso ardiente en mi boca, mordió mis labios y me susurró al oído.

    – Gracias por cumplir mi fantasía, sabes, me excitó mucho ver cómo te desvirgaban, eres un campeón amor, no sé si yo hubiera podido con una verga tan larga y gruesa por el culo, me dio tanto morbo.

    Me desplomé a un lado de Alicia, sentía mi culo abierto y dilatado, me ardía y lleno de semen, un poco escurría entre mis nalgas, era una situación en la que jamás pensé estar, pero me dio tanto morbo, me acababan de coger y lo había disfrutado.

    Eduardo salió del baño y le reclamé que no hubiera usado condón.

    – Tranquilo, no hay porque preocuparse, no vas a quedar preñado, ja, ja,

    – Ya hablando en serio, soy una persona sana y limpia, y quería que gozaras más con mi verga al natural, que tu desvirgue fuera completo y que sintieras el culo lleno de semen, mi semen fue el premio por darme tu virginidad, un culito tan rico como el tuyo se la merecía- respondió con la arrogancia que lo caracterizaba.

    Se despidió de nosotros y nos dijo que ya sabíamos dónde encontrarlo si gustábamos repetir.

    Una vez que se retiró me sinceré con mi esposa y le dije que efectivamente había disfrutado mucho, pero también dolido y sentía el culo al rojo vivo y que no podía ni moverme del ardor que sentía.

    Sonrió y me dijo:

    – No te preocupes amor, te entiendo perfectamente, pobre de tu colita, pero yo la cuidaré para que sane rápido.

    De todos modos, me realicé unos análisis médicos por precaución que resultaron negativos y seguimos con nuestra vida sexual normal, bueno, casi, ya que lo volvimos a contactar y se convirtió en nuestro amante habitual, nos daba unas cogidas fenomenales que nos dejaba a mi esposa y a mi exhaustos pero felices.

    Hasta la fecha creo que no tengo inclinaciones gay, no me gustan los hombres, no me atrae su físico, pero me vuelve loco ser perforado por una verga larga y gruesa, ¿Ustedes que opinan?

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

  • Mi madre y el nuevo sacerdote del pueblo

    Mi madre y el nuevo sacerdote del pueblo

    Me llamo Manuel, tengo 23 años, vivo con mis padres, mi madre Sofía de 56 años profesora en un colegio y mi padre de 62 años pensionado, pero trabaja de vigilante. Esta historia ocurrió hace un año atrás cuando un sacerdote llamado Alberto de 41 años llego a la casa parroquial para hablar con el párroco llama Ricardo para revisar su habitación y demás cosas pero solo había una y era en la que dormía el párroco así que organizo una reunión con algunas personas del pueblo quien lo iba a recibir en su casa mientras organizaban la forma de hacer una habitación en la casa así que asistieron algunas personas de clase acomodada pero sacaron miles de excusas que no podían recibirlo así que mis padres aceptaron y sé quedo esa semana todo transcurrió de lo más normal.

    Ya instalado en la casa parroquial Alberto iba a la casa 2 o 3 veces a la semana pero un buen día cuando llegue del instituto abrí la puerta y escuche unos ruidos que provenían de la cocina así que me quite los zapatos y camine lentamente y lo que descubrí me desconcertó, mi madre sin ropa, totalmente desnuda apoyada en el lavaplatos y este con el pantalón y el bóxer abajo la empujaba con su cuerpo rítmicamente, empujaba una y otra vez, adelanta, atrás, adelante, atrás y así sucesivamente, por momentos la volteaba para besarla, en otro momento le agarraba los pechos, ella se quejaba gimiendo cada vez más, después salí a pensar las cosas y a tomar aire y al salir volví a escuchar los quejidos de mi madre.

    Esa noche cenamos normal cuando escuche el celular de mi madre y llego un mensaje mi madre ni le prestó atención y cenamos normalmente después mi padre se paró de la silla y se fue mi madre a lavar los platos, al rato mi madre se metió a bañar, esa noche mi padre intento hacer el amor con mi madre pero ella le dijo que estaba muy cansada y discutieron él le decía que iba a estar 2 semanas de vigilante por la noche así que se acostaron a dormir.

