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  • La tanga de Regina

    La tanga de Regina

    Hola apreciados lectores y escritores, antes que nada, quiero agradecer el tiempo que van a tomarse para leer este relato, es el primer relato que escribo y está basado en un hecho real.

    Soy Alberto y tengo 42 años vivo en la capital de México y si bien ya soy un hombre maduro, mi apariencia es de un hombre más joven; esto resultado de que hace ya algunos años decidí tener un estilo de vida más sano principalmente el dejar de beber alcohol y dejar de fumar. Además de ser una persona que le gusta hacer ejercicio, ir al gimnasio o simplemente dar largas caminatas por las tardes.

    Les platicaré de Regina, ella es una chica de 26 años, de un rostro hermoso cara de niña ya que aparenta menor edad, un cuerpo esbelto; ya saben la típica chica que sin necesidad de hacer dietas o rutinas extenuantes de gimnasio tienen un cuerpo si no atlético si muy bien proporcionado, de unos 1.65 cm de altura, unas piernas largas y muslos generosos que hacían un juego armonioso con sus macizas nalgas, sin tener un trasero grande si lo tiene muy tonificado y parado; y vaya que ella lo sabía ya que siempre usaba jeans muy ajustados o leggings que casi parecían pintados en sus macizas piernas y nalgas.

    Ella junto a una amiga tenían una tienda de Abarrotes el cual atendían en horarios alternados Regina por las mañanas principalmente y su amiga Coco por las tardes; si bien la amiga Coco no le pide nada en cuerpo a Regina si está muy por debajo a ella en rostro y sobre todo en carácter; si bien Coco es seria y de mal gesto, Regina es lo opuesto, siempre sonriendo y con disposición de atender muy bien a los clientes.

    Si bien yo tenía una tienda más cercana a mi casa prefería ir a la tienda de Regina y Coco; vaya Don Manolo es un tipo viejo y amable pero no tiene nada para competir ante dos jóvenes bellas en sus 20s, obviamente iba por comprar cosas, pero no desperdiciaba la ocasión para poder saludar a Regina hacerle algo de platica y claro discretamente ver ese culo parado en jeans apretados o leggings.

    Una ocasión llegué a la tienda y vi a Regina que tenía un partido de futbol en su celular recargado en el mostrador.

    – Hola Regina ¿Te gusta el futbol?

    -Siii, me encanta.

    -Que sorpresa nunca imagine que te gustaría, como siempre te veo en bici pensé que tal vez te gustaba un deporte así individual como el ciclismo.

    -No que va, me encanta el fútbol, pero sobre todo jugarlo.

    -Vaya o sea que estás en un equipo.

    -Si es un equipo de fut 7 y entrenamos 3 días entre semana y jugamos en una liga femenil los sábados o a veces los domingos.

    -Wow que bien y dime ¿eres buena?

    -Hmmm ¿Acaso lo dudas?, soy la capitana de mi equipo!

    -Sólo bromeaba.

    -Pues para que se te quiten tus bromitas tendrás que irme a ver a jugar un día.

    -Disculpa y claro que me gustaría verte jugar si me invitas.

    -No se diga más este sábado tengo juego a las 6 pm en el deportivo de la Alberca Olímpica.

    -Bueno no se diga más pero el deportivo es muy grande y hay muchas canchas ¿Cómo sabré en cual juegas?

    -Bueno eso si, mira eso lo sabemos justo pocos minutos antes de que juguemos, pero no importa ten mi número y te escribo y te digo que cancha es para que llegues, y no faltes ya que es un juego de cuartos de final.

    Ese día la fortuna me sonrió, de un instante a otro ya tenía una invitación para verla jugar y lo más importante ya tenía su número telefónico.

    Llegó el sábado y yo estaba como un adolescente súper emocionado de ir a ver a una chica tan bella que tantas veces he fantaseado con ella. Llegue con anticipación al deportivo y busque un lugar para dejar mi auto y escribí a Regina.

    -Hola Regina soy Alberto ya llegué al deportivo.

    -Ahhh, súper que viniste como ya no me confirmaste pensaba que lo habías olvidado o no te importó

    -De ninguna manera Regina aparte soy un hombre de compromisos y aquí estoy como acordamos.

    -Gracias, vamos a jugar en la cancha número 9.

    Apresure mi paso para irme a la cancha mencionada y tener un buen lugar en la tribuna, cuál fue mi sorpresa que había mucha gente entre familiares y amigos de las jugadoras de ambos equipos entre otros aficionados o curiosos que decidieron pasar un rato viendo un partido de futbol. Empezaron a brincar al campo de juego las jugadoras y mi ánimo se prendió al ver a Regina al verla con su cabello recogido y su uniforme ceñido, la camisola era verde, era el uniforme de visita que usa Alemania, Camisola verde, pantaloncillo blanco y medias igual verdes a juego que la camisola. Yo estaba perdido en lo apretado que le quedaba el pantaloncillo y al ser blanco se veían unas generosas nalgas muy bien definidas y debajo de el traía unas licras un poco más largas que el pantaloncillo igual en color blanco.

    Lo que me había dicho era cierto, ella portaba el brazalete de capitana y al verla jugar no cabía duda que era la de mejores cualidades técnicas además de ser la que motivaba a sus compañeras e increpaba al árbitro cuando era necesario. Sus compañeras parecían más jóvenes, entre los 18 y 22 años. Por lo mismo supuse que las demás chicas la veían con cierta autoridad por la diferencia de edad. Transcurrió el juego y tras dos medios tiempos de 30 minutos cada uno el árbitro dio el pitazo final con victoria del equipo de Regina 3-1 con dos anotaciones de ella.

    Vi como festejaban y se empezaron a dirigir al interior de la alberca olímpica que es parte de ese complejo deportivo, que es donde están los vestuarios. No sabía si irme o esperar para intentar hacerle plática hasta ese entonces yo no sabía si había familiares o amigos de ella esperándola o peor aún paso por mi cabeza la idea de un novio.

    Pero como la vida es de intentar siempre pues decidí esperar, vi que salían jugadoras con su uniforme y se iban rápido a ver a sus familias y se iban. Pasaron más de 20 minutos y Regina no salía por lo que supuse que ella si se estaría duchando y cambiando de ropa. Lo cual me generaba cierta excitación y emoción. Pasaron 10 minutos más y por fin la veo salir y venia junto con una amiga y veo que se despiden de abrazo y beso y Regina sigue su camino sola rumbo a la salida del complejo deportivo.

    -Regina hola

    -Alberto ¿Qué haces aún aquí?

    -Vaya pues decidí esperarte para felicitarte por tus dos golazos y tu pase a semifinales.

    -siii ya ves que si se jugar

    -Si sin duda que juegas muy bien.

    -Si ya en dos semanas es la semifinal estoy muy emocionada.

    -¿Y traes auto para irte?

    -No, generalmente mi amiga me lleva a casa después de los partidos, pero me dijo que su novio vino a verla y pues bueno ya hicieron su plan y pues me iré en un Uber.

    -Bueno somos casi vecinos si gustas yo te puedo llevar a tu casa, aparte no tarda en empezar a llover y en lo que llega tu Uber puede pasar tiempo.

    -Ok gracias acepto.

    Nos dirigimos a mi auto y abrí el maletero para que guardara su mochila y nos dirigimos rumbo a casa que estaba como a unos 20 minutos de donde estábamos. En el camino platicamos de las incidencias del partido y de repente suena su teléfono y era su madre.

    -Si mamá ya terminó mi juego.

    -Regina necesito que vengas a casa de tu tía aquí estoy con una amiga de ella y te quiero presentar.

    -Mamá ya voy en un Uber y estoy cansada no quiero ir a casa de tía Clara.

    -No me importa señorita es una orden dile al Uber que te cambie de destino aquí te espero.

    -Ok mamá!

    Regina se mostraba molesta y me decía que tenía que ir a casa de su tía porque le iban a presentar a una señora; ahí es donde Regina me contó que ella era chef de carrera, pero por la crisis económica y la falta de empleos opto por la tienda con su amiga mientras mejoraba la situación del país y que esa amiga de su tía tenía un restaurante de comida internacional.

    -¿Oye Regina pero por que la molestia? Suena una gran noticia.

    -Lo sería si no fuera por el hijo de esa señora el cual es un tipo que siempre se me anda insinuando y me da asco, y no quiero tener como que esa necesidad de agradecimiento a esa señora, siendo amable o empática con el tipo además yo tengo novio.

    Sentí en ese momento un balde agua fría, al saber que tenía un novio, pero bueno dije lo he intentado, pero ahí se me ocurrió preguntar:

    -¿Y tu novio por qué no vino a verte en un partido tan importante?

    -puf ese es otro tema.

    -¿Me quieres contar?

    -No disculpa, no estoy de humor y tengo que ver a esa vieja, no lo tomes a mal.

    -No te preocupes no era mi intención incomodar o ser inoportuno.

    -No para nada no pasa nada de hecho que pena contigo, pero pues me dejas aquí para que tome el Uber para casa de mi tía por favor.

    -Ya está lloviendo como crees que te voy a bajar aquí, yo te llevo a casa de tu tía.

    -Alberto eres súper amable te tomo la palabra.

    La casa de la tía no estaba tan lejos hicimos aproximadamente unos 15 minutos y ella ponía música para que se le pasara el mal humor, mientas yo discretamente veía sus muslos en leggings que se veían exquisitos y hasta se le marcaba un poco el coño.

    Llegamos a casa de la tía Clara y era una unidad por lo cual puede entrar y acercarla al edificio se despidió de mí y se bajó rápido para no mojarse. Salí del conjunto habitacional y me fui a casa, llegue y estacioné mi auto en la calle ya que no cuenta con garaje en el departamento que rento.

    Decidí cenar algo y escuchar algo de música ya relajado y contento de que tenía tal vez cierta esperanza de algo con Regina, no tanto un noviazgo vaya yo tengo 42 años y ella 26 pero siempre como hombre es agradable conocer a una chica nueva y más si es joven y caray más si es un pedazo de mujer.

    Terminé mi cena y me dispuse a irme a la cama, las notificaciones de Whatsapp las tengo deshabilitadas por lo que puedo ver los mensajes recibidos solo al abrir la App, me recuesto y abro la App y tenía un mensaje de Regina de hace una hora aproximadamente.

    “Alberto que crees entre tanta conversación y música, al bajarme olvide que en tu maletero se quedó mi mochila, puedo verte mañana para que me la entregues, disculpa que latosa soy jejeje”

    -Regina no te preocupes mañana te la llevo a la tienda.

    -Ok muchas gracias y que pena, buenas noches.

    Disponía a dormir cuando me dije mmm mi auto se queda en la calle, no vaya a tener mala suerte que algún ladronzuelo lo abra y se robe las cosas de Regina y que le diré. Muy a disgusto me volví a vestir y a tomar un paraguas ya que llovía copiosamente. Abrí el maletero saqué la mochila, subí a departamento y dejé la mochila en el sofá y me fui de nuevo a la cama. No podía dormir me sentía inquieto y me dije cara la suerte se pone de mi lado de nuevo, tengo la mochila de Regina a unos pasos ¿Qué tendrá en su interior? Parecía la más estúpida de las preguntas; que más podría tener más que sus llaves, cartera y ropa sucia, ropa sucia, ropa sucia… eso me hizo brincar como resorte de la cama y corrí a la mochila, la abrí y sentía una adrenalina indescriptible. En su interior estaban sus zapatos de soccer, el pantaloncillo y las licras blancas las tome, y el bra deportivo junto con la camiseta de Alemania. Las olía y solo olían a tela sintética, no había lo que yo esperaba, sus panties sucias que gran decepción sentía me senté en el sofá y me dije “demasiado bello para ser cierto” me quedé viendo la mochila con desilusión y en eso note que la mochila tenia a los laterales dos bolsas con cierre más pequeñas, la volví a tomar y abrí una y estaban sus calcetas sudadas eso empezó a acelerar mi corazón al tener la esperanza de lo que habría en la otra bolsita opuesta. La abro y cuál fue mi emoción ¡una tanga negra totalmente sudada! no dude en llevarla a mi nariz y tenía un olor a coño súper fuerte, delicioso que hizo que me pusiera bien empalmado. Tome con detenimiento la tanga y vi la parte del culito y tenía una ligera mancha larga color marrón, vaya ahora entendía porque Regina durante el partido se notaba un poco incomoda al correr y disimuladamente se sacaba el calzón durante el juego.

    Yo estaba fascinado olían delicioso, a coño a culo, y tenía un par de vellos pegados. Esa noche me quedé vacío recuerdo que me vine cerca de cuatro veces antes de dormir.

    A la mañana siguiente guarde sus cosas menos la tanga esa me la quedé, no sabía si hacerlo o no, pero decidí lo primero ya que me dije: seguro ella pensara que la perdió en los vestuarios.

    ¿O tal vez pensaría algo distinto?

  • Mis dos hermanas y yo compartimos al mismo hombre

    Mis dos hermanas y yo compartimos al mismo hombre

    Hola. Mi secreto es real, más que una historia porno es una confesión. Agradezco este tipo de páginas que me ayudan a confesarme ya que el tema es delicado y es un tema que casi nadie acepta. Somos tres hermanas de México y las tres compartimos al mismo hombre desde hace varios años y ya hasta hemos tenido hijos con él. Todo comenzó hace unos años siendo este caballero novio de mi hermana mayor.

    Mi hermana mayor tenía unos 22, yo como 20 y mi hermana menor como 18. A mi hermana menor y a mi nos gustaba en secreto su novio de mi hermana mayor que era muy atractivo en su personalidad. Él tenía como 24 o 26, algo así. Total, que nos fuimos acercando, comenzaron rivalidades, celos, peleas constantes, pero después de un tiempo algo pasó entre nosotras, que empezamos a tolerar y aceptar ese tipo de situaciones comprometedoras con él. Poco a poco se fue todo normalizando y cada vez discutíamos menos hasta que llegó un punto en que estábamos felices las tres y el siempre nos abrazaba, nos hacia cariños a todas, cosas así. Entonces, un día sucedió.

    Jugando a la botella y habiendo bebido un poco de alcohol el nos retó, nos pidió que nos besáramos pues decía que le gusta ver mujeres besándose y al principio no queríamos, pero terminamos haciéndolo, besándonos las tres al ritmo de la música electrónica de fondo mientras él nos observaba atentamente. De ahí todo subió de tono. En ese entonces vivíamos con nuestro padre aún, y el estaba en la parte de abajo en la sala viendo la tele y la música nos ayudaba a camuflar el ruido. Terminamos las tres hincadas mamándole la verga y los huevos al mismo tiempo y terminó eyaculando todo su semen como cascada en nuestras bocas, ya que según dijo, nunca había estado tan excitado como esa noche, hasta temblaba él de la excitación. Nosotras incluso jugamos pasándonos su semen en nuestras bocas besándonos mientras él nos seguía mirando aún súper excitado. Esa noche fue sólo eso, sexo oral, por nuestro padre.

    Ya en otras ocasiones que pudimos quedarnos a solas hicimos lo mismo y también nos penetró de muchas maneras y en varias posiciones, le fuimos perdiendo miedo incluso a las situaciones lésbicas que tanto le gustan a él. Pasaron varios años así, donde nuestra relación para nosotras era normal y claro que todo era a escondidas de la sociedad hasta que se enteró nuestro padre y fue un shock total para él pues mis hermanas ya estaban esperando un hijo de nuestro novio y nuestro padre nunca lo aceptó diciendo que todo era una aberración, pero nuestro novio se salió con la suya y nosotras también. Fue aún más el shock cuando tiempo después le dije a mi padre que yo también esperaba un hijo de él. Nunca fuimos unas chicas tan “santas” por así decirlo, así que creo que eso ayudó también un poco a que todo esto se diera.

    Ya mi hijo tiene tres años de edad y mis hermanas y yo seguimos unidas a él. No hay problemas de celos ni cosas, así como mucha gente podría pensar. Nosotras elegimos este estilo de vida que no todo el mundo acepta, pero estamos felices con ello. Incluso hace poco se unió a nosotros una de nuestras primas, ella tiene 19, pero sólo la vemos ocasionalmente. No hay una relación seria entre ella, nosotras y él, son solo encuentros, tiene apenas como 6 meses que se “unió”. Nuestro novio llamado Mario es alabado por sus amigos y conocidos, lo consideran su rey, el mayor macho semental del mundo o algo así. A nosotras nos da gracia como lo llaman, pero somos felices, el nos hace felices a las tres, o a las cuatro cuando está nuestra prima.

    Esa es nuestra confesión, o al menos mía, de mi parte. Hemos estado en contacto con grupos poliamorosos donde platicamos nuestra experiencia y nos ha sorprendido encontrar más casos similares al nuestro en varios países, aunque no son tan conocidos. Si les digo como dato que a pesar de que todos sabemos que la enorme mayoría de los relatos y confesiones en internet parecieran ser que nunca podrían pasar, algunos si suceden en realidad, como nuestro caso. Tampoco tenemos miedo en aceptar que la situación nos excita bastante, es super morboso todo. Su pene y sus huevos nunca se cansan de nuestras lamidas; mientras dos le mamamos el pene, la otra le chupa los huevos y luego cambiamos; dos le chupamos los huevos y la otra el pene, o las tres el pene o los huevos y así, y por supuesto nos encanta bebernos su semen. Al principio me daba asco, pero después se nos hizo rico a todas. Complacer sus fantasías y que nos observe besándonos o disfrutándonos entre nosotras. El es muy feliz gracias a eso. A nuestro padre y hermano a estas alturas no les ha quedado otra cosa más que aceptar la situación.

  • Me cogió, en casa, el esposo de mi empleada doméstica

    Me cogió, en casa, el esposo de mi empleada doméstica

    Por un tiempo, cuando vivíamos en un enorme departamento alquilado, tuvimos una empleada doméstica. Mi esposo se dio cuenta que el departamento era demasiado grande y que yo sola no iba a poder mantenerlo limpio. Además, él se encaprichó en vivir allí. Era lindo, es cierto, pero para nosotros dos era inmenso, con dos pisos y muchas habitaciones. En una zona preciosa, pero un edificio antiguo, fue una ganga el precio de alquiler. Con lo que ahorrábamos en el pago del arrendamiento, mi esposo decidió contratar una doméstica para que limpie tres veces por semana.

    Luisa, la doméstica, era una mujer algo mayor que yo. En ese momento tenía yo 27 años, ella seguro algo más de 30. Gordita y nalgona, de cabello muy negro, muy tupido y muy lacio. Muy morena y de labios carnosos. No me parecía bonita, pero seguro tenía su jale en su barrio pues claramente era muy coqueta. Cuando llegaba, se cambiaba toda su ropa, para ponerse la ropa en la que trabajaba. Incluso se cambiaba de ropa interior y siempre que me fijaba (pues dejaba todo colgado en el tendedero, supongo por alguna costumbre rara) sus tangas eran caras y realmente coquetas. Lo demás era ropa bonita pero barata, pero en las tangas sí que gastaba y bien.

    Como a los tres meses que empezó a trabajar. Su esposo comenzó a recogerla. Ella terminaba a las 6pm su horario y algunas veces, cuando ya había concluido con sus labores, me pedía salir algunos minutos antes, pues su esposo la esperaba afuera. Cómo ya estaba todo hecho, la dejaba salir.

    Un jueves, a último momento, mi esposo me pidió preparar una cena para unos amigos que habían llegado de viaje. Acepté pues me gusta cocinar y, aprovechando que Luisa estaba, le dije si me podía ayudar un par de horas más, que la pagaría las horas extras. Me dijo que sí, pero que bajaría a avisarle a su esposo para que vaya a dar una vuelta y regrese a las 8pm. Le dije que, si ella y él querían, que lo haga pasar y que vea tv en la sala de estar mientras la esperaba. Bajó y volvió con él. Martín, su esposo, era un hombre moreno, como ella. Fornido, de cabello ensortijado, labios muy carnosos. No era negro, pero seguro tenía muchos genes afroamericanos. Me saludó con respeto y pasó a la sala de estar.

    Hacia las 7.30 terminé con Luisa lo que debíamos preparar. Le pagué por las dos horas acordadas y se retiró con su esposo.

    La semana siguiente, de compras por el mercado del barrio, me encontré con Martín. Tenía un puesto de ventas de verduras. No lo sabía. Siempre iba a ese mercado y como no lo conocía, había pasado siempre por su puesto sin prestarle atención. Lo reconocí y lo saludé. Me reconoció también. Teniendo en su puesto algunas verduras que necesitaba, decidí comprarlas allí.

    Desde ese momento, me convertí en su clienta. Nunca se lo comenté a Luisa, por descuido supongo. Como a los tres meses de compras habituales cada semana, ya podía decir que tenía mucha confianza con Martín. Me decía siempre “mi casera más linda” y me hacía “descuentos”. Sabía que me cobraba más, y que sus descuentos eran una farsa, pero siempre me daba verduras de primera calidad y con eso se compensaba todo.

    Una mañana que estaba comprando, me encontraba muy caliente. Tenía demasiadas ganas de ser cogida. Esos días en los que uno se pone loca y solo tiene dos opciones, o se masturba o encuentra con quien acostarse. En mi mente daba vueltas Martín, con sus labios carnosos y su pene que de según mis fantasías era enorme, por ser de ascendencia negra.

    Compré las cosas y, como quien no quiere la cosa, le pregunté si podía cuidármelas en su puesto pues debía ir a hacer otras compras. Estaba segura, con ese instinto femenino que a veces no nos falla, que él se ofrecería a llevarlas al departamento. No me equivoqué. Me dijo que, si deseaba, me las llevaba al departamento donde vivía. Que le indique la hora y él las llevaría. Eran poco más de las 10.30 am. Le pregunté si podría llevarlas a medio día. Aceptó.

    No tenía nada que hacer, di un par de vueltas por el supermercado cerca y volví a casa. La calentura me estaba matando. Necesitaba tener una verga dentro. Imaginar la de Martín me estaba torturando.

    Me duche. Me puse un vestidito de casa, de color turquesa. El más translucido y corto que encontré. Me aseguré de colocarme una tanga negra, que contrastaba mucho con el vestidito, para que él se diera cuenta de que llevaba dentro.

    Tocó el intercomunicador. Le pedí que subiera. Lo esperé en la puerta. Cuando llegó le pedí si “por favor podría llevar las verduras a la cocina”. Me aseguré de caminar delante suyo. No había forma que deje de mirar mis nalgas al caminar detrás mío.

    En la cocina, Luis dejó las cosas sobre la mesa. Le miré la entrepierna y me di cuenta que estaba empezando una erección. Lo vi sudar. En ese momento había que dar el paso. Me la jugué.

    Cogí una de las zanahorias que había traído y “torpemente” se me cayó. Antes que él reaccione, me incliné noventa grados a recogerla. Sentí como mi vestido se subió y quedé con las nalgas al aire, solo cubiertas con la tanga. Me tomé un par de segundos en el recojo de la zanahoria hasta que sentí sus manos coger mis nalgas.

    Me las agarró con fuerza y me dijo “usted es una perra señora y quiere que me la cache”. Uso el “cachar” que usamos en Perú. Me excité tanto que le respondí con un simple “si”.

    Me levantó, me cargó y me llevó a la sala de estar donde había estado viendo tv la vez anterior que estuvo en casa. Me acomodó en 4 patas sobre el sofá. No podía mirar lo que él hacía, pero era obvio se estaba desabrochando el pantalón mientras decía “que culo blanco señora” eso me ponía más caliente aún.

    Separó un poco mis piernas. Puso la tanga de lado y sin ninguna estimulación me penetró. Sentí como su verga entraba y seguía entrando. Era enorme. Sin verla la sentí. Seguía diciéndome “que señora tan puta es” y yo solo gemía y respondía que sí. Que lo era, que era puta.

    Sin preguntarme ni hacer nada previo, me metió un dedo en el culo. Como entró tan fácil, metió otro y luego otro. Su verga me llenaba la concha y tres dedos me hacían volar por el culo. Yo gemía y me movía como loca. El seguía con su “así señora, así señora, que puta es”.

    Yo tenía 27 años. Él era mayor, pero no podía dejar de decirme “señora” pues supongo en su mente era la esposa “del patrón”. Mientras me decía “señora puta” tuve dos orgasmos seguidos, intensos. Luego de ellos, Luis sacó su verga de mi coño y me la metió en el culo.

    Después de tener sus tres dedos dentro, entró muy fácilmente. Yo aún no se la veía, pero por cómo me hacía sentir, sabía que era de las grandes, de las que me gustan, no cómo la de mi esposo.

    Volví a llegar. Él se empezaba a poner loco y me dijo “señora se la va a tomar”. No respondí nada, lo que era un “si, dámela en la boca”. La sacó. Me tiró sobre el sofá. Quedé acostada. Se puso a un lado de mi cabeza y puso su verga en mi boca. La abrí, la metió un poco y justo empezó a eyacular. Un instante dentro de mi boca y luego en toda la cara. Muchísima leche. Tenía todo el rostro cubierto por ella.

    Cuando dejó de eyacular, abrí los ojos y la pude ver. A centímetros de mi rostro. Enorme como la imaginaba.

  • Secuelas de una pandemia (IV): Intrusa

    Secuelas de una pandemia (IV): Intrusa

    —¿Y chabón? ¿Venís o juego solo?

    —Pará un toque. ¡Qué impaciente la Diega!

    —…

    —Listo. Empecemos —dijo Pato sentándose en el sillón grande.

    —¿Con quién chateabas?

    —Lula.

    —¿Lucía te escribió?

    —Sí. ¿Por?

    Como respuesta, Diego dio play al juego. No quería hablar. Perdió enseguida. Se fue a dormir.

    A la mañana siguiente, Pato no apareció para desayunar. Había estado despierto hasta tarde, chateando con Lula.

    —Buenas…

    —…

    —¿Qué comemos?

    —Lo que quieras —respondió Diego levantándose de la mesa—. Yo ya almorcé.

    —Ok.

    ***

    Fueron tres días de incomunicación. La intrusa los había distanciado, se interponía entre los dos y había que resolver aquello.

    —Entonces —arrancó Diego sin previo aviso— ¿Están saliendo?

    — ¿Qué?

    —Con Lula. ¿Están saliendo?

    Pato respondió con una carcajada, pero viendo que su amigo no le seguía la corriente, agregó:

    —Nada que ver, nabo. Volvió a escribirme. Nada más.

    —Dale, boludo. Hace tres días que no me hablás. Estás hecho un pelotudo.

    — ¡Salí! ¿Qué flasheás?

    — ¿Hicieron cámara? ¿Videopaja?

    — ¿Y a vos qué te importa?

    —…

    —Sí, hicimos.

    —…

    —Me mostró la concha y… nada. Pelé. Paja. Nada.

    —…

    —Decí algo, forro.

    —¿Qué querés que te diga?

    —No sé, me estás preguntando, te respondo, pero vos no me decís nada.

    —…

    —Ey, Diego…

    —¿Qué?

    —¿Sale paja?

    Diego apartó la mirada sin poder decir una palabra. Estaba ofuscado, pero aquella invitación le devolvía el aire. Sin embargo, contestarle “dale” (que era exactamente lo que ansiaba responder) lo ponía en un lugar de mierda que no quería ocupar. ¿Lo estaba invitando a pajearse por lástima? “Que se vaya a cagar”, pensó, para agregar enseguida:

    —No da, boludo. Te estás pajeando con ella por cámara.

    —No sé, yo decía…

    —No sé che, no me parece…

    —…

    —…

    —Bueno —balbuceó Pato—, pero… No es lo mismo.

    Un escalofrío cruzó por el cuerpo de Diego. “No respondas enseguida”, se dijo, pero ¿cómo contenerse? ¿Cuántos segundos esperar?

    —¿Cómo que no es lo mismo? —preguntó al fin.

    Pato tomó aire y buscando las palabras sentenció:

    —Con vos… No sé. Es diferente.

    “No hables. No hables. No hables”. Era lo único que Diego podía pensar. “Que hable Pato”. “No hables”.

    — ¿Seguro no te va una cruzada? —preguntó Pato con una sensualidad en la voz que lo sorprendió a él mismo.

    Pasaron dos segundos que fueron dos semanas, dos décadas, dos…

    — ¿Con porno?

    —Sin —respondió Pato con una mirada de fuego—. ¿Te hace falta?

    ***

    Lula había desaparecido como por arte de magia; no era más que un ancla del pasado, de una sexualidad que seguía su rumbo por inercia, una fuerza que cada vez iba desacelerándose más para pasar a otro impulso, a otro tipo de deseo, a la intimidad entre dos hombres.

    Al sexo entre machos.