    Llego el fin de semana mi madre invito a Alberto a cenar luego me dio 200 euros que saliera con mis amigos para que no me aburriera ya que iban a rezar el rosario con unas amigas que iban a llegar pronto, así que me fui pero deje instaladas unas cámaras miniaturas en la casa para grabar en unos sitios a al llegar al siguiente día me bañe y mi madre sirvió el desayuno luego me dijo que iba a ir de compras así que aproveche y prendí mi computadora para saber que había sucedido la noche anterior.

    Al prender mi computadora y revise cámara por cámara y lo que descubrí me dejo asombrado mi madre me había mentido no llego nadie a rezar pero en cambio al revisar la primera cámara después de cenar los dos mi madre se va a lavar los platos luego se empiezan a besar, luego Alberto se baja los pantalones y el bóxer y le dice a mi madre que lo chupé mi madre le dijo que eso no era normal al principio intento resistir mi madre pero acepto finalmente después, esos 18 cm de verga de Alberto entraron en la boca de mamá, quien comenzó a jugar con su lengua alrededor de ella, luego empezó a chupar los testículos de Alberto, note que las pelotas de este parecían grandes e hinchadas y no tenían ningún pelo.

    «Eso es Sofía, ahhh!» dijo Alberto mientras acariciaba lentamente su verga, «Así es, chúpelas suave y despacio»

    Ahora chúpeme la verga, quiero sentirla mojada, chúpala!» le ordeno Alberto. Empezó a chupar arriba y abajo sobre la longitud entera de la enorme verga, empezando a chupar en la base y siguiendo hasta la hinchada cabeza, luego retrocedía, cada vez que hacia esto sentía cuan largo y duro.

    «Ahora métalo en su boca, acaricie la cabeza de mi verga con su lengua» Ordenó.

    Obedeció y abrió la boca ampliamente, tomando la cabeza del pene de Alberto entre sus labios, deslizo su lengua alrededor de esta y empecé a chuparlo

    «Si, eso es, chupe mi verga Sofía, chúpela como una verdadera puta gimió Alberto luego mi madre empezó a chuparlo rápido y se vino en su boca luego se paró y escupió un poco lo demás se lo había tragado luego la beso, ahí termino de grabar la 1 cámara no sé qué ocurriría después. Al abrir la 2 cámara no grabo nada pero la deje ahí por si acaso luego seguí con la tercera y tampoco parece que ese día Alberto se fue temprano.

    Un fin de semana estaba durmiendo cuando me despertaron unos ruidos fui hacia la habitación pero no estaba sola, se escuchaba otra voz, ,después de unos minutos escuchaba solo movimientos de la cama y el ruido que producía el golpe de la cabecera de la cama con la pared, no pude mas y me levante muy despacio, avance a la puerta de la habitación sin ponerme zapatos para no hacer ruido y los vi, el sacerdote y mi madre totalmente desnudos a lo largo de la cama, se besaban, parecía que se estaban devorando luego ella lo rodeo con sus piernas y con las manos le apretaba el culo como jalándolo para que el empuje más, el cambiaba la posición de sus manos, a veces le tocaba el culo, después las tetas, la cintura, a su vez la besaba con muchas ganas ella le correspondía con la misma fuerza, lo disfrutaba, minutos sin que yo alcanzara a escuchar lo que decía, pero seguramente le pedía que le diera más verga o que no dejara de cogérsela o algo cachondamente parecido, el la seguía penetrando una y otra vez, el seguía empujando una y otra vez hacia ella, esto se repitió unas 4 veces hasta que en un determinado momento él le dijo que ya se venía, ahí fue cuando ella lo agarro más fuerte del culo y lo apretó aún más con sus piernas, en ese momento Alberto empezó a suspirar más fuerte y ella le decía lléname toda, minutos después el empezó a besarle las tetas nuevamente y ella se puso en 4 patas, el desde atrás seguidamente el la empezó a penetrar en esa posición, una y otra vez, ella también se movía de atrás para adelante con mucha furia, él le cogió el pelo y se lo jalaba «Eres mi perra le decía» y ella le respondía «si, toda tuya», después de un rato, sin parar sus movimientos, ella cogió una de las almohadas, la coloco debajo de su vientre y se echó, el encima de ella seguía bombeando una y otra vez hasta que finalmente se relajó y dejo de hacerlo, respiraban ambos muy agitados, nuevamente se acostaron uno al lado del otro y empezaron a besarse, yo me retire a mi cama, pero al rato empezó nuevamente los gemidos de esa habitación, no pude dormir toda esa noche escuchándolos ya cuando estaba amaneciendo, mi madre se levantó y se fue a duchar. Alberto se fue 5 minutos después.

    Un domingo cualquiera Alberto celebro la misa por la cerca de las 5:pm ese día solo habían 2 misas ya que el párroco tenía un retiro todo el día continuando con el relato al terminar mi madre me dijo a mí y a mi padre que la esperáramos en la casa que tenía que hablar una cosa urgente con Alberto así que fui con mi padre hasta la casa y le dije que iba a ir a comprar algunas cosas para la cena pero antes fui a la parroquia y estaba cerrada entonces fui a la casa parroquial y estaba cerrada pero observe que nadie estuviera por ahí y abrí la puerta sigilosamente cierro la puerta despacio no escuche nada al principio pero al ir subiendo al segundo piso escuche unos gemidos ah, ooh ouh provenían de la habitación que hicieron para que Alberto durmiera ahí asi que subí con sigilo la puerta estaba cerrada pero había una ventana hacia ella. Y para mi suerte, si bien la ventana estaba cerrada, no había corrido las cortinas y podía ver completamente la habitación. Y para mi suerte, si bien la ventana estaba cerrada, no había corrido las cortinas y podía ver completamente la habitación.

    Pude ver a mi madre en cuatro patas con Alberto detrás de ella Al detenerme lo más cerca que me pareció prudente la escuché decir “me vine”. Alberto se separó de ella, mi madre se recostó sobre su pecho y escuché que él le decía “límpiala Sofía”. Mi madre, le respondió sumisa “si mi amor” así que mi madre luego de hacer eso se vistió y le dijo que era muy tarde habían pasado 15 minutos desde que había terminado la misa mi madre luego lo beso y le dijo que hasta otra oportunidad así me que mi madre llego con unas bolsas y le dijo a mi padre que era la cena que tuvo que esperar porque había mucha gente en el sitio y así se quedó la cosa. Yo no lo podía creer como mi madre se había convertido en la puta de un sacerdote ya estaba pensando que era un falso sacerdote que llego al pueblo.

    Cada noche en la que mi padre tenía turno de noche Alberto venía a cenar y tenían sexo intenso por algunas horas, y la noche anterior a que llegara mi padre estaban ya recostados en la cama de mis padres, con Alberto abrazando a mi madre que reposaba en su pecho para reponerse de una satisfactoria sesión de sexo. Alberto le preguntó a mi madre:

    -No pienso dejar de tener sexo contigo por la llegada de tu marido.

    -Y qué podemos hacer? Si nos descubre nos echa de patitas en la calle y no tengo donde ir.

    -Mejor así! Tú eres mi mujer, no suya, pero mi madre le respondió yo quiero seguir casada con mi marido además divorciarme no me suena y tú eres sacerdote, después le dijo Alberto a mi madre, ahora ven para acá para seguir con lo nuestro.

    Desde el cuarto escuché como mi madre comenzaba a besar el cuello de Alberto. Me acerqué a la puerta abierta de la habitación, y ya estaba en el pecho de Alberto, acercándose a la verga. Alberto, extasiado, tomó la cabeza de madre y le dijo «chúpamela ya que me quiero acabar en tu boca». Mi madre comenzó a degustar la polla de Alberto desde el glande, y poco a poco fue metiendo los centímetros de verga hasta que empezó a metérselo en la boca completamente. Siguió así varios minutos, ya que Alberto acababa de correrse y necesitaba reponer su semen, a los cinco minutos Alberto se corrió dentro de la boca de mi madre. Mi madre se limpió, se dieron un beso largo de buenas noches y volvió al pecho de Alberto para dormir.