  • En el medievo (P. 4): Dentel descubre cómo folla Sira

    En el medievo (P. 4): Dentel descubre cómo folla Sira

    Hicieron el café, y tomaron algo más para desayunar. Sahara se fue después al río diciendo que tenía que refrescarse un poco y aprovechó para lavar sus piernas pringosas por la leche de Teodon. Continuaron el camino yendo en cabeza Jonás. Le seguían Sahara y Teodon que hablaban del poblado del chico. Después iba Sira y tras ella Dentel, que mientras tiraba de la mula miraba las grandes curvas que marcaba bajo el vestido de la mujer. Ella sabía que la iba mirando y varias veces se inclinó para coger flores para que Dentel viera más parte de sus muslos. Tenía en mente la escapada de Sahara y su hijo y suponía lo que había pasado. Pensando en ello, su mente se había estimulado y sentía en su cuerpo cierta excitación. Sabía cómo era su hijo y pensaba que la muchacha se lo habría pasado bien. Ahora a ella le apetecía probar con Dentel. Su marido se conformaba con poco sexo, y gracias a su hijo, ella estaba satisfecha. Su marido lo sabía y lo consentía. Ella se había dado cuenta que le gustaba mirar, bueno, llegó a pensar que le gustaba más mirar que hacerlo. Le había enseñado a su hijo todo lo que ella sabía sobre el sexo, que no era poco, y el satisfacía con creces.

    Se retrasó un poco para ponerse a la par de Dentel y comenzó a hablar con él. El camino era estrecho y a veces se rozaban con sus cuerpos. Ella había dejado su escote más generoso para que Dentel admirara sus prominentes tetas. De vez en cuando, él la sujetaba de la mano o la cintura para cruzar alguna zona más angosta. Una de las veces, Sira se paró, algo inclinada, al sentir muy cerca de Dentel. Esto provocó que el muchacho pegará su pelvis al culo de la mujer. El sintió más excitación de la que ya iba generando su cuerpo cuando le miraba las grandes y voluminosas tetas. Ella dejó que se restregara unos segundos contra su culo.

    – Esconderos, que se acerca gente! Gritó Jonás en forma de susurró. Todos subieron hacia la ladera para alejarse del camino quedando desperdigados. Dentel por un lado con Sira. Por otro, Teodon ayudaba a Sahara y Jonás se había quedado más adelante. Se agacharon entre las rocas a unos cincuenta metros del sendero, ocultándose de la gente que se acercaba. Pudieron ver cuatro siluetas entre los árboles, que se detenían en el sendero a la altura en la que estaban ellos. Parecían todos hombres, pero no se les distinguía bien. Todos consideraron que lo mejor era permanecer ocultos. Inclinados tras una roca, Dentel había puesto su mano sobre la espalda de Sira mientras atisbaban por encima. Ella acercó su cuerpo más al de el.

    – Parece que se han detenido! Susurró Dentel.

    – Si, será mejor que esperemos a que se vayan. No nos podemos fiar de nadie! Dijo ella mientras pasaba su mano tras la cintura del muchacho poniéndole más a la vista sus hermosas tetas. El no pudo evitar mover la cabeza y mirarlas.

    – No tenemos prisa, y aquí estamos bien escondidos… de todos! Dijo ella con una sonrisa pícara mientras hacía una pausa a mitad de la frase para darle más énfasis. Ella le miró a los ojos bajando más su mano hasta llegar a tocarle el culo a la vez que giraba más su cuerpo para ponerse algo más de frente a él. Dentel estaba nervioso y no sabía qué hacer. Ella abrió algo más el escote de su vestido mostrando casi sus tetas por completo. Dentel solo las miraba, tenso y expectante, hasta que sintió la mano de Sira posarse sobre su entrepierna.

    – Creo que tendremos que pasar aquí un buen rato! Que tal si lo aprovechamos? Dijo Sira mientras manoseaba el miembro de Dentel por encima del pantalón. Él ya no dudó más, acercó su boca a las voluminosas tetas y comenzó a chuparlas buscando los gruesos pezones. Sira le dejó hacer mientras le desabrochaba el pantalón. Dentel encontró los grandes pezones con sus labios y comenzó a chuparlos con deseo. Pasaba la lengua por ellos llenándolos de saliva y después los succionaba con fuerza.

    – Así, asiii! Susurró ella mientras le masajeaba el miembro.

    – Me gusta que me los chupen fuerte, como si me fueras a sacar leche!

    Dentel nunca había visto unas tetas tan grandes y las apretaba y chupaba con un deseo desbordado. Ella le cogió una mano y la llevo hasta sus piernas levantando la parte baja del vestido. Dentel comenzó a pasar los dedos por la maraña de bello negro que sentía entre los muslos de Sira. Ella fue acercando el miembro a sus piernas hasta que sintió el capullo hinchado contactando con los grandes labios de su coño. Lo restregó varias veces hasta sentir que sus carnosos labios se le abrían.

    – Te gusta? Susurró ella al oído de Dentel mientras él no dejaba de mamarle las tetas como si fuera un bebé con hambre de dos días. Dentel asintió con la cabeza sin dejar de chupar. Sira sentía esas succiones que parecía que le iban a arrancar los pezones, pero eso era lo que le gustaba. Sira hizo que el capullo del muchacho penetrara en su coño incitándole para que moviera las caderas. Era una sensación agradable y excitante, sentir como ese duro capullo entraba y salía. Ella se movía de tal forma que provocaba que a cada entrada el capullo arrastrará su clítoris que era realmente grande. Con su hijo lo había probado todo y esto era una de las cosas que le gustaban para ponerse muy guarra. Con su marido ya apenas sentía nada, se corría demasiado rápido y ella siempre se quedaba en los inicios. Con su hijo era diferente. El potente muchacho era capaz de correrse y seguir follándola haciendo que ella se corriera varias veces. Recordaba que una vez se corrió cuatro veces seguidas sin que sacará la polla. Tuvo que pararle pues se había quedado sin aliento. A veces le dejaba que se la follara por el culo cuando ella se había corrido un par de veces, y comprobaba lo cerdo que se ponía el muchacho embistiéndola por detrás y eso a ella le provocaba un placer animal. Quería dejar a Dentel satisfecho y con ganas de repetir. Cuando llegaran a Irenat, podrían cambiar las cosas con su hijo y quizás necesitaría de Dentel. Después de un par de minutos disfrutando del capullo de Dentel rozando su clítoris, le retiró un poco a la vez que le susurraba.

    – Te pondré la polla a punto!

    Se agachó y agarrándose sus dos grandes tetas puso la polla entre ellas. Comenzó a amasarlas con el gran rabo en su centro mientras pasaba la lengua por el capullo. Notó como el muchacho jadeaba, sabía que estaba provocándole una buena excitación para que luego se la follara con más ganas. Poco a poco, pasó de las lamidas a las chupadas. Sus labios grandes y carnosos succionaban la polla a la vez que entraba y salía de su boca. Con una mano masajeaba sus huevos, con la otra le sobaba y le daba apretones al culo. Dentel se estaba volviendo loco cuando sintió cómo todo el miembro penetraba en la boca de Sira y desde luego esa mujer si que sabía cómo hacer una buena mamada. El de su hijo era más grueso y el de Dentel le costó menos. El duro capullo llenaba parte de su garganta y esto producía una sensación de placer al muchacho que no pudo reprimir. La agarró del pelo y comenzó a tirar de el como si fuera la crin de una yegua. Ella percibió que estaba cerca de correrse y sacó la polla erecta de su boca. Dentel protestó.

    – Por que paras joder!

    – Tranquilo! – dijo ella limpiándose los labios – Quiero que disfrutes más tiempo!

    Se incorporó y le besó suavemente en los labios.

    – Esto también te gustará! Susurró dándose la vuelta a la vez que se inclinaba subiéndose el vestido hasta la cintura. Dentel miro el hermoso culo, era grande, redondo y relativamente duro. Puso sus manos sobre el, lo tocó, lo amasó y lo apretó con deseo. Agarro su polla, que parecía que iba a estallar. La tenía tremendamente dura y se notaban las venas hinchadas de una forma ostentosa. El bello oscuro del coño de Sira afloraba entre sus muslos. Dentel buco la apertura apretando con su polla, y el capullo hinchado y duro encontró los carnosos labios del coño. Apretó hasta penetrar entre ellos y sintió como su polla se hundía entre la mullida carne. Sira dio un largo suspiro al sentir toda la penetración. – Ummm!! Que delicia dijo en un tono apenas audible. Dentel se agarró a las grandes caderas y comenzó a bombear con su polla.

    – Despacio, despacio!! Quiero disfrutarla bien antes de que me llenes de leche! Susurró ella abriendo mas las piernas. Dentel obedeció y comenzó a penetrar lentamente. Su polla entraba y salía despacio y Sira comenzó a sobarse sus grandes tetas.

    – Así, asiii! – susurró ella – Aprieta fuerte para que llegue bien dentro!

    Dentel iba haciendo todo lo que le decía. Sentía su polla al límite pero no llegaba a correrse. Los movimientos lentos le permitían retener la leche.

    – Escupe en mi culo y méteme un dedo! Dijo de pronto Sira sorprendiendo a Dentel.

    – Venga, hazlo! Eso me gusta mucho! Le animó Sira.

    Dentel le escupió y metió la punta de su dedo índice haciendo que se abriera el hermoso culo.

    – Masss, masss! dijo ella – El dedo entero!

    Dentel siguió moviendo su dedo hasta que penetro entero en el culo. Noto como este se abría notoriamente. Ahora metía su polla en el coño y el dedo en el culo a la vez. Sentía jadear a Sira intentando amortiguar el sonido. Cuando el culo de Sira se había dilatado ella le pidió más.

    – Mete dos dedos!

    Ahora Dentel no dudó. Metió dos de sus dedos hasta que hicieron tope los nudillos.

    – Ufff!! – suspiró Sira – Vamos, vamos!! Métemela fuerte! Quiero sentir toda la estaca dentro! Estoy a punto de correrme!

    Dentel empezó a embestir con fuerza, más deprisa, sin dejar de meter y sacar los dedos del culo. Todo el voluminoso cuerpo de Sira se movía como un flan. Comenzó a gritar con sonidos guturales intentando ahogarlos. Dentel ya no pudo más. Noto como su polla reventaba en el interior de Sira. La leche empezó a manar mientras ella intentaba que sus gritos de placer no se oyeran. Todo su cuerpo tembló como si la estuvieran agitando alocadamente. La leche comenzó a caer por sus muslos cuando el coño se desbordó. Dentel siguió embistiendo hasta que su polla soltó la última gota.

    – Joder chico, que bien me has follando! Tienes la polla como una estaca! Hacía tiempo que no me corría de esta manera!

    Dijo Sira dándose la vuelta. Agarró la polla mojada de Dentel y se la metió en la boca todavía dura y la chupo un buen rato hasta dejarla seca.

    – Creo que lo vamos a pasar bien en este viaje!

    Fueron las últimas palabras de Sira con las comisuras de los labios chorreantes.

  • Sometida y feminizada (segunda parte)

    Sometida y feminizada (segunda parte)

    Cuando dejo de salir leche de mi culito, volví a mí, caí en cuenta que estaba con mi amiga travesti, ella me tiene atada y feminizada, me tiene sometida y yo disfruto como nunca, cuando vuelvo en mi ella me libera de mis ataduras y me dice que debía quedarme así toda sucia como la puta que era, que debía quedarme cochina como la perrita caliente que era, entonces me ordeno cambiar mis pantis y mi pijama por un vestido rosado, mientras lo hacia ella se cambió a su vez y se puso un vestido rojo muy pegado, yo la miraba y sentía como me volvía a excitar toda y aunque ya se estaba haciendo tarde esperaba con ansias la nueva aventura que ella tenía planeada. Una vez vestidas ella me volvió a maquillar y arreglar, esta vez de forma más llamativa, luego coloco música y mientras bailábamos muy pegadas me fue diciendo que lo que quería ahora era llevarme a la cama y que jugáramos a que ella me comía como a una señorita, yo muy excitada por la propuesta acepte sin dudarlo y después de bailar un rato y tomarnos un par de tragos fui llevada de la mano a la habitación. Allí había más cosas de las que me había imaginado, así no más pasar la puerta volví a tener un collar de perra en mi cuello con la cual me guio para ponerme boca arriba y con las piernas en mis hombros, muy abiertas y atadas a la cama, también ato mis manos hacia arriba y me puso una almohada debajo, así tenía mi culito bien dispuesto para ella, como me había dejado la ropa interior femenina tenía unas hermosas pantis de encaje rosadas sobre mi culito, ella las toco haciéndome gemir y rogar que me metiera su colita en mi culito, me dijo que primero quería hacer algunas cosas, lo primero fue quitarse sus pantis y meterlas muy mojadas en mi boquita, luego fue por un juguete erótico y una fusta, el juguete era un dildo algo grueso de esos que se quedan adentro del culito, primero lo metió en mi boquita sacando las pantis primero y después de que lo chupe y lo deje lleno de saliva corrió mis pantis y lo metió en mi culito, ante mis gemidos volvió a meter sus pantis en mi boquita, cuando lo tuve todo adentro saco las pantis y se colocó encima de mí para poner su colita en mi boquita, la metió y la sentí muy dura y caliente, palpitaba de lo caliente que estaba, comencé a chuparla como una buena señorita y entonces comenzó a pegarme en mi nalguita con la fusta, yo gemía del placer y chupaba, gemía otra vez y mientras ella me decía que era una puta, una perra seguía metiendo su verga en mi boquita y dándome con la fusta en mis nalgas, cada vez era más fuerte y yo gemía más y más hasta que sentí que me mojaba toda, me moje toda sin tocarme, dejando las pantis muy mojadas, ella lo noto y dejo de darme nalgadas, luego saco su verga de mi boquita y se movió para cambiar de posición, primero saco el dildo de mi culito y luego metió su colita toda de un solo empujón, yo seguía en las nubes, mojada y todavía muy excitada, y cuando la sentí entrar gemí y mientras lo hacia volví a estar súper excitada.

    Ella apenas lo tuvo adentro de mi culito comenzó a comerme toda, me lo metía todo hasta el fondo y yo solo podía sentirme como una mujer al tener ese rico pene adentro de mi culito, así todo duro, caliente y palpitando dentro de mí, ella me monto así un rato mientras yo gemía y decía que si a cada una de sus preguntas humillantes y obscenas, así comida me hizo declarar que era una puta, que me encantaba ser comida por mi culito, que adoraba el sabor del semen y me encantaba recibirlo en mi boquita desde una verga, también me volvió a dar nalgadas mientras me trataba como una sumisa, luego desato una de mis piernas y sin sacar su verga de mi culito me quito las pantis mojadas y las metió en mi boquita, yo chupe mi lechita obediente mientras ella me comenzó a humillar más fuerte tratándome como una señorita sucia y cochina, dándome nalgadas que debía agradecer asintiendo con mi cabecita y preguntando todo tipo de cosas humillantes que debía contestar solo con mi cabecita pues tenía mi boquita ocupada con las pantis y en algunos casos con sus dedos.

    Luego de humillarme y comerme así con las piernas abiertas y boca arriba ella me volteo y como seguía amarrada termine con mi culito levantado y casi en cuatro piernas como una perrita ella volvió a meter su verga por mi culito y siguió montándome como una hembras hasta que sentí como su verga se ponía más dura, más caliente y entonces sentí como se venía en mi culito, como me llenaba de leche y me dejaba preñada como una hembra en celo, me sentí muy caliente, muy sumisa mientras ella dejaba cada resto de su leche en mi culito, me encanto sentir como me aplastaba mientras se venía y me quede quietica como una buena sumisa hasta que termino y después de descansar un momento sentí como se levantó sacando su verga mi culito, las luces de una cámara y la sensación de su lechita saliendo de mi culito y bajando por mis piernas me revelo que ella disfrutaba del espectáculo que le daba mi culito abierto y comido mientras yo seguía sometida, atada y muy excitada. Luego de soltarme las piernas y las manos dirigiéndome siempre para que no me diera vuelta me coloco unas pantis de encaje blanco con una toalla femenina y ya con ella puesta me indico que me pusiera de pie, cuando lo hice note que aunque tenía las manos y los pies sueltos seguía llevando pulseras y tobilleras para atarme, también seguía con el collar de perrita que me había puesto y con mi vestido, el cual acomode bien mientras me ponía de pie para ella, cuando lo logre note que mis piernas temblaban y comencé a sentir como salía leche de mi culito y mojando la toalla femenina me mojaba toda entre las piernas.

  • El profe (capítulo 3)

    El profe (capítulo 3)

    Recién duchado, con el semblante alegre y vestido con ropa muy ligera, así me encontré cara a cara con mi exesposa. Claro que ella no sabía que también estaba con un par de mujeres más jóvenes bañándose juntas dentro del departamento. Mantuvo su inexpresiva cara y me habló:

    — Hola Carlos, necesito recoger un poco de ropa de verano para Durance, dejamos aquí unas prendas embolsadas que mi madre le compró algo grandes. ¿puedo pasar a recogerlas?

    — No, no puedes. Buenas tardes, Mercedes, te recuerdo que debes llamar antes de acercarte a esta propiedad, nuestras normas de conducta así lo estipulan, ni siquiera debemos mantener comunicación.

    — ¿Crees que no lo sé? tampoco tengo interés en acercarme o comunicarme contigo, solo quiero esa ropa y me marcharé.

    Sentía que me ardía el estómago, ya había puesto ese semblante de desprecio que tantas veces le había visto. Si alguien en este mundo me consideraba menos valioso que una cucaracha era ella. Quería cerrar la puerta y dar por concluido el asunto, pero preferí mantenerme como alguien racional.

    —Bien, sé dónde están esas bolsas, aguarda aquí —le contesté, pegando la puerta y dirigiéndome a mi dormitorio e ingresando al baño, encontrándome a mis dos angelitas enjabonándose la una a la otra mientras que se susurraban algún chisme.

    —Hasta que les avise no salgan del baño por favor, tenemos visita —dije en voz baja, sonriendo y pegando mis manos en forma de plegaria. Ambas se llevaron los dedos a la boca para hacer la típica señal de silencio, solo que luego de soplar se chuparon el dedo de forma sensual. Cielos con solo eso sentí mi falo volverse a despertar.

    Cerré la puerta del baño, cerrando también la puerta de mi cuarto para amortiguar el sonido del agua cayendo. Sin embargo, al salir vi a mi ex en la sala, sentada cómodamente en el sillón y revisando la botella de Whisky que aún permanecía en el lugar.

    —¿Conque ya estás en tus andadas no? —dijo, levantando la botella para que pudiese ver mejor su hallazgo.

    —Te pedí claramente que no ingresaras —le contesté con sequedad— Y deja eso donde lo encontrarse.

    Ella bajó la botella al piso, para luego levantar ambas manos vacías, como indicando que ya no tenía nada en ellas. Ingresé rápidamente con una bolsa al que alguna vez fue el cuarto de mi hija, tomé la ropa que aún conservaba de ella, y las prendas por las que me estaban visitando, para regresar inmediatamente. Logré ver que ella tenía su móvil en la mano, y acababa de tomar una foto a la botella en el piso junto a un hilo dental color negro, parte de la ropa de Daniela que, de seguro, pasé por alto en mi limpieza.

    —¿Qué demonios se supone que haces? —dije casi gritando.

    —¿Te vas a poner violento? —me dijo amenazándome— ¿has bebido no? —continuó— ¡Atrévete a hacer algo para terminar de enterrarte! ¡No podrás ni siquiera contratar zorras!

    Me tenía contra las cuerdas, el carácter explosivo de ella era algo a lo que yo le tenía pánico. Aunque mi ex no tenía por qué acercarse a mí, siempre había logrado trastocar las cosas para ponerlas en mi contra. No me atreví a moverme, solo estaba allí parado con la bolsa en la mano sin saber qué hacer.

    Ella se paró, con enorme frialdad levantó la palma de su mano como apuntando al cielo y se dio a sí misma una tremenda bofetada. Horrorizado me di cuenta lo que estaba haciendo ¡Se estaba autolesionando! No sabía cómo reaccionar, si me acercaba tal vez empeoraría todo, mientras tanto ella levantó la otra mano para hacer lo mismo, pero algo la frenó, no me miraba a mí, sino que miraba más allá.

    —Que esta vez sea más fuerte —dijo Angy desde mi espalda, acercándose hasta quedar junto a mí, allí pude ver que estaba grabando con su celular la escena que estaba montando mi ex— ¡Vamos! ¿No pensaba volver a abofetearse? —la retó, el momento era muy tenso.

    Mi exesposa se quedó paralizada, no esperaba ese desenlace. Me acerqué procurando quedar en la toma de la cámara y dejé las bolsas en medio de la sala.

    —Toma la ropa y márchate por favor.

    Ella no despegaba la vista de Angy, su boca se volvió una fina línea, caminó un poco, tomó las bolsas y se dirigió a la puerta, abrió y salió. Esperé a escuchar el sonido de los pasos en los escalones alejarse, cerré la puerta. Angy pausó la grabación, nos miramos y pudimos respirar tranquilos.

    —¿Cómo pudo haberse casado con esa mujer? ¡es una enferma! —dijo Daniela saliendo del cuarto y acercándose a nosotros.

    —Angy salvaste el día, muchas gracias —le dije, sintiendo la garganta seca, muy seca.

    —No se preocupe Profe, guardaré el video por si lo necesita, ¿nos hemos ganado un premio? —me dijo coqueta, como para olvidar el mal momento vivido.

    —Claro que si mis primores— contesté, agachándome y cogiendo la tanguita de Daniela para entregársela.

    El pedido de comida llegó al poco tiempo de haberse marchado mi ex. Serví los platos y almorzamos charlando y riendo, ellas se esforzaron en distraerme. Durante el resto de la tarde no se volvió a tocar el tema, incluso me ayudaron a limpiar y ordenar un poco.

    Fresca como una lechuga mi bombón me dijo que tenía que irse, le ganaba la hora y no quería levantar sospechas, la dejé charlar un rato a solas con Angy, luego ambas cogieron sus cosas y, cambiadas con su ropa deportiva, se turnaron para abrazarme y despedirse.

    —No se nos vaya a poner triste ¿sí? —me dijo Angy, con mucho mimo.

    —Profe tal vez necesite clases de recuperación durante la semana —se despidió Daniela, con un beso tipo pico, juguetona.

    La perspectiva de lo vivido me generaba un enorme torrente de emociones, por una parte, tuve sexo loco con dos jóvenes, por otra, un innecesario y muy dañino encuentro con mi exmujer que por poco y me genera más problemas, suerte que la China pensó rápido en una salida al problema.

    «¿Qué hago?» y «¿Qué quiero hacer?» eran dos preguntas rondando mi cabeza, tumbado en mi cama mientras recién oscurecía me puse a pensar en cosas que he hecho. Profesionalmente soy muy apto, en lo físico prometí cuidarme un poco más, y en lo sexual quería compartir un vínculo especial. No necesariamente amoroso, pero si algo con Daniela para que ella pudiese decir «él me lo hizo». Entonces como revelación divina recordé a Angy en la pose de perrito, y en la confesión de Daniela de no haber tenido sexo anal hasta ahora. Me propuse como escalón en mi vida inaugurar ese ojete, ese sería mi objetivo para seguir adelante.

    El abrirle la colita a una mujer no es cosa de juego, si se quiere hacer, y hacerlo generando placer se debe de tener paciencia y los instrumentos necesarios, además de confianza, claro está.

    Recordé mi primera experiencia por ese camino, fue con una amiga con derechos, un pedazo de mujer, que no tenía la carita más bella, pero sí las nalgas más redonditas y paraditas (con excepción de Daniela) que yo recordaba. A ella le gustaba el grosor de mi verga, siempre me lo comentaba, la hacía sentirse “llena”. Quería que le abriera la colita, pero con nuestra poca experiencia, de meterle la cabeza no pasábamos. Solía ocurrir que ella se ponía tensa y yo me desesperaba por empujar, pues ver a un trasero ser partido a la mitad por la polla de uno lo incentiva como no se imaginan. Junto a ella descubrí los sex-shop y sus juguetes del placer, solo que llegó su momento y cada uno tomó su camino, aunque la recuerdo con cariño. Así que me levanté de mi cama, me estiré un poco y me puse un buzo completo, para poder ir, después de casi diez años, a un sex-shop.

    Como aún estaba un poco alcoholizado evité utilizar mi vehículo. La noche era relativamente fresca, así que salí caminando y tomé un bus rumbo al centro. La sensación era extraña, no podía esperar a ver qué novedades ofrecían las tiendas, comprar algunos juguetes e incentivar a Daniela a utilizarlos. Pero ¿y si se negaba a utilizarlos? ¿si no era su estilo? Eso me dejó pensando. Mi enana era definitivamente una mujer de mente abierta, traviesa y muy golosa, pero tampoco era que la conociese por completo. De cualquier forma, me daría el gusto de intentarlo. Como me propuse, abriría ese pequeño ojete, y haría que ella disfrutara el proceso. Quería que por sí sola pidiese ser taladrada, que lo gozase. Ese era mi objetivo.

    Pronto los centros comerciales y tiendas diversas se hicieron comunes, la zona estaba aún plagada de visitantes, caminé hacia una calle aledaña y me encontré con diversos letreros, algunos de neón, con el clásico SEX SHOP, junto a tatuajes y piercings. Estas tiendas no estaban simplemente a la vista, sino que se tenía que subir al segundo nivel del edificio para poder acceder a ellas.

    Escogí una y subí, pese a todo volví a sentir que acceder ahí estaba mal, un pensamiento tonto de no querer que a uno lo vean ingresando a ese tipo de lugares. Descarté esas ideas absurdas, era un adulto, un adulto fornicador y deseoso de adquirir juguetes para un oscuro y muy prieto propósito.

    —¡Bienvenido! — me dijo una chica casi gritando, era quien atendía el local, que por cierto estaba vacío, lo curioso es que ella vestía un disfraz de enfermera sexy, que para su delgado cuerpo le caía muy bien.

    —buenas noches señorita, quisiera…

    —¡Tenemos de todo señor! ¡lubricantes! ¡dildos! ¡juguetes de todo tipo! —continuaba, muy emocionada, hasta cierto punto me causaba gracia.

    —No, verá estoy buscando un dilatador anal.

    —Mmm, tenemos variedades en diseño y tamaño ¡ya verá! —dicho esto ingresó un poco y me llevó a una vitrina. Mientras me conducía pude fijarme en que su falda apenas le cubría las nalguitas. Podría ser delgada pero la chavala tenía lo suyo. —¿Es para un recién iniciado o alguien ya experimentado?

    —Para una amiga a la que quiero abrir, o sea iniciar.

    —Tengo este modelo de bolas anales, estas más redonditas o estas tipo píldora…

    Me sentía en una pastelería, cada objeto que me mostraba la vendedora era transportado en mi mente, imaginando como sería utilizarlo con Daniela. Hubo un modelo especial que me llamó la atención, las esferas en degradé parecían de plástico liso, unidas por una tira de silicona, pero la bola más grande, la final tenía un grosor similar al de mi falo, con un tope para que no se atore, rematado en una tira de pelos, imitando a una cola de zorro, era el juguete indicado.

    Compre diversas cosas adicionales, una licra sensual con orificios para poder penetrar sin tener que sacar la ropa. Un traje de diabla, de rojo fuego que me encantó, un buen pote de lubricante, un pequeño dedo de goma con su correa para ser fijado todo el día. Vamos, llevé un arsenal.

    La vendedora agradeció las compras, me cayó muy bien por su destreza, además de tener carita de traviesa, al final me pidió que regresara a contarle que tan bien me habían servido sus productos.

    Mientras caminaba rumbo a tomar el bus de regreso a mi casa me percaté que diversas personas volteaban y se seguían con la mirada mientras caminaba, no le di mayor importancia hasta que una voz me hizo detenerme.

    —Hola campeón —me acababa de saludar Fiorella, mi colega que salía de una pizzería con una caja de pizza en la mano.

    —Hola Fiorella, que gusto verte ¿hoy cenarás pizza? —le dije radiante, ella también vestía buzo, uno un tanto holgado, al parecer para disimular sus prominentes pechos.

    —¡Oh por dios! —dijo, quedándose parada mirando mis compras. Resulta que la bolsa era semitransparente, y los juguetes sexuales estaban a plena vista de los transeúntes.

    Sacó la bolsa que protegía la caja de pizza y me la entregó, yo rápidamente acomodé mis compras, escondiéndolas de la vista.

    —Lo siento, es que…

    —Tranquilo, no me cuentes, nos vemos —Respondió seria.

    —Cuídate, y no es lo que parece.

    —No tengo nada contra la gente gay, es solo que no me lo esperaba. Nos vemos en la universidad amigo —y se marchó.

    No me dio tiempo de decir nada más, ella caminaba rápido, me había comentado alguna vez que vivía por el centro, aunque las cosas se habían prestado para un terrible malentendido. Por último, me reí de la situación y seguí mi camino.

    El regreso fue tranquilo, tuve cuidado de no sacar mis comprar para irlas viendo en el bus, bajé y caminé a casa, en la fresca noche se me antojó comer un poco de helado. Entre las compras que había hecho tenía un litro de helado con galletas picadas aguardándome. En esas cavilaciones estaba entretenido cuando llegué a mi condominio. En las escaleras de ingreso encontré a Angy sentada, con la cabeza entre los brazos. Parecía llevar buen rato esperándome.

    —Chinita ¿qué pasó? —le pregunté.

    —Hola profe, me cancelaron mi viaje, busco hotel por hoy.

    —Ya veo, conozco un hotel cercano, pero creo que cobran muy caro —bromeé con ella.