    Al día siguiente llegaba mi padre cerca del mediodía eran las 12:15 así que almorzamos todos juntos pero antes mi madre había lavado las sábanas que habían ocupado para tener sexo Alberto y ella .Ya en la tarde mi padre llamó a mi mamá para preguntarle si necesitaba algo del supermercado que estaba a 20 minutos, ya que él estaba comprando algunas cosas ahí para cenar, ese día mi padre no tenía turno de noche pero Alberto llego después de una llamada de mi madre y le dijo que esa semana lo iban a trasladar pero que aprovechara ya que mi padre no estaba entonces Alberto se acercó a mi madre por detrás, tomó a mi madre de la cintura, le besó el cuello y le ensartó la polla en el culo por encima de la ropa, por lo que mi madre respondió que no soltando un gemido, y preguntó cuánto le faltaba para llegar. «10 minutos», repitió ella en voz alta, y se despidió de mi padre. Alberto le dijo a mi madre.

    -Vamos a tu cuarto, te quiero follar por última vez.

    -Estás loco? En cinco diez minutos llega mi marido.

    -Bueno, me da igual que nos descubra, o acaso no te mueres de ganas de tenerla adentro sin ropa de por medio?

    Mi madre se sonrojó y ella misma tomó a Alberto de la mano. Ni siquiera cerraron la puerta, por lo que pude ver a mi madre encima de la cama, sacándose l el vestido y la pantaleta y a Alberto haciendo lo mismo. Mi mamá estaba lista para ser embestida por Alberto, quién se echó un gel para lubricar la polla, y de súbito se la ensartó en el culo a mamá.

    Mi madre exclamó de dolor.

    Alberto empezó de a poco el mete y saca, con mi madre sometida en posición de perrito gozándolo, ya estaba acostumbrada al sexo anal, y Alberto tomándola de la cintura, haciendo que sus bolas y su cintura hiciera un sonido de aplauso contra las nalgas de mi madre al momento de chocar. Pasaron tres minutos así, cuando se escuchó el ruido del garaje abriéndose. Mi madre dijo:

    -Saca tu verga de mi culo y vistámonos, llegó mi marido!

    -Déjame que acabe ya.

    -Ni se te ocurra! Me tengo que vestir y tu semen se saldrá de mi culo y manchará todo, no tengo tiempo de limpiarme.

    Mientras lo decía, se escuchó que el vehículo de mi padre se apagaba. Alberto se excitó tanto con la idea que inseminó en el acto el recto de mi madre. Sacó la verga de su culo y se fue al baño con su ropa a limpiarse para vestirse. Mi madre, aún excitada pero preocupada, se limpió el semen de su culo y se vistió raudamente. En eso entró mi padre a casa, lo fui a saludar y en ese momento mi madre también fue. En ese momento, apareció Alberto quien dijo que había ido para despedirse y que le daba las gracias por la estancia que tuvo

    Mi madre, quién no había notado la mancha, se agachó a sacar comida del refrigerador para la cena, y mi padre le dijo que al parecer tenía una mancha. Mi mamá se sobresaltó levemente, y dijo que probablemente era por algo que le había caído mientras cocinaba. Ese día Alberto se quedó a cenar

    Terminada la cena, mi padre se excusó por su cansancio de la semana de trabajo y se fue a dormir. Quedamos los tres con mi mamá y Alberto, por lo que me dispuse como siempre a ir a dormir temprano porque tenía que ir al día siguiente y para ver qué pasaba con ellos. Apenas me fui, escuché como Alberto besaba a mi madre.

    Ahora no, que mi marido puede levantarse en cualquier momento y nos descubre.

    -Bueno, tendrás que ser silenciosa si no quieres eso.

    Alberto besó a mi mamá, la tomó y la sentó con las piernas abiertas hacia él, y mientras besaba su cuello y acariciaba sus piernas, mi madre cada vez oponía menos resistencia. En cosa de segundos, ya se estaban sacando la ropa. Iban a tener sexo en el sillón y mi padre los podía descubrir, mi madre le decía a Alberto -Esto está mal, nos pueden descubrir.