    —No tengo dinero… pero creo que podría pagar de otra forma —entró ella en la broma, dándole segundo sentido a sus palabras.

    —El casero es muy duro y firme —le dije— te hará trabajar y sudar como no te imaginas, es probable que hasta salgas cojeando del hotel.

    —Me las ingeniaré para aguantar bien a ese casero, puede que hasta le saque el jugo —con eso ya me había terminado de excitar.

    Me agaché y con amabilidad le di un beso en la mejilla, la tomé de la mano y la hice levantarse, cogí su maleta como cortesía, a cambio ella se ofreció a llevar la bolsa de pizza que cargaba. Subimos hacia el departamento e ingresamos.

    —¿Quién va de compras con una bolsa de pizza? —me dijo divertida, aún si adivinar el contenido de la bolsa.

    —Solo alguien bien loco.

    Ingresamos y nos acomodamos en la mesa tipo isla, le ofrecí una bebida, tomamos algo de gaseosa y comimos los piqueos que aún quedaban. Charlamos buen rato. Un secreto si quieres caerle bien a una dama es ser un buen oyente, y yo lo era.

    Me enteré de que ella era enfermera, llevaba un tiempo trabajando para el estado en un distrito rural a varias horas de viaje, y cada cierta cantidad de días le permitían viajar a la ciudad, por ello no era común que visitara a Daniela. Me contó cosas de su familia, de ciertos problemas económicos, males de amores, entre otros. Pronto volvimos a servirnos whisky, ella hablaba porque necesitaba desahogarse, y a mi me estaba gustando conocer cada vez un poco más de ella.

    —Te puedo confesar algo —le dije.

    —Claro, lo que quiera profe —me respondió sonriendo.

    —Desde que vi tu colita me tiene intrigado si podrás aguantarme.

    —Casi me parte a la mitad hace unas horas.

    —Vamos, te vi, creo que con algo de cuidado podría ponerte una buena inyección.

    —No lo sé… podríamos intentar…

    No la dejé pensar más, me junté a ella y le di un beso. Su pequeña boquita era una delicia, estaba algo helada por la bebida, pero pronto tomó temperatura y se volvió muy receptiva jugando con su lengua. Le dediqué tiempo a acariciarla, a rozar con ligereza su cuerpo, aún vestía la ropa deportiva con la que se había marchado en durante la tarde. Quise tomarla por la cintura, pero ella me bajó las manos a la altura de sus nalguitas, dándome a entender lo que quería.

    —Hazme tuya —me susurró.

    La volteé y puse sus manos contra la mesa, le hice a un lado el cabello y le mordí el cuello, subiendo hasta la oreja para luego bajar hasta donde empezaban sus hombros. Mientras tanto me había bajado lo suficiente el pantalón para sacar mi pedazo, que puse sobre su licra, hundiéndola entre las nalgas, para que la sienta, sin que se la pueda meter. Llevé mis manos a partes opuestas, una jugueteaba con sus pechos, mientras que la otra se metía entre sus piernas. Ella estaba excitadísima. Pegaba su culito hacia mí, para sentirme más, movía la cola a los lados y soltaba pequeños gemidos.

    —Señorita enfermera, creo que le voy a poner una gran inyección.

    —¿me dolerá Doc?

    —Te haré gozar bebé.

    Se volteó y volvió a besarme, agarró mi verga y poniéndose de cuclillas me la empezó a ensalivar. Era una golosa, no parecía que esa boquita pudiese abrirse tanto, esperaba que su orificio de atrás también fuese así de elástico.

    —Te voy a dar un poco de anestesia —le dije, tomando la botella de whisky y vertiendo ligeros chorros en la base de mi poronga, ella gustosa empezó a beber del tronco y de la cabeza. Sin darme cuenta le di más de lo que pensaba, pero ella encantada seguía mamando.

    Mientras estaba en eso moví lo que había en la mesa y decidí premiarla. La tomé de los brazos y la senté en la mesa, le quité el pantalón casi de un tirón, le tomé una de sus esbeltas piernas y la empecé a besar, desde la pantorrilla fui avanzando, jugando con mi lengua, luego pase a sus muslos, tersos, firmes y lisos, me acercaba al centro y justo cuando parecía que llegaría al medio, me alejaba rumbo al otro muslo, ella gemía entre excitada y desesperada. Finalmente le empecé a lamer los labios, los separé y jugué con el clítoris, cada caricia era acompañada por sus movimientos de cadera y gemidos de placer. Ella se dejó llevar, apretó mi cabeza entre sus piernas y tuvo un orgasmo exquisito.

    Se tumbó en la mesa, subí con pequeños besos hacia su ombligo, su vientre era plano, muy bello, continué a los pechos y volví al cuello, la jalé con cuidado para pararla.

    —Ahora viene lo bueno —le dije.

    Me miró entre excitada y asustada, abrí la bolsa de juguetes y saqué un antifaz con los ojos tapados, se lo puse y la dejé sin saber qué más planeaba para ella.

    —¿Vas a ser una nena buena?

    —Si.

    —¿Si qué?

    —Si profe.

    Estaba a mi merced, tenerla sin poder ver me excitaba muchísimo, pero aumentaba en ella también cada sensación que pudiese causarle, le apreté un pezón y ella dio un salto. La tomé de una orejita y la conduje a nuestro sillón favorito, la hice arrodillarse en el cojín y apoyé su cabeza contra el respaldar, con lo que su colita quedó expuesta.

    Ajusté la luz de la sala a lo necesario para poder disfrutar la vista, ella estaba muy mojada, se notaba que disfrutaba ser sometida. Tomé mi bolsa de regalos y saqué un poco de lubricante, lo destapé y con precisión le hice caer una gota en el ojete, ella instintivamente cerró las nalgas, pero de una nalgada, no muy fuerte, pero si sonora la hice aflojar, ella gimió, le seguía gustando el juego. Tomé sus glúteos con mis manos y se los masajeé, con mi pulgar hinque su culito, le esparcí el gel y para mi asombro se comió con facilidad el dedo entero. Se lo metí y saqué, ella gustosa se agachó más. Le metí el dedo del medio y también ingresó con facilidad. Le coloqué más gel mientras jugaba con su colita.

    —Hasta ahora estás aprobada.

    —Gracias Profe —me dijo sonriendo.

    Saqué las bolas, las lubriqué y coloqué la más pequeña justo en la entrada de su ano.

    —¿Mi alumnita sabe contar?

    —Si Profe.

    —Entonces cuenta —le dije, mientras introducía la pequeña, del tamaño de mi pulgar.

    —Uno —dijo, luego le fui introduciendo las demás— dos… tres… aaah… —parecía que ya había cierta resistencia, pero le habían entrado tres de las seis.

    Le acomodé la verga en medio de los muslos, se la froté con delicadeza por su lado interno, ella sabía qué le estaba restregando, y por un momento olvidó su culito, por lo que le metí otra.

    —Cuatro… ohhhh…

    Ahora solo quedaban las dos más grandes, así que le lamí toda la espalda de arriba hacia abajo, dándole pequeños mordiscos algo dolorosos, le besé las nalgas e introduje una esfera más.

    —Cinco… ohhh santo cielooo…

    Había arqueado un poco la espalda, signo de dolor. Necesitaba mantenerla excitada, así que bordeé el sillón y le acerqué mi pinga en la cara, ella como una posesa empezó a mamarla, succionando, pidiendo leche.

    —No… no bebé, aún no —Le dije quitándosela de la boca— ábrete las nalgas —le ordené, y ella obedeció, empujándole la ultima esfera, que terminaba en una cola de zorra.

    —¡Seis! —dijo extasiada.

    Me puse tras ella, la nalgueé y acomodando mi falo se la metí en la vagina. Ella dio un sobresalto y se dejó penetrar, lo disfrutó, estaba fuera de sí. La cogí de la cola de zorra y le di pequeños tirones y empujones mientras la bombeaba, forzando a su anito a tener sensaciones de todo tipo. Ella juntó sus piernas y las cruzó, me apretó fuerte la verga con sus nalgas teniendo un tremendo orgasmo, con calambres y hasta dejando salir un grito.

    Salí de ella, tomé de mi bolsa un frasquito pequeño y vertí el líquido en mis palmas, se trataba de aceite para el cuerpo, de agradable fragancia, le froté la espalda con delicadeza, ella seguía ofreciendo la cola, le froté las nalgas y las piernas con el aceite. Ella quedó brillando, ante la tenue luz se veía fantástica.

    —Ahora te toca gozar chinita.

    —¿aún más? —me dijo, con las mejillas rojas y una leve sonrisa en la cara.

    Saqué una por una las bolas, y su ojete quedó abiertito, expuesto, vulnerable. Me lubriqué la poronga y le acomodé la cabeza en su anito. Empujé un poco y le metí la cabeza entera. Ella quebró más la espalda, para facilitar mi entrada. La tomé de las caderas y le empujé un poco más de verga, le entró casi hasta la mitad, pero ella ya se había puesto tensa, le di un par de nalgadas y volvió a aflojarse.

    —¿Te gusta la inyección?

    —Si… Si profe…

    Moví las caderas y le metí otro tanto más, ella me apretaba fuerte, mi pedazo palpitaba en su interior, lubriqué un poco más.

    —La sientes.

    —Si, la siento, toda—me contestó con la voz entrecortada.

    De una vez se la terminé de meter, hasta la base, ella lanzó un pequeño gritito, pero no se opuso.

    —Ahora sí la tienes toda ¿te gusta?

    Pero solo gemía, me movía un poco y ella gemía más, hice ligeras metidas y sacadas, rociando lubricante alrededor de mi pedazo. De pronto ella comenzó a acompasar mis metidas y sacadas con sus propios movimientos.

    —Si que te gusta ¿no? —le dije— confiésalo.

    —Siiii… ahhh…

    Ahora se movía más y más, ya se había adaptado a mi verga y se estaba taladrando solita. Había entrado en modo zorra completa. Se la sacaba aún más, solo para volverla a clavar, ella aguantaba las embestidas y hacía soniditos de dolor y placer muy estimulantes.

    —Te gusta duro, duro por el culo.

    —¡SI! ¡AHH!

    —¿Cómo te gusta?

    —¡DURO POR EL CULO!

    Estaba casi en mi límite, excitadísimo con el que probablemente era mejor sexo anal de mi vida. Me agaché y, tomándola por las piernas, la levanté en el aire, con su espalda chocando con mi pecho, y ella principalmente apoyada en mi verga bien introducida en su culito. La hice saltar unas cuantas veces más, la penetré hasta el tope y dejé salir toda mi leche en su interior, mi pedazo se hinchaba con cada nuevo chorro que le soltaba, fue una corrida tremenda, pese a tenerla clavada hasta el fondo un poco de leche rebalsó y salió de ella. Sin sacársela me senté en el sillón, ella seguía bien clava y muy quieta, sentada sobre mí, con su espalda apoyada en mi pecho, respirando agitada.

    La abracé, acariciándola y susurrando lo bella que era. Le quité el antifaz, ella volteó y con algunas lágrimas en los ojos me dio un beso, le correspondí, dejándola descansar. Le propuse ir a darnos un duchazo.

    —Esa inyección me dolió —me dijo bromeando, haciendo un puchero.

    —Ya te acostumbrarás —le contesté sonriendo.

    Pasé el resto de la noche con ella, charlamos un poco más y dormimos profundamente. El domingo la consentí cuanto pude, pues viajaba temprano. Hice mis deberes y cosas rutinarias, el lunes temprano me encaminé a la universidad con buen ánimo, pero no tenía ni idea de lo que me esperaba.

  • Al fin el tan esperado anal a una linda chica

    Al fin el tan esperado anal a una linda chica

    Siempre he sido muy abierto en temas de sexo, claro que soy heterosexual.  Pero nunca me ha importado experimentar cosas nuevas con la chica que esté conmigo en ese momento. Lo que les contaré ocurrió hace ya algunos años.

    A pesar de que había ya estado con muchas mujeres nunca antes ninguna de ellas quiso tener sexo anal conmigo, lo había intentado con algunas pero ninguna se decidía, pensé que algo mal estaba haciendo, pero en realidad la suerte no me acompañaba y las chicas que conocía no eran muy amantes de esta práctica sexual, algunas me decían que era algo asqueroso, otras que dolía mucho y otras simplemente decían que -esa parte no me la toca nadie-.

    Pasado ya el tiempo y pensando que no podría probar lo rico que sería hacerle el sexo anal a una chica conocí a Lorena, vale decir que nos conocimos chateando por internet. Al principio todo era muy natural, nos escribíamos y nos hacíamos bromas en el chat, así también nos poníamos de acuerdo para hacerle bromas a otros usuarios. Hasta ese momento yo aún no sabía cómo era físicamente ella, pues en su perfil no había una foto, ni yo tampoco le había pedido ninguna.

    Llegada ya la madrugada ella me pregunta si podía hacerle una llamada por teléfono, le dije que si, pues no era inconveniente ninguno, me pasa su contacto y le hago la llamada, contestó enseguida, al escuchar su voz me encantó; pues se escuchaba muy dulce como una niña.

    Estuvimos hablando por mucho tiempo, mientras continuábamos haciendo bromas en el chat. Le pedí que me enviara una foto al pv y así lo hizo, para mí sorpresa al recibir la foto, pues era la de una muchacha muy linda, de una piel muy blanca, de ojos verdes y el cabello negro y muy largo. En ese momento le dije lo hermosa que era y que me gustaría conocerla personalmente, me dijo que no había problema en eso, que ese mismo día por la noche nos podíamos encontrar. Y así pactamos la hora y el lugar para vernos.

    Pasé todo ese día muy ansioso esperando la hora para encontrarme con ella. Llegado el momento fui para el lugar donde nos encontraríamos, yo llegué primero y la esperaba, pasado unos 40 minutos llega ella. Al verla me estremecí completamente; mucho más hermosa a lo que había visto en la foto, ella 21 años y yo 25. Pasamos gran parte de la noche sentados en un parque conversando, pues era muy agradable hablar con ella. Ya tarde en la noche me dijo que debía irse, le comenté que estaba bien, caminamos hasta el lugar donde cogería un taxi. Cuando fue a montar en el taxi algo dentro de mi solo me dio el impulso y la besé en los labios, ella solo correspondió al beso y me sonrió mientras cerraba la puerta.

    Al otro día por la tarde recibo una llamada de ella, le comenté que me encantó conocerla y que me gustaría mucho repetir la salida, ella me dice que también le gustó mucho y que precisamente esa noche estaba libre, le comento que yo estaba en el trabajo, pues tenía que trabajar toda esa semana día y noche, le digo si quería pasar por mi trabajo, me contesta que sí y le diera las indicaciones para llegar, así lo hice y me dijo que en aproximadamente una hora estaría allí.