    En ese momento, Alberto se tumbó en el sillón y mi madre se subió para cabalgarlo. Mi madre cabalgaba lento, pero Alberto la tomaba de la cintura y le decía «vamos, que así no acabarás nunca» y mi madre lo disfrutaba más, y cuando comenzaba a gemir más fuerte pedía que parasen, pero Alberto no desistía. Entonces mi madre se bajó, pero Alberto no la dejó ir: se levantó y la llevó al sillón. Mi madre, excitada como nunca la había visto en esos días, se ubicó boca abajo en el sillón, y Alberto le volvió a meter la verga en su vagina y le dijo que mordiera una almohada, así no la escucharían. El problema era que ahora Alberto tenía el poder, y comenzó a hacer sonar las nalgas de mi madre casi en toda la casa, pero duró poco más así hasta que vio que mi madre se corría, por lo que él se corrió también adentro de ella. Se levantaron, y se dieron un beso y Alberto se fue. Escuché a mi madre entrar en el cuarto, y dio un suspiro de alivio al ver que mi padre dormía. Se fue a bañar y después todos a dormir.

    Al día siguiente. Mi padre había salido a hacer unos pagos y le dijo a mi madre que tardaría unas horas mientras yo iba salir en una hora cuando sonó el teléfono y era Alberto que ya tenía listas las maletas y que quería despedirse así que mi madre le dijo que le tenía una sorpresa así que Alberto toco la puerta entro y mi madre lo recibió en un camisón blanco sin ropa al rato baje y mire al cuarto de mis padres ya estaban sin ropa, a punto de coger. Estaban tan excitados que no necesitaron previa.

    Alberto estaba sobre mi mamá, en la posición del misionero, mientras la embestía cada vez más fuerte. La cama ya estaba haciendo bastante ruido. Esta vez la excitación de ambos era tanta que mi madre le dijo a Alberto que acabara ya, porque se iba a correr, y Alberto tomó a mi madre de las nalgas, la embistió con locura y ambos gimieron de placer, mientras Alberto levantaba las nalgas de mi madre y vertía sus chorros de semen en las entrañas de mi madre, para asegurar que su semen quedaría bien adentro de ella.

    Se levantaron, se vistieron y se besaron y Alberto se fue.

    Alberto fue trasladado a otro pueblo, pero de vez en cuando llama a mi madre por teléfono o le escribe por mail sin embargo mi madre le recuerda que ellos habían terminado que había sido solo un romance intenso pero que había que voltear la página.

  • Amigas

    Amigas

    Maira, es mi amiga. Nos conocimos en el canal de televisión mientras hacíamos periodismo, un año antes de casarme con Ariana. Siempre me pareció una mujer atractiva y sensual. Sin embargo, lo que resalta es su personalidad jovial, alegre y carismática.

    En este relato les contaré como Maira y Ariana dejaron de ser simple conocidas y se convirtieron en «amigas».

    Un día cómo cualquier otro, sin dobles intenciones decidimos invitar a Maira a casa. Ariana nunca se sintió incomoda con nuestra amistad, pues desde que conocí a Maira y nos hicimos amigos siempre fuimos bien efusivos.

    Volviendo al lío, Maira viajó hasta el país donde vivimos y nos sentíamos encantados de poder recibirla, pues es cómo de la familia.

    La puerta entre abierta dejaba salir un fino halo de luz proveniente de su celular. Maira se estaba masturbando mientras veía algún tipo de video pornográfico. Ariana se había levantado y se percató de lo que sucedía. Entró a nuestro cuarto y sacó de la mesa de noche un vibrador y un poco de lubrificante y fue hasta donde estaba Maira.

    Lentamente abrió la puerta al tiempo que Maira apagaba la luz se su teléfono. – Maira, estás despierta? Preguntó. Estoy intentando dormir, pero no lo estoy consiguiendo. Respondió ella.

    Imagino que deber ser producto del viaje, dijo. Creo que deberías relajarte un poco, toma. Comentó Ariana al tiempo que le entregaba el dildo. Maira se sonrojó! Pero, pero, dijo tartamudeando… Ariana colocó su dedo en sus labios para callarla y salió de la habitación.

    De vuelta a nuestra recamara dijo: Me parece que nuestra amiga esta algo tensa sin dar mayores detalles.

    El día siguiente durante el desayuno había un clima de complejidad. Ambas se miraban de forma extraña. Había algo de lo cual no estaba enterado.

    Razón por la que tuve que preguntar qué estaba sucediendo. La respuesta fue casi al unísono ¡Hombres!, dijeron las dos. No lo entenderías, dijo Maira. Cosas de chicas, soltó Ariana entre risas.