    Pasado ese tiempo me llama al móvil para decirme que se encontraba cerca y que la fuera a buscar. Al llegar donde estaba me recibe con un largo y apasionado beso en la boca. Le dije que podía acompañarme a mi cuarto ya que tenía tiempo para bañarme y descansar un rato.

    Cuando llegamos a mi cuarto me sentía muy excitado de solo pensar que me encontraba solo ahí con esa chica tan hermosa y con un cuerpo tan perfecto, vale destacar que yo soy alto pues mido 1.85, ella es bajita aproximadamente 1.50, con unos pechos medianamente grandes y redondos, es delgada pero con un culito que se le marca espectacular, la miraba e imaginaba lo rico que se vería tenerla completamente desnuda entre mis brazos. Al parecer ella pudo notar mi excitación, pues se acercó a mi y mirándome con cierta picardía y rostro angelical a la vez puso su mano en el gran bulto que se marcaba en mi pantalón y me dice

    -que rico está esto que tienes aquí

    Yo la besé mientras con mis manos agarraba sus nalgas, las acariciaba y las apretaba.

    Ya ella había desabrochado mi partañuela y tenía mi pene afuera, lo masturbaba, en eso se arrodilla frente a mi y me comienza hacer un oral, se sentía espectacular, se notaba que tenía mucha experiencia. Mientras nos besábamos y a la vez nos desvestimos fuimos hasta la cama; ya sin nada de ropa abro sus piernas mientras le voy besando sus tetas, su vientre, bajo a su vagina y se la beso, podía sentir lo mojada que estaba y como chorreaba un delicioso jugo de ella, sin detenerme mientras con mis manos voy apretando sus tetas y jugando con sus pezones paso mi lengua por sus muslos y regreso a su vagina está vez para con mi lengua saborearla completa, chuparla, retiro una de mis manos de su pecho y me ayudo para abrir sus labios vaginales y con mi lengua encontrar su clítoris, lo podía sentir en mi boca, ella con sus manos presionaba mi cabeza y con movimientos de su cadera hacía que fuera más fuerte la manera de yo pasarle la lengua por aquella deliciosa y jugosa vagina. En un movimiento se voltea y se pone de perrito apoyando su pecho en el colchón, podía ver su hermoso culito muy cerca de mi cara entregándose por completo, en solo un instante comienzo a pasar suavemente la lengua por sus nalgas y llegando hasta su vagina y subiendo en un solo movimiento hasta su culito, la sentí exclamar un gemido y con voz muy apagada dijo -asi sii, por favor sigue-. Continúe con aquel beso negro que me parecía estar en el mismo cielo, mientras trataba de introducir toda mi lengua en su interior con mis manos apretaba sus nalgas contra mi cara.

    Tomé un preservativo que previamente había puesto bajo la almohada y me lo coloqué, cuando me dispongo a meterle el pene en su vagina me dice -por ahí no-, para mí sorpresa, mete la mano en su cartera y de ella saca un pequeño frasco de lubricante y me lo entrega, lo tomo y dejo caer unas gotitas en su ano, con un dedo voy esparciendo el lubricante haciendo pequeños círculos, voy introduciendo poco a poco mi dedo índice hasta que entra completo, se sentía muy apretadito, cuando ya sentía que el dedo entraba y salía con facilidad comienzo a meterle dos dedos hasta sentir que se había dilatado lo suficiente, pongo la cabeza de mi pene en la entrada de su culito y lo voy metiendo, entraba poco a poco, la podía sentir gemir y de a poco se le escapaban pequeños gritos. Cuando había logrado ya meterlo casi completo ella comienza hacer movimientos de sus caderas, miré sus manos y apretaba fuertemente las sábanas y las llevaba hasta su boca para apagar sus gemidos, verla en esa posición y escuchando como gemía más me excitaba, haciendo que comenzara a darle envestidas más fuertes. Podía ver cómo ya todo mi pene entraba y salía con facilidad. Saco todo el pene y lo tomo con mi mano y lo volví a meter y así lo fui repitiendo hasta sentir como aumentaban sus gritos y llega al orgasmo, yo aún no había acabado y le pido que me dejara echarle la leche dentro de su culo, me dijo que sí solo asintiendo con la cabeza me retiro el preservativo y se la vuelvo a meter en el ano, está vez se sentía todo tan calentito y rico, hasta que al fin siento como estallan chorros de leche dentro de su culo, por un momento solo me quedé así, disfrutando aquel delicioso momento. Me acosté a su lado y nos abrazamos, mientras acariciaba su cuerpo ella me decía que la única manera en que disfruta del sexo es cuando le hacen un anal. Ya pasado un tiempo fuimos a bañarnos juntos, en la ducha repetimos el sexo, está vez disfruté de su deliciosa vagina.

    Después de ese día fueron muchas las veces que pude disfrutar de ese rico culito.

  • El inquilino (1)

    El inquilino (1)

    Hola lectores, mi nombre es Pilar tengo 62 años, casada con Efraín de 70 años y un hijo llamado Martin cuando terminó el Instituto se marchó a estudiar al extranjero gracias a una beca. Vivimos en Madrid en un chalet. Soy licenciada y aún ejerzo. Soy una mujer bastante alta, 178 cm, unos 75 kilos, algo rellenita, de piel blanca, cabello lacio llovido, hace años que prefiero llevarlo tipo melena al hombro, me considero una mujer elegante, inteligente, católica y conservadora.

    Esta historia ocurrió en enero del 2016, esta historia comenzó cuando mi esposo quería utilizar una habitación como almacén. Parecía una buena idea en ese momento, hasta que Efraín se lastimó la espalda y se vio forzado a tomar vacaciones forzadas del trabajo. Fue entonces que las deudas empezaron a acumularse, especialmente las médicas, y la lo más lógico era poner la habitación en alquiler ya que necesitábamos el ingreso.

    El chalet como todos tiene 4 plantas, el sótano que es el garaje y, en nuestro caso, una habitación de servicio totalmente equipada con cuarto de baño incluido. En la primer planta cocina, salón, jardín aseo. La segunda las 4 habitaciones y la última la buhardilla.

    Por el tipo de casa todo se comunica con escaleras por lo que mi marido pasa de su habitación a una habitación remodelada en cuarto de estar, luego quedan dos habitaciones más, donde dormía nuestro hijo y la que duermo yo desde hace un año, mi marido y yo optamos porque durmiéramos cada uno en una habitación.

    En fin debido a la baja de mi marido el dinero que entraba en casa era menor a lo de costumbre veíamos difícil el volver a contar con la misma cantidad de ingresos, por lo que optamos por alquilar la habitación de servicio, que como estaba totalmente equipada y además podía tener entrada por el garaje, la convivencia familiar e intimidad podían quedar a salvo.

    Varias personas estuvieron interesadas por la habitación pero al final, acordamos aceptar a un joven universitario llamado Carlos. Él estaba en su año final y necesitaba un lugar tranquilo en donde pudiera enfocarse en la redacción de su Tesis.

    Carlos se mudó a los pocos días y pronto se hizo muy cercano a los dos. Fue de gran ayuda cuando Efraín volvió a lastimarse la espalda y estuvo hospitalizado por dos semanas y después en rehabilitación por tres semanas. Ese tiempo también se convirtió en la época de mayores cambios y secretos.

    Estaba demasiado estresada entre el trabajo y casa y preocupada por la situación de Efraín Necesitaba un descanso o algo solo para calmar mis nervios. Carlos estaba en casa cuando llegué y me ofreció una cerveza helada. No acostumbro tomar, pero Carlos me dijo que estaba bien relajarse de vez en cuando y que él le venía bien después de muchas noches estudiando para los exámenes por no mencionar los problemas personales entre su casa y sus relaciones.

    Con la habitación entraba derecho de desayuno y de cenas, él (Carlos) ya nos indicó que apenas cenaría en casa.

    La convivencia era fácil, Carlos apenas estaba en casa, por la mañana se iba y volvía por la noche y casi nunca cenaba nada, por lo que no le veía.

    Después de muchos días, una noche bajé a la cocina a beber agua fría y cuando subía oí la puerta de debajo de la escalera (diré que para bajar al garaje y a la habitación de Carlos había una puerta arriba de la escalera, frente a la cocina, otra abajo que daba a un pequeño hall donde había dos puerta una al garaje y otra a la habitación), me quedé en la penumbra a medias de la escalera de subida a las habitaciones, luego se abrió la de arriba y entró Carlos en la cocina, iba a lo mismo que yo a beber agua, al abrir la puerta del frigorífico, la luz me dejo verle perfectamente, iba en slip, ajustado, muy ajustado, tanto que se le marcaba un bulto descomunal, no llevaba camiseta por lo que se le veía su joven y musculoso cuerpo. Después de beber bajó de nuevo a su habitación

    Yo me fui a mi cama y la verdad el recordar su cuerpo y su bulto no me dejó dormir tranquila.

    Durante los siguientes días creo que estaba más atenta a si se abría la puerta de la escalera que a dormir, tanto fue así que le vi por la ventana llegar, no venía solo, le acompañaba una mujer, entró por la puerta del garaje.

    Me acosté pero no podía dormir, daba vueltas y no era por el calor si no por la curiosidad de ver que ocurría abajo. Me levanté y bajé la escalera, fui a beber agua y luego puse el oído en la puerta de bajada a la habitación de Carlos, no oí nada por lo que sin hacer ruido abrí la puerta y bajé despacio la escalera hasta la otra puerta, por el camino me decía a mí misma: solo es oír algo y subir. A través de la otra puerta se oía algo pero muy endeble de volumen, opté por abrir la puerta despacio, por el temor de hacer ruido y ser descubierta. La abrí y asomé la cabeza por el hall, ahora si se oía mejor, la habitación de Carlos tenía una pequeña rendija, fui a mirar temblorosa, los jadeos eran más legibles, se oía la voz de Carlos y de la mujer y lo que se decían casi perfectamente

    “Así te gusta verdad puta”

    “si sí, así fuerte muy fuerte”

    “pero que zorra eres, seguro que tu marido no sabe lo puta que eres, verdad”

    “no no sabe nada”

    Llegue a la rendija y vi como ella estaba a 4 patas y Juan desde atrás la follaba, desde mi sitio vería la polla de Carlos entrar y salir de su coño, era de dimensiones extraordinarias, descomunal la polla que tenía y ella gemía como una loca cada vez que se la metía del todo.

    “te gusta así, puta fuerte verdad”

    “si fuerte y duro”

    “bien porque ahora después te voy a follar el culo”

    “pero la tienes muy grande y me dolerá”

    La sacó de su coño y se fue al cuarto de baño trayendo un bote de algo, por el camino vi que su pollón era grande, gordo y estirado como un palo abriendo camino.

    Se sentó en la cama.

    “cómetela ahora un rato, venga”

    Carlos se terminó de acostar y ella se puso de rodillas, vi que la mujer tenía más de 40 años, cogió la polla con sus dos manos y se la metió en la boca, apenas le entraba la mitad.

    “Y todo esto quieres meterme por el culo, ni loca”

    Carlos se incorporó y le dijo que se pusiera a 4 patas que le iba a poner vaselina, ella decía que no y Carlos le dio un azote en el culo y la dijo que allí se hacía lo que él quisiera o que se fuera a su puta casa con el cornudo de su marido. Ella todo sumisa se dio la vuelta a 4 patas y Carlos le untaba vaselina en el culo. Yo por ese momento tenía mi mano por dentro de mis pantaletas, no sabía cómo había pasado pero estaba tocándome, tenía el coño empapado, en éste punto decidí irme, ya había tentado la suerte mucho tiempo.

    Cerré la puerta de la escalera y en la cocina me senté en una silla y medio recostada con la cabeza en la pared terminé de tocarme el coño hasta llegar, mientras me tocaba solo pensaba en la enorme polla de Carlos y en como a la mujer la trataba de puta, zorra, guarra y eso en lugar de repudiarme, pasó al contrario me ponía más y más tanto que al final, en mi pensamiento, a la que llamaba puta y zorra era a mí.

    Al día siguiente casi quería irme sin ver a nadie, me sentía mal por mi comportamiento y así pasó.

    Por la noche después de darle la cena a mi marido bajé a la cocina y, estaba inquieta nerviosa, así que me tome un vaso de agua y me acosté.

    Me levanté por la mañana y preparé los desayunos, se abrió la puerta de la escalera y entró Carlos.

    Carlos: buenos días

    Yo: ah hola, que tal dormiste

    Juan: muy bien, ayer me acosté temprano

    Yo: no sabía que estabas, podías haber cenado

    Carlos: bueno me quedé abajo y me dormí pronto

    Entonces debió de pasar que Él llegó antes que yo.

    Yo: bueno pero de todas formas debería de cenar, esta noche te espero sin falta para la cena

    Carlos: bien de acuerdo

    Ese día volví algo más pronto de lo habitual así que me duche e hice algo que antes con mi marido hacía, buscar un conjunto sexy para ponerme, opté por una falda negra de punto que marcaba el culo, unas pantaletas rojas debajo y un top blanco anudado al cuello por lo tanto sin sujetador, y bajé hace la cena, se la subí a mi marido, en ese instante oí como me llamaba Carlos diciendo que había llegado. Bajé para decirle que enseguida estaría allí, vi sus ojos al verme, sobre todo los pezones de mi pecho marcándose en el top. Volví a subir para bajar todo lo de la cena de mi marido, aunque él pensó que era por el cómo estaba vestida porque mientras cenaba me dijo que me quería tocar, pero le indiqué que estaba abajo Carlos para cenar y tenía que hacer algo de cena.

    Bajé pero Carlos no estaba, pensé que estaría en su habitación como así fue.

    Preparé la cena en el porche del jardín y cuando llegó nos sentamos, me decía lo bien que se estaba cenando allí y le dije lo tonto que era por no hacerlo más.

    Sus miradas se clavaban en mi pecho en toda la cena, estaba tan nerviosa que derramé el vaso de vino dos veces en la mesa. Hacía mucho que no sentía el deseo o las ganas de algo prohibido. Ya, antes, había tenido una aventura sexual fuera del matrimonio con un colega, pero nunca con un chico que por su edad podía ser su madre. Durante la cena hablamos de presentes, futuros, trabajo… de todo, pero sobre todo.

    Después de un rato nos fuimos a dormir pero esa noche en la cama me despojé de todo y me toqué, estaba caliente, muy caliente Durante la noche no podía dormir, estaba inquieta en la cama, solo daba vueltas. Pero al final me dormí porque al otro día tenía mucho trabajo que hacer. Al siguiente día ya en la noche le di la cena a mi marido y dos horas después me puse un camisón blanco sin sostén pero debajo llevaba unas pantaletas y bajé para beber agua me hice la sorprendida al verle en el frigorífico con el agua en la mano, encendí la luz me hice la sorprendida al verle en el frigorífico con el agua en la mano, encendí la luz.