    Un poco más tarde le pregunté a mi mujer que había pasado hasta que me reveló su secreto al escucharlo sentí como un fuego recorría mi entrepierna y no puede evitar ponerme duro. Ariana también lo percibió, dándome una jaloneada por encima del pantalón mientras decía relaja campeón.

    Durante la noche no podía dejar de pensar en Maira. ¿Estaría masturbándose como la noche anterior? ¿Sería posible oír algún gemido? No lo sabría sino me levantaba y salía de la habitación para averiguarlo.

    Maira siempre me decía que era bien sinvergüenza y no fue hasta esa noche que descubrí la verdad.

    Me acerqué para intentar ver o escuchar algo. ¡Y eureka! ¡Ahí estaba de nuevo, tocándose! La puerta nuevamente entreabierta era una invitación al placer, a lo prohibido. Yacía recostada contra el espaldar de la cama. Por debajo de la sabana se notaban sus piernas abiertas. Con una mano se tocaba y con la otra se apretaba los senos.

    Cabello corto negro, tés morena, buena figura y aquellos senos perfectos me hicieron comenzar a jalármela. Casi de forma imperceptible se arrancaba los gemidos productos de la excitación.

    De repente y sin previo aviso Ariana llegó por detrás de mí y comenzó a pajearme. Con voz sensual pregunto: ¿Te gusta lo que vez amor? ¿Porque no vas y lo tomas?

    Yo estaba sin aliento. Cuando Ariana abrió la puerta de un empujón. Ahí estaba yo, con los calzones por las rodillas, mientras Ariana continuaba me sobando la verga.

    Creo que tienes un mirón, dijo al abrir la puerta. ¡La escena era surrealista! Maira paró un momento mientras salía de las sábanas y se acercaba a nosotros.

    Ariana lucía un sexy conjunto de encaje negro, la tanga roja de Maira lucia bien húmeda producto de sus deliciosos jugos vaginales.

    Ninguna de las dos dijo una sola palabra, casi como si todo estuviese planeado nos fuimos los tres a la cama. Maira se recostó en la cama mientras hacía a un lado la tanga. Su coño estaba jugoso, su clítoris duro producto de la excitación. Mientras me devoraba su perfecto coño, Ariana hacía lo propio con sus tetas. Con cada chupada alcanzaba arrancarle gemidos leves.

    Con una mano Maira me aseguraba fuertemente por la cabeza para que no dejara de lamer y con la otra le sobaba las tetas a Ariana. Gemidos de placer inundaron la habitación.

    Ariana continuaba apretando los pezones y paso a usar su mano para acariciarle el clítoris. Luego se subió encima dejando sus tetas a la altura del rostro de Maira para que se las comiera. Aquella escena me puso aún más caliente. Le retiré a amabas las tangas y dejé todo listo para comerlas.

    Saborear el cuerpo de una mujer es uno de los placeres más grande que tiene la vida. Ese día el placer se multiplicó por dos.

    Ambos coños estaban húmedos. Recorrí de arriba a abajo la raja de Ariana, lamiendo su culo, mientras introducía mi dedo índice en el coñito mojado de Maira. Podía escuchar el chapotear de su liquido vaginal. Retiré mi dedo y comencé a chupar de nuevo y con más intensidad.

    Ah, ahhh, que rico… No pares coño no pares! ¡Suplicaba! Un nivel tal de excitación embargó Ariana quien la sujeto fuertemente por el cuello y comenzó a besarla de forma salvaje. Tardó poco tiempo para que Maira respondiera con mayor intensidad. Literalmente se estaban comiendo en cuánto disfrutaba esa escena.

    Luego de esto me recosté. Maira se colocó en frente de mí, aseguro mi verga con su mano derecha y empezó a chuparla con fuerza. Ariana se colocó encima de mi dejando su vulva en mi cara para que continuará chupándola sentido a Maira sumándose a ella mientras realizaban el fellatio.

    Maira recorría mi verga con su lengua mientras me apretaba las bolas. Ariana chupaba mi glande y se retiraba solo para darle paso a su «amiga» para que se engagara la verga hasta el fondo de la garganta.

    Continuará…