    Yo: caramba también tienes sed?

    Sus ojos no se apartaban de mis pechos que se veían a través del camisón, mis pezones duros y las pantaletas se veía también a través de el.

    Me senté en una silla para beber ya que me dolía el cuello.

    Carlos: te duele el cuello

    Yo: si algo

    Dejó el vaso y me dijo.

    Carlos: espera deja que te dé un masaje

    Sentí sus manos masajeare el cuello, los hombros y después de un rato bajo sus manos por mi espalda bajándolas hasta el culo. Sentía como me pasabas sus dedos por mi espalda y por los laterales rozando mi pecho.

    Carlos: mejor? Verdad? Después del masaje me acosté sin dolor y pude dormir mejor.

    Al día siguiente después de trabajar al rato me duche, le preparé la cena a mi marido y cenamos. Ya pasadas la 2 sentí como se abría la puerta de la escalera, debía ser él que quería algo o bien llegaba entonces, me incorporé de la cama y me puse el camisón para bajar. Bajé a la cocina para tomar una copa de vino para dormir y vi la luz del frigo, la puerta estaba abierta, vi a Carlos solo en slip, le torso al desnudo, le saludé y cerré la puerta de la cocina y encendí la luz,

    Yo: así no molestamos a mi marido necesitamos hablar.

    Yo le dije que lo dejáramos para el fin de semana ya que mi marido saldría a un viaje con unos amigos y así lo dejamos.

    Llegado el fin de semana después de la cena. Me sorprendí a mí misma quejándome con Carlos acerca de mi vida, mis problemas y de mi esposo.

    Carlos escuchaba atentamente y dijo, “Creo que hay algo con lo que puedo ayudarte a estar más relajada.”

    “¿De verdad?”

    Ahora la culpa te hará apreciar la vida que tienes y el sexo ayudará. Y será nuestro secreto. Recuerda lo que nos enseñan en la universidad… ¿Correcto?”

    Sonreí y le respondí, “La interacción social físicamente puede servir como alivio emocional, etc.… Culpa, sexo y secretos, Psicología Básica.”

    Conversamos un rato y después nos empezamos a besar y nos fuimos a su habitación y así que entramos a la habitación me quite el vestido y en eso sonó el teléfono era mi marido que iba a quedarse en un hotel allá entonces volví a la habitación y Carlos me esperaba desnudo en la cama Dicho esto me dispuse a mamársela. Su verga era más gorda y larga que la de mi esposo. Supuse que medía más de 20 centímetros de largo y 7 de ancho, con las pelotas grandes y súper gordas. Desprendía un fuerte olor a almizcle y eso me excitaba aún más.

    Él era un hombre joven y atractivo y yo una mujer madura y voluptuosa. Ambos teníamos una necesidad. La suya para mí era deseo puro. La mía no era diferente.

    Mi esposo no me tocaba desde que se lastimo la espalda. Mi frustración sexual había estado embotellada desde entonces. Quizás era la causa de mi estrés y de mi indiferencia. Ahora Carlos se había convertido en la respuesta y en la tentación en mi propia casa.

    Solo pude meter la mitad de su verga hasta el fondo de mi garganta. Tendríamos que trabajar en aquello después, pero estaba decidida a tragármela toda.

    Carlos: muy bien zorra ahora trágatela toda

    Intenté metérmela toda en la boca pero no me entraba, Carlos algunas veces me sujetaba la cabeza para que su polla quedara más tiempo dentro de mi boca.

    Carlos: que zorra eres, tu marido de viaje y tu comiéndome la polla y que bien la comes, seguro que te has comido alguna más que la de tu marido, verdad puta

    Me la saqué de la boca y mientras la acariciaba con mis manos le dije Yo: si ya un colega en un viaje que hicimos hace mucho tiempo.

    Luego me la pasé entre mis tetas para cuando apareciera meterla en mi boca.

    Carlos: que rica cubana, que puta eres

    No era la primera vez que la hacía, Me la metí en la boca y Él comenzó a descargar su leche caliente en mi boca, a mi no me ha gustado especialmente tragar la leche aunque si me gusta comerles la polla, por eso la saqué de mi boca y la leche saliendo a borbotones me daba en la cara, el pelo y el pecho dejándome todo embardunado de leche caliente. Luego me puse su polla junto a mi cara.

    Yo: te ha gustado

    Carlos: que buena mamadora eres, veamos lo bien que follas.

    Yo: voy a limpiarme y arriba para ver si todo está bien y bajo

    Yo fui al baño me limpie de la corrida y miré que todo estuviera bien.

    Bajé sin hacer ruido a la habitación de Carlos, estaba tumbado con la polla tiesa, dura y gorda de nuevo mirando al techo.

    Carlos: dame unas chupadas en la polla, ponme un condón y cabalga encima de mí

    Así lo hice acabé poniéndome de rodillas encima de su polla que metí en mi coño y comencé a cabalgar, primeo despacio y luego más y más de prisa, el me sobaba el pecho, los pezones o me tiraba hacía Él y me besaba en la boca.

    Carlos: que rica puta eres y que caliente estabas deseosa de polla verdad guarra

    Mirando desde arriba a Carlos, cabalgando como una posesa, sintiendo su polla dentro de mi coño, follando con un chico musculoso, guapo y joven no veía mal ahora el hacerlo y sobre todo que antes de que Él llenara el condón de leche Yo tuve dos fuertes corridas, acabé rendida encima de Él, con su polla dentro acariciándome la espalda y el culo a partir de aquel momento sabía que le pertenecía. Carlos y yo pasamos la noche follando como animales y en la mañana él había aprendido más acerca de mi cuerpo de lo que mi marido lo había hecho en años.

    Yo: tengo que irme no vaya a ser que mi marido regrese para almorzar

    Le besé en la boca y me incorporé.

    Salí de su habitación y llegue arriba, no había pasado nada, mi marido no había llegado.

  • Un escritor de relatos eróticos me coge bien cogida

    Un escritor de relatos eróticos me coge bien cogida

    Era viernes y estaba en una fiesta por la presentación de unos productos de nuestra empresa. Yo estaba producida para “matar”, un vestido mini escotado, tacos altos, maquillada por una especialista. Mi objetivo: Marcelo, compañero de trabajo de unos 30 años, un tipo de 1,8 de altura, muy lindo, delgado, educado al máximo, respetuoso como poco. Los dos estábamos con nuestras parejas.

    Mi marido, de cuarenta años, lindo tipo y bien “armado”, la pareja de Marcelo… una rubia que no tenía 28 años y muy, muy linda. Yo tengo 35 años, soy linda, pero no una mujer exuberante, ni una diosa sexual.

    – Hola Sergei. Lo salude acercándome a su mesa, aprovechando que estaba solo.

    Voy al comienzo de la historia… Me encantan, me excitan mucho los relatos eróticos. Cuando viajo en el metro, en casa, suelo leer en mi celular CuentoRelatos.com. Los que más me gustan, infidelidad, lésbicos (era materia pendiente), dominación. No son pocas las veces que me he masturbado leyendo. De todos los autores, uno siempre me calienta mucho: Sergei.

    Me encantaba la forma de relatar, logra hacer que “vea” la historia, sus relatos son casi un guion de cine. Y el contenido, historias fuertes, reales, pero lo que más me impresionaba era que demostraba saber cómo hacer gozar a una mujer, entender sus necesidades y cubrirlas con creces.

    No voy a negar que muchas, muchas veces me he hecho tremendas pajas en el baño pensando en estar en una de sus historias como protagonista. Y muchas veces, los comentarios de otras lectoras eran fuertísimos, incluso parecía que algunas eran las protagonistas del relato.

    Normalmente cruzo a un bar frente a nuestro trabajo para almorzar o tomar un café. Hace quince días entre y vi que Marcelo estaba con su notebook tomando un café y leyendo. Camino a mi mesa pase por detrás y de reojo vi que leía Cuento Relatos. Me sorprendí, no me daba el perfil de lector… preconceptos. Me senté cerca, y para mi sorpresa, vi como iniciaba sesión, y en uno de los relatos del día, escribía algo.

    No pude resistir la tentación y me acerque desde atrás. Estaba escribiendo la respuesta a un comentario. Alcance a leer una parte y no su usuario. Desde sus espaldas le hice una pregunta sobre él trabajo y el cerró de inmediato la notebook. Me contesto amable como siempre y los dos volvimos a la oficina.

    De regreso en casa, me senté en la PC y me puse a leer todos los comentarios a los relatos publicados ese día. Casualmente Sergei había publicado uno. La historia de una mujer de 45 años que le era infiel a su marido gerente con un empleado de él. Nombres cambiados, lugares similares, detalles mínimos, me llevaron a pensar que era la mujer de nuestro gerente y que todo había sucedido en el cuarto de mantenimiento de nuestra empresa. ¿Sergei era mi compañero? Leí los comentarios, una mujer le agradecía el relato y que lo había sentido muy vivido. La respuesta de Sergei… Una parte era la que yo le había visto escribir.

    Leí nuevamente el relato… ahora tocándome sin parar, estaba en lo mejor, cuando llego mi marido. Quedé muy caliente, y tener sexo con mi marido esa misma noche no hizo bajar mi calentura, nada que ver con lo que relataba Sergei.

    Estuve una semana pensando como acercarme, tomando valor para decirle que quería ser protagonista de uno de sus relatos, o sea, quería tener sexo con el protagonista. Cuando nos dijeron que todos estábamos invitados la presentación, supe que era mi oportunidad, iba a ir con mi marido, pero ese sería otro problema.

    Cuando entré, lo primero que hice fue buscarlo con la mirada, rogaba al cielo que estuviera. Y lo encontré. Disimuladamente fui caminando con mi marido del brazo y lo salude. Presentamos a nuestras parejas y charlamos sobre el evento. Ellos siguieron saludando lo mismo que nosotros. Juro que lo comía con la mirada, y que él se dio cuenta…

    Un rato después fui a los toilettes y Dios quiso que encuentre a la mujer del gerente.

    – Hola Marcia. Me saludó muy cordial ya que me conocía de otro evento.

    – Hola Sandra, un gusto.

    – Estas muy elegante, para matar hombres. Me dijo.

    – Solo me gustaría matar a uno: Sergei. Dije y ella me miro poniéndose colorada.

    – Sergei… Parece que tenemos gustos en común, por lo menos el nombre.

    – Y el sitio de relatos… Dije.

    – Mmm… parece.

    – ¿Real o ficticio?

    – Muy real, te lo aseguro. ¿Lo conoces? ¿Estuviste con Sergei?

    – No estuve, deseo estar y sé quién es. Lo vi escribirte la respuesta a tu comentario desde el bar frente a las oficinas.

    – No soy celosa, Jajaja, si tenes una oportunidad… no la dejes pasar.

    – Ni pienso… estoy cansada de masturbarme con sus historias.

    – Lo mismo me pasó.

    Entro otra mujer y tuvimos que dejar de hablar, pero nos pasamos los teléfonos.

    Dios, había sido real. Y lo que había gozado esa mujer, según el relato, me lo confirmaba la protagonista. Salí del baño totalmente excitada. Fui derecho a buscarlo.

    – Hola Sergei. Lo salude acercándome a su mesa, aprovechando que estaba solo.

    Marcelo me miró con una leve sonrisa y me invitó a sentarme.

    – Me parece que tomaste demasiado, soy Marcelo.

    – Si queres haceme un control de alcoholemia, no tome ni una gota de alcohol.

    – Entonces estas mal de la vista. Dijo sin quitar la sonrisa de su rostro.

    – Sergei… me tienen loca tus relatos… como a tantas mujeres…

    – Jajaja… me alegro que te gusten…

    – ¿Cómo puedo hacer para ser protagonista de uno de ellos?

    – Me sorprendes… no te imaginaba infiel.

    – No lo he sido hasta ahora… no he estado ni con otro hombre ni con otra mujer… pero mentalmente… y jugando con mis dedos… muchas veces.

    – ¿Y que te gusta de Sergei?

    – Todo, pero sobre todo que sabe darle a cada mujer lo que ella desea y sin preguntarle que es.

    – Veo que sos habida lectora…

    – Te tengo entre mis favoritos. No me contestaste la pregunta, ¿Cómo hago para ser protagonista de uno de ellos?

    – Con paciencia, dijo levantándose para dejar que su amiga se siente a su lado.

    – Bueno, Marcelo, me alegro que tus cosas sigan bien, nos vemos en la oficina.

    – Dale, linda charla. Dijo sonriendo.

    Al rato me “agarro dolor de cabeza” y nos fuimos a nuestra casa con mi marido. Fui directo al baño a masturbarme, no daba más.

    El domingo entro al sitio y me encuentro que había escrito un relato. Cuando lo leo, casi me muero, era prácticamente un textual de nuestra charla, me describía a la perfección, contando que era una mujer muy caliente, que mi sexualidad brotaba por mis poros, que notaba que a esa mujer le gustaba el sexo fuerte, pocas caricias y a los bifes. Y que quizás algún día se diese la oportunidad de saciarle sus deseos de sexo y de infidelidad.

    Lo insulte una y mil veces. Me había “leído” a la perfección. Vi que había comentarios y no era otra que Sandra, la mujer del gerente con su usuario:

    “Desgraciado, pobre mujer, se debe estar masturbando con todo en ese momento.”

    Su respuesta: “Eso espero… y vos, también te estarás masturbando y hasta pensando en un trio.”

    El hijo de puta no me había cogido y ya le planteaba a Sandra un trio conmigo. Otra de mis fantasías… Estaba en el baño masturbándome e insultándolo cuando me llamo ella.

    – ¿Podes hablar? Me pregunto.

    – Me estoy masturbando Sandra, acabo de leer todo… es un hijo de puta, no me toco un pelo y ya quiere hacer un trio.

    – Somos dos entonces jugando. ¿Contame, lo harías? ¿Te gustaría estar conmigo?

    – Claro que me gustaría… y más con ese hijo de puta.

    Y la conversación derivo en una paja de a dos, contándonos que nos haríamos. Las dos coincidíamos en que era la primera vez que lo hacíamos y nos reíamos cuando acabamos.

    El lunes llegue a la oficina y pase por su escritorio. Lo saludé y el desgraciado me saludo sin levantar la cabeza. Durante la semana nos cruzamos infinidad de veces, nunca una seña, un comentario, nada. Publico otros relatos, pero nada relacionado a mí. Con Sandra nos encontramos a tomar café el jueves y las dos estábamos explotadas de calentura. Fuimos al baño del bar y nos besamos con todo. Nos metimos en un cubículo y sin dejar de besarnos, nos pajeamos mutuamente. Volvimos a sentarnos y nos reímos.

    – Sandra, no puede ser que este hijo de puta nos tenga así de calientes a las dos.

    – Te aseguro que sí, y cuando estés con él… te va a hacer tener cientos de orgasmos. Dedícame uno.

    – No te pido detalles. ¿Fue tal cual el relato?

    – No, fue mucho más… me hizo mierda.

    El viernes estaba por terminar mi semana, faltaban 10 minutos y Marcelo me llamó:

    – Hola…

    – Hola Marcelo, estamos a tres metros, podrías venir personalmente. Dije.

    – Te espero en la cochera, segundo subsuelo, al fondo, un Corolla blanco. Dijo y cortó.

    Lo maldije en mil idiomas. Me llamaba faltando 10 minutos, esa noche iba a salir con mi marido a una cena de su club de ajedrez. Lo llamé y “enferme” a mi hermana. Él obviamente la conoce, se ofreció para acompañarme y lo pude convencer que no lo haga. Por las dudas, llame a mi hermana y le avisé que la había enfermado.

    Fui al baño, arregle mi maquillaje y me insulte por no tener una tanga de repuesto. Estaba empapada. Baje a la cochera y el me esperaba apoyado en el auto. Sin mediar palabra me dio un tremendo beso, desprendió mi pantalón y metió su mano apoyándola en mi tanga empapada.

    – Uff… estas On Fire, como dicen los yanquis.

    – Si…

    Subimos al auto y no arrancó.

    – Te tome por sorpresa… Dijo.

    – Totalmente, no estaba preparada…

    – ¿Cómo te gustaría haber estado preparada?

    – Otra ropa interior, portaligas, no sé producirme un poco…

    Él puso en marcha el auto sin decir nada y salimos de la cochera. Yo no podía parar de mojarme, ¿Dónde me llevaría? ¿Cómo lo haría? ¿Cuándo tiempo estaríamos? De repente entramos al estacionamiento de un shopping. Bajamos y sin hablar lo seguí. Fuimos directo a un negocio de lencería.

    – Cómprate lo que te guste, todo lo que quieras para tu noche.

    – Hijo de puta… le dije por lo bajo.

    Me compre un conjunto tremendo, negro, con encajes blancos, portaligas y medias. Y por las dudas, una tanga “standard”. Él pago todo, y cuando salíamos se detuvo frente a la vidriera de un sex shop. Estábamos en el único shopping de la ciudad que tenía un sex shop. Me miro sonriendo y entro solo. Dos minutos y salió. Con una bolsita y me la dio.

    – Ahí tenes un baño. Me dijo.

    Fui al baño, abrí la bolsa y era un plug anal. No podía ser tan hijo de puta… sabía cada cosa con que fantaseaba. Lo chupe un poco, lo moje con mis fluidos vaginales y lo metí en mi culo.

    Salí del baño y cada vez me mojaba más. Por suerte estaba con pantalones porque por momentos sentía como mis fluidos escapaban de mi tanga y empezaban a caer por mi pierna.

    Fuimos al auto y de allí directo a su departamento. Entramos y me quedé asombrada. Su departamento no correspondía a su sueldo, porque aunque yo no sabía de cuanto era, si podía estimarlo.

    – Wow, que departamento… Dije.

    – No solo escribo en esa página, los relatos más valorados, con mejores comentarios los vuelco en libros que vendo en el exterior por Amazon.

    – Te coges a las minas, y encima te hacen ganar plata… Turro.

    – Supongo que te querrás dar una ducha.

    – Por supuesto.

    Me llevo a su habitación y me sorprendió ver tres Smart grandes en las paredes, me mostro el baño en suite y me dejo sola.

    Me di una ducha bien caliente, y juro que disfrutaba hacerlo, estar por serle infiel a mi marido. Me saque el plug, me higienice bien y lo volví a poner en su lugar. Me sequé, y me puse el conjunto, el porta ligas y las medias. Mire el cuarto y me intrigaban los smart, en una de las mesas de luz, había una copa con champagne con la temperatura justa como comprobé después. Tome la copa y salí de la habitación. Marcelo estaba en el living, con una copa en la mano.

    – Espero que por una noche de mucho placer para ambos. Dijo.

    – No lo dudo. Dije.

    Dejo la copa en una mesa, y sin quitarme los ojos de encima, se sacó la ropa y la puso en un sillón. Cuando ví el bulto en su bóxer se me hizo agua la boca. Me tomó de la cintura y fuimos a la habitación. Tomamos dos sorbos de champagne, tomo mi copa y nos empezamos a besar con todo. Una de sus manos fue derecho a meterme dos dedos en la concha y la otra a quitarme el brazier, cosa que hizo con una facilidad increíble. Me besaba, me pajeaba y apretaba mis pechos.

    Era feroz, yo estaba totalmente desbordada, en segundos tuve el primero de muchos orgasmos. Sin quitarme la tanga, se puso de rodillas, desprendió las medias del portaligas y me las quito, tirándolas sobre la cama. Se paró, tomo mi mano y la llevo a su pija. Era bien grande y gruesa. No resistí, me puse de rodillas, le baje el bóxer y me puse a chupar conto. Lamía, chupaba, besaba sus bolas.

    – Que buena chupada, sos caliente en serio. Dijo.

    – Soy y estoy, te lo aseguro. Dije y seguí chupando.

    Él se dejó caer en la cama, me hizo poner con mi culo cerca de su torso y seguí chupando con desesperación, no me importaba que acabe, sabía que iba a tener más esa noche.

    – Quiero ver como te tocabas mientras leías mis relatos. Me dijo.

    Me metí dos dedos y me pajeaba con todo mientras lo chupaba. Él daba pequeños golpes en el plug que me hacían poner muy puta.

    – Me estás haciendo una puta… te lo aseguro. Dije

    – Entonces mírate. Dijo.

    Y de reojo vi que los tres smart se encendían y en los tres, con tres imágenes distintas, desde distintos ángulos, estaba yo chupando y pajeándome. Me vi y me puse más caliente aún.

    – Parece que te gusta lo que ves. Dijo.

    – Me encanta, veo una mina muy caliente chupando a un hijo de puta que sabe cómo ponerme loca, demasiado loca.

    No pensaba si estaba grabando o no, solo quería cogerlo. Sacó el plug de mi culo lo y lo reemplazo con dos dedos, para pajearme el culo sin parar. Entre chupadas, yo gritaba de placer viendo en uno de los monitores como me enterraba sus dedos en mi culo. Los sacó, me pareció que puso algo en mi orto y los volvió a meter. Ahora sentía que entraban y salían como si nada los pudiera detener, metió otro dedo y yo tuve un orgasmo.

    Se paró, me corrió un poco y sentí como apoyaba su pija en mi orto. Me lo había dilatado bien, pero igual costaba que entre. Apoye mi cara en la cama, me separe a más no poder mis cachetes y él fue empujando hasta meter esa tremenda pija en mi culo en su totalidad.

    Me dio un chirlo en el culo e increíblemente, sorprendiéndome a mí misma, mi excitación aumentaba cada segundo. Tomándome de la cintura con firmeza me embestía con todo. Aunque me había puesto crema, el tamaño de su pija hacía que la sienta a la perfección. Me iba a meter los dedos en la concha pero él no me dejo y me dio un chirlo en el culo.

    Yo miraba uno de los smart y lo veía embestirme como un animal. “Pobre mina” pensé en un momento y reaccioné que era yo. Quise volver a tocarme y él se detuvo. Tomo una de mis manos, me ató una de las medias, puso mi mano en mi espalda y ató la otra. Otra de mis fantasías.

    No se movía, yo estaba loca y me empecé a mover yo, para meterme hasta el fondo su pija en mi culo. Yo gemía, gritaba de placer. Mi cuerpo se estremecía por completo en cada orgasmo.

    – Mira Marcia, ese tipo no puede ser más hijo de puta. Dijo.

    Mire el Smart, y él estaba tomando su copa de champagne y bebía mientras yo me movía como loca. ¿Cómo mierda podía hacerme eso? Yo totalmente enajenada y el tomando champagne lo más tranquilo. No podía quitar la vista del Smart, ahora si era una puta total, gozando a ese hombre.

    Dejó la copa y nuevamente me tomo de la cintura, y otra vez a bombearme con todo. Me dolían los cachetes de los golpes que daba contra mi cuerpo. De pronto me apretó las tetas y tirándome hacia él acabo en mi culo. Mi orgasmo fue una locura, gritaba de placer.

    Se corrió, me desato las muñecas y me hizo poner de rodillas en el suelo. Puso su pija en mi boca y la limpie con todo mientras me masturbaba, tal era mi calentura.

    – Upa, ¿Seguís caliente?

    – Muy caliente, desgraciado.

    – Agarra la botella de champagne entonces.

    – Sergei… sos…

    Y me paré, tome la botella, la puse en el suelo y sosteniéndola con una mano la fui enterrando en mi culo. Él sonrió y tomándome la cabeza me empezó a coger con todas sus fuerzas la boca. Su pija se estrellaba contra mi garganta. Yo no podía parar de moverme sobre la botella que me abría el orto más de lo que me lo había abierto la pija de Marcelo. Tenía arcadas, mi saliva caía a raudales de mi boca, como pude me metí dos dedos en la concha y mi cuerpo no paraba de temblar. Fueron diez minutos de furia total de su parte, para acabar sacando su pija de mi boca y masturbándose acabar sobre mi lengua. Chupe un poco más, y la volví a limpiar.

    Me quedé quieta, con la botella en mi orto y mis cuatro dedos en mi concha. Él se corrió, me hizo inclinar hacia adelanta, y tomando la botella, sacándola un poco, me lleno el intestino de champagne frio. Di un grito y como pude, tambaleando, fui corriendo al baño. Me senté en el inodoro, y pude expulsar todo el champagne… y eso increíblemente me provoco otro orgasmo.

    Con las piernas temblando, agarrándome de las paredes y la cama, me acosté a su lado.

    – Sos un hijo de miles, millones de putas.

    – Y vos una yegua infernal, que le gusta todo y se banca todo. Dijo y me sentí orgullosa.

    – ¿Vas a subir esos videos? Pregunte.

    – Por supuesto que no, no estoy grabando, solo están conectadas las cámaras.

    – Que pena, me gustaría tener una copia.

    – ¿Queres que les ponga tarjeta de memoria a las cámaras?

    – Ya no… si hay próxima, la próxima.

    Por suerte en la cartera tenía toallitas, me puse una, la tanga y él el bóxer. Fuimos a la cocina, preparo unas hamburguesas y nos sentamos a comerlas. Agarré la botella de champagne y tome el pico. Marcelo me miro y se sonrió. Entro una llamada a mi celular, y era mi marido preguntando por mi hermana y si me iba a quedar toda la noche. Le conteste que estaba mejor y que sí, que me iba a quedar toda la noche.

    Abrió otra botella de champagne, la puso en el balde con hielo y volvimos al cuarto. Tomamos una copa y empezamos nuevamente. Me hizo sentar en su boca e hicimos un delicioso 69, yo chupando como loca y él lo mismo mientras me metía dedos en la concha y el culo, aún bastante abierto. Pasaron varios minutos, me levanté y lo monté, enterrando su pija en mi concha. Debo decir que apenas entraba, en grosor y en largo.

    – Quiero cogerte con todo, esta vez dejame a mí. Dije.

    – Si eso es lo que queres.

    Se corrió un poco para apoyar su espalda en el espaldar de la cama y lo empecé a cabalgar con todo. Marcelo no se quedó quieto. Se puso a chupar mis tetas, morderlas, morder mis pezones provocándome placer y algo de dolor, cosa que me calentaba aún más, y después, a darme golpes en el culo. Yo gritaba como loca gozando. El desgraciado no paraba de chupar, y morder mis tetas, yo como una buena puta caliente, las apretaba ofreciéndoselas. Me empezó a golpear en el culo y no sé como hizo, pero me metió dos dedos en la concha. Con tremenda pija, y los dos dedos mi concha estaba por estallar. Los dedos buscaron mi punto G, y fue mi perdición total.

    Totalmente desquiciada, saltaba sobre esa pija como loca, y no puedo saber aun cuando enterré tres dedos en el culo. Me acordé de los Smart y verme gozar fue tremendo. Mirando las pantallas tuve un orgasmo infernal y sentí como el me llenaba la concha de leche. Fue lo último que recuerdo de ese momento.

    Cuando desperté, estaba acostada junto a Marcelo que dormía. Fui al baño y me acosté. Me desperté al sentir la pija de Marcelo en mi boca. Lo mire y el desgraciado se sonreía. Me puse a chuparla de inmediato y él, a meterme los dedos en la concha. No me dejo chuparla mucho, que poniendo mis piernas es sus hombros me cogía como un animal, apretando mis pechos, pellizcándolos. Yo gritaba de placer en cada embestida de su pija. Otra vez cantidad de orgasmos. Luego de un rato me dijo:

    – Última vez por hoy. ¿Cómo queres que acabe?

    – Sin dudarlo, cojeme la boca y dame la botella.

    Lo hizo, me enterré la botella en la concha y literalmente saltaba sobre ella, mientras el me cogía la concha como un animal. Era la mujer más feliz del mundo. Ese hombre me hacía vivir mi sexualidad a pleno. Por primera vez en mi vida, gozaba de esa forma, sin cuidarme de mostrarme tal cual quería ser. Acabo llenándome la boca, la cara y el pecho con su leche. Y yo, enterrándome la botella en la concha.

    Fui al baño, me lave la boca y fui a darle un tremendo beso.

    – Marcelo, gracias por hacerme sentir tan libre para gozar como goce.

    – Te aseguro que fue un placer.

    – ¿Nos volveremos a encontrar?

    – Quien sabe…

    Nos bañamos y el me llevó hasta dos cuadras de mi casa. Estaba destruida. A mi marido le dije que no había dormido y que no me joda.

    El domingo, por curiosidad, entre a la página de relatos… Para mi sorpresa estaba un relato suavizado, de nuestra noche. Creo que nadie le creería si contaba todo. Al final Sergei se hacía una pregunta: ¿Habrá una segunda parte? ¿Aceptará ella encontrarnos con otra mujer? Uds. que opinan.

    No pude resistirme y escribí el siguiente comentario:

    “No lo dudo, es una mujer que se liberó, y con la mujer adecuada, quizás aquella mujer esposa de un gerente…”

    Lo mande y al rato volví a leer el relato. Me excitaba solo leer mi propia historia. Y encontré un comentario de Sandra.

    “No dudo que esa mujer estaría dichosa de compartir la cama con Sergei y ella.”

    Y uno de Sergei:

    “Tiempo y oportunidad, no faltarán.”